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CELOS CLÁSICOS

Ella estudia latín esta mañana,


dos milenios después de Jesucristo,
susurra algunos versos
mueve apenas los labios, memoriza
despacio, íntimamente.
No mira a su vecino prosaico, al estudiante,
su fiel contemporáneo.
Detrás de sus pestañas, pretérita, perfecta,
traslúcida en el ruido
de la ciudad, recita
fragmentos de la Eneida.
El poeta, temprano, antes de Cristo,
pasea por la luz de su Campania
la luz meridional entre pastores,
ovejas, olivares,
recorre la mañana, las palabras,
con ritmo de pentámetro latino,
sereno, con un soplo que suave cruza el tiempo,
murmura su poema, su paisaje.
De pronto se detiene,
corrige un solo verso,
despacio, íntimamente lo recita,
mueve apenas los labios y un instante
coinciden las dos bocas.
Ella estudia latín pero en secreto
se besa con Virgilio esta mañana.

RUTA NACIONAL

Como un fracaso tibio,


como una deserción azul, el movimiento
del día en retirada,
los árboles se acercan,
van pasando, cayendo en el recuerdo,
pasan los caseríos,
las mismas cicatrices suburbanas,
los puestos de sandías rosadas que se abrieron
tiñendo el horizonte.
Son kilómetros grises bajo el cielo,
el tráfico cansado
como un río de brasas,
los camiones cargados de sonido,
solemnes en el humo dudoso de la tarde.
Cuánta pobreza en la noche del ciclista
pedaleando a un costado del camino,
en los postes iguales
como cruces de un Gólgota olvidado,
en los pueblos que sueñan
con las ruedas eternas y los perros.
Todo se queda atrás y va perdiéndose adentro del espejo,
los motores digieren la distancia,
el día va dejando los caminos
sumidos al rescoldo.
La gran velocidad
es una lentitud de balsa que se fuga
con música y tristeza.

CON ADEMÁN ANTIGUO

En el vapor del baño se dibuja


desnuda y luminosa.
Ceremoniosamente,
abre una toalla azul, se inclina
en una reverencia para el dios
de toda su belleza.
El pelo en catarata hacia adelante.
Lleva suave la toalla hasta la nuca,
se envuelve la cabeza,
con ademán antiguo
tuerce diestra la boa de algodón,
la enrosca en espiral
y sin saber siquiera que ha rezado
se yergue tan hermosa con turbante
que el solo gesto alumbra la vida cotidiana.

CUANDO LA LENGUA ECLIPSA

Cuando la lengua eclipsa este presente,


cuando cubre las cosas
con un color grisáceo y nominal,
hay un ácido al fondo de la experiencia fresca,
porque es aquí y ahora pero en el verbo rancio,
en la estructura fúnebre del habla.

La fronda del verano, el aire inédito


atraviesan el viejo pulmón occidental.
La vida inaugurada,
el sol contemporáneo vistos siempre
con el anteojo fijo, mortal, judeocristiano;
o el transcurrir adánico, las moscas,
todo cautivo en este latín erosionado.
El colibrí veloz entorpecido
por este carromato colonial
que rueda lentamente en sus vocales,
esta siesta sintáctica en el polvo del aire castellano.

El cansancio de la filología
espanta la inocencia de esta luz,
agrava los objetos, va imponiendo
la herencia de las manos sobre el tacto,
el andamiaje helénico a los vientos,
fuerza a la sangre a andar en su adjetivo,
a la noche a estrellarse acordemente
con su cosmogonía.

Cayendo como un párpado, el imperio


cae en la voz, ahora, mientras digo
la arena de la piedra de mi nombre.

ESTA TARDE

Todo sucede dentro del breve resplandor


de un gran espejo.
Ya no es la sombra que trae hasta los sueños
caballos muertos.
Ahora brilla el invierno
con la tarde inclinada en las veredas.
La luz en su hora grave de altísima marea
inunda en su follaje de lúmenes el aire,
pasa a través del clima, del humo,
de todas las ventanas de este café sin sueño.
Una sombra le nace a las palabras,
a los hombres sentados, a las sillas.
Un colectivo pasa,
el rayo de la tarde lo atraviesa
y ametralla de luz las soledades.
Abren la puerta,
entra el sol con un gato que se trepa a una silla.
Apenas en minutos,
hay algo que se va como un perfume.
El fracaso del fuego y el silencio
apagan este día para siempre.

TRISTE DE MAYO

Demediada la bestia más hermosa


queda esconder el llanto en bodegones,
en los lugares públicos, sentarse,
tomarse el propio cráneo de Yorick en las manos,
lejos del mar, en la ciudad del jueves,
prever la caridad de los zapatos,
pensar en herramientas oxidadas,
en barcos tierra adentro,
en piezas que han perdido ya su máquina.

Decirse que hay un eco sin el grito,


que uno termina en dedos ahora, y en silencios,
que uno termina en uno.
El cuerpo ya no sigue en otro cuerpo,
y hay niebla y en las calles vacías una sombra
parada, oscura, al fondo.

Mirar al cercenado, impar, amanecido


con la noche en la mano del invierno,
respirar las mitades azules del oxígeno,
las cuadras interpuestas,
la navaja que parte en dos los soles.

Quedan sólo los días


a orillas de lo roto, pertenencias,
azulejos, paredes de otras vidas
sobre la medianera de las demoliciones.
Queda el verbo del viento en la memoria
como un sepulturero de guitarras.

HOMBRE SENTADO

Y mírenlo ahí sentado, lacónico, en su silla,


político y grisáceo junto al perro
dormido de su sombra,
casi impalpable a veces o pesado
con una sangre densa bajo el clima,
bebiendo en el silencio
la inválida cicuta que desciende,
le besa el corazón y le remonta
el árbol de su amarga anatomía,
su carne, su esqueleto nombrado y numerado
por hombres que ya han muerto,
por griegos y romanos que llamaron
omóplato a sus alas atrofiadas,
ombligo al justo centro
del círculo que ocupa sobre el mundo
y manos a esas cosas que se aburren
formándole un refugio al pobre cráneo.
Y miren, bajo toda la luz del hemisferio,
su anémico descanso,
la lenta evolución de su camisa,
la callada violencia con que amansa
la bestia de su origen, condenando
su cópula a la sombra.
Y aunque guarde, sincrónico, su sitio,
miren cómo se nota que resbala
perpetuo hacia la noche,
cómo fallan sus anclas de fotos y rutinas,
cómo el diario se apila en su costado,
y aunque abrace y salude y se empariente,
qué solo está en la celda de su sangre,
qué solo está ahí sentado, platónico, en su silla.

ELLA ES ASÍ

Ella llora muchísimo en su llanto,


con manos y rincones,
con una sombra verde que la sigue,
lloran juntas,
una sombra de gitana meridional que llora
en el cine, en los autos, las mudanzas,
los meses, los pasillos, los teléfonos,
por mí, por él, por todos,
por el alma de su perro y de su gato.
Cómo llora llorando
mientras mira, mientras mueve su elegancia,
ella tan meteorológica en su llanto,
fluvial desde los ojos y en reflejos
que caen por las mejillas y se hunden en los labios,
se forman otra vez en una gota
que tiembla en el mentón al arrojarse,
y caen sobre caricias o pechos o rodillas,
empapando los sueños, los pañuelos,
alertando a Noé que pinte el arca
y congregue otra vez los animales.
Son saladas sus lágrimas tal vez porque un ahogado
se le hunde en la memoria,
tal vez porque antes fuera una sirena,
la cosa es que ella llora con coraje,
con dientes, con espasmos,
ella vive llorando en las ventanas,
las tardes, las almohadas,
porque sí, porque no, porque la muerte
y el resto de estos años, de estos besos.
Ella llora en los mapas y los días,
muchísimo en su llanto llora y llora,
hasta que sale el sol en medio de su sombra,
debajo de su blusa y en su casa
y la vida se pone tan hermosa
que llora un poco más, emocionada.

ESTUDIANTES DE BELLAS ARTES

En silencio de tribu desterrada


esperan en la puerta del zoológico:
van a copiar, temprano, los viejos animales.
Respiran vaporosos en el frío,
la sombra de Altamira descansa en sus carpetas,
la sombra donde laten los dibujos,
un bestiario de líneas en secreto.
Domésticos, modernos en su ropa
aguardan a que se abran los portones
para empezar la magia.
Son hombres y mujeres y en sus ojos
la sed del cazador sepulto brilla.
En la jaula, sinuosas, las criaturas
anhelan en sus dientes el encuentro,
el rito donde el trazo acecha con su filo
y el peligro se embosca en la mirada.
Apenas un momento furtivo que desnuda
las sangres que se buscan,
la mímesis que esfuma los barrotes.
Matar, pintar, sangrar un animal,
morir bajo el amor de su zarpazo.
Los lápices, las líneas,
el aliento carnal de los bocetos,
la mano con su gesto iluminando,
abriendo una llanura secreta bajo el cielo
donde el hombre y la bestia,
de nuevo, se persiguen.

UNA FOTO

¿Dónde está la mujer que en esta foto


se ríe con su vida brillándole en la risa
por algo que le dije en ese instante
en la luz del mediodía,
bajo unos paraísos que dejaban
caer el sol de mayo en nuestra mesa,
iluminando el pan, un vaso y un cuchillo
y al fondo unos barquitos que se duermen
en una playa pobre de juncos y sauzales
donde unos pescadores diminutos
caminan sin moverse hacia su pelo
desparramado al viento
sobre el suéter azul con el que cruza
los brazos y levanta los hombros por la risa?

PREGUNTAS A PIAZZOLLA

¿Cómo digo, Piazzolla, la llovizna,


la amarga soledad de los peatones,
la sombra y el declive del invierno,
la gente que revuelve la basura
debajo de la luna por Callao?,
¿cómo digo con música esas cosas?
el violín en el barro,
el oscuro violín mojado entre las hojas,
el poema de todos los poemas
que no puedo escribir últimamente,
la cuadra donde cabe la sangre del recuerdo.
¿Cómo alzar en el aire de un acorde
el peso de las seis pasadas ya,
la fuga de la gente volviéndose a su casa?
¿Cómo digo que sube la marea
de tanto no escribir y que son malas
las fotos del cansancio?
El libro de tu fuelle se abre lento
y se vuelve a cerrar
sin responderme.

HACIA EL INVIERNO

Así se cae sin barba hacia el invierno,


lampiño, lentamente hacia las venas,
las ramas, las raíces oscuras sosteniendo
la atmósfera celeste.

Apenas como un claro contrabando


de luz del horizonte,
como el vapor que exhala la mañana,
la ropa, los remedios,
los bronquios, las rodillas, la intemperie,
la pobre metafísica del viento
debajo de la puerta junto al diario,
temprano en los oficios, las hoyas, las bauleras,
el tiempo que se va depositando
detrás de cada mueble.

Así se cae desnudo hacia la escarcha,


los cardos misteriosos de la helada,
ladridos que en el alba se hacen perros,
la sístole y la diástole de rieles
que son después vagones en el día,
los lentos pasajeros de niebla y sueño duro,
la fiebre sin frazada en los pasillos.

Así se cae sin sangre hacia los meses,


sin siesta hacia las parvas, y se emigra
tan sólo con quedarse.
Los soles se retraen en el declive
de la estación más honda.

Hace frío en la carne


y el solsticio de amor se va sumiendo
al fondo de los huesos.
Debajo de las lluvias el fuego espera solo
dormido en la madera.

*
MENSAJES

¿De qué profunda luz llega tu voz


para poder cruzar así
la noche?
Quedó tu amor temblando
guardado en una cinta.
Te dejo mis palabras como un fósforo
que humildemente arde en la penumbra.
Esta estrella redonda en que vivimos
aún no ha terminado de apagarse.

BUSCAR DEPARTAMENTO

Se busca algo intermedio entre una caja


y el sueño a la intemperie.
Hay que pagar en cuotas el oxígeno,
los milímetros cúbicos, el día,
el ángulo en la rosa de los vientos,
la tarde sin acero, sin pólvora en la sangre.
Cada bronquio expandido, una moneda,
monedas por las siestas sin sirenas,
por el metro cuadrado sin ladridos,
sin gotas en la sombra.
Se necesita un plano
donde dejar la huella de los muebles
para empezar la vida.
Los recuerdos no caben debajo de la cama,
hay que tirar el cielo de los viajes,
hay que poner candados a la almohada,
al pan, a la mañana, a las palomas
y dormir abrazados en el miedo.
Por el pedazo azul de la ventana son otras dos monedas,
por las suelas encima de la tierra,
por el rincón que ocupan los huesos en la historia.
Sólo un metro sagrado sin catástrofes,
un metro sin insultos ni transportes,
unos pasos donde caerse vivo,
un agua donde pueda sumergirse
el corazón cansado.
Con este cuerpo lleno de palabras,
de amor y mundo y sueño,
buscamos un pedazo de un espejo,
apenas una cruz de tiza que nos marque
un sitio en la llanura.
*

SERENA, DE PERFIL

Así, como tumbar la noche de la piedra


y revelar su mundo sosegado
o dar vuelta la página
para seguir a Ulises o en la curva
cambiar de pronto el rumbo de algún viaje,
sentir la virazón, voltear por fin la carta
(el hombre de la rueda, de la estrella)
y ver la luz futura en un relámpago,
como si te envolvieras en mi asombro,
así te vi girar mientras dormías,
serena, de perfil,
girando con la sombra del agua de tu sueño.

ANDANTE CANTABILE

Es la forma del agua debajo del verano,


curvando con su paso el mediodía,
creciendo en el calor, en hojas verdes,
la luz bajo la ropa,
una fosforescencia,
una alegría en el temblor moreno,
la vida circular,
los júbilos que tienden a la esfera,
un tiempo desplegando la suavidad oculta,
la victoria en los pliegues del viento, hacia adelante,
la síncopa debajo de la blusa.
Verlas pasar, así, tan majestuosas,
al ritmo sublevado de abundancia,
redondamente andando,
llenas de lunas blandas en los besos,
a contraluz y al aire,
desbordando,
los trópicos redondos, los veranos
al fondo del perfume,
un íntimo candombe, un contrarritmo
aparte de los pasos,
un relámpago en flor entre botones,
sin sombra casi, apenas y en secreto,
andantes, belicosas,
acuáticas de pronto en hemisferios,
flotando en la salud llenas de soles,
pasan donando al aire su tibieza,
su música del tacto,
su vanguardia de amor en las veredas.
Verlas pasar, nomás, y deslumbrarse,
quedarse para siempre cantando en este mundo.

EN LAS BUENAS

Hoy en las buenas del sábado almorzamos


la música del sol, la carne, el vino,
un limón amarillo que girando
se abrió como la sombra
de nuestras bicicletas ya casi atardecidas
pasando entre los árboles,
las ramas que juntamos
para hacer este fuego que se apaga,
ahora que dormís y que tu gato
me mira a los ojos porque sabe
que hace unos pocos días
yo pensaba en dejarte.

***

CONSUMIDOR FINAL
(2000-2002)

***
UN DURAZNO

Morder el verano,
morder el sol entero
por 1,80 el kilo.
Este durazno recién llegado a casa
fue apenas sueño de árbol escondido
alentado por el fertilizante,
después fue flor y fruto verde solo
protegido de plagas y de heladas
por cinco pesticidas,
engordado por lluvias y riego por goteo,
cosechado por Pablo Luis Ojeda
oriundo de Río Negro
que tumba en un colchón de gomaespuma
su cuerpo dolorido cada noche.
Cargado en un camión que avanza bajo el cielo
maduró este durazno con el viaje,
después llegó al mercado,
atravesó las mafias,
fue a parar a una cámara de frío
que le fijó el color
y lo detuvo durante cuatro meses
cerca de San Cristóbal
hasta que lo compró Supermercados Disco,
y lo llevó a la sucursal 14
sector verdulería de autoservice
donde yo lo elegí, lo embolsé, lo hice pesar
lo tiré en el carrito
al lado del pan Fargo, las pechugas,
junto al Skip Intelligent y el queso,
lo llevé hasta la caja, le leyeron
su código de barras,
lo pagué, lo reembolsé con nailon,
lo traje caminando hasta mi casa
cruzando la avenida,
bordeando el hospital,
entre ciegos, cirujas, policías,
lo subí en ascensor
y llegó a la mesada de mármol sin golpearse.
Entonces lo libré de las dos bolsas,
le lavé el pesticida en la canilla,
le lavé todo el cansancio del camión, el humo,
la noche de las manos de Pablo Luis Ojeda,
le saqué la etiqueta de la marca
y lo mordí con ganas de matarlo,
lo asesiné con dientes, mandíbulas y lengua
y a pesar de la química, de la distancia muerta,
a pesar de la larga cadena intermediaria,
me encontré allá en el fondo de su sueño amarillo
con esa flor primera que perfumaba el viento.
*

LA MARIPOSA

En la ropa colgada, en el yuyal,


atrás de los galpones y la siesta
vuela una mariposa de sangre.
A pique las cigarras
desploman todo el sol dentro un balde.
Sólo la mariposa
escapa a lo monótono que cae.
En el calor volteado
sólo su brillo flota.
Un latido posado sobre un pasto,
las alas encendidas en el aire,
en torno a la humildad de las gallinas,
arriba en el verano,
abajo en la extensión de la culebra,
la brasa de sus solamente alas
circunda las camisas.
Con liviandad de soplo
vuela la mariposa en el cansancio,
vuela con su color de sangre que aliviana
el sueño de las sábanas mojadas.
Todo cae en la siesta.
Salvo la mariposa.

PELUQUERÍA

En la luz del espejo


le están cortando el pelo al que yo soy.
La gran tijera que recorta el día
roza la yugular, roza la nuca
con el frío metálico de un arma;
y el que yo soy me mira porque sabe,
porque tiene al revés el corazón.
La voz del locutor
anuncia una jugada peligrosa,
el peluquero mira a la pantalla,
(su equipo va perdiendo)
me hace una pregunta,
yo me miro decir que no me gusta el fútbol,
miro cómo me crecen las orejas
y en el humor helado, la tijera
me susurra su tajo.

TESTIGO OCULAR

Le prendió fuego a su departamento,


después salió al balcón para pegarse un tiro.
Pero el arma no andaba:
estaban viejas las balas.
Arrodillado en el balcón
parecía que en medio del incendio
cuidaba las macetas.
La gente desde abajo le gritaba.
Salía fuego, humo.
Funcionó el mecanismo finalmente
(percutor, pólvora, plomo)
y el tipo asesinó
a su animal cansado.
Quizá porque ese día
yo guardaba detrás mi furia muda
me cayó bien el hombre
y no me pareció tan mala idea:
quemar la vida entera y despedirse
por Crónica TV.

ESCALERAS

con mi amigo josé


los dos hombro con hombro
andando por el mundo
subiendo una escalera
ahora en este instante y hace mucho
amigos duplicando el mismo gesto
esta inercia este modo
pausado en los peldaños
los meses las semanas
con mi amigo josé
fuimos al cine
ahora estamos subiendo una escalera
los mismos movimientos de las piernas
de la vida y los brazos y los años
a los treinta saliendo de este cine
a los quince dormidos
subiendo hasta la clase
a los siete corriendo
después de los recreos
por la misma escalera de los días
él más alto que yo mi buen amigo
un poco más cansados los dos en simultáneo
una coreografía casi un ritmo
un pie y el otro pie ganando altura
creciendo en las edades
tantos pisos y cuentos
tanto codo y recodo tanta risa
y acá los dos subiendo
qué suerte con mi amigo
qué bueno con josé
los dos hombro con hombro

SUPERMARKET SPRING

ella duerme profunda, embarazada


vinculada a los ciclos naturales
a los astros del nacimiento eterno
gira en la luz nocturna de la fertilidad
flota en el mundo, etc
yo no puedo dormir tan planetariamente
tan cíclico y preñado
tan alumbrado y hermoso
tan plácido y redondo
yo soy el expulsado
silencioso en la sombra artificial
en la mediocridad de los productos
los impuestos sanguíneos
la angustia existencial del noticiero
medio enfermo sin perro y sin hermano
deambulo por la casa voy al baño
certifico mi insomnio en el espejo
giro solo en el plano de tres ambientes amplios
con balcón a la calle y lavadero
me siento en la penumbra
entre las lucecitas que titilan
mensajes ceros verdes luces rojas
a.m. stand-by power
una constelación
mis electrodomésticas estrellas
mi primavera de supermercado
mi infancia de ascensor
no crezco no muero
no tengo luz adentro
no voy a ningún lado
respiro en el sonido de la noche
rodeado de taxistas floristas policías
kiosqueros vendedores ambulantes
mozos repartidores carteristas
todos los expulsados a la acidez nocturna
la avenida vacía
la masculinidad y sus desiertos

LA AURORITA

Invierno en la avenida Juan B. Justo


y el viejo pedaleando en la Aurorita
rosada de la nena.
Un pullover y otro y camiseta,
la campera del Shopping Abasto está muy cara,
la motito alemana está muy cara,
la bici con seis cambios japonesa
también y las monedas
no son para ir en micro
sino para el puchero y al destino
hay que llegar igual.
Si caminando es lejos
entonces en la bici rosada de la nena.
Después de veinte años de baulera
vuelve a salir al viento .
Las ruedas chiquititas recién resucitadas.
No hay más vueltas manzana por el barrio,
no hay más chocolatines los domingos,
ahora no es juguete sino tracción a sangre,
segunda vida útil de transporte,
reciclado biciclo, tempranito,
la aurora de otros tiempos,
la infancia convertida en desencanto,
la nena limpia baños en Miami
y el padre, el inmigrante,
pelado y jubilado,
trepado a la Aurorita,
se aleja pedaleando.
*

LA FAUNA EMBALSAMADA

¿esto es un poema?
¿estar a oscuras sin dormir
puede ser un poema?
¿si no hay nada
puede haber un poema?
¿si digo que respiro en este cubo negro,
no es algo ya? ¿no es demasiado?
¿no es mucho más que esto en realidad?
busco un silencio quieto entre paredes
una sola palabra de penumbra
cualquiera menos noche
porque noche está sólo permitida
a los poetas cósmicos
yo me refiero a este apagón del verbo
la boca ciega en la sombra de este miércoles
yo fui -yo quise ser- poeta natural, poeta cósmico
pero soy un poeta de edificio
poeta de ascensor
y no quiero dormir
quiero estar acostado sin luz en las palabras
por ejemplo:
¿adónde están las manos
de esta pregunta?
¿cómo es un poema en un departamento a oscuras?
yo que llamaba mulata, yegua de tinta a la noche
¿adónde voy a ir?
¿qué voy a hacer con mi fauna embalsamada
a las dos menos cuarto sin imagen
a tientas por el verbo del piso seis sin sueño?
vendo o alquilo mi fiel cosmogonía,
cambio sistema solar
por dos palabras ciertas
que consigan decir toda mi sombra.

BILLETE DE CIEN

La mirada del prócer al contado


hipnótica en los ceros de la cifra,
y al reverso purpúreo de su calva
los hombres a caballo acorralados
por flores gigantescas,
estambres empeñados en violarles las yeguas.
Por eso blanden altas las espadas,
van a pelear desde el violeta de su sangre,
a cortar de raíz aquellos monstruos
bajo el cielo repúblico y rosado,
bajo un sol de cien pesos en el yermo.

Las flores amarillas y carnívoras


quieren comer soldados,
los hombres que vinieron a conquistar el páramo,
a ganarse el vacío,
a gritar estribando alucinados
“Toda esta nada es nuestra”,
arremetiendo al viento en la meseta,
al plano de kilómetros,
al mundo reducido a superficie
donde sólo los quepis sobresalen,
sólo espadas dispuestas
a degollar al dios de la intemperie,
a pasar por las armas al espacio.

La cárdena conquista,
los hombres extraviados
buscándolo a Namuncurá en el clima,
más allá del río Negro que teme devaluarse
con una liquidez de San Martines
en su curso legal, unos jinetes
confundidos en medio de la ausencia,
más de un siglo después patrocinando
la pampa financiera,
peleando con su miedo Americano,
sus flores amarillas.

A contraluz,
desde la filigrana de su espectro
el Presidente Roca hace memoria.
Cien pesos convertibles
en viajes por el sur con estadía
y en la tranquilidad sin el peligro
de ser interceptado por malones.

FUIMOS A VERLO A ULISES

nos dijeron ulises está vivo


el navegante ulises el viajero
el hombre de los muchos caminos está vivo
adónde? en buenos aires? en el puerto?
en buenos aires sí vive en floresta
y nos fuimos a verlo tres jóvenes poetas
un miércoles tocamos 14ºG y entramos
nos abrió una enfermera con ojotas
ustedes quieren ver a don ulises?
por acá por favor y en la penumbra
en un cuarto con la persiana baja
vimos al propio ulises de ítaca sentado
no nos miró
está viejo y amargo
no saben cómo vino a parar a buenos aires
parece que no pudo morirse y en los siglos
se fue quedando quieto
ahora mueve apenas un dedo
hace clic en el mouse y humanamente
navega en internet
le hicimos dos preguntas y nos fuimos
porque no dice nada no contesta
busca fotos de bárbaras desnudas
quién sabe qué recuerda
cuando pasan aullando las sirenas

BATA CELESTE Y PEATÓN

De mi bata celeste está tan lejos


el hombre atropellado.
Cruzaba una avenida en medio de su historia
y un auto lo sacó del sábado en el mundo.
¿Por qué fue tan difícil para él la otra vereda?
Ahora una sirena de ambulancia
es el grito dolido de su madre.
Lo suben en camilla
como a un juguete roto, sin memoria,
pero en su sangre brillan todavía
las cosas que pudieron ver sus ojos.
Esta mañana llena de luz y de testigos
podría ser su sueño
a punto de apagarse.

*
AGUAS VIVAS

En la fila del banco


para atenuar la espera y el silencio,
los clientes miramos el fondo azul del mar
por un televisor colgado al techo:
es un documental sobre aguas vivas,
medusas de gelatina
bailando en el cobalto de las profundidades,
los violáceos tentáculos ardientes
flameando como crines en el sueño,
traslúcidas se mueven en conjunto,
se expanden y contraen
en su elegante nado,
se dejan arrastrar por las corrientes.
Es su turno, señora,
le digo y me arrepiento
porque ella justo estaba sonriendo,
mirando la pantalla.
Con un solo tirón
la traje desde el fondo del océano
hasta la tierra firme y sus impuestos,
la devolví a sí misma
con su pañuelo verde en la cabeza,
la devolví a su edad, su guerra contra el tiempo,
su maquillaje espeso y pantalones.
De vuelta en el oxígeno vigente
la señora se acerca hasta la caja
y olvidada de las profundidades,
paga las aguas muertas y argentinas
con fondos personales.

EL DIOS DE LOS MAMÍFEROS

Pensar que cuando fuimos en octubre


al sur a ver ballenas
vos nadabas en las profundidades
de tu madre, nadaban
las ballenas y vos, que eras apenas
una sonrisa cómplice y secreta.
Estábamos allá,
los amigos y el mar.
Fuimos a ver ballenas francas,
fuimos a ver la vida abrirse paso
por los grandes espacios,
por los espacios infinitamente mínimos,
la sangre y el océano.
Y era también enorme y transparente
mi alegría en el viento de las navegaciones.
Pensar que esa ballena majestuosa
que golpeaba la espuma con su cola,
invocaba a las fuerzas naturales,
azotaba la líquida campana de las olas
agradeciendo al dios de los mamíferos,
saludaba en las aguas secretas a Francisco,
un gran recibimiento
para vos que flotabas oculto en esa luz.
Pensar que la ballena ya sabía
del amor del principio de tu sueño en el mundo.

LA FUGA

un borracho o un muerto (no lo sé)


tirado boca abajo en el pasto de un cantero
entre dos avenidas
aplastado al planeta
vencido finalmente por el imán del mundo
dos agentes del orden parados a su lado
mirándolo sin ganas de hacer nada
el muerto o el borracho enamorado
de la tierra redonda por fin
su gran teta de sueño
dormido sin un músculo de voluntad varado
de cara a las raíces y la sombra
olvidado del mundo y de la luz
huyendo de esas fuerzas policiales
que atizan sus costillas
apenas con la punta del bastón
y no contesta
no responde sus datos personales
se escapa derramándose
al fondo de su infancia
escondido otra vez dentro del tiempo
detrás del nacimiento
sólo deja en la cárcel del día hábil
esa materia grave de su cuerpo
en pleno desacato
inmensamente quieto pero huyendo
y los dos policías verticales
lo tocan con la punta del zapato
lo miran enojados porque saben
que el cuerpo es un señuelo que se deja
para alcanzar la fuga

FUEGO AZUL

hornalla
fuego azul
fuego frío
dominado doméstico
llama de soledad
silencio
fueguito urbano
hacinado
vida mínima
hornalla
velando soledad
noche
llama del ser
en sombra
última brasa del mundo
lo que quedó del fuego
cansado sagrado
anónimo
los santos
callados en sus casas
y sobre su cabeza
un halo
de hornalla azul

ARGENTINO

Argentino, naciste haciendo cola,


naciste tributario y deducido
por próceres fantasmas de billetes,
naciste intransferible, mortal y semejante,
un fiel contribuyente del Estado,
el banco reguló tu corazón
y administró tu sangre y tus latidos,
gravó tus transfusiones
y te dio el beneficio
de respirar exento el aire de la patria,
creciste haciendo el trámite
de ser persona física en tu casa,
te tatuaron el cuit y así avanzaste
despacio a la intemperie
de todos los gobiernos,
inseguro, con tos, mal educado,
maduraste hasta el iva y las ganancias,
pero no era tu turno todavía,
una chica te dijo ¿me cuidás el lugar?
y vos te enamoraste de ella y de su ausencia,
y pasaron los años en la fila,
los planes nacionales te embargaron
medio riñón izquierdo
para una parrillada en el Senado,
los hijos de la clase dirigente
vaciaron tu heladera,
mordieron tus aportes y eructaron
discursos por cadena nacional,
vos seguiste en la fila,
de moneda en moneda y más cansado,
más viejo y entre canas a caballo,
vigilado, filmado, amenazado,
no perdiste el lugar y viste desde lejos
a unos gordos timbeando tus ahorros,
el sudor de tu frente
se usó para limpiarle el parabrisas
a cinco diputados,
el mar de la esperanza dolida de tu madre
se fue por el desagüe del Congreso,
y seguiste en la fila, cada vez más doblado
por la carga pesada del país,
seguiste con bastón, bajo el sol de la crisis,
saqueado hasta las migas del bolsillo,
esperando doscientos treinta pesos
para pan y fideos
y sopa y soledades,
y al fin una mañana llegaste a ventanilla,
te sellaron de negro la libreta,
te anunciaron
que hoy no se pagan más jubilaciones
y te fuiste cayendo, desmayado,
sin seguro de muerte,
sin indicar la fecha en formulario
de tu fallecimiento,
sin bienes embargables, qué imprudente,
después de tanta vida de pie , de mano y sangre,
parecías apenas como un montón de ropa
tirado sobre el piso,
los diarios te imprimieron
un titular perdido y encontrado
porque no eras noticia:
un viejo jubilado murió haciendo cola.

PREPOSICIONES DEL SUEÑO

cuando el oficinista no vuelve a trabajar


¿en qué preposición se duerme?
¿se duerme bajo el día hábil? ¿o durante?
¿o desde el día hábil,
como un lugar desde el que parte con el sueño
hacia la subversión de su cerebro?
¿o se duerme contra el día hábil
tumbado contra la luz de marzo
vestido y arrugando su camisa
en una siesta plena y a deshoras
la siesta surrealista
contra la realidad y su zumbido?
¿o sobre el día hábil en una gran renuncia
una entrega total
al animal que esconde su corbata
al sueño que lo despeina, lo desentiende, lo desobliga
y lo duerme sobre el miedo y la botánica urbana
sobre las palpitaciones bursátiles
sobre las armas negras la industria
sobre los expedientes
sobre el destello de las fotocopiadoras?
¿o entre el día hábil
entre las rajaduras nacionales,
entre los edificios,
entre el espacio puro
que queda entre las cosas?
¿o tras, allá escondido, detrás de la destreza,
allá donde comienza el día poco hábil,
el último baldío, el día torpe,
tras los yuyos, el día donde empieza
una fosforescencia, algo nuevo,
algo desconocido, inútil, milagroso?

JINETEADA EN REPLAY
el caballo en el aire
y un fondo de tribunas y de pasto
carteles de cartón Junín presente
¿es la cámara lenta o es el calor
que allá en Jesús María
convirtió el aire denso en un aceite
donde las cosas caen
despacio alucinadas?
el reservado arquea el espinazo
como gato erizado
y el jinete
como un Ahab atado a la ballena
un muñeco de trapo
que espolea
cerca de las estrellas
los corcovos
como una serie de arcos
de lánguida violencia
el rebencazo
para todo el país
mientras tomamos
cerveza en la cocina
en un departamento
en buenos aires
otra vez y otra vez
cada noche de enero
el canal del estado nos trasmite
la crisis incitada del caballo
como una guerra lenta
como un ataque blando de los sueños
aunque el campo no exista
aunque no haya más vacas ni praderas
sobre el pasto sintético en estadios
siempre habrá para el pueblo
corcovos nacionales

CONSUMIDOR FINAL

en el supermercado la cajera
con su uniforme rojo me pregunta
¿consumidor final?
yo contesto que sí
y pienso ese soy yo,
el último consumidor,
el último eslabón de la cadena,
carnívoro final pesificado,
el último testigo del derrumbe final,
el que se come a todos los demás,
el que se comió lo que quedaba,
el que lleva en el carro
mamíferos trozados en bandejas
envueltos en celofán, sus miembros fríos,
tubérculos, pomelos, uvas,
leche de tambos eléctricos,
botellas de agua celeste,
bolsas de residuos para llenar
y llenar y llenar.

¿llenar de qué?
¿consumidor de qué?
¿de qué final?
¿qué se termina en mí?
¿consumidor terminal?
¿acaso yo el gran consumidor
me estoy muriendo?
¿o es el final de todo?
consumido, final,
acabado, chupado,
gastado, caído,
por fin el desenlace,
consumado,
consumido,
estómago final,
el hambre último,
el que digiere a todos,
masticador final,
devorador final,
omnívoro final,
depredador,
el último animal,
final, ¿igual que el tigre?
¿el consumidor en extinción?
¿el mejor asesino?

y vamos con el carrito ¿hacia adónde?


¿cuál es el horizonte hacia el que vamos
todos los que empujamos el carrito?
empujamos el carrito hacia el ocaso,
hacia el final, oh, consumidores finales,
cae la noche en el mundo y vamos empujando
los carros de los supermercados brillantes
por calles infinitas entre góndolas,
cuadras de góndolas, barrios de góndolas,
suburbios de góndolas,
países, bajo el cielo azul cobalto,
un horizonte de góndolas, los últimos,
nosotros, consumidores finales,
en vías de extinción,
nos vamos, nos vamos consumiendo,
elegimos productos, sin detenernos,
sopas quick, fideos san vicente,
espuma de afeitar gillette para piel suave,
adiós mundo cruel y fluorescente,
adiós góndolas mías,
adiós sector de lácteos y embutidos,
comparación de precios,
muestras gratis, nos vamos,
empujamos los carros repletos al desierto,
hacia los basurales de la pampa,
hacia las últimas poblaciones de góndolas,
con lagrimones ácidos rodando por la cara,
hacia el olvido oscuro, y de una vez por todas,
hacia el fin, hacia el viento de la noche,
consumidores finales,
finales, hasta el fin.

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