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Varias veces me han invitado a integrarme a algún negocio multinivel,

pero fue hasta 2014 cuando la actividad de mi esposa despertó mi interés.


Con mis setenta años tocando a la puerta, te aseguro que integrarme al
sistema de MULTINIVEL fue una decisión largamente pensada, calculada y
comprometida, “todo un plan de vida”, no solo un “a ver qué pasa”.
Investigué mucho de la empresa y del sistema.
Fui a muchas reuniones para entender bien qué es un multinivel y cómo
opera. Ahora me permito decir que –a pesar de opiniones en contra- es un
sistema que llegó para quedarse, y no solo eso, llegó para imponerse
como el vehículo de distribución más exitoso que se haya diseñado hasta
ahora, el más importante del siglo XXI.
Me asocié cuando me convencí de que es como cualquier
emprendimiento, pero más fácil porque el modelo de negocio ya está
hecho y probado, ya tienes los productos y las herramientas para ponerte
a trabajar. Ahora soy uno de los más de 385,000 hombres mexicanos que
han optado por las ventas directas en los últimos cinco años. Todavía, en
2012, la participación de los hombres en este tipo de negocios apenas
llegaba a 1%. Para 2013 dio un gran salto a 10% y al cierre de 2014 ya
significaban 17% de los casi 2.3 millones de distribuidores independientes
del país, según cifras de la Asociación Mexicana de Ventas Directas
(AMVD). Si bien es cierto que el sector femenino sigue liderando la
actividad con 75% de participación en el negocio, el 8% está constituido
por parejas. Sin embargo, el crecimiento total del volumen de
distribuidores independientes de las empresas de ventas directas en
México durante 2013 y 2014 se debió al ingreso de hombres, mientras la
cantidad de mujeres y de parejas decreció marginalmente, -4% y -2%
respectivamente. En México, 67% de las empresas de venta directa,
ofrecen un sistema de ganancias por Multinivel, lo que induce a los
representantes a formar redes de mercadeo para elevar sus ingresos.
Tradicionalmente, las ventas directas, por catálogo, de persona a persona
o en reuniones de grupo, estaban ligadas al quehacer femenino. Todavía
hoy, la mayoría de las mujeres que representa o distribuye alguna marca
de venta directa, como Oriflame, Avon, Jafra, Herbalife, Tupperware,
Omnilife y Amway, por mencionar algunas, lo hace como hobby o
complemento a sus actividades primarias. Sean amas de casa, empleadas
o profesionistas independientes, dedican solo un poco de su tiempo a las
ventas.
Mi historia es sencilla, igual que mis motivaciones. Soy artesano, tengo un
taller y soy pensionado. Entre al negocio para completar una pensión
decente con independencia financiera, en mis años dorados. No me veo
en diez años igual que hoy: trabajando por mi cuenta sin saber si habrá o
no pedidos, soy consciente de la cuenta regresiva para contar con la
energía de crear cosas. Además de investigar a la compañía y el
multinivel, antes de entrar, tuve que derribar varios paradigmas.
No es un “negocito”, es un plan de vida, debí comprometerme a fondo.
Cambiar mis hábitos y trabajar para cumplir con el plan, que por ser
personal, es más difícil aún. Los hombres que entran a este negocio,
reciben reconocimiento a sus logros y esfuerzos, esto no es común en los
trabajos convencionales. Las empresas multinivel lo hacen y crean
comunidades muy unidas y exitosas. Junto con la tendencia de ingreso
masculino a este negocio, crece también el segmento de productos
nutricionales, y de cuidado de imagen. Del fitness, (estar en forma física)
hemos pasado al wellness, (estar bien holístico) un concepto mucho más
integral, que va más allá de lo físico y aspira al bienestar espiritual.
Es un negocio actual que no distingue género de quien consume o lo
vende. Todos queremos estar sanos y en forma, ya no es solo cuestión de
belleza, el segmento nutricional ha aumentado su participación año con
año, tanto en el plano global como en México. La venta al detalle (en la
tienda) en MÉXICO se está enfrentando a la curiosidad inteligente, por
parte del CONSUMIDOR, sobre composición y procedencia del producto.
El precio ya no es determinante en una compra. El cliente prefiere
sacrificios, pero insumos de calidad. Cuando no entiende los
impronunciables nombres de extraños ingredientes que se ocultan en las
etiquetas con letra pequeña, entonces acude a sitios específicos en
internet, busca y acepta consejo profesional, consulta publicaciones
especializadas. En resumen, está atento y preparado para comprar algo
saludable, siempre y cuando se equipare el valor propio del producto con
su capacidad de compra.
Los adultos mayores buscan calidad de vida y aunque tienen sus
medicaciones, saben que hay productos nutricionales que pueden
ayudarles a mantener su estilo de vida y sus capacidades; los muy jóvenes
quieren verse bien y los ejecutivos buscan compensar el desgaste del
estrés y las largas jornadas de trabajo. Yo uso los productos porque son
buenos, me gustan, me hacen sentir bien y los vendo porque sé que no
engaño a nadie. Además, involucro a más gente en el negocio y les ayudo
a cambiar su vida y a vivir mejor.
Las ventas van muy de la mano con la confianza del consumidor en la
marca, en el proveedor, en el crecimiento del consumo interno, en la
propia economía nacional, así cuando la economía va bien, nuestras
empresas se fortalecen como cualquier otra empresa tradicional.
Y cuando la economía se desacelera y las oportunidades de obtener
ingresos decrecen, la gente toma las ventas directas como una buena
alternativa.
El panorama es alentador, esperamos que las Reformas Estructurales
comiencen a dar frutos, pero mientras eso sucede, si a la gente no le va
bien en su trabajo, siempre vuelve la mirada a las ventas directas, ya sea
como complemento a su ingreso o de plano como proyecto de
microemprendedurismo. Digo, ¿no? Yo nomás digo…
Américo Castro
Orival18@hotmail.com