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Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción

Legislación
Manual de apoyo que conceptualiza el contenido modular

Abg. Alfredo Enrique Kronawetter Zarza


Febrero de 2017

El presente material es de uso exclusivo para la cátedra de Legislación con fines estrictamente académicos.
Se prohíbe su venta y/o reproducción con fines lucrativos. Asimismo, el presente material es meramente
referencial de los temas que corresponden al programa de la materia, sin perjuicio de los demás textos y
libros señalados en la bibliografía y de lo desarrollado en clase.
Capítulo 1
El Derecho. Normas Jurídicas: Concepto, esquema y clasificación. Derecho Público: Conceptos, características,
clasificación. Derecho Privado: Conceptos, características, clasificación. Pirámide de Kelsen conforme la Le-
gislación Local. Organización del Sistema Legal Local. El dolo, culpa, y caso fortuito o de fuerza mayor.

Introducción al Derecho.

1. El Derecho.
Desde el momento que los grupos humanos empezaron a organizarse en formas complejas y con base a
ciertas disposiciones normativas que reglaban, con estándares más o menos uniformes para todos los
habitantes de un determinado lugar y bajo una autoridad central, la vida de las personas está gobernado
por ese conjunto normativo que constituye la expresión de un modelo de vida que pretende cumplirse,
mediante una serie de valores, postulados y aspectos que mayoritariamente se imponen al resto de los
habitantes bajo la característica de su exigencia compulsiva.
Surge así el Derecho como un conjunto de normas que pretenden moldear la conducta de las personas
en un determinado lugar y tiempo bajo ciertos principios universalmente aceptados y que se erigen en la
ideología prevalente (valores que pretende cumplir) que legitiman su exigencia a los destinatarios.
Ahora bien, el uso de la expresión “Derecho” ensaya varios significados, los cuales, a su vez, permiten
contemplar diferentes ideas, pero esto no significa que sean opuestas, sólo que existen matices para el
uso adecuado del vocablo con relación al objeto de lo que pretende regular, cual es, las relaciones de las
personas en sociedad.

De esta manera, se tienen algunas formulaciones más insistentes en el mundo jurídico:

DERECHO OBJETIVO O DERECHO-NORMA. Referido al conjunto de normas de cumplimiento obliga-


torio por parte de la sociedad –sin distinción de tiempo y lugar-, con la característica de que los destina-
tarios de la norma pueden ser compelidos al cumplimiento compulsivo, es decir, aún contra la voluntad
del afectado por la exigencia normativa.

El Derecho Objetivo adquiere trascendencia en la medida que se tenga configurado un Estado de Dere-
cho, es decir, un régimen en virtud del cual los encargados de exigir el cumplimiento de las normas y los
destinatarios de los mandatos señalados en las normas están sujetos, en un pie de igualdad, a su cumpli-
miento.

Ejemplo: las normas que sirven de base a las personas para ejercer sus pretensiones frente a los demás,
constituye una típica expresión del Derecho Objetivo, en el que no se precisa de alguna distinción de
lugar o tiempo. Su carácter obligatorio es un atributo general para establecerlo como objetivamente exi-
gible a los demás por parte de la autoridad encargada de hacer cumplir los mandatos o exigencias de una
o varias normas que integran el conjunto normativo.

DERECHO SUBJETIVO O DERECHO-FACULTAD. Se trata de una consecuencia obvia que surge de la exis-
tencia del derecho objetivo, ya que la norma sólo puede ser aplicada a una relación de por lo menos dos
o más personas (alteridad o bilateralidad), por lo tanto, siempre en una relación derivada de la norma
objetiva, habrá un sujeto activo y un sujeto pasivo, a través del cual, un el primero -el sujeto activo-
amparado en el reconocimiento de una potestad o facultad emanada del Derecho Objetivo exige al otro
-sujeto pasivo- que debe hacer, dejar de hacer o entregar algo al otro.

Ejemplo: si Juan presta una suma de dinero a Pedro, éste último asume la condición de sujeto pasivo en
el sentido que estará obligado, en el plazo y en la forma pactada entre ambos, a devolver la suma prestada.

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Si Pedro no lo hace espontáneamente en el plazo pactado, Juan está amparado por la norma que contiene
el Derecho Objetivo de reclamarle compulsivamente la cancelación de su deuda, pudiendo, inclusive,
hacer uso de la coerción estatal (la fuerza pública), si es que persiste su negativa o se niega a acatar la
orden legal.

No está demás reiterar que es aquí donde interviene el Poder Judicial para hacer valer los derechos y
obligaciones de las personas que tienen un conflicto derivado del incumplimiento de una o más normas
del derecho objetivo, y, precisamente, el que está en condiciones de exigir (porque está amparado en una
norma) es el sujeto activo y el obligado a cumplir, con la amenaza de la coerción estatal, el que tendrá que
acatar el efecto derivado de la ley.

DERECHO POSITIVO. Es el derecho objetivo sistematizado en normas jurídicas que rigió o rige, con
carácter obligatorio, la vida de un pueblo en una época determinada. De ahí que todo derecho positivo
surge del derecho objetivo, pero no todo derecho objetivo termina por erigirse en derecho positivo, ya
que esto último dependerá de la eficacia actual.

Ejemplo: el derecho objetivo paraguayo está contemplado por diversas leyes, de la cuales, una o varias de
ellas tienen la singularidad de ser, al mismo tiempo, derecho positivo, porque rigen en la actualidad, con
carácter obligatorio, la vida de la sociedad paraguaya.

DERECHO NATURAL. Es el conjunto de principios fundados en la naturaleza humana, sostenido por


ciertos principios que pretenden una justicia amplia, vale decir, fijándose únicamente en la condición
humana de que somos todos libres y dignos por la sola existencia, por ende, no efectúa distinciones o
discriminaciones sobre bases coyunturales o de meros prejuicios como muchos sistemas legales mantie-
nen, a pesar de los avances de la filosofía, del concepto humanista con carácter universal y los progresos
económicos, sociales y tecnológicos.

El derecho natural constituye la base de construcción del derecho objetivo y del derecho positivo, ya que
sin la discusión sobre la condición igualitaria de los seres humanos, difícil hubiera sido la consolidación
universal de los derechos humanos, sobre cuya estructura, a su vez, se van consolidando los Estados
Modernos de Derecho que reconocen la libertad, la igualdad y la justicia como esquema elemental para
la convivencia de las personas sin distinciones de ninguna laya.

La fuente de inspiración del derecho positivo constituye el derecho natural, y éste, obviamente se erige
en el ideal de constante superación y perfeccionamiento de las normas creadas por las personas (derecho
positivo). Gran parte de las declaraciones de los Derechos Humanos a nivel regional e internacional
emanan de esa sólida base que indudablemente proporcionan los fundamentos de libertad e igualdad en
el respeto de la dignidad humana, hechura del derecho más antiguo que postulaban los pensadores filo-
sóficos y que como una expresión humana fue ampliando su catálogo al punto de convertirse, en el
presente, en la base del sistema internacional de los derechos humanos.

1.1 Concepto de Derecho.


Más allá del sentido práctico de comprender que el Derecho es un regulador de la vida social porque
establece una serie de pautas (normas) que influyen en el desarrollo de la conducta de las personas en
sociedad con la finalidad de precautelar ciertos valores que posibiliten una convivencia con signos más o
menos aceptables por los destinatarios para enfrentar sus diversos conflictos, es importante extraer un
concepto sobre dicha base. Y en tal sentido, el Derecho está representado por un "conjunto de reglas a las
cuales está sometida la conducta exterior del hombre, en sus relaciones con los semejantes, bajo la inspiración de la idea
natural de justicia". Obviamente que cuando se expresa “…sometida la conducta exterior del hombre (…)”, esta-
mos refiriéndonos al rasgo más importante para exigir su cumplimiento a los destinatarios, cual es, la
coercibilidad, un atributo sin el cual las normas que la conforman serían meras piezas declaratorias sin la
mínima trascendencia en la vida de relación social.

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1.2 Fundamento del Derecho.
No se pretenda encontrar una justificación exacta (prototipo de los cálculos aritméticos) sobre la necesi-
dad de la existencia del Derecho, ya que el mismo lejos de erigirse en un termómetro que se traduce
fielmente entre sus postulados y lo que acontece en la realidad, lo único cierto que devela es el divorcio
entre “teoría” y “praxis”. Fuera de este pragmatismo puro, el Derecho es un regulador de la conducta
humana en sociedad y analizando las diversas instituciones (disposiciones relacionadas con un determi-
nado ámbito, como la vida, la personalidad, la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad, la familia, la
sociedad, las infracciones y sus consecuencias, etcétera), lo que pretende justificar como fórmula preva-
lente en todos los escenarios en que se desenvuelve el ser humano es la evitación de la confrontación
violenta.

Según este razonamiento los seres humanos en el disfrute de su libertad y relacionados con sus pares,
pueden ejercer una serie de facultades cuyo exceso lo determina, precisamente, idénticas potestades re-
conocidas a los demás, de manera que a fin de evitar conflictos mayores (confrontación directa y violenta),
surge una instancia general y obligatoria que es la norma (el conjunto de normas equivale al Derecho)
que fija los límites dentro de los cuales el desenvolvimiento paralelo de los individuos encuentre seguridad
y garantía.

De este modo, el derecho constituye la base del orden social, sin ingresar por el derrotero de expresiones
altisonantes que pretenden sublimar ciertas máximas como “el derecho pretende la armonía de las rela-
ciones sociales”, cuando precisamente la intervención del orden normativo se verifica cuando existen
conflictos en las relaciones humanas.

En consecuencia, el fundamento esencial de las normas del derecho descansa en la búsqueda afanosa de
seguridad y garantía para los destinatarios de las normas que integran el Derecho a fin de que en sus
distintos ámbitos de relacionamientos obtengan una mínima conflictividad, que no es otra cosa que con-
solidar la cultura de la paz social, fundada en la idea natural de justicia.

1.3 ¿Cómo se construye el Derecho?


Y a través de los denominados “valores jurídicos”.

Entonces la siguiente pregunta que cabe aquí es la siguiente: ¿en qué consiste la valoración?

Respondemos diciendo que es el acto de preferir una cosa con respecto a otra u otras, entendida como
una intuición emotiva que tiene toda persona con discernimiento para optar, según su preferencia, ya sea
por signos externos o característicos que presenta la cosa, o porque sus emociones le permiten generar
un estado psíquico individual que conceptuamos como “acto de valoración”.

Así como utilizamos esa intuición emotiva para valorar las cosas, también lo hacemos con relación a las
conductas humanas, considerándolas como acciones positivas o negativas, acciones valiosas o disvaliosas,
etcétera, claro está, conforme a la escala de principios o metas que uno lo establezca para cada circuns-
tancia.

Aquí las valoraciones, muchas veces, están cargadas de subjetivismo, porque la naturaleza de nuestras
emociones expresadas hacia las conductas de los demás es una interferencia muy fuerte que se matiza
con idénticas respuestas de los demás, pero muchos aspectos objetivos surgen de esta “crisis de valores”
entre dos o más personas puestas en relación: el respeto de ciertas acciones o la exigencia de ciertas
prohibiciones de no trasgredir ciertos principios (valores) fundamentales para la convivencia pacífica -
recuérdese que no hablamos de términos absolutos- tales como la vida, la libertad, la igualdad, la paz, la
solidaridad, la cooperación, etcétera.

Sin el concurso de estos principios esenciales sería imposible la convivencia civilizada.

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De allí surge la utilidad o valor de una acción que respete la personalidad humana, otra que respete la
libertad individual de la persona siempre que no contravenga igual derecho que le asiste a los terceros,
citando las típicas realizaciones prácticas.

El único problema que generaría este razonamiento radicaría en el hallazgo de una fórmula adecuada
para exigir que todos acepten tales valores, principalmente, porque lo que para uno puede resultar útil
como herramienta que posibilite la convivencia pacífica en términos aceptables, no lo es para otros, todo
esto, analizando el escenario personal de cada uno en el sentido que para mí puede resultar solamente útil
y conveniente según mis intereses privados y esta misma lógica se trasladaría en cada uno. Pero es aquí
cuando el Derecho formula ciertas ficciones e imposiciones en su construcción, cuando la organización
social fundada en unas normas generales y obligatorias para todos sus integrantes, sin distinciones de
cualidades o accidentes, adopta ciertas conductas valiosas que deben respetarse bajo fórmulas coercitivas,
porque sin ellas estaría en riesgo la seguridad de una convivencia, y, por ende, de la misma sociedad.

Surge así el Derecho como un instrumento conformado por reglas de juego generales para las relaciones
humanas de manera que todos deben actuar de cierta manera y con la observancia de ciertos requisitos
(incluso, renunciando a ciertos objetivos o preferencias personales, según su escala de valores) a fin de
lograr unas conductas valiosas que permitan cumplir con el fin u objetivo del orden normativo, cual es,
la prevalencia de la paz social frente a las distintas hipótesis conflictivas que surgen de la multiplicidad de
relaciones humanas.

Así, como los valores individuales uno los mide en relación con la perspectiva de "otro", es decir, no se
puede valorar algo sin comparación con otra u otras cosas; en el mundo de las acciones humanas, los
valores jurídicos encuentran justificación como fundamento de las normas que integran el Derecho, sólo
cuando permiten consolidar las relaciones entre dos o más personas de una manera pacífica y consolida-
tiva de la convivencia bajo el signo del cumplimiento de las exigencias normativas. De ahí que mal podría
hablarse de un valor jurídico sin interacción humana, es decir, poniendo o relacionando a una persona
con otra, ya que precisamente lo valioso y disvalioso de una conducta sólo se logra mediante la confor-
midad o disconformidad del resultado de la relación social con una respuesta pacífica.

Una característica fundamental de los valores jurídicos constituye la alteridad o bilateralidad, porque su exis-
tencia sólo se da cuando se contrapone el obrar de por lo menos dos personas y nunca la perspectiva
personal o individual de cada uno.

1.4 La Justicia: ámbitos legal y natural del concepto.


Cuando hablamos de justicia, estamos refiriéndonos a un concepto abstracto que trata de simbolizar lo
que en la "realidad" cotidiana se da en las relaciones humanas. Decíamos que los derechos naturales son
innatos, es decir, existen por la sola condición racional de los seres humanos que interpretan que en toda
relación humana deben existir tratamientos igualitarios por parte de las autoridades de tal modo a no
incurrir en lo que se llama comúnmente como "injusticia". De ahí que instintivamente, como algo innato
es que toda persona aspire a ser tratada en forma justa; vale decir, tenemos la noción de una justicia
natural o lo justo natural.

Lo que ocurre con el concepto de JUSTICIA es que necesitamos determinar un alcance interpretativo
concreto (en el marco de la LEY) para evitar confundirlo con otros conceptos muy similares como el de
LIBERTAD e IGUALDAD.

La JUSTICIA NO ES OTRA COSA QUE LA VOLUNTAD PERPETÚA Y CONSTANTE DE DAR A CADA UNO LO
SUYO, LO QUE LE CORRESPONDE POR DERECHO. Implica, previamente, una aplicación del concepto de
igualdad en cuanto a que a iguales situaciones de hecho corresponden idénticas consecuencias jurídicas
o de derecho. Si ese concepto de igualdad es desvirtuado mediante la aplicación de una consecuencia
distinta a la que presentaba la misma situación de hecho, esa igualdad se tergiversa, se destruye y el acto
de autoridad resulta INJUSTO.

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Es por eso que la JUSTICIA es un sentimiento que expresa armonía proporcional de cambio y distribu-
ción (proporcionalidad en las cosas que se dan y que se reciben a cambio y proporcionalidad cuando
alguien distribuye las cosas por méritos y deberes, según el esfuerzo o necesidad de los receptores).

Esa formulación de la JUSTICIA en el ámbito del DERECHO se denomina JUSTICIA LEGAL o lo


JUSTO LEGAL, que no es otra cosa que la producción de los efectos previstos por la norma jurídica a
iguales situaciones o conductas desplegadas por las personas, independientemente de su condición parti-
cular.

En otros términos: ES LA VOLUNTAD PERPETUA Y CONSTANTE DE DAR A CADA UNO LO SUYO, LO QUE LE
CORRESPONDE POR DERECHO. Pero, a veces, la aplicación muy estricta de la JUSTICIA puede generar
efectos perjudiciales que no se compadecen con otros valores jurídicos, tales como: la cooperación, la
solidaridad, la protección y la seguridad.

Para realizar TODOS LOS VALORES JURÍDICOS Y EVITAR LA DISTORSIÓN DE LAS RELA-
CIONES SOCIALES POR LA EXTREMA DUREZA DE UNA NORMA EN ARAS A LA REALI-
ZACIÓN DEL CONCEPTO FORMAL DE “JUSTICIA LEGAL”, muchas veces los JUECES que
aplican el DERECHO, deben acudir a la EQUIDAD QUE CONSISTE EN LA APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS
DE JUSTICIA PARA LOS CASOS PARTICULARES Y CONCRETOS.

Es decir, la equidad no es otra cosa que la JUSTICIA aplicada a las características PARTICULARES de
cada CASO, propugnando en una suerte de “dar más al que tiene menos”, o, contemplando la situación
particular, ya que la estricta aplicación del concepto de “a iguales situaciones de hecho, iguales conse-
cuencias de derecho”, muchas veces, por las notorias diferencias de condiciones sociales, económicas,
culturales o políticas, antes que mitigar los rigores de las diferencias insostenibles entre las personas, los
profundiza, y es aquí donde conceptos de equidad modernos sirven de mucha ayuda para recomponer el
tejido social de un país: la justicia social, la justicia en el ámbito laboral, en el ámbito de las diferencias
entre personas por cuestiones de sexo, raza, religión, etcétera.

Es muy cierto que ante idénticas situaciones de hecho corresponden iguales consecuencias jurídicas, pero
tampoco es menos cierto que la aplicación ciega y estricta de las normas a los casos particulares puede
generar situaciones que riñen con el sentido racional y humano de las relaciones sociales.

Al supuesto de no haber abonado una deuda corresponde como consecuencia el embargo de los bienes
del deudor por parte del acreedor, resultaría justo para el deudor que con ánimo de estafar se hace pasar
por insolvente, previa enajenación de sus bienes para fungir esa condición confabulado con terceras per-
sonas, y descubierta esa intención se embarguen sus bienes, pero esta misma situación de hecho podría
generar una consecuencia poco benévola con el campesino que se endeudó para cultivar la tierra pero
que por culpa de los factores climáticos no pudo efectuar la cosecha y por consecuencia tampoco pudo
cancelar su deuda.

Aquí la aplicación estricta de la ley sería injusta, puesto que, en la balanza de intenciones, el primer deudor
no quería pagar la deuda, el segundo deudor quería pagar, pero no pudo por un caso extraño a su voluntad
(fuerza mayor).

Lo que cabe en estos casos es que los jueces apliquen el criterio de equidad, otorgando un plazo razonable
para que en el futuro se pague la deuda sin embargar los bienes del deudor dado que los implementos del
trabajo en el campo serán la "única" herramienta para que el deudor pueda solventar la cancelación en
un futuro próximo; mientras que al deudor malicioso le corresponderá el embargo y subasta de sus bienes
hasta cubrir el monto de su deuda. El tratamiento aquí, no se ajusta al criterio estricto del concepto de
IGUALDAD Y DE JUSTICIA, sino a la estimación de las particularidades de cada caso, para aplicar la
LEY conforme a CRITERIOS OBJETIVOS Y RACIONALES, configurándose así, lo que se denomina
la EQUIDAD.

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1.5 La igualdad en el Derecho.
El derecho entiende a la igualdad desde el punto de vista OBJETIVO Y NO SUBJETIVAMENTE (ATENDIENDO
A LAS PARTICULARIDADES PROPIAS DE CADA SER HUMANO).

En sentido SUBJETIVO, siempre existirán diferencias entre las personas (de sexo, de contextura física, de
personalidades, etc.), por lo que resulta inexorable reconocer esta situación dispar, que, naturalmente se
puede verificar de una comparación entre los seres humanos.

Objetivamente eso no es importante para el derecho, ya que considera a todas las personas IGUALES
sobre la base de la condición que inviste cada una de ellas, vale decir, bajo determinadas circunstancias.

Conforme a lo acotado, la igualdad OBJETIVA establece que las personas que se encuentran en las mismas
condiciones o reúnen los mismos requisitos determinados en la ley, recibirán las mismas consecuencias
o efectos previstos en la norma.

Ejemplo: todas las personas que cumplan una determinada edad (situación de hecho) podrán ejercer
ciertos derechos reconocidos por las normas jurídicas para quienes estén comprendidos en ese presu-
puesto de hecho (resultado o consecuencia jurídica).

2. El ordenamiento jurídico y el orden de prelación.


El ordenamiento jurídico es un “conjunto sistematizado de normas, cuya validez deriva de la misma Constitución o
Ley Fundamental del Estado”.

Las normas jurídicas (leyes, decretos, sentencias judiciales, contratos, etc.) no se encuentran aisladas unas
de otras, sino vinculadas entre sí, por su interconexión jerárquica de tal forma que una norma tiene como
fundamento de su existencia a otra que está por encima en la escala o prelación de normas. Es decir,
forman un ordenamiento total en el que cada ley guarda vinculación y subordinación con las demás, de
acuerdo al lugar que le corresponde en razón de su importancia y generalidad.

Ejemplo: un simple contrato de préstamo de dinero vale como contrato porque existe una norma general
del Código Civil que legisla sobre esa materia, y éste -el Código de referencia- también vale porque se
ajusta en sus preceptos a la Constitución que es la Ley Suprema.

La determinación de este razonamiento que se conoce también como "jerarquía de las normas jurídicas",
cuya finalidad consiste en la determinación precisa del orden de jerarquía e importancia que tienen las
normas jurídicas con el objeto de su correcta aplicación. Sabemos que todas las normas no son iguales,
algunas son primarias o fundamentales y otras son secundarias, motivo esencial por el que se debe hacer
una discriminación o jerarquía exacta de cada una a los efectos de darle la importancia y eficacia que
realmente tienen en el conjunto normativo de cada sociedad.

2.1 La Pirámide de Kelsen.


El jurista HANS KELSEN, doctrinario de la Escuela de Viena (Austria), elaboró una teoría explicativa
de esta situación, tratando de graficar su argumento sobre la base de una PIRÁMIDE -por cierto, la
expresión se atribuye erróneamente a dicho jurista, ya que tal configuración la confirió MERKL-, ilus-
trándonos que la jerarquía de las normas está determinada por diferentes órdenes o grados que existen
entre las mismas. Así, cada norma superior constituye el fundamento de validez de la inferior y en cierto
modo determina el contenido de ésta.

a) El grado u orden más elevado -que es el vértice de la pirámide- lo ocupa la constitución o ley
fundamental de todo el sistema jurídico de un país.
b) El segundo grado integra con las leyes o normas generales que desarrollan los preceptos conteni-
dos en la constitución y que tienen en ésta el fundamento de su validez.

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c) A las leyes siguen, en tercer grado, los reglamentos que desarrollan el con-tenido de las normas
generales.
d) El cuarto grado se integran con los actos jurídicos (contratos, testamentos u otros actos que
desarrollan el contenido de las normas antecedentes).
e) Finalmente, en el quinto grado encontramos a las sentencias judiciales y re-soluciones adminis-
trativas que son normas individualizadas y que desarrollan la aplicación de leyes generales.

El artículo 137 de la CN, dispone: “La ley suprema de la república es la Constitución. Esta, los tratados, convenios
y acuerdos internacionales aprobados y ratificados, las leyes dictadas por el congreso y otras disposiciones jurídicas de inferior
jerarquía, sancionadas en consecuencia, integran el derecho positivo nacional en el orden de prelación enunciado.

Quienquiera que intente cambiar dicho orden, al margen de los procedimientos previstos en esta constitución, incurrirá en
los delitos que se tipificarán y penarán en la ley.

Esta Constitución no perderá su validez si dejara de observarse por actos de fuerza o fuera derogada por cualquier otro
medio distinto del que ella dispone.

Carecen de validez todas las disposiciones o actos de autoridad opuestos a lo establecido en esta constitución".

Trasladando la escala jerárquica expuesta por el jurista austríaco a lo que señala nuestra CN, se tienen tres
niveles de normas, a saber:

a) La CN que es la ley primera de la nación.


b) Los tratados y convenios internacionales ratificados (aprobados por el Congreso de la Nación) y
canjeados (intercambio mutuo de los documentos oficiales aprobados por el Congreso de la na-
ción entre los países suscribientes del tratado o convenio) por la República del Paraguay.
c) Las leyes dictadas por el Congreso Nacional.
d) Las demás disposiciones dictadas por los organismos encargados de cumplir las leyes dictadas
por el Congreso.

3. Las normas jurídicas: concepto y clasificación.


La norma jurídica rige la conducta humana en sociedad, y su cumplimiento puede exigirse coercitivamente
o pedir que se aplique la sanción prevista en su precepto a través de los órganos del Estado encargados
de este menester, en caso de inobservancia por los destinatarios.

La norma jurídica enlaza un HECHO ANTECEDENTE con un HECHO CONSECUENTE que


"DEBE SER", sin perjuicio de que ese algo no suceda. El deber ser presupone la voluntad LIBRE de
quien ejecuta el hecho.

De esta manera, la norma jurídica expresa cómo debe realizarse una conducta determinada que conceptúa
formalmente en sus reglas, la cual, en definitiva, podría verificarse de manera distinta a la prevista.

No por ello pierde su valor, pues no enuncia lo que HA SUCEDIDO O SUCEDE, sino LO QUE DEBE
SER CUMPLIDO, independientemente de que en la realidad ocurra o no.

Analíticamente, a través de toda relación jurídica –donde cobra particular vigencia y aplicación la norma
jurídica-, se pueden distinguir, características sobresalientes, que los abordamos seguidamente:

IMPERATIVIDAD. Toda norma implica siempre la exigencia de una conducta que debe ser observada
por el destinatario; no da consejos ni hace exhortaciones, imponiendo un mandato de algo que debe
hacerse o dejar de hacerse. Por esta razón es que en el lenguaje jurídico, no se utiliza, normalmente, el
modo indicativo, sino el imperativo.

AUTARQUÍA. Las normas jurídicas son autárquicas, porque se imponen sin consulta previa a los obli-
gados por ellas y con independencia de su aceptación por parte de los mismos. Ejemplo: el Código Civil
establece que la ignorancia de la ley no exime a sus destinatarios el cumplimiento de la misma.

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HETERONOMÍA. Cuando la persona actúa de acuerdo con un precepto que no deriva de su voluntad,
sino de una voluntad extraña, su proceder es heterónomo.

Por consiguiente, heteronomía significa sujeción a una voluntad ajena o a una pretensión extraña a la
voluntad de uno mismo. La norma jurídica es heterónoma, porque no ha sido dictada por quienes deben
cumplirla, sino por un poder anterior y superior a ella.

GENERALIDAD. La norma jurídica es general, porque obliga a todos los destinatarios, aún al mismo
poder del cual es originario. La generalidad significa que la norma debe regir para un número de personas
y situaciones que reúnan circunstancias iguales.

Tiene, por tanto, dos aspectos: objetivo y subjetivo.

La generalidad objetiva consiste en que la norma jurídica debe abarcar el mayor número posible de casos
ordinarios y más frecuentes; la generalidad subjetiva denota que la norma debe referirse a todos o la
mayor parte de los obligados por ella.

La excepción constituye la llamada norma jurídica individualizada que sólo tiene vigencia para casos de-
terminados. Ejemplos: leyes que otorgan pensiones vitalicias o ascensos, sentencias de los jueces, resolu-
ciones administrativas, etc.

BILATERALIDAD. Esta característica se refiere tanto al número de sujetos que intervienen en la rela-
ción jurídica comprendida en la norma, como a la correlación de derechos y obligaciones emergentes de
la misma.

Bajo el primer aspecto, la relación es ordinariamente bilateral, sin perjuicio de ser plurilateral. Lo mismo
cabe decir en cuanto al segundo aspecto, sin perjuicio de una posible pluralidad, en toda relación entre
dos o más sujetos, hay siempre una exigencia legítima y una prestación debida. Frente al sujeto jurídica-
mente obligado, existe otra persona facultada por la norma para exigirle el cumplimiento de lo prescrito.

EXTERIOINTERIORIDAD. Significa que la norma jurídica aprecia, esencialmente, el aspecto ex-


terno de la conducta, y desde éste se eleva al elemento interno o psíquico del acto, pero única-mente en
cuanto tiene trascendencia para la colectividad.

El Derecho no busca de manera exclusiva la adecuación de la conducta exterior, ni se conforma con la


simple legalidad, atiende también a los resortes de la conducta.

Así, penetra a menudo en el recinto de la conciencia y analiza los móviles del proceder individual, para
atribuirles consecuencias jurídicas de mayor o menor importancia.

Dentro de esa gama de intenciones que puede reflejar la persona en sus actos externos, están definidos
tres caracteres que la norma toma en consideración a la hora de valorar la conducta humana:

a) Buena fe: consiste en la persuasión de obrar en forma lícita y sin malicia;


b) Dolo: cuando conscientemente se realiza un acto, en perjuicio de otro, ya sea usando de la astucia
o cualquier otro artificio o maquinación, y;
c) Culpa: es la falta de previsión, cuidado o diligencia que produce consecuencias dañinas. Aquí
falta el elemento intencional dado por la voluntad de causar daño, pero lo mismo se provoca el
perjuicio, debido a la negligencia o impericia.

COERCIBILIDAD. Significa ésta, la posibilidad de emplear la fuerza o la coacción exterior socialmente


organizada, para hacer efectivo el cumplimiento de la norma y lograr la imposición de un deber jurídico.
Si bien existen otras diferencias con las demás normas (morales, religiosas y de trato social), esta es la
principal. Las normas jurídicas disponen de coercibilidad, mientras que las otras normas carecen de este
requisito.
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Capítulo 2
Sujetos del Derecho. Personas de existencia visible: conceptos y atributos. Capacidad de derecho y de hecho.
Prueba de la existencia y estado de las personas. Persona de existencia ideal: concepto y clasificación.

Sujetos del Derecho.

1. Sujetos del Derecho.


Los sujetos que intervienen en toda relación jurídica se llaman PERSONAS. Entiéndase por relación
jurídica al "vínculo existente entre dos o más personas que genera derechos y obligaciones".

En esa relación, la persona que exige algo de la otra para que entregue algo o efectúe algo en su beneficio
recibe el nombre de "sujeto activo", y la que está compelida al cumplimiento de la carga recibe el nombre
de "sujeto pasivo".

Jurídicamente las personas son definidas como todos aquellos "entes susceptibles de adquirir derechos y contraer
obligaciones, sea directamente o por medio de sus representantes".

Dicha aptitud constituye la nota esencial de la personalidad.

2. Clasificación de las personas.


De acuerdo con nuestra legislación, las personas pueden ser de existencia visible (seres humanos) o de
existencia ideal (personas jurídicas).

Persona física es aquélla que por el solo hecho de existir está dotado de derechos como ser humano que
es. Según nuestra legislación civil, las personas físicas o de existencia visible son "los entes que presentan
signos características humanidad, sin distinción de cualidades ni accidentes”. Comienzan su existencia desde su con-
cepción en el seno materno y terminan con su fallecimiento o desaparición física, siguiendo su persona-
lidad en el orden patrimonial sus herederos legítimos, forzosos o testamentarios.

Aunque también está el caso del fallecimiento por ausencia por un tiempo específico (de 6 a 12 años) en
virtud de sentencia judicial.

La persona jurídica es una ficción o producción abstracta del legislador, y, por ende su concepto es redu-
cido al considerársele como una entidad ficticia creada por la ley a la cual se la dota de determinadas capacidades para
adquirir derechos y contraer obligaciones.

Es así como la personalidad jurídica se distingue por dos atributos esenciales: a) la persona se distingue
de sus miembros; y b) la capacidad y existencia de la persona se circunscribe solamente al ám-
bito patrimonial, por lo que no pueden adquirir derechos ni contraer obligaciones de carácter persona-
lísimo (estado civil o derechos relacionados al vínculo familiar, parentesco, sucesión, filiación, patria po-
testad, etcétera).

Las personas jurídicas comienzan su existencia desde el momento que se dicta el decreto que emite el
Poder Ejecutivo en el caso de sociedades anónimas, o, por resolución judicial, en el caso de las sociedades

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simples y asociaciones (diferenciación que abordaremos en otro capítulo). Dichos actos equivalen al cer-
tificado de nacimiento de la persona jurídica y por los cuales adquieren vida en el mundo de las relaciones
patrimoniales.

La existencia de las personas jurídicas cesa por diversos motivos que la misma ley o sus estatutos lo
establecen y que son:

a) Los establecidos en sus estatutos;


b) Por el cumplimiento de sus fines para los cuales se la ha creado;
c) Por decisión de sus miembros;
d) Por iliquidez, en cuyo caso la inexistencia de su razón existencial: el plano patrimonial genera la extin-
ción del ente jurídico, y;
e) Por decisión legal de las autoridades públicas, cuando la persona jurídica no se ajuste a los requisitos
y disposiciones legales establecidas para su creación y funcionamiento.

3. Atributos de las personas.


Las personas como sujetos de la relación jurídica poseen una serie de cualidades, cuya utilidad radica en
el hecho de que a través de las mismas se las puede: individualizar en la sociedad, conocer el lugar donde
se las puede encontrar y configurar si son capaces de realizar los actos de la vida social y jurídica. En
consecuencia, las personas se hallan dotadas de estos atributos: nombre, estado, capacidad jurídica y do-
micilio.

3.1 El nombre de las personas.


Es la designación que lleva toda persona de una manera habitual para ser conocida e individualizada en
la vida social. Como institución jurídica, el nombre cumple la función de identificar al sujeto portador de
derechos y obligaciones, respectivamente. Es de trascendencia saber en toda relación entre personas,
quién puede ejercer un derecho y quién debe cumplir su deber jurídico u obligación, ya que de lo contrario
se tornaría una mera ilusión la declaración normativa que, lógicamente, ha sido plasmada como regla de
conducta obligatoria, para regular la conducta de las personas en general y, en particular, para señalar a la
persona que en determinada circunstancia es portadora de un derecho legítimo o cargadora de un deber
legal. En este sentido, la individualización es trascendental para la autoafirmación del derecho.

En las personas físicas el nombre consta de las siguientes partes: a) pre-nombre o nombre propiamente
dicho, nombre de bautismo o nombre de pila (Juan, Pedro) y que sirve para individualizar a la persona
en el seno de su familia, y; b) el apellido o nombre patronímico (González, Ferreira, etcétera) y que es el
más importante porque sirve para individualizar a la persona en una sociedad.

Las personas jurídicas también poseen nombre, constituido, según el caso, por la razón social, la enseña
que puede ser una denominación emblemática o designación nominativa; la razón social no debe con-
fundirse con la denominación asignada al establecimiento industrial.

Las sociedades anónimas, por ejemplo, carecen de razón social pero no de nombre que debe referirse al
objeto u objetos para que hubiese formado.

En consecuencia, la razón social que equivale a la firma de cada uno de los socios, es efectivamente el
nombre de cada sociedad, y constituye la manera de distinguirla en su individualidad jurídica, para todo
cuanto concierne a la actividad industrial o comercial ejercida.

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3.2 La capacidad e incapacidad de las personas.
El atributo esencial de las personas para ser sujetos activos o pasivos en la relación jurídica es la capacidad
que consiste en la aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones. La falta de esa capacidad constituye la
incapacidad.

La aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones, no puede tener idéntica amplitud para las per-
sonas físicas y las jurídicas.

La capacidad e incapacidad de las personas, depende, exclusivamente de lo establecido por la ley, me-
diante normas de estricto orden público. En consecuencia, las convenciones particulares no pueden mo-
dificarlas de modo alguno, sea para ampliar o restringir el contenido de las mismas.

Las personas físicas anteriormente, por razones políticas e históricas, no gozaban de la capacidad en los
dos aspectos que se conocen, o sea:

a) La capacidad de derecho que es la aptitud para gozar o ser titular de un derecho, y;


b) La capacidad de hecho que es la aptitud para poder ejercitar el derecho del cual se es titular.

Normalmente, como dijimos, muchas personas ni siquiera eran titulares de derechos, por ende, menos
podrían ejercitar algo del cual no podían ser acreedores o beneficiarios.

Sin embargo y con la abolición de la esclavitud y en gran medida de las prácticas discriminatorias, todas
las personas poseen capacidad de derecho.

Se puede sí, carecer de la capacidad de hecho, la cual no puede ejercitarse por razones explícitamente
determinadas en la ley, tales como: la minoría de edad, los sordomudos que no pueden darse a entender
por escrito, los dementes y las personas por nacer.

Por otro lado, las personas jurídicas tienen plena capacidad en los términos establecidos en sus estatutos
y en la ley, pero no pueden ser titulares de derechos personalísimos como el parentesco, la patria potestad,
etcétera, dado que estos derechos son exclusivos de personas de existencia física o visible y en conse-
cuencia, se apartan del ámbito patrimonial que es el único espacio en el que se puede distinguir la exis-
tencia de las personas jurídicas.

Su incapacidad de ejercicio es suplida por la capacidad de hecho que poseen sus miembros que efectúan
los actos en su representación.

De este modo, para las personas jurídicas la capacidad es la regla y la incapacidad la excepción, bien
entendida en la esfera de los derechos patrimoniales. Aún dentro de la esfera patrimonial, la capacidad de
las personas jurídicas está limitada por:

a) El principio de especialidad, es decir que ellas no pueden realizar actos extraños al objeto de su
institución, previsto en los estatutos, y;
b) Por la prohibición expresa establecida en la ley o en los estatutos para realizar ciertos y deter-
minados actos.

3.3 La situación jurídica de las personas.


Es la posición jurídica que ocupa una persona en los dos grandes grupos: la familia y la comunidad. La
determinación de la situación que ocupa una persona en esos grupos sirve para distinguir cuáles son los
derechos de los que puede hacerse titular y cuáles sus obligaciones.

Una persona puede ocupar diferentes situaciones al mismo tiempo según la perspectiva que se analice.
Así, frente a su familia puede investir la condición de hijo, padre, hermano, tío, cuñado, etc.

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Del mismo modo puede ocupar dentro de un grupo o de la sociedad las condiciones de obligado, acree-
dor, propietario, garante, procesado, víctima, contribuyente, funcionario público, ciudadano nacional o
extranjero, etc.

4. Clasificación de las personas jurídicas.


4.1 Las asociaciones.
El hombre se ha mostrado muchas veces, estéril para realizar por sí solo sus deseos y aspiraciones. Ya
sea para defenderse en la lucha por la vida, para perfeccionarse cultural y moralmente, para protegerse
contra los riesgos de enfermedades, invalidez o muerte, para luchar eficazmente por sus ideales, necesita
unirse a otros hombres y mancomunar sus esfuerzos.

En las sociedades contemporáneas, el fenómeno asociacionista ha adquirido una extraordinaria impor-


tancia. En efecto, el desarrollo del capitalismo y de la técnica ha reducido a muy poco las posibilidades
del individuo como tal, pero lo que él solo no puede hacer, está al alcance de las asociaciones. Es, pues,
por imperio de las necesidades que el hombre se asocia a otros en sindicatos, agremiaciones profesionales,
mutualidades, entidades culturales, religiosas, científicas, artísticas, partidos políticos, clubes deportivos o
sociales, etc. Al ingresar al grupo, el hombre pierde, sin duda, algo de su libertad, pues está sometido a su
disciplina; pero, en cambio, gana en fuerza y en seguridad, e inclusive puede recuperar la libertad perdida
a consecuencia de su debilidad individual. Tal es el caso de los gremios. Mientras el obrero estuvo solo y
aislado frente al patrón, se halló sometido a la voluntad de éste, quien imponía las condiciones de trabajo,
salarios, etc. En una palabra, carecía de libertad para contratar.

La agremiación le permitió oponerse a la fuerza de los patrones con una fuerza equivalente más o menos
y las condiciones de trabajo se estipulan no ya bajo la presión de una voluntad dominante, sino en con-
diciones de libertad. Puesto que el derecho de asociación es esencial a la vida del hombre en sociedad,
debe admitirse que es un derecho natural amparado por la Constitución de la República. Las asociaciones
pueden definirse como las agrupaciones humanas reunidas con el propósito común de realizar una idea
u objetivo de bien general.

En nuestro país sólo pueden señalarse algunas normas aisladas del Código Civil o de leyes especiales
sobre cierto tipo de ellas, especialmente las sociedades mercantiles.

Las asociaciones se han estructurado sobre bases consuetudinarias recogidas en sus estatutos. Los órga-
nos de gobierno de las asociaciones son creados por sus estatutos. Normalmente toda asociación tiene
un órgano deliberativo, la asamblea, uno ejecutivo, la dirección, y uno de contralor, el síndico o comisión
revisora de cuentas. Además, y respondiendo a distintas necesidades propias de cada institución, los es-
tatutos suelen crear otros órganos de menor importancia tales como el jurado de honor, el tribunal de
penas, etc.

La asamblea es la autoridad suprema de la institución: nombra y remueve la comisión directiva, controla


y aprueba o desaprueba su gestión, establece la orientación que deben tener las actividades de la asocia-
ción, imparte directivas a los directores, puede modificar los estatutos y en fin, puede hasta disponer la
disolución de la misma.

4.2 Las sociedades.


El hombre no podría satisfacer muchas de sus necesidades y apetencias sin unir sus esfuerzos con otros
hombres. El fenómeno de la asociación ha alcanzado en las sociedades modernas difusión e importancia
excepcionales, para lo cual han usufructuado uno de los instrumentos jurídicos -quizás el más importante-
del que se valen los seres humanos para la consecución de sus fines comunes: el contrato de sociedad.

Hay sociedad cuando dos o más personas se hubiesen mutuamente obligado cada una con una prestación,
con el fin de obtener alguna utilidad apreciable en dinero, que dividirán entre sí.

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Como surge del concepto, la sociedad es un contrato, que es resultado de una síntesis final de intereses
contrapuestos, que exige una previa y ardua negociación entre sus miembros. Los futuros socios discuten
la importancia de sus aportes, de su participación en los beneficios y en la administración de la sociedad.
Ésta nace de la negociación, del sacrificio de ciertos intereses para lograr el reconocimiento de otras
ventajas. Como se puede leer, la génesis u origen de la sociedad es la misma que cualquier otra figura
contractual. El contrato, a la vez que un acuerdo de voluntades, sirve de espina dorsal a la nueva entidad
creada; por ello sus cláusulas no sólo mencionan los derechos y deberes recíprocos de los socios, sino
que regulan la organización y funcionamiento de la entidad y las condiciones en que ésta puede celebrar
válidamente los actos jurídicos en mira a los cuales ha sido constituida.

En consecuencia, la primera ley que rige para los socios es la regla establecida en los estatutos y en los
demás contratos no, porque en algún caso el juez se hallará en presencia de una comunidad en que los
miembros se recelan o se odian y, sin embargo, tendrá a bien considerarla como sociedad si se han obli-
gado cada uno con una prestación con el fin de obtener alguna utilidad apreciable en dinero que dividirán
entre sí.

Si la affectio societatis fuese un elemento más del contrato de sociedad, habría que ampliar ese criterio
e incluir la confianza”. Poco a poco la tan manida affectio societatis deja de ser lo que las palabras indican
(afecto, simpatía, cordialidad, amistad, etc.) para convertirse en la esencia de un contrato más, cual es, la
preexistencia de acuerdo o consentimiento entre las partes (los socios).

En verdad lo que une a los socios y constituye el elemento de la sociedad es el fin común; si éste existe y
si, además, se encuentran reunidos los demás elementos legales de la sociedad, ésta existirá haya confianza,
simpatía, amistad, animadversión, desconfianza, odio, etc. entre sus integrantes.

Por lo expuesto, los autores modernos prescinden hoy de mencionar la affectio societatis como un elemento
imprescindible del contrato de sociedad.

4.2.1 Características de las sociedades.


La sociedad es un contrato bilateral y conmutativo. Se diferencia de todos los restantes contratos que
también tienen estos caracteres, en que no se trata de la conmutación de contraprestaciones entre partes
que tienen intereses contrapuestos, sino que provoca la creación de una comunidad de bienes y de trabajo.

Es oneroso, porque los socios tienen obligación de aportar.

Es, en principio, consensual, porque basta el simple consentimiento para formarlo; pero este principio
está sujeto a excepciones importantes a la regla que obviaremos por la síntesis de la presente exposición.

Es un contrato de gestión colectiva, porque los socios se obligan recíprocamente a propulsar mediante
su cooperación, un fin común.

4.2.2 Clasificación de las sociedades.


Como se ha especificado, existen sociedades civiles cuya finalidad también puede lucrativa, pero con la
diferencia de que el ámbito de sus responsabilidades se traslada directamente a los socios de aquella o a
lo sumo, a sus órganos internos (asambleas, gerentes, etc.). De ahí la denominación de simples o civiles,
propiamente.

Sin embargo, cuando la envergadura del emprendimiento social adquiere dimensiones complejas y fun-
damentalmente, se organizan en grandes inversiones que exigen el aporte de capital independientemente
de que exista afinidad personal entre sus integrantes (que en los hechos, ocurre con las sociedades civiles
que se tornan en una especie de entidades familiares o de personas que tienen afinidad en el trato), la ley
prevé otras formas de organización social, tales como: las sociedades mixtas, las sociedades anóni-
mas y las sociedades de responsabilidad limitada.

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Las sociedades mixtas están constituidas por personas que aportan conjunta, alternativa o separada-
mente capital (recursos) o destreza técnica, artística o alguna especialidad para el cabal cumplimiento de
la finalidad específica de la entidad. Las ganancias y las pérdidas son soportadas en la proporción equiva-
lente al nivel económico que cada uno aporte, independientemente del género o especie de la contribu-
ción social. Estas sociedades también se denominan industriales.

En las sociedades de responsabilidad limitada, sus miembros contribuyen con un capital social limi-
tado y en igual carácter responden solidariamente hasta donde alcance el compromiso de cada socio. La
administración o conducción de la entidad puede recaer en los mismos socios que forman la SRL o, en
su defecto, delegarla en una gerencia o dirección administrativa que funge de representante de aquélla,
pero que no contrae responsabilidad frente a los terceros, salvo las derivadas del ejercicio de su gestión
personal. Es importante recalcar que en las sociedades de responsabilidad limitada, sus socios están iden-
tificados y permiten visualizar frente a los terceros a sus responsables.

Las sociedades anónimas son formas más complejas de organización y es la preferida por las corpora-
ciones y trasnacionales. Su principal característica es que los socios pueden estar identificados como pue-
den no estarlo, fundamentalmente porque la forma de participación es innominada o sin individualización
del titular, siendo puramente accionaria. Es decir, el manejo y administración interna puede recaer en
un directorio que no es equivalente a la titularidad del paquete accionario.

El máximo órgano decisorio es la asamblea de accionistas que se constituye innominadamente, vale decir,
por simples instrumentos (acciones) cuya mayor cantidad genera en el tenedor el predominio de las de-
cisiones trascendentales de la entidad. La posesión de las acciones presume que el simple portador es el
titular de aquéllas, y es por eso que resulta muy difícil individualizar a los verdaderos dueños de la entidad
social, ya que ordinariamente nombran apoderados que los representen en cada asamblea. En las socie-
dades anónimas, las acciones pueden ser ampliadas y ofertadas a terceros interesados en invertir en la
entidad, por lo que fácilmente los titulares cambian de un modo continuo, según la envergadura del objeto
social de aquélla e, incluso, muchos paquetes accionarios de sociedades anónimas son ofertados, en la
bolsa de valores que se cotizan conforme a las reglas del mercado internacional.

4.3 Las fundaciones.


Las fundaciones son entidades creadas con un objeto altruista, dotadas de un patrimonio para el cumpli-
miento de dicho cometido. La fundación nace por un acto de voluntad del fundador. Éste puede ser una
persona natural o jurídica; puede también conformarse mediante el acto de voluntad de varias personas
que se ponen de acuerdo para crear una fundación, aportando cada una de ellas parte del capital; pero, a
la inversa de lo que ocurre en las asociaciones, que no pueden existir sin una pluralidad de miembros y
en las cuales el acuerdo originario entre los fundadores es esencial para dar nacimiento del ente, las fun-
daciones nacen normalmente de “un acto unilateral”.

4.4 Diferencias entre asociaciones y fundaciones.


Es conveniente adelantar desde ahora una distinción conceptual entre ambas instituciones, todo esto, a
los efectos de no caer en errores conceptuales que desnaturalizarían el objeto ilustrativo de estas lecciones.

a) Las primeras son entidades creadas por un acuerdo de voluntades de varias personas, que persiguen
un fin de interés común, sea altruista o lucrativo. A las fundaciones, en cambio, las crea una persona,
sea natural o jurídica, que hace una donación o legado con el objeto de que se destine a un cierto fin,
siempre altruista, fijando las reglas a que ha de ajustar su desenvolvimiento la entidad, designando
sus administradores y la forma en que han de renovarse. Así, por ejemplo, se destina una suma de
dinero para la creación de un hospital, una universidad, y al propio tiempo se proveen los gastos de
administración y se dictan los estatutos. Precisados estos conceptos previos, es fácil encontrar los
caracteres distintivos entre unas y otras:
b) Las asociaciones nacen siempre del acuerdo de una pluralidad de miembros; las fundaciones nacen
de la voluntad de una persona y se gobiernan según las normas fijadas por ellas; es verdad que dos o
más personas pueden ponerse de acuerdo y hacer una donación o legado conjunto para crear una

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fundación; pero, además de que tal hipótesis es excepcional, lo substancial es que en las primeras el
acuerdo es necesario, no así en las segundas;
c) En las asociaciones, sus miembros son los que gobiernan la entidad, la transforman, la disuelven; en
las fundaciones, el gobierno de la entidad está regulado por la voluntad del fundador y los adminis-
tradores no pueden apartarse de ella: estas reglas, en principio, son invariables;
d) El patrimonio de las asociaciones tiene un fin propio a cumplir: los miembros son los interesados en
ese fin; en cambio, las fundaciones realizan un fin ajeno al del fundador, y los destinatarios son
extraños a la entidad; así, por ejemplo, los beneficiarios del servicio hospitalario, de una institución
cultural, etc. Las fundaciones no tienen miembros, sino destinatarios.

De una manera general, se ha dicho que 1a distinción esencial reside en que las asociaciones son autóno-
mas, en tanto que las fundaciones son heterónomas. En efecto, aquéllas están dirigidas y obran de acuerdo
con una voluntad emanada de sus propios miembros; por el contrario, en las segundas esa voluntad
proviene de un ser extraño que es el fundador.

4.5 Diferencias entre asociaciones y sociedades.


Si bien la palabra asociación es genérica y hábil para designar toda suerte de entidades nacidas de un
acuerdo de sus miembros, se la reserva generalmente para aquellas que no tienen fines de lucro; tales, por
ejemplo, como las asociaciones deportivas, artísticas, científicas, religiosas, políticas, gremiales (aunque la
agremiación sea para defender intereses económicos, porque el gremio en sí no persigue concretamente
un lucro), profesionales, etc.; en cambio a las entidades constituidas con fines lucrativos, se las llama
sociedades.

Las entidades no lucrativas no pierden ese carácter por la circunstancia de que desenvuelvan alguna acti-
vidad económica con el objeto de allegar fondos a la institución. Así, por ejemplo, un club deportivo
puede vender artículos vinculados con sus actividades, tener un restaurante, cobrar entradas a socios o
extraños para presenciar un partido, etc. Lo esencial en ellas es que no distribuyan dividen-dos o ganancias
entre sus asociados.
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Capítulo 3
El patrimonio. El patrimonio como garantía común de los acreedores. Las cosas. Los bienes. Los derechos
intelectuales y de autor.

Objeto de la relación jurídica.

1. El patrimonio.
El objeto de la relación jurídica es todo lo que puede estar sometido a la disposición del sujeto activo de
una relación jurídica como medio para la obtención de un fin LÍCITO.

El objeto se identifica con los BIENES, expresión genérica que abarca a las COSAS MATERIALES o
INMATERIALES y los ACTOS HUMANOS o prestaciones voluntarias.

Concretamente el objeto de una relación jurídica, entonces, puede recaer en DAR UNA COSA o en
hacer o abstenerse en una determinada conducta claro está, por parte del sujeto pasivo frente al sujeto
activo.

Las COSAS son los objetos corporales que caen bajo la acción de nuestros sentidos, susceptibles de tener
un valor. En sentido más amplio está el concepto de BIENES que se refiere no sólo a las cosas sino
también a los objetos inmateriales que no caen bajo la acción directa de nuestros sentidos y que también
apreciación o valor, como ser: un derecho intelectual, una obra de arte, un título o una acción.

Esos BIENES conforman el PATRIMONIO DE UNA PERSONA, pero en un doble aspecto, es decir,
en el ACTIVO y en el PASIVO. En un sentido económico, el patrimonio de una persona o empresa
está formado por propiedades, vehículos, maquinarias, dinero en efectivo, etc.

El concepto también tiene una acepción vinculada a la herencia y a los derechos adquiridos como inte-
grantes de una determinada comunidad o grupo social.

El patrimonio puede heredarse por la pertenencia a una familia o a una nación. En este último caso, es
posible hablar de un patrimonio cultural o simbólico: “El tango es un patrimonio rioplatense que debemos proteger
y difundir”, “No entiendo por qué los jóvenes se fascinan con manifestaciones artísticas que no tienen nada que ver con
nuestro patrimonio”.

El patrimonio de la humanidad, por otra parte, está formado por sitios (edificios, ciudades, monumen-
tos, bosques, montañas, lagos) que, por su importancia excepcional, merecen ser preservados para la
herencia común de los seres humanos.

2. El patrimonio como garantía común de los acreedores.


Todos los bienes de una persona están afectados al cumplimiento de sus obligaciones, lo cual se enuncia
con una fórmula más expresiva que exacta, según la cual, el patrimonio es la prenda común de los acree-
dores.

Con ello no se quiere significar que los acreedores tienen constituido un derecho real de prenda sobre los
bienes del deudor, sino que ellos pueden dirigirse sobre dichos bienes y ejecutarlos a fin de obtener la
satisfacción de sus créditos.

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En algunas legislaciones extranjeras este principio capital del derecho está consignado expresamente. Así,
en Francia, el Código Civil dispone que quien se obliga personalmente está obligado a cumplir su com-
promiso con todos sus bienes muebles e inmuebles, presentes y futuros. Esa misma redacción prevalece
en el Código Civil Español y en el Código Civil Italiano.

En nuestro Código Civil también se consigna este principio que se plasma históricamente como un ro-
tundo rechazo a prácticas antiguas que ubicaban a los deudores insolventes en responder con su libertad
personal, como en el Derecho Romano por mucho tiempo –hasta que se dicta la Lex Poetellia Papiria-
se confundía la libertad de la persona como garantía de la deuda, de modo que existía la prisión por
incumplimiento de las obligaciones. En la actualidad sólo se puede responder con los bienes presentes y
futuros.

Nos parece conveniente, además, puntualizar dos circunstancias con relación al patrimonio como prenda
común de los acreedores. En primer lugar, no todos los acreedores están en un pie de igualdad para el
cobro de sus créditos (por ejemplo: una deuda laboral o un bien registrable por hipoteca o prenda tiene
rango de preferencia para el pago de la deuda, cuando existen varios deudores), y, en segundo término,
no todos los bienes son ejecutables (por ejemplo: el bien de familia o el hogar y los utensilios indispen-
sables de la convivencia de una familia es inembargable y dicha inscripción impide que se ejecuten los
bienes del deudor que no puede cumplir con la cancelación de la deuda).

3. Las cosas y los bienes.


Ver el punto 1 del presente capítulo y su concatenación con este tópico.

En realidad, las cosas y los bienes difieren en cuanto al alcance de las primeras y las segundas. Las cosas
son los objetos corporales susceptibles de tener una apreciación económica, mientras que los bienes son
las cosas y los objetos inmateriales (que no caen bajo la acción directa de nuestros sentidos) susceptibles
de tener un valor económico. Nótese, entonces que la diferencia es la contención de objetos corporales
(cosas) más los incorporales (bienes) y la sumatoria de estos, incluyendo, además, a las deudas y obliga-
ciones constituye el patrimonio de una persona física o jurídica.

4. Los derechos intelectuales o de autor.


El derecho de autor es un conjunto de normas jurídicas y principios que afirman los derechos morales y
patrimoniales que la ley concede a los autores (el derecho de autor), por el solo hecho de la creación de
una obra literaria, artística, musical, científica o didáctica, esté publicada o inédita.

Está reconocido como uno de los derechos humanos fundamentales en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.

En el derecho anglosajón se utiliza la noción de copyright (traducido literalmente como ‘derecho de copia’), por
lo general, comprende la parte patrimonial de los derechos de autor (derechos patrimoniales).

Una obra pasa al dominio público cuando los derechos patrimoniales han expirado. Esto sucede habi-
tualmente trascurrido un plazo desde la muerte del autor (post mortem auctoris). El plazo mínimo, a nivel
mundial, es de 50 años y está establecido en el Convenio de Berna. Muchos países han extendido ese
plazo ampliamente. Por ejemplo, en Europa, son 70 años desde la muerte del autor. Una vez pasado ese
tiempo, dicha obra entonces puede ser utilizada en forma libre, respetando los derechos morales.

4.1 Ámbito de aplicación.


La protección del derecho de autor abarca únicamente la expresión de un contenido, pero no las ideas.
Para su nacimiento no necesita de ninguna formalidad, es decir, no requiere de la inscripción en un regis-
tro o el depósito de copias, los derechos de autor nacen con la creación de la obra.

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Son objeto de protección las obras originales, del campo literario, artístico y científico, cualquiera que sea
su forma de expresión, soporte o medio. Entre otras:

a) Libros, folletos y otros escritos;


b) Obras dramáticas o dramático-musicales;
c) Obras coreográficas y las pantomimas;
d) Composiciones musicales con o sin letra;
e) Obras musicales y otras grabaciones sonoras;
f) Obras cinematográficas y otras obras audiovisuales;
g) Obras de dibujo, pintura, escultura, grabado, litografía;
h) Historietas gráficas, tebeos o cómics, así como sus ensayos o bocetos;
i) Obras fotográficas;
j) Gráficos, mapas y diseños relativos a la geografía, a la topografía o a las ciencias;
k) Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.
l) Programas informáticos.
m) Entrevistas
n) Sitios web

Hay varios materiales que no son protegidas por el derecho de autor, tales como:

a) Trabajos que no han sido fijados en una forma de expresión tangible. Por ejemplo: obras coreográ-
ficas que no han sido escritas o grabadas, o discursos improvisados o presentaciones que no han
sido escritas o grabadas.
b) Títulos, nombres, frases cortas y lemas, símbolos o diseños familiares, meras variantes de decoración
tipográfica, letras o colores; meras listas de ingredientes o contenidos.
c) Ideas, procedimientos, métodos, sistemas, procesos, conceptos, principios, descubrimientos, apara-
tos, como diferenciaciones de una descripción, explicación o ilustración.
d) Obras que consisten totalmente de información que es de conocimiento público y no representan
un trabajo que tenga un autor original. (Por ejemplo: calendarios, tablas de peso y estatura, cintas
métricas o reglas, y listas o tablas obtenidas de documentos públicos u otras fuentes de uso común).
e) Las leyes, reglamentos y demás normas. Se pueden publicar pero no dan exclusividad: otros pueden
también publicar ediciones de las leyes. En los casos de obras como concordancias, correlaciones,
comentarios y estudios comparativos de las leyes, sí pueden ser protegidas en lo que transcriban o
hagan mención del trabajo original del autor.

Es importante advertir que la protección del derecho de autor existe desde que la obra es creada de
una forma que pueda ser conocida por terceros.

Clases de derechos de autor: Podemos distinguir los siguientes tipos de derechos de autor:

a) Derechos patrimoniales: son aquellos que permiten de manera exclusiva la explotación de la obra
hasta un plazo contado a partir de la muerte del último de los autores, posteriormente pasan a formar
parte del dominio público pudiendo cualquier persona explotar la obra.
b) Derechos morales: son aquellos ligados al autor de manera permanente y son irrenunciables e im-
prescriptibles.
c) Derechos conexos: son aquellos que protegen a personas distintas al autor, como pueden ser los
artistas, intérpretes, traductores, editores, productores, etc.
d) Derechos de reproducción: es un fundamento legal que permite al autor de la obra impedir a
terceros efectuar copias o reproducciones de sus obras.
e) Derecho de comunicación pública: derecho en virtud del cual el autor o cualquier otro titular de
los derechos puede autorizar una representación o ejecución viva o en directo de su obra, como la
representación de una pieza teatral o la ejecución de una sinfonía por una orquesta en una sala de
concierto. Cuando los fonogramas se difunden por medio de un equipo amplificador en un lugar
público, como una discoteca, un avión o un centro comercial, también están sujetos a este derecho.
f) Derechos de traducción: para reproducir y publicar una obra traducida se debe solicitar un permiso
del titular de la obra en el idioma original.
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Capítulo 4
Los hechos jurídicos. Los actos jurídicos. Los instrumentos públicos y privados. Los hechos
ilícitos: los delitos y los cuasidelitos.

La causa de la relación jurídica.

1. Los hechos jurídicos.


La causa que da nacimiento a la relación jurídica o la fuente productora de derechos se denomina hecho
jurídico o jurígeno. Se puede definir al hecho jurídico como “aquél acontecimiento susceptible de producir conse-
cuencias o efectos jurídicos desde la óptica de la una norma jurídica preestablecida por el derecho positivo”.

Los hechos jurídicos se pueden dividir en:

a) Según que su producción se daba a la intervención o no del hombre pueden ser humanos o
naturales.
b) Los hechos humanos, a su vez, pueden producirse de forma tal que provengan del discerni-
miento, intención y libertad para su provocación, caso en el cual se denominan voluntarios. Si
falta uno de los atributos mencionados, el hecho se denomina involuntario.
Las causas que pueden afectar la expresión de la libre voluntad de las personas pueden ser: el
error, la ignorancia, la fuerza física y moral, etc.
c) Los hechos voluntarios según que persigan una finalidad ajustada a la ley o apartada de su pre-
cepto, pueden denominarse lícitos o ilícitos.

En consecuencia, cuando el hecho jurídico se realiza de manera voluntaria y con un fin lícito, estamos
en presencia de otro nivel conceptual, el acto jurídico o el negocio jurídico, el que puede concluir en
un contrato, cuando existe predominio de la autonomía de la voluntad manifestada por una declaración
de voluntad mancomunada de dos o más personas para regular sus actuaciones y relaciones (ejerciendo
facultades y asumiendo obligaciones) entre las personas que realizaron el negocio; o, a veces, en una
obligación sin manifestación de voluntad común respecto a un negocio, sino en la realización de actos
aislados que impiden considerar el vínculo como típicamente contractual, sino como un negocio jurídico,
porque genera una facultad y una consecuente obligación entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, respec-
tivamente.

De esta manera, los actos jurídicos son "hechos jurídicos voluntarios y lícitos que producen efec-
tos legales", esto es, creando, modificando o extinguiendo derechos y obligaciones de las personas que
intervienen en la relación jurídica.

2. Los instrumentos públicos.


2.1 Definición.
El instrumento público es el documento que, cumpliendo con las solemnidades preestablecidas, es con-
feccionado y expedido por un funcionario autorizado y firmado por las personas que intervienen en el
acto del cual se deja constancia.

Lo que caracteriza a estos instrumentos y los distingue de los privados es la intervención de un oficial
público o funcionario público en su otorgamiento. La fe que merece el oficial público que los autoriza y

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el cumplimiento de las formalidades a que están sometidos, confiere a estos instrumentos una seguridad
y seriedad muy superiores a las que pueden ofrecer los privados.

De esta manera, los instrumentos públicos son todos aquellos instrumentos que certifican la realización
de un acto que inexorablemente debe cumplir con las formalidades legales y que han sido autorizados o
extendidos por un oficial público dentro de los límites de sus atribuciones (escribanos o notarios públicos,
autoridades con potestad de certificar actos por mandato de ley –secretarios, directores o representantes
legales de órganos públicos-, etcétera).

Estos instrumentos gozan de la presunción de autenticidad y hacen plena fe para los terceros, es decir,
que sólo podrán cuestionarse si es que se redarguye de falsedad y se prueba que efectivamente el docu-
mento es apócrifo o no reúne las formalidades por la ley. Si es que no se plantea la oposición a la validez
del documento en el plazo que fije un código procesal de la materia que se trate, el documento se tiene
por auténtico y verdadero.

2.2 Enumeración legal.


La enumeración de los instrumentos públicos se encuentra en la disposición del artículo 375 del Código
Civil, que no es taxativa, sino simplemente enunciativa.

En efecto, al examinar el inc. “b” de esta norma, encontraremos que en ella se contempla la posibilidad
de que exista una gama casi infinita de instrumentos públicos, puesto que pueden serlo cualquiera que
sea autorizado por escribanos o funcionarios públicos en las condiciones determinadas por las leyes. Es
decir, que se trate de un acto propio de la función asignada por la ley a un determinado oficial o empleado
público, o manifestación formal de la voluntad del órgano de derecho público (institución estatal en
sentido lato), por parte de sus agentes, y ajustada al dispositivo legal que lo instituye y organiza.

En la doctrina, prevalece esta opinión, vale decir, que la enumeración que se hace en el código de los
instrumentos públicos es meramente enunciativa, y no taxativa.

Nos referiremos a los dos primeros incisos del art. 375 del Código Civil que textualmente reza: “Son
instrumentos públicos: a) las escrituras públicas (…)”.

¿Acaso no es la misma cosa el instrumento público que la escritura pública? Y no, aunque es un derivado
del carácter público del oficial que la instituye, de ahí que la escritura pública es un documento que deja
constancia de un acto que no exige la solemnidad de efectuarlo ante un funcionario autorizado (obliga-
torio cuando se trate de un instrumento público), sino que sin que lo sea –obligatorio en cuanto a la
solemnidad de confeccionarlo un funcionario autorizado- las partes deciden hacerlo ante un escribano o
notario público, en el protocolo de su registro notarial respectivo, observando o cumpliendo las forma-
lidades dispuestas en la ley para el efecto.

“…b) cualquier otro instrumento que autoricen los escribanos o funcionarios públicos, en las
condiciones determinadas por las leyes (…)”. Este inciso se trata en primer término de los documen-
tos notariales, que se definen en la norma del Art. 151 del Código de Organización Judicial que dice:
documentos notariales son aquellos en los cuales el escribano actúa fuera de su protocolo, con autoriza-
ción de la ley. Es decir, de otros documentos extendidos por los escribanos públicos, distintos a las
escrituras públicas. Ejemplos: certificaciones de firmas o la autenticación de copias de instrumentos pú-
blicos.

2.3 Requisitos para que el instrumento público valga como tal.


a) Que haya sido extendido por un Oficial Público. La intervención es del oficial público es indispen-
sable, considerando que es quien autoriza el acto.
b) Que dicho oficial público posea capacidad para otorgarlo. Obviamente que se refiere a las condicio-
nes requeridas para ser designado oficial público de acuerdo con la ley concreta referida a cada es-
pecie de ellos. Ejemplo: para los Escribanos públicos, titulares de registro, la ley exige que tengan

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título universitario, mayoría de edad, nacionalidad paraguaya, buena conducta, etc. Aunque no reú-
nan las condiciones exigidas para ejercer el cargo, según la norma concreta que regule las funciones
de cada especie de ellos, la ley presume su capacidad por el solo hecho de haber sido formalmente
designado por la autoridad que corresponda. La formalidad del decreto o resolución es suficiente
para que sea considerado capaz, lo cual surge de la disposición del art. 376 del Código Civil (Ver).
c) Competencia del oficial público en razón del territorio y en razón de la materia. La ley asigna un
territorio dentro del cual deberá cumplir sus funciones el funcionario fedatario. Ejemplo: el juez de
paz de la parroquia de San Roque no podrá trasladarse a autorizar actos en Capiatá; o un Escribano
de Coronel Oviedo autorizar actos en San Lorenzo. En razón de la materia: El oficial está constre-
ñido a autorizar los actos dentro de los límites de sus atribuciones, impuesto por la propia naturaleza
del acto. Ejemplo: Un notario no puede, o no está facultado para autorizar un matrimonio y vice-
versa, el Oficial del Registro Civil no puede autorizar una Escritura Pública.
d) Que cumpla con todas las formalidades prescriptas en la ley. Siendo la fe que inspira el acto, una
emanación directa e inmediata de las formalidades prescriptas que deben ser observadas al tiempo
de la celebración del acto jurídico, su inobservancia traería como consecuencia la invalidez de acto.

2.4 Fuerza probatoria del instrumento público.


El carácter distintivo de los instrumentos públicos es el de su plena fe o, en otros términos, el de su fuerza
probatoria. La fuerza probatoria consiste en el pleno efecto que produce el instrumento público, respecto
de las partes y de los terceros, a consecuencia de las presunciones de autenticidad y veracidad que ellos
engendran, intrínsecamente considerados.

La persona que presenta un instrumento público de apariencia regular no tiene que demostrar su auten-
ticidad. El documento, aún bajo la forma de copia, se presenta acompañado de signos exteriores difíciles
de imitar: sellos y marcas de diversas clases, unos impresos en tinta y otros impresos en relieve, firma y
rúbrica de un funcionario público cuya escritura es conocida y puede ser controlada fácilmente. Esos
signos exteriores de autenticación bastan.

Todo lo señalado se puede visualizar en el art. 383 del Código Civil que dice: “El instrumento público
hará plena fe mientras no fuere argüido de falso por acción criminal o civil, en juicio principal o
en incidente, sobre la realidad de los hechos que el autorizante enunciare como cumplidos por
él o pasados en su presencia”.

Lo que el instrumento público prueba es la celebración de la convención, pero no ampara la sinceridad


de la misma; por tanto, puede ser atacado por simulación del acto. Esto también surge de la lectura del
art. 385 del Código Civil que dice: “Los instrumentos públicos hacen plena fe entre las partes y
contra terceros: a) en cuanto a la circunstancia de haberse ejecutado el acto; b) respecto de las
convenciones, disposiciones, pagos, reconocimientos y demás declaraciones contenidas en
ellos; y, c) acerca de las enunciaciones de hechos directamente relacionados con el acto jurídico
que forma el objeto principal”.

3. Los instrumentos privados.


El instrumento privado es el testimonio material que deja constancia de un hecho, otorgado por particu-
lares sin la intervención de algún funcionario público en el carácter de tal. Por lo general, instrumentos
privados toman la forma de escritos. La regla general es que los documentos privados estén firmados por
el otorgante para que tengan valor de tales, como se deduce del Código Civil el que dispone que el ins-
trumento público nulo valdrá como instrumento privado si estuviere firmado por las partes.

A diferencia de lo que acontece con los instrumentos públicos como en los privados no interviene algún
funcionario público que permita revestirlos de una presunción de autenticidad, es necesario que la parte
que los presenta acredite la autenticidad de ellos. Es decir, el instrumento privado sólo tendrá valor una
vez que sea reconocido por la parte en contra de quien se hace valer o mandado tener por reconocido
por el Juez.

El reconocimiento de un instrumento privado puede ser expreso o tácito.

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Es expreso, cuando la persona que aparece haber otorgado el instrumento privado así lo declara en el
mismo proceso en que éste es acompañado o en otro diverso o en un instrumento público.

Es tácito, cuando se produce acompañado el instrumento privado al proceso y puesto éste en conoci-
miento de la parte que aparece haberlo otorgado, ésta no lo objeta por falsedad o falta de integridad
dentro del plazo legal, que, por lo general, es de cinco días de su puesta a conocimiento de la parte
contraria.

4. Los hechos ilícitos (delitos y cuasidelitos).


Ya dijimos con relación a la clasificación de los hechos jurídicos que parten de que la circunstancia sea
atribuible al ser humano (hechos humanos) y se realicen de manera voluntaria (hecho voluntario) y de
aquí se bifurcan la siguiente distinción: que el hecho humano y voluntario sea lícito o ilícito. Por ser
hechos humanos se los denomina acto, que por su disconformidad con el ordenamiento jurídico, son
ilícitos.

El delito civil no guarda relación con el delito penal, ya que éste último se refiere exclusivamente al que
causó el daño, con prescindencia que haya participado materialmente de la consumación. Ejemplo: uno
puede estar exento de responsabilidad penal por un delito, pero al ser dueño del objeto o bien que causó
el daño, lo mismo debe responder por una causa ajena, pero que se realizó con un bien propio.

Los delitos y cuasidelitos civiles se diferencian en que los primeros requieren la conducta dolosa, mientras
que los segundos presentan como elemento subjetivo la culpa. También se consideran cuasidelitos los
hechos que se imputan a título de riesgo creado, o aun por la garantía debida a la víctima.

El hecho ilícito es todo acto voluntario, reprobado por la ley, que causa un daño imputable al agente,
en razón de su culpa o dolo.

La definición muestra las notas características de los actos ilícitos, a saber:

a) Voluntad del obrar. No hay acto ilícito posible si el agente actúa involuntariamente, es decir, sin
discernimiento, intención o libertad. Por tanto, media incompatibilidad entre los actos ilícitos y los
hechos involuntarios.
b) Prohibición de la ley. El acto ilícito para ser tal ha de estar en contradicción con la norma legal.
c) Causación de un daño o perjuicio. Sin daño no hay acto ilícito civil es que tal acto es concebido
por el ordenamiento jurídico como causa o fuente de la obligación de indemnizar y lógicamente, si
el acto no causa daño alguno, falla el presupuesto de cualquier indemnización.

Los hechos ilícitos se clasifican en delitos y cuasidelitos. Los primeros son aquellos realizados con
intención de producir el resultado contrario a la ley: tales el homicidio premeditado, el robo, etcétera. En
los cuasidelitos, en cambio, no media la intención sino la culpa. La infracción a la ley no ha sido querida
por el agente, sino que ha resultado de un acto u omisión llevado a cabo sin haber tomado todas las
diligencias necesarias para evitar el daño. Ejemplo típico y muy frecuente es el accidente del tránsito
ocasionado por exceso de velocidad, por una distracción, etcétera.

Al sólo efecto de insistir en la diferenciación entre delito civil y penal, esto se visualiza mejor:

a) El primero se caracteriza por la intención de cometer el acto contrario a la ley. El delito penal es la
conducta sancionada por la ley penal, sea intencional o culposo. De esto se tiene que muchas veces
un hecho importa delito penal pero no civil y viceversa. Ejemplo: un homicidio culposo que resulta
de un accidente de tránsito, es un delito criminal pero no civil; en este ámbito es un cuasidelito.
b) El delito civil exige siempre la existencia de un daño, cierto o eventual, causado a terceros; el delito
penal puede ser sancionado sin que exista daño o consumación. Ejemplo: la tentativa de delito que
es punible.
c) La finalidad de la ilicitud de un acto es diferente. En lo civil, es reparar el daño experimentado por
el ofendido; en el delito penal, aplicar una sanción proporcional al autor. De ahí que en el ilícito civil

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la reparación se fija en relación con el daño causado a la víctima, sin importar la mayor o menor
culpabilidad del autor por el hecho; en el ilícito penal, la sanción está en función a la gravedad del
hecho perpetrado y atribuido al autor.
d) La acción de reparación de un hecho ilícito civil no queda extinguida con la muerte del culpable,
puesto que la obligación pasa a sus herederos; en lo criminal, como la pena es de carácter estricta-
mente personal, la muerte del imputado extingue la acción penal.
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Capítulo 5
El Derecho Público y el Derecho Privado: diferenciación. Derecho Civil: ámbito de aplicación. Derecho Penal:
ámbito de aplicación. Derecho Tributario: Tipos de Impuesto. Derecho Administrativo: el Estado como sujeto
de derecho y poderes en el marco constitucional y por las Leyes. Derecho Aduanero: ámbito de aplicación. Ley
de Inversiones: contexto general de aplicación. Maquila: contexto general de aplicación. Derecho Ambiental:
ámbito de aplicación. Prohibiciones. Sanciones. Licencias. Derechos Humanos: ámbito de aplicación. Derecho
Marítimo: contexto general.

Régimen jurídico vigente.

1. El Derecho Público y el Derecho Privado: diferenciación.


Se llama derecho positivo al conjunto de leyes vigentes en un país. Se divide en dos grandes ramas: el
derecho público y el derecho privado.

Según una primera opinión, el público sería un derecho de subordinación caracterizado por la desigualdad
de los dos términos de la relación jurídica: el Estado -que siempre ocupa este espacio como sujeto activo
del vínculo- por un lado ejerciendo su potestad como poder soberano, los individuos por otro, que deben
cumplir con ciertas “cargas” sometiéndose a lo que se denomina “justicia de subordinación” (todos los
habitantes son iguales en cuanto al cumplimiento de deberes u obligaciones con la autoridad estatal, como se verifica con el
cobro compulsivo de los impuestos). Al contrario, el derecho privado, sería un derecho de coordinación, en el
cual los sujetos están ubicados en un pie de igualdad.

Criterio prevalente. Actualmente, la distinción de ambas ramas se debe dar con referencial sujeto de la
relación: si interviene el Estado como poder público, estamos en presencia de una norma de derecho
público; si intervienen sólo los particulares, o el Estado en su carácter de simple persona jurídica (adqui-
riendo el rol de sujeto activo o pasivo de la relación, según las circunstancias de cada caso), se
trata de derecho privado.

Algunas veces, el Estado delega sus atribuciones en los particulares, como ocurre con frecuencia con
ciertos servicios públicos; pero, por esa misma circunstancia de actuar por delegación, de hacerlo en lugar
del Estado, como si fuera éste, tales actividades están regladas por el derecho público. A veces el Estado
actúa como simple particular, por ejemplo, cuando alquila una casa, ya sea como propietario o locatario:
en tal caso, la relación que se establece es de derecho privado.

No debe creerse, sin embargo, que estas dos grandes ramas del Derecho sean algo así como comparti-
mientos estancos, sin vinculación entre sí. Por el contrario, están estrechamente ligados: la violación de
derechos privados trae como consecuencia la aplicación de normas de derecho público, por
ejemplo, el hurto (lesión al derecho de propiedad) apareja la aplicación de una pena; a la inversa,
la trasgresión de deberes públicos puede dar lugar a la acción de daños y perjuicios del damni-
ficado contra el estado o el funciona-rio culpable; todas las acciones civiles tienden a poner al
servicio del actor la fuerza pública del estado para asegurarle el goce de sus derechos.

1.1 Las ramas del Derecho Público.


a) El Derecho Constitucional, que organiza el Estado, determina las relaciones y facultades de los
distintos poderes y establece las normas fundamentales de convivencia social. Es pues, la norma
rectora de todas las demás reglas jurídicas que integran el resto de lo que se denomina “derecho
positivo de un país”.

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b) El Derecho Administrativo que organiza el funcionamiento de la administración pública, ya sea
nacional, departamental o municipal, y las relaciones entre ella y los administrados.
Se regulan aspectos relacionados con los actos que puede efectuar la administración, la descentrali-
zación (entes autárquicos y autónomos), el poder de policía que pueden ejercer determinados órga-
nos, el régimen de la función pública, los servicios públicos y la forma de participación del sector
privado y público en el patrimonio estatal, por citar algunas materias que hacen al objeto de esta
disciplina.
c) El Derecho Penal que establece la legislación represiva de los delitos, en protección del orden social.
Define las conductas penalmente relevantes y sobre esa base surge el principio de legalidad penal (no
puede haber delito si es que no está definida una sanción en la misma ley, tampoco puede haber delito ni pena si es que
tampoco existe una ley previa que defina la conducta penal en forma expresa, estricta y anterior al hecho que motiva
la sanción). Se prevén reglas generales para la consideración de las conductas humanas como hechos
punibles, pero en una segunda parte se refiere a las clases de hechos punibles (homicidio, lesión,
robo, hurto, apropiación, estafa, lesión de confianza, hechos punibles contra el medio ambiente, en
el tránsito terrestre, de lesa humanidad, etcétera). Finalmente, establece el mínimo y el máximo de
las sanciones penales, señalando pautas objetivas para sancionar con penas y medidas de seguridad
a las personas.
d) El Derecho Internacional Público, que rige las relaciones de los estados entre sí.
e) El Derecho Procesal. Se ha sostenido que se trata de una rama del derecho público, puesto que su
objeto es el funcionamiento de un "servicio público”, como es la administración de la justicia. El
derecho procesal tiene materias específicas, a su vez: civil, laboral, penal, administrativo, etcétera.

1.2 Las ramas del Derecho Privado.


a) El Derecho Civil, tronco común de todas las ramas del derecho privado y que conforma las insti-
tuciones que se refieren a las relaciones personales, familiares y sociales del individuo frente a los
demás;
b) El Derecho Comercial que regla las relaciones de los comerciantes y las con-secuencias jurídicas
de los actos de comercio, y del cual se va diseñando cada vez con mayor vigor, la segregación del
llamado derecho de la navegación o mercantil, que atañe al comercio marítimo y aéreo.
c) El Derecho Procesal Civil y Comercial;

2. El Derecho Civil.
Al pasar del Derecho público al Derecho privado se producía en el panorama tradicional de las disciplinas
jurídicas un marcado cambio de ambiente.

El Derecho público se movía en límites estrictos, su campo de acción debía estar estrictamente acotado
para evitar injerencias abusivas del Estado en la vida nacional.

El derecho privado, en cambio, cubría el vasto ámbito de la actividad de los particulares, sobre la que el
poder público ejerce sin duda un cierto control, pero que está entregado en general a la libre y benéfica
iniciativa privada.

El Derecho civil es el segmento del derecho privado que rige y consagra la mayoría de las instituciones
que se adecuan -conforme a la particularidad de cada disciplina- el orden jurídico que circunda bajo la
órbita de aquél.

Prescindiendo de la opinión de quienes confunden prácticamente ambos términos, el Derecho ci-vil se


presenta, según la opinión más aceptada hoy, como la disciplina jurídica que tiene por objeto las normas
que regulan las relaciones entre particulares considerados como personas en general y no con referencia
a situaciones o actividades específicas que estén sometidas a otras ramas del Derecho.

El derecho civil se configura en la actualidad sobre dos ideas básicas: la de ser un derecho privado «ge-
neral», es decir, aplicable como fundamento de todas las otras ramas del derecho privado, y la de ser un

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derecho en cierto modo residual, porque entra en su esfera todo aquello que no le ha sido sustraído por
otras ramas del derecho privado, como el derecho mercantil.

Tradicionalmente, el derecho civil aparecía ante todo como el reflejo en el campo del Derecho de la libre
organización social, lo más alejada posible de la intromisión de la acción estatal.

Sus principios básicos son la igualdad entre todos los ciudadanos y el reconocimiento de su libertad. Su
función básica es precisamente servir de medio para que ellos alcancen sus fines en la forma que deseen,
y para que cada cual ordene como prefiera, dentro de ciertos límites generales, el haz de relaciones que le
afecta.

Así, el principio de «autonomía de la voluntad» se convierte en principio central del derecho civil. Cierta-
mente, incluso en la ordenación decimonónica del derecho civil, determinadas normas eran imperativas
por considerarse de «orden público», es decir, por proteger intereses sociales que el Estado consideraba
fundamentales.

2.1 El Código Civil.


El Código Civil Paraguayo conserva, por su universalidad, casi todas las instituciones que son comunes
a los demás códigos civiles europeos y latinoamericanos, pero modificando su ubicación por razones de
método y separando las instituciones de carácter general de las de índole particular, a efecto de una mejor
sistematización.

Título Preliminar.

Precede a los cuatro libros del anteproyecto un título preliminar que comprende la enunciación de los
principios generales del derecho civil y también los aplicables a relaciones jurídicas regidas por otros
códigos.

Sus preceptos normativos se refieren a la obligatoriedad de la ley, a su interpretación, aplicación e inte-


gración; a los efectos de la misma con relación al tiempo, a las personas y territorio sometido a su imperio.
Legisla además sobre lo que se entiende por ORDEN PÚBLICO, LA IGUALDAD Y LA CAPACIDAD
CIVIL PARA GOZAR Y EJERCER DERECHOS QUE TIENEN LAS PERSO-NAS, LA EXISTEN-
CIA Y CAPACIDAD DE LAS PERSONAS FÍSICAS Y JURÍDICAS.

Libro Primero.

El derecho de las personas y de la familia, ha sido legislado, subdividido en cuatro secciones.

El Título I denominado -derecho de las personas-, comprende las disposiciones relativas a las perso-
nas físicas y sus atributos (capacidad, nombre y domicilio); prueba del nacimiento y muerte de las mismas;
desaparición de las personas con presunción de fallecimiento. En cuanto a las personas jurídicas, las
clasifica y enumera del modo siguiente: a) de derecho público interno (EI Estado, cada uno de sus mu-
nicipios creados por la ley, entes autónomos de derecho administrativo y las entidades constituidas por
la voluntad privada para explotar servicios públicos en virtud de una ley de concesión); b) de derecho
público externo (los Estados extranjeros y la Santa Sede); c) Personas jurídicas nacionales de Derecho
privado o de existencia voluntaria (los establecimientos y las fundaciones de utilidad pública, las socieda-
des civiles, religiosas, científicas, artísticas, literarias, iglesias, parroquias, asilos, hospitales) que no siendo
sujetos de derecho público, tengan por principal objeto el bien común, posean por sus estatutos patri-
monio propio, no subsistan sólo de la subvención estatal y sean legalmente autorizadas; las sociedades
por acciones, los bancos particulares, establecimientos de crédito, cajas de ahorros, compañías de nave-
gación fluvial, aérea o ferroviaria, aseguradoras, cooperativas de consumo y de crédito que hayan sido
legalmente autorizadas. Finalmente, trata de las asociaciones con personería jurídica o sin ella, de las
fundaciones y del registro de las personas jurídicas y asociaciones.

El Titulo II está dedicado a los derechos personales en las relaciones de la familia legítima. Legisla sobre
la ley que rige la capacidad para contraer matrimonio; la capacidad requerida para contraer matrimonio;

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los impedimentos; derechos y obligaciones de los esposos; la separación de cuerpos y el divorcio vincular;
la nulidad del matrimonio y el régimen patrimonial del matrimonio.

El Título III se ocupa de los derechos personales y patrimoniales en las relaciones de la familia natural.
Regula las uniones de hecho y los efectos jurídicos que produce; los derechos y obligaciones que derivan
de la cesación de las uniones irregulares por voluntad unilateral o mutuo con-sentimiento de los contra-
yentes; las prohibiciones legales y la nulidad de tales uniones.

El Título IV de la filiación está dividido en cinco capítulos. El primero trata de la filiación legítima y
contiene preceptos relativos a los hijos legítimos y a la legitimación. El capítulo II a la filiación ilegítima
y contiene las normas sobre los hijos naturales. El capítulo III está dedicado a la adopción, sus formas y
efectos. El capítulo IV contiene los preceptos relativos al parentesco y a la prestación de alimentos. Y el
capítulo V legisla sobre la protección de los incapaces en cuanto a su persona y bienes, mediante las
instituciones de la patria potestad, la tutela y curatela.

Libro Segundo.

Está destinado a los derechos de las obligaciones o derechos personales en las relaciones civiles. Consa-
grando las obligaciones en general y los contratos en general y particular.

Conserva los contratos tradicionales de origen romano, a saber: la compra y venta, la permutación, la
locación de cosas, el contrato de servicio o sea la clásica locación de servicios, el mandato, la donación,
el depósito, el comodato o préstamo de uso, el mutuo o préstamo de consumo, el contrato de renta
vitalicia, de juego y apuesta, la fianza y la donación. Incluye la aparcería y legisla sobre los contratos
mercantiles siguientes: de suministro, de redescuento de títulos de crédito; de empresa, de edición; los de
comisión, de transporte, de agencia, de corretaje, de cuenta corriente, contratos bancarios, contrato de
seguro, contrato de sociedad (simple, colectivo, en comandita simple y por acciones, sociedad por accio-
nes que es la denominada anónima, de responsabilidad limitada, cooperativas, mutuales, de seguro y en
participación); contrato de seguro, de cesión de bienes a los acreedores. Incluye asimismo entre los con-
tratos a la transacción.

Libro Tercero.

Los derechos sobre las cosas o derechos reales, han sido legislados en este libro (dominio y condominio,
uso, habitación y servidumbres, prenda e hipoteca). Finalmente, consagra las acciones reales que son los
medios de obtener la declaración judicial de la existencia, plenitud y libertad de los derechos reales, con
el fin de impedir los hechos que se opongan o perturben su ejercicio.

Libro Cuarto.

El derecho hereditario ha sido legislado en el cuarto y último libro. Trata de la transmisión por causa de
muerte, comprendiendo los derechos hereditarios, las normas sobre aceptación y repudiación de la he-
rencia, aceptación de herencias con beneficio de inventario, separación de patrimonios e indignidad.

En otra sección se ocupa de las sucesiones sin testamentos. Abarca el orden hereditario en las sucesiones
intestadas y de la porción legítima que les corresponde a los herederos forzosos o legales. Otra sección
trata de la sucesión testamentaria. Su normativa se refiere a la forma de los testamentos, la capacidad para
recibir por testamento, la revocación de los testamentos, los legados y donaciones.

Finalmente se ocupa de la PRESCRIPCIÓN LIBERATORIA y contiene normas relativas a la suspensión


e interrupción de la prescripción y los plazos para que se opere la prescripción extintiva.

Titulo Complementario.

Concluye con la inserción de un Título complementario, relativo a la aplicación de las leyes civiles.

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3. El Derecho Penal.
El Estado ejerce la defensa del orden jurídico en la forma que cree oportuna, castigando determinadas
conductas (los delitos) con penas criminales, es decir, con sanciones a las que va aparejada una nota
especial de gravedad y trascendencia. Sólo al Estado, en virtud de este ius puniendi (derecho de punir),
compete señalar qué actos son delitos y qué pena se les ha de imponer.

En su forma más dramática, esa facultad de imponer penas se manifiesta en la posibilidad de privar de la
vida al culpable, es decir, de aplicar la pena de muerte y de aplicarla por los actos que la misma voluntad
soberana del Estado establezca. La historia enseña que tal posibilidad, así como la de imponer las más
crueles penas corporales, ha sido usada a veces por actos de escasa trascendencia. El Estado protege
también a la colectividad sometiendo a medidas de seguridad a quienes son calificados de «peligrosos»
para la sociedad.

El conjunto de normas que regulan los delitos y las penas, así como las medidas de seguridad,
forman el Derecho penal.

Su importancia para los ciudadanos y para la vida pública y privada es evidente y decisiva. Los excesos a
que se presta por parte del Estado son, como se acaba de señalar, temibles. Por ello no es extraño que la
filosofía y la práctica política del Estado liberal hayan atendido con especial cuidado a esta rama del
Derecho para limitar el ejercicio de tal poder por medio de deli-cados mecanismos jurídicos.

Dos son los principios inspiradores de esta concepción liberal del Derecho penal que surge en el siglo
XVIII y triunfa en el siguiente: la primacía de la seguridad jurídica y el criterio de moderación en
las penas. Respecto al primer punto poco hay que añadir a lo que en su momento se dijo sobre el
concepto y la significación de la seguridad jurídica. Basta recordar que ese principio es básico. El ciuda-
dano ha de estar lo más protegido posible contra todo riesgo de arbitrariedad en este campo. Ha de saber
exactamente qué hechos son o no delitos y qué pena llevan aparejados.

Rige en este sentido un conjunto de dogmas riguroso: no es delito más que el hecho definido como tal
antes de que se haya cometido, y esa definición ha de ser lo bastante precisa para dar una clara idea de su
contenido (principio de tipicidad, y de irretroactividad): nullum crimen sine previa lege stricta et
scripta. No pueden imponerse otras penas que las que estén señaladas por la ley también antes de la
comisión del delito (nulla poena sine previa lege). Las normas penales han de interpretarse estricta-
mente, sin que quepa una extensión por analogía de las figuras penales.

El segundo criterio, el de la moderación de las penas, es naturalmente más elástico, pero excluye no
sólo la existencia de penas consideradas bárbaras o la aplicación de sufrimientos innecesarios en la ejecu-
ción de las que se admitan, sino una proporción entre la gravedad del delito y la pena a imponer, y una
tendencia a que se consideren como delitos sólo los actos que vulneren normas básicas de convivencia
social.

Por supuesto, en este aspecto hay puntos muy discutidos, como, por ejemplo, por no citar sino el caso
más famoso, el de la pena de muerte acerca de su necesidad o no, por lo menos en casos extremos, para
la protección del orden social. Pero dentro de ciertos límites, y, sobre todo, como reacción frente a lo
que era el derecho penal del absolutismo, el significado de esta corriente humanitaria es evidente.

Con claridad resumirá esta concepción del Derecho penal el artículo 8 de la tantas veces citada Declara-
ción de Derechos del Hombre y del Ciudadano: «La ley no debe establecer otras penas que las evi-
dentemente necesarias, y nadie puede ser castigado más que en virtud de una ley establecida y
promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada».

Tales principios, conviene no olvidarlo, son básicamente postulados de orden político.

También los epígrafes de los capítulos del derecho penal de un Estado se encuentran en su ordenamiento
constitucional. La difusión de los regímenes totalitarios lo ha puesto de relieve. Muchos de esos principios
han sido negados, unas veces en forma abierta, otros, lo que quizás es peor, de manera hipócrita.

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El ius puniendi se usa como un puro instrumento de terror ha conminando con las penas más graves
los actos que pueden poner en peligro la situación de los gobernantes, creando tipos de delito de tal
vaguedad que en la realidad suponen la violación del principio nullum crimen nulla poena sine lege, o
rechazando éste incluso rotundamente; imponiendo penas tradicionalmente criminales por vía adminis-
trativa, es decir, al margen de todo control judicial.

Es evidente que, en estos casos, la «crisis del Derecho» de la que se suele hablar al referirse a ellos, es
en realidad una crisis de los postulados políticos del Estado liberal. Estamos, en suma, ante un aspecto
más, aunque quizás uno de los más significativos, de los problemas que hoy tiene planteados la adaptación
al momento actual del tradicional Estado de Derecho, a los que ya se ha aludido en otras ocasiones.

Las corrientes humanitarias que en el siglo pasado triunfaron en el Derecho Penal, han tenido otra con-
secuencia importante que merece subrayarse por ser hoy de especial actualidad y despertar cada vez más
el interés de los estudiosos.

La pena es ciertamente una medida de defensa del orden jurídico, cuyos fines son impedir la reiteración
del delito por parte de su autor (la prevención especial) e impedir con su ejemplaridad que otros lo co-
metan (la prevención general); pero es también una medida que afecta, con intensidad, a un ser humano.
La consideración puramente jurídica del delito no debe hacer olvidar su contorno real como acto de una
persona.

3. El Derecho Procesal Penal y su comparación con el proceso civil.


La aplicación del Derecho a los casos concretos forma el contenido de la función jurisdiccional que
compete al Estado para la actuación en la realidad del orden jurídico. Es superfluo señalar la trascendencia
de esta función o repetir lo que ya se dijo en varias ocasiones.

El orden jurídico en su conjunto reposa sobre la forma en que ese orden se aplica a los problemas prác-
ticos que la vida plantea, y las mejores leyes son inoperantes si los mecanismos para su aplicación son
deficientes, mientras que si éstos son eficaces pueden corregir los defectos y anacronismos de leyes anti-
cuadas o insuficientes.

También se advirtió que en el mundo moderno la aplicación del Derecho corre a cargo fundamentalmente
de órganos especializados: los tribunales de justicia.

El dogma de la separación de poderes ha insistido con especial fuerza en que la protección y la seguridad
de los ciudadanos exige que los tribunales sean independientes de las posibles presiones del poder ejecu-
tivo, y que los jueces estén sometidos sólo a la ley y no puedan recibir por tanto órdenes en el desempeño
de sus funciones jurisdiccionales de ningún «superior».

Esta independencia del poder judicial continúa siendo un postulado básico de los Estados democráticos
actuales, y en este sentido todos los Estados pretenden serio y afirman celosamente, por lo menos en
teoría, la independencia y libertad de sus jueces y tribunales.

La garantía de los ciudadanos no consiste sólo en que existan tribunales independientes, con ser ésta, sin
duda, su primera condición. También es necesario que cuando se plantee ante esos tribunales una recla-
mación concreta o actúen para determinar si se debe o no condenar a una pena determinada aun presunto
delincuente, el funcionamiento de los tribunales y la conducta de las partes que ante ellos concurren estén
sometidos a normas prefijadas.

Ese conjunto de normas constituye el derecho procesal, cuyo nombre deriva de que se llama proceso al
conjunto de actos realizados por los tribunales o por los particulares que ante ellos actúan para el ejercicio
de la función jurisdiccional.

Las dos formas típicas de proceso, y únicas a las que aquí cabe hacer una ligera referencia, son el proceso
civil y el penal.

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Sirve el primero para resolver los litigios que se suscitan por la aplicación de normas de Derecho privado,
tanto civil como mercantil.

El segundo está destinado a aplicar la ley penal.

El proceso civil es considerado en principio como un litigio entre particulares ante el cual el Estado, y
como órgano suyo los tribunales, han de observar una actividad relativamente pasiva. Ello quiere decir
que, en principio, los litigantes pueden disponer en un amplio margen del objeto del proceso.

El juez ha de decidir sobre lo que las partes pidan y sobre las pruebas que ellas aporten; pueden las partes
transigir o retirarse del proceso y, en general, el juez ve encerrada su función entre los límites que las
mismas le asignan (principio dispositivo). Esta situación se debe a que los intereses que se contraponen
son privados, y los particulares a quienes afectan son libres de disponer de ellos sin que el Estado deba
entrometerse en esa esfera de acción individual más que en la medida en que las partes lo pidan.

El conocido «principio dispositivo» tiene, por tanto, sus límites y sus excepciones, y hoy existe incluso la
tendencia a acentuar la iniciativa de los tribunales, aunque un amplio margen de libertad queda siempre,
y es natural que quede, a favor de los particulares en la gestión y defensa de sus intereses privados.

La situación es muy distinta en el proceso penal. El delito no produce un daño sólo a su víctima, sino a
toda la sociedad.

El orden jurídico entero se considera herido y en nombre suyo se pone en movimiento la máquina judicial
para descubrir el delito, averiguar el delincuente e imponerle la pena que le corresponda, con indepen-
dencia incluso de la voluntad de la víctima o de sus familiares, salvo algunos casos excepcionales. Así,
aunque las personas directamente dañadas por el delito pueden aparecer como acusadores particulares,
no les es posible, en cambio (también salvo alguna excepción), disponer del objeto de proceso; ni llegar
a un acuerdo o transacción con el autor del delito en lo que se refiere a la pena a imponer, ni su perdón
o renuncia a perseguir acarrea el fin del proceso.

El Estado, a través de un órgano de representación social (el Ministerio Público o la Fiscalía), entablará
y continuará la acusación con independencia de la voluntad de la víctima, porque actúa no sólo y no tanto
en defensa de los intereses de ésta como en protección de la sociedad entera.

El proceso penal tiene como reverso a esta cara de defensa social que deriva del carácter mismo del delito
y de la pena, otro aspecto importante, y es el que ha de servir también de protección al acusado de un
delito. Es hoy un principio aceptado en todo país civilizado que todo hombre es inocente mientras no se
pruebe su culpabilidad y sea condenado por un tribunal legal, después de un juicio imparcial y justo.

El proceso penal sirve también de garantía al acusado y ha de asegurarle todos los medios de defensa
adecuados y todas las posibilidades racionales de demostrar su inocencia o de exponer su punto de vista
sobre las circunstancias que concurrieron en el delito. Esto no es más que el obligado complemento de
las garantías que supone para el ciudadano la ley penal, que de nada servirían si no se les añadiese la de
que no puede imponerse una pena más que a consecuencia de un proceso debidamente celebrado: nulla
poena sine iudicio.

4. El Derecho Tributario.
Es el conjunto de normas y principios jurídicos que regulan la actividad estatal relacionada con la obten-
ción y recaudación de los tributos permitidos por el ordenamiento jurídico y los derechos y obligaciones
que derivan de la relación entre los sujetos que intervienen en la relación jurídica.

De esta manera, el principal objeto de esta rama es la regulación jurídica del tributo. Nos preguntamos
entonces, ¿en qué consiste el tributo? Y consiste en la prestación pecuniaria debida al Estado por los
sujetos obligados, en virtud de una norma legalmente establecida, para satisfacer los requerimientos del
desarrollo estatal señalados en la Constitución Nacional y en el derecho derivado de aquélla.

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4.1 Naturaleza jurídica del tributo.
a) Es una relación de derecho, ya que la imposición del tributo deriva exclusivamente de la ley. Cual-
quier interpretación extensiva o derivada de este principio, constituye una violación de la legalidad
del tributo.
b) Se trata de un vínculo personal, porque frente al acreedor que es el fisco (Estado) aparece una per-
sona como sujeto obligado compelido por la ley para satisfacer una prestación sea como contribu-
yente o responsable.
c) Es obligacional, porque el modo de cumplir con la exigencia impositiva se da, generalmente, en la
generación de una relación obligacional en el sentido que el deudor contribuyente cumple con la
prestación tributaria (deuda) cancelando el valor del impuesto. Cualquier exceso, pago indebido o
imputación de pago mayor al exigido por el fisco, constituye el crédito fiscal que se compensará con
las futuras deudas tributarias. Ejemplo de obligaciones de hacer: la presentación de la declaración
jurada, llevar libros y registros, expedir y conservar comprobantes, facturas, notas de ventas y otros
documentos, informar a la administración tributaria cualquier alteración de datos que impidan indi-
vidualizar y ubicar adecuadamente al contribuyente.

Los sujetos de la relación jurídico-tributaria, son:

a) Sujeto activo: el Estado, ejercitando su potestad tributaria emanada de una ley.


b) Sujeto pasivo: los contribuyentes o responsables.
c) Objeto: la prestación pecuniaria
d) Hecho imponible: es la actividad expresamente imputable por la ley como generadora de la obli-
gación tributaria, por lo general, sustentada en la manifestación de riqueza o actividad generadora de
contenido económico que el legislador toma como parámetros para suponer la capacidad contribu-
tiva de una persona para establecer la carga tributaria que deberá cumplir.
e) La causa: el motivo por el cual se impone a las personas la obligación de dar o entregar la prestación
exigida por parte del Estado.

4.2 Clasificación de los tributos.


El tributo –como puntualizamos- es una prestación generalmente pecuniaria o de otra especie que el
Estado exige en virtud de una ley para la obtención de ingresos y con ello cumplir finalidades previstas
en el ordenamiento jurídico con miras al desarrollo integral de la nación. Estos tributos pueden presen-
tarse con modalidades diferentes no sólo conceptualmente hablando, sino en la forma en que se mani-
fiestan. De acuerdo con el art. 178 de la CN, se clasifican en: impuestos, tasas y contribuciones.

El impuesto es el tributo cuya obligación tiene como hecho generador una situación independiente de
toda actividad estatal relativa al contribuyente. Es el que mayores ingresos proporciona al estado.

La tasa es una especie de tributo pero que se cumple mediando la entrega al Estado de una prestación
pecuniaria por parte del sujeto obligado a cambio de una contraprestación que debe brindar aquél a través
de un servicio determinado. Ejemplo: tasas municipales como el barrido, la limpieza y recolección de
basuras; la prestación periódica mediante el pago proporcional a la capacidad contributiva del obligado y
que se mide sobre bases más o menos objetivas como el caso de los propietarios que soportan la carga
de la tasa diferenciadamente, ya que se toma como base el valor fiscal u oficial de la superficie del inmue-
ble y las mejoras o construcciones.

La contribución es otra modalidad de tributo que se establece para que el destinatario de las mejoras
que ciertas actividades realizadas por el Estado o el señalado para la realización del servicio, les brinde,
abone una suma equivalente al beneficio personal que obtenga el contribuyente.

Extraemos dos contribuciones que usualmente responden a esta modalidad: por mejoras o de obra pú-
blica y la social.

La contribución por mejoras o de obras públicas es aquella que se abona por la ventaja o el beneficio
estrictamente patrimonial que recibe el contribuyente. Ejemplo: pavimentos, caminos, carreteras etc.

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La contribución social se traduce como una ventaja o beneficio para el contribuyente por la prestación
de un servicio social. Ejemplo: el seguro social (IPS).

5. El Derecho Administrativo.
El Derecho Administrativo es una parte del Derecho Público conformado por un conjunto de principios
y normas jurídicas que regula una de las funciones del Estado, la administrativa.

El Estado realiza tres funciones esenciales que son las legislativa, judicial y administrativa, sin embargo,
la administrativa no se limita a la actividad de uno de los órganos supremos del Estado, porque cada
órgano, además, de su función esencial, realiza funciones administrativas, por ello el Derecho Adminis-
trativo es aplicable a las gestiones administrativas de todos los poderes del Estado. Es decir, dentro del
Estado, el Poder Ejecutivo es el que se encarga, en esencia, de la función administrativa, pero también
los demás poderes supremos, además de su función de legislar o dirimir conflictos judiciales, desarrollan
gestiones administrativas, como, por ejemplo, la designación de funcionarios dependientes, contratación
para la provisión de insumos o construcciones de obras públicas, entre otros.

La función administrativa comprende las actividades de prever el futuro a través de planes de acción
que elabora, a cuyo efecto, organiza los órganos administrativos y los recursos disponibles para cumplir
con sus fines, dirige al personal afectado, coordina las acciones entre las diferentes entidades y órganos
para que cumplan tareas en coherencia con el plan de acción y controla que todas las actividades sean
realizadas conforme con las reglas establecidas para el efecto.

Concepto. Es la rama del derecho público interno integrado por un conjunto de principios y normas
que tiene por objeto regular el funcionamiento de la administración pública, a cuyo efecto, establece las
pautas para la realización de las actividades propias de su gestión, los medios utilizados, la vinculación
con los administrados, el control de la gestión administrativa y las responsabilidades que surjan con mo-
tivo del ejercicio de la actividad administrativa.

Los principios del Derecho Administrativo.

a) Principio de Supremacía del interés público sobre el interés privado. Este principio surge de la
finalidad de la actividad estatal que consiste en la búsqueda de la satisfacción del interés colectivo. El
principio debe ser enfocado en dos aspectos relevantes para la Administración Pública: 1) como orienta-
dora de su gestión, y 2) como autorización legal para imponer restricciones a las actividades de los parti-
culares.

En el primer supuesto, tiene la virtualidad jurídica de imponer que la actividad de la Administración


siempre tenga la finalidad de satisfacer el interés de la colectividad y no intereses personales o de grupos.
Por consiguiente, si con su actividad la autoridad busca perjudicar a un enemigo político, beneficiar a un amigo,
conseguir una ventaja personal para sí o para terceros, estará haciendo prevalecer el interés individual sobre el interés público
y, en consecuencia, se estará desviando de la finalidad pública prevista en la Ley. De ahí el vicio de desvío de poder o desvío
de finalidad, torna al acto ilegal.

En el segundo supuesto, el principio de la supremacía del interés general sobre el particular, sirve de
fundamento a los poderes de la Administración Pública para la imposición de restricciones a las activida-
des de los particulares, cuando estas actividades pueden interferir en los intereses de la colectividad. En
virtud de este principio, la ley confiere a la Administración los poderes de expropiación, de incautar
bienes, de controlar y de sancionar, porque tiene en vista atender el interés general, que no puede ceder
ante el interés particular.

El principio de la supremacía del interés general sobre el particular se encuentra en el art. 128 de la CN
que reza: "En ningún caso el interés de los particulares primará sobre el interés general (...)".

b) Principio de Legalidad. Todos los actos deben sustentarse en la legalidad y que es derivado natural
del Estado de Derecho Este principio permita dar eficacia y eficiencia a la actividad administrativa, ya

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que si la administración pública realiza una actividad no autorizada por el orden jurídico, la misma care-
cerá de valor por vicio de legalidad y por consiguiente, ineficaz para producir efectos jurídicos en la
relación administrativa.

El principio de legalidad como límite a la actividad del Estado, tiene singular importancia en el ejercicio
de las facultades discrecionales y en tal sentido debe señalarse que siendo la ley una norma abstracta de
carácter general, muchas veces el administrador debe elegir, mediante el caso concreto, la solución que
se ajuste con perfección a las finalidades de la norma, para lo cual tendrá que evaluar la conveniencia,
razonabilidad y oportunidad caso por caso.

En el ejercicio de las facultades discrecionales, el administrador público debe apreciar el caso concreto
conforme con la finalidad de la norma legal, para no incurrir en actividades carentes de razonabilidad que
ocurre cuando el medio utilizado no es el adecuado a la finalidad que se propone la norma legal.

c) El principio de finalidad. Esta es la señalada por la norma jurídica y que se conecta con el primero
de los principios ya esbozados (la primacía del interés general sobre el particular). De esta manera, cuando
el acto administrativo se aparta de la finalidad pretendida por la ley que supuestamente ampara el acto, la
misma carece de validez.

d) El principio de razonabilidad. Opera de la siguiente forma: todo acto administrativo debe ajustarse
a la legalidad y a un fin que coincida con la actividad propia de su función para lo cual se debe adoptar la
medida (el medio) razonable para cubrir el interés general y sin perder de vista la autonomía de las per-
sonas. Un ejemplo para entender más la triple vinculación entre motivación, medio empleado y fin pre-
tendido del acto administrativo (de la experiencia de varios partidos de fútbol con asistencia multitudina-
ria al estadio principal de la ciudad, la autoridad preventiva y policial dispone medidas previas para ase-
gurar el ingreso de personas que no provoquen actos de violencia, disponiendo que ingresen los hinchas
organizados primeramente y luego el resto de los concurrentes. El motivo de la medida es evitar la vio-
lencia en los estadios, el medio empleado es para evitar, en lo posible, nuevos hechos de violencia y el fin
la preservación de la seguridad en las instalaciones y en las adyacencias del estadio.

e) Principio de proporcionalidad. Pretende erigirse en una medida -junto a la razonabilidad- que sea
coherente con el fin propuesto, de manera que esa equivalencia entre medios empleados y fin pretendido
sea coherente en la intensidad del uso del poder coercitivo que dispone la autoridad administrativa. Esta
proporcionalidad se entiende como una medida del ejercicio de la competencia administrativa para evitar
el exceso o desvío del poder y es sumamente importante cuando analizamos el ejercicio de las actividades
ordenadoras y de la función disciplinaria y sancionadora de la autoridad administrativa, principalmente.

f) Principio de motivación. En un estado republicano de gobierno prevalece la razonabilidad de los


actos de una administración pública, y, por tanto, sus actos se ajustan a las leyes y al fundamento propio
de cada acto que sea compatible con los mandatos normativos. No en balde se dice que en el Estado de
Derecho gobiernan las leyes y no las personas, como una tajante división entre la voluntad caprichosa del
jerarca de turno que es propio de sistemas autoritarios y el cumplimiento razonable de los mandatos
legales que es compatible con el modelo democrático y republicano de gobierno.

De ahí que este principio exige, aunque fuere brevemente, una fundamentación de la actuación del poder
administrativo, como plataforma básica de un auténtico Estado en el gobiernan las leyes.

g) Principio de publicidad. Este principio exige que todas las actividades de la administración pública
sean conocidas por la ciudadanía, ya que la autoridad precisamente actúa como representante de la misma
en el poder administrativo. La publicidad de los actos públicos es un requisito esencial que se origina de
la organización republicana del Estado.

h) Principio de moralidad administrativa. Implica la conducta de los funcionarios encuadrada a los


valores de la rectitud y la honestidad en las relaciones jurídicas. De esta manera, los códigos de ética que
se implementan en distintas reparticiones del sector público están inspirados en pautas de comporta-
miento deseables dentro de una sociedad. Esas pautas se circunscriben a valores como la honestidad, la
eficiencia, la justicia y la equidad.

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i) Principio de responsabilidad estatal. Que se traduce en la obligación de las entidades públicas de
reparar económicamente los daños causados que se le imputen por actos desplegados por los funciona-
rios públicos, sin perjuicio del derecho que tiene el Estado de repetir contra el responsable personalmente
del acto generador del daño o perjuicio.

6. El Derecho Aduanero.
6.1 Concepto y contenido del Derecho Aduanero.
Es el conjunto de normas jurídicas, principios e instituciones que regulan el comercio exterior y las acti-
vidades que desarrollan las personas en su intervención ante la aduana.

El contenido de las normas del derecho aduanero comprende disposiciones administrativas, tributarias,
penales y procesales.

El segmento de normas administrativas se refiere a las autoridades estatales encargadas de controlar


y ejercer las facultades legales que se les concede para el cumplimiento de los fines de la institución
principal denominada “aduana”.

El segmento tributario es fundamental, principalmente, porque se refiere a la recaudación por las adua-
nas del país para satisfacer las necesidades públicas del presupuesto general de gastos de la nación.

El segmento de normas penales, se refiere a las infracciones y delitos aduaneros, erigiéndose en un


tema de constante discusión entre la instancia administrativa y judicial, propiamente. Ejemplo: el contra-
bando que es un hecho punible y al mismo tiempo una infracción aduanera. Lo mismo acontece con la
evasión impositiva.

7. Ley de inversiones públicas y Maquilas.


La inversión pública es fundamental para la generación de empleos y el aumento de las recaudaciones
que con un correcto y razonable uso y destino se podría obtener un crecimiento que exceda lo macro-
económico y redunde beneficios a la sociedad con indicadores microeconómicos.

Dos leyes se destacan en este sentido:

a) La Ley 60/90 que establece el régimen de incentivos fiscales para las inversiones de capital de origen
nacional y extranjero.
b) La Ley Nº 1064/97 que norma sobre el Régimen de Maquila de Exportación.

8. El Derecho Ambiental.
Dentro del derecho, y en comparación con algunos otros tipos de legislación, el derecho ambiental se
podría decir que es uno de los más específicos ya que hace referencia a un área relativamente acotada de
la realidad, aunque esto no signifique por eso que sea menos importante o que no pueda interconectarse
con otros tipos de derecho.

El derecho ambiental es aquel que se encargará de establecer todas las legislaciones, regulaciones
y controles que tengan como objetivo final la conservación y preservación del medio ambiente
por considerárselo como el único espacio en el cual el ser humano puede llevar a cabo su exis-
tencia.

El derecho ambiental es, además, también uno de los más recientes ya que surge en el último cuarto del
siglo XX debido al avance de los daños que el ser humano provocaba voluntaria o involuntariamente en
el medio ambiente. A medida que esos daños fueron creciendo y que se pudo establecer por medio de
trabajos científicos, que algunos de ellos eran incluso irreversibles, surgió la necesidad de organizar un

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conjunto de leyes, regulaciones, normas y normativas que controlaran no sólo el accionar del ser humano
en tanto individuo si no también, y especialmente, el accionar de empresas, corporaciones e industrias.

El derecho ambiental puede tener entre sus prerrogativas el desarrollo de sistemas de normas que tengan
como principal objetivo cuidar o preservar áreas, establecer espacios protegidos, desarrollar planes de
control y mitigación de los daños conocidos, realizar y llevar a delante campañas de información, etc.

El derecho ambiental surge como uno de los elementos más importantes a la hora de darle legalidad a
aquello que hasta no hace mucho aparecía como una ilusión o exageración de grupos escasos de volun-
tarios preocupados por el medio ambiente. Hoy en día, el derecho ambiental forma parte reconocida del
grueso que es el derecho en términos generales.

En tal sentido, nuestra CN después de la protección de la vida y la integridad física de las personas, ubica
el derecho a un ambiente saludable en el art. 8 y vuelve a conferirle una serie de acciones de particulares
u organizaciones a través de un derecho de petición a las autoridades públicas para adoptar las medidas
que permitan proteger el hábitat, la calidad de vida, el medio ambiente y otros derechos conexos. Al
respecto, merece atenderse a los que preconizan los artículos 8 y 38 de nuestra Ley Fundamental.

8.1 Principios internacionales y constitucionales sobre ambiente.


La conferencia internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994), ubica al ser humano
como el centro del desarrollo sostenible, en cuanto ejercicios de derechos fundamentales e inalienables
se refiere, cuyo sustento vertebral son los derechos humanos.

Así, la Declaración de Río establece que “Los seres humanos tienen derecho a una vida saludable
y constituyen estos el centro del desarrollo sostenible”.

Por su parte, la Sección Segunda de nuestra Constitución Nacional que se refiere al “Ambiente”, en
sus artículos 4, 6, 7 y 8, garantiza la tutela del Estado del derecho a la vida y su calidad en un ambiente
saludable protegido, como derecho personalísimo, inherente a su condición de derecho humano de pri-
mera generación.

La cuestión es evidente, el principal destructor del hombre es el hombre, y si este no toma medidas para
sí, intentando mitigar las circunstancias vividas por su propia causa, veremos preocupantes riesgos de un
paulatino encarecimiento de la condición humana.

Por lo que se hace sumamente imprescindible el reconocimiento al hombre, de reclamar por aquello que
ponga en peligro irreversible a la raza humana.

Equidad entre las generaciones. Los Estados tienen el deber de asegurar la utilización y conservación
de los recursos naturales, apelando al principio de rendimiento óptimo sostenido, en aras de beneficiar a
las generaciones presentes y futuras, prohijando para dicho efecto herramientas útiles que permitan a
tales requerimientos, un acondicionamiento armónico de los ecosistemas, su diversidad biológica y sus
procesos ecológicos.

Establece normas de protección. Toda actividad humana itinerante o diferida que arroje sobre el me-
dio ambiente consecuencias riesgosas para la vida y/o salud poblacional, la biodiversidad, la calidad o
cantidad de aprovechamiento de los recursos naturales, los hábitos y costumbres o el patrimonio cultural,
debe estar sometida a una normativa protectoría compuesta por planes estratégicos de tratamiento inte-
gral a escala mundial, nacional o regional, conducentes a dar lid a la constante amenaza de este prístino
problema de preocupación universal.

Ya en la Cumbre de la Tierra se consensuó en que la adopción de medidas internas debe ceder ante la
trascendente importancia promocional de cooperación internacional, acompasada por las actitudes de las
organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de acompañar solidariamente y en conjunto la
ejecución eurítmica de medidas eventuales.

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Sanción jurídica y social. El derecho ambiental es sustancialmente público. Ahora, toda actividad hu-
mana individual o colectiva que ataca elementos del patrimonio ambiental causa un daño social, es decir,
de reservada trascendencia supraindividual, que ciertamente impele a las autoridades competentes a ejer-
cer su poder de policía de preservación de la calidad de vida, salud, hábitos y valores del hombre, apli-
cando las sanciones que correspondan a los infractores.

Partiendo de que el derecho es una ciencia social, es éste el que marcará el hito a seguir, y al efecto, el
Art. 7º de la CN señala imperativamente el interés social por la preservación del medio ambiente, orien-
tado por una política gubernamental expresada en leyes de protección ambiental.

Desarrollo en armonía con la naturaleza. Al respecto, el principio Nº 4 de la Declaración de Río


expone que “Los Estados tienen el derecho soberano de aprovechar sus propios recursos según sus propias políticas am-
bientales, velando que estas no causen daño al medio ambiente de otros estados”. Y de acuerdo con la consagración
de este aserto, el principio 1º del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, reconoce
como deber solemne del hombre proteger y mejorar el medio ambiente para las generaciones presentes
y futuras, en su búsqueda de razonables condiciones de vida.

9. Los Derechos Humanos.


El reconocimiento de los derechos inherentes a la personalidad humana, tuvo un largo derrotero o pro-
ceso evolutivo hasta llegar a un momento actual de consolidación en casi todos los pueblos adscriptos al
sistema jurídico basado en la dignidad de todos los seres humanos.

De esta manera, su consolidación se verifica en ciertos pueblos, primero, para después convertirse en
valores jurídicos y tener vigencia como derecho positivo internacional a través de diversos documentos
conocidos como “Declaraciones” y “Pactos” de derechos humanos (civil, político, económico, social y
cultural).

El concepto de los derechos del hombre guarda estrecha vinculación con distintas concepciones que a
través de la historia fueron sustentando numerosos exponentes de la filosofía, de las ciencias políticas, de
la iglesia, etc., elaborando una teoría explicativa y a la vez fundamental para la defensa efectiva de la
personalidad humana ante cualquier violación o lesión proveniente de los actos ejecutados por la autori-
dad pública, titular del monopolio de la fuerza estatal.

Una de las corrientes filosóficas que más influyeron en la doctrina de los derechos humanos es la del
"iusnaturalismo" (derecho natural), corriente que reivindicó la existencia de un derecho superior al que regía
la "realidad" de cada comunidad, el que fue denominado “Derecho Natural”. Este derecho natural denota
la "idea" de un orden intrínsecamente justo, fundado en la naturaleza humana y superior a toda ley escrita.
Partía de la base que todo el sistema normativo creado por el hombre era imperfecto, debido a las propias
limitaciones humanas en su elaboración, existiendo entonces un orden superior al derecho positivo, por
esencia justo (el derecho natural) y a cuyo mandato debía subordinarse el derecho positivo cuando exista
discrepancia entre éste y aquél.

Seguramente llamará mucho la atención el hecho de que trasladáramos el estudio de los primeros balbu-
ceos de los derechos humanos para llegar al estado de evolución que en la actualidad presentan, vincu-
lándolo con la filosofía.

En efecto, esta disciplina del conocimiento –la filosofía- ha sido la que originariamente planteó la exis-
tencia de un orden jurídico justo y válido para todos los seres humanos, independientemente de la realidad
política, social y económica de cada comunidad. Sin embargo, la vigencia de ese "orden jurídico y político"
compatible con ese "ideal" trazado por diversas corrientes filosóficas como la del iusnaturalismo, requirió
de varios siglos para sedimentarse en normas jurídicas de observancia obligatoria por parte de gobernan-
tes y gobernados.

Este proceso de evolución y transformación hacia la consolidación de una doctrina universal e innegable
de los derechos humanos como la concebimos en el presente, era impensable en las primeras organiza-
ciones sociales de antaño. Esta, únicamente será visible en una estación más avanzada de la historia de la

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humanidad, cual es, la del inicio de la Edad Moderna y más precisamente con el movimiento reformista
que culminó con la Revolución Francesa de 1789.

Posteriormente, con el advenimiento de los estados constitucionales las leyes fundamentales de cada país
reconocen los derechos humanos como un catálogo de principios que respetan a las personas en dignidad
y derechos, sin distinción de ninguna naturaleza, y, este derecho local se traslada al ámbito internacional
con la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 cuando la comunidad se
organiza jurídicamente en una entidad supranacional que confiere validez a los derechos humanos en
forma universal.

El Paraguay reconoce las declaraciones, los pactos y convenios internacionales de derechos humanos y
su renuncia sólo puede hacerse por vía de reforma integral de la Constitución Nacional.
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Capítulo 6
Concepto, elementos y clasificación de los contratos. En especial, los contratos de servicios y de obra. Los
contratos públicos: ámbito de aplicación.

Los contratos.

1. Concepto, elementos y clasificación.


Existe contrato cuando varias personas se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad común,
destinada a reglar sus derechos.

De dicha definición se desprenden los siguientes elementos a saber:

a) Los sujetos, que se identifican por las personas que acuden a pactar;
b) El consentimiento, que consiste en la expresión de voluntad formulada con discernimiento, in-
tención y libertad. Además, el consentimiento se entiende expresado a través de la oferta efectuada
por una de las partes y la aceptación que debe otorgar la otra;
c) El objeto que debe recaer sobre cosas determinadas, que sean posibles de tal manera que permita
ser cumplida por la parte que asume el compromiso y, finalmente, que sean lícitas toda vez que una
ilicitud no puede dar lugar a la validez de una exigencia contractual, y;
d) La forma que es el modo como queda determinada la expresión de voluntad, siendo general-mente
la forma escrita (por instrumento público o instrumento privado). En efecto, la ley exige que a
partir de obligaciones contraídas que se establecen en contratos por un valor superior a los diez
jornales mínimos, la prueba fundamental será la escrita. También se admite la prueba de testigos.

Los contratos pueden clasificarse en distintas modalidades, entre las cuales, mencionaremos las más uti-
lizadas en el mundo de las relaciones jurídicas y comerciales.

a) La compraventa que consiste en la entrega de una cosa a cambio de una suma de dinero.
b) La permuta que consiste en el cambio de una cosa por otra (trueque moderno).
c) La locación de obra que consiste en hacer algo a cambio de un precio específico.
d) La locación de servicios, es una típica relación de trabajo, aunque se diferencia que esta prestación
no está sujeto al control directo y subordinado por parte del empleador de toda la actividad laboral
contratada. Precisamente esta diferenciación hace que la relación laboral se rija por el derecho laboral
y el contrato de prestación de servicios se rija por el Código Civil.
e) La edición, consistente en que una parte se obliga a publicar una obra vía imprenta, a cambio de
una suma de dinero o a participar de las ganancias que genere la venta de obra publicada.
f) El mandato que es el contrato de representación que otorga una persona llamada mandante para
que otra la represente para un acto determinado, recibiendo el nombre de mandatario.
g) El transporte de cosas y personas.
h) La donación que consiste en la disposición que hace una persona para la posterior de una parte
específica de sus bienes a otra.
i) El depósito que consiste en la recepción que hace una persona de ciertas cosas o sumas de dinero
que le entrega otra para que la cuide y vigila con cargo de devolverle cuando aquél se lo pida, puede
ser en forma gratuita o a cambio de una suma de dinero en particular.

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2. En especial, los contratos de obra y de servicios.
El contrato por obra y servicios es incorrectamente aplicado en algunos casos, fundamentándose en al-
gunos pilares que son los que determinarán si es la fórmula de contratación más adecuada y legal para
nuestro caso.

Partimos de la base de que la contratación por obra o servicio determinado se aplica cuando es necesario
realizar actividades con entidad propia, cuyo desarrollo tiene que estar limitado en el tiempo, aunque la
duración exacta sea incierta.

Requisitos exigidos para ambos tipos de contrato.

Cualquier concepto relacionado con el tiempo que se plasme en un contrato de este tipo, debe entenderse
como una aproximación, ya que es la propia tarea la que fundamenta la relación laboral, si bien debe
cumplir los siguientes requisitos:

a) Autonomía y sustantividad: las actividades habituales serán desempeñadas por el personal fijo de
la empresa, aunque se podrá incorporar a trabajadores de obra o servicio siempre que la obra o el
servicio tenga su propia autonomía y sustantividad. Es decir, que debe contar con su propia singula-
ridad, contar con una organización diferenciada o específica respecto a la actividad normal y/o que
tenga unos resultados específicos diferentes a los habituales.
b) Concreción: en el contrato se debe identificar con precisión la naturaleza de la obra o servicio que
lo fundamenta. Si no fuera así, podría pasar a considerarse un contrato indefinido a no ser que la
empresa pueda demostrar la temporalidad del mismo.
c) Realización efectiva: los trabajadores contratados mediante esta fórmula deberán ocuparse de las
tareas dispuestas en el contrato, en el lugar previsto. De esta manera, no es posible realizar cambio
de funciones ni desplazamiento geográfico. En caso contrario el contrato se entenderá establecido
en fraude de ley, pasando a ser considerado indefinido, a no ser que se haya establecido una cláusula
contractual que prevea un posible cambio esporádico de centro de trabajo por necesidades produc-
tivas u organizativas.
d) Duración limitada o incierta: La duración del contrato será la necesaria para el desarrollo de la
obra o servicio. Cualquier límite temporal que se establezca en el contrato será solo orientativo.
Siempre que exista una necesidad de contratación para un trabajo intermitente o cíclico, el modelo
más adecuado será el de fijo discontinuo, por lo que el de obra y servicio se aplicará en casos más
vinculados a necesidades menos reiterativas y poco homogéneas.

Fin del contrato. Tal y como hemos explicado, lo que fundamenta estos contratos es la realización de
servicios concretos, por lo que el fin de la relación laboral también estará relacionada con la finalización
de los mismos, aunque en ocasiones podrá darse antes.

¿Cómo es esto posible? Porque lo que realmente debe demostrar el empresario es que ya no son real-
mente necesarios los servicios prestados por el trabajador. Esto significa que según avance la realización
de una obra determinada, se podrían ir extinguiendo contratos según dejaran de ser necesarios, hasta que
termine la misma.

Por eso es muy importante que las tareas asumidas por cada trabajador estén claramente marcadas en el
contrato, para evitar que quede vinculado a la realización de toda una obra en lugar de a sus tareas espe-
cíficas dentro de la misma.

3. La contratación pública.
Para que exista contratación administrativa o pública, si uno de los sujetos representa a la Adminis-
tración Pública, lo cual es un aporte del criterio subjetivo, será necesario un procedimiento formal, es
decir, un mínimo de requisitos o procedimientos que no se visualiza en la contratación privada.

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Indudablemente el rasgo distintivo es que tratándose de la contratación vinculada a la provisión de un
servicio público y de utilidad pública definen la naturaleza del contrato dentro del Derecho Administra-
tivo.

Principios que rigen las contrataciones.

1. Moralidad. Cualidad de las acciones humanas apreciadas como buenas, dentro de la ética. Los actos
referidos a las adquisiciones y contrataciones deben ser ante todo honrados.
2. Libre Competencia. Tendencia del Sistema Económico del esto el Estado Social de Mercado,
donde se busca la mayor, más amplia, objetiva e imparcial concurrencia, pluralidad y participación
de postores potenciales.
3. Imparcialidad. Proceder con rectitud y sin designio anticipado. Tratando a todos los postores y
personas en igual condiciones. Los acuerdos y resoluciones de los funcionarios y dependencias res-
ponsables de las adquisiciones y contrataciones se adoptan de me manera estricta a la Ley y el Pre-
sente Reglamento, atendiendo criterios técnicos que permitan la objetividad en el tratamiento.
4. Transparencia. No oculta acciones dudosas. Que todas las actividades y contrataciones sean públi-
cas y siguiendo los procedimientos de la ley y que eso sea claro para los ciudadanos. Además todas
las contrataciones deben realizarse sobre la base de criterios y calificaciones objetivas, sustentadas y
accesibles a los postores.
5. Eficiencia. Que los bienes y servicios proporcionados sean de la mejor calidad posible, cumpliendo
los requisitos de calidad, precio, plazo de ejecución y usando las mejores condiciones para su uso
final.
6. Economía. Buscar bienes y servicios de precios o costos adecuados. Siguiendo los principios de
simplicidad, austeridad, concentración y ahorro en el uso de los recursos en todas las etapas del
proceso.
7. Vigencia tecnológica. Búsqueda y obtención de bienes y servicios de punta, o sea, de mayor ade-
lanto y garantía de recuperación en caso necesario.
8. Trato justo e igualitario. Procesar las posturas con el más amplio criterio de calificación para ga-
rantizar la bondad del bien o del servicio. Se prohíbe la existencia de privilegios, ventajas o prerro-
gativas, salvo que lo diga la ley.
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Capítulo 7
Concepto, caracteres y clasificación.

Los derechos reales.

1. Concepto.
Es la relación jurídica en virtud de la cual el sujeto activo ejerce directamente poderes sobre las cosas
(muebles o inmuebles) y puede oponerse a que éstas sean utilizadas por otros sin su consentimiento.
Ejemplo: Juan es propietario de dos mil cabezas de ganado o Pedro es propietario de un lote inmobiliario.

Cuando se habla de relación jurídica estamos queriendo significar aquél vínculo entre dos o más personas
que generan derechos y obligaciones. Sin embargo, en la relación jurídica del derecho real, sólo existe una
persona y una cosa y en virtud de esa vinculación, el primero ejerce poderes sobre la otra, pudiendo
oponerse a que los sujetos pasivos o el resto de las personas se abstengan de ejercer derechos sobre la
cosa.

Es por ello que el derecho real implica siempre un derecho erga omnes, es decir, contra todos aquellos
que eventualmente pudieran desconocer el poder que una persona ejerce sobre una cosa.

2. Caracteres de los derechos reales.


a) Sólo pueden recaer sobre las cosas;
b) Sólo pueden ser creadas por ley;
c) El sujeto activo siempre está representado por el propietario o titular del derecho, y;
d) El sujeto pasivo recién quedara identificado en la persona que eventualmente desconozca el derecho
de propiedad.

3. Clasificación de los derechos reales.


a) Derechos reales sobre las cosas propias o de uno mismo: El dominio y el condominio;
b) derechos reales sobre las cosas ajenas o de otros: El usufructo, el uso, la habitación y las servi-
dumbres;
c) derechos reales de garantía: La prenda y la hipoteca.

El dominio es el derecho real por excelencia y el más completo que una persona puede ejercer sobre una
cosa. Se lo define como el derecho real en virtud del cual una cosa se encuentra sometida a la voluntad
de una persona.

El condominio surge por la sumatoria o la pluralidad de propietarios, el dominio se convierte en un


nuevo derecho real. Se lo define, entonces, como "el derecho real de propiedad que pertenece a
varias personas por una parte indivisa, sobre una cosa mueble o inmueble". Hay que entender que
los condóminos unidos son los únicos dueños de la cosa, pero separados no lo son sino por la parte
indivisa o “ideal” que será determinado de común acuerdo o por partición judicial.

La hipoteca es el derecho real constituido en seguridad de un crédito en dinero, sobre los bienes in-
muebles que continúan en poder del deudor. Hay que agregar a este precepto, que la hipoteca puede

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constituirse también por un tercero, en nombre del deudor. Se debe dejar en claro que la hipoteca no
otorga uso y goce al acreedor de la cosa hipotecada toda vez que la transferencia no se opera. La hipoteca
garantiza el pago del capital adeudado, los intereses hasta dos años y las que corren desde la iniciación
del juicio hasta su terminación con el pago.

La prenda es el derecho real constituido por deudor por una obligación asumida por la cual hace entrega
al acreedor una cosa mueble o un crédito en seguridad de la deuda. El contrato de prenda es eminente-
mente un derecho real porque recae sobre una cosa mueble; además es accesorio porque responde a una
obligación principal; es unilateral porque el que debe cumplir con el deber de pago es el deudor para
recuperar el bien prendado y finalmente es solemne porque debe ser establecido en escritura pública o
en contrato privado inscripto posteriormente en el registro prendario para su publicidad frente a terceros.
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Capítulo 8
Derechos del Trabajo: Concepto y Relación de trabajo. Sujetos y Obligaciones de las partes. Remuneración.
Jornada Laboral y descansos. Contratos Colectivos. Obligaciones Conexas.

Derecho Laboral.

1. Concepto del derecho laboral.


Es el conjunto de principios teóricos y normas positivas que regulan las relaciones jurídicas y sus conse-
cuencias, de los trabajadores dependientes entre sí y con sus empleadores, el origen y la existencia de
los sindicatos y las vinculaciones de los citados sujetos (trabajadores, empleadores y sindicatos) con el Es-
tado.

1.1 Naturaleza jurídica del derecho laboral.


El derecho laboral tiene naturaleza mixta, pública y privada, a la vez, por la dualidad de intereses que las
normas de dicha materia tutelan. En efecto, desde el mismo momento que existen principios constitu-
cionales ya adquiere fisonomía pública y su faz privada se sustenta en que fuera de unas pautas mínimas,
la relación laboral se ciñe a los principios básicos de la libre contratación entre las partes.

1.2 Principios que gobiernan el derecho laboral.


a) Principio protectorio: las normas laborales buscan precautelar al segmento más débil de la relación
contractual: los trabajadores, reduciendo el valor de la autonomía de la voluntad que prevalece en
los contratos civiles. Este principio pretende reencauzar y equilibrar el vínculo entre empleador y
trabajador.
b) Principio in dubio pro-operario: es una regla de interpretación de que cuando exista duda respecto
a la aplicación de una ley laboral en cada caso concreto, se aplicará el principio o norma que confiera
mayor beneficio al trabajador.
c) Principio de "la normas más favorable": en caso de conflicto entre dos o más disposiciones
legales, se aplicara aquella que contenga mayores beneficios para los trabajadores.
d) Principio de “la condición más beneficiosa”: se refiere a la subsistencia de derechos adquiridos
por el trabajador, cuando se sancionen nuevas leyes laborales que puedan resultar menos favorables
a la situación de aquél.
e) Principio de irrenunciabilidad: las normas laborales se imponen a los sujetos de la relación de
trabajo más allá de su propia voluntad y a pesar de ella. De allí que la renuncia, aunque provenga de
manera expresa del trabajador, no se permite o en caso de verificarse, carecen de valor jurídico al-
guno.
f) Principio de continuidad o de tracto sucesivo: el contrato laboral o de trabajo no se agota en una
prestación, ya que se mantiene en el tiempo por la prestación continuada e ininterrumpida de la
actividad humana. Es decir, la regla es que los contratos son de vigencia indeterminada y la excep-
ción, señalándose expresamente los casos en que el contrato puede ser por tiempo o de vigencia
determinada.
g) Principio de primacía de la realidad: cuando se pretende utilizar un ropaje diferente a la del con-
trato laboral, precisamente para sustraerla de este ámbito y tornar vulnerable la situación del traba-
jador, es que la legislación presume que prevaleceré el vínculo laboral normal, con lo cual se repele
el fraude o la simulación contractual que es común en el mundo de los negocios comerciales.

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h) Principio de la buena fe: constituye una obligación y compromiso común de los contratantes la-
borales (empleadores y trabajadores) deben cumplir las cláusulas contractuales y legales con lealtad.
Este principio exige conducta como buen empleador y buen trabajador.
i) Principio de no discriminación: significa que no caben tratos desiguales de los trabajadores, en
idénticas situaciones y circunstancias. La base de este principio es la igualdad ante la ley, sin altera-
ciones artificiosas o prejuzgamientos sobre condiciones personales que no exijan cualidades especia-
les para la prestación del trabajo en condiciones de normalidad.

1.3 El contrato de trabajo y sus características.


Es un convenio en virtud del cual un trabajador se obliga a ejecutar una obra o prestar servicios a un em-
pleador bajo la dirección o dependencia de éste, mediante el pago de una remuneración.

El contrato individual de trabajo presenta los siguientes rasgos a saber:

a) Los sujetos de la relación jurídica que son el trabajador y el empleador con capacidad legal.
b) El objeto consistente en la ejecución de la obra o prestación de servicios lícitos.
c) La subordinación del trabajador al empleador, considerado como el hecho "principal".
d) La remuneración a cargo del empleador.

Son características del contrato individual de trabajo, las siguientes:

a) Es consensual, porque prevalece el consentimiento libre de las partes.


b) Es bilateral, porque las partes se obligan recíprocamente.
c) Es oneroso, ya que no se presume la gratuidad del trabajo prestado.
d) Es conmutativo, por la proporción entre lo que cada parte da y recibe, en forma cierta e inmediata.
e) No es solemne ni formal, porque su vigencia o validez no está condicionada al uso de solemnidades
especiales. La ley señala unos requisitos mínimos que debe contener, pero las partes pueden mejorar
con otras cláusulas. El contrato puede expresarse en forma expresa o tácita, salvo que la ley exija que
sea escrito, como el contrato de aprendizaje, contrato con salario superior al sueldo mínimo, contrato
colectivo, etcétera.

2. Derechos y obligaciones derivados de la relación laboral.


Son obligaciones del trabajador:

a) Realizar personalmente el trabajo contratado, con eficiencia y esmero, acatando el reglamento,


órdenes e instrucciones y observando las buenas costumbres.
b) Abstenerse de actos inseguros, prestar auxilio en caso de accidentes o riesgos y acatar las medidas
de higiene y seguridad.
c) Avisar oportunamente para evitar daños y perjuicios a los intereses y vida de las personas.
d) Trabajar excepcionalmente horas extras.
e) Probidad en la relación laboral y lealtad en ese ámbito.
f) Justificar inasistencias.
g) Integrar organismos establecidos por Leyes y Reglamentos.
h) Restituir al empleador los materiales no usados y cumplir las demás obligaciones legales.

Se prohíbe a los trabajadores:

a) Faltar al trabajo sin permiso.


b) Disminuir intencionalmente el ritmo de trabajo.
c) Usar útiles, materiales y herramientas del empleador para fines distintos.
d) Presentarse al trabajo en esta de embriaguez.
e) Portar armas de cualquier clase.
f) Hacer colectas o propaganda en horario de trabajo.
g) Coartar la libertad de trabajar.

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Son derechos del trabajador:

a) Percibir las remuneraciones e indemnizaciones y disfrutar de salario igual.


b) Gozar de los descansos obligatorios, disfrutar de una existencia digna y condiciones justas.
c) Recibir educación profesional y técnica.
d) Utilizar agencias de empleo del Estado gratuitamente.
e) Propiedad sobre invenciones libres.
f) Elegir árbitros y ser repatriado por el empleador.
g) La estabilidad en el empleo.
h) Organizarse en defensa de sus derechos y declararse en huelga.

Son obligaciones del empleador:

a) Dirigir, administrar y aplicar medidas disciplinarias.


b) Exigir el pago de las deudas del trabajador.
c) Organizarse en sindicatos.
d) La propiedad sobre el producto del trabajo y sobre las invenciones que no sean libres.
e) Dar ocupación efectiva a los trabajadores.
f) Pagar remuneración.
g) Suministrar útiles y herramientas.
h) Conceder licencia para el cumplimiento de obligaciones.
i) Guardar consideración a los trabajadores.
j) Ofrecer condiciones de higiene y seguridad.
k) Expedir constancia sobre las condiciones de trabajo.
l) Observar buenas costumbres.
m) Preferir a trabajadores paraguayos.
n) Atender quejas justificadas.

Se prohíbe a los empleadores:

a) Deducir, retener o compensar suma alguna de los salarios y prestaciones en dinero, sino en la
forma y dentro de los límites legales.
b) Exigir o aceptar de los trabajadores dinero u otras gratificaciones, en compensación por ser ad-
mitidos en el trabajo o por cualquier otro motivo.
c) Exigir o inducir que los trabajadores compren sus artículos de consumo en tiendas o lugares de-
terminados.
d) Influir en las convicciones políticas, religiosas o sindicalistas de sus trabajadores.
e) Cobrar a los trabajadores por salario anticipado que otorgue a los trabajadores.
f) Obligar a los trabajadores por cualquier medio a retirarse del sindicato o asociación gremial al que
pertenecen.
g) Emplear el sistema de "lista negra", cualquiera sea su modalidad, contra los trabajadores que se
retiren o sean separados del servicio a fin de impedirles encontrar ocupación.
h) Retener las herramientas del trabajador en concepto de indemnización, garantía u otro título que
no fuere traslativo de dominio.
i) Hacer o autorizar colectas o suscripciones obligatorias en el trabajo.
j) Dirigir a los trabajadores en estado de embriaguez o en condiciones anormales, bajo influencia
de drogas etc.
k) Portar armas dentro de las fábricas o lugares cerrados de trabajo, salvo permiso especial al efecto.
l) Ejecutar cualquier acto que directa o indirectamente restrinja los derechos de los trabajadores en
el Código y demás leyes.

3. La jornada laboral, los descansos y la remuneración.


El art. 193 del CL establece: “Considérese como jornada de trabajo efectivo al tiempo durante el cual el trabajador
permanece a disposición del empleador".

División de las jornadas. Puede ser diurna, nocturna y mixta.

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El periodo diurno de trabajo. Es de ocho horas por día y cuarenta y ocho horas semanales siempre que
se preste el servicio entre las 06:00 y las 20:00 horas.

El periodo nocturno de trabajo. Es de siete horas por día y cuarenta y dos horas semanales siempre que
se preste el servicio entre las 20:00 y las 06:00 horas.

La jornada mixta es la que abarca periodos comprendido de ambas jornadas, su duración máxima es de
siete horas. Se pagará conforme al tiempo ocupado dentro de cada periodo (diurno y nocturno).

La duración de la jornada de trabajo, se establece de la siguiente forma:

La jornada máxima de trabajo diurno para mayores de 15 años y menores de 18 años es de 6 horas
diarias y 36 horas semanales.

Los menores de 12 a 15 años no más de 4 horas diarias ni 24 horas semanales.

Los menores que todavía van a la escuela no más de 2 horas y el total de las horas dedicadas a la escuela
y el trabajo no debe exceder de 7 horas.

Cuando el trabajo debe realizarse en lugares insalubres o por su naturaleza ponga en peligro la salud o la
vida de los trabajadores o en condiciones penosas o en turnos continuos o rotativos, su duración no
excederá de 6 horas diarias ni 36 horas semanales, debiendo percibir el salario correspondiente a la
jornada normal de 8 horas.

Los casos en que el trabajador está obligado a prestar servicios en horas extraordinarias:

Cuando se produzcan accidentes o riesgos inminentes, al solo objeto de evitar trastornos en la marcha
regular de la empresa en caso de reparaciones urgentes en las maquinas o locales de trabajo temporal-
mente, para hacer frente a trabajos de urgencia o demandas extraordinarias por exigencias excepcionales
de la economía nacional o de la empresa, fundadas en el criterio de colaboración para fines de interés co-
mún de la empresa y de los trabajadores.

Está prohibido que los menores de 18 años, realicen trabajos en horas extraordinarias de trabajo, salvo
lo dispuesto para el trabajo rural.

Los trabajadores excluidos de la limitación de la jornada son:

a) Los gerentes, jefes, administradores en relación de dependencia y los empleadores no sujetos a fis-
calización inmediata.
b) Los serenos, vigilantes y demás trabajadores que desempeñen funciones discontinuas o que requie-
ran su sola presencia.
c) Los que cumplan su cometido fuera del local donde se halle establecida la empresa, como agentes y
comisionistas que tengan carácter de empleado.
d) Los que realizan labores que por su propia naturaleza no están sometidas a jornadas de trabajo, tales
como labores de servicio doméstico y el trabajo rural.

No obstante, ninguna de estas personas podrá ser obligada a trabajar más de 12 horas diarias y tendrán
derecho a un descanso mínimo de una hora y media que integra la jornada de trabajo

Los descansos legales que prevé el Código Laboral.

Art. 212: “Después de la terminación del tiempo de trabajo diario, se concederá a los trabajadores un periodo de descanso
ininterrumpido de 10 horas por lo menos".

Art. 213: “Todo trabajador tendrá derecho a un día de descanso semanal que normalmente será el domingo. Excepcional-
mente, puede estipularse un periodo integro de 24 horas consecutivas de descanso, en día distinto al domingo y dentro de la
siguiente semana, en casos específicos (trabajos en un shopping o supermercado, terremotos o motivos de fuerza mayor)”.

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El descanso en días distintos al domingo es por razones de interés social y de orden técnico, que por la
naturaleza de la empresa, no es posible interrumpir el trabajo los días domingos.

De aquí nace la distinción entre descanso dominical y descanso compensatorio.

Anticipación convencional de descanso semanal (sábados al mediodía).

Art. 215: “Con el fin exclusivo de permitir a los trabajadores el descanso semanal desde el mediodía del sábado, por acuerdo
entre las partes, podrán distribuirse las 48 horas semanales de trabajo, ampliando la jornada ordinaria. Esta ampliación
no constituirá trabajo extraordinario”.

Duración de las vacaciones, según la antigüedad del trabajador:

a) Para trabajadores de 1 hasta 5 años de antigüedad: 12 días hábiles.


b) De más de 5 años hasta 10 años: 30 días hábiles.
c) De más de 10 años: 30 días hábiles.

Vacaciones de trabajadores que no realizan trabajo continuo.

Art. 219: “En las labores en que el trabajo no se realice con regularidad todo el año, se considerará cumplida la condición
de continuidad en el servicio, cuando el interesado haya trabajado durante un mínimo de 180 días en el año, y en los trabajos
contratados a destajo, cuando el trabajador haya devengado el importe mínimo de 180 salarios, percibirá el importe de las
vacaciones proporcionales al tiempo trabajado”.

El salario.

Es la remuneración o ganancia, que puede evaluarse en dinero, debido por un empleador al trabajador,
en virtud de los servicios u obras que éste haya realizado, o deba realizar, de acuerdo con lo estipulado
en el contrato de trabajo.

Es una contraprestación conmutativa y onerosa de la actividad física o intelectual del trabajador,


puesta al servicio del empleador.

Caracteres:

a) La proporcionalidad pagándose el salario convenido o establecido como mínimo por la ley, con-
forme a la naturaleza, eficacia y tiempo de trabajo.
b) La continuidad, en el sentido que debe pagarse al trabajador que estuvo a su disposición
c) La invariabilidad, ya que el salario no puede alterarse por voluntad unilateral del empleador en
perjuicio del trabajador, pero si en su beneficio.

Estipulación libre del salario.

Las partes pueden estipular libremente el salario, mediante contrato individual o colectivo, pero no podrá
ser inferior al que se establezca como mínimo legal.

Embargo del salario.

Es la afección o imposibilidad de los bienes del deudor para asegurar pago de la deuda en ejecución.

Dicha medida precautoria solo puede ser decretada judicialmente.

El salario solo puede ser embargado de la siguiente forma:

a) Hasta el 50% para el pago de pensiones alimenticias debidas por el trabajador


b) Hasta el 40% para el pago de habitación del trabajador o artículos alimenticios adquiridos
para consumo propio y de familiares, económicamente dependiente de él

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c) Hasta un 25% en los demás casos, como la reparación de daños, provenientes de un delito o
cuasidelito.

Si fuesen embargos acumulativos, el monto es estos no podrán sobrepasar en ningún caso el 50% del
salario básico percibido por el trabajador.

¿En qué consiste el salario mínimo legal?

Es el que, según las condiciones de cada región, es suficiente para satisfacer las necesidades normales de
la vida del trabajador considerado como jefe de familia, dichas necesidades son: alimentación, habitación,
vestuario, transporte, previsión, cultura y recreaciones honestas.

Otras clases de salarios:

a) Salario mínimo vital: es el de la sobrevivencia


b) Salario mínimo industrial: es el fijado en esta rama de actividad, superior al mínimo legal, pero
sujeto a las posibilidades económicas de la empresa.

Plazo de vigencia del salario mínimo legal.

El salario mínimo legal fijado de acuerdo al procedimiento establecido en el Código, quedará en vigencia
durante 2 años. Este plazo se prorrogará automáticamente por periodo de igual duración.

Modificación del salario mínimo antes de cumplirse el plazo establecido.

Antes de vencer el plazo establecido el salario mínimo será modificado cuando se comprueben cualquiera
de las siguientes causas:

a) Profunda alteración de las condiciones de la zona o la industria, motivada por factores económico-
financieros
b) Variación del costo de vida, estimada en un 10% cuanto menos.

Edad del trabajador para que goce del salario mínimo.

El salario mínimo es debido a todo trabajador mayor de 18 años por día de trabajo ejecutado dentro de
la jornada legal.

4. El contrato colectivo de condiciones de trabajo.


Es todo acuerdo escrito relativo a las condiciones generales de trabajo, celebrado entre un empleador, o
un grupo de empleadores o una o varias organizaciones de empleadores por una parte y por otra, y por
otra una o varias organizaciones representantes de los trabajadores o representantes de los trabajadores
interesados, debidamente elegidos y autorizados a éstos últimos, con el objeto de establecer las bases de
los contratos individuales de trabajo.

Es un contrato marco que persigue lograr mejores condiciones laborales sobre las mínimas ya determinadas
en el código laboral y otras leyes reglamentarias. En este sentido puede crear normas de validez futura.
Es un acto jurídico bilateral y solemne, porque nace del acuerdo de voluntades y debe ajustarse estricta-
mente a los requisitos legales. Las normas del contrato colectivo son obligatorias como una ley, para los
sujetos celebrantes y los trabajadores sindicalizados o no de la empresa o profesión.
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Capítulo 9
Profesional Independiente: Efectos Legales. Organización empresarial: efectos legales. Gremios. Colegios. Aso-
ciaciones Profesionales. Responsabilidad civil, penal, administrativa, laboral. Pericias. Normas que regulan el
ejercicio profesional del ingeniero. El ingeniero como locador de obra; locador de servicios; funcionario pú-
blico; en relación de dependencia privada; perito; consultor técnico, arbitro; representante técnico. Docente.
Requisitos para el ejercicio profesional. Capacidad. Título. Matricula. Ética. Fijación de Honorarios.

Ejercicio profesional.

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