Está en la página 1de 6

La Niñez de Miguel Grau: Primera formación de un Héroe

Jonatan Enrique Saona Reyes

Este 27 de julio último se han cumplido 180 años del nacimiento de don Miguel Grau Seminario,
héroe de la guerra del Pacífico, quien ofrendó su vida por la Patria en el combate de Angamos el
08 de octubre de 1879.

Don Miguel Grau, es el personaje de mayor importancia histórica para la población peruana, en
una encuesta realizada a nivel nacional en el año 2000 fue elegido como “el peruano del
milenio”.

El contralmirante Grau, no sólo es recordado por su destacada participación y habilidades


marineras como Comandante del mítico monitor “Huáscar” sino también por sus comprobadas
virtudes personales, desde su nostálgica infancia hasta su gloriosa muerte: defensor de la figura
de la familia, atento esposo y padre amoroso; Como diputado se preocupó por la legalidad y
vigencia de la Constitución, por la educación y reformas a favor de la población; Como marino
durante la guerra rescató a los náufragos enemigos, devolvió la espada y uniforme del
comandante enemigo Arturo Prat, no bombardeó puertos indefensos, llegando los chilenos a
bautizarlo como “El Caballero de los Mares”.

El presente trabajo abarcará las situaciones que tuvo que afrontar Miguel Grau durante su niñez
y cómo éstas fueron forjando su personalidad y carácter, dando como resultado una vida de
virtudes del máximo héroe nacional peruano.

.
Nacimiento, Bautizo y Familia
“Año del Señor de mil ochocientos treinta y cuatro, a tres de Septiembre,
yo el Inter de la Matriz, D. Juan Blanco puse Óleo y Crisma a Miguel María
a quien en caso de necesidad le bautizó el Presbítero D. Santiago
Angeldonis, de un mes y siete días de nacido…”
Partida de Bautismo de Miguel Grau

Nuestro futuro héroe, Miguel María Grau Seminario, nació en las vísperas del aniversario de la
independencia de la joven República del Perú, un domingo 27 de julio de 1834, hijo natural del
militar don Juan Manuel Grau Berrío y de doña Luisa Seminario Castillo, quien según la
tradición oral, fue atendida en el parto por el doctor Alexander Newell y la comadrona Tadea
Castillo “la morito”.

El niño Miguel María fue bautizado en Piura el 03 de setiembre del mismo año, tal como consta
en su partida de bautismo, “en caso de necesidad”, debido a que fue atacado por la epidemia de
sarampión. El padrino don Manuel Ansoátegui era Administrador de la Aduana de Paita, y la
madrina doña Rafaela Angeldonis, la era hermana del cura de la localidad y vecina de don Juan
Manuel Grau.
Por el lado paterno, don Juan Manuel Grau, era un Teniente Coronel grancolombiano que llegó
al Perú en 1822 junto con el Ejército Libertador de don Simón Bolívar, participando en las
batallas de Junín y Ayacucho, que sellarían nuestra Independencia. Nacionalizado peruano, se
enrola en el Ejército del Perú y luego participaría en la guerra contra la Gran Colombia en 1828,
y finalizada la contienda se establece en Piura.

Por el lado materno, doña Luisa Seminario del Castillo, era hija de una de las familias más
importantes de la región, casada con el Capitán grancolombiano Pío Díaz, quien se dirigió a su
país para participar militarmente, estando separados durante varios años, hasta su regreso a
Piura en 1840. Durante la separación del esposo, es cuando inician una relación Juan Manuel
Grau y Luisa Seminario.

De esta relación extramatrimonial nacieron los cuatro hijos Grau - Seminario: Enrique Federico
(nacido en 1831), María Dolores (nacida en 1833), Miguel María (nacido en 1834), y Ana
Joaquina (nacida en 1835).

De la familia Díaz – Seminario, formada por don Pío Díaz y doña Luisa Seminario, nacieron los
siguientes hijos (medios hermanos de Grau): José Anselmo Roberto (nacido en 1822), Manuela
Jacoba Balvina (nacida en 1826), Manuel Emilio (nacido en 1828) y Joaquina Micaela (nacida en
1842).

Según la investigación realizada por el historiador Juan Paz Velásquez, don Juan Manuel Grau,
tuvo además otros hijos, el mayor, nacido en Colombia, Juan Manuel Grau Prada; en Piura tuvo
a los mellizos María Trinidad y José María Grau Berríos (nacidos en 1834, algunos meses antes
que Miguel María), Manuela Beatriz Grau Casariego (nacida en 1835), José Dolores Grau
Helguero (nacido en 1837), Luisa María Grau Ordinola (nacida en 1839), José del Carmen Grau
Castillo (nacido en 1840) Mariana Grau Gómez (nacida en 1840).

Si nos ubicamos dentro del contexto de los acontecimientos históricos, apenas había
transcurrido algo más de una década desde que el Perú obtiene su vida republicana, periodo de
levantamientos y revoluciones, del desarrollo y deterioro de la llamada Confederación Perú
Boliviana.

Del nacimiento de Miguel Grau, se puede apreciar dos hechos relevantes que forjarían la futura
personalidad de nuestro héroe, primero el hecho de cumplir años a un día de celebrar las fiestas
patrias, lo que llevaría a un sentimiento de identidad con todo lo relacionado a amor y rendir
homenaje al Perú, sentimiento que llevó a dar su vida en defensa de la Patria que lo vio nacer.

Manuel González Prada escribiría: “Siendo sinceramente religioso, no conocía la codicia, ni la


cólera violenta, ni la soberbia. A tanto llegaba la humildad de su carácter que, hostigado un día
por las alabanzas de los necios que asedian a los hombres de mérito, exclamó: "Vamos, yo no
soy más que un pobre marino que trata de servir a su Patria".
Se aprecia además un gran contraste entre don Juan Manuel Grau, quien llegó a tener varios
hijos en diferentes mujeres, y don Miguel Grau, quien contraería matrimonio en 1867 con la
señorita Dolores Cabero Nuñez, teniendo hasta diez hijos con ella, siendo un ejemplo de
fidelidad conyugal, portándose como un esposo y padre ejemplar, quien hasta sus últimos
instantes escribía sus cartas a su esposa como un joven enamorado:
“Ayer tuve el grato placer de recibir tu ansiada y esperada cartita del 19, cuya lectura me llenó de contento
porque me anunciabas que tú, vida mía, y los niños se conservaban a Dios gracias sin novedad. Te
aseguro esposa querida que lamento la inseguridad que hay de los vapores; pues me parece que sólo
cada siglo recibo carta tuya, razón por la cual más me aburro de estar separado de ti tanto tiempo. Sin
embargo, tú crees que no te extraño y que cuando te escribo, es sólo el momento en que me acuerdo de
ti, lo que te prometo no es exacto, porque te tengo siempre presente en mi memoria y en el corazón…
Con un fuerte y cariñoso abrazo, se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada
instante….”

Niñez lejos de la madre


“No gozó de su infancia las dulzuras divinas del más puro de los amores
(amor maternal); la mano de su padre, afectuosa pero ruda, era la única
que acariciaba sus mejillas cuando cerraba los ojos en triste soledad…”
Aristóbulo del Valle

Doña Luisa Seminario domiciliaba en la calle Mercaderes, (actual Tacna n° 662, Casa Museo
Grau), en la casa de su familia Seminario – Del Castillo, mientras que su padre Juan Manuel
vivía en la calle Los Angeles (actual Junín).

El historiador Reynaldo Moya Espinoza, nos hace la siguiente descripción de la casa materna:
“La casa tenía en la parte fronteriza un portón con dos hojas y un pesado aldabón de cobre y a los
costados dos ventanas con rejas de fierro. En los altos había tres balcones. Las paredes de los bajos eran
de adobe y las de los altos de caña de Guayaquil, siendo el techo de torta de barro y paja. El portón
conducía a un zaguán con una habitación a cada lado. Luego seguía el patio principal a cuyos lados
estaban la sala y la cuadra y el comedor al centro. Seguían dos alcobas y las destinadas a la servidumbre
y los servicios que estaban a un costado de un traspatio con piso de ladrillo, donde tendían la ropa. Había
un postigo en la parte posterior. En los altos había tres habitaciones.”

Como se ha mencionado anteriormente, en aquella casa vivieron los padres y hermanos de doña
Luisa Seminario, además de sus hijos matrimoniales procreados con don Pío Díaz.

En esta casa es donde el niño Miguel recibe en sus primeros años el amor maternal y es
también allí donde aprende a extrañarla, lugar que recordaría con nostalgia durante su juventud,
debido a que los niños Grau Seminario se separan de su madre y son criados por su padre. Los
que conocieron a Miguel indican que era un niño callado y melancólico, tal como escribiría su
maestro Fernando Velarde: “Nunca fuiste risueño ni elocuente, y tu faz pocas veces sonreía,
pero inspirabas entusiasmo ardiente, cariñosa y profunda simpatía”.
No podríamos establecer ciertamente los motivos del distanciamiento entre los padres del niño
Miguel, ni del motivo por el cual pasaron a vivir con su padre, lo cierto es que al realizarse un
censo en Piura en 1840, los cuatro niños Grau Seminario (Miguel tenía 6 años), ya vivían
únicamente con su padre.

De esta manera puede establecerse que sólo tuvo una relación muy cercana con su madre y
medios hermanos maternos, en sus primeros años de vida, a tal punto que varios años después,
doña Luisa Seminario al hacer su testamento en 1873, niega tener hijos extramatrimoniales y no
menciona ni otorga herencia al joven Miguel Grau Seminario. Doña Luisa expresó lo siguiente:

“Declara que es de edad 73 años, natural de Piura, hija legítima de don Fernando Seminario y de
doña María Joaquína del Castillo sus padres ya finados que de Dios gocen. Declara que es
cristiana, católica apostólica, romana, bajo de cuya fe y creencias ha vivido y profesa vivir y
morir. Declaró que fue casada con don Pío Díaz de cuyo matrimonio tuvo tres hijos, de los
cuales viven nombrados don Roberto y don Emilio Díaz y la tercera que falleció casada, pero sin
sucesión, nombrada Balbina, los declaró a los dos por sus legítimos hijos y del expresado
marido. Declara que no tiene hijos naturales de ninguna clase...”

Doña Luisa sólo considera como hijos a sus legítimos: Roberto Díaz, militar que llegó al grado de
Coronel del ejército, y Emilio Díaz, marino que sirvió en diversos buques de la Escuadra
Nacional.

A pesar del distanciamiento de la madre y no ser criado junto a sus hermanos mayores, Miguel
Grau años después trató de mantener una relación fraternal con Roberto y Emilio Díaz, tal como
se puede apreciar en la carta que escribiría a Roberto durante la campaña marítima de la guerra
con Chile:
“Arica, 4 de septiembre de 1879. Señor Roberto Díaz .-Lima
Querido hermano: Estoy esperando noticias tuyas en vísperas de salir para sorprender al enemigo. Yo
cumplo con mi deber en cualquier circunstancia, siguiendo las instrucciones patrióticas del presidente
Prado y su apoyo decidido a mis iniciativas. Espero noticias tuyas y de los nuestros. No sabes el gusto
que me da leer tus cartas. Te abraza con todo cariño, tu hermano que te recuerda mucho. Miguel”

El alejamiento de su madre y familia materna sería otro hecho que marcaría la infancia de Miguel
Grau, quien llegó a ser padre de diez hijos Grau Cabero: Enrique, Miguel Gregorio, Juan Manuel
Pedro Oscar, Ricardo Florencio, María Luisa, Carlos Pedro, Rafael Leopoldo, Victoria, Elena y
Miguel; hijos a los cuales siempre demostró todo el afecto y preocupación, lo cual es evidente en
sus cartas enviadas a su esposa:
“No dejes que los niños salgan solos a la calle, y pocas veces a la puerta de la calle...Nada más que
pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre.
A Enrique después de saludarlo, dile que espero que se esté portando bien y estudiando con provecho
para complacerme y estimulándome a que lo premie. A Oscar y Ricardo diles lo mismo, y en general
hazles a todos ellos mil cariños a nombre de su papá"”
Niñez junto a su padre
“Yo no jugué de niño; por eso siempre escondo
ardores que estimulo con paternal cariño.
Nadie comprende, nadie, lo viejo que en el fondo
tiene que ser un hombre que no jugó de niño”.
“INTIMA” de José Santos Chocano

Los hermanos Grau Seminario fueron criados en Piura por su padre Juan Manuel, y además
vivían a pocas cuadras del hogar materno, donde se encontraba con sus medios hermanos.

Así como aprendió a extrañar el amor maternal, Miguel aprendió la educación de parte de su
padre, quien trataba de educar a su familia con orden, rectitud y disciplina propia del militar.

Nos cuenta Enrique López Albújar que durante la niñez de Miguel: “don Juan Manuel hacía
formar en círculo a sus hijos, tiernos aún, sin excepción de las mujeres, y que uno de ellos
pegase fuego a un montón de pólvora que había en el centro, mientras él, vigilaba para
sorprender quien era el medroso que había pestañeado al ruido de la deflagración. Y como
todos, hasta el futuro Contralmirante, no podían dejar de estremecerse y pestañar, don Juan
Manuel, fingiéndose indignado, acababa siempre diciendo: ¡No sirve! Hay que acostumbrarse a
no temblar. Hoy no hay dulces para nadie.”

Con motivo de participar en la guerra contra Bolivia en 1841, don Juan Manuel dejó encargados
a sus menores hijos a don José Torres, y a su comadre doña Rafaela Angeldonis, regresando a
Piura en 1842 y además siendo nombrado empleado de la Aduana de Paita, don Juan Manuel
decide llevar a sus hijos.

El local de la aduana, sirve para el control de comercio, desempeñando un papel importante en


el desarrollo económico de la región. Este edificio consta de dos pisos y un mirador en la parte
superior. En el primer piso funcionaron las oficinas administrativas y almacenes.

En Paita la actividad marítima comercial es intensa, siendo uno de los principales puertos
peruanos durante el siglo XIX. Los barcos que van entre Panamá y el Callao tienen que realizar
una escala en este puerto norteño para recoger provisiones.

Es en Paita donde el niño Miguel tuvo un acercamiento con la actividad marítima y mercante,
diariamente había gran tráfico de entrada y salida de barcos. Es en Paita donde Miguel
empezaría a ver el mar, donde aprende a amar la vida marinera, pasando varias horas en la
playa, donde sueña ser embarcado en una de las naves que siempre veía. Es en Paita donde
despierta su vocación naval.
La situación económica para don Juan Manuel se empezaba a complicar, y viendo la inclinación
de Miguel hacia la vida marinera, le propone que haga su primer viaje en la goleta “Tescua” de
su amigo Manuel Francisco Herrera. No es fácil la tarea de un marino: sortear temporales,
manejar remos, levantar velas, ejercitar músculos. Miguel acepta, es así que estando cerca de
cumplir los 9 años, en 1843 inicia su vida en el mar, la cual culminaría heroicamente en 1879 con
su sacrificio en el combate de Angamos.

Grau, ejemplo de virtudes


“Resulta Grau tan excepcional: precisamente por haber estado formado nada
más y nada menos que por las mejores y más simples virtudes que pueden
pedirse a un varón cabal… Enlaza así las más altas cualidades castrenses,
con las mejores virtudes de la vida civil. Honrado en el camarote y en la torre
de comando, lo es también en el salón y en el hogar. Es buen marino y,
asimismo, buen esposo”.
Jorge Basadre

Miguel Grau tuvo una niñez difícil, fue fruto de una unión complicada, cuyos padres luego se
separaron, Grau se sobreponía al alejamiento de la madre. A una edad en que muchos niños
juegan, Grau se embarcaba y comenzaba a recorrer el océano. Todos estos hechos dejaron
huella en su vida, los cuales serían plasmados en su futuro accionar.

Supo aprender de aquellas situaciones negativas, y las convirtió en ejemplo de vida: nacido en
época de revoluciones y levantamientos, de joven supo estar firme a la legalidad de la
Constitución; de la separación de sus padres, Miguel lograría formar un hogar bien constituido,
siendo un esposo fiel y atento; de la rudeza de su padre, supo convertirse en un padre amoroso.
Así como el acero se forja con golpes y calor, la vida de Grau pasó por varios momentos difíciles
que forjaron su carácter y dotaron de virtudes aquella alma, para servir de ejemplo a todos los
peruanos. Miguel Grau no surge en el combate de Angamos, Grau es el resultado de todas las
experiencias adquiridas desde su nacimiento, desde su primer hogar en Piura.

Referencias Bibliográficas
-Arosemena Garland, Geraldo “El Almirante Miguel Grau” 5ta edición, 1973.
-Thorndike, Guillermo “GRAU, Los hijos de los Libertadores” F Edit de Congreso del Perú, 2005.
-Moya Espinosa, Reynaldo “Grau, el peruano del milenio” Grupo editorial Megabyte, 2003.
-Marina de Guerra del Perú “Homenaje a Grau” Secretaría General de Marina, 1979.
-Briceño Berrú, José Enrique “El Caballero de los Mares: Vida, pasión y eternidad” Fondo editorial de la
UNMSM, 2010.

También podría gustarte