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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA – 1º cuatrimestre 2018

Jueves 3/5/2018 (17-19 hs.)


Prof. Gabriela Müller

Gorgias: Encomio de Helena

[Gorgias. El lógos como gran soberano en el Encomio de Helena. Violencia de la palabra.


Su valor terapéutico: el lógos phármakon]

Advertencia metodológica: Esta ficha debe leerse en conjunto con el texto correspondiente
de la “Antología de preplatónicos” (el segundo texto de la parte 3) y la bibliografía
secundaria indicada al final de esta ficha, ya que dichos textos no se repetirán aquí pero se
remitirá a ellos suponiendo que las/los estudiantes los tienen “a la vista”. Al final de la
ficha encontrarán también un breve cuestionario que los ayudará a preparar los temas de la
clase.

En la clase pasada comenzaron con el tratamiento de Gorgias: vieron algunos datos


introductorios sobre su vida y obra y leyeron uno de sus textos conservados, el tratado
Sobre el no ser (SNS): allí se desplegaban tres tesis (i. nada es; ii. si algo es, no puede ser
conocido o pensado; iii. si puede ser conocido o pensado, no puede ser comunicado o
transmitido) a través de las cuales se disolvía esa unión o fusión tan estrecha que había en
el pensamiento de Parménides entre la esfera del ser, la esfera del pensar y la esfera del
decir. Sobre todo era importante la tercera tesis (que es la que se mantiene y no se concede,
a diferencia de las otras dos) que culminaba con la imposibilidad de decir “lo que es”, es
decir, la imposibilidad de que el lenguaje describa o reproduzca la realidad. En la clase de
hoy vamos a ver un planteo un tanto diferente sobre el lenguaje pero que, lejos de ser
incompatible con este que vieron en la clase pasada (aunque hay autores que lo han visto
así), es más bien complementario: una vez cortada la posibilidad de que el lenguaje refleje
lo real, el lógos va a adquirir una nueva dimensión de máxima importancia, sobre todo si lo
pensamos en términos políticos.

El texto con el que vamos trabajar para abordar esta cara más bien constructiva del
pensamiento de Gorgias acerca del lógos es el Encomio de Helena (en adelante, EH). Este
texto, junto con otro titulado Defensa de Palamedes (en adelante, DP) se conserva en dos
manuscritos y fue incluido en la edición de los fragmentos de los presocráticos de Diels-
Kranz (es el fragmento número 11 de Gorgias: 82DK B11). En este sentido, estamos en una
situación un poco diferente de la que teníamos con Protágoras, ya que en el caso de Gorgias
nos han llegado obras (en el caso del tratado SNS, en dos resúmenes y, en el caso de estos
dos textos, EH y DP, a través de manuscritos) que le pueden ser atribuidas con bastante
seguridad; en consecuencia, no dependemos exclusivamente del testimonio de Platón para
reconstruir su pensamiento, como ocurría en el caso de Protágoras. No obstante, Platón

1
alude a Gorgias y sus doctrinas en muchos de sus diálogos e incluso este sofista aparece
como uno de los interlocutores principales en el diálogo que lleva su nombre: el Gorgias.

Tanto el EH cuanto la DF tienen un estilo muy diferente al del tratado SNS. Se trata de
textos que Gorgias pudo haber utilizado para promocionar sus actividades como maestro de
retórica y tienen sin duda un tinte provocador, de ruptura con la tradición anterior. Helena y
Palamedes eran dos personajes considerados de manera negativa por los poetas (Homero,
Hesíodo y los trágicos): Helena era considerada nada menos que la causante de la guerra de
Troya (por haber huido con Paris abandonando a su marido Menelao) y Palamendes era
visto como un traidor. Gorgias, en estas dos obras va a ocuparse de defender a estos
personajes de estas acusaciones. En este sentido, ambas obras podrían encuadrarse en uno
de los tres géneros discursivos distinguidos en la retórica antigua: el género judicial, que
trata sobre acciones pasadas para determinar si fueron justas o injustas. Las “defensas”
(apologíai, en griego) pertenecen típicamente a este género. Pero el EH, además de ser una
defensa de este personaje, es un “elogio” o “alabanza” (egkómio, en griego) y, en este
sentido, se trata de un texto que puede ser ubicado también en otro de los géneros
discursivos: el género epidíctico o demostrativo. En este género se incluyen las obras que
tratan también sobre hechos pasados pero para determinar si esos hechos pasados están
narrados por el orador de manera adecuada y bella o no y, por lo tanto, suponen el
asentimiento o disentimiento del auditorio a lo dicho por el orador. De hecho, el propio
Gorgias va a decir en el parágrafo 2 de esta obra que se trata de una epídeixis, de una
“demostración”. Entonces, el EH puede ser considerado una defensa de Helena, una
apología (y, en tal sentido pertenecería al género judicial), pero también es un elogio (y en
tal sentido pertenece al género demostrativo);1 y, como vamos a ver a lo largo de esta clase,
no sólo se va a elogiar a Helena sino también –y principalmente- se va a elogiar al lógos.
En este sentido, el elogio y la defensa de Helena que lleva a cabo Gorgias pueden ser vistos
como una suerte de pretexto para demostrar su pericia en el arte retórico, pero también para
realizar un encomio del lógos y mostrar el gran poder que tiene el lenguaje.

Otro punto a tener en cuenta es que Gorgias no va a defender a Helena cuestionando los
hechos que le atribuye la tradición, sino señalando que cualquiera sea la razón por la cual
Helena huyó con Paris ella es inocente. Entonces, Gorgias no niega la tradición sino que la
recupera, pero para concluir lo opuesto: Helena es inocente. No va a ofrecer una nueva
versión del relato sino que, sobre la base de los relatos tradicionales, va a demostrar que
Helena es inocente. Este elemento es fundamental ya que lo que está en juego es de qué
modo interpretamos ese discurso previo, ese lógos tradicional que hacía de Helena la
responsable de la guerra de Troya.

1
El tercer género que se distingue es el deliberativo o político, que se ocupa de acciones futuras para
determinar si son útiles o perjudiciales. Esta clasificación en tres géneros discursivos está establecida en la
Retórica de Aristóteles.

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Antes de empezar a analizar el texto, y para poder entender esta relación del lógos de
Gorgias con estos lógoi previos sobre Helena, conviene hacer una distinción entre dos
nociones de verdad (y de falsedad): (i) una tiene que ver con la adecuación o
correspondencia del discurso a lo real: un discurso va a ser verdadero en la medida en que
se corresponda con la realidad y si no se corresponde va a ser falso (por ej. si digo que la
mesa es verde eso va a ser verdadero si efectivamente la mesa es verde y va a ser faso si la
mesa es, por ejemplo, roja: si la mesa era verde pero luego la pinto de rojo, la afirmación
“la mesa es verde” que antes era verdadera pasa a ser falsa); (ii) la otra noción de verdad,
que Gorgias va a instaurar en esta obra, ya no tiene que ver con la adecuación a lo real,
porque esta posibilidad quedó descartada en la tercera tesis del tratado SNS, sino con la
coherencia interna del discurso: un lógos va a ser verdadero si es coherente. Es decir, la
verdad o falsedad de un lógos no va a depender de algo exterior al lógos mismo sino que se
trata de un criterio de consistencia interna del discurso, como si cada discurso constituyera
una unidad autónoma que no tiene que vincularse con lo real para adquirir verosimilitud o
verdad, sino que lo que tiene que hacer es ordenarse de cierto modo. Esto está planteado de
entrada en el texto, ya desde el parágrafo 1. Sin embargo, a lo largo de la obra Gorgias va a
utilizar los términos “verdad”, “falsedad” y “engaño” en más de un sentido y buena parte
del trabajo de la clase de hoy va a ser determinar a qué noción de verdad se está refiriendo
en cada caso. Para eso, conviene tener presente de antemano esta distinción:

(i) VA: Noción de verdad como adecuación descartada por Gorgias en la tercera
tesis del tratado SNS

(ii) VC: Noción de verdad como coherencia defendida por Gorgias en el EH

Vamos a comenzar a analizar el texto:

En el parágrafo 1 es muy importante la primera palabra, con la que Gorgias abre su


discurso: “orden” (en griego, kósmos). Este orden se manifiesta en diversos planos: la
ciudad, el cuerpo, el alma, la acción y el discurso. Nos interesa este último plano, el del
lógos, porque allí encontramos una clara definición de lo que Gorgias entiende por
“verdad”: “verdad es el orden (kósmos) del discurso (lógos)”. Se podría hablar de una
“verdad cosmética”, una verdad que se define como “el orden del lógos”. Si retomamos la
distinción que trazamos recién, se trata claramente de la segunda noción de verdad (VC) y
no de la primera (VA). Como contrapartida, un lógos falso va a ser aquel que carezca de
orden. En relación con este punto, otra cosa interesante de este primer parágrafo es la
crítica a la tradición anterior que censuró a Helena: para Gorgias estos discursos previos
caen en el error no porque digan algo que en realidad no pasó (lo que pasó o no pasó con
Helena no lo podemos saber y, aunque pudiéramos saberlo, no podríamos comunicarlo a
través del lógos: recuerden el planteo de la tercera tesis del tratado SNS) sino porque

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carecen de coherencia, de consistencia interna, porque las razones que dan para censurar a
Helena en realidad no la hacen culpable a ella sino, por el contrario, la liberan de toda
culpa. Esto es lo que va a tratar de demostrar Gorgias para elogiar y defender a Helena.

Este objetivo queda explicitado en el parágrafo 2 donde se repite esta crítica al lógos de la
tradición, que Gorgias va a refutar mediante un razonamiento (logismós). Aquí es donde
queda explicitada también la pertenencia de este Encomio al género epidíctico: Gorgias
dice que va a “exponer (epideîxai) que los que la censuran mienten, mostrar (deîxai) lo
verdadero y hacer cesar la ignorancia”. Nuevamente, cuando acá habla de “verdad” y de
“mentira” o “falsedad” (el término griego es el mismo: pseûdos) hay que tener en cuenta
que se trata de este nuevo criterio de verdad que Gorgias está presentado: VC. El discurso
de la tradición es un discurso ignorante, pero no porque se equivoque respecto de qué fue lo
que pasó (esto a Gorgias no le interesa en lo más mínimo porque el lógos no puede
expresarlo), sino porque es un lógos que carece de coherencia interna: culpa a Helena
aduciendo causas que, según Gorgias, no la hacen culpable a ella.

En los parágrafos 3 y 4, Gorgias se refiere a la importancia que la tradición atribuyó a este


personaje, Helena: su origen ilustre y divino, su belleza proverbial y la pasión que generó.
En el parágrafo 5 Gorgias dice explícitamente que no va a retomar lo que ya fue dicho por
los discursos anteriores: es algo sabido por todos y volver a decirlo no produce placer,
deleite. El tema del placer es importante porque todo lógos, para ser persuasivo, va a tener
que producir este efecto en quienes lo escuchan: esto se va a mostrar más adelante cuando
aparezca la referencia a la poesía. Aquí Gorgias dice que pretende ir con su lógos “más allá
del tiempo aquél” y creo que puede interpretarse esta expresión como un abandono de la
noción de verdad como adecuación (VA): los hechos del pasado no importan, lo que
importa es el discurso que construimos y su armonía u orden interno.

Sobre el final de este parágrafo Gorgias declara que se ocupará de las causas por las cuales
Helena pudo haberse ido a Troya. Las nociones de “credibilidad” (pístis) y de
“verosimilitud” (eikós) que aparecen aquí son importantes porque suponen un
reconocimiento por parte de Gorgias de que el discurso anterior de la tradición sobre
Helena generó estas explicaciones verosímiles y creíbles, que él va a retomar; pero lo que
no va a aceptar es que estas explicaciones hagan responsable a Helena de lo que se la acusa.
La palabra eikós (“verosímil”) pertenece al vocabulario técnico de la retórica y pone de
manifiesto nuevamente que a Gorgias no le interesa lo que pasó, no le importan los hechos
(como sí importarían desde el punto de vista de la VA), no le importa si éstas son de hecho
las cuatro causas posibles, sino que las retoma porque son las que fueron señaladas por
estos lógoi anteriores que generaron credibilidad: Gorgias va a intentar que su discurso sea
lo suficientemente verosímil y coherente en sí mismo para mostrar que el otro discurso es

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inverosímil e incoherente. En esa coherencia va a estar la verdad y la verosimilitud y en la
en la incoherencia va a estar la falsedad, según VC.2

En el parágrafo siguiente, el 6, se van a distinguir las cuatro causas de la partida de Helena


hacia Troya: (i) la primera tiene que ver con el plano divino: la fortuna (týkhe), los dioses
(theoí) o la necesidad (anágke), (ii) la segunda tiene que ver con la fuerza (bía) si es que
Paris la raptó, (iii) la tercera es la persuasión del lógos y (iv) la cuarta es el amor (éros).
Estas cuatro posibles causas suponen una sucesiva interiorización, es decir, un avance
desde lo más exterior (los dioses) hacia lo más interior (el sentimiento de amor). Y Helena
es defendida en cualquiera de estas cuatro circunstancias siguiendo básicamente el mismo
esquema: en cualquiera de los cuatro casos Helena es inocente porque opera un mismo
principio, que establece que lo más débil no se puede sustraer a la voluntad de lo más
fuerte, ya sean los dioses, la fuerza del varón, la palabra o el amor.

La primera causa se descarta rápidamente en lo que sigue de este parágrafo 6: si


intervinieron los dioses, Helena no es culpable porque no es posible que un humano (que es
más débil) se resista a lo establecido por lo divino (que es más fuerte). La segunda causa es
abordada en el parágrafo 7 y también se descarta rápidamente la responsabilidad de
Helena en este caso: si Paris la raptó por la fuerza, entonces él es responsable y no ella. A la
tercera causa, que es la que nos interesa, están dedicados los parágrafos siguientes: del 8 al
14. Y, por último, a la cuarta causa se le dedican los parágrafos 15 a 19. Sin duda, la tercera
causa, el lógos, es la más relevante para Gorgias porque a ella se le dedica la mayor parte
del texto. Por eso, podría considerarse que todo el EH es una alabanza del lógos y de su
poder y que este es el objetivo principal de Gorgias en esta obra y Helena es sólo una
excusa.

En la presentación de esta tercera causa en el parágrafo 6 hay un elemento interesante: en


la traducción que ustedes tienen dice “persuadida por las palabras”, pero también se podría
haber traducido “persuadida con las palabras”: en este segundo caso, el lógos no sería el
agente de la persuasión sino un instrumento y el verdadero agente es el hablante, el que
emite ese lógos (en este caso, Paris). Esto es importante porque la personificación del lógos
que se va a realizar en el parágrafo 8 puede hacer pensar que Gorgias está postulando un
lógos con una suerte de existencia independiente, como si fuera “hipostasiado”, pero esto –
creo- no es tan así: siempre detrás de un lógos, de un discurso, está el hablante, la persona
que lo dice, con sus creencias e intereses. Recuerden que Gorgias es un orador, un rhétor, y
que el ámbito en el cual despliega su lógos, en la Atenas de esta época, es el ámbito

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En el diálogo Fedro de Platón se presenta un tipo de retórica muy cercana a esta de Gorgias: “Algunas veces
ni siquiera es necesario decir lo que fue hecho si no fue realizado con verosimilitud (eikós), sino que es
necesario decir lo verosímil tanto en la acusación como en la defensa. Así, al hablar, se debe perseguir por
todos los medios lo verosímil, diciendo a menudo adiós a lo verdadero” (Platón, Fedro 272e). Sin embargo,
aquí se distingue lo verosímil de lo verdadero (en el sentido de la VA), mientras que para Gorgias lo verosímil
y lo verdadero coincidirían, desde el punto de vista de la VC.

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político: esto es algo que no hay que perder de vista porque es lo que a Gorgias le interesa
acá, a pesar de que parezca estar hablando de otra cosa (de Helena y por qué se fue a
Troya).

Pasemos, entonces, al parágrafo 8. Allí se dice que el lógos “persuade y engaña”: la


persuasión va a ser fundamental para explicar esta capacidad o poder que tiene el lógos.
Pero la persuasión está ligada al engaño: son dos cosas que van de la mano. Si la referencia
a lo real por parte del lenguaje ha dejado de ser posible, desde el punto de vista de VA todo
lógos va a ser engañador: ningún lógos va a poder reflejar o describir lo real. En principio,
todo lógos va a ser engañador porque no hay manera de que refiera a los hechos (esta es la
conclusión de la tercera tesis del tratado SNS). Ahora bien, desde el punto de vista de VC,
el lógos que sea coherente y verosímil va a ser verdadero y va a persuadir.

Entonces, esta aparente debilidad del lógos desde la perspectiva de VA, que hace que todo
lógos sea falso y engañador, va a constituir la principal fortaleza o poderío del lógos desde
la perspectiva de VC: el lógos tiene un poder que le es propio, que no es subsidiario de los
hechos; es un poder que no toma de otro lado más que de sí mismo. Y por eso a
continuación el lógos va a ser personificado, casi divinizado, y caracterizado como un
“poderoso soberano” (dynástes mégas). La palabra dynástes significa “poderoso”,
“soberano”, y está vinculada con la noción de dýnamis, que quiere decir “poder”,
“potencia”, “capacidad de” y que se usa también con un sentido político. Esto, a primera
vista, podría parecer incompatible con la tercera tesis del tratado SNS, pero en realidad no
lo es, como decíamos antes, si tenemos en cuenta estas dos posibles nociones de verdad que
distinguimos: en el tratado SNS se negó la posibilidad de que el lógos describa lo real (en
este sentido, se descartó la VA); y justamente porque el lógos perdió esta sujeción a lo real
puede ser todopoderoso, tal como se plantea en el EH. En este sentido, también hay una
suerte de inversión de la tesis parmenídea según la cual el ser era el soberano; Gorgias va a
ubicar en ese lugar de poder al lógos (por eso, en lugar de una “ontología”, para algunos
autores Gorgias estaría estableciendo una “logología”): una vez que el lógos se desprende
de su función descriptiva respecto de lo real, se abre esta dimensión performativa del lógos
que tiene que ver con el poder hacer, con la eficacia pragmática. El lógos coherente que
logra persuadir causa, produce toda una serie de impresiones en el alma: “hacer cesar el
miedo y mitigar el dolor, producir alegría y aumentar la compasión”. Reparen en que aquí
se enumeran todos efectos positivos del lógos, pero después vamos a ver que también el
lógos puede producir efectos negativos (y por eso va a ser equiparado con un phármakon).

lógos capacidad descriptiva rechazada en el tratado SNS

capacidad performativa establecida en el EH

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En los parágrafos 9 y 11 Gorgias se propone extender a todo lógos este poder casi mágico
que tiene, en principio, la palabra poética y los discursos de los inspirados. La definición de
la poesía como un “lógos con metro”, que produce toda clase de emociones y afecciones
(páthema) en quienes la escuchan a pesar de no ser verdad desde el punto de vista de VA
(piensen, cuando leemos un libro y miramos una obra de teatro o una película y nos
conmovemos a pesar de saber que no es algo que haya sucedido), le permite a Gorgias
mostrar de qué manera opera todo lógos. Lo que hace la palabra ahora es producir efectos,
pero para producir estos efectos se desligó de lo real: ya no es un lógos descriptivo que
tiene el ser como fundamento sino que, de alguna manera, crea realidad. Es decir, ya no es
un lógos que viene a dar cuenta de aquello que los sentidos atestiguan y es verdadero en la
medida en que se adecua a lo que es y es falso en la medida en que no se adecua a lo que es
(este es la perspectiva de VA, que se descarta), sino que a través de la palabra, si es
coherente, persuasiva y efectiva, se construye mundo. De ahí que se justifique el hecho de
aprender oratoria y, por lo tanto, la práctica de Gorgias queda legitimada.

En estos parágrafos aparece la noción de placer, tradicionalmente ligada a la poesía,


vinculada ahora a todo discurso. El generar placer será, de esta manera, un recurso
empleado por los oradores para constituir los discursos políticos. Gorgias, de alguna
manera, le confiere a la palabra retórica, al discurso construido con arte, todo este poder
casi mágico que se admitía que tenía la palabra poética. Para toda la tradición previa la
palabra poética tiene un poder especial, un poder estético, que es el que describe Gorgias
aquí. Lo particular de la tesis gorgiana es que confiere a todo lógos este poder del lógos
poético: hay una suerte de “estetización” de todo lógos y, fundamentalmente (si nos
atenemos a los testimonios del Gorgias de Platón), del lógos político, de manera que
Gorgias traslada criterios propios del ámbito poético al ámbito político. Por eso para Platón
va a ser tan peligroso este uso de la palabra, que se apoya en el deleite que causa y que deja
de lado el criterio de verdad entendida como VA.

En el parágrafo 11 aparece lo que podríamos llamar la “tragedia gnoseológica” en la cual


se asienta el poder del lógos. Puesto que estamos en una situación de precariedad total en
cuanto al conocimiento (no podemos recordar lo pasado, ni conocer lo presente, ni prever lo
futuro), es por eso que el lógos tiene este poder de afectar al alma: concretamente lo que
produce el lógos es un cambio en la opinión, en la dóxa. Lo que “hechiza” o “afecta” este
lógos retórico es la dóxa, aquello a persuadir es la dóxa, y esta persuasión se logra porque
estamos en una condición de precariedad gnoseológica. La dóxa, siguiendo en la tradición
eleática que retomará también Platón, aparece como un tipo de saber devaluado, inestable,
cambiante, vulnerable a la persuasión del discurso.

En el parágrafo 12 se señala un rasgo del lógos que nos remonta nuevamente a la segunda
causa señalada al comienzo: la violencia (bía). En este sentido, Gorgias se está oponiendo a
toda una tradición, que aparece en parte en Platón y en Aristóteles, que entiende que la
palabra y la persuasión se contraponen a la violencia. En cambio, la concepción de la

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persuasión que presenta aquí Gorgias está ligada a la violencia: la palabra ejerce cierta
violencia. No toda violencia se reduce a la violencia física, sino que también se puede
ejercer violencia mediante la palabra. En este sentido, las cuatro causas pueden ser
asimiladas: la violencia ejercida por los dioses, la violencia del hombre sobre la mujer, la
violencia de la palabra, la violencia de éros: en todos los casos siempre hay una fuerza a la
que alguien más débil no se puede resistir. Puesto que la palabra es una herramienta más de
poder, una herramienta de sometimiento: no podemos culpar al persuadido sino al que
persuadió.

En el parágrafo 13 se mencionan tres tipos de discursos que dan cuenta de esta persuasión
que genera la palabra y que produce una suerte de “impronta”, una “impresión” en el alma:
el verbo que se utiliza allí es typóo, que significa “imprimir un týpo, un modelo”. Este
verbo es parte del léxico de los artesanos, por ejemplo de los orfebres y de los que trabajan
con cerámica: quiere decir, entre otras cosas, “moldear”. Esto es lo que el lógos hace con el
alma: la moldea, le da forma. El primer tipo de discurso que da cuenta de esto es el de los
meteorólogos, aquellos que se ocupan de los astros. Pero podríamos considerar a este grupo
como representativo del discurso científico en general (por ejemplo, si vamos al médico y
nos dice que tomemos un remedio, le hacemos caso; si el servicio meteorológico nos dice
que va a llover, agarramos el paraguas). En la época de Gorgias, los fisiólogos, es decir,
aquellos que se ocupaban de estudiar la naturaleza, la phýsis, habían desarrollado toda clase
de explicaciones respecto de fenómenos imperceptibles y persuadían al resto de que era así
como decían. El segundo grupo está representado por los discursos judiciales, que tienen un
carácter “agonal”, son como un combate verbal: por ejemplo, para evitar una condena el
abogado tiene que recurrir a artilugios retóricos que sean convincentes para persuadir, sin
importar qué fue lo que pasó en verdad. De hecho, quien convenza al jurado es el que tiene
razón y como resultado del juicio queda establecido qué fue lo que pasó: es un claro
ejemplo de cómo los hechos o la realidad terminan siendo consecuencia de las palabras y
no al revés. Por último, se mencionan los discursos filosóficos, donde uno dice una cosa y
otro, otra y la opinión va de un lado para el otro: por ejemplo, cuando leemos un artículo y
el autor nos convence de lo que está diciendo, pero después leemos otro artículo que dice
otra cosa y nos convencemos de esto otro y así vamos pasando de una opinión a otra. Es
algo que les va a pasar mucho a lo largo de la carrera de filosofía.

En todas estas áreas se observa esta eficacia del lógos para lograr la variabilidad de la
opinión, que es persuadida de una cosa y luego de otra. Estos debates, en definitiva, dan
cuenta de que la verdad, entendida de la manera tradicional (VA), no está en ningún lado y
lo que pesa es la capacidad que cada uno tenga para convencer o para persuadir a los demás
mediante un discurso coherente (VC). Cualquier postura puede ser sostenida porque, en
definitiva, desde el punto de vista de VA, todos los discursos son igualmente engañadores:
ninguno logra describir o reflejar la realidad. Entonces, los discursos “científicos”, los de
los erísticos y los de los filósofos, todos ellos son igualmente falsos (desde la perspectiva

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de VA), pero logran engañar a la opinión, modelar al alma y persuadir: y si logran esto es
porque son coherentes (y, por lo tanto, serán verdaderos desde la perspectiva VC). Gorgias
está extendiendo estas características del lógos, tal como él lo concibe, a todos los ámbitos
dominados por la palabra: la ciencia, la justicia y la filosofía.

Finalmente, en el parágrafo 14 que cierra el análisis de esta tercera causa, aparece una
noción fundamental: el lógos como phármakon. El lógos es al alma lo que un phármakon
es al cuerpo (el lógos sería, así, una suerte de psicofármaco, un fármaco para el alma, para
la psykhé). Si en los parágrafos anteriores aparecían más bien los efectos positivos de la
palabra, aquí Gorgias explota la doble valencia de esta palabra (phármakon), que puede ser
traducida como “remedio” pero también como “veneno”, para hacer hincapié en que la
palabra puede causar los mejores beneficios pero también los peores desastres, equiparables
al envenenamiento y al hechizo (de hecho, en el texto hay un juego de palabras con el verbo
griego pharmakeúo, que significa “envenenar” y no “curar”). Estas analogías entre la
medicina y el arte de la palabra eran muy usuales en esta época: recuerden que esta
concepción del lógos phármakon también aparecía en la “Apología de Protágoras” del
Teeteto y reaparece también en el propio Platón. De hecho hay un texto de Derrida que se
llama La farmacia de Platón que se refiere a esta concepción del lógos como un
phármakon, que puede mejorar o destruir la vida.

Desde el parágrafo 15 al 19 se analiza la cuarta causa: el amor (éros). No vamos a analizar


este pasaje, pero pueden leerlo y advertirán que aparece un análisis de fenómeno de la
visión bastante similar al del lógos: a través del sentido de la vista el alma recibe una
impronta (en este caso, del cuerpo bello de Paris) a la cual no puede resistirse. En el
parágrafo 19 se barajan otras dos posibilidades respecto de esta cuarta causa: o bien que
éros sea un dios, en cuyo caso volvemos a la primera causa, o que sea una enfermedad
humana (anthrópinon nósema), en cuyo caso Helena debe ser más bien compadecida como
quien sufre una desdicha o tiene mala suerte.

Y para terminar, los parágrafos 20 y 21 le dan un cierre muy interesante al tratado.


Primero, se retoman las cuatro causas señaladas al comienzo pero ahora en el orden
inverso. En cualquier caso, es una injusticia censurar a Helena, como ha hecho la tradición,
ya que ella no es la responsable. El parágrafo 21 es muy interesante porque Gorgias declara
explícitamente qué es lo que ha logrado mediante su lógos: no sólo alabar a Helena y
quitarle su mala fama, sino también –y principalmente- permanecer dentro de la norma
(nómos) que él mismo se ha fijado. Aquí vemos una vez más de modo claro esta noción de
verdad como coherencia (VC): de lo que se trata fundamentalmente es de ser consecuente
con la norma que uno fija, como si cada discurso constituyera un juego independiente en el
que hay que ser consistente. Como ya dijimos, la verdad desde esta nueva perspectiva tiene
que ver con un cierto ordenamiento del discurso, con un cierto kósmos y no ya con la
relación con algo externo: la verdad como correspondencia de la tradición (VA) es
reemplazada por una verdad entendida como consistencia (VC), donde lo que importa es

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fijar una norma y permanecer fiel a ella. Por otro lado, cada discurso parece configurarse
como un juego independiente de otros juegos, con sus propias normas. Lo que produce el
efecto persuasivo y esta eficacia de la palabra es la coherencia y no la relación con lo
exterior.

La referencia final a esta obra como un juego (paígnion) nos recuerda además que este es
un mero ejercicio retórico: a Gorgias no le interesa defender a Helena sino mostrar o
demostrar (recuerden que se trata del género epidíctico) sus habilidades oratorias y
promocionar sus enseñanzas, de mucho provecho en el contexto político de la Atenas de su
época y quizás también en nuestros días.

Bibliografía obligatoria:

MARCOS, G., “Introducción y notas a: Gorgias, Encomio de Helena”, Buenos Aires,


Winograd, 2011, 11-21 y 46-69.

Bibliografía optativa:

SPANGENBERG, P., “Entre la poesía y la política: la retórica según Gorgias”, en LIVOV,


G.- SPANGENBERG, P. (eds.), La palabra y la ciudad, La bestia equilátera, Buenos Aires,
2012, pp. 157-178.

Cuestionario:

[Las preguntas son integradoras, por lo tanto se recomienda responderlas una vez
estudiados todos los contenidos desarrollados en las dos clases sobre Gorgias y luego de
haber leído la bibliografía secundaria indicada]

1. ¿Cómo se define la verdad en el parágrafo 1 del EH? ¿A qué otra noción de verdad se
contrapone?

2. ¿Cómo se caracteriza el lógos en el parágrafo 8? ¿Cuáles son sus “poderes”?

3. ¿Qué características de los diferentes tipos de discursos (poético, científico, jurídico,


filosófico) retoma Gorgias para transferirlas al lógos en general?

4. ¿En qué sentido el lógos se equipara a un phármakon?

5. ¿Cómo se puede relacionar la tercera tesis del tratado SNS con la concepción del lógos
defendida en el EH y la noción de verdad que se presenta en esta obra?

6. ¿Qué implicancias políticas tiene la concepción del lógos presentada en el EH?

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Material didáctico de circulación interna de Historia de la filosofía antigua, Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de Buenos Aires.

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