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INTRODUCCION

Desde hace apenas unos pocos años, ha comenzado a introducirse en el


lenguaje común, del hombre de la calle, términos como “transgénicos” o
“alimentos transgénicos” cuya sola mención induce, cuanto menos, desconfianza
y muy a menudo un debate social con opiniones controvertidas y no pocas veces
interesadas, según cual sea el origen de las mismas. En cualquier caso, lo que
no admite duda es que cualquier avance científico que permita al hombre
producir mayor cantidad y mejor calidad de alimento, siempre en condiciones de
seguridad.
Debe de ser bien recibido, pues no se puede olvidar que, a fecha de hoy, millones
de seres sufren y mueren como consecuencia del hambre en extensas regiones
del mundo. Según la FAO, se espera que la Agricultura permita alimentar una
población humana en constante aumento, que para el 2020, se calcula en unos
8 mil millones. Dentro de estos, más de 840 millones de seres humanos pasan
hambre y unos 1.300 millones carecen de agua limpia, igual número que los que
se considera que sobreviven con menos de 1 dólar al día. La Biotecnología, de
la que surgen los alimentos transgénicos y otros organismos y microorganismos,
aporta directa e indirectamente una influencia incuestionable y puede ayudar
decididamente a paliar estos efectos.
Sin cuya comprensión sería imposible entender los fundamentos que permiten
la obtención de este tipo de alimentos. Brevemente, también, nos ocuparemos
de la metodología científica que se pone en práctica con el propósito de obtener
alimentos transgénicos y, finalmente, realizaremos un rápido recorrido por la
situación actual y sus previsiones a corto y largo plazo.
El siglo XX ha sido particularmente fructífero en logros que se refieren al
conocimiento del funcionamiento de los seres vivos (animales o
microorganismos) en sus hábitats naturales pero, sobre todo, ha quedado claro
que todos los seres vivos tenemos en común un tipo de macromoléculas
orgánicas denominadas ácidos nucleicos (ácido desoxirribonucléico -ADN- y
ácido ribonucléico -ARN-) que constituyen el elemento central, la unidad
molecular de la Biología. En ambas se sitúa la esencia de la vida y su proyección
desde los padres a los hijos en forma de herencia.
El ADN se dispone en forma de una doble hélice formada por dos hebras
(cadenas) complementarias y antiparalelas (poseen sentido contrario, en una 5’-
3’ siendo 3’-5’ en la otra) que permanecen unidas por enlaces entre las bases (la
adenina se une a la timina y la citosina lo hace con la guanina). Cada nucleótido
se identifica por su base nitrogenada y un triplete (3 nucleótidos)
Las secuencias funcionales del ADN, que están en el origen del proceso de la
síntesis proteica, constituyen los genes y el conjunto de genes forman los
cromosomas (un cromosoma en el caso de las bacterias o varios cromosomas
en el caso de los animales y el hombre). No todo el cromosoma son secuencias
funcionales (genes funcionales) sino que existen fragmentos que no lo son;
incluso hay genes que no llegan a expresarse en el curso de la vida del individuo
con un propósito concreto. Este es, sin duda, un punto particularmente
importante en los términos que aquí nos interesan, pues mientras que en los
procedimientos de mejora tradicional de plantas o animales, la selección de los
mejores y los más aptos para una determinada finalidad, es un proceso lento
(habitualmente se necesitan decenas o centenares de años bajo la dirección del
hombre o miles de años si es la naturaleza quien se encarga del proceso de
forma natural) y muy laborioso, en el que no siempre se consigue el objetivo (en
el proceso de selección se arrastran muchos genes indeseables, que es preciso
eliminar mediante cruces dirigidos y la consiguiente selección)
mediante la Ingeniería Genética se puede modificar con total precisión un solo
gen o incorporar uno nuevo, siendo a la vez el proceso “mucho más limpio y
preciso” y, naturalmente, mucho más rápido. El sistema de selección aplicado a
la mejora animal o vegetal, ejecutado con fundamentos científicos, se desarrolló
a partir de los trabajos del monje austriaco Gregorio Mendel (1822- 1884), quien
haciendo gala de una extraordinaria capacidad de observación llevó a cabo, con
éxito, una serie de experimentos con plantas de guisantes en el jardín de su
monasterio, que le permitieron enunciar las tres leyes fundamentales de la
herencia, en adelante denominadas Leyes de Mendel
Primera: Cuando se cruzan dos variedades puras de la misma especie todos los
hijos son iguales y pueden parecerse a uno u otro de los progenitores, o a
ninguno.
Segunda: cuando se cruzan entre sí los híbridos de la primera generación, los
hijos pueden pertenecer a uno de tres grupos: una cuarta parte -25%- se parecen
a su abuela, otra -25%- a su abuelo y la mitad -50%-, a los padres.
Tercera: cuando las dos variedades de partida difieren entre sí en dos o más
rasgos, cada uno se transmite según las dos primeras leyes,
independientemente de las demás, aunque aquí pueden darse excepciones
motivadas, por ejemplo, por los denominados caracteres ligados al sexo).

QUE SON LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS


Estamos en condiciones de entender, ahora, que los alimentos transgénicos son
los “alimentos obtenidos a partir de/con la participación de seres vivos (plantas,
animales o microorganismos) que han sido manipulados genéticamente
mediante la incorporación, o la inactivación, o la supresión de genes, lo que
modifica su genoma; en el primer caso, procedentes de la misma o de distinta
especie”. Como se puede observar, tales posibilidades exceden de la que implica
un “transgénico” (literalmente supone la incorporación de un gen nuevo un
transgen en el genoma de un ser vivo), por lo que muchos de los expertos
consideran más apropiado referirse a “organismos manipulados genéticamente”
(OMG) pues esa manipulación no excluye ni la transgénesis, ni la modificación
(por ejemplo inactivación de uno o de varios genes), aunque (como tantas veces
ocurre) el uso del término “transgénico” ha calado tan hondo entre los usuarios
que en la práctica implica ya todo. Según el Grupo de Trabajo de Bioseguridad
de la FAO (1998), los OMG incluyen manipulaciones cromosómicas,
transferencia de genes, fusión o reordenamientos, destrucción, inactivación o
pérdida de genes, transplante de organelas celulares, fusión celular, transplantes
nucleares o clonación de organismos multicelulares a partir de cultivos de células
o de embriones insertados con genes nuevos. Las técnicas de transgénesis
(producción de transgénicos) fueron utilizadas por primera vez en los animales
en 1981 y al cabo de poco tiempo en las plantas. Las primeras pruebas con
cultivos transgénicos de tabaco se llevaron a cabo casi de forma simultánea en
Francia y en los Estados Unidos en 1986 y, unos años más tarde, en 1992, se
comenzó a cultivar en China una planta de tabaco transgénico resistente a
ciertos virus, cuya comercialización fue iniciada en 1993. 10 un avance
espectacular en la carrera de producción de alimentos transgénicos se produjo
en 1994 cuando la empresa Calgene (hoy integrada en Monsanto) comercializó
el tomate denominado Flavr-Savr (o tomate ‘MacGregor’) en el que mediante
Ingeniería Genética se había modificado su aspecto, su sabor1 y, sobre todo, el
tiempo de maduración y conservación (ver después). Desde 1996 hasta la fecha,
en muchos países, pero de forma particular en los Estados Unidos, Canadá y
Japón, ha sido continua y progresiva la aparición de marcas de cereales
modificados
PARA QUE SIRVEN
¿Qué tipo de genes se utilizan en los cultivos y productos transgénicos?
Los cultivos y alimentos transgénicos actualmente en el mercado incorporan
básicamente genes de bacterias, pero las posibilidades son muy amplias. Se
investiga con genes de ratones en cerdos, genes de pescado en tomates, genes
humanos en arroz y un largo etcétera.

¿En qué se diferencian de un híbrido o de la mejora tradicional?


Durante siglos se ha utilizado el cruce de los mejores ejemplares de cada
especie para mejorar los cultivos y las razas ganaderas entre una misma
especie. Pero los cultivos y alimentos transgénicos son diferentes: se saltan las
barreras entre especies, introduciendo en ellos genes de especies que no
podrían cruzarse en la naturaleza.

¿Son los transgénicos comerciales resistentes a las sequías?


No. Las únicas características presentes en los cultivos transgénicos
comerciales son: la tolerancia al herbicida glifosato; la resistencia a plagas, y una
mezcla de las dos.
No hay cultivos transgénicos comerciales resistentes a la sequía, o tolerantes a
la salinidad, no los hay más productivos ni más nutritivos.
Los cultivos tolerantes a herbicida son los más extendidos. Representan más del
80% de los cultivos transgénicos del mundo. Permiten aplicar grandes
cantidades de glifosato, un herbicida comercializado también por la multinacional
Monsanto cuya toxicidad está ampliamente demostrada. Pero, además, el uso
de estos agroquímicos está desencadenando la adaptación de plagas y malas
hierbas, que van haciéndose resistentes a los agroquímicos.
¿Qué tipo de cultivos transgénicos existen?
Son pocos: básicamente soja, maíz, algodón y colza, que suponen
prácticamente el 100% de la superficie cultivada con OMG a nivel mundial.
¿Oponerse a los cultivos y alimentos transgénicos supone oponerse a la ciencia
o a las aplicaciones médicas de la biotecnología?
No. La ingeniería genética es una herramienta muy importante en campos como
la medicina o la investigación básica. Hay muchos medicamentos obtenidos
mediante ingeniería genética, pero en ambientes confinados, sin contacto con el
exterior.
Con los alimentos y cultivos transgénicos estamos liberando al medio ambiente
e introduciendo en nuestra alimentación seres vivos de los que se conoce muy
poco, desde cómo interactúan en un ecosistema complejo hasta sus posibles
consecuencias en la salud.

VENTAJAS
Ya de pleno en el campo de la agricultura, las ventajas de los transgénicos son
bastante evidentes: mayor resistencia a las plagas, aumenta de la productividad
y la introducción de nuevas características.
Debemos tener en cuenta que la población mundial aumenta y que alimentarla
puede convertirse en un problema. Por elo deben plantearse métodos
de producción eficientes y oportunos. Aquí la Ingeniería Genética debe jugar un
gran papel. Para los defensores de los transgénicos, la agricultura tradicional no
es una solución a largo plazo ya que continúa erosionando y empobreciendo
los suelos, contaminando los matos freáticos y ampliando la frontera
agrícola, en detrimento de bosques y selvas. En este sentido, los
transgénicos incrementan el rendimiento (por lo que no es necesario
ampliar terreno agrícol), disminuyen el uso de agroquímicos y reducen
la pérdida de cosechas. También, las nuevas técnicas permiten
cosechas tolerantes a sequía y se está avanzando en la investigación
que permitirá la resistencia a metales pesados y al aluminio, muy común
en suelos ácidos de los trópicos. Esto último dará alimento a zonas donde
se concentra pobreza, ecosistemas frágiles.
Así, destacamos como ventajas de los transgénicos:
• Alimentos con mejores y más cantidad de nutrientes.
• Mejor sabor en los productos creados.
• Mejor adaptación de las plantas a condiciones de vida más deplorables.
• Aumento en la producción de los alimentos con un sustancial ahorro de
recursos. La dificultad de garantizar la alimentación de la creciente
población es una realidad que debe ser tenida muy en cuenta.
• Aceleración en el crecimiento de las plantas y animales. Una vez
aislado el gen que se utilizará para la transformación, se disminuye
el tiempo para producir una nueva variedad respecto al sistema tradicional.
• Mejores características de los alimentos a la hora de cocinarse.
•Capacidad de los alimentos para utilizarse como medicamentos o vacunas
para la prevención y el tratamiento de enfermedades.
•Reducir el uso de pesticidas. Tan sólo el uso del gen Bacillus
thuringiensis en algodón, ha disminuido el uso de insecticidas de forma
brutal así como evitar que miles de productores y múltiples especies
sean víctimas de envenenamiento. Esto supone un ahorro económico en
herbicidas e insecticidas así como una reducción del índice de
envenenamiento de agricultores.
•Las principales ventajas que ven los agricultores son menos suelo,
menos agua, menos energía. Por tanto, beneficios directos que hacen la
actividad más rentable y competitiva. La modificación genética de muchos
vegetales para provocar su resistencia

•A una o varias órdenes de insectos ha permitido un menor uso de


insecticidas en los campos lo que supone una mejora del cultivo y
de la salud de los trabajadores que lo manipulan, permitiendo así la
vuelta de los insectos beneficiosos para el campo.
Los cultivos transgénicos presentan mayor resistencia a climas y
terrenos adversos, lo cual es una posible solución al problema de
reducción en las cosechas y el hambre en muchos territorios.
Hay claros indicios de que la próxima generación de cultivos transgénicos
se orientará a liberar organismos que beneficien al consumidor a
través de productos de mayor calidad nutricional (cultivos biofortificados)
con incremento en contenidos de vitaminas y aminoácidos y con la
disminución de ácidos grasos saturados.
Gregory Jaffe, director de biotecnología en el Centro para la Ciencia
en el Interés Público asegura que: “Los cultivos transgénicos actuales son
seguros para comer y su plantación no entraña riesgos para el entorno”.
Según la Organización Mundial de la Salud: los diferentes organismos
genéticamente modificados incluyen genes diferentes insertados en
formas diferentes. Esto significa que cada alimento GM (genéticamente
modificado) y su inocuidad deben ser evaluados individualmente, y que no
es posible hacer afirmaciones generales sobre la inocuidad de todos
los alimentos GM. Los alimentos GM actualmente disponibles en el
mercado internacional han pasado las evaluaciones de riesgo y no es
probable que presenten riesgos para la salud humana. Además, nose
han demostrado efectos sobre la salud humana como resultado del
consumo de dichos alimentos por la población general en los países donde
fueron aprobados.
Durante las últimas décadas, se han realizado cientos de estudios para
aclarar la viabilidad de estos productos, muchos de ellos, financiados
por la Unión Europea. Todos han llegado a la conclusión de que la
seguridad de las nuevas plantas es similar a la de las tradicionales.
Añadir a esto que, los alimentos elaborados de forma tradicional no se
analizan con el mismo rigor que cuando se trata de productos de origen
transgénico que son escrupulosamente examinados. Se puede tardar
entre 10 y 15 años desde la obtención de un nuevo alimento
modificado hasta que se autoriza su comercialización con tdas las garantías
pertinentes.
Por su parte, los científicos resaltan que el peligro para la salud se
ha estudiado pormenorizadamente en todos y cada uno de este tipo de
productos que hasta la fecha han obtenido el permiso de comercialización
y que sin duda, son los que han pasado por un mayor número de
controles

PERJUICIOS
Lamentablemente, no nos benefician desde el punto de vista de la salud y la
nutrición.
Van en contra de la selección natural de Charles Darwin
Van en contra de la recombinación genética
Como son más resistentes a factores naturales matan a otras especies
Si se traslada a otros sitios pueden alterar el ecosistema
CONCLUSIÓN
La bioética debería ser una instancia de reflexión y de diálogo, directo y abierto,
entre todas las partes involucradas, que permita reconocer diferencias de fondo
que tienen que ver con la justicia, la equidad, la autonomía de los pueblos
originarios y su relación con la naturaleza: diferencias culturales que hay que
respetar, más allá de pensar solamente en la rentabilidad económica de los
posibles productos obtenidos. Se recomienda dar importancia y valor a los
conocimientos tradicionales y revisar los marcos jurídicos y legales en los países
latinoamericanos, de forma que incorporen una real y efectiva protección de los
recursos genéticos provenientes de la naturaleza.
La obligación de los estados y organismos internacionales es velar por la
protección y uso sostenible de los recursos biológicos y genéticos existentes en
los territorios nacionales, así como cuidar que los conocimientos tradicionales
sean valorados en la cadena de producción científica.
La bioética reflexiona sobre el papel de la regulación y la necesidad de regular
mecanismos sociales, pero la regulación debe ser local y global. No es suficiente
que en un país se regule, porque en las normas internacionales de transferencia
de productos, se incumplen compromisos de liberación del mercado que
favorece al de alimentos transgénicos. De nada sirve tener unas reglas muy
estrictas en un país si no se negocian al mismo tiempo en el resto de las
naciones. Se necesitan encontrar mejores formas de regular los desarrollos
biotecnológicos para que haya un beneficio real para los distintos países, para
que crezca verdaderamente la economía, para que se solucione el problema del
déficit de alimentos de manera segura y eficaz.
La ley como sistema normativo tiene la función de salvaguardar el orden y la
propiedad en la sociedad, lo que apunta a su justificación mediante principios y
argumentos basados en la moral para poder ser aceptada. En el campo del
patentamiento de organismos vivos, existen consideraciones éticas a tener en
cuenta y la bioética tiene el papel de reflexionar sobre los límites a las patentes
y el alcance de la protección de variedades autóctonas para salvaguardar el
interés público y los derechos de grupos específicos.
Hoy día se habla de desarrollo sustentable como forma de mejorar las
condiciones de vida, pero respetando la naturaleza en la interacción con ella. “El
desarrollo sustentable es el desarrollo que tiene en cuenta las necesidades del
presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer
sus propias necesidades. Este desarrollo supone dos conceptos clave: el
concepto de ‘necesidades’, en particular las necesidades básicas de los pobres
del mundo, que son las que deben considerarse prioritarias; y la idea de la
‘limitación’ impuesta por el estado de la tecnología y la organización social en la
capacidad medio ambiental de satisfacer las necesidades presentes y futuras

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