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Historia de las elecciones en la Argentina 1905-2011

H. Sábato, M. Ternavasio, L. De Privitello, A. Pesello

Introducción

Las elecciones del siglo XIX han sido calificadas como preeliminares o imperfectas y esto ha impedido ver
como las ideas de los hombres de esa época se plasmaban alrededor de la cuestión electoral. Además, de no
entender cabalmente esto, se hace difícil comprender luego el siglo XX y sus reformas. Analizar en torno al
voto no debe arrojar una sucesión de relatos relacionados con lo cuantitativo, lo jurídico o la transparencia,
sino como una representación política del momento. No son lo mismo las reformas de 1912 que las que
intenta el peronismo en 1947.

La era de las reformas

Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX existía acuerdo en cuanto a la necesidad de reformas. Este
imperativo reformista nace de la convicción de que una poderosa brecha se ha abierto entre la sociedad y la
política. El cierre de esa brecha se convirtió en el objetivo último de los reformistas de 1902 y 1912, a través
de la implementación de la verdad del sufragio. Este cambio buscaba reinstalar a la sociedad por sobre la
política. A pesar de haber consenso con el diagnóstico, no lo había en las características concretas de las
reformas.
¿Cuáles eran las causas de los aires reformistas? Básicamente la complejización de la sociedad.
Luego de la Revolución del 90 la política fue mucho más volátil y además la sociedad misma había crecido y
se había complejizado. Era mentira eso de que la argentina era un desierto al que había que cubrir con
proyectos de los años 60 o 70, las demandas eran otras. Por eso la necesidad de reformas.

La reforma de 1902. Los intereses como garantía del orden

La primera batería reformista fue encarada por el segundo gobierno de Roca y no se limitó solo a lo
electoral sino que estableció el servicio militar obligatorio (vigente hasta 1994), el Código de trabajo
(que no fue aprobado) y la ley electoral (solo utilizada en 1904).
La reforma venía a imponer una idea totalmente renovada de lo que era el voto, en tanto era también la
propia idea de la política la que venía a modificarse a través de esas normas. El nuevo sistema dejaba fuera el
sistema de mayoría, por otro de circunscripción uninominal. Para ello, se proponía dividir a la Argentina
en tantas circunscripciones como diputados a elegir, es decir 120. Por ejemplo, la capital fue dividida en 20
circunscripciones, donde en cada una de ellas se elegía 1 diputado por mayoría simple.
El proyecto también modificaba el mecanismo de inscripción en los padrones, tarea asignada a los
municipios hasta ese momento y otorgada a comisiones formadas por tres ciudadanos sorteados entre los
veinte mayores contribuyentes de cada circunscripción; el establecimiento de la edad mínima para votar en
16 años, elevada luego a 18 por el Congreso y una simplificación del trámite de naturalización de
extranjeros, rechazada también. Quintana, el presidente (1904-1906) volvió a la normativa anterior.
Respecto del voto uninominal Joaquín V. González sostenía que era para que haya relación mas
directa entre representante-representado y no solo una mera división aritmética. En cuanto a la
pluralidad, sostenía que la misma heterogeneidad de las circunscripciones la garantizarían.
En este sentido, pueden identificarse dos ataques a este sistema:

 Seguía siendo un sistema de mayoría, por lo cual no garantizaba la representación de todos los
sectores.
 Es excesivamente localista y pierde de vista representaciones, por ejemplo, provinciales.

La reforma de 1902 no puede ser vista como un antecedente de la de 1912. Comparte con ella la
preocupación reformista y un cierto diagnóstico negativo acerca del estado de la política y de los mecanismos
de representación pero no coincidían en la concepción general de la sociedad.

La prueba electoral de 1904

La prueba de la nueva ley se hizo en las elecciones de 1904, que elegía al sucesor de Roca y la mitad de la
Cámara de Diputados. La preocupación no radicaba en el mecanismo electoral, sino en que el gobierno seguía
ejerciendo el control de los recursos. La ley no había modificado nada en eso.
En Buenos Aires la cosa era distinta, dado que su densidad hacía más difícil el control de todo el electorado.
En cada circunscripción los caudillos negociaban los votos independientemente de su estructura partidaria. El

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diagnóstico de la reforma fue negativo. Ni la elección de Palacios, socialista, Diputado por La Boca y
presentado por el roquismo como ejemplo de las bondades de la reforma cambió esa percepción.

La reforma de 1912. A la búsqueda del alma de la nación

La denominada “Reforma Sáenz Peña” no era una, sino tres leyes:

1. Ley de Enrolamiento General


2. Ley de Padrón
3. Reforma Electoral

Las dos primeras tenían por objeto dar por tierra la manipulación electoral, ya que la confección de padrones
hasta ese momento estaba en manos de los municipios y los jueces de paz. Las leyes le encomendaron la
tarea a las FF.AA. dada su apolítica, luego los padrones eran enviados a la justicia electoral.
A pesar de ser muy extensa, la reforma electoral tenía tres elementos fundamentales:

1. La obligatoriedad,
2. El secreto,
3. La representatividad de la minoría.

La lista incompleta: la contradictoria aparición del pluralismo político

Los reformadores del 12 también creían que existía una fractura entre sociedad y política, que debía ser
eliminada como condición previa para el desarrollo de una vida política virtuosa. Sin embargo había tres
diferencias básicas respecto de la mirada hacia la sociedad,

1. La primera, como que la sociedad no es preexistente a la política, sino que la sociedad existe como tal
en tanto es una colectividad política.
2. En segundo lugar, esa colectividad estaba compuesta por individuos libres, iguales y razonables.
3. La tercera diferencia es que ese pacto remitía a la conformación de un sujeto único e indivisible.

La reforma del 12 introdujo una crucial novedad sobre este esquema: el sistema de pluralidad de sufragios se
convirtió en un sistema de mayoría y minoría, también llamado lista incompleta. En adelante, si eran 9 los
candidatos a elegir en un distrito, cada elector tenía el derecho a votar solo 6, y los 3 restantes ingresarían
por la minoría. Este fue el punto mas acalorado de la discusión, ya que para algunos era inconstitucional dado
que la carta magna sostenía que la elección era “a simple pluralidad de sufragio”.

“Los nombres de los partidos están mal puestos”

Rodolfo Rivarola hizo la siguiente caracterización de los partidos. Los partidos llamados Radicales en los
países de organización democrática, aspiran a cambiar de raíz las instituciones en las sociedades modernas. El
partido Radical argentino tomó el nombre de circunstancias luego de la Revolución vencida del 90 y se declaró
intransigente con el Partido Autonomista, con una intransigencia radical. Si su programa es el de la
Constitución Nacional, el sostenimiento del culto católico apostólico romano, la organización de la familia y de
la propiedad según el Código Civil como un libro santo, es un partido más bien conservador.
Tampoco el Partido Socialista tiene una denominación adecuada a su programa y a su acción: es un partido
radical moderado. El socialismo es una concepción de la organización social filosóficamente opuesta al
individualista. El partido socialista nunca asustó al conservador de orden capitalista. Sus aspiraciones de
reformas constitucionales pueden ser compartidas por cualquier individualista.
El Partido Conservador está sujeto a una doble objeción: 1° no es un partido y 2° que no es conservador.
El nombre que ha tomado es de Partido Autonomista Nacional. No es conservador, todo lo contrario. Ha
sido progresista, reformista, centralista, aristocrático. No confió jamás en el sufragio universal.

El secreto y el ciudadano-individuo abstracto

El objetivo mas inmediato era evitar que el elector fuera presionado a la hora de la elección; de esta
manera se pretendía imponer una barrera a las máquinas electorales que así perdían su capacidad de
controlar al sufragante. El cuarto oscuro consolidaba esa idea de voto esencialmente individual.

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Las habitaciones donde los electores pasan a encerrar su boleta en el sobre, no puede tener mas que una
puerta utilizable, sin ventanas y con luz artificial si es necesario. El elector no debe ser visto, ni ver a
nadie de afuera.

La obligatoriedad y el “sufragio universal calificado”

Una habitual confusión respecto de la reforma de 1912 es que esta habría implantado en Argentina el voto
universal. Sin embargo, desde la aprobación de la Constitución nacional y de las primeras leyes electorales
que le siguieron, el derecho de sufragio fue siempre reconocido para todos los varones argentinos
nativos o naturalizados de más de 18 años. Esta confusión se desprende de la no distinción entre la
existencia de un derecho y el ejercicio de ese mismo derecho. También es sencillo advertir que la
definición de universalidad a la que se refieren las leyes del siglo XIX o de la reforma del 12 no es la misma
que hoy en día. Las mujeres, por ejemplo, no eran consideradas electoras. Tampoco tenían derecho de votar
los extranjeros. En este caso por la categoría de ciudadano y argentino eran equivalentes. Tampoco podían
votar los que tenían residencia en Territorios Nacionales. La Reforma de 1912 no modificó ninguna de estas
normas y se mantuvo la noción de universalidad de 1853.

La cuestión del analfabetismo

El analfabeto no está obligado a votar, aunque nadie puede bloquear su derecho a hacerlo. Esta doble
dimensión del programa de la educación del soberano, junto con el imperativo pedagógico que la acompaña,
perdurará hasta nuestros días.

La reforma en marcha: los años radicales


1916: la consagración del cambio

Tradicionalmente se descuenta que la victoria radial de 1916 es producto directo de la reforma de 1912.
En tanto la UCR es ganadora gracias a la participación de una mayoría excluida. Sin embargo, se trata de
uno de los resultados electorales más difíciles de explicar de toda la historia Argentina.
La intervención de la maquinaria estatal no tenía necesariamente que retroceder por la presencia de la ley,
además las provincias tenían sus propias legislaciones y eran controladas por los conservadores. El propio
Yrigoyen sospechaba de la reforma. A diferencia de lo ocurrido con la reforma de 1902, Sáenz Peña usó todo
su poder como presidente para enfrentar los dispositivos electorales tradicionales.
Esa actitud del presidente es una parte de la explicación del triunfo radial, además que los conservadores no
conformaron un bloque nacional únicos, como si lo hizo la UCR. La primera prueba de la nueva ley fueron los
comicios de 1912, de renovación de diputados en Santa Fe. El propio Yrigoyen recorrió la provincia aunque el
no participaba, pero ya se perfilaba como una figura nacional.

La publicidad partidaria y los gastos de campaña

El uso de alguna cartelera, llenar de pegotes las paredes y no mucho mas. Calculando que los 6 partidos en
lucha hayan instalado un comité en cada una de las circunscripciones, que son 20, daría por resultado 120
locales, mas 80 de los candidatos independientes, serían 200, que a 100 pesos por mes serían 20.000 pesos,
y como estos locales se alquilan al menos por 3 meses daría que solo en concepto de alquiler se gastaron
60.000 pesos de la Nación. Amueblarlos no salió menos de 40.000 pesos, en fotografías de publicidad para
conocidos, 12.000 pesos. En carteles, fijación y engrudo 30.0000, en papel, sobres, tinta y franqueo 60.0000.

Las elecciones bajo los gobiernos radicales

La norma garantizaba la transparencia, y la UCR manifestaba esa voluntad. Sin embargo, la historia de las
prácticas electorales no parece someterse a estas visiones. El propio Yrigoyen se hacía cargo de las denuncias
que siguieron a la elección de renovación de diputados y dicta un decreto que autoriza la firma de los sobres
por parte de los fiscales. Ya se reconocía que la ley no era suficiente para evitar el fraude: trueque de urnas,
falseamiento de actas, arbitrio de las juntas electorales, etc.
Si bien la reforma de 1912 trajo consigo una mayor relación entre el resultado y la opinión de la gente, no fue
solo la opinión la determinante en los resultados. Yrigoyen entendió enseguida que un resultado también
depende de ciertos mecanismos. Por eso muy tempranamente desarmó la maquinaria conservadora para
montar una de la UCR. El avance sobre los gobiernos provinciales comenzó ni bien llegado a la presidencia y
para ello se valió de una herramienta ya conocida: la intervención federal. En 6 años se realizaron 20

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intervenciones. La más importante fue la de Buenos Aires, producida en Abril de 1917. Más allá de la
importancia de los recursos provinciales como prebenda electoral, no en todas las provincias se actuó igual.

La participación en las elecciones

Tomemos el caso de una las más importantes innovaciones de la Ley Sáenz Peña, el secreto: el hecho de
que nadie pudiera acompañar al elector al cuarto oscuro no siempre garantizaba el secreto del voto. Ya en
estos tiempos, desde el radicalismo, se intentó poner la figura del intendente electo de la ciudad de Buenos
Aires, pero fue rechazada en Diputados. Recién con la Reforma de 1994 y la figura del Jefe de Gobierno se
producirá esto.

Pestes súbitas, votantes nómadas, cadenas y vuelco de padrones

Era bastante habitual que en algunas provincias (por ejemplo Catamarca) las elecciones se suspendan
cuando había migraciones de trabajadores temporarios. Solían darse todo tipo de excusas para aplazar
la elección y la más frecuente era el estallido de alguna peste.
El traslado de electores de un distrito a otro, sobre todo de territorios nacionales hacia alguna provincia
limítrofe era otra maniobra bastante habitual. Esto era senillo de constatar ya que quienes lo hacían
declaraban domicilio en locales radicales.
Una de las tantas formas de evitar el secreto cuando se tenía un grupo de votantes al que se les prometía
algo a cambio de su voto era el voto en cadena. Suponiendo que había un grupo de 20 votantes, se le da
un sobre en blanco al primero, quien recibe de la autoridad de mesa un sobre firmado, pero deposita en la
urna el blanco, con lo cual ese voto será anulado luego, pero se queda con el sobre válido y se lo entrega
abierto a su puntero, que se lo da al próximo votante que repite la acción del anterior pero ya con la boleta
del partido adentro de su sobre, teniendo que salir con el sobre que le entrega la autoridad para entregarlo
abierto al puntero. Así se garantiza el partido la seguridad de saber que cuenta con esos 19 votos.

La UCR, entre el partido y la unanimidad

Uno de los fenómenos más importantes luego de la victoria de la UCR fue la centralidad que adquirió
Yrigoyen. La canonización de Yrigoyen comenzó en el momento mismo en que la UCR se lanzó a las
elecciones en 1912. Esta clase de liderazgos definidos en términos mesiánicos jugó un rol fundamental en la
medida en que la participación electoral se ampliaba. No es casual que cuando las disidencias se organizaron
en un partido en 1924 decidieran llamarse UCR antipersonalista.

El plebiscito y el golpe

La elección de 1928 fue una de las más notables de la historia. No sólo por su alto nivel de participación y por
la arrasadora victoria de Yrigoyen, sino porque en torno a ella se construyó una concepción del sufragio. Para
la UCR personalista, la elección era una especie de plebiscito mediante el cual el pueblo determinaría quien
quería que fuera de ahora en más su interlocutor. Aquella elección giró en torno a dos fórmulas, ambas
radicales: los personalistas y los antipersonalistas.
Para la oposición también fue un golpe. Por un lado terminó de moldarse la imagen de Yrigoyen como un
tirano y demagogo. Por el otro, si la mayoría optaba por un tirano demagogo es que todavía no estaba
preparada para votar, y se fue gestando la idea del golpe. 1929 fue un año especialmente violento. Pero lo
que terminó por enturbiar la situación fue la elección legislativa de 1930. El 6 de Septiembre fue el golpe.

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