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Principios y Habilidades para Mentorear Discípulos

“El liderazgo no consiste en la administración del poder, tampoco en el ejercicio


de la autoridad, consiste más bien, en el fortalecimiento de relaciones espirituales y
humanas, motivadas por propósitos santos y dirigidas a la promoción de la gloria de
Dios” (G. Muñoz)
Esta definición de liderazgo, es la plataforma que da lugar a una práctica vital y a la
vez antigua, para el discipulado bíblico en nuestra generación: mentorear. Uno de
los pilares del ministerio de Jesús fue la cercanía con su equipo de discípulos. Jesús
les enseño la verdad, pero además, les ofreció su amistad (Juan 15:15). Este tipo
de vínculo en el liderazgo se denomina “mentorear”.
Todo líder de un “Equipo de 12” o “Casa de Oración”, debe promover un vínculo de
amistad madura con sus discípulos. Este vínculo trasciende cualquier tipo de
responsabilidad ministerial y se enfoca en el desarrollo integral del carácter.
La acción de mentorear consiste en manifestar un interés genuino por el crecimiento
del otro, en este caso, de nuestros discípulos. Su objetivo es conocer al discípulo o
mentoreado, identificar sus capacidades y a la vez, ayudarlo con sus áreas débiles.
Dicho esto, consideremos tres definiciones acerca de una correcta relación entre un
mentor o líder y sus discípulos:
“La mentoría es… la relación por la cual un mentor ayuda a su encomendado a
alcanzar el potencial que Dios ha puesto en él” (B. Biehl)

“La mentoría es… el proceso de abrir tu vida hacia otros; un proceso de vivir para
la próxima generación” (R. L. Davies)

“La mentoría es… una experiencia relacional en la cual una persona potencia a otra,
compartiendo los recursos recibidos de Dios”. (J. R. Clinton)

Después de considerar estas tres definiciones, enumeraremos algunos principios


definitivos para mentorear a otros; luego, analizaremos algunas habilidades
cruciales para dicha práctica:

Principios para mentorear Discípulos


1. Relación personal: El liderazgo exige relaciones convenidas para lograr
ciertos propósitos, pero en definitiva, el laso más importante debe ser el
fraternal, el de una amistad centrada en el interés por la persona, más que
en un interés por sus dones o capacidades.
2. Admiración: El mentor tendrá mayor influencia si el discípulo se siente
atraído por sus buenas perspectivas, experiencia, valores, entrega, sabiduría
perceptible, buenos puntos de vista, carácter, conocimientos e influencia.

3. Correspondencia: El discípulo debe mostrar la disposición y la voluntad de


aprender algo del mentor. De parte del mentor: Atención, cuidado y sutileza
para guiar. De parte del discípulo: Un espíritu dispuesto, correspondiente y
abierto.

4. Responsabilidad: La responsabilidad mutua (compromiso con el


crecimiento) es un elemento importante que asegura el avance de la relación
entre mentor y discípulo. Implica revisiones con evaluaciones periódicas.

5. Potenciación: Potenciar un discípulo significa, “liberar” las capacidades,


los dones y habilidades que tiene de parte de Dios, para hacerlas más
fructíferas y útiles en el reino de Dios.

6. Confianza y confidencialidad: El mentor debe generarle confianza a su


discípulo. En parte, la generación de dicha confianza se debe al cumplimiento
de un compromiso establecido entre ambos, de cuidar del fruto de las
conversaciones o de los temas hablados entre ambos.

Habilidades para mentorear Discípulos


• Habilidad de descubrir el potencial existente en una persona.
• Tolerancia con errores, ciertas asperezas, incongruencias, etc. con el fin de
ver el potencial descubierto desarrollarse.
• Flexibilidad en el trato con el mentoreado, respetando sus puntos de vista
y sin imponer los propios.
• Paciencia, sabiendo que tanto el tiempo como la experiencia son necesarios
en el proceso del desarrollo del potencial de alguien.
• Tiene la habilidad de mirar lejos y sabe transmitir la visión.
• Goza de carisma para edificar, animar, alentar e impulsar a otros.
• Sabe sobrellevar las cargas mutuamente y experimenta compasión cuando
el discípulo atraviesa pruebas.
• Un buen mentor, escucha mucho y habla poco.
• Aconseja sabiamente, sin regañar o juzgar. Regañar rompe las relaciones.
Trata de acoger a la persona ahí donde está: con sus sentimientos, con su
dolor.
• Un buen mentor pregunta con frecuencia.
• Ayuda a tomar conciencia de lo que pasa. Es importante guiar al discípulo
mediante preguntas apropiadas para que ella misma caiga en la cuenta de lo
que está sucediendo.
• Valora a las personas tal como son. Cada persona es importante.
• Mantiene la sintonía con Dios. La oración nos permite ver a las personas
con los ojos de Dios y enfrentar los desafíos con Su sabiduría.