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El orden en el trabajo

Todo satisfactor se obtiene a través del trabajo. Pero, ¿cuál sería una buena
definición de trabajo? Bueno, creo que una definición concreta y efectiva sería la
siguiente: trabajo es el empleo del tiempo, la energía y los materiales.
Existen dos clases de trabajo: el eficiente y el deficiente. El trabajo eficiente se
caracteriza por la correcta utilización del tiempo, la energía y los materiales,
mientras que el deficiente está propiciado por el mal uso de la triada tiempo-
energía-materiales.
Un trabajo es infructuoso debido a que los recursos son altamente desperdiciados,
es decir, uno, dos o los tres factores que intervienen en el proceso de la
producción no están siendo adecuadamente utilizados.
El trabajo (mi trabajo) es producir satisfactores a un costo cada vez más bajo.
¿Compraríamos los productos de una empresa que se esfuerza en abatir sus
costos? La respuesta será siempre afirmativa. En este mismo momento hay
muchas cosas que nos gustaría adquirir, pero que no lo hacemos porque
estimamos que nuestros recursos son insuficientes. Sin embargo, una vez que
consideremos que es conveniente su compra, lo haremos. Así que lo mejor que
puede hacer una compañía para vender sus productos es reducir sus costos.
Por otra parte, para abatir los costos tendremos que preocuparnos sólo en el
control de una cosa: del desperdicio. Hay tres clases de desperdicio: de tiempo, de
energía y de materiales, y no hay nada que favorezca más al desperdicio de estos
tres factores que el desorden.
Cuando se empieza a hacer algo y las cosas no están en orden, inmediatamente
se empieza a perder tiempo. En otras palabras, todo se puede hacer más fácil y
rápidamente si los elementos que intervienen se encuentran en orden perfecto.
Pero, ¿qué es el orden?
Pienso que el orden es sólo el arreglo del tiempo y los materiales de tal forma que
el trabajo se pueda realizar positivamente. Cuando el orden es perfecto,
congruente, el tiempo y los materiales se utilizan más ventajosamente.
Podemos distinguir dos tipos de orden: el orden del tiempo y el orden de las
cosas.
No hay que perder de vista que cuando se llega tarde a una reunión se es
desordenado. El verdadero orden es, sin lugar a dudas, el aprovechamiento
racional de tiempo y recursos materiales, de modo que el trabajo se realice sin
desperdicio de energía.
¿Cómo sabemos cuando un lugar está en orden? La respuesta es muy simple,
cuando hay un lugar para cada cosa y cada cosa está en su lugar. [Por este
motivo se ha popularizado tanto el cliché “un lugar para cada cosa y cada cosa en
su lugar”.]
Pues bien, aunque esta definición es buena, tiene un defecto: permite la existencia
de un desván.
¿Qué es un desván? Un desván es un sitio de la casa donde ponemos cosas que
no consideramos lo suficientemente buenas para usarlas ni tan inútiles para
tirarlas; pero sucede con frecuencia que esas cosas se perpetúan en ese lugar.
Existen refranes que encierran verdades contundentes, como éstos: “No hay
mentira tan grande como una verdad a medias” y “No desperdicies y no desearás
más”. Esto es muy revelador si se conoce de forma completa el significado de
desperdicio, pues mucha gente piensa que “para no desperdiciar” hay que
acumular cosas viejas.
Es común y corriente que al desván se le asigne la función de conservar
cachivaches por tiempo indefinido. Pienso que es muy costoso tener arrumbadas
cosas inservibles y que obstaculizan el trabajo, además de provocar lamentables
accidentes en no pocas ocasiones.
La seguridad está íntimamente relacionada con el orden. De hecho, el orden debe
ser la primera norma de seguridad en cualquier centro de trabajo. Está
demostrado que cuando menos el 50 por ciento de los accidentes son provocados
por la suciedad y el desorden. Asimismo, si se acumulan cosas en desorden, eso
ocasionará, a la larga, grandes pérdidas.

♦ Extracto de una conferencia dictada por Harry Myers (Dayton, Ohio).

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