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«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones

sobre los textos astronómicos latinos


de Abraham ibn ‘Ezra

Julio Samsó
Universidad de Barcelona

1. Introducción

Desde que, en 1947, Millás Vallicrosa editara el famoso texto encabezado


por la frase Dixit Abraham Iudeus y lo publicara con el título de Libro de los
fundamentos de las Tablas astronómicas de R. Abraham ibn ‘Ezra1, su identifi-
cación del autor del texto parece haber sido aceptada de manera prácticamente
unánime. En fechas más recientes, un estudio concienzudo llevado a cabo
por Shlomo Sela y publicado repetidamente2 ha hecho desaparecer cualquier
sombra de duda sobre la afirmación de Millás. Algo similar sucede con el
tratado latino sobre el astrolabio3, aunque, en este último caso, la atribución
realizada por Millás fue objeto de voces discordantes4. Me llama la atención,
en cambio, el silencio de los eruditos especializados en la obra de Ibn ‘Ezra
en torno a otras dos obras conservadas asimismo en latín: las Tabule Pisane5
y el tratado sobre el Almanaque6. Todo este conjunto de obras ha sido objeto
de buenos estudios y poco podré aportar personalmente, aparte del punto de
vista de un historiador de la astronomía medieval que escribe en una época en
la que se conoce, mejor que en tiempos de Millás, el contexto en el que Ibn
‘Ezra escribió su obra latina.
De entrada, tres de las cuatro obras mencionadas se relacionan con tablas
astronómicas, un tema que, sin duda, interesaba profundamente a un Abraham
ibn ‘Ezra dedicado en cuerpo y alma al cultivo de la astrología, dado que
no se puede levantar un horóscopo si no se dispone de unas tablas. La lista
cronológica de obras de nuestro autor establecida por Sela y Freudenthal7 nos
indica que el De rationibus (dos versiones latinas y una hebrea), las tablas

1
 Millás, 1947. Cf. también Millás, 1948 y 1949.
2
 Sela, 1996, 1997, 2001 y 2003 (cf. pp. 22-36).
3
 Millás, 1940.
4
 Millás, 1948
5
 Sobre las Tablas de Pisa cf. Millás, 1947, pp. 59-66 y, en fecha reciente, dos estudios
importantísimos de Mercier, 1987 y 1991.
6
 Millás, 1946.
7
 Sela & Freudenthal, 2006.

Iberia Judaica IV (2012) 171-200


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(tres versiones hebreas) y el tratado de astrolabio (tres versiones hebreas y una


latina) se redactaron entre c. 1142 y 1154 en el orden siguiente:

1142-45: Luçot I (Lucca)


Sefer Íe‘amei ha-Luçot (Lucca)
De rationibus tabularum I ( Pisa) 
1146 Sefer Keli ha-neçošet I (Mantua)
Sefer Keli ha-neçošet II (Verona)
1148 Sefer Keli ha-neçošet III (Béziers)
1148-53 Luçot II (Narbonne)
1154 Luçot III (Rouen)
Tractatus de astrolabio (Rouen)
De rationibus tabularum II (Angers)

Nada sabemos sobre la cronología y el lugar en el que Ibn ‘Ezra redactó su


tratado sobre el almanaque, pero sí disponemos de alguna información sobre
fechas relacionadas con las Tabule Pisane, una obra que tiene el evidente in-
terés de ser una adaptación de un zêå de al-Éùfê (903-998) del que, hasta fecha
reciente, no se tenía información alguna: Mercier ha puesto de relieve que, en
las tablas de movimientos medios para años collecti, la fecha radix es 1169;
en cambio, en las tablas de Londres, una segunda adaptación de las tablas
anteriores, se utiliza, como fecha radix, 11498. Dado que, en ambas fuentes,
los anni collecti, aparecen con intervalos de 20 años, 1169 sería la segunda
entrada de una tabla que se iniciara en 1149. Sospecho, por ello, que la entrada
correspondiente a 1149 habría sido suprimida por algún usuario de las tablas
en fecha posterior, manteniendo la segunda entrada (1169) que seguía siendo
útil para él. 1149 es una fecha aproximada posible para la versión de las Tabule
Pisane que conservamos, siendo unos pocos años posterior al período 1142-
1145 en el que Ibn ‘Ezra residió en Lucca y Pisa9 y redactó la primera versión
de sus Luçot y del De rationibus. Finalmente, es anterior a 1154, año en el
que compuso la versión conservada del De rationibus en la que se mencionan
las tablas que el autor compuso10.
Quisiera subrayar el interés que tiene el análisis de estas obras latinas para
conocer la obra de Ibn ‘Ezra. Por una parte, se trata de obras originales, no de
traducciones, para cuya redacción el autor utilizó, posiblemente, la ayuda de
algún colaborador11. En segundo lugar, no conservamos el texto hebreo de las
Luçot y del Sefer Íe‘ame ha-Luçot, razón por la cual las Tabule Pisane y el
De rationibus tabularum son las únicas fuentes que nos pueden dar una cierta
información, aunque dirigida a un público diferente, de estas obras perdidas.

8
 Mercier, 1987, pp. 108-112 ; Mercier, 1991, pp. 22-23.
9
 Sobre su estancia en Pisa cf. Sela, 1996, pp. 209-213; 2001, p. 102; 2003, p. 26.
10
 Millás, 1947 pp. 83 (“de compositione tabularum quas fecimus secundum probationem
predictorum virorum sibi consentientium...”), 84 (“He tabule quas composuimus utiles sunt...”), 87-
88, 89 (“si...vis operari secundum tabulas meas...”).
11
 Se ha discutido si Ibn ‘Ezra sabía suficiente latín para componer estas obras: Millás (1947, p. 19)
creía que sí, tanto en lo que se refiere al De rationibus como en el tratado sobre el astrolabio; Romano
(1992, p. 106) y Goldstein (1996, p. 15) son mucho más escépticos. Finalmente, Sela (1996, pp. 213-
216; 2001, p. 101; 2003, pp. 25-26) argumenta, de manera categórica, su conocimiento del latín.
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Finalmente, por más que se conserven las versiones II y III del Sefer Keli ha-
neçošet, los estudios comparativos de los textos hebreos y el latino sobre el
astrolabio, realizados por Sela12, demuestran que existen suficientes diferen-
cias como para justificar el interés del Tractatus de astrolabio.

2. El género literario del De rationibus tabularum

El De rationibus tabularum es una obra curiosa y difícil de clasificar. Re-


sulta bastante claro, en mi opinión, que no se trata de unos cánones (manual de
instrucciones de uso) que debían acompañar las tablas numéricas contenidas
en las Tabule Pisane. Conservamos colecciones de cánones de estas tablas
aunque no está claro que su autoría pueda atribuirse a Abraham ibn ‘Ezra13. No
hay que descartar, no obstante, que el De rationibus sea una introducción muy
amplia a una colección de cánones, en las que el autor expone la problemática
de la astronomía de su tiempo y explica los motivos que le han llevado a optar
por el tipo de tablas que presenta. Resulta interesante revisar brevemente el
contenido de la obra:
Una primera parte, sin duda la más interesante y en la que insistiré más
(pp. 73-109), parte de la importancia que tiene el sol, tanto desde el punto
de vista astronómico como astrológico, y pasa a ocuparse de problemas de
cronología: el año solar y la diferencia entre los dos tipos de año (trópico y
sidéreo), la precesión de los equinoccios y la trepidación. Los dos tipos de
año corresponden a dos escuelas diferentes de pensamiento: la de los indios
(representada por el Sindhind de al-Jw×rizmê) y la de Ptolomeo y los magistri
probationum. Continúa con el movimiento de los apogeos del sol y los plane-
tas y las distintas estimaciones de la oblicuidad de la eclíptica.
En este contexto Ibn ‘Ezra nos proporciona bastante información sobre la
luna y sobre los calendarios lunar y lunisolar14. De entrada, menciona el uso por
los astrónomos caldeos del ciclo lunar de 6.585 días y un tercio, denominado
saros, muy utilizado para la predicción de eclipses15. Se interesa más, en cam-
bio, por el ciclo metónico, también conocido por los astrónomos babilonios, de
19 años (6.939 días, 16 horas y 34/1080 + (1/18: 1080) horas), que constituye
la base del calendario lunisolar judío ya que cumple la equivalencia:

19 años solares = 19 años lunares + 7 meses sinódicos

En relación con este ciclo, Ibn ‘Ezra menciona algunos parámetros que
tienen un cierto interés:

1 año lunar = 354 d. 8 h 48 m + (2/3: 1080) h = 354;22,0,5,33,20 d16

12
 Sela, 2001, pp. 104-113.
13
 Millás, 1947, pp. 59ss.; Mercier, 1987 y 1991.
14
 Millás, 1947, pp. 98-100.
15
 Neugebauer, 1975, pp. 502 y ss..
16
 Utilizo, en este trabajo, la notación habitual utilizada por los historiadores de la astronomía
antigua y medieval. En una cifra expresada en notación sexagesimal, el punto y coma (;) separa la
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que solo difiere en algo menos de 1 segundo del año lunar de Ptolomeo
(354;22,1,40 d). Este parámetro es distinto del que utiliza Maimónides, en su
tratado Sobre la santificación de la luna nueva17, de 354 d 8h + 876/1080 h,
idéntico al de Ptolomeo y que tiene, asimismo, un origen babilónico18. A lo
anterior Ibn ‘Ezra añade:

1 mes lunar = 29d 12 h + 44/1080 h + 1/18 m = 29;30,6,15 d

Esta indicación sobre la duración del mes lunar es formulada por Ibn ‘Ezra
de la manera siguiente: “29 dies et 12 hore et 44 puncta hore et medietas none
minuti”19. Parece claro que en la transmisión de este parámetro debe haberse
producido algún error ya que es muy distinto del utilizado por Maimónides
y por Ptolomeo (29 d 12 h 793/1080 h = 29;31,50,8,20 d) y, por otra parte,
no coincide con el que se obtiene a partir del año lunar del mismo Ibn ‘Ezra:

354;22,0,5,33,20 d/ 12 = 29;31,50,0,27,46,40 d

valor que está mucho más próximo al de Ptolomeo y Maimónides, así como
al mes lunar utilizado en el calendario islámico (29;31,50 d). El valor correcto
lo encontraremos en otro pasaje del De rationibus, en el que se nos habla de
un mes sinódico de “29 dierum et 12 hore et 44 minutorum hore”20, o sea;

29 d 12 h 44 m = 29;31,50 d

que es perfectamente coherente con los restantes valores.

En una segunda parte (pp. 109-123) se ocupa de los planetas en orden


descendente. Las preocupaciones teóricas disminuyen y se limita a describir
modelos ptolemaicos y parámetros numéricos, con alguna crítica a los mode-
los indios, mucho más rudimentarios.
Pasa, a continuación, a ocuparse de trigonometría (pp. 124-143): aquí
su fuente fundamental es el comentario de Ibn al-Muøannà a las tablas as-
tronómicas de al-Jw×rizmê, así como la parte trigonométrica del Almagesto
de Ptolomeo, en particular su cálculo de una tabla de cuerdas (Alm. I,10)21.
Junto a la función cuerda, introduce tres funciones trigonométricas de ori-
gen indio y adoptadas por los astrónomos árabo-musulmanes: algeib recta/
mustawi (seno), algeib almancut (coseno) y algeib transversa (seno verso).
Aunque utiliza frecuentemente el arabismo algeib (al-åayb) para referirse a

parte entera de la fraccionaria y los sucesivos órdenes de fracciones van separados por una coma (,).
Tras la última fracción se anota el orden de unidades que corresponde a la parte entera. De este modo,
354;22,0,5,33,20 d significa 354 días, 22 minutos de día (1 minuto equivale a 1/60 días), 0 segundos
de día, 5 tercios de día, 33 cuartos y 20 quintos de día.
17
 Ganz, Obermann y Neugebauer, 1967, pp. 114-115.
18
 Samsó, 2011, p. 134. Este parámetro parece haber sido bien conocido en los medios judíos
andalusíes ya que es citado por Éבd de Toledo en sus Íabaq×t al-Umam.
19
 Millás, 1947, p. 99.
20
 Millás, 1947, p. 107. Obsérvese que “44 minutorum hore” sustituye a “44 puncta hore”.
21
 Toomer, 1984, pp. 48-60.
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estas funciones, lo sustituye muchas veces por corda22, siguiendo el uso de


al-Batt×nê. Volverá a ocuparse de trigonometría, siguiendo a Ibn al-Muøannà,
en las páginas 147-154, empezando por un tratamiento de la teoría de las pro-
porciones, que necesita para formular el teorema de Menelao (pp. 150-154),
la única herramienta trigonométrica conocida por Ptolomeo, al que tiene que
recurrir para calcular la ascensión recta, en función de la declinación y de
la oblicuidad de la eclíptica. Llama la atención, en esta parte de la obra, el
uso de una trigonometría muy pasada de moda, superada por astrónomos y
matemáticos orientales de fines del siglo X y principios del XI e introducida
en al-Andalus por Ibn Mu‘×Ü de Jaén (m. 1093)23. La nueva trigonometría
sustituye el teorema de Menelao (que relaciona seis arcos o ángulos de dos
triángulos esféricos que se entrecruzan) por una batería de teoremas nuevos
que tienen la evidente ventaja de relacionar sólo cuatro arcos o ángulos de
un único triángulo esférico. No hay duda de que Ibn ‘Ezra tiene algún atisbo
de esta nueva trigonometría aunque no parece sentirse suficientemente seguro
para utilizarla24.
En la parte final del tratado (pp. 143-166) Ibn ‘Ezra toca problemas pu-
ramente astronómicos o relacionados con la astrología matemática: distintas
estimaciones de la oblicuidad de la eclíptica, latitud de la luna, cálculo de la
ecuación del sol en un modelo ptolemaico. En lo que se refiere a la ecuación
del sol, Ibn ‘Ezra nos da tres estimaciones de su valor máximo (p. 78):

Ptolomeo: 2;23º.
Astrónomos indios: 2;14º.
Magistri probationum: 1;59º + algunos segundos.

El valor atribuido a Ptolomeo es, precisamente el que se encuentra en la co-


rrespondiente tabla del Almagesto III,625. La máxima ecuación del centro se-
gún los indios coincide con la que encontramos en el Sindhind de al-Jw×izmê-
Maslama26. En cuanto a los magistri probationum, 1;59 es, efectivamente, el
valor máximo de la ecuación solar en los zêåes de Yaçy× b. Abê Manóùr (fl.
c. 830) y ·abaš al-·×sib (m.c. 864-874)27, mientras que el de al-Batt×nê es
1;59,10º 28.
Tiene interés el analizar los parámetros de las ecuaciones planetarias men-
cionados por Ibn ‘Ezra (pp.146-147). Las máximas ecuaciones del centro son:

Saturno: 6;31º.
Júpiter: 5;15º.
Marte: 11;24º.

22
 Cf., por ejemplo, Millás, 1947, pp. 143-144.
23
 Samsó, 2011, pp. 139-144.
24
 “Ptholomeus ostendit differentiam quanta est inter duos sarcus per proportionem compositam
ex duabus proportionibus ; sapientes vero saraceni verterunt rem ad noticiam 4 proportionalium »
(Millás, 1947, p. 164).
25
 Toomer, 1984, p. 162.
26
 Suter, 1914, p. 134.
27
 Cf. Kennedy & Muruwwa, 1958; Salam & Kennedy, 1967; Kennedy, 1977.
28
 Nallino, 1907, p. 81.
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Venus: su ecuación es igual a la del sol, así como su apogeo, según


los magistri probationum.
Mercurio: 3;2º.

Por otra parte, las máximas ecuaciones de la anomalía para la distancia


media de cada astro son las siguientes:

Luna: 5;1º.
Saturno: 6;13º.
Júpiter: 11;3º.
Marte: 41;55º.
Venus: 45;59º.
Mercurio: 22;2º.

Estos parámetros son, frecuentemente, ptolemaicos29 pero aparecen algu-


nas divergencias: según Ptolomeo la máxima ecuación de la anomalía de
Saturno es 6;36º, pero este parámetro se convierte en 6;13º no sólo en el De
rationibus sino también en las Tabule Pisane30. No se trata, pues, de un error.
Lo mismo sucede con la ecuación de la anomalía de Júpiter que llega a 11;36º
en el Almagesto y a 11;3º en las Tabule Pisane. El caso de Marte es distinto:
la máxima ecuación del centro tiene un pequeño error (11;24º en lugar de
11;25º en el Almagesto y las T.P.) y un error mucho mayor en la ecuación de
la anomalía: 46;59º en el Almagesto y 41;9º en las T.P., valor este último que
parece relacionarse con los 41;9,5º del Zêå al-hazar×t de Abù Ma‘šar o, más
probablemente, con los 41;9º de las Tablas Manuales de Teón de Alejandría31.
En el caso de Mercurio nos encontramos, de nuevo, con una ecuación de la
anomalía distinta de la ptolemaica (23;53º) pero idéntica a la de las T.P. y que
coincide tanto con Teón de Alejandría como con Abù Ma‘šar32.
El libro se cierra con la exposición de fórmulas standard para el cálculo de
las ascensiones recta y oblicua (pp. 154-155), determinación de la latitud del
lugar en función de la altura meridiana del sol en los equinoccios (pp. 155-
157), cálculo del ascendente (p. 157), cómo obtener las horas temporales
transcurridas del día o de la noche en función de la altura del sol (pp. 157-
158), división de las casas del horóscopo (pp. 158-161), determinación de la
declinación de una estrella o planeta utilizando procedimientos de tradición
india (p. 161), cálculo del grado de la eclíptica que cruza el meridiano simul-
táneamente con un astro (pp. 161-162), visibilidad de la luna nueva (pp. 162-
164) y explicación muy somera de los eclipses de sol y de luna (pp. 165-166).
Visto, de este modo, el resumen de los contenidos del libro, queda cla-
ro que no se trata de unos cánones dado que en ninguno de sus apartados
encontramos instrucciones concretas para el uso de unas tablas. En cambio,
nos encontramos con una obra con dos tipos de contenido distintos: por una

29
 Véase una lista de parámetros ptolemaicos en Pedersen, 1974, pp. 423-429.
30
 Mercier, 1991, p. 26 (un cuadro con todos los parámetros planetarios)
31
 Pingree, 1968, p. 49.
32
 Pingree, 1968, p. 49.
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parte, un tratado de astronomía elemental en la línea del Kit×b fê l-·arak×t


al-sam×wiyya wa-åaw×mi‘ ‘ilm al-nuùm de al-Farg×nê (ca. 833-861), un com-
pendio de astronomía ptolemaica sin excesivos detalles matemáticos33. Por
otra, un libro del estilo de los denominados, en árabe, Kit×b ‘ilal al-ziå×t (so-
bre las causas o razones de los zêåes/ tablas astronómicas), un título del que
De rationibus tabularum es una traducción literal. Obras de esta índole son
el libro, con este mismo título, cuyo autor es ‘Alê b. Sulaym×n al-Hךimê (fl.
c. 890), que tiene el interés, en lo que se refiere a Ibn ‘Ezra, de plantearse,
como él, las diferencias entre la astronomía de tradición india y la astronomía
ptolemaica34. No debemos olvidar que el comentario de Ibn al-Muøann× a las
tablas astronómicas de al-Jw×izmê, traducido al hebreo por Ibn ‘Ezra35, es, de
nuevo, una obra de temática similar, tal como aclara el traductor latino Hugo
de Santalla en su dedicatoria al obispo Miguel de Tarazona36: el obispo le ha
pedido al traductor una explicación acerca de las reglas, muy someras, que
aparecen en los cánones de las tablas de al-Jw×rizmê, y Hugo de Sanctalla,
incapaz de dárselas por sí solo, recurre a traducirle un libro, descubierto en
la biblioteca de Rota/Rueda del Jalón, en el que encontrará las explicaciones
que desea.

3. Astronomía sidérea frente a astronomía trópica

3.1.  Generalidades

El problema que se plantea Abraham ibn ‘Ezra, en la primera parte del


De rationibus, es el de la coexistencia de dos sistemas astronómicos. El pri-
mero es de origen indio y está representado en al-Andalus por la tradición
jw×rizmiana: en él se calculan posiciones medias sidéreas, que toman la posi-
ción de una estrella como origen de coordenadas. El segundo sistema es ptole-
maico y fue seguido por los astrónomos árabes (magistri probationum) a partir
del s. IX, quienes calculan posiciones trópicas, con origen de coordenadas en
el punto de la intersección entre la eclíptica y el ecuador. La diferencia entre
una posición trópica y una sidérea es, precisamente, la precesión de los equi-
noccios que hace que los puntos equinocciales se desplacen muy lentamente
(unos 50” por año) en dirección opuesta a la de los signos zodiacales, por lo
que las longitudes del sol en los “equinoccios” y “solsticios” sidéreos dejan de
coincidir con los puntos equinocciales y solsticiales. De este modo Ibn ‘Ezra

33
 La edición preparada por Golius (Amsterdam, 1669) ha sido objeto de una edición facsímil en
Farg×n÷, 1986, que aparece junto con la traducción latina del propio Golius. La traducción latina de
Johannes Hispanensis [sic] atque Lunensis fue publicada por Carmody, 1943. La versión de Gerardo
de Cremona ha sido editada por Campani, 1910.
34
 Haddad, Kennedy y Pingree, 1981. Véanse otras obras con el mismo título de ‘Abd All×h al-
Naór×nê (s. IX) y ‘Abd al-‘Azêz al-Qabêóê (s. XI) en Rosenfeld & Ihsanoålu, 2003, pp. 57 y 85.
35
 Goldstein, 1967.
36
 Millás Vendrell, 1963, pp. 95-96: “Quia ergo, mi domine Tyrassoniensis antistes, ego Sanctallensis
tue peticioni ex me ipso satisfacere non possum, huius commenti translationem, quod super eiusdem
auctoris opus edictum in Rotensi armario et inter secretiora biblioteca penetralia tua insaciabilis
filosophandi aviditas meruit repperiri, tue dignitati oferre presumo”.
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señala que los autores indios dan una fecha del equinoccio de primavera 9
días posterior a la que calculan los magistri probationum37. El tema ya había
atraído la atención, en el siglo X, de los autores de calendarios populares38 y
lo explica Ibn ‘Ezra39 al señalar que la diferencia entre el año sidéreo de los
indios (365 + 1/4 + 1/120 d) y el año trópico que ha atribuido a al-Batt×nê
(365 + 1/4 – 106 d) (cf. infra 3.2) alcanza aproximadamente 1 día al cabo de
56 años, ya que:

1/120 d + 1/106 d = 0;0,30 d + 0;0,34 d= 0;1,4 d


y 0;1,4 × 56 = 0;59,44 d

Lo que implica que los 9 días se acumularán al cabo de unos 506 años.
El uso de una astronomía sidérea por parte de los indios se debe a razones
astrológicas40 que les llevan a dividir la eclíptica secundum sensum visum, por
lo que identifican los signos zodiacales con la posición en el cielo de deter-
minadas constelaciones (Aries, Tauro, etc.). En cambio, según Ptolomeo, la
eclíptica se divide, secundum cogitationem, en doce arcos iguales de 30º de tal
modo que, debido a la precesión, la constelación de Aries ocupa solo unos 7º
del signo de Aries y los cuernos de Aries (al-Na֍, g Arietis) se encuentran a
22º del punto equinoccial41, mientras que Cor Leonis (Qalb al-Asad/ Regulus,
a Leonis) estaba a 3º del principio del signo de Leo en época de Ptolomeo42
encontrándose a 18º del mismo (en época de Ibn ‘Ezra) según los magistri
probationum43.

3.2.  Duración del año solar

Abraham ibn ‘Ezra nos ofrece, en el De rationibus tabularum, algunos


datos acerca de las estimaciones de la duración de los años sidéreo y trópico
de los que tiene noticias44. Reúno en dos cuadros la información que ofrece
e intento contrastarlo con lo que conocemos a través de otras fuentes, con el
fin de establecer hasta qué punto es preciso y tratar de controlar las fuentes
que maneja.

37
 Millàs, 1947, pp. 81-82, 86. Dado que el sol recorre diariamente una distancia aproximada
de 1º por día, estos 9 días de desfase coinciden con los 9º que, según Ibn ‘Ezra (Sefer ha-‘olam)
corresponde a la diferencia entre las posiciones calculadas con las “tablas de los sabios de la India”
y las que obtienen los “sabios de la experiencia” (magistri probationum) (Goldstein, 2004, pp. 744-
745). Asimismo en su versión del comentario de Ibn al-Muøann× (Goldstein, 1967, p. 149), Ibn ‘Ezra
indica que, para su época, la diferencia alcanza 9º y medio.
38
 Viladrich, 1996; Forcada, 1996 y 2000
39
 Millás, 1947, p. 79.
40
 Millás, 1947, p. 85.
41
 g Arietis está a 6;40º del punto equinoccial en la tabla de estrellas del Almagesto, fechada en el
año 137 (Toomer, 1984, p. 360). El incremento de longitudes debido a la precesión es de 16;20º en
1017 años: la velocidad de precesión será de unos 58” por año.
42
 Ptolomeo la sitúa a 2;30º de Leo en el catálogo de estrellas del Almagesto: cf. Toomer, 1984,
p. 367.
43
 Millás, 1947, pp. 83-85. La diferencia de longitudes es de 16;30º, muy próxima a los 16;20º que
he obtenido para al-Na֍.
44
 Millás, 1947, pp. 75-76, 82, 83, 86, 95.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 179

3.2.1. Estimaciones de la duración del año sidéreo

Año Revolutio anni45


Indios 365 d +1/4 d + 1/120 d = 365 d 6;12 h 93º
Persas 365 d. + 1/4 d + 1/115 d = 365 d 6;12,31 h —
Î×bit b. Qurra 365 d + 1/4 d + 1/150 d = 365 d 6;9,36 h 92;24º
45

El valor del año sidéreo que Ibn ‘Ezra atribuye a los indios coincide con
el que puede calcularse con las tablas de al-Jw×rizmê (365 d 6;12,9 h)46 y a
esta fuente alude nuestro autor cuando dice que al-Jw×rizmê (fl. c. 830), Ibn
al-Éaff×r (m. 1035)47 y Maslama (m. 1007)48 compusieron tablas “secundum
Indos”.
Los persas utilizan un año sidéreo algo más largo. Según Ibn ‘Ezra los
astrólogos Mךגall×h (m. c. 815) y Abù Ma‘šar (c. 786-886) compusieron
sus tablas según el sistema de los persas49 y es bien sabido que ambos utiliza-
ron, para calcular sus horóscopos, unas tablas astronómicas de origen pahleví
que recibieron, en árabe, el título de Zêå al-Šah. No obstante, la composición
de un zêå en el que resulta patente la influencia persa sólo se atribuye a Abù
Ma‘šar50, no a Mךגall×h. Ahora bien la duración del año que nuestro autor
atribuye a los persas no coincide exactamente con la que documenta al-Hךimê
quien habla de 365 d 6;13 h o, con mayor precisión, de 365 d 6;12,57,36 h51.
¢abit b. Qurra (836-901) da, en sus dos libros sobre el año solar52 una
estimación de la duración del año trópico y del año sidéreo. El año sidéreo de
¢×bit es de 365 d 6;9,30,41,30,24 h53, por lo que tiene una diferencia de unos
5 segundos con el valor que le atribuye Ibn ‘Ezra. En cambio resulta intere-
sante señalar que el valor establecido por ¢×bit coincide con el de Azarquiel
(m. 1100) ya que, si bien con las Tablas de Toledo, se obtiene un año sidéreo
de 365 d 6;9,23,44 h, los 365 d 6;9,36 h de Ibn ‘Ezra coinciden exactamente
con una revolutio anni de 92;24º que su discípulo Ibn al-Kamm×d atribuye
explícitamente a Azarquiel54.

45
 Millás, 1947, p. 75. La revolutio anni es, en términos copernicanos, el giro de la esfera terrestre
durante el período de tiempo en el que el año solar excede a 365 días. Para convertir este parámetro
en horas, minutos y segundos, debe dividirse la revolutio anni por 15º (giro de la esfera terrestre en
una hora).
46
 Neugebauer, 1962, p. 131; Haddad, Kennedy & Pingree, 1981, p. 263.
47
 Castells & Samsó, 1995. En Millás, 1947 p. 110, Ibn ‘Ezra dice que Ibn al-Éaff×r adoptó las
tablas de al-Jw×rizmê al calendario islámico, afirmación que sorprende ya que esta labor se ha atribuido
siempre a su maestro Maslama.
48
 Samsó, 2011, pp. 84-93, 468-469.
49
 Millás, 1947, p. 75
50
 Pingree, 1968, pp. 45-50.
51
 Haddad, Kennedy y Pingree, 1981, p. 262; Kennedy & Pingree, 1971 p. 75.
52
 De hecho sólo se ha atribuido una obra sobre el año solar a ¢×bit aunque el editor del texto
árabe (Morelon, 1987, pp. XLVIII-LIII) no está de acuerdo con esta atribución sino que considera
que. probablemente, es obra de uno de los Baný Mýsà, los maestros de ¢×bit.
53
 Morelon, 1987, p. 58; Neugebauer, 1962a, p. 280.
54
 Samsó, 2011, p. 213. En Millás, 1947, p. 89, Ibn ‘Ezra atribuye a los astrónomos indios
precisamente este valor de la revolutio anni de 92;24º.
180 Julio Samsó

3.2.2. Estimaciones de la duración del año trópico

Revolutio
Año anni
Ptolomeo 365 d + 1/4 d – 1/300 d = 365 d 5;55,12 h 88;48º
Calendario judío [365 d 5:55,30 h] 88º + 7/8º
al-Batt×n÷ y algunos magistri
probationum 365 d + 1/4 d – 1/106 d = 365 d 5;46,25 h 86;36º
Otros magistri probationum 365 d + 1/4 d – 1/130 d = 365d 5;48,55 h —
Baný ³×kir, al-¼ýf÷,
Ibn Yýnus y Azarquiel [365 d 5;49,24 h.] 87;21º
¢×bit b. Qurra 365 d 5;46,25 h (= Batt×n÷) —

* El año atribuido a Ptolomeo es correcto y coincide con el parámetro del Almagesto . 55

* El valor 365 d 5;46,25 h, está próximo a la estimación de al-Batt×n÷ (c. 850-929) (365 d
5;46,34,22,9 h)56 y a los 365 d 5;46,54,36 h del al-Z÷¥ al-Mumta¬an, compilado, en la primera
mitad del siglo IX, por Ya¬yà ibn Ab÷ Man½ýr sobre la base de las observaciones realizadas en
Bagdad y Damasco hacia el año 83057.
* 365 d 5;48,55 h se aproxima bastante a los 365 d 5;48,59,45 h que Ibn Yýnus (m. 1009) atribuye a
al-¼ýf÷, así como a los 365 d 5;48,52,26,26 de Ibn al-Aþlam (m. 985)58.
* 365 d 5;49,24 h se encuentra muy próximo al valor anterior. Llama la atención que Ibn ‘Ezra re-
lacione un parámetro trópico con la figura de Azarquiel, gran defensor de la astronomía sidérea y
que no consideraba que el año trópico pudiera ser tener un valor fijo, por más que parece evidente
que nuestro autor tuvo acceso a la obra perdida de Azarquiel sobre el año solar. En cualquier caso,
Ibn ‘Ezra afirma que utiliza, en sus tablas, la duración del año trópico de al-¼ýf÷, confirmado por
Avicena, Ibn Yýnus y Azarquiel con diferencias de solo un minuto59. Resulta fácil de comprobar
que, partiendo de un año trópico de 365 d 5;49,24 h, el sol realizará, en 20 años, 20 revoluciones y
0;8,42,23º, muy cerca de las 20 r 0;9º que se mencionan en el De rationibus60 y que se encuentran
en las Tablas de Pisa y de Londres.
* Finalmente, el parámetro atribuido a ¢×bit b. Qurra resulta bastante distinto del que encontramos en
el libro Sobre el año solar en el que se registra un año trópico medio de 365 d 5;49,16,48 h., además
de un año trópico máximo de 365 d 5;49,57,36 h y uno mínimo de 365 d 5;48,36 h61.

55
 Millás, 1947, p. 82; Pedersen, 1974 p. 423.
56
 Caussin, 1801, p. 138. De hecho se obtiene un resultado más próximo al citado por Ibn ‘Ezra si
partimos del parámetro establecido por van Dalen en E.S. Kennedy et al., 2009-2010 (p. 144): 365 d
5;46,24,10 h.
57
 Revolutio anni de 86;43,39º: cf. van Dalen, 2004, p. 29. Partiendo del movimiento medio del
sol por día, con el parámetro establecido por van Dalen en E.S. Kennedy et al., 2009-2010 (p. 144),
obtengo un año de 365 d 5;46,52,53,13 h.
58
 Caussin, 1801, p. 138. Mercier, 1991, p. 1. Según información recogida en dos fuentes distintas,
el año trópico de Ibn al-Aþlam sería de 365 d 5;48,52,2 h o de 365 d 5;48,52,51 h.
59
 Millás, 1947 p. 86-87.
60
 Millás, 1947, p. 97, líneas 1-2. Tal como observa Mercier (1991, p. 14, la lectura correcta es 9’
(tal como aparece en el ms. O7) y no 2’ (lectura elegida por Millás).
61
 Morelon, 1987, p. 60; Neugebauer, 1962a, pp. 284-285.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 181

3.3.  P
 recesión de los equinoccios, oblicuidad de la eclíptica y movimiento
de los apogeos62

Hemos visto ya que la diferencia entre un año trópico y otro sidéreo se


debe a la precesión de los equinoccios y, a este respecto, Ibn ‘Ezra63 da tres
estimaciones distintas de la velocidad de precesión:

Ptolomeo: 1º/ 100 años


al-Batt×n÷: 1º/ 66 años
al-¼ýf÷: 1º/ 70 años

La estimación de Ptolomeo es bien conocida (Alm.VII.3)64, así como la de


al-Batt×n÷65. El problema se plantea con la estimación atribuida a al-¼ýf÷ que
no coincide con la que este autor utiliza en su Uranografía (Kit×b ½uwar al-
kaw×kib), en la que se aplica la misma precesión de al-Batt×n÷ (1º/ 66 años)66,
mientras que 1º/70 años es el valor de la precesión que se relaciona con Ibn
al-Aþlam (m. 985)67. Resulta lógico plantearse la cuestión de si al-¼ýf÷ utilizó
este segundo parámetro en su z÷¥ que, según todos los indicios, se conserva
únicamente a través de las Tabule Pisane de Abraham ibn ‘Ezra: el estudio
de Mercier nos da una pista importante a este respecto ya que establece que
el apogeo solar (sometido únicamente al movimiento de precesión, según ve-
remos) se desplaza 0;18º en un período de 20 años, lo que corresponde a una
precesión de 1;3º por cada 70 años.
A lo largo de la historia de la astronomía islámica fueron muchas las esti-
maciones que se hicieron de la constante de precesión y esto llevó a muchos
autores, pertenecientes sobre todo al Magrib y al-Andalus, a considerar que
la precesión (y, por tanto, el año trópico) era variable y a diseñar modelos
astronómicos que permitieran justificar esta velocidad variable y calcular su
valor para una fecha determinada. Esto dio lugar a la teoría de la trepidación
cuyos orígenes busca Ibn ‘Ezra en los magistri ymaginum, o sea los “antiguos
astrólogos” de los que habla Teón de Alejandría en su comentario a las Tablas
Manuales68 y en los autores indios. En esta teoría los puntos equinocciales tie-
nen un movimiento de vaivén en torno a un punto central (equinoccio medio)
situado sobre el ecuador y el arco que describen es de 8º (el valor mencionado
por Teón) y de 10;40º, que Ibn ‘Ezra atribuye a Azarquiel y que no es correcto
ya que el máximo valor de la precesión en el modelo definitivo diseñado por
Azarquiel es de 10;24º 69. Resulta curioso observar que 10;40º se acerca a los

62
 Millás, 1947, pp. 77-79.
63
 Millás, 1947, p. 78. Sobre esta cuestión cf. también Sela, 2003, pp. 219-224.
64
 Toomer, 1984, p. 333.
65
 Nallino, 1903, pp. 124 y 292-293. Este mismo parámetro aparece ya antes, en el al-Z÷¥ al-
Mumta¬an de Ya¬yà b. Ab÷ Man½ýr: cf. Vernet, 1956, p. 514.
66
 Samsó & Comes, 1988. De hecho, en un pasaje ulterior (Millás, 1947, p. 94) Ibn ‘Ezra afirma
que las estrellas fijas realizan una revolución en 24000 años, lo que corresponde a una precesión de
1º en 66 años y dos tercios.
67
 Cf. Kennedy, 1977b
68
 Neugebauer, 1975, pp. 631-634.
69
 Samsó, 2011, pp. 235-236.
182 Julio Samsó

10;45º que aparecen en el Liber de motu octave spere que, posiblemente, sur-
gió en el medio de los astrónomos toledanos que rodeaban al cadí ¼×þid a me-
diados del siglo XI y que, entre ellos, se encontraba precisamente Azarquiel70.
La trepidación, rechazada por al-Batt×n÷71 y por el propio Ibn ‘Ezra, se
relaciona con la oblicuidad de la eclíptica ya que si, según los modelos anda-
luso-magribíes a los que alude Ibn ‘Ezra, los puntos equinocciales variables
describen dos pequeños epiciclos ecuatoriales que arrastran la posición de la
eclíptica, el valor de la oblicuidad (ángulo que forman el plano de la eclípti-
ca con el plano del ecuador) variará también72. De hecho, una vez más, esta
doctrina intentó justificar las distintas estimaciones de este ángulo obtenidas
históricamente, de las que Ibn ‘Ezra menciona las siguientes73:

Astrónomos indios: 24º.


Hiparco y Ptolomeo: 23;51º.
La mayoría de los magistri probationum: 23;35º.
Ya¬yà b. Ab÷ Man½ur y Azarquiel: 23;33º.

Estos valores son correctos. La atribución a los indios de una oblicuidad de


24º es un tópico que se repite en multitud de fuentes. El parámetro utilizado
por Ptolomeo (23;51,20º)74 es algo más preciso que el que menciona Ibn ‘Ezra
y, aquí, nuestro autor parece estar haciendo una cita casi literal del Almages-
to I,13 cuando afirma que:

47;42º/ 360º = 11/83

donde 47;42º es el doble de 23;51º 75.


Los otros dos parámetros son valores establecidos ya en el siglo IX, a
partir de las observaciones de Damasco y Bagdad patrocinadas por el califa
al-Ma’mýn entre 828 y 833. 23;33º es el valor adoptado por Ya¬yà b. Ab÷
Man½ur en su al-Z÷¥ al-Mumta¬an76, así como también el parámetro de Azar-
quiel quien siempre lo relaciona con Ibn Ab÷ Man½ýr77. Finalmente, 23;35º
aparece en el z÷¥ de ©aba¹ al-©×sib78.
Dentro de este apartado, queda por decir algo acerca de los apogeos79,
empezando por el apogeo solar80 que Ptolomeo, partiendo de las observa-
ciones de Hiparco realizadas 280 años antes, consideraba inmóvil a 66º del

70
 Samsó, 2011, pp. 224-225, 238-239.
71
 Millás, 1947, p. 80. Sobre la postura de al-Batt×n÷ cf. Ragep, 1996.
72
 Millás, 1947, p. 93: Ibn ‘Ezra rechaza categóricamente el modelo (“hec affirmatio frivola est
et inutilis”).
73
 Millás, 1947, pp. 93, 143.
74
 Almagesto I,12: Toomer, 1984, p. 63.
75
 De hecho en Millás, 1947, p. 92, el texto de Ibn ‘Ezra indica que 11/83 * 360 = 47;42,53º (la
cifra de los segundos es errónea, ya que debiera ser 39” en lugar de 53”) y la mitad de este valor es
23;51,27º (20” en lugar de 27”).
76
 Vernet, 1956, p. 515.
77
 Samsó, 2011, pp. 176 y 232-236.
78
 Debarnot, 1987, p. 43
79
 Millás, 1947, pp. 77-78.
80
 Cf. Sela, 2003, p. 238.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 183

punto equinoccial81. Los astrónomos indios, en cambio, lo situaban a 77;54º,


lo que coincide con lo que hallamos en el Sinhind de al-Jw×rizm÷ (77;55º)82.
En cambio, resulta más difícil de aceptar la afirmación del texto editado de
que los magistri probationum, que son más de treinta y vivieron en épocas
diversas, consideraron que el apogeo solar estaba a 77º y algunos minutos
del punto equinoccial: ya Ibn Yýnus nos da dos estimaciones de su posición
realizadas por los astrónomos de al-Ma’mýn y habla de 82;39º o 82;1,37º 83.
Se trata, probablemente, de un valor corrupto en la tradición manuscrita del
De rationibus. No obstante, tiene interés el que Ibn ‘Ezra nos diga que los
magistri probationum establecieron, en contra de la opinión de Ptolomeo, que
el apogeo solar se desplaza con la misma velocidad que el movimiento de
precesión84. A esto se añade la cita del libro De anno solari de Azarquiel, en la
que éste defiende que el apogeo solar no solo se mueve debido a la precesión
sino que tiene un movimiento propio del orden de 1º en 279 años85, lo que
implica la existencia de un tercer tipo de año, además del trópico y del sidéreo:
el año anomalístico, que corresponde al período de tiempo transcurrido entre
dos pasos del sol por su apogeo. Ibn ‘Ezra rechaza esta teoría pero señala que
Azarquiel habría llegado a estas conclusiones al comprobar que la longitud
de Cor Leonis (Qalb al-Asad/ Regulus, a Leonis) habría aumentado 15º entre
la época de Ptolomeo y la suya propia, mientras que el incremento de la lon-
gitud del apogeo solar habría sido de 20º 86. Pueden comprobarse estos datos
y lo primero que se constata es que Ibn ‘Ezra ha considerado que Cor Leonis
estaba a 138º, tal como él mismo ha afirmado, para su tiempo (cf. supra 3.1):

Cor Leonis Apogeo solar


Ptolomeo (139 AD) 123º 65;30º
Azarquiel (1075 AD) 136;35º 85;49º
Diferencia 13;35º 20;19º

Hay que señalar que los seguidores de Azarquiel adoptaron el movimiento


propio del apogeo solar y algunos de ellos consideraron que se aplicaba tam-
bién a los apogeos de los planetas inferiores (Mercurio y Venus) o incluso,
según otros, a todos los planetas87. Existía la duda de si estas ideas derivaban
del propio Azarquiel, ya que su obra sobre el año solar no se ha conservado y
solo ha podido reconstruirse en parte mediante fuentes secundarias88. Ibn ‘Ezra

81
 De hecho Ptolomeo sitúa el apogeo solar a 65;30º del punto equinoccial, tal como recoge el
mismo Ibn ‘Ezra en Millás, 1947, p. 91. Cf. Almagesto III,4: Toomer, 1984, p. 153.
82
 Suter, 1914, p. 9; Neugebauer, 1962, p. 19
83
 Caussin, 1801, p. 40. La tradición posterior de los magistri probationum sigue en la misma
línea: el libro sobre el año solar atribuido a ¢×bit da un apogeo de 80;45º (Morelon, 1987, pp. 29-
30); al-Batt×n÷ lo sitúa en 82;17º en el año 882 (Nallino, 1903, p. 44); Azarquiel en 85;49º en 1075
(Toomer, 1987; Samsó, 1994b).
84
 Millás, 1947, p. 91
85
 Samsó, 2011, pp. 211-212.
86
 Millás, 1947, p. 80.
87
 Samsó & Millás, 1998, pp. 268-270; Samsó, 1997, pp. 82-83, 102; Díaz Fajardo, 2005.
88
 Toomer, 1969 y 1987; Samsó, 1994b
184 Julio Samsó

parece zanjar la cuestión al rechazar el movimiento propio del apogeo solar


observando que, según Azarquiel los apogeos planetarios están (¿únicamen-
te?) sometidos al movimiento de las estrellas fijas:

“Idem Azarchel manifestavit motum alti loci 5 planetarum adequari


motu fixe; quod si ita est, erit motus loci alti solis tamquam motus
loci alti cuiusvis 5 planetarum”89.

3.4.  Conclusiones

Queda claro, en la exposición anterior, que Ibn ‘Ezra se muestra en des-


acuerdo con el punto de vista de Azarquiel y de toda la tradición de las tablas
astronómicas andalusíes y magribíes y tiende a adoptar la postura de unos
magistri probationum mayoritariamente orientales. Rechaza el año sidéreo
para seguir a Ptolomeo en el uso del año trópico, así como la trepidación de
los equinoccios en favor de una precesión constante, el modelo de Azarquiel
para justificar las variaciones históricas de la oblicuidad de la eclíptica y el
movimiento propio del apogeo solar. De hecho, Azarquiel elabora sus teorías
precisamente porque acepta los valores de las observaciones de sus predece-
sores que implican distintas estimaciones de la duración del año trópico y, por
tanto, una precesión de los equinoccios que no es constante, así como también
variaciones en la oblicuidad de la eclíptica. En cambio, Ibn ‘Ezra —muchas
veces con razón— cree que buena parte de estas irregularidades se deben
a errores de observación o a imperfecciones del instrumental astronómico
utilizado90 y da, al respecto, un ejemplo significativo: dos observaciones si-
multáneas de la altura del sol en el equinoccio de primavera fueron realizadas
por los hermanos Baný ³×kir utilizando dos astrolabios91 de nueve palmos
de diámetro, en los que cada minuto de arco estaba dividido en cinco partes.
Entre las dos observaciones se obtuvo una diferencia de 2’92. Evidentemente,
si puede producirse este tipo de error en observaciones simultáneas con instru-
mentos idénticos, ¿cómo se evitarán errores mayores en observaciones hechas
con diferentes instrumentos y épocas y observadores distintos?
Un problema diferente y que no queda claro es el de saber hasta qué punto
Ibn ‘Ezra acepta o rechaza la astrología sidérea. Para él, los procedimientos a
aplicar en la práctica astrológica son los mismos93 y, en un pasaje algo oscuro
del De rationibus94 parece mostrarse partidario de la astrología sidérea al ex-
plicar que, para levantar horóscopos (“si vis operari in iudiciis ymaginum...”)

89
 Millás, 1947, p. 80. Sobre el movimiento de los apogeos planetarios cf. también p. 101.
90
 Millás, 1947, pp. 81, 92, 93, 143.
91
 No resulta creíble el uso de astrolabios de este tamaño y para este tipo de observaciones. Ibn
‘Ezra se refiere, probablemente, a dos armillas o anillos graduados y provistos de un par de visores,
situadas en el plano del meridiano. Cf. otra referencia al astrolabio como instrumento de observación
en Goldstein, 1967, p. 149. En este segundo caso podría pensarse que Ibn ‘Ezra se está refiriendo al
astrolabon del Almagesto, o sea a la esfera armilar.
92
 Millás, 1947, p. 81.
93
 Millàs, 1947, p. 85.
94
 Millás, 1947, p. 89.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 185

habrá que restar 1º a la posición de cada planeta calculada con las tablas de
los indios y 8º a la posición calculada “secundum tabulas meas”. Esto impli-
ca, evidentemente, que las tablas de al-Jw×rizm÷ utilizarían, según Ibn ‘Ezra,
una fecha radix en la que el valor de la precesión era de 1º 95, mientras que
las Tabule Pisane estaban calculadas para un tiempo en el que la precesión
era de 8º 96. Con estas correcciones la revolutio anni sería de 92;24º, un valor
claramente sidéreo, que Ibn ‘Ezra atribuye a ¢×bit b. Qurra y Avicena97. La
cuestión queda abierta, no obstante, hasta que se obtenga información de la
serie de horóscopos conservados en manuscritos y atribuidos a Ibn ‘Ezra98.

4. Otras diferencias entre la astronomía india y la de los magistri


probationum

Está claro que Ibn ‘Ezra conoce perfectamente el Sindhind de al-Jwrizm


y que a él parece referirse cuando habla de astronomía india. A lo largo del De
rationibus defenderá los modelos ptolemaicos, con las revisiones introducidas
por los magistri probationum, y será consciente del carácter más rudimentario
de los modelos planetarios del Sindhind. De este modo, en lo que se refiere a la
luna, seguirá al Almagesto aunque señalará, repetidamente, que el movimiento
medio de la luna establecido por Ptolomeo es erróneo. Los astrónomos indios
y persas utilizan un modelo lunar primitivo, con una sola ecuación, que puede
consistir en una excéntrica como la del sol o un modelo a base de deferente
concéntrico y epiciclo. De hecho este modelo es equivalente al primer modelo
de Ptolomeo99 y, tal como observa Ibn ‘Ezra, es válido únicamente para las
conjunciones y oposiciones de la luna y del sol100.
Por otra parte, Ibn ‘Ezra analiza con un cierto detalle el problema del
cálculo de longitudes, estaciones y retrogradaciones de Saturno (pp. 109-116),
Júpiter (pp. 117-118), Marte (pp. 119-120), Venus y Mercurio (pp. 121-122).
Resulta interesante señalar que conoce los ciclos planetarios denominados
“años límite” (goal years) de Saturno y Júpiter: 59 años para Saturno y 83 para
Júpiter101: sobre la importancia de este ciclo diré algo más adelante. Por otra

95
  El apogeo solar, en las tablas de al-Jw×rizm÷, se mantiene fijo a 77;55º. Utilizando las tablas
de al-Batt×n÷, obtengo un apogeo situado a 77;55º para el año 595 de nuestra era. Esto corresponde,
aproximadamente, a la época para la que se calculó su posición en la fuente (indo-persa) de la que
derivan las tablas de al-Jw×rizm÷. Ahora bien, la fecha radix utilizada en las tablas es el 14 de julio
del 622 (Hégira), unos 27 años después de la fecha anterior, en la que el apogeo solar está en 78;20º
con una diferencia de 25’. Si utilizamos la constante de precesión de las Tabule Pisane (1º en 70
años), a 27 años le corresponden unos 23’.
96
  No dispongo de suficientes datos para hacer el cálculo con las Tabule Pisane. Utilizo, por ello,
el z÷¥ de al-Batt×n÷ que, con toda probabilidad, daría resultados parecidos. Al utilizarlo obtengo, como
hemos visto, una longitud del apogeo solar para el año 595 de 77;55º y, al calcular esta posición para
el año 1154 de nuestra era (fecha del De rationibus) el resultado es 86;23º. La diferencia es, por tanto,
de 8;28º y coincide con los 8º de Ibn ‘Ezra.
97
 Millás, 1947, p. 82
98
 Cf. Smithuis, 2006, pp. 334-336; Goldstein, 2004.
99
 Pedersen, 1974, pp. 167-179.
100
 Millás, 1947, pp. 101-108.
101
 Millás, 1947, pp. 115 y 117. Azarquiel, en su almanaque, utiliza un ciclo de 71 años para Júpiter:
cf. Samsó, 2011, p. 168.
186 Julio Samsó

parte, en lo que respecta a sus críticas a la astronomía india, insiste sobre todo
en el hecho de que, para el cálculo de la ecuación de la anomalía, los indios
no tienen en cuenta (como Ptolomeo y los magistri probationum) que el valor
de esta ecuación no depende únicamente de la posición del planeta sobre su
epiciclo, sino también de la distancia del centro del epiciclo con respecto a la
Tierra: esta segunda corrección tiene escasa importancia en casos como el de
Saturno cuyo epiciclo es pequeño, pero la situación empieza a cambiar con
Júpiter y, sobre todo, con Marte, Venus y Mercurio que tienen epiciclos de un
tamaño considerable.

5. El problema de las coordenadas geográficas

Pese a la influencia clara de los astrónomos orientales, tenemos en el De


rationibus un claro eco de la tradición astronómica islámica occidental en el
uso de un primer meridiano andalusí para sus longitudes geográficas: desde
el año 940 está documentado en al-Andalus el uso de un primer meridiano
occidental situado a 17;30o al oeste de las Islas Afortunadas, gracias al cual
el tamaño del Mediterráneo —exageradamente grande en la concepción pto-
lemaica— queda reducido a dimensiones prácticamente equivalentes a las
actuales102. Ibn ‘Ezra adopta este nuevo meridiano y señala que la longitud
de Córdoba mencionada en la Geografía de Ptolomeo era de 9o y su latitud
de 36o, pero que se ha probado repetidamente y en épocas distintas, mediante
eclipses de sol y de luna, que su longitud es de 27o y su latitud de 37;30o:

“multis vero temporibus et diversis probata est eius longitudo, eclipsi


solis et lune, 27 graduum, et latitudo, racione perfecta, 37 graduum
et 30 minutorum»103.

La misma longitud de 27o es la que se encuentra implícita en las tablas de


al-Jw×rizm÷-Maslama para calcular eclipses de luna104 y es la habitual en las
tablas de tradición andalusí, las cuales no suelen utilizar, no obstante, una lati-
tud de 37;30o sino de 38;30o 105. Lo más probable es, pues, que el texto editado
por Millàs contenga un error en el valor de la latitud (véase lo que expongo
más abajo), por más que 37;30o para la latitud de Córdoba está documentado
en el Calendario de Córdoba (s. X) y, al menos, en uno de los manuscritos
de las Tablas de Toledo (s. XI)106. Por otra parte, las referencias a Ptolomeo
no son precisas ya que el texto le atribuye una longitud de Córdoba de 9o
(9;20o tanto en el Geografía como en las Tablas Manuales) y una latitud de
36o (38;5o en las Tablas Manuales y 38;50o en la Geografía). No obstante, lo
más interesante del pasaje de Ibn ‘Ezra antes citado es la referencia a que la
longitud de Córdoba se ha comprobado, repetidamente, mediante observacio-

102
 Comes, 1994.
103
 Millàs, 1947, p. 79.
104
 Samsó, 2011, pp. 89-90 y 469-470.
105
 Kennedy & Kennedy, 1987, p. 95.
106
 Samsó, 1983.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 187

nes de eclipses solares y lunares, ya que nos ofrece una explicación posible
de esta misteriosa corrección del tamaño del Mediterráneo. Resulta difícil
concebir, en la primera mitad del siglo X, dos observaciones simultáneas de
un eclipse de luna realizadas en dos lugares muy alejados, seguidas de una
mutua comunicación de los resultados, por lo que una hipótesis posible es
la de la observación, en Córdoba, de un eclipse y la comparación de la hora
observada con los resultados de un cálculo, particularmente afortunado, rea-
lizado con unas tablas astronómicas. A esto alude, probablemente, Ibn ‘Ezra
quien, por otra parte, dice, al final del pasaje antes citado, que explicará más
adelante las causas del error de Ptolomeo, ya que la longitud y latitud terres-
tre no aumentan ni disminuyen107. En efecto, en un pasaje ulterior108, justifica
tanto la diferencia de longitud como la de latitud por el uso de unas tablas de
origen indio, sin aclararnos la relación que concibe entre estas tablas y Ptolo-
meo. Por una parte, si se utilizan unas tablas de este tipo, puede cometerse un
error de varias horas en el cálculo de un eclipse de sol, ya que el movimiento
medio de la luna es erróneo en las tablas indias. Por otra, afirma que, para la
época de Ptolomeo, con las tablas indias se puede calcular que el sol entra
en Libra 7 días antes de lo que se obtiene “per probationem Ptholomei”. Po-
demos controlar este dato calculando la entrada del sol en Libra para el año
137 de nuestra era (época del catálogo de estrellas del Almagesto) utilizando
los z÷¥es de al-Jw×rizm÷-Maslama (tradición india) y de al-Batt×n÷ (tradición
ptolemaica)109. Con ellas obtengo:

— al-Jw×rizm÷: el sol entra en Libra 0º el 17 de septiembre de 137


— al-Batt×n÷: el sol entra en Libra 0º el 25 de septiembre de 137

La diferencia es, pues, de 8 días y, probablemente, serían 7 con unas tablas


auténticamente ptolemaicas. La argumentación de Ibn ‘Ezra sigue afirmando
que el sol alcanza una altura meridiana de 54º cuando entra en Libra, momento
en el que su declinación (d) será 0º y, por tanto, la altura meridiana (hm) será
el complemento de la latitud (j), con lo que esta última tendrá el valor de 36º
(latitud de Córdoba que Ibn ‘Ezra atribuye a Ptolomeo). Ahora bien, el 17 de
septiembre el sol no estará en Libra 0º sino en Virgo 23º (7º de diferencia que
corresponden, aproximadamente, a 7 días en los que el sol recorre cerca de 1º
por día). A Virgo 23º le corresponde una declinación de 2;30º según Ibn ‘Ezra
(de hecho, el valor correcto sería de 2;49º para una oblicuidad ptolemaica de
23;51º) y, por tanto, tendríamos que:

j = 90º - hm + d = 90º – 54º + 2;30º = 38;30º

con lo que Ibn ‘Ezra habría obtenido el valor más habitual de la latitud de
Córdoba y no los 37;30º que he mencionado antes.

107
 Millàs, 1947, p. 79: “et in fine ostendam unde error contingit, nam longitudo et latitudo terre
nec augescit nec decrescit”.
108
 Millàs, 1947, p. 86.
109
 No dispongo de un programa de ordenador que me permita calcular posiciones con los parámetros
exactos del Almagesto o de las Tablas Manuales. La diferencia no sería muy grande.
188 Julio Samsó

Por otra parte, Ibn ‘Ezra utiliza para Angers-Bordeaux una longitud de
23o 110 y para Pisa 33o 111. Si tenemos en cuenta que, utilizando coordenadas
modernas, la longitud de Córdoba es de 4;46o W, la de Bordeaux 0;34o W y la
de Pisa 10;24o E, podemos calcular que la diferencia de longitudes Córdoba-
Bordeaux es de 4;46º + 0;34º = 5;20º, mientras que con las coordenadas de
Ibn ‘Ezra tenemos 4º. En lo que se refiere a la diferencia de longitudes entre
Córdoba y Pisa, el error parece mayor ya que tenemos 4;46º + 10;24º = 14;10º,
mientras que esta diferencia se convierte en 6º si utilizamos los datos de Ibn
‘Ezra. Parece, pues, claro que la longitud de Pisa que nos da Ibn ‘Ezra no es
coherente con una longitud de Córdoba de 27o y que parece relacionarse con
una tradición diferente. Una longitud de 33o para Pisa está próxima de los
valores comprendidos entre 32o y 33;40o que encontramos en fuentes orien-
tales que no utilizan un meridiano origen situado a 27o al W de Córdoba112 y
Mercier113 ha demostrado que las tablas de movimientos medios del sol y de
la luna que se encuentran en las Tabule Pisane no se ajustan a observaciones
realizadas en Pisa sino que son el resultado de una corrección, en función de
la diferencia de longitudes, a partir de unas tablas calculadas para Bagdad
o algún lugar próximo a esta capital. Se impone aceptar que los 33o de Pisa
derivan, probablemente, de las tablas de al-¼ýf÷, utilizadas por Ibn ‘Ezra para
calcular sus Tabule Pisane. Por otra parte, la longitud de Angers-Bordeaux
(23º) fue determinada por Ibn ‘Ezra mediante una observación de un eclipse
de sol en Bordeaux114 comparando, probablemente, la hora observada con la
calculada mediante las Tabule Pisane. El resultado obtenido fue bastante bue-
no: una diferencia de longitudes de 10o 115 en lugar de los 11º que nos dan las
coordenadas modernas. Conviene señalar asimismo que la diferencia horaria
de 36 minutos que nos da el De rationibus corresponde a una diferencia de
longitudes de 9º y no de 10º. Por otra parte, la equivalencia que da el texto en-
tre 20 millas de distancia y un grado de diferencia de longitudes (“pro singulis
miliariis 20 longitudinis 1 gradum assume”) se escapa de cualquier medición
conocida del grado de meridiano que, en la tradición islámica medieval, oscila
entre 56 y 66 millas por grado116.

110
 En un texto relacionado con las Tablas de Pisa, redactado por el propio Ibn ‘Ezra y editado por
Millás, 1947, p. 61, nuestro autor afirma que la longitud de Wintonia (Winchester) es la misma de
Angers (casi 24º). Cf. también Mercier, 1991, pp. 16-17.
111
 Millàs, 1947, pp. 87-88.
112
 Kennedy & Kennedy, 1987, p. 255.
113
 Mercier, 1991, pp. 10-11.
114
 Mercier, 1991, p. 14, sugiere que puede tratarse del eclipse de sol del 26 de octubre de 1147 o
del que se produjo el 26 de enero de 1153.
115
 9º si utilizamos la longitud de “casi 24º” que aparece en el texto de Ibn ‘Ezra editado por
Millás, 1947, p. 61.
116
 King, 2000.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 189

6. El tratado sobre el astrolabio

El tratado de astrolabio de Ibn ‘Ezra tiene muchos puntos de contacto con


las tres versiones hebreas conservadas del Kel÷ ha-ne¬oshet117 y fue identifi-
cado por Millás118 debido a: a) la mención de un magister Abraham, b) una
alusión a Inglaterra (donde Ibn cEzra estuvo entre 1157 y 1160)119, y c) el
hecho de que el autor menciona unas tablas astronómicas suyas y tiene más
confianza en ellas que en los cálculos aproximados que puede realizar con
un astrolabio. El texto editado por Millàs presenta ciertas peculiaridades que
conviene tener en cuenta. En primer lugar describe la existencia de astrolabios
septentrionales y meridionales —a los que denomina sinistrum y dextrum—,
lo que parece una mala traducción del árabe en que las palabras ¹im×l y yam÷n
son bisémicas y se relacionan, respectivamente con norte/izquierda y sur/
derecha. Esta referencia es curiosa ya que el astrolabio meridional es poco
corriente en nuestras latitudes y los tratados de astrolabio conocidos suelen
limitarse a describir el astrolabio septentrional. Por otra parte, el texto contiene
alusiones a la circulación de instrumentos de tipo muy arcaico y esto explica
el que el autor mencione el hecho de que estos instrumentos son tanto más
inexactos cuanto más antiguos (el calendario zodiacal del dorso está trazado
en función de una posición del apogeo solar, que se desplaza con el tiempo;
del mismo modo las estrellas de la red están proyectadas según una longitud
que se va alterando debido a la precesión de los equinoccios). Entre los rasgos
que caracterizan los instrumentos antiguos está el hecho de que Ibn ‘Ezra diga
que la mayor parte de los astrolabios llevan tres láminas, grabadas por ambas
caras para la latitud de seis climas, mientras que el trazado del clima séptimo
se encuentra grabado en el fondo de la madre120. Existen referencias a este tipo
de astrolabios «universales» en los textos latinos generados en Cataluña a fi-
nes del siglo X, pero el astrolabio carolingio que perteneció a M. Destombes, y
que es también de fines del siglo X, ya lleva una lámina cuyas dos caras están
trazadas específicamente para las latitudes de Córdoba y de Barcelona121. Otro
indicio de antigüedad se encuentra en el hecho de que nuestro autor afirme que
los astrolabios llevan, habitualmente, la proyección de los círculos acimutales
o verticales122, cosa que era absolutamente standard en instrumentos del s. XII.
Por otra parte es posible también que circularan astrolabios orientales ya que
Ibn ‘Ezra describe el procedimiento para determinar el grado del sol con el
calendario zodiacal del dorso en los astrolabios que lo tengan y todos los ins-
trumentos andaluso-magrebíes conocidos disponen de este tipo de diagrama.
El equinoccio de primavera tiene lugar en el 14 de marzo, lo que se ajusta bien
con la época en la que vivió nuestro autor.

117
 Cf. un análisis comparativo de los cuatro textos en Sela, 2001, pp. 104-113; Sela, 2003, pp. 22-
36.
118
 Millás, 1940.
119
 La alusión a Inglaterra es interpretada de manera diferente por Sela, 2001, pp. 111-113, quien
considera que el tratado latino sobre el astrolabio fue compuesto en Verona o en Mantua.
120
 Millás, 1940, p. 10.
121
 Sobre este astrolabio, véanse las actas del simposio celebrado en Zaragoza en 1993 publicadas
en la revista Physis 32 (1995).
122
 Millás, 1940, p. 11.
190 Julio Samsó

Llaman la atención en este texto la aplicación del astrolabio para ciertos


usos para los que, desde luego, no ha sido diseñado. Ibn ‘Ezra explica cómo
utilizarlo para determinar la hora en función de la altura de la luna: tiene
que empezar calculando la longitud de la luna y, para ello, necesita utilizar
unas tablas astronómicas (“locum lune in tabulis coequationis planetarum
secundum artem quam dedimus de coequandis planetis”)123. Evidentemente la
operación no tendrá el nivel de precisión que se obtiene con el sol o con una
estrella fija, ya que implica considerar que la luna se encuentra sobre la eclíp-
tica. Por ello el texto termina afirmando que, si la luna tiene latitud, el error
será proporcional a la magnitud de esta latitud124. Del mismo modo utiliza el
astrolabio en relación con los planetas y expone dos procedimientos, un tanto
confusos en el texto, para determinar su posición (de nuevo sobre la eclíptica)
o para saber si un planeta tiene movimiento directo o retrógrado. Observa que
la máxima elongación de Venus y Mercurio con respecto al sol es de 47º y
41º respectivamente: el valor de Venus coincide con el que encontramos en el
De rationibus, pero no el de Mercurio que, en esta última fuente, es de 21º 125.
Estos usos del astrolabio aplicados a la luna o a los planetas no son frecuentes
en los tratados sobre este instrumento pero se encuentran, por ejemplo, en el
libro escrito por Ibn al-Sam¬, donde se atribuyen a uno de los magistri pro-
bationum, ©aba¹ al-©×sib (m. c. 874)126.
Lo que sí es común en los tratados sobre astrolabio es la descripción de
sus aplicaciones a la astrología y, en su obra, Ibn ‘Ezra describe cuidadosa-
mente tres de estos usos: la división de las casas del horóscopo, el cálculo de
aspectos y, por consiguiente, la proyección de rayos y, finalmente, el cálculo
de la prorrogación o tasy÷r, que nuestro autor llama ductus127. De estas tres
aplicaciones la que más ha llamado la atención ha sido la de la división de
las casas, ya que Ibn ‘Ezra parece ser la fuente más antigua conservada en la
que se describe el método de las líneas horarias, de límites fijos, para dividir
las casas, en el que los principios de las casas se determinan por las inter-
secciones de la eclíptica con las líneas (trazadas en cualquier astrolabio) que
corresponden a las horas temporales pares. Este procedimiento se encuentra
descrito en el tratado sobre el astrolabio128, en el De rationibus129 y en el Sefer
ha-moledot130. El procedimiento resulta extraordinariamente complejo si lo
que se pretende es realizar un cálculo con lápiz y papel, pero resulta sencillí-
simo con un astrolabio y a ello se refiere Ibn ‘Ezra cuando dice “Nos vero in
astrolabio docuimus facile distinguere domus”131. No está claro que Ibn ‘Ezra

123
 Millás, 1940, p. 19.
124
 Millás, 1940, p. 19: “Hoc autem quod diximus recte quidem est si luna est in zodiaco, si autem
in zodiaco non est secundum maiorem uel minorem eius latitudinem magis minusue fallemur”.
125
 Millás, 1947, p. 122. La frase en la que se habla de la máxima elongación de Mercurio en el
tratado sobre el astrolabio (“et mercurius in maxima remotione a sole que est 41 secunde graduum”)
resulta confusa y parece corrupta. De hecho, en la teoría ptolemaica, la máxima elongación de
Mercurio oscila entre 18º y 28º: cf. Pedersen, 1974, p. 295.
126
 Viladrich, 1986, pp. 70-82.
127
 Millás, 1940, pp. 22-26.
128
 Millás, 1940 p. 22.
129
 Millás, 1947, pp. 159-161, donde también describe el procedimiento para calcular el tasy÷r.
130
 North, 1986, pp. 20-27.
131
 Millás, 1947, p. 160.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 191

fuera el inventor del método que, pese a su facilidad, se difundió muy esca-
samente entre los astrónomos árabes y fue aplicado con frecuencia en medios
europeos desde fines del siglo XV132.

7. El tratado sobre el almanaque

En 1946 Millás señaló que, en dos manuscritos que contienen el De ratio-


nibus tabularum, el texto de esta obra está seguido, sin solución de continui-
dad, por un pequeño tratado sobre el almanaque, redactado con un estilo muy
semejante al del De rationibus y en el que su autor se confiesa autor de unos
cánones (habla de unas rationes tabularum) y de unas tablas astronómicas.
Todo esto le sirve a Millàs para atribuir a Ibn ‘Ezra la autoría de este tratado
sobre el almanaque, que sería otro texto latino relacionado con este autor judío
y sobre el que no he encontrado ninguna referencia en la bibliografía reciente.
El texto en cuestión merecería una edición, con el fin de aclarar ciertos aspec-
tos que no acaban de entenderse en el estudio de Millás y que nos permitirían
determinar si, en esta obra, Ibn ‘Ezra se está refiriendo a un almanaque “perpe-
tuo”, en el sentido andalusí del término, o bien a una colección de efemérides
planetarias calculadas para un año determinado.
En efecto, los almanaques perpetuos utilizan ciclos —denominados «años
límite» (goal years), que son característicos de cada planeta— al cabo de los
cuales las posiciones se repiten en las mismas fechas del año juliano. El caso
más sencillo de explicar es el del sol cuyo ciclo es el bisiesto de cuatro años:
las longitudes del sol serán las mismas en el primer año después del bisiesto
y en el quinto, en el segundo y en el sexto, etc. De este modo, si se calculan
posiciones solares para este ciclo de cuatro años, dispondremos de una serie
de cuatro tablas que tendrá, teóricamente, validez perpetua y podremos saber
la longitud del sol por lectura directa, una vez establecido en qué año del ciclo
nos encontramos. Lo mismo puede decirse de los planetas, cada uno de los
cuales tiene un ciclo más o menos largo: hemos visto ya (cf. supra n.º 4) que
Ibn ‘Ezra atribuye a Saturno un ciclo de 59 años y a Júpiter otro de 83. Los
«años límite» tienen un origen babilónico y eran conocidos por Ptolomeo,
quien los menciona en el Almagesto. En el s. III o IV de nuestra era existió un
almanaque helenístico de este tipo que fue objeto de una adaptación realizada
por Azarquiel en torno al año 1089 (la época adoptada es el 1 de septiembre
de 1088)133.
Del estudio de Millás se desprende que el pequeño tratado consta de dos
partes, en la primera de las cuales se describe la disposición de las tablas
que acompañan al almanaque y que dan las posiciones del sol, luna, cinco
planetas y nodo ascendente de la luna con intervalos de dos días. Aquí surge
un primer rasgo sorprendente: la referencia a las posiciones de la luna para la
cual, en esta época, no parece que se conociera ningún ciclo similar al solar

132
 Además de North, 1986, véase también Kennedy, 1996, p. 538, y Casulleras, 2010, pp. 65-67.
133
 Samsó, 2011, pp. 166-171 y 487.
192 Julio Samsó

o a los planetarios que he mencionado más arriba134. Por otra parte, este texto
no parece incluir ninguna referencia a estos ciclos, con la única excepción
del bisiesto solar: para calcular la posición del sol durante un año bastará
con obtenerla con intervalos de seis días —interpolando linealmente para las
posiciones intermedias— y el autor da unas reglas que simplifican el cálculo
para los restantes tres años del ciclo135. Para la luna, calcula sus posiciones con
intervalos de tres días y se plantea el problema de obtener la longitud de la
luna utilizando el modelo simplificado de al-Jw×rizm÷ con una sola ecuación.
En el caso de Saturno parece calcular las posiciones una vez al mes y añade
ciertas consideraciones para tener en cuenta las estaciones y retrogradaciones
planetarias.
Lo anterior induce a pensar que el almanaque de Ibn ‘Ezra puede ser
independiente del de Azarquiel, por más que existen motivos para creer que
el autor judío conociera la obra de su predecesor toledano ya que afirma, en
su De rationibus136, que Azarquiel llevó a cabo las observaciones cruciales
(Azarchelis probatio) que le permitieron establecer los parámetros del modelo
solar en el año 482 H./1089. Ahora bien, los testimonios independientes de
que disponemos acerca de las investigaciones solares de Azarquiel establecen
que sus observaciones cruciales se llevaron a cabo en el año 467 H./1074-75137
y, tal como observa Millás, la fecha 482/1089 coincide sospechosamente con
la fecha radix del Almanaque. No obstante, otro pasaje oscuro del De rationi-
bus parece apuntar en la misma dirección que he señalado en relación con el
almanaque de Ibn ‘Ezra:

«Sed vere sunt tabule que singulis diebus docent coequare planetas
vel a tempore determinato dant rationes componendi almanac, id est
tabulas per quas semel factas per totum annum planetas coequatos
habebis»138.

Aquí las tablas que «a tempore determinato dant rationes componendi al-
manac» podrían ser tablas auxiliares que utilizaran los «años límite» y permi-
tieran el cálculo de efemérides anuales y este último sería el significado de la
definición de almanac que nos da el texto («tabulas per quas semel factas per
totum annum planetas coequatos habebis») y corresponder al texto descrito en
el pequeño tratado sobre el almanaque. Efemérides anuales y tablas auxiliares
para calcularlas son características de la astronomía islámica oriental en donde
tenemos documentadas efemérides desde el siglo IX y tablas auxiliares desde
el siglo XI.

134
  La primera referencia a un ciclo lunar de 11325 días aparece en el z÷¥ del astrónomo magribí Ibn
þAzzýz al-QusanÐ÷n÷, compilado hacia 1340 (Samsó, 1997). El mismo ciclo reaparece en las tablas de
Jacob b. David Bonjorn de Perpiñán, quien utiliza la fecha radix de 1361 (Chabás, 1992).
135
 Millás, 1946, pp. 427-428.
136
 Millás, 1947, p. 87.
137
 Samsó, 2011, p. 210.
138
 Millàs, 1947, p. 119.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 193

8. ¿Quiénes son los magistri probationum?: las fuentes de Abraham


ibn ‘Ezra

Todos los eruditos que se han ocupado de la obra latina de Ibn ‘Ezra han
subrayado el interés de la multitud de fuente citadas por este autor. Una de
ellas es al-¼ýf÷ (903-998), el autor de un z÷¥ del que partió Ibn ‘Ezra para
elaborar sus Tabule Pisane: se trata, evidentemente, de una fuente poco co-
mún en un contexto andalusí que de la obra de al-¼ýf÷ sólo conocía su tratado
de Uranografía, utilizado por los astrónomos de Alfonso X para redactar
sus IIII Libros de la Ochaua Espera139. Otras autoridades mencionadas, en
cambio, por Ibn ‘Ezra se ajustan más a lo que cabía esperar: es el caso de al-
Jw×rizm÷ y de su comentarista Ibn al-Mu£annà, Maslama de Madrid (m. 1007)
y su discípulo Ibn al-¼aff×r (m. 1035), o del famoso astrónomo toledano
Azarquiel (m. 1100).
Junto a estos autores encontramos multitud de referencias a fuentes mu-
cho menos habituales, en general mencionadas con el calificativo de magistri
probationum. Esta expresión traduce el término árabe de a½¬×b al-mumta¬an,
con el que las fuentes árabes suelen aludir a los astrónomos que, por encargo
del califa al-Ma’mýn, realizaron, en Bagdad y Damasco hacia el año 830, las
primeras tablas islámicas basadas, parcialmente, en observaciones nuevas. Si
se acepta que Ibn ‘Ezra acepta a Azarquiel como uno de los magistri probatio-
num, nos vemos obligados a coincidir con la opinión de Vernet140 para quien la
expresión de Ibn ‘Ezra incluye tanto a los astrónomos de al-Ma’mýn como a
otros posteriores que compilaron tablas basadas en observaciones originales141.
Entre estos magistri se encuentran colaboradores de al-Ma’mýn como Ya¬yà
b. Ab÷ Man½ýr, y Kh×lid b. cAbd al-Malik al-Marwarrý²÷, (fl. 800-850)142 pero
también los tres hermanos Baný Mýsà b. Sh×kir (fl. 850-875), ¢×bit b. Qurra
(m. 901), al-FaÅl b. ©×tim al-Nayr÷z÷ (m. c. 922), al-Batt×n÷ (m. 929), al-¼ýf÷
e Ibn Yýnus (m. 1009), además del propio Azarquiel143. Una lista similar
aparece, en boca del mismo Ibn ‘Ezra, en su traducción del comentario de Ibn
al-Mu£annà, aunque allí no les aplica una expresión similar a la de magistri
probationum sino que se limita a mencionar a aquellos astrónomos que obser-
varon la posición del apogeo solar144. Los nombres citados implican que nues-
tro autor tiene un buen conocimiento del estado de la astronomía oriental hasta
fines del siglo X y esto le permite abordar un estado crítico de la cuestión.
A propósito de esta lista de nombres quisiera hacer dos observaciones. La
primera de ellas se refiere al significado de magistri probationum si es que,
realmente, se trata de una traducción de a½¬×b al-mumta¬an. Mi experiencia

139
 Samsó y Comes, 1988. Sobre la difusión europea de esta obra, cf. Kunitzsch, 1965 y 1986 a y b.
140
 Vernet, 1956.
141
 Está claro que el significado de probare y probatio es “observar” y “observación” en el De
rationibus.
142
  Almarodizi en el texto latino (Millás, 1947, p. 76). Millás lo identifica con ©aba¹ al-©×sib al-
Marw×z÷ (Millás, 1947, p. 24) lo cual, evidentemente, es posible. Me permito, no obstante, sugerir esta
segunda identificación ya que Ibn ‘Ezra, en su versión del comentario de Ibn al-Mu£annà (Goldstein,
1967, p. 150) menciona como dos personajes independientes a ©aba¹ “el Árabe” y al-Marwa²÷.
143
 Cf., p. ej., Millàs, 1947, p. 76.
144
 Goldstein, 1967, pp. 149-150 y 245.
194 Julio Samsó

de unos cuarenta y cinco años dedicado a la lectura de textos astronómicos


andalusíes y magribíes me ha llevado a constatar que cuando un texto de este
origen menciona la expresión al-mumta¬an, ésta se refiere siempre a una
escuela astronómica que calcula posiciones trópicas, del mismo modo que
la referencia al Sindhind se relaciona siempre con las posiciones sidéreas, lo
que corresponde al tipo de astronomía característico del occidente islámico.
Mumta¬an se origina, evidentemente, con al-Z÷¥ al-Mumta¬an de Ya¬yà b.
Ab÷ Man½ýr, la primera colección de tablas astronómicas islámicas que adop-
ta los modelos planetarios de Ptolomeo y, por consiguiente, sigue el ejemplo
del Almagesto y calcula movimientos trópicos. El término se aplicará, en lo
sucesivo, a todos los astrónomos que asumirán los mismos principios. ¿Es
consciente de ello Ibn ‘Ezra? El gran problema, tal como he señalado antes,
es que introduce a Azarquiel en el paquete.
Una segunda observación se relaciona con el hecho de que Sela145, al
comentar la lista de astrónomos que observaron el apogeo solar, citados por
Ibn ‘Ezra en el comentario de Ibn al-Mu£annà, sugiere que la mencionada
lista constituye una guía para establecer las fuentes científicas accesibles en
al-Andalus en el siglo XII. Esta postura me parece difícil de defender: no
existen evidencias claras de la difusión en la Península Ibérica de la obra
astronómica de Ya¬yà b. Ab÷ Man½ýr, al-Marwarrý²÷, los Baný Mýsà, ¢×bit
b. Qurra146, al-FaÅl b. ©×tim al-Nayr÷z÷, al-¼ýf÷ (z÷¥) e Ibn Yýnus. Lo mismo
puede decirse de ©aba¹ al-©×sib (m. c. 874) y de Ibn al-Aþlam, citados en el
comentario de Ibn al-Mu£annà. La impresión que me produce este conjunto es
que Ibn ‘Ezra dispuso de información privilegiada que, a título de hipótesis,
puedo conjeturar que le llegó a través de uno de los dos canales siguientes:
1)  Isaac, hijo de Abraham b. ‘Ezra, estudió en Bagdad con el filósofo
Abý l-Barak×t al-Bagd×d÷ a quien dedicó un poema en hebreo en 1143147. Se
trata de un personaje que pudo aportar información a su padre sobre fuentes
astronómicas poco conocidas en al-Andalus, de la misma manera que ciertas
ideas de física neoplatónica pudieron llegar a al-Andalus por mediación suya.
2)  Un segundo canal, más probable, es la vía sugerida por Charles Bur-
nett148, quien estudia la existencia de conexiones entre Antioquía y Pisa que
permitieron la llegada a esta última ciudad de fuentes científicas orientales.
Este podría ser el camino por el cual Ibn ‘Ezra recibió el z÷¥ de al-¼ýf÷, así
como también otros libros orientales que parece conocer. Existe otro pequeño
dato curioso que apunta en la misma dirección: hemos visto que Ibn ‘Ezra
menciona la ciudad de Wintonia (Winchester) en un texto editado por Millás
y relacionado con las Tablas de Pisa, señalando que tiene la misma longitud
de Angers149 y Burnett ha llamado la atención sobre un misterioso þAbd al-
Mas÷¬ de Winchester, relacionado de algún modo con la traducción latina de
los cuatro primeros libros del Almagesto de Ptolomeo que se conserva en un

145
 Sela, 2003, p. 238.
146
  En relación con los Baný Mýsà y ¢×bit hay que exceptuar su obra Sobre el año solar (que puede
ser de cualquiera de ellos) que sí se difundió en al-Andalus.
147
 Pines, 1979.
148
 Burnett, 2000 y 2003.
149
 Millás, 1947, p. 61.
«Dixit Abraham Iudeus»: algunas observaciones sobre los textos... 195

manuscrito de Dresde. Esta traducción fue utilizada por Esteban de Pisa para
compilar su Liber Mamonis, una introducción a la astronomía ptolemaica en
la que utiliza las formas orientales de los numerales árabes, algo que también
hace Ibn ‘Ezra en un manuscrito del Sefer ha-Mispar y en las Tablas de Pisa150.

9. Conclusiones finales: la astronomía trópica y los astrónomos


judíos

A lo largo de estas páginas he intentado hacer un rápido repaso de algu-


nos rasgos de la obra astronómica latina de Abraham ibn ‘Ezra que me han
llamado la atención. La investigación reciente de la obra de este autor se ha
centrado, sobre todo, en sus aportaciones a la astrología, dejando un tanto de
lado su labor propiamente astronómica, que tiene un gran interés. Está claro
que Ibn ‘Ezra es un astrónomo altamente competente, que conoce fuentes
poco habituales en el contexto en el que se formó, lo que me sugiere que
adquirió esta información a lo largo de sus viajes y que, en el momento en
el que redactó su De rationibus, no tenía a mano la totalidad de las fuentes
que menciona, lo que explicaría algunos de sus errores en la transmisión de
parámetros numéricos.
Para terminar, una hipótesis: la adopción, por parte de Ibn ‘Ezra, de crite-
rios trópicos en su visión de la astronomía parece coincidir con una tradición
judía. He repetido, a lo largo de este trabajo, que lo habitual en la astronomía
andaluso-magribí es el cultivo de una astronomía sidérea y las excepciones a
esta regla parecen estar siempre relacionadas con astrónomos judíos: la traduc-
ción latina de los cánones de las tablas trópicas de al-Batt×n÷ la lleva a cabo
Platón de Tívoli (fl. Barcelona 1132-1146), en colaboración con Abraham bar
©iyya, quien utiliza las mismas tablas en su Sefer ©e¹bon mahlekot ha-koka-
bim151. Del mismo modo, cuando Bar ©iyya escribe su historia astrológica
del pueblo de Israel (Megillat ha.megalle) parece estar utilizando parámetros
trópicos (al menos en la duración del año) para calcular sus horóscopos152.
La historia continúa en el siglo XIII, en el que los astrónomos judíos de
Alfonso X elaboran una traducción castellana de las tablas de al-Batt×n÷ y
utilizan estas mismas tablas para compilar las Tablas Alfonsíes que, eviden-
temente, también son trópicas. Por otra parte, en el siglo XIV, el rey Pedro el
Ceremonioso (1336-1387) ordena la elaboración de unas Tablas de Barcelona
en la que participan tres personajes: dos cristianos (Pere Gilbert y Dalmau ses
Planes) y un judío sevillano (Jacob Corsuno). El resultado serán unas tablas
con materiales abigarrados entre los cuales nos encontramos unas posiciones
radix que son sidéreas mientras que los movimientos medios son trópicos.
Todo ello a pesar de que el monarca ha encargado unas tablas sidéreas, ya que
su aplicación ha de ser fundamentalmente astrológica153.

150
 Burnett, 2000, pp. 12-15.
151
 Millás, 1959.
152
 Millàs, 1929. Se trata de una conclusión provisional: los horóscopos de Bar ©iyya se han
resistido a todos mis intentos de análisis y recálculo: cf. Samsó, 2004, pp. 307-314.
153
 Chabás, 1996, pp. 482-486.
196 Julio Samsó

Terminaré esta relación con una referencia al Almanach Perpetuum de


Abraham Zacuto (1452-1515), una reelaboración de su ha-©ibbur ha-gadol
hecha por su discípulo José Vizinho y publicada en una doble edición (cas-
tellana y latina) en Leiria, 1496. Chabás y Goldstein154 han establecido clara-
mente que las posiciones planetarias del almanaque se han calculado utilizan-
do las Tablas Alfonsíes y, por consiguiente, son trópicas. En esta obra llama
la atención, de manera muy especial, que las tablas empiezan con el cálculo
del ascendente y las longitudes de las restantes once casas que son claramente
trópicas, lo que constituye un indicio de que los autores consideraban que
una de las aplicaciones del almanaque era, precisamente, el cálculo de unos
horóscopos que violaban lo que la comunidad científica andaluso-magribí
consideraba correcto.
Quedan claros, por consiguiente, los motivos que me llevan a pensar que
los astrónomos y astrólogos judíos de la Península Ibérica son precisamente
los responsables del abandono de una astronomía sidérea e introdujeron, en su
lugar, la astronomía trópica que les caracteriza.

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