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Por otra parte, dado a la creciente violencia que se desarrolló durante el

siglo XX, se ve la necesidad de tomar medidas en el ámbito educativo, surgiendo


así otro pilar fundamental para la educación: aprender a vivir.

Enseñar la no-violencia es un reto bastante ambicioso para la educación,


pues el ser humano tiene una naturaleza competitiva en donde sobrevalora sus
cualidades y la de sus semejantes, y desprestigia a todos los demás. Por ende,
la educación se plantea no solo enseñar la no-violencia, sino desde los primeros
años de vida fomentar proyectos comunitarios que permitan el trabajo en equipo
para un mismo fin.

De igual manera, se establecen dos orientaciones complementarias para


lograr “aprender a vivir” con los demás:

El descubrimiento del otro es imprescindible para lograr lo antes


mencionado. No obstante, es necesario enseñar el descubrimiento individual
para luego desarrollar el descubrimiento del otro. La escuela debe encargarse
desde los primeros años de vida del ser humano, a impartirles el conocimiento
de otras realidades, costumbres, lenguajes y culturas, para así crear empatía
con las otras realidades y desarrollar en el niño un pensamiento crítico. De tal
manera, aprenderá a tomar en cuenta la postura e ideologías de los demás y
sabrá abordarlas mediante el diálogo.

Así mismo, tender hacia objetivos comunes, ayuda a aprender a vivir.


Las actividades en conjunto que sacan a las personas de su rutina y poseen un
fin común disminuyen efectivamente los conflictos, pues a pesar de las
diferencias, todos deciden trabajar en equipo en una actividad recreativa para
lograr el objetivo común. Un buen empleo de esto, es implementar la práctica de
deportes y otras actividades culturales.

A parte de la importancia de aprender a vivir en sociedad, la educación


encuentra el cuarto y último pilar educativo que debe tomarse en cuenta
irrefutablemente, y comprende al ser humano como un ser individual: aprender
a ser.

El principio fundamental para la educación es garantizar el desarrollo


global de cada persona, teniendo aspectos como el cuerpo, mente, sensibilidad,
sentido estético, responsabilidad y espiritualidad. La educación debe asegurar el
desenvolvimiento en dichas áreas para así formar un ser con pensamiento
crítico, y libertad juicio y sentimientos. En tal caso, el papel del docente debe ser
ejemplar, y mediante sus distintas didácticas reforzar la importancia de la libertad
en todos sus ámbitos, fomentando el diálogo y el pensamiento crítico en el
estudiante.

De igual manera, existen dos aspectos que se encontraban desvalorados


en la educación: la imaginación y la creatividad. Sin embargo, para la educación
del siglo XXI es necesaria la innovación, y la misma solo puede ser viable
mediante el desarrollo de la imaginación y creatividad de las futuras
generaciones.

En conclusión, el reto para la educación contemporánea mediante sus


cuatro pilares es, garantizar la formación de un ser humano integral que tenga la
capacidad de aprender a conocer, obteniendo así conocimientos no
especializados sino conocimientos amplios y de cultura general; que posea la
facultad de aprender a hacer y poner en práctica todos los conocimientos
adquiridos de una manera eficaz, colectiva y de calidad; que tenga la habilidad
de empatizar con su entorno y con personas ajenas al mismo, es decir, aprender
a vivir con los demás de manera no conflictiva, y saber canalizar las diferencias
hacia un diálogo y no hacia la violencia; y por último aprender a ser un individuo
con pensamiento crítico, libertad de juicio, imaginación y creatividad para
asegurar una sociedad innovadora orientada al progreso. De igual forma, cabe
destacar que, los cuatro pilares de la educación no pueden limitarse a una etapa
de la vida o a un solo lugar