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Historia de la tenencia de la tierra

Ensayo final

Procesos de cambio desde el siglo XIX hasta la actualidad y el impacto de


nuevos megaproyectos modernizadores.

Iván Ernesto Rangel Guzmán

En el siglo XIX se dio un gran número de reformas de índole social y política.


Durante la primera mitad del siglo, México enfrentaba bastantes retos en
todos los sectores; había pasado por un proceso de independencia qué le costó
al país 11 años de producción interna (1810-1821), conflictos con Francia qué
al final resulto en una cuantiosa indemnización (la guerra de los pasteles en
1838), una guerra de 2 años de duración y con la desastrosa perdida de un
poco mas de 2 millones de kilómetros cuadrados con el país vecino de Estados
Unidos (1846-1848) y el cambio del estado de derecho. La unión de todos
estos factores para la década de 1850 convergió en la consagración del partido
liberal en los principales puestos políticos del país. La aparición de Benito
Juárez en la escena política primero como presidente de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación y después como candidato a la presidencia de la
republica trajo consigo la realización de un proyecto de nación; el cual
contemplaba principalmente un plan modernizador del cual destaca la ley de
desamortización de bienes de manos muertas o también llamada ley Lerdo.

Esta ley se caracterizaba por cambiar el derecho y distribución de las tierras en


posesión de la iglesia; sin embargo también afectaba de manera directa a las
tierras comunales de los pueblos indígenas principalmente. Para estos años el
95% de la propiedad nacional superficial pertenecía a la iglesia. La posesión
de la tierra fue fundamental para los megaproyectos de infraestructura
moderna (ferrocarriles, hidroeléctricas, mineras, etc.). En consecuencia, al no
haber cabida dentro del marco de derecho existente (constitución de 1824), se
tuvo que reformar y crear una nueva constitución para dar marco legal a las
expropiaciones y enajenaciones de las tierras (constitución de 1857).

La organización agraria para 1857 de las comunidades y pueblos indígenas se


dividía en 5 partes:

1.- Fondo legal: Es el terreno donde se asentaba la comunidad. Es en el punto


donde se encontraban los principales edificios públicos y particulares. Su
extensión se daba a partir de la iglesia o en algunos casos del centro del
pueblo hacia los puntos cardinales, con aproximadamente 600 varas
cuadradas.

2.- Ejido: Son las tierras de agostadero. Servía para el pastoreo del ganado y
para la recreación de los habitantes.

3.-Tierras de esparcimiento: Son las tierras que se usaban para la siembra.

4.-Propios: Son las tierras de uso común de donde se conseguía un sinfín de


recursos naturales para su uso por la misma población.

5.-Montes y las aguas.

Como se puede ver, la división agraria mostraba un sistema complejo en


donde no solo era de vital importancia las tierras de cultivo; sino todas las
tierras adyacentes. Antropológicamente se puede determinare que las
comunidades indígenas habían conservado para la segunda mitad del siglo
XIX un conocimiento ecológico de uso y conservación de los recursos desde
el periodo colonial e incluso anterior a este. Es así que la expropiación de las
tierras por parte del gobierno liberal de Juárez, fragmentó no solo socialmente
a las poblaciones sino culturalmente al cambiar su modo de vida y obligando a
los habitantes a adaptarse a los nuevos procesos venideros.

Estos cambios dieron pauta a las próximas reformas de índole agraria como lo
pueden constatar los megaproyectos de Porfirio Díaz al final del siglo XIX y
principio del XX. Un punto relevante del nuevo orden es la aparición de
nuevas haciendas y la reestructuración de las más antiguas. Inmediatamente al
término de la guerra de intervención francesa (1862-1867), el país quedó en
manos de los militares, quienes vieron en las tierras un nuevo tipo de
generación de riqueza. A partir del 1880 se dieron transformaciones en el
ámbito económico, político y social que favorecieron la consolidación de
nuevas industrias. En el norte con las mineras, grandes productores de ganado
y siderúrgicas; en el centro con la agricultura y el comercio a gran escala y en
el sur con los cafetales, los ingenios azucareros, el henequén y las
hidroeléctricas.

Si bien los megaproyectos impulsados durante el mandato de Porfirio Díaz


demostraban una visión de un México moderno ante el mundo, dichos
proyectos no estuvieron ausentes de grandes movilizaciones de habitantes (ya
sea de manera voluntaria o involuntaria). Uno de los casos más concretos es
la odisea de los pueblos Yaqui hacia la península de Yucatán; donde en un
ambiente de esclavitud eran obligados a trabajar en las haciendas
henequenales. Es a partir de este caso que se puede visualizar y analizar la
complicidad del estado mexicano con los productores de henequén, el cual
facilitaba los recursos de índole tecnológicos, ambientales y humanos para
sacar el mayor provecho de la producción del ‘’oro verde´´ como era llamado.

Casos como el anterior no son únicos, pero a gran diferencia de los pueblos
indígenas los habitantes de las ciudades y/o pueblos que trabajaban en estos
centros industriales pudieron formar sindicatos que ayudaron a mermar en
menor medida los abusos y efectos del trabajo asalariado. Es a partir de aquí
que el derecho a la tierra pasa a un segundo plano dentro de las zonas con
mayor población, siendo el principal factor de cambio el trabajo. Con la
llegada de la revolución en 1910 por primera vez en la historia mexicana se
hace una lucha por la obtención del trabajo y salario digno. Durante esta
guerra civil se enfrentaron 2 facciones diferentes entre si desde su origen; en
el norte apareció Carranza y Obregón con el discurso del obrero (en parte
tomado por los manifiestos d las huelgas en Cananea y Rio blanco), mientras
que en el sur surge Zapata con su ‘’tierra y libertad’’, palabras que
demostraban el descontento de los campesinos e indígenas ante un estado que
les privó de su tierra de donde sobrevivían. Más que un enfrentamiento
armado, se convirtió en una guerra ideológica.

Es bien sabido que al término de la revolución, el bando constitucionalista


había triunfado en todos los aspectos (político, económico y social). Ante la
aparición de Carranza como nuevo presidente, se tuvo la necesidad de volver a
cambiar la constitución. Este acto no fue para demostrar que de nueva cuenta
el liberalismo se había reconfigurado y triunfado nuevamente, sino vio en los
obreros a una fuerza útil y de vital importancia para el futuro de este país.

Sin embargo los centros industriales del país no pertenecían a la nación, sino a
un conjunto de países qué tenían derecho y concesiones para poder laborar. De
entre todas las concesiones que existían se destaco una: el petróleo. Ya se
sabia de la existencia del petróleo en el país, pero no se le había dado la
importancia necesaria como para poder entender su significado e importancia
en la nueva configuración de la nación mexicana. A a partir de la misma
revolución (batalla del Ébano, 1915) es donde se contempló su uso potencial
para la industria del país; es por ello que su control era vital para el gobierno
de Carranza.

Ante el nuevo panorama de las nuevas riquezas nacionales se necesitaba un


nuevo estado de derecho que facilitara al naciente país industrializado la
explotación de los mismos pero se corría el riego de perder la inversión y ante
la falta de capital y de técnicos capacitados dejaría al país en la quiebra. Es así
qué en la constitución de 1917 aparece establecido en el artículo 27, que la
tierra es propiedad de la nación; incluyendo a los recursos que hay en ella.
Pero la creación de esta nueva ley implicaba también que se afectaría a las
comunidades indígenas y se tenia muy presente el poder organizativo y de
combate con el que contaban; es así que se decide ‘’crear’’ el ejido para
apaciguar su lucha por tierra.

Con la consolidación del caudillismo en el país, la latente preocupación por el


control de las industrias del petróleo se volvía cada vez mayor. Es así que en
el año de 1938 Lázaro Cárdenas inicia el megaproyecto de expropiación de las
industrias petroleras en el país, principalmente las de origen estadounidense,
no sin antes para una cuantiosa indemnización que duraría hasta 1962. Con la
nacionalización del petróleo y gas el país experimentaría un auge económico
llamado ‘’el milagro económico’’.

En esta época México pasó por diversos procesos de nacionalización;


ferrocarriles mexicanos en 1937, la industria eléctrica en 1960 y la de la banca
mexicana en 1982. Todo este proyecto apuntaba para la consolidación del
capital para la producción de ganancias, sin embargo la idea acerca de la
inversión se contemplaba para una ganancia de corto plazo. Esto traería como
consecuencia el desgaste de las instituciones públicas y una mala
administración que dejó en bancarrota a la mayoría de las paraestatales
recientemente nacionalizadas. Es así que durante el sexenio de Miguel de la
Madrid, el país enfrentó una de las peores devaluaciones de su historia, en
donde la inflación para este sexenio llego a ser de 3710 porciento. Ante este
panorama el estado mexicano cambio sus políticas progresistas y nacionales
por una política neoliberal.

Es así que inicia una etapa de privatización en el país caracterizada por


dividirse en 4 factores:

1.- Desarrollo Institucional: Se trata de la consolidación del poder del estado


sobre la paraestatal que se pretende privatizar. De la misma manera el
gobierno nombra a un funcionario encargado de establecer las normas a seguir
durante el desarrollo del proceso de privatización.

2.-Eleccion de objetivos y concretizarlos: Se pasa a seleccionar los principales


objetivos para luego concretizarlos. Se requerirá definir las diversas clases de
asesoría experta, principalmente sobre los contratos y las políticas.

3.-Transferencia de la privatización: Se estima el valor de la empresa y se


determina el estado de la misma, para determinar el valor económico. Así
mismo se elige al candidato (nacional o internacional), el cual deberá tener
una gran solvencia de capital para generar un amplio factor de ganancia. Al
final se firman los acuerdos entre el gobierno y el candidato.

4.-Vigilar los resultados: Este punto es el más importante, ya que se incluye el


carácter legal para el desarrollo de la privatización. Se crean marcos
regulatorios y de supervisión para que el proyecto sea lo más integro posible.

Como se puede ver, el concepto de la privatización se maneja no solo como un


fin a conseguir para posteriormente pretender ciertos objetivos; sino que debe
ser mejor entendida, como un medio a través del cual se buscara el ‘’mayor
bienestar social’’; aunque ese bienestar social solo favorecerá a un cierto
sector de la población (políticos, empresarios, accionistas).

Ya para la década de 1990, el estado mexicano entrando de lleno a esta lógica


neoliberal, aseguro qué el reparto agrario (exigido durante la revolución e
iniciando a partir de 1924) finalizó cumpliendo con todas las peticiones del
pueblo mexicano. Sin embargo alrededor del 40 % de la tierra dotada por el
estado era infértil para realizar agricultura o ganadería o incluso era tierra
proveniente de montes del cual no se podía sacar mucho provecho. Esta
situación se agravó en el año de 1992, cuando de modificó el articulo 27
constitucional donde el ejido pasó de ser tierra comunal a ser tierra con
derechos individuales. Esto significa que loe ejidatarios podrían vender su
tierra y hacer contratos.

Las políticas agrarias a partir de esta reforma fueron encaminadas a que el


campesino vendiera la tierra al estado para que este a su vez la cediera a las
empresas, sin embargo no se consiguió con el objetivo. Para el año 2000 solo
el 2.5% de la tierra perteneciente a ejidos se había vendido, rentado o
empeñado. Es así que el estado se reconfiguró para conseguir sus objetivos: el
control de la tierra. Inicio con dejar al mercado la oferta de tierras, eliminó los
subsidios a los campesinos de micro y mediana producción (Cultivo familiar);
eliminó los créditos agrícolas que servían con el fin de mejorar la producción
y desapareció la asistencia técnica.

Todos estos factores convergieron en una crisis generalizada en el campo


mexicano. Debido a ello se intensificó la migración y los grupos
narcotraficantes encontraron en el campesino a un potencial aliado y un
amplio margen de ganancia.
A raíz del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) el país
se volvió dependiente de la economía estadounidense; también le dio puerta
abierta a varias empresas transnacionales para establecerse en el país. El
nuevo milenio no ha estado exento de conflictos de intereses; la lucha por la
tierra, los recursos y el cambio del sistema han sido constantes.
Desgraciadamente el estado mexicano no escatima en gastos y recursos para
eliminar tales ‘’alborotos’’. En el ojo de todo este proceso se encuentran los
recursos hidrológicos y energéticos. Ante este panorama, la implementación
de nuevas reformas de índole estructural para que el estado tenga dominio
pleno de estos recursos es cada día más evidente. Prueba de ello es la reforma
energética empleada por el presidente de la republica Enrique Peña Nieto en el
2013. La privatización de PEMEX solo es el inicio para la entrada de
empresas internacionales ante la aparición de un nuevo hidrocarburo: el gas
Shale.

El panorama mundial ante la caída de los precios del petróleo, ha obligado a


los principales productores de combustible a buscar otras alternativas. Y es ahí
donde aparece este gas; el método que se usa para su extracción se conoce
como fracking. Consiste en la aplicación de grandes cantidades de agua para
romper la roca donde está contenido el gas, sin embargo se libera al mismo
tiempo diferentes toxinas que contaminan los mantos acuíferos en su traslado
hacia la superficie. El método para la extracción del gas Shale trae consigo un
alto impacto ecológico. En México, las zonas donde se pretende llevar a cabo
esta técnica presentan dentro de su composición selvas, bosques y mantos
acuíferos que dotan a un sinfín de ecosistemas su sustento.

En la actualidad el frackin ‘’no es legal’’, sin embargo existen varios casos


alrededor del país en especifico en la zona de la huasteca (sur de Tamaulipas,
sierra norte de Puebla, sierra de San Luis Potosí, sierra gorda de Guanajuato y
Querétaro, sierra de Hidalgo, Veracruz y parte de Tamaulipas) en donde han
aparecido casos de envenenamiento de los mantos acuíferos. Uno de esos
casos ocurrió en el poblado de Pinal de Amoles, donde en el mes de Junio del
2015 ingresaron al hospital 130 personas por envenenarse con arsénico. El
estado justificó el envenenamiento por una filtración de las minas de mercurio
de la zona, pero en palabras de los habitantes las filtraciones vienen de más
allá de la sierra por lo que no se puede descartar que provenga de una zona
donde se practica el fracking (cabe mencionar que en toda la zona de la
huasteca se encuentran yacimientos del gas Shale).

Otro dato de relevancia es que en toda esta región se encuentra población


indígena quienes con organización se han manifestado en contra de dicha
técnica. Desgraciadamente el estado mexicano ha iniciado procesos jurídicos
en contra de estas resistencias encarcelando a los lideres e incluso
desprestigiando al movimiento. Es notable como estas comunidades han
representado una amenaza al estado mexicano debido a que contrarrestan el
avance tecnológico y moderno del país solo por creencias o viejas tradiciones.

Para estos pueblos la lucha por defender su territorio no solo responde al


hecho de supervivencia, sino al poner en contracorriente el discurso
establecido por el estado y el mercado. Este discurso solo ve a la tierra como
una mercancía, algo que se puede comprar y vender y de la cual se pueden
sacara las mayores ganancias a costa de su viabilidad. Para las resistencias la
tierra representa su cultura, representa la vida y son factores que a ninguna
persona se le tienen que negar. Un punto interesante es el agua, para las
resistencias el agua permite la sobrevivencia no solo como pueblo sino
biológicamente. Es así que existe un enfrentamiento no solo armado sino
ideológico.

El futuro para todos aquellos que han iniciado una lucha contra el mercado y
el estado parece incierto, y más con la introducción de nuevas amenazas como
puede ser las semillas transgénicas, la privatización del agua y la expansión de
las empresas mineras. Solo queda la esperanza de que estas organizaciones
crezcan más con el apoyo de todos. Los antropólogos se encuentran en medio
de todo este proceso y su trabajo será de vital importancia para determinar si
estas resistencias se consolidan a nivel nacional o si el poder del mercado
logrará todos sus cometidos.
Bibliografía:

- Eric Leonard, André Quesnel y Emilia Velázquez (Coordinadores):


Políticas y regulaciones agrarias. primera edición, México DF, Año
2003.
- T. G. Powell: Los liberales, el campesinado indígena y los problemas
agrarios durante la Reforma. Historia Mexicana, Vol. 21, No. 4, En el
Centenario de la muerte de Benito Juárez (Abr. - Jun., 1972), pp. 653-
675

- Peñate Guerra Margarita Isabel, Yudis Yaneth Bonilla Roman, Sergio


Alonso Vásquez Alvarado: La privatización, sus formas y sus
procesos. En línea (Consultado el 14 de junio del 2015). Ver:
http://www.uca.edu.sv/revistarealidad/archivo/4e133dab53adflaprivatiz
acion.pdf