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FRASCO DE LA CALMA

María Montessori fue una mujer increíble que nació en 1870 en Italia. De carácter fuerte y personalidad decidida, fue una
de las primeras mujeres de su generación en dedicarse al estudio de la medicina.

Como parte de las ideas que Montessori desarrolló se encuentra una, muy simple pero muy efectiva, conocida como “El
frasco de la calma”, destinada a controlar las rabietas y enojos de los niños.

La idea es que el niño observe los hipnóticos y calmantes movimientos de la purpurina, como un caleidoscopio viscoso y
colorido. Funciona como un mecanismo de autocontrol y una forma de aprender a dominar la respiración, los estados
de ánimo. No es un castigo, ni tampoco exactamente un juguete, sino una forma de superar la frustración. Y está
indicado para niños a partir de 2 años.

El frasco de la calma funciona de la misma forma en que lo hace la yoga, la meditación o el ejercicio de
mirar una vela; técnicas de control de estrés que nos ayudan a chicos y grandes a despejar la mente.

Como bien explica su nombre, su objetivo es calmar el estado de ánimo de nuestros hijos durante sus
rabietas, ataques de llanto o situaciones de estrés.

El frasco es un simple bote de cristal o plástico lleno de agua, pegamento y brillantina, que es agitado
frente a sus ojos con la intención de desviar su atención hacia los patrones y movimientos del
líquido. Acompañando la acción de un tono cordial e instrucciones sobre su respiración, iremos
concentrando al niño en el objeto consiguiendo que se calme.

Poco a poco iremos haciendo consciente a nuestro hijo de la relación que hay entre despejar la mente,
cuidar la respiración y la reducción del miedo, el estrés y la ansiedad.
Con el tiempo, te sorprenderás al ver que es tu hijo el que de motu proprio, observa este bote para
pensar sobre sus acciones. No es un castigo, es una técnica

LA CIENCIA DETRÁS DEL FRASCO.


María Montessori, primera mujer doctorada en medicina en Italia, explicó que el frasco permite a los
pequeños organizar y centralizar su sistema nervioso central en un estímulo concreto.

Cuando el niño está estresado, su ritmo cardíaco y su respiración se aceleran y su mente se


bloquea (cuántas veces le has preguntado a tu hijo por qué llora tras una rabieta y no sabía decirte la
razón).

Sin embargo, al concentrarse en la lenta caída de la brillantina y sus formas, se genera una
orden inconsciente que comunica al cerebro que disminuya la agitación. Poco a poco se crea una
relación entre este patrón visual y la calma.
Cada niño es único y responde de manera diferente ante el “frasco de la calma”. Por ello no hay que
olvidar que es una técnica, y como cualquier otro aprendizaje, requiere de cierta práctica.

Lo excelente de este tratamiento, es que no solamente sirve para calmar una rabieta particular,
sino que funciona a largo plazo. Poco a poco, el niño se irá haciendo más consciente de su
respiración; cada vez que se sienta estresado, con miedo o rabia, tomará él mismo el frasco para
despejar su mente, vinculando así la reducción de la ansiedad o la angustia con el despejar su
mente mediante ejercicios de concentración y respiración. ¡Te sorprenderás al ver cómo
funciona y cómo tu hijo terminará adorando al frasco de la calma!

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE EL FRASCO DE LA CALMA

Recurrir al frasco de la calma no funciona como una imposición. Si yo mando a mi hijo a mirar el frasco
para que calme sus emociones, es muy probable que no resulte. Es el niño el que debe querer recurrir
a él para calmarse o para enfriarse un poco.

Pero hay otro truco. Si queremos que los niños controlen sus emociones, mucho más efectivo que el
frasco de la calma, es ver que los adultos controlamos nuestras emociones.
De esta forma, tener nuestro propio frasco (yo tengo uno) o pedir prestado el de nuestros niños para
calmarnos nosotros, puede ser una estrategia más potente. Los niños ven que ante una emoción
intensa, nosotros pausamos y buscamos ayuda para volver a centrarnos. Eso enseña una forma de
manejo emocional que le va a ser útil al niño (y a nosotros) por el resto de su vida.

Si este tipo de cosas no te relajan, busca algún otro elemento que te permite anclar tu atención al
momento presente y calmar las emociones “calientes”. Luego, pueden abocarse a resolver la situación
o el problema. Nunca actuar cuando nuestras emociones (si, nuestras, las de los adultos) nos
desborden. Podemos decir o hacer cosas que quizás no diríamos ni haríamos si estuviéramos en frío.
No podemos exigirle lo mismo a los niños ya que ellos no tienen su capacidad de auto control
desarrollada aún. Pero sí podemos ayudarlos a desarrollarlo y esta es una forma de hacerlo.