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diccionario

de relaciones
interculturales
di versi dad y g l o b a l i z a c i ó n
Coordinadores: Ascensión Barañano, José Luis García,
María Cátedra y Marie J. Devillard
EDITORIAL COMPLUTENSE
uCM
D ICCIO N A RIO D E R ELA C IO N ES IN T E R C U L T U R A L E S .
D IVERSID AD Y G LO BA LIZA C IÓ N
DICCIONARIO DE RELACIONES
INTERCULTURALES.
DIVERSIDAD Y GLOBALIZACIÓN

A scensión B arañano , J osé L. G arcía ,

M aría C áted ra y M arie J. D evillard (eds.)

EDITORIAL
uCm COMPLUTENSE
Agradecemos la ayuda de:

AGENCIA ESPAÑOLA

C DE COOPERACIÓN
INTERNACIONAL

MINISTERIO DIRECCIÓN GENERAL


DE ASUNTOS EXTERIORES DE RELACIONES
CULTURALES Y CIENTIFICAS
Y DE COOPERACION

No está permitido la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático,


ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia,
por registro u otros métodos, s/>i e/ permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

Colaboradora: Débora Avila ✓

Traducción: Ascensión Barañano, Débora Avila y Pedro Dono

© 2007 by los autores de sus textos


© 2007 by Editorial Complutense, S. A.
Donoso Cortés, 63 - 4.aplanta. 28015 Madrid
Tel.: 91 394 64 60/1. Fax: 91 394 64 58
ecsa@rect.ucm.es
www.editorialcomplutense.com

Primera edición: marzo de 2007

ISBN: 978-84-7491-814-4
Depósito legal: M -14.728-2007

Fotocomposición: MCF Textos, S. A.

Impresión: Top Printer Plus

Diseño de cubierta: La Fábrica de Diseño

Impreso en España-Printed in Spain


r

Indice

Introducción ................................................................................................................................... IX

Notas biográficas........................................................................................................................... XI

Relación de términos agrupados temáticamente .................................................................. XXI

D iccion ario...................................................................................................................................... 1

índice de temas citados................................................................................................................. 373

índice de autores, entidades y organismos citados................................................................ 405


Introducción
Recibimos la propuesta de Cristina Peña- mente el problema de una tarea como la que
marín de elaborar un “Diccionario de las rela­ aquí se persigue: la de ordenar alfabéticamen­
ciones interculturales” para la Editorial te palabras, en el contexto de las ciencias so­
Complutense con gran interés y enseguida vi­ ciales, dando cuenta de la problemática de las
mos que había de ser un trabajo de gran enver­ diferencias culturales y de las relaciones inter­
gadura, por la trascendencia que para todo el culturales en el mundo globalizado.
campo de las disciplinas y las actividades im­ Hablando, en primer lugar, de las pala­
plicadas en estas cuestiones tendría este libro. bras, no ha sido fácil reducir a categorías léxi­
Se trata, en efecto, de la primera obra que, en cas la temática de la interculturalidad. Se ha
castellano, recoge, sistematiza y aúna los mantenido abierta esta cuestión hasta poco
conceptos y acepciones nuevos que están sur­ antes de entregar a la imprenta los textos de
giendo de los estudios sobre el contacto los distintos autores. El planteamiento inicial
intercultural. Este emergente ámbito de la vi­ consistió en la elaboración de un catálogo de
da social y académica genera en nuestros días categorías y subcategorías relacionadas que
análisis, reflexiones y conceptualizaciones que sirviesen de base para delimitar campos de es­
cuestionan y renuevan el acervo de las ciencias tudio especializados dentro del ámbito de la
sociales. Pero tan significativas aportaciones se interculturalidad. Cada una de estas unida­
encontraban dispersas y fragmentadas en las des fue, en principio, encomendada a un mis­
obras de sus estudiosos más relevantes. Este li­ mo autor, con la intención de que su de­
bro supone un importante avance en las cien­ sarrollo tuviese una cierta coherencia y al
cias sociales en tanto proporciona un marco mismo tiempo para que en el proceso de ela­
conceptual, sintético y básico, un espacio trans­ boración se fíjase definitivamente el conjunto
disciplinar común para los estudios y los traba­ de categorías y subcategorías que deberían
jos implicados en el análisis y la teoría social, conformar cada bloque temático. El resulta­
la comunicación, la elaboración jurídica, entre do de este proceso, que va desde la planifica­
otros ámbitos que se encuentran inmersos en ción inicial al texto terminado por cada autor,
las relaciones con la alteridad, la diversidad, la es el que el lector encontrará en las páginas de
globalización cultural, etc. Hemos tenido este libro. El índice de autores y la relación
la fortuna de contar con muchos de los estudio­ de temas, territorios y grupos tratados por cada
sos de muy diferentes países y disciplinas que uno de ellos pretende dar pistas sobre la es­
en nuestra idea inicial debían estar en este pro­ tructura interna de cada una de las unidades
yecto y cuya relevancia es uno de los principa­ de análisis. En algunos casos, para asegurar la
les valores de esta obra, al que hay que sumar relación entre los distintos temas y una vez
el entusiasmo y la disponibilidad con que sus elaborados los materiales, ha sido necesario
cincuenta autores han abordado este trabajo. recurrir al procedimiento de enunciar la cate­
Diccionario, según la Real Academia Es­ goría general y repetirla con sus correspon­
pañola, es un “libro en el que se recogen y ex­ dientes subtítulos, para que así el orden
plican de forma ordenada voces de una o más alfabético no separase m aterialm ente en el
lenguas, de una ciencia o de una materia de­ diccionario lo que temáticamente debería ir
terminada”. Así de simple y así de complica­ junto. Así ocurre, por ejemplo, con la catego­
do, sobre todo si se trata de ordenar los ría Migraciones. Redes sociales, con Violencia
contenidos de una ciencia o deslindar alfabé­ política. Tipos, o con Relaciones y procesos
ticamente un campo temático. Aunque un re­ informales políticos. Conscientes, sin em bar­
quisito esencial de un diccionario es el orden go, de que con estos procedimientos generales
alfabético marcado por los términos, al des­ no se da cuenta de todas las relaciones implí­
menuzar una materia en categorías léxicas se citas en el orden alfabético de los térm inos,
corre el peligro de introducir en el conjunto hemos elaborado un amplio índice de refe­
un cierto desorden temático. Y éste es precisa­ rencias cruzadas —véase además—en el que se
X

explicitan, tras cada definición y desde una en el mundo académico, no hay que olvidar
palabra clave resaltada con un asterisco, los que, por la naturaleza de las mismas ciencias
nexos categoriales del conjunto de los textos sociales, las opiniones divergentes sobre lo
del diccionario. En el mismo sentido también mismo no son, ni mucho menos, aconteci­
adjuntamos, a continuación de esta breve in­ mientos excepcionales. Además, si, como es el
troducción, el índice jerárquico de las voces caso de este libro, se pretende salvaguardar al
troncales —con mayúscula—y secundarias a és­ máximo la libertad de cada autor para abor­
tas —en minúscula—que se definen en el dic­ dar el tema de la manera que él mismo consi­
cionario. Por último, en relación con la dera más adecuada, el objetivo último de este
selección de categorías, se ha puesto especial diccionario no puede ser otro que el de situar
cuidado en la incorporación de términos ha­ al lector en la línea fronteriza en la que la
bituales en los discursos científicos sobre la in- orientación y la información objetiva dejan
terculturalidad que o bien no se recogen en paso a la reflexión y a la investigación inaca­
otras publicaciones o requieren, desde nues­ bada del tema. Sólo cabe una observación más
tro punto de vista, una actualización. para enmarcar esta cuestión: cualquier cientí­
En segundo lugar, hemos tratado de mo­ fico social sabe que las tradiciones académicas
vernos en el ámbito de las ciencias sociales. tienen ineludibles configuraciones territo­
Esta es una tarea compleja porque los proble­ riales. El diccionario ha tratado de recoger las
mas que tratamos no son abordados de la mis­ tradiciones europeas -E sp añ a, Portugal,
ma manera en los espacios académicos de Francia, Gran Bretaña, Alemania y Suecia—y
cada una de ellas. La antropología, la sociolo­ americanas —México, Estados Unidos, Brasil,
gía, el derecho, la economía, la psicología Argentina y Colom bia—, incorporando au­
social, las ciencias de la información, la lin­ tores que por su campo de investigación pu­
güística y la politología son las áreas de cono­ dieran representarlas de forma destacada. F i­
cimiento de las que provienen los autores de nalmente, la limitación del número de refe­
los textos que se incluyen en este libro. Si pen­ rencias bibliográficas sobre cada tema tratado
samos que las fronteras científicas están tiene el objetivo de orientar al lector de modo
construidas en buena medida partiendo de conciso y eficaz sobre la ruta que debería se­
convencionalismos académicos, no tenemos guir para realizar esta tarea complementaria.
más remedio que pasar por alto las diferen­ No podemos term inar esta introducción
cias circunstanciales de los planteamientos y sin el reconocimiento debido a los numerosos
declarar nuestra convicción de que la diversi­ autores que han hecho posible con su disponi­
dad de los análisis es un ingrediente constitu­ bilidad y sus aportaciones la edición de este
tivo del conocimiento integrado de cualquier diccionario en el breve tiempo que necesitaba
problema social. Con todo, las tradiciones la Editorial Complutense. No menos valiosa
académicas de los autores están bien refleja­ ha sido la colaboración de Débora Avila, re­
das en las breves referencias biográficas que pasando y coordinando nuestro trabajo, tra­
se incluyen en el libro, y el lector puede a tra­ duciendo textos, completando referencias y
vés de ellas conocer los contextos académicos acortando la batalla contra el tiempo. Nuestra
en los que se elaboraron los diferentes textos. gratitud también a la Editorial Complutense
Y por último, están los problemas relati­ por brindarnos la oportunidad de realizar una
vos al mismo campo temático sobre el que se obra que, sin duda, resultará muy útil para es­
plantearon los textos: un espacio complejo y tudiantes y profesionales de la intereulturali-
de difícil fragmentación, si se tiene en cuenta dad. Asimismo queremos agradecer los apoyos
que la interculturalidad, en el contexto de la recibidos por la Dirección General ce Coope­
globalización, lejos de ser una problemática ración y Comunicación Cultural del Ministerio
parcial relativa a las sociedades modernas, de Cultura y de la Agencia Española de Coope­
ración Internacional (Dirección General de
constituye la forma social integral en la que la
Relaciones Culturales y Científicas) del Minis­
mayoría de los seres humanos tienen que de­
terio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.
sarrollar actualmente su vida cotidiana. Inclu­
so limitándonos expresamente a la problemá­ Los editores
tica convencionalmente reconocida como tal Diciembre de 2006
Notas biográficas

Gonzalo Abril Curto Jesús Azcona Mauleón


COMUNICACIÓN, Inform ación Etnicidad, ID EN TID A D , N acionalism o
Doctor en Filosofía y catedrático de Pe­ Doctor en Antropología por la Universi­
riodismo en la Facultad de Ciencias de la In­ dad de Friburgo, es catedrático de Antropo­
formación de la Universidad Complutense de logía Social en la Universidad del País Vasco,
Madrid, ha sido docente en numerosas uni­ donde además es coordinador de la Cátedra
versidades de España y América Latina. Su Baroja. Investiga sobre etnicidad e identidad
actividad investigadora versa sobre semiótica, y temas políticos relacionados con ambos te­
cultura y comunicación. Entre sus últimas mas en el País Vasco. Asimismo trabaja sobre
publicaciones destacan: Análisis del discurso. cultura, historia de la antropología, construc­
H a tía una sem iótica de la interacción textual ción de límites sociales y procesos internos de
(1999, en col.); Cortar y pegar. L a frag m en ta­ colonización. Ha publicado recientem ente:
ción visual en los orígenes del texto informativo Teoría y práctica de la an tropología social
(2003); Presunciones II. Ensayos sobre com uni­ (1996); M em oria y creatividad. Estudios baro-
cación y cultura (2003), y Teoría G eneral de la jia n o s (2000, dir.); Tiem pos y culturas (2002,
Información. Datos, relatos y ritos (2005). dir.), y “Dioses antiguos, gentes nuevas. Tra­
dición y modernidad en los Baroja” (2002).
Ana Aliende Urtasun
Etnicidad, ID EN TID A D , N acionalism o
Ascensión Barañano Cid
Es profesora del Departamento de Socio­
PATRIM ONIO
logía de la Universidad Pública de Navarra.
Investiga sobre globalización y modernidad, Conservadora del Instituto del Patri­
cambio social, diferencia y desigualdad y es­ monio Histórico Español y profesora del D e­
trategias de investigación social. Ha publicado partamento de Antropología Social de la
recientemente: Elem entos fundantes de la iden­ Universidad Complutense de Madrid, inves­
tidad colectiva navarra. D e la diversidad social a tiga sobre patrimonio cultural, interculturali-
la unidad política (1841-1936) (1999); “ ¿Es dad, antropología visual y campesinado. Su
Pamplona una ciudad ociosa? Estudio sobre trabajo de campo discurre en la región de Ma­
ocio y tiempo libre en los barrios de Pamplo­ drid y Murcia. Ha publicado: Cam pesinos y
na” (2000); L as transformaciones sociales en el capitalism o en e l agro m adrileño d el siglo XX
mundo contemporáneo. Una aproximación des­ (2002); Culturas en contacto. Encuentros y des­
de la sociología (2004), y “Diversidad cultural encuentros (2003, coord., en colaboración); y
y patrimonio en el Caribe. Una aproximación “La representación del poder y el poder de la
desde la República D om inicana” (2004). representación” (2005, en colaboración), as-
ana.aliende@unavarra.es. bar@cps.ucm.es.
XII

Margarita Barañano Cid nos Aires (1999); Negros esclavos y libres en las
ciudades hispanoam ericanas (2001), y Un Inca
Modernidad, Modernización
platonicien : G arcilaso de la Vega, 1539-1616
Doctora, con Premio Extraordinario, por (2006). 4, Villa Lourcine, 74014 Paris.
la Universidad Complutense de Madrid, es
profesora de Sociología en esta Universidad,
José Jorge de Carvalho
de la que además es vicerrectora. Fue Visiting
Scholar en la Universidad de Cambridge, par­ Acciones afirmativas, Criollización,
ticipa desde 2003 en el Proyecto G localidad e Discriminación positiva, H IBR ID A C IÓ N ,
Inmigración Transnacional, y desde 2004 diri­ Mestizaje, Sujeto intercultural
ge el Equipo de la Universidad Complutense
Es profesor del Departamento de Antro­
S ocial R égulation o f E uropean Transnational
pología de la Universidad de Brasilia. Fue
Companies. Ha publicado recientemente: Los
investigador de la Fundación de Etnomusico-
fu n dam en tos de la teoría social en Thorstein
logía y Folklore de Venezuela y docente invi­
B. Veblen (2002); “Escalas, Des/Reanclajes y
tado en numerosas universidades americanas.
Transnacionalismo” (2005), y G lobalización,
Investiga sobre etnomusicología, negritud, re­
Inmigración Transnacional y Reestructuración
ligiones y religiosidad, mito, ritual y exclusión
de la Región M etropolitana de M adrid (2006, en
énica. Entre sus publicaciones destacan: H a ­
col. ).mbaranan@ccee. ucm.es.
cia una estética de la sensibilidad musical con ­
temporánea (1995); “O holgar etnográfico e a
Joelle Ana Bergere Dezaphi voz subalterna” (1999); “An Enchanted Pu­
blic Space. Religious Plurality and Modernity
D ESA RRO LLO
in Brazil” (2000); “The Mystic o f the marginal
Es profesora titular en la Facultad de spirits” (2001); “Estéticas de la opacidad y la
Ciencias Políticas y Sociología de la Universi­ transparencia” (2002), e Inclusáo Étnica e R a ­
dad Complutense de Madrid. Ha sido docente cial no Brasil. A questáo das cotas no ensino supe­
en las universidades de Malta, Rabat, Tours, rior (2005). jorgedc@terra.com.br.
Saint-Joseph y AUB de Beirut, y U A SD de la
República Dominicana. Investiga sobre parti­ Wenceslao Castañares
cipación y gestion local, desarrollo civil y polí­
tico en varios países árabes y movimientos COMUNICACIÓN, Esfera mediática
sociales. Ha publicado recientemente: “Actitu­ Es profesor titular de Teoría General de
des de las mujeres marroquíes inmigrantes ha­ la Información y de Análisis e Investigación
cia la emigración y la percepción social de las en Comunicación en la Facultad de Ciencias
actitudes de la población española hacia la de la Inform ación de la Universidad C om ­
inmigración y los inmigrantes” (1999); “La plutense de Madrid. Sus trabajos de investi­
femme Arabo-Africaine Face aux Défis du gación se han centrado fundamentalmente en
Développement” (2000), y “La categorización el campo de la semiótica y la comunicación de
social de los marroquíes a través de la literatu­ masas. Dentro del campo de la semiótica, sus
ra de viajes” (2002). jo.an.berde@cps.ucm.es. trabajos sobre C. S. Peirce han contribuido de
forma notable al conocimiento de este autor
Carmen Bernand Muñoz en España y Latinoamérica. Entre sus obras
cabe citar: D e la interpretación a le lectura
IN D IG EN ISM O (1994); “Signo y representación en las teorías
Nacida en París de padres españoles, estu­ semióticas” (2002); “La vida en directo: el úl­
dió Antropología en la Universidad de Buenos timo espectáculo televisivo” (2003), y Televi­
Aires donde se especializó en el mundo andi­ sión y valores (en prensa).
no. M iem bro del Institut Universitaire de
France, es profesora emérita en la Université María Cátedra Tomás
de Paris X y ha enseñado Antropología histó­
M INORÍAS
rica y contemporánea en varias universidades
de Europa y América. Entre sus catorce libros Doctora en Antropología por la Universi­
en español y francés sobre América colonial, dad de Pennsylvania y Tin ker Visit.ng Pro-
mestizaje y esclavitud, se hallan: D escu bri­ fessor en la Universidad de Chicago, es
miento, conquista y colonización de América a catedrática de Antropología Social en el D e­
quinientos años (1994, comp.); Historia de B u e­ partamento de Antropología Social de la
XIII

Universidad Complutense de Madrid. Inves­ A ntropología Social del I S C T E (Lisboa).


tiga entre los vaqueiros de alzada asturianos y Investiga los procesos de construcción de la
en las ciudades de Avila y Evora sobre la identidad nacional, principalmente en rela­
muerte, antropología urbana y simbólica. ción al Estado Nuevo portugués, y sobre la
Destacan entre sus obras: L a m uerte y otros raya luso-española, incidiendo en el papel
mundos (1989); This World, Other Worlds de la m em oria social y la narrativa en la
(1992); Un santo para una ciudad (1997), y L a construcción de las representaciones socia­
Mirada cruzada en la Península Ibérica (2001, les en torno a la frontera. Ha publicado re­
ed.). mcatedra@cps.ucm.es. cientem ente: “A na$áo ñas m alhas da sua
identidade” (2002); “A estética e o sentido:
Matilde Córdoba Azcárate modos de representar o negro na Banda
Desenhada portuguesa contem p oránea”
M OVILIDAD, Nom adism o y turismo,
(2006, en col.), y M em oria S o cia l em C am po
Viajes y sistemas de movilidad
Maior. Usos e percursos da fro n teira (2006 en
Profesora ayudante del Departamento de col.). Im cunha@ ics.um inho.pt.
Antropología Social de la Universidad Com ­
plutense de M adrid, sus áreas de investi­
gación son los discursos y las políticas de Manuela Ivone Cunha
desarrollo en relación a la actividad turística.
Ha realizado estudios de caso en la península D IFE R E N C IA Y D ESIG U A LD A D ,
de Yucatán y España. Recientemente ha pu­ Diferencias naturales y diferencias sociales,
blicado: “ ¿Y después del posdesarrollo?” Diferencias sociales y diferencias culturales
(2002); “Entre parientes de dos mundos” Doctora en Antropología, es profesora en
(2002), y “Between Local and Global, Dis- la Universidad do M inho y m iem bro del
courses and Practices: Rethinking Ecotou- N EA , C E A S —Portugal—, y del ID E M E C en
rism Development in Celestún (Yucatán, Francia. En 2002 obtuvo el Prémio Sedas Nu-
México)” (2006).m.cordoba@cps.ucm.es. nes Para as Ciencias Sociais. Investiga sobre
prisiones e instituciones integrales, crim ina­
Josepa Cucó i Giner lidad y economías informales; etnicidad, gé­
Espacio de los flujos, Espacio red, ESPACIQ- nero, política de la identidad; cuerpo, y
TIEMPO, G lobal y local, Localidades vacunación. Entre sus publicaciones desta­
fantasm agóricas y desanclaje, Megalópolis, can: “Malhas que a reclusáo tece. Questoes de
Multilocal, Revolución técnico-comunicativa identidade numa prisáo fem inina” (1994);
“Corpo Recluido: Controlo e Resistencia nu­
Es catedrática del Departam ento de So­ ma Prisáo Fem inina” (1996), y Entre o Bairro
ciología y Antropología Social de la Universi­ e a Prisáo: Tráfico e Trayectos (2002). micun-
dad de Valencia. Su línea de investigación, ha@ics.uminho.pt.
centrada desde hace tiempo en los grupos in­
formales y las asociaciones voluntarias, se ha
ampliado en los últimos años a otros campos Marie José Devillard Desroches
transversales o contiguos como los estudios de
Ciudadano, Extranjero, Naturalización
género, el urbanismo y los movimientos so­
ciales y políticos. Ha publicado recientemen­ Catedrática del Departam ento de A ntro­
te: L a amistad. Perspectiva antropológica (1995); pología Social de la Universidad Compluten­
L a rosa de las solidaridades. Necesidades sociales se de Madrid, investiga sobre antropología
y voluntariado en la C om unidad Valenciana económica, parentesco y fam ilia, salud, m i­
(1999, en col.); Modelos emergentes en los siste­ nería, reproducción social y construcción de
mas y relaciones de género (2001, en col.), y An­ identidades. Su trabajo de cam po discurre
tropología urbana (2004). Josepa.Cuco@uv.es. en Salam anca, Asturias, M adrid y Rusia.
Entre otras publicaciones, destacan: “De ‘lo
Luis Cunha m ío’ a ‘lo de nadie’. Individualism o, colec­
tivismo agrario y vida cotidiana” (1993); Los
FRON TERA, Frontera geográfica y
niños españoles en la URSS. N arración y
administrativa, Fronteras económicas, Fronteras
m em oria (2002, en col.), y E spañ oles en R u ­
políticas y religiosas, Fronteras simbólicas
sia y rusos en España. L a s am biv alen cias
Doctor en Antropología por la Universi­ de los vínculos sociales (2006). m j.d evi-
dad do Minho, es investigador del Centro de llard@cps.ucm .es.
XIV

Günther Dietz ya. Estado de la opinión” (2004, en col.); “Lo


audiovisual y la educación: el caso del Conse­
Comunidad transnacional, Comunitarismo,
jo del Audiovisual de Catalunya” (2006, en
IN TEG R A C IÓ N , Integración religiosa,
col.), y “La pantalla, ni amiga ni enemiga, sino
M U L T IC U L T UR A LIS MO,
todo lo contrario” (2006).
Multiculturalismo en los estudios culturales,
Multiculturalismo en los estudios étnicos
James W. Fernández McClintock
Máster y doctor en Antropología por la
Universidad de Hamburgo, es profesor titu­ E STE R EO TIPO S
lar de Antropología Social en la Universidad Y E SEN C IA LIZ A C IÓ N
de Granada y profesor-investigador titular Catedrático em érito de Antropología,
en la Universidad Veracruzana de México. desde 1986 enseña en la Universidad de C hi­
Investiga sobre indigenismo, educación inter­ cago, tras su estancia en la Universidad de
cultural, etnicidad, diversidad religiosa y Princeton. Su experiencia etnográfica ha te­
sociedad civil. Su etnografía transcurre en nido lugar en Africa, entre los Fang, Zulu y
Michoacán y Andalucía. Publicó reciente­ Ewe-Fon, y recientemente ha investigado en
mente: M ulticulturalismo, interculturalidad y el occidente de Asturias. E ntre sus últimas
educación (2003); “Frontier, Hybridization or obras se encuentran: B eyon d M etaphor: T he
Cultura C lash?” (2004); From Em igration to Theory ofT ropes in Anthropology (1991); En el
Immigration to Transmigration? (2004, coedi­ dominio del tropo: imaginación figurativa y vida
ción), y M uslim Women in Southern Spain social en España (2006), y “Rhetoric in the mo­
(2005, en col.), gdietz@ugr.es. gdietz@uv.mx. ral order” (en prensa), jw fl@ uchicago.edu.

Adela Franzé Mudanó


Jean-Yves Durand
D ISC R IM IN A C IÓ N Y
Diferencias sociolingüísticas y desigualdad,
E X C LU SIÓ N SOCIAL
SABER Y SA BER ES
Licenciada en Antropología Social por la
Doctor en Antropología por la Universi­
Universidad de Buenos Aires, es profesora
dad de Provenza y máster en Literatura
del Departamento de Antropología Social de
Comparada por la Universidad Estatal de
la Universidad Complutense de Madrid y
New York en Binghamton, es profesor de An­
miembro del grupo de investigación Antro­
tropología en la Universidad do Minho,
pología de las Políticas Públicas y Culturales.
miembro del N E A en Braga, del C E A S en
Investiga en Madrid y la bahía de Cádiz sobre
Lisboa y del ID E M E C en Aix-en-Provence.
antropología y etnografía de la educación,
Investiga en el sur de Francia, Portugal y
procesos de desigualdad, sistemas de edad, in­
Estados Unidos sobre saberes y técnicas coti­
terculturalidad e inmigración. Ha publicado
dianos, comunicación interlingüística, mer-
recientemente: Len gu a y Cultura de origen
cantilización de la cultura y vacunación. Ha
(1999, ed.); L o qu e sabía no valía (2002), y
publicado recientemente: “Des bulles dans le
“Discurso experto, educación intercultural y
calcaire: les images locales d’une montagne”
patrimonialización de la ‘cultura de origen’ ”
(2002); “A diluigco do consenso” (2003), y Vila
(2005). adelafranze@cps.ucm.es.
verde: urna E tnografía no Presente (2004, en
col.), jydurand@yahoo.com.
Jorge Freitas Branco
COLO NIALISM O Y
Anna Estrada Alsina
A N T IC O L ONIALISMO, D erecho de
Multilingüismo injerencia, Neocolonialismo, Poscolonulismo
Es profesora de Teoría de la Com unica­ Profesor de Antropología Social en el Ins­
ción y de la Inform ación de la Universität tituto Superior de Ciencias do Trabalho e da
Oberta de Catalunya y Técnica del Departa­ Empresa de Lisboa. Investiga en Portugal,
mento de Investigación, Estudios y Publi­ Alemania, Guinea-Bissau, Amazonia y Ma-
caciones del Conseil de l’Audiovisual de deira sobre folklorismo, museología etnográ­
Catalunya —C A C —. Ha publicado reciente­ fica, sociedades campesinas, cultura popular y
mente: Teoría de la Comunicación y de la In for­ ritualización de la laicidad. Entre sus últimas
mación (2003, en col.); “La interculturalidad publicaciones destacan: A o Encontró do Po-
en el campo de la comunicación en Catalun­ vo I: A Missáo (1993, en col.); Ao Encontró do
XV

Povo II: A Colecqäo (1994, en col.); Vozesdo Povo: la Latin Am erican Studies Association por
A folclorizagáo em Portugal (2003, en col.); E s­ Culturas H íbridas (1990), considerado en 1992
trada Viva? Aspectos da M otorizando na So- el m ejor libro sobre Am érica Latina. Entre
cied ad e Portuguesa (2003), y M áquinas nos sus otras obras destacan: Consumidores y ciu ­
cam pos. Urna visdo m useológica (2005). dadanos (1995); L a g lobalización im aginada
jorge.branco@sapo.pt. (1999), y Diferentes, desiguales y desconectados:
mapas de la interculturalidad (2004).

Jonathan Friedman
Javier García Castaño
G LO BA LIZA C IÓ N , G lobalización
y antiglobalización, NUEVOS Integración educativa
M OVIM IEN TO S SO CIALES
Profesor de Antropología Social de la
Es director de Estudios en el E H E S S de Universidad de G ranada, es coordinador
París y catedrático de Antropología Social en desde su creación en esta universidad del
la Universidad de Lund en Suecia. Investiga Grupo de Investigación: Laboratorio de E s­
en el Sudeste asiático, Oceanía y Hawai so­ tudios Interculturales. Impulsor de los estu­
bre procesos sociales de cambio, movimiento dios de antropología de la educación en
hawaiano, movimientos sociales indígenas, España, ha coordinado varios proyectos de
perspectivas sistémicas globales y, durante investigación sobre la escolarización de po­
las dos últimas décadas, desarrollo de una blación inm igrante extranjera en España
antropología de los sistemas globales. Entre y Andalucía. Entre sus publicaciones más
otras publicaciones, destacan: Cultural Iden ­ recientes destacan: Lecturas para educación
tity an d G lobal Process (1994); G lobalization intercultural (1999); Interculturalidad y E du ca­
the State and Violence (2002, ed.), y H egem onie ción en los noventa: un análisis crítico (2000), y
D eclines: Present and Past (2005, coedición). L a inmigración en España: contextos y alternati­
jonathan.friedman@soc.lu.se. vas (2003, ed.). fjgarcia@ugr.es.

Joan Frigolé Reixach José Luis García García


GEN O CID IO , Etnocidio Aculturación, Contracultura, CULTURA,
Interculturalidad, Transculturación
Es catedrático de A ntropología Social
en el D epartam ent d’A ntropologia C u ltu ­ Es catedrático de Antropología Social en
ral, H istoria d’Am érica i A frica de la U n i­ la Universidad Complutense de Madrid. Ha
versität de Barcelona. Ha realizado trabajo realizado trabajo de campo en Asturias, en la
de campo en M urcia, A lm ería y el Pirineo comarca occidental de Los Oseos y en las
catalán. Ha publicado, entre otras obras: Un cuencas mineras centrales. Temáticamente se
hom bre. Género, clase y cultura en e l relato de ocupa de problemas relacionados con la cons­
un trabajador (1997); Llevarse la N ovia. E stu­ trucción discursiva de la homogeneidad cul­
dio com parativo de m atrim onios con su etu di­ tural. Entre sus publicaciones destacan An­
narios en Murcia y Andalucía (1999,3.a edición); tropología d el Territorio (1976); R ituales y
C ultura y g en ocid io (2003), y D ones qu e proceso social (1991, en col.); Prácticas Paterna­
anaven p e í món. Estudi etn ográfic de les tre- listas: un estudio antropológico sobre los mineros
m en tin aires de la valí de la Vansa i Tuixent asturianos (1996), y L os últimos mineros. Un es­
(2005). frigole@trivium.gh.ub.es. tudio antropológico sobre la minería en España
(2002, en col.), jlgg@cps.ucm.es.
Néstor García Canclini
Fernando J. García Selgas
A L T E R IDAD
POSM ODERNIDAD
D irige el Programa de Estudios sobre
Cultura Urbana en la Universidad Autóno­ Es profesor titular en el Departamento
ma Metropolitana de México. Ha sido profe­ de Sociología V —Teoría sociológica— de la
sor en las universidades de Austin, Duke, Universidad Complutense de Madrid. Ha si­
Stanford, Barcelona, Buenos Aires y Sao Pau­ do investigador invitado en las universidades
lo. Ha recibido la beca Guggenheim, el Pre­ de Cambridge, Berkeley y Los Angeles. In ­
mio Casa de las Américas y el Book Award de vestiga sobre teoría social contemporánea, fi-
XVI

losofía de las ciencias sociales, sociología del Autónoma Metropolitana en México, inves­
cuerpo y teoría de la fluidez social. Ha publi­ tiga sobre políticas cu ltu rales urbanas,
cado: Teoría S ocial y M etateoría. E l caso de recepción artística, representaciones del pa­
Anthony Giddens (1994); Retos de la Postm oder­ trimonio arquitectónico en centros históricos
nidad (1999, coedición); G lobalización, Riesgo y públicos de museos, cine, televisión, video y
y Reflexividad (1999, en col.), y E l doble filo de salones de baile y rock. Coordina un Grupo
la navaja: Violencia y representación (2006, en de Trabajo del Consejo Latinoamericano de
col.), fgselgas@cps.ucm.es. Ciencias Sociales sobre consumo cultural. Ha
publicado: L a ciudad de los viajeros. Travesías e
Jesús Leal Maldonado im aginarios urbanos (1996, en col.); Consumo
cultural y recepción artística (2000, comp. En
Megalópolis, Segregación col.), y “De capital nacional a ciudad global”
Es catedrático del Departamento de So­ (2002, en col.), anarosasm@hotmail.com.
ciología II —Ecología Humana y Población-
de la Facultad de Ciencias Políticas y Socio­ Ubaldo Martínez Veiga
logía de la Universidad Complutense de M IGRACIONES, Migraciones. Redes
Madrid. Investiga sobre sociología urbana,
sociales, Migraciones. Teoría macro,
vivienda y morfología social urbana. Ha pu­
Migraciones y economía,
blicado recientemente: “Retraso de la em an­
Migraciones y racismo
cipación juvenil y dificultad de acceso de los
jóvenes a la vivienda” (2002); H ousing and Catedrático de Antropología en el Depar­
Welfare in Southern Europe (2004, en col.); In ­ tamento de Antropología Social y Cultural de
fo rm e sobre la situación demográfica en España la U N E D , investiga sobre antropología eco­
(2004); “Segregation and social change in M a­ nómica y ecológica, etnicidad e identidad,
drid metropolitan región” (2004), y Caracterís­ grupo doméstico y, más recientem ente, po­
ticas del parque de viviendas en la Comunidad de breza, exclusión social e inmigración extran­
M adrid (2005). jleal@cps.ucm.es. jera en España. Ha realizado trabajos de
campo en Sri Lanka, Madrid, León, Galicia y
Andalucía. Ha publicado: A ntropología e c o ­
Enrique Luque Baena
nómica (1990); L a integración social de los inm i­
VIOLENCIA Y PO LÍTICA , Violencia grantes extranjeros en España (1997); E l E ji­
política. Tipos do. D iscrim inación, exclusión social y racismo
(2001), y “La integración cultural de los inmi­
Doctor en Derecho por la Universidad de
grantes en España: el m ulticulturalism o
Granada y graduado en Antropología Social
como justicia social” (2006). ubaldo.m arti-
por la Universidad de Manchester, es cate­
nez@uam.es.
drático en el Departamento de Antropología
Social de la Universidad Autónoma de M a­
drid. Anteriormente fue profesor en las uni­ Susana Narotzky
versidades de Granada, Complutense de R ELA C IO N E S Y PROCESOS
Madrid y Salamanca. Ha sido también Visi- IN FO RM ALES, Relaciones y procesos
ting Fellow en la Universidad de Chicago. Su informales económicos, Relaciones
trabajo de campo se realiza en Granada, Cá- y procesos informales políticos
ceres y León e investiga sobre antropología
Doctora por la Universität de Barcelona y
jurídica y política, en especial violencia, len­
la New School for Social Research de Nueva
guaje y comunicación políticos. Ha publicado
York, es catedrática del Departament d’An-
recientemente: “De la palabra al silencio: Va­
tropologia Cultural, Historia d’América i
riaciones en el tiempo” (2002); “Historia y sig­
Africa de la Universität de Barcelona. Inves­
nificación” (2003), y “Autoritat i poder en
tiga en Cataluña, Valencia, Galicia y el norte
la societat tradicional” (2004). enrique.lu-
de Italia —Brianza—sobre economía informal,
que@uam.es.
prácticas de consumo, procesos de reciproci­
dad y responsabilidad, políticas de la memo­
Ana Rosas Mantecón ria y formas de producción del conocimiento
antropológico. Sus últimos libros son: N ew
CONSUMO C U LTU R A L
D irections in E con om ic A nthropology (1997);
Profesora e investigadora del D eparta­ L a A ntropología de los Pueblos de España
mento de Antropología de la Universidad (2001), e Im m ediate Struggles. People, P ow er
XVII

an d P lace in R ural Spain (2006, en col.)- na- Raymond Firth (1979) en la London School
rotzky@ub.edu. o f Economics y —por la versión portuguesa de
su libro de 1987— el Prem io Internacional
Beatriz Nates Cruz de Estudios Etno-Antropológicos (1985) en Ita­
lia. bbb.oneill@sapo.pt.
Centro -Periferia, Desterritorialización,
Espacios locales, Lugar y no-lugar,
Alvaro Pazos
T E R R IT O R IO S
Apartheid
Doctora en Antropología por la Universi­
dad Complutense, es profesora de la Univer­ Es profesor de Antropología Social en la
sidad de Caldas en Manizales, tras su estancia Universidad Autónoma de Madrid. Estudia
en París como profesora invitada en la U ni­ el tema del cuerpo como objeto de investiga­
versidad de la Sorbonne e investigadora invi­ ción en ciencias sociales, las representaciones
tada en La Maison des Sciences de l’Homme sociales y la construcción social del cuerpo.
y en el C E M C A . Es investigadora asociada Tam bién investiga los problemas derivados
del Centre de Recherche et Documentation del estudio de la subjetividad en sociología y
sur l’Amérique Latine, de la Universidad de antropología social. Ha publicado reciente­
la Sorbonne. Ha publicado: Territorialidades mente: Los niños españoles en la URSS. N arra­
reconstituidas (2001, en col.); D e lo bravo a lo ción y m em oria (2002, en col.); “El tiempo
manso (2002); Más allá de la historia (2004, en pasado. Formas discursivas y usos sociales del
col.), y L a desgeneralización del mundo (2004, recuerdo” (2002), y “Lisa y su vida. Narrativa
comp. En col.). beatriz.nates@ucaldas.edu.co. y subjetividad” (2004). alvaro.pazos@uam.es.
Cristina Peñamarín Beristain
Javier Noya Miranda
COMUNICACIÓN, Sociedad de la
Nacionalidad, Plurinaciotialidad
información y del conocimiento
Es profesor titular del Departamento de
Doctora en H istoria, es catedrática de
Sociología V —Teoría Sociológica—de la U ni­
Teoría de la Inform ación en la Facultad
versidad Complutense de Madrid e investiga­
de Ciencias de la Información de la Universi­
dor principal del área de Imagen Exterior y
dad Complutense de Madrid y directora de la
Opinión Pública del Real Instituto Elcano de
Editorial Complutense. Investiga, enseña y
Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha
escribe sobre semiótica, comunicación y estu­
publicado, entre otras obras: Actitudes y com ­
dios de género. Ha publicado, entre otras
portam ientos hacia el medio am biente en Espa­
obras: L os m elodram as televisivos y la cultura
ña (1999, en col.); E l ciudadano de las dos caras:
sentim ental (1995, en col.); E l análisis d el dis­
am bivalencias en las actitudes ante la igualdad y
curso. H acia una semiótica de la interacción tex­
el Estado de bienestar en España (2003), e Igua­
tual (1997, en col.); Com unicación y cotiflicto
litarismo y legitimación del Estado de bienestar:
intercultural (2004, en col.), y “Políticas infor­
España en perspectiva com parada (2004). ja-
mativas y subjetivación colectiva: la guerra de
viernoya@yahoo.com.
Irak en la televisión global” (2004).

Juan Brian O’Neill Leonor Pires Martins


Esclavitud, EX PLO TA CIÓ N SOCIAL CO LO N IALISM O Y
A N T IC O L ONIA LISMO, Derecho
Brian Juan O ’Neill, norteam ericano de
de injerencia, Neocolonialismo,
origen irlandés, puertorriqueño y andaluz
Poscolonialismo
—black Irish—, realizó investigación antropo­
lógica en Galicia, Portugal y Malasia. Cate­ Doctoranda en Antropología en el Insti­
drático del IS C T E , Lisboa, fue profesor tuto Superior de Ciencias do Trabalho e da
visitante en las Universidades de Santiago de Empresa de Lisboa y profesora de Literatura
Com postela, Tarragona y Paris X —Nante- Comparada en la Facultad de Letras de la
rre—. Ha publicado: S ocial Inequality in a Universidad de Lisboa. Investiga sobre litera­
Portuguese H am let (1987), A ntropología S o­ tura portuguesa de temática africana y prácti­
cial-Sociedades Complexas (2006) y diversos ar­ cas informales de naturaleza etnográfica en el
tículos sobre la comunidad criolla portuguesa contexto de las antiguas colonias portuguesas
de Malaca. Recibió —ex a e q u o - el Premio de Africa. Ha publicado recientemente: “Má-
XVIII

rio M outinho. O Indígena no Pensamento sidad de Indiana—, en el Centre d’Études sur


Colonial Portugués, 1895-1961” (2001); “Me­ l’Actuel et le Quotidien —Universidad René
nina e moga ñas colonias. Maria Archer e a li­ Descartes, París V — y en el Center for the
teratura colonial portuguesa” (2005), y “Ossos Study o f Communication and Culture —U ni­
do oficio. Antropometria e etnografía no nor­ versidad de Saint Louis—. Ha publicado úl­
te de M ozambique, 1916-1917” (2006). leo- timamente: L a com unicación intercultural
norpmartins@sapo.pt. (1999) ; Identitats i com u n icad o intercultural
(2000) ; Teorías de la Comunicación (2001), y L a
Joan Prat i Caros construcción de la noticia (2005).

ESTIGM A
María Rubio Gómez
Catedrático de Antropología Social en el
Integración educativa
Departam ent d’Antropologia, Filosofía i
Treball Social de la Universität Rovira i Vir- Es diplomada en Magisterio por la U n i­
gili de Tarragona, es profesor distinguido de versidad de Córdoba y licenciada en Antropo­
esta entidad (2004). Medalla Narcís Montu- logía Social por la Universidad de Granada.
riol al mérito científico y tecnológico (2003), En la actualidad desarrolla su tesis doctoral
dirige la colección Temes d ’Etnología de C ata­ sobre escolarización de población inmigrante
lunya. Ha publicado recientemente: E l estig­ extranjera en España como investigadora del
ma d el extraño: un ensayo antropológico sobre Laboratorio de Estudios Interculturales de la
sectas religiosas (1997); Investigadores e inves­ Universidad de Granada, mariarubio@ugr.es.
tigados: literatura antropológica en España des­
de 1954 (1199, coord.); Vida, m em oria María José Sánchez Leyva
oblit (2003, coord.); .. aixó és la meva vida’’.
Reíais biografíes i societat (2004, coord.). COMUNICACIÓN, Traducción
joan.prat@urv.es. Es profesora de Teoría de la Información
y de Semiótica de la Comunicación de Masas
Carlos Prieto Rodríguez en la Universidad Rey Juan Carlos de M a­
TRABAJO drid. Form a parte del Grupo de Investi­
gación de la Universidad Complutense de
Doctor en Sociología por la Sorbonne, es Madrid: Sociosemiótica de la Comunicación
profesor de Sociología de las Relaciones L a­ Intercultural, y del Instituto de Investigacio­
borales en la Facultad de Ciencias Políticas y nes Fem inistas de esta misma universidad.
Sociología de la Universidad Complutense de Investiga sobre feminismo, ciudadanía, m i­
Madrid. También es director de Cuadernos de graciones y semiótica. Ha publicado reciente­
Relaciones L aborales y miembro del Consejo mente: “Representaciones del amor y rela­
de Redacción de Travail et E m ploi y del Con­ tos sentimentales. ¿Prisioneras de lo rosa?”
sejo de Orientación de Sociologie du Travail. (1999); “La construcción discursiva del espa­
Ha publicado, entre otras obras: Trabajadores cio público: sentido, argumentación y consen­
y condiciones de trabajo (1994); Las relaciones so” (2003, en col.); “Argumentar los límites.
de em pleo en España (1999, en col.); L a crisis del Las palabras públicas como lugares del acuer­
em pleo en Europa (1999); Collective bargaining do social” (2004).
and the social construction o f em ploym ent
(2001, en col.); “Teoría social del trabajo”
Francisco Serra Giménez
(2003), y “Teoría sociológica m oderna”
(2003). cprieto@cps.ucm.es. CIUDADANÍA
Fue profesor de Filosofía del Derecho
Miquel Rodrigo Alsina Moral y Político en la Facultad de Derecho de
la Universidad Complutense de Madrid y en
Multilingüismo
la actualidad es profesor de Derecho Consti­
Es catedrático de Teoría de la Comunica­ tucional en la Facultad de Ciencias Políticas y
ción en la Universidad Autónoma de B ar­ Sociología de esta misma universidad. Es au­
celona. Ha impartido docencia en distintas tor, entre otras obras, de: D erecho y política
universidades españolas y extranjeras, siendo (1997); H istoria, p olítica y derecho en Ernst
también investigador en el Research Center Bloch (1998); “Problemas políticos, jurídicos
for Language and Semiotic Studies —Univer­ de la democracia electrónica” (2002), y E l
X IX

principio esperanza: escrito en Estados Unidos tigación. Sus estudios más recientes se centran
entre 1938 y 1947: revisado en 1953 y 1959 en la naturaleza cambiante de la movilidad y
(2006, ed.). fserra@cps.ucm.es. la teoría de la complejidad. Sus publicaciones
en estos campos son numerosas e incluyen, en­
M. Lourdes Soto Páez tre otras: “Global Complexity” (2003); “Auto-
mobilities” (2005); “Mobilities, Geographies,
Integración educativa
N etw orks” (2006, en col.), y “M obilities” (en
Licenciada en Filología Inglesa por la preparación), j.urry@lancs.ac.uk.
Universidad de Granada y catedrática de In­
glés en el IE S Alba Longa de Armilla, Grana­ María Valdés
da, estudia y documenta el fenómeno de
Etnocentrismo y relativismo cultural,
la escolarización de la población inm igran­
Racismo y neoracismo, X enofobia
te extranjera en las escuelas andaluzas. Es
y xenofilia
miembro del Laboratorio de Estudios Inter-
culturales de la Universidad de Granada. Ha Estudió Filosofía y Antropología en la
construido el portal web dedicado al Alum ­ Universität Autónoma de Barcelona, donde
nado de Nueva Incorporación —A N I—. es profesora titular en su D epartam ento de
http://ldei.ugr.es/ani. lourdessotopaez@tele- Antropología Social y Cultural. Especializa­
fonica.net. da en Historia de la Antropología, investiga
también sobre raza y cultura y textos etnográ­
Terence S. Turner ficos. Ha publicado, entre otras obras: “Inm i­
gración y racismo. Aproximación conceptual
D E R E C H O S HUMANOS, E L IT E S , desde la antropología” (1991); “Los textos et­
Elites cosmopolitas, Pluralismo nográficos como textos disciplinarios” (1996);
sincrónico E l pensam iento antropológico de L . H . M or­
Catedrático emérito de Antropología de gan (1998), y E l pensam iento antropológico de
la Universidad de Chicago, investiga sobre F. Boas (2006). Maria.Valdes@uab.es.
derechos humanos, luchas indígenas, teoría
antropológica, etnografía y etnohistoria de Fernando Villaamil
Sudam érica, ética profesional y activismo,
H om ofobia y heterofobia
nuevos movimientos sociales y globalización.
Su trabajo de campo se ha desarrollado entre Profesor en el Departamento de Antropo­
los kayapó, del centro de Brasil. Además de logía Social de la Universidad Complutense
colaborar en la realización de diversas pelícu­ de Madrid, cursó estudios de Sociología y An­
las etnográficas, ha escrito, entre otras obras: tropología en esta universidad y en las de
Anthropology and Multiculturalism (1994); S o­ Konstanz y Berkeley. Especializado en A n­
cial Body and E m bodied Subject (1995), y “The tropología Médica y en la socioantropología
Elem entary Structure o f Practically Every­ de las sexualidades, investiga en Madrid y
thing” (en prensa), tst3@cornell.edu. San Francisco sobre comunidades gays y bise­
xuales y la prevención del V IH . También co­
John Urry labora con las asociaciones gays madrileñas
desde la investigación y el activismo. Ha pu­
M OVILIDAD, Nom adism o y turismo,
blicado recientem ente: “Llevar los tacones
Viajes y sistemas de m ovilidad
por dentro. Identidad, ironía y resistencia”
Es catedrático de Sociología y director (2003), L a transform ación de la iden tidad gay
del Centre f o r M obilities Research —CeMoRe— en España (2005), y “Masculinidad, homofo­
en la Universidad de Lancaster, donde actual­ bia y clase. Un enfoque socioantropológico
mente dirige un máster en Turismo, así como de la experiencia gay” (2005). villam il@cps.
la Revista M obilities y varios grupos de inves­ ucm.es.
Relación de términos
agrupados temáticamente

A LTER ID A D , 7 D IFE R E N C IA Y D ESIG U A LD A D , 67


Etnocentrismo y relativismo cultural, 132 Diferencias naturales y diferencias sociales, 71
Diferencias sociales y diferencias
CIUD AD A N ÍA , 15 culturales, 74
Ciudadano, 21 Diferencias sociolingüísticas
Extranjero, 143 y desigualdad, 76
Nacionalidad, 263
Naturalización, 271 DISCRIM INACIÓN Y EX C L U S IÓ N
Plurinacionalidad, 299 SOCIAL, 82
Acciones afirmativas, 1
COLO NIALISM O Y Apartheid, 10
A N TICO LO N IA LISM O , 24 Discriminación positiva, 78
Derecho de injerencia, 53 Homofobia y heterofobia, 178
Neocolonialismo, 274 Racismo y neorracismo, 307
Poscolonialismo, 301 Segregación, 330
Xenofobia y xenofilia, 369
CO M UN ICACIÓ N , 33
Esfera mediática, 100 E L IT E S , 89
Información, 190 Elites cosmopolitas, 93
Multilingüismo, 258
Sociedad de la información ESPA CIO -TIEM PO , 106
y del conocimiento, 333 Espacio de los flujos, 102
Traducción, 350 Espacio red, 104
Global y local, 162
CONSUMO C U L T U R A L , 38 Localidades fantasmagóricas
y desanclaje, 209
Megalópolis, 213
C U LTU R A , 47
Multilocal, 259
Aculturación, 5
Revolución técnico-comunicativa, 319
Contracultura, 43
Interculturalidad, 205
ESTA D O -N A C IÓ N , 111
Transculturación, 352

EST E R E O T IP O S
D EREC H O S HUM ANOS, 54 Y ESEN C IA LIZ A C IÓ N , 119

D ESA R RO LLO , 62 ESTIG M A, 124


XXII

E X P L O T A C IÓ N SO C IA L , 136 M O V IL ID A D , 244
Esclavitud, 97 Nomadismo y turismo, 275
Viajes y sistemas de movilidad, 355
F R O N T E R A , 147
Frontera geográfica y administrativa, 148 M U L T IC U L T U R A L ISM O , 250
Fronteras económicas, 150 Comunidad transnacional, 34
Fronteras políticas y religiosas, 153 Comunitarismo, 36
Fronteras simbólicas, 155 Multiculturalismo en los estudios
culturales, 255
G E N O C ID IO , 159 Multiculturalismo en los estudios
Etnocidio, 136 étnicos, 256

G L O B A L IZ A C IÓ N , 166 N U E V O S M O V IM IE N T O S
Globalización y antiglobalización, 170 SO C IA LES, 279

PA TR IM O N IO , 289
H IB R ID A C IÓ N , 175
Criollización, 44 P O SM O D E R N ID A D , 303
Mestizaje, 216 Modernidad, 242
Sujeto intercultural, 336 Modernización, 243

ID E N T ID A D , 183 R E L A C IO N E S Y P R O C E SO S
Etnicidad, 128 IN F O R M A L E S , 312
Nacionalismo, 267 Relaciones y procesos informales
Pluralismo sincrónico, 296 económicos, 313
Relaciones y procesos informales
IN D IG E N IS M O , 185 políticos, 317

S A B E R Y S A B E R E S , 323
IN T E G R A C IÓ N , 192
Integración educativa, 196
T E R R IT O R IO S , 341
Integración religiosa, 203
Espacios locales, 108
Desterritorialización, 65
M IG R A C IO N E S , 219 Centro-Periferia, 13
Migraciones. Redes sociales, 222 Lugar y no-lugar, 210
Migraciones. Teoría macro, 229
Migraciones y economía, 232 T R A B A JO , 345
Migraciones y racismo, 234
V IO L E N C IA P O L ÍT IC A , 358
M IN O R ÍA S, 237 Violencia política. Tipos, 360
A
fue el acceso preferente de los estudiantes ne­
Acciones afirmativas gros e indígenas a las universidades y tam ­
La expresión acción afirmativa se pone en bién a los puestos de ^trabajo del servicio
circulación a comienzos de los años sesenta público. En la medida en que se trataba de
del siglo pasado en Estados Unidos para defi­ una política de Estado, destinada a provocar
nir un conjunto de políticas públicas centra­ un cambio profundo en la sociedad como un
das en la población negra, con la finalidad de todo, el gobierno norteam ericano también
acelerar el proceso de combate a las d e s ­ empezó a estimular, con incentivos fiscales y
igualdades raciales provocadas por siglos de facilidades para contratar la realización de
*esc!avitud y por el *racism o posesclavista. servicios públicos, a las empresas que dieran
Inmediatamente pasó a designar también las preferencia a la contratación de negros e indí­
políticas compensatorias para las naciones in­ genas.
dígenas norteam ericanas, igualmente vícti­ A pesar de la hegemonía ideológica del
mas de siglos de *genocidio y *discrim ina- Estado norteamericano en el momento pre­
ción. Desde entonces el término viene siendo sente, el paradigma de universalismo e iguali­
usado internacionalmente y en diversos paí­ tarismo en el espacio europeo y de N or­
ses del mundo para definir políticas específi­ teamérica aún es el modelo de Estado francés,
cas, compensatorias y de inclusión *étnica y constituido bajo la égida de la Ilustración, y
racial en general. A la práctica de la acción que decretaba la triple unidad: una nación, un
afirmativa se la denomina en muchas ocasio­ pueblo, una lengua. El Estado norteamerica­
nes ^discriminación positiva. Otro concepto no también operó con este credo igualitario
relacionado directamente con la noción de ac­ abstracto hasta que la *violencia racial y étni­
ciones afirmativas es el de reparación, sobre ca condujo a la sociedad a una situación tan
todo para los pueblos africanos y afroam eri­ enormemente explosiva —afectó incluso a su
canos en las Américas y el Caribe, vinculado a imagen internacional—que las políticas de de-
los daños sufridos durante los siglos de escla­ *segregación tuvieron que incluir a la fuerza
vitud y ^colonialismo; daños que, aún hoy en mecanismos de preferencia de admisión para
día, afectan a esas poblaciones. La idea de re­ negros e indígenas. Fueron estos mecanismos
paración se extiende también a las poblacio­ los que recibieron el nom bre, difundido
nes originarias de las Américas, que reciben el ampliamente por el mundo, de acciones afir­
nombre genérico de indígenas por los coloni­ mativas.
zadores europeos. Cuotas, discriminación po­ Sin embargo, en sentido contrario a las
sitiva y reparaciones conforman actualmente ideas que se difunden en los países occidenta­
el gran tema de las acciones afirmativas a es­ les, las acciones afirmativas no fueron inven­
cala internacional. tadas en Estados Unidos. En realidad, fue la
Una de las primeras medidas, que llama­ India el primer país en romper con la lógica
mos de acción afirmativa en Estados Unidos, universalista y colocar derechos diferenciados
Acciones afirmativas 2

directamente en su Constitución. La Consti­ pendencia de su adscripción étnica o racial.


tución india, que entró en vigor en 1949, ga­ De la misma forma que ocurrió en la India o
rantizó cuotas para los llamados dalits o en Estados Unidos, también aquí hubo siem­
intocables, que pertenecían a las castas más pre polémica y reacciones protagonizadas por
bajas y discriminadas del país. La lucha a fa­ los grupos poderosos, que sintieron la pérdida
vor de cuotas para los dalits comienza en los de muchos de sus privilegios. Otra experien­
años veinte del siglo pasado y la lidera el gran cia, más reciente, de acciones afirmativas es la
intelectual y político dalit B. R. Ambedkar. de Sudáfrica, donde la población negra repre­
Durante más de dos décadas, Ambedkar de­ senta el 75% del total del país y aún se en­
fiende la necesidad de acciones afirmativas cuentra en condiciones de exclusión extrema,
para los intocables, incluso rivalizando con social y económica. A partir de 1994 se pone
Mahatma Ghandi, que era un acérrimo opo­ en marcha un plan nacional de de-segrega­
sitor a las cuotas de acuerdo con los principios ción de las universidades y de acceso al poder
de las constituciones liberales occidentales. de la población negra del país. Sudáfrica fue
Ambedkar argumentaba que los dalits habían más allá en su modelo cuando en 2004 el go­
sido discriminados a lo largo de tres mil años bierno presentó un plan de objetivos para que
y que era totalmente injusto aprobar una en 2010 las industrias del país, actualmente
Constitución para un nuevo país, recién sali­ aún predominantemente blancas en los pues­
do del colonialismo, pensando en una igual­ tos más importantes, contaran con un 25% de
dad ficticia entre aquéllos y las demás castas. negros en todas las categorías profesionales.
Am bedkar acabó por ser el redactor de la Es necesario aclarar que, conceptualmen­
Constitución de la India, que garantiza cuo­ te, las cuotas son una modalidad de acciones
tas para dalits en la educación y en el servicio afirm ativas. El modelo norteam ericano, en
público hasta la actualidad. A despecho de la rigor, no trabaja con cuotas, como el brasile­
intensa polémica que el sistema de cuotas ha ño, el indio o el malayo, y sí con otras discri­
provocado hasta el momento actual, los datos minaciones positivas, como la puntuación y
oficiales revelan que éstas han supuesto una los planes de objetivos generales de inclusión
mejora considerable de las condiciones socia­ a medio y largo plazo. La diferencia entre ac­
les de los dalits. En 1950 éstos ocupaban ción afirmativa y cuotas es de posición ideoló­
únicamente el 1% de los cargos más im por­ gica. Las acciones afirmativas son un conjunto
tantes del país, a pesar de que representaban de estímulos, generalmente ^traducidos a un
el 17% de la población. Hoy en día ocupan el idioma de puntuación sobre un conjunto de
12% de estos cargos. Por consiguiente, el gran indicadores asociados a los miembros de las
constructor y defensor, a escala mundial, de minorías, a las que se pretende beneficiar con
las propuestas de acción afirmativa es el pen­ accesos a cargos o licenciaturas universitarias.
sador indio B. R. Ambedkar. Según este modelo, las acciones afirmativas
Otro país que ha implantado un sistema no garantizan que una cantidad definida de
de cuotas étnicas a escala nacional es Malasia, negros o de las demás minorías ingresen en
en este caso desde 1971. Las acciones afirma­ las universidades y en el servicio público. Se
tivas pretendían corregir una desigualdad trata de un movimiento general hacia la in­
histórica sufrida por el grupo étnico nativo de clusión cuyo ritmo no está predeterminado.
Malasia, conocido como los bumiputeras —los En el caso de las instituciones privadas, ni si­
malayos o hijos de la tierra—. A pesar de ser quiera el Estado puede obligarlas a la i n t e ­
dem ográficam ente mayoritarios en el país, gración racial. Lo máximo que puede hacer es
estaban totalmente ^excluidos de las posicio­ premiarlas, ateniéndose a su predisposición
nes de poder y de la riqueza nacional, concen­ hacia la integración, o castigarlas, de acuerdo
tradas en manos de las ^minorías india y con la lógica capitalista de los contratos, por
china. Al igual que en el caso de la India, se su eventual negativa o no a la aceptación de
instituyeron cuotas en las universidades y en los procesos integradores.
el servicio público malayo, dentro de un plan En el caso brasileño, la lucha actual a fa­
de #desarrollo económico y social más am ­ vor de las cuotas en las universidades públicas
plio. Después de treinta años ininterrum pi­ cuestiona las bases de la construcción del pro­
dos de cuotas, la igualdad étnica en Malasia pio Estado. Brasil fue el último país en abolir
ha m ejorado muy sensiblemente y aquella la esclavitud, en 1888, y la República, instau­
política centrada en la acción afirmativa pue­ rada en 1889, aband onó a su suerte a los
de dar lugar ahora a reglas universalistas de antiguos esclavos, sin contemplar ningún pro­
competencia entre los individuos con inde­ yecto de reparación o de apoyo para que pu­
3 Acciones afirmativas

dieran disponer de un m ínim o de bienestar Sudáfrica, el movimiento a favor de las accio­


en su nueva condición de Ciudadanos libres. nes afirmativas en Brasil ha provocado gran­
La igualdad manifestada en la Constitución des tensiones políticas e ideológicas en la
de 1891 era solamente formal y, como resulta­ estructura del poder nacional y una enorme
do de su universalismo, los negros brasileños crisis de legitimidad en las Ciencias Sociales y
estuvieron durante el siglo X X prácticamente en las Humanidades, visible en todos los
excluidos de las universidades y de todos los grandes centros académicos del país. Una vez
puestos clave de la sociedad, tanto políticos más, mientras las realidades de ^opresión de
como económicos. los dalits, en la India, y de los negros, en Esta­
A pesar de la poderosa retórica del mito dos Unidos y en Sudáfrica, estaban recono­
de la democracia racial, que estuvo en vigor cidas y difundidas internacionalm ente, la
en el país durante todo el s. X X , el porcentaje ideología brasileña de la democracia racial y
de estudiantes negros en las universidades del *m estizaje consiguió proyectar una ima­
públicas brasileñas no pasa, por término me­ gen internacional de buena convivencia ra­
dio, del 12% respecto a una población com ­ cial, sobre todo en base a la música popular,
puesta en un 48% por negros. Asimismo el como la samba, y a las grandes fiestas popula­
porcentaje de docentes negros en las universi­ res, como el carnaval. La mayoría de los tex­
dades más importantes no llega al 1%. En las tos canónicos sobre la id e n tid a d brasileña
universidades más poderosas, como las de Sao refuerzan este mito de una convivencia pací­
Paulo, la Estadual de Campiñas y la Federal fica entre las razas.
do Rio de Janeiro, el porcentaje es inferior El movimiento en favor de las cuotas, la
al 0,5%. Este paradigma de exclusión social ya parte silenciada y censurada de esta imagen
se arrastra desde hace un siglo y diversas pro­ de convivencia se proyecta internacional­
yecciones de tipo estadístico indican que no se mente desde la universidad, y empieza a ser
modificará a lo largo de todo el s. XXI sin una debatido de manera abierta y teorizado en
intervención drástica en el sistema de cuotas profundidad, poniendo en jaque los argu­
para docentes negros e indígenas. mentos de los universitarios blancos que se
En esta atmósfera de elevada exclusión so­ habían difundido hasta el último rincón del
cial surge en la última década el movimiento planeta y que reforzaban los Estereotipos de
a favor de las cuotas para negros en las uni­ la democracia racial brasileña. La crisis de la
versidades públicas. La primera propuesta de elite universitaria nacional alcanzó tal grado
cuotas se presentó en la Universidade de Bra­ de polarización que en 2006 un grupo de cien­
silia en 1999. El movimiento crece a partir de tíficos sociales e intelectuales de renombre re­
la I I I Conferencia M undial contra el Racismo, dactó un M anifiesto contra la L ey de Cuotas y
la Discriminación Racial, la X enofobia y las F o r­ contra el Estatuto de la Igualdad R acial. Ambos
mas Conexas de Intolerancia, que tuvo lugar en manifiestos se encuentran en debate actual­
Durban —Sudáfrica—en 2001. La Universida­ mente en el Congreso brasileño. Acto segui­
de do Estado do Rio de Janeiro y la Universi­ do el frente multirracial de universitarios y
dade do Estado da Bahia instituyen las cuotas activistas negros en favor de las cuotas lanzó
en 2002 y la Universidade de Brasilia fue la un manifiesto a favor de la Ley de Cuotas y del
primera institución universitaria federal en Estatuto. Tal y como ocurrió en los países an­
aprobarlas durante 2003. A finales de 2006, tes mencionados, la discusión de las cuotas ha
más de treinta universidades públicas brasile­ provocado una polarización general de la so­
ñas, estatales y federales, ya habían aprobado ciedad, lo que resulta indicativo del interés
cuotas para negros e indígenas. El porcentaje teórico y conceptual del tema.
de cuotas para negros supone generalmente el Aparte de Brasil, otros países de la Diàs­
20% del total de las plazas existentes en todas pora Afroam ericana en Am érica Latina,
las licenciaturas. Esta proporción es mucho como Colom bia, Uruguay y Venezuela, es­
más baja para los indígenas. En general, sola­ timulados igualmente por los movimientos
mente representa el 1 o el 2% de las plazas negros que se construyen en torno a la C on fe­
ofertadas. Téngase en cuenta, no obstante, rencia de D urban, han comenzado a valorar y
que los indígenas suponen sólo un 0,4% de la discutir propuestas de acciones afirm ativas
población brasileña. y de cuotas para el acceso de los negros a las
Aunque no presente los aspectos externos universidades. Se abre de este modo un capí­
de violencia racial, que caracterizaron las mo­ tulo muy importante en el proceso de des­
vilizaciones por los derechos civiles en Esta­ colonización de las Américas Negras. En
dos Unidos y las luchas contra el *apartheid en paralelo, las luchas recientes de afirmación de
Acciones afirmativas 4

los pueblos originarios de los países andinos, do en el contexto de las sociedades explícita­
liderados por los ^movimientos indígenas de mente segregadas. Se abre ahora un nuevo
Bolivia y Ecuador, también reivindican accio­ campo teórico y político al iniciarse el proceso
nes afirmativas para el acceso de indígenas a de las acciones afirmativas en las sociedades
las universidades. Por consiguiente, el tema del mestizaje.
de las acciones afirmativas, que hasta el mo­
mento se había asociado sobre todo a Estados
Unidos y a Sudáfrica, pasa hoy por un perio­ Bibliografía
do de gran efervescencia en el conjunto del
espacio iberoamericano. AMBEDKAR, Bhimrao Ramji (2002): The Essen­
Desde un punto de vista político-ideológi­ tial Writings o f B. R. Ambedkar. Oxford: Ox­
co, las acciones afirmativas se vienen conci­ ford University Press.
biendo hasta el momento presente como una AROCHA, Jaime (2004): Utopía para los Exclui­
lucha por la afirmación de minorías discrimi­ dos. E l Multiculturalismo en Africa y América
nadas dentro de la sociedad nacional, sin lle­ Latina. Bogotá: Universidad Nacional de Co­
gar a cuestionar, sin embargo, las bases de la lombia.
constitución del Estado. En este sentido han BO W EN , William; BOCK, Derek; LOURY,
sido objeto de crítica política por gran parte Glenn (2000): The Shape o f the River. Prince­
del pensamiento de izquierdas, desde donde ton: Princeton University Press.
se consideran medidas reformistas, que no CARVALHO, José Jorge de (2001): “As Propostas
consigue subvertir la desigualdad de clase de Cotas para Negros e o Racismo Académi-
que estructura las sociedades capitalistas, tan­ cono Brasil”. Revista Sociedade e Cultura, 4 (2):
to las ^centrales, caso de Estados Unidos, 13-30.
como las periféricas, caso de Brasil. Sin em ­ — (2003): “Agoes afirmativas para negros na Pós-
bargo, desde un punto de vista conceptual, no graduafáo, ñas bolsas de pesquisa e nos con­
parece pertinente lim itar la idea de acción cursos para professores universitários como
afirmativa a un paradigma político de tipo li­ resposta aoracismo académico”, en Petronilha
beral, como si su única función fuera la de Silva, Beatriz Gonsalves, Valter R. Silvério
preparar a las minorías étnicas y raciales dis­ (Orgs.), Educando e Aqóes Afirmativas. Brasilia:
criminadas para enfrentar el universo indivi­ Inep/MEC, 161-190.
dualista y competitivo del capitalismo. El — (2005): Inclusáo Etnica e Racial no Brasil. Sao
desafío que se plantea a muchas corrientes teó­ Paulo: Attar Editorial.
ricas y políticas de las acciones afirmativas, CARVALHO, José Jorge de; SEGATO, Rita
desarrolladas en Brasil y Am érica latina, es Laura (2002): Urna Proposta de Cotas para Estu -
precisamente cómo sacarlas del marco liberal dantes Negros na Universidade de Brasilia. Bra­
capitalista que fue su modelo hegemónico en silia: Departamento de Antropología. Uni­
el mundo occidental. versidade de Brasilia, Série Antropología, 314.
Otra cuestión conceptual importante, de­ EMERSON, Renato; LO BATO , Fátima (eds.)
rivada de las acciones afirmativas en Brasil y (2003): Aqoes Afirmativas. Políticas Públicas
otros países de América latina, es de qué ma­ contra as Desigualdades Raciais. Rio de Janeiro:
nera se puede identificar al individuo suscep­ DP&A.
tible de ser beneficiario de las cuotas, dado el K H A LK A N I, Akil Kokayi (2005): The Hidden
m estizaje de la población. En Estados U ni­ Debate: The Truth Revealed About the Battle
dos, por ejemplo, declararse negro implica la over Affirmative Action in South Africa and the
pertenencia a una categoría legalmente defi­ United States. New York: Routledge.
nida. Se trata de todo individuo que pueda MABOKELA, Reitumetse Obakeng (2000): Voi­
probar que posee al menos un octavo de as­ ces o f conflict: desegregating South African uni­
cendencia negra. En la India no se puede versities. New York: Routledge, Falmer.
ocultar la condición de dalit y en Malasia no MARX, Anthony (1998): Maying race and nation: a
resulta posible disimular la identidad malaya. comparison o f South Africa , the United States
Por otra parte, en el caso brasileño, y también and Brazil. Cambridge: Cambridge University
en el colombiano, surge un nuevo problema Press.
que no se registraba en el proceso indio, mala­ SEGATO, Rita Laura (2003): Uma Agenda de
yo o norteamericano de las acciones afirmati­ Afóes Afirmativas paras as Mulheres Indígenas
vas: quién es negro, e incluso indio, en Brasil no Brasil. Brasilia: Dpto. de Antropología,
o en Colombia. Hasta el momento, la teoría Universidade de Brasilia. Série Antropolo­
de las acciones afirmativas se había construi­ gía, 326.
5 Aculturación

SILVA, Petronilha; GONgALVES, Beatriz; SIL- activos y pasivos en los procesos de contacto y
VÉRIO, ' Valter Roberto Silvério (orgs.) que los individuos quedan subsumidos en esa
(2003): Educaqáo e Aqóes Afirmativas. Brasilia: dinámica colectiva. En el M emorándum sobre
Inep/MEC. la aculturación, de Redfield, Linton y Hers-
José Jorge de Carvalho kovits (1936), se utiliza el término para expre­
sar “aquellos fenómenos que se producen
cuando grupos de individuos que tienen dife­
Véanse además Centro-periferia, Ciudadano,
rentes culturas entran en contacto directo
C C) L O N IALIS M O Y A N T 1C 0 1„O N IA -
continuo, con los subsecuentes cambios en las
IJSMO, Comunitarismo, DERECHOS HU­
pautas originales de uno o de los dos grupos”.
MANOS, DESARROLLO, DIFERENCIA
Puestas así las cosas, es evidente que en la ma­
Y D ESIG U A LD A D , Diferencias sociales y
yoría de los casos son las culturas dominadas
diferencias culturales, Discriminación positi­
las que pierden sus características, asumiendo
va, D ISCRIM IN A CIÓ N Y EXC LU SIÓ N
las más rentables “pautas de cultura” de los
SOCIAL, E L IT E S , Esclavitud, ESTADO-
dominadores.
NACIÓN, ESTEREO TIPO S Y ESENCIA­
La valoración actual del concepto debe te­
LIZACIÓN, Etnicidacl, EXPLO TA C IÓ N
ner en cuenta los cambios producidos en la
SOCIAL, G EN O CID IQ , I D E N T I DAD,
noción de cultura, de la que, al fin y al cabo, es
INTEGRA(:iÓN, Mestizaje, MINORí AS,
un derivado, e integrar teóricamente las con­
NU EVOS MOV I MI E N T O S SOCI A LES,
clusiones extraídas del estudio de las relacio­
Racismo y neorracismo, Segregación, Sujeto
nes *interculturales que se están produciendo
intercultural, TRABAJO, Traducción, VIO­
en las sociedades complejas. Si la cultura no es
LENCIA POLÍTICA.
la homogeneidad estructurada de la que se
hablaba en la época del M em orándum , sino
Aculturación una organización de una diversidad de suje­
tos, los procesos de aculturación entre indivi­
Aculturación en sentido estricto significa duos provenientes de distintos grupos no
la pérdida o transform ación de algunos as­ tienen por qué diferir cualitativamente de los
pectos culturales en situaciones de contacto que se producen entre diferentes sujetos del
entre culturas ^diferentes. En un sentido más mismo grupo. Aculturación y enculturación
amplio, invade el terreno de otros conceptos no aparecen en este sentido como realidades
como los de Asim ilación, *transculturación, opuestas, sino como procesos equivalentes.
intercambios y préstamos culturales, S in c re ­ Tanto más si se tiene en cuenta, como ya había
tismo o cambio cultural. Incluso Bastide demostrado de forma brillante Linton (1937)
(1972) habla d e aculturación planificada para en un breve texto sobre la cultura americana,
referirse a programas de *desarrollo. Esta que todas las culturas son de una u otra forma
complejidad expresa bien a las claras la im ­ mezclas.
precisión de un concepto, que se ha gestado Se ha dicho que la aculturación hace refe­
en la encrucijada formada por las experien­ rencia a los cambios en las conductas cultura­
cias ^coloniales y las contingencias de las les y la asimilación a los cambios sociales (Gor-
teorías antropológicas integracionistas. En don, 1964). Esta visión de los hechos se adapta
contextos de dominación no es difícil hablar mal a las experiencias del mundo moderno.
de agentes y pacientes. Los sujetos que pier­ El conocimiento cultural es acumulativo a di­
den sus tradiciones son damnificados pasivos ferencia de las adaptaciones físicas sujetas a la
del proceso y a ellos se aplicaba inicialmente el evolución biológica, que son sustitutivas. Los
concepto de aculturación, expresión proble­ sujetos adquieren constantemente en los gru­
mática que ni siquiera se aceptó en todas las pos sociales nuevas competencias, que coexis­
tradiciones académicas. Fue en la antropolo­ ten con las antiguas, y que estratégicamente
gía americana donde tuvo un mayor segui­ son seleccionadas, reactivadas y reinventadas
miento. Con todo, resulta difícil sostener según contextos para ajustarse a las circuns­
actualmente los dos pilares epistemológicos tancias que más les puedan interesar. Pero es­
sobre los que se asienta la delimitación de su tas formas sólo tienen sentido en sus contextos
significado; contactos entre ^culturas y con­ de ejecución, y fuera de ellos no son más que
sistencia estructural de la cultura. En princi­ recursos textuales almacenados en la memo­
pio, las situaciones de dominación política ria. Por ello los cambios en las conductas cul­
acrecientan la percepción de que las culturas, turales sólo se dan cuando las circunstancias
como bloques homogéneos, son los agentes sociales lo exigen. Esto es tan válido para las
Aculturación 6

situaciones de dominación colonial como pa­ Por último, no se debe olvidar que en las
ra los contactos entre personas provenientes sociedades complejas los contextos conduc-
de diferentes dominios culturales cuando se tuales son tan novedosos para los individuos
encuentran como ^marginados en el mundo desplazados como para los sujetos origina­
occidental. Por ello la llamada aculturación rios. A lo largo de la vida cualquier individuo
puede considerarse tanto una respuesta estra­ recorre espacios culturales nuevos que le obli­
tégica al entorno social como una cuestión re­ gan a ser constantemente selectivo en relación
ferida a los procesos cognitivos. Olvidar algo con sus recursos culturales. Aprender, ol­
en lo que uno fue competente tiempo atrás no vidar, rememorar, poner en práctica o sim ­
tiene por qué considerarse una tragedia si el plem ente textualizar los conocim ientos
olvido se debe a la inutilidad de las prácticas culturales son ejercicios propios de cualquier
derivadas de ese conocimiento, cuando el proceso cultural. No cabe duda de que hay al­
contexto ha cambiado. “La salvaguarda de la gunas dimensiones del proceso que implican
cultura popular”, por sí misma, puede ser un competencias generales que son más fácil­
contrasentido si lejos de favorecer a las *m i- mente disponibles para los nativos que para
norías las sume de manera directa en la mar- los extraños, como, por ejemplo, el dominio
ginación. Por lo demás, las estrategias que de la lengua, pero la capacidad de aprendiza­
guían el olvido y el aprendizaje cultural pue­ je de los seres humanos hace que estos condi­
den ser muy diferentes según las protagoni­ cionantes no sean obstáculos absolutos, sino
cen individuos aislados o integrados en gru­ simplemente requisitos que, igual que tantos
pos de la misma procedencia. En este caso las otros a los que nunca acceden los de dentro de
colectividades emergentes funcionan como su propio grupo, configuran contextos espe­
nuevos contextos en los que los #recursos cul­ cializados, que están en la base de las diferen­
turales pueden permanecer e incluso perder cias sociales en general.
su significado original y transformarse en ele­
mentos reivindicativos. Estas reivindicacio­
nes pueden afectar a cuestiones pragmáticas Bibliografia
relacionadas con la vida cotidiana, o a otras
más complejas e ideológicas, entre otras a BASTID E, Roger (1972): Antropologia aplicada.
aquéllas que afectan a los #derechos políticos Buenos Aires: Amorrortu.
de las minorías (Scott, 1985). GORDON, Milton (1964): Assimilation in Ameri­
Si considerado desde el punto de vista de can life. The role o f race, religion and national
los procesos culturales alterados en los grupos origins. New York: Oxford University Press.
dominados o en las minorías descontextuali- LIN TO N , Ralph (1937): “One handred percent
zadas, el concepto de aculturación es proble­ American”. American Mercury , 40: 427-429.
mático, no lo es menos en su aplicación a los R ED FIELD , R.; LIN TO N R.; HERSKOVITS,
contextos internos de los grupos dominantes. M. J. (1936): “Memorandum for the study of
El trasvase cultural nunca es tan simple como acculturation”. American Anthropologist, 38(1):
se sugiere en ^ M em orándum : una cultura se 149-152.
pierde porque se adquieren elementos de SCOTT, James C. (1985): Weapons o f the wea\.
otras: se pasa de vivir en una cultura a vivir en New Haven: Yale University Press.
otra. Si las culturas no son todos integrados y
José Luis García García
homogéneos, sino complejos heterogéneos
organizados, las formas sociales de los en­
cuentros pueden ser muy variadas, y la ten­ Véanse además COL()NI ALISMO Y ANTI-
dencia a tipificar las situaciones de contacto, COLONIALISMO, Criollización, CULTU­
partiendo de los lugares de origen de los pro­ RA, D ERECH O S HUMANOS, D E S­
tagonistas de los encuentros, debe ser muy ARROLLO, Diferencias sociales y diferen­
m atizada, pues los contextos sociales en los cias culturales, DISCRIM INACIÓN Y
que se ubican los procedentes de un mismo EXCLUSIÓN SOCIAL, ESTEREO TIPO S
país pueden generar situaciones radicalmente Y ESENCIALIZACIO N , Etnocentrismo y
diferentes: las diferencias internas son tan relativismo cultural, Etnocidio, Fronteras
transcendentes en la mayoría de los casos co­ simbólicas, G E N O C ID IO , H IB R ID A ­
mo las externas. Son los individuos y sus redes CIÓ N , IN D IG E N ISM O , IN T E G R A ­
sociales, y no los grupos sociales abstractos, los CION, Integración educativa, Interculturali-
protagonistas de los contactos e intercambios dad, MINORÍAS, PATRIMONIO, Sujeto
culturales. inte re u1tu ra1, Tra nscu 11u rae ió n.
7 Alteridad

Alteridad problemáticas concebidas desde la perspecti­


va singular de cada ser humano —o de una hu­
Se designan con este término desde la anti­ manidad abstracta—. Las ciencias sociales, en
güedad las experiencias de la ^diferencia y lo cambio, han destacado que la alteridad no es
extraño. Es uno de los conceptos que más lar­ sólo una cuestión intersubjetiva, sino de indi­
gamente ha organizado las preguntas por lo viduos situados: en lenguas colectivamente
otro y los otros, lo ajeno o la diversidad. No se codificadas, en historias sociales y en culturas
refiere a cualquier tipo de fenómeno descono­ estructuradas que preceden a cada persona.
cido o distinto; no se aplica a los paisajes, climas Además de examinar la alteridad como dife­
o músicas que sorprenden. Su uso habitual se rencia y confrontación entre sujetos singula­
reserva para la otredad humana: la que se res, es necesario verla como contraposición
experimenta al conocer otras culturas en los entre tradiciones, formas de vida y sistemas
viajes o al recibir a extranjeros, al conocer in­ simbólicos de estructuración colectiva. Las
formación sobre otras lenguas, costumbres, posibilidades y dificultades de comunicación
modos de pensar y sentir. Por eso varios auto­ y comprensión entre diferentes implican mo­
res consideran a la alteridad el objeto de estu­ dos socialmente constituidos de hacer, pensar
dio o la categoría central de la antropología. y decir. Lo propio y lo extraño son, más que
El análisis inicial de esta noción se de­ resultados de elecciones individuales diver­
sarrolló en la filosofía. El problema del Otro, sas, producto de historias sociales paralelas,
del prójimo, del conocimiento que puede al­ instituciones y reglas que forman a los indivi­
canzarse de él y de cómo actuar en relación duos para pertenecer y actuar en una sociedad
con sus diferencias, recorrió el pensamiento específica, y, por tanto, para ver como raros a
griego y medieval, y se complejizó en la *m o- los demás y tener problemas para encontrarse
dernidad con los “descubrimientos” de nue­ con ellos.
vos continentes y la creciente información Distintas corrientes antropológicas han
sobre maneras de vivir y pensar radicalmente caracterizado lo que sucede cuando nos
distintas de las europeas u occidentales. La encontramos con los otros como “contacto
mayoría de los filósofos, aun los modernos, cultural”, “*etnocentrism o”, “*intercultura-
elaboraron sus preguntas sobre la alteridad en lidad”, “relaciones interétnicas”, ‘^colonialis­
un contexto intersubjetivo, es decir, en la rela­ mo” o “*poscolonialismo”. Si bien, como
ción de un sujeto con otros. Para no caer en el dijimos, las descripciones de las ciencias socia­
subjetivismo o el solipsismo, cada individuo les se distinguen de las filosóficas en el propó­
debe considerar no sólo lo que es verdadero sito de historizar la alteridad y situarla en
para sí mismo; la preocupación por la objeti­ condiciones sociales específicas, algunas ten­
vidad, por lo que sería universalmente válido, dencias dan visiones más neutrales, como las
lleva a interrogarse por los modos en que que hablan de “contacto”. Otras, en cambio,
otros configuran sus juicios. marcan el enfoque teórico y la etnografía con
Este interés por el otro rara vez desembo­ la selección de un tipo de otredad —la *étnica—
ca en un saber feliz. Prevalecen más bien las o con una perspectiva peculiar de conocimien­
dudas sobre la posibilidad de conocer la alte­ to-desconocimiento del diferente -p o r ejem ­
ridad, comunicarse con los diferentes y actuar plo, el producido por la interacción colonial.
en forma significativa en relación con ellos. La alteridad se desenvuelve en una histo­
Desde Hegel a Max Scheler, desde Alfred ria de redefiniciones. Se exhibe diversa según
Schuetz a Jean-Paul Sartre, la intersubjetivi­ se la fue configurando en las miradas asom­
dad es un espacio de incomprensiones y con­ bradas de los europeos hacia los “orientales” o
flictos. Si bien no todos son tan críticos y “los africanos” o “los americanos”, en las des­
suspicaces como Sartre en su célebre afir­ cripciones que los viajeros o antropólogos de
mación de que “el infierno son los otros”, la estas otras regiones les devolvieron, o en la vi­
distancia entre sujetos —aun en la misma cul­ sión de los urbanos sobre el campo o de los
tura—muestra la alteridad como una de las campesinos hacia las ciudades. Las distintas
experiencias más desafiantes para cualquier formas de heterogeneidad social y cultural de
pretensión de afirmar una ^identidad propia. cada continente, cada nación y aun cada ciu­
La mayoría de los filósofos tratan estos dad generan perspectivas diversas sobre los
problemas gnoseológicos y malentendidos otros y conceptualizaciones discrepantes.
prácticos como relaciones entre sujetos indi­ En las últimas décadas comenzaron a es­
viduales o entre sujetos trascendentales, no cribirse balances históricos e interculturales
em píricam ente individualizables, pero con sobre los estudios de la otredad (Appadurai,
Alteridad 8

1996; Augé, 1995; Bartra, 1996; Clifford, otras lenguas y costumbres en la propia ciu­
1999; H annerz, 1996; W arnier, 2002). Esta dad o porque la mayor parte de mensajes m a­
producción antropológica ha influido en la sivos que vemos proceden de culturas
construcción de una perspectiva multifocal e distintas, somos habitados por voces y gustos
intercultural en la filosofía (Habermas, 1999; heterogéneos. Vivimos en una época intercul­
Ricoeur, 1996). Ultimamente, el avance de la tural y somos interculturales en nuestro pro­
investigación antropológica en todos los con­ pio interior.
tinentes y la incipiente formación de “antro­ Siguen siendo importantes las etnias y las
pologías mundiales” (Lins y Escobar, 2006) va naciones como marcos de pertenencia y, por
construyendo una conversación teórica mul- tanto, como delimitación de lo otro. Ser indio
ticentrada, a escala planetaria, que comienza o afrodescendiente, ser español, turco o bra­
a indicar caminos por los cuales podría supe­ sileño, y obviamente ser hombre o m ujer,
rarse el etnocentrismo euronorteamericano, continúan diferenciando a vastos sectores po-
la simple refutación anticolonialista y los de­ blacionales y oponiéndolos a quienes tienen
más “cosmopolitismos provincianos” en la re­ otras identidades. Pero en muchísimos casos
flexión sobre la alteridad. En vez de buscar las interdependencias generadas en la globali-
un único paradigma universal, para capturar zación, o los deslizamientos identitarios, los
su sentido, las preguntas son cómo podría fer­ m estizajes e hibridaciones, relativizan
tilizarse la alteridad con el cruce de modos di­ los perfiles de cada grupo. La afirmación de
versos de concebirla y estudiarla. Se aspira a identidades y la confrontación con los dife­
una visión epistémica polifónica. rentes aparece aún con fuerza en múltiples
Esta reformulación incluye una nueva procesos actuales, y es a veces fuente de un
mirada sobre el pasado. Las épocas lejanas, y a “esencialismo estratégico”, de la defensa de
veces las próximas, de la propia cultura son reivindicaciones por la dignidad o contra la
escenas extrañas. Suele ocurrir que las com ­ injusticia, en los grupos más explotados, dis­
prendamos tan mal como a nuestros con­ criminados o vulnerables. Sin embargo,
temporáneos distantes. Sin embargo, las crecen las situaciones de intercambios *m ulti-
reinterpretaciones antropológicas e históricas culturales, la apropiación heterogénea de
de “nuestros antepasados prim itivos”, del bienes y mensajes diversos.
Medievo y del Renacimiento, por ejemplo, re­ Se vuelve así una realidad cotidiana el
plantean lo que veníamos entendiendo por al­ desdibujamiento de las fronteras entre lo pro­
teridad (Krotz, 2002). pio y lo ajeno, como filósofos y científicos so­
El pensamiento *posmoderno, por su par­ ciales vienen mostrando en investigaciones
te, al criticar el evolucionismo unilineal que desde hace décadas. La identidad y la alteri­
consagraba una supuesta teleología progresis­ dad son construcciones Acciónales, leíamos ya
ta occidental y descartaba a las sociedades que en el estudio de Benedict Anderson sobre las
no encajaban allí, hizo visible una heteroge­ naciones como comunidades imaginadas, o
neidad compleja de la historia: la libertad que en las investigaciones psicoanalíticas y en la
el posmodernismo dio a las artes y a la arqui­ antropología posmoderna. Decir que son Ac­
tectura para retomar estilos de distintas épo­ ciónales no implica atribuirles falsedad; alude
cas y combinarlos, también contribuyó a al carácter construido, no esencial, de lo pro­
volver próximos —a veces superficialmente— pio y lo extraño.
búsquedas formales y relatos diversos. Reconocer que la otredad es en gran me­
La etapa globalizadora que vivimos desde dida imaginada no puede hacer olvidar tam­
inicio de los años ochenta del siglo xx cambia poco que la humanidad está dividida por
aún más radicalmente las diferencias entre lo diferencias em píricam ente observables. La
familiar y lo extraño. Cada vez menos perso­ alteridad sigue manifestándose consistente­
nas pueden afirmar, como en tiempos de las mente en cualquier confrontación política,
etnias y las naciones autocontenidas en un te­ cultural o económica. Tan cierto como que
rritorio, que pertenecen a un solo lugar; úni­ solemos proyectar en los desconocidos aspec­
camente les interesa conocer y convivir con tos inconscientes o rechazados de nosotros, es
sus semejantes o hablar una sola lengua. Ad­ que hay diferencias —no sólo imaginadas—de
vertimos con frecuencia, en palabras de Julia piel, lenguaje, etnia o gustos. Los otros gustan
Kristeva, que somos “extranjeros para nos­ comidas que rechazo, se visten de maneras
otros mismos”. Ya sea por las experiencias de que no me atraen, proponen modos de rela­
múltiples sociedades que tenemos como cionarse que no comparto. La diferencia no es
migrantes o turistas, por la convivencia con únicamente invención y proyección.
9 Alteridad

A las históricas diferencias étnicas, de gé­ y ritmos de innovación propios de esas redes,
nero, y otras biológicas y culturales que per­ en suma, con la conciencia de pertenecer a
sisten, se agregan las nuevas producidas por una región más amplia y heterogénea que el
los intercambios globalizados. Además de re- propio país.
lativizar las formas tradicionales de diferen­ Un obstáculo para este aprendizaje es que
ciación, la interdependencia mundial —en el la desigual participación en las redes de infor­
comercio, en los viajes y las migraciones, en la mación se combina con la desigual distribu­
comunicación cultural industrializada—ge­ ción mediática de los bienes y mensajes de
nera nuevos agrupamientos y Exclusiones: aquellas culturas con las que estamos interac­
por un lado, quienes acceden a los bienes y a la tuando. Los circuitos transnacionales en los
inform ación estratégicos o novedosos; por que circulan músicas de más países que en
otro, los que quedan fuera. cualquier otra época, pese a que simulan re­
Hasta la primera mitad del siglo X X , la presentar a todos, como sugiere el nombre
diversidad cultural se configuraba casi exclu­ world. music, dejan fuera a centenares de m i­
sivamente dentro de cada sociedad, subordi­ llones de creadores y audiencias, y “ecuali-
nando las diferencias étnicas y regionales en zan” los estilos melódicos y las variaciones
espacios educativos y políticos nacionales mo- tímbricas que pueden mostrar una alteridad
nolingües. La interconexión de todas las cla­ demasiado desafiante para las culturas hege-
ses y muchas etnias ocurre desde finales del mónicas en los mercados artísticos (Carvalho,
siglo xx a escala transnacional, y las industrias 1995). Tampoco hay condiciones de efectiva
culturales se han convertido en agentes clave mundialización de las formas del conoci­
en la gestión globalizada de las diferencias. Es miento y representación expresadas en las pe­
necesario considerar entonces cómo reorgani­ lículas árabes, indias o latinoam ericanas, si
zan la diversidad estas industrias, especial­ están casi ausentes en las pantallas, incluso de
mente a través de los medios audiovisuales. los países vecinos: ni siquiera circulan en ciu­
Por supuesto, las nuevas modalidades de dades del primer m undo—Los Angeles, Nue­
diferenciación y alteridad no están desvincu­ va York, Berlín—donde habitan millones de
ladas de las tradicionales. Las diferencias pro­ migrantes de esas regiones que serían públi­
vocadas por la brecha digital entre quienes cos “naturales”.
tienen acceso a las tecnologías y quienes están Algo semejante sucede con las ofertas mu­
excluidos se combinan con diferencias étnicas sicales y fílmicas en televisión, videos y en las
de los grupos subalternos o marginados deri­ páginas de Internet. La enorme capacidad de
vadas de formas anteriores de desigualdad. unas pocas megaempresas de manejar combi­
Las modalidades antiguas de diversidad cul­ nadamente los circuitos de distribución en es­
tural no pueden descuidarse, en tanto que no tos medios, en todos los continentes, les
son suprimidas por la homogeneización o por permite controlar la casi totalidad de los mer­
las comunicaciones que hacen posible las in­ cados en beneficio de sus producciones. Se
novaciones tecnológicas. Las reflexiones so­ convierten de este modo en administradores
bre la ^sociedad del conocimiento —no sólo de privilegiados de la diversidad y la alteridad.
la información—necesitan retomar los análisis Como conclusión, puede decirse que —si
precedentes sobre la conversión de diferen­ bien la alteridad continúa siendo una figura
cias en desigualdades a causa de la discrimi­ significativa en todo desarrollo social—está
nación lingüística, la marginación territorial produciéndose un desplazamiento de la d i­
y la subestimación de *saberes tradicionales o versidad y la alteridad a la interculturalidad co­
su baja legitimidad jurídica (García Canclini, mo núcleo de las experiencias humanas. Si se
2004). En las ciudades, y sobre todo en las ge­ entiende el énfasis en la diversidad y la alteri­
neraciones jóvenes, encontramos a menudo dad como la valoración de la capacidad de ca­
que se sigue afirmando la pertenencia étnica, da nación, etnia o grupo para expresar su
grupal y nacional, y a la vez crece el acceso a cultura en su espacio propio, no puede negar­
los repertorios transnacionales difundidos se su vigencia. Pero en un mundo tan interco­
por los medios masivos de comunicación. Por nectado la simple afirmación de la diversidad
eso la noción de alteridad se replantea en las puede conducir al aislamiento, y finalmente a
culturas juveniles: la conjunción de pantallas la ineficacia. También se ve necesario trabajar
televisivas, ordenadores y videojuegos está fa­ en los espacios globalizados a favor de una in­
m iliarizando a las nuevas generaciones con terculturalidad dem ocrática: el problema no es
un imaginario transnacional y con modos di­ apenas que a cada uno le permitan hablar su
gitales de experimentar el mundo, con estilos lengua con su grupo, educarse de acuerdo con
Apartheid 10

sus tradiciones y administrar en forma autó­ D IFEREN CIA Y DESIGUALDAD, Dife­


noma el territorio propio. El desarrollo cultu­ rencias naturales y diferencias sociales, D i­
ral y político pone en juego qué significa ferencias sociales y diferencias culturales,
convivir entre nativos y migrantes, entre dis­ Diferencias sociolingüísticas v desigualdad,
tintas religiones, gustos y concepciones de la DISCRIMINACIÓN Y EXCLUSIÓN SO ­
familia, en medio de conflictos transnaciona­ CIAL., Estera mediática. Espacios locales, ES-
les. Las preguntas no se refieren sólo a cómo T E R E O T IP O S Y ESENCI A L IZACIÓN,
reivindicar lo propio. Una política contempo­ ESTIGMA, Etnicidad, Etnocentrismo y rela­
ránea de gestión más equitativa de la alteri- tivismo cultural, EXPLOTACIÓN SOCIAL,
dad requiere, por ejemplo, que la escuela y los Extranjero, Fronteras políticas y religiosas,
medios de comunicación nos ayuden a descu­ G LO BA LIZA CIÓ N , H IBRID A C IÓ N ,
brir el valor de lo diferente, a reducir la des­ ID EN TID A D , Información, IN T E G R A ­
igualdad que convierte las diferencias en CION, Integración educativa, Integración
amenazas irritantes y a generar intercambios religiosa, Lnterculturalidad, Mestizaje, MI­
constructivos a distancia. Se hace necesario NORÍAS, Modernidad, MOVILIDAD,
trabajar, además de los derechos a la diversi­ MULTICULTURALISMO, Multiculturalis-
dad, sobre los derechos interculturales. mo en los estudios étnicos, Multilocal, Nacio­
nalidad, Nacionalismo, Nomadismo v turis­
mo, NUEVOS M OVIM IEN TOS SOCIA­
Bibliografía LES, PATRIMONIO, Pluralismo sincrónico,
Poscolonialismo, POSMODERNIDAD, Ra­
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Apartheid
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nografía de la sensibilidad musical contemporá­ ción de la ^diversidad social que desarrolla al
nea. Brasil: Universidad de Brasilia. límite la separación para el mantenimiento de
Departamento de Antropología. identidades diferenciadas, y la oposición a la
GARCÍA CANCLINI, Néstor (2004): Diferentes, *hibridación o mestizaje. Se asocia, además, al
desiguales y desconectados: mapas de la intercul- #racismo, por cuanto basa la definición de los
turalidad. Barcelona: Gedisa. grupos sociales y la justificación de la articula­
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estudios sobre teoría política. Barcelona: Paidós. de los años noventa, aunque arraiga en prácti­
KROTZ, Esteban (2002): La otredad cultural entre cas anteriores y sus fundamentos ideológicos
utopía y ciencia: un estudio sobre el origen, el de­ habría que buscarlos en las nociones religiosas
sarrollo y la reorientación de la antropología. Mé­ y colonialistas de los bóers.
xico: FCE-UAM. El apartheid no debe entenderse sólo como
LINS RIBEIRO, Gustavo; ESCOBAR, Arturo un régimen de articulación de la diversidad
(comps.) (2006): World anthropologies: discipli­ social, sino, y esto es más importante, como
nary transformations within systems o f power. un mecanismo de legitim ación y de repro­
New York: Berg. ducción de un sistema de Explotación econó­
RICOEUR, Paul (1996): S í mismo como otro. Ma­ mica; en este sentido, su consideración es
drid: Siglo XXL imprescindible si se quiere entender la géne­
sis del capitalismo en Sudáfrica y el papel del
Néstor García Canclini
#Estado en este proceso.
Históricamente, el apartheid es el produc­
Vcanse además Ciudadano, COLONI A LIS- to de la extensión y la organización sistemáti­
MO Y AN TICO LO N IALISM O , COMU- ca de las políticas *segregacionistas de los
NIC A ( VI ( ) N, ( ' o rnu n idad t ra n sna c io na 1, gobiernos blancos en Africa del Sur durante
CONSUMO CU LTU RA L, CULTURA, el periodo #colonial. El carácter de estas poli-
11 Apartheid

ticas se refleja claramente en la N ative L an d de acuerdo a criterios raciales. El apartheid re­


Act de 1913, que prohibía a los negros adqui­ sulta ser así el prototipo de la discriminación
rir tierras fuera de las reservas que se les ha­ racista; no tanto por ser el extremo de una gra­
bían asignado, tras la guerra entre los boers y dación, sino porque funciona como modelo
el imperio británico de 1899 a 1902. En 1948 el revelador de los elementos estructurales de to­
Partido Nacional gana las elecciones. Tras es­ do racismo tal y como en la actualidad lo en­
ta victoria, el sistema del apartheid se constitu­ tendemos. En esta línea, Balibar (1997) afirma
ye progresivamente a través de una cadena de que el apartheid mezcla estrechamente las tres
leyes durante los años cincuenta y sesenta; es­ formas de las que se deriva nuestra noción de
ta legislación incluye desde la prohibición de racismo: el nazismo, el colonialismo y la escla­
matrimonios mixtos o de relaciones sexuales vitud de los negros en E E. UU. Es cierto, en
interraciales hasta posteriormente la separa­ cualquier caso, que el apartheid expresa para­
ción cotidiana de grupos en medios de trans­ digmáticamente una constante del imaginario
porte, lugares de ocio, centros sanitarios y moderno occidental: la fundamentación natu­
otros servicios, escuelas, etc. La Population ralista del orden social y político. Funciona,
Registration Act de 1950 obliga a la población a por tanto, como justificación ideológica, ya
registrarse en cuatro grupos: blancos, negros, que oculta y deniega la entidad y complejidad
indios y mestizos. Esta diferenciación racial reales de los grupos, las problemáticas, los
activa una Reparación geográfica que se ex­ procesos y el orden sociales.
presará plenamente en la Groupe Action Act, Pero el apartheid no es sólo un conjunto de
aprobada el mismo año. Esta última ley, que representaciones y prácticas destinadas a la le­
se puede ver como el elemento nuclear del gitimación de un sistema. De manera más ra­
apartheid, obliga a vivir en zonas prefijadas a dical, hay que entenderlo como un dispositivo
cada uno de aquellos grupos. Como conse­ institucional crucial en la organización de la
cuencia de ello, los negros ocuparon un 13,7 % producción económica. A diferencia de las
del territorio, consistente éste, por lo demás, aproximaciones liberales, tendentes a inter­
en zonas pobres en los márgenes de las áreas pretar el apartheid como resultado de actitu­
industriales: los homelands o bantustanes. des y prejuicios que constituirían una especie
Para encontrar las bases ideológicas del de entidad política e ideológica autónoma, al­
apartheid hay que apuntar, en primer lugar, a gunos autores marxistas han subrayado su
la reformulación que hacen los bóers, en la se­ imbricación orgánica en la génesis y el de­
gunda mitad del s. XIX y en una situación de sarrollo del capitalismo en Sudáfrica. Esta
aislamiento y presión desde el exterior —im ­ imbricación sería en rigor el centro estructu­
perio británico, colonia autónoma de El C a­ ral del sistema. Por ello que el apartheid coti­
bo, bantúes...—, de la antigua idea de un pacto diano —el Wzmaáo petty apartheid- , es decir, la
entre Dios y el pueblo bóer —como pueblo ele­ separación racial de servicios públicos, ocio,
gido—. El calvinismo sudafricano de origen educación, recreo, prohibición de m atrim o­
holandés está, por tanto, en la raíz del “de­ nio, etc., fuera ligeramente modificado y
sarrollo separado”; más concretam ente, las reducido a mediados de los años ochenta,
teorías puritanas sobre la diversidad inheren­ debido a las presiones internacionales de di­
te a la creación divina, diversidad que impli­ verso tipo, en absoluto supuso —ni podía deri­
ca, en el orden sociopolítico, la separación de var en—una quiebra del régimen, basado en
pueblos y naciones. realidad en un tipo de organización del *tra-
El apartheid es deudor igualmente de la bajo y en la exclusión política de la población
ideología de la superioridad del “hombre negra. Desde este ángulo, la segregación ra­
blanco” y de la cultura occidental, sustentado­ cial es un modo de integración en el orden
ra de la empresa colonialista de conquista y ci­ productivo. Por ello W allerstein (1997) dice
vilización. En este sentido es deudor de que el apartheid no puede ser total: nunca
nociones, avaladas y alimentadas por el dar- puede llegar a anular su auténtica función,
winismo social y por otras aportaciones cien­ que es constituir y reproducir una fuerza de
tíficas, sobre las diferencias y las jerarquías trabajo racializada.
morales de raza. El progreso del capitalismo en Sudáfrica,
La segregación cotidiana, quizá el rasgo ligado al desarrollo de la minería, ha dependi­
más evidente y espectacular del sistema, refle­ do del control, a través de la legislación del
ja de manera muy nítida el núcleo ideológico y apartheid, de la fuerza de trabajo; se trataba de
la aspiración última del apartheid: la racializa- asegurar la incorporación de mano de obra
ción, o la definición completa de la población barata, restringiendo la capacidad de compe­
Apartheid 12

tencia de los agricultores negros, impidiendo más, sean abiertamente racistas o no, en Sud­
el desarrollo autónomo de las reservas y for­ áfrica ayer o en la actualidad en Europa, las
zando las ^migraciones desde las comunida­ condiciones de empleo de trabajadores m i­
des aldeanas a los campamentos mineros. En grantes son del mismo tipo. El apartheid re­
consecuencia, la industrialización ha supuesto presenta entonces el paradigma de una si­
en este caso una progresiva racialización de la tuación *global; una situación presidida por
clase obrera, de manera que se constituye un la división mundial del mercado de trabajo.
proletariado no homogéneo sino dual: cualifi­
cado y con derechos uno —blanco—, descualifi­
cado y sin derechos el otro -n e g ro -. En esta Bibliografía
perspectiva la institucionalización, a partir de BALIBAR, E.; W A LL ES T E IN , I. (1997): Race,
1948, del apartheid se interpretaría como una nation, classe. Les identités ambigúes. Paris: La
respuesta a problemas específicos de desarti­ Découverte.
culación de las condiciones de la reproducción M EILLASOUX, C. (1975): Femmes, greniers et ca­
humana. Los bantustanes resultarían un dis­ pitaux. Paris: Maspero.
positivo que, manteniendo unos rasgos “triba­ POSESE, D. (1991): The Making o f Apartheid,
les” o “culturales”, e impidiendo en su seno la 1948-1961. Conflict and Compromise. London:
propiedad privada de la tierra y la constitu­ Clarendon Press.
ción de relaciones sociales de producción capi­ W O LPE, H. (1972): “Capitalism and Cheap La­
talistas, aseguraría la reproducción de fuerza bour-Power in South Africa: from Segrega­
de trabajo. Esta lógica explica las decisiones tion to Apartheid”. Flconomy and Society, 1,4:
políticas de independización forzada de los 425-456.
bantustanes (.B lad[ H om eland Citizenship Act W O RD EN , N. (1998): The Making o f Modem
de 1970): al negar a sus miembros la C iu d a­ South Africa. Conquest, Segregation and Apar­
danía sudafricana y ligarlos sólo laboralmen­ theid. London: Blackwell.
te en tanto que “trabajadores ^extranjeros”,
se arrojaba también al exterior la carga econó­ Alvaro Pazos Garciandia
mica de la reproducción y las contradicciones
del sistema. Veanse además Centro-periferia, CIUDA­
Como ha subrayado Meillasoux (1975), el DANÍA, COLONIALISMO Y ANTICO-
apartheid tiene un carácter modélico, pues re­ L O NIA LIS M O , DI •S ARROLLO, DI F E -
vela en todos sus detalles un procedimiento y RENCIA Y D E SIG U A LD A D , DISCRI­
una función de explotación más difundidos o MINACIÓN Y E X C L U S IÓ N SOCIAL,
generales que en otros lugares donde no re­ Esc 1avitud, ESTA190-NACIÓN, EXPIDO­
sultan tan evidentes. Sudáfrica es un buen TACIÓN SOCIAL, Extranjero, Frontera
ejemplo del modo en que el colonialismo y la geográfica v administrativa, GLOBAL1ZA-
explotación de toda *periferia por un centro CION, HIBRID ACIÓN. ID E N T ID A D ,
no descansa en unas condiciones de intercam­ Mestizaje, MIGRACIONES, Néocolonialis­
bio, sino en la intervención directa en los sis­ me), Racismo v ncorracismo, Segregación,
temas de producción dominados. Por lo de­ TRABAJO.
c
Centro-Periferia tro-periferia más allá de la relación clásica en­
tre desarrollo y desigualdades. Esta relación
El término de centro se registra en lengua de conceptos también implica considerar los
castellana alrededor de 1729 y el de periferia niveles de escala geográfica; por ejemplo, el
hacia 1780. El centro-periferia, al igual que lo centro-periferia dentro de los límites estable­
rural-urbano o lo *local-global, debe expli­ cidos de pueblo, *ciudad, región, *país, etc.
carse en su estrecha relación, sin querer por Estos no son ^lugares o sitios #marcados fija­
ello negar sus propias naturalezas conceptua­ mente; pueden ser zonas contiguas alrededor
les y sociales. El centro-periferia es una de las de un centro o una *red de lugares en cone­
materializaciones mas marcadas de la territo­ xión que conforman una periferia con rela­
rialidad. Esta relación participa de lo que po­ ción a un centro que puede igualmente ser
demos llamar una doble gram ática del eso, redes o zonas. Tanto en el caso del mode­
^territorio: una centrada y otra cartesiana. Es lo de desarrollo/desigualdad como en el de los
una gramática centrada en la medida en que niveles de escala geográfica, la dimensión cul­
los territorios que componen la localidad con­ tural tiempo y el acceso a los #recursos ejercen
tribuyen fuertemente a la toma de conciencia una definición básica. Muchas son las regula­
de sí del ser y del tener. Y es una gramática ciones ejercidas en la interacción social de
cartesiana, puesto que esos territorios definen centros-periferias a partir de la relación dis­
las estructuras socioespaciales más o menos tancia-tiempo-acceso a recursos, a lugares, a
constantes, espacios de mesura y de acción, sitios en concordancia con actividades tanto
que hacen que la pertenencia se transforme esporádicas —diversión, gestiones administra­
gradualmente en apropiación y que ésta se tivas, adquisición de bienes, etc.—como regu­
convierta in-sensiblemente en pertenencia. lares —especialmente *trabajo.
El centro-periferia, como lo entendemos La posición de lugar entre el centro-peri­
de forma general en la actualidad, ha sido un feria implica que hay un centro dominante y
aporte efectuado por los estudiosos de las una periferia subordinada, pero también al
*desigualdades y del #desarrollo, particular­ contrario; es decir, que no debe verse sólo des­
mente desde 1970. Samir Amin en su obra L e de la perspectiva de un modelo vertical de im ­
développement inégal (1973) ha planteado que posición, sino igualmente como un modelo
centro-periferia son conceptos en mutua explicativo que puede ser de tipo fractal u ho­
interdependencia. O riginariam ente los pri­ rizontal donde se domina y se subordina recí­
meros autores en presentar esta relación cen­ procamente. Como ha señalado Y i-Fu Tuan
tro-periferia son quizá W erner Sombart, en (1977): no por estar fundado sobre desigual­
1902, y Carlos M arx desde su exposición dades se puede omitir la noción de intercam­
#campo/ciudad. Sin embargo, el análisis rela- bio que soporta la relación centroperiferia. Es
cional entre form a, función, estructura e un intercambio dinámico, aunque desigual,
interacciones nos conduce a examinar el cen­ donde hay una mutua dependencia entre el
Centro-Periferi: 14

centro-periferi;-centro. Se debe evitar la idea gen de cambio del centro-periferia, desloca­


de quietud de <os partes que en masa actúan lizando centros de poder y administrativos
la una sobre la )tra. Por eí contrario, los me­ para manejar de modo distinto este modelo
dios de intercanbio son bien variados y cons­ de desarrollo. Estos *movimientos son posi­
tantes, puesto cpe en cuanto una periferia esté bles siempre y cuando se establezcan en el in­
solo “a la espea” de la subordinación, ésta terior de un mismo país o en las jurisdicciones
desaparece, pu<s lo que la mantiene es su sen­ territoriales para antiguas ^colonias, transfor­
tido de *movililad y, en ciertos casos, hasta la madas en “departamentos de ultramar” como
búsqueda de beneficio de su condición. lo hace Erancia. Lo que están haciendo cada
Cuando se nstrumentaliza metodológi­ vez más países, como los Estados Unidos
camente la artioilación del medio territorial y (Raymond, 2005), es mover ciertos espacios
sus produccion-s aparece la vigencia de las es­ administrativos hacia las periferias para m ar­
calas en la representación del territorio, don­ car flujos más cercanos de control e intentar
de el centro-periferia se ubica más allá del cambiar así la imagen horizontal del centro-
reducido sentuo de concentricidad como una periferia. El crecimiento *m etropolitano se
posición lineal le radiaciones dentro del jue­ establece a partir de los suburbs que se extien­
go social, y se nanifiesta como posibilidades den hacia los condados no-metropolitanos.
correlacionalcsque permiten superar los po­ En consecuencia, un número importante de
deres unívoco; y dominantes. Este tipo de condados, clasificados no-metropolitanos en
problemáticas ubican dos tipos de escalas los años setenta, son considerados estadística­
dentro de la reheión centro-periferia: por un mente en la actualidad como metropolitanos.
lado, las escala, con relación a la dimensión Después de la Segunda Guerra Mundial y
política de la *ciltura, y por el otro, las escalas hasta comienzos de los años setenta, los pro­
respecto al pod-r simbólico. En el primer ca­ cesos de redistribución de la población en los
so hacemos refrenda a un escenario político Estados Unidos eran sobre todo sinónimos de
—país, región...- y en el segundo a una fuerza concentración de las zonas metropolitanas y
política —naciói, rep ú blica...—. El escenario de la desconcentración de sus centros. Las
como la fuerzapolítica se define a través de ^migraciones de la población de los centros de
estructuras, línites, ^fronteras y márgenes las ciudades y del campo hacia las periferias
que actúan cono interconexiones de relacio­ han contribuido a la recomposición del espa­
nes que general conjunto de sentidos en el es­ cio. La extensión de sus espacios periféricos
pacio social loal —la estructura-; como el parece empujar cada vez más lejos la “fronte­
producto de uia imposición de dichas rela­ ra” rural/urbana. Sin embargo, las cosas no
ciones —*lím ite—, y como figura que materia­ son tan simples o fragmentadas. Los Estados
liza la acotaciói de las acciones -m argen. Unidos crean nuevos polos urbanos, los “Ed-
Para ir más illá de la idea de dominadores ge Cities” —centros de empleo, decisión y po­
y dominados, cpe de por sí evoca el concepto d er- localizados en el extremo periférico de las
de centro-perif-ria, se debe trascender la do­ grandes aglomeraciones, imponiendo una re­
ble tipificación le la relación centro-periferia definición de los espacios polarizados. Logran
como distribucón de criterios (objetivados en así revertir los flujos cotidianos domicilio-tra­
rasgos culturafs) en un espacio neutral o co­ bajo que iban tradicionalmente de la periferia
mo un *estereoipo territorial explícito que se —de los suburbs donde dominaba la vocación
dispone en un á ea. Estos dos aspectos son po­ residencial—hacia los centros de las ciudades,
los clave para li constitución de lo llamado reversando y renovando por ese mismo paso la
céntrico y periféico pero, por lo mismo, deben función residencial de los centros-ciudades tra­
ser utilizados nás como datos, discursos o dicionales -C ore Ciñes-, y atribuyendo enton­
eventos dentro le lo macro, llámese país, na­ ces a los suburbs un rol primordial en materia
ción, república >estado. En segundo lugar, la de empleo. Se forman igualmente nuevas ra­
definición no cfbe desconocer que el centro- mificaciones con las ciudades o pueblos no-me-
periferia es engran parte un trabajo de un tropolitanos que pudiendo estar muy alejados
sector dominarte en alguna instancia, pero a de las áreas metropolitanas de los centros, se
la vez debe reonocer este dato como punto enlazan directamente con los centros por me­
de partida, en jarte producto y en parte cau­ dio de personas activas que van a trabajar coti­
sa, del fenómem mismo de lo céntrico-perifé- dianamente. Esos espacios no-metropolitanos
rico, aunque nccomo una explicación. toman generalmente el nombre de exurbs, que
En la actualdad son varias las estrategias actúan muchas veces de espacios residenciales
de los países incustrializados para dar la ima­ a la manera de pueblos-dormitorio.
15 Ciudadanía

Por todo ello no sería riguroso utilizar el S ARROLLO, D IFE R E N C IA Y D E S ­


vocablo centro-periferia en el sentido corrien­ IGUALDAD, ESPACIO-TIEMPO, Espa­
te, que no hace más que distinguir lo que está cio red, Espacios locales, E S T A D O -N A ­
en el medio de lo que se halla en el exterior. CIÓN, E S T E R E O T IP O S Y E S E N C IA L I­
Sería pertinente tratar con cuidado las repre­ ZACIÓN, Etnicidad, E X P L O T A C I Ó N
sentaciones en círculos que pueden designar SOCIAL, FRONTERA, Frontera geográfi­
tanto simples etapas sucesivas, reparticiones ca y administrativa, Fronteras políticas y reli­
de fenómenos de naturalezas diferentes según giosas, Fronteras simbólicas. Global y local,
un parámetro de distancia, como una oposi­ HIBRIDACION, Integración religiosa, Lu­
ción entre lugares dominantes y dominados. gar y no-lugar, Megalópolis, M IG RA CIO ­
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política en la era global”, en Arturo Escobar, basada en la participación plena de todos
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Política cultural y cultura política; una nueva modo que lo que llamamos democracia es di­
mirada sobre los movimientos sociales latinoame­ fícilmente conciliable con lo que en sus oríge­
ricanos. Bogotá: Taurus-ICAN, 411 -435. nes recibió el nombre de tal, la ciudadanía,
SOMBART, W. (1902): D er moderne Kapitalismus. según aparece en la polis griega, constituye só­
Leipzig: Duncker y Humblot. lo un remoto antecedente de la forma actual
TU A N , Y. F. (1977): Space and place: The perspecti­ de considerar esta categoría, aunque las ac­
ve o f expérience. Minneapolis: University of tuales constataciones de su insuficiencia no
Minnesota. son tanto el resultado de una m odificación
sustancial que se haya venido produciendo
Beatriz Nates Cruz
en los tiempos más recientes como de las últi­
mas manifestaciones de una dinámica per­
Véanse además Acciones afirmativas, Apar­ manente entre inclusión y exclusión. Esta se
theid, COLONIALISMO Y ANd { C O L O ­ halla en la raíz profunda de la categoría de
NIA LISMO, Criollización, CULTURA, DE- ciudadanía.
Ciudadanía 16

Cuando la oración fúnebre de Pericles a mayor capacidad de participación en el go­


los muertos, en la Historia de las Guerras del bierno. En Roma, la ciudadanía constituye el
Peloponeso, ahde a lo que constituye el valor resultado de una “concesión”, es algo a lo que
de aquellos que componen la comunidad, no se permite que todos puedan acceder, pero
está haciendo referencia tanto a un concepto desde la base de su carácter abstracto, pues la
jurídico comea una categoría ética. Es la po­ toma de decisiones está reservada a los grupos
sibilidad de participación en el gobierno lo oligárquicos. La ciudadanía es teóricamente
que se halla en el origen de la pertenencia a universal, pero el ejercicio práctico de todo
esa comunidad y esa implicación en la vida lo que antes llevaba ésta aparejada queda re­
política, que onstituye el núcleo de lo que lle­ servado a las clases privilegiadas. El orden
va aparejada la ciudadanía, descansa sobre la jurídico opera en un nivel abstracto de consi­
existencia de toda una serie de actividades deración igual que, lo mismo que en una so­
realizadas por hombres y mujeres que que­ ciedad profundamente ^desigual, no supone
dan excluidos de esa condición, pero que posibi­ más que el reconocimiento de una situación
litan el fatigcso ejercicio de las labores que jurídica que no se plasma en expectativas po­
conlleva la ciudadanía. La existencia de un líticas reales.
“gobierno de leyes y no de hombres” supone La lógica de la fragmentación del final de
la participación en el proceso por el que se la Antigüedad tardía llevará a la paulatina
efectúa la elaboración de aquéllas y la sumi­ desaparición de la ciudad, como el espacio en
sión a la autoridad que se deriva de esa capa­ el que se produce la participación política, y
cidad de tonar parte en la asunción de será sólo al térm ino del largo período en el
decisiones. Esa noción de ciudadanía no flota que asienta la sociedad estamental cuando
en el vacío, siró que es el resultado de la com­ volverá a emerger la ciudad como el lugar en
binación de d ferentes requisitos, que son los el que se despliegan todas las potencialidades
que permiten la configuración de una comu­ de los individuos que buscan una vida basada
nidad: un requisito económico, derivado de la en la libertad y la autorrealización. “El aire de
propiedad sobre determinados bienes; un re­ la ciudad hace libre” y son las ciudades las que
quisito ético, vinculado a la capacidad para están en el origen de ese mundo nuevo, en el
ser autosuficiente y, en consecuencia, disfru­ que sus habitantes nutren la clase social en as­
tar de la condición de “ser libre”, y un requisi­ censo, la burguesía, que va incorporándose a
to político, que se deriva de la participación la formación de nuevas vías económicas y po­
en el gobierno. La ciudadanía que así se con­ líticas. Pero si algo resulta propio del Renaci­
figura es una ‘categoría privilegiada”, que es miento, desde sus primeras caracterizaciones
la única que permite la plena inserción en la en la historia intelectual, no es el poder de la
comunidad política, fuertem ente limitada ciudad, sino la construcción del “*Estado co­
por la pertenencia a un determinado orden mo obra de arte”. La categoría de la “ciudada­
derivado del nacimiento y por ello imposible nía” no vendrá ahora asociada tanto a ese
de generalizar, de tal forma que la extensión a espacio limitado, que presupone la “ciudad”,
los ‘^extranjeros” está restringida a supuestos sino a la integración en esa comunidad su­
excepcionales y permanece como una catego­ perior, en la que la “comunidad de los ciu­
ría cerrada, de imposible universalización. dadanos” debe establecerse sobre una “i d e n ­
En lo relativo a la ciudadanía, como a mu­ tidad” determinada. La consecución de esa
chas otras ca:egorías de la vida política, la nueva forma política será el resultado de un
aportación de Roma consiste en definirla en largo proceso, que conocemos como la época
relación con elementos jurídicos. La exten­ de las Revoluciones y que alcanzará su máxi­
sión cada vez mayor de los ^territorios y po­ ma expresión en el imaginario colectivo con
blaciones sometidas al control del poder de la Revolución Francesa, aunque no sea sino la
Roma llevaba aparejada la necesaria conce­ última manifestación de algo más complejo:
sión de la ciudadanía a grupos cada vez más la búsqueda de un orden político basado en la
numerosos, pero sin que ello supusiera una “constitución” de una comunidad política. Lo
mayor particioación en la toma de decisiones. que tiene de ejem plar el proceso que repre­
Ser *ciudadaro significaba ser sujeto de dere­ senta la Revolución que se produce en Fran­
chos y ahí se ísentó, primero, la posibilidad cia es que lleva a sus últimas consecuencias lo
de una cada \ez mayor consideración como que sólo parcialmente se había manifestado
ciudadanos, de los *grupos dirigentes provin­ con anterioridad en Inglaterra y en los Esta­
ciales y, luego, la universalización de la ciuda­ dos Unidos de América, donde la Constitu­
danía civil, pero sin que eso supusiese una ción había sido alcanzada a través de una
17 Ciudadanía

larga evolución, que culminaría en una “glo­ cracia representativa aparece como elemento
riosa Revolución” —Inglaterra—o era el fun­ determinante para la “constitución” de la co­
damento de la formación de un nuevo Estado munidad y la representación no podrá estar
—N orteam érica— y donde todavía la per­ basada sino en ese derecho “sagrado”, el “te­
sistencia de los elementos aristocráticos era rrible derecho”, que es el que cualifica para
palpable. La radicalidad de la Revolución participar en la elección de aquellos que de­
Francesa hacía posible que entre los especta­ ben tomar las decisiones esenciales para la co­
dores del proceso, que más allá de las *fronte- lectividad. De ahí derivan la prohibición del
ras del país asistían a los acontecimientos, mandato imperativo y la restricción del sufra­
pudiera producirse el “entusiasmo” derivado gio en los primeros momentos de la nueva
de que un pueblo tomara el poder en sus conformación política. Pero representan a la
manos y, por eso, como decía Kant, indepen­ Nación, y el nombre, que aparece para desig­
dientem ente de que triunfara o fracasara, nar a la nueva forma de identidad, refleja
constituía un hecho que no se olvidaría jamás. cómo se lleva a cabo la inserción de los ciuda­
Ya desde sus inicios la Revolución France­ danos en la comunidad: la defensa de la colec­
sa aportó uno de los textos más bellos y, a la tividad exige que todos participen en ella y
vez, más indicativo de todas las ambigüeda­ el ciudadano es el que debe participar en el
des de la nueva concepción de la ciudadanía. cuerpo armado encargado de asegurar su
Por eso la Declaración de los derechos del hom ­ existencia. Los ciudadanos se convierten en
bre y d el ciudadano representa la máxima soldados, constituyen el “pueblo en armas”,
expresión de los ideales y también de las limi­ antes incluso de poder participar en la toma
taciones del nuevo orden político. Para que de decisiones.
pueda producirse la correcta “constitución” La formación de la “comunidad de los
del pueblo francés debe establecerse una ga­ ciudadanos” representa la consagración de la
rantía de los derechos y una separación de po­ moderna idea de Nación, basada en la exis­
deres, en las que culmina ese complejo tencia de una identidad colectiva y en el reco­
sistema de “pesos y contrapesos” en que se ha­ nocimiento de un conjunto de derechos que,
bía cifrado el buen éxito del nuevo orden bur­ progresivamente, se van a ir extendiendo a to­
gués derivado de las Revoluciones. Pero ya el dos los que forman parte de esa comunidad.
propio título de la D eclaración expresaba la Pero esos “derechos del ciudadano”, aplica­
dualidad que caracterizaba a los ideales re­ bles a todos los que forman esa comunidad y
volucionarios: “el hom bre” se contrapone al que, finalmente, se reflejan en la posibilidad
“ciudadano”; y poco años después Marx pudo de participación en la vida política a través de
ver en esa antinomia la máxima expresión del la paulatina extensión del sufragio, siguen
contradictorio legado de la Revolución Fran­ contraponiéndose a los “derechos del hom ­
cesa: los derechos del hombre no son nece­ bre”. El texto fundamental sobre “derechos”
sariam ente los derechos del ciudadano y el en el s. X X es la Declaración Universal de D ere­
capitalismo podía convertirse en el “paraíso chos H um anos de las N aciones Unidas y ya su
de los derechos”, sin que eso supusiera una propia denominación marca la diferencia en­
necesaria transformación social. Los hombres tre la D eclaración , más representativa de la
nacen y permanecen “libres e iguales en dere­ Revolución Francesa, y esta última D ecla ­
chos”, pero el orden del derecho no es auto­ ración , que es considerada como la máxima
máticamente equivalente al de la comunidad expresión de la “conciencia jurídica de la H u­
política. Entre los derechos reconocidos hay manidad”. Se reconocen derechos a todos los
uno que es calificado como “inviolable y seres humanos, aunque la escisión que había
sagrado”, la propiedad, y de ahí que se con­ puesto de relieve la Revolución Francesa,
vierta en el derecho esencial a la hora de ahora permanece vigente bajo nuevas formas:
“constituir” la comunidad política. Lo que di­ los “derechos humanos” son propios de todos
ferencia al ciudadano de la Revolución Fran­ los hombres, pero sin que su reconocimiento
cesa frente al de la polis griega es la forma de suponga una garantía efectiva. La teoría jurí­
considerar la participación en la vida política, dica actual diferencia entre “derechos huma­
porque la democracia, que ahora se consagra, nos” y “derechos fundamentales”, reservando
no está basada en la igual intervención en la esta calificación para aquellos dotados de au­
toma de decisiones, sino en la creación de un téntica protección ante los tribunales. Esto su­
cuerpo de representantes de la *N ación que pone que se reconocen derechos a todos los
se encargan de elaborar esas leyes que son seres humanos más allá de la existencia de Es­
“expresión de la voluntad general”. La demo­ tados nacionales, pero la garantía efectiva
Ciudadanía 18

queda limitada a algunos de ellos y sólo es po­ ciedades oligárquicas. N o en vano se trata
sible, dentro de los límites de un Estado de­ de una categoría abstracta, en la que es el
terminado, para el que es considerado como conjunto de la conformación de la com uni­
“ciudadano” de ese Estado. Así se inicia una dad política el que la dota de un contenido
nueva caracterización de la categoría de ciu­ concreto.
dadanía como forma de exclusión. La “ciu­ En realidad, la crisis del concepto de ciu­
dadanía” se opone a la “extranjería”, a la dadanía no puede desligarse de la crisis del
existencia de seres humanos que poseerán Estado nacional y, paradójicamente, la exten­
ciertos derechos, en cuanto hombres, pero a sión de la categoría de la ciudadanía a toda la
los que les serán negados otros, en cuanto que comunidad y la concreción de su abstracto
“extranjeros”. La desigualdad de las con­ contenido jurídico en la posibilidad de plena
diciones de existencia en el mundo actual participación política son las que han llegado
llevará a que se produzca un continuo *mo- a mostrar su carácter en esencia formal. Los
vimiento por los habitantes de los Estados derechos del ciudadano nunca han llegado a
menos ^desarrollados para intentar acceder a convertirse en derechos del hombre y cada
las condiciones de vida más favorables de los momento de extensión de la ciudadanía ha
Estados desarrollados. La extensión de este coincidido con un vaciamiento de su conteni­
fenómeno migratorio reproduce en los Esta­ do concreto. El lenguaje jurídico no ha veni­
dos nacionales del mundo desarrollado la do más que a reflejar esta situación y el pleno
misma escisión que había tenido lugar en los reconocimiento de los “derechos” ha ido pa­
momentos iniciales en los que se aplica el con­ ralelo a la limitación de sus posibilidades con­
cepto moderno de ciudadanía: se utiliza esta cretas de actuación: al reservar la categoría de
categoría como forma de exclusión y discri­ “derechos” a los derechos fundamentales se
minación de aquellos que se han visto margi­ pone de relieve el carácter puramente “for­
nados del proceso de desarrollo; y se intenta mal” de su reconocimiento. Desde este punto
convertir en límite y #frontera para que quie­ de vista, más allá de los “derechos fundamen­
nes pretenden acceder a esa situación se vean tales”, no hay más que “derechos m orales”,
impedidos de alcanzar ese objetivo. El resul­ que no serían más que pura plasmación de va­
tado es que la ciudadanía, que consistía en ser lores, de exigencias éticas, pero sin efecto jurí­
considerado “sujeto de derechos”, se convier­ dico alguno -y , en cierta medida, serían ex­
te en una forma de limitar las posibilidades de presión de una auténtica contradicción, ya
aquellos que no pertenecen a un determinado que lo que ha caracterizado al Derecho mo­
Estado nacional. De ahí que en la teoría jurí­ derno ha sido precisamente su delimitación
dica actual se plantee la posibilidad de la y diferenciación respecto de la moral—. La re­
“eliminación” del concepto de ciudadanía, ca­ ferencia a una “ciudadanía social”, caracte­
tegoría que, si bien ha cumplido una función rizada por el reconocim iento de derechos
positiva en otro tiempo como forma de inclu­ económicos y sociales, mostraría su auténtico
sión de los individuos en la colectividad, se sentido como mera coartada ideológica, en la
habría convertido en excluyente, en elemento medida en que no supondría una verdadera
de discriminación y exclusión. De manera plasmación de esas aspiraciones en “dere­
menos tajante, también se preconiza la susti­ chos” exigióles ante un tribunal, sino en un
tución de la “ciudadanía nacional” por una establecimiento de “principios rectores de la
“ciudadanía cosmopolita”, en la que se identi­ política económica y social”, pero sin garan­
fique ciudadanía con la propia consideración tías reales. Con todo, lo característico de esa
como ser humano. Sin embargo, el concepto “ciudadanía social” es que posibilita la deno­
#moderno de ciudadanía está asociado a los minación del Estado como Estado “social”.
Estados nacionales y su sustitución por una En él se considera elemento determinante de
consideración diferente de esa categoría no la propia caracterización del Estado el esta­
deja de ser problemática. En último extremo, blecimiento de una esfera de protección de los
el resultado de la aparición de nuevas formas ciudadanos, que forman parte de la comuni­
de considerar la ciudadanía no hace más que dad política, que no responde a una con­
plasm ar todas las ambigüedades presentes cesión, sino que constituye una auténtica
desde el inicio en la propia idea de ciudada­ exigencia, derivada de la propia condición de
nía, que no es necesariamente identificable la ciudadanía. Aunque sólo algunos de esos
con una sociedad dem ocrática, ya que, se­ derechos sociales sean realmente entendidos
gún ha sucedido a lo largo de la mayor parte como “derechos fundam entales”, su propia
de la historia, puede ser compatible con so­ existencia constituye un “reconocimiento” de
19 Ciudadanía

la necesidad de inclusión de los ciudadanos “social” la política se reduce a ser “política


no sólo en la esfera política, sino también en la económica”. De esta forma, la “economía po­
vida social y económica. El resultado de esa lítica” que había surgido a partir de catego­
transformación del Estado liberal en Estado rías éticas, desgajada de las enseñanzas de la
“social”, pese a todo, no resuelve el problema “filosofía moral”, se transforma en “política
de conciliar una forma de entender al Estado, económica”.
que no pretende más que ser una articulación La transformación de las condiciones eco­
de una sociedad que se autodirige con una nómicas ha llevado a que se sustraiga a los Es­
consideración del Estado como conformador tados nacionales la posibilidad de dirección
de la misma. En esta articulación se establecen de esa política económica y a que los principa­
límites a la autodirección de la sociedad y el les instrumentos, a través de los cuales el Es­
Estado es el que define objetivos y, en último tado “social” llevaba a cabo la protección
extremo, marca la línea de actuación de aqué­ “social” de los ciudadanos, no puedan actuar
lla. De ahí que la definición del Estado social al margen de una economía actualmente ca­
se superponga a su consideración como Esta­ racterizada por la *globalización. La existen­
do de derecho y Estado democrático, estable­ cia de este marco *global torna difícil la
ciendo tres formas de calificar al Estado difí­ realización de una política social en el marco
cilmente conciliables. Del mismo modo, la de los Estados nacionales y pone en cuestión
ciudadanía “social” se superpone a la ciuda­ el pleno desarrollo de un Estado “social”, en el
danía “civil” y a la ciudadanía “política”, crean­ que, además, se convierte la ciudadanía “so­
do tensiones difícilmente superables, ya que cial” en una ^barrera para intentar impedir el
los principios definitorios de cada una de ellas acceso a aquella protección de quienes no per­
presentan elementos antagónicos con los de tenecen a ese Estado nacional. En consecuen­
las demás. De esta manera, la conocida dife­ cia, se intenta limitar el acceso a la ciudadanía
renciación, establecida por M arshall, entre a aquellos que son “extranjeros”, que no for­
distintos periodos de extensión de la ciuda­ man parte de ese Estado nacional, y se vuelve
danía se correspondería con tres formas dife­ a convertir a la “ciudadanía” en una barrera,
rentes de caracterización del Estado: la en una forma de exclusión para el acceso a de­
“ciudadanía civil” se asociaría con la idea del terminados derechos que ahora quedan suje­
Estado de derecho, en la que lo más relevante tos a las cambiantes condiciones de la vida
es el puro reconocimiento del individuo como económica. Más allá de la retórica política, los
sujeto de derechos, mientras la “ciudadanía derechos sociales que constituirían el conteni­
política” aludiría esencialmente a los procedi­ do de la “ciudadanía social” se caracterizan
mientos que se utilizan para la toma de de­ por su inestabilidad y porque, aun siendo en
cisiones, es decir, la noción de un Estado ocasiones todavía denominados “derechos”,
democrático, en el que no se busca más que la pierden su determinación jurídica y se evita
legitimación que nace de una cierta forma de reconocerlos carácter jurídico pleno para con­
participación política. El carácter puramente vertirlos en “principios” que “deben” regir la
abstracto de esa noción de la democracia, que política económica y social.
ya pudo ser denunciada por el joven Marx co­ Además, la distinción de diferentes perio­
mo ajena a la “verdadera democracia”, lleva­ dos en el desenvolvimiento de la categoría de
ría a tomar en consideración la necesidad de ciudadanía se correspondería con las lla­
que esa ciudadanía, para “materializarse”, se madas generaciones de derechos: derechos
convirtiera en “ciudadanía social” y de que el civiles, políticos y económico-sociales. La
Estado, que se convierte en el aspecto central referencia a un nuevo tipo de derechos, lla­
de su determinación, se califique como Esta­ mados de última generación y que se encon­
do “social”. En la práctica, todas esas etapas trarían en relación con la “contaminación de
en la extensión de la ciudadanía se correspon­ las libertades” propias de las sociedades
derían con diferentes fórmulas utilizadas pa­ tecnológicas avanzadas, permitiría aludir al
ra caracterizar al Estado, pero en las que la surgimiento de una supuesta “ciudadanía
que desempeña el papel fundamental es la ca­ postsocial”, en la que se recogerían las nuevas
tegoría de “ciudadanía civil”, que representa exigencias del mundo contemporáneo. La
el núcleo esencial del Estado de derecho. La falta de realización siquiera de aquellas for­
“ciudadanía política”, en último extremo, só­ mas previas de “ciudadanía” y el vaciamiento
lo puede concretarse en una determinada de esos derechos llevan a que esa nueva cate-
“política” que se plasma en determinadas di­ gorización de la “ciudadanía” muestre aún
rectrices “económicas”, ya que en el Estado más su carácter puramente ficticio y a que, en
Ciudadanía 20

último término, la que se ponga en cuestión nómicas y sociales. Fundam entalm ente, la
sea la primera de esas caracterizaciones. Se ciudadanía europea, más que una vía para un
trata de la que afecta de forma más destacada mayor reconocim iento de derechos, lo que
a la propia existencia del “sujeto de dere­ representa es una forma de exclusión de
chos”: la “ciudadanía civil”, que se torna nue­ aquellos que no pertenecen a los Estados na­
vamente en vía de exclusión de aquellos a los cionales que forman parte de la Unión Euro­
que se les niega esa condición. pea. Lo que se pretende al crear esa nueva
La crisis de los Estados nacionales viene forma de ciudadanía, la “ciudadanía eu­
también determinada por la existencia de lí­ ropea”, es intentar aprovechar la carga sim­
neas de fractura dentro de los propios Esta­ bólica que lleva consigo la categoría de
dos, que pasarían de ser “comunidades de ciudadanía para constituir una forma de co­
ciudadanos”, caracterizados por una identi­ munidad que englobe a los Estados naciona­
dad común, a constituir “comunidades” en les. En lugar de crear, primero, esa nueva
las que se entrecruzan diferentes identidades. forma de organización política y, después, de­
En este sentido, la existencia de esa “política finir el carácter de la pertenencia a ella y lo
de la diferencia” lleva al establecimiento de propio de esa “ciudadanía”, se pretende utili­
Estados fragmentados, en los que aparecen zar lo que este concepto ha representado en el
formas diferentes de integración de la comu­ imaginario colectivo de los que pertenecen a
nidad. A los Estados nacionales, basados en la los Estados nacionales como un instrumento
homogeneidad y la identidad común, los sus­ para facilitar la conformación de esa unión.
tituyen Estados en los que coexisten culturas Es una unión que se ha constituido antes co­
heterogéneas, a veces difícilm ente asim ila­ mo una forma económica —mercado— que
bles, lo que lleva a plantearse desde otro pun­ como una organización política.
to de vista la idea de ciudadanía para dar En definitiva, el constructo moderno de
cabida a formas de “ciudadanía multicultu­ ciudadanía, al término de este proceso, acaba
ral”. A nivel jurídico esa pluralidad de formas poniendo de relieve todas las posibilidades
de integración y diferenciación sugiere la que mostraba en el momento de su aparición:
posibilidad de la existencia de “derechos co­ desde el com ienzo estaba ligado a un cierto
lectivos”, susceptibles de ser ejercitados por concepto de Nación y a una determinada for­
grupos de “ciudadanos” con identidad propia ma de entender la democracia representativa
dentro del Estado nacional. Así, en la “ciuda­ que, llevada al extremo, podía conducir a que,
danía ^multicultural” desaparece el carácter después de extenderse para convertirse en un
abstracto igualitario de la categoría de ciuda­ modo de inclusión, se transformaría en una
danía para disgregarse en la existencia de forma de exclusión, tanto de los individuos
colectivos que fragmentan la identidad en como de los grupos que se integraban en la co­
elementos diferenciales, difícilmente integra­ munidad nacional. Con todo, el concepto mo­
bles en la identidad colectiva. La superposi­ derno de ciudadanía ha actuado en paralelo
ción de identidades que llevaría consigo la con el reconocim iento y la ampliación de la
“ciudadanía multicultural” encuentra difícil­ esfera de los derechos, y lo que resulta desea­
mente acomodo en una “comunidad”. De es­ ble no es su elim inación como una cáscara
ta forma, la “comunidad de los ciudadanos” vacía y su sustitución por categorías que su­
termina convirtiéndose en la “comunidad de pongan una mayor limitación y exclusión, si­
las comunidades”. no su extensión y la conversión de su abstracto
Por otra parte, la crisis de los Estados na­ carácter jurídico-formal en un concreto reco­
cionales lleva también al intento de estableci­ nocimiento de “derechos” efectivos y jurídi-
miento de unidades políticas superiores en las co-reales para todos los miembros de la
que pudieran integrarse esas comunidades. comunidad. Se trata de una comunidad que
En concreto, el proceso de integración euro­ ya no es pensable en los límites del Estado na­
peo ha llevado a la creación de una “ciudada­ cional, sino como una ^comunidad trans­
nía europea”, que se pretende superponer a la nacional.
existencia de la ciudadanía de los propios Es­
tados nacionales. Pero esa “ciudadanía euro­
pea” apenas supone una ampliación de la Bibliografía
esfera de actuación de la “ciudadanía nacio­
nal” y, además, no incide en ese ámbito de ABEN D RO TH , W.; FORSTHOFF, E.; DOEH-
“ciudadanía social” que se ha vuelto pro­ RING, K. (1986): E l Estado social. Madrid:
blem ático ante las nuevas condiciones eco­ Centro de Estudios Constitucionales.
21 Ciudadano

BAUBÓCK, R. (1995): Transnational Citizenship. lizada de reconocimiento social en el ámbito


Membership and Rights in Internacional Migra­ público, la ^ciudadanía es una categoría, si no
tion. Aldershot: Elgar. unificadora propiamente dicha, a la que se
CRICK, B. (ed.) (2001): Citizenship: Towards a Ci­ encomienda al menos constituir —retomando
tizenship Culture. Oxford: Blackwell. la expresión de Elias—una “sociedad de indi­
FERRAJOLI, L. (1999): Derechos y garantías. Ma­ viduos” por encima de los particularismos. La
drid: Trotta. ciudadanía como constructo simbólico y crite­
KYM LICKA; W. (1996): Ciudadanía multicultu­ rio de organización sociopolítica clasifica y
ral. Barcelona: Paidós. #diferencia al ciudadano del que no lo es, sea
K YM LICKA, W.; NORMAN, W. (2000): Citi­ nativo o de origen #extranjero, independien­
zenship in diverse societies. Oxford: Oxford temente de su procedencia, trayectoria y
University Press. características personales o grupales. Desde
MARSHALL, T. H.; BOTTOMORE, T. (1998): un punto de vista formal, sus modalidades de
Ciudadanía y clase social. Madrid: Alianza. concesión en base a unos criterios variables,
SCHN APPER, D. (2001): La comunidad de los ciu­ según los momentos históricos y los países,
dadanos. Acerca de la idea moderna de nación. permiten, pues, la eventual incorporación de
Madrid: Alianza. personas foráneas a la #nación como ciuda­
— (2004): La democracia providencial. Ensayo so­ danos, confiriéndoles iguales derechos y
bre la igualdad contemporánea. Buenos Aires: obligaciones —tam bién variables: civism o,
Homo Sapiens. laicid ad ...—que a los demás. En consecuen­
VV. AA. (2001): Anthropos, 191. Monográfico so­ cia, la posición del ciudadano dentro de un
bre “Ciudadanía e interculturalidad”, coordi­ campo sociopolítico, caracterizado por el
nado por R. Zapata. pluralismo social y cultural, estaría definido
dentro de unos márgenes marcados simultá­
Francisco Serra
neamente por una doble defensa —de la igual­
dad civil y de la diversidad cultural—, y un
Véanse además Apartheid, Ciudadano, Comu­
doble rechazo —tanto del “universalismo” co­
nidad transnacionah CONSUMO CULTU­
RAL, Derecho de injerencia, D E SA RRO ­ mo del “particularismo”.
Sin embargo, el universalismo republica­
LLO, DIFERENCIA Y DESIGUALDAD,
no que los conceptos “ciudadanía” y “ciuda­
Diferencias naturales v diferencias sociales,
dano” pretenden *traducir e instaurar tiene
Diferencias sociales y diferencias culturales,
poco que ver con la experiencia cotidiana.
Discriminación positiva, DISCRIMINACION
“¿Cómo [se puede] estar ^excluido y encarnar
Y EXCLUSIÓ N SOCIAL, E L IT E S , Elites
lo universal?”, pregunta Khosrokhavar inci­
cosmopolitas, E sc 1a vit ud, E S T A D O - N A -
sivamente (1997: 97). En la práctica, no se da
CIÓN, Etnicidad, EXPLOTACIÓN SO­
la homogeneidad deseada entre los beneficia­
CIAL, Extranjero, FR O N TE R A , Frontera
rios, ni los excluidos están en pie de igualdad
geográfica y administrativa, Fronteras políti­
-según lo demuestra el trato ^diferencial fre­
cas y religiosas, Global y local, GLOBALI-
cuentemente reservado a las personas que
ZACIÓ N. I D E N T I D A D , Información,
presentan rasgos fenotípicos ^distintos—, ni la
INTEGRACIÓN, Integración religiosa, In-
ciudadanía asegura a los individuos el no ser
tcrculturalidad, Megalópolis, Mestizaje, MI­
considerados y/o tratados como “extranje­
GRACIONES, MI NORIAS, Modernidad,
ros”, ni tampoco todos los ciudadanos por na­
M ULTIC UI T U R A LIS MO , M ulticultura-
cimiento se sienten como tales. Además, las
lisrno en los estudios étnicos. Nacionalidad,
multipertenencias, el hecho de que la ciuda­
Na tu ra1iza c ión, PA l ' RIM O NI O, P1ura1ismo
danía no defina por sí sola la posición, junto a
sincrónico, Plurinacionalidad, Relaciones y
la presencia simultánea de grupos sociales di­
procesos informales económicos. Relaciones y
ferentes que reivindican ser reconocidos co­
procesos informales políticos, SABER Y SA­
mo sujetos de derechos y de obligaciones
BERES, Sociedad de la información y del co­
distintivos —bien sea a nivel individual o gru-
nocimiento, TERRITORIOS.
pal—, constituyen verdaderos desafíos que
cuestionan no sólo los vínculos históricos en­
Ciudadano tre la institución de la “ciudadanía” y la “na­
ción”, sino también las relaciones simbólicas
La categorización es un proceso cognitivo, entre el “individuo” y la “igualdad”.
un hecho *cultural y también una necesidad El pequeño texto de Taylor (1992), M ulti-
política. Así, en tanto que forma instituciona­ culturalism and “the Politics o f R ecogn ition ”,
Ciudadano 22

ayuda a despejar la ambigüedad que genera Wieviorka (2005) al diseñar lo que llama el
la confrontación del marco ideal con la prác­ “triángulo de la diferencia”. Como la cons­
tica. El autor parte de los dos grandes cambios trucción de ésta en un ámbito *intercultural,
que han marcado la historia ^moderna de las el hecho de ser o considerarse “ciudadano” se
ideas y las formas de abordar las relaciones so­ presenta como un objeto en juego dentro de
ciales: centra el primero en torno al abandono unos espacios donde intervienen —de diferen­
de la noción de “honor” —del grupo—en favor tes modos y con desigual impronta según los
de la de —igual—“dignidad” —del individuo—, momentos, contextos e intereses—el “indivi­
en base a la defensa universalista de la “igual­ duo” —moderno-, el “sujeto” —reflexivo—y el
dad”; el segundo, apoyado en el desarrollo de “grupo” —con sus distintas configuraciones y
la noción de identidad personal, deriva hacia modalidades de intervención—. Sin olvidar su
una “política de la diferencia”. Sobre todo re­ carácter fundamentalmente ideal, el modelo
calca el común fundamento universalista de presenta no sólo el interés de no reducir los
ambos planteamientos como una fuente prin­ procesos a dinámicas dicotómicas y fijas, sino
cipal de equívocos. Esta misma distinción de plantear la cuestión en términos de “ten­
entre lo universal y lo particular que, en an­ siones” fluctuantes entre distintos componen­
tropología social ha derivado sobre definicio­ tes simbólico-sociales. En la práctica, ser
nes divergentes de la Cultura y, en las discu­ ciudadano o no serlo, sentirse y ser reconoci­
siones en torno a los “#derechos humanos”, do o no como tal por los otros —sea por los de­
ha enfrentado posturas opuestas sobre lo que más conciudadanos del Estado-nación o por
define al Hombre —¿lo común o lo diferente?; los del grupo de pertenencia—, no se constru­
¿qué es lo común, y lo diferente?...—, es, a su yen objetiva y subjetivamente en base a prin­
vez, fundamental para los desarrollos subsi­ cipios abstractos o marcos legales, sino, co­
guientes y el entendimiento de las divergen­ tidianamente, en función de los objetivos y
cias sobre la posición del ciudadano en una del espacio social.
sociedad caracterizada por el pluralismo so­ Mientras, desde un punto de vista abstrac­
cial y cultura!. Según subraya Taylor, m ien­ to, la ciudadanía está basada en la diferencia­
tras “la política [del reconocimiento] de igual ción entre el ámbito de acción privado y el
dignidad... instituye un conjunto idéntico de público, y entre el individuo y el colectivo, en
derechos y obligaciones..., la política de la di­ la práctica social, los derechos y los deberes,
ferencia insta a reconocer la identidad única que en principio otorga, topan con toda una
del individuoo del grupo, lo que les distingue serie de limitaciones que replantea su alcance,
de los demás’ . Pero, en ultima instancia, “la así como, muy directamente, la posición y el
política de la diferencia —sigue—crece orgáni­ nivel de ^integración efectivos del ciudadano
camente a partir de la política de la digni­ en la sociedad. A este respecto, los grupos do­
dad”. Sin embargo, tanto la una como la otra minados -en particular los inmigrantes y sus
dan lugar a apreciaciones y medidas políticas descendientes- no son sólo las principales víc­
que tienen consecuencias, a menudo, contra­ timas de los conflictos generados por la do­
dictorias o ambivalentes: tan pronto la “polí­ minación política y la interacción social
tica de la dignidad” genera desigualdades co­ multicultural, sino también los exponentes
mo, por el contrario, la “política de la diferen­ más claros de las contradicciones que afectan
cia”, bastión ideal de la no discriminación, al individuo confrontado simultáneamente a
introduce nuevas causas de exclusión social. varios campos sociales, caracterizados habi­
El hecho de que todas las políticas —orienta­ tualmente por la desigualdad política, social y
das por el universalismo humanista o el rela­ económica. Destacan varios tipos de inciden­
tivismo social- topen con fuentes potenciales cias que, al concernir al agente social de dife­
de discriminación —y eventual marginación— rentes maneras, conllevan distintos niveles de
individual o colectiva muestra que no se pue­ implicación o compromiso del ciudadano.
den dar respuestas unívocas y generalizables. Sobresale el contraste entre dos maneras
Según recuerda Taylor, al llamar la atención diferentes de construir la pertenencia y, por lo
sobre la dimensión inevitablemente “dialógi­ tanto, la participación social. En efecto, al ca­
ca” del *multiculturalismo, lo que se presenta rácter heredado y/o impuesto de los víncu­
a menudo como rasgos sustantivos, hereda­ los sociales, más claram ente asociados a los
dos, particularistas, no es aislable del contexto grupos corporativos de las sociedades tradi­
relacional que mueve a reivindicarlos. En es­ cionales, se opone el fundamento electivo -c a ­
te sentido podría resultar provechoso situar racterístico del individualismo—de los lazos
al ciudadano mediante la figura utilizada por que, al fundamentar la ciudadanía moderna,
23 Ciudadano

definen al ciudadano. Las diferencias entre que el autor califica de “neocomunitarista”]


estos modos de adhesión se aprecian clara­ no remite a una pertenencia étnica en el mar­
mente al comparar las actitudes y las prácticas co de la sociedad de origen de los padres, sino
de los ^inmigrantes y de sus descendientes a la construcción de una identidad específica
nacidos en el país de acogida. En este sentido, en el seno de la sociedad francesa” (1997: 61).
es sumamente relevante la advertencia contra También señala que, contrariamente a lo que
el hecho de atribuir al “*com unitarism o” cabría pensar, “el refugio de los excluidos
unos fenómenos que no proceden de él sino, consiste en replegarse sobre lo particular, lo
por el contrario, del “individualismo”. Así, no-universal y lo indecible, no por exceso de
Schnapper (1994) señala la incidencia simul­ particularismo, sino por la incapacidad
tánea de dos movimientos: uno que afecta de participar de lo universal” (1997:97). No es
más específicamente a las personas que expe­ sorprendente que estas personas se sientan a
rimentan dificultades de integración debidas menudo como ciudadanos de segundo orden.
a su inserción en una sociedad ajena, y el otro A falta de una política de integración capaz
que abarca a todos por igual porque es conse­ de combinar la igualdad tanto con la equidad
cuencia de la evolución de los vínculos socia­ como con la diferencia, la realidad parece ha­
les desde lo político hacia lo socioeconómico, ber evolucionado a menudo en sentido con­
volviéndose la ciudadanía “menos cívica y trario a las expectativas de asimilación del
más utilitarista”. ciudadano. En este sentido, la evocación de la
Socializados —y a menudo nacidos—en la ^hibridación de la cultura y de unos “^sujetos
antigua metrópoli, los hijos de inmigrantes interculturales” no permite entender toda la
son mucho más proclives a incorporar formas complejidad y ambivalencia de las dinámicas
de ser y de hacer aceptadas en ésta que sus pa­ sociales vigentes en un contexto de multicul-
rientes, y a utilizar en provecho propio —fren­ turalidad. Si bien tiene la virtud de llamar la
te al exterior y dentro del grupo—los recursos atención sobre la naturaleza plural —y a veces
que su incorporación como ciudadanos de “mestiza”—de las formas de ser y de hacer de
pleno derecho les proporciona. La ciudadanía los ciudadanos, así como de la propia subjeti­
abre una brecha entre el ciudadano que es del vidad, no pone a salvo de un planteamiento
Estado-nación y el miembro que también es culturalista.
de una colectividad articulada a partir de De forma inversa a lo que sugiere el víncu­
otros principios de afiliación. Sin embargo, la lo privilegiado del ciudadano con la nación,
realidad dista de ser tan simple. De un lado, tampoco se reduce el espacio social concerni­
esta afinidad ideológica no se convierte en do al país receptor de inmigrantes en el que
una afinidad social que iguale a los ciudada­ éstos son residentes habituales. La incorpora­
nos entre sí. Por otro lado, la afirmación del ción como ciudadano, al igual que la búsqueda
sujeto que vive a caballo entre varios mundos de *trabajo o la petición de asilo, constituye
se precia de imponerse como ser reflexivo y un objeto en juego dentro de un marco *plu-
goza de un cierto nivel de autonomía, no des­ rinacional y pluricultural. El énfasis excesivo
emboca necesariamente en el repliegue sobre en las dimensiones electivas e individualistas
sí mismo ni sobre la negación de sus orígenes. corre el riesgo de hacer caso omiso de los mar­
Más bien al contrario, los estudios evocan va­ cos más amplios y colectivos en los que se
rios errores, debidos a una mala apreciación inserta la decisión, por muy personal que
de las divisiones internas y del juego existente parezca. La doble ausencia —o también el
entre los valores individualistas y las relacio­ hecho de hablar de dos semiidentidades en
nes grupales preestablecidas. Así, se contra­ vez de “doble identidad”—evocada por Sayad
dice la visión común de los inmigrantes, (1999) para referirse a la ambigüedad funda­
mostrando que numerosos vínculos asociati­ mental que generan las migraciones, expresa
vos actuales y sus reivindicaciones —errónea­ claramente los efectos desestabilizadores del
mente atribuidas al supuesto tradicionalismo, proceso y las consecuencias que éste tiene tan­
sectarismo o incluso fundamentalismo—im ­ to sobre los individuos como sobre la comuni­
plican en realidad unas rupturas muy profun­ dad que han dejado. Aunque permanezca un
das, tanto ideológicas como generacionales y inmigrante en la nación de acogida, a pesar in­
sociales, que dividen transversalmente a las cluso de tener el estatus de ciudadano, arras­
comunidades de origen extranjero. Resulta tra duraderamente su situación de emigrante
significativo que Khosrokhavar apunte que, con respecto al país de origen, es decir, de ciu­
para los jóvenes musulmanes franceses de la dadano que no está en situación de igualdad
segunda y tercera generación, “el Islam [al con los residentes. Este autor muestra no sólo
Colonialismo y anticolonialismo 24

cómo en Francia la llamada naturalización ha W IEVIO RKA, M. (2005 [2001]): La différence.


cambiado de sentido social y político en fun­ Identités culturelles: enjeux, débats et politiques.
ción de los distintos contextos históricos que Paris: Éditions de l’Aube.
han seguido a la descolonización, sino sobre
Marie José Devillard
todo que no es una decisión neutra, reducible
a sus dimensiones instrumentales de acto ad­ Véanse además Acciones afirmativas, CIU­
ministrativo: está, en ambos sitios, sobrecar­ DADANÍA, COLONIALISMO Y ANTI-
gada simbólicamente y tiene consecuencias COLONIA LISMO, Com u nita rismo, CON -
personales y sociales no siempre fáciles de su­ SUMO CULTURAL, CULTURA, D E R E ­
perar. No en balde Sayad alude también a la CHOS HUM ANOS, D ESA RRO LLO ,
“doble conciencia”: según pone de manifies­ DIFERENCIA Y DESIGUALDAD, Dife­
to, el problema no concierne única e unívoca­ rencias naturales y diferencias sociales. Dife­
mente a la adquisición de la ^nacionalidad, rencias sociales y diferencias culturales. Dis­
sino también a cómo las fuerzas que articulan criminación positiva, DISCRIMINACIÓN
los propios campos sociales afectan a las re­ Y EXCLUSIÓN SOCIAL, E L IT E S, Elites
presentaciones del sujeto sobre sí mismo. cosmopolitas, Espacio red, E STAD O -N A­
Subjetivamente, estas circunstancias se tradu­ CION, Etnicidad, Extranjero, H IB R ID A ­
cen frecuentemente en fuentes de malestar CIÓN, ID E N T ID A D , INTEG RACIÓ N,
personal y/o colectivo que la nacionalidad y/o Inte re u 11u rali dad, M ega 1ópol is, MIGRA-
la ciudadanía no permiten aliviar debido a C ION ES, MINORÍAS, Modernidad, MUL­
que su posesión arrastra promesas o expecta­ TI C U LI ' U R A L I S M ( ), Multiculturali sm o
tivas no cumplidas. Sufrimientos, contradic­ en los estudios étnicos. Nacionalidad, Nacio­
ciones, incomprensiones y conflictos, reales o nalismo, Naturalización, Nomadismo y turis­
potenciales, tanto dentro del grupo —interge­ mo, NUEVOS M O V IM IEN TO S SOCIA­
neracionales—como con los demás —dentro y LES, IEVI RIMONTO, Plurinacionalidad,
fuera del país de origen—, se entretejen sobre RELACIONES Y PROCESOS IN F O R ­
este trasfondo cognitivo y social, nacional e MALES, Relaciones y procesos informales
internacional. políticos, SABER Y SABERES, Sujeto ínter-
cultural, TRABAJO, Viajes y sistemas de mo­
vilidad, Violencia política. Tipos.

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Colonialismo
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de l’émigré aux souffrances de l’immigré. Paris: territorios de Africa—. Con posterioridad se
Seuil. incorporan países como Alemania —Africa y
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toyens. Paris: Gallimard. que se apropia de las colonias españolas de
TAYLOR, C. (1992): Multiculturalism and “the Po­ Asia y el Caribe —Filipinas, Cuba, Puerto Ri­
litics o f Recognition”. Princeton: Princeton co -, Bélgica —crea el Estado Libre del Con­
University Press. g o - y Japón —Corea y China—, esta última
25 Colonialismo y anticolonialismo

como única potencia no occidental. En víspe­ Imperios ultramarinos: la construcción


ras de la Prim era Guerra M undial, casi un de *espacios
85% de la superficie del planeta pertenecía a
las naciones colonizadoras. El colonialismo Durante la segunda mitad del s. XIX se re­
fue un agente de uniformización del mundo a dujeron los espacios en blanco en el mapa de
imagen de Occidente. Africa. Fue el periodo de los grandes viajes de
Quedaban atrás siglos de contactos entre exploración terrestre que pretendían atrave­
europeos y otros pueblos, en su mayor parte sar tierras aún no cartografiadas, localizar las
iniciados con las navegaciones oceánicas qui- cabeceras de las principales vías fluviales y de­
nientistas de las naciones ibéricas. La bús­ finir potenciales *fronteras que reivindicar en
queda de ^conocimientos implicó aceptar un reparto del continente que se avecinaba.
dominios, ofrecer resistencias o establecer En la acción de los exploradores se con­
consensos. Hasta finales del siglo XVIII predo­ funden ciencia, política y aventura. Richard
minaron las ^exploraciones m arítim as, que Burton (1821-1890) y John Speke (1827-1864),
permitieron el reconocimiento de las franjas llegan al lago Tanganica en febrero de 1858.
costeras de los continentes. En el s. XIX se pro­ Meses más tarde éste último encuentra el la­
ducirán los grandes viajes terrestres para el go Victoria. Entre los años 1849 y 1871, el
descubrimiento y la ocupación del hinterland escocés David Livingstone (1813-1873), misio­
(Wolf, 1982). nero en Africa del Sur, reconoce el río Zam-
La toponimia mantiene viva esta expe­ beze, descubre las cataratas Victoria y los
riencia secular en la memoria de coloniza­ lagos Ngami y Chilwa. En 1874 el periodista
dores y colonizados. Regiones —T ierra de británico Henry M. Stanley (1841-1904), al
Baffin, Rodesia, Franja de C ap riv i-, islas que el N ew Yor\ H erald Tribune había encar­
—Nueva Guinea, Nueva Bretaña—, relieve gado que localizase al entretanto desapareci­
-M ou n t Hagen—, ríos -Stanley P o o l-, lagos do Livingstone, parte de Zanzíbar y explora
—Victoria—, ciudades —Lourengo Marques, el Africa ecuatorial desde la costa este hasta el
Batavia, Pretoria, Brazzaville, Léopoldville, litoral oeste. Más tarde, al servicio del rey Leo­
Nova Lisboa—y espacios urbanos —Praga do poldo II de Bélgica, que ansiaba administrar
Império, en Lisboa—remiten a sucesos y figu­ una colonia en A frica, explora el Congo.
ras enaltecidos por unos y rechazados por También el alemán Hermann von Wissmann
otros. La expansión y ocupación coloniales (1853-1905), que entre 1881 y 1882 había ex­
significaron la inm ortalización del nombre plorado con Paul Pogge (1838-1884), el río
de los conquistadores, navegantes, pacifica­ Kasai y sus afluentes con el patrocinio de la
dores y exploradores europeos. Una vez con­ Deutsche A frica Gesellschaft, trabajaría para el
seguida la independencia, el ímpetu de los monarca belga en la exploración del Congo
movimientos anticoloniales favoreció la nati- comandando dos expediciones, 1884-1885 y
vización de las referencias territoriales. Es el 1886-1887. Verney L. Cameron (1844-1894), al­
momento de rebautizar lo que supone la canzó celebridad por ser el primer europeo que
ocultación de las antiguas denominaciones, cruzó Africa desde la costa este -Z an zíbar—
por ejemplo, las ciudades de Maputo, Kinsha- hasta el oeste —Benguela—entre 1873 y 1875.
sa, Yakarta o Huambo. Los viajes por el interior del continente
El siglo de colonialismo moderno consta de africano permitieron acumular conocimien­
dos periodos. El primero acaba en los años in­ tos sobre antropología, botánica, hidrología,
mediatamente anteriores a la Segunda Guerra meteorología y topografía. En tiempos de la
Mundial y se caracteriza por la consolidación “carrera por A frica”, las pruebas que demos­
continuada de los regímenes coloniales. En el traban el conocimiento de una región explo­
segundo emerge con fuerza el movimiento de rada las proporcionaban las inform aciones
liberación de los pueblos colonizados, con lo científicas compiladas. Constituían una pie­
que se producen las primeras independencias: za fundamental en la competición entre las
la India se separa de Gran Bretaña —1947-, In­ potencias con intereses coloniales. A finales
donesia de los Países Bajos —1949—y Vietnam del s. XIX, el derecho colonial se basaba en el
de Francia —1945-1954—. En la década de los principio de la demostración de la presencia
sesenta será la vez del continente africano, con previa en un determinado territorio, lo que
el surgimiento de decenas de nuevas d a c io ­ garantizaba el derecho de ocupación y la so­
nes. La emancipación de los pueblos coloniza­ beranía. El interés simultáneo de varias po­
dos se convirtió en un factor determinante en tencias en la empresa colonial obligó a una
las relaciones internacionales. concertación.
Colonialismo y anticolonialismo 26

La Conferencia de Berlín, celebrada entre boa con el que se esfuman las aspiraciones ex-
el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero pansionistas lusitanas.
de 1885, pretendía regular el comercio euro­
peo en el continente africano —teniendo en
Gobernar y conocer
cuenta los grandes ríos como el Congo o el
Níger—y definir futuras ocupaciones de terri­ En tiempos del colonialismo moderno la
torio. Se acordó el principio de libre comercio expresión imperio colonial, relativa a una na­
y libre circulación en las cuencas de aquellos ción en exceso (Richards, 1993), pretendió
dos ríos. Se estableció, además, que cualquier imponer “comunidades imaginadas” consi­
país que ocupara una región costera o consti­ deradas la comunión entre el espacio de una
tuyera un protectorado debería notificárselo a metrópoli y los territorios de sus colonias. En
los restantes signatarios del acta final de la Portugal la constitución republicana de 1911
Conferencia para obtener una ratificación. establecía el principio de la “nagáo una” que
Las negociaciones diplomáticas ocurridas en se reconocía en su proyección mucho más allá
los bastidores de la Conferencia dictaron el de las ^fronteras europeas, alcanzando domi­
reparto de Africa. Alemania, país anfitrión, nios geográficamente tan remotos como T i-
vio reconocido por los restantes trece pleni­ mor. Esta concepción justificaría que J. M.
potenciarios —Austria, Bélgica, Dinam arca, Norton de Matos (1867-1955), militar y gober­
España, Estados Unidos, Francia, Gran Bre­ nador de la colonia de Angola en la década de
taña, Italia, Países Bajos, Portugal, Rusia, 1920, considerara cualquier iniciativa de in­
Suecia y Tu rqu ía- el derecho de administrar vasión de las posesiones ultramarinas como si
el Sudoeste africano —actual Namibia—, Tan- de un intento de “ocupar Lisboa” se tratara.
ganica —integrado en Tanzania— y en 1890 Con ocasión de la I Exposigüo C olonial Portu­
también Ruanda, en la costa este, Camerún y guesa —Oporto, 1934—, aquella noción se tra­
Togo, colonias éstas que perdería al final de la dujo al ámbito cartográfico, a través de una
Primera Guerra Mundial. Bélgica salió igual­ manipulación de la realidad física en la que
mente victoriosa del encuentro, una vez que aparecían las colonias superpuestas al mapa
Leopoldo II se convirtió en propietario del de Europa. Eficaz desde un punto de vista
Congo, con una extensión mayor que Inglate­ propagandístico, este mapa tenía como objeti­
rra, Francia, Alemania, España e Italia jun­ vo contrariar, según la leyenda, la percepción
tas, que pasó a llamarse Estado Libre del de que Portugal era “un país pequeño” y di­
Congo. España e Italia también estaban re­ fundir nuevas formas de imaginar la nación.
presentadas en Africa: la primera administraba Compuestos por territorios geográfica­
dominios en la costa norte y oeste del continen­ mente distantes entre sí, los imperios colonia­
te —plazas en Marruecos, Río de Oro, Guinea les resultaron desafíos administrativos para
Ecuatorial- y la segunda ocupaba las actuales las potencias coloniales europeas (Richards,
Libia y parte de Somalia. Sin embargo, fueron 1993). Era difícil garantizar la soberanía so­
Francia y Gran Bretaña las que compartieron bre espacios en discontinuidad territorial con
la hegemonía de la presencia colonial europea la metrópoli y entre ellos mismos, mantener
en el continente a partir de la última década del controladas áreas mayores que la metrópoli
siglo XIX: Africa Austral y casi toda la costa este —casos de Angola, el Congo, la India o Arge­
se hallaban bajo dominio británico, mientras lia—e imponer la voluntad de una ^minoría
que parte del norte de Africa —Marruecos, Ar­ de colonos a la aplastante mayoría que consti­
gelia—, Africa Ecuatorial y Africa Occiden­ tuían las poblaciones indígenas. Para solucio­
tal, además de la isla de Madagascar, estaban nar estos problemas, los regímenes europeos
bajo administración francesa. Portugal pre­ intentaron diferentes respuestas: desde la con­
tendía apoderarse de una amplia franja de cesión privada de territorio hasta la incorpora­
territorio que uniera Angola y M ozam bi­ ción de las estructuras tradicionales de poder
que. La expedición realizada por H. Capelo en la administración colonial —indirect rule.
(1841-1917), y R. Ivens (1850-1898), entre La naturaleza megalómana de la empresa
1884 y 1885 tenía como objetivo encontrar el colonial europea incentivó la realización de
m ejor paso entre las dos colonias. El éxito de esfuerzos ambiciosos de producción de sa­
la travesía fue importante para la afirmación beres sobre esas realidades. La recogida y
del sentim iento ^nacionalista portugués acumulación de datos sobre las colonias —i n ­
frente a la competencia de rivales más pode­ formación que se sistematizó en forma de
rosos. Portugal no logró imponerse a Gran memorias, estadísticas, gráficos y mapas, o a
Bretaña, que en 1890 da un ultimátum a Lis­ través de su organización en museos, archi­
27 Colonialismo y anticolonialismo

vos, bibliotecas y departamentos universita­ territorio dependía de la circulación de los


rios- se convertía en conocimiento puesto al bienes transaccionables para los europeos. En
servicio de las administraciones coloniales. Se las condiciones entonces vigentes esto impli­
creó así un dispositivo para ejercer el poder caba el reclutamiento compulsivo de hombres
imperial, en virtud del carácter estable, com­ como porteadores y mano de obra en las plan­
binable y comparable de la documentación taciones y en la ejecución de obras públicas
reunida (Thom as, 1994). B. Cohn (1996) in­ necesarias para la administración blanca. El
terpreta la subyugación británica de la India increm ento de las exportaciones suponía la
como una conquista del conocim iento. La disponibilidad de mayores contingentes de
creación de reservas de caza en Africa, en la porteadores para dar salida a las cosechas y a
primera mitad del s. XIX, ilustra cómo el co­ las materias primas. Se apartaba a los hom­
nocimiento científico puede ser usado en pro­ bres durante largos periodos de su ámbito do­
vecho del control político de las poblaciones. méstico. Para escapar a los reclutamientos y a
La delimitación de áreas protegidas en este la represión de los agentes gubernamentales,
continente se basó en el presupuesto de que las poblaciones huían de las aldeas, lo que se
las prácticas cinegéticas locales eran nocivas, tradujo en la desorganización de la vida eco­
por lo que se introdujo una gestión de los es­ nómica y social de muchas regiones por el
pacios naturales regulada por los principios abandono de los campos, la ausencia de cose­
científicos admitidos por el colonizador. Esta chas y la consiguiente hambruna.
concepción justificó prácticas de reorganiza­ Otra consecuencia del sistema colonial fue
ción de los espacios inspiradas en los cotos de la adopción del impuesto pagado en dinero, lo
caza europeos, con el consiguiente desplaza­ que obligaba al colonizado a la posesión de
miento de poblaciones fuera de sus tierras moneda, algo que sólo podía conseguir reco­
(Neumann, 1998). La colonia debía ser una giendo caucho u otro producto impuesto y
réplica de la metrópoli. vendiéndolo a las autoridades. El colonizado
oponía resistencia a las imposiciones del colo­
nizador, a lo que seguía una represión siste­
*Violencia
mática y la transformación de las Sociedades
Occidente legitimó el colonialismo como locales. El recurso generalizado a la violencia
una práctica civilizadora que se desencadena física extendió el terror por las aldeas —ejecu­
a escala mundial. La imposición de ese nuevo ciones sumarias, secuestros—. Las grandes
orden se basó en un método de gobierno que compañías concesionarias, que disponían de
tutelaba a las poblaciones con la coerción. Re­ jurisdicción propia, no modificaron en nada
curriendo a la violencia, se aplastó resistencias la esencia opresiva de la relación establecida
y se ^incorporó a las poblaciones a un marco entre europeos y africanos: la autonomía de la
de vida concebido para monetarizar las eco­ que disponían estas empresas favoreció los
nomías nativas, al tiempo que se creaban abusos contra las poblaciones por su endeuda­
mercados protegidos para las metrópolis. El miento permanente, una vez que estaban
proceso colonial consistió en la sumisión de obligadas a aprovisionarse en los almacenes
cuerpos y mentes a un espíritu llegado e im­ de la compañía.
puesto desde el exterior. En 1912 la opinión pública occidental co­
La divulgación de situaciones de terror noce la denuncia de una cultura del terror
ejercidas sobre poblaciones se debió a la ac­ (Taussig, 1987) instaurada en la selva amazó­
ción de figuras públicas comprometidas en nica, que en aquel tiempo se presentó como
causas políticas y de escritores. En el primer un Congo en el Nuevo Mundo. La revelación,
caso se encuentra sir Roger Casement (1864- una vez más, está asociada al cónsul sir Roger
1916), diplomático británico de origen irlan­ Casement que, destinado entonces en Brasil,
dés y defensor de la causa nacionalista, lo que es enviado al Putumayo —noroeste amazónico
le supuso ser condenado por traición y ejecu­ que comparten Colombia y Perú—para verifi­
tado; entre los escritores figuran Joseph Con- car las acusaciones realizadas contra una em ­
rad (1857-1924), y André Gide (1869-1951). presa peruana de caucho participada por
Mientras los dos primeros denuncian la situa­ capital británico. El informe enviado a las au­
ción en el Estado Libre del Congo, Gide re­ toridades de Londres confirma los rumores
corre entre 1926 y 1927 el Congo francés, con hechos presenciados. En pocos años la ci­
publicando a su regreso una denuncia de la tada empresa se había apoderado de un terri­
realidad observada en forma de diario de via­ torio inmenso y ejercía un control absoluto
je. Demuestra que la apropiación colonial del sobre los nativos y los escasos colonos. Había
Colonialismo y anticolonialismo 28

instaurado un régimen Esclavista y obligaba una de ellas sucumbieron millares le perso­


a las poblaciones a la recogida de látex bajo nas entre trabajadores y personal drigente.
amenaza permanente de tortura, secuestro o Para mantener semejante demandade mano
ejecución sumaria, lo que, por otra parte, les de obra era necesario disponer de ui sistema
impedía producir su propio sustento. Esta si­ de reclutamiento compulsivo que n» repara­
tuación recibió tratamiento literario en L a ba en fronteras, creencias, razas o coitinentes.
Vorágine (1924) del colombiano José Eustacio La violencia no conocía límites nacimales.
Rivera y en A selva (1930) del portugués Ferrei- Por el consumo de vidas que supusieron
ra de Castro. La tradición oral de los huitoto estos proyectos técnicos desmedidos:onstitu-
perpetúa el recuerdo de la prepotencia y del yeron un sacrificio colectivo. Afecó tanto a
exterminio vividos durante el ciclo del caucho. las colonias formales como a los terriorios, de
Las denuncias realizadas por figuras pú­ hecho, coloniales por la realidad endlos ins­
blicas contemporáneas deben interpretarse taurada. La violencia física sistem.tica y el
como una crítica a los excesos practicados por trabajo en régimen de servidumbre ío conlle­
agentes de la administración colonial sin pre­ varon la liberación. Fueron produces del ca­
paración y no como un cuestionamiento de la pitalismo en una época de triunfos fe en el
misión civilizadora que los europeos se ha­ progreso, confianza en la técnica, epíritu de
bían atribuido. Civilizar era un designio que aventura, búsqueda del beneficio innediato y
englobaba gentes y paisajes: los avances téc­ obsesión por domesticar por la fuersa lo sal­
nicos perm itirían someter selva, estepas, vaje tanto en la naturaleza como enla socie­
sabanas y desiertos a los imperativos de la dad; aspecto éste que W erner Herzcg abordó
modernidad. El tren y el automóvil permiti­ en la película Fitzcarraldo (1982), rocada en la
rían acabar con el reclutamiento compulsivo selva peruana.
de porteadores, lo que aseguraría al poder co­
lonial un m ejor control sobre la totalidad de
Una economía a escala planetaria
los territorios ocupados. Al mismo tiempo,
estas infraestructuras garantizarían el flujo J. Gledhill (2000) resume trestipos de
regular y previsible de materias primas, lo sistemas económicos coloniales: a) eonomía-
que supondría una explotación más racional, mundo —esclavitud—, b) compañía conce­
en términos capitalistas, de los recursos exis­ sionarias, y c) intervención direca de la
tentes. Civilizar era sinónimo de un compro­ administración colonial.
miso moral en el que la aceptación del La economía-mundo es el m aro domi­
progreso conllevaba la emancipación. nante en la época anterior al coloiialismo
La violencia surge, una vez más, como el moderno. Se caracteriza por recurrí a mano
precio que deben pagar los colonizados por de obra esclava, capturada en África/ despla­
una liberación que se les imponía. La intro­ zada hacia las plantaciones de las Anéricas.
ducción de la modernidad en la selva afectó a Ocupar territorio no constituía toda ía el ob­
territorios coloniales —Africa, Asia—y a otros jetivo determinante, una vez que lo jue inte­
espacios de frontera -e n las dos Américas—en resaba era acceder al potencial humaio como
forma de proyectos internacionales de gran­ fuerza de trabajo. En el periodo imprialista,
des obras. Son casos conocidos la construcción la captura de esclavos resulta un ftnómeno
de los canales de Suez -1859-1869—, y de Pa­ marginal que subsiste en pocas regioies, aun­
n am á-1881-1889, 1894-1898, 1904-1914-, de que hay singularidades en la costa ocidental
la vía férrea de penetración en el Congo Belga africana: la creación de Liberia, a comienzos
—Matadi-Léopoldville, 1890-1898,366 km.—y del siglo XIX, tiene como objetivo acqer afro­
después en el francés —Congo-Océan, de Pun­ americanos libres, y la vecina Siern Leona,
ta Negra a Brazzaville, 1921-1934, 510 km.—, bajo tutela británica, es el destino pa'a los es­
y la línea M adeira-M am oré -1878-1879 y clavos interceptados por los navíosingleses
1907-1912,400 km.—que uniría Bolivia con el que los ponen en libertad en la capial, Free­
Atlántico por el río Amazonas. Al estudiar town.
esta última situación, que pretendió desbra­ A partir de la Conferencia de B rlín, las
var parte de aquel f a r west brasileño some­ potencias europeas inician la ocupacón efec­
tiéndolo a la fuerza del acero y del vapor, tiva de territorios, aunque no disporrn de los
Francisco F. Hardman (1988) veía en aquellos recursos necesarios —financieros, científicos,
lugares cementerios internacionales de obre­ técnicos y administrativos—para suaprove-
ros. En las diversas obras trabajaban muchos chamiento desde una racionalidad capitalista.
miles de hombres simultáneamente y en cada Una forma de eludir esta dificultadfue atri­
29 Colonialismo y anticolonialismo

buir concesiones a sociedades privadas para de los viajes transoceánicos. Se trata de un sis­
que explotaran áreas determinadas. Como tema de intercambios diferidos: a los consu­
sustitutos de la administración, estas empre­ mos del colonizador le corresponden los del
sas crearon un mundo propio, al margen de colonizado —cristianismo, alfabetización—.
cualquier tipo de control jurídico, en el que Hay apropiaciones múltiples de bienes mate­
someten a las poblaciones afectadas por sus riales y de sistemas de creencias (Thom as,
intereses y se originan los abusos descritos 1994).
más atrás. La explotación incontrolada de
mano de obra empujaba a huir a los implica­ Conversiones
dos, con lo que acechaba la amenaza de la des­
población y la imposibilidad de mantener la El colonialismo europeo se autolegitimó
actividad económica al nivel deseado. invocando un espíritu de misión que preten­
La tercera modalidad consistía en la día la transform ación del modo de vida de
exp lotació n directa conducida por la ad ­ poblaciones consideradas inferiores, pero ca­
m in istració n colonial. F u e la opción más paces de alcanzar un estadio superior de civi­
generalizada en las políticas de varias poten­ lización. Este presupuesto, basado en una
cias coloniales. Se manifestó en la explotación concepción #etnocéntrica de la diversidad
minera, en la agricultura dirigida por colonos cultural, predominó en diferentes esfuerzos
europeos y en las agriculturas practicadas por de colonización. La evangelización llevada a
las poblaciones nativas sometidas a cultivos cabo por los misioneros constituyó el resulta­
obligatorios —cash crops. do práctico más efectivo (Beidelman, 1982).
Estos sistemas de organización económica Es más, John y Jean Com aroff (1991) conside­
transform aron las sociedades afectadas. La ran que, de entre todos los colonizadores, los
imposición de nuevas reglas económicas y de misioneros fueron aquellos que más se empe­
otras actitudes frente al trabajo no se produjo ñaron en revolucionar la visión del mundo y
de forma persuasiva, sino por la fuerza. Se de la cultura africanas. La reorganización de
instalaron administraciones coloniales que los espacios locales, por medio de la construc­
históricamente significaron introducir el mo­ ción de asentamientos misioneros y de la fi­
delo occidental de Estado en sociedades que jación de poblados a su alrededor, fue una
no disponían hasta aquel momento de esa ins­ forma de control de las poblaciones.
tancia. Se pusieron de manifiesto los dispo­ La relación entre misioneros y adminis­
sitivos m ilitares destinados a asegurar la tradores coloniales no siempre estuvo pauta­
pacificación interna. La adm inistración re­ da por el equilibrio de intereses. Las misiones
presentaba el poder blanco y la occidentali- religiosas tuvieron que convivir con la resis­
zación forzada de los comportamientos: la tencia de las poblaciones, con la competencia
m onetarización por la introducción de im ­ de un Estado que establecía unas instalacio­
puestos pagados en dinero, con el objetivo de nes laicas —también interesadas en promover
que el colonizado pasara a depender del con­ la enseñanza y los cuidados m édico-sanita­
sumo. El reclutamiento implicaba recibir un rios—y con la rivalidad confesional —congre­
salario, lo cual permitiría el pago del impues­ gaciones católicas y sociedades protestantes.
to y la desarticulación de los sistemas produc­ Indolencia, embriaguez, prácticas pa­
tivos nativos. ganas, tosquedad de las vestimentas y de
El proceso colonial se deriva del dominio las viviendas, sexualidad disoluta, lenguaje
blanco y de las formas de resistencia a la opre­ y corporalidad excesivas son características
sión ejercida. Se populariza el consumo de atribuidas a las poblaciones indígenas de las
productos tales como el café, el té o el cacao, colonias que los misioneros consideraron que
las imágenes de la publicidad de esos insu­ era necesario erradicar o, cuando menos, dis­
mos, la visión de las *culturas exóticas trans­ ciplinar. Así, además de la conversión religio­
mitida por los museos etnográficos y los sa, las diferentes congregaciones misioneras
jardines zoológicos de las metrópolis, el cos­ cristianas que se instalaron en Africa, Asia, el
mopolitismo en boga en las clases urbanas, Pacífico y las Américas procuraron valorizar
patente en canciones y en estilos de baile —las el *trabajo y la familia monógama, domesti­
canciones de K. W eill y B. Brecht Y oukali car los usos del cuerpo, introducir hábitos de
y S u rabaya-John n y son ejem plo de este higiene y, en general, imponer los sistemas
espíritu—. A todo ello lo acompañan la cre­ de valores de sus lugares de origen. Según
ciente dimensión y capacidad de los fletes co­ N. Thomas (1994), la clasificación racial no fue
mo expresión material de la industrialización el único criterio de representación negativa
Colonialismo y anticolonialismo 30

de los africanos, de los asiáticos o de los ame­ tre misiones religiosas y poderes coloniales, a
rindios. En la literatura medieval y renacen­ menudo discordantes en su consideración de
tista se llama la atención sobre figuras las prácticas indígenas y de los objetivos de la
monstruosas y sobre los paganos. Si bien a colonización.
partir del siglo XIX la idea de raza gana fuerza Los encuentros coloniales no sólo fueron
en los discursos hegemónicos sobre la *dife- escenarios de resistencia y dominación, con
rencia, en las representaciones de los misio­ poblaciones indígenas y colonizadores irre­
neros evangélicos sigue prevaleciendo la mediablemente antagonizados. La respuesta
caracterización del *otro como pagano, en indígena osciló entre el rechazo explícito y la
detrimento del color de la piel. adhesión a las ideas religiosas llevadas por los
Se puede calificar la naturaleza de las misioneros, pasando por la apropiación y
prácticas evangelizadoras llevadas a cabo en transformación de los mensajes evangélicos.
el contexto del colonialismo como proyecto En este sentido hay que referir el surgimiento
de transform ación ontològica con el que se y la difusión de los movimientos mesiáni-
pretende la reconstrucción de la subjetividad cos, tales como los cultos de la carga en Mela­
y de la moralidad de las poblaciones, la trans­ nesia. En este caso, es la religión llevada y
formación de sus cuerpos y de sus mentes enseñada por los blancos la que proporciona
(Beidelm an, 1982; C om aroff y Com aroff, los argumentos para resistir a la opresión co­
1991). Se trataba, a fin de cuentas, de un pro­ lonial.
grama de reformulación de las identidades,
individual y colectiva, que se lleva a cabo por
Colonialismo como cultura
medio de la conversión religiosa y de la modi­
ficación de prácticas y comportamientos con­ Al estudiar el África francesa en el perio­
siderados desviados y antisociales. A la luz de do final de la presencia colonial, Georges Ba-
esta idea, Thom as O. Beidelman (1982) de­ landier caracteriza así la situación colonial:
fiende que las misiones cristianas desempe­ presencia extranjera que, por medio del uso
ñan el papel más ingenuo y etnocèntrico de los de la fuerza militar y de la instalación de una
proyectos coloniales. Mientras que adminis­ administración, impone la pacificación; a esta
tradores, comerciantes y terratenientes tenían presión exterior le suceden reacciones inter­
en mente objetivos pragmáticos —m anteni­ nas que modifican el equilibrio de fuerzas an­
miento del orden, obtención de beneficios, terior; se definen nuevas alianzas regionales
conseguir mano de obra barata, eficacia en la en función del dominio blanco; el control po­
tributación—, los misioneros ansiaban trans­ lítico sobre los colonizados va a promover la
formaciones profundas y radicales en lo que aparición de sentimientos nacionalistas (Ba-
se refiere a creencias y comportamientos de landier, 1971).
las poblaciones, practicando una colonización La situación colonial se sintetiza en una
del espíritu y del cuerpo. cultura #híbrida en la que convergen domi­
Con el objetivo de difundir mejor la doc­ nadores y dominados. La curiosidad se revela
trina religiosa, muchos misioneros se ocu­ en la voluntad de observación y de conoci­
paron de estudiar concienzudamente las miento mutuos, patentes en la cultura mate­
lenguas y culturas de muchos pueblos de todo rial que se produce en tales circunstancias. A
el mundo, rivalizando o confundiéndose con la minucia en la representación de detalles fí­
el trabajo desarrollado por los antropólogos. sicos, del vestuario, del estatus, de la actividad
Es digna de mención la actividad desarrolla­ ejercida o del estado de ánimo, los artistas eu­
da por el francés Maurice Leenhardt (1878- ropeos no conseguían corresponder con el
1954), que permaneció más de dos décadas en mismo grado de detalle en relación a los “sal­
Nueva Caledonia, entre 1902 y 1926, donde vajes”. La apropiación desigual y desincroni­
fundó y dirigió un asentamiento protestante. zada del otro por medio de los artefactos
De su experiencia misionera entre los kanak producidos sólo se ha valorado conveniente­
resultó una producción etnográfica relevante mente en estudios recientes.
—D o K am o, L a personne et le mythe dans le El contraste con la cultura llevada por el
m onde m élanésien, 1947, versión inglesa de colonizador permite al colonizado apropiarse
1979, alemana de 1984, y española de 1997— de herramientas intelectuales para resistir y
en la historia de la antropología. En la biogra­ actuar. Frantz Fanón (1925-1961), psicoana­
fía intelectual que le dedica James Clifford se lista y escritor —Les damnés de la t e ñ e , 1961—
destaca, a propósito de la actividad del bio­ nacido en M artinica, sensibilizado tempra­
grafiado, la complejidad de las relaciones en­ namente por el movimiento literario de la
31 Colonialismo y anticolonialismo

négritude y que más tarde apoyó la lucha francesas. Como consecuencia, se siguieron
anticolonial en Argelia, fue una figura desta­ acciones punitivas de gran envergadura: el in­
cada entre los intelectuales que surgen en la cendio de la aldea “traidora” y casi doscientos
situación colonial para combatirla. rebeldes muertos. Para esta zona montañosa
La reflexión sobre la situación colonial del litoral argelino supuso su implicación to­
desde un punto de vista simultáneamente in­ tal en la guerra de liberación. Referido el con­
terior y exterior caracteriza la biografía de texto, resta indagar las razones de este desaire
Amílcar Cabral (1924-1973). Pasa su infancia y político sufrido por el gobierno colonial. Por
adolescencia en la Guinea portuguesa —ac­ el estudio de C. Lacoste-Dujardin, ya citado,
tualmente Guinea-Bissau—. En 1945 se des­ se sabe que en la planificación de la contrain-
plaza a Lisboa para estudiar agronomía. Su surgencia el mando militar francés contó con
estancia en Portugal y el medio académico en la orientación de )ean Servier (1918-2000), un
el que se mueve le permitieron conocer reali­ antropólogo buen conocedor de la zona. Los
dades más amplias -com o la négritude—, con­ acontecimientos no confirmaron sus opinio­
vivir con intelectuales y nacionalistas de las nes sobre la índole predominante de la pobla­
demás colonias portuguesas y familiarizarse ción. Camille Lacoste-Dujardin, al comparar
con los movimientos de liberación. De vuelta su experiencia sobre el terreno con la de
a su país organiza la resistencia política al co­ aquél, concluye que su predecesor compartía
lonialismo y más tarde la transforma en gue­ con la mayoría de los colonos franceses la opi­
rra de liberación nacional. A. Cabral destacó nión que éstos tenían de la población argelina:
no sólo como dirigente, sino también como gentes dominadas por puntos de vista tradi-
teórico de la lucha anticolonial. Defendió la cionalistas. Se olvidaba de que los cabileños
vía del partido único, que desempeña el papel de aquellas montañas situadas al este de A r­
de vanguardia en el combate y en la posterior gel no vivían aislados, sino que desde hacía
construcción del Estado, y considera a la clase mucho tiempo estaban habituados a *em i-
asalariada y a la pequeña burguesía urbana grar. Sin embargo, transmite a los militares la
negras las bases sociales de la lucha de libera­ idea de que los iflissen eran una población ais­
ción nacional (Andrade, 1975). lada, sin interés por el exterior, herederos y
Las formas de adquisición y el uso que se perpetuadores de ritos transmitidos desde la
da a los conocimientos disponibles se consti­ antigüedad mediterránea. Lacoste-Dujardin
tuyen en indicadores de la relación entre colo­ acusa a Servier de no haber sabido interpretar
nizador y colonizados. La reconstrucción de los factores de la dinámica histórica reciente:
la operación Oiseau b leu , desencadenada en la resistencia armada a la presencia turca y a la
Cabilia, muestra algunos de estos aspectos conquista francesa en el s. XIX, y la em igra­
(Lacoste-D ujardin, 1997). Un año después ción. Aunque Servier recorrió toda Argelia
del inicio de la guerra de Argelia, 1954-1961, durante cinco años con un cuestionario sobre
las autoridades coloniales desarrollaron un prácticas de ritos agrícolas, matrimoniales y
plan para la pacificación de los iflissen. G a­ funerarios y preguntaba a los ancianos, no per­
nando su confianza, se pretendía separarlos maneció más que algunos días en cada aldea y
de los núcleos insurgentes y promover su or­ no convivía con la gente. Tanto C. Lacoste-
ganización en grupos de autodefensa articu­ Dujardin como J. Servier habían crecido en el
lados con las fuerzas militares francesas. Se seno de familias de colonos, pero ante la expe­
organizó una ceremonia pública, previamen­ riencia colonial asumieron posturas opuestas.
te preparada, para consagrar la colaboración Permanece abierto el debate sobre las re­
con el poder colonial. Ante una asistencia de laciones entre gobierno, ciencia y el empeño
miles de personas, se distribuyó armamento. personal en el contexto colonial. Varios traba­
Pasados algunos días, de madrugada, un gru­ jos abordan la investigación realizada por
po de presunta autodefensa constituida simu­ encargo de las autoridades coloniales y la pos­
la que su aldea está siendo atacada por los tura del científico que la desarrolla (Stocking
nacionalistas del F L N —Frente de Liberación Jr., 1991). J. Goody (1995) recuerda que las au­
Nacional—y pide socorro a las fuerzas milita­ toridades coloniales sospechaban de los an­
res. Durante el trayecto la columna m ilitar tropólogos de la llamada escuela británica en
cae en una emboscada, que se salda con un cuanto a sus verdaderas intenciones en el te­
muerto y varios heridos, entre ellos el oficial rreno. La independencia financiera de la que
que la comandaba. Esta acción había sido lle­ disponían —los fondos provenían de institu­
vada a cabo por fuerzas del F L N con las ar­ ciones privadas norteamericanas—le lleva a
mas y el material recibido de las autoridades concluir que, en sus décadas doradas, carrera
Colonialismo y anticolonialismo 32

académica en antropología social y British G LED H ILL, John (2000): E l poder y sus disfraces.
Em pire en Africa siguieron caminos paralelos Perspectivas antropológicas de la política. Barce­
y sólo ocasionalmente convergentes. lona: Bellaterra.
GOODY, Jack (1995): The Expansive Moment. The
Herencias Rise o f Social Anthropology in Britain and Afri­
ca, 1918-1970. Cambridge: Cambridge Uni­
En el libro de Georges Balandier citado versity Press.
más arriba, cuya primera edición es de 1955, HARDMAN, Francisco Foot (1988): Trem fantas­
no se abordan los temas clásicos de la antro­ ma. A modernidade na selva. San Pablo: Com-
pología imperial, tales como el parentesco y la panhia das Letras.
hechicería, sino la conquista militar, la explo­ LACOSTE-DUJARDIN, Camille (1997): Opéra-
tación económica y la ideología racista carac­ tion oiseau bleu. Des Kabyles, des ethnologues et
terísticos de los proyectos coloniales europeos. la guerre d ’Algérie. Paris: La Découverte.
Pasadas algunas décadas desde el final de los N EUM ANN , Roderick P. (1998): Imposing Wil­
imperios coloniales, la propuesta de G. Balan­ derness: Struggles Over Livelihood and Nature
dier no pierde actualidad. Se asiste a la proli­ Preservation in Africa. Berkeley: University of
feración de reflexiones académicas sobre el California Press.
colonialismo y estudios de caso sobre socieda­ RICHARDS, Thomas (1993): The Imperial Archi­
des coloniales. Este interés se explica por el re­ ve. Knowledge and the Fantasy o f Empire. New
conocimiento de que las sociedades coloniales York: Verso.
son parte de Europa y de su historia, y vice­ STOCKING, George W. Jr. (ed.) (1991): Colonial
versa. Las colonias europeas no fueron espa­ Situations: Essays on the Contextualization o f
cios vacíos construidos a imagen de Europa y Ethnographic Knowledge. Madison: University
de sus intereses, ni las potencias colonizado­
of Wisconsin Press.
ras estaban cerradas sobre sí mismas. Hubo TAUSSIG, Michael (1987): Colonialism, Shama­
relaciones, contactos, intercambios y tensio­ nism and the Wild Man. A Study in Terror and
nes múltiples, por medio de las cuales Europa Healing. Chicago: University of Chicago
y las colonias se fueron construyendo. Press.
La renovación del interés académico por el THOMAS, Nicholas (1994): Colonialism's Culture.
fenómeno colonial se deriva también de la pre­ Anthropology, Travel and Government. Cam­
sencia de intelectuales y escritores originarios
bridge: Polity Press.
de ex colonias en las universidades e institucio­ W OLF, Eric R. (1982): Europe and the People wi­
nes literarias occidentales —caso de Salman thout History. Berkeley: University of Califor­
Rushdie, Chinua Achebe, V. S. Naipaul, Ami- nia Press.
tav Gosh, Gayatri Spivak, Homi Baba—, lo que
ha posibilitado la divulgación de otras mane­ Jorge Freitas Branco
ras de ver la experiencia colonial. Leonor Pires Martins

Bibliografía Véanse además Acciones afirmativas, Acul-


toración, ALTERIDAD, Apartheid, Centro-
ANDRADE, Mário de (1975): A guerra do povo na periferia, Ciudadano, Críollización, CUL-
Guiné-Bissau. Lisboa: Sá da Costa. T U R A , D e ste r r ito rial i zac ió n, DIF E R E N -
BALANDIER, Georges (1971): Sociologie actuelle CIA Y DESIG UALD AD , Discriminación
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céntrale. París: PUF. cales, E S T A D O -N A C IÓ N , E S T E R E O ­
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Princeton University Press. gl oba 1iza c ió n, HIB R ID A C IO N , IDE N I I-
COMAROFF, Jean; COMAROFF, John (1991): DAD, INDIGENISMO, Información, IN ­
O f Revelation and Revolution. Christianity, Co­ I ' E G R A C ION, Interculturali d ad, MI -
lonialism, and Consciousness in South Africa. GRACIONES, MINORÍAS, Modernidad,
Volume One. Chicago, London: The Univer­ M O V IL ID A D , Multiculturalismo en los
sity of Chicago Press. estudios culturales, Multiculturalismo en
33 Comunicación

los estudios étnicos, Nacionalidad, Nacio- Con la noción de mediación se trata de


na 1isni o, N a t u ra 1i zac ió n, N eoc o 1o nia 1ism o, contrarrestar la idea simplista de la comuni­
N U E V O S M O V 1M 1E N T O S S O CIA - cación como transmisión: los medios de co­
E E S , P o sc o 1o n ia 1i s m o, P O S M O D E R NI - municación no transmiten contenidos, sino
DAD, SABER Y SABERES, Sujeto inter- que median las relaciones humanas, el conoci­
cultural, T E R R I T O R 10 S , T R A P>A J O , miento, la experiencia y la sensibilidad. Como
Viajes y sistemas de movilidad, V I O L E N ­ dice M artín-Barbero (2002), al mediar la pro­
CIA POLÍTICA, Violencia política. Tipos. ducción de los imaginarios que integran la
experiencia de los ciudadanos, los medios son
constitutivos del espacio de lo público y fuen­
te de los recursos sociales de sentido. Así, un
Comunicación objeto central de los estudios sobre la comuni­
El limitado modelo de la comunicación cación se encuentra en las mediaciones e in­
—emisor-mensaje-receptor—propuesto a me­ terconexiones por las que los productos de las
diados del siglo X X por la teoría matemática industrias de la comunicación y de la cultura
de la información gozó de gran éxito e inspi­ proporcionan las matrices de la organización
ró aproximaciones a la comunicación desde —y de la des- y reorganización—de la expe­
diversas disciplinas. Sin embargo, gran parte riencia social, de las ^identidades y las subjeti­
de los estudios modernos sobre com unica­ vidades.
ción y ^cultura se han desarrollado a partir Observar la comunicación como media­
de presupuestos, no siempre explícitos, de ción implica indagar los conflictos y las
*interculturalidad: en E E . U U ., G. Bateson negociaciones en que las diferencias de
entiende la comunicación desde el cruce de la posición, culturales, afectivas, de poder, se
cibernética y la antropología; en Francia, traducen en discursos, objetos y expresiones
R. Barthes la enfoca desde la semiótica y el simbólicas. Desde el último tercio del s. XX,
malestar por los conflictos de la descoloniza­ hablar de comunicación es hacerlo de cultu­
ción; en los estudios culturales británicos se ra de masas, la cual ha dejado de considerar­
abren paso perspectivas de clases subalternas se como una unidad. Desde la antropología,
y provenientes de la diáspora intelectual *pos- autores como R. Rosaldo o G. Lipsitz han
colonial, como S. H all; y el pensamiento mostrado cómo las diferentes comunidades
feminista introduce la *diferencia y la culturales tratan polémicamente de estable­
subjetivación en la agenda de estudios comu­ cer los hitos de referencia masivos y de defi­
nicativos. Surge con estos pioneros una mira­ nir su sentido. En el ámbito del mercado de
da “extrañada” respecto de las propias las audiencias, estas dinámicas de lucha por
culturas y de la precedente distribución disci­ el espacio sim bólico, configurado por las
plinaria: un nuevo paradigma en el que son producciones culturales más o menos masi­
centrales las aportaciones de estudiosos rusos vas, disputan su hegemonía omnímoda a los
—como R. Jakobson o J. Lotm an, quien en­ grandes poderes sociopolíticos y m ediáti­
tiende la com unicación como un juego de cos. En la ^sociedad de la inform ación, la
complejos sistemas y dinámicas culturales—y cultura de masas es también la base de una
de U. Eco, para quien los procesos culturales reflexividad social difusa en la cual emergen
y sociales han de verse como procesos comu­ las pautas y las normas de la acción, las for­
nicativos que implican siempre diversos sis­ mas de identificación y de reconocim iento
temas de significación. recíproco de las comunidades de pertenencia
Estas perspectivas abordan la com unica­ —que algunos consideran una única comuni­
ción como un juego de estrategias, una rela­ dad globalizada y hom ogeneizada en una
ción social en la que se genera y se negocia el cultura de masas.
sentido, mientras inevitablemente se definen Los sujetos sociales, de acuerdo con sus
los participantes y su tipo de relación. Otro diferentes pertenencias, procedencias, com ­
ruso, M. M. Bajtin, afirma que la comunica­ petencias y opciones, activan lenguajes y
ción transcurre siempre en el territorio del enciclopedias distintos que se relacionan
otro: todo comunicar es diálogo, posiciona- polifónicam ente en la comunicación inter­
miento, previsión, anticipación, presunción, cultural. Y toda com unicación es in tercu l­
implicación. Un proceso en el que todos deve­ tural, pues im plica sistemas y procesos de
nimos otros al tratar de aproximarnos al len­ significación diversos que han de in tertra­
guaje y los sistemas de sentido de nuestro ducirse. El sentido se alcanza siempre en un
interlocutor. proceso de ^traducción —apunta A. J. G rei-
Comunidad transnacional 34

mas— de un sistema de sentido o un len ­ técnico-comunicativa, SABER Y SABERES,


guaje extraño a otro más próximo, más im ­ Sociedad de la información v del conocimien-
J

plicado o más sugerente. De un interpretante to. Traducción, Viajes y sistemas de movili­


a otro, el sentido se realiza como permanen­ dad, Xenofobia y xenofilia.
te aplazamiento y desplazamiento, señala C.
S. Peirce. Incluso la relación consigo mismo
im plica el *plurilingüism o y la pluralidad Comunidad
de perspectivas necesarios para observarse
desde los puntos de vista de los otros.
transnacional
En el campo emergente e interdiscipli­
nario de los estudios de #migraciones, el con­
Bibliografía cepto de “comunidad transnacional” se ha
comenzado a acuñar por dos motivos básicos.
BAJTIN, M. (1989): Teoría y estética de la novela. En primer lugar, la noción misma de comuni­
Madrid: Taurus. dad refleja una crítica cada vez más abierta­
BARTHES, R. (1980): Mitologías, Madrid: Si­ mente expresada al uso excesivo de modelos
glo XXI. económicos, a menudo economicistas, en las
CASTAÑARES, W. (1996): “El efecto Peirce: su­ teorías sobre migraciones. Estos modelos ex­
gestiones para una teoría de la comunicación”. plican las migraciones contemporáneas a
Anuario Filosófico,29: 1313-1330. partir de decisiones individuales de actores
ECO, U. (1977): Tratado de semiótica general. Bar­ atomizados, pero completamente racionales
celona: Lumen. en sus cálculos y decisiones migratorias —el
FABBRI, P. (1995): Tácticas de los signos. Barcelo­ “modelo neoclásico” que reduce las decisio­
na: Gedisa nes migratorias a factorespush-pull—, o consi­
LOTM AN, I. M. (1996): Semiosfera. Madrid: Cá­ derando a los migrantes víctimas colectivas
tedra. de factores económicos subterráneos como la
MARTIN-BARBERO, J. (2002): Oficio de cartó­ división internacional del ^trabajo, la seg­
grafo. Travesías latinoamericanas de la comuni­ mentación de los mercados laborales y las
cación en la cultura. México: FCE. dependencias económicas y políticas de los
M ATTELART, A.; M ATTELART, M. (1997): países emisores respecto a los receptores
Historia de las teorías de la comunicación. Barce­ —los modelos marxistas y dependentistas (Mal-
lona: Paidós. gesini, 1998)—. Frente a estas teorías polariza-
PEIRCE, C. S. (1988): E l hombre, un signo. Barce­ damente opuestas, el pionero estudio de Massey
lona: Crítica. et al. (1987) logra demostrar que los procesos
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nicativa”. Revista de Occidente, 170-171: 25-44. de lazos, *redes y/o comunidades que agrupan,
socializan e interrelacionan a emigrados, re­
Gonzalo Abril Curto
tornados y futuros migrantes procedentes de
Wenceslao Castañares una determinada región.
Cristina Peñamarín Beristain
En segundo lugar, los estudios m igrato­
María José Sánchez Leyva
rios tienden aún a reproducir la lógica N acio­
nalista, detectable también en las políticas de
Véanse además ALTERIDAD, CONSUMO “^integración de inm igrantes”, que distin­
CULTURAL, CULTURA, Derecho de inje­ gue nítidam ente entre fenómenos y sujetos
rencia, DESARROLLO, D IFE R E N C IA Y emigrantes versus inmigrantes. Desde los
D E S 1C3 U A L D A D, Diferencias soc io1in - orígenes del nacionalismo, las migraciones
güísticas y desigualdad, Elites cosmopolitas, —seguramente una de las constantes antropo­
Esfera mediática, Espacio de los flujos, lógicas por excelencia- son percibidas por el
Espacio red, ESPACIO-TIEMPO, Espacios *Estado-nación como un “problem a”, dado
locales, Global y local, IDENTIDAD, Infor­ que la ^movilidad humana desafía no sólo la
mación, Integración educativa. Intercultu­ capacidad del Estado de controlar, disciplinar
ra 1id a d, L o c a 1id ades fa utas m ag ó r ic as y y sedentarizar a la ^ciudadanía, sino también
desanclaje. Megalòpoli, Migraciones. Redes el principio mismo de territorialidad, eje de la
sociales, MINC )RÍ AS, MOVILIDAD, Multi­ “soberanía nacional” y de la “inviolabilidad”
culturalismo en los estudios culturales, Multi- de sus *fronteras (Joppke, 1998). La misma
lingiiismo, Nomadismo y turismo. Poscolo­ terminología adoptada por las instituciones
nialismo, Pluralismo sincrónico, Revolución nacionales y reproducida por la academia re­
35 Comunidad transnacional

fleja el intento de territorializar un fenómeno tido comunitario y su correspondiente identi­


que parece no ser territorializable: durante dad compartida se cultivan desde *diferentes
décadas, las legislaciones y las investigaciones y dispersas *m ultilocalidades asentadas en
acerca del fenómeno migratorio han girado una gran variedad de países. Básicamente se
en torno a la distinción entre factores de “in­ distinguen dos tipos de comunidades trans­
migración” versus factores de “e-migración”, nacionales:
como si de fenómenos distintos se tratara. — Por una parte, las regiones fronterizas
Frente a este tipo de proyección naciona­ entre dos Estados-naciones tienden a albergar
lista hacia el “#otro”, varios estudios em pí­ a comunidades transnacionales que se consti­
ricos de las migraciones contemporáneas tuyen como núcleos transfronterizos de m i­
cuestionan el mito de la linealidad del pro­ graciones cíclicas (Pries 1999). Dos factores
ceso m igratorio —supuestamente divisible contribuyen a esta transfronterización: en
en fases p rem igratorias, m igratorias y primer lugar, el debilitamiento de la capaci­
posmigratorias—, que aún reflejan los m en­ dad de los Estados-naciones lim ítrofes de
cionados modelos “clásicos” de la emigración “controlar” sus fronteras y, en segundo lugar,
e inmigración más o menos definitiva. Con­ la existencia de ventajas comparativas entre
forme en la época posindustrial las migracio­ ambas regiones fronterizas que conviertan la
nes se van *inform alizando, terciarizando y transmigración en una actividad “rentable” a
precarizando (Guarnizo y Smith, 1999), se re­ largo plazo.
quiere de enfoques menos mecanicistas, más — Por otra parte, una variante específica de
etnográficos y “m ultisituad os” (M arcus, las comunidades transnacionales son las diás-
1995). Gracias a este giro teórico y metodoló­ poras históricas que, debido a una experiencia
gico, las migraciones aparecen como fenóme­ colectiva de dispersión a menudo ^violenta,
nos a menudo circulares y no lineales, en cuyo mantienen y cultivan una distintiva identidad
transcurso las “redes migratorias” —entendi­ étnica, nacional y/o religiosa que procura equi­
das como “los vínculos de carácter transnacio­ librar la promesa del mítico “retorno” y re­
nal que se establecen entre las sociedades de arraigo con la permanencia de la condición y la
origen y de destino” (Colectivo IO E , 1996: ^cultura diaspóricas (Brah, 1996).
48)—, que en condiciones de precarización e Este segundo uso del concepto de las co­
“ilegalización” como las actuales proporcio­ munidades transnacionales, como diásporas
nan la protección necesaria, sobre todo en la ya no históricas, sino emergentes a raíz de la
primera etapa de llegada y orientación, tien­ constitución de espacios m igratorios trans­
den a estabilizarse y perpetuarse (Kearney, nacionales, es el que parece generalizarse.
1986,1995). Mientras que algunos critican el uso indiscri­
Los lazos parentales, residenciales y/o minado del concepto, acuñado para determi­
^étnicos que así vinculan a migrantes, em i­ nados casos históricos como la diáspora judía,
grados, retornados y aún-no-em igrados, armenia y palestina, otros perciben procesos
constituyen frecuentemente “familias trans­ generalizabas de “diasporización” (Cohén,
nacionales”, “hogares transnacionales” que, a 1997). Es precisamente en la confluencia del
su vez, comienzan a articular “campos” o “es­ surgimiento de espacios transnacionales y de
pacios sociales transnacionales” (Pries, 1999). la *globalización tecnológica y del incremen­
Estos trascienden el principio de territoria­ to de “interconectividad” en el que —a dife­
lidad nacional y/o étnico-regional y, como rencia de épocas anteriores—las comunidades
tales, desencadenan procesos de transnacio­ migrantes pueden, simultáneamente, articu­
nalización *identitaria. lar identidades a diferentes niveles. La re­
En aquellos casos en los cuales los cíclicos sultante multidimensionalidad identitaria
“transm igrantes” (G lick, Basch y Szanton, desencadena y promueve nuevos procesos de
1999; Pries, 1999), como protagonistas que ar­ #hibridación cultural, que desafían al Estado-
ticulan este nuevo espacio social, logran man­ nación de forma mucho más profunda y radi­
tener un vínculo simbólico y afectivo entre cal que los discursos identitarios étnicos y/o
sus miembros, las redes transnacionales se regionalistas formulados a nivel subnacional
convierten en comunidades transnacionales. (Dietz, 2004). La transnacionalización no sólo
Este nuevo tipo de “comunidad” *desterrito- disminuye ostensiblemente la capacidad de
rializada es el que —incluso literalmente—más las instituciones nacionales de controlar, edu­
se asemeja a la noción de “comunidad imagi­ car y/o “ciudadanizar” a las poblaciones m i­
nada”, originalmente acuñada por Anderson: grantes, sino que pone en entredicho el
carentes de una dimensión territorial, el sen­ principio mismo en el que se basa toda políti­
Comunitarismo 36

ca pública, sea del nivel gubernamental que national migration”, en L. Pries (ed.), Migra­
sea: el principio de discrecionalidad y delimi- tion and Transnational Social Spaces. Aldershot:
tabilidad de competencias en función del cri­ Ashgate, 73-105.
terio territorial. GUARNIZO, Luis Eduardo; SMITH, Michael
Indicios de una tendencia hacia la deste- Peter (1999): “Las localizaciones del transna-
rritorialización, inducida por las comunida­ cionalismo”, en G. Mummert (ed.), Fronteras
des transnacionales, se encuentran antes que fragmentadas. Zamora, Mich.: Colegio de Mi-
nada en el ámbito del asociacionismo migran­ choacán, 87-112.
te. Mientras que las “clásicas” organizaciones JO PPK E, Christian (1998): Challenge to the N a­
y asociaciones surgidas de las migraciones eu­ tion-State: immigration in Western Europe and
ropeas de la posguerra están fuertemente the United States. Oxford: Clarendon.
orientadas hacia la participación política, sin­ KEARNEY, Michael (1986): “From the Invisible
dical y vecinal dentro del contexto de la socie­ Hand to Visible Feet: anthropological studies
dad de “acogida”, el nuevo asociacionismo of migration and development”. Annual R e­
migrante y su relación con las asociaciones y view ofAnthropology, 15:331-361.
organizaciones no-gubernamentales, proce­ — (1995): “The Local and the Global: the anthro­
dentes de la sociedad mayoritaria, indican pology of globalization and transnationa­
una creciente hibridación y transnacionaliza­ lism”. Annual Review o f Anthropology, 24:
ción de las pautas organizativas, las reivindi­ 547-565.
caciones y los intereses que se articulan, así M ALGESINI, Graciela (1998): “Introducción”,
como de los polifacéticos destinatarios a los en G. Malgesini (comp.), Cruzando fronteras:
que se dirigen (Dietz, 2004). migraciones en el sistema mundial. Barcelona,
Es evidentemente el ámbito jurídico-polí- Madrid: Icaria, Fundación Hogar del Em ­
tico sobre todo el que más “preocupado” se pleado, 11-40.
muestra ante la diasporización y transnacio­ MARCUS, George E. (1995): “Ethnography
nalización de las comunidades, sus lealtades y In/Of the World System: the Emergence of
sus identidades colectivas. Las implicaciones Multi-Sited Ethnography”. Annual Review o f
normativas de una futura “ciudadanía posna­ Anthropology, 24: 95-117.
cional” (Habermas), reflejada no sólo en las MASSEY, Douglass et al. (1987): Return to Aztlan:
comunidades transnacionales, sino también The Social Process o f International Migration
en la vigorización de las instituciones multila­ from Western Mexico. Berkeley: University of
terales transnacionales, desafiará la noción California Press.
intrínsecamente “^moderna” de la legitim i­ PRIES, Ludger (1999): “New migration in trans­
dad del Derecho y de su vinculación normati­ national spaces”, en L. Pries (ed.), Migration
va a la democracia territorializada bajo la and Transnational Social Spaces. Aldershot:
forma consuetudinaria del Estado-nación, se Ashgate, 1-35.
declare éste ^multicultural o monocultural.
Gunther Dietz

Véanse además ALTERIDAD, CIUDADA­


Bibliografía NÍA, Desterritorialización, DIFERENCIA Y
D ESI GU A EDA I ), ESTADO-NACIÓN,
BRAH, Avtar (1996): Cartographies ofDiaspora: con-
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Comunitarismo
GLICK SC H ILLER , Nina; BASCH, Linda; Desde la clásica distinción sociológica
SZANTON BLANC, Cristina (1999): “From entre “comunidad” —Gemeinschaft—y “socie­
Immigrant to Transmigrant: theorizing trans- dad” —Gesellschaft- , acuñada de forma para­
37 Comunitarismo

digm ática a finales del siglo XIX por Ferd i- social” —relaciones intra e intercomunitarias
nand Tonnies (1979), los ámbitos com unita­ que se mantienen a nivel local— en la vida
rios ocupan un destacado lugar no sólo en las comunal de diversas ^localidades estadouni­
ciencias antropológicas, sino en toda una co­ denses en comparación con otras, por ejem ­
rriente interdisciplinar de los “estudios de co­ plo, italianas. El mensaje de estos autores es a
munidad”. El énfasis en la esfera *local y en la menudo alarmista: la comunalidad vecinal,
interacción “cara a cara” entre los miembros residencial y asociativa, como núcleo de rela­
de una comunidad localizada y *territoriali- ciones que amalgama cualquier sociedad, se
zada, como lo propone la llamada Escuela de está diluyendo en el caso de las relaciones su­
Chicago para análisis sociales de corte funcio- puestamente cada vez más individualizadas y
nalista, sin embargo, no se limita a enfoques atomizadas de las #ciudades estadounidenses
teóricos y/o empíricos. Desde inicios de los contemporáneas.
años ochenta son sobre todo propuestas nor­ Este “déficit de comunalidad”, producto
mativas surgidas en el seno de la filosofía po­ de la pérdida paulatina de capital social, es el
lítica los que recuperan y reivindican “lo eje de la propuesta política comunitarista que
comunitario” no como una unidad de análisis —sobre todo a partir de la red internacio­
social, sino como una propuesta política de reor­ nal T he Com m unitarian N etw ork creada y
ganización de las sociedades contemporáneas. promovida por Amitai Etzioni (http://
En debate estrecho y enfrentado con la www.communitariannetwork.org/)—consi­
tradición liberal e individualista de la filosofía dera la comunidad una forma de organiza­
política anglosajona, que se remonta a John ción local alternativa, que se independiza
Stuart Mili, los autodenominados “comunita- tanto del excesivo control del Estado vigilan­
ristas” constatan y critican un exceso de indi­ te como del mercado polarizador y que com­
vidualismo y un creciente debilitamiento de bina la autonomía individual y familiar con la
lazos “comunales” entre los miembros de las necesidad de un orden social compartido. Es­
sociedades occidentales. Charles Taylor ta propuesta indirectamente recupera la cen-
(1993), Michael Walzer (1993) y otros reivin­ tralidad de la sociedad civil, concebida en
dican las interacciones cotidianas, las i d e n ­ Estados Unidos desde los pioneros análisis de
tidades colectivas y las solidaridades Alexis de Tocqueville como una red asociati­
suprafamiliares como fuentes de valores hu­ va basada en organizaciones de ^ciudadanos
manos antiindividualistas. Ante lo que ellos voluntarios que sirven a la vez de “talleres”
diagnostican la pérdida decisiva y dramática de democracia local, cogestión y participación
de valores comunitarios tradicionales a lo lar­ política (Etzioni, 2004).
go de los choques *m odernizadores e in- La crítica al comunitarismo se centra en
dividualizadores, que implica el sistema dos aspectos (Rauch, 2000). Por una parte, la
económ ico y político internacional, la “vida supuesta recuperación y revitalización de las
en comunidad” constituiría una estrategia al­ prácticas comunitarias, ya completamente
ternativa, que pudiera trascender el antiguo enajenadas en gran parte del espacio público
binom io ideológico entre “más *E stad o ” y de las ciudades estadounidenses, a menudo se
“más mercado”, entre el fortalecimiento del identifican como un anhelo “rom ántico” y
Estado benefactor y protector de tipo keyne- “conservador” de las clases medias acomoda­
siano, por un lado, y el desmantelamiento das en sus g ated com m unities que proliferan
progresivo del Estado en aras del neolibera- por los suburbios semirrurales contemporá­
lismo, por otro (Rauch, 2000; Etzioni, 2004). neos. Por otra parte, la reivindicación esencia-
El resultante “comunitarismo” aboga por lista de “la comunidad” también se critica por
la recuperación no de las comunidades tradi­ su implícito riesgo de neoautoritarismo: los
cionales en cuanto tales, sino de los valores lo­ espacios comunales no sólo sirven para culti­
calmente compartidos y transmitidos y de las var prácticas solidarias y participativas, sino
unidades sociales que, como las familias y las que asimismo pueden reproducir viejos mo­
asociaciones, organizaciones e instituciones delos de roles sociales —caciquismo rural, pa-
locales, se dedican a transmitir y se rigen por ternalismo y patriarcado autoritario—. A esta
dichos valores en sus quehaceres cotidianos crítica, sobre todo, Etzioni (2003) responde
(Etzioni, 1996, 2003). Para demostrar la im ­ distinguiendo dos tipos de comunitarismo: el
portancia práctica del énfasis en estos lazos, “asiático”, autoritario y paternalista, practica­
interacciones y valores localmente comparti­ do y fomentado en cuanto ideología oficial en
dos, Robert Putnam (2000) analiza el impacto países como Singapur o Malaysia, frente al
que tiene el paulatino descenso del “capital “sensible” —responsive com m unitarianism —,
Consumo cultural 38

que combina la libertad individual de “tradi­ — (2004): From Em pire to Community. New
ción occidental” con la cultura compartida Cork: Palgrave Macmillan.
por una “comunidad de valores”. KYM LICKA, Will (1996): Ciudadanía multicultu­
Aunque esta definición “culturalista” de ral: una teoría liberal de los derechos de las mino­
la comunidad acerca el comunitarismo a otras rías. Barcelona: Paidós.
propuestas políticas que reivindican el valor PUTNAM , Robert (2000): Bowling Alone: the co­
de la #diferencia cultura y/o *étnica, Etzioni llapse and revival o f community in America.
enfatiza lo que separa el comunitarismo pro­ New York: Simon & Schuster.
pagado por él del *multiculturalismo, particu­ RAUCH , Jonathan (2000): “Confessions o fan
larm ente de su vertiente estadounidense: Alleged Libertarian (and the virtues o f ‘soft’
su noción, a menudo esencialista y reduccio­ commmunitarianism)”. The Responsive Com­
nista, de lo com unitario, su insistencia en munity, 10 (3).
crear y mantener *fronteras discretas entre TAYLOR, Charles (1993): E l multiculturalismo y
los grupos que componen una sociedad y su la política del reconocimiento. México: FCE.
preferencia por políticas de “*acción afirma­ — (1994): La ética de la autenticidad. Barcelona:
tiva” y de “^discriminación positiva” a favor Paidós
de unos grupos y en detrim ento de otros. TÓ N NIES, Ferdinand (1979 [1987]): Comunidad
Contra este concepto de lo comunitario, el au- y asociación: el comunismo y el socialismo como
toproclamado “comunitarismo sensible” abo formas de vida social. Barcelona: Península.
ga por una noción múltiple y *heterogénea de WALZER, Michael (1993): “Comentario”, en Char­
los espacios comunales que reivindica; según les Taylor (ed.), E l multiculturalismo y la política
Etzioni, las comunidades sólo serán incluyen­ del reconocimiento. México: FCE, 139-145.
tes si admiten afiliaciones que se solapan, per­
Gunther Dietz
tenencias diversas y afinidades múltiples.
A diferencia de esta delimitación explíci­
Véanse además Acciones afirmativas. Ciuda­
ta frente al multiculturalismo, Taylor (1993,
dano, CULTURA, DIFERENCIA Y D E S ­
1994), por su parte, busca la cercanía y com-
IGUALDAD, Diferencias sociales v dife­
plem entariedad de ambos enfoques políti­
rencias culturales, DISCRIMINACIÓN Y
cos, el com unitarista y el m ulticulturalista.
EXCLUSION S( )CI AL, Discriminación po­
Es en el campo del reconocimiento político,
sitiva, ESPACIO-TIEMPO, IDENTIDAD,
oficial, de las ^minorías étnicas, #culturales
Espacios locales, ESTADO-NACION, Etni-
y/o religiosas donde, según este autor, se da
cidad, FRONTERA, Global v local, Lugar y
dicha confluencia: sólo a través de la delimi­
no lugar. MINORIAS, Modernización,
tación nítida entre comunidades será posible
MOVILIDAD, MUI TICIUI T U RALIS-
reconocer, proteger y fortalecer —“empode-
MO, Plurinacionalidad, Racismo y neorracis-
ra r”—m inorías ^marginadas y discrim ina­
mo, TERRITORIOS.
das m ediante la codificación de derechos
colectivos compartidos y disfrutados colecti­
vamente por la minoría en cuestión. En este
sentido, el “multiculturalismo de la diferen­
Consumo cultural
cia”, que insiste en la necesidad de empode- El consumo cultural es en la actualidad un
rar comunidades para prevenir y revertir las tema clave para comprender las relaciones
discrim inaciones históricas ejercidas por la que entablamos en este mundo #globalizado.
sociedad m ayoritaria, se convierte en una El contacto y el intercambio entre las *cultu-
de las vertientes del pensamiento com uni­ ras han sido parte de la historia de la humani­
tarista. dad, pero, a partir del momento en que las
sucesivas revoluciones industriales dotaron a
los países *desarrollados de máquinas para
Bibliografia fabricar productos culturales y de medios de
difusión de gran potencia, apareció una situa­
ETZIA N I, Amitai (1996): The golden Rule: com­ ción completamente novedosa que les permi­
munity and morality in a democratic society. tió divulgarlos masivamente. Los bienes y
New York: Basic Books. mensajes que circulan ahora por todo el pla­
— (2003): “Communitarianism”, en Karen neta intensifican los encuentros y las cone­
Christensen y David Levinson (eds.), Encyclo­ xiones. Es justamente la crítica a la forma
pedia o f Community: from the village to the vir­ profundamente #desigual en la que este pro­
tual world. London: SAGE, 1,224-228. ceso se está dando la que ha catapultado al
39 Consumo cultural

consumo cultural al centro de las discusiones en mercancías, que los ponen en escena para
sobre la mundialización de la cultura. A las diversos públicos, generando un mercado, y
barreras económicas y educativas de *d i- que transforman las prácticas culturales en
ferentes sectores sociales para acceder a las espectáculo —si bien el inicio emblemático de
ofertas culturales, se suman ahora otros las industrias culturales es el invento de los ti­
obstáculos, estructurados por los Aflujos disí­ pos móviles por Gutenberg en el s. XV, se
miles de la globalización: la desigual expan­ trata en realidad de un fenómeno característi­
sión económica y *com unicacional de las co de la industrialización según empezó
industrias culturales no beneficia equitativa­ a desarrollarse a partir del siglo XVIII—. Se
mente a todos los países ni a todas las regio­ incluyen así tanto a las industrias culturales
nes, por lo que la producción cultural de la clásicas -cin e, libros, revistas y folletines, tele­
mayoría de las naciones difícilmente tiene ac­ visión, música, fotografía, publicidad—como
ceso a los canales, vitrinas, repisas, escenarios a todas aquellas que, de una u otra manera, se
o pantallas locales, regionales y globales. Por vinculan a la industria del entretenimiento y
lo anterior, el *ciudadano medio no cuenta del espectáculo -turism o, deporte empresa­
con una verdadera diversidad de bienes y ser­ rialmente organizado—. La categoría consu­
vicios culturales a su disposición para escoger, mo cultural también ha sido cuestionada por
consumir, disfrutar y crear. Basta como ejem ­ su génesis económica, que pareciera reducir
plo el caso de la exhibición cinematográfica a el papel del sujeto-consumidor al de cliente o
nivel mundial: de los más de 4.300 largo- comprador en el mercado —ya sea de bienes
m etrajes que se producen anualmente, un o servicios culturales—, por la pasividad que
p orcen taje m ínim o llega a las pantallas, sugiere así como por su restringida visión co­
com pitiendo desventajosamente con las mo simple deglución de lo que es en realidad
cintas norteam ericanas que, apoyadas por una práctica productora de sentidos. Recibe el
m illonarias campañas de publicidad y un mismo cuestionamiento el concepto recep­
deform ado mercado de la distribución, le ción —igual que la denominación del sujeto
arrebatan las preferencias de los auditorios que se relaciona con las ofertas culturales co­
incluso en los países con cinematografías de mo consumidor, receptor, espectador o au­
larga tradición. diencia—y se han propuesto como alternativas
L a comprensión plena del encuentro de términos que buscan reconocer la dimensión
los públicos con las ofertas culturales de los activa de la práctica: apropiación, negocia­
medios de comunicación y de espacios locali­ ción, interacción o pacto. El término consu­
zados, como los museos, íos teatros, los salo­ midor cultural, al igual que el de industria
nes de baile, los cines, las bibliotecas, el arte cultural, fue acuñado por Max Horkheimer y
público, sigue planteando para las ciencias so­ Theodor Adorno en 1947, ambos pertene­
ciales un reto teórico y metodológico. Para cientes a la Escuela de Frankfurt, preocupada
empezar, la definición misma del concepto por el papel de las industrias culturales como
consumo cultural es problemática. Desde una atrofiadoras de la imaginación y por el empo­
perspectiva antropológica todo consumo es brecimiento que suponían en relación con el
un proceso productor de sentido y de simboli­ arte no masivo, porque se dirigían a un mer­
zaciones, independientemente de que a la vez cado pasivo de consumidores, al que no se
cumpla funciones prácticas -ta l como lo ha ofrecía nada más que imitación y estandari­
mostrado Roland Barthes con el concepto de zación. En Am érica Latina la discusión se
función-signo—, y esto nos ubica en un univer­ desarrolló con un fuerte acento político de de­
so ilimitado de objetos de estudio. Para evitar nuncia del imperialismo cultural, con estu­
el colapso de la especialidad puede acotarse la dios —como el de Armand M attelart— que
noción sólo al consumo de aquellos bienes u generalmente deducían del análisis de la es­
objetos que han sido producidos específica­ tructura y lógica de los medios, lo mismo que
mente para significar o en los que prevalece la sus mensajes, el impacto que tenían en las au­
función simbólica sobre los valores de uso y diencias. Desde los años setenta, se dio una in­
de cambio, o donde al menos estos últimos se tensa reacción a lo que fue una amplia
configuran subordinados a aquélla (G arcía tradición de investigaciones sobre los efectos
Canclini, 1993). Otra alternativa es conside­ de los mensajes de los medios sobre sus au­
rar al consumo cultural como aquel que se diencias y surgieron las investigaciones sobre
produce a partir del momento en que surgen los usos de los mensajes por parte del público,
industrias, instituciones o agentes sociales que cuestionaban la visión del espectador co­
que transforman la cultura en productos y/o mo ente pasivo o simple receptor. Si bien fue
Consumo cultural 40

crucial para la investigación el reconocimien­ de los públicos con una perspectiva m ultidi­
to del carácter activo del acto de consumo, se mensional, e interesarse por los cambios de
dieron extremos en esta reacción que tendie­ largo plazo ocurridos en la estructura de la
ron a ofrecer una versión romántica del rol personalidad social y en la naturaleza del goce.
del receptor, concentrándose en el estudio de También demanda un acercamiento m ul-
las llamadas resistencias de sectores, grupos o tidisciplinario el hecho de que el encuentro de
individuos, y en los procesos de apropiación, los públicos con las ofertas culturales está re­
resignificación y resemantización. Con una gulado por racionalidades diversas —econó­
lectura excesivamente optimista o incluso micas, políticas, psicosociales, simbólicas—, ín­
simplificadora de Michel de Certeau, la valo­ timamente vinculadas a la amplia gama de
ración de la resistencia de las audiencias como prácticas que engloba. Al consumir nos rela­
actividad central se volverá hegemónica en la cionamos directamente con una oferta bus­
descendencia norteamericana de los estudios cando entretenim iento, in fo rm a c ió n , una
culturales, especialmente en torno a figuras experiencia estética, etc., pero al mismo tiem ­
como Lawrence Grossberg y John Fiske. po satisfacemos otras necesidades —de i d e n ­
Stuart Hall y David Morley, del Centro de tificación grupal, regional, nacional o m ul­
Estudios Culturales Contemporáneos de la tinacional; sociabilidad; búsqueda de un
Universidad de Birm ingham , permitieron espacio propio; independencia; ritualidad;
reposicionar nuevamente la reflexión, mos­ distinción; apropiación del espacio público;
trando que, aunque el contenido de los me­ participación política; inclusión social, etc.—;
dios es polisémico, es decir, está abierto a la las cuales, pese a no ser siempre conscientes,
interpretación, dicha polisemia no significa pueden llegar a alcanzar mayor relevancia
que no obedezca a una estructura. Los públi­ que la relación con la oferta cultural espe­
cos no ven en un texto sólo lo que quieren ver cífica. El reconocimiento de la com pleja
en él. y ello en la medida en que no se trata de trama de actividades que engloba la práctica
una ventana abierta al mundo sino de una del consumo cultural ha llevado a determina­
construcción. Los mecanismos significantes dos investigadores, como Néstor García Can-
que pone en juego promueven ciertas signifi­ clini y Jesús M artín-Barbero, a trascender el
caciones y suprimen otras, ya que todo men­ análisis de la dimensión comunicativa y/o es­
saje conlleva elementos directivos respecto de tética, y a ubicar la práctica del consumo en su
la clausura del sentido, imponiendo las signi­ contexto sociocultural, para entender no sólo
ficaciones preferenciales de las cuales ha habla­ la recepción de un producto particular, sino el
do Hall. Además, según ha señalado Morley, conjunto de procesos que atraviesan y condi­
el consumo se realiza dentro de estructuras de cionan la recepción. Además de las propias
poder determinadas, lo que permite acotar el características identitarias del sujeto receptor,
posible margen de actividad del receptor. Es­ el consumo está mediado por una amplia
ta es una de las ricas vetas abordadas por éste gama de variables, factores, instituciones, si­
y otros autores en En busca del público, compi­ tuaciones y disposiciones, tanto de índole
lado por Daniel Dayan (1997). individual como social. Estas reflexiones han
Otra limitante para el entendimiento del conducido a la crítica de la visión reduccionis­
fenómeno radica en la dificultad de delimitar ta del proceso de la comunicación: no es sólo
el inicio y término de la experiencia de consu­ un asunto de emisión/recepción, sino que lo
mo: el contacto con una oferta cultural nunca *m ediático se rearticula con procesos mayo­
es inaugural, es precedido e influido por el res de producción de sentido.
acercamiento a otros discursos y otras ofertas, Junto con el abandono del concepto tradi­
continúa y se transforma al paso del tiempo. cional de audiencia, compuesta por una masa
La intertextualidad de la experiencia nos ubi­ de individuos pasivos, se desistió de la supues­
ca ante consumidores múltiples, cuya com ­ ta homogeneidad de su reacción. Hay públi­
prensión requiere la convergencia de diversas cos de la cultura, en plural: las d ife re n cia s
disciplinas -antropología, comunicación, so­ sociales, de género, etarias y regionales son
ciología, historia, semiótica, estética de la re­ patentes no sólo en el acceso a determinados
cepción, estadística, psicología social, etc.—, equipamientos u ofertas culturales, sino tam­
un enfoque transversal de las prácticas de lec­ bién en los usos que se realizan de ellos. Con
tura de los objetos culturales y el estudio de frecuencia se piensa que las ofertas cultura­
sus posibles articulaciones (Piccini, Mantecón les atraen de manera natural. Sin em bar­
y Schm ilchuk, 2004), según lo emprendiera go, aquellos que logran llegar a los espacios
Norbert Elias al estudiar los comportamientos culturales situados —librerías, bibliotecas,
41 Consumo cultural

museos, teatros, salas de concierto, etc.— y la vereda de enfrente, sea porque el mercado
constituirse en públicos, son los vencedores de laboral demanda aún más formación, sea por
una larga carrera de obstáculos: han recorrido falta de acceso a redes de promoción (Hopen-
la distancia geográfica que separa estos luga­ hayn, 2005: 9).
res, alejados del ámbito cotidiano de las m a­ Las posibilidades de que ciertos públicos
yorías; pagaron su traslado y el precio del se acerquen a determinadas ofertas cultura­
boleto, en los casos en que no podían gozar de les se ven favorecidas o limitadas por las pro­
alguna exención, y dejaron el abrigo de sus pias comunidades a las cuales pertenecen. Las
hogares, venciendo la poderosa atracción que actividades de consumo cultural no se dan de
ejerce la oferta mediática. Lo pudieron hacer manera aislada: encuentran o dejan de encon­
porque adquirieron, en su familia y/o en la es­ trar su lugar dentro de una constelación de
cuela, determinados hábitos de estructura­ otras prácticas y actividades que les dan senti­
ción del tiempo libre y, lo más importante, un do (Petit, 1999: 108). Si reconocemos que el
capital cultural concreto, un conjunto de dis­ consumo no es algo “privado, atomizado y
posiciones estéticas y habilidades que les per­ pasivo”, sino “eminentemente social, correla­
miten identificar, evaluar y disfrutar ciertas tivo y activo”, no un “artefacto de los capri­
prácticas y productos culturales. Una vez que chos o necesidades individuales”, sino “un
traspasan el umbral de los recintos culturales, impulso socialmente regulado y generado”
es posible que los que no forman parte del pú­ (Appadurai, 1991: 48-49), entenderemos el
blico implícito deban enfrentar barreras en desinterés de ciertos sectores por determina­
los dispositivos de comunicación e inform a­ das ofertas culturales; éste no se debe sólo al
ción, incluso en el trato que les brinda el per­ débil capital simbólico con que cuentan para
sonal de custodia. Este público implícito en apreciarlas, sino también a la fidelidad a los
cualquier oferta cultural convoca a los elegi­ grupos en los que se insertan. Son sus contex­
dos, esto es, crea sus propias audiencias a par­ tos familiares, de barrio y de trabajo los que
tir de una oferta de comunicación que busca controlan la homogeneidad y las desviaciones
su recepción ideal. W olfgang Iser lo llamó (García Canclini, 1993). Los usos o apropia­
lector implícito, y Umberto Eco, lector m odelo. ciones que hagan los diversos públicos de las
La oferta mediática no tiene muchos de los ofertas culturales dependen de las condicio­
inconvenientes de la situada y logra llegar, en nes y posibilidades con que cuentan para
el caso de la televisión y la radio, a ia mayor aprovechar las potencialidades de una oferta,
parte de los hogares. Las diferencias en el y están atravesados por diferencias culturales,
equipamiento doméstico se dan en términos sociales, etarias, de género, etc. El recono­
de calidad y variedad: televisión abierta o de cimiento de las dinámicas de inclusión y
pago, aparatos de dvd, tipos de ordenadores ^exclusión que atraviesan los consumos cul­
y de acceso a Internet. La dem ocratización turales nos lleva a otro tema clave, la relación
del acceso a los medios, sin embargo, presenta de dichas prácticas con la desigualdad social y
paradojas. De acuerdo con la investigación de con otros procesos de diferenciación. Los aná­
la C EPA L, Organización Iberoamericana de lisis tradicionales acerca de los modos de do­
Juventud, una tensión que afecta a todos los minación y resistencia de las clases sociales
grupos de edad, pero con mayor intensidad a ven al consumo exclusivamente como el lugar
los jóvenes de Iberoam érica, es la creciente de reproducción de la fuerza de trabajo y ex­
desproporción entre consumo cultural y m a­ pansión del capital. Por el contrario, Pierre
terial. Es cierto que el acceso a símbolos, m en­ Bourdieu mostró magistralmente cómo se
sajes, imágenes, información y conocimiento construyen las diferencias de clase también a
ha aumentado de manera exponencial para partir de las dinámicas de distinción que se
los jóvenes en las últimas décadas, sobre todo generan con la constitución del gusto y de los
por el crecimiento del consumo audiovisual y estilos de vida en diversos sectores sociales.
la conexión a redes virtuales. Pero esta ten­ Igualmente influyente fue la obra de Mary
dencia no tiene una contraparte proporcional Douglas y Barón Isherwood que, al plantear
en el acceso a los bienes materiales, dado que que las mercancías “sirven para pensar”, ayu­
el desempleo juvenil aumentó durante la dé­ dó a entender al consumo como un espacio de
cada de los noventa y los ingresos de los comunicación, relación y clasificación social.
jóvenes ocupados se mantuvieron muy por El consumo cultural se presenta entonces
debajo del ingreso medio de los adultos. De como un lugar clave para sustentar la necesi­
esta manera, gran parte de los jóvenes ven pa­ dad de la intervención pública frente a las in­
sar las oportunidades de movilidad social por suficiencias e inequidades del mercado. Los
Consumo cultural 42

públicos no nacen como tales, sino que son tituyen elementos fundamentales de form a­
constantemente formados y transformados ción de la sensibilidad, la expresividad, la
por la familia, la escuela, los medios, las ofer­ convivencia y la construcción de una C iu d a­
tas culturales comerciales y no comerciales, danía plena.
entre otros agentes, que influyen —con dife­
rentes capacidades y recursos—en las maneras
en que se acercan o se alejan de las experien­ Bibliografía
cias de consumo cultural. De modo creciente,
niños y jóvenes de todo el mundo se forman APPADURAI, Arjun (ed.) (1991): La vida social
como públicos fundamentalmente por Inter­ de las cosas. Perspectiva cultural de las mercan­
net, la televisión y la radio comerciales, así co­ cías. México: Grijalbo/Consejo Nacional para
mo en la frecuentación de centros comerciales la Cultura y las Artes.
y en la adquisición de productos piratas. Lo BOURDIEU, Pierre (2002): La distinción. Criterios
podemos corroborar en las encuestas realiza­ y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus.
das a escala nacional o en diferentes ciudades DAYAN, Daniel (comp.) (1997): En busca del p ú ­
de Estados Unidos, Canadá, Colombia, A r­ blico. Barcelona: Gedisa.
gentina, Chile, Uruguay, México, Brasil o ELIAS, Norbert (1992): Deporte y ocio en el proce­
Francia, o en las estadísticas españolas de la so de la civilización. México: Fondo de Cultura
Sociedad General de Autores y las portugue­ Económica.
sas del Observatorio das Actividades Cultu­ GARCÍA CANCLINI, Néstor (coord.) (1993): E l
ráis, entre otras fuentes. En este contexto, “la consumo cultural en México. México: Consejo
asimetría de mercados y la abstención de los Nacional para la Cultura y las Artes.
^Estados respecto a las industrias culturales HOPENHAYN, Martín (2005): “Tensiones y pa­
ha sido una doble alianza formadora de gus­ radojas en América Latina”. TodaVía, 10: 4-9.
to”, según ha señalado Jesús Martín Barbero, MARTÍN BARBERO, Jesús (2004): Políticas de
para quien “las políticas públicas continúan interculturalidad. Conferencia sin editar pre­
mayoritariamente siendo cómplices del em­ sentada en el Seminario sobre Comunicación y
pobrecimiento de la producción endógena y Diversidad. Barcelona: Forum Mundial de
de la desigual segmentación de los consumos Barcelona.
culturales” (Martín Barbero, 2004). Los pode­ PETIT, Michele (1999): Nuevos acercamientos a los
res públicos se tornan actores insustituibles jóvenes y a la lectura. México: Fondo de Cultu­
para estimular, apoyar y reforzar la distribu­ ra Económica.
ción de bienes y servicios culturales en cada PICCINI, Mabel; M AN TECÓ N , Ana Rosa;
nación y entre los países de las regiones, ase­ SCHM ILCHUK, Graciela (coords.) (2000):
gurándose de que los ciudadanos de cada Recepción artística y consumo cultural. México:
territorio tengan acceso a una verdadera di­ Juan Pablos/CENIDIAP/Consejo Nacional
versidad de ofertas y estimulando la forma­ para la Cultura y las Artes INBA.
ción de los actuales y futuros ciudadanos. SUNKEL, Guillermo (coord.) (2006): E l consumo
Asumir esta responsabilidad implica desarro­ cultural en América Latina. Bogotá: Convenio
llar políticas que impulsen en los públicos un Andrés Bello.
alfabetismo integral múltiple: formación de
Ana Rosas Mantecón
ciudadanos capacitados para la lectura, la es­
cucha, la escritura y el dominio de la visuali­
dad. Es visible la recuperación de varias de las Véanse además ALTERIDAD, CIUDA­
dimensiones políticas del consumo cultural DANÍA, Ciudadano, COMUNICACIÓN,
con su actual vinculación al tema de la ciuda­ CULTURA, DESARROLLO, D IFE R E N ­
danía cultural y la ampliación de la noción de CIA Y DESIGUALDAD, Diferencias natu­
derechos culturales, conforme lo planteara la rales v diferencias sociales. Diferencias socia­
Agenda 21 de la Cultura, impulsada en Bar­ les v diferencias culturales, DISCRIMINA­
celona por más de 300 gobiernos locales en el CIÓN Y EXCLU SIÓ N SOCIAL, Elites
2004 (www.agenda21cultura.net/agenda21/ cosmopolitas. Estera mediática, ESTADO-
castellano/default.htm). Desde esta perspecti­ NACIÓN, G LOBAEIZA(TÓN, ID E N T I­
va, el acceso al universo cultural y simbólico DAD, 1n <o r rnac ió n, M O V71L11) A D , N U E -
en todos los momentos de la vida y la partici­ V O S M O \TI MI E N T O S S O GIA L E S,
pación cultural —estimulados por las políticas PATRIMONIO, SABER Y SABERES, So­
de generación y ampliación de públicos y, de ciedad de la información v del conocimiento,
manera muy desigual, por el mercado—cons­ TRABAJO.
43 Contracultura

Contracultura empeñan empleos ocasionales humildes.


Dan más im portancia a las relaciones per­
El concepto de contracultura fue acuñado sonales que a las obligaciones sociales, y
para dar cuenta del conjunto de valores y for­ consideran la sexualidad más como un ins­
mas de vida alternativos propuestos en los trumento polimórfico de la com m unitas in­
años sesenta por grupos juveniles, que cues­ mediata que como el fundam ento de un
tionaban así los convencionalismos culturales vínculo social, permanente y estructurado”
de las mayorías. Afectaban, entre otras cosas, (Turner, 1988: 119).
a la organización económica de la sociedad, a Este tipo de comunidades antiestructurales
las relaciones sexuales, a las manifestaciones ha sido frecuente a lo largo de la historia. Muy
estéticas, al uso de estupefacientes y, en gene­ posiblemente muchos aspectos de las trans­
ral, a todas aquellas conductas que, de una u formaciones sociales son derivados de movi­
otra forma, rechazaban los fundamentos de la mientos de esta naturaleza. En Occidente
sociedad capitalista. Esta limitación temporal pueden considerarse contraculturales una
del concepto es, sin embargo, circunstancial. buena parte de los movimientos políticos y re­
Más allá de los movimientos de los años se­ ligiosos formados en situaciones de domina­
senta, todavía relativamente próximos como ción política o de revitalización religiosa. La
para que sigan formando parte del imagina­ paradoja de todos ellos es que su continuidad
rio social, los cuestionamientos de las formas y crecim iento es incompatible con la condi­
de vida mayoritarias por ^minorías insatisfe­ ción antiestructural de sus orígenes, y tarde o
chas y combativas han sido una constante a lo temprano acaban organizándose estructural­
largo de la historia de la humanidad. Es, pues, mente para subsistir.
necesario trascender las circunstancias origi­ La contracultura debe entenderse, pues,
narias del concepto de contracultura y anali­ como un proceso inherente a cualquier orga­
zar sistemáticamente las constantes de este nización social y por ello hay que ser preca­
tipo de movimientos, y su sentido. En cual­ vido al analizar estos movimientos como
quier organización social coexisten los inte­ plasmaciones intelectualistas derivadas de
reses individuales y los convencionalismos unas filosofías determinadas. Es frecuente
sociales, es decir, la posibilidad del conflicto es referirse a la trascendencia de algunos auto­
una constante de la vida social. Hay conflictos res de tradición marxista, como Gramsci, o a
individuales que se dirimen directamente en la escuela de Frankfurt, en general, para ex­
el ámbito de las relaciones personales, y otros plicar los movimientos contraculturales de
que tienen que ver con el conjunto de prác­ los años sesenta. Sin duda alguna, el marxis­
ticas estructurales que organizan la convi­ mo y sus reformulaciones internas, la teoría
vencia. Los conflictos contraculturales son crítica de la sociedad, y también las aporta­
siempre de tipo estructural. Como la estruc­ ciones de Freud sobre la cultura, son pilares
tura es colectivizante, los conflictos contra­ importantes del pensamiento del s. XX. Pero,
culturales suelen serlo también, es decir, se sin duda también, estas teorías nunca se hu­
plantean como soluciones colectivas a proble­ biesen formulado sin la constatación em píri­
mas colectivos. Aunque puede haber per­ ca de las prácticas sociales sobre las que
sonajes carismáticos que los impulsan, los reflexionan.
movimientos contraculturales tienen todas
las características que atribuye Turner a la
com m unitas, concepto tomado de la vieja dis­ Bibliografía
tinción de Tonnies entre sociedad -G e s e ll-
schaft— y comunidad —G em einschaft—. La FEIX A , Carlos; COSRA, Carmen; PALLARÉS,
sociedad es estructural, la comunidad anties­ Joan (2002): Movimientos juveniles en la Penín­
tructural. Y éste es el paradigma en el que se sula Ibérica: graffitis, grifólas, ocupas. Barcelo­
generan a lo largo de la historia este tipo de na: Ariel.
movimientos. No en vano en su libro E l p r o ­ GRAMSCI, Antonio (1977): Cultura y literatura.
ceso R itu al, Turner ejemplifica el concepto de Barcelona: Península.
com m unitas aludiendo a la alternativa hippy HAROUEL, Jean Louis (1994): Culture et contre-
de los años sesenta: “se ^marginan del orden culture. París: PUF.
social basado en <c\status y hacen suyos los *es- MARCUSE, Herbert (2001): E l hombre unidimen­
tigmas de los inferiores, se visten cual si sional. Barcelona: Ariel.
fuesen vagabundos, son itinerantes en sus ROSZAK, Theodore (1984): E l nacimiento de una
hábitos, folk en sus gustos musicales y des­ contracultura. Barcelona: Cairos.
Criollización 44

TU R N ER , Víctor (1988): E l proceso ritual. Ma­ colonias de las Américas y del Caribe, a ex­
drid: Taurus. cepción de Brasil, donde la palabra criou lo
siempre tuvo un sentido ligado exclusiva­
José Luis García García
mente a la condición racial de los no blancos.
Crioulo es un eufemismo -con carácter peyo­
Véanse además DISCRIMINACION Y
rativo—de negro y no ha sido resignificado
EXCLUSIÓ N SOCIAL. ESTIGMA, M I­
políticamente como símbolo de afirmación de
NORÍAS.
una ^identidad negra. Por este motivo, no
puede decirse que exista una ideología del
“criollism o” en Brasil como ocurrió en la
Criollización América hispánica y que tan importante re­
sulta en el mundo caribeño.
La primera fuente de referencia del tér­ Además de definir la lengua, el término
mino criollo en español, crioulo en portugués, de criollo explica también una tradición culi­
créole en francés y creóle en inglés, viene de la naria regional, como la comida criolla —o créo­
lingüística. El concepto de lengua criolla ad­ le fo o d , en el Caribe de lengua inglesa—. Es
quirió inicialmente la noción peyorativa de más, puede referirse asimismo a todo un esti­
una lengua vernácula, hablada sólo en las No- lo de vida y de *tradiciones culturales, como
lomas y construida por medio de una #combi- el cajún de Luisiana, que es al mismo tiempo
nación supuestamente aleatoria y precaria de comida, música, dialecto y manera de vestir.
elementos gramaticales y léxicos extraídos Así están implícitas dos ideas importantes en
de las lenguas europeas —francés, inglés, ho­ el concepto de comida -y *cultura—criolla: la
landés, español y portugués—y de las lenguas noción de mezcla y de carácter #local. Esta
africanas que hablaban los ^esclavos proce­ condensación de la mezcla y de lo local con­
dentes de dicho continente —en algunos casos, vierte al concepto de lo criollo en una cuestión
la combinación se daba también entre lenguas emblemática del momento actual, marcado
europeas y lenguas indígenas—. Hasta hace por el debate de la *interculturalidad.
poco, las lenguas criollas en las Américas no En paralelo con su importancia como dia­
se consideraban idiomas con el mismo *esta- crítico lingüístico para diferenciar europeos
tus lingüístico que los idiomas europeos. Para hegemónicos y no europeos subalternizados,
el poder académico hegemónico, serían sólo los términos de criollo en español y crioulo en
“dialectos” o hablas criollas, es decir, formas portugués surgieron ya en el primer siglo de
secundarias e incluso provisionales de expre­ la colonización de las Américas para designar
sión lingüística. En este sentido disminuido a los colonos blancos nacidos en el Nuevo
del término se crearon lenguas criollas en la Mundo. Con este término se marcaba una
mayoría de las islas del Caribe y esta misma ^diferencia de estatus y de referencia históri­
designación se transfirió a sus equivalentes en ca que distinguía a los nativos —blancos y no
diversas partes del mundo, aunque ello suce­ blancos—de los blancos nacidos en Europa y
dió siempre fuera del espacio propiamente radicados en las colonias. En este sentido se
europeo. Una de las más famosas hablas crio­ dice que el fenómeno de formación de las po­
llas, la haitiana, ha alcanzado recientemente blaciones locales en el Nuevo Mundo fue un
el estatus de lengua nacional. Al habla criolla proceso de criollización del espacio colonial,
de las islas holandesas —Aruba, Curagao y D o­ que implicó un proyecto de afirm ación de
naire—se le llama papiamento. En diversas islas una versión local de la sociedad y de la cultu­
francófonas y en la Guayana francesa, al créo­ ra occidental. La trayectoria del término re­
le local se le llamapatois. También muchas is­ fleja la historia de las diversas posiciones de
las del Caribe de lengua inglesa han desa­ proximidad y distanciamiento entre Europa y
rrollado créoles propios. las Américas. La experiencia de vida en las
La connotación lingüística de este térm i­ colonias se veía desde la #metrópoli como
no ha contribuido de manera muy importan­ destierro, exilio, caída; en suma, como un dis­
te a apartarlo de su otra acepción, más tanciamiento de la fuente plena de significa­
biologizante, de mezcla racial, como si el crio­ do, prestigio y “civilización”. Por otra parte,
llo fuese el tipo racial legítimo de la colonia, la condición de criollo significaba un embru­
resultado del cruce de los europeos —blancos— tecimiento, una aproximación a los salvajes o
con los negros y los indígenas. La acepción de nativos de las islas o de tierra firme.
criollo como ^mestizo racial entró en declive Esta connotación peyorativa de la voz
ya durante el periodo colonial en casi todas las criollo sigue vigente hoy en día y funciona co­
45 Criollización

mo una estructura de relación no sólo política da mucho la noción de *transculturación for­


o social, sino también simbólica y cultural en­ mulada tres décadas antes por el cubano F er­
tre la metrópoli y la periferia. Al alejamiento nando Ortiz. También se asemeja al concepto
del centro se le han atribuido efectos de "^dis­ de hibridación definido, entre otros, por Nés­
minución, carencia, simplificación, rudeza y tor García Canclini.
falta de cultura. El criollismo como ideología La exaltación del mundo caribeño como
apuntó, en primer lugar, a la idea de una ver­ el universo de la cultura criolla, de la criolli-
sión local o copia posible, existente sólo en la dad o de la créolité ha generado una rica tradi­
colonia, de la forma m etropolitana de vida. ción artística y literaria en el archipiélago
Por consiguiente, la genealogía inicial, antillano, muy especialmente en las islas de
desde el punto de vista de la descolonización, colonización francesa, donde la teorización
del término criollización o criollismo evoca el de la condición de créolité consiguió gran pro­
significado atribuido a lo largo de los siglos al yección internacional. Entre los teóricos fran­
encuentro colonial, #violento y conflictivo, cófonos se destaca el martiniqueño Edouard
entre los europeos, por una parte, y los indíge­ Glissant, que considera que la actitud genera­
nas y africanos esclavizados en el Nuevo Mun­ da por la créolité resulta positiva, inclusiva y
do, por otra. En la Am érica hispánica el abierta, definiéndola como una poética de la
término criollismo tuvo un sentido N aciona­ relación y no de la oposición.
lista, de afirmación de la elite local antiespa­ Para Glissant, la vida de relación se inspi­
ñola contra las *elites españolas o locales ra en la circulación constante que siempre ha
favorables al dominio español. Para enaltecer existido entre las islas caribeñas. Ello le lleva a
las sagas de las elites locales en su empresa de concebir las formas antillanas de pensar como
“civilizar” las tierras incultas de las Américas un “pensamiento archipiélago”, opuesto a las
con sus salvajes y esclavos se desarrolló una ideas de los colonizadores europeos, acostum­
tradición literaria y de artes plásticas de esté­ brados a cerrar y delim itar territorios con
tica criollista. En esta afirmación de lo local, pretensión de control y dominación. Esta teo­
desde la perspectiva de la elite, el criollismo ría de la créolité pretende afirmarse como una
siguió marcando una ^separación en relación alternativa cultural y política frente a la pode­
a las expresiones culturales y a los modos de rosa propuesta de la negritud, desarrollada
vida propios de los indígenas y de los negros. desde los años treinta del siglo pasado por
Se trataba de desarrollar una versión criolla grandes intelectuales caribeños y africanos,
de la cultura occidental y no de afirm ar las tales como los también martiniqueños Aimé
culturas no occidentales. La estética criollista Césaire y Frantz Fanón y el senegalés Leo-
consistía en incorporar elementos culturales pold Cédar Senghor. La negritud, movimien­
de los pueblos oprimidos —negros e indíge­ to que tanto ha contribuido a las luchas
nas— sin romper con el canon y los valores, *antirracistas y anticoloniales en Africa y en
considerados indiscutiblemente superiores, todas las regiones de la #Diáspora afroameri­
de los países europeos colonizadores. Esta cana, es rechazada por Glissant al considerar­
acepción de criollismo en las artes abrió lenta­ la cerrada, *excluyente, polarizadora y,
mente el cam ino para una afirm ación des­ llevada al extremo, endurecedora de posicio­
colonizadora, bastante más compleja y so­ nes raciales, políticas y culturales.
fisticada, del proceso de criollización en las Teniendo en cuenta la larga historia de
Américas. minusvaloración del término de criollo, recu­
Sin embargo, donde se ha exaltado y teori­ perarlo como un atributo positivo de los sub­
zado más la condición criolla ha sido en el alternos caribeños ha resultado una estrategia
Caribe. Para el poeta jam aicano Edward eficaz de resistencia y autoafirmación, equi­
Brathwaite, el proceso de criollización permi­ valente a la recuperación positiva que los ne­
tió la generación de una manera de vivir y gros norteamericanos han hecho del término
sentir completamente nueva, propia del espa­ nigger. Si lo criollo se define como un tér­
cio caribeño. Su definición del térm ino lo mino negativo, su utilización simbólica por
aproxima al concepto sociocultural de "^hibri­ los no blancos representa sus procesos de au-
dación: “la ‘criollización’ es un proceso cultu­ toidentificación y funciona como un meca­
ral —material, psicológico y espiritual- basado nismo capaz de desarmar los prejuicios
en el estímulo y la respuesta de los individuos, introducidos en esa expresión racista.
en el interior de una sociedad, a su nuevo am­ Al tiempo que Brathw aite defiende el
biente y entre ellos mismos”. Esta concepción proceso de criollización como una manera di­
de criollización del poeta Brathwaite recuer­ ferente de definir la hibridación cultural, los
Criollización 46

teóricos antillanos francófonos apoyan la créo­ pacio vernáculo ‘nativo’ o indígena, marcado
lité como una identidad o forma característi­ por la fusión de elementos culturales extraí­
camente caribeña de estar en el mundo. Y, dos de todas las culturas originarias, resul­
desde este punto de vista, la definen diacríti­ tando una configuración en la que estos
camente como una condición de movimiento, elementos, aunque en ningún caso iguales, ya
fusión y cambio constantes. Según Glissant, no pueden desagregarse o reconducirse a sus
créolité es “esa capacidad de transformarse de formas originales, pues ya no existen en un es­
una manera continua sin perderse”. Paradóji­ tado ‘puro’ al haber sido ‘*traducidos’ perma­
camente, pese a que la condición de créolité se nentemente”.
define como algo estable, desde el momento En la aproximación de Hall hay que re­
en que se ejerce de modo constante y colecti­ saltar el carácter provisional, tenso y no pro­
vamente, lo que supuestamente la distingue gramado, de la convivencia, del acuerdo y de
de otras condiciones o maneras de estar en el la expresión de tipo simbólico implícitos en la
mundo es justamente su inestabilidad. Esta actitud del criollism o. En estos térm inos se
paradoja, aunque secundaria, parece síntoma puede encontrar un punto común entre las
del peligro, apuntado por Stuart Hall entre posiciones de Edward Brathwaite, Edouard
otros autores, de que la criollización como ac­ Glissant y Stuart Hall, y de este modo mante­
titud de apertura, absorción y entrega a la cir­ ner vivo el poder interpretativo e inspirador
culación se convierta en criollismo, ideología de la idea de criollización.
de distinción y singularidad tan problemática
como las ideologías/identidades que subyacen
tras el mestizaje y el hibridismo. Lo criollo en Bibliografía
su acepción de criollismo puede caer en la mis­
ma polarización y en el mismo maniqueísmo ALI, Suk (2003): Mixed-Race, Post-Race: Gender,
político y simbólico que precisamente se pro­ New Ethnicities and Cultural Practices. Oxford:
puso criticar: la sociedad criolla es más flexible Berg.
en la convivencia, la cultura criolla resulta más ALUND, A. (2003): «Ethnicity, social subordina­
híbrida y la identidad criolla se halla menos su­ tion and cultural resistence». Comparative So­
jeta a caracteres fijos. Obviamente, el reverso cial Research, 22: 245-261.
de esta plasticidad ejemplar se encuentra en la ASHCROFT, Bill; G R IFFITH S, Gareth; T I F ­
condición no criolla, que en este contexto sólo FIN, Helen (eds.) (1998): Key Concepts in Post-
puede ser la europea: rígida, inflexible y cerra­ Colonial Studies. London: Routledge.
da social, política y culturalmente. ASSUN^AO, M. R. (2005): «Brazilian popular
Una de las novedades de Glissant es intro­ culture or the curse and blessings of cultural
ducir la dimensión de la apertura como un as­ hybridism». Bulletin o f Latin American R e­
pecto más de la manera criolla de fundirse y search, 24,2: 157—66.
mezclarse. Por otra parte, tanto él como los AUDINET, Jacques (2005): The Human Face o f
demás teóricos de la créolité tienden a m ini­ Globalization: From Multiculturalism to Mesti­
m izar otras dimensiones, igualmente cons­ zaje. Lanham: Rowman & Littlefield. Transla­
titutivas del proceso de criollización: el ted by Chele Frances Dal.
conflicto y las disparidades de poder. No se BR A TH W A ITE, Edward Kamau (1971): The
puede ejercer una apertura constante en un Development o f Creole Society in Jamaica, 1770-
mundo desigual sin enfrentarse en algún mo­ 1820. Oxford: Oxford University Press.
mento a las disparidades de poder. Otro GLISSANT, Édouard (1990): Poétique de la Refla­
problema del criollismo o de lo criollo como tion. Paris: Gallimard.
ideología es eliminar, aunque sea inadverti­ — (2005): Introdugáo a urna Poética da Diversida-
damente, la dimensión del carácter local de la de. Juiz de Fora: Editora da Universidade de
expresión criolla, tratándola como una singu­ Juiz de Fora.
laridad que de alguna manera podría expor­ GRANDIS, Rita de; BERND, Zilá (eds.) (2000):
tarse o generalizarse. Unforseeable Americas: Questioning Cultural
Con el objetivo de ofrecer una alternativa Identity in the Americas. Amsterdam: Rodopi.
para la superación de las paradojas que pre­ H ALL, Stuart (2003): «Créolité and the Process of
senta esta concepción de lo criollo, Stuart Creolization», en Okwi Enwenzor, Caros Ba-
Hall propone entender el proceso de criolli­ sualdo, Ute Meta Bauer et al. (eds.), Créolité
zación como la generación de un “tercer and Creolization. Documenta 11. Platform 3.
espacio” -q u e es el mismo “entrelugar” New York: DAP/Distributed Art Publishers,
híbrido, teorizado por Hom i Baba—: “un es­ 27-41.
47 Cultura

JUNIOR, Benjamin Abdala (ed.) (2004): Margens la cultura se hace tradicional y popular, desta­
da Cultura. Sâo Paulo: Boitempo. cando entre sus características más deter­
YOUNG, Robert ( 1995): ColonialDesire. Hibridity in minantes su capacidad de conform ar el
Theory, Culture and Race. London: Routledge. Voll^sgeist, o espíritu del pueblo. La incipiente
Antropología del s. XIX, impulsada por otros
José Jorge de Carvalho
condicionantes académicos, mantiene bajo
paradigmas evolucionistas la equivalencia
Véanse además Aculturación, Centro-perife­
entre civilización y cultura. La cultura marca
ria, C O LO NIALISM O Y A N T ICO L O -
el camino recorrido por la humanidad para
NIA LIS M (), C U 1.TU R A, DES A R ROLLO,
llegar a la civilización. En este trayecto los
D IFE R E N C IA Y DESIG UALD AD , D i ­
productos culturales se hacen cada vez más
ferencias naturales y diferencias sociales,
perfectos y elaborados. A nivel temático
Diferencias sociales y diferencias culturales, Di­
Tylor, en una de las definiciones más citadas
ferencias sociolingüísticas v desigualdad,
desde el s. XIX, habla de cultura —o civiliza­
DISCRIMINACION Y EXCLUSIÓN SO­
ción—como de “un todo complejo que incluye
CIAL, E L IT E S , Esclavitud, Espacio local,
conocim iento, creencia, arte, moral, leyes,
E t n ic id ad, HIB R11) ACIÓ N, ID E N TI -
costumbres y cualquier otra aptitud y hábito
I )AI), INTLGRA( 'I ( )N, I ntere ul tu ral idad,
adquiridos por el hombre como miembro de
M est iz a j e, MIG R A CIO N L S, MIN O R í A S,
la sociedad” (Tylor, 1971: 19). La cultura hu­
Nacionalismo, PATRIMONIO, Racismo y
mana aparece aquí como un conjunto de
neorracismo, Segregación, Traducción, Trans-
fenómenos objetivos, susceptibles de ser
culturación, VIOLENCIA POLÍTICA.
utilizados por los sujetos sociales y de progre­
sar, aunque en este proceso siempre afloren
Cultura reminiscencias del pasado. La alternativa más
próxima a esta definición de los evolucionis­
El concepto académico de cultura, de por tas estuvo marcada por el intento, iniciado
sí confuso —como se puede constatar en la dis­ por Boas, de particularizar la cultura y poner­
cusión de la ingente cantidad de definiciones ía, según hicieron los románticos, en relación
recopiladas ya por Kroeber y Kluckhohn en con los grupos sociales ^diferenciados, enten­
1952-, ha incrementado su complejidad en la diendo el concepto en un sentido más acorde
medida en que ha pasado, de forma generali­ con lo que se estaba configurando como obje­
zada, del mundo académico al lenguaje coti­ to de estudio de la Antropología Social y Cul­
diano, asumiendo significados no menos tural: las diferencias culturales. En su artículo
complejos e irreductibles. Se habla de cultura sobre la voz «Anthropology » en la Encyclope-
como conjunto de características aprendidas, dia o f the Social Sciences, Boas escribe que “la
eruditas o tradicionales, de las personas y de cultura incluye todas las manifestaciones de
los colectivos; pero también como una forma los hábitos sociales de una comunidad; las re­
estructurada de comprender y ejecutar com­ acciones de los individuos en cuanto están
portamientos temáticamente ^diferenciados: afectadas por los hábitos del grupo en el que
éste es el sentido que tienen expresiones como viven, y los productos de las actividades hu­
cultura del deporte, cultura de la violencia, manas en la medida en que están determina­
cultura política, cultura del ahorro y del des­ das por esos hábitos” (1930: 74). Boas, sin
pilfarro.. . y cultura de casi todo lo que a uno embargo, a pesar de estas determinaciones de
se le pueda ocurrir. Su origen metafórico está los individuos dentro de sus grupos, era per­
en el fondo de la bifurcación del significado fectamente consciente del carácter flexible y
del concepto. Ya desde el s. XVIII cultura viene cambiante de las culturas humanas y de la im­
del verbo latino colere cuya significación se re­ portancia que tenían en todas ellas las aporta­
laciona con el cultivo de la tierra. Los produc­ ciones y préstamos culturales externos.
tos cultivados contrastan con los que se Con todo, la alternativa inicial en las defi­
originan de forma natural, adquieren el valor niciones antropológicas de la cultura, es decir,
añadido del trabajo humano, pertenecen a un la posibilidad de entenderla como correlato
espacio determinado y tienen dueño. Si ese de toda la humanidad o un referente de cada
dueño es la humanidad, el concepto de cultu­ uno de los grupos que la componen, no es el
ra, de acuerdo con la tradición ilustrada, se problema fundamental del concepto, pues es­
equipara con el de civilización; si por el con­ ta cuestión se puede resolver fácilmente alu­
trario, como proponían los románticos y más diendo, según hace Goodenough, al “punto
concretamente Herder, el dueño es el pueblo, de vista”: nada impide teóricamente hablar
Cultura 48

de la cultura como característica de los seres una generación a la siguiente por medio del
hum anos y de la C ultura de una sociedad lenguaje y de la imitación.
—con mayúscula—como “el sistema global Esta definición implica que los miembros
de culturas públicas m utuam ente ordena­ de una cultura comparten un mundo pecu­
das pertenecientes a todas las actividades liar, que les homogeneiza. Desde este punto
que se desarrollan dentro de la sociedad” de vista, la cultura es fundamentalmente nor­
(1975:238). mativa y su eficacia en la configuración de los
Resulta mucho más problemática la cues­ sujetos sociales es, como recalcaba Margaret
tión de la naturaleza de la cultura: dilucidar si Mead en la Introducción a su obra D esde los
estamos ante una realidad mental y subjetiva Mares del Sur, “muy, muy fuerte”. Esta forma
de carácter psicológico o si, por el contrario, es de entender las cosas enlaza directamente con
un fenómeno social que, siguiendo las exigen­ las concepciones mentalistas que se siguen
cias de las Reglas d el M étodo Sociológico de manteniendo hasta nuestros días. Goode-
D urkheim , puede ser tratada como si fuera nough argumenta que la dificultad para en­
una cosa, estructurada por sus propias leyes. tender la cultura proviene de no haber sido
En las orientaciones subjetivistas tuvieron un capaces de cargar con las consecuencias del
importante papel las pautas marcadas por los hecho de que la cultura es algo que se apren­
estudios lingüísticos de Sapir, quien dio las de, y de que lo que se aprende son fundamen­
pistas para que los discípulos de Boas —él era talmente percepciones, conceptos, recetas,
uno de ellos—llegasen a equiparar literalmen­ normas y habilidades para hacer cosas. Todo
te la cultura y sus efectos con el lenguaje. ello forma parte del propiospecto de los sujetos
Según Sapir, el lenguaje configura profunda­ humanos y, al margen de las relaciones exis­
mente a los que lo hablan y hablar distintos tentes entre los diferentes individuos que
lenguajes significa vivir en mundos diferen­ componen un grupo, los fenómenos aprendi­
tes. De hecho, los discípulos de Boas unieron dos deben distinguirse claramente de los ob­
rápidamente la problemática de la cultura jetos materiales derivados de la puesta en
con la psicología colectiva, y la llamada E s­ práctica de ese aprendizaje. Distingue, pues,
cuela de Cultura y Personalidad partía del su­ la cultura, como realidad mental, de los arte­
puesto de que la cultura era configuradora de factos culturales, que son manifestaciones ma­
formas de pensar y de conductas colectivas. teriales de lo que se aprende (1975: 190 y ss.).
Conceptos como los de pautas culturales, p er­ El punto de vista objetivista considera la
sonalidad modal, personalidad de base, carácter cultura como una propiedad de la sociedad,
nacional —que tienen reminiscencias del viejo más que de los individuos particulares. Inclu­
Volksgeist—son derivados de estas equipara­ so para muchos antropólogos, sobre todo bri­
ciones. Ruth Benedict (1989) desarrolló temá­ tánicos, el estudio de los fenómenos sociales
ticamente este paralelismo entre lenguaje y por sí mismo explica mejor las peculiaridades
cultura. Para ella la cultura era un todo pau­ de los grupos humanos que su abordaje desde
tado, es decir, codificado que, al igual que el el concepto más abstracto de cultura. El he­
lenguaje, se produce por selección de algunos cho de que en las distintas tradiciones acadé­
elementos del gran arco de formas posibles, micas se hable de Antropología Social o de
que se combinan primero y se integran des­ Antropología C ultural, para referirse a la
pués en conjuntos estructurados. Los mismos misma disciplina, es una consecuencia evi­
elementos formales se diferencian en sus fun­ dente de estas discrepancias en la consi­
ciones y significados según pertenezcan a uno deración de la cultura. Si en la tradición
u otro conjunto. Lo más probable es que los durkheimiana, precursora del punto de vista
seres humanos que tienen diferentes culturas sociológico que seguiría, por ejemplo, Rad-
no puedan entenderse, a no ser que ejecuten cliffe Brown, se pensaba que los fenómenos
un difícil ejercicio de ^traducción entre sus sociales, coactivos y transindividuales, debe­
respectivos mundos: *fronteras del significa­ rían ser susceptibles de estudio en términos
do, ^fronteras del comportamiento y fronte­ sociales, otro discípulo de Boas hizo en Amé­
ras en sus formas de ser. En este contexto, rica una propuesta paralela para el estudio de
según una definición prototípica dada por la cultura: los fenómenos culturales deben
Barnouw en su libro Cultura y Personalidad, la estudiarse en térm inos culturales. Esta for­
cultura es el sistema de vida de un grupo de mulación de Kroeber se concreta en la consi­
personas; la configuración de todas las nor­ deración de la cultura como una realidad
mas más o menos Estereotipadas de compor­ superorgánica, diferente de los hechos natu­
tamiento aprendido que son transmitidas de rales y de los orgánicos. Kroeber analiza fenó­
49 Cultura

menos históricos como las invenciones para­ de la cultura en la que los individuos que la
lelas o las oscilaciones pautadas de la moda protagonizan son en principio diferentes en­
para poner de manifiesto la fuerza coactiva y tre sí, pero por el hecho de vivir en proximi­
transindividual de la cultura. Leslie W hite dad, compartir un espacio físico, someterse a
coincide con Kroeber en el carácter superor- unas condiciones ecológicas similares y mo­
gánico —extrasomático, dice él—de la cultura verse en un mundo dotado de unos recursos
y, emulando a Comte, hace una jerarquiza- materiales bien delimitados, tanto en su con­
ción de las ciencias, en función de su comple­ sistencia como en la forma de acceder a ellos,
jidad, en la que la culturología ocupa el lugar tienen grandes probabilidades de mantener
superior. Siguiendo explícitamente a D ur- una cierta equivalencia en sus conductas y en
kheim, habla de esta ciencia como del estudio sus formas de pensar. Sin duda existen reglas
de la cultura en términos de cultura, es decir, y normas culturales, pero su función no es
de un proceso simbólico, continuo, acumula­ otra que organizar la diversidad de los sujetos
tivo y progresivo: “El lego ve gente que bebe sociales. La cultura, en términos de Wallace,
leche de vaca, evita las suegras, practica la po- es una organización de la diversidad.
liginia y la inhumación y forma los plurales No son pocas las consecuencias teóricas de
por el agregado de afijos. Nota que otro gru­ esta forma de entender la cultura. La cultura,
po aborrece la leche de vaca, se asocia libre­ al contrario de lo que postulaban los configu-
mente con las suegras, practica la monogamia racionistas, incluye alternativas conductuales
y la cremación y forma los plurales por repeti­ y formas de pensar diferentes. Desde esta
ción. La pregunta no es ahora ¿quién bebe la nueva perspectiva las viejas polémicas sobre
leche, la gente o la cultura? El culturólogo sa­ la naturaleza objetiva —superorgánica— o
be quién bebe la leche tan bien como sus opo­ mental de la cultura pierden mucho sentido.
nentes ‘realistas’. La pregunta es: ‘¿a qué se Resulta evidente que si la cultura sólo puede
debe que haya gente que aprecie la leche co­ ser predicada estadísticamente de los indivi­
mo una bebida agradable y nutritiva, en tanto duos de un grupo social, es porque tiene mu­
que a otra le despierta repugnancia?’ ” cho de opcional, y porque en sentido estricto
(1964:145). no crea ningún determinismo psicológico en
Lo que, sin embargo, mantienen tanto los los sujetos que la practican. Esta desmentali-
defensores de la perspectiva objetivista como zación de la cultura se puede documentar
los de la subjetivista es el carácter integrado bastante bien desde los estudios cognitivos y
de la cultura y su papel determinante en los por la forma en que desde ellos se explica la
comportamientos de los sujetos sociales. Con naturaleza de los modelos culturales. La na­
ello se entroniza el papel homogeneizante de turaleza cultural de los contenidos cognitivos,
la cultura y su naturaleza integrada. Desde es decir, de los esquemas cognitivos estructu­
cualquiera de las dos perspectivas se puede rados que sirven para organizar las experien­
hablar de la cultura como atributo exclusivo cias, carece de normatividad, y se activa, de
de un grupo social, y desde ahí sostener una forma conexionista y en versiones a veces di­
visión etnicista de ella, como generadora de ferentes en los mismos sujetos, cuando se dan
fronteras, marcadora de límites sociales y determinadas circunstancias en ciertos con­
diferenciadora, más o menos fuerte, de los textos. La idea de que tales esquemas están de
grupos humanos. forma permanente interiorizados, lejos de ser
La alternativa a este punto de vista la de­ una propuesta científica, responde a lo que
fiende bien W allace, representante de la Andrade llama modelo popular de la mente
última etapa de la Escuela de Cultura y Per­ (1995), en el que se recurre a la metáfora del
sonalidad, para quien la cultura son “las for­ contenedor para visualizar el proceso mental
mas de conducta o técnicas de resolución de del aprendizaje. Sin duda, los mentalistas su­
problemas que, por tener mayor frecuencia y cumbieron a estas apariencias cuando trata­
menor dispersión que otras formas, puede de­ ban de buscar un lugar interior para ubicar la
cirse que tienen una alta probabilidad de ser cultura. Pero tampoco el otro extremo de
utilizadas por los miembros de una sociedad” la disyuntiva tiene mayor consistencia: la cul­
(1972: 15). tura objetivada en la vida social supone una
En esta definición los procesos normativos exteriorización del problema que da perma­
se transforman en procesos normales. Los tér­ nencia estructurada a lo que sólo aparece
minos incluidos en la definición son básica­ cuando los sujetos actúan. También la metá­
mente estadísticos. Se habla de frecuencia y fora del contenedor opera aquí para salvar un
de dispersión. Todo ello apunta a una visión abismo todavía más abstracto: el de la socie­
Cultura 50

dad que guarda en un inmenso cajón de sastre en ocasiones con la experiencia de gentes de
los recursos culturales de los que nos servi­ distintos orígenes que se *com unican en la
mos. E n ambos casos, la etnificación y psi- misma lengua, que se organizan eficazmente
cologización de la cultura han dado por en un trabajo común, que cumplen de las
supuesto que .os sujetos humanos están siem­ misma manera requisitos burocráticos e in ­
pre abocados a moverse por el mundo con sus cluso que participan sin ningún tipo de diso­
inevitables bagajes culturales. El estudio de nancia en los rituales colectivos, templos en
los procesos cognitivos, aplicando modelos otro tiempo de las id en tid ad es incluyentes
epistemológicos conexionistas a la explicación y excluyentes. Esto no es óbice para que unos
de las conductas culturales, diferencia clara­ y otros, más allá de esta coexistencia organi­
mente los esquemas culturales y los significa­ zativa, mantengan vivas las fronteras de su
dos culturales (Andrade, 1995; Strauss y privacidad. Se puede vivir sin ningún proble­
Quinn, 1997). Los primeros son organizacio­ ma utilizando estratégicamente recursos de
nes flexibles, recursos emanados de las ex­ varios procesos culturales, sin que ello supon­
periencias que los sujetos sociales pueden ga contradicciones o traumas especialmente
describir prototípicamente. Los segundos son virulentos. En este contexto resulta relevante
activaciones de los esquemas, de naturaleza la distinción entre lo público y lo privado. La
exclusivamente individual. Para resolver este esfera pública se define básicamente desde la di­
problema, Bourdieu (1991) desarrolla una mensión organizativa de la diversidad. Esta
visión bastante similar cuando se refiere al dimensión pública aúna potencialmente a un
habitus como una estructura estructurada y número heterogéneo de sujetos sociales, sean
estructurante, que no está nada más que allí nativos o foráneos. La esfera privada funcio­
donde se activa. Dicho esto, se puede concluir na igualmente como exponente de diversi­
que los significados culturales son fundamen­ dad. Que las diferencias sean intraculturales o
talmente individuales y contextúales: no es­ interculturales no tiene una trascendencia es­
tán en ninguna parte, pero se activan en los pecial en el ámbito de la esfera privada.
contextos apropiados. No tiene mucho senti­ Si estas consideraciones son ciertas, parece
do hablar de la cultura —o de los procesos cul­ evidente que la magnificación de las diferen­
turales—de un sujeto social que ha cambiado cias culturales no se deriva de la realidad de
de contexto, como si esa cultura fuese una los hechos a los que habitualmente nos referi­
propiedad que le acompaña de forma per­ mos al hablar de la cultura, sino de fenóme­
manente. nos sociales de otra naturaleza, especialmente
Una consecuencia de esta forma de ver las de aquellos que se generan a partir de los dis­
culturas tiene relación con la consistencia cul­ cursos sociales. Los discursos esencialistas
tural de los grupos humanos. Desde los plan­ sobre la cultura propia y de los *otros son fá­
teamientos configuracionistas se ha dado por cilmente desmontables en su referencialidad,
supuesto que las culturas están sustentadas desde el punto de vista teórico, con los argu­
por individuos más o menos homogéneos, o mentos que se acaban de esbozar, pero lo que
en el peor de los casos, como postulaba el mis­ no es fácilmente eludible es su performativi-
mo W allace, equivalentes en sus formas de dad. Son discursos socialmente eficaces que
actuar y entender las cosas. Sin embargo, si la afectan a aspectos muy relevantes de las rela­
cultura en funcionamiento es una heteroge­ ciones sociales.
neidad organizada, la diversidad interna es La cultura constituye una realidad repre­
siempre el fundamento de esa organización. sentada por ser una representación construida
Y esto no sólo es así en el mundo moderno, si­ y divulgada en los discursos homogeneizan-
no también en las culturas habitualmente til­ tes y no por la traducción referencial de los
dadas de tradicionales. hechos a la esfera del conocimiento. La cons­
Este planteamiento sugiere inm ediata­ trucción discursiva de las categorías colecti­
mente la pregunta sobre las diferencias entre vas se genera básicamente en el ámbito de la
la heterogeneidad intra e *intercultural, que retórica y como tal incluye habitualmente una
se evidencia en las experiencias del m un­ intencionalidad persuasiva. Son precisamen­
do moderno. Los contactos culturales y las te los discursos políticos, en todas sus varieda­
^mezclas nos permiten contrastar diariamen­ des, los que manejan más reiteradamente este
te en distintos ámbitos sociales hasta qué pun­ tipo de categorías. La cultura se trata habi­
to los orígenes resultan irrelevantes para tualmente en este contexto como un correlato
explicar similitudes y diferencias. Las dife­ de la identidad colectiva y, en este ejercicio de
rencias entre los del mismo lugar contrastan delim itación identitaria, se construyen y se
51 Cultura

divulgan simultáneamente las identidades re­ dos contextos. Lejos de ellos, las culturas, si se
feridas a las culturas de los otros. Los m e­ les dota de unidad y coherencia y se les atribu­
canismos de construcción discursiva de lo yen dueños, se convierten en textos retóricos.
colectivo son bastantes simples: anulan dife­ No dejan de tener razón los que postulan un
rencias internas y generalizan rasgos supuesta­ sentido adjetivo para la cultura (Appadurai,
mente distintivos. Y el resultado es una esen­ 1996:12). Es más real hablar de instituciones,
cialización del producto. Una simple lectura conductas y modelos culturales que de cul­
lógica de estos discursos descubriría fácil­ turas cerradas y específicas en las que la
mente la inconsistencia retórica de considerar gente vive.
más próximos, en el ámbito de las mentalida­
des, a un creyente y a un ateo de la misma tra­
dición cultural, que a dos creyentes de religio­ Bibliografía
nes diferentes; por ejemplo, a un cristiano y a
un musulmán. Otra de las constantes discur­ ANDRADE, Roy d’ (1995): The development o f
sivas sobre la que se apoya la construcción de cognitive anthropology. Cambridge: Cambrid­
la categoría integrada de cultura es su delimi­ ge University Press.
tación territorial: resulta extravagante consi­ APPADURAI, Arjun (1996): Modernity at large:
derar más afín culturalmente a un antepasa­ cultural dimensions o f globalization. Minneapo­
do “colectivo” de varios siglos atrás, nacido en lis: University of Minnesota Press.
el mismo territorio, que a un coetáneo de otro BENEDICT, Ruth (1989): E l hombre y la cultura.
país, con el que teóricamente se podría esta­ Barcelona: Edhasa.
blecer contacto e incluso convivir. La retórica BOAS, Franz (1930): “Anthropology”, en E ncy­
de la elaboración territorial es uno de los pila­ clopedia o f the Social Sciences. New York: Mac­
res de la construcción cultural, en detrimento millan, vol. II: 74-86.
de las virtualidades reales de la convivencia BO URDIEU, Pierre (1991): E l sentido práctico.
temporal. Desde este punto de vista los dis­ Madrid: Taurus.
cursos cultural-identitarios pueden reforzar GOODENOUGH, Ward H. (1975): “Cultura,
las diferencias entre los seres humanos inclu­ lenguaje y sociedad”, en J. S. Kahn (ed.), E l
so cuando plantean objetivos de salvaguarda concepto de cultura. Textosfundamentales. Bar­
y respeto a las culturas de los demás. celona: Anagrama, 157-248.
En relación con esta construcción de la ca­ KROEBER, Alfred (1917): “The superorganic”.
tegoría colectiva de cultura, no menos impor­ American Anthropologist, 19: 163-213.
tantes han sido los discursos académicos, KRO EBER, Alfred; K LU C K H O H N , Clyde
sobre todo el antropológico. Todo el proceso (1952): Culture. A critical review o f concepts and
de investigación disciplinar conduce, casi ine­ definitions. Cambridge: Papers of the Peabody
xorablemente, a apuntalar la categoría colec­ Museum of Archeology and Ehnology, 47, 1.
tiva de cultura. Ello ocurre porque la cultura STRAUSS, C.; QUINN, N. (1997): A cognitive
misma es el objetivo teórico de la disciplina y, theory o f cultural meaning. New York: Univer­
desde este punto de vista, al definir clara y sity Press.
unitivamente el concepto que maneja la disci­ T Y LO R , E. B. (1971 [1871]): Cultura primitiva.
plina, se corre el peligro de construirlo. Pero, Madrid: Ayuso.
en segundo lugar, sucede porque la especiali- W A LLA CE, Anthony F. C. (1972): Cultura y per­
zación de la Antropología Social en el análisis sonalidad. Buenos Aires: Paidós.
de las diferencias y en el proceso que lleva a W H IT E, Leslie A. (1964): La ciencia de la cultura:
estudiarlas, desde el trabajo de campo hasta Un estudio sobre el hombre y la civilización. Bue­
su explicación teórica, conduce casi ineludi­ nos Aires: Paidós.
blemente a hablar de los pueblos como de
José Luis García García
entidades culturalm ente consistentes, con
instituciones coherentes y peculiares que los
diferencian entre sí. Rara vez los antropólo­ Véanse además Aculturación, ALTERI DAD,
gos se fijan en las diferencias internas de los C c n tro- pe riieri a, G iu da d a n o, C O L O -
grupos que estudian y casi nunca renuncian a NIALISMO Y A N TICO LO N IALISM O ,
la generalización de las coincidencias. COMUNICACIÓN, Comunitarismo, CON-
Así pues, las culturas pueden considerarse SUMO CULTURAL, D E R E C H O S H U ­
recursos abiertos, susceptibles de ser utiliza­ MANOS, DESARROLLO, Desterritoriali-
dos por nativos y extraños. Lo fundamental es zación, D IF E R E N C IA Y D E S I G U A L ­
la vinculación de esos recursos a determina­ DAD, Diferencias sociales v diferencias
Cultura 52

culturales, D IS C R IM IN A C IÓ N V E X ­ Migraciones v racismo, M IN O R ÍA S , M O ­


C L U S IÓ N S O C IA L , E L IT E S , Elites cos­ c
V IL ID A D , ' m u i ;r i u l t u r a l i s m o ,
mopolitas, Esclavitud, Esfera mediática, Multiculturalismo en los estudios culturales,
Espacio de los flujos, Espacio red, E ST A D O - M u 11i1oca 1, Nac io na 1id ad, N a c io n a 1ism o,
N A C IÓ N , E S T E R E O T IP O S Y E S E N ­ Naturalización, Neocolonialismo, Nomadis­
C IA L IZ A C IO N , Etnicidad, Et nocen trismo mo v turismo, i
V relativismo cultural, E X P L O T A C IO N S OC 1A L E S , PA TR IM O N IO , Pluralism o
SO C IA L , Extranjero, F R O N T E R A , Fro n ­ sincrónico, Pluri nacional idad. Poscolonialis­
tera geográfica y adm inistrativa. Fronteras mo, Racismo y neorracism o. Relaciones y
políticas y religiosas. Fronteras simbólicas. procesos informales económicos. Revolución
Global y local, G L O R A L IZ A C IÓ N , Globa- técnico-com unicativa, S A B E R Y S A B E ­
lización v antiglobalización, H IB R ID A ­ R ES, Segregación, Sociedad de la inform a­
C IÓ N , ID E N T ID A D , IN T E G R A C IÓ N , ción y del conocim iento. Sujeto intercultu­
Integración educativa. Integración religiosa, ral, T E R R IT O R IO S , Traducción, Trans-
Interculturalidad, Localidades fantasmagó­ culturación, Abajes y sistemas de movilidad,
ricas y desanclaje. M estizaje, Migraciones. Abolencia política. Tipos, Xenofobia y xeno-
Redes sociales, Migraciones. Teoría macro, f iba.
—O T A N —. La O N U pierde influencia como
Derecho de injerencia actor en el tablero internacional. La interven­
La caída del “Muro de Berlín” puso fin a ción humanitaria justifica operaciones arma­
la “Guerra F ría ” -1948-1989—. Se configura das en países soberanos, aunque no se haya
un nuevo orden en las relaciones internacio­ formulado una petición de asistencia. O c­
nales. Termina la rivalidad entre las dos gran­ cidente proclama sus valores —democracia
des potencias y el mundo deja de estar m ultipartid ista, garantía de las libertades
dividido en dos esferas de influencia. M ien­ individuales, respeto por los derechos huma­
tras la U R SS se disolvía, Estados Unidos pa­ nos— como los mejores, con lo que se con­
saba a ser la potencia hegemónica. vierten en imperativos en las relaciones in­
El ascenso del neoliberalismo —Escuela de ternacionales.
Chicago: Milton Friedman, 1912-2006—abre Los *críticos de la globalización conside­
el camino a la liberalización del comercio in­ ran que la falta de regulación de los circuitos
ternacional y de la circulación financiera, lo financieros transnacionales es la causa de la
que supone la supresión en la práctica de las crisis social que afecta a los países y no sólo a
*fronteras nacionales. En el ámbito tecnoló­ los del llamado Tercer Mundo. Se caracteriza
gico, la revolución digital transforma nuestro por la precarización del *trabajo —se forma
día a día —internet, teléfonos celulares—, pro­ una nueva clase social, el precariado depen­
porcionándonos así una ^comunicación diente, término construido sobre proletaria­
planetaria *sin barreras. La *globalización do—y por el desmantelamiento de los sistemas
—m u ndialización en los países francófonos— públicos de educación, salud y seguridad so­
resulta de la convergencia de estos factores. cial. Aparecen movimientos alterglobaliza-
Estas transformaciones en los sistemas so­ dores que luchan por una sociedad con menos
ciales ponen en cuestión las reglas en las que *asimetrías. Expresan su descontento frente a
se basaba la convivencia internacional. Los la injusticia económica instituida por medio
principios y los propósitos de intervención se de iniciativas con impacto ^mediático, eclip­
anteponen a la soberanía y a la autodetermi­ sando las cumbres del F M I, del G 8, de la
nación de los pueblos o naciones. Se invocan OM C y del Banco Mundial —A T T A C : Asso­
#los derechos humanos y se apela a un dere­ ciation pou r une taxation des transactionsfin a n ­
cho de injerencia uni-, bi- o multilateral. Los cières pour l ’aide aux citoyens.
principales conflictos armados posteriores a Las operaciones de injerencia han condu­
la “Guerra F ría ” —1989, Panamá; 1990-1991, cido a la degradación de los #Estados — fa ile d
Irak; 199,3, Som alia; 1999, Kosovo; 2001, states—, sobre todo en Africa —Congo, Soma­
Afganistán; 2003, una vez más Irak, y 2004, lia, Liberia, Sierra Leona—, pero también en
H a ití— se produjeron por iniciativa o ba­ Asia —Afganistán, Irak—y en el Caribe -H a i­
jo liderazgo norteam ericano en sucesivas tí—. En otros casos, la intervención no se debe
alianzas con otros países u organizaciones a la acción de un gobierno ^extranjero, sino a
Derechos humanos 54

la iniciativa de organizaciones clandestinas ción? ¿Permanecerá el Estado como entidad


—narcotráfico—. La situación de Colombia es soberana, asistida o en vías de extinción, se­
paradigmática. El conflicto armado interno gún pronosticó Friedrich Engels?
—guerrillas estabilizadas— que asóla al país
desde hace décadas no ha podido derrotar al
poder instituido y éste tampoco ha consegui­ Bibliografía
do neutralizar a la insurgencia. De este impas­
se se deriva la actual erosión progresiva del COWAN, J.; DEMBOUR, M. B.; W ILSO N , R.
Estado, de la economía y del tejido social, así A. (2001): Culture and Rights. Anthropological
como también la reducción de los espacios de­ Perspectives. London: Cambridge University
mocráticos (Pizarro, 2004). Press.
En una agenda de la investigación en ma­ F R IE D M A N , Jonathan; C H A S E -D U N N ,
teria de injerencia debe figurar la producción Christopher (eds.) (2005): Hegemonic Declines:
de etnografías de terrenos globalizados/mun- Present and Past. Boulder: Paradigm Press.
dializados por intervenciones externas —no LONDOÑO, Luz María; N IET O , Y. F. (2006):
confundir con la antropología de interven­ Mujeres no contadas. Procesos de desmovilización
ción o actions anthropology de los años sesen­ y retorno a la vida civil de mujeres ex combatien­
ta—. Revisamos a continuación algunos de los tes en Colombia, 1990-2003. Medellin: La Ca­
aspectos sujetos a mayor visibilidad. La mili­ rreta Editores.
tarización del espacio (Lutz, 2001) por las LU T Z , Catherine (2001): Homefront. A Military
fuerzas de ocupación comprende diversos as­ City and the American Twentieth Century. Bos­
pectos. La presencia más o menos prolongada ton: Beacon Press.
de tropas -norteam ericanas, occidentales o PIZARRO LEO N G Ó M EZ, Eduardo (2004):
multinacionales—conduce a una norteameri- Una democracia asediada. Balance y perspectivas
canización o, al menos, occidentalización de del conflicto armado en Colombia. Bogotá: Gru­
hábitos, de consumos, de la organización de la po Editorial Norma.
vida *cívica, de la gestión humanitaria —po­
Jorge Freitas Branco
blaciones desplazadas—y del funcionamien­
Leonor Pires Martins
to de las instituciones, al tiempo que se
constituye en un factor fundamental para la
Véanse además CIUDADANÍA, COMUNI­
creación de empleo. Al ponerse en circulación
CACIÓN, DERECHOS HUMANOS, Des-
una moneda extranjera, bien en exclusividad
o como medio de pago alternativo —algunos
territorialización. Esfera mediática, ESTA ­
DO-NACIÓN, Extranjero, F R O N TE R A ,
países de los Balcanes adoptaron el marco ale­
Fronteras políticas y religiosas, G LO BALI­
mán y actualmente el euro; en Sudamérica,
ZA CION, Globalización y antiglobalización,
Ecuador introdujo el dólar como billete—, se
TRABAJO.
está supeditando o abandonando un atributo
de la soberanía. Relacionadas con los símbo­
los se encuentran las iniciativas políticas de
vencedores y vencidos. Una vez más el caso
Derechos humanos
colombiano sirve para la realización de un es­ La idea de derechos humanos, que hunde
tudio sobre las dificultades del retorno a la sus raíces en la filosofía política antigua, el libe­
vida civil de guerrillas desmovilizadas (Lon- ralismo ilustrado, la Revolución Francesa y
doño y Nieto, 2006). la Revolución Industrial inglesa, se convirtió
Partiendo de procesos políticos —injeren­ en un renovado foco de importancia política y
cia, conflicto armado, ocupación, desmovili­ de debate teórico tras la Segunda Guerra
zación, organización de la sociedad civil—es Mundial y, más recientemente, con el surgi­
importante construir etnografías dedicadas a miento de la centralización global del capital
los efectos culturales generados (Cowan, en los inicios de la década de los setenta (Bob-
Dembour y Wilson, 2001). bio, 1996: 32-46; Cowan, Dembour y Wilson,
La imposición de un derecho de injeren­ 2001:1-26; Turner, 1979:279-285). Por razones
cia y las implicaciones prácticas de su aplica­ que reflejan su historia intelectual y su papel
ción conducen a que nos preguntemos por el en los escenarios políticos y sociales contempo­
papel que se reserva al Estado en la configu­ ráneos, la discusión en torno a cuestiones teóri­
ración actual de las sociedades globalizadas: cas y pragmáticas asociadas con los derechos
¿nos enfrentamos al fortalecimiento, el debi­ humanos que se desarrolló en el periodo poste­
litamiento o la reformulación de esta institu­ rior a la Segunda Guerra Mundial estuvo do­
55 Derechos humanos

minada por abogados, filósofos, científicos po­ caracterizan el actual discurso sobre los dere­
líticos, ideólogos políticos y activistas de los chos humanos. Una de estas divergencias se
movimientos sociales. Los antropólogos, hasta sitúa en el significado mismo del térm ino
hace relativamente poco tiempo, apenas tuvie­ “humano”: como ciencia dedicada al descu­
ron nada que decir al respecto. Y este poco, re­ brimiento del sentido general de lo humano a
pito sólo recientemente, estuvo cargado de través del estudio comparativo de las *d ife-
reservas bastante críticas, que se extendieron rencias humanas —culturales, sociales, políti­
en casos importantes a un rotundo rechazo al cas, históricas, lingüísticas y biológicas—, la
hecho de que unos derechos humanos univer­ antropología debería de tener algo que decir
sales pudiesen realmente existir. sobre el significado del primero de los dos vo­
cablos que componen la expresión “derechos
humanos”, e igualmente acerca de las impli­
Acercamientos desde la Antropología
caciones que este significado tiene sobre el
a los derechos humanos: ¿un nuevo
segundo térm ino. ¿En qué sentido puede
paradigma teórico?
afirmarse que los derechos son humanos y, de
Mientras que los antropólogos han man­ ser así, cómo y en qué grado pueden ser consi­
tenido opiniones variadas y discrepantes res­ derados universales? Una segunda cuestión
pecto a los derechos humanos en la pasada sería cómo reconciliar esta concepción de la
mitad de siglo, se ha producido un brusco humanidad como presuntamente universal
cambio de posición en las últimas dos décadas con la gran diversidad de formas de existen­
dirigido al reconocimiento de que el concepto cia humana en todos los sentidos menciona­
de derechos humanos entraña importantes dos anteriormente. Muchos antropólogos han
cuestiones de tipo antropológico y de que los argumentado que la diversidad de culturas
derechos humanos de los sujetos de las inves­ humanas es incompatible con cualquier no­
tigaciones antropológicas, así como de los an­ ción de una naturaleza humana universal.
tropólogos mismos, son temas que convocan a Otros han sostenido que, si bien las diferen­
la discusión y acción por parte de los antropó­ cias culturales existentes excluyen la posibili­
logos como activistas y de las asociaciones dad de generalizaciones de tipo universal
profesionales de antropología. A raíz de ello sobre las formas y contenidos específicos de
ha tenido lugar una renovada producción de las categorías culturales —incluyendo entre és­
pensamiento y publicaciones sobre la materia, tas “humanidad” y “derechos”- , sigue siendo
a la par que las asociaciones profesionales han posible distinguir rasgos uniformes en los
desarrollado importantes intervenciones en procesos a través de los cuales estos conceptos
casos de derechos humanos que implicaban y aquellos que los sustentan son producidos.
cuestiones de derechos de pueblos indígenas y Dicho de otro modo, los procesos por los que
de ^mujeres. En algunos casos han llevado a las culturas, las relaciones sociales y las perso­
cabo declaraciones formales sobre los nas son producidas en toda su variedad deben
derechos humanos que han involucrado a comprender en sí mismos toda una serie de
la antropología. Sin ánimo de m inim izar la uniformidades que podrían ser fundamento
existencia de desacuerdos dentro de la profe­ de derechos universales. No obstante, incluso
sión sobre, por ejemplo, lo adecuado o no de si esto último pudiera ser afirmado, una ter­
que la antropología como disciplina científica cera cuestión de gran importancia se plantea
se vea envuelta en temas tan política y ética­ con respecto a la definición de la unidad que
mente marcados como los derechos humanos, sustenta los mencionados derechos universa­
puede decirse que ha emergido un consenso les: ¿individualidad biológica?, ¿grupos so­
en torno a varios puntos entre la mayoría de ciales del tipo de familias o corporaciones?,
los antropólogos que han trabajado en el área ¿categorías colectivas de personas definidas
que hace posible definir una perspectiva an­ en función del género o lo étnico?, ¿culturas?,
tropológica contemporánea de los derechos ¿o todos ellos en función del contexto en el
humanos. cual se reivindican o niegan estos derechos?
Este consenso surge de ideas específica­ En las últimas décadas han surgido nue­
mente antropológicas, debates teóricos y vas formas de activismo antropológico a favor
cuestiones pragmáticas por las que han lucha­ de los derechos de las ^minorías culturales,
do los antropólogos como trabajadores de indígenas y de mujeres y niños de regiones en
campo, etnógrafos y activistas, y contiene las que sufren cualquier tipo de opresión que
marcadas diferencias críticas respecto a algu­ han venido a sumarse a la serie de perspecti­
nas de las principales ideas y posiciones que vas desde las cuales los antropólogos tratan de
Derechos humanos 56

resolver todas las cuestiones mencionadas an­ cultural y un acto de imperialismo cultural el
teriormente. En este punto puede afirmarse hecho de imponer el concepto ajeno —occi­
que, aunque la antropología no ha producido dental—de unos derechos o naturaleza huma­
un consenso o una perspectiva unificada en la na universales”, puesto que muchas culturas
materia, sí ha generado un vigoroso debate adolecen de conceptos explícitos de derechos
interno que ha quedado expresado tanto en o de nociones universales de humanidad co­
literatura experta como en contextos políticos mún, que incluyan otras culturas o grupos ét­
institucionales y activistas. Con el crecimien­ nicos en pie de igualdad con ellos mismos.
to de una literatura antropológica centrada en Merece la pena enfatizar que Herskovits en­
los derechos y con el aumento de experiencias marcó la cuestión del relativismo exclusiva­
prácticas en defensa y apoyo de ellos, los an­ mente en términos de lo ilegítimo de imponer
tropólogos han alcanzado una comprensión valores específicamente occidentales sobre
cada vez más sofisticada de la complejidad de otras culturas. No consideró la posibilidad de
los temas relacionados con los derechos hu­ referirse a formulaciones teóricas basadas en
manos. Una característica común al pensa­ criterios culturalm ente neutros y cohibidos
miento antropológico más reciente ha sido el en lugar de a una concepción específicamente
énfasis en antonimias tan transcendentes co­ occidental, pese a que queda razonablemente
mo principios de derechos universales versus claro por sus otros escritos que consideraría
relativismo cultural, derechos individuales un producto “occidental” a cualquier otro
versus grupales, categorías teóricas abstrac­ tipo de formulación teórica general y, por
tas versus procesos y acciones contextual izadas. tanto, sujeta a la misma objeción desde el re­
El dialogo desarrollado entre relativistas lativismo cultural.
culturales y los defensores de principios uni­ No todos los antropólogos aceptaron esta
versales de derechos humanos, que ha enmar­ postura relativista. En los momentos inm e­
cado históricam ente gran parte de los diatamente posteriores a la Segunda Guerra
enfoques antropológicos en el tema de los de­ Mundial, justo cuando tuvo lugar el debate en
rechos humanos, ejem plifica claram ente el torno a la Declaración de Naciones Unidas,
proceso descrito. sostuvieron que defender el relativismo cul­
tural significaba aceptar las acciones e ideo­
logías nazis y fascistas sobre la base de sus
Relativismo cultural versus “derechos
propios valores. Para aquéllos, comprometi­
humanos” universales: ¿contradicción
dos con la idea de una antropología como
o compatibilidad?
ciencia o disciplina filosófica situada dentro
El rechazo en 1974 por parte de la Asocia­ de la tradición del humanismo liberal ilustra­
ción de Antropología Americana —en adelan­ do, ésta forma parte del proyecto ilustrado
te A A A —a la Declaración Universal de los encaminado a descubrir atributos humanos
Derechos, proclamada por Naciones Unidas, universales, capaces de orientar esfuerzos co­
fue representativo de todas las reacciones crí­ lectivos más eficaces a la hora de alcanzar el
ticas generadas al respecto por los antropólo­ conocimiento de cualidades humanas inna­
gos tanto en esos momentos como desde que tas. Esta visión quedó condensada en la con­
se formuló el concepto de derechos humanos cepción ilustrada de los derechos humanos;
universales (American Anthropological As­ en palabras de Thompson (1997: 790): “El dis­
sociation, 1947: 539-43). Dicho rechazo resu­ curso liberal sobre los derechos humanos es,
me lo que muchos sentían incompatible: unos por tanto, un argumento moral que las socie­
principios abstractos sobre la universalidad dades necesitan para establecer las condicio­
de los derechos, es más, sobre la naturaleza nes en las cuales los potenciales humanos que
humana, frente al principio antropológico del conduzcan al florecimiento personal puedan
relativismo cultural, en el que la declaración prosperar y florecer.”
de la AAA —cuya autoría pertenece a Melville Muchos relativistas culturales identifica­
Herskovits—basa su repudio a la Declaración ron también su batalla en pro de una igualdad
de Naciones Unidas. La declaración de Hers­ de derechos entre todas las culturas con este
kovits estaba formulada en términos muy programa idealista, afirmando que las cul­
categóricos que negaban la posibilidad de turas, consideradas entidades cerradas e
cualquier tipo de formulación universal tanto internam ente homogéneas, representan el
en lo que respecta a los derechos como al sig­ equivalente funcional o al menos moral de la
nificado del adjetivo “humano”. Argumenta realización del potencial humano en este sen­
que “supone una violación de su integridad tido. Esta línea argumental sobre los derechos
57 Derechos humanos

de las culturas, entendidas como una colecti­ independiente o a disposiciones propias”, las
vidad de individuos, proviene de la tradición concepciones de la cultura que se desprenden
de Herder y del idealismo romántico germá­ de estas líneas enfatizan, no obstante, “proce­
nico que se desarrolló en oposición al libera­ sos, fluidez y contestación... que podrían escla­
lismo ilustrado. Mientras que la concepción recer las cuestiones en torno a la idea de
romántica de cultura influyó enormemente derechos, incluyendo aquellas que tienen co­
los acercamientos antropológicos hacia esta mo objeto a una cultura concreta, mucho más
noción, especialmente entre los relativistas que una postura que niegue o menosprecie es­
culturales americanos como Herskovits, ha tos aspectos” (Cowan, Dembour y Wilson,
recibido crecientes críticas por los antropólo­ 2001: 14).
gos en las últimas décadas. Estos ataques han Otra línea de crítica a los desafíos plantea­
tenido implicaciones directas en la concep­ dos por el relativismo cultural respecto a los
ción antropológica de los derechos humanos. principios de derechos universales ha sido su
Las críticas procedentes de la antropolo­ fracaso en buscar soluciones a los distintos
gía se han centrado en la tendencia del discur­ modos en los que las comunidades culturales
so del relativismo cultural a reificar la noción oprimen o niegan los derechos —entendidos
de *cultura como un sistema de ideas, signifi­ en términos universales— de sus propios
cados y valores internamente uniforme y con­ miembros. Según ha subrayado Zechenter, en
sistente, compartido por todos los miembros una representativa crítica esgrimida desde es­
de una sociedad, y por su propensión a abs­ te punto de vista bajo el título “En el nombre
traer los conflictos sociales internos y externos de la cultura: Relativismo Cultural y los abu­
provenientes de la desigual distribución del sos del individuo”, no se trata de una cuestión
poder y de los valores sociales entre personas y meramente teórica: Los resultados del debate
grupos en el seno de su propia cultura. Esta entre los defensores de los derechos humanos
tendencia a esencializar las culturas como en­ universales, representados en la Declaración
tidades homogéneas ha sido común, no sólo de Naciones Unidas, y la defensa desde el
en antropología entre los relativistas cultura­ relativismo cultural de regímenes políticos
les, sino también entre los escritores jurídicos, y religiones concretas que abusan de ellos
filósofos y politólogos que han abordado el te­ “tendrán consecuencias prácticas para millo­
ma de los derechos culturales. “La tendencia nes de personas en todo el mundo” (Zechen­
de los sistemas jurídicos a demandar catego­ ter, 1997:319-348). Zechenter ilustra su punto
rías claramente definidas y contextualmente de vista con un análisis del “modo en que las
neutras —incluyendo las categorías de id e n ti­ distintas formulaciones de la noción de dere­
dad y pertenencia-, para ser capaces de clasi­ chos influye en las respuestas internacionales
ficar a las personas y tratar con ellas sobre la dadas a los abusos de género, perpetrados
base de estas categorías; en otras palabras, contra las mujeres, o respecto a la negación de
la tendencia a la esencialización de la legisla­ derechos políticos a las personas que viven
ción contribuye en gran medida a la estrate­ en sociedades no occidentales”. (Zechenter,
gia de esencializar grupos culturalm ente 1997:319). Su idea central es que las entidades
definidos” (Cowan, Dem bour y W ilson, colectivas —esencializadas o no—, tales como
2001: 10-11; véase Gellner, 2001: 177-200). culturas o comunidades que se definen a sí
Frente a la estrategia esencializadora de mismas por el hecho de compartir una deter­
esta clase de discursos, los autores argum en­ minada religión o identidad cultural, no de­
tan que investigar sobre la base de este tipo de ben ser reconocidas como portadoras de una
asunciones puede tener efectos de retroali- serie de derechos que las capacite a anular los
mentación, conduciendo a los grupos a dis­ derechos de sus miembros individuales. D i­
torsionar sus propios discursos y prácticas cho con otras palabras: el individuo debe ser
para adaptarlos a aquellos que sostienen go­ reconocido como portador irreductible de de­
biernos y abogados de derechos con el o bje­ rechos humanos.
tivo de lograr una defensa de los mismos. Las críticas de Zechenter y muchos otros
Defienden una concepción de cultura como pensadores y activistas, desde la antropología
una “ficción sociológica”, que sirve para ofre­ y otras disciplinas de las ciencias sociales, con­
cer una representación cómoda del “desorde­ vergen en la postura de politólogos como
nado campo social de prácticas y creencias Donnelly, que insiste en la idea de que el tér­
conectadas entre sí que se producen fuera de mino “derechos humanos” sólo puede ser
la acción social”. Aunque es un error atribuir aplicado a individuos, nunca a grupos, cultu­
esta ficción “a ningún tipo de representación ras o comunidades sociales. Donnelly sinteti­
Derechos humanos 58

za la cuestión en la siguiente definición: en mi cia transformadora de llegar a ser humano no


opinión, solo los individuos son “humanos”, sólo es un proceso intrínsecamente social, sino
por consiguiente colectividades compuestas que el ejercicio personal de las capacidades
por una pluralidad de individuos no pueden humanas está en sí mismo dirigido y constre­
poseer “derechos humanos” como tales (Don- ñido por las relaciones con los otros. La
nelly, 1989: 19-21,90-100,143-158). “Si los de­ “humanidad” que es objeto de “derechos hu­
rechos humanos son aquellos derechos que manos” es así un modelo de interacciones so­
uno tiene simplemente por el hecho de ser un ciales, ceñido por otras relaciones sociales. De
ser humano, entonces sólo los seres humanos ello se desprende que los derechos humanos
pueden tener derechos humanos: si uno no es deben ser entendidos esencialmente como
un ser humano, por definición no puede tener relaciones sociales, en lugar de meros atribu­
derechos humanos” (Donnelly, 1989: 20). tos de individuos en un sentido presocial o
Esta formulación engañosa y simplifica- asocial.
dora evita la cuestión de cuál es la cualidad o Trasladar la definición de “hum ano” de
cualidades específicas que hacen a un “ser hu­ una simple cualidad de individuos corpóreos
mano” “humano”; sin duda, la cuestión clave a un proceso por el cual los individuos se con­
cuando se intenta identificar una propiedad vierten en humanos implica conceptualizar
común, potencialmente universal, subyacente los seres humanos y sus derechos humanos
a las distintas formulaciones culturales de los como compuestos por relaciones sociales. Es­
derechos humanos. En consonancia con la ta afirmación vuelve a plantear la pregunta
discusión mantenida por Cowan, Dembour y sobre si es posible decir que las relaciones o
Wilson, citada anteriormente, y con la Decla­ grupos que contribuyen a este proceso son su­
ración Antropológica sobre los Derechos H u­ jeto de “derechos humanos”.
manos adoptada por la AAA, sugiero que el Las relaciones con otras personas a través
pensamiento antropológico contemporáneo de familias, instituciones y comunidades son
desarrollado sobre esta materia debe partir de una parte esencial en este proceso o deben
la base de dos relevantes características de lo contribuir, si no de una forma esencial, sí al
“hum ano”. La primera es que la “hum ani­ menos constructiva. ¿Debería esta capacidad
dad” no se da como una propiedad del indivi­ ser definida como un derecho “humano”? De
duo, considerado independientemente de sus acuerdo con los criterios anteriores, sí; pero
relaciones sociales con otros seres humanos, este derecho no viene dado como grupo que
sino que constituye una cualidad construida y aporta, sino como individuos que se producen
limitada por esas relaciones. En segundo lu­ a sí mismos en calidad de seres humanos a tra­
gar, no se trata de una cualidad que se mani­ vés de las relaciones grupales. Los individuos
fieste de forma fija en patrones de actividad y deberían tener el derecho humano de partici­
conciencia, sino de una capacidad impredeci­ par en los grupos si éstos son necesarios para
ble de transform ación de cualquier patrón permitirles producirse a sí mismos como seres
específico. D icho de otro modo, el atributo humanos definidos por sus propias socieda­
esencial de lo “Humano” es el proceso social a des y culturas. En este sentido, debe conside­
través del cual los individuos desarrollan su rarse que los individuos tienen el derecho
capacidad de producir y transformar patro­ humano a ser alimentados por la familia,
nes de acción y conciencia en formas sociales y remunerados adecuadamente por los emplea­
culturales. Los derechos humanos, por consi­ dores, educados por la comunidad o protegi­
guiente, como derechos a ser humano, deben dos por el Estado-nación. Sin embargo, estas
ser definidos como protectores de la facultad entidades sociales no experimentan en sí mis­
de los individuos, en su calidad de agentes so­ mas las transformaciones hacia la humaniza­
ciales, para desarrollar esta capacidad: con­ ción, propias de las personas individuales
vertirse en humano. La manera de llevarlo a —por mucho que contribuyan a ellas—, y es
cabo es transformando capacidades y habili­ precisamente este proceso de cambio, como
dades innatas mediante los patrones de rela­ característica fundamental de lo humano, el
ción y conducta que se interiorizan a partir que es fuente y objeto de derechos “huma­
del contexto de relaciones sociales en el que nos”. En suma, dichas entidades no pueden
los individuos son formados, y ejercitando es­ considerarse humanas en sí mismas, al me­
tas capacidades humanizadas en función de nos no en un sentido adecuado, y, por consi­
limitaciones sociales que garanticen que en guiente no pueden pensarse, en términos
este ejercicio no se impida a los otros hacer lo de colectividad, como poseedoras de derechos
mismo. Un último punto crucial: esta secuen­ “humanos”. El análisis teórico presentado no
59 Derechos humanos

se sostiene en la idea de derechos humanos co­ ciación social para hacerlos respetar. Ésta es
mo derechos grupales sino, según argumenta una de las razones por la que los esfuerzos pa­
Donnelly, en que los grupos en cuestión de­ ra descubrir un principio o principios de
ben demandar otro tipo de derechos (D on­ derechos humanos universales y transcultu­
nelly, 1989: 149-154). rales, a través de una exploración comparati­
Sin embargo, este supuesto teórico no es va de los derechos concretos reconocidos por
capaz de ofrecer respuestas suficientes para todas las culturas del mundo, según defendió,
una de las formas más comunes de negación por ejemplo, Renteln (1985, 1990), fueran in­
de los derechos humanos: aquella que afecta a capaces de dar resultados. Sin embargo, las
grupos completos o a categorías de personas a reclamaciones específicas de derechos deben
causa de cualidades supuestas o reales de los ser interpretadas como implícitamente —y en
grupos a los que estas últimas pertenecen. Si muchos casos explícitam ente— basadas en
bien debe aceptarse que los grupos o las cate­ principios más generales de imparcialidad,
gorías sociales no pueden tener derechos hu­ derecho, justicia o equidad. Dichos principios
manos como tales, debe contemplarse el generales deben ser compartidos por todas las
hecho de que éstos puedan ser la base para la sociedades y culturas con distintas form ula­
negación de los derechos humanos de sus ciones de derechos, incluso aunque carezcan
miembros. En estos casos, los grupos o cate­ de una concepción de derechos en el sentido
gorías en cuestión —tales como los grupos in­ estricto del término. Las distintas form ula­
dígenas y su territorio, o grupos étnicos o ciones culturales de derechos probablemen­
raciales concretos—deben convertirse, en un te deban ser entendidas como extrapolacio­
sentido pragmático, en portadores colectivos nes dentro de diferentes condiciones con­
de los derechos humanos de sus miembros. textúales de estos principios com unes y
La negación de derechos humanos a los transculturales de derecho, equidad o justi­
miembros de un grupo por el mero hecho de cia. Esto debe ser interpretado como conse­
su identificación con él, debería otorgar a éste cuencia de un aspecto o de aspectos genéricos
un derecho colectivo que sea, en un sentido del ser humano; esto es, en sentido antropoló­
analítico, la suma total de los derechos de sus gico, la endoculturación como miembros de
miembros. una sociedad concreta y la ^integración en su
Otra implicación del acercamiento al con­ sistema de relaciones sociales. Esta es, en defi­
cepto de derechos humanos desarrollado en nitiva, la línea argumental propuesta.
estas líneas es la necesaria interdependencia
mutua entre las formulaciones universalis­
Derechos humanos y diferencias
tas y las del relativismo cultural. El proceso
humanas: un principio antropológico
transformador de dar a la capacidad genérica
de derecho
de convertirse en humano una forma especí­
fica social y cultural, que he afirmado como el Los últimos desarrollos históricos que han
denominador común y universal de todas las afectado al sistema mundial, al Estado-na­
formulaciones culturales específicas de hu­ ción y a la sociedad civil han convergido con
manidad y, por tanto, a fo rtio ri, de los dere­ los temas apuntados por los activistas antro­
chos humanos, solamente puede llevarse a pológicos de derechos humanos y los movi­
cabo dentro de unas formas culturales especí­ mientos proderechos humanos en el Tercer
ficas. Se trata, por consiguiente, de un uni­ Mundo para la transformación de los contex­
versal que requiere lógica y pragmáticamente tos sociales, políticos y culturales que siguen
un nivel complementario de formas cultura­ empleando la definición que el liberalismo
les concretas y diversas para su realización ilustrado proporcionó respecto a los derechos
material. humanos; definición que continúa presente,
No hay duda de que los derechos conlle­ con apenas cambios significativos, en la tradi­
van una gran diversidad de formas y conteni­ ción que domina en la actualidad las discusio­
dos en las distintas sociedades y culturas. En nes en torno a los derechos humanos. Como
uno de los extremos de este continuum de va­ resultado de estas transformaciones históri­
riaciones, muchas sociedades sin Estado ado­ cas, las cuestiones de diferencia cultural y ét­
lecen claramente de nociones específicas de nica y los derechos colectivos han sido puestos
“derechos”, entendidos como reclamaciones de relieve a la par que el nexo axiomático
concretas a favor o en detrim ento de otros entre derechos humanos y *Estado ha sido
miembros de la sociedad o de la sociedad en puesto en cuestión. Estos temas se han incor­
su conjunto, y de los mecanismos de diferen­ porado de una manera destacada al discurso
Derechos humanos 60

teórico sobre derechos humanos en antropo­ La “diferencia” aparece en la declaración


logía y otras disciplinas por la vía de la expe­ como un principio más general que el concep­
riencia práctica de los activistas de derechos to de “derechos”. Estos últimos, aunque no se
humanos, que se han visto obligados a intro­ definen directamente, son abordados por su
ducir respuestas pragmáticas en su trabajo implicación en reivindicaciones relativamen­
(Turner, 2003a, 2003b). te más específicas. Si bien la noción de dife­
Fue resultado de la experiencia práctica rencia sólo se cita explícitamente en tanto que
de los miembros del Com ité pro-Derechos base inadecuada de negación de derechos más
Humanos de la A A A , como activistas en lu­ que como principio positivo de derecho en sí
cha contra las violaciones de los derechos de misma, lo que en definitiva se deduce es que
los pueblos indígenas y otras minorías cultu­ resulta precisamente el derecho a la diferen­
rales, que las cuestiones de diferencia pasaran cia lo que debe constituir la base efectiva para
a ocupar un papel principal en el borrador de unos derechos humanos transculturales.
Declaración de Derechos Humanos prepara­ En el criterio de “diferencia humana” co­
do por el Comité. En casos de violación de de­ mo derecho humano fundamental -según
rechos humanos, la Asociación prevé que este queda explícito en los párrafos citados ante­
borrador actúe como definición de trabajo riormente de la declaración—está implícito
que pueda sentar las bases para la acción. El que dicha diferencia se halla presente por
fragmento clave de la declaración del Comité, igual entre todos los grupos humanos e indi­
al que me he referido en las líneas anteriores, viduos. Por tanto, resulta incoherente cual­
dice lo siguiente: “La Antropología como dis­ quier reivindicación individual o grupal del
ciplina académica estudia las bases y las for­ derecho a desarrollar identidades o valores
mas de la diversidad y unidad humana; la propios a expensas de otros grupos o indivi­
antropología como práctica persigue aplicar duos diferentes o impedir a estos últimos un
este conocimiento a la solución de los proble­ desarrollo autónomo y distinto. Evidente­
mas humanos. La AA A , como organización mente, tampoco autoriza a los gobiernos es­
profesional de antropólogos, ha estado, y debe tatales a actuar, en nombre de un supuesto
continuar estando, implicada siempre que la “derecho al desarrollo” colectivo, con vistas a
diferencia cultural sea esgrimida como motivo la supresión de las diferencias culturales entre
de la negación de derechos -donde lo “huma­ grupos comunitarios o individuos, según han
no” es entendido en todos sus sentidos, tanto sostenido ciertos regímenes asiáticos —Mala­
desde el punto de vista cultural como social, lin­ sia, Singapur, Indonesia— De hecho, propor­
güístico y biológico” (American Anthropologi­ ciona una base conceptual incuestionable
cal Association, Commission for Human para la promoción del derecho, tanto indivi­
Rights; en Anthropology Newsletter, 1993; las dual como colectivo, a la autoproducción
cursivas son mías). La Comisión pasó a llamar­ mutua. Al mismo tiempo, el criterio de dife­
se “Comité pro-Derechos Humanos” en 1996. rencia es impredecible: implica no sólo el de­
En los términos del documento, “diferen­ recho a identidades distintas producidas en el
cia humana” es criterio de derechos humanos, pasado, sino a aquellas que se producirán en
ya que incluye la especificidad concreta en el futuro. Como tal, no apunta a un concepto
función de la cual los seres humanos, indivi­ de cultura entendido como estructura sincró­
dual y colectivamente, se han hecho a sí mis­ nica y ahistórica, compuesta por característi­
mos evolutiva, social y culturalmente. Según cas o cánones esencializados, sino al proceso
se usa en el texto, el concepto de “diferen­ histórico activo de crear cultura, significados,
cia” se refiere a características culturales, so­ identidades y formas —sociales y lingüísticos.
ciales, lingüísticas o biológicas específicas que En opinión de los autores de las Directri­
contrastan, en tanto que variables y contingen­ ces del Comité pro-Derechos Humanos de la
tes, con las aptitudes humanas universales que AAA, los criterios de diferencia emergen de
posibilitan su producción: en una frase ya fami­ la necesidad de un principio común o regla
liar en antropología, la “capacidad humana pa­ general de consulta, que oriente la acción
ra la cultura”. La “capacidad para la cultura” es en los casos presentados ante la Comisión o
fundamentalmente la facultad de producir aquellos a los que han tenido que enfrentarse
existencia social, y determina, por tanto, su sig­ los antropólogos en el campo. En contraste
nificado y forma social. La “diferencia”, como con la concepción del liberalismo ilustrado de
principio de derechos humanos, es el resultado la idea de una naturaleza humana universal,
del desarrollo de esta capacidad. Es de esta for­ personificada en individuos concebidos como
ma un principio esencial de empoderamiento. autónomos y presociales, la formulación del
61 Derechos humanos

Comité respecto a las diferencias humanas se nos del contexto político y de los aspectos so­
ha llevado a cabo sobre una base sensible a los ciales de los conflictos que aquéllos generan
diferentes contextos, que surge de una per­ supone que el movimiento proderechos hu­
cepción pragmática de los contrastes entre manos y, sobre todo, los antropólogos como
identidad social y práctica. Enfatiza a la par teóricos y activistas de los derechos humanos
tanto la dimensión colectiva como la indivi­ deben esforzarse por integrar en la teoría y en
dual de “lo hum ano”. Dicho en otras pala­ la práctica las dimensiones políticas y concep­
bras: las diferencias colectivas se tratan como tuales de su compromiso con el sujeto.
“humanas” en el sentido de diferencias indi­
viduales, al tiempo que se considera que los
derechos individuales implican una dim en­ Bibliografía
sión colectiva. Al mismo tiempo, el criterio de
diferencia humana adoptado por el Comité AMERICAN AN TH RO PO LO G ICA L ASSO-
trata de combinar lo universal con el recono­ CIATON (1947): “Statement on Human
cimiento, desde el relativismo cultural, de la Rights, submitted to the United Nations
importancia fundamental de las diferencias Commission on Human Rights”. American
culturales, sociales y humanas. Anthropologist (new series), 49, 4: 539-543.
AMERICAN AN TH RO PO LO G ICA L ASSO-
CIATON, COMIMSSION FOR HUMAN
Diferencia, derechos y conflictos:
RIGHT (1993): “Report”. Anthropology News­
principios, políticas y pluralismo
letter, 34, 3: 1-5. (1995): Guidelines fo r a perma­
Decir que los sujetos tienen derecho a ser nent Committee fo r H um an Rights within the
diferentes, según afirma la declaración de la American Anthropological Association (Memo­
AAA, no implica, por otra parte, el derecho a ria en la página web de la AAA www.anthro-
imponerse sobre los otros ni forzarles a adap­ net.org).
tar sus valores y prácticas sociales a expensas BOBBIO, Norberto (1996): The Age o f rights. Lon­
de la realización de los suyos propios. El de­ don: Blackwell.
sarrollo en condiciones de igualdad de los dis­ COWAN, Jane K.; DEMBOUR, Marie-Bénédic-
tintos valores, formas sociales e identidades te; WILSON, Richard A. (eds.) (2001): Cultu­
tampoco implica como resultado la consecu­ re and Rights: Anthropological Perspectives.
ción de una sociedad armónica y libre de Cambridge: Cambridge University Press.
reclamaciones de derechos que enfrenten a DON NELLY, Jack (1989J: Universal Human
diferentes partes. Por el contrario, es de espe­ Rights in theory and practice. London: Cornell
rar que estos conflictos sean producto de las University Press.
relaciones sociales de cooperación y com ­ G ELLN ER , David N. (2001): “From group rights
petencia entre las distintas partes en las ac­ to individual rights and back: Nepalese strug­
tuaciones encaminadas a la satisfacción de gles over culture and equality”, en Jane K.
distintas necesidades y valores sobre la base de Cowan, Marie-Bénédicte Dembour y Richard
diferentes capacidades. Desde esta perspecti­ A. Wilson (eds.), Culture and Rights: Anthropo­
va, el criterio de diferencia humana implica logical Perspectives. Cambridge: Cambridge
una nueva conceptualización del rol de las University Press, 177-200.
prácticas sociales e instituciones, tales como el R EN T ELN , Alison D. (1985): “The unanswered
Estado, en su papel de mediadoras, árbitros challenge of relativism and the consequences
y reguladoras de las múltiples, divergentes for human rights”. H um an Rights Quarterly ,
y potencialmente conflictivas identidades 7-4:514-540.
culturales. — (1990): International human rights: universalism
La defensa de los derechos humanos afec­ vs. relativism. Newbury Park, California: Sage.
ta de lleno a la compleja lucha en pro de una THOMPSON, Richard H. (1997): “Ethnic mino­
educación plural, con sus intrínsecos corola­ rities and the case for collective rights”. Ame­
rios políticos de adaptación y compromiso, rican Anthropologist, 99-4: 789-798.
una vez que las batallas por los derechos fun­ T U R N ER , Terence (1997): “Human rights, hu­
damentales se han vencido. Así la defensa del man difference: Anthropology’s contribution
derecho a la diferencia lleva a una continui­ to an emancipatory cultural politics”. Journal
dad fundamental en la defensa de derechos y o f Anthropological Research, 53-3: 273-292.
en las luchas políticas por lograr el empodera- — (2003a): “Clase, cultura y capitalismo. Perspec­
miento, la liberación y la educación. EÍ último tivas históricas y antropológicas de la globali-
e inútil intento de aislar los derechos huma­ zación”, en José Luis García y Ascensión
Desarrollo 62

Barañano (coords.), Culturas en contacto: E n ­ Esta perspectiva es sin duda el punto débil
cuentros y desencuentros. Madrid: Ministerio de de las propuestas de quienes abogan por el
Educación, Cultura y Deporte, 65-110. desarrollo “sostenible” y que han sido percibi­
— T U R N ER , Terence (2003b): “Class projects, das como la prolongación lógica de una defi­
social consciousness, and the contradictions of nición superficial del desarrollo, sin que se
globalization”, en Jonathan Friedman (ed.), aprecie, en definitiva, una diferencia sustanti­
Violence, the state and globalization. New York: va entre las dos tendencias que se inscriben
Altamira, 35-66. dentro de esta corriente. En efecto, mientras
Z E N C H E N T E R , Elizabeth M. (1997): “In the que para la primera de ellas el desarrollo se
name of culture: Cultural relativism and the restringe al ámbito económico limitándose fi­
abuse of the individual”, en Carole Nagengast nalmente al crecimiento económico, concre­
y Terence Turner (eds.), Journal o f Anthropolo­ tamente al del producto interior bruto, para
gical Research, 53-3: 319-348. la segunda, el carácter sostenible del desarro­
llo, que implica la conservación del medio
Terence S. Turner
ambiente, se refiere a políticas locales que no
cuestionan las pautas de comportamientos de
Yea use además Acciones afirmativas, Acultu-
consumo —o consumismo—y la producción
ración, CIUDADANÍA, Ciudadano, CUL-
de bienes y residuos, ni el impacto que tienen
I URA, Derecho de injerencia, DESARRO­
estas conductas sobre el medio ambiente. A
LLO, DIFERENCIA Y DESIGUALDAD,
fin de cuentas, aunque se mencionen ciertas
Diferencias naturales y diferencias sociales.
consideraciones sobre el impacto ecológico
Discriminación positiva, ELITES, Elites cos­
del desarrollo, se subordinan los problemas
mopolitas, ESTADO-NACIÓN, I D E N T I ­ medioambientales a aspectos económicos, in­
DAD, INDIGENISMO, INTEGRACIÓN,
fravalorando la participación social como me­
MI N i ) RíAS, MUL T ICUT,TURAIASMC),
dio ad hoc para garantizar la “sostenibilidad”
Naturalización, NUEVOS MOVIMIEN­
y menospreciando el alcance del proceso polí­
TOS SOCIALES, PATRIMONIO, Racismo
tico para reforzar el desarrollo.
y neorracismo.
En respuesta a estas formulaciones que
descartan la posibilidad de otorgar un papel
activo a las comunidades en los procesos de
Desarrollo toma de decisión, lo que convierte a éstas en
Si la polisemia constituye un rasgo caracte­ meros receptores pasivos de prestaciones im ­
rístico de los conceptos científico-sociales, en puestas desde fuera, se contrapone una pers­
el caso que nos ocupa la multiplicidad de pectiva alternativa del desarrollo apoyada en
significados resulta aún más relevante. Esta la idea de sustentabilidad. Con ella se supera
particularidad no es ajena a la naturaleza pluri- el reduccionismo economicista de las pro­
disciplinar de la definición del vocablo a y la puestas anteriores ampliando significativa­
pluralidad de los enfoques, tanto teóricos como mente el ámbito definicional del desarrollo al
aplicados y centrados en la intervención social, incluir dentro de éste nuevas dimensiones re­
que se han ido generando desde varias décadas. lacionadas con el desarrollo de la equidad
Ciertamente, entre los modos de abordar —distribución del PIB, existencia de oportuni­
el desarrollo destacan doctrinas y prácticas dades económicas, búsqueda de una mayor
que han privilegiado y siguen anteponiendo igualdad y mejora del bienestar hum ano-, las
la dimensión económica a otros aspectos, dan­ oportunidades ^laborales -q u e ofrecen un
do lugar a lo que, en el campo de la economía, trabajo productivo y salarios adecuados—, el
se designa como desarrollismo, es decir, la acceso a diferentes categorías de bienes —co­
ideología que propugna el desarrollo m era­ mo tierras, infraestructuras materiales o cré­
mente económico como objetivo prioritario. ditos y sobre los cuales debe velar el *Estado—,
Cabe señalar que esta concepción del desarro­ los gastos sociales —para atender los servicios
llo subyace en varias acepciones de la palabra básicos—, la igualdad de género —para garan­
que remiten a la noción de mayor o menor tizar a las mujeres un mejor acceso a la educa­
grado de crecimiento o aumento de la impor­ ción, medios financieros y al trabajo—, la
tancia de la riqueza, y ello desde un punto de buena gobernación y la sociedad civil activa.
vista cuantitativo que desestima la dimensión Los debates definicionales en torno a lo
cualitativa de cualquier mejora económica o “sostenible” y lo “sustentable”, que son par­
evolución progresiva de la economía que ticularmente abundantes en el mundo hispa­
apunte hacia mejores niveles de vida. nohablante —véase, entre las numerosas
63 Desarrollo

definiciones que nos brindan autores españo­ colectiva—. De este modelo se deriva una con­
les y latinoamericanos, el análisis propuesto figuración compleja de la participación que se
por Cortés, 2 0 0 1 -, lo cual contrasta con la expresa y traduce, por medio de un cuadrino­
aparente unanimidad de opiniones en el ám ­ mio, en acciones ^cívicas, individuales, socia­
bito anglosajón, por lo menos en lo que atañe les y colectivas (Sandoval, 1997).
a la unicidad lexicológica —la lengua inglesa Amén de la atención prestada a los modos
sólo admite los nombres sustantivo y adjetivo de articulación entre esferas y componentes,
sustainability y sustainable, restando especifi­ las últimas contribuciones al análisis del de­
cidad significativa al desarrollo—, no se ciñen sarrollo integral hacen hincapié en varias pro­
a ingeniosos juegos malabares, sino que obe­ blemáticas que se distinguen por el notable
decen a una exigencia de precisión conceptual interés que suscitan entre expertos teóricos,
y práctica que conduce ineludiblemente a un practicantes, instituciones gubernamentales y
refinam iento semántico y a un perfeccio­ organismos internacionales.
namiento terminológico. Así, la noción de de­ La primera de ellas radica en los efectos de
sarrollo sustentable, a diferencia de la de los nuevos procesos de *globalización que, en
desarrollo sostenible, no sólo incorpora los as­ comparación con fenómenos pretéritos de
pectos cualitativos del crecimiento económi­ m undialización, generan transformaciones
co, sino que da prioridad al cómo inherente a desconcertantes de signos contrarios —para
la realización del desarrollo y a la redistribu­ tratar el tema de las transformaciones produ­
ción de la riqueza, sobre el crecimiento. Este cidas por los procesos de globalización y los
planteamiento entraña el reconocimiento de retos que éstas envuelven para impulsar el
ía existencia de varios tipos de crecim iento desarrollo integral se ha utilizado, entre otros
que pueden ser inclusivos o ^exclusivos, equi­ documentos, el informe publicado por la C E -
tativos o, por el contrario, causantes de polari­ PAL, 2000—. Entre los cambios positivos in­
zación, y destructivos o respetuosos con los ducidos por la globalización destaca la
ecosistemas. En resumidas cuentas, la susten- progresiva generalización de ideas y valores
tabilidad que descansa sobre tres pilares, a sa­ con vocación universal que incentivan, entre
ber, la sustentabilidad medioambiental, la otras organizaciones, las Naciones Unidas.
sustentabilidad social, focalizada en la erradi­ Esta tendencia se plasma en el reconocimien­
cación de la pobreza y la consolidación de la to de las sucesivas generaciones de ^derechos
justicia social, y la sustentabilidad económica, humanos constituidas por los derechos civiles y
requiere acciones en los campos ecológico, políticos, y los derechos económicos, sociales
económico, social, político y técnico-científico. y culturales, que, de un modo u otro y en un
Las perspectivas citadas previamente se sentido amplio, abarcan el derecho al de­
hallan subsumidas en otra definición del de­ sarrollo. Ahora bien, estos avances, junto con
sarrollo que enfatiza la naturaleza m ultidi­ otros progresos muy variables en el terreno
mensional del mismo: el desarrollo integral, macroeconómico y el ámbito de las políticas
el cual alude a la articulación entre varias es­ aplicadas al gasto social público, los espacios
feras que son la económico-laboral, la social, locales, la incorporación de las mujeres a dife­
la política y la ^cultural. Hay que advertir que rentes áreas sociales, la gestión de recursos na­
esta interconexión afecta igualmente a otras turales y la democratización, son fácilmente
nociones ligadas a cada una de las esferas se­ quebradizos, máxime habida cuenta de los
ñaladas. En este sentido sirva de ejemplo la cambios negativos de la globalización que se
significación del concepto de democracia que hacen patentes en la inestabilidad económica
reclama de los analistas una aprehensión glo­ y las crisis financieras, la deslocalización de
bal de este último, ya que conlleva conno­ los mercados de trabajo y la subsiguiente pre-
taciones de diversa índole, más allá de su carización laboral, así como en la fragiliza-
significado estrictamente político. ción de la cohesión social y la dualización y la
Este enfoque enlaza con otra propuesta exclusión sociales, circunstancias todas ellas
que pone de relieve la interacción de varios que hacen peligrar la gobernabilidad en mu­
componentes en la participación y los com ­ chos países y regiones.
portamientos políticos vinculados al desa­ De estas transformaciones se infieren
rrollo, cuya caracterización se expresa en otras problemáticas entre las que hay que su­
términos de espacios de participación y locus brayar la tocante a la necesidad de velar por la
de comportamiento —formalizados y no f o r ­ indivisibilidad de los derechos y la ciudada­
malizados, públicos y privados— y tipos de nía. A ésta se suman las relacionadas con la
participación o conducta —individual versus adopción de medidas encaminadas a recom­
Desarrollo 64

poner y fortalecer el tejido social, a evitar la contra estas últimas deben promover simultá­
reproducción de estructuras fuertemente seg­ neamente la equidad material y la simbólica
mentadas —sean económicas o de relaciones que se extienden a la equidad por adscripción
entre clases u otras categorías sociales, o de para grupos más vulnerables -en tre otros, los
género, de índole intergeneracional o *étni- constituidos por mujeres, *minorías étnicas y
cas—y a potenciar programas de desarrollo poblaciones asentadas en hábitats o *territo-
que entramen las diferentes políticas en sus rios aislados o marginales—y sometidos a una
distintos niveles de espacios de intervención. discriminación que arranca de culturas exclu-
Este último asunto reconduce a la inseparabi­ yentes.
lidad de las esferas y al carácter integral de to­ De los planteamientos anteriores se dedu­
das las políticas involucradas en el desarrollo. ce una intervención desde varias instan­
Con otras palabras, ello quiere decir que del cias, que atienda a las distintas facetas de la
mismo modo que las políticas en materia eco­ igualdad y la distribución de bienes varios
nómica no pueden prescindir de las políticas (C E P A L , 2000, 302-307). Entre éstas se en­
sociales, culturales y las propias de la gober­ cuentra la igualdad social que debe revertir en
nación, las políticas sociales integrales no pue­ el aminoramiento de la desigualdad material y
den ejecutarse al margen de las demás que productiva mediante la distribución, por un la­
operan en los campos sociales, culturales y po­ do, del acceso al bienestar dispensable por cada
líticos. Por otro lado, las políticas específicas sociedad y, por otro, de la distribución del em­
no pueden ser parciales. Así, retomando el pleo y recursos productivos y de la capacita­
ejemplo de las políticas económicas, se entien­ ción profesional. A dicha igualdad le sigue la
de que éstas no deben perseguir únicamente igualdad simbólica cuya implementación pa­
la ^movilidad de capitales, bienes y servicios, sa por la distribución del acceso a la educa­
sino que tienen que redundar también en be­ ción, al Conocimiento, a la #información y a
neficio de la movilidad de mano de obra, es la Comunicación. Otros aspectos que vienen
decir, a la postre, de las personas en busca de a perfeccionar la igualdad son la igualdad
un puesto de trabajo, y ello a fin de reequili­ “volitiva”, referida a la capacidad de decisión,
brar las tendencias ^asimétricas de la globa- influencia y gestión de los grupos o comuni­
lización. En última instancia, todos estos dades para controlar e intervenir en la situa­
aspectos demandan la coordinación de políti­ ción y los proyectos que los afectan, y la
cas a distintas escalas: local, regional, nacional igualdad vinculante con la que se procura
e internacional. la distribución del acceso a redes sociales que,
Otra noción que se desprende de las ob­ como elemento esencial del capital social,
servaciones anteriores es la de red sobre la que contribuyen al empoderamiento y la promo­
se sostienen todo el edificio conceptual y la ción de los grupos desfavorecidos. Finalm en­
praxis ligados al desarrollo integral y las te, tales igualdades que impulsan la nueva
políticas que lo definen. Este concepto, polisé- ciudadanía tienen que conjugarse con otras
mico por antonomasia, merece varios comen­ formas complementarias que consisten en la
tarios. En primer lugar, cabe insistir en su igualdad política y la igualdad *identitaria
ligazón con la idea de capital social que, a pe­ que piden, respectivamente, un mejor repar­
sar de presentar un campo definido marcado to y mayor presencia de las expresiones
por características dicotómicas, apunta la plurales de la opinión pública, y el reconoci­
existencia de “sinergias entre capital humano, miento del derecho a m anifestar valores y
capital social, capital político, capital produc­ prácticas culturales dentro de un espacio pú­
tivo, etc.” y asimismo entre el capital material blico dialógico y, por lo tanto, abierto a la li­
y el capital simbólico. Estas dicotomías, tanto bertad de expresión de los mismos.
metodológicas como epistemológicas e ideo­ Ahora bien, con respecto a las explicacio­
lógicas, oscilan, respectivamente, entre el nes previas, hay que guardarse de adoptar in­
holismo funcional estructuralista y el indivi­ terpretaciones y políticas de desarrollo que
dualismo metodológico, el enfoque deducti­ privilegian cualquier aspecto de la igualdad
vo y el enfoque inductivo, y el paradigma sobre los demás, so pena de que se opte por
cartesiano y el paradigma sistèmico (Hopen- una intervención de tipo parcial o sectorial.
hayn, 2003). A tenor de este paradigma de la Esta advertencia se extiende también a los es­
complejidad que, inrrincadamente fundido pacios que sostienen el desarrollo integral y
en el enfoque sistèmico, atraviesa todas estas conforman la triangulación entre sociedad ci­
categorías y las diversas desigualdades re­ vil, Estado, es decir, lo público y el mercado,
lacionadas con ellas, las acciones de lucha pues, como recalca Em m anuelle Barozet
65 Desterritorialización

(2003) —en un proyecto dirigido por Vicente plinar de Conhecimento: A Reaproxima^áo


Espinoza—, las experiencias más exitosas de da Sociologia e da Psicologia Social”, en
desarrollo local en cuanto al alcance de la par­ L. Lhullier, L. Camino y S. Sandoval, Estudos
ticipación ^ciudadana son las que m ejor ar­ sobre Comportamento Político. Florianópolis:
ticulan los espacios antes señalados. Letras Contemporáneas, 13-23.
Por último, los logros que se obtengan en V ILLA SA N T E, T. R. (2002): Sujetos en movi­
el análisis y la praxis del desarrollo no depen­ miento. Redes y procesos creativos en la com­
den sólo de la toma en consideración de los plejidad social. Construyendo ciudadanía/4.
enunciados ya formulados, o de la capacidad Montevideo, Editorial Nordan-Comunidad.
para vencer concepciones particularistas y de­
Joelle Ana Bergere Dezaphi
terministas alimentadas desde la economía, la
antropología, la psicología social, la sociolo­
Véanse además Acciones afirmativas, Acul-
gía, la historia, la politología, etc., sino tam ­
turación, Apartheid, Centro-periferia,
bién de la facultad para reflexionar sobre el
Gl U DAD ANÍA, Ciudadano, COMUNICA­
proceso de retroalim entación entre teoría y
CIÓN, CONSUMO CULTURAL, Cnolliza-
praxis haciendo uso de metodologías y episte­
ción, CULTURA, DERECHOS HUMA­
mologías dialécticas abiertas (Villasante,
NOS. DIFERENCIA Y DESIGUALDAD,
2002). En cualquier caso, los resultados no
Diferencias sociales y diferencias culturales,
pueden estar supeditados a criterios teleológi-
DISCRIMINACIÓN Y EXCLUSIÓN SO­
cos que desembocan en prácticas que justifi­
CIAL, ELIT ES, Elites cosmopolitas, Esfera
can cualquier medio para alcanzar el fin
mediática, ESPACIO-TIEMPO, Espacio red,
propuesto. Como bien señala R. Villasante
Espacios locales, ESTADO-NACION, Etnici-
(2002, 118-119), los estilos práxicos y reflexi­
dad, EXPLOTACIÓN SOCIAL, Extranjero,
vos suponen, entre otras cosas, una ética. Este
Fronteras económicas, Fronteras simbólicas,
componente ético es otra vertiente del de­
Global y local. GLORALIZACIÓN, IDEN­
sarrollo contenida en las distintas formas de
TIDAD, INDIGENISMO, Información, In­
la igualdad y que algunos autores encuadran
tegración educativa, Megalópolis, Migraciones.
dentro de un proceso más amplio: el de la “re­
Redes sociales, Migraciones. Teoría macro, MI­
volución ética”. (Sobre este necesario proceso
NORÍAS, Modernidad, Modernización, MO­
de transform ación, véase la aportación de
VILIDAD, Nacionalidad, Neocolonialismo,
Núñez Hurtado, 2001.)
Nomadismo y turismo, NUEVOS MOVI­
MIENTOS SOCIALES, Pluralismo sincróni­
co, POSMODERNIDAD, RELACIONES V'
Bibliografía PROCESOS INFORMALES, Relaciones y
procesos informales económicos, Revolución
BAROZET, E (2003): “Análisis de experiencias de
técnico-comunicativa, SABER Y SABERES,
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Sociedad de la información y del conocimiento,
y Gestión Local: el mercado como sustento de
Sujeto intercultural, TERRITORIOS, T R A ­
redes complejas entre sociedad civil y sector
BAJO, Viajes y sistemas de movilidad, Violen­
público”. Serie Seminarios y conferencias del
cia política. Tipos Xenofobia y xenofilia.
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CORTÉS RAMOS, Alberto (2001): “Desarrollo
Desterritorialización
sustentable, pobreza y calidad de vida”. La implantación de nuevas naturalezas
Ambientico, 92 (www.ambientico.una.ac.cr/ y sentidos es una de las estrategias de des­
EAambientico.htm). territorialización más contundentes. La
H OPEN HAYN, M. (2003): “Disyuntivas episte­ definición de desterritorialización resulta
mológicas y políticas tras la noción de capital problemática en la actualidad por el hecho de
social: debate en curso”. Serie Seminarios y con­ su reducción en los discursos que asumen este
ferencias del CEPAL, 31; Capital social: poten­ concepto como un pretexto para explicar las
cialidades analíticas y metodológicas para la relaciones norte-sur en los procesos de *glo-
superación de la pobreza (en prensa). balización contemporáneos. Algunos autores
N Ú Ñ EZ HURTADO, Carlos (2001): La revolu­ como Daniel Mato (2001) prefieren hablar de
ción ética. Xátiva: Diálogos, L’Ullal Edicions. transterritorialidad, m ultiterritorialidad o rete-
SANDOVAL, Salvador A. M. (1997): “O Com- rritorialización, invitando con ello a un debate
portamento Político como Campo Interdisci­ hacia la importancia y significación que di­
Desterritorialización 66

versos referentes te rrito ria le s poseen para tinacionales expropiando o cualquiera de las
específicos procesos transnacionales y globa­ formas sin control de los llamados fenómenos
les. Otros autores como Néstor García Can- globales. Las horizontalidades territoriales
clini (1990) definen la desterritorialización tienen lugar cuando la desterritorialización se
como la pérdida de relación de la tu ltu r a con produce por factores o actores sociales colecti­
los territorios, y la reterritorialización como vos internos; esto es, cuando el fenómeno no
ciertas relocalizaciones territoriales que pue­ es producido desde manejos o políticas que
den ser relativas parcialmente a viejas y nue­ vienen del exterior, sino por distintas circuns­
vas producciones tim bólicas. tancias y momentos sociopolíticos que ejercen
Cuando la producción de territorio, es de­ transformaciones territoriales profundas,
cir, la territorialidad, se da desde fuera del *desplazando o eliminando a sus “mismos”.
control to c a l o *estatal, el proceso suscitado Son muestra de ello el desplazamiento forza­
es el de la desterritorialización. Por tanto, de­ do interno en Colombia o los refugiados de la
finimos la desterritorialización como la pér­ guerra de Uganda. Por lo tanto, la desterrito­
dida de los tin d ero s territoriales que se han rialización puede darse por escalas —locales,
creado a partir de códigos culturales que lle­ estatales, globales—o por dimensiones —eco­
nan de orgullo a sus sustentadores, aunque en nóm icas, ^religiosas, políticas, de educa­
ocasiones resulten inaceptables para otros ción, etc.
grupos. Por ello la desterritorialización for­ Tanto las verticalidades como las horizon­
zada por circunstancias no buscadas (ca­ talidades territoriales tienen en común el he­
tástrofes naturales, guerras, imposiciones cho de ocasionar desarraigos —separación—o
económicas de cambio social impuesto, entre desalojos —destierro—según la naturaleza del
otros factores), al provocar un desvaneci­ impacto que produzca la desterritorialización.
miento de los límites, tiende a producir una Pero ¿qué sucede cuando es el grupo
suerte de esquizofrenia cu ltu ral; es decir, un social mismo desde dentro quien decide des-
detrimento de las fronteras de la ^identidad territorializar? En estos casos la desterritoria­
#étnica, social o *nacional, por el hecho de es­ lización implica deshacer el uso material
tar expuesto al ^tráfico de infinidad de in­ espacial de origen, para permitir al grupo so­
fluencias y subordinado constantemente al cial una nueva actividad igualmente espacial,
saqueo y al consumo visual o material de todo. y liberarlo de lo que lo oprime; es decir, se des-
La desterritorialización puede darse es­ territorializa para desalinearse (Deleuze y
pecialmente bajo dos circunstancias: 1) al Guattari, 1972). Esto sucede a menudo en ca­
producirse una imposición de recursos y sos de ^colonización. Cuando el colonizador
decisiones sobre éstos desde organismos o ins­ o invasor se ha marchado, se des-hacen los te­
tituciones externas; 2) cuando se da una im ­ rritorios y se les da una nueva significación, se
posición de decisiones sobre recursos propios. dan otros usos y manejos y se intenta, al tiem­
En el orden local, estas circunstancias pueden po, re-inventar la vida; es el caso de los arge­
estar propiciadas por entes macro de los Esta­ linos o de los campesinos e indígenas del
dos-nación, y en el orden estatal por organis­ Macizo Colombiano —maciceños—. Los arge­
mos externos. M ontáñez y Delgado (1998) linos lo han hecho desde estrategias que tra­
consideran que los procesos de desterritoriali­ zan lazos estrechos entre la política y la
zación producen redes complejas, expresadas religión. Los maciceños, por su parte, han re­
en la *transnacionalización, la globalización y currido a los mitos: frente a una historia de
la fragmentación. Los nuevos contextos, pro­ fundación de territorios está el relato del mito
ducidos por los procesos de desterritorializa­ que sirve como mecanismo a través del cual la
ción en cualquiera de sus formas, darán como memoria colectiva refunda sus pueblos. Los
resultado verticalidades y horizontalidades pobladores del M acizo Colombiano no re­
territoriales. Las verticalidades territoriales cuerdan su historia en los periodos de la Con­
las imponen quienes pretenden ampliar su quista y la Colonia, por más que se imparta en
control territorial y con ello enajenar los dis­ las escuelas de educación pública. Esta histo­
tintos poderes locales. Esto puede darse bajo ria no ha llegado a ser significativa para ellos
el consumo ^desigual y desmesurado de cosas porque, para los efectos sociopolíticos busca­
materiales o bien, en otras circunstancias, co­ dos con esta legitimación, no basta una histo­
mo imposiciones económicas y de transfor­ ria aprendida; es sobre la historia vivida
mación territorial de multinacionales, entre donde se apoya su memoria. En la actualidad
otras mediaciones. Ejemplo sugerente de ello no se reconoce a los conquistadores españoles
son las guerras, las factorías o empresas mul­ la creación de estos pueblos, puesto que los in-
67 Diferencia y desigualdad

dígenas y campesinos han reescrito oralmente Fragmentando. Sao Paulo: Editora HUCI-
la historia de estas fundaciones a favor de sus T EC , 233-246.
propias comunidades. Empleando la figura de H A LL, E. T. (1989): E l lenguaje silencioso. Madrid:
ciertas imágenes católicas como reaparecidas, Editorial Alianza.
éstas se transforman en “Santos Rem aneci­ MATO, D. (2001): “Producción transnacional de
dos” que sirven como símbolo a los nativos ac­ representaciones sociales y cambio social en
tuales para recobrar políticamente el poder de tiempos de globalización”, en Daniel Mato
sus antepasados y desterritorializar los territo­ (coord.), Globalización, cultura y transformacio­
rios colonizados; son ellos los que ejercen con­ nes sociales. Buenos Aires: Consejo Latino­
trol social sobre lo que podríamos llamar la americano de Ciencias Sociales, 127-160.
apropiación política del territorio. Así los na­ MEAD, M. (1956): New livesfor oíd, cultural trans­
tivos relatan cómo el origen de cada uno de form aron (Manus 1928-1953). New York: Wi-
sus pueblos data de cuando algún campesino lliam Morrow.
o indígena encontró en el monte o en el bos­ M ONTAÑEZ GÓMEZ, G.; D ELGADO MA-
que lejano una estatuilla de algún santo o H EC H A , O. (1998): “Espacio, territorio y
virgen, no considerados católicos, sino una di­ región: Conceptos básicos para un proyecto
vinidad de los antepasados. De este modo se nacional”. Cuadernos de Geografía, Revista del
dio a conocer a los demás, y todos se congre­ Departamento de Geografía de la Universidad
garon en torno a un territorio común bajo la Nacional de Colombia, VII (1-2): 120-134.
tutela de estas imágenes, puestas en casas es­ NATES CRUZ, B. (2001): “Reapropiación y ar­
peciales hechas de paja o materiales sencillos, ticulación sociocultural de santos y vírgenes
que son —según sus narraciones—el verdadero católicos en los Andes Colombianos”. Les A r­
origen de sus poblados (Nates C ruz, 2001; chives des Sciences Sociales des Religions, 113.
Nates Cruz et al., 2003). www.assr.revues.org
Otra ilustración la podemos encontrar en NATES CRUZ, B.; JARAMILLO SALAZAR, P.;
lo que, hacia 1956, cuenta Margaret Mead so­ H ERN ÁND EZ PULGARIN, G. (2003): Más
bre cómo los pobladores de Manus, en el sur allá de la historia. Sentidos de pertenencia, sociali­
del Pacífico, al entrar en contacto directo con zación y economía en el concepto de pueblo. Mani-
los estadounidenses durante la Segunda Gue­ zales: Editorial de la Universidad de Caldas.
rra Mundial, tuvieron acceso a nuevos siste­
Beatriz Nates Cruz
mas de comportamiento y nuevas maneras de
organizar la sociedad. Los manus a partir de
Véanse además COLONI ALISMO Y AN­
esta experiencia desterritorializaron lo que
TI COLONIALISMO, Comunidad transna­
quedaba y reterritorializaron organizando
cional, CULTURA, Derecho de injerencia,
una nueva sociedad que estaba más acorde
DIFERENCIA Y DESIGUALDAD, Elites
con el mundo exterior. “No esperaron a que el
cosmopolitas, Esclavitud, Esfera mediática,
cambio les alcanzara, ni fueron desplazán­
Espacio red, ESPACIO-TIEMPO, Espacios
dose en grupos pequeños hasta desaparecer
locales, E S T A D O - N A C I Ó N , Etnicidad,
entre los hombres blancos. Se reunieron y es­
FRONTERA, Fronteras económicas, Fron­
bozaron una sociedad desde sus cimientos.
teras políticas y religiosas, Fronteras simbóli-
Esto lo hicieron al parecer cambiando cosas
cas, Global y local, GLOBALIZACIÓN,
que representaran una franja relativamente
ID E N T ID A D , MIGRACIONES, M O VI­
superficial alrededor de un núcleo más esta­
LIDAD, Nacionalidad, Naturalización, No­
ble y persistente” (Hall, 1989: 99).
madismo y turismo, PATRIMONIO, T E -
RRITORIOS, Traducción.
Bibliografía
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Diferencia y desigualdad
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lation. Paris: Editions Gallimard-Seuil. mismo plano. Ambos son de carácter relativo
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das, Estrategias para entrar y salir de la moderni­ de elementos entre sí; pero el criterio en el que
dad. México: Editorial Grijalbo. se basa la comparación no es el mismo en los
GEIGER, P. (1996): “Des-territorializaçâo e espa- dos casos. Para pensar estas nociones, así co­
cializaçâo”, VV. AA., Territorio: Globalizaçâo e mo las ecuaciones existentes entre ellas, pode­
Diferencia y desigualdad 68

mos comenzar por invocar el par de términos las clases, la situación de las personas por su
ante el que se colocan en una relación de anto- posesión y control de recursos. Así, además de
nimia. Así, “ ‘igual’ no se opone a ‘diferente’ contemplar en la dimensión económica la es­
sino a ‘jerarquizado’; ‘diferencia’ no se opone fera de la distribución y del consumo, aparte
a ‘igualdad’ sino a ‘idéntico’, a ‘sim ilitud’ ” de la productiva, la perspectiva weberiana la
(San Rom án, 1996: 134). Aquí se prestará articula también con factores sociales y polí­
atención a los criterios implicados en algunos ticos como los de estatus, autoridad y poder,
usos de estos términos y, en segundo lugar, se considerando estos ámbitos convertibles en­
atenderá a las articulaciones existentes entre tre sí. Las credenciales escolares y políticas o
ellos, una vez que “así como la similitud no la cartera de conocidos, por ejemplo, pueden
supone necesariamente igualdad, así las dife­ convertirse en poder adquisitivo (Weber,
rencias no son todas generadoras de desigual­ 1978; D ahrendorf, 1959; Parkin, 1979). Se
dades” (opus cit., 1996: 135). trata de una visión amplia y polifacética de las
desigualdades de clase, que se establecerían
en función de diversos criterios, tales como la
Estratificación y clases sociales
propiedad, el poder adquisitivo, la formación
Con la palabra desigualdad se hace refe­ académica, las relaciones sociales o el pres­
rencia a derechos, a la distribución del poder tigio. Ante la creciente complejidad de las
y de la riqueza, al acceso a recursos y recom­ estructuras de desigualdad en el sistema capi­
pensas materiales o simbólicas. En este senti­ talista —por ejemplo, a través de la ascensión
do, la idea de desigualdad se ha expresado de capas de la nueva pequeña burguesía, pro­
sobre todo a través de las nociones de estrati­ tagonizada por personajes como ejecutivos,
ficación social -o de jerarquía, cuando este técnicos, intelectuales, etc.—, los teóricos neo-
término se emplea como sinónimo de aqu él- marxistas incorporan también en su lectura
y de clases sociales. En la teoría social la no­ de las clases sociales dimensiones extra­
ción de estratificación tiende a ser más des­ económicas, destacadas por W eber (Althus­
criptiva, ordenando las diferentes posiciones ser, 1972; Poulantzas, 1975; W right, 1989),
sociales de manera vertical en función de in­ abriendo el camino a otras perspectivas de
dicadores y criterios simples como, por ejem ­ síntesis sobre la desigualdad —es el caso de
plo, ingresos, profesión u ocupación, estilo de Pierre Bourdieu (1979, 1989), por indicar uno
vida y, a veces, de otros aún más específicos: de los más sobresalientes.
tiempo libre o cuidados m édico-sociales... Pero las nociones de estratificación y de
Tal como sugiere el propio recurso a la metá­ clase social no se han distinguido entre sí sólo
fora geológica de “estrato”, al caracterizar a desde estos aspectos analíticos. También se las
una sociedad como un conjunto de capas so­ ha puesto en correspondencia con sociedades
brepuestas, las teorías de la estratificación, de reales, según el esquema dicotòm ico de la
raíz estructural-funcionalista, tienden a con- “gran división”: Nosotros/Otros, prim iti-
ceptualizar la desigualdad de forma estática y vo/#moderno o simple/complejo. Por un la­
a encararla como un dato, un aspecto consti­ do, se perfilarían las sociedades sin *Estado,
tutivo de cualquier contexto social que pre­ con una estratificación social elemental, basa­
sente alguna diferenciación de funciones da en ^desigualdades “naturales” de edad y
(Parsons, 1949; Merton, 1996; Bell, 1973). La sexo; por otro, las sociedades con Estado, je­
noción de clase, por su parte, se deriva de rarquizadas en clases. A partir de los años se­
perspectivas que destacan su carácter históri­ senta, los antropólogos marxistas vinieron a
co y el conflicto o las contradicciones subya­ relativizar esta oposición que hacía corres­
centes a ella, lo cual suele asociarla a un ponder categorías analíticas a tipos de socie­
cuestionamiento de los propios fundamentos dad. Al desplazar el eje del análisis de las
de las estructuras de desigualdad (Silva, relaciones sociales, descentrándolo de la esfe­
2006). En el concepto de clase se utiliza tanto su ra de la producción y ampliándolo a la de la
acepción de raíz marxista, como más webe- reproducción (Terray, 1969), identificaron
riana. Las aproximaciones de tradición m ar­ antagonismos de clase en sociedades “sim­
xista ponen más énfasis en el lugar que los ples”; por ejemplo, entre los miembros de ma­
individuos ocupan en la esfera económica de yor edad de los linajes, por un lado, y los
la producción, concretamente en relación al jóvenes y las m ujeres, por otro. En conse­
control de los medios de producción, m ien­ cuencia, entre grupos de sexo y edad también
tras las orientaciones weberianas privilegian, se podría constatar un reparto desigual de los
como criterio de clasificación y definición de medios de producción y de las relaciones de
69 Diferencia y desigualdad

^explotación, susceptible de configurar rela­ fenómeno casta no era tanto de orden cultural
ciones de clase —para un debate sobre esta —la religión, los valores—, ya que, por ejemplo,
cuestión, véanse, entre otros, Meillassoux, los cingaleses budistas, de religión no hindú, y
1975; Bonte, 1976; Rey, 1977—. Así el estudio otros grupos culturales próximos a la India
de sociedades exóticas ha contribuido a una también se organizaban en castas. Ese criterio
reformulación de la propia categoría marxis- era más bien de orden estructural. Como fe­
ta de clase como cuadro comparativo que ne­ nómeno de m orfología social, el fenómeno
cesitaba ajustarse a la lectura de sociedades no panindio de las castas presentaba característi­
capitalistas. cas específicas que lo distinguían de las socie­
dades de clases y de las aristocracias, tales
como la interdependencia orgánica, las mo­
Jerarquía y casta
dalidades de competencia —intra y no inter­
Otra de las nociones a través de la que se casta—y las lógicas de la endogamia y otras
expresa la idea de desigualdad ha sido tam ­ estrategias de cierre —que estaban en vigor en
bién objeto de asociación, en la teoría antro­ todos los grupos y no sólo en los superiores
pológica, a una sociedad concreta, a un lugar: frente a los inferiores.
se trata del concepto de jerarquía y de su aso­ La reflexión sobre la casta como expresión
ciación a la civilización india (Appadurai, de desigualdad fue de esta manera suscitando
1988). Pero en el sistema de castas, que el con­ diversos debates. Com o ocurre en muchos
cepto de jerarquía vino a caracterizar, se puso otros casos, la dificultad reside en conseguir
de relieve la alteridad de este fenómeno en identificar las especificidades de un fenóme­
relación a formas de desigualdad “occi­ no sin caer en la exotización, que hace de las
dentales”, lo cual llevó a que la casta fuese diferencias en relación a otras sociedades el
considerada como algo más que una forma de único eje de comparación, no atendiendo su­
estratificación social llevada al extremo. ficientemente a las semejanzas. Este error y el
Louis Dumont (1966) consideró el sistema de de brahm anocentrism o son precisamente
castas sobre todo un sistema de valores, basa­ el objeto de una de las críticas dirigidas a D u­
do en la oposición entre puro e impuro y en la mont y a otros indianistas. No había una, sino
interdependencia entre estas dos categorías, varias visiones de la jerarquía ligadas a la
que estarían encarnadas por brahmanes e in­ ^identidad de cada casta. Ninguna casta se
tocables como polos simétricos de un trayecto consideraba intrínsecamente inferior a otra o
jerárquico. Pero esta oposición era de natura­ parte de una jerarquía englobante en la que
leza religiosa, y la jerarquía que de ella se de­ cada una participaba en el sustentamiento del
riva estaba disociada de las materialidades del sistema como un todo (Gupta, 2005). Esta lec­
poder: el poder no se localizaría en la cima de tura se derivaba muy probablemente de una
la jerarquía de castas, sino en su centro, en los sobrevaloración de la versión brahmánica de
escalones intermedios. El pensamiento jerár­ la jerarquía que, en efecto, privilegia el crite­
quico y la ideología holística de la que se deri­ rio de la pureza y de la contaminación. Pero
vaba el sistema de castas, en el que la totalidad las justificaciones brahmánicas de superiori­
se sobrepone a los elementos constituyentes, dad e inferioridad no eran de naturaleza dife­
fueron contrastados por D um ont con los rente, ni sociológicamente más válidas que las
valores igualitarios y con el individualismo narraciones míticas de otras castas que invo­
prevalecientes en la ideología “occidental” can un pasado glorioso y reivindican a partir
moderna. de él su propia superioridad. Según esta vi­
De acuerdo con esta perspectiva, el con­ sión crítica, lo que ocurre es que habían sido
cepto de casta estaba vinculado a una realidad ésas las versiones privilegiadas por los estu­
particular y era abusivo emplear este término diosos indianistas. A fin de cuentas, se trataba
a propósito de cualquier tipo de m anifesta­ de tensión y com petición políticas y no de
ción rígida y acentuada de desigualdad, como concordancia o de aquiescencia ideológica
a veces sucede en el discurso coloquial y en los por las castas más bajas en su papel subal­
medios de comunicación. Esta posición, se­ terno.
gún la cual el término casta describía mal Sin embargo, hay que considerar otras ra­
otras realidades y no podía ser usado como zones para esta invisibilidad de las discordan­
equivalente del exponente máximo de algo cias relacionadas con el orden jerárquico, más
universal —la desigualdad—, fue también la de allá de eventuales problemas de perspectiva
Edmund Leach (1960), pero por razones dife­ implicados en los estudios indianistas. Tales
rentes. El criterio que otorga su especifidad al razones tienen que ver también con una mu-
Diferencia y desigualdad

tación histórica, con las transformaciones Aspects o f Cast in South India, Ceylon and
económicas y políticas ocurridas en la India North-West Pakistan. Cambridge: Cambridge
contemporánea. Si la invisibilidad de la con­ University Press.
testación ha prevalecido durante mucho M EILLASSOUX, Claude (1975): Femmes, G re­
tiempo, eso se debe asimismo al hecho de que niers et Capitaux. Paris: Maspero.
las relaciones entre las castas se procesaban MERTON, Robert (1996): On Social Structure and
exclusivamente dentro de los límites de una Science. Chicago: The University of Chicago
economía rural de aldea cerrada, que no deja­ Press.
ba a las castas subalternas margen de mani­ POULANTZAS, Nicos (1975): Classes in Contem­
obra. La disolución de esta economía, el porary Capitalism. London: NLB.
*éxodo rural, los cambios jurídicos para pro­ SAN ROMÁN, Teresa (1996): Los muros de la se­
mover una mayor igualdad consagrados en la paración. Ensayo sobre alterofobia y filantropía.
Constitución de la India independiente, la Barcelona: Tecnos-Universitat autónoma de
multiplicación de organizaciones de casta, Barcelona.
entre otros factores, se conjugaron para per­ TERR AY, Emanuel (1969): L e Marxisme Devant
A

mitir la expresión de la competición en ámbi­ les Sociétés Primitives. D eux Etudes. Paris:
tos abiertos y de mayor proyección, sin miedo Maspero.
a ofender a los superiores y a los poderosos. Es W EB ER , Max (1978): Economy and Society. An
en este contexto en el que autores como Di- Outline o f Interpretative Sociology. Berkeley:
pankar Gupta (2005) alegan que la casta se University of California Press.
manifiesta ahora más como identidad que co­ WRIGHT, Erik Olin (1989): “The Comparative
mo sistema. Ello quiere decir que, al colapso Project on Class Structure and Class Cons­
del sistema de castas, según existía en la eco­ cience: An Overview”. Acta Sociológica, 32 (1):
nomía cerrada de la aldea, le habría corres­ 3-22.
pondido el ascenso ruidoso de las identidades
Manuela Ivone P. da Cunha
de casta en el ámbito político nacional. Tam ­
bién es así porque la participación de las cas­
tas en la política no se dio en el sentido de Véanse además Acciones afirmativas, ALTE-
eliminar la casta, sino en el de usarla como un RIDAL), Apartheid, Centro-periferia, CIU ­
instrumento de cambio social. Esto es, la de­ DADANÍA, Ciudadano, C O L O N IA L IS ­
mocracia ha proporcionado una afirmación MO Y ANT1 COLONIALISMO, COMU-
sin complejos de la casta, pero no ha conduci­ NIC A ( A() N , C om un idad t ran sn ac io nal,
do a la contestación de la propia categoría Comunitarismo, CONSUMO CULTURAL,
“casta”. Por el contrario, la ordenación verti­ Criollización, CULTURA, DE, R E O IOS
cal de las castas en la jerarquía de la pureza ha HUMANOS, DESARROLLO, Desterrito-
sido sustituida por una consolidación hori­ rialización, Diferencias naturales y diferen­
zontal de estas categorías. cias sociales, Diferencias sociales y diferencias
culturales, Idiferencias sociolingüísticas y des­
igualdad, Discriminación positiva, DISCRI­
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71 Diferencias naturales y diferencias sociales

lismo en los estudios étnicos, Multilingüismo, piensan ni se movilizan de la misma manera


Muítilocal. Nacionalismo, Naturalización, en diferentes contextos culturales.
Neocolonialismo, NUEVOS MOVI MI EN­ Una vez recorrido el camino de desnatu­
TOS SOCIALES, PATRIMONIO, Pluralis­ ralización analítica de algunas desigualdades,
mo sincrónico, POSMODERNIDAD, Ra­ es decir, desmontada la base natural de las di­
cismo v neorracismo, RELACIONES Y ferencias consideradas como fuente de des­
PROCESOS INFORMALES, Relaciones y igualdades sociales, cabrá preguntarse en qué
procesos informales políticos, Revolución medida este tipo de ejercicio es susceptible de
téc nico - cornunica 11 va, S ABER Y SABERES, ser puesto al servicio de las reivindicaciones
Segregación, Sociedad de la inlormación y ^cívicas de igualdad de derechos. Aunque sea
del conocimiento. Sujeto intercultural, T E ­ evidente su utilidad para promover una pers­
RRITORIOS, TRABAJO , Traducción, pectiva distanciada y crítica sobre lo que de
VIOLENCIA POLÍTICA, Violencia políti­ otro modo tiende a pasar por ineluctable, al
ca. Tipos, Xenofobia y xenofilia. mismo tiempo corre el riesgo de convertirse
en una trampa si se esgrime imprudentemen­
te en la esfera pública: situar los debates *ciu-
Diferencias naturales dadanos, de carácter eminentemente político,
en continuidad directa con el conocimiento
y diferencias sociales sobre la naturaleza y así reforzar inadvertida­
mente la idea de que es ésta el árbitro último
Las diversas formas de *desigualdad enu­ de las discusiones sobre lo que pueden y de­
meradas en D IF E R E N C IA Y D E S IG U A L ­ ben ser los derechos y deberes de personas, ca­
D A D se encuentran interseccionadas con tegorías y grupos. La igualdad, por tanto, sólo
categorías de diferencia que pueden configu­ sería legítima siempre que la desigualdad no
rar por sí mismas tipos específicos de des­ tuviera base natural alguna. En este sentido
igualdad, no totalm ente reductibles a las sería consecuentemente indispensable el im ­
primeras. Es el caso de las categorías “racia­ prim a tur legitimador de la ciencia. Pero ¿y si,
les”, de edad y género. Estas categorías vienen por mera hipótesis, la ciencia viniera a sos­
a segmentarlas —a una misma inserción de tener lo contrario, que la esencia de las
clase, por ejem plo, pueden corresponderle desigualdades sociales se encuentra en las di­
desigualdades de poder entre hombres y mu­ ferencias naturales? ¿Hasta qué punto se­
jeres— y al mismo tiempo son segmentadas ría aceptable, en consecuencia, la revisión
por ellas -la experiencia de las mujeres no es de principios democráticos? Los riesgos del
uniforme, difiriendo según las inserciones de cientifismo aquí implícito pueden ilustrarse
clase-. En consecuencia, la similitud no con el caso de la m ilitancia antirracista en
implica igualdad. Este primer conjunto de nombre de la ciencia, que en el presente —pe­
categorías de diferencia hace referencia a ca­ ro no en el pasado—afirma la unicidad genéti­
racterísticas ^naturales. Sin embargo, esto no ca del género humano y la inexistencia de
quiere decir que se deriven naturalmente de “razas”. Este combate cívico, si se desarrolla
éstas. No todas las diferencias naturales se re­ únicamente sobre esta base, incurre en una si­
visten de significado —se convierten en social­ m etría peligrosa, pues acaba por reflejar las
mente visibles—ni todas son generadoras de tesis racistas que hacían derivar la desigual­
desigualdad. Es lo que ocurre en el caso histó­ dad social de las diferencias biológicas y que­
rico, en lo que se refiere a la formulación de da cautivo del discurso genético, al cual por
las clasificaciones “raciales”, de la racializa- principio trasciende.
ción de ciertas características físicas y no de
otras, no menos prominentes pero que han
Edad
permanecido socialmente neutras. En conse­
cuencia, la propia visibilidad de la apariencia La edad es un modo de evaluación rela­
física puede ser más el resultado de una cons­ cionado con el desarrollo físico del individuo
trucción ideológica que un dato inm edia­ y con la sucesión de etapas socialmente signi­
to (Wade, 1993). En muchas ocasiones lo ficativas en las que aquél se manifiesta. Como
que está en juego no es la naturalidad de las objeto demarcado culturalmente que es, la re­
diferencias, sino la naturalización de las de­ ferencia a la edad resulta variable y sus moda­
sigualdades sociales como forma de legiti­ lidades son múltiples. Tanto puede situar al
marlas y perpetuarlas (Stolcke, 1993). En individuo, considerado en su existencia par­
cualquier caso, las diferencias naturales no se ticular, como servir de base para la definición
Diferencias naturales y diferencias sociales 72

de categorías sociales y la constitución de gru­ los masai en Tanzania y Kenia, no es el único


pos; tanto puede implicar la periodización de modo de constitución de clases de edad; otro
etapas del ciclo de vida, de la infancia a la ve­ criterio es de orden generacional, en la medi­
jez, como las posiciones relativas de indivi­ da en que lo decisivo es la pertenencia de pa­
duos entre sí. En este sentido pueden existir dre e hijo a clases de edad distintas. La edad
desigualdades fundadas sobre principios de genealógica prevalece en este caso sobre la
senioridad y ancestralidad, como es el caso en cronológica. Teniendo en cuenta que cada
varias sociedades de linajes, es decir, basadas clase de edad va progresando a lo largo de su
menos en la edad cronológica per se, en térmi­ existencia por diversos grados, que enmarcan
nos absolutos, y más en la proximidad genea­ diferentes funciones sociales desempeñadas
lógica entre vivos o con los muertos. En las por los individuos, la conciliación de estos dos
sociedades de linajes los vínculos de los ma­ aspectos puede resultar más com pleja de lo
yores con los más jóvenes son también, en que se podría suponer.
general, una relación de autoridad y de de­
pendencia que pasa por el importante control
Sexo y género
que los primeros atesoran sobre la reproduc­
ción y la circulación e, indirectamente, sobre La desigualdad también puede formular­
la reproducción cuando este control tiene im­ se en relación al género. Invirtiendo la pers­
plicaciones en las compensaciones matrimo­ pectiva de esta formulación, el género ha sido
niales debidas por los más jóvenes. definido, de hecho, como una forma de des­
En algunas de estas sociedades la edad igualdad, por lo que el estudio del género se­
puede convenirse en un principio organiza­ ría por inherencia un análisis de las relaciones
dor central de la vida social, condicionando de poder asimétrico (O rtner y W hitehead,
de manera global no sólo los principales acon­ 1981; Collier y Yanagisako, 1987). En la ac­
tecimientos de la existencia del individuo, si­ tualidad, esta consideración no implica, como
no que también puede definir estatus, cargos en tiempos conllevó, el presupuesto simple de
políticos, funciones, derechos y obligaciones. la dominación universal de las m ujeres por
En estos contextos la vida social y económica los hombres, ni el de la universalidad de las
está regulada por la transición sincronizada nociones de género que afirman la superiori­
de un conjunto de personas de una etapa a dad masculina y la inferioridad femenina. Es­
otra. Se trata ce los sistemas de clases de edad, ta subordinación, como llegó a pensarse, se
que combinan un principio jerárquico, rela­ derivaría de la capacidad reproductora de las
cionado con las diferencias etarias, con un mujeres, que induciría en todas las épocas y
principio igualitario que gobierna las relacio­ en todos los lugares a una desvalorizante aso­
nes de copertenencia a una misma clase de ciación simbólica con la naturaleza y la esfera
edad (Bernardi, 1985; Hábeles y Collard, privada o doméstica. Los hombres, por su
1985; Stewart, 1977). Sin embargo, hay que parte, representarían universalmente la cul­
precisar que normalmente estos grupos com­ tura y la esfera pública (Rosaldo y Lamphere,
prenden sólo individuos del mismo sexo. En 1974). Una perspectiva comparativa más
el caso de esta configuración social, constata­ atenta a las diferencias culturales y sociales vi­
da en diversas regiones del globo, pero con no a evidenciar, no obstante, no sólo una ma­
presencia destacada sobre todo en varios paí­ yor complejidad y diversidad de formas en
ses del Africa oriental —en parte porque aquí este ámbito, sino también que esos dos presu­
una determinada clase de edad gana presen­ puestos están en parte estrechamente ligados
cia mucho mas allá del nivel *local, proyec­ a construcciones ideológicas y esquemas “oc­
tándose a escala #nacional—, las categorías cidentales” de pensamiento. Se trata de
colectivas definidas con base en el factor edad esquemas dicotómicos tales como cultura/ na­
tienen, pues, verdaderamente una expresión turaleza, público/privado, producción/repro-
institucional, lo cual no ocurre con la noción ducción. Es más, esas dicotomías se
de generaciones. Se entiende por clase de encuentran organizadas siempre de manera
edad un grupo de individuos nacido en un asimétrica: la cultura figura en ellas como
mismo intervalo de tiempo, periodo éste va­ superior a la naturaleza, la esfera pública
riable y socialinente determinado. Puede tra­ masculina engloba el ámbito doméstico feme­
tarse del intervalo comprendido entre dos nino. En este marco, el pensamiento sobre la
rituales colectaos de iniciación de adolescen­ diferencia de género sería, pues, en principio
tes. Pero este criterio de coiniciación pubes­ jerarquizador e incapaz de reconocer, según
cente, popularizado por el conocido caso de los contextos, la igualdad entre los géneros, lo
73 Diferencias naturales y diferencias sociales

mismo que admite la desigualdad; de identi­ relativismo un tanto simétrico, la ideolo­


ficar semejanzas, a la vez distingue diferen­ gía androcéntrica en sociedades diferentes
cias. El problema de la desigualdad es por considerar que las mujeres tendrían un
también indisociable de la cuestión de la re­ poder real, aunque discreto, por detrás del
presentación de las mujeres y desde luego es­ poder visible, pero superficial de los hombres.
tá inscrito en ella, como la antropología En este caso la cuestión es saber si las mujeres
feminista ha destacado. No sólo se ha descui­ detentan, sobre los hombres y la sociedad, el
dado a las mujeres en cuanto objeto de aten­ poder de decisión global que éstos muchas ve­
ción etnográfica, quedando sus actividades ces tienen sobre las mujeres y la sociedad, o si
invisibles o subevaluadas, sino que tampoco ellas poseen poder esencialmente en el domi­
se las representaba como actores plenos de la nio que se les atribuye (Mathieu, 1991). Final­
vida social, habiendo permanecido durante mente, el par binario naturaleza/cultura, y su
mucho tiempo sin voz. asociación a un contraste entre los sexos, han
Ahora bien, la dicotomización que ha es­ visto cuestionados su contenido y universali­
tructurado la representación del género está dad, una vez que también han sido considera­
lejos de ser universal. Además, la cuestión de dos una particularidad “occidental” imputada
la subordinación de las mujeres no se plantea a otras visiones del mundo (M acCormack e
en los mismos términos en las sociedades Strathern, 1980). Lo mismo sucede con el ali­
igualitarias (Leacock, 1978), sin jerarquía po­ neamiento simbólico de las mujeres con la na­
lítica, donde el poder no se concibe como turaleza, de las mujeres con la reproducción y
fuerza coercitiva y las mujeres controlan su de ésta con la naturaleza: ninguna de estas
^trabajo y lo que de él resulta. Como han des­ asociaciones culturales se puede generalizar
tacado diversos antropólogos, el conjunto de universalmente. Así lo señalan Collier y Ro-
dicotomías referido más arriba es menos una saldo (Ortner y Whitehead, 1981).
característica de los universos culturales es­ El modo en que el binomio naturaleza/
tudiados que del discurso desarrollado sobre cultura está presente en la propia articulación
éstos. Es el caso de la oposición entre pro­ entre sexo y género es menos lineal de lo que
ducción y reproducción, que se basa en la ten­ se pensaba en un principio. El término “géne­
dencia “occidental” a m arcar la distinción ro” fue introducido por los estudios feminis­
entre la producción de personas y de cosas tas para designar la construcción social de
(Collier y Yanagisako, 1987) y a radicar en esa la diferencia entre hombres y mujeres —por
diferenciación la idea de la “naturalidad” de ejem plo, sus respectivas actividades y com ­
la división sexual del trabajo. Es más, la con- portamientos o aquello que se entiende por
ceptualización naturalista de las mujeres con “m asculino” y “fem enino”—, y para distin­
la que se relaciona ha estado en la base de un guirla de la diversidad biológica entre ambos,
análisis económico distorsionado del trabajo referida con el término “sexo”. El género co­
de aquéllas —y, en consecuencia, de la produc­ mo construcción simbólica sería cultural­
ción en su conjunto—al privilegiar las tareas mente variable, frente al hecho universal de
reproductivas que desempeñan en detri­ las diferencias naturales de sexo. Sin embar­
mento de otras (Mathieu, 1991). En cuanto a go, las categorías de género “m asculino” y
la dicotomía público/privado, no todas las so­ “fem enino” no son necesariamente simples
ciedades la elaboran y se puede situar históri­ comentarios o prolongaciones culturales de
camente (Leacock, 1978). De la misma forma, las diferencias biológicas entre hombres y
este binomio no recubre uniformemente las mujeres, ni las diversidades de sexo son for­
mismas realidades —la noción de privado pue­ zosamente la base universal a partir de la cual
de referirse a la persona, no a un grupo do­ se generan las distinciones de género (Collier
méstico; la idea de público no siempre se y Yanagisako, 1987). En otros contextos cul­
puede reducir a la de político—; tampoco co­ turales, las diferencias de género también
rresponde necesariamente a una distribución pueden naturalizarse o radicarse en el cuerpo,
de actividades masculinas y femeninas, ni a pero de manera diversa y sin que esa naturali­
una jerarquización que revaloriza unas —las zación corresponda a la agregación específica
de las m ujeres—y devalúa otras —las de los de ingredientes que componen la noción occi­
hom bres- (Overing, 1986). Se impone, no dental de sexo —una construcción que aglo­
obstante, una precisión en este punto. Una co­ mera en una misma unidad aspectos diversos,
sa es revelar el *etnocentrismo y el androcen- tales como elementos anatómicos, funciones
trismo presentes en las propias categorías biológicas, y que produce categorizaciones se­
analíticas utilizadas, y otra subestimar, con un xuales binarias—. A pesar de reconocidas, las
Diferencias sociales y diferencias culturales 74

diferencias genitales y de papeles reproducti­ STEW ART, Frank Henderson (1977): F u n da ­


vos entre hombres y mujeres pueden ser me­ mentals o f Age-Group Systems. New York: Aca­
nos relevantes, en las categorizaciones demic Press.
sexuales emprendidas por otras sociedades, STO CKLE, Verena (1993): “Is Sex to Gender as
que otros aspectos de la fisiología del cuerpo. Race is to Ethnicity?”, en T. del Valle (ed.),
Es lo que ocurre, por ejemplo, con la carne y Gendered Anthropology. London: Routledge.
el hueso, entendidos como femenino y mas­
Manuela Ivone P. da Cunha
culino, entre los khumbo de Nepal (Diem -
berger, 1993). Pero en este caso, en lugar de
realzar diferencias entre cuerpos, las nociones Véanse además A L T E R I D A D , C I U D A ­
de distinción sexual subrayan aspectos dife­ DANÍA, Ciudadano, CONSUMO C U L T U ­
rentes contenidos en cada cuerpo. Desde esta RAL, Criollización, D ERECH O S H UMA­
perspectiva se argumentó más tarde que, en NOS, DIFERENCIA Y DESIGUALDAD,
último término, ¡a distinción analítica entre Diferencias sociales y diferencias culturales,
sexo y género tal vez fuera innecesaria —e in­ Discriminación positiva. Espacios locales, ES-
cluso reedite, a otro nivel, el tipo de naturali­ TA D O -N A C 1<>N , ESA E 1*E( )TI POS Y
zación que en un principio sirvió para ESE N ( : IALIZA( : IÓ N , EST I ( M A , Etno-
j

cuestionar—, pues la noción de “sexo” en sí centrismo v relativismo cultural, Global y lo-


misma está modulada por construcciones cul­ cal, Homoíobia y heterofobia. IN T E G R A -
turales particulares (Collier y Yanagisako, CI( )N, Integración educativa, Intcrculturali-
1987; Butler, 1999). dack Migraciones. Teoría macro, Migraciones
y racismo, MINí )RÍ AS, KSTEREOT1 POS Y
ESENCIALIZACION, Etnocentrismo y re­
Bibliografïa lativismo cultural. Naturalización, Nomadis­
mo y turismo, Plunnacionalidad, Racismo y
BERNARDI, Bernardo (1985): Age Class Systems. neorracismo, RELACIONES Y PROCESOS
Cambridge: Cambridge University Press. INFORMALES, Relaciones y procesos infor­
B U T LER , Judith (1990): Gender Trouble: F em i­ males económicos, SABER Y SABERES, Ma­
nism and the Subversion o f Identity. London: jes y sistemas de movilidad.
Routledge.
CO LIER, Jane F.; YANAGISAKO, Sylvia J.
(eds.) (1987): Gender and Kinship. Essays To­ Diferencias sociales
ward a Unified Analysis. Stanford: Stanford
University Press. y diferencias culturales
D IE M B E R G E R , Hildegard (1993): “Blood,
Sperm, Soul and the Mountain. Gender Rela­ De la misma manera que algunas *des-
tions, Kinship and Cosmovision among the igualdades han sido Naturalizadas, otras han
Kumbo”, en T. del Valle (ed.), Gendered sido *culturalizadas, esto es, se atribuyó a di­
Anthropology. London: Routledge, 88-127. ferencias culturales aquello que muchas veces
LAECOCK, Eleanor (1978): “Women’s Status in se debe, sobre todo, a disparidades sociales.
Egalitarian Societies: Implications for Social La lógica esencialista es la misma en ambas
Evolution”. Current Anthropology, 19: 247-75. conversiones, tal como el efecto de escamoteo
MacCORMACK, Carol; STRA TH ERN , Ma­ de estructuras de desigualdad. Este es uno de
rilyn (eds.) (1980): Nature, Culture and Gender. los tres principales problemas que pueden
Cambridge: Cambridge University Press. afectar al análisis de las relaciones entre dife­
M ATH IEU, Nicole-Claude (1991): L!Anatomie rencias sociales y culturales. La confusión en­
Politique. Catégorisations et Idéologies du Sexe. tre estos dos planos se ha manifestado, por
Paris: Côté Femmes. ejemplo, en la tendencia a exotizar la pobre­
MOORE, Henrietta (1988): Feminism and Anthro­ za, atribuyendo a una inserción *étnica o a
pology. Cambridge: Polity Press. una opción cultural aspectos del modo de vi­
O RTN ER, Sherry; W H IT E H E A D , Harriet da tales como las condiciones precarias de vi­
(eds.) (1981): Sexual Meanings. The Cultural vienda de una comunidad dada en barrios de
Construction o f Gender and Sexuality. Cam­ chabolas (Bourdieu, 1993; Cunha, 2002). La
bridge: Cambridge University Press. distancia social se ve también amplificada y
ROSALDO, Michelle; LA M PH ER E, Louise transformada en inconmensurabilidad, cuan­
(eds.) (1974): Woman, Culture and Society. do se suprime del abanico de las motivaciones
Stanford: Stanford University Press, 67-88. posibles de un comportamiento los factores
75 Diferencias sociales y diferencias culturales

socioeconómicos y se lo reduce desde un prin­ de abordaje de la cuestión, en la que los


cipio a una mentalidad #“otra” o a rasgos psi- pobres figuran menos como un conjunto es­
cosociales específicos, como puede ser la tadístico de individuos que como una cate­
“orientación hacia el presente”. goría social con contenido ontològico.
Este fue uno de los problemas que afectó En el extremo opuesto se sitúa otro tipo de
a la noción de “cultura de la pobreza”, una equívocos en los que incurrieron precisamen­
construcción que también ilustra un segun­ te algunos de los críticos de Lewis (Valentine,
do tipo de equívocos analíticos que rodean 1961; Leeds, 1971), al encarar la reproducción
esta cuestión: aquel que consiste en desco­ de las relaciones de clase únicamente como un
nectar por completo los procesos culturales efecto mecánico, directo y sobredeterminado
de los económicos y políticos. Según Oscar de las estructuras de desigualdad. Varias et­
Lew is (1966), que propuso tal concepto, se nografías han demostrado que no es así, al po­
habría generado un conjunto particular de ner de relieve los procesos de carácter cultural
comportamientos, valores e ideas como res­ implicados en esa reproducción (Howe, 1990;
puesta adaptativa a la *marginalidad econó­ Willis, 1977). Es más, la antropología abando­
mica y, una vez constituida, esa cultura se nó hace mucho tiempo la noción cosifícante
perpetuaría de forma autosostenida, inmune de cultura que orientó la idea de “cultura de
al cambio y condenando por sí misma a los la pobreza” y que la distinción analítica entre
pobres en la m iseria. A despecho de las “cultura” y “respuesta situacional” —una pri­
intenciones de Lew is, la “cultura de la mera tentativa de resolver los problemas que
pobreza” abrió un cam ino a la exclusiva tal concepto implicaba—no había contribuido
responsabilización de los pobres de su subal- a superar. Más bien había creado una falsa di­
ternidad, dados los valores contraproducen­ cotomía, una vez que la cultura no debe
tes por los que se regirían, llegándose a entenderse como un arcano núcleo fijo de
juzgar inútil cualquier intervención en el valores, sino como un proceso ligado a la acti­
sentido de m ejorar su condición, por ejem ­ vidad social, por lo que, en consecuencia,
plo, a través de programas sociales. El tipo también es en buena medida contextual y re­
de apropiación de la que esta noción ha sido creada continuamente en la práctica. Tenien­
objeto ilustra perfectamente la polarización do esto en cuenta, estudios recientes han
ideológica existente en torno a los estudios procurado analizar modos de vida ligados a la
sobre la pobreza, especialmente en el caso de pobreza como algo que representa más que
E E . UU. Esta noción también entronca con una respuesta pasiva a constreñimientos es­
la propia organización de las categorías cul­ tructurales, y que es susceptible de exacerbar
turales a través de las cuales la diferencia una marginalidad social impuesta por esos
tiende a ser pensada ah í, y con el modo en constreñimientos (Day, Papataxiarchis y Ste­
que a h í se establecen las ^identidades socia­ wart, 1999). La recuperación de la idea de
les, donde sobresale la tendencia a subsumir “orientación hacia el presente” es central en
la identidad de clase en étn ico-“racial” y a esos abordajes, aunque los riesgos de cosifica-
que la condición de clase sea el último factor ción y de sociocentrismo, identificados hace
invocado para explicar la pobreza y la impo­ mucho tiempo por Elliot Liebow (1967), no
tencia social (Ortner, 1998). Cuando no lo es, estén definitivam ente apartados (Cunha,
adquiere a veces un carácter sui generis, co­ 2002). En todo caso, están atentos al tercer
mo en la noción de underclass (W ilson, 1987), riesgo analítico referido, es decir, reducir las
desarrollada para caracterizar al subproleta­ diferencias culturales a las sociales.
riado de los guetos urbanos am ericanos, Otro dominio en el que ha sobresalido la
afectados por la desindustrialización y por el tendencia a prestar atención a la dimensión
paro, por la descomposición de las estructu­ social en detrimento de la cultural es el ámbi­
ras familiares y, sobre todo, por el aislamien­ to de la salud y de la enfermedad. Con todo, es
to social. En esta noción se subrayan los precisamente la dimensión cultural la que
aspectos colectivos de la exclusión social y puede perm itir comprender diferencias de
simbólica que caracteriza al gueto como un conducta de las que no da suficiente cuenta la
todo, al igual que, siguiendo a Lew is, los dimensión propiamente sociológica. No su­
aspectos culturales de la organización de pone ceder a un culturalismo estéril, ni esto
la supervivencia que en él emergen como re­ implica obliterar los aspectos sociales e histó­
acción a esa exclusión. La centralidad asumi­ ricos, el reconocer la importancia de esta di­
da en este contexto por el concepto de mensión, donde se incluyen, por ejemplo, los
underclass ilustra una tradición anglosajona valores y las representaciones vehiculadas por
Diferencias sodolingüísticas y desigualdad 76

el origen religioso, que marcan com por­ Véanse además Acciones afirmativas, Acuì-
tamientos en ámbitos tan variados como la tu ración, A UTERI DAD, CIUDADANÍA ,
relación con el cuerpo, la enfermedad, los mé­ Giu cl ada no, ( >o m un ita r ism o, C O N S U M O
dicos y los medicamentos, según informan la CULTURAL, Criollización, CULTURA,
relación con la escritura, el *saber y la autori­ D ESARROLLO, D IF E R E N C IA Y D E S ­
dad (Fainzang, 2001). Es así como es posible IGUALDAD, Diferencias sociolingüísticas y
dar cuenta de divergencias significativas desigualdad, Discriminación positiva, DIS­
constatadas en el seno de un mismo medio so­ CRIMINACIÓN Y E X C L U S IÓ N SO­
cial, o en marcos sociales equivalentes, entre CIAL, ELITES, ESPACIO-TIEMPO, Et in­
individuos asociados a categorías culturales cidaci, Etnocentrismo v relativismo cultural,
diferentes, de .a misma forma que se pueden E X P L O T A C IÓ N SOCI AL, Ext ran jero,
descubrir tendencias semejantes, verificadas F R O N T E R A , HIBRID ACIÓN, Homofo-
por recurrencias en el interior del mismo ám ­ bia y heterofobia, I D E N T ID A D , I N T E ­
bito cultural, que son transversales a una po­ GRACION, Integración educativa, Integra­
blación heterogénea desde un punto de vista ción religiosa, Intercultural idad. Megalopo­
socioeconómico, educativo, profesional o de lis, Migraciones. Teoría macro, MINORIAS,
medio rural/urbano. MOVÍ LID AD, MULTICULTURALIS M( ),
Nacionalidad, Nacionalismo, Naturaliza­
ción, Nomadismo y turismo, NUEVOS M()-
Bibliografía VI MI ENTOS SOCIALES, Pluralismo sin­
crónico, Plurinacionalidad, Racismo y neo-
racismo, Relaciones y procesos informales
CUNHA, Manuela Ivone P. da (2002): Entre oBai-
económicos, Revolución técnico-comunicati­
rro e a Prisâo: Trdfico e Trayectos. Lisboa: Fim
va, SABER i' SABERES, Segregación, Suje­
de Século.
to intercultural, TRABAJO, Viajes y sistemas
DAY, Sophie; PAPATAXIARCHIS, Evyhymios;
de movilidad. Violencia política. 1 ipos.
STEWART, Michael (eds.) (1999): Lilies o f the
Field. Marginal People Who Live For the M o­
ment. Boulder, Co. Westview Press.
FAINZANG, Sylvie (2001): Médicaments et Socié­
té. Paris: PUF.
Diferencias
H O W E, Leo (1990): Being Unemployed in Nor-
• them Ireland: An Ethnographic Study. Cam­
sociolingüísticas
bridge: Cambridge University Press.
LEED S, Anthony (1971): “The Concept of the
y desigualdad
Culture of Poverty: Conceptual, Logical, and
Una población puede manifestar una va­
Empirical Problems, with Perspectives From
riedad de prácticas lingüísticas que informan
Brazil and Peru”, en E. Leacock (ed.), The
y son informadas por *diferencias sociales y
Culture o f Poverty: A Critique. New York: Si­
culturales, que se toman como causas o justi­
mon and Schuster, 226-284.
ficaciones de diversas desigualdades (B ar­
LEW IS, Oscar (1966): La Vida. A Puerto Rican in the
man, 2003; Schieffelin et al., 1998). Mientras
Culture of Poverty. New York: Random House.
la unidad genética de la especie humana es al­
LIEBOW , Elliot (1967): Tally's Corner. A Study o f
go que se ha venido aceptando con dificulta­
Negro Streetcorner Men. Boston: Little, Brown
des, nos encontramos habitualm ente con la
and Company.
idea de la existencia de una lengua original
ORTN ER, Shirley (1998): “Identities: The Hid­
que se habría ram ificado. Ahora bien, es
den Life of Class”. Journal o f Anthropological
plausible que las familias de lenguas hayan te­
Research ,54(1): 1-17.
nido múltiples orígenes, instancias diversas
V A LEN T IN E, Charles (1966): Culture and Po­
de realización de una universal capacidad hu­
verty. Critique and Counter Proposals. Chicago:
mana para el lenguaje. Sea como sea, la va­
The Chicago University Press.
riedad que representan los varios miles de
W ILLIS, Paul (1977): Learning to Labour: How
lenguas de la humanidad es patente. En este
Wording Class Kids Get Wording Class Jobs.
sentido las estimaciones varían según los cri­
London: Saxon House.
terios que se tengan en cuenta, como, por
WILSON, William Julius (1987): The Truly Disavan-
ejemplo, la distinción lengua/dialecto, cuyos
taged. Chicago: The Chicago University Press.
usos políticos pueden ilustrar la jerarquiza-
Manuela Ivone P. Da Cunha ción social de las diferencias lingüísticas.
77 Diferencias sociolingüísticas y desigualdad

Basadas en esta proliferación de la dife­ estos fenómenos en el mundo occidental. Son


rencia interlingüística sincrónica, las teorías situaciones que se articulan con diferencias
del ^relativismo lingüístico más destacadas se intralingüísticas —de *clase, de género, de
encuentran en las ideas de W ilhelm von edad, regionales, contextúales, etc.—que la so-
Humboldt y en la hipótesis Sapir-W horf, se­ ciolingüística ha convertido en su objeto de
gún las cuales, por decirlo en pocas palabras, estudio principal, sobre todo bajo el impulso
la lengua de un individuo determina su visión de Labov y, en un principio, en contextos mo-
del mundo. Estas ideas, controvertidas y, en nolingües, prestando atención a las correla­
sus versiones más radicales, desmentidas par­ ciones existentes entre variación lingüística y
ticularmente por la posibilidad de la traduc­ estratificación social.
ción, tienen equivalentes en diversos lugares En su hipótesis del déficit, Bernstein
comunes. De la misma manera que el racialis­ (1971) considera que el fracaso escolar de de­
mo escapa difícilmente al ^racismo, es poco terminados niños negros de las clases popula­
habitual que estos lugares comunes no sean res norteamericanas se debe a que reciben de
jerarquizadores. Ponderar la “musicalidad” sus padres un código restringido diferente del
de un idioma o la aptitud para la filosofía de código elaborado, utilizado por los profeso­
otro supone trazar los límites de una *alteri- res, o a que, en el caso de que dispongan de es­
dad de la que, según el sentido común o las te último, no lo emplean. Estas ideas, que a
teorías sustancialistas de la *etnicidad, la len­ veces alimentan prejuicios racistas, podrían
gua es un marcador importante. De esta ma­ llevar a la conclusión de que esta “carencia
nera, una leve diferencia basta para traicionar verbal” comporta una deficiencia cognitiva
la xenidad de un hablante: según la Biblia para tratar la abstracción, y su aceptación ha
(Jueces, 12), la pronunciación de la palabra dado lugar a acciones de compensación edu­
shibboleth con una [s] inicial denunció a cativa. De hecho, la política lingüística procu­
42.000 hombres de Efraín ante los galaaditas, ra intervenir sobre las diferencias sociales y
que los ejecutaron. Y los griegos aplicaban el culturales: definir una lengua oficial; exigir
término onomatopéyico “bárbaro” a los que su dominio; apoyar o reprimir una lengua do­
no hablaban su lengua: a diferencia del color minada; controlar la innovación léxica, y, so­
de piel, elemento privilegiado por el racismo, bre todo, promover la in te g ra c ió n de la
la lengua puede ser “*extranjera” y así moti­ norma hablada y la escrita —el alfabeto puede
var una ^exclusión. Algunos sociolectos pre­ diferenciar lenguas próximas, como el servio
tenden reforzar desigualdades de estatus: la y el croata, o marcar una opción ideológica: la
jerga procura ser discriminadora. Por el con­ elección, contra el islam, del alfabeto latino
trario, un idioma artificial de vocación uni­ por parte de Turquía—. Ahora bien, el analfa­
versal —volapük, esperanto, etc.—tiene como betismo es un factor de desigualdad social de­
objetivo la indiferenciación, confiando en la bido al valor instrumental que le concede a la
incidencia de los factores lingüísticos sobre escritura el modelo técnico-económico domi­
los hechos sociales. nante, y no a diferencias esenciales entre la es­
El sentimiento de enraizamiento *identi- critura y la oralidad. Además, la evolución
tario en la lengua materna, efectivo a nivel in­ fonética conlleva una inadecuación progresi­
dividual y colectivo, la ve a menudo de un va de la ortografía, cuyo aprendizaje, en sus
modo estático y acompañada de una ilusoria aspectos funcionalmente caducos, se convier­
homogeneidad lingüística del grupo que te a su vez en criterio de selección escolar. La
el hablante considera como el suyo. Sin em ­ lingüística ha tardado en ver en la escritura
bargo, el estudio del contacto lingüístico algo más que una representación de la orali­
(W einreich, 1953) ha demostrado que el dad. Pero si Goody (1977) abordó el efecto de
monolingüismo homogéneo es muy poco la representación gráfica en los procesos cog-
frecuente, concretamente al analizar las nitivos, lo hizo sin considerar las aptitudes
sociedades *multilingües de Asia, la form a­ propias de las lenguas con escritura o pura­
ción de los criollos, el code-sw itching, la in­ mente orales, de la misma forma que las teo­
teriorización por parte del hablante de la rías relativistas no jerarquizan. Discernir el
imagen negativa de un idioma socialmente alcance cognitivo inherente a los diferentes
dominado. La noción ampliada (Fishm an, códigos de una lengua procede del sociocen-
1967) de diglosia (Ferguson, 1959) designa el trismo de las clases medias: los alumnos que
estatus desigual de dos lenguas usadas dentro no alcanzan la norma del código elaborado
de un mismo grupo. La intensificación de los presentan un déficit. Labov (1957) demostró
movimientos *migratorios hace más visibles que estos niños usan sin ningún problema
Discriminación positiva 78

conceptos abstractos en discursos formulados Ideologies: Practice and Theory. Oxford:


en código restringido. La diferencia lingüísti­ Oxford University Press.
ca no es por sí misma la causa de la desigual­ W EIN R EIC H , Uriel (1953): Languages in C on­
dad escolar. tact: Findings and Problems. New York: Lin­
Lo que sí es cierto es que a diferentes orí­ guistic Circle of New York.
genes de clase corresponden, según los con­
Jean-Yves Durand
textos, distintos relaciones con el repertorio
de códigos e incluso con el habitus lingüístico.
En consecuencia, la etnografía de la p erfo r­ Véanse además ALT ER ID A D , C O M UNI­
m ance Comunicativa, de la “agencialidad”, y CACIÓN, Criollizacióm D IFE R E N C IA Y
la sociolingüística de la interacción son nece­ DESIGUALDAD, Diferencias sociales v di-
sarias, en articulación con una crítica social de ferencias culturales. Discriminación positiva,
la lengua y de sus usos como actos de identi­ DISCRIMINACION Y EXCLUSION SO-
dad (Le Page y Tabouret-Keller, 1985). La (X AL, Etnicidad, Etnocentrismo y relativis­
economía de los intercambios lingüísticos no mo cultural, Extranjero, IDENTIDAD, IN­
es más igualitaria que la de otros bienes sim­ T EGRACIO N, Integración educativa, MI­
bólicos (Bourdieu, 1982). Además, las ciencias GRACIONES, Migraciones y racismo,
sociales encuentran aquí una oportunidad pa­ Multilingüismo, Racismo y neorracismo,
ra la reflexividad: traducciones, citas, prisa o Traducción.
reticencia en relación a la adaptación de con­
ceptos —como, actualmente, agency—demues­
tran el papel de las diferencias lingüísticas en
la administración de los desiguales capitales
Discriminación positiva
simbólicos de las diversas “escuelas” naciona­ El término de discriminación positiva es
les en el campo disciplinario mundial. otra de las designaciones que reciben las polí­
ticas de *acción afirm ativa, de cuotas o de
reparaciones, formuladas para apoyar legal­
Bibliografía mente a aquellos grupos sociales que son #dis-
criminados y excluidos de los bienes de la
BAUMAN, Richard (2003): Voices o f Modernity: ciudadanía a causa de sus ^diferencias, ya sean
Language, Ideologies and the Politics o f Inequa­ étnicas, raciales, lingüísticas, de género y
lity. Cambridge: Cambridge University Press. edad, por incapacidad física o de otro tipo.
BERNSTEIN, Basil (1971): Class, Codes, and Con­ La discriminación positiva supone, pues,
trol. Vol. 1. London: Routledge and Kegan Paul. un cuestionamiento profundo de la lógica
BOURDEU, Pierre (1982): Ce q u eparler veut dire. universalista subyacente a la mayoría de las
L!économie des ¿changes linguistiques. Paris: Fa- Constituciones de los países occidentales y la­
yard. tinoamericanos, que garantizan el deber del
FERGUSON, Charles (1959): “Diglossia”. Word, Estado de tratar a todos de forma igualitaria.
15 (2): 325-340. En los dos modelos más influyentes de *Esta-
FISH M AN , Joshua (1967): “Bilingualism with do-nación del conjunto del mundo occidental
and without diglossia; diglossia with and wi­ —Estados Unidos y Francia—, la Constitución
thout bilingualism”. Journal o f Social Issues, 23 vino a establecer una igualdad absoluta entre
(2): 29-38. todos los #ciudadanos, como garantía de que
GOODY, Jack (1977): The Domestication o f the Sa­ las desigualdades sociales y políticas anterio­
vage Mind. Cambridge: Cambridge University res —propias de regímenes feudales y monár­
Press. quicos anteriores—, así como las de origen
LABOV, William (1972): “The Logic of Nonstan­ religioso, quedaran absolutamente elim ina­
dard English”, en W. Labov, Language in the das. Este paradigma, a pesar de poseer un
Inner City: Studies in the Blac\ English Vernacu­ carácter “revolucionario” en el marco del
lar, Philadelphia: University of Pennsylvania s. XVIII, “decreta”, por así decirlo, como elimi­
Press, 201-240. nadas o inexistentes diversas desigualdades
L E PAGE Robert; TABO U RET-K ELLER, An- que se habían acumulado hasta ese momento
drée (1985): Acts o f Identity: Creole-Based -e s el caso, por ejemplo, del acceso desigual a
Approaches to Language and Ethnicity. Cam­ los recursos materiales y a las más altas esferas
bridge: Cambridge University Press. del poder político y militar que caracterizaba
S C H E IE F F E L IN , Bambi; W OOLARD, K.; a los diferentes grupos étnicos que compo­
KROSKRITY, Paul (eds.) (1998): Language nían las naciones fundadas por aquel entonces—.
79 Discriminación positiva

Al mismo tiempo, relega otros tipos de dife­ y es indiferente a su reproducción futura, des­
rencias que marcaban a los ciudadanos, como de la discriminación positiva se considera a la
lo ocurrido con las lenguas, las aptitudes físi­ sociedad como un complejo sistema de nego­
cas desiguales y los ^patrimonios simbólicos ciación de ventajas, relativas e interrelacio­
específicos de los diversos grupos sociales. nadas, para ciertos grupos específicos. Se
En el caso particular de Estados Unidos, desvanece la visión de un individuo universal,
la igualdad manifestada en la Constitución no abstracto, incorpóreo, sin género, ni edad, ni
eliminó el ^racismo, ya que este texto resultó aptitudes físicas diversas. Cambia igualmente
manifiestamente excluyente para la pobla­ la concepción de justicia, que deja de ser la
ción negra y favorable a la blanca. En esta aplicación uniforme de un mismo conjunto
propuesta constitucional, que pretendía teóri­ de leyes y deberes universales para convertir­
camente la universalidad de la ciudadanía, no se en un tipo de justicia redistributiva, capaz
se contempló a los esclavos. Por consiguiente, de adaptar los principios legales a las condi­
éstos y sus descendientes se vieron sometidos ciones específicas de determinados grupos e
a un trato desigual, basado en una discrimi­ incluso de individuos en el interior de la so­
nación y en una segregación claras en los ciedad.
espacios públicos. En el caso francés, las mi­ Habida cuenta del hecho histórico y socio­
norías étnicas se vieron asfixiadas y las len­ lógico de que no somos iguales y de que mu­
guas diferentes del francés fueron censuradas, chas personas son discriminadas o excluidas
conforme ocurrió con el vasco, el catalán o el socialmente a causa de su diferencia, la discri­
bretón. En la actualidad, tanto en Francia co­ minación positiva requiere la activación del
mo en otros países europeos, el credo univer­ principio de tratar desigualmente a los que
salista se encuentra en una gran crisis, son desiguales. La lógica subyacente a esta
provocada por un racismo creciente contra los noción de justicia es sumamente clara: si tra­
inm igrantes africanos, asiáticos y musulma­ tamos igualmente a los desiguales, no hare­
nes. Este nuevo proceso de discriminación, mos otra cosa que perpetuar su desigualdad.
producido en un periodo de pos-descoloni- Por otra parte, tratar desigualmente a los des­
zación, está poniendo en jaque el pacto uni­ iguales está justificado legal y m oralmente
versalista fundador de esos Estados. Por desde el punto de vista de la justicia redistri­
primera vez el problema de la discriminación butiva, siempre y cuando este tratam iento
positiva se presenta para los grupos sociales desigual contribuya de una manera positiva y
no blancos como una medida compensatoria no ^violenta a la construcción de una igual­
y restauradora de un nuevo pacto nacional de dad futura entre todos los ciudadanos. Un
convivencia no racista. principio general que justifica la discrimina­
Las distintas luchas anticoloniales, anti­ ción positiva, más allá de la d iscrim in ación
racistas y de afirmación étnica a lo largo del racial, es la Convención Internacional para la
s. XX llevaron a un cuestionamiento de aquel Elim inación de Todas las Form as de D iscrim i­
universalismo, que impidió que la sociedad se nación, aprobada por las Naciones Unidas en
conociera en su diversidad y diferencia. Esta 1966 y ratificada por ochenta y cuatro países
supresión de la diferencia se ve ahora cuestio­ en 1969. En ella se afirm a, en su artículo 1,
nada desde el nuevo discurso que introduce párrafo 4, que: “No serán consideradas dis­
un conjunto complejo de argumentos históri­ crim inación racial las medidas especiales
cos, jurídicos, sociológicos, antropológicos y tomadas con el único objetivo de garantizar el
lingüísticos. D e este modo, una política de progreso adecuado de ciertos grupos raciales
afirmación de la diferencia contra cualquier o étnicos o de individuos, que necesiten la
forma de discriminación ha conducido a la protección que pueda ser necesaria para pro­
formulación de diversas propuestas de discri­ porcionar a dichos grupos o individuos igual
minación positiva. En consecuencia, pode­ disfrute o ejercicio de d e re ch o s humanos y
mos definir discriminación positiva como un libertades fundamentales, siempre que dichas
conjunto de derechos que determinadas per­ medidas no tengan como consecuencia la per­
sonas o grupos humanos adquieren, como re­ sistencia de derechos separados para diferen­
paración, compensación o redistribución tes grupos raciales y no prosigan después de
justa, debido a sus condiciones de desventaja haber sido alcanzados sus objetivos”.
—intrínseca, crónica o provisional—frente a los Las cuotas destinadas a la población negra
sujetos no discriminados. en la enseñanza superior, que actualmente se
En un sentido contrario al universalismo encuentran en intenso proceso de implanta­
formal, que acata las desigualdades de origen ción en Brasil, son una modalidad de discri­
Discriminación positiva 80

minación positiva, que se entiende como una futuro. En esta situación, la discrim inación
medida de emergencia y, en consecuencia, positiva para los individuos con necesidades
temporal. El papel de las cuotas consiste en especiales es una acción que pretende perpe­
acelerar el proceso de inclusión de los negros tuar la compensación de una particularidad.
en las universidades hasta el momento en que De manera similar, las diversas medidas de
estén presentes dentro del mundo académico protección y excepción destinadas a niños,
en la misma proporción que define su presen­ adolescentes y ancianos siguen este mismo mo­
cia demográfica como un todo en la sociedad delo desde el momento en que estabilizan la
brasileña. Puede decirse que en este sentido intervención en favor de la diferencia que ge­
no se abandona el horizonte universalista que nera desventaja y desigualdad. Consecuente­
está detrás de la formulación de las cuotas, si­ mente, universalismo y diferencialismo no son
no que únicamente esta perspectiva se pro­ incompatibles en la lógica de la discriminación
yecta hacia el futuro con el apoyo de un plan positiva, dada la diversidad de desigualdades y
de objetivos para la construcción de la igual­ diferencias y la multidimensionalidad de la
dad racial. Si concebimos las cuotas como un propia idea universal de igualdad.
tipo de discriminación positiva destinada a Una de las principales resistencias provo­
combatir el racismo que produce la discrimi­ cadas por las medidas de discriminación posi­
nación negativa, se espera que en algún mo­ tiva llevadas a cabo respecto a las minorías en
mento futuro habrá de cesar la exclusión India, Malasia, Estados Unidos, Sudáfrica y
racial. A partir de ese momento, las cuotas ha­ Brasil tiene que ver con el principio de m é­
brán cumplido su función. Si la discrim i­ rito. Según los adversarios de las acciones
nación racial deja de producirse, podrá afirmativas, la discriminación positiva de re­
instalarse por fin la regla de la igualdad; si la servar plazas para los discriminados puede
discriminación racial continúa existiendo, se­ conducir a otra discriminación negativa, en
rá posible tomar otras medidas antirracistas, este caso contra personas que tengan más
diferentes de las cuotas. Por lo tanto, las cuo­ méritos que los beneficiados por las acciones
tas form an parte de la lucha antirracista. positivas y que pese a ello serán rechazados.
Existe una relación causal compleja, no lineal, Resulta emblemático de esta tensión e inco­
entre exclusión racial y práctica racista. La ex­ modidad constante el famoso caso Bakke
periencia de los países que han adoptado ac­ contra la Universidad de California, de 1977,
ciones afirm ativas demuestra que éstas no cuyas consecuencias teóricas exploró Ronald
tienen el poder de eliminar el racismo, pero Dw orkin. O currió que un estudiante, sus­
provocan una disminución en uno de sus pendido en el examen de ingreso a la licencia­
principales efectos: impedir a las minorías ét­ tura que otorgaba la Facultad de Medicina,
nicas y raciales discriminadas el acceso iguali­ procesó a la universidad alegando que había
tario a los recursos económicos, políticos y sido rechazado debido al trato de favor que se
simbólicos de la sociedad como un todo. La dispensó a un candidato negro con una pun­
discriminación positiva y la acción afirmativa tuación menor que la suya. El Tribunal Supe­
son en este sentido instrumentos de políticas rior del Estado ordenó a la Facultad de
de inclusión muy diversas en el campo étnico, Medicina que lo matriculara, al tiempo que
racial, de género o de otra índole. prohibió a las universidades de California
Sin embargo, existen tipos de discrimina­ que tuvieran en cuenta la raza en decisiones
ción positiva, según resulta constatable en el futuras sobre la admisión de estudiantes. Esta
caso de las diversas acciones afirmativas desti­ decisión del Tribunal dio lugar a una comple­
nadas a los individuos con necesidades espe­ ja discusión sobre la universalidad del mérito
ciales, que ni se construyen con el criterio de académico y en qué medida éste debe ser ca­
la temporalidad ni se entienden como m e­ paz de arm onizarse respecto a inveteradas
didas de emergencia. Dado que se trata de desigualdades raciales, teniendo en cuenta a
condiciones constitutivas de algunos seres la vez la escasez de plazas en las Facultades de
humanos, discriminaciones positivas, diseña­ Medicina; todo ello en el marco de la función
das de acuerdo con el tipo y grado de nece­ social de la profesión médica. Después de una
sidad, pasan a constituirse en derechos larga disputa, la Universidad de California
perennes de esas personas. Se construye de es­ pudo retomar su sistema de discriminación
ta forma una tercera posición, distinta de la positiva para individuos negros por medio de
postura universalista anticuotas y también de la puntuación por razas.
la posición diferencialista de emergencia, que Al igual que sucede con las cuotas y las ac­
posterga el momento de la igualdad para el ciones afirmativas, la mayoría de las discusio­
81 Discriminación positiva

nes sobre discriminación positiva tiende a CARVALHO, José Jorge de; SEGATO, Rita
asumir el carácter estrictamente liberal for­ Laura (2002): Urna Proposta de Cotas para Es-
mulado en las políticas de Estado. Además, tudantes Negros na Universidade de Brasilia.
muchas teorías sobre este asunto inciden en la Brasilia: Departamento de Antropología.
oposición entre igualdad y diferencia sin Universidade de Brasilia. Sèrie Antropologia.
cuestionar la hegemonía mundial del capita­ DW ORKIN, Ronald (1986): “The B a k fe Case:
lismo contemporáneo, que transforma algu­ are quotas unjust? & What did Bakfce really
nas diferencias en desventajas y exclusiones, y decide?”, en Ronald Dworkin, A Matter o f
sin evaluar las alternativas planteadas por el Principle. Cambridge: Harvard University
socialismo o por otras propuestas y movi­ Press.
mientos de tipo autonomista. Recordemos EMERSON, Renato; LOBATO, Fátima (eds.)
que la antigua Unión Soviética y China tam­ (2003): Andes Afirmativas. Políticas Públicas
bién diseñaron políticas desde la dimensión contra as Desigualdades Raciais. Rio de Janeiro:
de la discriminación positiva al construir el DP&A.
pacto comunista entre naciones y regiones au­ GOMES, Nilma Lino (2004): Afirmando Direitos.
tónomas, unas experiencias sobre las que se Acesso e Permanencia de J ovens Negros na Uni­
ha discutido escasamente. versidade. Belo Horizonte: Auténtica.
Por último, hay que resaltar el momento MUNANGA, Kabengele (org.) (1996): Estratégias
particularmente rico que atraviesan en Amé­ e Políticas de Combate à Discriminando Racial.
rica Latina las discusiones sobre el tema de la Sao Paulo: EDUSP/Estagao Ciéncia.
discriminación positiva. Los movimientos ONU (1969): International Convention on All
negros antirracistas, en pro de la inclusión y Forms o f Racial Discrimination. Resolution
de las reparaciones de la Diáspora africana 2106, in Accordance with Article 19. ONU, 4 Ja­
y las luchas de las poblaciones nativas, lideradas nuary.
por los #movimientos indígenas de Bolivia, SANTOS, Boaventura de Souza (2003): “Intro­
México y Ecuador, cuestionan radicalmente d u c o : para ampliar o canone do reconheci-
los siglos de Colonización, Esclavitud y *ge- mento, da diferen^a e da igualdade”, en
nocidio producidos por los blancos europeos. Boaventura de Souza, Reconhecer para Liber­
Sim ultáneam ente, rechazan la continuidad tar : Os Caminhos do Cosmopolitanismo Multi­
de un sistema capitalista dependiente que cultural. Rio de Janeiro: Civilizado Brasileira.
marcó el siglo XX en América Latina. Sus mode­ SEGATO, Rita Laura (2003): Urna Agenda de
los de autonomía, horizontalidad en el en­ Andes Afirmativas paras as Mulheres Indígenas
tendimiento y ejercicio del poder y justicia no Brasil. Brasilia: Dpto. Antropologia, Uni­
redistributiva apuntan propuestas de renova­ versidade de Brasilia. Sèrie Antropologia, 326.
ción del socialismo, que incluyen una dimen­ — (2007): “Racismo, Discriminación y Acciones
sión de discriminación positiva para los Afirmativas: Herramientas Conceptuales”, en
grupos étnicos y raciales y para todos los de­ Juan Ansión et al. (eds.), Acción Afirmativa e
más colectivos sociales excluidos de los bienes Interculturalidad. Reflexiones a partir de la E x ­
de la ciudadanía, reservados a las elites blan­ periencia. Lima: Pontificia Universidad Cató­
cas del continente. lica del Perú.
SILVA, Petronilha; GONQALVES, Beatriz; SIL­
VÉRIO, Valter Roberto Silvério (orgs.)
Bibliografía (2003): Educando e Andes Afirmativas. Brasilia:
Inep/MEC. III C O N FER EN C IA MUN­
CARVALHO, José Jorge de (2001): “As Propostas DIAL DE COMBATE AO RACISMO, DIS-
de Cotas para Negros e o Racismo Académi- CRIMINAgÁO RACIAL, XENOFOBIA
cono Brasil”. Revista Sociedade e Cultura , 4 (2): E INTOLERANCIA CORRELATA - DE-
13-30. CLARAgÁO DE DURBAN E PLANO DE
— (2003): “Agoes afirmativas para negros na Pós- AgAO. s.a. Brasilia: Fundagáo Cultural Pal­
gradua^ao, ñas bolsasde pesquisa e nos con­ mares.
cursos para professores universitários como
José Jorge de Carvalho
resposta aoracismo académico”, en Petronilha
Silva, Beatriz Gongalves, Valter R. Silvério
(orgs.), Educando e Andes Afirmativas. Brasilia: Véanse además Acciones Afirmativas, CIU­
Inep/MEC, 161-190. DADANÍA, Ciudadano, C O L O N IA L IS ­
— (2005): Inclusáo Etnica e Racial no Brasil. Sao MO Y ANTICOLONIALISMO, Comuni­
Paulo: Attar Editorial. tarismo, DERECHOS HUMANOS, DIFE-
Discriminación y exclusión social 82

RENCIA Y DESIGUALDAD, Diferencias ción por la extensión de la pobreza, el aumen­


naturales v diferencias sociales, Diferen- to de los riesgos de polarización social, el “de­
cías- sociales y diferencias culturales. Dife­ bilitam iento de la cohesión social” y el
rencias socio-lingüísticas v desigualdad, DIS- creciente “*m ulticulturalism o” emerge una
CRIM1NACIÓN Y EXCÚAJSIÓX SOCI AL, concepción “m utidim ensional” de la exclu­
Esclavi ttu 1. ESTA 1)()-N ACIÓN, Etnicidad, sión. Se pretende con ella sustituir y “comple-
EXPLOTACIÓN SOCIAL, GENOCIDIO, jizar” la noción de “pobreza”, para evitar la
Mesti z aje, MI ( íR A G IO N E S , MIN ( ) R í AS, reducción de estos fenómenos a una dim en­
M U L T I C U I T U R A LIS M O , M u11ic u 11u ra - sión meramente distribucional. Desde esta
lismo en los estudios étnicos, NUEYC)S MO- óptica, la exclusión se define por una combi­
VIMIENTC)S SOCIALES, PATRIMO­ nación —y retroalimentación—de privaciones
NIO, Racismo y neorracismo, Segregación, que dificultan el acceso a los individuos y gru­
TRA B AIO, VI(')I .ENCIA PC)IATICA. pos sociales—a diversos ámbitos; fundamen­
talmente, al mercado de ^trabajo, la salud, la
educación, la vivienda, la *cultura, los ser­
Discriminación vicios sociales y al ejercicio pleno de los
derechos. Las situaciones de exclusión no
y exclusión social remitirían sólo a un déficit en el acceso a re­
cursos, sino además a la eventual ruptura
Desde que comenzara a ser utilizada en de los lazos sociales que unen a individuos y
Francia en los años setenta del siglo pasado grupos con la sociedad a la cual pertenecen
—en el contexto del debate sobre el crecimien­ -fam iliares, amistosos, comunitarios, institu­
to económico y la persistente pobreza- hasta cionales, etc.—. En un contexto marcado por la
la actualidad, la noción de exclusión social se retirada del *Estado en materia de regulación
ha constituido en un paradigma dominante. general de la vida económica y por el replie­
Generalizada en el campo político, de la ac­ gue del Estado del Bienestar, estos plantea­
ción social, mediático, también académico, e mientos incentivan el diseño de políticas de
integrada al lenguaje cotidiano, esta noción integración dirigidas a conciliar la “competi-
debe en gran parte la amplia difusión actual a tividad”, la “flexibilidad” y la “solidaridad”.
su incorporación a las agendas de los altos or­ La idea general que los preside es que la *glo-
ganismos internacionales y nacionales y a su balización y la *sociedad del conocimiento
conformación como categoría de acción pú­ ofrecen grandes oportunidades a quienes po­
blica. La fuerza de convicción y el poder de le­ seen mayores capacidades de adecuación, pero
gitimidad que extrae especialmente de las sitúan en riesgo de exclusión a los individuos y
aplicaciones institucionales no puede, sin em ­ grupos que encuentran obstáculos y carecen de
bargo, ocultar las ambigüedades e indetermi­ “habilidades”, “competencias“ o “cualificacio-
naciones que comporta ni menos aún las nes” suficientes para adaptarse a los cambios.
dificultades y obstáculos que engendran, para Estos principios se traducen en la aparición de
la comprensión sociológica, las imágenes que formas y dispositivos de intervención de carác­
encierra y evoca. Resulta pertinente, pues, so­ ter individualizador —movilización de las “ca­
meter a interrogación el tratamiento de la ex­ pacidades” del sujeto, individualización de
clusión social —y el modelo de in teg ra ció n , trayectorias a través del análisis del “potencial
explícito o implícito, sobre el cual se edifica— y de las necesidades individuales”, diseño de
en el ámbito de los discursos y políticas pues­ “itinerarios de formación e inserción”, etc.—. Se
tos en juego por organismos internacionales y trata de estrategias prioritariamente enfocadas
los saberes expertos. Esto obedece además, a demarcar objetos de intervención, dirigidas a
por una parte, a que ellos constituyen el ins­ categorías de individuos o grupos “acotados”,
trumento principal de construcción de inicia­ cuyas situaciones de “vulnerabilidad” lo justi­
tivas y líneas de acción públicas y privadas y, fican —inmigrantes, parados, hogares “deses­
por otra, a que cumplen un rol fundamental en tructurados”, niños en riesgo, etc.
la solidificación y homogenización de catego­
rías de interpretación de la realidad a través del
La exclusión social: consideraciones
conjunto de acciones materiales y simbólicas
críticas y aportes en perspectiva
que se emprenden en nombre de la lucha con­
antropológica
tra la exclusión —o en favor de la integración.
De los principales debates dentro de la Numerosos son, por emplear los términos
Unión Europea, encuadrados en la preocupa­ de Robert Castel (2000) —L as trampas de la ex­
83 Discriminación y exclusión social

clusión—, los motivos para examinar esta cate­ comunes” —nociones con las cuales se argu ­
goría con el fin de extraer las dinámicas m enta, pero sobre las cuales jamás seargum en­
sociales que en ella se expresan y a la vez se di­ ta— estarían destinadas a funcionar según la
simulan. Las categorías “exclusión” y “exclui­ lógica de la alodoxia, aportando más “benefi­
do” evocan la idea de exterioridad, un estar cios” ideológicos que conceptuales, al encu­
“fuera de lo social”, inexistente en el absoluto. brir con una pátina científica los discursos de
Es una imagen que invita a concebir estos “fe­ las *elites dominantes sobre la agudización
nómenos” y los grupos sociales afectados, co­ de las desigualdades y profundización de la
mo si estuvieran al margen del sistema de pobreza.
relaciones sociohistóricas del cual forman En cualquier caso, el creciente pluralismo
parte y de los campos específicos en los que se sociocultural de las sociedades contemporá­
desarrollan las interacciones excluyentes. La neas, y en particular las *migraciones inter­
oposición excluido/integrado tiende así a nacionales, exigen poner en relación la noción
oscurecer la naturaleza específica de las es­ de exclusión con las políticas de Ciudadanía.
tructuras y mecanismos de dominación y Los criterios restrictivos de acceso a ella -v a ­
desigualdad en que se sustenta: las lógicas a riables según los conceptos de Nacionalidad
partir de las cuales se construye la asimetría y el ^desarrollo histórico de los Estados-na­
de posiciones en el espacio social, se atribuyen ción—conllevan para amplios sectores de in­
las dignidades o indignidades sociales, y las migrantes y sus descendientes considerables
formas ordinarias con arreglo a las cuales las limitaciones en el acceso a diversos derechos
dialécticas de la inclusión/exclusión tienen lu­ —en particular políticos, además de civiles y
gar en las sociedades contemporáneas. Los sociales, según momentos históricos y luga­
usos faltos de rigor y equívocos han propicia­ res—, conformando uno de los fundamentos
do no pocos debates e intentos de precisión. El de las condiciones de vulnerabilidad y des­
propio Robert Castel (2000) se ha inclinado igualdad. No obstante, una consideración le­
por restringir el concepto a aquellas prácticas gal de la ciudadanía no es suficiente para
pasadas o presentes de erradicación total de la comprender los sutiles mecanismos de pro­
comunidad —expulsión—, de reclusión en ducción y reproducción de las desigualdades
espacios cerrados en el seno de la comunidad inscritos en las prácticas cotidianas, como lo
—manicomios, prisiones, ghettos—, o de atri­ demuestra la extensa historia de marginación
bución de un estatuto especial a ciertas cate­ de los gitanos europeos, o de los afroamerica­
gorías de población, sea que las prive de nos, o la aún dificultosa trayectoria de otros
ciertos derechos —*apartheid— o las haga colectivos desde la igualdad formal a la real
beneficiarias de políticas específicas —por —m ujeres, homosexuales, discapacitados,
ejem plo, de discrim inación *positiva como etc.—. En el caso de las poblaciones inmigran­
eventuales fuentes de Nstigmatización—. Las tes, aquellos mecanismos no pueden desligar­
nociones de desafiliación y vulnerabilidad in­ se, de una parte y más allá, de los efectos
troducidas en su lugar refieren, en el primer jurídico-formales de la ciudadanía, de las dis­
caso, a los procesos que conducen al aisla­ tinciones que en tanto construcción socio-
miento social —a una manera de ser y que le simbólica ésta instaura —reforzadas a su vez
hace a uno inútil para la sociedad y de saber­ por las políticas de gestión de Aflujos—.
lo - y, en el segundo, a la amenaza de desafi­ Asociada a la noción de pertenencia —a la N a ­
liación que recae sobre sectores de población ción— constituye una potente categoría de­
plenamente “integrados” con anterioridad marcadora entre “interiores” y “exteriores”
—parados, etc.—. Ambos procesos no pueden imponiendo, como indica Sayad (1999), una
comprenderse más que en el contexto con­ “condición”, una marca sociocultural mucho
temporáneo del declive de las instituciones, más durable que la situación jurídica. S i­
de la crisis del empleo, de la individualización m ultáneam ente, y de otra parte, es preciso
y descolectivización y de la quiebra de las re­ considerar la aportación de los discursos
des sociales. Otros autores, como Wacquant y culturalistas contemporáneos a las dialécticas
Bourdieu (2001), han elaborado una crítica cotidianas de inclusión/exclusión. Estos dis­
radical de los fundamentos teóricos y de las cursos enfatizan las diferencias *identitarias,
condiciones sociales de producción y circula­ presentándolas como entidades autoconteni-
ción de un sistema de categorías afines entre das de rasgos particulares y propician la ima­
sí: exclusión —y su análoga estadounidense gen de la unicidad grupal y del su jeto
underclass— multiculturalidad, N tnicidad, —comunidad “cultural”, costumbres, tradi­
etc. Resituadas en el espacio de los “lugares ciones, religiones, lenguas, memoria históri­
Discriminación y exclusión social 84

ca, estilos de vida...—. Al hacerlo actúan “negociar” la distribución y apropiación de


reforzando y ^naturalizando aquellas dis­ los “recursos” y el poder —según las circuns­
tinciones, aportándoles el sustento de las tancias, contextos y estados de las relaciones
-s e u d o - teorías que postulan la adhesión de fuerza-, así como las condiciones y cons­
primordialista al grupo. El culturalismo asu­ tricciones sociopolíticas, económicas, ju ríd i­
me una de sus manifiestas expresiones en las cas -tam bién variables- que son constitutivas
“nuevas retóricas de la exclusión” (Stolcke, de aquéllas, dista mucho de sujetarse a tal
1995), discursos que propagan la incompati­ simplificación, como lo han evidenciado nu­
bilidad cultural apelando a una *amalgama y merosos estudios, algunos ya clásicos (entre
superposición entre lo étnico, lo cultural, ra­ otros, Dubet, 1995; San Román, 1997; W ac-
cial y la identidad nacional para fundamentar quant, 2004). Por otra parte, la representación
la pertenencia exclusiva al Estado-nación y/o sustantiva y “diferencialista” facilita una in­
la participación exclusiva —excluyente—en sus terpretación de los obstáculos para la “inte­
recursos materiales y simbólicos. Pero la posi- gración” como consecuencia de una adhesión
tivación contemporánea de las *diferencias al grupo y del repliegue comunitario, e, inver­
culturales —étnicas, “raciales”, de orientación sa pero sim étricam ente, el abandono de los
sexual, etc.—, propugnada por cierto multicul- marcos referenciales del “grupo” como una
turalismo junto a su reivindicación de políti­ condición necesaria para la “integración”. El
cas de la diferencia, confluye y se confunde análisis procesual y dinámico de las identifica­
con el anterior, pues ambos pueden conside­ ciones étnicas duraderas o emergentes, de la
rarse tributarios de un mismo reduccionismo “etnicidad” o del “etnicismo” —u otras formas
sociológico procedente de un planteamiento de identificación/reivindicación grupal-cul-
sustantivo de las categorías sociales. Si bien el tural—, muestra, por el contrario, que ellas no
multiculturalismo ha puesto de manifiesto las pueden comprenderse al margen de las con­
contradicciones del universalismo en la con­ diciones contextúales históricas y de los meca­
quista de la igualdad, las categorías de apre­ nismos sociales generales que las producen y
ciación y división de lo social, inscritas potencian; entre otras, las imposiciones estruc­
habitualmente en los discursos y acciones que turales y simbólicas que asignan a los grupos y
promueve —públicas, privadas, oficiales o es­ a los individuos una posición desigual en la
pontáneas—, fomentan la proliferación de sociedad con arreglo a la “etnia” —pero tam ­
visiones Estereotipadas donde la cultura bién a la clase, al genero, a la opción sexual,
atribuida al “grupo” conforma la clave princi­ etc.—. Se desvela así el carácter instrumental
pal de interpretación, orientación valorativa y de los “repliegues” identitarios, entre otras
acción. Paradójicamente nutren así, en térmi­ cosas, como reacción misma a las formas de
nos de Chebel (1998), un sociocentrismo exclusión, respuesta al cierre de alternativas
negativo que redunda en el conjunto de pre­ y/o expresión de la pugna por el reconoci­
juicios en circulación, actualizando las —alte- miento negado —social, político, etc.—. Aun­
rofobias y “^racismos” cotidianos, renovando que la deriva “diferencialista” actual remita,
y justificando las fuentes de discriminación erróneamente, a una lógica de yuxtaposición
y Segregación. . entre totalizaciones socioculturales abstrac­
En las visiones dominantes en torno a la tas contenidas para el caso de las poblaciones
exclusión se combinan ambiguamente la res- inmigrantes y las ^minorías “étnicas” dentro
ponsabilización del individuo y del grupo, así de los límites del territorio/nación/pueblo, los
como una representación en negativo caren­ análisis evidencian la inexistencia de tal ho­
cial y problematizada de las categorías socia­ mogeneidad. Al contrario, las rupturas y con­
les a las cuales “afecta”. A esta perspectiva, tradicciones son moneda corriente, como lo
imputable fácilmente por sus componentes demuestra el caso de los jóvenes franceses de
estigmatizadores, puede reprochársele una las banlieues, de “segunda” y “tercera genera­
doble y más fundamental insuficiencia: aque­ ción”, quienes a un tiempo objetan la auto­
lla que deriva de la dificultad de comprender, ridad y el modelo social de sus padres, se
simultáneamente, la agencialidad de los suje­ identifican como franceses y se rebelan contra
tos sociales y los marcos más amplios en los unas instituciones y estructuras sociales que
que ésta se desarrolla. El complejo conjunto no les dan cabida como ^ciudadanos de pleno
de estrategias —culturales, económicas, socia­ derecho. En este sentido no puede eludirse la
les, políticas...—de “adaptación” a la precari- pregunta sobre cuánto hay de común, por
zación y discriminación, puestas en práctica ejemplo, entre los parados y solicitantes de
por los individuos y grupos dominados para empleo o entre los habitantes de los barrios se­
85 Discriminación y exclusión social

gregados, con independencia de su “proce­ ción—, respectivamente. Así —en su expresión


dencia” nacional-étnica, en la medida en que negativa- en la noción de discriminación
buena parte de su “condición” se debe a las quedan comprendidas las actitudes, conduc­
transformaciones estructurales en las relacio­ tas y políticas - d tju r e o de fa c t o - que confie­
nes entre lo económico y lo político. Asi­ ren un trato sistemático de inferioridad,
mismo, cabe indagar en lo que la noción de perjudicial y/o agraviante a determinadas
exclusión consiente en homogeneizar —los ex­ personas o grupos sociales. Los estereotipos y
cluidos son definidos básicamente sobre la ba­ prejuicios constituirían los componentes cog-
se de la “privación”—. Resulta relevante, pues, nitivos/ideacionales subyacentes, que mo­
preguntarse con Castel (2000) si al identificar­ tivan, justifican e inspiran las conductas
los de tal modo, dentro de un mismo paradig­ discriminatorias. No obstante, por diáfana
ma “desocializado” —y “deslocalizado”—, no que resulte tal distinción, puede alegarse que,
se diluye la especificidad de situaciones dispa­ en tanto se sustenta en formas de pensamien­
res, y se pasan por alto las trayectorias dife­ to binario —objetivo/subjetivo; exterior/inte-
renciales individuales —aunque sociales—de rior; material/inmaterial, e tc .-, induce a
quienes no tienen ni el mismo pasado, ni el concebir una línea de corte entre representa­
mismo presente, ni probablemente el mismo ciones y acción, así como una secuencialidad
futuro. En esta línea no puede obviarse el lineal entre aspectos de la realidad cuya com­
hecho de que la vida de los individuos se prensión, sin embargo, no puede darse mas
desenvuelve en torno a la participación - s i ­ que en su simultaneidad y trabazón práctica.
multánea—en diversos campos sociales —por Dicha distinción opera así una doble reduc­
ejemplo: laborales, educativos, habitaciona- ción. Por una parte, invita a pensar que los
les, espaciales, etc.—. Desde el punto en que las principios de discriminación —de diferencia­
lógicas particulares de los campos, sus “reglas ción y valoración—se encuentran contenidos
de juego” y principios de legitimación, difie­ en co n figu racion es p rep ond eran tem en te
ren, las formas de inclusión/exclusión que los “ideacionales”: concepciones, juicios, valores,
caracterizan no funcionan con arreglo a idén­ opiniones, creencias... Por otra, como nos re­
ticas modalidades, ni involucran estrategias cuerda Bourdieu (1991), incita a sustituir el
sociales equivalentes, ni, menos aún, enfren­ sentido práctico por el modelo teórico elabo­
tan a los agentes sociales a las mismas —ni ho­ rado para dar cuenta de él, despojando a las
mogéneas—experiencias constituyentes de las prácticas sociales de su “temporalidad”, con­
subjetividades. El análisis situado de las dia­ creción y localización. En consecuencia, se las
lécticas de la “exclusión/inclusión”, anclado hace aparecer como meras ejecuciones de un
en las condiciones específicas de los espacios proyecto, de un plan o de un programa mecá­
sociales, supera con creces la constatación de nico, y, más aún, se tiende a captarlas a través
“carencias” y “dificultades”, para poner en evi­ de sus expresiones manifiestas, fundamental­
dencia la articulación de los macro y micro- mente declarativas o discursivas. Se olvidan
procesos en la producción y reproducción de así, entre otras cosas, las múltiples formas y
las relaciones de dominación, así como la sus­ materiales a través de los cuales, como nos re­
tantiva intervención de las prácticas cotidianas cuerdan los análisis de las inscripciones espa­
a través de las cuales aquéllas se actualizan. ciales de las relaciones sociales —por ejemplo,
de los espacios urbanos segregados—, se repre­
sentan y objetivan las propiedades negativas
Políticas y prácticas discriminatorias
—en la calidad, estructura y disposición de los
La constatación de la contribución inne­ bienes en el espacio, así como en las modali­
gable de políticas y prácticas discriminatorias dades de utilización que tal ordenamiento
a los procesos de exclusión, marginación, se­ posibilita...—. Estos sistemas de diferencias
gregación u otras formas de dominación —en cualitativas objetivadas en el espacio son ex­
las cuales éstos encuentran buena parte de sus presión de las divisiones sociales y actúan a
fundamentos—no ha de ser óbice para poner un tiempo como fuente de inculcación e inte­
de relieve los distintos niveles de concreción riorización de las jerarquías. La reiteración
de la noción de “discriminación”. de los análisis centrados en los discursos —de
La sociología y la psicología social acos­ los medios de comunicación, las elites, la “opi­
tumbran a distinguir los conceptos de estereo­ nión pública”, etc.—desde el punto de vista de
tipo y prejuicio del de discriminación, sobre sus contenidos ideológicos —racistas, *xenófo-
la base de un énfasis en el orden ideológico/ bos, sexistas, *homófobos, etc.—dan cuenta de
cognitivo y en el de las actitudes —o de la ac­ un tipo de aproximación que, como señala
Discriminación y exclusión social 86

San Román (1996), sólo contribuye a revelar tre creencia/discurso —“alterófobo”—y com ­
un aspecto de una realidad mucho más com­ portamiento. Aun cuando se comprueban
pleja y “multifocal”. En la primacía otorgada, constantes históricas generales respecto a
en la lucha contra la discriminación, a los pro­ ciertos grupos alterizados —judíos, moros, gi­
gramas de “sensibilización” o de “educación tanos, negros...—, la investigación pone en evi­
en valores” pueden advertirse presunciones dencia el carácter no estático y relativo —a las
derivadas de planteamientos similares: la “di­ posiciones, trayectorias y escenarios sociales—
solución” de prejuicios y estereotipos operaría de las relaciones mayoría/minoría, y las am ­
a través de una acción directa sobre el campo bigüedades y contradicciones que se produ­
de las “ideas” y “valores” —una suerte de “con­ cen en función de encuentros y situaciones
ciencia” generalizada—al margen de las rela­ específicos y campos sociales concretos. Las
ciones sociales mismas, de las posiciones y variadas estrategias de distanciam iento, re­
trayectorias de los agentes involucrados. traim iento o jerarquización interna —entre
Las prácticas discriminatorias, incuestio­ otras—, elaboradas por los grupos alterizados
nablemente, hunden sus raíces en procesos y discriminados para recuperar la dignidad
sociales de clasificación: en modos de visión, social, reafirmar la legimitidad de su estatus y
división y apreciación, a través de los cuales, “resistir” a la dominación, ponen en entredi­
en cada tiempo y lugar, se trazan líneas de­ cho, complementariamente, el efecto homo­
marcadoras entre grupos sociales, se establece géneo de la discriminación sobre los grupos a
una distinción —y adscripción—jerárquica en- los cuales afecta. Por otra parte, la preponde­
. íí . u 11 u >5 i u >> T
tre nosotros y ellos , yo y el otro . Los rancia del diferencialismo cultural —y su par­
diversos modos que asume la discriminación cial sustitución del “racialismo”—, el impacto
—las formas y grados de “hetero” o “alterofo- de los *nuevos movimientos sociales, las polí­
bia”, desde las más explícitas a las más sutiles, ticas de discriminación positiva, las transfor­
desde la violencia física, a la sim bólica- se sus­ maciones legales respecto a las anteriores
tentan sobre la construcción de una #alte- formas institucionales directas de discrimina­
ridad radical, constituida en función de ción y exclusión, etc., constituyen actualmen­
complejas mixturas de marcadores —físicos, te un marco para la redefinición de las
culturales, religiosos, sexuales, lingüísticos, relaciones entre mayorías y minorías, cuyos
etc.—, la esencialización y negativización de efectos y consecuencias no son los mismos se­
los individuos y el grupo “marcados”. Pero la gún los diferentes ámbitos de la vida social.
comprobación de aquellos principios genera­ La emergencia de prácticas discriminatorias
les de orden “cognitivo” no exime considerar más implícitas, indirectas y menos abiertas
las condiciones históricas particulares —socia­ —aunque no menos eficaces—invita a conside­
les, políticas, económicas—que hacen posible rar, entre otras cosas, las dispares situaciones y
y dan lugar al procesamiento mismo de la contextos de interacción social y el modo en
diferencia, a su constitución en factor de dis- que las relaciones de fuerza entre “segmen­
criminación/dominación y a su articulación tos” de la sociedad se resuelven en ellos.
—variable y sujeta a indeterm inaciones—en Por todo ello resulta conveniente resituar
lógicas prácticas concretas. Contra la idea el análisis en la relación entre grupos, en los
común —sustancialista y, finalmente, naturali- arreglos estructurales e institucionales que
zadora—de que en la diferencia misma se en­ posibilitan y dan cobertura a su reconoci­
cuentra el germen de los eventuales rechazos, miento como tales, e igualmente en las fun­
cabe recordar la mutabilidad en tiempo y es­ ciones y rendimientos materiales y simbólicos
pacio de los grupos susceptibles de alteridad, que la alterización —y dominación—proporcio­
la transform ación de los marcadores de la na tanto en contextos ^globales como locales.
dignidad/indignidad social y que cualquier
diferencia no se constituye en factor de discri­
minación —y dom inación—. Por último, hay Bibliografía
que considerar que no puede comprenderse
la configuración de un otro “intolerable” con BOURDIEU, P. (1991 [1980]): E l sentido práctico.
independencia del canon desde el cual se Madrid: Taurus.
construye —del “nosotros”—ni de la regula­ C A ST EL, R. (2000): “Cadrer lexclusion”, en
ción de las relaciones sociales específicas a las Karsz, S. (dir.) L!exclusión, definir pour en finir.
que sirve. Una perspectiva meramente cog- Paris: Dunod.
nitivista/ideológica podría llevar a pensar C H E B E L D’A PPO LLO N IA, A. (1998): Los ra­
igualmente en la coherencia sistemática en­ cismos cotidianos. Barcelona: Bellaterra.
87 Discriminación y exclusión social

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Adela Franzé Mudanó
S A B E R Y S A B E R E S , Segregación, Socie-
dad de la inform ación y del conocim iento,
Véanse además Acciones afirmativas, Acul- Su jeto intercultural, T E R R IT O R IO S ,
t u rac io n, A LT E R II) A 1), Apa rth cid, C IU D A - T R A B A JO , Violencia política. Tipos, X e ­
I ) A N IA , C i u d a d a n o, C o m unitarism o, nofobia y xenofilia.
ción. En esta nueva y antiestructural estruc­
Elites tura de la conciencia social, los mecanismos
Los cambios acontecidos a escala mundial reversibles del mercado sustituyen al Estado-
en las esferas económica y política, interrela­ nación como marco de organización de la vi­
cionados entre sí, acelerados a comienzos de da social. Los mencionados cambios en la
los años setenta y expresados con el cómodo y conciencia, los valores y las relaciones sociales
abreviado término de “*globalización”, han han quedado reflejados en la construcción de
originado toda una serie de transformaciones nuevos conceptos y aproximaciones por las
en la conciencia, la organización y los valores ciencias sociales en busca de una explicación
sociales. Destaca entre todas ellas el proceso capaz de dar cuenta del proceso. Entre estas
de acentuación de la polarización de clase construcciones teóricas e ideológicas, aquéllas
que ha conllevado una fragmentación de las que abordan los cambios en los roles y atribu­
formaciones de clase existentes y el surgi­ tos de las *elites —asociándolas en general con
m iento de nuevas elites. Como corolario de actitudes, estilos de vida y formas ^culturales
dichas transformaciones encontramos un de­ “cosmopolitas”—y el proceso de sustitución de
bilitamiento del *Estado-nación en su papel las nociones modernistas de progreso y de asi­
de marco fundamental de la vida social y po­ milación de las d iferen cias étnicas y cultura­
lítica, en parte a consecuencia de la reorien­ les dentro del marco del Estado-nación por
tación de las nuevas elites que, de estar las ideas neoliberales de supremacía del mer­
identificadas con los *ciudadanos de sus na­ cado y de las políticas de identidad *m u lti-
ciones de origen, pasan a participar cada vez cultural, que he denominado “^pluralismo
más en las relaciones económicas y políticas sincrónico” (Turner, 2002, 2003a, 2003b), son
transnacionales. Este proceso ha estado precisamente las que m ejor personifican el
acompañado por los correspondientes cam ­ carácter ideológico del emergente orden so­
bios en la conciencia social. Las nociones cial y cultural de la globalización.
^modernistas de progreso, entendido éste co­
mo un #desarrollo temporal lineal que culmi­
Las elites en el sistema de clases
na en la creación de un Estado-nación
del capitalismo globalizado
^étnicamente homogéneo y que representa el
fin —en ambos sentidos—de la historia, han si­ Según han señalado muchos autores, el
do sustituidas —al menos entre las elites o es­ sistema de intercambio de productos y rasgos
tratos más elevados de la población nacional— culturales a escala *global existe, en sus dis­
por una visión a-histórica de la sociedad, con­ tintas variantes, desde hace al menos cinco
cebida como una serie ^heterogénea de dife­ mil años (Friedm an, 1994). La “globaliza­
rentes grupos *identitarios entre los que no es ción” no sería en este sentido un fenómeno
posible encontrar una línea de desarrollo nuevo. De hecho, la economía mundial de las
orientada hacia una mayor homogeneiza- tres décadas anteriores al estallido de la Prim e­
Elites 90

ra Guerra Mundial —el último periodo más las relaciones comerciales y financieras trans­
significativo de globalización—habría alcan­ nacionales con el objetivo de m antener una
zado unos niveles de intercambio transnacio­ paridad monetaria sólo alcanzable con la abo­
nal de mercancías y de Circulación financie­ lición de las políticas sociales inflacionistas.
ra muy próximos a los que encontramos en el Las *migraciones de trabajadores proceden­
comienzo del siglo XXI. Pese a ello, resultan es­ tes de países relativamente pobres hacia las
pecialmente importantes las diferencias consta­ principales naciones capitalistas, así como la
tabas entre el presente periodo de globaliza­ exportación de manufacturas y empleos del
ción —posterior a 1970—y las épocas anteriores sector servicios de los últimos territorios a los
de comercio transnacional, como la situada en primeros, han contribuido también al retro­
los inicios del s. XX. Una de las principales di­ ceso social de las clases trabajadoras y medias
ferencias radica en que, mientras en el perio­ bajas de los Estados más avanzados en el
do anterior a la Primera Guerra Mundial, el contexto del crecim iento de sus economías.
Estado-nación y sus posesiones políticas —ba­ Mientras tanto, las ascendentes elites empre­
jo la forma de Colonias territoriales—conti­ sariales y financieras han usado sus cone­
nuaban siendo el principal marco dentro del xiones con el sistema transnacional como
cual quedaban organizadas y reguladas las palanca para forzar una redistribución a su
actividades económicas transnacionales, en la favor de los ingresos, en detrimento del resto
fase contemporánea de globalización asisti­ de las clases y los segmentos de clase. En con­
mos al debilitam iento y desmantelamiento traste con la última fase de globalización
parcial del Estado-nación como marco políti­ -q u e debe mucho a las políticas de los gobier­
co y económico y a la par, el control imperial nos del Estado y de los Bancos Centrales—, la
de las relaciones políticas y económicas trans­ actual, posterior a 1970, está siendo dirigida
nacionales se ejerce ahora a través de un siste­ por estas elites empresariales y financieras,
ma de alianzas y bases militares que funcio­ cuyas operaciones transnacionaies implican la
nan como extensiones del poder militar de exención de impuestos y regulaciones antes
Estados Unidos —convertido en garante de la establecidos por los gobiernos nacionales, es
estabilidad de un sistema global consistente decir, suponen el fin de sus obligaciones C iu ­
en uniones económicas regionales, pactos de dadanas (Friedman, 2003; Gilí, 1994; Lasch,
mercado y transferencias de capital que se 1995; Turner, 2002). Según ha subrayado
sostienen por medio de entidades reguladoras Lasch, dichas elites, alejadas por su propia vo­
supranacionales e instituciones financieras. luntad de las responsabilidades políticas y
Un efecto ampliamente reconocido de la económicas vinculadas a su inserción como
última oleada globalizadora ha sido el au­ ciudadanos en las sociedades nacionales —que
mento de la polarización de clase (Friedman, ha sido sustituida por políticas encaminadas a
1994, 2003; G ilí, 1994; Turner, 2002, 2003a, una participación de tipo personal y corpora­
2003b). En los países capitalistas más avanza­ tivo en los beneficios de la economía transna­
dos, la clase media —que había crecido y pro­ cional—tienen mucho más en común con sus
gresado en las tres décadas siguientes al fin de homólogos de otras naciones que con los con­
la Segunda Guerra M undial— se ha polari­ ciudadanos de sus mismos países de origen.
zado de tal forma que la mayoría de sus Reich ha sido uno de los encargados de llamar
miembros —especialmente los vinculados a la atención sobre esta “secesión de analistas
funciones administrativas y económicas inte­ simbólicos”, según denomina a los nuevos
riores—han descendido socialmente o se han segmentos de elite de las clases medias. Alude
mantenido en su estatus, mientras que una a este hecho como el lado más oscuro de fsu]
reducida parte de aquélla ha ascendido hacia cosmopolitismo. El propio Lasch cita la for­
la elite que participa en asuntos económicos y mulación de Reich como el principal ejemplo
políticos transnacionales y le ha ido mucho de lo que designa “la rebelión de las elites” en
mejor (Friedman, 2003; Lasch, 1995; Turner, la actual era de la globalización (Reich, 1992;
2003a). Las políticas sociales del bienestar, Lasch, 1995: 46-47).
desarrolladas en el periodo posterior a la Se­ Wilfredo Pareto, el sociólogo italiano cu­
gunda Guerra Mundial como políticas de ya producción se concentra en las primeras
compromiso de clase que habían sostenido el décadas del s. X X —y a quien debemos el con­
ascenso de gran parte de la clase trabajadora a cepto de sociedad como un sistema inestable
las clases medias, quedaron limitadas o aban­ pero que tiende hacia la búsqueda de equili­
donadas en las décadas de los años setenta y brio—, desarrolló su teoría de la “*circulación
ochenta bajo las presiones que llevaron a cabo de las elites” para tratar de explicar la inesta­
91 Elites

bilidad intrínseca a los sistemas sociales. Así guerra —Estados Unidos y Europa—y Japón.
lo enuncia en su Trattato di Sociología Genéra­ Los motores económicos de este sistema
le, publicado en 1916. Según dicha teoría, las fueron suministrados básicamente por los
clases dominantes tenderían a polarizarse en inmensos presupuestos de defensa estadouni­
segmentos de elites opuestos, que Pareto apo­ denses y por la metástasis del “complejo m ili­
da como “leones” y “zorros”. Los “leones” se­ tar-industrial”, que pasó a convertirse en el
rían las elites conservadoras, tendentes a principal canal de inversión pública de la eco­
enfatizar la jerarquía social y a adherirse a po­ nomía empresarial de Estados Unidos. Los
líticas militaristas y represivas. Los “zorros” eurodólares, obtenidos de los préstamos soli­
se identificarían con los liberales igualitarios, citados por Estados Unidos para la guerra de
que abogan por las reformas, el sufragio Vietnam, proporcionaron la mayor parte del
abierto y la libertad de mercado. Cada tipo de capital necesario para el despegue del creci­
elite, cuando se encuentra en una posición miento explosivo de las transacciones fi­
de poder, tiende a forzar sus políticas hasta un nancieras económicas. Este crecimiento fue
punto en el que desembocan en crisis, de for­ inmediatamente posterior al colapso del con­
ma que queda abierto el camino para la susti­ trol estatal sobre las transacciones financieras
tución de dicha elite por otra del tipo opuesto. transnacionales, derivado de los acuerdos de
La más influyente aplicación del modelo de Bretton Woods establecidos en los inicios de
Pareto en antropología es la llevada a cabo la década de los años setenta (Turner, 2002).
por Leach en su trabajo P olitical Systems o f La construcción de este complejo militar de
H ighland Burm a, publicado en 1954, en don­ producción armamentística, fuerzas militares
de la descripción de la alternancia entre las permanentes y alianzas colectivas, funcionó
formasgumsa ygum lao de la sociedad Kachin como escudo protector para el desarrollo de
se corresponde con la circulación entre “leo­ economías capitalistas nacionales y transna­
nes” y “zorros”, respectivamente. En un im ­ cionales bajo hegemonía americana. Con el
portante desarrollo del análisis de Leach, derrumbe de la Unión Soviética y su imperio
Friedm an mostró cómo la rotación entre a finales de la década de los ochenta, Estados
gumsa y gum lao es, en gran parte, consecuen­ Unidos, secundado por el Reino Unido y el
cia de las relaciones político-económicas y resto de países de la O TA N , trató de expandir
ecológicas establecidas entre las distintas co­ este sistema de seguridad colectiva de forma
munidades dentro del marco del sistema que abarcase al mundo entero, alegando una
social Kachin considerado en su totalidad continua necesidad de defensa frente a las
(Friedman, 1975). Dicho en otras palabras, el amenazas militares procedentes de nuevas
tipo de elite o sistema político dominante en categorías de adversarios tales como los Esta­
una comunidad dada depende de las relacio­ dos “desviados” y de “terror”. Este proyecto
nes históricas de dicha elite con el sistema po­ militar ha tenido un papel determinante en la
lítico y de las relaciones económicas entre éste perpetuación de la hegemonía de las elites po­
y otras comunidades. Este desarrollo teórico líticas y de poder que han dominado la políti­
no está exento de relevancia en el estudio del ca norteamericana y de la O T A N —así como
desenvolvimiento de las elites en el sistema gran parte de las economías domésticas—bajo
mundial contemporáneo, donde las dom i­ la forma de un complejo militar-industrial.
nantes y leoninas corporaciones transnacio­ Asimismo ha constituido una parte esencial
nales y elites financieras y político-militares se del proceso de construcción de un nuevo or­
encuentran continuamente acosadas, cuando den mundial globalizado y, como tal, ha des­
no sorteadas, por una variopinta colección de empeñado un papel fundamental en el
activistas en pro de los ^derechos humanos, contexto de la formación de unas elites trans­
ecologistas, anarquistas, movimientos *indí- nacionales que han desarrollado, y continúan
genas y académicos críticos, con el apoyo va­ ejerciendo, un rol hegemónico en el universo
riable de una ciudadanía inquieta. global (Wood, 2003).
Los fundamentos de la “globalización” Este periodo, que data de la década de los
quedaron instaurados en la “Guerra F ría ”, años setenta, se extiende hasta la actualidad y
con sus guerras calientes intermitentes en Co­ se caracteriza por movimientos globales no
rea y Vietnam, cuando el sistema de alianzas regulados de finanzas y capitales productivos
militares establecido por los Estados Unidos y por migraciones masivas de trabajo a los
—fundam entalm ente por la O T A N —pasó a que se suma la hipertrofia de las corporacio­
garantizar la seguridad del universo capita­ nes transnacionales ha sido, a la par, testigo
lista, constituido por el Occidente de la pos­ del surgimiento de nuevas formas de concien­
Elites 92

cia social. La hegemonía ideológica y el domi­ Bibliografía


nio político y económico del mercado globali-
zado han conducido a una polarización de la FRIED M AN, Jonathan (1975): “Dynamique et
clase media entre, por un lado, una elite di­ transformations du système tribal: l’exemple
rectamente asociada al capital transnacional y des Katchin”. L’Homme, XV, 1: 63-98.
a los acuerdos políticos y militares que buscan — (1994): Cultural Identity and Global Process.
garantizar su estabilidad y, por otro, la in­ London: Sage.
mensa mayoría de los profesionales y gerentes — (2003): “Los liberales del champagne y las nue­
junto con las clases medias bajas, que perma­ vas clases peligrosas: reconfiguraciones de clase,
necen identificados preferentemente con las identidad y producción cultural”, en J. L. Gar­
economías y políticas internas de sus respecti­ cia y A. Barañano (coords.), Culturas en con­
vos Estados (H iw atari, 2002; McMichael, tacto. Encuentros y desencuentros. Madrid:
2000; Turner, 2002; Schoppa, 2002; Zunz, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte,
2002). Dado que la soberanía se ha redistri­ 161-197.
buido entre los Estados, las corporaciones G ILL, Stephen (1994): “Structural Change and
transnacionales, las instituciones reguladoras Global Political Economy: Globalizing Elites
multilaterales, los bloques comerciales regio­ and the Emerging World Order”, en Y. Saka­
nales y las alianzas m ilitares, la clase media moto (ed.), Global Transformation: Challenges
—base original del ^nacionalismo—ha queda­ to the State System. Tokyo: United Nations
do dividida y enfrentada entre sí. Las nuevas University Press, 169-199.
elites globalmente orientadas, que constitu­ HIWATARI, Nobuhiro (2002): “Disinflationary
yen el segmento hegemónico dentro de la cla­ Adjustment: the Link between Economic
se media, no necesitan su identificación con el Globalization and Challenges to Postwar So­
Estado —ni mucho menos con el resto de la cial Contracts”, en O. Zunz, L. Schoppa y
nación—para obtener la legitim ación de su N. Hiwatari (eds.), Social Contracts under
dominio político y económico. El nacionalis­ Stress: The Middle Classes o f America, Europe
mo, bajo estas circunstancias históricas cam­ and Japan at the Turn o f the Century. New
biantes, se ha convertido, consecuentemente, York: Russell Sage Foundation, 281-318.
en un lenguaje que constituye el último re­ LASCH, Christopher (1995): The revolt o f the elites
curso de los #perdedores sociales y grupos and the betrayal o f democracy. New York: Norton.
m arginales, tanto con el objetivo de recla­ M cM ICHAEL, Philip (2000): “Globalization:
mar al Estado una m ejora de su situación Trend or Project?”, en R. Palan (ed.), Global
marginal como para alejarse completamente Political Economy: Contemporary Theories.
del mismo con vistas a la fundación de pe­ London: Routledge, 100-114.
queños e independientes Estados-nación REICH , Robert B. (1991): The W or{ o f Nations.
(Turner, 1999). New York: Alfred A. Knopf.
Así pues, la nueva era de la globalización SCHOPPA, L. (2002): “Globalization and the
ha estado acompañada por un proceso de Squeeze on the Middle Class: Does any Ver­
formación de nuevas elites políticas, cultura­ sion of the Postwar Social Contract Meet the
les y sociales y por el realineam iento de las challenge?”, en O. Zunz, L. Schoppa y N. Hi­
relaciones entre las anteriores. Cualquier in­ watari (eds.), Social Contracts under Stress: The
tento de entender la dinámica de la form a­ Middle Classes o f America, Europe and Japan at
ción de nuevas elites y de sus relaciones en el the Turn o f the Century. New York: Russell Sa­
contexto global contem poráneo debe tener ge Foundation, 319-344.
presente la heterogeneidad y pluralidad ca­ TU R N ER , Terence S. (1999): “Indigenous and
racterísticas de dichas elites y la inestabili­ Culturalist Movements in the Contemporary
dad propia de los vínculos entre éstas. La Global Conjuncture”, en F. F. del Riego et al.
tendencia que Pareto denominó “circulación (eds.), Las identidades y las tensiones culturales
de las elites” funciona como elemento clave en la modernidad. Santiago de Compostela:
dentro de dicha inestabilidad, y debe ser VIII Congreso de Antropología, Federación
puesta en relación con las expansiones y con­ de Asociaciones de Antropología del Estado
tracciones cíclicas, así como con las fragmen­ Español, 53-72.
taciones y consolidaciones de las unidades — (2002): “Shifting the frame from nation-state
estructurales de la organización política —co­ to global market: Class and social conscious­
m unidades, regiones, Estados, alianzas ness in the advanced capitalist countries”. So­
m ilita re s, bloqu es co m e rcia le s o redes cial analysis: The International Journal o f Social
imperiales—(Friedman, 1994, 2003). and Cultural Analysis, 46, 2: 56-80.
93 Elites cosmopolitas

TURN ER, Terence S. (2003a): “Clase, cultura y de trabajo y otras formas de participación—a
capitalismo. Perspectivas históricas y antropo­ las economías y sistemas sociales de sus países
lógicas de la globalización”, en J. L. García y de origen. Los gastos estatales improductivos
A. Barañano (coords.), Culturas en contacto. y las ^transacciones financieras, a las que de­
Encuentros y desencuentros. Madrid: Ministerio ben esas *elites gran parte de su riqueza, son
de Educación, Cultura y Deporte, 65-110. fundamentalmente resultado de las políticas
— (2003b): “Class projects, social consciousness, del Estado diseñadas para lograr una estabili­
and the contradictions o f ‘globalization’ ”, en dad monetaria nacional y evitar toda política
J. Friedman (ed.), Globalization, the State, and social inflacionista, incompatible con las exi­
violence. Walnut Creek: Altamira Press, 35-66. gencias de las agencias reguladoras transna­
WOOD, Ellen M. (2003): Empire o f capital. New cionales. Las nuevas elites tienden, por tanto,
York, London: Verso. a mostrar absoluta indiferencia -incluso hos­
ZUNZ, Olivier (2002): “Introduction: Social Con- tilidad—ante las necesidades sociales e intere­
tracts under Stress?”, en O. Zunz, L. Schoppa ses económicos de aquellos Conciudadanos
y N. Hiwatari (eds.), Social Contracts under que no pertenecen a los segmentos elitistas
Stress: The Middle Classes o f America, Europe (Gilí, 1996). Hasta tal punto llega esta orienta­
and Japan at the Turn o f the Century. New ción global, que el control obtenido por las
York: Russell Sage Foundation, 1-20. elites de la política social y económica *na-
cional ocasiona un debilitam iento de las
Terence S. Turner
responsabilidades estatales en materia de
Ciudadanía igualitaria y soberanía popular
Véanse además Acciones afirmativas, CIU-
(Sassen, 2001a). La distribución de importan­
1) A DANÍA, Ciudadano, C C)LO NIA CIS­
tes áreas de soberanía —relacionadas con las
MO Y ANTIGOLONIAL1SMO, Griolliza-
políticas sociales y monetarias—a las agencias
ción, CULTURA, D ERECH O S H UMA­
reguladoras transnacionales y a los bancos de
NOS, D ESA RRO L L O , D IFE RE N CIA Y
#desarrollo m ultilateral generando la crisis
DESIGUALDAD, Diferencias sociales y di­
de soberanía del Estado contemporáneo (Sas­
ferencias culturales, DISCRIMINACIÓN Y
sen, 1996,1998, 2001a, 2001b).
EXCLUSIÓ N SOCIAL, Elites cosmopoli­
Todos estos aspectos político-económicos
tas, Espacio de los flujos, E S T A D O -N A ­
e ideológicos que acompañan al desarrollo de
CIÓN, Etnicidad, Global y local, GLOBA-
las nuevas y no tan nuevas elites contemporá­
LIZACIÓN, Globalización v antiglobali-
neas han sido largamente eludidos por la m a­
zación, 1IDENTIDAD, INDIGENISMO,
yoría de los antropólogos dedicados al estudio
Mestizaje, M IG R A C 1ONES, Modernidad,
de la globalización, en especial por los deno­
MOVI LI DAD, MULTIC ULTURALIS-
minados teóricos transnacionales, que han
MO, Nacionalismo, Neocolonialismo, No­
celebrado a las nuevas elites como Consum i­
madismo v turismo, NUEVOS MO VI­
doras cosmopolitas de formas y bienes cul­
M IEN TO S SOCIALES, PATRI MONI O,
turales procedentes de distintas C ulturas,
Plural ismo sinc rón ico, P1 u ri nacionalidad,
cuando no como participantes directas, por su
Polarización de clase, Relaciones y procesos
idiosincrasia viajera, de los #flujos de perso­
informales económicos, Relaciones y procesos
nas y modas culturales a través de las *fronte-
informales políticos, Revolución técnico-co­
ras políticas y *geográficas y comprometidas
municativa, Segregación, Sujeto intercultu­
en la construcción de imaginarios culturales
ral, TERRITORIOS, TRABAJO.
*híbridos.
Hemos de tener en cuenta que el término
Elites cosmopolitas de antropólogos “transnacionales” se aplica a
un grupo de analistas de la globalización
La misma dinámica que opera en el de­ cuyas perspectivas teóricas derivan funda­
sarrollo de las elites transnacionales en el or­ mentalmente de los estudios culturales #pos-
den *global mundial. Las elites rentistas, coloniales y *posmodernos, los de Appadurai
empresariales y financieras especializadas, (1996) , Babha (1994), Gupta y Ferguson
que han prosperado en la nueva oleada *glo- (1997) .
balizadora, orientan cada vez más sus políti­ La concepción “transnacionalista” del ca­
cas y actividades hacia la participación en el rácter cosmopolita de las elites globales y de la
comercio y los mercados financieros y de condición híbrida de las formas culturales del
*trabajo transnacionales, a expensas de su imaginario global se encuentra íntimamente
contribución —mediante impuestos, políticas conectada con sus ideas acerca de cómo la glo-
Elites cosmopolitas 94

balización ha convertido a los #lugares especí­ de las elites. Típicamente, las elites se consti­
ficos e igualmente a los sistemas sociales y tuyen a sí mismas al controlar el paso, en el
culturales delimitados de todo tipo, en enti­ espacio o en el tiempo, a través de áreas fron­
dades que han dejado de ser relevantes. Des­ terizas, fases o niveles de organización. Dicho
de su perspectiva, los flujos de personas, en otras palabras, gobiernan sobre tales inter­
bienes y formas culturales a través de las fron­ faces, por lo que poseen un interés especial en
teras regionales y estatales, unidos a la posi­ el m antenim iento de los límites o fronteras
bilidad de una C om unicación inmediata que median y, en cierto sentido, trascienden.
gracias a los nuevos medios de comunicación, Dicha trascendencia y la ^identidad de elite
han dado lugar a una fusión de culturas y so­ que ella confiere dependen, tanto desde un
ciedades aisladas en un popurrí de formas punto de vista lógico como práctico, de los lí­
culturales híbridas y fluidos movimientos so­ mites que rebasan, sin los cuales carecerían de
ciales de *m igrantes, viajeros comerciales o sentido.
turistas. Las unidades políticas y sociales que De los argumentos lógicos expuestos se
se sitúan entre el Estado-nación y las comuni­ derivan implicaciones políticas y pragmáticas
dades rurales o las sociedades indígenas —tan tanto para el proyecto de las elites, global­
estrechamente ligadas a la teoría antropológi­ mente orientadas, de liberarse de una identi­
ca y a las preocupaciones etnográficas— se ficación ideológica con sus conciudadanos,
interpretan como una categoría ^residual que conlleva toda una serie de responsabilida­
dentro de las reliquias en proceso de desapari­ des sociales y económicas con ellos como para
ción, cuando no se afirma directamente su di­ el constructo teórico “transnacionalista”, que
solución. La movilidad global de las elites considera al cosmopolitismo la expresión ideo­
cosmopolitas y de los migrantes fundadores lógica de dicho proyecto. Según han destaca­
de comunidades diaspóricas, y las continuas do numerosas críticas realizadas desde la
transformaciones de los imaginarios cultura­ antropología y la sociología sobre las elites
les híbridos —catalizados por los nuevos me­ globalizadas contemporáneas, la búsqueda de
dios de comunicación—se consideran efectos valores cosmopolitas mediante la atenuación
de la transcendencia en todas sus consecuen­ o el rechazo de la ciudadanía común conduce,
cias de las conexiones espaciales y fronterizas paradójicamente, a una forma distinta de pa-
y, por lo tanto, de todas las estructuras socia­ rroquianismo. En su polémica contra lo que
les y culturales (Appadurai, 1996; Gupta y denomina “la rebelión de las elites” —es decir,
Ferguson, 1997). Las elites cosmopolitas se su dejación de las responsabilidades que im ­
convierten de esta forma para los “transna­ plica la ciudadanía—, Lasch alude a Robert
cionalistas” en el valor hegemónico de una Reich —en otro sentido, un defensor de la que
nueva era liberadora —teórica e im aginaria­ Lasch denomina una nueva elite global de
mente, cuando no en un sentido p ráctico- “analistas simbólicos”—al explicar el “lado os­
para la sociedad, la cultura, el sistema, la es­ curo” de su cosmopolitismo: “la desnacionali­
tructura y, finalmente, para la antropología, zación de las empresas de negocios tiende a
al menos respecto a las épocas preglobaliza- producir una clase de cosmopolitas que se ven
das anteriores a la aparición de los estudios a sí mismos como ciudadanos del mundo, pe­
culturales. ro sin aceptar... ninguna de las implicaciones
Varios malentendidos parecen estar im ­ que, desde el punto de vista político, suele
plícitos en estas afirmaciones. El hecho de que acarrear la noción de ciudadanía. Sin embar­
las ^fronteras puedan cruzarse no las convier­ go, el cosmopolitismo de estos pocos favoreci­
te en realidades pasadas de moda o irrelevan­ dos, puesto que resulta ajeno a la práctica de
tes. Las fronteras, tanto estatales como de la ciudadanía, conduce a una forma profunda
Ciudades o enclaves culturales, siguen siendo de parroquianismo. Las nuevas elites invier­
instrumentos para regular selectivamente el ten su dinero en la m ejora de sus propios
paso entre los espacios que delimitan y los si­ enclaves autoaislados en vez de en el mante­
tuados más allá de ellos, es decir, funcionan nimiento de los servicios públicos... [Su caso]
como dispositivos que confieren significados proporciona... un llamativo ejemplo de la re­
específicos al tránsito de un te rrito rio a otro. belión de las elites contra los constreñimien­
Las sociedades y las culturas han asimilado tos del *tiempo y del lugar” (Lasch, 1995: 47;
desde siempre los elementos procedentes de citado por Reich, 1992:309-11).
más allá de sus fronteras, y el proceso a través Las implicaciones políticas e ideológicas
del cual lo llevan a cabo constituye uno de los de los análisis de Lasch y Reich son evidentes.
modos más comunes de definición del estatus El dominio político, económico y cultural de
95 Elites cosmopolitas

las elites en el sistema global actual —debido a sociales y culturales. Cada ciudad global fun­
su compromiso con los intercambios transna­ ciona como interfaz entre las regiones interio­
cionales de mercancías, las transacciones fi­ res y los sistemas de comunicación e
nancieras, la diplomacia, las alianzas intercambio transnacionales originados por el
militares y los pactos comerciales—ya no se sistema global (Sassen, 2001b). Las ciudades
basa en su rol como mediadoras entre los sis­ globales actúan, por tanto, como centros cul­
temas políticos y económicos internos de sus turales cosmopolitas: son a la par formas cul­
países de origen y los sistemas transnaciona­ turales y estructuras sociales de localización
les. Su capacidad de controlar y encauzar las fija, que sirven de nudos espaciales para la
actividades sociales, políticas y económicas de organización de espacios intra- y transnacio­
sus compatriotas es precisamente de donde se nales. En este sentido dentro del espacio ma-
deriva su facultad de tener un papel de elite crosocial representan un rol análogo al de las
en el escenario transnacional. La búsqueda de elites en la organización política, económica
un nuevo programa neoconservador, que ate­ e ideológica del orden social.
núe sus responsabilidades con los conciuda­ Estos flujos de mercancías, turistas y ma­
danos de sus Estados-nación originarios, no de obra migrante suceden dentro de un or­
conlleva paradójicamente el estrechamiento den espacialmente articulado de unidades
y, con ello, la socavación de las bases políticas políticas, sostenidas por el ejercicio del poder
e ideológicas de su hegemonía. que en su extremo —en el caso del sistema glo­
La concepción “transnacionalista” del sis­ bal entendido como un todo—protagonizan
tema global como un espacio libre de fronte­ política y militarmente el Estado imperial do­
ras en el que actores “#desterritorializados” y minante y sus aliados. La hegemonía de las
flujos no estructurados de m igrantes, m er­ elites en el actual orden global está directa­
cancías y formas imaginarias circulan libres mente vinculada con la gestión de los flujos
del constreñimiento de los anticuados paisa­ de poder dentro de este sistema de lugares es­
jes de la ^modernidad, caracterizados por Es­ pacialmente delimitados. Para dichas elites, el
tados-nación y comunidades perfectamente sistema global es una compleja jerarquía de
delimitados, que constituye la base de la no­ espacios delimitados.
ción “transnacionalista” del carácter global de La explicación “transnacionalista” de la
las elites, resulta inadecuada en cuanto se exa­ globalización como enemiga de “lugares” y
mina la producción de mercancías, películas, “fronteras” es, en suma, completamente in­
medios de transporte y comunicaciones, y la correcta: engañosa desde una perspectiva
infraestructura inmaterial de las comunida­ lógica, teóricamente equivocada y etnográfi­
des diaspóricas que incluye el contenido de su camente errónea. Por consiguiente, la idea de
imaginario global. Los bienes, servicios y un carácter cosmopolita, propio de las elites
personas que constituyen los flujos transna­ globales y formas culturales globalizadas, es
cionales —y que se incluyen en la noción igualmente desacertada. Esto no significa
“transnacionalista” de cosmopolitismo—de­ •afirmar que la globalización no haya produci­
ben ser producidos, según destaca Sassen, en do nuevas clases de cosmopolitismo, elites es­
un proceso cada vez más complejo que com­ pecializadas y formas culturales consagradas
prende un conjunto de redes de lugares que a sus valores. Las transformaciones de la es­
son frecuentemente transnacionales (Sassen, tructura de clase y de las representaciones
1996, 1998, 2001b). Más allá de esto, insiste ideológicas del Estado-nación producidas por
Sassen, la organización de dichas redes de la globalización han estimulado, no obstante,
producción y distribución bajo condiciones el nacimiento de nuevas elites de carácter im­
de globalización genera en sí misma una cate­ plícitam ente -y , frecuentem ente, explíci­
goría especializada de superespacios: “las tam ente— transnacional y cosmopolita: los
ciudades globales”. La “ciudad global” es un denominados *nuevos movimientos sociales
tipo de espacio producido por el sistema glo­ se hallan comprometidos con valores de ca­
bal, cuyas relaciones entabladas con otros rácter universal. Ya que las políticas de tipo
“superespacios” poseen una estructura pro­ nacional han tendido a la fragmentación en
pia. Ambos hechos entran en obvia contradic­ identidades subnacionales y grupos ^étnicos,
ción con los argumentos de los teóricos las identidades y los grupos étnicos recientes
“transnacionalistas”, que defienden que la se inclinan e interesan por los valores univer­
globalización ha disuelto los lugares y los ha sales —*derechos humanos, medio ambiente,
sustituido por un conjunto de flujos no es­ paz, etc.—que transcienden al Estado y a su
tructurados que conforman las estructuras ideología nacional. Dichos valores y causas
Elites cosmopolitas 96

universales funcionan como fuente de legiti­ ción de las elites de Pareto, podemos entender
midad superior a la otorgada a los estados y que los tipos de elites cosmopolitas son procli­
las ideologías nacionales en la política con­ ves a la form ación de grupos opuestos que
vencional y las instituciones legales (Keck y constituyen una reminiscencia de los “leones”
Sikkink, 1998; Laraña, 1994; Offe, 1985; Tur- y “zorros”, y que los “liberales del champag­
ner, 1997). Los vehículos sociales y defensores ne” ocupan una posición interm edia, quizá
de estos valores universales suelen ser movi­ dentro del rol zoomórfico de los pollos de co­
mientos nacionales o transnacionales para la rral criados en libertad. Sigue pareciendo co­
defensa de los derechos de las ^minorías y de mo si las luchas de los “zorros” con los, en el
determinadas categorías sociales tales como presente, hegemónicos “leones” pudieran en­
mujeres y niños, derechos culturales y territo­ carnar la visión de Pareto “circulando” a la
riales de los pueblos indígenas y reivindica­ posición hegemónica que deja vacante el or­
ciones medioambientales. Dicha tendencia gullo desintegrado de unos fallidos leones.
supone una reorientación del concepto de
derecho desde las normas proclamadas e
impuestas estatalmente de acuerdo con prin­ Bibliografía
cipios sostenidos —independientemente de los
Estados—por la opinión global, las organiza­ APPADURAI, Arjun (1996): Modernity at large:
ciones no gubernamentales y, en ocasiones, Cultural dimensions o f globalization. Minnea­
instituciones intergubernamentales como polis: University of Minnesota.
Naciones Unidas: es decir, por formas e insti­ BABHA, Homi (1994): The location o f culture.
tuciones cosmopolitas. Los grupos identita- London: Routledge
rios y movimientos sociales que defienden GILL, Stephen (1996): “Globalization, Democra­
dichos valores universales están formados tization and the Politics of Indifference”, en
frecuentemente por miembros con una pro­ J. M. Mittelman (ed.), Globalization: Critical
yección internacional que colaboran entre sí Reflections. Boulder: Lynne Rienner, 205-227.
en acciones políticas, manifestaciones y cam­ GUPTA, Akhil; FERG USO N , James (1997):
pañas que atraviesan las fronteras estatales, “Culture, power, place: Ethnography at the
dando lugar al desarrollo de redes o alianzas end of an era”, en A. Gupta y J. Ferguson
de movimientos con una orientación transna­ (eds.), Culture, power, place: Explorations in cri­
cional. Los activistas que forman estas redes y tical anthropology. Durham: Duke University
sus causas de carácter universal constituyen Press, 1-46.
una auténtica contraelite cosmopolita, com ­ KECK, M.; SIKKINK, K. (1998): Activists Beyond
prometida en la lucha contra las políticas de Borders: Advocacy Networks in International
las elites político-m ilitares y empresariales, Politics. Ithaca, NY: Cornell University Press.
transnacionalmente orientadas, que intentan LARAÑA, Enrique; JOHNSTON, Hank; GUS-
en la actualidad consolidar su control del FIE L D , Joseph R. (1994): N ew Social Move­
mundo y sus recursos naturales (Turner, ments: From Ideology to Identity. Philadelphia:
2004). Temple University Press.
En resumen, en contra de la perspectiva LASCH, Christopher (1995): The revolt o f the elites
monista defendida por la mayoría de los teó­ and the betrayal o f democracy. New York: Norton.
ricos “transnacionalistas”, las dinámicas de la O FFE, C. (1985): “New Social Movements: Cha­
globalización no han dado lugar a una sola llenging the Boundaries of Institutional Poli­
elite, sino a múltiples. Friedman ha denomi­ tics”. Social Research, 52: 817-868.
nado a estas elites culturales —tan celebradas REICH , Robert B. (1991): The Wor\ o f Nations.
por los teóricos “transnacionalistas”—los “li­ New York: Alfred A. Knopf.
berales del champagne”. Dentro del mismo SASSEN, Saskia (1996): Losing Control? Sove­
estilo metafórico, podríamos entender el uni­ reignty in an Age o f Globalization. New York:
verso cultural y político del orden mundial Columbia University Press.
globalizado como una lucha alcohólica entre — (1998): Globalization and its discontents: Selected
los “liberales del champagne”, “los conserva­ Essays 1984-1998. New York: New Press.
dores del whisky” y los “habituales del vino” — (2001a): “Cracked Casings: Notes towards an
activistas internacionales, que cuentan con la Analytics for Studying Transnational Proces­
lealtad política de los “trabajadores cervece­ ses”, en L. Pries (ed.), New Transnational Spa­
ros” y, más dudosamente, con la de “los traba­ ces: International Migration and Transnational
jadores migrantes del tequila”. También, en Companies in the Early Twenty-First Century.
el idioma zoológico de la teoría de la circula­ London: Routledge, 187-208.
97 Esclavitud

— SASSEN, Saskia (2001b [1991]): The global gica e incluso sexual de la vida social. La in­
city: New York, London, Tokyo. Princeton: vestigación acerca de la esclavitud que
Princeton University. desarrollen las ciencias sociales —y que con an­
TURNER, Terence S. (1997): “Human Rights, Hu­ terioridad se había llevado a cabo fundamen­
man Difference: Anthropology’s Contribution talmente dentro del ámbito de la economía, la
to an Emancipatory Cultural Politics”.Journal o f historia o las ciencias políticas— no puede,
Anthropological Research, 53, 3: 273-292. Special dentro de nuestro mundo *globalizado e
Issue: C. Nagengast and T. Turner (eds.), Uni­ *intercultural, seguir por más tiempo concen­
versal Human Rights versus Cultural Relativity. trada sólo en los dos ejemplos espacio-tempo-
— (2004): “Anthropological Activism, Indige­ rales que hasta el momento han centrado la
nous Peoples and Globalization”, en C. N a­ atención: el tráfico trasatlántico que estableció
gengast y C. Velez-Ibanez (eds.), Human el sistema colonial europeo y americano en las
Rights: The Scholar as Activist. Oklahoma City: Américas y el Caribe (Genovese, 1972), junto
Society for Applied Anthropology , 83-119. con su predecesor en el universo grecorroma­
no de la antigüedad (Finley, 1980).
Terence S. Turner
En los contextos clásicos, el esclavo era un
individuo que ocupaba una posición subordi­
Véanse ademas CIUDADANÍA, Ciuda-
nada desde el punto de vista *étnico al que
da no. C () M U N 1C ACIÓ N, C O N S U M ()
por la fuerza se le llevaba de su sociedad de ori­
C U 1;I'URAL, C U I ; i ’URA, D E RE CH O S
gen a otra, en la que su trabajo físico se “usaba”
HUMANOS. DESARROLLO, Desterrito­
de forma no remunerada para la producción de
rial i/.ación, DISCRIMINACIÓN Y E X ­
cosechas a gran escala —tales como azúcar
CLUSIÓN SOCIAL, E L IT E S , Etmcidad.
(Mintz, 1985), café, tabaco o algodón—. De es­
ES PAC I( )-Tl EMPO, ESTADO-NACIÓN,
ta forma, se arrancaba al esclavo de una cultu­
F R O N T E R A , Frontera geográfica y admi­
ra para ^insertarlo en otra, despojándole de
nistrativa, Fronteras políticas v religiosas,
su anterior ^identidad social para atribuirle
Global y local, GLORALIZACIÓN, Glo­
otra nueva, basada en la servidumbre, la infe­
bal izaciém y antiglobalización, HIBRID A-
rioridad jerárquica y la reducción de los
CI( )N, 1DENT1 DA I), Lugar y no lugar, MI-
derechos #civiles —si es que, de hecho, se con­
G R A CIC)N E S, MIN () R í A S M o d e r nidad,
servaba alguno-, y con el fantasma de ser in­
MOVÍ El DAD, Nacionalismo, Nomadismo
tercambiado o vendido como si se tratase de
y turismo, NUEVOS MOVIMIENTOS SO-
una especie de propiedad “hum ana”. N or­
C IA L E S, Po scol o n ia 1i sm o, POS M () D E R -
malmente, este tipo de control económico y
NIDAL), TERRITORIOS, TRABAJO, Via­
social iba acompañado de sanciones suma­
les y sistemas de movilidad.
mente fuertes, lo que no impedía que contara
con el respaldo de formas jurídicas e incluso
Esclavitud *violentam ente coercitivas de hegemonía y
dominación. En muchos casos, el esclavo era
Cuando abordamos el tema de la esclavi­ considerado como subhumano, una no “per­
tud social —una de las formas más complejas sona” en sentido estricto, despojado de los
de experiencia humana que podemos identi­ más mínimos elementos de libertad y elec­
ficar a lo largo de la Tierra—nos enfrentamos ción, y arrojado a una nueva identidad social
a un caso especial de #explotación social que tendente a anular o al menos ocultar sus ca­
merece atención particular, debido a que im­ racterísticas lingüísticas, religiosas y cultura­
plica una gran multiplicidad de facetas com­ les previas. En consecuencia, el esclavo es un
puestas por factores interrelacionados. A ser deshumanizado, despersonalizado y *des-
primera vista aparenta ser un modo de ex­ plazado en un proceso que algunos espe­
plotación de *fuerza de trabajo predomi­ cialistas han denominado “m uerte social”
nantem ente económico, por el cual los (Patterson, 1982). Al constituir fundamental­
representantes del poder ^colonial —normal­ mente un recurso de tipo económico —apro­
mente europeos—someten a enormes cantida­ piado como una fuente de mano de obra
des de población, de origen africano en su barata o no pagada de gigantescas proporcio­
mayoría, dentro de los sistemas de plantacio­ nes—, las poblaciones esclavizadas constituyen
nes o minas desarrollados en el Nuevo Mun­ ejemplos extremos de explotación social, en
do. No obstante, la práctica institucional de la los que el uso de personas —individual o colec­
esclavitud también incluye dimensiones di­ tivamente—revela poco de procesos de disi­
versas de la esfera #cultural, política, psicoló­ mulo o suavidad, y mucho de lo que puede
Esclavitud 98

considerarse una explotación abierta, directa, Entre 1761 —fecha en la que el marqués de
ostensible o violenta. Pombal abolió la esclavitud dentro del Portu­
Las investigaciones antropológicas han gal continental—y mediados del s. X X , nume­
aportado tres puntos adicionales más allá de rosos países han abolido form alm ente la
esta reducida escena euroamericana. En pri­ esclavitud como institución. Sin embargo, los
mer lugar, los modelos de esclavitud desarro­ primeros intentos por sacar a debate público
llados dentro de contextos ajenos al mundo el dilema de los individuos y poblaciones es­
clásico afroamericano muestran complejas si­ clavizadas datan de fechas anteriores: ya a
tuaciones respecto a los tránsitos de indivi­ principios del s. XVII, los cuáqueros protago­
duos de una cultura a otra. A través de nizaron una de estas tentativas en Gran
determinadas formas de “adopción” o de resi­ Bretaña. Hacia 1830, el movimiento abierta­
dencia de larga duración, los esclavos que­ mente abolicionista había ganado ya mucho
daban frecuentemente incorporados como terreno. La variedad de fechas —entre los si­
parientes dentro de los sistemas de vida fami­ glos XIX y XX— en las que se van produciendo
liar preexistentes. Los sistemas de esclavitud las sucesivas aboliciones en los distintos conti­
africanos o asiáticos no sólo eran diferentes de nentes es reflejo de las diversas historias que
los europeos, sino que lo eran también entre sí. componen el periodo moderno de esclavitud.
Como ha argumentado Watson (1980) —un En fechas tan tempranas como mediados del
experto en la materia—, en general, los contex­ siglo XV, Portugal ya transportaba esclavos
tos de esclavitud africanos implican abundan­ africanos a Europa, mientras que España
tes recursos en tierras, dando lugar a formas practicaba distintas modalidades de trabajos
más “abiertas” en las que la riqueza se concen­ forzados en el Caribe y América Latina usan­
tra en las personas más que en las propiedades do a las poblaciones indígenas; todo ello antes
materiales. Por el contrario, los sistemas asiá­ del posterior comercio trasatlántico de escla­
ticos no desarrollan estos sistemas de incorpo­ vos africanos dominado por Gran Bretaña,
ración de individuos como cuasiparientes o Francia, Holanda y los citados países ibéricos.
miembros adoptados en la familia. En segun­ No debemos olvidar, además, que dentro de
do lugar, en la mayoría de los casos no-euro- los modelos clásicos de interpretación marxis-
peos, los esclavos podían desempeñar diversos ta de la historia, la esclavitud constituye un
roles sociales: desde ser criados, guerreros, bu­ modo de producción independiente en y de sí
rócratas o comerciantes hasta sirvientes do­ mismo. Son varias las fechas que podemos
mésticos, amantes o cónyuges; situaciones que destacar como significativas en el proceso de
ponen en duda la posibilidad de “exportar” los abolición de la esclavitud desde el punto
conceptos europeos de libertad, propiedad o de vista global: 1885 -la Conferencia de Ber­
explotación a otros contextos culturales de na­ lín -, 1890 -e l Acta de Bruselas—, 1926 -C o n ­
turaleza diferente. En resumen, en otros luga­ vención Internacional sobre Esclavitud-,
res los esclavos no sufrieron la subyugación y 1948 —Declaración Universal de los Derechos
dominación extremas que fueron característi­ Humanos, aprobada por Naciones Unidas-,
cas de las situaciones coloniales clásicas. En 1956 —Convención de Naciones Unidas— y
tercer lugar, el proceso de transformación 2004 —al declarar la Asamblea General de
identitaria experimentada por los esclavos ne­ Naciones el Año Internacional de Conmemo­
cesita de un enfoque más amplio: no en todas ración de la Lucha contra la Esclavitud y de
partes los esclavos se convirtieron en “cosas” su Abolición—. Pese a todo, tal y como muchos
para ser vendidas o intercambiadas —de he­ especialistas han destacado, la liberación legal
cho, ¿se puede aplicar el significado occiden­ de los esclavos —manumisión—es un proceso
tal del término identidad en otros contextos complejo e intrincado, que implica años si no
no europeos?—. En algunas ocasiones, es posi­ décadas de reajustes judiciales, sociales y cul­
ble encontrar una limitada posibilidad de as­ turales. En algunas ocasiones, se trata sim­
censo social; en otras, las formas mayoritarias plemente de modificaciones en definiciones
de integración social de esclavos no implica­ burocráticas, detrás de las cuales persisten
ron violencia ni coerción evidentes. formas ocultas o in fo rm a le s de esclavitud.
A pesar de estas perspectivas críticas, si­ De hecho, no está completamente claro si los
guen manteniendo su vigencia dos dimensio­ factores que sostuvieron la abolición de la es­
nes más de la esclavitud en su sentido clásico: clavitud en determinados países y regiones
a) los procesos históricos de su abolición, fueron fundamentalmente de tipo económi­
y b) las nuevas y más modernas formas de lo co, o si prevalecieron motivaciones de tipo
que en la actualidad se denomina como tal. ideológico y hum anitario —derivadas en su
99 Esclavitud

mayoría de la Ilustración y la Revolución exhaustiva narración autobiográfica escrita


Francesa—. Por todo esto debemos concluir por una m ujer ex esclava en 1861, en la que
que la esclavitud —práctica social extremada­ describe los numerosos episodios de explota­
mente compleja tanto en su naturaleza como ción sexual sufridos a mano de su propietario,
en su distribución global a lo largo del tiempo un doctor local (Jacobs, 1861). Nacida en el
y del espacio, de la historia y la geografía—no norte de C alifornia en 1813, H arriet Jacobs
es menos com pleja que su propia desapa­ —una mulata—consiguió escapar al norte de
rición. los Estados Unidos tras permanecer escondi­
A propósito de esto último surge una da durante siete años, donde fue liberada por
cuestión final: ¿Realmente ha desaparecido la compra en 1853. Jacobs, que murió en 1897 a
esclavitud en nuestro mundo contemporáneo los ochenta y cuatro años de edad, nos dejó un
y supuestamente ^multicultural? La respues­ relato sumamente original de sensaciones,
ta debe ser negativa. ¿Cómo definir de otro sentimientos y estados psicológicos experi­
modo el estatus de la mano de obra infantil o mentados en primera persona por un ser hu­
de los trabajadores de regiones subdesarrolla­ mano atrapado dentro de la institución de la
das a los que se embauca o engaña para que esclavitud. En dicho relato, la cuestión de
firmen contratos que claramente no les favo­ la explotación sexual se evidencia más allá
recen? ¿Cómo definir entonces las distintas de las clásicas dimensiones de subordinación
modalidades de tráfico de personas, raptos o económica y apropiación del trabajo.
el contrabando de mujeres y niños desarrai­ Para concluir, podemos afirmar que la es­
gados de un continente y llevados a otro gene­ clavitud constituye “uno de los mayores crí­
ralmente en barcos? ¿Dónde situar la línea menes de la historia” (Genovese, 1972: X V I) y
que separa el trabajo doméstico de la explota­ quizá la forma más extrema conocida de ex­
ción sexual? ¿Dónde está la frontera entre la plotación social directa y deshumanizante.
in m igración legítima y la clandestina? Uno de los trabajos recientes más estimulante
Resulta imposible dar una respuesta a es­ sobre la esclavitud es el estudio de Paul Gilroy
tas cuestiones sin acudir a una nueva defini­ (1993), en el que ahonda en la doble conciencia
ción contemporánea de la diferencia entre la de los negros inmersos en un universo históri­
esclavitud tradicional y las formas que en co y cultural triangular que conecta, por un
la actualidad perduran de esclavización social y lado, Europa con Africa y, por otro lado, el
laboral. Es importante recoger al respecto las Caribe y América Latina. Los negros eran —y
afirmaciones de un especialista como Phillips: siguen siendo—a la vez “americanos” y “afri­
“La esclavitud continúa existiendo hoy en día. canos”, a la par que han existido dentro —y
Podemos encontrarla entre las prostitutas del fuera—de la Europa occidental durante varios
Sureste asiático, los empleados domésticos de siglos. Al tener que hacer frente a la tortura
Africa y del mundo islámico y los trabajado­ física, la humillación social e incluso el terror
res explotados en las industrias de Los Ange­ racial, la opción por la muerte en lugar de
les y Nueva Y ork” (1996: 127). Una de las continuar viviendo como esclavo constituyó
publicaciones que cita Phillips es el estudio de de hecho una solución para algunos esclavos
Dorthy Q. Thom as de 1993, titulado A M ó­ en determinadas situaciones y lugares. La
d em Form o f Slavery: Trafficking o f Burm ese subyugación, dominación y reducción del es­
Women and Chüdren into Brothels in Thailand, clavo a un estado más cercano al animal dan
en el que se subrayan dos factores clave de la lugar a una situación anómala, en la que la
esclavitud actual: el tráfico transnacional de muerte es considerada en sí misma una solu­
seres humanos y las formas específicas de es­ ción menos dolorosa y negativa (Gilroy, 1993:
clavitud sexual. Esto no significa que esta 68). En nuestro mundo moderno este tipo de
dimensión haya sido ignorada en estudios conclusión parece totalmente anacrónica. El
más tempranos. En su extenso análisis de la dilema actual parece situarse —dentro de las
obra de Patterson de 1982, en la que se aborda ciencias sociales y humanas—en la necesidad
la esclavitud como una forma de muerte so­ de documentar con cuidado y precisión aque­
cial o “alienación natal”, Davis subraya el pa­ llas situaciones en las que la esclavitud
pel de los eunucos políticos en contextos informal continúa existiendo escondida, disi­
reales al servicio de los emperadores en las so­ mulada u oscurecida, con el objeto de denun­
ciedades bizantinas y chinas (Davis, 1983:21). ciar dichos casos y prevenir —a través de las
Estos eran esclavos de diferente orden, pese a organizaciones humanitarias nacionales e in­
que su condición sexual fuese profundamen­ ternacionales—toda forma de explotación o
te am bigua. Otro ejemplo lo hallamos en la esclavización de seres humanos.
Esfera mediática 100

Al final de este breve texto, humanamen­ RALISMO, Nomadismo v turismo, Plurina-


te doloroso, es necesario plantear una pregun­ cionalidad, RELACIONES Y PROCESOS
ta incluso más dramática, que nos sitúa en el INF( )RMALES, Sujeto intercultural, TRA-
papel de abogados del diablo. En el trabajo o BAJ(), VI () LENCA A POLÍTICA.
en “casa”, ¿ha sido —usted o alguien cercano—
esclavizado hoy de algún modo?
Esfera mediática
Bibliografia Los medios de comunicación constituyen
un poderoso factor de cambio en la Edad Mo­
DAVIS, David Brion (1983): “Of Human Bonda­ derna. En sí mismo considerado éste no es, sin
ge”. The New Yorl[ Review o f Boohs, 17 Fe­ embargo, un hecho específico. Los medios de
bruary: 19-22. Review of Orlando Patterson: comunicación han sido siempre un factor
Slavery and Social Death: A Comparative Study. de cambio social y cultural. Como han mos­
FIN LEY, Moses I. (\980): Ancient Slavery and Mo­ trado los estudios sobre los efectos de la escri­
dern Ideology. New York: Viking Press. tura y de la imprenta, la introducción en una
G EN O VESE, Eugene D. (1972): Roll, Jordan, cultura de nuevos medios de comunicación
Roll: The World the Slaves Made. New York: afecta profundamente a las relaciones que los
Random HouseAfintage Books. hombres mantienen entre sí, a las que mantie­
GILROY, Paul (1993): The Blacf Atlantic: Moder­ nen con la naturaleza e incluso a su propia
nity and Double Consciousness. London: Verso. percepción como sujetos. De ahí que quizá sea
JACOBS, Harriet A. (1987 [1861 ]): Incidents in the más exacto decir que lo que se produce desde
Life o f a Slave Girl, Written by Herself. Cam­ los inicios de la ^modernización es una “me-
bridge, Massachusetts: Harvard University diatización de la cultura” que produjo una
Press. Edited by Lydia Maria Child. Introduc­ transformación sistemática de la sociedad.
tion by Jean Fagan Yellin. El efecto más evidente de la “tecni-
MINTZ, Sidney W. (1985): Sweetness and Power: ficación” de la comunicación es que altera
The Place o f Sugar in Modern History. New profundamente las condiciones espaciotempo-
York: Viking Penguin. rales y da lugar a un fenómeno, también no
PATTERSON, Orlando (1982): Slavery and Social específico, pero muy característico de la mo­
Death: A Comparative Study. Cambridge, Mas­ dernidad: el “desanclaje” o “despegue” de las
sachusetts: Harvard University Press. relaciones de los contextos locales de interac­
PHILLIPS, William D. Jr. (1996): “Slavery in Spa­ ción social (Giddens, 1999). Esta reorganiza­
ce and Time: Continuities”, en Alberto Vieira ción del espacio y del tiempo fue aún más
(coord.), Slaves With or Without Sugar: Registers profunda cuando aparecieron los medios que
o f the International Seminar. Funchal/Regiao se basan en la electricidad. El efecto más in­
Autonoma da Madeira: Atlantic History Study mediato del primero de ellos, el telégrafo, es
Centre & Regional Tourist and Culture Office, verdaderamente revolucionario: el transporte
127-42. Colec^ao Memorias, 13. de la información se independiza del trans­
THOMAS, Dorthy Q. (1993): A Modern Form o f porte físico. Si la invención de los relojes
Slavery: Trafficking o f Burmese Women and mecánicos había facilitado la concepción
Children into Brothels in Thailand. New York: abstracta del tiempo, la introducción de los
Human Rights Watch. medios electrónicos hace posible una distin­
WATSON, James (ed.) (1980): Asian and African ción conceptual de gran importancia: el lugar
Systems o f Slavery. Oxford: Basil Blackwell. —el asentamiento o localización física— y el
*espacio —abstracto—. Esta dislocación ha he­
Brian Juan O’Neill
cho habitual algo en otros tiempos inimagi­
nable: la “simultaneidad desespacializada”
Veanse Acciones afirmativas. Apartheid, (Thompson, 1998), es decir, la experimenta­
CIUDADANÍA, C( )LONIALISMO Y AN­ ción simultánea de acontecimientos en luga­
TICA )L()NIA L ISMO, CULTURA, Deste- res espacialmente alejados. De esta manera el
rritorialización, Discriminación positiva, ES­ espacio de la comunicación se ensancha mien­
TADO-NACIÓN, ESTIGMA, Etnicidad, tras que el espacio físico parece reducirse. Co­
EXPLOTACIÓN SOCIAL, GL( )BALIZA- rrelativamente, la experiencia misma del
CIÓN, ID ENTIDAD, INTEGRACIÓN, “ahora” cambia también de sentido porque
I nte re1111ural i(Iad, MI ( ¡ R A CI () N ES ^Migra­ los nuevos medios de comunicación e infor­
ciones y racismo, Mestizaje, MULTICULTU- mación se organizan en redes que permiten la
101 Esfera mediática

comunicación inmediata por muy alejado Estas teorías no pueden ser totalmente
que se esté en el espacio. Este achicamiento desligadas de una concepción que ha conside­
del espacio físico en beneficio del espacio de la rado a los medios y a la comunicación que lle­
comunicación es una de las manifestaciones van a cabo como “de masas”. Sin embargo, en
de ese fenómeno más amplio que conocemos la actualidad se piensa que los presupuestos
como “globalización”, expresión desde luego subyacentes en la expresión “comunicación
ambigua, pero que permite describir, entre de masas” yerran en una cuestión fundamen­
otros, el hecho de que la información y la co­ tal: el papel de los receptores y consumidores.
municación pueden llegar a cualquier rincón Contrariamente a lo que esta concepción su­
del espacio humano. pone, los consumidores de los productos cul­
Al dislocar el espacio y el tiempo, la comu­ turales no se comportan ni como átomos
nicación mediática introduce nuevas formas aislados ni pasivamente, sino que la apropia­
de relación. La escritura o bien difiere la res­ ción de sentido es una actividad, muchas ve­
puesta del interlocutor —la carta—o bien la ces creativa, realizada por individuos que
hace prácticamente imposible —el libro, el viven en lugares y en momentos históricos de­
periódico-. Otro medios—el telégrafo, el telé­ terminados, que tienen señas de id en tid a d
fono, las nuevas tecnologías—permiten la in­ individual y colectiva peculiares, que poseen
terlocución, pero reduciendo en gran medida competencias enciclopédicas diferentes y qué
los canales y los sistemas semióticos asociados interaccionan unos con otros en su vida coti­
a la copresencia física. Como ocurre con todo diana. En definitiva, si la difusión es g lo b a l e
tipo de tecnologías, algo se gana y algo se pier­ implica desterritorialización, la recepción es
de. Los medios monológicos han encontrado local y exige una reterritorialización que da
procedimientos para llegar a una multitud de lugar a interpretaciones diferentes según
destinatarios. La imprenta primero, la radio, contextos culturales diversos. Estudios de
el cine y la televisión después, se convirtieron recepción sobre cómo han sido interpretados
en medios “masivos”: ponen a disposición de conocidas series y programas de televisión
un público muy numeroso una gran cantidad americanas en otras culturas, como los lleva­
de ^información. La imprenta fue el primer dos a cabo por Liebes y Katz o J. Lull, avalan
medio capaz de producir grandes cantidades esta posición.
de ^bienes de consumo simbólicos. La venta La complejidad del proceso de produc­
de libros y “noticias” —los primeros periódicos ción e interpretación de los productos
nacen en el s. XVII— constituye el comienzo de m ed iáticos ha p rod u cid o co n secu en cias
un proceso que en el siglo X IX adquiere un contradictorias. Si la producción y difusión
impulso decisivo y en el siglo XX un alcance glo­ globalizada de unos bienes simbólicos favore­
bal. Los medios se vinculan a la industria y al ce la homogeneización cultural, los procesos
mercado para ser así más eficaces en la pro­ de reapropiación del sentido se hacen en con­
ducción, la difusión y el consumo de produc­ textos culturales muchas veces fragmentados,
tos simbólicos. cuando no individualizados, en los que se en­
Para describir este proceso, Adorno y cuentran unos sujetos que recurren a reglas
H orkheim er utilizaron el concepto de “in­ de interpretación y ^traducción muy diversas
dustria cultural”. Desde una perspectiva críti­ y que usan los medios según criterios no pre­
ca, ponen de manifiesto que la producción de vistos. La fragmentación es un fenómeno que
bienes culturales se somete a la racionalidad se deriva tanto de la cantidad de productos
técnica de una producción industrial que con­ culturales como de las nuevas prácticas intro­
forma todo el proceso comunicativo: impone ducidas por las nuevas tecnologías de la
procedimientos estandarizados para la pro­ comunicación. La individualización es el re­
ducción, unos canales institucionalizados de sultado tanto de la accesibilidad como de la
distribución, y da lugar a productos que obe­ proliferación de nuevas tecnologías: muchos
decen a modelos —géneros, series, formatos— de los medios están concebidos para ser usa­
que anticipan y determinan una recepción y dos individualmente y obstaculizan las rela­
un consumo que anula la autonomía de los in­ ciones inmediatas con los más próximos para
dividuos. Otros autores, como H. Schiller, favorecer las relaciones mediatizadas con los
han puesto de manifiesto que la industria cul­ que están alejados. Los nuevos medios son,
tural no puede ser examinada al margen del gracias a la digitalización, “multimedia”, es
proceso de *globalización que ha llevado a la decir, permiten integrar diversas sustancias
difusión mundial de los contenidos y a una expresivas —sonido, imagen, palabra-, y, gra­
concentración de los medios. cias a una estructuración en red, a la facilidad
Espacio de los flujos 102

y rapidez con que transmiten los datos, están GOODY, J. (1990): La lógica de la escritura y la organi­
reestableciendo una capacidad de interacción zación de la sociedad. Madrid: Alianza Editorial.
aparentemente semejante a la de la comuni­ MARTÍN BARBERO, J. (1987): D e los medios a
cación cara a cara. La “simultaneidad deses- las mediaciones. Comunicación , cultura y hege­
pacializada” ya no es un obstáculo para una monía. México: Gustavo Gili.
comunicación dialógica —unas veces entre in­ MORIN, E. (1967): E l espíritu del tiempo. Madrid:
dividuos, otras entre grupos, chats, foros de Taurus.
discusión, blogs, etc.— pero profundamente THOMPSON, J. B. (1998): Los media y la moder­
transformada por la mediación tecnológica: nidad. Una teoría de los medios de comunicación.
los medios unen al tiempo que separan. La Barcelona: Paidós.
fragm entación y la individualización coha­
Wenceslao Castañares
bitan con la formación de nuevas “comu­
nidades herm enéuticas”, constituidas por
Véanse además ALTERID AD, COMUNI­
individuos localizados en lugares alejados pe­
CACIÓN, CONSUMO CULTURAL, Dere­
ro que comparten los mismos intereses, gus­
cho de injerencia, Desterritorialización, ES­
tos, aficiones, referencias simbólicas, o que,
PACIO-TIEMPO, Espacios locales. Espacio
simplemente, coinciden en los nuevos lugares
red, FRO NTERA, Global v local, C L O R A ­
“virtuales” que han construido las redes.
LE/ A C 1Ó N , I I ) E N T 11)A I ), 1nformacion,
Los medios han producido cambios sus­
IN FEG R A CION, i\1oder nidad, Modern iza-
tanciales que afectan tanto a las sociedades co­
ción, Multilingüismo, Nomadismo y turismo,
mo a los individuos. Si bien es cierto que,
Pluralismo sincrónico, Revolución técnico-co­
contra lo que algunos auguraban, no han
municativa, Sociedad de la información y del
terminado con las tradiciones, las han des­
conocimiento, TERRITORIOS, Traducción.
arraigado para reelaborarlas y re-arraigarlas
cuando no re-crearlas. Fue W. B enjam in
quien nos puso en la pista de los cambios ope­
rados por las tecnologías comunicativas -im ­
Espacio de los flujos
prenta, fotografía, cine—en la experiencia, tal Manuel Castells parte de la premisa cen­
como antes se vivía, y el advenimiento de otro tral de que el espacio es la expresión de la so­
tipo de experiencia: la del que interpreta una ciedad (2001: 488). Puesto que las sociedades
narración novelada o contempla desde la des­ contemporáneas están sufriendo un cambio
atención una obra de arte reproducida mecá­ estructural, cree razonable que tal cambio ha­
nicamente. ya provocado también el surgimiento de nue­
Los nuevos medios no hacen sino acen­ vas formas y procesos espaciales. La dinámica
tuar esas tendencias. Su reestructuración del espacial de nuestra sociedad, afirma, surge y
espacio y del tiempo construye un nuevo tipo se alimenta de la síntesis histórica del infor-
de realidad, la “virtual”, y, consecuentemen­ macionalismo y del capitalismo que aparecen
te, nuevas formas de experiencias todavía no a partir de los años ochenta, para transformar
suficientemente exploradas. Finalm ente, los el paisaje urbano y la geografía regional.
instrumentos no sólo modifican la experien­ La *sociedad de la inform ación, afirm a
cia, sino el órgano al servicio del que aparen­ este sociólogo español, está construida en tor­
temente estaban: la sensibilidad. no a #fiujos —de capital, información, tecno­
No menos importancia han adquirido los logía, interacción organizativa, imágenes,
medios como procuradores de nuevos mate­ símbolos, etc.— que son la expresión de los
riales simbólicos que los individuos utilizan procesos que “dominan” la vida económica,
en la organización reflexiva del yo, aunque al política y simbólica. La dimensión espacial de
precio de hacerlo de forma más fragmentaria, la sociedad no puede escapar a su poderosa in­
dispersa y descentralizada, y, consecuente­ fluencia; de ahí deriva su tesis de una nueva
mente, menos unitaria y coherente. forma espacial característica de la sociedad
red: el espacio de los flujos. Entendido como
“la organización material de las prácticas so­
Bibliografía ciales en tiempo compartido que funcionan a
través de los flujos” (2001: 489), el espacio de
ABRIL, G. (1997): Teoría general de la información. los flujos es la forma de articulación espacial
Madrid: Cátedra. del poder y de la riqueza en nuestro mundo.
GIDDENS, A. (1999): Consecuencias de la moder­ “Conecta a través del globo flujos de capi­
nidad. Madrid: Alianza Editorial. tales, gestión de multinacionales, imágenes
103 Espacio de los flujos

audiovisuales, inform aciones estratégicas, nización de las masas son los mecanismos ge­
programas tecnológicos, tráfico de drogas, melos fundamentales de dominación social
modas Culturales y miembros de una *elite en nuestra sociedad. En esos mecanismos el
Cosmopolita que gira, gira, crecientemente espacio desempeña un papel esencial, porque
despegada de cualquier referente cultural o el poder domina mediante flujos, mientras
^nacional” (Castells, 1995: 18). que la gente vive en lugares. De hecho, seña­
La abstracción de este concepto se com ­ la, “hasta las democracias pierden poder fren­
prende mejor cuando se especifica su conte­ te a la habilidad del capital para circular *glo-
nido, integrado, según Castells, por la com ­ balmente, de la información para transferirse
binación de tres capas de soportes m ate­ secretamente, de los mercados para ser pe­
riales: la red de C om unicación electrónica, netrados o abandonados, de las estrategias
los nodos y ejes del espacio de los flujos y la planetarias de poder político-militar para ser
organización espacial de las elites gestoras do­ decididas sin el conocimiento de las d a c io ­
minantes. El primero está formado por un nes, y de los mensajes culturales para ser co­
circuito de impulsos electrónicos —microelec­ mercializados, empaquetados, grabados y
trónica, telecomunicaciones, procesamiento difundidos en las mentes de la gente... No
informático, sistemas de radiodifusión, etc.— existe una opresión tangible, ni un enemigo
que constituyen la base material de los proce­ identificable, ni centro de poder alguno que
sos cruciales en la sociedad red y se estruc­ pueda ser responsabilizado de problemas so­
turan en la red de com unicación, que es la ciales específicos” (1995: 484-485).
configuración espacial fundamental. Según Mientras que la vida y la experiencia del
ilustra el propio autor, la infraestructura tec­ común de la gente está arraigada en lugares,
nológica que conforma dicha red define el las elites son cosmopolitas. Pero para repro­
nuevo espacio de modo muy parecido a como ducirse socialmente y conservar su poder, las
los ferrocarriles definieron regiones económi­ elites no pueden convertirse ellas mismas en
cas y mercados nacionales en la economía in­ flujos. Deben, por el contrario, desarrollar un
dustrial. Los *lugares no desaparecen, pero conjunto de reglas y códigos culturales que
su lógica y significado quedan absorbidos en marquen nítidamente las #fronteras de su co­
la red. munidad cultural y política. Para ello utilizan
El segundo soporte material del espacio dos tipos de estrategias. La primera consiste
de los flujos lo constituyen sus nodos y ejes. en formar su propia sociedad, constituyendo
Aunque su base sea una red electrónica, el es­ comunidades simbólicamente aisladas que se
pacio de los flujos conecta lugares específicos atrincheran tras la barrera material del precio
que poseen características sociales, culturales, de la propiedad inmobiliaria. Estas comuni­
físicas y funcionales bien definidas. Algunos dades de elite, que Castells define como “una
lugares son ejes de comunicación, que desem­ subcultura ligada al espacio y con conexiones
peñan un papel de coordinación; otros son los interpersonales”, le llevan a plantear una in­
nodos de la red, en donde se ubican funciones, teresante hipótesis que da concreción —o, si se
actividades y organizaciones estratégicamen­ quiere, permite ponerle nombres y apellidos-
te importantes —las *ciudades ^globales—. ai abstracto espacio de los flujos: sugiere que
Tanto los nodos como los ejes están organiza­ está compuesto por “microrredes personales
dos de forma jerárquica, según su peso relati­ que proyectan sus intereses en macrorredes
vo en la red; tal jerarquía puede cambiar, sin funcionales por todo el conjunto global de
embargo, dependiendo de la evolución de las interacciones del espacio de los flujos”. Se tra­
actividades procesadas a través de la red. ta de un fenómeno bien conocido en el mun­
Mientras que los soportes anteriores se do financiero: las decisiones estratégicas se
traducen en redes de comunicaciones, siste­ toman en comidas de negocios celebradas en
mas financieros inform atizados, ciudades restaurantes exclusivos, o en fines de semana
globales y en el nuevo espacio industrial de la pasados en casas de campo, al igual que ocu­
alta tecnología, el tercer soporte material del rría antaño. Pero estas decisiones, añade, “se­
espacio de los flujos está constituido por la or­ rán ejecutadas en procesos de toma de
ganización espacial de las elites dominantes, decisión inmediatos sobre ordenadores te­
que ejercen las funciones directrices en torno lecomunicados que pueden provocar sus
a las que se articula ese espacio. ¿Cómo mani­ propias decisiones para reaccionar a las
fiestan espacialmente su dominio las actuales tendencias del mercado” (2001: 494).
elites dominantes? Para Castells, la articula­ La segunda estrategia consiste en crear un
ción de las elites y la segmentación y desorga­ estilo de vida e idear formas espaciales ten­
Espacio red 104

dentes a unificar el entorno simbólico de las perspectiva crítica, reivindicarán autores co­
elites en todo el mundo. Así, uniendo los dis­ mo Arturo Escobar (2000) -qu ien destaca la
tintos ejes y nodulos del espacio de los flujos, necesidad de reafirmar los lugares y la cultu­
se construye por todo el mundo un espacio ra local no capitalista frente a la dominación
—relativamente—aislado y homogéneo com ­ del espacio, del capital y de la #modernidad—
puesto por hoteles internacionales, salas para y tantos otros estudiosos que, distanciándose
VIP en los aeropuertos, servicios secretariales, de las visiones dicotómicas, apuestan por el
etc., que recrean una sensación de fam i­ enfoque de la glocalización (Barañano, 2005).
liaridad con el mundo interior, mantienen la
distancia frente a la sociedad exterior y con­
servan la unidad de un reducido círculo de la Bibliografía
elite empresarial a través de sensaciones, ritos
y experiencias similares en todos los países. BARAÑANO Cid, M. (2005): “Escalas, des/rean-
Paralelam ente, entre la elite de la inform a­ clajes y transnacionalismo. Complejidades de
ción también se está gestando un estilo de vi­ la relación global-local”, en A. Ariño (ed.), Las
da desvinculado de la especificidad histórica encrucijadas de la diversidad cultural. Madrid:
de cualquier sociedad específica e integrado CIC, 425-451.
por diversos símbolos —como el uso regular de CASTELLS, M. (1995 [1989]): La ciudad informa­
instalaciones de hidromasaje, la práctica del cional, Tecnologías de la información, reestruc­
jogging, el ubicuo ordenador portátil, la com­ turación económica y proceso urbano-regional.
binación de ropa formal y de deporte, el estilo Madrid: Alianza.
de ropa unisex, etc.—que, crecientemente, se — (1998 [ 1996]): La era de la información: econo­
relacionan con la pertenencia a los círculos mía, sociedad y cultura, Vol. 1, E l poder de la
gestores de la economía informacional global. identidad. Madrid: Alianza.
Esta cultura internacional y homogenei- — (2001 [1997]): La era de la información: econo­
zadora que transmite el espacio de los flujos mía, sociedad y cultura, Vol. 2, La sociedad red.
se refleja también en la tendencia hacia la uni­ Madrid: Alianza.
formidad arquitectónica que distingue a los ESCOBAR, A. (2000): “El lugar de la naturaleza y
lugares que constituyen los ejes y nodos de ca­ la naturaleza del lugar: globalización o posde­
da red a lo largo del mundo. De este modo, sarrollo”, en A. Viola (comp.), Antropología del
“la arquitectura escapa a la historia y la cultu­ desarrollo, Barcelona, Buenos Aires, México:
ra de cada sociedad y queda capturada en el Paidós, 169-217.
nuevo mundo imaginario y maravilloso de
Josepa Cucó i Giner
posibilidades ilimitadas que subyace en la ló­
gica transmitida por el multimedia: la cultura
Véanse además COMUNICACIÓN, CU L ­
de la navegación electrónica, como si se pu­
TURA, ELITES, ESTADO-NACIÓN, Et-
dieran reinventar todas las formas en un
nicidad, FRONTERA, Global v local, G L O ­
lugar, con la sola condición de saltar a la inde­
RALIZACIÓN, ID E N T ID A D , Informa­
finición cultural de los flujos de poder” (Cas-
ción, Lugar y no lugar, Migraciones. Redes
tells, 2001: 495).
sociales, Modernidad, MOVI LI DAD, Na­
Junto a este dominante, expansivo, fluido
cionalismo, Nomadismo y turismo, Sociedad
y global espacio de los flujos persiste el *espa-
de la información y del conocimiento.
cio de los lugares, en el que se construye y prac­
tica la experiencia cotidiana de la gran
mayoría de personas. Para Castells, éste es un
espacio cuya tendencia evolutiva tiende a con­
Espacio red
vertirlo en algo “cada vez más local, más te­ Desde los años setenta casi todas las re­
rritorial, más apegado a la ^identidad propia, giones metropolitanas del mundo han experi­
como vecinos, como miembros de una cultu­ mentado unos cambios tan intensos que a
ra, una #etnia, una nación... Idonde] se re­ menudo es imposible reconocer lo que existía
cupera la tradición histórica y afirma la en ellas hace sólo tres décadas. Los especialis­
geografía de las culturas, pero también a ve­ tas consideran que esas transformaciones son
ces degenera en tribalización, fragmentación el resultado de un nuevo proceso de urbani­
y ^xenofobia” (1995: 18). Es un espacio que el zación que se hace efectivo en diversos niveles
propio Castells explorará más tarde bajo interconectados —^territorial, económico, so­
el filtro único del crisol identitario (1998). Es cial y *cultural—. En el núcleo de los cambios
precisamente este espacio el que, desde una se halla la economía *global, organizada en
105 Espacio red

torno a *centros de mando y de control, con tida a una feroz competencia entre las ciu­
capacidad para coordinar, innovar y gestionar dades y a la aventura de las inversiones finan­
las actividades de las redes empresariales. El cieras e inmobiliarias de alto riesgo. La
resultado es un modelo espacial reticular ca­ arquitectura de redes se reproduce en el inte­
racterizado por su dispersión y concentración rior de cada país, de manera que, al tiempo
simultáneas. La dispersión obedece a que el que sus centros regionales y locales quedan
automóvil, la separación entre áreas de servi­ interconectados a escala internacional, entran
cio, *trabajo y residencia, la ^migración y la también en la espiral de dependencia y vulne­
deslocalización industrial, la expansión del rabilidad ante los cambiantes flujos globales.
^turismo y el auge de las segundas residencias Pero la *globalización no sólo comporta
provocan una gran #movilidad que abarca un no existencia de territorios tendentes a la uni­
territorio cada vez más extenso y complejo, ficación económica y política en ámbitos su-
dando lugar a una urbanización agresiva­ praestatales, sino que, según enfatiza Jordi
mente expansiva y a un uso despilfarrador del Borja (2002), conlleva también la revaloriza­
territorio (Borja, 2003). Y ello ocurre al tiem­ ción de las entidades subestatales —ciudades,
po que los servicios avanzados -finanzas, se­ comarcas y regiones—, como ámbitos socio­
guros, inm obiliaria, consultoría, servicios económicos y espacios significativos de auto­
legales, relaciones públicas, publicidad, dise­ gobierno y de cohesión social y cultural. A
ño, mercadotecnia, seguridad, gestión de los más globalización, destaca este autor, más se
sistemas de inform ación e innovación cien­ relativiza el “soberanismo” de los Estados,
tífica—, convertidos en el eje de todos los más oportunidad tienen las regiones y las ciu­
procesos económicos, aumentan de forma dades para fortalecerse. Y más necesitan los
considerable sus tasas de empleo e inversión #ciudadanos tener poderes políticos próximos
en la mayoría de países y centros metropolita­ y ámbitos significativos de id en tifica ció n
nos del mundo. cultural.
Simultáneamente, en algunos centros ur­ La nueva revolución urbana afecta de una
banos de unos cuantos países se produce una manera particular a las ciudades (Cucó, 2004).
concentración espacial de los niveles supe­ Representativa de los cambios que acarrea, la
riores de las referidas actividades, que se carencia de iím ite s distingue a las grandes
distingue por su ordenación jerárquica y aglomeraciones urbanas actuales, que ya no
cambiante. En la cúspide se sitúan las tres presentan la imagen compacta y continua del
^ciudades globales por excelencia: Nueva municipio central y sus periferias, sino que
York, Londres y Tokio, que conjuntamente ofrecen, por el contrario, otra imagen de
dominan las finanzas y la mayoría de los ser­ carácter discontinuo y reticular, donde se
vicios avanzados internacionales. Tras ellas se suceden elementos de centralidad y de baja
ubican otras ^metrópolis que también son no­ densidad, que incluye a ciudades pequeñas y
dos importantes de la economía internacio­ medias. En su insaciable expansión, las gran­
nal, como Hong Kong, Osaka, Los Angeles, des urbes van devorando y/o englobando a
San Francisco, Frankfu rt, Zurich, Am ster- otras localidades próximas hasta formar una
dam, París o Milán, a las que siguen otros cen­ densa red interconectada. Tal es el caso, por
tros regionales como Buenos Aires, Sao ejemplo, de México D. F., cuyo vertiginoso
Paulo, M éxico D. F., Moscú o Madrid, los crecim iento, demográfico y espacial, de los
cuales, en un acelerado proceso, se incorporan últimos cincuenta años ha supuesto la incor­
con rapidez a esta cada vez más tupida red poración en la zona m etropolitana de nada
mundial. Lo característico del proceso, como menos que 27 localidades vecinas; pero no se
destaca Castells (2001: 458-459), es que no se trata sólo de que el territorio de esta ciudad
limita a los pocos núcleos urbanos situados en cubra en nuestros días unos 1.500 km 2 y que
el nivel superior de la jerarquía, sino que im ­ sus habitantes hayan pasado de poco más de
plica a los centros de producción, los servicios un millón y medio en 1940 hasta los 20 millo­
avanzados y los mercados de una red de al­ nes actuales, sino que tales cambios han hecho
cance mundial. A ella se conectan a diferente imposible la interacción real de sus diferentes
escala y con distinta intensidad ciudades, re­ partes y han disuelto su imagen física global.
giones y áreas metropolitanas de todo el mun­ Pero, al tiempo que las prácticas urbanas
do, *desarrolladas y menos desarrolladas, se reorganizan fragm entariam ente, los m e­
según la importancia relativa de las activida­ dios de comunicación de masas recomponen
des allí ubicadas respecto a la red global. La las prácticas en materia de in form ación y de
jerarquía es inestable, cambiante y está some­ ocio, restableciendo con ello la significación
Espacio-tiempo 106

de la metrópoli. Este tipo de reorganización Bibliografía


es el que conduce a García Canclini (1997:
388) a plantear la necesidad de complementar BORJA, J. (2002): Ciudadanía y urbanismo. Ma­
la caracterización socioespacial de la ciudad drid: Alianza Editorial.
con una nueva definición que tenga en cuen­ — (2003): La ciudad conquistada. Madrid: Alianza.
ta el rol estructurante de los mass-media en su CA STELLS, M. (2001 [1997]): La era de la infor­
desarrollo. En ese sentido, en mayor o menor mación: economía, sociedad y cultura, Vol. 1, La
medida, en la ciudad *posmoderna siempre sociedad red, Madrid: Alianza.
se deja sentir el impacto de dos procesos si­ CUCO, J. (2004): Antropología urbana. Barcelona:
multáneos: uno pone en peligro el apego y los Ariel.
vínculos que unen los *lugares y las comuni­ GARCÍA CAN CLIN I, N. (1997): “Cultures ur­
dades de personas —*desterritorialización—, el baines de la fin du siècle: la perspective anthro­
otro crea nuevas formas y combinaciones de pologique”. Revue internationale des sciences
identidad territorial —reterritorialización. sociales, 153: 381-392. Monográfico sobre
La combinación de dispersión espacial e “Anthropologie-problématiques et perspecti­
^integración global otorga, según Saskia Sas- ves: I. Franchir les anciennes frontières”.
sen (1991: 3-4), un nuevo papel estratégico a PRYTHERCH, D. (2001): “El paisaje ideológico: la
las principales ciudades del mundo, que fun­ huerta, la globalización y la modernidad valen­
cionan de cuatro nuevas formas: como cen­ ciana. Una mirada norteamericana”, www.
tros de poder en la economía mundial; lu­ uv.es/metode/anuario2001/131 _2001.html.
gares clave para los servicios avanzados; SASSEN, S. (1991): The Global City. New Yor{,
centros de producción, incluida la innovación London, Tokyo. Princeton: Princeton Univer-
en los sectores punta, y mercados para los pro­ sity Press.
ductos. Paralelam ente, los impactos de la SOJA, E. W. (2000): Postmetropolis. Critical Studies
globalización tienden a fomentar en las m e­ o f Cities and Régions. Oxford: Blackwell.
trópolis posmodernas una preocupación casi
obsesiva por la competitividad. En una acele­ Josepa Cucó i Giner
rada carrera por renovar su economía y ocu­
par un lugar destacado en la cambiante Véanse además Centro-periferia, Ciudadano,
jerarquía territorial que diseñan los flujos COMUNICACIÓN, CULTURA, DESA-
globales, los gobiernos *locales y regionales R R ( )L LO, I ) ester r itor ial i za c ió n, D I F E -
tienden a apostar por un único caballo gana­ RENCIA Y DESIGUALDAD, Esfera me­
dor: el que representa la renovación de la diática, ESPACIO-TIEMPO, Espacios
oferta urbana como motor de transformación locales, FRONTERA, Global v local, GLO-
de la base de actividades. Siguiendo esta lógi­ B A L IZ A C IÓ N, 11) E N T ID A D , 1n fo r m a -
ca, actúan como empresarios, y pugnan por ción. INTEG RACIO N, Lugar y no lugar,
atraer capital y gente con el m ejor instru­ Megalópolis, MIGRACIONES, MOVILI-
mento de que disponen: la planificación I ) A D , Nom ad ism o y turis m o, P O S MO -
de las infraestructuras y del espacio urbano DERNIDAD, Sociedad de la información y
(Prytherch, 2001), que corre paralela a la es- del conocimiento, T E R R I T O R IO S , T R A ­
pectacularización mediática de la ciudad. BAJO.
Un último elemento a destacar del espacio
red es la implosión y explosión simultánea de la
escala de las ciudades. A un nivel, cualquier cen­
Espacio-tiempo
tro urbano tiende a contener cada vez más en Existe un acuerdo unánime en que se está
su interior toda la complejidad del mundo, produciendo un cambio fundamental en los
creando unos espacios culturales tan h e te ro ­ referentes que han constituido el mundo, al
géneos como jamás pudimos imaginar. En menos desde la Segunda Guerra Mundial. Lo
otro nivel, el mundo entero se está urbanizan­ distintivo no parece ser tanto la ^globalización
do rápidamente, dado que el impacto espacial p er se como la intensificación de un proceso
de las culturas, economías y sociedades basa­ histórico cuya última fase vendría desarro­
das en la ciudad se está expandiendo por todo llándose en los últimos treinta años. Dicha fa­
el planeta. De esta forma, como concluye Ed- se difiere cualitativa y cuantitativamente de
ward Soja (2000: 152), “la posmetrópoli puede las anteriores por ía conjunción masiva
representarse como un producto intensificado de procesos ^globales que implican la fluida
del proceso de globalización a través del cual lo ^circulación de capitales, bienes, mensajes y
global se localiza y lo local se globaliza”. personas a través de estructuras reticulares en
107 Espacio-tiempo

expansión. El trastocamiento —separación y organización social que han sido conceptuali-


compresión—de las coordenadas espacio-tem­ zadas de formas distintas, como las de *so-
porales, la ^revolución técnico-comunicativa ciedad informacional que emplea Manuel
y la *fusión-confusión entre lo global y lo local Castells (2001). Dicha revolución impone
serían algunas de las novedades fundamenta­ nuevas interdependencias que transform an
les de este periodo. A ellas cabría sumar la pro­ todas las interacciones sociales e inaugura una
liferación de riesgos y peligros mundiales; el nueva fase en las relaciones de vecindad, in­
mantenimiento y la agudización de las d e s ­ cluso entre los que se hallan separados por
igualdades sociales planetarias; la mediatiza- grandes distancias. Algunos autores, como
ción, transnacionalización e individualización Marshall McLuhan (1996), se avanzaron a su
de las relaciones sociales; la retroalimentación tiempo y sobrestimaron las implicaciones
entre los modos de reflexividad y el aumento ^comunitarias del nuevo orden comunicacio-
de complejidad social; la coexistencia ambiva­ nal al calificar este mundo como aldea global.
lente e interconectada de procesos de *deste- Otros, como A rjun Appadurai (2004), han
rritorialización y reterritorialización cultural, destacado la transformación de las subjetivi­
de destradicionalización y retradicionaliza- dades cotidianas que los referidos factores
ción, y un etcétera no demasiado más largo. provocan; gracias a su impacto, la im agina­
La primera novedad mencionada alude al ción se convierte en un hecho colectivo y en
problema de la génesis e imbricación de las un carburante esencial para la acción social.
categorías espacio y tiempo en la vida social La globalización implica la extensión pro­
contemporánea, que se tornaron teóricamen­ gresiva de una red de flujos y movimientos que
te relevantes a partir de los años ochenta del cubre paulatinamente el mundo y genera una
pasado siglo, cuando el cúmulo de transfor­ trama crecientemente densa de interconexio­
maciones ocurridas —económicas, tecnológi­ nes e interdependencias. Este cúmulo de pro­
cas, políticas, etc.—tendió a despojarlas de su cesos provoca el surgimiento de nuevas formas
contenido tradicional, propiciando el sur­ espaciales (Cucó, 2004: 45 y ss.), como el deno­
gim iento de nuevas articulaciones espacio- minado *espacio red, al tiempo que diluye las
temporales cuyas variadas facetas pretenden distinciones y *fronteras entre los ámbitos glo­
aprehender conceptos tales como los de #loca- bal y local. Las redes hacen referencia a los
lidades fantasmagóricas, procesos de desan­ conjuntos de nodos interconectados, y están
claje (Giddens, 1990) y espacio de los flujos conformadas por las interacciones entre agen­
(Castells, 1995, 2001), pero también los de tes, actividades y/o núcleos de poder. Lós flujos
desterritorialización o deslocalización. aluden a los artefactos físicos, personas, símbo­
La segunda novedad hace referencia a las los e información que se movilizan a través del
transformaciones que se derivan del cambio espacio y del tiempo. La conectividad genera­
tecnológico. La idea de globalidad significa da por las redes de flujos es compleja y selecti­
básicamente que es mucho más sencillo que va, lo que significa que no todo el mundo se
antes C om unicarse de un punto al otro del conecta de la misma manera, ni con la misma
planeta y enviar mensajes, personas y m er­ intensidad, ritmo y recursos iguales.
cancías. Las nuevas tecnologías de la i n f o r ­ Con la aceleración de la globalización, el
mación y la comunicación representan un capitalismo se reestructura y el *Estado-na-
fenómeno paralelo a lo que la revolución ción se transforma, el primero en clave global,
energética significó en siglos pasados. No obs­ el segundo en clave transnacional. La rees­
tante, existen diferencias significativas entre tructuración del capitalismo, de la que habla
ambas: mientras en la primera la reducción Castells (1995: 45 y ss.), significa la quiebra de
de costes se producía en múltiplos de diez, en la antigua economía capitalista internacional
la segunda se mide en múltiplos de cien mil, o y de su distintiva división espacial del trabajo,
incluso de un millón; mientras la revolución básicamente asentada en los Estados-nación,
energética se produjo a lo largo de dos siglos, y la ascensión del capitalismo global o trans­
la de la microelectrónica tan sólo ha necesita­ nacional, desregulado y flexible, articulado
do dos décadas. En esta última, además, la por las grandes corporaciones multinaciona­
retroalimentación acumulativa entre la inno­ les ligadas a potencias occidentales, cuyos
vación y el uso que se hace de ella es mucho flujos traspasan ampliamente las "^fronte­
más rápida (Hernández, 2005: 188). Al igual ras nacionales. La globalización del capital
que ocurrió con la industrialización, la constituye una de las caras más conocidas
revolución técnico-com unicativa ha preci­ del capitalismo global, al igual que lo es la
pitado el surgimiento de nuevas formas de globalización del ^trabajo. La primera afecta
Espacios locales 108

a las economías nacionales y pone en peligro, M cLUHAN, M. (1996 [1964]): Comprender los
según algunos autores, la autonomía e incluso medios de comunicación. Barcelona: Paidós.
la continuidad del Estado-nación. La segun­
Josepa Cucó i Giner
da da lugar a ^movimientos a gran escala de
trabajadores hacia los centros de producción
industrial, ahora más numerosos que antes. Véa nse además Cent ro-periferia, C O M U N 1-
Las reordenaciones espacio-temporales CACION, Comunitarismo, Desterritoriali-
mencionadas trastocan los objetos de estudio zación. Diferencias sociales v diferencias cul-
de las ciencias sociales, de la sociología y la tundes, Elites cosmopolitas. Esfera mediática,
antropología pero también de la historia, Espacio red, Espacios locales, ESTADO-NA­
suscitando a estas disciplinas nuevos retos CION, F R O N T E R A , Fronteras políticas y
teórico-metodológicos, a los que se responde religiosas, Fronteras simbólicas, Global v lo-
con nuevos planteamientos. Así, frente los ex­ ca 1, GLOB ALIZ ACIÓN, HIB RI DAC1 6 N,
cesos de las tesis hiperglobalistas y los sesgos Información, Integración religiosa. Localida­
de las visiones dicotómicas, surge el enfoque des fantasmagóricas y desanclaje. Lugar y no-
de la glocalización (Barañano, 2005) que acu­ lugar, Megalópolis, MIGRACIONES, MO­
ña términos como glocal, localismos globali- VILIDAD, Multilocal, Nomadismo y turis­
zados o globalismos localizados, para denotar mo, PATRIMONIO, Pluralismo sincrónico,
la fusión actual de ambas dimensiones. Igual­ POSM.C )I )ERN11 )AI), Revolución técnico-
mente, frente al *m ovim iento continuo de comunicativa, Sociedad de la información y
personas, bienes, significados y cosas, se afian­ del conocimiento, T E R R I T O R I O S , T R A ­
za la idea del campo de estudio *multilocaI BAR ), Viajes y sistemas de movilidad.
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World System: The Emergence of Multi-sited ceptos o clasificaciones que hacen individuos
Ethnography”. Annual Anthropological R e­ o grupos sociales. Cuando hacemos referencia
view, 24: 95-117. a espacio debemos distinguir entre espacio
109 Espacios locales

*geográfico y espacio *social. El primero alu­ 1. Desde su carácter, el espacio local se de­
de a un conjunto muy variado de datos de or­ fine mediante procesos de tradicionalización
den natural, histórico —^patrimonio, por y creación. La tradicionalización implica ex­
ejem plo— y orgánico —economía, sociedad, plorar y determinar el sentido de cómo los su­
política—, y el segundo se refiere a escenarios jetos aprehenden de manera localizada y con
en un juego de fuerzas permanentes. El espa­ sentido histórico; esto es, determinan desde
cio social en dicha relación influye y dosifica dónde el sujeto fabrica su ^identidad con res­
la *alteridad, y es donde la dimensión política pecto al espacio. En cuanto a los procesos de
del territorio garantiza la especificidad, la creación podemos establecer como un ejerci­
permanencia y la reproducción sociocultural cio metodológico tres modalidades de acceso
de los grupos humanos que lo ocupan. (Di Méo, 1991) al espacio local: A) Las m odali­
El espacio local es tanto geográfico como dades de la cognición cuando se trata de la per­
social y debe ser entendido en su morfología y cepción y representación del espacio. Desde
su distribución. El espacio local tiende a ser este punto de vista podemos abordar los códi­
definido por ^delimitaciones geográficas co­ gos culturales y las ideologías y desde allí las
mo un espacio localizado, lo que da la sen­ inclusiones, ^discriminaciones y deducciones,
sación de sedentarismo social y físico. Sin o examinar cómo se controlan, verifican o se­
embargo, un espacio local puede estar defini­ leccionan con la ayuda o no de reglas lógicas
do por la acotación de varios territorios con las pertinencias sociales. B) Deben conside­
dinámicas distintas, pero bajo una misma de­ rarse también las m odalidades de la acción
finición de grupo social o *étnico. Así sucede cuando se trata de la producción de espacio.
en el caso de los kurdos en Turquía, o de los Es una ejecución sobre producciones como
indígenas paeces en Colombia, que, ocupan­ los paisajes, la región, las *vías de comunica­
do territorios discontinuos, los definen como ción terrestres o acuáticas construidas, los
uno solo por el control político, ^religioso o campos, las oficinas, las fábricas, los puertos o
propiamente étnico que ejercen. La dim en­ las líneas. C) Y además hay que pensar en las
sión geográfica sirve al espacio local como m odalidades de la existencia hum ana cuando
punto de referencia para la interacción; éste hacemos referencia a la vivencia del espacio.
representa un enlace de dispositivos organi­ En esta dimensión podemos abordar lo fre­
zados desde distintas dimensiones sociales. cuentado y recorrido por cada uno con un m í­
Lo local puede resultar siendo un barrio, nimo de regularidad, los nudos alrededor de
una aldea, una *metrópoli, una comuna, una los cuales se cristaliza la existencia individual
*ciudad, una provincia, una m icrorregión, de trabajo, esparcimiento, recreación, reen­
una comarca y cuantas acotaciones de este ti­ cuentro y entre los que surgen los corredores
po podamos definir. No obstante, bien por el de C irculación. La conjunción de estas tres
relieve histórico o por la naturaleza de las modalidades evidencia ciertos énfasis en el es­
alianzas, el peso social y político es siempre tudio del espacio local. La tradición de la
constante en la definición del espacio local. morfología social pone su acento en que el
Entre los inuit esa importancia social y políti­ comportamiento social no depende de los es­
ca está basada en distintas figuras históricas. pacios dentro de los cuales se desenvuelve, si­
El espacio local es propio de las anécdotas que no sólo de las formas de organización social
configuran el mapa del espacio frecuentado que los engendran. Y asimismo incide en la
por cada subgrupo —una fa m ilia ...—; en su­ proclamación de la forma en que los fenóme­
ma, del espacio vivido. Como opuesto, lo na­ nos sociales se distribuyen sobre el mapa so­
cional corresponde a narraciones de mitos y de cial y las contradicciones que sobresalen de
ciertas leyendas que proponen una explicación esta distribución. Pero desde el primer énfasis
del universo y de la vida humana compartida o desde el segundo, es su articulación el eje de
por el grupo en conjunto. Lo regional, por su las grandes dimensiones de las relaciones pro­
parte, se define por los relatos de tipo legenda­ pias de cada grupo localizado, a saber: las
rio e histórico, cuyo contenido geográfico re­ dimensiones históricas, identitarias, econó­
fleja la lectura del territorio propio del grupo micas, políticas, semánticas, de uso y de ma­
que los produce (Collignon, 1996). nejo público y privado.
El análisis del espacio local como una de 2. En las condiciones sociopolíticas y cul­
las formas del espacio social puede ser abor­ turales actuales es poco viable explicar lo local
dado desde su carácter —representación—y fuera de los procesos globales o, en su defecto,
desde su estructura —organización/disposi- abordar un espacio local como aquel que está
ción—: sujeto a imposiciones globales. En la contem­
Espacios locales 110

poraneidad los espacios locales pueden ser sociedades que a partir de un referente espa­
definidos a partir de continuidades o discon­ cial acotado interactúan a través de distintos
tinuidades, debido a las múltiples formas de medios con otras sociedades. Esta interacción
C om unicación y de control sociocultural y puede darse desde el *flujo de personas que
político. En esta medida, podemos distinguir viven en ese espacio dado, pero que trabajan
espacios locales mantenidos a través de inter­ en otros, y desde personas que inmigran, aun­
acciones directas o de interacciones definidas que mantienen fuertes relaciones con su espacio
y fortalecidas por procesos más globales, co­ de origen: relaciones económicas de com er­
mo los que se dan en el espacio virtual, lo que cio, de producción y consumo de bienes.
produce sociedades interdependientes en la En este tipo de sistemas las decisiones in­
relación espacio-tiempo, aumentando así las ternas de un llamado espacio local ya no de­
posibilidades de la acción espacial y de su im­ penderán solamente de quienes permanezcan
pacto en la construcción de nuevas formas de en él bajo todas sus normas, sino también de
territorialidad. Los espacios locales y sus cri­ factores externos. Para los dos tipos de siste­
terios de delimitación de mundos, regiones y ma es necesario entender que las dinámicas
comunidades son en sí mismos la base para propias del espacio local se producen en un
imputar identidades y mecanismos de iden­ ambiente ecológico y social con sus distintas
tificación que ya tienen muchas veces filia­ dimensiones económicas y políticas a partir
ciones profundas con ciertos patrones pre­ de las cuales se establecen normas y valores de
viamente establecidos: tan profundas que funcionamiento y relación con sistemas exter­
tienden a diluir el punto social de su origen y nos al espacio local. Estas normas y valores
de su funcionamiento; o a eliminar la manera producen y, al mismo tiempo, fortalecen el
en que grupos humanos concretos han expre­ poder y desarrollo locales como instrumentos
sado o expresan, durante su cotidianeidad, que permiten mantener la legitimidad y auto­
sus relaciones de hegemonía o subalternidad nomía del espacio local, especialmente en el
ante la presencia de esos “otros” que, por in­ caso de los sistemas abiertos. El fortaleci­
vasión, Colonización, intercambio o mera co­ miento del poder y del desarrollo local es lo
existencia, llegan a incorporarse dentro, junto que, en definitiva, permitirá a este tipo de es­
o sobre el espacio ocupado. Por esto el proble­ pacios una existencia distintiva y diferenciada
ma de una perspectiva espacial ampliada obli­ en la apropiación del hábitat, de la C ircu la­
garía, al igual que en el caso del tiempo, a un ción, la explotación —o producción—y la ad­
reconocimiento del carácter plástico y ambi­ ministración —o gestión—. Esta existencia
guo de cualquiera de sus criterios de caracte­ varía de un espacio local a otro según las orga­
rización. Esto implica no dar por sentado que nizaciones, los fines y recursos.
la mera adscripción de un criterio de identi­ 2.1. El poder local lo definimos como un
dad —personal, local, regional o general—obli­ medio de origen institucional y organiza-
ga a una absoluta identificación de grupo o cional por medio del cual se establecen
comunidad. relaciones horizontales entre un gobierno
Por ello el espacio local debe ser conside­ subsiguiente a la referencia del espacio local,
rado en su estructura como sistema cerrado o por ejemplo, un gobierno municipal o regio­
abierto. En este tipo de sistemas interviene el nal y las organizaciones político-sociales del
poder y el ^desarrollo local como la concre­ espacio local. La finalidad de este tipo de rela­
ción del perfil sociopolítico inherente a la de­ ciones de poder es producir beneficios locales
finición de esta clase de espacios. D efinir el que responden a intereses, aspiraciones y ne­
espacio local desde sistemas cerrados implica cesidades básicas -bienestar físico, seguridad,
definirlo a partir de una interdependencia to­ fines lúdicos, crecim iento.. . —, instrumentales
talmente localizada de personas que habitan, —renovación del aparato cultural, control de
trabajan y comparten un mismo espacio. Esta la conducta, organización de las relaciones
forma de definir el espacio local ha sido apli­ de fuerza y de sentido...—y simbólicas —formas
cada a espacios rurales o a definiciones clási­ de control intelectual y emocional, ritmo de
cas de comunidades supuestamente aisladas. convergencia com u n al...—, para quienes allí
Sin embargo, en el mundo actual difícilmen­ conviven o dependen de esos espacios. De ahí
te podemos pensar en sociedades sin interac­ que en la práctica social sea importante en los
ción; por tanto, la tendencia de abordar el espacios locales crear, cualificar y mantener
espacio local desde su estructura de sistema los movimientos sociales de base y las organi­
abierto es cada vez más frecuente. El siste­ zaciones ciudadanas que materializan el po­
ma abierto puede ser definido como el de las der local.
Ill Estado-nación

2.2. También definimos el desarrollo local PAUL-LÉVY, E ; SEGAUD M. ( \983): Anthropo­


en estrecha interrelación con el poder local, logie de l'espace. Paris: Centre Georges Pompi­
como un proceso fundamentado en negocia­ dou-Centre de Création Industrielle.
ciones de alianzas tanto desde el interior como
Beatriz Nates Cruz
hacia el exterior con la finalidad de estimular
e inducir cambios que posibiliten mejoras en
el bienestar sociocultural colectivo. Véanse además ALTERIDAD, Centro-peri­
Podemos hablar de la relación espacio local- feria, C O LO NIALISM O Y A N T I C O L O ­
desarrollo local-poder local, cuando, al igual NIA L! SMO, Criollización, CO M UNICA­
que productos, hay producción de valores. Es LAI ( )N , C o m u n ita r ism o, I) E S A R R () L L ( ),
precisamente la valoración del espacio local de D e ste r r ito ria lización, DI F E R E NCIA Y
una sociedad territorial lo que genera desarro­ D E SIG U A L D A D , Diferencias naturales v
llo local. Tal desarrollo y autonomía del espacio diferencias sociales, DISCRIMINACIÓN Y
local debe tomar en cuenta los recursos existen­ E X C L U S IÓ N SOCIAL, Esfera mediática,
tes y sus potenciales tanto en personas como en Espacio red, ESPACIO-TIEMPO, E S T A ­
productos, en modos y formas culturales. La IS O - N A GIO N , E tnicidad, Ext ran j e ro,
autonomía y vivencia de un espacio local pue­ F R O N T E R A , Frontera geográfica y admi­
den estar fuertemente posibilitada por líderes, nistrativa, Fronteras económicas, Fronteras
chamanes, sabedores y personajes de distinta políticas y religiosas. Fronteras simbólicas.
importancia, que tanto en sistemas abiertos co­ Global y local, GLOBALIZACION, Globa-
mo encerrados —del espacio local—tienen cono­ 11za c ió n v a nt ig 1oba 1izac ió n, HIB RID A -
cimientos profundos de la configuración y CIÓN, ID ENTIDAD, Información, Locali­
dinámicas locales, pero también de sus interlo­ dades fantasmagóricas v desanclaje, Megaló-
cutores exteriores. Este tipo de actores sociales polis, MIGRACIONES, MOVILIDAD,
puede hacer posible en un espacio local el reco­ MU LTI CU I T U RALI S M O, Multilocal, Na­
nocimiento efectivo de la historia vivida, pero cionalidad, NUEVOS M OVIMIEN TOS
también generar disposición a las transforma­ SOCI ALES, PATRI MONI (), POSMO-
ciones y al cambio sociocultural en un marco DERN1 DAD, Relaciones y procesos infor­
coherente con la identidad y la territorialidad. ín a 1es económicos. Relación es y procesos
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‘globalización’ ”. Revista Venezolana de Análisis Nación, por el contrario, es término que
de Coyuntura, 5 (1): 147-178. tarda en adquirir claras connotaciones políti­
Estado-nación 112

cas. Fraguadas éstas al calor de las revolucio­ nales o intentos, más o menos exitosos, de con­
nes europeas que se iniciaron con la francesa trol del papado—según se trate de reinos donde
de 1789, no se identifica plenamente con país triunfa la Reforma o de aquellos otros que se
regido por un mismo gobierno hasta finales suman a, o lideran, la Contrarreforma.
del s. XIX —según el D iccionario de la Real Este proceso va perfilando las etapas de la
Academia Española de 1884—. Y ello pese al evolución estatal, desde aquella primera don­
voluntarismo del texto constitucional de de el Estado lucha o negocia con los viejos
1812, que sí emplea nación española en sentido controles internos o externos hasta la que cul­
político, si bien con alcance, personal y terri­ mina con la eliminación o recorte de los mis­
torial muy diferente al que luego tendría. Sin mos, esto es, el Estado monárquico absoluto,
embargo, cuando el Estado moderno ofrecía para abocar al Estado que hereda las cada vez
ya perfiles bien deslindados en el s. XVI, la na­ más amplias competencias estatales y las
ción apenas se desligaba de sus significados acrecienta en todas las esferas sociales. Este
originarios —raza, nacimiento—para adquirir último, el Estado surgido de la Revolución
tintes polémicos en las confrontaciones reli­ francesa, se fundamenta en el individuo y en
giosas de la época. Tal es el caso del Discurso a sus derechos, única garantía que resta frente a
la nobleza cristiana de la nación alem ana, lanza­ las atribuciones del Estado una vez elimina­
do por Lutero más de trescientos años antes de das o en declive acentuado las antiguas ins­
que Alemania existiera como entidad política. tancias intermedias.
Se analizarán, por tanto, primero uno y En el desarrollo que se acaba de esbozar
otro término por separado; a continuación, su no cuentan exclusivamente el crecimiento y la
evolución paralela; y, por último, sus vicisitu­ ampliación de las competencias del Estado.
des más recientes. En ese proceso también han sido decisivos
tanto la evolución del armamento y de las de­
fensas como las estrategias bélicas. Esta es la
Del Estado medieval al Estado-nación
base de la argumentación de Philip Bobbitt.
Según Naef, en la baja Edad Media el Es­ Para este autor, el Estado moderno se originó
tado ofrece ya algunas características de fases cuando el gobierno y los atributos de los prín­
posteriores, sobre todo lo relativo a la fuerza cipes medievales se transfirieron a “entidades
de cara al exterior y al mantenimiento de la jurídicas separadas de —y a veces en oposición
paz y el orden en su ámbito externo, pero con a—la sociedad civil” (Bobbitt, 2002: 81). De ese
dos importantes limitaciones que afectan a su modo, características netamente individuales
contenido y al control del poder. Respecto a lo —legitimidad, personalidad, continuidad, in­
primero, ni el bienestar espiritual ni el mate­ tegridad y, sobre todo, soberanía—se confirie­
rial de los súbditos, salvo en mínima parte, ron al Estado. Este debió contar a partir de
competen a la esfera estatal. De ellos se ocu­ entonces, tanto con una burocracia civil perma­
pan otras instituciones y asociaciones: monas­ nente para la toma de decisiones como con una
terios, municipios, gremios y señoríos. Por estructura militar que pudiera respaldarlas con
otra parte, el poder estatal se ve constreñido la fuerza en caso necesario. Pero la naturaleza
por la diversidad de jurisdicciones —señoria­ de los ejércitos y de la guerra fue cambiando y
les, municipales, eclesiásticas—y por la varie­ con ella la configuración del Estado.
dad de inmunidades y privilegios de que Así, los Estados principescos —los reinos
están dotados determinados individuos y hispanos, los británicos, las ciudades-Estado
grupos. Además, si el Estado se ve limitado italianas—se caracterizaron por el predomi­
dentro de su propio territorio por esa plurali­ nio de ejércitos mercenarios y por el nuevo di­
dad de competencias, también lo está más allá seño de fortalezas, capaces de resistir los em­
de sus #fronteras, ya que el contorno supraes- bates de la artillería que había inaugurado la
tatal lo ocupan en gran medida la Iglesia de toma de Constantinopla en 1453. El costo de
Roma y el Sacro Imperio. El proceso que con­ largos asedios, de prolongadas guerras reli­
duce al Estado moderno se apoya precisa­ giosas —Guerra de los Treinta Años—y la pér­
mente en la lucha contra esos obstáculos, infra dida de importancia de la infantería —como
y supraestatales: creciente intervención en la los tercios españoles—a favor de fuerzas de ca­
economía, recorte brusco o paulatino de juris­ ballería más móviles, unidos a la aparición de
dicciones señoriales o municipales —donde armas de fuego más eficaces, fueron todos
subsisten, se reducen a funciones bien subsi­ factores presentes en la consolidación de Esta­
diarias, bien ornamentales y casi irrelevantes—, dos regios o absolutos a mediados del siglo
aliento y defensa de las nuevas iglesias nacio­ XVII. Las fuerzas m ercenarias subsistieron,
113 Estado-nación

pero, como en el caso de la Suecia de Gustavo mente económicos, polémicas teológicas o co­
Adolfo, entrenadas y dirigidas por oficiales rrientes filosóficas dispares.
nativos, el auténtico núcleo de los nuevos
ejércitos. Con todo, más que las armas o las
Diversidad de orígenes de las naciones
tácticas lo decisivo fue la creciente pericia de
y los nacionalismos
la burocracia para recaudar impuestos y el re­
forzamiento de la disciplina militar. El um­ Pese a su consolidación política tardía res­
bral del Estado-nación fue ya en el s. XVIII el pecto al Estado, la nación ofrece al imaginario
Estado territorial que representa la Prusia de de los pueblos europeos la apariencia de un pa­
Federico el Grande: desaparición de ejércitos sado profundo y remoto. Los creadores de la
mercenarios y sustitución de los mismos por nación norteamericana, por ejemplo, se veían a
otros que reflejaban la rígida estratificación de sí mismos como herederos de los conquistado­
la sociedad prusiana —esto es, oficiales proce­ res sajones de las islas británicas, “de los cuales
dentes de la nobleza y campesinos sobrantes de reclamamos el honor de descender y cuyos
la agricultura como tropa—; preocupación extre­ principios políticos hemos asumido” (en pala­
ma por la nitidez de las fronteras —lo que ami­ bras del tercer presidente de la Unión, Thomas
noraba los conflictos externos, hacía posible un Jefferson, cit. por Geary, 2003:7). Por la misma
sistema impositivo claro, favorecía el desarrollo época, los constitucionalistas españoles reuni­
de mercados internos y externos y de ahí incre­ dos en Cádiz trazaban la ascendencia de las
mentaba la riqueza del Estado en su conjunto—, instituciones más preciadas hasta los godos. De
y una lealtad que se transfería de la dinastía al modo parecido, Le Pen, en la Francia actual,
Estado —algo que reflejaba gráficamente la es­ ve el origen de su patria en el bautismo del
tricta disciplina y uniformidad del ejército pru­ franco Cíodoveo, o tiempo atrás en España se
siano-, En suma, “el Estado territorial se ca­ buscaban antepasados ilustres en el lusitano
racterizó por el deslizamiento del monarca co­ Viriato, el turdetano Argantonio o el astur Pe-
mo encarnación de la soberanía al monarca layo. La realidad histórica, sin embargo, es bas­
como ministro de la soberanía” (Bobbitt, 2002: tante más complicada; o, como decía Renán:
143). A las revoluciones que iniciaron la etapa “Las naciones no son algo eterno. Han tenido
siguiente se les facilitaba de este modo el cami­ un inicio y tendrán un final” (1987: 84). Así, el
no para reemplazar ese depositario individual nacionalismo germánico que condujo al paro­
de la soberanía por otro colectivo: la nación. xismo hitleriano remontaba sus raíces al pue­
No obstante, el camino que condujo a ese blo teutón; pero “esa palabra para pueblo
estadio no fue tan homogéneo como sugieren —peud—, de donde proceden el alemán deutch y
esos grandes esquemas. La diversidad de pro­ nuestro teutón, no se refería tanto a la id e n ti­
cesos y de tiempos de maduración del Estado- dad #étnica como al hecho de combatir juntos”
nación en Europa permite apreciar al menos (Bernárdez, 2002: 44). El problema de distor­
tres vías diferentes (según Rolh, cit. por Muri- siones como éstas estriba en sus consecuencias.
11o, 1990: 10): a) la de los Estados atlánticos Como dice el historiador serbio Milorad E k-
-desde la Península Ibérica a la escandinava-, mecic: “el nacionalismo empieza con cánticos
donde el recorrido comenzó muy pronto, épicos y populares y termina con grandes gue­
gracias a las monarquías unificadoras; b) la de rras. Empieza con Hansel y Gretel y se con­
los países que alcanzaron una relativa unidad vierte en el monstruo de Frankenstein”
lingüística y ^cultural con anterioridad a la (Judah, 2000:134).
creación de un Estado unitario —como A le­ Sin duda, los orígenes reales de las nacio­
mania e Italia—, y c) la de los Estados surgidos nes contemporáneas son menos bucólicos.
de la desmembración de grandes imperios Dos series de factores son decisivos en su con­
formados por pueblos muy heterogéneos—co­ figuración y desarrollo. De un lado, hay pro­
mo los imperios zarista, austrohúngaro y tur­ cesos históricos donde entran en juego fuerzas
co—. Por otra parte, ni factores jurídicos ni de políticas, religiosas, económicas y tecnológi­
estrategia militar pueden explicar por sí solos, cas; de otro, corrientes estéticas, literarias y fi­
conjunta o separadamente, el intrincado pro­ losóficas que alientan, recrean o interpretan
ceso que llevó a la aparición del Estado-na­ esos procesos o se enfrentan a ellos.
ción. Fueron también, como resalta Gellner,
las exigencias estructurales de la sociedad in­
a) Procesos históricos
dustrial. E igualmente contribuyeron al de­
sarrollo del Nacionalismo procesos simbólicos El término “nación” como sinónimo de gru­
—cambios de cosmovisiones—, factores neta­ po de individuos asentados en un territorio
Estado-nación 114

tardó en ser aplicado a la totalidad de los mis­ de finales de la Edad Media a la Ilustración,
mos. La Constitución española de 1812, por realeza y nobleza se vieron a sí mismas como
ejemplo, establece que: “la Nación española herederas de los conquistadores francos que
es la reunión de todos los españoles de ambos habían liberado Francia del yugo romano y,
hemisferios” (2001: 1), pero matiza enseguida por tanto, con derecho a gobernar un pueblo
que “son españoles... Todos los hombres de siervos, heredero a su vez de los galos. La
libres nacidos y avecindad os...” y sus hijos Revolución no cambió sustancialmente el pa­
(2001: 5) y a continuación se refiere a quiénes norama, simplemente invirtió los términos: el
pueden llegar a serlo: ^extranjeros con carta abate Sieyès aceptó el origen germ ánico —y,
de N aturaleza, residentes durante diez años por tanto, foráneo y usurpador—de nobles y
y libertos. Los todavía numerosos ^esclavos reyes y argumentó que el auténtico pueblo
de los territorios hispanos, por enraizados francés era el galo (Geary, 2003). Probable­
que estuvieran sus linajes, quedaban *exclui- mente, señores o vasallos se verían mucho
dos de tal condición. Por otra parte, durante más como descendientes de estirpes diferen­
muchos años el vocablo mismo mereció el re­ tes que como miembros de un mismo conjun­
pudio manifiesto de amplios sectores de la to. Y, en la práctica, “en 1776 la Academia
población: Galdós relata en sus Episodios N a­ todavía definía en términos locales —palabras
cionales cómo, “al grito famoso de ‘¡Vivan las como pays, p eu p le o p atrie—. ‘El país de un
caenas!’, se unía significativamente el de francés era m eramente la parte del mismo
‘¡Muera la N ación!’. La Nación se ve enton­ donde casualmente había nacido’ ” (Hobs-
ces no como un ente territorial, sino como un bawm, 1991: 99). Porque, como dice Gellner,
artefacto político” (Murillo, 1990: 25). es el “nacionalismo el que engendra naciones,
Si nos remontamos siglos atrás, el término no a la inversa” (1988: 80).
era aún más restringido. Como queda indica­ Los procesos de forja de cada nación refle­
do, la apelación de Lutero a la nación alem ana jan, sin duda, diversidad tanto en su seno co­
tenía un destinatario exclusivo: la nobleza. mo en relación con los que engendraron otras
Esa misma restricción operaba en otros países naciones. Sin embargo, cabe establecer algu­
europeos, como Polonia o Hungría, durante nos parámetros comunes a tales procesos. Es
el siglo XVII. Se trataba de lo que llamaban los lo que hace Benedict Anderson en su libro
francesespays legal, integrado por el rey o em­ Im agined com munities. R eflexions on the ori-
perador, la nobleza y la hidalguía. Incluso gin and spread o f nationalism , publicado en
muy avanzado el s. XIX, muchos inmigrantes Londres en 1991 por Verso. Según él, hay dos
a Estados Unidos, procedentes de la Europa series de factores que posibilitan imaginar na­
oriental, sólo llegaron a tener conciencia de su ciones. La primera implica la quiebra de los
antigua Nacionalidad a su llegada al país de supuestos en que se apoyaban el mundo an­
acogida (según señala Tony Judt en “The Nex tiguo y medieval, en un triple sentido. En
Oíd Nationalism”, publicado en 1994 por The primer lugar está el debilitamiento de la cre­
N ew Y o if R eview o f Boo\s, vol. 41, 10, 26 de encia en un solo idioma —latín, hebreo o ára­
mayo). Tam bién en los antecedentes inm e­ be— como clave para acceder a la verdad;
diatos de la nación española de las Cortes de idioma que, universalizado, actúa de sostén
Cádiz tuvieron un papel decisivo la acción de una Nomunidad transnacional —cristian­
conjunta de los ilustrados y de la fundación dad, umma o pueblo elegido—. Frente a ello se
regia de las Academias, por obra de una mo­ desarrolla el interés por las lenguas vernácu­
narquía que, como la prusiana, había evolu­ las y por su sistematización en las primeras
cionado de la identificación con la estirpe a la gramáticas de las mismas. En segundo lugar,
del Estado, pero con escasa o nula participa­ hay un cuestionamiento de la cosmovisión
ción en el proceso de amplias capas sociales que concibe las sociedades ordenadas de for­
(Álvarez Junco, 2001). ma natural en torno a la #centralidad de mo­
Por otra parte, las identidades de los pue­ narcas por derecho divino y la existencia de
blos europeos no surgieron, evidentemente, amplios territorios de límites difusos —impe­
de modo instantáneo. Se fraguaron durante rios—. La contrapartida vendrá dada tanto por
siglos de enfrentamientos bélicos entre ellos, el desarrollo de teorías sobre la soberanía
de orgullos por victorias y resentimientos por ^ciudadana como por la preocupación por la
derrotas, ocupaciones y humillaciones. Se periferia y las fronteras territoriales; esto es,
configuraron, además, con arreglo a las claves los bordes donde una nación puede colisionar
míticas o ideológicas de la sociedad de la épo­ con otra. Por último, a una dimensión tempo­
ca. Así, en la Francia del A nden Régim e, des­ ral, donde acontecer y cosmología inmutable
115 Estado-nación

son indistinguibles —y legitimadores de fatali­ narios, es fundamental en el desarrollo del


dades sociales o naturales—, se contrapone concepto de libertad: en lo económico, lo espi­
una concepción que exalta temporalidad e ritual y lo político. Como apunta N aef, esas
historicidad. dos líneas políticas, tradicional y liberal, mar­
Junto a esos factores, la conciencia nacio­ chan paralelas a partir de entonces. Combina­
nal se origina también en la convergencia de das, a veces entrelazadas, nunca netamente
otros elementos heterogéneos: el incipiente diferenciadas en las actitudes de las gentes del
desarrollo del capitalismo, la tecnología deri­ siglo XIX: iconoclastia y amor a la patria, dere­
vada de la imprenta y el reconocimiento de la chos individuales y sentimientos colectivos, o
#pluralidad de las lenguas. Este último favo­ intercambiadas: “la patrie, con sus connota­
reció, saturado pronto el mercado del culto y ciones revolucionarias para los franceses,
#minoritario latín renacentista, la comerciali­ se convirtió en la patria, y pasó a ser un
zación y difusión de libros que ponían al llamamiento para defender una patria con­
alcance de masas monolingües una amplia trarrevolucionaria, sus leyes, costumbres y
variedad de temas. Los idiomas vernáculos tradiciones, el Viejo Orden de España, su mo­
impresos, eficaces instrumentos de centra­ narquía y su religión” (Fraser, 2006: 22). En
lización administrativa en los Estados ab­ cualquier caso, patria, en manos del carlismo,
solutos, crearon y fijaron un medio de tuvo desde muy pronto un carácter “no ya
comunicación unificado, situado en el terreno distinto, sino casi opuesto a nación". De la pa­
favorable al Estado-nación: por debajo del la­ tria, además, podrían excluirse, en los térmi­
tín transnacional y por encima de las lenguas nos de Menéndez Pelayo, los heterodoxos
habladas —pero no impresas— de los reinos españoles, que en tanto que “hijos de sangre
plurilingües —como el escocés, el vascuence o española pero no católicos constituían una es­
el gallego—. Esos idiomas privilegiados term i­ pecie aberrante, a n tin atu ral...”, lo que con­
narían por convertirse en las naciones europeas ducía a “la idea de la anti-España. Identificaba
en lenguas de la Academia y de la adminis­ al enemigo interno. Y con ello no le faltaba
tración, en los lenguajes del poder estatal. nada al nacional-catolicism o conservador”
(Álvarez Junco, 2001: 4-5-7).
Sin duda, determinadas derivaciones del
b) Marcos ideológicos
romanticismo tradicionalista —incluidos al­
Frente al espíritu universalista de la Ilus­ gunos aspectos prerrománticos o rousseau-
tración surge el particularista del Romanticis­ nianos— han conducido a los perfiles más
mo, o más bien de una de sus versiones: la extremos o funestos de los nacionalismos fas­
tradicionalista y añorante de paisajes y estruc­ cistas del s. X X . Sin embargo hay toda una
turas sociales medievales, unos y otras igual­ línea que deriva de Herder y que tiene un ca­
mente idealizados. Del mismo modo aparece riz muy diferente, como recordara I. Berlin
idealizado lo medieval en los románticos pro­ (Gardels, 1991). La crítica herderiana al uni­
gresistas: como ámbito de libertades cercena­ versalismo ilustrado lo lleva a la idea de perte­
das por monarcas absolutos. La historia real nencia. Esta se concreta en un Vol\sgeist o un
poco importa: “El olvido, y hasta yo diría que Nationalgeist que nada tiene que ver con raza
el error histórico, son un factor esencial en la o con sangre, sino sólo con el suelo, la lengua,
creación de una nación, de modo que el pro­ las memorias comunes y las costumbres. Es,
greso histórico es a menudo un peligro para la en suma, un nacionalismo no agresivo que no
nacionalidad” (Renán, 1987: 65). Con la ver­ tiene las consecuencias funestas que sí han te­
sión tradicional conecta toda una tendencia nido algunas derivaciones del universalismo
contrarrevolucionaria, tan decisiva como la de la Ilustración; esto es, los diversos comu­
liberal o progresista en la conformación del nismos del siglo X X (Gardels, 1991).
Estado-nación. Así De Bonald ve en el Estado
y en la autoridad la inspiración divina y un
Del Estado-nación al Estado-mercado
origen tan antiguo como la humanidad. Por
eso es el Estado quien crea al hombre, no a la Gráficamente puede expresarse el impac­
inversa. Frente a la idea ilustrada del hom bre, to político del nacionalismo con la imagen
De Maistre dice: “quant á l’homme, je decla­ pictórica que utiliza Gellner. Antes de que
re ne l’avoir rencontré dans ma vie”; esto es, aquél se produjera, nos dice, el mapa del
sólo existen comunidades: franceses, italia­ mundo ofrecía una imagen de conjunto, pero
nos, rusos... (cit. por Naef, 1973: 152). Pero la no zonas definidas. Las partes, los grupos hu­
Ilustración, atacada por los contrarrevolucio­ manos mantenían complejas y ambiguas reía-
Estado-nación 116

ciones, ya fuera a través del idioma, del credo glo XIX, empezando por las originadas por las
religioso o de una de sus variantes doctrinales campañas napoleónicas, llevaron a muchos
o rituales o de los vínculos administrativos. políticos a considerar que cada raza —esto es,
Una vez que actúa el principio nacionalista, el cada etnia—constituía una nación y debería
mapa se asemeja ya a un cuadro de Modiglia- poder constituir un Estado. Sin embargo, co­
ni: “Hay muy pocas sombras; superficies lisas mo pone de relieve W alter C onnor en
y ordenadas se separan claramente, por regla “Nation-building or nation-destroying”, pu­
general está claro dónde empieza una y ter­ blicada en 1972 por World Politics —2 4 ,3 : 319-
mina la otra, y hay poca ambigüedad o super­ 355—, de una muestra de 132 Estados, sólo el
posición, si es que la hay. Si pasamos del mapa 9% está formado por Estados étnicamente
a la realidad cartografiada, vemos que la au­ homogéneos; por el contrario, el porcentaje
toridad política se concentra casi abrumado­ superior (29,5%) corresponde a aquellos otros
ramente en manos de un tipo determinado de donde el mayor de sus grupos étnicos no abar­
institución: un Estado de tamaño adecuado y ca ni a la mitad de la población. Fue preci­
plenamente centralizado” (1988: 178). Hay samente el Estado y sus políticas las que
que añadir que lo que resulta paradójico de forzaron una imagen uniformadora que al­
esta deriva es que a esa fuerza centrípeta del canzó consecuencias sangrientas en los nacio­
Estado-nación haya ido unida, tal vez como nalismos excluyentes y totalitarios del s. XX.
reacción, por la inadecuada articulación del Pero, según ha sabido mostrar G. L. Mosse,
mismo o incluso por su debilidad en algunos tanto en estos casos como en sus precedentes
casos, una fuerza centrífuga. Paradójico, ade­ decimonónicos, explicar las claves del fenó­
más, porque la nación —singular- de los movi­ meno recurriendo a causas tales como el te­
mientos liberales apareció como intento de rror o la propaganda estatales es simplificarlo.
superar segmentaciones e identidades previas Antes al contrario, la búsqueda y consecución
—territoriales, étnicas o religiosas—y, sin em­ de la homogeneidad se articula por medio de
bargo, considerarse nación y conseguir un todo un ritual o liturgia políticos. En la Fran­
Estado se ha convertido en la divisa de identi­ cia revolucionaria se pasó en breve tiempo de
dades tales. Así, por ejem plo, los enfrenta­ una multicolor apertura de los Estados Gene­
mientos multiseculares entre católicos, rales, debida a la vestimenta de los distintos
ortodoxos y musulmanes de los países balcá­ estamentos, a una severa monotonía en el ves­
nicos llegaron a verse, sobre todo a partir del tir congruente con la “sagrada base de la
Rom anticism o, como luchas entre naciones igualdad” (Wrigley, 2002). Mosse resalta có­
—croata, serbia y turca—(Judah, 2000). El caso mo en esa misma circunstancia se imita y se
español, con el desarrollo temprano de los na­ trata de reemplazar el culto cristiano y la de­
cionalismos vasco y catalán —y en su estela voción a la Virgen por el culto a la Razón, cu­
otros de más tardía aparición, cuando las cir­ ya alegoría se entroniza en Nótre Dame. En
cunstancias políticas lo permiten o lo propi­ Alemania el camino es más largo y complejo.
cian—, responde a esa tendencia. E l punto Se inicia con el pietismo, que, aunque deriva­
extremo lo constituye en el siglo X X el Estado do del luteranismo, exalta las buenas obras y
yugoslavo, de vida tan corta que no alcanza reacciona contra el fideísmo dogmático. Con
los tres cuartos de siglo; en ellos, sin embargo, él, el amor a la patria se convierte en un deber
ha conocido guerras civiles, ^genocidios entre religioso que se exterioriza en los lugares y
sus pueblos y una fase de paz a duras penas monumentos, réplica de la arquitectura sa­
conseguida con el corsé antidemocrático del cra, donde se la glorifica. Frustrada tras el
régimen del mariscal Tito. Esta tendencia Congreso de Viena la unidad política, el mo­
también está presente, aunque sin consecuen­ vimiento germano conoce una fase contesta­
cias tan ominosas, en las aspiraciones separa­ taria del statu quo y liberal. Pero a partir del
tistas de la Liga Norte italiana, en el difícil Segundo Reicb, en 1871, se acentúa el papel
equilibrio entre flamencos y valones en Bélgi­ del Estado y se subraya la unidad espiritual de
ca o en el pujante nacionalismo escocés en el los nacionalistas: la liturgia se transforma
Reino Unido. Como se ha dicho, estamos en de arma revolucionaria en instrumento mani­
la época de la “nación en crisis —y del—nacio­ pulado por el Estado para servir a la nación. El
nalismo en auge” (Murillo, 1990: 35). cambio lo sintetiza la figura de Richard Wag­
Probablemente, el gran error con respecto ner, quien pasa de las barricadas de la revolu­
al Estado-nación ha consistido en identificar ción de 1848, en su juventud, a dirigir, con los
sus términos con homogeneidad cultural. Las festivales de ópera, la renovación de la mística
guerras de liberación o independencia del si­ nacionalista en la época, ya en su madurez. La
117 Estado-nación

evocación de un pasado atemporal y mítico esta segunda fase se considera que la forma
—que combina Estereotipos germánicos, clá­ que adquiera el Estado es secundaria con res­
sicos y cristianos— se expresa en múltiples pecto a la pervivencia de la nación: ésta per­
facetas: en la arquitectura parlan te de los manece, los regímenes políticos cambian. El
monumentos, la música y en la ópera, las acti­ derecho internacional se adapta a ese cambio:
vidades gimnásticas y deportivas o la in­ poco importa cómo haya obtenido el poder un
dum entaria. El fracaso de la República de gobierno en tanto que pueda garantizar el
Weimar, ya en la era de las masas, se encuadra control sobre el territorio nacional. Es la fase
en la ^recuperación primigenia de la liturgia que culmina con el Estado del bienestar, atento
nacionalista que conduce directamente al a satisfacer las demandas de los más diversos
triunfo del nazismo y al Tercer Reich. sectores —laborales, empresariales, ancianos,
El desarrollo del Estado-nación ha cono­ jóvenes, m ujeres...—para ^integrarlos en la
cido fases bien diferenciadas. Bobbitt les ad­ arena política nacional. Regímenes diversos e
judica incluso nombres distintos: la primera incluso antitéticos —democracias liberales,
es propiamente la del Estado-nación, la segun­ dictaduras fascistas o comunistas—tratan de
da la de la nación-Estado y la última, en la que satisfacer esos mismos fines, si bien por vías
empezamos a vivir, la del E stado-m ercado también diferentes.
—una expresión al tiempo metafórica y realis­ Precisam ente lo que se abandona en la
ta—. En la primera —que manifiesta claramen­ fase actual, la del E stado-m ercado, es la pre­
te el voluntarismo de los constituyentes de tensión de obtener el bienestar de todos los
Cádiz— es el Estado el que crea o moviliza ciudadanos. El Estado cifra su legitimidad,
una nación para la realización de sus fines. en cam bio, en la habilidad para garantizar
Así el modelo revolucionario francés supone que el mayor número posible de individuos,
la creación de un Estado unitario que funde pero inevitablemente no todos, hagan uso de
en sus distritos, conocidos por guarismos, la las oportunidades que el mercado ofrece. El
amplia variedad de países o regiones, con sus nuevo Estado es más poderoso política y m i­
nombres, del A n den R égim e. Y, al propio litarm ente, pero sus proponentes alardean
tiempo, las consecuencias de la Revolución haber reducido su acción a las condiciones de
Francesa, mediante la expansión y el imperia­ seguridad que garantizan el libre juego del
lismo napoleónicos trajeron consigo la supre­ mercado. Diríase que el concepto de seguri­
sión o represión del nacionalismo en otros dad social —colectiva y que afecta a aspectos
países; bien es cierto que, a la larga, la re­ variados de la personalidad, como la salud
sistencia en ellos despertó o fortaleció cotidiana, las pensiones de jubilación o las
sentimientos nacionalistas. De igual modo ayudas familiares—va siendo también paula­
operaron otras empresas imperialistas, con tinamente sustituido por otra noción de se­
proyección fuera de Europa: británica, belga guridad, limitada a individuos que compiten
—donde la ambición de Leopoldo condujo, en libremente. Son los individuos, y no el Esta­
el Congo, a uno de los mayores genocidios de do, quienes deben ocuparse de resolver las
la historia—, francesa, etc., que engendraron a cuestiones a las que atendía el welfare-state\
su vez movimientos nacionalistas en sus res­ también, y cada vez más, han de velar por la
pectivas Eolonias. La movilización de la na­ propia protección frente a las agresiones
ción al servicio del Estado logró que, mientras a nuestros cuerpos o a nuestras viviendas. Y a
en 1800 Europa controlaba el 35% del plane­ esta especie de revival del viejo Estado gen­
ta, en 1878 ese porcentaje se hubiera elevado darme, liberal, pero ahora con escasa o insu­
al 67%. Incluso Estados en franca decadencia ficiente fuerza policial, contribuyen con
que, en lugar de aumentar sus imperios, los entusiasmo líderes políticos de la más varia­
perdieron en el siglo XIX, emprendieron con­ da procedencia ideológica. El Estado, por su
quistas más emblemáticas que efectivas. Tal parte, tiende a ocuparse, de modo creciente
fue el caso de España y su aventura norteafri- y casi exclusivo, de su propia protección
cana, apoyada tanto por liberales como por frente a quienes difícilm ente pueden com ­
reaccionarios (Alvarez Junco, 2001). petir en el m ercado. E n ello confluyen so-
En contraste, la nación-Estado supone que cialdem ócratas como Tony B lair y
el segundo se ponga al servicio de la primera ultraliberales como George W. Bush: guerra
o, más exactamente, de sus elementos consti­ contra e l terror y limitación de las libertades
tutivos. El cambio de una a otra fase se origi­ ciudadanas.
na a mediados del siglo XIX y se consolida Habría que añadir que uno de los cambios
después de la Prim era Guerra Mundial. En más reveladores de la etapa presente es el pa-
Estado-nación 118

peí que representan los límites territoriales MURRILLO FERROL, Francisco (1990): E l na­
del Estado. Las fronteras, tal como hoy las cionalismo de fin de siglo. Madrid: Ed. Univer­
concebimos, nacieron sobre todo con una do­ sidad Autónoma de Madrid.
ble finalidad, militar y política. Una y otra NAEF, W. (1973): La idea de Estado en la Edad Mo­
han ido perdiendo sentido a lo largo del pasa­ derna. Madrid: Aguilar.
do siglo. El primer aviso de este declive lo co­ RENAN, Ernest (1987): ¿Quées una nación? Car­
noció el mundo europeo en la Prim era tas a Strauss. Madrid: Alianza.
G uerra M undial, con el papel de aviones y VV. AA. (2001): Constitución política de la Monar­
dirigibles que hacían inútiles las fron te­ quía española. Promulgada en Cádiz á 19 de
ras convencionales. Ya en el umbral del si­ Marzo de 1812. Valladolid: Ed. Maxtor.
glo X X I, el Estado no se enfrenta, como lo WRIGLEY, Richard (2002): The politics o f appea­
bacía desde el Renacimiento, con otro Esta­ rances. Representations o f dress in revolutionary
do rea l, sino con uno virtual, encarnado por France. Oxford: Berg.
los esporádicos videos de Bin Laden, por m i­
Enrique Luque Baena
siles en form a humana o por una ideología
de la muerte que no registran los escáneres.
Todo ello hace bastante inútiles los controles Véanse además Acciones afirmativas, A par-
*fronterizos. Como contrapartida, las *fron- th c id , C e n t ro - pc r i fe r ia, CT U D A D A N í A,
teras de los países desarrollados son ante to­ Ciudadano, C O L O N IA L IS M O Y A N TI-
do de tipo económ ico, artilugios para C O I„()N I A I I S M O , Cornunielad transna­
controlar, con escaso éxito bien es verdad, los cional, Cornunitarismo, CONSUMO CU L ­
movimientos ^migratorios: muros kilom é­ TURAL, CULTURA, Derecho de injerencia,
tricos, vallas electrificadas, patrulleras m arí­ DERECHOS HUMANOS, D E S A R R O ­
timas, etc. LLO, Desterritorial ización, D I F E R E N ­
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119 Estereotipos y esencialización

Estereotipos de los extraordinarios avances logrados en


nuestro bienestar a nivel mundial. Del mismo
y esencialización modo, las injusticias cometidas en dicha dis­
tribución, a las cuales ha ayudado la creación
de estereotipos, se consideran una turbación
Pese al riesgo de caer en un estereotipo, que acosa a las relaciones sociales, una in­
empezarem os tomando cautelosamente co­ fluencia *estigm atizante y una úlcera en el
mo axiom ático, e incuestionable dentro del cuerpo político.
contexto de esta discusión, el hecho de que los La anomalía a la que nos enfrentamos
seres humanos somos animales sociales y de constituye quizá una de las ironías más pro­
que la vida en sociedad es fundamental para fundas de la condición humana, y es que la
nuestro bienestar. Tomaremos también como voz que estamos tratando, la creación de este­
axiomático, aunque en este caso sí será forzo­ reotipos, parece ser una tendencia netamente
samente objeto de discusión aquí, la idea de humana dentro de nuestra naturaleza cultu­
que somos por excelencia animales que cate- ral íntimamente ligada a los “procesos de ca­
gorizan. Em pleam os esta capacidad de ca- tegorización”. Contribuye así al sentido de
tegorizar para obtener y mantener el orden en solidaridad social, al orden y a la justicia so­
la sociedad. Ello supone afirmar que una par­ cial, mientras que al mismo tiempo es fuente
te importante de nuestra existencia social se de injusticia e iniquidad en el orden social.
realiza, confirma y mantiene gracias a la ca­ ¿Cómo puede resolverse esta contradicción?
pacidad moral de la categorización.
Hablamos de “capacidad m oral” basán­
Desarrollo del interés hacia
donos en la noción filosófica de “imperativo
la creación de estereotipos
categórico”, si bien sólo hasta el punto de re­
y fenómenos asociados
conocer que, en muchos de los casos, las cate­
gorías dentro de una sociedad cumplen una Al menos en América, existe cierta unani­
función imperativa sobre sus miembros, en el midad a la hora de reconocer al columnista de
sentido de que existe una obligación moral de prensa y brillante político W alter Lippman
reconocerlas y seguir sus dictados inclusivos y (1922) como acuñador del término “estereoti­
exclusivos sobre derechos y deberes, lealtades po”, entendido éste como aquellas imágenes,
y obligaciones, dominaciones y subordina­ generalmente desafortunadas, internas, rígi­
ciones. Si hablamos de “procesos de catego­ das y persistentes, que se tienen acerca de
rización” es debido a las continuas luchas otros grupos sociales y que no se correspon­
desestabilizadoras que se han producido tan­ den con la realidad. La palabra surgió por
to en la prehistoria como en la historia en prim era vez en Europa, a principios del si­
torno a derechos y deberes, lealtades y obliga­ glo XVIII, dentro del comercio de impresiones,
ciones, ejercicios de dominio y rechazos de para designar al proceso por el cual se realiza­
subordinación. Casi podríamos afirmar que ba una reproducción idéntica de ilustraciones
los “procesos de categorización” son de hecho por m old es. E n el siglo X I X la palabra
la dinámica central dentro de la historia de la com enzó a usarse dentro del ámbito de la
humanidad. El tema que vamos a desarrollar, psiquiatría para describir comportamientos
la creación de estereotipos y la esencialización patológicos de tenacidad y rigidez. Fue en
como fenómeno asociado a ella, tiene con se­ 1922 cuando Lippm an difundió en su libro
guridad un papel crucial en dicha dinámica. P ublic Opinión una visión negativa de los este­
Se podría argumentar que si esta dinámi­ reotipos como generalizaciones irracionales y
ca es fundamental se debe al extraordinario erróneas sobre los *otros y que comportan
éxito logrado, en comparación con otros una idea de injusticia que ha continuado ca­
miembros del mundo animal y derivado di­ racterizando las distintas perspectivas sobre
rectam ente de nuestra capacidad de distri­ los estereotipos hasta nuestros días. Esta posi­
buir responsabilidades, recursos y, con ello, ción quedaría reforzada por el hecho de que
^identidades en torno a categorías. Tanto la mayoría de los estereotipos construidos so­
la intrincada distribución del ^trabajo en bre los otros tienden a ser desfavorables y ne­
categorías como el complicado reparto de gativos. Continuam ente encontramos entre
recursos, y las identidades laboriosamente ob­ los investigadores el reconocimiento como in­
tenidas de esta forma, han sido, por ejemplo, justo e inaceptable de la práctica de aglutinar
poderosas invenciones culturales humanas, a los otros; su búsqueda de los motivos por los
centrales en la consecución y afianzamiento que dicha práctica persiste ha guiado gran
Estereotipos y esencialización 120

parte de las investigaciones de las ciencias so­ en 1916 de la obra The M in dor Prim itive M an.
ciales al respecto. Mucho antes de este momento —finales del
En la producción literaria, llevada a cabo s. XIX y principios del X X — la antropología ya
desde la antropología y la historia sobre la había realizado un trabajo de descripción et­
Península Ibérica, ha sido fundamentalmente nográfica ejem plar que buscaba superar los
Julio Caro Baroja quien más ha advertido y estereotipos europeos desarrollados sobre la
criticado tanto lo superfluo como lo pernicio­ sociedad y la ^cultura azteca: la obra de fray
so de antiguos y extendidos estereotipos, tópi­ Bernardino de Sahagún conocida con el nom ­
cos como se les conoce en español, acerca de bre de Códice Florentino y publicada en 1590
supuestos caracteres regionales: la vagancia y es, excepto por la habitual visión estereotipa­
superficialidad de los andaluces, la obstinada da —si bien profusamente documentada—de
incomprensión de los vascos, la avaricia cata­ la idolatría azteca, un magistral ejemplo de la
lana, la hosquedad y desconfianza de los ga­ obligación de la antropología de enfrentarse a
llegos (para una recopilación mayor de estos los simples estereotipos creados en torno a la
tópicos, recogidos por Caro Baroja en su tra­ idea de gentes salvajes.
bajo, véase Temprano, 1988). Debe de haber El trabajo de campo permitió también a
seguramente algo jocosamente hostil en estos los antropólogos ser conscientes del proceso
estereotipos, llamados benévolos dicterios, de creación de estereotipos y del *etnocentris-
que quizá haga necesaria su comparación con mo que conlleva la idea de “tribalism o”,
prejuicios mucho más profundos que han entendida como el predominio de miradas
acompañado a los estereotipos desarrollados negativas y juicios globalizantes de los miem­
en la Península Ibérica hacia los gitanos, ju ­ bros de otras familias, clanes o grupos tribales
díos y moros. en este tipo de sociedades. Así, por ejemplo, a
La tradición investigadora angloam eri­ partir de los estudios sobre los fang de la G ui­
cana en el campo de los estereotipos se ha nea Española y Gabón, éstos fueron conside­
extendido fundamentalmente desde la socio­ rados en la literatura europea y casi desde los
logía y la psicología social. Pese a ello, los an­ primeros contactos “grandes caníbales”, si
tropólogos no han sido del todo ajenos a este bien ellos fácilmente atribuirían este estereo­
interés, ya que sus investigaciones se han cen­ tipo a los pueblos africanos adyacentes y nun­
trado en averiguar cómo el orden social se ca a sí mismos. Y cuando lo hicieron no fue
sistematiza, enturbia o traiciona, tanto den­ más que como reflejo de intereses y estereoti­
tro del parentesco como en las divisiones en pos europeos preexistentes. De hecho, la prác­
clanes, mitades, organizaciones tribales, etc., tica cristiana de la Eucaristía convenció a los
entendidas como categorías para la sistemati­ fang de que el canibalismo era una práctica
zación de las pertenencias sociales. De hecho, frecuente entre los europeos.
el temprano interés desarrollado por la antro­
pología hacia el ^totemismo, aunque primase
Estereotipos y cognición
en sus inicios un enfoque más desde lo reli­
gioso —como es el caso del trabajo del antro­ The Nature ofP reju dice, obra publicada en
pólogo J. G. Frazer—, con el tiempo se ha ido 1954 por Allport, se convirtió en el siglo pasa­
convirtiendo en una preocupación por las do en la fuente clásica dentro de las ciencias
prácticas totémicas asumidas como un siste­ sociales para todos aquellos estudios interesa­
ma crucial de categorías para la organización dos en la complejidad de actitudes y prácticas
social (Lévi-Strauss, 1962). que entrañan los procesos de creación de este­
Desde sus inicios, dada la propia naturale­ reotipos, estigmatización, prejuicio y *discri-
za de los estudios antropológicos sobre socie­ minación, procesos todos ellos de gran interés
dades simples, llevados a cabo en medios para dichas ciencias. Tanto en la obra de All­
claramente ajenos, éstos tuvieron que enfren­ port como en muchos de los trabajos llevados
tarse a multitud de estereotipos propagados a cabo dentro de las ciencias sociales del mo­
sobre los otros en dichas sociedades y, a la vez, mento y posteriores, el interés principal se
con los difundidos en sus propias sociedades fijó, según sugiere su propio título, en el
euroamericanas acerca de los “primitivos” o prejuicio y la discrim inación; de forma que
“salvajes”. Boas y sus discípulos emprendie­ las investigaciones perseguían el objetivo pa­
ron una larga lucha contra estos estereotipos liativo de corregir las consecuentes injusticias
en torno a lo primitivo y al pensamiento sobre e inequidades producidas en el orden social.
ello, especialmente a través de la publicación, En el periodo que siguió a la Segunda Guerra
revisada y reeditada en numerosas ocasiones, Mundial, éste fue un interés bastante desarro-
121 Estereotipos y esencialización

liado en una América caracterizada por la trarse en la creación de estereotipos, vista


existencia de múltiples *minorías culturales y como una consecuencia de la “avaricia cogni­
grupos étnicos y por la práctica regular de tiva” o de “atajos cognitivos”, que descansaría
prejuicios y discriminaciones contra ambos. sobre una mezquindad natural propia de la
Este tipo de actitudes y prácticas quedaron formación de conceptos y categorías en las
reconocidas como una turbación y malestar interacciones sociales. De esta forma, lo reco­
en el cuerpo político, por lo que lógicamente nocido fue la normalidad, con la cual las per­
se convirtieron en obligado interés para unas sonas sortean la ineficiencia cognitiva y la
ciencias sociales deseosas de un cambio social laboriosidad que supone la producción de
que terminase con la injusticia y la d esig u a l­ enunciaciones perfectamente matizadas acer­
dad preventiva. ca de toda la complejidad y diversidad, esco­
Sin embargo, la atención se fijó cada vez giendo en su lugar procesos taquigráficos,
más en los procesos cognitivos que intervie­ generalizaciones “testadas y comprobadas”, si
nen en el prejuicio y la discriminación, es de­ bien ilusorias, que conllevan la creación de es­
cir, en la creación de estereotipos, entendida tereotipos. El desalentador mensaje propues­
como una acción cognitiva lógica, cuando no to por los estudios cognitivos acerca de “la
norm al, que opera en la práctica social pro­ naturalidad”, característica de los procesos de
porcionando determinados beneficios al gru­ creación de estereotipos y de la esencializa­
po que la genera en prejuicio de los otros. En ción, fue consecuencia de los estudios llevados
el campo de la psicología social, los experi­ a cabo entre *niños. En ellos se demostró que,
mentos y trabajos de H enri T ajfel (1969) aparentemente sin una instrucción previa por
demostraron que el propio acto de categori- sus mayores, los niños creían que la mayoría
zación arbitraria de grupos sociales lleva a de las categorías sociales constituían en reali­
la creación de estereotipos, com porta­ dad “clases naturales”, con una existencia au­
mientos discriminatorios y prejuicios, dentro tónoma en el universo de la naturaleza, ajenas
y entre los miembros de los grupos, produci­ a cualquier tipo de invención o construcción
dos a raíz de aquella arbitrariedad. Dicho por el pensamiento humano y que, además,
comportamiento discriminatorio parece estar estas “clases naturales” estaban dotadas de
ligado tanto al ascenso de un grupo como a su principios propios, simples y esenciales, es de­
autoestima y resulta vital en el mantenimien­ cir, que no eran modos de entendimiento cul­
to de la integridad del grupo y del sujeto una turalmente elegidos.
vez que ha sido reconocido como m iem bro Paralelamente, se produjo en la antropo­
del mismo. Tajfel y sus discípulos demostra­ logía de los años sesenta y setenta un giro
ron, en lo que a la creación de categorías so­ hacia preocupaciones de tipo lingüístico-se-
ciales se refiere, el poder que tienen estas mántico respecto al léxico nativo y su compo­
definiciones de la situación social para mode­ sición, es decir, hacia el modo en que los
lar la experiencia de uno mismo y del otro; rasgos distintivos o componentes de significa­
conforme había señalado años antes el soció­ do de este léxico categorizan el mundo a tra­
logo W. I. Thomas en el que se conoce como vés de “prototipos cognitivos” propios de cada
Teorema de Thom as: “Si los hombres defi­ cultura. Este tipo de trabajos fueron princi­
nen determinadas situaciones como reales, se palmente aplicados al universo de la cultura
convierten en reales en sus consecuencias.” material, dejando bastante de lado la esfera
Este teorema, tan claro en su enunciación, social del “uno mismo” y del “otro”.
puede aplicarse a las consecuencias sociales El análisis componencial fue sobre todo
reales de los estereotipos. una orientación propia de la antropología
El asunto, que estaba realmente en juego americana y de la lingüística antropológica.
en estos trabajos sobre la cognición social, era Quizá fue el trabajo de Mary Douglas, sinteti­
un cambio de una perspectiva, en la que los zado en una importante colección de artículos
procesos de creación de estereotipos y prejui­ publicada en 1992, una de las labores más sig­
cios se consideraban anormales, a una visión nificativas acerca de la categorización en la es­
de los mismos como acciones normales, aun­ fera social de las creencias y acciones humanas.
que quizá compañeras poco deseables en los En el proceso de creación de estereotipos,
penetrantes procesos de categorización social. el interés prestado por la ciencia cognitiva y
Otro tipo de trabajos, desarrollados funda­ los antropólogos cognitivos a la idea de “cog­
mentalmente por psicólogos, dejaron un poco nición lam inada” (Andrade, 1995) propor­
al margen estas cuestiones relacionadas con la cionó una mayor profundidad en dicho
autoestima del sujeto y del grupo para cen­ conocimiento. Esta “cognición laminada” ha­
Estereotipos y esencialización 122

ce referencia a los procesos llevados a cabo por por distintos antropólogos con el objetivo de
la memoria a corto plazo para procesar la hallar la verdad y ser capaces de generalizar
complejidad de la información entrante a tra­ acerca de los rasgos distintivos de las culturas
vés de su fragmentación en porciones familia­ que estudiaron pueden ser contemplados co­
res. Este procedimiento de la memoria es mo tentativas al borde del estereotipo. En
muy semejante al que opera en la creación de esta misma línea de pensamiento se sitúa
estereotipos, que puede ser vista como un mo­ también el trabajo de Renato Rosaldo, que
do de “cognición laminada” por medio de la sostiene que todos los reclamos de verdad
cual se reducen a segmentos preexistentes hechos por los antropólogos olvidan la par­
toda la complejidad de comportamientos y cialidad y la “opción por una perspectiva
creencias del nosotros mismos o de otros grupos. concreta” inevitables en todo trabajo de cam­
Por ello merece la pena recuperar dos con­ po (Rosaldo, 1989).
ceptos desarrollados en los trabajos de la psi­ Otros estudios antropológicos, previos a
cología social de los años cincuenta que dan los ochenta, habían señalado ya, por un lado,
cuenta más explícitamente de los procesos cómo la diversidad dentro de cualquier cultu­
cognitivos sobre los que descansa la teoría de ra se resuelve a través de distintos procesos de
la “cognición laminada”: reducción de atribu­ creación de estereotipos que aseguran el con ­
tos y codificación con fgu racion al. El primero senso social (Fernández, 1965) y, por otro lado,
de ellos alude a la propensión a reducir el nú­ el hecho de que la variedad de estilos de vida
mero de criterios distintivos en función de los existente en las distintas culturas sometidas
cuales un objeto o grupo de objetos puede ser en los procesos de ^colonización fue, por ra­
juzgado. El segundo concepto se refiere al zones administrativas, prácticamente simpli­
proceso de agrupar varios rasgos distingui­ ficada en entidades estereotipadas (Bernard
bles en uno solo. Resulta evidente que ambos Cohn). El fruto de las enseñanzas de Cohn
procesos, que se explican por las limitaciones puede observarse en el trabajo de Richard
propias de la memoria a corto plazo, eliminan Handler (1988) que identificó lo que pueden
la diversidad en el otro y actúan en la creación ser consideradas las tres “dimensiones” de
de estereotipos y la esencialización, donde la reificación de cualquier objeto o sujeto de
diversidad de características del otro queda interés, del tipo de una cultura o nación: su
reducida o eliminada en pro de caracteriza­ contemplación estereotipadamente “delimi­
ciones relativamente simples —¡cuando no ha­ tada”, “homogénea” y “continua” a través del
blamos directamente de caricaturizaciones! tiempo.
Quizá el mayor argumento en contra de
una etnografía que caiga en el peligro de crear
Estereotipos, esencialización
estereotipos es el aviso que Anthony Wallace
y orden social
hace al resto de antropólogos para que recon­
Estos dos conceptos y la idea de “cogni­ sideren su propensión a “reproducir unifor­
ción laminada” nos devuelven la mirada a la midades” en el estudio de una cultura y
discusión que originalmente planteó Lipp- reconozcan que el verdadero reto se halla en
man acerca de la creación de estereotipos. En comprender que una cultura es siempre y en
su opinión, este tipo de procesos enfatiza la todas partes una “organización de la diversi­
completa igualdad, lo indistinguible, de los dad”, por lo que el desafío no es otro que des­
miembros de un grupo estereotipado; una cifrar cómo dichas culturas logran alcanzar el
tendencia a la que se ha aludido en las últimas orden social para afrontar esta diversidad.
décadas bajo la idea de “esencialización” del Es posible identificar al menos dos escue­
otro. El movimiento “etnografía textual”, las de pensamiento que influyeron en estos
desarrollado en la década de los ochenta, movimientos antiesencialistas en antropolo­
prestó gran atención a este enfoque, y en espe­ gía. En primer lugar, se halla la teoría evoluti­
cial despertó un singular interés en el trabajo va y, en particular, las orientaciones del
de uno de sus máximos representantes, James trabajo del evolucionista darwiniano Steven
Clifford, y en su argumentación de los “apu­ J. Could, quien insistió en que lo que la evolu­
ros y medias verdades” que afectan a cual­ ción enseña es que tanto en la vida humana
quier intento de interpretación etnográfica. como en toda existencia “la diversidad supo­
Para Clifford (1988) resulta imposible todo ne todo y la esencia no resulta más que una
intento de llevar a cabo una interpretación ilusión”. Aceptar el hecho de la diversidad
“pura” e intachable de la esencia de cualquier tanto en la vida como en el objeto cultural es
cultura. Los intentos previos emprendidos un reto que la creación de estereotipos intenta
123 Estereotipos y esencialización

evitar. Una segunda escuela con una influen­ acontecimientos que han caracterizado sus
cia bastante mayor fue el pensamiento interrelaciones de *aculturación, ya que es
deconstruccionista, antifundamentalista y an- posible afirmar que dichas culturas han esta­
tiesencialista del posmodernismo en literatu­ do, en mayor o menor medida, siempre en
ra y filosofía. Bajo el influjo de las ideas de contacto las unas con las otras. Sucede, y así lo
N ietzsche, los escritores posmodernos tales han reconocido los antropólogos desde hace
como D errida, Lyotard, Baudrillard y Fou- bastante tiempo, que los procesos de creación
cault, intentaron desde la década de los sesen­ de estereotipos respecto a otras culturas han
ta huir de cómodos universales sobre la sido una de las principales características de la
esencia de la naturaleza humana, por ejem ­ interculturalidad. Menos reconocida ha sido
plo, de aquellos acerca del parentesco a los hasta fechas muy recientes la definición esen­
que nos hemos referido al principio, que bus­ cialista, no del todo estereotipada, empleada
can manejar las volátiles complejidades de la en sus propios trabajos etnográficos sobre
existencia humana, reduciéndolas a condicio­ otras culturas.
nes fácilm ente definibles y permanentes o a La presencia, si no de estereotipos, sí al
un conjunto de observaciones axiomáticas. menos de reificaciones y esencializaciones en
Si bien este corpas teórico deconstrucio- el estudio y la interpretación del otro ha sido
nista fue extremadamente crítico con el pen­ quizá una carga en la discusión y el debate
samiento esencialista, se convirtió a la vez en acerca de los procesos de pensamiento, que
una especie de defensa del mismo o al menos operan en la creación de estereotipos, que ha
en una “estrategia esencialista”. Tal fue el ca­ perdurado durante décadas, sobre todo en la
so sobre todo de los movimientos feministas: medida en que afecta a los propios antropólo­
que, en su defensa de aquellas ^mujeres y m i­ gos. Sólo en décadas recientes se ha desa­
norías que habían sido perjudicadas o estig­ rrollado un movimiento alejado de lo que
matizadas por la creación de estereotipos, W allace denominó “duplicación de unifor­
usaron el mismo arma para lograr una auto- midades”, un deseo de entender cómo se or­
organización más efectiva, ganar más control ganiza la diversidad dentro de una cultura
sobre sus propias clasificaciones y así poder para alcanzar un mínimo de orden social.
reclamar un lugar más favorable y justo en el Si la creación de estereotipos y la esencia­
orden social (Spivak, 1989). lización han sido generalm ente rechazadas
Estamos presentes aquí ante un ejemplo en las ciencias sociales es debido al hecho de
de los “procesos de categorización” en los que que se hallan frecuentemente acompañadas
la creación de estereotipos y la esencialización de prejuicios, discriminaciones y estigmatiza-
producen como respuesta nuevos estereotipos dones del otro —véase la voz de }. Prat en esta
y esencializaciones opuestas; simplemente en misma obra. Este tipo de prácticas, sin duda
lugar de permitir este frecuente “proceso de repugnantes e injustas, constituyen una clara
categorización”, éste debería ser obligatorio violación del espíritu de una época identifica­
en los estudios de los antropólogos: compren­ da con el influyente trabajo de Rawls,2l The-
der “el reduccionismo mutuo y sus implica­ ory o fju stice, en el cual la justicia se concibe,
ciones” como una estrategia de grupo, tanto de una manera muy sencilla pero a la par
en el escenario #local como regional, nacional fruto de una conceptualización muy detalla­
e internacional, para construir representacio­ da, como la imparcialidad en las relaciones
nes de nosotros mismos y de los otros con los humanas (Rawls, 2001), a lo que deberíamos
que interactuamos en las relaciones que con­ añadir imparcialidad en unas relaciones que
forman los procesos identitarios (H erzfeld, son a la vez interculturales.
1998). Deberíamos concluir este análisis sobre la
En conclusión, la antropología, entendida creación de estereotipos y la esencialización
como una familia de disciplinas, está especia­ con esta idea de virtud moral, ya que gran
lizada en el conocimiento de la diversidad de parte de la literatura, entre la que se encuen­
las distintas culturas humanas, tanto en el tra sin duda la antropológica, está motivada
tiempo prehistórico e histórico como en la ac­ por la búsqueda de esa “imparcialidad” en las
tualidad y probablemente en el futuro. La relaciones humanas. Pero al mismo tiempo
#“interculturalidad”, térm ino guía de este debemos recordar en nuestro examen que la
Diccionario, es un buen concepto para refe­ creación de estereotipos, en la medida en que
rirse tanto al conocimiento que los antropólo­ se trata de una generalización de uno mismo
gos han alcanzado sobre la diversidad de y del otro que no reconoce las complejidades
culturas en el mundo como a los principales y variaciones que contienen, se asemeja mu­
Estigma 124

cho a los procesos de formación de categorías LIPPM AN, Walter (1922): Public Opinion. New
y conceptos propios del pensamiento huma­ York: Harcourt Brace.
no. En dichos procesos de pensamiento es po­ RAWLS, John; KELLY, Erin (eds.) (2001): Justice
sible observar, dada la debilidad propia de la as fairness: A restatement by John Rawls. Cam­
memoria humana a corto plazo, las tenden­ bridge: Harvard University Press.
cias definidas hace ya bastante tiempo hacia la ROS ALDO, Renato (1989): Culture and Truth:
reducción de atributos y la codificación confi- The Remaking o f Social Analysis. Boston: Bea­
guracional, así como hacia la “cognición lami­ con Press.
nada”, es decir, orientadas a la reducción del SPIVAK, G. C. (1989): “In a Word”. Differences., 1,
otro en categorías atributivas simplificadas. 2: 124-156. Monográfico especial: “The Essen­
La ironía presente en esta búsqueda de justi­ tial Difference: Another Look at Essentia-
cia en medio de un proceso cognitivo que lism”.
lleva a la simplificación, cuando no a la injus­ T A JFE L , Henri (1969): “Cognitive Aspects of
ticia, debe ser afrontada de una manera refle­ Prejudic Journal o f Social Issues, 25,4: 79-97.
xiva y sin certezas absolutas. Es decir, se TEM PRANO, Emilio (1988): España : La Selva de
encuentra determinada, y así debe enfrentar­ los Tópicos. Madrid: Mondadori.
se, por un sentido irónico y apaciguador de
James W. Fernandez McClintock
dicha contradicción presente en la condición
humana. ¿Es posible que no sirva para m iti­
Véanse además Acciones afirmativas, Acul-
gar lo injusto de una creación de estereotipos,
turación, A L T E R IDAD, Centro-periferia,
irreflexiva y autojustificativa, y de los no ra­
COLONIALISMO Y A NTl C O L O N I A -
zonados e irracionales imperativos de lo “ca­
LISMO, CULTURA, D IF E R E N C IA Y
tegórico” que se producen en las relaciones
D E S IG U A L D A D , Diferencias naturales y
humanas? ¡Determinada literatura acerca de
diferencias sociales, DISCRIMINACIÓN Y
creación de estereotipos y la esencialización
EXCLU SIÓ N SOCIAL, E S T A D O -N A ­
podría llevarnos a pensar que así es! Pero no
CION, ESTIGMA, Etnocentrismo v relati-
nos dejemos llevar por ello. y

vismo cultural, Extranjero, Fronteras políti­


cas y religiosas. Global v local, HIBRIDA-
C 10 N , 1D E N T I D A D , IN T EG RACIÓN,
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LÉVI-STRAUSS, Claude (1962): L e totémisme Erving G offm an es el autor de un libro
aujourd’hui. Paris: PUF. titulado Estigma. L a identidad deteriorada
125 Estigma

(1986) en el que, después de retomar la defini­ expósitos y también, en el otro extremo de la


ción etimológica y señalar que los signos del vida, los viejos desamparados y asilados. Cua­
estigma “consistían en cortes o quemaduras drada señala que, en un contexto claramente
en el cuerpo, y advertían que el portador era patriarcal, el dominio de género podía ser una
un esclavo, un criminal o un traidor, una per­ losa para el sexo femenino con ribetes fre­
sona corrupta, ritualm ente deshonrada, a cuentes de estigma y *violencia doméstica y
quien debía evitarse, especialmente en luga­ social. La estigmatización moral, por último,
res públicos” (1986: 11), pasa a referirse al uso afectaba a aquellos pobres que, además de
actual del concepto original y establece tres serlo, eran asimilados a jugadores, borrachos
grandes tipos o ámbitos de estigma: 1) las abo­ y blasfemos. Otras categorías de estigmatiza­
minaciones del cuerpo —en el sentido de per­ ción no tratadas explícitamente en la tipolo­
sonas con deformidades físicas—; 2) los defectos gía de Coral Cuadrada pero que se dejan
de carácter del individuo —perturbaciones entrever en su texto son: el estigma sexual
mentales, adicciones a drogas, alcoholismo, —prostitutas, homosexuales...—, los desviados
intentos de suicidio, etc.—y que podríamos religiosos —herejes, sectarios, milenaristas, in­
calificar de abominaciones del espíritu; y, fi­ fieles, paganos, conversos—y, finalmente, los
nalmente, 3) los estigmas tribales, es decir, acusados de brujería, víctimas predilectas del
aquellas abominaciones derivadas del iu ssan­ santo tribunal de la Inquisición.
guinis, del ius solis y también de la religión y Si sintetizamos lo dicho podemos obser­
que son transmitidas por herencia. En cual­ var que los mismos criterios que nos sirven
quier caso, tanto la discapacidad física como para clasificar e identificar socialmente —gé­
la tara psíquica, espiritual o moral o los oríge­ nero, edad, lugar de origen, familia, etnia,
nes socialmente dudosos, se rodean de aquel clase, profesión, adscripción religiosa, etc.—
halo de contaminación y tabú, en la termino­ son también los elementos clave para marcar
logía de Mary Douglas, que convierte al indi­ el carácter polucionante de ciertos individuos
viduo o al grupo afectado por el estigma en el o grupos que, desviados de la norma hegemó-
“otro” por excelencia. Es ahí cuando el con­ nica, caen de lleno en las diversas categorías
cepto de estigma —que, dicho sea de paso, ja­ del estigma.
más figura en las grandes Enciclopedias o Teresa San Román (1991) en uno de sus
Diccionarios de Ciencias Sociales—se enlaza, textos clásicos sobre marginación se pregunta:
confunde o imbrica con otros grandes con­ ¿qué es aquello que define la marginación y la
ceptos que sí aparecen, como son el de *alteri- exclusión social? Y su contestación es contun­
dad, desviación, *discriminación y exclusión dente: el acceso directo a los recursos disponi­
social, etiquetaje, #gueto, marginación y otros bles o, mejor aún, las restricciones impuestas a
similares. determinados grupos para que puedan acce­
Coral Cuadrada (2003), una historiadora der libremente a los recursos citados. En una
medieval, ofrece una buena tipología de la es- dirección similar también nosotros podemos
tigm atización y la m arginación en la Edad preguntarnos: ¿cuáles son los síntomas o las
Media, basada en criterios variados. Mencio­ marcas que denotan la estigmatización del
na el estigma económico, en primer lugar, es marginado o del excluido, precisamente en su
decir, la pobreza del vagabundo, del mendigo, condición de estigmatizado?
de los pobres de solemnidad que deambula­ Para contestar al interrogante hemos re­
ban por pueblos y ciudades; el estigma *étni- currido, en primer lugar, a la bibliografía
co, que en el caso español afectaba a los judíos, antropológica y sociológica sobre método bio­
a los moriscos y gitanos, que vivían rodeados gráfico referida a colectivos de estigm a­
del menosprecio explícito de los cristianos tizados. Y, en efecto, desde la Escuela de
viejos; el estigma físico de los discapacitados, Chicago hasta la actualidad, los ejemplos son
disminuidos, mutilados y también de locos abundantísimos: delincuentes, jacl^-rollers, la­
o afectados por enfermedades contagiosas, drones, asesinos condenados a cadena perpe­
siendo la lepra la enfermedad estigmatizante tua o a muerte; hobos, homeless, sin techo, sin
por excelencia; la estigmatización jurídica o hogar, vagabundos, nómadas urbanos, clo-
forzosa, referida a esclavos, siervos, campesi­ chards, niños/as de la calle, pequeños harragas,
nos de remensa y todos aquellos cuya propia miembros d e gangs, gamberros, loubards, bar-
persona no les pertenece, y, en quinto lugar, el jots, pachuchos, malandros, punketas, chavos
estigma por razón de *edad y *sexo, que in­ banda, latin f{ings, sicarios, okupas...; taxi-
cluía en primer lugar aquellas criaturas aban­ girls, prostitutas, de la calle y de barrio chino o
donadas en hospicios, orfanatos y casas de de alto standing, cabareteras, homosexuales,
Estigma 126

entendidos y lesbianas, chaperos, un herma- igualmente en muchos sin techo que deam ­
frodita famoso —Herculine Barbin—esplén­ bulan por los barrios de nuestras ciudades—es
didamente analizado por M. Foucault...; que se trata de cuerpos mal nutridos, faltos de
borrachos y alcohólicos, anónimos o no, dro- la higiene usual, que desprenden suciedad,
gadictos de grifa, marihuana, heroína, éxtasis sudor, mal olor corporal y que su descuido ge­
o crack...; handicapés, discapacitados físicos o neralizado, desde la perspectiva de los pará­
sensoriales, parapléjicos, tetrapléjicos, aque­ metros convencionales, los convierte en una
jados de esclerosis múltiple, ciegos, enfermos primera barrera que separa y contamina.
crónicos de cáncer y de sida, enfermos menta­ Las marcas físicas, en segundo lugar, y, por
les, esquizofrénicos, paranoicos, delirantes, extensión, la indumentaria nos llevan directa­
afectados por el síndrome de Down... En se­ mente al sentido etimológico ya referido del
gundo lugar, prologué un libro de historiado­ estigma como marca indeleble en el cuerpo de
res, coordinado por Daniel Piñol (2003) y alguien que permite visualizar su condición
titulado Historia deis altres, que me familiari­ degradante, pero también, en un sentido más
zó con diversas formas de estigmatización en positivo, nos indican la pertenencia a un de­
el ámbito de la historia local. terminado grupo. Las marcas con hierro can­
A partir de esta doble aproximación se fue dente de los esclavos ilustrarían la primera
dibujando un mapa conceptual que, en nues­ variante mientras que la circuncisión entre
tra opinión, refleja los grandes ejes del ima­ los judíos o la ablación del clítoris en grupos
ginario colectivo sobre el estigma. Para desa­ africanos e islámicos lo serían de la segunda.
rrollarlo vamos a tener en cuenta los pun­ Otras señales corporales visibles —quemadu­
tos siguientes: el cuerpo, las marcas físicas ras, cicatrices, escarificaciones—, consecuencia
corporales y la indumentaria, el —bajo—nivel de los ritos de paso e iniciación en las socieda­
de instrucción reglada, el oficio u ocupación, des tribales, quizá tengan su correlato en los
los escasos ingresos obtenidos y un nivel de tatuajes de los presos, en los brazos agujerea­
pobreza habitual, el hábitat familiar, también dos de los yonquis o en el cada vez más exten­
el barrio o te rrito rio en el que se vive y, final­ dido arte del tatuaje o del piercing. De todas
mente, una desconfianza más o menos gene­ formas, posiblemente sea el color de la piel y
ralizada hacia el estigmatizado. Veámoslo. ciertos rasgos del esquema gestual o corporal
Examinemos en primer lugar el cuerpo o aquello que más claramente define y dife­
la percepción del cuerpo. En una primera mi­ rencia a unos grupos de otros. El caso de los
rada panorámica parece como si el cuerpo de gitanos, autocalificados como “calés” —que
los estigmatizados estuviera devaluado, en el significa “negro”, en el idioma caló—, es buen
sentido de que o bien no les pertenece porque ejemplo en esta dirección entre otros muchos.
es propiedad de otros o bien porque se trata Si el vestido convencional es una característi­
de un cuerpo de segunda en su condición de ca de ^integración en el sistema, el m ante­
tullido, mal cuidado o despreciado. El caso nerse, por obligación o por gusto, fuera del
paradigmático es el de los esclavos, que se mismo tiene unas claras repercusiones indu­
compran y venden, o el de las prostitutas, cu­ mentarias. Pensemos, por ejemplo, en las ro­
yos servicios sexuales vehiculados a través del pas viejas, gastadas, rotas y sucias de muchos
cuerpo son objeto de transacción económica. homeless, signo evidente de su desarraigo, o en
Históricamente las alusiones a castigos físicos la indumentaria bien estudiada de determi­
y torturas corporales —principalmente la fla­ nadas tribus urbanas —los antiguos loubards,
gelación p ública- contra ciertos grupos de st{ins, góticos, okupas, heavys, etc.—que a tra­
estigmatizados —judíos, moriscos, gitanos, vés de su atuendo envían mensajes sobre su
esclavos, prisioneros, galeotes, vagabundos, automarginación respecto al sistema. Históri­
etc.—son continuas y parecen haber sido una cam ente, algunos grupos estigmatizados,
práctica casi rutinaria. También lo eran, y el principalmente judíos y moriscos, eran obli­
espectro del horror va in crescendo, los cuerpos gados a proclamar su condición con marcas o
despedazados, descoyuntados o quemados de sambenitos rojos los primeros, o azules los se­
brujas, brujos, milenaristas, cátaros, herejes, gundos. El ya citado Ervin Goffman y Lewis
pero además de sodomitas y criptojudios, víc­ A. Coser, expertos en instituciones totales y
timas todos ellos de los tribunales laicos o reos voraces, respectivamente, han señalado el im­
de la Inquisición. Otra característica de los portante papel del uniforme en internados,
cuerpos estigmatizados —aquí p