Está en la página 1de 2

¿Alimentando a las ovejas o entreteniendo a los

cabritos?
Un pecado habita en el campamento declarado del Señor de una manera tan desagradable y tan reveladora
que hasta el más miope difícilmente puede dejar de verlo. Durante los últimos años se ha desarrollado a un
ritmo anormal pecado tras pecado. Ha trabajado como levadura, hasta que toda la masa se fermenta. El
diablo pocas veces ha hecho una cosa más inteligente que insinuar a la Iglesia que parte de su misión es
proporcionar entretenimiento para la gente, con la idea de ganarlos.

Para hablar como lo hacían los puritanos, la Iglesia ha degradado su testimonio, primero hizo un gesto y
justificó las frivolidades del día. Después las toleró en sus fronteras. Ahora ella las ha adoptado bajo el
argumento de que está alcanzando a las masas.

Mi primer argumento es que proporcionar entretenimiento a la gente en ningún lugar de las Escrituras se
menciona como una función de la Iglesia. Si esto fuera un trabajo cristiano, ¿por qué Cristo no habló de
ello? “Id y predicad el evangelio a toda criatura”. Eso es suficientemente claro. Así sería si Él hubiera
agregado, “Y proporcionen entretenimiento a todos aquellos que no disfrutan el evangelio.” Sin embargo,
no se encuentran estas palabras. No parece que se le hubieran ocurrido a Él.

Entonces otra vez, “A unos puso Dios en la iglesia como apóstoles, como profetas, como pastores y
maestros, para el trabajo en el ministerio.” ¿Dónde caben aquí los artistas? El Espíritu Santo guarda
silencio respecto a ellos. ¿Los profetas fueron perseguidos porque ellos entretenían a la gente o porque los
rechazaron? El concierto no tiene función de mártir.

Además, proporcionar entretenimiento está directamente en contra de la enseñanza y la vida de Cristo y de


todos Sus apóstoles. ¿Cuál era la actitud de la Iglesia hacia el mundo? “Vosotros sois la sal,” -no dice el
azúcar dulce- es algo que el mundo escupe, algo que no se traga. Corta y afilada es la declaración, “Dejad
que los muertos entierren a sus muertos.” ¡Él hablaba con terrible seriedad!

Si Cristo hubiera introducido más elementos brillantes y placenteros dentro de Su misión, Él sería más
popular cuando ellos regresaran, a causa de la naturaleza de Su enseñanza. Yo no escucho a Él decir,
“Corre detrás de esa gente, Pedro, y diles que tendremos un estilo diferente de servicio mañana, algo corto
y atractivo con poca predicación. Tendremos una tarde placentera para la gente. Diles que estén seguros
que lo disfrutarán. ¡Rápido, Pedro, debemos traer a la gente de alguna manera!” Jesús compadeció a los
pecadores, suspiró y lloró por ellos, pero nunca buscó entretenerlos.

En vano buscaremos en las Epístolas para encontrar cualquier rastro de diversión en el evangelio. Su
mensaje es, “Salgan, guarden, mantengan limpio!” Cualquier cosa que se aproxime a un engaño es
evidente por su ausencia. Ellos tenían confianza infinita en el evangelio y no empleaban otra arma.

Después de que Pedro y Juan fueron encerrados por predicar, la Iglesia tuvo una reunión de oración, pero
ellos no oraron, “Señor concede a Tus siervos que por el uso inocente y astuto de una diversión podamos
mostrar a esa gente lo felices que somos.” Si ellos no cesaron de predicar a Cristo, ellos no tenían tiempo
de arreglar entretenimientos. Dispersados por la persecución, ellos fueron a todos lados predicando el
evangelio. Ellos “voltearon al mundo de cabeza.” ¡Esa es la diferencia! Señor, limpia a tu Iglesia de toda
la podredumbre y basura que el diablo ha impuesto sobre ella, y tráela a los métodos apostólicos.

Últimamente, la misión de entretenimiento falla en lograr el fin deseado. Trabaja en destruir a los jóvenes
convertidos. Dejen que los negligentes y los burladores, quienes agradecen a Dios porque la Iglesia los
encontró en el medio del camino, hablen y testifiquen. ¡Dejen que hablen los que están cargados y que
encontraron paz en medio de un concierto! ¡Dejen que se levante el borracho a quien el espectacular
entretenimiento ha sido su vínculo con Dios en la cadena de su conversión! No habrá nadie que responda.
La misión del entretenimiento no produce convertidos.

La necesidad de la hora del ministerio actual es la erudición unida a una ferviente espiritualidad, brotando
una de la otra como un fruto desde la raíz. La necesidad es doctrina bíblica, así entendida y sentida, la que
encenderá a los hombres.