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Yo monstruo mío.

Susy Shock: la cuestión del


ser y lo divino en el cuerpo transexual
por Benjamín J. M. Martínez Castañeda
Me gustaría partir de la idea de <<despojo>>. La modernidad se encargó de despojar a sus
moradores de condiciones humanas y los redujo a la vida desnuda, el hombre moderno ha sido
despojado de la naturaleza, lo divino y de lo humano; hoy en día el hombre contemporáneo, el
hombre de la vida desnuda, precaria y vulnerable, va en busca de ese resplandor luminoso. Está en
busca de ese instinto de vida. Así lo hace ver Susy Shock[1] en su poema Yo monstruo mío (2008).

1 …Yo, pobre mortal,


2 equidistante de todo
3 yo D.N.I: 20.598.061
4 yo primer hijo de la madre que después fui
5 yo vieja alumna
6 de esta escuela de los suplicios
7 Amazona de mi deseo
8 Yo, perra en celo de mi sueño rojo
9 Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo[2]
Las preguntas son: ¿qué es ser un pobre mortal equidistante de todo? ¿Qué significa ser un
monstruo en este mundo desalmado? Tal vez para la primera pregunta se pueda recurrir al <<ser
ahí>> de Heidegger: “(…) el ‘ser ahí’ es en la forma de un ‘poder ser’ compresor al que en su ser
le va este mismo. El ente que es de esta forma soy en cada caso yo mismo”.[3] El ser ahí como
poder ser implica una <<existencia>> la cual va marcada por una posibilidad der ser: el fin de sí
mismo. La muerte.[4] Susy Shock es consciente de algo: se está en el mundo sin nada y que todas
esos elementos materiales que nos dan identidad no sirven de nada en este camino a la muerte; con
esta escuela de los suplicios, nos da a entender que todos esos elementos que se adhieren a nuestro
ser como lesiones, castigos y sufrimientos morales, son despojados de nuestros procesos de
identificación y nos dejan desnudos en este camino hacia la muerte. Al final ni mi nombre, ni mi
Documento Nacional de Identidad y mucho menos mi cuerpo serán de gran utilidad, pues se van
desintegrando en el áspero camino hacia la completud; lo único que queda después de la muerte tras
de mí, es mi esencia. La segunda pregunta fue: ¿qué significa ser un monstruo en este mundo
desalmado?[5] Antes de llegar a lo monstruoso debo pasar por la guerra del deseo, ¿qué anhela Susy
Shock? El que la filosofía contemporánea haya tenido un giro de trescientos sesenta grados, es
decir, que se hayan olvidado las preguntas por lo universal y la naturaleza por aquellas que apelan a
las singularidades y particularidades, nos puede ayudar a ver en el deseo una guerra; cuando se
escribe Amazona en mi deseo, invita a pensarnos como aquellas antiguas mujeres griegas guerreras
que con sus armas, arcos, lanzas, hachas, escudos y cascos hacen la guerra a los que con sus garras
quieren robarnos lo más natural que le ha quedado al hombre contemporáneo: el soñar.[6] De esta
manera, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.
10 ni varón ni mujer
11 ni XXI ni H2O
12 yo monstruo de mi deseo
13 carne de cada una de mis pinceladas
14 lienzo azul de mi cuerpo
15 pintora de mi andar
16 no quiero más títulos que cargar
17 no quiero más cargos ni casilleros a donde encajar
18 ni el nombre justo que me reserve ninguna Ciencia[7]
El cuerpo humano ha sido separado, ya no somos esa quimera que Aristófanes narra en el banquete
platónico; la naturaleza del andrógino ha sufrido graves modificaciones. En dicho encomio se
cuenta que los hombres al sentirse superior a los dioses, por Zeus fueron separados por la mitad
haciéndolos más débiles y útiles para los dioses mismos.[8] ¿Pero qué culpa tenemos nosotros de la
insolencia de los antiguos? Si el deseo es la carencia de algo, ¿qué es lo que hace que Susy Shock se
vea monstruosa ante su deseo? Considero que no sólo ella se sienta así, entre los hombre hemos
perdido la capacidad de amarnos entre nosotros mismos; es el precio que tenemos que pagar por
haber sido separados. Lo que nos mueve como monstruos de nuestros deseos es, “(…) el amor de
los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer
uno solo de dos y sanar la naturaleza humana”.[9] La cuestión está en no caer en esa vorágine del
mundo industrializado y hacer de nuestra vida una obra de arte. Ya Heidegger lo plantea en El
origen de la obra de arte (1936), todo es una cosa que encarna la experiencia del ser en la
presencia.

Lo que le da a las cosas su consistencia y solidez, pero el mismo tiempo provoca los distintos tipos
de sensaciones que confluyen en ellas, esto es, el color, el sonido, la dureza o la masa, es lo material
de las cosas, en esta caracterización de la cosa como materia está puesta ya la forma. Lo permanente
de una cosa, su consistencia, reside en que una materia se mantienen con una forma. La cosa es una
materia confirmada. Esta interpretación de la cosa se apoya en la apariencia inmediata con la que la
cosa se dirige a nosotros por medio de su aspecto. La síntesis de materia y forma nos aporta
finalmente el concepto de cosa que se adecua igualmente a las cosas de la naturaleza y a las cosas
del uso. [10]
Así es como concibo la posibilidad de ver nuestra vida como cosa, pues tal como se muestra en lo
versos 13-15, nosotros somos los que le damos forma a esos sueños por alcanzar, nosotros los
ideamos, los planeamos y nosotros los concretamos; yo soy ese artista que a partir de la razón[11]
me vuelvo uno mismo en unión con la materia que el mundo pone ante mí. Yo ser humano
autocreado de barro, de esa tierra que se guarda en el mundo que me contiene, me abro a mi ser; así
es como Susy Shock se muestra, en los versos 16-18, en contra de toda imposición industrial de esta
era de la técnica que de todo me protege. ¿Pero de qué?
Lo que hace tiempo amenaza mortalmente al hombre, y precisamente con la muerte de su esencia,
es lo incondicionado del puro querer, en el sentido de su deliberada autoimposición de todo. Lo que
amenaza al hombre en su esencia es esa opinión de la voluntad que piensa que por medio de una
liberación, transformación, acumulación y dirección pacíficas de las energías naturales, el hombre
puede hacer que la condición humana sea soportable para todos y, en general, dichosa. [12]
La técnica nos protege de ese horrible deseo de individualidad, deseo que nos fortalece como
cuerpos en el mundo y que afirma la existencia de nuestro ser en el mundo; lo que el mundo de la
técnica busca es ampararnos ante de la desprotección propia del ser humano alejándonos de lo
sagrado y lo divino. El mundo de la técnica ha conseguido la muerte de los dioses y con ello pone
en peligro la esencia del hombre en relación consigo mismo. En contra de esto, Yo, reivindico mi
derecho a ser un monstruo.
19 Yo mariposa ajena a la modernidad
20 a la posmodernidad
21 a la normalidad
22 oblicua
23 Bizca
24 Silvestre
25 Artesanal
26 Poeta de la barbarie
27 con el humus de mi cantar
28 con el arco iris de mi cantar
29 con mi aleteo[13]

La modernidad ha fracasado, la gran promesa de progreso nos dejó esperándola sentados en la sala
de espera del Seguro Social, o de cualquier otra dependencia que tiene por objetivo regular nuestras
vidas. América Latina pasó por la posmodernidad con los pies por delante, sería mejor hablar de una
post mortem-nidad. Yo mariposa ajena a la modernidad / a la posmodernidad / a la normalidad,
son versos que nos invitan a pensar en que no todos caben en ese cajón de la productividad que nos
da forma de seres grises con la necesidad de ser indispensables en el dominio técnico que nos
norma y sistematiza en años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos. Ante esta serialidad,
Susy Shock se muestra más artesanal, más cercana a la tierra, más al contacto con la naturaleza,
haciendo de su vida una vida más arriesgada. “Como todos los seres, sólo somos entes en cuanto
arriesgados dentro del riesgo de ser. Como, sin embargo, en cuanto seres que quieren marchamos
junto con el riesgo, somos más arriesgados y, por tanto, estamos más a merced del peligro. (…) el
riesgo más arriesgado nos crea una seguridad”.[14] La de seguir vivos. Esta pulsión hace que la
poeta de la barbarie se concentre en las vísceras y los residuos de la humanidad, se embadurna de
ellos para enfrentar al peligro; se vuelve abyecta. Hay en la pulsión un deseo inquietante como
amenaza, es todo aquello que es pensable pero inadmisible; se trata de un lazo de
atracción/repulsión que lo lleva a estar fuera de sí como condena, lo abyecto es la oposición a mí
ser, que no es en referencia al camino de la muerte sino a lo que me lleva a donde no hay sentido.
Es un expulsado que no para de retar y desafiar cuestionando su lugar y su ser como los
situacioncitas. En esta deriva, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

30 Reivindico: mi derecho a ser un monstruo


31 que otros sean lo Normal
32 El Vaticano normal
33 El Credo en dios y la virgísima Normal
34 y los pastores y los rebaños de lo Normal
35 el Honorable Congreso de las leyes de lo Normal
36 el viejo Larousse de lo Normal
37 Yo solo llevo las prendas de mis cerillas
38 el rostro de mi mirar
39 el tacto de lo escuchado y el gesto avispa el besar
40 y tendré una teta obscena de la luna más perra en mi cintura
41 y el pene erecto de las guitarras alondras
42 y siete lunares
43 setenta y siete lunares
44 ¡qué digo! Siete siete siete (777) lunares de mi endiablada señal de Crear[15]

La historia contemporánea se ha encargado de culpar a Nietzsche por la muerte de Dios, sin


embargo, considero justo decir que fue el cristianismo quien mató a los dioses; el cristianismo
separó al hombre de la naturaleza. En estas dos estrofas Susy Shock se deja ver como el loco de
Nietzsche que busca a Dios sin respuesta alguna:[16]

<<¿Adónde ha ido Dios?>>, gritó, <<¡yo os lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado –vosotros y
yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo fuimos capaces de
bebernos el mar hasta la última gota? ¿Quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte? ¿Qué
hicimos cuando desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde
nos movemos nosotros? (…) ¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!
¿Cómo nos consolaremos los asesinos de todos los asesinos? Lo más sagrado y lo más poderoso que
hasta ahora poseía el mundo, sangra bajo nuestros cuchillos. (…) <<¿Qué son, pues, estas iglesias
sino las tumbas y sepulcros de Dios?>>.[17]

Si Dios ha muerto ¿en qué podemos creer ahora? El problema radica en no ver a Dios como ese
ente supremo que nos gobierna, nos vigila y nos castiga; ese ha sido el problema de los modernos.
Hay que ver en Dios todo lo mutable, la luz que nos deslumbra al amanecer, el verde del follaje de
los árboles que año tras año reverdece, el volcán que hace erupción; habremos de comprender a
Dios como la naturaleza que nos contiene, nos envuelve y nos sostiene. Si Dios ha muerto es
posible entender el vació cultural, social y espiritual que se vive en estos tiempos de guerra y
abandono social. Ante la necesidad que muestra Susy Shock, en estas estrofas, de volver a un punto
más primario del ser humano de sí mismo ante la naturaleza; ella pone el ejemplo, al ver en su
cuerpo transgénero un proceso de auto-poiesis. Pienso el concepto de poiesis desde Platón: “Tu
sabes que la idea de <<creación> (poiesis) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga
pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en
todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores (poietat).”[18] Pensar la
situación de Susy Shock como un acto de auto-poiesis implica que ha sido poseída por un impulso
creador divino: “(…) la inspiración (o, con mayor propiedad, la condición de quien se sabe
poseído por un dios) supone un estado de exaltación emotiva afín a la embriaguez y al delirio
amoroso”.[19] Esto me hace pensar que el retorno de los dioses está en el camino hacia la muerte
de cada uno, si entendemos ésta como una posibilidad del ser en el mundo; posiblemente Dios ha
muerto, pero yo aún no. En mi aún no de la muerte tengo la posibilidad de crear vida con los
residuos del mundo; la única posibilidad de vida se encuentra en el arte. Así pues, Susy Shock se
piensa en un estado dionisiaco en el que se estimula, “(…)hasta el grado supremo de sus
capacidades simbólicas; algo nunca sentido se esfuerza por exteriorizarse (…) el ser uno con el
genio de la especie, incluso con el de la naturaleza. Ahora debe expresarse simbólicamente la
esencia de la naturaleza. Un nuevo mundo de símbolos es necesario, todo el simbolismo corporal
(…)”[20]. En esta búsqueda por la divinidad, en la que mi esencia, mi ser y mi cuerpo se
transforman constantemente siendo poseídos por la naturaleza, Yo, reivindico mi derecho a ser un
monstruo.
44 mi bella monstruosidad
45 mi ejercicio de inventora
46 de ramera de las torcazas
47 mi ser yo entre tanto parecido
48 entre tanto domesticado
49 entre tanto metido “de los pelos” en algo
50 otro nuevo título que cargar
51 baño: de ¿Damas? O ¿Caballeros?
52 o nuevos rincones por inventar[21]
En lo monstruoso existe la seguridad de estar vivos, pues ante la mirada del otro no hay fuerza que
resista y enfrente lo monstruoso; esto infunde terror ante la vida del otro. La naturaleza ha dejado de
ser la fuente de expresión y contemplación de lo divino, para el hombre posmoderno <<la
seducción>>[22] ha ocupado el lugar de la divinidad; en este sentido, el posmoderno no se
diferencia tanto del medieval, pues ambos ven en lo monstruoso una atracción exótica. La belleza
de lo monstruoso radica en que, al igual que lo normal, es una creación de la naturaleza (divina).
Ante mi carácter de ser homosexual, de ser andrógino, de ser travesti, de ser transgénero, de ser
transexual, de ser quimera, de ser abyecto; Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

53 Yo: trans…pirada
54 mojada nauseabunda germen de la aurora encantada
55 la que no pude más permiso
56 y ésta rabiosa de luces mayas
57 luces épicas
58 luces parias
59 Menstruales Marlenes bizarras
60 sin Biblias
61 sin tablas
62 sin geografías
63 sin nada
64 solo mi derecho vital a ser un monstruo
65 o como me llame
66 o como me salga
67 como me pueda el deseo y la fuckin ganas
68 mi derecho a explorarme
69 a reinventarme
70 hacer de mi mutar un noble ejercicio
71 veranearme otoñarme invernarme:
72 las hormonas
73 las ideas
74 las cachas
75 y todo el alma!!! …amén. [23]
El cuerpo transexual se ha vuelto en el mundo contemporáneo el centro de lo sagrado. La mirada, el
cuerpo y la voz de lo otro han cuestionado las lógicas dominantes[24], para darle paso a las <<otras
historias>>; las cuales consideran que: “No todas las culturas reconocen los mismos marcadores
anatómicos y no todos perciben las marcas anatómicas como naturales y contrapuestas a un
dominio distinto de lo cultural. En muchos casos, conocer los genitales que un individuo tiene es
menos importante que conocer cómo los cuerpos son culturalmente construidos y qué rasgos y
procesos particulares se consideran comprometidos con el sexo”.[25] En estas últimas dos estrofas
Susy Shock muestra su condición de vida como un acto trascendental, una fuerza mayor que la lleva
a la unión paradójica de los contrarios;[26] así pues, Susy Shock nos muestra en su transitar, en su
trans…pirada que:

“Transing”, in short, is a practice that takes place within, as well as across or between, gendered
spaces. It is a practice that assembles gender into contingent structures of association with other
attributes of bodily being, and that allows for their reassembly. Transing can function as a
disciplinary tool when the stigma associated with the lack or loss of gender status threatens social
unintelligibility, coercive normalization, or even bodily extermination. It can also function as an
escape vector, line of flight, or pathway toward liberation. [27]

El cuerpo y la vida trans…pirada para Susy Shock ha sido de resistencia, burla y dominio de los
estigmas; no busca ser definida, ni reconocida como hombre o mujer. Su estar en el mundo se abre a
lo masculino, a la maternidad, y a la luz de la naturaleza que la abraza día con día. Las categorías no
le importan, siempre las rompe, escapa de ellas para no ser domesticada por reglas de convivencia y
reconocimiento. Ella no tiene problemas con las normas y los normales, son éstos los que los tienen
hacia ella. Susy Shock en este trascender las categorías ontológicas e identitarias…reivindica su
derecho a ser un monstruo.