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"Establecimiento de un cultivo de epitelio retiniano humano"

Ricardo P. Casaroli-Marano,
Departamento de Biología Celular, Universidad de Barcelona

1. Introducción.

El Epitelio Pigmentario de la Retina


(EPR), está constituido de una
monocapa polarizada de células
hexagonales pigmentadas que separa
la coriocapilar, altamente
vascularizada, de los fotorreceptores
de la retina y el medio intraocular (1).
Su cara basal yace sobre la
membrana de Bruch, que constituye
también la lámina basal de la
coriocapilar (Fig. 1). En su cara lateral
encontramos varias bandas de
adhesión - zonula adhaerens, zonula
occludens, y "gap junctions" -
responsables, juntamente con la
membrana de Bruch, de la barrera
hematorretiniana externa.

Estos diversos elementos ilustran bien la multiplicidad de funciones conocidas del EPR (2):

a) en el proceso visual;

- papel de pantalla opaca (melanosomas), responsable por los fenómenos de absorción y reflexión
de la luz en el interior del ojo, relacionados con los fotorreceptores retinianos. Asimismo los
melanosomas del EPR contribuyen a la absorción de energía lumínica en los tratamientos con
laser.

- contribuye en la actividad eléctrica de la retina, responsable principal del potencial de reposo


córneo-retiniano, cuya modificación por la luz puede ser registrada en pruebas electrofisiológicas
(electrooculograma).

- relacionado con el metabolismo de la vitamina A: el EPR puede captar la vitamina A circulante,


almacenarla bajo su forma esterificada, transformarla en retinol, para después transferirla para los
fotorreceptores. Además, puede recuperar el retinol liberado a partir de la rodopsina, tras su
blanqueamiento completo por la luz.

b) como elemento estructural y de protección;

- constituye la barrera hematorretiniana externa.

- participa en el la renovación de los segmentos externos de los fotorreceptores mediante


fagocitosis.
c) en la diferenciación embrionaria;

- permite la diferenciación de los fotorreceptores en la embriogénesis retiniana, contribuyendo a la


producción de una información sobre la topografía de las células de la retina.

d) en el mantenimiento de la funcionalidad;

- tiene una alta capacidad proliferativa, ya que contribuye a la cicatrización coriorretiniana, sea ella
de forma natural o provocada terapéuticamente además de intervinir en la patogénesis de varias
patologías proliferativas intraoculares como es el caso de la vitreorretinopatía proliferativa con o sin
desprendimiento de retina (3,4).

Desde el punto de vista inmunológico, el posible papel del EPR es menos conocido. Se ha
determinado que las células del EPR en cultivo pueden expresar los antígenos de
histocompatibilidad (HLA) de clase II (DR, DP, y DQ) cuando son estimuladas por el Interferon-
(INF- ) (5). Estos antígenos no se encuentran normalmente en un ojo sano pero sí en los casos de
uveitis (6), en los que las túnicas vasculares del ojo (iris-cuerpo ciliar y coroides) presentan una
inflamación. Así, el EPR puede asegurar la presentación de antígenos para el sistema inmune. Por
otra parte, se han identificado receptores para la fracción Fc de la IgG en células cultivadas (7), lo
que supone un papel fagocitario activo que puede ser importante en las defensas locales. Por todo
ello, las células del EPR son un modelo atractivo para la investigación de la patología y
metabolismo ocular, así como un modelo adecuado para la tipificación de los antígenos de
histocompatibilidad de clase I y II de los donantes en los casos de transplantes de córnea (5,8,9).

2. La barrera hematorretiniana (BHR).

El sistema vascular del ojo está separado de la retina neurosensorial por dos barreras anatómicas
diferentes. La primera barrera se localiza a nivel de las células del EPR, y conforma la barrera
hematorretiniana externa (BHR externa). La segunda está situada a nivel del endotelio de los
capilares retinianos (BHR interna), y aisla las capas retinianas internas. La función de estas
barreras, es la de impermeabilizar el ambiente intraocular al paso de moléculas de elevado peso
molecular (10). Las propiedades de la BHR son perfectamente comparables a las propiedades de
la barrera hematoencefálica (11). De entre sus principales funciones, se destacan (12):

- impedir en acceso global de los constituyentes plasmáticos hacia el medio intraocular,


manteniendo así, las condiciones fisiológicas y metabólicas originales de la retina. Asimismo,
contibuye para la permanente transparencia del cuerpo vítreo, esencial para la función visual.

- permitir el paso específico de metabolitos indispensables para la retina, gracias a un sistema de


difusión facilitada.

- reabsorver específicamente los productos de la actividad neuronal de la retina y las sustancias


eventualmente tóxicas, gracias a un sistema de transporte activo desde la retina hacia la
coriocapilar.

El hecho de que la ruptura de la BHR se presenta en muchos pacientes diabéticos, en ausencia de


cualquier lesión vascular retiniana demostrable, sugiere que esta alteración podría ocurrir a ambos
niveles y de una forma precoz (13), incluso antes de la aparición clínica de la retinopatía.
Asimismo, la permeabilidad de la BHR se ha encontrado alterada en los casos de inflamación
intraocular (14,15). Este hecho nos lleva a la suposición de una posible implicación de las células
del EPR y de las integrinas, como moléculas de adhesión y homing para los leucocitos
inflamatorios.
Una posible explicación anatómica para este aumento de permeabilidad de la BHR se basa en
estudios experimentales en animales, en los cuales se ha observado un aumento temprano y
progresivo de la permeabilidad a la fluoresceína sódica (P.M. 330 D). En las células del EPR de
ratas diabéticas se han observado alteraciones ultraestructurales progresivas a medida que
aumentaba el tiempo de la enfermedad. Estas alteraciones fueron caracterizadas como
invaginaciones de la membrana plasmática en la superficie basal adyacente a la coriocapilar. Se ha
postulado que estas invaginaciones pueden contribuir al transporte activo o pasivo de moléculas
(16).