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Kenneth Thompson

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PANICOS MORALES

Traducción: Daniela Gutiérrez

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Uniwrsidad

Nadonal

d<� lJuilm<�s

Editorial

Bernal, 2014

Colección Comunicación y cultura Dirigida por Alejandro Kaufman

Thompso n, Kenneth Pá nicos morales. - la ed. - B er na) : Univ ersidad Nacio nal de Quilm es, 2014 . 200p .; 20x15cm .

Traducido por : Da ni ela Gu tiérre z ISB N 978-987-558-316-0

l. Es tudios Cul tural es. 2. Comu nicaci ón. l. Gu tiérre z, Da ni ela , trad. II. Título C DD306

Título original: Moral panics Primera edición, 1998, por Routledge

Todos los derechos reservados

Traducción autorizada de la edición en inglés publicada por Routledge, miembro de Taylor & Francis Group

©Universidad Nacional de Quilmes, 2014

Universidad Nacional de Quilmes Roque Sáenz Peña 352 (B1876BXD) Bernal, Provincia de Buenos Aires República Argentina

editorial.unq.edu.ar

editorial@unq.edu.ar

ISBN 978-987-558-316-0 Queda hecho el depósito que marca la Ley N" 11.723

Impreso en Ar 9 entina

,

INDICE

Prefacio

 

9

1.

¿Por qué el pánico? Actualidad del concepto de pánicos morales

15

Historiay significado del concepto

22

Sociedad del riesgo

40

Discursosy prácticas discursivas

43

Medios masivos y esfera pública

46

2. El pánico moral clásico: mods y rockers

 

53

El papel de los medios

54

Agentes de control socialy emprendedores morales

59

Contexto

63

Resumen del enfoque de Stanley Cohen

66

3.

Pánicos morales acerca de la juventud

67

Cultura dela nocturnidady raves

.

75

4.

Pánico moral acerca del mu99in9

.

83

5.

Pánicos morales sobre sexo y sida

101

Sida

102

6. Familia, infancia y violencia

 

.

.

119

Riesgo

 

119

Niños en riesgo

 

.

.

.

.

128

Pánico por videos ofensivos (nasties) • . • •

137

7. Violencia fe menina y pandillas de mujeres

149

8. Pánicos morales acerca del sexo en las pantallas

 

16 3

Conclusión

185

Referencias

.

.

.

.

.

.

191

PREFACIO

El presente texto tiene como tema central una de las ideas clave de la sociología -pánicos morales-,1 pero el título del libro también po­ dría haber sido extendido a Pánicos morales y medios de comunicación para indicar la intención de reunir temas y textos que suelen su­ perponerse a pesar de que las conexiones entre ellos no han sido aún indagadas en profundidad por los sociólogos. Estos reservan la idea de pánicos morales para el estudio de conductas colectivas o de lo que consideran desviación social. Por otra parte, para aquellos sociólogos que estudian los medios de comunicación, los pánicos morales en tanto objeto de estudio han sido considerados no tan­ to como motivo central para el campo disciplinario sino más bien como un fenómeno excepcional. Además, el componente "moral" de los pánicos morales suele ser omitido por quienes han adoptado el término, sin preocuparse por las condiciones en que se lo inclu­ ye en una concepción más abarcadora de la sociología de la moral (que incluye objetos de estudio tales como las creencias y las ideo-

1 Hemos adoptado la decisión de atenernos enla presente traducción al número gra­ matical de la expresión "pánico moral"/"pánicos morales" según el original inglés en la inteligencia de que la noción, tal como se la ha expuesto aquí, remite a lo que tiene de acontecimiento, evento, caso, antes que a cualquier entendimiento normativo o abs­ tracto respecto de cómo definir lo que con ello se pretende abordar en tanto análisis sociocultural de sucesos de violencia social simbólica vinculada a los medios de comu­ nicación. [N. de la T.]

Kenneth Thompson

logías) (véanse Thompson, K., 1986 y Thompson, W., l 990a) o por saber qué relación tiene con las diversas formas de regulación moral (Thompson, K., 1997). A veces se produce una confusión entre los pánicos relacionados con los alimentos (por ejemplo: el virus BSE 2 y el temor a la carne infectada) o la salud, y los pánicos directamente vinculados a cuestiones morales. De hecho, el estatus teórico del concepto de pánicos morales ha sido curiosamente subestimado; suele darse por obvio su significa­ do, y es utilizado no solo por los sociólogos sino también por los me­ dios de comunicación. Se lo puede considerar un buen ejemplo de los problemas explicativos que enfrentan las ciencias sociales dado que atañe a un mundo "preinterpretado" de múltiples capas de sentido, aquello que Antony Giddens denominó "doble hermenéutica":

Hay una conexión de doble vía entre el lenguaje de las ciencias socia­ lesy ellenguaje ordinario. El primero no puedeignorarlas categorías utilizadas por los legos en la organización práctica de la vida social; pero por otra parte, los conceptos de las ciencias sociales podrían también ser apropiados y usados por los legos como elementos que inciden en su conducta. En lugar de tratar el uso lego como algo que debería evitarse o reducirse a su mínima expresión, en tanto perjudi­ cial para la perspectiva del "pronóstico", deberíamos pensarlo como propio de la relación sujeto-sujeto que suponen las ciencias sociales (Giddens, 1977, p. 12).

En otras palabras, en el contexto del estudio sobre los pánicos mora­ les en relación con los medios de comunicación, conviene estar dis­ puestos a reconocer que ellos mismos utilizan este y otros conceptos provenientes de las ciencias sociales para dar cuenta de su propia

2 El virus BSE (Bovine Spon9iform Encephalopathy) fue la causa de la epidemia"de la vaca loca" que afectó a Gran Bretaña a partir de 1987, cuando se triplicó el número de casos de encefalopatía bovina. [N. de la T.]

Prefacio

perspectiva sobre estos fenómenos. Así, el análisis no puede ser sim­ plemente cuestión de que el sociólogo, observador desapegado, do­ tado de un conocimiento superior, formule juicios sobre los "actores" implicados en los eventos, o les ofrezca sus explicaciones de lo suce­ dido. Esas personas, los "sujetos" investigados, deben ser considera­ das como intérpretes experimentados y competentes de los eventos y las discusiones que los implican. La tarea del sociólogo consiste en el intento de comprender los sucesos y dar cuenta de ellos -los dife­ rentes sentidos y explicaciones que se les atribuyen- así como otros "hechos" o información objetiva sobre los acontecimientos. La razón para mencionar estas preocupaciones teóricasy metodológicas desde el inicio es que ya la expresión "pánicos morales" por sí misma pare­ cería imponer un juicio negativo, suponiéndose la ingenuidad de par­ te de algunas de las personas implicadasy la manipulación porparte de otras. Incluso la misma palabra "pánico" podría considerarse como una opción desafortunada, dado que posee la connotación negativa que corresponde a toda conducta irracionaly que, por lo tanto, debe­ ría evitarse. Se tomanlos recaudos necesarios para evitar precipitarse en conclusiones acerca de la motivación (por ejemplo: manipulación) o los estados mentales (por ejemplo: supuesta "irracionalidad") de los implicados. El concepto de pánico moral puede resultar útil para ilu­ minar un tipo de comportamiento y series de sucesos cada vez más comunes en las sociedades modernas saturadas (o quizás, enriqueci­ das) por lo mediático. En el primer capítulo se discute el significado del concepto y su evolución. Esto supone mostrar sus relaciones con otros conceptosy teo rías; luego se analizarán algunas características típicas de los fe ­ nómenos considerados como pánico moral y los procesos a través de los cuales este se desarrolla, focalizando en los medios de comuni­ cación. Los capítulos siguientes ponen en cuestión algunos estudios clásicos sobre pánicos moralesy los analizan en relación con campos sociales específicos tales como juventud, infanciay familia, y el sexo en la televisión.

Kenneth Thompson

Este libro tiene un triple objetivo: primero, presentar y comparar los diversos marcos teóricos con los cuales se ha estudiado la noción de pánicos morales. En segundo lugar, desarrollar un encuadre teóri­ co original que integre el estudio de los pánicos morales con concep­ tos y teorías acuñados en campos disciplinares afines como "riesgo" y "discurso",y los estudios sobre cultura e ideología. Así también las reacciones frente a los cambios en los modos de regular la moral. Fi­ nalmente, en tercer lugar, considerar la amplia significación del cre­ ciente número de casos de pánicos morales en los últimos años, en especial en relación con los medios de comunicación. Como veremos, el campo de los estudios sobre los pánicos mo­ rales fue inicialmente formulado por el sociólogo británico Stanley Cohen, quien lo desarrolla, en parte, a partir de conceptos acuñados por la academia norteamericana tales como "etiquetamiento", "inte­ raccionismo" y la teoría de lo desviado; pero lo hizo en un momento en que la sociología inglesa daba lugar a teorías más radicales y mar­ xistas. Posteriormente, cuando el tema se reintegra a la sociología norteamericana, surge la tendencia a perder el carácter de innova­ ción teórica de vanguardia que tuviera en principio,ya que los soció­ logosnorteamericanos tendieron a rechazar su radical preocupación inicial por dar cuenta del proceso de control social y conflicto ideo­ lógico implicado en los pánicos morales. En la sociología británica reciente, por el contrario, ha habido una tendencia a prescindir del concepto, basándose en que se trata de someter las "representacio­ nes" al juicio de "lo real" en lugar de concentrarse propiamente en los sistemas de representación en tanto operaciones en sí mismas. El libro recorre la evolución de los conceptos utilizados en los estudios sobre pánicos morales y también intenta reintroducir al menos algo de la amplia relevancia que este campo tuvo inicialmente, y lo hace considerando los pánicos morales no solo como episodios aislados sino en relación con los sistemas de representación y de regulación social, y como síntomas posibles de tensiones sociales y culturales más amplias.

Prefacio

Agradezco a todos los amigos y colegas con quienes he discutido algunos de estos asuntos y han estimulado mi pensamiento. En par­ ticular, me gustaría dar las gracias a Stuart Hall y a mis compañeros investigadores con quienes trabajé en nuestro proyecto ESRC, "Re­ gulación moraly televisión'', a Anita Sharmay Robert Bocock. Tam­ bién quisiera rendir un tributo a las habilidades de investigadora de mi hija, Ciare, quien colaboró de manera invalorable conmigo.

1. ¿POR QUÉ EL PÁNICO? ACTUALIDAD DEL CONCEPTO DE PÁNICOS MORALES

Se sabe que este es el tiempo del pánico moral. Los titulares de los periódicos nos alertan continuamente acerca de nuevos peligros, producto de la laxitud moral, y en general, los programas de tele­ visión amplifican el asunto con documentales sensacionalistas. Por otra parte, los pánicos morales no son nada nuevos, existen desde hace más de un siglo: los pánicos acerca del crimen, y las activida­ des "juveniles" en particular, han sido presentados a menudo como potencialmente inmoralesy como una amenaza para el modo hege­ mónico de vida. Al principio el jazzy, luego, el rock and roll fueron acusados de llevar a la juventud hacia la promiscuidady la conducta antisocial. En la década de 1950 surgió el pánico sobre los efectos que produciría en la moral juvenil el hecho de que los jóvenes pa­ saran mucho tiempo en bares y cafés. En los sesenta se creía que la "permisividad sexual" producía un impacto subversivo en los valo­

familia y las fe ministas fueron acusadas de

bra-burners1y de socavar la vida familiar. En los años setenta, el foco

res tradicionales de la

del pánico sobre la ley y el orden se centró en la imagen del joven arrebatador negro.

1 La expresión bra-burners, que literalmente significa "quemadoras de corpiños", fue unametáfora delmovimiento feminista radical surgido a partir de 1960,y desde enton­ ces la cultura popular unió ambos términos en el significante de la liberación femenina contra la tradición patriarcal. [N. de la T.]

Kenneth Thompson

De todos modos, sería un error considerar la preocupación actual por los pánicos morales como la sencilla continuación de un patrón que se repite en todos los aspectos. Existen dos razones para sostener que ha habido un cambio significativo. La primera es la rapidez con que estos se suceden: apenas un modo del pánico comienza adeclinar,otro ocupa su lugar. Casi cualquier cosa puede desencadenarlo, desde algo tan se­ rio como el asesinato de un niño en manos de otros niños (el crimen de James Bulger en 1993) hasta un incidente de hostigamiento escolar; en un determinado momento, el temor a ser borrado del mapa a causa de la epidemia de sida fue realmente un pánico moraly después el escándalo se debióal descubrimiento de pornografía eninternet.Perola diferencia en este tiempo no es solo la rapidez, sino también la cualidad de penetra­ ción total de los pánicos. Antes los pánicos se focalizaban en un grupo -los adolescentes que frecuentaban bares, los adictos a las drogas, los jóvenes arrebatadores negros-. En la actualidad, parecería que los pá­ nicos atrapan en sus garras a mucha más gente. Por ejemplo, los pánicos sobre el abuso sexual infantil parecen poner en cuestión la mismísima institución familiar y en particular el contacto físico entre padres e hi­ jos, reflejando quizás unainquietudgeneralizadasobre la masculinidad y el papel del padre. Así como un incidente con niños dejados "solos en la casa"2 cuestiona el instinto materno y la independencia de la mujer. Los pánicos morales no solo existen en Gran Bretaña, sino que a medida que pasa el tiempo parecería ser un tema frecuente en toda la sociedad moderna. Pero no son solo los sociólogos quienes han empe­ zado a señalar hasta qué punto Gran Bretaña resulta particularmente propensa a tales estallidos. Resulta sintomático que el periódico más antiguo de Inglaterra, The Observer, fundado en 1791, dedicara varias páginas al asunto luego de que la Reina pronunciara su discurso de in­ auguración anual de la actividad parlamentaria en octubre de 1996, justo antes de las elecciones generales. El editorial advertía:

2 La referencia que utiliza el autor entre comillas es el título literal de la película Home Alone, que en español se tradujo como Mi pobre angelito. [N. de la T.]

¿Por quéelpánico? Actualidad del concepto de pánicos morales

Cuídense de las cruzadas morales. Es cierto que los ingleses están alarmadosy con miedo por la fragmentación social y la escalada de violencia;y también es cierto que las habituales brújulas morales que nos guían se están volviendo paulatinamente más inciertas. Eso no significa que la respuesta sea una cruzada moral liderada por políti­ cos de distintos partidos o los periódicos conservadores, lo que nos conduciría a ver cuál reprime más, sino que sucedería algo peor: lo que subyace, la dinámica real del descalabro social, seguiría sin ser atendida (The Observer, 27 de octubre de 1996).

Esto sugiere una serie de puntos relevantes a partir de los cuales en­ tender el fenómeno del pánico moral: lo primero es que suele tener el formato de campañas (cruzadas), sostenidas durante determina­ do período de tiempo. Segundo, que estas están dirigidas a personas preocupadas por una aparente fragmentación del orden social que las pondría en riesgo de algún modo. Tercero, no queda claro cuáles son los lineamientos morales que sirven de guía;y cuarto, que los po­ líticos y algunos medios están impacientes por encabezar la campa­ ña cuyo accionar suprimiría -según su convencimiento- la amenaza. Finalmente, el editor del medio evalúa que la campaña moral deja sin atención la verdadera causa de la fragmentación social. Otros artículos de la misma edición de ese periódico afirman con­ templar las supuestas causas "reales" de la debacle social y describen la larga historia de los pánicos morales que sería tan vieja como la historia del mismo periódico. Entre los ejemplos más recientes men­ cionados en tales páginas figuran el asesinato, en 1993, del pequeño James Bulger, de 2 años de edad, a manos de dos niños de 10; la masa­ cre de la escuela Dunblane, causada por un pervertido sexual aficio­ nado a las armas de fuego; el asesinato de Phillip Lawrence, director de escuela ejecutado por un niño armado con un cuchillo, y un episo­ dio de indisciplinamiento colectivo en la escuela Ridings al oeste de Yorkshire. Melanie Phillips, columnista, militante de la cruzada mo­ ral, sostiene que todos esos ejemplos son emblemas de nuestro tiem-

Kenneth Thompson

po que cristalizan la ansiedady la confusión general (The Observer, 27 de octubre de 1996). Para ella, la pregunta era "cómo la sociedad de­

bería atacar el problema central de los adultos: esquivar la responsa­ bilidad parental". Phillips forma parte de un grupo que atribuye todas las patologías de la sociedad a la decadencia de los valores familiares

y de la disciplina moral. Sin embargo, otro columnista, Peter Beau­

mont, intentó situar la cuestión en el contexto histórico señalando

que "el lenguaje del pánico moral no es nuevo. Es una construcción

que atraviesa todas las épocas". Señala que los conceptos particula­ res que definen la cuestión en términos de familia, moral y reputa­

en medio de los

ción "emergen potentes como ideología dominante grandes cambios sociales del último siglo":

Se le ha otorgado identidad a una clase media surgida recientemente a la que se separa tanto de los "vicios" que se consideraban propios de una aristocracia decadente como también de los de la clase traba­ jadora a la que se considera iracunda y en explosión demográfica El problema con las cruzadas morales era que estas no se limitan tan solo a la reforma social y al temor al crimen. Muchos de esos cru­ zados, evidenciando sus raíces religiosas, también desplegaron una preocupación morbosa en relación con el sexo y la amenaza que los "vicios" privados significaban para la comunidad (Peter Beaumont, The Observer, 27 de octubre de 1996).

El miedo a la inmoralidad sexual y su amenaza a la familia como bas­

tión principal del orden social (en tanto la religión permanecía confi­

nada a la esfera privada, particularmente la familia) se unía al miedo a las subculturas juveniles:

El pánico moral al sexo viene en tándem con otro igualmente pode­ roso: el temor a losvándalos o arrebatadores que acechan en cada es­ quina. Como afirma Geoffrey Pearson en su libro Hooli9an: A history of Respectable Fears, la cultura patoteril ha sido un tema constante para

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

la sociedad británica. Ya sea en los arrebatadores, los barras bravas o en los vándalos, cada generación encuentra su propia versión de esta preocupación común acerca "del deterioro físico y moral", causada por la debacle de los lazos familiares tradicionales (Peter Beaumont, The Observer, 27 de octubre de 1996).

(Peter Beaumont, The Observer, 27 de octubre de 1996). Peter Beaumont denominaba esta combinación "la mochila

Peter Beaumont denominaba esta combinación "la mochila que la moralidad y los valores familiares vienen arrastrando a lo largo de dos siglos de cambio social". Es parte de una perspectiva que mira hacia atrás, hacia una era dorada de certezas morales a partir de la cual solo ha habido declinación, en la que las personas -especialmen­ te los jóvenes- no pueden discernir entre el bieny el mal. La medicina prescripta es el retorno a un conjunto básico de reglas, del estilo de los diez mandamientos, que pudieran enseñarse en los hogares y las escuelas. Otros periodistas contemporáneos expresaronun punto de vista diferente. Afirma Martin Jacques:

Al contrario de la sabiduría popular sobre el pánico moral, la socie­ dad ahora es un lugar más moral que antes. Aquellas pocas reglas bá­ sicas se referían a una estrecha gama de temasy hacían la vista gorda a una serie de otros temas que dependían de un aprendizaje en gene­ ral pasivo, inmóvily casi siempre autoritario Lejos de vivir en épocas menos morales, vivimos actualmente un clima de época más exigente en estos temas. Cuandoyo era niño, en los años cincuenta, el abuso infantil, la división sexual del tra­ bajo, la violencia contra la mujer, la pedofilia y la conciencia am­ biental, por citar solo algunos, no eran discutidos y muchas veces ni siquiera reconocidos como problemas. Nuestro repertorio moral se ha ampliado enormemente (Martín Jacques, The Guardian, 9 de noviembre de 1996).

AJacques no le sorprendía quelos medios presentaran un debate mo­ ral tras otro:

Kenneth Thompson

Cuando la moral ya no es cuestión de algunas pocas reglas básicas, dictadas con autoridad por políticos y líderes religiosos, entonces la sociedad tiene que discutir, debatir, negociar y renegociar. Es des­ prolijo, doloroso, ruidoso, obvio y a menudo intrusivo, pero es mu­ cho más democrático que' antes (Martín Jacques, The Guardian, 9 de noviembre de 1996).

Pero cabe preguntarse, ¿es realmente democrático? ¿Existe una es­ fe ra pública en la cual pudiera darse un serio debate moral? ¿Podrían oírse todas las voces? El propio Jacques señala algunas disyunciones en elterreno moral que hacen el debate tan desprolijoy doloroso para algunos:

Hay, creo, dos discursos públicos diferentes sobre la moralidad. Uno, que no es oficial, se representa en las telenovelas, revistas de mujeres, se discute en la casa, el café o la oficina. Es contradictorio, revelador, pragmático y moderno. El otro, el discurso oficial, emana de West­ minstery en general es regresivo, lo que no resulta ninguna sorpresa dada la naturaleza obsoleta de la cultura política en sí misma (Martín Jacques, The Guardian, 9 de noviembre de 1996).

La dicotomía entre dos esferas del discurso moral es demasiado sim­ plista y no considera el modo en que los discursos de la cultura po­ pular, la política y las agencias públicas articulan el espiral que va creando un pánico moral. Sin embargo, antes de abordar la pregunta acerca de la forma en que a veces ambos discursos se articulan para permitir el surgimiento de un pánico moral, Jacques destaca un punto álgido acerca de las diferencias discursivas, que abre a futuras inves­ tigaciones. Con respecto a sus comentarios sobre los medios masivos, tendremos que abordar la cuestión de si existe una esfera pública en la que pueda tener lugar un debate racional sobre la moral. Se trata de una cuestión que ha sido abordada de distintas maneras por filósofos herederos de la Ilustración preocupados por lo social, como Jürgen

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

Habermas (1989), por sociólogos como Jean Coheny Andrew Adato (1992), John Keane (1984), y por quienes están a favor de los medios de comunicación pública como Paddy Scannell (1989). También han abordado estos asuntos, teóricos que consideran a los medios como parte irredimible de la industria del entretenimiento, como los in­ fluidos por la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt (Horkheimer y Adorno, 1972), y los teóricos de la posmodernidad (Baudrillard, 1981; véase también Thompson, K., 1997). En Gran Bretaña, el discurso político que dominó desde comien­ zos de la década de 1980 hasta los años noventa combinaba el indivi­ dualismo neoliberal con la nostalgia de una edad dorada de la moral, la de los "valores victorianos", neoconservadora y autoritaria. Este discurso floreció en tiempos de creciente inequidad social, de par­ ticular profundización de la brecha entre una mayoría próspera de la población y el hundimiento definitivo de los "excluidos". Jacques afirma:

Cerca del 15% de la población se encuentra excluido de la sociedad, vi­ viendo precariamente,carente de buena educación, condenado a vivir en la periferia del mercado laboral, careciendo de los conocimientos tecnológicos y las habilidades sociales para ser ciudadanos de pleno derecho. Desde hacía casi un siglo ningún grupo social experimen­ taba tal nivel de aislamiento y exclusión. No es de extrañar que algu­ nos de los miembros de este grupo marginal, al sentirse fuera de la sociedad, se nieguen a cumplir sus reglas y se comporten de manera antisocial, mostrando predilección por la delincuencia. El lenguaje de una autoritaria nostalgia está diseñado tanto para demonizar y lumpenizar a estos grupos como para disciplinar al resto de nosotros (Martin Jacques, The Guardian, 9 de noviembre de 1996).

Parecería que todo el espectro político, tanto los políticos de izquier­ da como los de derecha se prepararon para manipular los temores de la mayoría de la población que, a pesar de su relativa prosperidad,

Kenneth Thompson

suele vivir con ansiedad el eventual riesgo que parece amenazarla. Mientras grupos profesionales interesados en demandar aumentos de recursos, desde trabajadores sociales y maestros hasta policías y agentes de libertad vigilada a menudo estás dispuestos a ofrecer las evidencias de una crisis, las secciones de los medios masivos de comu­ nicación, sometidas a las presiones del mercado, responden mediante la presentación de relatos dramáticos con alto contenido moral. El re­ sultado ha sido una sucesión casi desconcertante de episodios de pá­ nico. Se argumentará que en Gran Bretaña el carácter de la sociedad moderna de vivir "en riesgo" se magnificay toma la forma de pánicos moralesdebido al debilitamiento de la autoridad de las élites tradicio­ nales, la pérdida de respeto de las clases bajas hacia la autoridad y la alianza con el carácter concentrado e "incestuoso" de los medios de comunicación masiva.

HISTORIA Y SIGNIFICADO DEL CONCE PTO

La primera referencia a un "pánico moral'', publicada en 1971, per­ tenece al so ciólogo británico Jack Young, quien enuncia la expresión en ocasión de una polémica por la preocupación del público acerca de estadísticas que mostraban un alarmante incremento del abuso de drogas. El autor señala que "el pánico moral al uso de drogas solo tie­ ne como resultado la creación de escuadrones antidrogas" en el sis­ tema policial, lo cual aumenta el número de arrestos vinculados a las drogas (Young, 1971). Lo interesante de esta frase es que resalta el efecto espiral producido por la interacción entre los medios masivos, la opinión pública, grupos con intereses en el temay las autoridades; efecto que magnifica el fe nómeno que a partir de entonces se cono ­ cería como pánico moral. De todas maneras, el crédito por introducir el concepto en forma sistemática le corresponde a Stanley Cohen, co­ lega de Young, quien lo acuña para describir las reacciones de los me­ dios, el público y los agentes de control social frente a los disturbios

¿Por qué el pánico? Actualidad del concepto de pánicos morales

producidos por jóvenes en la playa: las peleas entre modsy rockers3 en la década de 1960 en Gran Bretaña:

Las sociedades padecen, cada tanto, períodos de pánico moral, cuando determinada condición, episodio, persona o grupo, se vuelve una ame­ naza a los valores e intereses de esa sociedad. En los medios masivos de comunicación, la amenaza siempre es presentada con determina­ da estética que se propone como estereotipo. Las trincheras morales

son manipuladas por editores, obispos, políticos y otros ideólogos de

la derecha; los expertos acreditados socialmente pronuncian sus diag­

nósticosy soluciones; se desarrollan o (más a menudo) se echa mano a

distintos modos de lidiar con el tema. Entonces la condición desapa­ rece, se diluye o se deteriora volviéndose menos visible. En ocasiones

el tema del pánico es relativamente novedoso, pero otras veces es algo

que ya existía desde tiempo antesy se torna visible súbitamente. A ve­

ces el pánico llegay pasa, excepto en el folklorey la memoria colectiva,

y otras veces tiene repercusiones más serias y duraderas que podrían

producir cambios en las políticas sociales, en las leyes o incluso en el modo en que una sociedad se piensa a sí misma (Cohen, 1972, p. 9).

Los elementos fundamentales o las etapas de un pánico moral acor­ de con esta definición son las siguientes: 1) algo o alguien es defini­ do como una amenaza a los valores e intereses de la sociedad; 2) esta amenaza se representa en los medios masivos de tal modo que su for­ ma será fácil mente reconocible; 3) se produce una rápida construc­ ción de una preocupación pública; 4) las autoridadesy los formadores de opinión deben responder o decir algo al respecto; 5) el pánico pasa o produce cambios sociales. En el uso de las dos palabras, "pánico" y "moral", está implícita la sugerencia de la amenaza a algo considerado sagrado o fundamen-

3 Los modsy rockers fueron dos subculturas juveniles surgidas en Gran Bretafta a fine s de la década de 1950y comienzos de la siguiente. (N. de la T.]

Kenneth Thompson

tal para la sociedad. El motivo para denominar "moral" al pánico es precisamente indicar que la amenaza que se percibe no es hacia algo trivial -un resultado económico o una pauta educativa-, sino una amenaza al orden social en sí mismo o a una concepción idealizada (ideológica) de alguna parte de tal orden social. La amenazay sus eje­ cutores son vistos como el mal, como "demonios populares" (Cohen, 1972), y despiertan fuertes sentimientos de control. Los sucesos sue­ len percibirse como amenazas fundamentalesy generadores de páni­ cos morales en la sociedad, o en parte de ella, a la manera de crisis o como experiencia de cambios disruptivos que producen malestar. La respuesta a tales amenazas suele ser la exigencia de mayor regulación social o control, una demanda de regresar a los "valores" tradiciona­ les. Muchos de los textos sobre pánicos morales tratan de explicar los motivos de aquellos que piden o imponen la regulación social en estos casos -los medios, los grupos de presión, los políticos, sectores de la opinión pública, la policíay el sistema judicial-. Sin embargo, es pre­ ciso ser cautelosos al enfatizar los factores de tipo psicológico como el estrés o sugerir motivaciones clínicas para manipular o controlar a los demás. La capacidad de tolerar el estrés es muy variable entre dis­ tintos individuos y sociedades, y los pánicos morales pueden surgir en situaciones en las que no hay un aumento perceptible de los niveles de estrés. Asimismo, sería e"quivocado asumir que la motivación de los actores implicados en el surgimiento de un pánico moral, como periodistasy otras partes interesadas, sea la cínica manipulación con fines ulteriores; ellos bien pueden estar creyendo honestamente en aquello que afirman -aun cuando pueda existir una feliz coincidencia entre principios e intereses-. El primer objetivo al investigar casos de aparente pánico moral es intentar entender las percepciones de quie­ nes están implicados, sin prejuzgar sus creencias o motivaciones. El siguiente paso es buscar explicaciones de por quéy cómo se desarro­ lla un pánico moral. Los diferentes encuadres teóricos enfatizan diversas caracterís­ ticas de los pánicos morales. En general, hay acuerdo sobre al menos

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

dos de ellas: que debe haber un alto nivel de preocupación por el com­ portamiento de un determinado grupo o tipo de personas, y un au­ mento del nivel de hostilidad hacia aquellos considerados como una amenaza. Sin embargo, el uso del término "pánico" significa que pue­ den enfatizarse otros rasgos característicos, como la volatilidad y la desproporcionalidad. "Volatilidad" significa que los pánicos morales suelen aparecer de repentey durar poco tiempo, como sucede con las modas, los terrores u otras formas de comportamiento colectivo. El nivel de preocupación febril característico de la fase inicial de páni­ co moral probablemente no sea duradero, aun cuando el problema en sí sea de larga data. "Desproporcionalidad" se refiere a un supuesto implícito sostenido por parte de algunos teóricos que utilizan la ex­ presión "pánico moral": que la amenaza o el peligro son vividos como más importantes que cuando se los evalúa de una manera más realista (G oode y Ben-Yehuda, 199 4, p. 36; Davis y Stasz, 19 90, p. 129). El criterio de la desproporcionalidad, implícito en el término "pá­ nico", es el más polémico. La crítica es doble. Algunos críticos sos­ tienen que el término está cargado ideológicamente o sesgado por determinados valores, de modo que denominaralgo como un pánico moral es insinuar que la preocupación es irracional o poco genuina. Esta fue la esencia de la reacción crítica en contra de Stuart Hally sus colegas, cuando impugnó lo que consideraba su argumento principal:

que el pánico moral sobre los arrebatos callejeros en Gran Bretaña durante la década de 1970 había sido fabricado por la élite gobernan­ te para desviar la atención de la crisis que atravesaba el capitalismo británico (Hall et al., 1978). Por otra parte, Dave Waddington afirma, oponiéndose a Stuart Hall y sus colaboradores, que las estadísticas reflejan un aumento real de la delincuencia callejera (Waddington, 1986; para una discusión más profunda sobre este tema, véase el ca­ pítulo 4). Por lo tanto, concluye que el pánico moral "es un concepto polémico más que analítico" (Waddington, 1986, p. 258), ya que ca­ rece de criterios de proporcionalidad que determinen si la preocu­ pación por un problema cualquiera es o no justificada (Waddington,

Kenneth Thompson

1986, p. 247). Los defensores del concepto han respondido que, aun­ que en algunas condiciones puede que no sea posible determinar la magnitud de la amenaza, como en el caso de amenazas futuras -el efecto invernadero o el riesgo de una guerra nuclear-, hay muchas otras condiciones donde sí es posible calcular con mayor precisión el grado de riesgo. No es difícil pensar que indicadores de despropor­ cionalidad, tales como la exageración de las estadísticas o incluso su fabricación con el fin de señalar un problema social como excepcio­ nalmente amenazante cuando no es mayor que otros, lo que sugiere es que las condiciones dadas en un punto temporal muy preciso plan­ tean una grave amenaza aun cuando los datos objetivos indiquen que no son pe ores que en otras ocasiones (G oode y Ben-Yehuda, 19 94, pp. 43-45). Sin embargo, tales indicadores relativamente claros de desproporcionalidad no siempre están disponibles en las situaciones descritas como pánicos morales. Algunos juicios descansan más bien en factores "subjetivos", como por ejemplo, el caso de opiniones di­ vergentes en relación con el tipo de amenaza que plantea la porno­ grafía. Aunque al demostrar que los temores sobre la magnitud de los daños causados por la pornografía a mujeres y niños son exagerados podría ser apropiado hablar de "pánico", incluso algunas militantes feministas desearían poder sostener que la sola existencia de la por­ nografía es una ofensa para las mujeres y, como tal, es inmoral (Goo­ de y Ben-Yehuda, 199 4; Zurchery Kirkpatrick, 19 76). En este último caso, sería probablemente inapropiado categorizar la cuestión como un pánico moral. En general, la mayoría de los sociólogosy comentaristas legos tie­ ne un sentido bastante claro de qué constituye un pánico moral. Hay desacuerdos y dificultades en torno a gran parte de los conceptos de las ciencias sociales, pero este ha sido aceptado ampliamentey en ge­ neral su uso ha sido correcto. Al revisar los mismos sucesos pertur­ badores que en su momento permitieron a Stanley Cohen designarlos como un "pánico moral", en 1994 el periódico The Guardian utiliza la expresión con sentido comúny habitual:

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

Durante la posguerra, el persistente temor británico hacia los jóve­ nes, ese personaje de Pinkie en Bri9hton Rock, y Bogarde en The Blue Lamp,4 los vividores de los años cuarentay los muchachos peleadores de principios de los cincuenta, fue elevado a la categoría de pánico moral gracias al ahorcamiento de Bentley en el caso Craig-Bentleyy la percepción persistente de la amenaza de los teddy boys (The Guar­

dian, 12 de abril de 1994).5

En 1993, el periódico TheEconomist describía la divulgación sensacio­ nalista en torno al asesinato del niño James Bulger, de 2 años, a manos de dos niños de 10 años, como otro caso de "pánico moral". En am­ bos casos, la ansiedad pública se amplificó por la difusión periodísti­ ca, que retrataba los hechos como una enfermedad moral profunday contagiosa, y como signo de desintegración social. Gran Bretaña no ha sido, por cierto, original en relación con este tema, aun cuando no parece particularmente susceptible de repetir aquellos estallidos de pánico moral de los años 1960,y además todas las sociedades industriales avanzadas tienden a ello, lo cual sugiere que se trata de un rasgo social de esta época, descripta de distintas maneras: modernidad, modernidad tardía o posmodernidad (véase Thompson, W., 19 92). La rapidez de los cambios y el aumento de la diversidad en la sociedad aumentan potenciales conflictos acerca de los valores y los distintos estilos de vida de cada grupo social, que

4 Tanto Bri9hton rock (basada en una novela sobre la infelicidad de los jóvenes, de 19 3 8) como The Blue Lamp, fueron dos películas muytaquilleras de cine negro inglés rodadas entre 1940 y 1950. Mostraban la incertidumbre de la primera juventud, su falta de motivación y básicamente la facilidad con que podía verse envuelta en distintos tipos de crímenes. The Blue Lamp fue protagonizada por Dick Borgade y dirigida por Basil Dearden. [N. de la T.]

5 Derek Bentleyy su amigo Craig eran teddy boys. En ocasión de un robo, Craig, de 16 años, mata a un policía, pero como era menor de edad, su compañero Bentley es acusado por el homicidio, declarado culpable por incitación a matary condenado a morir ahorcado. El caso tuvo mucha repercusión. [N. de la T.]

Kenneth Thompson

se vuelcan en reiteradas empresas de moralidad para defender o afir­

mar los valorespropios en contra de los de otros grupos. Esto lo hacen dentro de la escena pública, que les ofrece muchos medios dispuestos

a amplificar sus temores y articular sus reclamos de mayor control y

regulación social para defender esos valores ya que también son los de un número creciente de grupos de presión o promotores de demandas [claim makers], que tienen interés implicado en el apoyo a tales deman­ das. La preocupación pública sobre un tema en las complejas sociedades modernas rara vez se desarrolla a partir del aumento directo de la in­ dignación a nivel local -hay una "política de los problemas sociales" o, para decirlo de otro modo, esos reclamos están "socialmente cons­ truidos"-. Los sociólogos han diferenciado los enfoques "objetivistas" de los problemas sociales de aquellos puntos de vista "construccio­ nistas". El objetivismo acepta que un fe nómeno determinado existe y se constituye como problema al causar daño o perturbar a una parte significativa de la sociedad. El papel del dentista social es cuantifi­ car el problema, para investigar las causas y sugerir soluciones. Por el contrario, la visión construccionista está más interesada en saber por qué y cómo determinadas condiciones o eventos llegan a considerar­ se como problema. Existen distintas versiones de este punto de vista que van desde el construccionismo en sentido "estricto" a una varian­ te más "contextual"; en el primer caso no interesa la evaluación de la

veracidad o exactitud de las creencias acerca de un problema, sino que se prefiere estudiar cómo las personas "definen, presentany difunden sus demandas; cómo dan a conocer sus inquietudes, cómo redefinen el asunto en cuestión frente a los obstáculos políticos, la indiferencia

o la oposición, y cómo generan alianzas con otros promotores de de­

mandas" (Kitsusey Schneider, 1989, pp. HV}. El construccionismo de tipo contextual asume una posición más modesta y busca examinar primero la plausibilidad y las bases fácticas de los reclamos presenta­ dos, con el fin de apoyar la realidad de un problema, pero tiene la mis­ ma preocupación acerca de los procesos por los cuales se construye un problema, se lo lleva a la arena del debate público y se lo utiliza para

los procesos por los cuales se construye un problema, se lo lleva a la arena del

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

diseñar políticas (Jenkins, 1992, pp. 2-39). En principio, la posición asumida por este libro está más cercana al "construccionismo contex­ tual", pero en la práctica nos preocuparemos más por los procesos de construcción de determinados pánicos morales,y particularmente en la construcción discursiva que en torno a ellos realizan los medios de comunicacióny las campañas morales. Howard Becker, sociólogo de la desviación, enfatiza el rol de aque­ llos a quienes denomina "emprendedores morales" en la definición de determinadas conductas e individuos como desviados y crimina­ les. El público es incentivado a través de los medios masivos por el esfuerzo de estos "emprendedores morales" o cruzados morales que, intentando atizar la opinión pública por los medios de comunicación y liderando movimientos u organizaciones sociales, presionan a las autoridades para que ejerzan control social y regulación moral. Bec­ ker descr ibe al cruzado moral como fe rviente y recto defensor de una éticaabsoluta;alguienque considera el objeto de su rechazo comover­ daderay totalmente negativo sin matices (Becker, 1963, pp. 147-148). Una explicación del éxito de tales cruzadas morales en socie­ dades modernas es que actúan como cuestiones simbólicas, sien­ do funcionales al descontento de algunas clases o grupos sociales. Jo seph Gu sfie ld, en su tr abajo Sy mbolic Crusade (1 96 3), intenta ex­ plicar, usando el concepto weberiano de "defensa del estatus'', el movimiento antialcohol que surgió en el siglo XIX en los Estados Unidos y que finalmente resultaría en la promulgación de la Ley Seca de 1919. En ese sentido, los importantes grupos sociales o étni­ cos que en el pasado se han sentido amenazados por la inmigración y otros cambios sociales apoyaron el movimiento antialcohol como algo simbólico que les permitiría recuperar su podery sus valores a través de la legislación:

Cuestiones relativas al estatus funcionan como vehículos a través de los cuales se confiere cierta deferencia a un grupo no-económico o también se impone la degradación a otro grupo. La victoria en temas

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de estatus es una atribución simbólica de respeto hacia las normas del vencedor y de falta de respeto hacia las del derrotado (Gusfield,

1963, p. 1 74).

Posteriormente, esta perspectiva ha sido adoptada para estudiar los grupos de presión en contra de las drogas, el aborto y la pornogra­ fía (Zurcher y Kirkpatrick, 1976). De todos modos, Roy Wallis, en su trabajo sobre la Asociación Nacional de Televidentes y Radioescuchas (National Viewers' and Listeners' Association, NVALA), fundada por Mary Whitehouse en Gran Bretaña en 1964 con el fin de contener la amenaza percibida contra los estándares morales por parte de la te­ levisión, llegó a la conclusión de que no hay razones para dudar de la explicación de los propios participantes, de que habría una dispari­ dad creciente entre los estándares morales con los cuales ellos fueron educados y los de la sociedad contemporánea y que es allí donde se fundamenta y sostiene el compromiso para con el movimiento de reforma moral (Wallis, 1976). Se regresará a este ejemplo en un capí­ tulo posterior, pero ilustra el punto de que una explicación unívoca, la presentación de un factor único como la pérdida de estatus social, puede ser demasiado simple para dar cuenta del surgimientoy la per­ sistencia de tal movimiento a favor de una reforma moral, ni qué decir de algo tan efervescente como un episodio de pánico moral. Aunque el pánico moral puede ser recurrente en forma episódica, conviene te­ ner en cuenta su carácter de "comportamiento colectivo", al que ha­ cía referencia Co hen en la discu sión inicial del fe nómeno. Se gún Er ic Goode (1 992), el comportamiento colectivo se define como una con­ ducta relativamente espontánea, volátil, evanescente, emergente, no­ institucionaly de corta vida, que surge en situaciones en que la cultura dominante carece de una definición clara de qué hacer:

El comportamiento colectivo opera por fue�a de los patrones esta­ bles y estructurados de la sociedad; refleja el lado disidente de la na­ turaleza humana. En comparación con la vida diaria convencional, el

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

comportamiento colectivo tiene menos inhibicióny más espontanei­ dad; es mutante y menos estructurado, tiene una vida cortay poco estable (Goodey Ben-Yehuda, 1994, p. 104).

Como señalan Go ode y Ben-Yehuda, la descripción original de Stan­ ley Cohen 0972) se refiere a varias formas de comportamiento co­ lectivo que tienen directa relevancia en relación con el pánico moral:

la histeria masiva (p. 1 1), engaños (pp. 11 y 148), desastres (pp. 11, 144 y ss.), incluyendo el proceso de convergencia durante los desas­ tres naturales (p. 159), motines (p. 1 1), disturbios raciales (p. 155), multitudes (p. 1 1), en especial procesos masivos como manifestacio­ nes en sitios públicos (p. 154), humillación masiva (pp. 1 1-1 2), rumo­ res (pp. 1 55-1 56) y leyendas (p. 156). Es esta similitud con otras formas de comportamiento colectivoy su naturaleza episódica lo que, según algunos sociólogos norteame­ ricanos, distingue el pánico moral de otro tipo de acciones que son percibidas como problemas que amenazan directamente las activi­ dades de grupos de presión, movimientos sociales o grupos de acti­ vistas. Esta distinción es importante para procurar entender por qué algunos sociólogos llegan a la conclusión de que la Gran Bretaña con­ temporánea ha sido particularmente susceptible a episodios que son caracterizados de manera amplia como pánicos morales:

La teoría del pánico moral ha tenido mucha influencia en Gran Breta­ ña. Recientemente se la ha aplicado a la preocupación asociada a episo­ dios de niños golpeados o abusados físicamente (Parton, 1979, 1981, 1985), al sida (Vass, 1986; Porter, 1986), a los ingleses "parásitos del seguro de desempleo", estafadores de la asistencia social (Goldingy Middleton, 1982) y a la crisis del uso doméstico de heroína de prin­ cipios de la década de 1980 (Pearson et al., 1987). Campañas anti­ pornografíay censura han sido fuentes muy provechosas de material para el análisis en este campo, en particular el intento a principios de los años ochenta de cerrar sex shops y prohibir violentamente los

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"videos desagradables" (Barker, 1984; Taylor, 1987; Thompson, W., 1989, 1990b) (Jenkins, 1992, p. 7).

Jenkins enfatiza la combinación de factores contextuales, como ten­ dencias políticasy socioeconómicas (thatcherismo, desempleo, el au­ mento de madres que se incorporan al mercado laboral, la declinación de la familia como núcleo de la vida social, inmigracióny pérdida de soberanía europ ea, la problemati zación de la identidad nacional, fe ­ minismo y políticas de género) y la existencia de un público lector excepcionalmente numeroso de medios gráficos de prensa amarilla, para dar cuenta del hecho de que haya existido tal proliferación de los pánicos morales en Gran Bretaña. Otro importante factor media­ dor entre los cambios en el contexto social y la amplificación de las amenazas por los medios masivos de comunicación son los distintos grupos de presión. Si los cambios sociales sirvieron de base para la ansiedad y los medios dieron publicidad a los temores, en cada caso de pánico moral,Jenkins encontró un número de influyentes promo­ tores de demandas, cada uno con intereses bien determinados o con agenda política propia. Parecería que distintas clases de emprendedo­ res moralesy grupos de interés tuvieron un papel crucial: "individuos, grupos de presióny agencias burocráticas cuyos patrones de alianzas son complejos y cambiantes" (Jenkins, 1992, p. 10). De esta manera, los ejemplos que discute Jenkins tienden a apoyar la relación entre los pánicos morales y las cruzadas moralistas, la teoría de grupos de inte­ rés, aunque reconoce también que hubo algunas evidencias a favor de la teoría alternativa, como en el ejemplo de Cohen sobre el pánico a mods y rockers. En este caso, Stanley Cohen se refiere a las políticas de la teoría de la ansiedad, que sostienen que el pánico sirvió para rea­ firmar la preponderancia de un sistema de valores establecido en un momento de mayor ansiedady crisis, y en el que les demonios popu­ lares se ofrecían para ocupar el sitio de la siempre necesaria amenaza externa (Cohen, 1972; Pearson, 1983). Por su parte, Stuart Hall et al. (1978), en su análisis del temor a los arrebatos callejeros durante la

¿Por qué el p ánico ? Ac tualidad d el co nc ep to depá nicos moral es

década de 1970, realizan una descripción asumiendo una perspectiva marxista más cercana a la teoría de los grupos de interés; Hall sugie­ re que no fue una coincidencia la concomitancia entre el pánico a los arrebatos y un momento de grave crisis económicay desempleo, por lo que el aumento de los temores sociales ay udaron a ju stificar las ac­ ciones policiales contra el "ejército de desempleados", contra los po­ bres, los jóvenesy los negros, mientras que la retórica racista apenas disimulada sirvió para distraer a la clase obrerade una acción conjun­ ta (Jenkins, 1992, p. 7). En la propuesta de este libro de poner en discusión varios casos de estudio, se puede reconocer la inspiración en un rango de teorías relativamente amplio, acentuando el rol de los medios masivos de comunicación en relación con la política cultural y las políticas de la ansiedad en la "sociedad del riesgo". Este aspecto es el menos desa­ rrollado en la literatura sobre pánicos morales, y es también el fac­ tor que parece más propenso a explicar su frecuencia y difusión en Gran Bretaña. Los sociólogos norteamericanos tendieron a enfatizar factores vinculados a la psicología social tales como la ansiedad y el estrés, describiendo los pánicos morales como otra forma de com­ portamiento colectivo, o en términos de grupos de interés y de mo­ vimientos sociales; pese a lo cual, durante el tiempo que se inicia a mediados de los años setenta, las investigaciones británicas que desa­ rrollaron Stuart Hally otros describían pánicos morales básicamente en los términos de la crisis del capitalismo y el consecuente incre­ mento del autoritarismo estatal. En todo caso, es posible discutir que algunas de las contribuciones más útiles de cada uno de estos enfo­ ques aún requieren una inclusión plena en un marco explicativo más complejo. Los estudios norteamericanos han resultado particular­ mente precisos en su análisis del papel que desempeñan los empren­ dedores morales y los promotores de demandas. Pero la influencia de estos líderes de opinión depende de la publicidad que les ofrecen los medios masivos. También puede discutirse que la originalidad del trabajo de Hall y sus colegas del Birmingham Centre for Contempo-

También puede discutirse que la originalidad del trabajo de Hall y sus colegas del Birmingham Centre

Kenneth Thompson

rary Cultural Studies no se basa tanto en su utilización de los concep­ tos del marxismo y las teorías del capital y el Estado, sino más bien en su acercamiento original e imaginativo a los estudios culturales como políticas simbólicas, en especial su análisis de las subculturas y del "espiral de significación"; una manera pública de dar sentido a al­ gunos temas y problemas que es intrínsecamente una escalada, esto es, "aumenta la amenazapotenciala través del modo en que se percibe aquello que hace sentido" {Hall y Jefferson, 1976, p. 77). Aun cuando los sociólogos aspiran a desarrollar una ciencia uni­ versalista y evitar el etnocentrismo teórico, no cabe duda de que las condiciones de cada nación conducen a diferencias en el énfasis sobre distintos encuadres teóricos. Pese a ser cierto que los sociólogos nor­ teamericanos tomaron con entusiasmo el concepto de pánicos mora­ les que nació en Gran Bretaña, hay entre ambos grupos diferencias de énfasis . Por ejemplo, Go ode y Ben-Ye huda incorp oraron el concepto al campo de los estudios de movimientos sociales y comportamiento colectivo, que es un tema muy relevante en la sociología norteame­ ricana; en cambio Cohen solo hace una referencia tangencial a estos temas {Cohen, 1972, p. 120). Los movimientos sociales se definen como esfuerzos organizados por un número sustancial de personas con el fin de cambiar o de resistir un cambio en algún aspecto im­ portante de la vida social y su objetivo principal es establecer la le­ gitimidad de un reclamo específico acerca de alguna condición de lo social {G oode y Ben-Yehuda, 199 4, p. 1 1 6 ). Los movimientos sociales se distinguen de los 9rupos depresión instituidos o lobbies, sobre la base de que están compuestos mayoritariamente por personas excluidas sin acceso directo a quienes toman las decisiones políticas ni a legis­ ladores, y cuyas afirmaciones suelen no recibir la inmediata atención de los medios. Estos movimientos, para poder imponer sus deman­ das, tienen que obtener atención mediática e intentar asentar la le­ gitimidad de su definición de la realidad. Esto lo hacen presentando sus preocupaciones en términos del bien contra el mal y utilizando el lenguaje de la indignación moral. El foco está puesto en los peores

¿Por quéelp ánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

aspectos de la condición que están denunciando como si estos fuesen típicosy representativos. Por ejemplo, un pánico moral vinculado a la pornografía se puede generar centrando la mirada exclusivamente en la pornografía con niños o la que acarrea violencia, aun cuando estos casos constituyan una mínima porción de lo pornográfico (Goode y Ben-Yehuda, 19 94, p. 120). Goode y Ben-Yehuda distinguen entre un modelo de pánicos mora­

les degrupos de interés outsiders (o movimientos sociales) de "nivel medio", un modelo de asociaciones de basey un modelo con articulación de élite. Con todo, ellos mismos apoyan el enfoque de "nivel medio" aunque acep­ tan que debe prestarse atención a los otros dos niveles. El modelo de asociaciones de base ve los pánicos morales como una expresión directa y espontánea frente a la preocupación y la an­ siedad extendidas y vinculadas a la percepción de una amenaza del mal. Un ejemplo citado con frecuencia es la explosión de miedo a las brujas que en el siglo XVII dio lugar a una serie de juicios por brujería en Salem, Massachusetts (Erikson, 1966). No había allí ningún grupo de interés ni una élite que se beneficiara por la construcción de aque­ llos temores, sin embargo, el efecto general de reunirse para castigar a las perturbadoras inculpadas parecía producir un alto grado de soli­ daridad socialy moral en tiempos de cambios e incertidumbres (Erik­ son lo toma como ejemplo de refuerzo de lo que Emile Durkheim, en 1933, denominó "conciencia colectiva"). Quienes sostienen la teoría del modelo de articulación de élite se dicen críticos de los modelos explicativos, argumentando que el crimen y su represión son importantes para "permitir que el estra­ to social dominante mantenga su posición de privilegio" (Chambliss

todos modos, Go ode y Ben-Ye hu­

y Mankoff, 1976, pp. 15 -16 ). De

da suelen confundir un "modelo de élite" con un "modelo de clase". El primero se refiere a un grupo social cuya mayor preocupación es mantener los privilegios de su estatus social, mientras que un modelo de clase se vincula con la reproducción de la estructura de relaciones socioeconómicas (por ejemplo, las relaciones sociales del capitalismo).

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En el segundo modelo, la tendencia ha sido considerar el modo en que el Estado, a través de instituciones como los medios de comunicación, los trabajadores sociales, la policíay lajusticia, mantieney reproduce el orden social. La manera en que Stuart Hall y sus colegas presen­ tan el pánico a los arrebatos callejeros surgido en los años setenta en Gran Bretaña, es utilizada por Goode y Ben-Yehuda para ilustrar la teoría de los pánicos morales como articulación de élite. Esto es así porque focalizan especialmente en cuestiones tales como "¿quiénes se benefician con esto? ¿Qué papel tuvo el Estado en esta construc­ ción? ¿Qué temores reales se movilizan?" (Hall et al., 1978, p. VIII). Sin embargo, los mismos autores insisten en que no presentan una interpretación "conspirativa" en la cual una élite delibera conscien­ temente para mantener su poder y privilegios. Es cierto que a veces el lenguaje que utiliza Hall parecería afirmar que la élite dominante orquesta la hegemoníay como resultado se las arregla para conven­ cer al resto de la sociedad -la prensa, la opinión pública, la justicia, la fuerza pública- de que el enemigo real no es la crisis del capitalis­

mo inglés sino los criminales y la laxitud con que estos son tratados por la ley. Sin embargo, la sugerencia de una estrategia consciente de parte del grupo de élite no es típica del análisis de Stuart Hall, su én­ fasis está en lastendencias estructurales, los modos en que las institu­ ciones tienden a favorecer determinadas interpretaciones de eventos que tienen el efecto de mantener el orden social porque tienen "es­ tructuración dominante". En otras palabras, los medios tienden a "re­ producir las definiciones de los poderosos" (Hall et al., 1978, p. 57);

ellos, "de buena fe y de modo imparcial, [

mente la estructura de poder existente en el orden institucional de una sociedad" (1 978, p. 58). Los medios, en especial, no planean ne­ cesariamente de manera consciente generar un pánico moral con la intención de distraer la atención de los problemas económicos, pero los problemas de la economía crean tensionesy los medios responden a ellas amplificando sus síntomas, como por ejemplo, el - temor a una crisis de la leyy el orden.

] reproducen simbólica­

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pán icosmorales

Los sociólogos norteamericanos han tenido menor inclinación que sus colegas británicos a la búsqueda de explicaciones de tipo es­ tructural para todos los aspectos culturalesy sociales de las crisis del capitalismoy la hegemonía cultural; aun con excepciones como en el caso de Chambliss y Mankoff (1 976). Goode y Ben-Yehuda son más clásicos al preferir la teoría de los grupos de interés en cuanto a los pánicos morales, afirmando que es más factible que estos emerjan �e los estratos medios de la jerarquía del poder y el estatus. En la pers­ pectiva del grupo de interés, "las asociaciones profesionales, la poli­ cía, los medios, los grupos religiosos y las organizaciones educativas pueden tener intereses particulares en llevar alguno de estos asuntos a la agenda política, concentrando sobre el tema la atención mediá­ tica o asignando un determinado sesgo a la cobertura noticiosa, ya sea al alertar a los legisladores y demandarles un mayor control por parte del sistema legal, ya sea al promover reformas curriculares, y así sucesivamente" (G oode y Ben-Yehuda, 19 94, p. 1 3 9). Es posible que estas teorías de rango medio tengan suma utilidad para expli­ car las causas inmediatas del pánico moral individual, en particular el papel de los emprendedores morales, promotores de cruzadas que pueden producir pánicos. Lo que Goode y Ben-Yehuda no explican es la multiplicidad o la rápida sucesión de los pánicos morales en un período particular. Más aún, en tanto los autores definen los medios de comunicación como otro grupo de interés de rango medio, no dan cuenta de la convergencia o larelación al etiquetar un tema específico con otros problemas, lo cual sí es -tal como lo discuten Stuart Hall y Jefferson (1 978)-, parte de la "espiral de significación":

La convergencia sucede cuando dos o más actividades se reúnen en el proceso de significación de modo tal que implícita o explícitamente se vuelven paralelas. Así, la imagen del "hooliganismo estudiantil" reúne la protesta estudiantil con un problema totalmente separado

cuyas características estereotípicas

forman parte ya del conocimiento social disponible. (

de aquel, el hooliganismo, (

En ambos

]

]

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casos, el efecto concreto es la amplificación, no de los eventos reales que se describen sino de su amenaza potencial para la sociedad (Hall

et al., 1978, p. 223).

Un espiral de significación no existe en el vacío. Solo puede funcio­ nar si los lazos conectores están establecidos de manera simple sobre elaboraciones ideológicas o formaciones discursivas preexistentes. Acerca del trabajo de Stuart Hall sobre los pánicos morales británi­ cos contemporáneos, PhilJenkins insistió en que aunque en ese tiem­

po había evidencia insuficiente para sostener el proceso político de carácter "marxista" explicado por Stuart Hall y colaboradores, ese enfoque ofrecería la rotunda confirmación de considerar los pánicos como interdependientes y lamentó que tal interdependencia no fue­ se objeto de debate en la medida necesaria (Jenkins, 1992, p. 12). Sin embargo,aun cuandoJenkins admite que los pánicos moralestienden

a surgir en grupos más que en individuos, y que están vinculados a

ansiedades más amplias y a factores del contexto social, tiende a fo­

calizar la mayor parte de su explicación en promotores de demandas

y grupos de interés. Jenkins cree que esto ya sucede incluso cuando

se busca dar cuenta de lo específicamente británico de los pánicos morales; porque aunque resulte inverosímil, Gran Bretaña se ha ido pareciendo a los Estados Unidos.

Como muchos países europeos, la sociedad británica en las últimas dos décadas se orientó más hacia la política de los grupos de interés que hacia las nociones tradicionales de clase,y temas como lo racial, lo étnicoy el género se han vuelto centrales. La política británica du­ rante los años sesentay setenta del siglo pasado estuvo dominada por asuntos poderosos y con contenido manifiesto: el poder sindical, la regulación de la huelgay la nacionalización de la industria. Durante la década de 1980, el énfasis giró hacia grupos cuyos intereses po­ líticos o sociales eran tales como la censura, el feminismo, los dere­ chos de minorías sexuales, la educación y la moral pública (lo cual

¿Por quéelpánico ? Actualidad delconcepto depánicos morales

no significa que una agendaclasista no esté detrás de muchos o de la mayoría de estos intereses). En todos estos aspectos, el debate deberá estar condicionado por los pánicos morales, por los estereotipos de violencia y amenaza sexual de ciertos depredadores sexuales (Jen­

kins, 1992, p. 46).

Jenkins está en lo cierto al señalar el crecimiento de los grupos de interés y los promotores de demandas, y su prosecución de "políti­ cas simbólicas " y de "políticas de sustitución'', a través de las cuales lla­ man la atención sobre un problema específico que simboliza en parte otro tema al que no podrían referirse directamente. Por ejemplo, la despenalización de la homosexualidad significó que quienes desea­ ran denunciar tales prácticas como inmorales solo podrían hacerlo de manera indirecta, agitando los temores sobre lo amenazante que la cuestión podía llegar a ser para los niños o un supuesto aumento de los casos de pedofilia. Phil Jenkins se refiere también a algunos de los cambios culturales y sociales fundamentales que se realizaron a par­ tir de una política de la ansiedad que estaba por debajo de las políticas simbólicas representadas en los pánicos morales, tales como aquellas sobre el abuso sexual infantil en el seno familiar (1985-1987), las re­ des de pedófilos (1987-1989) o la supuesta ola de asesinatos de niños 0 986-1 990), y otras varias cosas por el estilo. Muchos de estos fac­ tores se combinaban alterando las relacionestradicionales de género y las ideas sobre la sexualidad, en especial lo relativo al rol fe meni­ no, la familia y el cuidado de los hijos. Los grandes cambios epocales incluían la depresión económica mundial, la competencia creciente entre las economías capitalistas de oriente y occidente, el cambio de las industrias de manufacturas a empresas de servicios, el aumento de mujeres incorporándose como fuerza activa del mercado laboral -muchas de las cuales eran, además, madres- y la declinación de la actividad económica en viejas ciudades industriales con la conse­ cuente proliferación de áreas industriales en las grandes ciudades. Entre los cambios políticos que se corresponden con lo económico

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se incluye el retorno al neoliberalismo, a las políticas de libre merca­ doy a las presiones por reducir los beneficios del Estado de bienestar que aseguraban una red de contención a las víctimas de los cambios económicos, todo lo cual implicó que muchos grupos sintiesen un au­ mento de la inseguridad. Muchos de los pánicos morales que acompa­ ñaron estos profundos cambios sociales pueden muy bien entenderse en términos de las políticas de la ansiedad, políticas simbólicas o po­ líticas de sustitución. Dos corrientes teóricas que todavía no han sido incorporadas a la explicación de los pánicos morales son las de Ulrich Beck y su con­ cepto de la sociedad del ries90 (Beck, 1992) y el trabajo de Michel Fou­ cault sobre lasformaciones discursivas (1971). El concepto de sociedad del riesgo es relevante para el desarrollo de las políticas de la ansiedad en la explicación de los pánicos morales,y el trabajo foucaultiano so­ bre las formaciones discursivas resulta de utilidad para desarrollar las ideas acerca del espiral de significacióny el proceso de convergencia, analizados por Hally sus colegas.

SOCIEDAD DEL RI ESGO

Ulrich Beck afirma que, mientras en los primeros tiempos de la mo­ dernización los problemas principales tenían que ver con la produc­ ción de la riqueza y su distribución, a medida que las sociedades se fueron modernizando aumentó el riesgo para sus miembros, quienes eran más conscientes de este fenómeno:

Lo ganado en poder a través del "progreso" tecno-económico está cada vez más opacado por la generación de riesgos. En un primer momento estos podían legitimarse como "efectos colaterales laten­ tes". A partir de su globalización , y sometidos a la crítica pública y la investigación científica, se volvieron -diríamos- visibles, saiiJron del placard y lograron una importancia central en los debates polí-

¿Por q uéelpánico? Act ualidad delconcepto de pánicos morales

ticos y sociales. La lógica de la producción y distribución del ries­ go se desarrolla en comparación con la "lógica" de la distribución de la riqueza (que es lo que hasta ahora ha determinado unívocamente el pensamiento teórico acerca de lo social). En su centro se encuen­ tran el riesgoy las consecuencias de la modernización, mostrándose como amenazas irreversibles para la vida vegetal, animaly humana. Contrariamente a los temores vinculados al trabajo fabrily el empleo del siglo XIXy hasta la mitad del siglo XX, los temores actuales no pue­ den ya limitarse a localidades o grupos particulares, sino que exhi­ ben más bien una tendencia a lo global que extiende su produccióny reproducción más allá de las fronteras nacionales, y en este sentido genera amenazas globales, supranacionales que,yendo más allá de la clase social, cobran dinámicas socialesy políticas novedosas (Beck,

1992, pp. 1 2-1 3).

Aquí hay dos cuestiones que deben destacarse. La primera es que la modernización aumenta los riesgos y hace que las personas sean más -y no menos- cons cientes de estar inmersas en esa situación. El segundo punto es que la teoría y los análisis sociológicos deberían preocuparse más por la cuestión del riesgoy el temor hacia él que por las teoríasy conceptos derivados de un tiempo anterior a la moderni­ zación, cuando los principales problemas implicaban la produccióny distribución de la riqueza. Lo que se sugiere es que es preciso el sur­ gimiento de una sociología que dé cuenta de la "sociedad del riesgo", que reemplace la centralidad de conceptos tales como "industria" o "sociedad de clases", foco de la sociología clásica que tan bien ejem­ plifican los casos de Marxy Weber. La descripción de los riesgos y la conciencia inherente a ellos en las sociedades modernas, de acuerdo con Ulrich Beck, se corresponden en algunos puntos con el modo en que la política de la ansiedad da cuenta de los pánicos morales. De manera similar, Mary Douglas considera la preocupación pú­ blica sobre el crimeny las desviaciones dentro de su análisis general de los modos de respuesta al riesgo, y afirma que es posible utilizar

Kenneth Thompson

las percepciones públicas de sujetos considerados riesgosos o ate­ morizantes como "una lente para agudizar el foco sobre la organi­ zación social en sí" (1986, p. 92). Douglas adopta un marco teórico durkheimiano al sugerir que "el cosmos moral punitivo utiliza el riesgo para defender a la comunidad" (1986, p. 97). De esto se sigue que es habitual que el "tradicionalismo reactivo" (Giddens, 1990, p. 1 58) y otras variedades del autoritarismo se enfoquen en el modo en que han fracasado la ley y el castigo como instituciones centrales de lo moral en tanto argumento principal para la reafirmación de las fuerzas del orden (Sparks, 1992, p. 32; véase también Garland, 1990, p. 237). El argumento durkheimiano de que la indignación pú­ blica sobre la desviación social beneficia funcionalmente la recreación de la unidad social obtiene una réplica de la teoría de la plusvalía de Karl Marx al afirmar que lo criminal "ofrece un servicio" en tan­ to despiertasentimientos moralesy estéticos en la población (1968, vol. 1, p. 387). Los políticos no han sido lentos para adoptar la agen­ da populista de "leyy orden" cuando la opinión pública fue incitada por relatos de los medios masivos de comunicación sobre los riesgos crecientes de diversas amenazas provenientes de conductas social­ mente desviadas. Estas corporaciones de empresas de comunicación de masas, por su parte, están interesadas en tales relatos dramáticos, ya que los estudios de opinión pública muestran que los aconteci­ mientos dramáticos son considerados más habituales que los menos dramáticos. Por lo tanto, aunque la muerte a causa de enfermedades, en los Estados Unidos, se cobra cien veces más vidas que los homi­ cidios, los periódicos sacan tres veces más notas sobre muertes cau­ sadas por homicidios que por enfermedades (Slovic et al., 1980). El grado de temor a la delincuencia en una comunidad tiene sensible­ mente menos correlación con las tasas de delincuencia reales que con la cantidad de noticias sobre crímenes y el tratamiento o proce­ so de construcción de las noticias que realizan los medios (Goode y Ben-Yehuda, 199 4, p. 97; sobre la construcción de las noticias, vfase también Fishmann, 1980).

¿Por qué el pánico? Actualidad del conce pto de pánicos morale s

DISCU RSOS Y PRÁCTICAS DISCURS IVAS

Algunas contribuciones recientes a lateoría social, como la de Michel Foucault, han intentado tomar distancia de aquellas explicaciones más "funcionalistas". Foucault argumentó que los sistemas modernos de control social han dejado de depender de dramas públicos de trans­

gresión y castigo, para apoyarse en cambio en una dispersa red capi­ lar privada e institucional de mecanismos "disciplinarios". El interés de Foucault en sus primeros trabajos estaba centrado en las reglas y prácticas que producen afirmaciones y regulan los discursos en dis­ tintos dominios sociales e históricos. Discurso significa para Foucault "un conjunto de enunciados que forman un lenguaje para hablar -un modo de representación- del conocimiento acerca de un tema en par­ ticular en un determinado momento histórico" (Hall, 1992, p. 291). Los discursos no consisten en enunciados, textos o una única fuen­ te. El mismo discurso, característico del modo de pensar o estado del conocimiento sobre un tema (lo que Foucault denominó episteme), surgirá transversalmente en una variedad de textos y en diferentes espacios institucionales dentro de la sociedad. Cuando estos distintos enunciados "se refieren a un mismo objeto, comparten el mismo estilo

.] un patrón institucional co­

o un cambio o modelo político" (Hall, 1992, p. 291), Foucault

mún

les atribuye pertenencia a la mismaformación discursiva. En sus últimos trabajos, Michel Foucault dedica menos atención a la producción de conocimiento a través del discurso y se involucra más en indagar cómo el saber regula la conductay el comportamiento de las personas a través de lo que denominaprácticasdiscursivas, que se dan en encuadres institucionales específicos. Su objeto de estudio era la relación entre sabery poder, que para él estaban íntimamente liga­ dos, y cómo el poder opera dentro de lo que llamó el dispositivo y sus tecnolo9ías. El poder por medio de técnicas y prácticas -tecnolo9ías- se ejerce a través del dispositivo. El modo de investigar utilizado por Mi­ chel Foucault fue denominado por él mismo como 9enealo9ía, y tiene

y

[

]

sostienen una misma estrategia

Kenneth Thompson

como objeto las relaciones entre el saber, el podery el cuerpo en la so­ ciedad moderna. Foucault pudo reconocer el saber como entramado en relaciones de poder que se aplican de modos prácticos a la regula­ ción de la conducta social. Su enfoque difiere tanto de las teorías so­ ciológicas clásicas como de las teorías marxistas de la ideología, que buscaban identificar los intereses de clase en formas particulares de saber. Foucault deja de ocuparse de cuestiones tales como la verdady el poder represivo -sello distintivo de las teorías de la ideología- para centrarse en cómo una formación discursiva constituye un régimen de verdad y el poder no es tan solo una imposición de arriba hacia abajo, sino que circula productivamente y en todas direcciones de modo capilar. Los esfuerzos por controlar la sexualidad, por ejemplo, produjeron una explosión de discursos sobre lo sexual -programas de televisión y radio, revistas, artículos periodísticos y fotografías-, novelas, leyes, el discurso médico y psicológico, los proyectos de in­ vestigación y artículos pedagógicos, que proliferaron tanto como la mismísima industria pornográfica. Sin negar que el Estado o la cla­ se dirigente puedan tener posiciones dominantes, Foucault decide abandonar las estrategias verticalistas de poder por otros circuitos localizados pluralmente: tácticas, mecanismos y efectos a través de los cuales opera el poder, su microfísica. El poder circula en todos los niveles de lo social con un cierto movimiento "capilar"y no de mane­ ra lineal de arriba hacia abajo. El objeto central de la microfísica del poder en el modelo foucaultiano es el cuerpo. El cuerpo está en el cen­ tro de las luchas entre distintas construcciones de poder/saber; sobre

el cuerpo mismo es donde se aplican las diferentes técnicas de regula­

ción. Las diversas formaciones discursivas y los dispositivos dividen, clasifican e inscriben los cuerpos en respectivos regímenes de poder

y de verdad. El centro de interés para Foucault son las rupturas y fa­

llas históricas que dan cuenta del momento de paso de un régimen discursivo a otro. La contribución foucaultiana a la comprensión de los pánicos mo­ rales es algo que aún queda por hacer, quizás sea visibilizar las con­

/

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

troversias sobre aspectos de la sexualidad en tanto signos de la lucha entre discursos y prácticas regulatorias rivales. El punto clave de Foucault sobre la historia de los regímenes de verdad relativos a la sexualidad es que uno no debiera dejarse guiar por la idea de que la so­ ciedad victoriana se caracterizaba por un discurso represivoy censor sobre sexo, en contraste con la supuesta libertad del contexto actual. La sociedad moderna a lo largo de su historia debería ser descripta en los términos de un giro positivo hacia conocer la "verdad" sobre el sexo y crear una "ciencia de lo sexual", incluso cuando la represión y la censura pudieran haber jugado "un papel local y práctico en la transformación de una tecnología de poder, en discurso, de una vo­ luntad en saber" (Foucault 1976, pp. 3-11). El objetivo de Foucault no era erradicar la idea de que se pasa de una moralidad victoriana a la visión contemporánea más libre y más abierta del sexo, sino dar a co­ nocer con mayor precisión la trama que los diferentes lazos discursi­ vos establecen en distintas épocas históricas:

Las dudas que quisiera oponer a la hipótesis represiva se proponen menos mostrar que esta es falsa que colocarla en una economía ge­ neral de los discursos sobre el sexo en el interior de las sociedades modernas a partir del siglo XVII. ¿Por qué se ha hablado de la sexua­ lidad, qué se ha dicho? ¿Cuáles eran los efectos de poder inducidos por lo que de ella se decía? ¿Qué lazos existían entre esos discursos, esos efectos de podery los placeres que se encontraban invadidos por ellos? ¿Qué saber se formaba a partir de allí? En suma, se trata de de­ terminar, en su funcionamientoy razones de ser, el régimen de poder­ saber-placer que sostiene en nosotros al discurso sobre la sexualidad humana (Foucault, 1976, p. 11).

La relevancia de los comentarios de Foucault sobre los discursos de la sexualidad y el poder es que nos alertan acerca del hecho de que los pánicos morales sobre la sexualidad y otros asuntos representan las fuerzas de podersobre la regulación de lamoral. La sociedad contem-

Kenneth Thompson

poránea se caracteriza por la profusión de discursos sobre sexualidad y la regulación de los cuerpos, cada uno con diferentes implicancias morales yhabitualmente en conflicto. No es una sorpresa, por lo tan­ to, que los medios masivos reflejen esos conflictos y los amplifiquen generando a menudo el surgimiento de un espiral de significación que termina en lo que hemos denominado un "pánico moral". Este parece ser más bien el caso en que varios ejemplos de conductas desvia­ das pueden enlazarse a un riesgo más general de degeneración moral, como la amenaza que representan para los niños los abusadores, la pornografía, los videos desagradables, la homosexualidad, la violen­ cia en la televisión, etcétera.

M EDIOS MASIVOS Y ESFERA PÚBLICA

Gr an Bretaña es un intere sante caso test igo para el estudio del fenó ­ meno de los pánicos morales en la sociedad moderna porque desde la década de 1970 ha padecido una sucesión realmente veloz de ese tipo de episodios que conmovieron a la sociedad. Una razón para esto es la naturaleza misma de los medios masivos de comunicación. Gran Bre­ taña es una excepción en cuanto a la concentraciónmonopólicade los medios con su alcance nacional. Mientras que en los Estados Unidos

o en Francia la prensa es fundamentalmente regional y local, Gran

Bretaña es el caso contrario: la prensa nacional con base en Londres es dominante. Cuando las historias aparecidas en algún diario local son interesantes, rápidamente son levantadas por la prensa nacional. Esta es una de las razones por las que en el caso de los pánicos morales británicos se analizarán en este libro noticias de la prensa gráfica. Sin embargo, con la televisión sucede algo parecido; los cinco canales de

televisión abierta tienen alcance nacional y funcionan como eco de la agenda mediática definida por la prensa gráfica. Desde la década de 1970, la competencia entre los diversos periódicos por incrementar

el número de lectores ha ido creciendo y de igual manera creció la

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

competencia entre los canales de televisión por la audiencia. El ritmo natural de la competencia se aceleró cuando la empresa de Rupert Murdoch, News International Corporation, adquirió los periódicos líderes en ambos extremos del mercado: The Sun se transformó en el pasquín con mayortirada diaria-4 millones de ejemplares en 1995-y el más vendido en su edición dominical, llamada News ofthe world (4, 8 millones), seguido por el más prestigioso de todos los periódicos, The Times, y por el más leído -de entre los diarios "serios" del domingo-, The Sunday. The Sun ha sido acusado de abaratar agresivamente su es­ tética al incluir material que en los Estados Unidos solo sería espera­ ble de aquellos medios gráficos que ya no son siquiera considerados como prensa, y que se venden en supermercados, como el National Enquirer. El otro gran tabloide británico, el Dairy Mirror (con una cir­ culación de 2,5 millones en 1995), no tuvo más remedio que seguir los pasos de The Sun en el proceso de abaratar el mercado a través del sensacionalismo, tal como antes lo hicieran los periódicos destinados al segmento medio del mercado, el Dairy Mail y el Dairy Express, am­ bos de menor circulación. En los años noventa el Dairy Mail tomó la posta de medio líder en el rol del proselitismo moral, ufanándose ha­ bitualmente de sus éxitos en influir sobre los políticos para promover determinada legislación o tratar temas de moral según su interés. Los diarios realmente serios fueron llevados a asumir esa agenda moral y recorrer el camino que los iría transformando lentamente en pas­ quines: lo hicieron a través de un doble procedimiento, personalizar los problemas socialesy tratarlos de manera sensacionalista. Los pe­ riódicos progresistas como The Guardian y el Independent resolvieron la cuestión agregando secciones con un estilo diferente y claramente sensacionalista a sus ediciones, donde se retomaban con frecuencia los temas instaladosya por otros medios. Incluso The Times, que supo ser el clásico diario conservador, creyó que debía tomar esa ruta ha­ cia el sensacionalismo si quería seguir compitiendo, pero el dilema se resolvió destinando más espacio para la clase de episodios que han sido ya descriptos como pánicos morales, pero manteniendo a la vez,

Kenneth Thompson

sobre esos asuntos, un riguroso tono moral que justificara su propia decisión editorial. Si como concluye Jenkins, "los medios son parte de la arena de la opinión pública en la cual surge la definición colectiva de los problemas sociales" (citado por Best, 1990, p. 16), entonces el tamaño y las reglas que regulan tal arena han cambiado muy rápido en la moderna Gran Bretaña (Jenkins, 1992, p. 21). Teniendo en vista el prestigio de la BBC y su tradicional mi sión de "educar e informar" sería legítimo pensar que la industria de la comunicación en Gran Bretaña ha permanecido inmune a las in­ fluencias del sensacionalismo. De todos modos, el surgimiento de canales comerciales supuso también comparar los niveles de au­ dienciay no se hubieran hecho esperar las preguntas acerca de si el financiamiento público de la BBC debía continuar, en tanto no ofre­ cía ya lo que el público actual parecería demandar. En consecuen­ cia, la competencia forzada con sus rivales comerciales por ofrecer diversión popular, incluyendo el tratamiento de las noticias y los temas públicos, determinó el uso de ese mismo carácter de entre­ tenimiento. Uno de los rasgos notables de la nueva grilla de progra­ mación fue la profusión de los talkshows, copiados de la televisión de los Estados Unidos (por ejemplo, del programa de Oprah Winfrey), que a menudo tienen un carácter confesional que Michel Foucault no dudaría en considerar como típico de la sociedad moderna (Fou­ cault, 1976). Los documentales, que se esperaba que contraatacasen el tratamiento sensacionalista de los temas en la prensa amarilla, habían ido adoptando el formato de la historia personal. Un analista de los medios, Ros Coward, afirma:

Es como si ahora todos los documentalistas fueran alumnos del curso de estructura narrativa hollywoodense de Robert McKee: él insiste en que los personajes se identifiquen con dilemas que exponen el ca­

rácter moraly el avance progresista. La ficcionalización es limitante

empieza como un modo de que los temas ge­

nerales se vuelvan algo más personaly se van volviendo una cacería

y contraproducente

¿Por qué el pánico? Actualidad del concepto de pánico s morale s

de vidas cada vez más extrañas (Ros Coward, The Guardian, 11 de noviembre de 1996).

Coward se refiere particularmente a la recepción de un programa docum ental sobre el adulterio, Bet ray al, producido por la BBC, y afir­ ma que "los pasquines son despiadados con los adúlteros al conside­ rarlos responsables de la decadencia moral de este país". Estos cambios en los medios masivos orientan a un rasgo nove­ doso: dar cuenta de la percepción de una nueva ola de problemas so­ ciales, que ofrece un terreno fé rtil a los promotores de demandas -aquellos que procuran solicitar atención y recursos a la opinión pú­ blica y a las autoridades-. Estos van desde un creciente número de policías y trabajadores sociales hasta los emprendedores morales y activistas. No se puede decir que estos desarrollos de los medios y de los promotores de demandas hayan creado pánicos morales desde la nada. Era preciso que surgieran un contexto social particulary un electorado potencial que estuviera dominado por la angustia o tuvie­ se la suficiente conciencia del riesgo como para ser receptivo a los dis­ cursos que contienen mensajes demonizantes. Pero una vez que esas condiciones están dadas, el espiral de significación producido por la interacción de los promotores de demandasy los medios agitando al­ gún problema social podría fácilmente generar pánicos morale s. El tema de los pánicos morales plantea cuestiones más amplias so­ bre las posibilidades de una comunicación racional y un debate en la esfera pública. ¿Es cuestión de simples distorsiones en la comuni­ cación que podrían corregirse con una regulación inteligente de los medios masivos, como sugieren Jürgen Habermas y otros? (véanse Habermas, 1989 y Scannell, 1989). ¿O estamos en una época pos­ moderna de la cultura mediática en la que el espacio público se pare­ ce más a un laberinto de espejos donde todo lo que existe es reflejo de otras representaciones mediáticas, o un mundo del simulacro que constituye una "hiperrealidad" inmune a la crítica racional, como sostiene Jean Baudrillard (1981)? Otros sociólogos se refieren a la

Kenneth Thompson

cultura contemporánea como "una representación a través del espec­ táculo" o un drama público (Chaney, 1993, p. 33) realmente abru­ mador. Tal vez deberíamos pensar en la veloz sucesión de pánicos morales "simulados", uno tras otro, que con frecuencia son ejemplo de cómo los medios de comunicación masiva se retroalimentan entre

sí (por ejemplo: los pánicos morales que construyen los diarios sobre

el sexo en la televisión) -examinaremos este aspecto en el capítulo

8-. Estas importantes cuestiones no se resuelven completamente en este libro, pero es posible destacar la gran importancia del estudio de los pánicos morales para la comprensión sociológica de la cultura

y la comunicación en la modernidad tardía o posmodernidad (véase

Thompson, K., 1992),y la regulación cultural (Thompson, K., 1997).

Al discutir di stintos ej emplos de este tipo de pánico, es fácil dejar­ se absorber por cada tema específico e ir perdiendo de vista su signi­ ficado más general. Es con el fin de evitar esta tendencia que hemos procurado situar el análisis de los pánicos morales en el contexto de enfoques más generales, como la caracterización que realiza Ulrich Beck de la sociedad moderna como "sociedad del riesgo" o las ideas de Michel Foucault sobre formaciones discursivasy prácticas norma­ tivas. La caracterización de la sociedad moderna como sociedad del riesgo nos alerta sobre las maneras en que los riesgos aumentan en la medida de la proliferación de los cambios, y también sobre el hecho de que los sistemas modernos de información aumentan la conciencia del riesgo al mismo tiempo que el desarrollo del conocimiento exper­ to parecería ir tomando la definición y el control sobre esos mismos riesgos, alejándolos de la gente común. La contribución de las ideas de Foucault debería aportar a la comprensión de los pánicos morales como síntomas o signos de la lucha entre discursos rivalesy prácticas normativas, especialmente en los casos de pánicos morales vincula­ dos a la sexualidad y la familia, que ejemplifican -como señala Fou­ cault- que no se trata de una cuestión de desregulación progresiva

y creciente permisividad, sino más bien de nuevas formas de regu­

lación: sistemas de regulación en manos de expertos y técnicos (por

¿Por quéelpánico? Actualidad delconcepto de pánicos morales

ejemplo: consejeros y terapeutas, médicos especialistas, trabajadores sociales y organismos reguladores de la radiodifusión) que desplazan a la autoridad tradicional y sus valores. Estos conceptos más amplios no fueron pensados como herramientas para ser usadas en el análisis detallado de los pánicos morales, sino más bien para localizar los de­ bates en torno a un encuadre teórico más general sobre el que se hará referencia más adelante cuando sea pertinente.

2. EL PÁNICO MORAL CLÁSICO:

MODS Y RO CKERS

El pánico que generaron en 1960 los sucesos protagonizados por la juventud británica fueron ocasión del primer análisis sociológi­ co sobre un pánico moral (Cohen, 1972), y esto es significativo por varios motivos: en principio, porque la preocupación sobre la con­ dición moral de la juventud ha sido objeto de episodios sucesivos de pánico moral y eventualmente podría permitirnos establecer con exactitud una fuente importante y recurrente de ansiedad frente al riesgo. En segundo lugar, porque el pánico moral sobre mods y rockers en la Gran Bretaña de aquella década ofrece un buen ejem­ plo del espiral de significación por el cual la interacción de los pro­ motores de demandas, emprendedores morales y medios masivos determina la consolidación de un discurso que demoniza a ciertos grupos en tanto responsables de la decadencia moral general. Por último: al menos un episodio de los pánicos morales vinculados a la juventud, el de la ola de arrebatos acaecida durante los años se­ tenta, ha sido objeto del debate más intenso entre quienes defien­ den y quienes tienen una posición crítica sobre este concepto de pánico moral. El episodio ini d al de comportamiento desviado que dio origen a un pánico moral y a la identificación de una porción de la juventud británica con lo demoníaco comenzó en el pequeño pueblo costero de Clacton en 1964. La naturaleza totalmente banal de ese episodio puede deducirse de la descripción de Cohen:

Kenneth Thompson

El fin de semana largo de la Semana Santa de 19 64 fue peor de lo ha­

bitual. Hacía frío, estaba húmedoy ese domingo de Pascua fue quizás

el más frío de los últimos ochenta años. Los comerciantes y pueste­

ros estaban irritados por la escasez de clientes y los jóvenes tenían, también, su propio aburrimiento e irritación , avivada además por el rumor de que los dueños de cafés y bares se negarían a atenderlos. Pequeños grupos comenzaron a pelearse entre ellos en plena calle

y se tiraron, mutuamente, algunas piedras. Los mods y los rockers

-una división inicialmente determinada por la vestimenta y el es­ tilo de vida que luego se volvería rígida, pero que en ese momento no estaba del todo consolidada-, comenzaron a armar dos gruposy agredirse. Los que tenían motos de gran cilindrada o scooters rugían

yendoy viniendo, hubo algunos vidrios rotos, algunas carpas de ma­ dera sobre la playa terminaron rayadas y un muchacho disparó un tiro al aire. Un número importante de gente que se juntó en la calle,

el ruido, la irritación general y las torpes acciones de un grupo po­

licial con escaso personal y poca preparación, lograron que fuesen dos días desagradables, opresivos,y que por momentos diera algo de

temor (Cohen, 1980, p. 29).

EL PAPEL DE LOS MED�OS

Para el estudio de ciertas formas de comportamiento colectivo, Stan­ ley Cohen propuso adaptar un modelo de estudio evolutivo del desa­ rrollo en el que se describen estadios sucesivos y cuya primera etapa denominófase de desviación inicial o impacto: este modelo fue toma­ do de los estudios del comportamiento en situaciones de catástro­ fe o desastre. La etapa siguiente es la denominada de inventario, en la cual los observadores hacen un balance de lo que ellos creen que ha ocurrido. El factor más importante es la forma en que la situación es interpretada inicialmentey presentada por los medios masivos de co­ municación "porque esa es la forma usual con la cual la mayoría de la

Elpánico moralclásico :mods yroc kers

gente recibe las imágenes que describen lo aberrante y lo catastrófi­ co. Sus reacciones tienen como base esas imágenes editadas o codifi­ cadas" (Cohen, 1980, p. 30). Cohen muestra que la presentación de los medios o el inventario de los eventos realizado sobre el episodio de mods y rockers fue crucial en determinar las etapas posteriores de la reacción:

En la mañana del lunes posterior a los primeros incidentes en Clac­ ton, todos los periódicos nacionales, con la excepción de The Times (la noticia aparece en quinto lugar en la página principal del diario), publicaron un editorial sobre el tema. Los titulares son por demás elocuentes: "D ía del Terror por un grupo de motoqueros" (Dai!Y Tele- 9raph), "Jóvenes devastan un pueblo, 97 motoqueros detenidos" (Dai!Y Express), "Salvajes invaden la costa, 97 arrestos" (Dai!Y Mirror). El si­ guiente grupo de incidentes recibió una cobertura similary el martes comenzaron a aparecer editoriales, junto con los informes sobre que el ministro del Interior "se vio instado" (no se aclaraba por parte de quién) a emprender una investigación o tomar serias medidas. Luego empezaron a salir reportajes y entrevistas destacadas con los mods y los rockers. Las entrevistas hicieron circular teorías acerca de los mo­ tivos: se calificaba a las bandas como "excitadas", "visiblemente alco­ holizados", "empeñados en destruir", etcétera (Cohen, 1980, p. 30).

Cohen analiza el inventario que hicieron los medios sobre el inciden­ te inicial a partir de tres puntos:

exageración y distorsión;

predicción;

simbolización.

El tipo de distorsión en el inventario consistía en exagerar la grave­ dad de los hechos según criterios tales como el número de personas que participaron, el número involucrado en los sucesos de violencia,

Kenneth Thompson

la magnitud de los daños y su costo económico. Otro modo adicio­ nal de distorsión fue la manera y el estilo en que se presentaron los hechos típicos de la crónica roja: titulares sensacionalistas, palabras melodramáticasy el deliberado destaque de aquellos elementos de la historia que se consideran noticia. El uso frecuente de palabras o ex­ presiones como "motín", "orgía de destrucción", "batalla", "ataque", "asedio", "devastación de la ciudad" y "banda de poseídos". Del total de arrestos en Clacton (97), solo la décima parte fue acusada de al­

gún delito que no fuese de tipo vandálico: robar medio litro de nafta, intento de robar bebidas de una máquina expendedora e "intento de obtener un crédito de dinero de manera fraudulenta" (el valor de un helado) (Cohen, 1980, p. 37). El costo total estimado de los daños en Clacton fue de S 13 libras esterlinas. Un periódico publicó que "todos los locales bailables sobrela playafuerondestrozados" (Cohen, 1980, p. 37); pero de hecho la ciudad solo tenía un local de ese tipo, que sí, tuvo algunos vidrios rotos. Asimismo, se usó un plural genérico (si un barco había sido volcado, la nota decía "los barcos habían sido vol­ cados"; Cohen, 1980, p. 39), técnica habitual que utilizan los corres­ ponsales de guerra, dar cuenta de un mismo incidente dos veces para simular dos incidentes diferentes. Otro elemento del inventario fue la insistente predicción de que el incidente sería sucedido por muchos otros acontecimientos con peores consecuencias, y la afirmación de que lo visto era parte de un patrón de acción cuyas causas subyacentes no habían reunido to­ davía el impulso que necesitaban para surgir. Así, eventos parecidos

fueron registrados durante el fe riado de Pentecos­

a los de Cl acton

tés de 1964 en Bournemouth, Brighton y Margate, aunque todos ellos tuvieron consecuencias menores en relación con lo sucedido en Clacton. De todas maneras, la cobertura mediática inducía a pen­ sar que la calidad de los hechos estaba empeorando, y tal es así que la difusión de los medios resaltaba las expectativas de eventos dra­ máticos futuros que atraerían a la audiencia, deseosa de ser testigo del drama.

El p ánico mor alc lásico :mods yroc kers

La difusión que se les dio a los episodios en cada balneario supu­ so un modo de simbolización cuyos símbolos específicos (diferen­ cias en la indumentaria, estilo de viday modos de entretenimiento de los jóvenes) eran despojados de su connotación original, neutra o favorable, hasta llegar a evocar ambiguamente respuestas des­ favorables:

Parecería haber tres tipos de procesos en tal simbolización: una pala­ bra (mod) se volvió representativa de determinada condición (delin­ cuente o desviado); se identificaban objetos que simbolizaran tales palabras (peinados o ropa);y los objetos en sí mismos devinieron sím­ bolos de la condición que portaban (y de las emociones que conlle­ van) (Cohen, 1980, p. 40).

Los estudios sobre los pánicos morales asociados con los mods y rockers y otras formas de desviación, así como la investigación en los procesos de comunicación masiva en sí mismos (Hallaran et al., 1970), sugieren que la interrelación de dos factores determina la pre­ sentación de los inventarios de lo desviado: la primera es la necesidad institucionalizada de crear noticias y la segunda es la estructura se­ lectiva e inferencia} del proceso de su construcción. Los medios ma­ sivos operan con determinadas definiciones de qué es lo que puede convertirse en noticia:

No existe un manual de estilo que haga saber a los periodistas que al­ gunos temas (drogas, sexo, violencia) pueden atraer al público o que determinados grupos sociales (los jóvenes, los inmigrantes) deben ser sometidos continuamente a escrutinio. En cambio, sí hay factores que construyen una "buena historia" y son aquellos que van desde la intuición de cada periodista hasta ciertos supuestos, como "darle al público lo que el público quiere", que dan cuenta de un estructurado sesgoideológico,y predisponen al medio a hacer de determinado su­ ceso, una noticia (Cohen, 1980, p. 45).

Kenneth Thompson

Por ejemplo, distintos tipo de disturbios, ciertas formas de lo "vandá­ lico", lo "pendenciero" o las "luchas entre pandillas'', que eran sucesos habituales en los pueblos de la costa británica desde fines de los años cincuenta hasta entrados los años sesenta, solo llegaron a ser noticia

a partir del etiquetamiento del Clacton; en tanto ejemplo de lo ex­

tendido de determinada desviación, "la cuestión de mods y rockers no llegó a ser noticia porque fuese algo novedoso, sino porque se lo presentó así para justificar su creación como novedad" (Cohen, 1980, p. 46). La manufactura de las noticias descripta por Hallorany sus co­ laboradores hace referencia al desarrollo de una estructura inferen­ cia} y sostiene que no es un sesgo intencional ni una simple selección debida a las expectativas del público, sino más bien "un proceso de simplificación e interpretación en el cual se estructura el sentido atri­ buido a la historia en torno a su valor como noticia" (Halloran et al., 1970, pp. 21 5-216). El encuadre teórico utilizado para describir este proceso, que luego retomará Cohen, es la noción acuñada por Boors­ tin del evento como noticia. Es decir, la cuestión de si algo es noticia se vuelve tan importante como la cuestión de si ese evento es verdadero.

El argumento es que:

los eventos serán seleccionados como noticias a ser transmitidas en tanto encajen o estén en consonancia con imágenes preexistentes -la noticia de un evento confirma ideas anteriores-. Cuanto menos cla­ ra sea la noticiay cuanto más inseguro o dubitativo sea el periodista en la forma de comunicarla, más probable es que sea transmitida en el marco general donde se la había ubicado previamente (Hallaran et

al., 1970, pp. 21 5-216).

A la luz de esto, Cohen concluye:

Solo cuando los contornos de tales marcos generales pueden discer­ nirse, es posible comprender procesos como la simbolización, la pre­ dicción, la información de los no-acontecimientos y el estilo de su

Elpá nico moralclásico :mods yroc kers

presentación mediática. La previsibilidad del inventario es crucial. Así de invariables eran las imágenes, así de estetizado, el modo de presen­ tarlas, así de limitada, la gama de emociones y valores en juego, que hubiera sido perfectamente simple para cualquiera que hubiera estu­ diado la cobertura de los eventos de los modsy los rockerspredecir con relativa precisión los informes sobre sucesivas variaciones del tema de la juventud desviada: cabezas rapadas, vándalos, hippies, adictos a las drogas, asistentes a recitales, el juicio de Oz (Cohen, 1980, p. 47).

Sin embargo, aunque la cobertura de los medios puede haber crea­ do un marco de interpretación de los hechos, los medios de comu­ nicación no funcionan en el vacío, hay otros actores involucrados -agentes de control social tales como la policía y los jueces, los em­ prendedores moralesy en particular los políticos.

AG E NTES DE CONTROL SOCIAL Y EMPREN DE DORES MORALES

Uno de los efectos de la simbolización contenida en los informes de los medios sobre lo desviado es que se sensibiliza a la gente frente a los indicios de una amenaza. Incidentesy eventos que de otra manera no se considerarían vinculados pasan a ser vistos como síntomas de la misma forma amenazante de lo desviado. Después de aquellas noti­ cias sobre los primeros disturbios, todo tipo de comportamiento in­ debido de la juventud fue interpretado en referencia al mismo marco simbólico. Como resultado de la sensibilización, los incidentes que antes podrían haber sido tildados de "payasadas" o de "pelea de bar" fueron interpretados como parte del fe nómeno de mods y rockers . Aumentó el nerviosismo público y creció la presión por mayor vigi­ lancia policial y acciones más contundentes de parte de las fuerzas de la leyy el orden. La policía reaccionó intensificando las patrullasy aumentando sus intervenciones en los pueblos de la costa potencial­ mente conflictivos, en los bares, plazas y en todo evento público. Los

Kenneth Thompson

procedimientos judiciales reflejaban la sensibilización. En el pueblo de Blackburn, muchos kilómetros al norte de los balnearios donde sucedieron los disturbios de mods y rockers, un oficial de policía que acusó a dos jóvenes por comportamiento amenazante (los mucha­ chos formaban parte de un grupo numeroso de veinte que arrojaba banditas elásticas a los transeúntes) declaró en la Corte:

Este caso es un ejemplo del tipo de comportamiento que se ha re­ gistrado en muchas otras localidades del país durante las últimas se­ manas y que de a poco ha ido afectando también a Blackburn. No debemos tolerar esta actitud. La policía hará todo lo posible para

ejercer su poder y acabar con ello (Lancashire Evenin9 Te le9raph, 29 de

mayo de 1964; citado en Cohen, 1980, p. 80).

Según Cohen, la reacción de la cultura del control se distingue por tres elementos en común: la difusión, la escalada y la innovación. La difusión podría servista en la forma en que los agentes de control, ale­ jados de los incidentes originales, eran arrastrados a definir su pro­ pia actividad en tanto policía regional o fe deral, como la de lidiar con fenómenos de lo desviado. La esca lada de medidas para hacer frente al problema queda evidenciada en los reclamos de "apretar'', "tomar medidas fuertes'', "no dejen que esto se les vaya de las manos", que se legitiman a través de la invocación de las imágenes de aquellos que debían ser protegidos en tanto "turistas inocentes'', "ancianos'', "madresy padres'', "los niños pequeños que construyen castillos en la arena" y los "comerciantes honestos". El resultado final de estas me­ didas fue que el control se extendió no solo en grado, sino también en el nuevo tipo de métodos mediante los cuales era lícito ejercerlo, por ejemplo, otorgarle más poder a la policía e incrementar las sanciones para los infractores que no habían existido hasta entonces. Uno de los castigos sugeridos fue la confiscación de las motos, y un magistrado fue aún más lejos al sugerir que los delincuentes debían ser provis­ tos de martillos para destrozar ellos mismos sus propias motos: "una

Elpánico moralclásico :mods yroc kers

acción infantil debe tener un castigo igualmente infantil" (citado en Cohen, 1980, p. 91). Tal vez la interfaz más importante de la cultura de control es cuan­ do al control estatal, que se expresa en las leyes y en quienes legis­ lan, se le unen presiones de la opinión pública canalizadas a través de los promotores de demandasy los emprendedores morales;y esto es particularmente importante cuando los emprendedores morales son, ellos mismos, políticos. La reacción inicial en el caso de Clacton

y los otros balnearios fue diseñada por asesores de los políticos loca­ les, quienes definieron el vandalismo como una amenaza a los inte­ reses de los comerciantes. Estos asesores sabían que nada se haría si el problema se definía en términos puramente locales, y por lo tanto aconsejaron que los eventos tenían que magnificarse hasta alcanzar proporciones nacionales y desplazar la responsabilidad de lo ocurri­ do hacia arriba. Se apeló al gobierno para que las leyes fuesen "más estrictas",y para que lajusticiay la policía tuvieran más poder. Así, en cierto momento, con el fin de alcanzar un mayor impacto, tales apela­ ciones generalesy esporádicas realizadas por individuos particulares

y organizaciones locales debíanllegar a los medios como operaciones claramente ejecutadas por grupos de acción. Cohen analizó el pro­ ceso en los términos de la teoría del comportamiento colectivo y del desarrollo de los movimientos sociales de Neil Smelser (1963). Los grupos de acción corresponden a lo que Smelser llama "movimientos orientados por las normas", que se desarrollan a través de etapas cuya secuencia es acumulativa: conflicto (desvío); ansiedad; identificación de los agentes responsables; creencia generalizada de que el control es insuficiente; creencia de que el problema puede ser solucionado con la reorganización de la estructura normativa ("debería haber una l ey "); y, por último, la formulación de propue stas concretas para cas­ tigar, controlar o destruir al agente causal. Cohen también propor­ ciona un perfil detallado de uno de los emblemáticos cruzados de la moral, el señor Blake, quien formó un grupo de accióny logró difun­ dir su causa e involucrar a políticos locales y otros representantes de

Kenneth Thompson

la autoridad. Esta cuestión culminó en una resolución de la Cámara de los Comunes:

Que esta Cámara a la luz de la deplorable y creciente delincuencia juvenil, y en particular los repudiables sucesos recientes en Clacton, insta a la Secretaría de Estado del Ministerio del Interior a que con­ sidere urgente e importante la necesidad de que los jóvenes vándalos reciban castigo económico y físico como medio eficaz de disuasión (15 de abril de 1964, Cámara de los Comunes; citado en Cohen,

1980, p. 1 34).

Se presionaba a los legisladores con su responsabilidad para lidiar con el "daño colateral", haciendo referencia explícita a los peligros de mods y rockers, aunque el ministro responsable había admitido en el primer debate que "algunos de los informes de lo que sucedió en Clacton durante el fin de semana de Pascua fueron muy exagerados" (Mr H. Brook, Hansard, 27 de abril de 1964, cols. 89-90). Sin embar­ go,ya se había completado el proceso a través del cual se habían crea­ do la mitología y los estereotipos de los demonios populares que ya estaban finalmente instalados. Además de la cultura de control, que amplifica la desviación, se agregaba lo que Lemert (1 952) llamó "el fe nómeno de explotación de la aberración". Lemert se refiere a la "simbiosis socioeconómica entre grupos criminales y no criminales" (1952, p. 310), y apunta al beneficio directo o indirecto derivado de la delincuencia que obtie­ nen los banqueros, los abogados criminalistas, los oficiales de poli­ cíay miembros de la justicia. Vinculados a estos demonios populares como los mods y los rockers, surgió también una explotación comercial a cargo de los encargados del marketing de productos de consumo para adolescentes y jóvenes, que utilizaron imágenes con el estilo de estosgrupos en las publicidades comerciales. La relación simbiótica en­ tre quienes condenan y los condenados, "normales" y "anormales", era visible en el tratamiento que los medios daban a las diferencias

Elpánico mor alclásico :mods yroc kers

entre mods y rockers; por ejemplo, en una pregunta que el Dairy Mail formulara para ser respondida por los lectores a modo de encuesta:

"¿Eres mod o rocker?", publicada inmediatamente después de los su­ cesos de Clacton. También hubo explotación ideológica, que implica una ambivalencia similar en tanto que el explotador"gana" con la denun­ cia de la desviacióny "perdería" si se demostrara que la desviación es menos real o no tan seria. Tal explotación ideológica no se limita a los políticos y los cruzados de la moral, sino que incluye una amplia va­ riedad de grupos que podrían utilizar connotaciones simbólicas para justificar sus propias posiciones, por ejemplo: "Los hombres de la BBC que alimentan la violencia, la lujuria, la falta de objetivos y el cinismo de millones de hogares todas las noches deberían honestamente so­ meter a consideración su propia responsabilidad" (resolución apro­ bada en la "Conferencia de reconstrucción moral de Pascua", 30 de marzo de 1964; citado en Cohen, 1980, p. 141).

CONTEXTO SOCIAL

El pánico moral acerca de los mods y los rockers no surge en el vacío social. Los medios, los agentes de controly los emprendedores mora­ les necesitaban circunstancias sociales que posibilitaran la amplifica­ ción y la recepción voluntaria de su mensaje sobre el peligro moral. Como explica Cohen:

Los modsy los rockers simbolizaban algo mucho másimportante que lo que de hecho hacían. To caban las delicadas y ambivalentes termi­ nales nerviosas por las que circulaban los cambios sociales vividos en la Gran Bretaña de posguerra. Nadie quería depresión ni austeridad, pero mensajes tipo "nunca la pasamos mejor que ahora" eran ambi­ valentes en cuanto a que alguna gente la estaba pasando demasiado bien demasiado rápido: "hemos bajado la cortina para ellos demasia­ do rápido". Resentimientoy celos se dirigían directamente a los jóve-

Ken neth Thompson

nes,y no solo por su mayor posibilidad de derrochar podery libertad sexual. Cuando esto se combina con una ética del trabajoy del placer que se sostiene en un equilibrio demasiado inestable; con violencia y vandalismo, y con la (aún incierta) amenaza que representa la in­ gesta de drogas, está sucediendo algo más que la mera imagen hecha trizas de un pacífico feriado en la costa (Cohen, 19 80, p. 192).

Cohen sugiere que esa ambigüedad y esa tensión eran muy impor­ tantes a principios de la década de 1960. Los límites aún no habían sido claramente establecidosy la reacción formaba parte de tal pues­ ta de límites. Cohen percibe este período como la "crisis de frontera" que describió Erikson (1 966) en su análisis del feriado de Pentecos­ tés turbulento en el estado puritano de Massachusetts, Estados Uni­ dos; un período en el cual la inseguridad de un grupo en relación con sí mismo se resuelve con una confrontación ritual entre los des­ viados y los agentes del orden de la comunidad. Cohen sostiene que no es necesario pensar en una conspiración en la que los desviados hubieran sido "elegidos" deliberadamente para clarificar los límites normativos en una época de ambigüedady tensión con el fin de de­ tectar, en las respuestas a mods y rockers, decla r aciones acerca de límites morales, sobre cuánta diversidad se puede tolerar. Con rela­ ción a los pánicos morales y las llamadas "olas de delincuencia", am­ bos dramatizan los temas que se ponen en juego cuando los límites son borrosos y ofrecen un espacio de discusión en el que articular esos asuntos de un modo más explícito. La movilidad socialy el des­ plazamiento físico de los mods y los rockers -jóvenes relativamente solventes que pueden vestir a la moda y viajar en sus motos más allá de los barrios obreros- provocaban intranquilidady hostilidad.

Tradicionalmente, el papel de lo desviado ha sido atribuido a los va­ rones de clase obrera urbana, pero los modsy los rockers parecerían tener una adscripción más laxa a su clase social; he ahí a un grupo de impostores que actúan la parte que todos saben que le pertenece a

Elpá nico moralclásico :mods yroc kers

otro grupo. Incluso su ropa está fuera de lugar; sin las chaquetas de cuero sería difícil distinguirlos de cualquier empleado bancario. La intranquilidad que despiertan esos actores fuera de su rol puede ge­ nerar una hostilidad importante. Algo hecho por alguien de fuera del grupo es simplemente condenadoy ubicado en un esquema de cosas, pero cuando lo desviado surge hacia dentro del grupo es algo ver­ gonzoso, que amenaza las normasy tiende a desdibujar el límite con el afuera del grupo (Cohen, 1980, p. 195).

El análisis de la confusión de los límites es particularmente relevan­ te en el caso de los mods, cuyo estilo y estatus simplemente no encaja en las normas establecidas; su aspecto era diferente al estereotipo del vándalo personificado en el estilo anterior, el de los teddy boys o el de los rockeros con camperas de cuero, de quienes se creía que imita­ ban a las pandillas de motoqueros norteamericanos. Los mods parecían ofrecer cierto desaire para con los valores tradicionales, un aire de dis­ tancia e ingratitud por lo que habrían recibido de la sociedad. Aunque no hubiera duda de que la conducta de mods y rockers planteaba una amenaza a los intereses materiales de los comerciantes y propietarios de los hoteles donde sucedieron los disturbios, la sensación de escán­ dalo moral que evocaban no podía deberse tan solo a esas cuestiones:

se agregaban las afirmaciones de los cruzados de la moral demonizan­ do esas culturas juveniles como "prematuramente influyentes, agre­ sivos, permisivos" y "desafiando la ética de la sobriedad y del trabajo duro". Los psicólogos intentaron explicar estas respuestas en términos de envidiayresentimiento de la clase media baja, supuestamente la más frustrada y reprimida de las clases sociales, condenando la conducta que, secretamente, ansiaba tener. Debe haber alguna verdad en esto, pero la explicación sociológica completa que sugerimos necesita con­ siderar múltiples factores, acentuando la interacción de las condicio­ nes estructurales, culturales y simbólicas, las acciones de los actores, los movimientos sociales fundamentales y los procesos por los cuales se configuran lastípicasformas del desarrollo de laconducta colectiva.

Kenneth Thompson

RESUMEN DEL ENFOQUE DE STAN LEY COHEN

El estudio pionero del fenómeno de "pánicos morales" realizado por Cohen, que utiliza el ejemplo de los mods y los rockers, lo condujo a desarrollar un modelo procesual de la amplificación de lo desviado que se resume en la figura l.

Figura 1. Modelo de la amplificación de lo desviado

Problema inicial (deri vado de la posici ón estructural ycul tur al de los jóvenes de clase tra ba jadora )

4-

Solución inicial a( cciones yestilos de lo des viado )

4-

Reacción social (implica elementos de falsa percepci ón,por e jemplo ,enla prese ntaci ón mediática inicial del in ventario yla consi guiente distorsi ón de los intereses y valores a lar go pla zo)

4-

Operación de la cultura de control, explotación y creación de estereotipos

(sensi bili zaci ón,dramati zaci ón yescalada )

4-

Aumento de lo desviado, polarización

4-

Confirmación de los estereotipos (teor ía pro bada )

Fuente: Cohen 0980, p. 199).

3. PÁNICOS MORALES ACERCA DE LA JUVENTUD

El desarrollo posterior del análisis sociológico de los pánicos mora­ les en Gran Bretaña continuó centrado en los estudios pioneros de Stanley Cohen sobre las culturas juveniles, y por buenas razones. En la imaginación pública, parecería no haber un grupo etario más aso­ ciado con el riesgo que la juventud. Pero después de los jóvenes, quie­ nes también están vinculados a los riesgos son los niños; los pánicos moralestambién acechan a la infancia, en especial en lo que concierne al declive de la familia. Más allá de los escasísimos casos de niños ase­ sinos (como el asesinato del niño Bulger), la infancia no suele ser con­ siderada fuente de situaciones de riesgo, sino su víctima. Lajuventud, en cambio, parecería ser una etapa de la vida que no solo está en riesgo sino que además es causa de distinto tipo de pánicos morales; lo cual no parece sorprendente si consideramos a este grupo en su estatus transicional entre infancia y adultez. La marginalidad y ambigüedad de la condición juvenil exacerba los riesgos que ella implica de por sí: los jóvenes son un problema para la regulación social y para la re­ producción del orden social. Pero la relación entre las generaciones y las culturas generacionales es también problemática para los jóvenes mismos, y las distintas culturas y subculturas pueden leerse o deco­ dificarse como respuestas e intentos para afrontar estas tensiones. Además de abrevar en los estudios anteriores acerca de los pánicos morales relacionados con la juventud, este libro propone un análisis del problema a la luz de las ideas de Ulrich Beck (1 992) sobre el au-

Kenneth Thompson

mento de la sensación de riesgo en la modernidad tardía y las repre­ sentaciones mediáticas de estos episodios que quedan sujetos el tipo

de análisis del discurso que, inspirado en Michel Foucault, conside­ ra los pánicos morales como signo de lucha entre discursos rivales y prácticas regulatorias. Como se ha podido apreciar, el trabajo de Cohen sobre los pá­ nicos morales se concentraba en subgrupos juveniles como los mods

y los rockers (Cohen, 1972), y así también lo hará luego el trabajo del Birmingham Centre for Contemporary Cultural Studies (Bcccs)

liderado por Stuart Hall. Los desarrollos del BCCCS fueron particu­ larmente útiles para teorizar acerca de los problemas asociados con

la juventud, señalando por qué este grupo social puede suscitar los

pánicos moralesy a la vez buscando modos de decodificar lás cultu­ ras juveniles. En la compilación de ensayos del BCCCS que realizaron

in

Post-war Britain [Resistir a través del ritual: subculturas juveniles en la Inglaterra de posguerra], Graham Murdock y Robin McCron esta­ blecieron el desarrollo del pensamiento sociológico sobrejuventudy conciencia generacional. El libro más influyente en ciencias sociales fue Adolescence [Adolescencia], de Stanley Hall (publicado en los Es­ tados Unidos en 1904y en el Reino Unido en 1905). Hall sostenía allí

que la maduración individual recreaba el desarrollo de las especies

y que la transición de la infancia a la madurez se corresponde con el

salto de la barbarie a la civilización. Por lo tanto, el futuro de la civili­

zación dependería de cómo se atraviesa la bisagra que implica la ado­ lescencia en tanto estadio crucial intermedio. Ese pasaje nos ofrece una vara contra la cual medir el progreso o la decadencia de la socie­ dad. Esta idea de lajuventud como "barómetro"y agente de progreso se extendió rápidamente. El tema de cómo distintos grupos etarios desarrollaron una con­ ciencia común fue estudiado por el sociólogo alemán Karl Mannheim (1952), quien sostuvo que la cuestión había tenido su origen en las ac­ titudes y reacciones que grupos sólidos y muy específicos debieron

Hall y Jefferson (197 6), Resistance throu9h Rituals: Yo uth Sub-c ult ures

Pánicos morales acerca de la ju ventud

desarrollar ante la exigencia de responder por la situación social que compartían. Una vez cristalizada, esta conciencia generacional pudo ampliar su base y se constituyó en el centro de un nuevo "estilo ge­ neracional" separado y opuesto al estilo dominante de la generación adulta (Mannheim, 1952). Este autor tuvo en cuenta la existencia de diferencias de clases y sostuvo que "hacia el interior de cada genera­ ción puede existir una cantidad bien diferenciada e incluso antagó­ nica de asuntos generacionales" (Mannheim, 1952, p. 306). Si bien el libro de Mannheim fue publicado en Alemania en 1927, solo se tra­ dujo al inglés en los años cincuenta, cuandoya había emigrado a Gran Bretaña. Otro de los libros de gran influencia para los sociólogos nor­ teamericanos fue The Gan9 [La pandilla] de Frederic Thrasher, pu­ blicado el mismo año que el de Mannheim en Alemania. Thrasher inició su estudio de las subculturas juveniles afirmando que los ado­ lescentes de la ciudad de Chicago respondieron de un modo propio a la desorganización social de los barrios marginales en que vivían y lo hicieron creando redes sociales separadas y a la vez capaces de con­ tener a una gran variedad de pandillas, cada una con cultura propia. Cuando el mercado financiero de Wall Street se derrumbó dos años más tarde, la desorganización social ya era un fenómeno expandido y en tal contexto no resulta sorprendente que los sociólogos comen­ zaran a analizar el colapso de las relaciones generacionales y el desa­ rrollo de grupos autónomos de pares, no ya como representación de la vida de los jóvenes en los barrios marginales sino más bien como un estado general de la vida social. Con la recuperación de la economía luego de la guerray la recons­ trucción de posguerra, Estados Unidos disfrutó de un período de cre­ cimiento económico y bienestar que permitió a la juventud disponer del dinero sobrante distinguiéndose, además, como un grupo parti­ cular de consumidores con gustos y estilos propios. Entre otros so­ ciólogos, Talcott Parsons, en un artículo de referencia publicado en 1942, "Edad y sexo en la estructura social de los Estados Unidos" (Parsons, 1942), sugiere que el desarrollo de estas culturas de grupos

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de pares son expresiones locales de una conciencia generacional más amplia, que se estaba consolidando en torno a un modo particular de la cultura joven centrado en el consumo hedonista. Esta cultura juve­ nil es considerada por Parsons como la cultura de una generación que consume sin producir y cuyo encierro prolongado en determinadas instituciones educativas, acorde a la edad, parecería haberla borrado del sistema productivoy de las relaciones de clase que este supone. Par­ sons afirma que la juventud abraza un "orden de símbolos de presti­ gio" distinto, basado en el placer y no en el trabajo, ya que no puede competir con los adultos en términos de estatus laboral. Este énfa­ sis norteamericano en la importancia de la división generacional y la correspondiente irrelevancia de la división de clases, junto con la acentuación del consumo y el disfrute como pivotes de la conciencia juvenil, dominó la sociología de la juventud durante el siguiente par de décadas y no solo en los Estados Unidos, sino también en Euro­ pa, aunque la concurrenciay el tiempo de permanencia en el sistema educativo fuesen mucho menores que en Estados Unidos. En algún sentido lajuventudera considerada, con un dejo de envi­ diay resentimiento, como precursora de un futuro en el que el disfru­ tey el consumo reemplazarían a las antiguasrelaciones de producción del lugar central que tenían en la vida social. Quizás fue esa sensación silenciada lo que luego se transformó en condena moraly en temor a

la desintegración social, cuando los medios comenzaron a cubrir ma­

sivamente casos que parecían sugerir que la "cultura joven" conducía

a un modo de comportamiento "antisocial", "indisciplinado" y que

potencialmente era una afrenta a los valores de la "gente decente". A menudo, como con el ejemplo de los pánicos morales hacia la cultura joven que frecuentaba las lecherías durante la posguerra británica, o luego con el rock and roll, el temor era que ellos representaban la ex­ pansión de la cultura joven norteamericana en cuyas entrañas anida­ ban el crimen y los problemas de la vida urbana que tanto difundían los medios británicos. Incluso Richard Hoggart, quien luego sería di­ rector del BCCCS al momento de su fundación en 1964, escribía en la

Pánicos morales acerca de la ju ventud

década de 1950 sobre losjukebox boys, connotando en código la ame­ nazante influencia norteamericana sintetizada en la imagen de "un hombre joven de entre 15y 20 años de edad, desaliñado, con la corba­ ta grande y con dibujos, y la típica actitud de truhán norteamericano que pasa su tiempo escuchando música en esas desagradables rocolas de las lecherías" (Hoggart, 1958, p. 203). La reconocida revista Pictu­ re Post, en un artículo titulado "Lo mejor y lo peor de Gran Bretaña", del 18 de diciembre de 1953, presenta la imagen de "unos vándalos descerebrados que se rebelan pegándoles a hombresy mujeres mayo­ res aun cuando ya estuvieran caídos en el piso", y termina el artículo con la advertencia de que "estamos al borde de caer en esa horrible escena de la vida norteamericana en la cual, en muchos de sus barrios sombríos, hay matones que van de comercio en comercio exigiendo el pago de dinero a cambio de 'protección o de lo que sea"' (citado en Hebdige, 1988, p. 56). La imagen ambigua de la cultura juvenil, a la vez símbolo de una "emergente sociedad de consumidores" y amenaza para la disciplina moral y el orden, está particularmente marcada en las representa­ ciones mediáticas de modsy rockers que condujeron al pánico moral de principios de la década del sesenta, que se ha considerado ya en el capítulo segundo (Cohen, 1972 y 1980). Como sostiene Cohen, los mods y rockers simbolizaron algo mucho más importante de lo que realmente fueron, ya que tocaron la sensibilidad ambigua y delicada a través de la cual Gran Bretaña procesó los cambios sociales de la posguerra. Aun cuando Cohen estaba en gran medida influido por las teorías norteamericanas de la desviación de las culturas juveniles y los con­ ceptos de "etiquetamiento" y de "construcción social" (la desviación como producto de una categorización, como resultado del poder de algunos para etiquetar a otros), Cohen también padeció algunas de las preocupaciones de los sociólogos británicos en relación con las ten­ siones estructurales causadas por la división de clases, y no se limi­ a considerarlas solo en términos de diferencias generacionales. La

Kenneth Thompson

cuestión de clase fue muy enfatizada en el análisis de las subculturas juveniles que realizó el BCCCS y puede leerse ya en el texto seminal de Phil Cohen, "Conflicto sociocultural y clase trabajadora", el se­ gundo de los Papeles de Trabajo publicado en 1972 por el BCCCS. Co­ hen explica en su texto el desarrollo de subculturas como los mods

y los skinheads, partiendo del hecho de la reurbanización del East

End de Londres, que resultó en la fragmentación y disrupción de la familia de clase obrera, alterando su economía y su cultura funda­ mentalmente comunitaria. Cohen sugiere que estas subculturas ju­ veniles fueron intentos simbólicos de resolver esos problemas en la esfera del ocio. Los mods eran vistos como artífices de una parodia

estilística de la socialmente aceptada pero imposible movilidad social ascendentey, en cambio, los skinheads serían el intento de recuperar

a nivel simbólico ("mágica" o "imaginariamente") el tradicional ca­

rácter machista de la clase obrera. Al pavonear su otredad en el ros­ tro de la cultura dominante, se resistían a la subordinación, ganaron visibilidad y reconocimiento, aun cuando fuese a costa de crónicas y retratos mediáticos que los mostraban como desviaciones inmorales

y peligrosas, dando origen así al surgimiento de pánicos morales. Como recalcan Hally Jefferson, autores de la Introducción del li­ bro Resistence Throu9h Rituals, el artículo de Phil Cohen clarifica las ra­ zones por las que creen que la conducta desviada tenía otros orígenes que los del etiquetamiento público, lo cual los condujo a relegar los conceptos de etiquetamientoy de construcción social "por una posi­ ciónmarginal a favor de teorizar sobre el origen estructuraly cultural de las subculturas británicas" (Hall y Jefferson, 1976, p. 5). Sus es­ fuerzos posteriores se concentrarondurante un tiempo en completar

el sugerente marco teórico de Cohen, inicialmente através de artícu­

los académicos donde referían con mayor detalle a varias particula­ ridades de las subculturas juveniles (teddys, mods, skinheads, etc.). Estos relevamientos etnográficos se presentan en Resistence Throu9h Rituals junto con una perspectiva del marco teórico. Sin embargo, en 1973, en pleno desarrollo del trabajo sobre subculturas juveniles, los

Pánicos morales acerca de la ju ventud

miembros del BCCCS se involucraron en el análisis del pánico moral en torno a los episodios de mu99in9 que produjeron un gran impacto sobre sus ideas. El súbito surgimiento de la etiqueta mu99in9 adosada a un tipo de crimen que por entonces se decía que habría aumentado hasta grados alarmantes, parecía reafirmar el punto de vista de quie­ nes propiciaban el etiquetamiento, pero los investigadores del BCCCS sostenían que esa clase de afirmaciones era inadecuaday que resulta­ ba necesario complementarla con un intento de vincularlas a los cam­ bios en las relaciones de clase y poder, concientización ideológica y una generalizada "crisis de la hegemonía". (El pánico moral asociado con el mu99in9 se abordará en el cuarto capítulo, pero entretanto vale la pena seguir la evolución de los estudios sobre subculturas juveniles

y los pánicos morales asociados con ellas.) La explicación del BCCCS sobre los pánicos morales hacia las sub­ culturas juveniles se expresa como una suerte de guerrilla simbólica en la que los miembros jóvenes de distintas clases sociales resisten de un modo simbólico la subordinación a la cultura dominante y al hacerlo provocan una reacción. Los medios masivos comparten los valores de la cultura dominante y retratan las subculturas desvia­ das como una amenaza para la moral y el orden social; la difusión sensacionalista da lugar a los pánicos morales y la opinión pública enfurecida demanda alguna acción contra tal amenaza. La principal contribución del marco teórico de los académicos del BCCCS fue su lectura imaginativa, la decodificación de las subculturas y el inten­ to de interpretarlas como resolución simbólica de tensiones vividas por sus participantes como resultado de los cambios estructurales de lo social. Stanley Cohen, en la introducción de una nueva edición de Folk Devils and Moral Panics [Demonios populares y pánicos mo­ rales] , en 1980, si bien señala su aprecio a este tipo de contribucio­ nes, advierte sobre lo que denomina los "peligros del romanticismo" que existen en tal decodificación de las subculturas juveniles como resistencia simbólica. Para poner solo un ejemplo, Cohen cuestiona

a Hebdige (1 979) y a otros académicos que estudiaron elpunk, y su-

Kenneth Thompson

gieren que el hecho de que los punks usen la esvástica (o que canten canciones como Belsen was a.9ªs de los Sex Pistols) muestra cómo los símbolos son sustraídos a su contexto natural, utilizados para pro­ ducir efectos vaciados de sentido y exhibidos a través de la burla, la distancia, la ironía, la parodia o la inversión. Hebdige sostiene que los punks no tenían una vinculación empática con partidos de extre­ ma derecha. Sin embargo, Cohen exhibe otras evidencias de racismo por parte de un número importante de jóvenes de clase obrera -ya fuesen teddy boys o punks- que pueden entenderse como una se­ rie de respuestas indirectas, mediadas, hacia la cultura negra nor­ teamericana y, por lo tanto, muestra de racismo hacia la creciente comunidad negra en Gran Bretaña (Cohen, 1980, p. 21). Aun así, y por un largo tiempo, los negros y las mujeres jóvenes no figuraron como agentes activos en los estudios de las subculturas juveniles sino como sus víctimas o subordinados. El pánico moral al mu99in9 de 1972-1973 fue la gran excepción, como se verá más adelante, en la que los negros son descriptos como potenciales asaltantes. Mien­ tras que las jóvenes tendieron a ser excluidas de los fenómenos vio­ lentos asociados con las primeras subculturas juveniles, el estudio de Cohen sobre los enfrentamientos entre modsy rockers señalaque la prensa a veces indicaba la presencia de muchachas durante los dis­ turbios, siempre en un segundo plano:

Muchas opiniones, por ejemplo, señalaron el papel de las muchachas acicateando a sus novios. Una carta en el Evenin9 Standard (del 2 lde mayo de 1964) afirmaba que el mayor estímulo para la violencia eran las "jóvenes mujeres, sobreexcitadas, escuálidasy anhelantes que per­ dían el tiempo alrededor de esos grupos, seguras de saber que las repre­ salias no recaerían sobre ellas". Este tipo de lugar en el grupo también figura avalado por los datos de las entrevistas de inventario, del tipo "las mujeres que van a la batalla detrás de los salvajes"; aunque se les atribuye a ellas otros rasgos que el goce con situaciones de violencia, en particular promiscuidady uso de drogas (Cohen, 1980, p. 56).

Pánicos morales acerca de la ju ventud

Angela McRobbieyJenny Gerber, en "Mujeresy subculturas" (1976), un artículo cuya toma de posición fue bastante solitaria en Resistance Throu9h Rituals, destacan el olvido relativo de las jóvenes en los es­ tudios de las subculturas juveniles. Una excepción es la subcultura hippie, en torno a la cual también se instalaron los pánicos morales debido particularmente a su supuesta "inmoralidad" sexual. Las au­ toras señalan que en efecto las jóvenes aparecen más en la subcultura hippie, tal vez porque en tanto eran generalmente estudiantes de cla­ se media, tuvieron más libertad para ingresar en esta cultura amorfa. Sin embargo, incluso en la subcultura hippie parecía haber un ligero cambio que alejaba a las muje res de los roles fe meninos tradicionale s:

La imagen estereotipada que mayormente asociamos a la cultura hip­ pie suele ser la de la Madre Tierra, la del bebé tomando el pecho, o la frágil figura prerrafaelita. De nuevo será importante estar atentos a los peligros de aceptar acríticamente las imágenes recibidas a través de la cobertura de la prensa para ilustrar parte de un pánico moral, aunque hay posibilidades de que este pánico represente en sí mis­ mo una doble trampa: que la permisividad sexual quede ligada a la maternidad puede resultar más aceptable que un feminismo agresivo (Hally Jefferson, 1976, p. 219).

CULTU RA DE LA N OCTU RNIDAD Y RAVES

Resulta significativo que cuando las mujeres comienzan a aparecery a ser definitivamente tenidas en cuenta en los estudios de las subcultu­ ras juveniles se eleven nuevos pánicos morales, tal como surge en los trabajos sobre la vida nocturnay la música electrónica que se produje­ ron hacia fines de los años ochentay la década de 1990. MacRobbie y Berger toman distancia del enfoque del BCCCS y un ejemplo de eso es el artículo de Sarah Thornton Culturas de la nocturnidad: música, medios y capital subcultural de 1995, en el que la autora se reconoce deudora

Kenneth Thompson

de los estudios del BCCCS sobre subculturas juveniles para después sostener que su trabajo es "post Birmingham" en más de un sentido:

no considera las opciones de consumo juvenil como actos "protoar­ tísticos" o como "protopolíticos" en tanto los consumos culturales de los jóvenes son entendidos habitualmente como oposición a la cultura parental o a la cultura hegemónica. Al tratar de entender los valores

y jerarquías de la cultura de la nocturnidad, la autora regresa a los

sociólogos de las subculturas de la Escuela de Chicago, en particular

a los trabajos de Howard Becker sobre los músicos de jazz (Becker,

1963) y de Ned Polsky sobre los beatniks del Greenwich Village (Pols­ ky, 1967). En ambos casos, los grupos en cuestión trazan una clara diferencia entre su cultura "hip" y la de los "despreciables retrógra­ dos". Thornton se basa extensamente en la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, en particular en su libro de 1984, La distinción. Cri­ teriosy bases sociales del 9usto,y la idea de los grupos como poseedores de distinto monto de "capital cultural", lo que les otorga estatusy po­

der. El capital de la subcultura consistiría en conocer lo prestigioso en cuanto a lo musicaly al estilo que tienen tanto los clubbers1 más duros como los ravers hacia finales de la década de 1980, qué los distinguía

y los hacía considerarse superiores sobre los que escuchaban música

disco comercial, a quienes los ravers se referían irónicamente: "Sharon and Tra cy dance around their handba9s". 2

1 Palabra que en la jerga juvenil de la clase popular inglesa de la década de 19 50 designaba a los subgrupos que frecuentaban diversas clases de locales bailables, donde el tipo de música ha ido variando según la época. [N. de la T.]

2 Esta frase literal dicha por los ravers es utilizada por Thornton como subtítulo

de su libro Exploring the Meaning of the Mainstream (or why Sharon and Tracy Dance

around theirHandbags), como indicador de la complejidad del trabajo etnográfico de la nocturnidady cómo se tramitan en esos espacios cuestiones relativas al géneroy a la clase social. El subtítulo, cuyatraducciónliteralsería"SharonyTracybailan alrededor de sus carteritas", le sirve a la autora para poner en discusión la noción de "carteritas" y el hecho de que las Sarah y las Tracy son íconos de lo que los otros grupos podrían considerar la juventud "del sistema". La cartera es vista como el símbolo clásico del ama de casay de la adultez,y por lo tanto ninguna Sarah ni Tracy tendrán "onda". Este

Pánicos morales acerca de la ju ventud

Otros trabajos sobre las culturas de la nocturnidad, la música elec­ trónica y su asociación al uso de determinadas drogas (en especial, el éxtasis "E") sugirieron también que el análisis de lo subcultura! como se realizó en los primeros estudios ya no sería tan pertinente (Redhead, 1991; Merchanty MacDonald, 1994). Las fiestas de músi­ ca electrónica tienen su antecedente en el acid house, y no fueron algo nuevo sino tan solo otro eslabón en la cadena de subculturas; los in­ vestigadores interesados podrían revisitar lo que sucedía con la noc­ turnidad en 1950, 1960y 1970. Smith (1992) sostiene que la cultura rave es tan solo una tercera generación de "negación juvenil" que sigue la rebelión tradicional de los hippies y punks. Ciertamente hay co­ rrespondencias entre las subculturas anteriores y las actuales, y en­ tre los pánicos morales que se asocian con ellas. "Como con mods y rockers en 1960, los diarios sensacionalistas, la policíay la moral he­ gemónica encuentran rápidamente formas de condenar y controlar los demonios de última generación" (Merchant y MacDonald, 1994, p. 31). La prensa comienza a alertar sobre la cultura rave hacia fines de la década de 1980, acentuando el tema de la ingesta de drogasy el hecho de que miles de personas jóvenes concurriesen a raves que no solo tenían lugar en locales bailables sino también en galpones, han­ gares de aviones, al aire libre y en los túneles por donde circulan los trenes;y que duraban toda la noche hasta bien entrada la mañana. La policía fue veloz para desbaratar la supuesta amenaza al orden públi­ co que significaba este tipo de cultura, y una nueva legislación fue

modo subjetivo de abordar el estudio de la nocturnidad Oa etnografía de Thornton retrata el mundo con los ojos de sus partícipes) termina indefectiblemente con una discusión sobre el capital subcultura! -qué saber tienen los miembros de ciertas subculturas que les otorga un estatus superior-. En todo caso, el trabajo de Thornton es interesante porque la autora reconoce que le resulta imposible "encontrar un grupo que pudiera identificarse cómodamente con lo típico, el promedio, lo común, lo mayoritario o incluso lo hegemónico". Y eso es lo que le facilita concluir que los conceptos de "grupo hegemónico" y "subcultura" son ambos más fluyentes y menos rígidos; actualmente todo tiende a ampliarsey desafiar la ideología. [N. de la T.]

Kenneth Thompson

adoptada a través del Entertainments (lncreased Penalties) Act 1990 (una ley que regula las penas por infracciones en el marco de espec­ táculos o entretenimientos). A esto le siguió un incremento del poder de control que en 1993 otorgó el secretario de Estado como parte de su cruzada contra "el crimen juvenil" dirigida particularmente hacia dos grupos de ravers (los viajeros New Agey los squatters). Hacia 1993 las raves ilegales habían casi desaparecido, pero la cul­ tura asociada a la música electrónica se había extendido y diversifi­ cado en una gran variedad de estilos y sin particularidades de clase social, raza o género. Siguió resultando atractiva para miles de parti­ cipantes entre los que aumentó también el consumo de drogas, pero a la prensa dejó de interesarle. De todos modos, hubo un nuevo brote de pánico moral en ocasión de la muerte por consumo de éxtasis de Leah Betts en 1995, a los 18 años. Una crónica de ese momento, que da cuenta del pánico, afirmaba:

Solo hace un año que Leah Betts tomó su primera pastilla de éxtasis. Ella entró en comay murió. Los periodistas tuvieron que salir a traba­ jar en el territorio. Titulares sentimentaloides que apelaban directa­ mente al corazón habían sido pensados para promover las oraciones por la preocupación de padres ignorantesy temerosos, como si una bomba estuviera a punto de explotar en medio de la sala de estar. "Po­ dría ser su hijo", advertía el Dai!Y Mail. "Envenenada: pastilla de la droga puso en coma a una chica de 18 años recién cumplidos", anun­ ció el Dai!Y Mirror. "Las últimas palabras de Leah: dio el nombre de quien le vendió el éxtasisy rogó 'Mamá, ayúdame, ayúdame'", infor­ mó el diario Today. Todos los periódicos mostraron la imagen de Leah desahuciada, de apariencia angelical,yacente, intubada en una cama de hospital. Una imagen que sacudiría al más duro de los fanáticos de la música electrónica (The Guardian, 16 de noviembre de 1996).

La nota lanza una pregunta: "¿Por qué el tema de Leah Betts tuvo tan­ ta difusión?". A otras muertes vinculadas al éxtasis (se calcula un to-

Pánicos morales acerca de la ju ventud

tal de casi sesenta muertos en los diez años anteriores) los periódicos solo dedicaron pequeños párrafos. La respuesta sugerida es que esta era la única muerte causada por éxtasis de la que se había publicado una foto del momento de la agonía. Los padres, el matrimonio Betts, realizaron una gira por todo el país, visitando escuelas y programas de televisión para advertir a los adolescentes sobre los peligros de la droga. Miembros del Parlamento presionaron para reglamentar li­ mitaciones a los locales nocturnos y ordenar a las autoridades loca­ les que todo sitio sospechoso de ser un lugar de venta de droga fuese clausurado. Sin embargo,y a pesar de que las autoridadesy los dueños de los locales afirmaban haber tomado las acciones correctas y tener el problema bajo control, no hizo falta demasiado para volver a agi­ tar el pánico moral. Cuando el cantante Brian Harvey, del grupo pop East 1 7, dijo en una entrevista radial que "el éxtasis es inocuo" y que dejaba salir lo mejor de cada uno, el Mirror (como se llamaba a sí mis­ mo el conocido Dai!Y Mirror) salió con un titular de tapa: "El asunto del shock de éxtasis", y varias páginas interiores dedicadas al tema. Allí el diario le mostraba al cantante la foto de Leah Betts en coma e insis­ tía en que se retractara, para luego informar que Harvey, al borde del llanto, dijo: "Es horrendo. Era un bebé. Lamento tanto haber ofendi­ do a sus padres, no tenía esa intención". Aparentemente no fue solo el ruego de los padres lo que conmovió a Harvey: previamente le habían informado que los directivos de la compañía discográfica temían que sus discos no se compraran más (Mirror, 17 de enero de 1997). La re­ tractación no tuvo ningún éxito y, un par de días después, el resto del grupo cedió a la presión de la discográficay se deshizo de él. Otros periódicos también hicieron de esta última noticia sobre éx­ tasis la portada de su edición de ese día, y también hubo audiciones de radio y varios programas de televisión que se ocuparon del tema. Pero el Mirror, como parte de la competencia con su más exitoso ri­ val The Sun, se mantuvo fiel a su nuevo estilo: focalizar tan solo en una historia sensacionalista. Sin embargo, The Sun, con una cobertu­ ra extensa y saturada, lo superaba gracias al estilo muy directo de las

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entrevistas. Además, publicó la foto de una pastilla de éxtasis del ta­ maño de toda la portada, y otras páginas incluían: una foto a cuatro colores de un raver de cuerpo entero sobre cuya figura se sobreim­ primían imágenes de sus órganos severamente dañados; otra serie de fotografías en una página doble repleta de jóvenes muertos a causa del éxtasis, acompañadas de un número de teléfono para que los lec­ tores votaran en una encuesta sobre qué debería haberse hecho en cada caso. Figuraba también, en el interior del diario, una infografía que mostraba la suma generada por la industria del éxtasis en un año, 1.000 millones de libras esterlinas, y su equivalencia con el monto que toda Inglaterra gasta en té y café; a esto le seguía un dato biza­ rro: la sugerencia de que, si el éxtasis se legalizara, el negocio crece­ ría hasta alcanzarlos 5.000 millones de libras esterlinas al año, que le dejarían al Estado unos 4.000 millones de libras en impuestos -sufi­ ciente para pagar el 10% del Sistema Nacional de Salud, un cuarto del presupuesto de defensa o casi la mitad del gasto anual en fuerzas de seguridad (17 de enero de 1997). Los estudios sobre la cultura rave y sobre quienes están involucra­ dos o son partícipes en ella describen la situación de una manera bien distinta de como lo hacen los medios masivos. Los académicos enfati­ zan la atmósfera amigable de los eventos, tipificada como un ambiente con una conducta menos agresiva, menos machistay violenta que la de la nocturnidad habitual. Afirman incluso que en términos de relacio­ nes de género los vínculos son más igualitarios (Evans, 1990; Hender­ son, 1992). Al evaluar el peligro del éxtasis, los profesionales sostienen que el problema no es tanto la sustancia química en sí misma sino las condiciones en que se produce la ingesta de la droga durante la rave:

Los síntomas de la ingesta de éxtasis son casualmente similares a los de un ataque al corazón: las altas temperaturas y el baile vigoroso de las raves pueden interactuar con el MDMA (ingrediente básico del éx­ tasis] y producir experiencias físicas cuantitativa o cualitativamente diferentes de cuando se ingiere la droga en un estado de relajación. En

Pánicos morales acerca de la ju ventud

los Estados Unidos, donde la droga estuvo disponible mucho antes que en Gran Bretaña, pero donde no hay una cultura dance comparable, ha habido solo dos muertos a causa del MDMA (Merchant y MacDonald,

1994, p. 22).

Pero ciertamente hay algún riesgo, aunque quizás sea difícil de eva­ luar, dado que millones de jóvenes han participado en ravesy muchos de ellos han consumido éxtasis. La mejor política parecería ser el co­ nocimiento y la educación, en lugar de sensacionalizar el tema y su peligrosidad creando pánicos morales entre los jóvenes para generar un alarmismo innecesario. En cuanto a lo concerniente a la comprensión de la cultura rave, las investigaciones más recientes enfatizan que hay algo que diferencia

a los cultores raves de las culturas juveniles que los precedeny nece­

sita enfoques teóricos diferentes que los desarrollados por el BCCCS. Merchanty MacDonald (1994, pp. 32-33) señalan cinco diferencias:

1) Lo rave ha sido un fenómeno cultural de masas entre losjóvenes, lo cual es distinto de las subculturas mody rocker, punk, skinhead o

teddy boys. 2) La rave no es un fe nómeno total o mayoritariamente vincu lado

a la clase obrera. Entonces es imposible conceptualizarlo como una

respuesta simbólica de la juventud de clase obrera frente a la inequi­

dad económica, modo en que fueron interpretadas las subculturas en los estudios realizados con distintos grupos por el BCCCS. 3) Vinculado a lo anterior, la cultura rave no puede ser entendida como resistencia ritualizada a formas de la cultura hegemónica en la sociedad. Si bien ofrecióoposición, esta estuvo dirigidapuntualmen­

te a los intentos de controlar o prohibir las raves en sí, los eventos y

fe stivales con el argumento de tener "D erecho a la fiest a". La cultura

rave es esencialmente hedonista, divertirse y pasarla bien es impor­ tante y no tiene que ver cori modificar el statu quo social. 4) En contraste con la situación descripta para las subculturas ju­ veniles según el BCCCS, las mujeres no están marginadas en la cultura

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rave, que no está dominada por un tipo de conducta masculinoy es un ambiente étnicamente diverso. 5) La cultura rave no es consumista ni es sencillo identificar a sus cultores con un estilo particular de indumentaria, como los teddy boys, mods, rockers, punks y skinheads. No es una cultura de pandi­ llas, es más difusa, desorganizada e invisible. Por estas razones, algunos sostienen que no es correcto descri­ bir las raves sencillamente como otra subcultura juvenil. Siguiendo

a Redhead y a los investigadores de la Manchester University (Re­

dhead, 1990, 1991, 1993), que tienen una perspectiva posmoder­ na basada en los trabajos de Jean Baudrillard, podríamos decir que tanto acid house como rave son culturas relativamente superficiales,

y entonces, un análisis que intente descubrir una significación ver­

dadera (cl ase cultural ), más profunda de los fe nómenos juveniles se equivocaría. Quizás convenga pensar la cultura juvenil rave en tér­ minos de mercado, donde "los consumidores son incitados a indivi­ dualizarse y donde las operaciones de poder parecen estar a favor de la clasificacióny la segregación" (Thornton, 1995), pero es difícil considerar como "progresivo" el deseo de clasificación basado en la distinción cultural en estas circunstancias, tal como previamente al­ gunos académicos habían visto en las culturas disidentes una resis­ tencia a la hegemonía. No obstante, Thornton afirma que de todos modos hay algo que capitalizar en términos de una comprensión más amplia al intentar"leer" o decodificar las distinciones simbólicas im­ plicadas en los discursos y práctica" de la cultura rave: pueden per­ mitirnos conocer algo acerca de cómo los diferentes grupos buscan distinguirse cada uno en relación con otro. A menudo el Otro es la cultura hegemónica o la cultura asociada a la autoridady sus valores (como los valores antidrogasy en contra del hedonismo). Cuando es­ tos valores parecen estar alterándose, los medios tienden a disponer estrategias discursivas, amplificar la amenaza y generar un pánico moral sobre los riesgos que corre no solo la gente joven sino el orden moraly social.

4. PÁNICO MORAL ACERCA DEL MUGGING

4. PÁNICO MORAL ACERCA DEL MUGGING Quizás el siguiente texto más conocido sobre un pánico moral,

Quizás el siguiente texto más conocido sobre un pánico moral, des­ pués del de Stanley Cohen, Folk Devils and Moral Panics (1 972), sea el que escribieron Stuart Hall y sus colegas del cccs de Birmingham (BCCCS), Policin9 the Crisis: Mu99in9, the State and Law and Order [Vi­ gilando la crisis: mu99in9, el Estado, la ley y el orden] (1 978). Este segundo libro ha sido muy debatido, en general criticado debido al uso de términos de perspectiva "marxista" o como ej emplo de una "teoría de los grupos de intereses" vinculados a los pánicos mora­ les (que se ha discutido en el primer capítulo). Los críticos también consideraron que el texto minimiza el incremento real del crimen violento durante la década de 1970 y los temores de tipo irracional que esta realidad generó particularmente en la clase obrera, víctima habitual de tales crímenes (véase Waddington, 19 86). De todos mo­ dos, la originalidad del trabajo de Hally sus colegas no está tanto en el modo en que utiliza la teoría marxista en relación con el capita­ lismo y el Estado, sino en la muy imaginativa decodificación de las narrativas mediáticas y el detallado análisis del "espiral de signifi­ cación" -un proceso de significación pública de las cuestiones y los problemas que intrínsecamente están en escalada-. El modo en que los investigadores de Birmingham "decodifican" los discursos utili­ zados por los medios masivosy muestran cómo crean una impresión particular de la declinación moral es aquello que tiene valor para el presente estudio acerca de los pánicos morales. En otras palabras, no

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resulta de interés en este caso si ciertos crímenes han aumentado ni si el temor de la gente es proporcional a tal incremento Oos senti­ mientos de temor suelen ser más difíciles de investigar cuando to­ das las fuentes con que se cuenta para dicha cuestión son informes de prensa). El trabajo de Hall es estudiado por lo que puede enseñar sobre la decodificación de prácticas de significación como forma de análisis discursivo; en este caso, los discursos mediáticos que fue­ ron tomando la forma de un "espiral de significación" amplificando episodios de conducta "desviada" para crear una sensación de riesgo creciente. Los autores de Policin9 the Crisis comienzan su análisis de la "pro­ ducción social de las noticias" poniendo en claro que los medios no informan de una manera sencilla y transparente sobre eventos que "naturalmente" valen como noticias en sí mismos. Las "noticias" de­ ben ser consideradas como el producto final de un proceso complejo que comienza con la clasificacióny selección sistemática de los even­ tosy temas realizada de acuerdo a un conjunto de teorías socialmente construidas. Hay una ideología profesional de lo que constituye una "buena noticia" -el sentido periodístico de estar delante de "una no­ ticia que vale"-, que estructura todo ese proceso. El valor primordial de una noticia se vincula con temas que están "más allá de lo ordina­ rio", superando las expectativas "normales" sobre la vida social. Hay también otra cantidad de valores clave además de este, entre ellos:

eventos que conciernen a personas o colectividades de élite; even­ tos dramáticos; eventos que pueden personalizarse hasta el punto de destacar alguna característica esencial de la naturaleza humana: hu­ mor, tristeza, sentimentalismos, etc.; sucesos con consecuencias ne­ gativas; y otros que pod rían ser parte o fáciles de hacerse pasar por parte de un tema queya es considerado comonoticia (Hall et al., 1978, p. 52). Otro elemento que es importante en el proceso de construc­ ción social de las noticias supone la presentación de un tema a una audiencia que se da por supuesta en términos que quienes lo presen­ tan juzgan que serán comprensibles para esa determinada audiencia:

Pánico moralacerca del mu99in9

Si no representáramos el mundo como un revoltijo de eventos caó­ ticosy arbitrarios, entonces deberíamos identificarlos (por ejemplo, otorgarles un nombre, definirlos, vincularlos a otros eventos que la audiencia sí conoce), y atribuirles un contexto social de pertenencia (ubicarlos dentro de un marco de sentido familiar para la audiencia). Este proceso de identificacióny contextualización es uno de los más importantes a través de los cuales los medios consideran que los eventos son forjados para significar. Un evento solo "tiene sentido" si puede ser ubicado en un rango de reconocidas identificaciones so­ ciales y culturales (Hall et al., 1978, p. 54).

La hipótesis de fondo acerca del proceso de hacerinteligible un even­ to es la naturaleza consensual de la sociedad: "el proceso de significa­ ción -dar sentido social a un evento-asumey colabora en la construcción de la sociedad como 'consenso"' (Hall et al., p. 54; itálicas en el original). Entonces, cuando un evento es descripto por los medios en encuadres de sentido e interpretación, se asume que toda división socialy cultu­ ral está contenida dentro de ese consenso fundamental, y que todos somos capaces de hacer uso de tales encuadres. La mayor importan­ cia de la función de contextualizar e interpretar al presentar las noti­ cias es que los medios a menudo tienen que mostrar información que está fuera de la experiencia directa de su audiencia, y que esta "rea­ lidad problemática" supera las expectativas habituales y por lo tanto es amenazante para una sociedad basada en torno a expectativas de consenso, ordeny rutina. Los medios ubican estos sucesos problemá­ ticos dentro de los marcos de comprensión habitual al definir cuáles son los eventos significativos que están sucediendo y ofrecer inter­ pretaciones acerca de cómo entenderlos. El siguiente paso en el análisis fue explicar cómo las estructuras rutinarias de la producción de noticias tienden a reproducir las defi­ niciones de lo poderoso. La explicación que se ofreció fue que las pre­ siones prácticas de trabajarconstantemente contra el relojy de lograr la imparcialidady objetividad requeridas de la práctica profesional,y

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a la vez depender de afirmaciones de "fuentes acreditadas", se com­ binan para producir un acceso exa9erado de los medios hacia quienes ostentan posiciones de poder o posiciones de privilegio institucional. Estos poderosos representantes institucionales son quienes se con­ vierten en principales definidores de la agenday tienden a establecer el marco interpretativo inicial de todos los temas, la "estructura infe­ rencia}" (Lang y Lang, 1955). Es preciso que incluso los argumentos en contra de estas interpretaciones iniciales también estén ubicados dentro de la definición que ofrecen quienes determinan la agenda so­ bre "qué sucede". Según los investigadores de Birmingham, esta re­ lación consolidada entre los poderosos que definen la agenda de las instituciones y los medios garantiza la reproducción permanente de las ideas o ideologías dominantes. Sin embargo, este ciclo de reproducción ideológica no se debe a una conspiración mecánica ni automática. Está sujeto a la transfor­ mación que los medios mismos operan sobre el material en crudo, aun cuando estén dentro de ciertos límites ideológicos. Cada periódico puede apropiarse de criterios diferentes de selectividad, particular­ mente según perciba la naturaleza de su audiencia. También puede variar el modo en que se transforma el material para mantenerla per­ sonalidad particular de cada periódico y su versión del lenguaje del público al que se dirige. La traducción que los periódicos realizan de las afirmaciones de quienes fijan agenda a la lengua del público no solo los hace más accesibles a quienes no están iniciados, sino que también los reviste de fuerza popular y resonancia, naturalizándo­ los dentro del horizonte de comprensión de los diversos lectores. El ejemplo dado para ilustrar este proceso fue una historia publicada en el Dairy Mirror del 14 de junio de 1973 sobre el informe anual del jefe del cuerpo de la Policía Real, en el que afirma que "el aumento de crí­ menes violentos en Inglaterra y Gales ha despertado, con razón, la preocupación pública". El diario The Mirror tradujo la preocupación del je fe de policía por el incremento del crimen entre la juventud de un modo mucho más dramático, con más connotaciones y con una

Pánico moralacerca del mu9gin9

forma más popular. El titular simplemente decía "GRAN BRETAÑA SALVAJE: 'violencia irracional' de una patota de muchachos preocu­ pa a los más altos jefes de policía". Al informe se le dio el valor de una noticia dramática y la jerga burocrática y formal se traspuso hacia una retórica acorde con la noticia. También se instaló esa afirmación en el repertorio de las imágenes populares, que incluían el uso creado previamente por ese mismo medio para tratar sucesos vinculados a barras bravas "salvajes" y "salvajes" bandas de skinheads.

Esta transformación a un idioma público le otorga al tema una re­ ferencia externa públicay validez en imágenesy connotacionesya sedimentadas en el conocimiento acumulado que comparten el pe­ riódicoy su público. La importancia de la referencia externa públi­ ca sirve para objetivar un tema público. Es decir, la difusión de un asunto en los medios puede darle un estatus más "objetivo" en tan­ to tema real (válido) de interés público que si hubiese sido el caso de haber permanecido como un simple informe hecho por expertos y especialistas. La atención de los medios concentrados confiere el estatus de alto interés público a los temas que resalta; estos gene­ ralmente han sido entendidos por todos como "los temas relevantes del día". Esto es parte de la función mediática de establecer agenda. Establecer agenda tiene también el efecto de confirmar la realidad

(Hall et al., 1978, p. 62).

Un proceso inverso a ese en el cual los medios traducen definiciones dominantes a un idioma (que asumen) como público es aquel en que la prensa se encuentra a car90 de la voz públicay afirma hablar en nom­ bre del público. Esta asunción de la voz pública, de erigirse en quien articula lo que la "mayoría moral" piensa, busca lograr legitimidad pública para el punto de vista que el propio periódico expresa y re­ presenta su costado más proselitista. Estas repres.entaciones mediá­ ticas de la opinión pública son habitualmente empleadas por quienes detentan el poder como si se tratara de "evidencia imparcial" de lo

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que el público quiere. A esta altura, el "espiral de amplificación" es particularmente compacto. No tanto porque haya un acuerdo ideo­ lógico perfecto al pensar en el tema particular, sino más bien porque es difícil insertar puntos de vista alternativos a los establecidos por el marco dominante. En algunos asuntos controversiales, en los que hay una "voz" alternativa con suficiente articulación institucional y poder, sería posible torcer el discurso hacia un nuevo territorio, pero habitualmente los términos que determinan qué es "razonable", "ra­ cional" y no "extremo" están bien establecidos. Esto es particular­ mente evidente en temas como lo criminal. En el caso de la producción de noticias sobre crímenes, los me­ dios son muy dependientes de sus fuentes primarias -las institucio­ nes de control de crimen, tales como la policía, representantes del Ministerio del Interior y de la Justicia-. La policía, por cierto, puede aducir una doble expertise en la guerra contra el crimen, basada en su entrenamiento profesional y en la experiencia personal. Los perio­ distas dependen de ellos en tanto su principal fuente de información y se resisten a perder esa confianza. El Ministerio del Interior, al ser responsable ante el Parlamento, puede aducir legitimidad en su re­ presentación de la voluntad popular. En tanto los jueces, con toda su parafernalia de dignidad ceremonial, tienen un gran estatus simbó­ lico en tanto guardianes de la moral y como encargados de castigar las ofensas a la "conciencia colectiva", como denominó el sociólogo Emile Durkheim a la base moral de la integración social. Existen po­ cas fuentes, si es que hay efectivamente alguna, que puedan compe­ tir como alternativas a estos definidores con autoridad sobre qué es un delito, qué da forma a su estructura narrativay cuál es el formato típico de las historias de crímenes. Como explican Stuart Hall et al. :

Esta situación casi monopólica ofrece las bases de tres formatos tí­ picos para las noticias policiales, que en conjunto cubren todas las variantes de historias sobre crímenes. Primero, la nota basada en el informe policial sobre las investigaciones de un caso particular -que

Pánico moralac erca d el m1A99in9

supone la reconstrucción del evento y detalles de las acciones que se toman-. En segundo lugar, el informe acerca del "estado de la guerra contra el crimen" que envían el jefe de policía o el Ministerio del In­ terior con estadísticas sobre la cuestión, conjuntamente con una in­ terpretación sobre lo que esos datos significan: cuál es el desafío más serio, en qué campo se registra el mejor trabajo policial, etc. En tercer lugar, la receta básica del informe sobre un crimen -es decir, la his­ toria basada en un caso judicial: alguno en el que el caso en cuestión resulta una noticia importante, donde se siguen día a día los eventos del juicio; algunos otros donde se hace la crónica del día de la senten­ cia con particular interés en los señalamientos de los jueces que pre­ suntamente son valiosos como noticia y, por último, otros que solo consisten en un breve informe sumario (Hall et al. 1978, p. 69).

Los investigadores de Birmingham aplicaron este análisis a la cober­ tura que la prensa realizó durante un período de trece meses, desde agosto de 1972 hasta agosto de 1973, sobre un tipo particular de cri­ men, el mu99in9, que se convirtió en noticia a causa de su naturale­ za extraordinaria. El primer caso dado a publicidadtuvo lugar el 15 de agosto de 1972, cuando un anciano viudo fue apuñalado y murió cerca de la estación Waterloo. La prensa nacional etiquetó el episo­ dio -tomando prestada la descripción que propuso un oficial llega­ do recientemente de una visita a los Estados Unidos- "a mu99in9 9one wron9" ["un asalto que salió mal"] . El titular del Dairy Mirror (del 17 de agosto de 1972) lo expresa de esta manera: "a medida que el crimen violento aumenta, una palabra común en los Estados Unidos ingresa en los titulares británicos: mu99in9. Para la policía inglesa es un nuevo tipo de crimen espantoso". El Dairy Mirror describía el evento sobre la base de la información policial, una imaginativa reconstrucción, y nueva evidencia que avalaba su postura sobre la escalada del cri­ men violento. Describían a un hombre atacado por tres jóvenes que querían robarle,y que lo apuñalaron cuando quiso resistir. En cuanto concierne a la definición de la palabra mu99in9, en la nota se comenta-

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ha que era de origen norteamericano y derivaba de frases como "ata­ car al mu !f (una víctima fácil). De acuerdo con The Mirror, la policía norteamericana describe ese tipo de asaltos como "aquellos en que el ladrón utiliza la suficiente fuerza como para sofocar con su propio brazo a la víctimay entonces le roba, ya sea con arma o sin ella". Lue­ go, el artículo incluía las estadísticas sobre el aumento de crímenes de esta naturaleza en los Estados Unidosy agregaba las cifras de casos en el subterráneo londinense. Las implicancias tambiénfueron enuncia­ das por The Mirror: "de a poco, el mu99in9 está llegando a Gran Breta­ ña". Un conjunto de connotaciones sobre el lado oscuro de la vida en las urbes norteamericanas se conjugaba con el hecho de que Estados Unidos representara para Gran Bretaña el porvenir, lo que estaba por llegar, a menos que se tomara una acción drástica. Una solitaria voz progresista intentó indagar si el mu99in9 era un nuevo tipo de crimen. Louis Blom-Cooper QC,1 en The Times, expresó su punto de vista:

No hay nada nuevo bajo el sol: y del mu99in9, además de haber sido

omitido del Diccionario inglés de Oxford

es un fenómeno novedoso. Hace poco más de cien años sucedió en las calles de Londres un brote de robos sin violencia. Se lo llamó "9 arrot­ tin9", ya que eran intentos de ahogar o estrangular a la víctima del

robo (The Times, 20 de octubre de 1972).

también sabemos que no

Resulta interesante que antes de que la policía adoptara la etiqueta mu99in9, el jefe de la Policía Metropolitana, en su informe anual de 1964, comentara el 30% de aumento de "robos o asaltos con inten­ to de robo" refiriéndose explícitamente al hecho de que "Londres siempre había sido escenario de robos, desde mucho tiempo atrás, desde los días de atracadores de caminos y bandoleros" (citado por Hall et al., 1978, p. 5). Ya pesar del uso del término que la policía, los

1 QC es el acrónimo de Queen's Counsel: Consejero de la Reina. (N. de la T.)

Pánico moralacerca del mu99in9

jueces y el Ministerio del Interior empezaron a hacer con posteriori­ dad, no existe una categoría criminal para mu99in9 y las estadísticas seguramente estarían sumando los "robos" a personas con "asalto con intento de robo" u algún otro cargo similar y convencional y ya tipificado. No tiene sentido dedicarse tanto a la cuestión de la definición del hecho criminal ni a las estadísticas (Stuart Hall y sus colegas lo ana­ lizan con detalle), porque el punto principal del análisis es mostrar cómo la aplicación de la etiqueta mu99in9 y la construcción de histo­ rias acerca de ese delito puede considerarse como lo que condujo a un pánico moral. En otras palabras, interesa cómo las descripciones de unos pocos hechos pueden implicar connotaciones tales que la gente sienta que ha surgido una nuevay extendida amenaza a las bases mo­ rales que cohesionan la vida de una sociedad. Los meses posteriores al primer etiquetamiento estuvieron mar­ cados por un cuidadoso montaje que realizaron los medios para la co­ bertura de mu99in9 en tanto tema relevante. El rasgo que precipita y sostiene esto, y con su centro en la columna editorial, fue el uso de sentencias "ejemplificadoras". La gente joven acusada por cualquier cosa que pudiera etiquetarse cercana al mu99in9 recibió sentencias realmente severas, con encarcelamiento, que luego hasta los mismos jueces admitieron como improcedentes pero necesarias para tomar al toro por las astas. La policía y los políticos asumieron la campaña como propia y declararon la "guerra al mu99in9". Y en poco tiempo ya consideraban la batalla ganada (Sunday Mirror, 22 de octubre de 1972). De todos modos, la ansiedad pública que había sido azuzada ya no sería tan fácil de calmar. Una encuesta de opinión pública en el Dairy Mail del 10 de noviembre de 1972 informa que el 90% de los en­ trevistados querían sentencias más severasy el 70%, que el gobierno se preocupase con mayor urgencia de este tema. Luego, en marzo de 1973, surgió el caso que haría regresar el tema a la primera plana: la sentencia de los jóvenes de Handsworth condenaba a uno de ellos a veinte años de prisióny a los otros a diez años de prisión. Habían asal-

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tado a un hombre en un baldío, robándole 30 peniques. y luego regre­ saron al lugar para volver a atacar. En la reconstrucción inicial que la prensa realizó de esta historia, la primicia se centró en sus factores extraordinarios: sentencias sin precedentes, violencia y el hecho bizarro de que el crimen fuese para robar apenas esa cantidad insignificante de dinero. Posteriormente, la atención cambió de foco, y un segundo grupo de rasgos que hacían de la historia una noticia comenzó a tener un papel importante. Al nivel de la subcultura del periodismo pro­ fe sional había en ese caso algo más, algo que, afirmaban, "ll amaba la atención". Este es uno de los rasgos del discurso periodístico referido a los crímenes que, como expusieron los autores del BCCCS, da cuenta de la conexión entre los procesos mediáticos y las "ideologías legas" diseminadas por doquier. Entre los rasgos con que se tipificaban las características del "jefe de la banda" en los artículos del 21 de marzo de 1973, en notas de se­ guimiento del caso de Handsworth, había referencias que lo hacían aparecer con rasgos del tipo mafioso (en un titular del Dairy Mail); también se pudo leer en el Dairy Mail y el Dairy Express que el líder de la banda era hijo de "un padre nacido en India", especulando sobre cierto resentimiento social; y finalmente las referencias de una vida en el gueto o barrio humilde, que reunidas con la palabra "crimen'', no escatiman elementos clásicos de las narraciones sobre el mu99in9 norteamericano; el Dairy Express se refirió también al "barrio de inmi­ grantes". El efecto, según Stuart Hall y sus colegas, fue:

La "imagen pública" dominante que se dio al tratamiento mediático del caso Handsworth en todos los periódicos nacionales estuvo re­ ferida al gueto o barrio marginal. Este tipo de imagen se incluía en el preciso momento de establecer alguna relación entre crimen y hábi­ tat, lo cual resultaba ideológicamente coactivo. La asociación "trans­ parente" entre crimen, raza, pobrezay vivienda se condensa en esa imagen del gueto pero de ningún modo es una formulación casual. Cualquier explicación posterior está esencialmenteanticipadaya en

Pánico mo ralace rca del muyyiny

esa definición circular; estas eran las características que construye­ ron esos barrios. El "problema" inicial -el crimen- se inserta enton­ ces en un "problema social" más general en el que la aparente riqueza de la descripcióny evocación sustituía las conexiones analíticas. Las conexiones se establecían sí con la muerte en las ciudades, con el pro­ blema de la inmigración , la crisis de la ley y el orden, y eran todas fundamentalmente conexiones descriptivas. A través de la "imagen pública del gueto'', el lector es empujado allí donde una analogía ge­ neralizada reemplaza el análisis concretoy donde regresa la imagen de los Estados Unidos como precursor de todas las pesadillas ingle­ sas. Es una forma poderosay convincente de clausura ret6rica (Hall et

al., 1978, p. 118).

La dislocación social tenía una ligera variación en los periódicos lo­ cales de Birmingham, en los que se acentuaba que cuando lajuventud carece por completo de lugares de esparcimiento o disfrute se con­ vierte en un potencial peligro (un tema habitual de los pánicos mora­ les hacia los jóvenes surgidos en la posguerra), además del deterioro de la familia tradicional asociado con la pérdida de sus respectivos valores y de la disciplina. El Sunday Mercury de Birmingham sugería que el crimen era el precio a pagar por abandonar estos valores fami­ liares y que ni la precariedad habitacional ni la pobreza habrían con­ ducido al crimen si además de una vivienda digna hubiera habido allí "una madre en su correspondiente lugar". Si para la prensa nacional el barrio humilde era la imagen de la decadencia urbana y una amenaza potencial, el análisis del diario local apelaba más a los valores fami­ liares tradicionales. Para sintetizar: el análisis sobre la construcción de las noticias su­ giere que los periodistas dependen de quienes desde las instituciones definen la agenda con relación a los eventos que son o no son noticia. Pero luego los mismos periodistas precisan de ideologías legas, popu­ lares, para el momento en que solo se trata de seguir un caso, explicar las causas y ampliar la relevancia social de los eventos. Entre los ele-

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mentos organizadores o condensadores de las imágenes de pesadilla, que suelenbrotar con frecuencia, está ese "lado oscuro" de los Estados Unidos que se ha implantado tan profundamente en los relatos de la cultura popular, desde las películas de Hollywood hasta los informes sobre la vida violenta de los barrios humildes del país profundo. Otra explicación recurrente es cómo afecta esto la vida de una familia cu­ yos valores son amenazados, siendo ellos la fuente principal de estabi­ lidady el muro de contención del crimen entre la clase obrera. Antes de considerar los detalles de la investigación sobre las ideo­ logías legas que realizó el BCCCS, vale la pena mencionar otra fuente confiable de información de los medios que los investigadores tuvie­ ron en cuenta: las cartas de lectores. Este había sido hasta entonces un aspecto del estudio de la prensa gráfica poco estudiado por los so­ ciólogos británicos que analizaron los medios de comunicación. Esa seccióndel periódico es un fenómeno muy interesante porque produ­ ce una impresión de equilibrio y de acceso democrático a los medios, es el espacio donde "el pueblo" cree tener la posibilidad de unirse a la conversaciónpúblicay a los temas en debate en la esfera pública. Pero, obviamente, esas cartas están sujetas a la selección del editor, que en general prioriza el acceso a voceros privilegiados o poderosos; aunque de todos modos los editores prefiereny disfrutan de esas car­ tas que parecen haber sido escritas desde una experiencia personal. Los investigadores separaron las cartas en tres categorías: "libera­ les", "tradicionalistas" y "radicales". Una impresionante mayoría de las publicadas en la prensa nacional sobre el tema del mu99in9 habían sido escritas por "tradicionalistas",y su contenido, tanto como los te­ mas de otros artículos, ofrecían muchos de los elementos que Hall y sus colegas identificaron como la ideología y el "consenso tradicio­ nal" dominantes. Esto tenía una cantidad de componentes vincula­ dos, entre los que se destaca la noción de decencia como valor clave. Esta noción se toca con valores protestantes como el ahorro, la auto­ disciplinay el llevarunavidadecente, que se vinculan conideas como la autoayuda, la confianza en uno mismoy la conformidad con los es-

Pánico moralacerca del muygin9

tándares sociales establecidos. Para la clase trabajadora esto era im­ portante por la manera en que se relaciona con el trabajo, la pobreza y el crimen. Para la clase trabajadora "respetable", a diferencia de los "rústicos", la pérdida de la decencia se asociaba con la pérdida del tra­ bajo y con la pobreza, que habitualmente conducían al crimen o a la mala conducta. El sentido de un carácter nacional (inglés) es produc­ to de la cohesión de estas imágenes sociales en tanto sentido común, con implicancias de un pragmatismo rayano en lo antiintelectual. Es­ tas imágenes se articulaban en una única idea de estabilidad, de fun­ damento sólido, de hábitosy virtudes inmutables que constituían eso que será"por siempre, Inglaterra". Sin embargo, una cantidad específica de cambios sociales se com­ binaron para socavar algo del apoyo crucial a esas imágenes, produ­ ciendo ansiedad social y la sensación de un aumento del riesgo que era particularmente agudo para algunos grupos, especialmente algu­ nas porciones de la clase trabajadoray la clase media baja. Uno de esos cambios fue la sensación de opulencia generada con el crecimiento de la producción de posguerra, asociada con actitudes de materialis­ mo, hedonismoy permisividad, que eran contradictorias con los va­ lores éticos protestantes. Esto resultó perturbador para la clase media baja, que no alcanzaba aquellos beneficios y que había revestido la vida entera con las virtudes de la austeridad, la decencia y la discipli­ na moral. Por esta razón tenía un particular resentimiento hacia los jóvenes que parecían despreciar esos valores. También había cambios que aumentaban la ansiedad social en las tradicionales comunidades de la respetable clase trabajadora: se dividieron los antiguos barriosy se fracturaron las redes familiares que habían practicado un control informal sobre los jóvenes. Estos acontecimientos colapsaron en tres imágenes superpuestas de la inquietud: jóvenes, bienestary permisi­ vidad. Mucha gente mayor experimentaba tal ansiedad social como resentimiento y desapoderamiento, y los que formaban parte de la clase media participaban en las campañas de "limpieza" moral (como por ejemplo la campaña "Limpiemos la TV " de la señora Whitehou-

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se) o dirigían su hostilidad hacia aquellos "de afuera'', los inmigrantes y las influencias "extranjeras" como aspectos de la cultura popular norteamericana. Esas fuerzas llegadas de fuera devinieron entonces "demonios populares" o "chivos expiatorios", creadores de toda in­ quietud social, la imagen opuesta a todo lo familiary virtuoso. Stuart Hall et al., lo dicen así:

El "ladrón" era un diablo popular, su forma y su contorno reflejan fielmente el contenido de los miedosy las angustias de los que lo ima­ ginaron primero, y de hecho lo descubrieron: joven, negro, criado por o como resultado de la "ruptura del orden social" en la ciudad, amenazando la tradicional tranquilidad de las calles, la seguridad de la circulación ordinaria del ciudadano respetable; motivado por la pura ganancia, una recompensa que si puede intentará recibir sin el trabajo honesto de un día. Su crimen es el resultado de miles de oca­ siones en las que los adultos y sus padres fracasaron en corregirlo, en civilizarlo o servirle de tutores para enderezar sus impulsos más sal­ vajes , compelidos por la aún más aterradora necesidad de "violencia gratuita", resultado inevitable del debilitamiento de la fibra moral de la familia y la sociedad, y del colapso general de respeto a la discipli­ na y la autoridad. En resumen, el símbolo la "permisividad" se hace carne en todas sus acciones y en su persona, sentimientos y valores que eran lo contrario de esa decenciay continencia que hizo de Ingla­ terra lo que es. El ladrón era una especie de personificación de todas las imágenes sociales positivas, solo que invertidas: negro sobre blan­ co. Hubiera sido difícil construir un demonio popular más apropiado (Hall et al. , 1978, pp. 16 1- 16 2).

Al finalizar esta discusión acerca del pánico moral sobre el mu99in9, como aparece en elya referido libro Policin9 the Crisis, es preciso reite­ rar que se ha elegido aquí centrarse en el análisis que realizan los au­ tores de los textos en los periódicos en relación con la opinión pública, las prácticas profesionales de los periodistas, las ideologías laicasy la

Pánico moral ac erca d el mll!J!Jiny

ansiedad social. Este es el punto en el que la contribución al estudio de los pánicos morales por parte de Hall es más fructífera, más que considerarla una explicación en los términos de la relación entre un pánico moraly la "crisis del Estado" o como un ejemplo de una crisis "articulada por la élite" (como amplían Goode y Ben-Yehuda, 19 94). Con posterioridad al período que se discute en Policin9 the Crisis, el tema del mu99in9 no desapareció de los medios, pero se volvió algo habitualy rutinarioy por lo tanto perdió algo de ese carácter de páni­ co súbito e incontenible frente a un suceso inesperado. Tuvo su lugar como parte de una campaña habitual contra el aumento del crimen. Sin embargo, quedó demostrado que podía fogonearse como símbo­ lo de un problema racial, como cuando el jefe de la Policía Metropo­ litana, sir Paul Condon, afirmó en julio de 1995 que la mayor parte del mu99in9 en la capital era cometido por jóvenes varones negros. Su carta privada a cuarenta líderes de la comunidad negra invitán­ dolos a reunirse para conversar sobre el problema se filtró a la pren­ sa, que lo celebró con titulares del estilo: "Jefe de policía destruye un tabú: Condon actúa sobre el crimen negro" (Dairy Express, 7 de julio de 1995} o "El jefe de policía rompe un tabú al revelar que la mayoría de los ladrones son negro s" (The Dairy Tele9raph, 7 de julio de 1995 ). The Guardian, como en la década de 1970, asumió la actitud típica­ mente liberal de buscar un "equilibrio", tal como lo describen Stuart Hall et al. (1 978), al señalar que:

El estudio con mayor autoridad en el tema, la encuesta del Ministe­ rio del Interior británico sobre el crimen, releva que a nivel nacio­ nal la mayoría de las víctimas blancas de episodios de mu99in9 fueron asaltados por blancosy las víctimas negras, por negros. Londres será diferente. Sabemos que los mu99ers son muy jóvenesy en mayor pro­ porción desempleados, pobres, con bajo nivel educativoy con vivien­ das precarias. Y sin duda alguna los jóvenes sin empleo, pobres, de hogares paupérrimos y con un bajo nivel educativo en Londres son negros. Eso no significa que la mayoría de los jóvenes negros sean

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ladrones, solo una pequeña proporción. Tampoco quiere decir que la juventud negra tenga una tendencia mayor a devenir ladrones que los jóvenes blancos. Toda la evidencia sugiere que las circunstancias socialesy económicas -mucho más que los orígenes étnicos- son los determinantes de mayor importancia. La gente de la misma edad, con condiciones de vida semejante y con ingresos parecidos tiene, 9rosso modo, el mismo índice de ofensas criminales (The Guardian, ar­ tículo principal del 8 de julio de 1995).

Stuart Hall et al. señalaron en su trabajo de 1978 que la ideología pro­ gresista representada en The Guardian necesita "alcanzar un equili­ brio'', pero siempre dentro de los límites que establece la ideología dominante,y esto quedó confirmado en el artículo del periodista de The Guardian. Temiendo ser acusado de "corrección política", que en aquel entonces era una crítica contra los progresistas, el diario con­ cluye advirtiendo a los líderes negros no discutir sobre las estadís­ ticas sino reunirse con sir Paul, señalando que "uno de los mejores informes sobre mu99in9" ha mostrado que muchos de los ladrones eran "jóvenes negros obsesionados con el estilo y la moda, que de­ seaban comprar ropas de marca y ganar prestigio al caminar por las calles" (The Guardian, 8 de julio de 1995). La ideología dominante es­ tableció los límites de ntro de los cuales podía tratarse el problema y, como se reflejó en el éxito del thatcherismo y el reaganismo de los años ochenta al reinstalar los valores del libre mercado capitalista y la iniciativa individual, generó cambios mucho más radicales a nivel estructural que los que podrían fomentar el aumento del gasto públi­ co y la redist ribución de la riqueza para ay udar a quienes no tenían trabajo, a los pobres, a los que no recibieron educación de calidad y viven precariamente. En cambio, como lo menciona el artículo de The Guardian, sir Paul fue acusado de apaciguar a los militantes de su pro­ pia estructura que estaban furiosos con el hecho de que ya había ac­ tuado previamente contra el racismo dentro de su fuerzay dedicado parte de su primer discurso a la igualdad de oportunidades; entonces

Pánico moralacerca del m1199in9

se lo empezó a conocer dentro de la policía como " pe Condon" (Con­ don políticamente correcto).2 Si tuviéramos que aplicar el análisis de Birmingham a los artícu­ los contemporáneos, en principio notaríamos que "la corrección po­ lítica" es una etiqueta que los conservadores estadounidenses usan como parte de su violencia contra el progresismo, particularmente contra los intelectuales, a quienes imputaban "haber llegado muy le­ jos" en su intento de cambiar lo tradicional, lo "natural" del orden social, en el que aquellos que son blancos, varones, ricos y podero­ sos tienen los méritos para el éxito. En Gran Bretaña, la etiqueta de "corrección política" ha agregado un estigma que sugiere que el in­ telectualismo no solo usurpó el "sentido común", sino también que las ideas así etiquetadas son "extranjeras". Si algo ha cambiado desde el pánico moral por mu99 in9 de los años 1970, no es porque el fe nó ­ meno ya no sea visto como la última nueva importación desde los Es­ tados Unidos, sino porque las ideologías en disputa sobre el asunto, tanto liberales como conservadoras, han asumido más características de los norteamericanos, tal como indica el uso de expresiones como "corrección política"y "tolerancia cero".

2 Eljuego de palabras con el apellido del jefe de policía asocia su nombre en tanto equivalente fonéticamente a los términos "preservativo" o "forro", utilizados como insulto. [N. de la T.]

5. PÁNICOS MORALES SOBRE SEXO Y SIDA

Hemos visto que los pánicos morales pueden analizarse desde varias perspectivas diferentes y que tal cosa puede ser una táctica sensible para reunir información sobre cada una de ellas de manera eclécti­ ca, o combinarlas cuando resulte apropiado, según la manifestación particular del pánico moral que nos interese analizar. Así, los pánicos morales que corresponden a lajuventud han sido estudiados desde el punto de vista de las subculturas, mientras otro tipo de investigacio­ nes aplicadas a los pánicos morales provienen de la psicología, ya del estudio de la conducta en situaciones de catástrofe, ya del análisis del comportamiento colectivo. En este capítulo se analizanlos proce­ sos de representacióny los discursos que los medios masivos utilizan para construir una visión de los hechos que aumentan la sensación de riesgo y posibles pánicos morales, particularmente los pánicos vin­ culados a la sexualidad. Un rasgo teórico común del análisis socioló­ gico de estos pánicos morales sobre la sexualidad es centrarse en los discursos que la regulany en cómo defienden determinadas ideas de qué es lo "normal", lo "natural" y, por lo tanto, lo "moral". Siguiendo a Michel Foucault (1 979), muchos de estos estudios sostienen que exis­ te la necesidad de reconocer que la imagen de la familia amenazada y vulnerable es un motivo clave en la sociedad moderna. La ideología familiar está obligada a sostener una posición de retaguardiay recha­ zar la diversidad social y sexual en una cultura que nunca podrá ser retrataa con el aspecto tradicional y necesario de una familia donde

Kenneth Thompson

conviven padres e hijos -situación de la que participan, en todas las épocas, solo una minoría de ciudadanos-. Sin embargo, la ideología familiar no es el único factor que explica los pánicos morales sobre la sexualidad. Foucault (1 976) y Weeks (1 985) intentaron explicar por qué el sexo en sí mismo es tan importante,y tan separado de los otros "atributos" de lo humano en la sociedad moderna. Ambos concluyen que es así porque nuestra cultura cree que el sexo dice la verdad sobre cada persona, que expresa la esencia de su sery que por tales razones se ha vuelto sujeto de controversias y pánicos. Cualquier preocupa­ ción sobre el orden social es inevitablemente proyectada sobre esa esencia, y a través de ello, la sexualidad se vuelve a la vez una metá­ fora ansiosa, objeto de control social. En consecuencia, los pánicos moralessobre el sexo son crecientemente más frecuentesy tienen re­ percusiones muy serias en la sociedad moderna.

SIDA

El libro de Susan Sontag La enfermedad como metcifora (1 983) fue es­ crito mientras ella realizaba un tratamiento contra el cáncer. Allí analiza la imaginería que circunda tanto al cáncer como a la tuber­ culosis. Ese libro ha sido de gran influencia para desarrollar cierta comprensión de cómo enfermedades como las dos citadas por Son­ tag -y otras como el caso del sida, por ej emplo- se construyen en la imaginación popular. Sontag identifica los usos metafóricos por los cuales la enfermedad y las dolencias son pasibles de ser puestas al servicio de "construir sentido" en disposiciones sociales dominantes (un tema desarrollado también por Foucault en El nacimiento de la clíni­ ca). Una consideración importante es el modo en que una sucesión de enfermedades han recibido un sentido moralizante que estigmatiza a quienes las padecen como pariasy desviados sociales. El proceso de moralización se logra mayormente a través de la representación me­ diática masiva.

Pánicos morales so bres exo ysid a

Las primeras notas en periódicos y entrevistas sobre sida ofrecen muchos ejemplos de este proceso. En la prensa británica, el colum­ nis ta John Junor, escr ibiendo para el Sunday Express (24 de fe brero de 1 985), afirmó: "Si el sida no es una acción de Dios, con consecuencias tan aterradoras como el fuego y el azufre, entonces, ¿qué es?". Y un líder más elíptico, pero con el mismo tono, dijo en The Times (3 de no­ viembre de 1984): "Muchas personas del público están tentadas de considerarelsidacomo algo merecido porun estilo devidacuestiona­ ble, pero el sida, por supuesto, es un peligro no solo para los promis­ cuos y homosexuales". Otros diarios utilizaron el discurso referido y la alusión al punto de vista de terceros para hacer afirmaciones si­ milares. The Sun (el 7 de fe brero de 1985 ), por ejemplo, salió a la calle con el siguiente titular: "El sida es la ira de Dios, dice el sacerdote" y el Dairy Te le9raph (3 de mayo de 19 83) también usó comillas para dar el mismo efecto al titular: "Retribución por el pecado: un saldo mortal". Los periódicos que informaban al respecto también tendían a dife­ renciar entre las víctimas "inocentes" y las "culpables" del síndrome. Las muertes de aquellos que contrajeron la enfermedad como conse­ cuencia de una práctica "ilícita" o "moralmente inaceptable" (gays, bisexuales, prostitutas, adictos a la droga) eran presentadas de ma­ nera más negativa en los medios que las muertes de aquellos infecta­ dos por transfusiones de sangre u otros factores accidentales. En una historia de tapa sobre un niño de escuela primaria con sida, el Dairy Express (25 de septiembre de 1985) preguntó: "sida: ¿por qué debería sufrir un inocente?". Incluso los animales utilizados como conejillos de Indias en los experimentos para encontrar la cura son descriptos como "inocentes" y merecedores de mucha más consideración que las víctimas "culpables": "Tortura de inocentes: monos usados para experimentos sobre 'plagas sexuales"' (Sunday Mirror, 4 de diciem­ bre de 1983). Otro rasgo de los medios a principios de la década de 1980 -al menos hasta que la Unión Nacional de Periodistas, luego de una encuesta, publicó una guía de estilo en 1984- era referirse al sida

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ej emplo: Dairy Tele9raph, 2 de mayo de 19 83;

The Observer, 26 de junio de 1983; The Sun, 2 de mayo de 1983; Dairy Mirror, 2 de mayo de 1983). Finalmente también se pudo identificar una constante tendencia a exagerar el número de personas afectadas extrapolando los datos clínicos a una población más general, o pro­ yectando hacia el futuro porcentajes de incremento de la enferme­ dad dando por cierto que serían sustentables. Por ejemplo, un estudio clínico de varones homosexuales atendidos en el Hospital St. Mary de Londres, mostrando que el 12% de pacientes asintomáticos que concurrían a la clínica tenían anormalidades en sus linfocitos compa­ tibles con el sida y que el 5% tenía también anergia,2 la combinación indiciaria acerca de los defectos característicos del sida, se informó en el diario bajo el siguiente titular: "Miles de homosexuales britá­

nicos tienen síntomas de sida" (The Observer, 7 de agosto de 1983). Mientras tanto, el Royal College de enfermería publicó el pronóstico de que en 1991 los casos de sida en Gran Bretaña alcanzarían un mi­

llón; esto fue informado verbatimo como tasa de uno en cincuenta por The Times, The Sun, Dairy Mirror, Dairy Expressy Dairy Star (1 O de enero de 1985) (Aggleton y Homans, 1988). Las proyecciones se hicieron sobre la base de suponer el avance exponencial y continuado de la enfermedad según su tasa de crecimiento de los primeros años, sin cuestionar siquiera si todos los factores se mantendrían por siempre idénticos, especialmente si habría cambios en la conducta que limita­ ran la diseminación de la infección. Como dijimos al considerar el estudio pionero de Stanley Cohen sobre los pánicos morales, los medios masivos ofrecen "una fuente de

información acerca del perfil normativo de una sociedad [

] sobre

como "la peste gay"1 (por

1 Medios de lengua hispana adoptaron el sintagma "la peste rosa" en alusión al vínculo inicial del sida con pacientes de la comunidad homosexual. [N. de la T.] 2 Disminución de la reactividad a uno o más antígenos específicos; puede adoptar la forma de hipersensibilidad inmediata disminuida o de hipersensibilidad tardía disminuida; no es una variable excluyente de otras inmunodeficiencias además del VIH. [N. de la T.]

Pánicos morales sobre sexo y sida

las fronteras más allá de las cuales no es posible aventurarse y sobre la forma que puede adoptar lo diabólico" (Cohen, 1972, p. 1 7). Los medios, se alega, construyen "seudoeventos" de acuerdo con los dic­ tados de una agenda moral no escrita que sigue constituyendo qué es una noticia. Así, "el rumor sustituye a las noticias cuando fallan los canales institucionales" (Cohen, 1972, p. 154), y en situaciones am­ biguas "los rumores deberían considerarse no como formas distor­ sionadas o patológicas de comunicación sino como constructores de sentido sociológico en tanto improvisaciones cooperativas, intentos de lograrinterpretaciones colectivas con sentido de lo sucedido a tra­ vés de juntar todos los recursos disponibles" (Cohen, 1972, p. 1 54). En un importante ensayo sobre el sida, Jeffrey Weeks describe de modo contundente la teoría del pánico moral, explicando cómo sus mecanismos son "muy bien conocidos":

la definición de una amenaza causada por algo particular (una re­ vuelta "juvenil", un escándalo sexual); estereotipar las principales características de la amenaza en los medios masivos como una espe­ cie particular de monstruos Oas prostitutas son "mujeres pecadoras", los pedófilos son "acosadores de niños"); la escalada en espiral de la amenaza percibida conduce a la asunción de posiciones absolutistasy a dotarse de barricadas moralistas, la emergencia de soluciones ima­ ginarias -leyes más rigurosas, segregación moral, acciones legales simbólicas, con el posterior aumento de la ansiedad, con las víctimas libradas a sobrevivir el nuevo tipo de proscripción, el clima social y las penalidades legales (Weeks, 1985, p. 45).

Dennis Altman también discute el sida en términos de pánico moral, pero lo relaciona con la forma que dicho pánico asume según los fac­ tores sean nacionales o locales. Entonces:

el pánico australiano no solo es producto de la homofobia, sino que también está ligado a la creencia de que es posible aislarse del resto

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del mundo a través de rígidas normativas de inmigracióny cuarente­ na;y una menos sofisticada comprensióny aceptación de la homose­ xualidad que la que existe en Estados Unidos (Altman, 1986, p. 186).

El pedido de legislación rigurosa en países tan disímiles comoAlema­ nia o Suecia condujo a Altman a pensar que "el vínculo entre sida y homosexualidad tenía la potencialidad de desatar el pánico y la per­ secución en casi cualquier sociedad" (Altman, 1986, p. 187). Simon Watney (1 987) sostiene que mientras esos análisis tie­ nen cierta utilidad, también revelan la inadecuación del concepto de pánico moral a su interés principal, que es el omnímodo control policial de la sexualidad, particularmente en cuestiones de repre­ sentación. Watney afirma que su libro Policin9 Desire: Porno9raphy, Aids and the Media trata sobre la representación, y que fue escrito con la convicción de que una persona solo es capaz de pensarse a sí mismay a los otros en relación con las imágenes que circulan en una sociedad determinada. Para reafirmar su postura, cita la afirmación de Richard Dyer:

La mayor herencia de los movimientos socialesy políticos de los años sesenta y setenta ha sido descubrir la importancia de la representa­

ción. Las opciones políticas de diferentes grupos sociales -poderosos

o débiles, centrales o marginales- están afectadas de manera cru­

cial por el modo en que son representadas, tanto en el discurso legal

como en el parlamentario, en las prácticas educativas o en lo artís­ tico. Los medios masivos en particular tienen un rol crucial en este asuntoya que son una fuente centralizada de definiciones de cómo es

la gente en determinada sociedad. El modo en que se representa a un

grupo particular determina en un sentido muy real aquello que este puede o no hacer en la sociedad (Dyer, 1982, p. 43).

Watney critica la teoría de los pánicos morales porque, según afirma, siempre está obligada a contrastar la "representación" con la arbitra-

Pánicos morales so bre se xo ysida

riedad de "lo real",y por lo tanto inhabilita el desarrollo de una teoría completa que incluya las operaciones ideológicas en sus sistemas re­ presentacionales:

Los pánicos morales apareceríany desaparecerían como si la repre­ sentación no fuese el lugar de la batalla permanente sobre el sentido de los signos. Determinado "pánico moral" tan solo marca el primer plano de tal lucha. No somos testigos del despliegue discontinuo y discreto de los "pánicos morales", sino más bien de la movilidad de la confrontación ideológica a través de todo un campo de repre­ sentaciones, y en particular, de aquellas que manejan y evalúan los sentidos del cuerpo humano, donde fuerzas y valores rivales e in­ compatibles se implican en una lucha sin fin para definir verdades "humanas" supuestamente universales (Watney, 1987, p. 42).

En esta crítica, Watney no está negando que ciertos episodios cons­ tituyan pánicos morales. En cambio, desea ampliar la discusión para situar el pánico al sida dentro de un marco ideológico no tan restrin­ gido sobre la manera en que ciertos grupos son representados por los medios masivos como amenazas a la cohesión de un "público gene­ ral" unificado. Watney sostiene que los medios utilizan un modo de dirigirse a su audiencia que la construye como un "público general" cohesionado, que comparte valoresy características.

Es el negocio central ideológico de la industria de las comunicacio­ nes el vender imágenes ready made de la identidad "humana'',y lograr así que los consumidores individuales se identifiquen con ellas en una fantasía de complementariedad colectiva y recíproca. Sectores completos de la sociedad, sin embargo, no pueden ser contenidos en este proyecto, dado que se niegan a disolverse en las reciprocidades que les son requeridas. Por lo tanto la posición, en particular, pero de maneras diversas, de los negros y los homosexuales, quienes son creados para permanecer fuera del "público general", aparece inevi-

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tablemente como amenaza para la cohesión interna del grupo hege­ mónico. Esta cohesión no es "natural", sino el resultado del modo en que la industria mediática masiva se dirige a ellos -teniendo como objetivo crear una célula "familiar" nacional imaginaria que es blan­

cay heterosexual-. Todas las amenazas aparentes a este objeto cla­ ve de la identificación individual están sujetas al tipo de tratamiento que (Stanley) Coheny sus discípulos describen como pánicos mora­

No estamos, de hecho, viviendo un "pánico moral" hacia el sida

que sea distintivo y coherente, y en cambio somos testigos de la últi­

les

ma variación del espectáculo de rearmado de una defensa ideológica que ha sido montada en nombre de "la familia" desde hace más de un siglo (Watney, 19 87, p. 43).

No solo los medios masivos intentan dirigirse a la audiencia como un todo unificado, un "sujeto" natural (dirigiéndose a cada uno dentro de esa audiencia como "normales", "mentalmente sanos", "bien pen­ santes", sujetos de sentido común). Watney alega que especialmente los periódicos tienden a construir "una audiencia moral de unidades familiares nacionales, rodeados del amenazante espectáculo de la lo­ cura, lo extranjero, los criminalesy los pervertidos" (1987, p. 84). Así:

La prensa es entonces en extremo dependiente de las categorías que incesantemente ofrece como signos ejemplares del derrumbe de la leyy el orden, o simplemente como "lo desagradable" o "lo deprava­ do". El escándalo sirve al discurso excluyentey ejemplar de los dia­

riosy es el objetivo central donde los lectores encuentran seguridad

y

reconocimiento en tanto ciudadanos "normales" y respetuosos de

la

ley (Watney, 19 87, p. 84).

Watney utiliza el ejemplo de la prensa vinculando la realeza, la fami­ lia, la nacióny la amenaza homosexual del sida para ilustrar el modo en que es posible delinear este tipo de formación discursiva. El diario Star publicó una historia de tres páginas con gran titular en la porta-

P ánic os m oral es s obr es exo ysida

da: "'Amantes 9ay en elyate real'; escándalo mientras Fergiey Andrés organizan allí su luna de miel". La historia que surgió con anteriori­ dad a la boda del príncipe Andrésy Sarah Ferguson afirmaba:

Marineros gays han estado trabajando al servicio de la reina y del príncipe Felipe a bordo del yate real Britannia, como el Star puede revelar con exclusividad. El escándalo salió a la luz cuando el cama­ rero Keith Jury confesó a su esposa que mantenía una relación con un integrante de la banda de la Marina Real (Star, 3 de julio de 19 86).

Watney sugiere que el impacto de esta historia reside en la asociación implícita que supone la superposición de narrativas sobre homose­ xualidad, siday monarquía. Aunque no se menciona el sida, Watney sostiene que la elisión del término es crucial porque "explica" la lon­ gitud de la nota, lo que de otro modo resultaría inexplicable. El solo hecho de que se sepa que el sexo homosexual podría ser peligroso para otras personas, no como una tentación imitable sino como peli­ gro para la vida misma, es seguramente una amenaza para la imagen de pureza e idealización de la vida familiar de la realeza (¡que ya será sacudida por verdaderos escándalos heterosexuales!). Watney des­ cribe esto en términos de una operación cartográfica por la cual su­ jetos humanos son representados en una formación discursiva que vincula monarquía, familia, nacióny sexualidad de tal forma de pos­ tular la homosexualidad como desviada y peligrosa, por lo cual re­ quiere control social mediante medicalización o judicialización:

La prensa es, por lo tanto, radicalmente prescriptiva. Presenta el mundo como querría que sea a la luz de un pasado nacional imagi­ nario, al que defiende,y justifica el rechazo de lo que no puede reco­ nocer en el presente por el recurso a futuros imaginarios. Y cuando los contornos de la identidad sexualy nacional están obligados a re­ plicarse mutuamente, es la homosexualidad la que debe ser elimi­ nada primero. Esta operación clasificatoria solo puede aceptar una

Kenneth Thom pson

distinción primaria entre los sujetos humanos -la oposición anató­ mica hombre/mujer-. Otras clasificaciones que amenazan con la disrupción e invalidación de esta imagen son brutalmente estigma­ tizadas. La guardia del hospital se une a la celda de la cárcel como el lugar "apropiado" para la homosexualidad, ofreciendo una pequeña ventana vigilada de cerca a través de la cual se pueda contemplar lo prohibido y desconocido, para encontrar allí el objeto de las adver­ tencias sobre lo que podría corrompernos o contagiarnos, el destino preciso para quienes han negado la familia nacional. En una situación en la que la sexualidady el género están claramente en la posición de la determinación primaria del "carácter", en un discurso de "hom­ bres reales"y "mujeres reales", los gaysy lesbianas son transgresores graves. Así, la prensa "sabe" quiénes son sus lectoresy lo que quieren en relación con los roles sobre los que pivotea la vida familiar: "ma­ más" "papás", "niños", e incluso "mascotas" que actúan los otros pa­ peles menores tanto como sea necesario. Todos los personajes tienen apariencia altamente codificada, determinada por la clase social, y sus combinaciones son igualmente predecibles, constituidas por una serie de expectativas que aparecen tanto en tiras cómicas como en las columnas de chimentos, pasando por secciones como jardinería, deportes, finanzas, modasy demás. La homosexualidad solo puede ingresar a este espacio como intrusión, en tanto a todas las formas de la cultura gay se les otorgará la unidad espuria del ambiente crimi­ nal, un dominio infernaly bestial que es virtualmente lo no-humano (Watney, 1987, p. 86).

La guerra por la circulación entre los periódicos sensacionalistas bri­ tánicos en la década de 1980 los condujo a publicar historias cada vez más espantosas sobre el sida, y la escalada produjo sin duda una atmósfera de pánico que socavaría la moral a causa de lo desviado (los "demonios populares" de S. Cohen), que a pesar de las vacilaciones de Watney parecerían ameritar la etiqueta de "pánico moral". The Sun publicó una historia que reúne religión, familia, homosexualidad y

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Pánicos mor ales so bre se xo ysida

sida. Un titular como: "¡Si mi hijo tuviera sida lo mataría, dijo el sa­ cerdote!". Apretó el gatillo sobre el resto de su familia. El relato des­ cribía al reverendo Robert Simpson, que "juró que él mismo llevaría a su hijo adolescente a la montaña y lo mataría si el chico padeciera de sida, una enfermedad moral" (The Sun, 14 de octubre de 1985). El sacerdote fue caricaturizado en el diario sosteniendo un arma sobre la cabeza de su hijo. La cobertura mediática se las arregló para combi­ nar algunas de las más potentes imágenes acerca de lo que amenaza la vida normal: familias destruidas, infanticidio, sexualidad adolescen­ te, homosexualidady enfermedad contagiosa. El reverendo Simpson había dicho: "yo excomulgaría a todos los que practican la homose­ xualidad, que se exponen al contagio del sida. Si esto continúa será como la peste negra. Podría borrar del mapa a Gran Bretaña. Las fa­ milias atacarán a las familias". El Press Council [Consejo de prensa] , protector de los estándares periodísticos de Gran Bretaña, rechazó las quejas sobre la nota que tendía a crear miedo irracional alrededor del sida y favorecer la dis­ criminación o la violencia contra personas que padecieran la enfer­ medad. El organismo sentenció:

En este caso, The Sun eligió un modo dramático de concentrar la aten­ ción sobre el peligro del sida. Su artículo no presenta ni ofrece una opinión médica, tampoco es una noticia basada en investigación mé­ dica alguna, sino un informe acerca de las miradas extremas de un clérigo queya había publicado comentarios similares en la revista pa­ rroquial (citado en Watney, 19 87, p. 96).

El argumento de Watney es que la homosexualidad es un constructo de la prensa como signo ejemplary admonitorio de la otredad, como manera de unir identificaciones sexuales y nacionales entre los lec­ tores que estén por encima y por debajo de cualquier otra división y distinción,ya sea de clase, raza o género. Cuando se refiere a la repre­ sentación del sida en los medios audiovisuales, mantiene su opinión

Kenneth Thompson

de que, dada la relación cercana entre la prensa y esos medios, no re­ sulta sorprendente que las mismas situaciones obtuvieran un trata­ miento parecido. Esto, sin embargo, sucede mucho menos en el caso de las radios, porque en general tienen un compromiso más fuerte con lo local y regional. Watney destaca que la sexualidad tiene una relación de doble vínculo con la televisión, considerada como algo privado si se trata de su exposición, pero algo público en cuanto a sus deberes y responsabilidades; muy distinto es el caso de la pren­ sa escrita, que debe mantener su fé rrea independencia del Es tado. La televisión siempre estuvo sujeta a las regulaciones, especialmente en relación con las cuestiones referidas a la obscenidad y la indecencia. La BBC se fundó sobre la suposición de la "homogeneidad cultural, no en el sentido de que todos sean idénticos, sino de que la cultura es úni­ ca e indiferenciada" (Curran y Seaton, 1985, p. 179). La legislación y las regulaciones mantienen una orientación "consensuada" que ex­ cluyó la homosexualidad. El hogar fue considerado como un espa­ cio vulnerable al peligro moral, con particular atención puesta en la posibilidad de que los niños viesen programas con contenido adul­ to, que en este contexto suele hacer referencia a escenas sexualmen­ te explícitas. No resultó sorprendente que durante un largo tiempo cualquier representación de sexo desviado fuese excluida, o que se hiciera referencia al respecto de manera altamente codificada. Los distintos modos de codificar incluían tratar la homosexualidad como asunto escandaloso, en clave humorística, o como un pathos huma­ nista. Alternativamente, la codificación también podría implicartra­ tarlo como un tema controversial en programas "de opinión", lo que requería que hubiera representantes de opiniones diversas como para lograr un cierto equilibrio, como fue el caso del activismo de la "cam­ paña de limpieza de la televisión" de Mary Whitehouse, en ocasión de que la London Weekend Television emitiera una serie documental sobre la vida homosexual (Gay LifeJ, en 1980 y 1981. Cuando el gobierno británico se convenció de la necesidad de asumir una campaña de salud pública para difundir algunos cono-

Pánicos morales so bre se xo ysida

cimientos sobre sida y prácticas de sexo seguro, tuvieron lugar al­ gunos cambios en el modo en que los medios representaron a los homosexuales y al sida. Le llevó un largo tiempo a la primera minis­ tra Margaret Thatchertomar la decisión,y se cree que lo hizo menos por convicción que por presiones,y aun así con mucha resistencia. Su propio secretario parlamentario privado, Michael Allison, formaba parte de la Campaña por la Familia Conservadora,y el grupo tenía su propia solución para el sida: el aislamiento de todos los infectados y la recriminalización de la homosexualidad. La señora Thatcher había sido una gran defensora de la cláusula 28, una corrección a la Ley de Gobierno Local sancionada en 1987, que prohibía que los consejos locales y sus escuelas promoviesen la aceptación de la homosexua­ lidad. De todos modos, había razones poderosas para avanzar con la campaña, no menos por el el hecho de que el secretario de Salud de los Estados Unidos, Everett Koop, simpatizante ultraconservador del presidente Reagan, publicó en octubre de 1986 un informe que des­ cribía un escenario apocalíptico y enfatizaba la importancia de ex­ tender la educación pública sobre el particular. El gobierno, entonces, anunció a la Cámara de los Comunes en noviembre de 1986 que co­ menzaría una campaña a favor de la educación sanitaria con un gasto de veinte millones de libras, compuesta por anuncios en los periódi­ cos, afiches urbanos y un folleto que llegaría a cada hogar, a cada ra­ dio y a cada canal de televisión, junto con una pieza de difusión para el cine. Dos días después del debate en la Cá mara, The Sunday Tele- 9raph reaccionó con el siguiente titular: "Sida, el nuevo holocausto". El Mail on Sunday sostuvo que el sida era el mayor peligro que pade­ cería Gran Bretaña e ilustró la nota con una fotografía de una familia tipo -padres, dos hijos adolescentes y un bebé-: "Todos lucen felices y sanos. Pero por lo que sabemos sobre la evolución de la epidemia de sida, todos ellos son víctimas potenciales". Los avisos de la televisión pública transmitían un mensaje no menos ominoso: en el primero de ellos, una montaña explotaba dejando emerger una lápida con la pala­ bra sida grabada en ellay un ramo de flores. En la segunda publicidad

Kenneth Thompson

aparecía un iceberg; y aun cuando entre ambos spots no parecía haber demasiadas semejanzas, no faltó la sugerencia de que en ambos algo terrible estaba por suceder. Los médicos del hospital de Southamp­ ton realizaron una encuesta sobre la efectividad de dichas publicida­ des y encontraron que la gente seguía teniendo muy poca idea acerca de la enfermedad. Una persona entrevistada cuya lengua materna no era el inglés había visto la publicidad de la lápida y había pensado que sida era un término que tenía alguna asociación con el uso de marti­ llos neumáticos (Garfield, 1994). De cualquier manera, la campaña por televisión se vinculaba a los folletos que sí parecían haber teni­ do algún efecto beneficioso, como elevar el nivel de compasión hacia quienes padecían siday quizás prevenir la victimización de los homo­ sexuales (véase el informe de inve stigación de la Independent Televi­ sion Commission, Wober, 1991). La campaña oficial no logró detener completamente el pánico moral hacia el sida. Los líderes religiosos no reaccionaron frente a la campaña. La Iglesia Católica Apostólica Romana desaprobó la pro­ moción del uso del preservativo y los anglicanos expresaron sus du­ das sobre la falta de guía y acompañamiento moral de la población. El rabino mayor, sir Immanuel Jakobovitz, sostuvo que la campaña "promovía la promiscuidad al publicitar la sexualidad"; él tenía su propio mensaje: "Digámoslo de frente: el sida es la consecuencia de la infidelidad conyugal, de las aventuras prematrimoniales, la des­ viación sexual y la irresponsabilidad social, privilegiando el placer frente al debery la disciplina" (Garfield, 1994). Algunos columnis­ tas de los diarios siguieron denunciando la desviación y la permisivi­ dad acusándolos de diseminar el sida. Uno de ellos, Digby Anderson, quien se arroga hablar en nombre de una indeterminada "mayoría moral", renegaba amargamente de que el sida no hubiera generado un pánico moral aún más importante (citado por Watney, 1987, p. 45). De todos modos, la campaña educativa oficial amenguó el tono confrontativo acerca del pánico moraly también debilitó el intento del gobierno por recapitular la cláusula 28, para evitar la promoción

Pánicos morales so bre se xo ysida

de una visión positiva de la homosexualidad. La NVALA continuó con su intento de movilizar la opinión pública contra la permisividad se­ xual representándola a través del siday produjo un informe llamado "Programas de televisión y sida" (1992), donde podía leerse: "Cree­ mos que el papel de los medios en la naturalización del sexo casual ha sido uno de los factores principales para la creación de este problema que casi nos supera y que es potencialmente muy peligroso (sida)". Sin embargo, llegada la década de 1990 esta posición ideológica ya no era tan relevante en los medios como lo había sido en la década anterior. Otra reacción de algunos medios gráficos a principios de los años noventa se constituyó en una posición que se denominó la "industria del sida" y acusaba a un imaginario progresismo por ha­ ber confundido la distinción entre desviados -tales como los homo­ sexuales o adictos a las drogas-, cuya conducta los exponía al riesgo, y las personas normales, cuya conducta sexual no presentaba ningún riesgo. Como sostiene el periodista Neal Ascherson al individualizar al entonces editor del The Sunday Times, Andrew Neil, como repre­ sentante de esta posición progresista, hubo un tratamiento ideoló­ gicamente hegemónico del tema en los años ochenta en términos de un criticismo populista frente a una élite progresista que conspiraba contra "las aspiraciones del pueblo sencillo" y formaba camarillas descriptas como "industrias" (Ascherson, 1993). La llamada "indus­ tria del sida" era tan solo la última de sus manifestaciones, ya que antes había habido una "industria de la pobreza", "industria de las relaciones raciale s, industria de la ay uda al Te rcer Mundo", "indus­ tria del trabajo social"y la "euroindustria" (presuntamente dedicada a la abolición del Parlamento y la soberanía nacional). En cada uno de estos casos, de acuerdo con la ideología populista representada en la mayor parte de la prensa de circulación masiva, se confrontaba el "sentido común natural" y la salud moral de la mayoría del pueblo, sencillo y común, con las maquinaciones de una minoría de dudosa moralidad. Era jugando con estos contrastes como se revolvía la fu­ ria moraly a veces se provocaba el surgimiento de un pánico moral.

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Kenneth Thom p son

La relevancia del sida para el análisis de los pánicos morales es el modo en que se le otorgabauna significación moral que, articulada con algunos asuntosy discursos ideológicos, luchaba por la hegemonía en los años ochenta, en particular el esfuerzo de la Nueva Derecha por moldear una nueva mayoría. Como sostiene Weeks (1985), ha habi­ do tres grandes tendencias en los cambios morales y sexuales: una se­ cularización parcial de las actitudes morales, una liberalización de las creenciasy conductas popularesy una mayor predisposición a aceptar la diversidad social, culturaly sexual. El significado de la crisis del sida fue que podía ser usado para poner en cuestión cualquiera de estos tres cambios y justificar un retorno al "comportamiento moral normal". Los cambios nuncafueron aceptados por los conservadores moralistas ydesde 1960hubovarias reacciones contra ellos que tuvieron laforma de reconsiderar la tentativa de reafirmación de valores morales abso­ lutos y "pureza social". En los Estados Unidos, la televisión evangéli­ ca, enormes cantidades de dinero y el fundamentalismo religioso se combinaron con fuerzas políticas de la Nueva Derecha para crear una denominada "mayoría moral". Aunque Gran Bretaña no ofrecía el mis­ mo terreno fé rtil para un movimiento social semejante, los cruzados de la moral tenían la posibilidad de usar el interés de la prensa nacional por las causas populistas, en especial aquellas que veían una amenaza para la vida de la familia "normal" en la promiscuidady lo desviado. Así como po día culparse al fe minis mo por la disrupción de la demarca­ ción tradicional entre los sexos, la homosexualidad podía ser atacada en tanto amenaza a la familiay la salud social. Como afirma Weeks:

Hubo muchos cambios fundamentales en los últimos treinta años, pero su impacto ha sido desparejo y fragmentado, generando tanto frustración como progreso social, tensiones nuevasy alivio para vie­ jas injusticias. La secularización, el progresismo y los cambios en el modelo de las relaciones han tenido lugar, todos ellos. Pero han deja­ do profundos residuos de ansiedady temor que el sida en tanto fenó­ meno social alimenta y reafirma (Weeks, 1985, p. 1 5).

Pánicos morales so bre se xo ysida

Es dentro de este contexto de cambio social, ansiedady tensión don­ de los cruzados de la moral son capaces de promover un discurso so­ bre supuestas amenazas a lo que se considera "normal", "natural" y moral en relación con la sexualidad. En Gran Bretaña, donde hay una circulación realmente masiva de la prensa popular, existen amplias posibilidades para la divulgación de lo desviado como para alentar el surgimiento de un pánico moral. Aunque Gran Bretaña tenía la pren­ sa popular de circulación masiva que podría conducir al desarrollo de un pánico moral sobre el sida, a diferencia de Estados Unidos carecía de una fuerte tradición de movimientos sociales con raíces profun­ das en las bases, incluyendo la lucha por los derechos civiles de gays y lesbianas que pudieron comprometerse en el debate ofreciendo un punto de vista opuesto al de la Nueva Derecha religiosa. La prensa en los Estados Unidos está acostumbrada a actuar como foro local, pre­ sentandoy entrevistando las opiniones de distintos grupos de presión y movimientos sociales. En relación con esto puede alegarse que ellos están más cerca de la noción de Habermas (1984) de los medios como canales de comunicación racional y que la prensa sensacionalista in­ glesa se corresponde más con lo que Guy Debord denominó "socie­ dad del espectáculo" (1970), en la cual los medios masivos excitan y entretienen. Quizás la única compensación es que la competencia en­ tre los periódicos significa que la cobertura intensiva que puede crear un pánico también puede llevar al rápido agotamiento del tema y su sustitución por otro, en especial si los periodistas rivales siembran dudas sobre las notas originales que hicieron surgir el pánico. Un ejemplo es la historia conocida como "ángel de la muerte", en Dun­ gavon, Irlanda, en septiembre de 1995, cuando cientos de periodis­ tas ingleses y extranjeros llegaron al pequeño pueblo luego de que el párroco en el sermón del domingo declarara que una mujer británica había infectado al menos a seis hombres en seis meses. Para el lunes, el pánico era tal, que el consejo de salud del pueblo tuvo que crear de emergencia dos líneas para consultas,y como "en toda obra moral del Medioevo debía haber una bruja", según afirmaba The Guardian (14 de

como "en toda obra moral del Medioevo debía haber una bruja", según afirmaba The Guardian (14

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septiembre de 1995), se rumoreaba que la prensa había ofrecido diez mil libras por el nombre de la muchacha. Las autoridades de la salud pronto empezaron a dudar de la viabilidad de que una sola mujer in­ fe ctara a tantos hombres en tan corto tiempo, e incluso el ob ispo de la parroquiay el alcalde dijeron estar irritados con el párroco. En una semana, la historia se había consumido como un fósforoy los cientos de periodistas que llegaron al puebloya habían partido. Unaconclusiónposterior que puede esbozarse sobre esta discusión acerca de los pánicos morales asociados al sida es que estos ilustran el hecho de que, aunque los pánicos morales pueden ser episódicos, los discursos que construyen en relación con la sexualidad están profun­ damente entramados en lo social. En una "sociedad del espectáculo", como aquella en la que existe una prensa sensacionalista de alcance nacional y en la que cada medio compite con otro para asustar y en­ furecer a sus lectores, la incidencia de los pánicos morales puede ser muy importante y tener cambios súbitos, pero el discurso que subya­ ce acerca de la sexualidad "normal"y "desviada" es mucho más dura­ deroy es parte de una formación discursiva mucho más amplia.

6. FAMILIA, INFANCIA Y VIOLENCIA

RI ESGO

El concepto de riesgo es particularmente relevante para el análisis de los pánicos morales relacionados con la familia. Los políticos y co­ mentaristas mediáticos han creado con frecuencia y a través de dis­ cursos morales una espiral de significación en relación con episodios

o modas que presentan como ejemplos de inmoralidad y violencia

debido a la crisis que atraviesa la noción de familia. Polly Toynbee, una voz crítica en la prensa, escribió acerca de la peligrosa tenden­ cia que durante la década de 1990 manifestó la clase política en un

intento por llegar a la victoria montados sobre una marea moral, "ha­ ciendo equilibrio sobre una ola de temor, surfeando en la inundación

de pánico moral" (Independent, 16 de noviembre de 19 96 ). Toynbee se

pregunta quién podrá decir palabras de calmay de sentido común en

el rostro mismo de esta ''.fin de siecle hy steria":

Deja al electorado en un remolino de pánico: la sociedad descontro­ lada, la familia ya no es lo que era, los niños corren como salvajes, las escuelas enseñan poco, cunde el crimen, ha muerto el respeto, lo que cuenta es el culto a la gratificación instantánea. La mismísima palabra "moral" pertenece ahora de una manera tan definitiva a los alarmistas, que prácticamente la han inutilizado para cualquier otro que quisiera usarla (Polly Toynbee, "Tolerancia privaday pánico pú­

blico", Independent, 16 de noviembre de 1996).

Kenneth Thompson

Y más aún, como señala Toynbee la experiencia personal de cada uno

está casi siempre reñida con este escenario pesimista,y las ansiedades

acerca de estar en riesgo están fuera de toda proporción:

Curiosamente, vivimos en tiempos esquizoides: tantos comenta­ rios públicos no condicen con la experiencia privada de la mayoría de las personas. En el mundo real la gente es más liberal que nunca antes. Hay mucha menos censura, mentes más abiertas acerca de la convivencia sin matrimonio, la homosexualidad, los niños que na­ cen de padres que no se casarony el divorcio: nunca antes en la his­ toria había sido tan así. Las telenovelas lo cuentan muy bien. Dentro de las familiasy entre la comunidad de amigosy colegas somos más tolerantes que nunca. La libertadtrae consigo la diversidad, mayores oportunidades de elegir, pero tiene también un lado oscuro: la liber­ tad implica más riesgo, más peligros y dislocación (Polly Toynbee, "Tolerancia privaday pánico público", Independent, 16 de noviembre

de 1996).

Este punto sobre el aumento de las opcionesy la diversidad generan­ do a su vez mayor sensación de estar en riesgo es crucial para entender

la frecuencia de los pánicos morales y el papel que juegan los políti­

cos y los medios al amplificar esas ansiedades. Podría decirse tam­ bién que, en algunos casos, son ambos actores quienes tienen interés en generar pánicos morales. Los medios compiten por las audiencias

y están tentados a volverse sensacionalistas, a personalizar las histo­

rias e incluso a demonizar lo que fuese; todo vale en la desesperación por atraer al público. Para los políticos puede que resulte más senci­ llo convocar la atención del electorado si tratan asuntos referidos a

la moralidad antes que proponer soluciones para algunos problemas

que no son sencillos de tratar, tales como la falta de educacióny com­ petencias, el desempleo, las condiciones habitacionales, el crimeny la pobreza. Sin embargo, hay buenas razones para elegir centrarse en el tema de la familiay los valores vinculados a ella. Por un lado, la fami-

Familia, infanciay violencia

lia sigue siendo casi lo último que queda de aquello llamado "comu­

nidad" tradicional, en

explica el sociólogo alemán Ferdinand Tonnies:

el sentido soc iológico de Ge meinschaft . Co mo

Todo lo íntimo, privado y exclusivo de la vida con otros se entiende como la vida en Ge meinschaft (comunidad). Gesellschaft (sociedad) es la vida pública, es el mundo en sí. En Ge meinschaft (comunidad) -con la propia familia- se vive a partir del nacimiento unidos en la prospe­ ridad o en la necesidad. Uno entra en la Gesellschaft (sociedad) como si llegara a tierra extranjera (T onnies, 1955, p. 37; citado en T homp­

son, K., 1996, p. 51).

Los vínculos comunitarios o familiares, según Tonnies, también pueden darse al compartircreencias religiosas o latradición cultural -sobre todo en áreas rurales-. La modernización supuso la pérdida de tales lazos y ha dejado a las personas con la sensación de estar perma­ nentemente en tránsito hacia un país extranjero, o en riesgo. Por otra parte, el debilitamiento de la creencia tradicional en unajerarquía so­ cial natural, que incluía la jerarquía familiar en la cual los niños eran enseñados a obedecer a los padres y las mujeres prometían obedien­ cia de por vida a sus esposos, aumenta el sentido del riesgo en lo que concierne a las relaciones de los niños con la familia. Dos campañas mediáticas ilustran la recurrencia del pánico mo­ ral acerca del colapso de la vida familiar y las múltiples patologías que ello puede implicar, incluyendo la violencia. La primera fue una campaña acerca de lo "marginal", montada por The Sunday Times en 1989. La segunda, generada por el Dairy Mail en contra del proyecto de ley sobre "Familia, Hogar y Violencia Doméstica" de 1995. Am­ bos periódicos eran ideológicamente afines a la Nueva Derecha y combinaban además las políticas económicas neoliberales y la moral neoconservadora del thatcherismo. La tesis de una clase "baja" como amenaza social tiene una larga historia que se retrotrae al siglo XIX. Sin embargo, adquirió una nueva

Kenneth Thompson

conformación alrededor de la década de 1980, cuando la culpa del in­ cremento de las patologías sociales se dirigió especialmente a las ma­ dres solteras como emblema de lo "inmoral", con hijos ilegítimos que mantenían gracias a los subsidios del Estado. El defensor principal y creador de dicha tesis fue el dentista político norteamericano Char­ les Murray, que en 1981 se unió al grupo de asesores de los partidos de derecha trabajando para el Manhattan Institute for Public Policy Research y que en 1984 publicó Losin9 Ground: American Social Poli­ cy 19 50-1 980 . Sus ideas comenz aron a ser citadas perman entemente por los defensores de las políticas del presidente Ronald Reagan, y aun luego del cambio a un gobierno del Partido Demócrata, la publi­ cación US News and Wqrld Report continuaba citándolo como una de las 32 personas más influyentes en la elaboración de las políticas pú­ blicas norteamericanas. En 1989, The Sunday Times invitó a Murray a Gran Bretañay le comisionó aplicar su análisis a la sociedad local. Su informe posterior ocupó varias páginas y fue acompañado por una nota de tapa sobre los "hallazgos" del académico, y también por un editorial que afirmaba: "Un monstruo ha sido creado en la niebla y la política no tiene la voluntad de confrontarlo" (The Sunday Times, 26 de noviembre de 1989). El artículo sostenía que "se está gestando

una tragedia social de proporciones dickensianas

Los marginales

engendran niños ilegítimos sin preocuparse por lo que será de ellos mañana, y alimentan una tasa de criminalidad que ya compite con la de los Estados Unidos. Rechazan la mano que los alimenta; se están convirtiendo en una generación perdida". Con las declaraciones de Murray, el periódico proponía la restauración del temor hacia el "es­ tigma social" vinculado a la ilegitimidad de nacimiento: "el estigma social es un ingrediente esencial del orden social y debe ser restau­ rado sin prisa pero sin pausa". Se culpaba a las iglesias por el fracaso en ofrecer un ejemplo moral, sus líderes "parecen más ansiosos por la política que por predicar los valores familiares". Además de la urgen­ cia por la revitalización de lo moraly la estigmatización de las madres de hijos ilegítimos, The Sunday Times contribuyó al pánico al coincidir

Fa milia ,in fancia y violenci a

con Murray en que "no hay soluciones inmediatas, e inevitablemente el problema tiende a empeorar". En síntesis, The Sunday Timesy Murray actuaban como emprende­ dores morales, promoviendo una campaña moral que aseguraba que los problemas sociales se asocian con la pobrezay devienen de la de­ cadencia de los valores morales, particularmente de aquellos vincu­ lados al sexo y al matrimonio,y de la accesibilidad a los beneficios de un Estado benefactor. A estas variables atribuían el aumento de los nacimientos ilegítimos que deja a los hijos sin referentes morales con responsabilidad social (los padres). Tales niños nacidos en condicio­ nes de ilegitimidad rechazan los valores convencionales, se niegan a trabajar y se involucran en actividades criminales que arruinan ba­ rrios enteros. Más aún, las cosas se pondrán peory es poco lo que en términos prácticos puede hacerse. La única respuesta es la revitaliza­ ción moraly la estigmatización de los marginales. No se le otorgaba ningún espacio al argumento alternativo más frecuente de conside­ rar la ilegitimidad como síntoma y no como causa de los problemas. Otros factores mencionados en el artículo incluían las problemáti­ cas habitacionales y conyugales, las distancias entre aspiraciones y oportunidades laborales, la discriminación racial, las enfermedades, los servicios locales inadecuados, un ambiente empobrecido y así su­ cesivamente. Otras preguntas pertinentes sencillamente no fueronformuladas desde esta consideración unilateral. Entre ellas quedaba sin respues­ ta si no habría otros modelos posibles de identificación para esos niños, tales como la pareja de la madre que fuese suficientemente duradera, el ejemplo de las mismas madres en tanto trabajadoras, tíos, primos, gente amigay quizás figuras de identificación surgidas de los medios. Más aún, para darle sustento a su teoría de la ilegiti­ midad considerada como factor único, Murray debía ser capaz de ofrecer evidencia estadística de que el crimeny el desempleo volun­ tario son causados por el nacimiento de niños ilegítimos. No pudo probarlo, pero sencillamente señalaba que el incremento de la tasa

Kenneth Thompson

de nacimientos por fuera del matrimonio creció a la par de la tasa de crímenes en aquellos barrios donde también aumentó el desempleo juvenil. Murray no pudo estimar la dimensión de esta clase marginal; la cantidad de 158.500 nacimientos de hijos ilegítimos en 1987 fue evaluada sin considerar el hecho de que solo el 6% de las parejas vi­ vían en relaciones estables, y que probablemente más adelante con­ trajesen matrimonio entre sí o con otra persona. (La ausencia crucial de esta estadística se corresponde a la variable o categoría "nunca en pareja estable" o "nunca casado".}

El estilo de presentación de estas noticias en los medios tiene una

influencia importante en el desarrollo de los pánicos morales. En lo que podría llamarse una práctica estándar del periodismo, The Sun­ day Times buscaba darles "interés humano" o dimensiones "persona­ lizadas" a notas con los argumentos más bien áridos de Murray, y por lo tanto esos periodistas realizaban perfiles de familias marginales, ilustrándolos con fotografías. Lo que el periódico no señalaba es que ninguno de los casos entrevistados podía realmente dar sustento a la tesis; lo más cerca que se llegó de admitirlo füe una imagen cuyo

epígrafe afirmaba que "la gente presenta un escenario más comple­ jo del que puede resistir la teoría social" (26 de noviembre de 1989). De hecho, las personas entrevistadas parecían mantener valores y aspiraciones relativamente convencionales, a pesar de las dificulta­ des atravesadas. No se aj ustaban a la categorización de Murray de los valores degradados de la clase marginal que, según él afirmaba, "contaminaban la vida entera de los vecindarios" (26 de noviembre de 1989). Los ejemplos que más se acercaban de todos los que fueron entrevistados eran el de un padre de hijos ilegítimos quien, a pesar de todo, tenía un trabajoy protestaba sobre la gente que ensuciaba el barrio, y el de un desocupado que deseaba tener su propio negocioy, para tener una apariencia profesional, se había comprado un maletín.

A pesar del desajuste entre la línea editorial del periódicoy la com­

plejidad de los casos presentados, el tratamiento sensacionalista de la tesis del profesor Murray garantizaba que el periódico cumpliera su

Familia ,in fancia y violencia

objetivo de generar controversias y atraer la atención pública. A par­ tir de que Rupert Murdoch comprara The Sunday Times, el periódico consolidó su reputación de publicar primicias sensacionalistas {lle­ garon a comprar los falsos diarios íntimos de Hitler) y promover la ideología de la Nueva Derecha asociada a Thatcher y a Reagan. Sus revelaciones sobre la amenaza que presentaba a la sociedad una cla­ se marginal de excluidos inmorales provocó variadas respuestas, tal como se pudo apreciar la semana siguiente. De todos modos, la cam­ paña moral había resultado eficaz en la instalación del tema, y los es­ fuerzos de muchos académicos por denunciar la simplificación de un problema complejo tuvieron una cobertura mediática infinitamente menor (véase Thompson, K., 1989). Los periódicos de Murdoch, The Timesy The Sunday Times, continuaron difundiendo su campaña mo­ ral y mantuvieron durante los años siguientes su táctica de generar temor. En 1994, el The Sunday Times invitó a Charles Murray a dar una conferencia en el "Foro The Sunday Times acerca de la marginalidad en Inglaterra". Lo precedía un artículo de la académica norteamericana Gertrude Himmelfarb, quien en el mismo Foro proclamó que la tesis de Murray era un hecho establecido. Una vez más, la ilegitimidady el fracaso para estigmatizarfueron el centro del larguísimo ataque ideo­ lógico de su presentación, sin embargo surgieron algunas contradic­ ciones en su argumentación, ya que sostenía a la vez la falta de moral y el hecho de que el caso indicaba que las prioridades morales habían cambiadoy que en la actualidad había nuevos "pecados originales":

Cuando se normaliza lo desviado, lo normal se convierte en des­ viado. El tipo de familia que durante siglos consideramos natural y moralmente adecuado ahora es considerado patológico, ocultando detrás de la fachada de respetabilidad el nuevo pecado original, el abuso infantil (The Sunday Times, 11 de septiembre de 1994).

Esta afirmación resulta interesante porque ilustra el carácter ideo­ lógico de los discursos que conciernen a la marginalidad, definien-

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do lo desviado y lo natural. El modo en que el discurso construye su significado puede ser decodificado para poner en evidencia las con­ notaciones derivadas de la asociación de términos, por ejemplo:

"ilegitimidad", "monstruo", "a la deriva", "violencia", "gueto negro norteamericano", "viven de la ay uda del Es tado", etc. En nuestra so­ ciedad atenta al riesgo, las connotaciones influyen en las ansiedades comunes. Los políticosy los cruzados de la moral encuentran aliados en sectores de los medios masivos que comparten su posición ideo­ lógica. La competencia entre los medios masivos de comunicación ha aumentado de tal modo, que hasta aquellos que se llamaban a sí mismos "periódicos de calidad" buscan atraer a un grupo de lectores más populares y la estrategia adoptada para ello es la campaña moral populista. En los medios ha habido un crecimiento del "infoentreteni­ miento", que mezcla información con entretenimiento. Un ejemplo es la proliferación -en la mayoría de los diarios "serios"- de secciones sensacionalistas en el cuerpo principal de un diario tradicional y la modalidad de producir e incluir, en la edición del periódico, revistas semanales con notas de color. El otro desarrollo importante en los medios es la aparición masiva de columnas de opinión, incluso en de­ trimento de la comunicación estricta de las noticias. Los columnistas están bajo presión y deben atrapar la atención del público con tex­ tos controversiales, lo cual termina generando la carrera por quién puede generar más indignación de los sectores de derecha o lograr la extrema generalización de lo particular. Por ejemplo, desde la dé­ cada de 1970, The Sunday Times y The Times dieron mayor espacio en sus páginas centrales a las columnas de opinión y luego los líderes se hicieron eco de estas opiniones. También apareció la tendencia de los medios de "citarse" unos a otros, hacer referencias mutuasy de ese modo crear una agenda común de noticias-opinión. Por ejemplo, la columnista de The Times, Janet Daley, podía escribir su columna a partir del programa de televisión Panoramay los efectos que ello tiene en la debacle familiar, sin embargo, al mismo tiempo laautoraafirma­ ba que, según los hallazgos de la investigación sobre ese programa,

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era "demasiado superficial para la gran masa de personas que creen en el día deljuicio final" (The Times, 10 de febrero de 1994). La exitosa columnista parecería creer que el análisis de estadísticas minuciosas, junto con argumentos equilibrados y calificados, serían demasiado aburridos, y que los lectores prefieren columnistas más parecidos a los profet as del Antiguo Te stamento, volviendo a exponer las verda­ des dadas por Dios. El segundo ejemplo encaja en esta descripción de manera perfecta. En él está implicado el columnista de derecha del Dairy Mail, el teólo­ go William Oddie, graduado en Oxford,y se relaciona con el proyec­ to de ley del gobierno conservador sobre "Familia, Hogary Violencia Doméstica", de 1995. Dicho proyecto había sido pensado para prote­ ger a víctimas no casadas de la violencia doméstica, fortaleciendo su derecho a la propiedad del domicilio compartido al ser reconocidas como "cohabitantes". El proyecto tuvo el apoyo de todos los partidos y su curso parlamentario no tenía ninguna objeción. Entonces, Wi­ lliam Oddie utilizó su columna en el diario para pintar un panorama escabroso de las supuestas consecuencias de la aprobación de la ley, afirmando que esta amenazaba con sabotear la institución matrimo­ nial. Describió el escenario futuro como "una pesadilla" (Dairy Mail, 23 de octubre de 1995). Cuando un grupo de la bancada conservado­ ra fue convocado a confrontar al auspiciante de la ley, el ministro de Justicia, otro columnista del Dairy Mail, John Torode, se dedicó a deli­ near su retrato preguntando: "¿Cómo es posible que Lord Mackay se encuentre en el extremo radical de la permisividad, luchando contra sus propios compañeros de banca por una legislación que enfurece a aquellos que ven con tristeza la debacle de la familia?" (Dairy Mail, 27 de octubre de 1995). El despacho del ministro de Justicia intentó desestimar que los efectos de la ley eran "cuentos de terror'', pero el pánico moral ya es­ taba desatado. A pocos días de montar su campaña, el Dairy Mail pu­ blicaba en primera página el siguiente titular: "Concubinos, la ley ha sido archivada, Lord Mackay dio marcha atrás luego de que el Mail le

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advirtiera que tal proyecto de ley sabotearía el matrimonio" (27 de octubre de 1995). Otro titular daba la impresión de que habían sido los homosexuales quienes pretendían destruir la familia presionan­ do a los asesores del ministro de Justicia: "Escucharon a los grupos de homosexuales en vez de atender a los defensores de la familia" (27 de octubre de 1995). El mensaje para-nada-codificado, otra vez, era que los desviados de las pautas sociales estaban tratando de soca­ var o revertir el orden moral natural basado en la familia, lo cual se presentaba morbosamente como un "escenario pesadillesco".

N IÑOS EN RI ESGO

Los distintos elementos del discurso sobre "la amenaza a los valores morales" están actualmente tan establecidos, que no es necesario para los medios hacer una lista que agote todo el repertorio antes de que surja uno nuevo. Como los elementos codificados se eslabonan entre sí, es suficiente con nombrar solo uno o dos para que el resto se vaya sumando de manera inmediata. Este es el caso en que un evento sin­ gular despierta un pánico moral al coincidir con un discurso estable­ cido previamente. El evento cristaliza todos los miedos asociados al surgimiento del pánico. Un ejemplo famoso es el del asesinato de Ja­ mes Bulger, un niño de dos años, a manos de otros dos niños. Así, The Sunday Times publicó un artículo editorial central sobre "La brutali­ dad británica'', afirmando:

Los británicos han sentido últimamente que el crimen violento co­ rroe los bordes del tejido social de la nación, y que quienes tienen la autoridad parecerían no tener el poder para detener el progreso de este mal sin pausa. Pero hizo falta un crimen en particular para cristalizar los miedos de una nación, encapsular las preocupaciones y animar a la gente a preguntar en voz alta en qué clase de nación nos estamos transformando: el asesinato brutal del niño de dos años, Ja-

Fa milia ,i nfa ncia yviol encia

mes Bulger, muerto por otros dos niños más grandes. Es el mundo de los videos más desagradables convertido en realidad (The Sunday Ti­

mes, 21 de febrero de 1993).

The Sunday Times continuaba haciendo referencia a "la anarquía y la 'mugre' socialactual, donde los estados se hunden, habitados por una clase marginal blanca que representa el crimen, la violencia, la ile­ gitimidad, la dependencia del Estado benefactor y la desesperanza general que suele habitar en los guetos negros de los centros urbanos de los Estados Unidos" (21 de febrero de 1993). Luego, el diario hacía una referencia al elemento central de la tesis de Murray:

Los controles sociales de la comunidad también fracasan en su ope­ ración cuando el tipo más común de familia es el de la madre soltera y un padre definitivamente ausente. Los jóvenes -en particular los varones- no solo no tienen una figura paterna en la familia, sino que casi no hay varones que valga la pena considerar como modelos en toda la comunidad (The Sunday Times, 21 de febrero de 1 993).

El caso Bulger fue sin duda un evento únicoy terrible, en el que dos ni­ ños mataron a uno más pequeño. Pero lo realmente estremecedor fue el modo en que el caso se adecuaba precisa y fácilmente en un discur­ so preestablecido que había originado pánicos morales. Hubo muy pocos intentos por situar el evento en perspectiva. Los niños asesinos son, de hecho, algo muy infrecuente. En el momento del asesinato de Bulger había solamente siete menores de entre 10 y 17 años deteni­ dos por voluntad de Su Majestad, sentenciados por asesinato. Cin­ co años antes, cuando Sharona Joseph, de 2 años, fue secuestrada en Hertfordshire por un niño de 12 años que la sofocó hasta matarla, el caso tuvo muy poca reacción pública porque los medios no usaron un discurso moralizantey, por lo tanto, el episodio no fue catalogado de patología social extendida. La diferencia entre ambos casos fue que el secuestro de James Bulger sucedió en un Centro Comercial lleno de

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gente, y perder un niño en tales circunstancias es probablemente la pesadilla más temida. El secuestro de Bulger, además, captado en vi­ deo por las cámaras de seguridad, tuvo gran difusión. Un número in­ calculable de personas vio el video, nadie pudo impedir lo sucedido,y a partir de esta cuestión surgieron las preguntas sobre la declinación de la idea de comunidad y la falta de responsabilidad por la suerte de los demás. Finalmente se alegó que los niños habían sido influidos por un video morbosoy esto aumentó el temor de que la infancia estuvie­ ra siendo iniciada en laviolenciay la inmoralidad pornuevos soportes que escapan al control adulto. En síntesis, las circunstancias del caso Bulger suscitaron diversas ansiedades y temores de naturaleza más generaly difusa,y el modo en que se informó sobre el asesinato incre­ mentó esa situación. Pero ¿ameritaba un pánico moral? Los comenta­ ristas tuvieron distintas posturas sobre si el caso había ocasionado un pánico moral. El editor principal de The Guardian comentó:

Un único episodio como el trágico asesinato del niño de dos años de Merseyside puede servir para dar mayor coherencia al debate público que hasta ahora mantuvo un objetivo impropio; o puede hacer estallar un pánico moral debido a que lo emocional juega un papel más im­ portante que el pensamiento racional sobre las políticas públicas. Los ministros parecerían dudar aún acerca del rumbo a tomar, aunque la evidencia que se presentó ayer señalaba con bastante claridad su pre­ ferencia por la segunda opción (The Guardian, 22 de febrero de 1993).

Sin embargo, el rabino mayor Jonathan Sacks, unos meses después, al escribir una columna en The Times, parecía aliviado por la cober­ tura mediáticay la reacción pública: "Esto no es pánico moral, sino el honesto reconocimiento de la amenaza a la responsabilidad colectiva que hace que la sociedad sea algo más que la suma de los individuos" (3 de diciembre de 1993). Es discutible si la cobertura de los periódi­ cos más populares contribuyó -o no lo hizo- a un debate equilibra­ doy racional. Cuando la Corte entregó su veredicto declarando a los

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