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Apuntes sobre TERAPIA DE PAREJA

Fina Ruiz
Escola de Teràpia Familiar Hospital Sant Pau Barcelona

Índice

Definición de pareja
Etapas del ciclo vital:

 Etapa inicial. Formación de la pareja


 Nacimiento de los hijos
 Hijos adolescentes
 Nido vacío
 Vejez

Modelos explicativos del funcionamiento de pareja:

 Cognitivo-conductual
 Psicodinámico
 Sistémico

Definición de modelos sistémicos:

 MRI de Palo Alto


 Estructural
 Estratégico
 Escuela de Milán
 Constructivista
 Socioconstruccionismo y narrativa

Clasificación de parejas según tipología de funcionamiento


Conflictos de pareja
Expectativas de cambio
Intervención Terapéutica

DEFINICIÓN DE PAREJA

Durante muchos siglos la concepción de la pareja se mantuvo más o menos


estable. Los cambios producidos en el siglo XX favorecieron que se fuera
modificando, cuestionando los modelos tradicionales y produciendo un mayor
impacto en la subjetividad de la concepción de la pareja en ambos géneros.
Algunos de estos cambios son los siguientes:

 La aparición de los métodos anticonceptivos femeninos permitió el


control de la fecundidad por parte de la mujer y al mismo tiempo separó
el ejercicio de la sexualidad del reproductor.
 El control que puede ejercer la mujer sobre su propio cuerpo facilitará el
cambio en el desempeño del rol maternal, como objetivo principal, puede
decidir el momento del embarazo, número de hijos, si los tiene o no. El

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poder de decisión de la reproductividad que durante mucho tiempo lo


podían decidir unilateralmente el varón, cuando y con quien iban a tener
los hijos, ahora pasan a tenerlo las mujeres. Otra consecuencia de este
cambio es que el poder de decisión sobre las prioridades puede
ejercerlo la mujer.
 El favorecer la inserción de las mujeres en el mercado laboral ejerce un
cambio en la independencia económica de la mujer respecto al varón.
 Puede decidir y realizar sus propios proyectos con margen de
autonomía. Encontrar un hombre con quien casarse ya deja de ser el
principal objetivo en la vida de muchas mujeres.
 Los cambios tecnológicos también irán favoreciendo que vayan
desapareciendo la especificidad sexual en el desempeño de tareas. La
fuerza física masculina deja de ser necesaria y este hecho tiende a
borrar las diferencias entre géneros en el sistema productor.
 La participación social y política de la mujer ha ido potenciando la
igualdad de derechos entre hombres y mujeres. La igualdad obtenida en
el terreno legal ha favorecido unos derechos que se plasman y
transforman en la vida cotidiana, como: votar, administrar los bienes,
divorcio, leyes sobre violencia…
 Otro cambio que se estableció es el derecho de la mujer a incorporarse
a la educación. Los contenidos de la enseñanza son comunes a ambos
sexos, por lo que se facilita la relación de igualdad perdiendo también la
exclusividad de este derecho los varones.

El siguiente cuadrante desarrollado por J.L Linares y C. Campo, recoge el tipo


de evolución que han experimentado las parejas, desde la patriarcal hasta los
tiempos actuales, con la denominada pareja postmoderna. A través de la
definición de las siguientes variables: fundamentos, tipo de vínculo, fuentes de
legitimidad, roles de género, estructura típica y parentalidad, se van ilustrando
dichos cambios y la repercusión que en cada momento ha reflejado
mantenerse en una u otra posición.

Dicha evolución refleja más la cultura occidental que otro tipo de culturas,
aunque no significa que en la misma cultura occidental se esté sosteniendo
únicamente el modelo de pareja postmoderna, ya que aún en la misma
situación geográfica y cultura se puede estar conviviendo con este abanico de
funcionamientos de parejas, es decir, que podemos estar cohabitando con
modelos de pareja; patriarcal, moderna y postmoderna al mismo tiempo.

Modelos de pareja propuestos por J.L. Linares y C. Campo. (2002)

Pareja
Pareja patriarcal Pareja moderna
postmoderna
Basada en el
Basada en la diferencia y
Basada en la igualdad y hedonismo:
Fundamentos en la división sexual del
en el enamoramiento búsqueda del
trabajo
placer y el confort
Apego inicialmente
limitado. Desarrollo Pasión: tendencia a la Consideración de la
Vínculo
posterior a través de la fusión total separación
convivencia

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En la necesidad de
Fuentes de En la comunidad y la En el cónyuge y en la
delimitar territorios
legitimidad familia extensa propia pareja
individuales
El género regula El género deja de ser un Los roles de género
Roles de género estrictamente las referente claro de rol y se puede invertir o
conductas jerarquía alternar.
Familia
Estructura típica Familia extensa Familia nuclear
reconstituida
Nuevas formas de
Regulación social de la Regulación voluntaria parentalidad
Parentalidad
natalidad de la natalidad (homo, mono,
artificial…)

La Idea de pareja la podríamos enmarcar dentro de la cultura occidental en la


mitología griega y en la tradición judeocristiana, la cual nos transmite que la
pareja es una unidad. En la génesis lo representan como que el hombre y la
mujer forman esa unidad.

Al mismo tiempo podemos describir a través de la definición del diccionario de


la lengua española, tal y como define el término de pareja, “conjunto de dos
personas animales o cosas que tienen entre sí alguna correlación o semejanza,
y especialmente el formado por el hombre y la mujer”. También describe a la
pareja como “igual o semejante”.

La idea de dos que se eligen mutuamente a través del enamoramiento no se


empieza a desarrollar en la cultura occidental hasta finales de 1800 y a través
de la corriente ideológica que aportó el romanticismo. No obstante, actualmente
en algunos países está establecida la convivencia de forma más amplia que el
de pareja, ya que se contempla la poligamia como sistema aceptado de
convivencia así como la poliandria.

Ateniéndonos a los patrones culturales occidentales ¿cuándo podemos definir


que se constituye la pareja? Si seguimos con la idea del romanticismo en el
cual el principio fundador de la pareja sería el deseo de dos personas de estar
juntas, añadiendo a que este deseo se transformaría a través de una unión que
trascienda, que vincule una a la otra, y que dure para siempre, la haga única y
diferente a todas las otras y al mismo tiempo establezca una definición qué es
cada uno para el otro en la relación.

Quizás para aproximarnos de una forma más actual a lo que podríamos definir
qué sería constituirse como pareja, es ilustrativo la definición que utilizan C.
Campo y J.L Linares cuando definen a la pareja como “Dos personas
procedentes de familias distintas, generalmente de diferente género, que
deciden vincularse afectivamente para compartir un proyecto común, lo que
incluye apoyarse y ofrecerse cosas importantes mutuamente, en un espacio
propio que excluye a otros pero que interactúa con el entorno social”. En esta
definición hacen hincapié en la importancia de compartir expectativas con
respecto al futuro lo que la diferenciaría en la consolidación del vínculo de
pareja en comparación a otro tipo de vínculos de emparejamiento.

Actualmente la unión de dos va más allá del principio procreador como sería el
caso de las parejas heterosexuales. En nuestro país está establecida la ley de

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unión en la cual se acepta que puedan ser del mismo sexo, gays o lesbianas,
por lo que la relación matrimonio tradicional ha ido renovándose a otros tipos
de emparejamiento, como los que hemos descrito, y a los cuales nuestra
cultura va evolucionando a otras formas de constituirse y definir lo que es
pareja.

ETAPAS DEL CICLO VITAL

Malagoli Togliatti describe tres fases por las cuales pasan las parejas: ilusión
(en el momento de enamoramiento), decepción (cuando la pareja revela sus
propios defectos) y la desilusión, en la cual llegan aquellas parejas que no han
roto en la fase precedente, pero que son capaces de establecer una relación
más madura y realista, que tenga en cuenta los valores y los límites del otro.

Vamos a realizar un repaso más exhaustivo de las fases del ciclo vital de la
pareja. Pasar de una etapa a la otra puede originar distintas crisis, las cuales
una vez superadas significan un paso hacia el crecimiento y en el caso
contrario “de atasco”, y sería aquí cuando se producen las disfunciones y con
ellas los problemas y riesgos para la salud de los miembros que componen el
sistema familiar, y en este caso centrado, al inicio, en la pareja.

Etapa inicial. Formación de la pareja:

Aunque esta etapa puede estar precedida por un noviazgo, que dependiendo
de las circunstancias socioculturales, puede ser más o menos largo en el
tiempo, en el cual ya se ha ido definiendo expectativas sobre la relación y se ha
ido “negociando” lo que será el “contrato de pareja” el cual puede estar
consensuado por diferentes ritos: matrimonio reconocido por las leyes (civil o
eclesiástico), convivencia como pareja de hecho, convivencia sin que esté
reconocido por la ley, etc. A través de estos ritos se pondrá de manifiesto el
cambio que representa pasar de la dualidad a la unidad.

Cuando se va definiendo el proyecto de esa unión es importante que se pueda


comunicar qué significado tiene para cada uno el compromiso que van a
realizar como pareja, ya que aquí puede ser donde se empiecen con unos
cimientos poco sólidos para poder sostener el proyecto de pareja y a su vez de
constitución del propio sistema familiar. A veces los motivos por los cuales se
realiza esta unión puede ir determinado por acontecimientos no previstos,
como embarazo no deseado, necesidad de independizarse de la familia de
origen y como huida de dicho domicilio, ruptura de pareja anterior y como
deseo de venganza, etc.

También puede haber error de percepción creyendo que el otro tiene los
mismos objetivos y o necesidades, y estos no han sido explicitados, por lo que
no se tiene presente donde se encuentran las necesidades básicas del otro y,
sobre todo, si sus expectativas son coincidentes para poder ir definiendo la
relación.

Cuando se forma esta “unidad”, cada uno de los miembros va con su “equipaje”
en el cual lleva; costumbres, creencias, reglas, mitos… provenientes de las

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familias de origen, con la cual han compartido significados de lo que es


aceptado y rechazado.

En esta etapa es importante negociar con los elementos que aporta cada uno
de sus experiencias familiares anteriores y establecer una nueva y propia forma
de vivir en pareja.

En esta etapa las expectativas de cómo debería comportarse el otro, pueden


complicar la convivencia diaria, sobre todo, en lo cotidiano. La clave sería
entender que el otro no es como yo y ver las diferencias como algo
complementario no tanto como divisorio y conflictivo.

Cuando la pareja empieza a convivir, debe elaborar una cantidad de acuerdos,


que estarían en relación hacia la forma de manejarse y relacionarse con sus
respectivas familias de origen, sus pares, los aspectos prácticos de la vida,
como es la gestión de la economía, como cubrir las necesidades del hogar…
Implícita o explícitamente han de resolver una variedad de cuestiones, algunas
de las cuales no eran previsibles antes de la convivencia, por lo tanto es
importante establecer acuerdos donde las diferencias se puedan ir
“negociando” para ir cediendo a las costumbres y conductas anteriores por
otras que permitan una mayor ajuste al nuevo sistema de convivencia.

Durante este período inicial puede que se intente evitar la discusión abierta o
las manifestaciones críticas, y a que no deseen herir sus respectivos
sentimientos. A veces los temas que no pueden comunicarse y/o discutirse
pueden quedar enquistados. En este período temprano, la pareja puede
empezar a aprender a usar, tanto como el poder de la fuerza, el poder
manipulativo de la debilidad y los síntomas como exteriorización de estas
dificultades.

Otro apartado que no será fácil separar serán las decisiones de la pareja frente
a la influencia de las respectivas familias de origen. La joven pareja debe
establecer su territorio, con cierta independencia de la influencia parental, y a
su vez los padres deben cambiar los modos de tratar a los hijos, una vez que
estos se han independizado. La sobreinvolucración paterna en el territorio de la
pareja puede ser causa de desavenencias instaurándose sentimientos
negativos, que pueden en muchas ocasiones no ser explícitos, pudiendo formar
parte de ciertos enquistamientos en la base de la relación.

Algunas parejas intentan delimitar su propio territorio en forma totalmente


independiente, cortando toda relación con las familias de origen. Esto no suele
dar resultado y, por el contrario, tiende a desgastar a la pareja, porque el arte
de esta nueva unión incluye el manejar la independencia pero conversando en
alguna medida la pertenencia con las respectivas familias de origen.

También es una etapa importante en la toma de decisiones sobre la llegada de


los hijos e incluso número y momento. Aquí también pueden aparecer
necesidades individuales más allá de las de la pareja y es importante
establecer acuerdos sobre esta toma de decisiones y que la misma sea
establecida desde la base de los afectos más que de las necesidades.

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Nacimiento de los hijos.

Esta etapa va a transformar una estructura diádica en triádica, es decir, con el


nacimiento del hijo la pareja pasa de ser dos personas a configurar un
triángulo, por lo que implicará un cambio en las reglas de relación.

La llegada de los hijos abre una nueva e importante etapa dentro del ciclo vital,
ya que se debe instaurar una aceptación y adaptación al rol parental y por ende
todo lo que va a necesitar cubrir la crianza de los hijos. El nacimiento del primer
hijo conlleva que se tengan que instaurar nuevas funciones y que haya un
cierto cierre hacía el exterior y también puede que hacia el interior, relegando
otras funciones conyugales. Dependiendo de las bases en las que se cimiente
puede potenciar unos desequilibrios en el sistema conyugal.

La función parental va a requerir que ambos progenitores pongan en juego la


práctica de una variedad de habilidades, conocimientos y actitudes para poder
desarrollar diferentes funciones y entre ellas destacamos:

 Funciones de cuidado, relacionadas con los cuidados básicos; alimento,


higiene, ropa, salud, educación…
 Funciones sociabilizadoras, ayudando a integrar las normas sociales y
facilitar la interrelación con el entorno a través de las funciones
normativas y funciones protectoras.
 Y otras funciones relevantes son las nutricias, mediante las cuales los
padres irán transmitiendo a sus hijos el reconocimiento, valor y
valoración, facilitando que se sientan queridos, valorados y reconocidos
lo cual tendrá un doble efecto tanto para los hijos como para los padres.
En los hijos producirá el efecto de seguridad que facilitará adaptarse a
las normas y a definir proyectos personales coherentes y a los padres la
devolución de estos mismos efectos, reconocimiento, valor y afecto.

Los cuidados y atenciones que necesitan los hijos van a poner a prueba,
nuevamente, las capacidades negociadoras en cuanto a temas de distribución
de responsabilidad y en las funciones que requiere la crianza y su distribución,
de acuerdo con los roles que la pareja decida asumir. En estas funciones de
crianza cada vez más se tiene que negociar como se compatibilizan lo roles
laborales, de cada uno de los miembros, con las necesidades que requiere
adaptarse a esta etapa.

Cuando el rol de crianza recae principalmente en la madre y hay un


desplazamiento de esta función del padre puede fomentar que el padre acabe
rivalizando y competiendo con el hijo. También puede potenciar la evasión por
parte del padre en el cuidado directo de los hijos. Una sobre involucración en la
crianza por parte de uno de los dos padres puede favorecer el distanciamiento
entre la pareja descuidando la relación conyugal
Otro riesgo a señalar sería que los hijos se conviertan en actores cada vez más
participativos en la relación familiar, capaces de ser incluidos en los “juegos
disfuncionales” (triangulaciones) y de hacer valer sus propios recursos y
potencialidades, tanto positivas como negativas, mediando de esta manera en

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las disfunciones conyugales de los padres y siendo portavoces a través de


conductas disruptivas, confrontación con uno de ellos o bien haciendo
expresión de malestar a través de síntomas.

Etapa de los hijos adolescentes

El momento de transición de una etapa a otra en el sistema familiar, y por lo


tanto lo que se refiere a su crecimiento, necesita mantener una estructura
flexible, y al mismo tiempo estable, para poder superar los momentos de crisis,
en los cuales los miembros de la familia tienen la clara percepción de que las
reglas con que se venían manejando ya no sirven y que aún no han surgido de
ellos otras nuevas que las reemplacen.

En esta época, generalmente, la pareja puede estar alcanzando los años


medios de sus ciclos vitales. Se ha podido consolidar una cierta estabilidad,
económica, social, laboral y al mismo tiempo los hijos no demandan los
cuidados tan directos que requiere la etapa anterior.

Para cuando llegan estos años medios, la pareja puede haber atravesado
muchos conflictos y haber instaurado patrones de interacción funcionales o
disfuncionales. Puede que la estabilidad de la familia se haya mantenido por
medio de complicadas pautas de intercambio para resolver problemas o bien
para evitar resolverlos.

También en estos años medios pueden sobrevenir graves tensiones y también


el divorcio, aún cuando la pareja haya superado muchas crisis previas: La
mayor parte de los otros períodos de tensión familiar aparecen cuando alguien
ingresa en la familia o la abandona. Es en esta etapa cuando los hijos pasan de
la niñez a la juventud se produce la llamada turbulencia adolescente, la cual
puede ser vista como una lucha dentro del sistema familiar por mantener el
ordenamiento jerárquico previo.

La necesidad de autoafirmación y provocación de los hijos representa un nuevo


desafío para la pareja, y pone en juego todo el equilibrio que requiere la
conyugalidad y parentalidad.

La familia necesita hacer los ajustes que requiere el comienzo de la pubertad y


la madurez sexual en los cuales pondrá a prueba la adaptación hacia:
necesidades de independencia, reconocer la prioridad del grupo de pares,
apoyar el desarrollo de la identidad personal, manejo de expectativas con
relación a los hijos y, además, éstos replantean las creencias, cuestionan y
ponen en evidencia las contradicciones. Todo ello puede generar frustración en
los padres e incrementar la tensión familiar.

Es importante mantener una continua negociación sobre el sistema de


creencias compartido y las reglas que lo mantienen, a través de la negociación
y el establecimiento de nuevas reglas, satisfactorias para los miembros de la
familia. Todo ello facilitará que la funcionalidad no se vea lesionada en esta
etapa del ciclo vital.

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Etapa del nido vacío:

Esta etapa de transición cuando los hijos se marchan de casa coincide,


generalmente, con la entrada de la pareja en la edad madura. También puede
anunciarse mucho antes cuando los hijos empiezan a ausentarse para ir a la
escuela. Supone el reencuentro de la pareja sin que esté mediatizado por las
funciones paternas. Es un momento crítico, en el que se impone la necesidad
de revisar y negociar tanto el vínculo de la pareja como los proyectos en curso.

Cuando los hijos realizan su proceso de independencia se puede hacer difícil


para algunas parejas volver a encontrarse cara a cara, después de haber
estado durante muchos años volcados en los hijos. Una dificultad entre la
pareja que puede emerger en esta época es que los padres se encuentren sin
nada que decirse ni compartir. Durante años no han conversado de nada,
excepto de los niños. A veces la pareja empieza a disputar entorno de las
mismas cuestiones por las que disputaban antes de que llegaran los hijos.
Puesto que estas cuestiones no se resolvieron, sino simplemente se dejaron de
lado con la llegada de los hijos, ahora resurgen.

A veces, la turbulencia entre los padres sobreviene cuando el hijo mayor deja el
hogar, mientras que en otras familias la perturbación parece empeorar
progresivamente a medida que se van yendo los hijos, y en otras cuando está
por marcharse el menor. En muchos casos, los padres han visto, sin dificultad,
cómo sus hijos dejaban el hogar uno por uno, súbitamente, cuando un hijo en
particular alcanza esa edad, surgen las dificultades. En tales casos, el hijo en
cuestión ha tenido, por lo general, una especial importancia en la pareja. Puede
haber sido el hijo a través del cual los padres hicieron pasar la mayor parte de
su comunicación mutua, o bien, por el cual se sintieron más involucrados o se
unieron poniendo a través del hijo la unión de la relación.

Otras circunstancias añadidas a esta etapa es el envejecimiento de las familias


de origen y muerte de los padres, con la consiguiente pérdida y dolor. La
mirada se va poniendo en un trayecto de vida que está más cerca del lugar que
hasta ahora ocuparon sus propios padres, como etapa que se aproxima al final,
junto con el deterioro físico que los años irán marcando.

Al mismo tiempo se posibilita otro nuevo cambio de roles, ya que se transita a


la “conversión de abuelos”. Se debe aprender a ejercer ese nuevo rol. Se
deben de elaborar nuevas reglas para poder participar en la vida de los hijos y
al mismo tiempo seguir funcionando solos en el hogar.

Esta etapa, quizás la más larga y compleja de todas, ya que no sólo hay que
aceptar que los hijos “marchan” sino que hay que empezar a redefinir las
relaciones tanto las de la propia pareja como las que se van a mantener con las
estructuras de familia que realicen los hijos. Todo ello puede activar frecuentes
reagudizaciones de conflictos que han estado latentes y vuelve a ser una etapa
en la que puede acabar en la separación y el divorcio.

También para los hijos representa un cambio importante ya que en esta etapa
deben conseguir la independencia de los padres sin perder la pertenencia del

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sistema. Este equilibrio no siempre es fácil de conseguir y no es infrecuente la


aparición de síntomas y trastornos, de diferente índole, estando presente esta
dificultad en los casos de patología severa (siendo alguno de los ejemplos la
esquizofrenia y algunos trastornos de la conducta alimentaria), donde se pone
de manifiesto esta dificultad de cambio de etapa.

Si la pareja ha podido seguir llevando su relación en un terreno que no ha sido


desplazada por el rol de padres y han potenciado intereses y actividades que
hayan favorecido esta unión, constituirá uno de los antídotos para poder
superar la crisis de tránsito que supone adaptarse a esta etapa y los cambios
que conlleva. Es más, puede ser una etapa de readecuación y revitalización de
la pareja ya que abre nuevas opciones si adoptan una posición de apertura a
otros intereses que no sean los límites familiares.

Etapa de la vejez:

Esta etapa está presidida por numerosos eventos de pérdidas y con ellas el
duelo: pérdida de la actividad laboral (jubilación), marcha de los hijos que
acentúa la intensidad del nuevo encuentro de la pareja. La pareja anciana debe
afrontar la inversión de su relación con los hijos, de los que pueden pasar a
depender en muchos aspectos. También tendrán que afrontar cambios
internos que afecten a los dos miembros de la pareja como la enfermedad y el
proceso de envejecimiento, la merma en habilidades así como al tener que
enfrentar la soledad por la muerte de la pareja.

Uno de los problemas más comunes en esta etapa, y cuando se ha mantenido


una estructura clásica que el marido trabaja y la mujer no, cuando se produce
la jubilación y regresa al hogar permanentemente “todo el día”. Esto interfiere
con las actividades cotidianas y organización que hasta ese momento venía
funcionando. Esto puede ser superado mediante el establecimiento de límites
claros de espacio y actividades para que puedan seguir funcionando
independiente y cordialmente. También es una etapa en la cual los síntomas
pueden tener un cierto protagonismo de equilibrio en esta situación, haciendo
que uno de los dos esté incapacitado y el otro puede tener funciones de
cuidado y de atención que le permitan un rol más activo.

También se puede dar, y el futuro en número cada vez mayor por la inclusión
de la mujer en el mundo laboral, que las parejas tengan diferentes ritmos en el
proceso de la jubilación, puede que el hombre esté más próximo a esta
situación mientras que la mujer puede estar aún absorbida por las obligaciones
laborales. Los problemas que pueden surgir tendrán relación con la sobrecarga
de la mujer en el trabajo y en las tareas en el hogar. Este nuevo desequilibrio
afectará a la negociación y redistribución en las tareas domésticas.

La oportunidad de tener más tiempo de ocio puede poner en discrepancia los


intereses de la pareja, mientras que uno puede estar interesado en viajar el
otro puede estar interesado en volcarse en los hijos y nietos. También pueden
perseguir intereses que no sean coincidentes y al mismo tiempo no tolerar los
intereses individuales de los de la pareja. No siempre este espacio de tiempo
para compartir puede favorecer que la pareja se reencuentre y esté mejor.

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Otras circunstancias que la pareja de edad avanzada pueden ponerla a prueba


son las dolencias de salud de uno de los cónyuges. Las personas que deben
cuidar de su pareja incapacitada pueden sentirse aisladas, enojadas y
frustradas, sobre todo cuando ellos mismos tienen precaria salud y el cuidado
recae principalmente en ellos sin demasiado apoyo exterior.

Si la pareja ha tenido la capacidad de manejar los altibajos de la edad adulta


tardía con relativa serenidad puede tener el resultado del mutuo apoyo. Esto
refleja tres beneficios importantes; han logrado fortalecerse en el amor y afecto,
han sabido ejercer con eficacia la interdependencia compartiendo tareas y
recursos y han sabido compenetrarse en el sentido de la pareja de pertenecer
uno al otro.

En todos nosotros existe el temor a llegar a ser viejos y dependientes de los


demás. Supone una adaptación de costumbres ya que la pareja ha cambiado
física, emocional e intelectualmente. Hace falta más paciencia, comprensión y
cuidados. Es importante que vayamos creando conciencia de que esta etapa
llegará ineludiblemente si otros eventos circunstanciales no logran impedirlo.

Estas son las etapas por las que toda pareja pasa, a menos que sucedan
situaciones como: ausencia de hijos o muerte prematura de uno de los dos
cónyuges. De cualquier forma debemos resaltar la importancia de que las fases
de la pareja no son situaciones aisladas si no que son elementos que forman
parte de un todo: el ciclo vital de la pareja.

MODELOS EXPLICATIVOS DEL FUNCIOMAMIENTO DE LA PAREJA

MODELO COGNITIVO-CONDUCTUAL

Tiene por objeto de estudio las variables contingentes que condicionan las
respuestas. Se trata, sobre todo, de detectar las relaciones entre situaciones y
comportamientos, indicando las relaciones que se dan ante las condiciones de
estímulo y de respuesta. Evita en la medida de lo posible recurrir a aspectos
internos y difícilmente observables para explicar el fenómeno de la atracción.

El modelo cognitivo-conductual explicará el fenómeno del amor y del


enamoramiento en términos de conductas específicas. La elección del cónyuge
estará en función de la relación ganancias-inversiones que sea superior, es
decir, la elección estará en función de las ganancias que aporta. El intercambio
de conductas que se establece entre ambos es reforzante o gratificante en
algún nivel.

Otro aspecto que influye en la elección es el de la semejanza y/o


complementariedad que favorecen la atracción y/o facilitan el mantenimiento de
la relación. La atracción suele darse por personas que se perciben como
semejantes en actitudes, valores y creencias, ya que la percepción de
semejanza funciona como un potente reforzador al proporcionar un apoyo a la
propia forma de valorar las normas y percibir el mundo.

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La forma que este modelo explica la aparición o no del conflicto estaría


determinado en el tipo de variables que han estado presentes en la atracción
inicial y la tasa elevada o no de intercambios reforzantes, el carácter restrictivo
de la relación al inicio, la ausencia de toma de decisiones importantes, la
novedad en la comunicación sexual y las expectativas idealizadas de cada
miembro.

Una pareja sana se caracterizaría por mantener una relación en la que


predomina el intercambio de conductas gratificantes frente a las conductas
castigadoras y por poseer suficientes habilidades de comunicación y de
resolución de problemas, así como por poseer expectativas realistas sobre la
relación y realizar interpretaciones atribuyendo las conductas positivas a
factores internos y las negativas a los externos.

Este modelo parte del presupuesto de que mantener la satisfacción en la


relación de pareja requiere esfuerzo y entrega por ambos miembros, así como
el desarrollo de ciertas habilidades para asegurar una comunicación sincera y
constructiva. La relación se deteriora por un descenso de las conductas
gratificantes entre los cónyuges, carencia de ciertas habilidades por parte de
uno o ambos miembros y existencias de errores cognitivos. Por lo tanto,
mantienen que la satisfacción matrimonial se producirá en el momento en que
los miembros de la pareja aprendan y desarrollen todo un conjunto de
habilidades.

MODELO PSICODINÁMICO

Partiendo del concepto de relaciones objetales definidas por el psicoanálisis, en


el cual define que los procesos de internalización de las relaciones se realiza a
través de auto imágenes habiendo una disposición afectiva específica para
cada imagen con la correspondiente imagen objetal.

De una forma paralela, a los afectos que van surgiendo en el inicio de una
relación, el otro, al tiempo que nos ofrece una imagen de él, nos hace una
propuesta identificatoria, nos pone en un lugar, nos propone una imagen de
nosotros mismos con la que podemos estar totalmente de acuerdo o en
desacuerdo. Es decir, que ésta imagen de nosotros mismos que percibimos en
la relación con el otro, puede ser algo con lo que nosotros nos identificamos o
no. Si la imagen que tenemos del otro nos gusta, y la identidad que nos ofrece
en la relación concuerda y encaja con una imagen ideal o posible nuestra,
construida de auto imágenes confeccionadas en anteriores relaciones con los
padres o primeros objetos en la primera infancia, es fácil que podamos aceptar
la propuesta identificatoria y esa relación vaya adelante.

En base a estos planteamientos la elección de pareja podría ser de tres tipos:

- Desplazamientos simples de las expectativas de roles fundadas en las


identificaciones directas con las actitudes de los padres y las culturas
familiares, es decir, buscar en la pareja una reproducción de la pareja de los
padres o elegir en base a las características del padre amado.
- Elegir lo opuesto al modelo de los padres o elegir en base a las

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características del padre amado (defensa de los deseos edípicos)


- Búsqueda del otro de los aspectos propios reprimidos (lo que no acepto en
mí, lo encuentro en el otro y lo vivo a través de él)

El conflicto conyugal desde un punto de vista psicodinámico, estaría


enmarcado en que la conducta matrimonial de un individuo está determinada
por su prehistoria personal, la actitud del cónyuge y el fondo desde el que parte
esta actitud. Para comprender el conflicto presente es imprescindible volver
hasta la elección de esposo, ya que el agravamiento del conflicto tiene su raíz
en el desencanto respecto a los ideales e ilusiones que mutuamente ponían en
el casamiento. Cada uno acude al matrimonio con la esperanza de que el otro
le libere de sus propios conflictos, por lo tanto el conflicto conyugal no es sino
la expresión incrementada del intento fracasado de curación individual que
cada miembro pone en el otro.

Los cambios vendrían a través de sacar a la pareja del estancamiento en el


que se encuentra inmersa, hacer conscientes los conflictos y que cada uno
pueda reintroyectar lo depositado en el otro, pudiendo de este modo dejar unos
roles estereotipados y volviendo su relación más flexible y variada.

MODELO SISTÉMICO

Encuadrándonos en las bases de los conceptos de: la teoría general de


sistemas, la cibernética, la teoría de la comunicación y las etapas del ciclo vital
constituyen los diferentes constructos con los que parte este modelo.

Dentro de la definición como sistema relacional se podría enmarcar a la pareja


como el más pequeño sistema posible, compuesto por dos personas, díada,
siendo el todo más que la suma de las partes. Los Rodríguez serían más que la
suma de Ana y Pedro, o bien cualitativamente distintos.

Centrándonos en el punto de vista relacional y teniendo en cuenta los axiomas


de la comunicación humana establecidos por (Watzlawick, 1967), uno de ellos
establece que, en toda comunicación se emiten mensajes a nivel de
información sobre el contenido y a nivel de la relación. Lo que implicaría que
cuando dos personas se comunican intercambian claves sobre la definición de
la relación. Cada interlocutor puede aceptar o rechazar ambos niveles
comunicativos realizando una interacción que a su vez modificará la posición
del otro.

Esta circularidad comunicativa influirá en las conductas de los dos miembros, lo


que hace uno afecta al otro, a la vez es influido por el comportamiento de éste,
por consiguiente, están recíprocamente reguladas de forma circular. También
es un efecto que toda acción puede ser entendida como reacción, por lo tanto
la importancia de la puntuación de las secuencias interactivas abrirá el foco
sobre la arbitrariedad del criterio que cada miembro otorga de quien ha
empezado en la secuencia, no pudiendo ser objetivo en la misma.

A través de estos procesos de intercambio comunicacional, cada uno está


definiendo el lugar que ocupa el otro en al plano relacional, definiendo qué es

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para el otro y al mismo tiempo ofreciendo una identidad. Si hay aceptación


mutua del lugar que el otro ofrece se empieza a constituir la pareja.

Desde el punto de vista comunicacional los síntomas serían mensajes de


relación que tratan de desencadenar en el otro un cambio emocional que no se
ha podido producir a través de la emisión de mensajes de contenido.

Muchos conflictos conyugales son explicables desde los aspectos


comunicacionales. Los modos y estilos de comunicación que los cónyuges
emplean determinan en gran medida el grado de salud de la relación conyugal.

Otra base importante a tener en cuenta sería la organización que la pareja


establezca, ya que representará la estructura del edificio en el cual se asentará
el sistema familiar. Esta estructura sostendrá los cambios y la evolución que el
ciclo vital devenga.

Una forma de describir esta organización que propone J.L. Linares y C. Campo
se basaría en las dimensiones de jerarquía, cohesión y adaptabilidad.

La jerarquía puede establecerse de forma simétrica o complementaria. En la


posición simétrica ambos cónyuges tendrán la misma capacidad de asumir la
responsabilidad y toma de decisiones, siendo de alguna manera la
manifestación del poder. En la posición complementaria uno de los miembros
se situará en una posición jerárquica inferior respecto al otro. La posición
dentro de la jerarquía sería un continuo con diferentes opciones en la que
incluiría diversas combinaciones.

Las parejas que se mantienen rígidamente en la posición jerárquica simétrica


pueden fracasar por la vía de la confrontación y el conflicto permanentes,
pudiendo llegar fácilmente a la triangulación de los hijos o bien a la ruptura.

Las parejas complementarias en las cuales la desigualdad se implementa en


uno de los miembros definiendo un rol fijo de inferioridad y de gran
dependencia, pueden desencadenar en adicciones como el alcoholismo o bien
a cuadros depresivos. También puede llevarse esta posición de control a
situaciones extremas utilizando para ello la violencia y así asegurarse este
ejercicio de control.

La cohesión de la pareja vendrá determinada por las opciones de tender a


difuminar la individualidad por el conjunto -aquí estaría definiendo la
aglutinación-, o bien por la tendencia de predominar y afirmar la singularidad la
cual potenciaría el desligamiento.

La adaptabilidad sería la capacidad de adaptarse a los diferentes contextos y


etapas del ciclo vital. Al ser un sistema abierto donde las circunstancias
externas influirán en el sistema de la pareja es necesario que haya flexibilidad
para ir modificando la estructura dependiendo de las circunstancias en las que
se encuentre. El ciclo vital es un proceso en el que se pondrá a prueba esta
capacidad para adaptarse al cambio, desde la llegada de los hijos a la etapa de
la independencia de estos, sin contar con los factores eventuales de

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

enfermedad, muerte... que puedan devenir.

Se puede definir como baja adaptabilidad aquellas posiciones en las cuales se


mantiene o bien la rigidez, persistiendo en mantener formas estereotipadas, o
bien un funcionamiento caótico, el cual activará cambios imprevisibles sin que
esté relacionado con la adaptación al contexto o circunstancias.

La disfunción conyugal puede venir dada por una anómala construcción en el


sistema conyugal, en su inicio, o como una inadecuada respuesta a las
condiciones evolutivas normales. Estas dificultades estructurales son visibles a
través de la manera en que se manejan los límites y las normas dentro de la
relación conyugal, el tipo de interacción entre la pareja, simétrica o
complementaria, así como los juegos comunicacionales en los que los
cónyuges se ven envueltos.

DEFINICIÓN DE MODELOS SISTÉMICOS

MRI (Mental Research Institute) de Palo Alto

Este modelo se caracteriza por intervenir sobre aquellas respuestas que han
desarrollado las parejas para solucionar la situación, problemática o
sintomática, y que han resultado infructuosas. Una dificultad se convierte en
problema cuando se intenta resolver de manera equivocada y, después del
fracaso, se aplica dosis de la misma solución ineficaz. Por tanto la persistencia
en una solución intentada ineficaz es la que contribuirá al agravamiento y al
mantenimiento del problema.

El objetivo terapéutico es conseguir cambiar el tipo de soluciones intentadas


para de ese modo romper la secuencia sintomática y producir el cambio
mediante el bloqueo de la secuencia patológica y fomentar la aparición de otras
nuevas más funcionales, es decir, instaurar el abandono de soluciones
intentadas y el ensayo de nuevas soluciones.

MODELO ESTRUCTURAL (Minuchin)

Los procesos del sistema familiar se reflejan en sus estructuras que se ponen
de manifiesto a través de los límites, que implican reglas y participación, y las
jerarquías que encierran reglas de poder.

El conocimiento de las reglas familiares dibuja un mapa en el que es posible


conocer los límites y jerarquías que determinan las transacciones familiares. La
pareja sana establece unos límites firmes con respecto a otros subsistemas y el
poder queda claramente definido a través de la ausencia de coaliciones entre
los miembros de distintas generaciones. Los diferentes momentos del ciclo vital
ponen a prueba la flexibilidad del subsistema conyugal que debe conjugar el
mantenimiento de la integridad del sistema conyugal y la evolución y el
desarrollo. En la medida que la pareja resuelve las tensiones evolucionando
hacia un sistema más desarrollado y sin hacer síntomas estaríamos hablando
de una familia sana. En este sentido las crisis pueden desembocar en un
crecimiento y desarrollo del sistema familiar o en un estancamiento y tendencia

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

al mantenimiento del statu quo.

El conflicto conyugal sería fruto de una alteración en los límites y las jerarquías
a medida que avanza en la transición de una etapa del ciclo vital a otra.
Muchas parejas responden de manera disfuncional aferrándose a pautas
adaptativas antiguas que son irreversibles en el momento vital presente y
produciendo síntomas que impiden la evolución del sistema familiar. De este
modo el síntoma se mantiene por la tendencia homeostática del sistema
conyugal a permanecer en el statu quo.

Las relaciones conyugales se consideran patológicas cuando existe un patrón


de desviación del conflicto y cuando se crean coaliciones intergeneracionales
permanentes. En el primer caso se observa una triangulación de desviación, de
forma que los padres manifiestan ausencia de conflicto entre ellos y se
muestran sólidamente unidos contra un hijo individual o una sub-unidad a los
que utilizan como “chivo expiatorio”. En el segundo caso, se observa una
triangulación en la que dos miembros de distintas generaciones se unen en
contra de un tercer componente.

El objetivo terapéutico que persigue la terapia estructural es cambiar la


organización del sistema conyugal, los límites entre subsistemas y dentro del
propio sistema conyugal, y las jerarquías, introduciendo novedad y diversidad
en las estrategias de la vida de la familia que sustituyan a las pautas de rigidez
y rutina crónicas.

MODELO ESTRATÉGICO

El término estratégico (Jay Haley y Cloé Madanes) hace referencia a la


necesidad de prever, permitir y bloquear mediante tareas las secuencias
tendentes a conservar su secuencia disfuncional.

Todas las parejas deben compartir el poder y organizarse de manera que el


control y la responsabilidad se repartan equitativamente entre ambos. A veces
la lucha por el poder se resuelve generando síntomas a costa de instaurarse
una incongruencia jerárquica en la pareja, ya que el miembro sintomático se
haya en una posición inferior, pero domina al otro a través del síntoma.

Los síntomas son considerados actos comunicativos analógicos que ejercen


una función dentro de un conjunto de relaciones interpersonales. La conducta
sintomática es considerada como una señal de que el ordenamiento jerárquico
del sistema es confuso y de que existe una lucha de poder entre sus miembros.
La organización del sistema se vuelve patológica cuando se establecen
coaliciones permanentes entre personas que pertenecen a diferentes niveles
jerárquicos, especialmente cuando son secretas.

El objetivo sería conseguir una mayor coherencia en la definición del poder


dentro de la pareja, de forma que los cónyuges no recurran a los síntomas
como método para contrarrestar la pérdida de poder dentro de la misma.

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

ESCUELA DE MILÁN

Las secuencias conductuales están gobernadas por las “reglas del juego
familiar” que incluyen el mapa de relaciones familiares (alianzas y exclusiones),
las reglas que presiden estas relaciones (lo que está y no está permitido) y la
forma en que se define la relación a partir del impacto del síntoma en el
sistema familiar.

Los patrones de interacción recursivos, rígidos por una causalidad circular


serán la base del “juego de pareja”, el modo particular que los cónyuges se
relacionan entre sí y con los demás (juntos y separadamente) dará información
sobre las creencias sobre la misma pareja, así como los miembros que la
integran.

El objetivo será modificar el “juego” por otro menos perjudicial, modificando el


sistema de creencias de la pareja, desvelando y cambiando los juegos
inconscientes que regulan la interacción conyugal, posibilitando alterar el mapa
de relaciones, cambiar la secuencia de conductas y conseguir una metarregla
del cambio que permitan cambiar las reglas que regulan el funcionamiento del
sistema conyugal

MODELOS POSTMODERNOS

CONSTRUCTIVISTA:

Parte del concepto que la realidad puede ser interpretada de muchas formas
distintas, la idea de adquirir un conocimiento objetivo y verdadero se convierte
en algo ilusorio, por lo tanto la realidad no existe independientemente del
observador. Al mismo tiempo abre una nueva concepción sobre la visión
determinista de la realidad y asume que esta es construida activamente por el
sujeto, por lo tanto contrarresta la visión de las teorías deterministas en las
cuales el objeto está más allá del sistema observante.

Partiendo de estas premisas, desde la visión constructivista, se puede definir el


vínculo como algo que no está determinado en la pareja, se tiene que construir
y al mismo tiempo no se construye en el vacío sino en interacción constante
con otras figuras significativas tanto del contexto familiar como social. Por lo
tanto es un proceso de cocreación constante que parte de la acomodación de
dos identidades individuales que a su vez aportan potenciales de
pensamientos, emociones y acciones que han ido definiéndose en el pasado.

Los problemas son explicados como mitos familiares, premisas o sistemas de


creencias familiares que son coherentes con las conductas sintomáticas. El
cambio pondría el énfasis en los significados compartidos por la familia en vez
de ponerlo en las secuencias de conductas, es decir, estudiar cómo construyen
la conducta los diferentes miembros de la familia.

SOCIOCONSTRUCCIONISMO Y NARRATIVA.

Los sistemas no existen en una realidad externa o determinada

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

unilateralmente, sino que existen en las interacciones a través del lenguaje y en


la narrativa teórica y metafórica. La gente entiende y ve su vida a través de
realidades narrativas construidas socialmente que dan sentido a su experiencia
y la organizan. Esta experiencia se produce a través de los relatos lingüísticos
que están en continua interacción.

El sistema debe incluir a todos aquellos que participan de un mismo contexto


donde se comparte un lenguaje común para referirse a un problema
determinado. Los problemas no “existen” dentro de la familia, o en cualquier
otra unidad espacial o socialmente definida, sino que los problemas se hallan
en las mentes intersubjetivas de todos lo que se encuentran en un intercambio
activo de comunicación.

El sistema de construcción de la pareja se va estableciendo a lo largo de la


relación de manera negociada sobre la base de los sistemas ya construidos
preexistentes, individuales, familiares y culturales, y una vez constituido, se
regula y organiza de la misma manera que uno individual. Los conflictos
conyugales pueden ser entendidos como el resultado de ese proceso
negociador

Al mismo tiempo el establecimiento del vínculo como pareja, permite extraer la


idea de considerar que cada miembro comparte con el otro un conjunto de
significados y predicciones que pertenecen al ámbito de relación de la pareja y
que determinan el modo en que ambos miembros se relacionan entre sí y con
respecto a los demás como pareja.

La elección de pareja se rige por la expectativa que tiene el individuo de


elaborar su propio sistema al estar en relación con el otro, por lo que tal
elección tiene que ver con los aspectos del self que una persona quiere
elaborar. Un individuo elige como pareja a aquella persona que tiene, entre
otros factores, un sistema de construcción similar o complementario al suyo.

El sistema de construcción familiar se inicia desde el momento en que la pareja


comienza la negociación para vivir juntos. A partir de ese momento y en el
contexto de la relación, cada miembro ejerce un control sobre el otro de
manera que guía o regula el modo de la construcción de la realidad en la
pareja. Cada miembro de la pareja cumple su rol en la medida en que el otro le
orienta para construirlo, introduciéndose de este modo la relación circular y
sistémica entre los miembros de la pareja.

El trabajo con la pareja tendría que permitir restablecer, y en algunos casos


establecer, una dinámica relacional más funcional y menos dañina para ambos.
Creando alternativas de realidad que pueda propiciar un cambio en la manera
en que los cónyuges se relacionan e integrando la relación anterior dentro de
su historia individual y como pareja y como un aprendizaje efectivo en el
desarrollo de nuevas habilidades comunicacionales y maneras de entender la
relación conyugal

El objetivo será poner de manifiesto los distintos puntos de vista y las historias
que dominan en el sistema consultante y a través de las preguntas generar

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

nueva información que favorezca elementos, ángulos, lógicas y prioridades


novedosas en la relación entre historias. Generar nueva información que
desestabilice progresivamente la trama/estructura lógica de las historias
dominantes. Favorecer historias basadas en el problema en historias mejor
formadas que no contienen el problema tal cual ha sido descrito, o contienen
soluciones alternativas constructivas, o desplazan la centralidad de la historia
original.

El sistema a tratar debe incluir a todos aquellos que participan de un mismo


contexto donde se comparte un lenguaje común para referirse a un problema
determinado. Los problemas no “existen” dentro de la familia, o en cualquier
otra unidad espacial o socialmente definida, sino que los problemas se hallan
en las mentes intersubjetivas de todos lo que se encuentran en un intercambio
activo de comunicación.

La psicoterapia se puede construir como una actividad lingüística en la que la


conversación da paso al desarrollo de nuevos significados. Como un proceso
semiótico de construcción de significados a través de un discurso colaborativo
en el que se anima a asumir un papel de autores privilegiados de sus propias
historias de vida.

La postura terapéutica persigue enriquecer la narración de los pacientes a


través de la inclusión de nuevas historias que progresivamente desplazan y
descentralizan las historias patologizantes. La inclusión de nuevas historias
conlleva un aumento de las perspectivas desde las que los pacientes enfocan
el problema, se vuelven más tolerantes y la manera de ver el mundo se
flexibiliza. La terapia se convierte en un desafío al demoler lentamente la vieja
historia y avanzar hacia una nueva, construida en colaboración.

CLASIFICACIÓN DE PAREJAS SEGÚN TIPOLOGÍA DE FUNCIONAMIENTO

En el siguiente cuadro se refleja las diferencias entre pareja sana versus pareja
disfuncional que proponen Jaén, P y Garrido, M., contemplando alguna de las
dimensiones que aporta el modelo sistémico.

PAREJA SANA PAREJA DISFUNCIONAL


Claramente definidos hacia Excesivamente rígidos o
LÍMITES
el interior y exterior permeables
HOMEOSTASIS Tiende al equilibrio Inestable
Paralela (simétrica y
INTERACCIÓN Simétrica o complementaria
complementaria)
AUTODEFINICIÓN Confirmación o rechazo Desconfirmación
DEFINICIÓN DE LA
Clara Confusa
RELACIÓN
METACOMUNICACIÓN Sí No
Favorecen el desarrollo del
Impiden la fluidez en la relación y
NORMAS Y REGLAS grupo y facilitan las
dificultan el desarrollo del grupo
relaciones fluidas

Otra aportación interesante que proponen C. Campo y J.L. Linares es la


clasificación de parejas según la tipología de funcionamiento, teniendo en
cuenta las variables: jerarquía, cohesión, adaptabilidad, valores y creencias,

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

clima emocional y rituales.

FUNCIONAL TRIANGULADORA DEPRIVADORA CAOTICA


Predominio Predominio
JERARQUÍA Equilibrada Predominio simétrico
complementario simétrico
Desligamiento y
Aglutinación
tendencia a la
(tendencia al Desligamie
Centrada aglutinación con los
COHESIÓN desligamiento con nto
hijos, coaliciones
los hijos)
extraconyugales
ADAPTABILIDAD Flexible Rigidez Rigidez Caos
Estereotipa
dos
VALORES Y Ricos y
Divididos Monolíticos centrados
CREENCIAS variados
en el
presente
CLIMA Rico y Tensión y
Ordenado y frío Explosivo
EMOCIONAL variado conflictividad
Ricos y Obligatorios o Muy
RITUALES Escindidos
variados excluyentes escasos

En este tipo de descripción y clasificación agrupan cuatro formas de


funcionamiento que pueden darse en la pareja con las consiguientes
consecuencias si se aproximan más a un tipo de funcionamiento u otro.

Pareja funcional: Con una buena capacidad para resolver conflictos


conyugales (incluyendo la posibilidad de separarse oportunamente con
sufrimientos mínimos) y un adecuado interés por la nutrición relacional de los
hijos. La pareja funcional es la que mejor base suministra para el bienestar y la
salud mental de quienes la integran o dependen de ella.

Pareja trianguladora: La desarmonía conyugal es un buen caldo de cultivo


para incitar la búsqueda de aliados, terceras personas que, participando en el
juego disfuncional, son requeridos para intervenir en la resolución de los
conflictos. Por regla general, ello se producirá estableciendo relaciones
privilegiadas, de coalición, con uno de los miembros, o alternativamente con
ambos. Los hijos cuando los hay, son las personas con más riesgo de incurrir
en estos roles.

Pareja deprivadora: Podría pasar desapercibida si no tuviera hijos ya que en


el ámbito conyugal funcional bien. El problema es que, ya sea como padres en
general, ya con un hijo en particular, fracasan. Su parentalidad naufraga, dando
la sensación de que se sienten desbordados por los hijos, que les exigen unas
atenciones para las que no están preparados y les pagan con la misma
moneda, exigiéndoles rendimientos imposibles de alcanzar. O bien los compran
con una hiperprotección instrumental, dándoles lo que piden para que no
molesten.

Pareja caótica: la situación de caos relacional que define a esta pareja viene
condicionada por la precoz y simultánea crisis que en ella se produce de las
funciones conyugales y parentales. Fracasados como cónyuges y como
padres, los dos miembros de la pareja se sumen en una atmósfera de

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

continuos conflictos que, además, abandonan a los hijos a su suerte. La


progresiva destrucción hace que en estas familias se descuiden las funciones
nutricias, que a veces, son asumidas por instituciones y personas ajenas,
generándose dependencia y más desorganización

CONFLICTOS EN LA PAREJA

Se han detallado anteriormente áreas en las cuales la pareja debe aprender a


expresar y negociar aspectos importantes que irán afectando a lo largo de su
desarrollo y evolución. Pero ¿cuándo podemos empezar a detectar que se
inicia la expresión de conflicto en la pareja? y ¿en qué medida es percibido y
expresado al otro? La señal de alarma debería sonar en el momento en que el
otro empieza a desilusionar, o a no ser percibido como aquel que debía de
cubrir las expectativas que había puestas en la relación y empiezan a emerger
sentimientos negativos de alta intensidad, los cuales se reflejan en malos
entendidos, insatisfacción, frustración, etc. y que a su vez serán los que irán
debilitando y poniendo en riesgo a la pareja.

Todo este intercambio se irá expresando en las cosas cotidianas, y entre ellas
las que implica la organización de tareas del hogar, disponibilidad del tiempo,
organización de los espacios individuales y comunes, toma de decisiones,
expresión de afecto, etc., siendo todas estas circunstancias “los campos de
batalla” donde se manifestarán la expresión de estas divergencias de forma
más acentuada y con la contrapartida que irá en detrimento del afecto y de la
realización y manifestación de conductas gratificantes para el otro.

Por la tanto podríamos señalar que cuando las expectativas, las creencias
sobre la relación y la manera de interpretar al otro no cumplen con la idea
inicial de “lo que debería ser” y pasa a ser “lo que es en realidad” y no hay
aceptación ni adaptación, ya que no cubre el “ideal de la relación”, es cuando
emerge y se desencadenan los conflictos y por lo tanto las crisis.

En los momentos que la pareja está más vulnerable y con más probabilidad de
que se potencien los aspectos negativos es donde se pueden dar situaciones
como la infidelidad, y cuando esta es “descubierta” o expresada es un factor
que nuevamente pone a prueba la capacidad de “recuperar” la relación o por lo
contrario ser una forma de “expresión” de lo que el otro no cubre y la necesidad
de “romper” con la situación.

La demanda de un cambio puede presentarse indirectamente a través de los


síntomas que presenta un miembro de la pareja, principalmente la mujer, al
percibirse sobrecargada y exigida en las funciones que realiza, tanto internas
de la casa como externas en las tareas laborales y contando con poco apoyo
por parte del marido y de los hijos.

EXPECTATIVAS DE CAMBIO

Cuando el malestar se manifiesta dentro de la pareja y se decide que se


necesita cambiar, con ayuda o no profesional, la posición del cambio puede ser
puntuada de cuatro maneras distintas:

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

1. El cambio de uno mismo.


2. El cambio del otro
3. El cambio de los dos.
4. La separación.

1. El cambio de uno mismo. Si la expectativa sobre la pareja es “sé que no va a


cambiar”, la otra persona intentará implicarse en los cambios personales,
dedicando más tiempo a salir con los amigos, activando situaciones de ocio,
saliendo más de casa, etc.; esta actitud ayuda a explorar otros espacios que
pueden cubrir sus inquietudes, generando un mayor bienestar. Estos
cambios, de la propia persona, a su vez producirán cambios en el otro, ya
que no podemos olvidar el principio de la circularidad, cambiando uno
cambia el otro, y al mismo tiempo hacer hincapié en que el cambio comienza
por uno mismo, pero sin descuidar al otro.

2. El cambio del otro. Muchas expectativas de cambio se depositan en el otro


“las cosas funcionarían mejor si él o ella cambiara” ya que se le otorga la
causa del malestar al comportamiento y actitudes de éste. Cuando hay un
empeño en que el otro cambie sin asumir los propios cambios personales,
suele aumentar la decepción ya que los esfuerzos se dirigen en buscar
pruebas que demuestren que la “culpa” es del otro, en lugar de implicarse en
el cambio.

3. El cambio de los dos. Esta posición de percibir “así no podemos seguir,


tenemos que hacer algo”, sería la que facilitaría que ambos asuman la
responsabilidad tanto del malestar como de la solución, por lo que esta
posición es la que potenciará encontrar la “solución a la crisis”, bien sea la
de continuar juntos o la de separarse, asumiendo ambos un mismo nivel de
implicación y esfuerzos en la resolución del conflicto.

4. La separación. Separarse supone una forma de cambiar el vínculo anterior y


realizar un planteamiento de desvinculación. El asumir que las cosas no son
fáciles de cambiar y que “esto es así” ya define un cambio, que a su vez
apunta hacía la alternativa de solución.

No es infrecuente que nos encontremos ante la demanda de que “cambiemos


al otro” y aunque nos encontramos con las expresiones” yo voy a hacer todo lo
posible por la relación”, en el momento que se tiene que poner el “esfuerzo” en
volver a recuperar la relación de pareja, surgen dificultades para situarse en el
cambio de uno mismo, que a su vez implica el cambio de los dos.

No es difícil encontrarnos que a medida que “desvelamos los juegos de pareja”


y se equilibra la “responsabilidad de los dos” en la solución, el espacio
terapéutico puede generar la expectativa de necesitar “inculpar” al otro.

Dentro de las cuatro opciones que se han descrito y acogiéndonos a la del


final, la separación como desvinculación, es una opción que se contempla, con
más frecuencia sobre todo en los países que existe la regulación legal, ya que
abre la opción de poder nuevamente encontrar en otra persona el complemento

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

de lo que individualmente se necesita.

La separación es una forma de resolver los conflictos y más cuando estos


están sustentados en el malestar, insatisfacción, mal trato tanto psicológico
como físico, etc. aunque no podemos descuidar el riesgo de seguir
manteniendo, pese a la separación, una relación vinculante que perpetúe la
insatisfacción y active el litigio, con las consecuencias tan devastadoras cuando
hay hijos por medio.

INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

La demanda de ayuda profesional suele ser muchas veces potenciada por el


miembro de la pareja que tiene en ese momento más pérdida, o bien el que
peor lo está pasando o al que le genera más malestar la situación en la que se
encuentran. Sin embargo, puede haber consenso en el momento de pedir la
ayuda y ser valorada como necesaria para ambos, aunque muchas veces será
también parte del proceso de intervención poder “nivelar” a ambos miembros
de la pareja tanto en el “malestar como en la solución”, por lo que implicará
realizar un proceso de “responsabilización” dentro de los cambios que el
espacio terapéutico pueda facilitar.

Estructura de intervención:

De entrada deberíamos partir de una evaluación, aunque el límite entre


evaluación e intervención no queda muy desligado, sobre qué nos piden y si
podemos o no ayudar a la pareja en su demanda. Al mismo tiempo clarificar
dentro de esta evaluación, si es posible, si tal demanda de cambio es real o si
existe el riesgo de convertirnos en un “mantenedor” del sistema. Para ello
deberemos abrir diferentes áreas de información que serán importantes para
conocer si es viable o no el espacio terapéutico.

Deberemos obtener información sobre la derivación. A través de las


preguntas nos interesaremos por quién es el derivante, qué papel juega dentro
de la situación (las alianzas que haya establecidas), cuáles son las
expectativas que se han podido generar a través de lo expresado en la
derivación y si la derivación es parcial o total.

Al mismo tiempo preguntaremos si algún miembro tiene y mantiene terapia


individual. Habrá que valorar si este apartado se mantiene o bien se suspende
temporalmente durante el trabajo que realicemos con ellos. En caso de
patología se valorará y se negociará parcelas de intervención así como la
coordinación de esfuerzos.

El conocer si han realizado anteriores tratamientos y con qué resultados


ayudará a situarnos en este pasado y poder hipotetizar sobre las posibles
expectativas que puedan tener sobre el espacio terapéutico.

Si bien el apartado anterior estará muy ligado a conocer la demanda y cuál es


el motivo de consulta, para ello nos interesaremos en que definan cuál es el
principal problema o problemas por los que piden consulta y si hay otros

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

problemas que puedan preocupar y cuáles son.

Otra información que recogeremos será identificar quién ha tomado la iniciativa


en la demanda de ayuda terapéutica, ya que probablemente será el que esté
peor, y cómo se tomó la decisión para la consulta (esta información nos será
válida de entrada para valorar el manejo de decisiones). Es importante conocer
por qué se consulta en este momento y qué ha sido lo que ha precipitado esta
demanda. En caso de que uno de los miembros no reconozca los problemas se
le puede plantear ¿cómo consigue que el malestar del otro no le afecte? Esto
abrirá la opción para conocer qué mecanismos compensatorios pone en
marcha (trabajo, amigos, hobbies...)

Al mismo tiempo plantearemos preguntas sobre sus expectativas respecto al


espacio terapéutico ¿qué esperan conseguir o quieren lograr a través de este
espacio?, ¿en qué creen que les podemos ayudar?

Realizaremos el mapa relacional y para ello se irán introduciendo preguntas


para recabar información sobre el Genograma. Primero se incluiría la familia
nuclear y posteriormente la familia extensa, recogiendo información sobre:
datos personales, estudios, profesión, hobbies, enfermedad… Se recogerán las
características de las relaciones entre los miembros de las familias, tanto
nuclear como extensa, para poder identificar las alianzas, coaliciones,
triangulaciones, etc. Nos interesaremos por la historia de pareja: cómo se
conocieron, qué les atrajo de cada uno, cómo tomaron la decisión de casarse,
cómo reaccionaron las familias respectivas, etc.

Una vez analizado el motivo de la demanda, añadido a las interconexiones


sobre las variables que nos hayan ido mostrando en esta recogida de
información, y que nos permitirán hipotetizar sobre las dificultades con las que
se encuentra la pareja, se establecerá el contrato terapéutico, en el cual se
planteará el compromiso hacia la terapia así como plantearles las diferentes
alternativas que tienen como pareja, describiendo tres alternativas o caminos.

- Primera alternativa: Que todo siga igual, no se tiene que hacer nada por
cambiar. Describiendo las consecuencias de esta situación, como ejemplo:
que estén presentes síntomas patológicos, como estados depresivos,
siendo la consecuencia de que sigan manteniéndose o bien como una
situación que se produzca en el futuro. En caso de detectar indicios en el
presente en alguno de ellos será una situación premonitoria del futuro. Por
lo tanto, es una opción que les permite que cada uno siga funcionando tal y
como lo están realizando. Aquí se remarcaría la participación por acciones
activas o pasivas para seguir con este funcionamiento, enfatizando en la
responsabilidad de ambos en lo que está pasando al 50%. Esta
corresponsabilidad de equilibrar la responsabilidad se mantendrá en caso
de no haber maltrato, infidelidad o alguna otra situación que no permita
expresar este equilibrio.

Si deciden optar por esta decisión se les indicará, concretando a cada uno, lo
que han de seguir haciendo para seguir perpetuando el no cambio.

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

- Segunda alternativa: Implicación al cambio. Como se suele decir


coloquialmente “poner la carne en el asador”. Esta metáfora supone realizar
esfuerzos con el objetivo de activar la mirada para beneficiar al otro. Esto
sólo se logrará si ambos participan y se comprometen a ello. En esta
posición es cuando el terapeuta les puede ayudar para ver qué cosas puede
hacer cada uno para que la situación sea diferente. Para reforzar este
compromiso no será únicamente el compromiso de palabra sino que, a
través de las prescripciones que se irán estableciendo, facilitará constatar si
están realmente dispuestos a implicarse para que la situación cambie.

- Tercera alternativa: Separarse en caso de que uno o los dos piensen que se
ha llegado demasiado tarde al percibir la situación como irreversible para
recuperar la relación de pareja. Ante esta opción es importante legitimar la
decisión de separación como alternativa sana y una fórmula más funcional
para ellos. En caso de optar por esta alternativa y cuando existen hijos se
puede desdibujar las consecuencias de un modelo inadecuado de relación
afectiva. Se debe hacer referencia que la separación es conyugal y pese a
que se rompe el vínculo de pareja entre ellos, eso no debería afectar a los
vínculos parentales, ya que la separación es de cónyuges no de padres.

Cuándo utilizar sesiones individuales. La distribución del espacio de


sesiones individuales se realizará en esta primera fase ya sea por la demanda
de uno de ellos que tenga necesidad de comentar “algún secreto” y que no
quiere hacer partícipe al otro (muchas veces está relacionado con tema de
infidelidad) o por propuesta del terapeuta cuando detecta que puede haber
cierto bloqueo o intuye que hay disonancia entre la demanda explícita y la
verdadera motivación hacia la terapia. Puede ocurrir que una parte de la pareja
expresase delante del otro la aceptación de la ayuda terapéutica como solución
a la crisis, pero en cambio tener claro que lo que quiere es la separación.

Cuando en el espacio individual nos hacen partícipes de algún secreto, (en


algunos casos está relacionado con infidelidad) y piden que éste no se
explicite, podemos vernos entrampados ante la necesidad de mantener el
secreto y la lealtad hacia el ausente. Es más perjudicial mantener el secreto
que contarlo. Por lo tanto nuestro objetivo será conseguir que la persona pueda
desvelar en sesiones conjuntas o bien en otros espacios fuera de la terapia los
secretos, siempre y cuando estén repercutiendo y se añadan a las dificultades
que hay entre la pareja.

En caso de que la infidelidad sea pasada se valorará qué repercusiones puede


tener en el presente. En la situación de que la infidelidad sea actual se
trabajará individualmente para que se clarifique la situación y al mismo tiempo
se defina qué decisión se va a tomar. Se debe ayudar a que la persona que es
infiel pueda expresarlo al otro. Nosotros no podemos hacernos cargo de
explicitar la infidelidad. No es aconsejable que se mantenga la terapia cuando
estas situaciones no están claras, tanto para la persona infiel como para la
pareja. Se realizará una devolución en la cual no se descubrirá la infidelidad
pero se finalizará el tratamiento. De esta forma se vuelve a poner la
responsabilidad a la otra parte.

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Apuntes sobre Terapia de pareja Fina Ruiz

Una vez está establecido el contrato y compromiso con la terapia se utilizarán


las sesiones individuales para ayudar a abrir el foco hacia lo que cada uno
puede hacer para satisfacer las necesidades del otro y para modificar el propio
comportamiento. Es posible que los miembros de la pareja, ante las sesiones
individuales tengan la expectativa de que puede ser un espacio para poder
“despotricar” y ser validado por el terapeuta. Será un aspecto a tener en cuenta
para clarificar los objetivos.

OBJETIVO DE LAS INTERVENCIONES.

Aumentar la tasa de interacciones positivas en detrimento de las


negativas. Para ello se instaurará transacciones que rompan con las críticas,
aspectos negativos, peleas, conflictos… facilitando el intercambio positivo a
través de proponer acciones que vayan dirigidas hacia el otro y que tengan la
intención de agradar. Es habitual prescribir que durante el espacio entre
sesiones, ambos deben realizar cosas que saben que al otro le gusta pero no
deben de comunicárselo. Cada uno identificará y registrará todas las
situaciones, detalles o cosas que perciban que el otro ha realizado durante ese
tiempo. Esta lista será comentada en la siguiente sesión. Esto abre el foco de
estar atento a cosas positivas, bien sean realizadas de forma o no intencionada
y dará información sobre lo que el otro valora como forma de sentirse
reconocido por el otro. En caso de no producirse o no haber detectado esos
esfuerzos también dará información de cómo están involucrados hacia los
cambios y el compromiso de restablecer otro funcionamiento más funcional en
la pareja.

Para facilitar que sea viable esta mirada más positiva en el otro se debe
“neutralizar el rencor” ya que, de lo contrario, no favorecerá el acercamiento al
otro y al mismo tiempo no potenciará actitudes positivas y de interés.

Otro punto importante será facilitar el reconocimiento de necesidades y deseos


de cada uno. Se les puede pedir que expliciten sus deseos a través de un
listado en el que se identifique lo que le gustaría que el otro hiciera por él. Esto
facilitará ver al otro como alguien que puede cubrir nuestros deseos y legitima
la posición de cada uno en la responsabilidad del bienestar del otro. Ambos
pueden ayudar a sentirse más satisfechos.

Las metáforas son muy útiles para poder ayudarnos a generar esta posición de
cambio y que la pareja perciba que tienen en sus manos la opción del beneficio
común. Algunos ejemplos: son útiles la metáfora de la planta, la cual se debe
regar para que crezca, dé flor y siga viva y no se marchite o la metáfora de una
máquina que cuando está oxidada se debe engrasar para que vuelva a
funcionar. Ambas metáforas pueden ayudar a establecer inicios positivos
estableciendo gestos diarios, semanales… que conecten con lo que al otro le
pueda gustar.

Instaurar situaciones placenteras entre la pareja será también un facilitador de


cambio. Para ello es necesario establecer un equilibrio entre placer y deber.
Cuando la pareja está en conflicto suelen instaurarse patrones alimentados por
las obligaciones más que por el placer. Recurrir a cómo en el pasado ellos se lo

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pasaban bien juntos, con qué disfrutaban para poder recuperar situaciones que
faciliten el poder repetirla. También se puede prescribir salidas, solos, en las
que quede expresamente prohibido hablar de dificultades, conflictos o realizar
críticas.

Se debe delimitar espacios entre la pareja y terceros. Cuando existen


triangulaciones con los hijos u otros miembros (familia extensa o personas con
influencia en la relación), se puede establecer el “secreto” de las salidas o de
determinados temas como por ejemplo mantener en secreto lo que pasa
dentro de las sesiones de terapia, o prescribir salidas entre la pareja que no
sean comentadas ni anticipadas. Esto contribuirá a delimitar el espacio de la
pareja y establecer secretos que sólo incumben a ella.

Facilitar otras habilidades comunicativas. Dentro de las interacciones


comunicativas que nos presentará la pareja, cada uno intentará a su manera,
establecer alianzas con nosotros, o bien que arbitremos y seamos los jueces
en la expresión del conflicto. Es importante promover patrones de
comunicación en los cuales les permita, entre otras habilidades, comunicarse y
establecer la mirada entre sí, por lo que nuestras indicaciones irán instaurando
que cuando realicen los comentarios se dirijan a la otra parte y al mismo tiempo
mantenga la mirada en el otro.

Otra tarea importante será ayudar a clarificar las atribuciones que cada uno
otorga al otro, es decir, clarificar las atribuciones erróneas, los malos
entendidos que se producen en las interacciones. Entender bien qué dice cada
uno y con qué intención lo está transmitiendo será una labor que permitirá
definir no sólo lo que expresan sino con qué intención lo hacen. Para
evidenciar este desajuste, la ayuda de la comunicación analógica será la clave
para poder visualizar y clarificar estas disonancias entre lo que se dice y cómo
se dice. La pareja, en la expresión de sus dificultades, definirá y mostrará
“agravios” recibidos del otro y atribuciones de intenciones que el otro no tiene y
que pueden estar instauradas y alimentadas en el pasado. Estas
incongruencias entre lo verbal y analógico hay que detectarlas y explicitarlas
para que se puedan clarificar.

Favorecer la expresión de sentimientos y necesidades será otro apartado


importante al ir definiendo qué necesita y qué siente cada uno, ya que en
muchas ocasiones existe la percepción errónea de que el otro tiene que saber
lo que sentimos y lo que necesitamos y si no es así es porque no tiene
sensibilidad.

En las transacciones comunicativas hay que establecer la expresión de


necesidades como alternativas a las críticas o reproches. También ayudar a
que las demandas se realicen en positivo “me gustaría” en contrapartida de
“tienes qué”, ya que al otro le permite poder identificar la diferencia entre lo que
le gustaría y necesita en detrimento de la queja, el deber o el reproche.

Otra habilidad a instaurar será establecer secuencias de escucha y empatía.


Facilitar que puedan ponerse en el lugar del otro para poder entender qué le
pasa y cómo se puede sentir ayuda a establecer una confirmación hacía las

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necesidades y sentimientos del otro. Para ello deberemos establecer tiempos,


sin interrupciones cuando se estén expresando. En el apartado de sentimientos
es importante instaurar la regla de oro de que los sentimientos que se expresen
no se pueden cuestionar. Lo que el otro siente es legítimo y hay que ayudar a
la pareja para que lo entienda y comprenda.

También hay diferencias entre los estilos comunicativos y se debe establecer el


respeto y legitimación a los mismos. En este punto se deben introducir los
matices de cómo repercute en el otro esta forma de expresar y comunicar. Se
trataría de no imponer el cambio de estilo sino en legitimarlo, pero al mismo
tiempo conectar y aceptar con el estilo del otro.

Facilitar habilidades de resolución de conflictos. Una vez se ha ido


instaurando un mejor clima entre la pareja se iniciará la negociación de los
conflictos. Para ello se hará un listado y análisis de los “puntos en conflicto”. En
esta descripción, cuando se manifiesten los reproches se pueden reformular
como objetivos de trabajo. Previamente deberemos de haber tenido “ciertas
pruebas” de que hay constancia de buena voluntad y actitud colaborativa
dentro de un clima más positivo entre la pareja

Este listado de “puntos” se irá definiendo y negociando según la elección de


cada uno de ellos. Ayudar en el aprendizaje de la negociación facilitará que
puedan llegar a acuerdos más rápidos sin que se tenga que mediar entre los
mismos e incluso se facilitará su aplicación sin necesidad de la ayuda externa.
También promoverá que se sientan bien el uno con el otro.

Análisis de peleas. Describir y contextualizar las desavenencias, bien


describiendo la última o la que recuerden o que cada uno proponga una, será
útil para que ambos puedan percibir la situación más allá de su visión parcial.
Cada uno dará la versión de lo ocurrido para poder reflexionar sobre qué
podrían haber realizado cada uno para que la pelea no hubiera continuado e
incluso haberse evitado, remarcando qué podrían hacer para que la situación
no se repita.

En caso de transacciones con violencia se deben instaurar unos patrones


claros de “parar” dichas secuencias. En las interacciones de violencia hay que
facilitar la marcha de uno de ellos, en este caso del violento, y ayudar a buscar
mecanismo de control de la ira (anticiparse a la pérdida de control, ayuda de
terceros, marcharse, etc.). Otro aspecto añadido es recordar las consecuencias
legales que supone estas conductas.

Hay que ayudar a la pareja a instaurar patrones más funcionales evitando las
escaladas simétricas. En caso de mantener este patrón se hará evidencia del
pulso en el que están instaurados, donde ninguno acaba ganando. Poder co-
responsabilizar en cómo calmar o ayudar al otro facilitará la necesidad de, ante
el conflicto, poner toda la energía en tener que “ganar la partida”, siendo esta
batalla ganada la que ayudará a que el otro se prepare para ganar la siguiente
partida.

También les ayudará identificar y definir los diferentes estilos que cada uno

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expresa en el momento del conflicto.

 Estilo explosivo en el que la impulsividad en la expresión y el contenido


emocional es un patrón de cómo se maneja en el conflicto.
 Estilo evitativo. A través del silencio se manifestará la descarga del
malestar y por lo tanto el no hablar ni expresar el conflicto será una
forma de no afrontarlo.
 Estilo Comunicativo. Se habla y transmite el conflicto con una actitud de
acercamiento al otro, de solución.

La combinación de los estilos explosivo y evitativo da lugar a que ambos se


realimenten en sus posiciones: a más silencio más explosión, contribuyendo al
aumento del malestar. Es un camino sin salida.

Buscar todos aquellos mecanismos que disminuyan la insatisfacción y que


instauren posiciones más funcionales facilitará que la pareja encuentre
habilidades de funcionamiento más saludables para manejar sus diferencias.

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