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Breve interpretación del Libro del Apocalipsis del Evangelista Juan el Teólogo.

Por el Yérontas Athanasio Mitilineos

Apocálipsis quiere decir revelación, donde no se utiliza el logos humano para


encontrar la verdad, sino el Logos divino, es decir, es el mismo Dios quien me
apocalipta, revela en mi corazón o nus la verdad.

Junto con el Dios Trinitario Σύν Ἁγίῳ Τπιαδικῷ Θεῷ

Introducción

Hermanos míos, con mucho respeto, temor y oración continua uno debe
abordar el logos de Dios, la Santa Escritura y especialmente el Libro más
profético del Apocalipsis. La dificultad que proviene para hacer un resumen en
todo el libro es evidente. Pero, implorando la ayuda del Santo Dios Trinitario,
intentaremos con toda nuestra fuerza a ofrecer algo para la edificación de la
Iglesia Ortodoxa de Cristo.

Antes de avanzar, desearía avisarles que no se utilizará una interpretación


subjetiva, sino sólo de lo que está presentado y descrito en la enseñanza de
nuestra Iglesia Ortodoxa. Se debe recalcar aún que el laós-pueblo de Dios debe
estar estudiando este libro, según el mandamiento de Cristo: “Escribe en un
libro lo que ves, y envíalo a las siete Iglesias que están en Asia… y no selles los
logos de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (Apo 1,11 y 22,10)

Dentro de este Libro el creyente estará intentando a “enterarse de los tiempos y


a esperar al atemporal e invisible, a Éste que para nosotros se ha hecho visible”,
según san Ignacio (Carta III a Policarpo).

La tentación de que cada lector defina él los tiempos de los desenlaces de las
profecías descritas, se limita por la condición que pone san Irineo sobre lo
fundamental de la interpretación: “Lo más seguro y menos peligroso es que uno
espere el desenlace de la profecía, en vez de meditar filosofando y hacer de
adivino o mago” (Contra herejías V 30,2). Y añade san Andrés de Kesarea: “La
experiencia y el tiempo apocaliptará (revelará) a los que están en nipsis (los
sobrios espiritualmente), es decir, en aquellos que han hecho la catarsis del
corazón”.

El libro del Apocalipsis es el ésjato (último) libro del Nuevo Testamento, y


también de toda la Santa Escritura. Es el colofón del N. Testamento y tiene una
correspondencia competente con el primer Libro, el Génesis, que consiste en el
eje: caída-sotiría (sanación y salvación).

Así que, si el Génesis nos describe la Creación del Cosmos-mundo y del hombre
y su caída, el Apocalipsis nos describe proféticamente el camino de la Iglesia y la
creación dentro en el tiempo, la renovación del hombre, la recreación del creado
mundo visible y la doxa-gloria eterna de ellos.

El Apocalipsis contiene en resumen el Misterio completo de la divina Economía,


desde la Humanización (Encarnación) del Hijo y Logos de Dios hasta Su
Segunda Presencia, el Juicio y la aparición de la increada Realeza de Dios.

Se refiere de la fundación en la tierra de la Realeza increada de Dios, es decir, de


la Iglesia, su presencia histórica y su expansión universal. Se refiere también a la
evolución de la lucha de la Iglesia con las potencias antidivinas o contrarias a
Dios, pero también a las últimas plagas o heridas, que caerán sobre la
humanidad impenitente, no arrepentida ni convertida que está sin metania.

Finalmente, la aparición del Anticristo, su destrucción definitiva, la Segunda


Presencia de Cristo como Juez, la resurrección de todos los muertos de todos los
siglos, el Juicio final, el castigo eterno de los impíos, la eterna doxa (gloria, luz
increada) de los fieles, la apocálipsis-revelación de la Nueva Jerusalén es decir,
la Realeza increada de Dios, la renovación del mundo visible y la eterna
comunión de los fieles deificados, glorificados con el Cristo.

La idea central del Libro permanece siempre la Segunda Presencia de Cristo y el


tema principal es la lucha de la Iglesia contra las fuerzas antidivinas con el
resultado final la victoria de la Iglesia.

Todas estas cosas se describen con visiones, representaciones e imágenes, que


constituyen la lengua simbólica del Libro.

El Apocalipsis, como libro del profético, apocalipta-revela no sólo las cosas


futuras sino también las presentes, en relación con el tiempo de su descripción.
El mismo Señor dice al evangelista Juan, -el escritor del Apocalipsis- quien se
encontraba exiliado en la isla de Patmos: “Escribe las cosas que has visto, y las
que son, y las que han de ser después de estas” (1,19).

El propósito del Libro es la preparación de los fieles en vista de las aflicciones,


sufrimientos y dolores que vienen, y para consuelo de ellos, para el fin bueno de
sus luchas y combates (físicos y espirituales); pero sobre todo, el preaviso a ellos
para las venideras aflicciones y tribulaciones de modo que no sean
escandalizados y consideren la Iglesia débil e indefensa y a Jesús como
indiferente para Su Iglesia. Algo similar ocurrió también con el inminente
pazos-pasión de Cristo, cuando los Discípulos fueron avisados precisamente
para que no sean escandalizados, y más tarde entendiesen que el pazos-pasión
era voluntario.

Así que, no debemos ver el Apocalipsis con el sentido estricto de la profecía, sino
como un Libro que viene a fortalecer, levantar el ánimo, avisar y constatar,
especialmente en tiempos que el sentimiento religioso está bajo y débil.

Es un Libro vivo, con mucha e inexpresable jaris (gracia energía increada) y


frescura. Es una verdadera obra de arte del Espíritu Santo. Tiene cohesión,
simetría, armonía, potencia del logos, riqueza de colores y tonos, variedad de
temas, plasticidad, vivacidad y elocuencia. Es muy teológico, despertador de
conciencias y despertares espirituales, es fascinante y encantador.

Tiene como escenarios el cielo y la tierra, y el tiempo de evolución de los hechos


de la Historia universal y la Eternidad. Por eso es un error interpretativo el
querer interpretar el Texto del Apocalipsis con base a un lugar, como Grecia,
Constantinopla, una corriente, como el Mahometanismo, el Comunismo, o a un
período de tiempo, como los cuatro siglos de ocupación turca, el siglo XX,
etcétera. Todo esto por supuesto que está contenido en el horizonte óptico del
libro del Apocalipsis, pero no se agota dentro de estos.

Un punto más que debe ser referido: ¿Cuándo comienza a cumplirse el Libro del
Apocalipsis? Debemos apuntar que el Apocalipsis no se limita sólo en la época
del santo escritor, ni en los ésjatos (últimos tiempos y acontecimientos) de la
historia, sino que comienza desde el momento que se está escribiendo.
Cualquier cosa que se realiza es preludio de los acontecimientos siguientes, con
el resultado final con las cosas que sucederán durante la Segunda Presencia del
Señor.

Intérpretes Ortodoxos, como san Andrés de Kesarea, buscan en el Apocalipsis la


dimensión histórica, ética, teológica y mística del texto sagrado.

La dimensión histórica es aquello que ya ocurre o trata de ocurrir, como: las


siete Iglesias de Asia Menor, los ésjatos (últimos acontecimientos y tiempos), el
Anticristo y la Segunda Presencia de Cristo.

La dimensión ética es que puede enseñar, restablecer, mantener, inspeccionar,


castigar y consolar.

Finalmente, la dimensión mística y teológica es el encuentro más profundo del


significado y sentido del mensaje de Dios hacia el hombre, que ayudará a
desarrollarse una relación personal del hombre y de Dios, como también todos
los actos y energías increadas de Dios dentro en la historia y la Creación, que
expresan las increadas sabiduría, fuerza y agapi de Dios.

Después de esta breve introducción reducida, ahora podemos ver un pequeño


resumen también la interpretación de algunos párrafos del texto sagrado del
libro del Apocalipsis:

Capítulo 1.

1 Ἀποκάλςτιρ apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio, para


manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró
enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

Ἀποκάλςτιρ apocálipsis-revelación de la divina voluntad y decisión sobre Jesús


Cristo, la cual revelación el Dios ha dado a él como jefe de la Iglesia, para
mostrar y manifestar a sus fieles siervos aquellas cosas que deberían ocurrir y
realizarse en breves tiempos según la voluntad divina; y estas cosas las hizo
conocer a su siervo Juan a través del ángel que le envió;

2 que ha dado testimonio del logos de Dios, y del testimonio de Jesús Cristo, y
de todas las cosas que ha visto.

3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen los logos de esta profecía, y guardan
las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

Bienaventurado y dichoso es aquel que lee, y aquellos que escuchan los logos de
esta profecía divina y aplican y cumplen con devoción y fe todas las cosas que
están escritas en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas cosas
está cerca (Apo 1, 1-3).

Con este admirable epígrafe introductor empieza el libro del Apocalipsis.

Se distingue por su tono solemne, recordando el epígrafe de los libros proféticos


del Antiguo Testamento; y se manifiesta el carácter del libro como «Ἀποκάλςτιρ
Apocálipsis-Revelación». Se declara el prestigio y la autenticidad del Libro,
porque su fuente es el Dios y el Jesús Cristo, sea cuando habla el mismo
personalmente, sea mediante un ángel. También se hace hincapié, en toda la
extensión del libro, que “el tiempo está cerca”.

Observamos que todas las profecías en el Antiguo Testamento, no indican


ninguna prisa para el cumplimiento de ellas, mientras que aquí se recalca hasta
la saciedad que el tiempo de realización de todo lo escrito es corto o está cerca.
O sea, desde los tiempos de Abraham hasta el Nacimiento de Cristo pasaron
2100 años, y las profecías sobre el Cristo no indican una prisa para el
cumplimiento. Pero para la Segunda Presencia de Cristo indican una prisa para
el cumplimiento. Y han transcurrido 2000 años. ¿Quizás el final de la historia
está cerca?

Después del Epígrafe introductor, el santo Evangelista se dirige hacia las Siete
Iglesias de Asia Menor, en las que por mandamiento de Cristo envía el libro del
Apocalipsis, que finalmente toma un carácter epistolar.

A continuación describe el registro histórico del Libro: “Yo Juan… estaba en la


isla llamada Patmos… yo estaba en el Espíritu en el día Domingo, y oí detrás de
mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y el Omega, el
primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias
que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y
Laodicea”. (Apo 1,9-11)

Y el santo Evangelista, como nos narra, se gira para ver quién le estaba
hablando. Y ve “siete candeleros de oro”, y en medio de los siete candeleros, a
uno semejante a hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y
ceñido por el pecho con un cinturón de oro. Sus cabellos eran blancos como la
nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido,
refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía
en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su
rostro era como el sol cuando resplandece el mediodía en su fuerza. Cuando le vi,
caí como muerto a sus pies. Y él me tocó, diciéndome: “No temas; yo soy el
primero y el último; y el que vivo, y me convertí en muerto; mas he aquí que
vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de pasar después de
estas” (1,17-19). ¿Quién era pues, el revelado? Era el Dios Logos humanizado o
hecho hombre.

Las “siete estrellas” son las siete Iglesias locales de Asia Menor que antes nos
hemos referido. Naturalmente como no son las únicas ni las más grandes e
importantes, por eso bajo en número esquemático de siete, se entiende la Iglesia
Una, Santa, Católica y Apostólica, hacia la que el Cristo envía siete epístolas, o
siete matices que conciernen la Iglesia. Es cierto que las Epístolas
históricamente corresponden a siete receptores eclesiásticos, pero el contenido
se extiende hacia toda la Iglesia.

Todavía, es digno de observación que las siete estrellas que son los siete obispos
de las correspondientes Iglesias, se encontraban en la mano derecha de Cristo.
Esto significa que la Iglesia de Cristo está bajo Su mano, bajo Su jurisdicción y
providencia, con toda la tripulación, laicos y clérigos, y nada se Le escapa.
Capítulos 2-3

Y qué dice el Señor a Juan: “Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso”. De la misma


forma también el Señor se dirigirá a las siete Iglesias; y podemos apuntar con
mucha brevedad un punto central de cada Epístola. El caso nos interesa
inmediatamente, porque el Señor, como hemos dicho, se dirige a los fieles de la
Iglesia de cada época o de todos los tiempos, y por consiguiente también a
nuestra época actual.

Hacia la Iglesia de Éfeso

El Señor alaba esta Iglesia, porque reprobaron y condenaron los pseudo-


apóstoles de los heréticos judaizantes, como también de los Nicolaítas. Sin
embargo durante un intento contra los heréticos decayó algo la agapi (amor,
cariño) de ella hacia el Jesús Cristo. “Pero tengo contra ti, que has dejado tu
primer amor” (Apo 2,4). La queja de Jesús es que el entusiasmo de la Iglesia de
Éfeso, el ardor del corazón, la dedicación y el culto han aflojado. La agapi no se
debe agotar sólo en la ortodoxia, digamos por ejemplo en la lucha contra los
heréticos, sino también en la ortopraxía (acción correcta o ortodoxa) y en la
elevación particular del corazón hacia Dios.

Hacia la Iglesia de Esmirna.

Esta Iglesia es alabada por completo; no tiene ningún fallo. “Yo conozco tus
obras, y tu tribulación, tu tristeza y tu pobreza, pero tú eres rico” (2,9). Aquí se
describe un tríptico de la trayectoria cristiana: Las obras, como acción pastoral,
y como obras de agapi y filantropía. El sufrimiento, tristeza, como elemento de
pureza y autenticidad que manifiesta las dificultades por las fuerzas contrarias a
Dios y las mundanas que combaten contra la Iglesia y la afligen de distintas
maneras. La pobreza, como bien importante, que muestra la comprensión del
espíritu evangélico y también es elemento de autenticidad y pureza del
Evangelio.

Finalmente se describe la persecución futura por la que el Señor aconseja: “No


temas en nada lo que vas a padecer”; y “sé fiel hasta la muerte”. La persecución
es el clero de la Iglesia en el mundo. La Iglesia que es perseguida demuestra que
se encuentra en el camino ortodoxo y tiene mucha jaris (gracia, energía
increada) de Dios. Al contrario, la Iglesia que no es perseguida y que se concilia
y alianza con el mundo, está reprobada por el Cristo.

Hacia la Iglesia de Pergamo

La ciudad de Pergamo se llama por el Señor, trono del Satanás. Pero la Iglesia
de Pergamo ha mostrado resistencia a la idolatría que entonces dominaba y
tiene a su favor el martirio del Obispo Antipa. Pero hay también quejas de
Jesús: “Y tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas”.

Los nicolaítas eran heréticos que seguían la doctrina del gnosticismo y eran
considerados como antinomistas (contra la ley o anarquistas). En nombre
supuestamente de la libertad cristiana tenían una concepción flexible sobre la fe
y los pecados carnales. Principio de ellos era: “La carne debe hacer lo que le da
la gana”. Hoy desgraciadamente muchos cristianos nuestros con tener una
percepción flexible sobre la ética y los pecados carnales, tienen como
descendientes ancestros los Nicolaítas.

Hacia la Iglesia de Tiatira

Esta Iglesia es alabada por la agapi, la fe, la diaconía (servicio) y su paciencia.


Pero toleraba una pseudoprofetisa con el nombre simbólico de Isabel. Ella era
cristiana engañada que servía al profetismo (médium o adivinadora), es decir,
profecías demoníacas.

En nuestros tiempos hay muchos y muchas de este tipo, con el sobrenombre de


“iluminados”, que aparecen como visionarios, médium o adivinadores,
hipnotizadores… Todos estos usurpan la Iglesia y el clero y engañan a los fieles.
Son fácilmente percibidos porque muestran un celo exagerado de la fe, pero en
realidad son falsos y son reprobados por el Cristo.

Hacia la Iglesia de Sardis

Punto central de la epístola: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que
vives, y estás muerto”.

¡Un logos terrible! Cada uno aquí encuentra a sí mismo. Se trata de una falsa
imagen piadosa, un pietismo que en el fondo la vida espiritual está muerta. Es
esto que apunta Pablo: “También debes saber esto: que en los postreros días
vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos,
avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres,
ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes,
crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores
de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán
la eficacia de ella; a éstos evita” (2Tim 3, 1- 5).

Hacia la Iglesia de Filadelfia.

Una epístola llena de alabanzas. “Por cuanto has guardado el logos de mi


paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre
el mundo entero, para probar a los que habitan sobre la tierra” (3,10). ¿Y cuál es
esta tentación? Será la tentación de la fe y de la vida ética, que abrirán el camino
al Anticristo. ¿Quién permanecerá fiel en la Persona teantrópina (divino-
humana) de Cristo cuando habrá no sólo cataclismo de la increencia, sino
también persecución y martirio para aquel que estará creyendo a Cristo?

“Guarda lo que tienes”; esta es la Parádosis (Divina Entrega o Tradición) de la


Iglesia que debemos constante y firmemente mantenerla y guardarla.

Hacia la Iglesia de Laodicea

La epístola hacia esta Iglesia combina vigor, severidad y ternura. “Yo conozco
tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por
cuanto eres tibio, y ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (3,10).

Son los creyentes que como dice el profeta Elías “cojean por las dos rodillas”
(3Re 18,21), entre el Cristo y el mundo. Son los Cristianos secularizados o
mundanizados que tienen un engreimiento o idea grande sobre sí mismo de una
gran y alta religiosidad. Se dificultan hacer la metania (confesarse, arrepentirse
y convertirse), porque viven con la psicología de la autosuficiencia, presunción y
vanagloria.

La respuesta de Cristo es: te vomitaré.

A pesar de eso, el Señor hace un llamamiento de metania (arrepentimiento,


introspección, confesión y conversión): ”Yo a los que amo, los reprendo y corrijo.
Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno
oye mi voz y me abre la puerta (de su corazón), entraré en su casa y cenaré con
él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como
yo también vencí (al malvado) y con mi ascensión me senté con mi Padre en su
trono glorioso” (3, 19-21).

**************

Con el análisis de los tres primeros capítulos del Libro del Apocalipsis cierra la
primera parte de todo el Libro. En esta parte se inspeccionó el presente de la
Iglesia, como era de costumbre durante los años de san Juan Evangelista, con el
envío de las Siete Epístolas a las Siete Iglesias de Asia Menor. Fue apocálipsis-
revelación del presente, “las cosas que son”, sin que esto excluya la revelación de
la vida interior de la Iglesia, como matices de todo su camino en la historia.

Pero mientras esté avanzando el camino de la Iglesia dentro de los siglos y esté
acercándose hacia su final, que coincide con el final de la Historia, tanto más
estarán densificando también las tentaciones con la culminación de la presencia
del Anticristo. Así que la Iglesia se entrega en combates y luchas que se
describen entre los capítulos 4,1 y 19,10. Es “lo que debe suceder después de
estas cosas”.
El propósito por el que se expondrán las luchas futuras de la Iglesia es para
instruir y preparar a los fieles, enseñarlos, consolarlos y ayudarlos a que no sean
escandalizados, no tengan miedo a nada ni se secularicen o mundanicen.

Capítulo 4

Las visiones que verá san Juan Evangelista y que se refieren a las luchas de la
Iglesia, empiezan con una apertura del cielo. «Después tuve una visión. He aquí
que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído antes,
como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: Sube acá, que te voy a
enseñar lo que debe suceder después de todas estas cosas».

Pero, ¿cuáles cosas después? Son todas estas cosas que ha visto y escribió san
Juan Evangelista en los primeros tres capítulos, después de la primera visión,
donde vio glorificado a Jesús dictando el registro de las siete epístolas.

Y ahora sin interrumpirse la continuación orgánica, cambia el escenario y es


traspasado desde la tierra al cielo. Realmente, cuando uno estudia el texto
sagrado desde el capítulo 4º tiene la sensación de un espacio abierto, donde
todo lo que se realiza, se encuentra unas veces en la tierra y otras veces en el
cielo y otras entre el cielo y la tierra. Es una puerta abierta al cielo y esto
significa la revelación de los misterios ocultos del Espíritu Santo.

“Y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (4,2). El


trono es el símbolo de la doxa (gloria, luz increada) de Dios y el “sentado” es el
Dios, que su nombre se evita ser dicho, pero se hace una viva descripción
simbólica. El aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y
de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, en aspecto semejante a las
esmeraldas. También alrededor del trono se encuentran otros veinticuatro
tronos que estaban sentados veinticuatro presbíteros (ancianos) vestidos en
blanco y con coronas de oro en sus cabezas. Es la κοινυνία (kinonía, conexión,
comunión y unión) de Dios con sus creaciones y los ángeles.

Los veinticuatro Presbíteros (Ancianos) son la Iglesia triunfante, la Iglesia de los


Santos sobre los cuales el Dios descansa y se regocija (Is 57,15).

Son Presbíteros (Ancianos) para que sea declarada la madurez espiritual de ellos.
El número 24 es el doble del 12, que esquemáticamente significa una gran
multitud de santos.

Las vestiduras blancas son el símbolo de la pureza o castidad y la santidad. Las


coronas de oro son el símbolo de la victoria contra el mal, pero también que los
Santos son el “sacerdocio real” (Ex 19,6 y 23,22. 1Ped 2,9. Apoc 1,6).
Los veinticuatro Presbíteros (Ancianos) estaban sentados, que revela el
descanso y regocijo de la Realeza increada de Dios. “Están alrededor del trono”
que recuerda la imagen de la Divina Liturgia.

La imagen completa muestra el profundo misterio de la agapi (amor, energía


creada) de Dios y su comunión con Su creada creación.

Desde el trono preceden relámpagos, voces y truenos. La imagen que hemos


visto toma una dinámica y anuncia la inaccesible majestuosidad del Pantocrátor
(Omnipotente) Dios.

Las siete lámparas de fuego que arden ante el Trono de Dios y que son los siete
Espíritus de Dios, es decir, el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santa
Trinidad en plenitud con Sus energías increadas.

Delante del trono de Dios, hay un mar brillante como de cristal que obviamente
es el “suelo” de todo el escenario. Pero si es el “suelo” del escenario celeste,
entonces para la tierra es su cielo, su techo, de donde el Dios supervisa y es el
símbolo de la gnosis (conocimiento increado) de Dios de todas las cosas
terrenales.

Alrededor del trono de Dios están cuatro animales, es decir, cuatro existencias
angelicales, que están llenas de ojos y cada una tiene seis alas. La multitud de
los ojos manifiesta omnisciencia de Dios y las múltiples alas, la agilidad en la
rapidísima ejecución de las voluntades divinas.

El primer animal se parece a un león y muestra el esplendor real. El segundo se


parece a buey y muestra la fuerza, potencia. El tercero es como rostro humano y
muestra el genio humano. Y el cuarto parece como el águila y muestra la
perspicacia, la percepción aguda y el vuelo hábil y cómodo.

Estos animales se consideran también los símbolos de los cuatro Evangelistas.


Estos animales alaban a Dios perpetuamente con el himno: “Aghios, aghios,
aghios o Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es,
y el que siempre viene” (4,8).

Con el fin del himno, los veinticuatro presbíteros (ancianos) se prosternan y


reverencian a Dios vivo el que está sentado al trono, mientras depositan las
coronas de oro delante del trono, diciendo: “Señor, digno eres de recibir la
gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad
existen y fueron creadas” (4,11).

Capítulo 5
A continuación el santo Evangelista ve en la mano derecha del que está sentado
en el trono, un libro de papiro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete
sellos. El libro en la mano derecha de Dios revela Su sapientísima memoria, el
abismo de Sus misericordias increadas y Sus voluntades divinas; mientras que
los siete sellos muestran lo desconocido de las divinas voluntades en todos los
seres, sensibles y espirituales.

Entendemos que el contenido de este libro misterioso contiene lo que se va a


escribir en el libro del Apocalipsis y desde los capítulos 6 hasta 22 que contiene
toda la futura obra sanadora y salvífica de la Iglesia, de la historia del hombre y
del universo. Este libro es conocida sólo por el Cordero inmolado y el que abrirá
los sellos y dictará el libro del Apocalipsis que hoy nosotros tenemos en nuestras
manos, con un lenguaje simbólico y profético.

A continuación el santo Evangelista escuchó una voz angelical preguntando:


“¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. Y nadie de los seres
sensibles y espirituales podía abrirlo. ¡Y Juan llora por esto! Entonces un
presbítero le tranquiliza, porque se ha encontrado Aquel que va abrir el
misterioso libro. Es “el León de la tribu de Judá, la raíz de David” (5,5). Es el
Mesías Jesús, el Jesús histórico, el Humanizado o Hecho Hombre, Hijo y Logos
de Dios, el que por su obra redentora predominó, para abrir el libro.

Y realmente continúa san Juan: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los
cuatro animales vivientes, y en medio de los presbíteros (ancianos), estaba en
pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos” (5,6).

En toda imagen visible a partir de aquí, el Cordero en pie como inmolado, -que
es Dios Logos que para nosotros se hizo hombre y padeció-, tendrá una posición
central en todo el libro del Apocalipsis. A partir de aquí la teología de la Cruz de
los Evangelios es sustituida por la teología del Cordero inmolado, que
naturalmente es la misma Teología con diferente imagen. Así que con la imagen
del Cordero se completa también toda la imagen ensoñada, el Padre sobre el
trono, el Espíritu Santo con las siete velas encendidas, y el Hijo como Cordero.
Es toda la Santa Trinidad, tal y como aparece también en los Evangelios y donde
trabaja el misterio de la divina Economía.

Los siete cuernos del Cordero muestran la plenitud de Su poder real y Su fuerza.
Los siete ojos muestran la omnisciencia del Hijo. Los siete espíritus-velas
muestran que el Hijo envía el Espíritu Santo al mundo, como también el Padre.
“Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte
del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual
procede del Padre, como un río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí”
(Jn 15,26).
Y el santo Evangelista continúa la descripción de la imagen contemplativa: “Y he
visto el Cordero que se acercó y tomó el Libro de la mano derecha del que está
sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro animales vivientes y los
veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero con incienso e himnos”.
Esto muestra que tanto el mundo Angélico, como el mundo de los hombres
reverencian y adoran la naturaleza humana de Cristo en culto, como también Su
naturaleza Divina.

El hecho de la recepción del libro, se considera como un hecho cosmo-histórico,


transcendental, por eso provoca la doxología (alabanza) de miríadas de ángeles,
de los cuatro Animales, de los 24 Presbíteros (Ancianos) y de todas las
creaciones del cielo, de la tierra y debajo de la tierra, diciendo: “El Cordero que
fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza,
la honra, la gloria, la alabanza y la bendición” (5,12).

Capítulos 6-7

San Juan ve a continuación la apertura de los siete sellos que corresponden a


siente imágenes apocalípticas-revelativas. Pero antes de avanzar en el análisis
de estos, deberemos apuntar que con la apertura de estos sigue una nueva
septenaria de imágenes visionarias que se abren con siete toques de trompeta de
los siete ángeles. Después de esta septenaria, viene una tercera septenaria que
se refiere otra vez a siete nuevas imágenes visionarias, con la característica del
derramamiento respectivamente de las siete bombonas. Dentro de estas tres
septenarias (conjunto de 7 imágenes), es decir, un total de 21 imágenes,
tenemos las facetas o los aspectos visionarios del camino de la Iglesia y de la
Historia.

Y ahora surge la pregunta. ¿Durante la exposición de estas imágenes-visiones,


cómo se deben entender y ordenar con el tiempo o crónicamente? Es decir, ¿una
septenaria de visiones cubre una serie de acontecimientos y con el final de estos
comienza una nueva serie de acontecimientos-visiones? O sea, ¿cuál es la
relación con el tiempo de estas tres septenarias de revelaciones?

Se han formulado dos nociones sobre la relación con el tiempo de las tres
septenarias de imágenes -visiones.

La primera teoría o consideración acepta en círculos paralelos la repetición de


las mismas cosas e ideas o acontecimientos de las imágenes septenarias de las
visiones sucesivas y se llama teoría de la repetición o de la recapitulación o
teoría cíclica. Se trata de circunferencias o círculos concéntricos ampliados
continuamente, que tienen como centro el tiempo de la anunciación de la
profecía, la cual se verifica continuamente dentro en la Historia, con última
circunferencia los esjatos (últimos tiempos y acontecimientos). Es decir, cuando
se hayan cumplido los acontecimientos de los siete sellos, comienza el
cumplimiento de las siete trompetas; y cuando estas sean cumplidas, comienza
el cumplimiento de las siete bombonas. Y cuando estas también son cumplidas,
comienza otra vez el ciclo de los siete sellos… O sea que tenemos tres círculos
paralelos de cumplimientos de septenarios acontecimientos, que continuamente
se repiten hasta el fin de los siglos, con más densidad y tensión conforme van
acercando hacia los últimos, ésjatos tiempos.

Típico caso-ejemplo: El evangelista Juan dice: “Hijos míos, ésjato-última y


decisiva es la época actual. Y por la enseñanza de los Apóstoles habéis
escuchado que el anticristo viene, y ahora han surgido muchos anticristos, que
son órganos engañados y heréticos del anticristo. Por eso conocemos que es la
última---esjato hora” (1Jn 2,18).

Última hora es cada momento, donde también aparecen los anticristos. Ellos
continuarán apareciendo hasta que venga realmente la última hora con el
Anticristo real, ya que los anteriores fueron sus precursores. Así que tenemos
repetición del fenómeno anticristo, con condensación hacia los ésjatos-últimos
(tiempos y acontecimientos) donde estará el por excelencia Anticristo.

El segundo método acepta el progreso rectilíneo periódico o cronológico de los


acontecimientos que están simbolizados en las particulares visiones de los
acontecimientos, y se llama teoría o contemplación cronológica. Es decir,
cuando sean cumplidos los acontecimientos de la primera septenaria (conjunto
de 7 imágenes), avanzamos hacia los acontecimientos de la segunda, sin tener
repetición de estos, hasta llegar a los ésjatos-postreros tiempos de los
acontecimientos.

Ejemplo: Dice el Cristo: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos


días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán
del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas“ Mt 24,29). Como
vemos, aquí se trata de una posición rectilínea de los acontecimientos. Esto no
puede ser repetido, por lo tanto, cumple la teoría cronológica.

A pesar de esto los mejores intérpretes del Apocalipsis, antiguos y nuevos,


aceptan la primera teoría sin excluir la segunda. Es decir, aceptan que una
profecía, como también de los antiguos profetas, no se agota en un momento del
tiempo, sino que está entrelazada con lo inmediato, el futuro y el futuro
póstumo. Una profecía se repite y a la vez avanza.

Estos dos métodos pueden ser representados por una línea espiral, es decir, con
un alza o trayectoria cuesta arriba, alrededor de una montaña en forma de cono,
que después de cada círculo completo el escalador se encuentra en un punto
más alto que el principio y a la vez puede ver la punta final superior. (P.
Brasiotis: “Apocalipis de Juan, 1950).

Un punto más que se debe recalcar es que las cosas profetizadas por el
Apocalipsis empiezan desde el momento que se dio el libro para su publicación,
mientras que cada cosa que se realiza es un preludio de los acontecimientos que
vienen con el resultado final la Segunda Presencia de Cristo.

Y ahora vamos a ver la apertura del sello de aquel Libro misterioso.

El Cordero abre el primer sello, y san Juan ve un caballo blanco y el que está
sentado sobre el caballo tiene en su cabeza una corona y un arco, que son
símbolos de victoria, poder y realeza.

El que está sentado es el Cristo o el Evangelio, que simboliza a Cristo o en


general el Cristianismo que es predicado a las naciones por boca de los
Apóstoles; es un amanecer del Cristianismo. “Y salió venciendo y para vencer”.

Aquí vale la pena que apliquemos los dos métodos de interpretación antes
mencionados. El primer sello expresa el kerigma, predicación del Evangelio al
mundo. Según la teoría cronológica, después de la propagación del Cristianismo
por los Apóstoles en el mundo, se debería el primer sello haber expirado y a
partir de aquí no tener ninguna divulgación del Evangelio. Pero según la teoría
circular, el primer sello no se agota, sino que continúa el kerigma, predicación
apostólica a través de sus sucesores hasta hoy en día y hasta el fin del mundo.

Con la apertura del segundo sello, salió otro caballo rojo bermejo y al jinete se le
fue dado poder de tomar la paz de la tierra de modo que los hombres se mataran
los unos con los otros. Realmente, el Evangelio cuando comenzó a transmitirse
no fue aceptado por todos los hombres; por eso se lanzaron persecuciones
contra los Cristianos y aparecieron los Mártires de la Fe.

Pero como el caballo blanco, es decir, la propagación del Evangelio estará


extendiéndose continuamente dentro en la historia, así también el caballo
bermejo, es decir, las persecuciones serán extendidas contra los Cristianos y así
tendremos continuamente también nuevos Mártires.

Con la apertura del tercer sello, sale el caballo negro, y el que está montado
sobre este, tiene en su mano una balanza.

Y se escuchó la voz: “Un denario será vendido el kilo del trigo y con un denario
tres kilos de maíz. Pero no dañes, ni falte el aceite ni el vino”. Es una hambruna
que va a venir, donde los hombres estarán muriendo de hambre.
Con la apertura del cuarto sello, se proyectó un caballo amarillo, que su nombre
es «θάναηορ zánatos muerte». El hades le seguía, y tomó el poder de matar la
cuarta parte de la población de la tierra, con guerras, enfermedades, hambre y
bestias salvajes. Todo esto será el resultado de la apostasía de los hombres de
Dios.

Si nos fijamos un poco en la apertura progresiva de los cuatro primeros sellos,


observaremos que tenemos un escalonamiento progresivo: la propagación del
Evangelio, su persecución y el castigo de los perseguidores con hambre, con
enfermedades y con guerras.

Quizás hasta ahora uno habrá creído que los creyentes se han perdido a causa de
las plagas que se han lanzado. La respuesta viene a dárnosla la apertura del
quinto sello: San Juan ve que “bajo el altar las psiques-almas de los que habían
sido muertos por causa del logos de Dios y por el testimonio que tenían” (9,6).

Las psiques-almas de los Mártires piden la apocatástasis (restablecimiento), es


decir, la resurrección de los muertos, pero se les advierte que descansen por
poco tiempo aún, -se entiende al Paraíso-, hasta que también los demás
hermanos suyos se hagan también Mártires y testigos, dentro en la Historia. Se
trata del martirio y testimonio que deben tener los creyentes ante sus ojos, si
realmente quieren ser fieles. Este pasaje es un punto fuerte a favor de la vida de
las psiques-almas y la permanencia de estas en el Paraíso, que aquí se coloca por
debajo del Altar de Dios.

Y venimos ahora al sexto sello que es muy extenso. Se divide en tres partes, de
los cuales la primera parte se refiere a la perturbación y desorientación del
universo y las dos últimas son diapsalmo (tipo salmo). La primera parte
describe que con la apertura del sello hubo un gran terremoto; y el sol se
oscureció y la luna se volvió toda roja como sangre; y las estrellas del cielo
cayeron sobre la tierra y el cielo se partió en dos, desvaneció como un
pergamino que se enrolla; y tenemos grandes cambios geopolíticos, todo monte
y toda isla se removió de su lugar. Y los hombres de la tierra con mucho miedo
se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

Aquí aplicaremos el método rectilíneo que también utiliza el Señor en los


Evangelios: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol
se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y
las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mt 24,29). O como escribe san
Pedro: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón, y en el cual los cielos pasarán
con grande estruendo, y los elementos, abrasados, serán disueltos, y la tierra y
las obras que en ella hay serán quemadas” (2Ped 3,10). Se trata de los ésjatos,
postreros acontecimientos y trastornos del universo, de donde vendrá, como
veremos al final del libro, el nuevo Universo, la Realeza increada de Dios. Los
acontecimientos de la Cruz, como el terremoto, el oscurecimiento del sol, etc.
Fueron preludios de aquellas cosas que van a ocurrir entonces cuando se acerca
la Segunda Presencia de Cristo.

Pero debemos de decir que antes que se hagan todas estas perturbaciones
universales, habrá terremotos y perturbaciones sobre temas fe, tipos de
caracteres, costumbres y las conductas éticas o moral.

En la angustiosa pregunta de la Iglesia ante estos acontecimientos


trascendentales, ¿quién se puede salvar? (Mrc 10,26 Lc 18,26), viene
inmediatamente el siguiente doble Diápsalmo (tipo de salmo) para dar la
respuesta. Son dos visiones fascinantes, muy reconfortantes y consoladoras que
muestran la posición de los fieles dentro en estas terribles perturbaciones y
revueltas.

La primera escena-visión es terrenal, en cambio la segunda una breve pero


amplia imagen de la vida celeste de los creyentes. Así que con estas dos visiones
quiere informar al fiel que cualquier cosa que pase en la tierra que no tenga
miedo, porque le espera en el cielo la bienaventuranza y la felicidad de Dios.

Y el primer diápsalmo: Los cuatro ángeles detienen los vientos vivificantes de la


tierra. Un quinto ángel les dice que antes de proceder a esta obra desastrosa
para el castigo de los infieles, que vengan a sellar a los fieles siervos de Dios en
sus frentes. Es una representación simbólica de la clausula de la Escritura:
“Conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim 2,19). Ya la Iglesia sella sus fieles
con los misterios del Bautismo y el sello de la Crismación.

¿Y cuál es el propósito del sellado? Desde luego no para evitar el Martirio, sino
la protección de los fieles de el engaño del Anticristo. Por supuesto que debe
tener también un carácter de protección más general porque el Cristo dice:
“porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio
del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie
sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mt
24, 21-23).

Esta selladura tiene un una característica peculiar, según el caso y la época. Una
selladura profética tenemos en Ezequiel 8,1-18 y 9,1-11. Otra selladura histórica
tenemos durante la destrucción de Jerusalén a través de Vespasiano y Tito el 70
dC; los Cristianos se acordaron de los logos del Señor en relación a esto, ya que
se marcharon de la ciudad y se salvaron (Mt 24, 16-21 Mr 13,14-19 Lc 21,20-24).
La selladura de los fieles durante los postreros-ésjatos días no conocemos qué
forma tendrá, pero entonces el Dios lo revelará a través de Su Iglesia.
Y el santo Evangelista oye el número de los sellados. Son 144.000 de las 12
tribus de Israel. No es exacto el número, sino simbólico, y se trata
espiritualmente del Nuevo Israel, los Cristianos, también cristianos de los judíos
y de las naciones.

Ahora vamos al Segundo Diapsalmo (tipo de salmo), según la solución del sexto
sello. Aquí se ve la Liturgia-función de la Iglesia triunfante. Es una escena que
muestra el futuro de los fieles que serán sellados en la tierra. Este diápsalmo es
una de las páginas más bellas de la Santa Escritura y el punto culminante de
libro del Apocalipsis.

“He aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar”, de todos los pueblos,
tribus y lenguas de todos los siglos y épocas. Todos estos son los que han salido
de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la
sangre del Cordero, es decir, se han convertido en mártires y testigos de Cristo;
por eso no hay para ellos lágrimas, dolores, hambre, sed, sufrimiento, fatiga y
cansancio. Se encuentran siempre ante el trono de Dios y le alaban sin cesar.

Capítulos 8-10

Y ahora venimos a la solución del séptimo sello. Con la apertura de este sello se
hace en el cielo un silencio de media hora; después aparecen siete Ángeles con
siete trompetas y que la presencia de ellos abre una nueva septenaria (conjunto
de 7 imágenes) de plagas o heridas.

El comienzo de la segunda septenaria (conjunto de 7 imágenes) no coincide que


el final de la primera, es decir, no es una extensión del tiempo de la primera,
sino simplemente una repetición detallada de ella. En la primera septenaria
tenemos un diagrama grande de los acontecimientos, en cambio en la segunda
tenemos una descripción más detallada de estos, más complicada, más difícil de
entender y más terrible.

Primer toque de trompeta del primer Ángel: Granizo, fuego y sangre cayó sobre
la tierra y la tercera parte de ella se quemó como también la tercera parte del
reino vegetal.

Esta herida o plaga recuerda la primera y la séptima plaga de Faraón; aquellas


antiguas plagas o heridas faraónicas fueron tipos históricos de las plagas
esjatológicas. El castigo de Sodoma fue también un tipo histórico de esta plaga
esjatológica. Lo sorprendente es que lo tipos históricos no dejan lugar para una
interpretación alegórica.

Segundo toque de trompeta: Un objeto grande como una montaña ardiendo


cayó sobre el mar y murieron la tercera parte de los peces, puesto que el agua
del mar se hizo rojo como la sangre, y la tercera parte de los buques fue
destruida.

Hoy en día una contaminación radiactiva por la explosión de una bomba


atómica, puede traer tal desastre, como se prevé de la profecía. Pero esto los
antiguos intérpretes eclesiásticos, les era imposible imaginar que iba a progresar
tanto la ciencia técnica y conseguiría tantos logros que podrían dirigirse contra
al mismo hombre. Aquí vale lo que dijo san Andrés de Kesarea: “El tiempo
revelará a los nípticos o sobrios espiritualmente o los que están en nipsis”.

Tercer toque de trompeta: Otra vez desde el cielo cae una estrella, en estado
candente y el nombre de la estrella es Ajenjo, queda afectada la 1/3 parte de las
aguas dulces; de modo que muchos hombres mueren, no de la falta de agua,
sino por la amargura del agua porque se habrá envenenado.

Probablemente también esta plaga, igual que la anterior, no tiene una


característica alegórica sino realista; además, una contaminación del ambiente
hoy en día es muy posible, por una guerra química, una explosión radiactiva etc.,
puede traer la muerte de muchos hombres.

Cuarto toque de trompeta: Con este toque, fue afectada la 1/3 parte del sol, de la
luna y de las estrellas, es decir, de una manera el resplandor de estos a la tierra
será reducido por los correspondientes cuerpos celestes en 1/3. Se trata de
alteraciones meteorológicas y corresponde con la novena plaga de Faraón.

Hasta en esta plaga tenemos daño en el ambiente del hombre, pero en las
siguientes tres plagas tenemos daño al mismo hombre.

Aquí se hace un intermedio de los toques de trompeta que traen consigo plagas
e interviene un paréntesis para metania (introspección, conversión,
arrepentimiento y confesión). Se trata de un Ángel en forma de águila que vuela
al cielo y dice: “¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros
toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!” (8,13). Es un intento
último del Cielo en crear el retorno de los hombres a Dios. Pero como no se
arrepienten, ni se confiesan, ni se convierten, sobrevienen también las plagas
restantes.

Quinto toque de trompeta: Con este toque cae en la tierra una estrella, y se le ha
dado la llave del pozo del abismo. Según Areza de Kesarea, es el Diablo que a
continuación trae muchos males en la humanidad. Y desde el pozo del abismo
subió humo y el sol se oscureció. Del humo salieron saltamontes que parecían a
caballos y en sus cabezas tenían algo que se asimilaba con el oro. Sus caras eran
humanas y tenían cabello como cabello de mujer. Sus dientes como de leones,
tenían corazas como corazas de hierro y el ruido de sus alas era como el
estruendo de muchos tanques corriendo a la batalla; sus colas parecían como
escorpios que afectan dolorosamente a los hombres. Y el rey de ellos es el
Apolión.

¿Qué significan todas estas cosas? Por la descripción que aquí nos hace el
Evangelista, no parecen ser seres biológicos; se asimilan más con maquinarias
satánicas verdaderas y destructoras. Nos recuerdan bastante los aviones
actuales, con revestimiento metálico en las alas como de los saltamontes. El
nombre “Apolión” significa una persona destructora totalmente.

La plaga completa posiblemente insinúa guerras muy catastróficas. Los


hombres por los resultados de estas guerras estarán buscando la muerte, pero
no la estarán encontrando. Quizás se trate sobre enfermedades producidas por
la radiactividad con resultados terribles y aún enfermedades psíquicas, por lo
tremendo de estos acontecimientos, como es una guerra nuclear. La quinta
plaga quizás sea una imagen contemporánea y realidad esperada.

Sexto toque de trompeta: Son desatados cuatro ángeles, que estaban atados al
río Éufrates y se provoca una gran guerra terrible. Estos ángeles son malvados,
es decir, demonios que provocan esta gran guerra. El número de los ejércitos es
de doscientos millones de hombres. Y el lugar es Mesopotamia, el actual Irak. La
caballería –que no son caballos biológicos- tiene de tres colores armaduras,
rojas, amarillas y azules.

¿Quiénes son los “rojos”, “amarillos” y “azules”? De todos modos, todas las
especificaciones de esta plaga, por parte de la ciencia técnica actual son
absolutamente realizables, como también el número de los soldados. Sólo China
hoy puede disponer de doscientos millones de soldados. El lugar de la guerra
también es muy sospechoso, porque hoy allí hay muchos conflictos bélicos.
¡Quizás esta plaga advierte de una gran guerra o conflicto mundial de una forma
no acostumbrada!

Y lo sorprendente: “Los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas,
ni aun así no se convirtieron, ni se arrepintieron de las obras de sus manos, ni
dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce,
de piedra y de madera…, y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus
hechicerías, ni de su fornicación (sexomanía), ni de sus hurtos” (9,20-21).

Capítulo 11 Κε­θά­λαι­ο 11.

Un ángel entrega a san Juan una caña para medir el templo de Dios, el antiguo,
de Jerusalén y el altar ante el templo, y a los peregrinos que adoran en él. Pero
recibe el mandamiento de no medir el patio del templo, porque se ha entregado
a las naciones para que sea pisoteado o dominado durante cuarenta y dos meses
como también la ciudad. Es una praxis simbólica que equivale con la selladura
de los fieles.

La ciudad es la Iglesia. Esto significa que no sólo será saqueada en su interior, es


decir, los verdaderos cristianos, ya que los ostentosos cristianos que serán
afectados por la moral mundana y llegarán a alabar al Anticristo. ¡Realmente es
terrible! Este párrafo del Apocalipsis se debe estudiar muy profundamente en
particular de todos nosotros con mucha atención.

Y continúa el santo Evangelista con una nueva profecía (11,3-14). Se trata de los
dos testigos o mártires que aparecerán durante los días del Anticristo y que
según una interpretación de Padres muy destacados son el profeta Elías y Enoc.
Los dos nunca han conocido la muerte sino que fueron ascendidos hasta el cielo.

Ellos ahora actuarán en la Ciudad Santa, la Jerusalén histórica. Vendrán como


segundos precursores de la Segunda Presencia de Cristo, predicarán el kerigma
de metania y retorno, mostrarán e inspeccionarán al Anticristo por tres años y
medio, los mismos que el reino del Anticristo; después serán matados por él en
la plaza de la histórica Jerusalén, y sus cuerpos permanecerán tres días y media
sin ser sepultados.

Entonces todos los habitantes de la tierra –los que han aceptado al Anticristo-
se alegrarán porque los habrán visto en sus televisiones, y por su alegría
intercambiarán regalos entre sí. Pero, después de tres días y medio, todos los
pueblos de la tierra sorprendidos verán, otra vez por la televisión, que los dos
mártires serán resucitados y ascenderán al cielo. Esto es una profecía sobre los
medios televisivos de comunicación.

Cuando ocurran todas estas cosas, entonces se hará un gran terremoto, de tal
manera que una decima parte de la ciudad se habrá derrumbado y habrá
matado siete mil personas. Son números simbólicos de la catástrofe de la ciudad
y la muerte de hombres, para que sea confirmado que los dos Mártires, Elías y
Enoc eran de Dios.

Séptimo toque de trompeta: Con el toque de trompeta del séptimo ángel, no


comienza inmediatamente la séptima plaga sino que precede una praxis en el
cielo, como una imprescindible preparación psíquica en vista de la aparición del
Anticristo. Es un diapsalmos (tipo de salmo) donde se oyen grandes voces en el
cielo. Es una oración de agradecimiento de los Santos, porque está tocando el
final de la historia y el Juicio de Cristo para la humanidad.

Capítulo 12
En este capítulo se ve una visión tripartita. En la primera imagen aparece una
mujer majestuosa y celeste junto con su hijo varón. La segunda imagen describe
el combate del dragón-Diablo con el Arcángel Miguel y la caída del primero
sobre la tierra. En la tercera y última imagen tenemos la ira del dragón que
persigue la mujer de la primera imagen, la cual huye al desierto.

Ahora vamos a la primera imagen: “Apareció en el cielo una gran señal: una
mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una
corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la
angustia del alumbramiento” (12,1-2)

Magnífica imagen con grandísima importancia y con dos dimensiones. Se trata


de la Madre del Mesías, de Jesús Cristo, la santísima Zeotocos María. Es una
imagen de la Primera Presencia de Cristo, y a la vez, en la misma imagen, en
dimensión esjatológica, es la Iglesia.

Sobre la Iglesia, el sol es el símbolo de Cristo “el Sol de la Justicia”. La luna es


símbolo de la vida mundana alterable, que se encuentra bajo sus pies, y que
muestra la transcendencia de la Iglesia sobre la vanidad del mundo. Las doce
estrellas, son la enseñanza de los Doce Apóstoles, sobre la que se fundamenta.
Sobre la primera imagen, que es la Santísima Zeotocos, “la que estando encinta,
clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento” (12,2), es la en
Espíritu Santo concepción de Jesús Cristo, que se prepara la Zeotocos para
darLe a luz.

Mientras se realiza la primera imagen, viene en escena la visión de la segunda


imagen. “También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón
escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete
diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las
arrojó sobre la tierra” (12,3-4).

Aquí el “cielo” no es el cielo espiritual sino el firmamento, como en el caso de la


“Mujer”, y expresa dos realidades terrenales: el Misterio de la Piedad que es la
Iglesia y el misterio de la ilegalidad o iniquidad que es el Diablo y su
instrumento fiel el Anticristo que en la historia combaten contra la Iglesia (1Tim
3,16 y 2Tes 2,7).

El Dragón es el Diablo, mientras que el color rojo del dragón expresa “la
ansiedad por matar y su sed por la sangre” (San Andrés de Kesarea). Las siete
cabezas significan la multitud de sus instrumentos (y medios de comunicación)
y su infiltración al mundo. Los diez cuernos muestran su fuerza y poder en el
mundo. Las diez diademas son la aceptación del mal por parte de la gente, por
las cosas que piensa y opera el monstruo satánico con múltiples cabezas. Lo que
su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo expresa, tanto los
ángeles caídos, como la caída de los Cristianos sin fundamento.

Después de todas estas cosas el Dragón estaba preparado para devorar el niño
varón que la Mujer daría a luz. Son las operaciones escalonadas del Satanás
tratando de destruir la obra mesiánica de Cristo. Y cuando la mujer ha dado a
luz, el niño varón fue arrebatado al cielo; esto muestra que el Cristo que
ascendió al cielo después de Su resurrección, no ha dejado capacidad y
posibilidad al Diablo para destruirLe.

Pero el Diablo no se rinde. Se dirige hacia la Mujer-Iglesia. “Esto muestra que el


apóstata (tránsfuga) diablo siempre está armado contra la Iglesia y todos los
renacidos (espiritualmente) por la Iglesia dentro de los siglos desea tragarlos…”
San Andrés de Kesarea.

Así que la Mujer-Iglesia huye al desierto, donde allí se ha preparado de Dios un


lugar para permanecer el tiempo que reinará el instrumento fiel del Satanás, el
Anticristo, es decir, los 3 ½ años que reinará en la tierra. Desde que el Cristo
fundó la Iglesia sobre la tierra, el Diablo estará maniáticamente contra ella, y
ella se irá yendo siempre al desierto, es decir, en las catacumbas o en cualquier
otro lugar, sea localmente, sea trópicamente.

Y ahora vamos a la tercera imagen de toda aquella visión. San Juan Evangelista
ve que se hace una guerra en el cielo entre el Arcángel Miquel con sus fuerzas
celestes y el Dragón con sus fuerzas. Y “fue vencido y lanzado fuera el gran
dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al
mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles demoníacos fueron
arrojados con él” (12,9).

Entonces se oyó en el cielo el himno de los santos a Dios que finalmente fue
vencido “el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de
nuestro Dios día y noche” (12,10).

La caída del diablo tiene tres fases. La primera fase de la caída es cuando el
Eosforos (Lucifer) cayó del cielo, porque quiso igualarse a Dios, padeciendo de
orgullo y de la arrogancia de ser equivalente a la deidad. La segunda fase de la
caída es su quebrantamiento, destrozo por el sacrificio de Cristo en la cruz. Y la
tercera será cuando el Señor vendrá otra vez, durante Su Segunda Presencia y el
Diablo será arrojado al infierno eterno, y esto será ya su derrota y condena
definitiva.

Y cuando el Diablo vio que fue arrojado en la tierra, persiguió la Mujer que
había dado a luz el Varón, es decir, la Iglesia. Como vemos, el santo Evangelista
narra personas y acontecimientos históricos con característica simbólica.
Entonces la Mujer-Iglesia huye al desierto volando con dos alas de águila,
símbolo de la protección divina. Y el Dragón-Diablo vomitó de su boca un río de
agua para ahogar la Mujer-Iglesia, que son todas las corrientes filosóficas,
anticristianas y heréticas que durante los tiempos inundan la sociedad e
intentan “ahogar” la Iglesia de la tierra.

Y la tierra, personificada abre su boca y traga el río diabólico entero, que


muestra también que la creación se convierte en instrumento de Dios para
salvar la Iglesia, tal y como ocurrió con el antiguo Israel cruzando el mar rojo se
salvó de la manía de Faraón.

Pero otra vez, el Diablo después de este fracaso suyo se enfada y se llenó de ira
“y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que
guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús Cristo”
(12,17). El diablo continúa la guerra contra el “esperma” de la Iglesia. Son los
fieles Cristianos que han quedado en los pueblos y en las ciudades. Son el
“remanente o la levadura” (Rom 11,5) de los que no se han rebajado para adorar,
reverenciar al Diablo, dentro en la sociedad y la soberanía mundana que se
llama civilización, socialismo o sociabilidad, libertad sin límites ni restricciones,
liberación de la ética y de los mandamientos de Dios, axiomas, honores y
alabanzas del mundo pecador.

Capítulo 13

Aquí tenemos la aparición de dos personas: del Anticristo y del Pseudoprofeta.


San Juan ve al Anticristo como una bestia escarlata que tiene siete cabezas, diez
cuernos y diez diademas que estaban escritas con nombres de blasfemia; y surge
del mar, que es el símbolo del desorden mundano, de la inestabilidad y de la
pecaminosidad mundana. La descripción es similar con el Dragón-Diablo de
donde toma también su poder.

Y la segunda bestia, el Pseudoprofeta, le ve emerger de la tierra, señal de su


soberanía malvada, teniendo dos cuernos de cordero y habla como dragón, que
es señal de su hipocresía como bueno sin maldad pero en el fondo demoníaco.

De todos modos debemos apuntar que estas dos bestias serán personas
humanas verdaderas históricas, que operarán “por la energía del Satanás” (2Tes
2,9). La segunda bestia, el Pseudoprofeta, será una especie de precursor, que
estará hablando, predicando para el Anticristo y haciéndole publicidad.

Pero vayamos ahora al Anticristo para ver algunas de sus características de su


actividad, de su gobierno y de su vida, por supuesto sin entrar a referirnos a
todo en esta breve interpretación.
El mismo o en alguno de los que sirven sus voluntades, y parecerá que fue
matado, y después provocará una impresionante supuesta resurrección, que
será como una mala imitación de muerte y resurrección de Cristo.

De este falso milagro se maravillarán los hombres frívolos e infieles a Cristo en


toda la tierra, los que adoran al Dragón-Diablo que ha dado un poder de este
tipo al Anticristo. Parece ser que toda esta cuestión será proyectada por Medios
de Comunicación de Masas, que están totalmente en su servicio y sus propósitos
demoníacos. Además, esto se está haciendo actualmente, desde hoy en día a un
nivel grandísimo.

Se concede de Dios, a causa de la gran apostasía (deserción) de los hombres,


para que el Anticristo con injurias y blasfemias dirigirse contra el Dios y
guerrear contra los fieles Cristianos y vencerlos, se entiende con el mal trato y el
martirio.

El dominio del Anticristo será universal, porque “también se le dio autoridad


sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (13,7). Los santos Padres de nuestra
Iglesia, que con su visión profunda y perspicaz investigan la Santa Escritura,
encuentran que el Anticristo será de origen judío y será enmarcado por el
pueblo hebreo para sus conquistas universales.

Pero vamos a ver también algunas características de la segunda bestia, el


Pseudoprofeta. Él trabaja de cualquier manera para que sea adorado el
Anticristo, incluso haciendo sorprendentes falsos milagros. Espiritismo, Magia,
Filosofía, sistemas sociales humanocéntricos, kerigmas sobre ateísmo, serán su
principal obra precursora para conducir la humanidad al Anticristo.

La relación de las dos bestias en la historia es tan estrecha, que por un lado, el
Anticristo o los precursores parciales del Anticristo estarán operando
dinámicamente con poder y soberanía, y por otro lado, el Pseudoprofeta o sus
precursores estarán operando como una ideología o herejía, de todos modos con
dimensión espiritual.

La actividad del Anticristo comienza inmediatamente después de la salida del


Paraíso de los primeros en ser creados, cuando el Diablo escuchó el mensaje de
sanación y salvación empezó actuar anti-salvíficamente. Esta actividad es “el
misterio de la ilegalidad o iniquidad” y “que ya se está operando”, según el
Apóstol Pablo (2Tes 2,7) y paralelamente está firme y contrario al misterio de la
piedad, que es la Iglesia (1Tim 3,16).

La línea recta del misterio de la piedad es activada por Abel, Siz, Noé, Sim,
Abraham, la Zeotocos (Madre de Dios) y llega hasta Jesús Cristo, que crea Su
Iglesia sobre la tierra. La línea recta del misterio de la iniquidad es activada por
Caín, Judas, Arriano, Occidente Cristiana, como percepción de cristianismo
secularizado, mundanizado, del Pseudoprofeta y finalmente del Anticristo como
persona.

¿Cuándo vendrá el Anticristo?

San Pablo refiriéndose sobre la Segunda Presencia de Cristo, apunta a los


Tesalonicenses que si primero no viene la gran apostasía (deserción) y no sea
revelado el Anticristo, no vendrá el Cristo, y sobre todo inmediatamente
después del Anticristo. Por lo tanto, el tiempo (o fecha) de la venida del
Anticristo que está vinculada con la Segunda Presencia de Cristo, permanece
desconocido.

A pesar de esto el Señor nos ha dado muchos signos o señales sobre Su segunda
venida. Es característico el ejemplo de Noé, donde la construcción del Arca no
podía sobrepasar algunos límites lógicos, -como los 120 años de su
construcción- tiempo suficiente para la posible metania de aquella generación,
mientras que el tiempo (o la fecha) del cataclismo permanecía desconocido. Así
también entonces, en los ésjatos tiempos, dice el Señor, cerca en este tiempo
habrán estas señales o signos y estas serán muchas, y vendrá el Cristo y antes de
Él el Anticristo.

Nuestros tiempos (o épocas actuales) ya han comenzado a mostrar algunas de


las señales preanunciadas por el Señor.

Debemos aún señalar que el Pseudoprofeta operará de un modo de amenaza de


cataclismo económico, impondrá un sello o chip en la frente o en la mano
derecha a los que aceptarán el Anticristo. Se trata de una identidad indeleble y
específica que será la negación del sello del Espíritu Santo (que es el Misterio de
la Crismación) que hemos recibido con el Bautismo (sumergir, no rociar). El
sello será constituido con el nombre del Anticristo o con el número del nombre
que es el 666. De todos modos hasta que venga el Anticristo, su nombre
permanecerá desconocido y cuando venga será apocaliptado-revelado sólo en
aquellos que están en nipsis espiritual (o espiritualmente vigilantes y sobrios),
es decir, a los que han hecho la catarsis del corazón.

Capítulos 14-16

Después de la amarga descripción de todo lo anterior, interviene un magnífico


diápsalmo (tipo de salmo) de los 144.000 ciento cuarenta y cuatro mil, que
tienen tres atributos o cualidades: son castos o vírgenes, se han dedicado a
Cristo y en general están inmaculados, sin mancha (14, 1-5) en todos los
aspectos o manifestaciones de sus vidas.
Con el cumplimiento del séptimo toque de trompeta , que contenía lo que
concierne al Anticristo y al Pseudoprofeta, viene una tercera septenaria
(conjunto de 7 imágenes) de plagas o heridas con forma de bombonas doradas,
que se derraman, se vacían en la tierra por siete ángeles correspondientes.

Con el derrame de la primera bombona “vino una úlcera maligna y pestilente


sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen”
(16,2). Se trata de una herida corporal real que recuerda la sexta plaga de
Faraón.

Cuando el segundo ángel derramó la segunda bombona en el mar, el agua se ha


pintado de rojo, con el resultado de morir cada vida marítima, y esto recuerda la
primera plaga faraónica.

Con el derramamiento de la tercera bombona en los ríos y en las fuentes, las


aguas se convirtieron rojas como la sangre y por supuesto fueron inadecuados
para beber.

Con el derramamiento por el ángel de la cuarta bombona sobre el sol, se creó


una ola de calor a los hombres, que viene a completar la plaga anterior de la
falta de agua y sed. ¡Pero los hombres en vez de arrepentirse, blasfeman el santo
nombre de Dios!

Con el derramamiento de la quinta bombona sobre el trono del Anticristo, se


hace una oscuridad sensible o confusión espiritual y audible, es decir, una
confusión entre los teatreros del Anticristo, y recuerda la novena plaga de
Faraón. ¡Y una vez más no se arrepienten!

Y viene la tanta del derramamiento de la sexta bombona. Esta se refiere a la


última guerra de la historia, el terrible Armagedón, que se hará en vísperas del
gran día del Señor, es decir, de Su Segunda Presencia.

En el lugar de Armagedón, -que territorialmente pertenece a Palestina, pero


aquí no se trata de este lugar-, habrá entre una gran destrucción entre sí de la
humanidad que seguirá al Anticristo; y realmente todas las naciones habrán
comenzado la gran guerra contra la ciudad amada, es decir, la Iglesia, y al final
se encontrarán matándose los unos a los otros. Y esto se ve también de la guerra
de Gog y Magog que se refiere al libro del Apocalipsis en el capítulo 20 (también
Ezequiel 38, 1-23).

Y finalmente viene la plaga de la sexta bombona, que su contenido fue


derramado al aire, con el resultado de que ocurran terribles fenómenos
atmosféricos y geológicos. Y esta plaga o herida se parece a la séptima plaga
faraónica. ¡Fue tan grande esta plaga o herida que los hombres en vez de
arrepentirse llegaron a blasfemar el Santo Nombre de Dios!

Capítulos 17-18

Un ángel dice a San Juan: “Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran
ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los
reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de
su fornicación (17, 1-2). Y me llevó en espíritu al desierto; y vi a una mujer
sentada sobre la bestia escarlata, que antes os conté, llena de nombres de
blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos”.

Esta mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras


preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones
e inmundicia, suciedad de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un
misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS
ABOMINACIONES DE LA TIERRA (17,5).

Vi a la mujer ebria de la sangre de los Santos y de los Mártires de Jesús; y yo me


quedé asombrado con este espectáculo. Y el ángel me dice: “La bestia que has
visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición” (17, 8).

Ya el santo Evangelista utiliza el nombre “Babilón” aunque entonces Babilón no


existía; Babilón fue una ciudad que ejerció un dominio terrible sobre la tierra, y
el pueblo de Dios había sido cautivado de ella. Pero entonces se asimilaba Roma
con la antigua Babilón, con su cesarolatría (adoración al cesar) y las terribles
persecuciones y castigos a los Cristianos. Sin embargo, se trata de una ciudad
virtual, es decir, un centro de apostasía y corrupción que influye y afecta en
todas las magnitudes geográficas, siempre por inspiración del Anticristo. Hoy en
día el “centro” es “Occidente”, no en sentido geográfico, sino cultural que influye
a todas las culturas y civilizaciones de la tierra.

Pero este “centro” de la apostasía no durará mucho. El Teólogo escucha un


Ángel clamar con voz potente: “Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha
hecho residencia de demonios y guarida de todo espíritu sucio e inmundo…”
(18,2). Y entonces empieza el luto, el llanto y el dolor de los reyes de la tierra, y
también de los comerciantes y de los armadores por su penuria.

Nuestro mundo de hoy en día es un mundo babilónico y podrido, que se prepara


o está a punto de caer. Y los criterios para la caída son el ateísmo, el amoralismo,
la arrogancia de la vida dentro de los lujos, la abundancia de bienes materiales y
el derroche, cuando al mismo tiempo otros pueblos mueren hambre; esto
muestra la crueldad abismal de los hombres. Y no se hunde sólo este mundo
apóstata y demoníaco, sino a la vez se convierte también en residencia de los
demonios, donde por supuesto que es ausente la jaris (gracia, energía increada)
de Dios y la bendición.

En este mundo que se está derrumbando, se oye otra vez la voz del Cielo: “Salid
de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis
parte de sus plagas” (18,4). Se trata de la relación de los fieles con los infieles. El
Dios pide un éxodo (salida) de su pueblo, a veces trópica (manera o forma de
vivir) y a veces local, territorial.

Noé y Tobit son ejemplos de salida trópica; no se marcharon de sus tierras. La


huida de los cristianos de la asesina de Cristo Jerusalén, es una salida local. La
salida o éxodos de los ésjatos-postreros tiempos será trópica (manera o forma
de vivir) y también territorial o local, según y cómo el Espíritu Santo dictará
entonces a la Iglesia.

Capítulo 19

Después de la destrucción de Babilón intelectiva o virtual, se oyó en el cielo una


gran voz de gran multitud, que psalmodiaba: “¡Aleluya! Salvación, honra, gloria
y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos;
pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su
fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (19,1-3).

Y nos encontramos ya en la última praxis y el desenlace final de todo el drama


de la lucha de Cristo contra las potencias anti-divinas. Es digno de máxima
atención desde el aspecto interpretativo, porque a partir de ahora el Profeta
Juan lo que nos va a describir no está sujeto en secuencia cronológica, sino en la
Primera y Segunda Presencia de Cristo, pasado, presente y futuro, futuro
inmediato y el más remoto, ultimísimo, todo se encuentra en una y la misma
imagen. Si buscamos la secuencia cronológica peligramos en aceptar las
posiciones milenaristas, las cuales nuestra Iglesia las ha condenado, aunque
sean de una forma muy espiritual. Como ejemplo, el de la batalla de Armagedón
por la que hablaremos otra vez más abajo, sin significar que se hará dos veces,
sino que repetimos su descripción, sin que sean buscados datos cronológicos.

Teniendo en cuenta todos estos datos avancemos, pues, en la interpretación del


texto sagrado.

Después de las tres septenarias de plagas o heridas y las sucesivas imágenes del
Apocalipsis, el santo Evangelista ve el cielo abierto, no para que sean
apocaliptadas-reveladas los misterios del futuro, sino para que aparezca y se
manifieste el Juez Cristo, el Juez de toda la Creación, visible e invisible.
Sale del cielo el caballo blanco y el sentado sobre este tenía el nombre: «ὁ Λόγορ
ηοῦ Θεοῦ el Logos de Dios» (19, 11-13). Es el Juez Cristo que está acompañado
de potencias celestes angelicales.

A continuación san Juan ve “a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos,


reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”
(19,19). Se trata, por segunda vez, sobre la última gran y terrible guerra de
Armagedón que se ha referido al capítulo 16, como también por tercera vez se
hará referencia en el capítulo 20.

¿Cómo debemos entender esta batalla que estarán todas las naciones y será
capitaneada por el Anticristo y el Pseudoprofeta, contra al jinete Cristo-Juez?
Quizás esto será como nos lo describe proféticamente Ezequiel. Refiriéndose a
Gog (y el Apocalipsis inmediatamente un poquito más abajo (20,8) nos habla, y
se trata del mismo tema) escribe:

“Esto dice el Señor Dios a Gog… en aquel tiempo, cuando venga Gog contra la
tierra de Israel, (es decir, contra la Iglesia y los santos), dice el Señor Dios,
subirá mi ira y mi enojo. Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira:
Que en aquel tiempo habrá gran temblor…; que los peces del mar, las aves del
cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y
todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi
presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro
caerá a tierra. Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice el Señor
Dios; la espada de cada cual será contra su hermano y yo litigaré contra él con
pestilencia y con sangre, y yo le condenaré a la muerte; y haré llover sobre él,
sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia,
y piedras de granizo, fuego y azufre” (38, 17-22). Aquí se cree que se trata de una
guerra y destrucción mundial, a causa de la apostasía y la actitud enemiga
contra la Iglesia.

Sobre la matanza entre hermanos que señala Ezequiel, podría realizarse entre
Potencias antiteas (contrarias a Dios), como entre el ateo comunismo de oriente
y el ateo materialismo de occidente y el ateo Sionismo de los judíos. Además un
choque de este tipo hoy en día es muy posible y se espera.

Observamos que el jefe de estos ejércitos será el Anticristo y el Pseudoprofeta,


los cuales son detenidos y arrojados vivos al lago del fuego, el eterno Infierno,
donde finalmente el Anticristo y el Pseudoprofeta desaparecen del escenario de
la historia.

Capítulo 20
Siempre sin haber cronológica sucesión histórica en los acontecimientos, pero
las cosas descritas en una y la misma imagen, el santo Evangelista, ve un Ángel
que ata con cadena gorda al Dragón, al Diablo y le arroja al abismo por mil años.

El atado del Satanás que hizo el Cristo con Su primera Presencia, manifiesta que
permanece desactivado con su fuerza y poder mutilados, con el bloqueo de su
atrevimiento y audacia, y naturalmente sólo para los que en conciencia son
Cristianos bautizados.

Los mil años es un número redondo que manifiesta el tiempo entre las dos
Presencias de Cristo en el mundo, o el tiempo del Evangelio, y no son mil años
después de la presencia del Anticristo como enseñan los milenaristas antiguos y
nuevos (testigos de Jehová).

Después de largo período del Evangelio, y un poco antes de la Segunda


Presencia de Cristo, cuando los Cristianos habrán comenzado a secularizarse o
mundanizarse, entonces será desatado el Satanás por poco, y entonces vendrá la
gran apostasía, durante la cual actuará el Anticristo y el Pseudoprofeta, e
inmediatamente después el Juicio y el final de la historia.

Todo esto se resume en el logos del ángel: “La bestia que has visto, era, y no es; y
está para subir del abismo y va a perdición…” (17,8).

“Era” significa el tiempo antes de Cristo que actuaba el Diablo con la idolatría.
“No es o no existe”, es el tiempo del Evangelio, el tiempo de las dos Presencias
de Cristo o el tiempo de mil años. “Está para subir del abismo”, -no se trata de
que suba del abismo-, es el desatado del Diablo y es el tiempo del Anticristo, es
decir, los tres años. “Y va a la perdición”, significa que el Diablo finalmente va a
la perdición, ya al eterno y definitivo Infierno.

Después de todas estas cosas, que marcan el final de la historia, san Juan ve al
cielo “un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual
huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos” (20,11).

El trono de Cristo-Juez es evidente ya ante todas las creaciones lógicas visibles e


invisibles, y se encuentra entre el cielo y la tierra. Es esto que escribe el apóstol
Pablo: “Que el mismo Señor… bajará del cielo” (1Tes 4,16-17), o esto que
describe el Señor: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los
santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas
delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el
pastor las ovejas de los cabritos” (Mt 25,31-32).

A continuación, con simples líneas pero muy fuertes, san Juan describe la
resurrección de los muertos, pequeños y grandes, tanto en edad como en
axiomas, y que han muerto de cualquier manera, natural o violentamente,
dando cuentas ante el Cristo-Juez, a base de los libros abiertos de sus praxis o
actos, que están en la memoria de Dios.

Mientras estas cosas estarán ocurriendo, en tiempo casi cero, el cielo y la tierra,
es decir, el universo creado entero, estarán pasando de la corrupción a la
incorrupción y de su forma antigua en forma nueva.

Capítulos 21-22

Y a continuación escribe el evangelista Juan: “Vi un cielo nuevo y una tierra


nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía
más” (21,1). ¡El final del mundo creado es en realidad maravilloso! Nada
desaparecerá de su esencia. Todo habrá cambiado de su forma, todo habrá
pasado de la corrupción a la incorrupción, todo habrá recibido la doxa (gloria,
luz increada) de Dios, y todo se convertirá en un “lugar, espacio” de la Nueva
Jerusalén, de la Realeza increada de Dios.

Y san Irineo escribe: «No desaparece la hipóstasis (base substancial), la


configuración y la esencia o substancia de la materia –porque aquel que la ha
creado es verdadero y cierto- pero la forma de este mundo-cosmos pasa, se va,
es decir, dentro en este mundo, dentro de estas formas, planos, se hizo la
infracción de los primeros en ser creados, y el hombre se envejeció dentro en
estos. Por eso, la forma, el plano de mundo presente se ha hecho
provisionalmente, porque el Dios preconocía que los primeros en ser creados
pecarían y sería introducida la muerte (física). Pero cuando pase esta forma,
puesto que el hombre se hará nuevo –con su resurrección- de modo el hombre
que ya no pueda envejecerse, corromperse y morir, entonces habrá nuevo cielo y
nueva tierra. En la nueva creación el hombre estará permaneciendo siempre
nuevo, intercomunicándose y relacionándose con el Dios» (San Irineo: Adversus
haereses, V 29, 1-10, Cerf, Paris 1969).

A continuación san Juan ve bajar del cielo dentro en el nuevo mundo creado la
ciudad Jerusalén, no la histórica y vieja, sino la nueva, la glorificada ya por la
Realeza increada de Dios. Está iconizada como ciudad, porque entre los
hombres y los ángeles habitará el Santo Dios Trinitario.

Y se escuchó una gran voz del cielo que decía: “He aquí la tienda de cabaña de
Dios con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios
mismo estará con ellos como su Dios” (21,3). En esta ciudad nueva, es decir, en
la Realeza increada de Dios, no habrá ya lágrimas, luto, llanto, dolor y muerte,
porque el primer plano, el estado caído del hombre, definitivamente habrá
pasado.
Y el sentado sobre el trono Jesús Cristo, dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las
cosas” (21,5).

Parte de la Realeza increada de Dios tendrán los vencedores del mundo y de los
pazos. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los
fornicarios y hechiceros, magos, los idólatras y los mentirosos y todos que han
vivido una vida falsa y vanidosa, tendrán su parte en el lago que arde con fuego
y azufre, es decir, el Infierno eterno, la muerte segunda que es la peor, con la
separación eterna de las existencias de Dios.

Pero junto con la característica de la Iglesia como nueva Jerusalén, se ha dado


también la calificación de que la Iglesia es la novia de Cristo.

Y ahora el Escritor sagrado ve a un Ángel que le dice: “Ven y te mostraré la novia,


la mujer del Cordero”. Y le conduce extáticamente (en extensión espiritual) en
una montaña muy alta, y allí le muestra la Iglesia, como santa ciudad Jerusalén,
que tenía la doxa (gloria, luz increada) de Dios.

Iluminador de ella era el mismo Cristo con Su brillantísima doxa increada.


Tenía muro grande y alto, muestra de la eterna seguridad de ella de el mal.
Tenía doce pilares, que son los doce Apóstoles y la enseñanza apostólica del
Evangelio por los cuales nos introducimos en la Realeza increada de Dios. Los
pilares los vigilan doce ángeles, imagen de la divina protección. En cada pilar
también un nombre escrito de las doce tribus del Nuevo Israel, de cada nación,
pueblo y raza de todos los tiempos.

La ciudad es cuadrada, que en cada lado hay tres pilares. Las cuatro triadas de
pilares son la imagen de la disposición de las cuatro tríadas de razas del
campamento en el desierto del antiguo Israel, con centro el Arca del Testamento,
símbolo de residencia de Dios entre Su pueblo. Los cuatro lados son símbolos de
los cuatro Evangelios que atrincheran la nueva ciudad-Iglesia, y determinan su
contenido. La disposición en cuarteto de los pilares, expresa aún la señal de la
Cruz.

Los cuatro lados de la ciudad ven hacia los cuatro puntos cardinales, hacia los
cuales dirigen la misión sagrada, tanto con el kerigma de la Cruz, o sea del
Misterio de la Encarnación, como también del Misterio de la Santa Trinidad que
es representada por los pilares en tres.

El kerigma como kerigma de la Ortodoxia es uniforme, porque también cada


una de sus cuatro partes tiene sus tres pilares, que es el dogma de la Santa
Trinidad.
En la disposición cuarteta de la Ciudad se encuentran los cuatro atributos de la
Iglesia como Una, Santa, Católica y Apostólica.

Los cimientos del muro son doce. Que es la enseñanza cimentada en la


enseñanza de los doce Apóstoles. La medida de la ciudad es de plano cuadrado,
que muestra la perfección absoluta de la Realeza increada de Dios. El interior
del muro está constituido de doce piedras preciosas, y la ciudad de oro puro,
muestra de la limpieza y del lujo de sus habitantes.

Templo no había en ella, porque el mismo Señor es el Templo de ella. Necesidad


de luz del sol no hay, porque la Divina doxa (gloria, luz increada) ilumina. Allí
nada sucio se puede introducir. Allí fluye sus aguas cristalinas el río de la vida
que emana del trono de Dios y del Cordero, que recuerda el antiguo Paraíso que
han perdido los primeros en ser creados. Este río místico, es el Espíritu Santo
que procede del Padre y se envía por el Hijo. Este río es también la vida eterna y
el santo Bautismo que renace al hombre.

En el medio de la plaza y a uno y otro lado del río, está el árbol de la vida, que
produce frutos eternos, que es el Cristo. El antiguo tipo histórico fue el árbol de
la vida en medio del antiguo Paraíso, mientras que al siglo presente es el
Misterio de la Divina Efjaristía. Los frutos del árbol es la teognosía
(conocimiento increado de Dios) con toda su bienaventuranza y felicidad
paradisíaca.

Allí está también el trono de Dios y del Cordero, donde los fieles “contemplarán
el rostro de él” (22,4), que es la eterna contemplación del rostro de Dios. Los
habitantes de la ciudad llevan en sus frentes el nombre de Dios, que significa la
eterna propiedad de Dios sobre los hombres, es decir, llevan la eterna doxa
(gloria, luz increada) y el brillo sobre sus rostros, la eterna zéosis, deificación o
glorificación y bienaventuranza, felicidad.

Ahora vamos al epílogo del libro del Apocalipsis, donde se asegura


repetidamente por Jesús Cristo que viene pronto y lleva el salario Consigo para
recompensar a cada uno según sea y según ha trabajado en su vida. Se asegura
aún que lo que se ha escrito en este Libro es válido, digno de confianza y
verdadero. “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar
a cada uno según sea su obra” (Apo 22,12).

También se confirma que lo que se ha escrito en este libro es digno de creer y


veraz.

Un mandamiento importante se da a Juan: “No selles los logos de la profecía de


este libro, porque el tiempo está cerca” (22,10). Esto significa que debemos
estudiar este libro con gran atención, y con esperanza esjatológica, porque el
tiempo final de las cosas que se han escrito está cerca.

Y termina todo el Libro del Apocalipsis con el eterno Diálogo de Cristo y la


Iglesia que es reforzada por el Espíritu Santo:

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último… Yo Jesús


he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las Iglesias. Yo soy
la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu
y la Novia dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que
quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Yo testifico a todo aquel que oye
las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios
traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de
las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y
de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. El que da
testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén (de verdad) sí,
ven, Señor Jesús.

La jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo sea con todos
vosotros. Amén.

Ἡ σάπιρ ηοῦ Κςπίος Ἰηζοῦ Χπιζηοῦ μεηά πάνηυν ηῶν ἁγίυν· Ἀμήν». Ἄνοιξη
1984.

+Yérontas Athanasios Mitilineos. Primavera de 1984.