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NOVEDADES:

LIBRO : VAMPIROS EMOCIONALES


AUTOR : ALBERT BERNSTEIN

Comentario publicado en La Tercera, Domingo 16/11/08

Personalidades poco asertivas


Los reconocibles vampiros emocionales

Si un amigo la agota cuando le cuenta una película, si su compañero de trabajo se


queja todo el día, si vive con alguien que necesita decirle absolutamente todo lo
que hizo... está rodeada de personas que consumen su energía, como quien toma
tres litros de jugo un día de calor. Acá, una guía para reconocerlos. A ellos o al
propio vampiro interior.

Andan por ahí sueltos, buscando a quienes hincarles sus dientes. Usted al
principio no se da cuenta de sus reales intenciones, pero luego de un tiempo ya
empieza a evitarlos, a no contestarles el teléfono, a correrse de las invitaciones.

Puede que ni ellos mismos se den cuenta de lo que hacen, pero hay algo en ellos
que hacen que usted termine agotada después de estar a su lado, con ganas de
correr lejos, a refugiarse de esta bomba expansiva que son.

Son los llamados "vampiros emocionales, esos que, sin que uno se dé
cuenta,¡paf!, atacan con sus historias, sus miedos o sus teatros. Son especialistas
en manipular sentimientos, dice el autor del best-seller de autoayuda
norteamericano Vampiros Emocionales, Albert Bernstein. Gracias a este sicólogo,
el término se ha hecho conocido en Estados Unidos hace un par de años y se usa
para catalogar a los que van por la vida demandando tiempo y, sobre todo,
energía de los otros.

Elaboramos nuestra propia lista. ¿Reconoce a alguno?

Los vampiros del teléfono

Caen bien, son buenas personas y todo lo que se quiera, pero cuando suena el
teléfono, se piensa dos veces si contestarles o no. Porque se cuelgan para hablar
de la vida en cualquiera llamada, como si no existieran reuniones, deadlines u
otras cosas que hacer más que hablar con ellos. Se da un tipo de conversación
colegial con éstos: "¿Supiste que la Juanita se puso el mismo vestido que la
Pepita en el matrimonio?", o "¿y qué más me cuentas?", como si, además, hubiera
que entretenerlos. Los vampiros del teléfono también existen en formato
Messenger (apenas alguien se conecta, empieza a tintinear la ventana naranja
con su nombre) y versión Facebook (llenan de requests, regalos y mensajitos).
Lindos ellos, amorosos. Y pueden ser muy entretenidos. Da como lata cortarles,
pero ¿tiene que ser justo ahora?

Los vampiros tirabuzones

Tienen esa extraña habilidad de sacar confesiones a tirabuzones. Logran que


cualquiera les termine contando todo lo que no quería revelar. Empiezan con
preguntas sutiles y una cara de complicidad imposible de resistir, hasta que de
repente uno no se da cuenta de cómo está hablando de la pelea con el marido, de
lo que le dijo su compañero de trabajo, de lo que realmente opinó de lo que se dijo
en la comida, del bronceado artificial de tal persona... O sea, todo lo que jamás
está estipulado compartir con alguien. Lo curioso es que algunos se sienten bien
hablándolo, es como un desahogo. Pero a los dos minutos de terminada la
conversación, quien se ha abierto se empieza a pegar cabezazos contra las
paredes, pensando en cómo pudo haber verbalizado todo eso.

Mientras la víctima comienza a cruzar los dedos para que esa persona no abra la
boca, este vampiro saborea toda la sangre jugosa que acaba de extraer.

Los vampiros de pensamiento hablado

Al revés del anterior, son todas esas personas que resuelven sus problemas
hablando con un interlocutor. Repasan una y otra vez la escena que los
atormenta, ensayan soluciones, errores... La conversación es más bien un
monólogo que les sirve para elaborar sus conflictos y quien está al frente de ellos,
sólo un pushing ball. Así, mientras hablan, las víctimas prefieren pensar que tienen
que sacar ropa de la lavadora, que podrían tirar un pollo a la parrilla más tarde o,
derechamente, que es mejor subir el volumen del televisor para no perderse la
teleserie. A este vampiro le da lo mismo que no lo escuchen. Más bien, no se da
cuenta. Se queda contento si le responden automáticamente "claro, claro... ajá...
exacto... toda la razón". Pasados los 20 minutos, este chupasangre puede
preguntar "¿qué opinas?". No hay que asustarse. Es sólo una reafirmación de lo
que acaba de decir. Puede volver a decirle: "Que tienes toda la razón".

Los vampiros eficientes

Van al ritmo de la electricidad. Si alguien menciona lo que ellos necesitan, ya


tienen la solución. "Estaba pensando que podríamos mandar ese plumón a la
tintorería", puede comentar alguien (la pareja, por ejemplo) y el vampiro eficiente
siempre tiene la misma respuesta, rauda, directa: "Ya lo hice". Le sacan un partido
inexplicable a su día. Lo malo sucede cuando se trabaja, vive o es amigo de uno
de ellos, porque no hay tiempo ni para ir al baño sin que estén preguntando: "¿Y?
¿Lo hiciste? ¿Lo tienes? ¿Lo imprimiste, lo compraste? ¿Mandaste el mail???
¡Pero cómo no has mandado el mail! Sálvese quien pueda.

Los vampiros quejumbrosos

Los clásicos alegones de la vida. Todo es un motivo de queja: "Qué lata levantarse
hoy", "te mueres la cantidad de pega", "no he dormido nada con estos cabros
chicos", "qué hambre esta dieta", etc., etc., etc. Van desde quejas diarias hasta las
existenciales: "Por qué no puedo encontrar al amor de mi vida", o "qué miserable
soy yo y qué feliz es el resto". La verdad es que pretender calmarlos es una
ilusión. Responderles que son maravillosos, que no se preocupen, que ya va a
pasar o que a todos les sucede lo mismo es pisar el palito. Porque es lo que ellos
esperan: una excusa más para que se sigan quejando. Es su profesión.
Los vampiros detallistas

Nunca aprendieron lo que era capacidad de síntesis en el colegio. Por eso, mejor
ni pensar en responder de manera negativa cuando preguntan si alguien vio una
película. De lo contrario, hay que estar preparado para verla en colores, con
efectos especiales y todo tipo de detalles.

Aman contar historias con todos los entretelones. Ni hablar de sus viajes y los
videos que registró. Aprietan pausa cada dos segundos para explicar la historia
del monumento que está detrás del árbol de la esquina.

Los vampiros histéricos

Les fascina ser el centro de mesa. Interrumpen conversaciones porque no


soportan que alguien más tenga la atención del resto. Imposible que no metan la
cuchara cuando alguien cuenta una anécdota. Ellos siempre necesitan agregar lo
que a ellos les pasó, aunque no tenga nada que ver con el cuento. Les encanta
opinar de todo, aunque no tengan idea de lo que hablan: de la lámpara que cuelga
en el lugar donde llegan, de la relación de los amigos de sus amigos. Si no van a
su cumpleaños, no les basta con excusarse por mail, sino que llaman siete veces
para decir que lo van a compensar con una invitación a comer (cosa que nunca
sucede). También les encanta exigir y preguntarle al resto por qué no los han
llamado o no los han ido a ver y suelen acusar de "desaparecidos" -adjetivo que,
de paso, está absolutamente demodé- a todos los que no les dan su atención.

Los vampiros aleccionadores

Son desquiciadamente perfectos. Tienen una vida de sueño, todo ordenado,


ningún problema aparente. Su vida suele transcurrir como una tasa de leche, al
más puro estilo de los Flanders, los vecinos de los Simpson. Como si eso fuera
poco, se encargan de hacer ver lo mal que está el otro siempre. Siempre tienen un
consejo a mano, uno que nadie les pidió: desde el colegio donde los demás
debieran meter a sus hijos hasta la dermatóloga que debieran ver, la cantidad de
horas que deberían hacer gimnasia o tomar agua. El vampiro aleccionador
siempre aconseja que hay que ser feliz en la vida.

Los vampiros frescos

Derechamente patudos, no tienen ningún problema en pedir todo lo que al ser


común y corriente lo enrolla. Reconocen sin chistar que la comida de la casa
donde están invitados no les gustó del todo y lo dicen abanicándose y echados
para atrás. "¿No tienes fruta? Es que no como helados", lanzan.

Mejor ni contarles que va a viajar. "Ayy, ¿te puedo encargar un iPhone?... Te lo


pago a la vuelta", dicen, como si nada. Pero pedirles algo a ellos... ¡Ni pensarlo!
Los pobres están demasiado colapsados como para concentrarse en traer algo de
afuera o pararse a buscar otra cosa.
Hábiles ellos, se encargan de hacer sentir culpable a todo aquel que les pida algo.
"Noooo, cómo le voy a decir esto, si no puede más con todo", piensa uno, pese a
que por ellos ha habido otro encargado de regarles las plantas mientras están de
vacaciones.

Los vampiros apocalípticos

Corre a salvar el mundo porque, según él, se acaba mañana. El calentamiento


global nos tiene liquidados; las enfermedades se apoderan de los seres humanos;
la inflación acabará con la civilización.

Son los que viven angustiados y logran transmitírselo a quien esté a su lado. Sus
temas de conversación son las noticias terribles: la enfermedad de Fulano, el
cuento de la tía de la hermana de la amiga que se infartó -"...y fíjate que era súper
sana", dicen-, la historia del niñito que raptaron en el mall o el caso de la tipa que
cayó con el cuento de las "promotoras". Compra todo orgánico, porque los
pesticidas pueden matar. Le temen al celular, a los jugos, a las bebidas... En
realidad, a todo. Todo da cáncer.