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Bitácora Marxista-Leninista

Las perlas antileninistas del


economista burgués Manuel Sutherland:
Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo

16 de julio de 2018

Equipo de Bitácora (M-L)


EDITORES

Equipo de Redacción:
Equipo de Bitácora Marxista-Leninista

Equipo de Revisión:
Jacques Mornard, Kmel Lin, Lev Wasilev, Josep E.

Redactor principal del capítulo III:


Lev Wasilev

Editado el 16 de julio de 2018

La presente edición, sin ánimo de lucro, no tiene más que un objetivo,


promover la comprensión de los fundamentos elementales del
marxismo-leninismo como fuente de las más avanzadas teorías de
emancipación proletaria:

«Henos aquí, construyendo los pilares de lo que ha de venir».


Contenido

Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Sutherland ------------ 1

Preámbulo ------------------------------------------------------------------------------ 1

Negación de la teoría leninista del imperialismo como etapa superior del


capitalismo ----------------------------------------------------------------------------- 4

Negación del proceso de monopolización en la etapa imperialista del


capitalismo ----------------------------------------------------------------------------- 8

El primer precedente revisionista sobre las concepciones de Shuterland: un


breve repaso histórico a las teorías enfrentadas al axioma científico de la
acumulación de capital -------------------------------------------------------------- 14

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de imperialismo pone


por delante lo político-militar a lo económico ------------------------------------ 19

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital -------- 24

Negación de la peligrosidad de la inversión extranjera imperialista para la


soberanía político-económica de un país ----------------------------------------- 28

La santificación de las relaciones del imperialismo ruso con Venezuela ----- 33

China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos» --------- 42

La política socialimperialista de los gobernantes chinos no es casual, es un


reflejo de su política opresiva y explotadora en el interior --------------------- 58

Sutherland y sus fantasías sobre una economía planificada, centralizada e


industrializada en la China de Mao ----------------------------------------------- 65

¿El maoísmo toma como eje de la economía la industria pesada o la


agricultura? ------------------------------------------------------------------------ 66

¿El maoísmo adopta y desarrolla una economía centralizada o


descentralizada?------------------------------------------------------------------- 69

¿Propugnaba el maoísmo una economía planificada y centralizada en el


sentido marxista-leninista o no? ------------------------------------------------- 71

¿Qué papel ha ocupado la «ley del valor» en la economía china? ------------ 71

¿En qué momento las políticas económicas de Mao Zedong fueron


revisionistas? ---------------------------------------------------------------------- 73

Negación de Brasil como imperialismo y potencia regional -------------------- 76

Apuntes sobre las distorsiones que se albergan a la hora de abordar el tema de


las «colonias» y «neocolonias» en la actualidad -------------------------------- 82
1) El colonialismo ----------------------------------------------------------------- 83

a) Guadalupe -------------------------------------------------------------------- 93

b) Nueva Caledonia------------------------------------------------------------- 97

2) El neocolonialismo ----------------------------------------------------------- 100

a) Chad -------------------------------------------------------------------------- 104

b) Los viejos y nuevos regímenes capitalistas-revisionistas -------------- 108

b) Cuba-------------------------------------------------------------------------- 112

c) Corea del Norte ------------------------------------------------------------- 118

d) Los revisionistas han sido los más fieles propagandistas de las teorías
del neocolonialismo ----------------------------------------------------------- 121

Shuterland: otro ejemplo del rol que cumplen los «ideólogos» intelectuales
burgueses en las organizaciones revisionistas ---------------------------------- 130

No hay, ni puede haber, un «marxismo heterodoxo» salvo para los


«heterodoxos» que no son otra cosa que «revisionistas eclécticos» --------- 134

Unas aclaraciones sobre la crisis política en Venezuela ----------------------- 139

Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana -- 145


Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel
Sutherland

Preámbulo

Manuel Sutherland es un «celebérrimo» economista del mundo revisionista.


Sus influencias son variadas dentro del revisionista «socialismo del siglo XXI»;
por un lado ha militado en las filas del Partido Comunista de Venezuela (PCV)
del que aún arrastra numerosos conceptos, pero también ha curtido su
pensamiento económico en las universidades por lo cual lejos de alejarse de la
economía burguesa ha obtenido como resultado notable influencia de ella. De
hecho esto es la norma, muchísimos intelectuales procedentes de la burguesía y
pequeña burguesía –y lamentablemente en ocasiones de extracción proletaria–
horrorizados por los males del capitalismo, con la intención de entender el
funcionamiento de la sociedad capitalista y superarla conectan por propia
iniciativa o por consejo de terceros con círculos y autores etiquetados de
marxistas –que no lo son–, o estrechan lazos simplemente con «pensadores»
entendidos de «izquierda» –donde se abarca un sinfín de corrientes–, por lo
que acaban influenciados por todo un enjambre de autores antimarxistas que se
hacen pasar por ideólogos, politólogos, pensadores, analistas, economistas y
filósofos «marxistas». Famosos son los jóvenes de inclinaciones «marxistas»
que al salir de la universidad acaban más confundidos que al entrar. Esto ocurre
debido a la endeble formación ideológica previa y a la debilidad en la
personalidad que hace que estos sujetos sean altamente manejables. Por otro
lado citar que las universidades aunque grandes fuentes de saber, están
sistematizadas para albergar un conocimiento entendido desde la óptica
burguesa y sus intereses: por tanto los «conocimientos marxistas» y muy
seguramente los «docentes marxistas» –salvo honrosas excepciones– que allí
allá no servirán nunca a la «causa», sino más bien la entorpecerán a través de la
distorsión y la calumnia, «lecciones» de las cuales los alumnos aprenden para
formarse su visión sobre qué es el marxismo.

Manuel Sutherland es pues un claro ejemplo de intelectual al servicio del


revisionismo más atroz; se define a sí mismo como marxista «heterodoxo», que
en esencia supone predicar las influencias y conciliación con todo tipo de
corrientes antimarxistas sin llegar a comprende la gravedad de tal
planteamiento.

Es ideólogos del llamado Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO),


organización desde la cual se construyen y promueven todo tipo de teorías
antimarxistas provenientes del influjo de distintas figuras históricas del
revisionismo, por lo visto parece que este organismo está en horas bajas pues ha
dejado de publicar sus estudios, pero Sutherland no ha cesado en sus labores de
analista y propagandista revisionista.

Así mismo Sutherland ha estado al servicio tanto del Partido Comunista de


Venezuela (PCV) como del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV)

1
desempeñando una labor de adoctrinamiento en las filas de estos partidos por
medio de entrevistas, conferencias, discursos, difusión de sus obras, etc. Vale
decir que otras organizaciones revisionistas, es el caso del Partido Comunista de
España (PCE), usan sus artículos como presuntos ejemplos de economía política
«socialista»; incluso el gobierno chino le concede entrevistas sabedor de que en
sus planteamientos está a favor de un presunto capitalismo «controlado» que
resulta en que es la misma línea de las tesis económicas del revisionismo chino.
Estamos sin duda ante un economista de notable influencia entre los círculos
del revisionismo moderno contemporáneo.

En el discurrir del documento veremos que Sutherland sustenta toda la defensa


de sus tesis en nociones económicas capitalistas, burguesas por tanto,
acompañadas por lo que parece ser un profundo desconocimiento marxista de
economía política, de historia, e incluso de temas ligados a la actualidad
geopolítica; demostrando una vez más que el revisionismo está ligado al
desconocimiento –voluntario o no–, o directamente a la manipulación de la
historia, para que esta cuadre con la argumentación planteada, métodos que
defienden con suma virulencia aunque lo nieguen. En el caso que nos ocupa,
Sutherland emplea una argumentación similar a la de los antiguos sofistas
griegos, se vale una suerte de falsa argumentación para justificar sus infundios
sin escatimar en el diversionismo que le permite centrarse en aspectos
secundarios eludiendo por cuanto la cuestión principal de cada tema, incluso
para estas cuestiones secundarias parte de falsas premisas en las que se apoya
para intentar dar solidez a sus posteriores conclusiones.

Sus características son por tanto la mitificación subjetiva de la historia;


escepticismo o directa negación de las leyes científicas actuales aunque no
contraponga una nueva teoría científica que sustituya a la antigua; negación de
la lucha de clases en el plano internacional y su análisis; negación de las
contradicciones fundamentales de nuestra época; negación de la ley del
desarrollo desigual del capitalismo; negación de la dependencia provocada por
el imperialismo para mantener sus área de influencia; conciliación en la lucha
de clases al defender un modelo de economía mixta.

Así pues hay una variedad de cuestiones a analizar relacionadas con este
personaje: desde la validez o no de la teoría del imperialismo de Lenin; el
proceso de monopolización que sufre el capitalismo; la importancia de saber
diferenciar entre los métodos coloniales y neocoloniales del imperialismo; el rol
de las inversiones extranjeras; el origen y desarrollo del imperialismo ruso, el
socialimperialismo chino, o de imperialismo regionales como el brasileño; la
cuestión de los ideólogos de las organizaciones revisionistas y su rol; la cuestión
de si existen varias corrientes marxistas o no, etc. Todas estas cuestiones a
tratar hacen que este documento aborde temas de absoluta vigencia, temas que
sirven para comprender los fenómenos que el desarrollo de la dialéctica nos
pone frente a nuestras narices, y que por lo demás son útiles para desmontar las
teorías oportunistas de todos los revisionistas que mantienen las mismas
posiciones, o similares, que esgrime Manuel Sutherland.

Vale expresar que no elegimos este tema porque tengamos una inquina
particular a Shuterland, sino porque reúne varios de los tópicos oportunistas

2
que nos sirven para ver la podredumbre de este tipo de gurús dentro de los
círculos revisionistas. La publicación del presente documento corresponde a
acabar de una vez con la perorata de aquellos que hablan constantemente de
imperialismo incluso considerándose marxistas, pero no entienden nada de su
naturaleza y actuación, reduciéndose el dichoso «imperialismo» a un ente
abstracto y ambiguo del que se conoce poco y se idealiza mucho.

***

Dos cosas:

1) Este documento permitirá al lector aclarar desde la teoría marxista-leninista


ciertos conceptos de economía política: tal es el caso del concepto de
imperialismo o antiimperialismo y sus implicaciones en la geopolítica actual.

2) Así mismo, la crítica en el contenido de este documento está fundamentada


esencialmente en debates sostenidos entre Shuterland y Bitácora (M-L) a raíz de
la popularización de algunas de sus tesis.

3
Negación de la teoría leninista del imperialismo como etapa superior
del capitalismo

«No tengo una contra teoría del imperialismo. (...) Sobre el imperialismo, te
repito, no tengo NADA ESCRITO ni he dado NINGUNA conferencia sobre mi
crítica a la ideología imperialista». (Manuel Sutherland; Comentarios, 25 de
enero de 2017)

Aunque como él mismo afirma no tiene una tesis «alternativa» oficial acabada
que pueda contraponer a la teoría de Lenin sobre el imperialismo que él niega, y
aunque dicha teoría se encuentre en un estado embrionario es menester
igualmente criticarla pues sus nociones incipientes van dando forma a la
negación de un axioma fundamental del leninismo, así como a la negación de
una de las manifestaciones de la lucha de clases a escala internacional:

«El llamado «imperialismo» para mí no es una fase especial distinta y última


del capitalismo. Para mí no existe una etapa monopólica del capitalismo ni
mucho menos pre monopólica». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo
de 2015)

¿Así que no existe una etapa diferente entre el capitalismo de la época de Marx y
el de la época de Lenin? Parece ser que para este señor el capitalismo es un
proceso continuo que no adquiere ninguna particularidad derivada de la etapa
de desarrollo en que se encuentra, y que tampoco hay tendencia a la
concentración de los medios de producción hasta llegar a la etapa imperialista
que se caracteriza por la alta presencia de monopolios; en consecuencia está
negando de por si la evidencia que arroja el desarrollo histórico, la dialéctica de
la historia que opera al interior de las sociedades humanas íntimamente ligada y
dependiente de las relaciones de producción.

Veamos algunas observaciones hechas por Lenin al respecto que Sutherland


parece olvidar u obviar:

«Intentaremos ahora hacer un balance, resumir lo que hemos dicho más


arriba sobre el imperialismo. El imperialismo ha surgido como desarrollo y
continuación directa de las propiedades fundamentales del capitalismo en
general. Pero el capitalismo se ha trocado en imperialismo capitalista
únicamente al llegar a un cierto grado muy alto de su desarrollo, cuando
algunas de las propiedades fundamentales del capitalismo han comenzado a
convertirse en su antítesis, cuando han tomado cuerpo y se han manifestado
en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una
estructura económica y social más elevada. Lo que hay de fundamental en este
proceso, desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre
concurrencia capitalista por los monopolios capitalistas. La libre concurrencia
es la propiedad fundamental del capitalismo y de la producción de mercancías
en general; el monopolio se halla en oposición directa con la libre
concurrencia, pero esta última se ha convertido a nuestros ojos en monopolio,
creando la gran producción, eliminando la pequeña, reemplazando la gran
producción por otra todavía mayor, llevando la concentración de la

4
producción y del capital hasta tal punto, que de su seno ha surgido y surge el
monopolio: carteles, sindicatos, trusts, y, fusionándose con ellos, el capital de
una docena escasa de bancos que manejan miles de millones. Y al mismo
tiempo, los monopolios, que se derivan de la libre concurrencia, no la eliminan,
sino que existen por encima y al lado de ella, engendrando así una serie de
contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos. El
monopolio es el tránsito del capitalismo a un régimen superior. Si fuera
necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería
decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. Una
definición tal comprendería lo principal, pues, por una parte, el capital
financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos monopolistas
fundido con el capital de los grupos monopolistas de industriales y, por otra, el
reparto del mundo es el tránsito de la política colonial, que se expande sin
obstáculos en las regiones todavía no apropiadas por ninguna potencia
capitalista, a la política colonial de dominación monopolista de los territorios
del globo, enteramente repartido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin;
Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Lenin definió así los rasgos generales de la fase imperialista del capitalismo:

«Sin olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en


general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las
relaciones del fenómeno en su desarrollo completo, conviene dar una
definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales
siguientes, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llegada
hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que
desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital
bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este «capital
financiero», de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a
diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia
particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de
capitalistas, las cuales se reparten el mundo; y 5) la terminación del reparto
territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes».
(Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo,
1916)

Lenin demuestra que más allá de lo que crea y diga Manuel Sutherland, si hay
cambios sustanciales constatados por el desarrollo histórico, y que la teoría de
Lenin es totalmente justa dando lectura de los fenómenos ocurridos al interior
del capitalismo hasta alcanzar la etapa imperialista. De hecho, comprender la
teoría del imperialismo de Lenin es menester para que la clase obrera pueda
trazar una línea política acertada. Los revolucionarios no pueden trazar una
línea política correcta sin trazar su estrategia y táctica acorde al carácter y las
contradicciones de la época, los análisis irreales que los revisionistas hacen del
contenido de nuestra época, los hacen generalmente por desconocimiento de los
principios del marxismo-leninismo o adrede por oportunismo y pragmatismo
político. Los revisionistas siempre parten pues, de una revisión del carácter de
nuestra época y sus leyes para poder justificar todas sus desviaciones actuales y
posteriores, he ahí la diferencia entre los revolucionarios y los revisionistas:

5
«Una correcta comprensión de la naturaleza y el contenido de nuestra época y
de sus fuerzas motrices, constituye una condición básica para cada partido
marxista-leninista a la hora de elaborar la correcta línea política ideológica,
así como sus estrategias y tácticas revolucionarias. Es decir, la línea, la
estrategia y la táctica del partido –o de varios partidos– son, o deberían ser al
menos, determinadas a partir de la correcta comprensión de una época
determinada, a partir de su contenido esencial y de las fuerzas motrices que
rigen esa época, mientras que el contenido objetivo de esta época no depende
pues –ni puede depender– de la estrategia o incluso menos todavía, de la
voluntad de uno o varios partidos. En el caso de todos los partidos
revisionistas que forman parte de nuestros días, quieren presentar sus
totalmente equivocadas y antimarxistas estrategias y tácticas bajo la excusa
de que supuestamente están construidas sobre la base de la comprensión del
carácter de nuestra época, mientras están simplemente inventando tales
«teorías» que van en interés de sus demandas inmediatas sobre la base de
unas políticas pragmáticas. Los revisionistas y oportunistas de todos los
tiempos han cometido y continúan cometiendo abusos precisamente en esta
dirección. A guía de su política oportunista y de su charlatanería «científica»
en sus intentos de presentar la realidad social objetiva y sus procesos en una
luz distorsionada, sacan conclusiones equivocadas, y eso les lleva a adoptar de
estas mismas conclusiones irreales sus posturas antirrevolucionarias».
(Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política
revolucionaria del Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la
lucha de clases, 27 de junio de 1977)

Manuel Sutherland siempre afirma que el es «marxista» pero que no comparte


la teoría de Lenin del imperialismo, con ello como hemos visto está negando el
eje central de los aportes del leninismo a la doctrina marxista, y con ello está
negando una parte esencial del marxismo contemporáneo:

«Considero que Lenin no ha añadido ningún «nuevo principio» al marxismo,


ni que haya abolido alguno de los «viejos» principios del marxismo. Lenin fue,
y sigue siendo, el más leal y consistente pupilo de Marx y Engels, y siempre se
basó completamente en los principios del marxismo. Pero Lenin no solamente
llevó a cabo las enseñanzas de Marx y Engels. Él fue, al mismo tiempo, el
continuador de sus enseñanzas. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que él
desarrolló más allá las enseñanzas de Marx y Engels en conformidad con las
nuevas condiciones de desarrollo, con la nueva fase del capitalismo con el
imperialismo. Quiere decir que al llevar más allá las enseñanzas de Marx en
las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin contribuyó con algo nuevo
al tesoro general del marxismo en comparación con lo que fue creado por
Marx y Engels: con lo que pudo ser creado en el periodo preimperialista del
capitalismo. Al mismo tiempo la nueva contribución de Lenin al tesoro del
marxismo está completamente basada en los principios sentados por Marx y
Engels. Es en este sentido que hablamos de leninismo como marxismo de la era
del imperialismo y de las relaciones proletarias». (Iósif Vissariónovich
Dzhugashvili, Stalin; Entrevista con la primera delegación americana de
trabajo, 15 de septiembre de 1927)

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Sencillamente el marxismo sin el leninismo no responde a las demandas que
plantea la época histórica en la que nos encontramos, por lo demás niega la
realidad misma de nuestra época, algo que han intentado y seguirán intentado
por necedad u oportunismo muchos teóricos revisionistas:

«Por más vueltas y tergiversaciones que inventen los renegados del marxismo-
leninismo y del socialismo y los ideólogos de distinta pelaje de la burguesía, los
acontecimientos y el desarrollo objetivo de la situación en el mundo y la misma
situación actual, muestran de manera irrefutable, no sólo la justeza y el valor
histórico de los análisis de Lenin sobre el imperialismo, en 1916, sino también
sus bases científicas y su actualidad». (Elena Ódena; El imperialismo y
nuestra lucha actual, 23 de septiembre de 1982)

De nuevo, el haber estudiado a otros revisionismos nos permite desenmascarar


más fácilmente a otros. Por ejemplo podemos ver las similitudes entre las
tácticas para negar las bases del marxismo-leninismo que usa Sutherland con
las que usaban hace unas décadas los diferentes revisionismos. Si uno lee las
ediciones de «Nuestra Bandera», periódico del Partido Comunista de España
(PCE) durante la época de Carrillo y el eurocomunismo, veremos en la
publicación Nº92 de 1978, bajo el sospechoso título: «Debate sobre el
leninismo» todo un discurso dedicado a discutir si era apropiado considerar el
leninismo como de nuestra época, o si directamente sus tesis eran justas –entre
ellas la teoría del imperialismo–; en resumidas cuenta un debate encaminado a
negar al leninismo. Para contestar tal cuestión a su favor en sus ediciones, es
decir, para revisar los aportes del leninismo al marxismo, única doctrina
científica de la clase obrera, los eurocomunistas utilizaban a todo tipo de figuras
revisionistas para contradecir al leninismo, incluyendo en el pack desde viejas
figuras revisionistas como Luxemburgo, Mao y Trotski, ya refutados entonces
por los revolucionarios en la teoría y defenestrados por la práctica. Pero
también se valían de personajes por entonces muy de moda entre el
revisionismo: es el caso de Gramsci, Bettelheim, Guevara, Mandel o Ho. E
incluso, los revisionistas carrillistas se atrevían a decir que Lenin había revisado
de modo oportunista a Marx como ahora pretende hacernos creer nuestro
Sutherland sin ningún sonrojo.

Finalmente otra curiosidad: en los estatutos del PCE de 1978 se cambió el


término marxista-leninismo por «marxismo-revolucionario». Sutherland se
contenta con lo mismo, reconoce que su Centro de Investigación y Formación
Obrera (CIFO) propaga la línea ideológica del antileninista Partido Comunista
de Venezuela (PCV), abraza a Rosa Luxemburgo y al trotskista Mandel para
finalmente acabar denominándose «marxista heterodoxo». ¿Qué coincidencias
tan interesantes hemos encontrado entre los eurocomunistas y Sutherland
verdad cierto? En líneas generales tal coincidencia es una aproximación al
revisionista «socialismo del siglo XXI» que hace exactamente lo mismo desde el
Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

En cualquier caso, a modo de recordatorio, debemos decir que estamos en una


etapa histórica en la que: a) los monopolios han crecido tan
desproporcionadamente que en la actualidad controlan y condicionan a los
gobiernos a escala planetaria, ya sea mediante organismos económicos

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internacionales o bien mediante la amenaza del empleo de la fuerza, toda una
simbiosis que les permite asegurar sus intereses económicos por encima de
cualquier Estado e incluso de la vida misma; b) es un hecho constatable que la
industria ha sido completamente aprisionada, secuestrada, y desmantelada
dado el caso, por el capital financiero, y que este ha cobrado supremacía
absoluta allá donde opera; c) hoy en día la exportación de capitales es el
instrumento primario de sometimiento de los países periféricos, con ello se
aseguran el «desbalance comercial», el «incremento de la dependencia», «fijar
beneficios draconianos a partir de la deuda» pues sencillamente cada país que
quiera acceder a préstamos deberá de cumplir con ciertos requisitos impuestos
por la metrópolis, entre los cuales el más recurrente es dejar en garantía los
fondos nacionales; d) Se han desarrollado toda una serie de instrumentos
internacionales creados con el fin de garantizar el máximo beneficio de los
monopolios: Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM,)
Organización Mundial del Comercio (OMC), y otros para coordinar tales planes,
respetados como instituciones de referencia del capitalismo mundial y a las
cuales debe los países adoptar su doctrina económica; e) en esta época histórica,
todo los territorios están repartidos entre las potencias capitalistas, y aunque a
veces pueden compartir algunos mercados siempre encontraremos la
supremacía de la potencia que lo domina, precisamente la competencia feroz
hace que se produzcan nuevos repartos por vías pacíficas o violentas como se ve
a diario.

Como vemos pues, la evidencia está a la vista, el capitalismo en su etapa


imperialista caracterizado por Lenin está activo, y de hecho su vigencia echa
abajo los intentos negacionistas de ideólogos revisionista como Sutherland.

Negación del proceso de monopolización en la etapa imperialista del


capitalismo

«Para mí no existe una etapa monopólica del capitalismo ni mucho menos pre
monopólica. (...) No veo nada científico en la teoría del capitalismo
monopolista, en mi criterio». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo
de 2015)

Esto desde luego es un tremendo disparate. Ni siquiera José Antonio Primo de


Rivera, ideólogo del fascismo español de los años 30, negaba el proceso de
monopolización en la sociedad, sabía que negar tal proceso e intentar engañar
con su negacionismo no tendría calado ni siquiera entre las masas trabajadoras
sin conciencia política, ya que era algo visto y comprobado en el día a día por la
clase obrera, los intelectuales y los pequeños propietarios, sabía por tanto, que
hubiera sido perjudicial adoptar como eje la negación del proceso de
monopolización para su organización fascista, fijémonos pues a qué niveles de
patetismo ha llegado el «marxista» y «reputado economista» Sutherland.

El proceso de monopolización no es estrictamente un fenómeno registrado


solamente por Lenin; Marx y Engels ya dejaron constancia que este es un
fenómeno implícito del capitalismo, para ello por supuesto se observó la

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economía burguesa de su época pero también se basaron en lo que exponían y
confesaban las propias obras de los pensadores y economistas burgueses como
Adam Smith o David Ricardo. En su famosa obra «Manuscritos económicos y
filosóficos» de 1843, Marx nos refleja que en el proceso de acumulación del
capitalismo el monopolio es un fenómeno característico del capitalismo que
sucede como parte de su «curso natural»:

«Como ya sabemos que los precios de monopolio son tan altos como sea
posible y que el interés de los capitalistas, incluso desde el punto de vista de la
Economía Política común, se opone abiertamente al de la sociedad, puesto que
el alza en los beneficios del capital obra como el interés compuesto sobre el
precio de las mercancías (Smith, t. I, págs. 199—201), la única protección
frente a los capitalistas es la competencia, la cual, según la Economía Política,
obra tan benéficamente sobre la elevación del salario como sobre el
abaratamiento de las mercancías en favor del público consumidor.

La competencia, sin embargo, sólo es posible mediante la multiplicación de


capitales, y esto en muchas manos. El surgimiento de muchos capitalistas sólo
es posible mediante una acumulación multilateral, pues el capital, en general,
sólo mediante la acumulación surge, y la acumulación multilateral se
transforma necesariamente en acumulación unilateral. La acumulación, que
bajo el dominio de la propiedad privada es concentración del capital en pocas
manos, es una consecuencia necesaria cuando se deja a los capitales seguir su
curso natural, y mediante la competencia no hace sino abrirse libre camino
esta determinación natural del capital». (Karl Marx; Manuscritos económicos
y filosóficos, 1843)

Precisamente Marx explicando a idealistas como Proudhon que no entendían


realmente el origen histórico de la monopolización, expresó:

«El señor Proudhon no habla más que del monopolio moderno engendrado por
la competencia. Pero todos sabemos que la competencia ha sido engendrada
por el monopolio feudal. Así, pues, primitivamente la competencia ha sido lo
contrario del monopolio, y no el monopolio lo contrario de la competencia. Por
tanto, el monopolio moderno no es una simple antítesis, sino que, por el
contrario, es la verdadera síntesis.

Tesis: El monopolio feudal anterior a la competencia.

Antítesis: La competencia.

Síntesis: El monopolio moderno, que es la negación del monopolio feudal por


cuanto presupone el régimen de la competencia, y la negación de la
competencia por cuanto es monopolio». (Karl Marx; Miseria de la filosofía,
1847)

Friedrich Engels comentaría sobre el rápido proceso de monopolización que


este había superado todo lo anunciado:

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«Desde que Marx escribió lo que antecede, se han desarrollado, como es
sabido, nuevas formas de empresas industriales que representan la segunda y
la tercera potencia de las sociedades anónimas. La rapidez diariamente
creciente con que hoy puede aumentarse la producción en todos los campos de
la gran industria choca con la lentitud cada vez mayor de la expansión del
mercado para dar salida a esta producción acrecentada. Lo que aquélla
produce en meses apenas es absorbido por éste en años. Añádase a esto la
política arancelaria con que cada país industrial se protege frente a los demás
y especialmente frente a Inglaterra, estimulando además artificialmente la
capacidad de producción interior. Las consecuencias son: superproducción
general crónica, precios bajos, tendencia de las ganancias a disminuir e
incluso a desaparecer, en una palabra, la tan cacareada libertad de
competencia ha llegado al final de su carrera y se ve obligada a proclamar por
sí misma su manifiesta y escandalosa bancarrota. La proclama a través del
hecho de que no hay ningún país en que los grandes industriales de una
determinada rama no se asocien para formar un consorcio cuya finalidad es
regular la producción. Un comité se encarga de señalar la cantidad que cada
establecimiento ha de producir y de distribuir en última instancia los encargos
recibidos. En algunos casos han llegado a formarse incluso consorcios
internacionales, por ejemplo, entre la producción siderúrgica de Inglaterra y
de Alemania. Pero tampoco esta forma de socialización de la producción ha
sido suficiente. El antagonismo de intereses entre las distintas empresas
rompía con harta frecuencia los diques del consorcio y volvía a imponerse la
competencia. Para evitar esto se recurrió, en aquellas ramas en que el nivel de
producción lo consentía, a concentrar toda la producción de una rama
industrial en una gran sociedad anónima con una dirección única. Esto se ha
hecho ya en los Estados Unidos en más de una ocasión: en Europa, el ejemplo
más importante de esto, hasta ahora, es el United Alkali Trust, que ha puesto
toda la producción británica de sosa en manos de una sola empresa. (...) Así,
pues, en esta rama, base de toda la industria química, la competencia ha sido
sustituida en Inglaterra por el monopolio, preparándose así del modo más
halagüeño la futura expropiación por la sociedad en su conjunto, por la
nación». (Friedrich Engels; Anotaciones al III Tomo de El Capital de Karl
Marx, 1894)

Queda claro que lo que hace Lenin es recoger las lecciones de los análisis de
Marx y Engels y aplicarlo a nuestra época en que el proceso de monopolización
se ha agudizado como se predijo especialmente a raíz de la crisis de 1873.

¿Cómo explica Lenin ese proceso de monopolización en sus más famosas obras?
Igual que Marx y Engels en su momento, ni más ni menos que respaldando sus
documentos con las cifras hechas públicas por los propios economistas
burgueses:

«En Alemania, por ejemplo, de cada mil empresas industriales, en 1882, tres
eran empresas grandes, es decir, que contaban con más de 50 obreros; en
1895, seis, y en 1907, nueve. De cada cien obreros les correspondían,
respectivamente, 22, 30 y 37. Pero la concentración de la producción es mucho
más intensa que la de los obreros, pues el trabajo en las grandes empresas es
mucho más productivo, como lo indican los datos relativos a las máquinas de

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vapor y a los motores eléctricos. Si tomamos lo que en Alemania se llama
industria en el sentido amplio de esta palabra, es decir, incluyendo el
comercio, las vías de comunicación, etc., obtendremos el cuadro siguiente:
grandes empresas, 30.588 sobre un total de 3.265.623, es decir, el 0,9%. En
ellas están empleados 5,7 millones de obreros sobre un total de 14,4 millones,
es decir, el 39,4%; caballos de fuerza de vapor, 6,6 millones sobre 8,8, es decir,
el 75,3%; de fuerza eléctrica 1,2 millones de kilovatios sobre 1,5 millones, o sea
el 77,2%. ¡Menos de una centésima parte de las empresas tienen más de 3/4 de
la cantidad total de la fuerza de vapor y eléctrica! ¡A los 2,97 millones de
pequeñas empresas –hasta 5 obreros asalariados– que constituyen el 91% de
todas las empresas, corresponde únicamente el 7% de la fuerza eléctrica y de
vapor! Las decenas de miles de grandes empresas lo son todo; los millones de
pequeñas empresas no son nada. En 1907, había en Alemania 586
establecimientos que contaban con mil obreros y más. A esos establecimientos
correspondía casi la décima parte –1,38 millones– del número total de obreros
y casi el tercio –32%– del total de la fuerza eléctrica y de vapor. El capital
monetario y los bancos, como veremos, hacen todavía más aplastante este
predominio de un puñado de grandes empresas, y decimos aplastante en el
sentido más literal de la palabra, es decir, que millones de pequeños, medianos
e incluso una parte de los grandes «patronos» se hallan de hecho
completamente sometidos a unos pocos centenares de financieros millonarios.
En otro país avanzado del capitalismo contemporáneo, en los Estados Unidos,
el incremento de la concentración de la producción es todavía más intenso. En
este país, la estadística considera aparte a la industria en la acepción estrecha
de la palabra y agrupa los establecimientos de acuerdo con el valor de la
producción anual. En 1904, había 1.900 grandes empresas –sobre 216.180, es
decir, el 0,9%–, con una producción de 1 millón de dólares y más; en ellas, el
número de obreros era de 1,4 millones –sobre 5,5 millones, es decir el 25,6%–,
y la producción, de 5.600 millones –sobre 14.800 millones, o sea, el 38%–.
Cinco años después, en 1909, las cifras correspondientes eran las siguientes:
3.060 establecimientos –sobre 268.491, es decir, el 1,1%– con dos millones de
obreros –sobre 6,6 millones, es decir el 30,5%– y 9.000 millones de producción
anual –sobre 20.700 millones, o sea el 43,8%–. ¡Casi la mitad de la producción
global de todas las empresas del país en las manos de la centésima parte del
número total de empresas! Y esas tres mil empresas gigantescas abrazan 258
ramas industriales. De aquí se deduce claramente que la concentración, al
llegar a un grado determinado de su desarrollo, por sí misma conduce, puede
decirse, de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de empresas
gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí, y, por otra parte, la
competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio,
nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta
transformación de la competencia en monopolio constituye de por sí uno de los
fenómenos más importantes –por no decir el más importante– de la economía
del capitalismo moderno». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase
superior del capitalismo, 1916)

Avancemos un poco más históricamente, veamos cifras del proceso de


monopolización desde principios del siglo XX hasta mediados de los años 30:

11
«En 1925, las pequeñas empresas –de 1 a 5 personas–, sumaban en Alemania
1.614.069 y las grandes –más de 5.000 personas– 67. Del total de la fuerza
motriz alemana –en HP– 1.368 millones fueron consumidos por la industria
pequeña y 2.738 millones para la grande. En 1937, el promedio de la fuerza
motriz para gran empresa aumentó el 26%. En el mismo periodo
desaparecieron engullidas por los monopolistas, 58.600 pequeñas empresas.
En los EEUU, del 1909 al 1929, las grandes empresas saltaron de 540 a 996 y
el valor de su producción pasó de 43,8% a 69,3%, en relación a la producción
total. Con la crisis de 1929, las pequeñas empresas disminuyeron un 38,4% y
en 8,8% las grandes. Pero, al mismo tiempo el número de empleados de las
grandes empresas aumentó un 11,4%. En Francia –sin contar Alsacia-Lorena–
, de 1906 a 1926, las empresas gigantes –más de 1.000 obreros– ascendían de
207 a 362. El personal de las grandes –de 50 a 1.000 obreros) y de las
empresas gigantes –1.000 y más obreros–, en relación al total francés, pasó
de 38,7% a 58,2%. (...) Veamos algunos ejemplos de concentración bancaria:
En Alemania, de 1912 a 1913, 9 grandes bancos berlineses controlaban el 49%
de los capitales bancarios. En 1931, 4 grandes bancos berlineses controlaban el
63%. En los Estados Unidos, la parte que corresponde a los bancos con un
capital superior a 5.000.000 de dólares aumentó del 32 al 48% en el periodo
1923-1934. En Japón, la parte de los cinco grandes bancos de Gran Bretaña
fue: 1900, tenían el 25%; en 1913, el 40%; en 1924, el 72%. Del 1929 a 1933, el
número de bancos en los Estados Unidos, cayó de 25.000 a 15.000. Los de
Japón, entre 1914 y 1935, disminuyeron de 2.155 a 563». (Joan Comorera; La
nación en una nueva etapa histórica, 1944)

Como se está demostrando, la tendencia a la concentración de la producción y el


capital es un hecho irrefutable e intrínseco al capitalismo:

«Un rasgo característico del capitalismo actual es la concentración cada vez


mayor de la producción y del capital, que ha llevado a la unión de las
pequeñas empresas con las empresas poderosas, o a la absorción de aquellas
por estas. Asimismo esto ha traído como consecuencia el agrupamiento masivo
de la fuerza de trabajo en grandes trusts y consorcios. Además estas empresas
han concentrado en sus manos enormes capacidades productivas, fuentes
energéticas y de materias primas en proporciones incalculables. En la
actualidad, en las grandes empresas capitalistas se explota también la energía
nuclear y la tecnología más reciente, que pertenecen exclusivamente a dichas
empresas. Estos gigantescos organismos tienen un carácter nacional e
internacional. En el interior del país han destruido la mayoría de los pequeños
patronos e industriales, mientras que en el plano internacional se han erigido
en consorcios colosales, que abarcan ramas enteras de la industria, la
agricultura, la construcción, el transporte, etc., de muchos países.
Dondequiera que los consorcios hayan clavado sus garras y que un puñado de
capitalistas multimillonarios haya realizado la concentración de la
producción, se amplía y profundiza la tendencia a eliminar a los pequeños
patronos e industriales. Este camino ha conducido al ulterior fortalecimiento
de los monopolios. (...) Las pequeñas y medianas empresas, que subsisten en
estos países; dependen directamente de los monopolios. Reciben encargos de
estos monopolios y trabajan para ellos, reciben créditos y materias primas,
tecnología; etc. Prácticamente se han convertido en sus apéndices. (...) La

12
potencia económica de los monopolios y la creciente concentración del capital,
hacen que las «pequeñas criaturas», es decir, las empresas no monopolizadas,
típicas del pasado, no sean las únicas víctimas de la lucha competitiva, sino
también las grandes empresas y grupos financieros. Debido a la desenfrenada
sed de los monopolios de obtener elevados beneficios y a la exacerbación al
máximo de la competencia, este proceso, a lo largo de los últimos dos decenios,
ha adquirido proporciones colosales. Actualmente las fusiones y las
absorciones en el mundo capitalista son de 7 a 10 veces mayores que en los
años anteriores a la Segunda Guerra Mundial». (Enver Hoxha; El
imperialismo y la revolución, 1978)

¿No le parecen suficientes estas cifras al economista Manuel Sutherland y sus


seguidores? Quizás no. ¿Sigamos entonces? Veamos datos de mediados del siglo
XX para los que no creen en el proceso de monopolización, esta vez no solo
analizando la producción, sino la mano de obra según los datos proporcionados
por Statistical Yearbook, Monthly Bulletin of Statistics, United Nations y
Fortune.

«Así, por ejemplo, en 1976, en las 500 corporaciones estadounidenses más


grandes, trabajaban casi 17 millones de personas, que representaban más del
20 por ciento de la mano de obra ocupada. A ellas correspondía el 66 por
ciento de las mercancías vendidas. En la época en la que Lenin escribió su
obra: «El imperialismo, fase superior del capitalismo» en 1916, cuando en el
mundo capitalista sólo existían una gran compañía estadounidense, la
«United States Steel Corporation», cuyo capital activo ascendía a más de mil
millones de dólares, mientras que en 1976 el número de sociedades
multimillonarias era alrededor de 350. El trust automovilístico «General
Motors Corporation», este súper monopolio, en 1975 disponía de un capital
global superior a los 22.000 millones de dólares y explotaba a un ejército de
800.000 obreros. A éste le sigue el monopolio «Standard Oil of New Jersey»,
que domina la industria petrolera de los Estados Unidos y de los demás países
y explota a más de 700.000 obreros. En la industria automovilística existen
tres grandes monopolios que venden más del 90 por ciento de la producción de
dicha rama; en las industrias aeronáutica y siderúrgica cuatro compañías
gigantescas dan, respectivamente, el 65 y el 47 por ciento de la producción. Un
proceso similar ha tenido y tiene lugar también en los otros países
imperialistas. En la República Federal Alemana, el 13 por ciento del total de
las empresas han concentrado en sus manos alrededor del 50 por ciento de la
producción y el 40 por ciento de la fuerza laboral del país. En Inglaterra
dominan 50 grandes monopolios. La corporación británica del acero
proporciona más del 90 por ciento de la producción del país. En Francia las
tres cuartas partes de esta producción están concentradas en las manos de dos
sociedades; cuatro monopolios poseen toda la producción de automóviles y
otros cuatro toda la producción de los derivados del petróleo. En el Japón, diez
grandes compañías siderúrgicas producen todo el hierro colado y más de las
tres cuartas partes del acero, mientras que en la metalurgia no ferrosa actúan
ocho compañías. Y lo mismo sucede en las demás ramas y sectores». (Enver
Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

13
Podríamos poner casos actuales de monopolización en cualquier país y en
cualquier rama productiva, pero para no extendernos demasiado nos
contraemos en las fusiones bancarias de los bancos españoles que han venido
sucediendo especialmente desde 2009 aproximadamente:

«El proceso de concentración iniciado por el sistema financiero a primeros de


2010, a raíz del estallido de la crisis de las cajas, ha hecho que el ahorro de los
españoles esté cada vez en menos manos. A 31 de marzo del presente año, seis
grupos (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Popular y Sabadell) copaban el
72,1% del total de los depósitos bancarios, diez puntos más que a finales de
2009. La principal causa de ese aumento ha sido la absorción por las
entidades más grandes de aquellas otras que presentaban serios problemas
como consecuencia del desplome del mercado inmobiliario. Gracias a ello, han
conseguido incrementar su implantación territorial y hacerse con una mayor
porción del negocio de la que disfrutaban antes de que el sector iniciara su
reestructuración». (El Público; Seis bancos controlan ya tres cuartas partes
del ahorro de los españoles, 21 de julio de 2015)

El diario burgués El Confidencial creó un [gráfico] muy ilustrativo sobre la


concentración bancaria española durante 2008-2017, uno que escépticos de la
monopolización como Shuterland deberían ver.

A este punto queda demostrado ante el lector que el proceso de monopolización


es un hecho; en consecuencia hablar de crear un capitalismo sin monopolios no
tiene sentido pues como la historia ha demostrado la libre concurrencia conduce
inevitablemente al monopolio por las leyes económicas del propio capitalismo.

La monopolización es una constante que impone la ley fundamental del


capitalismo como forma última de la economía mercantil que no es otra que la
«ley del máximo beneficio», ley que genera una voluntad depredadora entre sus
elementos, tal ley genera la competencia característica por las cuotas de
mercados que permiten a unos competidores imponerse sobre otros tanto en el
mercado nacional como internacional, tal ley es la que genera la ruina de los
pequeños y medianos burgueses ante los monopolios, la que provoca la
especulación, la que provoca la destrucción de las propias fuerzas productivas
en el capitalismo durante las «crisis de sobreproducción». La monopolización es
parte «natural» del desarrollo del capitalismo; el capitalismo solo puede
desembocar en la monopolización, y cualquier intento de negar o revertir este
proceso dentro del capitalismo es sencillamente una estupidez que hace que
dicho sujeto se posicione en contra de las leyes del desarrollo histórico, de la
dialéctica de la histórica. Parece ser que ésta última es la postura de nuestro
charlatán: Manuel Sutherland.

El primer precedente revisionista sobre las concepciones de


Shuterland: un breve repaso histórico a las teorías enfrentadas al
axioma científico de la acumulación de capital

14
Toda la serie de teorías que hemos venido desbrozando a lo largo del presente
documento sobre Manuel Shuterland no han sido meras invenciones del mismo.
La concepción de negación del proceso de acumulación del capital y de
monopolización –que es el eje central del negacionismo «sutherlandiano» para
con el imperialismo como fase especial del capitalismo–; son «perro viejo» de la
literatura revisionista.

El primero de estos testimonios puede encontrarse, de forma más o menos


clara, en economistas románticos de la etapa del pensamiento pre-marxista,
como por ejemplo Sismondi o Proudhon. Sin embargo, el primer
«socialista» que hizo públicas unas disquisiciones similares fue el padre del
revisionismo: Eduard Bernstein. Hablamos de revisionismo en marxismo,
cuando se revisa un axioma sin argumentación, sin evidencia científica, desde
posiciones subjetivas.

Consideramos oportuno dedicar unas líneas a Proudhon y a Bernstein, para


trazar el origen del revisionismo del que hace gala el «economista» venezolano.

En 1846-1847, Karl Marx publicó una brillante réplica al libro de Proudhon


«Filosofía de la miseria» de 1846. La réplica desmontaba las teorías socialistas
del autor francés, mientras elaboraba por primera vez, de forma sistemática la
concepción del mundo materialista-dialéctica, superando el primer esbozo de la
misma, que apareció en el también polémico libro «La Sagrada Familia» de
1844, coescrito con Engels y dirigido contra el elitismo filosófico de los
idealistas y voluntaristas neohegelianos como Bruno Bauer y consortes.

En la polémica con Proudhon, que Marx mandó imprimir bajo el sagaz título
«Miseria de la filosofía», encontramos un capítulo referido al desarrollo
dialéctico reciente de la economía. En él, encontramos, a su vez, una referencia
a la creencia proudhoniana de la competencia como un proceso acabado,
definitivo, del desarrollo social precedente. Para Proudhon, por lo tanto, la
nueva sociedad no podría sino basarse en la competencia, pues era la forma
acabada «más perfecta» de los modos de distribución de los productos –en este
caso, mercancías–.

Pese a reconocer las inconveniencias atadas a la competencia –«hundir en la


miseria a quien es arrastrado por ella», dicho por el propio Proudhon–, el autor,
que es incapaz de concebir un mundo sin «libre competencia» y librecambio,
llega a alegar:

«No se trata, pues, destruir la competencia, cosa tan imposible como destruir
la libertad; se trata de encontrar para ella el equilibrio». (Proudhon, citado en
Marx, 1847: Sección II, § III)

Sin embargo, el futuro no podía tener este fin reservado para la competencia. El
devenir histórico y el propio desarrollo de la competencia acabaron por
provocar una nueva monopolización, que Marx ya veía antes de la segunda
mitad del siglo XIX: mucho antes del desarrollo del imperialismo en el sentido
leninista de la palabra.

15
El tiempo pasó y Marx culminó su obra científica más importante: «El Capital»
de 1867. Aquí se desarrolló, por vez primera, la teoría definitiva acerca de la
acumulación objetiva del capital en cada vez menos manos, siendo esto un
producto lógico de la propia marcha de la competencia.

«La condición primera de la acumulación es que el capitalista consiga vender


sus mercancías, volviendo a convertir el capital la mayor parte del dinero
obtenido de este modo». (Karl Marx; El Capital, 1867)

En la competencia, esto no está asegurado para todos los capitalistas con cuyas
mercancías se concurre en el mercado. De este modo, unos consiguen acumular
capital y convertir la plusvalía extraída en el proceso de producción en dinero
«contante y sonante», mientras que otros sólo consiguen acumular deudas y
pérdidas –que pagan sus obreros antes que nadie, en caso de no tratarse de
pequeños productores privados de mercancías, ya que del trabajo de esos
obreros es de quienes extrae sus ganancias el capitalista de turno–.

Por esto, y simplificando los argumentos de Marx al resumirlos, los capitalistas


acaban deformándose como clase, dividiéndose en capitalistas aún más ricos –
ocupando la cota de mercado arrancada a quienes no consiguieron vender sus
productos y quebraron–, y por otro lado en nuevos proletarios que se emplearán
o bien en defenestrar el precio de la fuerza de trabajo, hundiéndolo bajo
mínimos debido a la mayor oferta de trabajadores que demanda de los mismos,
o bien en participar en la producción de plusvalía para los capitalistas que se
mantienen como tales.

El tema parece zanjado para siempre. Pero es aquí donde Bernstein entra en
escena en este mismo momento, negando este proceso con el «argumento» de
que, en las bonanzas económicas, los obreros se permiten unos ahorros que les
sirven para poner en marcha pequeñas empresas, de forma que la pequeña
burguesía acabaría siendo la clase más numerosa a ojos del susodicho político
revisionista. Los revisionistas soviéticos anotaban:

«Con el fin de velar la concentración de la producción y el aumento de la


riqueza en manos capitalistas, fenómenos que se dan en el proceso de
acumulación del capital, [Bernstein] enunció la tesis de que, bajo el
capitalismo, el proceso de concentración de la producción se hace más lento en
la industria y no se produce en absoluto en la agricultura». (Borísov, Zhamin y
Makárova; Diccionario de economía política, 1965)

En su polémica con un Kautsky, éste último todavía marxista antes de su giro


hacia el revisionismo, replicaba con brillantez el mencionado «argumento» de
Bernstein, dejando claro lo siguiente:

«Encontramos también una concentración del capital allí donde un capitalista


se apodera, desde un punto de vista económico, de empresas independientes
desde el punto de vista técnico. (...) Algo parecido ocurre con el pequeño
comercio y los «restaurants» de todas clases, cuyos propietarios nominales se
transforman cada vez más en agentes y en asalariados efectivos de algún gran
capitalista. Los dueños de los «restaurants» dependen cada vez más de los

16
grandes fabricantes de cerveza. (...) Además, los fumaderos y los
«restaurants» se convierten cada vez más en propiedad directa de las
cervecerías. Los dueños de estos establecimientos no son más que
arrendatarios instalados por los cerveceros». (Karl Kautsky; La doctrina
socialista, 1909)

Kautsky prosigue:

«El dominio de la pequeña explotación se reduce así cada vez más sin que
disminuya el número absoluto de las pequeñas explotaciones. La progresión de
la gran explotación se manifiesta, por un lado, por un aumento excesivo de las
pequeñas explotaciones». (Karl Kautsky; La doctrina socialista, 1909)

Con esto, hemos visto el origen revisionista de las tesis de Sutherland, que este
ha empleado para negar la existencia de la fase monopolística del capitalismo –
imperialismo– y, con ello, el leninismo.

¿Basta entonces con reconocer el proceso de monopolización para ser marxista-


leninista? En absoluto. De hecho, al afirmarlo, muchos se aprovechan de dicho
reconocimiento –como los fascistas o los revisionistas– para especular con
«salidas» al problema de dicho fenómeno que en la práctica dejan todo igual.

Hemos de hacer un inciso y anotar que los revisionistas que sí reconocen el


proceso de monopolización son más peligrosos, ya que aprovechan tal fenómeno
para proponer a las masas unas reformas y un «programa y visión
antimonopólica» como si dichas reformas fuesen la panacea contra el
capitalismo, o como si directamente muchas de esas recetas se pudieran aplicar
sin romper la dinámica de las leyes capitalistas:

«Los revisionistas canadienses propagan la ilusión de que, sin derrocar a la


burguesía ni instaurar la dictadura del proletariado, sin liquidar las
relaciones capitalistas de producción, es posible la nacionalización de las
ramas clave de la economía en las condiciones de un control democrático, que
permitiría al «gobierno democrático antimonopolista» controlar
efectivamente toda la vida económica, garantizar un desarrollo nacional
equilibrado, redistribuir la renta nacional en interés de la clase obrera y de los
trabajadores por medio de reformas fiscales democráticas, el alza de salarios,
la reducción de la jornada de trabajo, el desarrollo general de los seguros y los
servicios sociales en interés de los trabajadores, etc. (19) El PC de Francia, que
formaba parte de la coalición gubernamental con los socialistas, habla de la
realización, a través de la actividad de la mayoría parlamentaria, de
«reformas de la estructura», como la ampliación y la democratización del
sector social y nacional, la consolidación de las libertades y derechos de los
trabajadores; habla de aplicar nuevos criterios de dirección con la directa
participación de los trabajadores, de utilizar los valores «fuera de la lógica del
beneficio», de que Francia siga una política consecuente, a favor de la
liberación nacional de los pueblos y del progreso económico y social de los
países en vías de desarrollo, etc. Precisamente esta línea ha empezado a ser
aplicada en el país, según afirman los revisionistas franceses (20)». (Agim

17
Popa y Vangjel Mosiu; Acerca de algunos problemas actuales de la lucha del
PTA contra el revisionismo moderno, 1984)

¿En qué puntos podemos resumir los puntos de vistas revisionistas en estas
cuestiones sobre el proceso de monopolización del capitalismo?:

«Primero, la negación de la revolución violenta como ley general para


derrocar el poder de los monopolios capitalistas y acabar con el dominio de la
burguesía, y la prédica de su separación del poder en favor de la clase obrera
y de las fuerzas democráticas en formas y con medios pacíficos. (...) Significa,
de hecho renunciar a toda lucha verdadera por el socialismo, especialmente en
nuestra época, caracterizada por el militarismo y el crecimiento sin
precedentes del aparato represivo militar-policial de la burguesía. (...)
Segundo, la idea de la «democracia antimonopolista», predicada por los
revisionistas en nuestros días, es la idea del abandono de las enseñanzas de
Marx y Lenin sobre la necesidad de destruir el aparato estatal burgués y de
reemplazarlo con el Estado de dictadura del proletariado. Mientras declaran
que la llamada «democracia antimonopolista» significa un cambio radical de
las relaciones del poder, predican la conservación y la utilización de las
instituciones del Estado burgués supuestamente en interés de la clase obrera,
con el supuesto fin de desplazar a los monopolios capitalistas de la dirección
del Estado, etc. (...) Tercero, la idea de que la así llamada democracia
antimonopolista presupone y encarna la conocida tesis de los revisionistas
modernos sobre la «vía democrática, parlamentaria» de tránsito al
socialismo, según la «voluntad de la mayoría», en el marco de la ley burguesa
y de las constituciones burguesas. (...) Asoma la cabeza la tesis oportunista de
que la marcha hacia el socialismo se llevaría a cabo mediante la ampliación
cuantitativa de la democracia burguesa, esto es, pasando por la fase de la
«democracia antimonopolista» como la denominan hoy, y que, por
consiguiente, la revolución y el derrocamiento de la burguesía por medio de
ésta son del todo superfluos. (...) Cuarto, la vía de la «democracia
antimonopolista», predicada por los revisionistas en nuestra época, es la vía
de las reformas en el marco de las relaciones capitalistas, que circunscribe la
lucha de la clase obrera a unas cuantas demandas del momento, rechazando y
postergando para un futuro incierto y lejano el objetivo final –el
derrocamiento de la burguesía, la instauración del socialismo–, y que, en
definitiva, pretende el normal funcionamiento y el perfeccionamiento del
régimen burgués, su salvación de las dificultades de la crisis y de toda acción
revolucionaria». (Agim Popa y Vangjel Mosiu; Acerca de algunos problemas
actuales de la lucha del PTA contra el revisionismo moderno, 1984)

Ellos, los revisionistas, al proponer todo esto están precisamente negando al fin
y al cabo los desarrollos políticos y económicos que trae consigo esta
monopolización.

Pero hay otra consecuencia, y es que de paso, con este tema al presentarlo de tal
forma distorsionada, aprovechan y presentan diversas propuestas políticas que
justifican alianzas sin principios con los jefes de las formaciones oportunistas de
la socialdemocracia, de otras ramas del revisionismo e incluso con agrupaciones
liberales o religiosas:

18
«Les sirve asimismo para justificar sus alianzas carentes de principios con la
socialdemocracia y hasta con los partidos burgueses de derecha,
presentándolos como fuerzas antimonopolistas, antiimperialistas,
democráticas, progresistas e incluso como sostenedoras de la transformación
socialista de la sociedad. El acercamiento y la alianza en primer lugar con la
socialdemocracia es parte constitutiva e inseparable de toda la lógica y la
estrategia de los revisionistas en relación con la vía «pacífica»,
«democrática», parlamentaria y reformista hacia el «socialismo», en
particular atravesando la etapa de la «democracia antimonopolista», que será
lograda, según dicen, con los esfuerzos mancomunados de todas las fuerzas
democráticas y progresistas, con la «voluntad de la mayoría», etc». (Agim
Popa y Vangjel Mosiu; Acerca de algunos problemas actuales de la lucha del
PTA contra el revisionismo moderno, 1984)

Ejemplos de esto lo tenemos hoy en Podemos en España: que utiliza el pretexto


de que la nación es controlada por una «casta» que se enfrenta a todo
el «pueblo» –en cuyo concepto se incluyen a «empresarios patriotas» de diverso
tipo–, dando como solución a la «casta» no es ya nacionalizar sus empresas
como decían en 2014 sino «imponer una mayor tasa de impuestos» para «frenar
sus abusos». El trazar alianzas con grupos no solo oportunistas en la cuestión
antimonopólica –como los tercermundistas añejos– sino con los que han sido y
son los representantes y gestores en el poder del imperialismo –los
monopolios–, intentando Podemos aliarse en materia económica con el PSOE,
que ya no es ni socialdemócrata sino una mezcla de neoliberalismo con pose
socialdemócrata, un partido conocidos por aplicar medidas antipopulares por
doquier en cualquiera de sus anteriores gobiernos fuesen los de González o los
de Zapatero. Véase el artículo de Rafael Martínez: «Keynesianismo en el
programa económico de Podemos» de 2015 o nuestro artículo «Las luchas de
podemos y su pose ante las masas» de 2017.

Todo esto, la tónica común todavía hoy entre los revisionistas que manipulan el
fenómeno de la monopolización para sus fines oportunistas. Que tan común
debe ser pues para el lector ver las propuestas de alianzas, programas y demás
de los partidos revisionistas actuales, que hacen toda una serie de demagogias
sobre el antiimperialismo, la antimonopolización, la lucha contra las guerras,
etc. ¡No parece que hayan pasado más de 30 años desde estas descripciones que
hacían los marxistas albaneses sobre la podredumbre revisionista mundial! Pero
así es tristemente, el marxismo sigue en el mismo marisma, o mejor dicho en el
mismo barrizal teórico gracias a este tipo de presuntos «marxistas» como
Shuterland.

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de


imperialismo pone por delante lo político-militar a lo económico

«En mi criterio, siendo bastante polémico, [Lenin] se aleja de todo el trabajo


marxiano en el Capital e inventa una ideología que pone lo político militar por

19
arriba de lo económico». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de
2015)

Ya vimos que la caracterización que Lenin da al imperialismo como etapa


superior del capitalismo está sedimentada en fenómenos económico-políticos, y
claro que hay un componente militarista por parte del imperialismo pero este
debe de ser entendido como una consecuencia precisamente de la
fenomenología ligada al desarrollo capitalista. Dicho de otro modo, en el
imperialismo encontramos una preponderancia de lo económico-político sobre
lo militar. Pero vayamos más atrás, a los «imperialismos precapitalistas», para
desmontar esta noción por completo: en la historia de la humanidad se han
reconocido dos sociedades en las que la cuestión militar hacía parte del núcleo
de su cohesión social, en la que cada ciudadano era comprendido como un
soldado y de hecho toda la vida social convergía en ello, una de esta era la «Polis
de Esparta» –ciudad Estado–, la otra fue «Hatti» –Imperio Hitita–. En ambos
casos, siempre que se fue a la guerra, siempre que se hizo uso de la maquinaria
militar, fue por motivaciones económico-políticas específicas y reconocibles –no
las abordaremos por no ser objeto de este documento–, a causa de estas
motivaciones es que vemos a los espartanos combatiendo contra los persas
primero y contra los ateniense después, y a los hititas combatiendo contra los
egipcios. Esto demuestra, como ya decíamos, que aún en estas etapas históricas
lo militar estaba subordinado a lo económico-político, y nunca ha sido distinto.
Lenin demostró por ejemplo que la política colonial del capitalismo en su etapa
premonopólica era sensiblemente diferente a la política de su etapa imperialista,
señalaba que igualarlos sin más era negar las transformaciones socio-
económicas, del mismo modo se mofaba de los que asimilaban el imperialismo
británico con el imperio romano porque era lo mismo que no entender nada de
historia ni de economía, pues dos sistemas económicos diferentes no podían
tener la misma expresión económica, política ni cultural:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase


contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada
en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo.
Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en
segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se
convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como
la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política
colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente
diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov,
Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Pero Sutherland va más allá, e igual que los eurocomunistas, mediante una
mentira flagrante contrapone a Marx con Lenin para luego concluir que este
último valiéndose de posiciones idealistas antepone el carácter militar al
económico. Claro es que esto solo lo puede decir un ignorante de campeonato o
un gran falseador consciente. Rebajar la teoría del leninismo a la mera cuestión
militar es un ataque muy pobre, porque cualquiera que se moleste en leer las
obras de Lenin verá que eso es una mentira evidente. Ya vimos anteriormente
como Lenin define al imperialismo bajo cinco rasgos fundamentales: la
concentración de capital, la fusión del capital industrial y bancario dando lugar

20
al capital financiero, el desempeño fundamental de los monopolios en la
economía, la exportación de capital siendo primacía a la exportación de
mercancías, la formación de multinacionales, el reparto territorial del mundo
entre las potencias. ¡¿No es esta una definición que da primacía al aspecto
económico sobre el militar?!

Lenin precisamente estigmatizó a los que en lugar de entender el contenido del


imperialismo y entender la interconexión entre los métodos no pacíficos y
pacíficos que usaba el imperialismo para someter a los pueblos –es decir las
armas militares o las políticas-económicas–, se perdían en debates sobre una
forma u otra y que con sus conclusiones negaban la esencia del mismo:

«Los capitalistas reparten el mundo, no como consecuencia de su particular


perversidad, sino porque el grado de concentración a que se ha llegado les
obliga a seguir este camino para obtener beneficios; y se lo reparten «según el
capital»; «según la fuerza»; otro procedimiento de reparto es imposible en el
sistema de la producción de mercancías y del capitalismo. La fuerza varía a su
vez en consonancia con el desarrollo económico y político; para comprender lo
que está aconteciendo, hay que saber cuáles son los problemas que se
solucionan con el cambio de las fuerzas, pero saber si dichos cambios son
«puramente» económicos o extraeconómicos –por ejemplo, militares–, es una
cuestión secundaria que no puede hacer variar en nada la concepción
fundamental sobre la época actual del capitalismo. Sustituir la cuestión del
contenido de la lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la
cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones –hoy pacífica,
mañana no pacífica, pasado mañana otra vez no pacífica– significa descender
hasta el papel de sofista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase
superior del capitalismo, 1916)

Precisamente dicha teoría leninista del imperialismo diferencia al viejo


colonialismo, que incluye la presencia y estacionamiento de tropas de forma
permanente, del nuevo neocolonialismo, que no siempre precisa de ello y que se
apoya en otros instrumentos, esencialmente la exportación de capitales. Eso no
significa que los imperialismos en sus procesos históricos de neocolonización
donde se incluyen notablemente el papel de la exportación de capitales –como
el sucedido en Europa con el Plan Marshall a partir de 1947– se dejase de
utilizar el factor militar –como la intervención en la guerra civil en Grecia de ese
mismo año– o la formación de bloques militares para ser lanzados contra los
pueblos –como la OTAN creada en 1949 para proteger sus intereses–.

No por casualidad el marxista-leninista francés Vincent Gouysse, que cuenta


entre su bibliografía con un gran números de análisis marxistas sobre el
imperialismo, escribió reiteradamente sobre el conocimiento superficial y
dogmático de los revolucionarios sobre las características del imperialismo, en
especial en su forma neocolonial. Para ello instaba a un estudio profundo y
concienzudo de los cambios producidos en el seno del capitalismo en las últimas
décadas sin maximizar los resultados que nos encontremos, es decir subrayar su
tendencia presente pero sin olvidar la médula central de su esencia:

21
«A día de hoy, la mayoría de los comunistas que se reclaman así mismos
marxista-leninistas, comprenden los fundamentos del imperialismo de manera
dogmática, incompleta y superficial concentrando de manera exclusiva el
fuego de su crítica en el aspecto colonial de la política imperialista –debido a la
herencia del revisionismo y el socialdemocratismo–, en «olvido» de que en la
política del imperialismo predomina desde hace varias décadas el dominio
neocolonial. Esta tendencia principal no impide de ninguna manera –a
imagen de lo que se observa bajo la forma de gobierno democrático-burgués,
que siempre acaba expresando las tendencias reaccionarias del imperialismo–
, que la dominación del imperialismo y la lucha interimperialista para el
reparto de las zonas de influencia lleve a la agresión colonial. Lo que era
verdad durante el periodo de entre guerras donde la política imperialista se
expresaba esencialmente bajo su forma colonial, se volvió incompleto y hasta
profundamente erróneo cuando el imperialismo decidió sustituir esto por la
política de tipo neocolonialista. Los socialdemócratas y los revisionistas
también en un momento dado, denunciaban la agresión militar del
imperialismo –la mayor parte potencias imperialistas competidoras–,
olvidando lo esencial: la política neocolonialista del imperialismo. No hay que
malinterpretar nuestras palabras: que el neocolonialismo es desde hace
décadas y hasta día de hoy, la política preferida del imperialismo no quiere
decir que se abandone la política colonial o que se tienda cada vez más a
abandonarla. Reconocer como dominante la tendencia neocolonial actual del
imperialismo significa simplemente comprender que el imperialismo usa
también paralelamente al colonialismo otros medios para mantener y
extender su dominio en los países dependientes: el neocolonialismo. La
burguesía imperialista a veces opta por la forma de dominación colonial, y
otras veces la forma de dominación neocolonial dependiendo de si las
circunstancias sean más o menos favorables. La exacerbación de las
rivalidades interimperialistas juega un papel esencial. En los pequeños países
dependientes ricos en recursos –que presentan por tanto una perspectiva de
grandes beneficios–, el imperialismo se inclina más y vacila menos para optar
por la política de tipo colonial, mientras que en los países dependientes, más
vastos, más poblados y más pobres generalmente es la política neocolonial la
que da mejores resultados. Pero una vez más no hay una receta general válida
para todos los tiempos: a medida que se endurece la competencia entre los
países imperialistas, que la crisis económica se profundiza y que la demanda
en materias primas aumenta, los países dependientes que ayer formaban
parte de un objetivo estratégico «secundario», de repente pueden convertirse
en objetivos importantes, y en cuestión esencial de las rivalidades
interimperialistas. Evidentemente estas tentativas de transformar una
dominación de tipo colonial muy costosa para el imperialismo y difícilmente
defendible a largo plazo y a amplia escala –visto los medios militares
necesarios para mantener la ocupación– en una dominación de tipo
neocolonialista –para ensamblar a este país en la democracia burguesa
encadenada en la división internacional del trabajo– son muy peligrosas y
aleatorias para el imperialismo, en primer lugar porque dicha potencia
imperialista no puede asegurarse el control exclusivo en el país. Es por eso que
vemos agregarse, hasta en el caso de las agresiones coloniales, elementos de
dominación de tipo neocolonialista. Por lo tanto, el imperialismo
estadounidense que decidió la agresión militar de Irak, ha estado tratando, a

22
través de la introducción de una «democracia» que le sea fiel, de establecer
una dominación neocolonial. El éxito de este juego que pretende mistificar a
los pueblos de los países dependientes –Yugoslavia, Afganistán, e Irak
recientemente–, depende ante todo del grado de sumisión de la burguesía
indígena a la imperialista de las metrópolis imperialistas a las cuales las
cadenas de comercio y de Inversión Directa Extranjera (IDE) la encadenan a
ella, de su capacidad de hacer pasar la dependencia económica por una
perspectiva de «desarrollo» y de «progresos» económicos positivos a medio-
largo plazo». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Es por tanto claro que para los marxista-leninistas la lucha contra el


imperialismo debe ser tanto contra su forma colonial como neocolonial, de otro
modo estaremos siguiendo los pasos de los nuevos y viejos revisionistas, sería
caer en desviaciones como el kautskismo, browderismo, titoismo,
tercermundismo, maoísmo, etc., rasgos ideológicos en los que acaba recurriendo
Sutherland; lo que en definitiva redunda en trabajar a favor del mantenimiento
de las relaciones de producción capitalista:

«¿Qué han hecho objetivamente los revisionistas desde hace medio siglo, y que
todavía hoy siguen haciendo muchos camaradas que se reclaman así mismo
marxista-leninistas, sino exhortar a la lucha contra el colonialismo con el fin
de dar camino a la perspectiva de la sumisión «democrática» y «pacífica» de
los pueblos de los países dependientes a la explotación? Podríamos citar, en la
prensa de los revisionistas de ayer, como en la prensa de muchos de los que
hoy apelan al marxismo-leninismo, una infinidad de ejemplos de esta lucha
truncada contra el «imperialismo», ¡y veríamos que tanto hoy como ayer
presentaban y siguen presentado a cualquier régimen nacionalista-burgués –
siempre que se muestre como un poco nacionalista–, como un país
«antiimperialista» e incluso «socialista»! Pero nos contentaremos con dar
unos pocos ejemplos. «El antiimperialismo» de los marxistas no debe reducir a
la lucha contra la política imperialista de tipo colonialista –presiones y
agresiones militares así como embargos económicos–, sino que también debe
insistir en la política neocolonialista del imperialismo –es decir la integración
en la división internacional del trabajo y la exportación de capitales–, que
marcha a la par con la política colonialista. Como remarcaban Lenin, las
potencias imperialistas recurren a tal o cual forma de dominación según las
circunstancias más o menos favorables, según son potencias imperialistas
antiguas y en decadencia –a ejemplo de los Estados Unidos que se apoya en su
potencial militar– o potencias imperialistas jóvenes y dinámicas –a ejemplo de
China– que debe primero optar por la forma semicolonial con el fin de
conquistar los mercados detentados por los competidores más fuertes. En
efecto, tal «antiimperialismo» se mantiene circunscrito al de los demócratas
burgueses que separan la política imperialista de tipo colonial de la existencia
del comercio y de las inversiones internacionales, estas políticas son pues la
cara de la misma moneda y retoman concepciones kautskistas y reformistas
sobre el imperialismo. Tal «antiimperialismo» refleja una concepción
sentimental de un democratismo pequeño burgués, no se apoya en las
enseñanzas del marxismo-leninismo e ignora las mismas bases de la economía
política marxista-leninista, y en consecuencia acaba haciendo piña con la
causa del imperialismo. Por lo tanto, la limitación de la lucha contra el

23
imperialismo a las luchas contra las anexiones coloniales, significa truncar la
lucha contra el imperialismo, es reducirla a algo deseable para la burguesía
imperialista. ¿No es este «antiimperialismo» pequeño burgués el que
defienden la inmensa mayoría de los que se reclaman comunistas en un frente
que va desde el Partido Comunista Francés (PCF), algunos denominados
marxista-leninistas, pasando por los trotskistas, el Partido del Trabajo de
Bélgica (PTB) y la Liga Antiimperialista (LA)? El tercermundismo a fin de
cuentas, es la voz piadosa de los demócratas burgueses, que como Lenin tenían
razón de subrayar, solo se sublevan contra un único aspecto de la dominación
imperialista –su dominación militar–, mientras se oscurece el otro aspecto
igualmente importante –el dominio económico–, factor primero de toda
verdadera dominación. ¡Continuar enfocando a día de hoy únicamente sobre
la política colonial del imperialismo es una actitud irresponsable en caso de
ignorar esto y criminal para los que se reclaman marxistas, porque es olvidar
la tendencia fundamentalmente neocolonial del imperialismo contemporáneo,
y es esconder a los pueblos, a los trabajadores y comunistas de los países
dependientes, el hecho de que su país porque no sea agredido por el
imperialismo no es por ello «libre» e «independiente» de él!». (Vincent
Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Esto será visto y aclarado más adelante cuando toquemos el tema de las colonias
y neocolonias en la actualidad.

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital

«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero
es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera
Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y
fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una
relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland;
Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel».


Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba


sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos
internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la


exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el
plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido
incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la
exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se
exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo
que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo
invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de
medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un

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plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de
intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que
será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland


–que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores
burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la
etapa imperialista.

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la
exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los
ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la


explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está
en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países


imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del
mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de
mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es
intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación
de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de
materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de
consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las
metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado
de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se
derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países
dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la
burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle
órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los
países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo
esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países
dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía
indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no
deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones
que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de
producción de medios de producción potente y diversificada que originase un
nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados
comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y
antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos


que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en
manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario–

25
que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del
capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo
fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de
inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es
decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía
financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia
del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula
que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las
ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento
económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide
buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el
que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el
«máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación
multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de
ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la
mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se


expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la
reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir
mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital
financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la
explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su
obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo,
que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando
paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma
explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del
imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Valed decir que la
exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía
un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la
exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y
es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra
la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los


designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un
excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusivas en la
agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las
vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor
valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan
necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la
producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las
fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –
industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a
ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica
permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa
mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia
demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias
primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las
mismas por parte de los países no industrializados.

26
Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran
excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía
compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita
aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las
empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en
pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por
otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común
por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y
suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la
«aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía
imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o
enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así
mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a
países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas
empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los
monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra
forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía
financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y
que busca la dominación no solo nacional sino internacional.

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente


ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud
de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias
primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas
más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas,
porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un
puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países
imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países
dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en
cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de
mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde
generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales,
pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente
potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital;
otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la
buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus
competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un
gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de
exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de
ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación
de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias


internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo
beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países
neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la
propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa
esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las
diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de

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explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de
vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se


alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se
desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland
por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente
antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los
imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y
comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones
económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías
políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como
pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo
orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción
leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos
doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos
lleva al siguiente punto.

Negación de la peligrosidad de la inversión extranjera imperialista


para la soberanía político-económica de un país

«Toda inversión en otro país, y sobre todo en recursos naturales, busca la


máxima ganancia, el menor costo, la menor inversión etc. No veo inversiones
capitalistas normales versus imperialista(s), para mis todas son capitalistas,
salvo las excepciones más arriba». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de
marzo de 2015)

a) Primero, Manuel Sutherland, al no entender la evolución del capitalismo, no


entiende que actualmente tras un alto grado de desarrollo del capitalismo y su
consolidación en monopolios, la tendencia no es como en la anterior época del
«capitalismo de libre concurrencia» dominada por la exportación de
mercancías, en la etapa monopólica como ya se ha explicado la exportación de
los países imperialistas está por completo dominada por la exportación de
capitales, lo que además refuerza el carácter parasitario de las burguesías en
estos países, el carácter usurero del que anteriormente hablábamos:

«Lo que caracteriza al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la


libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al
capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de
capital. El capitalismo es la producción de mercancías en el grado más elevado
de su desarrollo, cuando incluso la fuerza de trabajo se convierte en
mercancía. El incremento del cambio tanto en el interior del país como,
particularmente, en el terreno internacional, es el rasgo característico del
capitalismo. El desarrollo desigual, a saltos, de las distintas empresas y ramas
de la industria y de los distintos países es inevitable bajo el capitalismo.
Inglaterra es la primera que se convierte en país capitalista, y hacia mediados
del siglo XIX, al implantar el libre cambio, pretendió ser el «taller de todo el
mundo», el proveedor de artículos manufacturados para todos los países, los

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cuales debían suministrarle, a cambio de ello, materias primas. Pero este
monopolio de Inglaterra se vio quebrantado ya en el último cuarto del siglo
XIX, pues algunos otros países, defendiéndose por medio de aranceles
«proteccionistas», se habían transformado hasta convertirse en Estados
capitalistas independientes. En el umbral del siglo XX asistimos a la formación
de monopolios de otro género: primero, uniones monopolistas de capitalistas
en todos los países de capitalismo desarrollado; segundo, situación
monopolista de unos pocos países ricos, en los cuales la acumulación de capital
había alcanzado proporciones gigantescas. Se produjo un enorme «excedente
de capital» en los países avanzados. Mientras el capitalismo sea capitalismo,
el excedente de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las
masas del país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los
capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la
exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados. En estos países
atrasados el beneficio es de ordinario elevado, pues los capitales son escasos, el
precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos y las
materias primas baratas. La posibilidad de exportación de capitales la
determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya
incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas
las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han
asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc. La
necesidad de la exportación de capitales obedece al hecho de que en algunos
países el capitalismo ha «madurado excesivamente» y al capital –atendiendo
al desarrollo insuficiente de la agricultura y la miseria de las masas– le falta
campo para su colocación «lucrativa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin;
Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Tendencia que precisamente se ha hecho notar enormemente a partir de 1945


tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, confirmando las previsiones de Lenin:

«Las formas jurídicas y políticas bajo las que ese sojuzgamiento se lleva a cabo
han sido, en algunos aspectos, modificadas a raíz del fin de la II Guerra
Mundial, en 1945, con la llamada descolonización, que no ha sido más que una
nueva forma de proceder a un nuevo reparto, entre los Estados Unidos,
Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, etc., de las antiguas colonias
para establecer nuevas bases políticas y jurídicas con el fin de mantener un
sistema de expoliación y explotación neocolonialista, especialmente en los
países y territorios de África, Oriente Medio y Asia. Así por ejemplo, una de las
tesis de Lenin, que conserva una actualidad sorprendente, es la relativa a la
importancia para el sistema capitalista en su fase imperialista de la
exportación de capitales y la expoliación de los países más pobres y
semicoloniales, que se lleva a cabo a través de los llamados préstamos e
inversiones con tasas de interés y condiciones leoninas para los
«beneficiarios» y que la exportación de capitales y no la exportación de
mercancías, según Lenin, había adquirido una importancia preponderante,
que daba un auge extraordinario a la expansión económica exterior de los
países capitalistas. Esas inversiones de capital imperialista, a las que Lenin
hacía referencia, no han cesado de aumentar desde entonces a ritmos
vertiginosos. Así por ejemplo, los Estados Unidos que después de la II Guerra
Mundial se convirtió en la potencia imperialista dominante, pronto llegó a ser

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el mayor inversor de capitales en el exterior, sobrepasando las de todos los
países imperialistas tomadas en su conjunto». (Elena Ódena; El imperialismo
y nuestra lucha actual, 23 de septiembre de 1982)

b) Segundo, precisamente, otro de los hechos que demuestran la evolución del


capitalismo, el paso de la libre concurrencia al monopolio, el paso del
predominio del colonialismo al neocolonialismo, es un hecho histórico tan
significativo como evidente de que cuando el colonialismo aún dominaba con
peso significativo la escena mundial, hubo un país imperialista como Estados
Unidos que practicaba la política más neocolonial que colonial, era la primera
potencia mundial en exportación de capitales, por delante inclusive del
imperialismo británico que entonces tenía en régimen de colonias a buena parte
del globo:

«En el reparto físico de la tierra, Estados Unidos posee una cifra


insignificante. En el reparto económico, ya en el 1930, casi se igualan en poder
inversor con Gran Bretaña. Cumpliendo una vez más la ley leninista del
desarrollo desigual del capitalismo, de la anterior guerra mundial surgieron
los Estados Unidos como potencia monopolista de primer orden. (...) El
conocimiento exacto del reparto físico de la tierra no es suficiente. No nos
revela el secreto del poder monopolista. Italia por ejemplo, poseía extensas
colonias y a la vez era un país dependiente, en gran medida, del capital
monopolista internacional. La característica esencial del capitalismo
monopolista no es la exportación de mercancías, sino de capital, convertirse en
un rentista tacaño –de ahí la ley leninista de la descomposición y parasitismo
progresivo del capital–. Por lo tanto, hay que establecer, con la mayor
exactitud posible, el reparto económico del mundo, el cual no corresponde al
reparto físico. (...) Cuatro países emitieron del 75 al 80% del total de las
emisiones del mundo entero. Comprobamos de nuevo, y con más fuerza aún,
que Estados Unidos, país de participación insignificante en el reparto físico de
la tierra, de participación que igualándose a la de Gran Bretaña en el reparto
económico directo –exportación de capitales– de la tierra no sólo ha pasado a
la Gran Bretaña, sino que ellos solos han emitido más capital que las otras
potencias juntas. El despliegue de Gran Bretaña es fehaciente. El banquero
más grande del mundo capitalista son los Estados Unidos». (Joan Comorera;
La nación en una nueva etapa histórica, 1944)

Si la mayor potencia capitalista eran los Estados Unidos desde finales de la


Primera Guerra Mundial, si los Estados Unidos eran ya líderes en exportación
de capitales sobre Gran Bretaña que poseía mucho más territorio de colonias,
¿No es ésta una evidencia de que la tendencia de los imperialismos era la
dominación neocolonial –dominando sus recursos y mercados por medio de
inversiones y créditos– y no la colonial –dominando sus recursos y mercados
por un grueso militar directo y permanente–?

c) Tercero, si no se entiende el proceso de evolución del capitalismo, no se


puede entender, que como hemos dicho y demostrado anteriormente, que solo
los países capitalistas desarrollados con un alto nivel de monopolización pueden
emprender masivamente la exportación de capitales fundamentado en su
músculo industrial. Además este método de explotación «pacífica» es el que

30
permite tras el fin del reparto de los territorios y los mercados reordenar nuevos
repartos: esta forma de explotación, el neocolonialismo, con la exportación de
capitales masiva, permite a las potencias imperialistas pugnar por nuevos
repartos de los mercados y arrebatárselos a sus competidores en base a
dinámicas de oferta y demanda; vale decir que este proceso no presupone el fin
de las guerras entre los imperialismos como creen algunos, sino todo lo
contrario. De esta pugna por los mercados surgen como consecuencia directa las
riñas interimperialistas que a veces desembocan en guerras directas o indirectas
–por medio de terceros países–, de ahí las intrigas y los chantajes políticos de
las potencias imperialistas a los países neocolonizados para que estos acepten el
dominio económico; el caso de Ucrania es un buen ejemplo situado en la
intersección de los intereses de potencias imperialistas: Unión Europea, Estados
Unidos y Rusia. En el mismo sentido: la fina pluma de Joan Comorera explicó
ese desarrollo del capitalismo monopolista, las relaciones entre los países
imperialistas y sus contradicciones:

«El capitalismo monopolista, sin embargo, no es un todo homogéneo, nunca


podrá serlo. Es un mosaico de potentes núcleos rivales. En las pausas de una
batalla carnicera, llegan a veces, a entendimientos parciales, provisionales,
algunos grupos o grupos en oposición a otros, para el repartimiento de ciertos
mercados o zonas de influencia. Pero no han conseguido, ni conseguirán,
constituir un bloque monolítico mundial. Así cada grupo monopolista no
aspira al entendimiento, sino a la aniquilación del grupo contrario, no quiere
coparticipar en el dominio del mundo, de sus riquezas, sino aplastar a sus
competidores, queriendo devenir como el único explotador, el super-trust
mundial. Corroído por las indisolubles contradicciones internas, el capitalismo
monopolista se divide en imperialismos mortalmente enemigos, en
imperialismos de una total ferocidad que alinean a los pueblos en bandos
contrarios, que envenenan la opinión pública de un pueblo contra el otro, que
agravan la miserias y la pauperización universales, que agobian la vida de los
hombres con armas y ejércitos de agresión, que transforman el Estado en
distribuidor de dividendos y en agente policiaco, que imponen a la humanidad
la crisis económica permanente, que provocan los choques armados con
características diferentes a las proyectadas previamente. La inevitable
división, la guerra permanente, entre los grupos monopolistas no garantizan
la soberanía de las naciones, las cuales se disputan encarnizadamente. Por el
contrario, cuanto más violenta es la lucha entre monopolistas, mayor es la
esclavitud que deviene a las naciones». (Joan Comorera; La nación en una
nueva etapa histórica, 15 de junio de 1944)

d) Cuarto, la división internacional del trabajo, esta teoría viene de los ecos del
economista burgués David Ricardo y su obra Principios de la economía política
de 1819, popularizando aquello del «crecimiento complementario»,
promulgándose la idea de que si cada país se dedicaba a producir en una
actividad en la que tiene ventajas por las razones que sean, nadie se haría la
competencia y todos ganarían, creándose una riqueza internacional, una teoría
tan utópica tomada de Adam Smith como refutada por la propia historia. Esta
teoría económica condena a los países no industrializados a ser países
especializados en producción de materias primas o de la industria ligera para
surtir a los países imperialistas–, algo junto con la exportación de capitalistas,

31
lleva a otro fenómeno muy conocido: el endeudamiento. Esto ya fue explicado
con datos irrefutables por los marxistas-leninistas albaneses:

«Los marxista-leninistas albaneses subrayaban que el neocolonialismo no


podía ser separado del endeudamiento exterior que había aumentado en
proporciones gigantescas en el curso de los años de las décadas de los 70 y 80,
citando como ejemplo la deuda de América Latina que ascendió de 33 a 360
mil millones de dólares durante el periodo de 1973-1984. Subrayaban que este
endeudamiento desequilibraba todo su sistema económico e invadía su
independencia política. (...) Al contrario de los altermundistas y otros pequeño
burgueses para los cuales el endeudamiento no es una fatalidad ineluctable,
sino el resultado de decisiones deliberadas, resultado de políticas
«neoliberales», los marxista-leninistas veían en cambio en la crisis del
endeudamiento el resultado de los mecanismos objetivos de la producción
mercantil internacional». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo,
2007)

Pensar como los altermundistas como hace Manuel Sutherland es ir a


contracorriente de lo que muestra y demuestra la realidad. Las recetas de
Sutherland para países como Venezuela tales como: una mejor selección en los
créditos, un control público del comercio exterior, mayor eficiencia, menor
corrupción de las instituciones públicas, menor especialización de las empresas
privadas, menor fuga ilegítima de capitales, más moratorias para la deuda,
organismos públicos que controlen la importación de divisas fraudulentas, son
recetas económicas de todo un pequeño burgués radicalizado, pero no es un
planteamiento económico marxista pues olvida factores clave. Las causas reales
de las crisis económicas y del endeudamiento de los países ex coloniales, ahora
neocolonizados, y la defenestración del medio ambiente son debido a otras
razones mucho más tangibles y visibles que una mala decisión gubernamental,
los devenires del mercado o el mero azar. Reside en cuestiones mayores:

a) la sumisión a la división internacional del trabajo;

b) la despreocupación del peligro para la soberanía político-económica de las


inversiones y los créditos del extranjero;

c) la permisión de que los monopolios entrarán a estos países, e incluso que se


diera rienda suelta para que reformaran las leyes nacionales acorde a sus
intereses;

d) que los organismos económicos imperialistas como el FMI dictaran el modelo


de sus reformas económicas y regularan su economía a su antojo en detrimento
de los intereses de las masas trabajadoras.

Actualmente muchos países que no participan en el FMI no evitan que su


modelo económico sea el que este organismo impone.

Como en su momento tipificó Enver Hoxha, pese a los deseos y proclamas de


algunos, la lucha antiimperialista no se limita a luchar contra una sola potencia
imperialista, ni es una lucha limitada de cara al exterior, sino que combate a los

32
reaccionarios y la burguesía interna, y a sus colaboradores, siendo el
proletariado la única clase consecuente para levantar esa bandera
antiimperialista:

«Por ello, es absurdo pretender que hace falta luchar únicamente contra los
enemigos imperialistas del exterior, sin combatir ni golpear simultáneamente
a los enemigos internos, aliados y colaboradores del imperialismo, a todos los
factores que obstaculicen esta lucha. Hasta el presente jamás ha existido lucha
de liberación ni se ha desarrollado alguna revolución nacional-democrática y
antiimperialista que no se haya enfrentado a enemigos internos a
reaccionarios y traidores a elementos vendidos y antinacionales. (…) Los
hechos confirman que en la actualidad, también la revolución de liberación
antiimperialista y democrática puede desarrollarse consecuentemente y ser
llevada hasta el fin sólo si es dirigida por el proletariado, con su partido a la
cabeza y en alianza con las amplias masas del campesinado y las otras fuerzas
antiimperialistas y patrióticas. Ya en 1905, en su libro «Dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática», Lenin argumentaba de
manera profunda que en las condiciones del imperialismo la particularidad de
las revoluciones democrático burguesas es que la fuerza más interesada en
llevar adelante estas revoluciones, no es la burguesía que vacila y tiende a
unirse con las fuerzas reaccionarias feudales contra el ímpetu revolucionario
de las masas, sino el proletariado, que considera la revolución democrático-
burguesa como etapa intermediaria para la transición a la revolución
socialista. Lo mismo se debe decir también de los movimientos de liberación
nacional de nuestra época». (Enver Hoxha; La teoría y la práctica de la
revolución, 7 de julio de 1977)

La santificación de las relaciones del imperialismo ruso con


Venezuela

«Veo relaciones mercantiles capitalistas normales y corrientes, salvo que


Venezuela y Rusia se buscan mutuamente para de una forma u otra darse
cierto apoyo diplomático y romper diversas estrategias agresivas de otras
naciones capitalistas que se disputan el mercado mundial». (Manuel
Sutherland; Comentarios, 28 de febrero de 2015)

Manuel Sutherland es de aquellos que definen las relaciones entre los países
imperialistas y los países de su órbita de influencia político-económica como
«relación normal», en base a diversas coyunturas fortuitas, o de contrapeso a
otros países desarrollados «agresivos», pero no ve ni denuncia la relación entre
dichos países ni la peligrosidad de ellas. En especial, es de aquello que saluda
toda unidad entre país imperialista y país dependiente siempre que el país
imperialista no sea los Estados Unidos, de aquellos que ve como normal esta
relación e incluso estima necesario para los países dependientes el taparse bajo
el paraguas de otro imperialismo. Esto desde luego no es un análisis clasista
desde el punto de vista de los intereses del proletariado venezolano, e
internacional, sino todo lo contrario:

33
«Los teóricos burgueses, revisionistas y oportunistas tratan las relaciones
internacionales como un mecánico, heterogéneo conjunto de Estados que
establecen alianzas en base a su desarrollo industrial, a cuestiones geográficas
de vecindad o a intereses momentáneos para establecer alianzas. Este punto
de vista no científico representa la plataforma de la política exterior de los
contrarrevolucionarios y socialimperialistas que desean justificar al
imperialismo y el capitalismo internacional. Para camuflar estos objetivos y
crear condiciones para el trabajo de su política, los imperialistas,
socialimperialistas, los oportunistas y reaccionarios tienen interés en que las
fuerzas revolucionarios, los partidos marxista-leninistas, el proletariado y los
pueblos no evalúen y consideren los acontecimientos y los fenómenos desde un
punto de vista de clase. Sin lugar a dudas, los eventos internacionales, en
cualquier campo, en la esfera de la política, económica, militar o social es muy
compleja, muy intensa y se manifiesta a menudo en formas que son exclusivas
de un país o de una época. Pero para encontrar el camino en el laberinto de un
sinnúmero de eventos, del por qué esta o aquella situación o desarrollo, para
comprender el funcionamiento de una u otra fuerza política, siempre hay que
partir de una concepción materialista de la historia, realizar un análisis
marxista-leninista y tomar una posición de principios estrictamente de clase a
la hora de evaluar. Este criterio de clases es la única base adecuada para la
comprensión y valoración de las relaciones internacionales, que también se
trata de determinar si la táctica, la estrategia y la política en el exterior de un
partido u otro, de tal o cual país, de tal o cual organización, es correcta».
(Radio Tirana; El criterio de clase: La única base para una comprensión
adecuada y una correcta evaluación de las relaciones internacionales, 1978)

En lo referido al imperialismo ruso y Venezuela, Sutherland lo ve como «un país


capitalista no imperialista», y «como un país capitalista pero no violento ni de
carácter expansivo»; a partir de ello «santifica» y califica de «relaciones
mercantiles normales y corrientes» los lazos económicos entre unos y otros.
Demos algunos datos sobre la afable Rusia para refrescar la memoria a Manuel
Sutherland de qué país y de qué tipo de empresas o similares son las que operan
en Venezuela.

¿Cuál es el nivel de monopolización en Rusia?:

«En la lista Forbes de los monopolios más grandes del mundo 28 son rusos,
entre los cuales destacan Gazprom, Lukoil, Rosneft y Sberbank. La economía
rusa está altamente concentrada, en muchos sectores los niveles son más
elevados que en los EE.UU. y Alemania. Por ejemplo, en 2006 la proporción
que los 10 monopolios más grandes de Rusia aportaron al PIB fue del 28,9%,
mientras que en los EE.UU. fue del 14,1%. La mayoría de los sectores de la
economía como la energía, la ingeniería mecánica, el transporte y la
producción de alimentos están monopolizados. En conclusión podemos decir
que en Rusia lidiamos con un capitalismo monopolista, altamente
concentrado, con una fuerte presencia del Estado. La fusión entre el capital
financiero e industrial tuvo lugar con el paso del tiempo. Aunque el Sberbank
es uno de los bancos más grandes del mundo, en la economía rusa también
desempeñan un papel crucial el VTB-Bank, Alfa Bank y el Banco Raffeinse. En
Rusia los grandes monopolios bancarios están estrechamente vinculados o

34
pertenecen a los mismos monopolios industriales. Este es el caso de Gazprom
Bank, Uralsib y el banco Promsvjas». (Mehmet İnce; Sobre el imperialismo
ruso, 2015)

¿Cuál ha sido la tendencia de Rusia en torno a la exportación de capitales? ¿Le


ha servido o no para aumentar su influencia geopolítica?

«A partir del año 2000, la Inversión Extranjera Directa (IED) de los


monopolios rusos creció exponencialmente, llegando a unos $406,2 millardos
en el 2012 –para 2001 fue de apenas $ 44,2 millardos–. (...) El crecimiento
sostenido de la economía nacional y el fortalecimiento relativo de las
principales empresas nacionales ha contribuido al rápido aumento en el
volumen de inversión, convirtiendo a Rusia en uno de los principales
inversionistas internacionales –sin lugar a dudas uno de los primeros entre los
países «emergentes»–. A través de la adquisición de empresas en otros países,
los consorcios rusos acceden a nuevas fuentes de recursos, tecnología y
mercados, aumentando su competitividad internacional. Una expansión que
refuerza la influencia geopolítica de Rusia y refuerza su posición en la
economía global. Según datos de la UNCTAD –Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés–, en la primera
mitad de la década del 2000, la inversión extranjera directa aumentó de 3 a 4
veces en comparación con la década anterior, superando los 10 millardos de
dólares al año, incrementándose 3 veces respecto al periodo anterior al 2011,
donde la participación de capital y las utilidades reinvertidas se elevaron a
más de $ 67,2 millardos. En los últimos 3 años, las empresas rusas han sido
capaces de duplicar el tamaño de sus activos en el extranjero, así como
aumentar el tamaño de sus ingresos más de dos veces y media que sus propios
activos. Las empresas rusas emplean a más de 150.000 trabajadores en el
extranjero, más del doble que en el 2000. Como resultado, la expansión global
acelerada de las principales empresas rusas les ha llevado a asumir las
características intrínsecas de las multinacionales globalizadas». (Mehmet
İnce; Sobre el imperialismo ruso, 2015)

Si a esto le añadimos algunos datos como el gasto militar de Rusia en años


recientes:

«Según el SIPRI en 2015 Rusia aumentó su gasto en defensa un 7,5% y el


presupuesto del Ministerio de Defensa alcanzó los 66.400 millones de dólares.
(...) Si se tiene en cuenta el porcentaje del PIB, Rusia es uno de los países que
más gasta en defensa [comparativa en tasas – Anotación de Bitácora (M-L)].
Supone el 3,5% del PIB en EE UU y en China, el 2,1%, mientras que en Rusia
alcanza el 4,5%. El porcentaje de Rusia se sitúa detrás de Arabia Saudí y los
Emiratos Árabes, con un 10,4% y un 5,1%, respectivamente». (Rusia Beyond
the Headlines; ¿Cuánto gasta Rusia en defensa y armamento?, 13 de abril de
2016)

Rusia ha abierto negociaciones en los últimos tiempos para abrir más bases
militares:

35
«Rusia está negociando la suscripción de acuerdos sobre la instalación de sus
bases militares en Cuba, Venezuela, Nicaragua, entre otros Estados, informó el
ministro de Defensa ruso. De acuerdo con Serguéi Shoigú, el ministro de
Defensa ruso, Rusia está negociando instalar sus bases militares con Cuba,
Venezuela, Nicaragua, Seychelles, Singapur y otros Estados». (Actualidad
Russia Today; Rusia puede abrir bases militares en Venezuela, Nicaragua y
Cuba, 26 de febrero de 2014)

En cuanto al carácter injerencista y militarista del imperialismo ruso veamos


algunas de las operaciones militares y económicas que ya tiene establecidas
desde hace tiempo:

1) El caso Checheno es paradigmático en cuanto a la voluntad imperialista de


Rusia, recordemos que conforme los principios básicos del marxismo-
leninismo, las naciones tienen libre determinación soberana. Ahora bien, su
integración o abandono del Estado en que se encuentran integrados está sujeto
por completo a la voluntad del pueblo siempre que esta esté al servicio de la
causa general del proletariado. No obstante, la Rusia de Yeltsin –mentor de
Putin– abordó la independencia de Chechenia con la «Primera Guerra de
Chechenia» de 1994-1996 basada en el desgaste, esta tenía como sustrato que
esta república caucásica cuenta con importantes yacimientos petrolíferos,
además de su excepcional localización geoestratégica. Vale decir que luego sería
presentada como una guerra encuadrada en el tema religioso, pero lo cierto es
que la radicalización religiosa surgió como efecto de la permisión de los
revisionistas de la última época de la URSS y por culpa de la voluntad
imperialista de Moscú en los 90, es decir de los mismos actores al fin y al cabo.
La «Segunda Guerra de Chechenia» 1999-2009, lanzada por Putin, tenía por
objeto atar los cabos sueltos y «pacificar» de una vez por toda a la república.
Vale decir que las fuerzas chechenas fueron fuertemente apoyadas por los
imperialismos occidentales, lo que de hecho ubica este conflicto en una guerra
de carácter interimperialista. El reciente fundamentalismo religioso instalado
en Chechenia tampoco puede servir de excusa moralmente válida a Rusia, ya
que su gobierno nunca ha buscado promover el ateísmo científico entre la
población, por eso sabe que el problema religioso en Chechenia no puede
resolverlo, porque en la propia Rusia el idealismo religioso de la iglesia ortodoxa
y las alianzas con el clero son unos de los pilares del gobierno, tampoco la
opción de introducir a la fuerza esa religión, la ortodoxa, en Chechenia para
acercar posturas le sirve a Putin por la fuerte oposición que ya hay en Chechenia
a todo deseo de importar algo desde Moscú. El problema seguirá reviviéndose
de forma cíclica.

2) En el caso de Tayikistán tenemos otro caso clásico: aquí la lucha de dos


facciones de la burguesía, atizadas por elementos étnico-religiosos, se sumaron
y dieron lugar a la guerra civil. Rusia entonces apoyó a uno de los bandos con
vistas a instalar a un gobierno títere alineado con su política imperialista que le
permitiera mantener atada a sus intereses a la república ex soviética. País en el
cual hoy en día mantiene una base militar y que además pone las miras en la
integración económica de este en los organismos económicos dominados por el
imperialismo ruso como es el caso de la Unión Económica Euroasiática (UEE):

36
«En primer lugar, en los tres casos, Rusia y sus socios abordaron problemas
económicos y humanitarios, tanto en el marco de la Unión Económica
Euroasiática (UEE), como a nivel bilateral con Tayikistán, que todavía no
forma parte de la UEE pero que aspira a hacerlo. «Además, en todos los casos
se abordaron asuntos de seguridad. En Tayikistán y Kirguistán hay bases
militares rusas que desempeñan un papel fundamental a la hora de mantener
la paz y la seguridad en toda la región centroasiática», afirma Rostisláv
Ischenko». (Sputnik Mundo; Putin: la base rusa en Kirguistán garantiza la
seguridad en Asia Central, 20 de junio de 2017)

3) Mismas tácticas adoptadas con los gobiernos corruptos en Kirguizistán y en


otros países de la zona: apoyar a uno u otro líder burgués cercano a Moscú,
sacrificarlo cuanto haga falta, y mientras tanto pronunciar de él loas de hombre
cabal y antiimperialista. Rusia de momento, conforme sus intereses
imperialistas, debe apoyar al impopular mandatario Almazbek Atambáev para
garantizar la existencia de la base militar rusa:

«Hoy confirmamos el entendimiento de que la presencia de la base militar


rusa en Kirguistán es un factor importante para garantizar la estabilidad y la
seguridad en la región de Asia Central», dijo el líder ruso. Putin, al reunirse
con Atambáev, destacó también que un componente clave de las relaciones
entre Moscú y Biskek es la cooperación militar y técnico-militar. Por su parte,
el presidente de Kirguistán, Almazbek Atambáev, agregó que el apoyo de
Rusia a Kirguistán es de suma importancia y sin él es imposible el futuro de la
república. «No me imagino el futuro de Kirguistán sin Rusia», dijo tras
reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin. Señaló que esa opinión la
comparten los representantes del Gobierno y de todas las facciones
parlamentarias de la república». (Sputnik Mundo; El papel de Asia Central en
la política internacional rusa, 3 de marzo de 2017)

De nuevo Rusia demuestra con estas declaraciones que juega como Estados
Unidos o China a presentarse como «guardianes» de la seguridad de los
pueblos. ¿Cuántas bases militares cree Putin que son suficientes en Asia Central
para garantizar la seguridad de los pueblos o la seguridad en la lucha contra el
terrorismo?

4) Los propios medios rusos ponen énfasis en que Rusia debe sacar partido a los
países asiáticos y africanos más débiles, y reforzar allí sus posiciones sin
arriesgarse a confrontar en zonas como Europa:

«2.1.4 El Gran Oriente Medio y el Norte de África son regiones aún menos
prometedoras económica y políticamente. Rusia no puede evitar ser
arrastrada por las consecuencias de la primavera árabe, que ofrecen sólo
beneficios pasajeros de política exterior. Occidente, que ha sido la principal
fuente de crecimiento y modernización de Rusia, se estancará –a pesar de eso,
seguirá siendo un socio económico y social clave de Rusia–, mientras que la
situación en el sur de Rusia continuará deteriorándose. En estas condiciones,
el Oriente puede y debe ser, tanto estratégica como tácticamente, la dirección
central de la política de Rusia y el principal recurso exterior de su desarrollo
en el futuro próximo. 2.1.5. Rusia debe aplicar una política más activa en Asia,

37
con el fin de impulsar su desarrollo económico y adaptarse al mundo del siglo
XXI, que está tomando forma ante nuestros propios ojos. Los mercados más
prometedores se encuentran en Asia. En términos de seguridad, la falta de
desarrollo de la zona de Trans-Baikal y el Lejano Oriente ruso y la fuga de
población de esas regiones, inevitablemente –y al margen de las intenciones de
actores internacionales– creará una sensación de que la región es vulnerable e
incluso un vacío de seguridad. Esto también fomentará indirectamente la
competencia por sus recursos, debilitando la posición internacional de Rusia y,
potencialmente, su libertad de acción y soberanía real». (Valdai Discussion
Club; De una potencia europea a un poder globalizado, 2012)

5) El conflicto actual de Ucrania viene de lejos por el modelo neocolonial que


Ucrania sufría de Rusia y otros imperialismos, siendo la usura en los precios y la
deuda una soga al cuello del país. El expresidente del país eslavo Yanukóvich,
que constantemente coqueteo con la Unión Europea (UE) acabó pidiendo su
entrada a fin de buscar acuerdos más beneficiosos. Su negativa a última hora y
su acercamiento de nuevo hacia Putin precipitó que toda la oposición tuviera un
pretexto para echarse encima: ya que con ese gesto la crisis industrial
vislumbraba el panorama a seguir con el mismo modelo dependiente e
improductivo enfocado hacia Moscú, eso sumado a la crisis de producción
industrial, que hizo que en 2013 cayera un 1,8% y aumentara el saldo negativo
del comercio exterior, puso el terreno muy fácil a la oposición:

«El entendimiento con Putin resulta fundamental para la ex república


soviética de Ucrania, ya que hace dos semanas Yanukóvich renunció a la firma
de un acuerdo de asociación con la Unión Europea debido a la dependencia
que tiene el país de Rusia. El Gobierno ucraniano anunció que, en lugar de
avanzar hacia Europa, va a esperar un tiempo para regularizar las relaciones
comerciales con Rusia, que se habían deteriorado en los últimos meses debido
al enfado de Moscú, que no ve con buenos ojos que un país de su antigua zona
de influencia entre en la órbita de la UE. La situación económica de Ucrania es
delicada. A día de hoy necesita 17.000 millones de dólares para refinanciar sus
deudas y pagar las facturas del gas ruso. Según un acuerdo entre la ucraniana
Naftogaz y la rusa Gazprom, el gas proporcionado este otoño se podrá pagar
la próxima primavera. Los acuerdos firmados con China ayudarán al país en
el futuro, pero no es probable que se puedan materializar a corto plazo. La
decisión del Gobierno ucraniano de no firmar el acuerdo con la UE fue
contestada inmediatamente por la oposición, que ha sacado a miles de sus
seguidores a la calle. Unas 6.000 personas permanecen de forma permanente
en la plaza central de Kíev, la Maidán. El pasado domingo se reunieron más de
100.000 manifestantes en la mayor protesta contra el poder desde la
revolución naranja de 2004». (La Vanguardia; Yanukóvich visita a Putin para
renegociar un acuerdo de colaboración, 6 de diciembre de 2013)

El resto es historia y bien conocido por todos: el ascenso de los grupos


prooccidentales y filofascistas al poder, y el inicio de una guerra con las regiones
separatistas prorusas en Donbass. El uso de Rusia de fuerzas militares en
operaciones encubiertas y el referéndum para formalizar la anexión rusa de
Crimea:

38
«Todos los pueblos tienen derecho a decidir, de eso que no cabe ninguna duda,
en ese sentido el referéndum es legal y legítimo. Lo cuestionable es que se
desarrolla para ponerse bajo la órbita de uno de los imperialismos en pugna.
La coyuntura está siendo aprovechada por Rusia para desarrollar su propio
plan de acción, de hecho el referéndum no es para el nacimiento de una
«Nación Crimea» –como ya comentamos–, sino para salir de la
territorialidad soberana de Ucrania y entrar en la de Rusia, lo que a los
ciudadanos de Crimea, o mejor dicho a sus trabajadores no va a suponer el fin
de sus calamidades. Algo que no encuentra diferencia en otros casos de
referéndums donde el territorio en cuestión acaba bajo la órbita de los
imperialismos estadounidense y europeos». (Equipo de Bitácora (M-L);
Crimea se «desgaja» de Ucrania [Recopilación Documental], 17 de marzo de
2014)

6) En Bielorrusia las tensiones económicas referidas a cuestiones petrolíferas y


de gas con Moscú debido de nuevo a sus prácticas de usura en los precios y la
consiguiente creencia de que Bielorrusia debe una sumisión política a Rusia a la
hora de ratificar y apoyar internacionalmente las aventuras de Putin; ha llevado
a un empeoramiento progresivo de las relaciones con su viejo y fiel aliado
Alexandr Lukashenko que se ha acercado a Occidente, aunque parece que la
sangre no llegará al rio:

«Las relaciones entre Moscú y Minsk sufrieron un serio deterioro desde que
Lukashenko decidió no reconocer la anexión de Crimea, se distanció de Putin
en lo relativo al conflicto con Ucrania e inició un proceso de acercamiento a la
UE que ha llevado ya a la supresión de los visados en visitas cortas. El
portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció la semana pasada que «hay
diferencias de matices respecto al proceso de integración eurasiática, y
digamos que desacuerdos económicos en las relaciones bilaterales». El
principal desacuerdo comercial son los precios de los carburantes, que
Bielorrusia rechaza en redondo, de ahí la acumulación de deuda por impago.
Minsk exige a Moscú un trato «preferente», ya que hay contrapartidas como
la cooperación militar y la participación en una unión aduanera común.
Precisamente por eso, Bielorrusia recrimina a su gran vecino el haber
restablecido los controles fronterizos. Moscú a su vez defiende la medida como
respuesta a la decisión de Minsk de no exigir visado a los ciudadanos de 80
países, entre ellos EE.UU. y todos los de la UE. Lukashenko considera que en el
Kremlin hay «miedo» a que Bielorrusia «opte por Occidente». Pero el
Gobierno ruso lo que más deplora es que Bielorrusia sea punto de tránsito de
mercancías procedentes de Europa que están vetadas por las sanciones de
respuesta de Moscú a Occidente. «Todas estas cosas deberían resolverse a un
nivel inferior, sin que nosotros los presidentes tengamos que implicarnos»,
declaró este lunes Lukashenko». (ABC; El ataque de San Petersburgo propicia
la reconciliación de Rusia y Bielorrusia, 3 de abril de 2017)

7) Sobre la actuación rusa en cuestiones como la de Libia y Mali en la ONU


hacemos una pregunta a los apologistas del imperialismo ruso ¿la abstención en
el «Consejo de Seguridad de la ONU» en el caso Libia no han supuesto la
intervención imperialista con la permisión rusa? Este es un caso de dramático y
uno de los más revelador respecto a la credibilidad de Rusia que de hecho

39
desmonta el discurso de los revisionistas como Manuel que quieren vender la
idea de que esta es una garantía para los pueblos que luchan por su
independencia de los imperialismo: resulta, como ya hemos afirmado en otros
documentos, que el régimen militar, religioso y revisionista de la Jamahiriya
famoso por estimular y defender esa presunta «tercera vía» y el «no
alineamiento», fue amigo preferencial de Rusia cuyos lazos se extienden hasta la
época de la URSS socialimperialista. El asunto es que Gadafi fue abandonado
por completo por esa Rusia «amiga» y Libia fue reducida a cenizas y repartida
entre las potencias imperialistas rivales como botín de guerra. Lo cierto es que
con esta maniobra Moscú estaba mandando un mensaje a sus aliados, y no es
otro que: «ya está reconstituida y quiere la sumisión plena y completa de cada
país en su órbita, y ello implica la exclusividad si quieren su apoyo».
Recordemos que como hecho previo la Libia de Gadafi estaba desarrollando
enormes esfuerzos para acercarse, y tranzar alianzas, con los imperialismo
estadounidense y europeos desde el derrumbe del «socialimperialismo
soviético» gestión que le valió un asiendo en la «Comisión de Derechos
Humanos de la ONU»; pero claro, Gadafi no suponía una garantía para ellos,
más cuando este tenía serios enfrentamientos con los sionistas israelíes que con
subterfugios imponen su agenda en Oriente Medio, y a causa de esa
desconfianza prefirieron derrocarlo. El caso Mali es otra muestra, en este caso
Rusia, en el Consejo de Seguridad de la ONU, votó a favor de la intervención
imperialista francesa en el país africano, a sabiendas que tal intervención no
operaba a favor del pueblo de Mali sino de los intereses imperialistas franceses.
Ahora ha pasado a apoyar a Jalifa Haftar, un excoronel del ejército de Gadafi,
que tras rendir su tropa en una batalla contra el Chad, fue encarcelado por
Gadafi, en los años 90 fue liberado por Estados Unidos y buscó exilio allí. Tras
las revueltas contra Gadafi de 2011 volvió para colaborar al frente de las tropas
rebeldes, tras el fin de Gadafi entró a formar parte de la compleja guerra de
distintas milicias antigadafistas que se desató, alcanzando cada vez más
popularidad y contando con la ayuda de Emiratos Árabes Unidos, Rusia y
Egipto. Hoy es promocionado conjuntamente tanto por EE.UU., Unión Europea
e Israel como por la propia Rusia como el más indicado para «restaurar el
orden», lo que indica que es el candidato del imperialismo mundial, y que tanto
el bloque ruso como estadounidense intentan ganárselo:

«En medio del caos reinante en Libia desde 2011, una nueva figura podría
volver a encauzar las aguas de una guerra demasiado larga. El periodista Ole
Damkjaer analizó en el medio Berlingske por qué es tan importante la figura
de Jalifa Haftar. (...) Haftar y sus seguidores cuentan con el apoyo militar y
político de Egipto, de los Emiratos Árabes Unidos y de Rusia, recuerda
Damkjaer, que añade que, sin estos apoyos «Haftar a duras penas podría
haber recuperado el control de Bengasi». Los apoyos del nuevo Gadafi
también vienen de Occidente. La Unión Europea podría ver en la figura del
comandante una solución a la sangría de inmigrantes provenientes de África
que utiliza Libia como lugar de paso para llegar a Europa. (...) La Francia de
Emmanuel Macron también ha empezado a valorar positivamente a Haftar y,
mientras que durante la presidencia de Barack Obama Estados Unidos
mantenía las distancias con el almirante, ahora con Donald Trump parece que
el país norteamericano se está dando cuenta de que las cosas están

40
cambiando, opina Damkjaer». (Spuknit; El nuevo Gadafi: ¿quién es Jalifa
Haftar? 10 de agosto de 2017)

8) Sobre Siria, ya nos pronunciamos:

«El actual conflicto sirio, y la incursión de los dos bloques imperialistas –


Estados Unidos y sus aliados-lacayos como Francia por un lado, y del otro
Rusia e Irán; China de momento solo está dando apoyo nominal–, se origina
en la negativa del gobierno sirio a que por sus suelo discurra el oleoducto
trazado por Qatar-Exxon que partiría de ese país, y que pasaría por Arabia
Saudí, Jordania, Altos del Golán y entraría al Mediterráneo a través de Siria,
entre otras cosas debido al papel central de las «monarquías árabes
fundamentalistas» en el refuerzo de los también fundamentalistas «Hermanos
Musulmanes» en el Norte de África y Oriente Medio. No obstante, la idea de
este oleoducto nace de acuerdos entre Francia y Qatar: el trasfondo del mismo,
considerando que Bulgaria debido a las sanciones de los Estados Unidos y de
la Unión Europea a Rusia rechazó la construcción del oleoducto ruso Burgas-
Alexandrópolis que tomaba como puerta de entrada a Grecia para así superar
los problemas de distribución que plantea el oleoducto actual a su paso por
Ucrania, el objetivo del mismo es arrebatar a Rusia su principal herramienta
a la hora de tratar los temas geopolíticos con los Estados Unidos y la Unión
Europea, pues Rusia en este momento es la principal fuente de hidrocarburos
de esta última; en tanto, el oleoducto se traduce en que EEUU y la Unión
Europea se quedan con las manos libres para redibujar tanto el mapa
geopolítico de Oriente Medio como el de Europa del Este. En otras palabras: es
un proyecto que tiene como meta final el aislamiento de Rusia al tiempo que
afectar su economía. (…) El imperialismo ruso, por el contrario, requiere que
Bashar al-Asad mantenga el poder debido a que este es una garantía para
seguir manteniendo el estatus actual, es decir, en Siria Rusia se juega el poder
de negociación que posee en la actualidad, de perderlo ya no tendría un
elemento económico disuasorio frente a la Unión Europea como lacayo de
EEUU. Y es precisamente por esto que no ha intervenido militarmente en
Ucrania –país que depende completamente de los combustibles fósiles ruso– y
sí en Siria. Vale aclarar que Rusia ganó la «partida de Ucrania» –por
llamarla de alguna manera– al quedarse con la joya ucraniana, Crimea; y lo
hizo por ser esta una de las zonas de producción cerealera más importante del
mundo, no por sus vínculos históricos, ni por la acción militar de las milicias
gubernamentales y fascistas contra la población rusófona de Ucrania que aún
sufre la embestida militar del nuevo gobierno de Kiev». (Bitácora (M-L);
Breves apuntes sobre Siria y la intervención imperialista, 23 de noviembre de
2015)

Como vemos en general, las ilusiones inocentes o el cinismo de Sutherland


respecto al carácter del imperialismo ruso solo son comparables a la que
propagaba Fidel Castro, véase nuestro artículo: «La última broma de Fidel
Castro en el 70 aniversario de la victoria soviética sobre el fascismo» de 2015.

Si queremos hacer otra comparativa sobre sumisión perruna al imperialismo


ruso podemos decir también que la visión de Shuterland sobre Rusia es similar
a las lisonjas que el PCE (r) le dedica al imperialismo ruso como expusimos en

41
nuestro documento: «Estudio histórico sobre los bandazos ideológicos del PCE
(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2018. Por ejemplo: Arenas, el
líder del ahora maoísta-brezhnevista PCE (r) nos viene a decir en su artículo
«¿Sigue Rusia una política de expansión imperialista?» de 2014 que no
podemos identificar a Rusia como un «imperio» que no tiene una política
«agresiva» ni «militarista», que Putin no es un «reaccionario», que su origen es
la «clase obrera» que «no está sujeto a los intereses de la oligarquía» ni «puede
tener arraigadas las ideas y los sentimientos burgueses», que Rusia «es el
eslabón principal a partir del cual podría comenzar de nuevo a desarrollarse con
fuerza el movimiento antiimperialista y revolucionario a nivel mundial». No nos
detendremos de nuevo en refutar estas idioteces. Véase nuestro capítulo: «El
apoyo del PCE (r) al imperialismo ruso» de 2018. Por tanto este es un tema que
hemos desbrozado muchas veces ya, donde los revisionistas de todo pelaje
coinciden defendiendo a un criminal para la clase obrera rusa y los pueblos
como Putin.

En cuanto a Rusia, de lo aquí planteado se desprende sin resquicio de duda que


no estamos ante un país que pueda establecer relaciones económicas
«normales», en «condiciones de iguales», ya que Rusia es una potencia
imperialista dirigida por una burguesía monopolística, parasitaria, agresiva, que
intenta defender sus mercados de la influencia de otros imperialismos así como
arrebatar mercados a esos otros imperialismos con los que se encuentra en
pugna como cualquier burguesía imperialista. El que no entienda este hecho
fundamental del capitalismo en su etapa imperialista, sencillamente no
comprende en absoluto la economía política de nuestra época o bien se debe a
que guarda un gran sentimentalismo y mito sobre Rusia que no le deja ver lo
evidente; en cualquier caso, siendo lo uno o lo otro o los dos a la vez, no deja de
ser un alienado que trabaja a favor de la burguesía y el imperialismo.

China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos»

«Ahora, desde la concepción leninista, China es una potencia imperialista,


acomete el imperialismo contra otros países. La única característica que China
no posee con respecto a la ideología del imperialismo es la agresividad militar-
colonial que Lenin endilgaba a esos países. Por ello, por su no militarización y
lo «amistoso» de los convenios, y la no «injerencia en las políticas internas».
(Manuel Sutherland; Comentarios, 15 de febrero de 2015)

Manuel Sutherland ha reconocido abiertamente que no sabe mucho sobre China


y que por ello no acostumbra a hablar, así en las entrevistas recibidas en la TV
china, sus comentarios solo versaron sobre Venezuela, pero no es debido al
desconocimiento que tiene sobre la política del gigante asiático, sino al miedo de
contrariar al medio chino. Pero en otras ocasiones aun sabiendo que desconoce
la política histórica de China, se atreve a comentar con algunas pinceladas la
naturaleza del régimen chino en círculos más informales, llegando a soltar
comentarios ignorantes y verdaderas barbaridades que solo las habíamos visto a
reconocidos agentes del socialimperialismo chino como es el caso de José
Antonio Egido.

42
La voracidad imperialista de los políticos chinos ha demostrado que solo los
necios o los traidores conscientes pueden afirmar que China no es una
superpotencia socialimperialista. Los planes para convertir a China en lo que es
hoy, puede vislumbrarse en la doctrina del revisionismo chino o Pensamiento
Mao Zedong que expresaban: el chovinismo, la promoción de la burguesía
nacional y el desarrollo del capitalismo como algo «bueno para el pueblo» y la
idea de una alianza política con la potencia imperialista de los Estados Unidos
para acometer la industrialización y modernización de China. Allí
encontraremos respuesta a los interrogantes de como se ha acabado así.
Hagamos un breve resumen del desarrollo del maoísmo sobre todo en lo
concerniente a su aspiración y problemas a formarse como potencia regional y
mundial:

En una primera etapa (1935-1953):

«En política interior se crea la teoría de la «nueva democracia», que bajo el


lema de que «ningún partido o clase social puede hegemonizar la revolución»,
negaba el rol del proletariado y su partido en cualquier etapa de la revolución.
En esta etapa se identifica el campesinado como clase social más
revolucionaria, en detrimento del proletariado, siendo parte fundamental
tanto en el partido como en el ejército. Se tiene una visión económica heredada
de la vieja socialdemocracia de la II Internacional que bajo la teoría de las
«fuerzas productivas» negaba la posibilidad de que China pasase al socialismo
sin una etapa de un prolongado capitalismo, promoviendo pues el desarrollo
del capitalismo durante un largo periodo, se identifica el «capitalismo como
bueno para el pueblo». Se aplican teorías heredadas de la vieja filosofía china
como el taoísmo, el budismo o el confucionismo que llevaban a análisis sobre la
lucha de clases desde un prisma de mediación o conciliación entre clases
explotadas y explotadora. (...) Tras la disolución de la Komintern se agudizan
los sucesivos coqueteos con el imperialismo estadounidenses reflejadas en
declaraciones, entrevistas y obras en que se apoyaba la visión pacifista,
progresista, altruista del imperialismo estadounidense, donde se le plantea
incluso como mediador de conflictos del imperialismo del mundo, y donde se
ve la visión megalómano de China, como otra potencia que debe regir los
destinos del resto de pueblos. Siguiendo los esquemas del browderismo se
teoriza que China debido a su atraso deberá pedir créditos a los Estados
Unidos para su desarrollo. Se crea en 1946 la teoría de la «zonas intermedia»,
que considera que el mundo estaba dividido en tres categorías: los Estados
Unidos, la Unión Soviética y el resto del mundo, esta es por tanto la teoría de
los «tres mundos», y rompe con el esquema marxista-leninista de análisis de
los países y las fuerzas sociales que imperan en ellos. La dirigencia china
debido a presiones como la formación de la Kominform y la lucha contra el
revisionismo, la crítica al Plan Marshall, rectifica oficialmente las tendencias
pro estadounidenses debido a la denuncia internacional del browderismo en
1945 y después del titoismo en 1948 como nuevas variantes del revisionismo.
(...) Finalmente el binomio Mao Zedong-Liu Shao-chi se consolida con el
dominio del poder, en las tesis del partido del VIIº Congreso de 1945 Liu será
tipificado sucesor de Mao Zedong en los estatutos, donde se añadirá que el
pensamiento guía del partido es el «Pensamiento Mao Zedong». Se identifica

43
al partido con el «Pensamiento Mao Zedong» que lo califican de «adaptación
del marxismo-leninismo a las características chinas», esto viene precedido de
varias campañas contra el llamado «cliché extranjero» que según dice adopta
un servilismo hacia las ideas y métodos del extranjero, con ello se pretende
crear una versión asiática o chinificada del marxismo, que exageraba las
particularidades nacionales y negación de los axiomas marxista-leninistas».
(Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el
maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el
movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

En una segunda etapa (1953-1966):

«Se crea la teoría de que la alianza con la burguesía nacional es permanente y


que se la considera como «parte del pueblo» y la relación proletariado
burguesía ocupa contradicción no antagónica, esquema que también se
mantiene intacto en la etapa de construcción del socialismo. Se alude que
debido a las condiciones de China existe la «posibilidad del tránsito pacífico de
la burguesía al socialismo». Se propone para transitar al socialismo la no
expropiación de la burguesía nacional, sino el respeto a su propiedad y su
promoción o su inclusión como rentistas en empresas mixtas, lo que avivara la
nueva y la vieja burguesía nacional. Se apuesta por una teoría que afirma que
«las clases explotadoras persisten como clase en el socialismo» para justificar
el trato a la burguesía, todo ello quedó sancionado en el VIIIº Congreso del
Partido Comunista de China (PCCh) de 1956. (...) La permisión del
multipartidismo y la «coexistencia y supervisión mutua» del resto de partidos
con el partido comunista se alude también a las condiciones especiales de
China. Se producen tras la muerte de Stalin purgas bajo falsos cargos del
marxista-leninista Kao Kang y sus allegados debido a las críticas por los
métodos bujarinistas de trato a la burguesía nacional. Se consolida una
concepción filosófica opuesta a la dialéctica materialista y su desarrollo
progresivo en forma de espiral, se propone un desarrollo en forma cíclica
premarxista. Se produce la campaña de las «cien flores y cien escuelas de
pensamiento» que otorgaban el derecho de expresión política y cultural de la
burguesía y pequeña burguesía bajo la excusa de que como parte del pueblo
deben expresarse y resolver los conflictos sin métodos coercitivos. En lo
económico bajo la teoría de «caminar sobre dos piernas», modelo que
promueve mayor inversiones a la agricultura igualándolas a las de la
industria se rompe con el modelo marxista-leninista, finalmente se expone a la
agricultura como base de la economía, llevándose la mayoría de inversiones,
imposibilitando así la industrialización del país. Se producen unas reformas
salariales que aumentan la diferenciación salarial y de clase. Las reformas
económicas descentralizadoras con la ley del valor como eje central; Se
produce el fracaso y la crisis alimentaria causada por la campaña del Gran
Salto Adelante de Mao, que es obligado a renunciar y ser sustituido por Liu
Shao-chi como líder visible del partido. La idea de que «el campo debe cercar a
la ciudad» se amplía al esquema mundial, de «los países subdesarrollados a
los desarrollados». En esta etapa no existe una celebración regular de plenos
ni congresos, etc. (...) La política exterior se caracteriza por la aceptación de
las reformas políticas y económicas tomadas a toda prisa tras la muerte de
Stalin en marzo de 1953 en la Unión Soviética, que sirven de inspiración. La

44
rehabilitación de Tito y el revisionismo yugoslavo es impulsada por Jruschov
en 1954 y es saludada por China, quién reconoce su adhesión formal a la
denuncia de 1948. Se apoya y participación en la estafa neocolonial del
Movimiento de los Países No Alineados en 1955. Se celebran y adoptan las tesis
y resoluciones del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética
de 1956 para el congreso de ese mismo año. La posición china en la
Conferencia de Moscú de 1957 es a favor del reciente golpe de Jruschov contra
los elementos antijruschovistas. Primeras divergencias con los revisionistas
soviéticos debido a las cuestiones de la bomba atómica, territorios, etc. Se crea
la teoría china de crear el «frente antiimperialista» junto al revisionismo
soviético. China boicotea la denuncia del revisionismo soviético con la
constante postura de «intentar hacer cesar la polémica» contra los
revisionistas soviéticos. El viaje en 1964 de Chou En-lai a Moscú como intento
de reconciliación de los líderes chinos con el revisionismo soviético tras la
caída de Jruschov albergando ilusiones sobre Brézhnev. Albania denuncia en
1964 la cuestión de basar la lucha de China contra el revisionismo soviético en
meras reivindicaciones territoriales y azuzar a otros revisionismos a lo
mismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas
contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en
el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

En una tercera etapa (1966-1970):

«El inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria o simplemente Revolución


Cultural, la cual es dirigida por Mao Zedong, este es el inicio de una lucha de
Mao por recuperar el poder perdido. (...) Se produce una exaltación del culto a
Mao Zedong que culmina con la creación del Libro Rojo de Mao, una
recopilación de citas arregladas por Lin Piao para reforzar la idea un Mao
combativo, multifacético, sabio e incluso poético. Se rechaza toda regla del
centralismo democrático que hace operar con normalidad a un partido, en un
esquema anarquista se anima a las masas a poner en duda a los miembros del
partido y «liberarse solas» de la cultura precedente, ahora abiertamente es el
mesianismo dirigente centrando en Mao quién dirige el partido. (...) Se
produce en condiciones misteriosas la defenestración de Chen Boda y la
muerte de Lin Piao alrededor de 1970 y el inicio de una política abiertamente
pro estadounidense retomando la senda de los años 40. En la política exterior
China se caracteriza por un aislamiento absoluto, apenas recibe delegaciones
de ningún lado. Sus relaciones con otros partidos se basan en el
reconocimiento de cualquier grupo como marxista-leninista siempre que sea
adepto a la Revolución Cultural, de lo contrario no le interesa promocionar a
ese grupo ni financiarlo. La tendencia de hacer concesiones y hablar bien de
los regímenes capitalistas-revisionistas como Rumanía que tuvieran algunas
contradicciones con el socialimperialismo soviético se agudiza con los choques
fronterizos de 1968 y 1969. En la propaganda el culto a Mao y las expresiones
y teorías tercermundistas en las publicaciones oficiales es la tónica común».
(Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el
maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el
movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

En la cuarta etapa (1970-1976):

45
«En medio de esto se da la celebración del Xº Congreso del PCCh de 1973
donde se glorifica la Revolución Cultural, se esconden la gran cantidad de
métodos y actos antimarxistas producidos durante ella y se pasa por alto por
otras políticas antimarxistas que no han cambiado nada, se incita a los
pueblos a llevar una política basada en el tercermundismo donde se incluye a
China, para captar la simpatía de estos países y tenderles un puente para su
próxima política socialimperialista. En lo económico se llega a la oficialización
de las tesis económicas revisionistas del maoísmo recogidas en el Manual de
economía de Shanghái de 1974. Chou En-lai anuncia la política de las «cuatro
modernizaciones», abierta tendencia a convertir a China en una gran
superpotencia socialimperialista apoyándose en los Estados Unidos en sus
créditos, armas, comercio y tecnologías. (...) En la política exterior se rechaza
asistir al VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania (PTA) de 1971
debido a la crítica albanesa de la política exterior china. Ocurre la visita de
Nixon a China en 1972 y el Comunicado sino-estadounidense donde se firma
toda una serie de frases que embellecen y apoyan la política imperialismo
estadounidense. La anunciación oficial de la «teoría de los tres mundos» en
1974 en el Congreso de la ONU, en un discurso pronunciado por Deng
Xiaoping a petición de Mao Zedong. Se dice que existe el «primer mundo» con
Estados Unidos y la Unión Soviética, en el «segundo mundo» con los países
desarrollados aliados de éstos, y el «tercer mundo» con el resto de países
subdesarrollados, finalmente se crea el esquema de un frente común de los
Estados Unidos, el «segundo mundo» y el «tercer mundo» contra la Unión
Soviética. De ahí se deriva la idea de que el «tercer mundo» es la «fuerza
motriz de la humanidad». La teoría de que el imperialismo estadounidense
«está en decadencia y solo desea el status quo» y que «el socialimperialismo
soviético era la superpotencia más agresiva». El reconocimiento e incluso
apoyo a países fascistas pro estadounidenses como el de Franco, Pinochet,
Mobutu, Marcos o el Sha de Persia. El aumento del apoyo económico-militar a
regímenes capitalistas-revisionistas con contradicciones con los soviéticos y
tendencias pro estadounidenses como Tito en Yugoslavia o Ceaușescu en
Rumanía. El aumento del apoyo a partidos revisionistas con divergencias con
los revisionistas soviéticos, como el PCE de Carrillo, o el PCE de Berlinguer. El
apoyo a países y líderes del «segundo mundo» como Francia. El apoyo a los
movimientos pro estadounidenses del «tercer mundo» como el FNLA en
Angola. La defensa abierta de la Comunidad Económica Europea (CCE) y la
OTAN. Se sabotea de las relaciones económicas con Albania debido a la no
aceptación de la política exterior china de los «tres mundos». La negativa
china a ayudar o celebrar reuniones multilaterales con los partidos marxista-
leninistas para debatir las divergencias se agudiza mientras se ayuda cada vez
más abiertamente a los gobiernos reaccionarios y los partidos revisionistas
locales de cada país creando un hondo descontento entre los revolucionarios.
El lanzamiento en 1977 por Hua Kuo-feng del V Tomo de Obras Escogidas de
Mao Zedong, que cubren el periodo de 1949-1957, retocadas pero que
muestran perfectamente el carácter antimarxista del maoísmo. El lanzamiento
en 1977 por Hua Kuo-feng del V Tomo de Obras Escogidas de Mao Zedong, que
cubren el periodo de 1949-1957, retocadas pero que muestran perfectamente el
carácter antimarxista del maoísmo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas
de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del

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revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de
noviembre de 2016)

Este resumen de los sucesos y teorías fundamentales es más que suficiente para
ilustrar la política maoísta de la época de Mao y de la que luego serían sus
sucesores como Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping. No nos extenderemos más,
pues existen documentos al respecto en la colección online de Bitácora (M-L)
que explican la evolución de la economía china en detalle como es el caso de la
obra de Rafael Martínez; «Sobre el manual de economía política de Shanghái»
de 2006.

Pasemos pues a desmontar las afirmaciones de Sutherland sobre China.

¿Cuál es la posición de los monopolios chinos comparado con el resto de


monopolios de otras potencias imperialistas? ¿Más allá de sus propios flujos y
reflujos en la economía en estos últimos años, que ha supuesto para China la
última crisis general del sistema capitalista mundial en comparación con sus
competidores?

«El primer año completo desde el inicio de la crisis económica ha reforzado de


forma evidente el rápido ascenso del imperialismo chino, tanto en términos de
nombre de sociedades como en término de clasificación de estas sociedades. No
menos de 9 monopolios chinos han entrado en el ranking de 2009, lo que
permite que China ocupe el tercer lugar por detrás de Estados Unidos y Japón.
Mientras que en 2008 China solo tenía una empresa en el top 10 en novena
posición, ahora tiene tres monopolios en 2009, donde la mejor ocupa el
séptimo lugar». (Vincent Gouysse; El despertar del dragón, 2012)

Ello muestra que el proceso de monopolización en China es claro. El proceso de


consolidación de sus empresas en el mercado internacional frente al resto de
empresas extranjeras es otro rasgo indiscutible. Las diversas características
propias de la economía china han colocado a China en una posición ventajosa
frente a sus competidores imperialistas, y sin duda ha reavivado una fuerte
lucha interimperialista:

«El imperialismo chino, diversificando su producción, rebasando las filas


mercantes de las altas tecnologías, elimina a sus competidores más poderosos
en un número creciente de dominios. Con la búsqueda de nuevas fuentes de
materias primas, la conquista de nuevos mercados de exportación de sus
bienes y de capital, el imperialismo chino agrava las rivalidades
interimperialistas a escala internacional. Al restringir aún más la proporción
de las viejas potencias imperialistas en la economía mundial, al mantener una
presión extremadamente fuerte sobre el mercado internacional en la venta de
fuerza de trabajo humano y de materias primas, el imperialismo chino incita a
sus competidores imperialistas a acciones cada vez más aventureras y
arriesgadas en los países dependientes». (Vincent Gouysse; Imperialismo y
antiimperialismo, 2007)

Las crisis político-económicas en Grecia, Gran Bretaña, Brasil o las guerras e


intervenciones militares directas e indirectas del imperialismo en Libia, Mali,

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Siria, Ucrania, no son solamente consecuencias de la crisis general del
capitalismo o de la decadencia de algunos de los países imperialistas en
particular, sino también de la presencia de su competidor más dinámico y
fuerte: China, que marca una presión cada vez mayor para sus competidores, lo
que no puede dejar de provocar que el resto de imperialismos se esfuercen por
conservar sus zonas de influencia o buscar recobrar algunas de las perdidas por
la entrada arrolladora del gran dragón asiático.

¿Cuál es la influencia económica de China en América Latina? ¿Cuál es el nivel


de Inversión Extranjera Directa de China en el mundo?

«En 2015, China invirtió $ 4,6 mil millones de dólares en nuevos proyectos de
IED –inversión extranjera directa de tipo greenfield o IED greenfield– y $49,9
millones de dólares en fusiones y adquisiciones (F&A) en ALC. China es ahora
la segunda fuente más grande de proyectos IED greenfield detrás de los
Estados Unidos, y la tercera fuente principal de IED a través de fusiones y
adquisiciones por detrás de los Estados Unidos y España. En cada tipo de IED,
la inversión china está más fuertemente inclinada hacia los sectores primarios
que cualquier otra inversión. (...) Entre fusiones y adquisiciones,
aproximadamente tres cuartas partes de inversión china en los últimos cinco
años se concentró en la extracción: petróleo, gas natural y minería. Esto se
contrasta fuertemente con otras inversiones de manera F&A en ALC, casi las
tres cuartas partes que han sido canalizadas hacia los servicios». (Boston
University; Boletín Económico China-América Latina, 2016)

¿Y qué ocurre económicamente en Latinoamérica con el capital que China


exporta? Si miramos las cifras del comercio y deuda establecida entre Bolivia y
China, los datos son realmente incontestables:

«Los referentes numéricos revelan que nuestro principal proveedor entre


enero y agosto del presente año fue China que nos abasteció con el 19 por
ciento de los productos que consume el país, mientras Brasil lo hizo con el 18%,
Estados Unidos con el 10%, Argentina con el 9% y Perú con el 1%. Se agrega
que la importación de artículos chinos seguirá subiendo, a la par que sube la
deuda externa con ese país oriental, en especial con el anunciado crédito de 7
mil millones de dólares que hará subir la deuda externa boliviana a cerca de
20 mil millones de dólares De otro lado, Bolivia ya tiene con China un elevado
déficit comercial, pues entre enero y marzo pasados le compramos US$ 770
millones por importación de plásticos, textiles, zapatos y otros fungibles,
mientras Bolivia le vendió solo US$ 275 millones en materias primas.
Finalmente, haciendo referencia a las cifras principales, se debe agregar que
en los últimos diez años, se importó de ese imperio más de US$ 10 mil millones,
lo cual confirma el grado de dependencia económica que ahora tiene Bolivia
con el imperio chino». (El Diario; El imperialismo chino en Bolivia, 2 de
octubre de 2016)

Esto demuestra dos cosas. Primero, estos datos revelan que es falso como decía
en la VIIº Cumbre de las Américas de 2015 el Presidente de Bolivia Evo
Morales, que él fuera un hombre de «pensamiento antiimperialista, un
pensamiento anticapitalista». Y segundo, evidencia que Bolivia no solo es

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capitalista, sino que tampoco es antiimperialista porque actualmente es una
neocolonia del socialimperialismo chino. Estas cifras sirven tanto para
desenmascarar a los apologistas del socialimperialismo chino como para los
seguidores del falso antiimperialismo del «socialismo del siglo XXI». Véase
nuestro documento: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre
de las Américas» de 2016.

Es bastante gracioso ver como estos ideólogos santifican las relaciones del
socialimperialismo chino con los países latinoamericanos, cuando ni siquiera los
propios empresarios chinos se cortan un pelo sobre porque invierten o compran
en esos países:

«La fuerza laboral de México es casi tan barata como la nuestra y con la
promoción nos incluían 12 meses de sueldos incluidos además de que solo
dimos un eganche de 15 mil dólares y todo lo demás lo empezamos a pagar
hasta enero del 2016 a 36 meses sin intereses». (Eldeforma.com; China
compra Pemex durante el Buen Fin, 2017)

Por comentar una anécdota: recientemente se ha hecho viral el video de cómo


un jefe de la empresa china empujaba a una trabajadora mexicana, lo que
ejemplifica muy bien que los socialimperialistas chinos no vienen a estos países
a hacer amigos, ni a ayudar a ninguna revolución, sino a sacar beneficios por
medio del sudor de los trabajadores indígenas, y no escatiman en golpes,
amenazas verbales o sobornos de sindicatos y gobiernos para manejar a su
antojo y obtener lo que busca.

Enver Hoxha, en muchas de sus reflexiones sobre la dirección revisionista del


gobierno chino, ya explicó que toda su especial demagogia con los países del
llamado «tercer mundo», no estaba destinado a otro fin que no fuera poder
infiltrarse mejor en ellos para aprovecharse de sus recursos, para ello
necesitaría de voceros dentro y fuera de China:

«El grupo que impera actualmente en China hace mucho hincapié en el «tercer
mundo», en el cual incluye a la propia China, y esto no ocasionalmente y sin
intención. El «tercer mundo» de los revisionistas chinos tiene un objetivo
político bastante determinado. Forma parte de la estrategia que tiende a
convertir China lo antes y lo más aceleradamente posible en una
superpotencia. (...) China ha lanzado esta consigna demagógica y carente de
contenido teórico con la esperanza de valerse de ella para lograr sus fines
hegemonistas. Al principio pretende establecer su dominación en el llamado
«tercer mundo» y luego manejar este «mundo» en función de sus intereses
imperialistas. Por el momento, China trata de disimular esto con su reputación
de país socialista. Especula con el hecho de que un país socialista no puede
sustentar puntos de vista esclavizadores, ni tener a los demás agarrados por
las narices, chantajearlos, combatirlos, oprimirlos y explotarlos. (...) Para
penetrar en el «tercer mundo»; para hacerse con los mercados, se necesitan
capitales. Las clases dominantes, que detentan el poder en los países del
«tercer mundo», reclaman inversiones, reclaman créditos y «ayudas». Pues
bien, China no está en condiciones de ofrecerles «ayudas» en grandes
cantidades, porque no cuenta con potencial económico suficiente.

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Precisamente ahora intenta crear este potencial con la ayuda del imperialismo
estadounidense. En tales condiciones, la burguesía que ejerce su dominio en los
países del «tercer mundo» tiene claro que por el momento no puede
beneficiarse mucho de China ni desde el punto de vista económico y
tecnológico, ni desde el punto de vista militar. Puede obtener mayores
beneficios del imperialismo estadounidense y del socialimperialismo soviético,
que poseen un gran potencial económico, técnico y militar. No obstante, China,
al igual que todo país que tiene objetivos imperialistas, pugna, y pugnará aún
más, por apoderarse de mercados extranjeros; se esfuerza, y se esforzará aún
más, por extender su influencia y su dominación. Ahora estos planes ya son
evidentes. Está creando sus propios bancos, no sólo en Hong Kong, donde los
tiene desde hace tiempo, sino también en Europa y otros lugares. En especial,
intentará crear bancos en los países del «tercer mundo» y exportar capitales
hacia ellos. En este terreno, hoy por hoy, hace muy poco. La «ayuda» de China
consiste en la construcción de alguna fábrica de cemento, de algún ferrocarril
o de algún hospital, porque sus posibilidades no dan para más. Sólo cuando las
inversiones estadounidenses, japonesas, etc., en China comiencen a dar los
frutos deseados por ella, es decir, cuando se desarrolle la economía, el
comercio y la técnica militar, China estará capacitada para emprender una
verdadera expansión económica y militar en vasta escala. Pero, para lograr
esto se necesita tiempo». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Más de treinta años después, cuando China ha ocupado un lugar entre las
potencias imperialistas; ¿cuál es su peso en cuanto a comercio exterior e
inversión extranjera en un continente como África conocido por las disputas
entre las potencias imperialistas? Solo hay que mirar los negocios de China y sus
empresas con los gobiernos de Camerún, Etiopia, Egipto, Congo, Senegal:

«Durante el periodo de 2000-2009, el volumen del comercio bilateral sino-


africano aumento de 10,6 a 91,1 millones de dólares. En 2009, China
representaba el 10% del volumen del comercio exterior de África. China se
convirtió en el primer socio comercial de África. Para el primer semestre de
2010, el volumen del comercio bilateral sino-africano alcanzó los 61,2 millones
de dólares y de no cambiar alcanzará la marca de 100 millones de dólares este
año. Las inversiones no son menos. Durante el periodo de 2003-2008, el fijo de
Inversión Extranjera Directa de China en África pasó de 0,5 a 7,8 millones de
dólares. Hoy en día, más de 1.600 empresas chinas hacen negocios en el
continente africano». (Vincent Gouysse; El despertar del dragón, 2012)

Nótese la importancia del peso económico de China en África, un continente


conocido por albergar países productores de materias primas y receptores
históricamente de los créditos e inversiones de los imperialismos. ¡¿Y todavía
puede existir gente que no ve el carácter del socialimperialismo chino?! ¿No es
esto una confirmación de las advertencias de Enver Hoxha sobre que la táctica y
pose del «no alineamiento» y el «tercermundismo» de los revisionistas chinos
era solo una estratagema para penetrar más fácilmente en los países
subdesarrollados y consagrarse como potencia socialimperialista a nivel
mundial?

¿Qué decir de los aliados «revolucionarios» de China?

50
Hace poco salió a las noticias de todos los medios el derrocamiento de Mugabe
por el propio ejército –lamentablemente la vieja historia de los países africanos
y los putschs–, así se ha dispuesto al viejo reaccionario amigo de China, pero no
ha acabado en manos mucho mejores, rápido han salido unos y otros a hablar
que los intereses chinos no están en peligro. ¿Cuál es el papel de China en
Zimbabue mismo?:

«China es el cuarto socio comercial más grande de Zimbabue y su mayor


fuente de inversión, con participaciones valoradas en miles de millones de
libras en todo, desde la agricultura hasta la construcción. Zimbabue es el socio
dependiente, ya que China proporciona el mayor mercado para sus
exportaciones y un apoyo muy necesario para su frágil economía. (...) En 2016
el comercio entre los dos países ascendió a $ 1.1bn (£ 0.8bn), con China el
mayor comprador de tabaco de Zimbabue y también la importación de
algodón y diversos minerales. (...) El compromiso militar de China también se
profundizó durante la era de Zimbabue «Mira hacia el Este». Se realizaron
importantes compras, incluidos los aviones a reacción Hongdu JL-8, aviones
de combate JF-17 Thunder, vehículos, radares y armas.». (BBC News; ¿Cuál es
el alcance de la influencia de China en Zimbabue?, 20 de noviembre de 2017)

Queda bastante claro que China ha apoyado desde la época de Mao y sigue
apoyando a cualquier camarilla reaccionaria si «le baila el agua» en lo político y
económico:

«Pero detrás del reflejo de una imagen de perfección y armonía, como pudo
suceder en la cumbre de Beijing de 2006 o en la de Sharm el Sheikh en 2009, se
halla el consentimiento silencioso a la participación y presencia de líderes y
presidentes corruptos y sanguinarios como puede ser el de los presidentes de
Zimbabue, Robert Mugabe y de Sudán, Omar al-Bashir. Precisamente en la
cumbre de 2006 China concentraba grandes esfuerzos para alcanzar una
posición relevante en la industria petrolífera de Angola, hasta entonces
dominada por EEUU, y por conquistar las exportaciones de petróleo de Guinea
Bissau antes del cierre de acuerdos con países occidentales. La carrera por los
recursos naturales africanos continúa, liderada por China». (María Ángeles
Muñoz; La sombra china en África, 14 de junio de 2010)

Esto nos debe de quedar claro, pero si alguno duda de las compañías de los
revisionistas chinos, solo hay que ver que desde que Mao reanudara las
relaciones diplomáticas con España en 1973, los nexos del Partido Comunista de
China en España se han establecido de forma cordial con los diversos gobiernos
españoles, pero son conocidas muy especialmente sus relaciones interpartido
con el Partido Popular, precisamente el partido fundado por Fraga, un ex
ministro de Franco, eso ya lo expusimos en nuestro documento «Los vínculos
del Partido Comunista de China con los recientes gobiernos españoles» de 2014,
pero dejemos solo una muesca:

«La secretaria general del Partido Popular, María Dolores Cospedal, ha


firmado esta mañana en la localidad china de Suzhou el Memorándum de
entendimiento, intercambio y cooperación entre el Partido Popular de España

51
y el Partido Comunista de China con Wang Jiarui, vicepresidente de la
Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino y ministro del Departamento
Internacional del PCCh. Según consta en el propio texto del acuerdo, la rúbrica
«marca el inicio oficial del diálogo entre los dos partidos». (Partido Popular;
Cospedal firma «el inicio del diálogo oficial» entre el PP y el Partido
Comunista Chino, 2013)

Traducido al lenguaje popular, aunque el partido revisionista chino a veces


hable de impulsar la lucha de los pueblos contra las injusticias y los gobiernos
opresores, en la práctica no le importa arrejuntarse con uno de los partidos
burgueses más podridos de toda Europa, un partido conocido mundialmente
por sus casos de corrupción, por vaciar el contenido de libertades básicas y
derechos laborales, por mantener una política chovinista que niega el derecho
de autodeterminación mientras por otro lado una y otra vez veta toda propuesta
de ley que signifique poner en marcha investigaciones y posibles condenas
contra el franquismo como es el Partido Popular. Por algo será que se entienden
tan bien ambos partidos.

¿Qué decir de China y su política medioambiental?

El socialimperialismo chino no solo ha demostrado maniatar y explotar


económicamente los recursos de terceros países:

«Ecuador es un caso extremo de dependencia con China. Ecuador tiene


comprometidos –bajo la forma de ventas anticipadas– más de 500 millones de
barriles de petróleo a China a entregarse hasta 2024, que los debe conceder a
cambio de recursos financieros que el gigante asiático ha desembolsado al
país. Para colmo, China no se registra como compradora oficial del petróleo
ecuatoriano sino que lo revende a Estados Unidos y otros países, creándose la
argucia contable de que, oficialmente, China absorba menos del 5% de
exportaciones ecuatorianas. A nivel de importaciones, la dependencia con
China es más clara, llegando a casi el 20% del total. Pero lo más dramático es
que China –en un proceso iniciado en 2012– devino en el principal acreedor de
este pequeño país andino: más de 8 mil millones de dólares de deuda, el 30%
del total de deuda externa; así como las ya mencionadas ventas anticipadas de
petróleo que ni siquiera son registradas como deuda por las estadísticas
oficiales. A diferencia de EEUU que ejercía su dominación vía Consenso de
Washington, China no busca conseguir el repago de sus créditos imponiendo
medidas de austeridad económica, sino asegurándose el acceso a petróleo,
minerales, y también pesca. Además, opera controlando que los recursos que
presta se destinen a la contratación de empresas chinas, al punto que, muchas
veces, los empréstitos nunca salen del gigante asiático». (El Diario.es; El
asedio de China a las Islas Galápagos, 17 de septiembre de 2017)

La voracidad de China llega al punto de ser el imperialismo mundial que más


daña el medioambiente. Tanto en su famosa política de contaminación
ambiental –que incluye saltarse los acuerdos internacionales–:

«Los accidentes graves suelen atraer la atención de los medios de


comunicación y aparecen reflejados en las noticias internacionales. Sin

52
embargo, los graves problemas de contaminación que afectan a gran parte del
territorio de este país son debidos a las actividades agrarias, industriales y
urbanas cotidianas. Ellas son las principales responsables de que el 84% de los
puntos de control de vertidos en ríos y lagos de China tengan niveles de
contaminación superiores a los permitidos, de que más de 300 millones de
personas no tengan acceso a agua corriente de calidad, o de que un tercio del
territorio de China esté afectado por problemas de contaminación de SO2 y
lluvia ácida. A finales de los 90, las grandes ciudades de China estaban entre
las más contaminadas del planeta, lo que ha constituido la causa de graves
problemas de salud. Algunos de estos problemas comienzan a trascender el
territorio de China, manifestándose a escala global. Un caso recientemente
estudiado es el aumento de las emisiones de NOx, relacionadas, junto con las
de CO2 y SO2, con el creciente aumento del consumo de energía para la
industria y el transporte, y que se extienden más allá del territorio de China,
afectando a las dos Coreas y a Japón». (Ecologistas en acción; China y el
medio ambiente global, 2006)

Como en materia de pesca, haciéndose famoso por la pesca ilegal como ha


ocurrido recientemente con el escándalo del barco pesquero en las Islas
Galápagos de Ecuador:

«La noche del 3 de agosto pasado se capturó el barco pesquero Fu Yuan Yu


Leng 999. En el interior de esta embarcación estaban embodegadas 300
toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares,
adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y del protegido –y espectacular–
tiburón martillo. En sacos de yute se hallaron también aletas de tiburón,
obtenidas presuntamente por la abominable práctica conocida como
«finning»: una vez capturado el tiburón, se corta su aleta en vivo y se devuelve
el animal al mar, donde morirá. Cada año 73 millones de tiburones mueren
para que 73 millones de aletas, a más de 500 dólares el kilo, lleguen al
mercado mundial. China es el principal consumidor, debido al famoso plato de
sopa de aleta de tiburón –reservado a un estatus económico muy alto– que
puede llegar a costar 150 dólares. (....) Una gran flota pesquera china de unos
300 barcos estaría navegando en faenas de pesca alrededor de las Galápagos,
agregando nuevas amenazas a esta maravilla de la naturaleza, (…) Con la
mayor población del planeta, China demanda 46% de todos los minerales
extraídos en la Tierra. En tres años –2011, 2012, 2013– ha empleado 1,5 veces
más cemento que lo utilizado por EEUU en todo el siglo XX». (El Diario.es; El
asedio de China a las Islas Galápagos, 17 de septiembre de 2017)

Al autor de uno de estos artículos no le falta razón cuando dice que:

«Así como en su momento la lucha contra el imperialismo norteamericano fue


clave, hoy también lo es la lucha contra el imperialismo chino. Dentro de esa
lucha, urge detener la depredación ambiental, tanto por soberanía como por la
propia supervivencia humana. Un pequeño paso en ese sentido sería ampliar y
garantizar la zona de exclusión para la pesca, englobando a Ecuador –y las
Galápagos–, Panamá, Colombia y Costa Rica. Pero, hay que profundizar en el
debate pues ante este reciente y preocupante expolio del imperialismo chino,
urge que las normativas nacionales e internacionales que regulan la pesca de

53
nuestros mares –como la CONVEMAR, Convención de las Naciones Unidas
para el Mar–, prioricen la soberanía alimentaria, dando absoluto énfasis a
una pesca local artesanal, sostenible y orientada a la alimentación popular y
local. Lo que no entre en estos puntos debe vetarse, en cualquier milla
marítima. En Galápagos, lugar que nos ha enseñado tanto sobre la evolución y
la complejidad de la vida, se hace evidente que vivimos en el Capitaloceno,
como ya utilizan muchos pensadores, una era o época geológica donde un
sistema económico desesperado por movilizar mercancías lo más rápido
posible a cualquier distancia a fin de generar y acumular dividendos, está
acabando con tiburones, abejas, gorriones, rinocerontes, paisajes y medios de
vida. Está exterminando la Vida» (El Diario.es; El asedio de China a las Islas
Galápagos, 17 de septiembre de 2017)

¿Es verdad eso que dicen sus defensores, que China no es una potencia que haya
sido agresiva? ¿Qué no busca la expansión de sus ejércitos por el mundo?

Nuestro amigo revisionista, el señor Sutherland, en su osada ignorancia dice


que «China no se mete en asuntos internacionales», que no ejerce un papel
agresivo en su política exterior. La invasión del Tíbet en 1950, la guerra sino-
india de 1962 por reivindicaciones territoriales, las propias reivindicaciones
territoriales de Mao Zedong sobre Mongolia exterior cargando la culpa una vez
más a Stalin, el apoyo a guerrillas pro estadunidenses como el UNITA en
Angola, los créditos dados a Pinochet en 1974, el apoyo político-económico a los
maoístas camboyanos, los «Jemeres Rojos», tanto durante su mandato como
después junto con la CIA para contrarrestar la influencia del Vietnam favorable
al socialimperialismo soviético. Las entrevistas entre Mao Zedong y Kissinger
preguntando sobre la ayuda estadounidense en caso de una próxima guerra con
la Unión Soviética. Sin olvidar los comentarios belicistas de los líderes chinos
durante la década de los 70 clamando por una guerra de Europa y Estados
Unidos contra la Unión Soviética sin sonrojo alguno. Las advertencias a los
países de la OTAN para reforzarse militarmente e integrar a España y Portugal
en la Comunidad Económica Europea de cara a la ya mencionada guerra contra
la Unión Soviética en Europa. La intervención china de Vietnam en 1979, guerra
que fue calificada por el líder revisionista chino Deng Xiaoping simplemente
como una «guerra de castigo» contra los vietnamitas por haber derribado a su
socio Polt Pot en Camboya. Podríamos continuar con los ejemplos pero lo
estimamos innecesario dados los ya mencionados; es un hecho pues que la
historia nos demuestra sin lugar a duda que la China revisionista no ha sido
precisamente un país pacífico no injerencia sino todo lo contrario.

Se ve que aparte de no conocer sobre la historia de China Sutherland tampoco


se molesta en consultar las noticias que nos llegan desde Asia o de África. Bien,
quizás si preguntáramos a los vecinos de China no estuvieran tan de acuerdo
con la opinión del revisionista venezolano:

«Desde hace décadas, el Mar de la China Meridional ha sido el escenario de


varias disputas territoriales, algunas de ellas solapadas, entre China y los
Gobiernos de Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán. Pese al
insignificante tamaño de muchos de los islotes y arrecifes reclamados, la zona
cuenta con abundantes recursos pesqueros y alberga una de las principales

54
rutas de transporte marítimo mundial. Además, se cree que el subsuelo marino
contiene importantes yacimientos de petróleo y gas natural. Hasta hace poco,
los distintos Estados implicados habían optado por mantener el statu quo del
conflicto, pero durante los últimos años Pekín ha empezado a expandir su
control de facto sobre el área, provocando pequeñas refriegas marítimas y
tensiones diplomáticas con los países vecinos. «El patrón de presencia
constante y presión utilizado por China, y su evidente determinación, hacen
que el país pueda convertir lentamente su control sobre el Mar de la China
Meridional en un hecho consumado», comenta White. (...) El año pasado, una
plataforma petrolífera china empezó a operar en aguas disputadas con
Vietnam y, poco después, distintos botes pesqueros y de los guardacostas de
ambos Estados colisionaron en alta mar, hasta que una nave vietnamita
naufragó. Hanoi tildó el acto de «agresión», y la población del país salió a la
calle para protestar contra China. Debido a los disturbios, el gigante asiático
tuvo que evacuar a más de 3.000 de sus ciudadanos de Vietnam, y se
quemaron distintas fábricas extranjeras, muchas de ellas de compañías
taiwanesas. Finalmente, durante una visita oficial del primer ministro chino,
Li Keqiang, en octubre de 2014, ambos países prometieron «resolver y
controlar las disputas marítimas». Por otra parte, Filipinas decidió en 2013
llevar el conflicto al Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya, alegando
que las aspiraciones territoriales chinas violan la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar. China, que siempre ha defendido la
resolución de la disputa a través de negociaciones bilaterales, se ha negado a
participar en el proceso judicial, afirmando que el caso no forma parte de la
jurisdicción de la corte». (El Confidencial; Pekín acelera la construcción de
islas artificiales para controlar el Mar de la China, 23 de febrero de 2015)

Los conflictos territoriales con India, otra potencia regional y nuclear como
China, tampoco han censado pese a la guerra fronteriza de 1962:

«El hecho de que esté sucediendo en una de las regiones más remotas del
mundo, en las cumbres del Himalaya, lejos de fotógrafos y televisiones, explica
que apenas se haya hablado de ello: el pasado 16 de junio, un centenar de
soldados del Ejército Popular de Liberación chino llegaron con excavadoras a
la llamada Planicie de Doklam –o Donglang, según China–, un área fronteriza
entre el Tíbet, el Estado indio de Sikkim y el reino de Bután. Su intención era
modernizar y extender una carretera ya existente, expandiéndola hacia el
interior del valle. Casi inmediatamente, una compañía de soldados indios
cruzó la frontera y formó una cadena humana para impedir las obras,
instando a los chinos a «desistir de cambiar el status quo». Desde entonces, el
conflicto ha ido sufriendo altibajos, combinando los esfuerzos diplomáticos
para reducir la tensión con la acumulación de topas de ambos países y una
retórica bastante incendiaria en algunos momentos. Nadie quiere la guerra.
Pero ninguno de los dos países parece dispuesto a ceder públicamente. En el
origen de este desencuentro está la percepción radicalmente distinta sobre el
estatus de Doklam: mientras India lo considera territorio de Bután, China
nunca ha reconocido la soberanía butanesa sobre el área. Bután es un pacífico
Estado de apenas un millón de habitantes que depende totalmente del ejército
indio para su defensa, de modo que Nueva Delhi se ha sentido justificada para
penetrar en Doklam y plantarle cara a Pekín. Aunque eso signifique entrar en

55
otro país. «China argumenta que tiene soberanía incuestionable sobre Doklam
a partir del tratado de 1890 entre China y Gran Bretaña que delimita la
frontera entre el Estado indio de Sikkim y el Tíbet, así como el punto fronterizo
con Bután. Dado que tanto India como China han aceptado este tratado, India
no tiene razones legítimas para cruzar la frontera, y por lo tanto sus acciones
constituyen una 'invasión' de territorio chino», explican los académicos
Sameer Lalwani, Yun Sun y Liv Dowling en un artículo en la revista 'Foreign
Policy' titulado significativamente «¿Por cuánto tiempo pueden China y la
India evitar la guerra en el Himalaya?». «India admite que sus tropas han
cruzado una frontera internacional, pero a Bután, no a China. La injerencia
india está justificada por el tratado de amistad con Bután de 2007, y en el
interés de ambos países en detener los intentos de China de revisar el status
quo», señalan. (…) China, de hecho, parece empeñada en mostrarse
beligerante. Dos recientes artículos publicados en el diario Global Times,
controlado por el Gobierno chino, han agitado aún más las aguas. «China no
permitirá que la confrontación militar entre China e India en Doklam dure
mucho tiempo, y podría haber una operación militar a pequeña escala para
expulsar a las tropas indias antes de dos semanas», afirma Hu Zhiyong,
investigador del Instituto de Relaciones Internacionales de la Academia de
Ciencias Sociales de Shanghái, en uno de los artículos. Además, un editorial del
diario publicado este sábado asegura que, de producirse una guerra, «su
resultado es obvio». «El primer ministro indio Narendra Modi debería ser
consciente de la aplastante logística y potencia de fuego del EPL. Las tropas
fronterizas indias no son rivales para nuestras fuerzas de campo. Si se
extiende una guerra, el EPL es perfectamente capaz de aniquilar a todas las
tropas indias en la región fronteriza», asegura el editorial». (El
Confidencial; ¿Van a ir a la guerra China y la India en el Himalaya?, 7 de
agosto de 2017)

El lenguaje belicista y altanero que muestran los medios chinos demuestra muy
bien el carácter «pacífico y solidario con los pueblos» que China ofrece y que
tanto nos insisten sus defensores.

Una prueba de que la política exterior china ha versado en los últimos años en
torno a valorar las posibles intervenciones militares en favor de sus intereses
económicos, es la cuestión de la apertura de bases militares en territorios que
están a miles de kilómetros de China. ¿Y por qué valoran abrir una base tan
lejos de su país? Pues como todo país imperialista, para asegurarse que pueden
defender sus intereses económicos en la región. Es el caso de la base militar
china en Yibuti que alberga unos 100.000 soldados, algo bastante más que los
70.000 de la misma base estadounidense en el país africano:

«China y Yibuti están conversando para instalar en el país del Cuerno de


África una base militar, la primera que construirá el gigante asiático en el
extranjero, ha confirmado un diplomático chino. «El centro de logística» le
permite a Pekín «cumplir mejor con sus obligaciones internacionales y
promover la paz y la estabilidad en la región y el mundo», ha dicho este
viernes el portavoz de la Cancillería china, Hong Lei». (Hispan TV; Primera
base militar extranjera de China estará en Cuerno de África, 27 de noviembre
de 2015)

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Ahora la cuestión se ha enfocado en Afganistán.

«Recientemente, Doulat Vaziri, portavoz del Ministerio de Defensa de


Afganistán, comunicó a la agencia Fergana que una nueva base militar de
China será construida en Badakhxan. Por su parte, Pekín se comprometerá a
asegurar los suministros de armas y equipamiento militar necesarios para los
afganos». (Izvestia; ¿Para qué quiere China una base militar en Afganistán?,
22 de enero de 2018)

Casualmente, una vez más, la cuestión militar va aparejada a cuestiones


económicas:

«China, Afganistán y Pakistán lanzaron hoy un mecanismo de cooperación


conjunta para promover la pacificación afgana y el desarrollo económico
conjunto de esa región de Asia, en la que Pekín quiere lograr la reconciliación
y favorecer su presencia económica. Así, Pekín e Islamabad van a estudiar
incluir a Afganistán en el Corredor Económico China-Pakistán, una iniciativa
que reúne proyectos de infraestructuras y transporte valorados en unos
57.000 millones de dólares, dijo el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang
Yi, en una rueda de prensa». (La Vanguardia; China, Afganistán y Pakistán
lanzan mecanismo para promover paz y desarrollo, 26 de diciembre de 2017)

¿Cómo puede actualmente una nación como China dominada por los
monopolistas e inversores multimillonarios, junto a sus dirigentes políticas
revisionistas y chovinistas salvaguardar la paz y la estabilidad de la región?
Como vemos la altivez de los revisionistas chinos es altísima. Pretenden a través
de su rancio chovinismo declarar que la base permitirá a China cumplir mejor
sus obligaciones como nación elegida para salvaguardar la paz y la estabilidad
del mundo. ¡Como si China o cualquier otra nación tuviesen el derecho
salomónico de representar a otros países y decidir los conflictos internacionales!

¿De dónde nace ese chovinismo en sus relaciones internacionales y ese espíritu
de gran Estado destinado a gobernar?

Esto es un viejo delirio maoísta que ya se manifestó en el VIIº Congreso del


Partido Comunista de China de 1945, donde Mao enunció que China junto a
Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia ejercerían el papel
de mediadores de terceros países. Y de hecho es el reclamo de todos los
imperialismos para justificar su militarismo:

«Las tres grandes democracias de Gran Bretaña, Estados Unidos, y la Unión


Soviética se mantienen unidos. Las disputas entre estas democracias han
existido y pueden existir en el futuro, pero la unidad a largo plazo va a reinar.
Esta condición decisiva, ha sido finalmente demostrada en la Conferencia de
Crimea. (...) Estamos en una situación totalmente nueva. Los problemas
internacionales deben ser resueltos por conferencias a cargo de las tres o cinco
naciones principales: los problemas internos de las distintas naciones tendrán
que resolverse sin excepción, de conformidad con los principios democráticos.
(...) Tal es el nuevo aspecto del mundo. Pero el que no puede ver las

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posibilidades de ciertas vicisitudes transitorias o incluso graves en la historia,
o no entiende la aún considerable fuerza de los reaccionarios aislacionistas,
quienes odian ver la unidad, el progreso y la liberación en su propio pueblo y
otros pueblos y que no les gusta el nuevo orden mundial dirigido
conjuntamente por Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética Unión,
Francia y China, incurrirá en un error político. Sin embargo, la tendencia
general de la historia está fijada y no puede ser cambiada. El mundo tiene un
nuevo aspecto». (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº
Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Lo cierto es que este patrón fue seguido por los revisionistas chinos en
confabulación con los revisionistas soviéticos cuando en la Conferencia de
Ginebra de 1954 vendieron los destinos de Vietnam y Corea –en representación
de éstos– a los imperialistas estadounidenses. Ese tipo de política, ese
chovinismo de gran nación, rompe con la política marxista-leninista, y de la
propia Unión Soviética de Lenin y Stalin, que tipificaba que cualquier país, fuera
grande o pequeño, tiene igualdad de derechos, y es un deber internacionalista
respetarlo, y no aceptar como la de que un gran país debe hablar bajo la
presunta representación de los países menores:

«Muchos no creen que puedan existir relaciones de igualdad de derechos entre


una nación grande y una nación pequeña. Pero nosotros, los ciudadanos
soviéticos, consideramos que semejantes relaciones pueden y deben existir. Los
ciudadanos soviéticos consideran que toda nación grande o pequeña –lo
mismo da– tiene sus particularidades cualitativas, su carácter específico, que
le pertenecen sólo a ella y que no tienen otras naciones. Esas particularidades
representan la aportación de cada nación al tesoro común de la cultura
mundial, completándola y enriqueciéndola. En ese sentido, todas las naciones
–tanto las grandes como las pequeñas– se encuentran en situación igual y
cada nación es equivalente a cualquier otra nación». (Iósif Vissariónovich
Dzhugashvili, Stalin; Discurso pronunciado en la cena en honor de la
Delegación del Gobierno de Finlandia, 7 de abril de 1948)

La política socialimperialista de los gobernantes chinos no es casual,


es un reflejo de su política opresiva y explotadora en el interior

Los revisionistas como Shuterland que santifican las relaciones de los países
latinoamericanos con el socialimperialismo chino cometen un crimen contra los
pueblos en dos direcciones: sencillamente no ver la política imperialista de
China en el exterior significa no ver su política burguesa, opresiva y explotadora
en el interior. De hecho, cuando Shuterland da entrevistas a las televisiones
chinas y habla de todo pero guarda silencio sobre el régimen chino demuestra
que tipo de «marxista» es.

Una política exterior burguesa no puede existir sin una política interior
burguesa y viceversa. Largo tiempo llevan propagándose ideas peregrinas entre
los revisionista de diversos partidos que reconocen que quizás sus partidos
tienen una política errada apoyando a teorías, figuras y movimientos

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revisionistas del exterior, pero nos dicen, que eso no significa que tengan una
política interior revisionista, que su programa y su línea interna está sana. Esto
es un fraude, porque si una dirección no ha sido capaz de identificar en la
política internacional las desviaciones de un movimiento, y lo apoya, esa misma
carencia de formación u oportunismo les hará fracasar a la hora de plantear las
etapas, tareas y aliados de la revolución en el interior. Por tanto no se puede
tener durante mucho tiempo una línea exterior revisionista sin que afecte a la
interna y viceversa, o se rectifica o llegado el momento el revisionismo inunda
toda la línea en general.

Para dejar claro que China está tomada por la vieja y nueva burguesía,
traigamos algunos datos:

«A finales de 2008 en China había casi 300.000 personas con una fortuna
superior a los 10 millones de yuanes –1,46 millones de dólares, 1,11 millones de
euros–, según el reciente Informe de Patrimonios Privados, publicado por el
Banco Comercial de China. A pesar de la crisis económica y financiera
mundial, el documento asegura que los millonarios chinos aumentarán de
manera «relativamente estable», alrededor del 6 por ciento, hasta alcanzar las
320.000 personas a finales de este año. Asimismo, el número de personas con
una fortuna superior a los 100 millones de yuanes –14,6 millones de dólares,
11,1 millones de euros– también roza los 10.000 ciudadanos. En total, el
capital acumulado de los millonarios chinos sumaba 8,8 billones de yuanes –
1,27 billones de dólares, 980.000 millones de euros–, una cifra equivalente al
29 por ciento del PIB total de China. Por ciudades, la provincia sureña de
Cantón –basada en las industrias para la exportación y muy afectada por la
crisis mundial– con 46.000 ricos y las metrópolis de Shanghái y Pekín, con
20.000 personas cada una, lideran las zonas con más millonarios». (Agencia
EFE; China roza los 300.000 millonarios, según el informe del Banco
Comercial, 10 de abril de 2009)

El socialimperialismo chino es sin duda uno de los que mayor productividad


saca a su mano de obra barata, eso que la economía burguesa cubre bajo el
manto de eufemismos de «competitividad» y «disciplina laboral»:

«Según Word Competitiveness Yearbook de 2003, China tiene una de las


manos de obra industriales más competitiva del mundo, el costo por dólar de
producción a 0,32 $, en comparación con el 0,43 $ de la India y Brasil o el
0,51$ de Canadá». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

¿Cómo logra esto? Siendo uno de los países con una explotación asalariada más
brutal; por ejemplo no cumpliendo los códigos laborales y pagando por debajo
del salario mínimo, o sancionando de forma continuada a los trabajadores para
recuperar lo perdido con su salario:

«La legislación laboral que es vulnerada con más frecuencia es la referente a


los salarios, a la jornada laboral, a las medidas de seguridad e higiene, a las
coberturas sociales y a la discriminación en el trabajo. Según varios informes
del Dagongzhe Migrant Worker Centre, con sede en Shenzhen, y la
organización Worker Empowerment, radicada en Hong Kong, en torno a un

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25% de los trabajadores chinos gana menos que el salario mínimo y en torno
al 95% gana menos de lo que le corresponde legalmente. Las dos artimañas
usadas más frecuentemente en China por los empresarios para reducir
ilegalmente el salario de sus trabajadores son no equiparar el salario base con
el salario mínimo y establecer estrictos sistemas de multas y sanciones. La
mayor parte de las compañías ofrece a sus trabajadores un salario base que
está por debajo del salario mínimo que les corresponde legalmente, de ahí que
este solo se alcance a través de horas extra y de bonus de productividad.
También es frecuente que muchas empresas impongan sanciones económicas
desmesuradas a sus trabajadores». (Mario Esteban Rodríguez; Situación de
los derechos laborales en China: implicaciones políticas y económicas, 2011)

Con grandes retrasos en los pagos:

«Otro mal endémico es el de los retrasos y los impagos de los salarios,


especialmente en algunos sectores, como el de la construcción. Cifras parciales
de la FSTC cuantificaban en unos 8.000 millones de dólares el montante de los
salarios que se adeudaban a los trabajadores chino». (Mario Esteban
Rodríguez; Situación de los derechos laborales en China: implicaciones
políticas y económicas, 2011)

Ahorrándose el dinero que se debería invertir en seguridad laboral para los


trabajadores:

«La salud y la seguridad en el trabajo son muy deficientes en numerosas


empresas chinas, que las sacrifican para conseguir unos costes de producción
lo más bajos posibles. La situación es tan grave que China no publica datos
agregados de siniestralidad. Uno de los sectores para el que sí se publican este
tipo de datos, debido a una fuerte presión pública, es el de la extracción del
carbón. Según unas muy conservadoras estadísticas oficiales, actualmente
unas 3.000 personas pierden la vida anualmente en las minas de carbón, por
las 6.000 que lo hacían hace apenas cinco años. China es el mayor productor
mundial de carbón y su índice de mortalidad laboral por millón de toneladas
extraídas es siete veces mayor que el de la India». (Mario Esteban Rodríguez;
Situación de los derechos laborales en China: implicaciones políticas y
económicas, 2011)

Trabajando sin seguros:

«Las empresas tienen obligación de suscribir cinco seguros para sus


trabajadores fijos: sanitario, accidentes laborales, desempleo, pensiones y
maternidad. Sin embargo, en la práctica sigue habiendo muchos trabajadores
sin asegurar. Valga de ejemplo el caso del seguro de jubilación, que es el que
cuenta con más beneficiarios. Según datos del China Statistical Yearbook 2010,
solo el 30% de los trabajadores chinos en activo tiene seguro de jubilación,
cifra que baja al 15,5% para los trabajadores de las zonas rurales». (Mario
Esteban Rodríguez; Situación de los derechos laborales en China:
implicaciones políticas y económicas, 2011)

60
Haciéndoles trabajar horas extras, debido a los bajos salarios o las sanciones
que les imponen a los trabajadores:

«La jornada laboral ordinaria en China está fijada por ley en 40 horas
semanales, con un máximo de tres horas extra por día, hasta un tope de nueve
horas por semana y 36 al mes, y con dos días de descanso semanales. Esta
legislación es más avanzada que la de muchos países e incluso que la de los
códigos corporativos de muchas empresas europeas, que estipulan una
jornada semanal ordinaria máxima de 48 horas, que se elevaría hasta las 60
horas incluyendo las horas extraordinarias. Sin embargo, en el sector privado
chino es muy raro que se cumpla la normativa y son numerosas las empresas
en las que incluso se realizan jornadas superiores a las 12 horas diarias. En los
momentos de mayor actividad, tampoco es raro que un trabajador se pase un
mes entero sin ningún día libre. Por otra parte, debido a la precaria situación
en la que viven muchos de estos trabajadores, que cobran salarios muy
inferiores a los que les corresponderían por ley, son bastantes quienes se
oponen a que se limiten las horas extra, ya que lo perciben como una forma de
reducir su salario». (Mario Esteban Rodríguez; Situación de los derechos
laborales en China: implicaciones políticas y económicas, 2011)

Pisoteando los derechos sindicales de los trabajadores como en cualquier otro


país occidental, no permitiendo la libre sindicalización, sobornando a los
miembros de la aristocracia obrera, etc.:

«La ley china obliga a que todos los sindicatos se integren dentro de la FSTC,
que es la única permitida por las autoridades. La FSTC es un órgano cuasi
gubernamental que está formalmente subordinado al Partido Comunista
Chino. En otras palabras, en China no hay sindicatos independientes, y
cualquier movimiento en esta línea es severamente reprimido. (…) Los
trabajadores chinos no solo critican a los sindicatos por su carácter
progubernamental, también por sus vinculaciones con la patronal. La posición
estructural de los sindicatos dentro de las empresas limita notablemente su
capacidad de actuar a favor de los intereses de los trabajadores, ya que son
financiados directamente por la propia empresa y suelen estar dirigidos por
algún miembro de la gerencia. Por tanto, aunque formalmente el sistema de
resolución de conflictos laborales en China es similar al de los países
occidentales –tripartito y compuesto por trabajadores, empresarios y
gobierno–, en la práctica la parte de los trabajadores no está representada.
Esto explica la rapidez con la que se acuerdan los contratos colectivos en
China. En esta línea, tampoco es de extrañar que en las ocasiones en que algún
representante sindical intenta defender de forma más firme los intereses de los
trabajadores, sufra directamente las represalias de sus empleadores sin contar
con respaldo de su sindicato. Uno de los ejemplos más conocidos de esta
problemática se produjo a principios de 2009, cuando un sindicalista fue
despedido en un hotel que pertenece a la Federación de Sindicatos de Cantón».
(Mario Esteban Rodríguez; Situación de los derechos laborales en China:
implicaciones políticas y económicas, 2011)

Todo esto como es normal, deriva en constantes conflictos laborales y protestas,


pese a la gran represión del régimen:

61
«Tanto en el sector público como el sector privado, la conflictividad laboral ha
sido creciente en las últimas dos décadas, debido al incremento del número de
empresas que quiebran sin poder garantizar a sus trabajadores las
compensaciones que les corresponden, de la colusión entre empresarios
explotadores y funcionarios corruptos –41.500 cargos públicos fueron
juzgados por corrupción en China en 2009–, de las desigualdades sociales –
según el Banco Mundial, el coeficiente Gini de China era del 0,415 en 2005– y
del conocimiento de sus derechos por parte de los trabajadores. Según
estadísticas oficiales, los denominados incidentes de masas (aquellos en los que
participan al menos 15 personas– pasaron de 8.700 en 1993 a 24.500 en 1998,
a 58.000 en 2003 y a 127.000 en 2008. Esto supone casi 15 veces más
protestas en apenas 15 años. Aunque no se haga pública la cifra exacta, puede
aseverarse que un porcentaje significativo de dichos incidentes es de carácter
laboral. Generalmente, las protestas laborales en China son espontáneas y
están poco organizadas. Normalmente no aparecen representantes de estos
movimientos que puedan negociar con las autoridades. Esto hace que la acción
colectiva de los trabajadores chinos sea en muchos casos volátil e impredecible.
Las huelgas y protestas suelen ser sorpresivas, debido a que no hay
comunicación previa entre los trabajadores y los sindicatos que teóricamente
les representan. De hecho, este tipo de acciones evidencia tanto un fracaso de
las vías legales establecidas en China para la resolución de disputas laborales
como de los sindicatos, que no son capaces de mantener la paz social.
Asimismo, estos movimientos de protesta suelen ser aislados y localizados,
actúan sin ningún tipo de coordinación entre sí y presentan demandas de
carácter material. Dichas características de las movilizaciones laborales
chinas son en gran parte fruto de la estrategia que siguen las autoridades para
enfrentarlas. Los poderes públicos suelen seguir una estrategia de palo y
zanahoria, que combina concesiones materiales para los manifestantes con
detenciones arbitrarias entre ellos y una férrea represión de cualquier intento
de organización sindical o de impulsar cambios políticos. De ahí que los
trabajadores eviten presentarse como un movimiento organizado y que no
haya voluntarios para dirigir las protestas, pues «el pájaro que asoma la
cabeza, es el primero al que se dispara». (Mario Esteban Rodríguez; Situación
de los derechos laborales en China: implicaciones políticas y económicas, 2011)

Es más: pese a que el proletariado y el campesinado chino sea uno de los más
ultrajados; las excentricidades y frivolidades de la burguesía china se muestran
sin sonrojo:

«Hoy cuando uno es rico en China lo muestra: grandes coches, piscinas


cubiertas, campos de golf en los jardines, personal de servicio para las
mansiones y guardaespaldas. La burguesía china llega incluso a construir
«vivienda» con una superficie de más de 400 m2 reproduciendo la forma en
miniatura de los castillos europeos. Un enclave privado que contiene 170 de
estas autenticas mansiones de dos millones de dólares se sitúa al este de
Pekín». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Esto es normal, ya que en los regímenes revisionistas, la corruptela, la


burocracia, la malversación de fondos y el enriquecimiento a través de la

62
explotación asalariada vuelve a la burguesía arrogante hasta el punto de que
cada vez esconde menos su despreciable modo de vida, por ejemplo:

«Hace cerca de un año, Tony Castro ganó notoriedad a causa de un viaje en


yate a través del Mar Egeo. Se alojó en varios de los complejos hoteleros más
exclusivos de las islas griegas y el litoral turco, acompañado por un séquito
que habitualmente ocupaba media docena de suites de cada instalación. En
casi todas, el coste por noche supera los 1.000 euros. (...) Las mansiones
construidas por la burguesía antes de 1959 son hoy las residencias de los
«winners» del socialismo cubano. Su mundo se extiende por casi 15 kilómetros
cuadrados, divididos en cuatro urbanizaciones fundamentales: la ya
mencionada Miramar –donde se ubica el grueso de las embajadas– y las tres
que acogen a lo más selecto de la nomenklatura y sus colaboradores
inmediatos, Atabey, Siboney y Cubanacán. (...) Durante años, la élite del oeste
de La Habana nutrió sus filas con dirigentes del Gobierno y el Partido
Comunista y algunos integrantes de la vieja burguesía republicana –sobre
todo profesionales– que encontraron acomodo dentro de las instituciones del
nuevo poder. Tras las reformas económicas de los años noventa y las del
último lustro, el grupo ha crecido con las incorporaciones de nuevos ricos,
aupados por sus negocios privados y los vínculos con compañías mixtas. Su
vida difiere de la del común en todos los aspectos, empezando por el lugar de
residencia, continuando por las escuelas y los hospitales a los que acuden, y
terminando por los espacios en que van de vacaciones o se divierten. Es una
farándula que «se codea con artistas y gente de la televisión: es difícil ver allí
algún político, pero sus hijos quizá no falten». (El Confidencial; La vida de los
otros: así es la existencia del 1% más rico del socialismo cubano, 19 de mayo de
2016)

¡Vaya, que casualidad! Algo totalmente igual a lo que pasaba y pasa en los países
capitalistas-revisionistas de antaño:

«El alto grado del sector monopolista de Estado no causa el fin de la


competencia entre los nuevos capitalistas. Dentro de la nueva burguesía
monopolista tiene lugar una lucha constante por acceder a posiciones de poder
y por tanto a mayor parte de las ganancias y a mayor control sobre los medios
de producción. De ahí que entre las líneas de las diferentes empresas se ve el
incremento de una competencia cada vez más feroz. El ingreso entre los
nuevos capitalistas de la RDA es de hasta 10:1 respecto a los salarios de los
trabajadores. Ellos tienen sus vías para acceder al dinero y los productos
occidentales, sus propios hostales de primera clase y sus casas de reposo. Ellos
además viven en villas de lujo, tienen sus chalets en áreas preferentes de áreas
protegidas, operan bajo sus propios clubes, que no permiten el paso a la gente
trabajadora, pueden ir a Occidente, sus hijos están en una educación
preferente, etc». (Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista;
Programa, 1978)

Esto ocurre incluso en los países revisionistas neocolonizados como es el caso de


la dirigencia del FSLN en Nicaragua, por lo que en un país imperialista como
China es del todo esperable. Como decimos este es un fenómeno común
internacional dentro de los regímenes revisionistas, esta política de desdén y

63
desprecio a las masas trabajadoras, de reprimir a las masas que protestan por
un salario que cubra sus necesidades mientras ellos viven como reyes gracias a
parasitar precisamente a las clases trabajadoras.

Queda demostrado que la burguesía china a través del Partido Comunista de


China (PCCh) actúa como una mafia donde se está dispuesto a hacer lo que sea
preciso con tal de salvaguardar los superbeneficios de los empresarios, de la
burguesía.

Lo cierto es que esto no surge de la nada. Los revisionistas chinos pertrechados


con el maoísmo desarrollaron diversas teorías para justificar una política
económica en favor de las clases explotadoras:

«Un lugar importante en el «pensamiento Mao Zedong» está ocupado por las
distorsiones revisionistas de una serie de problemas fundamentales del
marxismo-leninismo relacionados con la economía. Partiendo de la idea de
Mao Zedong de que el desarrollo del capitalismo va supuestamente en interés
de la gente, que las contradicciones entre la clase obrera y la gran burguesía
en las condiciones chinas son supuestamente contradicciones «entre el seno del
pueblo» y alegando que por tanto dichas contradicciones deben de ser
resueltas a través de los métodos democráticos, se han promulgado, y
continúa la promulgación de numerosos decretos y leyes que no afectan a los
intereses de la gran burguesía, los kulaks y los monopolios extranjeros, lo que
hace y seguirá haciendo muchas concesiones a estas fuerzas en detrimento de
los intereses de las masas trabajadoras». (Tomor Cerova; Los procesos de
desarrollo capitalista de la economía china, 1980)

Los revisionistas chinos presentan el arquetipo de régimen socialfascista:


amarraron el poder político presentándose como una democracia burguesa
multipartidista y lo transformaron paulatinamente en un régimen socialfascista
donde pese a existir otros partidos el partido revisionista domina sin discusión
ni oposición, implementando leyes laborales y económicas humillantes para el
proletariado, haciendo uso de los cuerpos de seguridad en caso de protestas,
revueltas y motines de los trabajadores; garantizando así la explotación
asalariada y el enriquecimiento de sus patrimonios:

«A esto hay que añadir una cuestión que normalmente se suele olvidar dentro
del movimiento marxista-leninista: el régimen socialfascista –en este caso un
régimen que sus dirigentes oportunistas presentan como socialista pero revisa
los axiomas marxista-leninistas y establece un régimen capitalista de tipo
fascista–. El revisionismo cuando accede al poder generalmente se ha valido
de métodos democrático-burgueses de dominación política pero también
socialfascistas, sobre todo cuando necesitaba usurpar y purgar a los dirigentes
de un partido marxista-leninista en el poder o cuando a su llegada al poder no
podía mantener una forma de dominación más liberal y laxa. En las
experiencias en que el socialfascismo ha usurpado los regímenes socialistas ha
sido a causa de que se han infiltrado en el partido comunista y lejos de
combatirse sus desviaciones nacionalistas y derechistas se han ido afianzando
hasta dar un golpe de gracia a la dirigencia y las masas adormecidas. La
variante revisionista socialfascista se ha valido tanto del uso del unipartidismo

64
como del multipartidismo, siendo este último un multipartidismo que se
diferencia del democrático-burgués en que los partidos de oposición son
tolerados siempre que no pongan en tela de juicio al partido revisionista en el
poder, no hay por tanto cambios de partidos en el gobierno. El socialfascismo
puede verse en la encrucijada de que pese a toda la parafernalia que monta
sobre el multipartidismo y el lema burgués del pluralismo político en realidad
los poderes están concentrados en manos de una junta o de un caudillo. El
socialfascismo suele valerse del ejército y favorecer una casta militar para
asegurarse su fidelidad, las fracciones burguesas en pugnan recurre a él tanto
para resolver luchas de clanes como para reprimir a la clase obrera. El
socialfascismo cumple con la paradoja que suele permitir asociaciones e ideas
políticas altamente reaccionarias e incluso religiosas pero niega la
conformación de asociaciones políticas y la publicidad de las ideas marxista-
leninistas. El socialfascismo en lo político no puede dejar de tener su reflejo en
el resto de campos: con unas políticas económicas belicistas y
socialimperialista o neocolonialista y una política entreguista pese a su
verborrea –dependiendo del grado de desarrollo de fuerzas productivas–, bajo
la consigna interna de necesario entendimiento entre la burguesía revisionista
y los obreros por el bien del pretendido bien colectivo, en una cultura
abiertamente chovinista e incluso racista, con una literatura y el arte burgués
nacionalista enfocado a una alteración de la historia nacional, casi
fantasiosa?». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos
oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Por todo lo expuesto es repugnante en sumo grado ver a los ideólogos


revisionistas de Europa y América defender a al régimen chino como un
gobierno que defiende los derechos de los trabajadores, y hasta marxista-
leninista; ¿Puede haber mayor falsificación del comunismo?

Sutherland y sus fantasías sobre una economía planificada,


centralizada e industrializada en la China de Mao

«China primero desarrolló su industria pesada. (...) Tomar como base a la


agricultura, nunca se hizo, el agro también fue marginado, y oprimido con
precios regulados muy bajos, escaso crédito y poco estímulo. (...) Con
planificación centralizada». (Manuel Sutherland; Comentarios, 27 de enero de
2017)

He aquí un ejemplo del poso que deja la propaganda china en el subconsciente


de los revisionistas. Manuel Sutherland pese a decir en ocasiones que no sabe a
ciencia cierta sobre la historia y el desarrollo económico de China, se atreve a
decir estas barbaridades, copiando así las fantasías de la vieja propaganda de los
maoístas que intentaban ocultar el modelo económico descentralizado, rural,
anárquico y basado en el mercado de la China maoísta. Destapemos
nuevamente estas afirmaciones aunque ya lo hiciéramos en el documento:
«Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas
terroristas de los GRAPO» de 2017.

65
¿El maoísmo toma como eje de la economía la industria pesada o la
agricultura?

Dejemos que se exprese a uno de los maoístas referentes de Europa:

«Dentro del Partido Comunista se luchaba con respecto al camino a seguir.


Uno de los temas más candentes era cómo desarrollar y modernizar la
economía. Un grupo de dirigentes del partido proponía un programa de
industrialización rápida, que concentraba los recursos nacionales en las
fábricas grandes y modernas y en la tecnología avanzada. Querían
desarrollar los centros urbanos, con la idea de que el desarrollo poco a poco
llegaría al campo. Decían que se necesitaba todo un aparatazo de
planificación centralizada para manejar la economía y recomendaban
preparar un vasto ejército de expertos y especialistas para administrar la
nueva economía y el gobierno. Proponían motivar a los trabajadores y al
personal de las empresas por medio de incentivos monetarios y diferencias
salariales. Ese programa seguía los pasos de la Unión Soviética, que ejercía
mucha influencia en China en ese tiempo. Pero Mao reconocía las fallas del
modelo que se ponía en la práctica en la Unión Soviética y también en China
en los años 50. El modelo soviético colocaba la técnica y la pericia por encima
de la iniciativa y la actividad consciente de las masas. Mao rechazó la
subordinación de la agricultura a la industrialización urbana. También decía
que China tenía que descentralizar la industria y evitar la concentración del
desarrollo en las ciudades y las costas, que eran más vulnerables a un ataque e
invasión imperialista. Mao buscaba forjar un camino distinto de desarrollo
económico y social. Para decirlo de otro modo, tras la victoria nacional en
1949 Mao luchaba contra dos legados. En primer lugar, luchaba contra el
legado y la influencia y presión aún importante del capitalismo y del
imperialismo occidental. Segundo, rompía con el legado del modelo soviético
de desarrollo». (Raymond Lotta; El avance de Mao: Romper con el modelo
soviético, 2006)

Bien, ahora tiremos de datos, tesis y documentos oficiales de los propios


revisionistas chinos:

«En su discurso: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el


seno del pueblo» de 1957, el Presidente Mao Zedong afirmó: «La industria
pesada es el núcleo de la construcción económica de China. Al mismo tiempo,
se debe prestar plena atención al desarrollo de la agricultura y la industria
ligera». (...) Más tarde, explicando la teoría que la agricultura es la base de la
economía nacional, el Presidente Mao Zedong lo resumió en estas palabras:
«Tomar la agricultura como la base de la economía y la industria como el
factor principal». Esto pues, constituye el principio general para el desarrollo
de la economía nacional. Él indicó que se debe dar el primer lugar al
desarrollo de agricultura. Estas instrucciones del Presidente Mao Zedong son
en profundidad dialécticas; ellas revelan las leyes objetivas que gobiernan el
crecimiento de economía socialista en China y son un desarrollo de la
economía política del marxismo. (...) Aunque la industria pesada más tarde se

66
desarrolló en cierta medida, la velocidad de su crecimiento todavía se queda
atrás de las de algunas otras provincias, y sus productos se redujeron en base
a las necesidades de las del desarrollo de la agricultura y la industria ligera de
la provincia. (...) La práctica en las localidades ha permitido a los cuadros que
toman parte en la discusión llegar a un entendimiento profundo de que deben
en primer lugar firmemente tener en cuenta el principio de tomar la
agricultura como base de la economía nacional». (Pekín Informa; Vol. 15,
No.34, 25 de agosto de 1972)

¿Acaso durante la «Revolución Cultural» cambió algo la situación de la


industria? Veamos:

«Durante 1967-1968 se suspendieron los planes económicos nacionales. El


impacto de esta situación se dejó ver en las tasas de crecimiento negativas que
se obtuvieron en la producción industrial –de -13,8% en 1957 a -5% para
1968–, y la contracción en las tasas de crecimiento en la producción del sector
de la industria pesada». (José Salvador Meza Lora; El rol de las instituciones
en las grandes transformaciones del sector industrial durante la gran reforma
económica, 2006)

¿Qué se decía en el famoso «Manual de Shanghái» que tanto reproducen


actualmente los maoístas abiertos y camuflados?:

«Dado que la agricultura es la base de la economía nacional, es necesario


tratar el desarrollo de la agricultura como una prioridad de la economía
nacional. Sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía
nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas
económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo. (...) Bajo
la dirección de la línea general de la construcción del socialismo y la política
general de desarrollo de la economía nacional, el plan económico nacional de
China está dispuesto en un orden que va con la agricultura, la industria ligera
y la industria pesada como el presidente Mao sugirió. Es decir, en la
organización del plan de la economía nacional, hay que partir de la
agricultura y dar a la agricultura la posición primaria en esta escala.
También en la asignación de fondos de capital o el suministro de bienes
materiales, las necesidades de la agricultura no se puede descuidar en ningún
momento». (Partido Comunista de China; Fundamentos de Economía Política,
1974)

¿Tenía todas estas ideas económicas algo que ver con el marxismo-leninismo?
En absoluto, el marxismo-leninismo prioriza en lo económico la «industria
pesada» porque esta permite:

a) el desarrollo de la técnica de producción;

b) producir medios de producción que permitirán desarrollar la industria ligera,


así como mecanizar la agricultura y demás sectores productivos;

c) el desarrollo de la industria pesada además permitirá proletarizar a las masas


trabajadoras.

67
Lenin afirma al respecto:

«La base material del socialismo no puede ser sino la gran industria
mecanizada capaz de reorganizar también la agricultura. Pero no debemos
limitarnos a este principio general. Hay que concretarlo. Una gran industria,
a la altura de la técnica moderna y capaz de reorganizar la agricultura,
supone la electrificación de todo el país». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin;
Informe al IIIº Congreso de la Komintern, 1921)

Siempre hemos insistido en nuestros documentos, e introducciones a terceros


documentos que: el revisionismo chino, soviético, yugoslavo, cubano, coreano,
etc., que ahora pretende rescatar el «socialismo del siglo XXI», comparten un
paralelismo atroz con el anarquismo pequeño burgués:

«El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la


última palabra de la ciencia moderna, sin una organización Estatal armónica
que someta a decenas de millones de personas a las más rigurosa observancia
de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los
marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar dos
segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso –los
anarquistas y buena mitad de los eseristas de izquierda–». (Vladimir Ilich
Uliánov, Lenin; Sobre el impuesto en especie, 1921)

Una de las razones de la inversión de capital extranjero en China a partir de los


70 fue que los líderes revisionistas chinos no habían logrado la industrialización
debido a los resultados de sus tesis económicas de las décadas anteriores. No
hay que olvidar que para el maoísmo la visión de la necesidad de la
industrialización por medio de la primacía de las inversiones en la agricultura
siempre fue un concepto económico acompañado del pensamiento de que dicha
industrialización debía de realizarse con capital extranjero:

«Se necesitan grandes cantidades de capital para el desarrollo de nuestras


industrias. Ellos vendrán principalmente de la riqueza acumulada por el
pueblo chino, y al mismo tiempo de la asistencia extranjera. Damos la
bienvenida a las inversiones extranjeras si tales son beneficiosos para la
economía de China y se realizan de acuerdo con las leyes de China. Se pueden
expandir rápidamente y a gran escala empresas rentables tanto para el
pueblo chino como para los extranjeros, siendo la industria pesada y la
modernización de la agricultura, una realidad cuando lo que hay es una firme
e interna paz internacional, y cuando dichas reformas políticas y agrarias se
realizan a fondo. Sobre esta base, hemos de ser capaces de absorber grandes
cantidades de inversiones extranjeras. Una política regresiva y
económicamente empobrecida para China no será rentable ni para el pueblo
chino ni para los extranjeros». (Mao Zedong; La lucha por la nueva china;
informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Algo que Rockefeller reconoció y elogió tras su visita a China. ¿Conocerán los
muy «marxistas», «revolucionarios» y «antiimperialistas» seguidores del
«Pensamiento Mao Zedong» las loas que Rockefeller lanzó a favor de la

68
«altamente descentralizada» economía china basada en su «énfasis en la
agricultura», predispuesta a recibir la «ayuda» estadounidense tras su viaje a
China en 1973?:

«¿La altamente descentralizada economía china será capaz de adaptarse con


éxito a la expansión del comercio exterior y las mejoras tecnológicas? Para el
período 1971-1975, este crecimiento debe oscilar entre 5,5 y 7,5 por ciento al
año. Estos resultados han dependido en gran medida de un sabio énfasis en la
agricultura y una política nacional de desarrollo industrial descentralizado,
equilibrado. (...) Sospecho que los chinos están muy intrigados por algunas de
nuestras más nuevas formas capitalistas. (...) Sea cual sea el precio de la
Revolución China, es obvio que ésta ha triunfado no sólo al producir una
administración más eficiente y dedicada, sino también al promover una
elevada moral y una comunidad de propósitos. El experimento social en China,
bajo el liderazgo del presidente Mao, es uno de los más importantes y exitosos
en la historia humana». (David Rockefeller; De un viaje a China, publicado en
el The New York Times, el 10 de agosto de 1973)

¿Si normalmente nos encontramos con economistas burgueses que califican de


«rígido centralismo» a la economía de pseudoplanificación, descentralizada,
basada en la ley del valor que era desarrollada por los revisionistas soviéticos en
aquella época, que tuvo que ver Rockefeller para denominar sin complejos de
«descentralizada» a la economía china? ¿Se imaginan a los banqueros de los
años 20 hablando de las oportunidades que ofrecía la economía soviética y su
modelo para el comercio exterior y la inversión de Estados Unidos? ¿Se
imaginan a algún magnate hablando de los intereses de los líderes bolcheviques
en formas de gestión capitalistas? Difícilmente porque en la época de Lenin y
Stalin, la Unión Soviética confiscó las empresas estadounidenses entre ellas las
empresas petroleras en Azerbaiyán de la familia Rockefeller, porque su
planificación socialista confrontaba con los mecanismos capitalistas.
Históricamente solamente el revisionista Earl Browder se había expresado de
un modo tan descarado y oportunista al respecto de China y la política
proestadounidense del grupo de Mao Zedong:

«Es un hecho demostrado que las políticas económicas propias del


Kuomintang en la China de hoy en día están operando para derrotar a los
intereses de Estados Unidos en un mercado chino en expansión, mientras que
las políticas económicas de los comunistas en China son las más favorables y
propicias para un mercado en expansión. (...) El que se denomina campo
«comunista» en China, porque está dirigido por miembros destacados del
Partido Comunista de China está más próximo a la noción estadounidense de
la democracia, que el denominado campo del Kuomintang. Está más próximo
desde cualquier punto de vista, incluso en el de dar mayor campo de acción a
la «libre iniciativa» en la vida económica». (Earl Browder; Teherán: nuestro
camino en la guerra y la paz, 1944)

¿El maoísmo adopta y desarrolla una economía centralizada o


descentralizada?

69
El maoísta Charles Bettelheim, el gurú antistalinista de los maoístas
contemporáneos, comentó en uno de sus libros en apoyo al revisionismo chino
después de un viaje a China en 1971:

«La orientación general desde 1957, y sobre todo desde la Revolución Cultural,
consistió en descentralizar la gestión de las empresas del Estado confiando a
las autoridades locales la gestión de un número creciente de unidades de
producción con el fin de dar libre curso a la iniciativa local. El valor global
producido según este tipo de gestión evolucionó según los siguientes datos, en
Shanghái: en 1957, cerca de la mitad, o sea el 46% del valor de la producción
industrial provenía de las empresas dependientes directamente por el
gobierno central. En 1970 sólo el 6,8% del valor de la producción industrial
proviene de empresas dependientes del gobierno central, mientras que el
93,2% del valor de la producción industrial proviene de las empresas
administradas localmente. Este esfuerzo de descentralización es el resultado de
eso que los chinos denominan «lucha contra la dictadura de la gestión
centralizada». El propósito de esta lucha es promover la «doble iniciativa», o
sea la del gobierno central y la de las autoridades locales. En lo concerniente a
la dimensión de las empresas, ellas son grandes, medianas y pequeñas; las dos
últimas categorías suministran lo esencia de la producción. En Shanghái,
entre las 3.200 empresas estatales, sólo 90 son de gran envergadura –la
mayor parte de esas 90 empresas tienen más de 3.000 obreros–, 300 son
empresas medianas y 2.800 son pequeñas. (...) El porcentaje del valor
producido según las dimensiones de las empresas es: las grandes, el 27,5%; las
medianas, el 24,5%, las pequeñas, el 47% de la producción total». (Charles
Bettelheim; Revolución Cultural y Organización Industrial en China, 1973)

De ahí que Hoxha criticando el modelo maoísta de economía expresara:

«¿Cómo es posible que la gran China socialista pudiera pasar sin una
industria pesada? Seguramente, Mao Zedong pensaba que se beneficiaría de la
ayuda de la Unión Soviética para construirla, o de lo contrario se volvería
hacia los créditos estadounidenses. Cuando vio que la Unión Soviética no le
«obedeció» y que no le daba la ayuda solicitada, Mao Zedong comenzó a colar
el acero en las estufas que se levantaban en las aceras de los paseos o en
minihornos de hierro colado. China se quedó atrás, China se quedó sin la
tecnología moderna. (...) Para camuflar esta desviación, no se olvida de decir
que «también se debe desarrollar la industria pesada, pero dedicando más
atención a la agricultura y la industria ligera». Esta concepción que fue
aplicada de manera pragmática y que dejó a China en el atraso, ha hecho que
ésta tenga necesidad de varias décadas, justo hasta el año 2000, para lograr
superar bien que mal dicho atraso con la ayuda y los créditos del capital
estadounidense que le asegura su nueva estrategia. No existe la menor duda de
que China puede apoyarse en sus propias fuerzas, ella dispone de un gran
potencial humano, posee asimismo un potencial económico considerable, pero
su atraso es debido a su línea errónea». (Enver Hoxha; Algunos juicios en
torno al «decálogo» ballista de Mao Zedong; Reflexiones sobre China, Tomo II,
28 de diciembre de 1976)

70
¿Propugnaba el maoísmo una economía planificada y centralizada
en el sentido marxista-leninista o no?

«La necesidad de la división socialista del trabajo. (…) La empresa no recibe


ya cifras de control moralmente imperativas. (…) Gran libertad en la puesta
en ejecución de los medios de producción. (…) Ausencia de publicación de
estadísticas globales de producción e inversión. (…) En las condiciones
actuales, la ausencia de un plan quinquenal». (Charles Bettelheim, Jacques
Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

Es decir, que las cifras eran estimativas y no obligatorias, que se promovía la


descentralización, ocultamiento de las cifras reales, nulo control sobre lo que se
producía y su distribución, apoyo a la división internacional del trabajo; en
consecuencia no había una planificación marxista como tal. ¿Puede haber una
industrialización socialista, una economía planificada centralizada, con estas
características? sencillamente no. Y de hecho ningún marxista-leninista puede
negar que la economía china de los años 60 fuera una estructura capitalista de
tipo revisionista, aunque se vistiera de un discurso presuntamente marxista-
leninista con el objeto de hacer pasar esos desarrollos capitalistas como
economía socialista. De hecho la propia teórica era una distorsión de los
axiomas fundamentales de la economía política marxista-leninistas, en tanto
que revisionista, que en la práctica hacían que su economía se basase en
lineamientos y leyes capitalistas.

¿Qué papel ha ocupado la «ley del valor» en la economía china?

Un ejemplo claro de la visión de Mao sobre la actuación de la ley del valor en la


economía puede verse en sus escritos económicos inéditos. En plenos años 50,
en una época en la que se criticaba las políticas agrarias de Stalin, y más
exactamente el paso de la propiedad colectiva a la de todo el pueblo, y donde se
presentaba el paso al comunismo en China como algo a la vuelta de la esquina,
Mao hacía apología de la libre actuación de la ley del valor:

«Hemos recurrido al intercambio de mercancías y a la ley del valor para


facilitar el desarrollo de la producción y el paso al comunismo». (Mao Zedong;
La construcción del socialismo, 1975)

Y esto no era fortuito, pues poco tiempo antes se había lanzado el ya


mencionado «Manual de economía política de Shanghái» que recogía estas
tesis:

«En las relaciones de cooperación entre las empresas estatales y las empresas
colectivas, en todo, entre las empresas del Estado, entre las empresas
colectivas, entre sectores y entre regiones, debe observarse el principio del
intercambio equivalente y precios justos». (Partido Comunista de China;
Fundamentos de Economía Política, 1974)

71
Pero esto no tiene nada que ver con la economía socialista desde el punto de
vista del marxismo:

«Dicha sentencia hace hincapié en algo que no representa nada más que la
conocida «ley del valor», o también llamada «ley del intercambio
equivalente». La declaración es explícita: la ley del valor regula el intercambio
de trabajo entre los objetos de producción en la sociedad de transición, ya sea
entre empresas estatales y propiedad colectiva, o entre las empresas de
propiedad estatal. Esta expresión de defensa del «socialismo de mercado» no
es una expresión aislada en el manual, sino que sigue su matriz más pura y
elemental, y dicho «socialismo de mercado» no es nuevo, el cual ya fue
defendido por Dühring y todas las desviaciones revisionistas de derecha
después de él. Esta declaración es fundamentalmente premarxista y constituye
uno de los pilares más importantes de la interpretación pequeñoburguesa de la
economía política de la sociedad de transición». (Rafael Martínez; Sobre el
manual de economía política de Shanghái, 2006)

En otro lado del famoso manual de los revisionistas chinos se dice:

«El intercambio de mano de obra, recursos materiales y los fondos entre las
empresas por lo que debe estar inspirada en el estilo cooperativo del
comunismo y debe seguir el principio del intercambio equivalente». (Partido
Comunista de China; Fundamentos de Economía Política, 1974)

¿Pero esto debería funcionar así en una presunta sociedad socialista?:

«La historia económica de la construcción del socialismo y la generalización


de la gran cantidad de datos económicos indican que la ley de intercambio
equivalente –ley del valor– no es la principal criterio reguladora de las
porciones de trabajo entre las unidades de producción, esto es algo que los
revisionistas chinos afirmaban de vez en cuando y otras veces –como
acabamos de ver– negaban directamente con este tipo de declaraciones. Como
cuestión de hecho, la ley de intercambio de equivalentes –ley del valor– puede
ser violada de forma sistemática en sectores enteros de la economía si las
tareas de la construcción de la nueva economía así lo exigen. La ley del
intercambio equivalente –ley del valor– puede observarse en función de las
condiciones concretas e históricas en las políticas del Estado proletario en un
momento dado y sus tareas de construcción socialista, pero no constituye una
ley general, un principio general de cualquiera de las economías en transición;
socialista o comunista. Por ejemplo, la cooperación entre el Estado y el sector
colectivo está obligada a violar la ley de intercambio de equivalentes –ley del
valor– en algún momento, de lo contrario la mecanización del campo, no sería
posible. Si bien el Estado conserva la propiedad de los principales medios de
producción –tractores, por ejemplo–, las granjas colectivas disfrutan de su
uso. En cambio, una cierta fracción de producción agrícola es asignada por la
granja colectiva al Estado en un camino que no necesariamente cumple con la
ley de equivalente cambia y se conforma a un cambio de un tipo diferente. Lo
mismo ocurre con el desarrollo de la industria pesada o de otros sectores de la
economía, que pueden llevar un desarrollo que no necesariamente es rentable

72
o incluso es totalmente improductivo –la industria pesada comparándola con
la industria ligera es mucho menos rentable pero es necesaria por lo explicado
anteriormente–, y sin embargo son indispensables para asegurar la
reproducción ampliada socialista. Que la ley de intercambio de equivalentes –
ley del valor– no es la reguladora de la proporción de mano de obra en las
economías de transición socialista es un hecho muy bien establecido en las
diferentes obras clásicas, y no está dentro del alcance de la presente discusión
el cubrir los diferentes aspectos de esta fascinante cuestión que ha sido
cubierta en su totalidad en gran parte por la literatura marxista-leninista».
(Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

Proclamar que la ley de intercambio de equivalentes –ley del valor– es un


principio general de la economía de transición y que regula las relaciones entre
sus unidades es por completo antimarxista y de hecho una noción propiamente
capitalista:

«El «intercambio de trabajo por trabajo según el principio de la estimación


igual», en la medida en que tiene algún sentido, y este sentido estriba en la
intercambiabilidad de productos del mismo trabajo social, o sea en la ley del
valor, es la ley fundamental precisamente de la producción mercantil, y,
naturalmente, también de la forma suprema de la misma, que es la producción
capitalista. Esa ley se impone hoy en día en la actual sociedad del mismo y
único modo en que pueden imponerse leyes económicas en una sociedad de
productores privados: como ley natural de acción ciega, contenida en las cosas
y en las relaciones, independiente del querer y el hacer de los productores
mismos». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

¿En qué momento las políticas económicas de Mao Zedong fueron


revisionistas?

Desde el primer momento, el revisionismo no solo abarca la época del Gran


Salto Adelante o la Revolución Cultural, sino que precede a estos periodos.
Echemos un ojo a algunas formulaciones político-económicas del revisionista
Mao Zedong antes de llegar al poder:

«Nuestra política actual es una doble política que combina la alianza y la


lucha. En el terreno laboral, esta política consiste en mejorar adecuadamente
las condiciones de vida de los obreros y, al mismo tiempo, no obstaculizar el
desarrollo apropiado de la economía capitalista. En el problema agrario,
consiste en exigir a los terratenientes la reducción de los arriendos y los
intereses y, al mismo tiempo, estipular el pago por los campesinos de esos
arriendos e intereses reducidos». (Mao Zedong, Prefacio y epílogo a las
investigaciones rurales, 1941)

Planteando esta cuestión ya había hecho hincapié en que:

«La legislación del trabajo de la república popular protegerá los intereses de


los obreros, pero no se opondrá a que los capitalistas nacionales obtengan

73
beneficios ni a que desarrollen sus empresas industriales y comerciales,
porque ese desarrollo será desfavorable al imperialismo y provechoso para el
pueblo chino. Queda así claro que la república popular representará los
intereses de todas las capas del pueblo, que se oponen al imperialismo y a las
fuerzas feudales. El gobierno de la república popular estará integrado
principalmente por la clase obrera y el campesinado y también incluirá a las
demás clases que se opongan al imperialismo y a las fuerzas feudales». (Mao
Zedong, Sobre la táctica de la lucha contra el imperialismo japonés, 1937)

Demos un último ejemplo de la visión económico-política maoísta:

«Reconocer que el modo capitalista de producción es el método más


progresista en la China actual, y que la burguesía, sobre todo la pequeña
burguesía, representa los elementos sociales y la fuerza política
comparativamente más progresistas en la China actual. (...) Así, la política del
partido no es el debilitamiento del capitalismo y la burguesía, o el
debilitamiento del campesino rico y sus fuerzas productivas, sino el
fortalecimiento de la producción capitalista». (Partido Comunista de China;
Decisión del Comité Central sobre las políticas de las tierras en las bases de
apoyo antijaponesas, 28 de enero de 1942)

El revisionista estadounidense Earl Browder, admirador de Mao Zedong,


comentaba así los «beneficios del revisionismo maoísta» para el capitalismo
mundial:

«El Partido Comunista de China acepta la perspectiva de un desarrollo


capitalista de China, no solo ahora, sino también para un futuro indefinido».
(Earl Browder; Victoria y después, 1942)

Otro ejemplo de cómo este renegado captó raudo las tesis de su hermano
ideológico:

«Mao Zedong repudió expresamente la idea de que los comunistas chinos


tienen la intención, ni ahora ni en el futuro, de copiar a la Unión Soviética».
(Earl Browder; Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

El estadounidense admiraba el hecho de que Mao Zedong comprendía el


carácter «progresista» de las formas económicas capitalistas «como preparación
para el socialismo» –inclusive manteniendo la propiedad privada en el supuesto
«socialismo»–. Para él, Mao Zedong supo crear concepto de un «nuevo
capitalismo» en China, en el cual:

«No dudó en hablar de la necesidad de la «armonía» en la lucha entre los


trabajadores y los empresarios capitalistas chinos privados». (Earl Browder;
Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

Las ideas y los métodos de alianza y transición pacífica de la burguesía nacional


de Mao que se empezaron a hacer cada vez más públicas fueron denunciados
por Kao Kang a mediados de 1953:

74
«En la reunión del 15 de junio, donde Mao formuló la línea general, Li Weihan
propuso una serie de medidas concretas destinadas a la transformación de la
propiedad capitalista mediante métodos pacíficos. (...) Mao dio un rotundo
respaldo a la transición pacífica como hizo saber a los líderes del resto de
partidos democráticos y a toda la clase capitalista nacional, él enfatizó que la
transformación debe ser voluntaria, advirtió en contra de la antelación
impaciente –jizao maoji–, y señaló que la industria privada y comercio «deben
servir a la economía de la nación y la vida del pueblo». (...) Mao probó a
enviar a Li Weihan, que había trabajado con Kao durante los años 30, para
persuadirle de las virtudes de tal política heterodoxa. Kao muy a diferencia de
lo que esperaba obtener Mao de esa conversación, no atendió a los argumentos
presentados pese hacer un esfuerzo en escuchar a Li, e irónicamente reveló la
ignorancia teórica del grupo que apoyaba tal política, comentó a Li; «¿has
oído hablar algo de la oposición derechista en la Unión Soviética? ¿No estás al
tanto que Bujarin fue el que abogaba por el tránsito pacífico al socialismo?»
(...) Todas las fuentes pintan a Kao Kang como la de un hombre que favoreció
la línea de una relativamente, rápida eliminación de la burguesía nacional
como clase y una rápida transición al socialismo, en una estrecha adhesión al
modelo soviético. (...) Kao pensaba que la línea general de tratar como iguales
a los sectores estatales y privados para el bienestar y desarrollo de la
economía, era un signo inequívoco de una tendencia derechista en el partido,
de rendición a la burguesía. En su discurso, como ya había señalado otras
veces, apuntó con textos de Marx, Engels, Lenin y Stalin la equivocación en la
que se estaba metiendo el partido». (Frederick C. Teiwes; Políticas en la corte
de Mao; Kao Kang y el fraccionalismo del partido en los años 50, 1990)

Más tarde, en el VIIIº Congreso del PCCh de 1956, se oficializó la línea


revisionista y se llevó a cabo las reformas económicas con la consiguiente
reforma descentralizadora, la reforma en cuanto a flexibilizar los despidos, el
uso de la rentabilidad como factor rector de la economía y la reforma salarial:

«Un economista burgués consideró que las reformas económicas en China en


1956 fueron igual de dramáticas como las llevadas a cabo en la Unión
Soviética bajo Jruschov en la misma época, y que si bien algunas industrias
importantes siguieron operando de acuerdo a un plan central, la gran
mayoría –el 80%– de las empresas chinas industriales eran incluso más
independientes que las de la Unión Soviética. Véase la obra de Hughes y
Luard: «El desarrollo de la economía en la China comunista: 1949-1960» de
1975. Después de las reformas económicas de 1956 la economía china pasó por
una brusca depresión en 1957. Las empresas como ya habíamos comentado, no
estaban tan comprometidas en un plan central, la gestión de las empresas
perseguía varios métodos para lograr una mayor tasa de ganancia que no
necesariamente se ajustaba a las necesidades de la sociedad. (...) Otro
autodenominado «experto» burgués en China, comparaba la «planificación»
económica de China a la de Yugoslavia durante la década de 1960, ya que
comentaba el similar grado de autonomía de gestión de las empresas. Véase la
obra de R. MacFarquhar: «China bajo Mao» de 1963. En 1956 se llevó a cabo
otra importante reforma salarial, la normalización del sistema de salarios de
toda la nación con una escala salarial de ocho categorías que reforzó aún más
la diferencia entre el trabajo manual y mental. Además, la reforma salarial de

75
1956 amplió en gran medida el uso de trabajo a destajo y bonificaciones en la
producción con incentivos. Véase la obra de Hughes y Luard: «El desarrollo de
la economía en la China comunista: 1949-1960», de 1975». (Jim Washington;
El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980)

Negación de Brasil como imperialismo y potencia regional

«También [niego] afirmar que Brasil es un sub imperialismo regional, porque


empresas de ahí, invierten en Paraguay, Uruguay, etc. (…) Son relaciones
mercantiles de intercambio donde se busca la maximización de la ganancia de
la manera más breve y fácil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo
de 2015)

Esta es otra afirmación que puede dejar perplejo a cualquiera, sobre todo si vive
en Latinoamérica y con unas nociones básicas de economía política marxista.

Todo el mundo sabe que Brasil fue una antigua colonia portuguesa, a principios
del siglo XX era un país dependiente de los imperialismos occidentales, en
especial del imperialismo británico –herencia que recibía del antiguo influjo de
Gran Bretaña que había convertido a Portugal casi en su protectorado–. El país
–como algunos de sus vecinos: Argentina por ejemplo– pese a las grandes
riquezas existentes, debido a la sumisión en la división internacional del trabajo
y la especialización económica, apenas se dedicaba a ciertos productos como el
café. Después de la Primera Guerra Mundial, el número de inversiones de los
imperialistas estadounidenses superó a la de los británicos, muchas de estas
inversiones crearon –como no podía ser de otra forma– una industria ligera que
daría gran rentabilidad económica a los inversores:

«Brasil era un país agrícola exportador de café. Las primeras industrias


fueron creadas, como en otros países de la región, a comienzos del siglo XX
por inmigrantes europeos y unos pocos propietarios agrícolas. Con el
debilitamiento de las oligarquías agropecuarias el Estado potenció el
nacimiento de grandes empresas ligadas a la explotación de los recursos
naturales: Companhia Siderúrgica Nacional –creada en 1941–, Vale do Rio
Doce –1942– y Petrobras –1953–. Las tres son hijas del Estado Novo. Luego de
la crisis mundial de 1929 se desarrolló el proceso de sustitución de
importaciones que redundó en el crecimiento de la industria. Hacia la década
de 1970 comenzaron las exportaciones de textiles y calzado. En paralelo, Brasil
se convirtió en un fuerte receptor de inversiones extranjeras de Estados Unidos
y Europa que se focalizaron en las industrias de bienes de consumo duraderos
–automóviles y electrodomésticos– de la mano de empresas como Ford, GM,
Volkswagen, Whirlpool, Scania, Volvo y Mercedes Benz entre las más
destacadas. Con el régimen militar crecieron las empresas constructoras
nacionales –Odebrecht, Camargo Correa y Andrade Gutierrez–, se creó en
1969 la empresa aeroespacial Embraer y la industria petroquímica en base a
la alianza entre el Estado, capitales privados y extranjeros». (Raúl Zibechi;
Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

76
Después del golpe militar de 1964, se decidió al año siguiente suprimir todos los
partidos excepto dos el ARENA y el MDB, los detenidos y ejecutados de forma
extrajudicial era el pan de cada día. Con el régimen acusado por la crisis Geisel
anunció en 1974 la relajación del nivel de censura y represión del régimen para
calmar a la oposición, esto abrió una brecha que permitía aprovechar los nuevos
aunque pequeños cauces legales abiertos. En 1979 se permitió la participación
electoral de nuevos partidos que empezarían a rivalizar por cuotas de poder. En
esta coyuntura la oposición crecía exponencialmente pese al cambio de leyes
electorales, y al terror en las calles. Y aunque la economía se había modernizado
y estabilizado comparado con los países de alrededor, las masas no veían
reflejados esos avances en su nivel de vida, por lo que las protestas y la
conflictividad social continuarían hasta nuestros días.

Esto significa que Brasil no es hasta los años 70 cuando se empieza a conformar
en serio la idea de su proyecto político imperialista, y siempre bajo la tutela,
alianza y ayuda del imperialismo estadounidense; de hecho, sin EEUU no habría
podido darse esta evolución o bien habría tardado muchas décadas en el
propósito de desarrollar sus fuerzas productivas que le permitieran consolidar
ese proyecto imperialista:

«En los años siguientes el país crecería a ritmos formidables, alcanzando el


12% anual a comienzos de la década de 1970, mientras la industria llegó a
crecer a un ritmo del 18% anual. La inversión norteamericana crece
abruptamente y el salario real cae más del 20% entre 1965 y 1974, pero las
exportaciones de productos manufacturados se triplican en el mismo período.
Son las filiales de empresas extranjeras las que acaparan la mayor parte de
esas exportaciones. En pocos años Brasil se convierte en la octava potencia
industrial del mundo. Bajo el régimen militar la burguesía industrial brasileña
«trata de compensar su imposibilidad para ampliar el mercado interno a
través de la incorporación extensiva de mercados ya formados, como el
Uruguay, por ejemplo». Por cierto, esa «imposibilidad» refleja, por un lado, la
debilidad de una burguesía incapaz de plantar cara al latifundio, pero, por
otro lado, refleja también la potencia del movimiento social ya que el temor a
las clases populares la lleva a echarse en brazos de la oligarquía terrateniente
y las fuerzas armadas. Pero esa expansión hacia los mercados externos de la
región no puede hacerla sino en alianza estrecha con el capital monopolista
estadounidense, ya que la capacidad de ahorro interno de la burguesía
industrial brasileña es aún muy baja, lo que le impide promover la constante
renovación tecnológica de la industria. Durante un largo período la debilidad
de esa burguesía que tiene sus intereses prioritariamente en Brasil, le impidió
construir una estrategia política y económica relativamente autónoma». (Raúl
Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo
imperialismo, 2012)

No olvidemos que entre tanto, pese este proyecto ambicioso de la burguesía


brasileña, las deudas de Brasil y las fluctuaciones del mercado hicieron que el
país casi llegase a la bancarrota en los 80, por lo que no fue un camino de rosas,
muchos analistas incluso señalan la falta de perspectiva clara en el proyecto
brasileño de aquel entonces y las riñas entre las fracciones de la burguesía en
cuanto al camino a seguir. Las movilizaciones por cuestiones salariales,

77
precariedad laboral y falta de libertades políticas no cesaron en los 80, famosas
fueron las de 1984 bajo el grito «Elecciones directas ya» que pretendían
reformar el sistema para conseguir unas elecciones presidenciales directas. Los
militares atónitos no supieron reaccionar ni creyeron que se pudiera dar marcha
atrás. En 1985 el Congreso Nacional aprueba la disolución del régimen militar
creando la división de poderes, la legalización de todos los partidos y el voto
directo como se reclamaba por entonces.

Si se mira con perspectiva, el camino recorrido por Brasil es parecido al


recorrido en esos años por China:

–Primera fase: un gobierno a fin como el de la dictadura militar salida del golpe
de Estado de 1964 solicita créditos e inversiones, armas y tecnología al
imperialismo estadounidense, y otros imperialismos, a la vez que trata de
mantener los sectores clave de la economía bajo su mando para poder
maniobrar político-económicamente y acumular capital;

–Segunda fase: se invierten los excedentes de capital, o mejor dicho la plusvalía


obtenida, en terceros países para obtener superganancias aunque suponga
ignorar las necesidades del pueblo trabajador brasileño, realmente no puede ser
de otra forma, sino el imperialismo dejaría de ser imperialismo. En ese sentido,
en las protestas de inicios de los 80 los trabajadores brasileños reclamaban que
el crecimiento económico no se había reflejado en los salarios, lo que viene a
demostrar que la burguesía imperialista, en caso de progresar económicamente
–a costa de terceros países–, nunca invertirá los beneficios en mejorar las
condiciones materiales de los trabajadores.

A inicios del siglo XXI la conversión de Brasil en un país imperialista se hace


oficial cuando las exportaciones de capitales superan a las inversiones de capital
que recibe:

«A partir de los años 1970, entre tanto, surge un proceso diferente de lo que
había ocurrido previamente: las empresas brasileñas comienzan a exportar
capital, lo que constituye una novedad para un país que siempre había
recibido inversiones extranjeras. En este período, las empresas financieras, de
industria, de la construcción y Petrobras hacen inversiones en el exterior,
principalmente en América del Sur y otros países llamados
«subdesarrollados». La tendencia cobró fuerza en los años 1990 y 2000,
cuando la internacionalización de las empresas brasileñas alcanza diversos
sectores de la economía y se convierte en un elemento ya no marginal de la
economía mundial. La creciente exportación de capital por empresas
brasileñas llegó a un punto crítico en 2006, cuando las inversiones brasileñas
superaron en el extranjero a las empresas extranjeras que invierten en Brasil,
lo que se debía en gran parte a la compra de Inco de Canadá por la Compañía
Valedo do Rio Doce». (Pedro Henrique Pedreira Campos; El imperialismo
brasileño en los siglos XX y XXI; una discusión teórica, 2009)

Si miramos los datos de 2012, podemos ver como las empresas brasileñas tienen
un gran nivel de empleo e ingresos en el exterior: Jbs-Friboi del sector
alimenticio tenía un 61,7% de empleos en el exterior y un 77,4% de los ingresos

78
también venían del exterior; Gerdau de Metalurgia 45,3% de empleos en el
exterior y un 52,0% de ingresos en el exterior; Odebrecht de la construcción, un
45,3% de los empleos en el exterior y un 52% de los ingresos en el exterior;
Coteminas de minerales, un 21% de empleos en el exterior y un 88,5% de
ingresos en el exterior. SABÓ de Vehículos 35,7% de los empleos en el exterior y
un 43,25% de ingresos en el exterior. Stefanini Información 37,0% de empleos
en el exterior y un 35,7% de ingresos en el exterior; Weg Mecánica 16.0% de
empleos en el exterior y un 39,2 de ingresos en el exterior.

¿Cómo influiría este ascenso meteórico de las empresas brasileñas en los países
latinoamericanos?:

«Entre 1995 y 2004 las empresas brasileñas realizaron fuera de fronteras 90


fusiones y adquisiciones, con la siguiente distribución geográfica: 29 en los
países desarrollados y 61 en los países en desarrollo, de las cuales 32 fueron en
Argentina, cuatro en Colombia, Perú y Venezuela y tres en Bolivia. Entre 2002
y 2004 de los veinte más importantes proyectos de empresas brasileñas para
la instalación de nuevas plantas en el exterior, 14 se localizaban en
Sudamérica, uno en América Central, tres en Portugal, uno en Irán y otro en
Noruega. Este conjunto de datos confirma la opción de las multinacionales
brasileñas por la región, donde están construyendo además el grueso de las
obras de la Iniciativa de Infraestructura para la Región Sudamericana
(IIRSA). (...) Esta sensación de que un país poderoso está ganando espacios
entre sus vecinos más pequeños, y aún entre los países medianos, viene
creciendo de modo constante a medida que Brasil se convierte en una potencia
de alcance global. En el sur de Perú se realizaron en los últimos años protestas
contra la construcción de la hidroeléctrica de Inambari. (...) En Bolivia
durante la marcha indígena en defensa del TIPNIS (Territorio Indígena y
Parque Nacional Isiboro Sécure) entre el 15 de agosto y el 19 de octubre de
2011, se escucharon gritos contra Brasil y sus empresas. En las principales
ciudades hubo marchas y bloqueos en respuesta a la dura represión policial
del 25 de septiembre que provocó una crisis política con la renuncia de
ministros y altos cargos. Durante el paro del 28 de septiembre que culminó con
una gran manifestación que bajó de El Alto hasta la Plaza Murillo, se escuchó
un eslogan nuevo: «Evo lacayo de las empresas brasileñas». (Raúl Zibechi;
Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

Pero no nos equivoquemos, en el desarrollo imperialista de Brasil no solo hay


convergencia de elementos económico-políticos concretos, sino que también
encontramos elementos que pretenden atender a «cargas ideológicas» a imagen
y semejanza de la actuación de otros imperialismos; expresado de otro modo,
Brasil también ha creado espacios de presunta convergencia y cooperación de
los países latinoamericanos cuyo propósito último es crear un espacio
económico bajo sus intereses, explotando el «antiimperialismo» entendido éste
como el rechazo exclusivo y siempre teórico del imperialismo estadounidense.
Su trasfondo es crear, más bien disputar, el mercado latinoamericano al que
entiende como elemento básico en el que sostener su crecimiento y
consolidación como imperialismo. Es así que nace el «Grupo del Río»,
posteriormente sustituido por la «CELAC», en el que se excluye a EEUU y
Canadá, y cuya consigna es la «integración y desarrollo regional» en un marco

79
desideologizado de cooperación intergubernamental de los países que la
integran en el que priman por completo las relaciones económicas. A los países
integrados les sirven para intentar liberarse –al menos un poco– del yugo del
Tío Sam mientras intentan obtener tratos beneficiosos de este nuevo
imperialismo brasileño. De otro lado, el PT al frente de Brasil, ha impulsado el
«Foro de São Paulo», un aparato presuntamente de izquierda e
internacionalista que busca el respaldo de la presunta izquierda a las políticas
desarrolladas por el imperialismo brasileño. Hemos de apuntar que aparejado a
toda esa estrategia, hay una estrategia militarista, de hecho Brasil se ubica en el
puesto Nº11 de la lista de países con mayor gasto militar: $31 500 millones que
supone un 1.4 % de su PIB según datos del 2015, en el 2011 el presupuesto de
defensa suponía el 2% del PIB, este se redujo a raíz de la crisis económica. Y está
previsto que para el 2020 el presupuesto de defensa se haya incrementado hasta
los $41 100 millones.

Es un hecho pues que Brasil es un país imperialista y una potencia regional en


América. Solo los propagandistas de Lula-Rousseff o los ideólogos de la
«izquierda progre» como Manuel Sutherland pueden afirmar lo contrario.

En realidad, las monsergas que todos los defensores del imperialismo brasileño
sueltan, no son muy diferentes a las que soltaban los revisionistas chinos y otros
cuando pretendían presentar las relaciones entre los países del segundo mundo
y del tercer mundo como relaciones antiimperialistas:

«En el esquema estratégico de la teoría de los tres mundos hay un llamado


segundo mundo, que se presenta como una víctima del saqueo y la opresión
por el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético. Al
parecer está amenazada por la inminente dominación rusa y se opone a la
creciente presión de los Estados Unidos. Se supone que sus miembros son
países imperialistas de Europa y Asia, así como Canadá, Australia y los
satélites europeos de la Unión Soviética. Presuntamente, tienen demandas
comunes que los ponen en relación con los países dependientes del tercer
mundo, a los que pueden ayudar y unirse en la lucha contra las
superpotencias». (Partido Comunista de Brasil; Mantener en alto la bandera
invencible del marxismo-leninismo, 1977)

De hecho, cuando Brasil en los 70 era un país atrasado y contabilizado dentro de


eso que llaman tercermundismo, muchos de los ideólogos del imperialismo
presentaban las relaciones del fascismo brasileño con los países imperialistas de
«segundo orden», como la Alemania Occidental, como relaciones
«antiimperialistas», a lo cual se opusieron correctamente los marxista-
leninistas:

«La ayuda del segundo mundo para el tercer mundo es un fraude. Por
ejemplo, considerar el acuerdo nuclear entre la Alemania Federal y la
dictadura brasileña como ayuda para los esfuerzos de nuestro pueblo para
asegurar su verdadera independencia, mostraría una total falta de espíritu
revolucionario. Este acuerdo, muy dañino para los intereses fundamentales
del Brasil, y al que se oponen las amplias fuerzas patrióticas, es un negocio
rentable para los monopolios alemanes, un medio que les permitirá poner sus

80
manos en las reservas de uranio del país, y en particular, ayudará en el
armamento nuclear de Alemania. También servirá al régimen militar
brasileño para producir armas atómicas destinadas a amenazar a los pueblos
vecinos y satisfacer las grandes ambiciones megalómanas de poder de los
generales fascistas. La República Federal Alemana es ahora uno de los
mayores inversores en Brasil, después de Estados Unidos. El objetivo de sus
inversiones no es en absoluto diferente del de los monopolios estadounidenses.
Explota sin piedad a los obreros y al pueblo brasileños, obteniendo beneficios
fabulosos de su sudor y sangre y el saqueo de los bienes naturales. ¿Se puede
decir que los monopolistas alemanes actúan de manera diferente en otros
países? Actúan de la misma manera en todas partes. Los países del llamado
segundo mundo no sólo invierten capital, saquean las materias primas,
otorgan préstamos de alto interés y ayudan en condiciones pesadas, sino que
también se esfuerzan por asegurar posiciones clave en los mercados
nacionales de los países subdesarrollados. Ellos están actuando cada vez más
abiertamente en el campo político, tratando de fortalecer también, allí su
influencia. Es bien sabido que la Alemania Federal, conjuntamente con los
Estados Unidos o por cuenta propia, está llevando a cabo intensa actividad en
esta dirección, en un esfuerzo por frenar los procesos políticos que no son
deseables para el imperialismo. En Portugal y España financió y proporcionó
apoyo político a los llamados círculos moderados de esos países, con el objetivo
de cerrar el camino al avance de la izquierda. En América Latina trata de
organizar el movimiento socialdemócrata –o cristianodemócratas– como un
contrapeso contra las fuerzas revolucionarias después de la caída de las
dictaduras. Francia, que todavía tiene colonias, está intensificando su
actividad en África, tratando de reunir alrededor de la metrópoli los países
que estaban bajo su dominación en el pasado. Les está vendiendo armas
modernas, acompañado de técnicos y asesores franceses. También está
participando en acciones militares, como en el caso de Chad y Zaire. Gran
Bretaña, que está perpetrando una agresión contra el pueblo de Irlanda y
emprende actos de guerra contra Islandia, sigue reuniendo alrededor de sí las
antiguas colonias de la Commonwealth británica. Aunque han perdido su
llamada majestad colonial, los países imperialistas de Europa y Asia siguen
siendo monopolistas y colonialistas. Los ingresos financieros que se obtienen
de los capitales invertidos en el extranjero, de su desigual comercio con los
países subdesarrollados, de la venta de armas, del interés de los préstamos
usurarios, etc., representan todavía una parte considerable de sus ingresos
nacionales, es decir, una parte del volumen total de las ganancias capitalistas.
Son enemigos de la revolución, y la libertad e independencia de los pueblos
oprimidos». (Partido Comunista de Brasil; Mantener en alto la bandera
invencible del marxismo-leninismo, 1977)

Hoy Brasil ha logrado establecerse como una potencia imperialista regional en


vías de posicionarse a nivel global, y mientras eso ocurre asistimos nuevamente
a la perorata de los ideólogos revisionistas que defienden como alternativa al
capitalismo las relaciones que el imperialismo brasileño está tejiendo con países
atrasados y neocoloniales como Bolivia o Venezuela. La historia se repite. Lo
peor es que incluso el antaño glorioso PCdoB santifica ahora estas relaciones y
la política general de Lula y sucesores tras llenarse de oportunistas en su seno:

81
«A inicios de los 90 el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) podemos decir que
se consumó completamente la desviación del camino marxismo-leninista que
se había iniciado a finales de la anterior década. Esto se podía ver no solo con
las alianzas con el propio Lula que empezaba a ser popular y otros reformistas
a los que se abrazaba y alababa sin criticismo alguno, sino que empezó a
declararse admirador de varios de los revisionismos que hasta hacia cuatro
días sermoneaba con combatir. Esta traición de Amazonas en los años 80
liquidando el espíritu revolucionario del partido consumada de forma
completa en el congreso de 1992, es comparable a la que Prestes cometió con el
PCB que también formalizó en el congreso de 1956. Ambos pasaran a la
historia como dos líderes nefastos que llevaron a su partido al abismo, no
serán recordados por sus «tesis novedosas», ni por elevar al partido a una
nueva etapa de grandes éxitos, sino por castrar sus principios y marginarlo de
las masas, convirtiéndose en aquello que juraron no permitir. Por supuesto
como en todo proceso no podemos personalizarlo en una o dos personas, la
culpa reside en toda la militancia que permitió tal agravio, tanto en la
experiencia del PCB como luego del PCdoB, casos que demuestran la fragilidad
del militante comunista en tanto que sujeto que debe corroborar y supervisar
que se mantenga la línea revolucionaria y relevar a sus líderes si pretenden
desviar la línea revolucionaria de la organización. (Equipo de Bitácora (M-L);
Algunas consideraciones sobre el caso Dilma y la crisis política en Brasil,
2016)

Si el lector desea conocer más sobre las históricas organizaciones del


proletariado en Brasil y su ocaso, o sobre los gobiernos populistas del socialismo
del siglo XXI y sus problemas, véase el documento: «Algunas consideraciones
sobre el caso Dilma y la crisis política en Brasil» de 2016.

Apuntes sobre las distorsiones que se albergan a la hora de abordar


el tema de las «colonias» y «neocolonias» en la actualidad

El negar o tener una concepción errada de la teoría leninista del imperialismo


conlleva consciente o inconscientemente el postular teorías que lastran la
estrategia revolucionaria e incluso que son directamente reaccionarias.

«Ideólogos» como Shuterland, los maoístas de distintos pelaje, los viejos fósiles
brezhnevistas, o alguno de los variopintos tercermundistas como es el caso de
los «socialistas del siglo XXI», y tantos otros, nos ofrecen unos esquemas sobre
el llamado imperialismo que lejos de contribuir a la lucha antiimperialista hacen
un flaco favor a la causa, unos con teorías idealistas y utópicas, otros con teorías
directamente lacayunas.

Algunos debido a sus escasos conocimientos en materia geopolítica, económica


y sobre todo en líneas generales de desconocimiento del marxismo-leninismo,
no solo confunden y niegan el peligro de las relaciones neocoloniales, sino que
también olvidan que los países imperialistas de la actualidad siguen ejerciendo
una opresión nacional y/o colonial, ante lo cual guardan un silencio o emiten
declaraciones nauseabundas negando el estatus colonial que todavía existen en
varios territorios, teorizando diversas tesis sobre que esos territorios «han sido

82
asimilados e igualados» al de las metrópolis que en su día les colonizó, y que por
tanto estas zonas «ya no son colonias», dando carpetazo al tema, negando la
cuestión nacional y colonial en nuestra época. Esto viene de no comprender
para nada el funcionamiento del sistema imperialista en estos territorios y las
vicisitudes que se pueden presentar, así las maniobras y la propaganda de los
gobiernos imperialistas sobre estos territorios, a los cuales niegan el derecho de
autodeterminación, son seguidos a pies puntilla por estas gentes.

Otros pretenden demostrar que como en algunas ocasiones el imperialismo ha


concedido la soberanía estatal y ha dejado configurarse como Estado
independiente a sus viejas colonias se habría demostrado que el imperialismo
ha mutado e incluso que se ha vuelto altruista hacia los países subdesarrollados.
No reconocen que esta independencia estatal se ha ganado a base de lucha y
sangre en la mayoría de ocasiones, y que en otras los propios imperialistas no
han visto rentable el continuo gasto de la presencia militar y todo el material
destinado a mantener la colonia bajo sus manos, siendo estas las causas
principales de los nuevos Estados neocoloniales. Pero todavía algunos cometen
otro error más vulgar, el creer que con la consecución de la independencia
estatal estos países han alcanzado soberanía político-económica, proclaman
automáticamente que son estandartes del antiimperialismo sin pararse a ver el
desarrollo de dichos gobiernos una vez alcanzada la independencia estatal. La
gran mayoría de ellos una vez adquirido la soberanía estatal han caído en la
dependencia económica de los imperialistas e incluso a veces de sus mismos
viejos amos coloniales, convirtiéndose así de colonias a neocolonias;
independientes estatalmente pero dependientes económicamente y por
extensión políticamente. Acabaron enredados a través de deudas, pactos
comerciales, invasión de capital extranjero y pactos militares que les
inmovilizan.

Analicemos estas dos visiones revisionistas sobre el imperialismo y su forma de


dominación colonial y neocolonial.

1) El colonialismo

La RAE para las acepciones sobre colonias, nos dice:

«Colonia. Del lat. colonia, de colōnus «labrador», «colono». 1. f. Conjunto de


personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro. 2. f.
Territorio o lugar donde se establece una colonia. 3. f. Territorio fuera de la
nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales. 4. f.
Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera». (RAE)

El colonialismo se ha dado históricamente en diferentes regímenes económicos,


ya en la época esclavista se pueden detectar las famosas colonias fenicias o
griegas por ejemplo, pero al ser diferentes épocas y modelos de producción las
colonias respondían a otras motivaciones que no son exactamente iguales a las
del capitalismo. Es más incluso podríamos decir que el modelo colonial en una
misma época como fue la Edad Antigua de los griegos y fenicios no era igual del

83
todo: mientras los primeros priorizaban colonias con un gran número de
colonos y cierta presencia militar reseñable, dichas colonias siempre estaban
motivadas por la crisis en las polis griegas y el excedente de población, entre
tanto establecían en las colonias centros para la obtención de metales por ello
los enclaves se localizaban cerca de las cuencas metalíferas para luego
comerciar. Por otro lado los fenicios y sus motivaciones coloniales estaban
basados en dar salida a sus productos locales y la búsqueda de nuevos
mercados, aunque luego también tendría que ver el crecimiento demográfico
como en el caso griego, pero preferían establecer factorías en pequeñas
penínsulas o islas y centrarse en el comercio, generalmente con un reducido
número de colonos y escasas fortificaciones. Eso no quita que en ambos casos
sería ridículo no contemplar el uso de la violencia cuando los pactos entre
colonos con las élites locales no fructificasen y fuese necesario el uso militar,
cosa que se le olvida comentar a los historiadores, pintando a estas colonias
como unas relaciones armoniosas y totalmente pacíficas con los indígenas
locales. En todo caso, estas diferencias sobre las colonias en la época esclavista
ya dan a entender la complejidad intrínseca del colonialismo en una misma
época y en un mismo sistema económico, imagínese el lector, que patético sería
como hacen algunos, pretender decir que el colonialismo siempre ha sido igual
en todas las épocas.

Si nos retrotraemos ya hasta la época capitalista el colonialismo no solamente se


dio como consecuencia de las aspiraciones supremacistas de una burguesía de
tipo nacionalista que deseaba «dominar el mundo» bajo distintas teorías
raciales legitimadoras, ni tan solo por las posiciones estratégico-militar
ventajosas de las zonas conquistadas, sino que al estudiar este fenómeno debe
acentuarse el factor económico del nuevo sistema.

Al producirse varios avances tecnológicos en el agro y darse una mayor


producción, se obtuvo una gran tasa de acumulación de capital que se pudo
invertir en la incipiente industria así como en los diversos avances tecnológicos
que causarían una diferencia muy sustancial respecto al resto de países no
industrializados en lo político, económico, cultural y militar. El avance en los
transportes y la progresiva internacionalización del comercio hizo que se
abrieran nuevas posibilidades de mercado a nuevos países, sobre todo
rompiendo Europa el dominio del Lejano Oriente. A mayor industrialización
mayor tasa de necesidad sobre las materias primas. Conforme crecía la
industrialización dentro de los países desarrollados, más se recrudecía su
competencia entre las potencias, porque los nuevos países industrializados
decidían cerrar sus mercados a la compra de las manufacturas extranjeras que
ya producían ellos mismos, por lo que el colonialismo era una buena forma de
dar salidas a los productos industriales que ya no querían ser obtenidos por los
países europeos que se habían industrializado. También cuando en los países
capitalistas adelantados las empresas se convertían en monopolios poco a poco
y no tenían ya que dominar en lo interno, o las posibilidades de obtener
ganancias invirtiendo en otros campos internos era reducidas, en ese sentido las
zonas coloniales eran una buena oportunidad para seguir ampliando las
superganancias, ya fuera estando presente en las grandes obras económico-
militares o comercialmente-financieramente. El colonialismo, por tanto, se
volvió especialmente necesario para las potencias una vez transcurrida la

84
llamada revolución industrial, ya que sus zonas proporcionaban mano de obra,
nuevas tierras que explotar, nuevos proveedores de productos muy cotizados,
nuevos mercados donde verter sus productos, grandes zonas estratégicas para el
comercio y lo militar, pero de paso también, una zona donde aliviar su exceso
demográfico. Así que los países industriales que anteriormente no se habían
interesado en exceso por las colonias se lanzaron a tomar su trozo del pastel, y
los que ya tenían trataron de conservar y ampliar sus dominios.

Se podría resumir este fenómeno desde la propia cosmovisión de los


colonialistas, trayendo el discurso de quién llegó a ser en Francia Primer
Ministro de 1880 a 1881, entre otros cargos como Ministro de Inspección
Pública o Presidente del Consejo de Ministros:

«La política colonial se impone en primer lugar en las nociones que deben
recurrir o la emigración, ya por ser pobre su población, ya por ser excesiva.
Pero también se impone en las que tienen o bien superabundancia de capitales
o bien excedente de productos ésta es la forma moderno actual más extendida
y más fecunda. (...) Desde este punto de vista, lo repito, la fundación de una
colonia es la creación de un mercado. (...) En el tiempo en que estamos y con la
crisis que pasan todas las industrias europeas, la fundación de una colonia es
la creación de una salida. Allí donde permanezca el nudo colonial entre la
madre-patria que produce y las colonias que ella fundó, se tendrá el
predominio de los productos: económico, y también político. (...) Hay un
segundo punto que debo igualmente abordar: es el lado humanitario y
civilizador de la cuestión. Es preciso decir abiertamente que, en efecto, las
razas superiores tienen un derecho con respecto a las razas inferiores porque
existe un deber para con ellas. Las razas superiores tienen el deber de civilizar
a las razas inferiores.

Sr. Maigne: ¿Se atreve usted a decir eso en el país donde se han proclamado
los derechos del hombre?

Sr. Guilloutet: Es la justificación de la esclavitud y de la trata de negros.

Jules Ferry: Si el honorable Sr. Maigne tiene razón, si la Declaración de los


Derechos del Hombre ha sido escrita para los negros de África ecuatorial,
entonces, ¿con qué derecho van ustedes a imponerles los intercambios, el
tráfico? Ellos no los han llamado.

Las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas inferiores. ¿Y existe
alguien que pueda negar que hay más justicia, más orden material y moral en
el África del Norte desde que Francia ha hecho su conquista?». (Jules Ferry;
Discurso ante la Cámara, 1885)

Si vemos otro discurso en la decorosa Cámara de los Comunes en Gran Bretaña,


como el pronunciado por el diputado Joseph Chamberlain, artífice de la
Commonwealth, se decía con la mayor determinación algo muy parecido a lo
que acabamos de ver:

85
«Es la británica la más grande de las razas dominantes que el mundo ha
conocido y, por consiguiente, el poder determinante en la historia de la
civilización universal. Y no puede cumplir su misión, que es crear el progreso
de la cultura humana, si no es merced a la expansión de la dominación inglesa.
El espíritu del país tendrá fuerzas para cumplir esta misión que nos ha
impuesto la Historia y nuestro carácter nacional. (...) El Imperio británico,
firmemente unido, y los Estados Unidos deben juntos asegurar la paz del
mundo y asumir la pesada responsabilidad de educar para la civilización a los
pueblos retrasados». (Joseph Chamberlain; Discurso al frente del Ministerio
de Colonias británico, 1895)

Esto demostraba que en la era de las revoluciones burguesas, las bellas


proclamas del liberalismo de «libertad, igualdad, y fraternidad» junto a otros
eslóganes del liberalismo y las constituciones burguesas se fueron diluyendo por
la evidente realidad. Esta pose progresista se tuvo que ir mezclando en la era
industrial con el nacionalismo político y económico, con las ideas de supremacía
racial, con los intereses monopolísticos, muchas otras tantas veces con el
fanatismo religioso y en definitiva con lo que eran a ratos unas excusas,
necesidades y deberes que hacían del colonialismo un fenómeno inevitable para
las potencias capitalistas si querían optar a mantener su puesto entre la flor y
nata de las naciones imperialistas.

Los pueblos colonizados lucharon valientemente no aceptando su subyugación


durante siglos, en rebeliones del todo históricas que pusieron en aprietos a los
amos coloniales.

Pero la primera gran estocada que afectó realmente a los cimientos del orden
colonial tal y como se había conocido hasta entonces sucedió durante la Primera
Guerra Mundial de 1914-1918 con el fin del Zarato Ruso gracias a la Revolución
de Octubre de 1917, la cual no solo acabó con el imperio ruso que era conocido
como una «cárcel de naciones», sino que desmontó muchos clichés respecto a
los pueblos atrasados y sus vías para la emancipación:

«La Revolución de Octubre hizo cuartearse al imperialismo, no sólo en los


centros de su dominación, no sólo en las «metrópolis». Fue también un golpe
contra la retaguardia del imperialismo, contra su periferia, minando la
dominación del imperialismo en las colonias y en los países dependientes.

Al derrocar a los terratenientes y a los capitalistas, la Revolución de Octubre


rompió las cadenas de la opresión nacional y colonial y liberó de ellas a todos
los pueblos oprimidos de un vasto Estado, sin excepción. El proletariado no
puede liberarse sin liberar a los pueblos oprimidos. Rasgo característico de la
Revolución de Octubre es el haber llevado a cabo, en la U.R.S.S., estas
revoluciones nacionales y coloniales, no bajo la bandera de la hostilidad
nacional y de los choques entre las naciones, sino bajo la bandera de la
confianza mutua y de la amistad fraternal entre los obreros y los campesinos
de los pueblos de la U.R.S.S., no en nombre del nacionalismo, sino en nombre
del internacionalismo.

86
Precisamente por esto, porque en nuestro país las revoluciones nacionales y
coloniales transcurrieron bajo la dirección del proletariado y bajo la bandera
del internacionalismo, precisamente por esto, los pueblos parias, los pueblos
esclavos, se han elevado por vez primera en la historia de la humanidad a la
condición de pueblos verdaderamente libres y verdaderamente iguales,
contagiando con su ejemplo a los pueblos oprimidos del mundo entero.

Esto significa que la Revolución de Octubre inició una nueva época, una época
de revoluciones coloniales, que se llevan a efecto en los países oprimidos del
mundo en alianza con el proletariado, bajo la dirección del proletariado.

Antes, «se admitía» que el mundo estaba dividido, desde tiempos


inmemoriales, en razas inferiores y superiores, en negros y blancos, de los
cuales los primeros no son aptos para la civilización y están condenados a ser
objeto de explotación, mientras que los segundos son los únicos exponentes de
la civilización, llamados a explotar a los primeros.

Hoy, esta leyenda hay que considerarla destruida y desechada. Uno de los
resultados más importantes de la Revolución de Octubre consiste en que ha
asestado el golpe de gracia a esta leyenda, demostrando en la práctica que los
pueblos no europeos liberados, incorporados al cauce del desarrollo soviético,
son tan capaces como los pueblos europeos de impulsar una cultura realmente
avanzada y una civilización realmente avanzada.

Antes, «se admitía» que el único método para liberar a los pueblos oprimidos
era el método del nacionalismo burgués, el método de separación de las
naciones unas de otras, el método de desunirlas, el método de acentuar la
hostilidad nacional entre las masas trabajadoras de distintas naciones.

Hoy, esta leyenda hay que considerarla refutada. Uno de los resultados más
importantes de la Revolución de Octubre consiste en que ha asestado el golpe
de gracia a esta leyenda, demostrando en la práctica la posibilidad y la
conveniencia del método proletario, internacionalista, de liberación de los
pueblos oprimidos, como el único método acertado, demostrando en la
práctica la posibilidad y la conveniencia de una alianza fraternal entre los
obreros y campesinos de los más diversos pueblos sobre los principios de
voluntariedad y de internacionalismo. La existencia de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, prototipo de la futura unificación de los trabajadores de
todos los países en una sola economía mundial, no puede por menos de servir
de prueba inmediata de esto.

Huelga decir que estos resultados, y otros semejantes, de la Revolución de


Octubre no podían ni pueden dejar de ejercer una gran influencia sobre el
movimiento revolucionario de las colonias y los países dependientes». (Iósif
Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Entrevista carácter internacional de la
Revolución de Octubre, 1927)

Varios años después se relataba así el hito de aquella revolución, y sobre todo lo
que supuso para las naciones subyugadas anteriores por la Rusia del Zar:

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«Un año antes de acabar la Primera Guerra Mundial, triunfa la Revolución
Socialista de Octubre. La clase obrera rusa, dirigida por el partido de Lenin,
toma por asalto el Estado del ex imperio zarista. Y por primera vez en la
historia, la clase obrera comienza a construir una sociedad sin clases, sin
explotación del hombre por el hombre, los pueblos débiles pueblos fuertes. Y,
automáticamente, necesariamente –Stalin ha demostrado que la solución del
problema nacional asegura y consolida la revolución socialista–, la inmensa
presión de pueblos que fue el imperio zarista y la república burguesa de
Kerenski, se transformó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS), unión voluntaria de naciones y grupos étnicos con igualdad de
derechos. Las naciones asiáticas y los numerosísimos grupos étnicos de Rusia
estaban en franco y rápido proceso de extinción, por cuanto el zarismo y sus
sucesores practicaban una política sistemática de exterminio de los grupos
nacionales y étnicos, de rusificación intransigente y violenta, como la que
ahora práctica el franquismo contra Cataluña, Euskadi y Galicia, política de
genocidio y de castellanización por la fuerza. Con la victoria de la clase obrera
rusa, las naciones y los grupos étnicos renacieron y han realizado en menos de
35 años progresos incalculables, casi impredecibles por su vastitud y
profundidad. Se han reconstruidos los idiomas nacionales –idiomas que se
transmitían de generación en generación por vía oral–, y las escuelas
nacionales y étnicas han liquidado el analfabetismo secular y los institutos y
universidad en lengua nacional y étnica han forjado la camada de sabios,
profesores, maestros, profesionales, técnicos, obreros y campesinos altamente
cualificados que, a la vanguardia y con la masa trabajadora, dirigen y
construyen su nación. En la historia de la humanidad no se pueden citar
ejemplos iguales o ilustradamente similares: este es el «milagro» de nuestro
tiempo, el salto prodigioso de una masa humana esclava y desesperada,
ignorante y torturada, supersticiosa y alcoholizada, en línea de extinción, de
unas tierras saqueadas y esterilizadas por los señores feudales, a la vida plena
y libra de repúblicas federadas, de repúblicas autónomas, con gobierno
propio, con cultura, economía y justicia propias, con ejércitos propios y
relaciones exteriores propios de las más evolucionadas, con un nivel de vida en
ascensión vertiginosa». (Joan Comorera; La teoría nacional del leninismo;
Publicado en Treball (Comorerista), 1952)

Por otro lado, como todo el mundo sabe el mundo colonial sufrió una derrota
todavía mayor tras la Segunda Guerra Mundial:

«En el mundo capitalista ha habido cambios sustanciales. De las seis «grandes


potencias imperialistas» –Alemania, Japón, Gran Bretaña, Estados Unidos,
Francia e Italia–, tres han sido eliminadas como resultado de su derrota
militar: Alemania, Japón e Italia. (…) La Segunda Guerra Mundial agudizó la
crisis del sistema colonial, tal como lo demuestra el auge del poderoso
movimiento de liberación nacional en los países coloniales y dependientes.
Esto ha puesto en peligro la retaguardia del sistema capitalista. Los pueblos de
las colonias se rehúsan a seguir viviendo como antes, mientras que las clases
dirigentes de los países colonialistas no pueden seguir gobernando sus
colonias a la vieja usanza. Los intentos de aplastar el movimiento de liberación
nacional, mediante la fuerza militar, ahora chocan de manera frecuente con la
resistencia armada de los pueblos coloniales y dan lugar a guerras coloniales

88
prolongadas –Países Bajos en Indonesia, Francia en Vietnam–». (Andréi
Zhdánov; Sobre la situación internacional; Informe en la Iº Conferencia de la
Kominform, 1947)

Pero tras la llamada descolonización, no todos los países lograron la soberanía


estatal, algunos siguieron existiendo zonas colonizadas, unas de forma abierta y
otras más disfrazadas.

El problema colonial en la actualidad sigue existiendo. Que en la ONU solo


figuren 1 territorio en África, 9 en el Atlántico y el Caribe, 1 en Europa, y 6 en el
Pacífico como territorios pendientes de descolonización, significa que le pese a
quién le pese sigue habiendo colonialismo en él «flamante y democrático»
capitalismo moderno. Pero el reducido número de esta lista no significa que el
imperialismo se haya «civilizado», más bien todo lo contrario, significa que
sigue siendo igual de inteligente y ruin que siempre, y que ha sabido encubrir el
colonialismo que todavía ejerce en estos territorios bajo las leyes internacionales
burguesas; ya que la tendencia del imperialismo ha sido darle la ciudadanía e
integración completa de las colonias a la legislación del país colonizador, crear
estatus especiales de ultramar, o aplicar solo ciertas leyes de la legislación para
así ocultar internacionalmente que esos territorios figuren como zonas
colonizadas. Lo normal es esta sagacidad, lo que no es tan normal es la
estupidez de quién se traga estas maniobras.

Queda claro que una colonia es un territorio donde un país imperialista se


establece y en el cual se gobierna desde la zona de origen —la metrópoli—.
Ampliemos esta definición desde un punto de vista marxista.

¿Qué hay que mirar, en qué hay que fijarse para saber si un territorio es una
colonia en el capitalismo?

—Deberíamos mirar la actividad económica del territorio, eso sin duda, pero
quedarse ahí sería reduccionista, metafísico; en cuanto no hay que mirar
solamente la actividad económica y buscar un territorio atrasado y
eminentemente agrario, si concluyésemos que se puede identificar como una
colonia «aquel territorio que tiene un desnivel económico respecto a la media
nacional del país imperialista» caeríamos en un error por holgazanes, ya que si
esto se cumple en la mayoría de casos como veremos, existen excepciones como
las zonas colonizadas que han sido paulatinamente transformadas en zonas
financieras o de servicios para el sector hostelero o turístico.

—Deberíamos mirar el tipo de legislación existente, si existe un estatus especial


como el cacareado «status de ultramar», como nos dice la RAE, si esto existe es
porque seguramente se trata de un territorio colonial el cual la burguesía
imperialista pretende camuflarse bajo distintas trampas y apariencias
legislativas;

—Si después de todo esto no hallamos muestra alguna, deberíamos mirar si


existió una invasión militar o si fue una unión pacífica y voluntaria. Y en caso de
haber sido tomado por la fuerza, si existía alguna relación étnico-religiosa, entre
el territorio anexionado y el país imperialista o si simplemente se anexionó por

89
cuestiones económicas, de ampliación territorial o en busca de un enclave
militar estratégico. No son iguales las anexiones entre vecinos donde el ejército
conquistador tiene en el territorio anexionado ciudadanos de su misma
nacionalidad —aunque no sean mayoría— como las guerras sucedidas en Alsacia
y Lorena entre Francia y Alemania; a las expediciones a zonas exóticas donde no
hay parentesco alguno entre colonizadores y colonizados —como la colonización
europea del Caribe—. En las primeras el imperialismo ciertamente puede alegar
que es una cuestión de orgullo nacional, un territorio antaño perdido frente a un
rival, una cruzada para salvar a los vecinos de igual nacionalidad o religión y
demás excusas imperialistas que mezclado con nacionalismo y chovinismo
puede hacer pasar fácilmente entre sus compatriotas, pero en el segundo caso,
al imperialismo le es mucho más difícil y comprometido justificar la guerra e
invasión —por el repudio generalizado a las prácticas colonialistas sobre todo en
la actualidad—, en los territorios actualmente colonizados se intentan acallar a
la población de la metrópoli y la colonia en base a propagar la idea de que
después de tanto tiempo se debe mantener el status por los «vínculos
históricos» entre los dos lugares, un vínculo que si bien es en parte cierto no se
debe olvidar que se ha creado a base de pisotear la política, la economía y la
cultura de la zona colonizada, y que la «similitud» entre las gentes de las dos
zonas se ha creado sobre el militarismo y los colonos que los mismos
imperialistas han instalado desde hace siglos —muchas veces ni siquiera tras un
proceso de colonización han podido superar en número a los «pobladores
indígenas» anteriores a la colonización—.

En este sentido, hay que diferenciar una desigualdad nacional con un estatus
colonial. A esto debemos hacer un apunte sobre una consigna que hacen suya
muchos de los movimientos nacionalistas y separatistas: es incorrecto
proclamar que en todos los Estados multinacionalidades las zonas en que la
mayoría de la ciudadanía nacional no predomina en el Estado, son siempre
zonas coloniales; así por ejemplo sería absurdo concluir que algunas zonas
separatistas de la propia Bélgica o Suiza son colonias del imperialismo belga o
suizo, cuando todas esas zonas han sido grandes participes de las empresas
imperialistas del país. El ejemplo más sencillo y claro lo tenemos en el caso de
Cataluña por su famosa actualidad, aquí parte del independentismo burgués y
pequeño burgués, ha doblado la historia para acabar concluyendo que Cataluña
es una colonia de España. No obstante, pese a la opresión nacional sufrida en
varios periodos —sobre todo cultural-lingüística—, la zona catalana ha sido una
de las joyas del imperialismo español en diversos periodos, Cataluña no ha sido
una colonia, primero porque su integración en el reino de España procede de su
integración en el reino de Aragón vía voluntaria-matrimonial, y segundo porque
ha sido una identidad colonizadora directa a través del mediterráneo y luego
como parte del imperio español lo que le procuró los recursos que le
permitieron no solo no ser asimilada sino, alcanzar su máximo desarrollo
económico-político y cultural a partir del siglo XIX donde surge el renacimiento
y consolidación del nacionalismo catalán cuyas señas de identidad fueron el
catolicismo y el tradicionalismo. Y es que recordemos el nacionalismo catalán,
como todo nacionalismo, nace de las entrañas de la burguesía y su pretensión de
la búsqueda de una expansión de su propio mercado hasta después ver
inevitable el planteamiento de la autogobernación política, por tanto el
nacionalismo siempre en mayor o menor medida tiene un carácter económico,

90
pero también tradicionalista y religioso, ya que el nacionalismo ahonda en las
diferencias para conformar su proyecto, no por casualidad cuando busca
apoyarse en la capas más atrasadas del la pequeña burguesía, agita los valores
del individualismo, del idealismo religioso y del tradicionalismo aunque sea el
más retrógrado. De ahí que ahora el proceso independentista liderado por estas
burguesías separatistas en todos estos países mencionados tenga un claro tinte
imperialista, debido al alto grado de desarrollo del capital en esas zonas, un
desarrollo incluso mayor al de otras zonas del interior, así mismo que busque
aliados imperialistas de renombre como Israel. Esto confirma la ley de
desarrollo desigual en el capitalismo entre sus regiones no solo a nivel
internacional sino nacional, algo que anima constantemente el fenómeno del
regionalismo: es decir la búsqueda de mayor atención o prerrogativas
económico-políticas de unas zonas respecto del Estado central, lo que
dependiendo de muchos factores concluye en la fermentación para un
nacionalismo que en varias ocasiones ayuda a acelerar la conformación de una
identidad nacional.

Estos nacionalismos llegados a estos desarrollos es normal que vean


conformarse en lo interno movimientos políticos nacionalistas de la pequeña
burguesía rural y urbana, unos que aunque se hayan conformado bajo teorías y
propuestas sociales más progresistas que de sus homólogos burgueses,
recogiendo en parte algunos de los sanos valores identitarios de la nación, a su
vez no escapan del mito de las costumbres y mitos nocivos del nacionalismo
burgués, ya que recordemos la burguesía irradia su influencia inevitablemente a
estas capas intermedias y vacilantes, por ello muchas veces ponen por delante la
cuestión nacional a la de clase, llegando incluso a aliarse con la reacción
nacional, sobre todo cuando esta le promete la consecución de la tierra
prometida, es decir, conseguir finalmente el autogobierno estatal, bajo esto la
pequeña burguesía históricamente ha apoyado muchos de los atropellos al nivel
de vida de los asalariados. Por tanto la única clase realmente revolucionaria en
la cuestión social y también en la cuestión nacional es el proletariado, que por
su ideología plantea la cuestión de ejercer el derecho no buscando la separación
por la separación, sino el derecho a decidir si quiere separarse, si quiere
separarse para unirse libremente, etc. pero siempre manteniendo un
planteamiento de la cuestión nacional sin aditivos xenófobos, racistas,
chovinistas, religiosos, siempre en franco internacionalismo, buscando lo que le
une al proletariado vecino y no lo que le separa, impulsando a la vez que se
ocupa de su causa, el resto de las luchas de los explotados a nivel internacional.

Estos territorios como el separatismo catalán o flamenco no tienen nada que ver
por sus características y status con las zonas realmente colonizadas de otras
partes del mundo, aunque como se ha dicho sufren en mayor o menor medida
opresión nacional, ya que se han consolidado como naciones que no han sido
asimiladas por el nacionalismo centralista, intentar disputar mayores cuotas de
poder dentro del Estado frente a otras fracciones burguesas de otra nación para
obtener prerrogativas o para ejercer su derecho de autodeterminación, el cual
no pueden ejercer completamente, algo normal, ya que en las democracias
burguesas este derecho es una excepción y no un hecho común.

91
Históricamente las democracias burguesas han apoyado en el exterior el
derecho de autodeterminación para debilitar a sus competidores pero se han
negado tajantemente siquiera a debatir dicha cuestión en el interior del Estado,
en épocas más modernas se ha dejado debatir dicha cuestión para aparentar
mayor nivel de democracia y libertad, pero se ha negado cualquier intento de
que dicho pueblo lo ejerza sin su consentimiento, alegando que es
inconstitucional o ilegal, esto significa que la democracia burguesa promete en
muchas ocasiones discutir la cuestión, valorar si le conviene permitir dicha
independencia o no, y en caso de que no sea así, intentará provocar escándalos o
cuestiones que prolonguen el periodo de negociación ad infinitum, mientras
recupera la influencia unionista en dicha zona nacionalista, esto es muy común
sobre todo dentro de las colonias.

¿Qué posición toman los marxistas en la cuestión de opresión nacional y


colonial? ¿Dónde deben enfocar sus programas?:

«El capitalismo en desarrollo conoce dos tendencias históricas en la cuestión


nacional. La primera consiste en el despertar de la vida nacional y de los
movimientos nacionales, en la lucha contra toda opresión nacional, en la
creación de Estados nacionales. La segunda es el desarrollo y la multiplicación
de vínculos de todas clases entre las naciones, el derrumbamiento de las
barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la
vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Ambas tendencias
son una ley universal del capitalismo. La primera predomina en los comienzos
de su desarrollo, la segunda distingue al capitalismo maduro, que marcha
hacia su transformación en sociedad socialista. El programa nacional de los
marxistas tiene en cuenta ambas tendencias, defendiendo, en primer lugar, la
igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas —y también el derecho
de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablaremos más adelante—
y considerando inadmisible la existencia de cualesquiera privilegios en este
aspecto, y en segundo lugar, propugnando el principio del internacionalismo y
la lucha implacable para evitar que el proletariado se contamine de
nacionalismo burgués, aun del más sutil. (...) No es marxista, y ni siquiera
demócrata, quien no acepta ni defiende la igualdad de derechos de las
naciones y de los idiomas, quien no lucha contra toda opresión o desigualdad
nacional. Esto es indudable». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas
sobre la cuestión nacional, 1913)

Pongamos unos ejemplos de colonias y neocolonias en la actualidad analizando


sus estatus y sus fenómenos. Para ello tomaremos colonias y neocolonias
relacionadas con el imperialismo francés, gobierno que ejemplifica la hipocresía
de la burguesía.

Durante la explosión de los movimientos anticolonistas en el mundo, los


imperialistas franceses no dudaron en reprimir a las primeras organizaciones
políticas opuestas a la ocupación y explotación colonial. Podríamos citar como
ejemplo la larga lucha de liberación que sufrió Haití durante 1791-1803 contra la
Francia Liberal y Revolucionaria de aquel entonces, después contra el Imperio
Napoleónico más las expediciones británicas y españolas que trataron de ahogar
un largo proceso antiesclavista y anticolonial que acabó logrando humillar a las

92
potencias imperialistas de la época y sus pretensiones reaccionarias,
consiguiendo los haitianos su independencia.

a) Guadalupe

Si Francia es para muchos progresistas el ejemplo a seguir, recordemos su


historia con sus colonias, en este caso con Guadalupe colonizada desde 1635.
Sobra decir que toda revuelta antiesclavista como la de 1725 fue reprimida
durante los primeros siglos de ocupación, algo que seguiría siendo común siglos
después con todo movimiento emancipador:

«Aparece el GCN3 (Grupo de Organización Nacional de Guadalupe) que, a


pesar de sus debilidades, fue la primera organización abiertamente política
que lucha contra el poder colonial, por la independencia. Esta determinación le
ganó la implacable represión del imperialismo francés durante las huelgas de
1967 y el asesinato de varios activistas». (Jean-Louis MAY; El movimiento
patriotico en Guadalupe, 1984)

Eso no impidió el desarrollo sindical guadalupeño, opuesto a los conciliadores


de la OGTG, FCG y otros sindicatos del colonialismo.

«La actitud del imperialismo francés muestran claramente que la situación


tiende entre las fuerzas patrióticas guadalupeños y el poder colonial francés.
El evento esencial de estos últimos años radica precisamente en la existencia
indiscutible de un movimiento patriótico en Guadalupe, movimiento que ha
expresando cada vez más fuertemente las aspiraciones de todo un pueblo para
construir su propio futuro, en completa independencia. La génesis de este
movimiento se funde con la historia del pueblo guadalupeño y descansa en dos
elementos: por un lado, la lucha continua de los esclavos negros contra la
opresión colonial, por otro lado, el trabajo de los intelectuales guadalupeños
desde la década de los 50 desarrollando una reflexión muy rica sobre la
cuestión nacional guadalupeña». (Jean-Louis MAY; El movimiento patriótico
en Guadalupe, 1984)

Como decían los marxista-leninistas franceses de la época, este tipo de eventos


no pueden pasar como si nada delante de los ojos de los marxistas europeos y
del mundo, deben ser el estimulante que les movilice para denunciar y apoyar la
lucha anticolonialista de los pueblos oprimidos:

«Es esencial comprender a dónde va Guadalupe hoy, porque lo que allí ocurre
debe movilizar a todos los marxistas-leninistas franceses y a todos los
progresistas comprometidos para apoyar la lucha de los pueblos por su
emancipación del yugo colonial francés». (Jean-Louis MAY; El movimiento
patriótico en Guadalupe, 1984)

Traducción: que quién cierre los ojos ante estos sucesos no es un


internacionalista; sino un socialchovinista, un socialimperialista.

93
Los marxista-leninistas franceses recordaban a estos pueblos:

«La AGEG (Asociación General de Estudiantes Guadalupeños), desde 1964, y


basado en los análisis de los teóricos marxistas, así como en la experiencia
concreta de las condiciones para la construcción del socialismo en Albania,
extrajo lecciones esenciales para el futuro de su propio país, a saber:

—Hoy, la cuestión nacional solo puede resolverse en conexión con la revolución


proletaria y hay que mirarla sobre esa base. La cuestión nacional es parte de
la cuestión general de la revolución proletaria, y una parte de la cuestión de la
dictadura del proletariado.

—No existe una «tercera vía» intermedia que no sea ni capitalista ni socialista,
es necesario elegir porque en realidad solo hay una alternativa: el camino
capitalista o la vía socialista.

–La experiencia de Albania demuestra con brillantez que un país dominado


por el imperialismo, incluso con poco desarrollo industrial, puede bajo el
liderazgo de la clase obrera y su partido, saltar la etapa de desarrollo
capitalista y transformar la revolución democrática en una revolución
socialista». (Jean-Louis MAY; El movimiento patriótico en Guadalupe, 1984)

Sin duda son lecciones que repasar, veamos otras cuestiones que se han de tener
en cuenta:

«La usual pequeña proporción de la clase obrera en los países


subdesarrollados, su comparativamente bajo nivel ideológico y cultural, su
limitada experiencia de organización y lucha de clases política no pueden
servir como argumento para negar la necesidad y la posibilidad de la creación
del partido de la clase obrera. Como lo demuestra, por ejemplo, la experiencia
de nuestro país, el partido de la clase obrera se debe crear y puede surgir a la
cabeza de la lucha revolucionaria aún cuando la clase obrera es pequeña en
número y no se encuentra organizada. En este caso los comunistas son los
representantes más leales de la clase obrera y su personificación; luchan
resuelta y consecuentemente por los intereses de la clase obrera, por su
ideología y política, por los intereses más radicales de todas las masas
trabajadoras y de la nación entera.

Algunos revisionistas modernos afirman que la existencia del partido


marxista-leninista y el liderazgo de la revolución y el poder político por este
partido para la transición de los países subdesarrollados al socialismo
conforman un dogma obsoleto, reemplazado por el tiempo. En su opinión, si
este ha sido el caso en algunos países, esto ha ocurrido no por motivos de
principio y necesidad universal, sino simplemente por motivos históricos
específicos o por casualidad. Otros públicamente afirman que el papel de
vanguardia y el liderazgo en el llamado desarrollo no capitalista de los países
atrasados puede ser desempeñado por cualquier partido u organización
política, incluso por los sindicatos, independientemente de su ideología y
composición de la clase. Esta es otra traición de los revisionistas a la

94
revolución socialista y la edificación del socialismo, es una caricatura de la
idea del rol de vanguardia en la transformación socialista de la sociedad.

La conquista del poder político por las masas trabajadoras sólo marca el
punto de partida necesario para preparar los países subdesarrollados para la
transición al socialismo. La propia transición es un proceso histórico
completo, a veces más largo y a veces más corto, según las condiciones
concretas de cada país. El contenido principal de este proceso debe ser la
transformación revolucionaria ininterrumpida de la superestructura y la
estructura económica de la sociedad, el continuo cambio de la proporción de
fuerzas de clase en beneficio del socialismo, la lucha contra el imperialismo y
todas las fuerzas reaccionarias internas.

La transformación de la vida política y social requiere en primer lugar del


quebrantamiento de la vieja máquina estatal burocrática creada por los
colonialistas y basada en los intereses de las clases explotadoras locales,
divorciada de las masas trabajadoras y contrapuestas a ellas como un medio
de violencia para conservar la opresión y la explotación. En su lugar se debe
crear una nueva máquina estatal, basada en nuevos líderes, surgidos del seno
de los trabajadores que sean conscientes de sus necesidades y defiendan sus
intereses, purgada de los elementos reaccionarios colaboradores de los
colonialistas, de los partidarios del imperialismo y de los enemigos del
socialismo. En la transformación de la vida política y social, las características
esenciales son la puesta de los trabajadores en la gestión del país, el
crecimiento numérico y la educación de la clase obrera, la emancipación de las
mujeres y su participación en las actividades sociales y la mejora sistemática
de las condiciones materiales de los trabajadores». (Hekuran Mara;
Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo
desarrollado, 1973)

En el caso como de Guadalupe la organización principal era la Unión Popular


para la Liberación de Guadalupe (UPLG) fundada en 1978. Sus tácticas fueron
heterogéneas pasó de un terrorismo inconexo con las masas a buscar una
amnistía para sus militantes y una legalización como partido bajo tesis
socialdemócratas, objetivo que consiguió en 1989. Esto se debió al oportunismo
de sus líderes, de la lucha en su seno de agrupaciones y fracciones algunas de las
cuales llegaron a aceptar la tutela francesa. Estas posturas fueron las que le
llevaron al decaimiento del apoyo social, nada nuevo en estos grupos por
desgracia.

¿Por qué fracasan continuamente gran parte de estos movimientos de liberación


nacional? Normalmente porque como vemos siempre están construidos como
frentes nacionales donde no hay una dirección ideológica clara, con un
programa ambiguo y donde abraza desde el pacifismo iluso hasta del terrorismo
inconexo con las masas. Es bien notable la presión de las ideas tercermundistas,
que vienen a ser un combinado de ideas nacionalistas con socialdemocratismo
que les lleva a la conciliación con los viejos colonialistas y con las clases
explotadoras internas. A eso debe sumarse que si el nivel ideológico en países
más desarrollados es escaso pese al raudal de información y experiencia, en los
países subdesarrollados es mucho más difícil que allí llegue el material

95
necesario para la clarificación ideológica, muchos marxistas se desaniman por el
estado de las cosas, se ven así mismos aislados, caen en el derrotismo, o no
tienen paciencia de explicar sus conocimientos y organizar a los trabajadores.

Precisamente donde se distingue a los marxista-leninistas de los oportunistas es


en estos casos; los primeros ejercen una ayuda crítica a los movimientos de
liberación nacional destacando sus virtudes y defectos, y los segundos hacen un
seguidismo acrítico intentando obtener simpatías de esa justa causa:

«Así pues las desviaciones ideológicas del movimiento nacional kurdo son
ciertamente muy evidentes para cualquier que indague un poco y albergue
algo de conocimientos marxista-leninistas, sus postulados anarco-ecologistas
son una aberración teórico-práctica. Realizar un mero seguidismo para
quedar bien con la «causa kurda», como históricamente se ha hecho con otros
movimientos de liberación nacional como el palestino –con sus ramalazos
chovinistas, prácticas terroristas, influjo religioso o colaboración con diversas
corrientes socialimperialistas y revisionistas–, no frenó sino que puso más
fácil su camino hacia el derrotismo y la claudicación. Esto lo pueden hacer los
oportunistas sin principios pero nunca los marxista-leninistas que han de
estar preocupados por el destino de los pueblos, y conscientes de las
desviaciones y autolimitaciones de esos movimientos de no ser ayudados bajo
una crítica camaraderil. ¿Y cuál es la postura de Reconstrucción Comunista
(RC) frente a la política exterior del movimiento nacional kurdo? Para ello se
«lava las manos como Poncio Pilatos» y dice que es que «entre los kurdos hay
de todo». (…) Por supuesto Roberto Vaquero calla miserablemente que el
movimiento nacional kurdo cada vez amplia más sus tratos con los
imperialistas estadounidenses y otras fuerzas reaccionarias». (Equipo de
Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre
oportunista, 25 de septiembre de 2017)

En Guadalupe, pese a la derrota de las fuerzas patrióticas en los 80, la agitación


social y política ha seguido muy presente en la isla en los años sucesivos:

«Esta pasada madrugada un hombre murió después de ser alcanzado por una
bala. El fallecido pertenecía al Colectivo Contra la Explotación (LKP),
movimiento impulsor de las protestas, y fue alcanzado por una bala cuando
salía acompañado de una reunión sindical. El suceso ocurrió en la conflictiva
zona de Pointe a Pitre, en la capital de la isla y una de las principales
barriadas levantadas por los manifestantes. Por la noche también resultaron
heridos seis agentes de la policía a raíz de los disturbios. Desde hace un mes, la
isla de Guadalupe es un escenario de violencia. Los incendios se producen casi
a diario en comercios y coches, así como enfrentamientos armados con la
policía. El Gobierno de François Fillon ha hecho llamamientos a la calma, pero
el colectivo LKP y los sindicatos siguen quejándose de la mala gestión de la
crisis económica. No hay visos de solución. (...) Ante una crisis económica sin
precedentes, los huelguistas reclaman un aumento de unos 200 euros para los
salarios más bajos, y un recorte de los precios de los productos básicos,
mientras el país sufre una tasa de desempleo superior al 20%, es decir de dos a
tres veces más elevada que la de la metrópolis, según datos de la oficina
francesa de estadísticas (INSEE). La herencia colonial hace además que la

96
concentración de la riqueza esté en manos de algunas familias». (El País; La
crisis social de la isla de Guadalupe llega hasta El Elíseo, 18 de febrero de
2009)

¡No es que parezca que Guadalupe es tratada como una colonia, es que eso del
«estatus de ultramar» es solo una trampa para esconder el carácter colonialista
que Francia ejerce allí! Si esto no lo comprenden las fuerzas patrióticas es que
no están capacitados para entender a que enemigo se enfrentan, o peor, que lo
saben y solamente aspiran a tiras y aflojas con Paris, que siempre les ha tratado
como escoria, dando falsas promesas y ejerciendo el garrote cuando se
incumplían esas promesas de mejora social y de autodeterminación que
propician protestas.

Esto indica que lejos de solucionarse, lejos de que Guadalupe «esté asimilada e
integrada» de buen grado dentro de Francia, no es así, es más, está
terriblemente enojada con la metrópoli colonial: Francia.

Los patriotas guadalupeños tienen condiciones objetivas más que suficientes


para volver a desarrollar su trabajo, para persuadir y lograr el apoyo de los
residentes de la isla, y conseguir expulsar de una vez al imperialismo francés,
causante de todas sus miserias. Trabajo que seguramente deberá ser
hegemonizado por los marxistas si quiere ser llevado a buen puerto, sobre todo
para que después de la independencia no se caiga del colonialismo al
neocolonialismo con Francia o cualquier otra potencia.

b) Nueva Caledonia

Un poco de historia de Nueva Caledonia y la irrupción del imperialismo francés


en su tierra:

«El pueblo kanak, constituyó una sociedad original y muy antigua, durante los
130 años de colonización ha sido diezmado por la represión colonial y las
enfermedades resultando una destrucción de su sociedad. De 60 a 70.000
individuos en 1854 en el momento de la llegada de los franceses, la población
desciende, especialmente después de la terrible represión de 1878 a 30.000
personas en 1901. Aislados en reservas situadas en los valles menos fértiles de
la isla los kanacos son considerados por los colonos de las ciudades como
ciudadanos de segunda clase, de hecho no es hasta 1948 cuando acceden a la
ciudadanía. Desde el 1878 la sociedad neocaledonia se desarrolla sobre el tipo
del apartheid, he aquí la realidad». (Jean-Louis MAY; Nueva Caledonia: el
plan colonial de Mitterand, 1984)

Actualmente, según el censo de 2009, solo el 44% de la población es de origen


melanesio lo que se explica en la gran masacre y limpieza étnica cometida por
Francia en menos de dos siglos.

¿Qué tipo de reparto económico había y hay entre los indígenas y colonos
franceses?:

97
«La población agrícola melanesia, que hoy comprende unas 12.000 personas,
solo puede cultivar unas 15.000 hectáreas aproximadamente en las 160.000
hectáreas de reservas. Por el contrario los calcoches [colonos franceses], de
unas 881 personas que componen la población agrícola suman un 330.00 de
hectáreas cultivables. (...) El colonialismo quiere presentar el tema de la tierra
para los kanaks como un asunto puramente «moral», como un «símbolo» de
su identidad, como una entidad casi divina. A la inversa, los caldoches
tendrían una legitimidad histórica que explota las tierras, emanando de la
colonización. Pero la realidad es bastante diferente: esta tierra, de la que han
sido desposeídos por la violencia y el fuego, es vital para los kanaks, que el
colonialismo encerró en el pasado, marginado en las reservas y confinado a un
la economía alimentaria solo les permite sobrevivir. Hoy, en Nueva Caledonia,
las superficies cultivables que podrían alimentar a una población de 3 millones
habitantes, no son suficientes para 140.000 personas, debido al muy bajo
desarrollo por los caldoches. En ganado, por ejemplo, el rendimiento es 8 veces
menor que al de la metrópoli –es solo 0,2 cabezas de ganado por hectárea–. ¡Si
hay una moral a la que apelar es la de que es perfectamente legítimo que los
Kanaks quieran cultivar la tierra abandonada por los descendientes de
aquellos que desposeyeron a sus antepasados!». (Jean-Louis MAY; Nueva
Caledonia: el plan colonial de Mitterand, 1984)

Esta situación en la tierra que todavía persiste, ha arrastrado a la isla a una


economía agraria de subsistencia, y a la ridícula dependencia de la importación.

Otro de los motivos por los que los imperialistas franceses no han querido irse,
es por la explotación minera de níquel, siendo Nueva Caledonia nada más y
nada menos que el sexto explotador mundial de este producto tras países como
Indonesia, Rusia y Canadá, poseyendo aproximadamente un 20% de las
reservas de todo el mundo, además de ser una zona propicia para los ensayos
nucleares de Francia:

«El archipiélago de Nueva Caledonia, situado en el Pacífico sur, a 16.743


kilómetros de París, tiene una extensión de 19.103 kilómetros cuadrados y una
población de 145.000 habitantes. Poseedor del 20% de las reservas mundiales
de níquel, el territorio tiene valor estratégico para Francia, que efectúa sus
ensayos nucleares en el cercano atolón de Mururoa». (El País; Reserva
mundial de níquel, 6 de noviembre de 1988)

Se concluye que aquí priman enormemente los intereses de la Francia


imperialista respecto a la colonia: explota sus recursos mientras no desarrolla
más que lo justo y necesario; de hecho es esa política la que ha llevado al
descontento de la población durante décadas.

El movimiento nacional de Nueva Caledonia bajo el Frente de Liberación


Nacional Kanako y Socialista (FLNKS) ha liderado su lucha. Pero como tantos
otros movimientos independentistas ha estado lleno de las desviaciones que ya
hemos mencionado en otros casos como el guadalupeño, de hecho pareciese que
ambos movimientos fuesen trazados históricamente por una línea invisible que
los condujo al mismo camino. Igualmente hay que resaltar que este movimiento

98
nacido en medio del imperio francés de la «libertad, igualdad y fraternidad»,
también fue reprimido cada vez que intentó asomar la cabeza y plantear sus
justas reivindicaciones: sus líderes fueron pasados a cuchillo por los
imperialistas franceses y si eso no era suficiente para frenar a las masas, cuando
ha sido necesario se ha incrementado el número de presencia militar en la zona
para «controlar» a los «rebeldes»:

«El asesinato de Eloi Machoro, la represión del movimiento independentista


por los 6.000 hombres enviadas por el Gobierno expone el rostro bárbaro de la
república democrática burguesa cuando debe defender los intereses vitales de
la clase dominante: la burguesía imperialista. La política de «consenso» que
intentó el gobierno de izquierda desde 1981 se desvaneció como una cortina de
humo. Como en Francia, los socialistas y los revisionistas buscan reconciliar
los intereses de la burguesía y la clase obrera, de la misma forma, en las
colonias, defienden la asociación de los colonos y los colonizados». (Jean-Louis
MAY; Nueva Caledonia: el plan colonial de Mitterand, 1984)

¿Cuál ha sido la evolución administrativo-política de este territorio colonial?


Hasta 1946 pasó de ser una colonia oficial a ser un «territorio de ultramar», lo
que no evito que pese a ese estatus especial desde 1986 operase en la ONU como
«territorio no autónomo» pendiente de descolonizar, en 1987 se celebró un
referéndum que contó con la abstención de los independentistas por las obvias
faltas de garantías del proceso en medio de un clima de terror desatado por los
colonialistas con el envío masivo de tropas de ocupación. Gracias a las crudas y
violentas luchas de los 80 se mantuvo en jaque a los sucesivos gobiernos
franceses, finalmente los independentistas firmaron un pacto de independencia
por la vía reformista: el famoso «Acuerdo de Nouméa» de 1998 en el cual los
reformistas neocaledonios fijaban todas sus esperanzas en la promesa de que
Francia prometía dar una mayor autonomía y que «si todo iba bien» en 20 años
se preguntaría a la población sobre la independencia, es decir en 2018 como
muy tarde. Se pasó a considerar entretanto a Nueva Caledonia como
«Colectividad Sui Géneris», un estatus extraño que da como resultado que la UE
no rige en esta zona, obteniendo mayor autogobierno pero sin autonomía en
algunas materias esenciales para un Estado:

«La justicia, el orden público, la defensa y el dinero –así como el crédito y las
divisas– y los asuntos exteriores –sujeto a las disposiciones de 3.2.1– seguirán
siendo responsabilidad del Estado hasta que surja la nueva organización
política resultante de la consulta [prevista para 1998]». (Acuerdo sobre Nueva
Caledonia firmando en Noumea, 5 de mayo de 1998)

¡¿Y todavía hay bobos que creen que esto no es tutelaje imperialista?!

Está previsto para 2018 un nuevo referéndum como se prometió en 1998, ¿pero
cuál es la postura actual de Francia 20 años después de su promesa? Las
mismas ambiciones imperialistas de siempre, y sus representantes no las
esconden:

«Menos de uno por ciento de la población francesa vive en los territorios del
Pacífico, pero la renuncia del Estado a romper los vínculos con sus territorios

99
de ultramar tiene que ver con cuestiones ideológicas y estratégicas, explicó
Soyez. «Primero, Francia constituye una república «indivisible». Por lo tanto,
mientras la mayoría de la población quiera seguir siendo francesa, Francia
tiene el deber de mantener su soberanía. Eso es extremadamente importante
para la psiquis francesa», puntualizó. Además, «los territorios de ultramar le
permiten a Francia mantener su fuerza militar en el mundo, lo que es muy
importante cuando encabeza varias operaciones. Su presencia en el sur del
Pacífico le permite a París tener la segunda mayor Zona Económica Exclusiva
del mundo, muchos recursos naturales e influencia en las instituciones
regionales», añadió. En una entrevista con medios de Numea este mes,
Macron también expresó su esperanza de que se mantenga el status quo, a la
vez que abogó por hacer frente a las causas del malestar local, como el
desempleo, que afecta a 14,9 por ciento de la población económicamente
activa. Pero Soyez piensa que «Macron, como la mayoría de los ciudadanos
franceses, cree que puede encontrarse una solución entre el status quo y la
independencia, si las comunidades locales quieren llegar a un consenso».
(Inter Press Service; Nueva Caledonia espera posición conciliadora de
Macron, 22 de mayo de 2017)

Esto que dice este ideólogo del imperialismo no es mentira, Francia posee bases
militares en sus llamados «territorios de ultramar»: la Guayana Francesa, la
Polinesia Francesa, Guadalupe, Martinica, Mayotte, Nueva Caledonia, Reunión
y San Pedro y Miquelón.

¿Volverá a faltar Francia a su promesa de convocar un referéndum con garantías


internacionales? ¿Amedrentará a la población local en caso de que no pueda
retrasar las elecciones? ¿Enviará tropas de ocupación para asegurar un
pucherazo electoral en toda regla? Las apuestas están muy altas de que así será.
Nueva Caledonia no puede ser por más tiempo una colonia, el pueblo de Nueva
Caledonia sin duda afrontará su destino por sí mismo pero es indudable que el
resto de los pueblos deben solidarizarse para ayudarle y poner punto final a esta
infame realidad.

2) El neocolonialismo

El neocolonialismo como hemos venido explicando durante todo el documento


tiene una explicación muy plausible:

«La Segunda Guerra Mundial produjo un cambio radical en la correlación de


fuerzas en el mundo. Condujo a la destrucción de las grandes potencias
fascistas, pero también estremeció los fundamentos y debilitó
considerablemente a las viejas potencias colonialistas. La guerra antifascista
planteó en todas partes, incluso en los países que no se habían visto envueltos
en su torbellino, el problema de la liberación nacional. Los pueblos de las
antiguas colonias que, conjuntamente con los países de la coalición
antifascista, habían participado en la guerra para sacudirse el yugo fascista,
ya no podían dar pasos atrás y soportar por más tiempo el yugo colonial (...)
Obligados por la situación, muchos países colonialistas comprendieron que las

100
viejas formas de explotación y administración de las colonias eran
anacrónicas, sin concederles la más mínima libertad e independencia. Las
potencias imperialistas, colonialistas, no llegaron a esta conclusión movidas
por sus sentimientos democráticos y por su deseo de conceder la libertad a los
pueblos, sino presionadas por los pueblos colonizados y a causa de su
debilidad militar, económica, política e ideológica, que no les permitía
conservar el viejo colonialismo. Pero, el imperialismo francés, inglés, italiano,
estadounidense, etc., no quería renunciar a la explotación de esos pueblos y
países. Cada potencia imperialista se vio obligada por las circunstancias
creadas a conceder la autonomía a estos pueblos o prometerles la libertad y la
independencia después de un cierto plazo. Este plazo, que fijaron
supuestamente para permitirles tomar conciencia de su capacidad de
gobernarse por sí mismos y formar a este fin los cuadros locales, tendía de
hecho a preparar nuevas formas de explotación imperialistas, el nuevo
colonialismo, dando a los países y a los pueblos la falsa impresión de que
habían conquistado la libertad. (…) Muchos pueblos ex coloniales, a pesar de
haber obtenido esta «independencia» y esta «libertad», tal como se las habían
dado las antiguas potencias colonialistas, tuvieron que empuñar las armas
porque los imperialistas no estaban dispuestos a conceder de inmediato esa
«libertad» y esa «independencia». Particularmente los imperialistas franceses
pretendían conservar también después de la guerra la fuerza o la «grandeza»
de Francia. Así fue cómo los pueblos de Argelia, Vietnam y muchos otros
dieron inicio a una prolongada lucha de liberación y, por último, lograron
liberarse». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Queda de sobra demostrado históricamente que una revolución anticolonial es


un acto progresista, eso es indudable, pero hay que dejar claro que aunque ello
sea per se un acto antiimperialista, no siempre el nuevo Estado resultante llega
a consolidarse como tal si no es dirigido por el proletariado y su partido:

«Por lo tanto, si la revolución «antiimperialista» se detiene a mitad de camino


y permanece entre las manos de los capitalistas «nacionales», la liberación
política y económica conquistada gracias a la revolución anticolonial
necesariamente se convertirá en algo meramente formal y dará nacimiento a
una nueva dependencia, primero económica, que crea así misma una
dependencia política, incluso cuando la independencia política formal es
reconocida. Esto acondiciona en una medida determinante la degeneración de
los organismos de la «democracia representativa», degeneración que es de un
carácter inmutable en todo régimen de democracia burguesa donde toda la
potencia del capital predomina. Esta degeneración caracterizó el conjunto de
los países coloniales, que tras haberse liberado del yugo político y militar del
imperialismo después de la Segunda Guerra Mundial, finalmente recayeron
sobre una nueva dependencia económica y política: el neoclonialismo, que no
es sino una generalización de los métodos imperialistas semicoloniales de
dominación.

Es por todo esto, que como marxistas, debemos hacer hoy una distinción neta
entre la revolución antiimperialista socialista –torneada tanto contra los
explotadores del exterior como del interior–, y la revolución anticolonial
democrático-burguesa –torneada únicamente contra el capital extranjero y

101
sus representares indígenas–. La segunda sólo es una revolución
antiimperialista truncada, parcial y limitada a la desestimación de los
métodos coloniales. La preservación de las posiciones económicas de la
burguesía nacional conduce o bien a la neocolonización del país o a su
transformación en un país imperialista». (Vincent Gouysse; Imperialismo y
antiimperialismo, 2007)

Es por tanto muy clara las diferencias que hay entre la concepción de neocolonia
de un marxista de la de un revisionista:

«Los revisionistas y sus acólitos nacionalistas burgueses hablaron entonces de


«neocolonialismo», pero detrás de esta similitud aparente y terminológica se
esconden de hecho dos diseños de contenidos muy diferentes, opuestos: en los
marxistas-leninistas, el término «neocolonialismo» es sólo un equivalente del
término «semicolonia» que ya empleaban Lenin y Stalin para caracterizar los
países dependientes que poseían una independencia política formal, pero entre
las condiciones económicas en las cuales están colocados realmente no les
permiten gozar de estas libertades políticas formales. Entre los nacionalistas
burgueses y los revisionistas, el «neocolonialismo» es sólo una forma
modificada por el colonialismo clásico, cuando los países imperialistas
sostienen a las camarillas más reaccionarias o directamente colocan a sus
hombres a dedo. La injerencia estadounidense en Angola abastece un ejemplo
reciente, otro caso sería el de Darfur donde se expresan las rivalidades entre el
imperialismo francés y el imperialismo chino». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Y son aún más claras las condiciones que tienen que darse para que una
revolución y un gobierno sea completamente antiimperialista:

«Los marxista-leninistas nos negamos a aceptar ciegamente toda pretendida


«revolución antiimperialista» –sobre todo cuando se queda acantonada en su
etapa anticolonial–, como una «revolución socialista».

La transformación de la primera a la segunda no es ni mecánica, ni


automática, por la simple razón de que en los países coloniales, una parte de la
burguesía nacional está interesada en el derrocamiento del yugo imperialista
y es conducida así a apoyar, a dirigir –de manera más o menos consecuente
según la situación– el combate de las capas populares por la libertad del yugo
del capital extranjero y la fracción de la burguesía nativa relacionada con
este, pudiendo sacar un beneficio mayor por la nueva situación. Por eso el
hecho de atacar a los capitalistas extranjeros no significa que todos los
explotadores nacionales hayan desaparecido. ¡Téngase cuidado pues, de no
confundir la revolución democrático-burguesa contra el imperialismo con la
revolución socialista!

La primera puede acompañarse de medidas radicales –puritanismo


revolucionario, nacionalizaciones burguesas de los sectores que antes
pertenecían al capital extranjero–, en la lucha contra el feudalismo y el
embargo del capital extranjero en la economía, preservando las posiciones

102
económicas de la pequeña y mediana burguesía nacional de la cuidad y el
campo.

Sobre la cuestión nacional y colonial, Stalin había defendido de modo muy


justo que la revolución democrático-burguesa anticolonial era una revolución
hecha a favor de las masas campesinas y a favor de la burguesía indígena
contra los terratenientes, los vestigios de feudalismo y la burguesía
compradora. Esta revolución pretende pues destruir las relaciones
precapitalistas y coloniales de producción que mantienen la economía de estos
países en un estado de atraso extremo –en un país extranjero el capital
foráneo desarrolla sólo algunas ramas de la producción, haciendo caso omiso
del desarrollo del mercado nacional indígena–, a fin de liberar el desarrollo de
las fuerzas productivas, pero sobre la vía de la introducción y el desarrollo de
las relaciones capitalistas de producción.

Tal tipo de revolución, que se apoya en la creación de un mercado nacional,


beneficia a la burguesía nacional que se refuerza, y también en menor medida
a las masas trabajadoras de estos países: a medida que aumente la
productividad del trabajo, la burguesía nacional podrá conceder algunas
mejoras de las condiciones materiales a los trabajadores, en una medida
siempre muy inferior al crecimiento de sus beneficios: la reducción de la
pobreza, bajo el capitalismo, solo puede ser relativa y no absoluta. ¡Y siempre
que la riqueza de los trabajadores aumente, significará que la de la burguesía
estará creciendo mucho más rápido! Además, bajo el capitalismo, la mejora de
las condiciones materiales de los trabajadores en cualquier país solo es posible
cuando el poder relativo, es decir, la tasa de ganancia de «su» burguesía
aumenta en comparación con la de otras burguesías competidoras. En los
países dependientes, la expropiación de la burguesía compradora también
redistribuye la riqueza más equitativamente pero esto no constituye ningún
tipo de socialismo: la formación de Estados burgueses centralizados sucede
dentro del desarrollo de la economía mundial y de la internacionalización de
los medios de producción, donde la burguesía imperialista intenta poner
frenos al libre desarrollo de la industria de producción de medios de
producción.

La revolución antiimperialista –socialista– pone el acento sobre la


independencia económica como condición para el mantenimiento de la
independencia política y se caracteriza por la prioridad consagrada a la
industria de medios de producción, mientras que la revolución anticolonial –
democrática-burguesa– espera aprovecharse de una mejor –o «más
equitativa»– integración en la división internacional del trabajo. Como
marxistas, nos negamos pues a asimilar toda medida de nacionalización como
socialismo, sea en países imperialistas o en países dependientes. Las
nacionalizaciones pueden tener un carácter socialista solamente si se
acompaña de la expropiación sin indemnización de la burguesía en conjunto,
imperialista como nacional –compradora como patriótica–.

La transformación de revolución anticolonial en verdadera revolución


antiimperialista y revolución socialista, por tanto, requiere de varios factores:
1) en primer lugar la existencia de un partido comunista marxista-leninista

103
capaz de movilizar a los trabajadores de la ciudad y el campo contra el poder
imperialista comprador sin transferir la dirección de la lucha a la burguesía
nacional interesada en el derrocamiento de los capitalistas y terratenientes
compradores; 2) después, que el partido llegue a demostrar que las
aspiraciones democráticas de las capas populares y de los trabajadores sólo
pueden alcanzarse si la política de liberación del yugo del imperialismo
extranjero está ligada a la liberación del yugo social, ejercido no sólo por el
capital extranjero, sino también por el desarrollo del capitalismo, incluso
circunscrito dentro del mercado interior. De hecho Marx destacó que la
explotación del trabajo asalariado condujo necesariamente a nivel nacional –a
causa de la brecha entre la producción y el consumo en el mercado interno– a
forzar grandes vínculos comerciales con otros países burgueses, y sobre la
base de la teoría del valor-trabajo y la existencia de diferentes grados en la
productividad del trabajo social, estas relaciones hasta estrictamente
comerciales tornan en una relación de dependencia y sujeción económica de
los países burgueses más débiles en provecho de los más poderosos, capaces de
echar sobre el mercado cantidades importantes de mercancías a un precio de
coste menor». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Entendido esto, estudiemos ahora algunos casos famosos de neocolonialismo


desde los últimos años al presente, para comprender que estos países lejos de
ser libres, están sometidos a una dependencia y una explotación feroz:

a) Chad

El Chad es un país de varias creencias religiosas y varias etnias que fue


colonizado por Francia en a partir de 1891 y que no consideró que hubiese una
«pacificación» de la zona hasta 1911, aunque la resistencia persistió. La
metrópoli decidió englobarla en la África Ecuatorial Francesa –junto a Gabón, la
República Centroafricana y la República del Congo–, finalmente en 1960 logra
su independencia estatal y la retirada total de las tropas francesas en 1965, lo
cual no excluyó que a partir de entonces el Chad fuese un país alineado con
Francia en la política exterior y dependiente de él económicamente y
militarmente, esto se pudo ver en especial durante el periodo de la presidencia
de Tombalbaye. El país nunca salió de su economía basada en la ganadería, las
cosechas de mijo y sorgo, sobretodo también el cultivo del algodón y
recientemente el petróleo. La dura represión interna se conjugaba con un
pragmatismo exterior bajo el bloque de los «no alineados» estableciendo
relaciones tanto con el bloque del imperialismo estadounidense como con el del
socialimperialismo soviético. Ni el ambiente constante de guerra civil frente al
FROLINAT (Frente de Liberación Nacional del Chad), ni los eventuales
episodios de violencia con Libia durante 1978-1987 por la disputa de la Franja
de Aozou, ni la Guerra contra Sudan de 2005-2010, permitieron un periodo de
estabilidad al país, constantemente tensionado por la división étnica, religiosa y
las relaciones tormentosas con los países vecinos y el viejo amo colonial.

Esto confirma que el Chad pasó de ser una colonia a una neocolonia. Un país
con soberanía estatal y teórica soberanía político-económica, pero que en la

104
praxis se veía maniatada por la dependencia externa de los viejos y nuevos
imperialistas:

«Una de las principales formas de explotación neocolonial de los países


formalmente independiente de los antiguos colonizadores es la exportación de
capital, a través de la cual ponen bajo su control total las principales ramas de
su economía, con el objetivo de maximizar sus beneficios, preservar y de
perpetuar su dominación en estos países imponiéndoles un tipo de desarrollo
que les somete todavía más a las metrópolis. (…) La irrupción de capitales de
los neocolonialistas en los antiguos países coloniales y dependientes está atado
estrechamente al desarrollo y a la acción cada vez más extensa de las
multinacionales. (…) Desempeñan un papel importante en la orientación de la
economía de los antiguos países coloniales y dependientes sometiéndoles cada
vez más a la dependencia de las metrópolis». (Lulzim Hana; Las deudas
exteriores y los créditos imperialistas, poderosos eslabones de la cadena
neocolonialista que esclavizan a los pueblos, 1988)

Esta neocolonización no era accidental:

«Hay que recordar que muchos países que proclamaron su independencia


política no atentaron contra las posiciones del capital extranjero en su
economía. Conservándose en muchos casos, el antiguo sistema financiero,
manteniéndose en circulación los billetes de la metrópoli o de los que están
relacionados con ella, y conservándose las divisas de los bancos de los
antiguos colonizadores. Esto sirvió de poderoso apoyo al colonialismo en la
aplicación de su nueva estrategia imperialista. Para la implementación de sus
políticas neocolonialistas, las potencias imperialistas recurrieron a tratados
militares, el comercio de armas, el avivamiento de conflictos locales, etc., pero
también a sus emisarios. Aprovechando el hecho de que la dominación colonial
dejó a estos países en un profundo atraso cultural y que los pocos cuadros que
poseían fueron absorbidos por las metrópolis, acudieron a menudo para
organizar la economía en los países que habían proclamado su independencia
política, a los «especialistas» y «expertos» de las potencias imperialistas y
socialimperialistas». (Lulzim Hana; Las deudas exteriores y los créditos
imperialistas, poderosos eslabones de la cadena neocolonialista que esclavizan
a los pueblos, 1988)

Durante estos años de independencia, pese a las tiranteces constantes con


Francia por la excesiva influencia en el país, el gobierno del Chad recurrió
constantemente a ella en lo militar para salir airoso en todos los conflictos
internos y externos:

«1) Fecha: desde 1968 hasta 1972

Operación: Operaciones contra la rebelión Tibesti en Chad. El ejército francés


registró pérdidas significativas: 39 muertos en las filas francesas durante la
operación «Limo» y un centenar de heridos.
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: François Tombalbaye.

105
Nombre de la operación: «Bison». (Nueva Tribuna.es; 44 intervenciones
militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de 2015)

2) Fecha: 1969
Operación: Francia interviene, desde marzo 1969 a junio 1971 frente a las
rebeliones contra el Tibesti y FROLINAT (Frente de Liberación Nacional del
Chad respaldados por Libia en 1969).
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: François Tombalbaye.
Nombre de la operación: «Limousin». (Nueva Tribuna.es; 44 intervenciones
militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de 2015)

3) Fecha: 1978
Operación: Francia interviene de nuevo desde marzo 1978 a mayo 1980 para
contrarrestar el avance de FROLINAT (Frente Nacional de Liberación de
Chad)
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: Felix Malloum.
Nombre de la operación: «Tacaud» «Puchero». (Nueva Tribuna.es; 44
intervenciones militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de
2015)

4) Fecha: 1983
Operación: El 18 de agosto de 1983, 4000 soldados franceses se movilizan en
apoyo del presidente Hissène Habré, desafiado por los rebeldes de Goukouni
Oueddeye, apoyados por Libia. La operación durará hasta febrero de 1986.
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: Hissène Habré.
Nombre de la operación: «Manta». (Nueva Tribuna.es; 44 intervenciones
militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de 2015)

5) Fecha: 1986
Operación: El 15 de febrero de 1986, la fuerza aérea francesa bombardeó la
base aérea del ejército libio en Ouadi Doum (Norte).
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: Hissène Habré.
Nombre de la operación: «Sparrowhawk» «Gavilán». (Nueva Tribuna.es; 44
intervenciones militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de
2015)

6) Fecha: 2006
Operación: Apoyo para satisfacer a los rebeldes del Ejército de Chad en el
dispositivo Hawk. La aviación francesa opera el 16 de febrero de 1986, a 250
km de Yamena.
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: Idriss Déby Itno.
Nombre de la operación: «Gavilán». (Nueva Tribuna.es; 44 intervenciones
militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de 2015)

7) Fecha: 2008

106
Operación: Protección de los aeropuertos de Yamena y evacuación de
ciudadanos franceses en Chad. Intercambio de disparos entre el ejército
francés y los rebeldes cerca del aeropuerto.
Ubicación: Chad.
Jefe del Estado: Idriss Deby Itno.
Nombre de la operación: Desconocido». (Nueva Tribuna.es; 44 intervenciones
militares francesas en África desde 1961, 15 de noviembre de 2015)

El albanés Enver Hoxha ya registró que esto correspondía a una serie de


operaciones del imperialismo francés dedicadas a no permitir perder más
influencia en África, y en medida de lo posible agrupar a los nuevos países de
habla francesa bajo su mando, empleando para ello los mecanismos que fuesen
necesarios:

«Observamos que también el imperialismo francés se ha introducido en la


carrera por la conquista de nuevos mercados. Francia ha comenzado a seguir
su vieja política colonialista e intenta retornar, de forma abierta o
indirectamente, a todos aquellos países que han estado incluidos en la zona de
influencia francesa, o según les denominan «países francófonos», en el
Próximo Oriente, en el Líbano y en diversos países de África Central.
Actualmente, además del comercio de armas y de los intentos por
restablecer la cultura francesa, ha enviado a estos países destacamentos
militares de paracaidistas. Es el caso de las fuerzas que ha enviado al Chad».
(Enver Hoxha; Oriente Medio en el año 1983; Reflexiones sobre Oriente Medio,
1983)

El hecho de que el Chad haya intentado configurarse como una democracia


burguesa multipartidista desde los 90, no ha alterado la corrupción ni el
autoritarismo en política, pero tampoco las cuentas económicas respecto a los
países imperialistas que evidencian una alta dependencia.

Actualmente la balanza comercial del Chad se ha enfocado hacia China e Italia


con un 28% y un 14,2% respectivamente como proveedores, pero Francia
mantiene su posición en tercer lugar.

En cuanto a las inversiones extranjeras Francia sigue siendo la potencia


incontestable:

«Aunque Francia sigue siendo uno de los principales inversores con unas 40
filiales de empresas nacionales en Chad, Estados Unidos ha pasado a formar
parte del panorama de inversiones extranjeras en el país. En el caso de China,
cabe destacar la Corporación Nacional China de Petróleo que ha construido la
refinería de Djermaya. No obstante, ha habido algunas fricciones entre Chad y
las empresas chinas de explotación de hidrocarburos por lo que estas
autoridades desean diversificar sus socios comerciales». (Gobierno de
España; Oficina de información diplomática, 2017)

Pese a todo, el Chad sigue proclamándose un país no alineado en cada


conferencia del Movimiento de los Países No Alineados, lo que vuelve a

107
demostrar como ya destaparon los marxista-leninistas de décadas anteriores,
que este movimiento tercermundista no es sino un gran bluf:

«En muchos países africanos de hoy en día, son los poderosos estados
capitalistas e imperialistas los que están haciendo la ley, son quienes apoyan a
las camarillas locales gobernantes, las cuales dependen directamente de ellos y
son instaladas, cambiadas o asesinadas según los intereses que dicten. Estas
camarillas reaccionarias son antinacionales y antipopulares, verdaderos
gendarmes del neocolonialismo, que guardan los intereses del capital
extranjero invertido en África, defienden los bancos y las subsidiarias de las
empresas multinacionales que garantizan el máximo beneficio para los
monopolios extranjeros, que mantienen al pueblo bajo la opresión y el
oscurantismo, para que no vean como están siendo esquilmados y saqueados
por los imperialistas y los colonialistas. (...) Este mundo «no alineado» es
como un sueño, pero un sueño en el cual los imperialistas y revisionistas, los
neocolonialistas y capitalistas están aconsejando ruidosamente, a los pueblos
a mantener y distraer su atención de la terrible realidad en la cual están
viviendo. La práctica diaria, cuando incluso las camarillas reaccionarias son
presentadas a sí mismas como «no alineadas», «antiimperialistas»,
«democráticas», «populares», «progresistas» e incluso «socialistas», muestra
que esta teoría es un gran fraude, diseñada para frenar la vigilancia de los
pueblos y desviarlos de la lucha real contra el imperialismo y especialmente
las dos superpotencias. ¿Qué clase de «no alineamiento» existe cuando los
regímenes contrarrevolucionarios, antipopulares y opresivos de estos países,
están maniatados con mil cuerdas visibles e invisibles del imperialismo
mundial y sus estructuras militares, económicas y financieras, etc. están en el
poder, se proclaman y se aceptan así mismos como «no alineados»? (...) Las
teorías del «no alineamiento», los «tres mundos», el «mundo libre» y otros
mundos» burgueses y revisionistas tienen el mismo objetivo: no asistir a los
pueblos a encontrar la verdadera lucha revolucionaria antiimperialista, sino
llevarlos a un camino falso, inofensivo para la dominación imperialista. Están
destinados a preservar el statu quo presente, la terrible situación de opresión,
creada por los nuevos colonialistas, para engañar a los pueblos que dicen ser
supuestamente «no alineados» y libres». (Zëri i Popullit; La teoría del «mundo
no alineado» y la teoría de los «tres mundos», unidos en la defensa del statu
quo imperialista, 1978)

La situación neocolonial de países como el Chad demuestra que la


independencia del país es relativa, que como explica el leninismo, no hay una
soberanía política ni económica real.

b) Los viejos y nuevos regímenes capitalistas-revisionistas

Los países capitalistas que se esconden bajo palabrería acerca del socialismo y el
antiimperialismo, es decir los países revisionistas que todos conocemos,
tampoco pueden escapar a las leyes inherentes del capitalismo ya que como
decimos forman parte de él.

108
Lo cierto es que este fenómeno de la dependencia económica no solo ocurrió a
los antiguos países que salían del colonialismo. Si miramos el antiguo bloque
revisionista de los años 80 observaremos los mismos problemas económicos
que presentaban cualquier otro país neocolonial:

«La situación es tan crítica en algunos países, entre ellos Polonia y Rumanía,
que ya no son capaces de pagar los intereses de sus préstamos y han pedido a
la burguesía nuevos préstamos para pagar éstos, extendiendo los plazos de
pago para no declarase insolventes. En cuanto a la Unión Soviética, frente a
las demandas de la burguesía monopolista internacional para el rembolso de
sus préstamos y el pago de sus intereses, no le dejó otra solución que vender
sus reservas de oro, platino y diamante en el mercado mundial. Concediendo
estas ayudas y créditos a los países revisionistas, la burguesía internacional se
asegura considerables ganancias económicas y políticas. Encuentra así nuevos
mercados en tiempos de crisis, despacha la existencia de sus mercancías y
aumenta sus capitales. Si en 1979, los países revisionistas pagaron a los
acreedores occidentales cerca de 5 mil millones de dólares en intereses, para
1980 esta suma alcanzó los 7 mil millones de dólares y actualmente está cerca
de los 8,5 mil millones de dólares». (Hasan Banja y Lulëzim Hana; La
degeneración del Consejo de Ayuda Mutua Económica en una organización
capitalista, 1984)

Esto no fue casualidad ni cosa de un día, los fuertes lazos económicos con los
países imperialistas de Occidente fue la tónica general en todos los países dentro
del campo revisionista soviético.

Cualquier país capitalista de corte revisionista –es decir «bajo los ropajes» de
que es un país socialista– siempre, tarde o temprano, entra en una nueva crisis
económica. Históricamente hablando: Yugoslavia, Rumanía, Hungría, Polonia o
la propia Unión Soviética, todos intentaban salvar la apariencia de los desastres
de su economía anarquizante típica de una economía capitalista mediante la
petición de créditos, ya fueran estatales –a los países imperialistas–, a empresas
privadas extranjeras o a organismos como el famoso Fondo Monetario
Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM). La petición de prórrogas de
dichos plazos, mediante la condonación de la deuda, mediante la venta de sus
reservas de oro, al final solo creaba un círculo vicioso del que no podían salir.

Los préstamos, créditos y todo tipo de contactos con el capital privado


extranjero de los países imperialistas, acabaría no sólo en un enredo de deudas
económicas, sino que como ya se ha expresado, con pérdida de soberanía; por lo
tanto la subyugación económica a los imperialismos y sus organizaciones, se
traducía siempre en los regímenes pseudosocialistas, en subyugación política, ¿y
cómo se traducía en hechos? En hacer reformas a gusto del acreedor de la
«ayuda» económica, y cuando al igual que cualquier otro país capitalista
occidental, los países revisionistas-capitalistas se introdujeron en el FMI, el BC,
etc., el seguidismo a las reformas fue enorme, y sus consecuencias bestiales:

«En primer lugar, le pidió a estos países a que tomaran nota de la situación
actual de la economía y definieran el camino a seguir para transformarlo,
hacerle modificaciones estructurales, limitaciones de las importaciones e

109
inversiones, etc. Es en este contexto que encaja las medidas adoptadas en estos
países para elevar los precios de los bienes de consumo y devaluar su moneda
frente al dólar. En los años 1981, 1983 y 1984, Rumanía ha devaluado tres
veces el leu y el dólar subió 4,5 a 21,5 frente al leu. Polonia, con su entrada en
el FMI, operaba con una devaluación del zloty en un 30 por ciento, mientras
que en Hungría el dólar ha pasado de 41,3 a 51 forint. De modo general, la
política del FMI con respecto a los países que piden préstamos,
independientemente de los matices y los rasgos específicos que revistan según
los diferentes Estados y los grupos de Estados, parece estar destinado a
aumentar la explotación y la expoliación de las amplias masas trabajadoras y
acentuar todavía la dependencia de su economía hacia sus exportaciones en
las metrópolis. Además, el FMI pregunta y pide informes detallados sobre la
situación de la economía de los países prestatarios, sobre sus perspectivas de
desarrollo, sobre la política económica que aplicarían según las medidas
propuestas por él, y se le ha sido reconocido también el derecho a proceder
periódicamente a la comprobación de la aplicación de esta política. Su no
aplicación puede conducir hasta al cese de los créditos». (Lulzim Hana; La
deuda externa y los créditos imperialistas, poderosos eslabones de la cadena
neocolonialista que esclaviza a los pueblos, 1988)

Muchos de estos países aunque no participasen directamente en el FMI, desde


años antes de su incorporación ya eran presionados por sus representantes ya
que muchas veces los miembros del FMI eran los que habían intercedido en
estas operaciones, cuando no eran los propios acreedores. Pese a todo, si los
simpatizantes de estos regímenes están esperando datos, se los daremos para
que vean que no mentimos: Yugoslavia jamás abandonó el FMI, Rumanía se
incorporó en 1972, Hungría en 1982 y Polonia en 1986.

El nivel de influencia de estas empresas puede verse en el golpe militar polaco


del ultrarevisionista Jaruzelski en 1981, el cual fue aupado por los diferentes
imperialismos occidentales sumado al visto bueno del socialimperialismo
soviético para que apretase las tuercas aún más a los trabajadores polacos y se
pagase a las entidades financieras occidentales:

«Para vigilar el cumplimiento de la política recomendada por los monopolios


financieros a Polonia, los mismos exigen que el país se integre al FMI, lo que
ha sido visto con buenos ojos por la Unión Soviética tal como lo asevera la
editorial del 28 de noviembre de 1981 del New York Times. La visita de una
delegación del FMI a Varsovia dos días antes de la proclamación del estado de
sitio no es, sin lugar a dudas, ajena a esta exigencia. Ahora bien, tantos los
[revisionistas] soviéticos como los representantes de los grupos financieros
internacionales saben que el programa de austeridad sólo puede ser aplicado,
sobre todo en medio del elevado grado de movilización de la clase obrera, por
medio de un gobierno seguro y represivo. El ejército soviético está de tal
manera, que en los hechos está jugando el papel de agente cobrador de los
bancos occidentales. Las declaraciones y escritos que atestiguan el interés que
tienen los acreedores de Polonia en la aplicación de la ley marcial son
numerosos. El editorial ya mencionada del New York Times del 28 de
noviembre de 1981, dos semanas antes de la toma de poder por Jaruzelski,
expresaba que la acción combinada de la Armada Soviética y la dependencia

110
frente a los bancos occidentales sería el medio de extraerles sobrebeneficios a
la revolución de los trabajadores. El 21 de diciembre de 1981, el Wall Street
Journal escribía que el «autoritarismo de Polonia puede ayudar a los bancos
estadounidenses a cobrar los 1.300 millones de dólares que esta nación debe».
Igualmente un alto representante del banco Francés «Société Générale»
declaraba el 28 de diciembre de 1981 a Busimess Week que la acción de
Jaruzeslki era «una manera de salir del impasse». (José Serulle Ramia,
Jacqueline Boin; El FMI: deuda externa y la crisis, 1984)

Esta experiencia histórica, demuestra el cambio cualitativo que supone el


revisionismo cuando llega a un partido en el poder: tarde o temprano se le abre
paso a las multinacionales poco a poco y se reprimen las luchas de los
trabajadores que surgen por los viejos y nuevos problemas económicos:

«Los Estados revisionistas se han convertido ya en Estados capitalistas,


dominados por la férrea dictadura del capital, la cual no permite protestas e
impone sus decisiones a la clase obrera y a su pueblo. En esos países la mano
de obra es barata. La import-export de mercancías en general es reducida, no
sobrepasa el 15% ó el 20% del producto nacional. En estas condiciones crean
con los países capitalistas grandes sociedades, trusts, en cooperación abierta o
encubierta, con el 49-50% de las acciones. Así los trusts capitalistas han
ocupado, por así decirlo, los grandes mercados de estos países
autodenominados comunistas. Las inversiones de estas grandes
multinacionales capitalistas han echado profundas raíces en la Unión
Soviética. Los Rockefeller, Shell y otros han cooperado con el gran trust del
petróleo de la Unión Soviética en Siberia y continúan haciéndolo». (Enver
Hoxha; Las multinacionales, una soga al cuello de los pueblos; Las
superpotencias, 27 de septiembre de 1977)

Esto ya lo analizamos en varios documentos: como el caso específico del


revisionismo húngaro encabezado por János Kádár. Sus reformas económicas
iniciadas en los 70 fueron muy alabadas desde las tribunas burguesas de los
periódicos de los países occidentales. Hablamos de medidas como: la mayor
captación de inversión privada extranjera, mayor nivel de descentralización,
mayor estimulación para la creación de medianas y pequeñas empresas
privadas, mayor independencia de las empresas del plan, la no obligatoriedad
de las cifras del plan y una total libertad de la ley del valor, que no tenían otro
objetivo que lograr la integración cada vez más honda de Hungría en el mercado
capitalista mundial, pero también era la receta desesperada capitalista dentro
del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que andaban moribundos
para intentar salir de los quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que le
creaban la propiedad capitalista monopolista de Estado en varias de sus ramas
económicas por la naturaleza liberal y capitalista de actuación en su base. Una
receta que los revisionistas cubanos han arrastrado desde aquel entonces
cuando copiaron el modelo económico brezhnevista, aunque en su propaganda
pregonen que es un nuevo modelo económico propio. No aprenden de la
historia que nos muestra cómo acabaron sus amigos revisionistas.

Hay que buscar en este tipo de análisis científicos las causas de la caída de los
regímenes revisionistas-capitalistas.

111
Actualmente en los países de la «izquierda latinoamericana» o los
autodenominados como países del «socialismo del siglo XXI», siguen la misma
estela, también confían en los organismos del neoliberalismo global como el
FMI para «evaluar la viabilidad de su economía» y de sus «ayudas» para
«desarrollar su economía», y se basan en su aprobación para sacar pecho ante
su militancia, es el caso de Argentina, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, etc.,
cuando sabemos de sobra que para el FMI una economía modelo es una
economía neoliberal. Muchos de estos países durante las últimas décadas
incluso han llegado a modificar sus marcos constitucionales y soberanos para
facilitar la llegada del capital extranjero, produciendo una mayor intensificación
de la explotación laboral y de la destrucción del medioambiente. Los viejos
regímenes revisionistas como Cuba o Vietnam también se han adentrado en este
mismo camino desde los años 80, siendo en realidad los pioneros donde fijarse
para todos estos países. Esto demuestra que los actuales regímenes revisionistas
no han aprendido de la experiencia y bochornoso final de sus predecesores, que
por otro lado son incorregibles, y no puede ser de otra forma, siendo
expresiones de la burguesía: ellos simplemente defienden sus intereses de clase
que resultan en ser antagónicos respecto a los nuestros, los de las clases
explotadas.

Si miramos modelos revisionistas actuales como Cuba o Corea del Norte,


observamos exactamente el mismo panorama que hemos visto en los viejos
regímenes de los 70 y 80 que acabaron desapareciendo:

b) Cuba

Es indudable en el mundo hispanohablante el mito de Cuba es utilizado por


partidos como el PCE, PCPE o el PCOE para intentar captar a los simpatizantes
del castrismo, del guevarismo, del socialismo del siglo XXI, del
tercermundismo, o cualquier cosa que se tercie. Su apoyo es fanático e incluso
llegan a calificar de socialismo a su gobierno. Sobre esto no nos pararemos
demasiado, ya ha sido desmontando por la historia. Véase nuestro documento:
«La estupidez altiva de los pseudorevolucionarios cuando sacan pecho al decir
que fueron instruidos en el «socialismo» cubano» en el que se desmontan
algunos de los mitos del régimen cubano.

Otros pese a la supuesta postura «crítica con Cuba, embellecen el carácter del
gobierno cubano y lo tildan de «antiimperialista» y «revolucionario», así ocurre
con el lumpenizado Roberto Vaquero, el líder de la secta maoísta
Reconstrucción Comunista (RC):

«Yo he estado en Cuba, varias veces, en brigadas de trabajo, por mi cuenta,


estuve en la escuela de formación de cuadros del Comité Central del Partido
Comunista de España (PCE) en el año antes que le diera el chungo a Fidel,
2004-2005, 2005-2006, yo no vi socialismo por ninguna parte, si vi un
gobierno antiimperialista, si vi cierto grado, de que había, si era algo

112
revolucionario, de que fue algo revolucionario para América Latina». (Furor
TV; Entrevista a Roberto Vaquero, 5 de octubre de 2016)

Quizás Roberto Vaquero vio en 2006 y sigue viendo en 2016 un gobierno


«antiimperialista» porque arrastra los dogmas aprendidos en el PCE carrillista a
la hora de analizar los países y las experiencias históricas. Una vez más los
líderes de RC vuelven a adoptar la misma actitud oportunista que el PCE (r) y
sus contornos, y no es la primera vez que sus expresiones políticas son como dos
gotas de agua:

«Ojala [Cuba] no vuelva a ser el prostíbulo de los imperialistas». (Pablo Hasél;


Pablo Hasél: Un ejemplo para siempre, 13 de enero de 2013)

Ni Vaquero ni otros representantes del maoísmo como Hasél y el PCE (r) se han
enterado de que Cuba siempre ha sido el prostíbulo, metafóricamente hablando,
de los imperialistas y socialimperialistas desde el primer momento. Primero lo
fue del colonialismo español, después del imperialismo estadounidense, y
después de los sepultureros de la obra de Stalin, los jruschovistas, es decir los
socialimperialistas soviéticos:

«El precio del renovado apoyo soviético fue una cierta descentralización de la
toma de decisiones económicas y la introducción de una gama limitada de los
mecanismos de mercado. Desde el comienzo de los años 70, los dirigentes
cubanos trataron de reformar las estructuras económicas y políticas de Cuba
para dar cabida al nuevo modelo. (...) Las reformas que siguieron en la
primera mitad de la década los 70 en Cuba iban en consonancia con la línea de
la Unión Soviética, bajo la cooperación de numerosos asesores soviéticos se
reestructuraron los organismos y empresas económicas de Cuba. Una
Comisión soviético-cubana se creó en diciembre de 1970 para coordinar el uso
de la ayuda soviética, y dos años más tarde, Cuba se convirtió en un miembro
de pleno del mercado común del bloque soviético, el CAME –Consejo de Ayuda
Mutua Económica–. Un nuevo sistema de gestión económica se estableció
progresivamente en los años 70, y estaba en pleno funcionamiento a finales de
la década. Se introdujeron un cierto grado de responsabilidad financiera, la
rentabilidad, así como la introducción de una amplia gama de incentivos
materiales. (...) Fidel Castro no fue parco en sus ataques a la excesiva
centralización en la planificación económica los administradores de la
empresa se les dio mayor poder de toma de decisiones a nivel de las empresas
individuales». (Sebastian Balfour; Castro, 1990)

Desde finales de los 80 Cuba permitió la entrada de capital extranjero para


equilibrar su balanza comercial deficitaria, en base a esto ha ido reformando su
ley de inversiones en 1995 y más adelante. Actualmente si bien no está
neocolonizada por el capital estadounidense, sí lo está por otros imperialismos,
veamos unos datos de hace una década:

«A fines del año 2000 habían 392 asociaciones económicas con capital
extranjero, ubicadas en su mayor parte en minería, prospección-extracción de
petróleo, turismo, industria –ligera, alimentaria y sideromecánica– y
construcción. En los últimos años se han incorporado nuevas ramas a la

113
inversión extranjera, entre las que se encuentran la industria energética, del
gas, sector financiero, comercialización de tabacos y la gestión del suministro
de agua a la ciudad, también se han aprobado importantes negocios para el
desarrollo hotelero, la industria del cemento, la aviación civil e industrias para
fabricación de pinturas y omnibus. Los capitales provienen de más de 46
países entre los que se resaltan, España, Canadá, Italia, Inglaterra y Francia.
Alrededor del 50 % de los proyectos corresponde a Países de la Unión
Europea». (Roberto Villas Bôas y Mário Sanchez; Tecnologías limpias en las
industrias extractivas minero-metalúrgica y petrolera, 2006)

Muchos de los admiradores del modelo cubano, argumentaban que esto era algo
temporal, que en cuanto se repusiera de la crisis económica que se arrastraba de
los 90 y cuando el modelo se actualizara, Cuba paulatinamente iría eliminando
la presencia de compañías imperialistas, ilusos, en la actualidad no solo se ha
mantenido sino que se ha profundizado la tendencia hacia la captación de la
«inversión extranjera» para «alcanzar el crecimiento requerido»:

«En efecto, en la economía cubana actual se alcanzó una tasa de crecimiento


de solo 2,7% en los últimos cinco años, cuando se requiere un ritmo estable
superior al 5% anual, lo cual demanda a su vez una tasa de inversión superior
al 20%. Sin embargo, el país no posee una capacidad de ahorro interno
suficiente –la tasa de inversión en relación al PIB ha promediado solo
alrededor del 10% en los últimos años-, por lo que resulta indispensable
incrementar la inversión extranjera directa para alcanzar el crecimiento
previsto». (Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social
y su evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)

Y en el congreso del partido se ha recalcado la importancia que ha tenido la


nueva Ley de inversión extranjera directa de 2014 a la hora de facilitar la
entrada de capital de los imperialismos. Recordemos esta ley y algunos de los
nuevos epítetos que contiene:

«La nueva ley reduce del 30% al 15% los impuestos sobre las ganancias de los
inversores extranjeros y ofrece mayor protección legal. Para la mayoría de
ellos se establecerá también una moratoria tributaria para un período ocho
años». (Actualidad Russia Today; La nueva Ley de Inversión Extranjera en
Cuba romperá con el bloqueo fuera de EE.UU, 29 de marzo de 2014)

Otra cuestión a conocer es saber cómo funciona esta ley y como el gobierno
cubano se aprovecha de ella para exprimir un poco más a los trabajadores:

«La Ley de Inversión Extranjera estipula que la contratación de mano de obra


cubana se debe realizar a través de empresas contratistas constituidas por el
Estado cubano, que son las que aportan la mano de obra según los
requerimientos de las empresas extranjeras. Estas empresas contratistas,
denominadas «entidades empleadoras», reciben el pago por el «servicio» que
los trabajadores cubanos brindan a las empresas extranjeras, y de esa suma
global, el Estado cubano paga los salarios a los trabajadores. De la misma
forma ocurre en el caso de los servicios médicos, donde la «Comercializadora
Servicios Médicos Cubanos S.A. del MINSAP» recibe el pago por los servicios

114
médicos y a su vez paga a médicos, enfermeras y auxiliares. Obviamente, los
contratos entre el Estado cubano y los trabajadores cubanos son contratos de
sujeción, en los cuales los trabajadores sólo pueden aceptar sin poner
condiciones. Además, es conocido que el Estado cubano cobra una cantidad
mucho mayor a la que paga en definitiva al trabajador. Pese a ello, las
empresas extranjeras encuentran que la mano de obra cubana es muy barata
y permite niveles de rentabilidad bastante altos. El monopolio de la
contratación de mano de obra y la prohibición del contrato directo entre
empleador-empleado le permite al Estado cubano apropiarse de una parte
sustancial de los salarios de los trabajadores. En el caso de trabajadores
calificados y profesionales, esta parte es mucho mayor. Aún así estos salarios
son superiores a los que cualquier trabajador puede obtener trabajando para
las empresas estatales». (Bajo la Bandera del Marxismo; Cuba: En camino a
la completa integración en la economía mundial, 2015)

Los revisionistas cubanos dependen tanto de la inversión extranjera para cubrir


las pérdidas de su desastroso modelo económico que se han llegado a definir en
los documentos del VIIº Congreso a la inversión extranjera como parte esencial
para el desarrollo del país y en particular de los sectores estratégicos:

«Concebir la inversión extranjera directa como parte esencial de la estrategia


de desarrollo del país y en particular, de los sectores definidos como
estratégicos». (Partido Comunista de Cuba; Conceptuación del modelo
económico y social cubano de desarrollo socialista, 2016)

Cualquier marxista-leninista entiende de esto que:

«Después del año 1991 bajo el agravamiento del déficit de la balanza comercial
exterior y el aumento de las inversiones extranjeras directas, Cuba devino a
ser un país comprador-burgués clásico donde una parte creciente de la
economía es propiedad directa del capital extranjero. En estas condiciones,
luchar por «salvaguardar» o «reforzar» el «socialismo cubano» es solamente
una lucha vista a mistificar a los trabajadores cubanos sobre este
«socialismo», que tan solo es un reformismo burgués en crisis bajo una
apariencia de independencia cuando todo indica una dominación económica
de tipo compradora». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo,
2007)

La histórica dependencia de Cuba del socialimperialismo soviético y ahora en


las últimas décadas del imperialismo ruso y los países imperialistas occidentales
ha estado ligada siempre a una deuda enorme. Por ello los castristas siempre
han llevado a cabo intentos de renegociación de las deudas –que ahora alcanza a
cerca del 30% del PIB– y de la consecución de nuevos créditos en «mejores
condiciones». Esto además tiene relación directa con el hecho de que los países
que le financian y sobre todo quienes les perdonan parte de la deuda o la
prorrogan como piden los castristas, reciben el beneplácito de los revisionistas
cubanos en su prensa, incluso los exponen como país antiimperialistas como
ocurre con Rusia:

115
«Alcanzar ese incremento en la inversión foránea resulta imposible si no se
pagan las deudas vencidas y se retoman nuevos créditos en mejores
condiciones, por lo que resulta indispensable restaurar primero la confianza
de los acreedores en el país liquidando hasta donde sea posible esos adeudos,
que se consideraban por analistas internacionales en torno al 27% de la deuda
total, la que a su vez en el 2011 se estimaba en 22.716 millones de dólares –un
32,4% del PIB–. (...) Mediante este proceso se logra –por un lado- la
condonación de una proporción significativa de deuda vencida y –por otro
lado– la incorporación de menores adeudos a partir de lo renegociado, al
tiempo que se añaden los compromisos de pago por los nuevos créditos
obtenidos en mejores condiciones. A partir de este proceso se aprecia que la
deuda estimada en 2015 llegaba a 24 108 millones de dólares –un 28,7% del
PIB-, con un servicio planificado a pagar de 5.661 millones –6,7% del PIB– y
unas reservas internacionales calculadas en 11.603 millones. (...) Pasando
rápidamente revista a lo ocurrido, en 2013-2015 se dieron pasos acelerados en
esa dirección. Así se acordó la cancelación del 90% de la deuda con la antigua
URSS, que según cifras rusas, alcanzaba los 35.000 millones de dólares,
pactándose el pago restante a 10 años en condiciones favorables; también en
2014 se renegoció la deuda con México por 487 millones de dólares, que se
canceló en un 70% con facilidades para su pago durante 10 años; finalmente
en diciembre de 2015 se renegoció la deuda con el Club de París por 11.100
millones de dólares, la que se condonó en un 70%, con un pago restante
durante 18 años en cuotas gradualmente crecientes. Otras cancelaciones de
adeudos bilaterales se han venido negociado también con Francia y España».
(Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su
evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)

Y finalmente España, país básico en las inversiones en la isla, recientemente ha


perdonado gran parte de la deuda:

«De hecho, la reunión con Castro no ha sido casual ya que llega casi dos
semanas después de que el ministro de Economía, Luis de Guindos, firmara en
Madrid el acuerdo para reestructurar la deuda de la isla, que asciende a 2.444
millones de euros, de los cuales fueron condonados el 80%: 1.955 millones». (El
Confidencial; Castro «castiga» a España: recibe a Margallo y Pastor un año
después que a Francia, 17 de mayo de 2016)

Queda claro lo que es y ha sido Cuba.

Como nota final, añadir que recientemente los líderes cubanos han reconocido
que aparte de la propiedad estatal colectiva, la abierta iniciativa privada y los
mecanismos del mercado, forman parte fundamental ya de su economía, como
dejaron caer en la reforma de su nueva constitución de 2018, dejando
estupefacto a más de un despistado que todavía no se había enterado lo que era
el castrismo. Esto por supuesto no dejará de ahondar aún más las diferencias de
clase ya existentes:

«El sistema económico que refleja mantiene como principios esenciales la


propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de

116
producción y la planificación como componente principal de dirección, a lo que
se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de
propiedad, entre ellas la privada, en correspondencia con la Conceptualización
del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista y los
Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución,
resultado de la consulta con amplios sectores de la sociedad.

Destaca la empresa estatal como sujeto principal de la economía nacional y se


le reconoce su autonomía como principio esencial de funcionamiento.

Asimismo ratifica constitucionalmente la importancia de la inversión


extranjera para el desarrollo económico del país, con las debidas garantías.

Respecto a la propiedad privada sobre la tierra se mantiene un régimen


especial, con limitaciones para su transmisión y el derecho preferente del
Estado a su adquisición mediante su justo precio». (Granma; Visión hacia el
presente y el futuro de la Patria. Aspectos principales del Anteproyecto de
Constitución, 13 de julio de 2018)

Algo que va en contra de los principios comunistas más elementales a poco que
uno conozca algo de dicha doctrina:

«Para nosotros no es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla;


paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; mejorar la sociedad
existente, sino establecer una nueva». (Karl Marx; Circular del Comité Central
a la Liga Comunista, 1850)

Los dirigentes castristas reconocen oficialmente que son como los maoístas,
sandinistas, chavistas o cualquier partido socialdemócrata, apologistas de la
«economía mixta», la inversión extranjera y el uso «mercado» para regular la
economía. Todo esto quedaba ya claro hacia donde navegaba Cuba como
analizamos en nuestro documento: «Reflexiones sobre el VIIº Congreso del
Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica» de 2017. La similitud de
las reformas desesperadas de las últimas décadas en Cuba con las reformas de
los regímenes capitalistas-revisionistas de los 70 y 80 es harto evidente:

«La verdad de todo esto es que la promoción del cuentapropismo –crear la


pequeña propiedad privada y pequeño burgueses– es la receta desesperada
capitalista dentro del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que
andaban moribundos para intentar salir de los quebraderos de cabeza y
pérdidas económicas que le creaban la propiedad capitalista monopolista de
Estado en varias de sus ramas económicas por la naturaleza liberal y
capitalista de actuación en su base, por ello buscaban el estímulo económico de
los pequeño burgueses, véase sino las reformas económicas de János Kádár en
Hungría en los 70, la única diferencia es que los revisionistas húngaros no lo
llamaban «cuentapropismo». Por supuesto, todo defensor del revisionismo

117
cubano es por extensión un pseudomarxistas defensor de la principal figura de
la restauración del capitalismo en Hungría, y seguro que lo saludan como «un
gran dirigente comunista» y a sus reformas como «ambiciosas reformas
socialistas» pero eso nos da bastante igual, los hechos son los hechos, verdad
científica solo hay una, y se quedaran solos defendiendo a estas figuras que
han reptado a los pies de las clases explotadoras nacionales e
internacionales». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo
del siglo XXI», 2013)

Pero ahora queda más claro aún. ¡Salvo claro, para sus palmeros!

c) Corea del Norte

El régimen norcoreano es defendido por formaciones oportunistas de todo el


mundo. Algunos se harán la siguiente pregunta: ¿por qué defienden un régimen
tan decadente y desacreditado? De nuevo porque como en el caso de Cuba
generalmente hay una coincidencia de intereses ideológicos con el gobierno
revisionista, aunque el motivo fundamental es que buscan apoyarse en personas
de un perfil concreto infectadas de ese mito revisionista para intentar engordar
sus famélicas filas de seguidores, no siendo necesario coincidir en lo
fundamental con dichos gobiernos, sino priorizando el ganar simpatizantes y
militantes a cualquier coste. Es imposible que estos partidos se alejen de esas
posiciones revisionistas por coherencia revolucionaria, de hecho solo
abandonan dichas prácticas por cuestiones de pragmatismo y no por
investigaciones y revelaciones que materialicen divergencias ideológicas
irreversibles con estos gobiernos revisionistas: dicho de otro modo, estos
partidos solo dejaran de propagar a estos gobiernos si creen que el apoyo es más
desfavorable que favorable para mantener el apoyo de sus militantes, no tienen
una cuestión real de principios:

«No hace falta decir entonces que en cuanto a los partidos que teniendo la
suficiente información o creyéndola que la tienen están sosteniendo de forma
directa al revisionismo internacional y en ese «pack» se incluye claro al
revisionismo coreano, como es el caso y hacen: el Partido Comunista de los
Pueblos de España, el Partido Comunista de Chile (Acción Proletaria) o el
Partido Comunista de Venezuela y un largo etc., no están haciendo otra cosa
que no sea mostrar su propia faceta de oportunistas y revisionistas pero en el
plano de las relaciones exteriores, como ha hecho siempre toda organización
revisionista. Nos explicamos mejor: el revisionismo históricamente, y sus
partidos en particular, no erraban sólo en cuanto a las relaciones y problemas
de su política interior, sino que en la política exterior, y esto incluía las
relaciones con otros partidos, los partidos revisionista han incluido y se han
caracterizado siempre en sus acciones por el apoyo o reconciliación con
partidos revisionistas de otras ramas, aunque a veces estas no tuvieran mucho
en común o tuvieras serias contradicciones por intereses contrapuestos, de
aquí que digamos que son oportunistas y que digamos que los revisionistas
casi siempre van en paralelo para destruir y remplazar el marxismo-

118
leninismo. (…) Por lo tanto, es normal que muchos de los máximos dirigentes
de estos partidos burocráticos y revisionistas no cambien nunca su posición, y
que pese a las replicas de la militancia más instruida políticamente –que se
toma en serio el trabajo bolchevique de aprendizaje y progresión en la
formación ideológica– jamás logren mudar hacia posiciones revolucionarias,
pero eso no nos preocupa realmente, nos preocupa más bien que su militancia
engañada por la línea de amistad de estos dirigentes revisionistas con los
dirigentes revisionistas coreanos, sepan ver las debilidades de los «juches» y
exponerlas, y por extensión que vean por su propia experiencia la política
traicionera de sus dirigentes al apoyar a otras ramas del revisionismo
moderno. Esto servirá de estímulo a estos militantes revolucionarios para
tomar confianza y desenmascarar otras políticas de sus revisionistas locales
en otras cuestiones». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano:
desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento
Juche», 2015)

Los argumentos fantasmagóricos a los que recurren sin duda deben ser leídos
para divertimiento del lector:

«Yo no he estado en Cuba nunca, y en Corea del Norte ni te cuento. No puedo


opinar porque no lo sé, y no opino de lo que no sé, y creo que todos deberíamos
ser honestos y decir es que no hemos estado –al menos en Corea del Norte muy
poquitos–. (...) Admiro muchas cosas de Corea y de Cuba, soy un admirador y
yo nunca voy a hablar mal de ellos». (Juan Manuel Olarieta; Cuba y Corea del
Norte, 6 de septiembre de 2015)

¿Qué podemos decir a este incontestable argumento –nótese la ironía–?:

«Este es el recurso estrella de todos los oportunistas sobre un x país: «como no


eres de allí no puedes opinar» o su variante «como no lo has visitado no
puedes opinar». Decir esto en plena era digital con el abundante río de fuentes
directas e indirectas sobre estos países, no posicionarse presupone un acto de
dejadez o de oportunismo, pero no de una posición crítica y objetiva marxista-
leninista. Este pensamiento resume la cobardía pequeño burguesa, que teme
que al posicionarse pierda simpatías, el PCE (r) y otros partiduchos como el
PCPE buscan, a causa de su aislamiento, simpatizar con el público revisionista
seguidor de Corea del Norte.

Pero analicemos las excusas que nos da Olarieta para no criticar a estos
países. ¿Acaso por no haber estado en la ya extinta Unión Soviética no
podemos pronunciarnos sobre ella ni realizar un análisis fiel a la realidad de
entonces? ¿Acaso por no haber visitado nunca Francia no podemos hablar de
los franceses y sus problemas actuales? Bajo esta lógica no podríamos ni
criticar el pueblo de al lado por no ser de allí o no haber estado allí. ¿No
existen obras disponibles de los principales dirigentes de esos procesos
capitalista-revisionistas? Hay multitud de obras en castellano e inglés de Fidel
y Raúl Castro, de Guevara, Kim Il Sung, Kim Jong Il, Kim Jong-un. ¿No
cuentan estos países con periódicos y agencias de información enfocados
también hacia el exterior? Las hay oficiales como Granma o la Agencia
Telegráfica Central de Corea, y no oficiales afines como Cubadebate o el blog

119
de Alejandro Cao de Benós para extraer información más que suficiente. ¿No
existen medios de comunicación extranjeros que recogen hechos objetivos que
ayuden a analizar la cuestión cubana o coreana? Si las hay, incluso favorables
como Actualidad Russia Today o Hispan TV. ¿No existen además otros medios
no tan favorables u hostiles a estos regímenes del que podemos sacar
información objetiva y fiable? Obvio, y estos medios no solamente publican
datos de estos países sino que eso lo podemos hacer extensible a cualquier
régimen revisionista, de ellos podemos criticar temas importantes como el
nivel de inversión extranjera en Corea del Norte por lo que dicen las fuentes
chinas y rusas, cualquier medio español se puede hacer eco de los tratos entre
el FMI y Vietnam, recoger sus declaraciones ante tal evento, podemos ver
también como los dirigentes cubanos loan a El Vaticano y a sus gerifaltes,
como presentan a China y Rusia como garantes de los pueblos como hace el
PCE (r). Información hay, lo que no hay es ganas de analizar y en su caso
prefieren mirar a otro lado porque en el fondo comparten sus desviaciones?».
(Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas
del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Seamos serios al analizar y recordemos la actual situación de dependencia de


Corea del Norte respecto al imperialismo:

«Desde el año 2000, Corea del Norte ha ampliado su relación con China y la
Rusia de Putin. La parte de China en el total del comercio exterior norcoreano
pasó del 20 al 37% durante el período 1995-2004, mientras que el volumen
total del comercio exterior norcoreano aumentaba el 52% durante mismo
período. Si la parte comercial de Corea del Sur se mantuvo alrededor del 18%,
la de Japón, en cambio bajó mucho pasando del 19 al 7%». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Enviar a sus trabajadores a trabajar a los países imperialistas:

«Del mismo modo que China envía en la actualidad a obreros a trabajar en


ciertos países de Europa del Este, Corea del Norte envía a obreros a trabajar a
Rusia. En 2004, la región de Vladivostok registró la entrada de 262.000
nacionales chinos y de 13.000 nacionales norcoreanos. En los últimos años, un
promedio de 10.00 trabajadores norcoreanos, bajo un visado de trabajo,
cruzan la frontera anualmente. Estas prácticas son antiguas para Corea del
Norte, pues ya enviaba trabajadores emigrantes como medio de satisfacer la
deuda contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista: en respuesta al
acuerdo concluido entre Kim Il Sung y Brézhnev en 1966, eran de una media
entre 15.000 a 20.000 trabajadores emigrantes quienes trabajaban
anualmente en la región de Vladivostok, sobre las obras de construcción y
deforestación, es decir trabajadores empleados en los sectores más ávidos de
mano de obra barata y donde las condiciones de trabajo eran más penosas».
(Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Debido a una gran deuda contraída con los imperialismos:

«Sin embargo la deuda exterior norcoreana nunca fue reabsorbida: la


dawisación de Corea del Norte lo impidió, y en 1991 la deuda exterior

120
contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista llegaba a los 8 mil
millones de dólares. (...) Numerosos son los economistas burgueses que hablan
de las «reformas económicas» llevadas a cabo por Corea del Norte en los 80,
de China en 1978, de Vietnam en 1986, de Cuba en 1992 o de la Unión Soviética
revisionista en 1991. Todas ellas son idénticas en el fondo: ¡no sólo únicamente
la integración en la división internacional del trabajo en el dominio de la
producción mercantil, sino la mayor apertura al capital extranjero! Según las
estadísticas chinas, el flujo de Inversión Extranjera Directa china hacia Corea
del Norte ha pasado de 1,1 a 14,1 millones de dólares entre 2003 y 2004. En
2006, Kim Jong Il y Ju Jintao hablaron con entusiasmo de los «éxitos» en la
«cooperación mutuamente beneficiosa de la economía y en el dominio del
comercio». Ju Jintao aseguraba su apoyo a los norcoreanos en su búsqueda de
un «camino de desarrollo conforme a la realidad de su país», y Kim Jong Il a
cambio alabó la «modernización socialista de características chinas. (…) En
1996 la deuda exterior norcoreana fue de 12 mil millones de dólares. Las cosas
no pintan como para pensar que esto va a arreglarse, ya que por el solo año
2004, el déficit de la balanza comercial exterior norcoreana se instalaba 0,9
mil millones de dólares, esto es un valor igual al 3/4 de sus exportaciones, una
situación bastante comparable a la de Cuba». (Vincent Gouysse; Imperialismo
y antiimperialismo, 2007)

Los contactos existentes entre Corea del Sur y Corea del Norte ya apuntan en
ese sentido:

«El 2 de abril de 2007 el periódico Libération titulaba: «En la madriguera del


capitalismo en Corea del Norte», con un reportaje sobre la zona económica
especial de Kaesong, un vasto parque industrial que fue empezado a
construirse en 2003 a algunos kilómetros de la frontera con Corea del Sur. Los
promotores norcoreanos prevén que la zona franca de Kaesong se extenderá
sobre 16.000 hectáreas en 2012 cuando serán implantadas 1.800 empresas
extranjeras que emplearan a 350.000 obreros, producirá anualmente 0,6 mil
millones de dólares en Corea del Norte. A principios de 2007, 15 empresas
surcoreanas se implantaron ya y hacían trabajar a 11.000 norcoreanos».
(Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Si se desea un repaso mayor de la histórica dependencia económica de Corea del


Norte respecto al socialimperialismo soviético, así como los lazos económicos
contraídos con el socialimperialismo chino desde los 90, puede consultarse
nuestro documento: «El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta
la institucionalización del «pensamiento Juche».

d) Los revisionistas han sido los más fieles propagandistas de las teorías del
neocolonialismo

Aunque les duela a muchos de sus defensores, el revisionismo en todas sus


variantes ha sido cómplice en la conformación de todas las teorías reformistas
sobre el imperialismo. Los revisionistas en el poder comprendían perfectamente
las aspiraciones nacionalistas de todos los nuevos líderes de los países que

121
adquirieron su independencia estatal y se presentaban bajo los movimientos de
liberación, en especial cuando eran líderes disfrazados bajo «rojos ropajes»,
pues veían en ellos el reflejo de sí mismos. Claro es, que fuese normal que los
revisionistas soviéticos, yugoslavos, coreanos, vietnamitas, nicaragüenses y
cubanos pidieran la colaboración, apoyo y defensa de otros Estados donde
existían clases explotadoras y explotadas, pues ¡sus regímenes tenían esa misma
estructura! Por lo tanto no podíamos pedirles lo contrario de cara al exterior.

Dentro de su arsenal ideológico siempre ha constando el populismo y la


demagogia pequeño burguesa, la fraseología pseudorevolucionaria, al igual que
sus agentes e ideólogos en el exterior:

«Los economistas e ideólogos pequeño burgueses gustan en apelar a los


«países del sur», los «países en vías de desarrollo» o bien los «países del tercer
mundo» a los países englobados en la esfera neocolonial del imperialismo. Las
denominaciones varían según las sensibilidades, yendo de la derecha –es decir
partidarios declarados del imperialismo–, a la «extrema izquierda» –es decir
los neocolonialistas vergonzosos y la pequeña burguesía radical–. ¡En la
misma lógica mistificadora y para ocultar las relaciones de dependencia entre
los centros imperialista y sus zonas de influencia, los países imperialistas para
ellos, son renombrado como «países del norte» o países «industrializados» y
desarrollados»! El fondo común de estas terminologías es correr un tupido
velo con el fin de enmascarar el carácter de las relaciones económicas y
políticas entre estos dos grupos de países. En el seno del movimiento
comunista internacional, la victoria de los revisionistas soviéticos no fue algo
sin incidencia, ya que provocó la sustitución de una terminología burguesa por
encima de las clases en detrimento de la terminología marxista». (Vincent
Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Sin duda, los jruschovistas, es decir los revisionistas soviéticos, fueron uno de
los mayores culpables de la metamorfosis que sufrió la terminología del
marxismo en manos de estos «gurús» de la teoría marxista y del estudio del
imperialismo y los sucesos internacionales:

«Así para un marxista, es evidente que el mundo está dividido en dos campos:
el mundo capitalista y el mundo socialista. Existen ciertas contradicciones en
el mundo capitalista entre los países imperialistas y los países dependientes –
coloniales y semicoloniales–, pero esto no altera en causa su carácter burgués
común. Por el contrario, para los revisionistas soviéticos el mundo estuvo
dividido en tres campos: «los países socialistas», los «países capitalistas», y
los «países en vías de desarrollo». Véase para ello la obra del revisionista
soviético Y. Jiline: «Problemas actuales del movimiento comunista» de 1972».
(Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero los revisionistas chinos y yugoslavos no tuvieron menor protagonismo a la


hora de dar publicidad a estas teorías y movimientos como el
«tercermundismo» y el «no alineamiento»:

«El carácter de clase de este tercer mundo es eludido de manera evidente: los
países dependientes, coloniales y semicoloniales, desaparecían en provecho de

122
«países en vías de desarrollo». ¡Gracias a esta alquimia léxica, la explotación
cede tan milagrosamente el sitio a la cooperación! ¡He aquí cómo los
revisionistas sustituyen al marxismo-leninismo en una forma apenas
modificada por el kautskismo! Esta desviación teórica servía evidentemente a
las finalidades estratégicas del imperialismo en general y de
socialimperialismo soviético en particular, el cual procuraba halagar a las
camarillas burguesa-compradoras «no alineadas» de los países dependientes
con el fin de atraérselos.

Esta desviación, subtendida por los diseños maoístas de «nueva democracia»


será renombrada como teoría de los «tres mundos» por los socialimperialistas
chinos. Es este el marco en el que nos tenemos que retrotraer para ver el
movimiento de los «no alineados».

En abril de 1955 se reunieron en Bandung Indonesia, la Conferencia de


solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de
29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito,
cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China,
India, Pakistán, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de
esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los
revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se
ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban
desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que
representaban una buena parte del «segundo mundo». La Albania socialista
se negó evidentemente a participar en esta conferencia. Jamás cesó de
denunciar el no alineamiento y las teorías tercermundistas revisionistas-
burguesas y otras teorías reaccionarias al servicio del sistema imperialista.
Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha:
«La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de
arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución»
de 1978; o la obra de Llambro Filo: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la
«orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías
a la expansión neocolonialista» de 1985». (Vincent Gouysse; Imperialismo y
antiimperialismo, 2007)

En el mismo sentido: recordemos que dentro del revisionismo nicaragüense el


eslogan del «no alineamiento» se hizo parte de los tres principios que
promulgaba el FSLN mientras se alineaba con el socialimperialismo soviético, y
que en la actualidad ha abierto de par en par el país a las multinacionales
estadounidenses, además de que se contratan megaproyectos con las empresas
chinas en perjuicio de las masas trabajadoras que incluso carecen de un
apropiado derecho laboral que le garantice mínimos derechos, proyectos
faraónicos que van en contra del medioambiente y en contra de los propios
artículos de la propia constitución en materia de soberanía nacional. Otro
ejemplo es también que dentro del Movimiento de los Países No Alineados
formase parte ese Vietnam alineado con Moscú, y que hoy continúa siendo parte
de dicha organización a pesar de que el país ahora está claramente subyugado
en lo económico al socialimperialismo chino en particular, sin desmerecer su
relación económica con los demás imperialismo: incluido el estadounidense y
japonés, o el hecho de que el FMI controla su economía. ¡Qué bonito

123
antiimperialismo no les parece! ¡Qué ignominia para las luchas del pueblo
vietnamita y todos aquellos que dieron su vida contra los imperialistas
franceses, japoneses y estadounidenses, para que hoy sus nietos vean su país
dominado por sus multinacionales!

¿Y qué decir de la búsqueda del llamado «nuevo orden económico» que todas
las ramas revisionistas abrazan? Aquí vemos que los mismos actores de antes
también son los protagonistas de otra farsa:

«Tito califica a su teoría, una «teoría universal», alrededor de la cual deben


agruparse todos los Estados «no alineados», con sus contradicciones, con sus
diferentes gobiernos de no importa que tipo y con sus distintos regímenes;
alrededor de ella se deben unir para afrontar las cuestiones políticas urgentes
e instaurar un nuevo orden económico mundial. En otras palabras, deben vivir
en paz, en coexistencia pacífica, y según Tito, es conveniente hacer una
repartición más equitativa de las riquezas mundiales». (Enver Hoxha; Tito
«saluda» a Mao Zedong en el mausoleo; Reflexiones sobre China, Tomo II, 30
de agosto de 1977)

Esta reivindicación de un mundo donde «se repartan mejor las riquezas», sin
más, sin hacer alusión a remplazar el régimen de producción capitalista en sí, es
un eslogan que la burguesía a nivel mundial recuperó en su día con el fenómeno
de la llamada «globalización», y muchas teorías se comprimieron como hemos
visto en el «tercermundismo» y el «no alineamiento», y más tarde en el
«altermundismo» y el «socialismo del siglo XXI»; no obstante, previamente, el
que tuvo el dudoso honor de impulsarlo fue el revisionismo eurocomunista:

«Momento fundamental de la lucha por la paz, por la cooperación


internacional y por una política de coexistencia pacífica es cada vez más el
esfuerzo por la construcción de un nuevo sistema y orden internacional,
también en el campo económico». (Partido Comunista Italiano; La política y
organización de los comunistas italianos: tesis y estatutos aprobados en el XVº
Congreso del Partido Comunista Italiano, 1979)

Pero también el revisionismo coreano se quiso colocar a la cabeza de dicha


reivindicación –no por casualidad eurocomunistas y juches compartían tan
buenas relaciones en los 70 y 80–:

«El Movimiento de Países No Alineados debe concentrar sus esfuerzos en


empacar el establecimiento de una estrategia conjunta en un intento de
contrarrestar los desafíos de la «globalización». Esto deberá levantar una
estrategia básica para hacer frente a los efectos negativos de la
«globalización», para fortalecer las relaciones económicas entre los países en
vía de desarrollo, organizando las acciones de cooperación entre sur-sur de
acuerdo con las cambiadas circunstancias, desarrollarlas más ampliamente y
vigorosamente. El gobierno de la República Popular Democrática de Corea va
en el futuro a permanecer fiel a la idea básica y objetivo del Movimiento de
Países No Alineados, y realizar contribuciones activas al logro de la causa
humana de la independencia bajo la dirección sabia del Secretario General

124
Kim Jong Il». (Agencia Telegráfica Central de Corea, Pyongyang, 9 de mayo
de 1998)

Como vemos, los revisionistas no llegaron a entender nunca, o bien disimulaban


no haber entendido la máxima de que en el caso, sobre todo, de países
dependientes la política de:

«Cada Estado capitalista, grande o pequeño, que forma parte del mundo de los
«no alineados», aplica una política exterior acorde con lo que recibe del que le
financia, del que le apoya y al que ha atado sus destinos». (Enver Hoxha; La
política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de
arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

Vincent Gouysse atizaría así, estas especulaciones sobre la búsqueda de la


«independencia»:

«La revolución antiimperialista –socialista– se centra en la independencia


económica como condición para mantener la independencia política y se
caracteriza por la prioridad dada a los medios de la industria de producción
de medios de producción, mientras que la revolución anticolonial –
democrático-burguesa– espera disfrutar de una mayor –o más «justa»–
integración en la división internacional del trabajo». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Se comprende, que cuando países capitalistas hablan de la búsqueda de un


«nuevo orden económico» debemos analizarlo desde un prisma de clase para no
caer en engaños. Cuando los países imperialistas sueltan esa consigna frente a
los países a los que maniatan económicamente, lo hacen prometiendo un
reparto más equitativo para que las camarillas locales a las que controlan no se
cambien de bando: al otro bloque imperialista rival, y de paso para intentar
tranquilizar a los trabajadores de estos países cansados de su explotación en
beneficio de las camarillas locales y los países imperialistas. Del mismo modo
que cuando dentro estos países capitalistas dependientes de las grandes
potencias imperialistas vemos a los politicastros que declaran y abogan por
efectivamente un «nuevo orden económico», se entiende a que se refieren:
significa que exigen que los imperialismos aflojen el nudo que les subyuga
pidiendo un mejor reparto de los mercados, tratos comerciales más equitativos,
nuevos créditos a menor interés o la condonación de parte de la deuda, algunos
lo hacen aludiendo a la fiel lealtad que le guardan al país imperialista, otros
amenazando con buscar nuevas vías para lograr sus objetivos si no se cumplen
de inmediato sus demandas pero generalmente debido a los lazos económicos
con los imperialistas estos líderes siempre vuelvan al redil de su amo ya que al
final deben sopesar si la aventura de cambiar de bloque imperialista sale
rentable o no, así como las posibles represalias del imperialismo todavía
presente que maneja gran parte de los hilos económico-políticos, por lo que las
bravuconadas nunca suelen pasar de las palabras, algunos de los líderes locales
también adoptan esta postura de cara a su pueblo para calmar los ánimos de las
masas trabajadoras y posar como flamantes «antiimperialistas» que plantan
cara a los buitres imperialistas, como líderes que se preocupan por sus destinos
y que buscan soluciones a la crisis económica interna que según ellos no es

125
culpa del gobierno sino de sus enemigos internos y externos que sabotean «al
gobierno revolucionario antiimperialista» y en parte también de los amigos
externos que «no comprenden las necesidades del país», en otras ocasiones
simplemente se lanza la consigna de que es necesario el «nuevo orden
económico» ante el obvio «desequilibrado reparto de la riqueza» no porque sea
un concienciado antiimperialista sino porque el que lo pronuncia se ha
convertido en representante político burgués de un país capitalista en alza que
busca hacerse un nombre entre las potencias imperialistas, que busca un nuevo
reparto que permita a su economía un ascenso como potencia imperialista que
consolide a su país al menos en lo regional. Sobra decir que los intelectuales al
servicio de todos estos personajes, son propagandísticas que solo siguen el
guión de estos intereses, unos por convicción y otros por influjo directo del
dinero que cobran.

Pero este eslogan es falso, una tomadura de pelo, que como los marxistas ya
conocemos: el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los
problemas intrínsecos del capitalismo es el sistema económico socialista:

«Los representantes del gran capital mundial hablan mucho sobre la


necesidad de cambiar el actual sistema de relaciones económicas
internacionales y de crear un «nuevo orden económico mundial», que también
es respaldado por los dirigentes chinos. Según ellos, este «nuevo orden
económico» servirá de «base para la estabilidad global». Por su parte, los
revisionistas soviéticos hablan de crear una pretendida estructura nueva en
las relaciones económicas internacionales. Todo esto son esfuerzos y planes de
las potencias imperialistas y neocolonialistas, las cuales quieren mantener
vivo y prolongar el neocolonialismo, y conservar la opresión y la expoliación
de los pueblos. Pero, las leyes de desarrollo del capitalismo y del imperialismo
no obedecen a los deseos ni a las invenciones teóricas de la burguesía y de los
revisionistas. Como Lenin ha señalado, para resolver estas contradicciones es
necesaria la lucha consecuente contra el colonialismo y el neocolonialismo, la
revolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Precisamente, uno de los grandes valedores del tercermundismo, el no


alineamiento y el nuevo orden económico –y cualquier tesis reformistas que se
presente– ha sido el revisionismo cubano ¡si ese país que para algunos ha sido el
bastión del antiimperialismo!:

«Sugiero lo siguiente: que América Latina necesita un período de gracia de


aproximadamente diez a veinte años como mínimo en términos de sus
obligaciones de deuda externa, incluido el interés». (Fidel Castro; Sobre la
deuda impagable de América Latina y sus consecuencias imprevisibles y otros
temas de interés político e histórico: Entrevista concedida a la Agencia EFE,
1985)

Castro habló durante ese año en varias entrevistas y conferencias con un


lenguaje que le englobaba claramente dentro de los abanderados de esta
corriente del «nuevo orden económico»:

126
«Se ha creado una situación tan grave que los países del tercer mundo se ven
obligados a pensar, unirse y buscar soluciones, independientemente de sus
posiciones políticas e ideologías, como una cuestión elemental de
supervivencia». (Fidel Castro; Entrevista realiza en el Militante, de mayo a
junio de 1985)

Es más él pensaba que la tarea de los pueblos no era la lucha por la revolución
socialista: la cual precisamente es la única que podría solucionar de raíz el
problema del endeudamiento, de la baja productividad, del modelo agrario y de
monocultivo de la economía, la inflación, de la anarquía productiva y del
evidente uso egoísta y especulador de la producción y distribución nacional con
fines estrictamente egoístas de enriquecimiento de las parásitas clases
explotadoras. Pero él, Fidel, defendía que la tarea realmente importante era
preservar la «independencia nacional» volcando todos los esfuerzos a consagrar
el «nuevo orden económico» dejando a un lado la cuestión ligada a la clase:

«En este momento hay algo más importante que el cambio social y esa es la
independencia de nuestros países. (...) La independencia y la lucha por el
nuevo orden económico internacional se han convertido en el principal
problema para los países latinoamericanos y otros subdesarrollados». (Fidel
Castro; Entrevista con la revista mexicana Excelsior, 21 de marzo de 1985)

Algo bastante absurdo si tenemos en cuenta que son las mismas burguesías
nacionales quienes han llevado a esos países al endeudamiento extremo,
quienes han contraído acuerdos económicos, políticos y militares con el
imperialismo, pero según proponía Castro la burguesías indígenas pueden
liderar una lucha antiimperialista consecuente, que deben unirse para luchar
contra el imperialismo —entiéndase que Castro se refiere con imperialismo
exclusivamente al estadounidense que era con el que estaba enfrentando tras su
fallido cercamiento de 1959 y su alianza con el socialimperialismo soviético—; se
decía esto como si no fuesen a salir las rivalidades entre las burguesías
regionales, o como si las burguesías nacionales no fuesen a claudicar y vender
de nuevo la soberanía nacional ante la primera amenaza imperialista como de
hecho ha ocurrido con Cuba, arrodillándose ante Obama y reclamando
inversiones de las empresas estadounidenses.

También este romántico demagogo propuso de forma idealista que las


superpotencias de la época destinasen el dinero de su carrera armamentística
para paliar el hambre en el mundo, ¿se imaginan propuesta más «hippiesca» e
irreal? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que la burguesía va a dedicar sus
ganancias, fruto de la explotación de las clases trabajadoras, a un fin ubicado
fuera de sus intereses de clase? Esta es la evidencia concreta que el revisionista
cubano o bien no tenía ni mínimas nociones de materialismo histórico y
dialéctico; o que si las tenías prefería manipular a las masas con su discurso, en
ambos casos poniéndose en oposición frontal al marxismo-leninismo:

«Como medida inmediata propuso que las grandes potencias dediquen para el
desarrollo del Tercer Mundo el dinero que puedan ahorrar si llegan a un
acuerdo sobre desarme nuclear. Castro expresó su confianza en que las
actuales negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética concluyan

127
con un acuerdo que permita «el fin de la carrera armamentista y la
eliminación de las armas nucleares», y añadió que si las grandes potencias «se
libran de la pesadilla del holocausto nuclear, sería legítimo que los pueblos del
Tercer Mundo vean desaparecer la pesadilla del holocausto por hambre».
Fidel Castro dijo que el mundo gasta anualmente un billón de dólares en
armamentos y que en los últimos 13 años se han dedicado 17 billones de
dólares a la compra de armas. Según Castro, bastaría dedicar esas cantidades
al desarrollo del Tercer Mundo, «bastaría sustituir lo tradicional por lo
racional», para modificar la situación actual. Advirtió, finalmente, que «si es
cierto que sin paz no habrá desarrollo, también es cierto que sin desarrollo no
habrá paz». (El País; Fidel Castro insiste en la eliminación total de la deuda
externa del Tercer Mundo, 21 de abril de 1987)

En vez de proponer tal majadería, bien habría hecho Castro de proponer menos
estupideces y ayudar más a los partidos revolucionarios que realmente estaban
luchando en ese momento contra el imperialismo.

Además debe decirse que dicha propuesta es exactamente la misma idea ilusa
que Browder hizo en los años 40, lo primero pintar que los países imperialistas
son o pueden ser altruistas y que van a estar dispuestos a reducir sus
superganancias en solidaridad con el sufrimiento de los pueblos; y lo segundo
decir a los subdesarrollados que abriesen de par en par sus puertas al capital
extranjero para su ulterior «desarrollo», como si eso no comportase una pérdida
efectiva de la soberanía nacional, como si los problemas de los países
subdesarrollados se debieran a la falta de inversión externa cuando en gran
medida es precisamente a causa de la misma. Castro demostró ya en esta época
que no tenía ni idea del carácter del imperialismo, de la relación en la etapa
monopolista del capitalismo con la consecuente necesidad de mayor
militarización de la economía. En definitiva mostró que es un charlatán, que su
antiimperialismo era un gran bluf, y como ha demostrado la historia: que Cuba
no ha sido nunca un ejemplo de política económica independiente ni libre de
deudas como exige la marcha del socialismo.

Igual que otros partidos marxista-leninistas de la época, el todavía digno


Partido Comunista de Colombia – Marxista-Leninista analizando la Conferencia
de la Habana sobre la deuda exterior a mediados de los 80 y sopesando el rol de
Cuba en la región americana, denunciaba a Castro como un «bombero de la
revolución» incitando en la conferencia a «no promover cambios
revolucionarios». Los por entonces marxista-leninistas colombianos también
dijeron:

«Esta es una magnífica reflexión de cómo los cubanos piensan que los partidos
revisionistas y las organizaciones castristas y guevaristas de la región,
considerándolos como inútiles para realizar la revolución, pero adecuados
para lograr la conciliación con la burguesía». (Partido Comunista de
Colombia (marxista-leninista); En apoyo del imperialismo y la burguesía, 4 de
agosto de 1985)

En su momento este partido denunciaba las conferencias internacionales en


América Latina como un engañabobos de la burguesía encaminada a desviar la

128
atención de los problemas internos y calmar los ánimos de las masas
trabajadoras:

«Un nuevo orden económico internacional es una tesis burguesa


tercermundista, que aspira a la integración económica de las burguesías de
América Latina con el fin de «defenderse» de la «injusticia» del imperialismo.
Se busca un respiro para las burguesías nativas ante la posibilidad de
estallidos sociales. Esto verifica la verdad de nuestra etiqueta de los
revisionistas y socialdemócratas como agentes de la burguesía en el
movimiento obrero». (Revolución, Edición del 15-18 de julio de 1985)

Anotar que estamos insistiendo en las declaraciones del líder cubano porque
nuestro querido Castro no cesó de hacer propaganda a este tipo de ideas
tercermundistas hasta el día de su muerte –y hasta hoy tiene acérrimos
defensores que le colman de gran antiimperialista y revolucionario–:

«Nosotros no recomendamos fórmulas dogmáticas, no nos ponemos a


recomendar que tengan tal y más cual sistema social. Conozco países con
tantos recursos, que con el uso adecuado de los recursos no tendrían ni
necesidad, vean, de hacer un cambio revolucionario con relación a la
economía, de tipo radical. (…) Sabemos lo que ocurre en lugares, como el más
pobre de este hemisferio, que es Haití, los problemas que tiene de recursos
naturales, y algunos muy ricos, no voy a discutir sobre este tema; pero el
problema está en la distribución equitativa de la riqueza». (Fidel Castro;
Discurso pronunciado en la Facultad de Derecho, Buenos Aires, 26 de marzo
de 2003)

En resumen, ¿en qué esquemas políticos se basaban toda esta pila de teorías?
En el viejo reformismo de la II Internacional:

«Tan pronto como se indaga en el carácter burgués, reformista y reaccionario


de la crítica es evidente, y cuando vemos la transposición de conceptos
socialdemócratas usados a escala mundial, la evidencia se vuelve algo
flagrante. Para estos kautskistas, las agresiones armadas son condenables, y
resultan de la libre elección política; es decir para ellos independientemente de
las condiciones económicas concretas y en la relación de las fuerzas
interimperialistas, el capital financiero puede optar por métodos bélicos o
métodos pacíficos. Para ellos, por otra parte, los métodos pacíficos de
dominación imperialista no son condenados en términos absolutos, sólo
condenan los excesos de la política imperialista de saqueo económico de los
países dependientes. Como buenos socialdemócratas no están por la abolición
de la explotación económica de los países dependientes, sino que se negocie
una más justa remuneración de ellos. ¡Esta es la visión filantrópica pequeño
burguesa que imagina posible y deseable elevar a la gran masa de
trabajadores a una gran vida de comodidad bajo las condiciones de
explotación salarial! Los revisionistas, que para ellos son más radicales, la
explotación financiera es inaceptable en principio, siendo solo aceptables los
acuerdos comerciales y los préstamos de Estado a Estado». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

129
Precisamente el abandono del marxismo-leninismo por un buen número de
partido comunistas se puede ver en el aquí citado PC de C-ML. Véase nuestro
capítulo: «El contexto de creación y degeneración del PC de C-ML/EPL» de
2016. Esto le debe de servir de lección no solo a los compañeros colombianos,
sino a todo marxista-leninista en general, para que entienda a donde va a para
su organización cuando se intenta ser condescendiente con las ramas del
revisionismo.

El mismo cuando fue tomado por oportunistas y cesó la lucha contra el


castrismo y otros movimientos nacionalistas-tercermundistas a finales de los
80, poniendo pie a una reconciliación con este tipo de ideologías, llevó a la ruina
ideológica al partido y en consecuencia perdió rápidamente toda influencia
entre las masas. ¿Por qué? Simplemente porque cuando estos partidos
revolucionarios hacen eso se meten en un camino donde se ven obligados a
comulgar con unos análisis internacionales eclécticos y sin orientación clara,
siendo incoherentes e incompresibles tanto para las masas en general como
para sus propios militantes, atentando contra su propio pasado. Haciendo
imposible para sus jefes detectar qué es imperialismo y que es antiimperialismo,
que es progresista y que es reaccionario, que es socialismo y que es capitalismo,
que es revolucionario y que es reformista; en consecuencia no pudiendo dar
respuestas claras a las incógnitas de sus seguidores sin caer en contradicciones,
desmoralizando o indignando a sus antiguos militantes y simpatizantes. Cuando
se acaba así se trata pues de un discurso calcado al que ofrece la
socialdemocracia y en tanto que no ofrece elementos diferenciadores ante las
masas, ellas terminan apostando por el partido más visible dentro del orden
burgués existente y abandonando en masa esta organización, que a su sumo que
aspira ya es a ser la el aliado útil, la muleta, de alguna formación
socialdemócrata. Pasan de ser la referencia revolucionaria en el país a caer en el
ostracismo y con un poco de suerte en un partido revisionista de baja influencia,
¡pero de pasado histórico heroico!

Shuterland: otro ejemplo del rol que cumplen los «ideólogos»


intelectuales burgueses en las organizaciones revisionistas

«Doy conferencias gratuitas o pagadas en mil sitios, eso no hace que sea
mentor o jefe ideológico de nadie. (...) No tengo la culpa de haber sido
referente puntual, en algunos tópicos económicos técnicos, del PCV. (...) Si me
invita el PCV, el PSUV o cualquier partido, organización, ONG o grupo que se
crea progresista, con todo gusto voy a hacer el conversatorio, sin ánimos de
adoctrinar o ideologizar, puedo estar equivocado en mis ideas, así que respeto
la de los demás, aunque manifieste mi desacuerdo. Buscar puntos de
coincidencia para articular esfuerzos o intercambiar pareceres no me parece
una traición, creo que es necesario para avanzar». (Manuel Sutherland;
Declaraciones, 16 de enero de 2017)

Efectivamente Manuel Sutherland aparece en todos los medios de comunicación


de los distintos partidos revisionistas del mundo, así como en medios de
comunicación de una «no ideología oficial» pero altamente eclécticos y que no

130
pueden dejar de estar influenciados por el revisionismo, recordemos que el
eclecticismo es el hábitat habitual del revisionismo, a veces su principal hogar.
Así, los escritos de Sutherland pueden verse en no pocos medios ultraeclécticos;
son recomendados y publicados por los medios del revisionista Partido
Comunista de España (PCE); él mismo reconoce orgulloso haber sido
entrevistado por el canal chino CCTV y por el Instituto de Economistas
«Marxistas» en China; de haber ido a dar conferencias a los trotskizantes de
Marea Socialista (MS); en un breve resumen: Shuterland aparece en una lista
interminables de medios y colectivos que son famosos por su antimarxismo
abierto o latente, sobre todo entre aquellos que apoyan abiertamente al
chavismo o que se cubren de un presunto «apoyo crítico». En especial es muy
conocida la conexión de Sutherland con el Partido Comunista de Venezuela
(PCV), de hecho el propio Shuterland militó en la juventud del PCV, y pese a su
salida no ha impedido el contacto regular entre él y la organización. Pero no solo
ha tenido nexos con el PCV, sino también con el amo de este: el Partido
Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), llegando a ser anunciado con fervor
junto a otros intelectuales revisionistas como el bochornoso prochino José
Antonio Egido. Tanto PCV como PSUV sacaban pecho de su presencia con
motivo de las conferencias organizadas en las que ha participado como ponente.
Por ejemplo en el XIIº Congreso de la Juventud Comunista del PCV y dando
entrevistas a la Tribuna Popular –medio de expresión del PCV–, a la vez que
como hemos dicho ha dado conferencias para el PSUV, aparece en los medios
afines al chavismo como Aporrea lo que deja entrever el profundo eclecticismo-
fraccionalismo que padece tanto él como sus valedores: el PCV y el PSUV.

Aún así, Sutherland no quiere que le relacionen con ningún partido, ha dicho en
varias ocasiones que él «no adoctrina a nadie», y que «no es ideólogo de nadie»,
para ello ha utilizado diversas excusas.

Desmontaremos estos sofismas.

a) Los «formadores ideológicos» de un partido no tienen porqué ser miembros


permanentes del mismo. Es más en el caso de las organizaciones revisionistas
pueden ser teóricos del partido o de fuera de él. El existencialista Jean-Paul
Sartre es el ejemplo histórico de un intelectual «heterodoxo» que lo mismo
estaba en la «órbita» del Partido Comunista Francés (PCF), que en sus filas, que
fuera criticándolo, y eso no evitaba que pasado un tiempo volviera a recorrer el
mismo ciclo. Otro ejemplo más actual serían los trotskistas de todo el mundo
como Alan Wood que van a Cuba a dar sus discursos, publicar libros, etc.
Precisamente ese orgullo de «heterodoxia» es una característica del trotskismo
y el maoísmo, el negar unos principios ideológicos claros y demarcatorios, otro
por supuesto es negar el leninismo, Sutherland curiosamente coincide con
ambos, así como en otros conceptos que ya hemos visto. Organizaciones como el
Partido Comunista de Venezuela (PCV) se valen de Sutherland –lo quiera éste o
no– por sus características eclécticas, necesita gente como él para combatir al
leninismo, que es lo que llevan haciendo desde los años 40, cuando introdujo la
«heterodoxia» a través de las tesis de Browder. Les viene como anillo al dedo,
sino no habría hecho tantos artículos, entrevistas, conferencias, y charlas para el
PCV, o no habría tantas entradas en la web del todavía carrillista PCE
recomendando sus trabajos. No estamos diciendo que Shuterland sea «el único

131
y exclusivo ideólogo del PCV, no, solo es uno más, o mejor dicho una figura más
que usan para justificar su línea «heterodoxa» como Sutherland la llama,
nosotros la llamamos simplemente ideología antimarxista, revisionista.

¿Son por ejemplo «formadores ideológicos» del Partido Comunista de Cuba


(PCC) los trotskistas del exterior que vienen a su isla? Sí, los revisionistas
cubanos los usan para dar una visión que coincide –más allá de alguna
pequeñez– con la línea del partido. ¿Por qué los revisionistas cubanos usan a
estas figuras? ¿No tienen «formadores ideológicos» propios? Sí, los tienen,
mucho más siendo un partido que está en el gobierno y tiene fondos y medios
para ello, por tener, tienen hasta cuadros abiertamente trotskistas como Ariel
Dacal y Francisco Brown. Pero recurren a otros trotskistas y filotrotskistas de
fuera del partido y de fuera de la isla como Eduardo Galeano, Santiago Alba
Rico, Marta Harnecker, Néstor Kohan, Atilio Borón, Ignacio Ramont, Celia
Hart, etc., por la notoriedad de esas figuras, el partido prefiere que sean estas
figuras las que estén en sus charlas, conferencias, las que salgan en sus
entrevistas y a los que financiar sus libros; personajes que no son militantes del
Partido Comunista Cuba (PCC), pero forman –se quiera o no– a sus militantes,
a sus juventudes, adoctrinan a las masas trabajadoras cubanas en general.

¿No son los mismos Néstor Kohan, Eduardo Galiano, Atilio Borón un reclamo a
veces común a veces ocasional para partidos ultraeclécticos y ultraoportunistas
como el PCCE y PCA en Argentina o el PCE y PCOE en España? Entonces queda
claro, que un partido de este tipo, sabe bien a quién se acerca, porqué los invita
a dar charlas y porqué difunde sus obras, luego lo que digan y juren es
secundario, incluso aunque algunos se las den de «antitrotskistas» cuando toca.

¿Es posible que un colectivo –de la ideología que sea– invitase a un ideólogo
conocido por ser opositor de la línea general del colectivo? ¿Lo invitaría si fuese
realmente un marxista-leninista y por tanto fuese a criticar la política
revisionista de este colectivo –sea un partido, sindicato, centro de estudio, o lo
que fuese–? No. ¿En caso de ser un partido, invitaría a un ideólogo para
hablarle a sus juventudes –el sector más proclive a tener vacilaciones a causa de
un más que posible bajo nivel de formación ideológica–? Obviamente no. Nadie
«va a tirar piedras contra su propio tejado» de forma tan torpe. Al revés, los
revisionistas usan conscientemente a los intelectuales de dentro o fuera del
partido que saben que van a persuadir a la juventud, a la militancia y a las
masas trabajadoras en general con un discurso que en lo fundamental coincide
con la línea del partido. La elección de Manuel Sutherland y su trabajo en las
juventudes del PCV no es casual, la elección del gobierno cubano de los
intelectuales trotskizantes que pululan por La Habana tampoco lo es. De igual
modo que una televisión o un grupo de intelectuales financiados por el gobierno
socialimperialista chino no iba a permitir una entrevista y difundirla si Manuel
Sutherland fuese un enemigo conocido del gobierno chino. Es en el mismo
sentido que todos los gobiernos dan invisibilidad a sus críticos reales y un
protagonismo evidente a sus aduladores y los que se encuentran a medio
camino. Otro ejemplo es que si Manuel Sutherland fuese un opositor real de las
políticas del PCV criticaría sin piedad a sus líderes y sus teorías cada vez que
tiene la oportunidad y jamás ha hecho eso en sus intervenciones, siempre ha
pasado en silencio, ha sido conciliador, o en su defecto ha desarrollado una

132
crítica blanda. Del mismo modo, su Centro de Investigación y Formación
Obrera (CIFO) recomiendan la web del PCV, por lo que como él mismo reconoce
hay una amistad y no una enemistad ideológica entre ambos colectivos.

b) Manuel Sutherland dice que «no pretende adoctrinar» en sus diversas


intervenciones, que él «solo da su opinión». Esta es la excusa de las personas
que hablan inocentemente y creen que sus discursos son neutrales, que no
llevan sello de clase, que se pude «hablar por hablar», y lo triste es que lo dice
alguien que se reclama así mismo como «marxista». Esto tiene tanto sentido
como cuando en la época de Marx y Engels los científicos decían que no había
rastro alguno de filosofía en ellos, cuando la realidad material, el
condicionamiento de ella, hace que todos tengamos una filosofía, lo que ocurre
es que la mayoría no salen de una cosmovisión idealista y metafísica de los
procesos de la naturaleza y de las relaciones sociales, pero es necio decir que no
tenemos filosofía, ideas, y que no las reproducimos en cuando trabajo, en
nuestro tiempo libre, o donde toque.

Sutherland realiza una función de adoctrinamiento de nociones y tesis


revisionistas cuando en aquellas ocasiones debido a sus concepciones
económicas intenta hacer creer al público –y a veces lo logra por las razones que
sea–, que la exportación de capitales no es «algo tan malo», que no existe el
proceso de monopolización, que las relaciones económicas entre Rusia y
Venezuela son «relaciones normales entre Estados», y hasta benignas, o cuando
nos intenta convencer de que China no es una potencia socialimperialista
porque no es «agresiva». Así que por mucho que Sutherland finja
hipócritamente «neutralidad» en su opinión, sus tesis económicas revisionistas
tienen extensos puntos en común con la de los partidos oportunistas que
frecuenta; sin menospreciar el hecho de que los jefes revisionistas, y la
propaganda revisionista, venden sus tesis como «la opinión de un reputado
marxista que debe ser escuchada para entender la realidad», lo que en
consecuencia le hace partícipe de ese círculo donde se contribuye a inocular y
perpetuar una visión revisionista en la militancia; está colaborando para crear
una «cosmovisión» burguesa de la economía. Y esto mismo ocurre no solo a los
militantes de base más desorientados sino también a los líderes del PCV que
influenciados por los «reputados» revisionistas del tipo José Antonio Egido o
Manuel Sutherland acaban calificando de «revolución», de «antiimperialista» o
de «socialismo» a casi cualquier cosa, y eso ocurre entre otras cosas por esa falta
de formación en los principios marxista-leninistas, por el hecho de que el PCV
lleva décadas arrastrándose detrás del PSUV negando la búsqueda de una
propia hegemonía, y por la influencia de esos «intelectuales» que profundizan la
brecha de la organización con los principios marxistas. Todo ello desemboca
como se sabe en que sus militantes apoyen a países imperialistas como países
antiimperialistas y a figuras históricas revisionistas como si de marxista-
leninistas se tratara.

Este circo es la consecuencia de los payasos, malabaristas, e ilusionistas que a


sus filas atrae el PCV, sean o no miembros permanentes del circo.

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No hay, ni puede haber, un «marxismo heterodoxo» salvo para los
«heterodoxos» que no son otra cosa que «revisionistas eclécticos»

«Soy heterodoxo y considero que la unidad obrera, por la lucha por el


socialismo debe incluir de cierta forma a muchos factores y corrientes en sus
coincidencias, y debe tener la serenidad de discutir sus diferencias. Por
ejemplo, he ido a dar varias charlas y conferencias con Marea Socialista
también, y otras organizaciones». (Manuel Sutherland; Declaraciones, 16 de
enero de 2017)

Es completamente estúpido denominarse heterodoxo si uno se considera un


hombre de ciencia, es de una ignorancia supina hablar de varias corrientes del
socialismo científico, pues socialismo científico solo puede haber y hay uno:

«Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y


principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No
son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de
clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante
nuestros ojos». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto del partido
comunista, 1848)

La propia dialéctica de los acontecimientos ha demostrado en la práctica que


corriente es verdaderamente científica y cual no:

«Hoy no hay necesidad de que se inventen nuevos «socialismos», ni de que se


copien los llamados socialismos de los revisionistas modernos, como el
soviético, yugoslavo, chino y otros, que de socialismo solo tienen el nombre.
Qué es el socialismo, qué representa y realiza, cómo se logra y se construye la
sociedad socialista, no son cosas desconocidas. Existe una teoría y una
práctica del socialismo científico. Esa teoría nos la enseñan Marx, Engels,
Lenin y Stalin. Su práctica la encontramos en la rica experiencia de la
construcción del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin,
la encontramos hoy también en Albania, donde la nueva sociedad se edifica
según las enseñanzas del marxismo-leninismo. Claro está que el socialismo,
como ha dicho Lenin, tendrá diferentes fisonomías y sus propias
peculiaridades en diferentes países, lo que se deriva de las condiciones socio-
económicas, del camino a través del que se desarrolla la revolución, de las
tradiciones, de las circunstancias internacionales, etc., pero los principios
básicos y las leyes generales del socialismo permanecen inalterables y son
indispensables para todos los países. (...) La claridad en esta cuestión y el
establecimiento de una neta línea de demarcación entre el socialismo auténtico
y el pseudosocialismo, revisten una importancia capital para el desarrollo con
éxito de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Sin tener una
clara imagen de la sociedad socialista y sin atenerse a sus principios y leyes
generales, la revolución se queda a mitad de camino. Es posible llevar a cabo
la revolución, pero cuando falta la verdadera perspectiva socialista, puede
desviarse y resultar inútiles la lucha y los sacrificios realizados por su
triunfo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo
de Albania, 1 de noviembre de 1981)

134
Expliquemos una vez más que es y en que descansa el marxismo-leninismo:

«El marxismo como ciencia no es un sistema de ideas congeladas inmutables,


sino un sistema de pensamiento que se desarrolla históricamente. Sin
embargo, mientras que la evolución continúa, el marxismo sigue siendo un
sistema único y autónomo, como resultado del cual tiene una única
interpretación correcta, en virtud de su esencia científica. De la misma manera
los fenómenos de la naturaleza y sus leyes de desarrollo son estudiados por
tales ramas de las ciencias naturales como la química, la biología, la física,
etc., los fenómenos sociales son estudiados e interpretados por la ciencia
marxista. Por la misma razón por la que sólo existe una posible interpretación
científica de los fenómenos de la naturaleza, existiendo una ciencia de la
química, la biología, la física, y no dos o más ciencias de la química, la biología
y la física, solo existe pues, un sistema científico único que es capaz de estudiar
e interpretar los fenómenos sociales. Los principios del marxismo-leninismo no
son postulados acerca de las leyes que rigen la sociedad y la historia por los
siglos de los siglos. Son el resultado de un esfuerzo titánico para generalizar el
conocimiento sobre los fenómenos sociales y que mejor reflejan su esencia. Por
tanto, estos principios no son verdades eternas, la quintaesencia del
pensamiento humano, concebido por las mentes de los genios. Los principios
del marxismo-leninismo no preceden a la historia propia; sino que son un
producto de la historia misma y que se derivan de esta última, son un reflejo
de las leyes objetivas que rigen la realidad. Los principios del marxismo-
leninismo no son un conocimiento místico de los ancianos, sino la mínima
expresión de una ciencia en toda regla, cuyo objetivo final es comprender los
procesos sociales con el propósito de cambiar la sociedad». (Rafael Martínez;
Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

Históricamente los autodenominados «marxistas heterodoxos» no eran sino


personajes que negaban el marxismo bajo premisas del idealismo, pragmatismo,
escepticismo o relativismo, y por supuesto, siempre bajo una alta dosis de
oportunismo político:

«No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que
bajo el idealismo o el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la
andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no
puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus
patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de
marxista-leninistas no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia:
ellos no pueden ser marxista-leninistas. Rebajarse a las declaraciones
formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más
descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-
leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la
hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica que figura
está y quién no está dentro de esta corriente, que principios y axiomas y cuáles
conforman la doctrina y cuáles no, otro caso totalmente diferente sería, que el
individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista
sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el
marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este

135
tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria
pueden ser perdonables los errores, ya que la dialéctica de los fenómenos nos
pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables, otra cosa
diferente es como decimos, errar bajo teorizaciones conscientes quebrantando
axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra él, mucho
más imperdonable es cuando se hace esto cargando con la fanfarronería que
la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del
marxismo-leninismo en dicho tema». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias
entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o
simpatizantes de dicha doctrina; Equipo de Bitácora (M-L), 2013)

Manuel Sutherland, que en 2007 regañaba al PSUV por su falta de carácter


leninista, ahora, de una vez por todas, se ha pasado abiertamente al campo del
antileninismo, «ha cruzado el Rubicón», como lo hicieron antes por ejemplo los
eurocomunistas del PCE de Carrillo en 1978, que se atrevieron a negar
oficialmente y de forma abierta el leninismo en sus estatutos después de llevar
décadas bastardeándolo en la praxis. No obstante para nosotros los marxista-
leninistas es de una importancia cardinal pues nos permite identificar y
desmontar a los revisionistas con mucha más facilidad que cuando se cubren de
verborrea «revolucionaria».

Como vimos antes en la cita de Sutherland, como buen revisionista niega la


necesidad de que el partido de la clase obrera se pertreche con una ideología
científica, en cambio propone que la clase obrera se una en un batiburrillo de
«corrientes» que se autodenominan marxistas y hablen de diferentes «modelos
de socialismo» para presuntamente llegar a un consenso, perderse en debates
estériles, debatiendo lo ya debatido y demostrado por la práctica, un estilo de
«academismo» muy perjudicial que viene a descuidar las tareas actuales que
demanda el movimiento comunista, y encima pone en jaque los principios que
hicieron grande a la doctrina marxista y que hoy en día mantienen su vigencia.
Esto significa que al renunciar terreno a terreno a los axiomas sin más
justificación que el voluntarismo intelectualista, llegará un momento en que ese
su marxismo, que está en las antípodas del verdadero marxismo del
proletariado, imposibilita utilizar las herramientas propias del materialismo
dialéctico y el materialismo histórico.

No cabe duda que esto que propone Shuterland como modelo de partido ni
siquiera es novedoso, es de hecho la vuelta a los esquemas de los viejos
oportunistas. En Rusia por ejemplo, los revisionistas mencheviques, declaraban
que la lucha por el socialismo debía de ser la obra de varias «corrientes obreras»
y que por tanto había que crear una organización que agrupara a todas estas
corrientes:

«Los bolcheviques lucharon decididamente contra las tentativas mencheviques


de disolver al partido en amplias organizaciones sin partido. Es conocido que
en 1907, Pável Axelrod y otros mencheviques propusieron convocar el llamado
«Congreso obrero», en el cual participarían los socialdemócratas [así se
llamaban los marxistas revolucionarios, hasta que tras la Primera Guerra
Mundial se autodenominaron comunistas, para diferenciarse de la
socialdemocracia de la II Internacional – Anotación de Bitácora (M-L)], los

136
socialrevolucionarios y los anarquistas. Este congreso, según los
mencheviques, debería crear un amplio partido obrero pequeñoburgués «sin
partido». Lenin desenmascaró este nocivo intento de liquidar el partido obrero
revolucionario y diluir el destacamento avanzado de la clase obrera en la
masa pequeño burguesa. A propuesta de Lenin, el partido criticó duramente el
plan menchevique de convocatoria del «Congreso obrero». (Édourd
Burdzhalov; La importancia internacional de la experiencia histórica del
partido de los bolcheviques, 1948)

Recuérdese que históricamente el trotskismo y el maoísmo han sido de las


corrientes revisionistas que más énfasis han hecho en ese esquema de partido
con varias fracciones, así como de futura sociedad socialista con existencia de
varios partidos. Sutherland recoge esta bandera, o la bandera de otras corrientes
antimarxistas influenciadas por estas concepciones, y las hace suya repitiendo
un «error» ya antiquísimo.

La unidad de una organización marxista-leninista –que es el único socialismo


científico–, nace de la cohesión de sus miembros respecto a su ideología. En
Rusia, los bolcheviques, como verdaderos marxistas que eran, se distanciaron
tempranamente de los revisionistas mencheviques que no veían necesario
exigirles a los miembros de su partido y a los candidatos una afinidad ideológica
clara:

«Para establecer y consolidar el partido, significa que debemos establecer y


consolidar la unidad entre todos los socialdemócratas rusos [así se llamaban
los marxistas revolucionarios, hasta que tras la Primera Guerra Mundial se
autodenominaron comunistas, para diferenciarse de la socialdemocracia de la
II Internacional - Anotación de Bitácora (M-L)], y, por las razones indicadas
anteriormente, esa unidad no se decreta, no puede llevarse a cabo por ejemplo
mediante una reunión de representantes que se comprometen a firmar, sino
que debe de ser algo trabajado. En primer lugar, es necesario trabajar por la
unidad ideológica sólida que debe sin más dilación eliminar la discordancia y
la confusión, que –seamos francos– reina entre los socialdemócratas rusos en
la actualidad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de
Redacción de Iskra, 1900)

Sin la lucha contra estas corrientes falseadoras del socialismo científico no


hubiera sido posible la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917 como
reconocía Lenin, ni tampoco otros logros como el obtenido en la Guerra Civil
Rusa 1917-1923 o la Gran Guerra Patria 1941-1945. Lenin además no solo
hablaba de apartar a los oportunistas, sino a los que eran blandos con las
corrientes antimarxistas para evitar que el partido en los momentos decisivos se
viera vencido por las vacilaciones:

«Teniendo en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques, no es


posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla. Esto es
evidente desde el punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda
claridad la experiencia de Rusia y la de Hungría. (…) En Rusia, hemos
atravesado muchas veces por situaciones difíciles, en que el régimen soviético
habría sido irremediablemente derrotado si hubiesen quedado mencheviques,

137
reformistas, demócratas pequeño burgueses dentro de nuestro partido. (...) En
Italia, donde, según la opinión general, las cosas marchan hacia batallas
decisivas entre el proletariado y la burguesía por la conquista del poder del
Estado. En tales momentos, no solo es absolutamente necesario expulsar del
partido a los mencheviques, a los reformistas, a los turatistas, sino que puede
incluso resultar útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a quienes,
siendo excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones y manifiesten
inclinación hacia la «unidad» con los reformistas. (...) En vísperas de la
revolución y en los momentos de la lucha más encarnizada por su triunfo, la
más leve vacilación dentro del partido puede echarlo todo a perder, hacer
fracasar la revolución, arrancar el poder de manos del proletariado, porque
este poder no está todavía consolidado, porque las arremetidas contra el son
todavía demasiado fuertes. Si en tal momento, los dirigentes vacilantes se
apartan, eso no debilita al partido, sino que fortalece al partido, al
movimiento obrero, a la revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la
lucha del Partido Socialista Italiano, 1920)

¡Y es que no puede ser de otra forma! Además, en nuestra época, no hay una
ideología intermedia neutral entre la ideología de la clase obrera y de la clase
burguesa, que son las dos clases prominentes de la actualidad:

«No hay término medio –pues la humanidad no ha elaborado ninguna


«tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las
contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las
clases ni por encima de las clases–. Por eso, todo lo que sea rebajar la
ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la
ideología burguesa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Es un completo error pretender a esas alturas que la clase obrera tiene más de
una doctrina, pues ya Marx y Engels denunciaron que los que pretendían ser
ideólogos en favor de la clase obrera y sus intereses como el socialismo
conservador, el socialismo real, el socialismo pequeño burgués, el socialismo
feudal, en realidad eran doctrinas ajenas a la clase obrera. Marx y Engels
conformaron la única doctrina para la clase obrera que de verdad tenía un
carácter científico y que iba en pro de sus intereses. Sabemos que en Rusia,
expresiones como el menchevismo, los populistas, el anarquismo, los
socialrevolucionarios, eran corrientes de expresión de la pequeña burguesía y la
burguesía, y en caso de ser movimientos de la primera, muchas veces acaban
hegemonizados por la segunda.

Lenin no se quedó de brazos cruzados en los momentos en que a nivel mundial


el eclecticismo de los elementos oportunistas revisaba a Engels, cuando
intentaban apropiarse de ciertos conceptos de él que a su vez distorsionaban
para poder manipularlos conforme a sus fines, mientras que a la par también
tomaban como referencia las teorías de conocidos enemigos de Engels, y de
otros nuevos revisionistas de moda por entonces, pasando todas estas
influencias como normal dentro del ámbito marxista. Y es que solamente los
revisionistas son los que siempre intentan hacer una mezcolanza de ideas sin
principios y sin justificación:

138
«Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo,
desgajando a capricho –o para complacer a los detentadores del poder–, sin
atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y
haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos,
si no en más, precisamente la tesis de la «extinción». Se suplanta la dialéctica
por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el
marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas
suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse
incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del
marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica
engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece
tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del
desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da
ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social».
(Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Esa unidad inundada de un eclecticismo no es la que quieren ni requieren los


verdaderos marxista-leninistas:

«Mientras los revisionistas se unen entre sí de modo formal y coyuntural sobre


todo para atacar a los marxista-leninistas, su unión nunca llega lejos por la
disparidad de planteamientos ideológicos y por su propia moral aburguesada
que solo mira por el interés personal. En cambio la unidad de los marxista-
leninistas es sólida como el acero, ya que parten de un tronco de un sistema
científico que les garantiza una unidad en calidad de voluntad, necesidad y
comprensión en lo que se unen, eso añadido a su moral proletaria que mira
por el devenir del colectivo, suma un todo armonioso». (Equipo de Bitácora
(M-L); Bandera Roja y MVTC: Un repaso histórico a las posiciones
ultraoportunistas de Bandera Roja, y una exégesis sobre la deserción del
MVTC y su disolución en Bandera Roja, Enero 2017)

Unas aclaraciones sobre la crisis política en Venezuela

En las elecciones a la Asamblea Nacional del 5 de diciembre de 2015 con una


participación de más de un 70% la oposición de la Mesa de Unidad Democrática
(MUD) logró obtener un 56,22% de votos frente al 40,91% del Gran Polo
Patriótico (GPP), confirmando la franca decadencia del chavismo. A partir de
entonces la oposición, como era normal, tenía el Parlamento y por ende el poder
legislativo, que lejos de facilitar iba a entorpecer el funcionamiento del
gobierno, situación anómala a primera vista pero dentro de lo normal en el
juego de la democracia burguesa y la división de poderes. Esto llevó a Venezuela
a una agudización de las disputas políticas entre la «burguesía azul» de la MUD
y la «burguesía roja» del GPP, por así decirlo, entre la vieja burguesía heredera
del puntofijismo y la burguesía bolivariana.

A finales de julio de 2017 vimos como Maduro se «marcó un Fujimori» y dijo


que debía disolverse la Asamblea Nacional como ya hizo el mandatario peruano
en 1992 o como hizo en 1973 Juan María Bordaberry en Uruguay. ¿Tiene

139
motivos legales Maduro? ¡Claro! Toda constitución burguesa tiene algún punto
donde legitima suspender los órganos representativos en casos de excepción. La
Constitución de Venezuela de 1999 dice en su Artículo 350:

«El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la


independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación
o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o
menoscabe los derechos humanos». (Constitución de Venezuela, 1999)

Entonces se cumple al dedillo lo que anunciaba Marx de las constituciones


burguesas:

«Cada artículo de la Constitución contiene, en efecto, su propia antítesis, su


propia cámara alta y su propia cámara baja. En la frase general, la libertad;
en el comentario adicional, la anulación de la libertad». (Karl Marx; Dieciocho
de Brumario de Luis Bonaparte, 1852)

¿Y para que creen nuestros amigos que nuestro bonachón Comandante Chávez
instauró esa cláusula tan ambigua? Para hacerla efectiva en momentos como
estos. No importa lo que hayan votado las masas en unas elecciones de por sí
engañosas que solo ocurren para legitimar el orden burgués existente, además,
si alguien con autoridad lo cree preciso, se puede anular todo, y así lo ha hecho
nuestro Maduro Bonaparte, y la culpa no es de Maduro que está asustado
porque se le escapa la situación, la culpa es de la propia constitución que abre la
puerta para tales despropósito.

Finalmente después de tanta expectación se llevó a cabo la convocatoria de las


elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente, los chavistas nos decían
orgullosos que habían ganado las elecciones con un 41% de participación según
los medios oficiales –un 12% según la oposición– con sospechas evidentes de
fraude –en el número de votantes y resultado– y en medio de un clima de
violencia. Resultados que ni el mismo Chávez había cosechado teniendo un
carisma superior al de Maduro y periodos de bonanza económica donde al
menos se podía pagar la deuda no como ahora. ¿Sospechoso verdad? La propia
empresa encargada del proceso electoral que llevaba más de una década siendo
la muleta en que se apoyaban los chavistas para legitimar las elecciones, ¡resulta
que denunció el ejercicio electoral como fraudulento!:

«El Gobierno de Venezuela estuvo la semana pasada en el ojo del huracán por
el posible fraude en los resultados de las elecciones del domingo anterior. La
empresa Smartmatic decía que no podía asegurar que los datos de
participación ofrecidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) fueran
confiables. Estiman una diferencia de más de un millón de votos. No es la
primera vez que la compañía está dentro de una polémica por fraude, pero sí
que lanza acusaciones contra la mano que le ha dado de comer durante más de
13 años y cuyo impulso, seguramente, ayudó a su expansión internacional».
(El Confidencial; Qué hay detrás de Smartmatic, la empresa que denunció
fraude electoral en Venezuela, 8 de agosto de 2017)

140
Más allá de la manipulación. ¿Creen los prochavistas que una nueva
Constitución va a resolver los problemas de Venezuela; o que seguirán estando
ahí y el problema es la ideología y proyecto económico del gobierno?

1) Desde el punto de vista chavista que te superen en la persuasión ideológica y


logren superarte en las elecciones como ocurrió en 2015 grupos políticos como
los de la MUD viene a decir que tu capacidad de persuasión tras más de una
década –contando con las herramientas en el poder– es paupérrima. Si Maduro
decidió disolver la Asamblea Nacional es porque la dominaba la oposición y le
causaba problemas –como es normal–; lo importante de esto es que demuestra
que el chavismo perdió definitivamente la confianza del pueblo al perder las
elecciones y dar mayoría a la MUD –encima en unas elecciones en las que
contaba con todo el aparato gubernamental a su favor–. Después amenazó con
«reestructurar» la fiscalía –como hizo– profundizando la concentración de
poderes, con lo que acusar a la oposición de tener pretensiones fascistas es una
broma de mal gusto visto cómo actúa el chavismo en su fase desesperada.
Realmente el chavismo está configurando una forma de gobernar autoritaria a
que a todas luces se aproxima al fascismo. Actualmente Maduro ha usurpado el
poder legislativo pero también el judicial, proceso que lleva sucediendo desde
hace largo tiempo, recordemos casos como el de la jueza Maria Lourdes Afiuni
de 2009, el propio fiscal Franklin Nieves que llevó el caso de Leopoldo López
desde el exilio en octubre de 2015 que «el 100% de las pruebas fueron
inventadas» y que «Maduro es el que gira todas las instrucciones para poner
presa a cualquier persona», en diciembre de 2015 después de las elecciones
parlamentarias, Maduro mediante sesiones extraordinarias nombró a 13 de los
32 jueces del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para los 12 próximos años, un
número de cooptaciones inconstitucional, siendo éste el método que se ha ido
usando para entorpecer el funcionamiento normal del Parlamento desde 2015,
pudiendo además el chavismo desde el TSJ decretar amnistías o incluso
enajenar bienes privados de los grupos opositores. Así en 2016 declaró en
desacato a la Asamblea Nacional y con ello invalidaba cualquier acción suya
bajo la excusa de que existían diputados de Amazonas que quedaron
suspendidos poco antes por el mismo organismo de justicia; de hecho se calcula
que el TSJ de 40.000 sentencias no ha emitido ninguna en contra de los
intereses chavistas.

La actual Constituyente que ha venido operando, tiene poderes que de facto han
suspendido a la Constitución, actúa por encima de ella, con lo que se confirma el
viraje del chavismo hacia formas despóticas de gobierno.

2) Si la MUD llena de sus fraccionalismos y luchas internas, con sus posturas –


no olvidemos– muchas veces conciliadoras con el gobierno chavista, tiene a
figuras que son escuchadas y causan credibilidad entre los trabajadores, no es
por los millones estadounidense con que se han financiado sus partidos o el de
las empresas –porque los chavistas también tienen financieros aunque de
menor calado–, sino que es así porque el chavismo ha gestionado el país de una
forma en que la gente no se acuerda ya tanto de los gobiernos de Acción
Democrática/COPEI como de los actuales problemas de la era chavista; y
también por supuesto, porque el chavismo no ha sabido ir más allá del eslogan y
el asistencialismo en periodos más o menos llevaderos, lo cual no acaba con los

141
problemas sociales, proyectos que han tenido que ser derogados en periodos de
crisis. Apelar por tanto a la «defensa del gobierno» y las «conquistas
bolivarianas» solo puede ser creído por los burócratas, sus familiares, los
hooligans y los cretinos de las siglas y mitos, pero no para el trabajador medio
que sufre todo el peso de la crisis, o de los acuerdos que Maduro negocia con las
empresas privadas favorables a estas mientras por otro lado habla de «guerra
económica».

El chavismo carece de coherencia ideológica y práctica, esas contradicciones


hacen que los sectores más avanzados ideológicamente lo rechacen y que gran
parte del sector de los trabajadores, pese a no entender mucho de política, vean
la estafa que supone el chavismo en el poder y que gobierna en favor de la nueva
«burguesía bolivariana», y de la «vieja», gracias a las recetas conciliadoras de
ese Maduro que intenta aparentar ser el «presidentes de los
trabajadores» mientras busca ganarse el favor de la burguesía en general para
que «produzca en favor de esa pretendida Gran Venezuela».

3) Una nueva Constitución como han barajado algunos medios chavistas no


sería garantía de resolver ninguno de los problemas reales, se han visto mil
casos históricos de procesos constituyentes o constituciones sacadas de la
chistera del gobierno elaboradas en medio de luchas por el poder, en medio de
conflictos sociales, en medio de luchas armadas y atentados terroristas. El
resultado fue el mismo en todos los casos: la misma dominación política,
económica e ideológica de la burguesía en la cual sus intereses son sancionados
en la Carta Magna, y cuando es necesario, no se ajusta a ella, o se vuelve a
cambiar.

4) Los que claman en defensa de Venezuela porque lo consideran


«socialismo» hablarán de un «socialismo» cristiano, pequeño burgués, porque
desde luego no tiene nada que ver con el marxista y proletario. Los que
igualmente hablan de «gobierno antiimperialista», ya hemos visto como Chávez
mantuvo buenas relaciones y negocios con imperialistas como Xi Jinping, Lula,
Aznar o Putin –aunque algunas de estas relaciones luego cambiasen–. Como se
ha fijado en peones del imperialismo como Gadafi que cambiaban de bloque
imperialista según dictara su oportunismo. Maduro ha firmado recientemente
un convenio este viernes por mil trescientos millones de dólares con la petrolera
estadounidense Horizontal Well. Así pues, ni siquiera la bandera de lucha
contra «el imperialismo yankee» puede ser sostenida por el chavismo.

Los perros falderos del «socialismo del siglo XXI» son iguales que aquellos que
en los 80 defendían el caos y los autogolpes del régimen revisionista polaco,
aquel que a golpe de porra tenía que reprimir a los obreros de los astilleros y
fábricas porque no aceptaban las bajadas de sueldos y la subida de precios en
materiales básicos en los mercados, ni aceptaban la corrupción y el nivel de vida
de lujo de sus dirigentes, ¿les suena la situación? Problemas nacidos a la sombra
de las receta del CAME, un organismo del revisionismo soviético que junto al
FMI dirigían Polonia para aplicar planes de ajuste de los salarios, subida de
impuestos, planes para desindustrializarse y construir en definitiva un modelo
económico de país desequilibrado e ineficiente que encima debía ser construido
según sus consejeros a base de créditos usureros de la URSS y del propio FMI.

142
Cuando los revisionistas del exterior en los 80 señalaban que «la oposición
estaba hegemonizada por el Vaticano y el sindicato reaccionario de
Solidaridad» era cierto, pero solo significaba que había un problema entre los
revolucionarios –como ahora lo es en Venezuela– que no sabían desligarse de
las ilusiones del gobierno y no tenían organización y capacidad de llegar a las
masas trabajadoras con un discurso y programa que golpease a todas las
corrientes burguesas y sus falsas promesas. Pero estos mismos «analistas» en
ningún momento se paraban a ver los errores y el oportunismo burgués de la
dirección polaca la cual había llegado a esa situación de promover la religión
con dinero público y establecer vínculos con todos los cabecillas imperialistas y
socialimperialistas; por lo que venir a clamar, como hoy hacen algunos en el
caso de Venezuela, por «apoyar a un gobierno antiimperialista» cuando los
tentáculos de todos los bloques imperialistas hacen su agosto en estos países, es
y ha sido siempre de un ridículo colosal.

Tanto el chavismo gobernante del Partido Socialista Unificado de Venezuela


(PSUV) como todo su coro de apologistas, en cuyo primer lugar está el Partido
Comunista de Venezuela (PCV) y que se agrupan en el frente del Gran Polo
Patriótico (GPP), así como la oposición antichavista heredera de la era del
puntofijismo agrupada dentro de la Mesa de Unidad Democrática (MUD),
hablan constantemente de los problemas de Venezuela pero acuden a
explicaciones del todo inverosímiles cuando no surrealistas. Los primeros
aluden que todo es la consecuencia de la «presión del imperio», de «grupos
fascistas internos» y de una «guerra económica» de la «burguesía no chavista y
no patriótica», para ellos el gobierno no tiene ninguna responsabilidad. Los
segundos aluden que todo es culpa de la puesta en práctica del «socialismo del
castro-comunismo» de Chávez, que este ha sido y viene siendo el culpable de los
problemas actuales del país, y poco menos que presentan al actual gobierno
como el más nefasto de la historia patria. La realidad es que el gobierno no
puede estar exento de responsabilidades en los posibles casos de
desabastecimiento de alimentos o de especulación de precios de los productos
cuando conoce quiénes realizan tales actos para maximizar los beneficios, más
cuando siempre acaba pactando con esas empresas y promueve tanto a la
burguesía bolivariana y opositora –culpables del juego trilero en la cuestión
alimenticia–. Por otro lado, la crisis tampoco puede ser culpa de un socialismo
de corte «marxista», sencillamente porque el chavismo es de todo menos
marxista, en todo caso estaría correcto decir que es un pseudo«socialismo» de
corte «castrista», «socialista del siglo XXI», en resumidas cuentas un socialismo
pequeño burgués que quiere ir de revolucionario pero no se ha alejado de ser
reformista y defensor de la democracia burguesa, de su estructura política, de su
cultura y mitos nacionalistas, de los esquemas económicos del pequeño
capitalismo cooperativista y a la vez cómplice o pusilánime con las empresas
monopolísticas nacionales y extrajeras, no habiendo roto con las leyes de
producción capitalistas sino basándose en ellas.

No está de más recordar que problemas como la inflación, la corrupción, la


inseguridad en las calles, el modelo rentista de la economía, no fueron inventos
chavistas sino herencias de AC/COPEI, el chavismo solo ha mantenido esa
«bonita tradición» por su inutilidad manifiesta. Vale expresar que no toda la
oposición puede ser calificada de «fascista» sin más como hace el PSUV y sus

143
acólitos, ni se puede soltar que todas las protestas y los choques violentos
pueden ser calificados de provocaciones de «agentes a sueldo de Washington»,
viejos argumentos de los regímenes capitalistas-revisionistas que no querían ver
los resultados de su política y que lo acabaron pagando caro: cuando algunas de
las motivaciones reales de las protestas de los trabajadores eran sobre todo el
haberse vuelto dependientes de ese imperio que calificaban de enemigo número
uno. Cierto es, que gran parte de los descontentos venezolanos han sido
hegemonizados por la labor oportunista de una oposición más derechista y más
abiertamente proestadounidense como es la Mesa de Unidad Democrática
(MUD), y que hay pequeños grupos fascistas o cercanos a él, pero eso no
significa que las políticas chavistas sean acertadas, ni que no pueda existir –tal y
como ocurre– una oposición de trabajadores que bien son apolíticos, o están
medianamente o bastante concienciados y defienden sus intereses de clase y
rechazan con razón las recetas del chavismo. Ciertamente habrá solo unos pocos
que lo hacen con total concienciación y que la gran mayoría rechazan al
chavismo simplemente por la inercia de los propios resultados de años de
podredumbre y corrupción, pues esto es algo que abren los ojos a cualquiera
pese a no existir un partido de vanguardia comunista. Y es que cuando el
hambre aprieta, no hace falta tener muchas nociones de política para levantarse,
cuando ya no se puede vivir como antaño, la gente reacciona mucho más rápido
pese a que hace dos telediarios defendían al gobierno y confiaban en sus
promesas. Dicho en otros términos, el descontento ciudadano hegemonizado
por la oposición venezolana es consecuencia directa de los desarrollos
económico-políticos capitalistas del chavismo.

De igual modo, como dijimos, los comunistas y sus tareas en países así:

«Todos los países tienen en la mentalidad colectiva de los trabajadores muchos


mitos arraigados, inclusive de grupos y figuras pseudocomunistas nacionales,
es necesario desmontar estos mitos ya que de otro modo se quedan incrustados
en la mente de los trabajadoras e identifican erradamente conceptos como:
lucha de clases, libertad, democracia, violencia, revolución, socialismo,
marxismo, o comunismo y otros con experiencias erradas de grupos
antimarxistas y el concepto que estos le daban. Es decir que si es importante
explicar las mentiras de la llamada «derecha» de que «no existe alternativa al
capitalismo», o desmontar teorías falsas sobre las causas de la crisis, no es
menos importante desmontar las mentiras y mitos de la falsa «izquierda», que
hace que los trabajadores adopten posiciones erradas creyendo que ciertos
conceptos y poses son las correctas por desconocimiento o bajo la resignación
que es a lo máximo que pueden aspirar según les enseñan estos embusteros. La
refutación de los programas, proclamas y mitos de las organizaciones
políticas que sean: desde los de la derecha filofascista y más rancia, hasta la de
los grupos semianarquistas aventureros y terroristas, no suponen un gran
trabajo para los marxista-leninistas, que gracias a su método científico saben
analizar correctamente sus fenómenos, su origen y causas. Es menester
ponerse a sacar conclusiones de todo esto, pero también es menester que una
vez sacadas las conclusiones se pase a explicar y desmontar con paciencia, en

144
un lenguaje entendible, todo esto a las masas trabajadoras. (…) Cada país
tiene estos mitos por influjo interno o exterior entorno a movimientos pasados,
regímenes exteriores o figuras históricas que no son puestas en su debido
lugar, que son sobrestimado e incluso considerados referentes. Entendemos
que no son mitos que vayan a desaparecer de la noche a la mañana porque
han sido creados en la mente colectiva a través de un largo trabajo de
propaganda agitada machaconamente, pero lo que no es permisible es que los
llamados marxista-leninistas contribuyan a agrandar estos mitos en las
masas, ya que si es que son verdaderamente la verdadera vanguardia del
proletariado de su país, pondrán estos temas bajo el prisma de clase, y bajo un
análisis certero se dará fin a falsos conceptos sobre estos temas. Y es que los
marxista-leninistas (…) deben preguntarse seriamente: ¿si no hacen ellos
mismos este quién lo hará?». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión
necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas
en Colombia, 2016)

Las causas reales de la permanente crisis político-económica


venezolana

A los chavistas del exterior les da igual las causas reales de la crisis permanente
que vive Venezuela, según ellos el chavismo todavía retiene el apoyo popular lo
que significa que para ellos todo «va viento en popa»:

«Venezuela no es más que el ejemplo más cercano, de cómo se convierte en


incapaz y totalitario a un gobierno, que mediante un bello experimento de
democracia y tolerancia, construye una alternativa económica y política
frente al designio neoliberal. A la manipulación de parte de la población
sumida en la impaciencia, se une la barbarie de una extrema derecha criminal.
Que se ampara en su poder mediático. Que ignora la existencia de un
aplastante movimiento de masas populares que no cesan de apoyar a su
gobierno legítimo». (Timoleón Jiménez; Respaldamos a Nicolás Maduro y la
Revolución Bolivariana, 20 Abril 2017)

Siguen insistiendo desde sus universos paralelos que la situación de Venezuela


ha sido creada desde el exterior y que si se lo proponen en serio el gobierno de
Maduro puede transitar al socialismo:

«Apelamos a la responsabilidad del Gobierno de Venezuela, y de su Jefe de


Estado, Nicolás Maduro, que tienen, fundamentalmente con el pueblo
trabajador venezolano, y sin más demora rectifique y adopten medidas para
desarrollar el socialismo en Venezuela, y avancen hacia un Estado socialista
que sea implacable con los fascistas, con los golpistas, con la burguesía y no
otorgue concesión alguna a la oligarquía y sus esbirros». (Partido Comunista
Obrero Español; Venezuela: Contra la agresión imperialista el socialismo es el
único camino, 4 de agosto de 2017)

145
Como dice el refranero español, «cuando un tonto coge un camino el camino se
acaba pero el tonto sigue».

A los cabecillas de estas agrupaciones revisionistas citadas, algunos de ellos


engañados por la propaganda chavista y otros autoconvencidos por actos de fe,
nunca llegaran a entender los problemas que vive el país caribeño.

Por mucho que el chavismo haya hablado desde su llegada de superar el


«modelo rentista del petróleo» en varios de sus voceros, esto ha sido un bluf:

«El Motor de Hidrocarburos debe ser un eje fundamental del proceso de


transición del rentismo petrolero agotado, hacia la construcción de un nuevo
modelo de la economía productiva, así lo indicó este lunes el asesor del
Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo de la estatal Petróleos de
Venezuela (Pdvsa), Lucidio García. (...) Consideró que la transición de un
modelo económico que depende principalmente de la actividad petrolera, a
uno basado en la productividad es «un proceso necesario y difícil, más no
imposible», en un momento crucial para el país que atraviesa coyunturas
económicas como la caída del precio del barril de crudo en casi 80%, así como
la guerra no convencional de la derecha, expresada en el contrabando e
inflación inducida. El rentismo petrolero, heredado de la IV República, generó
una economía monoexportadora, lo que «permitió el desarrollo de una
situación en la cual unos pocos se hicieron millonarios y la gran masa del
pueblo trabajador entró en una situación de desespero», refirió. En su
participación en el programa, recordó que con la llegada al gobierno del
comandante Hugo Chávez –quien ideó e impulsó la Revolución Bolivariana,
proceso que garantiza la justa redistribución de la riqueza–, se ha ido
«tratando de salir de ese modelo dependiente de la renta petrolera». «Hugo
Chávez catapultó una nueva propuesta para el país: un modelo económico
diferente, no un modelo rentista», sino un esquema dinámico en el que la
mayoría de la población participe en la producción; propuesta ratificada por
el actual presidente de la República, Nicolás Maduro». (Agencia Venezolana de
Noticias; Revolución Bolivariana está enfocada en superar modelo rentista de
la IV República, 25 de enero de 2016)

Pero como se puede ver por los propios datos de los chavistas, el petróleo sigue
siendo la piedra angular de la economía en tanto que «modelo rentista
petrolero»:

«El presidente de la República, Nicolás Maduro, informó que el precio del


petróleo venezolano se ubicó este martes en 24 dólares por barril, lo que
representa el nivel más bajo registrado en los últimos 12 años. La disminución
en el precio de los hidrocarburos, tiene un efecto importante en la economía
nacional, ya que las exportaciones petroleras constituyen la principal fuente
de ingresos de divisas con que cuenta el Estado para impulsar el desarrollo
social y económico del país. En proporción, de cada 100 dólares que entran a
la nación, 96 provienen de la renta petrolera. En condiciones favorables,
cuando suben los precios del petróleo ingresan más dólares y aumentan las
reservas internacionales, mientras que al caer los precios de la cesta petrolera,
la cantidad de divisas que entra al país es menor, lo que disminuye los

146
recursos con los que cuenta el Estado para continuar impulsando el desarrollo
socio económico nacional. (...) La baja en la cotización del crudo tiene un
impacto directo sobre las inversiones que debe emprender Petróleos de
Venezuela (Pdvsa), cuyos costos de producción por cada barril de crudo oscila
entre los 8 y los 19 dólares, dependiendo de la zona en donde se extraiga el
petróleo y de acuerdo a su densidad medida en grados API (American
Petroleum Institute), que determina que tan liviano o pesado es. Asimismo,
tiene un efecto negativo sobre los proyectos estratégicos que debe emprender
la empresa estatal para impulsar el crecimiento de la producción de crudo en
el país. De hecho, las mayores inversiones dentro de la Industria se realizan en
las áreas medulares de exploración y producción, refinación y gas, para lo
cual se destina un monto de 30 mil 978 millones de dólares». (Agencia
Venezolana de Noticias; ¿Cómo afectan los bajos precios del petróleo la
economía nacional?, 14 de enero de 2016)

En otros momentos, vimos visiones voluntaristas de sus dirigentes, ¡jurando


que la caída de precios del barril de petróleo no afectaría a Venezuela!:

«Un Gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido,


tenemos planes, tengo planes para pasar cualquier situación así tiren los
precios del petróleo donde los tiren, tenemos planes para sustituir y garantizar
las divisas que necesita el país para el funcionamiento de la economía».
(Nicolás Maduro; Discurso, 16 de octubre de 2014)

Lo cierto es que a 2017 podemos afirmar que tras casi dos décadas de chavismo,
Venezuela sigue anquilosado en el mismo modelo basado casi en exclusiva en el
petróleo y sus fluctuaciones de mercado, y que lejos de evitar las crisis
económicas, ellas han sido una constante desde hace ya varios años. Esto se
refleja en los datos económicos, que son irrefutables:

«Las principales exportaciones de de Venezuela son Petróleo Crudo ($24,9


Miles de millones), Refinado de Petróleo ($5,57 Miles de millones), Oro ($916
Millones), Alcoholes acíclicos ($451 Millones) y Coque de Petróleo ($336
Millones), de acuerdo a la clasificación del Sistema Harmonizado (HS). Sus
principales importaciones son Refinado de Petróleo ($2,3 Miles de millones),
Medicamentos envasados ($1,38 Miles de millones), Leche concentrada ($900
Millones), Coches ($674 Millones) y Congelados Carne de Bovino ($673
Millones)». (The Observatory of Economic Complexity; Venezuela, 2017)

Es más, ¿a quién vende ese petróleo el gobierno chavista? ¿De qué países
importa lo que necesita? ¿Quién encabeza la lista de exportaciones e
importaciones en el saldo comercial de Venezuela? ¡Nada más y nada menos
que Estados Unidos!:

«Los principales destinos de las exportaciones de de Venezuela son los Estados


Unidos ($14,6 Miles de millones), China ($6,07 Miles de millones), la India
($5,82 Miles de millones), Singapur ($1,61 Miles de millones) y Suiza ($887
Millones). Los principales orígenes de sus importaciones son los Estados
Unidos ($8,07 Miles de millones), China ($5,31 Miles de millones), Brasil
($2,99 Miles de millones), Argentina ($1,37 Miles de millones) y México ($1,22

147
Miles de millones)». (The Observatory of Economic Complexity; Venezuela,
2017)

Eso demuestra no solo que Venezuela es un país dependiente, neocolonizado


por los diversos imperialismos, sino también que en realidad nunca ha dejado
de estar dominado por el imperialismo estadounidense. He aquí borrado de un
plumazo la demagogia sobre la política «antiimperialista» que el chavismo
publicita en su propaganda.

El endeudamiento ha sido la máxima de este gobierno, que como todo gobierno


rentista, aprovecha los momentos de bonanza en este caso petrolera, para
endeudarse a intereses bajos, pero que en momentos de crisis, los «intereses
bajos» se vuelven una losa insoportable:

«Adicionalmente a los ingresos por exportaciones petroleras, durante el


período 1999-2014 Venezuela recibió miles de millones de dólares en ingresos
adicionales por la vía del endeudamiento externo. Según Álvarez, el gobierno
aprovechó el ciclo de precios altos del petróleo para financiarse a bajo coste.
Entre 1999 y 2011, se emitieron US$54.327 millones en bonos de la República y
bonos de la petrolera estatal Pdvsa. Parte de ese monto ya se ha pagado. En
2012, el gobierno aumentó el gasto público para apuntalar la campaña de
Chávez por la reelección. Según estimaciones de Ecoanalítica, como
consecuencia de estas emisiones, Venezuela enfrenta compromisos hasta 2027
por US$92.750 millones para pago de intereses y capital. Adicionalmente,
Venezuela contrajo deudas con países como Rusia y China. Según cifras del
Banco Interamericano de Desarrollo, desde 2007 Pekín ha hecho varios
préstamos a Caracas que suman US$65.000 millones. Parte de ese dinero ya
se ha pagado con el envío de cargamentos de petróleo». (BBC; Cómo
Venezuela pasó de la bonanza petrolera a la emergencia económica, 25 de
febrero de 2016)

En la actual situación desesperada en la que se ve el gobierno de Maduro los


tiburones financieros aprovechan tal ocasión para hacer negocio en Venezuela y
de paso echarle un cable al buen «antiimperialista» de Maduro comprando su
deuda en un momento tan delicado en que de no hacerlo se puede declarar
insolvente al país:

«Goldman Sachs sorprende al mercado con la compra de 2.800 millones de


dólares de bonos de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, según informa
«The Wall Street Journal». El banco ignora así a los opositores que piden que
las instituciones financieras no realicen transacciones con el Gobierno de
Nicolás Maduro y lanza un salvavidas al mismo, que desde hace ocho semanas
lidia con una serie de protestas que ya han dejado 60 muertos. (...) Sin
embargo, la estrategia de Goldman no es tanto por apoyar a Maduro, sino
que, según fuentes cercanas a la operación citadas por «The Wall Street
Journa», «Goldman está apostando a que un cambio en el Gobierno puede
más que duplicar el valor de la deuda, que se negocia con fuertes descuentos de
rentabilidad del alrededor del 30% por los miedos crónicos de quiebra». De
hecho, Goldman no negoció la operación directamente con el ejecutivo de
Maduro, sino que compró esos bonos a un bróker anónimo. Por su parte, un

148
alto cargo del Gobierno ha confirmado las informaciones pero se ha negado a
hacer más comentarios al respecto. Según publica el rotativo estadounidense,
el banco de inversión pagó 31 centavos de dólar por bonos que la empresa
estatal de petróleo del país emitió en 2014 y que tienen su vencimiento en
2022. El precio tiene un descuento del 31% frente a los activos venezolanos que
maduran ese mismo año. Y es que los bonos venezolanos se están negociando
activamente en los mercados dados sus fuertes rentabilidades y el compromiso
firme de Maduro de cumplir con sus obligaciones de deuda a pesar de las
dificultades que tiene para financiar la importación de alimentos». (El
Confidencial; Goldman apuesta a la caída de Maduro: compra bonos de
Petróleos de Venezuela, 25 de mayo de 2017)

Pero Venezuela también ha recurrido a otros imperialismos para repartir el peso


de su deuda, entre ellos uno de sus mejores aliados durante la última década: el
imperialismo ruso:

«Maduro, al intervenir esta mañana en un foro internacional de energía, y


antes de la reunión que mantendrá hoy con Putin. «Cualquier reestructuración
o refinanciamiento seguramente será objeto de acuerdos entre los dos
gobiernos», añadió el presidente venezolano, que se encuentra en Moscú como
parte de una gira por varios países. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov,
confirmó a los periodistas que la cuestión de la deuda venezolana será tratada
en el encuentro presidencial en el Kremlin. «La reestructuración de la deuda,
sin duda, es uno de los temas de las negociaciones. Si lo plantean nuestros
socios, hablaremos de ello». (…) Recientemente, el ministro de Finanzas ruso,
Antón Siluánov, admitió que Rusia está negociando la reestructuración de la
deuda de Venezuela tanto en conversaciones bilaterales como en el marco del
Club de París. Rusia concedió un crédito a Venezuela de 4.000 millones de
dólares en diciembre de 2011. Hasta 2015 Venezuela pagaba el crédito sin
retrasos, que empezaron a llegar en marzo de 2016. En septiembre del pasado
año, el Gobierno ruso aprobó el protocolo que permitía reestructurar la deuda
venezolana de 2.800 millones de dólares, y que no se empezará a devolver
hasta 2019. En agosto de este año, el gigante petrolero estatal ruso Rosneft
transfirió a Venezuela 6.000 millones de dólares en concepto de adelantos por
suministros de petróleo venezolano a esa compañía de aquí hasta 2019». (El
Diario.es; Maduro abordará con Putin la restructuración de deuda y
cooperación militar, 4 de octubre de 2017)

Esta situación viene sucediendo desde que Venezuela no es capaz de pagar su


deuda, y de nuevo al imperialismo ruso se le ofrece nuevas concesiones de
explotación con la intención de renegociar la deuda. Eulogio del Pino, ministro
del Petróleo confesó recientemente:

«Negociamos con Gazprom y Rosneft la posibilidad de desarrollar dos


yacimientos y su posterior exportación». (Sputnik; Caracas debate con Moscú
el desarrollo de yacimientos en la plataforma continental venezolana, 4 de
octubre de 2017)

Queda demostrado que el nivel de influencia de las multinacionales rusas en


Venezuela cada vez es mayor como recogen los medios de distintas ideologías.

149
Existen zonas como la faja del Orinoco donde las empresas están exentas de
ciertas legislaciones, y donde en muchas de las empresas mixtas el capital
privado extranjero ha superado al del gobierno venezolano, algo que los
chavistas ven como necesario ya que han aceptado el mito liberal de que las
empresas privadas son más eficientes per se, lo que logró el aplauso de los
empresarios privados y los periódicos de la ultraderecha:

«Las palabras del ministro de Petróleo, Eulogio Del Pino, en la 38va Asamblea
de la Cámara Petrolera de Venezuela marcaron un viraje de 180 grados en la
relación de la empresa estatal y el sector privado de ese país que opera en el
área de los hidrocarburos: hubo un rectificación al reconocer que fue un error
las estatizaciones que se hicieron en 2009 a empresas de servicios de la costa
oriental del lago de Maracaibo, reconocimiento que se ganó aplausos entre
representantes de ese gremio. (...) «Debemos ir a nuevo modelo con mayoría
del sector privado y eso pasa por un reconocimiento de errores: creo que lo
que se hizo en el lago de Maracaibo tuvo muchos errores, debemos reconocerlo
y hemos ido a un esquema en el cual a todos aquellos empresarios, que aún
quieran continuar, vamos a devolverle sus actividades», dijo Del Pino. «En la
Faja del Orinoco, tenemos firmados acuerdos con 20 empresas mixtas con una
modalidad que rige esta nueva estrategia que estamos llevando adelante
porque son compañías en la cual la parte privada tiene 80% y PDVSA 20%.
¿Qué significa ese 20%? Primero, permite una lista prioritaria de pagos; y
segundo, le da seguridad desde el punto de vista de impuestos y permisología.
Nuestra participación accionaria es para dar confianza», enfatizó».
(Petroguía; Eulogio del Pino; Fue un error lo que se hizo con empresas del lago
de Maracaibo, 27 de julio de 2016)

Sobre la deuda y su rol, concordamos con lo que Vincent Gouysse afirma:

«¿Los demócratas burgueses ven la deuda exterior como una «trampa» que no
supieron evitar los países emancipados del colonialismo, pero, ¿acaso esta
«trampa» no fue más bien una consecuencia natural e inevitable de la
«cooperación económica» y la incorporación a la «división internacional del
trabajo»? ¡Así lo es indiscutiblemente! Los marxista-leninistas albaneses
subrayaban que el neocolonialismo no podía ser separado del endeudamiento
exterior que había aumentado en proporciones gigantescas en el curso de los
años de las décadas de los 70 y 80, citando como ejemplo la deuda de América
Latina que ascendió de 33 a 360 mil millones de dólares durante el periodo de
1973-1984. Subrayaban que este endeudamiento desequilibraba todo su
sistema económico e invadía su independencia política». (Vincent Gouysse;
Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Lo que viene a decir que la deuda es el resultado lógico de una especialización,


de ese unilateralismo en la economía, de esa falta de autonomía, y también
representa el carácter parasitario de la burguesía venezolana en el poder. Hace
tiempo que también mostramos que para Chávez y Maduro, las empresas
privadas no son enemigas de su gobierno, sino que son recibidas con los brazos
abiertos. Para estos demagogos el librar a tú país de las multinacionales y cuidar
que los recursos del país sean aprovechados por la nación sería ser un
«dogmático stalinista»:

150
«Y bueno lo hemos venido demostrando, la inversión ha venido
incrementándose y yo aprovecho para hacer un llamado al sector privado al
que tú te referías, bueno que hagamos un esfuerzo, nosotros estamos dispuesto
a hacerlo incluso para ayudarle a que la inversión privada en Venezuela se
continúe incrementando, se incremente. Ayer lo decía creo que Rafael
Ramírez, tú también lo has dicho muchas veces y esto no es algo reciente, no es
algo de los años de la revolución, no, desde los años ochenta, la inversión
privada en Venezuela se vino abajo, se vino abajo. Y eso es una de las razones
de la quiebra del país, porque ni invertían los privados y el Estado estaba
quebrado, ¿quién invertía aquí? Nadie. Quebró el país pues. Ahora en una
economía dinámica esta, inversionistas privados, empresarios verdaderos
vengan a trabajar. Yo vuelvo a insistirles, no se dejen meter aquí en la cabeza
el cuento ese del coco, que vamos a expropiarles, no, no, no, lo que queremos es
trabajar juntos». (Hugo Chávez; Intervención íntegra del Comandante Chávez
en el Consejo de Ministros, 8 de noviembre del 2012)

Pero aquí no acaba la cosa. Esta teorización del «socialismo» con propiedad
privada nacional y extranjera, es santificada como una genialidad de creación
del modelo económico para el siglo XXI:

«Es más, digo más, si empresas internacionales quieren venir a Venezuela,


oído, y asociarse a capital privado nacional, asociarse a capital público
nacional, o ellos solitos, solitos cumpliendo las leyes, quieren hacer su
inversión ellos solitos, vengan a Venezuela. Venezuela es el país de las
oportunidades de la unión de América, vengan para acá todos los
inversionistas que quieran venir. (...) Venezuela es el país clave, clave y un
poquito más abajo hacia el Atlántico, la gran Brasil, la gran Suramérica,
vengan a invertir en transporte marítimo, acuático, en transporte aéreo,
vengan a invertir, siéntense con nosotros aquí en esta mesa y nosotros le
garantizamos todas, todas las condiciones para que su inversión sea
productiva. (...) El comandante Chávez construyó un pensamiento alternativo
al neoliberalismo y al capitalismo. Un pensamiento económico de nuevo tipo,
para dirigir la transición hacia el socialismo, de eso nos dejó un legado
bastante preciso, muy alejado del viejo dogmatismo de los manuales
stalinistas, muy alejado de los viejos dogmatismos». (Nicolás Maduro;
Reunión del presidente Nicolás Maduro con el gabinete económico, 17 de
agosto del 2013)

Pues veamos que decía uno de los famosos «stalinistas» sobre este tema:

«Los Estados revisionistas se han convertido ya en Estados capitalistas,


dominados por la férrea dictadura del capital, la cual no permite protestas e
impone sus decisiones a la clase obrera y a su pueblo. En esos países la mano
de obra es barata. La import-export de mercancías en general es reducida, no
sobrepasa el 15% ó el 20% del producto nacional. En estas condiciones crean
con los países capitalistas grandes sociedades, trusts, en cooperación abierta o
encubierta, con el 49-50% de las acciones. Así los trusts capitalistas han
ocupado, por así decirlo, los grandes mercados de estos países
autodenominados comunistas. Las inversiones de estas grandes

151
multinacionales capitalistas han echado profundas raíces en la Unión
Soviética. Los Rockefeller, Shell y otros han cooperado con el gran trust del
petróleo de la Unión Soviética en Siberia y continúan haciéndolo. Estos países
han puesto la tecnología y la modernización de sus plantas y fábricas a merced
de estos grandes consorcios capitalistas porque no están en situación de pagar
con divisas». (Enver Hoxha; Las multinacionales, una soga al cuello de los
pueblos, 27 de septiembre de 1977)

¿Una descripción apegada a la propia realidad de la República Bolivariana de


Venezuela verdad? Quizás el problema de algunos, es que no se han molestado
en leer a autores realmente marxista-leninista para encontrar las respuestas a
los problemas de Venezuela, deberían dejar el Libro Rojo del PSUV y empezar a
leer verdaderos análisis marxistas para comprender la economía capitalista. En
el mismo sentido: suponemos que este es el socialismo con el que el PCOE
sueña implantar en España, como buenos antistalinistas y procastristas, ven un
proceso socialista donde un marxista no avista más que al típico gobierno
nacionalista-burgués con ropajes tercermundistas.

Uno de los temas estrella de todo populismo, sea de «izquierdas» o «derechas»,


ha sido siempre el asistencialismo, más si como en el caso del chavismo viene
influenciado de la teología de la liberación. ¿Pero cómo definir el populismo?:

«Es un término no reconocido por la Real Academia Española [RAE]


seguramente se hará en próximos años debido a su extendido uso–. Tienen una
definición difusa y confusa; en ocasiones positiva en otras y más comúnmente
negativas. Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que
comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos
evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces; por
ejemplo: «dictador y dictadura» en su uso romano no revestían contenidos
negativos como ocurre hoy.

Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el


marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la
dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su
forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el
oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las
políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero
justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común:
«el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación
de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda


burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político
burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el
ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia
escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que
profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos
a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento
emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que
engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del

152
socialismo cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a
comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad
aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos
revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las
«condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar
artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante a veces se desarrolla con
objetivos meramente cosméticos, el ejemplo más oportuno son los «programas
sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha
utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición
política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho
apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando
que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la
Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor
nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –
clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercer vía»
entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo
del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de
«clases altas» y no de clase explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas
no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en
el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas
trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora
(M-L); Terminológico, 2015)

¿Definición general que encaja perfectamente con el chavismo no les parece? En


el caso venezolano, este es uno de los últimos bastiones en los que el chavismo
moribundo se apoya para subsistir. En la época actual de Maduro, se utiliza la
demagogia del asistencialismo hasta el punto que, ¡directamente se sepa quién
apoya y quién no apoya al chavismo, para que a saber de una u otra postura
otorgar o no la ayuda social!:

«Maduro tuvo tiempo también para hablar del «carnet de la patria», el


sistema de identificación que el Gobierno utiliza para la distribución de ayudas
sociales, en el que se han inscrito hasta ahora unos 15 millones de venezolanos
y que el oficialismo ha utilizado en las elecciones de hoy para controlar quién
acudía a votar». (Agencia EFE; Maduro advierte de medidas contra
Parlamento, Fiscalía y medios privados, 31 de julio de 2017)

No olvidemos que esto supone un medio configurado para controlar a la


población en las votaciones. ¿No es acaso este otro rasgo que recuerda
peligrosamente a los movimientos fascistoides?

En los últimos meses también se ha hablado mucho de impulsar leyes


sancionadoras por los comentarios en redes sociales:

«La plenipotenciaria Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de Venezuela,


integrada únicamente por representantes leales al Gobierno de Nicolás
Maduro, regulará el uso de las redes sociales en el país para sancionar a
quienes cometan «delitos de odio». «Va a estar incorporado en esta ley lo que
tiene ver (con) la regulación de la emisión de mensajes de odio e intolerancia
(y) fuertes sanciones cuando se esté en presencia de un delito de odio y de

153
intolerancia», dijo hoy la excanciller Delcy Rodríguez, presidenta de la
Constituyente». (EFE; Regularán el uso de redes sociales en Venezuela para
sancionar «delitos de odio», 23 de agosto de 2017)

¿Qué dirán desde España los chavistas que han clamado tanto contra los
recortes de libertades de la Ley Mordaza y la ambigüedad de sus artículos que
permiten una ejecución subjetiva de la ley sobre ellos? En Venezuela esta ley
chavista es una ley que a priori entraría dentro de la lógica de cualquier
democracia burguesa para controlar a los trabajadores en la era digital, pero que
dado los hechos que se vienen desarrollando, se ve claro que se hará extensible
no solo a ellos, sino a cualquier tipo de oposición por parte de los grupos de la
burguesía que pugnen contra el chavismo. Es un proyecto que pretende blindar
la libertad de expresión solamente para los seguidores del chavismo, no para sus
detractores. Ya existen muchos países de América como Nicaragua, Cuba y otros
países donde el hecho de entrar a ciertas páginas marxista-leninistas de Internet
y difundir información crítica con el régimen está prohibido, donde los
revolucionarios que hacen esto pierden sus trabajos sobre todo si son
funcionarios del Estado, cuando no costando a veces la cárcel si se atreven a
incumplir estas leyes. No hablemos ya de la censura existente en China, donde
hemos sabido de varios casos similares, alcanzando unos niveles represivos
insospechados. Es curioso que muchos de estos gobiernos latinoamericanos que
se autodenominan revolucionarios tengan una política de censura y persecución
del comunismo similar a la de los gobiernos más derechistas y anticomunistas
de Europa como podrían ser los de Polonia, Ucrania o Lituania.

Recordemos el anticomunismo y la represión no tiene porqué ser poco


pronunciado en las democracias burguesas, a veces en situaciones de verdadero
aprieto, sus niveles de reaccionarismo y autoritarismo rivalizan con el de los
países abiertamente fascistas, esto también se entiende por el hecho de que
muchas democracias burguesas están en un periodo de fascistización debido a la
crisis, lo que no supone siempre la instauración de un régimen fascista, pero al
menos si un recorte de las libertades burguesas y una preparación para
cualquier eventualidad si fuese necesario.

Los marxistas no somos liberales pusilánimes, sabemos que mientras existan las
clases la libertad estará superditada a los intereses de la clase que domine el
Estado, por tanto no hacemos una abstracta apología liberal de defensa de la
libertad de expresión como un «derecho inalienable de todas las clases sociales
en cualquier régimen y cualquier época». Los comunistas mientras
efectivamente luchamos para defender los derechos y libertades de los
trabajadores en la democracia burguesa, conquistados a base de sudor y sangre,
conocemos de sobra que este sistema no puede proporcionar la libertad de
impresa, la libertad de asociación política, la libertad de expresión o cualquier
otro sin que sea un derecho falso, desigual, del mismo modo que sabemos que
cuando sea necesario las leyes que defienden sobre el papel dichos derechos
serán suprimidos en aras «del bien de la nación» –es decir de la burguesía y su
bolsillo–. Los pseudocomunistas que igualmente defienden que el proletariado
una vez tomado el poder debe darle expresión a la burguesía en la política,
economía o cultura, serán maoístas, chavistas, o unos socialdemócratas clásicos,

154
pero no marxistas, pues esto sería no darle el necesario enfoque histórico al
definir la libertad y su propósito en una sociedad clasista.

Volviendo al tema, ciertamente el chavismo ha perdido tantos apoyos y se siente


tan asustado que cada vez tiende más a utilizar los «golpes de porra» y el
chantaje para acallar las protestas. Uno de los últimos casos fue el de Ely
Escalante, un revolucionario que ante la falta de un verdadero partido
comunista actualmente se desenvuelve como miembro de la Organización
Bolivariana Estudiantil (OBE), una organización que viene a ser la rama
estudiantil del PSUV aunque tiene cierta autonomía. El compañero participa de
esta organización para realizar un trabajo de masas e intentar apartar a los
estudiantes de la influencia del chavismo. En una de las últimas protestas contra
el gobierno Ely fue detenido por la Guardia Nacional Bolivariana sin ni siquiera
estar participando de ellas, simplemente pasaba por ahí en el momento
equivocado, tras ser detenido acabó sufriendo torturas físicas y psicológicas, en
un proceso judicial durante el cual se sopesó la idea de condenarle por 18 años
de cárcel. Más allá de las diferencias ideológicas que podamos tener siempre con
los grupos o individuos, este es un claro caso demostrativo de cómo se las gasta
el chavismo en cuanto a los opositores, sean del color y pelaje que sean,
barriendo indiscriminadamente cualquier atisbo de oposición.

Los países capitalistas de corte revisionista, o sea, aquellos que se cubrieron


bajo la apariencia de que allí tras la toma del poder se construyó una sociedad
«socialista», en realidad como en otras cuestiones fundamentales revisaron el
marxismo-leninismo y no siguieron las pautas ineludibles para construir una
sociedad socialista quedándose estancados en el capitalismo, en dichos países,
como países capitalistas, no eluden las leyes de desarrollo y dinámica del
capitalismo. Por tal razón en la actualidad existen –en algunos con mayor
medida que otros– graves trastornos debido al gasto excesivo en el ejército,
desempleo, inflación, diferenciación social, desconcierto por el pago de la
deuda, descontento por la falta de abastecimientos de los productos básicos,
decepción y enfado por la política interior y exterior antirrevolucionaria del
gobierno, apatía por la falta de perspectivas de mejora del nivel de vida, y un
largo etc., esto se reflejan a su vez en hechos como huelgas económicas,
absentismo laboral, choques de las masas trabajadoras con los cuerpos y fuerzas
del Estado, luchas por el poder en la dirigencia, cambios repentinos de política
económica, subida y caída de altos cargos del gobierno. Allí, como países que
guardan las relaciones de producción capitalistas de todo tipo, se es testigos de
fenómenos y contradicciones entre el gobierno y las masas trabajadoras,
contradicciones que se ven agudizadas en momentos de gran delicadeza y crisis
para las dirigencias de estos gobiernos:

«Los precios suben de día en día, mientras que la inflación en determinados


países ha alcanzado porcentajes muy elevados. El alza de los precios y, sobre
todo, la inflación, se han convertido en un medio muy apropiado en poder de
los monopolios y el Estado capitalista y revisionista para descargar el peso de
la crisis sobre las espaldas de la clase obrera y de los demás trabajadores. Con
el pretexto de tomar medidas antiinflacionistas, los Estados capitalistas y
burgués-revisionistas elevan los impuestos sobre los ingresos de las masas
trabajadoras, congelan sus salarios y, al mismo tiempo, reducen los impuestos

155
sobre las ganancias de los monopolios, devalúan la moneda, etc. Todas estas
medidas están dirigidas contra la clase obrera y todos los trabajadores,
intensifican la explotación y atentan contra su nivel de vida. A causa de la
prolongación de la crisis económica ha empeorado y se ha agravado
considerablemente la existencia de la clase obrera y de las masas campesinas.
Se ha incrementado el paro, el cual se ha convertido en un mal crónico, en una
gran plaga de la sociedad burguesa y revisionista. (…) La penuria y la
inseguridad en que viven las amplias masas trabajadoras, así como la política
interior y exterior reaccionaria, antipopular, que siguen los regímenes
capitalistas y burgués-revisionistas, vienen aumentando continuamente el
descontento de las amplias capas populares. Esta grave situación ha suscitado
en estas capas una incontenible indignación que se exterioriza por medio de
huelgas, protestas, manifestaciones, choques con los órganos represivos del
régimen burgués y revisionista, y en muchos casos a través de verdaderas
rebeliones. Las masas populares sienten una creciente hostilidad hacia los
regímenes que las subyugan. Los gobiernos de los países imperialistas,
capitalistas y revisionistas, hacen todo tipo de promesas y propuestas
fraudulentas, esforzándose, también en esta situación de crisis, por acaparar
el máximo beneficio, por atenuar el descontento y la indignación de las masas
y desviarlas de la revolución. Mientras tanto, los pobres se empobrecen cada
vez más, los ricos se enriquecen mucho más, el abismo entre las capas sociales
pobres y las ricas, entre los países capitalistas desarrollados y los países poco
desarrollados se ahonda sin cesar. (…) La burguesía y las camarillas
dominantes se ven obligadas a cambiar más a menudo los caballos de los
carros gubernamentales, con el fin de engañar a los trabajadores y hacerles
creer que los nuevos serán mejores que los viejos, que los responsables de la
crisis y de que ésta prosiga son los anteriores, mientras que los substitutos
mejorarán la situación, y otras cosas por el estilo. (...) Al mismo tiempo la
burguesía, en los países capitalistas y revisionistas, refuerza sus salvajes
armas de represión, el ejército, la policía, los servicios secretos, los órganos
judiciales; refuerza el control de su dictadura sobre cualquier movimiento e
intento de lucha del proletariado. (...) En todos ellos se han intensificado la
opresión y la explotación, todos padecen los males del capitalismo, en las filas
de los dirigentes y de las altas capas sociales han estallado rencillas y pugnas
por apoderarse del poder y obtener privilegios, en todas partes bulle el
descontento y la indignación de las masas populares. Así pues, también en
estos países existen grandes posibilidades para la revolución. También en ellos
la ley de la revolución actúa igual que en cualquier otro país burgués. (...) Pero
todos estos medios políticos y militares no son sino paliativos, incapaces de
curar al sistema capitalista-revisionista de la grave enfermedad que padece».
(Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

¿Curiosa la cita de Enver Hoxha? Para ser de 1978 es aplicable a la situación que
sufre Venezuela aunque le duela a los chavistas.

¿Cuáles son los análisis y las conclusiones que deben extraer los revolucionarios
de dentro y fuera de Venezuela sobre el imperialismo y los gobiernos como el
chavista? ¿Hay que hacerse ilusiones sobre uno u otro bloque imperialista?
¿Sobre una u otra capa de la burguesía nacional?:

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«[Las grandes potencias imperialistas] Con su política de expansión y
hegemonía, su frenética carrera armamentista para equiparse con las armas
más poderosas, se han convertido en un peligro permanente, una amenaza
cotidiana a la libertad y seguridad de muchos pueblos, grandes o pequeños,
lejanos o cercanos, de todos los continentes. Mientras exista, ningún
imperialismo puede renunciar a su tendencia agresiva. La agresión es la
naturaleza misma del imperialismo. Con la presión que ejercen sobre los
pueblos, con las tramas que cada día traman contra su libertad e
independencia, con la nueva guerra mundial que están preparando
activamente. (...) En estas circunstancias, los pueblos no tienen otra
alternativa que lanzarse a la lucha de liberación, el proletariado no tiene otra
alternativa que levantarse en revolución violenta y establecer su poder estatal.
El triunfo sobre la burguesía de su propio país es también la principal
condición para que el proletariado pueda hacer frente a la amenaza [exterior].
La burguesía de los diversos países está ligada de una manera u otra con tal o
cual superpotencia. Esto hace absolutamente imprescindible que el
proletariado el cual tiende hacia la revolución, mientras lucha contra su
propia burguesía, no debe olvidar el peligro que la amenaza de las
superpotencias, y que al luchar contra la amenaza de las superpotencias, no
debe olvidarse de su propia burguesía que la oprime y la explota. La lucha
contra su propia burguesía y la lucha contra la amenaza de las superpotencias
no constituyen dos problemas distintos, sino dos aspectos del mismo problema,
el cual solo podrá ser resulto de una vez por todas mediante la revolución del
proletariado y la conquista de su poder estatal». (Zija Xholi; La revolución
socialista, el único camino del progreso social, 1977)

No hay más debate. Todos los que defienden esta deriva bajo el miedo de estar
haciendo el juego al imperialismo o a la derecha no tienen excusas:

«Los revisionistas siempre utilizan la misma excusa para defender a sus


admirados regímenes: «nosotros apoyamos a X para no hacerle el juego al
imperialismo»; pero: ¿Y no se hace acaso el juego al revisionismo, a la
burguesía de dicho país capitalista-revisionista? ¿No está dicho régimen
ligado a ese mismo imperialismo o a otros? ¿No depende de sus créditos e
inversiones? ¿No se traiciona al proletariado de esos países cuando se apoya a
una dirección revisionista? ¿No se entorpece su emancipación de la
explotación a la que son sometidos?». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio
histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas
de los GRAPO, 2017)

Por tanto queda claro que:

«¿Cuándo se van a dar cuenta que no se ayuda al avance de la revolución


estando apoyando bajo la excusa del «mal menor» a los revisionistas de otro
país, sino que el deber es impulsar a los marxista-leninistas que precisamente
sufren la hegemonía de los revisionistas en el movimiento obrero en sus
tierras? ¿No ha demostrado ya demasiadas veces la historia que el
revisionismo no es garantía de cumplir ni quiera con las tareas de la
revolución burguesa, que trafica con ellas y las deja a medio camino, que
incluso adopta un carácter socialfascista cuando llega al poder cuando el

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pueblo demanda una profundización del proceso? ¿No está claro que en
nuestra época un partido revisionista sólo puede aportar a la solución de las
funciones antiimperialistas, antifeudales o antifascistas de la revolución
cuando es guiado por el partido comunista local que evita sus titubeos? ¿No es
claro que aún así puede abandonar y traicionar al partido marxista-leninista
antes incluso de que empiece la construcción socialista? No vendamos que el
revisionismo es revolucionario y que por ello nuestra unión y colaboración en
sus crímenes es permisible». (Equipo de Bitácora (M-L); El maoísmo solapado
de Reconstrucción Comunista (RC) es una negación de las luchas y lecciones de
los marxista-leninistas, 2016)

FIN

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Equipo de Bitácora (M-L)
Bitácora Marxista-Leninista

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