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Hizo un pequeño fogón,

CICATRICES sacó un pollo de la carreta, lo


Marcelo Birmajer atravesó con un palo y comenzó a
Hace mucho tiempo vivía en una asarlo mientras conversaba con el
aldea que no conocemos un mulo convertido en hombre.
muchacho de veinte años, justo y El muchacho se frotó
valiente. Pretendía a una doncella de varias veces los ojos y se acerco
su edad, blanca como la leche, y tan impávido al prodigioso dúo.
bella como vanidosa. · ¿Có..có...cómo has
El muchacho tenía el rostro hecho eso?-preguntó
cruzado de cicatrices. La doncella, -Oh-dijo el mago sin darle
enferma de juvenil frivolidad, exigía importancia-. Es feo comer solo, y a
para hablar de noviazgo, que el la hora de la cena, siempre me
muchacho se quitara las cicatrices procuro alguien con quien
del rostro. conversar.
El muchacho sabía que Y ni bien terminó la frase,
esto era imposible, pero la doncella con un nuevo pase de manos, volvió
estaba acostumbrada a que se le a transformar al hombre en mulo.
cumplieran sus más estrafalarios -Ahora ya tengo con quien
deseos. Así la habían tratado sus conversar- digo el mago, haciéndole
padres y los ricos hombres que la un ademán al muchacho para que se
cortejaban. sentara junto a él.
El muchacho pasaba -¿Cómo haces eso?-
noches de insomnio pensando en repitió el muchacho.
como satisfacer el requerimiento, y la -A excepción de cómo
doncella insistía en que cuando se hago mis trucos, podemos conversar
hubiese quitado las cicatrices, ella lo de todo lo que quieras-respondió el
estaría aguardando. mago.
¿Por qué el muchacho El muchacho, que tenía un
seguía amando a una dama tan solo tema en su magín, acercando
necia? ¡Misterio! ¿Por qué una mujer su rostro al fuego, mostrándoselo al
tan agraciada era tan necia? ¡Más mago, se apresuró a decir:
misterio! -¡Apuesto a que con tu
En una de las noches de magia podrías quitarme todas las
insomnio que el muchacho sufría cicatrices del rostro!
bajo un árbol del bosque (el estado -Por supuesto-respondió el
de su alma le hacia imposible mago sin un ápice de vanidad.
permanecer en una cama), acertó a -Pues, adelante-dijo el
pasar por allí un mago. muchacho
El muchacho vio llegar a -¿Estás seguro de que es
un hombre en una carreta tirada por lo que quieres?-le preguntó el mago.
un mulo. Cuando el animal se -De nada he estado más
detuvo, el hombre bajó de la carreta; seguro-dijo el muchacho.
y haciendo un movimiento de manos El mago pasó suavemente
transformó al mulo en un hombre. un dedo por una de las cicatrices del
muchacho. De inmediato, entre los -Eso- dijo el mago-, es
dos, se presentó una imagen. Era el imposible. No lo puede lograr ni el
recuerdo del día en que el muchacho más sabio de los magos. Si partes
se había hecho esa cicatriz. Los de tu vida te han dejado cicatrices,
cosacos atacaban la aldea, y el debemos borrar esos recuerdos para
muchacho, valientemente, salía al borrar las cicatrices. ¿Te borro las
encuentro de ellos. El sable de un demás?
cosaco le rozaba el rostro. Pero -No- dijo el muchacho
ahora, en la imagen que el mago Y luego de comer el pollo,
presentaba, el recuerdo cambiaba: el ambos durmieron mansamente.
muchacho se escondía tras unos Cuando el muchacho
toneles y no enfrentaba a los despertó, al alba y bajo un árbol, el
bandidos. Aguardaba escondido mago ya no estaba.
hasta que se marchaba, luego de Corrió a ver a la doncella.
haber realizado todo tipo de -Te he dicho que no te me
tropelías. Cuando la imagen se acercaras hasta que no te quitaras
desvaneció, nuevamente estaban el las cicatrices del rostro- le dijo
mago y el muchacho junto al fogón. fríamente ella.
El mago fue hasta la El muchacho no respondió
carreta y regreso con un espejo. Lo a su insulto. Se señalo una cicatriz y
limpio con la manga de su abrigo y le contó su historia.
se lo extendió al muchacho. Señaló otra y otro
-Mírate-le dijo recuerdo. . Una más y otro suceso
El muchacho se observó. de su vida. Termino de contarle el
Efectivamente, la cicatriz ya no origen de la última cicatriz frente al
estaba. rabino que los caso...
-¡Prodigioso! – exclamó el
Actividades
muchacho.
1. ¿Cómo eran la doncella y el muchacho
-No es ningún prodigio- dijo
físicamente? ¿Qué virtudes y defectos poseían cada
el mago-.Si nunca has peleado
uno?
contra los cosacos, ¿por qué habrías
2. ¿Por qué la doncella rechazaba al muchacho?
de tener esa cicatriz? ¿Quieres que
¿Te parece correcto?
te borre las otras?
3. ¿Qué condiciones pone la doncella para
-¡Por supuesto!- dijo el
aceptar al muchacho en noviazgo?
muchacho. Pero al instante se
4. ¿Por qué el insomnio se apoderaba del
detuvo:
muchacho durante las noches?
-Momento-agrego-. ¡Si he
5. ¿Qué solución para sus problemas se le
peleado contra los cosacos!
presentó al muchacho? ¿Por qué se arrepiente y
-No- le dijo el mago-.Ya no,
desiste de cambiar el aspecto de su rostro?
y ya no tienes esa cicatriz.
6. Luego de arrepentirse de cambiar, ¿por qué
-Solo te he pedido que me
duerme mansamente?
borres la cicatriz- dijo el muchacho-
7. ¿Qué hubieras hecho en su lugar? ¿Por qué?
No el momento en que me la
8. ¿Por qué la doncella termina aceptándolo
hicieron.
como esposo si aún las cicatrices permanecían en su
rostro?
Hagamos una lista Por Aída Bortnik
- "Muy buenos días, señoras y señores pasajeros!" El cielo estaba gris, el
vagón frío, éramos muchos y casi todos nos hubiéramos reconocido si
alguna vez nos hubiéramos mirado. Sin embargo, la voz del vendedor sí
pareció despertar una especie de recuerdo....

- "Como ven, no traigo entre las manos nada para venderles ..." era casi
irritante, porque el hombre hablaba con timidez abrumadora, y no resultaba
sencillo con él, como con otros, limitarse a esperar que terminara, previendo
su discurso y sin mirarlo.

- Hace un tiempo empecé en esta tarea y aunque la mercadería que


ofrezco me ha costado tan cara, que no quisiera vivir otra vida en la que me
viera obligado a pagarla, la ofrezco sin precio fijo. El sistema es raro, pero la
oferta tampoco es fácil de encontrar en los negocios y prefiero que las
damas y caballeros presentes la adquieran sólo en el caso de que, como a
mi, les parezca de uso indispensable, y pagando no lo que crean que vale
sino lo que sientan que pueden. A lo mejor así, ustedes y yo podemos
seguir manteniendo este sistema..."

Parecía fatigado y algunos de nosotros estábamos seguros de haberlo visto


ya y de haber comprado algo que ofrecía. Ahora, todos lo escuchaban: los
que seguían con los ojos cerrados, la señora del pañuelo en la cabeza, la de
la nena en brazos, el viejito y el señor del portafolios, el muchacho sin saco,
y la rubiecita aferrada a su novio.

Carraspeó y, como si lo recordara de pronto, cobrando ánimos, aplaudió el


aire delante de su cara, a la manera de los magos antiguos:

- "Les ofrezco una idea. No está completa, no puedo afirmar que sea
original, no puedo asegurar que funcione de la misma manera para todos...
Pero sé que es una buena idea - sonrió, como si suspirara - porque antes de
ofrecerla a los señores pasajeros, la he probado yo mismo."

Se calló un momento, con ese sabio silencio de los buenos vendedores. Y


cuando volvió a hablar, había cambiado totalmente de tono.

-"Señoras y señores pasajeros: todos nosotros compramos, cada día,


minuciosas relatos de muerte impune, miserables recuentos de crueldad
infinita, desbordantes crónicas de locura, devastación y sangre, reducidas a
cifras de un balance en el que siempre somos perdedores. Todos nosotros
desayunamos, cada mañana, la amarga realidad de que la muerte tiene
mejores titulares que la vida. Ninguno, supongo, sin embargo, propondría
que los diarios dejaran de publicar los asesinatos, sino que los asesinos
dejaran de gozar de buena salud para celebrarlos. Entretanto, como el tema
es urgente, tendríamos que buscar otro espacio para vendernos a nosotros
mismos los titulares que testimonian que no todo está perdido. Un espacio
interior, pero expresivo."

Sacó un pañuelo, se secó la cara desordenadamente y se quedó mirándolo,


como si no recordará para qué servia. Lo arrugó en la mano y, mientras
parecía ruborizarse casi violentamente, abrió los brazos con una fuerza
insospechada y gritó, pero como si suplicara:

- "Hagamos una lista, cada uno la suya, una lista humilde, pero minuciosa,
de todos los gestos y toda la gente que nos hacen bien. Una lista personal,
sin prioridades, sin famas, sin mayúsculas... Con el perdón de los señores
pasajeros y sólo a manera de ejemplo, leeré la mía." El papelito que sacó
del bolsillo estaba doblado en cuatro y escrito de ambos lados. Recitó, con
pudor pero en voz alta:

- Mi primo Tito, que es médico porque le gusta curar a la gente y que tiene
úlcera porque traga todo el dolor para aliviar; los señores Álvarez Marián y
Barbeito y la Señorita Marta, que venden máquinas de escribir, enfrente de
mi casa, y tratan a todo el mundo como a un semejante; el dueño del garage
que hace favores como si viviera de eso y el Morocho que lava los coches
mientras da consejos que parecen abrazos; el cartero que entrega las cartas
con dirección equivocada, porque se siente responsable de que la
comunicación no se interrumpa; mi abuela con nombre de flor, que enterró a
sus hijas y siguió siendo capaz de querer a los hijos de otras..."

Se detuvo de pronto, miró de frente, con los ojos extrañamente húmedos.


Dobló el papelito despidiéndose:

- "Muchas gracias por su atención, señoras y señores pasajeros. Y espero


que pasen ustedes un buen día." Mientras guardaba la lista, algunos
comenzaron a rebuscar billetes en sacos y carteras. Otros, sin embargo,
eligieron un pago diferente. Empezaron una lista en un papel cualquiera,
escribiendo con letra chiquita.