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Antes de abordarlo, creo que supone un cambio en el paradigma de la enseñanza y en los

roles de docentes, estudiantes y la relación entre estos ya que evidentemente para poder abordar
estratégicamente un error, hay que permitir que ocurra, hay que fomentar un ambiente de
aprendizaje de curiosidad, libertad de aprender, de equivocarse, de intentar de nuevo y que es
contrario al paradigma del éxito (Chercasky, s.f.), sobre el cual mucho de la educación (incluso la
universitaria) se sigue basando. Esto supone ver los errores como las mejores oportunidades para
aprender y esto tiene que hacérsele claro a los estudiantes desde el principio. Creo que una manera
de demostrarlo es siendo sinceros y aceptando también los errores que nosotros como profesores
podemos cometer realizando comportamientos tan “sencillos” como proporcionar la posibilidad de
feedback al estudiante y que este pueda señalar aspectos con los que no esté de acuerdo con el
profesor (o en los que crea que este se equivocó) y que este último sea capaz de tomarlo en cuenta
y modificar el feedback, siempre y cuando las observaciones sean pertinentes. Otra manera de
demostrarlo es corregir cualquier error que hayamos cometido y explicando el porqué del error para
que ellos tampoco lo cometan; sé que este último punto puede parecer un contrasentido al rol del
profesor (o puede ser contrario a un rol “clásico”) pero no es así ya que si bien el docente sabe
muchas cosas, es simplemente un mediador del aprendizaje y ve a los alumnos como procesadores
y constructores de la información, lo cual también los hace a ellos expertos y con posibilidad de
expresarse (así como expresar su acuerdo/desacuerdo). Requiere verse con humildad (que
probablemente en la docencia universitaria falta) y estar abierto/a a los comentarios de los otros.

Entonces, como los errores son informativos, cuando ocurren no hay que castigarlos (lo cual
correspondería al paradigma más clásico) sino que habría que pensar sobre estos y fomentar el
debate y la comunicación abierta en el aula, lo cual corresponde a la explicación de Chercasky (s.f.)
sobre la didáctica del error; por ejemplo, siempre que le pregunto a mis alumnos cuál estadístico
sería el más adecuado para un problema en particular, dejo que ellos discutan entre sí mismo así
tengan o no tengan la “respuesta adecuada” y permito que ellos se aclaren algunas dudas entre
ellos, retomando al final los aspectos más relevantes de la discusión y señalando el estadístico más
pertinente (y tomando en cuenta los errores cometidos para explicarles el porqué el razonamiento
para ese ejercicio no era el más adecuado si es que sus compañeros no se los señalan o retomo los
argumentos de estos para reforzar sus ideas) .

Además y en caso que sea pertinente, hay que permitir que los alumnos debatan sobre las
diferentes ideas pero en caso que haya “una” respuesta (como en el caso de los estadísticos), hay
que informársela a ellos y explicar el porqué debido a que de esa manera ellos irían entendiendo el
razonamiento más idóneo a seguir, lo cual implicaría evitar futuros errores. En caso que sean temas
más abiertos, es posible exponer los diferentes puntos de vista actuales o las controversias actuales
sobre ese tema para que cada quien se vaya formando su opinión (creo que los profes con materias
en las que esto se puede permitir más aprobarán esta idea o comentarán más cómo se hace así que
espero leerles o que respondan a esta respuesta). Es decir, así como no hay que castigar el error, no
hay que dejarlo pasar ya que esto implicaría negligencia por parte de los docentes e, igualmente,
habría que permitir que los propios estudiantes vayan despertando y fomentando los procesos de
pensamiento/aprendizajes adecuados que permitan “solucionar”/entender los errores, con la
mediación del docente. Inclusive, todo lo que he mencionado hasta acá significa actuar con ética y
sentido constructivista: aprendemos todos del error y este no es un elemento punitivo, que hace
sentir mal al estudiante, que lo hace objeto de burla y tampoco es un elemento que se deja
perpetuar sino que se utiliza como la herramienta idónea debido a que allí se encuentra un espacio
de aprendizaje, una oportunidad para aprender a partir de las aportaciones de todos.