Está en la página 1de 7

El Principio de Inmediación

Cota para incluir en bibliografía:


Autor: Liliana Romero (2012) El Proceso Oral.
Editorial Humanidad, Venezuela, Pág. 15 y ss.

El principio de inmediación exige la relación directa del


juez con las partes y los elementos de prueba que él debe
valorar para formar su convicción. Cuando existe un
intermediario, como ocurre en el proceso escrito, la
convicción del juez se forma bajo influjos de comunicación
preparada por un tercero, lo que puede traducirse en
aumento del margen de error en el entendimiento.[1]
La inmediación, sin embargo, no es un principio exclusivo
del proceso oral, es susceptible de ser combinada en
cualquier tipo de proceso, sea escrito, oral o mixto. Se
patentiza toda vez que el juez arguye su conocimiento a
través de la observación directa, y en algunas veces
participante, de los hechos aunque les sean presentados por
escrito. Aunque reviste una caracterizada importancia en el
sistema oral.

Importancia de la Inmediación

La importancia de la inmediación en el sistema oral se


entiende cuando las partes aportan sus alegaciones de hecho
y sus ofrecimientos de prueba deben producirse
directamente, frente y ante el Tribunal, procurándoles la
identificación física del juez, su presencia, hasta el
punto de considerarse viciada una tramitación si el juez no
la presencia directamente.
KLEIN señala que la oralidad es la compañera necesaria de
la inmediación en el procedimiento.[2] En tanto en cuanto el
procedimiento sea inmediato, la oralidad no precisa de otra
fundamentación. La clave del proceso se halla en la
exposición del caso litigioso, en la reconstrucción del
supuesto fáctico y en la prueba, ésta asegura el proceso,
facilita las aclaraciones y suministra los mejores puntos
de vista y las mejores impresiones sobre las personas del
juicio.[3]

Características de la Inmediación
La inmediación revierte algunas características típicas del
principio, como lo son; la presencia física del juez, la
recepción de alegatos y pruebas durante la audiencia, el
juez que falla es quien ha presenciado la audiencia, entre
otras no menos importantes.
Este contacto directo de partes, testigos y peritos con el
Tribunal es el que da lugar a toda serie de reacciones
judiciales a que KLEIN aludía acertadamente.
Hemos nombrado la audiencia, la cual es el medio donde la
inmediación despliega toda su efectividad, en relación a
los juicios orales, pues la audiencia pública utilizada en
el sistema escrito no pasa de ser un lapso para realización
de actos singulares del proceso, los cuales deben reducirse
a un acta escrita. En el proceso oral las pruebas deben
practicarse en el debate, salvo excepciones, por lo que la
parte promovente despliega en la audiencia sus alegatos y
pruebas mientras que la otra parte controla.[4]
Al contrario de la inmediación como principio probatorio,
el cual no permite que la actividad probatoria tenga lugar
ante juez diferente al que va a sentenciar, salvo
excepciones en el proceso oral; la etapa de alegatos puede
ocurrir sin inmediación, ya que este principio no es de la
esencia de esa fase, tal como lo contempla el Código de
Procedimiento Civil en el juicio oral. Sin embargo, dentro
de los alcances de la oralidad, la ley o la interpretación
del mandato constitucional en ese sentido (artículo 26 de
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela),
pueden exigir que los alegatos se realicen oralmente en
presencia del juez, lo que permite a este aclarar todo lo
relativo a la determinación de cuales son los hechos
controvertidos, ya que como lo establece el artículo 862
del Código de Procedimiento Civil, para el debate oral del
juicio oral, el cual podría ser aplicable a todas las
audiencias, el juez puede hacer en él los interrogatorios a
las partes que estime necesarios.[5]

Consideraciones sobre la “audiencia”


La audiencia de “audire”, consiste en un comparecer ante
alguien que está dotado de autoridad para realizar ante él
y con él, alguna actividad. Supone por ende una pluralidad
de sujetos en disparidad de situaciones y que realizan un
pluralidad de actividades, de manera conjunta y simultánea,
al menos lo que constituye lo principal de la audiencia.
Así pueden sucederse paulatinamente, los testigos, pero el
juez y las partes constituyentes permanecen en pro de la
unidad de la audiencia.[6]
La relación del juez con las partes y las pruebas se
cristaliza, como antes se dijo, a través de la audiencia
preliminar. Es allí donde las partes en forma presencial
actúan en forma conjunta y unida, desarrollando, cada uno
desde su punto de vista y desde su posición procesal, el
tema del proceso.
La importancia de la audiencia preliminar es entre otras
cosas, depurar el camino hacia el juicio o provocar una
terminación amistosa del litigio. Es por ello que en la
sesión de la audiencia preliminar se revisa la legitimación
procesal, se atiende los problemas procesales, se revisan
los medios de prueba y se subsanan los vicios a través del
despacho saneador.
Para las partes, el sistema oral brinda la oportunidad de
ser oídas por quien va a resolver. El beneficio de la
oralidad no es solo para mejor resolver el magistrado, sino
que importa la oportunidad-derecho de que el justiciable
sea escuchado por este. El art. 8-1 de la Convención
Americana Sobre Derechos Humanos, dispone que “toda persona
tiene derecho a ser oída...por un juez o tribunal
competente”, comprendiéndose en esta parte los casos
civiles.[7]
En el mismo sentido, la Carta De Derechos De Las Personas
Ante La Justicia En El Ámbito Judicial Iberoamericano,
dispone que las audiencias “se celebrarán siempre con
presencia de Juez o Tribunal de acuerdo con lo previsto en
las leyes”.[8]
En definitiva, el proceso oral es el único que garantiza a
las partes, la efectiva posibilidad de ser oídas y cumple
con la normativa supranacional. Conjuga adecuadamente el
derecho de audiencia condensado en el aforismo
anglosajón day on court (día en la corte).[9]

Claro que para que el juez asegure una posición que le haga
partícipe activo en la relación procesal y proveerle de la
autoridad necesaria para ejercer su función, ha de estar en
condiciones de dirigir el proceso y conducirlo hasta su
resolución, con la mayor celeridad posible compatible con
una decisión acertada. Además es conveniente hacerle
colaborar en la formación del material de conocimiento,
poniéndole en contacto inmediato con las partes desde el
momento de la constitución del juicio, de forma que le sea
fácil preparar la sustanciación completa de la causa,
aclarando dudas; provocando de las partes las indicaciones
más importantes de hecho, señalándoles de la manera más
simple las laguna que haya en su defensa y en sus pruebas,
siempre respetando el principio de igualdad de parte.
La inmediación significa sacrificio no sólo para los jueces
sino también para los abogados, porque exige un
conocimiento completo y constante del asunto controvertido.
La inmediación requiere mutua colaboración entre los
abogados y para con el juez, en esa obra en común que es
cada audiencia y el proceso todo. Sin esta interacción
esencial fundada en la buena fe, la inmediación deja de ser
tal.
Tanto la Ley Orgánica para la Protección del Niño y el
Adolescente como La Ley Orgánica Procesal del Trabajo,
entre otras; consagran con gran amplitud el principio de
inmediación, en esa estructura hoy consolidada como la más
adecuada, que es el proceso "por audiencias". En efecto,
las referidas leyes adjetivas regulan un sistema procesal
en el que, luego de la demanda, las partes y el juez se
reúnen. En audiencia, frente a frente, los litigantes y sus
abogados, con la presencia e intervención activa del juez
como director, se trata de llegar prioritariamente a una
conciliación total o parcial y, en su defecto, se realiza
el debate y se fijan los puntos en disputa de manera clara
y concreta. Se hacen efectivos así los principios
procesales fundamentales y, especialmente, se garantiza la
inmediación. Se trata de un proceso que realizan
efectivamente y en su conjunto, sus tres principales
sujetos (las partes y el juez), juntos con los auxiliares y
sujetos complementarios, obteniendo así un efectivo
acercamiento a la realidad concreta que forma el objeto
sustantivo del proceso, concentrándose sus actuaciones. La
sede del tribunal deja de ser el lugar en donde se
presentan y se intercambian escritos para formar el
expediente y se transforma en el lugar donde se hace el
proceso con la presencia de sus protagonistas esenciales.
GELSI BIDART-, implica la correlación entre los sujetos del
proceso, la cual ha de ser permanente y directa, salvo en
cuanto a demandar y contestar, dado que el proceso comienza
por ser unilateral (actor-juez; juez-demandado) y la
sumatoria de los dos planteamientos ha de realizarse por
una indirecta comunicación. A partir de la audiencia
preliminar, y desde el propio inicio de ésta, la
comunicación es directa; los actos se desarrollan en
simultaneidad y el desarrollo del proceso es a través del
diálogo. Se dialoga escuchando y aportando nuevos elementos
que enriquezcan la visión del pasado procesal y las
posibilidades de conocimiento y modos de aplicación del
derecho al caso concreto.

En cuanto a las alegaciones de parte


Cuando Montero Aroca hace referencia a la fase de
alegaciones de las partes, apunta que éstas harán uso de la
palabra cuantas veces el magistrado lo estime necesario. En
un procedimiento escrito las posibilidades de alegación de
las partes están taxativamente determinadas por la Ley; si
el procedimiento es oral la determinación es más flexible y
de ahí que se conceda al magistrado la facultad de pedir a
las partes que precisen o puntualicen los hechos
alegados.[10]
En el mismo sentido expresa Alvarez Sacristán que la
oralidad en el acto del juicio, está perfectamente ordenada
y no se produce en el debate un totum revolutum, puesto
que, a pesar de que las partes pueden hacer uso de la
palabra cuantas veces el juez lo estime necesario, el acto
está reglado en el tiempo y cada parte actúa en momentos y
situaciones precisas.[11]
A pesar de que la alegación corresponde a un momento
procesal diferente a la prueba de lo afirmado, no es
discutible que el juez adquiera elementos probatorios del
acto oral de recepción de alegatos, los cuales sirven para
formar su convencimiento sobre la realidad de los hechos, y
por ello no se concibe un acto oral para alegar donde el
juez no puede hacer preguntas a los presentes, no sólo con
fines aclarativos de los alegatos, destinados a la fijación
de los hechos controvertidos, sino también con fines
probatorios para verificar las afirmaciones contrapuestas
de las partes. De allí, que en la audiencia preliminar
prevista en el artículo 868 del Código de Procedimiento
Civil, donde las partes se acuerdan sobre los hechos
alegados y las pruebas hasta allí producidas, el Juez puede
intervenir con amplitud, interrogando a las partes y hasta
terceros, ponderando el derecho de defensa de los
litigantes.
Como en el proceso oral, el principio de celeridad es
fundamental, la apertura a pruebas en la audiencia oral
destinada a recibir los alegatos, es recomendable; lo que
permite a los litigantes, una vez finalizada sus
exposiciones sobre el tema a decidir, promover pruebas,
aunque ésta situación puede ir variando conforme a las
diversas normas que rijan el proceso oral, tal como sucede
con el juicio oral del Código de Procedimiento Civil.
Teniendo la inmediación la doble finalidad señalada, cabe
preguntarse si las partes tienen la carga de estar
presentes al menos en esa audiencia oral (sea la preliminar
o la de recepción de alegatos, como la que tiene lugar en
el juicio de amparo constitucional) e intervenir en ella
personalmente o mediante apoderados.
La actuación de los mandatarios en el proceso oral está
permitida por diversas leyes del país. En términos
generales el Código de Procedimiento Civil, lo acepta, al
no haber norma específica prohibitiva para el proceso oral;
mientras la Ley Orgánica de Amparos sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, en su artículo 18 numeral 1,
contempla específicamente la representación. En casos como
estos; no es necesaria la presentación personal de los
poderdantes a las audiencias orales destinadas a alegar, ni
a la del debate oral a las cuales no se llame a los
mandantes porque se requiere de ellos alguna actividad, sea
o no probatoria (posiciones juradas, por ejemplo a
excepción de la LOPT).
Distinta es la situación, cuando la comparecencia personal
de la parte y no la de sus apoderados, sea ordenada por la
ley, tal como lo hace el Código Orgánico Procesal Penal en
los artículos 332 y 349, por ejemplo.
Fuera del ámbito de los alegatos, el principio de
inmediación opera plenamente en el debate probatorio, donde
por lo regular va adosado al principio de concentración de
la prueba[12]

[1] MILLAR. Robert W. Los Principios Formativos del Procedimiento Civil. Buenos Aires.
1945. Pág. 169.
[2] KLEIN Engel Der Zivilprozess Oesterreichs. Bensheimer. Berlin 1927. Pág. 208.
[3] ALONSO Miguel El Funcionamiento de la Oralidad en España. Pág. 5
[4] RENGEL Romberg Arístides. Juicio Oral en el Proyecto de Código de Procedimiento
Civil Venezolano de 1975. Pág. 148.
[5] SALA CONSTITUCIONAL Magistrado-Ponente: Jesús Eduardo Cabrera Romero
22/08/2001
[6] GELSI Bidart Alfonso. Sentido de la Audiencia Preliminar en el Proceso. Pág. 175
[7] Convencion Americana Sobre Derechos Humanos, art. 8
[8] Carta De Derechos De Las Personas Ante La Justicia En El Espacio Judicial
Iberoamericano, art. 15
[9] Citado por Gozaíni, Osvaldo A. en “El Debido Proceso Constitucional. Reglas Para El
Control De Los Poderes Desde La Magistratura”
www.juridicas.unam.mx/publica/rev/cconst/cont/7/ard/ard2
[10] MONTERO AROCA Juan. El Proceso Laboral. Tomo I. Edit. Bosch. Barcelona. 1982
[11] ALVAREZ SACRISTÁN. Isidoro. El Juicio Oral en el Proceso Laboral. Ed. Montecorvo.
Madrid. 1993
[12] SALA CONSTITUCIONAL Magistrado-Ponente: Jesús Eduardo Cabrera Romero
22/08/2001

También podría gustarte