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Antología de Mitos de México y el Mundo

Escuela Secundaria Técnica NO. 95 “Cuitláhuac”

Integrantes del equipo:


Martínez Baranda Alejandro
Martínez Mendoza Ernesto
Ortega Martínez Iván Ettiane
Pineda Ramírez Marco Antonio
Torres Flores Neftalí
Sánchez Lozada Jonathan Daniel
Asignatura: Español
Grado y Grupo: 3° “D”
Profesora: Gabriela Lozada Domínguez
Índice
Prologo…………………………………………………………………………………. 3
La Sirena y Taqsjoyut…………………………………………………………….. 4
La hermosa Tzintzin……………………………………………………………
Hick Vick, el Hombre Águila
Y el universo se hizo
La Serpiente oráculo
El Cielo, la Tierra, y el Inframundo
La dama de la muerte

Zeus (Júpiter romanos)


El Mito de Hera (Juno romanos)
La diosa Afrodita (Venus romanos)
Apolo
Ares (Marte para los romanos)
Palas Atenea (Minerva romanos)
Hades
Hefesto
Poseidón (Neptuno romanos)
El hombre lobo.
Mito del nagual.
Mito del nagual.
Prologo:
En esta antología veremos un conjunto de mitos tradicionales de México. No
habrá autores de los mitos pues en el aprendizaje de la clase de español nos
dice que los mitos no tienen autor así que estarán de forma anónima.
Dentro del escrito podremos encontrar varios tipos de mitos como lo son: de
dioses costumbres antiguas también sobre la creación del universo. El
propósito de esta antología es conocer nuevos mitos y también lograr un
nivel mayor de cultura en nosotros
1.- La Sirena y Taqsjoyut
Un día la Sirena, que vivía en el mar, salió a pasear a la Tierra. En todas las casas por las que
pasaba pedía hospedaje, pero nadie la aceptaba. En el quinto pueblo al que llegó la aceptaron en
una casa. Agradecida, la Sirena le pidió a la dueña una jarra para ayudarla a acarrear agua, y le
solicitó que una sus hijas le indicase donde estaba el pozo.

Cuando llegaron la Sirena le dijo a la niña que no tuviera miedo de lo que iba a presenciar. Tomó la
jarra, la echó al pozo e inmediatamente el agua se arremolinó, salió un arcoíris y el viento se
levantó. Entonces, la Sirena se arrojó al agua. La niña corrió a la casa a buscar a su padre. Cuando
ambos llegaron al pozo vieron que el agua estaba arremolinada y lodosa.

El padre, al darse cuenta de que se trataba de la Sirena, fue a buscar al presidente del pueblo.
Llegaron al pozo acompañados de toda la comunidad y se dieron cuenta de que se había
convertido en una laguna. Acudieron a los adivinos para que les dijesen cómo podían sacar a la
Sirena del agua, pero éstos se declararon incapaces y remitieron al presidente y compañía, con el
sacerdote del pueblo. El sacerdote efectuó una misa cerca de la laguna, pero la Sirena no salió. El
presidente decidió ir a consultar con el mejor adivino. El adivino sacó sus cristales mágicos y
confirmó que la Sirena se encontraba dentro de las aguas. Se puso a la orilla del pozo y rogó a la
Sirena que saliese. Ella vaticinó que al final del año habría un tremendo diluvio que terminaría con
la Tierra. Les dijo que saldría si le traían doce pollitos, trece gallos, doce guajolotas, trece
guajolotes, doce puercas, trece puercos, doce muchachas y trece muchachos. Las personas, muy
asustadas, decidieron ir a consultar a los Truenos para que las ayudasen, pero los Truenos
respondieron que la Sirena era una compañera y que nada podían hacer para que saliera, pero si
Taqsjoyut, El Hombre que Come Brasas, les ayudaba, ellos desatarían al Relámpago para que
lloviera. Cuando fueron a verlo, Taqsjoyut les dijo que cuando sacara del agua a la Sirena la Tierra
iba a temblar muy fuerte, pero que no debían asustarse.

Taqsjoyut dio cita a los Truenos en la cima de una colina en donde se encontraba un árbol enorme.
Al llegar los Truenos se posaron en las ramas del árbol. Durante una hora discutieron lo que
debían hacer. Al término, ordenaron a las personas que buscaran dos cargas de leña, les
prendieron fuego, hasta que no quedaron sino pequeñas brasas. Taqsjoyut tomó las brasas de la
primera carga de leña y se las tragó; a continuación se revolcó en las brasas de la segunda carga y
todo el cuerpo se le incendió. Mientras tanto, se escuchaban fuertes tronidos y la lluvia caía a
torrentes.

Taqsjoyut dio tres saltos y se arrojó al pozo. Al sentir el agua caliente la Sirena gritaba que no
quería salir, pero el pozo acabó por secarse; entonces, Taqsjoyut la tomó de su trenza, la amarró y
la sacó fuera del pozo. Hecho lo cual, El hombre que Come Brasas, se fue volando a su casa. En
agradecimiento, toda la población le obsequió con pollos, guajolotes, ranas, y demás animales
comestibles.
2.- La hermosa Tzintzin
Una muchacha llamada Tzintzin que vivía en un pueblo de la Meseta Tarasca, iba todos las tardes
a acarrear agua en un cántaro hasta un manantial. Debido a que era deslumbrantemente
hermosa, los hombres de su comunidad la asechaban y le decían muchos piropos con el fin de
conquistarla, aunque todos sabían que Tzintzin estaba enamorada de un muchacho de nombre
Quanicoti, de oficio cazador.

Ambos jóvenes se encontraban en el camino que conducía al manantial, que estaba situado en
medio de una increíble vegetación en donde destacaban las flores de todos los colores y clases.
Ahí los chicos pelaban la pava sin ser molestados. Cuando ellos se encontraban curiosamente las
plantas eran más verdes y las flores mucho más fragantes que de costumbre. Tan enamorados
estaban que el tiempo transcurría rápidamente para ellos, lo que a veces ocasionaba que Tzintzin
se retardara en su cometido. Debido a sus continuos retrasos, sus padres la amonestaban.

En una de sus citas amorosas se les hizo más tarde que de costumbre, el Sol estaba ya por
meterse. Cuando Tzintzin se dio cuenta, se puso a temblar de angustia, pues aún le faltaba
acarrear el agua en su cántaro. Presa del miedo, se puso a rogarle al Sol que le ayudara a
encontrar un lugar más cercano de donde obtener el agua, ya que el manantial quedaba aún
bastante lejos, y sus padres la iban a medio matar. Ante tan angustiada y devota súplica, apareció
un hermoso colibrí cerca de las flores, agitando sus pequeñas alas. En seguida Tzintzin se percató
de que se trataba de un dios, dado que era un colibrí muy especial, más bello y más majo que
cualquiera que antes hubiese visto la muchacha. Alumbrada por los últimos resplandores del Sol,
Tzintzin vio que de las plumas del pajarito caían gotas de agua que brillaban como cristales de roca
muy pulidos. La señal divina había llegado, la joven se acercó a unos matorrales y vio que
escondido se encontraba un pozo de agua muy profundo. Tzintzin tomó su vasija y la llenó
completamente de esa agua tan clara y maravillosa.

Al llegar a su casa, sus padres estaban maravillados de tanta agua como su hija había llevado, pues
nunca solía el cántaro estar lleno a rebosar. Pensaron: -¡Ha de haber sido Quanicoti que le ayudó a
obtener al agua! Sin embargo, Tzintzin les aclaró que había encontrado un pozo de agua mucho
más cerca del manantial, en un camino conocido por todos los habitantes del pueblo.
Inmediatamente todos se enteraron del nuevo pozo, al que bautizaron con el nombre de
Quiritzícuaro, la Gran Fuente, por lo profundo y abundante que era.

Los jóvenes acudían muchas veces a ese lugar, muy contentos por haber descubierto el pozo del
que obtenían agua no solamente los habitantes de su pueblo, sino de otros aledaños. Mientras los
jóvenes intercambiaban promesas de amor eterno, que quien sabe si cumplirían, el Sol en el alto
Cielo sonreía satisfecho de su obra.
3.- Hick Vick, el Hombre Águila
Un día, en cuanto el Sol salió, el jefe de un pueblo pima llamado Cactus se dirigió a sus habitantes
y les dijo: -¡Querido pueblo, los dioses nos han bendecido, en nuestros graneros tenemos
suficiente comida almacenada para pasar todo el invierno! Mañana por la madrugada todos los
guerreros deben partir a la caza del conejo. Cada hombre deberá ir provisto de cuatro flechas.
¡Ahora vayan a reparar sus armas! Todo el pueblo estaba contento dedicado a sus labores
cotidianas con alegría. Las mujeres tostaban trigo y lo molían en metates, para que los hombres lo
bebiesen con agua durante la cacería. Una hermosa muchacha de nombre Flores Altas, huérfana
que vivía con su tío, se encargó de llevar a los niños del poblado a que lavasen las jícaras de
calabaza y las llenaran con agua potable para los guerreros.

Antes de salir el Sol, los guerreros salieron hacia los terrenos de caza, hacia la Montaña de la
Superstición. Al llegar Hick-Vick, Pájaro Carpintero, un joven cazador, exclamó: -¡Sólo tengo dos
flechas! El jefe le indicó que regresase a la aldea por las otras dos, que lo esperarían a la sombra
de un mezquite. Cuando el joven llegó a la Montaña Inclinada, se detuvo para beber un poco de
agua, y escuchó la voz de una mujer que le decía: -¿No quieres beber un poco de pinole del que
tengo en este recipiente? El joven aceptó y a cada trago que daba sentía como que le salían
espinas de pino por todo el cuerpo. Al poco rato, Hick-Vick se había convertido en una gran águila.
La mujer, que en realidad era una mala bruja, se reía al tiempo que le anunciaba que de ahí en
adelante sería el Hombre Águila. Mientras tanto, el jefe y los cazadores se impacientaban por la
tardanza del muchacho. Uno de ellos fue a ver qué sucedía. Cuando llegó a la Montaña Inclinada
vio a una enorme águila que tenía la cabeza y la cara de Hick-Vick. Regresó con sus compañeros
corriendo y les comunicó el hallazgo: -¡He visto a Hick-Vick convertido en águila parado en un ojo
de agua, y a una horrible vieja correr por la montaña con una jícara en las manos! Entonces, el jefe
les dijo a los guerreros que en otro tiempo pasado hubo una hermosa muchacha, pero como era
orgullosa y muy desobediente con sus padres, los dioses decidieron convertirla en una bruja fea,
que desde entonces vivía en una cueva de la Montaña Inclinada, y que gustaba de salir, de vez en
vez, a embrujar a los hombres, lo cual era indicio de que los dioses estaban enojados. Y ordenó
regresar al poblado. Cuando llegaron al ojo de agua, se toparon con el Hombre Águila, le lanzaron
flechas, pero el ave las atrapaba con sus garras, voló hacia una rama y emprendió el vuelo. Los
cazadores siguieron su camino al pueblo. El Hombre Águila se fue a vivir a una cueva en la cima de
un acantilado y cazaba para satisfacer su hambre. Cuando no encontró más caza, empezó a atacar
a la gente de su pueblo. Un cierto día vio a Flores Altas y se la robó. Afligidos y asustados, los
habitantes decidieron dar muerte al Hombre Águila. El tío de Flores Altas se acordó del Hermano
Mayor, un dios sabio y viejo. Al otro día se dirigió a la casa del Hermano Mayor, en lo alto de la
Montaña del Sur para pedirle ayuda; pero el tío regresó decepcionado pues no lo encontró. Todos
los días alguien iba hasta la casa del dios, sin resultado positivo. Después de un año, cuando
quedaban muy pocos habitantes en el pueblo de cactus, un cazador encontró por fin al Hermano
Mayor y le pidió ayuda. El dios le dijo que les ayudaría una vez que hubiesen pasado cuatro días.
Ante tal aviso el jefe del pueblo y los indígenas se pusieron muy tristes. Mientras tanto, el Hombre
Águila seguía haciendo de las suyas. Por fin llegó el Hermano Mayor y los guerreros lo llevaron al
acantilado donde se encontraba la cruel águila. Cuando llegaron, el Hermano Mayor sacó cuatro
estacas de madera muy dura. Con su hacha clavó la primera estaca a un lado del acantilado y les
dijo a los cazadores que regresaran al pueblo y que si veían flotar nubes blancas sobre la Montaña,
era señal de que había matado al Hombre Águila, pero si por el contrario las nubes eran negras,
indicaba que había sido asesinado por el Águila. El Hermano Mayor empezó a ascender por la
montaña lentamente y ayudándose con las estacas. Cuando llegó a la cima, se asomó a la cueva
donde vivía el Hombre Águila, Flores Altas, al verlo, emitió un grito de alegría. Hermano Mayor le
preguntó a la muchacha que cuando regresaba el Águila, a lo que ella respondió que hacia el
mediodía. Había que poner manos a la obra. Pero Flores Altas le advirtió que el niño que tenía
daría aviso, ya que era malo como su padre. Entonces, Hermano Mayor tomó cenizas de la
chimenea, las puso en la boca del niño y ya no pudo hablar bien. Rápidamente se convirtió en una
mosca y se escondió debajo de un cadáver. Cuando llegó el Hombre Águila, su hijo corrió y le dijo
palabras ininteligibles. -¡No entiendo nada de lo que dices, que me lo diga Flores Altas! Pero ella
respondió que no era nada importante. Así, el Hombre Águila se puso tranquilamente a comer su
nueva cacería. Flores Altas se puso a cantar una dulce canción y chiflaba después de cada estrofa.
El Hombre Águila le preguntó la razón por la que cantaba, a lo que ella arguyó: -¡Es que estoy feliz
porque trajiste mucha carne a la casa! Cuando el Hombre Águila se quedó dormido, el Hermano
Mayor le dio un fuerte golpe en la cabeza con su hacha y lo mató; le arrancó la cabeza y la arrojó
hacia el Este, y su cuerpo hacia el Oeste. Lo mismo hizo con el niño. Cuando Hermano Mayor y
Flores Altas empezaron a descender, la Montaña se tambaleó, ¡Tan fuerte era el poder del
Hombre Águila! En el pueblo todos vieron flotar las nubes blancas en la cima, y así supieron que
había muerto el Hombre Águila y que ya eran libres gracias al dios Hermano Mayor. Flores Altas
regresó a la casa con su tío y todos volvieron a ser felices.
4.- Y el universo se hizo
Cuentan los antiguos que Tujku Upa Achá fue el dios universal que creó a Kurhika K’eri, el Gran
Fuego quien, en su enorme sabiduría, formó cuatro círculos concéntricos para que se prendieran
en cada uno de los rumbos sagrados: el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. Asimismo, dio vida al dios
Sol, -por lo tanto creó la luz- Juriata, quien fungió como padre y vigilante del universo; para que no
estuviese solo le dio una esposa, la diosa Luna, llamada Kutsi, quien estaba encargada de que las
plantas germinasen y que los animales y los humanos nacieran. De la unión marital del Sol y la
Luna, se generaron tres círculos concéntricos que dieron vida a la Madre Naturaleza, Kuerajperi, la
cual tenía como símbolo un disco de oro, diosa sumamente sabia que dio vida a la Armonía y a
Venus, representados por: Mano Napa, “el hijo movimiento”, también conocido por Mano Uajpa,
“el hijo único”; Sirunda Arhani “pintarse de color negro”; Uaxanoti, el que se sentaba en el patio
de los tlatoanis a esperar órdenes; y K’uanari, “cara de piedra preciosa”.

El dios Kurhika K’eri, el Gran Fuego, le arrojó rayos a Kuerajperi, la Naturaleza, en la frente, el
corazón, el vientre, y las manos. Con estos rayos la diosa resultó embarazada, y así surgieron los
árboles, los lagos, las montañas, las flores, y los mares; poco después nacieron los animales y, por
último, vieron la luz los humanos, quienes recibieron el nombre de Purépecha. Todos los
elementos de la Naturaleza la diosa los alumbró encima de la Tierra.

Los Tirhipemencha fueron espíritus de los puntos cardinales y el agua, simbolizada por hermosas
nubes. El grupo de los Tirhipemancha estaba formado por Chupi Tirhipeme, Tirhipemi Kaheri,
Tirhipemi Xungápeti, Tirhipeme Kuarecha; y Tirhipeme Turupten. El primero, el Señor de la Lluvia
Azul, se encontraba al Centro del territorio purépecha, en la isla de la Pacanda. El segundo, El Gran
Señor de la Lluvia Negra, vivía en el Sur, en Pareo. El tercero, El Señor Amarillo de la Lluvia, se
encontraba en el Norte, en Pechátaro. El cuarto, El Señor Rojo de la Lluvia, se asentaba en el Este,
en Kuriangaro. El quinto, El Señor Blanco, habitaba el Oeste, en Urámuko. Otros dioses habían sido
creados por los dioses principales: Kuiris Tukupacha, el dios Pato, Tsukur Aue, La que Brota en el
Fondo del Agua, Patsim Auae, y la Tía de los Tules.

Nana Kuerajperi, venerada sobre todo en Zinapécuaro, fue la diosa fecunda y engendradora de la
fuerza del universo de todos los tiempos, que fungía como una deidad psicopompe entre el dios
Kurika K’eri y los mortales. En el Cielo se presentaba como la constelación Tam Hoskua, Cuatro
Estrellas, (Cruz de Mayo) morada de los cuatro dioses principales, el lugar donde nace el equilibrio
y la armonía del universo entero.

Kurhika K’eri, Juariata, y Kurhika K’eri El Nieto, fueron dioses celestes, estrellas conocidas en
occidente como la constelación de Tauro. Dicha constelación tenía la forma del utensilio que los
sacerdotes empleaban para manejar el Fuego Sagrado, que recibía el nombre de Parahtakukua. El
Gran Sacerdote del Fuego, Kurhita Kaheri, fue el nombre que los purépecha dieron a Venus, el
Lucero de la Mañana, también llamado Ureende Kuahuekara, El que Va Adelante. He aquí la
cosmovisión celestial de los purépecha.
5.- La Serpiente oráculo
Un árbol, de bello color gris, que tenía la capacidad de predecir el futuro, en cierta ocasión predijo
que un terrible monstruo llegaría a la comunidad. Ante lo dicho, los habitantes se prepararon
militarmente para su llegada, y los guerreros se apostaron en puntos estratégicos para defender a
su pueblo. Efectivamente, el día señalado por el Árbol Parlante, una enorme Serpiente apareció
por el Norte. Los valerosos guerreros se aprestaron para matarla, pero nada pudieron hacer ya
que a la terrible Serpiente las flechas no le entraban, pues sus escamas eran tan fuertes que lo
impedían. Los guerreros emprendieron la retirada. Sin embargo, planearon un segundo ataque
que se llevó a cabo en un aguaje. La derrota fue terrible, y costó la muerte de muchos hombres. El
jefe de los guerreros y sus capitanes, viendo la imposibilidad de hacer frente a la serpiente con su
ejército mermado, solicitaron la ayuda del nigromante llamado Chapulín Guóchimea. Le enviaron
un mensaje con la Golondrina.La Golondrina salió volando por los aires, pasó por muchos valles y
por muchas montañas, infatigable en su tarea y sin tener en cuenta su cansancio. Cuando por fin
llegó al sitio donde se encontraba el mago Guóchimea le dijo: -Honorable jefe Chapulín
Guóchimea, el gran guerrero y capitán, junto con los capitanes de las ocho tribus yaquis, te manda
sus saludos, y te pide le ayudes en la difícil tarea de matar a la gigantesca serpiente, cuya aparición
fuera anunciada por al Árbol Parlante. El nigromante aceptó de inmediato, y pidió a la Golondrina
que transmitiera al jefe su aceptación. En cuanto el ave partió de regreso, Guóchimea afiló los
serruchos que llevaba en las patas y subió a la cima de un cerro, donde dijo unas misteriosas y
secretas palabras, y saltó propulsado por sus espolones a una gran distancia que un hombre
tardaría en recorrer doce días. Con otros enormes saltos más, llegó al campamento del jefe,
mucho antes de que llegase Golondrina. Ahí se encontraba el jefe rodeado de sus capitanes: El que
Lleva la Vía Láctea por Penacho, Penacho de Nieve, y muchos otros más. Todos se aprestaron a
hacer una gran fiesta para celebrar la llegado de Chapulín y la aceptación de su ayuda. Ya
terminados los festejos, el mago pidió que le juntaran muchas hojas verdes y ramas, para que las
molieran y extrajeran el jugo de las hojas. Los guerreros obedecieron inmediatamente. Pusieron el
líquido en un cántaro y Chapulín pidió que lo untaran en todo su cuerpo; después de bañarlo con
el verdoso líquido, Guóchimea quedó completamente de color verde. En seguida, ordenó a los
hombres que le subieran a la copa de un árbol, para poder ver la llegada de la Serpiente. El color
de su cuerpo se confundía con las hojas del árbol, estaba camuflajeado perfectamente. Al poco
rato, apareció la terrible Serpiente, y aunque todo lo observaba con cautela y detenimiento, nunca
vio al mago que se confundía con el follaje. Cuando la Serpiente estuvo cerca del árbol, Chapulín le
dio terribles golpes con sus espolones. Fueron tan fuertes los golpes, que la cabeza de la enorme
Serpiente se desprendió u fue a dar a cuatro leguas de donde se encontraban. Todos los guerreros
corrieron al lugar en donde había caído la cabeza. Cuando estaba a punto de morir, dijo con
truculenta voz: – ¡Lo que yo quería era reinar en el territorio de las tribus de indios yaquis, pero
me han derrotado gracias a la ayuda de Chapulín Guóchimea, pero debo decirles que deben de
tener cuidado y deben preparase militarmente, porque dentro de poco llegarán por el Este y por el
Sur unos hombres blancos con armas desconocidas que son muy poderosas y lanzan fuego!
Solamente podrán vencerlos si les quitan las armas y combaten con ellas a esos hombres blancos y
barbados. De no hacerlo así, todas las tribus perderán la libertad y la tierra, y se convertirán en
esclavos! . Después de decir esas palabras, la Serpiente murió y se convirtió en piedra. Lo dicho
por ella se cumplió, al poco tiempo llegaron los españoles y los indios combatieron con sus propias
armas hasta que los vencieron.
6.- El Cielo, la Tierra, y el Inframundo
Para los antiguos pueblos purépecha el cosmos estaba conformado por tres importantes partes.
En Cielo recibía el nombre de Avándaro; la Tierra era conocida como Echerendo; y al Inframundo
se le denominaba Cumiechúcuaro. Las tres partes del mundo formaban planos superpuestos. En
todos ellos los dioses moraban. Así pues, había dioses del firmamento: los astros y las aves; dioses
terrestres, y dioses de la muerte. Todos ellos podían tener la apariencia de los hombres y de los
animales. En cada una de las partes que componían al universo, se encontraban cinco rumbos
sagrados, cuatro laterales y uno central. El estos puntos reinaba un dios y estaba regido por un
color determinado. Los Dioses de la Mano Derecha se encontraban en el Norte, y en el Sur
moraban los Dioses de la Mano Izquierda. Los dioses del Cielo, de la Tierra y del Inframundo se
encontraban simbolizados por el número Tres. A su vez, el número Cinco representaba a los dioses
de los cinco rumbos sagrados mencionados. Por otra parte, al número Cuatro se le asignaba la
connotación de los dioses llamados Las Cuatro Partes del Mundo. A los dioses que habitaban las
cinco regiones míticas, los purépecha los adoraban en templos de piedra revestidos de arena y cal,
a los que se les anexaba canchas de juegos de pelota y casas para el baño. De las deidades más
antiguas de este pueblo, podemos mencionar a Xaratanga, cuyo templo principal se encontraba en
la población de Tzintzuntzan. Se trataba de la diosa de la Luna, a la que ofrendaban frutas y maíz,
pues ella los había creado. El más importante de los dioses tarascos llevó por nombre Curicaveri, El
Gran Fuego, al cual representaban en una lanza de pedernal o como un guajolote, y que había
creado a todos los demás dioses del panteón. Este dios tuvo como hermanos a los Tiripemencha,
quienes rigen las cinco casas del la Tierra: el centro y los rumbos sagrados. En Zacapu se le conoció
como Querenda Angápeti, La peña que está en el Templo. Cuando el dios iba por el Cielo tomaba
la forma de un águila, cuando se encontraba en la Tierra era un coyote, y cuando deambulaba por
el Inframundo, se arrastraba cual una serpiente. Este dios era acompañado en importancia por
Cuerahuáperi, la Madre Naturaleza, La que hace Nacer. La Diosa Madre esposa de Curicaveri.
Representación de la Luna, diosa dual de la vida y de la muerte. Moraba en Zinapécuaro,
acompañada de sus cuatro hijas: la Nube Roja, la Blanca, la Amarilla y la Negra. La plata provenía
de sus heces sagradas. Diosa múltiple de varias advocaciones: Pehuame, Parturienta, esposa del
Sol Poniente, en Zacapu, dueña de los hurínguequa, los temazcales, y patrona de las parturientas;
Xaratanga, Luna Nueva, habitante de la casa central de Xarácuaro, desde donde se dirigía a los
otros cuatro rumbos cardinales , madre de Mano-Uapa, llamada Mauina en su advocación de
diosa de la fertilidad.
7.- La dama de la muerte
Los mitos y leyendas son típicas de lugares tenebrosos, oscuros, poco habitados.
También los llanos, selvas y lugares donde la noche cobra fuerza. Todo depende
del gusto y la creencia de cada quien, pero si un lugar en específico es el sitio
perfecto para crear una leyenda, ese es un castillo, y este caso no escapa de esta
aseveración.
En Alemania, una dama vestida de blanco, flotante y con los pies escondidos (o no
los tenía), hacía acto de aparición por los pasillos de cada castillo, asustando a
quien se pasara en frente y estuviese cerca, por lo que cada vez que aparecía, los
gritos eran evidentes y el miedo se apoderaba de todos.

Con su supuesto inicio en la familia real de Prusia, se habla de la aparición de esta


chica como premonición a una muerte familiar, en general de infantes, ya que
según se presume este espíritu habitaba en una montaña hueca donde se
refugiaba junto a los espíritus de los pequeños infantes que no habían nacido, así
que además podría ser la protectora de los niños.

Pero más allá de apariciones, esta leyenda comienza a cobrar fuerza cuando
Federico I de Prusia se encontró con una damisela vestida de blanco en los pasillos
de su castillo, con un aura que casi brillaba y la cara ensangrentada. Al no saber
de qué se trataba y conocer de lejos la leyenda, comenzó a deprimirse hasta
morir, dando fuerzas a las creencias.

Además, en otro castillo también se apreció la aparición de una mujer vestida de


blanco que hablaba del juicio final y de acercarse el final, esperando con placer y
paciencia ese día en el que todos iban a caer.

Esta leyenda sigue vigente y muchas veces, cualquier sonido extraño en los
pasillos de incluso una casa en Alemania, es sinónimo de esta leyenda.
8.- Zeus (Júpiter romanos)
Zeus era hijo de los titanes Cronos y Rea, y fue el dios supremo de los griegos, que vivía en el
monte Olimpo al noreste de Grecia. Allí moraba con su esposa Hera y los otros diez dioses
mayores. Homero a menudo le llama «el que acumula nubes». Regía y explotaba todas las fuerzas
de los cielos, la lluvia, la nieve, el granizo y la tormenta. A él se asocian criaturas como el águila, el
ave de presa que reinaba en los cielos y con cuya forma raptó y forzó a Ganímede. Su árbol
sagrado era el roble. Su arma favorita era el rayo, con el que destruía a todos sus enemigos.
También llevaba el aegis o capa de piel de cabra sobre sus hombros, que le servía como escudo, al
igual que a su hija Atenea. Zeus anunciaba su llegada extendiendo la capa y oscureciendo los
cielos.

Además de ser el dios de los cielos, era el padre de todos los dioses y los hombres, título
honorario, ya que, aunque su descendencia fue numerosa, no todos los dioses eran hijos suyos, ni
había sido el creador de la humanidad. En este papel garantizaba el gobierno de los nobles y
protegía la vida de la familia, asegurándose de que hombres y dioses mantuvieran los valores no
escritos de las leyes divinas que nadie podía romper.

Había una ley sagrada de hospitalidad hacia el viajero y cualquiera que la violase sería
severamente castigado. Cualquiera que jurase en falso o atacase o matase a alguien suplicando en
el altar de un templo perdería el favor de los dioses.

Zeus podía castigar a todos los transgresores. Tántalo, que ofreció a los dioses la carne de su
propio hijo Pelops, tuvo que soportar el castigo eterno en el Tártaro, la parte más oscura del
Averno. Las Danaides, que habían violado las leyes sagradas del matrimonio al matar a sus maridos
en la noche de bodas, y el villano Sísifo, que incluso burló a la muerte, se encontraron con el
mismo destino. Ni siquiera los dioses podían mediar en los principios básicos de la vida y la
muerte. Cuando Asclepio, dios de la medicina, consiguió resucitar a un muerto, Zeus lo condenó a
morir. El titán Prometeo, que luchaba por los derechos de la humanidad, quedó expuesto a una
horrorosa tortura, ya que había desvelado su gran secreto, el fuego, a la humanidad.

Zeus es retratado como una figura imponente y majestuosa con abundantes cabellos y una barba
larga mientras vigila a los dioses del Olimpo haciendo de paterfamilias. Los otros dioses tenían sus
propios intereses, pero siempre era el análisis de Zeus el que se convertía en ley. Las reuniones en
el Olimpo no eran para discutir, sino para anunciar sus decisiones. Si quería avisar a los mortales,
lo hacía a través de señales como el vuelo del águila y los rayos. A veces enviaba a los mensajeros
del Olimpo, Iris o Hermes, a la tierra para dar instrucciones.

Zeus era el más joven de los hijos de Cronos y Rea, aunque Homero pensaba que fue el mayor. Sus
hermanos eran Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. Todos ellos habían sido devorados por
su padre al venir al mundo, pues sabía que sería destronado por uno de ellos. Al nacer Zeus, Rea le
dio a su marido una piedra envuelta en unos pañales, mientras el bebé era llevado a Creta para
que Amaltea cuidase de él en el monte Ida o Dicte. Los residentes de Arcadia creían que Zeus
había nacido allí, pero los cretenses mantenían que su lugar de nacimiento era una cueva de la
isla. Cuando creció, el dios hizo que su padre vomitase a sus hermanos, con la ayuda de la
oceánide Metis, personificación de la sabiduría. Tras la Guerra de los Titanes, los dioses se
convirtieron en dueños del mundo, gracias a la victoria en la que Zeus se quedó con los cielos,
Hades con el averno y Poseidón con las aguas. Zeus quedó por encima de ellos, por ser el líder de
la revuelta.

Zeus estaba casado con Hera, su hermana y diosa protectora del matrimonio, pero nunca le fue
fiel. Sus hijos fueron Ares, Eileitia y Hebe. Se cree que Hefesto también era hijo suyo, pero Hesiodo
creía que sólo era hijo de Hera. Zeus tuvo más descendencia con ninfas, mortales y otras diosas.

Hera se convirtió en su séptima esposa, según la versión de Hesiodo. La primera fue Metis, que no
le dio descendencia, ya que Gaya y Urano le habían anunciado que su hijo lo destronaría, por lo
que Zeus devoró a Metis y de su cabeza nació después la diosa Atenea.

La segunda esposa habría sido Temis, personificación de la ley, con la que tuvo a las Fates. La
tercera fue Eurinome, la oceánide con la que tuvo a las Cariátides o Gracias. Con su hermana
Deméter tuvo a Perséfone, raptada después por su hermano Hades. Mnemosine o «Memoria» fue
su quinta esposa, con quien tuvo a las musas. Después tuvo a Apolo y a Artemisa con Leto, tras la
cual llegaría Hera.

La esposa siempre fue muy celosa y la lujuria de Zeus le daba la razón. Así, sedujo a la princesa
Dánae, encerrada en la torre de bronce, con una lluvia de oro, raptó a la princesa fenicia Europa
en forma de toro y visitó a Leda, con la que tuvo a Helena y uno de los Dioscuros, en forma de
cisne. Hera castigó a muchas de sus doncellas y a los descendientes de su marido. A Semele,
madre de Dioniso, le dijo que debería pedirle al dios que se apareciese en su forma divina y no
mortal, lo cual provocó que se abrasara al mirarle. Alcmene y su hijo Heracles sufrieron la
persecución de Hera, momento en que el dios, enfurecido, suspendió a su mujer por las muñecas
con yunques en los tobillos.

El intento de Hera, ayudada por Atenea y Poseidón, de encadenar a Zeus y destronarle indica cuál
era el estado de su relación. El plan falló gracias a la intervención de Tetis y el gigante Briareo.

Durante la Guerra de Troya, Hera permitió que su esposo diese pasos en falso para que los griegos,
sus protegidos, ganasen. Incluso llamó a Hipnos para que le ayudase, prometiéndole la mano de
una de las Cariátides.

Estas historias muestran que el poder de Zeus no era completo, pues él mismo estaba a merced de
los caprichos de las Fates o diosas del destino. Por eso, a veces se resignaba a ver morir a los
mortales a los que quería. Pero hay versiones que nos hacen creer que era el dios el que lo decidía
todo. El culto a Zeus empezó pronto en el mundo griego, con un santuario en Dodona (Epiro). Del
roble sagrado que hacía de oráculo predecía el futuro de los hombres sacudiendo las hojas. Sus
intenciones podían leerse en los rayos y en el vuelo de las águilas.

Olimpia, que no el Olimpo, era uno de los centros de adoración de Zeus, siendo el lugar donde se
celebraban los Juegos Olímpicos cada cuatro años en su honor. Allí se le erigió un templo, con la
famosa estatua esculpida por Fidias que con sus 12 m de altura fue considerada una de las siete
maravillas del mundo antiguo.

Júpiter, el equivalente romano de Zeus, era el dios del cielo y de la meteorología. Su templo más
conocido está en la colina Capitolina, mirando hacia el foro romano.
9.- El Mito de Hera (Juno romanos)
Hera es la diosa con mayor rango en el Olimpo, pues es esposa y hermana de Zeus, el dios
de los dioses en la mitología griega.
Esta diosa es la hija mayor de Cronos y Rea, y como todos sus hermanos fue tragada por
su padre, hasta que Zeus fue salvado de las terribles fauces paternas y, luego, pudo
entonces liberar a todos sus hermanos.
Durante la lucha que hubo entre Zeus y los titanes, la diosa fue criada -según unas
versiones- por Océano y Tetis, con quienes ella quedó muy agradecida, por lo que cuando
ellos riñeron, ella trató de reconciliarlos. Otros narran que fue criada por las Horas, por el
héroe Témeno e incluso por las hijas de Asterión.
Una vez que Zeus ganó la gran batalla y se estableció el poder olímpico, éste contrajo
matrimonio con Hera. Se cuenta que ella era su tercera esposa, después de Metis y Tetis,
no obstante el amor entre Hera y Zeus era anterior incluso a la batalla con los titanes. La
boda fue más que suntuosa, y de acuerdo a la tradición, se indica como lugar de la
celebración el jardín de las Hespérides (aunque a veces se dice que las manzanas de este
jardín fueron sólo el regalo de Gea a Hera el día de su casamiento, y que la diosa las
cembró en su jardín). En la Ilíada se cuenta que la boda se llevó a cabo en la cumbre del
Ida de Frigia. También, se ha mencionado que se realizó más bien en el lugar místico de
Eubea. La divina unión tuvo como frutos cuatro hijos: Hefesto, Ares, Ilitía y Hebe.
Como esposa del líder de los dioses, Hera se convirtió en la protectora de todas las
mujeres casadas. Por ello, se la representa como mujer celosa, vengativa y violenta, pues
Zeus -que le era infiel constantemente- provocaba sus iras, de las que hacía víctimas no
sólo a las amantes sino a los hijos producto de los amores prohibidos.
Fue así como Heracles cayó en desgracia con Hera, pues era hijo de Zeus y Alcmena, y fue
tal vez el que más sufrió la cólera de la diosa. A ella se le ocurrió la idea de los doce
trabajos a los que se sometió al semidios, y lo persiguió sin límite hasta el fin de sus días.
Sin embargo, estos ataques de celos también le costaban caros a la diosa, pues Zeus
siempre protegía a sus hijos y a sus amantes de la venganza de Hera. Por ejemplo, cuando
Heracles se vio envuelto en una tormenta enviada por Hera cuando él regresaba de tomar
Troya, Zeus la suspendió del Olimpo y le ató un yunque en cada pie. Hera más tarde se
reconcilió con Heracles.
Las leyendas en que esta importante diosa interviene son muchas. Por ejemplo, persigue a
Io, la convierte en vaca y convence a los Curetes de desaparecer a su hijo, interviene en el
trágico origen de Sémele, produce la locura de Tamante e Ino por haber criado a Dionisios,
hijo bastardo de Zeus con Sémele. Aconseja a Artemisa para que asesine a Calisto, e
intenta impedir el parto de Leto, de dónde nacieron Apolo y Artemisa.
Sin embargo, la ira de Hera no siempre se relaciona con los celos, a veces también lucha
por poder. Por ejemplo, castigó a Tiresias y lo dejó ciego, por darle la razón a Zeus en una
discusión que entabló la pareja sobre quién gozaba más de los placeres del amor, si el
hombre o la mujer.
Además, participó en el concurso de las manzanas para averiguar cuál diosa era la más
bella, donde Paris fue árbitro. Como éste eligiera a Afrodita, su cólera cayó sobre él y
sobre Troya, por lo que la balanza se inclinó por los griegos o aqueos, hecho que se
confirmaba porque Hera naturalmente estaba designada como la protectora de Aquiles,
héroe griego hijo de Tetis, a quien Hera le debía tanto, como ya dijimos. Incluso, la diosa
extendió su protección a Menelao, y lo hizo inmortal. Anteriormente, Hera había
protegido a los Argonautas, y ayudó a que salieran bien librados de las Rocas Cianeas y de
los pasos de Caribdis y Escila.
Por otro lado, se sabe que la diosa participó en la lucha contra los Gigantes y que fue
perseguida y atacada por Porfirión que se había enamorado de ella. Éste intentó hacerla
suya por la fuerza, pero mientras le arrancaba los vestidos, Zeus llegó en auxilio de la
diosa y le envió un rayo al atacante que fue asesinado completamente por un flechazo de
Heracles. De igual forma, Ixión también la atacó con un deseo incontrolable y violento,
pero Zeus una vez más la protegió mediante una nube que modeló para engañar al
pérfido.
Sus atributos comunes eran el pavo real, cuyo plumaje pasaba por ser los ojos de Argos, el
guardián que Hera le asignara a Io, y sus plantas eran el helicriso, la granada y el lirio. En la
mitología latina o romana fue conocida como Juno.
10.- La diosa Afrodita (Venus romanos)
Afrodita es la diosa del amor y la belleza, y se identifica en Roma con la antigua divinidad itálica
Venus. Según una tradición es hija de Urano y según otra de Zeus y Dione.

En el caso de la primera historia, el nacimiento ocurre en el momento que Cronos (dios del
tiempo) corta los genitales de su padre Urano y los lanza al mar, de donde surge Afrodita. De ahí
que se le conozca como “la diosa nacida de las olas” o “nacida del semen de dios”.

Una vez que salió del mar, Afrodita fue llevada por los vientos Céfiros, primero a Citera y luego a
Chipre, donde las Horas la vistieron y la guiaron a la morada de los Inmortales.

Posteriormente, Platón imaginó que había una Afrodita Urania, la diosa del amor puro e hija de
Urano; y Afrodita Pandemo, hija de Dione y diosa del amor vulgar. Sin embargo esta es una
concepción filósofica tardía.

Afrodita es partícipe de un sinnúmero de leyendas. Primero, se casó con Efesto (el divino cojo y
dios del Fuego), pero estaba enamorada de Ares (dios de la Guerra).

Cuenta Homero (escritor de La Odisea y La Iliada) que mientras los enamorados se entregaban a la
pasión en una madrugada, en el lecho de Afrodita, Efesto celoso les había puesto una trampa,
pues el Sol le había contado que su amada le estaba siendo infiel.

Cuando los amantes se dieron cuenta ya estaban atrapados en una red mágica que tenía el esposo
de la bella diosa, y éste fue a llamar a todos los dioses para que fueran testigos del engaño. Todos
se burlaron del asunto, pero Poseidón (dios del Mar) pidió clemencia y por eso Afrodita y Ares
fueron liberados.

La diosa avergonzada huyó a Chipre, mientras que Ares se fue a Tracia. Sin embargo, sus amores
tuvieron fruto y de tal unión nacieron Eros (dios del amor) y Anteros, Deimo y Fobos (el Terror y el
Temor) y Harmonía. A veces también se agrega a Príapo.

Además de Ares, Afrodita estuvo involucrada amorosomente con Adonis y Anquises con quien
tuvo a Eneas (héroe troyano y personaje de La Eneida de Virgilio) y a Lirno.

Pero, la diosa fue especialmente conocida por sus maldiciones e iras, pues cuando alguien caía en
la desgracia de ofender a la diosa, se condenaba a tormentos terribles. Por ejemplo, castigó a la
Aurora con un amor irrefrenable por Orión, ya que había cedido a las seducciones de Ares.
También castigó a todas las mujeres de Lemnos, ya que éstas no la honraban, y las impregnó con
un olor insoportable que provocó que sus hombres las abandonaran. De igual manera castigó a las
hijas de Cíniras y las obligó a prostituirse con extranjeros.

Por otra parte, caer en su gracia era igual o más peligroso. Cuando la Discordia lanzó una manzana
a la más hermosa de las diosas, e hizo que compitieran Afrodita, Palas Atenea y Hera, y Zeus
decidió que fuera Alejandro (Paris, héroe troyano) el que definiera quién era la más hermosa, cada
una le ofreció un regalo a cambio de que la escogiera. Palas Atenea le ofreció hacerlo invencible
en la guerra, Hera le prometió el reino del universo, y Afrodita la mano de Helena (hija de Zeus y
hermana de los Dioscuros), quien era la mujer más hermosa del mundo. Paris eligió a Afrodita y
fue por esta promesa que se inició la famosa Guerra de Troya.
Afrodita agradecida con Paris, lo protegió durante toda la campaña así como a los demás aqueos,
incluyendo a su hijo Eneas, a quien logró salvar de la muerte.

Aunque Troya iba a perder la guerra definitivamente, Afrodita logró rescatar la raza de los aqueos
con su hijo Eneas, quien luego viajara a una tierra desconocida donde sus descendientes Rómulo y
Remo fundarían Roma.

Así es como para los romanos Afrodita, Venus para ellos, fuera su protectora particular y por eso
César le levantó un templo bajo la invocación de Venus Madre.

Los animales favoritos de esta diosa eran las palomas, y estas aves arrastraban su carro. Sus
plantas eran la rosa y el mirto.
11.- Apolo
Apolo, también conocido como Phoebus Apollo (Febo Apolo), fue uno de los dioses griegos más
importantes. Pertenecía al grupo de los 12 dioses que habitaban en el Olimpo junto a Zeus. Apolo,
hijo de Este y de Leto, era entre otras cosas el dios del arte de la adivinación, de las artes -la
música, sobre todo- y la arquería. También era el dios de la luz ligada al sol (Phoebus, Febo o
foibos significa «brillante»). Con sus flechas era capaz de causar enfermedades infecciosas, aunque
también era capaz de curar, por lo que se le conocía como «el que ataca de lejos». Esta naturaleza
dual también se reflejaba en el hecho de que fuese la deidad de los pastores que guardaban el ga-
nado y asimismo se le identificase con su gran enemigo el lobo.

Apolo venía de Licia, en lo que hoy día es el suroeste de Turquía. Alrededor del año 1000 a.C. Febo
Apolo ya era adorado como uno de los dioses griegos más importantes.

Leto dio a luz a Apolo y a su hermana melliza Artemisa, diosa de la caza, en la isla de Delos, donde
se había refugiado de la ira de Hera, la esposa de Zeus. Apolo se hizo adulto muy rápido y se
trasladó a Delfos, en la península griega donde habitaba la serpiente gigante Pitón en una grieta
de la superficie. Pitón era hermana de Gaya, la diosa de la tierra. Tiempo atrás se había
enemistado con Leto y había intentado evitar el nacimiento de Apolo y Artemisa. Apolo acabó con
el monstruo «con mil flechas», según cuenta el poeta Ovidio en su obra. Aunque tuvo que hacer
penitencia por el pecado de haber acabado con la serpiente divina, se le permitió fijar su oráculo
donde antes había estado Pitón. El oráculo de Delfos, relacionado con los santuarios de Apolo y
situado según los griegos en el ombligo de lo que era la tumba de Pitón (el centro del mundo),
mantiene una extraordinaria reputación desde la Antigüedad. No sólo existía en la mitología, sino
que realmente también se podía visitar y de hecho mucha gente lo consultaba. La sacerdotisa Pitia
(de Pitón) daba respuestas sentada en un taburete de tres patas sobre la grieta en la tierra en la
que estuvo la serpiente gigante y a través de la cual obtenía las respuestas susurradas por Apolo.
Este oráculo lingüístico era oscuro y se podía interpretar de muchas formas, lo que le dio con el
tiempo su fama de ser infalible. De acuerdo con el pensamiento moderno, Pitia pudo sucumbir a
los humos tóxicos que emanaban de las profundidades y que confundían sus ideas hasta hacer de
su habla un ruido ininteligible. Sus términos eran un tesoro que se interpretaban como una
predicción útil para la gente.

Los Juegos Pitios empezaron en Delfos después de la muerte de Pitón. Empezaban con la música
para seguir con los acontecimientos deportivos. De acuerdo con la leyenda, los primeros
sacerdotes de Delfos llegaron desde Creta cuando Apolo, transformado en delfín, les llevó en
barco hasta el puerto de la localidad.

Después de matar a Pitón, Apolo acabó con muchos más seres valiéndose de sus flechas. Con su
hermana Artemisa acabó con el gigante Titio, que había tratado de violar a su madre. Este acto no
fue reprendido por Zeus. Titio fue condenado a sufrir eterna tortura en el Tártaro, la zona más
lúgubre del mundo de los muertos. Niobe también fue víctima de la venganza de Apolo y Artemisa.
Era la esposa de Anfión, rey de Tebas, y tenía siete hijos y siete hijas. Ella presumía de ser más
fértil que Leto e incluso, llevada por su orgullo, consideró innecesario hacer sacrificios por la diosa.
Niobe sufrió un castigo ejemplar por su arrogancia. Apolo mató a sus siete hijos con sus flechas y
Artemisa hizo lo mismo con sus hijas. Cuando su hija más joven, Cloris, se abrazó a su madre
agonizando, Niobe pidió clemencia para que la dejasen viva, pero todo fue en vano, pues aún se
disparó una flecha más para rematarla. Según algunas versiones, sin embargo, Cloris salvó su vida.
Niobe se convirtió en piedra debido al dolor.

Apolo tuvo que hacer penitencia por sus actos de violencia y hubo de ponerse al servicio de un
mortal. Durante su tarea como esclavo, entre otras cosas construyó los muros de Troya junto al
dios del mar, Poseidón. Según otras versiones hizo este trabajo por dinero, pero el rey troyano
Laomedón se negó a pagarle.

Durante la Guerra de Troya, Apolo fue el más fanático y temido de los seguidores troyanos entre
las divinidades. Causó la epidemia de Plaga entre los griegos cuando éstos secuestraron a la hija de
uno de sus sacerdotes. De acuerdo a ciertas versiones, Apolo fue responsable de la muerte de
Aquiles, el héroe griego, que perdió la vida cuando una de las flechas de Paris le alcanzó el talón.
Podría haber sido el propio Apolo el que hubiese hecho acertar a un arquero medio como aquel en
la parte más vulnerable de su cuerpo. Apolo les aseguró dones proféticos a Heleno y Casandra, los
hijos del rey troyano Príamo. Pero como Casandra le rechazó como amante, Apolo no la dejó
disfrutar de su don de predecir el futuro e hizo que nadie la creyese, aunque siempre acertaba.

Casandra no fue la única mujer que le rechazó, pues lo mismo hizo la ninfa Dafne. Eros, ofendido
ante el desprecio de Apolo, se vengó haciendo que se enamorase de Dafne que, desesperada,
huyó con el voluptuoso dios. Cuando estaba muy cerca de atraparla, ella rogó que la liberasen del
cuerpo que había despertado su deseo y la convirtiera en arbusto de laurel. Apolo tuvo más
fortuna con los muchachos. Su relación con el atractivo Jacinto fue trágica, no obstante, ya que
Apolo le mató accidentalmente al arrojar un disco. A pesar de todo, Apolo llegó a tener
descendencia y el hijo que concibió con la princesa Coronis, llamado Asclepio, se convirtió en el
dios de la Medicina. Asclepio no llegó al mundo de una manera convencional, pues cuando la
princesa engañó a Apolo, Artemisa decidió matarla. Fue el propio Apolo, o quizá Hermes, el que
rescató el cuerpo de Asclepio del vientre de su madre que yacía muerta.

Un aspecto importante del dios Apolo es el poder que tenía su don para el arte y la música. Con su
capacidad creativa lideraba a las nueve musas, deidades que tutelaban las artes y las ciencias.
Apolo inventó la cítara, un instrumento de origen griego, reconocido como antecesor del laúd y de
la guitarra. Pero su favorito era el arpa y es con el que aparece en casi todas sus representaciones,
a pesar de no ser invención suya, sino un regalo de Hermes después de robarle unas cabezas de
ganado. Apolo también tocaba la flauta de manera magistral. El sátiro Marsias, que pensaba que
sabía tocar mejor que el dios, se atrevió a retarlo y sufrió una humillante derrota ante él, que
acabó además desollándole vivo. El rey frigio Midas también sufrió reacciones de Apolo cuando
intentó criticar su capacidad musical y compararse con él. Después de oír al dios Pan tocar Su
lengüeta y a Apolo con su arpa, y mostrarse en desacuerdo con la opinión mayoritaria que prefería
la música de Apolo, el dios, irritado, lo castigó poniéndole orejas de burro.

Como Apolo daba a los oráculos sus predicciones, se convirtió en fuente de inspiración para
poetas, cantantes y músicos que tocaban los instrumentos que él había creado. El dios griego se
introdujo en la cultura romana como uno de los símbolos más importantes de la admiración e
imitación que suscitaba todo lo griego. El primer emperador romano, Augusto, le dedicó un
templo en el año 28 a.C. en la colina del Palatino, en el mismo corazón de Roma, para demostrar
que también él, como máximo dirigente del Imperio Romano, estaba extendiendo su civilización
por todo el mundo.
12.- Ares (Marte para los romanos)
Ares, hijo de Zeus y de su esposa Hera, fue el dios griego de la guerra. Era uno de los 12 dioses del
Olimpo y, al contrario que la dotada e inteligente Atenea, que también dirigía los asuntos de la
guerra, se trataba de un dios sin modales, violento y agresivo, sin ningún aspecto positivo para la
humanidad. Incluso su padre le dijo que le odiaba más que al resto de los dioses y que la única
razón para tolerarle era que fuese hijo suyo y de su esposa Hera.

Ares no se casó, pero sí tuvo muchas relaciones extramatrimoniales. Su relación más famosa es la
que mantuvo con Afrodita, la diosa del amor y de la belleza, a través de la cual concibió a Armonía,
esposa de Cadmio, y a los gemelos Deimos (temor) y Fobos (miedo). La historia señala que
Hefesto, marido de Afrodita, advertido sobre el engaño al que estaba sometido, fabricó una red
casi invisible para ponerla sobre su lecho. Cuando Ares y Afrodita yacían sobre él, quedaron
atrapados y fueron humillados ante todos los dioses.

Ares era adorado en la ciudad-estado griega de Esparta, en la que todo se relacionaba de alguna
manera con la guerra. Pero también se le respetaba en Atenas, ciudad de la cultura pues la colina
en la que se situaba la alta corte de justicia ateniense se llamaba el Areópago o «colina de Ares».
De acuerdo con el mito, un hijo de Poseidón había violado a una mortal, Alcipe, en ese lugar. Ares
le castigó hasta la muerte y allí mismo fue juzgado y absuelto por el consejo de los dioses, motivo
por el cual la colina llevó su nombre desde entonces.

Ares apoyó a los troyanos durante el conflicto con Grecia, si bien su actuación en el campo de
batalla fue discreta. El mortal Diomedes le hirió y le hizo huir, pero también fue derrotado después
de enfrentarse a Atenea. El gran héroe Heracles no fue menos e hirió a Ares en alguna ocasión.

Marte, el dios romano de la guerra que era el equivalente de Ares, era mucho más significativo
para los romanos, ya que era el padre de Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad. De hecho, fue
parcialmente responsable del enorme éxito del nuevo imperio, que se estableció gracias a sus
ejércitos perfectamente organizados y su obsesión por la supremacía militar. Los romanos le
dedicaron el Campus Martius o Campo de Marte en el corazón de la ciudad. También el mes de
marzo recibió ese nombre en su honor.
13.- Palas Atenea (Minerva romanos)
Atenea o Palas Atenea formó parte de los habitantes del Olimpo junto al dios supremo Zeus. Era
una de las diosas griegas más importantes y presentaba un gran número de rasgos característicos.
Era la diosa de la guerra, de la sabiduría y de la ciencia, además de patrona de diversas actividades.

Atenea también tenía una afinidad especial con las ciudades, sobre todo con Atenas, donde era
adorada en muchos templos como la deidad tutelar principal.

La sabiduría y la versatilidad de la virginal Atenea eran una consecuencia directa de su


extraordinario nacimiento. En cierta ocasión Zeus había concebido un hijo con oceánide Metis
(«sabiduría» o la diosa de la tierra, Gaya, y el dios de los cielos, Urano, habían dicho que el dios
que naciese del embarazo de Metis sería muy superior a él). El dios supremo montó en cólera y
devoró al atemorizado Urano, lo que le provocó tiempo después que tuviese un intenso dolor de
cabeza. Hefesto, el artesano de todos los dioses, tuvo que utilizar sus herramientas para abrir la
cabeza de su padre, de donde salió Atenea completamente vestida y ya adulta. De este modo,
podría decirse que era la favorita de su padre y que en cierto sentido se parecía a él.

El valor era el rasgo más característico de Atenea. Su figura alta y delgada siempre estaba
acompañada por el casco y la lanza. Llevaba el aegis o piel de cordero que le entregó su padre para
cubrir sus hombros. Estaba decorado con borlas y la cabeza de Medusa, la Gorgona con su rostro
terrorífico, cuya mirada podía convertir a cualquiera en piedra. Un buho que simbolizaba su
sabiduría solía acompañarla a todos los sitios. Homero la comparaba a veces con esta ave, lo que
apoya la teoría de que se la adorase a través de un buho o una lechuza. De hecho, esta figura
aparece en gran cantidad de monedas acuñadas en Atenas.

El vínculo de la diosa con esta ciudad quedó establecido tras la competición con Poseidón por la
provincia de Ática, en la que se encontraba Atenas. El dios del mar utilizó su tridente para crear un
pozo que manase desde la Acrópolis, pero Atenea plantó un olivo para impedirlo. Los dioses y
diosas que mediaron en el conflicto creyeron que este último era un regalo mejor. De este modo
los habitantes eligieron a Atenea para que fuese su patrona y le pusieron a la ciudad su mismo
nombre. Los templos más importantes en la Acrópolis son el Erechtheum (Erecteo) y el Parthenon
(Partenón), que literalmente significa «la casa de las vírgenes» debido a la condición virginal de la
diosa, y están dedicados a ella. El Partenón contiene una impresionante estatua de casi 12 m de
alto de la diosa, obra del escultor Fidias. Sus túnicas eran de oro puro. El olivo sagrado ofrecido a
la ciudad ocupa un lugar de honor en el complejo. El árbol empezó a crecer milagrosamente
después de la destrucción de la Acrópolis a manos de los persas en el año 480 a.C. Incluso hoy día
permanece uno de los olivos a la entrada del templo.

Según otra historia de los primeros años de la ciudad, Hefesto quería hacer el amor con Atenea
como recompensa por haberla ayudado a venir al mundo, pero la diosa escapó de su abrazo y
Hefesto eyaculó sobre el suelo, surgiendo de ahí Erichthonius (Erictonio), que Atenea confió a las
hijas de Cecrops, uno de los primeros reyes de Atenas. Pero esto tuvo consecuencias terribles
cuando, tiempo después, Erictonio se convirtió en rey de la ciudad.

Al contrario que Artemisa, Atenea no era tímida ni escrupulosa, y no quería vivir sola en los
bosques y las montañas alejada de todo el mundo. De hecho, intervenía a menudo en la vida de
los seres humanos, existiendo innumerables mitos e historias sobre este aspecto. Pocos dioses se
involucraron tanto en la Guerra de Troya, en la que ayudó de manera infatigable a los griegos.
Primero les animó a entrar en conflicto con los troyanos y luego les protegió, les rescató e incluso
luchó a su lado. Su hermano por parte de padre, Ares, el dios de la guerra que apoyaba a los
troyanos, no podía hacerle frente, lo cual no resultaba sorprendente, ya que Ares era el dios de la
guerra sin planificar mientras Atenea era la diosa del arte de la guerra. No obstante, su apoyo a los
griegos no fue ilimitado e incondicional, ya que cuando el joven Áyax violó en su altar a Casandra,
hija del rey troyano, tras finalizar la contienda, les retiró su apoyo por haber derribado su estatua.
Fue un final trágico para el joven y sólo Odiseo permaneció en el corazón de la diosa al ser un
héroe que usaba su inteligencia en lugar de su fuerza.

También Heracles recibió la ayuda de Atenea con sus doce trabajos. Otros héroes como Jasón,
Belerofonte y Perseo se vieron favorecidos por sus medidas. Perseo acabó con la Gorgona Medusa
gracias a su ayuda. Medusa había insultado a Atenea, que la convirtió en una criatura horrorosa y
despreciable, tan repugnante que el que la miraba se convertía en piedra. Perseo le cortó la
cabeza y se la ofreció a su guardiana, que desde entonces la llevó en su aegis y la representó en su
escudo.

Orestes era hijo de Agamenón y de Clitemnestra, a la que había matado para vengar la muerte de
su padre, de la que era culpable. Por este motivo fue perseguido por las Erinyans (Erinias) y, con la
ayuda de Atenea, consiguió refugiarse en Atenas. La diosa se aseguró de que fuese enjuiciado en
el Areopagus y emitió su voto a favor de él. De esta manera preservaba la tradición ateniense de
administrar justicia a través de un jurado. Otra tradición de la ciudad era garantizar asilo político y
para refugiados. En la mitología, el mismo rey Edipo se benefició de esta medida.

Minerva, la diosa romana de las artes, la industria, la ciencia y la sabiduría, era adorada en toda
Italia. Quizá fuese una diosa etrusca en su origen. En un periodo muy temprano, fue igualada con
Atenea y, aunque carecía de la vertiente guerrera de ésta, los romanos empezaron a representarla
con atuendo militar. Al igual que Atenea, Minerva se convirtió en diosa de la guerra y de la
sabiduría. Roma, la propia diosa que dio nombre a la ciudad, era representada con su misma
apariencia.
14.- Hades
Hades era el dios de la muerte, que regía el reino de los muertos. Este dios sombrío y oscuro era
hijo de los titanes Cronos y Rea, y como sus hermanos Zeus y Poseidón, que tenían el poder sobre
el cielo y los mares, él lo tenía en el mundo que no se veía y que recibió el nombre de Hades.

El mundo de los muertos de los griegos se representaba como un reino bajo la tierra, aunque
según algunas fuentes se encontraba en la zona más alejada de Occidente, en el confín del mundo.
Tras la muerte, las almas de los muertos llevaban una existencia apesadumbrada e incómoda
como espíritus o sombras no corpóreas. Primero llegaban hasta el límite de este reino con
Hermes, el mensajero de los dioses, en su tarea de Hermes Psychopompos -«guía de las almas»-.

Tras ello, Caronte se encargaba de llevarlos en su bote a través de las aguas de la laguna Estigia,
que separaba el mundo de los muertos del de los vivos. El barquero sólo hacía su trabajo si recibía
a cambio una moneda llamada óbolo. Cualquier muerto que no hubiese sido enterrado con el
óbolo en sus labios vagaría por la tierra sin descanso.

A su llegada, los muertos se sometían al juicio de tres personajes: Minos y Radamantis, antiguos
reyes de Creta, y Eaco, antiguo rey de Egina. Después de esto la mayoría de los muertos quedaban
desposeídos de su cuerpo, su sangre y sus emociones, sin conciencia humana en este nuevo lugar
para ellos. Una vez que habían bebido el agua del pozo de Letos, que significa «olvido», perdían la
memoria de su existencia terrenal. Aunque la existencia en este mundo no fuese una tortura, se
trataba de una estancia tediosa, como atestiguó Aquiles al asegurarle a Odiseo, tras su visita al
Averno, que prefería ser sirviente en una casa pobre antes que ser rey de todas las almas del
mundo de los muertos.

Había excepciones a la hora de vivir junto a Hades. Aquellos que se hubiesen distinguido por sus
virtudes y su justicia podían vivir en una especie de paraíso que se llamaba Elíseo o Campos
Elíseos. Se trataba de un privilegio para unos pocos. Según Homero, Menelao, esposo de Helena
pudo permanecer allí tras su muerte.

El Tártaro era lo más parecido al Infierno y estaba en la zona más oscura y profunda del Hades. Allí
quedaron confinados los titanes y aquellos que habían cometido crímenes horrendos, como el
gigante Titio, que había matado a Leto, Tántalo, que debía sufrir la sed y el hambre eternos viendo
cómo caían a su alrededor manjares exquisitos, Sísifo, que debía hacer rodar una roca hacia lo alto
de una colina para empezar inmediatamente después de que se cayese, Ixion, que se encontraba
atado a una rueda giratoria.

No había escape posible del Averno, y cualquiera que intentase huir se convertía en presa del
terrible perro de tres cabezas Cerbero. Sólo unos pocos mortales pudieron visitar el Averno,
siempre para hacer algún trabajo o por motivos especiales. Heracles tuvo que cargar con Cerbero
como parte de sus Doce Trabajos e incluso se dice que rescató a Alcestis. Orfeo fue a buscar a su
amor, Eurídice, y Odiseo a consultar su futuro al vidente Tiresias. Eneas acudió a hablar con el
alma de su padre y Psique a coger el ungüento que había preparado Perséfone, esposa de Hades.
Teseo y Pritio intentaron rescatar a esta última del Averno, pero quedaron atrapados en las
cadenas del olvido de Hades.
Pese a que el dios del Averno no tenía fama de ser especialmente cruel o malvado, la superstición
hacía que nadie se atreviese a decir su nombre, que significaba «el invisible», pues los cíclopes le
habían hecho un casco que le permitía ocultarse. Los griegos preferían llamarle Pluto, que significa
«el rico», epíteto que hace referencia a los múltiples recursos minerales que esconde la tierra. Los
romanos le llamaron Dis para mantener ese significado. Había muchas otras descripciones
eufemísticas para el dios de la muerte como «el buen consejero» y «el hospitalario».

Hades estaba casado con la joven Perséfone, hija de su hermano Zeus y de su hermana Deméter,
diosa de la agricultura. Zeus se la había prometido como esposa sin el conocimiento de la madre.
Cuando la muchacha fue raptada mientras recogía flores en Sicilia, su grito se oyó en todos los
lugares, pero su madre no pudo hacer nada para que no se la llevase al reino de la oscuridad.

Deméter hizo cuanto pudo para recuperar a su hija, pero Hades no estaba dispuesto a ceder, sin
importarle su desconsuelo. Una antigua norma indicaba que cualquiera que comiese en el Averno
nunca podría salir de él. Hades convenció a Perséfone para que ingiriese unas semillas de granada
y así quedar atrapada. Finalmente, Zeus decidió que la joven debería pasar parte del año con su
madre y parte del año con su esposo. Con este mito explicaron los griegos la sucesión de las
estaciones. Mientras estaba con su madre la tierra producía cosechas dado el buen humor que le
producía, pero cuando estaba con Hades, el llanto de Deméter sumía a la tierra en la desolación.
Hades y Perséfone nunca tuvieron descendencia.
15.- Hefesto
Hefesto, el dios impedido y deformado de la artesanía, la herrería y el fuego según los griegos, era
hijo de Zeus y Hera. Según el poeta Hesiodo, Hefesto era hijo de Hera únicamente, al igual que
Atenea era hija de Zeus nada más. Hefesto era uno de los 12 dioses del Olimpo que convivían con
Zeus. Era un trabajador muy diestro y sus hermosas creaciones para los otros dioses y para los más
privilegiados mortales eran famosas. Su culto era especialmente intenso en la isla de Lemnos,
donde se supone que tuvo su forja. Los romanos creyeron que ésta se encontraba en el corazón
del monte Etna, en Sicilia.

Hefesto trabajó sobre un yunque con la ayuda de los cíclopes. Su conexión con Lemnos se
entiende debido a que Zeus le expulsó del Olimpo durante una pelea doméstica con Hera, en la
que él había defendido a su madre. Después de un largo viaje por el aire llegó a esa isla.

No era la primera vez que había sido expulsado del Olimpo, ya que antes Hera había hecho lo
mismo, avergonzada de la deformidad de su hijo. Hefesto llegó entonces al Océano y allí le
salvaron las diosas Tetis y Eurinome. A su cuidado, el joven se empezó a interesar por la artesanía
y a hacer todo tipo de joyas. Hefesto se vengó de su madre tiempo después haciéndole un trono
de oro con cadenas invisibles. Hasta que Dioniso lo emborrachó, Hefesto no quiso liberar a su
madre. Tras la reconciliación, el herrero recibió como esposa a Afrodita, que con el tiempo sería
castigada como lo había sido Hera, ya que Hefesto descubrió que le engañaba con Ares, dios de la
guerra. Hizo una red invisible que situó sobre su lecho y allí fueron descubiertos los dos adúlteros,
momento que Hefesto aprovechó para invitar a todos los dioses a ver el espectáculo. En esta
ocasión, tanto el marido como los amantes se convirtieron en motivo de mofa.

Hefesto hacía reír a menudo a los otros dioses. Homero describe cómo el dios impedido hizo en
cierta ocasión de escanciador: «Una irrefrenable risa se extendió entre todos los dioses cuando
vieron a Hefesto sin aliento renqueando por toda la sala» (la Ilíada, Libro I). Por otro lado, en este
mismo libro el poeta le describe como un magnífico y habilidoso trabajador que realiza obras en
los palacios de los dioses del Olimpo y en su propio hogar. A petición de Tetis hizo una armadura
fabulosa para su hijo Aquiles, la cual llegó a manos de Héctor durante la Guerra de Troya. La
descripción de la armadura que hace Homero difícilmente iguala a la belleza del escudo que
Hefesto forjó para el gran héroe griego.
16.- Hermes (Mercurio romanos)
Hermes era hijo de Zeus y de la ninfa Maia, hija de Atlas, uno de los 12 dioses del Olimpo. Tenía múltiples
funciones, pues era mensajero de su padre, guía de las almas de los muertos en el Averno, símbolo de la
prosperidad entre los humanos y protector de los viajeros, los mercaderes y los ladrones. Era ingenioso,
diestro y astuto, como un joven sin problemas a la hora de gastar bromas o mentir sin que le descubriesen.
Su aspecto era el de un joven atractivo con un sobrero alado y unas sandalias también aladas que le daban
una extraordinaria movilidad. En su mano llevaba una vara que le servía para hacer magia o para hipnotizar
a la gente.

Hermes llegó al mundo en Arcadia, donde Zeus visitó a su madre en la cueva del monte Cilene.
Inmediatamente después de su nacimiento, el joven precoz inventó un instrumento musical, la lira,
tensando cuerdas sobre el caparazón de una tortuga. Esa misma noche, en Macedonia, robó 15 de las vacas
de Apolo y las llevó al Peloponeso borrando sus huellas. Sacrificó dos de ellas a los dioses y luego regresó a
la cueva a descansar en su cuna.

Apolo le buscó y le encontró gracias a Bato, el pastor locuaz que traicionó a Hermes y fue convertido en
basalto por los dioses. El pequeño Hermes afirmó no haber robado nada, pero después de acudir a Zeus se
llegó al acuerdo de hacer un intercambio. Hermes se podría quedar con el ganado si le regalaba la lira a
Apolo. En adelante los dioses serían amigos y Hermes hizo de protector de pastores, rebaños y manadas.

Como patrón de los viajeros, Hermes viajaba también a menudo, pues era responsable del correo. En la
antigua Grecia, el hermaiherm, pilar fálico de piedra rematado con la cabeza de Hermes servía como punto
de entrega del correo en las carreteras y en las calles. Venían de las pilas de piedras que los viajeros
depositaban una a una en puntos concretos del camino. Tiempo después en las ciudades, los hermaiherm
fueron también ubicados frente a las puertas de las casas y de los gimnasios, ya que éste era un dios especial
para los atletas.

Hermes tuvo todo tipo de romances. El más importante de sus descendientes fue el dios Pan, nacido de su
relación con una ninfa. De su romance con Afrodita nació el bello Hermafrodito, que después adquirió
también rasgos femeninos debido a una ninfa, y Príapo, poseedor de un gigantesco falo. Según otras
versiones, Príapo sería hijo de Dioniso. El pastor Dafnis fue otro de sus hijos. Las mortales le adoraban, entre
ellas Herse, hija del rey ateniense Cecrops. Su hermana Aglauro, terriblemente celosa, sólo permitió que el
dios se acostase con su hermana a cambio de dinero. Como castigo, Hermes la convirtió en una estatua de
basalto. Otro de los amores del dios fue la habilidosa Apenosien, que al principio era demasiado rápida para
él pero que al final fue superada después de haber escapado una vez.

Como mensajero y hombre diestro, Hermes hizo trabajos para los dioses y otros importantes seres
inmortales. Apoyó a su padre en sus aventuras fuera del matrimonio, ya fuese para eliminar al monstruo de
100 ojos Argo, guardián de Io o para llevar a los toros a la playa donde quería seducir a Europa. El rey
troyano Príamo viajó con Hermes hasta la tienda de Aquiles, donde le rogó al héroe que le entregase el
cuerpo de su hijo Héctor. Odiseo, no menos astuto que Hermes, recibió del dios unas hierbas que le hacían
inmune a las tretas de Circe.

Hermes hizo también una gran labor como guía de las almas en su tránsito hacia el otro mundo. Todos
llegaban de la mano de Hermes Psicopompos hasta la laguna Estigia, donde debían pagar un óbolo para subir
en la barca que llevaba Caronte hasta el reino de Hades.

Mercurio, el dios romano que se igualaba con Hermes, fue originalmente el dios del comercio y por ello se le
representaba con un monedero en sus manos.
17.- Poseidón (Neptuno romanos)
Poseidón, el gran dios del mar que reinaba sobre los mares y todos los medios acuáticos, era hijo
de Cronos y de Rea, y hermano mayor de Zeus. Era uno de los 12 dioses mayores que habitaban en
el Olimpo, aunque casi siempre estaba en su palacio bajo las aguas y sólo visitaba el Olimpo
cuando quería ver a los otros dioses.

Cronos y los otros titanes habían reinado hasta que Zeus inició una guerra contra ellos. Pero tras la
victoria de los jóvenes dioses Zeus, Hades y Poseidón, el mundo quedó dividido entre ellos. Zeus
dominó el cielo y Poseidón el mar. Siendo el rey de todos los dioses, Zeus dominaba además la
tierra, el territorio neutral en el que el dios del mar se hacía notar a través de los terremotos. El
iracundo Poseidón era temido como «el que sacudía la tierra», según palabras de Homero, e
instigaba las mareas más abruptas y las tormentas en alta mar.

Poseidón no aceptó de buena gana que su hermano fuese el soberano de todos los dioses. En una
ocasión llegó a conspirar contra él, con la ayuda de Hera y Atenea, para intentar derrocarle. Los
tres maquinaron la forma de encadenarlo, pero la nereida Tetis vino a rescatarlo y llamó al gigante
de 100 brazos Briareo, de extraordinaria fuerza, para que acudiese al Olimpo. Allí se situó junto al
trono de Zeus en actitud amenazante y consiguió sofocar la rebelión.

El temible y caprichoso dios del mar, con el que los navegantes debían llevarse bien, fue adorado
en todo el mundo griego y romano. Se han conservado numerosas imágenes suyas como una
figura imponente con su barba y su tridente, arma que utilizaba para pescar y que había sido un
regalo de los cíclopes, que también le dieron a Zeus los rayos y a Hades el casco que lo hacía
invisible. Sin embargo, según algunos, Poseidón había sido al principio un dios de la tierra, pues su
nombre significa «esposo de la tierra», pero posteriormente había sustituido a deidades marinas
como Nereo y Proteo. Se cree que en cierta ocasión también fue adorado con la forma de un
caballo, al igual que Hera lo fue en la de una vaca y Atenea en la de una lechuza. A Poseidón se le
atribuía la creación de varios animales, como el caballo, el toro y el delfín.

El dios regalaba sus excepcionales caballos a los mortales de vez en cuando. Así, le regaló a Pelops
los equinos con los que ganó la carrera por su futura esposa Hipodamia y, junto a otros dioses, le
dio a Peleo los caballos parlantes e inmortales Janto y Balio tras su boda con la diosa Tetis. El
mismo Poseidón tenía una cuadriga tirada por caballos de mar que le permitía viajar por las olas a
gran velocidad. Su esposa Anfritrita, hija de la deidad marina Nereo, vivía a su lado en un palacio
de oro bajo el mar. Estaban rodeados de un extenso séquito de ninfas. Su hijo Tritón, una especie
de sirena masculina y sus hijas Rodé y Bentesicime también vivían con ellos.

Al igual que su hermano Zeus, Poseidón no era un marido fiel, pues sedujo y forzó a numerosas
diosas, ninfas y mortales con las que tuvo incontables descendientes. Ya antes de su boda con
Anfritrite había tenido un amorío con su hermana Deméter e incluso había concebido al gigante
Anteo con su abuela Gaya. El infame cíclope Polifemo también era hijo suyo y además se le
atribuye la paternidad del gran héroe Teseo. Poseidón hizo invulnerable al efecto de las armas a su
hijo Cieno, aunque eso no sirvió para evitar que Aquiles lo matase, cosa que hizo utilizando la
correa de su propio casco. Poseidón transformó después a su hijo en un cisne.
Una de las muchas víctimas de la lascivia de Poseidón fue Medusa. Aunque la apariencia con la
que nos la han transmitido era aterradora, parece ser que Medusa había sido bella con
anterioridad. Tanto que Poseidón había perdido el control y la había forzado en un santuario de
Atenea, que se enfadó tanto que decidió castigarla y llenarle el cabello de serpientes. Cuando
Perseo mató a Medusa poco después, la gorgona estaba embarazada de su relación con Poseidón.
Tan pronto como fue decapitada nacieron de la sangre derramada los hijos de Poseidón Crisaor y
Pegaso, el caballo alado.Otras víctimas de la lujuria de Poseidón fueron la bella princesa Córnix,
que escapó del dios en el último momento cuando Atenea la trasformó en un cuervo y la hija del
rey de Tesalonia, Canis, a cuya petición Poseidón la convirtió en un hombre tras la violación.

Al igual que el resto de dioses, Poseidón podía adoptar la forma que quisiese y explotar esa
habilidad para sus escarceos amorosos. Así, se disfrazaba de caballo, de toro, de ave, de carnero o
de delfín.Las relaciones de Poseidón con los mortales no fueron exclusivamente sexuales. Con
Apolo, por ejemplo, construyó la muralla de la ciudad de Troya para el rey

Laomedón, que después no quiso pagar al dios del mar el precio acordado en oro. Poseidón se
vengó inundando la ciudad y exigiendo que la hija del rey fuese sacrificada ante un monstruo
marino. Heracles la rescató y también fue engañado por el rey. Como tenía fama de implacable, el
resentimiento de Poseidón alcanzó incluso a los descendientes del rey y por eso se convirtió en el
más ferviente defensor de los griegos, junto a Apolo, durante la Guerra de Troya. No obstante, tras
la guerra tampoco los griegos se libraron de su ira porque entonces mató al «pequeño Ajax», hijo
de Oileo, que había mancillado el santuario troyano de Atenea forzando allí a la princesa Casandra
(ver Ajax). Odiseo también fue víctima de la ira de Poseidón tras dejar ciego a su hijo Polifemo.

Entre Poseidón y Minos, rey de Creta, estalló otro conflicto cuando el rey le pidió un toro para
sacrificarlo en su honor. El dios le regaló un toro blanco tan bello que el rey decidió quedárselo, lo
que provocó la furia de Poseidón, que hizo que la mujer del rey, Pasifae, se enamorase del animal
y copulase con él para concebir al Minotauro, criatura monstruosa con cuerpo de hombre y cabeza
de toro. Este hecho tuvo secuelas terribles.

Los problemas de Poseidón con los atenienses fueron de carácter distinto. Había competido con
Atenea por el dominio del Ática, donde está Atenas, ofreciendo a sus habitantes el regalo más útil.
Poseidón clavó su tridente en la tierra sobre la Acrópolis y produjo un pozo de agua negra. Pero
Atenea hizo crecer un olivo en el mismo punto y fue declarada ganadora y protectora de la ciudad.
Poseidón no soportaba la derrota y causó entonces una terrible inundación en el Ática, pero Zeus
intervino poco después para que se reconciliase con los atenienses. Desde entonces fue adorado
de la forma que él quiso y la ciudad dependió de las embarcaciones y del comercio marítimo.

Después de dos mil años de cristianismo, Poseidón, sobre todo bajo su nombre romano de
Neptuno, ha permanecido como uno de los dioses griegos más conocidos. Zeus ha tenido durante
el periodo cristiano una existencia más oscura y Hades incluso ha sido olvidado. Desde el
Renacimiento, Poseidón (Neptuno) ha consolidado su posición de privilegio en la iconografía
occidental. Aparece en incontables fuentes monumentales del periodo neoclásico. En la era
moderna, apareció un nuevo rito por este dios: los marinos y los pasajeros que cruzan el Ecuador
por primera vez reciben el «bautismo de Neptuno», una ceremonia en la que la tripulación se viste
como Neptuno y vierte agua de sal sobre los no iniciados para luego beber con ellos.
18.- El hombre lobo.
México no estuvo exento del mito del hombre lobo; aquel siniestro ser que a los rayos de
la luna llena tomaba forma peluda para salir a alimentarse. Ese mito fue una versión traída
del Viejo Continente, en donde se creía que estos “animales” obtenían su comida de los
cuerpos tiernos de los bebés.Se decía que los lobos sólo atacaban por hambre, siendo el
Diablo quien les daba un supuesto cinturón mágico con el que podían cambiar de forma,
adoptando la apariencia de un animal asesino. Luego se creyó que los hombres lobo
servían como esclavos a las supuestas brujas, pero la verdad es que nunca se les pudo ver
juntos.
Una de las leyendas más interesantes con respecto a los hombres lobo en la Colonia, es la
de un campesino, quien cortó la pata a uno de estos seres, echándola en el saco que
llevaba consigo. Mas tarde se la mostró a su familia, pero al hacerlo, descubrió que se
trataba de una mano, motivo por el que fue sentenciado a muerte, sin darle la
oportunidad de defenderse. Él mencionó en varias ocasiones que le había cortado la pata
a un lobo y no a un humano, pero obviamente nadie le creyó, sólo su familia que por
muchos días subieron a la sierra con la esperanza de encontrar al hombre que le faltara
una mano, algo que nunca sucedió.

Más tarde se creía que eran los brujos quienes tomaban forma de lobo, habiendo aquí una
confusión, pues a ellos se les atribuía el poder de convertirse en cualquier animal, lo que
comúnmente recibe el nombre de “nagual”, que era muy común en las tierras mexicanas,
por lo que confundirlos no vendría siendo lo más apropiado. Pero siguiendo esta versión:
dichos brujos tomaban esa forma para acudir a sus aquelarres (reuniones para invocar al
diablo), atacando a todo aquel que se les cruzaba en su camino.

Como quiera que sea, en la época de la Colonia fueron muchos los juicios que se llevaron a
cabo condenando a las personas que se suponía cambiaban de forma, llámese nagual u
hombre lobo. Y poco tiempo después nacieron algunas otras versiones refiriéndose al
mismo mito.
Se cuenta que el mítico ser obtenía sus poderes de un brujo del bosque, quien le ofrecía
una piel de lobo y un ungüento especial con el que se les podía pegar el nuevo atuendo. La
piel se solía guardar en un rincón oscuro durante el día, y en las noches de luna llena se
sacaba para poder convertirse y alimentarse. De acuerdo con la leyenda, los hombres lobo
no saciaban su hambre, por lo que debían salir en busca de carne cruda, de preferencia de
bebés. Pero además, estaban condenados a los infiernos, pues al perder sus pieles,
perdían también su inmortalidad. Siendo el Diablo el único ser que se los podía llevar al
otro mundo, pues de lo contrario quedarían como almas en pena. De ahí que
generalmente se les identificara con el mundo de los muertos, y se creía que eran más
activos durante las doce noches posteriores a la Navidad, cuando se supone que los
muertos vagan por la Tierra. Finalmente nació la versión que afirmaba que el séptimo
varón de una familia se convertiría en un hombre lobo sediento de sangre y carne
humana.
19.- Mito del nagual.
En la época de la Colonia se creía que los brujos o hechiceros se convertían en
animales para atacar tanto a personas como a similares. Los antiguos relatos se
refieren a brujos con poderes sobrenaturales capaces de hacer llover, desunir
matrimonios y hasta provocar muertes.

El nagual fue y será el más mítico de los seres mexicanos, aunque no se tienen
datos de su aparición, pues ya cuando se consumó la conquista de la Nueva
España se hablaba de los poderosos hechiceros capaces de tomar cualquier forma.
Al principio los recién llegados creían que se trataba de una superstición, pero más
tarde el miedo se apoderó de ellos también.

Los indígenas se aprovecharon del temor que estas crónicas causaban en los
extranjeros para poder alimentarse, pues muchas de las leyendas afirman que
curtían las pieles de los animales para colocárselas por la noche, pudiendo de esa
manera escabullirse para conseguir un poco de comida, propiamente se diría robar,
pero eran tantas las injusticias que no había más remedio que hacerlo.

Sin embargo, el mito iba más allá de lo que pensamos: se trataba de un don
brindado por los antepasados. Ellos podían tomar la forma de perro, jaguar o
puma, aunque al parecer sólo dañaban cuando algo ponía en peligro su identidad.
Aun así, hubo muchas versiones en las que se aseguraba que los naguales
atacaban poblados enteros, lo que sería posible considerando que siempre ha
existido el bien y el mal; la brujería blanca y la negra; los dioses de la luz y los del
inframundo, etcétera. Siendo imposible sin alguna prueba fehaciente poder pasar a
los naguales a las leyendas, por lo que pensamos que pertenecen a los mitos.
Después de todo y lo que sería una fortuna, ya no existen.
20.- Mito del nagual.
En la época de la Colonia se creía que los brujos o hechiceros se convertían en animales
para atacar tanto a personas como a similares. Los antiguos relatos se refieren a brujos
con poderes sobrenaturales capaces de hacer llover, desunir matrimonios y hasta
provocar muertes.

El nagual fue y será el más mítico de los seres mexicanos, aunque no se tienen datos de su
aparición, pues ya cuando se consumó la conquista de la Nueva España se hablaba de los
poderosos hechiceros capaces de tomar cualquier forma. Al principio los recién llegados
creían que se trataba de una superstición, pero más tarde el miedo se apoderó de ellos
también.

Los indígenas se aprovecharon del temor que estas crónicas causaban en los extranjeros
para poder alimentarse, pues muchas de las leyendas afirman que curtían las pieles de los
animales para colocárselas por la noche, pudiendo de esa manera escabullirse para
conseguir un poco de comida, propiamente se diría robar, pero eran tantas las injusticias
que no había más remedio que hacerlo.

Sin embargo, el mito iba más allá de lo que pensamos: se trataba de un don brindado por
los antepasados. Ellos podían tomar la forma de perro, jaguar o puma, aunque al parecer
sólo dañaban cuando algo ponía en peligro su identidad. Aun así, hubo muchas versiones
en las que se aseguraba que los naguales atacaban poblados enteros, lo que sería posible
considerando que siempre ha existido el bien y el mal; la brujería blanca y la negra; los
dioses de la luz y los del inframundo, etcétera. Siendo imposible sin alguna prueba
fehaciente poder pasar a los naguales a las leyendas, por lo que pensamos que
pertenecen a los mitos. Después de todo y lo que sería una fortuna, ya no existen.

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