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Políticas y programas educativos para la primera infancia en Perú: retos y perspectivas

Autor(es): Santiago Cueto

El nuevo Gobierno de Perú, elegido en julio de 2011 y liderado por Ollanta Humala, ha prometido
priorizar las políticas de primera infancia, lo que es aprovechado como punto de partida para que
el autor haga un diagnóstico de la provisión de la cobertura de la primera infancia en el Perú.

El texto también identifica cuatro lecciones principales que pueden aplicarse a futuras propuestas
de sistemas de atención a la infancia temprana, no solo en el país, sino también en otras
naciones.

Publicado en: Espacio para la infancia, Noviembre 2011.

Políticas y programas educativos para la primera infancia en Perú: retos y perspectivas

Santiago Cueto, Coordinador de Niños del Milenio e Investigador Principal del Grupo de Análisis
para el Desarrollo (GRADE)1, Lima, Perú

El nuevo Gobierno de Perú, elegido en julio de 2011 y liderado por Ollanta Humala, ha prometido
priorizar las políticas de primera infancia. En este artículo, Santiago Cueto analiza las
experiencias sobre la provisión de la cobertura de la primera infancia a escala, y resalta cuatro
lecciones principales que puedenaplicarse a futuras propuestas, no solo en Perú pero también
en otros países.

En el Perú se vive un momento de potencial cambio de rumbo a favor de la primera infancia. La


sociedad civil se ha organizado en un colectivo de más de cincuenta instituciones denominado
“Todos con la Infancia. Vota por la Niñez ahora”2. La iniciativa “Inversión por la Infancia”3, que
cuenta con el apoyo de la Fundación Bernard van Leer, ha organizado eventos nacionales y
publicado un infobarómetro con valiosos datos. Estas iniciativas han conseguido unos
compromisos en favor de la primera infancia por parte de líderes políticos en los ámbitos local y
nacional.

El presidente Humala, elegido en julio de 2011, se ha comprometido con los recursos necesarios
para el logro de metas específicas a favor de la primera infancia para el año 2016. El Primer
Ministro afirmó recientemente ante el Congreso de la República que asume el Proyecto Educativo
Nacional (PEN), elaborado por el Consejo Nacional de Educación4, el cual establece que la
primera infancia debe ser una prioridad nacional.

Este artículo examina algunas experiencias sobre programas y políticas de primera infancia, y
en concreto el Wawa Wasi (WW)5, un programa nacional dirigido a niños y niñas de entre 6
meses y 4 años de edad que viven en condiciones de pobreza. A continuación se extraen cuatro
lecciones clave de la experiencia de Perú que pueden ser de interés para la elaboración de
políticas futuras, y también para aplicación en otros países.

1 No descentralizar prematuramente

Al igual que en otros muchos países en vías de desarrollo, en Perú se inició un proceso de
descentralización política hace algunos años. El Gobierno decidió, que el WW, al igual que otros
programas, debía ser gestionado por los municipios provinciales. Sin embargo, esta medida no
fue exitosa ya que muchos de los municipios no querían asumir el servicio por sentirse
preparados para ello. Como resultado, solo algún WW fue transferido, y finalmente el proceso
fue paralizado hasta que el Gobierno definiera una política más definida al respecto.

Esta experiencia es un buen ejemplo de cómo a veces el fin se confunde con los medios. Este
programa se administra desde el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) con la
colaboración del Comité de Gestión de cada comunidad, responsable de la supervisión y de
realizar los pagos necesarios a las madres cuidadoras y a los proveedores locales de servicios
como el alimentario. Así, uno de los objetivos principales de la descentralización, que es acercar
la toma de decisiones a los usuarios, se estaba cumpliendo en gran medida. La transferencia de
gestión a los municipios provinciales como un fin en sí mismo no parecía ofrecer un buen servicio
a los niños ni a sus familias. (Niños del Milenio ha llevado a cabo un estudio al respecto (Guerrero
y Suguimaro, 2010))

2 El Estado como facilitador y como proveedor de servicios

El Estado debe garantizar que todas las iniciativas cumplen con requisitos mínimos de calidad,
que no hay superposición entre programas, ni carencias para grupos específicos. Foto: Paolo
Aguilar/ Niños del Milenio

La educación pública gratuita de calidad es un principio establecido en la Constitución peruana,


y es ampliamente aceptado por la población como un derecho. Sin embargo, este principio no se
suele cumplir ya que debido a los escasos presupuestos públicos disponibles, las profesoras de
inicial se ven obligadas a pedir recursos a los propios padres de familia para materiales
educativos, uniformes, alimentos, etcétera.

Dadas las limitaciones que el Estado tiene en su papel de proveedor de servicios educativos,
sería conveniente que se percibiera además como facilitador y articulador de iniciativas. Existen
ejemplos de éxito que combinan en diferentes formas la provisión pública con la privada, como
es el caso del desarrollado por Fe y Alegría, una institución religiosa que provee infraestructura
y gestión, mientras que el Estado asume los costos salariales de los maestros. Los costos de
otras actividades son compartidos.

Este enfoque tiene el potencial de ser aplicado más ampliamente. Varias empresas e
instituciones han pedido la transferencia de conocimientos desde el Wawa Wasi para organizar
sus propios servicios de atención infantil, libres de costo, para su personal o familias de ONG y
asociaciones filantrópicas. Pero resulta que el Estado no suele dar las facilidades para que estos
funcionen.

El Estado debe garantizar que todas las iniciativas cumplen con requisitos mínimos de calidad,
que no hay superposición entre programas, ni carencias para grupos específicos. De este modo,
el Estado puede cumplir de manera efectiva el principio de que la educación pública sea gratuita,
pero también de calidad para todos, con mayor inversión por niño que tradicionalmente haya
tenido inferiores rendimientos educativos. En Perú, este grupo incluiría a los niños del ámbito
rural, los indígenas, los pobres y aquellos con habilidades diferentes.
3 Midiendo los avances para que los programas mejoren

La supervisión de la implementación y la evaluación del impacto deberían ser instrumentos


imprescindibles para cualquier programa social, de modo que se puedan justificar las inversiones
y mejorar los servicios. Los programas deberían incluir mecanismos para medir su impacto desde
su etapa de diseño. Pero lamentablemente, las evaluaciones de impacto son escasas en Perú.
Por ejemplo, para un estudio que comparaba a niños participantes y no participantes del Wawa
Wasi , los grupos son tan diferentes entre sí, y el control estadístico de las diferencias tan pobre,
que no se puede saber si los resultados se deben a la influencia del programa y/o a las
características de los niños y sus familias.

Pero también hay excepciones, y muestran que el WW debería ser examinado. Por ejemplo, un
estudio de Niños del Milenio intentó elaborar un análisis de grupos equivalentes, aunque con una
muestra muy pequeña. Los resultados sugieren que mientras que los padres y las madres
valoran mucho el programa, en tanto que sus hijos están seguros y reciben alimentación, no se
encontraron diferencias entre el desarrollo cognitivo, lenguaje y motor de los niños que asistían
y los que no asistían a un WW. Así, los WW serían percibidos por los padres y las madres más
como guarderías que como centros para promover el desarrollo infantil (Cueto y otros, 2009).
Recordamos que se trata de un estudio pequeño; necesitamos estudios rigurosos y de mayor
escala que ayuden a mejorar el programa.

En cuanto a las intervenciones entre los 3 y 5 años, otro estudio de Niños del Milenio sugiere que
las intervenciones formales, a cargo de profesoras tituladas, tienen mayor impacto en los éxitos
educativos al inicio de la primaria que las intervenciones no formales – a cargo de madres de la
comunidad, en los programas denominados Programa No Escolarizado de Educación Inicial o
PRONOEI (Díaz, 2006).

Al medir los avances, es importante medir el desarrollo cognitivo, de lenguaje o socioemocional


que pueden predecir el éxito escolar, la salud y la productividad económica incluso en la adultez.
No es suficiente contar con indicadores tradicionales para los logros en la primera infancia, como
la mortalidad infantil, la desnutrición crónica o aguda, el porcentaje de niños con vacunas y la
morbilidad. Existen algunas iniciativas al respecto, como el Proyecto de Indicadores Regionales
de Desarrollo Infantil (pridi), conducido por el Banco Interamericano de Desarrollo, que está
preparando instrumentos para medir el desarrollo infantil en niños y niñas entre 2 y 5 años a
escala nacional en Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Perú6.

4 Designar a una autoridad que lidere “con dientes”

En la mitología peruana, Inkarri es un dios que resulta desmembrado por los conquistadores
españoles y enterrado en diferentes partes del territorio. Sin embargo, la cabeza estaría todavía
viva, procurando la reunificación de sus miembros. La figura de este mito sirve para mostrar lo
que en la actualidad debería ocurrir con las políticas de primera infancia en Perú, ya que varios
ministerios han intentado desarrollar y llevar a cabo sus propios programas sin coordinar con
otros.

Por ejemplo, aunque el Wawa Wasi es responsabilidad del MIMDES (junto con otros programas
cubriendo aspectos como nutrición y derechos), el Ministerio de Educación gestiona un número
de programas también dirigidos a la primera infancia que incluyen prácticas de crianza con
padres y madres, salas de estimulación, ludotecas y cunas (guarderías). El Ministerio de Salud
también tiene a su cargo programas para la infancia, como el de Crecimiento y Desarrollo
(CRED). Cada ministerio deber solicitar fondos al más poderoso de ellos, el Ministerio de
Economía y Finanzas.

La bibliografía actual sugiere que la mejor forma de promover el desarrollo de la primera infancia
es mediante la integración de programas educativos, de salud y nutrición, e involucrando en el
servicio a padres y madres de familia junto con líderes de la comunidad. También se ha
anunciado recientemente la creación del Ministerio del Desarrollo e Inclusión, orientado a reducir
inequidades sociales, y al que se pasarían algunos programas para la primera infancia.
Diversas instituciones, como el Consejo Nacional de Educación de Perú, han sugerido la creación
de una autoridad nacional para la infancia, de modo que se alineen políticas y se priorice
realmente al sector. Esta autoridad no debería ser solo simbólica, puesto que iniciativas similares
han fracasado, sino de alguna forma “tener dientes”, es decir, una verdadera autoridad para
aprobar planes coordinados y presupuestos que bien pueden quedar en los ministerios en los
que existen ahora, pero planificados de forma que generen sinergia.

El Gobierno del Presidente Ollanta Humala ha anunciado la creación del programa Cuna Más,
aunque en el momento de escribir este artículo no se cuenta aún con su diseño completo.
Parecen haber al menos tres opciones:

1 Crear un nuevo servicio de atención integral a la infancia, paralelo a otros existentes.

2 Diseñar una estrategia para la infancia que articularía y reforzaría los servicios existentes, sin
crear uno nuevo.

3 Diseñar una estrategia y un servicio nuevo.

Las dos últimas estrategias cumplirían un objetivo fundamental para el Perú de hoy, como es
articular los programas públicos gestionados por diferentes ministerios. La segunda alternativa
parecería la más adecuada aunque la última parece que será la elegida, en tanto que Cuna Más
fue parte importante de las promesas electorales y el país estaría esperando una novedad en el
servicio, y no solo una nueva estrategia.

En cualquier caso, Cuna Más presentaría las siguientes características: énfasis de trabajo en los
distritos más pobres del país; prioridad en la atención a niños y niñas hasta los 36 meses; el
servicio brindado sería de atención integral, y no solo de guardería; y en la provisión de servicios
se respetarían las características culturales locales (por ejemplo adaptándolo a contextos rurales
indígenas). El Gobierno ha formado un grupo de trabajo con representantes de los diversos
ministerios interesados en programas para la infancia, la cooperación internacional y la sociedad
civil para ayudar a orientar Cuna Más.

Todo ello muestra el actual interés por tratar el bienestar infantil como una prioridad nacional.
Que las declaraciones se concreten en políticas, programas e inversiones coordinadas es algo
que deberá verificarse durante los siguientes años. Confiamos que con la participación de todos
y con la cooperación internacional, será posible mejorar el bienestar y desarrollo de los niños del
Perú.

Atención y educación de la primera infancia en el Perú: avances y retos pendientes


Investigación para el desarrollo en el Perú: once balances

Guerrero, Gabriela y Flavia Demarini (2016). Atención y educación de la primera infancia en el


Perú: avances y retos pendientes. En GRADE. Investigación para el desarrollo en el Perú: once
balances. Lima: GRADE.

Los primeros años de vida son fundamentales. Sin embargo, no todos los niños están expuestos
a experiencias tempranas que les permitan alcanzar su máximo potencial de desarrollo. Cuando
ingresan a la educación primaria, ya son evidentes las brechas en cuanto al nivel de desarrollo
entre niños de diferente nivel socioeconómico. Los programas de atención y educación de la
primera infancia (AEPI) tienen por objetivo promover el desarrollo óptimo de los niños,
brindándoles una atención integral que abarca nutrición, higiene y promoción del desarrollo
cognitivo y socioafectivo; estos programas suelen tener un efecto preventivo y compensador de
las desigualdades educativas y sociales.

Este texto revisa los principales modelos de AEPI a la luz de la evidencia internacional y nacional
disponible acerca de su efectividad. Durante las últimas décadas, la AEPI ha progresado mucho
en el país. Destacan, como aspectos positivos, el reconocimiento de la primera infancia como
una prioridad del Estado en varios documentos de política vigentes, así como el incremento en
las tasas de cobertura en educación inicial, sobre todo en el caso de niños de 4 y 5 años, y el
hecho de que esto se haya logrado sin que actualmente se observen brechas de género.
Para seguir mejorando, se propone la necesidad de hacer frente a tres retos: la ampliación de
acceso a programas AEPI de calidad para niños de 0 a 2 años, la mejora de la calidad de la
oferta de educación inicial para niños de 3 a 5 años, y la implementación de un sistema de
monitoreo y evaluación del desarrollo infantil a nivel nacional.

Política educativa para la Primera Infancia

- El desarrollo de competencias en los menores de 5 años, base para los aprendizajes posteriores
y para una mejora en su calidad de vida.

- La educación para la primera infancia debe apoyarse en actividades -juegos, artes,


expresiones- que exijan a niños y niñas poner en evidencia sus capacidades. La importancia de
los proyectos pedagógicos.

- El jardín infantil o la escuela no es el único ámbito donde los niños aprenden, ni los maestros
son la única instancia educadora. Es necesario recuperar para los niños y niñas la familia, las
instituciones sociales y otros ambientes para convertirlos en espacios que posibiliten su
desarrollo y aprendizaje.

- Las modalidades de atención educativa para la población menor de 5 años.

- Características de los actores educativos.

- Se trata de promover un enfoque de derechos, equidad e inclusión social desde los primeros
años.

- La importancia de articular un trabajo interinstitucional e intersectorial para la atención a la


primera infancia.

- Los niños y niñas, especialmente los más pobres y vulnerables, y la atención integral mediante
modalidades que involucren a las familias, las comunidades y las instituciones especializadas en
la materia.

- La asistencia del Ministerio de Educación Nacional y su coordinación con el Instituto


Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), con las secretarías de educación y salud y con las
cajas de compensación familiar.

- El vínculo entre la familia, la educación inicial y el ciclo de básica primaria.


….

Los gobiernos reconocen de manera creciente la necesidad de contar con políticas sociales que
respalden el desarrollo de los niños de corta edad. El aumento de las investigaciones ha
incrementado los conocimientos sobre el tema mientras crece el número de partes interesadas
que abogan por un mayor apoyo eficaz.

UNICEF, en colaboración con otros organismos internacionales, gobiernos, organizaciones de la


sociedad civil y ONG propugna políticas nacionales de desarrollo del niño en la primera infancia
que fijen compromisos y lineamientos concretos en pro de la supervivencia, el desarrollo y la
protección de los niños de corta edad. En ese aspecto, UNICEF disfruta de una relativa ventaja
debido a su capacidad de apoyar los vínculos entre las políticas sociales amplias y las
intervenciones específicas basadas en los resultados.

Más de 30 gobiernos cuentan actualmente con políticas nacionales de desarrollo del niño en la
primera infancia, mientras que decenas más elaboran las suyas. Más de 35 Documentos de
estrategia de reducción de la pobreza incluyen actualmente programas de desarrollo en la
primera infancia, ya sea por medio de servicios preescolares, programas de capacitación para la
crianza de niños y niñas, guarderías infantiles, etcétera. En Ghana, por ejemplo, UNICEF
promovió y apoyó firmemente el desarrollo de una política nacional integral de cuidado y
desarrollo del niño en la primera infancia. Esa política fomenta el desarrollo holístico del niño en
la primera infancia y abarca un conjunto de programas que atienden a las necesidades físicas,
mentales, sociales, morales y espirituales de los niños y niñas. Uno de los aspectos
fundamentales de la política de cuidado y desarrollo del niño en la primera infancia de Ghana es
el firme marco institucional que establece los medios por los que los ministerios de gobierno, las
asambleas de distrito, las comunidades, las familias, el sector privado y las organizaciones no
gubernamentales invierten en los programas de cuidado y desarrollo del niño la primera infancia
y los ponen en práctica.

Más de 70 países han constituido comités nacionales o grupos de trabajo dedicados al desarrollo
del niño en la primera infancia, con el objetivo de coordinar las labores de los ministerios y
organizaciones que trabajan con niños de corta edad. En los comités participan los Ministerios
de Salud, Educación, Bienestar Social y, en algunos casos, los de Comercio, Trabajo o Defensa,
así como los gobiernos locales, la sociedad civil, los medios de comunicación, las ONG y las
organizaciones religiosas. Los ministerios y organizaciones se han convertido en importantes
vehículos de información dirigida a las familias y las comunidades. La naturaleza multisectorial
de UNICEF hace posible que la organización desempeñe un papel fundamental en lo que
respecta a la unificación de las labores de esos grupos diversos con relación a los niños de corta
edad.

El desarrollo o la modificación de las políticas no debe ser necesariamente un proceso impuesto


desde la cúspide, exclusivamente en manos de los legisladores y funcionarios ministeriales. Más
importante aún, la política no se crea en el vacío. Toda solución local, todo proyecto de
investigación exitoso y todo esfuerzo en materia de promoción implica la posibilidad de ejercer
influencias en la manera de pensar de los funcionarios a cargo de la toma de decisiones con
respecto a lo que resulta más conveniente para los niños y niñas de corta edad y sus familias.
En nuestro carácter de padres, maestros, dirigentes comunitarios o ciudadanos interesados,
todos podemos influir en pro de la formulación de políticas sólidas y eficaces.

Educación de la primera infancia en América Latina: un deber con nuestros niños y niñas
Columna del investigador de Política Educativa de Educación 2020, Danilo Olivares.

La primera infancia es un período sensible, en el que se sientan las bases del desarrollo y las
capacidades de aprendizaje, que determinan el resto de la vida. Niños y niñas bien cuidados
logran ventajas emocionales e intelectuales que inciden directamente en su desempeño futuro y
el de su entorno cercano. Sin embargo, esto sólo es posible si la educación y cuidados que
reciben en esta etapa son de calidad.
América Latina está compuesta por casi 600 millones de personas y el 10% corresponde a niños
y niñas entre cero y seis años. Brasil, México, Colombia y Argentina son los países con mayor
aporte demográfico de primera infancia, superando el 66% del total regional. Sin embargo, sus
condiciones de vida son preocupantes y la educación aparece como la principal herramienta para
revertir estas desigualdades. Actualmente, el 34.1% de estos pequeños y pequeñas vive bajo
la línea de la pobreza y un alarmante 12.6%, en condiciones de indigencia.
Nuestra Latinoamérica evidencia desarrollos dispares. Mientras algunos países han regulado la
educación para la primera infancia como un nivel educativo, otros aún mantienen planes no
formales ligados a la lógica de “guarderías”, sin elementos pedagógicos esenciales. Estas
diferencias han provocado brechas en la capacidad de cada país de asegurar mínimos de
participación, afectando las metas de coberturas regionales. Mientras Ecuador supera el 90% de
cobertura, Guatemala y República Dominicana llegan escuálidamente al 10%, a lo que suma las
dificultades de acceso de niños y niñas que viven en sectores rurales, quienes tienen la mitad de
probabilidades de asistir a un centro de educación inicial que las y los estudiantes de zonas
urbanas. Por su parte, Paraguay, El Salvador, Honduras y Nicaragua poseen diferencias de hasta
30 puntos porcentuales, según nivel socioeconómico, en el acceso a programas para menores
de tres años.
La calidad de los programas educativos, además, evidencia una precarización generalizada en
la región, principalmente por la falta de políticas nacionales que atiendan las necesidades de
niñas y niños de manera multidimensional. A esto se agrega la informalidad de los programas
existentes, la poca institucionalización de orden gubernamental, la falta de criterios que permitan
definir los entendimientos de una educación de calidad y la ausencia de información relevante
que articule políticas públicas sobre el desarrollo educativo en la primera infancia.
Desconocer los avances que han beneficiado a nuestros niños y niñas sería desperdiciar
una oportunidad de seguir progresandoy mejorando los procesos de equidad. Hoy
tenemos bellos y complejos desafíos pendientes relativos a mejorar la calidad de los programas
educativos de atención la primera infancia:
1.- Definir programas educativos de calidad, con diseño y objetivos claros, que se adecúen a la
realidad de cada país. Estos deben abarcar el desarrollo integral: físico, emocional y cognitivo.
2.- Potenciar la participación de los padres y madres en el cuidado y proceso formativo de los
niños y niñas.
3.- Velar por una formación inicial profesional de educadores, educadoras y todo el personal
involucrado en el proceso.
4.- Establecer la formalidad de la educación en primera infancia como un nivel educativo,
asegurándole recursos e institucionalidad, para establecer planes de enseñanza y criterios para
el aprendizaje.
5.- Ampliar las coberturas de carácter universal, equitativas e igualitarias, sin importar las
condiciones demográficas o socioeconómicas de la población.
6.- Mejorar y promover políticas públicas intersectoriales entre entidades públicas y privadas,
generando una estrategia nacional a través de un marco regulatorio de la enseñanza.
América Latina necesita atender a sus estudiantes más jóvenes. Un dólar destinado en la
formación inicial logra retornos de hasta ocho veces, mucho más que en niveles
superiores. Entonces, cuando hablamos de primera infancia, siempre hablamos de inversión,
jamás de gasto o pérdida. Se trata de un deber de los países de América Latina, una
responsabilidad con sus niños y niñas.
FORTALECEN POLÍTICAS EDUCATIVAS PARA LA PRIMERA INFANCIA

Dic 02, 2017

Desde el mes de agosto del año pasado, diez municipios de nuestra provincia fueron capacitados
por la IIPE (Instituto Internacional de Planificación Educativa) UNESCO en la formulación de
proyectos de formación para fortalecer las políticas públicas educativas para la primera infancia.
En ese marco, el Gobierno estuvo representado por los Ministerios de Desarrollo Humano,
Educación y Salud, quienes vienen trabajando mancomunadamente junto a UNESCO y UNICEF
para mejorar las políticas públicas destinadas a los niños, niñas y adolescentes de la provincia.
El Gobierno de Jujuy participó en el cierre de la capacitación para el fortalecimiento de políticas
educativas para la primera infancia que realizó el Instituto Internacional de Planeamiento de la
Educación de la Unesco

Al respecto, la ministra de Desarrollo Humano, Ada Galfré, celebró que “todos los municipios
hablaron dentro del paradigma de protección integral de derechos y esto es el resultado de un
trabajo que se viene realizando desde hace mucho tiempo”, una muestra clara del trabajo que
se realiza en las Oficinas de Protección de Derechos “que son espacios que garantizan la
prevención, promoción, tratamiento familiar y básicamente el fortalecimiento cuidando que la
infancia vulnerada no termine judicializada” en prácticamente toda la provincia.

Galfré mostró su agrado respecto a los proyectos presentados por los distintos municipios porque
“se respetó la perspectiva de género, y esto es importante ya que cuando tenemos niñas y niños
debemos iniciar el camino adecuado para que cuando lleguemos a la adolescencia o adultez, no
tengamos que volver a deconstruir para evitar situaciones de violencia cuando ya están
instaladas”.

“Es muy bueno que esto esté incorporado naturalmente, reconociendo en el marco de la
protección de derechos las cuestiones de género porque el lenguaje sexista marca luego el rol
que tiene la infancia en un contexto familiar, comunitario y social, y se puede evitar las
consecuencias al decir las cosas por su nombre”, señaló.

Finalmente, felicitó a los equipos de trabajo de los municipios y los proyectos realizados a partir
de la capacitación llevada adelante por el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación
de la Unesco (IIPE), expresando que “creo fervientemente que la sustentabilidad de cualquier
proyecto y política pública tiene que ver con el abordaje integral, con la articulación respetuosa,
responsable, sustentable y sostenida en el tiempo y entiendo que eso es lo que nos demanda
hacer la protección integral de derechos de niñas, niños y adolescentes porque los gobiernos
nacional, provincial y municipales, así como la comunidad entera, tenemos que entender que no
estamos haciéndonos favores sino que cada uno desde su lugar está cumpliendo los derechos
que requiere la infancia”, concluyó.