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La "tercera cultura" de Brockman

Article · January 2008


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Ramon Llopis Goig


University of Valencia
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_______________ ~a~d!stancia
Colaboraciones

La tercera cultura de Brockman


Desdeque en 1959, en su archialudida conferencia de Rede, C. P. Snow diagnosticara
comograve la hendidura de la cultura occidental, según la cual esta última se encontraba
escindidaen dos, una humanista y otra científica, los intentos por levantar puentes entre
ambasculturas no han dejado de repetirse. Recientemente, John Brockman ha adoptado
eltérmino tercera cultura para referirse a la difusión masiva de conocimientos científicos
llevada a cabo por los propios científicos. Los éxitos editoriales de sus publicaciones
seríanindicativos del nacimiento de una nueva cultura, cuya principal virtud residiría en
poner en contacto a los científicos con el gran público. En este trabajo se examina la
propuestade una tercera cultura de J. Brockman, señalando sus limitaciones, así como la
intención cientificista que entraña.

a propuesta de Brockman se ma- tido, los trabajos de los científicos y pen-

L .terializó en un libro! consisten-


te en una recopilación de entre-
vistas a científicos y pensadores que,
sadores que Brockman agrupa bajo la
denominación de tercera cultura, pre-
tenden superar esa tradicional falta de
mediante sus publicaciones, adoptan el comunicación con los grandes públicos,
papeltradicional del intelectual, al tra- de modo que, aunque los hombres de
tarde responder, a la luz de sus investi- letras siguen sin comunicarse con los
gacionescientíficas, a los grandes inte- científicos, estos últimos ya habrían co-
rrogantesque siempre se ha formulado menzado a comunicarse directamente
elser humano-. con audiencias masivas. De hecho, para
-~
---- Brockman ', el quehacer del intelectual
incluye la comunicación con el público,
LA TERCERA CULTURA dado que una de sus funciones es la de
DEJ. BROCKMAN modelar el pensamiento de sus coetá-
neos. Así, los pensadores de la tercera
Brockman aduce que la ciencia, a di- cultura son los nuevos intelectuales pú-
ferenciade las artes y las humanidades, blicos".
siemprehabía permanecido al margen
dela vida social y cultural. En ese sen- 3 J. Brockman, Ibid., p. 15.
4 J. Brockman, Ibid., p. 13. Entre ellos, Brock-
man cita a los físicos Paul Davies, J. Doyen Farmer;
1 J. Brockman (1995), The Third Culture: be- Murray Gellmann, Atan Guth, Roger Penrose, Ma-
yondthe scientific revolution. Nueva York: Simon tin Rees y Lee Smolin; los evolucionistas Richard
&Schuster,1995. La traducción castellana ha sido Dawkins, Nile Eldredge, Stepehn Jay Gould, Ste-
publicadapor Tusquets Editores: Barcelona, 1996. ve Jones y George C. Williams; el filósofo Daniel
2 El propio Brockman define su libro The Third C. Dennet; los biólogos Brian Goodwin, Stuart
Culture como una historia oral de un sistema di- Kauffman, Lynn Margullis y Francisco J. Vareta;
námicoemergente, en el que los pensadores de la los informáticos W. Daniel Hillis, Christopher G.
terceracultura definen cuestiones interesantes e Langton, Mavin Minsky y Roger Schank, y los psi-
importantes de nuestro tiempo, comunicándose cólogos Nicholas Humhrey y Steven Pinker. J.
entresí y, al tiempo, con el gran público. Brockman, Ibid., pp. 15-16.
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Colaboraciones

Esta emergencia de una nueva cul- tercera cultura. The Edge aspira a reunir
tura científica se produce en un contex- en un mismo espacio a las mentes más
to en el que lo que tradicionalmente se complejas y sofisticadas para intercam-
llamaba ciencia se ha convertido en cul- biar opiniones sobre los grandes temas
tura pública. Stewart Brand ha enfati- de nuestra época5. Su sede se encuen-
zado este extremo al indicar que la cien- tra en el Santa Fe Institute (Nuevo Mé-
cia es, hoy en día, la única noticia. Así xico, Estados Unidos).
lo atestiguan los actuales éxitos edito- Los nuevos científicos de la tercera
riales de los que pueden ser considerados cultura emergente establecen una co-
como intelectuales de la tercera cultura. municación directa con los ciudadanos,
Brockman enumera una extensa re- sin que para ello sea necesaria la inter-
lación de materias cuyas temáticas re- vención mediadora de divulgadores o
ciben tratamiento en periódicos y re- pensadores. De ahí su aparición en el
vistas, al tiempo que inspiran películas, escenario público bajo la denominación
relatos y series de ficción: la biología de nuevos intelectuales. Y la conexión
molecular, la inteligencia artificial, las con los ciudadanos se produce por el
redes neuronales, el universo inflacio- propio punto de desarrollo en el que se
nario, la geometría fractal, los sistemas encuentra la ciencia y la tecnología de
complejos, la biodiversidad, la nano- nuestro tiempo, que se ven implicadas y
170 tecnología, el genoma humano, la reali- envueltas en cuestiones que afectan a
dad virtual, el ciberespacio, la vida arti- valores básicos de la estructura y el or-
ficial, la teoría del caos, el paralelismo den social, así como a la supervivencia
masivo, los sistemas complejos adapta- misma de la especie humana. En el mo-
tivos, las supercuerdas, los sistemas ex- mento actual, el campo de las tecnolo-
pertos, el equilibrio puntuado, los au- gías bioquímicas y médicas, por ejemplo,
tómatas celulares, la lógica borrosa, las el potencial técnico hace posible la des-
biosferas espaciales, la hipótesis de Gaia trucción del mundo así como la modi-
y las máquinas teraflop. ficación de la propia evolución del ser
Brockman considera que los intelec- humano. La población se interesa y pre-
tuales de letras son «cada vez más re- ocupa por esas posibilidades y presio-
accionarios y, con harta frecuencia, arro- na para que afloren a la opinión públi-
gante y tercamente ignorantes de ca. En este contexto, los lectores de este
muchos de los logros de nuestro tiem- tipo de libros se habrían incrementado
po». Además, afirma que éstos emple- sobremanera en los últimos años de
an una jerga propia y sus trabajos se ca- modo tal que la tercera cultura se habría
racterizan, principalmente, por realizar convertido en una operación de tanta
comentarios de comentarios, deslizán- envergadura comercial como de difícil
dose por un bucle que se prolonga ad interpretación sociológica.
infinitum hasta perder de vista el mun- Habría que reconocer que la tercera
do de la realidad. Tienen además, según cultura es algo más que un fenómeno
el americano, la arrogancia de conside- comercial de venta de libros; es también
rarse a sí mismos como los únicos pen- un desafío a las tradicionales fronteras
sadores, excluyendo de esta definición a entre el hombres de ciencia y el hom-
los hombres de ciencia. bre de la calle, ya que permite el esta-
The Edge, revista electrónica en In-
ternet, es el órgano de expresión de la 5
www.edge.org/3rd_culture/index.html
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La tercera cultura de Brockman

blecimiento de una comunicación di- an, y no elaboran teorías sino herra-


recta entre el profesional de la ciencia y mientas; sus respuestas son nuevos ar-
aquél que, dedicándose profesional- tefactos tecnológicos.
mente a otros menesteres, siente inte- La tercera cultura apoya el rigor cien-
rés por la misma. tífico, pero su leitmotiv es la novedad;
El fenómeno de la tercera cultura se su esperanza no es la expresión sino la
produce en un contexto sociohistórico experiencia. El propósito de los miem-
en el que, como señalan Lafuente y Sa- bros de la tercera cultura es crear nove-
raiva6, la propia noción de ciencia ha dades en ruta hacia la verdad y la expe-
cambiado y se ha transformado en una riencia; si los científicos experimentan
moneda de dos caras: se la puede ver con la muerte y los artistas la contem-
como algo excesivamente abstracto o plan y abstraen, la tercera cultura la pro-
como algo político y mundano. Así, hoy duce.
en día resulta más prudente referirse a la
investigación científica como una prác-
tica que describe una actividad singular LOS PROBLEMAS
sin aditamentos utópicos o ideológicos. DE LA TERCERA CULTURA
De ese modo, el compromiso moral de DE J. BROCKMAN
los científicos de la tercera cultura «ya
no es tanto con la verdad como con la Es innegable que la perspectiva que 171
voluntad de que las cosas funcionen, los subyace en los planteamientos y des-
científicos del viejo estilo medirían y tes- arrollos de la tercera cultura es una mues-
tarían la mente o la inteligencia, mientras tra del creciente interés social por la ac-
que los de la tercera cultura buscarían tividad científica. Sin embargo, desde
fabricar algo que trabaje o simule bien. nuestro punto de vista, es un plantea-
Para la cuestión de cómo opera la men- miento que dista mucho de considerar-
te, la respuesta más adecuada sería cons- se satisfactorio como solución al pro-
truir un ente que intente replicarla»7. blema de las dos culturas. A continuación
La citada lógica podría ser extrapo- se examinan algunos de los problemas
lada a las áreas de trabajo más habi- que presenta la propuesta de Brockman.
tuales de los investigadores de la terce-
ra cultura, habida cuenta de que sus
resultados suelen conducir al diseño de No es cierto que suponga una
nuevas tecnologías. A los clásicos inte- conciliación entre las dos culturas
rrogantes sobre la realidad, la vida y la
conciencia, la tercera cultura recurre a la En primer lugar, el concepto de ter-
supercomputación y «contesta con la re- cera cultura de Brockman se aleja mu-
alidad artificial, la vida artificial y la con- cho del que en su día propusiera Snow.
ciencia artificial»8. A diferencia de cien- Es cierto que el propio Brockman reco-
tíficos y artistas, los representantes de noce esta diferencia9, pero no lo es me-
la tercera cultura fabrican más que cre- nos que la diferencia es tal que prácti-
camente hace inviable su uso.
6
A. Lafuente y T. Saraiva (2002), «El espejis-
mo de las dos culturas», Claves de Razón Práctica, 9
De hecho, el propio J. Brockman reconoce
120, pp. 63-69. que «aunque he adoptado el lema de Snow, éste no
7
A. Lafuente y T. Saraiva, Ibíd., p. 68. describe la tercera cultura que él predijo», Ibíd.,
8
A. Lafuente y T. Saraiva, Ibíd., p. 68. p. 14.
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Colaboraciones

En la segunda edición de The Two Cul- los artistas aplican las nuevas tecnologías
tures, Snow añadía un ensayo en el que para el desarrollo de sus creaciones, tal
de manera optimista sugería que una nue- y como hoy en día se propone frecuen-
va cultura, la tercera cultura, emergería y temente12. Así pues, que los represen-
llenaría el vacío de comunicación entre tantes de una de las dos culturas utilicen
los intelectuales de letras y los científi- una herramienta propia de la otra cul-
cos, de tal modo que los primeros se en- tura no significa que se produzca una
tenderían con los segundos. Sin embar- convergencia o conciliación. La tecno-
go, lo que de hecho ocurre en la tercera ciencia no lo es menos cuando sus pro-
cultura es que los científicos establecen tagonistas escriben libros para ser leí-
una comunicación directa con las au- dos masivamente, pese a que eso hasta
diencias o públicos, prescindiendo de in- ahora sólo lo hacían los hombres de le-
termediarios. Mientras tanto, los huma- tras. Del mismo modo, los artistas no
nistas e intelectuales de letras siguen sin son menos artistas por aplicar las nue-
comunicarse con los científicos y esto vas tecnologías de la información en la
(más que la inexactitud conceptual res- realización de sus creaciones.
pecto a la propuesta de Snow) lleva a que
el uso que Brockman hace de la expre-
sión tercera cultura sea inadecuado. Incurre en la falacia
172 La conciliación entre las dos culturas del cientificismo
no se puede circunscribir a que los cien-
tíficos se comuniquen con los grandes Podría decirse que los científicos se
públicos10, pues la conciliación entre las han cansado de ser auditados por in-
dos culturas no se puede ceñir a divulgar vestigadores de las ciencias sociales y
ciencia. Hay aspectos propios de la tra- humanas, y han pasado a la ofensiva,
dición literaria o de las humanidades so- una ofensiva que pretende fundir en un
bre los cuales las ciencias deberían refle- solo marco las ciencias biomédicas, las
xionar y repensar su actividad, dándoles ciencias de la materia y el espacio, y las
cabida, evitando la colonización cognos- humanidades y las ciencias sociales.
citiva y abriéndose a un mayor pluralis- Es cierto que el affaire Sokal13 puso
mo epistemológico y metodológico11. en entredicho la labor de algunos inte-
Así pues, sugerir que hay concilia- lectuales y las limitadas posibilidades de
ción entre las dos culturas por el hecho ciertos science studies. En ese contexto,
de que los científicos escriben libros que la situación es propicia para lanzar lo
llegan a grandes audiencias (como siem- que algunos han considerado la mayor
pre han hecho los intelectuales de letras OPA nunca imaginada por la ciencia
y las humanidades), es una simplifica- sobre la totalidad del saber14. Así, no
ción similar a la que cometen aquellos
que afirman que se produce una con- 12
Véase C. Gómez, «Arte, tecnología y socie-
vergencia entre las dos culturas, cuando dad», http:/www.campusred.net/telos y X. Beren-
guer, «Arte y tecnología: una frontera que se des-
morona», en http:/www.uoc.edu
13
10
En el caso de que efectivamente lo estén B. Jourdant (1998), Impostures intellectua-
consiguiendo, lo que, en principio, no parece más les. Les malentendus de l’affaire Sokal, París: La
que una hipótesis. Découverte.
14
11
R. Llopis (2001), «Cultura tecnocientífica y A. Lafuente y T. Saraiva (2001), «La OPA de
cultura humanista. Escisión y alianza», A Distan- la ciencia y la abducción de las humanidades»,
cia, 34, pp. 94-100. Claves de Razón Práctica, 112, pp. 69-76.
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La tercera cultura de Brockman

es que «las humanidades se muevan en cionar por separado, y es necesario al-


la arena movediza de lo opinable, como canzar una tercera cultura.
dijeron los comtianos, sino que la ma-
yor parte de cuanto han aquilatado en
su devenir histórico gana nueva rele- Identifica opinión pública
vancia cuando es iluminado por la ge- con participación
nética, la evolución y las neurocien-
cias»15. En líneas anteriores se ha conveni-
Los profetas de la tercera cultura no do que una de las aportaciones positi-
lanzan sus diatribas contra las artes, vas de las que se vanaglorian los repre-
como hiciera Platón al excluirlas de la sentantes de la tercera cultura es la de
República. No piden su abolición, ni ex- haber permitido el establecimiento de
hiben desprecio hacia lo emocional, una comunicación directa entre el hom-
simplemente reivindican sus explica- bre de ciencia y el hombre de la calle.
ciones como las objetivamente certe- La sociedad occidental actual es he-
ras. Desde la tercera cultura se discute redera de una forma de pensar según la
que las producciones artísticas y hu- cual los públicos, aquejados de igno-
manísticas sólo puedan ser entendidas rancia científica, debían ser empapados
desde el territorio de la subjetividad de conocimientos. Así, «se postula una
(auténtico resorte y fundamento del hu- y otra vez el foso entre ciencia y socie- 173
manismo). Se reclama, por contra, que dad, para inmediatamente tratar de re-
se trata de respuestas de la maquina- llenarlo, inventando en un mismo mo-
ria cerebral, circunstancia que hace po- vimiento el mal y su remedio»18.
sible su estudio científico. Con ello, la De este modo, el espacio público de
especificidad de las humanidades es la ciencia se expande hasta incluir al
conquistada y sus producciones con- nuevo miembro que representan las ma-
vertidas en objeto de estudio de un te- sas, si bien éstas progresivamente ad-
rritorio científico al que en principio quieren un papel más pasivo. Proceso
eran ajenas. que en su lógica recuerda al mismo fe-
Frente al expediente cientificista que nómeno descrito por Habermas al refe-
entraña la propuesta de Brockman, ha- rirse a la expansión del espacio público
bría que reconocer que si bien es cierto al conjunto de la sociedad y la consi-
que hoy en día no se puede seguir esta- guiente contracción de su capacidad de
bleciendo una distinción radical entre influencia motivada por la adquisición
lo que aporta la ciencia y lo que aporta de irrelevancia política por parte de quie-
la reflexión humanista, no lo es menos nes la integran19.
que, como dice F. Varela, «lo peor que le
puede acontecer a una línea de pensa- 18
B. Beusaude-Vincent (2000), L’opinion pu-
miento es el cientificismo»16, para ello blique et la science. A Chacun son ignorance. Pa-
«mejor sería quedarse con las dos cul- ris: Sanofi-Synthébalo. A. Lafuente y T. Saraiva,
turas separadas»17, pese a que no se pue- Ibíd., p. 73. La proliferación actual de museos
científicos responde a la realización del mismo
de dudar ya de que éstas no pueden fun- diagnóstico y prescripción terapéutica por parte de
la mayoría de gobiernos autonómicos.
19
15
A. Lafuente y T. Saraiva, Ibíd., p. 76. J. Habermas (1994), Historia y crítica de
16
F. Varela (1991), «Hay que buscar una nue- la opinión pública. La transformación estructural
va cultura», El País (9-XI-1991). de la vida pública, Barcelona: Editorial Gustavo
17
F. Varela, Ibíd. Gili.
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Colaboraciones

Desde este punto de vista, fenóme- Es una cultura diseñada para


nos como la tercera cultura de Brock- el consumo masivo21
man no sólo no acercarían al hombre
de la calle a los verdaderos problemas, La tercera cultura de Brockman, más
sino que, además, contribuyen a la cre- que como cultura de conciliación está
ación de una cierta promiscuidad cul- concebida como una cultura de masas
tural en la que la distancia entre el sabio en el sentido de que es una cultura di-
y el lego queda relativamente difumi- señada para el consumo masivo. Se ha
nada20. Además, como consecuencia de afirmado que los libros de los científi-
la cada vez mayor difusión que reciben cos de la tercera cultura son libros que la
los resultados de la investigación cien- gente compra pero no lee. Sin embar-
tífica, habría aparecido y se habría des- go, incluso en el supuesto de que esos
arrollado una exigencia propia de los libros fueran leídos, el problema reside
sistemas democráticos, según la cual es en el modo de consumo de esa tercera
necesario que los ciudadanos dispon- cultura.
gan de conocimientos técnicos y cientí- Al igual que la cultura de masas, la
ficos con los que juzgar las acciones de tercera cultura de Brockman, se articu-
las Administraciones Públicas para im- la sobre la unidireccionalidad de la co-
pedir que las decisiones públicas se to- municación masiva y ofrece un producto
174 men sobre la base de informes de ex- simplificado para que sean mayormen-
pertos. Así, como reacción a esa difusión te accesible. Aunque los científicos de
masiva de conocimientos científicos y la tercera cultura «expresan sus refle-
técnicos que generan demandas de par- xiones más profundas de una manera
ticipación entre los ciudadanos, se está accesible para el público lector inteli-
articulando, dentro del mundo científi- gente»22, no cabe duda de que su arti-
co, una fuerte corriente de opinión acer- culación es unidireccional y simplifica-
ca de la necesidad de un control públi- dora de los problemas científicos.
co de la investigación, así como de los Las producciones editoriales de la
riesgos asumibles. Sirva como ejemplo tercera cultura, extraídas de su contex-
el Manifiesto de Heidelberg, documento to originario, son distribuidas como
en contra de la intromisión del público bienes de consumo y equiparadas con
en el mundo científico, firmado por 264 otros productos de consumo y entrete-
científicos (52 de los cuales eran pre- nimiento. La orientación comercial afec-
mios Nobel) y hecho público en el con- ta al modo de distribución de la mer-
texto de la Cumbre de Río de Janeiro de cancía, en este caso el conocimiento
1992. En ese documento, entre otras co- científico, que abandona los canales de
sas se pedía formalmente que el control diálogo científico y se dirige a los ca-
y la preservación de las riquezas natu- nales de distribución comercial propios
rales estuvieran fundados en criterios de los productos de ocio y entreteni-
científicos y no en suposiciones irracio-
21
nales. Este apartado constituye una síntesis de la
ponencia «La tercera cultura como cultura de con-
sumo de masas», presentada por el autor de este
artículo en el Congreso Internacional La Ciencia
ante el Público, cultura Humanista y desarrollo
20
Los science studies también han contribui- científico-tecnológico, Universidad de Salaman-
do a una cierta liquidación de la imagen tradi- ca, 28-31 de octubre de 2002.
cional del científico. 22
J. Brockman, Ibíd., p. 14.
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La tercera cultura de Brockman

miento de las sociedades avanzadas. Y do es completamente distinto a ir a un


también afecta al producto, es decir, la concierto»24.
producción literaria, que se ve obligada
a simplificarse hasta ser asumible por
una gran mayoría a la que previamen- BIBLIOGRAFÍA
te se le ha despertado el interés por la
ciencia. BROCKMAN, J. (1995), La tercera cultura, Bar-
El modo de consumo de la tercera celona: Editorial Tusquets.
cultura también sería el propio de la HABERMAS, J. (1994), Historia y crítica de la
cultura de masas. Como argumenta Mo- opinión pública, Barcelona: Gustavo Gili.
Jourdant, B. (1998), Impostures intellectua-
rin, el verdadero problema de las emi-
les, Paris: La Découverte.
siones científicas, de las que dice «es-
LAFUENTE, A. y T. SARAIVA (2002), «El espe-
tán perfectamente realizadas con la jismo de las dos culturas», Claves de Ra-
colaboración de científicos eminentes zón Práctica, 120, pp. 63-69.
en su dominio»23, es su modo de con- LAFUENTE, A. y T. SARAIVA (2001), «La OPA de
sumo, ya que se trata de un tipo de con- la ciencia y la abducción de las humani-
sumo que no permite la reflexión, no dades», Claves de Razón Práctica, 112, pp.
sólo porque una emisión a través de los 67-76.
medios de comunicación de masas des- LLOPIS, R. (2001), «Cultura tecnocientífica y
plaza a la otra, sino porque se contem- cultura humanista. Escisión y alianza» 175
pla en los momentos de relajación, de A distancia, 20, pp. 94-100.
MORIN, E. (2000), «Por una teoría de la cul-
modo consumista, en los momentos de
tura», Sociología. Madrid: Tecnos.
búsqueda de entretenimiento o antes
SNOW, C. P. (1964), The two cultures and a se-
de ir a dormir. cond look. New York: Mentor Books.
La tercera cultura, pues, «es como la VARELA, F. (1991), «Hay que buscar una nue-
música: escucharla como ruido de fon- va cultura», El País (9-XI-1991).

23
E. Morin (1995), «Por una teoría de la cul-
tura», Sociología, Madrid: Editorial Tecnos, p. 143. 24
E. Morin, Ibíd., p. 143.

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