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LOS PELIGROS DE LA TEOLOGÍA REFORMADA

I. El Peligro de Enseñar que Cristo Murió sólo por los Elegidos

Esto se conoce comúnmente como la creencia en una “expiación limitada”


(algunos hombres Reformados prefieren llamarla “expiación determinada”). Es
la enseñanza de que Cristo murió en la cruz y pagó la pena solamente por
los pecados de los elegidos. EL no murió por aquellos que finalmente
terminarán en el lago de fuego. Muchas veces se formula como sigue: “Cristo
murió por todos los hombres SIN DISTINCIÓN, pero ÉL no murió por todos
los hombres SIN EXCEPCIÓN”. Este es un sutil juego de semántica que les
posibilita decir que ÉL murió por todos, sin querer decir realmente que ÉL
murió por todos. Lo que ellos quieren decir en realidad es que Cristo murió
por toda clase de gente y por gente de toda condición, pero que ÉL no
murió por cada individuo en particular. Es decir, ÉL murió por judíos y
gentiles, ricos y pobres, esclavos y libres, hombres y mujeres, etc., pero se
entiende que ÉL murió solo por los judíos y gentiles elegidos, sólo por los
ricos y pobres elegidos, etc.

El Dr. Paul Reiter ha resumido en forma clara y simple la enseñanza de las


Escrituras sobre esta materia. ¿POR QUIÉN MURIÓ CRISTO?

ÉL MURIÓ

1. Por todos (1 Ti.2:6; Isaías 53:6)

2. Por cada hombre (He.2:9)


3. Por el mundo (Juan 3:16)

4. Por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:2)

5. Por los impíos (Rom.5:6)

6. Por falsos maestros (2 Pedro 2:1)

7. Por muchos (Mateo 20:28)

8. Por Israel (Juan 11:50-51)

9. Por la Iglesia (Efesios 5:25)

10. Por “mí” (Gálatas 2:20).

Es evidente que el Calvinista extremo tiene que ignorar el lenguaje claro y el


sentido obvio de muchos pasajes y que tiene que forzar las Escrituras y
adaptarlas a su modelo teológico. La expiación limitada puede parecer lógica
y razonable, pero la verdadera prueba es ésta: ¿ES BÍBLICA? “¿Qué dicen las
Escrituras?” (Rom. 4:3). Con una fe sencilla, como la de un niño, debemos
dejar que la Biblia diga simplemente lo que dice.

Los que promueven esta doctrina errónea tratan de decirnos que “mundo”
realmente no significa “mundo” y que “todos” realmente no significa “todos”
y que “todo hombre” realmente no significa “todo hombre” y que “todo el
mundo” realmente no significa “todo el mundo”. Se nos dice que versículos
tan sencillos como Juan 3:16 e Isaías 53:6 no deben entenderse como los
entendería un niño, sino como los entendería un teólogo. Es decir, debemos
reinterpretar esos versículos a la luz de nuestro sistema teológico.

La verdadera doctrina de la expiación podría expresarse como sigue:

Las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios involucró el


pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención del Salvador (1
Ti.2:6; 2 Pedro 2:1), de reconciliación (2 Co.5:19) y de propiciación (1 Juan
2:2), fue por todos los hombres (1 Ti. 4:10), pero que la obra de la cruz de
Cristo es eficaz y válida y aplicable solamente para quienes creen (1 Ti.4:10;
Juan 3:16). Podríamos decirlo de una manera aún más sencilla: “La muerte de
Cristo fue SUFICIENTE PARA TODOS pero es EFICIENTE solo para quienes
creen”. La obra de la cruz de Cristo no es limitada, pero la aplicación de esa
obra por la operación del Espíritu Santo está limitada sólo para los creyentes.

El Calvinista extremo diría que la cruz fue designada sólo para los elegidos y
que no tenía propósito para los “no-elegidos” (los incrédulos persistentes).

Pero la muerte del Hijo de Dios tenía una intención y un propósito divino
para ambos grupos. Para los elegidos, la intención de Dios era salvación de
acuerdo con Su propósito y gracia en Cristo Jesús desde antes de la
fundación del mundo (2 Ti.1:9; 2 Ts.2:13). Para los incrédulos, el propósito y
la intención es dejar al incrédulo sin excusa. Los hombres son CONDENADOS
porque han rechazado la Persona y la OBRA de Jesucristo y rechazaron el
único remedio de Dios para el pecado (Juan 3:18; 5:40). Los incrédulos nunca
podrán decir que no se hizo provisión para su salvación y que no les fue
ofrecida. Jamás podrán estar antes Dios y decir, “La razón por la cual no soy
salvo es porque Cristo no murió por mí”. No, la razón por la cual no son
salvos es porque rechazaron a Aquel que murió por ellos y que es el
Salvador de todos los hombres (1 Ti.4:10). Están sin excusa.

Este no es un asunto meramente académico. Es extremadamente práctico.


Afecta el corazón mismo del evangelio y su presentación. El evangelio que
predicaba Pablo a la gente no salva de Corinto era este: “Cristo murió por
nuestros pecados” (1 Co.15:3). ¿Tenemos realmente un evangelio de
buenas nuevas para todos los hombres (comparar Lucas 2:10-11)? Al predicar
el evangelio, ¿qué podemos decir a una persona no salva? ¿Podemos decir,
“mi amigo, el Señor Jesucristo murió por ti? ¿ÉL pagó el castigo por tus
pecados? ¿ÉL murió como tu Sustituto”?

Un escritor Reformado dijo ésto:

Pero los consejeros, como cristianos, están obligados a presentar las


demandas de Cristo. Tienen que presentar las buenas nuevas que Cristo
Jesús murió en la cruz en lugar de los Suyos, que Él llevó la culpa y sufrió la
pena por sus pecados. ÉL murió para que todos los que el Padre le dio
vengan a ÉL y tengan vida eterna.

Como un cristiano reformado, el escritor cree que los consejeros no pueden


decir a un aconsejado no salvo que Cristo murió por él, PORQUE ELLOS NO
PUEDEN DECIR ESO. Nadie sabe, excepto Cristo Mismo, quienes son Sus
elegidos por quienes ÉL murió (énfasis añadido). [Jay Adams, Capacitado
para Orientar).
Como ha dicho C.H. Mackintosh, “Un discípulo de la alta escuela de doctrina
(calvinismo extremo) no oirá un evangelio mundial- un evangelio del amor
de Dios por el mundo—de buenas noticias para toda criatura bajo el cielo. Él
tiene un solamente mensaje para los elegidos”.

¿Cómo podemos ofrecer sinceramente a los hombres algo que no ha sido


provisto para ellos? ¿Cómo podemos ofrecerles un don gratuito, si el don no
ha sido adquirido para ellos? ¿Cómo podemos instarles a beber de la fuente
de vida, si el agua no ha sido provista para ellos? ¿Cómo podemos decirles
que sean salvos, si el Señor Jesucristo no ha provisto para su salvación?
¿Cómo podemos decirla a una persona, “Toma la medicina y serás sanado” si
no hay medicina para tomar y no hay sanidad provista? W. Lindsay Alexander
explica: “Sobre este supuesto (el de una expiación limitada), las invitaciones y
promesas generales del evangelio no tienen una base adecuada, y parecen
ser una mera burla, en breve, una oferta de algo que no ha sido provisto”.
[W. Lindsay Alexander, Un Sistema de Teología Bíblica].

Si el predicador Reformado fuera realmente honesto en cuanto a ésto, el


debería predicar su “evangelio” dentro de estas líneas:

“Quizás Cristo murió por ti”.

“Quizás Dios te amó tanto”.

“Cristo derramó Su sangre por ti, quizás”.

“La salvación ha sido provista para ti, tal vez”.


“Posiblemente Dios encomienda Su amor hacia ti”.

“Esperamos que ÉL sea la propiciación por tus pecados”.

“Es posible que Cristo muriera como tu Sustituto”.

“Tal vez te traiga buenas noticias”.

“Es posible que Cristo muriera por ti. Si llegas a ser salvo, sabremos que ÉL
murió por ti, pero si continúas rechazándole, entonces ÉL no murió por ti”.

“Cristo murió por ti solamente si tú crees que ÉL murió por ti (demostrando


que eres un escogido), pero si no crees esto y continúas en tu incredulidad
hasta el día de tu muerte, entonces Cristo no murió por ti”.

Los que sostienen una expiación limitada o determinada no presentan el


evangelio de esta manera, pero ¿una presentación así, no sería consistente
con su teología? ¿No sería esta una manera correcta y prudente y sincera de
compartir el evangelio? Un calvinista extremo debe ser muy cuidadoso de
como presenta la obra de la cruz de Cristo a una persona no salva, porque
nunca puede estar realmente seguro si Cristo proveyó salvación para esa
persona. Como ha dicho Robert Lightner, “Creer en una expiación limitada
significa que las buenas nuevas de la gracia salvadora de Dios en Cristo no
puede ser personalizada. Los que sostienen tal posición no pueden decirle a
una persona a la que están testificando que Cristo murió por ella porque esa
persona puede, de hecho, ser alguien por quien Cristo no murió”. [Esta cita
es de un artículo de Robert Lightner del libro, Walwoord: A Tribute, p.166].

John Bunyan hizo la siguiente observación: “La oferta del Evangelio no


puede, con el permiso de Dios, ser ofrecido más allá de la muerte de Cristo,
porque si es quitada, no hay en realidad Evangelio ni gracia (Bunyan’s
Works). En otras palabras, ¿cómo puedes ofrecer a alguien el Evangelio si no
sabes acaso Cristo murió por esa persona? ¿Cómo podemos ofrecer a un
pecador algo que no ha sido provisto? Como dijo Lightner, “Ningún axioma
parece más cierto que si una salvación es ofrecida, eso implica que la
salvación ha sido provista”. [Robert Lightner, The Death Christ Died, p.114).

Boettner dice: “Redención universal significa salvación universal” (citado por


Lightner, The Death Christ Died, p.96). El Calvinismo extremo sostiene que
Cristo tiene que salvar a todos por quienes ÉL murió. Ellos razonan así: si
Cristo murió por todos, entonces todos tiene que ser salvos”. Pensemos en la
lógica de tal razonamiento. Esto sería como decir, “si la medicina está al
alcance de todos, entonces todos tienen que ser sanados”. Obviamente que
esto es falso. La medicina, aunque esté disponible, no hará ningún, bien a
menos que sea tomada. “Hay más que suficiente agua fresca para toda
persona sedienta en el pueblo”. ¿Significa ésto que toda persona en el
pueblo tendrá su sed aplacada? Sólo si cada persona bebe. Tenemos que
hacer una diferencia entre la redención realizada y la redención aplicada.

II. El Peligro de Enseñar que la Regeneración es Antes que la Fe


La doctrina de la total depravación del hombre ha sido distorsionada por los
calvinistas extremos, lo cual ha resultado en un entendimiento equivocado
de la incapacidad del hombre. El carcelero de Filipos preguntó una vez, ¿QUÉ
DEBO HACER PARA SER SALVO? (Hechos 16:30-31 y comparar Hechos 2:37-
38).

Algunos Calvinistas extremos, si hubiesen estado en el lugar de Pablo,


habrían respondido algo así: ¿Qué tienes que hacer para ser salvo? ¡Nada!
¡Absolutamente nada! ¡Tú estás espiritualmente MUERTO y eres totalmente
incapaz de responder a Dios hasta que seas regenerado!

Los calvinistas extremos enseñan que la regeneración tiene que preceder a la


fe y que una persona tiene que nacer de nuevo antes de que pueda creer.
Ellos dirían que una persona tiene que tener vida eterna antes de que pueda
creer, porque una persona que está muerta en pecados es incapaz de creer.

Ellos enseñan la fe sin regeneración es imposible. Porque les parece una


enseñanza lógica y razonable basados en el sistema teológico que han
adoptado.

Pero, “¿QUÉ DICEN LAS ESCRITURAS?

La Biblia enseña claramente lo siguiente: ¡CREE Y SERÁS SALVO!

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en Mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).

“Para que todo aquel que en ÉL cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:15).
El calvinista extremo dice, “¡VIVE Y CREERÁS!” Juan 1:12 no dice esto: “Pero a
todos los que han sido regenerados, a ellos les dio poder para creer en Su Nombre, y ser
hechos hijos de Dios.”

Note también que Juan 20:31 dice, “para que creyendo, tengáis vida en Su
Nombre”. No dice, “para que teniendo vida, podáis creer”.

En su condición desvalida y sin esperanza, al pecador se le dice que MIRE al


Señor Jesucristo Y VIVA (Juan 3:14-16). (Cantamos el himno “mira a Cristo y
vivirás”.

El Calvinista extremo debería cambiar las palabras a “VIVE Y MIRA”).

Asumamos por un momento que lo que dice el Calvinista extremo es verdad.


Si la regeneración precede a la fe, entonces ¿qué tiene que hacer el pecador
para ser regenerado?

El Calvinista extremo nunca ha respondido satisfactoriamente a esto.

La respuesta de Shedd es típica: Puesto que el pecador no puede creer, él es


instruido a cumplir con los siguientes deberes: (1) Leer y escuchar la Palabra
divina. (2) Aplicar seriamente la mente a la verdad. (3) Orar por el don del
Espíritu Santo para convicción y regeneración.

La respuesta de Roy Aldrich a ésto es incisiva: “Una doctrina de total


depravación que excluye la posibilidad de la fe también tiene que excluir la
posibilidad de “oír la palabra”, “dedicarse seriamente a la verdad divina” y
“orar por el Espíritu Santo para convicción y regeneración”.
La tragedia de esta posición es que pervierte el evangelio. Al pecador se le
dice que la condición para ser salvo es la oración en vez de la fe. Cuán
contrario es ésto a Hechos 16:31. Al pecador no se le dice que ore por
convicción y regeneración. Al pecador se le dice que crea en el Señor
Jesucristo.

Algunos hombres reformados, incluso R.C. Sproul, hasta enseñan que una
persona puede ser regenerada cuando niño y luego no llegar a la fe en
Cristo hasta años más tarde. Para mayor información ver ¿La Regeneración
Precede a la Fe?

III. El Peligro de Enseñar que la Fe es el Don de Dios

Esta enseñanza está basada en una interpretación equivocada de Efesios 2:8-


9 que dice, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Muchos hombres reformados concluyen erróneamente que el pronombre
“esto” se refiere a la “fe”. Lo que Pablo está realmente enseñando es que la
SALVACIÓN es el don de Dios.

La declaración de fe de las iglesias fundamentales es clara y


precisa: “Creemos que la salvación es el don de Dios dado al hombre y que
es recibido por fe personal en el Señor Jesucristo”. La salvación es el don; la
fe es “la mano del corazón” que se extiende y recibe el don que Dios ofrece.

El hecho de que la SALVACIÓN (VIDA ETERNA, JUSTICIA) es el don de Dios


es enseñado repetidas veces a través del Nuevo Testamento (ver Juan 4:10;
Rom.5:15, 16, 17; 6:23). En el Nuevo Testamento la palabra “DON” nunca se
refiere a la fe salvadora, aunque reconocemos que aparte de la misericordia
de Dios y de la bondadosa capacitación e iluminación, la fe salvadora no
puede ser ejercida (Juan 6:44, 65; Mateo 11:27; 16:16-17; Hechos 16:14; etc.)

La enseñanza de que la fe es el don de Dios tiene algunas implicancias


prácticas y afectará la manera en que la persona entenderá el evangelio y
cómo una persona presenta el evangelio. Si la fe es el don de Dios,
entonces ¿cómo logro obtener ese don? ¿Qué debo hacer? ¿QUÉ DEBO
HACER PARA CREER? ¿Cómo puedo obtener de Dios este don? Primera
opción: ¿No hago nada con la esperanza de que Dios me lo conceda
soberanamente? ¿No hago nada con la esperanza de ser uno de los elegidos
de Dios? Segunda opción: ¿Clamo a Dios y le ruego que Él me de el don de
la fe salvadora?

John MacArthur sostiene esta segunda opción. El enseña que la fe es el don


de Dios y recomienda que el pecador ore a Dios para obtenerla:

La fe es un don de Dios… es permanente…la fe que Dios da engendra (causa)


obediencia…Dios te la dio y ÉL la sostiene… Que Dios te conceda la
verdadera fe salvadora, un don permanente que comienza con humillación y
quebrantamiento por el pecado y termina en obediencia y justicia. Esta es la
verdadera fe y es un don que solamente Dios puede dar y si tu deseas eso,
ora y pide que ÉL te lo conceda” (trascripción de una grabación GC 90-21,
de John MacArthur que trata de la Salvación por Señorío).

Nótese cuidadosamente lo que está haciendo John MacArthur. El no está


diciendo al pecador que crea en el Señor Jesucristo (Hechos 16:31), sino que
ore y pida a Dios que le conceda el don de la fe. Esto pervierte el evangelio
de Cristo, haciendo que la condición para la salvación sea la oración en vez
de la fe. A los pecadores se les dice que crean en Cristo. No se les dice que
oren por el don de la fe.

IV. El Peligro de Añadir Exigencias Adicionales a la Fe Salvadora.

En años recientes, muchos hombres Reformados han estado promocionando


fuertemente lo que ha sido llamado la “Salvación por Señorío”.

La Salvación por Señorío enseña esencialmente que la simple fe en Cristo no


es suficiente para la salvación. Es necesario algo más.

Es necesario un sólido compromiso con Cristo. Una persona debe someterse


al Señorío de Cristo.

La voluntad de obedecer los mandamientos de Cristo es una condición


necesaria. El pecador también debe cumplir las demandas del discipulado o,
al menos, estar dispuesto a cumplirlas para tener vida eterna.

Nunca debemos olvidar que una persona es salva porque pone toda su
confianza en la misericordia de un amante Salvador que murió por ella.

No es nuestro COMPROMISO lo que nos salva; es nuestro Cristo quien nos


salva. No es nuestra ENTREGA la que nos salva; es nuestro Salvador quien
nos salva. No es lo que yo hago por Dios; es lo que Dios ha hecho por mí.
Debemos evitar el peligroso error de tomar lo que debe ser el
RESULTADO de la salvación y hacerlo el REQUISITO para la salvación:

 Es porque soy salvo, que me someto a Su Señorío.

 Es porque soy salvo, que yo lo sigo en obediencia voluntaria.

 Es porque soy salvo, que estoy de acuerdo con los términos del
discipulado

 Es porque soy salvo, que me someto a Su autoridad en todas las áreas


de mi vida.

La conducta y el fruto son las evidencias de la fe salvadora, pero ellos no son


la esencia de la fe salvadora. No confundas el fruto con la raíz.

Porque somos justificados gratuitamente por Su gracia es que nos elevamos


a la altura de las demandas de la justicia de Dios en Cristo (2 Co.5:21);
porque somos frágiles, a menudo fallamos en cumplir con las demandas del
discipulado (Lucas 14:25-33, etc.).

Los requisitos del discipulado son muchos; los requisitos para ser salvos es la
simple fe y confianza en el Salvador.

Mi compromiso con el Salvador no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU


GRACIA.
Mi sometimiento a Su Señorío no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU
GRACIA.

Mi obediencia a Su Palabra no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU GRACIA.

Mi amor por el Salvador no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU GRACIA.

Mi habilidad o falta de habilidad para cumplir todas las demandas del


discipulado no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU GRACIA.

Mi comportamiento (conducta) no me salva. CRISTO ME SALVA POR SU


GRACIA.
La gracia salvadora de Dios se encuentra en la Persona del Señor
Jesucristo. Solamente ÉL puede satisfacer la santidad y la justicia de Dios.

La vida eterna no es algo que nosotros podemos ganar o alcanzar por medio
de nuestra fidelidad durante nuestra vida cristiana. Por el contrario, es un
don gratuito que recibimos en el momento mismo en que creemos en Cristo.

Cada creyente posee esta VIDA ahora: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que
no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1 Juan 5:12; todos los verbos están en
tiempo presente).

¿Has sido tú justificado gratuitamente por Su gracia por la redención que


es en Cristo Jesús? ¿Tu esperanza se basa en lo que tú has hecho o se
basa tu esperanza en la sangre y justicia de Jesús? “¡Sólo puedo confiar
en el Nombre de Jesús!” Apoyémonos solo en Cristo, la Roca sólida, y no
sobre la arena movediza de nuestros compromisos.
V. El Peligro de Enseñar que el Creyente no Posee una Vieja Naturaleza

No todos los hombres Reformados sostienen esta posición, pero muchos lo


hacen, incluso John MacArthur, M. Lloyd-Jones y David Needham. Fue
Needham quien trajo a discusión esta posición de “una naturaleza” al
publicar su libro “Derecho de Nacimiento — Cristiano, ¿Sabes Quién Eres?”

[Nota: John MacArthur es dispensacionalista en algunos aspectos


(especialmente en el área de la profecía), pero es reformado en muchos
aspectos. En sus dos libros sobre Salvación por Señorío él ataca el
Dispensacionalismo, asegurando al mismo tiempo ser dispensacionalista.

El teólogo reformado John Gerstner lo describe como estar tan alejado del
dispensacionalismo como alguien puede estar y seguir siendo llamado
dispensacionalista.

Podemos considerar a John MacArthur como un vocero de los que sostienen


esta posición como puede verse en las siguientes citas:

La salvación no se trata de mejorar o perfeccionar lo que ha existido


previamente. Es una transformación total. En el nuevo nacimiento una
persona llega a ser “una nueva criatura; las cosas viejas pasaron, he aquí
todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

No es que simplemente recibe algo nuevo, sino que llega a ser una nueva
persona. La nueva naturaleza no es agregada a la antigua naturaleza, sino
que la reemplaza. La persona transformada es un ser completamente nuevo.
La terminología bíblica entonces no dice que un cristiano tiene dos
naturalezas diferentes. Él tiene solamente una naturaleza, la nueva
naturaleza en Cristo. El viejo yo muere y el nuevo yo vive; ellos no
coexisten. No es un residuo de la vieja naturaleza, sino un vestigio residual
de la carne pecaminosa que causa que el cristiano peque.

El cristiano es una persona nueva única, una creación totalmente nueva,


no es un esquizofrénico espiritual. El creyente, como persona, es
transformada en su totalidad, pero aún no es completamente perfecto. Tiene
un residuo de pecado, pero no tiene el pecado reinando en él. Ya no es el
viejo hombre corrupto, sino ahora es un nuevo hombre creado en justicia y
santidad, esperando la completa salvación. (The MacArthur New Testamente
Commentary—Ephesians).

Se ha discutido mucho sobre la relación del viejo yo y el nuevo yo. Muchos


sostienen que en el momento de la salvación los creyentes reciben una
nueva naturaleza, pero que también tienen la vieja naturaleza.

De modo que la salvación es una adición, no una transformación. Esa visión,


sin embargo, no es precisamente consistente con la enseñanza bíblica. En la
salvación, la vieja naturaleza fue quitada. [Luego él cita 2 Co.5:17 y Rom.6:6].
La salvación es transformación—la vieja naturaleza se ha ido, ha sido
reemplazada por la nueva naturaleza. [The MacArthur New Testament
Commentary — Colossians and Philemon].

Sostener tal punto de vista tiene algún significado muy práctico. Si el


creyente posee sólo una nueva naturaleza en Cristo, deberíamos esperar que
el creyente fuese totalmente libre de pecado. Esperaríamos que el creyente
exhibiera una calidad de vida que fuera verdaderamente excepcional. John
MacArthur, por ejemplo, enseña lo siguiente:

1) Los cristianos nunca serán avergonzados ante el tribunal de Cristo. [Marks


of a True Believer. Ver también comentarios en la Biblia de Estudio
MacArthur bajo 1 Juan 2:28).

Pero ver 1 Juan 2:28.

2) Los cristianos tienen siempre comunión con Dios y nada, ni siquiera el


pecado puede interrumpir esa comunión. (Confession of Sin, Moody Press.
Ver también comentarios en la Biblia de Estudio MacArthur bajo 1 Juan 1:3).

Pero ver Juan 13:8.

3) Los cristianos están en la luz y no pueden andar en tinieblas. (Confession


of Sin y Faith Works. Ver también el comentario en la Biblia de Estudio
MacArthur bajo 1 Juan 1:7).

Pero ver Efesios 5:8.

4) Los cristianos no necesitan confesar sus pecados para ser perdonados.


[Confession of Sin, p.28, 32-34. Faith Works, p.167. MacArthur falla en
distinguir los dos aspectos del perdón. Ver Dos Aspectos del Perdón].

Pero ver 1 Juan 1:9 y Salmo 51.


5) Los cristianos ya no pueden vivir en la esclavitud del pecado. (Faith Works,
p.117).

Pero ver Gálatas 5:1.

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