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El sueño de los Añaños

Gonzalo Vejazo debe ser el único peruano que ha pasado por tres de las más
importantes empresas de tecnología en el mundo: IBM, Microsoft y Google. ¿Por
qué dejó de ser director de finanzas de Google para asumir la vicepresidencia
corporativa del grupo AJE?

De chico, estudió en la Oroya, donde su padre era directo de contabilidad de la


Estatal Centromin Perú. Desde que estuvo por terminar el colegio, sabía que quería
ingresar a la Universidad del Pacífico. Lo hizo, pasó por la auditora Arthur
Andersen, saltó a Telefónica y de allí se lo jalaron a IBM, al área de control
procesos para la región andina. Lo siguiente fue hacer la maestría en la
Universidad de Cornell, Estados Unidos. Pensó que se dedicaría a la banca de
inversión, pero , cosas de la vida, la primera operación que tuvo que estructurar
en el banco donde retomo su actividad laboral fue de una empresa tecnológica,
poco antes de que estallara la burbuja en el 2001. Desde niño, le atraía la tecnología
y las innovaciones. Por eso, cuando llegó la oferta para trabajar en Microsoft, fue
como cumplir varios sueños a la vez.

Cuando comenzó a ascender en Microsoft, su esposa Belén le


preguntaba cuánto tiempo más viviría en Estados Unidos. La
intención era volver al Perú, pero a medida que aparecían nuevas
y mejores oportunidades, más difícil era hacerlo. Entonces le
propusieron la dirección de finanzas de Google, cargo que
compartiría con siete directores globales más. Aceptó, pero
también supo que tras un tiempo sería hora de volver. Era el 2008
cuando lo decidió. ¿Qué podía atraerlo profesionalmente en el
Perú? Hizo circular su currículo entre unos pocos conocidos.
Llegó el 2010 sin noticias. De pronto, una exposición en su alma
mater le permitió contactarse con uno de los principales grupos
económicos tradicionales del país.

Lo llamaron y comenzaron las entrevistas: Con el gerente de


recursos humanos, con el gerente tal y con otros más, hasta
llegar a los jerarcas. Todo se perfilaba, aunque había algo que no
lo terminaba de conversar.

Entonces , repentinamente , llegó la llamada de los hermanos Ángel y Carlos Añaños .Lo
convocaron directamente un viernes , se reunieron durante cuatro horas y , cuando
terminaron , Gonzalo ,que pensaba que sería el quien escogería el lugar donde quería
trabajar , llamó a su esposa y le dijo : “Ojala me contraten “ .

DE AYACUCHO AL MUNDO

Es extendida la idea de que los Añaños se iniciaron en el negocio


de las bebidas gaseosas con la famosa cola real en Ayacucho,
aunque en realidad la de una sola primera planta de lo que hoy es
el grupo Aje se instaló en Huancayo; y es que al hablar de
Añaños, normalmente se hace mención a un solo grupo empresarial,
cuando, en realidad, si bien se trata familia, involucra a dos
grupos empresariales que nacieron embotellando cola real.
La historia de los dos grupos Añaños es común y empieza en la hacienda Patibamba, en
San Miguel, Ayacucho. Hacia 1970, don Nivardo Añaños propietario de la hacienda, decidió
parcelarla para mitigar los efectos de la reforma agraria y asegurar algunas tierras para sus
hijos, entre los que se encontraba Eduardo. Con el apoyo de su esposa Mirtha Jerí, quien
era maestra, Eduardo optó por dedicarse a la agricultura para mantener a su numerosa
familia.
Jorge, el mayor de sus seis hijos, era un adolescente de catorce años
por aquel entonces, mientras que Carlos, el menor, apenas superaba los dos
años. Además de ellos, componían su familia sus hijos Ángel, Álvaro, Arturo
y Vicky.

La vida de los Añaños Jerí durante los siguientes diez años transcurriría
entre la casa que tenían en Huamanga y la parcela de San Miguel. Y
posiblemente ello no habría cambiado si el terrorismo no hubiera llegado a
sus vidas.
En 1982, tras un ataque terrorista a San Miguel, se vieron en la
necesidad de abandonar Ayacucho y resguardarse en Lima (en
Maranga) con el apoyo de sus familiares. Jorge, con 26 años a
cuestas, tenía ya una vida independiente y fue el único que se
quedó en Ayacucho, pues tenía un negocio de distribución de
cerveza vinculado a Pilsen.

La cercanía de Jorge al sector de las bebidas le permitió de


percatarse hacia 1986 del potencial del negocio gaseosero. Los
camiones de coca cola, inca cola y Pepsi no llegaban a
Huamanga por los asaltos que sufrían y, por tanto, existía
desabastecimiento del producto. Durante 2 años, habló del tema
con su padre, hasta que lo convenció.

Hipotecaron la casa de Huamanga al banco industrial y,


con los ahorros que tenían más la venta del tractor,
adquirieron su primera máquina de producción.
Atahualpa, como la bautizaron, apenas permitía producir
48 cajas al día. Jorge, quien había estudiado agronomía,
fue el encargado de desarrollar la fórmula de la primera
bebida: La cola real sabor a naranja. Para satisfacer
todos los gustos, se fueron añadiendo sabores, incluido
el de cola. Y para garantizar las ventas, se establecieron
precios equivalentes casi la mitad de los que tenían la
escasa competencia. El ahorro para conseguir esos
precios no solo provenía de un manejo de costos muy
austero, sino incluso de la eliminación de algunos, como
el del envase. Entre cada compra de producto que hacía
para su negocio de distribución de cerveza, Jorge
utilizaba los envases vacíos para embotellar sus
gaseosas.
Abrir una embotelladora por aquel entonces no era tan excéntrico como se cree hoy en día. Era
muy común fuera de Lima. Según las estadísticas de la época, existían alrededor de 420
empresas.