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SÉNECA

TRAGEDIAS
I
HÉ R C UL E S L O C O - L A S T R O Y A N A S
L A S F E NI C I A S - MEDE A

INTRODUCCIONES, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE


JESÚS LUQUE MORENO

£
EDITORIAL GREDOS
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 26
Asesor para la sección latina: S ebastián M ariner B igorra.
Según las normas de la B, C. G,, la traducción de esta obra
ha sido revisada por Carmen Codoñer Merino .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1979.

Depósito Legal: M. 40341 -1979.


ISBN 84-249-3536-5.
Impreso en España. Printed in Spain.
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1979.—5049.
INTRODUCCIÓN GENERAL

I. LAS TRAGEDIAS
De todo el teatro trágico grecorromano sólo se han
conservado completas algunas de las obras de los dra-
maturgos griegos del siglo v a. C. y diez tragedias es-
critas en latín, probablemente en el siglo i d. C., y atri-
buidas todas a Séneca.
Entre aquel grupo de tragedias y este otro grupo
de dramas latinos median quinientos años. Pero no es
sólo este medio milenio lo que los separa, sino que
además, y por encima de una serie de elementos co-
munes, hay entre ellos sustanciales diferencias, como
vamos a intentar ver a continuación, E insistimos de
antemano en esta sustancial diferencia, para descartar
uno de los peligros en que más de una vez se ha caído
al estudiar el teatro de Séneca, el de considerarlo como
una emulación frustrada de la tragedia griega. No es
ése el camino recto para abordar el estudio de estas
obras, antes bien hay que reconocer que no se trata
aquí de una tragedia griega venida a menos, sino de
un nuevo tipo de drama antiguol.

1 N. T. P rat t , «Majors Systems of Figura ti ve Language in


Senecan Melodrama», Transactions and Proceedings of the Ame-
rican Philological Association 94 (1963), 199.
8 TRAGEDIAS

De todos modos, la peculiar situación de estas diez


tragedias en el panorama de la historia de la literatura
romana y del teatro antiguo en general ha suscitado en
torno a ellas una variada problemática, a la que vamos
a intentar pasar breve revista en estas páginas.
Empezaremos abordando dos problemas de tipo
hasta cierto punto extraliterario: el de su autenticidad
y el de su cronología.

1. N úmero y autenticidad
Como veremos más adelante, estas tragedias han
llegado hasta nosotros por dos vías de transmisión
manuscrita: en la primera, la encabezada por el códice
«Etrusco» (E), figuran nueve tragedias por este orden:
Hércules loco, Las Troyanas, Las Fenicias, Medea,
Fedra, Edipo, Agamenón, Tiestes y Hércules (en el
Eta). La segunda vía es la representada por la familia
de manuscritos «A». En ella aparecen las tragedias
así: Hércules loco, Tiestes, La Tebaida (que corres-
ponde a Las Fenicias), Hipólito (correspondiente a la
anterior Fedra), Edipo, Las Troyanas, Medea, Agame-
nón, Hércules en el Eta. Además, generalmente entre
las dos últimas, se intercala la tragedia «pretexta»
Octavia.
Como se ve, los puntos de divergencia, en este as-
pecto, de las dos ramas de la tradición manuscrita
son un orden distinto en la disposición de las trage-
dias, algunas variaciones en los títulos y la inclusión
en la familia «A» de una nueva obra.
Desde siempre se han atribuido estas tragedias a
Séneca, aun cuando tal atribución haya ido pasando
por muy diversos avatares. Son numerosos los testi-
monios antiguos en que se atribuyen a Séneca no ya
las tragedias en general, sino explícitamente algunos
INTRODUCCIÓN GENERAL 9
de los títulos2. Pero ya Sidonio Apolinar pensó que el
Séneca autor de las tragedias era distinto del Séneca
filósofo3. No obstante, estaba sin duda en un error,
probablemente por no haber interpretado bien los ver-
sos de Marcial en que se alude a Séneca padre (el
rétor) y a Séneca hijo (filósofo y tragediógrafo)4.
Los humanistas postularon más de una vez varios
autores para las tragedias de este corpus, y las pri-
meras ediciones de opera omnia de Séneca, el filósofo,
no incluían las tragedias, cosa que prosiguió hasta la
de Didot en 18445.
En épocas más recientes, cuando se han minusva-
Iorado el fondo o la forma de las tragedias, se las ha
considerado más de una vez impropias del talento y
del carácter de Séneca6.
Por lo general no se han reconocido motivos sufi-
cientes para dudar de que la mayoría sean obra del
filósofo cordobés, si bien se ha negado tal autoría en
una parte más o menos grande del corpus. Aún Rich-
ter7 excluía como espurias Octavia, Hércules en el
Eta, Edipo y Agamenón. Luego, estas dudas se redu-
jeron en Leo8, aparte de Octavia, a Hércules en el
2 Cf. p. ej., G. R ich t br , De Seneca Tragoediarum auctore,
Bonn, 1862, págs. 7 y sigs,
3 «Quorum unus colit hispidum Platona // incassumque
suum monet Neronem, // orchestram quatit alter Euripidis, //
pictum faecibus Aeschylon secutus // aut plaustris solitum so-
nare Thespin, // qui post pulpita trita sub cothurno // ducebant
olidae marem capellae», Carmina 9, 231 y sigs.
4 «Duosque Senecas unicumque Lucanum // facunda loqui-
tur Corduba», I 61, 7.
5 Cf. C osta, «The Tragedies», en Seneca, Londres, 1974, pá-
gina 97.
6 Cf., p. ej., E. F is h e r , «To the question of alleged Senecan
Tragedies», Classical Weekly 38 (1944-1945), 108 y sig.
7 Op. cit., págs. 14 y sigs.
8 F. Leo, De Senecae tragoediis obseruaíiones criticae, Ber-
lín, 1878, págs. 73 y sigs.
10 TRAGEDIAS

Eta, atribuyéndole a Séneca una parte de esta obra y


la otra a un autor que imitaba Las Traquinias de
Sófocles y considerando Edipo y Agamenón como obras
de juventud.
Hoy día hay acuerdo casi unánime en excluir de
la obra de Séneca a Octavia, aun cuando algunos auto-
res reconocen su autenticidad. En lo que respecta a
Hércules en el Eta, las opiniones siguen estando divi-
didas, según veremos en su momento.

2. Cronología
Establecer una cronología de las tragedias de Sé-
neca no es una cuestión de simple curiosidad erudita,
sino algo de gran trascendencia para el estudio de las
propias obras.
El problema cronológico presenta aquí dos vertien-
tes íntimamente ligadas entre sí: la ubicación de las
tragedias a lo largo de la vida de Séneca y el orden
en que fueron escritas. Dicha problemática ha sido
abordada desde muy diversas perspectivas, de las cua-
les la más frecuente ha sido la de intentar reconocer
en las distintas obras alusiones más o menos directas
a personajes, acontecimientos, etc., de la época; es éste
un camino sumamente resbaladizo, como veremos en-
seguida y tendremos ocasión de examinar más ade-
lante.
Así, por ejemplo, Joñas9 propone por esta vía unas
fechas para Medea y Las Troyanas (después de la
vuelta del exilio), para Edipo (después de la guerra
con los Partos), para Fedra (después de la muerte de
9 F. Joñas, De ordine tibrorum Senecae Philosophi, Berlín,
1870, citado por M. S chanz , C. Hosius, Geschichte der romischen
Literatur, II, Munich, 1967 ( — 1935), pág. 458.
INTRODUCCIÓN GENERAL 11
Británico), para Hércules loco (después del año 57), y
para Tiestes (después de la retirada de Séneca de la
vida pública).
Puntos de referencia parecidos a éstos establecen,
por ejemplo, Weinreich, para Hércules loco, suponién-
dola escrita antes del año 54, por haber sido luego
parodiada en la Apocolocyntosis í0, o Cichorius para la
totalidad de las tragedias; éstas habrían sido escritas
después del 51, fecha en que, según él, tuvo lugar la
disputa entre Séneca y Pomponio a que alude Quin-
tiliano (VIH 3, 31)«
Dos cronologías que luego han tenido gran predi-
camento fueron las propuestas por Herrmann y Her-
zog. Según el primero I2, las tragedias pertenecen a los
años en que Séneca estuvo en contacto con la corte de
Nerón: Hércules loco, 54; Tiestes, 55; Fedra, 59: Edi-
po, 60; Las Troyanas, 60-61; Medea, 61-62; Agamenón,
61-62; Hércules en el Eta, 62 13.
Herzog14 propone las siguientes fechas: sobre la
base de ciertas referencias, tales como a la sencillez
de la vida agreste, piensa que Tiestes habría sido es-
crita en los primeros años del destierro (43 d. C.) y
Medea, por sus supuestas alusiones a la expedición
de Claudio a Britania, entre 45 y 46. Para Hércules
loco, aceptando la opinión de Weinreich, propone la
fecha del 48. Fedra sería de la misma época. Las Tro-
yanas serían del 53, anteriores a la Apocolocyntosis.
O. Weinbbic h , Seneca's Apocolocyntosis, Berlín, 1932, pá
ginas 62 y sigs.
11 C. Cic h o r iu s , «Pomponius Secundus und Senecas Trago-
dien», en Rómische Studien, Leipzig, 1922, págs. 462 y sigs.
12 L. H errmann , Le Théátre de Sénéque, París, 1924, págs. 72
y sigs.
13 Obsérvese cómo Herrmann se atiene al orden en que apa-
recen las tragedias en la familia A.
14 O. H erzog, «Datierung der Tragodien des Seneca», Rhei-
nisches Museum, n. s., 77 (1928), 51 y sigs.
12 TRAGEDIAS

Edipo habría sido escrita entre 60 y 61, y Agamenón,


en el año 6215. Las Fenicias y Hércules en el Eta per-
tenecerían a los últimos años de la vida de Séneca.
No es éste lugar para insistir en el carácter com-
pletamente conjetural de la mayoría de los datos pro-
puestos por estos autores. Quizás de todos ellos se po-
drían admitir como fiables algunos puntos de refe-
rencia muy generales, según veremos después.
También tomando base en posibles referencias his-
tóricas de las tragedias, en concreto, pensando que
fueron escritas para instruir a Nerón, A. Sipple las
sitúa después de que Séneca comenzó a ser tutor del
emperador, adoptando además como criterios de fe-
chación la concordancia entre tragedias y el desarrollo
de la relación Séneca-Nerón. Así, Las Troyanas es asig-
nada al año 63; Hércules loco, al 53-54; Las Fenicias y
Medea, al 54-55, y las demás, al período que va del 60
al 65 16.
Junto al criterio de las posibles alusiones históri-
cas, otro factor que parece haber influido en los estu-
diosos, para decidir el orden en que fueron escritas
las tragedias, es la ordenación que de ellas ofrecen los
manuscritos. Ya hemos visto antes cómo Herrmann
sigue el orden de la familia «A». Vamos a ver ahora
algunos otros criterios de quienes, partiendo de moti-
vaciones distintas, se muestran partidarios del orden
de E.
Éste es el caso, por ejemplo, de Hansen17, quien
ve desde Hércules loco a Hércules en el Eta un des-
J5 Pues el asesinato de un rey por una reina estaría en la
mente de Séneca desde que sucedió algo parecido en la dinastía
julio-claudia.
16 A. Siffub, Der Staatsmann und Dichter Seneca ais poli-
tischer Erzieher, Würzburgo, 1938.
17 E. H ansen, Die Stellung der Affektrede in den Tragodien
des Seneca, Berlín, 1924.
INTRODUCCIÓN GENERAL 13
arrollo de la técnica de Séneca en el que han ido co-
brando importancia creciente las «Affektszenen». Así,
mientras en Hércules loco y Las Troyanas predomina
el «Pathosstil», en Las Fenicias se advierte un cambio
hacia el «Affektstil», que se desarrollará luego a partir
de Medea y Fedra. Y así sucesivamente.
B. M. Marti llega a este mismo orden partiendo de
otros presupuestos. Para ella las tragedias forman un
corpus de propaganda de doctrina estoica, claramente
organizado como un todo. Las dos tragedias sobre
Hércules enmarcan un conjunto, dentro del cual que-
dan primero un grupo de dos tragedias a las que da
nombre el coro, Las Troyanas y Las Fenicias, y que
tratan de problemas religiosos; luego, otro grupo de
dos, cuyo título es el nombre de sus heroínas (Medea
y Fedra) y cuyo contenido es básicamente psicológico;
y finalmente un grupo de tres, con nombres de sus res-
pectivos héroes (Edipo, Agamenón y Tiestes), en las
que se plantean problemas éticos l8.
Este mismo orden de E ha sido luego defendido
por Bardon 19, basándose en supuestas referencias his-
tóricas de las tragedias.
En un tercer grupo habría que incluir aquellos
intentos de datación llevados a cabo a partir de crite-
rios internos a las propias tragedias. Así, por ejemplo,
S. Landmaim reconoce elementos de Medea en Hércules
en el Eta y de Las Troyanas en Agamenón, lo cual le

18 B. M. M ar ti, «Seneca's Tragedies. A New Interpretaron»,


Transactions and Proceedings of the Amer. Phil. Assoc. 76 (1945),
221 y sigs. La organización según los títulos de los libros ya la
había propuesto T h . B ir t , «Zu Senecas Tragodien» Rheinisches
Museum, n. s., 34 (1879), 531.
19 H. B ardon, Les empereurs et les lettres latines d’Auguste
á Hadrien, París, 1968, págs. 236 y sigs.
14 TRAGEDIAS

facilita unos puntos de apoyo para establecer una cro-


nología relativa20.
Otras veces ha sido la métrica la que ha dado pie
para sugerencias cronológicas: Münscher organizaba
las tragedias en tres grupos sobre la base de particu-
laridades métricas:
1.° Hércules loco y Las Troyanas, que habrían sido
escritas entre los años 52 y 54.
2.° Fedra, Medea, Agamenón y Edipo, entre 54 y 57.
3.° Hércules en el Eta y Fenicias, entre 63 y 6521.
Del mismo modo Marx22 propone que los gliconios
de Edipo sean anteriores a los de las demás obras.
Paratore23 sugiere los siguientes criterios de orde-
nación:
a) Hércules en el Eta sería la primera, una expe-
riencia juvenil.
b) Hércules en el Eta, Edipo y Agamenón tienen
muchos elementos en común (son las tres de cuya
autenticidad más se ha dudado): Hércules en el Eta y
Agamenón presentan un coro doble; Edipo y Agame-
nón son las únicas tragedias con coros polímetros;
Hércules en el Eta y Edipo superan el límite de los
cinco actos; en ninguna de las tres prevalece Eurípides
como modelo, cosa que ocurre en las otras seis.
c) Desde Hércules en el Eta a Agamenón, pasando
por Edipo, hay un progresivo perfeccionamiento.
20 S. Landman, «Seneca quatenus in mulierum personis effin-
gendis ab exemplaribus Graecis recesserit», Eos 31 (1928), 485
y sigs.
21 K . m ü n s c h e r , Senecas Werke. Untersuchungen zur Abfas-
sungszeit und. Echtheit (Phil, Suppl. 16, 1), Gotinga, 1922, pág. 84.
22 W. Marx, Funktion und Form der Chorlieder in den Se-
neca-Tragodien, tesis doct., Heidelberg, 1932.
23 E, Paratore, Storia del Teatro Latino, Milán, 1957, pági-
nas 256 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 15
En fin, como se habrá podido ver, son muy varia-
dos los criterios a que se ha acudido para fechar y
ordenar las tragedias, y también son muy distintos los
resultados a que se ha llegado. En realidad hay que
reconocer que no existen datos fiables para una data-
ción segura. A lo más que se puede llegar es a admitir
como probables ciertas fechas de referencia. Así, ya
Th. Birt proponía que algunas tragedias pueden fe-
charse antes del 54, que la mayoría son posteriores a
esta fecha y que ninguna es anterior al 49 24.
Se podría admitir25, según los datos de Herzog, que
antes veíamos, un término post quem para Medea y
un término ante quem para Hércules loco. Se podría
admitir asimismo, siguiendo a Cichorius26, que Séneca
estaba interesado en las tragedias alrededor del año 51.
Edipo y Agamenón se pueden considerar cercanos en
cuanto a fecha de composición por sus coros poli-
metros.
Quizás quepa pensar con Leo y Stuart27 que las
tragedias son obra fundamentalmente de juventud o,
con Schanz y Costa n, que Séneca empezó a escribirlas
para llenar las horas de soledad de su destierro. Aun-
que no se pueda probar, no hay tampoco nada en
contra de ello. Pero en general las tragedias pueden
pertenecer a cualquier época de la carrera literaria de
Séneca29. No hay base segura para considerarías es-
pecialmente ligadas a Nerón. Lo mismo podrían estarlo
24 Th. B ir t , «Was hat Seneca mit semen Tragodien ge-
wollt?», Nene Jahrbb. 27 (1911), 352.
25 M. C offey, «Seneca. Tragedies,Report for the years1922-
1955», Lustrum 2 (1957), 150.
26 C. Cic h o r iu s , loe. cit.
27 Leo , De Senecae..., 1. c.; Ch. E. S tuart , Thetragedies of
Seneca, tesis doct., Cambridge, 1907.
28 S chanz -H osius , op. cit., pág. 458; C osta, Séneca, pág. 97.
29 COFFEY, loe. cit.
16 TRAGEDIAS

a Claudio, a Calígula o a Tiberio30. Es ésta la opinión


que hoy prevalece entre los estudiosos de este teatro3l.

3. Condicionamientos socio-cul turales


El teatro de Séneca se halla en una encrucijada
donde se mezclan una serie de factores de índole di-
versa que lo condicionan y explican a la vez. Tales
elementos se centran fundamentalmente en torno a
cuatro puntos:
La tragedia griega, de donde provienen no sólo
la forma literaria, el género, sino también los
temas y argumentos de las obras de Séneca.
El fondo doctrinal estoico que en dichas obras
se respira.
La Retórica como suministradora de una serie
de rasgos formales.
El ambiente socio-político en el que nacieron
estas obras y en el que se desenvolvió su autor.
Se trata, ni más ni menos, de los factores que am-
bientan y condicionan cualquier obra literaria, el en-
torno y la tradición en sus distintas vertientes, socio-
política, filosófica, literaria, estilística, etc. Ninguna se
puede explicar por sí misma sin ser enmarcada dentro
de todos esos parámetros.
De suyo, en lo que respecta al teatro de Séneca,
nunca se han dejado de tener en cuenta los factores
30 R, j. T arrant , Agamemnon, ed. with a comm., Cambridge,
1976, pág. 7.
31 F. G iancot ti, Saggio suite tragedie di Seneca, Cittá di
Castello, 1953, especialmente pág. 29. Para un planteamiento ge-
neral sobre el estado de la cuestión cronológica, cf. I. M uñoz
V al le, «Cronología de las tragedias de Séneca», Humanidades 19
(1967), 316 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 17
antes mencionados. Antes bien, sobre todo a dos de
ellos (la filosofía neoestoica y la Retórica) se les ha
concedido tanta importancia, que han llegado a veces
casi a anular la propia entidad e individualidad de la
obra en sí misma y de su autor, bajo el influjo aplas-
tante de tales corrientes estética y de pensamiento32.
Y ello sobre todo cuando a tales factores cultura-
Ies se ha acudido no tanto con un deseo de explicar
el teatro de Séneca, cuanto de valorarlo: unos, fiján-
dose en la forma, desde la perspectiva de un concepto
convencional y un tanto apriorístico de la propia Re-
tórica, han desdeñado estas obras como engendros de
una hipertrofiada ampulosidad y grandilocuencia, bajo
las cuales no se esconde más que una vaciedad de con-
tenido33. Otros, partiendo de un concepto no menos
convencional y apriorístico del neoestoicismo, se fijan
en el contenido y también minusvaloran estas obras
viendo en ellas poco más que un programa filosófico
(o filosófico-político) y unas intenciones propagandís-
ticas o didácticas, entre la tramoya de un teatro mal
construido34.
Otro tanto, aunque quizás de forma menos estri-
dente, es lo que ha ocurrido con respecto al influjo
32 W. H. Owen , «Commonplace and Dramatic Symbol in Se-
neca's Tragedies», Transactions and Proceedings of the Amer.
Phil. Assoc. 99 (1968), 291.
33 Cf., p. ej., T h. BffiT, «Was hat Seneca...»; A. B alsano,
«De Senecae fabula quae Troades inscribitur», Studi Italiani di
FU. Class. 10 (1902), 44; H. V, Canter, «Rhetorical Elements in
the Tragedies of Seneca», Univ. of Illinois Stud. in Lang. and
Lit. 10, 1 (1925), 1 y sigs.; Leo , De Senecae trag...., págs. 146 y
sigs.; M. W. Mendel l , Our Seneca, New Haven, 1941; R. S c h r ei -
ner , Seneca ais Tragodiendichter, tesis doct., Munich, 1909,
34 Cf., p. ej., E. Ackermann, «Der Leidende Hercules des
Seneca», Rhein. Mus., n. s., 47 (1919), 460 y sigs.; T h . B ir t , op.
cit., y «Seneca», Preuss. Jahrbücher 144 (1911), 282 y sigs.;
H erzog, op. cit.; I. Lana, «Seneca e la poesía», Rivista di Esté-
tica 6 (1961), 377 y sigs.
18 TRAGEDIAS

de la tradición trágica griega o del ambiente político y


social sobre estas obras.
Ninguna de estas cuatro perspectivas se puede ol-
vidar a la hora de estudiar los dramas de Séneca. Ahora
bien, ni es posible valorar cada uno de estos aspectos
por separado, aislándolo de los otros, ni, por supuesto,
se puede dejar de tener en cuenta ni un solo momento
lo que son las obras y el autor en sí mismos. Al abor-
dar su estudio hay que despojarse de todo apriorismo
y de toda «sugestión inverosímil»35.
3.1. Las fuentes literarias del teatro de Séneca
Uno de los pies forzados por los que siempre ha
pasado y sigue pasando el estudio del teatro de Séneca
es el de verse comparado (de ordinario con intencio-
nes valorativas y, por supuesto , con resultado nega-
tivo) con la tragedia griega del siglo v a. C. Como
decíamos antes, el que de todo el mundo grecorro-
mano sólo se hayan conservado completas esas tra-
gedias griegas del siglo v y las de Séneca, que, ade-
más, tienen los mismos temas, hace pensar en seguida
que aquéllas sean la fuente y el modelo de éstas.
Aunque se reconozca para Séneca la influencia de
algunas otras obras y autores posteriores a los trage-
dxógrafos griegos del siglo v, siempre se concibe dicha
influencia como secundaria frente al peso abrumador
que ejercen estos últimos sobre el poeta latino, de
forma que, cuando, como muchas veces ocurre, éste
se aparta en la temática manifiestamente de sus su-
puestos modelos, se intentan explicar dichas diver-
gencias como contaminaciones de varias obras. Se da
así por supuesto, sin pararse a considerar las dificulta-

os Costa, op. cit., pág. 108.


INTRODUCCIÓN GENERAL 19
des que ello entraña36, que Séneca conocía por com-
pleto las tragedias áticas, así como las posteriores de
época alejandrina, cuando no hay pruebas positivas
que lo evidencien, ni parece probable que, por ejem-
plo, las tragedias griegas postclásicas fuesen conocidas
en Roma más acá del siglo II a. C.
De todos modos, una cosa sí es evidente: que en el
teatro de Séneca hay, de una parte, según iremos vien-
do en apartados siguientes, una serie de elementos téc-
nicos y estructurales y, de otra, una serie de temas que
se pueden encontrar igualmente en la tragedia ática
del siglo v. De la temática de esa tragedia Séneca pa-
rece haber escogido aquellos puntos y parcelas que
mejor cuadraban a sus propósitos y a sus principios.
De ahí que de los tres trágicos griegos sea Eurípides
el que parece haber sido el modelo preferido de Sé-
neca 37.
El teatro de Séneca tiene muchos más elementos
comunes con el de Eurípides que con el de los otros
dos grandes tragediógrafos griegos del v; y ello no
sólo en lo que a temas se refiere, sino también en lo
que concierne a un interés común por la especulación
filosófica y por la vida humana, por los golpes de
efecto, por lo patético y por las descripciones pictó-
ricas, por la agudeza de los razonamientos y por las
reflexiones sentenciosas38. Eurípides parece, así, haber
sido el principal modelo en Hércules loco, Las Tro-
yanas, Las Fenicias, Medea y Fedra, mientras que la
36 Tarrant , op. cit., pág. 8.
37 Ya en sus obras en prosa presenta Sénecapoco interés
por Esquilo y Sófocles, frente a un cierto conocimiento de
Eurípides. Cf., p. ej., S. M aguinnes, «Seneca and the poets»,
Hermathena 88 (1956), 81 y sigs.
38 J. W ig h t D uf f , A Literary history of Rome, II: In the
Silver Age from Tiberius to Hadrian, 3.a ed., corregida por
A. M. Duef, Londres, 1964, pág. 207.
20 TRAGEDIAS

temática de Edipo , Agamenón y Hércules en el Eta


parece depender directamente de Sófocles y Esquilo39.
Ahora bien, incluso en este mismo aspecto de la
temática, que parece ser uno de los lazos más fuertes
que unen a Séneca con sus posibles modelos griegos,
las diferencias entre éstos y aquél son muy conside-
rables40. En los casos en que ha sobrevivido la posible
fuente griega se puede ver cómo Séneca unas veces
sigue de cerca aquel original, pero otras se aparta de
él considerablemente41.
La tradición dramática desde la Grecia del siglo v
a. C. a la Roma del siglo i d. C. es lo suficientemente
compleja42 como para hacer imposible cualquier tipo
de dogmatización en este punto de las relaciones de
Séneca con los tragediógrafos griegos y como para que
se haya podido afirmar que las tragedias de Séneca no
son imitaciones de las griegas, sino simplemente re-
creaciones de un material tradicional43.
Y, si esto es así en lo que se refiere a la temática,
cualquier otro tipo de comparación, por ejemplo, en
cuestiones de forma o estructura, con el teatro griego
39 Más detalles sobre estos problemas de fuentes, en las
introducciones que preceden a cada obra. En lo que se refiere
a Tiestes, no ha llegado hasta nosotros ninguna obra griega
que pueda considerarse precedente, aunque sabemos que Só-
focles y Eurípides escribieron obras con este título.
40 Cf., p. ej-, Mendel l , op. cit.; U. M oricca, «Le tragedie di
Seneca», Rivista di Filología e d'istruzione classica 46 (1918),
345 y sigs.; 46 (1918), 411 y sigs.; 48 (1920), 74 y sigs., y 49 (1921),
161 y sigs.
41 A. Lesky, «Die griechischen Pelopidendramen und Senecas
Thyestes», Wiener Studien 43 (1922), 181 y sigs.
*2 O. R egenbogen, «Randbemerkungen zur Medea des Eurí-
pides», Eranos 48 (1950), 33 y sigs.
« O. Regenbogen, «Schmerz und Tod in den Tragodien des
Seneca», en Vortrage der Bibliothek Warburg, 1927-28, Leipzig-
Berlín, 1930, págs. 167 y sigs. (= Kleine Schriften, Munich, 1961,
páginas 411 y sigs.).
INTRODUCCIÓN GENERAL 21
es aún. más arriesgada e insegura. Aunque se vayan
encontrando aquí y allá continuamente detalles, hay
que tener sumo cuidado para no generalizar en lo to-
cante a las fuentes del teatro de Séneca44.
Y, por fin, de lo que ya no cabe duda alguna es de
que, por encima de tales concomitancias estructurales
o temáticas entre el teatro de Séneca y sus anteceden-
tes griegos o latinos, lo que hay en aquél es un plan-
teamiento y un enfoque completamente nuevos de
todos esos elementos tradicionales. Dentro de la ge-
neral conexión temática y literaria del teatro latino
con el griego, quizás no se pueda hablar de puntos de
vista nuevos en la tragedia romana arcaica o de época
republicana, quizás tampoco en Ovidio; pero en Séneca
seguro que sí, de forma que, si en él se reconocen
elementos de origen helénico o reminiscencias de la
antigua tragedia romana, hay que reconocer también
que él les ha conferido una nueva profundidad psíquica,
una tensión peculiar, de forma que «er gibt diesen
Tragodien einen neuen, senecanischen Sinngehalt»45.
Todo ello a consecuencia de que Séneca aborda esta
temática desde una perspectiva completamente nueva,
mejor dicho, diametralmente opuesta a la de los tra-
gediógrafos griegos, a saber, la perspectiva en la que
lo coloca su calidad de filósofo estoico. Para el carác-
ter de la tragedia helénica representa una diametral
inversión la doctrina estoica, que lleva consigo un plan-
teamiento de la culpabilidad humana tan distinto, tan
44 Para una confrontación de las tragedias de Séneca con
las de los tres trágicos griegos del siglo v, tanto en aspectos
formales como de contenido y funcionales, cf. B. S eidensticker,
Die Gesprachsverdichtung in den Tragodien Senecas, Heidelberg,
1970.
45 H. J. Mette, «Die Romische Tragódie und die Neufunde
zur Griechischen Tragodie (insbesondere für die Jahre 1945-1964»),
Lustrum 9 (1964), 193.
22 TRAGEDIAS

opuesto al de los tragediógrafos clásicos, que se ha


podido calificar a aquella doctrina de antitrágica46.
«Séneca llama a sus dramas 'tragedias', pero el nombre
no es a voluntad y acaece que tales dramas tiran a
ser algo muy distinto que trágicos y aun descarada-
mente son antitrágicos. Sus temas están tomados de
la tragedia griega, pero avistados desde una filosofía
antitrágica»47.
No se deben, por tanto, valorar las tragedias de
Séneca por referencia al teatro griego, sino en sí mis-
mas, porque, si del teatro griego toma Séneca unos
temas, unos personajes básicos y unas estructuras
formales todo ello ha sido reelaborado de acuerdo cón
unos presupuestos completamente nuevos y ha surgido
un producto nuevo que lleva en sí la marca y los
rasgos distintivos de Séneca y de su tiempo.
Por lo que respecta a la relación del teatro de Sé-
neca con la tragedia de la Roma republicana, la cues-
tión es aún más intrincada, ya que de esta última no
se ha conservado ni una sola obra completa48. De
todos, mojdos, aunque para algunos autores Séneca sí
debioyi^rse muy influenciado por el antiguo teatro
tráfico romano49, la opinión más generalizada, con
base en los fragmentos que de este teatro se han
conservado y en algunos otros datos indirectos, es la
de que tal relación no debió de ser muy estrecha.
46 S. M ariner , «Sentido de la tragedia en Roma», Rev. Univ.
de Madrid 13 (1964), 463 y sigs.; K. von F rit z , Antike und
moderne Tragodien, Berlín, 1962, págs. 21 y sigs.
47 J. S. Lasso de la V ega, De Sófocles a Brecht, Barcelona,
1970, pág. 239.
48 Cf., p. ej,, W ig h t D uff , op. cit., págs. 202 y sigs.
49 H. M oricca, L. A. Senecae Thyestes, Phaedra, (incerti poe-
tae) Octauia; Hercules furens, Troades, Phoenissae; Medea,
Oedipus, Agamemnon, Hercules Oetaeus, I-III, Madrid, 1949
( = Turín, 1947).
INTRODUCCIÓN GENERAL 23
Ante todo hay que tener en cuenta que en los si-
glos in y ii a. C. la tragedia romana, aun con sus
diferencias, era probablemente comparable, tanto en
temática como en tratamiento, a la tragedia griega50,
y que, por tanto, Séneca en lo fundamental debe esíar
tan lejos de Ennio, Pacuvio y Accio como de Esquilo,
Sófocles y Eurípidessl.
Por otra parte, no es probable que Séneca conocie-
ra bien tales tragedias de la Roma republicana52 (en
sus obras en prosa cita sólo pasajes conocidos a tra-
vés de intermediarios como Cicerón), y aún es menos
probable que tuviera buen concepto de ellas; lo na-
tural es que participara del desprecio de los escritores
de la época por el drama antiguo y que tuviese sus
miras puestas, a través del clasicismo romano, en los
cánones clásicos griegos. Así parece, por ejemplo, de-
mostrarlo la métrica de sus versos: Séneca no escribe
en senarios yámbicos como los dramaturgos romanos
antiguos, sino en trímetros yámbicos, a la manera
griega.
No obstante, y a pesar de que muchos de los para-
lelos establecidos entre las tragedias de Séneca y la
antigua tragedia romana no resisten el análisis, no se
puede dejar de reconocer la posibilidad de lazos de
unión entre ambas.
Por ello, aunque no sea demostrable que Séneca
haya tenido como modelos inmediatos a los tragedió-
grafos latinos de época republicana, la influencia que
éstos pudieron ejercer sobre su teatro debe ser tenida
siempre en cuenta53.
50 H. D. J ocelyn, The tragedies of Ennius, Cambridge, 1967,
páginas 23 y sigs.
5* C osta, «The tragedies», pág. 98.
52 T arrant , op. cit., pág, 12.
53 Una última aportación sobre el tema es el trabajo de
J. J. Gahan , A Grammatical comparaison between the trage-
24 TRAGEDIAS

Y, si arriesgado es establecer relaciones entre Sé-


neca y la tragedia romana de la República, aún más
lo es el intento de establecerlas con la tragedia de
época augústea, por ejemplo, con el Tiestes de Vario
o con la Medea de Ovidio. Es éste un terreno en donde
no se puede ir más allá de la pura hipótesis. Resulta,
no obstante, muy tentador pensar que muchos aspectos
del teatro de Séneca deben de haber tenido preceden-
tes augústeos y que, como apunta Tarrant54, esa sín-
tesis entre mito clásico, cánones formales helenísticos,
elementos de dicción arcaica y gran refinamiento esti-
lístico que nosotros vemos consolidarse en el teatro
de Séneca se haya empezado a producir en época au-
gústea 5S.
De lo que no cabe duda alguna es de la gran in-
fluencia que sobre Séneca ejercieron tres grandes poe-
tas de esa época: Virgilio56, Horacio57 y Ovidio58.
3.2. Condicionamientos socio-políticos
Hemos dicho más arriba que las tragedias de Sé-
neca son algo distinto de las griegas del siglo v a. C.
que conocemos, porque responden a unos condiciona-
mientos completamente nuevos y reflejan una situa-
dies of Seneca and the fragments of early Latín Literature,
tesis doct., John Hopkins Univ., 1969.
5+ Op. cit., pág. 14.
55 Sobre el teatro latino en está época, cf. A. P ociña, «El
teatro latino en la época de Augusto», Helmántica 24 (1973), 511
y sigs.
56 W ig h t Duff, op. cit., pág. 216; E. F a t ham , «Virgil’s Dido
and Seneca’s tragic heroines», Greece and Rome 22 (1975), 1 y
siguientes.
57 Mette, op. cit., págs. 116 y sigs.
58 C. K. K apnukajas, Die Nachahmungstechnik Senecas in
den Chorliedem des Hercules furens und der Medea, tesis doct.,
Leipzig, 1930.
INTRODUCCIÓN GENERAL 25
ción nueva, la de la época de Séneca. Vamos a ver
luego, en apartados siguientes, los factores de tipo
filosófico y de tipo estilístico-literario que condiciona-
ron el nacimiento de esta obra. En realidad, esos dos
tipos de factores no se pueden desligar en modo alguno
de lo que fueron las circunstancias sociales y políticas
del momento, pues, como luego veremos, tanto esa
peculiar forma de pensar, como esa foirma particular
de escribir, son también expresión y consecuencia de
una determinada coyuntura histórica.
Es, pues, simplemente por cuestiones metodológicas
por lo que dejamos para luego los condicionamientos
de tipo filosófico y estilístico, y nos centramos aquí en
factores ambientales estrictamente políticos. Ahora
bien, como luego se irá viendo, aquéllos y éstos están
íntimamente ligados.
Parece haber sido un punto sumamente atractivo
para los estudiosos del teatro de Séneca encontrar en
él alusiones más o menos veladas a las circunstancias
políticas en que nació: a personajes, acontecimientos,
vida de la corte, etc. Y todo ello, además, generalmente
con el propósito de demostrar luego unas determina-
das motivaciones o intenciones políticas en el autor
de las tragedias.
Ahora bien, es éste un terreno sumamente peligroso,
pues, aparte del riesgo de espejismos a que queda ex-
puesto todo el que pretenda realizar la travesía de un
desierto como éste, está la enorme dificultad que en-
traña el hecho de que, como ya vimos antes, no se
conoce con exactitud la fecha en que fue escrita cada
tragedia. Es más, muchas veces se pretende deducir
dicha fecha de aquellas posibles alusiones a elementos
de la época. Se establece así un círculo vicioso: se
acude a los datos históricos de la época para fijar una
cronología de las tragedias y luego, o quizás al mismo
26 TRAGEDIAS

tiempo, se pretenden deducir de dicha cronología tinas


alusiones a las circunstancias históricas.
Teniendo, pues, que partir siempre del texto como
único criterio, «il faut se garder, pour étayer une hy-
pothése, de trouver des allusions historiques»59.
Se ha pretendido ver, por ejemplo, en Hércules loco
882-889 y 996 y sigs. un programa de política pacifista;
en Las Fenicias, un paralelo entre Etéocles - Polinices
y Nerón - Británico, al igual que en Tiestes se ha pre-
tendido reconocer a Nerón en el personaje de Atreo y
a Británico en el Tiestes. Medea ha sido identificada
con Agripina y con Mesalina, y ésta última se ha que-
rido ver representada en Fedra60. Y así podríamos se-
guir prolongando los ejemplos61; en cualquier senten-
cia se ha querido ver según su tono o su contenido una
crítica o un consejo aí emperador, en cada aparición
de un tirano, una alusión a Nerón.
No queremos tampoco decir que Séneca, al escri-
bir sus tragedias, haya sido completamente impermea-
ble, hasta el punto de no dejar en ellas reflejo alguno
de las circunstancias históricas62. Lo que tratamos es
de insistir en el sumo cuidado con que hay que cami-
nar cuando se quiere penetrar por este terreno. Reflejos
generales de la época e incluso alguna conexión con
59 Bakdon, op. cit., pág. 236.
«o w. Rjbbeck, «Phaedra und Messalina», Preuss. Jahrb. 94
(1898), 515.
61 R. B. S tbele, «Some Román Elements in the Tragedies of
Seneca», American Journal of Philology 43 (1922), 1 y sigs.;
B ardon, op. cit., págs. 236 y sigs.; E. E l orduy, Séneca. Vida y
estilo, Madrid, 1965, págs. 187 y sigs.; R. S. Pa t hmana t han , «The
parable in Seneca's Oedipus», Nigeria and the Classics 10 (1967-
68), 13 y sigs.
62 Sobre el posible trasfondo político de ciertos pasajes de
Las Troyanas y Tiestes, cf. M. Coffey, «Seneca and Jiis Trage-
dies», The Proceedings of the African Classical Association 3
(1960), 18-19.
INTRODUCCIÓN GENERAL 27
determinados acontecimientos pueden dejarse ver de
vez en cuando63. Pensar lo contrario sería absurdo e
iría contra la realidad que las propias tragedias dan a
entender: los lazos que unen a Séneca con el mundo
romano, con su época, son tan fuertes que comete a
veces anacronismos, utilizando en un ambiente griego,
como es el de las tragedias, términos que aluden a
costumbres o instituciones claramente romanas64.
Pues bien, como dijimos antes, más o menos direc-
tamente, sobre la base de todo este tipo de alusiones
a las circunstancias históricas ambientales, se ha pre-
tendido ver en las tragedias de Séneca unas motiva-
ciones e intenciones más o menos políticas, sobre todo
en el sentido de reconocer en ellas la expresión de
una oposición a los Césares. Un trasfondo político así
vio en estas tragedias Boissier65. Y Steele66 dice: «The
tragedies are political essays in which Seneca assigns
to Greek characters his own views in regard to Román
conditions.» Para Bardon67, en cambio, las tragedias
de Séneca no podrían encajar dentro de la llamada
literatura de oposición, pues, ni la atmósfera romana
de la época habría podido darles ese valor, ni sería
verosímil que Nerón hubiese tolerado, y menos de su
ministro, unos ataques tan continuos.
Dice esto en la idea de que todas las tragedias de
Séneca fueron escritas antes del 63 y además según el
orden de E. Partiendo de tan frágil base es como Bar-
don le niega el carácter de teatro de oposición y pos-
tula para ellas algo completamente opuesto: para él
63 Cf.,p. ej., S teele,op. cit., págs. 4 y sigs.;B ardon, toe. cit.
ó* Wig h t Duff, op.cit., págs. 215 y sigs.; S teele, op. cit.,
páginas 29 y 30.
65 G. B oissier , L’opposition sous les Césars, París, 193010,
páginas 83 y sigs.
66 Op. cit., pág. 2.
67 Op. cit., pág. 239.
28 TRAGEDIAS

las tragedias de Séneca son una obra «neroniana», al


igual que las églogas de Calpurnio o los cuatro prime-
ros libros de la Farsalia. Las tragedias habrían sido
escritas, según él, por instigación de Nerón, para se-
cundar las aficiones dramáticas del emperador68 y no
traducirían ningún tipo de antagonismo, sino que se
reflejarían en ellas los mismos temas de la Edad de
Oro, de la paz o de un emperador apolíneo utilizados
por Calpurnio, por el autor de los Carmina Einsiedlen-
sia o por Lucano; «elles participent ainsi á cette réno-
vation qu'encouragea Tenthousiasme de Nerón pour
les lettres»69.
A nuestro modo de ver, no parece ser ésta la tona-
lidad dominante en las tragedias. Por otra parte, la
conclusión de Bardon descansa sobre la frágil base
de una datación insegura y de un orden interno aún
más inseguro. E, incluso suponiendo que las tragedias
se inscribieran en ese movimiento renovador de los
primeros años neronianos, no por esto dejaría de sen-
tirse menos en ellas el peso de la tiranía, la fuerte
represión, el dolor y el sufrimiento de los hombres
de la época.
Ahora bien, tampoco queremos con esto decir que
haya que ver en las tragedias de Séneca un teatro de
oposición70. Hasta los que recientemente han defendido
esta última teoría71 aplican tal calificativo con sordina,
en el sentido de que, si así fuera, se trataría de una
oposición sumamente mediatizada tanto por el carác-
68 S u eton io, Ñero 11, 12, 21, 23, 46; Dión Casio, LXIII 9-10
y 20.
69 Bardon, op. cit ., pág. 240.
70 Cf., p. ej., M. Morford, «The Neronian literary revolution»,
The Classicál Journal 68 (1972-1973), 210 y sigs.
71 G. C. Giardina, «Per un inquadramento del teatro di
Seneca nella cultura e nella societa del suo tempo», Riv. Cúlt.
Class. Med. (1964), 179 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 29
ter aristocrático de esa oposición estoica (Séneca, Lu-
cano, etc.), cuanto por la forma misma de expresión
artística, el género trágico, un vehículo más adecuado
para idealizar y unlversalizar sentimientos y persona-
jes que para unos contenidos concretos de lucha contra
una situación política concreta72.
El teatro de Séneca no responde, así, a una litera-
tura de circunstancias favorecida por las tendencias
políticas o las aficiones literarias de un emperador. El
teatro de Séneca no es tampoco un teatro de oposi-
ción, una literatura de combate, sobre todo en el sen-
tido en que hoy entenderíamos tales términos. Pero
ello no quiere decir que no esté profundamente arrai-
gado en el contexto histórico y social en que nació,
sino que, al contrario, lo refleja perfectamente. Y no
sólo porque naciera, como vamos a ver enseguida, bajo
el impulso de una corriente filosófica y bajo unas for-
mas de expresión literaria que, al igual que aquella
doctrina filosófica, eran ya en sí reflejo de una cir-
cunstancia histórica, sino porque este teatro en sí
mismo, con su planteamiento de la oposición entre la
ratio y el furor, entre la humilde pobreza y la ambi-
ciosa riqueza, entre la libertad interior y la inestabi-
lidad de la fortuna, es la forma de expresión de un
hombre inmerso en una sociedad y en un momento
histórico duros y conflictivos. De forma que, si Séneca
en sus escritos en prosa, dentro de la serenidad expo-
72 «II dramma fu forma espressiva fiorente o perfino domi-
nante in quei periodi storici, in cui si credette di avere raggiun-
to al di sopra del tempo e della storia, come nel quinto secolo
in Atene o nell’era elisabettana in Inghilterra o nel «siglo de
oro» in Spagna. Ma le etá di tormento dibattito fra vecchio e
nuovo o perfino di lotta cruenta... come appunto I'etá di Seneca,
desiderano, piuttosto che l’ideale e il típico del teatro trágico,
il concreto e il particolare della letteratura di bataglia, la prosa
delle Epistole a Lucilio», G iardina, «Per un inquadramento...»,
página 180.
30 TRAGEDIAS

sitiva de una obra filosófica, se raanifesta como «un


intelectual que se interroga, reflejando una crisis de
conciencia que es, probablemente, la crisis espiritual
común del imperio romano de su tiempo»73, en esta
obra poética, dejando en libertad sus emociones y
sentimientos, se muestra también como un reflejo del
sufrimiento humano, del dolor del mundo, de la into-
lerabilidad de una vida, más dura que la misma muerte
para la inmensa mayoría de los miembros de la so-
ciedad imperial del siglo i d. C.
3.3. El estoicismo y las tragedias de Séneca
Los presupuestos filosóficos del teatro de Séneca
son incuestionables. Estamos ante una literatura nacida
bajo la influencia del neoestoicismo74. Séneca trágico
no se puede separar de Séneca filósofo: por muy atraído
que estuviera por la tradición dramática griega, estaba
básicamente condicionado por una determinada visión
del mundo, la que le daban sus ideas filosóficas. Los
postulados del neoestoicismo sobre el cosmos, sobre
el hombre, sobre la religión, la psicología, la ética, la
vida, la muerte, son los pilares sobre los que se cons-
truye esta arquitectura7S.
Las tragedias de Séneca presentaban una aplica-
ción del pensamiento estoico, tanto en un sentido po-
73 A. F o n t á n , Humanismo Romano, Barcelona, 1974, pági-
na 143. «Una societá e un momento storico, in cui per la prima
volta sotto spinta delle contradizioni interne un sistema giuri-
dico-economico (e quindi un’etica stessa di vita), fondato su
secoli di vitalita, entra nella sua crisi definitiva», Giardina, «Per
un inquadramento.. pág. 179.
74 F. E germann, «Seneca ais Dichterphilosoph», Neue Jahrb.,
n. s., 3 (1940), 18 y sigs.
75 B. M. Mar ti, op. cit., y «The prototypes of Seneca’s tra-
gedies», Classical Philology 42 (1947), 1 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 31
sitivo como negativo76, es decir, tanto en las virtudes
que alaba como en los vicios que fustiga.
Recurrentes a lo largo de toda la obra son temas
como la defensa de la ratio frente al furor (Hércules
loco 109, 1134; Fedra 184; Tiestes 10Í, 253; Medea 339,
396, etc.), de la vida pobre y humilde frente a la am-
bición y las riquezas (Hércules loco 198, 201; Tiestes
391-400; Fedra 207-215; 1124-1129; Agamenón 102-107;
Hércules en el Eta 644-670), una incitación a la verda-
dera libertad, que es la interior (libertad de temor:
Tiestes 389; libertad de pasión: Tiestes 390; libertad
de ambición: Tiestes 350), al dominio de sí mismo
como ideal supremo (Medea 176) 77.
Toda esta filosofía es a veces puesta en boca del
coro o de los personajes, pero sobre todo está encar-
nada en muchos de estos últimos: Astianacte y Polí-
xena en Las Troyanas, Tántalo, el hijo de Tiestes,
Hipólito, Tiestes, Yocasta, Antígona y, de un modo
especial, Hércules78.
Con todo, no son estas actitudes estoicas lo más
destacado, sino todo lo contrario, las dificultades que
encuentran para relizarse. La vida se presenta así como
algo sumamente duro, en ella el hombre a veces deso-
lado, abandonado de los dioses (Tiestes 1070 y sigs.,
Medea 1027) ha de debatirse en medio de una serie de
contrariedades que lo pueden llevar incluso a desear
abandonar dicha vida79. Todo ello, además, por obra
de la inestabilidad de la fortuna (Hércules loco 325
y sigs.; Tiestes 596-598; Fedra 204 y sigs., 978-980; Las
Troyanas 5, 259-261; Medea 219-222; Agamenón 101 y
76 N. T. P rat t Jr., «The Stoic Base of Senecan Drama»,
Transactions and Proceedings of the Amer. Phil. Assoc. 79 (1948),
1 y sigs.
77 Giardina, «Per un inquadramento...», págs. 178 y sigs,
78 P ratt , «The Stoic Base...», págs. 6 y sigs.
79 G iardina, «Per un inquadram ento...», pág. 179.
32 TRAGEDIAS

sigs., 247 y sigs., 928 y sigs.; Hércules en el Eta 641-


643) y de la atrocidad de las pasiones, que desvían al
hombre del camino recto80. De ahí provienen todos los
crímenes y desastres que constituyen la temática de
las tragedias: la apasionada criminalidad de los grie-
gos en Las Troyanas, de Medea, de Fedra, de Deyanira,
la hybris de Agamenón o de Hércules, la perversidad
de Atreo, etc.81.
Lo trágico surge así de la lucha que en el interior
dél hombre se entabla entre fuerzas antagónicas82. Es
en medio de ese mundo violento donde se debate el
hombre, pasando por situaciones de fuerte intensidad
emocional. Y esa misma tensión emocional de las tra-
gedias de Séneca, si bien tiene raíces y condicionamien-
tos en la tradición literaria, en la propia literatura
de la época, en los componentes retóricos que la inte-
gran e incluso en la violencia real de aquellos tiempos,
no cabe duda de que es también otro rasgo estoico:
late ahí la idea de que la adversidad es el yunque en
que ha de forjarse la virtud, la idea de la glorificación
en la adversidad83.
La base estoica del teatro de Séneca es, pues, in-
discutible. Ahora bien, ¿cuál era la finalidad concreta
de estas obras? ¿Qué intención animaba a Séneca
cuando pensó en ellas?
Para unos, como, por ejemplo, B. M. Marti, lo que
Séneca pretende en las tragedias no es otra cosa que
la exposición programática de una doctrina filosófica,

80 Egermann, loe, cit.


si P rat t , «The Stoic Base...», loe. c it
82 A. M. M arco signo r i , «II concetto di virtus tragica nel
teatro di Seneca», Aeuum 30 (1960), 217 y sigs.; R. W. T obin ,
«Tragedy and catastrophe in Seneca’s Theater», The Class.
Journal 62 (1966), 64 y sigs.
83 P ratt , «The Stoic Base...», pág. 8.
INTRODUCCIÓN GENERAL 33
con afán proselitista84. Tomando como canónico el
orden en que aparecen las tragedias en la recensión E,
presupone Marti, según ya vimos, que Séneca las com-
puso en ese orden, concibiéndolas como un todo orgá-
nico, estructurado así con vistas a la propaganda de
doctrinas neoestoicas. A pesar de su acertada descrip-
ción de los temas estoicos de cada una de las piezas,
la teoría de.Márti tiene entre otros fallos el de partir
de una croi^olgía/cuya autenticidad no está demostrada
y el de dar "por supuesta la autenticidad de Hércules
en el E ta65.
Sobre esta misma finalidad didáctica insisten tam-
bién autores como Egermann86, para quienes las trage-
dias tienen el valor didáctico de unos exempla, simi-
lares a los que suelen utilizar los estoicos en sus
enseñanzas, tratando de probar por este camino no
ya sólo la función didáctica de las tragedias de Séneca,
sino también el carácter y las raíces estoicas de tales
propósitos didácticos. En este sentido, Séneca no ha-
bría hecho más que colocarse en la tradición de las
tragedias filosóficas de Crates de Tebas, de Herilos de
Cartago, etc.87.
Se ha insistido también en el carácter didáctico de
las tragedias, relacionándolas con los propios escritos
filosóficos de Séneca y especialmente con la concep*
84 B. M . M a r ti, «Seneca's Tragedies» y «Place de VHercule
sur VOeta dans le corpus des tragédies de Sénéque», Revue des
Études Latines 27 (1949), 189 y sigs.
85 C offey, «Seneca. Tragedies», pág. 158; C osta, «The Tra-
gedies», pág. 108.
86 E germann, loe. cit.
87 Sobre una idea parecida ha insistido también Marti, «The
prototypes...». Ahora bien, ésta es una hipótesis indemostrable
por muchísimos motivos, entre los que no es el de menor
importancia el hecho de que no sabemos si estos escritos filo-
sóficos eran o no auténticas tragedias en el sentido tradicional
del término: C offey, «Seneca. Tragedies», págs. 156 y 158.
34 TRAGEDIAS

ción didáctica de la poesía que de ellos parece dedu-


cirse (Ep. 8.8.) y con el empleo que allí se hace de
exempla de tema mitológico88.
En nuestra opinión los valores didácticos de estas
obras senecanas son evidentes. Ahora bien, lo que ya
no es tan evidente es que hayan sido precisamente esos
motivos didácticos los que hayan movido a Séneca a
escribir estas obras; eso no lo hemos visto demostrado,
ni lo consideramos demostrable.
Hay, sí, en las tragedias una evidente base estoica.
Pero de ahí no se puede pasar a decir que hayan sido
compuestas con un propósito uniforme y planificado,
como un programa formal de enseñanza estoica. ¿Qué
razón de ser89 tendría utilizar la forma dramática,
cuando esa misma enseñanza la estaba ya haciendo
su autor en sus escritos en prosa?90.
Y aún más difícil de probar que el carácter pre-
ponderante de esta intención didáctica, planteada así,
en términos generales, es querer fijar el destinatario
de esas enseñanzas. Y esto no ya en términos gené-
ricos, como cuando se habla de que fueron pensadas
para adoctrinar a un público selecto de círculos redu-
cidos91, sino llegando a considerarlas una obra ad
usum delphini, concebida por Séneca para adoctrinar
filosófica y políticamente a Nerón92.
l'88 U. K noche , «Senecas Atreus, Ein Beispiel», Antike 17
(1941), 63.
89 C offey, «Seneca and his...», pág. 19: «there is no reason
to suppose that it was intended as a work like De Clementia
to instruct Ñero. There is too much in Thyestes as in every
other play by Seneca that cannot be expJained as didactic».
90 Costa, «The tragedies», pág. 108.
m K no che , op. cit.
92 Esta idea, planteada por Birt, «Was hat Seneca...», h a
sido luego recogida por otros autores, com o S ipple, op. cit.;
I. Lana, Lucio Anneo Seneca, Turín, 1955, págs. 180 y sigs;
Elorduy, op. cit., págs. 187 y sigs., y últim am ente, por A. Po-
INTRODUCCIÓN GENERAL 35
Excluida, por tanto, una específica finalidad didác-
tica en las tragedias de Séneca (lo cual no invalida
sus posibles valores didácticos), ¿qué razón dar de
ese más que evidente trasfondo filosófico de la obra?
A nuestro modo de ver, todo ese contenido no hay
que valorarlo tanto en función de unos destinatarios,
cuanto desde la perspectiva del propio autor. Es decir,
recurriendo a la terminología lingüística, no se trata
tanto de una función o finalidad actuativa, cuanto de
tina manifestación o síntoma.
Séneca ha utilizado unos temas de la tragedia griega
y los ha recubierto de una compleja arquitectura de
procedimientos retóricos, para dar forma literaria a
unas ideas y a unos sentimientos sobre el hombre, y,
sin duda, sobre sí mismo, en medio de las violencias
y sufrimientos de aquellos años de tiranía bajo Ca-
lígula, Claudio o Nerón93. ¿Que esas ideas y senti-
mientos están en la línea del neoestoicismo? No cabía
esperar otra cosa en el representante más destacado
de esta corriente filosófica, que precisamente había
resurgido en aquellos años como un replegamiento de
los hombres sobre sí mismos, como un intento de li-
beración interior frente a la dura crueldad de la tiranía.
Lo que Séneca busca en sus dramas es sobre todo
explorar las tensiones y luchas de la existencia hu-
mana, especialmente en situaciones desesperadas o casi
desesperadas, tipificadas e iluminadas por los persona-
jes de la leyenda94. Los temas de las tragedias han
sido seleccionados entre los que podían suministrar
ciña, «Finalidad didáctico-política de las tragedias de Séneca»,
Emérita 44 (1976), 279 y sigs.
93 «Seneca used the post-Ovidean development of high poetry
and also his own personal political experience to express the
psychological and ethical thought of Stoic philosopher», C offey,
«Seneca and his...», pág. 19.
94 C osta, «The tragedies», págs. 109 y sigs.
36 TRAGEDIAS

abundante material para un estudio profundo de las


pasiones humanas y han sido remodelados según unas
formas de expresión literaria y de acuerdo con unas
condiciones políticas en las que se sentía la imperiosa
necesidad de dirigir todos los esfuerzos de la inteli-
gencia y todos los intentos de expresión artística hacia
el estudio de la vida interior, si no se quería seguir
por el camino, ciertamente más fácil, de la frivolidad.
Los años de tiranía habían puesto fin a todo tipo
de libertades. Y, si esa falta de libertad había traído
consigo la ruina de la elocuencia y de otras formas de
expresión y de pensamiento, eran a su vez el arte y la
filosofía los que iban a intentar proporcionar alivio a
aquellos espíritus agobiados bajo el peso de la tiranía.
Fue así como surgió la filosofía neoestoica, como re-
fugio de unos ánimos que, ante la adversidad exte-
rior, se replegaban sobre sí mismos y, dentro de un
elevado ideal de moralidad, trataban de encontrar en
la propia conciencia los gérmenes de una nueva feli-
cidad 9S.
Los conflictos y luchas que, como veíamos antes,
constituyen la temática de estas tragedias, son los con-
flictos de los hombres de la época y la lucha interior
del propio Séneca, planteados a la luz de las doctrinas
neoestoicas%. Es el Hombre (sin duda, también, el
hombre-Séneca) el que aquí se presenta enfrentado
consigo mismo. «II punto fócale trágico in Seneca...
sta... nell'avere assunto a pietra di parangone dell'azio-
ne umana non il vecchio monito d'una pietá d'origine
95 M oricca, «Le tragedie...», pág. 346. Cf. también A. T raína,
«Lo stile drammatico del filosofo Seneca», Belfagor, Rass. di
varia umanita XIX, 6 (1964), 625 y sigs.
96 De ahí, por ejemplo, el interés que siempre muestra por
la caracterización y el retrato de los personajes, cf. E. C. E vans,
«A Stoic aspect of Senecan Drama: Portraiture», Trans. and
Proceedings of the Amer. Philol. Assoc. 81 (1950), 169 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 37
teologale, in cui ormai nessuno credeva, ma una norma
etica controllata e difesa dalla filosofía che in quel
tempo aveva piü crédito a voce» (el estoicismo)97.
De ahí el profundo sentido ético de estas obras. AI
igual que las obras en prosa versan casi todas sobre
una filosofía moral práctica, así «la intención princi-
pal de las tragedias de Séneca es también moral... Lo
que caracteriza el estilo trágico de Séneca es un pathos
intensificado... Séneca no se empeña en una catarsis
aristotélica, sino en una especie de shock moral»98.
El hombre, por tanto, es el centro de estas trage-
dias99. El sufrimiento humano en todas sus formas
(formas dolor errat per omnes, Hércules en el Eta
252-253) subyace como motivo fundamental en todas
ellas 10°. Es la tragedia del hombre frente a los capri-
chos de la fortuna, la infatuación bajo cuyos efectos el
hombre arrastra sobre sí mismo el mal y sucumbe
destruido por sus propias pasiones1M.
No interesan a Séneca tanto unos personajes, unos
individuos concretos, cuanto unos tipos paradigmáti-
cos, en los que se representa al hombre víctima de unas
pasiones destructivas.
97 C. del G rande, TPAFQI AI A, Milán-Nápoles, 1952, pág. 195,
citado por Giardina, «Per un inquadramento...», pág. 178.
93 L. B tet.hr , Geschichte der Romischen Literatur = Historia
de la Literatura Romana [trad. M. S ánchez G i l ], Madrid, 1965,
página 269.
99 «Lo más característico del teatro trágico senecano, dis-
cutido en cuanto a teatro, en cuanto a tragedia, en cuanto de
Séneca, lo constituye el esfuerzo prometeico de robar a los
dioses la antorcha trágica para otorgarla a los hombres»,
M ariner , op. cit., pág. 480.
100 R egenbogen, «Schmerz und Tod», passim.
101 E. H ansen, Die Stellung...; K. T rabert , Studien zu Dars-
tetlung des Pathologischen in den Tragodien des Seneca, tesis
doct., Erlangen, 1935; M. P oh l enz , Die Stoa, Gotinga, 1948;
R. Argenio , «La vita e la morte nei drammi di Seneca», Riv. St.
Class. 17 (1969), 338.
38 TRAGEDIAS

Es ese hombre y son esas pasiones lo que parece


interesar a Séneca por encima de todo, incluso por
encima de las propias doctrinas filosóficas. De ahí su
interés por la profundización psicológica, en un aná-
lisis que lo lleva en ocasiones más allá de la misma
teoría filosófica. Así, por ejemplo, en Eurípides el mo-
nólogo de Medea (Medea 1078 y sigs.) está trazado, de
acuerdo con Crisipo (SVF III la4), como demostración
de una teoría intelectiva; en Séneca se presenta tam-
bién como una lucha entre la razón y la pasión, pero
no queda en eso, sino que también es un conflicto
entre los sentimientos de venganza y de amor mater-
nal; y este conflicto está presentado en términos que
van más allá de la estricta teoría filosófica.
Hombre y destino en las tragedias de Séneca son
centros de interés por sí mismos y no meras ilustra-
ciones de la teoría estoica m; en eso radica el principal
contraste de las tragedias con la obra en prosaI03.
3.4. La Retórica y las tragedias de Séneca
Otro de los aspectos que más se ha destacado siem-
pre al analizar las tragedias de Séneca ha sido el de
su componente retórico o declamatorio104. Desde Leo103
y Nisard106 casi hasta nuestros días se ha venido insis-
tiendo en ello casi sin interrupción.
102 Cf., p, ej., M. Cacciaglia, «L'etica stoica nei drammi di
Seneca», Rendiconti dell'Instituto Lombardo 108 (1974), 78 y sigs.
103 P oh l enz , op. cit., pág. 326.
lo* Costa, «The tragedies», pág. 98.
ios De Senecae tragoediis..., passim.
106 0 , Nisard, Études de moeurs et de critique sur les poetes
latins de la décadence, I, Bruselas, 1834, págs. 118 y sigs. Las
denomina allí «tragedie de recette», de una receta cuyos in-
gredientes son siempre los mismos: descripciones, declamacio-
nes y sentencias.
INTRODUCCIÓN GENERAL 39
Por lo común el calificativo de «retóricas» se les
suele aplicar a estas tragedias con una intencionalidad
valorativa y generalmente en un sentido negativo, que
a veces ha llegado a ser tan intenso como para consi-
derarlas indignas de un escritor como Séneca107.
Se ha destacado una y otra vez su dicción altiso-
nante y artificiosa, la falta de naturalidad con que ha-
blan los personajes, el gusto por lo horripilante que
llega en ocasiones hasta el ridículo108, la absoluta con-
vencionalidad y exagerada erudición en el empleo de
alusiones mitológicas y geográficas 109, el gusto por apa-
riciones, escenas infernales y escenografías tenebrosas,
el recurso a la magia y la locura como temas propios
de una retórica melodramática110.
Por lo general esta infravaloración de la forma de
las tragedias de Séneca se ha debido a que se partía
de unos prejuicios y convencionalidades acerca de la
Retórica similares a los que veíamos antes al hablar
del estoicismo; de manera que, si desde esa postura
allí se juzgaba severamente el contenido, las motiva-
ciones de la obra de Séneca, ahora se hace aquí otro
tanto con respecto a los resultados, a la forma.
Han ayudado también a tal infravaloración la im-
popularidad de la Retórica en los últimos tiempos y la
peculiar disociación que en las modernas concepciones
de la crítica literaria se establece entre lo que hoy se
107 Cf., p. ej., Paratoke, Storia..., pág. 247, y bibliografía allí
citada.
ios Paratore, loe. cit.
109 cf. p. ej., W ig h t Duff, op. cit., págs. 207 y sig.
no E. E it rem , «La magie comme motif littéraire chez les
Grecs et les Romains», Symbolae Osloenses 21 (1941), 69 y sigs.;
M. V. B raginton, The supernatural in Seneca’s tragedies, tesis
doct., Yale, Menasha, 1933; A. O'B rien -M oorb, Madness in An-
cient Literature, tesis doct., Princeton, Weimar, 1924, págs. 202
y sigs.
40 TRAGEDIAS

entiende por creatividad poética y las estrictas normas


de la antigua preceptiva retórica m.
A pesar de todo, no siempre ha tenido sentido ne-
gativo la aplicación del calificativo de «retóricas» a las
tragedias de Séneca y no faltan quienes han empleado
tal calificativo no en el sentido de una vana ampulo-
sidad, sino en el de una auténtica oratoria al servicio
de la expresión y comunicación de unos contenidos m.
En realidad, toda la literatura latina desde sus co-
mienzos se ha desenvuelto más o menos dentro de las
coordenadas de la Retórica, sobre todo en lo que se
refiere a la literatura en prosa. En la poesía el influjo
de la Retórica se empieza a hacer notar intensamente
en el siglo i 113.
Si la Retórica había venido formando a los jóvenes
romanos de la República para el Foro, con la llegada
de la tiranía y la pérdida de las libertades públicas, la
Retórica había empezado a perder parte de su sentido
sustancial y a hipertrofiar su forma entre los alardes
de una huera palabrería de salón y de una literatura
cortesana, pasando de haber sido fundamentalmente
el yunque donde se forjaron los oradores para los de-
bates públicos, a ser la norma general tanto de un
vano arte declamatorio como de una expresión lite-
raria a la que las circunstancias políticas no permitían
ser otra cosa que eso, expresión y forma.
Las técnicas de enseñanza de esta retórica las co-
nocemos bien y sobre todo los dos tipos de ejercita-
ciones que se solían proponer en las escuelas a los
alumnos: las «suasorias» (discursos de tipo delibera-
tivo que solían ser puestos en boca de personajes cé-
Owen, op. cit.
112 Cf., p. ej., G iancot ti, op. cit.; P. J. E nk, «Rom án Tra-
gedy», Neuphiíoíogus 41 (1957), 282 y sigs.
113 S. F. B o n n e r , Román Declamation, in the late Republic
and Barly Empire, Berkeley, 1949.
INTRODUCCIÓN GENERAL 41
lebres de la Historia o de la Mitología, imaginándolos
en una situación límite) y las «controversias» (una
modalidad ligada a la elocuencia judicial y consistente
en un debate en torno a un problema ético o legal)1I4.
Se buscaba en estos ejercicios que los alumnos ad-
quiriesen destreza e inventiva en el manejo de la len-
gua, que aprendieran a encontrar argumentos sutiles
más que a profundizar en los temas, que supiesen
utilizar todo un tinglado de trucos y fiorituras para
alcanzar una expresión brillante, sobrecargada de imá-
genes, llena de estridentes antítesis y demás efectis-
mos, entre los que no cabe olvidar la «sentencia», uti-
lizada como broche de oro, como fórmula mágica
dentro de toda esta artificiosa técnica de la persuasión.
Este tipo de retórica declamatoria era la que había
invadido la producción literaria latina del siglo i, hasta
tal punto que hoy en muchos casos nos resulta impo-
sible distinguir entre retórica y literatura115. Si, por
tanto, era éste el ambiente literario de la época, no es
de extrañar que esa simbiosis de retórica y literatura
se produjera de forma completa en un hijo y en un
nieto de quien había sido un maestro en aquella dis-
ciplina: en Séneca y en Lucano. Si además tenemos en
cuenta la concomitancia que entre tragedia y retórica
había habido tradicionalmente en el mundo romano 116,
es, si cabe, más justificable el predominio absoluto de
la técnica retórica en las tragedias de Séneca.
A^í; p^ies, el componente retórico o declamatorio en
estos dramas es algo más que evidente. Ahora bien, lo
que no se justifica es infravalorarlas sin más, por la
simple presencia de tales elementos declamatorios, en
114 H. I. Marrou , Histoire de Véducation adns l’Antiquité =
Historia de la educación en la Antigüedad [trad. J, R. M ayo ],
Buenos Aires, 1965, págs. 248 y sigs.
lis C osta, «The Tragedies», pág. 100.
H6 M ariner , op. cit., págs. 475 y sigs.
42 TRAGEDIAS

la idea de que esa presencia de la retórica imposibi-


lita todo rasgo de originalidad y de auténtica belleza
expresiva. Por un lado, se ha de tener en cuenta que
ese tremendismo, ese exceso de expresividad, esa so-
brecarga mitológica de que se acusa a Séneca quedan
hasta cierto punto justificados teniendo en cuenta el
marco en que probablemente nacieron algunas de las
tragedias: la corte de Nerón era especialmente propicia
para equiparar vida y mito, sobre todo la versión
trágica del mito117. Por otro lado, para poder valorar
en sus justos términos el indiscutible componente re-
tórico de las tragedias, hace falta acometer un estudio
sin prejuicios y, mediante un detenido análisis, tratar
de distinguir lo que es simplemente un tópico de lo
que no lo es. En efecto, un mismo tema que aparece
una y otra vez, como un lugar común, sin más valor
estético, puede en un determinado momento cobrar
significado y pasar de ser un tópico a convertirse en
algo plenamente original y significativo que domina
todo el plan de una obra118. Sólo así se podrá com-
probar que dentro de una temática tradicional y dentro
del marco supuestamente estrecho de la preceptiva
retórica existen posibilidades de originalidad creadora
y que de hecho esa originalidad se da también en las
tragedias de Séneca. «By the expansión of conventional
usage into dramatic symbol, by the investigation of
new innuendos within conventional meanings, Seneca
H7 «Just after Agrippina was murdered, we remember, pla-
cards appeared in the public places of Rome comparing the
matricide Ñero to Alcmaeon and Orestes», C. J. H ering ton,
«Octauia Praetexta: A Survey», Classical Quarterly (1961), 19.
Owen, op. cit., ha demostrado esto con un tópico tan
manido como las imágenes tomadas de la actividad estelar y
celeste. Cf. también M. Cini, «Mimdus in Seneca trágico. Tra-
dizione e variazione di un poetismo», Quaderni dell'Jstituto di
Fitología dell’Universitá di Padova 3 (1974), 61 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 43
can achieve not only the revitalization of the meta-
phors and symbols themselves, but substantial new
interpretations of the myths as well»1I9.
Quizás, como indica Costa, la originalidad de Sé-
neca no esté tanto en haber intentado explorar las
tensiones y luchas de la existencia humana, según
veíamos antes, cosa que ya habían hecho otros, cuanto
en concentrarse en la formulación de los argumentos
con que se justifican a sí mismos los individuos en
conflicto, empleando todos los recursos de la decla-
mación que él manejaba magistralmente120.
Esto (y seguimos citando a Costa) conlleva cierta
superficialidad: la profundización psicológica, el des-
arrollo de una reflexión o de un diálogo quedan fre-
cuentemente entorpecidos por el artificio de inútiles
recursos retóricos. Su formación y sus hábitos decla-
matorios llevan muchas veces a Séneca a fijarse más
en la filigrana lingüística de las argumentaciones que
en el propio desarrollo de la trama y de los personajes.
Pero no es tanto en la profundización psicológica cuan-
to en la forma en que se expresa en lo que reside aquí
la maestría.
Es por este camino por el que se puede llegar a
entrever la posible originalidad de Séneca121, que, par-
tiendo de los temas y de la estructura de la tragedia
griega, generalizando y exagerando a veces los trazos
de unas figuras tipo según la norma del mundo de la
declamación y de la retórica, ha intentado crear una
nueva forma de expresión literaria, el drama declama-
torio. «Istae uero non sunt tragoediae, sed declamatio-
119 Owen, op. cit., pág. 313. Para una refutación de muchas
de las críticas que frecuentemente se suelen hacer contra este
teatro, cf. G. C. Giardina, Caratteri formali del teatro di Seneca,
Bolonia, 1962.
120 Costa, «The Tragedies», pág. 101.
121 Sobre dicha posible originalidad, cf. infra.
44 TRAGEDIAS

nes ad tragoediae amussim compositae et in actus de-


ductae» m.

4. Particularidades técnicas y estilístico-


LITERARIAS

Si aceptamos estar ante un tipo especial de drama


declamatorio, comprenderemos en seguida muchos de
los rasgos de estas obras que tanto han chocado a los
críticos m. Muchos de los debates de estos críticos han
tenido como punto de partida posturas apriorísticas,
se han debido en parte a querer juzgar estas obras no
como lo que son en sí, sino como lo que se esperaba
que fueran.
4.1. El problema de la representación
Uno de los problemas más debatidos en los estudios
modernos sobre estas tragedias es el de si fueron o no
pensadas por su autor para la representación. Se trata
estrictamente de esto, es decir, de si Séneca las con-
cibió o no para la escena. Otra cuestión, aunque muy
próxima a la anterior, sería la de su representabilidad,
y otra más, la de si se representaron o no en Roma.
En este punto hay quien, basándose en datos tomados
de las cartas de Séneca y en otras pruebas monumen-
tales, piensa que las tragedias fueron representadas
en vida del autor m.
Hasta comienzos del siglo xix se vino dando por
supuesto que Séneca había escrito sus dramas para la
122 Leo, De Senecae tragoediis..., págs. 147 y sigs.
123 Costa, toe. cit.
124 M. B ihber , «Wurden die Tragodien des Seneca in Rom
aufgeführt?», Mitteilungen des deutschen archaologischen Ins-
tituís, Romische Abteilung 60-61 (1953-1954), 100 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 45
escena. Fue en los primeros años del pasado siglo
cuando empezó a plantearse este problema, sobre el
que desde entonces se han manifestado las más varia-
das opiniones. Schlegel125 fue uno de los primeros en
dudar sobre este punto; luego sería secundado por
Welcker126 y por Boissier127.
Se argumentaba entonces contra la representación
a partir de cosas como la monotonía de las escenas,
la falta de acción y, sobre todo, el carácter horripilante
de ciertos cuadros, como el de la matanza de los hijos
de Medea o de Hércules, o la recogida de los trozos
del cadáver de Hipólito en el último acto de Fedra.
Luego, teniendo en cuenta, por ejemplo, los gran-
des éxitos conseguidos con escenas de este tipo por
el teatro isabelino128 o las atrocidades que el público
de la época de Séneca estaba acostumbrado a ver en
el circo, no se ha atendido tanto a argumentos de este
tipo, cuanto a razones de forma, de expresión y de
estructura.
Con todo, como apuntábamos antes, han seguido
adoptándose las más diversas posturas ante el pro-
blema.
Unos afirmaron decididamente que las tragedias de
Séneca fueron concebidas por su autor para la lectura
o la recitación129. Para otros, en cambio, Séneca pensó

125 A. W. S ch legel , Vorlesungen iiber dramatische Kunst und


Literatur, II, Heidelberg, 1817, págs. 275 y sigs.
126 F, G. Welcker, Die Griechischen Tragodien mit Rücksicht
auf den epischen Cycíus geordnet (Rhein. Mus. Suppl. Bd. 2,
Abth. 1-3), Bonn, 1839-1841.
127 G. B oissier , Les tragédies de Sénéque ont-elles été re-
présentées?, París, 1861.
*28 Enk, op. cit., pág. 307.
129 Por ejemplo, B ir t , Was hat Seneca...; C offey, «Seneca
and his...», pág. 16; W. S. B arret , en la introducción a su edi-
ción comentada del Hipólito de Eurípides, Oxford, 1964; A. Po-
46 TRAGEDIAS

todas o al menos algunas de sus tragedias para la


escena130. Basan esta afirmación en argumentos como
el de que Séneca ha respetado las leyes de los tres
personajes o de las unidades de lugar y tiempo o como
el de que los pronombres parecen ser empleados en
función de un espectador y no de un lector. Encuen-
tran asimismo esparcidas aquí y allá indicaciones sobre
gesticulación de personajes, sobre escenografía o sobre
efectos de luz o de sonido que interpretan como desti-
nados a unos posibles actores o a un posible director. ‘
Hay, además, según ellos, situaciones cuya gran fuerza
y poder parecen destinarlas sólo a la escena.
Entre las dos posturas extremas anteriores se sitúa
una gran parte de los críticos que, o bien, sin plantear
abiertamente el problema de la intención escénica o
no escénica de Séneca, han seguido hablando, cuando
estudian las tragedias, de «espectadores», de «actores»,
de «eficacia teatral», etc.131, o bien se muestran ante
ciña, «Una vez más sobre la representación de las tragedias de
Séneca», Emérita 41 (1973), 297 y sigs.
130 J. L. K l ein , Gesckichte des Dramas, II, Leipzig, 1874;
Leo , De Senecae tragoediis..., págs. 76 y 82; A. País , 11 teatro
di Seneca, Turín, 1890, págs. 18 y sigs.; A. Cima , «Intorno alie
tragedie di Seneca», Riv. di Filol. 32 (1904), 237 y sigs.; L. H err -
mann , Le Théátre..., esp. págs. 153 y sigs.; M. H adas, «The
Román Stamp of Seneca's tragedies», American Journal of Phi-
lology 60 (1939), 220 y sigs.; G. H ighe t , The Classical Tradition —
La tradición clásica [trad. A. A l atorre], I, Méjico-Buenos Aires,
1954, pág. 209; W. S teidle, «Zu Senecas Troerinnen», Phüologus
94 (1941), 283, y «Bemerkungen zu Senecas Tragodien», Philolo-
gus 96 (1944), 255; G. M ü l l er, «Senecas Oedipus ais Drama»,
Hermes 81 (1953), 457 y sigs.; B ieber , op. cit., págs. 100 y sigs.;
A. Paul , Untersuchungen ztir Eigenart von Senecas Phoenissen,
tesis doct., Francfort-Main, 1952; P. G rima l , Phaedra, París, 1965,
página 10; S. F ortey, J. G lecker, «Actus tragicus. Seneca on the
Stage», Latomus 34 (1975), 669 y sigs.; además de otros citados
por O. Zwier l ein , Die Rezitationsdramen Senecas, 1966, pág. 10.
131 Cf., p. ej., Moricca, «Le tragedie»; H ansbn, op. cit.;
R. S toessl , Der Tod des Herakles, tesis doct., Zurich, 1945;
INTRODUCCIÓN GENERAL 47
dicho problema indecisos o dudosos de que se le pueda
dar una solución acertada.
Efectivamente, adoptar una postura firme ante la
cuestión no ya sólo de la representabilidad, sino, y
sobre todo, de la intención de Séneca al respecto cuan-
do escribió sus tragedias no es nada fácil. Dejando
aparte los muchos factores de tipo estilístico, formal,
de contenido o de estructura132 que parecen hablar en
contra del carácter escénico de estas obras, hay una
cosa evidente en la que hoy se suele estar de acuerdo,
y es que Séneca se aparta en múltiples aspectos de la
técnica dramática de la tragedia griega del siglo v a. C.
y que algunas escenas de sus tragedias serían de muy
difícil o imposible representación según las convencio-
nes griegas clásicas m. Como no se ha conservado
ninguna tragedia completa en el intervalo que separa
a Séneca de esos modelos griegos, falta que no se puede
suplir con las opiniones de los teorizantes, se dificulta
aún más una posible decisión en este sentido.
K. S tackmann, «Senecas Agamemnon. Untersuchungen zur Ge-
schichte des Agamemnon-Stoffes nach Aischilos», Class. et Med.
11 (1950), 180-221; T rabert , op. cit., y otros citados por Z wier -
l ein, op. cit., pág. 10.
132 F. L eo, «Die composition der Chorlieder Senecas», Rhein.
Mus. 52 (1897), 509 y sigs. y 512; C. Lindskog, Studien zum
antiken Drama, II, Lund, 1897, págs. 47 y sigs.; J. Lammhrs, Die
Doppel- und Hatbchdre in der antiken Tragodie, tesis doct.,
Münster, 1929, págs. 132 y sigs.; A. S pecka, Der hohe Stil der
Dichtungen Senecas und Lucans, tesis doct., Konigsberg, 1937,
página 62; Giancot ti, op. cit., págs. 30 y sigs.; R. G io m in i ,
Saggio sulla Fedra di Seneca, Roma, 1953, págs, 11 y sigs.;
P aratore, Storia..., págs. 244 y sigs.; G. R unchina , «Técnica
dramatica e retorica nelle tragedie di Seneca», Ann. Fac. Lett.
Cagliari 28 (1960), 163 y sigs.; Enk, op. cit., pág. 306; P, Grima l ,
«L'originalité de Sénéque dans la tragédie de Phédre», Revue des
Études Latines 41 (1963), 297 y sigs.; Regenbogen, «Schmerz...»,
página 190.
133 T arrant , op. cit., pág. 8.
48 TRAGEDIAS

Es a partir de criterios internos, de un sistemático


estudio de las propias tragedias senecanas como se
puede llegar a hacer luz sobre algunas de estas cues-
tiones. Éste es el camino seguido por la última gran
contribución al problema de la representabilidad de
estas tragedias, el estudio de Zwierleinm.
Parte la idea base de que a una obra pensada para
la recitación es completamente admisible que el poeta
haya querido dotarla de una forma y de unos elemen-
tos teatrales, máxime cuando en muchos aspectos ese
poeta ha tenido como modelos unas obras teatrales;
mientras que, por el contrario, se hace más difícil pen-
sar que un poeta dramático haya cometido la gran
torpeza de introducir en sus dramas escenas y ele-
mentos que lleguen a hacerlas irrepresentables.
Si además se tiene en cuenta que en este caso todos
esos factores antiteatrales son tan numerosos e im-
portantes, que no se pueden en modo alguno conside-
rar como negligencias esporádicas del poeta, y menos
cuando este poeta es una persona de la talla literaria
de Séneca, hay que concluir que Séneca no escribió
sus tragedias para la escena, por más que en muchos
aspectos dichas tragedias estén completamente cerca
de una verdadera obra teatral.
El estudio de las dificultades que las tragedias de
Séneca presentan para poder ser consideradas obras
destinadas al teatro lo lleva a cabo Zwierlein a través
de una minuciosa observación de las particularidades
técnicas y estructurales de dichas tragedias. Dentro de
las primeras se pasa revista a factores como las esce-
nas horripilantes, los saltos e intervalos temporales
incongruentes en el desarrollo de las escenas, las am-
bigüedades e incluso las contradicciones en la deter-
134 Z w ierlein , op. cit.; aunque en m uchos puntos h a sido
criticado, sus conclusiones básicas siguen siendo válidas.
INTRODUCCIÓN GENERAL 49
urinación del espacio escénico, la aplicación de la regla
horaciana sobre los participantes en el diálogo, la in-
consistencia de los personajes, la presencia de perso-
najes mudos, las descripciones de gestos y actitudes,
que resultarían superfluas en una representación, los
largos «apartes» en el diálogo o los antiescénicos mo-
nólogos y una serie de particularidades en el empleo
del coro (no se suele preparar su presentación, a veces
no se identifica, otras veces se contradice con la ac-
ción, etc.).
En cuanto a estructura, dentro de un general pre-
dominio de elementos estáticos, destaca Zwierlein va-
rios factores importantísimos, como por ejemplo, la
disolución de lo que debería ser la unidad estructural
de la pieza en una serie de escenas más o menos
autónomas, o la hipertrofia retórica y efectista de
determinadas escenas o motivos, en detrimento del
desarrollo orgánico de la acción, o el predominio ex-
cesivo de monólogos.
Todo este conjunto de dificultades aporta, según
Zwierlein, motivos suficientes para pensar que las tra-
gedias de Séneca no fueron pensadas para la repre-
sentación.
Parece ser, por tanto, que Séneca no iba por el
mismo camino que su contemporáneo Pomponio Se-
gundo, que sí representaba sus tragedias (is carmina
scaenae cLabat, Tácito, Ann. 11, 13); abandonaba el tea-
tro para dirigirse a un ambiente más refinado, como
era el de los salones de recitación13s.
Si, al escribir estos dramas para la recitación, se
mostraba Séneca completamente original o si se inte-
graba en una tradición de precedentes más o menos
directos tanto en la literatura romana como en la
135 Sobre estos salones, cf. A. M. Gui l l emin , Le public et la
vie Utteraire a Rome, París, 1938, págs. 39 y sigs.
50 TRAGEDIAS

griega, es otro punto difícil de determinar, sobre todo


por no haber llegado hasta nosotros la mayor parte de
esos precedentes m.
4.2. Las tragedias y la preceptiva estilístico-literaria
Aunque Séneca no las concibiera para la represen-
tación, ío cierto es que sus tragedias tienen a fin de
cuentas forma dramática, y a veces incluso espíritu137,
y por ello pueden ser analizadas como dramas autén-
ticos.
Puesto que, como acabamos de ver, no hay desde
el siglo v griego otras tragedias con las que poder
comparar las de Séneca, quizás un punto previo a
dicho análisis sea tratar de ver en qué medida se aco-
modan de una parte a la preceptiva dramática impe-
rante y, por otra, a las propias teorías estilísticas y
literarias de la escuela estoica y del mismo Séneca.
En lo que se refiere a preceptiva literaria sobre el
drama, el punto obligado de referencia es la doctrina
expuesta por Horacio en la Carta a los Pisones, a pesar
de que ya en principio sea problemática la correspon-
dencia entre dicha doctrina, directamente entroncada
con los planteamientos aristotélicos, y la práctica dra-
mática de la época.
Pues bien, Séneca en unos puntos parece seguir al
pié de la letra los preceptos horacianos, mientras qué
en otros se aparta sensiblemente de ellos138. Así, por
ejemplo, mientras observa reglas como la de los tres
personajes (I-Ior., Ad Pis . 192) o la de los cinco actos
(Hor., Ad Pis. 189) 139, se aparta de los preceptos de
136 Para un estudio de tales posibles precedentes, tanto grie-
gos como latinos, cf. Zwier l ein , op. cit., págs. 127 y sigs.
137 T arrant , op. cit., pág. 8; G iancot ti, op. cit., pág. 37.
138 M oricca, «Le tragedie..,», págs. 75 y sigs.
139 Esta última ley se incumple probablemente en Edipo.
INTRODUCCIÓN GENERAL 51
Horacio en otros aspectos, como puede ser el empleo
del coro (H or., Ad Pis. 193), reducido, como veremos
luego, al papel de intermediario lírico entre los actos,
o la presentación en escena de hechos prodigiosos
(H or., Ad Pis . 182).
En lo que se refiere a las concepciones estoicas
sobre el estilo y la literatura en general y sobre la tra-
gedia en particular, así como en lo referente a las
ideas estéticas reflejadas por Séneca aquí y allá en su
obra filosófica, aunque a primera vista parezcan a veces
estar en desacuerdo con la práctica, en el fondo se
puede descubrir una base común a aquella teoría y a
esta práctica.
Y ello no tanto en el sentido de que en ambas, teoría
y práctica, haya unos fines docentes o moralizadores,
como pretende, por ejemplo, Marti140, sino en el de
que la doctrina estoica en general y la reflejada por
Séneca en sus escritos en prosa defienden para la
Poética el principio básico de la mimesis y de la es-
tricta dependencia entre la forma y el contenido: una
obra literaria no tiene por qué tener forzosamente un
contenido moralmente elevado; basta con que sea ver-
dadero, con que responda a la realidad de la vida y
esté expresado en una forma acomodada a ello.
El principio fundamental seguido por Séneca es
«the principie that excellence of style results from
employing language according to nature»141. Ahora bien,
si Séneca en sus obras filosóficas propone como virtu-
des primarias la naturalidad y la simplicidad, parece
contradecir la práctica llevada a cabo por él en las
tragedias, en donde poco hay de natural y de simple.
Sobre el sentido retórico de dicha norma, cf. M ariner , op. cit.,
página 189.
140 «Seneca’s tragedies», pág. 217.
141 I. T. M erchant , «Seneca the Philosopher and his Theory
of Style», American Journal of Philology 21 (1905), 44 y sigs.
52 TRAGEDIAS

No obstante, tal contradicción no es tan fuerte


como en principio parece. Aunque no se puede dejar
de reconocer que existe algún desacuerdo, como hay
que enfocar el lenguaje de las tragedias es desde la
perspectiva de que estamos, como dice Giardina142,
ante un realismo ético, es decir, que Séneca intenta
reflejar en la forma las mismas distorsiones del conte-
nido. En otras palabras, la extravagancia de la dicción
de las tragedias no hay que interpretarla sólo como
una desviación de los principios teóricos propuestos
por el propio Séneca en sus obras en prosa, a conse-
cuencia de haberse dejado arrastrar por sus «malos
hábitos» retóricos o por los vicios estilísticos de la
época, sino también como una faceta más en la pin-
tura de los caracteres.
Al igual que, como ya dijimos, Séneca cuida la des-
cripción de los rasgos físicos, la dicción puesta por él
en boca de los personajes es un recurso, de inspiración
estoica, empleado conscientemente para exteriorizar
los caracteres de dichos personajes143.
Como rasgos más destacados de la lengua poética
de Séneca trágico se señalan144 su complejidad, su
ironía trágica, su alejandrinismo y su tono sentencioso.
Pero todo ello está orientado en un mismo sentido y
con un mismo objetivo. Séneca, al igual que su sobrino
Lucano, busca un modo de escribir que exprese al
máximo la intensificación de las emociones. Esa inten-
sificación consigue su efecto retórico inmediatamente,

i® Giardina, «Per un inquadram ento...», pág. 175.


Owen, op. cit., págs. 302 y sigs., quien propone que esta
técnica se asemeja mejor a la dicción imitativa que usa fre-
cuentemente J. Joyce como una faceta más de la caracteri-
zación.
144 B. S eidensticker, op. cit.
INTRODUCCIÓN GENERAL 53
dentro de cada escena y no acumulativamente a lo
largo de toda la obra145.
Y con esto pasamos a un primer punto en el análisis
literario de las tragedias a que antes nos referíamos:
tratar de ver en qué medida Séneca busca o deja de
buscar una unidad estructural en sus tragedias.
4.3. La estructura de las tragedias
En este punto la opinión más extendida ha sido la
de que Séneca no muestra gran interés por la estruc-
tura orgánica de la obra, sino que subordina la unidad
general al interés de cada escena140. Se ha pretendido
incluso demostrar que mientras más se aparta Séneca
de sus fuentes, hay en sus obras menos unidad dra-
mática: así, por ejemplo, el himno nupcial en Medea
o el prólogo en Hércules loco son innovaciones de
Séneca y quedan desligados del resto de la obra.
M5 S pecka, op. cit. Para otros estudios en torno a Séneca y
a sus principios literarios, cf. p. ej. P rat t, op. cit., donde se
estudian las imágenes y su organización en verdaderos siste-
mas dentro de la obra dramática de Séneca; H. V. Canter,
«Rhetorical elements in the tragedies of Seneca», Univer. of
Illinois Stud. in Lang. and Lit. 10, 1 (1925), 1 y sigs.: G. P rzy-
cho cki , Styl Tragedyj Anneusza Seneki, Cracovia, 1946; J. S me-
Reka, «De Senecae tragoediis dinosis colore fucatis», Eos 32
(1929), 615 y sigs., y «De Senecae tragici uocabulorum copia
certa quadam lege», Muñera philologica Ludovico Cwikliúski
oblata, Posnam, 1936, págs. 253 y sigs.;W,-L. L eebermann, Studien
Zit Senecas Tragodien, Meisenheim am Glan, 1974, págs. 85 y
siguientes; G. M azzo l i, Seneca e la poesía, Milán, 1970; A. S e-
taio l i, Teorie artistiche e letterarie di L. Anneo Seneca, Bolo-
nia, 1971; J. D inge l , Seneca und die Dichtung, Heidelberg, 1974;
M. Landfester, «Funktion und Tradition bildlicher Rede in den
Tragodien Senecas», Poética 6 (1974), 179 y sigs.
146 H ansen, op. cit.; W. H. F riedrich , Untersuchungen zu
Senecas dramatischer Technik, tesis doct., Berna-Leipzig, 1933;
Coffby, «Seneca and his...», pág. 16; Zwier l ein , op. cit.
54 TRAGEDIAS

Para unos w , Séneca tolera las inconsistencias en


el desarrollo de la trama dramática en beneficio de
una más efectiva descripción de los caracteres. Para
otros 148, en cambio, ni Eurípides ni Séneca (éste mucho
menos que aquél) han pretendido nunca presentar el
desarrollo de la personalidad de un personaje a lo
largo de toda la pieza. Lo que ocurre, según éstos, es
que en Séneca predomina lo retórico sobre lo dramá-
tico, de donde el interés por la efectividad de cada
escena individual, sobre todo cuando quiere destacar
una especial tensión personal.
Am pues, aunque con discrepancias en cuestiones de
detalle, ha habido acuerdo en reconocer que en las
tragedias de Séneca falta, muchas veces, relación entre
el todo y las partes.
No obstante, en los últimos tiempos149 muchos crí-
ticos reconocen una unidad basada en la recurrencia
de temas e imágenes, por encima de la diversidad de
episodios. En realidad, tal unidad temática suele ser
efectiva, pero muchas veces no supone una estructura
orgánica, sino que cada parte está desarrollada más
en función de su propio interés que de su integración
en el total de la obra. De esta forma se puede afirmar
que las tragedias de Séneca combinan una unidad te-
mática con una estructura episódica m.
4.4. Otros elementos y aspectos de las tragedias
En algunas facetas de la técnica dramática Séneca
es el único ejemplar que ha sobrevivido de las inno-
vaciones que, al parecer, se hicieron canónicas entre
147 F riedrich , op. cit., pág. 46.
145 C offey, «Seneca. Tragedies», pág. 164.
149 c f. T arrant , op. cit., pág. 3, y bibliografía allí citada.
150 Esta combinación encuentra a veces paralelos en ciertas
obras de Eurípides: Tarrant , op. cit., pág. 6.
INTRODUCCIÓN GENERAL 55
la muerte de Eurípides y la introducción de la tragedia
en Roma151: la estructura de cinco actos; otros ele-
mentos técnicos como los monólogos introductorios,
los «apartes», el tratamiento del coro; ciertos detalles
de escenografía, e incluso el interés por el desarrollo
de escenas autónomas en detrimento de una estructura
unitaria, son rasgos postclásicos que se vislumbran
ya en Eurípides y Menandro y que caracterizaron pro-
bablemente a la tragedia griega del siglo iv a. C.
4.4.1. Los actores
En lo que se refiere a los actores, su actuación se
desarrolla dentro de ese marco de escenas autónomas
y de estructura episódica a que venimos refiriéndonos.
La trama, si se la puede llamar así, avanza a base de
una sucesión de escenas de debate y de monólogos,
que, como apunta Costa152, no son otra cosa que la
versión dramática de aquellas dos especies declama-
torias a que antes aludíamos: las «controversias» y las
«suasorias».
En el primer tipo de escenas, es decir, en las de
debate, se usa frecuentemente la técnica de la «esti-
comitia» (o sea, los personajes se responden mutua-
mente verso a verso) y de la «antilabé» (un mismo
verso se divide entre las intervenciones de dos perso-
najes). Se establece con ello un tono punzante y de
estridentes antítesis para dar forma a un tipo de dia-
léctica por el que Séneca parece sentir especial pre-
dilección: un hablante toma pie para su intervención
en lo que acaba de decir el otro, repitiendo unas veces
y variando otras su fraseología153.
151 Cf. T arrant , op. cit., pág. 11.
152 Costa, «The Tragedies», págs. 10 y sigs.
153 Cf., p. ej.f Med. 159-163, o Tro. 327-336.
56 TRAGEDIAS

En los monólogos se refleja con igual claridad su


carácter de suasorias dramáticas1S4. El tipo más fre-
cuente es el de «to be or not to be» (por ejemplo,
Medea 893 y sigs.) y junto a él abundan las autodefen-
sas (por ejemplo, Hércules loco 399 y sigs.).
Como ya dijimos antes, muchos de estos monólogos
y diálogos quedan estropeados por eruditas disquisi-
ciones geográficas o mitológicas y complejos artificios
retóricos que trastornan y enrarecen el desarrollo na-
tural de lo que se está diciendo.
Quizás, como también apunta Costa135, uno de los
rasgos más destacados del lenguaje de estas tragedias
sean las «sentencias», esas densas frases lapidarias
tan del gusto de la época y en cuya construcción Séneca
se muestra un verdadero maestro156. En ellas el gusto
de Séneca por la declamación tiende a distanciar el
pensamiento de la realidad inmediata, trasladándolo al
terreno de los principios generales.
4.4.2. Los prólogos
Otro elemento técnico tradicional en el teatro clá-
sico son los prólogos.
La forma de prólogo preferida por Séneca es la de
monólogo expositivo, lo cual, así como el carácter pre-
liminar de estas escenas (sólo en Fedra comienza la
acción antes de la «párodos»), proviene de Eurípi-
des157.
154 C osta, «The Tragedies», pág. 103.
155 Ibid., pág, 104.
356 C., p. ej., B onner , Román declamation..., cap. VIII;
A. López K ind l er, Función y estructura de la Sententia en la
prosa de Séneca, Pamplona, 1966.
157 j, von A r nim , De Enripiáis prologorum arte et interpo-
latione, tesis doct., Greifswald, 1882; W. N est le, Die Struktur
des Eingangs in der griechischen Tragodie, Stuttgart, 1930.
INTRODUCCIÓN GENERAL 57
Hércules loco, Las Troyanas, Medea, Agamenón y
Hércules en el Eta comienzan de esta forma. Edipo y
Tiestes empiezan por un monólogo que luego se con-
vierte en diálogo, para llenar así el resto del primer
acto.
En Fedra, el primer acto es doblemente especial,
por comenzar con una monodia y por contener dos
escenas distintas (1-84: monodia de Hipólito, 85-273:
diálogo Fedra-Nodriza).
En Las Fenicias toda la primera escena está plan-
teada en forma de diálogo.
Por último, Octavia comienza con una larga escena
introductoria en la que se mezclan partes líricas con
partes recitadas.
En cuanto al personaje que interviene en estos
prólogos, se dan en Séneca tres tipos, los tres gene-
ralmente con antecedentes en Eurípides158. Unas veces
es el mismo protagonista el que introduce la obra (Las
Troyanas, Medea, Fedra, Edipo, Hércules en el Eta);
otras es un agente no humano que participa en la obra
como provocador de la acción o de la catástrofe (Hér-
cules loco, Tiestes ); otras, un agente no humano que
conoce el trasfondo de la acción, aunque no influye en
ella (Agamenón) 159.
En lo que respecta a la función de estos prólogos,
se ha pretendido a veces160 diferenciarlos de los de
Eurípides en lo tocante a la predicción de la catástrofe.
Ahora bien, en este punto, como en otros, no se puede
generalizar, pues la realidad es muy compleja. De todos
modos, se puede decir que las técnicas empleadas por
158 Tarrant , op. cit., pág. 157.
159 La utilización de un fantasma en el prólogo no es algo
original de Séneca dentro del teatro antiguo, aunque sí ha sido
a través de Séneca como pasó generalmente a los dramaturgos
del Renacimiento.
160 C. Lindskog, op. cit.
58 TRAGEDIAS

Séneca en los prólogos para dar información son un


desarrollo de las de Eurípidesló1.
En este sentido, los prólogos, en medio de tantos
otros factores retóricos, son quizás uno de los elemen-
tos de las tragedias de Séneca con más clara función
dramática; en efecto, constituyen una base fundamen-
tal para la creación de un suspense dramático, sus-
pense que no se produce tanto por la incertidumbre
de un «auditorio» que no sabe lo que va a ocurrir,
cuanto por anticipación162: se prevé el desarrollo como
consecuencia de una información dada o del conoci-
miento del tema que tenía el «auditorio» independien-
temente de la obra. Así, por ejemplo, Juno en Hércules
loco o la protagonista en Medea crean una «anticipa-
ción» del desarrollo del drama, aunque no dicen lo
que va a suceder m.
4.4.3. El personaje de «la nodriza »
El personaje de «la nodriza» es otro recurso téc-
nico al que acude frecuentemente Séneca. Normalmente
su función consiste en provocar la revelación del estado
emocional del protagonista como reacción ante el in-
tento que ella hace por apaciguarlo.
Hablamos de «nodriza» por ser ésta la forma que
de ordinario adopta este elemento técnico164. En el
T akrant , op. cit., pág. 158.
162 N. T. P rat t Jr., Dramatic suspense in Seneca and in his
Greek precursors, tesis doct., Princeton, 1939, y «Senecan dra-
maturgy and the familiar tradition of dramatic myth», Transac-
tions and Proceedings of the Amer. Phil. Assoc. 66 (1935), 33.
163 Sobre los prólogos, cf. también F. F renze l , Die Prologue
der Tragodien des Seneca, tesis doct., Leipzig, 1914; K. H eld-
mann , Untersuchungen zu den Tragodien Senecas, Wiesba-
den, 1974.
164 Este predominio de la figura de la nodriza como confi-
INTRODUCCIÓN GENERAL 59
fondo se trata de un personaje utilizado para provocar
en el protagonista las reacciones antes mencionadas.
Este personaje suele ser un personaje secundario,
la nodriza (Agamenón, Medea, Fedra, Hércules en el
Eta, Octavia) o algún equivalente masculino (por ejem-
plo, un miembro de la guardia o del séquito: Tiestes),
aunque otras veces desempeña esta función otro per-
sonaje importante, como, por ejemplo Anfitrión, en
Hércules loco 1186 y sigs., o Yocasta, en Edipo 81 y
siguientes.
Un ejemplo de los más simples de este tipo de es-
cenas (Affektszenen)16S, «señora-nodriza», se puede ver
en Medea 116-178 o en Fedra 85 y sigs., ambas con un
desarrollo común al de otras muchas escenas en otras
obras: comienza la escena con una intervención (Affekt-
rede) del protagonista (la señora). A continuación vie-
ne otro discurso, ahora de la nodriza, intentando
disuadirlo. Luego viene una disputa entre ambos per-
sonajes, en forma más o menos esticomítica. Final-
mente se cierra la escena con la confirmación de la
señora en su estado pasional166.
Otras veces el largo discurso del protagonista viene
después de un largo diálogo con la nodriza. Es lo que
ocurre, por ejemplo, en Agamenón 108 y sigs.167, en
donde, por ese motivo, las dos primeras intervenciones
no se corresponden como en el esquema anterior.
Por lo general (por ejemplo, Tiestes 333 y sigs; Fe-
dra 267 y sigs.; Hércules en el Eta 163 y sigs.), como
dente puede ser también herencia de Eurípides; cf. Tarrant ,
op. cit., pág. 192.
165 Cf. H ansen, op. cit., pág. 129; para él, estas Affektszenen
han ido creciendo en importancia desde Hércules loco hasta
Hércules en el Eta.
ií6 Una estructura semejante a ésta se puede ver en Tiestes
176 y sigs.
*67 T arrant , op. cit., págs. 192 y sigs.
60 TRAGEDIAS

hemos dicho antes, la discusión termina dando la


razón la nodriza al protagonista, el cual sigue pensando
como al principio. En Medea 174 y sigs. la escena se
interrumpe, sin resolver, con la llegada de Creonte.
En Agamenón 108 y sigs. termina el enfrentamiento
sin que se haya conseguido resolver el conflicto168.
4.4.4. El mensajero
El mensajero es otro de los recursos técnicos em-
pleados frecuentemente por Séneca en sus tragedias.
Su papel es el de narrar unos hechos que suceden
fuera de escena. Los discursos del mensajero ofrecen
a Séneca ocasión de desplegar una variada gama de
artificios retóricos destinados no tanto a la efectividad
de la descripción o de la narración, cuanto a impre-
sionar al oyente suscitando en él fuertes emociones m.
Suelen darse estas intervenciones del mensajero en
la segunda mitad de la obra, sobre todo en el acto
penúltimo (Tiestés, Medea, Edipo, Octavia), Aparece
en el último acto en Medea y en Las Troyanas (en
esta última había intervenido también en el segundo
acto). En Las Fenicias también aparece en la segunda
parte. Agamenón es en este sentido una excepción, ya
que la extensa intervención del mensajero viene a ocu-
par casi por completo el acto tercero, acto que, como
centro de las obras, suele estar dedicado a desplegar
el clímax emocional de los protagonistas (Las Troya-
nas, Medea, Fedra, Tiestes). Ocupar una escena central
como ésta con una narración más o menos horripi-
lante, cuyo contenido es hasta cierto punto secundario
para la trama general, es una señal más de la absoluta
168 Tarrant, loe. cit.
1*9 W. S chu l ze , Untersuchungen zar Eigenart der Tragodien
Senecas, tesis doct., Halle, 1937.
INTRODUCCIÓN GENERAL 61
libertad con que se desenvuelve Séneca con respecto
a la unidad estructural de la obra170.
4.4.5. Los coros
El modo de emplear los coros es otro de los as-
pectos en que se suelen reconocer los lazos que unen
a Séneca con Eurípides. Los coros de Séneca tienen
una función muy parecida a la de los del trágico
griego171.
Con frecuencia, tomando pie en la propia acción
(por ejemplo, la angustia de Medea (Medea 575 y sigs.)
o la belleza de Hipólito (Fedra 741 y sigs) se eleva al
terreno de los principios morales o filosóficos, como
intentando dar una perspectiva más amplia al conte-
nido de la acción, a los personajes, a su mundo. Se
suele acudir entonces, en muchos casos en proporción
desmesurada, a los paradigmas mitológicos.
Ésta es la función ordinaria del coro, o sea, la de
un oyente o espectador que va comentando y trasla-
dando a un plano ideal aquello que contempla en la
acción de los personajes. No se trata, como se ha
pretendido a veces, de que el coro vaya parafraseando
lo que acaba de suceder, sino de que con sus comen-
tarios proporcione una serie de reflexiones que per-
mitan al auditorio comprender lo que va sucediendo
en el drama a un nivel accesible para los que se ven
envueltos emocionalmente en dicho drama. El tono
impersonal adoptado por el coro no proporciona «sim-
patía», sino clarificación para hacer inteligible la anée-
lo T arrant , op. cit., pág. 248. Para un análisis detenido de
estas intervenciones del mensajero y de sus precedentes en la
tragedia griega, cf. Liebermann, op. cit., págs. 14 y sigs.
171 Cf., p. ej., W. S chadewaidt , Monolog und Sélbstgesprach,
Berlín, 1926; W. K ranz, Stasimon, Berlín, 1933; C osta, «The
Tragedies», pág. 105.
62 TRAGEDIAS

dota individual, describiendo los hechos morales de


los cuales dicha anécdota es una demostración»172.
Las intervenciones del coro suelen ir siempre entre
actos, sirviendo así de intermedio lírico173 que rellena
muchas veces el tiempo transcurrido entre dos mo-
mentos de la acción174 y que proporciona también
muchas veces una serie de serenas reflexiones en medio
de la violenta emoción de dos actos, desempeñando
así a la vez una función dramática y retórica. Esto es
lo que ocurre, por ejemplo, en Hércules loco 123 y sigs.;
Medea 56 y sigs.; Edipo 88 y sigs.; Agamenón 57 y si-
guientes 175.
Los temas que se desarrollan más frecuentemente
son ideas filosóficas y morales comunes tanto a la
obra en prosa de Séneca, cuanto a las composiciones
de otros poetas latinos como Virgilio, Ovidio y sobre
todo Horacio176: la riqueza y el poder como fuentes
de preocupaciones y las ventajas de una vida humilde
(Hércules loco 159; Fedra 1132; Agamenón 57; Tiestes
336, 559; Edipo 882), la inestabilidad de todo lo hu-
mano (Hércules loco 524; Fedra 972, 1141; Edipo 987;
Tiestes 546; Hércules en el Eta 583; una variante muy
usada dentro de éstos son los coros de cautivas que se
lamentan del cambio de la fortuna que ha motivado
su desgracia actual (Agamenón 589; Las Troyanas 67;
Hércules en el Eta 104); la rapidez del paso del tiempo
y la brevedad de la vida (Hércules loco 864; Edipo
980; Hércules en el Eta 1081), etc.
Como acabamos de decir, las intervenciones del coro
se suelen dar entre acto y acto.
172 T arrant , Agamemnon..., pág. 181.
m M oricca, «Le tragedie», pág. 180.
174 C osta, «The Tragedies», pág. 105.
175 T arrant , toe. cit.
176 M oricca, «Le tragedie...», pág. 190, y bibliografía allí
indicada; M ette, op. cit., págs. 166 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 63
• La primera aparición («párodos») suele ser inme-
diatamente después del prólogo y antes del comienzo
de la acción (Fedra, según ya vimos, es en esto una
excepción). Ahora bien, no ocurre aquí lo que en la
«párodos» de la tragedia griega, en donde de ordina-
rio el coro se muestra sabedor de lo dicho en el pró-
logo e incluso actúa como una reacción ante dicho
prólogo. A veces (Las Troyanas 67; Medea 56; Edipo
110) sí ocurre esto, pero no es una norma. Tampoco
esta primera intervención se distingue de las demás,
cosa que sí suele ocurrir en la tragedia griega, por
especiales motivos técnicos, como pueden ser la auto-
identificación o las alusiones a los motivos por los que
entra en escena.
El único coro lírico dentro de uno de los actos
parece ser el treno de Agamenón 664 y sigs. 177. El caso
de Edipo 980-997 parece ser semejante a éste, pero
tanto por su contenido como por su tono, la función
de este otro coro parece ser la de unir dos actos.
Ninguna obra, a excepción de Hércules en el Eta,
se cierra con un coro («éxodo»).
Otra cuestión debatida sobre los coros de Séneca
ha sido la de si están compuestos de mujeres o de
hombres m.
Por lo general, el coro no toma parte en la acción,
aun cuando a veces aparezca formando parte de ella,
como es el caso del epitalamio de Jasón y Creúsa en
Medea 56 y sigs. L in d sk o g 179 formuló la regla de que
el coro de Séneca toma parte en el diálogo sólo cuando
en la escena no hay más que un personaje. Esta regla,

177 Aunque no todos los editores coinciden en la separación


de los actos III y IV de Agamenón.
178 Cf. M oricca, «Le tragedie..,», pág. 187, y bibliografía allí
citada.
17? Op. cit., págs. 44 y sigs.
64 TRAGEDIAS

según Moricca 18°, se cumple en la mayoría de los casos


(Las Troyanas 166-167; Fedra 1244-1256; Edipo 205; Aga-
menón 693-694, 710 y sigs., 755; Tiestes 626-788; Hércu-
les en el Eta 1131-1289, 1607-1757) m, pero otras veces
se incumple, como, por ejemplo, en Medea 881-887;
Fedra 404-405, y Edipo 998-1009.
Cuando el coro toma parte activa en los aconteci-
mientos, suele ser para anunciar brevemente la en-
trada de un personaje, para comunicar unos hechos
inesperados, para dirigir unas palabras de consuelo al
protagonista, para pedir a un mensajero que anuncie
algo, etc. De suyo, una participación del coro en el
diálogo con consecuencias efectivas para la acción sólo
se da en Las Troyanas 67-164; Agamenón 586-781, y en
Hércules en el Eta 104-232, tres pasajes en que un coro
de prisioneras de guerra alterna sus lamentos, respec-
tivamente, con Hécuba, Casandra y Yole18Z.
Quizás en lo que más se diferencien estos coros de
los de Eurípides sea en la forma métrica y no tanto
porque se empleen en ellos versos distintos de los de
los coros griegos, cuanto por la propia organización
de dichos versos.
En los coros de Séneca ya no existe la tradicional
responsión de las estrofas y las antístrofas. En la ma-
yoría de ellos no hay ni siquiera estrofas.
Los principales tipos de versos empleados en las
partes líricas son los siguientes;
1. De ritmo yámbico:
a) Trímetro, b) Trímetro cataléctico. c) Dímetro.
d) Dímetro cataléctico.

iso «Le tragedie...», pág. 181.


181 En Hércules en él Eta, 1131-1280 tenemos una especie de
«como».
182 M oricca, «Le tragedie...», págs. 186 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 65
2. De ritmo trocaico:
Tetrámetro cataléctico.
3. De ritmo anapéstico:
a) Dímetro. b) Monómetro.
4. De ritmo dactilico:
a) Hexámetro, b) Tetrámetro.
5. Versos eólicos:
a) Gliconio. b) Hiponácteo. c) Ferecracio. d) As-
clepiadeo menor, e) Endecasílabo sáfico. f) En-
decasílabo alcaico. g) Adonio. h) Combinacio-
nes libres de los hemistiquios de d) e) y f).
El trímetro yámbico es el verso empleado tradicio-
nalmente en el teatro para las partes habladas183.
El tetrámetro trocaico cataléctico no aparece en los
coros, sino en las monodias, como veremos más ade-
lante.
Una de las acusaciones que se han hecho más de
una vez contra la versificación de los coros de Séneca
es la de su monotonía. En efecto, son frecuentes los
coros compuestos a base de largas tiradas de un mismo
verso: por ejemplo, Tiestes 122-175, en asclepiadeos
menores; 336-403, en gliconios; Agamenón 759-774, en
dímetros yámbicos, etc.
Otras veces se intercalan en medio de estas tiradas
de versos otros más cortos a modo de cláusulas: así
suele ocurrir con los numerosos coros compuestos en
dímetros anapésticos, que suelen llevar intercalados
algunos monómetros184 o con los endecasílabos sáficos,
183 Sobre el trímetro yámbico de Séneca, cf., p. ej., W. S t r z e -
ijBCKi,De Senecae trímetro iambico quaestiones selectas, Cra-
covia, 1938.
184 Sobre los dímetros anapésticos de Séneca y los proble-
mas que siempre han entrañado para los editores, cf., p. ej.,
66 TRAGEDIAS

entre los cuales se suelen intercalar adonios (por ejem-


plo, Las Troyanas 814 y sigs.185).
En ocasiones un coro está compuesto por varias
tiradas estíquicas de distintos versos: es lo que ocurre,
por ejemplo, en Medea (56-74, asclepiadeos menores;
75-92, gliconios; 93-109, asclepiadeos menores; 110-115,
hexámetros dactilicos) o en Fedra 736 y sigs.
Esta variedad rítmica llega a una extrema compleji-
dad en cuatro coros, de Edipo (405 y sigs. y ATI y sigs.)
y Agamenón (589 y sigs. y 808 y sigs.)m.
En los coros de Séneca la filiación horaciana de la
forma métrica y de los versos es tan fuerte como la
que vimos antes al hablar del contenido187.
Una relación entre las formas y los contenidos de
estos coros, sobre la base de que Séneca seguía la
doctrina de Cesio Baso, la estudió Marx188. Según él,
Séneca emplea, por ejemplo, el endecasílabo sáfico para
lamentaciones llorosas, el asclepiadeo menor para te-
máticas de tonalidad más austera; el gliconio suele
J. Mantkb, «De Senecae tragici anapaestis», Eos 49 (1957), 101
y sigs.; Leo , De Senecae trag.,.., págs. 98 y sigs.; H. D kex l er,
Einführung in die romische Metrik, Darmstadt, 1967, pág. 140.
185 Sobre los versos eólicos de Séneca, cf. L. Luque M oreno ,
Evolución acentual de los versos eólicos en latín, Granada, 1978.
186 Sobre estos coros polímetros, cf. F. Leo, «Die composi-
tion der Chorlieder Senecas», Rhein, Museum 52 (1897), 509 y
siguientes; B. B ussfe ld, Die polymetrischen Chorlieder in Se-
necas Oedipus und Agamemnon, tesis doct., Münster, 1935;
L. S trzeleck i, «De polymetris Senecae canticis quaestiones»,
Eos 45 (1951), 93 y sigs.; R. G iom ini, De canticis polymetris in
Agamemnone et Oedipode Annaeanis, Roma, 1959; G. B. P ig h i,
«Seneca métrico», Rivista di Filología e d’Istruzione Classica
41 (1963), 170 y sigs.; J. Luque M oreno, «Sobre los coros poli-
metros de Séneca: apreciaciones en torno a la tipología verbal
y a la regularidad acentual», resumen en Rev. Esp. de Ling. 4
(1974), 249 y sigs.
187 J. Luque M oreno, Evolución acentual..., passim.
w . M arx, op. cit.
INTRODUCCIÓN GENERAL 67
aparecer en coros de contenido filosófico y en uno de
finalidad práctica (Hércules loco 375 y sigs.).
Si bien abundan en los coros los metros horacianos,
no aparecen ni una sola vez en las monodias; en ellas
suele emplear Séneca dímetros anapésticos, cuando la
temática versa sobre la catástrofe de la pieza (por
ejemplo, Las Troyanas 705 y sigs.; Tiestes 920 y sigs.),
o tetrámetros trocaicos catalécticos cuando son de un
pathos especialmente intenso (Medea 740 y sigs.; Edipo
223 y sigs.; Fedra 1201 y sigs.).

5. Resonancia entre sus coetáneos e inf luencia


POSTERIOR
La importancia del teatro de Séneca dentro de la
historia de la literatura europea ha sido verdadera-
mente trascendental. Séneca trágico ha pervivido siglo
tras siglo como una faceta más dentro de la multi-
forme y controvertida figura de este gran personaje de
la historia de Occidente.
Se puede decir que sus tragedias desde que fueron
escritas casi hasta nuestros días, a pesar de haber pa-
sado por muy diversos grados de valoración y estima,
no han dejado nunca de estar presentes de un modo
u otro en ninguna de las etapas de la evolución cul-
tural de Europa.
Ya en propia vida del autor y quizás por el mero
hecho de provenir de un hombre que no sólo ocupaba
los más encumbrados niveles de la vida social, política
y cultural de Roma, sino que al mismo tiempo trazaba
la pauta del estilo literario de la época, los dramas
de Séneca debieronUener una gran resonancia189. Tan
189 Así parecen testim oniarlo quienes fueron coetáneos o casi
coetáneos de estas obras: Q uin t i l iano , VIII 3, 31; IX 2, 8;
68 TRAGEDIAS

fuerte, que su eco no se apagó en las generaciones y


siglos siguientes.
El mero hecho de que hayan sido estas obras las
únicas que se han conservado de entre toda la pro-
ducción trágica romana anterior y posterior a Séneca
habla muy claro a favor de ello. E igualmente lo de-
muestran las numerosas alusiones que a estas tragedias
se encuentran en los escritos de literatos y gramáticos
de la Antigüedad, como Diomedes, Terenciano Mauro,
Probo, Tertuliano, Prisciano o Lactancio 19°.
En la latinidad cristiana encontramos el eco de
las tragedias de Séneca en poetas como Prudencio191
y, ya en los albores de la Edad Media, Boecio reflejará
en sus versos tanto la forma como el tono sentencioso
y meditabundo de los coros de Séneca,
La vigencia de este teatro en el Medievo la demues-
tran no ya sólo el hecho de que no dejó de ser copiado,
sino también las numerosas glosas y comentarios que
sobre él se hicieron i9Z.
Séneca trágico sería luego autor familiar para los
primeros humanistas m, para Dante, para Petrarca; las
X 1, 128; T ácito, Ann. XIV 52 (si es que los carmina de que
aquí se habla se pueden identificar con las tragedias).
190 G. R ich t er , De Seneca tragoediarum auctore, Bonn, 1862,
página 8.
191 Cf.7 p. ej., Obras Completas de Prudencio, ed. y trad,
de J. Guillén, Madrid, 1950; especialmente, págs. 77 y sigs.
,192 E. F ranceschini, «Glosse e commenti medievali a Seneca
trágico», Studi e note di filología latina medievále, Milán, 1938,
páginas 1 y sigs. Sobre la pervivencia del teatro de Séneca en la
Edad Media, cf. R egenbogen, «Schmerz...», cap. I; K. Münsc her ,
«Bericht über die Seneca-Literatur aus den Jahren 1915-1921»,
Bursian-Jahresber. 192 (1922), 109 y sigs.
193 E. F ranceschini, op. cit., y «Gli argumenta tragoediarum
Senecae di Albertino Mussato», Studi e Note di Fitología Latina
Medievále, Milán, 1938, págs. 177 y sigs.; R. D esmed, «Le cercle
des préhumanistes de Padoue et les commentaires des tragédies
de Sénéque», Scriptorium 23 (1971), 82 y sigs.; Gu. B i l l anovich ,
INTRODUCCIÓN GENERAL 69
tragedias fueron entonces objeto de detenidos comen-
tarios, como el de Nicolás Trevetm.
Los eruditos del cinquecento llegarían a proclamar
sus excelencias por encima incluso de los tragediógra-
fos griegos19S.
No cabe duda de que en la 'hegemonía de Séneca
durante todos estos siglos debió jxigar un papel muy
importante la base doctrinal de su teatro y del resto
de su obra, los principios filosóficos estoicos tan her-
manados con el pensamiento cristiano. Séneca alcan-
zaba preeminencia sobre los trágicos griegos, y lo hacía
precisamente por aquello por lo que sus dramas se
apartan más de la tragedia helénica, su base estoica
que tan bien encajaba dentro de las coordenadas de
la moral cristiana: Séneca en este sentido había dejado
roturado el camino para un teatro trágico cristiano m.
Por eso sus tragedias habían sido y seguirían siendo
objeto de unacsobrevaloración durante muchos siglos.
Doblemente paradójico resulta así el hecho de que la
base del teatro trágico moderno hayan sido las tra-
gedias de Séneca, que ni, como ya vimos, fueron pro-
blabemente concebidas para la escena, ni, como aca-
bamos de decir, son tragedias en el sentido clásico de
la palabra.
«Veterum uesíigta uatum nei carmi dei preumanisti padovani»,
Italia Medíoevale e Umanistica 1 (1958), 158 y sigs.
194 E. F ranceschini, II commento di Nicola Trevet al Tieste
di Seneca, Milán, 1938; V. F abris, «II commento di Nicola
Trevet sXVHercules Ftirens di Seneca», Aeuum 27, 1 (1953), 498
y sigs.; B. L. U ixman , «Some aspects of the origins of Italian
Humanism», Renaissance Studies in honor of Hardin Craig, Phi-
lological Quarterly 20, 3 (1941), 215 y sigs.
195 «Senecam nullo Graecorum maiestate inferiorem existi-
mo, cultu uero ac nitore etiam Euripide maiorem», escribiría
J. C. Escalígero. Semejantes juicios formularon Th. Newton,
H. Grotius, D. Heinsius, etc. Cf. C osta, «The Tragedies», pá-
gina 289.
196 L asso de la V ega, op. cit., pág. 195.
70 TRAGEDIAS

No tardaron las tragedias de Séneca en ser tradu-


cidas a diversos idiomas. Precisamente una de esas
primeras traducciones parece haber sido la de Medea,
Tiestes y Las Troyanas (con fragmentos de otras), reali-
zada por Antonio Vilaragut, al catalán, en 1400.
Consta asimismo que existió una traducción cas-
tellana completa en el siglo xv197, la cual, según María
Rosa Lida, pudo ser llevada a cabo a instancias del
Marqués de Santillana m.
Menéndez Pelayo199 cita una traducción de Medea
llevada a cabo por J. Galens, franciscano de la provin-
cia de Mallorca en el siglo xv; otra de Tiestes, por
D. Girón (f 1590), y también traducciones de fragmen-
tos de Fedra y Tiestes hechas por H. de Herrera y Fray
Luis de León.
En Francia hubo durante el siglo xvi varias versio-
nes de Agamenón, de Tiestes, Hércules loco y Octavia;
en 1629 apareció una versión completa de todo el tea-
tro de Séneca, realizada por B. Bauduyn200.
Pero la traducción más importante y que mayor
influencia ejerció durante el Renacimiento fue la in-
glesa llevada a cabo por seis traductores entre 1559
y 1581 201.
Tal a b u n d a n c ia de traducciones, junto a las noticias
que tenemos de las representaciones que de ellas se

i?? G. H ighe t , op. cit., I, pág. 195.


198 M.\ R. L ida db M alkiel , La tradición clásica en España,
Barcelona, 1975, pág. 376. Para otras traducciones antiguas en
lengua española, cf. Lida, loe, cit., y M. Menéndez Pelayo, Bi-
bliografía hispano-latina clásica, VIII, Santander, 1952, s. v.
«Séneca».
i" Biblioteca de Traductores Españoles, II, Madrid, 1952,
páginas 99, 131, 214-215 y 312.
200 G. H ighe t , op. cit., pág. 195.
201 H. B. C har l t on , The Senecan tradition in Renaissance
tragedy, Manchester, 1946.
INTRODUCCIÓN GENERAL 71
hicieronm, evidencia ya por sí sola la importancia de
Séneca en el teatro del Renacimiento. Séneca fue en
particular quien instruyó a los dramaturgos de la
época. De él tomaron personajes, actitudes y recursos
que, si bien hoy pueden parecemos trasnochados, pro-
bablemente constituían entonces una innovación 203.
Fueron primero los italianos los que emprendieron
este camino20*. Pero no tardaron en seguirles los fran-
ceses205 y, sobre todo, los ingleses 206. En España, en
cambio, una influencia profunda de la tragedia clásica
tardó más en llegar. Aun cuando para Lida 207 «corres-
ponde a España la primera imitación artística del
teatro clásico, no el de Séneca, sino el de Eurípides»
(se refiere al paralelismo entre Hipólito 310 y sigs. y
347 y sigs. y la escena X de La Celestina), y aun cuando
en la primera mitad del siglo xvi Hernán Pérez de Oliva
realizó versiones libres de las obras de Sófocles y Eurí-
pides y «a partir de Juan del Encina los dramaturgos
del Renacimiento escribieron obras de carácter trá-
gico..., hasta el decenio que comienza en 1570 no apa-
reció una escuela de trágicos españoles conscientemen-
te clasicistas. Cuando esta escuela empezó a existir, su
principal fuente estilística no era la tragedia griega,
202 G. H ighe t , op. cit., págs, 212 y sigs.
203 Ibid., pág. 201.
204 W. K roemer , «Die Rezeption des antiken Dramas in der
italienischen Renaissance», Arcadia 9 (1974), 225 y sigs.
205 P. Grima l , Les Tragédies de Sénéque et le Théátre de la
Renaissance, París, 1964; E. Paratore, «Seneca trágico e la
p oesía francese del Siécle d'Or», Stud. Urb. 47, 1 (1973), 32 y sigs.
206 J. W. Cun l if fe, The influence of Seneca in Elizabethan
tragedy, Londres, 1893; F. L. Lucas, Seneca and Elizabethan
tragedy, Cambridge, 1922; H ighe t , op. cit., I, págs. 210 y sigs.;
II, págs. 327 y sigs.; G. K. H unter , «Seneca and English Tra-
gedy», en Seneca, ed. C osta, págs. 166 y sigs.; J. W. Binns,
«Seneca and Neo-Latin Tragedy in England», en Seneca, ed,
C osta, págs. 205 y sigs.
^ L ida, op. cit., pág. 385.
72 TRAGEDIAS

sino Séneca, el gran modelo de todas las corrientes


trágicas europeas del Renacimiento y del siglo x v iii» 208.
La llegada del Barroco señala el comienzo de la
pérdida de la hegemonía de Séneca en el teatro mo-
derno. Aún había de ser él el modelo principal de obras
tan importantes como la Médée y el Oedipe de Cor-
neille o la Phedre de Racine. Pero poco a poco la figura
del dramaturgo romano fue oscureciéndose ante la
luminosidad, cada vez más intensa, de los trágicos
griegos.
Una de las primeras voces en alzarse en dura crítica
contra el teatro de Séneca fue la del jesuíta francés
P. Brumoy 209. Lessing, que empezó defendiendo al tra-
gediógrafo romano frente a Brumoy210, mostraría luego
en el Laoconte sus juicios desfavorables hacia él, per-
filando así lo que en adelante iba a ser la orientación
de la crítica en la valoración del teatro de Séneca211.
La llegada del Romanticismo supondría para Séneca,
como para otros muchos poetas latinos admirados in-
condicionalmente hasta hacía poco, casi la ruina212: en
sus tragedias se empezó a ver sólo una monstruosa
acumulación de motivos retóricos y una complacencia
morbosa en lo macabro y horripilante213.
208 E. M. W i l s o n y D. Moir, A Literary History of Spain ~
Historia de la literatura española, Siglo de Oro: Teatro [trád.
C. P u jol], Barcelona, 1974, págs. 60 y sigs.; cf. también C. R.
C olburn, «Greek and Román themes in the Spanish drama»,
Hispania 22 (1939), 163 y sigs.; K. A. B lü h e r , Seneca in Spanien.
Untersuchungen zur Geschichte der Seneca Rezeption in Spanien
vom 13 bis 17 Jahrhundert, Berna, 1969, especialmente págs. 244
y sigs.
209 P. B rumoy , Le, Théátre des Grecs, I-III, París, 1730.
210 W. B arner , Produktive Rezeption. Lessing und die Tra-
godien Senecas, Munich, 1973; Rankb, op. cit, pág. 39.
211W. L. Liebermann, op. cit., págs. 1 y sigs.
212 Paratore, Storia..., pág. 244.
213 A. W. von S ch l ege l , Vorlesungen über dramatische Kunst
und Literatur, Heidelberg, 1817.
INTRODUCCIÓN GENERAL 73
Esta crítica desfavorable contra el teatro de Séneca
fue la que dominó durante todo el siglo xix y los co-
mienzos del xx. Ha sido luego en este siglo y por obra
de estudiosos como Garrod, Damsté, Herrmann, Ce-
sáreo, Regenbogen, Rnoche, Paratore, Giomini y otros,
cuando han vuelto a revalorizarse estas tragedias.
«Seneca can now be judged on his own merits as
a powerful, though limited, poet, whose depictions of
disordered personalities in a violent and unstable world
have taken on a new interest in the present century»214.
De todos modos, por encima de todos los juicios
desfavorables que sobre ellas se han hecho, por encima
de las fluctuaciones que su valoración ha sufrido en
las distintas épocas, hay una realidad evidente e in-
cuestionable: la enorme influencia que estos dramas
han ejercido a través de los siglos, como pocas obras
literarias de la Antigüedad215.
6. E l texto

Las tragedias de Séneca han sido objeto de una


rica y compleja tradición manuscrita. Los códices que
de ellas han llegado hasta nosotros son muchísimos y
aún hoy no se puede decir que se haya alcanzado un
conocimiento y estudio satisfactorio de todos ellos. Ya
a comienzos de siglo C. E. Stuart recopiló más de tres-
cientos, cifra que ha sido luego considerablemente
aumentada.
Desde que en 1640 J. F. Gronovius dio a conocer
el códice Etrusco (E), diciendo que había que distin-
guirlo de toda la caterva de códices de la familia
«vulgata» y reconocer en él el mejor ejemplar de la
tradición genuina, se reconocen en la tradición manus-
214 T arrant, op. cit., pág. VII.
215 Cf. R egenbogen, «Schmerz...», pág. 172.
74 TRAGEDIAS

crita de Séneca trágico las dos familias de códices a


que ya aludimos en apartados anteriores. Todos los
que después han editado las tragedias parten de esta
premisa básica. Como ya dijimos, ambas familias se
diferencian por las variaciones de sus lecturas, por el
orden en que presentan las tragedias, por los títulos
de dichas tragedias y por el hecho de que Octavia sólo
aparece en A.
El principal representante de la familia E es el
Codex Laurentianus, plut. lat. 37, 13, conocido tradi-
cionalmente con el nombre de «codex Etruscus » (E).
Está todo él escrito por un mismo copista, aunque se
aprecian luego dos manos posteriores, denominadas
E2 y E3, respectivamente, de los siglos xiv y xv, que
añadieron numerosas notas marginales. No es clara-
mente datable; Gu. Billanovich216 señaló que, según un
catálogo de la biblioteca de Pomposa de 1093, ya existía
allí el Etrusco, en donde más adelante sería usado por
Lovato Lovati (siglo xm); el origen de este manuscrito
habría sido, según él, Verona o Monte Cassino. Ahora
bien, no hay pruebas suficientes como para que todo
ello deje de ser una simple posibilidad, como, por otra
parte, tampoco se puede demostrar si el manuscrito
que utilizó Lovato fue el propio E o una copia de éste.
Además de este códice, sólo hay unanimidad en re-
conocer otros tres manuscritos dentro de la familia E:
M = Ambrosianus D 276 inf. (siglo xiv).
N = Vaticanus Iatinus Í769 (siglo xiv).
F = Parisinus Bibl. Nat. Iatinus 11855 (siglo XTV) 217.

216 Gu. B illa n o v ic h , I primi umanisti e la tradizione dei


classici latini, Friburgo, 1953, págs. 18 y sigs. y 40 y sigs.
217 Giardina añade un cuarto : O = Geroliminianus siue Ora-
torianus C. F. 4.5., del siglo xiv; Zwier l ein , op. cit., pág. 760, y
T arrant , op. cit., págs. 63 y 71, no parecen estar de acuerdo
con ello.
INTRODUCCIÓN GENERAL 75
Los tres proceden de un antepasado común, desig-
nado tradicionalmente con la sigla 2. Ninguno de ellos
deriva de los otros; M y N parecen tener una fuente
común distinta de la de F, el cual se muestra como el
más estrechamente ligado a E de los tres. Giardina
considera a £ un hermoso gemelo de E; otros editores,
en cambio, lo hacen derivar de éste.
Dentro de la familia A hay alrededor de trescientos
manuscritos que presentan las diez tragedias, incluida
Octavia.
Los más antiguos son dos códices con muy escasas
correcciones y sin ninguna nota o comentario: C — Can-
tabrigiensis Coll. Corp. Christi 406 y P = Parisinus
Bibl. Nat. Latinus 8260. Ambos parecen remontarse al
siglo XIII.
Entre los principales figuran, además de éstos:
S = Escorialensis T III 11 (antes 108), del siglo xiv.
K - Cameracensis 555 (siglos xil-xm-xiv).
q = Casinensis 392 P (siglo xiv).
e = Etonensis 110 (siglo xm ).
1 = Laurentianus plut. 24 sin. 4 (año 1371).
n —Neapolitanus Bibliothecae Nationalis IV d. 47 (año
1376).
r = Vaticanus Reginensis latinus 1500 (año 1389) 218.
V = Vaticanus latinus 2829, cuya importancia ha sido re-
cientemente destacada por MacGregor2l9.
La familia A se ha transmitido en dos ramas: la
primera de ellas, denominada comúnmente 6, está ex-
clusivamente representada por P (y por G = Exoniensis
2,8 I, n, r están muy relacionados entre sí, así como los
dos primeros con C y con S. e, r presentan lecciones tomadas
de E para rellenar lagunas.
219 A. P. M ac Gregor , «The ms. tradition of Seneca's tra-
gedies, ante renatas in Italia litteras», Transactions and Pro-
ceedings of the Amer. Philol. Assoc. 102 (1971), 327 y sigs.
76 TRAGEDIAS

Cath. Libr. ms. 3459, para Octavia). La segunda rama


(y en Giardina, ¡3 en otros) comprende todos los demás
manuscritos de la familia A, entre los cuales C y S son
los más puros m.
La lectura de A puede determinarse cuando P O S
coinciden, o bien, cuando P o CS coinciden con E,
frente al otro221.
Aparte de los manuscritos hasta ahora aludidos,
hay otro abundantísimo material en la tradición tex-
tual de las tragedias de Séneca, dentro del cual cabría
destacar el propio comentario de N. Trevet a que nos
hemos referido en apartados anteriores (parece haber
sido hecho sobre un texto de la familia A; normal-
mente se le designa con la letra t) y junto a él una
larga serie de Florilegios, excerpta y fragmentos, como,
por ejemplo, R (= Cod. rescriptus Ambrosianus G 82
sup.), que presenta uno de los testimonios más anti-
guos en esta tradición manuscrita (s. v), o T ( = Pari-
sinus Lat. 8071 —antes Thuaneus—), de los siglos ix
al x z22.
Como dijimos antes, de las dos grandes familias de
esta tradición manuscrita se ha considerado durante
mucho tiempo la E como genuina y la A como «vul-
220 La importancia de P C S fue puesta de relieve por
Stuart, quien determinó la relación existente entre los tres,
concluyendo que su testimonio era suficiente para reconstruir
el hiparquetipo de A: E. Ch. Stuart, «The ms. of the inter-
polated A traditions of the tragedies of Seneca», Classical Quar-
terly 6 (1912), 1 y sigs.
221 Las dos familias de manuscritos A y E han estado siena,
pre relacionadas y se han interferido mutuamente con fre-
cuencia, hasta el punto de que modernamente se empieza a
hablar de un grupo de códices «AE», dentro del cual se in-
cluyen, por ejemplo, K, Q. Cf. p. ej., Philp, op. cit., o T arrant ,
op. cit., págs. 8 y sigs.
222 Para otros muchos ejemplos, cf. Giardina, L. A. S. Tra-
goediae, I, págs. XVIII y sigs., y Tarrant , op. cit. págs. 46 y
siguientes.
INTRODUCCIÓN GENERAL 77
gata» e interpolada 223. Leo negaba a A toda autoridad,
llegando, cuando el texto de E aparecía corrompido, al
extremo de recurrir a la conjetura, antes que aceptar
lecturas de A. A pesar de ello, en ocasiones, reconoce
en A la verdadera lectura frente a E y en la práctica
corrige más de una vez a E según A.
Esta misma minusvaloración de A por parte de Leo
se debía 224 a que no conocía P ni C, que, como hemos
visto, son los mejores manuscritos de la familia. Su
recopilación de códices se había orientado casi por en-
tero hacia Italia y había basado su conocimiento de A
en dos manuscritos muy contaminados (Laurentianus
37-6 y Vaticanus Latinus 1647) que seguramente lla-
maron su atención por estar fechados.
La enorme influencia ejercida por Leo hizo que su
sobrevaloración de E siguiera vigente en editores pos-
teriores, aun después de que A se conocía ya mejor.
Un primer paso en la revalorización de A y en la
organización de su stemma fue dado por Richter:
sobre la observación de que en algunos manuscritos A
(por ejemplo el usado por Trevet) faltaba Hércules
loco 125-161, concluía que el hiparquetipo de A debió

223 «Nouem Senecae tragoedias ante extinctas Romanorum


litteras data opera homo aliquis non indoctus interpolauit. Idem
Octauiam praetextatam, primis Flauiorum temporibus scrip-
tam, nouem tragoediarum corpori iniunxít mutatique ordinis
locum tenere iussit nonum». Así empezaba Leo sus «De Sene-
cae trag...... Según él, el interpolador introdujo en el texto
algunas lectiones difficiliores, con la idea de acentuar más la
artificiosidad y grandilocuencia del estilo de Séneca. Para
Richter, en cambio (pref. a su edición de las Trag., pág. XIV),
lo que el interpolador perseguía era aclarar el texto, más bien
que hacerlo parecer más genuino. Ésta es también la opinión
que hoy predomina, si bien se reconoce que a veces en A hay
lectiones difficiliores; pero, en general, lo que en ella suele
predominar es la tedio facilior.
224 Cf. Tarrant, op. cit., pág. 90.
78 TRAGEDIAS

de tener ya dicha laguna y que, por ello,Ios manus-


critos que también la presentaran debíairco^stituir la
base más segura para reconstruir dicho hiparque tipo 225.
Este criterio de la laguna sería luego perfeccionado
y ampliamente aplicado por Th. Düring y W. Hoffa 226.
Hoy se reconoce la presencia de incorrecciones e
interpolaciones tanto en E como en A 227 y se ha de-
mostrado228 que a ambas familias debe dárseles en
principio la misma autoridad y que ha de ser la calidad
intrínseca de sus lecturas el único criterio válido de
elección.
Se ha descartado también hoy definitivamente la
antigua hipótesis de que las dos recensiones corres-
pondían a otras tantas ediciones llevadas a cabo por
Séneca229, y la problemática en este campo se plantea
225 c f. T arrant, loe. cit.', G. R ic h te r , De corruptis quibusdam
Senecae Tragoediarum locis, Jena, 1894, y Kritische Untersu-
chungen zu Senecas Tragodien, Jena, 1899; R. P eiper , De Sene-
cae tragoediarum uülgari lectione A constituenda, Breslau, 1893.
226 Th. D üring , «Die Uberlieferung des interpolierten Textes
von Senecas Tragodien», Hermes 42 (1907), 113 y sigs. y 579 y
siguientes, y «Zur Überlieferung von Senecas Tragodien», Her-
mes 47 (1912), 183 y sigs.; W. H offa, «Textkritische Untersuchun-
gen zu Senecas Tragodien», Hermes 49 (1914), 464 y sigs.
227 Para una clasificación y ejemplificación de los principa-
les tipos de corrupciones en cada una de estas dos familias,
cf. G. B rugno l i, «La tradizione manoscritta di Seneca trágico
alia luce delle testimonianze medievali», Memorie Acad. Lincei,
ser. 8, 8/3 (1957), 267 y sigs. Para otros estudios sobre el texto
de las tragedias, cf. J. V iansino , L. A. S. Tragoediae, I, Turín,
1965, págs. 120 y sigs.; G iardina, L. A. S. Tragoediae, I, pági-
nas XXXIX y sigs.
228 Cf., p. ej., G. Car l sson , Die Überlieferung der Seneca-
Tragódien. Eine Textkritische Untersuchung, Lund, 1926, y «Zu
Senecas Tragodien», Bull. Soc. Roy. des Lettres de Lund, 1928-29,
Lund, 1929, págs. 39 sigs.
229 Teoría ésta que fue defendida por A. S iegmund, Zur
Textkritik der Tragodie Octauia, I, Leipzig-Viena, 1907; II,
Progr. Bohm-Leipa, 1910-1911; III, Progr. Bohm-Leipa, 1911.
INTRODUCCIÓN GENERAL 79
fundamentalmente en tomo a los tres puntos siguien-
tes: cuándo se produjo la escisión de las dos familias
E y A, cuándo tuvo lugar la interpolación de A y cuándo
se añadió Octavia.
La respuesta de Leo a estas tres cuestiones era el
siglo iv. Ahora bien, en la actualidad, si bien se está
de acuerdo en admitir dicha fecha para la cuestión
primera, suele haber discrepancias, como vamos a ver,
en lo que respecta a las otras dos.
Pruebas de tipo externo apenas si se pueden apor-
tar para fijar la datación del arquetipo unitario y la
de su posterior división en las dos familias. T cón sus
concomitancias con E podría señalar un posible ter-
minas ante quem alrededor del 750 23°. Pero se ha pre-
tendido adelantar este posible terminus ante quem
argumentando que a finales de la Antigüedad y durante
la primera Edad Media, los que citan a Séneca lo hacen
no según la familia E, sino siguiendo la recensión A,
pero una recensión A todavía no interpolada m.
También R apoyaría esta hipótesis: como R y A
coinciden, frente a E, en un solo error básico, y además
solamente A conserva Octavia, piensa Giardina que el
arquetipo de A, aunque cargado de corruptelas, debe
provenir de una fuente muy antigua, es decir, de una
edición anterior al siglo iv 232. P h ilp , en cambio 233, ve
230 w . W oesl er, Sénecas Tragodien, Die überlieferung der
a-Klasse dargestellt am Beispiel der Phaedra, tesis doct., Müns-
ter, 1965, pág. 105; R. H. Philp, The Manuscript tradition of
Seneca’s Tragedies, tesis doct., Cambridge, 1964, y Classical
Quarterly, n. s., 18 (1968), 170.
231 Cf., p. ej., G. B rugno l i, op. cit., passim. A esta opinión
se adhiere Giardina, L. A. S. Trag., I, págs. XXI y sigs., y la
apoya también P h i l p , op. cit., pág. 175. En contra de ella, cf.,
p. ej., Zwier l ein , op. cit., págs. 212 y sigs, y T arrant , op. cit.,
página 54.
232 G iardina, L.A.S. Trag., I, pág. X X I.
233 P hi l p , op. cit., págs. 173 y sigs. y 117 y sig.
80 TRAGEDIAS

en esto la primera prueba positiva de la existencia


independiente de A.
Se ha recurrido también para datar la división de
las dos familias a criterios de tipo interno, fundamen-
talmente paleográficos: así, por ejemplo, de la falta
de errores comunes propios de la escritura en mi-
núsculas se suele deducir la no existencia de un arque-
tipo común en minúsculas 234. Otros, en cambio, pre-
fieren plantear la cuestión en términos diferentes, en
la idea de que pensar en un arquetipo en mayúsculas
o unciales sólo es viable si E y A contienen cada una
errores propios de letra mayúscula o uncial, como
parece ser el caso 235. Ello apunta, por tanto, también
hacia un arquetipo del siglo iv o de comienzos del v.
Ahora bien, a pe^r\ de su temprana datación,
este arquetipo debic^ sufrir numerosas alteraciones.
Tarrant 236 atribuye W-arquetipo las corrupciones de
mayor entidad (omisiones, desplazamientos o inser-
ciones de versos enteros, etc.). Las interpolaciones
individuales de E y A son de menor trascendencia. Se
hacen asimismo interpretables como errores del arque-
tipo aquellos pasajes en que E y A difieren y ninguno
ofrece texto satisfactorio.
De las peculiares diferencias entre R, E y A deduce
Giardina que ligeras discrepancias, aunque no pocas,
existían ya entre las dos familias en el siglo iv y que
fue entonces cuando a una de ellas se incorporó Octa-
via. Para Tarrant, en cambio, no existen pruebas de
que Octavia circulara durante la alta Edad Media unida
ya a las demás tragedias, ni es tampoco una caracte-
rística interpolación de A citada en la tradición se-
234 Cf. W oesl er, op. cit,, pág. 78; Philp, op. cit., pág. 176;
Zwier l bin , reseña de G. Giardina, L.A.S. Tragoeáiae, Gnomon
41 (1969), 764.
235 Cf. T arrant , op. cit,, págs. 57 y sigs.
236 Op. cit., pág. 59.
INTRODUCCIÓN GENERAL 81
cundaria antes de finales del siglo xii. Por ello sugiere
que tanto la interpolación de A, como la incorporación
de Octavia, tuvieron lugar en la primera mitad del si-
glo xm. Giardina, por el contrario, defiende que las
mayores discrepancias entre las dos familias y las in-
terpolaciones introducidas en ambas con vistas a faci-
litar la comprensión del texto entraron en las dos
recensiones entre los siglos ix y x, aunque, eso sí, son
de mucho mayor número e importancia en A que en E.
7. Ediciones
Las tragedias de Séneca no han sido muy afortu-
nadas con sus editores; durante mucho tiempo sólo
han llegado a contar entre ellos a dos grandes latinis-
tas, Gronovio y Leo. Ello no quiere decir que hayan
abundado grandes filólogos en el estudio del texto de
dichas tragedias. Pero es un hecho repetido en varias
ocasiones el de que tales filólogos, después de haber
realizado investigaciones trascendentales para la com-
prensión del texto y para la solución de los problemas
de la tradición manuscrita, por una u otra circuns-
tancia no han llegado a ofrecer una edición.
Éste fue el caso, por ejemplo, de N. Heinsius y de
Bentley, cuyos trabajos no pasaron de unas observa-
ciones teóricas en el primero y de unas anotaciones
marginales en el segundo 237.
Éste sería luego el caso de Düring, Hoffa y Stuart.
Los dos primeros, mientras preparaban para Weid-
marm una revisión de la edición de Leo, descubrieron
varios manuscritos de los más puros dentro de la
237 N. H einsius , Aduersariorum íibri IV, ed. P. B urman ,
Jr., H aarlem , 1742; R. B ent ley, Adnotation.es ad Senecae tragoe-
dias emendandas editioni Gronovianae adscriptas, reunidas por
E. H edecke, Studia Bentleiana, fase. 2, 1899, págs. 9 y sigs.
82 TRAGEDIAS

familia A (los códices 1, n, r) y pudieron conocer tam-


bién con vistas a tal edición los avances realizados por
Stuart, quien había emprendido la mayor recopilación
de manuscritos de Séneca trágico llevada a cabo hasta
entonces y había demostrado la importancia de códi-
ces como C, P y S.
Pero los tres filólogos vieron su obra y su vida
truncadas por la guerra mundial 238.
Y otro tanto ocurriría más tarde con los trabajos
realizados por Carlsson239 como preparación a una pro-
yectada edición de las tragedias junto con Axelson 24°.
La Editio princeps fue llevada a cabo en Ferrara,
por Andrea Bellfortis, en tomo a 1484, y se basaba en
fuentes contaminadas de la familia A, sin mostrar
conocimiento de la recensión E.
Semejantes características presentan otras edicio-
nes hechas durante el mismo siglo xv, como la de Mar-
tinus Herbipolensis, en Leipzig, o la de Carolus Fer-
nandus, en París (ambas sin año), o como la edición
comentada de G. B. Marmita, aparecida en Venecia en
1492. En 1493 se imprimían también en Venecia las
Tragoediae Senecae cum duobus commentariis de
B. Marmita y Dan. Caietanus, que sería sucesivamente
reeditada durante las dos primeras décadas del si-
glo XVI.
De dichas décadas son también las ediciones de
Bened. Philologus y Egid. Masariensis, aparecidas, res-
pectivamente, en Florencia, en 1506, 1513, y en París,
en 1511, y la de Iodocus Badius Ascensius (París, 1514),
en cuyo comentario se plantean por primera vez con

238 dü r ing , op. cit.; H offa, op. cit.; S tuart , op. cit.
239 Car l sson, op. cit.
240 Cf. B. Axe l son, Korruptelenkult: Studien ztir Textkri-
tik der unechten Seneca-Tragodien Hercules Oetaeus, Lund,
1967.
INTRODUCCIÓN GENERAL 83
cierto rigor y con erudición y sensibilidad crítica los
problemas del texto. Una crítica excepcionalmente
cuidadosa muestra también la edición de Hieron. Avan-
tius, en Venecia, en 1517. Varias veces reeditadas fue-
ron a mediados de siglo las tragedias por Henr. Petrus,
en Basilea, y por S. Gryphius, en Leiden,
Gran erudición y una vasta recopilación de material
presentan los comentarios de M. Ant. Delrius, publica-
dos en Amberes en 1576 y 1593-1594.
A finales del xvi y comienzos del x v ii se llevaron a
cabo las ediciones y comentarios de Fr. Raphelengius
y J, Lipsius, de A. Sept. Florens Christianus, de Hier.
Commelinus y de J. Gruterus, de Jos. Scaliger y Dan.
Heinsius, de lo. I. Pontanus, de P. Scriverius, de Ant.
Thysius y de Thom. Famabius, ésta última con la ven-
taja de presentar organizado y digerido el ingente ma-
terial acumulado por Delrius241.
En 1661 y 1662 se publica en Leiden y Amsterdam
la edición de lo. Frid. Gronovius, que marca época por
ser la primera vez que un editor incorpora a su obra
el material del manuscrito Etrusco.
Durante el siglo x v i i i son dignas de mención las
ediciones de Joh. Casp. Schroeder en dos volúmenes,
incluyendo íntegro el comentario de Gronovius más
una selección de otros muchos comentarios (Delft,
1728), y la Editio Bipontina de 1785.
A comienzos del xix aparece en Leipzig (1819, y
reedición en 1834) la edición de Fr. H. Bothe que,
aunque sin grandes avances, muestra una lectura aten-
ta de los manuscritos y un considerable acierto en las
conjeturas.

241 Cf,, para tod os ellos, J. V iansino , L. A. S. Trag., I, pá-


gina 119, y G. C. G iardina, L. A. S. Tragoediae, I, pág. XXXII.
84 TRAGEDIAS

Se suceden luego las ediciones de Torkill, Carey, la


Editio Lemairiana, la de Holtze y la de R. Peiper (para
Teubner, en Leipzig, 1867)242.
Pero la moderna crítica textual sobre el teatro de
Séneca se puede decir que no comienza hasta 1878-1879,
fecha de publicación de la edición de Fr. Leo. Las
observaciones críticas de su primer volumen fueron,
como ya hemos venido viendo, trascendentales. El texto
lo fijó sobre la base de que E era el único testimonio
seguro de la tradición manuscrita. M y N (£) sólo
tenían interés para Leo cuando E ha sufrido alteracio-
nes después de que 2 fue copiado de él. Todos los
demás códices son colocados en el stemma de la re-
censión interpolada A, que, según dijimos, carecía para
Leo de toda autoridad.
Pero, «aunque Leo és sin duda el más grande la-
tinista que ha editado las tragedias en época moderna,
su contribución personal a la corrección del texto no
fue ni amplia ni duradera... Leo se mostró además
excesivamente acogedor con las conjeturas de Wilamo-
witz, pocas de las cuales muestran una verdadera sen-
sibilidad para el conocimiento del estilo de Séneca» m.
La reelaboración por G. R ic h t e r para Teubner
(Leipzig, 1902, reimpresiones en 1921 y 1937) de la
edición de Peiper del 1867 representó un gran avance
sobre ésta, especialmente, por el intento de alcanzar
un estadio de la recensión A anterior al de los recen-
tiores que Leo había utilizado y por adoptar en la
valoración comparativa de E y A una postura mode-
rada, dando el gran paso de considerar buenas muchas
lecturas de A en lugares en que E aparece corrompido,
en la idea de que dichas lecturas eran las del arquetipo
común de las dos familias.
242 Cf. J. V iansino , L. A. S. Trag., I, pág. 120; G. C. G iar -
dina, L. A. S. Trag., pág. XXXIII.
243 Tarrant, op. cit., pág. 90.
INTRODUCCIÓN GENERAL 85
En los años inmediatamente posteriores a esta edi-
ción la crítica textual de las tragedias de Séneca expe-
rimentó avances espectaculares en los trabajos de
Düring, Hoffa y Stuart antes mencionados. Sin em-
bargo, estos avances no se reflejaron todo lo que era
de esperar en las ediciones que se fueron sucediendo
(las de F. J. Miller, H. Morricca, L. Hermann, J. Vian-
sino), que de suyo no aportaron mucho a la recensión
de los manuscritos ni a la emendatio del texto 244.
Otro tanto hay que decir en general sobre las edi-
ciones de obras aisladas aparecidas durante este siglo,
a pesar de haber entre ellas algunas particularmente
meritorias (la Octavia de Hosius, la Fedra de Kunst, la
Octavia de Herzog-Hauser, el Edipo de Sluiter, la Octa-
via de Pedroli, la de Santoro, la Fedra de Grimal o la
de Woesler, la Fedra y el Agamenón de Giomini, la
Octavia de Ballaira y otras)24S.
Un avance decisivo, sobre todo en comparación
con sus inmediatos predecesores, ha sido la edición de
G. C. Giardina, que a pesar de sus defectos 246 es la
mejor edición completa de que hoy disponemos.
Con posterioridad a ella han aparecido una Medea
de Costa, que en muchos aspectos de crítica textual
supone un retroceso, y un Agamenón de Tarrant, en

244 Cf. T arrant , op. cit., pág. 93, con bibliografía crítica, en
nota 3, de estas ediciones.
245 Grimal, por ejemplo, sigue prestando atención prefe-
rentemente a E; Sluiter y Woesler, en cambio, atienden a PCS
y se muestran ponderados en la valoración de E y A.
246 Cf. las recensiones de Z w ierleim , ya citadas, o de C o u r t -
ney (Classical Review, n. s., 18 [1968], pág. 173), y Tarrant,
op. cit., pág. 94: Giardina emplea de forma exhaustiva y cuida-
dosa PCS y colaciona nuevamente E. Pero aparte de EPCS,
presenta cierta vaguedad en el tratamiento de los manuscritos,
defectos en el planteamiento del aparato crítico y poca seguri-
dad en la elección (eso sí, libre de parcialidad) entre E y A.
86 TRAGEDIAS

donde se incorporan los avances más recientes de dicha


crítica247.
Se anuncian, y según nuestras noticias no han apa-
recido hasta la fecha, tres ediciones completas: una,
de Zwierlein, para Oxford Classical Texts; otra, de
G. Brugnoli y V. Ussani Jr., para Teubner, y otra, con
traducción, de A. Ruiz de Elvira, para Colección his-
pánica de autores griegos y latinos.

8. T raducciones
Además de las traducciones ya mencionadas en el
apartado 5, en época moderna, entre las que compren-
den todas las tragedias, cabe destacar las siguientes:
W. A. S woboda, Senecas Tragodien nebst dem Fragm. der über.
rom. Trag. übersetzt u. mit Einl. verséhen, I-III, Viena,
1825-1830.
F. J. M il l er , Seneca’s Tragedies witk an EngHsh Traslation, I-II,
Londres-Cambridge, 1917.
L. H errmann , S&négue. Tragedies, texte établi et traduit, I-II,
París, 1961 (= 1924-1926).
E. Paratore, Seneca, Tragedie, Roma, 1956.
T h . T homann , Senecas samtliche Tragodien, hrsg. & überstz.,
I-II, Zurich, 1961-1969.

En español:
P. A. M ar tín R obles, L. Anneo Séneca, Tragedias, I-II, M adrid,
1945.
A. B l Anqtjez, L. Anneo Séneca, Teatro Completo, Barcelona, 1958.
J. Azagra, Séneca, Obras Completas, Madrid, 1968.
L. Riber, L. Anneo Séneca, Tragedias Completas, Madrid, 19706.

247 Las ediciones de Hércules en él Eta por Fuchs-Gygli,


y de Octauia por Runchina, anunciadas por G iardina, L. A. S.
Trag., pág. XXXIV, nos ha sido imposible localizarlas.
INTRODUCCIÓN GENERAL 87
Se anuncia la traducción de Ruiz de Elvira antes
mencionada.
Entre las traducciones de obras aisladas se pueden
destacar:
A. S antoro , Octavia, texto, trad. y com., Bolonia, 1955.
C. W. Mendel l , Edipo, en Our Seneca, págs. 251 y sigs.
J. V iansino , Ercole Furioso, analisi, trad e note in usum schoL,
Salerno, 1973.
Y en español:
M. M enéndez P elayo, traducción de Agamenón, en Varia, I,
Santander, 1956, págs. 135 y sigs.
E. V alentí, Lucio Anneo Séneca: Medea, Fedra. Prólogo, texto y
traducción, Barcelona, 1950.
V. G arcía Yebra, Lucio Anneo Séneca: Medea, traducción en
verso, Madrid, 1964.

II. NUESTRA TRADUCCIÓN

La traducción que aquí presentamos pretende seguir


de cerca el texto latino, tratando de revelarlo con la
mayor aproximación posible tanto en el fondo como
en la forma. Precisamente por querer acomodarnos a
esta última hemos combinado la prosa y el verso.
Traducimos en prosa las partes escritas en trímetros
yámbicos, es decir, los pasajes puramente coloquiales,
tanto de los personajes como del coro. Todos los demás
pasajes, escritos en cualquier otro tipo de verso, tanto
si están puestos en boca del coro como en boca de
algunos de los personajes, los traducimos en verso.
Al traducir en verso hemos intentado reflejar en la
medida de lo posible la propia organización del dis-
curso en los versos latinos, procurando incluso que
88 TRAGEDIAS

cada verso latino coincida con uno de la traducción.


Para conseguir esto hemos tenido que desechar un
patrón rítmico fijo en los versos castellanos: es decir,
sacrificamos la posible uniformidad rítmica total de
los versos de la traducción en beneficio de que pue-
dan reflejar más exactamente la organización de las
frases e incluso de las palabras en el verso latino.
No quiere ello decir que los versos de la traducción
sean completamente libres: abundan sobre todo los
versos de once sílabas, pero combinados, para conse-
guir mayor movilidad para reflejar los versos latinos,
con otros de nueve o de trece sílabas, así como con
otros compuestos de hemistiquios de cinco, siete, nueve
u once sílabas.
Para la traducción hemos tenido muy en Cuenta
las anteriores españolas de L. Riber, P. A. Martín Ro-
bles, A. Blánquez, E. Valentí y García Yebra, y la fran-
cesa de L. Herrmann. Con todas ellas reconoce su
deuda el autor.
Para el comentario nos han servido de gran ayuda
muchas de las ediciones anotadas que antes hemos ci-
tado (entre ellas, sobre todo, la Medea de Costa, la
Fedra de Grimal, el Agamenón de Giomini y el de
Tarrant, la Octavia de Ballaira, el comentario de Trevet
al Hércules Vurens m, y muy en especial la edición de
J. C. Schroder, a través de la cual hemos podido dis-
poner íntegramente del comentario de Gronovius y
parcialmente de los de J. Lipsius, M. A. Delrius, J. Gru-
teras, H. Commelinus, J. Scaliger, D. y N. Heinsius,
T. Famábius y otros).
Dado que así lo exige el texto de Séneca, abundan
particularmente en dicho comentario las notas de tipo
mitográfico. En este terreno, además de los manuales
248 V. U ssani Jr., Nicolai Treueti expositio Herculis Furen-
tis, Roma, 1959.
INTRODUCCIÓN GENERAL 89
de P. Grimal249 y de H. J. Rose250, nos ha servido de
gran ayuda la Mitología Clásica de Ruiz de Elvira251. A
ellos, sobre todo a este último, remitimos al lector
frecuentemente para mayor brevedad de las notas.
Cada tragedia va precedida de una pequeña intro-
ducción, que consta de tres partes: 1) Argumento.
2) Observaciones críticas, en donde sucintamente se
recogen las indicaciones más destacadas que se han
hecho, tanto en el terreno de las fuentes como en lo
referente a la forma y contenido de la obra. 3) Estruc-
tura: presentamos aquí un esquema estructural de
cada obra con breves indicaciones del contenido argu-
mental de las distintas partes y de la forma métrica
en la obra latina (en este último aspecto nos limitamos
a señalar cualquier otro tipo de verso que no sea el
trímetro yámbico). Para la elaboración de estos es-
quemas estructurales hemos tenido muy en cuenta las
indicaciones de Mette 252 y de Schroder 253.
Tanto en los comentarios como en las introduccio-
nes, general y parciales, hemos procurado prescindir
al máximo de terminología técnica. He aquí, no obs-
tante, una relación de los términos más empleados (las
definiciones las tomamos de F. Rodríguez Adrados,
F^isjta, Comedia y Tragedia 254, adonde remitimos al lec-
tor para cualquier otra duda sobre el lenguaje técnico
del teatro antiguo):

24? P. Grima l , Dictionnaire de la Mythologie Grecque et


Romaine = Diccionario de la mitología griega y romana [trad.
F. Payarola], Barcelona, 1965.
250 H. J. R ose, A Handbook of Greek Mythology —Mitología
griega [trad. J. Godo], Barcelona, 1970.
251 A. Ruiz de E l vira, Mitología clásica, Madrid, 1975.
252 H. J. Met te, op. cit., págs. 171 y sigs.
253 j. c. S chroder , op. cit., passim.
254 F. R. Adrados, Fiesta, Comedia y Tragedia, Madrid, 1972,
páginas 614 y sigs.
90 TRAGEDIAS
Agón: Enfrentamiento, proveniente de la esfera ritual, ya de
acción, ya de palabra, entre un coro y un actor, o bien entre
dos coros, e incluso entre dos actores.
Como: Un coro que se desplaza para realizar una acción ritual,
con procesión y danza.
C orifeo : Coreuta que hace de Jefe de Coro y que a veces recita
antes o después del mismo, o habla en su nombre en diálogo
con los actores.
D it irambo : Himno dionisíaco de varias formas y contenidos.
E st ásimo : Coral en el teatro, exceptuando la párodos y el éxodo.
É xodo : Canto de marcha del coro o corifeo al abandonar el
teatro.
H imeneo : Canto de bodas.
M onodia : Intervención independiente de un actor en forma can-
tada. (Aunque en las obras que aquí presentamos no se tra-
tase con toda probabilidad de canto, empleamos el término
para reflejar el carácter especial de un pasaje compuesto en
versos líricos.)
O rquestra: Espacio donde evolucionan el coro y los actores.
P árodos: Canto de entrada del coro en la orquestra.
P ró l ogo: Escena inicial de una pieza teatral antes de la en-
trada del coro.

El texto latino utilizado para nuestra traducción ha


sido el de la edición de G. C. Giardina, anteriormente
citada, no sin cotejarlo con el de otras ediciones mo-
dernas, como las de Viansino, Moricca, Herrmann,
Grimal, Costa y Tarrant, también ya citadas.
Hemos tenido también en cuenta otros estudios crí-
ticos sobre el texto de las tragedias, aparecidos con
posterioridad a la edición de Giardina, como son, ante
todo, las reseñas de E. Courtney255, A. Ghiselli256 y

255 e . C ourtney, Reseña de la edición de Giardina, Classicál


Review, n. s., 18 (1968), 173 y sigs.
256 A. G hise l l i , «Una nuova edizione delle tragedie di Se-
neca», Paideia 24 (1969), 199 y sigs.
INTRODUCCIÓN GENERAL 91
O. Zwierlein 257 a dicha edición, y los trabajos de
D. E. Gerber 258, G. M. Lee259, M. Palma 260, R. H. Philp261,
R. H. Rouse 262, G. Zappacostam, O. Zwierlein264 y
P. Grissoli265.
Los lugares en que nos apartamos del texto de
Giardina son los siguientes, por lo que hace a las tra-
gedias contenidas en el presente volumen:
H ércules l oco :

188 Tempore Z e Giardina: Ordine E3 ALO Viansino; Zwierlein


(Rezitationsdramen, pág. 198).
380 patrium Bücheler, Giardina: patriam codd. Viansino.
529 ferocia E A Giardina: feracia £ Viansino, Grissoli («Sene-
ca, Hercul Fur.», págs. 91 y sigs.).
646 lapsis £ e2 Giardina: las sis E A Courtney (Reseña, pág. 174),
Zwierlein (Reseña, pág. 768).
660 f Aetna Giardina : Enna Avantius, Viansino.

257 O. Zwier l ein , Reseña de la edición de Giardina, Gnomon


41 (1969), 759 y sigs.
258 D. E. Gerber , «Seneca, Hercules Oetaeus, 1697-98», Rhein.
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92 TRAGEDIAS
1068 uolucer E e Giardina: uolucre t : uolucre o Leo(Giardina:
«forte recte»).
1191 ... quota est? Giardina: ... quota est! Courtney (Reseña, pá-
gina 175).
1312 f letale Giardina : senile Withofs, Viansino, Zwierlein (Re-
seña, pág. 765).

Las troyanas:
8 quae E Giardina: qui A Viansino.
46 sceua E : seua A : scaeua Giardina: laeua Gronovius, Zwier-
lein («Kritisches...», pág. 265).
159 tutis E Giardina : tutus A Carlsson, Zwierlein (Reseña, pá-
gina 767).
197 f diuisit E A Giardina: dimisit £ Zwierlein («Kritisches:..»,
página 257).
251 primus E K Giardina : primae A Carlsson, Zwierlein (Re-
seña, pág. 767).
264 uincendo codd. Giardina: imperta Damsté, Courtney (Re-
seña, pág. 175).
279 etiam codd. Giardina: utinam Madvig, Herrmann, Zwier-
lein (Reseña, pág. 767).
302 tumide codd. Giardina: timide Schroder, Herrmann.
304 amoris ictu conjet. Giardina: amore sotito £ Herrmann.
357 dant K Q e 1 n x Giardina: dat Courtney (Reseña, pág. 176).
457 expuíit E Giardina : excutit a Herrmann, Zwierlein (Rese-
ña, pág. 767).
688 illidet E Giardina: elidet A Carlsson, Zwierlein (Reseña,
página 767).
1155 exacta codd. Giardina: exactum Heinsius, Zwierlein (Rese-
ña, pág. 767).

L as fenicias :
112 deleuit Richter; Zwierlein (Reseña, pág. 767).
218 deleuit Wilamowitz; Zwierlein (Reseña, pág. 768).
304 maturam E Giardina: maturi A Richter, Herrmann, Vian-
sino, Zwierlein (Reseña, pág. 768).
366 últro N. Heinsius, Giardina : ultra codd.
INTRODUCCIÓN GENERAL 93
375 quod cingit Isthmon (cingit codd.) Giardina: quod scind.it
Isthmos Zwierlein («Kritisches...», pág. 258).
651 sigs. ETEOCLES. — Numeret, est tanti mihi / cum regibus
iacere. IOCASTA.— Te turbae exulum / adscribo. Regna
dummodo ... Giardina : ETEOCLES. — Num eret... adscribo.
IOCASTA. — Regna dummodo Zwierlein (« K r itisc h e s.p á -
gina 258).
Medea:
22-23 me coniugem optet, limen...f iam notus hospes, quoque...
Giardina: iam notus hospes, limen...! me coniugem optet,
quoque... Costa, Zwierlein (Reseña, pág. 768).
475 iussasque codd. Giardina : ausasque Heinsius, Zwierlein (Re-
seña, pág. 768).
517 f confligere E A Giardina: conferre Gronovius, Costa.
517 certemus codd. Giardina: certamen Dan. Heinsius, Costa.
710-711 los cambió de orden Gronovius, Zwierlein (Reseña, pá-
gina 768),
923 agnosco E Giardina: magno A Carlsson, Zwierlein (Reseña,
página 768).
950 osculis E Giardina: o scelus Gronovius, Carlsson, Zwierlein
(Reseña, pág. 768).
1026 sublimis aetheris Giardina: sublimi aethere Famabius,
Zwierlein (Reseña, pág. 766).

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HÉRCULES LOCO
IN TROD U CCIÓ N

1. A rg u m en to. — • Mie n t r a s H é rcu le s h a b a ja do a


los I nfie r nos, L ico se h a a pod e r a do del t ron o d e Te-
b a s d es p u és d e m a t a r a su rey, C r eon te, p a d r e d e
Méga r a, la e s pos a de H é rcu les. É st a, s u h ijo y Anfit rión,
p a d r e h u m a no d el h é r oe, s u fr e n la tir a n ía d e L ico,
cu y a c r u eld a d a u m e n t a al n o a cce d e r Méga r a a ca s a r se
co n él.
C u a n do L ico es t á a p u n to d e llev a r a c a bo s u s a m e-
n aza s sob r e la fa m ili a d e H é rcu les, r eg r es a és te, ju n to
co n T e s eo, d e los I n fie r nos y le da m u e r t e.
L u ego, m ie n t r a s el h é r oe r e a liz a u n s acr ificio a Ze u s,
J u no, co m o u n a c t o m á s d e s u o d io con t r a H é rcu les,
le h ace p e r d e r la r a zón y e n s u loc u r a m a t a a s u e s pos a
y a su s h ijos.
C u a n do v u elve e n sí y se d a cu e n t a de lo q u e h a
h ec h o, q u ie r e m a t a r se; p e r o los r u egos d e T eseo y An-
fit r ión con sig u e n dis u a d ir lo y q u e s e d i r ija a Ate n a s a
p u r ifica r se.

2. O b ser v acio n es crítica s. — L a fu e n t e p r in cip a l d e


es t a ob r a es el H er acles de E u r ípid es, a u n q u e, si b ie n
p a r a a lgu nos es m u y fu e r t e s u d ep e n d e ncia del or igin a l
g r ie g o J, son m u y i m por t a n t e s la s dife r e ncia s e n el t r a-
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176 y sigs. y 336 y si gs.
114 TRAGEDIAS

t a m ie n to del t e m a 2: e n lu g a r d e la se n t e ncia de m u e r t e
co n t r a los h ijo s de H é rcu les, S é n eca h a i n t r od u cid o el
d e s a fío d e M ég a r a a L ico, al r ech a z a r su s in sis t e n t es
p r op os icio n e s de m a t r i m on io. Te seo tie n e a q u í u n a in-
t e r ve nción m u c h o m á s la rga, q u izá s p a r a fa cili t a r la
d e sc r ip ció n de las ave n t u r a s d e H é rcu les e n los I n-
fie r nos. Aq u í la m a t a n z a d e la e s pos a e h ijos de H é r-
cu les fo r m a n p a r t e d e la t r a m a, m ie n t r a s q u e e n E u r í-
pid e s e r a n sólo o b je t o de la n a r r ació n d e u n m e n s a je r o.
S u p r im e t a m bié n Sé n eca, q u izá s p a r a con s eg u ir u n a
m a yor u n id a d d r a m á tica , l a e sce n a Iris-Liss a.
Ap a r t e d e es t a s p ecu lia r id a d e s e n la t r a m a, se a p r e-
cia n ot r a s d ife r e n cia s d e t r a t a m ie n to, co m o p u e d e n
se r u n a t e n d e ncia a l a g r a n diosid a d y al s u s pe n se e n
la a cció n y la in sis t e ncia en el ca r á ct e r h e r oico d e los
p e r s o n a je s 3.
E st a s d ife r e n cia s e n t r e S é n eca y E u r ípid es h a n sido
m uch a s vece s in t e r p r e t a d a s co m o p r é s t a m os to m a dos
p o r S é n eca de o t r a fu e n t e, p rob a b le m e n t e d e l a t r a-
gedia rom a n a r e p u b lic a n a 4. A h or a bie n , es to, a de m á s
d e i n d e m os t r a ble, es p o r lo m e n os in n ece s a r io, p u es
la s in nov acion es co n r e s p ect o al or igin a l g r iego p u e d e
h a be rla s h ec h o Sé n eca m is m o, sin h a be rla s to m a do de
o t r a f u e n t e 5.
2 w i g h t D u ff, op. c it., pág. 202; S c h a n z - H o s i u s , o p. ci t.,
pági na 459; M o r i c c a , «Le trag e di e...», pá gs. 358 y sigs. y 471
y s i g s.; E. P a r a t o r e , «Er c o l e in E uri pi de e Se neca», Ann ali del
L i ceo Cl assico G. Ga ribaí di di P a ler mo (1964), 221 y s i g s.; II
p r ol ogo dello «Her c u les Fu r e ns» di Se nec a e « VEr a cle» d i E u r i-
pi de, R o ma, 1966.
3 T h . B. B, S i e m e r s , S enec a’s «He r c u les Furens-» a n d E u r i-
p i d e’s «He r a c les», tesi s do ct., Utrecht, He erle n, 1951.
4 W. H . F r i e d r i c h , «Euri pi d ei sc he s i n der lateinische n Lite-
ra tur, II: E urí pi de s' Herakl es u n d die romi sc h e Tragodi e»,
H e r m es 69 (1934), 303 y s i g s.; M e t t e , o p. cit., pá gs. 172 y si gs.,
s e ñala la po sibilida d de qu e la figura de Lico proceda de Eurí-
pides a través de la An t io p a de Pacuvio.
5 R . M . H a y w o o d , «Wa s Se n ecas' Hercule s m o d e l e d o n an
HÉRCULES LOCO 115

Se s u ele d e s t aca r p o r los com e n t a r is t a s el fu e r t e


co m po n e n t e e p ic ú r eo de la p á r od os de es t a o b r a 6, a sí
co m o la pos ib ilid a d d e q u e es t é tom a d a d e la p á rodos
del P h aeto n de E u r í p i d e s 7, p e r o co n gr a n i n flu e n cia
d e O vidio, sob r e t o d o en la p r i m e r a p a r t e (125-158).
E n el r e s to se d e scu b r e n i nflu e ncia s de H o r a cio (Od. I,
1 y I I , 16) y de T e óc r i t o 8.
Quizás la p r i n cip a l dife r e n cia co n E u r ípid es se a el
q u e S é n eca pla n t e a l a locu r a de H é rcu le s e n u n a te-
sit u r a p u r a m e n t e h u m a n a.
Los ú n icos ele m e n tos sob r e n a t u r a les son las r efe-
r e ncia s a J u no (p o r eje m p lo, en 1200 y sigs. y 1236) y
sob r e t o d o la in t e r ve n ción d e la dios a en el p r ó lo g o 9.
Ahor a bie n , h ay q u e ob s e r v a r q u e t al in t e r ve n ción
q u e d a d e sco n ect a d a d e l a a cció n p r in cip a l, q u e se des-
a r rolla en u n pl a n o exclu siv a m e n t e h u m a no y n a t u r a l I0.
P a r a u nos, el r a sgo m á s d e s t aca do del H é rcu les
se n eca no es el d e só tér, p a cifica do r y lib e r a d o r 11. P a r a
ot r os, e n c a m bio, H é rcu le s e n es t a ob r a es el s í m bolo
d el u ir m agn a m e d i t a n s 12. H é rcu les, d e s d e lu ego, es

earlier Latín play?», T h e Cl assical Journ al 38 (1942-1943), 98 y


siguie ntes.
6 F. E g e r m a n n , «S e n e c a a i s ...».
7 W . K r a n z , «Zw e i euripideische Chorlieder in Iateinischem
Ge wande», H e r m es 64 (1929), 499 y sigs.
8 C . K . K a p n u k a j a s , Die N a ch a h m ungstech ni k Senec a s i n den
Chor lie der n d es «Her c u les Fu r e ns» un d d e r «Me d e a», tesis doct.,
Leipzig, 1930.
9 R. M. H a y w o o d , «N o t e o n Se neca's He r c u les Fu r e ns», The
Cl assical Journ al 37 (1941-1942), 421 y sigs.
w W.-H. F r i e d r i c h , U n tersuch ungen z u Senec a s d r a m a ti-
sc h e r Tech ni k, tesi s do ct., Berna-Leipzig, 1933.
J. K r o l l, «G o tt u n d H oll é, Der My th o s v o m Descensus-
k a mpfe», (St udi e n der B ibl. Warbu rg 20), Leipzig-Berlín, 1932,
páginas 399 y s i g s.; J. D. B i s h o p , «S e n e ca’s He r c u les Furens,
tragedy fr o m m o d u s uit ae», Cl assica e t Med ioaev a li a 27 (1966),
216 y sigs.
i2 Cf., p. ej., M e t t e , o p. cit., págs. 172 y si gs., en do nd e se
116 TRAGEDIAS

a q u í u n p e r so n a je fu n d a m e n t a lm e n t e e s t o ico 13. A hor a


bie n , Sé n eca n o lo p r e s e n t a seg ú n lo q u e se r ía l a lín e a
co n ve n cion a l e s toica , exclu siv a m e n t e co m o algu ie n q u e
t r a b a ja p o r u n a d eifica ción q u e e n ju s t ici a se le d ebe.
Lo q u e Sé n eca p a r ece h a be r q u e r ido sim boliz a r a q u í es
lo q u e n oso t r os lla m a r ía m os «ju s t ifica ció n p o r la s
ob r a s»: p r e s e n t a el e n d u r eci m ie n to de la vid a a co n s e-
cu e n cia d e u n a s a s p ir acion e s q u e va n m á s allá de los
m od e s tos lím it e s de u n a sa n a m o r a lid a d w. E st a s a spi-
r acion e s t r a e n co n s igo la t r á gica iron ía de q u e, p r eci-
s a m e n t e c u a n do H é rcu le s aca b a d e s alva r a s u fa m ili a
d e las ga r r a s d e L ico, se a él m is m o su ve r d u go 1S.
Se h a q u e r ido v e r e n es t e pla n t e a m ie n to u n cie r t o
efec t o c ó m i c o J6. P e ro n o es el h u m o r d e H o r a cio o d e
la A p ocolocy n tos is (p r ecis a m e n t e el H é rcu le s d e la A po-
colocy n tos is se h a co n sid e r a d o, seg ú n y a vim os, u n a
p a r od ia d el q u e a q u í se p r e s e n t a) lo q u e a q u í se a p r e-
cia , sino q u izá s m e jo r u n co m po n e n t e s a t í r ico al m o d o
de P e r sio o J u v e n a l17.
Com o or q u e s t a ció n de t o d o e s t e pl a n t e a m ie n to,
S é n eca e m ple a u n co m p le jo y r ico sis t e m a de im á ge-
n es, e n t r e la s cu a les p r e do m in a n los m o t ivos a s t r oló-
gicos. E n es t a a legor ía e n q u e la loc a a n sia d e H é rcu le s
p o r la divin iz ación q u ed a fin a lm e n te fr u s t r a d a p o r la
n a t u r aleza d e s u p r op i a locu r a , J u no des plieg a a m plia-
m e n t e el t óp ico de la s es t r ella s co m o sí m bolos de dei-

propon e n lo s antecede ntes griegos de t al plant ea mi ent o (e n e l


t eatro, e n la épica, en Píndaro, e n Platón, et c.).
13 w . J a mro z, «Qu e ma d mo d u m Se n e ca doctrin a St o ic or u m
m ot u s fa b u la m q. i. He r c u les fu r e n s s cri ps erit», E o s 40 (1972),
293 y sigs.
w B. W a l k e r , D. H e n r y , «Th e Futilit y o f Action. A st u dy of
S e neca's He r c u les Fu r e ns», Cl assical P h ilology 60 (1965), 11 y s igs.
15 W i g h t D u f f , p ágs. 202 y si gs.
16 Walk e r-He n ry, op. c i t.
<7 Owe n, o p. cit., p á g. 302.
HÉRCULES LOCO 117

ficación , ju n to co n la ide a de los cielos co m o e s p ejo


del a m bie n t e m o r a l de l a tier r a. La k a tábasis de J u no
en el p r ólogo d e s d e el cie lo a la tie r r a p a r a d e s e nca-
de n a r la loc u r a d e H é rcu les p u e d e in t e r p r e t a r se co m o
u n pla n t e a m ie n to i n ve r t ido del te m a p r i n cip a l18.

3. E str uct u ra.

Ac to Pr im e r o

1-124. P r ó l o g o , a cargo de Juno. S é lame nt a de Jas infidelida-


des de J úpiter y m u es tra s u odio co ntra Hércule s, que
ha cons egui do r egre s ar de lo s Infiernos.
125-204. P á r o d o s . Descri pci ón del amane cer. Frente a la vida
apacibl e del verdadero sabio, condena los afanes y preocu-
paci on es de lo s p od e ros os. Brevedad de la vida h u ma na,
a bocada a la m u erte: refere ncia a la bajad a de Hércules
a lo s Infiernos. N u eva alabanza de la vida retirada. (Dí-
m e tros a napésticos co n algu nos m o n óm e tro s.) (202-204:
Saludo a Anfitrión y Mé g ara.)

Aero SwvÑDo

205-331. A n f í t u t ó n -Mí -CiAr a . Qu ejas p o r las ause ncias de Hércu-


l es. En u m erac ió n de s us tra b ajo s. La me nt os sobre la
opresión tiránica qu e ejerce sobre ellos Lico. Anfitrión
trat a de co nsolar a Mégara. (329-331: s e anuncia la llegada
de Li co.)
331-523. L i c o -M ^ g a r a -A n f i t r i ó n . Li co, para afianzar su situación
en el tron o de Te b as, trata d e conve nc er a Mégara de que
s e case co n él. Ante la negati va de ésta, la amenaza.
524-591. E s t í s i m o 1.° El Coro s ecunda los ru egos de Anfitrión,
hacie ndo v ot os para qu e regre se Hércules c o m o ya otra
v ez lo hizo Orfe o. (Ascle piad eos me nor es.)

18 O w en , loe. cit.
118 TRAGEDIAS

Aero T er ce r o

592-617. H é r c u l e s (ju n t o a él, T e s e o c allado). Im plora la ve nia dei


S ol y d e los d e m ás di os es p or h aber arrastrado h as t a
aquí arriba al p erro Cérbero.
618-829. A n f i t r i ó n (ju n t o a él, M é g a r a callada )- H é r c u i *e s -T e s e o .
Anfitrión-Hércules (618-640): Anfitrión acoge c o n alegría la
vuelta de Hércule s y, ante las preguntas de éste, l e ex-
plica la situación. (S ale Hércule s a castigar a Li co.) Tes eo-
Anfitrión (640-829): Te s e o a instancias de Anfitri ón, expo-
ne la ave ntura de Hércule s e n los Infiernos.
830-894. E s t á s i m o 2.a S e canta la victoria de Hércule s s obr e los
Infiernos, ju n t o co n o tras hazañas del h éroe. (830-874: e n-
decasílabos sáficos; 875-894: gli co nios.)

Aero C ua r t o

895-1053. H é r c u l e s -T e s e o -A n f i t r i ó n -M é g a r a . Hércul e s, de v ue lt a y a
de h aber ma ta do a Lico, i nvoca a lo s di os es p ara u n
sacrificio. Lu ego e nloquece y m a ta a s u m uje r y a s u s
h ijo s, caye ndo después e n u n profu n d o s opor.
1054-1137. E s t á s i m o 3.° S e i nvoca a los di os es, a los a stro s, a
los el em e nt os, al s u e ño, p ara que s e co mpadezca n de Hér-
cules y acudan en su auxilio. Luego s e la m e nt a la mat anz a
de lo s niños. (Dí m etro s a napésticos co n algún m o n ó m e tro.)

Aero Q u i n t o

1138-1344. H é r c u l e s -A n f i t r i ó n -T e s e o . Hércule s, al de spert ar de s u


sue ño y re co brar la razón, s e da cue nta d e lo qu e h a
h echo co n lo s s uyos y quiere dars e mu erte. E s di suadi do
p or lo s ruegos de s u padr e y de Tes eo, el c u al l e a c o n s eja
ir a Ate nas a purificarse.
P E RSO NA J E S

Ju n o .
M é g a r a.
H i j o s d e Méga r a.
An f i t r ió n.

Lic o .
H é r c u l e s.
Teseo.
C o r o de Tebanas.
E sc l avos y so l dados d e Lico.

E sce n a: e n Teb a s, a n te el p a l acio real.


ACTO P RIMERO

J u n o

Juno. — Y o , la h erm an a del T r o n a d o r 19 (éste es, en


efecto, el ú nico títu lo que se m e ha dejado), a un Jú-
p iter qu e siem pre an da con otras y a los santuarios
del altísim o cielo, siem pre vacíos, los he abandonado.
Vié n do m e ech a d a d el cielo, h e ce d ido el p u e s to a
m is riva les: t e n go q u e vivir e n la tie r r a; m is riva les 5
se h a n a d u e ñ a do del cielo.
P or es t a p a r t e, e n la s alt u r a s d el p olo glacial, la
O s a 20, a s t ro sie m p r e elev a do, guía la s escu a d r a s a rgó-
lica s. P o r es t a ot r a , p o r do n d e co n la lleg a d a d e la p r i-
m a ve r a se dila t a el día, b r ill a el q u e t r a n s por tó a la
t ir ia E u r o p a 21 a t r a vés d e la s ola s. P or a llí las er r a- 10
19 J uno, co n u n a actit ud tópica e n ella, s e q u eja de las
infidelidades de s u e spo so, Júpiter.
20 Comie nza a e n u merar aquí una serie de estrellas que
represe ntan otras t ant as a ma nt es de Júpiter, que han s ufri do
l uego m e t a m orfo s is o, m á s co ncret ame nt e, cat asteri smo ( c t
R u iz d e E l v i r a , Mit olog í a ..., pág. 47 0).
La Osa Ma yor es Calisto, h ija de Licaón y seguidora de
Árt e mi s, d e la cual s e e n a moró Ze u s, d ejá n d ola e mbarazada de
Arcas. Cuando h u b o dado a luz, Hera (J uno) s e vengó convir-
tié ndola en os a. Despu és los catasterizó a ella y a su h ijo.
Hera e ntonces consiguió d e sus tío s Océano y Tetis que ni la
Os a ni su h ijo s e ba ñ e n en el m ar (d e aquí la expresión «a s tro
s ie mpr e el evado»).
21 Hija de Agé nor y Tel efas a (s u n o m bre parece no tener
122 TRAGEDIAS

b u n d a s A t l á n t id e s 22 a som a n s u g r ey t e m ible p a r a la s
n aves y el p o n to. A m e n a z a dor co n la esp a d a, a t e r r a
O r ión p o r a q u í a los dioses, y el á u r eo P e r s e o 23 m a n-
tie n e su s es t r ella s. P o r a q u í b r illa n co m o a s t ros r elu-
15 cie n t e s los h ijos g e m e lo s 24 d e Tin d á r eo, p o r c u yo n a-
ci m ie n to d e t u vo la t ie r r a su s m ovim ie n tos.
Y n o es s uficie n t e co n q u e B a co o la m a d r e d e B a co
h aya n a lca n z a do la ca t egor ía de d ios e s: p a r a q u e n o
h a y a p a r t e lib r e de u lt r a je, el fir m a m e n to llev a la
co r o n a de la m u ch ach a d e G n o s o s ...25.
P e ro m e e s toy q u eja n do de cos a s y a vieja s: p o r sí
20 sola es t a cr u el y fe r oz t ie r r a t eb a n a e s p a rcid a d e
n u e r a s i m p í a s 26, ¡cu á n t a s veces m e h a co n v e r t id o e n
m a d r a s t r a!

n ada que ver con el del contin e nte e urope o). Eu ro pa fu e rap ta da
p or Ze us, quie n para ello t o m ó la figura de u n t oro bla n co.
Dic ho t oro se convirtió l uego e n la co nst elació n del Zo dí aco
qu e lleva su n o mbr e.
22 Las Atlántides o Pléyades s o n las siete h ija s de Atlas y
Pleyón. Seis de ellas tuvi eron relaciones a moros as co n di os es
(tres con Júpiter: El ectra, Maya y Taígete). Perseguidas p o r
Orió n fu ero n convertidas e n palo mas y luezo Júpiter las ca-
tast erizó, colocándolas en la cola del Toro. E n el ci elo a ú n
parece perseguirlas Orión (c f. R u iz d e E l v i r a , Mi t olog í a ..., pá-
ginas 40 y 481).
23 H ijo d e J úpiter y Dánae (cf. R u iz d e E l v i r a , Mi t ologí a ...,
páginas 155 y sigs.).
24 La const elación m al lla ma da Géminis (lo corre ct o sería
Gé mini: n o m. p l.); lo s g emelos s o n Cás t or y Pólux, llam ad o s
«Di ósc uros» ( = h ijo s de Ze u s) y «Ti nd árid as» ( = h ijo s de Tin-
dáre o). Ze us = Júpiter e n fo r m a d e cis ne s e unió a Leda, e spo sa
de Ti ndáreo, una n oc h e e n que é st a se h abía u nido t a mbi é n a
su marido. Naci eron así do s pare s de g e melos: Pólux y Hele na
(h ijo s de Júpiter) y Cást or y Clit e m e stra (h ijo s de Ti ndár eo).
25 Ariadna. Fasci nado p o r s u belleza, Baco s e c as ó co n e lla
y la llevó al Olim po. Para la b o d a l e regaló u n a coro na d e
oro, hecha por Vu lc an o, qu e l uego fu e converti da en c o n s t e-
lación.
26 S é mel e (la ma dre de B a c o), Antí op e, etc.
HÉRCULES LOCO 123

P u ede s u bi r Alcm e n a y ocu p a r v e n ce do r a m i p u e s to


y a la vez p u e d e to m a r pos e sió n de los a s t ros q u e se
le p r o m e t ie r o n a s u h i jo 27, p a r a cu yo n acim ie n to g a s tó
el cielo u n día y F e bo b r illó co n r e t r a so e n el m a r d e 25
O rie n te p o r h a be r r ecib id o la o r d e n de r e t e n e r su lu m i-
n a ria s u m e r gid a e n el océ a n o.
Mis od ios n o v a n a d e s a p a r ece r así; el ím p e t u d e
m i ca r á ct e r a n im a r á m i fogos a i r a y m i cr u el r ese n ti-
m ie n to llev a r á a c a b o gu e r r a s e t e r n a s sin p e r m i t i r u n
m o m e n to d e p a z...
¿Q u é g u e r r a s? C u a n to d e h o r r ib le c r e a la t ie r r a 30
e n e m iga, cu a n to el p o n t o o el air e p r od u ce de t e r r ible,
d e esp a n toso, d e p e r n icioso, d e a t roz, d e fie ro, h a sido
q u eb r a n t a do y do m i n a do. É l se sob r e po n e a la s d es-
gr acia s y se e n g r a n d ece co n ella s y m i cóle r a le p r o-
d u ce gozo. Mis od io s los co n vie r t e e n m ot ivos de ala- 35
b a u z a p rop ia : al i m po n e r le e m p r es a s de m a sia do cr u eles
h e d e m os t r a do q u ié n es s u p a d r e y le h e d a do u n a
opo r t u n id a d p a r a su glor ia .
P or don d e el sol v u elve a t r a e r el día y p o r do n d e
se lo lleva, t iñ e n do a los dos p u e blos e t ío p e s 28 p o r la
p r oxi m id a d de su a n torch a , se d a h on r a a su i n dóm i to
v a lo r y p o r t o d o el o r b e v a d e b oc a en b oc a co m o u n
dios.
M on s t r uos m e fa lt a n y a y m e n os t r a b a jo le s u pon e 40
a H é rcu les c u m p li r lo q u e le m a n do q u e a m í m a n-
d á r s elo: co n a leg r ía r ecib e m is ó r d e n e s. ¿Q u é a t roce s
ór d e n e s d e t i r a n o 29 va n a p o d e r d a ñ a r a s u im p e t u os a
27 Hércul e s, h ijo de Anfitri ón y Alc m e na, aunque s u ver-
dadero padre era Júpiter, quie n durant e una ausencia de An-
fitrión t o m ó el as pe ct o de ést e para e ngañar a Alcme na. H a-
bi endo lle gado J úpiter h as ta Alcme na al co mi enzo de la noche,
triplicó su duración r etrasando la salida del sol veinticuatro
h oras (cf. R u iz d e E l v i r a , Mit olog í a ..., págs. 207 y sigs.).
28 De Asi a y Áfri c a.
29 Euri st eo, r ey de Tirint o, Mi ce nas y Mi dea en Argólide,
está estrechame nte ligado a la hist oria d e Hércule s. E s prim o
124 TRAGEDIAS

45 ju v e n t u d? ¡Si h a s t a llev a co m o a r m a s cos a s q u e t e m ió


y q u e lu ego v e n ció! A r m a do vie n e co n el leó n y co n
la h i d r a 30. Y ya n o le b a s t a la ex t e n sión d e las tie r r a s.
M ir a dlo, h a q u eb r a n t a do el u m b r a l del J ú pit e r de los
i n fie r n os 31 y r eg r e s a a r r ib a co n e s p lé n d ido bo t í n t o-
m a do al r ey ve n cido.
P oco es r eg r es a r. S e h a d e s t r u ido el p a c to d e la s
so som b r a s. Lo h e vis to yo m is m a , lo h e vis to, d es p u és
d e disip a r la n oc h e de los infie r nos y de so m e t e r a
P lu tón, ja c t a r s e a n te su p a d r e de los d e s p ojos del
h e r m a no de é s t e 32.
¿P o r q u é n o a r r a s t r a e n p e r son a a m a r r a do y ca r-
g a do d e ca de n a s a a q u el q u e r ecib ió e n s u e r t e u n a
p a r t e sim ila r a la de J ú p i t e r 33 y se con s t it u ye e n s e ñ or
del E r e b o 34, u n a vez q u e lo h a tom a do p o r a s a lto, y
d eja al d e sc u b ie r to la la gu n a E s tigia?
55 H a q u e d a do a bie r to el ca m in o de r eg r e so d e s d e el
a bis m o de los m a n es y los s a g r a dos m is t e r ios d e la
t e r r ible m u e r t e es t á n a b a t idos a la vis t a de todos.
Él, p o r s u p a r t e, a lt a n e ro p o r h a b e r r o t o la c á r ce l
d e las som b r a s, ce le b r a su t r i u n fo sob r e m í y de s u
m a n o sob e r b i a p a se a al h o r r ib le p e r r o p o r la s ciu-
6o d a d es a r gólica s; yo h e vis to e sfu m a r s e al día y t e m -
b l a r al sol al ve r a C e r b e ro; i n clu so de m í se a p od e r ó
el t e m b lo r y, al co n t e m p l a r el t r iple c u e llo del m o n s-
t r u o d e r rot a do, se n tí m ie do de h a b e r d a do la o r d e n .

h erma no de Anfitrión y Alcme na. La Pitia de D elfo s obligó a


Hércule s a po n ers e b ajo s u s órde nes y a realizar una seri e de
e mpre sas qu e Eu ri st eo l e iría e nco me nda ndo (lo s «do ce tra-
b ajo s»: cf. R u iz d e E l v i r a , Mi t olog í a ..., págs. 216 y si gs.).
30 El león de N e m e a y la hidra de Lerna, dos de los m o n s-
truos ve ncidos por Hércule s en s us trab ajo s.
31 Plutón.
32 Plutón es h er ma no de Júpiter.
33 Despu és de s u victoria s obre los titanes, Júpiter, N e p-
t uno y Plutón s e r eparti ero n el u niv erso.
34 N o m br e de las tini eblas i nfernal es.
HÉRCULES LOCO 125

P e ro m e e s toy ja c t a n d o d e cos a s d e m a sia do b a n a-


les: p o r el cie lo h a y q u e te m e r, no vaya a co n q u is t a r los
r einos d e allá a r r ib a el q u e h a ve n cido a los de a b a jo, 65
a r r eb a t á n dole el ce t r o a su p a d r e. Y h a s t a los a s t ros
n o lleg a r á él p o r u n c a m i n o le n to co m o B aco. I n t e n t a r á
a b r i r s e p a so co n la d e s t r u cció n y q u e r r á r ein a r e n
el cie lo t r a s d e j a r lo v acío. Con la s p r u eb a s a q u e
h a sido so m e t ido su vigor , se sie n te or g u lloso y q u e
el cie lo p u e d e s e r ve n cido p o r sus fu e r za s lo h a a p r e n- 70
d ido t r a n s po r t á n dolo... P u so d e b a jo d el u n ive r so su
ca bez a y n o dob le gó s u s h o m b r os el p e so d e la i n m e n s a
m ole y el ce n t r o del fi r m a m e n to se a se n tó sob r e el
cu ello d e H é rcu le s. Sin v acila r su ce r viz sop o r t ó los
a s t ros y el cie lo y a m í m is m a q u e h acía p o r a pla s-
t a r lo... E s t á b u sca n do el ca m in o h acia los diose s d e
a r rib a.
Adela n te, ir a, a dela n t e y r e p r i m e su s a n sia s de gr a n- 75
deza, e n t a bla co n él co m b a t e y des ped á za lo co n t u s
p r op i a s m a nos. ¿ P o r q u é e ncom ie n d a s a o t r o u n r e n co r
t a n p r of u n d o? Q u e se a p a r t e n las fie r a s, q u e el p r o p io
E u r is t eo, ca n s a do ya, d eje d e d a r le ór d e n es. S u elt a a so
los Tit a n es, q u e os a r o n q u eb r a n t a r el p od e r ío d e J ú-
pit e r, a b r e l a ca ve r n a de la m on t a ñ a sicilia n a y q u e la
tie r r a dor ia , t e m bl a n do co n la s s acu did a s del gig a n te,
d eje leva n t a r se la ce r viz d el m o n s t r u o t e r ror ífico q u e
b a jo ella a p r is io n a 35; q u e allá a r r ib a la Lu n a a coj a
ot r a s fie r a s 36.
P e ro t o d o e so lo h a v e n cid o él. ¿B u sca s a algu ie n
eq u ip a r a ble al Alcid a ? N a die h a y m á s q u e él m is m o: 85
h aga, p u es, co n s igo m is m o la g u e r r a . Q ue des d e el m á s
p r ofu n d o a bis m o d el T á r t a ro acu d a n a m i co n j u r o las

35 E n la l ucha contra los Gigantes, Ate n ea a plast ó a Ence-


lado ec há ndol e e ncima la isla de Sicilia.
36 El l eón de N e m e a, h ijo de Equidna, fu e probable me nte
cri ado p or Selene, la Luna.
126 TRAGEDIAS

E u m é n id e s 11, fu ego esp a r za n sus lla m e a n tes c a b elle-


r as, q u e s u s cr u eles m a n os h aga n c r u ji r su s l á t igos d e
víbor a s.
An d a a hor a, sob e r b io, dir íge t e a las m a n sion e s ce-
90 les tiales, d e s p r eci a lo h u m a no. ¿C r ees t ú, e n t u altivez,
h a be r t e lib r a do ya de la E s tigia y de los m a n es? Aq u í
t e voy a m os t r a r yo los i nfie r nos: voy a h a ce r ve n ir
e nvu elt a e n p rofu n d a s tin iebla s, m á s allá d el lu g a r d e
d e s t ie r ro de los co n d e n a dos, a la dios a d e la d isco r -
dia 38, a l a cu a l p r o t ege el e n o r m e a n t ro de la m on t a ñ a
95 q u e tie n e dela n t e. Voy a s aca r y a r r a s t r a r d e s d e lo
m á s h o n do del r ei n o d e Dit e t o d o lo q u e él h a d ej a d o:
' ve n d r á el o d io so C rim e n y la I m p ie d a d fe r oz, q u e se
la m e s u p r op i a sa ngr e, y el E x t r a vío y la Locu r a , sie m-
p r e a r m a d a co n t r a sí m is m a . É s t e, és t e es el s e r vido r
q u e d eb e u s a r m i r ese n t im ie n to,
íoo Com e n za d, escla v a s de Dite, agit a d r á pid a s la a r-
die n t e a n torch a de p i n o, q u e M e g e r a 39 aca u dille es a
t r op a e riza d a d e se r pie n t es y co n su m a n o fu n es t a
a r r a n q u e de la a r die n t e h og u e r a u n e n o r m e tizón.
M a nos a la ob r a , exigid el ca s t igo p o r la v iol a ció n
ios de la É stige. S acu did s u p ec h o, h ie r v a su m e n t e co n
m á s fu e r z a q u e el fu ego q u e a r d e fu r ioso en la s fr a-
gu as del E t n a.
P e ro p a r a q u e el Alcid a p u e d a se r a r r a s t r a do, sin
se r d u e ño d e su m e n t e, co n m ov id o p o r e n o r m e locu r a ,
te n éis vosot r a s q u e e n loq u ece r p r i m e ro,
l io J u no, ¿ p o r q u é n o e n loq u ece s tod a vía? A m í, a m í,
h e r m a n a s, p r iv a d m e d e r a zón , t r a s tor n a d m e a m í la
p r im e r a , si es q u e yo m e d is p o n go a h a ce r a lgo dig n o
d e u n a m a d r a s t r a ...

37 N o m br e e ufe mís ti co de las Erinis o Furias.


38 Eris, Dis cordi a, es u n a de las h ijas de la Noch e.
# Una de las Furias.
HÉRCULES LOCO 127

Voy a ca m bi a r de s ú p lica s: r u ego q u e a s u r eg r e so


ve a a sus h ijos a s a lvo y q u e vu elv a co n la fu e r z a de
s u b r a zo. H e e n co n t r a do el día e n el q u e el o d io so l i s
v a lo r de H é rcu le s va a se r de m i a g r a do: ¿m e h a ve n-
cid o a m í?, q u e t a m bié n se ve n za a sí m is m o y desee
m o r i r d es p u és de h a b e r v u elto d e los infie r nos: a h or a
m e va a se r vir el q u e h a y a sido e n ge n d r a do p o r J ú pite r.
M e a pos t a r é a llí y p a r a q u e los d a r dos salga n dis-
p a r a dos p o r u n a r co ce r t e r o, yo los la nza r é co n m i
m a n o; yo gob e r n a r é s u s a r m a s cu a n do y a es t é loco; 120
p o r fin voy a a y u d a r a H é rcu le s e n u n a l u ch a ...
U n a vez r e a liz a do el cr im e n , ¡q u e lo a d m it a e n el
cie lo su p a d r e co n es a s m a nos!
H a y q u e e n t a bla r ya el co m b a t e: com ie n z a a cla r e a r
el día y Tit á n a p a r ece b r illa n t e p o r el or ie n t e de colo r
d e azafr á n.

Co r o 40

Y a p oco s a s t ros brilla n m or teci n os 125


en u n cielo en d ecli ve; la n oc h e d errota d a
recoge s u s err a n tes f u egos al re n acer la luz,
ya e m p u ja L u c í fe r o 41 a la brilla n te tropa.
E l sig no hela do d el p o lo boreal,
él de las s iete es trella s de la Osa a rca d ia 42, 130
lla m a a la luz tras h a ber d a do v u elt a a s u ti m ón.
Y a Titá n re m on t a n d o sob re a z u les caballos,
vigila d es d e lo a lto d e la c u m b re d el Eta*K

40 El t e ma de e st a prim era i nterve nción del coro parece


servir de co ntrape so a la t e n si ón pr edo mi na nt e en la anteri or
i ntervención de Juno y e stabl ecer u n fo n d o sobre el que se d es-
t acará má s el rie sgo de las hazañas de Hércules.
41 N o mbre latino de «Fó sforo», la e strella de la mañana
( = el que trae la l uz).
42 La Osa Ma yor o Carro ( c f. n ot a 20, y R u iz d b E l v i r a ,
Mi tolog í a ..., pág. 470).
43 Mo nte situado e ntre Tesalia y Macedonia.
128 TRAGEDIAS

L os í n clitos ja ra les d e las b aca n tes d esce n d ie n tes d e


135 se e n rojece n rocia d os p o r la luz del día [ Cad mo ^
y la her m a n a d e F ebo h u ye co n espera n z a s d e volver.
Co m ien za la ta rea d u ra y re m u eve
tod as las cu ita s y a b re tod a s las casa s.
E l p a s tor d eja s u el to ai reba ño, q u e arra nca
140 los p a s tos q u e bla n q uea n co n la hela d a escarch a.
J uega libre en el p r a d o sin ba rrera s
u n n ov illo co n la f r e n te aú n n o rota*5;
las m a d res, agota d as, rep o n e n s u s u b res;
cor re ligero, si n u n r u m bo fijo,
145 ca p rich oso, el ca b rito sob re la h ierb a blan d a.
D e lo alto d e u n a ra m a p e n d e voci n gler a
y tra ta d e o f r ece r al n u evo sol s u s pl u m a s
en m ed io de s u s cría s q u ej u m b ros a s
la a m a n te t r a ci a 46 y u n trop el co n f u so
150 s uen a a s u a lre d e d or y m ezcla s u s m u r m u llos
a n u ncia n do el día.
La nza vela s al v ie n to el n a vega n te
a rriesga n do su vida, m ien tr a s la brisa h inch a
los f lo jo s p lieg u es; u no, colg a n d o d e hora d a dos
155 escollos, o p rep a r a los a n z uelos
b u rla dos o, en ten sión ,
co n te m p la el p re m io a p reta n do la m a n o :
s ie n te el sed a l el te m b loroso p ez .
É s te es él cu a d ro d e los q u e goza n el tra n q u ilo sos iego
160 d e u na vid a i n oce n te y u n a casa co n te n t a
co n lo p oco q u e t ie n e; an d a n err a n tes en las gra n des
[e n su gra n tor belli n o afa nes, i n q u iet a n tes ] [ ci u d a des
a m b icion es y a n gu stias q u e q u ita n el sos iego.

44 Téba n as.
45 P or n o h aber ec hado aún lo s cu ernos.
46 Filom ela, m e ta morfos e a da, según las fu e nt es latin as, e n
ruiseñor. Sobre la hist oria de Filomela, Proene y Ter eo, cf. R u i z
d e E l v i r a , Mi t olog í a ..., págs. 560 y si gs.
HÉRCULES LOCO 129

R i n de aq uél c u l to a los sob er b ios p ór t icos


y a las h ura ñ as p u er t a s de los reyes, sin con cilia r el 165
E s te o t ro las riq u ez a s, s u felici d a d , [s u eñ o,
co n te m p la sin d esca n so, boq u ia b ier to a n te tales tesoros
y p o b re en m e d io d e u n m o n tó n d e oro.
A aq uél lo a rra stra la pop u lari d a d
y el v u lgo m ás vol u b le q u e las olas, 170
lev a n tá n dolo h i nch a do co n s u fr í v olo sop lo.
E s te tra fica e n t re aira dos d eb a tes d el cla m oroso f o r o 47
y alq u ila sin escr ú p u los s u ira y s u s palabras.
De p oco s es a m iga u n a q u iet u d sin a n g u stia s:
so n esos q u e acor d á n d ose d e lo veloz del tie m po 175
i n ten ta n a p resa r u n os m o m e n tos
q u e n u nca h a n d e v ol v er; m ien tra s d eje n los h a dos,
vivid a legres; se a p res u r a la vid a
en rápid a ca rrer a y vola n do los días
h acen girar la r ued a d el a ño q u e se p recip it a. iso
Las cr u eles h er m a n a s 48 p ros ig u e n s u s tareas
y n u nca d esen rolla n los h ilos d e s u s h u sos.
La raza d e los h o m b res sin ser d ueñ a d e sí
va en b u sca d el d es ti n o q u e la a rr a stra:
las agu as d e la É s t ige b u sca n do v a m os espon tá nea- 185
Alcida, co n u n p ec h o de m a sia do v a lien te [ m e n te.
cor res a visitar a los l ú g u bres M a n es:
las Parcas llega n en el j u s to m o m e n to.
N a d ie q ued a exi m i d o d e esa or d e n ,
n a d ie p u e d e aplazar el día q u e es t á escr i to: 190
la u r n a en cierr a los n o m b res d e la ge n te q u e ha si d o
L leve a o t ro la gloria p o r m u c h os p a íses [ co n voca d a
y la h abla dora fa m a p o r tod a s las ciu d a des
lo ala be y lo lev a n te a la alt u ra d el cielo
y d e los a s t ros; q u e o t r o se p a see 195

47 Nó te s e el a n a cron is mo, quizás vol untario.


48 Las Parcas, divinidades roma nas del destino, equivalentes
a las Moiras griegas.
130 TRAGEDIAS

a lta n ero e n s u ca r ro: a m í m i tierra


m e d é co b ijo en u n hoga r oci ú to y sin peligros.
Alca n za a los tra n q u ilos la k qr w sa v eje z
y en u n lugar h u m ilde, pero~¿eg u ra,
200 se asien ta la for t u n a m o d es t a de u na casa pobre',
d es d e su alt u ra cae la osa d a v a len tía...
P ero se acerca tris te, co n el p elo en d esor d en
Mégara, aco m p a ñ a d a d e s u peq u e ñ a g rey
y, to r p e p o r sus a ños, ava nza el p a d r e d el Alcid a.

ACTO S EGU NDO

An f i t r ió n - M é g a r a - L ico

205 A n f i t r i ó n . — ¡Oh, gr a n sob e r a n o d el O lim po y á r-


b i t r o d el u n iv e r s o 49, p o n ya de u n a vez p o r tod a s lím it e
a m is p e n os a s t r ib u lacion e s y fin a m i desgr acia. L a
lu z d el día n o h a b r ill a d o n i u n a sol a vez p a r a m í lib r e
de a ngu s tia s: el fin al de u n s u fr i m ie n to es u n p a so
a dela n t e d e o t r o q u e se a vecin a; a ú n n o h a r eg r e s a do
210 y y a se le p r e p a r a u n n u evo e n e m igo; a n t es d e lleg a r a
su ca s a q u e se lle n a d e alegría, m a rch a , ob e d ecie n d o
ór d e n e s, a u n a n u eva g u e r r a y n o h a y r e poso a lg u no
n i t ie m po a lg u no de t r eg u a m á s q u e el d e r ecib i r o t r a
or d e n . Le acos a J u no, e n co n t r a d e él y a d e s d e el p r i-
m e r día: ¿e s q u e a ca so su s a ños de n i ñ o se vie r o n
215 lib r e s d e esa p e s a d illa ? M on s t r u os ve n ció a n tes d e p o-
d e r co n oce r los .
U n p a r de r e p t ile s 50 a va nza b a n co n s u s e n cr es t a d a s
ca bez a s; h acia su e n cu e n t ro ga te a b a el r ecié n n a cido
49 J úpiter, ide ntificado según la t eología e st oica co n la di-
vinidad ú nica, garantizador del orde n c ós mi c o.
50 U n o de los pri m eros ataqu es d e Juno co ntra Hércule s.
Una leyenda análoga s e co nt aba s obr e la i nfan ci a de Neró n
(Ta c., An n. X I 11, 3).
HÉRCULES LOCO 131

fija n do su m ir a d a con fia d a y a p acible e n los ojo s de


fu ego de las se r pie n t es; co n r os t r o se r e no a g u a n tó los 220
a p r e t a dos n u dos y, a pla s t a n do co n su tie r n a m a n o las
ga rga n t a s h inch a d a s, se e n t r e nó p a r a la h i d r a 51.
L a veloz fier a d el M é n a lo, q u e e rg u ía su ca bez a p r o-
fu s a m e n t e a dor n a d a co n o r o, fu e ca p t u r a d a a la ca-
r r e r a 52. E l t e m o r m á s e s p a n toso de N e m e a, el león , 225
gim ió e s t r u ja do p o r los b r a zos de H é r c u le s 53.
¿Y a q u é r eco r d a r el e s p a n toso e s t a blo del r eb a ñ o
b is to n io y al r ey e n t r eg a do co m o p a s to a s u p r o p io
g a n a d o54 y el ja b a lí m e n a lio de p e lo e r iza do, a cos t u m -
b r a do a a sol a r los bos q u e s a rca dios e n la s espes a s
cu m b r e s d el E n m a n t o 55 y el to r o, m ie do n a d a livia no 230
p a r a cie n p u e b lo s ? 56.
E n t r e los r e m o tos r e b a ñ os del p u e b lo h e s p e r io, el
p a s to r de t r es c u e r pos de la cos t a t a r tesia fu e m a t a do;
fu e t r a ído el bo t í n d e s d e los confies d e Occid e n t e y el
g a n a do fa m ilia r iz a do co n el Océ a no p a s tó en el Ci-
t e r ó n 57.
C u a n do se le m a n dó q u e p e n e t r a r a e n las r egion es 235
del sol es tival y en los tos t a dos r ei n os q u e a b r a s a el
m e diodía , d e s u n ió la s m on t a ñ a s d ejá n dola s a u n o y

51 El segundo de los «tra b ajo s» de Hércules co n sistió e n


dar m u e r t e a la Hidra de Lerna (c f. R t j i z d e E l v i r a , Mit ologí a...,
páginas 219 y si gs.).
52 Tercer «tr a b ajo»: traer viva a Micenas la cierva de
Cerinia (c f. R u iz d e E l v i r a , Mi t olog í a ..., págs. 220 y si gs.). E l
Mé n alo es una mo n ta ñ a d e Arcadia que lleva el n ombr e de su
h éroe e pó nimo.
53 Primer «tra b ajo».
54 Octavo «tra b ajo»: traer a Mi ce nas las yeguas a ntropófa-
gas de Dio m ed es, rey de Tracia.
55 Cuarto «tr a b ajo»: traer vivo el ja b alí de Erim a n to.
56 El toro de Creta (la de lo s cien p u e blo s): s éptimo «tra-
b ajo».
57 Décimo «tra b ajo»: traer vivas a Mi ce nas desde el S. de
Es pañ a las vacas del p a st or mo n s tru o s o Gerión. El Citerón es
un m o n t e cercano a Tebas.
132 TRAGEDIAS

o t r o l a do, y r o t a es t a b a r r e r a a b r ió u n a n c h o ca m i n o
p o r don d e se p r ecip i t ó el O cé a n o58.
A r r e m e t ie n do d es p u és d e t o d o e s to co n t r a el r eci n to
240 d el op u le n to bos q u e, se t r a jo el do r a d o bo t í n del d r a-
gó n i n s o m n e 59.
¿Y q u é? A los t e r r ible s m on s t r u os de Le r n a, m ú l-
tiple ca la m id a d, ¿ n o log r ó v e n ce r los co n el fu ego e h izo
q u e a p r e n die r a n a m o r i r ? 60. Y a las E s t infá lid es q u e
solía n oc u l t a r el día d es pleg a n do s u s ala s, ¿n o les d io
a lca nce d e r r ib á n dola s d e la s p rop ia s n u b e s ? 61.
245 N o lo v e n ció la del lec h o sie m p r e célib e, la r ein a
sin e s poso del p u e b lo del T e r m o d o n t e 62 y sus m a n os
a u d aces p a r a cu a lq u ie r n ob le h aza ñ a n o r e h u ye ron el
i n m u n do t r a b a jo del e s t a blo de A u g i a s 63.
¿De q u é sirve todo e so? S e e ncu e n t r a p r iv a do d el
25o m u n do q u e él d efe n d ió. Las t ie r r a s h a n ex p e r i m e n t a do
co n t r is t ez a la a u se ncia de a q u él q u e les p r oc u r ó la
p a z: al c r im e n q u e p r os p e r a co n éxito, se le lla m a
vir t u d; a los cu lp a ble s ob e d ece n los b u e n os; el d e r ec h o
es t á en la s a r m a s; a hog a a la s leyes el t e m or .
An te m is p r o p io s ojo s h e vis to ca e r a m a n os a se-
s i n a s 64 a u n os h ijos q u e e r a n los d efe n so r e s d el r ei n o

58 Leye nda de la apertura por parte de Hércule s del E s -


trecho de Gibraltar, e ncuadrada de ntro del d écimo «tra b ajo».
Cf. Rurz DE E l v i r a , Mit ologí a ..., págs. 231 y s ig s .
59 Las manzanas de oro de las He spéride s (u n dé ci mo «tra-
b ajo») (cf. R u iz d e E l v i r a , Mi t ol og í a ..., pá gs. 234 y si gs.).
6° Las m últipl es cabezas de la Hi dra d e Lerna (cf. n ot a 51).
61 Las aves de E s tí nfalo son el s exto de lo s «tra b ajo s» de
Hércules.
62 Hipólita, reina de las Amazo n as, qu e e ntonces h abit aban
cerca del Ter modo nt e (río de Capa do ci a); s u ci nturón tuvo qu e
traerlo Hércule s c o m o nove no de s us «tra b ajo s».
63 Quint o «trab ajo».
64 Durante la ause ncia de Hércul e s, e n los infiernos, Li co
co n s pira co ntra Arco nt e, padre de Mégara, dándol e m u erte
ju n t o co n s us dos h ijo s.
HÉRCULES LOCO 133

p a t e r n o; y al p r o p io p a d r e, ú l t im o r e to ñ o del n ob le 255
C a d m o, lo h e vis to s u cu m bi r; vi a r r eb a t a r le los a t ri-
b u tos r e ales de s u ca bez a j u n t o co n la ca bez a .
¿Q u ié n pod r á llo r a r a Teb a s lo s uficie n t e? Tie r r a
fecu n d a e n dios e s, ¿a n t e q u é t ir a n o t ie m bla s?
La tie r r a de cu yos s e m b r a dos y de cu yo fec u n do 200
se no s u r gió u n a ju ve n t u d e r g u id a co n la e sp a d a e n la
m a no, cu yos m u ros co n s t r u yó Anfión, el h ijo de J ú-
pit e r, a r r a s t r a n do la s pie d r a s co n m elod iosos s o n e s 65,
a cu y a ci u d a d m á s de u n a vez vino, a b a n don a n do el
cielo, el p a d r e d e los dios e s; es t a tie r r a q u e h a a lbe r- 265
g a do a los d el cie lo y q u e los h a p r od u cid o (y p e r m í-
t a se m e d eci r lo) q u izá s los p rod u ci r á , se ve op r i m id a
p o r u n y u go ve r gon zoso.
D esce n d e ncia de C a d m o y lin a je de O fió n 66, ¿ a don d e
h a béis ido a p a r a r? T e m blá is a n te u n osc u r o des t e r r a-
d o q u e, p r iv a do de t e r r i tor io p r op io, op r i m e el n u es t ro. 270
Aq u el q u e pe r sig u e los cr ím e n e s p o r tie r r a y p o r
m a r y q u e co n m a n o ju s t icie r a q u eb r a n t a los ce t ros
tir á n icos, es a hor a escla vo es t a n do a u se n te y sopor t a
cos a s q u e él s u ele i m p e d i r q u e se h aga n y a la Teb a s
de H é rcu les la tie n e e n su p o d e r L ico el d es t e r r a do.
P e ro n o v a a seg u ir t e n ié n dola . Ve n d r á y le d a r á 275
ca s t igo; r ep e n tin a m e n t e s a ld r á a la luz del sol; e n co n -
t r a r á el ca m in o o se lo a b rir á.
Acu d e ya, r eg r es a s a no y s alvo, te lo s u p lico, ve n
d e u n a vez v e n ce d o r a t u h og a r ve n cido.
M ig a r a . — Ar rib a , e s p oso, y r o m p e la s tin iebla s di-
sip á n dola s co n t u m a no. Si n o h a y n in gú n ca m i n o d e 280
r eg r e so y el p a so es t á ce r r a do, a b r e la bóv e d a y r e-
gr es a; y cu a n to se oc u l t a b a jo el do m i n io de la n egr a
n oc h e s áca lo co n t igo.

65 Al son d e la lira (c f. R u i z de E l v i r a, Mi tolog í a ..., pági-


n as 136 y si gs.).
Véa se E d i p o, nota 64.
134 TRAGEDIAS

Com o a q u ella vez q u e, b u sca n do u n ca m i n o p a r a


q u e se p r ecip i t a r a u n r ío tor r e ncia l, lo e s t a blecis t e
2 8 5 ro m p ie n do los m o n t e s, cu a n do d esg a r r a do co n í m p e t u
de scom u n a l q u e dó a bie r to el va lle de T e m p e 67; al im -
p u lso de t u p ec h o el m o n t e se d e r r u m bó a u n l a do y
ot r o, y u n a vez r o t a la m ole, co r r ió el to r r e n t e tesa-
lio p o r el n u evo ca m ino.
De igu al m a n e r a, t r a t a n do d e lleg a r h a s t a t u s p a d r e s,
290 t u s h ijos, t u p a t ria, lá n za t e h acia afu e r a a r r a s t r a n do
co n t igo la s b a r r e r a s d el m u n do; y cu a n to co n a v a r icia
el t ie m po h a m a n t e n ido oc u l t o al p a so de t a n tos a ños,
dev u élvelo; y a la s m u ch e d u m b r e s olvid a d a s d e sí m is-
m a s y a s u s t a d a s de la luz t r á e tela s p o r dela n t e. I n-
295 dig no d e ti es el bot í n , si sólo t e t r a es a q u ello q u e se
te h a o r d e n a d o 68.
P e ro e s toy h a bl a n do de cos a s de m a sia do g r a n d es
sin co n oce r n u es t r a s u e r t e.
¿D e dó n d e m e v a a lleg a r e s e día e n q u e p u e d a
a b r a z a r t e y es t r ech a r t u m a n o d e r ech a y d a r t e m is q u e-
j a s p o r t u t a r d a n za e n r eg r e s a r sin a cor d a r t e d e m í?
300 E n t u h o n o r , o h r ey d e los dios e s, cie n i n dó m i tos
to r os ofr ece r á n su s cu ellos; e n t u h on or , m a d r e d e la s
m ie s e s 69, cele b r a r é los r i tos m is t e r iosos; e n t u h o n o r
co n m u d a le a lt a d a git a r á ca lla d a la s la rga s a n torch a s
E le u s is 70.
E n tonces m e p a r ece r á q u e se h a d ev u elto la vid a a
m is h e r m a n os y q u e m i p r o p io p a d r e gobie r n a s u r ei n o
e n p ros p e r id a d.

67 H e r m o s o v alle al N. d e Tes alia, e ntre los m o n t e s Olimpo


y Osa, p or el qu e corre el río Peneo.
68 Hércule s había b aja d o a los infiernos co n orde n de traer-
s e el perro Cérbero (d uo dé ci mo y ú lti m o de s us «tra b ajo s»).
D e m ét er ( — Ceres).
70 Ciudad del Ática, d o n d e se celebraban c ultos mi st éric os
e n h on or a De m ét er y Core.
HÉRCULES LOCO 135

Si algú n p o d e r m á s g r a n de t e r e tie n e e n ce r r a do, 30S


voy a ir d e t r á s d e t i: defié n de nos a todos volvie n do
s a no y s a lvo o a r r á s t r a nos a todos. N os vas a a r r a s t r a r
y n in gú n d ios n os va a leva n t a r d e la r uin a e n q u e
h e m os c a ído.
A n f i t r i ó n . — Oh, com p a ñ e r a d e m i p r op ia s a ngr e,
q u e co n ca s t a fid elid a d gu a r d a s el lech o y los h ijos d el 310
e sfo r z a do H é rcu les, d a ca bid a e n t u m e n t e a m ejo r e s
p e n s a m ie n tos y lev a n t a el á n im o. S eg u ro q u e volve r á ,
y e n g r a n d ecido, co m o s u ele volve r de su s t r a b a jos.
M é g a r a . — Lo q u e los d e s dich a dos dese a n co n de-
m a sia d a fu e r za , fácilm e n t e se lo cr ee n .
A n f i t r i ó n . — M á s b ie n lo q u e t e m e n excesiv a m e n t e
pie n s a n q u e n u nca pod r á se r elim in a do ni s u p e r a do. 315
E l t e m o r es sie m p r e p r op e n so a cr e e r lo p eor .
M é g a r a . — S u m e r gido y e n t e r r a do, y t e n ie n do a de-
m á s e n cim a el p e so d el o r b e e n t e ro, ¿q u é ca m i n o tie n e
p a r a lleg a r a r r ib a?
A n f i t r i ó n . — E l q u e t e n ía e n ton ces, cu a n do m a r c h ó
a t r avés de la á r id a lla n u r a y de u n a s ola s d e a r e n a 320
se m eja n t es a las d e u n m a r t e m p e s t u oso; y a t r avés del
m a r cuya s agu as se r e t ir a n dos vece s y vu elve n ot r a s
dos; y cu a n do, a b a n don a d a la e m b a rca ció n , q u e dó
a p r e s a do e n los b a jo s fo n d o s de la s Sir t es y, e nca lla d a
la pop a , g a nó tie r r a a pie.
M é g a r a . — E n s u i n ju s t icia r a r a vez la for t u n a tie n e 325
e n cu e n t a las vir t u d es, p o r m u y g r a n des q u e se a n;
n a die p u e d e a r r iesg a r se co n ga r a n tía s m u c h o t ie m po
a t a n con s t a n t es p elig r os: si el a za r lo p a s a p o r a lto
u n a vez y ot r a , algu n a vez lo e n cu e n t r a ...
P e ro m ir a; t o r vo y co n a m en aza s e n su r os t r o y 330
m os t r á n dos e e n su p o r t e t a l co m o es e n s u in t e r ior,
vie n e, b l a n d ie n do en s u d e r ech a u n ce t r o q u e n o es
s u yo, Lico.
136 TRAGEDIAS

L ico ( A p a r t e) 11. — Con s t it u ido e n r ey de los op u -


le n tos p a r a je s d el e s t a do t eb a no y de t o d o el t e r r e n o
d e fé r t il s u elo q u e ciñ e oblicu a m e n t e la F ócid e, cu a n to
335 riega el ís m e n o, cu a n to ve el Cit e rón des d e s u eleva d a
cu m b r e y el e s t r ech o I s t m o q u e sep a r a e n dos el m a r,
n o p os eo los d e r ec h os a nces t r a les d e u n a ca s a p a t e r n a
h e r e d a dos sin m é r i tos p r op ios; n o t e n go n oble s a b u elos
340 n i u n lin a je ilu s t r e de tít u los altison a n t es, p e r o sí u n
in sign e v a lor; el q u e se ja c t a de su lin a je, a la b a lo q u e
es d e o t ros.
P e ro los ce t r os q u e h a n sido a r r eb a t a dos se m a n -
tie n e n co n m a n o t e m bloros a . Tod a la s a lv ación es t á
e n el h ie r ro: lo q u e t ú s a bes q u e r e tie n es co n t r a la
volu n t a d de los ciu d a d a nos lo defie n de t u e sp a d a des-
345 e nvain a d a; e n el p u e s to de o t r o n o es es t a ble la sit u a-
ció n d e r ey. S ólo M ég a r a u n ié n dos e a m í e n r e a l m a t r i-
m o n io p u e d e d a r u n a b a s e sólid a a m i p od e r ; m i
co n d ició n de a dve n edizo tom a r á b r illo d e s u í n cli t o
lin a je. D esd e lu ego n o c r eo q u e lleg u e a r e h u s a r y a
350 r ech a z a r m i lec h o. Y, si ob s t i n a d a co n su o r g u lloso
ca r á ct e r d ice q u e no, t e n go el fir m e p r op ós i t o d e eli-
m in a r p o r co m p le t o tod a la fa m ilia de H é r c u le s...
¿ E l od io y la m u r m u r a ció n d el p u e b lo va n a i m p e-
d i r q u e lo h aga? L a p r i m e r a h a bilid a d d e u n r ey es s e r
ca p a z d e sopo r t a r in clu so el od io. I n t e n t é m oslo, p u es;
355 el aza r n os h a b r i n d a do la oc a s ió n : co n la ca bez a c u -
bie r t a co n u n l ú g u b r e velo, es t á a pos t a d a j u n t o a su s
diose s p r o t ec to r e s; y a su l a do, sin sep a r a r se de ella,
es t á el a u t é n t ico p a d r e del A lcid a 11.
M é g a r a . — ¿Q u é d e n u evo p r e p a r a ése, r u in a y p e r-
d ició n d e n u es t r a e s t i r p e? ¿Q u é in te n t a?

71 E s t e largo m o n ólog o sirve de prese ntación tant o de la p s i-


cología del p e rso naje cuanto de s u situación co n respe cto a la
tram a de la obra.
72 Li co, para mi nusvalorar a Hércul e s, niega s u filiación
divina (cf. n ot a 27), considerándolo h ijo de Anfitrión.
HÉRCULES LOCO 137

L ico. — Oh t ú, q u e r ecib e s u n n o m b r e ilu s t r e de 36©


u n r e a l lin aje, a coge be n ig n a u n m o m e n to co n p acie n -
tes oíd os m is p a la b r a s. Si los m or t a les m a n t u vie r a n
e t e r n a m e n t e su s od io s y la fu r ia u n a vez e m p r e n d id a
n o se a p a r t a r a n u n ca de su á n im o, sino q u e el a fo r -
t u n a do m a n t u vie r a la s a r m a s y el d e s a for t u n a do la s
p r ep a r a r a , n o d eja r ía n n a d a las g u e r r a s: e n ton ce s, 36S
d e sola dos los la b r a n t íos, se lle n a r ía el c a m po d e m a-
leza; a plica d a la a n torch a a la s vivie n d a s, u n m o n tó n
d e ce n iza s c u b r i r í a a los p u e b los sep u lt á n dolos. Q u e r e r
q u e la p a z v u elv a es b u e n o p a r a el v e n ce do r y n ece-
s a r io p a r a el ve n cido. Ve n a co m p a r t i r el r eino, u n a- 370
m os n u es t r a s alm a s. Ace p t a es t a p r e n d a de m i b u e n a
fe: tom a m i m a n o d e r ech a ... ¿ P o r q u é calla s co n m ir a d a
tor v a ?
M é g a r a . — ¿Q u e yo toq u e u n a m a n o s a lpica d a co n .
l a s a n g r e de m i p a d r e y co n la m a t a n za de m is dos
h e r m a n os? An tes extin g u ir á el día el or ie n t e y volve r á
a t r a e r lo el occid e n t e, h a b r á a n tes u n a p a z in q u eb r a n-/375
t a ble e n t r e la s n ieves y las lla m a s y E scila u n ir á él
cos t a d o sicilia n o co n el a u s o n io 73 y a n t es el h u id izo
E u r i p o 74 co n s u s fr ecu e n t e s id as y ve n id a s q u ed a r a
p a r a liza do e n agu a s de E u be a.
M e h a s r ob a d o m i p a d r e, m i r eino, m is h e r m a nos,
m i hog a r, m i p a t ria . ¿Q u é m e q u e d a ? U na sola cos a 38©
m e q u ed a y l a q u ie ro m á s q u e a u n h e r m a n o y q u e a
u n p a d r e, m á s q u e a u n r ein o y q u e a u n hog a r: el od io
q u e t e t e n go y q u e sie n to t e n e r q u e com p a r t i r lo co n
el p u e blo, p u es, ¿c u á l es la p a r t e de e s e o d io q u e q u e d a
p a r a m í?

E s cila e s u n m o n s tru o mari no (c f. R u i/, DE E l v i r a , M i t o-


logí a..., págs. 466-467) ubicado e n el e strech o de Mesina. Auso-
nio = itálico.
™ Es tr ech o e ntre B eocia y Eu be a. Para el calificativo de
«h uidizo», véas e Hér c u les e n el E t a 779 y si gs.
138 TRAGEDIAS

Dom in a t ú, co n t u alt a n e ría , lleva a c a bo t u s altiva s


38S a m bicion e s: a los sob e r b ios los va sig u ie n do d e t r á s u n
dios ve n g a dor.
Yo co n ozco el r ei n o de Teb a s. ¿A q u é h a bla r de la s
m a d r es q u e h a n s u fr ido el c r im e n y d e las q u e h a n
os a do co m e t e r lo?75.
¿A q u é h a bla r de la d ob le im p ie d a d co n q u e se m ez-
cl a ron los n o m b r e s de e s poso, d e h ijo y d e p a d r e ? 76
¿A q u é h a bla r de los dos fr e n t es d e h e r m a n os? ¿A q u é,
390 d e la s dos h og u e r a s?77. M a d r e sob e r bi a , la h ija d e T á n-
t a lo 78 q u e d a p e t r ifica d a de d olo r y la pie d r a d es tila s u
t ris t ez a e n el S íp ilo f r i g io 79. Má s a ú n, el p r o p io Cad-
m o® a lza n do tor v a m e n t e su e ncr es t a d a ca b ez a m ie n-
t r a s r eco r r í a e n su h u id a los r ei n os ilí r icos, fu e d e-
ja n d o u n a la rga h u ella al a r r a s t r a r su cu e r po.
395 E s tos m od e los son los q u e t e esp e r a n . E je r ce t u
p o d e r co m o te pla zca , h a s t a q u e el d es t ino h a bit u a l d e
n u e s t ro t r o n o ve n g a e n b u sca de ti.
L ico. — V a m os, d ej a es as p a la b r a s fu r ios a s q u e te
dict a t u r a bia y a p r e n d e del Alcid a a ob e d ece r s u m is a-
m e n t e la s ór d e n e s d e los r e y e s 81.
Yo, a u n q u e u n ce t r o r ob a d o lleve e n m i die s t r a
400 v e n ce dor a y lo gob ie r n e t o d o sin m ie do a u n a s leyes
q u e son de r rot a d a s p o r m is a r m a s, voy a d a r t e u n os
p oco s a r g u m e n tos a fa vo r de m i ca u s a.

75 Agave e In o, vícti mas de la ve nganza de Ba c o (c f. Rlfitz \


de E l v i r a , Mi tolog í a ..., págs. 178-180); Ní obe, ví ctima de A p o l o /
Árte mi s (i bi d., pá gs. 188 y s i g s.); Yó c a s t a, ma dre y esposad-de
Edi po {ibi d., págs. 196 y s i gs.).
76 La historia de E dipo.
77 La l ucha e ntre los h ijo s d e E d ip o, Et éocl es y Polinices.
78 Níobe.
79 Mo nt e entre Frigia y Lidia, e n Asi a Me n or, do nde Ní o b e
fu e convertida en pi edra.
80 Cad m o, fu n da dor de Teb as y de s u estirpe real, fu e
convertido e n serpiente.
81 Hércule s realizó s us «tra b ajo s» obedecie ndo a Eu ri st eo.
HÉRCULES LOCO 139

¿C a yó t u p a d r e e n u n co m b a t e c r u e n to? ¿C a ye ron
t u s h e r m a n os? L a s a r m a s n o g u a r d a n m od e r a ció n y la
cóle r a de u n a e s p a d a dese n va in a d a n o p u e d e fácilm e n t e
s e r t e m pla d a n i r e p r i m id a : la s gu e r r a s pid e n s a ngr e. 405
¿Q u e él lu ch a b a e n d efe n s a d e su r ein o y yo m ov id o
p o r u n a a m b ició n d e sca r a d a? Lo q u e in t e r es a es el r e-
s u lt a do de la g u e r r a , n o el m o t ivo...
P e ro e n t e r r e m os y a todo r ec u e r do: cu a n do el ve n-
ce d o r h a d e p u e s to las a r m a s, t a m bié n el ve n cido d e b e
d e pon e r los od ios. N o t e p i d o q u e dobleg a n do la ro- 410
dilla m e a do r e s co m o r ey... P r ecis a m e n t e lo q u e m e
ag r a d a de ti es q u e acep t a s t u r u in a co n e n t er eza. T ú
e r es u n a e s pos a dig n a de u n r ey; u n a m os n u es t ros
lech os.
M égara. — U n t e m b lo r e sca lofr i a n t e m e r eco r r e los
m ie m b ros q u e se h a n q u e d a do sin sa ngre. ¿Q u é fe- a is
c h oría aca b a d e s a cu d ir m e lo s oí d o s? E n ver d a d y o n o
se n tí h o r r o r cu a n do, r o t a la paz, el fr a go r de la g u e r r a
son a b a e n t o r n o a las m u r a lla s; t o d o lo sop o r t é h a s t a
el fin al co n se r e n id a d. A hor a t ie m blo a n te es a bod a ,
a h or a es cu a n do m e v eo h ech a u n a escla v a. P ese n
sob r e m i c u e r po la s ca de n a s y q u e el h a m b r e p r olo n -
ga d a m e p r o p o r cio n e u n a m u e r t e len t a. Nin gu n a fu e r- 420
z a lleg a r á a ve n ce r m i fidelid a d. M o r ir é t uya, Alcid a.
L ico. — ¿T e d a á n im os t u e s poso s u m e r gido en los
i nfie r nos?
M é g a r a . — H a b a j a d o a los infie r nos p a r a p od e r
a lca n za r la s r egion e s de allá a r r ib a 82.
L ico. — Lo tie n e a pla s t a do el p e so d e la in m e n s a
tie r r a.
M é g a r a . — Nin gu n a ca r g a p u e d e a pla s t a r a u n o q u e 425
h a sos t e n ido el cielo.
L ico. — Lo va s a h a ce r a la fu e rza.

82 El cielo.
140 TRAGEDIAS

M é g a r a . — El q u e p u e d e se r fo r z a do es q u e n o s a be
morir.
L ico. — Dim e q u é r eg a lo q u ie r es q u e p r e p a r e p a r a
t u n u eva bod a .
M é g a r a . — O tu m u erte o la m ía.
L ico. — Mor ir á s, in se n sa t a.
M é g a r a . — I r é co r r ie n d o al e n cu e n t ro de m i e s poso.
430 L ico. — ¿M ás q u e m i ce t r o v a le p a r a ti u n e scl a vo?
M é g a r a . — ¡C u á n tos r eyes h a e n t r eg a do a la m u e r t e
ese escla vo!
L ico. — ¿ P o r q u é, e n tonce s, es t á al s e r vicio d e u n
r ey y sop o r t a el y u go?
M é g a r a . — Quit a la s d u r a s ór d e n e s; ¿e n q u é q u e d a
el v a lor?
L ico. — ¿C r ees q u e el v a lo r con sis t e e n ve r s e ex-
p u e s to a fier a s y m o n s t r u os?
435 M é g a r a . — Lo p r o p io del v a lo r es do m i n a r a q u ello
q u e ca u s a p a vo r a todos.
L ico. — Las t in iebla s del T á r t a ro h a n t a p a do la
b oc a a ese b r a v u cón .
M é g a r a . — N o es có m o d o el ca m in o d e s d e la t ie r r a
h a s t a las es t r ella s.
L ico. — ¿De q u é p a d r e h a n a cido p a r a q u e t e n g a
espe r a n za de h a bit a r co n los diose s en el cie lo?
A n fitr ió n . — \P ob r e e s pos a d el gr a n H é rcu les, ca-
440 lia! Es a m í a q u ie n co r r e s po n d e d evolve r al Alcid á
s u p a d r e y su lin a je ve r d a d e ros.
Desp u és de t a n t a s h aza ñ a s m e m or a ble s p rop ia s de
u n v a rón colos a l, d es p u és d e h a b e r p a cifica do co n s u
m a n o cu a n to ve Tit á n al n a ce r y al pon e r s e, des p u és
d e h a b e r dom i n a do t a n tos m on s t r u os, d es p u és de h a b e r
445 d ej a d o F le g r a s 83 r ocia d a de s a n g r e im pía , e n d efe n s a
d e los dioses, ¿tod a vía n o es t á cla r a la cu e s t ión d e s u

83 En Flegras t uvo l ugar el c o mb a te entre gigantes y di os e s,


en el cual parti ci pó Hércule s a fa v or de e st os ú lti m o s.
HÉRCULES LOCO 141

p a d r e? S i es q u e cr ees q u e y o m ie n to d icie n do q u e es
J ú pite r, d a c r é d i to al o d io q u e le tie n e J u no.
L ico. — ¿ P o r q u é u lt r aja s a J ú pit e r? La r aza m o r t a l
n o p u e d e u n ir s e a l cielo.
A n f i t r i ó n . — E s e ca so s u yo es co m ú n a m u ch os
dioses.
L ico. — ¿Y h a bía n sido e scla vos a n tes de con ve r- 450
t ir se e n d ios e s?
A n f i t r i ó n . — E l d e Délos e s t u vo de p a s to r a p ace n-
t a n do los r eb a ños d e F e r a s 84.
L ico. — P e ro n o a n d u vo d e s t e r r a do, e r r a n t e p o r
tod a s la s r egion es.
A n f i t r i ó n . — ¿ É l, a q u ie n u n a m a d r e fu gitiv a d io a
luz en u n a tie r r a e r r a n t e ?85.
LlCO. — ¿Aca so F e bo sin tió t e m or d e los m on s t r u os
cr u eles o de las fie r a s?
A n f i t r i ó n . — U n d r a gón fu e el p r i m e ro q u e t i ñ ó 455
la s flech a s de F ebo.
L ico. — ¿E s q u e n o s a bes los gr aves s u fr im ie n tos
q u e sop o r tó de p e q u e ñ o?
A n f i t r i ó n . — E l n iño q u e fu e a r r oja d o d el vie n t r e
d e su m a d r e p o r u n r a yo se co locó e n seg u id a al l a do
d e su p a d r e, el q u e la n za los r a y o s 86. ¿Y q u é? E l q u e
lleva el t i m ón de los a s t ros, el q u e z a r a n de a la s n u bes,
¿ n o es t u vo e sco n d id o de p eq u e ñ o en u n a cu ev a de 460
las roca s del I d a ? 87. Los n acim ie n tos t a n im por t a n t es
tie n e n q u e p a g a r se co n co n goja s; sie m p r e cu es t a c a ro
el q u e n a zca u n dios.

M Ap olo, qu e e st uvo c o m o p a st or al servicio de Ad m e t o, rey


d e Feras, e n Tesalia.
85 Apolo era h ijo de J úpiter y de Latona. É st a, huyendo de
lo s ce los de Hera, lo di o a l uz en Délos, qu e era una isla errante.
86 Bac o, h ijo de J úpiter y Sé mel e.
87 Júpiter, a quie n su ma dr e, Re a, escondi ó para que n o lo
d evorara s u padre, Crono.
142 TRAGEDIAS

L ico. — T o d o el q u e veas q u e es d e sg r aci a do p u e-


des t e n e r lo p o r h om b r e.
A n f i t r i ó n . — T od o el q u e veas q u e es valie n t e, p u e-
des d eci r q u e n o es desg r acia do.
465 L ico. — ¿V a m os a lla m a r v a lie n t e a u n o d e c u yos
h o m b r os ca yó el león , co n v e r t ido en r eg a lo p a r a u n a
d o n ce ll a 88, a sí co m o la m a z a? ¿A u n o cu yo cos t a d o
b r illó co n los colo r e s de u n v e s t ido de S idón ?
¿V a m os a lla m a r v a lie n t e a u n o cu yos c a b ellos eri-
z a dos se e m p a p a ron d e n a r do y q u e m ov ió s u s m a n os,
470 fa m os a s p o r sus h a za ñ a s, al son n a d a vir il del t a m bor-
cilio, co n s u fr e n t e fe r oz ce ñ id a p o r la m it r a b á r -
b a r a ? 89.
A n fitr ió n . — N o se r u bo r iz a B a co d e d eja r s e ca e r
s u elto el c a b e llo co n a ir e fe m e n i n o, n i d e a git a r el li-
g e r o t i r so co n m a n o afe m in a d a , m ie n t r a s co n p a so
475 p oco a g u e r r ido a r r a s t r a la s i r m a 90 co n e xó t icos a do r -
n os de o r o: d es p u és de m u ch os t r a b a jos el v a lor s u ele
r elaja r se.
L ico. — Así lo con fir m a la ca s a a r r a s a d a de É u r i t o 91
y los r eb a ñ os de vír ge n es viole n t a d a s a m o d o de r eses.
E s to n o se lo o r d e n ó n in gu n a J u no, n in gú n E u r is t eo:
480 son ob r a s p r op i a s su ya s.

88 Hércule s fu e c o mpra do c o m o e sclavo p or Onfala, rei na


de Lidia. E n a m orados l uego, el esclavo y la reina i nt ercambia n
s u s atue ndos ( c f . R u iz d e E l v i r a , Mi tolog í a ..., págs. 244 y si gs.).
89 El u ngü e nt o de n ardo y el t a m b oril eran propi os de m u-
jer e s. La mitra era u na especie de t urbante o gorro u s ad o p or
los pu eblos ori e nt al e s; probable m e n te s e refiere aquí al tur-
ba nt e de ó nfala.
90 Esp eci e de traje t alar, pro bab e m e n te con cola, propio de
m ujer e s.
91 Hércule s s e e nfr e nt ó con É urit o, r ey de Ecalia en Eubea,
p or n o h ab e r c u mpli do ést e su pro m e s a de casar a su h ija
l o l e con quie n lo v e nciera co n el arco (R u i z d e E l v i r a , M i t o-
logí a..., págs. 239 y sigs.).
HÉRCULES LOCO 143

A n f i t r i ó n . — N o la s co n oce s tod a s: ob r a suya es el


h a b e r d e s t roz a do a p u ñ e t a zos a É r ix y j u n t o a É r ix al
lib io An t eo, y el q u e u n h og a r r ebos a n t e e n s a ngr e d e
sus h u ésp ed es b e b ie r a e n j u s t o ca s t igo la s a n gr e de
B u s i r is 92. O b r a s u ya es el h a b e r con s eg u ido q u e C ie n o93, 485
q u e h acía fr e n t e a los golp e s d e la esp a d a, s ufr ie r a la
m u e r t e sin se r hef-ido y el q u e Ge rión, q u e n o e r a u n o
solo, fu e s e v e n cid o p o r u n a sola m a n o 94. E n t r e ésos te
vas a v e r t ú ... y e so q u e ellos n o m a nch a ron su lec h o
m a t r im on ia l co n n in gu n a violación .
L ico. — Lo q u e es líci to p a r a J ú pite r lo es p a r a u n
r ey: a J ú pit e r of r ecis t e t ú u n a es pos a ; vas a of r e ce r 490
u n a al r e y... Y co n t igo p o r m a e s t ro n o se r á n u evo e s to
q u e va a a p r e n d e r t u n u e r a: a ir se, in clu so co n el co n -
se n t im ie n to d e su h om b r e, d e t r á s de o t r o m ejo r . Y, si
ob s t in a d a se n ieg a a u n ir s e a m í en m a t r i m on io, a u n q u e
se a for z á n dol a , ob t e n d r é de ella u n a n oble d esce n -
de ncia.
M é g a r a . — So m b r a s de C r eon t e y P en a tes de L áb- 495
d a c o 95, y a n torch a s n u pcia les del i m p ío E d ipo h a ce d
q u e se cu m pl a a h or a el fa t a l d es t ino q u e s u ele i r li-
g a do a vu es t r a s u n ion es. A hor a , a hor a, cr u e n t a s n u e-
r a s d el r ey E g i p t o 97, acu d id co n v u es t r a s m a nos m a n-

92 Las luchas c o n Érix, Ante o y Busiris s on tres de los má s


fa m o s o s p a rerg a de Hércules (c f . R u i z d e E l v i r a , Mi tolog í a ...,
páginas 233 y si gs.).
93 Hijo de Marte, ma ta do t ambi én p or Hércules.
94 Cf. n ot a 57.
95 Divinidades ro m a na s prot e ct oras del h og ar. Cada ma n s ió n
te nía los s u y o s; t ambi én los tenía el e st ado roma no.
% Creonte, padr e de Mégara, Ed ipo y su abuelo Lábdaco
(padre de Layo) s on tres n om br e s fu n da me nt al es de ntro de
la trágica saga de lo s reyes t eba nos.
97 E gi pt o, h erma no de Dánao. Su s ci ncuenta h ijo s, casados
co n las ci ncuenta h ija s de Dánao, fu eron asesinados por é stas;
sólo Hiperm estra fu e respetada p or su es po so Linceo (cf. Ru iz
d b E l v i r a , Mi t ologí a ..., pá gs. 130 y s i gs.).
144 TRAGEDIAS

500 ch a d a s d e r íos d e s a n g r e: sólo fa lt a u n a D a n a ide... yo


co m p le t a r é v u e s t ro cr im e n .
L ico. — Ya q u e e n t u ob s t i n a ció n te n iega s a u n ir t e
co n m igo y t r a t a s d e a t e r ror iz a r a u n r ey, vas a s a b e r
cu á l es el p o d e r d e u n ce t ro. Ab r aza los a lt a r es; n in-
gú n dios t e va a lib r a r de m í, n i a u n si, r e m ovie n d o
sos el g lobo t e r r á q u eo, p u d ie r a el Alcid a lleg a r h a s t a a r r ib a
ve nce dor .
(A s u s sol d a d os o ser v i d ores.) A m on ton a d u n b o s -
q u e e n t e ro: q u e los t e m p los en lla m a s se d e r r u m b e n
sob r e sus p r op ios fieles; q u e al p r e n d e r s e fu ego es t a
ú n ica h og u e r a con s u m a a la e s pos a y a tod a la fa m ilia .
A n f i t r i ó n . — Com o p a d r e del Alcid a t e p i d o es t e
510 fa vo r q u e es el q u e a m í m e cu a d r a p e d ir t e: q u e y o
ca iga el p r i m e r o.
L ico. — E l q u e h ace p a g a r a t od os co n la p e n a d e
m u e r t e n o s a be se r tir a no. I m p o n ca s tigos op u e s tos:
al q u e es d e sg r aci a do i m p íd ele q u e m u e r a; al q u e es
feliz oblíg a le a m or i r .
Yo, m ie n t r a s a u m e n t a la p i r a q u e h a d e q u e m a r la s
515 vig a s, voy a r e n d i r cu l to al q u e r ige los m a r es co n u n
s acr ificio vot ivo. ( S e va.)
A n f i t r i ó n . — ¡Oh, p o d e r s u p r e m o d e las divin id a-
des! ¡Oh, r ey y p a d r e d e los d el cie lo, q u e c u a n do
la nza s t u s d a r dos se e s t r e m ece el gé n e ro h u m a n o!,
r efr e n a la m a no im pí a de u n r ey fe r oz... ¿ P o r q u é
520 i n voco en v a no a los d ios e s? Don d eq u ie r a q u e es t és,
escú ch a m e, h ijo... ¿ P o r q u é se t a m b a le a el t e m p lo agi-
t a do p o r u n a s ú bit a s acu d id a? ¿ P o r q u é m u ge el s u elo?
U n fr a go r i nfe r n a l h a so n a do d e s d e lo m á s p r ofu n d o
d el a bis m o. ¡Soy e scu ch a do! E s, sí, es el r u ido de los
p a sos de H é rcu les.
HÉRCULES LOCO 145

Cor o.

¡O h, fort u n a, q u e v es co n m alos o jo s al v a rón v a leroso,


q u é p oco j u s t a eres co n los b u en os al rep a rtir t u s 525
[ p re m ios!
Q ue e s té E u r is teo en s u trono, en a p acible ocio,
y el q u e n ació d e A lc m en a, co m b a te tras co m b a te co n
[íos m o n s tr u os,
agote la p ote n ci a d e su m a no q u e ha sos ten i d o el cielo,
q u e le co r te al rep t il los c u ellos q u e re to ñ a n 9S,
q u e en ga ñe a las her m a n as y se traiga los fr u tos 530
cu a n do h aya d a do al s u eñ o s u s o jo s s ie m p re e n vela
el d ragón q u e c u s tod ia las rica s m an za n as 99.
É l p e n et ró en las tien d as nó m a d as d e E scitia,
u n as ge n tes extra ñ a s en s u p rop io país 10°,
y h olló la s u p er ficie rígid a d e las agu as 535
y u n m ar calla do d e m u d os litora les 101;
en d u reci d a el agu a no tie n e allí olea je [ h inch a d as
y p or d o n d e las n a ves h abía n d esp lega do s u s vela s
h ay u n se n d ero q u e frecu en t a n los s á r m a t a s 102 d e larga
[ ca beller a .
E l p o n to q ued a q u ieto o bien se m u eve, en el c u r so 540
[ d el a ño,
or a d is p u es to a sop or t a r u n b a rco, or a u n ji n ete.
Allí la q u e gob ier n a a las célibes tribu s,
q u e ci ñ e s u s cos t a d os co n ci n t u rón d e oro,
a rra ncó d e s u c u er p o ese n ob le d es p ojo
y el escu d o y el p e to d e su p ec h o d e n ieve, 545
lev a n ta n do los o jo s h acia el ve n ce d or, h inca d a d e ro~
_________ _ [ d i l l a s 1Q3.
98 Cf. n ot a 51.
99 Cf. n ot a 59.
100 p o r su carácter n óm ad a.
101 Se refiere al mar Ne gro. Cf. Ov., T r i st es I I I 10, 37;
Pón t i ca s I 3, 13; IV 7, 7; IV 9, 85.
102 Habitant es de S a r m a ti a (al N. d el m ar Ne gro), pueblo
n ómada relacionado con lo s Es citas.
103 Cf. n ot a 62.
146 TRAGEDIAS

¿Cu ál era la espera n z a q u e te llevó al a b is m o d el in-


osa n d o recor rer u n ca m i n o sin v u elt a [f ie m o ,
h asta llegar a v er los rei n os d e P rosérp i n a, la sicilia n a?
550 Allí no h ay m a res q u e en h inch a do olea je se lev a n ten
n i co n el N oto ni co n el Favon io,
Allí los d os reto ñ os ge m elos d e T in d á reo m ,
ca m bia d os en estrella s, no socor re n a las tí m id as n aves.
I n m óv il la n g u i dece el p iélago en s u s negra s si m as
555 y, u na vez q u e la m u er te pálida co n s u s d ien tes a varien-
co n d u ce h asta los m a nes a i n n u m era bles ge n tes, [tos
co n un solo re m ero p a sa n ta n tos p u eb los.
¡Ojalá ven z a s las leyes de la fier a É s tige
y las irrevers ib les r u eca s de las P arcas!
560 E l q u e co m o rey 105 m a n d a sob re m ú ltip les p u eb los,
cu a n do a tacabas en so n de g u erra a Pilos la de N é s t o r 106,
cr u zó con tigo s u s m or tífer a s m a nos,
lleva n do en ris tre la lanza d e tres p u n t a s;
p u d o esca p a r co n u na heri d a leve
565 y, se ñ or de la m u erte, t u vo m ied o a m orir. [ f ie m o s
Q uebra n ta él h a do co n tu m a no, q u e a tos t r is tes in-
se les abra la p u er t a de la luz y q u e el i n fra n q u ea ble
u m bral les facilite a cceso h asta a q u í arriba.
A los rígidos d u eñ os d e las so m b r a s
570 p u d o abla n d ar co n cá n t icos y r u egos s u p lica n tes
O rfeo, al recla m a r a s u q u eri d a E u rí d ice.
S u a rte q u e h abía arra stra do selvas, a ves y rocas,
q u e h abía p ro d u ci d o tard an zas a los ríos,
a c u yo son las fier a s se h abía n deten i d o,
575 aplaca co n su i n sólito ca n to a tos d e a b a jo

Cást or y Pólux, cat asterizados en la co nst elació n d e Gé-


mini.
1°5 H ad e s, que ju n t o a Hera y Ar es, l uc h ó a fa vor de
N el eo c uando Hércules atacó la ci udad de Pilos (c f. R u iz DE
E l v i r a , Mit olog í a .,., pág. 248).
106 Ciudad de Me s e ni a, do nd e rei naba N é s tor.
HÉRCULES LOCO 147

y res uen a m ás clara en los sor d os p a rajes.


L lora n a E u rí d ice las jó v e n es d e Tracia.
Y la llora n los d ioses, tan d u ros a las lágri m as,
y los j u ece s m d e f re n te de m asia do so m bría
q u e i n vestiga n los cr í m e n es y d esc u b ren a reos de o t ros 580
llora n do p or E u rí d ice ocu p a n s u s sitia les. [ tie m pos
A l fi n « C e d e m os» — d ice el se ñ or de la m u er te— .
« M arch a h acia arriba, p ero co n u na ley q u e yo te i m -
avanza tú detrá s a espald as de tu h o m b re; [p o n go:
t ú no te v u elv a s a m irar a t u es pos a 585
h asta q u e el cla ro día n o te m u es t re a tos d io s e s 108
y es té a n te ti la p u er t a d e T én a ro en E s p a rt a» 109.
E l ver d a dero a m or od ia las d ilaciones, n o las sopor t a:
y, al te n er p risa p o r m ira r a s u pren d a, la per d ió.
E l p a lacio q u e p u d o s er ve n ci d o co n cá n t icos 590
ven ci d o pod r á s er p or la violencia.

ACTO TERCERO

An fit rió n -H é r cu l es - Teseo

H é r c u l e s . — Oh, tú que gobiern as la luz vivifican te


y das o rn ato a l cielo, que, reco rrien d o en círcu lo so b re
tu ca rro de lla m as a ltern ativam en te los espacios, levan -
tas tu b rilla n te cabeza so bre las tie rra s a las que llen as
de alegría, dam e, oh Febo, tu p erd ón si algo ilícito han 595
visto tus ojos: o bed eciend o ó rd en es h e sacado a la luz
lo s arcan os m isterio s del u n iverso. Y tú, señor y p ad re
d e los que h a b ita n el cielo, cú b rete los o jo s poniendo
p o r d elante el rayo; y tú, qu e b a jo tu cetro gobiernas
lo s m ares, segundo de los reinos, vete a lo m ás pro- 000

107 Mi no s, su h er ma no Rada ma ntis y su h er ma n astro Éaco


s o n lo s tres ju ec e s del infierno.
108 El cielo, m ora da de lo s di os es.
509 U n a de las entradas del infierno.
148 TRAGEDIAS

fu n do de Jas ol a s; q u e to d o a q u el q u e d e s d e l a a lt u r a
con t e m pla la s cos a s d e l a tie r r a, t e m e r oso de m a n-
ch a r se co n e s t e e s p ect á cu lo in sólito, desvíe su m ir a d a y
leva n te su r os t r o h acia el cielo r e h u ye n do los p r od igios.
Qu e a es t e se r n efa s to lo m i r e n sólo dos: el q u e lo h a
605 t r a ído y la q u e le d io l a o r d e n . P a r a d a r m e c a s t igo e
im po n e r m e t r a b a jos, n o son s uficie n t e m e n t e a m plia s la s
tie r r a s p a r a el od io q u e J u no m e tie n e: yo h e vis to lo
q u e es i n n acce sible a t od os y d e sco n ocid o a F ebo, y los
e s p acios t e n eb rosos q u e el p olo de a b a jo tie n e a sig n a dos
al J ú pit e r sin ie s t ro no. I n cl u so, si m e h u bie r a n g u s t a do
6io los p a r a je s de ese t e r ce r l o t e 111, h u bie r a p o d id o se r s u
r ey: al caos de la e t e r n a n oc h e y a a lgo m á s fu n e s to q u e
esa n oc h e y a los l ú g u b r e s d ios e s y a los h a dos yo los h e
ve n cido. H e b u r l a do a la m u e r t e y e s toy d e vu elt a. ¿Q u é
ot r a cos a m e q u e d a ? H e vis to yo y h e m os t r a do a o t r os
los se r es de allá a b a jo...
Si h ay a lgo m á s, dí m elo; y a es m u c h o el t ie m po q u e
615 lleva s s u fr ie n do p o r la in act ivid a d d e m is m a nos, J u no:
¿q u é m e m a n d a s q u e ve n z a? P e ro los t e m plos, ¿ p o r q u é
los tie n e tom a dos el sold a do co n air e h os t il y al u m b r a l
sagr a d o lo a sedia el t e r r o r d e la s a r m a s?
A n f i t r i ó n . — ¿E n g a ñ a n a m is o jo s m is a n h elos o es
q u e el g r a n ve n ce do r del o r b e y h on r a de los g r iegos
620 h a a b a n don a do la l ú g u b r e m o r a d a d e la b r u m a sile n-
cios a ? ¿E s a q u él m i h ijo? Los m ie m b r os se m e p a r a liza n
d e alegría. ¡Oh, h ijo m ío, s a lv ación segu r a, a u n q u e t a r-
día, d e T eb a s!, ¿ t e t e n go ya, s a lido al a ir e lib r e, o m i
gozo es p r od u c t o d el e n g a ño d e u n a v a n a so m b r a ? ¿E r e s
625 t ú? R eco n ozco t u s m ú scu los y t u s h o m b r os y t u m a no
glor ios a co n su e n o r m e t r o n c o 1I2.

no Plutón, h erma no d e Júpiter.


ni El infierno, tercer lo t e de los tre s que hicieron para re-
partirs e el m u n do los t r es h er ma nos, Júpiter, N e p t u n o y Pl utón.
112 La maza, u n o de lo s atribut os d e Hércule s.
HÉRCULES LOCO 149

H é r c u l e s . — ¿A q u é se debe, p a d r e, ese a s p ecto d es-


a liñ a do y el l ú g u b r e a t u e n do de m i e s pos a? ¿A q u é el
q u e m is h ijos es t é n rod e a dos de t a n ve r gon zos a s u cie-
d a d? ¿Q u é r u in a pes a sob r e m i ca s a?
A n f i t r i ó n . — T u s u eg ro h a sido m u e r to, de t u s r ei-
n os se h a a d u e ñ a do L ico y a t u s h ijos, a t u p a d r e y a 630
t u es pos a los a m e n aza de m u e r t e.
H é r c u l e s . — I n g r a t a tie r r a, ¿n a die h a a c u d ido en
a u xilio de la ca s a de H é rcu le s? ¿H a vis to es t a im pie d a d
t a n g r a n de el o r b e q u e yo h e d efe n d id o?... ¿ P o r q u é
m a lg a s to el día q u ejá n d o m e? Se a i n m ola do el e n e m igo.
Qu e lleve m i v a lo r est a co n d eco r a ció n y q u e d e 635
L ico co m o el ú l t im o e n e m igo del Alcid a. M e sie n to
a r r a s t r a do a d e r r a m a r la s a ngr e e n e m iga, Teseo.
De te n te, n o t e d eje s llev a r p o r u n a r r eb a to de vio-
le ncia. E s a m í a q u ie n r ecla m a n los com b a t e s. D eja
p a r a l u ego los a b r a zos, p a d r e; y t ú, espos a, d éja los
p a r a lu ego. Q u e a n u ncie a Dite L ico q u e yo ya h e lie- 64o
ga do.
T e s e o . — E sa m ir a d a llo r os a a léja la de t us ojo s ,
rein a; y t ú, co n t u h ijo ya a s alvo, d ej a d e d e r r a m a r
lágrim a s: si es q u e yo co n ozco a H é rcu les, L ico p a ga r á
p o r la m u e r t e de C r eon t e el ca s t igo q u e m e r ece...
T a r de es «p a g a r á», «p a g a»; in clu so es to es t a r de: «h a
p a g a do».
A n f i t r i ó n . — F a vor a ble se a a n u e s t ro vo to el d ios 645
q u e p u e d e se r lo y a sis t a a n u es t r a sit u ación d e so-
la d a. ¡Oh, m a g n á n im o co m p a ñ e r o de m i n oble h ijo!,
m u és t r a nos el d e s a r rollo de s u s h e roicid a d e s, q u é la r-
go ca m in o co n d u ce a los t ris t es m a n es, có m o h a sop o r -
t a do la s du r as ca de n a s el p e r r o del T á r t a ro.
T e s e o . — Me oblig a s a r eco r d a r u n a s h aza ñ as q u e 650
h a n d e h o r r o r iz a r i n clu so a u n es pír it u se r e no. Apen a s
t e n go a ú n co m p le t a seg u r id a d de es t a r r es pir a n do co n
vid a, n o t e n go cla r id a d en la vis t a y m is ojo s e n tor pe-
150 TRAGEDIAS

cidos a pen a s sopor t a n la cla r id a d d el día p o r h a b e r


p e r d ido la cos t u m b r e.
A n f i t r i ó n . — T e r m in a de ve nce r, Teseo, ese r e s to d e
655 p a vor q u e t e q u e d a e n el fo n d o de t u p ec h o y n o t e
d efr a u d es a ti m is m o p r iv á n dot e del m e jo r fr u t o d e
t u s t r a b a jos: a q u ello q u e fu e d u r p de sopo r t a r es d u lce
r ecor d a r lo. C uen t a es a s h o r r ib le s aven t u r a s.
T e s e o . — A cu a n to h a y de s a g r a do e n el u n ive r so
y a ti, q u e dom in a s e n u n r ei n o q u e t o d o lo a b a rca , y
660 a ti, a q u ie n en v a no b u scó t u m a d r e p o r tod a E n a lí3,
yo os i n voco: q u e m e se a líci t o expon e r im p u n e m e n t e
las leyes secr e t a s y ocu l t a s b a jo la tie r r a.
La tie r r a esp a r t a n a leva n t a u n a fa m os a m on t a ñ a
allí do n d e el T é n a ro co n s u s d e n sos bos q u e s ava nza
co n t r a el m a r: a q u í a b r e s u e n or m e b oc a la m o r a d a
665 d el od ioso Dite: bos t ez a u n a alt a r oca y e n la i n m e n s a
cu ev a u n in ge n te a bis m o se a b r e e n d escom u n a l ga r-
ga n t a y des plieg a a n te tod os los p u eblos u n a n ch o
p a so.
E l ca m i n o n o se in icia des d e el p r i n cip io ceg a do
p o r las tin iebla s: u n te n u e r e s p la n dor de l a luz q u e
670 se h a d eja do a las esp a ld a s y u n a cl a r id a d i m p r ecis a ,
p r op ia de u n sol ya en declive, p e n e t r a h a s t a allá a b a jo
y enga ñ a a la vis t a — co n es a m ezcla d e n oc h e s u ele
of r ece r su luz el día al e m pez a r y al a t a r d ece r— .
L u ego se ex tie n d e n u nos e s p acios a m plios co n es-
t a ncia s v acía s e n d i r ecció n a la s cu a les ava nza t o d o el
675 gé n e ro h u m a no; y n o es t r a b a jos a la m a rch a, el p r o p io
ca m i n o te lleva h acia a b a jo: de igu al m o d o q u e co n
fr ecu e ncia la m a r eja d a a r r a s t r a a la s n a ves con t r a s u
volu n t a d, así e m p u ja n el a ir e q u e b a ja y el á vido ca os;

113 Perséfone (Pros érpina) fu e rapta da por Hade s (Pl ut ón).


Su madre, De mét er, la bu sc ó por t oda la tierra. E n a es una
ciudad de Sicilia espe cial me nte relacionada co n el c ulto a estas
divinidades y es el lugar donde co n frecue ncia se sitúa dicho
rapto.
HÉRCULES LOCO 151

y la s som b r a s, q u e se a d h ie r e n co n fu e rza, n o d eja n


n u nca volve r el p a so a t r ás.
E n el i n t e r ior de u n a in m e n s a hoy a se desliza m a n so 680
el L e t e o 114 co n pl á cid a cor r ie n t e y h ace olvid a r la s in-
q u ie t u des y, p a r a n o ofr ece r pos ib ilid a d algu n a de r e-
gr es a r, r e t u e rce s u p e s a do ca u d a l en m ú ltiples r ev u el-
t a s: co m o el M e a n d r o115 sin r u m bo fijo j u eg a co n su s
agu as e r r a n t es y se a p a r t a de sí m is m o p a r a l u ego
volve r a r epleg a r se, sin s a be r si dir igir se h acia la cos t a 685
o h acia la fu e n t e. Las r ep u gn a n tes agu a s es t a nca d a s del
C oc i t o 116 y ace n in e r tes. Aq u í gim e el b u it r e, allá el lú-
g u b r e b ú h o y r es u e n a el fu n e s to p r es a gio de la in-
fa u s t a lech uza. Se e riza u n n eg r u zco foll a je e n u n a
osc u r a fr o n d a e n la cu a l sob r e s a le el t ejo, e n el q u e 690
se a sie n t a el p e r ezoso Sopo r , y el H a m b r e y ace t ris t e
co n los l a bios p od r id os y el R e m or di m ie n to t a r dío se
cu b r e el r os t r o co n scie n t e de su cu lp a.
E l M ie do y el P avor, el D u elo y el D olo r q u e r ech in a
los die n t es y el n eg ro L u to vie n e n lu ego, y la E n fe r-
m e d a d e sca lofr ia n t e y las G u er r a s, ce ñ id a s de h ie r ro; 695
y, e scon d id a allá e n el fo n d o, la in e r t e Vejez ayu d a
su s p a sos co n u n b a s tón .
A n f i t r i ó n . — ¿H a y a llí algu n a t ie r r a fé r til e n Ce r es
o en B a c o ? 117.
T eseo. — No c r ece n alegr es los p r a dos co n su ve r d e
s e m bla n t e n i la m ies y a c r ecid a on d e a al su ave Zé-
firo, n o h ay u n a a r bole d a q u e t e nga sus r a m a s ca rga- 700
da s de fr u t a s: la es t é r il d e sola ción d el s u elo de las
p rofu n d id a d e s lo con vie r t e e n u n y e r m o y u n a r ep ug-

114 Rí o del infierno, cuyas aguas hacía n olvi dar cuanto le


había sucedido a uno durante la vida.
115 Río de Frigia, que p or su curso irregular h a dado n ombre
a las si nuosidades de los ríos.
116 El Cocito es uno de los ríos l egendarios del infierno, de
corrie nte le nta y fría.
117 E n trigo o en uva.
152 TRAGEDIAS

n a n te t ie r r a se m u es t r a in e r t e en su e te r n a p os t r a ció n ;
es el t ris te fin al de la s cos a s y el con fin del m u n do.
705 Sin m ovim ie n to, el air e es t á p a r a liza do y u n a n oc h e
n eg r a se a sien t a e n u n m u n do in e r te: t o d o es de u n a
h o r r ib le t ris teza, y a u n p eo r q u e la p rop ia m u e r t e es
la m or a d a de la m u e r t e.
A n f i t r i ó n . — ¿ Y q u é d e a q u el q u e r ige co n su ce t r o
esos lu ga r es t e n e b r osos? ¿Dón d e es t á coloc a d o p a r a
gob e r n a r esos p u eblos d e fa n t a s m a s?
T e s e o . — H ay e n u n r i n có n osc u r o del T á r t a ro u n
7 1 0 lu ga r al q u e a p r ision a u n a es p es a n iebla de pes a d a s
som b r a s. D esd e allí, des d e u n a ú n ica fu e n t e m a n a u n
ca u d a l q u e se divid e e n dos com ple t a m e n t e dis t in tos:
u n o, m od e lo d e se r e n id a d (p o r és t e ju r a n los d ios e s),
q u e b a ja n do en sile n cioso fl u i r p r od u ce la s a g r a d a É s-
tige. E n ca m bio, el o t r o b a ja co m o u n fe r oz tor r e n t e
715 co n e nor m e e s t r é p ito y h ace r od a r las pie d r a s e n t r e
su s agu a s: el Aq u e ron t e, i m posible de r e m o n t a r n ave-
g a n do.
Q u ed a ce ñ id a p o r la d ob le cor r ie n t e la fach a d a d el
p a l a cio de Dite y la d e scom u n a l m o r a d a se h alla c u -
bie r t a p o r u n so m b r ío bos q u e. Aq uí, en u n a e n or m e
cu eva, cu elga n del a bis m o los u m b r a les del t ir a no; p o r
7 2 0 a q u í p a s a n las som b r a s; és t a es la p u e r t a d el r ei n o; u n a
lla n u r a y ace a lr e d e do r en la q u e, a pos e n t á n dos e co n
sob e r b io se m bla n t e, la cr u el m a je s t a d del d ios v a dis-
t r ib u ye n do a las alm a s q u e aca b a n de llega r.
S u fr e n t e, tor v a; p e r o n o sin p r e s e n t a r r a sgos de
sus h e r m a nos y de su e s t ir p e t a n ilu s t r e: tie n e la ca r a
725 d e J ú pit e r, p e r o de J ú pit e r cu a n do la nza el r a yo. U n a
g r a n p a r t e d e lo t e r r ible d e ese r ei n o la con s t i t u ye p o r
sí solo es t e S e ñor, a q u ie n todo a q u ello q u e p r od u ce
t e m o r t e m e m ir a r.
A n f i t r i ó n . — ¿Y es ve r d a d lo q u e se d ice de q u e e n
los infie r nos, a u n q u e co n t a n to r e t r a so, se a plica n la s
leyes, y los cu lp a bles, q u e ya se h a bía n olvid a do de s u
HÉRCULES LOCO 153

cr im e n , p aga n el ca s t igo q u e d ebe n ? ¿Q u ié n es ése q u e 7 3 0


im pon e la ve r d a d y el q u e d ecid e lo q u e es ju s to?
T e s e o . — N o es u n solo in q u isidor el q u e se n t a do
en elev a do t r ib u n a l r ep a r t e t a r día s se n t e ncia s a los
t e m b lo rosos r eos. Se acu d e en u n fo r o a Minos el de
G nosos; e n o t r o, a R a d a m a n tis; en es t e o t r o tie n e s u
a u die ncia el s u eg ro de Tetis m .
L o q u e ca d a cu a l h izo, lo s ufr e; el cr im e n r evie r t e 735
sob r e s u a u tor y el cu lp a ble ca e b a jo el p e so de s u
p r op io eje m p lo: yo h e vis to e n ce r r a r e n la c á r cel a
ca u dillos s a n g u in a rios y desg a r r a r a m a nos de la p le b e
la s esp a ld a s de u n tir a no in m od e r a do.
Todo a q u el q u e eje r ce su pod e r co n se r e n id a d y , 7 4 0
t e n ie n do la vid a de su s s ú b ditos e n sus m a nos, las
m a n tie n e i noce n t e s y a d m in is t r a co n m a n sed u m b r e s u
im p e r io, sin m a nch a r lo de s a n g r e y r es p e t a n do la vid a,
d esp u és de h a ce r p o r m u ch os a ños el la r go r eco r r id o
de u n a feliz exis t e ncia, o va e n d i r ecció n al cielo o a
los alegr es p a r a je s del feliz bos q u e E lisio, p a r a se r 74 5
lu ego ju ez. Abs t e n t e d e s a n g r e h u m a n a, tú, cu a lq u ie r a
q u e sea s, q u e tie n es pod e r : v u e s t ros cr ím e n es son t a-
s a dos a m á s a lto p r ecio.
A n f i t r i ó n . — ¿R e t ie n e e nce r r a dos a los cu lp a bles u n
lu ga r p r eciso y, segú n se s u ele d ecir , dom a n a los im-
p íos cr u eles s u plicios, e s t a n do e n ca d e n a dos p a r a sie m -
p r e?
T e s e o . — R e to r cié n dos e Ixío n es a r r a s t r a do p o r u n a 7 5 0
veloz r u ed a; u n a e n or m e r oc a se a sie n t a sob r e la ce r viz
d e Sísifo; en m e d io d e u n r ío, co n la ga rga n t a seca,
u n v ie jo t r a t a d e alca n za r la s ola s; le b a ñ a el m e n tón
el líq u ido y cu a n do, d es p u és d e h a b e r lo e nga ñ a do y a
m uch a s veces, le d a espe r a n za s, se desva n ece el a gu a 7 5 5
e n sus l a bios; los fr u tos e nga ñ a n a su h a m b r e 1I9.

lis É ac o, padre de P el e o; cf. n ot a 107.


119 Suplicio de Tántalo.
154 TRAGEDIAS

Ofr ece Tit io al ave u n e t e r no b a n q u e t e 120 y las


D a n aides t r a t a n e n v a no d e lle n a r sus v a sija s. An d a n
e r r a n t es en su f u r o r las im pía s h ija s d e C a d m o 121 y
a t e r roriza a la m es a d e F in eo la vor a z a v e 122.
760 A n f i t r i ó n . — E x pon a hor a la glo r ios a l u ch a d e m i
h ijo. Lo q u e t r ae, ¿es u n r eg a lo q u e h a q u e r ido h ace r le
s u t í o 123 o es u n bo t í n ?
T e s e o . — U na fú n e b r e r oc a se leva n t a sob r e el p e r e-
zoso v a do don d e la s agu as es t á n p a r aliza d a s y el ca u d a l
d el r ío se a do r m ece in dole n t e.
G u a r d a e s t e r ío u n r ep u g n a n t e v iejo, d e p o r t e y as-
765 p ec to h or r ible s, y t r a n spor t a a los d e s p a vor idos m a-
n es: la b a r b a le cu elg a descu id a d a, u n n u do s u je t a los
des a liñ a dos plieg u es d e su ves t ido, su s ojo s le b r illa n
h u n didos.
Sie n do a d u a n e ro, co n d u ce él m is m o la b a r c a co n
u n a la rga pé r tiga.
Ace rca n do és t e la e m b a rca ció n lib r e de ca r g a al
770 litor a l, ve n ía ot r a vez a b u sca r som b r a s. P ide p a so
el Alcid a y se a p a r t a la m u ch e d u m b r e. A t e r r a do r g r it a
C a ron t e: «¿A do n d e va s, a t r evido? De té n ese p a so
a p r es u r a do.»
El h ijo de Alcm e n a, q u e n u n ca sop o r tó u n ob s t á cu -
lo, som e t e al b a r q u e ro fo r z á n d olo co n su p rop ia p é r-
775 tiga y s u be a la n ave: u n a b a r c a co n ca p acid a d p a r a
p u e blos e n t e ros se h u n d ió al p e so de u n o solo. Se
sie n t a y la e m b a rca ció n co n la sob r eca r g a b e b e p o r

120 Titio, u n o de los gigantes, fu e co n d e n ado e n el infierno


a que dos águilas (o d os s erpie ntes) l e devoras e n el hígado;
qu e l uego le renacía de nuevo.
121 Agave — cf. n o t a 26— e In o, que habían cal umniado a
su h ermana Sé mel e, ma dre de Ba c o.
122 A Fineo lo atorm e nt aba n las Harpí as robán dol e o ensu-
ciándole la c omi da (cf. Me d e a, n ot a 170).
123 Pl utón, h er ma no de Júpiter.
HÉRCULES LOCO 155

a m bos l a dos las agu as del Le t eo al v acila r sus co s-


t a dos.
Se ech a n e n ton ces a t e m bl a r los m on s t r uos q u e él
h a bía ve n cido, los cr u eles Ce n t a u ros y los La pit a s
e n a r d ecidos p a r a el co m b a t e p o r el exce so de vino;
b u sca n do el m á s p r ofu n d o se n o de la la gu n a E s tigia 780
s u m e rge su s fecu n d a s ca beza s la q u e h a bía sido su
t r a b a jo de Ler n a.
Desp u és de t o d o e s to a p a r ece la m or a d a del a v a ro
Dite. Aq u í a t e r ror iz a a las som b r a s el cr u el p e r r o
es t igio q u e, s acu d ie n do sus t r es ca bez a s co n e n or m e
es t r u e n do, p r o t ege el r ein o. S u sór d id a ca bez a la la m e n 785
u n a s cu leb r a s, d e víbor a s se e riza su m ele n a y e n s u
r e to r cid a col a silb a u n la r go d r a gón; su fu r o r es co m -
p a r a ble a s u a s p ecto. E n cu a n to p e r cib ió el m ovim ie n to
de pies, e r izó su s p e los h acie n do vib r a r a las se r pie n-
t es y co n su s o r eja s ties a s t r a t a de ca p t a r el son ido 790
q u e se p rod u cí a , a cos t u m b r a do co m o es t a b a a oí r in-
cl u so som b r a s.
C u a n do se h u bo a ce rca do el q u e n ació de J ú pit e r m,
el p e r r o in d eciso s e ec h ó al s u elo e n la cu eva y a m bos
sin tie ron t e m or.
De p r o n to co n u n r o n co l a d r ido sie m b r a el t e r ror
e n a q u ellos m u dos p a r a je s; silb a n a m e n aza dor a s la s 795
se r pie n t es a lo l a r go d e sus ija r e s; el e s t r épito de
a q u el g r ito h or r ip il a n t e la n za do p o r t r es boc a s d eja
com ple t a m e n t e a t e r ror iza d a s i n clu so a las som b r a s
bie n a ve n t u r a d a s.
Descu elg a él e n to n ces de su izq u ie r d a la ca bez a del
d e C leo n a s 125 co n sus fe r oce s fa uces y la coloc a d e-
la n te, c u b r ié n dos e co n t a n d e scom u n a l escu do, m ie n- 800
t r a s en su dies t r a ve n ce do r a bl a n d e el e n or m e r oble:

Hércules.
125 La del l eón de N e m e a: Cleonas es una ciudad próxi ma
a Ne me a.
156 TRAGEDIAS

lo r ev u elve l a n z á n dolo sin p a r a r, or a p o r a q u í, o r a


p o r allá, r e dob l a n do sus golp es.
S a bié n dose do m i n a do, el p e r r o in t e r r u m p ió su s
a m en azas y b a jó tod a s sus ca bez a s ex t e n u a do, al t ie m -
po q u e d e jó com p le t a m e n t e lib r e la cu eva,
sos Se a s u s t a ron los dos se ñ or e s del infie r no se n t a dos
e n s u s t ro n os y d ie ron ór d e n e s de q u e se lo llev a r a n;
a m í t a m bié n , a n t e los r u egos del Alcid a, m e e n t r e-
g a ron a él co m o r eg a lo.
Lu ego, a ca r icia n do co n su m a n o los fu n e s tos cu e-
llos del m on s t r u o, los a tó co n la zos de a ce r o: olvid a do
d e lo q u e er a, el p e r r o, g u a r diá n sie m p r e en vela del
8io r eino de las som b r a s, b a ja s u m is a m e n t e las o r eja s y,
m ie n t r a s se d eja llev a r y r eco n oce a su d u e ño siguié n-
d olo co n la ca bez a b a ja , se golp e a u n o y o t r o cos t a d o
co n su col a de se r pie n t es.
C u a n do se h u bo lleg a do a la s p roxi m id a d e s de Té-
n a ro e h i r ió sus ojo s el r e s p la n dor d e a q u ella luz des-
815 co n ocid a , el ve n cido r ecob r ó su b r a v u r a y s acu d ió co n
fu r ia las e n or m e s ca de n a s; es t u vo a p u n to de a r r a s t r a r
al v e n ce do r y de la n za rlo de ca bez a h acia a t r ás h a-
cié n dole p e r d e r pie.
E n tonce s el Alcid a t u vo q u e r ec u r r ir t a m bié n a
m is m a nos: d u p lica n do a sí a m bos la fu e r za y a r r a s-
820 t r a n do al p e r r o, q u e ib a e n loq u ecido de r a bia e in-
t e n t a b a va n a m e n t e a t aca r nos, lo i n t r od u ji m os en el
m u n do.
E n cu a n to v io la cla r id a d del día y divisó los p u r os
e s p acios del r esp la n d ecie n t e cielo, le sob r evi n o la
noch e, fijó la m ir a d a en tie r r a, ce r r ó a p r e t a d a m e n t e
825 los ojo s y r ech a zó a q u ella od ios a luz del día, volvié n -
dos e h acia a t r ás y b u sc a n do la tie r r a co n tod os su s
cu ellos; lu ego e sco n d ió las ca beza s b a jo la so m b r a d e
H é rcu le s...
HÉRCULES LOCO 157

P e ro vie n e co n a leg r e voce r ío u n a m u ch e d u m b r e


a p r e t a d a, co n la fr e n t e a dor n a d a de la u r el, e n ton a n do
m e r ecid a s ala b a nza s d el gr a n H é rcu les.

Coro

E u risteo, el n aci do d e p a r to p re m a t u ro, 830


le h abía or d en a d o p e n et r a r h asta el fo n d o del uni-
es to sólo fa lt a b a a s u s tra bajos, [v er so:
arra ncar u n bot í n al rey del tercer lo te m .
S e a t rev ió a fr a n q u ea r las p u er t a s ten eb ros a s
p o r d on d e h asta los m a nes ap arta dos [ bos q u e, 835
lleva u n ca m i no lú g u bre y es p a n toso p or su n egro
m as frec u e n t a d o p or u n a e n or m e t u rba d e aco m p a-
Co m o el p u eb lo q u e va p or las ciu d a des, [ ñ a n tes.
á vido, hacia los j u egos de u n n uevo es pect á c u lo;
co m o el q u e acu de en m asa al T ron a dor E leo, 840
cu a n do el q u i n to vera n o v u elve a traer s u s fies t a s I27;
co m o la t u rb a q u e, cu a n do se alargan las horas d e la
[ n oc h e
y L ibra d eseos a d e q u e a u m en ten los s u eñ os a p acibles
retien e, eq u ilibra d a, la ca rroz a de F e b o 128,
se aglo m era en los r i tos m is teriosos de Ceres I29; 845
co m o los in icia dos a ten ien ses aba n don a n s u s casas
y cor re n p res u rosos a celeb r a r la n och e,
así es la t u rba q u e a tra vés d e llan uras silenciosa s
es e m p u ja d a: u n os ca m in a n len ta m en te, p o r s u s a ños,
tris tes y h a rtos d e u n a larga vid a; 850
o t ros co n u n a ed a d m e n os p e n os a cor re n tod a vía:
v írgen es q u e a ú n n o sa ben d el y u go con y u ga l

126 Pl ut ó n; cf. n ot a 111.


127 Los ju e gos de Júpiter Olímpico, qu e s e celebraban cerca
de Pisa, e n la Élid e, cada cuatro años, es decir, al come nzar
el quinto.
128 La constelación de Libra m arca el equinoccio de otofio.
129 Ritos agrícolas e n e l me s boé d r o m ío n (s e pti embr e).
158 TRAGEDIAS

y efe b o s q u e aú n n o ha n d a do s u m elen a 130 [ m a d re,


y n iños q u e h ace p oco ha n a p ren d i do el n o m b re d e s u
855 Tan sólo és tos tien en per m it i d o, p a ra q u e te m a n m en os,
d isipar las tin ieblas lleva n do p o r dela n te u na can-
ios de m á s m arch a n tr is tes p o r la oscu rid a d . [ déla 13í;
¿Cu ál es v u es t ra actit u d cu a n do la luz se aleja
y sie n te u no, a n gu stia do, s u cabez a
860 b ajo la tierra en ter a sep u lta d a?
Q ued a u n es p eso caos y d efor m es tin ieblas
y el f u n es to co lor n egr u zco de la n oc h e
y la q u iet u d de u n m u n d o s ile n cioso y n u bes vacías.
¡T a r de n os lleve allí n u es tr a v eje z !
865 N a d ie allí llega ta r de, de d on d e n u nca,
u n a vez q u e h a llega do, p u e d e volver:
¿p a ra q u é a p res u ra r el cr u el d es t i n o?
Tod a es t a t u rba q u e err a n te vaga sob re la a nch a tierra
irá j u n to a los m a n es y solta rá las velas
870 r u m bo al C ocito i nerte. Para ti cr ece todo,
lo q u e el oca so ve y lo q u e el o r to;
ten p acien cia co n los q u e y a ven d re m os,
para ti, m u er te, es t a m os p rep a r á n d on os, [p r is a:
p u e d es es t a r tra n q u ila; n oso t ros m is m os ya n os d a m os
la m is m a hora p ri m er a q u e n os da la vid a n os la a rre-
875 Día d e fies t a es h oy p a ra T eb a s: [ba ta,
acu d id s u p lica n do a los altares,
in m ola d v ícti m a s bien ali m en ta d as,
q ue las m u jeres m ezcla d a s co n los h o m b res
for m e n sole m n es coros;
88o desca n sen , y u go en tierra,
los q u e cu ltiv a n los fér t iles ca m pos.
H ay pa z gracias al bra zo d e H érc u les

130 La m e le na que s e solí an d ejar prim e ro y cortar luego


para ofrecerla a alguna divinidad.
131 De ahí la co st u mbr e de enterrar a lo s mu c hac h os co n
candelas.
HÉRCULES LOCO 159

des d e la a u rora a H é s p e r o 132


y allá p o r don de el sol d e m ed io día
n o da so m b r a a los cu er pos. 885
T od o el s u elo q u e ba ña
T etis 133 en s u a m p lio abra zo
y a lo d o m ó el t r a b a jo del Alcida.
Des p u és d e h a ber cr u z a do los va dos del T ártaro
v u elve tras so m e ter a los i n fier nos. 890
Y a no q ued a n te m o r e s :
no h ay nada m ás allá d e los in fier nos.
T u ca bello eriza do, s a cer d ote,
c ú b retelo d e ála m o q u e es su á rbol p refer i d o.

ACTO CUARTO

H é r cu l es - Teseo - An fit rió n -Mégara

H é r c u l e s . — D e r r ib a do p o r m i m a no ve n ce dor a h a 895
ca ído L ico, m o r d ie n do la t ie r r a co n su boca . L u ego
t o d o a q u el q u e h a bía sido p a r t ícip e de su tir a n ía h a
y a cido en tie r r a p a r t ícip e de s u ca s t igo.
Ahor a co m o v e n ce do r voy a of r ece r u n s acr ificio
a m i p a d r e y a los diose s d e a r r ib a y a h on r a r su s
alt a res in m olá n dole s la s víct im a s q u e ellos m e r ece n .
A ti, a ti, co m p a ñ e r a y a y u d a de m is t r a b a jos, te 900
i n voco, P alas b e licos a , e n cu y a m a n o izq u ie r d a la
é g i d a 134 la n za fe r oce s a m e n aza s co n su se m bla n t e pe-
t r ifica dor.

132 Desde Oriente a Occide nte.


133 Tetis ( T é t h y s; no c onfu n dir co n T he t is), h erma na y es-
pos a de Océano, h ija de Urano y Gea ( c f . R u iz d e E l v i r a ,
Mit olog í a ..., págs. 38-39).
134 Especie de coraza de piel d e cabra.
160 TRAGEDIAS

Qu e m e a sis t a el q u e so m e t ió a Licu r go y al r o jo
905 m a r, co n su la n za cu bie r t a d e ve r de a n t e t ir so I3S y la s
divin id a des ge m ela s, F e bo y la h e r m a n a de F ebo (l a
h e r m a n a, m á s d e d ica d a a las flech a s; F ebo, a la lir a),
y todos m is h e r m a nos q u e h a bit a n e n el cielo, q u e n o
son h e r m a nos de m a d r a s t r a.
Aca r r e a d a q u í r e b a ñ os bie n a lim e n t a dos, cu a n to
910 cos ech a n los de la I n dia , cu a n to los á r a bes r ecog e n
d e sus á r bole s olo r osos t r a e dlo a los alt a r es: q u e flu y a
e n a b u n d a ncia s u d e n so v a por . Ador n e el á la m o n u es-
t r a s ca belle r a s; c ú b r a t e a ti, Teseo, la r a m a d el olivo
co n l a fro n d a p r op ia de t u ge n te. Mi m a n o a dor a r á al
915 T ron a do r; t ú r e n dir á s cu l to a los fu n d a do r e s d e la
ci u d a d 136 y al a n t ro silves t r e d el fie ro Ze to 137 y a D i rce
la de fa m os a s agu a s 538 y al h og a r t ir io d el r ey ex t r a n-
je r o 139.
Ech a d i n cie n so a la s lla m a s.
( S e retira T eseo.)

A n f i t r i ó n . — H ijo, p u r ifica p r i m e r o t u s m a nos q u e


ch or r e a n s a ngr e de la m a t a nza, a u n q u e lo sea de u n
e n e m igo.
920 H é r cu le s. — Oja lá p u die r a yo lib a r a los diose s la
s a n gr e d e r r a m a d a p o r es a od ios a ca bez a: n in gú n lí-
q u ido m á s g r a to t e ñ iría los alt a r es. N o p u e d e s acrifi-
ca r s e a J ú pit e r u n a víct im a m e jo r n i m á s op u le n t a q u e
u n r ey in icuo.

135 B a c o; Licurgo es u n rey de Traci a (c f. E d i p o, n ot a 58)


El m ar R ojo o m ar Eritre o correspo nd e al actual Océano
Indi co.
336 Cad mo y Anfió n.
i3? Anfi ón y Zet o son h ijo s g emelos de Ze us y Antí op e (cf.
L a s Fenici as, n ot a 12, y R u iz d e E l v i r a , Mit ologí a... p ágs. 187
y si gs.).
138 Fa mo sa fu e nt e de Teb as.
i3® Cadmo.
HÉRCULES LOCO 161

A n f i t r i ó n , — Desea q u e t u p a d r e t e r m in e t us t r a- 925
b a jos ; q u e se co n ce d a algu n a vez t ie m po lib r e y t r a n-
q u ilid a d a n u es t r a fa tiga.
H é r c u l e s . — Yo voy a fo r m u l a r u n a s pleg a ria s dig-
n as d e J ú pit e r y de m í: Q ue pe r m a n ezca n en su si t io
el cielo, la t ie r r a y el é t e r; q u e los a s t ros h aga n e t e r-
n a m e n te s u r eco r r id o, sin t r op iezo algu no; q u e u n a
p az p r ofu n d a a lim e n t e a los p u eblos, q u e t odo el 930
h ie r ro lo ocu p e n las i noce n t e s la bo r e s de los c a m pos
y las esp a d a s p e r m a n ezca n ocu lt a s. Q u e n ingu n a t e m -
p e s t a d t u r b e el m a r co n su viole ncia , q u e n in gú n fu ego
s alte la n za do p o r l a ir a de J ú pit e r, q u e n ingú n r ío n u-
t r ido co n n ieve in ve r n a l a r r a s t r e los la b r a n tíos d e s t ro-
z á n dolos. Q u e se aca be n los ve n e nos, q u e n in gu n a 935
h ie r b a fu n es t a se h i n ch e co n su j u go n ocivo. Q u e n o
oc u p e n los t ron os tir a nos cr u eles y fe roce s. Si tod a vía
la tie r r a h a de p r od u ci r algú n cr im e n , q u e se dé p r is a
y, si p r ep a r a a lgú n m o n s t r u o, q u e se a p a r a m í...
P e ro ¿q u é es e s to? Al m e d io día lo h a n r od e a d o 940
las ti n iebla s, F e bo ca m in a co n r os t r o e n so m b r ecido
sin q u e h aya n u b e algu n a. ¿Q u ié n h ace h u i r h acia
a t r ás al día y lo e m p u j a h acia su p u n to de p a r tid a?
¿De dó n d e s aca s u n eg r u zca ca bez a es t a n och e i n só-
lit a? ¿D e dó n d e t a n t a s es t r ella s q u e lle n a n el cielo e n
p le n o día? Mir a d, m i p r i m e r t r a b a jo, el León, b r ill a 945
e n u n a b u e n a p a r t e del cielo; h ie rve t odo él de cóle r a
y se p r ep a r a a m o r d e r ; es t á a p u n to de a p r es a r algú n
a s t ro; se ye r g u e a m e n a z a dor co n b oc a d e scom u n a l
y ech a u n sop lo de fu ego y h a ce r e s p la n d ece r su rojiz a
m ele n a s a cu d ié n dola sob r e s u cu ello. T od o lo q u e el
p e n oso o t o ñ o y el f r ío in vie r no llev a n co n sigo e n su 950
gélido e s p a cio lo va a a t r a ves a r de u n solo s a lto y va
a aco m e t e r y q u eb r a n t a r el c u ello d el T o r o p rim a ve r a l.
A n f i t r i ó n . — ¿Q u é es es t a s ú bit a d e sg r acia? ¿Ado n -
de, h ijo m ío, vu elves t u fogos a m ir a d a d e acá p a r a allá
y co n los ojo s t u r bios ves u n cie lo im a gin a r io?
162 TRAGEDIAS

955 H é r c u l e s . — L a tie r r a es t á com p le t a m e n t e som e t i-


d a, los m a r es fu r iosos se h a n d a do p o r ve n cidos, los
r einos infe r n a les h a n ex p e r im e n t a do m is a t a q u es:
in m u n e q u ed a el cielo, u n t r a b a jo dig no del Alcid a. A
los a ltos e s p acios del u n ive r so voy a elev a r m e; a co-
m e t a m os el éte r, m i p a d r e m e p r o m e t e las es t r ell a s...
96o ¿Y q u é, si m e d ije r a q u e n o? N o p u e d e a b a rca r a
H é rcu les la tie r r a y al ñ n lo d ev u elve a los d e a r rib a.
E scu ch a d, p o r su p r op i a in icia tiva m e lla m a tod a
la a s a m ble a de los diose s y m e a b r e las p u e r t a s; sólo
lin a se opo n e 14°. ¿M e acoge s y m e a b r es el fir m a m e n to
965 o a r r a n co la p u e r t a d el cie lo si se r e sis t e? ¿Aú n sigu e
la d u d a? Lib r a r é de ca de n a s a S a t u r no 141 y co n t r a la
r e aleza tir á n ica d e u n p a d r e sin se n tim ie n tos sol t a r é
a m i a b u elo; q u e se a p r es t e n a la g u e r r a los Tit a n es
e n fu r ecidos b a jo m i ca u dilla je.
Roca s y bos q u e s m e llev a r é y a r r a n ca r é co n m i
m a n o d e r ech a m on t a ñ a s lle n a s d e Ce n t a u ros.
970 P on ie n do u n m o n t e sob r e o t r o m e h a r é u n c a m i n o
h a s t a los de allá a r rib a. Q u e Q u i r ó n 142 ve a a s u P elio
b a jo el Osa 143. E l Olim po lleg a r á h a s t a el cie lo colo-
c a do co m o t e rce r e sca lón o lo la n za r é h a s t a allí.
A n f i t r i ó n . — Ap a r t a le jo s esos se n tim ie n tos n efa n-
975 dos. R efr e n a el loco í m p e t u de un p ec h o q u e, a p e s a r
d e su gr a n deza, n o es t á cu e r do.
H é r c u l e s . — ¿Q u é es e s to? Los fu n es tos Giga n tes
p r ese n t a n b a t a lla, esca p a d e la s som b r a s Tit io 144 y co n

340 Juno.
141 Sat urno es u n dios itálico m u y antiguo, identificado luego
co n Crono, h ijo de Urano y Gea y padr e de Ze u s. Junto con
los otros Titan es fu e v en cido y encade nado por Zeus.
142 Quirón es u no de los Ce ntauros; h abit aba en el m o n t e
Pelio, en Tesalia.
M3 Mo nte Osa, e n Tesalia.
144 Titio es uno de los Gigantes, de gran e s ta tu ra; cuando
cayó h erido su cuerpo c ubría nu eve h ectáreas. Sobre el suplicio
a que estaba s ometido, cf. n ot a 120.
HÉRCULES LOCO 163

el p ec h o d esg a r r a do y c a r co m ido ¡q u é ce r c a del cielo


h a lleg a d o!,..
Se t a m b a le a el Cit e rón, la alt a P alle ne 145 tie m bla y
el T e m p e m a ce do n io. É s t e h a a r r a nca do la s cu m b r e s 980
del P i n d ó Wó, a q u él h a a r r a n ca do el E t a, se e n fu r ece
t e r r ible m e n t e Mim a n t e 147, u n a E r i n is 148 lla m e a n te h ace
son a r el lá t igo s a cu d ié n dolo y a ce rca m á s y m á s a m i
ca r a los tizon es e n ce n d idos e n pir a s fu n e r a ria s; la
cr u el T isífon e co n la ca bez a va lla d a de se r pie n t es h a 985
ce r r ack p vpon ie n do su a n torch a , la p u e r t a q u e h a bía
qu ed a do líb r e al se r r ob a do el p e r r o ... 149.
P e ro a hí se e sco n d e la p r ole d el r ey e n e m igo, la
infa m e se m illa de L ico. E s t a m a no d e r ech a va a de-
volve ros a v u e s t ro od io so p a d r e. Disp a r e veloz m e n t e la s
flech a s la cu e r d a de m i a r co; así h ay q u e la n za r los 990
d a r dos de H é rcu les. ( M ata a u no d e s u s h ijos; los
o t ro s h u yen .)
A n f i t r i ó n . — ¿Adon d e h a ido a es t r ella r se su cieg a
loc u r a ? D ob ló el e n o r m e a r co ju n t a n do sus ex t r e m os
y a b r ió la a lja b a . Silbó la s ae t a disp a r a d a co n í m p e t u ...
p o r e n m e d io d el cu ello se e sca pó la flech a , d ej a n do 995
a t r ás la h e rid a.
H é r c u l e s . — Voy a r egis t r a r todos los e sco n d r ijos
y a aca b a r co n el r e s to de la p r ole ... ¿ P o r q u é m e
d e t e n go? Aú n m e q u ed a u n co m b a t e m á s gr a n de en
Mice n a s h a s t a q u e caiga n, de r r u m b a d a s p o r m is ma-

145 Ciudad de Ática.


346 Mo nt e de Tracia, co nsagrado a Ap olo y a Jas Musas.
547 Otro de los Gigantes.
148 Las Erinies o Furias nacieron, c o mo los Gigantes, de las
got as que cayeron a la tierra co n la castración de Urano. Tienen
un aspecto horripilante, con cabellera de s erpientes, y suelen
llevar una antorcha y u n látigo, que tambi én es una serpiente.
So n divinidades ve ngadoras y castigadoras, en especial de los
crímenes dentro de u n a m i s m a fa milia (cf. G r i m a l, Diccio-
n a r io..., s. v.). So n tr es: Al ect o, Ti sífon e y Meguera.
149 Cérbero.
164 TRAGEDIAS

n os, tod a s sus p ie d r a s ciclóp e a s: q u e, a r r a n ca do el


ce r r ojo, vaya n de a cá p a r a allá los b a tie n t es de la
1000 p u e r t a y d e s t r oce n la s ja m b a s, q u e el din t el se de-
r r u m be co n su i m p u lso...
Y a es t á i n u n d a do de luz t o d o el p a l a cio; a q u í veo
e sco n d id o a u n h ijo d e ese p a d r e cr im in a l. ( E n tra e n
el p a lacio.)
A n f i t r i ó n . — Mir a d, t e n dié n dole sus tie r n a s m a nos
a las rodilla s le s u p lica co n voz l a s t im e r a ... es u n
1005 cr im e n infa m e, a m a r go y h o r r ib le de ve r. Mie n t r a s le
im plor a b a , lo h a a g a r r a do co n s u m a n o d e r ech a y,
d esp u és de h a be r le h ec h o d a r dos, t r es vu elt a s e n s u
a r r eb a to d e locu r a , lo h a la n za do. S u ca bez a h a d a do
u n ch a s q u ido y sus sesos s a lpica dos ch o r r e a n p o r el
t eja do.
La desg r acia d a Méga r a, p r ot egie n do a u n h ijo e n
su r eg a zo s ale h u ye n do co m o loc a de s u e sco n d r ijo.
(M éga ra en tra en esce n a co n el m e n or d e s u s h ijos,
seg u i d a p or H érc u les.)
io io H é r c u l e s . — A u n q u e al h u ir t e r efu gies en el s e n o
del T ron a dor , t e acos a r á p o r doq u ie r es t a m a n o de-
r ech a y t e d a r á a lca nce.
A n f i t r i ó n . — ¿Adon d e t e ob s t in a s e n ir, desgr a-
cia d a? ¿Q u é h u id a o q u é e scon d it e in t e n t a s e n con t r a r?
N o h a y lu g a r q u e t e s alve de la h os t ilid a d d e H é rcu le s.
Ab r áza te a él m e jo r y t r a t a d e a p acig u a r lo co n r u egos
ca r iñ osos.
1015 M é g a r a . — B a s t a ya, e s poso, t e lo r u ego, r eco n oce
a Méga r a. E s t e h ijo r efleja t u se m bla n t e y t u s r a sgos.
¿Ve s có m o t e tie n d e la s m a n os?
H é r c u l e s . — Te n go a n t e m í a la m a d r a s t r a. Ahor a,
t ú, r ecib e el ca s t igo q u e m e d eb e s y lib e r a a J ú pit e r
1020 de la op r e s ió n d e u n y u go ve r gon zoso. P e ro, a n t es q u e
la m a d r e, q u e ca iga e s t e p e q u e ñ o m o n s t r u o.
M é g a r a . — ¿Q u é in t en t a s, in se n s a to? ¿Va s a d e r r a-
m a r t u p r op i a s a n g r e?
HÉRCULES LOCO 165

A n f i t r i ó n . — I m p r e sio n a do el n iño p o r la m ir a d a
de fu ego de su p a d r e, h a m u e r to a n tes de se r h e r ido;
el s u s to le h a q u i t a do la vid a. Con t r a la e s pos a es
a hor a la nza d a la p es a d a cla va; le h a m ach aca do los 10 25
h u esos, e n el c u e r p o m u t ila do ya n o es t á la ca bez a ,
n i se ve p o r n in gu n a p a r te.
¿A co n t e m p l a r e s to te a t r eves, vejez q u e ya h as
vivido d e m a si a do? Si t e p e s a el d u elo, tie n es a m a n o
la m u e r t e; of r ece t u p ec h o a s u s a r m a s o h az q u e
ve n ga co n t r a ti ese t r o n co t e ñ ido co n la m a t a nza de
los n u es t ros.
(A H érc u les.) E lim in a a es t e p a d r e fa lso y ve r gon - 1030
zoso p a r a t u n o m b r e: n o v a ya a se r ob s t á cu lo p a r a
t u gloria.
T e s e o . — ¿ P o r q u é, a ncia n o, vas t ú m is m o al e ncu e n-
t ro de la m u e r t e? ¿Ado n d e va s, in se n s a to? H uye, po n t e
a c u bie r to fu e r a de s u vis t a y evít a les al m e n os u n
cr im e n a la s m a nos de H é rcu les.
H é r c u l e s . (A p a r te). — Ya es t á. La ca s a d e e s t e in- 1035
fa m e r ey h a sido ext e r m in a d a. E n ofr e n d a a ti, es pos a
del sob e r a n o J ú pit e r, h e s acr ifica do es t e r eb a ño. Con
gr a n p l a ce r h e cu m p lido u n os vo tos dig nos d e ti; t a m -
bié n Ar gos t e p r op o r cio n a r á ot r a s víctim a s.
A n f i t r i ó n . — Tod a vía n o h a s c u m p lido, h ijo: co n -
s u m a el s acr ificio. Aq u í tie n es de p ie a n te el alt a r 1040
la víct im a , es p e r a t u m a no co n l a ca bez a inclin a d a.
M e ofr e zco, voy a t u e n cu e n t ro, t e sigo: ¡i n m ola!
¿Q u é es e s t o? ¿S e ex t r a vía n m is ojo s , el s ufr im ie n-
to m e e m bot a la vis t a o e s toy vie n do t e m bl a r las m a-
n os de H é rcu le s? S u s ojo s ca e n en el s u e ño y su cu ello 1045
ex t e n u a do se d e s p lom a d eja n do c a e r l a cabeza.
Se dobl a n su s rodilla s y al p u n to se d e r r u m b a e n-
t e ro a tie r r a igu a l q u e el ol m o q u e se t ala en los b o s -
q u e s o la m ole q u e se ech a p a r a do t a r d e p u e r tos a la
m a r.
166 TRAGEDIAS

¿E s t á s vivo o t e h a e n t r eg a do al m á s allá la m is m a
loc u r a q u e e n vió a los t u yos a la m u e r t e?
loso E s u n d e sv a n ecim ie n to: la r e s p ir a ción sigu e su r it-
m o. D ejé m os le t ie m po p a r a q u e d esca n se d e m o d o q u e,
al se r ve n cid a la fu e r z a d e la e n fe r m e d a d p o r e s e p r o-
fu n do s u e ño, alivie la op r e s ió n de su p ech o. C r ia dos,
q u it a d d e e n m e d io la s a r m a s; n o vaya a volve r a e m -
p u ñ a rla s e n su locu r a .

C o r o 150

Q ue llore el cielo, y el p o d eroso p a d re


1055 del elev a d o cielo, y la t ierr a fec u n d a
y las err a n tes olas del p o n to i n q u ieto
y so b re to d o tú, q u e p o r las tierra s
y p o r el a n ch o m ar ech a s t u s ra yos
y a h u yen ta s a la n oc h e co n tu h er m oso ros t ro,
1060 T itán a r d ie n te: el oca so y el or to
los ha v is to el A lci d a igual q u e t ú
y h a co n oci d o t u d ob le m ora d a.
L ibra d s u es p írit u d e ta n gra n des m on s tr u os,
libra d lo, d ioses, en d erez a d s u m e n te
1065 h acia m ejo r ca m ino. Y tú, o h s u eño,
q u e do m i n as los m ales, rep oso d el esp írit u ,
q u e eres la m ejor p a r te d e la vid a h u m a n a,
alada d esce n d e n cia d e la m a d re A s t r e a 1S1,
lá ngu ido h er m a n o d e la d u ra m u er te,

150 El Coro se la m e nt a de la desgracia de Hércul e s, a la


vez qu e invoca a dioses, astros y d e m ás el eme nt os. Sigue l uego
u na larga plegaria al s u e ño c o m o r eparador de los mal es del
h o m br e, para t er mi nar c o n nuevas lame ntacion es sobre Hércule s
y sus vícti mas.
151 As tr ea es la J usticia, u n a de las H ora s, h ija de Ze u s y
Te mi s, qu e después de la edad de oro aban do n ó la tierra y
s ubió al cielo, ocupando la co nst elació n de Virg o. Una de sus
genealogías la hac e h ija d e Astre o, d e ahí qu e t ambi é n s e la
lla m e Astrea (cf. R u i z d e E l v i r a , Mi tolog í a ..., págs. 67 y s i gs.).
HÉRCULES LOCO 167

q u e m ezcla s la ver d a d co n la m en tira, d e lo f u t u ro 1070


gara n tía seg u ra y a la vez la m ás falsa.
Oh, p a d re d e las cosa s, p u er to de la vida,
d esca n so d e la lu z, co m p a ñ a de la n och e,
q u e llegas p or igual al rey y al escla vo,
tú q u e a la raza h u m a na, q u e tie m bla a n te la m u er te, 1075
la h aces ir a p ren d ien d o u na m u er te p rolon ga d a:
a p acible y su a ve, alivia s u fatiga,
cae sob re él d ejá n d olo ve n ci d o en u n p rof u n d o leta rgo,
q u e el so p or a ten ace s u s i n d ó m itos m ie m b ros
y no a b a n done s u p ec h o en f u reci d o 1080
h asta q u e s u ra zón v u elv a d e n u evo al ca m i no de a n tes.
M ír a lo: ech a do en tierra, da v u elta s en s u f iero co-
a horrip ila n tes s u e ñ os ( tod a vía [ ra zón
n o ha si d o s u pera d a la p es te de ese m al tan es p a n toso);
y, acos t u m b r a d o a repos a r s u ca bez a ca n sa d a 1085
en la terr ib le m aza, ech a de m e n os en s u d iestra vacía
s u e n or m e peso, tra ta n do d e alca n zarla co n los bra zos
i n ú til m en te. Y aú n n o ha ech a d o f u er a
tod a la te m pest a d , si no q ue, co m o la ola
zara n dea d a p o r el f u er te n oto, [ aú n d es p u és 1090
gu ard a s u agitación p or m u ch o tie m po y se h inch a
q u e el v ien to ya ha cesa do. E ch a la loca
te m pest a d d e s u al m a, q u e v uelv a n la pied a d
y la v irt u d a ese h o m b re. M ejor, q u e d e s u m e n te
t u rba d a p o r la loca agitación, 1095
su ciego desv a río siga el ca m i n o p or d on de e m p ezó;
ta n sólo la locu ra p u e d e gara n tizar ya tu i n ocen cia:
lo q u e m ás se a p roxi m a a u n as m a nos p u ras
es no s a ber el cr i m e n q u e se ha co m eti d o.
R es u e n e a hora su p ec h o golpea d o 1100
co n s u s h ercú lea s m a nos, s u s bra zos a veza dos
a so s te n er el m u n d o recib a n los a zotes q u e les la nce
s u m a no ve n ce d or a : ge m i d os m o n s tr u osos
esc u c h e el é ter y ta m bién la rein a
168 TRAGEDIAS

1105 d el n egro p o l o 152 y Cér bero fero z


q u e co n s u s c u ellos co n ca den as e n or m es a m arra dos
se ocu lta en lo m ás h o n d o d e s u a n t r o 153.
R es u e n e el caos con l ú g u bre cla m or
y el agua d el a bis m o en su ex te n s ió n i n m en sa
1110 y el aire d e regio n es i n ter m ed ia s
q ue, au n así, tus ar m as ha sen ti do.
Un p ec h o rod ea d o d e ta n gra n des m ales
n o p u ed e s er h eri d o p o r u n gol p e s u a ve:
a u na la ncen los gr itos d e s u d u elo los t res rei n os .
1115 Y tú, q u e co m o a d or n o y ar m a cuelga s d e s u cu ello
d es d e h ace tie m po, v a lerosa flech a,
y tú, pesa d a aljaba, dad cr u eles a zotes
a su fero z esp a ld a; h iera s u s h o m b ros
ag u erri dos el rob le y q u e él p o te n te t r o n co 154
1120 caiga sob re s u p ec h o co n s u s d u ros n u d os: [ d olores .
d ebe n s u s ar m as a rra nca rle la m en tos p o r tan gra n des
V osot ros q u e n o h abéis p a rticip a d o d e la gloria p a ter n a
ven g á n d oos co n la m u er te d e cr u eles tira nos,
q u e n o h abéis co n seg u i d o en la p a lest r a argiva
1125 agilizar los m ie m bros, h acién d oos v a lien tes co n los pu-
v a lien tes en la luch a, p ero q u e h abéis osa d o [ñ os,
la n zar con u na m a no bien seg u ra
el veloz d ar do d el ca rca j escita
y alca n zar a los cier vos q u e h u yen d o se d efie n d en
1130 a u n q ue aú n no a los lo m os del fe r o z m elen u d o,
m arch a d h acia los p u er tos de la É stige,
m arch a d, so m b r a s i nocu as, en q u ienes, cu a n do esta b a n
en tos m is m os u m bra les de la vid a, h izo p res a
la cri m in al locu ra de s u pa d re.
1135 M arch a d lin aje i n fa u sto, o h n iños, p or la sen d a

152 Prosérpina.
153 Incons ecue ncia de Sé neca, p u e s; c o m o s e h a dicho antes,
Cérbero había sido traí do a la tierra p or Hércules.
154 Se e st á refiriendo ahora a la ma za.
HÉRCULES LOCO 169

lú g u bre de la e m p res a ya fa m os a; m arch a d a cori-


tos reyes d e la ira. [ te m p la r

ACTO QUINTO

H é r c u l e s -A n f i t r i ó n -T e s e o

H é r c u l e s . — ¿Q u é lu g a r es és te, q u é r egión, q u é
zon a del m u n do? ¿Dón d e e s toy? ¿B a jo el p u n to p o r
don d e n ace el sol o b a jo el eje de la os a glacia l? ¿E s 1140
és t e p o r ve n t u r a el co n fí n d el Océ a no se ñ ala do p o r la
ú ltim a t ie r r a d el m a r h e s p e r io? ¿Q u é air e r e s p ir o?
¿Q u é s u elo sos tie n e m i fa t ig a? Es seg u ro q u e h e r e-
g r e s a do...
¿Có m o es q u e veo c u e r pos e n s a n g r e n t a dos t e n di-
dos p o r el s u elo de m i ca s a? ¿E s q u e tod a vía n o s e h a
d e s e m b a r a z a do m i m e n t e d e las vision es infe r n a les? 1145
¿I n cl u so desp u és de m i r eg r e so se p a se a a n t e m is ojo s
la fú n e b r e t u r b a ?...
Ve rg ü e n z a m e da co n fe s a r lo: sie n to p a vor. Yo n o
sé, n o sé q u é e n or m e d esg r acia m e p r es a gia m i alm a.
¿D ó n d e es t á s, p a d r e? ¿D ó n d e a q u ella e s pos a lle n a de 1150
vid a co n s u g r ey d e h ijo s ? ¿ P o r q u é falt a e n m i co s -
t a do izq u ie r do la piel d e leó n ? ¿A dó n d e h a ido a p a r a r
es a p r o t ecció n m ía y a la vez lec h o m u llido p a r a el
s u e ño de H é rcu le s? ¿Dón d e es t á n las flech a s? ¿Dón d e
el a r co? ¿Q u ié n es t a n do yo vivo h a p od id o q u it a r m e
las a r m a s? ¿Q u ié n m e h a r ob a d o t a n t e r r ibles d e s po-
jo s y n o h a s e n t ido m ie do d e H é rcu le s a u n q u e fu e s e 1155
do r m id o? Me gu s t a ría v e r a m i ve n ce do r , m e gus t a ría.
Adela n t e, n u evo h é roe, a q u ie n h a d a do vid a m i p a-
d r e a b a n don a n do el cielo, e n cu yo e n ge n d r a m ie n to se
h a d e t e n ido la n oc h e m á s t ie m po q u e e n el m ío.
¿Q u é i m p ío h o r r o r es toy vie n d o? Y a ce n m is h ijos 1160
víct im a s de cr u e n t a m a t a n za; m i espos a , a sesin a d a...
170 TRAGEDIAS

¿Q u é L ico oc u p a el t r o n o? ¿Q u ié n se h a a t r evido a
t r a m a r t a n es p a n tosos cr ím e n es e n Teb a s, es t a n do
H é rcu les y a d e v u elt a?
Cu a n tos h a bit á is los p a r a je s d el ís m e n o 155, cu a n tos
1165 los ca m pos act eos 156, cu a n tos los r einos del d a r d a n io
P élop e b a t idos p o r dos m a r es 157, acu did e n m i ayu d a,
in dica d m e el a u tor d e la h o r r ib le m a t a n za. Q u e se p r e-
cipit e m i cóle r a con t r a tod os: e n e m igo es t odo a q u el
q u e n o m e m u es t r a al e n e m igo.
Ve n ce do r del Alcid a , ¿t e ocu l t a s? Adela n t e. Bie n
1170 t r a t es d e ve n g a r a los a t roce s co r cele s del c r u e n to t r a-
c i o 1S8, bie n al r e b a ñ o de G e r ió n 159 o a los t ir a nos d e
L ib i a 160, n o h ay p o r q u é r e t r a s a r la luch a . Aq u í m e
tie n es d es n u do, i n clu so p u e d e q u e m e a t a q u es co n m is
p rop ia s a r m a s, d e s a r m a do co m o es toy.
¿P o r q u é T eseo r e h u ye m i m ir a d a y m i p a d r e t a m -
b ié n ? ¿P o r q u é e sco n d e n su r os t r o?
1175 D eja d p a r a lu ego los lla n tos. ¿Q u ié n h a p od id o en-
t r eg a r a la m u e r t e d e u n a vez a todos los m íos? Dím e-
lo... ¿ P o r q u é sigu es ca lla do, p a d r e? A ve r t ú, di m eló,
Teseo; p e r o co n t u le alt a d, T e s eo... U no y o t r o e n si-
le n cio se cu b r e n el r os t r o lle n os d e ve rgü e n za y de r r a-
m a n s u s lá grim a s a e scon d id a s. E n m e d io d e t a n gr a n-
ii8o des m a les, ¿d e q u é h a y q u e a ve r gon z a r se? ¿H a sido

355 Rí o d e Beocia.
156 De Ática.
J57 El P elopo n eso: P élope era h ijo d e Tá nt alo, el cual lo
m a tó y ofreci ó c o m o ba nqu et e a los d i o s e s; é s t os lo resuci-
t aron (c f. R u iz d e E l v i r a , Mit ologí a ..., págs. 190 y sigs.).
*58 Di om e d e s, r ey de Traci a, h ijo d e Ares y de Pire n e:' sus
yeguas antropófagas devoraban a los v iajeros qu e llegaba n al
país. Apod erars e de estas yeguas fu e el octavo «tra b ajo» de
Hércule s (cf. n ot a 54).
«9 Cf. not a 57.
160 Ante o y Atla s, c o n quienes se e nfr e nt ó Hércule s cuando
iba a b u sc ar las ma nza n as de las Hesp éride s (undéci mo «tra-
b ajo»).
HÉRCULES LOCO 171

aca so el tir á n ico s e ñ or de la ciu d a d a rgiva 161, h a sido


aca so el h os t il e scu a d rón de Lico, al m o r i r ést e, el q u e
h a ech a do sob r e n oso t r os t a n gr a n ca la m id a d?
P o r la glo r i a d e m is h aza ñ as, t e r u ego, p a d r e, y
p o r el p od e r divin o de t u n om b r e, q u e sie m p r e m e iis s
h a sido p r op icio: h a bla. ¿Q u ié n h a a r r a s a do m i ca s a?
¿De q u ié n h e sido la p r e s a?
A n f i t r i ó n . — Q u e se a leje n la s desgr acia s n o h a-
bl a n do de ella s.
H é r c u le s . — ¿ Y que q u e d e yo sin venganza?
A n f i t r i ó n . — Con fr ec u e n cia la ve nga nza es co n t r a -
p rod u ce n t e.
H é r c u l e s . — ¿ P e r o algu ie n e n su cob a r d í a h a s op o r -
t a do m a les t a n g r a n d es?
A n f i t r i ó n . — T od o el q u e t e m ía o t r os m a yor es.
H é r c u l e s . — P e ro, p a d r e, ¿s e p u e d e t e m e r a lgo m á s 1190
g r a n de o m á s fu n e s to q u e es t a s desg r acia s?
A n f i t r i ó n . — De t u d esg r acia es a p a r t e q u e co n oce s,
¡es t a n p eq u e ñ a!
H é r c u l e s . — P ied a d, p a d r e; h acia ti t ie n do m is m a-
n os s u p lica n t e s... ¿Q u é es e s t o? Mi m a n o se ech a
a t r á s... P o r a q u í ro n d a el cr im e n . ¿D e dón d e vie n e
es t a s a n g r e? ¿Q u é es a q u ella flech a , h ú m ed a de sa n- 1195
g r e de n i ñ o? A hor a v eo ya m is p r op ia s a r m a s te ñid a s
co n el m o r t a l ve n e no d e L e m a í62. N o p r eg u n to p o r la
m a n o q u e las h a y a la n za do. ¿Q u ié n h a p od id o cu r v a r
el a r co o q u é dies t r a dob l a r la cu e r d a q u e a m í m e
cu es t a t r a b a jo h a ce r ce d e r ?
Acu do d e n u evo a voso t r os; p a d r e, ¿e s es te cr im e n
m ío?... ¡Se calla n! M ío es. 1200
A n f i t r i ó n . — E l d u elo sí es t u yo; el c r im e n es de
t u m a d r a s t r a 163. E s t e d es a s t r e n o t ie n e cu lp a ble.
161 Eurí st eo.
162 Hércule s había e mpapado s u s fl e c ha s en, el veneno o en
l a sangre de la Hidra de Lerna.
163 Juno.
172 TRAGEDIAS

H é r c u l e s . — A hor a d e s d e tod a s p a r t es t r u e n a, p a-
d r e, e n cole r iz a do. A u n q u e t e h ayas olvid a do de m í,
vé n ga t e al m e n os, a u n q u e se a t a r de, d e t u s n ie tos. Re-
1205 s u e n e el e s t r ella do fir m a m e n to y la nce n lla m a s es t e
p olo y el o t ro. A r r a s t r e n m i c u e r p o a ellos a m a r r a do
los p e ñ a scos del C a spio y el ave d evor a dor a ... ¿ P o r
q u é es t á n v acía s la s roc a s de P r o m e t e o?164, Q u e se p r e-
p a r e la a b r u p t a la d e r a d el C á uca so des n u d a de selva s,
q u e en su s in m e n s a s cim a s da p a s to a las aves de
r a piñ a.
1210 Qu e las fa m os a s Sim plég a des q u e e s t r ech a n el p o n -
to escit a m e es tir e n sob r e el m a r co n las m a nos a m a-
r r a d a s a ella s y cu a n do, al lleg a r el t u r no, v u elv a n a
ju n t a r s e y los e scollos, al c h oc a r u n a s co n ot r a s la s
r oca s, la nce n h a s t a el cie lo el m a r q u e h a y e n t r e ella s,
1215 q u e d e yo co m o u n ob s t á cu lo m ove d izo e n t r e los dos
m on t es.
¿ P o r q u é n o a ca r r eo u n bos q u e, lo a m o n to n o fo r -
m a n do u n a pir a y q u e m o es te c u e r po q u e es t á r oci a d o
d e s a n gr e i m p í a ? E so, e so es lo q u e d e bo h ace r: d evol-
ve r é a H é rcu les a los infie r nos.
A n f i t r i ó n . — S u p ec h o q u e a ú n no es t á lib r e d e
1220 fr e n é t ica p e r t u r b a ción h a ca m b i a do sus ir a s y, co m o
es p r op io de la locu r a , se en s a ñ a co n sigo m is m o.
H é r c u l e s . — T e r r ible s lu ga r es de las F u ria s y cá r-
ce l de los I n fie r n os y r egió n a sign a d a a la t u r b a cu l-
p a b le..., si m á s allá del E r e bo se ocu l t a algú n lu ga r de
1225 d e s t ie r ro d e sco n ocid o p a r a C é r b e ro y p a r a m í, e scó n -
d e m e en él, Tie r r a; q u ie ro i r al ú l t im o co n fí n d el
T á r t a ro p a r a q u e d a r m e a llí...

164 Prom et eo, prim o de Júpiter, e n cuanto h ijo del tit án


J ápeto, figura en la leyenda c o m o cr ea dor (a v e ces) y c o m o
be n efac tor de la Hu m a n idad. Por h aber e ngañado a los di os es,
fu e amarrado a una roc a del Cáucaso, donde u n águila l e de-
voraba el h ígado, que i n mediat ame nt e l e volvía a renacer.
HÉRCULES LOCO 173

¡O h , p e c h o d e m a s ia d o fe r o z ! A v o s o tr o s , h ijo s , e s -
p a r c id o s com o e s tá is por to d a la casa, ¿ q u ié n va a
p o d e r llo r a r o s com o es d e b id o ? E s to s o jo s e n d u r e c i-
d o s p o r la s d e s g r a c ia s n o s a b e n e c h a r lá g r im a s ...
T raed acá la esp ad a, tra e d acá la s fle c h a s , tra e d 12 30
acá el en o rm e tro n c o . Por ti d e s tro za ré m is d ard o s,
p o r ti, h i jo , r o m p e r é m i a r c o y p o r t u s s o m b r a s a r d e r á
el p esad o tro n c o , in c lu s o el c a r c a j, lle n o de fle c h a s
l e r n e a s 165, i r á a p arar a tu h o g u e ra . Q u e paguen m i s 12 35
arm as su c a s t ig o ... a v o so tra s ta m b ié n os q u em aré,
fu n e s ta s com o s o is p a ra m is arm as, ¡o h m anos de
m a d ra s tra !
A n f i t r i ó n . — ¿ Q u ié n ha a p lic a d o en a lg ú n lu g a r a
u n e r r o r e l n o m b r e d e c r im e n ?
H é r c u le s. — M uchas veces un e rro r grave s e e q u i-
p a r a a u n c r im e n .
A n fit r ió n . — A h o ra es cuand o hace fa lta un H ér-
c u le s : s o p o r ta e l e n o r m e p e s o d e e s ta d e s g r a c ia .
H é rc u le s. — N o se ha acabado, e x tin g u id o por la 1240
lo c u r a , m i p u d o r h a s ta e l p u n to d e e s t a r d is p u e s to a
e sp a n ta r a to d o s lo s p u e b lo s con mi im p ío a sp e cto .
M is a r m a s , T e s e o , te in s is t o e n q u e m e d e v u e lv a s rá -
p id a m e n te la s a r m a s q u e m e h a n r o b a d o . S i e s t o y e n
m i sa n o ju ic io , d e v o lv e d a m is m a n o s lo s d a rd o s. Si
p e r s is te la lo c u r a , r e tír a t e , p a d r e ; v o y a e n c o n t r a r e l 1245
c a m in o d e la m u e r te .
A n fitrió n . — P or lo s sa c ro sa n to s la z o s fa m ilia r e s ,
p o r e l d e r e c h o d e c u a lq u ie r a d e m is d o s n o m b r e s , b ie n
me lla m e s tu to r , o b ie n p a d re verd ad ero , p o r el re s-
p e to q u e d e b e n im p o n e r m is c a n a s a q u ie n s e a r e s p e -
tu o s o , te n e n c u e n ta la d e s o la c ió n d e m i v e je z , te lo
ru e g o , y e l c a n s a n c io d e m is a ñ o s . 1250
Ü n ic o apoyo de una casa en r u in a s , ú n ic a lu z de
u n o q u e e s tá h u n d id o e n la d e s g r a c ia , g u á r d a te tú a

165 Cf. n o t a 62.


174 TRAGEDIAS

ti m is m o. N i u n solo fr u to de t us t r a b a jos h a lleg a do


h a s t a m í... S ie m p r e h e es t a do t e m ie n do al m a r in se-
1255 g u ro o a los m on s t r u os. C u a n tos r eyes cr u eles en t o d o
el m u n do e n t e ro se e n sa ñ a n h a cie n do el d a ñ o co n su s
m a nos o co n su s a l t a r e s 166 m e p r od u ce n t e m o r ... P a d r e
de u n h ijo sie m p r e a u se n te, p ido p od e r disfr u t a r de
ti y toca r t e y con t e m pla r t e.
H é r c u l e s . — P a r a r e t e n e r m á s t ie m po m i a lm a e n
es t e m u n do o p a r a r e t r a s a r m e no h ay m o t ivo a lg u n o:
1260 todos m is bie n e s los t e n go ya p e r d idos: la r a zón , la s
a r m a s, la r e p u t ación , la espos a , los h ijos, la s m a n os...,
h a s t a la locu r a . N a die p od r í a p o n e r r e m e d io a la su-
cie d a d de m i espír it u: co n la m u e r t e h a y q u e cu r a r el
crim e n.
A n f i t r i ó n . — Va s a aca b a r co n t u p a d r e.
H é r c u l e s . — P a r a q u e n o p u e d a h ace r lo, voy a m o r i r .
A n f i t r i ó n . — ¿E n p r e s e n ci a de t u p a d r e?
H é r c u l e s . — Y a le h e e n se ñ a do yo có m o co n t e m -
p l a r u n a m on s t r u osid a d.
1265 A n f i t r i ó n . — Te n e n cu e n t a m e jo r t u s h aza ñ a s, q u e
todos h a n de r ecor d a r , e im p lór a t e gr acia a ti m is m o
p o r ese ú n ico delito.
H é r c u l e s . — ¿V a a p e r don a r s e a sí m is m o el q u e a
n a die h a p e r d o n a do? Las h aza ñ a s loa ble s las h ice ob e-
d ecie n do ór d e n e s: sólo e s to ú l t im o es lo m ío. Ve n en
1270 m i ayu da, p a d r e; b ie n te m u ev a n los se n tim ie n tos
p a t e r n a les, bie n m i t r is t e des t ino, bie n la m a nch a ca íd a
sob r e la hon r a d e m i vir t u d, t r á e m e la s a r m a s. Se a
ve ncid a la for t u n a p o r m i m a n o de r ech a .
T e s e o . — Cie r t a m e n te los r u egos de u n p a d r e s u ele n
se r lo b a s t a n t e eficaces; déja t e, sin e m b a r go, co n m ov e r
1275 t a m bié n p o r m i lla n to. ¡Ar rib a!, y d es t roz a la a dve r-
sid a d co n t u ím p e t u de sie m p r e. V u elve y a a r ec u p e r a r

í w B u s ir i s, r e y d e E g i p t o, q u e a c o s t u m b r a b a a s a crifi c ar a
l o s e x tr a n je r o s e n e l a lt a r d e Ze u s.
HÉRCULES LOCO 175

t u á n im o q u e n u n ca h a ce d ido a n t e ningu n a desgr acia,


debes act u a r ya co n t u g r a n v a lor. No d eje s q u e H é r-
cules sea a r r a s t r a do p o r la ir a.
H é r c u l e s . — Si sigo vivo, soy u n cr im in a l; si m u e ro,
u n a víct im a de esos cr ím e n es. Te n go p r is a p o r p u r i-
fica r l a tie r r a. H ace ya t ie m po q u e u n m on s t r u o im pío, 1280
cr u el, a lt a n e ro y fe r oz ro n d a a m i a l r e d e dor . V a m os,
m a no de r ech a, esfu é r z a t e e n aco m e t e r es t a e nor m e
e m p r es a de m á s e n ve r g a d u r a q u e los d oce t r a b a jos.
Cob a r de, ¿sig u es e n t u in dole ncia , a t r evié n dot e sólo
co n n iños y co n m a d r es a s u s t a d a s?
Si n o m e da s la s a r m a s, o co r t a r é tod a la selva del 1285
P in dó t r a cio y los bos q u e s s a g r a dos de B a co y la s cim a s
del Cit e rón p a r a q u e m a r la s j u n t o co n m igo, o tod a s las
ca s a s de Teb a s co n su s fa m ilia s y d u e ños y los t e m plos
co n tod os sus diose s los d e r r u m b a r é sob r e m i c u e r -
p o y q u e d a r é sep u lt a do b a jo las r uin a s de la ciu d a d. 1290
Y, si p a r a m is r esis t e n t es h o m b ros es lige ro el p e so de
la s m u r a lla s al c a e r la nza d a s con t r a m í y si las sie t e
p u e r t a s n o b a s t a n p a r a cu b r i r m e y a pla s t a r m e, tod a la
p es a d a m a s a q u e se a sie n t a e n la p a r t e ce n t r a l del
u n ive r so y d eja a isla dos a los d io s e s 167 la p r ecipi t a r é
sob r e m i ca bez a .
A n f i t r i ó n . — T e d ev u elvo la s a r m a s. 1295
H é r c u l e s . — E s a s p a la b r a s son dign a s del p a d r e de
H é rcu le s... Mir a, co n es t a flec h a ca yó a sesin a do el
n iño.
A n f i t r i ó n . — E s t e d a r do lo p u so J u no e n t us m a-
nos.
H é r c u l e s . — A hor a m e se r vir é yo de él.
A n f i t r i ó n . — M ir á có m o p a lpit a de m ie do m i pob r e
co r a zón y s acu d e en su in q u ie t u d m i cu e r po.
H é r c u l e s . — P r ep a r a d a es t á la saet a. 13 0 0

167 La tierra (y el fir ma m e nt o) que s e halla entre el infierno


y la morada de los dioses.
176 TRAGEDIAS

A n f i t r i ó n . — F íja te , a h o ra e s c u a n d o v a s a c o m e te r
u n c r im e n v o lu n t a r ia y c o n s c ie n te m e n te .
H é r c u l e s . — E x p líc a m e , ¿ q u é m a n d a s q u e h a g a ?
A n f i t r i ó n . — N o te p id o n a d a ; m i d o lo r e s tá p u e s to
a bu en recau d o : m i h ijo , tú e r e s e l ú n ic o que puede
c o n s e r v á r m e lo ; a r r e b a tá r m e lo , ni s iq u ie r a tú . E s to y
1305 lib r e d e l p e o r d e lo s te m o r e s : d e s g r a c ia d o n o p u e d e s
h a c e rm e , fe liz s í. D e c id a s lo que d e c id a s , h a z lo a sa-
b ie n d a s d e q u e tu c a u s a y t u b u e n n o m b r e se h a l l a n
en una situ a c ió n c r ític a y a p u ra d a : o v iv e s o me
m a ta s.
E s t e h i lo d e v id a , d e u n a v id a a g o t a d a p o r lo s a ñ o s
1310 y n o m e n o s a g o ta d a p o r la s d e s g r a c ia s lo te n g o a f lo r
d e la b io s ; ¿ ta rd a a lg u ie n ta n to en d ar a su p a d re la
v id a ? No s o p o r ta r é m á s a p la z a m ie n to s : v o y a h u n d ir
e l h ie r ro en m i pech o d e a n c ia n o . A q u í, v a a q u e d a r
te n d id a u n a v íc tim a d e u n H é r c u le s e n s u s a n o ju ic io .
H é r c u l e s . — D e te n te , p ad re, d e te n te , v u e lv e a trá s
13 15 e s a m a n o . . . R í n d e t e , v a l e n t í a , s o m é t e t e a l a a u t o r i d a d
de un p ad re, ü n ase a lo s tr a b a jo s de H é r c u le s e ste
n u e v o tr a b a jo : v iv a m o s . A y u d a a m i p a d r e a le v a n t a r
d e l s u e lo s u s m ie m b r o s a b a tid o s , T e s e o : m i m an o de-
rech a cargad a de c r ím e n e s reh u ye to ca r su p u reza.
1320 A n f i t r i ó n . — E s ta m a n o la b e s o y o g u s to s o , e n e lla
apoyado c a m in a r é ; a c e r c á n d o la a mi pech o a flig id o
a h u y e n t a r é m is d o lo r e s .
H é r c u le s. — ¿A qué lu g a r puedo yo d ir ig ir m e en
m i d e s tie r r o ? ¿D ónde voy a escon d erm e o b a jo qué
t i e r r a m e v o y a s e p u l t a r ? ¿ Q u é T a n a i s 568 o q u é N i l o o
q u é T ig r is d e P e r s ia c o n s u v io le n to c a u d a l o q u é R in
1325 fie r o o q u é T a jo a r r a s t r a n d o e n s u t u r b ia c o r r ie n te lo s
te s o r o s d e I b e r ia p o d r á la v a r m i m a n o d erech a? A un -
q u e l a g é l i d a M e ó t i d e 169 v u e l q u e s o b r e m í s u s á r t i c a s

168 El actual río Don.


169 Patus M a eo t i s o si mpl e m e nt e Ma e oti s era el a ct ual m ar
Azof.
HÉRCULES LOCO 177

o la s y T e t i s 170 e n t e r a c o r r a p o r m i s m a n o s , n o s e b o -
r r a r á e l c r im e n p r o fu n d a m e n t e m a r c a d o e n e lla s . C o n
t u im p ie d a d , ¿ a q u é t ie r r a te v a s a r e t ir a r ? ¿ I r á s h a c ia 1330
e l o r ie n t e o h a c ia e l o c c id e n t e ? C o n o c id o e n to d a s p a r -
te s , h e p e r d id o c u a lq u ie r p o s ib le lu g a r de d e s tie r r o .
M e r e h u y e e l o r b e , lo s a s tr o s to r c ie n d o su cu rso tra -
zan ó r b ita s de m al agü ero , el p r o p io T itá n ve con
m e jo r e s o jo s a C é r b e r o q u e a m í.
O h , T e s e o , fie l cab eza, b u sca un e s c o n d ite l e j a n o , 133S
a p a rta d o ; y a que s ie m p r e a l s e r á r b itr o d e c r ím e n e s
a je n o s sie n te s c a r iñ o por lo s c u lp a b le s , co rresp o n d e
a h o ra co n tu a g r a d e c im ie n to a lo s m é r it o s m ío s : de-
v u é lv e m e , t e lo r u e g o , a lo s in fie r n o s lle v á n d o m e o t r a
v e z a la s s o m b r a s y r e s t it ú y e m e a m a r r a d o c o n tu s ca- 1340
d e n a s . A q u e l lu g a r m e o c u lta r á ... P e ro ta m b ié n é l m e
conoce.
T e s e o . — M i t ie r r a te a g u a rd a . A llí G r a d iv o m, v o l-
v ió d e n u e v o a la s a r m a s su m a n o q u e y a h a b ía q u e -
d a d o a b s u e lt a d e s u c r im e n . E s a t ie r r a t e lla m a , A lc id a ;
u n a t ie r r a a c o s t u m b r a d a a h a c e r in o c e n te s a lo s d io s e s .

170 Cf. nota 133.


ni Marte, qu e tras h aber dado mu ert e a Halirrotio, fu e
abs u elto p o r el tribu nal del Areópago en Atenas.
ÍNDICES
Í N D IC E D E N OM B R E S

Abreviaturas y signos empleados en este índice.

H = Hércules loco.
Tr = Las Troyartas.
Fe — Las Fenicias.
M = Medea.
F — Fedra.
E = Edi po.
A = Aga menón.
T — Tiestes.
HE = Hércules en el Et a.
O — Octavia.
( ) = Aunque no se cita expresamente ese nombre, se alude a él.
[] = Nombre en un pasaje corrupto o dudoso.
* = Nombre que aparece en el texto, introducido por una
conjetura del editor.

Abidos: Fe 611. 806, 818, 888, 957, 1061, 1168,


Acasto: M 257, (415), 521, 526. 1343; Tr 720; M 634.
Véase M, nota 74, Alcmena: H 22, 527, 773.
Acteo (adj. = ático): H 1164. Alfeo: M 81. Véase T, nota 39.
Acteón: Fe 14; E (751), 756. Altea: M (644, 646), 780. Véase
Véase Fe, nota 3. M, nota 135, y HE, nota 126.
(Admeto): M 663. Amazona o Amazonas: (H 542);
Adrasto: Fe 374. Tr (12), 243, 673; (Ai 214).
Agave: Fe (17), 363. Ami das: Tr 70.
(Alcestis): M 663. Anceo: M 643.
Alcida: H 84, 107, 186, 204, 357, Andrómaca: Tr (59), 533, 576,
398, 421, 440, 505, 509, 635, 770, 804, 907, 925, 968.
346 TRAGEDIAS

Anfión: H 262; Fe 566. Véase Asirio (adj.): Fe 124.


E, nota 82. Astíanacte: (Tr 369, 456, 461,
Anténor: Tr 60. 528, 551, 597, 605, 634, 660,
Anteo: H 482, (1171). Véase H, 706, 766).
nota 92. Astrea: H 1068. Véase H, nota
(Antígona): Fe 1, 81, 94, 95, 151.
97, 182, 230, 310, 536. (Atica): H 1344.
Aonio (adj. = beocio): M 80. Ático (a dj.): H 847; Tr 842.
Apolo. Véase Febo, Titán, Atlántides (estrellas): H 11.
(Apsirto): M 131, 452, 473, 963. Véase H, nota 22.
Aqueos (sust.): Tr 853, 1119. Atos: M 720.
Aqueronte: H 715. Atreo: Tr 341. Véase A, nota
Aquiles: Tr 177, (181), 194, 204, 25.
232, 242, 244, 292, 306, 323, Atrida: Tr 148, 596.
343, 344, 347, (361), 447, 666, Augias: H 248.
806, (832), 940, 943, 955, 987, Áulide: M 622. Véase M, nota
991, 1001, 1121, 1158. 128.
Aquilón (viento): M 634. Aurora: H 883; (Tr 239).
Árabes: H 910; M 711. Ausonio (a dj.): H 376; M 355,
Aras (Araxes): M 373. Véase 408. Véase H, nota 50.
M, nota 93. Austro (viento): M 584,
Arcadia, arcadios: H 229. Áyax (Oileo): (M 661).
Arcadia (estrella): H 130. Áyax (Telamonio): Tr 316, 844,
Argivo (a dj.): H 1124, 1180; Azar: H 327; Fe 632.
Tr 277.
Bacantes: H 134.
Argivos (sust.): Tr 444.
Baco: H 16, 66, (457), 472, 697,
Argo (la nave): M (3), 238,
(903), 1286; Fe 602; (AÍ 84).
(336), 349, (363), 367, (607),
Véase E, nota 17.
Véase M, nota 18.
Beocia, Beocios: Fe 129.
Argólico (adj.): H 7, 59; Tr
Besa: Tr 848.
150, 672, 813; Fe 58, 576.
Betis: M 726.
Argos (ciudad): H 1038; Tr Bistonio (adj.): H 226.
245, 855; Fe 283; M 658. Bóreas (viento): Tr 395, 841;
Ariadna: (H 18). Véase F, nota M 231, 316.
81. Boyero (estrella): M 315. Véa-
Asáraco: Tr 17. Véase Tr, se M, nota 81.
nota 17. Briseida: Tr 222. Véase Tr,
Asia: Tr 7, 896. nota 48.
ÍNDICE DE NOMBRES 347

Busiris: H 484, (1171); Tr 1106. Cibeles: Tr 72.


Véase H, nota 166. Ciclópeo: H 997.
Cieno: t H 486]; (Tr 183). Véa-
Cabra (estrella): Ai 313. se A, nota 89.
Cadmeo (adj.): H 134; Fe 546. Cila: Tr 227.
Cadmo: H 256, 268, 393, 758, Citerón: H 234, 335, 979, 1286;
(917); Fe (124), 125, 392, 647, Fe 13, 31, 256.
648. Véase Fe, nota 24; E, Cíeonas: H 798. Véase H, nota
notas 15, 91 y 94, 125.
Caico: Tr 228. Cnosos: H 18, 733.
Calcante: Tr 352, 359, 533, 534, Cocito: H 686, 870. Véase H,
592, 636, 749, (938). nota 115.
Calcis: Tr 838. Véase Tr, nota
Coicos (los): Ai 164, 703, 983.
128. Cólquide: Tr 1104; M 179, 197,
[Calidnas]: Tr 839. 225, 451, 527, 871. Véase Tr,
Calidón: Tr. 845. Véase HE,
nota 166.
nota 88.
Corinto: Aí 35.
Camena: M 625. Coro (viento): Tr 1033; Aí 412.
Caos; H 610, 677, 861, 1108;
Véase T, nota 75.
Tr 400; M 9, 741. Creonte (rey de Corinto y pa-
Caribdis: M 408. Véase T, no-
dre de Creúsa): M 143, 178,
ta 75. 246, 415, 490, 514, 521, 526.
Caristo: Tr 836.
Creonte (rey de Tebas y pa-
Caronte: H (765, 768), 771, (774).
dre de Mégara): H 495, 643.
Casandra: Tr (34), 37, 61, 968,
Véase H, nota 96.
977. Véase Tr, nota 157,
Caspio: H 1206; Tr 1105. Creta: (H 230); Tr 820.
Cástor: M 88, 230. Véase M, Creúsa: M (105), 495, 508, 817,
notas 46 y 65. 922.
Cáucaso: H 1209; Aí 709. Crimen: H 96.
Cecropio (adj.): M 76. Crisa: Tr 223.
Cefalania: Tr 518.
Céfiro (viento): H 699; M 316. Danaide(s): H (498), 500, 757;
Centauros (los): H 778, 969. Ai 749. Véase Ai, nota 162.
Cérbero: H (59), 60, (62, 649, Dáñaos (los) ( = griegos): Tr
783, 985), 1107, 1224, 1333; Tr 62, 164, 166, 265, 360, 418, 446,
404. 529, 550, 590, 594, 598, 606,
Ceres: H (300), 697, 845; Fe 607, 662, 669, 684, 687, 757,
219, 371, 608; M 761. 767, 1073, 1165.
348 TRAGEDIAS

Danubio: M 724. Eetes: M 179, 468, 527, 571.


Dardanio (adj.): H 1165. Véase M, nota 106.
Dárdano (adj.): Tr 27, (135). Eetión: Tr 219.
Delfos: Fe 259. Egeo (adj.): Tr 226; Fe 313.
Délos: H (15), 451, (453). Véa- Egipto (rey): H 498.
se A, nota 52. Egócero (constelación): T 864.
(Deucalión): Tr 1039. Elba (rí o): M 374.
Diana (véase Luna, Cintia, Dé- Eleo (adj. = olímpico): H
los —la de—, Febe): (H 905; 840.
Tr 827; M 87).
Eleusis: H 302; Tr 843.
Dictina: M 795.
Élide: Tr 850; Fe 129. Véase
Diomedes (rey de los Bisto-
Tr, nota 137.
nes): (H 1170); Tr 1108. Véa-
Elisio: H 744; Tr 159, 944.
se H, nota 158.
*Ena: H 660.
(Diomedes —hijo de Tideo y
Encelado: Véase M, nota 100.
compañero de Ulises—): Tr
Enfermedad: H 694.
38.
Enispe: Tr 841.
Dirce: H 916; Fe 126; (Ai 80).
E ó l i c o ( a d j. = r e la t i v o a
Véase Fe, notas 12 y 22 y
Eolo): Ai 105 (Creúsa).
HE, nota 49.
Erebo: H 54, 1224; Tr 179.
Dite ( — Plutón): H (47, 48),
Véase H, nota 34.
51, (53), 95, 100, (560, 565, 582,
608), 639, (658), 664, (707), 717, Erimanto: H 228.
(722, 761), 782, (833); Tr 198, Erinis: H (93), 982; M 953.
432, 723; Fe 234; M (11), Eris: H 94. Véase H, nota 147.
638, 741. Érix: H 482 (bis); Ai 707.
(Dite y Prosérpina): H 578, Escarpe: Tr. 848.
Escila: H 376; M (350), 408.
611, 805, 1137.
Dolor: H 693. Véase M, nota 88, y T, nota
Duelo: H 693. 76.
Esciros: Tr 226, 339, 976. Véase
Tr, nota 51.
Eácida: Tr 46 (Pirro), 253 Escita(s): H (534), 1127, 1210;
(Aquiles). Tr 12, 1104; Ai 483, 528. Véase
Éaco: (H 734); Tr 346. Véase H, nota 100.
H, notas 107 y 118. Escitia: II 533.
Eco: Tr 109. Esfinge: Fe 120, (131), 138, 422.
Edipo: H 496; Fe 89, 178, 313, Esón: M 83.
554.
ÍNDICE DE NOMBRES 349

Esparta: Tr 854; Fe 128; (M Febe (Diana, Luna): (136, 905);


79). M 97, 770.
Espartano(s): f i 587, 662; Tr Febo (Sol, Titán): H 25, 136,
919. (453), 454, 455, (592), 595, 607,
Éstige: H 54, 90, 104, 558, 712, 844, 905 (bis), 906, 940; Tr
713; Tr 430, 520; M 632. 34, 227, (358), 978, 1140; Fe
Estigio (adj.): H 185, 780, 783, 87; M (87), 298, 512, 728, 768,
1131; M 804. 874. Véase H, nota 85.
Estinfálides: H 244; Fe 423; (Febo y Febe): H 15.
Ai 783. Véase M, nota 171. Feras (ciudad de Tesalia): H
Eta: H 133, 981; Tr 823; M 639, 451; M 662.
777. Véase H, nota 43. Fescenino: M 113.
Fineo: (rey de Tracia): H 759.
Etíopes: H 38.
Véase H, nota 21.
Etna: H 106, [660]; Fe 102,
Flegra: H 444. Véase T, nota
156, 190; M 410. Véase M,
100.
nota 90.
Fócide: H 334.
Eubea: H 378.
Fortuna: H 326, 524; Tr 259,
Euménides: H 87. Véase H,
269, 697, 735; Fe 82, 308, 452;
nota 27.
M 159, 176, 287.
Eurídice: H 571, 577, 581.
Frigia (país): Tr 132.
Euripo: H 378; Tr 838. Véase
Frigios/as (Ios/las): Tr 29, 125,
H, nota 74,
277, 409, 434, 462, 469, 474,
Euristeo: H 78, 479, 526, 830, 532, 571, 758, 864, 888, 955,
(1180). Véase H, nota 29. 1135, 1160.
Eurito: H 477. Véase H, nota
Frigio (adj.): H 391; Tr 70,
91. 296, 920.
Europa (continente): Tr 896. Frixo: Tr 1034; M 471. Véase
Europa (mujer): H 8. Véase Tr, nota 164.
H, nota 21. Furia(s) ( = Erini(e)s): H (100),
Eurotas: Fe 127. 1221; M (13), 157, 958, (960).
Extravío: H 98.
Ganges: M 865.
Faetón o Faetonte: M (600), Gárgara: Fe 608.
827. Véase M, nota 123. G e m e lo s (G e m í n i, constela-
Faris: Tr 849. ción): H 14. Véase H, nota
Fasis (río de la Cólquide): M 24.
44, 102, 211, 451, 762. Gerión: H (231), [486], 487,
Favonio (viento): H 550. 1170. Véase H, nota 57.
350 TRAGEDIAS

Gigante(s): H 81, 976. Véase [Hercinio] (adj.): M 713.


H, nota 110, y T, nota 97. Hercúleo (adj.): H 1100.
Gonoesa: Tr 840. Hércules (véase Alcida): H
Gortina: Tr 821. 41, 72, 115, 120, 225, 274, 310,
Gradivo (véase Marte): H 1342. 351, (425), 439, 523, (619), 631,
Grecia: Tr 194, 319; Fe 325, 642, (773), 826, 829, 882, 960,
627; M 226. 991, 1013, 1034, 1043, 1152, 1155,
Griego (adj.): Tr 70, 135, 147, 1163, 1218, 1239, 1277, 1295,
445, 774, 804, 866; Fe 284, 373, 1313, 1316; Tr 136, 730, 731;
Griegos (los): H 619; Tr 526, Fe 317; M 648, 701, 778. Véase
551. H, nota 27.
Guerras (las): H 695. Hermíane: Tr 1134.
*Hermo: Fe 607.
Hesperia: M 727. Véase M,
Hambre: H 691. nota 154, y F, nota 118.
Harpía: Fe 425; M 782. Véase Hespérides: H 530. Véase H,
M, nota 170, y T, nota 50. nota 59.
Hebro (río): [Fe 607]; M 631. Hesperio (adj.): H 231, 1140;
Véase M, nota 131. (Aí 727).
Hécate: Tr 389; M 7, 577, 833, Héspero (estrella): H 883; Fe
841. Véase M, nota 19. 87; M (72), 878. Véase M,
Héctor: Tr 59, 98, 116, 129, nota 38.
131, 161, 189, 235, 238, 322, 326, Híades (estrellas): M 312, 769.
369, 415, 443, 459, 465, 501, 528, Véase M, nota 79.
535, 551, 554, 571, 597, 602, 605, Hidaspes: M 725. Vése M, nota
638, 646, 655 , 658, 659, 682, 684, 154.
714, 784, 805, 907, 986, 990, (Hilas): M 648, 649.
1073, 1087. Himen (dios de las bodas):
Hécuba: Tr 36, 138, 859, 908, Tr 861, 895; (M 116).
935, 953, 962, 969 (bis), 979, Himeneo ( — Himen): M 300.
1062. Himeneo (himno nupcial): M
Hele: Tr 1034. Véase Tr, nota 116.
164. Hipólita (la amazona): (H 542).
Helena: Tr 249, (853), 863, 892, Hircano (adj.): M 713. Véase
909, 926, 1136. M, nota 151.
Heleno: Tr 60. Histro: M 585, 763. Véase M,
Hemo: M 590. Véase HE, nota nota 120.
147.
Hemonio ( = tesalio): M 720. Ibero(s): H 1325.
ÍNDICE DE NOMBRES 351

Ida: H 460; Tr 66, 73, 175, 445, Júpiter: H (1), 2, (36), 47, (51),
567, 928, 1049; Fe 609. 53, 79, 118, (122, 205), 262, (264,
Idmón: M 652. 299), 446, 447, (458, 459), 489,
Ifigenia: (Tr 248). Véase A, 490, (517, 597), 608, 724, 792,
nota 32, y O, nota 130, (840), 923, 927, 932, (959, 966,
Ilión: Tr 21, 22, 31, 235, 412, 1010), 1019, 1036, (1054); Tr
428, 771, 911, 1053. 140, 346, 849; Fe 59; M 531,
Ilírico (adj.): H 393. 774.
Impiedad: H 97. Justicia: M 440.
ínaco: Fe 444. Véase A, nota
49, y HE, nota 38.
India: M 484. Lábdaco: H 495; Fe 53.
Indío(s): [£T 909]; M 373. Laertes: Tr 700.
Infierno(s): H 422, 547, 566, Lapitas: H 779.
(607, 610, 620, 659, 679), 1222; Latona ( = Leto): H 453. Véase
(Tr 391, 402, 430, 724;M 10). H, nota 85, y A, nota 53.
Véase H, nota 111. Layo: Fe 41.
Ino: Fe 23. Véase Fe, nota 13. León (constelación): H 945.
Ismeno: H 334, 1163; Fe 116; Véase H, nota 112, y T, nota
(M 80). Véase H, nota 155. 109.
Istmo (de Corinto): H 336, Lerna: H 241, 781, 1195. Véase
(1165); Fe 375; M 45, 299. T, nota 38.
Itaca: Tr 317, 857, 927, (992). Lerneo (adj.): H 1233; M 784.
ítaca (el de) ( = Ulises): Tr 318, Lesbos: Tr 226.
927, 980, 1089. Leteo (sust.): H 680, 777. Véase
Itaco (adj. = Ulises): Tr 38. H, nota 114.
Ixión: H 750; M 744. Véase Libia: H 1171; M 682.
M, nota 159. Libio (adj.): H 41, 482; M 653.
Libra (constelación): H 844.
Véase F, nota 146.
Jasón: M 8, (83), 118, 137, 141, Lieo: H (269), 274, 331, 629,
(233), 262, (415), 447, 518, 816, 635, 639, 643, 895, 988, 1161,
898, 933, 998, 1021. Véase M, 1181.
nota 106. Licurgo: H 903. Véase H, nota
Jonia: Tr 363. 135.
Jonio (a dj.): Fe 610. Lieo ( = Baco): M 110. Véase
Juno: H (1, 21), 109, (112), 214, M, nota 52.
447, 479, 606, 615, (908, 1018, Linceo: M 232.
1036, 1201), 1297. Limesos: Tr 221.
352 TRAGEDIAS

Locura: H 98. Miedo: H 693.


Lúcifer: H 128. Véase H, nota 41. Mimante (gigante): H 981.
Lucina: M 2, 61. Véase M, Minias: M 233.
nota 32. Minos: H 733. Véase F, nota
Luna (véase Febe, Diana, etc.): 69.
H 83, (136, 389); (M 87, 750). Misia: Tr 216.
Luto: H 694. Mopso: M 655.
Motone: Tr 822.
Macedonio (adj.): H 980. Muerte: H 56, 555, 706, 1069,
Malea: M 149. [1076]; Tr 401, 783, 1171; M
Manes: H 55, 90, 187 556, 835, 742.
869; Tr 31, 146, 191, 292, 645, Múlciber ( = Vulcano): M 825.
802, 811, 1005; M 10.
Marte (véase Gradivo): Tr 185,
*783, 1058; Fe 527, 626, 630; Nauplio: M 658.
M 63. Nemea: H 224.
Meandro: H 684; Fe 606. Véase Neptuno: (H 511, 599); Tr 183;
H, nota 115. M (4, 597), 635.
Medea: M 8, 166, 171, 179, 362, Nereo: Tr 882. Véase Tr, nota
496, 517, 524, 567, 675, (849), 145.
867, (871), 892, 910, 934. Véase Neritos: Tr 856.
M, nota 66. Neso: M 776. Véase M, nota
Medo(s): M 710. 168.
Medusa: M 831. Néstor: H 561.
Mégara: H 203, 347, 1009, 1016. Nilo: H 1323.
Megera: H 102; M 963. Véase Nisa: M 384. Véase M, nota
H, nota 38. 96.
Meleagro: M 644. Véase M, Noto (viento): H 550, 1090; Ai
nota 135. 322.
Memnón: Tr 239. Véase Tr,
nota 55. Océano: H 26, 234, 238, 1141;
Menalio (adj.): H 229. Tr 383; M 376, 755.
Ménalo: H 222, 229. Ofión: H 268. Véase E, nota
Véase H, nota 52. 64.
Menelao: Tr 923. Ofiuco (constelación): M 698.
Meótide: H 1327. Véase H, Véase M, nota 148.
nota 169. Oileo: M 661.
Micenas: H 997; Tr 156, 245, Oleno: M 313.
363, 855. Olimpo: H 205, 972.
ÍNDICE DE NOMBRES 353

Orestes: Tr 555. Penates: H 495; Tr 912; Fe


Orfeo: H 571; Aí 228, 358, 384. 503; Aí 450. Véase H, nota
Oriente: H 25. 95.
Orión (estrella): H 12. (Penélope): Tr 698.
Osa (constelación): H 6, 130, (Pentesilea): Tr 243, 673. Véase
1140, 1236; Tr 395, 439; Aí Tr, nota 56.
405, 683, (697), 759. Véase H, Pepareto: Tr 842.
nota 20. Pérgamo: Tr 14, 472, (478), 889.
Osa (monte de Tesalia): H (Periclimeno): Aí 635.
971. Véase H, nota 143. Persas (los): Aí 374.
Perseo: H 13; Aí 814. Véase
H, nota 23.
Palas: H 901; Aí (2), 365. Persia: H 1323.
[Pallene]: H 979. Pierio (adj.): M 357. Véase
Pangeo: Aí 721. Véase Aí, nota HE, nota 130.
153. Pilos: H 561; Tr 212, 848. Véase
Parcas: H (181), 188, 559. Véase II, nota 106.
H, nota 48. Pindó: H 980, 1285; Aí 384, 721.
París: Tr (66, 70), 347, 867, 908, Véase H, nota 146.
(921), 922, 956. Véase Tr, nota Pirene (fuente): Aí 745.
55. Pirra: Tr 1039.
Parnaso: Fe 129. Pirro: Tr 196, 252, 308, 311,
Partos (los): Fe 428; Aí 710. 338, 364, 666, 774, 864, (876),
(Patroclo): Tr 447, Véase Tr, 881, 901, 935, 941, (976), 999,
nota 86. 1000, 1147, 1154. Véase Tr,
Pavor: H 693. notas 42 y 43.
Pegaso: Tr 385. Pisas: Tr 849. Véase Tr, nota
Pelasgo (adj.): Tr 353, 628, 737, 137.
876, 1007; Aí 127, 178, 240, 870. Pitón: Aí 700. Véase Aí, nota
Pelasgos (los): Tr 597, 753; Aí 148. '
528, 697. Véase Tr nota 94. Pleurón: Tr 827.
Peleo: Tr 247, 415, 882; (Aí 657). Pléyades (estrellas): Aí 96.
Véase Tr, nota 56. Polinices: Fe 283, 373, 374, 502,
Pelias: Aí 133, 201, 276, (476), 510, 513. Véase Fe, nota 30.
666. Véase Aí, nota 58. Políxena: Tr 195, (247, 287), 367,
Pelio: H 971; Tr 829; Aí 609. (867), 942, (1151). Véase Tr,
Pélope: H 1165; Tr 855; Aí 891. nota 41.
Véase T, nota 18. Pólux: Aí 89, 230. Véase Aí,
Péloro: M 350. notas 31 y 54.
354 TRAGEDIAS

Ponto (Euxino): H 1210; Tr Sidón: H 467.


13; M 44, 212, 454. Sidonios (los): M 697.
Príamo: Tr (29), 55, 57, 130, Sigeo: Tr 141, 932. Véase Tr,
(132), 143, 145, 157, 161 bis, nota 35.
(238, 239), 247, 270, 310, 312, Sigeo (adj.): Tr 74.
314, 369, 572, (713), 720, 875, Simplégades: H 1211; M 456,
908, 934, 996, 1069, 1090, 1103, (610). Véase M, nota 86.
1177. Véase Tr, nota 20. Sinon: Tr 39.
Prometeo: H 1207; M 709, 824. Sípilo: H 391. Véase H, nota
Véase H, nota 164. 79.
Prosérpina: H 540 (660, 1104); Sirena(s): M (355), 360. Véase
(M 11). Véase H, nota 113. M, nota 89.
Protoo: Tr 829. Sirtes: H 323. Véase F, nota
Ptía: Tr 816. 117.
Sísifo: H 751; M 512, 747. Véase
Quimera: M 828, M, nota 161.
Quirón: H 971; Tr 832. Véase Sol (Febo, Titán): H 37, 61,
H, nota 142, y T, nota 113. 884; Tr 382, (388), M 29, 210,
572.
Radamante: H 734. Sombras: H 49, 57, 679, 1338;
Remordimiento: H 692. Tr 33, 160, 256, 372.
Reteo: Tr 108, 1122. Véase Tr, Sopor: H 690.
nota 32. Sueño: H 1065 (1068, 1069, 1072).
Rin: H 1324; M 374. Suevos (los): M 713.
Ródano: M 587.
(Rodas): Fe 612 ss.
Taígeto: M 77. Véase T, nota
Salamina: Tr 844. 45.
Tajo: H 1325.
Sármata(s): H 539. Véase H,
Tanais: H 1323; Tr 9. Véase
nota 102.
H, nota 168.
Saturno: H 965, (967). Véase
H, nota 141. Tántalo: (H 752); M 745. Véase
Sémele: (H 16). Véase HE, M, nota 160, y T, nota 16.
nota 188. Tántalo (la hija de) ( ~ Níobe):
Sestos: Fe 611. H 390; M 954.
Sicilia: Fe 314; M 409. Tártaro: H 86, 436, 649, 709,
Siciliano (a dj.): H 80, 376, 549. 889, 1225; Fe 144, 145; M 632,
Sículo: M 350. 742.
ÍNDICE DE NOMBRES 355

Tauro (montaña de Asia); M Tifeo ( = Tifón); M 773.


683. Tifis: M 3, 318, 346, 617. Véase
(Teano; esposa de Anténor): M, nota 18.
Tr 60. Tigris: H 1324; Tr 11; M 723.
Tebano(s): H 20, 268, 332, 386, Tindáreo: H 14, 552; Tr 1133.
718, 1289; Fe 57, 326, 392, 445, Véase H, nota 24.
576, 648. Tirio(s) (adj.): H 9, 917.
Tebas (ciudad de Beocia): fí Tisífone: H 984. Véase H, nota
258, (259, 265), 274, 622, 875, 148.
1162; Fe 13Í, 285, 321, 549, Titán (Febo, Sol): H 124, 133,
557, (566), 582; M 655. 443, 1060, 1333; Tr 170; M
Tebas (ciudad de Cilicia): Tr 5.
219.
Titán(es): H 79, 967; M 410.
Télefo: Tr 215.
Titareso: Tr 847.
Telémaco: Tr 593, (700).
Titio: H 756, 977. Véase H,
Tempe: H 286, 980; Tr 815;
nota 120.
M 457. Véase H, nota 67.
Tmolo: Fe 602. Véase Fe, nota
Ténaro: H 587, 663, 813; Tr
52.
402. Véase H, nota 109.
Ténedos: Tr 224. Tonante ( = Júpiter): H 1.
Termodonte: H 246; M 215. Toro (constelación): H (9),
Véase H, nota 62. 952. Véase T, nota 107.
Tesalio (adj.): H 288; Tr 181, Tracio(s): H 149, [577], 1170,
324, 325, 361, 362, 815, 878; M 1285; Tr 182, 225; M 358, 630.
257, 336, 415, 457, 790. Traquis: Tr 818. Véase Tr, nota
Teseo: H 637, 654, 914, 1173, 118.
1177, 1242, 1318, 1335, (1336). Trecén: Tr 828.
Tespiades: (H 478). Véase HE, *Trice: Tr 821.
nota 64, Tritones: Tr 202.
Tetis (esposa de Océano): H Tronador ( = Júpiter): H 840,
887, 1328; Tr 879; M 378. 914, 1010.
Véase H, nota 143, y F, nota Troya: Tr 4, 19, 30, 43, 56, 65,
118. 85, 103, 112, 134, 183, 189, 205,
Tetis (hija de Nereo, esposa 264, 279, 286, 454, 550, 719,
de Peleo): H 734; Tr (213), 734, 740, 741, 744, 767, 790,
346, (569), 880; M 657. 824, 853, 875, 900, 1051, 1068,
Tierra: Fe (222). 1080, 1131.
Tiestes: Tr 341. Véase A, notas Troyano(s): Tr 95, 144, 471,
25 y 26. 742, 778, 791, 901, 1055, 1129.
356 TRAGEDIAS

Tule: M 379. Xanto: Tr 187; Fe 609, Véase


Tr, nota 39.
Ulises: Tr (38), 149,(317,518),
522, 569, 576, 594, 607, 614, Yolcos: Tr 819; M 457. Véase
682, 692, 707, 749, 757, 787, Tr, nota 119.
(927), 987, 993, 1099, 1101.
Zacinto: Tr 856.
Vejez: H 696. Zetes: M 782.
Venus: Tr 304, (921). Véase F, Zeto: H 916; Fe 20. Véase H,
nota 88. nota 136, y Fe, nota 12.
IN D IC E G E N E R AL

Págs.

In t r o d u c c ió n g e n e r a l 7

I. — La s trag e di as 7

1. Número y autenticidad, 8. — 2. Cronología,


10.— 3. Condicionamientos socio-culturales (3.1.
Las fuentes literarias del teatro de Séneca, 18;
3.2. Condicionamientos socio-políticos, 24; 3.3. El
estoicismo y las tragedias de Séneca, 30; 3.4. La
Retórica y las tragedias de Séneca, 38), 16. — 4.
Particularidades técnicas y estilístico-literarias
(4.1. El problema de la represent ación, 44; 4.2.
Las tragedias y la preceptiva estilístico-literaria,
50; 4.3. La estructura de las tragedias, 53; 4.4.
Ot ros elementos y aspectos de las tragedias
[4.4.1. Los actores, 55; 4.4.2. Los prólogos, 56;
4.4.3. El personaje de la «nodriz a», 58; 4.4.4. El
mensajero, 60; 4,4.5. Los coros, 61], 54), 44.—
5. Resonancia entre sus coetáneos e influencia
posterior, 67. — 6. El texto, 73, — 7. Ediciones,
81. — 8. Traducciones, 86.

II. — N u e s tr a t r a d u c c i ó n .......................................... 87

III. — B i bli o grafí a 93


358 TRAGEDIAS

Págs.

Hércu les l o c o .................................................................. 111

I n t r o d u c c i ó n .............................................................. 113
Ac t o p r i m e r o .............................................................. 121
Ac t o s e g u n d o ............................................................. 130
Ac to t e r c e r o ............................................................... 147
Ac t o c u arto ................................................................ 159
Ac to q u i n t o ................................................................ 169

La s Tr o y a n a s .................................................................... 179

I n t r o d u c c i ó n .............................................................. 181
Act o p r i m e r o ............................................................. 189
Ac to s e g u n d o ............................................................. 195
Ac to t e r c e r o ............................................................... 207
Ac to c u a r t o ................................................................ 227
Ac to q u i n t o ................................................................ 235

La s F e n ic ia s .................................................................... 241

I n t r o d u c c i ó n .............................................................. 243
Pri m era part e ........................................................... 249
S e gu n da p art e ........................................................... 264

Me d e a ................................................................................. 277

I n t r o d u c c i ó n .............................................................. 279
Act o p r i m e r o ............................. ............................... 289
Ac t o s e g u n d o ............................................................. 296
Ac t o t e r c e r o ............................................................... 309
Ac t o c u a r t o ................................................................ 323
Ac t o q u i n t o ................................................................ 334

índic e de n omb r e s 345