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Jorge Mendoza 1

Entre dos golpes: El torturador del artista


(Basado en los golpes de estado narco-militares de: Natusch Busch, 1979
Garcia Mesa y Arce Gomez, 1980)

Era otoño y después de 36 años visité la Facultad de Artes en Obrajes, La Paz, Bolivia y
me re-encontré con varios artistas y colegas de antaño. Entre ellos estaban Mauricio Bayro,
artista, profesor y restaurador del mural y don Poli —quién era el jardinero, escultor y celador
del edificio. Poli me contó que en 1979, después del golpe de estado de Todos Santos, —1 de
noviembre 1979—los bárbaros represores militares y culturales llegaron al campus con galones
de pintura de color verde oliva, el color del uniforme de los narcomilicos para cubrir el mural
inconcluso: Juana Azurduy y los guerrilleros de la Independencia que yo había pintado en la
facultad de Artes Plásticas en el campus de Obrajes. El tema de este mural inicialmente estaba
basado en la gesta libertaria de la Independencia de 1825 y fui añadiendo la historia que me
tocó vivir como este golpe que mencioné antes. Este mural era el trabajo para terminar el curso
de Pintura Mural —que dictaba el maestro Walter Solón Romero, experto pintor muralista quien
supervisó el progreso del mural—y así graduarme con Licenciatura en Artes Plásticas. Los
milicianos fueron al campus para destruir el mural y no pudieron hacerlo: Poli les dijo que no
sabía nada de eso, entonces los milicianos quisieron violentar la cerradura de la puerta del
garage que era la sala donde estaba el mural y él se opuso. Este mural resistió al tiempo, a las
inclemencias del clima, a los deterioros físicos y a los vapores químicos del cuarto oscuro de
fotografía que instalaron en esa aula. También resistió a las heridas de algún(os) vándalos que
destruyeron algunos detalles. Es una obra de arte muy fuerte y como dijo Picasso: que El arte
no es solo para decorar paredes de museos, es un instrumento de lucha. El mural Juana
Azurduy y los guerrilleros está catalogado en los archivos de la Universidad Mayor de San
Andrés (La Paz, Bolivia) y en la Fundación Solón Romero como patrimonio cultural y
actualmente está en el proceso de restauración por el artista Mauricio Bayro basado en su tesis
“Los muros de la memoria” (UMSA, 2015).

Mitrando retrospectivamente, este mural relata muchos acontecimientos que sucedieron


mientras yo trabajaba en el mural y que fueron incluidos de una forma orgánica en esta obra.
Era el mes de octubre del año 1979 y con el olor de la pólvora del ambiente agitado en los
cuarteles de Santa Cruz y de La Paz. Eso se hacía eco en la Universidad Mayor San Andrés
(UMSA) en La Paz. Se presagiaba un golpe de Estado. La doctrina del narco-militarismo
encabezado por los “generalísimos” Banzer Suarez y Luis García Mesa se presentaba como la
cruel encarnación del Terrorismo de Estado basado en la narco-dictadura. 1
Ese régimen militar dejó un saldo de más de medio millar de asesinatos y desapariciones
forzadas; cerca de cuatro mil detenidos y millares de exiliados. Además, diariamente hubo
detenciones indebidas que fueron la característica principal de ese narco-gobierno. Esos
milicoides (milicianos del alcaloide) pusieron en práctica la famosa “Doctrina de la Seguridad
Nacional: mataré y luego preguntaré”. Trataron de eliminar todo rastro intelectual confundiendo
la cultura con el comunismo, o socialismo, u otras tendencias políticas de turno. Impusieron el
orden al estilo militar entre sus aliados políticos y desplegaron una política de ostensible
violación a los derechos humanos eliminando físicamente a quienes se oponían al ese régimen.
Hubo masacres en las minas, cerraron las universidades para frenar la enseñanza, la
formación y las producciones culturales; clausuraron varios periódicos y las cadenas nacionales

1 América Latina Reportajes, El Golpe de Estado del 1o de Noviembre de 1979 en Bolivia: 15 días de
resistencia popular, 22 de abril 2011, http://www.agenciasubversiones.org/?p=87
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de radio y televisión estaban censuradas.2 Vale recordar que desde la “época republicana” de
1825, el territorio geográfico del país se redujo en casi el 50% debido a que los valientes
militares perdieron todas sus “guerras” banales. Es difícil colocar en palabras ese sufrimiento
que me acompañó por un largo período…

Volviendo a ese golpe de estado, los universitarios estábamos en estado de alerta


esperando por el nefasto día… Y llegó cuando menos lo esperábamos: era el 1 de noviembre
de 1979, el día de la celebración de Todos Santos, cuando todos iban al cementerio para
recordar a sus muertos llevándoles flores y ofrendas. Vaya presagio! Ese día se consumó la
“masacre de Todos Santos”.

El primer aviso de que yo corría riesgo sucedió a pocos días después del golpe. Yo vivía
en un edificio del barrio de Miraflores con mi madre que era profesora. En el piso superior vivía
un guardaespaldas torturador que trabajaba bajo la orden de los narco-milicos. Había tensión
cuando nos cruzábamos esporádicamente al entrar o salir del edificio: él sabía que yo era
universitario, yo sabía que él era un torturador pues me lo contó una de sus víctimas. Las
cosas sucedieron muy rápido y se pusieron fuera de control. Mi madre se enteró de la
convulsión social del país, puesto que lo maestros o profesores tienen muchos oídos…Yo me
enteré del golpe al llegar al edificio de la UMSA cuando los dirigentes de los obreros, de los
campesinos, de los mineros, de los universitarios y de los maestros convocaron a una reunión
un día después del golpe en el paraninfo universitario y llamaron a todo el pueblo para defender
la democracia y elaboraron la estrategia para resistir al golpe militar. Yo estuve en esa reunión y
luego cogí un autobús para ir al campus de Facultad de Artes en Obrajes… Llegué al campus
donde todo estaba sombrío y habían pocos compañeros que estaban preocupados con las
noticias… Me puse a trabajar en el mural por unas horas y luego fui a la avenida para coger un
ómnibus pues la distancia a casa era larga y eso de caminar cuesta arriba. Bueno mejor era no
hacerlo en estas circunstancias… La avenida estaba desierta y no circulaban buses de
transporte público ni autos particulares…Pasaban muchas tanquetas y camiones del ejército
con soldados armados y uno que otro camión con gente del pueblo munidos de sus
instrumentos de labranza…uno que otro con un rifle…Me subí a un camión para ir al edificio de
la Universidad en la Avenida Arce…Cuando llegamos cerca de allá vimos que la Universidad
estaba con gente dentro del edificio y estaban cercadas por los narco-milicos, policías y
además por unos pandilleros—los Marqueses—que participaron del golpe a cambio de drogas
y alcohol. Los represores estaban armados de ametralladoras y los policías con armas y
sabuesos que no dejaban entrar ni salir a nadie del edificio de la Universidad, ni transitar por
las calles aledañas… Entonces organizamos una marcha. Rápidamente sacamos los
adoquines de la calle con palas, picos y nuestras manos, recorrimos unos tres bloques gritando
y tirando piedras para poder abrirnos paso y llegar al edificio de la Universidad… Pudimos
llegar al atrio a pesar de los gases lacrimógenos, pero no conseguimos entrar en el edificio…
Estábamos acorralados en el atrio. Éramos como unos 50 universitarios gritando y recibiendo
golpes de los policías y mordeduras de los perros… Después de correr evitando los palos y los
perros tuve que saltar unos 4 metros desde el atrio hacia el jardín antes que un perro me
ataque nuevamente y muerda mi pantorrilla. No sentí el dolor en mis pies y corrí hasta que no
divisaba ningún perro, policía, milico o pandillero… Luego me percaté de una herida que me
dejó de recuerdo el doberman policía en mi pie derecho que sangraba un poco.
Ya era de noche y caminé por esas calles desiertas evitando encuentros con los milicos
puesto que decretaron “toque de queda”…Llegué a mi apartamento a eso de las 10 de la noche
y el apartamento estaba oscuro y desordenado. Alguien desconectó la electricidad. Encontré
todos mis libros y mis discos tirados en el piso, la mesa volcada, las sillas rotas…casi todo

2Aguilar Dávalos, Yuri (Bolpress.com). 23 años de la masacre Todos Santos El coronel Alberto Natusch Busch
no perdona ni a los muertos, http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2002057647
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quebrado, todo un reguero…raro que no estaba mi madre! Mientras pasaba el tiempo yo
esperaba por ella pensando que pronto llegaría…Viendo el reguero del apartamento mi sexto
sentido me decía que era obra del torturador…El reloj marcaba las doce de la noche… y aún
esperaba por mi madre… Que raro, esto nunca sucedió… tres, cuatro, cinco de la mañana,
nada que ver, mi madre no llegaba! Fui a buscarla en la Cruz Roja y en un par de hospitales.
No la encontré.
Volví al apartamento alrededor de las siete de la mañana. Los vecinos salían para hacer
su rutina diaria…Saludé y pregunté a uno de ellos si sabía algo de mi madre. Un vecino me
contó con temor y en voz baja lo que pasó la noche anterior: “Anoche por vuelta de las ocho,
llegó al edificio un jeep del ejército con un milico, tres soldados y el torturador, entraron
violentamente a tu apartamento buscándote para llevarte preso pues se enteraron que estabas
pintando un mural”, me dijo el vecino. Era la referencia al mural en el que yo trabajaba en la
Facultad de Artes en Obrajes: Juana la guerrillera, Como no te encontraron entonces se
llevaron a tu madre a la DOP (Dirección de Orden Político) como rehén…”, terminó
contándome el vecino.

Al día siguiente—viernes—a pesar del peligro, me animé a ir al DOP en la calle Bolívar


esquina Comercio (hoy es el edificio del Gobierno Autónomo de La Paz frente al Palacio de
Gobierno) donde estaban los presos de los narco-milicianos golpistas… Llegué a la puerta de
metal y me inventé un nombre para visitar a la profesora López que estaba detenida y mi
corazón estaba arrebatado. Un soldado me llevó a la oficina de un capitán de la policía y le
expliqué la situación. El capitán se asombró de que yo estuviera allá pues andaban
buscándome con una orden para apresarme! Ese capitán me contó que el torturador nos acusó
de guerrilleros a mi madre y a mí. Que la noche anterior habíamos entrado en su apartamento
blandiendo cuchillos, navajas, cadenas, palos y un revólver… pero no encontraron nada de eso
en mi apartamento… El capitán tuvo sentido común y le preguntó al torturador: ¿como era
posible que yo, o mi madre pudiéramos agarrar tantas armas con tan solo dos manos?
El buen capitán me dice que me otorgaba solo 10 minutos para visitar a mi madre y que
luego desapareciera… Me llevaron a un calabozo oscuro, y se me salieron las lagrimas al ver a
mi madre en la oscuridad en medio de otras detenidas…Nos consolamos y lloramos… Mi
madre se sorprendió que yo estuviera allá visitándola…Yo también estaba sorprendido y
desesperado porque nunca antes vi a mi madre en esa circunstancia…Me contó la violenta
represión de la noche anterior y la requisa a nuestro apartamento. No creía que el torturador
haya podido hacer esto a una mujer indefensa y a un universitario pacifista. Luego con el
tiempo me enteré de las atrocidades que hicieron los golpistas. Unas prisioneras me pidieron
dinero y yo no tenia ni un peso, entonces me dijeron que les buscara unas velas. De alguna
manera conseguí esas velas y se las di a las prisioneras. El capitán me dijo que pasaron los 10
minutos y que tenía que irme de allá, que él no quería comprometerse, pero que no iba a
detenerme. Me aconsejó que desapareciera del país. Hasta hace unos años atrás no
comprendía su consejo. Salí de prisa del DOP hasta llegar al edificio del correo y meditar algún
plan de escape y no se me ocurría ninguno ante tantos soldados y milicianos que colmaban el
edificio y las calles.

Recuerdo de otro suceso que era como aviso que continuaba en peligro. Era mediodía
cuando llegué a una calle desierta, y cuando menos lo pensaba divisé al torturador caminando
junto a otro miliciano, se aproximaron y él me reconoció… Tuve que correr cuesta abajo,
mientras él corría detrás de mi y gritaba: “¡Agárrenlo, es un guerrillero!”… Tuve que continuar
corriendo unos cinco minutos que me parecieron una eternidad, aproveché mi agilidad puesto
que el torturador era alto, gordo y el otro miliciano era bajito pero pesado, barrigudo pues.
Estaban casi alcanzándome… Entonces entré corriendo por la puerta frontal a un restaurante
que conocía —ante la sorpresa de los mozos y comensales—y salí por la puerta lateral que
daba a otra calle. Supuse que despisté a mis perseguidores. Pasaron unos valiosos minutos y
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seguí corriendo hasta llegar a un edificio que tenia un dispensario en el tercer piso. Subí
corriendo la escalera. Divisé a dos señoras sentadas en una sala y al fondo había un altar.
Entré rápidamente a esa sala y levanté del altar una especie de manto de seda blanco y me
escondí bajo ese altar… estaba jadeando. Creí que estaba a salvo y podría descansar en el
suelo. De pronto, escuché la voz agitada del torturador, preguntando a la señoras si es que me
vieron. Escuché que le contestaron que no vieron a nadie. Entonces mis perseguidores se
fueron y yo respiré aliviado en mi escondite. Pasaron varios minutos que eran una eternidad,
hacía mucho sol y me quité el suéter para cambiar mi apariencia y lo tiré a la basura. Después
de un tiempo prudente, una señora del dispensario levantó el manto del altar y me dijo en voz
baja que mis perseguidores ya se fueron, pero que tuviera cuidado pues “están haciendo
desaparecer a los jóvenes”. Salí de mi escondite y bajé las escaleras con mucho cuidado,
esperé un buen tiempo para que anochezca y recién salí a la calle. Estaba muy agitado y
temeroso de que me detuviera y me hicieran desaparecer como a muchos de mis amigos
universitarios… a otros los llevaron a campos de concentración…mataron a muchas de mis
compañeras. Así despisté una vez más a mis perseguidores. Pasaron unos valiosos minutos y
seguí caminando en dirección contraria hasta que no divisé a ninguno de mis perseguidores.
Esperé un buen tiempo para recobrar el aliento y para continuar caminando hacia la parada de
buses y me subí en el primero que llegó sin importarme el destino.

Era de noche y estaba caminando por el Prado. Una compañera se me acercó


disimuladamente y me dijo que liberaron a mi madre del DOP porque los milicos no pudieron
presentar cargos comunistas a una señora profesora de 58 años; y que ella tuvo valor y coraje
de enfrentar al torturador y volvió al apartamento donde vivíamos! Mi amiga también me pasó el
mensaje que mi madre me esperaría en un lugar público para encontrarnos en una hora
pactada. Fui caminando con recelo a ese lugar. Mi madre apareció en la oscuridad y nos
abrazamos, lloramos y conversamos de esta situación. Ella me dijo que “… yo no podía volver
al apartamento pues habían soldados custodiando el edificio y milicianos de civil siguiéndole los
pasos”. Pensamos que era necesario que yo pase a la clandestinidad para continuar viviendo.
Ingeniamos un plan para que yo saliera del país. Primero había que recaudar dinero para
comprar el boleto del avión que era caro; segundo obtener una visa del Consulado de México.
Entonces me dijo que ella se encargaría de juntar el dinero. Aunque ella no tenia ahorros, la
próxima semana le pagarían su sueldo de profesora. Le dije que venda todo lo que tengo de
valioso: mi guitarra clásica, un toca discos portátil que era de excelente marca y mi colección
de discos importados de vinilo—cada uno valía 14 dólares. Creo que tenía como doscientos
discos casi nuevos de bossa nova, rock and roll y de jazz. Los vendió todos al precio de la
necesidad. El plan de supervivencia comenzaba a tomar forma. Nos despedimos angustiados y
quedamos en reunirnos al día siguiente en otro lugar y a una hora pactada. Tomamos
direcciones opuestas y ella volvió al apartamento para no despertar sospechas. Yo no
recuerdo donde pasé la noche. Tal vez la pasé con mi compañera para recobrar el aliento,
analizar la situación, mantener la calma y la claridad mental.

Era un sábado del mes de junio del siguiente día de ese susto y de mi cacería por el
torturador. Ví a mi madre llegar al lugar del encuentro y me hizo señas para que no me
acercara pues le seguía un miliciano de civil. Ella se pasó de largo y continuaba caminado. De
pura casualidad se encontró con una compañera y comenzaron a dialogar en voz alta: “Donde
está Jorge?” preguntó mi amiga. Mi madre aprovechó y le dijo en voz alta que “se fui a Santa
Cruz” para que escuche el miliciano y así despistarlo; y continuaron el diálogo en voz baja. Mi
madre luego le susurró a mi amiga que estaba escondido esperando para encontrarla y le dio
un nuevo punto de encuentro y una hora determinada. Mi amiga universitaria —que fue
nuestro enlace en esta odisea— me encontró y me dio la hora y el lugar para encontrarme con
mi madre. Caminamos con mi amiga en medio de tanques, soldados, milicianos, universitarios
y del pueblo. Toda la ciudad explotaba en marchas de protesta en varios barrios. Barricadas y
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luchas de los mineros, de los fabriles, de los profesores, de los universitarios que solo tenían
palos y adoquines para esta lucha desigual y que eran atacados por los soldados bien armados
y sus sabuesos. Todo era un caos. Todo el país estaba en huelga general. Eso me ayudó un
poco.
Llegué al punto de encuentro señalado por mi madre a la hora pactada. Conversamos y
me entregó mi pasaporte que felizmente estaba válido con visados para —pues unos meses
antes viajé a Puerto Rico para la Bienal Internacional del Grabado Latino Americano. Me dijo
que mis amigos estaban preocupados por mi situación y que vendió todo para comprar el
boleto del avión. Después de unos minutos nos despedimos para encontrarnos el lunes.

Ese domingo mi madre hizo cosas habituales en el apartamento ademas de otras


actividades para continuar el plan de escapatoria en marcha: hizo un paquete con ropas y libros
para enviarlo a Santa Cruz por correo y así despistar a mis perseguidores. Mis amigos y
compañeras se enteraron de mi situación e hicieron un grupo de apoyo; también se quedaron
con mis afiches, cuadros, discos, libros y dejaron unos pesos para contribuir para la compra de
mi boleto de avión mi viaje. Yo estaba en otro lado de la ciudad tramando mi escapatoria y mi
viaje a México. Cambié mi apariencia: me corté el pelo y lo pinté de un color rubio. Así engañé
a los represores y caminé lado a lado con el torturador…y no me reconoció. Que ironía!

Llegó el lunes y lo primero que hice fue ir al Consulado Mexicano para obtener la visa. El
cónsul estampó el sello y su firma sin ningún problema. Había muchos escritores, intelectuales
y muchísimos políticos refugiados en varias embajadas y en consulados extranjeros en La Paz.
Estábamos aterrorizados con la ley marcial de los narco-milicos y especialmente con la orden
del Ministro de la Cocaína, Luis Arce Gomes que decía: “quien resista al régimen militar debe
andar con el testamento bajo el brazo”. Que barbarie! Entonces se produjo un éxodo masivo
de bolivianos exiliados a muchos países. Estaba iniciándome en la vida real. Como mencioné
antes, toda la rabia y persecución en mi contra era porque estaba pintando el mural
Juana Azurduy y los guerrilleros de la Independencia con la supervisión del maestro Walter
Solón Romero en la Facultad de Artes en Obrajes. En ese mural plasmé la lucha del pueblo
boliviano por la libertad y su lucha ante la tiranía desde los tiempos de la Independencia. De
manera simultánea denuncié también la tortura y la represión de los narco-milicos hacia su
propio pueblo en el tiempo presente. Pero sobre todo retrataba la participación de los
universitarios y del pueblo en esta constante lucha desigual. Yo fui testigo de varios de esos
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golpes militares. Debo aclarar que el mural quedó inconcluso puesto que felizmente yo escapé
de la tortura, de la muerte; y mi maestro Walter Solon Romero sufrió el escarnio de los narco-
milicos, pues le apresaron, torturaron, y le amenazaron con cortarle primero sus dedos y luego
sus manos si es que no denunciaba al autor del mural Juana la guerrillera! Felizmente que no
fue así, pues él logró refugiarse en una embajada y salir exiliado del país con la salud
quebrantada 3

Volviendo a mi odisea, ya tenía la visa y se vendieron o regalaron mis pertenencias,


entonces pude comprar mi boleto de avión. Los días pasaron rápidamente. Tuve la suerte que
la inteligencia tan limitada de los narco-milicos no detectó mi plan de escapatoria, ni pudieron
dar conmigo. No tenían mi fotografía ni mis datos en sus archivos. Pero yo caminaba por la
ciudad cargado de angustia a la espera que apareciera el torturador y que me detuviera; que
me torturaría y que me mataría en cualquier momento solo por pintar una obra donde reflejo el
sufrimiento del pueblo ante el sanguinario golpe militar. Solo que este golpe era parte de una
serie de golpes de Estado del Plan Cóndor —elaborado en la Escuela de las Américas de USA
para controlar militarmente el Cono Sur de América por los tentáculos de la CIA y contaba con
el auspicio y con el apoyo de Henry Kissinger y muchos criminales como Klaus Barbie, “el
carnicero de Lyon” y principalmente de exiliados cubanos en USA.4

Para terminar con esta narración, felizmente pude llegar al Aeropuerto del Alto de La
Paz el 14 de Junio del 1980 —justo 33 días antes de otro golpe narco militar en Bolivia
encabezado por García Mesa y el famoso ministro de la cocaína Luis Arce Gómez—y pasé por
inmigración que estaba colmado de agentes de seguridad. Hice de tripas corazón y caminé por
la pista, para subir al avión. Me senté en la butaca y respiré profundamente aliviado cuando
cerraron las puertas y el avión levantó su vuelo… Así escapé de la terrible persecución del

3 El turno del papá


La alegría duró apenas horas… Al día siguiente llamaron por teléfono. Era para el papá. Le dijeron que tenía que presentarse en las
oficinas de la Policía que están en la calle Sucre… Cuando hacía que llamar por teléfono vi que el papá salió de aquel lugar e hizo
caer un papelito. Me acerqué disimuladamente y recogí el papel que decía algo así como: “es por el mural de la ‘U’ [universidad] y los
Quijotes, me llevan al Estado Mayor.”

Walter Solón Romero Oroza
Dos militares observaban las fotos del mural Juana Azurduy de Padilla y los guerrilleros de la independencia. Un mural que el
papá pintó junto a sus alumnos en la Facultad de Bellas Artes de la UMSA y que trata de la resistencia al golpe de Natusch
Bush. En la mesa estaba también un ejemplar de El Quijote y los perros. Uno de los militares dijo: “a esta gente que hay que
fondearla en el Lago Titicaca”. El papá se negó a dar las direcciones de sus alumnos. “Ustedes tienen más facilidad, busquen en la
guía telefónica”, les dice Solón. Un militar gritó: “¡enciérrenlo a este hijo de puta!”.
En una celda junto a casi una veintena de detenidos, una persona reconoció a Solón: “¿se acuerda de mí? Con usted pintamos el
mural”. Efectivamente, es el Julio, que de joven le ayudó a pintar el mural del Monumento a la Revolución Nacional, en el año
1963. Los agentes mimetizados entre los presos escucharon la conversación y creyeron que le ayudó a pintar el mural de
Juana Azurduy en la universidad. ¡Pobre muchacho! Por un agujero en la pared miraban cómo torturaban al lado. ¡A Solón le
amenazaron con cortarle las manos! En pedazos de papel el papá hace retratos de los paramilitares para apaciguarlos.

4 El 17 de julio de 1980 un grupo de militares estrechamente ligados al narcotráfico, liderados por Luis García Meza y su
lugarteniente Luis Arce Gómez con apoyo activo de la dictadura militar argentina y la acción de un comando terrorista
denominado los Novios de la Muerte y organizados por el criminal nazi Klaus Barbie y el mafioso italiano Marco Marino
Diodato, encubiertos por la CIA, produjeron un nuevo sangriento golpe de estado, derrocando al gobierno democrático
de Lidia Gueiler e impidiendo la asunción de Hernán Siles Suazo.

Habiendo aprendido la lección del fallido golpe del año anterior encabezado por Alberto Natusch Busch debido a la
resistencia popular organizada por la COB, el objetivo principal del grupo terrorista los Novios de la Muerte fue atacar la
central sindical donde se reunía el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE). En el ataque asesinaron al
dirigente socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, al diputado Carlos Flores Bedregal y al dirigente minero Gualberto Vega
Yapura. Gobiernos Militares en Bolivia 1954-1982. Wikipedia, 28 Junio 2018.
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torturador y de los narco-milicos. Lo único que me dolió y mucho, fue dejar a mi madre sola
ante aquella tremenda situación. Pero solo tenía dos alternativas: la primera era si me quedaba
en la Paz, seguramente el torturador me hubiera localizado y yo habría sufrido mucho. Quizás
él me hubiera eliminado y mi cuerpo hubiera desaparecido como lo hicieron con miles de mis
compañeros universitarios y otros amigos luchadores defensores de la libertad. La otra opción
era salir del país para continuar con vida, continuar produciendo mi arte y seguir denunciando
a los torturadores de turno.
Jorge Mendoza, 2018

Jorge Mendoza y Solón Romero. Mural inconcluso: Juana Azurduy y los guerrilleros, 1979.
Técnica: Piroxilina sobre yeso. Dim.: 4,5x3,3 mt.
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Jorge Mendoza con Mauricio Bayro en


la sala del mural, FAADU, 2015
Jorge Mendoza con Poli

Los Marqueses

Represión narco militar a los universitarios,


Golpe de Estado, 1 de Noviembre 1979.

La junta militar de Natusch Busch


Bolivia, 1979