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Publicaciones Kenneth Copeland

A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas fueron tomadas de la


Versión Reina Valera Contemporánea®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011.

Las citas marcadas con las siglas RVR60 fueron tomadas de la Versión Reina
Valera 1960®, © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina;
© renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso.

¡No aceptes la tristeza! Cómo vencer el dolor y la aflicción


Sorrow Not! Winning Over Grief and Sorrow

ePDF ISBN 978-0-88114-330-0 30-8037S

© 1989 Eagle Mountain International Church Inc., aka Kenneth Copeland


Ministries
© 2001 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como
Ministerios Kenneth Copeland.

Traducción autorizada de la edición en inglés. Esta traducción es publicada


y vendida de acuerdo con el permiso de Eagle Mountain International
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La verdad acerca de
la naturaleza mortal
de la tristeza
La tristeza, o el dolor, viene disfrazada
como una emoción simple y “sana”.
Después, poco a poco, nos consumirá
internamente hasta secarnos. El dolor es
engañoso, destructivo, y compañero fiel de
la propia muerte.
Contar nuestras penas es uno de los
pasatiempos favoritos de la humanidad.
Todos lo hacemos de una u otra forma.
Los ebrios lo hacen balanceándose en las
sillas de los bares mientras se quejan de
lo difícil que es la vida. Y los creyentes
cantan himnos lúgubres.
Todos piensan que lo hacen porque
están tristes; pero la verdad es que, de
alguna forma u otra, lo disfrutan.

Me di cuenta de eso hace mucho


tiempo, cuando aún cantaba en bares y
discotecas, antes de conocer a Jesús.

En todas mis presentaciones


había personas que se me acercaban
tambaleándose, y sin excepción, me
pedían que cantara Melancholy Baby
(Nena melancólica). Y lo hacían no para
olvidar su dolor, sino para sumergirse más
profundamente en su propia tristeza.

Quizás te parezca extraño, pero la


verdad es que probablemente tú también
lo hayas hecho; todos hemos pasado
por eso.

¿Por qué a veces escogemos


entristecernos? Porque la tristeza acarrea
un impacto emocional; una oleada de
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emociones intensas aflora, y es casi
intoxicante en su etapa inicial.

Los grandes cantantes de blues y otros


géneros musicales tristes viven de aquellas
personas que anhelan sentir esas ráfagas
de emoción. Pero es interesante notar que
los famosos solistas de este género no
tienen larga vida. Por ejemplo, recordemos
a Billie Holiday; al público le gustaba
mucho escucharla porque los espíritus
de dolor y tristeza dentro de ella eran tan
intensos, que parecía que te alcanzaban y
atrapaban mientras la escuchabas cantar.
Sin embargo, esos mismos espíritus que
hacían sus blues tan atrapantes, la llevaron
a su propia destrucción.

La tristeza y el dolor son muy


peligrosos. Dios me lo reveló años atrás,
cuando desenmascaró a estos sentimientos
y comenzó a enseñarme su verdadera
naturaleza. Me mostró que no son las
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inocentes emociones que nosotros creemos.
En realidad, son espíritus enviados por el
mismo diablo para robar, matar y destruir.
De hecho, son parte del aluvión
satánico que Jesús tomó en Sí mismo al
morir en la Cruz. Isaías 53:4 nos lo relata:
«Con todo, él llevará sobre sí nuestros
males, y sufrirá nuestros dolores…». Las
palabras males y dolores pueden ser también
traducidas como: enfermedades,aflicciones,
debilidades, penas y sufrimientos. No
importa cómo las llames; todas son piezas
del mismo rompecabezas.
La tristeza y el dolor son parte
del juego maligno del diablo. Son las
fieles compañeras de la muerte, a la
cual acompañan siempre. Jesús cargó
con estos males en la Cruz para que
nosotros no tuviéramos que hacerlo.
Sin embargo, innumerables cristianos
siguen resguardando a estos espíritus y
al hacerlo, están ignorando por completo
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el mandamiento de 1 Tesalonicenses
4:13-14: ¡«…ni que se pongan tristes…»!

Leamos los dos versículos: «Hermanos,


no queremos que ustedes se queden sin
saber lo que pasará con los que ya han
muerto, ni que se pongan tristes, como
los que no tienen esperanza. Así como
creemos que Jesús murió y resucitó... ».

Observa cuidadosamente en ese pasaje


que la tristeza es sólo para aquellos que no
tienen esperanza, es decir, para quienes no
creen que Jesús murió y resucitó.

¡Obviamente no es para ti! Como


creyente, tienes esperanza —no sólo
en lo que concierne a la muerte física,
sino también en otras circunstancias
negativas—. Para poder participar de la
tristeza acerca de una situación en particular
tendrás que rechazar la esperanza que se te
dio en el Calvario. En otras palabras, ¡no

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puedes sentirte triste y al mismo tiempo,
tener esperanza!
Quizás digas: “Pero hermano
Copeland… ¿acaso la tristeza y el dolor
no son emociones naturales?”.

Por supuesto que lo son, y precisamente


por eso es que son tan peligrosas. Las
hemos aceptado como parte natural de la
vida, y les hemos abierto las puertas de las
iglesias de par en par.

La gran mayoría de creyentes no


se ha dado cuenta de que los himnos
llenos de tristeza que hemos cantado
los domingos, no son muy distintos de
las canciones seculares nostálgicas que
yo cantaba hace muchos años. Cuando
cambié mi vida, y por primera vez asistí
a una iglesia, me impresionó escuchar
himnos cuya letra había sido escrita por
compositores que yo había conocido al
empezar mi carrera artística.
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Esos individuos no conocían a
Jesús, ni planeaban hacerlo basados
en sus propias declaraciones, pero
evidentemente sabían escribir música
melancólica y llena de angustia. Así que
mezclaron sus composiciones con un par
de frases bíblicas, y la llamaron música
gospel. Luego, empezaron a venderles sus
canciones a los creyentes.

¡Y todos caímos en la trampa!


Nos comimos el anzuelo, sin siquiera
cuestionarnos el origen. Después de todo,
parecían naturales.

Existen creyentes que pelearán


contigo por su derecho a sentirse tristes.
Cuando estaba enseñando una serie de
oración en unas reuniones en Oklahoma,
conocí a una mujer que estaba afligida
por la muerte de una hija. A pesar de que
habían pasado ya varios años, ella seguía
desconsolada en su angustia.
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Después de una de las enseñanzas del
seminario sobre oración, se me acercó y me
contó que antes de que la niña falleciera
oraron por ella, pero claramente en vano.
Mientras me lo decía, lloraba una y
otra vez: “Mi pequeña bebé murió… mi
pequeña bebé murió”.
Abrí mi boca para contestarle, cuando
el Espíritu de Dios vino sobre mí, y le dije:
“Dios no se llevó a tu hija. Tú le permitiste
al diablo que te venciera en el juego de la
vida, y te ha seguido golpeando hasta el
día de hoy”.

De repente se enfureció. Todo indicaba


que no permitiría que nadie le robara su
aflicción. Estaba tan enojada que su esposo
tuvo que llevársela de allí.
Sin embargo, la señora regresó la
noche siguiente. Obviamente algo había
cambiado, y con una sonrisa me dijo:
“Hermano Copeland, perdóneme por lo
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ocurrido ayer; no sé cómo darle las gracias.
Permítame contarle que durante todo este
tiempo estuve atrapada en la angustia. Le
he fallado a mi familia y no he sido una
buena esposa, ni una buena madre”.
“Cuando medité en lo que usted estaba
enseñando acerca de la oración, recordé
toda la incredulidad que nosotros lloramos
y oramos sobre nuestra bebé. Nosotros
creíamos que eran oraciones, pero
estábamos equivocados. Sólo conveníamos
en que ella estaba agonizando, y así lo
seguíamos confesando. Nunca dejamos
que nuestra fe obrara para que no muriera”.
“En realidad, permití que Satanás
me venciera, y desde entonces lo ha
hecho. Sin embargo, hoy le puedo decir
que no le permitiré al diablo que lo haga
una vez más”.

Si alguna vez has sido seducido por


la tristeza, como le sucedió a esta mujer,
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has experimentado esa clase de agonía
adictiva; has descubierto que aunque la
angustia te lastima, existe algo en ella
que no te permite dejarla. El diccionario
Webster define el término aflicción como
“una pesada carga emocional que resulta
de una pérdida”. De hecho, ¿es así como
se siente, verdad? Un gran peso que
oprime el corazón y te causa angustia y
dolor. Cuando cedes a ese sentimiento,
se produce un caudal de emociones
incontrolable que provoca llanto. Es
reconfortante. Tus amigos te abrazan,
te consuelan y dicen: “Vamos… sólo
desahógate”. Tú lo haces, y alivias la
presión por unos instantes.

Pero después, cuando los amigos ya se


han ido y ya no hay nadie para abrazarte,
la tristeza regresa; y esta vez lo hace con
un dolor y una sensación de soledad tan
abrumadora que es casi insoportable.

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Ésa fue la clase de angustia en la que
permaneció por muchos años aquella señora
de Oklahoma. Las amistades le pudieron
haber dicho que el tiempo la ayudaría, pero
no fue así. Ella permitió que esos espíritus
de tristeza y sufrimiento invadieran su vida,
continuando su obra mortal.
Contrario a lo que el mundo cree,
la aflicción y el dolor no vienen para
ayudarte. Llegan para lastimarte. Estos
espíritus perversos son enviados con un
solo propósito: ahogar la Palabra de Dios.

En Marcos 4:18–20, Jesús advirtió


que el diablo vendría a robar la Palabra
que está en el corazón de los nacidos
de nuevo. Y una de las maneras en que
el enemigo lo haría, sería a través de la
codicia por otras cosas, las cuales entran en
ellos y ahogan la palabra. La mayoría de
nosotros suponíamos que lo anterior
se refería sólo al sexo y al placer, pero el

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Espíritu Santo me mostró que también
incluye otras cosas, como los espíritus de
dolor y aflicción.

Uno de los significados de la palabra


codicia es: “presión aplicada”. La tristeza
viene cuando Satanás presiona nuestras
emociones. El enemigo nos oprime para
que nos dejemos llevar por la tendencia
carnal de entristecernos; el diablo quiere
que codiciemos esa avalancha emocional
y el consuelo que la tristeza provee en su
etapa inicial.

Entonces, ¿qué debemos hacer con


todo esto?—si el dolor y la aflicción son
inevitables, y de hecho forman parte del
paquete de miseria y muerte del diablo,
¿cómo nos deshacemos de ellos?

Isaías 51:11 dice: «Los redimidos


del Señor volverán a Sión entre cantos
de alegría. Sobre ellos reposará un gozo

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infinito; rebosarán de gozo y alegría, y
el dolor y los gemidos huirán de ellos».
¿Escuchaste eso? ¡Dice que el dolor y los
gemidos huirán de nosotros!

Como creyente, has sido redimido de


la maldición de la tristeza y la pena por
medio de la Sangre de Jesucristo. Por lo
tanto, no tienes que soportarlas, así como
tampoco lo harías con el pecado, las
enfermedades y las dolencias. Entonces, si
sigues las instrucciones que se encuentran
en Santiago 4:7 y resistes a estos espíritus,
ellos huirán de ti.

Leemos en Salmos 107:2 cómo


hacerlo: «Díganlo los redimidos de
Jehová…» (RVR60). Eso significa que
cuando vengan la tristeza y la pena, debes
decir algo. Diles: “¡Oh, no!, ustedes no
me dominarán, pues soy un redimido del
Señor. He sido librado de toda angustia,
así que ¡váyanse ahora mismo!”.
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Dios comenzó a enseñarme
personalmente acerca de esto meses antes
de que mi madre partiera hacia el cielo, en
Agosto de 1988. Cada vez que el Señor
me mostraba algo respecto al dolor, yo
lo empezaba a practicar. (Cuando Dios
comience una enseñanza en tu vida,
ponla en práctica inmediatamente, y así
estarás preparado cuando se presenten
los problemas).

Ocho meses y medio antes que


mi madre dejara esta Tierra, empecé a
prepararme contra el dolor y la tristeza.
Tomé la decisión de no aceptar la tristeza,
e inmediatamente el diablo comenzó a
atacar mis emociones.

Pero yo le contestaba: “No recibiré


nada de eso. Tomo autoridad sobre estos
sentimientos en el nombre de Jesús. He
entregado mi cuerpo como sacrificio
agradable al Señor, y no acepto nada que no
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sea Su gozo”. Luego, comenzaba a declarar
la Palabra con alabanzas en voz alta: “Yo no
acepto la tristeza, pues como redimido que
soy, no toleraré la aflicción, ¿lo entiendes?
¡Me gozo porque mi madre está yéndose a
casa! ¡Oh Señor Jesús, te la entrego!”.
Cuando practicaba eso, el espíritu de
tristeza se alejaba, pero sólo por un tiempo.
Luego regresaba e intentaba afligirme otra
vez. Así transcurrieron tres largos días de
lucha contra ese espíritu, al cual resistí cada
vez. En la última ocasión que lo intentó,
me imploraba diciendo: “¿Por favor?”, a
lo cual respondí: “¡No!” y le ordené que se
fuera. Después de eso, jamás regresó.
Lo que estoy diciéndote es esto: tendrás
que mantenerte en contra de la tristeza y
el dolor. No te pertenecen. No vienen de
parte de tu Padre Celestial. Pero el diablo
es un sinvergüenza: si se lo permites, él
pondrá estos espíritus sobre ti.

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Tristemente le hemos dado la
oportunidad al enemigo de cargarnos
con tristeza y dolor por mucho tiempo, y
ya es hora de ponerle un alto. Cuando lo
hagamos, sucederán cosas gloriosas.
Déjame contarte un incidente que
ocurrió en nuestra familia hace algunos años.
Te ilustrará lo que quiero decirte. Stanley,
uno de los hermanos menores de Gloria,
falleció en un accidente automovilístico
en forma inesperada. Naturalmente, su
partida nos tomó por sorpresa. Nadie estaba
preparado para recibirla.
En el instante en que recibimos la
noticia, el espíritu de tristeza nos atacó
como un rayo, tratando de aferrarse a
nuestras vidas. Luché contra ese espíritu en
el nombre de Jesús, mientras caminaba de
un lado a otro dentro de mi estudio. Cada
vez que mis emociones querían dominarme,
yo decía: !No aceptaré el dolor ni la tristeza!
¡Por el contrario, acepto el gozo y la alegría! Y
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entonces alababa a Dios. Así lo hice una y
otra vez hasta que vencí a ese espíritu.
Una vez que se había ido, comencé a
interceder por mi suegra, Mary. A medida
que oraba, el poder de la compasión
empezó a brotar dentro de mí; lo hizo con
tal fuerza que me inundó hasta rebosar, y
así fue cómo tuve una visión de Stanley en
el cielo. Lo vi tan claro como nunca antes
había visto a alguien.

Para que aprecies esta visión en su


totalidad, debes saber que Stanley era un
albañil, sumamente fornido, que cortaba
las mangas a sus camisas para trabajar
mejor. Nadie podía convencerlo de usar
mangas largas.

Cuando lo vi ese día, él estaba


corriendo en una pradera. (Sí, ¡en una
pradera! El cielo no está hecho de nubes.
La Tierra fue hecha como una réplica del
cielo, así que ambos se parecen mucho). En
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la visión, Stanley irradiaba vida y lucía una
túnica muy bonita; lo sorprendente era que
su vestidura ¡no tenía mangas!
¿Quién más que Jesús complacería a
Stanley? Al mirarlo, el Señor me dijo: “Dile
a Mary que lo arrebaté del camión antes que
chocara, y que nunca se enteró del accidente”.
Lo que quiero que veas es esto: si
yo hubiera permitido que el dolor y la
aflicción llegaran y se establecieran, estos
espíritus se habrían apoderado de mi vida.
Por consiguiente, no hubiera recibido ese
brote compasivo. Tampoco me habría
movido el poder de Dios, ni mucho
menos hubiera visto a Stanley. En síntesis,
no hubiera visto ni sentido nada distinto a
la tristeza y el dolor.

Este tipo de experiencias sobrenaturales


no se reciben por quejarse, llorar, o
doblegarse ante los secuaces del diablo.
No sucederán si te dejas dominar por el
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menor síntoma de angustia y aflicción. Pero
sí ocurrirán si te dispones a luchar contra
Satanás y a vivir por fe, cediendo al Espíritu
Santo. Llegan cuando te rehúsas a darle
lugar a la tristeza —aun cuando el diablo te
tenga bajo presión—. ¿Puedes darte cuenta
de lo que nos hemos perdido por participar
en este juego mortal del enemigo?
Varios meses después que Stanley se
fuera al cielo, mi esposa y yo estábamos
en un servicio en la iglesia, cuando se nos
acercó una señora que tenía un ministerio
profético, y le dijo a Gloria: “No sé qué
signifique, pero alguien me pidió que le
diera un mensaje”. Luego, le explicó que
ella había estado orando e intercediendo,
cuando en una visión Dios la llevó al
cielo. Se vio a sí misma conversando
con alguien en un comedor enorme del
cielo (su conversación no tenía ninguna
relación con mi familia). Mientras ella
estaba allí, un joven que estaba arreglando
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los lugares en la gran mesa, se acercó para
decirle: “Dile a Gloria que su hermano no
estaba en el camión”.

¿Te das cuenta? Esto es real, más


real que el juego de la muerte con el cual
hemos estado entreteniéndonos.

Mi amigo, no podemos seguir


tolerando ese diabólico juego de la
tristeza y el dolor, ya que nos está matando
—nos está robando las experiencias reales
y poderosas que Dios quiere darnos—.
Además, nadie se imagina de qué manera
tan profunda nos destruye.

Así que no le des más lugar. Cuando el


diablo quiera cargarte con dolor y tristeza,
resístelo. Es probable que tengas que
caminar por la habitación toda la noche,
pero en lugar de llorar y preocuparte,
camina proclamando la Palabra hasta
que ese espíritu de tristeza se vaya y la

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emoción verdadera llegue y tome control
— el gozo del Señor, que es tu fortaleza.

¡Recuerda tu identidad! ¡Eres quien


recibirá la felicidad y el gozo, y el que hará
huir la aflicción y el dolor! Tú no estás en
el negocio de contar tus penas. Eres un
redimido del Señor. ¿No crees que ya es
tiempo de empezar a declararlo?

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Oración para recibir salvación y el
bautismo del Espíritu Santo
Padre celestial, vengo a Ti en el nombre de Jesús.
Tu Palabra dice: «Y todo el que invoque el nombre del
Señor será salvo» (Hechos 2:21). Estoy invocándote,
llamándote. Oro y te pido Jesús, que vengas a mi
corazón y seas el Señor de mi vida de acuerdo con
Romanos 10:9–10: «Si confiesas con tu boca que Jesús es
el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los
muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para
alcanzar la justicia, pero con la boca se confiesa para
alcanzar la salvación». Yo confieso ahora que Jesús es el
Señor, y creo en mi corazón que Dios le resucitó de entre
los muertos. ¡Ahora he nacido de nuevo! ¡Soy cristiano,
hijo del Dios todopoderoso! ¡Soy salvo! Señor, también
dices en Tu Palabra: «Pues si ustedes, que son malos,
saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre
celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?»
(Lucas 11:13). Entonces, te pido que me llenes con Tu
Espíritu. Santo Espíritu, crece dentro de mí a medida
que alabo a Dios. Me mantengo a la expectativa de
hablar en otras lenguas, según Tú me concedas expresar
(Hechos 2:4). En el nombre de Jesús, ¡Amén!
Comienza a alabar a Dios en este instante
por llenarte con el Espíritu Santo. Pronuncia
esas palabras y sílabas que recibes, no hables en
tu idioma, sino en el lenguaje que el Espíritu
Santo te esté dando. Debes usar tu propia voz, ya
que Dios no te forzará a hablar. No te preocupes
por cómo suena, pues ¡es una lengua celestial!
Continúa con la bendición que Dios te ha
dado, y ora en el espíritu cada día. Ahora, eres un
creyente renacido y lleno del Espíritu Santo.
¡Nunca más serás el mismo!
Busca una iglesia donde se predique la
Palabra de Dios con valentía y en obediencia.
Busca conectarte con una iglesia que te ame y
te cuide, y haz lo mismo por ellos. Necesitamos
estar conectados unos con otros. Eso aumenta
nuestra fuerza en Dios; es el plan de Dios para
todos nosotros.
No dejes de mirar semanalmente nuestro
programa La Voz de Victoria del Creyente, disponible
en varias estaciones de TV y en la internet.
Vuélvete un hacedor de la Palabra. Serás bendecido
al ponerla en práctica (lee Santiago 1:22–25).
Acerca del autor
Kenneth Copeland es cofundador y presidente
de los Ministerios Kenneth Copeland en Fort
Worth, Texas, y es autor de varios libros los cuales
incluyen: LA BENDICIÓN del Señor enriquece
y no añade tristeza con ella, y Honor: viviendo en
honestidad, verdad e integridad.
Desde 1967, Kenneth ha ministrado el
evangelio de Cristo y ensenãdo la Palabra de Dios
como maestro. Adicionalmente, ha grabado discos
como cantante y recibido premios por sus álbumes:
Only the Redeemed (también nominado al premio
Grammy), In His Presence, He Is Jehovah, Just a
Closer Walk, y su más reciente producción, Big Band
Gospel. También es coprotagonista, interpretando
el papel de Wichita Slim, de los videos infantiles:
The Gunslinger, Covenant Rider, y de la película: The
Treasure of Eagle Mountain. Asimismo, personificó
el papel de Daniel Lyon en los videos Commander
Kellie and the Superkids:™ Armor of Light, y
Judgment: The Trial of Commander Kellie. También
es coprotagonista, en su papel de padrino hispano,
en la película The Rally estrenada en el año 2009.
Con la ayuda de oficinas y personal en los
Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia,
Sudáfrica, Ucrania y Singapur, Kenneth está
cumpliendo su visión de predicar con valentía la
Palabra de Dios no adulterada desde la cima más
alta hasta el valle más profundo, y en todos los
confines de la Tierra. Su ministerio llega a millones
de personas en el mundo a través de programas de
televisión semanales, revistas, mensajes en audio y
videos de enseñanza, convenciones y campañas, y
a través de la red mundial internet.

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