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Saqueo y Anomia Tras el Terremoto en Concepción

Por: Francisco Astudillo Pizarro

Uno de los efectos secundarios que más concentró la atención de los medios que dejo el
brutal terremoto que azotó medio Chile la madrugada del sábado 27 de febrero pasado
fue el saqueo de tiendas y supermercados en la Capital penquista el pasado domingo, la
opinión pública (o lo que quedaba activa de ella) condenó los hechos con tanto énfasis
como sorpresa y consternación.
En las regiones no afectadas por la catástrofe mientras se organizaba la ayuda solidaria
el tema era invitado obligado en las conversaciones informales de la población, en ese
sentido abundaban las explicaciones y también las preguntas. Por su parte el mundo
político parecía sumido en la más completa ausencia y el cuestionamiento hacia el
actuar de las autoridades de gobierno, de emergencia y militares se hacía más
protagonista de la agendade los medios.
Pero volviendo al tema ¿Qué fue lo que pasó en Concepción? Para responder a la
pregunta a la manera de lo innecesariamente complejo y cotidiano deben seguirse dos
lineamientos concretos como los son por una parte recurrir a las herramientas analíticas
de la literatura científica en ciencia social sobre comportamiento colectivo de tipo
aglomerado y multitud y por otra parte contextualizar debidamente dichas herramientas
explicativas dentro del marco real en el que se aplicarán esto es en una gran ciudad
sumida en una terrible catástrofe sísmica en el sur de Chile. Antes de recurrir a detallar
los dos lineamientos expuestos partimos diagnosticando desde la sociología la plena
vigencia del constructo e idea de Anomia luego de la observación y análisis de los
hechos ocurridos en Concepción.
La anomia es uno de los aportes teóricos más representativos de Emile Durkheim
(1858-1817), uno de los más destacados sociólogos de la primera generación de
sociólogos fundacionales de la disciplina. La anomia es para Durkheim una crisis en las
formas de integración social que genera un comportamiento anómalo en relación a los
patrones normativos, de esta forma en estados de anomia los sujetos actúan sin
observancia de las pautas mínimas establecidas por el consenso y el control social
observándose conductas tipificadas como delictuales en contextos de normalidad o
cuando menos anómalas.
Los hechos vividos en Concepción entre el sábado y domingo son una clara
demostración de la anomia de “ una parte de la población” (hay que destacar este punto
puesto no es sano generalizar lo observado a la población general de Concepción) en la
que la ruptura o el colapso de la comunicación a niveles institucionales generó una caída
de la vigilancia normativa, situación en que la función policiaca debió modificarse
desde el control sancionatorio a la cooperación y ayuda de la población, proceso que no
estuvo exento de sobresaltos y que en definitiva ayudó a crear una sensación de libertad
del panóptico en un sentido foucaultinano produciéndose un importante brote de saqueo
y pillaje en tiendas y supermercados. ¿Por qué abordar teóricamente de esta forma el
fenómeno? La respuesta a esta pregunta es que sucesos de saqueo en Haití sólo se
dieron saqueos como los vistos en Concepción luego de una semana del terremoto y no
a horas lo que hace necesaria la interpretación y análisis de la sociología de lo
innecesariamente complejo y cotidiano.
En este punto debe hacerse también una necesaria distinción entre quienes saquearon
por necesidad (o al menos sacaron productos de necesidad primaria) y quienes sólo lisa
y llanamente aprovecharon la oportunidad para robar toda clase de productos
innecesarios porque evidentemente las motivaciones en su actuar (entre unos y otros) no
son las mismas, pero en este artículo concentraremos en interés en los segundos.
Luego del terremoto y al no ver la población presencia de la autoridad quedaron
propensos a la anomia creciente rompiendo con los patrones conductuales habituales e
incorporándose (parte de la población) al saqueo observado.
Por otra parte debe considerarse que la devastación en Concepción fue brutal y que
mucha gente actuó por necesidad al ver que perdieron todo y encontrarse en plena
incertidumbre respecto a lo acontecido. La incertidumbre en contexto de
desabastecimiento y obscuridad, la ausencia de las autoridades, la caída de las
comunicaciones acentuó la percepción de inestabilidad y de nebulosidad del futuro
retrotrayendo el campo de acción al tiempo presente, en esa circunstancia el caldo de
cultivo para comportamientos de anomia no deben ser una gran sorpresa para el analista
social, es en consecuencia la incertidumbre otra variable a considerar en el análisis.
Visto desde el comportamiento colectivo lo observado corresponde a lo que en la
literatura sociológica se denomina “multitud”, la multitud es una aglomeración masiva
producida por un hecho independiente (en este caso un terremoto) que tiene dos
elementos centrales, por un a parte el contagio emocional no controlable y por otro el
anonimato.
El contagio emocional opera como un efecto dominó en el que la emoción borra por
momentos todo vestigio de racionalidad acrecentando por el contrario la irracionalidad
en el comportamiento colectivo. Lo anterior debe enmarcarse dentro de una situación de
incertidumbre en la población y de resquebrajamiento del control social, en concreto de
la vigilancia generando una situación de anomia que fue materializada en los actos de
saqueo.
Por su parte el “anonimato de la turba” funcionó como un facilitador para conductas
anómalas usualmente consideradas como antisociales y me atrevería a afirmar que
incluso quienes efectuaron saqueo en situaciones de normalidad habrían considerado
(de la boca para afuera) como delictuales actos como los que ellos mismos realizaron,
de esta forma planteamos que los sujetos escondidos en el anonimato pueden dar rienda
suelta a los comportamientos reprimidos y prohibidos.
Lo anterior trae a la más plena vigencia disciplinaria el problema durkhemiano sobre que
es lo que mantiene cohesionada a la sociedad, lo cierto es que Durkheim crece (en
sentido figurado) a la hora de explicar sociológicamente lo ocurrido en Concepción.
Siguiendo con los conceptos durkhemianos creo necesario cuestionarnos si las formas
de integración del tipo de solidaridad tienen algo que ofrecernos para dar una adecuada
explicación del fenómeno, a mi cotidiano criterio creo que si, esto ya que si bien se
observó una brutal destrucción y cortes de suministro de servicios y bienes en otras
ciudades y localidades del centro sur fue sólo en Concepción, una urbe que tiende a lo
metropolitano donde se dieron dichos comportamientos irracionales y espontáneo y no
en ciudades de tradición más rural como lo son Curicó y Talca que si bien tienen
componentes urbano-modernos como la generalidad de las ciudades de nuestro país sus
formas de solidaridad están compuestas por fuertes elementos tradicionales de carácter
rural en los que la integración está ejercida desde la interacción más directa y una
solidaridad con relevantes reminiscencias mecánicas, en contraposición a Concepción
que posee una solidaridad de tipo orgánica donde la interacción cara a cara es mucho
menor y la cohesión social se asegura principalmente por el derecho vigilante y no por
el espíritu de comunidad como en una solidaridad mecánica. De esta forma cuando cae
la vigilancia, cuando se derriba el panóptico la turba actúa libremente del control social
dando cabida a la irracionalidad y a la violencia reprimida
Por último me parece también relevante realizar un análisis sobre la composición de la
“turba iracunda” ya que está no tenía una composición homogénea, ni mucho menos.
No puede en ningún análisis pretender asignarse un comportamiento de clase al saqueo,
ya que quienes saquearon en Concepción corresponden a una heterogeneidad tanto
social como etárea. Quines saquearon el domingo muy probablemente hayan ido a la
iglesia el domingo anterior por poner un ejemplo (sin querer en modo alguno hacer una
generalización absoluta) de que los saqueadores no eran delincuentes sino gente en su
mayoría “normal” y de distintas condiciones sociales y también de distintas edades.
Esto no debe parecer tan sorpresivo puesto una multitud es siempre heterogénea y de
comportamiento irracional. Al respecto puede recurrirse a lo observado en ocasiones en
las que se producen desmanes luego de alguna manifestación social en el centro de
Santiago en la que se ha podido apreciar a por ejemplo a oficinistas realizando
destrucción de los bienes públicos y también de la propiedad privada. En mi caso
particular pude constatar este fenómenos cuando trabajaba en un proyecto educativo con
adultos en Peñalolén y observé la composición de las masas saqueadoras para los
disturbios de un 11 de septiembre, ocasión en la que comprobé que la masa saqueadora
estaba integrada hasta por inocentes abuelitas.
Como conclusión general observamos que las formas de integración social en una
ciudad metropolitana del sur de Chile como es Concepción dependen en una buena
medida de las vigilancias coercitivas y de control social formal, dicho de otra forma el
pegamento normativo se reveló débil en la ausencia de la estructura normativa.
Todo lo anterior demuestra simultáneamente lo pertinente del análisis sociológico del
comportamiento de masas así como también lo menospreciado que es la tarea del
sociólogo en lo netamente disciplinario tanto por la autoridad, la burocracia pública y la
sociedad en su conjunto.