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ANÁLISIS DE LA REFORMA ENERGÉTICA

La discusión de la Reforma Energética comenzó en 2013 con la presentación de iniciativas


tendientes a modificar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en la
materia. Las iniciativas se acompañaron de diagnósticos de diferente profundidad, en los
cuales se referenciaron algunos indicadores relacionados con la producción, el consumo y
el comercio exterior de petróleo, hidrocarburos y electricidad; también se hizo énfasis en la
problemática reciente de Pemex y CFE, y algunos de los participantes señalaron
brevemente las causas que llevaron a tales organismos a una situación insostenible. Los
siguientes cuadros resumen los principales puntos abordados por cada una de las partes que
presentaron propuestas para reformar el sector energético del país.
Dentro de los diagnósticos presentados, el presidente y el Senado de la República fueron
los que aludieron a los antecedentes jurídicos en materia de petróleo e hidrocarburos, con
especial énfasis en las reformas cardenistas. En los documentos se mencionan los cambios
implementados por el presidente Lázaro Cárdenas, que permitieron por un par de décadas la
participación de la iniciativa privada en la cadena del sector hidrocarburos. En 1958 se
cerró esta posibilidad aludiendo a la nula participación de particulares en el sector que se
dio en la práctica.
En sus respectivos análisis, los participantes mencionaron en distintas maneras la reducción
de la producción y las reservas petroleras. El representante del Poder Ejecutivo subrayó las
cuantiosas inversiones que se han realizado en exploración y extracción de petróleo que no
se han visto aparejadas por una mayor producción, y dedujo que el petróleo de fácil acceso
se está acabando no sólo en México, sino en todo el mundo.
En este contexto, las diferentes partes aludieron a los retos técnicos, financieros y de
capacidad en la explotación de hidrocarburos no convencionales y en aguas profundas, e
incluso para potenciar el uso de gas natural. Las comisiones dictaminadoras del Senado
señalaron que Pemex requeriría 10 veces más recursos que los que cuenta para alcanzar los
niveles de inversión que registra Estados Unidos en aguas profundas del Golfo de México,
pero con una probabilidad de éxito de entre 20 y 50%, y sin la posibilidad de que Pemex
transfiriera riesgos.
Los diagnósticos también apuntaron a la erosión de la seguridad energética del país, que se
explica por una insuficiente producción de petróleo y gas, y las crecientes importaciones de
gas, gasolina, diésel y petroquímicos, lo cual se ha traducido en un deterioro constante de la
balanza comercial de hidrocarburos. Se señaló la concentración de inversiones en
actividades de mayor rentabilidad unitaria (en extracción) y la muy limitada capacidad de
refinación, lo que eleva las compras en el exterior de gasolinas y petroquímicos. Los
participantes además mencionaron las deficiencias en el transporte de hidrocarburos y
petroquímicos.
Entre las propuestas, las aportaciones incluyeron: la institucionalización de la renta
petrolera para que no se dilapidara irresponsablemente y su utilización para financiar la
transición energética hacia fuentes renovables así como para el pago de pensiones; la
importancia de dar flexibilidad a Pemex en el ejercicio de su presupuesto y en la
contratación de la deuda pública; la desaparición de los organismos de Pemex y la creación
de sólo dos unidades productivas; así como la facultad de la
Secretaría de Energía (Sener) para tomar decisiones fundamentales en la industria, apoyada
en órganos reguladores y en Pemex.