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PROCESOS CAUTELARES INNOVATIVOS

Rodolfo Akira Porras Oscátegui

H13010C

Son muchos los criterios que pueden servir para clasificar y diferenciar entre sí a
las medidas cautelares, sin embargo, todas coinciden en sus caracteres de
instrumentalidad, prov isoriedad, v ariabilidad, caducidad, y sobre todo en su
finalidad, cual es la de serv ir a la eficacia de un proceso. Dicha finalidad
inmediata tiene un correlato mediato: coadyuv ar a la eficacia del
ordenamiento procesal en general, empeño en el cual concurren con las
demás instituciones del derecho procesal.

Todas las medidas cautelares, además de la finalidad descrita, tienen también


un mismo sustento, cual es el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva de sus
solicitantes, al cual el órgano judicial tiene la obligación constitucional de
responder. Dicha respuesta es posible gracias a determinados principios
procesales, que dan forma a un poder genérico de cautela procesal del cual
disponen los jueces. Dicho poder, en último término, es reconocido en la
legislación nacional y en las legislaciones extranjeras consultadas mediante la
regulación de la denominada “medida cautelar genérica”.

Las medidas innov ativas y de no innov ar, más allá de representar un


determinado criterio de clasificación, significan div ersas formas de expresar
dicho poder de cautela procesal. Ellas nos muestran dos clases de efectos de
dicho poder, dos formas de servir a los fines de un proceso. Dentro de tales
márgenes, su v alidez como categorías doctrinarias es indiscutible.

En el terreno normativ o, ambas formas de cautela han sido reconocidas


expresamente en el Código Procesal Civ il a partir de la inminencia de un
perjuicio irreparable que exigen para su concesión y de su excepcionalidad,
como caracteres comunes entre sí y a la v ez diferenciadores de las otras
medidas cautelares. Luego de ello (y más allá de los comentarios efectuados
en este trabajo), las medidas de innov ar y de no innov ar han sido desarrolladas
por div ersas normas especiales, frente a institutos sustanciales concretos, sin las
mencionadas particularidades reconocidas en la norma procesal marco.

De acuerdo a lo anterior, las normas peruanas (y por ende su aplicación), no


reconocen uniformemente la inminencia del perjuicio irreparable y la
excepcionalidad que sirv ieron para incluir en nuestro ordenamiento legal a las
medidas de innov ar y de no innov ar. Dicho fenómeno, no debe ser estudiado
ahondando en la conceptualización y diferenciación de ambas figuras, sino
comprendiendo que ellas, antes que conceptos excluyentes, son categorías
que deben ser utilizadas en la manera más conv eniente al logro de sus fines.
Recuérdese que todo concepto del Derecho procesal será importante en la
medida que sirv a al cumplimiento de la finalidad para la cual fue regulado.

Así, compartiendo todas las medidas cautelares el mismo fin y existiendo un


poder genérico de cautela procesal reconocido a los jueces (en sede nacional
y extranjera), antes que regular las “medidas innov ativas” y “medidas de no
innov ar”, debería incidirse normativamente en el “efecto innovativo” y “efecto
conservativo” que pueden desenvolver ciertas medidas cautelares, como por
ejemplo, aquellas que se otorguen ante alguna pretensión propia del proceso
contencioso-administrativo, frente a la amenaza a un derecho constitucional,
para el ejercicio de los derechos de accionista, contra actos que v iolenten o
intimiden a un niño o adolescente, etc.

Fuera de las medidas cautelares concebidas para v iabilizar la ejecución forzada


de una decisión definitiv a (con teoría, regulación, jurisprudencia y, en general,
límites aplicativ os más definidos), las demás medidas deberían estar clasificadas
por sus distintos efectos, no por normas que imponen características
diferenciadoras ajenas al logro de los fines del instituto cautelar. En ese sentido,
así como algunas medidas pueden tener efecto innovativo o conservativo, otras
podrían tener efectos coincidentes con la pretensión principal. El tema está en
promov er la efectividad de dicho instituto, y una de las v ías para lograrlo es que
las normas acojan lo mejor de la doctrina, no que esta última condicione y
determine el contenido de ellas.

Conforme a ello, además de la regulación del poder cautelar genérico de los


jueces, resultaría positiv a la consideración de supuestos específicos como los
consignados entre los numerales 683 y 686 del Código Procesal Civ il, a fin de
determinar lineamientos para la protección de derechos que, -sea por su
especial naturaleza o por su urgente necesidad de tutela jurisdiccional-,
merezcan una preferente atención del legislador, conforme al desarrollo
jurisprudencial y doctrinario de cada tema; sin perjuicio del reconocimiento de
alguna modalidad procesal urgente que, más allá de lo cautelar, satisfaga
pretensiones susceptibles de perecer en brev es periodos de tiempo, como
ocurre con la defensa de algunos de los institutos mencionados en las anteriores
líneas.