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LA EMPATIA EN LA MEDICINA

Antes de profundizar en este tema es necesario definir que es la


empatía en un contexto general, la empatía es la capacidad que
tenemos en ponernos en lugar del otro, manteniendo nuestra
posición.
Basados en lo anterior valdría la pena preguntarnos ¿La empatía
existe en la actualidad?, ¿Estamos en capacidad de sentir lo que
siente nuestro prójimo?, ¿Por qué nos cuesta tanto actuar con
empatía?, ¿Qué fenómeno nos impide despojarnos de nuestra
realidad para sumergirnos en la realidad del otro?.
Son interrogantes que debemos contestar porque estamos
conscientes que desde nuestra perspectiva la empatía se convierte
en el eje primordial en cual gira y se desarrolla nuestra carrera
profesional, en la medicina el contacto directo con el prójimo es una
actividad permanente y nuestra misión no se centra únicamente en
sanar el dolor sino en transmitir a nuestro paciente que sentimos su
dolor como si fuera nuestro y que estamos dispuestos a luchar junto
con él para que cualquier molestia sea sanada, su victoria es nuestra
también, este actuar nos permite involucrarnos tan a fondo que el
contacto físico y emocional es cercano por este motivo se considera
la empatía como un fenómeno básicamente afectivo presente en los
seres humanos, que posibilita darse cuenta de que el otro, el que
está frente a mí, presente en toda su corporeidad, se emociona como
yo lo hago, siente como yo siento, y por lo tanto es una persona tal
cual yo lo soy, este aspecto ha sido analizado desde el punto de vista
filosófico como una condición del ser o del existir que posibilita la
intersubjetividad, es decir la relación con los otros.
Pero hay que observar nuestro entorno y con sinceridad contestar lo
siguiente ¿Se puede notar empatía en los médicos hoy en día?, sería
un error garrafal generalizar sobre este aspecto, comprendemos que
no existen dos personas iguales en el mundo, y asi como existen
excelentes profesionales también existen profesionales no tan
buenos, pero si encendemos el televisor y observamos las noticias
ciertamente podremos darnos cuenta de que en algunos centros
hospitalarios la empatía no ha tenido acogida, es así que en la
consulta médica poco a poco se ha establecido un modo de
encuentro rápido, de contacto superficial, centrado en recabar los
síntomas de la enfermedad o el malestar físico que aqueja al
consultante, orientado a diagnosticar con la mayor aproximación
posible el problema biológico, con preguntas cerradas, con escasa
oportunidad de exposición por parte del paciente – esto en el mejor
de los casos- .

También resulta claro que no con todas las personas que nos
consultan se establecerá una relación empática profunda, con
muchos de los pacientes que llegan a la consulta, es posible
establecer una relación amable y atenta, respetuosa de sus
particularidades como sujeto humano, pero a pesar de aquello, no
se desarrolla ese “aprehender la vivencia ajena” , muchas veces
porque lo que trae al paciente a ver al médico es un problema
intrascendente desde el punto de vista de la salud y el mismo
paciente desea una consulta rápida o no desea contar con un médico
de cabecera o porque recurre a lo que se llaman “consultas no-
programadas”, que son breves y se crearon para resolver el
problema de la espera de turnos en los sistemas sobresaturados,
pero que muchas personas utilizan sistemáticamente y mediante las
cuales cada vez verán a un profesional de la salud distinto, que los
atenderá poco tiempo, y no tendrán un médico que los conozca y los
siga, ya que nunca se generarán un espacio de tiempo dedicado a
su salud, y más bien verán a un profesional de la salud diferente
cada vez, pero que el profesional de la salud “sienta lo que el
paciente está sintiendo” en el momento en que éste nos cuenta una
situación de su vida que a él le importa mucho, es fundamental para
que dicho paciente se dé cuenta de que es escuchado y
comprendido, y por ende valorado como persona digna de ser el
centro del interés del profesional-persona que lo está atendiendo.

Algunos autores plantean que la Empatía no puede ser enseñada ni


aprendida, porque la consideran una característica de los sujetos
humanos que depende básicamente de su personalidad.
En síntesis como profesionales en medicina debemos estar
dispuestos a ir contra el sistema establecido, dedicar nuestros
esfuerzos y nuestro tiempo para servir a los demás con honestidad y
profundo amor sin llegar a un grado paternalista pero si con un
sentimiento más profundo de respeto a la integridad de los demás,
nuestra misión será servir y sentir, como se manifiesta en un
fragmento del juramento hipocrático “A cualesquier casa que entre,
iré por el beneficio de los enfermos.”

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