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La sociedad de las colonias españolas en

América
La conquista de numerosos territorios en América por parte de España en el siglo XVI es
un tema por todos bien conocido, y es por ello que en este artículo voy a tratar de dar un
nuevo enfoque al tema, analizando la repercusión que ésta tuvo a nivel social. Es decir,
cómo se fue configurando una nueva sociedad en estos territorios como consecuencia de la
presencia de varios grupos sociales y étnicos diferentes.

Vamos a encontrar una sociedad desigual y piramidal, en el sentido de que una minoría
acapara los más altos cargos, mientras que la mayor parte de la población va a ser la que
esté sometida a la esclavitud o a la encomienda y la que se enmarcará en los puestos más
bajos. Se trata de una sociedad en la que la movilidad entre grupos va a ser bastante difícil,
si bien encontraremos excepciones. En ésta, se van a distinguir dos grandes grupos, como
son el de los españoles o los “blancos”, y el grupo de aquellos que no son españoles, y en el
que se van a englobar no sólo los indígenas americanos, sino también ese gran contingente
de esclavos traídos desde el continente africano.

Vemos por tanto que el grupo dominante era el formado por los “blancos” o españoles. Esta
supremacía se va a reflejar claramente en los cargos que ocupan, que serán los más altos e
importantes de la administración política y eclesiástica. Es el caso de los virreyes,
gobernadores, presidentes y miembros de las audiencias. Pero también, en el ámbito
religioso, van a formar parte de la organización eclesiástica como arzobispos, obispos y
curas de las parroquias más importantes.

Con el fin de perpetuarse en la cúspide social y seguir ostentando sus cargos y riquezas, las
grandes familias dominantes van a utilizar el matrimonio para unirse entre ellas y cerrar el
ascenso social de grupos inferiores en la escala social. Dentro de este grupo español,
aunque en una posición algo inferior en la escala social, van a aparecer los criollos. Éstos
son todos aquellos descendientes de españoles que han nacido en las colonias. Por ello, no
son considerados totalmente españoles ni tampoco indígenas, aunque ciertamente van a
gozar de una posición social considerable en comparación con los otros grupos no
españoles. De hecho, los criollos van a desempeñar un papel esencial en la economía de las
colonias, llevando a cabo una importante labor comercial, pero también en la
administración de la propiedad agraria. Los criollos van a ser también los principales
encomenderos. Este grupo también podía acceder a cargos eclesiásticos relativos al ámbito
parroquial. Lo que podemos asegurar a ciencia cierta es que los españoles ocuparán los
puestos más altos y tendrán preferencia si hay algún alto cargo vacante al que pueda optar
un miembro de cualquier otro grupo social, o incluso un criollo.

Llegados a este punto, sería conveniente resaltar el carácter multiétnico de ésta sociedad y
ver cómo se fueron relacionando entre sí los diferentes grupos humanos que confluyeron en
el continente americano durante el periodo colonial, como son los propios españoles, los
indígenas y los africanos. Y es que, pese al matrimonio entre las familias de las clases
dominantes, estos grupos españoles van a establecer relaciones también con grupos
indígenas y africanos (principalmente por la escasez de mujeres españolas durante los
primeros años del proceso de conquista), lo que dio lugar a la creación y desarrollo de
nuevos grupos sociales. Pero no sólo los españoles, sino también los indígenas y africanos
establecieron relaciones. Esto daría lugar a varios grupos, como son los mestizos, aquellas
personas nacidas de la unión de un español con una indígena; los mulatos, hijos de un
español y una esclava africana; y los zambos, nacidos de padre africano y madre indígena.

El grupo social que conforman estos tres subgrupos va a definirse por su posición
intermedia en la sociedad. Este sector de la población no gozaba de los privilegios que
pudieran tener los criollos, pero tampoco estaba sometido a ningún tipo de servidumbre ni
esclavitud. Los trabajos que desempañaban, principalmente, son de artesanía (en
prácticamente todas sus facetas) y servicio doméstico. Pero además, en el servicio
doméstico, trabajaban como mayordomos, que era el puesto más importante dentro de ese
contexto.

Bastante diferente va a ser la situación de los indígenas, que estarán sometidos a los grupos
españoles y, sobre todo, a los criollos, mediante el régimen de encomienda. En principio,
éste régimen consistía en un título que otorgaba el monarca español a una persona (que será
llamada encomendero) por el cual tenía derecho a cobrar tributos a la población indígena en
especie a cambio de garantizar el bienestar de ésta, además de su educación en el
cristianismo y otras obligaciones. Sin embargo, el pago –a efectos prácticos- era
prácticamente en forma de mano de obra, cuando en teoría era en especie. Todo esto supuso
un problema en el momento en que los encomenderos fueron más allá en sus exigencias,
conformando un sistema de trabajo forzoso para los indígenas. La causa principal es la
consideración que tenían los españoles de los indígenas, que si bien eran vistos como seres
humanos, no se pensaba que pudieran ser conscientes o responsables de sus propios actos.
En base a éste régimen, los indígenas trabajarán en las grandes haciendas y minas a cambio
de su manutención por parte del encomendero. En este sentido, existía también el régimen
de las “naborías”, muy similar, y en el que los indios ejercían un trabajo doméstico para los
señores, de la misma manera que lo hacían los esclavos domésticos, pero en una situación
de libertad. Los indios naborías podían entrar voluntariamente en el servicio doméstico de
un señor o ser coaccionado por su cacique para que lo hiciera. Aunque bien es cierto que se
descubrieron muchos abusos por parte de los señores, y las autoridades tuvieron que ejercer
un control importante para regular el bienestar de estos sirvientes teóricamente libres, ésta
concepción cambia pronto, y como consecuencia de ello, el trato que se le dará a los
indígenas no será el de esclavos, sino que sus relaciones con ellos se basarán
principalmente en el régimen de encomienda anteriormente descrito.

Por último, en el escalón más bajo de ésta pirámide social tenemos a los esclavos traídos
desde África por los españoles para contrarrestar el descenso demográfico indígena y, por
tanto, de mano de obra, que se dio en el continente americano por diferentes razones (sobre
todo, las enfermedades traídas desde Europa). Pero la esclavitud estaba muy mal vista en el
mundo europeo, y por tanto la compra de esclavos africanos por parte de la Corona
española podría ser considerada como algo deshonrosa para tal institución. Ante tal
coyuntura,la Monarquía Hispánica recurrió a la concesión del “asiento” a compañías o a
particulares extranjeros. Es decir, se pedía a esa compañía que pagara el coste de los
esclavos a cambio de cederle el monopolio en este comercio. De esta manera, se va a
transportar a América un enorme contingente poblacional (aunque muy difícil de
determinar numéricamente) que desempeñará los trabajos manuales más duros en el ámbito
de las grande haciendas, las plantaciones de azúcar y tabaco, y la explotación de minas en
condición de esclavos. Por otra parte, aunque en principio no se plantearon apenas
restricciones al tráfico de esclavos africanos, conforme fueron aumentando las quejas por la
huida de éstos de sus lugares de trabajo, la Corona empezó a legislar para evitar esta
situación, y se estableció que sólo podrían enviarse a América a aquellos africanos que no
hubieran vivido nunca en territorio español o portugués, sino que procedieran directamente
de África. Éstos eran los llamados “negros bozales”, y no tenían la tendencia a escapar que
pudieran tener los otros esclavos (llamados “negros ladinos”) porque desde el principio
había vivido en una situación de esclavitud.A pesar de todo, el fenómeno de la esclavitud
fue creciendo cada vez más, ya que este sector social representó una mano de obra más
barata y eficaz que la indígena.

En conclusión, vemos una sociedad articulada principalmente por principios étnicos, y en la


que la movilidad social va a ser muy complicada, sobre todo entre los grupos inferiores de
esta estructura social desigual. Es una sociedad en la que una minoría acapara la mayor
parte de riqueza, privilegios y prestigio social.
Marco Polo
(Venecia, actual Italia, 1254 - id., 1324) Explorador y mercader veneciano. Su padre,
Nicolás Polo, y su tío Mateo Polo, miembros de una ilustre familia de mercaderes de la
próspera República Veneciana, ambicionaban comerciar con el pueblo tártaro de Oriente;
ambos hermanos emprendieron conjuntamente una expedición hacia Oriente en el año
1255. Cuando hubo noticias de la llegada de los mercaderes al territorio, el emperador
mongol Kublai Kan los mandó llamar, dado que la presencia de unos latinos constituía un
hecho extraordinario. Durante catorce años Nicolás y Mateo Polo permanecieron entre los
mongoles.

Marco Polo

De regreso, los Polo actuaron como embajadores del emperador y visitaron al Papa en su
nombre, para transmitirle el deseo de Kublai Kan de que éste enviara sabios y sacerdotes a
visitar su Imperio. En el año 1271, y con la bendición del papa Gregorio X, la familia Polo
(incluido Marco Polo, que a la sazón contaba diecisiete años) comenzó su segundo viaje
por tierras orientales. Atravesaron Israel, Armenia, llegaron a las regiones de la actual
Georgia y luego al golfo Pérsico.

Desde allí remontaron hacia el norte, cruzaron Persia y después se adentraron en las
montañas de Asia Central, siguiendo el itinerario de la ruta de la seda. La travesía del Pamir
los condujo a los dominios del Gran Kan Kublai. Tras superar los desiertos que rodean Lob
Nor, los Polo llegaron a Kancheu, la primera ciudad realmente china, donde establecieron
contacto con una civilización que practicaba una religión casi desconocida para Occidente,
el budismo; permanecieron en el lugar un año, durante el cual se dedicaron al comercio.
El viaje de Marco Polo

Reemprendieron entonces el viaje, acompañados de una escolta enviada por Kublai Kan
para conducirles al nordeste de Pekín, donde el emperador tenía su residencia de verano.
Pronto el soberano tomó a Marco Polo bajo su protección personal, le demostró una
confianza absoluta, y le comenzó a asignar todo tipo de misiones: así, por ejemplo, ingresó
en el cuerpo diplomático de la corte y se convirtió en gobernador, por tres años, de la
ciudad de Yangzhou. Su padre y su tío se dedicaron a los negocios, al tiempo que actuaban
como consejeros militares de Kublai Kan.

Se desconocen los detalles de este período de la vida de Marco Polo; sin embargo, mientras
permaneció al servicio de Kublai Kan, tuvo oportunidad de viajar por todo el territorio de la
dinastía mongol, que por entonces se hallaba en pleno apogeo, y adquirir conocimientos
sobre la cultura y las costumbres de China. Destacaban el esplendor de la capital, su
organización administrativa y la de todo el país, el sistema de correos, la construcción de
obras públicas, el trabajo artesanal de la seda y el uso de papel moneda.

Cuando la familia Polo manifestó el deseo de partir, Kublai Kan no se opuso, aunque les
confió todavía una última misión: escoltar hasta Persia, en un trayecto por vía marítima, a
una princesa china que iba a casarse con un kan persa. En el año 1295 los Polo llegaron a
Italia, donde fueron recibidos con tantas muestras de interés como de incredulidad, por lo
que se vieron obligados a exponer sus riquezas para que la gente creyera sus historias.

Más adelante, en el transcurso de una batalla naval entre las flotas de Génova y Venecia,
Marco Polo, capitán de una galera veneciana, fue capturado por los genoveses. Durante los
tres años que permaneció prisionero dictó el relato de su viaje a un compañero, escritor de
profesión; de este modo, el viaje de Marco Polo quedó recogido bajo el título de El
descubrimiento del mundo, también conocido como El millón o Libro de las maravillas del
mundo. Estas narraciones constituyen el primer testimonio fidedigno del modo de vida de la
civilización china, de sus mitos y sus riquezas, así como de las costumbres de sus países
vecinos: Siam (Tailandia), Japón, Java, Cochinchina (que corresponde a una parte de
Vietnam), Ceilán (hoy Sri Lanka), Tíbet, India y Birmania.
Galileo Galilei
(1564/02/15 - 1642/01/08)

Físico y astrónomo italiano


En lo tocante a ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde
razonamiento de un hombre.

Galileo Galilei

Nació el 15 de febrero de 1564, cerca de Pisa (entonces parte del Ducado de


Florencia ), Italia.
Fue el primero de los seis hijos de Vincenzo Galilei, un famoso laudista,
compositor y teórico de la música, y Giulia Ammannati. Al igual que su padre,
fue un consumado intérprete de laúd.
Tres de los cinco hermanos de Galileo sobrevivieron a la infancia. Cuando tenía
ocho años, su familia se trasladó a Florencia, pero él se quedó a cargo de Jacopo
Borghini durante dos años.
A continuación, estudió en el monasterio Camaldolese en Vallombrosa, 35 km al
sureste de Florencia. Consideró seriamente el sacerdocio, pero instado por su
padre ingresó en la en la Universidad de Pisa en 1581, donde pretendía estudiar
medicina. Al poco tiempo dejó la medicina por la filosofía y las matemáticas,
abandonando la universidad en 1585 sin conseguir el título.
Galileo desempeñó un papel importante en la científica revolución durante el
Renacimiento. Comenzó a impartir clases particulares y escribió sobre el
movimiento hidrostático y natural, pero sin publicar nada. En 1589, en Pisa,
ejerció como profesor de matemáticas, donde demostró el error que Aristóteles
había cometido al afirmar que la velocidad de caída de los cuerpos era
proporcional a su peso, dejando caer desde la Torre inclinada de esta ciudad dos
objetos de pesos diferentes. En 1591, su padre murió, y se le confió el cuidado de
su hermano menor Michelagnolo. En 1592, se trasladó a la Universidad de
Padua siendo admitido en la cátedra de matemáticas, y donde enseñó geometría,
mecánica y astronomía hasta 1610. Allí inventó un 'compás' de cálculo para
resolver problemas prácticos de matemáticas
De la física especulativa pasó a dedicarse a las mediciones precisas, descubriendo
las leyes de la caída de los cuerpos y de la trayectoria parabólica de los
proyectiles, se dedicó a estudiar el movimiento del péndulo e investigó la
mecánica y la resistencia de los materiales. Dejó de un lado la astronomía,
aunque a partir de 1595 se inclinó por la teoría de Copérnico, que afirmaba que
la Tierra giraba alrededor del Sol.
En 1609 presentó al duque de Venecia un telescopio de una potencia muy
parecida a los prismáticos binoculares. Con su telescopio de veinte aumentos
descubrió montañas y cráteres en la Luna, consiguió ver que la Vía Láctea
estaba compuesta por estrellas y descubrió los cuatro satélites mayores de
Júpiter. Unos meses después publicó El mensajero de los astros, libro en el que
hablaba estos descubrimientos.
Su fama le ayudó a conseguir el puesto de matemático en la corte de Florencia,
donde quedó libre de sus responsabilidades académicas y pudo dedicarse a
investigar y escribir. En diciembre de 1610 vio las fases de Venus, que iban
totalmente en contra a la astronomía de Tolomeo y confirmaban su aceptación de
las teorías de Copérnico. Fue criticado por los profesores de filosofía, ya que
Aristóteles había afirmado que en el cielo sólo podía haber cuerpos
perfectamente esféricos y que no era posible que apareciera nada nuevo. En 1612
publicó un libro sobre cuerpos en flotación. Rápidamente aparecieron cuatro
publicaciones que rechazaban su física.
Un año después escribió un tratado sobre las manchas solares y anticipó la
supremacía de la teoría de Copérnico. En 1614, un cura florentino lo denuncia a
él y a sus seguidores. Galileo escribió una extensa carta abierta sobre la
irrelevancia de los pasajes bíblicos en los razonamientos científicos, sosteniendo
que la interpretación de la Biblia debería ir adaptándose a los nuevos
conocimientos y que ninguna posición científica debería convertirse en artículo
de fe de la Iglesia católica.
A principios de 1616, se prohibieron los libros de Copérnico y el cardenal jesuita
Roberto Belarmino le ordena que no defendiera el concepto de que la Tierra se
movía. Galileo no tocó el tema durante algunos años dedicándose a investigar un
método para determinar la latitud y longitud en el mar basándose en sus
predicciones sobre las posiciones de los satélites de Júpiter, además de resumir
sus primeros trabajos sobre la caída de los cuerpos y a exponer sus puntos de
vista sobre el razonamiento científico en una obra sobre los cometas, El
ensayador (1623).
En 1624 escribe un libro al que pretendía llamar Diálogo sobre las mareas, en el
que abordaba las hipótesis de Tolomeo y Copérnico respecto a este fenómeno.
Seis años después consiguió la licencia de los censores de la Iglesia católica de
Roma, y le pusieron por título Diálogo sobre los sistemas máximos, publicado
en Florencia en 1632. A pesar de todo la Inquisición le llamó a Roma con la
intención de procesarle por "sospecha grave de herejía". En 1633 le obligaron a
abjurar y fue condenado a prisión perpetua (condena que le fue conmutada
por arresto domiciliario). Los ejemplares del Diálogo fueron quemados. Su
última obra fue Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos
ciencias nuevas, publicada en Leiden en 1638.
Aun siendo un practicante católico romano, fue padre de tres hijos con Marina
Gamba fuera del matrimonio. Tuvieron dos hijas, Virginia en 1600
(especialmente dedicada a su padre. Está enterrada con él en su tumba en la
Basílica de la Santa Croce, Florencia), y Livia en 1601, y un hijo, Vincenzo, en
1606. Debido a su nacimiento ilegítimo, Galileo consideró que la única
alternativa digna para ellas era la vida religiosa. Ambas niñas fueron aceptadas
por el convento de San Matteo en Arcetri y permanecieron allí por el resto de sus
vidas. Virginia tomó el nombre de María Celeste al entrar en el convento. Livia
tomó el nombre de Sor Arcángela y estuvo enferma durante la mayor parte de su
vida. Vincenzo fue legitimado como heredero legal de Galileo y se casó con
Sestilia Bocchineri.
Galileo murió el 8 de enero de 1642, a los 77 años, en Florencia. El gran duque
de Toscana, Fernando II, quiso que lo enterraran en el cuerpo principal de la
Basílica de la Santa Croce, junto a las tumbas de su padre y otros antepasados, y
erigir un mausoleo de mármol en su honor. Estos planes fueron anulados por el
Papa Urbano VIII y su sobrino, el cardenal Francesco Barberini, protestando
porque Galileo había sido acusado por la Iglesia Católica de "herejía". Fue
enterrado en una pequeña habitación junto a la capilla de los novicios en el
extremo de un pasillo desde el transepto sur de la basílica de la sacristía. Sus
restos fueron sepultados en el cuerpo principal de la basílica en 1737 en un
monumento erigido en su honor.
Galileo Galilei falleció el 8 de enero de 1642 en Florencia.
Obras
1586 - La bilancetta
1590 - De motu
1606 - Le operazioni del compasso geometrico et militare
1600 - Le meccaniche
1610 - Sidereus nuncius
1615 - Carta a la Gran Duquesa Cristina
1616 - Discorso del flusso e reflusso del mare
1619 - Discorso delle comete
1623 - Il saggiatore
1632 - Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano
1638 - Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno a due nuove scienze
attenenti alla meccanica & i movimenti locali

Nicolás Copérnico
(Torun, actual Polonia, 1473 - Frauenburg, id., 1543) Astrónomo polaco. La importancia de
Copérnico no se reduce a su condición de primer formulador de una teoría heliocéntrica
coherente: Copérnico fue, ante todo, el iniciador de la revolución científica que acompañó
al Renacimiento europeo y que, pasando por Galileo, llevaría un siglo después, por obra de
Newton, a la sistematización de la física y a un profundo cambio en las convicciones
filosóficas y religiosas. Con toda justicia, pues, se ha llamado revolución copernicana a
esta ruptura, de tanta trascendencia que alcanzó más allá del ámbito de la astronomía y la
ciencia para marcar un hito en la historia de las ideas y de la cultura.

Biografía

Nacido en el seno de una rica familia de comerciantes, Nicolás Copérnico quedó huérfano a
los diez años y se hizo cargo de él su tío materno, canónigo de la catedral de Frauenburg y
luego obispo de Warmia. En 1491 Copérnico ingresó en la Universidad de Cracovia,
siguiendo las indicaciones de su tío y tutor. En 1496 pasó a Italia para completar su
formación en Bolonia, donde cursó derecho canónico y recibió la influencia del humanismo
italiano; el estudio de los clásicos, revivido por este movimiento cultural, resultó más tarde
decisivo en la elaboración de la obra astronómica de Copérnico.
Nicolás Copérnico

No hay constancia, sin embargo, de que por entonces se sintiera especialmente interesado
por la astronomía; de hecho, tras estudiar medicina en Padua, Nicolás Copérnico se doctoró
en derecho canónico por la Universidad de Ferrara en 1503. Ese mismo año regresó a su
país, donde se le había concedido entre tanto una canonjía por influencia de su tío, y se
incorporó a la corte episcopal de éste en el castillo de Lidzbark, en calidad de su consejero
de confianza.

Fallecido el obispo en 1512, Copérnico fijó su residencia en Frauenburg y se dedicó a la


administración de los bienes del cabildo durante el resto de sus días; mantuvo siempre el
empleo eclesiástico de canónigo, pero sin recibir las órdenes sagradas. Se interesó por la
teoría económica, ocupándose en particular de la reforma monetaria, tema sobre el que
publicó un tratado en 1528. Practicó asimismo la medicina y cultivó sus intereses
humanistas.

Hacia 1507, Copérnico elaboró su primera exposición de un sistema astronómico


heliocéntrico en el cual la Tierra orbitaba en torno al Sol, en oposición con el tradicional
sistema tolemaico, en el que los movimientos de todos los cuerpos celestes tenían como
centro nuestro planeta. Una serie limitada de copias manuscritas del esquema circuló entre
los estudiosos de la astronomía, y a raíz de ello Copérnico empezó a ser considerado como
un astrónomo notable; con todo, sus investigaciones se basaron principalmente en el
estudio de los textos y de los datos establecidos por sus predecesores, ya que apenas
superan el medio centenar las observaciones de que se tiene constancia que realizó a lo
largo de su vida.

En 1513 Copérnico fue invitado a participar en la reforma del calendario juliano, y en 1533
sus enseñanzas fueron expuestas al papa Clemente VII por su secretario; en 1536, el
cardenal Schönberg escribió a Copérnico desde Roma urgiéndole a que hiciera públicos sus
descubrimientos. Por entonces Copérnico había ya completado la redacción de su gran
obra, Sobre las revoluciones de los orbes celestes, un tratado astronómico que defendía la
hipótesis heliocéntrica.
El texto se articulaba de acuerdo con el modelo formal del Almagesto de Tolomeo, del que
conservó la idea tradicional de un universo finito y esférico, así como el principio de que
los movimientos circulares eran los únicos adecuados a la naturaleza de los cuerpos
celestes; pero contenía una serie de tesis que entraban en contradicción con la antigua
concepción del universo, cuyo centro, para Copérnico, dejaba de ser coincidente con el de
la Tierra, así como tampoco existía, en su sistema, un único centro común a todos los
movimientos celestes.

Consciente de la novedad de sus ideas y temeroso de las críticas que podían suscitar al
hacerse públicas, Copérnico no llegó a dar la obra a la imprenta. Su publicación se produjo
gracias a la intervención de un astrónomo protestante, Georg Joachim von Lauchen,
conocido como Rheticus, quien visitó a Copérnico de 1539 a 1541 y lo convenció de la
necesidad de imprimir el tratado, de lo cual se ocupó él mismo. La obra apareció pocas
semanas antes del fallecimiento de su autor; iba precedida de un prefacio anónimo, obra del
editor Andreas Osiander, en el que el sistema copernicano se presentaba como una
hipótesis, a título de medida precautoria y en contra de lo que fue el convencimiento de
Copérnico.

La teoría heliocéntrica

El modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico fue una aportación decisiva a la ciencia del
Renacimiento. La concepción geocéntrica del universo, teorizada por Tolomeo, había
imperado durante catorce siglos: el Almagesto de Tolomeo era un desarrollo detallado y
sistemático de los métodos de la astronomía griega, que establecía un cosmos geocéntrico
con la Luna, el Sol y los planetas fijos en esferas girando alrededor de la Tierra. Con
Copérnico, el Sol se convertía en el centro inmóvil del universo, y la Tierra quedaba
sometida a dos movimientos: el de rotación sobre sí misma y el de traslación alrededor del
Sol. No obstante, el universo copernicano seguía siendo finito y limitado por la esfera de
las estrellas fijas de la astronomía tradicional.
Teoría heliocéntrica

Sistema geocéntrico: órbitas de los planetas


vistas desde la Tierra.

Sistema heliocéntrico: órbitas de los planetas vistas desde el Sol. Harmonia Macrocosmica, de
Andreas Cellarius (1708).

El heliocentrismo (del griego: ἥλιος-helios «Sol» y κέντρον-kentron «centro») es un


modelo astronómico según el cual la Tierra y los planetas se mueven alrededor del Sol
relativamente estacionario y que está en el centro del universo. Históricamente, el
heliocentrismo se oponía al geocentrismo, que colocaba en el centro a la Tierra. La idea de
que la Tierra gira alrededor del Sol fue propuesta desde el siglo III a. C. por Aristarco de
Samos,.1 Aunque no recibió apoyo de otros astrónomos de la antigüedad, sí fue citado por
Arquímedes en el contador de arena.

No fue sino hasta el siglo XVI, durante el Renacimiento, cuando un modelo matemático
completamente predictivo de un sistema heliocéntrico fue presentado por el matemático,
astrónomo y clérigo católico polaco Nicolás Copérnico, con la publicación póstuma en
1543 del libro De Revolutionibus Orbium Coelestium. Esto marcó el inicio de lo que se
conoce en Historia de la ciencia como «revolución copernicana». En el siglo siguiente,
Johannes Kepler extendió este modelo para incluir órbitas elípticas. Su trabajo se apoyó en
observaciones hechas con un telescopio que fueron presentadas por Galileo Galilei.
Con las observaciones de William Herschel, Bessel y otros, los astrónomos terminaron por
aceptar que el Sol no se encuentra en el centro del universo; en la década de 1920, Edwin
Hubble demostró que formaba parte de un complejo aún mucho mayor: la galaxia (la Vía
Láctea), y que esta era tan solo una entre miles de millones de galaxias más.

Índice

 1 Primeras concepciones
o 1.1 Mundo griego y helenístico
 2 Revolución copernicana
o 2.1 Modelo astronómico
 3 El punto de vista de la ciencia moderna
o 3.1 Uso moderno de «geocéntrico» y «heliocéntrico»
 4 Percepción popular
 5 Véase también
 6 Referencias
 7 Enlaces externos

Primeras concepciones

A cualquiera que se detenga a mirar el cielo, le parecerá que la Tierra se encuentra estática
en un solo lugar mientras que todo en el cielo sale por el Oriente y se mete por el Poniente
una vez al día. Con algo más de escrutinio, sin embargo, se observarán movimientos más
complicados. Por ejemplo, que los puntos de salida del Sol y de la Luna cambian a lo largo
del año, o que algunas estrellas y planetas desaparecen durante muchos meses, o bien que
los planetas a veces aparentan haberse movido en dirección contraria en relación a las
estrellas de fondo (este «movimiento aparente» se conoce como retrogradación de los
planetas).

A medida que estos movimientos celestes fueron mejor observados y comprendidos,


pudieron elaborarse mejores descripciones; la más conocida fue el «Sistema ptolemaico»,
que alcanzó su expresión más completa en el siglo II d. C. El sistema ptolemaico era un
sofisticado sistema astronómico diseñado para calcular las posiciones de los planetas hasta
un alto grado de exactitud.2 Ptolomeo mismo, en su Almagesto, señala que todo modelo que
describa los movimientos planetarios es meramente un artilugio matemático, y como no
hay manera de saber cuál es real, el modelo más sencillo y que arroje los números correctos
es el que deberá utilizarse.3 Sin embargo, rechazó la idea de una rotación de la Tierra por
absurda, pues imaginaba que se crearían grandes vientos. Sus hipótesis planetarias eran lo
suficientemente convenientes como para que las distancias de la Luna, Sol, planetas y
estrellas pudieran ser determinadas «creando órbitas celestes esféricas» como si fuesen
«realidades contiguas». Esto colocó a las estrellas a menos de 20 unidades astronómicas4
(un retroceso en comparación con el esquema heliocéntrico de Aristarco de Samos, que
desde hacía siglos había colocado a las estrellas necesariamente al menos dos órdenes de
magnitud más lejos).
Mundo griego y helenístico
Véase también: Astronomía en la Antigua Grecia

Pitagóricos

El modelo no geocéntrico del universo fue propuesto por el filósofo pitagórico Filolao
(hacia 390 a. C.). Según Filolao, hay en el centro del universo un «fuego central» alrededor
del cual la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas giran con un movimiento circular uniforme.
Este sistema postulaba la existencia de un antimundo colineal con la Tierra y el fuego
central, con el mismo periodo de revolución. El Sol gira alrededor del fuego central una vez
por año y las estrellas están fijas; la Tierra muestra siempre la misma faz oculta de cara al
fuego central, por lo que este y la anti-Tierra son invisibles desde la Tierra. El concepto
pitagórico de «movimiento circular uniforme» para referirse a los movimientos celestes
permaneció inmutable por los siguientes 2000 años aproximadamente, y fue a ellos a
quienes se refirió Copérnico al mostrar que la noción de una Tierra móvil no era nueva ni
revolucionaria.5

Heráclides Póntico (siglo IV a. C.) explicaba el movimiento diario aparente de la esfera


celeste por medio de la rotación de la Tierra. Suele decirse que creía que Mercurio y Venus
orbitaban al Sol, el cual a su vez (junto a los demás planetas) orbitaba alrededor de la
Tierra.6

Aristarco de Samos

La primera persona conocida que propuso un sistema heliocéntrico fue —con todo—
Aristarco de Samos (c. 270 a. C.). Al igual que Eratóstenes, calculó el tamaño de la Tierra y
midió el tamaño y las distancias de la Luna y del Sol en un tratado que ha sobrevivido; en
este, Aristarco concluye que el Sol es seis o siete veces más ancho que la Tierra y por ende
cientos de veces más voluminoso.

Revolución copernicana

Sistema heliocéntrico de Copérnico simplificado. Extracto de De revolutionibus.


Modelo astronómico
Artículo principal: Revolución de Copérnico

En el siglo XVI, el De revolutionibus de Nicolaus Copernicus presenta una discusión


completa de un modelo heliocéntrico del universo de un modo muy parecido al que
Ptolomeo, en su Almagesto, había presentado su modelo geocéntrico en el siglo II d. C.
Copérnico discute las implicaciones filosóficas del sistema que propone, lo elabora
geométricamente en detalle con observaciones astronómicas seleccionadas para derivar los
parámetros de su modelo y escribe numerosas tablas astronómicas que permitían calcular
las posiciones pasadas y futuras de las estrellas y planetas. Con esto, Copérnico movió el
heliocentrismo, de la especulación filosófica, a la astronomía geométrica predictiva -en
realidad, no predecía la posición de los planetas mejor de lo que ya lo hacía el sistema
ptolemaico.7

El punto de vista de la ciencia moderna

Las tres leyes de Kepler (comienzos de 1600) describen matemáticamente el movimiento


de los planetas en sus órbitas alrededor del Sol. Tres pruebas aparentes de la hipótesis
heliocéntrica fueron dadas, en 1727 por Bradley, en 1838 por Friedrich Wilhelm Bessel y
en 1851 por Foucault. Bessel probó que el paralaje estelar era mayor que cero al medir un
paralaje de 0.314 minutos de arco de la estrella 61 Cygni. El mismo año, Friedrich Georg
Wilhelm Struve y Thomas Henderson midieron los paralajes de otras dos estrellas, Vega y
Alfa Centauri.

La idea de que el heliocentrismo tampoco resultaba verdadero en un sentido estricto, fue


adquirida paulatinamente. Que el Sol no era el centro del universo sino una entre
innumerables estrellas, fue sostenido vehementemente por Giordano Bruno. En el curso de
los siglos XVIII y XIX, el estatus del Sol meramente como una estrella más entre muchas
se volvió cada vez más obvio. Para el siglo XX, aun antes del descubrimiento de que hay
muchas galaxias, ya no era tema de debate.

El concepto de una velocidad absoluta, incluyendo el «estar en reposo» como un caso


particular, está regido por el principio de relatividad, también eliminando cualquier
«centro» obvio del universo como un origen de coordenadas natural. Algunas
formulaciones del principio de Mach consideran que el marco en reposo con respecto a las
masas distantes en el universo, posee propiedades especiales.

Incluso si la discusión se limita al sistema solar, el Sol no está en el centro geométrico de la


órbita de ningún planeta, sino aproximadamente en el foco de la órbita elíptica. Además,
dado el hecho de que la masa de un planeta no puede despreciarse con relación a la masa
del Sol, el centro de gravedad del sistema solar se encuentra ligeramente desplazado del
centro del Sol (las masas de los planetas, principalmente Júpiter, representan el 0.14 % de
la del Sol). Es por esto que un astrónomo hipotético situado en un planeta extrasolar,
observaría un "bamboleo" en el movimiento del Sol.
Teoría geocéntrica
La teoría geocéntrica es una antigua teoría que sitúa a la Tierra en el centro del universo, y
los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra (geo: Tierra; centrismo: agrupado
o de centro).

El geocentrismo estuvo vigente en diversas antiguas civilizaciones. Por ejemplo, en


Babilonia era ésta la visión del universo1 y en su versión completada por Claudio Ptolomeo
en el siglo II en su obra El Almagesto, en la que introdujo los llamados epiciclos, ecuantes y
deferentes, estuvo en vigor hasta el siglo XVI cuando fue reemplazada por la teoría
heliocéntrica.

Índice

 1 Teorías geocéntricas
o 1.1 Filosofía presocrática
o 1.2 Filosofía platónica
o 1.3 Sistema aristotélico
o 1.4 Argumentos a favor del geocentrismo
o 1.5 Sistema ptolemaico
o 1.6 Astronomía islámica y geocentrismo
o 1.7 Otros sistemas geocéntricos
 2 Teorías rivales
o 2.1 Primer heliocentrismo
o 2.2 El sistema copernicano
o 2.3 Gravitación: Newton y Kepler
 3 La teoría geocéntrica en la actualidad
o 3.1 Astronomía
o 3.2 Religión
o 3.3 Astrología
 4 Véase también
 5 Referencias

Teorías geocéntricas
Filosofía presocrática

El modelo geocéntrico se adoptó en la astronomía y filosofía griega, vigente desde sus


inicios en la filosofía presocrática. En el siglo VI a. C. Anaximandro propuso una
cosmología en la que la Tierra tenía la forma de la sección de un pilar (un cilindro) flotante
en el centro de todo. El Sol, la Luna y los planetas eran agujeros en ruedas invisibles que
rodeaban la Tierra, a través de los cuales los seres humanos podían ver un fuego oculto. Al
mismo tiempo, los pitagóricos pensaban que la Tierra era esférica (de acuerdo con las
observaciones de los eclipses) pero no el centro del universo; postulaban que estaba en
movimiento alrededor de un fuego no visible.
Con el tiempo, estas dos versiones se combinaron; por lo que la mayoría de los griegos
educados pensaban que la Tierra era una esfera en el centro del universo. En el siglo
IV a. C. dos influyentes filósofos griegos, Platón y su discípulo Aristóteles, escribieron
trabajos basados en el modelo geocéntrico.2

Filosofía platónica

Según Platón, la Tierra era una esfera que descansaba en el centro del universo. Las
estrellas y planetas giraban alrededor de la Tierra en círculos celestiales, ordenados en el
siguiente orden (hacia fuera desde el centro): Luna, Sol, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter,
Saturno y las estrellas fijas. En el Mito de Er, una sección de La República, Platón describe
el cosmos como el «Huso de la Necesidad», del que cuidan las sirenas y las tres moiras.

Eudoxo de Cnido, quien trabajó con Platón, desarrolló una explicación menos mítica y más
matemática del movimiento de los planetas basadas en el dictum de Platón manifestando
que todos los fenómenos en los cielos pueden explicarse con el movimiento circular
uniforme.

Sistema aristotélico

Aristóteles desarrolló el sistema de Eudoxo. En el sistema aristotélico, la Tierra esférica


estaba en el centro del universo, y todos los cuerpos celestes estaban unidos a 47-55 esferas
transparentes y giratorias que rodeaban a la Tierra, todas ellas concéntricas con ella (el
número es tal alto porque son necesarias varias esferas para cada planeta). Estas esferas,
conocidas como esferas cristalinas, se movían a diferentes velocidades uniformes para crear
la revolución de los cuerpos alrededor de la Tierra. Estos estaban compuestos de una
sustancia incorruptible llamada éter. La Luna estaba en la esfera más cercana a la Tierra,
entrando en contacto con el área de Tierra, causando manchas oscuras (macula) y la
capacidad de pasar a través de fases lunares.

Más adelante describió su sistema explicando las tendencias naturales de los elementos
terrestres: tierra, agua, fuego y aire, así como el éter celestial. Su sistema sostuvo que la
Tierra era el elemento más pesado, con el movimiento más fuerte hacia el centro, así el
agua formó una capa que rodeaba la esfera de la Tierra. La tendencia del aire y del fuego,
por el contrario, era moverse hacia arriba, lejos del centro, con el fuego siendo más ligero
que el aire. Más allá de la capa de fuego, estaban las sólidas esferas de éter en las que
estaban incrustados los cuerpos celestes ellos mismos también compuestos enteramente de
éter.

Argumentos a favor del geocentrismo

La adhesión al modelo geocéntrico se debió en gran medida a varias observaciones


importantes. Ante todo, si la Tierra se moviera, entonces uno debería ser capaz de observar
el desplazamiento de las estrellas fijas debido al paralaje estelar. En resumen, si la Tierra se
moviera, las formas de las constelaciones cambiarían considerablemente en el transcurso de
un año. Debido a que las estrellas estaban realmente mucho más lejos de lo que postulaban
los astrónomos griegos (haciendo el movimiento extremadamente sutil), el paralaje estelar
no fue detectado hasta el siglo XIX. Por lo tanto, los griegos eligieron la más simple de las
dos explicaciones. La ausencia de cualquier paralaje observable se consideró un defecto
fatal en cualquier teoría no-geocéntrica.

Otra observación utilizada a favor del modelo geocéntrico de la época fue la aparente
consistencia de la luminosidad de Venus, que implicaba que suele estar a la misma
distancia de la Tierra, lo que a su vez es más consistente con el geocentrismo que con el
heliocentrismo. En realidad, esto se debe a que la pérdida de luz causada por las fases de
Venus compensa el aumento de tamaño aparente causado por su distancia variable a la
Tierra. Los objetores del heliocentrismo observaron que los cuerpos terrestres naturalmente
tienden a descansar lo más cerca posible del centro de la Tierra. Más allá de la oportunidad
de caer más cerca del centro, los cuerpos terrestres tienden a no moverse a menos que sean
forzados por un objeto exterior, o transformados a un elemento diferente por el calor o la
humedad.

Se usaron las explicaciones atmosféricas para muchos fenómenos porque el modelo


eudoxo-aristotélico basado en esferas perfectamente concéntricas no tenía la intención de
explicar los cambios en el brillo de los planetas debido a un cambio en la distancia.3
Eventualmente, las esferas perfectamente concéntricas fueron abandonadas, ya que era
imposible desarrollar un modelo suficientemente preciso bajo ese ideal. Sin embargo, si
bien proporcionó explicaciones similares, el modelo deferente y epiciclo posterior fue lo
suficientemente flexible como para acomodar las observaciones durante muchos siglos.

Sistema ptolemaico

Un defecto principal en el sistema de Eudoxo de esferas concéntricas era que no podrían


explicar los cambios en la claridad de los planetas causados por un cambio en la distancia.
Este honor fue reservado para el sistema ptolemaico, apoyado y fundado por el astrónomo
helenístico Claudio Ptolomeo de Alexandria, Egipto en el siglo II d. C. Su libro principal
astronómico, El Almagesto, era la culminación de los siglos de trabajo por astrónomos
griegos; fue aceptado durante más de un milenio como el modelo cosmológico correcto por
astrónomos europeos y musulmanes. A causa de su influencia, a veces es considerado
idéntico con el modelo geocéntrico.
Los elementos básicos de la astronomía de Ptolomeo, mostrando un planeta en un epiciclo con un
deferente excéntrico y un punto ecuante.

En el sistema ptolemaico, cada planeta es movido por dos o más esferas: una esfera es su
deferente que se centra en la Tierra, y la otra esfera es el epiciclo que se encaja en el
deferente. El planeta se encaja en la esfera del epiciclo. El deferente rota alrededor de la
Tierra mientras que el epiciclo rota dentro del deferente, haciendo que el planeta se acerque
y se aleje de la Tierra en diversos puntos en su órbita inclusive haciendo que disminuya su
velocidad, se detenga, y se mueva en el sentido contrario (en movimiento retrógrado). Los
epiciclos de Venus y de Mercurio están centrados siempre en una línea entre la Tierra y el
Sol, lo que explica por qué siempre se encuentran cerca de él en el cielo. El orden de las
esferas ptolemaicas a partir de la Tierra es: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter,
Saturno y estrellas fijas.

El modelo del deferente-y-epiciclo había sido utilizado por los astrónomos griegos por
siglos, como lo había sido la idea del excéntrico. En la ilustración, el centro del deferente
no es la Tierra sino la X, haciéndolo excéntrico.

Desafortunadamente, el sistema que estaba vigente en la época de Ptolomeo no concordaba


con las mediciones, aun cuando había sido una mejora considerable respecto al sistema de
Aristóteles. Algunas veces el tamaño del giro retrógrado de un planeta (más notablemente
el de Marte) era más pequeño y a veces más grande. Esto lo impulsó a generar la idea de un
ecuante.

El ecuante era un punto cerca del centro de la órbita del planeta en el cual, si uno se paraba
allí y miraba, el centro del epiciclo del planeta parecería que se moviera a la misma
velocidad. Por lo tanto, el planeta realmente se movía a diferentes velocidades cuando el
epiciclo estaba en diferentes posiciones de su deferente. Usando un ecuante, Ptolomeo
afirmaba mantener un movimiento uniforme y circular, pero a muchas personas no les
gustaba porque pensaban que no concordaba con el dictado de Platón de un «movimiento
circular uniforme». El sistema resultante, el cual eventualmente logró amplia aceptación en
occidente, fue visto como muy complicado a los ojos de la modernidad; requería que cada
planeta tuviera un epiciclo girando alrededor de un deferente, desplazado por un ecuante
diferente para cada planeta. Pero el sistema predijo varios movimientos celestes,
incluyendo el inicio y fin de los movimientos retrógrados, medianamente bien para la época
en que se desarrolló.

Astronomía islámica y geocentrismo


Artículo principal: Astronomía árabe

Los astrónomos musulmanes por lo general aceptaron el sistema ptolemaico y el modelo


geocéntrico,4 pero en el siglo X comenzaron a aparecer textos que ponían en duda a
Ptolomeo (shukūk).5 Varios eruditos musulmanes cuestionaron la aparente inmovilidad de
la Tierra 67 y su centralidad dentro del universo.8 Algunos astrónomos musulmanes
creyeron que la Tierra giraba alrededor de su eje, como Abu Sa'id al-Sijzi (circa 1020).910
Según al-Biruni, Sijzi inventó un astrolabio llamado al-zūraqī basado en una creencia
sostenida por algunos de sus contemporáneos «que el movimiento que vemos es debido al
movimiento de la Tierra y no al del cielo».1011 La prevalencia de este punto de vista es
confirmada por una referencia del siglo XIII que dice:

Según los geómetras (muhandisīn), la Tierra está en constante movimiento circular, y lo


que parece ser el movimiento de los cielos es en realidad debido al movimiento de la Tierra
y no al de las estrellas.10

A principios del siglo XI, Alhacén escribió una crítica mordaz del modelo de Ptolomeo en
su Dudas sobre Ptolomeo (c. 1028), que algunos han interpretado que implícitamente
estaba criticando el geocentrismo de Ptolomeo,12 pero la mayoría está de acuerdo en que
estaba criticando los detalles del modelo de Ptolomeo en lugar de su geocentrismo.13

En el siglo XII, Azarquiel se alejó de la antigua idea griega de movimientos circulares


uniformes hipotetizando que el planeta Mercurio se movía en una órbita elíptica,1415
mientras que Alpetragio propuso un modelo planetario que abandonaba los mecanismos de
ecuantes, epiciclos y deferentes,16 aunque esto dio lugar a un sistema que era
matemáticamente menos exacto.17 Alpetragio también declaró al sistema ptolemaico como
un modelo imaginario que era acertado en predecir posiciones planetarias pero no real o
físico. Su sistema alternativo se extendió por la mayor parte de Europa durante el siglo
XIII.18

Fakhr al-Din al-Razi (1149-1209), al tratar con su concepción de la física y el mundo físico
en su Matalib, rechazó la noción aristotélica y avicenica de la centralidad de la Tierra
dentro del universo, argumentando que hay «miles de mundos (alfa alfi 'awalim) más allá
de este mundo, de modo que cada uno de esos mundos pueda ser más grande y más enorme
que este mundo, así como tener lo mismo de lo que este mundo tiene». Para apoyar su
argumento teológico, cita el versículo coránico: «Toda alabanza pertenece a Dios, Señor de
los Mundos», enfatizando el término «Mundos».8

La «Revolución Maraghe» se refiere a la revolución de la escuela Maraghe contra la


astronomía ptolemaica. La «escuela de Maraghe» fue una tradición astronómica que
comenzó en el Observatorio de Maraghe y continuó con los astrónomos de la Mezquita de
Damasco y el Observatorio de Samarcanda. Al igual que sus predecesores andalusíes, los
astrónomos de Maraghe intentaron resolver el problema del ecuante (el círculo alrededor de
cuya circunferencia un planeta o el centro de un epiciclo fue concebido para moverse
uniformemente) y produjeron configuraciones alternativas al modelo ptolemaico sin
abandonar el geocentrismo. Fueron más exitosos que sus predecesores andalusíes en la
producción de configuraciones no ptolemaicas que eliminaran los ecuantes y epiciclos, eran
más exactos que el modelo ptolemaico en la predicción numérica de las posiciones
planetarias y eran más acordes con las observaciones empíricas. Los más importantes
astrónomos de Maraghe incluyeron a Mo'ayyeduddin Urdi (d. 1266), Nasir al-Din al-Tusi
(1201-1274), Qutb al-Din al-Shirazi (1236-1311), Ibn al-Shatir (1304–1375), Ali Qushji (c.
1474), Al-Biryandi (hacia 1525) y Shams al-Din al-Khafri (1550).19

Ibn al-Shatir, el astrónomo de Damasco (1304-1375) que trabajó en la Mezquita de los


Omeyas, escribió un libro importante titulado Kitab Nihayat al-Sul fi Tashih al-Usul (Una
investigación final sobre la corrección de la teoría planetaria) sobre una teoría que se basa
en gran parte del sistema ptolemaico conocido en ese momento. En su libro Ibn al-Shatir,
un astrónomo árabe del siglo XIV, E. S. Kennedy escribió: «Lo que más interesa, sin
embargo, es que la teoría lunar de Ibn al-Shatir, con excepción de las diferencias triviales
en los parámetros, es idéntica a la de Copérnico (1473-1543)». El descubrimiento de que
los modelos de Ibn al-Shatir son matemáticamente idénticos a los de Copérnico sugiere la
posible transmisión de estos modelos a Europa.20 En los observatorios de Maraghe y
Samarcanda, la rotación de la Tierra fue discutida por al-Tusi y Ali Qushji (1403); los
argumentos y pruebas que utilizaron se parecen a los utilizados por Copérnico para apoyar
el movimiento de la Tierra.67

Sin embargo, la escuela de Maraghe nunca provocó el cambio de paradigma al


heliocentrismo.21 La influencia de la escuela Maraghe en Copérnico sigue siendo
especulativa, ya que no hay pruebas documentales que la demuestren. La posibilidad de que
Copérnico desarrollara de manera independiente el acople Tusi permanece abierta, ya que
ningún investigador ha demostrado que conociera el trabajo de Tusi o el de la escuela
Maraghe.2122

Otros sistemas geocéntricos

Hicetas y Ecfanto (dos pitagóricos del siglo V a. C.), y Heráclides Póntico (del
siglo IV a. C.), creían que la Tierra gira sobre su eje pero permaneciendo en el centro del
universo. Tal sistema todavía se califica como geocéntrico. Fue restablecido en la Edad
Media por Jean Buridan. Heráclides Póntico también es citado en ocasiones por haber
propuesto que Venus y Mercurio no circundaban la Tierra sino el Sol, pero la evidencia de
esta teoría no estaba clara. Marciano Capella puso definitivamente a Mercurio y Venus en
epiciclos alrededor del Sol.

Teorías rivales

No todos los griegos aceptaban el modelo geocéntrico. Algún pitagórico creyó que la Tierra
podía ser uno de los varios planetas que circundaban en un fuego central.

Primer heliocentrismo

El primer heliocéntrico fue Aristarco de Samos (del siglo II a. C.) fue el más radical.
Escribió un libro, que no ha sobrevivido, sobre el heliocentrismo, diciendo que el Sol era el
centro del universo, mientras que la Tierra y otros planetas giraban alrededor suyo. Su
teoría no fue popular, y solo tuvo un seguidor conocido, Seleuco de Seleucia.

El sistema copernicano

En 1543 la teoría geocéntrica enfrentó su primer cuestionamiento serio con la publicación


de De revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que aseguraba que la Tierra y los
demás planetas, contrariamente a la doctrina oficial del momento, rotaban alrededor del
Sol. Sin embargo, el sistema geocéntrico se mantuvo varios años, ya que el sistema
copernicano no ofrecía mejores predicciones de las efemérides cósmicas que el anterior, y
además suponía un problema para la filosofía natural, así como para la educación religiosa.

La teoría de Copérnico establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que
una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra,
en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje (como un trompo). Sin embargo, aún
mantenía algunos principios de la antigua cosmología, como la idea de las esferas dentro de
las cuales se encontraban los planetas y la esfera exterior donde estaban inmóviles las
estrellas, lo cual es falso por comprobaciones astronómicas hechas hoy en día, gracias a la
tecnología y sus avances.

Gravitación: Newton y Kepler

Johannes Kepler, después de analizar las observaciones de Tycho Brahe, construyó sus tres
leyes en 1609 y 1619, basado en una visión heliocéntrica donde los planetas se mueven en
trayectorias elípticas. Usando estas leyes, él era el primer astrónomo en predecir con éxito
un tránsito de Venus (cerca del año 1631).

En 1687, Isaac Newton ideó su ley de gravitación universal, que introdujo la gravitación
como la fuerza que mantiene a los planetas en órbita, permitiendo que los científicos
construyan rápidamente un modelo heliocéntrico plausible para el sistema solar. Utilizando
la ley de gravitación universal pueden calcularse con precisión las órbitas de todos los
planetas del sistema solar, a excepción de Mercurio, cuyo perihelio tenía una precesión que
no puede explicarse mediante las leyes de gravitación de Newton. A pesar de este problema
la comunidad científica creía tanto en las leyes de Newton que incluso se postuló la
existencia de un planeta, Vulcano, para justificar la órbita de Mercurio. La precesión del
perihelio de Mercurio no pudo ser explicada hasta que en 1915 Albert Einstein expuso su
teoría general de la relatividad.

La teoría geocéntrica en la actualidad


Astronomía

Sin embargo, un marco geocéntrico es útil para los astrónomos en muchos aspectos
científicos. Para el estudio de objetos fuera del sistema solar, donde las distancias son
mucho mayores que la distancia de la Tierra al Sol, se simplifica su estudio al tomar a la
Tierra como centro.

El sistema solar es aún de interés para los diseñadores de planetarios dado que, por razones
técnicas, dar al planeta un movimiento de tipo ptolemaico tiene ventajas sobre el
movimiento de estilo copernicano.

Religión

Algunos fundamentalistas religiosos, mayormente creacionistas, todavía interpretan sus


escrituras sagradas indicando que la Tierra es el centro físico del universo;23 esto es
llamado geocentrismo moderno o neogeocentrismo.
La Asociación Contemporánea para la Astronomía Bíblica, conducida por el físico
Gerhardus Bouw, sostiene una versión modificada del modelo de Tycho Brahe, que llaman
geocentricidad. Sin embargo, la mayor parte de los grupos religiosos en la actualidad
aceptan el modelo heliocéntrico.

El 31 de octubre de 1992, el papa Juan Pablo II rehabilitó a Galileo 359 años después de
que fuera condenado por la Iglesia. Si bien esto no significa que se haya declarado que el
heliocentrismo es una verdad absoluta, descarta toda noción de que haya herejía en creer en
la teoría heliocéntrica. Cabe aclarar que el objetivo fue primordialmente reconciliar la
noción de que la ciencia y la fe pueden estar unidas y el rechazo anterior al heliocentrismo
de Galileo no debe seguirse interpretando como una discordia entre ambos.24

Astrología

Por su parte, los astrólogos, mientras que pueden no creer en el geocentrismo como
principio, todavía emplean el modelo geocéntrico en sus cálculos para predecir horóscopos.

Existen algunos elementos que podemos aplicar para contrastarlos con el sistema
geocéntrico: el sistema de años bisiestos, la inclinación del eje de rotación y el ciclo de
fases de la Luna.

Si la Tierra no se mueve en torno al Sol, sería el Sol el que se trasladaría en torno a la


Tierra una vez cada 24 horas, de modo que la Tierra tampoco tendría movimiento de giro
en torno a su eje de rotación. La idea de que el Sol diera una vuelta a la Tierra en 24 horas
significa que tendría que dar 365,25 vueltas a la Tierra para que se cumpliese un año, pero
alguna autoridad institucional habría tenido que establecer dicho número, y lo racional sería
un número entero. El sistema del día del año bisiesto ideado por la Iglesia sería la
adaptación del calendario racional al supuesto de que cada 4 ciclos de 365,25 vueltas a la
Tierra, el Sol acumularía una vuelta, la 366ª o 366º día. Pero según la Naturaleza, los
366,25 giros (365,25 días) es la cantidad de giros que le da tiempo a dar al planeta durante
su tiempo de órbita al Sol, y por ello es una medida dada por el Universo.