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La Asociación Nacional de la Prensa nació por el imperativo de defender la libertad de información

sin claudicaciones. Los medios periodísticos, valga recordarlo una y cien veces, somos meros
depositarios circunstanciales de esta libertad, que es piedra angular de cualquier convivencia
democrática sana, y cuyo derecho y ejercicio corresponde al conjunto ciudadano.

En nuestra hermana Venezuela vimos hace ya bastantes años que la amenaza a las libertades
públicas comienza por hacer imposible la subsistencia de la prensa. Pero ningún país puede
sentirse a salvo de esta amenaza, porque ella asume múltiples formas e instrumentos odiosos en
la sociedad contemporánea, algunas tan especialmente graves y de difusión global como las
noticias falsas y la llamada posverdad.
Nuestra industria vive un momento de trasformaciones profundísimas, como en épocas pasadas
que fueron revolucionadas por el surgimiento inicialmente torrencial de la radio y la televisión,
hasta un punto en que, estabilizadas, convivieron armónicamente con la prensa.

En las décadas más recientes nos toca enfrentar un impacto aún mayor, el de la revolución digital
—de muchas potencialidades positivas—, pero que, en paralelo, plantea enormes desafíos tanto
respecto del modelo de negocios basado en la publicidad, como de la credibilidad, nuestro
principal atributo, con la deliberada confusión entre noticias y un verdadero mar sin orillas de
difusiones interesadas, sesgadas o directamente mentirosas.
Falta tiempo todavía para que nuestra industria pueda estabilizarse en una realidad marcada por
el mundo digital.

En el caso de Chile, a este reto tecnológico de honda incidencia en los hábitos de la población y
de las generaciones jóvenes, se han sumado años de comportamiento económico
adverso. Esperamos que ellos hayan cesado, pero sabemos empíricamente que la publicidad no
se recupera con igual agilidad que la economía y, en general, resulta afectada durante más tiempo
por diversos fenómenos tales como, por ejemplo, la concentración de avisadores, propia de
épocas de menor desarrollo.

Nuestro convencimiento es que existe la misma demanda de siempre para la información de
calidad, debidamente contrastada en sus fuentes, rigurosa, confiable y presentada en el debido
contexto de interpretación.

Como prensa, aportamos una selección noticiosa jerárquicamente expuesta, y en un diseño
adaptado a las necesidades y el tiempo del lector actual, que convierte el torrente informativo
caudaloso e inorgánico en una visión inteligible de la realidad. Sobra ahondar, por supuesto, en
que hoy hay poco margen para equivocarse. Necesitamos ser creativos en las formas, sin
abandonar jamás lo esencial, cual es mantener la profundidad y el atractivo humanista que exige
el nuevo tratamiento de la información.

Hoy la prensa se desenvuelve en el mundo de un modo muy diverso. Regiones gigantescas,
como la India, presentan similar grado de exitosa expansión publicitaria y en ejemplares, por
ejemplo, que las de los países escandinavos.

Entretanto, en Europa y Norteamérica, marcas reconocidas de periódicos han emprendido con
éxito los planes de financiamiento mayor por suscripción digital, lo que supone una sustitución
racional y paulatina de los antiguos modelos de gratuidad indiscriminada, que, en verdad, son
incompatibles con el sustento de los planteles periodísticos y técnicos que requiere la información
de calidad.
Para esto debemos evaluar permanentemente nuestras redacciones y seguir explorando las vías
más apropiadas para entregar nuestro contenido, de acuerdo con la realidad de cada
medio. Para muchos, eso significa combinar equilibradamente el medio escrito y el papel con las
innovaciones de la era digital.

Como Asociación debemos apoyar los esfuerzos de cada medio en su búsqueda de respuestas en
este ámbito, y promover el intercambio de experiencias que puedan fortalecer a toda nuestra
industria.

Hoy, el modelo de negocios de la prensa parece signado por la adaptación oportuna y balanceada
a las plataformas que los lectores demanden y que la tecnología permita.
Los lectores exigen más, quieren ampliar su información y conocimiento de todo, quieren mayor
información que les sea útil sobre cuanto les afecte, que los contacte con temas que les sean
sustanciales en su vida cotidiana. Los campos más tradicionales —política, economía,
internacional, cultura, deportes— conservan su natural plena vigencia, pero otros como ciencia,
tecnología, esparcimiento, salud, medio ambiente, cobran nuevos niveles de demanda, azuzada
por expectativas de inmediatez.

Los cambios en la temporalidad y los ciclos informativos también obligan a buscar nuevas formas
de comunicar.

El lector fija sus ritmos, sus tiempos y los temas que le interesan, pero la lectura sigue siendo
fundamental, porque la mente necesita equilibrarse con el acto de leer. Necesita —qué duda
cabe— de un contrapeso de reflexión propia, frente a la celeridad mareadora del solo relato que
se escucha o de la sucesión de imágenes visuales.

Por lo demás, no somos la única industria que está ante trasformaciones mayores. Desde los taxis
al retail, los desafíos son gigantescos. La industria de la música debió modificar su modelo de
negocio: así, los discos, salvo modas del recuerdo más bien de nicho, ya no están. Y en la
industria de la televisión, observamos ya giros como los de Netflix o similares. Incontables
innovaciones caracterizan una nueva época.
Como actividad, vivimos un momento complejo, pero estamos muy lejos de ser un anacronismo
solitario ante un maremoto de cambios.

Inmersos en un cambio de época, debemos ser parte activa del desafío y la oportunidad que él
presenta para revalorizar la información y el periodismo.

El lector necesita también información fidedigna para comprender, para poder formarse juicios
sustentables, separables de la sola emoción o pasión del instante o, peor aún, de la noticia falsa,
de la mal llamada “posverdad” //// —“no verdad” o “antiverdad” serían términos quizás más
adecuados—.

Cuando, por ejemplo, en grandes potencias se polemiza sobre el influjo que hayan podido o no
tener tales “posverdades”, difundidas al parecer principalmente por medios digitales en sus
resultados electorales, pienso que quizá puede incubarse una reevaluación de la importancia de
aquellos medios escritos que comprueban sus fuentes, que responden por lo que afirman con su
prestigio y, si lo pierden, incluso con su existencia misma.
Ante el fenómeno de “las noticias falsas” deliberadas, debemos más que nunca redoblar la
importancia de la credibilidad de cuanto publicamos, provistos, además, de férrea independencia
para debernos únicamente a los intereses de nuestros lectores.

Las empresas de prensa deben atender a las preferencias y tendencias de sus lectores, pero no
pueden meramente seguirlas pasivamente. Su deber es ilustrarlas objetivamente, para ampliar su
libertad, que bien ha sido sintéticamente definida como la posibilidad real de elegir entre distintas
opciones. Eso incluye, por cierto, la libertad en lo social, político, económico, valórico y demás,
incluida la de consumo, a la que específicamente apunta la publicidad comercial en su más amplio
sentido. En esto último, cada medio de prensa ha de recordar que su publicidad será más creíble y
eficaz en la medida en que vaya asociada en sus páginas a la calidad y seriedad de la información
en otros temas. Las empresas también tienen la responsabilidad de apostar por los medios de
calidad.

La libertad de expresión —reitero— es para nosotros principio irrenunciable. La postulamos con la
máxima amplitud posible, pero no como ilimitada. Ella no significa que el hablar o el escribir para
el público estén libres de consecuencias.
Sus límites están definidos por el respeto riguroso para con los legítimos derechos de los demás.

Manifestación fundamental de la libertad de expresión es la libertad de prensa, que engloba
específicamente el derecho de los medios de comunicación a investigar e informar sin ningún tipo
de limitaciones o coacciones, tales como la censura previa, el acoso o el hostigamiento.

Nuestra Asociación ha de estar atenta a defenderla siempre, día a día, a ultranza.
Existen hoy formas de atropellarla muy sutiles, pero no por eso menos lesivas, o aun letales.
Incluso en gobiernos democráticos se intenta imponer leyes que la afectan, porque la crítica
política jamás agrada a los poderes públicos. Un ejemplo sorprendente y poco conocido: en Perú,
está hoy en trámite un proyecto ley que prohíbe la publicidad estatal en medios de comunicación
privados. Y en Chile todavía tenemos 8 o 9 proyectos de ley, que se arrastran desde gobiernos
anteriores o de iniciativas parlamentarias de diversos orígenes, que afectan directamente o
indirectamente la libertad de prensa.

Muchas veces han tenido ellos la plausible intención de regular alguna situación indeseable, pero,
de prosperar, sujetarían a los medios a controles informativos, sin considerar que existe una
regulación propia para ellos, además de mecanismos de autorregulación vigentes y efectivamente
aplicados que están entre los más rigurosos de todas las industrias. Y pocas veces estos
proyectos contemplan la educación como uno de los mejores caminos de solución.

Las actuales plataformas de redes sociales han tenido un importante efecto democratizador y de
inclusión, en cuanto cualquier persona puede acumular a miles y miles de seguidores atentos a
sus planteamientos y opinión, sin que ella requiera disponer de un medio de comunicación.
Esa positividad tiene la contracara de que esa misma persona puede, virtualmente sin
responsabilidad alguna, difundir noticias no veraces, hacer activismo o movilizar masas,
eventualmente con agendas cargadas de odio o incitación a la violencia o a abusos.

Nuestra sociedad y nuestra Asociación deben estar alertas ante esta realidad nueva. La sociedad
puede aspirar a la autorregulación por parte de los responsables de estas redes sociales, como se
le exige a cualquier otro medio. Y en cuanto eso no se cumpla, preveo la necesidad de normas
legales que, respetando siempre los principios básicos de la libertad individual y colectiva propios
de una democracia, /// sancionen hechos que, sin duda, van corroyendo la democracia.
De nada sirve hablar de dignidad de las personas, si ella no es realmente respetada por ciertas
plataformas que se sienten con impunidad para atropellarla.

La sociedad necesita información rigurosa, independiente y de calidad, respetuosa siempre de esa
dignidad, y veo ahí un deber y una oportunidad para la prensa. Cuando el público accede a
noticias veraces e imparciales puede tomar decisiones fundadas. Sin eso, mal pueden progresar
el debate público y la democracia.

Todos quienes trabajamos en periodismo sabemos que ejercerlo con plenas garantías se ha
convertido en una tarea cada vez más difícil en todo el mundo. Debemos trabajar para disminuir la
no pocas veces injusta animosidad hacia los medios de comunicación.
Debemos trabajar para contrarrestar ciertas abusivas leyes sobre difamación y censura, que van
ganando terreno aduciendo motivos aparentemente válidos, pero que, en la práctica, buscan
coartar o amordazar la información. Necesitamos avanzar en que nuestra organización opere
eficazmente y con influjo determinante en la génesis de leyes y normativas que puedan afectar la
actividad legítima de la industria periodística.

Prioritario para nuestra Asociación debe ser el análisis permanente de los proyectos de ley que
afecten la libertad de expresión o la libertad de prensa o el desarrollo de la actividad comercial y la
publicidad, y responder a eso con una permanente generación de propuestas racionales.
La evolución en las comunicaciones sin duda ha tenido incidencia en los medios en papel, pero las
redacciones periodísticas siguen siendo la esencia de nuestra industria y el pilar de nuestra
influencia social.

Están presentes hoy aquí muchos amigos de plataformas radiales y televisivas, y sabemos bien la
importancia indiscutible de cada una de ellas, pero no ignoramos su interrelación con las
redacciones de los medios escritos. Esto, porque el crecimiento exponencial de la cantidad de
información y la clara necesidad de jerarquizarla para hacer más posible la reflexión ciudadana es
un elemento adicional de la importancia de las redacciones.

Colaboratividad es una palabra muy usada, pero muy poco implementada en las industrias de
nuestro país.

Por eso queremos avanzar en erigir a nuestra Asociación en una instancia propicia para que sus
socios desplieguen actividades más colaborativas para el desarrollo de la industria.

En su seno, un ámbito especial tienen los diarios regionales, que enfrentan un desafío ciertamente
importante, pero a mi juicio con una oportunidad de éxito aún mayor. Vivimos en la “aldea global”,
pero ellos pueden ofrecer a sus lectores una menor distancia entre cada periódico y sus intereses
locales específicos, algo que vivifica y estimula la vida regional.

Similares conceptos cabría aplicar a las revistas. También ellas enfrentan el gran cambio
tecnológico, pero en su diversificación y especialización parece dibujarse una fórmula llena de
potencialidades.

Quiero destacar también a nuestros socios de plataformas digitales, de reconocido prestigio
editorial, que también están en esta búsqueda de nuevos modelos de negocios atractivos, que
permitan su eficiente desarrollo y necesaria permanencia.

Concluyo reafirmando mi convicción de que leer seguirá siempre siendo importante, porque es
consustancial a la civilización y a la cultura humana.
Los vehículos para la lectura podrán cambiar, como siempre han cambiado en la historia, pero
confío plenamente en nuestra capacidad de adaptación, que también es un rasgo capital de
nuestra especie.

En esa adaptación queremos comprometer la labor de nuestra Asociación, pues creemos que ella
debe y puede tener una influencia mucho mayor y hacer un mayor aporte a la sociedad chilena,
con una más activa participación de todos sus miembros.

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Hoy gran parte de nuestros asociados están presentas en este encuentro. Y para ellos en
particular estas palabras

Queridos amigos gracias por la confianza o el error de haberme elegido hoy como su
presidente, tenemos quizás más que nunca, un importante desafío y una gran oportunidad de
seguir siendo fundamental para el buen desarrollo de nuestro país, la democracia y sus libertades.

No tengan duda que dedicaremos, junto a la gran mesa directiva que me acompaña desde hoy:
Marily Lüders,
Rodrigo Errázuriz,
Felipe Cohn,
Ricardo Puga
Miguel Zunino
todo nuestro esfuerzo, entusiasmo y sacrificio para que esta noble institución esté al servicio de
todos ustedes, y de nuestro país.

Muchas Gracias