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SANTO DOMINGO.

Opera prima que da continuidad a la saga de comedias dominicanas


producidas para la pantalla grande. Se trata de un relato basado en cuentos, síntesis de varias
narraciones que dieron origen al guión, trabajo que no logra una clara jerarquía e
identificación de los conflictos. La articulación de las diferentes tramas no cuaja, restándole
coherencia al relato.

La historia está contada en primera persona, utilizando un "monólogo interior" del personaje
protagonista y una edición que combina diferentes temporalidades, donde se confunde
tiempo pasado y presente con sueños y alucinaciones. Tal forma de narrar no resulta del todo
acertada, dejando cabos sueltos y elementos truncos. Sin embargo, posee un conjunto de
elementos positivos en lo estrictamente cinematográfico.

Logros y virtudes

El filme presenta una buena dirección de actores, en la que destaca el uso del espacio
cinematográfico de forma coherente, logro de una puesta en escena compleja, bajo el control
real del director. El desempeño de Anthony Álvarez en el papel principal resulta comedido y a
ratos discreto. Su caracterización de joven cura, tentado por los encantos de una traviesa
parroquiana, se queda en lo correcto, ya que no logra dar mayor profundidad a su personaje.
Por su parte, las actrices Zoé Saldaña y Verónica López aportan un logrado contrapunto, entre
la bella y atrevida adolescente y la obsesionada solterona; lástima que no se consideraran
diálogos entre ambas. Destaca en su breve pero contundente aparición Koldo, personificando
al padre Cardona, quien da fuerza a los primeros minutos del filme. Excelente es el trabajo de
fotografía, ya que logra una plástica de la imagen de gran calidad, quizá lo mejor filmado hasta
el momento dentro del cine dominicano. La cámara aporta lirismo y magia, especialmente en
las escenas oníricas, lográndose en ellas los mejores momentos del filme.

Más Neocriollismo

El cine local vive una etapa que puede definirse como Neocriollismo dominicano, cuyo eje
clave es la relación entre los personajes y el campo. Este filme viene a reforzar dicha relación y
la enriquece, agregando elementos de religiosidad popular y folclore. Las habichuelas con
dulce, gloria de la culinaria cibaeña y origen dramático de la historia, es un elemento que
puesto en primer plano, permite identificación con lo criollo. Cierto es que el percance gástrico
que provocan los porotos de marras llega al límite del mal gusto, pero tratándose de una
comedia, el público lo acepta y ríe de buena gana.
Ahora bien, yendo al fondo del conflicto planteado en el filme, que en apariencia es de tipo
romántico, pero que termina siendo de carácter vocacional religioso, éste resulta trasnochado
y se tiene la impresión de estar viendo un filme posterior a Vaticano II y no a Juan Pablo II. En
tal sentido, la comedia -entendida como crítica social y en concreto a cualquier tipo de poder-
pierde valor y se diluye en el divertimento. El filón abierto por las primeras comedias
nacionales empieza a mostrar signos de agotamiento, en la medida que los conflictos reales y
actuales de la sociedad dominicana pasan soslayados.

De todos modos, con sus vacíos y virtudes, es un filme recomendable para constatar que el
cine dominicano está consiguiendo mejores niveles de producción y que se puede disfrutar un
momento de liviana comedia.

Ficha técnica

Dirección: Félix Germán

Reparto: Anthony Álvarez, Zoé Saldaña, Freddy Beras Goico, Milagros Germán, Raymond Pozo.

Fotografía: Peyi Guzmán

Guión: Félix Germán

Género: Comedia