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En las trincheras de la justicia.

Abogados y esclavos en el movimiento abolicionista


en São Pablo1
Elciene Azevedo

El tema de la abolición de la esclavitud en Brasil ha sido tradicionalmente


abordado por la historiografía desde la perspectiva sesgada de la conducción dada por el
Parlamento a la cuestión a través de la promulgación de leyes emancipatorias a lo largo
del siglo XIX. La ley del 7 de noviembre de 1831 fue la primera de ellas, una tentativa
malograda de impedir el comercio trasatlántico de esclavos provenientes de las costas
africanas. La ley fue olvidada y desacatada por alrededor de veinte años, y solamente en
1850 el Parlamento logró aprobar una nueva ley que detuvo, efectivamente, el tráfico. Sin
embargo, la esclavitud en Brasil seguía en pleno desarrollo, y desde mediados del siglo
XIX hasta 1888, cuando la princesa Isabel firmó la “ley Áurea”, que finalmente la
extinguió, los parlamentarios pugnaron entre sí en las tribunas en torno a la elaboración
de leyes que ellos creían que serían capaces de regular y conducir a su final, de modo
ordenado. Los historiadores que privilegiaron tales embates en sus estudios han
interpretado la abolición de la esclavitud como resultado exclusivo de la voluntad de esos
legisladores, “hombres de traje” que, representando intereses de la élite brasileña,
condujeron hacia una abolición en los términos de su propia clase: de forma lenta,
gradual y segura, sin la participación de los mayores interesados en el tema, los esclavos.
La abolición sería, en ese registro, un acto de donación y concesión a los cautivos, que
sólo aparecen en esa historiografía como agentes cuando su lucha es enfocada desde la
perspectiva de la rebeldía, o sea, cuando por medio de fugas, asesinatos de señores o
insurrecciones, contestaban y resistían a la esclavitud. A los que no se rebelaron
abiertamente les quedó el triste rol de víctimas inertes de un proceso histórico que
devastó sus vidas.2

Esa vertiente interpretativa fue cuestionada y revisitada hacia el inicio de la


década de 1980, cuando varios historiadores empezaron a emplear documentos
producidos por la justicia como fuentes importantes para el estudio de las relaciones
sociales y de la vida cotidiana de los hombres y mujeres del pueblo. Desde tal
perspectiva, en las últimas dos décadas, los estudios sobre esclavitud en Brasil han
develado la intensa participación, no sólo de los esclavos, sino también de abogados y
jueces favorables a la causa de la libertad, en el proceso de la abolición. Al actuar en
acciones judiciales de esclavos contra sus señores, los profesionales de la justicia
contribuyeron a desestructurar la política de dominio señorial, minando las bases de la
ideología que sostenía el cautiverio.3


La versión en español de este texto fue publicada en Magdalena Candioti y Juan Manuel Palacio (org), .),
Justicia, política y derechos en América Latina, Buenos Aires, Prometeo, 2006.
1
Este texto es una versión reducida y modificada de un artículo publicado en Silvia H. Lara e Joseli M.
Nunes de Mendonça (orgs.) Direitos e Justiças no Brasil. Ensaios de História Social. Editora da Unicamp,
Campinas, 2005. Tradución: Cristiana Schettini Pereira y Magdalena Candioti.
2
Joseli Nunes Mendonça, Cenas da Abolição. Escravos e senhores no Parlamento e na Justiça. São Paulo,
Ed. Fundação Perseu Abramo, 2001.
3
Confrontar, entre otros, Sidney Chalhoub, Visões da liberdade. Uma história das últimas décadas da
escravidão na Corte, São Paulo, Cia. das Letras, 1990; Joseli Mendonça, Entre a mão e os anéis. A lei dos
sexagenários e os caminhos da abolição no Brasil, Campinas, Editora da Unicamp/ Cecult, 1999; Hebe
No es una simple casualidad, por lo tanto, que la trayectoria de vida de uno de los
más recordados líderes del movimiento abolicionista en São Paulo, Luiz Gonzaga Pinto
da Gama, abarque experiencias, en muchos aspectos, semejantes a las de otros tantos
agentes históricos presentes en esos estudios: él fue un esclavo a lo largo de buena parte
de su vida y logró la libertad accionando los dispositivos legales a él disponibles. Por otro
lado, Luiz Gama fue también abogado, o mejor dicho, un rábula 4, que aún sin haber
asistido a la universidad hizo del derecho su principal arma en la lucha contra la
esclavitud.5

Sin lugar a dudas, la presencia y presiones de los esclavos en los tribunales son
fundamentales para la comprensión del proceso de abolición en Brasil. Sin embargo, sería
imposible contar esa historia sin considerar la actuación de las personas que se unían a
ellos en la búsqueda de la manumisión en los tribunales La trayectoria de Luiz Gama y de
otros abogados de su grupo puede ser un medio de comprender de modo más denso esa
relación, evidenciando tanto los significados atribuidos por los contemporáneos a las
actuaciones de esos hombres en los tribunales, como también los posibles significados de
tales actuaciones más allá del ámbito judicial. El objetivo de este artículo es rastrear a
esos “militantes” y sus experiencias – a través de un análisis que enfoque
primordialmente sus acciones en diálogo con la experiencia y expectativas de los
esclavos hacia las instituciones judiciales y las autoridades públicas en aquellos años.

La política de la ley

Maria de Mattos Castro, Das cores do silêncio. Os significados da liberdade no sudeste escravista, Rio de
Janeiro, Arquivo Nacional, 1995.
4
- La palabra rábula corresponde a tinterillo, refiriéndose al hombre ejerce el derecho sin título formal. En
Brasil del siglo XIX, sin embargo, el término no tenía la connotación peyorativa actual. (Nota de las
traductoras).
5
Elciene Azevedo, Orfeu de Carapinha. A trajetória de Luiz Gama na imperial cidade de São Paulo,
Campinas, Editora da Unicamp/ Cecult, 1999.
A fines de la década de 1860, Luiz Gama era un funcionario público empleado en
una comisaría de policía en São Paulo. Había sido esclavizado a los ocho años de
edad, y fue manumitido alrededor de 1848. Fue declarado un hombre libre luego
de probar judicialmente, en circunstancias hasta hoy poco conocidas, que había
sido mantenido ilegalmente en cautiverio. Pasados veinte años, como amigo
íntimo y funcionario del comisario de policía Furtado de Mendonça, ejercía una
variada gama de tareas. Desde fines de la década de 1840, su nombre aparecía con
frecuencia en los juicios policiales, a veces como escribano.6

En enero de 1868, mientras cumplía con sus obligaciones en la comisaría,


apareció un hombre presentando tres esclavos y una procuración. El propietario, residente
en la ciudad de Mogi das Cruzes, le había confiado plenos poderes para comerciar con
sus esclavos. Con la intención de venderlos en la Corte (Río de Janeiro), el hombre fue a
la comisaría a requerir pasaporte para poder transportarlos sin problemas. Sin embargo, lo
que obtuvo del funcionario de la comisaría fue una respuesta muy distinta. En lugar del
pasaporte, recibió la notificación de que uno de los esclavos que conducía, “el negro
José”, se había presentado ante el jefe de policía como “libre”, por ser un “africano, de 22
a 25 años de edad, seguramente importado luego de la prohibición legal del tráfico (...)”7

El razonamiento de Luiz Gama fue simple y basado en una cuenta aritmética. Si


José contaba con 28 años, como declaraba su señor en la procuración, entonces había
nacido en 1840, y si era africano, como él mismo podía constatar, sólo podía haber
entrado a Brasil luego de la primera prohibición del tráfico de negros, promulgada en el 7
de noviembre de 1831. Asimismo, Luiz Gama condujo a José con otro funcionario
público, el secretario de policía Antonio Louzada Antunes, que informó la detención del
esclavo al jefe de policía, Tito Augusto Pereira de Mattos. Por su parte, el jefe ordenó que
José fuera inmediatamente conducido a la Casa de Corrección, y expidió un oficio al
comisario Furtado de Mendonça en el cual comunicaba que el esclavo se encontraba a su
disposición para que fueran efectuados los procedimientos legales correspondientes. Se
iniciaron, entonces, las investigaciones sobre la legalidad o no de la condición esclava en
la cual se encontraba José.

En el vaivén de comunicaciones, oficios y peticiones que componen el juicio,


llama la atención que, aunque muchos de los despachos estaban firmados por el secretario
Louzada y por el jefe de policía, en realidad eran escritos por Luiz Gama de su propio
puño – lo que sugiere su libre acceso a los altos escalones de la policía, y su complicidad
con personas ahí.8 Louzada formaba parte de otro grupo del cual también participaba Luiz
6
Hijo de la africana Luiza Mahin, que vivía en libertad, y de un portugués de quien nada se sabe, Luiz
Gama nació en 1832 en Salvador, Bahia. Su madre fue apresada por estar implicada en las revueltas
esclavas bahianas y él fue vendido por su padre como esclavo. Cuando se libertó, entró al cuerpo policial
pero desistió de la carrera militar después de haber estado preso por indisciplina. Al salir de la prisión
consiguió un empleo de secretario en la policía, apadrinado por el comisario, que era profesor de la
Academia de Derecho y director de la biblioteca. Fue a través de él que Luiz Gama, autodidacta, tuvo
acceso a los conocimientos de derecho y jurisprudencia. Cf. Elciene Azevedo, Orfeu de Carapinha.
7
“Auto de apreensão do escravo José”, 1868. Archivo del Estado de São Paulo (AESP), Procesos
Policiales, CO 3215.
8
Idem. Confrontar, por ejemplo, el oficio del jefe de policía al comisario y la orden de detención dirigida al
director de la casa de corrección – ambos fechados el 27 de enero de 1868.
Gama: era masón. Y la masonería, como se verá adelante, empezaba por aquellos años, a
adherir, públicamente, a la causa de la emancipación. En ese caso, tal proximidad
probablemente facilitó el rápido avance de los trámites para la instauración de un pleito
cuyas bases legales, como también veremos, no eran tan simples como Gama quería
hacer creer.

De todas formas, la denuncia fue acatada y el comisario Furtado dio inicio al


sumario interrogando a José. Convencida de los indicios de que él podría estar en
cautiverio ilegal, esa autoridad expidió una serie de órdenes, nombrando a peritos para
evaluar su edad e identificar su “nación”; mandó a depositar al presunto esclavo y a citar
al señor para que presentara pruebas que legitimaran su propiedad. Aunque el juicio, por
estar incompleto, no nos permite saber si José logró o no probar que era ilegalmente
esclavizado, revela un pequeño fragmento de la cotidianeidad de una comisaría en São
Paulo, y apunta a la posibilidad de que funcionarios como Luiz Gama estuvieran
actuando políticamente en el ejercicio rutinario de sus funciones.
Como éste, muchos otros juicios semejantes pueden ser encontrados a fines de la
década de 1860 – cuando Luiz Gama todavía no era el famoso rábula de las causas de la
libertad, sino simplemente un funcionario que, en ejercicio de su cargo, lidiaba
directamente con los conflictos particulares entre señores y esclavos que terminaban en la
comisaría, aunque no tuviera para ello ninguna formación jurídica.9 Por casos como ese,
Luiz Gama era frecuentemente “aconsejado” por sus superiores para que dejara de
involucrarse en cuestiones de esa naturaleza, actitud considerada inapropiada para un
empleado de la policía, bajo la pena de ser depuesto de su cargo. El propio comisario
Furtado de Mendonça llegó a declarar que, “como amigo” del funcionario le había dado
consejos en ese sentido “desde 1864”.10 Las amenazas finalmente se concretaron en
noviembre de 1869, en un episodio de gran repercusión pública, ampliamente comentado
por la prensa paulista, que tuvo como eje un caso semejante al del africano José. Por su
contenido polémico, el caso se vuelve especialmente revelador del surgimiento, en la
capital de la provincia de São Paulo, una de las más esclavistas del Imperio, de un fuerte
compromiso político de aquellos que, apoyando a las reivindicaciones esclavas en la
justicia, buscaban emplear la ley como aliada en la lucha por la abolición.

En octubre de 1869, Luiz Gama envió una petición al juez municipal de São
Paulo, Antonio Pinto do Rego Freitas, contando la historia del africano Jacinto “Congo de
nación”, que declaraba haber sido importado al Río de Janeiro en 1848 y llevado a
Jaguarí, en Minas Gerais, por Antonio da Cunha. Luego del fallecimiento de Cunha en
1849, Jacinto, que todavía era “visiblemente boçal” 11, fue rematado en una subasta
pública por Antonio Gonçalves Pereira. En poder de Pereira, se casó con la esclava de
nombre Ana, de nación Cabinda, importada a Brasil en 1850 y comprada en Jaguari en el
mismo año. Como prueba de la ilegalidad de la condición esclava de la pareja, Luiz
Gama mencionaba el hecho de que ambos habían sido bautizados en Jaguari, y aunque
podían contar con el testimonio de sus padrinos, nada constaba en los libros de bautismo,
9
Documentos del 1o e 2o Ofícios Civiles de la Capital, en los cuales Luiz Gama aparece como solicitante en
causas de mantenimiento de la libertad.
10
Diário de São Paulo, 1o de diciembre de 1869.
11
“Boçal” era un término usado para caracterizar a los africanos recién llegados al Brasil y que aún no
dominaban la lengua portuguesa.
“seguramente para evitar el conocimiento del fraude [a] que procedió el cura, al
bautizarlos como esclavos africanos libres”.12

Consciente de que “la propiedad que tenía sobre tales individuos era ilegal, y que
corría el riesgo de perderla”, Gonçalves Pereira los llevó a la ciudad de Amparo, en la
provincia de São Paulo, y los vendió a Inacio Preto. Con una larga lista de nombres de
testigos que podrían confirmar la importación “ilegal y criminal” de Jacinto y Ana, Luiz
Gama terminaba la petición requiriendo lo que consideraba que era el derecho de esos
africanos: que fuesen puestos en depósito judicial y que, tras escuchar a los testigos
indicados, fuesen declarados libres “en los términos de la ley de 7 de noviembre de 1831,
reglamento del 12 de abril de 1832, y demás disposiciones en vigor”. Requería, además,
que el juzgado municipal de Jaguari fuera notificado para que “se reconozca y mantenga
en libertad, por los medios judiciales, a los hijos de los mencionados africanos de
nombres – Joana, Catarina, Inácia, Benedita, Agostinho, Rita, João, Sabino, Eva e
Sebastião, y sus nietos, Mariana y Marcelino”.13

La respuesta del juez Rego Freitas fue tan simple como, a primera vista, Luiz
Gama había hecho que pareciera el derecho a la libertad de Jacinto, su mujer, sus diez
hijos y dos nietos, al fundarlo en una ley que, incluso luego de promulgada, provocó un
sinnúmero de debates sobre su aplicación y credibilidad.14 Sin atender a la petición, el
juez se limitó a declarar lacónicamente la incompetencia de su juzgado: dado que el señor
del esclavo era residente de Amparo, el caso no competía a su jurisdicción. Luego de
pedir que el juez reconsiderara su despacho pero sin ser atendido, Luiz Gama volvió al
juzgado, por tercera vez, para protestar contra la “crasa ignorancia” del magistrado en
una materia que, en su opinión, era “muy clara y positiva”. Le advirtió al juez que tamaño
despropósito lo obligaría a volver al tribunal tantas veces cuanto fuera necesario para
“coaccionarlo a cumplir sinceramente su riguroso deber”.

“Convénzase v.s. de que el suplicante tiene moralidad y coraje para mantener


este juzgado en la condición legal a la que lo ha de elevar, a pesar del estúpido
emperramiento con el que lucha. Y de esto bien seguro, pide a v. s. que se digne
reconsiderar el fútil despacho hoy proferido” 15

Fueron exactamente esas palabras las que le llevaron a Gama a perder el puesto de
secretario en la comisaría de policía, además de ser acusado por calumnias e injurias, por
el “descomedimiento desubicado” y por los calificativos nada lisonjeros con los cuales se
había opuesto al despacho del magistrado.16 Aparte la virulencia formal de la petición del
rábula, cuyo tono desafiaba los conocimientos jurídicos del juez municipal, debe
12
“Autos Crimes de Injúria: A justiça contra Luiz Gonzaga Pinto da Gama”, 1872. AGTJSP, 2o Ofício
Cível, cx. 72.
13
Idem.
14
En Brasil no había unanimidad acerca de la cuestión del cese de tráfico internacional de esclavos, y los
parlamentares siguieron discutiendo la cuestión luego de la ley que lo prohibió en 1831, mientras el tráfico
no sólo no disminuía, sino que aumentaba de volumen. Cf. Jaime Rodrigues, O infame comércio: propostas
e experiências no final do tráfico de africanos para o Brasil (1800-1850).Campinas, São Paulo, Editora da
Unicamp/ Cecult, 2000, p.108.
15
“Autos Crimes de Injúria: A justiça contra Luiz Gonzaga Pinto da Gama”, 1872. AGTJSP, 2o Ofício
Cível, cx. 72.
resaltarse la radicalidad de la apropiación que Luiz Gama emprendía, en aquel momento,
de una ley que produjo escasos resultados desde que fue promulgada. Mientras muchos se
esforzaban para hacerla letra muerta, él, por el contrario, veía en ella una “materia clara y
positiva”, y buscaba forzar a la justicia a decidirse por su aplicación. El juez, tal vez
subestimando el caudal jurídico del funcionario, tal vez por prudencia debido a la
complejidad de la cuestión, buscaba ganar tiempo, como si esperara que el volcán que
amenazaba su juzgado desistiera de entrar en erupción. Pero tal actitud no era del estilo
de Luiz Gama y de los que con él llevaban adelante iniciativas como esa. El conflicto,
entonces, dejó la escribanía y ocupó las páginas de los diarios, ganando mayor vigor. Allí
el requerimiento de Jacinto fue igualmente tratado como una cuestión jurídica muy obvia,
“bien fundada en ley”, sin ninguna “controversia”.17

En la arena judicial, no se le permitió a Luiz Gama llevar adelante el reclamo de


libertad de los 14 cautivos, debido a la denegación del juez municipal. Sin embargo, en
las páginas del periódico Radical Paulistano, del cual era redactor, el caso se hizo
público, y una estrategia más pudo ser accionada: la de ejercer presión sobre la decisión
de la justicia a través de la divulgación detallada de lo que pasaba en los tribunales. Se
trataba de una práctica rutinaria entre esos profesionales, una vez que los periódicos eran
ámbitos privilegiados de debate acerca de variadas cuestiones del universo judicial. En
sus páginas se discutían desde interpretaciones de jurisprudencia y sentencias, hasta
escándalos y denuncias de procedimientos antiéticos por parte de jueces, comisarios,
abogados y fiscales. En el Radical Paulistano, Luiz Gama era responsable de una
columna intitulada “Foro de la Capital”, una especie de crónica de los bastidores de los
tribunales que, a pesar del título, también trataba sobre litigios en otras localidades de la
provincia. Por ese medio, pudo dar continuidad a la contienda judicial iniciada con Rego
Freitas, protestando contra su decisión:

“!¿REQUIERA AL JUICIO COMPETENTE?!


Consienta el impotente juez, sin ofensa de su amor propio, con mucho respeto,
(...) que yo le de una provechosa lección de derecho, para que no siga mancillando
en público el pergamino de licenciado (...).
Esa lección está contenida y escrita con la mayor claridad en la siguiente
disposición de la ley, que el meritísimo juez parece o finge ignorar:
‘En cualquier tiempo que un negro arribado a Brasil luego de la extinción de
tráfico lo requiera, a CUALQUIER JUEZ DE PAZ, o criminal, el juez le
interrogará sobre todas las circunstancias que puedan aclarar el hecho, y
PROCEDERÁ OFICIALMENTE A TODAS LAS DILIGENCIAS

16
Así fue calificada por el promotor la actitud de Luiz Gama, en audiencia delante del juez. Éste, a su vez,
después de oir estas acusaciones, se defendió con las siguientes palabras: “las expresiones a las que da
cabida la ilustrada fiscalía pública para fundamentar la petición inicial no constituyen injurias, por cuanto
siendo, como de hecho es, frente a la ley de 1831 y su respectiva reglamentación, fútil el aludido despacho
y mostrando crasa ignorancia por parte de quien lo profirió, la calificación de estúpido en sentido estricto
no es una ofensa, a menos que se pretenda injuriar al juez ofendido cometiéndose el absurdo de atribuirsele
ilustración (...)” Cf. “Autos cíveis de injúria. A justiça contra Luiz Gonzaga Pinto da Gama”, 1872.
17
“Foro da Capital”, Radical Paulistano, 13 de noviembre de 1869.
NECESARIAS PARA CERTIFICARSE DE ELLO, obligando al señor a deshacer
las dudas que a ese respecto se hayan suscitado.
AL HABER PRESUNCIONES VEHEMENTES DE QUE EL NEGRO ES
LIBRE, MANDARÁ A DEPOSITARLO y a proceder en los términos de esa ley’.
Es en esas disposiciones que el Sr. Dr. Rego Freitas deberá fundamentar su
despacho, como juez íntegro, y no en sofismas fútiles, que bien revelan la
intención de frustrar el derecho de un miserable africano, que no posee blasones
ni títulos honoríficos para despertar las simpatías y la vena jurídica del eminente y
adiestrado jurisconsulto”.18

La disposición legal citada en esos provocativos renglones se refería al artículo 10º


del decreto de 12 de abril de 1832, que reglamentaba la ley del 7 de noviembre de 1831
en su carácter administrativo. En su argumento, Luiz Gama buscaba resaltar que el
decreto trataba de un principio general e indudablemente pensado para favorecer a todos
los esclavos que, introducidos en el territorio brasileño por el tráfico ilegal, requirieran su
derecho a la libertad en cualquier foro común. Por lo tanto, la ley reconocía esa
competencia al juez municipal de São Paulo: a él le competía considerarla, interrogar a
Jacinto y ponerlo en depósito judicial. Asimismo Luiz Gama instaba a Rego Farias a
asumir la responsabilidad de su función de magistrado, que incluía la de ser imparcial y
de no involucrarse en cuestiones particulares o políticas que fuesen generadas por otros
intereses distintos al del derecho, expresado en la letra de la ley. A la vez, al darle al juez
una “provechosa lección de derecho”, desplegaba, para un público de legos pero también
para profesionales del área, su interpretación de aquellos dispositivos legales, casi
olvidados en el foro de la capital. Por medio del periódico, Gama no solo informaba a los
lectores sobre las cuestiones debatidas en el foro, buscando conquistar su opinión en
favor de la causa, sino que también desmenuzaba el procedimiento para emplear esa ley,
permitiendo que ella fuera accionada por otros esclavos africanos y sus abogados. En
cierto modo creaba, a través del periódico, una especie de jurisprudencia.
A lo largo de toda la polémica desatada por la dimisión de Luiz Gama –
transformada en escándalo político por los diarios de la capital paulista – de a poco se
fueron revelando las intenciones y motivaciones de Rego Freitas que dieron por resultado
el “fútil” despacho. Como bien había ironizado Gama, hubiera sido difícil creer que el
juez ignorara las disposiciones de la ley. Sin embargo, de todos los argumentos a los que
los esclavos podían recurrir para conseguir su libertad en la arena judicial, éste sin lugar a
dudas, era el más explosivo. Un verdadero “volcán”, en las palabras del comisario
Furtado de Mendonça. En ese período, la materia era poco discutida en los foros y, hasta
aquel entonces, las acciones de libertad apoyadas en la ley de 1831 no eran nada
comunes.19
La historia de Jacinto nos ayuda a entender el porqué. Su complejidad residía en
que él era uno de los millares de africanos que, durante los 20 años que separaron esa ley
del efectivo término del tráfico en 1850, habían sido traídos ilegalmente a Brasil, como
esclavos, bajo la vista gorda del gobierno. Se estima que en ese período entraron al país
alrededor de 760.000 africanos en tales condiciones. Los que fueron efectivamente

18
Idem. Énfasis en el original.
19
Cf. Keila Grinberg, Liberata, a lei da ambigüidade. Ações de liberdade da Corte de Apelação do Rio de
Janeiro no século XIX. Rio de Janeiro, Relume-Dumará, 1994, p.88.
aprendidos en la represión al tráfico terminaron constituyendo una categoría diferenciada
en la sociedad brasileña. Aunque el párrafo primero de la ley determinaba que los
africanos encontrados en los navíos aprendidos deberían ser inmediatamente declarados
libres, ellos terminaron permaneciendo bajo la custodia del gobierno, y sus servicios
rematados a particulares, o utilizados en instituciones públicas, por un período de 14
años.
A pesar de las cláusulas y condiciones que pretendían garantizar la libertad de
esos africanos, en la práctica los arreglos de trabajo a los que fueron sometidos
privilegiaron el control social y los intereses señoriales, en detrimento del reconocimiento
de sus autonomías. Muchas veces la locación de servicios de tales trabajadores, que no
eran esclavos por la ley, pero tampoco libres en la práctica, redundó en experiencias de
trabajo compulsivo muy cercanas a la esclavitud; principalmente cuando se comenzó a
permitir que su distribución se extendiera a otras provincias, sin limitarse al municipio
neutro donde la fiscalización podría ser más efectiva. En 1853, un decreto ordenó la
emancipación de los africanos libres que hubiesen cumplido los 14 años de trabajo. Sin
embargo, la medida tenía validad únicamente para quienes la evocaran, y además los
obligaba a emplearse en una ocupación asalariada y a residir en lugares determinados por
el Estado. No fue sino en 1864 que el gobierno imperial, bajo la intensa presión del
gobierno inglés, finalmente expidió un decreto-ley ordenando la emancipación inmediata
de los africanos libres aprendidos que estuvieran al servicio del Estado o de particulares.20
Aunque es difícil definir a partir de cuando la ley de 1831 pasó a ser empleada
con el significado con el que aparece en la acción de Jacinto, la primera referencia
encontrada – en la ciudad de São Paulo – es de 1868, precisamente en los documentos
elaborados por Luiz Gama sobre la aprehensión del africano José. Habían pasado apenas
cuatro años desde que un enorme grupo de africanos libres, mantenidos en las
condiciones arriba descritas, recibieron del gobierno la carta de libertad. La historia de
José revela que Luiz Gama estaba muy bien informado sobre las cuestiones judiciales que
involucraban el tráfico ilegal de africanos – además de contar con el apoyo de colegas de
la oficina. Existe también la hipótesis de que Gama, por ser secretario en la comisaría de
policía en 1864, podría haber trabajado en cuestiones administrativas referentes al
cumplimiento del decreto que emancipaba a los africanos libres, ya que les competía a los
jefes de policía de las provincias registrar y entregarles las cartas de libertad. La
disposición de este funcionario para llevar a la justicia casos como los de José y Jacinto –
que permanecían en cautiverio por haber pasado “desapercibidos” por la fiscalización o
por haber sido comercializados por los señores que los recibieron del gobierno –
evidencia cómo la cuestión, que se pretendía dar por cerrada con el decreto-ley de 1864,
estaba lejos de ser solucionada.21
En realidad, el problema de la obtención de “propiedad servil” a través del
comercio ilegal era apremiante desde la primera tentativa de prohibirlo en 1831, y
continuó agitando los nervios de los propietarios de esclavos hasta la aprobación de la ley
de 1850. No había consenso respecto a la extinción del tráfico y diversas propuestas
fueron presentadas y debatidas en el Parlamento a lo largo de toda la década de 1840. Por
un lado, se buscaba preservar los intereses de los señores, que presionaban por

20
Cf. Beatriz Mamigonian, To be a liberated African in Brazil: labor and citizenship in the nineteenth
century. Tese de Doctorado en Filosofia e Historia, Universidad de Waterloo, 2002.
21
Idem, pp. 259 - 278.
modificaciones a la ley de 1831; por otro, estaba la creciente presión inglesa, que exigía
el fin del comercio atlántico de esclavos. Sin embargo, luego de muchos debates, el
proyecto que finalmente fue aprobado en la Cámara y que resultó en la ley de 1850, si
bien no incluía ningún dispositivo que revocara la ley de 1831, fue, desde el punto de
vista penal, más blando en relación a la punición de los señores que adquirieran esclavos
introducidos en Brasil a través del comercio ilegal. Los señores ya no se sentían tan
amenazados.22
El “peligro” de la interpretación que Luiz Gama hizo de la ley de 1831, por lo
tanto, ya estaba presente en las discusiones parlamentarias que precedieron a la extinción
definitiva del tráfico en 1850. Luiz Gama le daba una nueva dimensión al problema al
considerar que los 760.000 africanos ilegalmente introducidos en Brasil tenían el mismo
derecho que los que habían sido emancipados como africanos libres en 1864, y que, más
aun, ese derecho se extendía a sus descendientes. Aunque sostenía su argumentación en el
deber atribuido al magistrado de reconocer un derecho que pretendía ser positivo, al
emplear la ley de 1831 como forma de luchar por la libertad de esclavos como José y
Jacinto, transformaba la aplicación de la norma legal en una cuestión claramente política.
El reconocimiento de ese derecho, sin embargo, no tenía nada de positivo a los ojos de la
administración pública – comprometida con los intereses de muchos señores que tenían
bajo su dominio a africanos que, a los ojos de Gama, habían sido criminalmente
reducidos a la esclavitud ilegal.
Ello se hace evidente con la reconstrucción de la coyuntura en la que ese
significado explosivo conferido a la ley de 1831 empezaba a surgir en São Paulo. En el
periódico Dezesseis de Julho, publicado en la Corte y fundado por el entonces Ministro
de Justicia, en la sección “Correspondencia de São Paulo”, se leía el tópico siguiente:

“El jefe de policía interino acaba de echar a un secretario de la repartición de


policía, Luiz Gama que, además de orar en el Club Radical, hace tiempo, contra
todo, hacía gala de perturbar a la propiedad servil. (....)
ERA SU DERECHO SEGURAMENTE; (...) ¡pero no podía seguir siendo
funcionario público!....” 23

El jefe de policía, a quien le tocó la ingrata tarea de echar a Gama, era el juez de
derecho de Campinas, Vicente Ferreira da Silva Bueno. Como amigo de Luiz Gama que
era, hizo declaraciones particulares (publicadas por los diarios) afirmando que lo hacía
contra su voluntad, obedeciendo órdenes del presidente de la provincia.24 Más aún, se
decía que el juez municipal Rego Freitas había sido asesorado por propio presidente antes
de emitir su “estúpido” despacho.25 Al gobierno provincial no le gustaba que la
“propiedad servil” fuera tan peligrosamente “perturbada” en los tribunales de primera
instancia. De hecho, el volcán afectaba a muchas áreas. Gran parte de la polémica

22
En la ley aprobada en 1850, el tráfico fue jurídicamente equiparado a la piratería y los traficantes pasaron
a estar bajo la jurisdicción de la Auditoria de la Marina. En cambio, los señores que compraran africanos
ilegales estaban en otra categoría penal: eran juzgados en la alzada común de la justicia, seguramente más
blanda, quedando excluidos de la categoría de “dueños de negocio”. Idem, pp. 107 – 119
23
Dezesseis de Julho, 23 de dicienbre de 1869. Los énfasis son de Luiz Gama. La nota es reproducida por
Luiz Gama en un artículo publicado en el Radical Paulistano del 8 de enero de 1870.
24
Luiz Gama, “O novo Alexandre”. Correio Paulistano, 21 de noviembre de 1869.
25
Luiz Gama, “Um novo Alexandre”, Correio Paulistano, 20 de noviembre de 1869.
alrededor de la exoneración de Gama, tratada de forma muy natural por el diario de la
Corte, fue provocada justamente porque explicitó la intromisión directa del poder
ejecutivo en una cuestión judicial de libertad – a pesar de que la constitución brasileña
garantizaba la independencia entre los dos poderes. Una observación en ese sentido hizo
el periodista Américo de Campos, en un artículo en defensa de su amigo, publicado por el
Correio Paulistano: “magistratura independiente, dice la ley; sí, pero con la condición de
que sea muda y dócil a la menor señal de la política”. 26
Los sobresaltos de las autoridades provinciales, por lo tanto, no eran motivados
solamente por la conducta individual y voluntarista de un funcionario público que, luego
de vivir la experiencia de la esclavitud, se empeñaba en libertar a otros cautivos. Las
autoridades parecían preocuparse por una conjunción de factores que involucraban algo
más. Como observaba la nota misma del Dezesseis de Julho, estaba el “inconveniente”,
por así decirlo, de que Gama estuviera vinculado al Club Radical – grupo político nacido
de una profunda disidencia en el Partido Liberal. Órgano fundado en São Paulo en 1868,
al estilo de lo que sucedía en otras ciudades del país, el club había nacido de las
turbulencias políticas provocadas por el retorno de los conservadores al poder, luego de la
caída del gabinete liberal de Zacarias de Góes. La vertiente más radical del Partido
Liberal se había organizado entonces en esos clubes que, algunos años después, se
transformaron en clubes republicanos. En São Paulo, sus bases dieron origen al Partido
Republicano Paulista, en 1873. Una de las diversas reformas que proponían era
precisamente la “separación de la judicatura de la política”, la “sustitución del trabajo
servil por el trabajo libre”, y la “extinción del poder moderador” 27 - ese último tópico fue
abordado por el orador Luiz Gama en la primera conferencia pública realizada por el
club.28
Aparte la filiación político-partidaria del funcionario, francamente opuesta al
gobierno monárquico, Gama estaba también involucrado en una organización de otro
orden, pero que igualmente ponía énfasis en publicitar su interés por las cuestiones de la
libertad. Tal como la casi mayoría de los otros socios del Club Radical, era masón. No se
sabe con certeza desde cuando había sido aceptado en la masonería; pero en noviembre
de 1868 participó de la fundación de la logia América, al lado de Rui Barbosa, del
secretario de policía Antonio Louzada Antunes, de Ferreira de Menezes, Américo
Braziliense, Américo de Campos y su hermano Bernardino, Olympio da Paixão, Antonio
Carlos Ribeiro de Andrada y Azevedo Marques, ese último propietario del diario de
mayor circulación en la capital, el Correio Paulistano. A lo largo de todo el año de 1869 y
hasta los inicios de la década de 1870, era bastante común encontrar, en medio de un
sinnúmero de anuncios de los diarios Radical Paulistano, Correio Paulistano e Ypiranga,
(todos comprometidos con las ideas liberales), a algunos de los miembros licenciados de
esa logia masónica ofreciendo a los esclavos sus servicios de abogados. Se ponían a
disposición para sostener gratuitamente, frente a los tribunales, “cuestiones de libertad”. 29
A lo largo de esos primeros años de existencia, el compromiso de la logia América en la
lucha de los esclavos que buscaban su manumisión por el camino judicial era
ampliamente divulgado en la prensa. Pasados apenas tres años desde su fundación, la

26
Américo de Campos, “A demissão do senhor Luiz Gama”, Correio Paulistano, 21 de noviembre de 1869.
27
Radical Paulistano, 17 de junho de 1869.
28
Ypiranga, 20 de julio de 1869.
29
Confrontar, por ejemplo, Radical Paulistano, 31 de mayo e 13 de noviembre de 1869.
logia participaba al público que “el número de libertados por vía de acciones en el foro”
promovidas por los masones “asciende a más de trescientos”. 30
El corto pasaje de Jacinto por el foro de la capital terminó vinculándose, por lo
tanto, a conflictos derivados de la actuación de un grupo de hombres letrados que hacía
política partidaria de oposición al gobierno imperial – en el cual fue gestado el Partido
Republicano Paulista – y que, a través de la masonería, ponía en práctica algunos de sus
principios “democráticos”. Con socios y proyectos políticos en común, la logia América y
el club Radical Paulistano agitaban públicamente cuestiones como aquella defendida en
la 5ª Conferencia Pública promovida por los liberales radicales el 12 de septiembre de
1869 – un mes antes de la acción presentada por el africano Jacinto – en la cual el joven
Rui Barbosa discurría sobre la sustitución del trabajo servil. En ese discurso, defendía
que la emancipación debería ser “un principio de interés universal, y no una reforma
política”,31 además de una resolución práctica para el problema:

“La emancipación – decía el orador – se hace mucho más fácil en nuestro país
que en todos aquellos donde se ha efectuado hasta hoy: 1º porque una parte
inmensa de la propiedad servil existente entre nosotros, además de ilegítima,
como toda esclavitud, ES TAMBIÉN ILEGAL, EN VIRTUD DE LA LEY DE 7
DE NOVIEMBRE DE 1831, Y DEL REGLAMENTO RESPECTIVO QUE HAN
DECLARADO EXPRESAMENTE ‘QUE SON LIBRES TODOS LOS
AFRICANOS IMPORTADOS DESDE AQUELLA FECHA EN ADELANTE’ –
donde se concluye que el gobierno tiene la obligación de verificar
escrupulosamente los títulos de los señores, y proceder en la forma del decreto
sobre la esclavitud introducida por el contrabando (...)32.

Bastaría así, con el empeño del gobierno en el cumplimiento de una ley ya


existente hacía tiempo, para que gran parte del problema se solucionara. Un simple
análisis de la nacionalidad y la edad de los cautivos, declaradas en los títulos de
propiedad de los señores, sería suficiente para aclarar si tal propiedad provenía o no del
tráfico ilegal. Además de abonar el sustento jurídico de las causas de esclavos como
Jacinto, al defender el retorno de la libertad a quienes habían sido criminalmente
esclavizados, tal visión amparaba legalmente al poder público y lo consideraba
desobligado de indemnizar a los señores por sus propiedades perdidas – ya que éstas
serían de procedencia ilegal.
Además de tocar una cuestión jurídicamente polémica, ese discurso confrontaba
muchos otros recelos señoriales. Con tales argumentos, Rui Barbosa, en nombre del Club
Radical – así como Luiz Gama en el foro y en los diarios, en nombre del esclavo Jacinto
– apuntaba una vía de acción que, si fuese llevada hasta sus últimas consecuencias,
terminaría cuestionando uno de los pilares que sostenían la esclavitud: el “sagrado”
derecho legal y positivo a la “propiedad servil”. Ese era un punto muy delicado en el
contexto de las discusiones sobre la conducción del problema del “elemento servil”. Es
conveniente recordar que, dos años después de ese episodio, la ley de 28 de septiembre
de 1871, que legalizó la llamada “manumisión forzada” y atacó la esclavitud libertando al

30
Correio Paulistano, 10 de noviembre de 1871.
31
Radical Paulistano, 23 de septiembre de 1869.
32
Radical Paulistano, 23 de septiembre de 1869. Énfasis en el original.
vientre – no sin la debida indemnización a los señores 33 - fue aprobada sin que fuera
dicha ni una palabra respecto de la propiedad esclava proveniente del tráfico ilegal. Más
aún, el artículo 8º de esa misma ley disponía acerca de la obligatoriedad de la matrícula
de todos los esclavos existentes en el Imperio34, “con declaración de nombre, sexo,
estado, aptitud para el trabajo y filiación de cada uno, en el caso de ser conocida”, pero
nada decía en cuanto a su nacionalidad. 35 Era como si el gobierno diera por cerrada la
cuestión; o, como analizaría años más tarde un Consejero del Estado, ese dispositivo
genérico de la ley había creado la posibilidad de la siguiente interpretación: simplemente
“legaliza[ba] la esclavitud, existente en Brasil, de los africanos importados después de
1831”.36 Efectivamente el Consejero tenía razón. Lo más importante es que el registro de
los esclavos estaba en manos de los señores, ya que era hecho a partir de sus
declaraciones. Por ese modo, el gobierno creaba un documento legal que posibilitaba que
los señores regularizaran la situación de los africanos mantenidos ilegalmente como
esclavos, ya sea omitiendo su nacionalidad o simplemente cambiando su edad.
Por lo tanto, “libertar de a poco”, sin ninguna excepción, respetando el derecho a
la propiedad, a la indemnización, y al orden del Estado, era la palabra de orden que
guiaba los debates en el Parlamento que resultaron en la ley de 1871. Al haber sido la
primera medida legal que permitió al Estado intervenir directamente en las relaciones
esclavistas, la ley imprimía un claro significado al proceso de emancipación que desde el
punto de vista de la elite señorial se pretendía realizar: una transición lenta y gradual, que
preparara el esclavo para vivir en libertad, preservando por sobre todo la tranquilidad y
estabilidad sociales.37 Una ruptura de tal orden en el dominio señorial, como la sugerida
por los liberales radicales de São Paulo, no sólo hubiera implicado tratar a muchos
propietarios como si fueran reos, sino que también lanzaría bruscamente a centenares de
libertos a las calles. Ambas situaciones eran consideradas extremadamente peligrosas
para la preservación del orden político y social. Asimismo, se volvía patente el contenido
político explosivo de la interpretación dada por Luiz Gama y otros abogados
abolicionistas a la ley de 1831, capaz de poner en jaque la autoridad de los señores sobre
sus esclavos.
En medio de ese contexto era de esperar que el argumento de Luiz Gama no fuera
bienvenido en el foro de São Paulo. La obstinada negativa que encontró la acción de
libertad intentada por el africano Jacinto era perfectamente coherente con la solución que,
hacía tiempo, se pretendía dar al problema: silenciarlo. Mientras tanto, las autoridades

33
El proyecto fue aprobado dándoles a los señores la opción de entregar niños de ocho años de edad a una
institución pública, con lo que recibirían 600$000 réis como indemnización, o la de mantenerlos bajo su
dominio hasta los 21 años, usufructuando sus servicios. Cf.. Chalhoub, Visões da liberdade.
34
“Las matrículas era registros de esclavos hechos en un órgano público por los señores (...) En esas
matrículas se hacían anotaciones de los cambios de residencia para otro municipio, transferencias de
dominio de un señor a otro, de depósitos de peculio” Joseli Nunes Mendonça, Cenas da Abolição, op.cit
35
Cf. A Abolição no Parlamento: 65 anos de luta (1823-1888), Vol. I, Brasília, Editora do Senado Federal,
1988 – en especial las páginas 486-491, que incluyen una transcripción de la ley n. 2040, de 28 de
septiembre de 1871.
36
Hablando en la sección del Senado del 26 de junio de 1883 el consejero Ribeiro da Luz afirmaba: “De lo
expuesto se debe concluir que esta ley no sólo lanzó un velo sobre el pasado; sino que legalizó la
esclavitud, existente en Brasil, de los africanos importados luego de 1831”. Apud: Lenine Nequete,
Escravos e Magistrados no segundo reinado: aplicação da lei no. 2040, de 28 de setembro de 1871, Brasília,
Fundação Petrôneo Portela, 1988, p.187.
37
Cf. Chalhoub, Visões da liberdade e Mendonça, Entre a mão e os anéis.
provinciales se encargaban de dar otro resultado a las pretensiones del esclavo, fuera de la
arena judicial. De acuerdo al relato de Luiz Gama, mientras la acción corría en el foro, el
jefe de policía “expedía una orden secreta al Excmo. Consejero comisario de la capital,
para mandar aprehender, clandestinamente, el desgraciado africano” y entregarlo a su
señor, “a fin de conducirlo a la provincia de Minas, por dos policías puestos a su espera
en las cercanías de esta ciudad!...”. 38 Aparentemente el peligro estaba bajo control y todo
volvería a sus debidos lugares....

El derecho en las calles


Para decepción de las autoridades públicas de São Paulo, esa era, sin embargo,
una historia que estaba muy lejos de encontrar un final. Jacinto volvió a dejar registros de
su acción en 1873, contrariando las expectativas. Esa vez, lo encontramos en la ciudad de
São José dos Campos, en las páginas de una consulta del juez de derecho Francisco
Ribeiro dos Campos al entonces presidente de la provincia de São Paulo, João Teodoro
Xavier. El juez ponía en conocimiento del presidente que el negro Jacinto, de Jaguari,
Minas Gerais, había sido capturado como fugitivo en Capivari, Municipio de Caçapava;
en su tribunal, sin embargo, reclamaba su libertad, “bajo el fundamento de ser africano, y
de haber sido importado para Brasil después de 1831”. La autoridad, entonces, había
realizado el necesario interrogatorio y enviaba toda la documentación al presidente de la
provincia, a la espera de una solución para la situación.39
La petición inicial de esa acción de libertad requería las diligencias legales para
manumitir a Jacinto, “en los términos de la ley de 7 de noviembre de 1831, artículo 1 o,
mantenida por la ley de 4 de septiembre de 1850”. Esta vez, y para nuestra suerte, Jacinto
fue escuchado en el juzgado. Su relato nos ofrece detalles sorprendentes sobre los
caminos que lo llevaron en 1869 al encuentro de Luiz Gama. El africano revelaba,
además, cómo había logrado librarse de la trampa armada por las autoridades paulistas
para devolverlo a su señor, y cómo pudo permanecer fugitivo hasta 1873.
Nacido en el Reino del Congo, había sido embarcado en Luanda con 10 años de
edad, llegando a Río de Janeiro “en el año de la revolución liderada por Caxias” –
referencia al liderazgo del Duque de Caxias en la llamada “regresión” de 1842. En la
Corte fue comprado con más 23 compañeros, y llevado a Jaguari, provincia de Minas
Gerais. Los bienes de su señor fueron puestos en venta pública luego de su muerto, y
Jacinto fue comprado en el remate por Antonio Gonçalves Pereira, en poder de quien
permaneció hasta “la época en que, saliendo, fue a São Paulo”. Jacinto explicaba que
“recién después de salir del poder de Antonio Gonçalves, éste lo vendió con su mujer a
Inácio Preto, de la ciudad de Amparo”. En ese tiempo, siguió el deponente,

“habiendo Bento Gomes de Escobar mandado a anunciar por un diario de Santos


que el interrogado era libre en calidad de africano, el interrogado escuchó leer
semejante anuncio mientras todavía estaba en Jaguari, donde el mismo Bento
Gomes de Escobar lo guió a São Paulo, donde trabajó en las calles de la ciudad a
servicio de la Cámara Municipal”. 40

38
Correio Paulistano, 21 de noviembre de 1869.
39
Juez de Derecho - São José dos Campos, 1873. AESP, CO 4812.
40
Idem. Énfasis de la autora.
El relato de Jacinto es nebuloso en varios momentos, pero, sin embargo, no deja
dudas respecto al hecho de que, cuando huyó del dominio de su señor, trajo consigo la
convicción de tener derecho a la libertad, por ser un africano introducido en Brasil
después de 1831. Más aún, su declaración muestra que los embates judiciales en torno a
la libertad se difundían en la sociedad a través de la prensa, alcanzando no sólo a la elite
letrada potencialmente apta a la conversión al abolicionismo, sino también a los mayores
interesados en el tema, los esclavizados.
Los puntos obscuros de la historia de Jacinto pueden ser parcialmente iluminados
si retornamos a las informaciones vertidas en la acción intentada por Luiz Gama en 1869.
En su petición inicial, Gama afirmaba que Jacinto y su mujer, luego de ser vendidos a
Inacio Preto, habían sido traídos “cautelosamente” para Amparo, “atados y escoltados por
José de Lima de Oliveira e Pedro, su hijo” – hecho que decía ser posible de probar con
tres testigos.41 Además, al requerir el depósito judicial de Ana, ella se encontraba en
Amparo, y no en Minas Gerais. La confrontación entre esas informaciones puede aclarar
las declaraciones de Jacinto. Seria lícito concluir que, al decir que fue “guiado” de
Jaguari a São Paulo por Bento Gomes de Escobar, Jacinto estuviera, en realidad,
refiriéndose al hecho de haber sido orientado por éste para buscar a Luiz Gama en la
capital. Asimismo, es probable que, sabedor de su derecho a la libertad, y al cambiar de
señor, Jacinto haya aprovechado la oportunidad para salir en búsqueda de la persona
indicada para defender judicialmente su manumisión - y tal vez su huida haya sido
facilitada por la proximidad entre Amparo y São Paulo.
En cuanto a Bento Gomes de Escobar, seguramente él y Luiz Gama se conocían
personalmente y mantenían estrechas relaciones. Escobar era teniente-coronel de la
Guardia Nacional, además de un importante e influyente comerciante en Jaguari. Fue
también un hombre de intensa vida pública, habiendo ocupado los más diversos cargos en
aquel pueblo. En 1850, por ejemplo, fue secretario de la Cámara Municipal y enseguida
fue designado Curador General de Huérfanos; en 1857 fue elegido juez de paz y también
concejal municipal, cargo que ejerció hasta 1858, y para el cual fue reelegido en 1861; en
1865 comenzó a actuar en el foro, primero como fiscal y después como reemplazo del
juez municipal. En ese mismo año, ingresó a la masonería y, a ejemplo de lo que también
le pasó a Luiz Gama, recibió la distinción de Príncipe de la Rosa Cruz, conferida por la
logia Grande Oriente do Brasil. La proximidad entre esos dos hombres que cruzaron la
vida de Jacinto, sin embargo, va mucho más allá de las coincidencias. El 13 de enero de
1869, año en que Jacinto llegó a São Paulo, Escobar fue nombrado miembro honorario de
la logia América.42 En aquel mismo año de 1869, Escobar había sido citado en un juicio
en el foro de São Paulo, acusado de haber calumniado e injuriado a José Levi de Mello,
cura de Capivari. 43 El motivo era un artículo publicado en el diario Correio Paulistano,
periódico de propiedad de otro miembro de la Logia América, en el cual Luiz Gama
publicaba muchos artículos referentes a causas de libertad que llevaba en el foro.
Finalmente, Bento Gomes de Escobar también había firmado, junto con otros
participantes del Club Radical Paulista, el Manifiesto Republicano de 1870.
41
“Autos de Recurso Crime: A justiça contra Luiz Gama”. Apud: “Autos Crimes de Injúria: A justiça contra
Luiz Gonzaga Pinto da Gama”, 1872.
42
Ana Maria de Almeida Camargo, “Correspondência comercial de Bento Gomes de Escobar”, en Revista
de História XLV, São Paulo, 1973, pp.57 – 95.
43
“Autos de Recurso Crime: a Justiça contra Luiz Gama”. Vide “Autos Crimes de Injúria: A justiça contra
Luiz Gonzaga Pinto da Gama”, 1872.
No queda duda de que compartían los mismos preceptos políticos. Teniendo en
cuenta la red de relaciones en que Escobar estaba insertado, deja de ser nebuloso y pasa a
ser sintomático el hecho de que Jacinto tomó conocimiento de la ilegalidad de su
condición esclava, a través de un ‘anuncio’ publicado en los diarios de Santos. Al
mencionar este episodio, es muy probable que Jacinto estuviera refiriéndose al artículo en
que Escobar denunciaba, haciendo pública, la esclavización ilegal de 23 africanos (entre
los cuales estaba Jacinto), que habían sido llevados a Jaguari y bautizados irregularmente
como esclavos por el cura. Al igual que la estrategia empleada en São Paulo por Luiz
Gama y Rui Barbosa, Escobar imprimía también un significado político a la aplicación
de la ley de 1831, presionando a las autoridades de Jaguari a través de la publicidad dada
a la cuestión.
Jacinto prosiguió su declaración sin mencionar el episodio de su acción judicial en
la capital de São Paulo. Pero al rehacer el camino inverso de su recorrido terminó por
revelar otra dimensión de la participación de Luiz Gama en su historia. Contó, así, que
desde la ciudad de São Paulo

“fue guiado por Luiz Gama a Cavalinho, hijo de Antonio Vicente das Chagas
Pereira, residente a aquel tiempo en esta Villa, con destino a Capivari, para ser
entregado a Joaquim Gomes de Almeida como camarada, donde estuvo preso
cerca de 3 meses.” 44

El interrogatorio de Jacinto sorprende al revelar una verdadera red de contactos


que fue accionada por Gama para garantizar su salida de São Paulo, antes de ser apresado
como esclavo huido y devuelto a Antonio Gonçalves Pereira – lo que sugiere que Jacinto
huyó del poder de su señor antes que la transacción de compra y venta con Inacio Preto
hubiera sido, de hecho, concretada. Uno de los motivos alegados por el jefe de policía en
el sumario que destituyó a Luiz Gama de su cargo de secretario había sido, justamente, la
inconveniencia de mantener en la policía a un funcionario que hacía peticiones sobre
“derechos no verificados de esclavos que, substrayéndose al poder de sus señores”,
encontraban apoyo en él. Gama reaccionó enérgicamente ante esa acusación, alegando
que, en el plazo de un año, había conseguido la manumisión de más de 30 personas que
vivían en “cautiverio indebido”. Ninguna de ellas, sin embargo, había huido de la casa de
sus señores: “fueron todas arrancadas por mí, por medios legales, del poder de la
usurpación inmoral”.45 Lo que surge del relato de Jacinto, sin embargo, son indicios de
una concepción ampliada del abolicionista respecto a lo que consideraba los “medios
legales” que podían ser empleados en la búsqueda de la manumisión de un cautivo. Si el
plan de las autoridades para aprehender Jacinto en São Paulo fracasó, la red de contactos
accionada por Gama para librar Jacinto del dominio de su señor obtuvo gran éxito,
permitiendo que él permaneciera trabajando como camarada durante 4 años.
Los desarrollos de la historia de Jacinto muestran que el significado político
atribuido a la cuestión de los esclavos provenientes del tráfico clandestino estaba siendo
construido en ese período no sólo en los tribunales, sino también en otros espacios
sociales – como los diarios que daban publicidad a casos como ese, los clubes políticos y
la masonería. Si fuera aplicada de forma colectiva, de acuerdo a esa interpretación, la ley

44
Juez de Derecho - São José dos Campos, 1873. AESP, CO 4812.
45
Correio Paulistano, 20 de noviembre de 1869.
terminaría por desestructurar profundamente la esclavitud. Por eso mismo, continuaba
causando temor en las autoridades judiciales el hecho de que un esclavo, capturado como
huido, alegara ser libre por tener “calidad de africano”. 46 Fue esa afirmación de Jacinto la
que motivó la consulta del juez de derecho de São José dos Campos al presidente de la
provincia en 1873 quien, a su vez, “comunicó al Ministerio de Justicia” – de acuerdo a lo
anotado con lapicera al margen del documento. El juez de derecho informaba además
que, después de haber interrogado al peticionante, escuchado a su señor – que había
exhibido el correspondiente título de propiedad – e inquirido a los testigos, había
rechazado la pretensión del esclavo. Había procedido así “por entender que de los autos
no resultó ningún argumento que pudiera favorecerla”. De esa forma, mandó a que se
levantara el depósito judicial, y que Jacinto volviera al poder de su señor, luego de pasar
4 años “viviendo sobre sí”. 47 Pasados sólo 2 días de restituido a su señor, sin embargo, el
juez municipal le hacía otra consulta al respecto al juez de derecho. Jacinto estaba
nuevamente preso, esta vez, “por orden del señor”, y en esa situación había presentado
otra petición, requiriendo ahora una acción de arbitraje sobre su valor. 48
Era común que señores mandaran a las autoridades policiales aprehender a sus
esclavos e incluso a azotarlos como forma de punición. La situación ambigua de estar
preso por mandato del señor justo después de haber sido levantado el depósito judicial, y
el hecho de aprovecharse de eso para requerir en el juzgado su libertad, dejó al juez
municipal un tanto confuso. Jacinto, sin embargo, estaba bien asesorado y el contexto era
otro. Él contaba con un nuevo recurso legal, bastante menos polémico, para lograr la
manumisión: ahora podía contar con la ley de 1871 y pagar por ella. La respuesta del juez
de derecho al juez municipal fue categórica: “(...) tengo a ponderar que el peticionario
tiene el derecho de proceder así (...), pero para ello es indispensable que exhiba dinero o
títulos de peculio, cuya suma equivalga a su precio razonable”. 49 Empieza así otra
historia, quiero creer, con un final feliz para Jacinto.
Casos como este apuntan a cuestiones poco exploradas en el análisis de los
embates judiciales. Lo que en los tribunales aparecía como una conflictiva construcción
de una argumentación jurídica para sostener mejor una posibilidad de manumisión, en las
calles aparecía como un derecho a ser reivindicado. La historia del encuentro del africano
Jacinto con el abogado Luiz Gama – y todo lo que fue posible comprender de lo que tal
encuentro significó en aquella sociedad – atestigua que, a través de la publicidad y de la
politización efectuadas en los foros por aquellos profesionales, no sólo otros hombres
letrados se sumaron a su lucha, sino también que otros esclavos tomaron conocimiento de
sus derechos – pasando a adoptar actitudes que corroían la legitimidad del poder señorial
al mismo tiempo que cuestionaban la legalidad de sus condiciones. Asimismo, al
instrumentalizar, apoyar y reelaborar las aspiraciones y luchas de los propios esclavos,
esos abogados ejercieron un rol fundamental en la construcción social de la idea del
derecho a la libertad, minando la legalidad de la propiedad esclava en la arena judicial,
pero principalmente más allá de ella.

46
Juez de Derecho - São José dos Campos, 1873. AESP, CO 4812.
47
Idem.
48
Idem.
49
Idem.