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ENSEÑAR A DORMIR SOLOS A NUESTROS HIJOS

Si en algún momento, has tenido dificultad para enseñar a nuestros hijos/as a dormir solos (esto es,
a que vayan a dormir a una hora establecida por nosotros, sin necesidad de que los acompañes
hasta que se queden dormidos más allá del cuento de buenas noches, y sin atender a sus múltiples
peticiones una vez que están en la cama) es probable que hayas intentado alguno de los métodos
más conocidos para conseguirlo.

El sueño es una rutina más, sin embargo, cuando se trata de enseñar a dormir tenemos más dudas
sobre qué hacer e intentamos una cosa detrás de otra: ahora acudimos a su lado, ahora le damos
agua, luego vamos a hacer pipí, lo llevamos a nuestra cama,.. Sin embargo, podemos enseñar a
dormir como hemos enseñado otras rutinas: en un mismo sitio, a una misma hora y de una misma
forma, para que cuando llegue el momento de ir a dormir el niño/a sepa qué tiene que hacer.

A continuación se recogen dos procedimientos para enseñar a dormir solos. Su elección se basa en
nuestra experiencia en consulta, donde han demostrado ser eficaces en más del 85 por ciento de
los casos. Para llevarlos a cabo os recomendamos contar con un profesional con conocimientos y
experiencia en procedimientos de tipo conductual.

Los nombres de ambos métodos corresponden a dos profesionales que los han divulgado, siendo
los procedimientos un conjunto de técnicas propias de la modificación de conducta en Psicología,
asimismo adaptados en base a nuestra experiencia 🙂

Aspectos comunes a ambos métodos:

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Es hora de dormir. Las rutinas se aprenden mejor si las “separamos” unas de otras, de forma que
después de cenar vamos a retirar todos los elementos que tengan que ver con la comida (por
ejemplo, el biberón se dará antes de acostarlo, en una habitación distinta de donde duerme) o el
ocio (no se accede a televisión o videoconsola, los juguetes pueden estar en la habitación pero no
los utilizamos, no mantenemos largas conversaciones sobre lo importante que es dormir o lo
injustificados que son sus miedos,…). Por el contrario, se asociará a una luz más tenue, a una menor
actividad y contacto físico o presencia de otras personas, a una cama y su almohada,…

Ritual para ir a dormir. Debemos elegir una misma secuencia o “ritual” a seguir todas las noches, la
cual puede incluir un beso y desearles buenas noches, o algo similar que sea breve y esté siempre a
nuestra disposición. Olga nos recomienda en comentarios el libro “Mi camita” para crear una
asociación agradable y divertida entre un niño/a y su cama .
Atención a las ayudas que prestas, todo aquello que hacemos para que nuestros hijos/as se
duerman y que excede lo imprescindible (Ej., dormir con ellos, mecerlos, pasearlos,…) puede llegar
a convertirse en una dificultad pasado el tiempo, o si nos encontramos en circunstancias diferentes
(cambio de casa, embarazo, participación de otros cuidadores, limitaciones de tiempo…)

Estrategias que nos perjudican. Además de las ayudas citadas en el punto anterior, existen otras
estrategias de resultado inmediato pero que implican desventajas en el futuro, como son: explicarle
por qué debe dormir solo o por qué no tiene que tener miedo aportando numerosos argumentos
(el niño/a siempre querrá más), mostrar enfado ante su resistencia a dormir solo y mal
comportamiento (el niño/a entenderá que no podrás soportar más tiempo tu malestar y estás
próximo a ceder), dar ayudas que por su edad y habilidades pueden obtener por sí mismos como
beber agua o ir al baño (para el niño/a es una forma de obtener tu atención y aplazar el momento
de dormir).

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Ve un paso por delante. Ambos procedimientos implican una cantidad de energía y tiempo
importante por parte de los adultos. Por tanto, no dudes en descansar durante el día si te resulta
posible, para llevar a cabo las pautas de forma consistente durante la noche (esto es, haciendo
siempre lo mismo en las mismas situaciones). También recomendamos iniciar el procedimiento al
inicio de un fin de semana o en vacaciones, donde la pérdida de descanso inicial no sea tan
perjudicial para nuestras obligaciones.

Finalidad de este aprendizaje. Desde el punto de vista de su desarrollo, el niño/a aprende


mediante estos procedimientos que no hay nada malo en la oscuridad ni en dormir solo en su
habitación, que es algo deseable y valorado por nosotros para conseguir un descanso seguro e
independiente, y que vamos a seguir dándole cariño y atención en otros momentos del día que no
compitan con el sueño.

El método Estivill. El doctor Estivill recoge en su libro “¡A dormir!” las siguientes pautas, que os
recomendamos para enseñar a dormir solos a niños/as que no suelen levantarse de su cama ni
muestran comportamientos inadecuados como gritos o exigencias para conseguir que los
acompañéis durante el sueño:

1. Lleva a cabo la secuencia elegida para ir a dormir


2. Elige los elementos que sí le van a acompañar durante el tiempo que permanezca en su
cama, como puede ser un muñeco, un objeto móvil, chupetes si los utiliza,… en los niños/as
más pequeños
3. Despídete de él/ella con unas palabras como “ahora mamá te va a enseñar a dormir. A partir
de hoy vas a dormir aquí, en tu cama”
4. Sal de la habitación antes de que se quede dormido.

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Acércate a él/ella y repite una misma frase o similar (“Ahora toca dormir…”) cada cierto tiempo,
entre 3 y 5 minutos. Debes acercarte de forma independiente a si está llorando o no, cumpliendo
los minutos que te has marcado

Acércate todas las veces que sea necesario hasta que el niño/a se duerma, siguiendo las mismas
pautas aunque tu paciencia vaya disminuyendo conforme avanza la noche, y tomando nota del
tiempo que tarda en dormirse desde que lo dejas en su cuna o cama cada noche y tras cada
despertar.

Elogia al niño/a cada mañana que se despierte en su cama y haya dormido solo, aunque haya
tardado en dormirse y haya hecho peticiones.

Acercarnos cada cierto tiempo NO implica ninguna clase de descuido o desapego, pues de esta
forma saben que “estamos ahí” al mismo tiempo que garantizamos su seguridad. Además, cuando
están enfermos o tienen necesidades que no pueden satisfacer por ellos mismos les atendemos en
todo lo necesario.

El método Supernanny. Este método está recomendado para los casos donde el niño/a se levanta
con frecuencia de su cama y/o utiliza el llanto y los gritos para hacer peticiones inadecuadas a sus
padres (“acuéstate conmigo”, “quiero jugar”, “dame la mano”…):

1. Prepara una silla en la habitación del niño/a para ti


2. Explícale que a partir de ahora vas a sentarte allí hasta que se quede dormido/a
3. Cuando te pida algo que pueda obtener por sí mismo, como beber agua o ir al baño, o bien
quiera iniciar una conversación contigo, tu respuesta debe ser una y siempre la misma, por
ejemplo, “ahora toca dormir, mañana hablamos”

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4. No muestres enfado ante su insistencia y peticiones durante todo el proceso y hasta que se
quede dormido/a, o aprenderá qué hacer para “sacarte de tus casillas” y hacer más
probable que cedas y duermas con él/ella
5. Anota cada noche el tiempo que tarda en dormirse desde que lo dejas en su cama cada
noche y tras cada despertar
6. Elogia al niño/a cada mañana que se despierte en su cama y haya dormido solo, aunque
haya tardado tiempo en dormirse y haya hecho peticiones

PRINCIPALES DIFICULTADES DE AMBOS PROCEDIMIENTOS

Resistencia al cambio por parte del niño/a. Una de las principales dificultades que encontramos
cuando iniciamos un procedimiento de estas características es el comportamiento del niño/a ante
los cambios propuestos, el cual suele provocar en la mayoría de los casos:

 Mayor intensidad y variedad en las peticiones que realiza el niño/a a los adultos.
 Un agravamiento de las verbalizaciones sobre los miedos y la dificultad para dormir.
 El empeoramiento de su comportamiento durante la noche y/o durante el día.
 Esta resistencia es un intento del niño/a por seguir teniendo acceso a las ayudas que tenía
para dormir, y evitar el malestar que le produce su retirada, entre otros la dificultad inicial
para dormir.

Tenidas en cuenta las dificultades, una vez iniciado el procedimiento se recomienda llevarlo a cabo
hasta conseguir que el niño/a duerma sin ningún tipo de ayudas, incluida la compañía de un adulto,
pues si cedemos y llevamos a cabo aquello que nos pide, ello tendrá como resultado un incremento
de su resistencia, lo que hará más difícil que el aprendizaje se dé en el futuro.

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ABANDONO DE LAS PAUTAS POR PARTE DEL ADULTO.

Ambos procedimientos suponen un nivel alto de dificultad, pues se refieren a una rutina básica
como es el sueño, que preocupa a padres, madres y educadores. Esto nos lleva a menudo a “hacer
todo lo necesario para que el niño/a se duerma”, generando situaciones de dependencia que el
niño/a no está dispuesto a abandonar con facilidad. Ante su resistencia, es posible perder la
paciencia y volver a la rutina anterior. Tener la motivación suficiente para llevarlo a cabo así como
el asesoramiento y supervisión de un profesional hará más probable el éxito del procedimiento.

¿Qué puede motivar nuestros esfuerzos? ¿Cuál será la recompensa a nuestra persistencia?

“Cuando varias personas dan su parecer sobre un asunto, acierta más la que piensa a más largo
plazo” Ángel Ganivet

Como avanzábamos antes, pensar en el largo plazo y enseñar a nuestros hijos/as a dormir solos nos
permitirá obtener las siguientes recompensas:

 Mayor autonomía y seguridad a la hora de ir a dormir (su descanso no dependerá de nuestra


presencia)
 Menor probabilidad de que se verbalicen miedos y dificultades en el futuro
 Menor probabilidad de que el niño/a se despierte durante la noche
 Afianzamiento de otros hábitos propios de su desarrollo (uso del wc, comer solos, vestirse…)
 Restablecimiento de nuestra intimidad y la suya.
 Posibilidad de ir a dormir a casa de un amigo o de campamentos con otros niños sin ninguna
dificultad.