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DES-BORDES

Lo vital no admite división

El arte peruano se caracteriza porque se ha desarrollado siempre mediante un movimiento pendular:


entre lo local y lo global, entre lo originario y lo foráneo, entre la tradición y lo contemporáneo.
Hay momentos en que el péndulo se orienta hacia uno de esos lados, es así que en la primera mitad
del siglo pasado el indigenismo desarrolló una estética que pretendía exaltar lo local mientras que la
generación posterior de abstraccionistas prefirió orientarse hacia las nuevas propuestas
cosmopolitas. A fines de los años 60s, desde lo gubernamental, se planteó una nueva estética
reivindicadora de lo andino aunque sin negar las propuestas contemporáneas: los afiches de la
Reforma Agraria de Jesús Ruiz Durand fueron la manifestación de lo mejor de esta propuesta. A
mediados de los 70s, el Premio Nacional de Cultura otorgado a un maestro “artesano”, el retablista
Joaquín López Antay, volvió a poner en debate los términos de “culto” y “popular” en el arte
peruano. La polémica fue ardua y muchos artistas plásticos cuestionaron la validez de esa
premiación, aunque finalmente el debate terminó empoderando a los artífices populares y
estimulando el surgimiento de una nueva generación de creadores. De esta manera a comienzos de
los 80s el grupo EPS Huayco apostaría nuevamente por reinvidicar las estéticas locales. “Sólo lo
popular es lo realmente moderno hoy en el Perú” afirmaría un crítico de aquel entonces.

Y es que desde lo popular se siguen planteando algunas de las modernidades más complejas y
densas simbólicamente en el Perú de hoy. Es una historia de hibrideces que nos remonta a Guamán
Poma y sus killkas que reunen lo visual y lo escrito creando una estela que nos puede llevar a las
Tablas de Sarhua o a las fabulosas historietas de Miguel Det. Una historia que ha alcanzado gran
masividad gracias a las industrias culturales del folklore y la chicha; las mantas bordadas y la
textilería andina serían la raíz visual del diseño gráfico en las tapas de los discos de larga duración y
posteriormente en los afiches y los colores fluorescentes que se ven todos los días en los carteles de
Cea Publicidad o en las intervenciones urbanas de Elliot Tupac.

Visualidades de masas que han sido retratadas y fotografiadas por el ojo documental de Nicolás
Torres y Daniel Pajuelo o por las propuestas más contemporáneas de Adrián Portugal. Visualidades
que se han convertido en el corazón de las plurales identidades de lo peruano en constante tránsito y
transformación. Nuestras modernidades más atrevidas y diferentes siguen proviniendo del mundo
popular y el arte contemporáneo peruano no puede obviar esas alteridades que las constituyen. Des-
bordes que siguen siendo nuestra mejor heterodoxia y nuestra tradición más transgresora y
auténtica.

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