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Aportes de la cultura Hebrea:

Los hebreos desarrollaron y aportaron al mundo, aspectos fundamentales de carácter


religioso, hasta hoy día vigentes. Entre sus aportes tenemos: El Monoteísmo, La Biblia y
El Decálogo.

1. El Monoteísmo:

El pueblo hebreo tuvo la convicción de creer en un solo Dios Universal, llamado Jehová,
creador de todas las cosas.

Esto fue producto de una larga evolución religiosa, cristalizada por Moisés, quien
impulsó vigorosamente el monoteísmo durante 40 años de vida errante a través del
desierto, luego del éxodo.

2. La Biblia:

La palabra Biblia viene de la voz griega byblos, que significa libro. En efecto, la biblia es
el conjunto de Libros Sagrados o Sagradas Escrituras del pueblo judío y de las religiones
cristianas. Por su profundo contenido religioso, filosófico y literario, está considerado
como la obra más hermosa de la humanidad. Se encuentra formando diversos libros,
todos reunidos en un solo cuerpo. Se divide en dos partes: el Antiguo y el Nuevo
Testamento.

2.1. El Antiguo Testamento: El Antiguo Testamento es la historia de la civilización y


cultura del pueblo hebreo, como elegido de Dios y depositario de sus promesas
mesiánicas de salvación del mundo. Comprende los siguientes libros:

El Pentateuco: Es la primera parte y comprende cinco libros:

 El Génesis, donde se relatan la creación del mundo, el diluvio y la historia de


los patriarcas.
 El Éxodo, que explica la salida de Egipto del pueblo hebreo y la recepción de
la Ley de Moisés.
 El Levítico, que se refiere a la tribu de Leví y se recopilan las prescripciones
del culto.
 Los Números, donde se narra la marcha de los hebreos desde el Sinaí hasta
Palestina.
 El Deuteronomio, que contiene la segunda ley, referente a la justicia y el
amor.

Los Proféticos: Es la segunda parte del Antiguo Testamento, formado por


veintiún libros que relatan minuciosamente las predicciones de los profetas.

Los Hagiógrafos: Es la tercera parte del Antiguo Testamento, integrada por


quince libros de carácter religioso, moral y poético.
El Talmud: Es el libro escrito por los judíos, varios siglos después del cautiverio,
para afirmar y conservar sus creencias, amenazadas por el contacto con los
extranjeros.

2.2. El Nuevo Testamento:


El Nuevo Testamento es, para los cristianos, la historia de la realización y
cumplimiento, en la persona de Cristo, de las antiguas profecías mesiánicas.
Esta parte de la Biblia fue escrita por los apóstoles de Jesús y comprende los
cuatro Evangelios- la “buena noticia o buena nueva”- de San Mateo, San Marcos,
San Lucas y San Juan, que narran la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Además
contiene “Los Hechos de los Apóstoles”, “Las Epístolas” y el “Apocalipsis” de San
Juan.

3. El Decálogo:

El Decálogo contiene las diez normas o mandamientos, que según la tradición bíblica,
fueron entregados a Moisés en el monte Sinaí. Estas normas son las siguientes:

1. Yo soy Jehová, tu Dios que te ha librado de la esclavitud de Egipto. No tendrás


dioses delante de mí.
2. No harás imágenes talladas (ídolos); ni te inclinarás a ellas, ni las honrarás.
3. No tomarás en vano el nombre de Jehová, tu Dios.

4. Te acordarás del día Sábado para santificarlo; trabajarás durante seis días, pero
el sétimo no harás ninguna labor.

5. Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra.

6. No matarás.

7. No cometerás adulterio.

8. No robarás.
9. No levantarás falsos testimonios a tu prójimo.

10. No codiciarás la mujer de tu prójimo; ni su casa, ni nada que le pertenezca.

Ciencia hebrea antigua:


Las ideas que los antiguos hebreos tenían de la naturaleza y los elementos era más
mitológica que real. Eran escasos sus conocimientos debido principalmente a sus
creencias religiosas que dominaban ampliamente todo aspecto de sus vidas. En gran
medida compartían ideas similares de sus pueblos vecinos, que también se esforzaban
por comprender su entorno, aunque previamente se filtraba por la criba religiosa. Así
como ideas religiosas influyeron en la concepción cartográfica de la tierra durante el
primer milenio de nuestra era, en tiempos bíblicos las ideas sobre la naturaleza, la tierra
y el universo estaban invariablemente sujetas a múltiples conceptos religiosos. Debido
a la carencia de conocimiento real sobre muchas cosas los pueblos de la antigüedad
trataban de entenderlo desde los únicos punto de vista posibles, que son tanto el
filosófico o el religioso, o una combinación de ambos.
Veamos algunos conceptos sobre la naturaleza y el universo.

 Los abismos:
No tenían conocimiento sobre los océanos como los tenemos nosotros. Aunque algunas
Biblias vierten “océano” en algunos lugares de las escrituras hebreas, esta palabra no
proviene de la griega okeanós sino de la palabra a-bys-sou, traducido al latín como a-
bys-si, que significa abismo. La palabra hebrea original de la cual se tradujo ‘abismo’es
thehóhm o tehóhm. Su significado básico es ‘insondable’, dando a entender algo muy
profundo, vasto, enorme. En otra palabra, desconocido. Esta palabra hebrea es vertida
por la septuaginta como abismo y se interpreta como ‘profundidad acuosa’ o ‘aguas
agitadas’. Cuando los griegos llamaron okeanós a los mares que rodeaban lo que ellos
creían era los confines de toda la tierra hasta el vacío, los traductores del TH al griego
usaron algunas veces esta expresión cuando parecía clara su referencia física. Para los
hebreos la expresión tehóhm también podía significar ‘abismo celestial’ cuando se
refieren a las ‘muchas aguas’ que forman grandes nubes tormentosas (Sl.29:10).
Conocían el fenómeno de la evaporación y sabían que las nubes provenían de las vastas
aguas o mares a las que consideraban como las fuentes abismales (Job.36:27; Is.44:27).
Estas fuentes eran de donde provenían los ríos y manantiales de la tierra. También
sabían sobre el ciclo de agua, al ver que la nieve se transformaba en agua (Job24:19).
La palabra océano proviene de la mitología griega, es decir, de las creencias de los
antiguos griegos, la cual no difería mucho de las ideas que tenían los hebreos, con la
diferencia que para estos últimos todo lo gobernaba un solo Dios, yhvh o elhoim.

 Océano (mitología):
En la mitología griega, uno de los titanes, hijo de Urano y Gea. Con su mujer, la titánida
Tetis, dominaba el Océano, un gran río que circundaba la tierra, a la que se consideraba
un círculo plano. Las ninfas de este gran río, las oceánides, eran sus hijas, y los dioses de
todos los ríos de la tierra eran sus hijos. En leyendas posteriores, cuando Zeus, jefe de
los dioses olímpicos, y sus hermanos, Poseidón y Hades, derrocaron a los titanes y
asumieron su poder, Poseidón y su mujer, Anfitrite, sucedieron a Océano y a Tetis como
soberanos de las aguas.[1]
De modo que las ideas sobre una vasto mar que circundaba la tierra habitada-no tenían
ideas de continentes-era muy común a todos los pueblos antiguos (Prov.8:27), y lo que
nosotros llamamos actualmente océanos eran para los hebreos fuentes abismales
(Prov.8:29). La tierra que ellos creían intuitivamente que existía era como un solo
continente, rodeado de abismos (Sal.33:7; 135:6), lugar de mares agitados que ningún
humano podía internarse en ellos.
Debido a que no conocían tampoco todas las extensiones del terreno firme, se
expresaban de él como extendido hacia los cuatro cabos o extremidades (Sal.72:7). La
intuición no les permitía visualizar una tierra esférica. A su vez, tener conocimiento de
la geografía de la tierra era un misterio en tiempos bíblicos (Job 38:18)

 Los fenómenos atmosféricos:


El Salmo 29 es un ejemplo de las ideas que tenían los hebreos de las tormentas. Para
ellos era un secreto misterioso de cómo las aguas podían estar contenidas en nubes (Job
26:8; . Las tormentas o lluvias eran consideradas maravillas incomprensibles de Dios, y
podían ser expresiones de castigo divino a los malos o bendiciones para los favorecidos,
según ocurrieran los resultados (Job 36:27-29; 37:5,6 y13). Nunca meditaron lo
suficiente para explicar la inutilidad de las tormentas copiosas que ocurren en los
océanos.
Muchas de las menciones que aparecen en la Biblia desafiando al ser humano por su
incapacidad y falta de conocimiento, usados para engrandecer al Dios de los hebreos, se
han develado en estos tiempos mediante la investigación y descubrimientos humanos
(Job 35:5-13; 36:29; 38:16,18,22,28,29).
Creían que todo fue y seguía siendo obra por la palabra de Dios. El efecto de una orden
proferida por Su boca era tal que las partículas de materia obedientes cumplían Sus
designios, haciendo que las aguas produzcan almas vivientes, la tierra produzca
vegetación, las nubes lluvia y nieve. La evaporación y las masas nubosas que forman
tormentas y lluvias eran explicadas como ocurridas por órdenes directas de Dios
(Jer.10:13; Zac.10:1). Debido a que en algunos lugares llovía y en otros no, creían que
era Dios el que disponía de ciertos conductos o canales para que fuera así, gobernados
por vientos que sacaba de Sus depósitos (Job 38:25). Creían que el rayo era la luz que
dispersaba a los enemigos al alumbrar sus iniquidades y el trueno era la orden de Dios
que profería sus juicios (Gen.1:1-27; Job36:32,33; 37:3-6; Sal.77:18). Para ellos Dios
cabalgaba en su carro de guerra sobre las nubes.
No cabe duda que hoy todo esto se toma en un hermoso lenguaje simbólico, poético;
pero en la antigüedad los hombres y mujeres devotos veían en estos fenómenos la
actividad divina. Para ellos no era solo hermosa poesía, sino hechos reales que les
permitían ver, no a Dios, sino su poder y accionar. A diferencia de los pueblos idólatras
que tenían un dios distinto para cada fenómeno, los hebreos tenían un solo Dios para
todos.
 El universo antiguo
Los hebreos creían que Dios extendió o desplegó la tierra después de alejar las aguas
agitadas (Job38:8), represándolas como en almacenes o fuentes abismales (Sal.33:7). Su
idea de la tierra era la de una extensión de suelo muy amplio que estaba bien afirmado
a un nivel más alto que los mares y ríos, lo que impedía que las aguas invadieran la tierra
(Sal.24:2; 136:6). Cuando se referían a la tierra como suelo seco, lo que nosotros
llamamos continente, tenían la clara idea de que Dios era el que la había colocado sobre
una suerte de apoyos que solamente eran conocidos por él (1 Sam.2:8b). Luego extendió
el cielo y sobre el mismo sujetó la bóveda celeste, zona donde aparecían y se movían los
astros, mediante columnas que se encontraban en las partes más remotas o extremas
de la tierra o lejos en el desconocido mar (Job 9:6,8; 26:10,11; Prov.3:19; Isa.42:5). Las
nubes eran creación de Dios que el dispuso estuvieran en el cielo para producir la lluvia,
fenómeno que El dirigía personalmente, como hemos visto. Su Dios se paseaba sobre la
bóveda celeste (Job 22:14) y sobre las nubes se desplazaba (Sal.68:33). También creían
que el mar era sujetado en su parte más externa como por una faja invisible, ocultada
por densas tinieblas y oscuridad (Job38:9). Con respecto a las constelaciones, creían que
formaban sus figuras de manera bidimensional y que Dios era el encargado de hacerlas
salir y mantenerlas juntas para que recorran el cielo nocturno (Job 9:8; 38:31,32).
¿Existe acaso una parte más lejana de la tierra, una extremidad? (Isa.40:28) Es imposible
ver actualmente en la tierra una parte más lejana de otra, porque en la superficie de una
esfera ninguna parte es extrema o lejana de si misma a menos que se establezca un
sector de ella como su centro. ¿Cuál es el centro de la tierra? Bueno, ¿cuál es el centro
de la superficie de una esfera? Cualquiera diría que el centro de una esfera es el núcleo
y no un sector determinado de su superficie. Sin embargo, en tiempos bíblicos, se
consideraba el centro de la tierra a una porción de la habitada y conocida por los
israelitas, y para ellos según sus creencias, Jerusalén estaba en el centro porque allí
estaba la "adoración verdadera". De modo que su centro era religioso no físico, pero la
idea que tenían se proyectaba también al mundo físico, por lo cual creían en una tierra
con extremos de los cuales habría que volver si allí se llegaba, no como hoy día que sin
importar en cuál dirección uno vaya vuelve al mismo lugar.
Creían en la existencia de monstruos marinos míticos, inventados por la imaginación
humana, que existían en los mares profundos alejados de las costas (Job 26:12,13).
Las revoluciones del sol eran vistas por los hebreos y judíos como un circuito en el cual
este astro solamente alumbraba la tierra durante cada día de una sola vez por su pasada
por ella (Deut.4:19). El lugar por donde salía era considerada la extremidad de la tierra,
al igual que el lugar por donde se ponía. (Sal.19:1-6). Menos tenían noción siquiera de
los husos horarios, por lo cual nunca supieron ni imaginaron que mientras ellos se
acostaban y dormían por la noche civilizaciones americanas realizaban sus actividades
diarias, o que los chinos se levantaran casi seis horas antes que ellos o que los íberos
todavía siguieran trabajando en el campo mientras ellos cenaban y se acostaban. Cada
1600 kilómetros en sentido longitudinal, amanece una hora hacia el oeste. Actualmente,
viajando en el Concorde-avión supersónico-de Paris a New York durante el atardecer,
éste se convierte en amanecer, una experiencia insólita. En los tiempos de la Biblia no
tenían manera de comprobar que entre el valle del Indo y la península ibérica existían
cinco horas de diferencia. Salomón, el más sabio de la antigüedad según reza la Biblia
durante el siglo XI a.E.C., creía que después de ponerse el sol en el horizonte, cumplía
un viaje de retorno inútil a semejanza de un ciclo repetitivo para esperar su momento
en volver a salir por el este (Ecl.1:5). Debía esperar hasta que las horas de la noche fueran
las suficientes para brindar descanso a la humanidad, listo para volver a salir a la orden
de Dios (Sal.65:8; 74:16; 104:20; Isa.45:7; Gen.8:22; Mat.5:45). Dos milagros relatados
en la Biblia muestran el poder que Dios tiene sobre el movimiento del sol (Jos.10:12-14;
Isa.38:8). Aristóteles también creía que la tierra estaba inmóvil y que el sol viajaba por
la bóveda celeste o firmamento, aunque incorporó la idea de una tierra esférica.
Afirmaba que había varias maneras de demostrarlo. Una era la desaparición paulatina
de un barco en el horizonte comenzando por su casco y terminando por la punta del
mástil. Otra, que cuando el sol viajaba por debajo de la tierra, en los tiempos en que se
producían los eclipses de luna, enseñaba que la sombra redondeada que oscurecía
paulatinamente a la misma era la de la tierra que se proyectaba por la posición del sol.
Este era un aspecto nuevo en la concepción generalizada de una tierra circular en un
plano o semejante a una semiesfera. Eratóstenes calculó uno siglo después la
circunferencia de la tierra como una esfera y no como la circunferencia de un plano o
en todo caso de una semiesfera. Sin embargo es interesante que no se dieran cuenta
que la luna fuera esférica y que las fases de la misma se debían a las posiciones
cambiantes del observador, el sol y la misma (). Cuando se hablaba de la luna color
sangre era cuando ocurrían eclipses parciales lunares o cuando el sol se oscurecía
durante el día eran los eclipses de sol (Joel 2:30). Los babilonios y luego los griegos,
aunque pudieron predecir las posiciones de la luna y el sol, no entendían de cómo
realmente ocurrían. Tanto los hebreos como el resto de los pueblos de la antigüedad, a
pesar que observaban los cielos y los fenómenos de la naturaleza, veían en ellos actos
sobrehumanos de origen divino, y nunca pudieron ir más allá para comprender o
discernir aspectos de la física y la ciencia. Los intereses de los babilonios y egipcios se
centraba más en la adivinación y prácticas agoreras que en la física natural.
Interpretaban todo a través del lente religioso Tan poderosos eran las imposiciones
religiosas que gobernaban a los mortales, que nadie osaba contradecir nada aunque
creyera otra cosa, aunque es poco probable que pudiera entender otra cosa. Es
llamativo por ejemplo que los hebreos jamás mencionaron los eclipses de luna ni de sol
en la Biblia, ni ninguna clase de fenómeno celestial. Los hebreos consideraban una
herejía relacionarse de alguna manera con esos conocimientos celestiales, los cuales
durante siglos solamente estuvieron relacionados con prácticas religiosas que les eran
prohibidas (2 Rey.23:5; Jer.8:2). En vez de estudiarlos y comprenderlos rechazaron
cualquier conocimiento que tuviera relación con los astros, y únicamente llegaron a
considerar los fenómenos celestes como señales de juicios llevados a cabo por su Dios
dirigidos a sus enemigos (Isa.13:10 y 11; Jer.15:9; Joel.2:30,31; Mr.13:24; Lc.21:25).
Según los datos más antiguos sobre los que tenemos registros, solamente algunos
filósofos griegos se animaron a interpretar la naturaleza desde un punto de vista no
religioso. Por ello son la cuna de la civilización occidental.

 La naturaleza
Tenían una idea muy rudimentaria del ciclo del agua. En realidad, aunque conocían los
distintos fenómenos de evaporación y precipitación, normalmente no asociaban a las
lluvias y la nieve como la única fuente de agua dulce de los ríos y manantiales (Job 28:10).
Suponían que hasta pudieran tener orígenes totalmente independientes.
Un caso llamativo es Génesis 2:4-6, un relato aparentemente más detallado de ciertos
sucesos ocurridos durante los días creativos ya mencionados en el primer capítulo. Este
segundo relato es muy confuso en algunas partes porque se puede interpretar de
diferentes maneras. Apenas comienza se torna complicado. Según las distintas versiones
de la Biblia hay un acuerdo interpretativo de que antes de la creación del hombre no
llovía (Gen 2:5). Debido a ello no crecían vegetales. En eso están todas de acuerdo como
lo expresan en el versículo 5. Para tratar de armonizarlo con el primer relato de la
creación nos situamos antes de la creación de los vegetales pero después de la aparición
de los continentes. Sin embargo, a continuación en el siguiente versículo aparece un
problema. Algunas traducciones, como la Val. y la NM introducen que había una neblina
o vapor que regaba toda la tierra. Otras Biblias, como la BJ, traduce manantial, como
una gran fuente de agua subterránea, de donde a lo mejor se quiere dar a entender que
provendría la evaporación. Pero otras Biblias, como la NC, menciona que no existía el
vapor que permitiese siquiera formar rocío, razón por la cual no acaecía tampoco la
lluvia. El problema es que si no existía humedad alguna no podían crecer vegetales, pero
el capítulo anterior muestra que éstos principiaron desde el tercer día en adelante.
Desde ese día hasta el sexto en que fue creado Adán las plantas debían ser regadas con
agua de alguna manera si buscamos armonizar ambos relatos. El problema es que la
palabra hebrea que aparece en el versículo 6 es édh, que significa vapor o niebla.
Algunos traductores, imbuidos de los conocimientos actuales sobre geofísica, aducen
que se refería al vapor que provendría de mares, río y lagos. Sin embargo, como ellos
mismos reconocen, en tiempos antiguos no se tenía una idea similar. Es por eso que
versiones como la LXX, Sy y Vg traducen manantial o fuentes-griego pegué, latín fons-
en vez de niebla o vapor. De allí que la idea que tenían los traductores antiguos y que
transmitieron a muchas Biblias era la de aguas subterráneas que regaban toda la tierra.
Ahora bien, si se introduce el concepto de niebla, existía evidentemente la evaporación,
pero daría a entender que el suelo se regaba únicamente por condensación a ras del
mismo, mediante el rocío nocturno. No se producía la lluvia. De cualquiera de las dos
maneras tenemos que introducir alguna fuente de humedad para los vegetales creados
desde el tercer día. Sin embargo surge un problema. Desde Génesis 2:10-14 nos habla
de un huerto o jardín regado por un río que se ramificaba en cuatro. ¿Cuál es el
problema? Sencillamente que, si bien la presencia de ríos permiten el crecimiento de
vegetales, los ríos no se pueden formar con solamente rocío. En cuanto a dos de sus ríos,
el Eufrates y Tígris, son los únicos conocidos. El Pisón y Guihón pueden ubicarse según
las referencias geográficas disponibles en otros pasajes. Del primero se dice que rodeaba
toda la tierra de Havilá o Javilá, tierra ubicada al norte de la que está ‘enfrente’-al este-
de Egipto (Gen 25:18; 1 Sam 15:7). Esta zona era la que ocuparon los ismaelitas y más
tarde los amalequitas. Al decir ‘según se va a Asiria’ o Asur, daría a entender que estaría
entre la península de Sinaí y una zona cercana donde se ubicaría Havilá, no más arriba
del Mar Muerto. Se menciona al bedelio y la piedra de ónice como recursos de esta tierra
además del oro. El bedelio proviene de una planta del desierto. En cuanto al Guihón se
dice que rodea toda la tierra de Cus, que según la versión de los LXX griega y la Vg
era...¡Etiopía! De modo que si tenemos que considerar a las regiones mencionadas por
Moisés como los lugares a donde llegaban los ríos desde Edén, obviamente eran
enormes cursos de agua, como lo son el Tigris y el Eufrates. ¿De dónde venía esa agua?
No es nada raro de porque los traductores antiguos creyeran que se refería a
manantiales. Si no llovía, aspecto que sería además contraproducente en el Paraíso, de
alguna manera se regaba la tierra. Y ahora un río que brotaba del centro de la tierra y
regaba cuatro importantes áreas de la misma encajaba bien. En Génesis 2:10 dice que
el río salía o procedía de Edén, es decir, del mismo Paraíso. ¡Una enorme fuente o
manantial! ¿Dónde está hoy? Algunos aducen que Moisés se refería a una geografía que
había sido alterada por el diluvio universal. Sin embargo, aunque del manantial del Edén
no se sabe nada y del río Pisón algunas traducciones traducen que era, no se dice lo
mismo del río Guihón. Para el tiempo de Moisés existía. ¿Cuál era? Nadie sabe. Sin
embargo, sí se conocen bien los otros dos. ¿Cuáles son las fuentes de los ríos Tigris y
Eufrates? Las lluvias y la nieve.
Pero para la mentalidad de un Paraíso esto no podía ser. La lluvia es un fenómeno
meteorológico que obliga buscar reparo, y la nieve induce clima frío. ¡Esto no podía
existir en un Paraíso! De allí las confusiones y los conceptos antiguos sobre los
manantiales, los cuales se creía podían provenir de fuentes que no fueran las lluvias ni
la nieve. Por supuesto, no podían saberlo ni asegurarlo. Pero de alguna manera su ilusión
de una tierra paradisíaca anterior a las lluvias-que aparecen en las enseñanzas de los
sacerdotes antiguos al señalar al diluvio en adelante-les permitía formar un cuadro
aparentemente real con la ayuda de conceptos intuitivos y experiencias comunes de
aquellas épocas. Tenían que encontrar las razones del sufrimiento e ingratitudes de la
naturaleza, y para ello había que partir de un lugar idóneo, ideal. Lo que no imaginaron
es que con el tiempo se sabría que los manantiales de agua dulce se producen
únicamente por escurrimiento de aguas de lluvia y/o nieve, y no de alguna otra manera.
De esta manera en Edén, o cerca de allí, llovía copiosamente o bien el agua provenía de
deshielos de montañas, fenómenos ajenos a sus ideales de Paraíso.
Es interesante que una publicación para el estudio de la Biblia diga que la tierra de Cus
interpretada como Etiopía no sería correcta, ya que Moisés se estaría refiriendo a una
zona geográfica donde habitaron los cusitas antes de mudarse a la actual Etiopía. Lindo
recurso deshonesto para cubrir una mentira o un error. ¿Porqué? Pues bien, ¿era Moisés
un copista o recopilador o escribía bajo inspiración? Si escribió bajo inspiración divina
como se alega, ¿cómo podía referirse a lugares geográficos con el nombre de sus
habitantes cuando en sus días vivían en otro lugar geográfico diferente y otros
habitantes ocupaban esos territorios? ¿Cuáles eran los habitantes de la región señalada
por donde recorría unos de los ríos del Edén en sus días? ¿Por qué tanto
enmarañamiento? ¿Qué clase de inspiración era esa? Por otro lado, el relato transmite
más bien la idea de que Moisés estaba usando nombres de zonas geográficas conocidas
en sus días, pues, ¿alguien sabe o la misma Biblia aclara dónde vivieron los Cusitas antes
si es que se mudaron como se afirma? Por eso, claramente es un recurso sofista para
tapar un dilema.
En Oseas 13:15 describe un suceso que ocurre hasta nuestros tiempos. Las tormentas
de arena con fuertes vientos suelen secar temporalmente los manantiales del desierto.
Básicamente para ellos las lluvias eran las dádivas de Dios para hacer que la tierra
rindiera su producto para brindar alimento a las bestias del campo y al hombre que
cultivaba el suelo. Era algo que Egipto no conocía, porque allí las lluvias siempre fueron
escasas. En cambio, desde Galilea hacia el oeste y al norte, las tormentas de lluvias
otoñales y primaverales eran suficientes (Sal.65:9-13; Ez.34:26,27; Isa.55:10). El Jordán
comenzaba a desbordarse durante la primavera. En la antigüedad, Herodoto, por
ejemplo, en siglo V a.E.C., no pudo averiguar de ningún egipcio de dónde provenía y
porqué desbordaba el agua del Nilo cada año únicamente durante el solsticio de verano
durando 100 días, manteniéndose en su cauce durante el resto del año. Es evidente que
intuían que las lluvias o nieves en territorios lejanos podrían intervenir en este suceso,
pero no estaban del todo seguros.
Muchas alusiones a Dios se conectan con su gran poder al destruir al monstruo marino,
Leviatán, la serpiente retorcida, Rahab, el deslizante monstruo marino, el dragón según
la Septuaginta, el mítico animal malévolo (Job 26:13; Sal.74:13,14; 89:9,10; Isa.51:9) . La
Biblia habla de Leviatán como un animal que Dios creó para que juegue en el mar
(Sal.104:26). La Biblia suele usar a este animal para referirse a cualquier poderoso
gobernante o militar que pelea contra los hebreos (Eze.29:3; 32:2). Por extensión aplica
a Satanás (Rev. 20:9).
Dios era el que agitaba las olas del mar (Jer.31:35). Por la palabra de Dios un viento agita
el mar y los marineros en sus barcos suben y bajan asustados por las enormes olas del
mar (Sal.107:24,25,26). Estos marineros en sus cuentos de mar hablaban de los temidos
monstruos marinos que agitaban las profundidades o abismos (Gen.1:21; ).

Intuían que debajo de la tierra había algo como fuego, pero no entendían lo que ocurría
(Job28:5). Todos los fenómenos geológicos, así como los atmosféricos y celestiales, eran
considerados actos directos de Dios, no sucesos físicos propios como resultado de las
propiedades de la naturaleza (Job 9:5,6).
El orden creativo representa un intento lógico por comprender el comienzo, y cualquier
pensador algo culto y sagaz podía establecer una secuencia similar. Señalar como una
gran evidencia divina la mención de que apareciera la luz, el agua y la tierra antes de las
formas de vida no es sensacional. Decir que los vegetales aparecieron antes que los
animales no es nada extraordinario. Como en ningún recuerdo humano transmitido por
tradición se mencionara la aparición de la vida animal, no resulta nada maravilloso que
creyeran que el hombre apareció después.

 La redondez de la tierra
Aunque suele citarse un pasaje de Job y de Isaías para señalar que la Biblia ya hablaba
de la redondez-esférica para algunos fervorosos-de la tierra siglos antes de que la
humanidad siquiera intuyera sobre ello, en realidad esos pasajes no dan a entender tal
cosa. (Job 26:7; Isa.40:22) La mejor prueba de ello es lo que se acaba de decir, ni los
hebreos ni judíos siquiera intuyeron de ello aun leyéndolo por generaciones de la Biblia.
El norte es el llamado septentrión, un conjunto de siete estrellas asemejando un carro
con siete bueyes, y que señalaba una dirección hacía los lejanos y fríos lugares de la
tierra.

 Osa Mayor

También conocida como Carro mayor, es una importante constelación del hemisferio
norte celeste, cerca del polo norte. Los griegos la conocían en la antigüedad como la Osa
y el Carro, los romanos como la Osa Mayor o los Septem triones (los siete bueyes). Las
siete estrellas más brillantes de la constelación forman un contorno claramente
identificable, parecido a un carro con timón.[2]
Los lectores antiguos bien podían entender que después de la bóveda con sus estrellas
existía el vacío, la nada, porque Dios todavía no había creado nada allí. Este grupo de
estrellas señalaban hacia un lugar remoto de la tierra al cual no podían acercarse. En
armonía a esto interpretaban que la tierra y los mares junto con los cielos estaban
suspendidos en la nada, como una obra única de la creación de Dios. El circulo de la
tierra de Isaías se refería al orbe terrestre, la zona de suelo firme donde se extendía la
humanidad, el cual se creía tenía una forma circular. La palabra esfera en griego es
sphaíra y en latín sphaera, y jamás aparece esta palabra en ninguna traducción al griego
de las escrituras hebreas en la antigüedad ni ahora.
De allí que nunca por influencia de la Biblia llegaron a entender sobre la realidad de la
forma física de nuestro planeta, por lo cual las alusiones que se mencionan no son otra
cosa que interpretaciones modernas a la luz del nuevo conocimiento humano y no de la
propia Biblia, desarrolladas con la finalidad de ennoblecer y otorgarle un halo de
divinidad a la misma. Nunca los israelitas imaginaron a la tierra como una esfera sino
como un complicado e indefinido desarrollo mecánico místico. Inclusive hasta tan tarde
como el siglo XV de nuestra era, cuando Galileo se atrevió a poner en tela de juicio las
expresiones aristotélicas, que eran tomadas como palabra secular sagrada, y a las
conclusiones de la Iglesia Católica que basándose en muchos de los pasajes de la Biblia
concluyeron de la firmeza e inmovilidad de la tierra (Sal.24:1,2; 18:15, 104:5; Jer.10:12;
Pro.3:19), los conceptos habían cambiado muy poco durante más de dos milenios. En la
antigüedad creían que los fundamentos de la tierra eran los fondos de los abismos. Los
cielos estaban firmes, la tierra también. Aunque hoy día se interpreta como una obra
bien establecida por las leyes de gravitación, magnetismo, temperatura, radiactividad, y
así por el estilo, en la antigüedad no podían interpretar en sus mentes otra cosa que no
fuera una firmeza puramente mecánica.

Bibliografía:
http://elvelo.ar.tripod.com/cnchebrantg.htm
http://mundoantiguo.net/civilizacion-hebrea/
ECONOMÍA ISRAELITA

Dentro de las cuatrocientas leguas cuadradas que forman El pequeño


país llamado Palestina en la orilla Oriental del Mediterráneo, el hombre de la
antigüedad con todo con muy desiguales medios de vida dividida la región por
dos sistemas orográficos de primer orden (las cordilleras del Líbano y él ante –
Líbano), ofrecía y ofrece el aspecto de un largo valle accidentado a cuyo centro
corre el torrentoso río Jordán sin grandes llanuras provocadas por la erosión
fluvial, ni siquiera meandro de compensación para evitar el violento discurrir de
las aguas.

Hacia el lado del Mediterráneo, suaves colinas de rocas calcáreas ofrecen


pequeñas arboledas de olivos, productores de aceitunas y de bálsamodendros,
productores de la mirra; mientras que en las zonas montañosas cercanas al Mar
Muerto vence ricos bosques de cedros juncos, cañas, zarzas, mimbres,
granados y tamarindos. En determinadas comarcas se produce la cebada y el
trigo, se cosechan la aceituna el higo y los dátiles.

La fauna es pobre en los bosques. En cambio la fauna lacustre en el


Tiberiades es rica y abundante. La fauna es pobre en los bosques. En cambio la
fauna lacustre en el Tiberiadis es rica y abundante. La fauna marina del
Mediterráneo, sirvió para alimentar a los primitivos comerciantes que después
convirtiéronse en expertos viajeros cananeos y fenicios.
Los recursos minerales del país son escasos. El Mar Muerto, cuyo nivel es
inferiror en 394 metros al del Mar Mediterráneo, ofrece en sus pesadas aguas
algunos cloruros aprovechables de sodio de magnesio y de calcio. En las rocas
de la región occidental es frecuente encontrar basaltos y mármoles.

La agricultura de los Hebreos floreció a partir de la fusión de su cultura


con la cultura cananea. Sin embargo, a pesar de haber aprendido de ésta la
manera de cultivar la cebada y la vid, prefirieron los israelitas dedicarse al cultivo
de los pastos y de árboles que pudieran facilitar alimento para sus animales,
pues su inestabilidad de pueblo trashumante, le hizo ganadero antes que
agricultor sedentario: El habitante de Palestina prefirió siempre la vida pastoril a
la vida del labrador que hace producir la tierra. Y si por esta razón de sus
necesidades vióse en a la producción de uvas, cebada, trigo y lentejas.

El comercio de los Israelitas con los pueblos vecinos no tuvo nunca un


ritmo acelerado. Jamás alcanzó el esplendor de Fenicia ni de Mesopotamia. Se
importaba más y se exportaba menos, siendo los países más vinculados con
Palestina para el intercambio los de Chipre, Egipto, Siria y Fenicia.

La existencia de una moneda no está suficientemente esclarecida.


Mientras el Génesis, en su Cap. 33, versículo 19, dice que Jacob compró a los
hijos de Hamor una parte del campo, pagando “cien piezas de monedas” algunos
autores interpretan tal pasaje como una transación verificada por Jacob a la
manera usual en la época, esto es, haciendo un verdadero trueque de un terreno
por cien carneros, o sea la especie animal mayormente usada en las
operaciones comerciales.

Los actos comerciales comúnes eran la venta, los préstamos, los


retractos, las fianzas y las hipotecas. Cuando dos israelitas querían pactar una
venta no acudían a ningún notario ni registro. Bastaba con que acudieran a un
lugar público, y allí en presencia de testigos, manifestaran mutuamente su deseo
de contratar. El compromiso contraído era irrevocable y surtía efectos legales
inmediatos. El derecho de la propiedad sobre las cosas y los bienes raíces se
adquiría por contratación, por ocupación o mediante una figura jurídica parecida
a la que los romanos llamaron, más tarde usucapio. En toda contratación exigían
tres cosas: el establecimiento de un precio, la celebración de un convenio y la
toma posesión de la cosa trasferida. “Los bienes muebles—dice Pastoret-- se
enajenaban por la venta, por el cambio o por la donación”. Al estudiarse el
derecho Hebreo habremos de ver cómo, adelantándose en muchos siglos a las
más modernas legislaciones existió entre los Israelitas como entre los Caldeos.
(A. Rebaza Acosta pág.255)
ESTILOS ARTÍSTICOS

Se sabe que Palestina no destacó en las artes llamadas plásticas. Su


incapacidad fue manifestada en tal aspecto de las realizaciones estéticas. En
cambio alcanzó gran brillo en la literatura “El Antiguo Testamento—dice Durant—
no es un únicamente derecho: es también historia, poesía y filosofía del orden
más elevado.

Efectivamente es así. Los diversos libros que componen el Antiguo y


Nuevo Testamento tienen, cada cual, un carácter y un valor cultural de mucha
trascendencia histórica.

Son de gran belleza épica los libros del Pentateuco, de Esther, de


Ezequiel, de Daniel y de los reyes. Sobre el libro de Job de sabor elegíaco, dice
Carlyle—en su obra “Los Héroes”: Para mí es una de las cosas más grandes que
se halla escrito con la pluma…!Un libro notable, un libro para todos los hombres!

El libro de Ruth, de características eglógico; el Cantar de los Cantares


de Salomón, mostrando lirismo en una poesía amorosa, el Libro de Salmos que
contiene alabanzas. El Eclesiastés y los Proverbios de Salomón nos da una
muestra de enseñanza moral. (A. Rebaza Acosta pág.259)
BIBLIOGRAFIA

HISTORIA GENERAL DE LA CULTURA


REBAZA ACOSTA, Alfredo Editorial Colegio Militar Leoncio Prado 1967.
TIPOS DE MORAL TIPOS

abordar el estudio de la filosofía budista, establece Spengler una clara distinción entre moral soci
al y moral individual, qué es aplicable también en la Cultura Hebrea. La moral social en concepto
del maestro alemán se confunde con la costumbre. Ella es un imperativo impuesto por el grupo
y sancionado por la creencia o por la fe. La moral individual es muchísimo más amplia puesto qu
e abarca las normas establecidas por las costumbres y, además las normas exigidas por la human
idad toda.

El pueblo de Israel tuvo, en la época pre-cristiana una moral consuetudinaria. Sus preceptos de c
arácter ético surgieron de las concepciones religiosas y tuvieron siempre un sentido colectivo, m
ultitudinario, nacional. Como entré Jehová y el pueblo elegido, se decía hay una alianza, ambos c
onstituyen una sola voluntad. El individuo desaparece frente a la sociedad. Israel es intérprete de
la divinidad. "Como Israel vive en la cándida confianza de que venera divinamente a su dios y le t
ributan ofrendas agradables, supone también, por lo mismo qué Jehová hace prosperar su biene
star, que procura el logro de sus propósitos y le mira con complacencia.

Por consiguiente, la moralidad hebrea siguió el ritmo de la evolución religiosa. Pueden distinguirs
e por eso tres tipos de moral:

a) la moral primitiva

b) la moral de la época mosaico

c) la moralidad profética

Moralidad Primitiva.— Durante todo el largo periodo de la vida errante (anterior al monote
ísmo), los israelitas se rigieron por principios morales sumamente drásticas. La muerte era el casti
go más frecuente para el pecado de blasfemia, de traición, y de homicidio. Las normas del derec
ho hebreo primitivo, fuertemente influenciada por el derecho mesopotamico reflejaron una mora
lidad rígida y una severidad inflexible para la punición. El nomadismo y sus alternativas configura
ron la vida ética y crearon, necesariamente, un duro sistema de control de la virtud y del vicio.

Moralidad de la época mosaico.—Con el establecimiento del monoteísmo se esbozó en


tre los hebreos el sentido jurídico y con el sentido jurídico se transformaron las costumbres y por
consiguiente la moralidad. Las reglas de conducta fueron, en cierto modo, reglas de derecho pú
blico. Los decálogos que "El Éxodo" consigna el relato bíblico otro decálogo que puede concreta
rse así.

"1.—No adoraras a ningún otro Dios que no sea Jehová. —2.—No harás imagen de fundición pa
ra ti. —3.—Guardaras la fiesta de los ázimos. —4.—Todo primerizo mío es. —5.— Guardarás el s
ábado. —6.—Guaedarás la fiesta de Pentecostés y la de la recolección. —7.—No ofrecerás con le
udo la sangre de mi sacrificio. —8.—Del sacrificio de Pascua no quedará nada para mañana. —9.
—Las primicias de los frutos de tu tierra pondrás en el tiempo de Jehová. —10.—No coceras el c
abrito en la leche de su madre.

Las reglas del comportamiento pertenecientes a la época mosaica son tan variadas como la legisl
ación misma. Abarcan propiamente toda la Torá. Ellas se refieren a la idolatría, a las ceremonia,
del culto, a las fiestas, a los sacrificios, a los votos e impurezas, a los actos civiles de las personas,
al matrimonio y al divorcio, a la herencia, a los crímenes, delitos, cuasi delitos y faltas.

En esta época hubo gran interpretación del pecado. Una transgresión de la costumbre o de la ley
podía ser hecha por un individuo o una colectiva. Si el pecador era un individuo, además del cast
igo personal, se concebía un castigo al grupo del castigo social. "Por el pecado del individuo resu
ltaba culpada la comunidad a la que pertenecía". Por el pecado de Saúl por matar a los gabaonit
as Jehová envió tres años de sequía y hambre a todo el país; por el hecho de haber enviado Davi
d la verificación de un recuento de habitantes, Jehová hizo que una peste diezmara al pueblo. El
envió de numerosas plagas sobre el Egipto sería otro demostración de este castigo popular.
Sin embargo, las normas mosaicas de comportamiento individual y colectivos significaron un pos
itivo avance sobre las reglas del derecho primitivo. Ellas modelaron la conciencia de los israelitas
y la prepararon para la observación de los austeros principios proféticos y cristianos.

La moralidad profética.—Los principales profetas (Amos, Elías, Isaías, Ezequiel), fueron ilus
tres varones de gran moralidad, de profundo civismo y brillante elocuencia. Ellos preconizaron u
na transformación en las costumbres, como resultado de una transformación religiosa. Los mism
os reyes no estuvieron libres de ser blancos de sus airados ataques. Jerusalén, como ciudad auspi
ciadora de todas las supersticiones e idolatrias imperantes en la época, fue también anatematiza
da y advertida.

La obra ideológica de los Profetas no solamente cambio la faz del judaísmo, dándole sentido filo
sófico, sino que dulcifico la drástica legislación religiosa y civil. "Transformó al Dios de los ejército
s en un Dios del amor", según la opinión de Durant. Esta acción proféticaética fue eficaz en la def
inición de nuevos deberes morales, a tono con las nuevas concepciones sociales y hasta políticas.
Sobre todo en el campo económico, las abmoniciones de los reformadores tuvieron un claro sen
tido de protección al desvalido, de condenación para la riqueza improductiva y suntuaria y de pr
eparación, en fin, de un ambiente propicio para los futuros derroteros espirituales exaltados por
el cristianismo.
Bibliografía Historia de la Cultura (Alfredo Rebaza Acosta)

FORMAS DE RELIGION

En la cultura hebrea la religión dominó todas sus manifestaciones. Al


prohibirse la representación de la divinidad, se estimuló la literatura, lo
que generó el texto sagrado conocido como La Biblia, denominada
también las Sagradas Escrituras.

La desigualdad entre la religión hebrea con las demás del Cercano Oriente
es que cree en un solo Dios (monoteísmo), el cual es justo y bondadoso;
demanda de su pueblo el cumplimiento de la moralidad. No posee forma
humana, por tanto no puede ser representado.

Un elemento importante en la religión hebrea fue y sigue siendo la moral.


Yahvé determinó prohibiciones y limitaciones sobre el hombre porque lo
creó, sin embargo, también lo encamina para que alcance su felicidad
plena. Es así como Yahvé establece los Diez mandamientos que se
resumen de la siguiente manera: Se prohíbe el politeísmo y la idolatría, la
invocación del nombre de Dios en vano, así como el juramento falso; se
prohíbe matar robar, mentir, codiciar bienes ajenos; asimismo, se ordena
honrar a los padres y respetar día de descanso.

En el siglo XIV a.C. un sector de los hebreos establecidos en Canaán se fue


a Egipto en vista de una hambruna que azotó esa región. Fueron acogidos
por los egipcios y trabajaron para ellos. Inicialmente, cumplieron diversos
trabajos; luego probablemente, se incorporaron al sistema de corvea, el
cual consistía en trabajar gratuitamente para el señor feudal; es decir, si
no podían pagar los tributos con la cosecha, debían hacerlo con su trabajo;
en otras palabras, debían trabajar para el faraón.
Los que trabajaron en el sistema de corvea terminaron siendo esclavos.
Para finales del Siglo XIV a.C., todos se rebelaron y volvieron a Canaán, con
Moisés de guía. La salida de Egipto y y travesía por el desierto se registra
como el Éxodo del pueblo hebreo. Ya en el Monte del Sinaí, Moisés tomó
de Dios el Decálogo y lo divulgó en el pueblo hebreo.
Esto se relata en el segundo libro de la Biblia.

Elementos importantes
El Decálogo: Constituye los diez Mandamientos que pronunció Jehová a
Moisés en el monte de Sinaí. Es uno de los aportes de la
cultura hebrea más significativo para la humanidad.
Festividades religiosas
 Fiesta de Pascua: Evocación de la huida de Egipto
 Fiesta de Pentecostés: Recepción de los mandamientos de la Ley de
Dios
 Fiestas de los tabernáculos: Reminiscencia de la vida de Nómade en el
desierto
Los Profetas
Eran considerados unos Hombres independientes de la casta sacerdotal;
criticaron abiertamente los actos que juzgaban contrarios a las creencias
hebreas. Actuaron entre la época del Cisma y el cautiverio en Babilonia.
Los profetas más destacados fueron: Amós, Jeremías, Isaías, Ezequiel, etc.

La Biblia (1657 a.C.) comprende dos partes:


El Antiguo Testamento escrito por los hebreos, el cual trata las costumbres
y pensamientos morales de los hebreos. Luego los cristianos añadieron el
Nuevo Testamento con la llegada de Cristo y los comienzos del
cristianismo; el cual presenta el nacimiento, vida, muerte y resurrección
de Jesucristo. También versa sobre los apóstoles y profetas.

Como elemento formativo de nuestra cultura Occidental, la religión de los


hebreos ofrece primordial interés y debe merecernos por lo tanto,
especial atención y estudio.
Abarcando la historia de Palestina desde los más remotos tiempos hasta la
caída del Imperio Romano, o sea toda la antigüedad, aparece la religión
Hebrea dividida en dos etapas: la del Judaísmo y la del Cristianismo. Nos
ocuparemos por separado de cada una de estas etapas.
Religión Judaica Primitiva
Quien ha hecho un estudio metodico de la religión Judia en sus primeras
manifestaciones ha sido el profesor norteamericano Edward Mc Nall
Burns, en su notable libro “Civilizaciones de Occidente”. Dicho profesor
considera las siguientes fases:
1. Fase pre-mosaica
2. Fase de la monolatría nacional
3. Fase de la revolución religiosa de profetas
4. Fase del cautiverio en Babilonia o de la influencia de Caldea
5. Fase de la influencia Persa

Fases pre-mosaica
Abarca este periodo desde los tiempos más remotos hasta el año 1.100ª
de c. En esta época los hebreos fueron en su mayor parte animistas.
Atribuyeron una alma a los arboles, a los manantiales y a las piedras
(belitos). Creyeron así mismo, en las distintas formas de la magia. Los
dioses anímicos fueron evolucionando hacia el antropomorfismo y desde
entonces se denomino “El” a toda divinidad. Por lo tanto, el pueblo
hebreo, fue, un principio, francamente politeísta como todos los pueblos
de Oriente.
Fase de la Monolatría Nacional
Comprende un periodo que va desde es siglo XII hasta el siglo IX antes de
Cristo. En su transcurso, las creencias religiosas sufrieron una completa
transformación. Hacia el año 1150 a. de C. los hebreos llamado Osarsif, a
quien los israelitas llamaron Moisés, en atención a que en su niñez había
sido salvado de las aguas. Moisés era monoteísta, partidario del culto
único al dios Athon, implantando por Aknaton sobre la base del dogma
Heliopolitano.
Fases de la Revolución Profética
Dicha transformación se cumplió debido a la acción vigorosa de los
llamados profetas. Eran los tales virtuosos varones que deambulaban
predicando la urgencia de restaurar el primitivo culto nacional. Los
principales de ellos fueron: Amos, Oseas, Ezequiel, Isaías y Miqueas. Su
acción se desarrollo desde el siglo VII hasta el siglo V a. de Cristo.
Los profetas no clamaron por la sola restauración del primitivo culto a
Jehová. Propugnaron también la necesidad de superar dicho culto.
Dotándolo de una filosofía y de un sistema moral.
Fases de la influencia caldea
Se refiere a todo el tiempo en que los hebreos estuvieron esclavizados en
Caldea, o sea desde el año 586 hasta el 539 a. de C. Durante esta época, la
religión judaica recibió innegable influencia caldea. En babilonia
aprendieron los israelitas principios de pesimismo, de fatalismo y de
ostentación litúrgica. Jehová volvió a ser el Omnipotente dueño de los
destinos de los hombres y contra cuyos designios nada podía hacerse. El
rito o exteriorización del culto adquirió gran importancia. Comenzó a
usarse el candelabro de brazos, el cáliz de las liberaciones sagradas. Se dio
especial importancia a la celebración del sábado, a la práctica de la
concisión y a las ceremonias públicas en las sinagogas o templos. “El
aumento progresivo de las normas concernientes al ritual, acrecentó de
manera considerable el poder de los sacerdotes” dice Mc Nall Burns
Fases de la influencia persa
Cuando el gran rey persa Ciro conquisto Mesopotamia puso en libertad a
todos los pueblos que los caldeo-asirios tenían esclavizados. Entre ellos
fueron liberados los hebreos. Sin embargo, dicha liberación no significo un
repentino viaje de los judíos hacia su territorio patrio. Durante los años
comprendidos entre 539 y 300 a. de C. los judíos retuvieron en estrecho
contacto con la cultura persa y recibieron de ella una fuerte influencia
religiosa
Del zoroastrismo o religión persa recibió la religión judía los siguientes
elementos
a) El dualismo.- En el mazdeísmo persa aparecían dos dioses rivales:
Ormuzd, dios del bien y Ahriman dios del mal. Tal dualidad la
imitaron los hebreos y por lo tanto apareció Satán o el demonio,
deidad, maléfica capaz de rivalizar con Jehová.
b) El mesianismo.- o sea la esperanza en la venida periódica de un
salvador encargado de redimir los pecados de los hombres.
Zoroastro era para los persas, un mesías redentor.
c) El principio de la religión revelada.- Asi como el reformador
Zoroastro decía entre los persas que el dios Ahura Mazda le había
dictado los preceptos del Zend-Avesta o libro sagrado, los judíos
también dijeron en adelante que muchos de los libros bíblicos había
sido escritos mediante la directa inspiración divina de Jehová.

TRAYECTORIA ESPIRITUAL DE LA CULTURA HEBREA


En palestina resalta desde el primer análisis, una falta de paralelismo en el
desarrollo cultural. Mientras la religión alcanzó planos no superados por
ningún otro pueblo del oriente ni del occidente, el arte la economía fue
modesta y circunscrita, la política fue intrascendente. Y es que la
hipertrofia de unos valores culturales se hace, por lo general a expensas
de los demás.
El pueblo israelita, magníficamente dotado para las más elevadas
realizaciones culturales, fue exclusivista y unilateral conforme se vio al
estudiarse su psicología racial, prefirió a todas las manifestaciones de la
espiritualidad aquella en donde el hombre exacerba su afán de grandeza
y de inmortalidad: alcanzar la divinidad mediante una explicación y una
identificación con dios. Y es natural que en tal camino fuera la religión la
primera de sus preocupaciones y fuera su concepción del mundo la que,
con el correr de los siglos, lograron seducir a la mayoría de los hombres.
Verdad es que el configurar su religión, el pueblo israelita no fue original.
Tomo concepciones y elementos de otros credos religiosas para
estructurar el suyo. El monoteísmo kennita, unido al rito mesopotámico y,
al dualismo, el mesianismo y la religión revelada de los persas, integraron
el judaísmo y le dieron elevada prestancia. Este carácter ecléctico de la
religiosidad judía es, quizás, la causa de su fortaleza través de los siglos.
Por otro lado, considerada la cultura hebrea a la luz de la pragmática
universal que pone las conquistas espirituales al servicio de la humanidad,
se nota en ella una alta jerarquía. Su trayectoria toda significo un cambio
de frente al espíritu humano. El provecho que ella genero para la
superación individual y colectiva fue grande
Todas las creencias religiosas anteriores al judaísmo y cristianismo-
excepción del budismo- constituyeron por lo general interpretaciones del
universo en las que el hombre aparecía supeditado y anonado por du
propia deidad. Frente al poderío de dios, la humanidad pigmea nada podía
hacer. El arte, la filosofía, la ciencia y la cultura toda resultaban creaciones
humanas destinadas a satisfacer a la divinidad. Por eso, la fe y el culto
tuvieron un marcado cariz ultraterreno. La costumbre y el derecho no
habían podido despojarse de esta tendencia mística; no habían podido
adquirir fisonomía humana. La vida jurídica, por ejemplo, desde la
organización del estado hasta la regulación de los derechos civiles y
penales, apareció siempre encadenada a los designios de los dioses, a las
determinaciones de la fuerza o fuerzas que desde allá deciden la suerte de
las naciones y de los individuos.
Fue la cultura hebrea la que avanzo más en la tarea de separar lo humano
de lo divino y la que logro mediante el cristianismo, conformar
concepciones de Dios y de la moral al parecer definitiva.
La cultura hebrea de la antigüedad hubo de recorrer estas tres etapas del
saber. Tras el politeísmo de la vida errante vino el racionalismo de la
monolatria, y la sistematización revolucionaria del cristianismo. Por eso, si
seguimos el derrotero de la religión hebrea desde el ferveroso culto
animista hasta la acción filosófica y regeneradora de los profetas; desde la
codificación del derecho mediante la Torá Maestro de Nazareth,
comprobaremos una hilvanada secuencia, perfectamente lógica para su
evolución cultural. El cristianismo fue el insigne remate de este devenir
teológico metafísico y positivo. Y toda la fuerza que hoy tiene como una
de las religiones más perfectas que haya concebido la especie humana, se
debe precisamente, al hecho singular de haber sabido encontrar salida
acertada y feliz al problema de los problemas; al problema del hombre
frente a la divinidad.
A la cultura hebrea le hacía falta esta interpretación cristiana de la belleza.
Un tan rico núcleo de valores culturales como el hebreo, que a lo largo de
su historia había demostrado tan poca capacidad para las artes,
necesitaba esta augusta exaltación de la belleza de la vida. Por
consiguiente, el cristianismo, con su sencilla y grandiosa cosmovisión a la
vez ética y estética, completo el admirable sentido jurídico del judaísmo y
esclareció, así la fisonomía de una de las culturas verdaderamente
rectoras de la especie humana.