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Trotsky subversivo: ausencias y presencias en el imaginario cubano

Author(s): Damaris Puñales-Alpízar


Source: Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Año 41, No. 82 (2015), pp. 303-328
Published by: Centro de Estudios Literarios "Antonio Cornejo Polar"- CELACP
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/44475418
Accessed: 29-05-2018 12:32 UTC

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Revista de Crítica Literaria Latinoamericana
Año XLI, N° 82. Lima-Boston, 2do semestre de 2015, pp. 303-328

Trotsky subversivo: ausencias y presencias


EN EL IMAGINARIO CUBANO

Damaris Puñales-Alpízar
Case Western Reserve University

Resumen

La figura de León Trotsky estuvo vetada en Cuba hasta el fin de la Unión So-
viética. Trotsky, sin embargo, estuvo ligado a la historia cubana por varios mo-
tivos: Eustaquia María Caridad del Río Hernández, madre de Ramón Mercader,
el asesino de Trotsky, era de origen cubano, y el mismo Mercader vivió sus úl-
timos años en Cuba, entre 1974 y 1978. Cuba, además, pudo haber sido uno de
los destinos para el Trotsky desterrado en 1916. A partir de estas coincidencias
históricas se tejen las ficciones narradas por Frank Delgado en su canción del
año 1997, "Trotsky's cha-cha-cha" (del disco La Habana está de bala) y la novela
de Leonardo Padura El hombre que amaba los perros , del 2009. Este ensayo anali-
zará cómo Delgado y Padura proponen una lectura subversiva de Trotsky a
partir de la deconstrucción de las figuras históricas y la presentación humana de
ambos personajes.
Palabras clave-. León Trotsky, Ramón Mercader, Unión Soviética, Cuba postso-
viética, deconstrucción, subversión, novela histórica.

Abstract

Leon Trotsky was banned in Cuba until the end of the Soviet Union. Trotsky,
however, was linked to Cuban history for several reasons: Eustaquia María Ca-
ridad del Río Hernández, mother of Ramón Mercader, Trotsky's murderer, was
of Cuban origin; Mercader also lived his last years in Cuba, from 1974 to 1978.
Moreover, Cuba could have been a destination for the exiled Trotsky in 1916.
From these historical coincidences, the fictional stories narrated by Frank Del-
gado in his song of 1997, "Trotsky's cha-cha-cha" (disc La Habana está de bala ),
and Leonardo Padura's novel The Man Who Loved Dogs (2009) are discussed in
tandem. My article examines how Padura and Delgado propose a subversive
reading of Trotsky from the deconstructdon of the historical figures and human
presentation of both characters, Mercader and Trotsky.
Keywords: León Trotsky, Ramón Mercader, Soviet Union, post-Soviet Cuba, de-
construction, subversion, historical novel.

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304 Damaris Puñales- Alpízar

"Cuanto más conocemos del pasado,


más difícil resulta hacer generalizaciones acerca
Hayden White, El texto históńco como artefacto liter

Cuando triunfó la Revolución Cuban


llevaba más de dieciocho años muerto; s
der, aún cumplía prisión en México. Lo
años de cárcel, que no completaría. Ap
meses después, el 6 de mayo de 1960, R
jo otro nombre, aterrizaba en La Haba
Esta, sin embargo, no sería su última vis
ban, también, lazos familiares: su mad
del Río Hernández, había nacido en San
más tarde, del Río serviría en la embaja
que todavía faltaba casi un año para qu
carácter socialista de la Revolución, la a
der aterrizara en Cuba aquel mismo día
México, tácitamente significó un alineam
tica para la cual León Trotsky seguía s
hielo1, durante el gobierno de Nikita
gran traidor del comunismo y del prolet
Hay que recordar que no fue sino hasta
le adjudicó la responsabilidad por el as
publicación en la Uteraturnaya Gafete?, el
sobre el agente al que se le encargó tal m

1 El primer deshielo había ocurrido hacia e


Mundial, cuando la Unión Soviética, aliada con
ba más ocupada en vencer al fascismo que en co
critores.

2 Krushov gobernó la Unión de Repúblicas


entre 1953 y 1964. En 1956, en la clausura de
munista de la Unión Soviética, pronunció el c
inicio, "Sobre el culto de la personalidad y su
nunciaba algunos de los excesos de Iosif Stalin
liberaciones de muchos presos políticos y las r
ejecutados por Stalin. Trotsky, sin embargo, n
ni Stalin fue señalado como su ejecutor.
3 Según Craig R Whitney, en su artículo. "T
Devil": "The most recent assertion that Stalin ordered the assassination was

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De las posibles filiaciones trotskistas de algunos cuban


cipios de la Revolución se tienen varias referencias y muy
dencia, y lo cierto es que las obras de Trotsky casi no se d
en Cuba en las primeras décadas revolucionarias: no hay qu
que mucha de la nueva literatura tanto de ficción como po
circulaba en la isla provenía de las editoriales Progreso, Mi
ga, por lo que ya había pasado el primer filtro soviético y
se impedía el consumo de las ideas trotskistas en suelo cub
Cuenta Alejandro Armengol, en su artículo "Padura, e
atracción trotskista" (publicado en Cubaencuentro el 13 de
2013), por ejemplo, que el nombre de Trotsky se pronunci
con miedo como con respeto en las reuniones del grupo qu
poder en 1959 en Cuba, aunque esto no pasa de ser "un
tono conspirativo". De la publicación de trabajos trotski
nes de Revolution afirma Armengol que no ha podido ser
ningún ejemplar en la Biblioteca Nacional de Cuba. "Lo
era que más de un revolucionario había cumplido prisió
ideas trotskistas, además de la existencia de algún que o
por los mismos motivos".
En la novela Tres tristes tigres , publicada en 1967 por
Cabrera Infante, podemos encontrar una de las primeras r
a Trotsky y a Mercader como objetos estéticos en la litera
na. A lo largo de 35 páginas -edición de Seix Barral de
brera Infante parodia la muerte de Trotsky a manos d
desde la perspectiva (ficticia, claro está) de José Martí: "L
tos de rosa"; José Lezama Lima: "Nuncupatoria de un
Virgilio Pinera: "Tarde de los asesinos"; Lydia Cabrera: "
bebe la moskuba que lo consagra bolchevikua"; Lino N
"¡Trínquenme ahí a Mornard!"; Alejo Carpentier: "El oc
colás Guillen: "Elegía por Jacques Mornard. (En el cielo
berri)". La novela, como se sabe, no circuló en Cuba; cu

published in the weekly Lteraturnaya Gavieta on Jan. 4 (1989). The


named the Soviet secret police agent who provided $5,000 and a f
to the assassin -a colonel of the N.K.V.D. named Leonid Eitingon
the pseudonyms Leontyev and Rabinovich. Stalin conspired agai
after Lenin's death, sent him into internal exile in 1928, banned h
country in 1929 and deprived him and his family of Soviet citizensh

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blicó en 19674, ya Cabrera Infante se


partir de marzo de 1968, desde las págin
artículos firmados por Heberto Padilla
brera Infante fueron el comienzo de l
so Padilla".
Lo interesante de este fragmento de Tres instes tigres es que de los
siete escritores parodiados, sólo José Martí no estaba vivo en ese
momento. Según afirma Raymond D. Souza en su biografía de Ca-
brera Infante, Two Islands , Many Worlds , respecto a la prosa parodia-
da de Martí, "that particular selection is in the manner of Marti but
as if written by the Cuban critic Juan Marinello, who specialized in
Marti"5 (91). Algunos de los escritores se lo tomaron con simpatía,
como Lydia Cabrera y Virgilio Pinera, mientras que otros, como
Alejo Carpentier y Lino Novas Calvo, se sintieron ofendidos.
Una de las preguntas que se hace Raymond D. Souza en su texto
es central para nuestra discusión sobre la presencia de Trotsky en el
imaginario literario -y también político- de Cuba después de 1959.
Souza se interesa por las razones que llevaron a Cabrera Infante a
dedicar una parte esencial de su novela a parodiar la reacción de los
escritores cubanos ante la muerte de Trotsky. Apunta Souza:
It is all related to the murky and misterious role that Trotsky's assassin, the
man known as Ramón Mercader, Jacob Monard, or Frank Jacson, and his
family played in Cuban affairs. In his 1990 interview with Nedda G. de An-
halt, Carlos Franqui explained that he and a group of collaborators from
Revolución, including Cabrera Infante, expressed their concerns to Fidel Cas-
tro in 1960 when they discovered that Mercader was scheduled to pass

4 De una versión anterior de este mismo libro, titulada Vista del amanecer en el
trópico , con la que había ganado el premio Biblioteca Breve de la Seix Barrai en
1964, Cabrera Infante afirmó que "ése era un libro políticamente oportunista y
del realismo socialista" (Menton, Ta narrativa de la Revoluáón Cubana 74). En
1974 Cabrera Infante publicó otra novela con este mismo título, Vista del ama-
necer en el trópico , que no tenía nada que ver con el manuscrito original con el que
había ganado el premio en España en 1964 y que luego fuera publicado como
Tres tristes tigres en 1967.
"The use of Marinello as a foil is mentioned in a letter Cabrera Infante
sent to Emir Rodriguez Monegal dated 7 December 1966. Emir Rodriguez
Monegal Papers, Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special
Collections, Princeton University Libraries" (Souza 174).

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through Cuba on his way to Czechoslovakia after being rele


Mexican prison (92).

Souza afirma que, según Franqui, la madre de Ramó


pleada de la Embajada cubana en Francia en 1962 y qu
Frayde y Juan Goytisolo se quejaron sobre este hecho
Cabrera Infante también dijo, en entrevista con Rita
1970, haber visto a Caridad del Río en la sede diplomá
en París en 1965, y que el mismo Ramón podría habe
Santiago de Cuba (Souza 92). En Mea Cuba , Cabrera Inf
allá al asegurar que Ramón Mercader está enterrado en C
En El 71. Anatomía de una crisis , Jorge Fornet present
cación que es válida para entender el contexto en el cual T
convertiría en un nombre vetado en Cuba, sobre todo
fines de los 60 y de manera definitiva desde la década de
La insostenible tensión con la Unión Soviética, las poco amis
nes con China, el frustrado intento de abrir un nuevo frente
derrota de la guerrilla en América Latina, la difícil situación e
seguro triunfo de Richard Nixon en las elecciones norteameri
año [1968], fueron -según consenso de los analistas- algunas
que empujaron a Cuba a acercarse a Moscú (29).
Para 1969, como ha hecho notar Gleijeses, la crítica pública a
viética había cesado; el 2 de enero Fidel reconoció la solidarid
decisiva de la potencia. . . (31).

En estas nuevas circunstancias, la figura de Trotsky ad


betes de incomodidad, y podía convertirse en un obst
renovadas relaciones de lealtad y dependencia cuba
Unión Soviética, donde el líder revolucionario seguía
visto pese a los muchos años que habían transcurri
muerte y desde la muerte de Stalin. Cinco años después d
claraciones de Fidel Castro, ya en 1974, arribaba Ramón M
la isla, en la que viviría hasta su muerte en 1978.
Hubo de pasar mucho tiempo para que las figuras de
Mercader volvieran a ser enunciadas como temas del discurso crea-
tivo cubano. León Trotsky, compañero de Lenin en la Revolución
de Octubre, organizador del Ejército Rojo y en última instancia el
gran enemigo de Iosif Stalin, estuvo vetado al público cubano a ni-
vel popular, ideológico, académico y político. Su aparición en la pa-

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lestra pública6 tuvo que esperar hasta


Soviética, cuando comenzó a repasarse e
co y sobre todo, cuando el gobierno cu
cualquier vínculo con su otrora aliado q
nuidad con el socialismo soviético y su
restroika. En estas nuevas circunstancias,
perado un acercamiento ideológico al pe
antítesis del estalinismo, esto no ocurrió.
trar otros caminos no promovidos por el
tado a la audiencia cubana. Por su parte
Cuba los últimos cuatro años de su vida,
para la gran mayoría de la población y la
década del 70. Tanto Trotsky como Merca
ron ligados a la historia cubana por vario
ba, Eustaquia María Caridad del Río He
Mercader, era de origen cubano y el m
en Cuba el 6 de mayo de 1960, el mism
-en escala hacia Moscú vía Praga- y lue
vivió hasta su muerte en 1978; sus perr
aparecieron en la película de Tomás Gutiér
que se terminó en 1979, poco después de
Cuba, además, pudo ser uno de los desti
terrado a fines de la primera década del s
bano fue frustrado y nunca llegó a concr
instancia, se negó rotundamente a via
menta Geoffrey Swain,

6 En la red de information online de Cuba, E


León Trotsky, no se hace ninguna mención a q
del Río, vivió sus últimos cuatro años en Cuba
En el documental A. saltar los délos , Guillerm
y otras personas supieron de la llegada de Mer
ron y fueron a reclamarle a Fidel Castro, a qui
12 y 23 en un café al aire libre. Fidel Castro re
ver con el asesinato de Trotsky y que sólo esta
ción amiga, la Unión Soviética, que tanto había
En el mismo documental, Luis Mercader, he
cuenta que Ramón había escrito a Fidel Castro
dicarse en Cuba y este le había respondido que

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[in 1916] he was deported to Spain [from France] and told to


to Cuba. After a protest, the Spanish authorities agreed he cou
York instead. Once his family had joined him, he set sail on C
1916 and arrived during the night of 13-14 January 1917 (50).

En su biografía, Mj Life, el mismo Trotsky se refiere


mente a este hecho: "At my insistence and my expens
telegraphed to Madrid that, rather than go to Havana, I p
stay in the Cadiz prison until the New York boat arrived
A partir de todas estas coincidencias históricas se tejen
rias ficticias narradas por Frank Delgado en su canción
cha- cha- cha" (del disco La Habana está de bala, del añ
novela de Leonardo Padura El hombre que amaba los perr
-fue publicada por Ediciones Unión en 2011 en La Hab
Este ensayo pretende establecer una lectura de Trotsky
gura subversiva en el imaginario cubano postsoviético
análisis y comparación de las obras mencionadas de De
dura. ¿Cómo es releído Trotsky en una Cuba en la que, tí
tra-oficialmente, se ha comenzado a hablar de él? Esta es
ta central que se intentará responder.
El fin de la Unión Soviética, que a nivel material tuvo
cusiones que todos conocemos en Cuba, coincidió a niv
intelectual con una ampliación temática que apenas se hab
zado a esbozar desde fines de la década de los 80. Parte de esta
eclosión temática -que a nivel literario incluía tópicos como las polí-
ticas sexuales del cuerpo, el hambre, la soledad, etc.-, tuvo un im-
pacto en el imaginario soviético o ruso en la isla. Si por un lado, la
literatura, la pintura, la canción, la dramaturgia, se apropiaban de lo
soviético/ ruso y lo convertían en un objeto estético, a nivel de pen-
samiento filosófico comenzó también una revisión de cierto pasado
eslavo que le había estado vedado a los pensadores cubanos durante
el periodo soviético de la Revolución Cubana. Una de las figuras
que son reevaluadas, e incluso rescatadas de la marginalidad en que
había estado sumida durante treinta años, es la de Lev Davidovich
Bronshtein, o lo que es lo mismo, León Trotsky.

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Después de los 90, Celia Hart Santam


que atrajo la atención para impulsar el
Trotsky en la sociedad cubana. En octu
otros intelectuales, participó en el foro
cias de Octubre", con el apoyo de la Un
de Cuba (UNEAC); de la cátedra Haydé
ción Hermanos Saíz. Por esas mismas f
bargo, del Partido Comunista de Cuba, a
ideas trotskistas. En diciembre del 2003,
blicado un artículo titulado "Las band
confronta el ideal de Trotsky con el pos
lución bolchevique, y su particular m
Afirmaba:

Trotsky era el último de los contemporáneos de Lenin, de los líderes de la


clase obrera. Ese poder oscuro [en referencia a la campaña orquestada por
Stalin en contra de Trotsky] logró mentir descaradamente al acusar al jefe
del ejército rojo de ser un loco y un terrorista y hasta de ser cómplice de
Hider. No contento con su obra, Stalin se aprovechó de su poder para
mandar a Mercader a asesinar a Trotsky un 20 de agosto (7).

Según el crítico cubano-ruso Dmitri Prieto Samsonov, la Cátedra


de Pensamiento Crítico y Culturas Emergentes "Haydeé Santama-
ría" había organizado ese encuentro sobre "las otras herencias de
octubre" para analizar "la experiencia del socialismo en el siglo XX,
incluido el estalinismo y la degeneración de las izquierdas" (cit. en
Acosta, "El Observatorio crítico derrumba muros"). En este mismo
sentido se había pronunciado Celia Hart Santamaría en el artículo
antes referido, al afirmar que

9 Celia Hart Santamaría (enero de 1963-septiembre de 2008) fue la hija de


dos figuras icónicas de la Revolución Cubana: Haydeé Santamaría y Armando
Hart. Estudió Física en la antigua República Democrática Alemana en la década
de 1980. Murió en un accidente de tráfico en La Habana, junto a su hermano
Abel. Según sus propias palabras, fue su padre, Armando Hart, quien le descu-
brió a Trotsky: "In 1985 I returned to Cuba on holidays and confessed to my
father my feelings of utter desperation. In response, my father opened a
cupboard and got out four books: the three-volume Ufe of Trotsky by Isaac
Deutscher and Trotsky's The Evolution Betrayed. I devoured these books, but
until a few months ago had no opportunity of reading the rest of Trotsky's
works" (http://www.marxist.com/celia-hart-biographyl60804.htm). Hay que
enfatizar que estos libros no circulaban abiertamente en Cuba en esa época.

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La Mafia gobernada por los líderes del ex comité central ejerci


poder siniestro, el mismo poder siniestro y burocrático que el
ses izquierdistas del partido bolchevique auténtico, el mismo p
sinó al movimiento comunista internacional y lo convirtió en
ideológica de Stalin; el mismo poder que transformó las ideas
de Lenin en normas patéticas, que borró la revolución de la fil
nista y canonizó al socialismo en un solo país. Lo que existió
después de la muerte inoportuna de Lenin no era el socialismo
país, no era el socialismo, nunca lo fue... y ahora vemos que n
un país (6-7).

La parcial adopción de estas posiciones a nivel crítico en la Cuba


posnoventa fue muy de la mano con la postura, a veces ambigua,
seguida por el gobierno cubano, que se apresuró a deslindarse de la
experiencia soviética de corte estalinista y reclamar para sí la heren-
cia leninista, aunque sin hacer mención del legado trotskista. En es-
tas circunstancias, la aparición de obras como la canción de Frank
Delgado, "Trotsky's cha- cha- cha", y la novela de Leonardo Padura,
El hombre que amaba a los perros viene a llenar un vacío acerca del des-
conocimiento general sobre el fundador del Ejército Rojo.

El cha- cha- cha de Trotsky

Mucho antes del éxito literario de la obra de Padura, el trovador


Frank Delgado escribía y daba a conocer en 1997 una canción en la
que León Trotsky es el motivo principal. Aunque "extraño" por tra-
tarse de Trotsky, un nombre casi vetado en la Cuba soviética de
apenas unos años antes, al apropiarse de la figura del enemigo de
Stalin Frank Delgado no hacía más que mantenerse fiel a un estilo, a
una línea temática que había venido desarrollando desde el inicio de
su carrera en la década anterior y que lo ha hecho procurar siempre
asuntos cotidianos y difíciles, algunos incluso "incómodos" desde
cierta visión del poder en Cuba.
Dentro del panorama de la trova cubana, Frank Delgado consti-
tuye uno de los principales exponentes de la llamada "generación de
los ochenta", también conocida como "la generación de los topos".
Los otros miembros más visibles de "los topos" son Carlos Valera,
Santiago Feliú y Gerardo Alfonso. Delgado comparte con ellos una
estética y una sonoridad que, aunque en deuda con su predecesora,
separó a esta generación de la iniciadora de la Nueva Trova cubana,

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con Pablo Milanês y Silvio Rodríguez co


dos. En términos generales puede afirmar
ción, cuya génesis está estrechamente
canción protesta en América Latina, desar
lebratoria de la Revolución y del amor, ca
de las sonoridades de la trova tradicional
dar, sin embargo, los tropezones iniciales
dos" en más de una ocasión por el peso
Haydée Santamaría, Raquel Revuelta o A
Ya se comentaba que uno de nosotros había s
ba prohibido por la radio y la televisión, que
gido a los conflictivos en Casa de las Améric
fiaba las prohibiciones prestándoles su Teatr
dores de la misma generación cerraban filas
creado el Grupo de Experimentación Sonora
que otros les negaban (Silvio Rodríguez 11, c

Pese a esos tropiezos iniciales -y otro


cincuenta años de este fenómeno music
primera generación de la Nueva Trova s
vadores de la Revolución. Cuando "los
mundo musical, encontraron una realid
canto y el cansancio ya empezaban a nota
censura abría paso a otros ritmos musical
fluencias, junto a las del jazz, el blues y e
harían sentir en las composiciones musi
dos "novísimos". Entre las muchas diferencias estilísticas de ambas
generaciones, una es repetida por unos y otros de los miembros del
grupo y por estudiosos del tema: que la canción poética, vanguardis-
ta de la primera generación, se dejaba atrás, y se comenzaba a hacer

10 La Nueva Trova nació en la segunda mitad de los años 60, con la irrup-
ción de Pablo Milanês (su canción "Mis veintidós años" se considera el tema
inaugural de este movimiento), Silvio Rodríguez y Noel Nicola en el escenario
musical de la isla. Por esos años ritmos como el rock y grupos como The
Beades estaban prohibidos en Cuba, al considerárseles influencia y penetración
ideológica del enemigo. Para mayores detalles se recomienda la lectura del ar-
tículo "Causas y azares de la Nueva Trova Cubana", de Rogelio Ramos Do-
mínguez. El Movimiento de la Nueva Trova, sin embargo, no fue creado hasta
1972. A partir de entonces, su recepción en los medios y las instituciones cultu-
rales del país fue masiva.

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una canción de un lenguaje más directo, menos críptico,


rente. Por otra parte, este nuevo grupo se encontró dura
tiempo imposibilitado de grabar discos, ya fuera por el c
bólico11 de la primera generación -en tanto depositaria d
cultural ampliamente reconocido y de una cierta ideolo
do- que no dejaba espacio a nuevas propuestas musica
carácter casi institucional y burocrático que había adqu
vimiento de la Nueva Trova (MNT). Pero había, ademá
zo de los novísimos hacia la generación anterior. En e
Borges Triana ha afirmado que "entre un creciente nú
cedores de canciones crecía un sentimiento de rechazo hacia el
MNT como estructura burocrática"' (Borges Triana 41, cit. en Ra-
mos Dominguez 47).
Es esta realidad de aislamiento la que origina el seudónimo con
que se bautizó a estos nuevos trovadores: "los topos". El primer
disco "oficial" de Delgado, por ejemplo, fue Trova-Tur, del año
1995, y La Habana está de bala , el segundo, dos años después. Para
estas fechas, sin embargo, el cantautor llevaba más de una década de
trabajo sostenido.
Los principales sitios de enunciación de Delgado y sus compañe-
ros de generación fueron las peñas culturales, los pasillos y escalina-
tas universitarias. La crítica a los problemas sociales fue otra de las
características fundamentales de la cancionística de "los topos" que
los separa de sus predecesores. A partir del Periodo Especial estas
críticas se volvieron más agudas, profundas y amplias. Es en este
contexto en el que Frank Delgado escribe "Trotsky's cha cha cha",
en su disco La Habana está de bala , en 1997. El disco, que se grabó
en vivo en la sala "Che Guevara" de Casa de las Américas, tiene
además otros diez temas: "La Habana está de bala"; "No me pidas
la cabeza"; "Bolero nostálgico para artistas emigrados"; "Cuando te
vi"; "Cadena paladar"; "Gabriela"; "Chicas de Ipanema"; "Las da-

11 Sigo esta definición de Pierre Bourdieu para dar cuenta de la importancia


que para los años 80 había adquirido el MNT cubano como fenómeno no sólo
cultural, sino también socio-ideológico. Según Bourdieu, el prestigio, carisma y
encanto son formas de capital simbólico (189). Para un análisis más profundo
de este concepto, sugiero la lectura del artículo "Capital simbólico, dominación
y legitimidad. Las raíces weberianas de la sociología de Pierre Bourdieu", de
José Manuel Fernández Fernández.

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mas de la orquesta de salsa"; "Si el Ch


Todos son de su autoría. Temáticamente,
de sus canciones, es muy coherente. Del
algunos de los efectos más visibles del
condiciones urbanas paupérrimas; el din
tipo de relaciones; la emigración de arti
emprendedores de pequeños negocios
ción; los rumbos comerciales que iba
producción cultural; el cambio en las
exiliados -en tanto fuente de ingresos p
para el propio gobierno-. Dos temas d
que es el disco: "Cuando te vi", que ver
cial de dos niños en un jardín infantil, y
amor. El tema "Si el Che viviera" especu
Ernesto Guevara en el presente cuban
culativa se inscribe "Trotsky's cha cha c
Esta propuesta musical de Frank Delg
za, una especie de choteo -en el sentido
respecto a la vida de León Trotsky y
truncada de haber sido enviado a La Habana a fines de 1916 -él
mismo pidió ser enviado a Nueva York, donde pasó unos pocos
meses pues había comenzado ya la revolución en Rusia-. Delgado
se pregunta, medio en broma, medio en serio, qué habría sido de
Trotsky si hubiera sido recibido en Cuba; cómo habría cambiado la
historia. Estas preguntas, sin respuesta, constituyen una propuesta
lúdica que deconstruye al héroe, al mito, y nos presenta a un hom-
bre frustrado, ambicioso, incongruente a ratos. Hay una clara inten-
ción de subvertir al héroe y hacerlo más cercano, más falible.
Esta canción de Delgado va en sentido contrario a otra también
de tema soviético, del año 1995, de su disco Trova-Tur. "Koncha-
lovski hace rato que no monta en Lada", en la que el trovador, con
un tono nostálgico, hace un recuento de lo que a nivel emocional y

12 Siguiendo la definición de Jorge Mañach: "El choteo es un prurito de in-


dependencia que se exterioriza en una burla de toda forma no imperativa de
autoridad [...] hay en la idiosincrasia cubana rasgos peculiares que, originados
unas veces y acusados otras por el clima o por las circunstancias sociales en que
hemos venido desenvolviéndonos, tienden a facilitar esa perversión de la burla
que llamamos choteo". Red.

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 315

cultural significó para los cubanos la pérdida de la Uni


el fin de los muñequitos rusos, de las editoriales Raduga
del cine soviético y del té negro en las tardes. La canc
una función catártica al establecer un puente de conex
público capaz de reconocer y reapropiarse de los refer
que alude Delgado, cuya voz poética se sitúa precisame
de la comunidad sentimental soviético-cubana (Delgad
I960)13.
En "Trotsky's cha-cha-cha", sin embargo, el tono nostálgico
desaparece, y Delgado monta su letra en una composición musical
tan cubana y tan alegre como este ritmo creado a mediados del siglo
XX por Enrique Jorrín con un fin meramente bailable, de disfrute.
Desde la elección misma del ritmo musical hay una intención de
restarle solemnidad a la figura de Trotsky y a los hechos que acom-
pañaron su biografía. Delgado desacraliza además la historia y a sus
héroes a través de un lenguaje plagado de referencias populares:
"Quién hubiera visto a aquel luchador marmóreo/ con una mulata,
quemando petróleo./ Con su barbita discutiendo con encono,/ con
tabaco y con zapatos de dos tonos". El trovador afinca la narrativa
de su canción a partir del refranero cubano; en este caso: "quemar
petróleo", cuyo significado tiene resonancias profundas dentro del
imaginario racial de la nación cubana. La frase hace alusión a las re-
laciones interraciales desde una perspectiva peyorativa y burlona.
Juega con la idea de un posible romance entre Trotsky y una mulata
cubana. De paso, da cuenta de la poca seriedad con que se toman
los asuntos graves en el Caribe -en la misma cuerda en que teoriza
Antonio Benitez Rojo en su Im isla que se repite -. Según Delgado, de
haber ocurrido el viaje de Trotsky a La Habana a principios del siglo
XX, la historia habría perdido "aquel paladín/ entre el relajo del país
de la banana". Desde esta perspectiva de Delgado, Trostky habría
sido un dandy cualquiera en las calles de La Habana en las primeras
décadas del siglo XX, preocupado más por su apariencia física y por
sus conquistas amorosas que por la revolución permanente.

13 Cfr. el Cap. VI, "En busca de lo soviético a través del lente de una cáma-
ra", de mi libro Escrito en árílico : el ideal sometico en la producáón cultural posnoventa
(229-276).

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316 Damaris Puñales- Alpí z ar

El uso de diminutivos a través de todo el texto le confiere cierta


condescendencia a la figura histórica, condescendencia que roza a
veces la infantilización del tema, y la disminución de su valor en
cualquier discusión contemporánea. Así, Trotsky es presentado co-
mo un "viejito", un fundador de "periodiquitos" en Nueva York,
alguien a quien ni el zar primero ni luego Stalin querían ni "un po-
quito", a quien los zapatos le quedaban "chiquitos" y a quien en
México Frida Kahlo le calentaba los "piecitos".
A través de la canción, Delgado recorre los puntos principales de
la biografía de Trotsky: su primer destierro a Nueva York; su parti-
cipación en la Revolución de Octubre junto a Vladimir Uich Lenin;
la traición y persecución a manos de Stalin; su labor como historia-
dor y periodista; su destierro a Istambul, a México; su relación con
Diego Rivera y sus amores con Frida Kahlo; la traición de David
Alfaro Siqueiros y la muerte a manos de Ramón Mercader.
La canción está compuesta por quince cuartetos; su duración es
de cuatro minutos y treinta y cinco segundos. Aunque se centra bá-
sicamente en la figura de Trotsky, el cantautor no deja de hacer co-
mentarios sobre temas políticos del momento en que fue escrita,
como el alcoholismo público de Boris Yelstin.

Mercader en La Habana

Desde un tono también ajeno a cualquier solemnidad, Leon


Padura construye una biografía de León Trotsky a partir de la f
cionaüzación de los días de su asesino, Ramón Mercader, en L
bana. Las tres narraciones paralelas en que se estructura El ho
que amaba a los perros están interrelacionadas por la vida y muer
Trotsky. Una de ellas recorre la existencia de Ramón Mercad
infancia junto a Caridad del Río, su conversión en comunista y e
linista, su entrenamiento y preparación para el asesinato de Tro
y su vida de incógnito tras salir de la cárcel. La otra comienza co
marginación de León Trotsky tras el ascenso de Stalin al po
primero deportado a Alma Atá y Frunze (en Kazajistán), lu
Turquía, después a Noruega y finalmente a México; la pérdida
ciudadanía soviética; la muerte de sus cuatro hijos; sus amore
Frida Kahlo. La tercera historia es contada por Iván, un perio
cubano con aspiraciones de escritor, frustrado y desencantad

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 317

el tiempo en que le tocó vivir. Con algunos saltos cr


recuento comienza en los años 70: el fracaso de la zafra de los diez
millones, la censura literaria y la asignación laboral, como castigo, a
una radio emisora en Baracoa. Es en marzo de 1977 cuando conoce
a Ramón Mercader, mientras estaba en la playa y leía un cuento de
Raymond Chandler titulado "El hombre que amaba a los perros"
(en esa historia, coincidentemente, hay un matón profesional que
tiene predilección por los perros). Ramón, que se identificará con el
nombre de Jaime López, paseaba a sus dos borzoi. Iván se converti-
rá, luego de este encuentro, en el depositario de la memoria de Mer-
cader. También podríamos hablar de una cuarta historia, que co-
mienza en la página 415 -de la edición que manejo: Maxi Tusquets
Editores, 2011- y se refiere a la escritura del libro, a la búsqueda de
información. Al final, se introduce un nuevo narrador, amigo de
Iván, quien había fungido como tal en uno de los tres relatos que se
van desarrollando paralelamente. Daniel Fonseca Ledesma asume
ese papel una vez muerto Iván. Estas páginas finales, bajo el rótulo
de "Réquiem", sirven como colofón para unir los tres relatos en que
Padura ha estructurado su narración. Al igual que en las partes na-
rradas por Iván, se usa la primera persona y en ocasiones el narra-
dor se dirige al lector.
Esta novela de Padura sigue el esquema que ya había utilizado
antes en Ea novela de mi vida , del año 2002, y que repetiría luego en
Herejes , del 2013: contar tres historias en diferentes temporalidades,
que irán entrelazándose hasta darle coherencia a la narración.
En El hombre que amaba a los perros , Padura desteje el manto con
que tradicionalmente se ha presentado la participación soviética en
la Guerra Civil Española (1936-1939), y deja entrever la mano de
Stalin moviendo los hilos para el triunfo o la derrota. Presenta -des-
de la seguridad que otorga la ficción- todas las historias entrelazadas
en la Historia: traiciones, asesinatos, simples ajustes de cuenta, lu-
chas a muerte por el poder, por el control.
El miedo es uno de los grandes temas de la novela, que sirve pa-
ra establecer un paralelismo entre los procesos revolucionarios so-
viético y cubano. En la obra, una de las instancias en que se materia-
liza el miedo es a través de la parálisis de Iván, quien conoce gran
parte de la historia de Ramón Mercader de su propia boca -aunque
este nunca admitió ser Mercader- y unos cinco años después, en

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318 Damaris Puñales-Alpízar

1983, a través de los escritos que Mercad


bargo, Ivan no se atreve a hacer públi
de Trotsky. Habrán de pasar otros once
de Jaime López (como era conocido M
acerque a Ivan para llevarle una fosforer
jado en herencia. Han pasado ya 19 año
entre Iván y Mercader:
Sólo varios años más tarde, cuando empecé
tratar de reproducir los detalles de lo que
que la verdadera causa de aquella larga posp
había sido el miedo. Un miedo más grande

Cuando Iván muere a mediados de l


XXI (treinta años después de haber c
no ha publicado nada al respecto. Sus
amigo, Daniel Fonseca Ledesma.
El libro abre con lo que Gérard Gene
texto", un umbral cuya función es influ
En este caso se trata de una nota de pr
chada el 22 de agosto de 1940, en la c
León Trotsky en un hospital de la Ci
transcripción del interrogatorio al que L
del servicio secreto de la policía de M
Mornard Vandensdreschs, a.k.a. Frank
Mercader del Río), el 23 de agosto de
este paratexto, Leonardo Padura no sólo
tual a partir del cual se armará la narra
pa la carga de realidad histórica que con
Padura, como un historiógrafo detallis
de la memoria colectiva, se abocó dura
formación sobre la vida de León Trots
resultado es un libro que enseña más
bros de historia. Hay que recordar que
de la Revolución Cubana, la historiogr
dase, proestalinista- era la única perm
perestroika, cuando comenzaron a des
bierno cubano se deslindó del socialism
manera en que dejaron de circular Tiempo
cú , Sputnik y otras publicaciones todav

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 319

enseñarse idioma ruso en las escuelas, y se modificaron los


mas de marxismo y de historia soviética. Así, con much
retraso, el libro de Padura se convierte en fuente de infor
referencia, para la mayoría de los cubanos en la isla: los pr
Moscú de 1936 y 1937 (páginas 309-310; 461); las purgas
del partido y del ejército: "treinta y seis mil oficiales del
cuatro mil de la marina. No hubo más remedio que fusilar
los quince comandantes de tropa, sacar a más del sesenta p
de los mandos" (441); el pacto entre la URSS y la Al
Hider (439, 517); marginación de los aliados de Lenin:
de los veintisiete miembros del Politburo elegidos en el úl
greso que presidió Lenin y dejar con cabeza apenas al
ciento de los miembros del Comité Central elegidos en
Todos estos datos ofrecidos por Padura son históricame
cables.
Sin embargo, desde el título mismo de la novela, El h
amaba a los perros , se nos ofrece la dimensión en la que se
los personajes: no se trata de héroes protagonizando actos
sino de seres humanos envueltos en acontecimientos históricos es-
pecíficos, presentados desde una perspectiva cercana, interior. En
este sentido, podemos concordar con György Lukács cuando afirma
que:

There is such a thing as history, that it is an interrupted process of changes


and finally that it has a direct effect upon the life of every individual (23).
What matters therefore in the historical novel is not the re- telling of great
historical events, but the poetic awakening of the people who figured in
those events. What matters is that we should re-experience the social and
human motives which led men to think, feel and act as they did in historical
reality (42).

Y es desde esta perspectiva que podemos entonces, como Iván,


el narrador de una de las tres historias, sentir compasión y entender
-aunque no lo justifiquemos ni concordemos con ellos- el proceder
de León Trotsky y de Ramón Mercader.
Hayden White afirmó en El texto histórico como artefacto literario
(publicado originalmente en inglés en el año 1978 con el título Tro-
pics of Discourse), que tanto la historiografía como la literatura son re-
latos de ficción, no sólo porque en ambos casos el historiador y el
narrador escogen qué incluir y qué excluir de tales relatos, sino por-

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320 Damaris Puñales- Alpízar

que el sistema de discurso de ambos es


de la realidad a través de tropos (109-111
Maurice Halbwachs, en The Collective Me
el libro ya citado, coinciden respecto a la
dores intentan reconstruir el pasado m
escriben -entendido el acto de escritura como una construcción fic-
ticia-. La Historia en tanto historiografía, pues, se ubica al margen
de los grupos sociales, y su función esquematizadora tiene un fin
didáctico o adoctrinador, según el uso que se le dé. Pero en todo
caso, se trata de una especie de construcción un tanto artificiosa y
sobre todo, impositiva. Para Halbwachs14, hay que diferenciar entre
la Historia -en relación con la historiografía- y la memoria colectiva
por el alcance, sobre todo temporal, de cada una de estas categorías.
Mientras la Historia es presentada como la memoria universal del
género humano, o al menos de una parte de este, parcelado en esta-
dos, países o regiones, cada memoria colectiva corresponde única-
mente a un grupo limitado en el espacio y en el tiempo: "If the his-
torical memory is understood as the sequence of events remembe-
red in national history, then neither it nor its frameworks represent
the essence of what I call collective memory" (77).
Trotsky y Mercader están unidos por Stalin: los dos son sus víc-
timas, han sido usados y desechados por el "sepulturero de la revo-
lución" -como lo llamaba Trotsky- y al final ambos han perdido
sus vidas: Trotsky a manos de Mercader, que se convirtió en el bra-
zo ejecutor de Staün; Mercader, como consecuencia de su asesinato,
pierde su identidad, tiene que cobijarse bajo otros nombres, en paí-
ses que le son ajenos, como México, la Unión Soviética y Cuba, sin
posibilidad de regresar nunca a la playa barcelonesa con que siempre
soñó. Trotsky jamás pudo regresar a su Ucrania natal; murió en Mé-
xico en 1940, tras 12 años de exilio y luego de haber sido expulsado
del Partido Comunista y habérsele despojado de la ciudadanía sovié-
tica. Mercader muere en Cuba en 1978, y es enterrado en un cemen-

14 Cinco años después de su muerte en el campo de concentración de Bu-


chenwald en 1945, sus escritos fueron editados bajo el título Ta mémoire collective.
En esta obra postuma, Halbwachs enfatiza la diferencia entre la historia y la
memoria colectiva, y propone que para estudiar la memoria colectiva, hay que
tener en cuenta que en la sociedad existen ya constituidas muchas memorias
colectivas.

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 321

terio de Moscú con otro nombre. No es sino hasta muchos años


después que su verdadero nombre: Ramón Mercader del Río, es es-
crito sobre su lápida15.
Estos dos hombres comparten también dos grandes pasiones: la
lealtad a la causa en la que creen -Trotsky en la revolución perma-
nente; Mercader en el socialismo tipo estalinista-, y el amor por los
perros, en específico, por la raza borzoi. Cuando Trotsky fue deste-
rrado a Alma Atá en 1928, pudo llevarse consigo a Maya, una bor-
zoi que le habían regalado en 1924, por su cumpleaños 45. Con ella
viajó a Turquía, donde finalmente murió el animal, en 1933. Merca-
der, por su parte, descubrió esta raza de perros en Barcelona, al
coincidir con George Orwell en un hotel y oírlo hablar de ella.
Aunque la mayoría de los personajes de la novela están basados
en personas reales, con trayectorias de vida bastante cercanas a las
que estos tuvieron, Padura introduce personajes ficticios que servi-
rán de andamiaje para sostener el relato histórico. El autor ha decla-
rado:

no me era posible entender lo que había significado la defenestración de


Trotski 'sic' o la obsesión de Stalin por matar a Trotski o los métodos que
se utilizaron para matarlo o el destino de este verdugo que también termina
convirtiéndose en víctima, si no trazaba el arco que completaba la mirada
desde una perspectiva cubana. Esta es una novela que sólo un cubano po-
día concebir. La experiencia que hemos vivido en estos años nos da la po-
sibilidad de tener una mirada antes, durante y después de los acontecimien-
tos. No obstante, no tuvimos noticias de esa historia a pesar de ser parte de
ella (Mirabal 13).

A través de la inclusión de Iván, Padura, además, puede hacer de


esta una novela cubana, con todos los tópicos tratados por la narra-
tiva posnoventa en la isla. Como elemento de cohesión con las otras
dos historias, basadas en hechos reales, Iván va a sentir también,
como Trotsky y Mercader, un gran amor por los perros. Acaba sus
días como editor de una revista de veterinaria -lo que le facilita el
diálogo con Mercader, cuando lo conoce en la playa- y luego como
veterinario por necesidad, en su barrio. Tanto Iván, como Mercader

15 Para más información sobre este y otros detalles de la biografía de Ra-


món Mercader, consúltese el documental Asaltar los cielos (España, 1996), dirigi-
do por José Luis López-Linares y Javier Rioyo.

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322 Damaris Puñales-Alpízar

y Trotsky, son en realidad náufragos ar


historia. En este sentido, la novela trans
Al describir a la última generación sov
Everything Was Forever ; Until It Was No M
tion, , Alexei Yurchak afirma que se tra
segundo deshielo, específicamente, desp
tar soviética en Checoslovaquia en 196
generations are not natural, they are produc
and through discourse about it. Under app
provide what Karl Mannheim called a "com
dimension of the social process", creating a
cess. And the shared experience of coming of
may also contribute to sharing understandi
cess through which they are reproduced (30)

Cronológicamente, esta última generac


lo que se ha dado en llamar la comun
cubana16: aquellos cubanos nacidos o ed
Cuba para quienes lo soviético constituy
do tipo de referencia. Ambos grupos, so
experiencias que, aunque disímiles en
ten un hecho importante: el fin de la Un
un mundo en el cual habían sido educ
pérdida estuvo acompañada, mucho más
funda crisis económica que repercutió e
ciedad cubana. Leonardo Padura convie
denas Maturell, desde una perspectiva fi
generación de los nacidos a principios
la ideología socialista de corte soviético;
ta en Cuba, que tuvo que enfrentarse al
peor crisis económica de la isla:
Tiré de una de las sillas de hierro y me dej
fin previsible de un camino, un desastre de r
na de una casa y de toda una ciudad, pero s
unas vidas (758).

16 Para más información sobre este conce


Habana: Huellas soviéticas en la Cuba literaria
en drílico (109-164).

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 323

El papel de Iván es el de representar a la masa, a la multitud


anonimato, y su personaje funciona también como metáfora de
ción y como prosaico resultado de una derrota histórica (760).

A modo de conclusiones

Delgado y Padura no rescatan al Trotsky héroe para algunos, vi-


llano para otros; no rescatan al Mercader asesino para unos, luc
dor por el estalinismo para otros. Y es precisamente en estos entre
sijos en los que la ficción se vuelve subversiva: los personajes q
tenemos delante de nosotros son hombres y mujeres producto de s
tiempo, anclados, motivados, por la realidad que les tocó vivir.
decisiones que cada uno tomó, para bien y para mal, responden
una lógica personal específica, moldeada por las circunstancias h
tóricas. Que aceptemos o compartamos o no tales ideas es lo d
menos. No hay reivindicación de los personajes reales: al contra
de las posturas reivindicativas no oficiales que se han adoptado
Cuba en torno a Trotsky como el gran pensador, promotor de
revolución permanente enfrentado a Stalin, Padura, por ejemp
nos presenta a un hombre tan ambicioso de poder como el pro
Stalin, pero que tuvo la mala fortuna de que su guerra contra el es
linismo coincidiera con una coyuntura internacional que le fue poc
favorable: el ascenso del nazismo y la guerra civil española. Su gue
rra, la de Trotsky contra Stalin, se diluyó en medio de una gue
más grande. Mercader, por su parte, es presentado no sólo com
fiel seguidor de Stalin, sino sobre todo como su víctima: el grito d
Trotsky, la marca indeleble de los dientes de Trotsky en su mano
sobre todo, la convicción de que fue únicamente un peón en
juego del que ni siquiera conocía a sus contrincantes hacen que
alguna manera él también haya muerto con Trotsky.
A través de Iván -personaje que remite oblicuamente al aut
real: ambos periodistas, ambos escritores- Padura no redime a Mer
cader, sino que lo presenta con compasión (literaria, histórica),
mo la pieza de un juego perverso en el que Ramón tenía poca ca
cidad de discernimiento debido a las circunstancias que le tocó viv
y que lo moldearon ideológicamente.
Esta propuesta revisionista de Padura puede ser deconstruida
podríamos incluso afirmar que se trata de una novela oportun

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324 D AMARis Puñales-Alpízar

-en el peor y en el mejor sentido de la p


toca temas que ya es posible tratar en las ci
Cuba, donde cierta porosidad permite la
sancionados por el poder-. La presenci
también, por la prominencia que la pluma d
el mercado literario exterior. El hombre que
vela que se explica por -y tal vez sólo por
co: ser izquierdistas sin ser estalinistas, d
castrista, pero no de la Cuba socialista. L
mejor expresión de estas ambivalencias.
Como parte de esta estrategia de escritur
nista, Padura pone en voz de Trotsky un di
es, sobre todo, antisoviético, que habría sid
en la Cuba de los años 70:

Habría que admitir también que la URSS no había sido más que la precur-
sora de un nuevo sistema de explotación y que su estructura política tenía
que engendrar, inevitablemente, una nueva dictadura, si acaso adornada con
otra retórica (520).

¿De qué país está hablando realmente Padura, a través de sus


personajes? ¿De la Unión Soviética, de la Cuba de los años rusos?
En cualquier caso, esta narrativa habría sido censurada apenas unos
años antes, y el libro jamás se habría publicado; o Padura se habría
convertido en otro exiliado. Inconscientemente tal vez, Padura se
alinea a la nueva visión del socialismo soviético emanada desde el
poder en Cuba, según la cual, tal versión ha sido decepcionante: "mi
primera reacción fue sentir pena por mí mismo y por todos los que,
engañados y utilizados, alguna vez creímos en la validez de la utopía
fundada en el ya entonces desaparecido país de los Soviets" (532).
A partir de su capital simbólico -término de Bourdieu que he-
mos comentado antes en este texto-, como depositario no sólo de
la cara (más) visible de la literatura cubana en el extranjero, sino so-
bre todo como voz crítica sancionada desde el poder, Padura se eri-
ge en el salvador de la memoria del León Trotsky humano para los
cubanos, mientras aprovecha para deslizar un comentario oblicuo
acerca de la relación entre el poder revolucionario en Cuba y las
macabras redes del tejido partidista soviético y las viejas deudas es-
talinistas con Ramón Mercader.

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Trotsky subversivo ... en el imaginario cubano 325

Frank Delgado, por su parte, afinca su propuesta mus


choteo que, como comentábamos antes, le permite dist
Trotsky como sujeto histórico para presentar a un hombre
menos encartonado e incólume. Delgado ofrece en su ca
síntesis apretada de la biografía de exilio de Trotsky: su p
pulsión a Francia, a España y luego a Nueva York, de dond
para incorporarse a la Revolución de Octubre.
Sin embargo, se trata de dos Trotskys diferentes los qu
sentan en las obras de Delgado y Padura. Si Delgado alu
héroe de la Revolución de Octubre, que regresó de Nuev
ra organizar el Ejército Rojo y estar al lado de Lenin, el Tr
Padura es un hombre grandioso que ha sido, no obstant
deza, derrotado por los manejos crueles de la historia. A
de Padura, que le otorga una condición humana, casi l
Ramón Mercader, Frank Delgado lo presenta como un a
piedad: ÍCY Mercader, mercenario del poder/ con un pio
la historia un fin violento". Pese al tono cuasi infantilizado de su
propuesta musical, el trovador es implacable con Mercader y no le
otorga, como Padura, una perspectiva humana que admita si no jus-
tificar, al menos entender las motivaciones de su actuación.
El contraste entre estas dos versiones ficticias de la vida y muer-
te de León Trotsky permite establecer -pese a las dificultades de
comparar una canción con una novela extensa- un contrapunteo
productivo para entender al hombre en su real dimensión y lograr
una perspectiva más completa de quien fuera uno de los principales
ideólogos revolucionarios de todos los tiempos.
La capacidad subversiva de Padura y de Delgado no está en ha-
blar de Trotsky o de Mercader: al fin y al cabo, es la Cuba posno-
venta y esos temas no están ya vedados. Su subversión radica, más
bien, en desarmar la dimensión heroica o demoníaca de ambos per-
sonajes y presentarlos desde una visión compasiva o burlona.
Estas dos propuestas son subversivas en tanto ofrecen una ima-
gen de León Trotsky que no se corresponde con ninguna de las lec-
turas sancionadas respecto a la figura histórica: no es el Trotsky
enemigo en que lo convirtió Stalin -convertido igualmente en
enemigo por la dirigencia revolucionaria en la Cuba soviética de las
tres décadas posteriores a 1959-, pero tampoco es el Trotsky infali-
blemente revolucionario que han admirado sus seguidores, y cuya

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326 Damaris Puñales-Alpízar

imagen ha intentado ser (tímidamente)


res intelectuales y políticos en la Cub
cionábamos al principio de este ensayo: t
cación propuesta por estudiosos com
Dmitri Prieto Samsonov, por ejemplo,
herencias de Octubre". Para la mayor
educada durante los años soviéticos, el n
y su primer contacto con él pudo haber
tas musical y literaria de Delgado en 199
esto radica la subversión mayor de estas
único contacto de (la mayoría de) lo
Trotsky es mediante el consumo de obra

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