Está en la página 1de 3

Opera

L’amour de loin en vivo desde el MET

Al principio del primer acto de la ópera L'amour de Loin de la compositora finesa Kaija
Saariaho, que obtuvo un clamoroso éxito hace pocos días en el Metropolitan Opera
House de Nueva York, un trovador soñador describe a su amada ideal como «belle
sans l'arrogance de la beauté», es decir, bella pero sin la arrogancia de la belleza. Esa
frase podría aplicarse con la misma exactitud a la brillante música de Saariaho:
espléndida en su sencillez.

El amor lejano

Jaufré, un noble trovador aquitano (Francia) manifiesta su hastío por la vida de la corte
y su deseo de encontrar un amor sublime. Sus compañeros, el coro, aseguran que tal
mujer no existe; pero un peregrino le comenta que tal mujer existe y que la conoce. El
trovador escribe magníficos y apasionados cantos a la mujer que el peregrino describe
y, al hacerlo, se enamora de su ideal.

Cuando regresa a Trípoli, el peregrino revela a la condesa Clémence que en Aquitania


hay alguien que la ama apasionadamente y que le dedica los versos y cantos más
bellos que jamás se hayan escrito. La condesa se interesa, pero no desea
comprometerse en un amor a la distancia que tiene pocas posibilidades de realizarse.

De nuevo en Aquitania, el peregrino revela al trovador que su amada ya sabe de su


existencia y de sus cantos. El trovador decide encontrar a su amada, pero se enferma
durante la travesía y, al llegar a Trípoli, muere en los brazos de su amada.

El trovador y el peregrino rumbo a Trípoli


La trama de L’amour de loin es sencilla. El libreto de Amin Maalouf, francés de origen
libanés, es directo y sin mayores vuelos literarios, pero revestido de la exuberante y
colorida paleta impresionista de la música de Saariaho, es suficiente para poner en
primer plano la distancia que separa a los amantes y el privado drama existencial de
cada uno.

Tres protagonistas, el coro y el mar

La sensación de distancia fría y estética de la ópera se ve amplificada por la alucinante


producción de Robert Lepage que ha creado una hipnótica escenografía que es
literalmente y figurativamente iridiscente, con alrededor de 28.000 lámparas LED que
evocan el calmo pero agitable mar que separa a los amantes.

Visualmente, el punto culminante del espectáculo es la impresionante representación


de Lepage de una tormenta en medio del océano, una contrapartida visual ideal a
fanfarrias de los metales de la orquesta de Saariaho.

A primera vista parece una producción sencilla; pero hay detrás un gran despliegue
tecnológico que solo la opulencia de un teatro como el Metropolitan podría afrontar.

Esta producción tiene además la suerte de contar con la excelente dirección de


Susanna Mälkki (Helsinki 1969). Todas las sonoridades modernistas y todos los hilos
del denso y complejo tejido orquestal encontran en la delicadeza, el gusto y el control
de la directora el tiempo y el volumen justos para ser escuchados. Ella compartió con
la compositora el mayor aplauso de la noche.

El trovador Jaufré estuvo a cargo de la poderosa voz del bajo-barítono Eric Owens.
La soprano Susanna Phillips interpretó a Clémence con belleza y sensibilidad. Pero
vocalmente, la verdadera estrella de la noche fue la mezzosoprano canadiense
Tamara Mumford que interpretó al peregrino con mucha dignidad. Hizo destacar todas
sus líneas vocales al punto que deja la impresión que la mejor música de la ópera
pertenece al personaje del peregrino.

El coro de MET, siempre


preciso y bien armonizado,
merece especial elogio
porque esta vez canturreó,
susurró y siseó la
complicada música de
Saariaho mientras se
paseaba en el mar de
Lepage cual si fuera un
conjunto de delfines
dorados o de peces
voladores.

El coro del MET saltando del agua


La ópera contemporánea más exitosa

Desde su estreno en el Festival de Salzburgo en el año 2000, L’amour de loin cuenta


ya con más de diez producciones: Berna (2001), Darmstadt (2003), Helsinki (2004),
Beirut (2005), Noruega (2008), Londres (2009), Canadá (2012), Linz (2015), Aspen
(2015) y la MET (2016); todas diferentes.

La música de Kaija Saariaho (Helsinki 1952) no es Mozart, no es Verdi, no es Puccini;


pero seduce al espectador con una orquestación que crea atmósferas sonoras que lo
envuelven y lo interpelan.

Cuando ve morir entre sus brazos al que podría haber sido el amor de su vida,
Clémence se arrepiente de no haber ido ella a buscarlo; lamenta la oportunidad
perdida y los cálculos que realizaba. En un soliloquio final extrañamente escalofriante,
ora por el cuerpo de su amante y anuncia que entrará en un convento. Sus palabras
suenan confusas pero toman un giro metafísico: «Señor, Tú eres el amor lejano».

Sobre este final, que desconcierta a muchos, Saariaho ha declarado que ha «querido
afrontar aquellos misterios de la existencia humana a los que no podemos acceder con
la razón pero a los que siento que podemos acceder a través de la música».

Nueva sala

Tras la tragedia ocurrida en Larcomar, las trasmisiones vía satélite se han trasladado a
UVK Platino Basadre (Basadre y Las Palmeras; San Isidro).

La temporada continuará con Nabucco de Giuseppe Verdi los días 7, 9 y 11 de enero.

FraKazu