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GIUSEPPE MAZZINI (1805 – 1872)

El genovés Giuseppe Mazzini (1805-1872) se afilió desde muy joven a la Carbonería y se


entregó a la acción clandestina. Detenido, encarcelado y luego desterrado, se refugió en
Marsella donde fundó la asociación patriótica republicana «Joven Italia» y el periódico La
Giovine Italia (1832). La represión en el Piamonte contra la «Joven Italia» fue terrible.
Mazzini quiso reaccionar con una invasión de una banda desde Suiza, pero el intentó
falló. Es entonces cuando fundó la «Joven Europa» (1834) como una internacional de
naciones de la que eran miembros grupos como Joven Polonia, Joven Alemania, Joven
Suiza, Joven Austria. No había ninguna intención hegemónica en este nacionalismo;
Mazzini proclamaba que su alianza de los pueblos se oponía a la alianza de los reyes.

Mazzini nunca cesó en su actividad conspiratoria, acumulando fracasos. En 1848 es uno


de los triunviros que están al frente de la efímera República Romana. Su residencia más
permanente fue Londres. Un mes antes de su muerte consiguió volver a Italia con el
nombre fingido de Brown.

La acción política de Mazzini tuvo un claro programa expuesto en artículos en la La


Giovine Italia. Creía que por medio de la insurrección del pueblo se podía conseguir la
independencia de la nación italiana con un gobierno republicano. El movimiento italiano
debía coincidir con el de otras naciones para constituir un nuevo orden europeo. Con
espíritu ejemplarmente romántico Mazzini sonó que Italia podía dar a Europa una nueva
vida ética política; el Risorgimento italiano sería el comienzo del resurgir de las otras
naciones europeas: el pueblo italiano liberado transmitiría a otros el mensaje de libertad,
es decir, Italia tomaría la iniciativa revolucionaria que había tenido Francia. Novedad
importante en el programa de Mazzini es que ya no cuenta con el protagonismo del
ejército: el protagonista es el pueblo que ha de organizarse en bandas armadas. La
acción política se desarrolla en tres fases. Primero, la conspiración, basada en
sociedades secretas; segundo, la insurrección de bandas que ha de estallar en el
momento elegido; tras el éxito de la insurrección, hay que hacer la revolución, que
consiste en proclamar la república y convocar elecciones para una Asamblea
Constituyente: era la idea de toda la tradición jacobina italiana.

En Inglaterra tomó contacto con el mundo obrero y sus problemas a través de obreros
emigrados italianos. Fundó la «Unión de los trabajadores italianos» y publicó un periódico
destinado a los obreros, Apostolato popolare. Esta experiencia enriqueció su concepto de
pueblo, que lo entiende formado por los obreros (obrero es todo trabajador, todo el que
vive de su trabajo: no tiene connotación de clase) y también como objetivo desarrollar las
fuerzas productivas modernas. La revolución adquiere un contenido social contra los ricos
ociosos, pero no tiene contenido socialista. Al contrario, Mazzini está contra la república
socialista, que asume la propiedad de todos los medios de producción, porque acaba con
la libertad y con el estímulo individual. La república democrática nacional debe abolir la
aristocracia, impulsar el asociacionismo contra el individualismo burgués, pero no abolir la
propiedad. Mazzini es una jacobino. Es, por tanto, un ilustrado que cree en la necesidad
de la educación civil para poder permitir la participación política del individuo. Escribe Los
deberes del hombre (1841-1860) para formar la conciencia del pueblo italiano en orden a
dar vida a una democracia nacional de iguales y libres.

Dedicó su vida a la lucha por la independencia política de las naciones, pero no es un


nacionalista en el sentido que tendrá el término en el siglo XX, sino un nacionalista
romántico. La idea de nación es un camino de construcción de la Humanidad a la que se
llegará mediante la colaboración entre las naciones. Por tanto, no tiene justificación el
concepto de nación hegemónica. La nación que domina a otras está en contra de la
construcción de la Humanidad. Mazzini es enemigo del nacionalismo expansivo y, por
tanto, del imperialismo.

IL RISORGIMENTO
Fue el dramaturgo Vittorio Alfieri quien, a finales del siglo XVIII, puso en circulación la idea
del Risorgimento. Era un mito ético-político cuyo contenido era la esperanza de que en un
futuro próximo Italia, que entonces se encontraba «indefensa, dividida, envilecida,
encadenada, importante, resurgirá fuerte, magnánima, libre y unida». Con el
Rinascimento Italia había sido la maestra de Europa en el siglo XV y el Renacimiento
había sido el resurgir de una anterior civilización clásica durante la cual Roma había sido
la dueña y maestra del mundo de Occidente. Alfieri puso en circulación la idea de que
Italia, por tercera vez, podría asumir el liderazgo de la historia de Europa.

Este mensaje político-cultural llegó en el momento oportuno. Los Estados regionales


italianos se vieron conmocionados por las ideas de la Revolución Francesa primero, luego
por la presencia de las tropas francesas mandadas por Napoleón que instauraron
repúblicas regionales y, finalmente, por la reorganización bonapartista que colocó a Murat
en el trono de Nápoles y creó el reino de Italia en el Norte de la Península para el propio
Napoleón. Por primera vez en la historia, Italia era una realidad política. Nació en las elites
italianas la conciencia nacionalista que implica no solamente la idea de la unidad cultural
sino también la voluntad de formar un Estado-nación italiano, libre de la tutela francesa.

La caída de Napoleón pareció que traía la oportunidad de realizar este proyecto, pero las
potencias europeas reunidas en Viena optaron por la Restauración e Italia volvió a la
fragmentación de las monarquías regionales y a la dominación austriaca de la Lombardía
y el Véneto. Pero la idea del Risorgimento siguió viva, alimentada ahora con la moda
intelectual que llamamos Romanticismo. Por eso podemos hablar con toda propiedad de
un Risorgimento romántico. Ahora el proyecto de la unidad italiana toma tres direcciones
diferentes. En primer lugar, el proyecto de una república unitaria de inspiración jacobina.
En segundo lugar, el proyecto de una federación liderada por el papa promovida por
elementos eclesiásticos que, por su obvio parecido con los güelfos medievales, han sido
llamados los neogüelfos. En tercer lugar, el proyecto de una federación dirigida por el
reino de Cerdeña (su núcleo importante es el Piamonte, su capital Turín y su líder Cavour)
que se va a construir sobre una base económica: es el proyecto triunfador. En cualquier
caso, son proyectos de las elites; en los comienzos del siglo XIX el pueblo campesino
italiano está completamente al margen de la política. Precisamente por esta falta de base
popular el proyecto unitario republicano, que tenía que luchar contra las monarquías
establecidas, tomó la forma de conspiración a través de sociedades secretas, la principal
de las cuales fue la Carbonería.