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La oración en el Nuevo Testamento

1. Jesús en oración

a. El bautismo

Lc 3, 21-22: Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús.


Y mientras estaba orando, se abrió el cielo, y el Espíritu Santo descendió
sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del
cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi
predilección».

Los evangelistas quisieron mostrar Jesus como un hombre de oración. Es un tema


particularmente presente en el Evangelio de San Lucas.

San Lucas menciona por primera vez la oración de Jesús durante su bautismo

San Lucas no nos narra el contenido de la oración. Es el hecho de orar que quiere
narrar.

Vemos el eficacia de su oración. El cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre


en Él en forma de paloma. ¿Sobre qué esta rezando? El bautismo, las personas que
van a ser bautizado, la salvación, el pecado, etc.

Los actos de Cristo pasa a los Sacramentos. Esta oración de Jesus ahora está en el
sacramento de bautismo. Los cielos abren y el Espíritu Santo desciende para dar
nueva vida.

En los momentos significativos tenemos que rezar. Es en la oración donde podemos


escuchar la voz del Padre.

b. Las tentaciones

Lc 4, 1-2: Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y
fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio
durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos
tuvo hambre.

El relato de las tentaciones no nos habla explícitamente de la oración, pero la supone.

Jesús salió del bautismo lleno del Espíritu Santo. Podemos ver también como es
igualmente importante el tema del Espíritu Santo en el evangelio de San Lucas. Jesús
no hace nada sin la oración y el Espíritu Santo.

Jesús fue conducido por el Espíritu Santo. El Padre quiere conducirnos por el Espíritu
Santo. Pero requiere que estamos escuchando y que somos dóciles a sus inspiraciones.
No todo es agradable. Jesús fue conducido al desierto para ser tentado. Era el
momento de la prueba antes de iniciar su vida pública.

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Jesús vence la tentación con el ayuno y la oración. Como vamos a ver, Jesús contesta
con las Escrituras. Podemos pensar que Jesús pasó su tiempo en meditación sobre las
Escrituras. De allí sacó su fuerza y la luz como debe reaccionar a las tentaciones.

Lc 4, 3-4: El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta
piedra que se convierta en pan». Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura:
"El hombre no vive solamente de pan"».

Vemos aquí otro elemento que le ayudaba Jesús en su vida. Es el papel de las
Escrituras. Podemos presumir que Jesús estaba meditando sobre las escrituras en el
desierto durante los 40 días.

Aquí, Jesús cita el libro de Deuteronomio (8,3), donde Moisés está reflexionando
sobre el mana que los israelitas comieron en el desierto. La conclusión que Moisés es
que el hombre no puede vivir solamente de pan. Además necesita la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios nutre el alma, y da los principios para guiar su vida.

La tentación para Jesús es usar sus poderes como Mesías para sí mismo. Pero Jesus ha
venido para servir y para dar su vida en rescate de las almas.

Lc 4, 5-8: Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un


instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y
esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a
quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá». Pero
Jesús le respondió: «Está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo
rendirás culto"».

Lo que llamamos el Shema Israel es el credo más básico de los Israelitas. La palabra
hebrea Shema significa “Escucha”. Aquí es el texto: Escucha, Israel: el Señor,
nuestro Dios, es el único Señor. Amaras el Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4-5).

Hay un solo Dios. La conclusión que sigue es los ídolos no son nada. No deben tener
otros dioses. Deben servir únicamente Yavé. Y así, Jesús cita el texto en Dt 6, 13.

Quizás para Jesús la tentación es tomar un camino más fácil para establecer su reino
mesiánico. Dios había prometido su mesías un reino universal, un dominio sobre
todas las naciones, como podemos ver por ejemplo en Salmo 2. “Pídeme, y te daré
las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra”. (Sal 2, 8).

Dios promete darle las naciones como herencia, y no solamente Israel. Ahora, aquí el
demonio piensa que él puede disponer de los reinos de la tierra y darlos a Jesús.
Piensa que goza un cierto dominio sobre las naciones, pero, el demonio es un
mentiroso. Para Jesús es un camino más fácil en el sentido que no tiene que pasar por
la cruz, solamente postrarse delante del demonio. Por supuesto, Jesús rechaza la
tentación, y el demonio sigue tentándole.

Lc 4, 9-12: Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte


más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
porque está escrito: "El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden".

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Y también: "Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con
ninguna piedra"». Pero Jesús le respondió: «Está escrito: "No tentarás al
Señor, tu Dios"».

Vemos aquí como el demonio también sabe algo de las Escrituras, citando un texto
donde Dios había prometido proteger su mesías. Una cosa es confiar en la providencia
de Dios, y otra cosa es forzar un milagro.

Quizás la tentación es desconfiar en Dios.

Lc 4, 13: Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se


alejó de él, hasta el momento oportuno.

Aquí es un texto particular a San Lucas. Habla de todas las formas de tentación.
Quiere decir que las tres tentaciones narradas son un resumen. Jesús fue tentado en
todas las formas de tentaciones que los hombres sufren. Sufre todo para redimir todo.
Jesús sabe lo que sufrimos. No hay tentación que él no experimentó. Puede
ayudarnos. Toma de la mano.

El demonio se alejó de Jesús, hasta el momento oportuno. También nosotros.


Entonces, vigilancia y oración para no caer en la tentación.

Conclusión. En el combate espiritual, vemos la importancia de la meditación sobre la


Palabra de Dios, la oración y el ayuno.

c. El costumbre de orar

Mc 1, 35-38: Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y


fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus
compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan
buscando». El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en
las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

San Marcos nos relata un episodio en la vida de Jesús. Jesús acaba de curar a la
suegra de Pedro, además de todo el pueblo después del sábado. A pesar de una día
llena de trabajo, Jesús se levantó temprano para ir a un lugar solitario.

Como se trata de un día en la vida de Jesús, quiere decir que era un hábito de Jesús
levantarse temprano en la mañana para hablar con su Padre.

Jesús fue a un lugar desierto. Quiso estar solo con el Padre. Era una necesidad, un
deseo grande. Da una prioridad a la oración. Es la primera actividad de su día.

La respuesta de San Pedro también es importante: todos te anden buscando. Todos los
hombres están buscando a Jesús. Todos necesiten Dios en sus vidas. Por eso es
importante este tema de la oración. Es a través de la oración que tenemos contacto
vivo con Dios

San Lucas narra en 5,16 que era la costumbre de Jesús rezar en lugares solitarios. No
una vez. No solamente este pasaje de San Marcos.

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Lc 5, 15-16: Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a
lugares desiertos para orar.

Jesús se retiraba a lugares desiertos para orar. Quiere decir que era una costumbre.
Quiso estar solo con su Padre. Era una necesidad, un deseo. No cada vez en cuando.
Era parte de su día.

d. En los momentos más importantes

Lc 6, 12-13: En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó
toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus
discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles.

Jesus reza en los momentos importantes. Jesús se retiró para orar antes de elegir a los
apóstoles.

Jesús se retiró a una montaña para orar. Las montañas son el lugar privilegiado para
buscar a Dios en la oración. podemos pensar de los los ejemplos de Elías y Moisés.
Ellos tuvieron su encuentro con Dios en la montaña santa de Horeb o Sinaí.

Jesús pasó toda la noche en oración. Eso indica la importancia de la decisión que tenía
que tomar sobre los apóstoles. Era tanta necesidad de buscar la voluntad de su Padre,
que Jesús pasó toda la noche en la oración.

Jesús dio gracias al Padre antes de la multiplicación de los panes. Y después se retiró
a la montaña para orar.

Mt 14, 19-23: Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el


pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo,
pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los
distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los
pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron
unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. En seguida, obligó
a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra
orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para
orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

Jesús subió a la montaña para orar a solas. Quizás una razón fue la reacción de la
gente a su milagro. San Juan narra que quisieron hacerle rey.

Jn 6, 14-15: Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este
es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo». Jesús, sabiendo que
querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la
montaña.

Esto quizás explica la razón para mandar sus apóstoles al otro lado del lago para no
contaminarlos con estas ideas. Jesús queda solo para despedir a la gente. No quiso ser

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así. Tenía que subir la cruz. Tenía que sacrificarse, hacer de su vida una entrega y una
eucaristía, que en cierta forma fue anticipado en este milagro. Jesús tenía mucho por
pensar y orar.

Lc 9, 18-20: Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con
él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le respondieron:
«Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los
antiguos profetas que ha resucitado». «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién
dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el
Mesías de Dios».

San Lucas precisa que Jesús hizo su pregunta a los apóstoles saliendo de la oración.

Es un momento clave en su ministerio público que marca la transición entre su


ministerio en Galilea y su subida a Jerusalén para ser crucificado.

Jesus les pregunta sobre su identidad. Han vivido y trabajado con el. Tenían que
concluir que era el Mesías. Pero, que tipo de Mesías y como va a realizar su misión.
La cruz.

En respuesta, San Pedro tiene su gran proclamación de fe. Desde aquel momento,
Jesús comenzaba de hablar sobre su pasión.

e. La transfiguración

Lc 9, 28-29: Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan
y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió
de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.

En su narración, San Lucas menciona que la transfiguración ocurrió mientras Jesús


oraba. Entonces, se trata de una transfiguración a través de la oración.

La transfiguración es una imagen o un modelo para nuestra vida de oración. Tenemos


que subir una montaña, lo que puede simbolizar todo el ascesis necesario para
despegarnos de las cosas para dedicarnos libremente a Dios. Tenemos que librarnos
de los apegos desordenados y recuperar nuestra libertad del espíritu.

Hay un trabajo previo a la oración, para crear una clima interior de silencia, de paz, de
libertad, de amor. Y así, podemos entregarnos a Dios.

La oración es necesaria para realizar nuestra propia transfiguración según la imagen


de Jesus. Contemplando Cristo, meditando sobre los misterios de su vida, Dios va
cambiándonos poco poquito. Nuestra santificación es la obra del Espíritu Santo en
nosotros. Pero tenemos que abrirnos a Dios y colaborar con Él.

Brillar ante los demás. Dar buen testimonio de Dios, que somos hijos de Dios. Dar
testimonio de una vida transformada por la gracia de Dios. Como hombres y mujeres
de Dios, llevemos los demás a Dios.

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Lc 9, 30-31: Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que
aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a
cumplirse en Jerusalén.

Vemos dos figuras claves de la historia de Israel. Moisés representa la Ley y Elías
representa los profetas. Toda la Escritura habla de Jesús y de su misión. Su oración no
era solamente con el Padre. Conversaba con los santos.

Hablan de su partido, su crucifixión. La palabra traducida como partida es


literalmente el Éxodo. Jesús comienza un nuevo Éxodo. El pueblo de Dios va a salir
del Egipto, el lugar de la esclavitud de la muerte y el pecado y caminar hacia la tierra
prometida.

Lc 9, 32-33: Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero


permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que
estaban con él. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «¡Maestro,
¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés
y otra para Elías». El no sabía lo que decía.

En cierto sentido esta experiencia en Tabor sobrepasa la experiencia humana. Es


entrar en el misterio de Dios. San Pedro experimentaba un gran gozo pero no logró
en este momento entender su experiencia. Era un gozo, pero no puede quedar en la
montaña. Tenía que bajar al mundo y seguir con su misión.

Lc 9, 34-36: Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar
en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces
una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo». Y cuando se oyó
la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no
dijeron a nadie lo que habían visto.

El relato de la Transfiguración termina con esta manifestación de la Santísima


Trinidad. La oración cristiana es trinitaria. Dios es tres personas. ¿Por qué no
hablamos con los tres?

El Padre exhorta a los apóstoles escuchar al Hijo. Jesús había comenzado hablar sobre
su pasión que va a cumplir en Jerusalén.

La Transfiguración fue una preparación para el escándalo de la cruz. Ven Jesús en su


gloria, antes de verle desfigurado en la cruz.

f. La última cena

Lc 22, 17-20: Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla
entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de
la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega
por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo
con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre,
que se derrama por ustedes.

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Es una acción de gracias al Padre, aunque le toca la cruz y la muerte. Aceptar, amar, y
entregar. Esto es lo que Jesús nos enseña. Aceptar el plan del Padre. Amar su Padre y
sus almas, entregándose por ellas. La oración es un ofrecerse, una entrega a Dios y a
los hombres.

Lc 22, 32: 31-32: Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para
zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la
fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos».

Jesús promete rezar por Pedro. Es la oración de intercesión, para que Pedro sea fuerte
en la fe y puede ayudar sus hermanos. Jesús sabe las limitaciones de Pedro, pero le
ama, le llama a seguirle, y rezaba para que pueda crecer en la fe, para que después de
todo no le falta la fe.

g. En Getsemaní

Lc 22, 39-42: En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de


los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para
no caer en la tentación». Después se alejó de ellos, más o menos a la
distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: «Padre, si quieres,
aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

En los momentos importantes y en los momentos difíciles, Jesús rezaba, y animaba


los discípulos para que ellos rezaban también. Vemos como Jesús quiso la
consolación de sus amigos. Podemos consolar Jesús en la oración. Podemos estar con
él.

El aviso de Jesús en los momentos difíciles: oren, para no caer en la tentación. Hay
tentaciones. No debemos luchar solo contra ellas.

Rezaba buscando la fuerza para vivir el plan de Dios, para seguir la voluntad del
Padre. Cuesta lo que cuesta, no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Lc 22, 43-44: Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.


En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como
gotas de sangre que corrían hasta el suelo. Después de orar se levantó, fue
hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.
Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer
en la tentación».

Oraba más intensamente. El sudor de sangre muestra la intensidad de su sufrimiento y


su oración.

Otra vez. Énfasis – oren para no caer en la tentación. Repetición para mostrar su
importancia. No logramos nada sin Dios. Nada.

Podemos ver como Jesús ganó la victoria en la oración. Después no hubo hesitación
ninguna. Ante el Sanedrín, ante Pilato, ante los soldados, ante la cruz. Adelante.

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h. En Calvario

Lc 23, 33-34: Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo


crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su
izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

La oración de Jesús. Aunque está sufriendo muchísimo, y aunque algunos están


burlando de Él, Jesús rezaba para que el Padre les perdone. Rezaba por sus enemigos.
Rezaba por todos nosotros.

Lc 23, 39-43: Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:


«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo
increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma
pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras
culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí
cuando vengas a establecer tu Reino». El le respondió: «Yo te aseguro que
hoy estarás conmigo en el Paraíso».

La oración del buen ladrón. El impacto del ejemplo de Jesús. Conversión. Contrición.
Perdón. Salvación.

La oración de Jesús animaba otra oración del buen ladrón, y así este encontró la
salvación eterna.

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2. La enseñanza de Jesús

a. El sermón de la montaña

San Mateo ha organizado las enseñanzas de Jesús en grandes discursos. El primero


fue dado, según su narración, desde un monte. Es un aparato literario para presentar
Jesús como el nuevo Moisés. Como Moisés había recibido la Ley en el monte Sinaí,
ahora, Jesús ofrece su nueva ley al pueblo.

Por ser el primero, tiene un sentido programático. Está presentándole formalmente al


pueblo, y describiendo lo que es su mensaje. En el centro del discurso, como en su
corazón, Jesús ofrece algunas lecciones sobre la oración.

Jesús quiso advertir sus discípulos contra dos peligros en la vida de oración. El
primero peligro es la vanidad.

Mt 6, 5: Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta
orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos.
Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

El hipócrita no está buscando a Dios. Reza para ser visto por la gente. Quiere adquirir
la fama de una persona religiosa. Busca a la admiración de la gente. Entonces, allí es
su recompensa. Recibe nada más que el aplauso de la gente. No recibe nada de Dios
porque no está buscando nada de Dios.

Lo que debemos hacer en la oración es buscar a Dios. Podemos llamarlo la pureza de


intención. Debemos vivir para agradar a Dios. Vivimos cara a cara a Él. Buscamos a
él y no nosotros mismos. Y eso en todo, y no solamente en la oración. Por eso, Jesús
esencialmente tiene la misma lección hablando de las tres practicas de piedad (ayuno,
oración, y limosna).

Mt 6, 1: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres


para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa
del Padre que está en el cielo.

El hipócrita hace las cosas para ser vista. Si queremos Dios, tenemos que buscar a
Dios. Si buscamos nosotros mismos, allí es nuestro consuelo.

Mt 6, 6: Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta


y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.

Jesús pide que sus discípulos retiren a su habitación y cierre la puerta para rezar en lo
secreto donde está el Padre.

No se encuentra el Padre en la vanidad. No se encuentra el Padre en el mundo. El


Padre está en lo secreto.

El Padre ve en lo secreto. El Padre ve el corazón. Sabe lo que llevamos dentro. No


podemos esconder nada de Él. En lo secreto donde estoy solo con el Padre, puedo

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abrirme plenamente a Él. Llegamos como somos. No podemos esconder nada de Él.
No tengo que protegerme de Dios. Sinceridad y apertura. Y el Padre que ve en lo
secreto, te recompensará. Su recompensa es principalmente Dios mismo y la
comunión con Él.

Como hemos visto antes, fue la costumbre de Jesús buscar los lugares solitarios para
hablar con su Padre. También, Jesús fue las sinagogas y el Templo. También participó
en las oraciones comunitarias de su pueblo. El uno no excluye el otro. Como hay
momentos para la oración comunitaria y la liturgia, necesitamos tiempo para estar
solo con Dios.

Mt 6, 7-8: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos
creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque
el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de
que se lo pidan.

Aquí es el segundo peligro en la oración. Es la palabrería. Quizás detrás de la


palabrería podemos encontrar una visión equivocada de Dios. La persona piensa que
es solamente por sus muchas palabras que sea escuchado. Piensa que por sus palabras,
por la perfección de sus palabras, puede ganar la atención de Dios. En lugar de esto,
Jesús revela que Dios es un Padre que nos ama muchísimo. Somos escuchados porque
somos amados. Tenemos que fundar nuestra vida de oración en esta confianza en
Dios, en su amor y su providencia.

El Padre sabe bien lo que necesitamos antes de que le pidamos. Pero, por otra parte
quiere recibir nuestras peticiones. Aunque sabe lo que necesitamos, quiere que le
pidamos por estas cosas. Y por nuestro bien. Humildad. Pureza de Intención.
Reconocer nuestra dependencia de Dios. Recibir las cosas como son, regalos de Dios.

El Padrenuestro

Mt 6, 9-10: Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el


cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

La oración está dirigida al Padre que está en el cielo. Dios es un padre y somos sus
hijos. No tenemos que gritar para captar su atención. Nos ama y quiere estar con
nosotros en la oración. La exhortación de orar viene de Dios. Quiere recibir nuestras
peticiones.

El Padrenuestro nos enseña lo que debemos pedir y el orden en pedirlo. Debemos dar
la prioridad a Dios y sus intereses. Antes de pedir para nuestras necesidades,
consideramos lo que Él quiere.

Son tres peticiones en esta primera parte:


 Santificado sea tu Nombre
 Venga tu Reino
 Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

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Los verbos están en voz pasiva. Típicamente, quiere decir que Dios es el sujeto de la
acción. Por respecto, los judíos no pronunciaron el nombre santo de Dios. Formularon
diferentes maneras de hablar de Dios sin una referencia directa a Él y su nombre.

Vemos por ejemplo en el evangelio de Mateo, habla del Reino de los Cielos en lugar
del Reino de Dios.

Entonces, las primeras peticiones están dirigidas a Dios, para que Dios santifique su
nombre, para que Dios establezca su Reino, y para que Dios realice su voluntad en la
tierra como en el cielo.

Pero, también podemos aplicarlas a nosotros mismos. Queremos colaborar con Dios
para que su nombre sea santificado, para que su reino venga, y para que se haga su
voluntad en la tierra como en el cielo. Quiero que Dios santifique su nombre en mi
vida. Quiero que Dios reine en mi corazón. Quiero cumplir su voluntad en cada
momento y en cada cosa.

En las escrituras, “tu Nombre” quiere decir tu persona. Hay una identidad entre
persona y nombre. Dios es su Nombre. Entonces, “santificado sea tu nombre” es una
petición para que Dios santifique su persona. Pero, Dios es santo. ¿Cómo Dios puede
santificar su nombre, siendo santo, santo, santo?

Santificar su nombre, quiere decir que Dios manifiesta su santidad ante los hombres.
Dios es santo, pero no todos lo saben. Dios es santo, pero no todos ven sus atributos.
Entonces, pidamos que Dios se manifestar ante los hombres como el Santo de Israel,
y Dios manifiesta su santidad sobre todo santificando los hombres. Son los santos que
manifiestan la santidad de Dios a los hombres.

Mi colaboración con Dios consiste en ofrecerme a Dios para que Dios pueda
santificarme con su gracia. Quiero ser santo, para que los demás puedan creer en un
Dios santo.

“Venga tu reino” es una petición para que Dios establezca su reino en la tierra. Dios
conquista la tierra corazón a corazón. Es una petición para que Dios reina en mi
corazón, y reina en mi vida, y reina en mis pensamientos, y reina en mis deseos.

Y la tercera petición va en esta dirección también. Cuando venga tu reino, los


súbditos cumplen su voluntad en la tierra como en el cielo. Como en el cielo no hay
oposición a Dios, en el Reino de Dios los enemigos dejan caer sus armas. Dejan de
resistir a Dios y su voluntad.

Después de considerar Dios, y su voluntad, consideramos nuestras necesidades.

Mt 6, 11-13: Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en
la tentación, sino líbranos del mal.

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Pidamos Dios por cuatro cosas:
 Nuestro pan de cada día.
 El perdón de nuestros pecados
 Protección contra la tentación
 Protección contra el Mal.

La segunda parte de la oración está dirigida a nuestras necesidades. Pedimos nuestro


pan de cada día. Pedimos lo que necesitamos con simplicidad. Somos criaturas
materiales y tenemos necesidades materiales. Podemos pedir Dios por estas cosas
materiales, y no solamente cosas muy elevadas y espirituales. Pan representa todas
estas necesidades materiales y espirituales que tenemos como criaturas.

También, pedimos perdón. Somos pecadores. Pecamos. Entonces, necesitamos la


humildad para reconocer nuestros pecados y pedir el perdón.

Está petición le parece como una condición. Perdona nuestras ofensas, como nosotros
perdonamos a los que nos han ofendido. Para recibir el perdón de Dios, tengo que
perdonar mi hermano. Cuando cierro mi corazón a mi hermano, estoy cerrándolo a
Dios también. Perdonando, abre mi corazón para recibir el perdón de Dios.

Vemos que esta petición era la única petición del Padrenuestro que necesitaba una
explicación.

Mt 6, 14-15: Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo
también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco
el Padre los perdonará a ustedes.

Tenemos que perdonar a los demás. Si no perdonamos, no tenemos las disposiciones


necesarias para entrar en la oración con Dios y recibir su perdón.

Típicamente en la práctica, encontramos varias dificultades: los sentimientos como el


enojo, el dolor a veces. Es difícil. Entonces, una súplica para que Dios nos concede la
gracia para perdonar los demás.

No nos dejes caer en la tentación es una petición que Dios nos protege contra el
demonio y sus trampas. El Espíritu Santo le llevó a Jesús al desierto para ser tentado.
No queremos esto. Sabemos que somos pequeños. No queremos que nos lleve al
desierto para ser tentado.

Dios permite la tentación no para vernos caer. Dios quiere vernos vencer las
tentaciones y así crecer en la virtud.

Si tenemos que sufrir la tentación pedimos la fuerza para no caer el pecado. Una cosa
es la tentación. Otra cosa es pecar. Las tentaciones no son pecadas. Podemos sufrir
tentaciones sin pecar. Dios puede darnos la fuerza para resistir las tentaciones. Dios
puede protegernos del mal.

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Confianza en Dios

Jesús ha repitido su lección sobre la confianza en Dios en varios lugares. Está en el


fundo del Padrenustro. No suplicamos a un ser supremo que sea distante y indiferente.
Dios es un padre. Padre nuestro que estas en el cielo.... Por ser nuestro padre,
tenemos plena confianza que va a darnos nuestro pan de cada día. La confianza es el
clima fundamental donde respira la oración.

Mt 6, 25-26: Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van
a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso
más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros
del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin
embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso
más que ellos?

Dios da a cada criatura lo que necesita para desarrollarse y vivir plenamente.


Podemos considerar la naturaleza. Los pájaros y las flores tienen lo que necesitan.
¿No somos más importantes que ellos? Jesús murió por nosotros. Dios nos ha llamado
a la vida eterna. Claro que si somos más importantes a Dios. Somos sus hijos.
Entonces, confianza en Dios y su providencia.

Mt 6, 27-30: ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un


solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido?
Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les
aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de
ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será
echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

Somos más importantes que flores y pájaros. Vemos la providencia de Dios en cada
parte de la naturaleza. Confianza en su providencia sobre nuestras vidas.

Hay tantos detalles en la creación, para que todo tiene lo que necesita. Sobrepasa
nuestro intelecto. Dios dando a cada creatura lo que necesita.

Mt 6, 31-34: No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué


beberemos, o con qué nos vestiremos?». Son los paganos los que van detrás
de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las
necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará
por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se
inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

Liberados de las angustias y las preocupaciones de las necesidades diarias, podemos


dedicarnos plenamente a Dios y su reino. Busquen primero el Reino y su justicia.

Quizás esto es la primera tarea de la oración. ¿Qué debemos buscar en la oración? Por
supuesto Dios. Queremos entrar en su reino. Queremos entregarnos a su soberanía.
Queremos buscar Dios, su reino y su justicia. Es su justicia que nos santifica, que nos
justicia, que permite entrar en la comunión con el.

Rezamos. Confiamos. No hay lugar para la angustia.

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Sabiduría. No anticipar los problemas. Toma las cosas día por día.

Mt 7, 7-8: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.


Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le
abrirá.

La confianza que Dios en su providencia nos da lo que necesitamos. La confianza


igualmente en que Dios contesta a nuestras oraciones. Dios nos escucha, y Dios
responde.

Jesus dijo la misma cosa 6 veces. Dios siempre escucha nuestra oración. Y siempre
contesta. Confianza que Dios va a dar cosas buenas a sus hijos. Fundamental está
relación padre-hijo.

Mt 7, 9-11: ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra?


¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar
cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a
aquellos que se las pidan!

Podemos ir desde las experiencias humanas para intuir cosas sobre Dios. El amor de
un padre o una madre por sus hijos. Dios es más perfecto. Su amor es más perfecto. Si
es obvio que una mama da a sus hijitos lo que necesitan, debe ser igualmente obvio
que así es Dios con nosotros. Dios es más perfecto que nosotros. Su amor y su
providencia son más perfectos. Confianza. Confianza. Confianza.

b. Jesús enseña sus discípulos a orar

Lc 11, 1: Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno
de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a
sus discípulos».

San Lucas narra lo que es probablemente el contexto histórico del Padrenuestro.

Los discípulos vieron Jesús rezando, y algo que les llamó su atención. Hubo algo
atractivo en su manera de orar. Quizás también, sufrieron una cierta insatisfacción con
su propia vida de oración. Entonces, le preguntaron a Jesús, “Señor, enséñanos a
orar”.

Si queremos perfeccionar nuestra vida oración, ¿por qué no pidamos esta ayuda de
Jesús?

Lc 11, 2-4: El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea
tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos
que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».

Como podemos ver, esta versión del Padrenuestro es un poco más sencilla que la
versión de San Mateo, pero es esencialmente lo mismo.

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Padre - abba. La palabra expresa lo que era particular con la oración de Jesús.
Expresa la cercanía y la confianza con el Padre. Era el clima de toda su oración.

Jesús no simplemente nos ofrece una oración, está invitándonos entrar en su relación
con el Padre, que seamos hijos de Dios.

Santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino. Primero, fijamos nuestra atención
en Dios y sus intereses. Que su nombre sea santificado, que se manifiesta su santidad
ante los hombres. En el momento que los hombres ven su gloria, van a querer entrar
en su reino. Su reino vino con Jesús, pero no en su plenitud. Pero eso, debemos seguir
rezando Y TRABAJANDO para que venga tu Reino.

Danos cada día nuestro pan cotidiano. Día por día confiamos en la providencia de
Dios. Ejemplo de los israelitas en el desierto. La eucaristía.

Perdona nuestros pecados. In adición de pan, necesitamos el perdón de Dios y la


reconciliación con nuestros hermanos. Perdonando, somos perdonados.

No nos dejes caer en la tentación. Pedimos la fuerza para no caer. Vamos a estar
tentados en la vida. Es inevitable. Las tentaciones no son pecados.

c. Perseverancia en la oración

Lc 11, 5-8: Jesús agregó: «Supongamos que algunos de ustedes tiene un


amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: "Amigo, préstame tres
panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que
ofrecerle", y desde adentro él le responde: "No me fastidies; ahora la puerta
está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para
dártelos". Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su
amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo
necesario.

Junto con la confianza, otro clave de la oración es la perseverancia.

Dios quiere que sigamos pidiendo las cosas que necesitamos con fe y con
perseverancia. Aquí es la parábola del amigo inoportuno. Seguimos pidiendo porque
así lo quiere Dios.

Este amigo no da el pan a su amigo simplemente por su amistad. Es por la insistencia


de su súplica.

Dios es bueno. Con mayor razón confiamos en Dios y que Dios va a darnos lo que
necesitamos.

Lc 11, 9: También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán,


llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y
al que llama, se le abre.

Es la misma lección que hemos visto en San Mateo. Pero, vale la pena repetirlo. Jesús
dice la misma cosa 6 veces. Subraya su punto seis veces. No sé si hay otro cosas que

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Jesús ha dado tanta énfasis. Jesús nos asegura que el Padre contesta a las oraciones.
Quizás no siempre nos da lo que hemos pedido, pero nos da cosas buenas.

Lc 11, 10-13: ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra
cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una
Serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son
malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo
dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan».

Ejemplo del amor de los padres por sus hijos. Podemos ir desde nuestras experiencias
humanas para entender algo sobre Dios. Dios es un Padre, y va a dar a sus hijos cosas
buenas. Si los padres dan cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre que está en el
cielo. Su amor es perfecto.

La cosa que debemos pedir sobre todo es el don del Espíritu Santo.

Lc 18, 1: Después le enseñó con una parábola que era necesario orar
siempre sin desanimarse:

San Lucas nos ofrece la interpretación. ¿Qué fácil es esto? Jesús no quiere ninguna
confusión sobre este punto. Tenemos que orar siempre sin desanimarnos.

Lc 18, 2-5: «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le
importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a
él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios
ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré
justicia para que no venga continuamente a fastidiarme".»

Escuchar el argumento del juez malo. No es por la justicia. No tenía compasión por la
viuda esta. El juez le concedió la justicia por la molestia de sus suplicas. Es una
lección semejante el amigo inoportuno.

La perseverancia, la perseverancia, y la perseverancia en la oración.

Lc 18, 6-8: Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no
hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga
esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero
cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

Los elegidos claman a Dios día y noche. Esto es lo que quiere el Señor, que rezamos
día y noche por las cosas que necesitamos. Pidamos lo que necesitamos con fe, con
confianza, y con perseverancia.

En un abrir y cerrar de ojos – me gusta esta expresión. La prontitud de Dios.

Pero Jesús tiene una pregunta por nosotros. ¿Tenemos esta fe? Pero cuando venga el
Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

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d. La importancia de la humildad

Lc 18, 9-12: Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban


a los demás, dijo también esta parábola: «Dos hombres subieron al Templo
para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así:
"Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son
ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos
veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas".

El fin de la parábola es de subrayar la importancia de la humildad y el peligro de la


soberbia. La humildad es otro punto clave en la enseñanza de Jesús sobre la oración.
En primer lugar necesitamos la humildad para reconocernos como pecadores. No
merecemos nada de Dios, pero él nos da todo en Cristo.

El fariseo estaba convencido de su propia justicia. Piensa que tenía todo, y por eso no
pide nada de Dios. Entraba la soberbia, y comenzó de despreciar a lo demás.

El fariseo no habla con Dios. No es un dialogo. Está contemplando a sí mismo. No


pide nada de Dios, y no recibe nada.

En contraste, tenemos el ejemplo del publicano. Es una oración muy agradable a


Dios.

Lc 18, 13-14: En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se


animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho,
diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". Les aseguro
que este último volvió a sus casa justificado, pero no el primero. Porque todo
el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

El publicano estaba humilde. Supo que era un pecador y que necesitaba la


misericordia de Dios. Estaba arrepentido por sus pecados, y por eso pidió el perdón.

No quiso levantar sus ojos al cielo. Así era el grado de su humildad. No sentía digno
estar en la presencia de Dios. Pero, Dios le dignificó con el don de su justicia.

La humildad es la única manera para que una criatura pueda acercarse a Dios.

e. La importancia de la fe

Lc 17, 6: El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de


mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en
el mar", ella les obedecería.

El contexto es la reacción de los apóstoles a la enseñanza sobre el perdón. Jesús les


había dicho que tenía que perdonar un hermano que peca contra ellos. Y sí peca 7
veces, y 7 veces viene a nosotros pidiendo perdón. Tenemos que perdonarle.

La respuesta de los apóstoles es la incredulidad: «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5).


Necesitaron más fe para aceptar y poner en práctica las enseñanzas de Jesús sobre el
perdón. ¿Cómo nos cuesta el perdonar?

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Mt 17, 14-17: Cuando se reunieron con la multitud se le acercó un hombre y,
cayendo de rodillas, le dijo: «Señor, ten piedad de mí hijo, que es epiléptico y
está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé
a tus discípulos, pero no lo pudieron curar». Jesús respondió: «¡Generación
incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo
tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí».

El contexto es después de la transfiguración. Jesús bajó de la montaña con los tres


apóstoles, encontrando este padre pidiendo ayuda para su hijo.

La respuesta de Jesús es un poco extraño, pero queja de su falta de fe. ¡Generación


incrédula y perversa! Esta recriminación podría ser dirigida a todos presentes, o
quizás en particular a sus discípulos. El papá había pedido ayuda de los discípulos que
quedaban mientras Jesús subió la montaña, y no eran capaces hacer nada contra el
demonio.

San Marcos narra el dialogo precioso entre Jesús y este papá.

Mc 9, 21-24: Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está


así?». «Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o
en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y
ayúdanos». «¡Si puedes...!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que
cree». Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque
tengo poca fe».

El papá tiene algo de fe. Si no tenía nada, no va a pedir la ayuda de Jesús. Pero, tenía
la humildad de realizar que tenía poca fe. Quizás estaba un poco desesperado con la
situación de su hijo y la incapacidad de los discípulos ayudarles. Por eso, la petición,
Si puedes hacer algo.

La respuesta de Jesús es tajante: Si puedes…. Todo es posible para el que cree. Es una
frase que vale la pena memorizarla.

Mt 17, 18-20: Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel
momento, quedó curado. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le
preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».
«Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del
tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí
a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes».

También Jesús tiene una lección para sus discípulos. Quieren saber porque no podrían
expulsar el demonio. Por la falta de fe.

Solamente necesitamos una fe el tamaño de un grano de mostaza, y Dios hace todo lo


demás.

Mt 13, 54-58: … al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la


sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «¿De dónde le
viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es este el

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hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son
hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre
nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?». Y Jesús era
para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: «Un profeta es
despreciado solamente en su pueblo y en su familia». Y no hizo allí muchos
milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

La falta de fe puede parrar a Jesús. Aquí no pudo hacer mucho por su pueblo.
Seguramente allí quiso hacer mucho más. Vivía tantos años entre ellos. Supo sus
necesidades. Pero, ellos no lograron a ver más allí de las apariencias. No había
logrado tener fe en él, y Jesús no pudo hacer muchos milagros allí entre ellos.

f. El celo para la oración

Mc 11, 15-17: Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y


comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de
los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que
transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: «¿Acaso no está escrito:
Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero
ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».

Hubo un solo Templo. Los fieles llegaban por todos partes del mundo buscando Dios,
peticiones, sacrificios, suplicas, oraciones.

Era algo muy práctico tener allí los animales para los sacrificios y los cambistas. La
gente no tenía que viajar con su animal. Ya, allí compran un animal aceptable a los
sacerdotes. No podrían usar las monedas con imágenes de los reyes extranjeros o
dioses. Fue contra la Ley contra las imágenes. Pero, todo esto había creado una
atmósfera de un mercado. El templo dejó de ser un lugar para rezar y encontrarse con
Dios. Jesús se enojó y se lanzó para purificar el Templo.

¿Qué son los obstáculos en mi vida a la oración?

g. El ejemplo de Maria

Lc 1, 46-50: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece


de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu
servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el
Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su
misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo
temen.

San Lucas nos presenta María como un modelo del orante. Vemos aquí los puntos de
la humildad y la gratitud.

En su humildad puede reconocer la grandeza del Señor, y su propia pequeñez. Es la


servidora de Dios.

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Como el Padrenuestro, tiene una confianza filial en Dios. Reconozca que el nombre
de Dios es santo. Santificado sea tu nombre. Está santificando su nombre en su
oración.

Alaba la misericordia de Dios.

Lc 1, 51-55: Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de


corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó
de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había
prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para
siempre».

El cambio de fortuna en la vida eterna. Derribó a los poderosos y elevó a los


humildes. El soberbioso quiere exaltar a sí mismo. Dios no puede exaltarle,
ciertamente si quiere su bien. Mejor, humillarse. Pero, la persona humilde, sí Dios
puede exaltarle.

Los que piensen que tienen todo, los ricos, los satisfechos, no esperan nada de Dios.
Son los pobres que esperan en el Señor.

Lc 2, 16-19: Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién


nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir
sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que
decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las
meditaba en su corazón.

María no entendía todo. Tenía que conservar estos misterios en su corazón para seguir
reflexionando. Espere la luz de Dios. Meditaba – una acción continua. Hay cosas
profundas sobre lo que tenemos volver y volver a reflexionar en la presencia de Dios.

Lc 2, 49-51: Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo
debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». Ellos no entendieron lo que les
decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre
conservaba estas cosas en su corazón.

Maria no sabe todo. Guarda en su corazón los misterios de la vida de su hijo. Sigue
meditando sobre estas cosas en su corazón. Modelo del orante.

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3. La oración de Jesus

a. Acción de gracias

Lc 10, 17-20: Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor,
hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». El les dijo: «Yo veía a
Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre
serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada
podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les
sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».

Tenemos dos relatos de la oración de acción de gracias de Jesús (Mateo 11, 25-26; Lc
10, 21).

San Lucas narra una misión de 72 discípulos. Habían regresado felices con el éxito de
su misión, y en particular maravillándose en su poder sobre Satanás. Pero, lo que es
más importante era la salvación de su propia alma.

Lc 10, 21: En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el


Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por
haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado
a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido».

Es una oración espontánea. Jesús está movido por el Espíritu Santo. Su gozo es un
don del Espíritu Santo.

Es una oración de alabanza. Jesús es movido rezar así. El Espíritu Santo puede
movernos a rezar, por ciertas intenciones, personas, o simplemente para alabar a Dios.
Docilidad al Espíritu Santo. Tenemos que confiar en Dios para guiarnos en la oración.

Jesús se llenó de gozo contemplando el plan del Padre, y que el Padre había escogido
a los pequeños para recibir su revelación. Los pequeños son los discípulos, en lugar
de los fariseos y los saduceos.

Lc 10, 22-24: «Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el
Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a
quien el Hijo se lo quiera revelar». Después, volviéndose hacia sus
discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: « ¡Felices los ojos que ven lo que
ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que
ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!».

Jesús puede revelar al Padre a nosotros en la oración. Desde una relación con Cristo
es natural pasar a una relación con el Padre. Quizás después viene el Espíritu Santo,
realizando que es también una persona divina.

Felicidad por ver al inicio de la salvación en la obra de Jesús. Es el Mesías que los
israelitas había esperado por siglos.

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b. Ante la tumba de Lázaro

Jn 11, 41-42: Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al


cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me
oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me
has enviado».

El tema es el silencio de Dios. En la narración de la resurrección de Lázaro


escuchamos la misma queja contra Jesus tres veces, de la boca de Marta, de María, y
después de la gente. Quiere decir que es un tema importante. Señor, si hubieras
estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Esta queja expresa una verdad. Las hermanas habían enviado una nota a Jesus
explicándole que Lázaro estaba enfermo. La carta no tenía una súplica explicita. Pero,
confían en su amor, y da por supuesto que Jesús va a actuar. Solamente tenían que
presentar sus necesidades y dejarlas en sus manos, como lo hizo María en las bodas
de Cana.

«Señor, el que tú amas, está enfermo» (Jn 11, 3). Es una oración llena de confianza
en Jesus y su amor. Habían entregado sus necesidades a Él anticipando va a actuar.
Pero, Jesus no hizo nada y Lázaro murió. Era una prueba muy fuerte para las
hermanas.

¡Qué difícil el silencio de Dios! Pidamos cosas buenas. Pidamos con fe y


perseverancia. Pero, nada. Silencio. Dios no actúa. Y la tentación es dudar,
convirtiendo el problema en una crisis de fe. Por eso Jesús reza así ante la tumba de
Lázaro. Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes.

Dios siempre nos escucha. Siempre.

c. Antes de la pasión

Jn 12, 20-22: Entre los que había subido para adorar durante la fiesta, había
unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le
dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés, y
ambos se lo dijeron a Jesús.

El contexto es que Jesús estaba acercando su pasión y muerte. Muchos han llegado a
Jerusalén para celebrar la Pascua. Los judíos llegando de la diáspora no
necesariamente hablaban arameo como los judíos de palestina. Los griegos
mencionados aquí son estos judíos que hablaban griego. No son paganos.

Llegando a Jerusalén van a enterarse sobre Jesús, sus milagros, y recientemente su


entrada triunfal. Es natural que sean curiosos y quieren ver a Jesús.

Un grupo fue a Felipe. Su nombre es griego, y seguramente hablaba griego también.


En Galilea era algo más común que en Judea. Judea era un poco más aislado. Felipe
fue a Andrés. En Juan, Andrés siempre lleva la gente a Jesús. La primera vez que le
vemos en Juan está llevando su hermano Simón a Jesús.

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Señor, queremos ver a Jesús. Su petición expresa esta sed de Dios. Todos queremos
ver a Jesús. Necesitamos el contacto íntimo de la oración.

Jn 12, 23-26: El les respondió: «Ha llegado la hora en que el Hijo del
hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en
la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene
apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo,
la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y
donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será
honrado por mi Padre.

La respuesta de Jesús realmente no sigue exactamente la petición de estos griegos.


Son curiosos. Quieren verle. Quieren ver si es el mesías de su pueblo. Pero, Jesús
inmediatamente comienza de hablar de su pasión, como un desahogo de su corazón.

Quizás revela sus preocupaciones en el momento. Son las meditaciones de su


corazón. Está contemplando su pasión ya próxima, tratando de entenderlo, asimilarlo,
y aceptarlo todo. Es como un grano de trigo. Era necesario morir para dar vida al
mundo.

Pero, lo que Jesús propone aquí es para todos sus discípulos. También estos griegos
curiosos. No es suficiente estar curioso. No es suficiente aprender algunas cosas sobre
Jesús. Hay que tomar su cruz y seguirle. Hay que entregar su vida a la misión de
salvar las almas.

Entregarse – vs – apegarse a su vida. Aunque hay una cruz en la vida presente, Jesús
promete la gloria. Hay que pasar por la cruz antes de entrar en la gloria. Quien quiere
preservar su vida, la perderá. Pero, quien pierde su vida por Cristo, la encontrará.

Jn 12, 27-29: Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: «Padre, líbrame de
esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu
Nombre!». Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo
volveré a glorificar». La multitud que estaba presente y oyó estas palabras,
pensaba que era un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel».

Ahora, mi alma está turbada. Expresa la angustia que sentía en su naturaleza humana.
Juan no narra la agonía de Jesús en Getsemaní. Es aquí, en paralelo con lo que vemos
en los evangelios sinópticos.

Mt 26, 36-38: Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad
llamada Getsemaní, les dijo: «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar». Y
llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse
y a angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte.
Quédense aquí, velando conmigo».

Mi alma ahora está turbada – Juan.


Mi alma siente una tristeza de muerte – Mateo.

En las dos ocasiones, Jesús está sufriendo mucho. Anticipando su sacrificio, está
buscando su sentido y la fuerza para seguir adelante en obediencia al plan del Padre.

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Pero en Juan, Jesús reflexiona así: Y qué diré: «Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí,
para eso he llegado a esta hora!

Podemos compararlo con Mateo.

Mt 26, 39: Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
«Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi
voluntad, sino la tuya».

En Juan le parece como una idea o una tentación que Jesús está contemplando. ¿Rezo
o no rezo así? Pero, pensándolo rechaza la idea. No tiene sentido. Se encarnó
precisamente para morir crucificado. Era su misión. Era la razón que estaba en
Jerusalén. Y qué diré: «Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta
hora!

No tiene sentido pedir el Padre que pase el cáliz, porque el grano de trigo tiene que
caer al suelo y morir para dar vida. Entonces, no lo pide. Acepta la voluntad de su
Padre. Hágase tu voluntad.

Mateo expresa esta lucha de otra forma. Pero, al final el punto clave es el abandono al
plan del Padre. No se haga mi voluntad, sino la tuya.

En Juan, Jesús no reza, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz. En lugar de esto,
reza así: ¡Padre, glorifica tu Nombre!

En las escrituras la palabra nombre quiere decir la persona. Hay una identidad entre la
persona y su nombre. Glorifica tu nombre significa que el Padre sea glorificado.

Aplicado a Dios, la palabra glorifica tiene un sentido similar a la palabra santifica. La


gloria de Dios es la manifestación visible de su santidad invisible. Dios es santo,
santo, santo. Se trata de manifestar su santidad y su gloria, para que sean visibles en el
mundo. Entonces, la petición es algo semejante al Padrenuestro.

Como el Padrenuestro: santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu
voluntad en la tierra como en el cielo (Mt 6, 9-10).

La petición es que el Padre sea glorificado en la obediencia de su Hijo. Jesús toma su


cruz para dar gloria a su Padre. Hace todo para la gloria del Padre.

Como en la Transfiguración el Padre habla. Tiene que responder a su Hijo. Entonces


se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar».

La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. La
teofanía aquí nos hace recordar la de Monte Sinaí.

Ex 19, 16-19: Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una
densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el
pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. Moisés hizo salir
al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron

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al pie de la montaña. La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque
el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un
horno, y toda la montaña temblaba violentamente. El sonido de la trompeta se
hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el
fragor del trueno.

La gloria de Dios va a manifestarse en la crucifixión del hijo. Este es el perspectivo de


Juan.

En medio de dolor y sufrimiento, Jesús nos enseña rezar al Padre, glorifica tu nombre
y hágase tu voluntad.

d. Desde la cruz.

Las siete últimas palabras.

1. Lc 23, 34: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».


 Jesús reza por sus enemigos. No cayó en la tentación del odio o la venganza.
Está sufriendo tremendamente, pero, sigue buscando el bien de los demás. En
su corazón no hay venganza ni rencor, solamente amor y compasión. Rezaba
por sus perseguidores. Rezaba por sus enemigos. Perdonó los que le
ofendieron. Vivía lo que enseñaba sobre la oración y el amor.

2. Jn 19, 26-27: Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba,


Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu
madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
 La última cosa que Jesús tenía era su madre. Es como su testamento.
Muriendo nos ha dado su Madre. Es su petición que toma María en nuestra
casa y nuestro corazón.

3. Jn 19, 28: Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura
se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.
 Tengo sed. La sed era uno de los tormentos más duros de los crucificados,
consecuencia de la pérdida de sangre.
 Tiene sed de cumplir la voluntad de su Padre. Quiere cumplir todo lo que
había anunciado en las Escrituras.
 Tiene sed de almas. Sed de su amor. Sed de su salvación.
 Madre Teresa había escuchado como una súplica. Está pidiendo nuestra ayuda
para salvar las almas, llevarlas a Él.

4. Lc 23, 43: Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
 Dos ladrones. Dos respuestas a la salvación. El buen ladrón vivió 99.9 mala en
su vida, pero todo fue bien a final. La salvación llegó a final.
 La confianza en la oración. Nuestro fin es estar con Cristo para toda la eternidad.
Debemos vivir aquí unidos a Él, unidos en la cruz, unidos en la oración. Lo que
Él quiere, queremos.

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5. Mt 27, 46: Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá
sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
 No hubo una separación entre el Hijo y el Padre. Pero, el Hijo quiso tomar
sobre sí todas las consecuencias del pecado, para redimirlo todo. Sufre
entonces el abandono de las almas que no tienen Dios. No era abandonado,
pero se sentía el abandono.
 Sus palabras vienen del inicio de salmo 22. Jesús está rezando las salmas en
estos momentos difíciles. Hemos analizado este salmo antes. Hay que leerlo
todo para entender lo que Jesús se siente en su corazón en el momento de la
cruz. Sufre, pero sigue esperando en Dios, su Padre.

6. Jn 19, 30: Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E


inclinando la cabeza, entregó su espíritu.
 Jesús era fiel hasta al final. Cumplió todo lo que el Padre había cumplido. Una
oración que ojala podemos rezar también al final de la vida. Entregando
nuestro espíritu en cada momento hasta al final.

7. Lc 23, 46: Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu». Y diciendo esto, expiró.
 Un abandono completo y perfecto. Buscar la fuerza en la oración para
abandonarnos a Dios y su providencia. Vivir el abandono en la oración,
entregando a él nuestra vida.

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