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Los autores del artículo destacan como principales líneas de trabajo en la terapia de

pares aquellas procedentes de las escuelas de las relaciones objetales y de la teoría del
apego. A las teorías de las relaciones objetales, en las que se postula que las relaciones
significativas toman un lugar fundamental en la configuración de la personalidad y la
manera en que se viven las experiencias en la relación con el otro y en los movimientos
intrapsíquicos (disociación, identificación proyectiva, etc.) con que se intenta establecer
o mantener el vínculo en un contexto que no sirve de contención, seguridad y
protección, se unen las teorías del apego en las que el conflicto se entiende a partir de
que falla un vínculo seguro, generando ansiedad, depresión y conflicto.

La terapia de pareja psicoanalítica es distinta a la terapia individual psicoanalítica,


focalizándose en el conocimiento de la realidad psíquica y funcionamiento psíquico de
la pareja, es decir, en el inconsciente común de la pareja, y se apoya en el conjunto de
desarrollos teóricos y clínicos que conforman el psicoanálisis.

Los autores revelan que este tipo de terapia tiene aún un desarrollo menor que la terapia
individual en la praxis psicoanalítica y, a pesar de que en gran parte lo que produce
sufrimiento psíquico en las personas que acuden a terapia es del ámbito de las relaciones
íntimas significativas, se tiende con frecuencia a un abordaje individual. Como recogen
de Gurman (2011), gran parte de las personas que acuden a terapia lo hacen por
conflictos en las relaciones y, a su vez, las personas que presentan malestar en las
relaciones íntimas, sufren en mayor proporción problemas de ansiedad, depresión,
impulsos suicidas, abuso de sustancias, problemas médicos agudos y crónicos y diversas
patologías, por lo que sorprende que la terapia de pareja sea aún un abordaje
minoritario.

La pareja es vista como un sistema interactivo y la terapia se basa en el conocimiento de


este sistema de influencia y regulación mutua. En él, el funcionamiento psíquico está
constituido por lo intrasubjetivo (determinantes psíquicos que vienen del mundo
interior) y lo intersubjetivo (determinantes psíquicos que incluyen al otro). Los autores
encuentran que un abordaje de terapia en pareja tiene importantes ventajas y posibilita
cambios, siendo una oportunidad para reelaborar las alianzas inconscientes y dilemas no
resueltos en ambas familias de origen de los miembros de la diada, inconscientes que
provienen de la transmisión generacional y transgeneracional. Una oportunidad de
ayudar a ambos miembros de la pareja a reconocer qué miedos son fundamentalmente
similares, y que apunta a mostrar cómo, tanto consciente como inconscientemente, cada
uno estimula ciertos funcionamientos en el otro, y como se construye un
funcionamiento entre los dos. Al identificar o reconocer la contribución de ambos
miembros a la relación y a dicho funcionamiento, los sentimientos de culpa o vergüenza
disminuyen, sienten alivio y la calidad de la relación se ve reforzada.

Sin embargo, existen dificultades en el tratamiento en pareja que hacen que la


intervención sea compleja y/o desaconsejen este tipo de intervención. Por ejemplo, que
una de las personas no lo desee o se sienta forzada a ello a lo largo de las sesiones, que
no tenga la capacidad para enfrentarse a la frustración y los sentimientos de hostilidad,
que la pareja forme una alianza contra el terapeuta, que se precise una terapia individual
previa ya que el conflicto no sea tratable en terapia conjunta, o que la terapia conlleve
una forma de entenderse que resulte contraproducente o pueda ser utilizada de manera
patológica por alguno de los miembros.

La resistencia de cada miembro a iniciar un cambio es también una posible


dificultad. Ambos pueden temer el cambio, ya que esto puede significar nuevas normas
o reglas en la diada, o significar dejar al otro detrás. Es por todo ello importante
conseguir la participación de ambos, de manera voluntaria y sin presiones, en el trabajo
conjunto a lo largo de las sesiones iniciales.

Uno de los primeros objetivos de la terapia será mejorar y favorecer la comunicación en


la pareja, para posteriormente poder explorar otras cuestiones: fantasías, deseos,
temores, patrones de vinculación que se establecieron en la infancia, etc., que
interactúan con aspectos similares del mundo interno de cada uno de los miembros de la
pareja. La relación de pareja, como cualquier vínculo, tiene presencia de las
experiencias relacionales que se han ido sucediendo desde la infancia.

La estimulación del funcionamiento reflexivo de la pareja es otro de los objetivos


fundamentales del tratamiento, es decir, aumentar la comprensión sobre sí mismos y su
relación. Esto supone que los miembros de la diada tengan cierta capacidad y
disponibilidad para observarse a sí mismos, para adentrarse en la comprensión de sus
experiencias emocionales.

Con respecto a ello, es fundamental que el terapeuta sea sensible al ritmo de cada
miembro y a la capacidad comprensiva e integradora de la diada, adoptando el ritmo de
aquel que requiera más tiempo para ello.

Los autores hacen referencia al concepto de colusión, o complementariedad de la pareja


de Dicks (1976), como un acuerdo inconsciente que determina una relación
complementaria, en la que cada uno desarrolla partes de uno mismo que el otro necesita
y renuncia a partes que proyecta sobre su cónyuge. Parte de la idea de que las parejas se
forman sobre estilos personales que se complementan de manera dinámica con procesos
de proyección e introyección que se establecen en la pareja y que interactúan
constantemente en la diada.

Desde este aspecto, los miembros de la pareja van eligiendo las características de la otra
persona que parecen confirmar su visión interna del mundo, construyendo una imagen e
idea en base a sus propias experiencias y mundo interior, e influyendo en la pareja a
través de mecanismos de identificación proyectiva interpersonal. Con el tiempo, la
intensidad y repetición de estas interacciones puede suponer patrones relacionales que
comiencen a ser un problema en la relación.

La salud de la pareja radica en que cada individuo pueda ser flexible para cambiar y
alternar sus funciones y dependencia en la diada de manera flexible, ya que, de lo
contrario, si estas permanecen rígidas e inmutables, si la colusión es rígida, se vuelve
patológica. Por ejemplo, si un miembro siempre cuida y el otro se deja cuidar y cuando
cambian las necesidades de la pareja esto permanece inamovible.
La terapia de pareja requiere de un papel activo del terapeuta en el que la capacidad
interpretativa es un instrumento fundamental que, a su vez, requiere de unas premisas.
El foco de la interpretación es la pareja, su relación y su colusión, en la dimensión
intersubjetiva, interpersonal. No es una interpretación de la persona individual.

Es decir, se utiliza aquella interpretación que pueda dirigirse a ambos miembros de la


pareja, como recogen los autores del artículo al citar a Lemaire (1980), Castellví (1994)
y Goldklank (2009). Al hacerlo de este modo, se ayuda a ambos a tomar conciencia del
funcionamiento de sus defensas y ansiedades en interrelación. Y sobre el “aquí y ahora”
de lo que ocurre en la sesión. El terapeuta debe mostrar cómo se encuentran atrapados
en un sistema que ellos mismos crean y sostienen de manera conjunta. Y como, de
alguna manera, cada miembro solicita al otro continuar en ello de manera inconsciente.

Son en gran parte interpretaciones extratransferenciales, en las que se revela el


entramado del mundo interno de la persona y como se externaliza en su relación en la
diada y con el mundo. Esto supone una dificultad, que es encontrar el momento y la
forma adecuada para hacerlo de manera conjunta, con intervenciones en las que se
muestre y estimule la capacidad de la pareja para observar de forma diferente su
conducta y la comprensión de su mundo interno.

La empatía del terapeuta juega un papel central en la técnica, enfatizándose la necesidad


de comprender la experiencia subjetiva y afectiva de ambos miembros, proporcionando
una base segura. Los autores del artículo destacan, en este aspecto, la contribución de la
teoría de la psicología del self (Kohut, 1971), en relación a la importancia de validar la
posición subjetiva de cada miembro, la legitimación de las necesidades de cada uno para
el desarrollo y crecimiento de ambos. Esto hará que el espacio de sesión se convierta en
un lugar lo suficientemente seguro. Si el tratamiento se desarrolla adecuadamente,
ambos miembros se irán sintiendo más dispuestos a expresar lo que sienten. Esta
manera de mostrarse y el modo en que el terapeuta facilita el desarrollo de la capacidad
para poder conocer y aceptar la diferencia en las vivencias subjetivas, es importante
para generar en la pareja un apoyo empático.

En opinión de los autores, derivada de su propia experiencia terapéutica, una de las


mayores dificultades que se enfrenta en la terapia de pareja es la gestión de la
contratransferencia que se presenta en los encuentros, como recogen de Pérez Testor
y Pérez Testor (2006), y que desencadena múltiples efectos, pudiendo producir cierta
fatiga en el terapeuta.

Lo que sucede en las sesiones tiene consecuencias en la vida real de la pareja, que a su
vez puede tener un efecto importante en el tratamiento y afectar a la relación con el
analista y la propia terapia. La interpretación extratransferencial de lo que sucede fuera
de la terapia es extremadamente importante. Cualquier cosa que transpire en la pareja
fuera de la terapia no puede ignorarse. Para describir esto ponen el ejemplo de un
miembro de la pareja que revela alguna cuestión en la sesión experimentada como una
traición por la pareja. Esto puede conducir a problemas en la vida real de ambos, y a su
vez afectar a la relación con el terapeuta y la terapia en sí.
En definitiva, los autores del artículo postulan que, en la actualidad y atendiendo a los
cambios culturales, la terapia de pareja puede ser muy beneficiosa. Salvar la relación de
pareja no es el objetivo del tratamiento, de modo que la psicoterapia puede conducir
también a reconocer la imposibilidad de permanecer juntos y a separarse de manera
amistosa. La terapia de pareja falla cuando no ayuda a la pareja a cambiar y/o
permanecer juntos de manera patológica o a no separarse de manera agresiva.

El diseño de este tipo de terapia requiere de un esfuerzo importante del terapeuta en el


conocimiento de los mecanismos y factores que entran en juego, teniendo que dirigir el
foco de la interpretación a la pareja y realizando la reformulación del problema inicial,
transformado los objetivos individuales en objetivos de la diada. Los procesos de
transferencia y contratransferencia se multiplican y son más complejos, siendo un reto
importante el manejo de la contratransferencia en este tipo de terapia. En ocasiones,
como reflejan los autores a través de su propia experiencia de trabajo clínico, es
beneficioso poder contar con una pareja como co-terapeuta. El encuadre de trabajo
tradicional es triangular, aunque otra opción muy recomendable es a cuatro, ya que las
situaciones son experimentadas in situ y despiertan intensas respuestas emocionales en
el terapeuta. Un trabajo a cuatro, es decir, con una pareja de terapeutas, ofrece, entre
otras ventajas, un modelo de relación y comunicación para la pareja en terapia.

Para ilustrar lo expuesto en el artículo los autores exponen una viñeta clínica, basada en
su propio trabajo terapéutico, de una pareja que acude a su consulta. Uno de ellos va a
terapia por deseo propio y la pareja ha sido empujada a ello al presentarse la idea de
divorcio. Partiendo de ello, y con la intervención del terapeuta, se consigue hacer sentir
a ambos que el punto de vista de cada uno es importante. El terapeuta se detiene en
poder encuadrar el proceso terapéutico y la metodología de trabajo, poniendo especial
hincapié en que el objetivo es comprender lo que les está pasando como pareja y qué les
hace sufrir. En el proceso, el terapeuta va redefiniendo los síntomas que expresa uno de
los miembros de la pareja en su dimensión diádica, revelando cuál es el conflicto para la
pareja y los significados inconscientes implicados. Los acuerdos implícitos entre ambos
se hacen explícitos pudiendo traerse a diálogo los miedos y fantasmas de ambos en la
relación. Reconoce las señales no verbales de asociaciones inconscientes y el
procesamiento de las interacciones con carga emocional, pudiendo conocer cada
miembro cómo es su comportamiento a otros niveles de observación y cómo esto
influye en su pareja, así como el significado subjetivo para cada uno de ellos de estas
reacciones. Y acerca a ambos a una mayor comprensión y reconocimiento de uno
mismo, del otro y del funcionamiento mutuo. En la viñeta se expone como parecen
haber estado repitiendo ciertos patrones de relación y comportamiento, en los que las
dificultades de uno de los miembros generan un tipo de comportamiento en el
compañero que desencadena la angustia del primero. De este modo se consigue la
atención de la pareja pero de manera desproporcionada. La terapia finalizó con una
mejora significativa en la relación en tanto que la pareja era capaz de entender y
responder a las necesidades del otro sin sentirse atacado o juzgado por estas. A lo largo
de la viñeta el terapeuta describe las experiencias transferenciales y
contratransferenciales de manera sencilla y clara.

En mi opinión, el artículo resulta de gran interés por la revisión que hace de las
diferentes aportaciones teorías y técnicas del psicoanálisis, volcando las mismas a su
aplicación práctica en terapia de pareja. Resulta de ello una sensación de globalidad en
la intervención, apareciendo más aspectos comunes y convergentes que las unen, en el
hecho de la práctica clínica y la comprensión de la misma, que aspectos que las separan.

La terapia de pareja es un trabajo de investigación que proporciona comprensión a los


conflictos de la pareja y es también una oportunidad de desarrollo y de revisión de
modelos internos individuales que se ponen en juego en la relación, y de desarrollo del
individuo en inter-relación.

Entiendo de ello que el trabajo del terapeuta es poner a circular la comunicación, ayudar
a cada miembro a descubrir el efecto de sus palabras, reacciones y gestos, favorecer la
comprensión en cada uno de los miembros, poner en relación el pasado con el ahora de
su relación, definir los pactos inconscientes, reconocer las fantasías…todo ello mientras
se promueve seguridad y empatía en la pareja y se favorece el apoyo y la disponibilidad
de esta para poder observar de manera distinta lo que les pasa. Implica una apertura a
explorar las relaciones de apego particulares que se ponen en juego en la relación,
promoviendo el procesamiento, la regulación e integración de las emociones que se
activan en ella. Esto tiene lugar en un escenario privilegiado de trabajo terapéutico, y a
su vez complejo, dónde la multiplicidad de planos a observar y la intensidad de la
transferencia y la contratransferencia aconsejan una supervisión permanente y una gran
experiencia.

Me parece importante que la pareja en terapia, más allá de los conflictos y del deterioro
de la relación, mantenga cierto entusiasmo el uno por el otro. Sin el deseo de hacer más
placentera una relación dificultosa o de comprender, de manera más amable para ambos,
lo que les produce malestar en la relación, para poder realizar algún cambio al respecto,
parece una empresa inviable plantear la terapia de pareja, siendo recomendable entonces
el abordaje individual.

Referencias

Castellví, P. (1994). Tratamiento de pareja. En A. Bobé y C. Pérez Testor (Eds.) Conflictos de Pareja:
Diagnóstico y Tratamiento (Couple Conflicts: Diagnosis and Treatments) (pp. 125-130). Barcelona:
Paidós.

Dicks, H. V. (1976). Marital Tensions. London: Karnac Books.

Goldklank, S. (2009). “The shoop shoop song”. A guide to psychoanalytic –systemic couple therapy.
Contemporary Pychoanalysis, 45:3-25. http://dx.doi,org/10.1080/00107530.2009.10745984

Gurman, A.S., & Snyder, D.K. (2011). History of psychotherapy: Continuity and change. En J.C.
Norcross, R. G. VanderBos, & D.K. Freedheim (Eds.) History of Psychotherapy: Continuity and Change
(pp. 485-496). Washington, D. C.: American Psychological Association.

Kaës, R. (1976). L`Appareil Psychique Groupal (The Group Psychic Device) Paris: Dunod.
Kohut, H. (1971). The Analysis of the Self: A Systematic Approach to the Psychoanalytic Treatment of
Narcissistic Personality Disorders. New York: International Universities Press.

Lemaire, J.G (1980). Terapias de Pareja (Couple Therapies). Buenos Aires: Amorrortu.

Pérez Testor, C. , Pérez Testor, S. (2006). Tratamiento de los trastornos de pareja. En C. Pérez Testor
(Ed.). Parejas en Conflicto (Couples in Conflict) (pp.209-231). Barcelona: Paidós.

Pichón Rivière, E. (1971). El Proceso Grupal. Del Psicoanálisis a la Psicología Social (The Group
Process. From Psychoanalysis to Social Psychology). Buenos Aires: Nueva Visión.

Sharff, D. E. (2001). Applying Psychoanalysis to Couple Therapy: The Treatment of a Couple with
Sexualised Persecutory Internal Objects Resulting from Trauma. Journal of Applied Psychoanalytic
Studies, 3:325-351. http//dx.doi.org/10.1023/A:1012557121369

Annie de Butler (Palaiseau, Francia)

La segunda parte del siglo XX vio nacer nuevas técnicas de escucha y cuidado
derivadas del psicoanálisis, al servicio de la pareja, la familia y el grupo.

La terapia psicoanalítica de pareja centra su técnica de escucha en el funcionamiento de


la pareja como entidad psíquica. Tiene por objetivo permitir a la pareja en crisis la
elaboración de lo que se juega en el desacuerdo que se instaló entre los partenaires, con
el fin de ayudarles si es posible a restaurar el vínculo que tejieron juntos y de modo a
permitirles la evolución de su relación.

La técnica se llama psicoanalítica en la medida en que tiene en cuenta en la relación


marital las manifestaciones del inconsciente, la dinámica del conflicto psíquico con sus
mecanismos de defensa y su reactualización en la relación transferencial entre
partenaires y entre estos últimos y el terapeuta. La TPC puede ser conducida por dos
terapeutas.

Cada vez más, y especialmente ahora cuando el amor es el monarca, vivir en pareja
compromete la totalidad del ser; por eso las crisis maritales son también crisis de
identidad. Por una parte, la elección del partenaire es en gran medida inconsciente y, por
otra parte, la relación amorosa es de todas las relaciones humanas la que más
profundamente implica la subjetividad del sujeto. No debe sorprendernos entonces que
la relación de pareja se convierta rápidamente en un teatro donde se representen de
manera repetitiva ciertas escenas traumáticas antiguas, incluso transgeneracionales, y
los restos de los conflictos psíquicos en espera de simbolización. Es lo que da a la crisis
marital su dimensión trágica, y es también por eso que inspira a los poetas desde
siempre.

La terapia psicoanalítica del pareja se dirige pues de manera preferencial a los que, al
vivir su relación marital durablemente, se enfrentan a su evolución, es decir al cambio.
El estado de crisis dificulta el diálogo, reduciendo considerablemente la función de lo
imaginario, y desde allí de la interfantasmatización, acelera los mecanismos de
proyección, reduciendo la expresión emocional a descargas impulsivas, a veces
violentas, que consumen rápidamente la reserva narcisista de la pareja. Los cónyuges se
encuentran decepcionados, afligidos, desorientados. En este contexto se inscribe la
solicitud de una terapia.

La escucha psicoanalítica de una pareja en crisis requiere un marco (encuadre)


terapéutico establecido con discernimiento y firmeza. Se instala por el terapeuta de
acuerdo con los pacientes después de algunas entrevistas preliminares: pacientes y
terapeuta forman entonces un grupo terapéutico, que se convertirá en el lugar de
depósitos, luego de transformación de los elementos conscientes e inconscientes que
invaden la relación marital y paralizan su crecimiento. El terapeuta es el guardián del
marco; garantiza la función continente, cuan intensos que sean los ataques, las
proyecciones y las angustias múltiples que se depositan en él. Como la madre que acoge
en sus psiquis las descargas pulsionales de su niño para transformarlas en pensamientos
y en afecto, el terapeuta facilita la verbalización y la representación por los cónyuges de
ciertas angustias impensables, organizadoras de la crisis, que pertenecen al pasado y que
son reactivadas colectivamente por la situación terapéutica.

Aun cuando vela por guardar su neutralidad, el terapeuta tiene un papel activo: hacer
circular el habla, ayudar a cada partenaire a descubrir el efecto de sus palabras y su
mímica sobre el otro y poner en vínculo el pasado de cada uno con el ahora de la crisis.
Definir los pactos inconscientes, reconocer las fantasías colectivas, restaurar la
circulación fantasmática en la pareja son los objetivos de la terapia.

La posición en frente a frente pareja y terapeuta favorece el despliegue de la


transferencia, dificultando al mismo tiempo su elaboración. Es a menudo en el après-
coup de la sesión que un trabajo de autoanálisis permitirá al terapeuta ubicarse lo más
cerca posible de la vivencia de los pacientes y lo más a distancia posible de sus propias
emociones. Durante la sesión es gracias a su capacidad de empatía que llega a entrar en
contacto con la parte infantil a veces ignorada de los pacientes.

La terapia psicoanalítica se detiene cuando la propia pareja, al sentirse capaz de regular


por ella misma sus conflictos, está en condiciones de reinstalar tal como le parezca el
futuro del vínculo. Una terapia analítica de pareja es una experiencia a vivir que reactiva
frecuentemente el proceso creativo en el vínculo.
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Cómo trabaja con… parejas


Juan Carlos Nocetti, Miguel Spivakow

La terapia psicoanalítica de pareja: su utilidad y referencias teóricas

Las terapias psicoanalíticas de pareja se han consolidado como una alternativa


terapéutica en nuestra disciplina y constituyen una herramienta de uso habitual. ¿Para
qué sirven, cómo se trabaja en ellas, cuáles son sus principales referencias teóricas?

Tal vez, antes de entrar en tema convenga aclarar qué se entiende por terapia
“psicoanalítica” de pareja ya que hay muchos tipos de terapias de pareja. La terapia
psicoanalítica, para alcanzar el cambio psíquico, utiliza como herramienta el
conocimiento de la propia realidad psíquica y de los funcionamientos psíquicos del
partenaire y se apoya, desde el punto de vista teórico, en el conjunto de desarrollos
teóricos y clínicos que conforman el psicoanálisis; no es directiva ni propone que la
pareja se adecúe a ningún "modelo" de funcionamiento. Es de utilidad cuando el vínculo
es básicamente erótico pero no lo es si el odio predomina en el vínculo; en estos casos
se plantean cuestiones muy específicas, a las que no se refiere este artículo. Por
ejemplo, cuando se trate de conductas perversas difícilmente convendrá un abordaje
psicoanalítico.

La consulta

Cuando una pareja solicita una consulta, lo más habitual es que haya una crisis,
entendiendo por tal una situación en que aparecen sufrimientos nuevos y desbordantes.
Los motivos de consulta manifiestos pueden ser muchos: nacimiento de hijos, “nido
vacío”, problemas de “comunicación”, dificultades de desprendimiento de la
endogamia, etc., etc. El analista realizará un diagnóstico en el que ubicará los
funcionamientos individuales y vinculares en juego y, fundamentalmente, ubicará a los
funcionamientos vinculares o intersubjetivos involucrados en la crisis. Se recorre así,
un camino que va del motivo de consulta a la formulación psicodinámica de la crisis y
que permitirá elegir los nudos a trabajar para enfrentar la situación clínica.

Volvamos a la cuestión de los funcionamientos intersubjetivos. La primer pregunta que


surgirá en una consulta se referirá a si conviene un tratamiento de pareja o de otro tipo.
¿En qué situaciones clínicas son especialmente útiles los tratamientos de pareja? Un
tratamiento de pareja es especialmente útil cuando en los conflictos que determinan la
crisis predominan los funcionamientos intersubjetivos, es decir aquéllos en los cuales lo
que hace un miembro del vínculo está fuertemente influido, tanto a nivel conciente
como inconciente por la respuesta del otro, en una suerte de retroacción circular. Esto
quiere decir que se trata de funcionamientos armados por los dos, un "entre dos" que es
diferente de otros funcionamientos que se arman predominantemente en la singularidad
de un sujeto. Para poner un ejemplo telegráfico: en lo fundamental, los síntomas de una
neurosis obsesiva se definen en lo singular de un sujeto, mientras que los conflictos que
las parejas llaman "de comunicación", suelen basarse en la participación de ambos polos
del vínculo. Como ejemplos de funcionamientos intersubjetivos –que luego
explicaremos– podemos citar lo que Kaës describe como "alianzas inconcientes" y lo
que nosotros hemos descripto como "interdeterminación".

La sesión de pareja posibilita un abordaje vívido y focalizado en los funcionamientos


intersubjetivos de la pareja. Esta es la ventaja que ofrece: si el trabajo en la dinámica
intersubjetiva no es central en la estrategia terapéutica, el dispositivo de pareja
posiblemente no sea el más conveniente.

Los mejores resultados

¿Cuáles son las parejas que mejor aprovechan un tratamiento vincular? Las que, más
allá de los conflictos, mantienen el entusiasmo por el otro. El mejor resultado –y los
resultados pueden ser excelentes– se obtiene con las parejas que mantienen el
entusiasmo recíproco y dicen “nos matamos aunque nos queremos”, “queremos estar
juntos pero no podemos hablar, necesitamos un traductor”, “no sabemos qué nos pasa,
pero nos peleamos mucho”. El deseo de estar juntos y hacer más placentera una relación
dificultosa es el gran motor de la terapia de pareja.

Son compañeros que, de algún modo, están “prisioneros” del amor hacia el partenaire.
Las ganas de estar juntos no impiden que sean desbordados por agresiones,
malentendidos y confusiones. En un alto número han realizado o realizan terapias
individuales que por razones diversas no han llevado a la mejoría de los conflictos de
pareja. Una explicación muchas veces valedera es que en el encuadre individual no se
pueden sintonizar en toda su complejidad los funcionamientos intersubjetivos entre los
partenaires y sólo la presencia del otro y el despliegue de intercambios que no aparecen
en la sesión individual permiten una elaboración de los conflictos vinculares.

En consonancia con lo anterior, no son objetivos de una terapia psicoanalítica de pareja


ni perpetuar un matrimonio ni evitar una separación. El objetivo es trabajar sobre lo qué
les pasa y ayudarlos a pensar y decidir al respecto.

La clínica

En los tratamientos de pareja el proceso de cambio psíquico sigue caminos diferentes a


los habituales en los tratamientos individuales. En éstos la intervención toma como
principal referente la asociación libre y sus determinaciones inconcientes. La situación
es otra en un tratamiento de pareja: la propuesta explícita es analizar el vínculo y a los
partenaires se les propone este trabajo focalizado. El discurso conjunto permite
focalizar el trabajo clínico en esclarecer las reacciones de un sujeto a las influencias del
partenaire, al modo en que los funcionamientos psíquicos resultan del "entre dos".
También se realizan intervenciones comparables a las que se realizan en los tratamientos
individuales, pero no constituyen lo central del trabajo clínico.

El tratamiento analítico de pareja no aspira a eliminar cualquier malestar entre los


partenaires, sino aquéllos que producen sufrimiento y, como ya se dijo, es útil en las
parejas unidas básicamente por un vínculo erótico. Así, enfoca sus lentes en las
transferencias intrapareja entendiéndolas como conjuntos de investiduras
estereotipadas, falsos enlaces y repeticiones actualizadas, activaciones fantasmáticas
que se producen entre los partenaires y se retroalimentan entre ellos. Las que se
trabajan en sesión son las que producen malestar, ya que muchas otras constituyen la
base de la pareja en tanto reencuentro placentero. La transferencia intrapareja ancla en
lo inconciente pero no necesariamente en lo infantil; tiene un sostén bidireccional y es
esto lo que hace que se exprese con debilidad en muchos tratamientos analíticos
individuales ya que el analista, con su abstinencia no proporciona los estímulos que
proporciona el partenaire. Las otras transferencias son menos tomadas en la
intervención del analista –aunque, por supuesto, deben ser consideradas y tienen
efectos.

Es importante tener presente el carácter focalizado de las terapias de pareja. En ellas se


enfoca especialmente el engarce entre los intercambios vinculares y las posiciones
subjetivas. Él, por ejemplo, puede estar furioso con cómo ella lo trata a él o trata a un
hijo y sostener esta queja manifiesta en una posición subjetiva regresiva en la que se
siente el hijo de ella, con los derechos del preferido. El abordaje clínico de estos
funcionamientos va a ser distinto en un tratamiento de pareja que en uno individual. En
el caso de un abordaje en pareja, el analista debe focalizarse en la retroalimentación
entre la posición subjetiva de uno, lo que el otro promueve y las causas de la crisis en el
vínculo. Así, el trabajo clínico en un dispositivo de pareja se apoya en lo fundamental en
intervenciones vinculares, que difieren en su formato de la interpretación descripta por
Freud. Mientras la interpretación freudiana se dirige a descifrar las coordenadas de un
deseo singular, la intervención vincular apunta a mostrar cómo uno influye en el otro,
tanto conciente como inconcientemente, cómo cada uno estimula o apaga ciertos
funcionamientos en el otro, cómo se construye un funcionamiento entre los dos.

César y María discuten en sesión

María: Estoy harta de limpiar el barro con el que entran del jardín. Soy la mucama de
él y los varones, y ni siquiera les dice nada. Por lo menos podría decirles algo a los
chicos. Las nenas son mucho más compañeras.

César: (acerca su cuerpo provocativamente) Escucháme, yo en general me fijo. Fue


una vez, el domingo. Y además, no te vas a morir por limpiar un día el barro. Yo
trabajo los seis días de la semana quince horas por día y no me quejo. El resto de la
semana me estuve cuidando todo el tiempo y diciéndole a los varones. Vos misma el
viernes me reconociste que estaba tratando de cambiar en esto. Y la verdad (cambia el
tono y habla más suavemente) es que estoy mejor, y vos también... Estamos mucho
mejor (mirando al analista).

María: (con voz chillona y penetrante) ¡¡¿¿no te quejás??!! ¡¡¡¡Por favor!!!


Analista: No sé si se dan cuenta de cómo uno irrita y provoca al otro. No sé, César si
te das cuenta de la prepotencia con que le acercás el cuerpo a María: sin que hables,
solamente con acercártele así, tenemos pelea garantizada. Y no sé, María, si te das
cuenta del tono mandón y autoritario con el que hablás. Me parece que esto es el disco
rayado que dicen que se repite en casa de Uds. (En otras sesiones se había hablado del
tono de voz de la madre de María y de la violencia silenciosa de César).

El trabajo sobre la interdeterminación, definida como lo que, a nivel conciente e


inconciente, un sujeto estimula y provoca en el otro es el aspecto fundamental de la
intervención vincular. Los partenaires suelen venir a tratamiento separando qué es
“mío” y qué es “tuyo” en muchos casos de manera artificial y la intervención vincular
tiende a mostrar, cuando corresponde, de qué modo lo "mío" configura "lo tuyo". El
trabajo clínico recorre un camino que va de la interdeterminación a la estructura de las
alianzas inconcientes. Estas podemos definirlas telegráficamente como articulaciones
inconcientes estables que en los intercambios entre los partenaires aseguran las
respectivas homeostasis narcisistas. En el caso de César y María las alianzas
inconcientes se habían desequilibrado a partir de la muerte de la madre de María. Hasta
ese momento el vínculo estaba organizado en una modalidad de distancia sin guerra, de
tal manera que ella mantenía su intercambio libidinal fundamental con la madre y él se
encerraba en su trabajo.

Cuando se utilizan intervenciones vinculares, el trabajo elaborativo –en su doble


dimensión de conocimiento y construcción de representaciones– abarca las temáticas
universales habituales en las terapias aunque, como se dijo, se centra el foco en los
funcionamientos intersubjetivos. De lo que se trata es que los partenaires tomen
conciencia del trabajo psíquico que implica el intercambio intersubjetivo, cómo éste
colapsa o promueve lo singular en cada uno. La particularidad fundamental es que se
trabaja sobre un proceso defensivo en el que participan tanto el sujeto como la respuesta
del partenaire.

Las evoluciones posibles

Los recorridos de los tratamientos de pareja son variables. Cuando en el trabajo


terapéutico se logra un registro de la subjetividad del partenaire y de la propia, así como
de los intercambios que circulan en el vínculo y de su singularidad, aparece entre los
partenaires lo que llamo “sintonía validante”. El trabajo adquiere un matiz peculiar en
cuanto al narcisismo y a la caída de la omnipotencia: cada polo entiende más las
significaciones del otro, lo que no significa aceptarlas ni compartirlas; se asume que la
visión propia de las cosas no es absoluta; que las significaciones que predominan en uno
son siempre singulares e idiosincráticas y las emociones diferentes de las que
predominan en el otro; muchas discusiones dejan de tener lugar. Se experiencia de una
manera más directa y vívida que el otro, tanto como uno, es opaco, desconocido e
imprevisible, experiencia que suele ser especialmente negada o desmentida en la pareja,
dado su origen en el enamoramiento.
En otros casos la pareja evoluciona hacia una separación que les resultaba imposible,
pero que abre puertas a nuevos desarrollos individuales. También hay parejas a las que
el tratamiento no las mueve de las estereotipias por las que consultan.

En síntesis, el tratamiento psicoanalítico de pareja es una ayuda en un terreno en el cual,


desde que el mundo es mundo, las cosas han sido siempre complejas y en este sentido,
la primera actitud en la clínica debe ser exploratoria: se trata de explorar con cada
pareja, en un número acotado de entrevistas, si un tratamiento puede brindarles alguna
ayuda y recordar, en relación a otras alternativas terapéuticas, que el dispositivo de
pareja es especialmente útil para el abordaje de los funcionamientos que hemos llamado
intersubjetivos o vinculares.

Miguel Alejo Spivacow

Psicoanalista

miguelspi@fibertel.com.ar

BIBLIOGRAFÍA

Kaës R. (2007) Un singular plural. Buenos Aires: Editorial Amorrortu. Argentina. 2010.

Lemaire J. (1979) La pareja humana. México: Fondo de Cultura Económica.1986.

Spivacow Miguel A. (2005) Clínica psicoanalítica con parejas. Entre la teoría y la


intervención. Buenos Aires: Ed. Lugar. 2005.

Spivacow Miguel Alejo (2011) La pareja en conflicto. Aportes psicoanalíticos. Editorial


Paidós. Bs. As.

El fin de análisis en el tratamiento de pareja

¿Cuándo dar por finalizado un tratamiento de pareja? La respuesta parece elemental,


evidente, indiscutible: ¡¡cuando ellos lo decidan!! ¿Sería acaso de algún beneficio ir más
acá o más allá de su deseo de analizar sus conflictos? No parece razonable iniciar un
debate sobre el tema. Sin embargo… El recuerdo de algunas terminaciones
inexplicables, desconcertantes o simplemente inesperadas nos introducen en una
compleja red de supuestos y principios implícitos que condicionan estrechamente
nuestra relación con los consultantes, la dirección de un tratamiento y, por supuesto, el
modo en que se presentará el fin de ese análisis, sin tener clara conciencia de ello.

1.- La primera experiencia desconcertante que me viene a la memoria remite a la


derivación del tratamiento de pareja ¿afectan el fin de un análisis los principios y
supuesto teóricos implícitos en una derivación? Carmen había abandonado, con sus
hijos, la casa que compartía con su marido Rafael. Quería reflexionar acerca de su
futuro matrimonial. Éste, en total desacuerdo, se preguntaba hasta cuándo duraría esa
separación. Para Carmen no estaban separados sino tan sólo distanciados por un tiempo.
Las sesiones se hacían pesadas, reiterativas, y en una de ellas me entero que, tal como
les había sido recomendado, ella había comenzado un análisis individual. Algo parecía
impedirles abordar algunos temas dolorosos. Con cierta cautela Rafael señaló que uno
de esos temas eran las relaciones sexuales: Carmen las rehusaba; había vuelto a vivir
con sus padres pese a que siempre lo menospreciaron. “Una vez más -dijo Rafael-, te
ponés de parte suya, en contra mía”. Carmen se remitió a lo dicho por su analista
individual: no estaba en su contra, quería proteger a sus hijos de las reiteradas
situaciones de inseguridad a las que él los exponía. Les dije, animado, que estaban
comenzando a hablar de sus conflictos. Durante la semana recibí con estupor un
llamado de Carmen: había decidido, contra la opinión de Rafael, dar por finalizado el
tratamiento y continuar sólo con su análisis individual.

Como en todo matrimonio ella se hallaba tironeada por dos lazos afectivos: sus padres y
su esposo. En este caso parecía imposible allanar las tensiones que, entre la familia de
origen de Carmen y Rafael, se habían instalado desde el inicio de su relación.
¿Podríamos pensar que, sin saberlo, la indicación de tratamientos simultáneos había
recreado las condiciones para reproducir esas tensiones en el ámbito de la sesión,
colocando a Carmen, una vez más, entre dos lealtades: su análisis individual y el
tratamiento de pareja? ¿Podía esta indicación imponer sus coerciones a la definición del
lugar que ocupara el analista y al modo en que se presentó el final de ese análisis? Un
sólido principio teórico indica que cuando el campo analítico incorpora una pareja, una
serie de reglas y pautas de comportamiento propias, elaboradas trabajosamente a partir
de circunstancias compartidas, introducirán una perturbación que el analista difícilmente
podrá predecir.

2.- En un segundo caso, esta perturbación condujo a un fin de análisis aún más
apresurado. Se trataba de la primera entrevista de una pareja que convivía sólo durante
la semana: ella soltera, él separado; compartían el fin de semana con los tres hijos de
éste. Consultaban por las dificultades que Luisa tenía con ellos. Bien pronto noté que se
detenían reiteradamente en quejas de ella con respecto al modo en que Jorge trataba a
sus hijos sometiéndose a las decisiones de su ex-esposa. Éste minimizando el problema,
parecía imperturbable. Pronto esta imperturbabilidad comenzó a dejar paso al fastidio y
el clima se hizo por momentos exaltado. Tratando de retornar al tema inicial, dije que
hasta ahora no hablaban de las dificultades de Luisa con los hijos de Jorge sino de
algunos conflictos propios. Sorpresivamente y sin razón aparente, ella comenzó a llorar
cada vez con mayor congoja pese a los reiterados intentos de Jorge que, con progresiva
aflicción, intentaba consolarla. Se lo veía cada vez más desesperado, oscilando entre un
profundo abatimiento y una gradual exasperación. Yo estaba perplejo frente a este
cuadro en que el temor, la compasión y la violencia ponían en escena una pareja
desconcertante. Frente a mi silencio, Jorge, con gran disgusto, dijo que no creía que yo
pudiera comprender lo que les pasaba, que iba a interrumpir la sesión para consultar a
un profesional más idóneo y con mayor experiencia. Quedé sorprendido y asustado por
el grado de hostilidad expresado (Jorge era abogado), al mismo tiempo indignado por un
rechazo que consideraba injusto y compungido por lo que, sin querer, había provocado.

Al finalizar el día de trabajo, resentido aún por el mal trato recibido, recordé algunos
comentarios de Luisa que había yo pasado por alto. Se referían al malestar que le
provocaba la violencia con que Jorge trataba a los chicos, la mutua hostilidad que ella
observaba en la relación con su ex-mujer y el temor que esa violencia signara también
sus propias relaciones. Jorge restó toda importancia al tema: era el modo apropiado de
educar a sus hijos y de poner límites a la agresividad de su ex-esposa. En el intento de
detener la intromisión de la violencia en el ámbito de la sesión había puesto yo en
evidencia, sin advertirlo y apresuradamente, una de las reglas y pautas de
comportamiento que amparaban su relación: la separación del fin de semana motivada
por la difícil relación con los chicos. Aquélla permitía eludir el tema que los angustiaba:
una relación sustentada en el temor, el abatimiento y la compunción por la presencia de
una violencia descontrolada que amenazaba su vida como pareja. En otro momento del
tratamiento esta escena hubiera tal vez permitido desplegar el verdadero motivo que los
condujera a solicitar tratamiento. Surgida prematuramente, ante nuestra incapacidad
para tolerarla y comprenderla, sólo pudo conducir a un abrupto final.

3.- Otro recuerdo trajo a mi memoria un fin de análisis que comprometía, esta vez,
supuestos y principios relativos al objetivo de un tratamiento cuando el cambio es
asimilado a un modo de curación.

En este caso, una imperiosa necesidad de cambio era fuertemente alentada por las
reiteradas quejas que cada uno de ellos expresaba con respecto a la conducta del otro.
Ella podía comenzar haciendo la lista de lo que él debía hacer y no hacía o tenía que
evitar y no cumplía; él respondía sacando a su vez su propia lista a lo que ella respondía
agregando nuevas quejas a las anteriores. Un supuesto de larga y firme tradición ponía
en juego un principio irrebatible: el objetivo del tratamiento imponía la modificación de
sus relaciones mediante cambios en sus comportamientos individuales. Pero era inútil
en este caso intentar detener este circuito, las listas eran demasiado abrumadoras y sólo
lograban acentuar mi malestar ante la incapacidad de resolver sus padecimientos.

Es necesario estar en condiciones de escuchar objetivamente el relato de esos


padecimientos para imponer las modificaciones correspondientes. No somos los únicos,
también un médico debe hacerlo. Comienza por recorrer la anatomía y la fisiología
implicada, recordar las patologías a ellos asociadas y realizar un diagnóstico a fin de
decidir el tratamiento adecuado. El relato en este caso remite a una situación cuya
objetividad los textos correspondientes pueden constatar. También un psiquiatra
escucha el relato de un padecimiento, pero la objetividad de ese relato resulta, en este
caso, cuestionable. Será producto de algún trastorno en la relación con la realidad
(delirios, alucinaciones o comportamientos no adaptados a ella). La objetividad no se
encuentra aquí en los textos sino en el profesional cuya habilidad consiste en ubicar al
consultante en algún capítulo de la psicopatología y de allí a la psicofarmacología
correspondiente. Ahora bien ¿es el psicoanálisis un capítulo de la medicina?, ¿es un
modo particular de ejercer la psiquiatría?, ¿se trata de evaluar la objetividad de los
reclamos a fin de encarar la pertinente modificación en sus conductas?, ¿es este cambio
el criterio de “curación” que decide el fin del análisis?

También esta propuesta de cambio en sus conductas obliga a algunas reflexiones. Tanto
desde el punto de vista biológico como social, las modificaciones que se introducen en
un sistema lo alteran de manera no siempre previsible poniendo en riesgo la subsistencia
del sistema y su grado de adaptación al medio. En el caso que nos ocupa, mi malestar
expresaba la paradoja de un alto grado de padecimientos asociada a la profunda
inestabilidad de su relación, siempre al borde de la ruptura. De este modo la imperiosa
necesidad del cambio era, a la vez, un riesgoso objetivo. Se trataba en realidad de lograr
que cada uno de ellos fuera capaz de enfrentar otro padecimiento: el de poder
reflexionar acerca de la escena que acababan de desplegar en mi presencia. La
terminación de un análisis, en estos casos y en mi experiencia, será el resultado de la
ecuación que articule ambos sentimientos: la inestabilidad del análisis que hace de su
interrupción un alivio al padecimiento y la capacidad para soportarlo y continuar para
analizar sus razones. Hechos ambos que se oponen justamente a aquel supuesto de larga
y firme tradición que pone en juego el principio irrebatible del cambio como objetivo
del tratamiento y criterio de un fin de análisis.

Estos tres ejemplos, relacionados con la terminación de un análisis de parejas, nos han
introducido, al meditar acerca de ellos, en una compleja red de supuestos y principios
implícitos que acompañan y condicionan nuestra forma de instalarnos ante un motivo de
consulta. Ellos determinan estrechamente, sin tener clara conciencia de ello, nuestra
relación con los consultantes, la dirección de un tratamiento y, por supuesto, el modo en
que se presentará el fin de ese análisis.

Juan Carlos Nocetti

Psicoanalista

jcnocetti@hotmail.com
Terapia de pareja: crisis y su abordaje.

Terapia de pareja: crisis y su abordaje

Al hablar de terapia de pareja, hablamos de una estructura vincular, que desde mi


enfoque psicoanalítico intentaré desarrollar.

Sabemos que el desarrollo de un sujeto dura toda la vida, y que no queda limitado a la
infancia, y a la formación de la estructura psíquica, sino que incluye los drásticos
cambios que suceden en la mente, como consecuencia de la interacción entre el
envejecimiento del cuerpo, la complejidad creciente del psiquismo adulto y el ambiente
(relación comprometida, hijos, trabajo, etc.).

Definiremos la mediana edad como el intervalo en la vida individual en que la


naturaleza transitoria de la existencia personal, se transforma en un asunto significativo
tanto en el mundo intrapsíquico como en el mundo real.

Generalmente uno de los conflictos importantes en la vida de las parejas, es en la


creación de la zona de encuentro, el no poder soportar lo no compartible hoy nunca de
cada ser humano.Entonces entramos en el campo de las relaciones en la vida cotidiana
en las parejas, que implica atribuir al otro un sentimiento conocido.

Por lo tanto esta zona no compartida y que se podría compartir, digamos hablándose y
aceptando que es no compartida y que hay que hacer un trabajo psíquico para poder
compartir.Esta zona quedaría anulada si cada uno proyecta en el otro lo que cada uno
imagina que el otro pueda ser.La marca fundante de una configuración vincular es
relativa al presente actual y al tipo de conflicto o estado emocional.

Siempre que estoy en relación con otro, según el modelo de aparato psíquico de las
configuraciones vinculares, lo llamo intersubjetivo, que es vincular por definición. Lo
separo de lo que se considera el espacio intrasubjetivo, el de la relación objetal, que si
bien es una relación con otro, ese otro sirve en ausencia del yo de afuera (está dentro de
uno).Porqué sucede a veces que el vínculo se recarga tanàticamente?.Esto sucede por
varios motivos, pero hay uno en particular: tiene que ver con otro el que nos reconoce,
pero el otro en la pareja deja de ser otro, para ser una proyección de uno mismo.

La expresión “yo lo conozco, yo sé todo de él” da cuenta de lo dicho, en la terapia de


pareja debemos detectar que es lo repetitivo, clarificar el contenido manifiesto (el
sufrimiento), del contenido latente, haciéndoles descubrir que estos también provocan
dolor. El clima de la sesión tiene también un clima pulsional, que es importante para
nosotros los analistas saber manejar.Otro elemento a tener en cuenta son los
mecanismos predominantes.
Un vínculo es como un escenario en el que hay dos protagonistas principales, que son
cada uno de los integrantes de la pareja. Pero al mismo tiempo éstos no están libres de
todos sus modelos identificatorios, que provienen del “afuera” de la pareja. Aparecen
como personajes que pueden corresponder a las familias de origen: amigos, hijos, etc.,
esto lo detectamos en parejas que hablan siempre de algún otro.

Uno no tiene porque liberarse de éstos, sino que es necesario profundizar en los
aspectos pertinentes a la relación de pareja. La ajeneidad se constituye en el encuentro.
Para habitar un espacio es necesario un “hacer juntos” en base a convenios ad hoc. No
hay un adquirido para siempre. El analista debe trabajar el inconciente vincular de la
pareja, trabajando también los malentendidos. Lacan decía “la comunicación humana es
un malentendido”.Muchas parejas, a través del reproche, encubren un monólogo
narcisista que alude a una detención en el tiempo y en el espacio.

Por lo tanto, el reproche además de “meter culpa en el otro” da cuenta de un


retraimiento narcisista de quien lo emite, y además produce lentamente una alteración
en la autoestima de quien lo recibe, sobre todo si esto se prolonga en el tiempo.

Por lo tanto no solo nuestras primeras experiencias objetales son las definitorias de
nuestras patologías en la adultez, sino que hay algo actual, diario, que produce lesiones
en nuestra estima.Estas cuestiones son las que hacen crisis en determinados momentos
de nuestras vidas.

Caso clínico, recorte de viñeta: Ubicaré a esta pareja en la etapa de la mediana edad:
ella 50 y el 52 años, pareja ensamblada con dos hijos de Marta y cinco de Juan. Una hija
de Marta vive en Bs.As. y el otro hijo esta terminando la secundaria, y ante lo cuál está
decidiendo irse también con su hermana y su padre. Los hijos de Juan viven con la
madre aquí en Bahía.Esta pareja lleva 10 años de convivencia y han atravesado
diferentes situaciones conflictivas y de adaptación para lograr una buena estructura
vincular.Hace algunos meses empiezan a ver dificultades en la relación de pareja, lo
cuál los lleva a realizar la consulta.

Recorte de viñeta: Un domingo a la mañana cuando están desayunando, ella pregunta:

Dormiste bien?. Porque tenés una cara...

El: No sigo cansado

Ella: Qué raro, ayer dormiste siesta y tus horas necesarias, como estas cansado?

El: ¿No puedo estar cansado?


Ella: Es raro…

El: Me tenés cansado, qué querés que te responda, qué me estás indagando, o que más
querés saber?

Ella: Ya no sé cómo preguntarte las cosas.

El: (Se dirige al terapeuta). Ella siempre quiere manejar el timón del barco, y Yo le digo
que es uno solo el que tiene que manejarlo.

Ella: Para nada, lo que ocurre es que últimamente no puedo hablar de lo que me pasa, de
lo que me afecta que mi hijo se vaya a Bs.As. y de qué voy a hacer con mi tiempo. Por
otro lado sé que ya no somos los de los primeros años, yo cambié mi cuerpo, estoy más
gorda y vos ya no me contenés como antes.

El: Yo también siento que vos ya no sos la misma, pero hay que ver qué te pasa a vos,
Yo lo tengo claro.

Ella: Silencio.

El: Vos sos un frizer, no respondes cuando me acerco y además te hacés la que no te das
cuenta. Como querés que me levante?.

En este recorte aparece algo de la pregunta de ella que no tenía respuesta. A través del
reproche, a veces, se encubre otras demandas que tienen que ver en este caso con
transformaciones que ella va sufriendo, en esta etapa evolutiva, y que es una cuestión de
género. Algo de lo ya conocido, por ella es interrogado en un supuesto, que es el modo
como se vinculan estas dos personas. El contenido manifiesto de èl es el fastidio ante la
insistencia de ella, por lo tanto genera entre ambos reproche y malestar que en realidad
tiene que ver , entre otras cosas con una disfunción en la sexualidad, y las
transformaciones que ambos están atravesando.

Algo de lo que no se habla con palabras, se transforma en síntoma, generando distancia


y a veces congelamiento en uno de ellos, y esto se escucha en la palabra freezer que
menciona él. Se congelan los afectos, las palabras, y el encuentro entre dos se hace cada
vez más difícil

Modalidad de abordaje del analista:

Desde mi experiencia, lo primero que establezco es un encuadre, y que implica el poder


escucharse, dejar que el otro pueda expresarse, y luego con mi intervención dar lugar a
la queja. Generalmente es necesario tener entrevistas preliminares, a efectos de poder
hacer un diagnóstico aproximado de la situación.

Al comienzo es frecuente que el nivel de ansiedad que circula en la sesión sea difícil de
bajar; por lo tanto les pongo en palabras que un tercero tratará de entender y podrá
ayudar a despejar malos entendidos, enojos, desacuerdos y dentro de lo posible, y de lo
que ellos estén dispuestos a ordenar y transformar una manera de vincularse con el otro
más saludable.

Los motivos de conflicto más comunes en la terapia de pareja a trabajar son:

Lo laboral y por ende el manejo del dinero.

Lo sexual y como se vinculan en este aspecto.

La comunicación, su estilo comunicacional.

Las demandas no satisfechas, y por ende sus historias de origen.

Cada analista encontrará las estrategias necesarias, y sostengo que la creatividad de cada
uno llevará a que el abordaje sea lo más dinámico posible, manteniendo siempre un
esquema referencial, sin olvidar que esa pareja es única, con una historia que los
construye como tal.
Lic.Liliana B. Goldschmidt
MP. 00046

Autor/es:
Lic. Liliana B. Goldschmidt
Fecha:
Lunes, 1 Octubre, 2007

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