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MANUAL

DE

EN D0KDE

NO SO LO SE M A N IF IE S T A LA N E C E S ID A D , Q U E TODOS
TESEMOS DE PRACTICAR LA. ORACION MENTAL i Y EL MODO PARA HACER LOS
EJERCICIOS ESPIRITUALES ; SINO TAMBIEN COMO SE HAN DE PRACTICAR
TODAS LAS VIRTUDES.

ES OBRA DE SINGULAR PROVECHO Y DOCTRINA PARA TODO ESTADO


de personas, así eclesiásticas, como seculares; y con especialidad para Los
que tienen cargo de almas.

AÑADIDO Y ENMENDADO CONSIDERABLEMENTE EN ESTA EDICION.

POR LOS PP. D E LA CASA D E LA CONGREGACION


de la Misión de esta dudad.

CON SUPERIOR PERMISO.

BARCELONA: IM P R E N T A D E S IE R R A Y M A R T Í,

cturo i»< /¿l13.


CENSURA D E L Rmo,. P . FERN AN D O GARCÍA D E PALACIOS,
de los Clérigos menores, predicador mayor de la real casa de la
Peña de Calatayudy y de las del Espíritu Santo de Barcelona y
Madrid.

M U Y PO D E R O SO SEÑ O R.

Obedeciendo al mandato de V- Alteza, he leído con atención y utili­


dad mia, el libro: Manual de piadosas Meditaciones, con que desean en­
señar la importante Práctica de la oracion mental::: y demas virtudes
los muy reverendos y venerables Padres de la Casa de la Congregación
de la Misión de la siempre Ilustre ciudad de Barcelona; y habiendo si­
do (por m¡ fortuna) testigo, por espacio de tres años, de los frutos es­
pirituales, que se cogen de la doctrina que ensena el libro y su apostó­
lica escuela* debo decir, que para venerarla yo como srflida y segura,
me bastó ver , que sus autores eran aquellos venerables y doctos Padres
de espíritu, que en la Metrópoli de aquel principado de Cataluña han
ganado tantas almas para Dios, y verla asimismo aprobada en su pri­
mera impresión de dos doctísimas plumas de aquella ciudad. Por lo cual
no haré mas, que arreglarme á su dictámen, asegurando á V. Alteza*
que esta Práctica es obra del agrado de Dios, Utilísima, para librar las
almas de los lazos del común enemigo, y medio para coseguir las virtu­
des y alistarse de una vez en la vandera de la perfección* Y así juzgo
ha de ser de grandísimo beneficio para las almas que la leyeren: sin
que contenga cosa contraria á la fe católica, á la pureza de las costum­
bres, ni á las regalías de su Magestad; (Dios le guarde) con que V- A.
se puede servir de conceder la licencia que para reimprimirla se solicita.
Salvo-y etc- En esta nueva casa del Espíritu Santo de Padres Clérigos me­
nores de Madrid, hoy 24 de marzo de este año de 1720,

M. P. S.

Francisco García de Palacios,


de los Clérigos menores.
APROBACION B E L M. R. P. Fr. JORGE RIOS ,
religioso Francisco descalzo de la provincia de
san Juan Bautista de Falencia Lector de ,
,
teología predicador misionista y procura -
dor que fue por su provincia en la cúria ,
Romana.

IVJLándame el Muy Ilustre Sr- D. José Romaguera, doctor y canónigo


de la santa iglesia Catedral de Barcelona, vicario general, y oficial del
Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Pr- Benito de Sala, dignísimo obis­
pa de dicha ciudad, diga mi sentir sobre el libro intitulado: Manual
de piadosas Meditaciones, para todo género de personas y estados, que
sacan á luz los Padres de la casa de la Misión de esta ciudad de Bar­
celona, sobre lo cual digo; que según la experiencia que tengo de la gran
virtud y perfección, que en dicha casa se profesa; este Manual es un vi­
vo ejemplar, de lo que dichos Padres practican, y lo que cada uno de
ellos es, pudicndo decir con Casiodoro r Habent hcec sigillatim distribuía
praconium; conjuncta¡ miraculuni. Amargamente lloraba S. Bernardo el
ver arder al estado eclesiástico con el fuego de la a m b i c i ó n , solicito de
las dignidades honoríficas de la iglesia, sin que ea el resplandeciese el
zelo de la salvación de las almas, por lo cual todo el se hacia contem-
tibie a los ojos de Dios; mas ya el dia de hoy puede el Santo enjugar
las Ingrimas, á vista del zelo, que ar de en el pecho de est03 apostóli­
cos varones, pues abnegados ú toda pretensión humana, solo atienden á
discurrir medios para la salvación de las almas* Es su instituto el hacer
misiones; y no pudiendo ejecutar su obligación, ó por la turbulencia de
los tiempos, <5 por hallarse dichos Padres tan pocos en número, impa­
ciente su zelo, nos da este Manual de piadosas Meditaciones, paraque en
el ínterin, que no resuena su voz en los pulpitos, nos aprovechemos to­
dos con los soberanos documentos y doctrina celestial, que en el se con­
tiene, de la cual podemos decir lo que decia Bercorio: Bst dulcís, sapi-
da,et delicata, & denoiat pinguedinem graiia perfeciionis. Lit. M. Es
dulce en el estilo, sabrosa á la voluntad, y delicada al entendimiento,
causando en el alma muchas medras, y mucho aumento en el espíritu;
y todo denota Ja abundancia del flelo divino, que arde en los corazones
de dichos Padres, y la gran perfección de vida que practican: Et deno-
tcit pinguedinem grafía, y perfectionk. Es también el instituto de dichos
Padres para la reformación del estado eclesiástico: bien se ve el efecto
en la siempre venerable conferencia eclesiástica, fundada en esta santa
casa, pues componiéndose de lo mas grave del clero, como son dignida­
des, canónigos, curas de parroquias, doctores* catedráticos y gran nume­
ro de sacerdotes: para conocer el fruto, no hay mas, sino atender á la
modestia, retiro y compostura exterior de los que la frecuentan, que en
la realidad, sin agraviar á nadie, puedo decir, que esta santa conferen­
cia es el ejemplar y modelo de donde todos debíamos aprender á com­
poner y a r r e g l a r nuestra vida. Estos son los frutos de esta santa casa; y
si por los frutos se conoce el árbol, bien se deja entender lo mucho que
importa la conservación de este árbol, paraque no falte jamas la copiosa
abundancia de tan soberanos frutos. Quien plantó este árbol fue aquel
esclarecido varón y siervo de Dios, el venerable Vicente de Paul cuyas
admirables y heióicas virtudes copió en su alma aquel ejemplar, é idea
de eclesiásticos el Ilustre D, Francisco de SenJust, y de Pag¿s, arce­
diano mayor de esta insigne Catedral de Barcelona, que trajo este vasta­
go á esta ciudad, que regado con su ejemplar vida y asistido con el afec­
to zelo y efectos del Ilustre canónigo Dr. Gerónimo Enveja, pudieron
radicarle para el logro de los abundantes frutos que se experimentan, y
se espera expei¡mentar mas copiosos. Y en orden al de este Manual de
piadosas Meditaciones, digo, que lo he le/do con p articu la r atención y
mucho provecho de mi alma; y hallo, que cada meditación es un atrac­
tivo á la virtud: cada ponderación es una victoria contra los vicios; y
cada sentencia, un triunfo de los placeres humanos, verificándose lo que
muy del intento dijo Vincencio Lirinense: (toin. 2, c. 24.) Tanta, nesciof
qua rationum demítate ejits oratio conserla est> ut ad consensum sui> qms
suadere non polest, mpellati cujus quot peni verba > tot sennnti&\ quod
sensn$9 victoria. La doctrina es tan clara, llana y sólida , que me parece
no hay en toda ella un desliz contra la doctrina católica , sagrados cá­
nones y santos padres de la iglesia, por lo cual me parece puede V . S.
dar la licencia que se pide, por el gran fruto, que de su lectura resul­
tará en las almas. Sic sentio, salva semper, etc. En Barcelona 30 abril
de 1709.

F r. Jorge R íos.

Die 30 aprilis 1709.

Imprima tur.

Romaguera, Fie. Gen. y Ojfic.


PROLOGO.

I ^ e v o to lector: á ta devocion ofrece la casa de la Congregación


de la misión de esta Exm a. ciudad de Barcelona este M an ua l
de piadosas M editaciones, no paraque solo las leas; mas prin­
cipalmente paraque profundamente las consideres, rumies y me­
dites, destinando un buen rato cada dia para una de ellas, para
así aprender la ciencia de los santos, y llegar á ser un perfecto
cristiano. Movió el Espíritu Santo al profeta Jeremías á decir en
el cap. 12. Toda la tierra está desolada \ porque no hay quien
considere en su corazon. Los danos* que manan de la falta de
consideración de las verdades de la santa f e , son bien patentes.
Gran parte de los católicos cristianos viven en el miserable esta­
do del pecado m ortal; otros van de pecados en pecados, cayendo
y levantando; y sin embargo que no faltan un punto en creer
todas las verdades de la fe , estas no les sirven de freno, ni les
contienen dentro del santo tem o r, y amor tan debido á la infini­
ta Magestad de Dios. Preguntando á cada uno: crees que has de
morir en b re v e , y aun puede ser de repente, y que en ese punto
has de dar cuenta á Dios ? qué te espera, si mueres en pecado
m ortal, un infierno por toda una eternidad, con la privación eterna
de la gloria? qué Cristo por los pecados murió en una cruz? Te
responderán todos y con verdad, que todo esto creen; y con toda
esa fe , y con ser esas verdades tan poderosas de sí para mover
cualquier c o r a z o n e llo s por un pequeño interés, honra ó gusto,
beben la maldad como agua. D e donde puede nacer en un católico
tan desatinado obrar? Nace de ser aquellas importantes verdades
creídas; mas no consideradas: que si lo fueran, llenarían el corazon
cristiano de temor santo; de horror ai pecado; y de amor á Dios
y á la virtu d , y obrarían en él aquella m udanza, que describe el
Apóstol ad H ebr. 4 * V iva es la palabra de D ios y eficaz, y mas
penetrante que e l cuchillo de dos filosa y llega hasta la división
d e l alma y e l espíritu. Acuérdate, como dice el mismo Apóstol,
que va pasando la figura de este m u ndo; y en el tiem p o, que
Dios misericordiosamente te concede, no quieras tener ocioso, y en­
terrado el talento de la fe , dejando de considerar seriamente sus
verdades; paraque no te alcance la maldición, que predijo el pro­
feta Isaías, cap. 6, y citó el mismo Cristo en el cap. 13 de san
M ateo: Oiréis con e l oido> y no entenderéis; y viendo, veréis y
no veréis. Mas sé solicito en avivar esta fe con la meditación, pe­
netrando bien sus verdades, á cuyo fin te servirá un poco este
libro. E n él hallarás un breve y fácil método de examinar la con­
ciencia para una confesion general, y modo de hacer el examen
de la conciencia cada noche: meditaciones para el retiro de unos
ejercicios espirituales, conforme al estilo, que se practica en esta
casa: meditaciones sobre la vida y pasión de C risto, sobre los sa­
cramentos de la penitencia y eucaristía, sobre los beneficios de
D ios, sobre los novísimos, sobre el pecado y vicios capitales: me­
ditaciones para el estado sacerdotal, y para el estado religioso, y
para personas de todos estados; y finalmente, meditaciones para
todas las dominicas y fiestas principales del aiío : de las cuales, si
eres cu ra , podrás sacar reflexiones para dar sencilla, y utilmente
pasto á tus ovejas. Todo esto te ofrecem os, devoto lector, con
buena voluntad, y mas gustosos te daríamos la resolución eficaz
de practicar esta oracion m ental, ó meditación cotidiana que tan­
to im porta, si estuviese en nuestra mano. El espíritu divino
te la dé, como se lo rogam os, y se digne ser tu Maestro en este
camino de oracion; y ruega tií por nosotros. Vale.
INSTRUCCION FAMILIAR,
PARA HACER UTILMENTE

&& ot*cto* mmtm, *


O LA M ED ITA C IO N .

§ I*

De la necesidad y utilidad de la oracion mental.

r 1 aa necesidad de la oracion mental es tan grande, que sin ella


con dificultad se puede vivir cristianamente. Esta v erdad está bien en­
señada por el Espíritu Santo por boca del profeta Jeremías : ( 1 2 , 11.)
No se vé en el mundo otra cosa mas, que desolaciones; porque no hay
guien medite, ni haga reflexión.
a La meditación ayuda maravillosamente para encender en nues­
tros corazones el fuego del amor divino, como lo experimento' David
cuando dijo: (Psal. 38, 4.) En mi meditación arderá el fuego.
3 Hace bienaventurados á aquellos, que se aplican á su ejercicio,
diciendo el mismo Profeta: (Psal. r.) Bienaventurado el varón > que me­
ditará en la ley del Señor.
4 Ella 'es la ordinaria canal de las gracias que Dios nos hace, co­
mo lo atestiguan los doctores de la iglesia, y muestra la experiencia
cotidiana.
5 Si queremos que Dios hable á nuestro corazon, y á nuestra alma,
es necesario* que el corazon y el alma hablen reciprocamente á Dios: lo
que se hace con el ejercicio de la oracion mental.
6 Los santos que veneramos ahora en el cielo, ordinariamente se
ejercitaron mucho acá en la tierra en la oracion y en la meditación de
las cosas celestiales. El mismo Cristo Señor nuestro para nuestro ejemplo
y enseñanza gastaba en ella las noches enteras: y no se halla persona
verdaderamente devota, que no atienda seriamente i este santo y piado­
so ejercicio»
7 El demonio no ha sabido hallar medio mas eficaz para impedir
la salud del alma, que hacer odiosa la oracion mental, haciendo creer
i muchos, que ella no es mas que para religiosos y para santos, y que
es muy dificil y penosa: lo cual es falsísimo, como muestra la experien­
cia y aquí se probará luego.

§ ii.

Facilidad de la oracion mental•

Cada uno se debe persuadir, que la meditación es muy fácil; y asi


se experimenta cada dia, que cualquier persona de cualquier condicion,
edad ó sexo, es capaz de hacerla con mucho provecho, si se aplica con
diligencia y humildad* La gente del mundo y rustica y aun aquellos mis­
mos que no saben leer, la pneden hacer también como los hombres doc­
tos y espirituales: y tal vez aquellos la hacen mejor que estos, porque
como dice la Escritura: Dios se complace en la conversación de los senci­
llos. (Proverb, 3, 32.)
En efecto, qué otra cosa es meditar, sino hacer por los negocios del
cielo y por el bien del alma, aquello mismo, que cada uno hace cada dia
por los negocios del mundo y por el bien del cuerpo, esto es, ejercitar
las tres potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad? Por
ejemplo: el que tiene un pleito, primeramente aplica su memoria pro­
curando acordarse de todo aquello que pertenece á sus razones; y para
este efecto lee y reíce muchas veces sus escrituras- 2. Aplica su enten­
dimiento pensando y repensando, ahora en lo que ha de decir 6 hacer
con los procuradores, con los jueces, con la parte contraria, etc. ahora en
proveerse de medios para vencer la causa, razonando y discurriendo so­
bre todas estas cosas y sacando conclusiones, etc* 3. Despues de haber
asi bien pensado y discurrido, da campo á su voluntad- 1. Dejándola cor­
rer en diferentes pasiones y afecciones: ya de alegría por tener bien
fundadas razones: ya de esperanza de vencer el pleito: ya de tristeza
por haber dejado alguna formalidad; ya de temor de ser oprimido de al­
guna cavilación: ya de odio á la parte contraria y semejantes. 2- Haciendo
resoluciones, v. g. de remediar el defecto, de hacer observar tales forma­
lidades, de valerse de los amigos, dineros, etc. Todo esto hace para ven­
cer su pleito, tocante solamente á bienes temporales.
De la misma mane ra , el que quiere hacer la meditación en orden
al negocio de la salud de su alma, que es mas importante que todos los
otros, i. Debe imprimir en su memoria los puntos, que habrá leído una
6 muchas veces en algún libro espiritual. ±. Debe aplicar su entendi­
miento en ponderar una tras otra las cosas, que habrá leído; discurriendo)
y sacando buenas y útiles conclusiones ó resoluciones. Por ejemplo: si en
un punto de la oracion ha considerado, que Jesucristo murió por nues­
tros pecados, y que un solo pecado nos puede condenar* debe concluir:
luego un pecado mortal es un grande mal: luego se debe huir y aborre­
cer mas que otro cualquier m al, etc. Otro ejemplo: si quiere meditar
aquella espantosa condición de la muerte, que es morir solo una vez:
Statutum est hominibus semel rnorL (flaebr. 9, 27.) procure penetrar bien
esta verdad, tanto porque la insinúa la fe por medio del Aptfstol, cuanto
porque la cotidiana experiencia nos la muestra. De esta verdad universal
saque despues otra particular en tírden i sí, y concluya: que si la muer­
te es un paso tan importante del cual pende una eternidad de bien o de
mal, y que si yerra no admite corrección el error, es grau locura no
procurar la mayor seguridad paraque se logre bien este paso* Finalmen­
te, haga reflexión y vea, como se ha portado hasta ahora en esta parte,
y si ha procurado esta mayor seguridad tí no la ha procurado, con suma
imprudencia. 3. Despues de haber hecho semejante discurso y razona -
miento sobre un punto y deje correr la voluntad á varios afectos, o de
temor del infierno, tí de esperanza del paraíso, tí de aborrecimiento al pe­
cado, tí de admiración icia la bondad de Dios, que tantos años le ha es­
perado y tan enormes pecados le ha sufrido, ó de confusion de sí mismo,
de alegría, en ver que Dios sea honrado, ó de tristeza, de que sea ofen­
dido, tí de gracias por los beneficios recibidos y otros semejantes, á los
cuales se siente el alma excitada del Espíritu Santo. Despues de los dichos
afectos se viene á los propósitos y resoluciones: v. g. de enmendarse de
tal vicio, de practicar tal virtud, individuando los actos de apartar tal
ocasion de pecar, de ejercitarse en tales, tí tales obras de misericordia y
semejantes, según pide la propia necesidad.

§ III.

Del método de la oracion.

Aunque el hacer bien y con fruto la oracion mental ? depende mas


del socorro divino, que de la industria humana, con todo porque seria
tentar á Dios, y exponerse á muchos peligros é ilusiones del demonio, el
contentarse de oir á Dios, sin querer obrar cosa alguna de su parte, los
santos y maestros de la vida espiritual juzgan ser necesario, se coopere con
Dios , no solamente ejercitando las tres potencias del alm a, memoria,
entendimiento y voluntad sobre algún punto de espíritu, como se dijo ar­
riba, sino tacnbien observando en esto algún drden y método. Por esto
se propone aquí el siguiente, que es de san Francisco de Sales y uno de
los mas fáciles y útiles.
La oracion mental tiene tres partes, la preparación: el cuerpo de
la oracion ó consideraciones, y la conclusión.
La preparación se hace con tres actos.
1 Ponerse á la presencia de Dios.
2 Pedir gracias para hacer bien la oracion.
3 Ponerse en la memoria el asunto que se debe meditar.
E l cuerpo de la oracion se hace también con tres actos-
1 Considerar el asunto que se ha propuesto.
2 Ejercitarse en varios y piadosos afectos.
3 Hacer firmes propósitos y resoluciones.
La conclusión asimismo se hace con tres actos,
1 Dar gracias i Dios de los buenos pensamientos que ha tenido en
la oracion*
2 Ofrecer á Dios las resoluciones y propósitos que se han hecho.
3 Pedir gracia para ponerlas en ejecución.

EX PLIC A C IO N DEL D IC H O MÉTODO.

DE LA PRIM ERA PA R TE.

Esto es, de la preparación y del primer acto de ella , que es la


presencia de Dios,

Puede uno ponerse á la presencia de Dios, representándosele vivamen­


te en uno de estos cuatro actos.
i Considerándole presente en todo lugar y en cualquier parte;
pensando que está en nosotros y nosotros en éi como una esponja en
medio del mar.
5 Considerándole en medio del propio corazon, donde mora por gra­
cia como vida del alma.
3 Imaginándose que ve á Jesucristo en el cielo, que está mirando á
todos los hombres* y especialmente á quien le pide.
4 Figurándose que le mira vecino á sí en forma humana y mages-
tuosa; ó bien presente en el Santísimo Sacramento.
Puesto así en la presencia de Dios con alguna de dichas maneras,
se deben hacer estos tres actos.
1 De fe, creyendo firmemente que se halla delante de Dios.
2 De humildad, reputándose por indigno de estar delante su divina
Migestad.
3 De adoracion, adorándole por su soberano Seííor, postrándose de­
lante su divina Magestad, como haria un esclavo delante su Señor: un
reo delante su juez, como hizo el hijo prodigo delante de su padre; 6 de
otra manera según pidiere el sujeto de la meditación*
Del segundo acto, que es la invocación.
Para pedir á Dios gracia de hacer bien la oracion.
i Se debe invocar el favor del Espíritu Santo con el corazon, ó con
el corazon y la boca juntamente, diciendo; Veni Sánete Spiritus > etc. ú
otra oracion semejante.
a Se debe implorar la intercesión de la bienaventurada virgen Ma­
ría Señora nuestra, del Ángel Custodio, de los santos abogados.
3 Para obtener mas fácilmente lo que se pide, será bien hacer un
acto de desconfianza de sí mismo y de confianza en Dios; y un acto de
indiferencia y de resignación á la divina voluntad, protestando no que­
rer otra cosa mas, que ía gloria de Dios y su beneplácito.
Del tercer acto, que es la representación del asunto.
La representación del asunto ó de la materia, que se debe meditar*
se hace de dos maneras,
1 Si el asunto ü objeto es visible ó sensible, como el misterio de la
Natividad de Cristo, y demas de su vida y pasión, es menester imagi­
narse presente en el lugar donde sucedió el misterio. Por ejemplo; en el
establo de Bethlen,en el monte Calvario, etc. y ver y sentir todo aquello
que en dichos lugares se obrd.
2 Si el objeto, que se medita es invisible y de cosa no sujeta á sen­
tidos, como son las virtudes y los vicios, bastará reducir i la memoria
aquella virtud <5 aquel vicio, que propone meditar, reduciéndola á dos ó
tres puntos. Por ejemplo: i de la obligación ó necesidad de practicar­
la ó huirle: 2 cuales sean sus actos: 3 los medios, que pueden faci­
litar su práctica ó su huida.

DE LA SEGUNDA PAR TE.

QUE ES CUERPO DE LA O R ACION.

De las consideraciones.

Las consideraciones se pueden extender y dilatar de diferentes ma­


neras.
1 Haciendo cuestiones é interrogaciones sobre el asunto, que se me­
dita : v. g. diciendo á sí mismo : Por qué es esto? Qué cosa es esta? Qué
es esto? y semejantes; añadiendo sus respuestas. De esta manera habrá
materia suficiente para entretenerse en la oracion.
2 Buscando autoridades, pasos, comparaciones, símiles, ejemplos y
semejantes pruebas, sacadas de las Escrituras sagradas, de los santos
Padres, y de las histtírias eclesiásticas.
3 Ponderando seriamente todas las palabras del paso, ó punto que
se ha tomado por meditar: como sobre aquellas palabras de san Pedro
referidas por san Juau Evangelista (13, G.) Señor, Uí me lavas á mí los
pies? Como si dijera: Vos, Key del cielo y de la tierra: V os, Monarca
del mundo, 4?tc, A mí, que soy un vil gusanillo de la tierra? Un misero y
abominable pecador? etc. lavar? Qué es propio de esclavos y de los mas
viles siervos, etc. los pies? Tan inmundos, sucios y hediondos? etc. O
qué lección! O qué ejemplo de humildad y de caridad! Rehusare, pues,
yo abajarme, humillarme y ocuparme en ejercicios y oficios bajos y
humildes?
4 Reflectiendo á sí mismo* examinándose y diciendo consigo, crees
tu esto? Tengo yo este vicio? Practico yo esta virtud? Tengo estos sen­
timientos? Estoy yo dispuesto para hacer esto? y semejantes.
Para mejor dilatar la consideración, se debe saber, que cuando el
asunto que se toma para meditar es sensible ó visible; como los azotes,
6 la crucifixión, etc. se debe hacer reflexión á todas las circunstancias del
tiempo, del lugar, del fin, de la persona, del modo, etc. pensando en
cada una de estas: QuU, quid 9 ubi, quibus auxiiiis, cur, quomodo%
quando.
Pongo ejemplo en la pasión: quién es el que padece? Jesucristo,
Hijo de Dios, la Sabiduría encarnada. Que es lo que padece? Azotes,
espinas, cruz, ele. Por qué? Por mis pecados, para redimirme, para
salvarme, etc.
También se puede entretener con las personas, que entrevienen en
el misterio: ya hablando con ellas y careando sus sentimientos con los
nuestros: sus afectos y deseos con los nuestros: ya preguntándolas, ya
pensando lo que hacen* dicen ó piensan, i5 pueden hacer, decir y pensar.
Cuando el asunto es invisible ó insensible; como una virtud; uu vi­
cio, un atributo ó perfección divina; como la misericordia, la omnipoten­
cia, etc. Las consideraciones se dilatan examinando la cosa. 1 En si
misma* buscando cual sea su naturaleza o definición. 2 Sus causas 0
necesidad* 3 Sus efectos. O bien siguiendo el método de san Francis­
co de Sales acerca de las virtudes y los vicios. 1 Considerando, qué cosa
sea aquella virtud ó aquel vicio? 2 Cuáles sean sus diferencias, sus in­
dicios, süs actos? etc. 3 Cuáles sean sus efectos? 4 Por qué medios se
pueden alcanzar ó huir?
De los afectos.
Los afectos, que mas ordinariamente se hacen en Ja oracion, son los
siguientes.
1 De amor de Dios. 2 De odio del pecado* 3 De deseo del paraíso.
4 De temor del infierno. 5 De alegria. 6 De tristeza 0 de aversión por
los vicios. 7 De esperanza en Dios. 8 De resignación á su voluntad.
9 De adoracion. 10 De confusion de sí mismo. 11 De compasión de los
dolores y pasión de Cristo, 12 De admiración de la bondad de Dios.
13 De acción de gracias, etc.
Estos afectos pueden excitarse de muchas maneras. 1 Por medio de
coloquios, hablando con Dios, con alguna persona de la Santísima T rin i­
dad , con Jesucristo, con la Santísima Virgen, con los ángeles y santos,
con el alma ó cuerpo propio, con las personas que concurren en el
misterio, que se medita, <5 con otras criaturas, asi inanimadas, como
animadas.
2 Por via de oraciones jaculatorias. diciendo muchas, tí una sola
muchas veces repetida, como aquella de san Agustín: Conózcate á tí, co­
n ó z c a m e á mí: 6 aquella de san Francisco : Quién sois vos. Señor. y quién
soy yo? ó la otra: Dios mioy y tedas las cosas!
3 Por medio de una afectuosa aplicación de los cinco sentidos ima-
ginando, que vé las cosas que se meditan, que las oye. toca, huele 6
gusta,
4 Por via de aspiraciones y exclamaciones: Ah Señor! O miseria! O
ceguedad! Ah Dios! Ah cruel! Ah impío malvado! Qué haces? Ah mi­
serable de mi! Qué he hecho?
5 Por medio de actos exteriores de devocion; como hiriéndose el pe­
cho, levantando los ojos al cielo, besando la tierra ¿ e l crucifijo, exten­
diendo los brazos en cruz, si no está en presencia de otras personas.
De las resoluciones.
Las resoluciones y propósitos se han de hacer acerca de las princi­
pales obligaciones que tenemos con Dios, con el prójimo y con nosotros
mismos: acerca de los pecados, de las malas inclinaciones que sentimos:
de las pasiones que nos hacen mayor guerra: de las ocasiones que nos
traen al pecado: de los impedimentos de nuestro provecho espiritual: de
las virtudes que no tenemos, y que son mas convenientes á nuestro estado.
Estos propósitos en el principio han de ser generales, por ejemplo:
de servir y amar á Dios, de amar al projimo, de hacer penitencia, de
padecer, de ser devoto y santo, etc. En el fin deben ser partictilares, asi
respeto del sugeto, como respeto de las circunstancias. Cuanto al sugeto,
de enmendarse de tal y tal defecto: de ejercitar tal y tal virtud: de huir
tal y tal ocasion de pecar : de quitar el impedimento del provecho espi­
ritual, Cuaato á las circunstancias, de hac'jr aquello tí esto, en tal y tal
tiempo: en tal dia, en tal lugar, en tal hora: acerca de tales y tales
personas: en esta tí en otra manera.
El medio de formar bien estas resoluciones está en observar estos
tres puntos, i Hacer reflexión á las cosas, que mas nos han movido y
convencido, y sacar de esto buenas consecuencias. Por ejemplo : de haber
considerado, que Dios nos sacó de la nada para hacernos aquello que
somos; debemos concluir: luego estamos obligados a' darle gracias todos
los dias de nuestra vida por este beneficio: luego debemos humillarnos y
confundirnos, viendo que nosotros mismos no somos otro que nada. Asi
mismo de la consideración de no haber sido criados, sino para Dios; sa­
caremos: luego todos nuestros p e n s a m ie n to s , palabras y obras deben de
ser enderezadas á Dios y no al mundo ; no i los placeres, no á las cria­
turas, etc. De haber bien ponderado, que Dios no quiere, que nos sir­
vamos de las cosas de este mundo; sino en cuanto conducen á su mejor
servicio, debemos inferir: luego debemos obedecerle en esto y en lo
otro, etc. Luego debemos renunciar desde ahora aquella amistad > aquel
compañero, aquella costumbre, ocasion, etc.
2 Para ejecutar mejor estas resoluciones se han de escoger los medios
mas oportunos; como rogar á Dios todos los dias por la mañana y tarde:
frecuentar los sacramentos, no pasar por aquella calle, mortificar los sen­
tidos, negar su propia voluntad, etc.
3 Quitar los impedimentos, que embarazan la ejecución de estas re­
soluciones: v. g. Qué cosa me impide el que no atienda á hacer una vida
devota? Qué no viva como buen cristiano! Ctímo ejemplar Sacerdote?
Son por ventura los respetos humanos, el qué dirún9 el miedo de ser bur­
lado, el apego i alguna criatura, las malas compañías, las tentaciones? etc.
Pues quiero valerme de tales medios1 para romper estos lazos y superar
estas dificultades, acordándome de lo que dice Cristo Señor nuestro, que:
Quien se avergonzará de mí delante de los hombres, yo me avergonzaré de
él delante de mi Padrey etc.
Se ha de notar, que el fruto principal de la oracion consiste princi­
palmente en hacer tales propósitos particulares5 sin los cuales, ó poco ó
ningún fruto se saca de la meditación.
Se debe mas advertir, que no es necesario, ni tí til hacer muchas re­
soluciones en una oracion; basta por lo ordinario hacer dos o tres: así
que, una sola, que sea buena y bien hecha, ayuda mas, que muchas, menos
importantes, y hechas superficialmente.
Las resoluciones, que se hacen, es bien escribirlas acabada la ora­
cion, notándolas en pocas palabras juntamente con las razones y motivos
que se han tenido para hacerlas, como se enseña prácticamente al fin de
las meditaciones.
DE LA TERCERA PARTE.

QUE ES LrA CONCLUSION.

Del hacimiento de gracias.


1 Se da gracias á Dios 9 de quien tuvimos los buenos pensamientos,
las ilustraciones y resoluciones; porque sucede bien ¿ menudo, que por no
rendirle las debidas gracias, la persona se vuelve indigna de recibir otras
mercedes.
2 Paraque las gracias sean mas aceptas á Dios, se pueden convidar
las criaturas todas, y especialmente la bienaventurada Virgen* los santos
ángeles* y los bienaventurados del cielo, que nos ayuden á bendecir y
agradecer á Dios.
D el ofrecimiento.
1 Este acto, si se hace humildemente y con confianza, no es me­
nos eficaz, que el precedente para alcanzar de Dios nuevos dones y fa­
vores: atento, que por él le ofrecemos cosas, las cuales no pueden serle
sino gratísimas, pues son suyas y procedidas de su Magestad.
2 Se le pueden ofrecer también la oraciones y buenas obras de los
otros, y especialmente de los santos.
3 Se puede áun rogar á la bienaventurada V irgen, al Angel de la
Guarda ó á otro santo, que se dignen ofrecernos á Dios con todos los
pensamientos, afectos y proposites hechos en la oracion.
De la petición,
1 Este acto, como el mas esencial de la oracion, debe ser hecho con
mayor fervor y aplicación.
2 Para mover á Dios á conceder aquello que se le pide, es bien re­
presentarle los motivos por los cuales se juzga debe ser oido; y estos
pueden ser: i Su bondad, misericordia, omnipotencia y los méritos de
Jesucristo. 2 Las promesas que ha hecho de oir nuestras oraciones y los
preceptos, que nos ha dado para rogarle. 3 Nuestra confianza en su di­
vina Magestad y resignación d su voluntad. 4 Nuestra insuficiencia, mi­
seria y necesidad. 5 La intercesión y los méritos de la beatísima virgen
María 5 de nuestro Angel Custodio y de otros santos particulares de
nuestra devocion.
3 Se debe rogar por otros en general y en particular.
Del ramillete espiritual.
Este ramillete (como le llama san Francisco de Sales) consiste en to­
mar una oracion jaculatoria, acomodada á los afectos y resoluciones he­
chas en la oracion, paraque sirva entre dia para renovar la memoria de
las ilustraciones y buenos sentimientos tenidos en la misma oracion:
poF esta se debe repetir de cuando en cuando, particularmente al tocar
el reloj d al comenzar alguna obra.
D e la remota preparación.
De tal manera es necesaria esta preparación, que sin ella es casi im­
posible hacer bien la oracion. Consiste en prevenir el asunto ó misterio,
que se ha de meditar y en disponer el espíritu y el ánimo i . la inedi«
tacion. El asunto se prepara, haciendo tres cosas, r Leyéndole atenta­
mente* v. g. la tarde antes, tomarle bien de memoria y entenderle bien.
2 Previniendo á que tira y el fruto* que de él puede sacarse, que ha d?
ser la enmienda de alguna falta y el adquirir alguna virtud; pues el qnt
medita, se porta como el que se mira en una fuente, que no solo reco­
noce sus manchas por medio de ella; sino que también las lava* 3 Dis­
poniéndole y dividiéndole en algunos puntos principales, como seria en
dos: en las razones y motivos que noj pueden inducir á hacer tal cosa,
y en los medios de que nos queremos servir para hacerla.
Para disponer elánitno, asimismo son menester tres cosas: la prime­
ra, recogimiento interior, ocupando entre dia su espíritu en buenos pen­
samientos, y si es posible, sean conformes al asunto, que quiere meditar.
2 Recogimiento exterior, guardando riguroso silencio, teniendo los ojos
modestos y haciendo todas sus acciones con quietud. 3 Pureza de inten­
ción, renunciando cualquiera curiosidad, y vana satisfacción y todo respe-
to humano, protestando hacer oracion, no por gusto ni complacencia pro­
pia, sino solo por gloria de Dios y por agradarle. No se ha dicho cosa
alguna de la preparación principal, que es la pureza de la conciencia; por­
que se supone, que el que tuviere la conciencia con pecado mortal no se
atreverá acercarse á la Magestad divina, que primero no se purifique con
una buena confesion, alomenos con un acto de contrición verdadera.
Advertencia.
Despues que se habrá hecho de nuestra parte todo lo dicho, debe per­
suadirse el alma, que todas las reglas é instrucciones, poco ó nada va-
leri sin la gracia de Dios; atendido, que toda la industria humana no es
suficiente para concebir un buen pensamiento 6 deseo, si no sopla el aire
suave del Espíritu Santo, cuyo es el don de saber orar, y él lo da, cuan­
do y í quien le place. Y así como seria tentar i Dios, y exponerse á las
ilusiones del demonio (como ya está dicho) si uno quisiese hacer oracion,
sin cooperar con Dios con el ejercicio de las potencias del alma > ó sin
la gura de un buen director; así será presunción, é impiedad atribuir á su
industria y doctrina los buenos pensamientos y propósitos, tenidos en la
oracion. El que en ella hubiere hecho algún progreso, rinda las gracias
á Dios, que es el autor; y se confunda reputándose indigno.
J D F E R T E N C U S IMPORTANTES ACERCA D E L A S DIFICULTA-
des, que se experimentan tal vez en la oracion.

Si después de haber comenzado á practicar este santo ejercido de


hacer cada dia la oracion mental, te pareciere, que no haces en ella pro­
greso alguno, sino que pierdes el tiempo; ten por firme, y sin duda* que
esta es tentación del demonio, el cual bajo este pretexto busca hacerla
dejar. Resiste, pues, animosamente, y continúa eu hacerlo, confiando en
el Señor, que haciendo de tu parte aquello, que debes, presto tí tarde te
ensenará á meditar, particularmente si con los Apóstoles le ruegas á me­
nudo con humildad: Señor, enseñadnos como habernos de orar.
Si te sientes indispuesto, tí de cabeza tí de estomago por la medita­
ción larga, tí por haber ejercitado con violencia los afectos, modera en
adelante tu fervor, y pórtate con discreción y prudencia sin cansar su-
perfluamente tu espíritu.
Si sucediere, que no tienes gusto en la oracion, no pierdas el ánimo:
mas si esto procede de culpa tuya, como por no haber hecho Ja necesa­
ria y debida preparación, humíllate delante de Dios conociendo tu falta
y pidiéndole perdón. Si no es por culpa tuya, piensa que Dios lo permite
para enseñarte que semejantes gustos y consolaciones vienen de su sola
liberalidad, y no de nuestra industria y diligencia: tí bien para probarte
y ver si haces la oracion puramente por su amor y para agradar á su
Magestad, o por tu propia satisfacción. En el tiempo, pues, de tu desola­
ción y sequedad, di ú tí mismo: yo no he comenzado esta oracion por
gusto y consolacion raia, sino puramente por amor de Dios; y asi tam­
bién por su amor quiero acabarla, aunque no halle gusto ni consolacion
alguna.
Si te hallas inquieto y molestado de las distracciones, no dejes por
eso la meditación ni te turbes; porque no siendo voluntarias no son pe­
cado alguno* Busca con suavidad y tranquilidad de espíritu como despe­
dirlas. y para divertir tu mente de ellas ponte á hacer algún coloquio
con Dios, reconociendo que de ti no tienes cosa alguna y que por cto
recurres á su favor* Ayudará también el tomar ocasion de las mismas dis­
tracciones para humillarte mas y confundirte, confesaudo tu gran mise­
ria; pues aun por un breve tiempo no sabes entretenerte con Dios-
Finalmente, si quieres superar las dificultades que en la oracion
mental suelen suceder y hacerla de dia en dia mas provechosa, sírvete de
los medios siguientes.
i Házte familiar la presencia de Dios* pensando que siempre te mira
y en cualquier lugar, y que ve todos tus pensamientos, palabras y obras,
a Repite entre dia oraciones jaculatorias. 3 Lee á menudo libros espiri­
tuales. 4 Frecuenta con gran devocion los sacramentos de la penitencia y
Eucaristía. 5 Conversa siempre con personas devotas y verdaderamente
espirituales. 6 Ten recogidos y refrenados Jos sentidos exteriores , espe­
cialmente la lengua, diciendo el Apóstol Santiago, (3, 6.) que la lengua
es una universidad de maldad, que inficiona todo nuestro cuerpo; y que
es perfecto* el que no peca en el hablar. 7 Practica voluntariamente las
obras de caridad y de penitencia- 8 Pon en ejecución los buenos propó­
sitos y santas inspiraciones, que tendrás en la oracion. 9 Lee de tiempo
en tiempo la meditación de la oracion mental, y tómala tal vez por ma­
teria de la meditación. 10 Aprende bien el método de la oracion arri­
ba puesto, y hazte con la práctica familiares las reglas y enseñanzas que
quedan dichas.

BREVES INSTRUCCIONES PAR A LOS


EJERCICIOS ESPIRITUALES.

Yo llevaré el alma á la soledad, y la hablaré al corazon. Osee 2. 14.

1 Puede cualquier hacer utilmente los ejercicios espirituales : el que


es malo para hacerse bueno; y el que es bueno para llegar i ser mejor:
ni hay hombre, aunque espiritual y docto* ó aprovechado en la virtud, i
quien no puedan ser útiles y aun tal vez necesarios.
2 Hacer estos ejercicios, no es otra cosa, que apartarse por algunos
dias de los negocios y cuidados del mundo, retirándose en alguna casa
religiosa, para considerar con el silencio el estado interior de su alma, y
reconocer la divina voluntad para seguirla, los propios vicios para corre­
girlos, y ordenar la vida de tal modo, que no haya de desplacernos en
la muerte.
3 El fin de hacerlos es diferente, según el estado y necesidad de
cada uno: el eclesiástico y el religioso los enderezan á vivir santamente
en sus grados: el párroco, á gobernar bien sus ovejas: el padre de fami­
lia, a mantener el temor de Dios en su casa: el soldado y el gentil hom­
bre, á servir al señor en su profesion. Algunos los eligen para quitar de sí
algún vicio, ó alcanzar alguna virtud: otros para examinar, y elegir un
estado de vida, que sea seguro para su salvación: por ejemplo, la reli­
gión, etc. otros para disponerse á recibir dignamente los sagrados órdenes,
tí gobernar una iglesia, tí administrar un oficio, que han alcanzado: otros
finalmente para conseguir nuevo fervor en el servicio de Dios, ó para
prepararse á una buena muerte: lo cual cualquiera debe establecer desde
el primer dia y significarlo al director.
4 . Los ordenandos suelen hacerlos por diez dias: d los otros bastan de
ordinario cinco o seis, los cuales son ya suficientes para ganar la indul­
gencia: puede con todo eso el prudente director determinar mas <5 menos,
según la necesidad y estado de quien los hace,
g Las ocupaciones de este tiempo son diferentes. Parte de él se em­
plea en orar y meditar, en que consiste la mayor fuerza de los ejercicios:
parteen leer libros devotos y útiles: parte en prepararse para Ja confe­
sión general; (la cual nunca se deja, si el director no lo juzga de otra
suerte) y parte en rezar algunas oraciones vocales. Se debe estar en si­
lencio, y retirado, porque la soledad y el retiro preparan el alma á la
gracia, mas la divina Bondad paga bien presto y largamente el tedio, que
tal vez se siente en los primeros dias, con la consolacion interior y con
la paz de la conciencia, que da en los líltimos.
6 E l director suele visitar al ejercitante dos veces al dia en su apo­
sento* y entonces se le da cuenta de las meditaciones hechas y de las
luces recibidas en ellas, y se le muestran las resoluciones que se han es­
crito : sediceaun, si se padece algún trabajo de cuerpo y de espíritu; mas
si se padeciesen escrúpulos, se le manifiestan desde la primera visita: al
entrar y salir del aposento, se hincan ambas rodillas en tierra para in­
vocar el divino favor.
7 Los medios para hacer bien estos ejercicios, despues de la divina
gracia, la cual se debe implorar de continuo con fe y humildad, son:
1 Empezar con gran fervor y con vivo conocimiento de la necesidad,
que de ellos se tiene, á Hacerlos puramente por agradar á Dios, y nun­
ca por algún fin 6 respeto humano. 3 Observar exactamente las cosas
prescritas» y sobre todo hacer á sus horas la meditación y lectura. 4 Des­
cubrir sinceramente su conciencia al director, y sujetarse á él como al
mismo Dios. 5 Tener siempre delante de los ojos la principal necesidad
de su alma; como por ejemplo, de dejar tal pecado, de huir tal ocasión ó
tal compañía: no se hace, einperrf, algún voto o penitencia extraordina*
ria, sin participarlo al director.
8 En el principio, antes de todo, se lee atentamente esta instrucción,
el drden 6 empleo del dia, y método de la oracion m ental, y se vuelven
á leer aun dos ó tres veces en el curso de los mismos ejercicios; y si se
halla alguna cosa, que no se entienda, ó se crea no poderla hacer, se ha­
bla de ella con el director. En los tres primeros dias se aplica á conocer
la gravedad del pecado, y á concebir dolor de él y proposito fírme de no
cometerlo jam as, y se dispone la confesion general para el tercer dia,
para comulgar despues ó decir misa al cuarto, sino le pareciere mejor al
director de otra manera; y despues se atiende á buscar el modo, para es­
tablecerse en el bien comenzado.
9 Mas porque esto no se puede hacer, sino se quita del hondo del
corazon la raiz y la causa de los pecados, que son los malos hábitos, las
malas inclinaciones, las pasiones desordenadas y las ocasiones próximas,
que suelen hacer reincidir en los mismos pecados; es menester por esto
tomar medios eficaces para servirse de ellos, despues de los ejercicios,
entre los cuales uno de los mejores es* hacerse en escrito una regla de
vida acomodada al propio estado, y un compendio de todas la resolucio­
nes tomadas en las meditaciones, singularizando, lo mas que se pueda, el
lugar, el tiempo y el modo de practicarlas. Este es el principal fruto de
los ejercicios:, y si no se hace, es casi como si se hayan hecho en vano.
10 Se procura en este tiempo hacer todas las acciones del dia, es­
pecialmente las oraciones, los examenes, oficio divino, m isa, etc, con la
mayor devocíon, que se pueda; y los sacerdotes es menester, que se ejer­
citen en las ceremonias de la misa, siempre que se juzgáre conveniente.

Para la meditación.
r No se toma otro asunto, para meditar, que el señalado por el di­
rector.
2 Se leen antes los puntos muy de espacio y con atención; y para
mayor facilidad, los principiantes pueden tener el libro abierto, leyendo
juntamente y meditando.
3 El libro, que se lee para las meditaciones, por lo regular no con­
tiene otra cosa que las consideraciones: cada cual, empercí, ha de sacar
de ellas varios afectos; como por ejemplo: de dolor de sus pecados, de
amor de Dios, de agradecimiento, de humildad, etc. y buenas resolucio­
nes de mudar la vid a: v. g. de hacer tal, tí tal cosa. Se empieza con la
preparación, y se termina con la conclusión, como está notado en el mé­
todo y hoja estampada.
4 El tiempo de la meditación de ordinario es de una hora, si el di­
rector no lo ordena de otra manera; y el que no la puede hacer toda ar­
rodillado, haga por lo menos la preparación y la conclusión.
5 Hallándose seco y combatido de distracciones, no debe desani­
marse, y mucho menos dejar la oracion; mas se ayudará, ahora con le­
vantar el corazon á Dios, ahora con actos interiores; como de humildad,
de adoracion, de confianza en Dios, etc. ahora con actos exteriores de
devoción, si está solo; como darse golpes á los pechos, besar un crucifijo, etc.
6 Al fin de la meditación se escriben las resoluciones, que se han
hecho, notando aun brevemente el modo y tiempo de practicarlas, y el
motivo que se ha tenido de hacerlas.

Para la lectura espiritual.


1 No se leen otros libros, que los señalados por el director, ni aun
otros capítulos.
2 Se debe leer de espacio, con atención y devocion, no por curiosi­
dad tí divertimiento, ni se pasa adelante, si primero no se ha entendido
bien aquello que se ha leído: mejor es leer poco y con reflexión, que
pasar muchas páginas á la ligera.
3 Despues de la lectura se hace advertencia brevemente i las cosas
leídas* para imprimírselas mejor; y si se ha sacado alguna resolución s se
escribe juntamente con las de la meditación.
Algunas observaciones.
1 Por la mañana luego de levantado y vestido, se compone decente­
mente la cama, si 110 es que haya quien lo haga,
2 No se deje ver en la estancia o fuera de ella , con la toquilla de
noche, ó no del todo vestido: si es eclesiástico, siu sotana; ni se va por
la casa con batas.
3 Estando en la estancia o caminando por casa, se hace el menor ru­
mor, que sea posible.
4 Al partirse de la estancia para hallarse en algún ejercicio común;
como oir inisa9 hacer el examen de conciencia* ir al refectorio, etc. guár­
dese silencio y modestia: yendo despues á la iglesia para dar gracias á
Dios, se arrodilla, como lo hacen los de casa.
5 Encontrándose con alguno de casa 0 de fuera, que quisiese hablar,
se debe escusar, y se guarda el discurso para despues de los ejercicios; si
no fuese, que el negocio no sufriese dilación, y entonces se obtiene li­
cencia del director: lo mismo se observa con las cartas, que se reci­
biesen.
6 Con el director se habla solamente de cosas concernientes á los
ejercicios, y no de las novedades det inundo» de negocios temporales, de
ciencias, etc. ni con voz alta.
7 Por la mañana se levanta luego, que es avisado de quien tiene el
oficio de dispertar, y á la noche 110 tome i mal, que le sea abierto el apo­
sento de quien lo visita, para ver siesta apagada la luz.
8 No se va al aposento de los otros, ni se permite á alguno, que en­
tre en el suyo, ni ninguno se asoma á la ventana.
9 No se escribe, ni se hace alguna señal sobre libros 0 papeles es­
tampados, imágenes, bufetes, paredes 6 ventanas, fuera de las cuales no
se echa cosa alguna, ni se ensucian las paredes con saliva, tinta, etc.
10 No se toma copia de cosa alguna sin el consentimiento del direc­
tor.
11 Los sacerdotes suelen decir misa, y los otros comulgarse, solo
despues de hecha la confesion general.
1 2 Un cuarto de hora despues del examen de conciencia y oración
de la noche, cuando se hace la señal con la campana, se acuesta; habien­
do primero apagado la luz lejos de la cama , por evitar todo peligro de
fuego: asi como también la debe apagar todas las veces » que se parte
del aposento.
|6 MANUAL

13 Acabados los ejercicios, se va con el director á la iglesia, para


dar gracias á Dios de los beneficios recibidos y pedirle el don de la
perseverancia.

DIOS TE VE 4> DIOS TE OYE, BIOS TE


HA DE JU ZG A R .

EMPLEO DEL DI A
EN LOS EJER C IC IO S ESPIRITUALES.

A M ORA S.

5 y media. . . . L evantarse.
6 y inedia. . . . Escribir las resoluciones y buenos pensamientos de
la oracion; y esto se observa despues de otras oraciones
mentales del día.
Re20 de las horas canónicas, por quien está obligado;
y por los otros, rezo de las de la Virgen lí otra ora­
cion vocal.
Lección espiritual en el libro señalado por el director,
hasta la misa.
8 y media. . . . Oir, ó celebrar misa; y despues examen para la con­
fesión general» 6 rezo del rosario y otras oraciones vo­
cales.
9 y media. . . . Oracion mental por una hora, y escribir las resolu­
ciones, como arriba.
i i ...................... Exámen particular, comida, visita del director d con
ferencia con él.
Despues media hora de descanso.
2........................ Vísperas y Completas.
2 y media. , . . Oracion mental por media hora, y escribir las reso­
luciones.
Lección espiritual, examen para la confesion general,
rezo de oraciones vocales.
4- • . .............. Maitines y laudes para el dia siguiente.
5 ........................ Oracion mental por una hora, y escribir las resolu­
ciones.
7 . .................... Exámen particular, cena, visita del director ó sea con­
ferencia con él.
8 y tres cuartos. Exámen general de todo el d ia , con las acostumbra­
das oraciones vocales, todos juntos en la iglesia 6 capilla;
y vuelto á su aposento, leer los puntos de la oracion se­
ñalada para ia inanana 5 y acostarse.
Nota primero 5 que las horas destinadas para el eximen
de la confesion general > despues de hecha, los últimos
dias se pueden emplear en considerar y reconocer sus
malas pasiones é inclinaciones 9 buscando medios para
vencerlas en adelante, y también en hacer y ajustarse
un reglamento de vida para adelante 9 según su estado.
Nota segundo, que en orden á las oraciones mentales,
pertenece á la prudencia del director señalarlas todas 9 ó
quitar alguna, según la disposición de quien hace los
ejercicios.
Nota tercero 9 que en los dias de ayuno se retardan
media hora todos los ejercicios de la tarde.
N o t a . Porque en los ejercicios espirituales se hace ordinariamente
confesion general ó de toda su vida 5 si nunca se hubiese hecho, ó alo-
menos desde la ultima bien hecha, y de que se quedrf con satisfacción,
siendo este e! único fin , que algunos tienen en retirarse ó hacer los
ejercicios, se pone aquí el siguiente interrogatorio, que servirá al exámen
de la conciencia: y para facilitarle mas, se dispone en forma de diálogo,
preguntando el confesor y respondiendo el penitente, como trae en sus
doctrinas el insigne y celebrado misionero el padre Pedro de Calatayud
de la compañía de Jesús5 asegurando, que es este el modo mas expedito*
breve y solido 3 para confesores y penitentes.

EXÁMEN D E LA CONFESION G E N E R A L , Y MODO


PRÁCTICO DE HACERLA.

Penitente. Padre: yo vengo á hacer confesion general de toda mi vi­


da: (d de diez aííos, d cuatro, etc.) soy casado ha tantos años: mi em­
pleo es de mercader: tanto tiempo ha que no me he confesado.
Confesor. Pregunto: has callado advertidamente y por vergüenza al­
gún pecado mortal en tus confesiones? P . Si Padre, desde niño hasta
hoy callé uno. C. Y pensabas en él cada vez, que ibas á confesar? P . Si
Padre. Dirá ctrú : No Padre, nunca me ha venido á la memoria > hasta
ahora, que he leido este interrogatorio. C. Esto se ha de examinar bien,
si es, ó no es así: mas supuesto que sea verdad > que no te acordabas,
mientras estabas á los pies del confesor, no por eso fueron malas las
confesiones. Otro dirá: padre unas veces pensaba y otras 110. C. Eran
las mas o las menos? P. La tercera parte. C. Cuántas veces al afío te
confesabas, antes déla edad de comulgar? P . Unos años con otros9 5 0
6 veces al año, poco mas <5 menos. C. Y despues que empezaste á comul­
gar ? P. Tres años una vez cada m es, <5 una sola al año; ó de tres a' tres
meses * discurro, que un año con otro serian cuatro veces al año. C. Has
cumplido las penitencias impuestas por los confesores? P. No Padre; por
tres años9 que viví en mala amistad* no cuide de eso : otro: unas diez
veces las he dejado. C. Examinabas con cuidado la conciencia cuando
habías de confesarte? jP. Era muy poco el tiempo, que ordinariamente
gastaba en eso.
Sobre estas preguntas, como basas fundamentales 9 se va formando la
confesion.
Primer mandamiento.

Con/. Has consentido , d te has detenido voluntaria y advertidamen­


te , dudando contra algún misterio de nuestra santa fe? P . Padre > yo
me desconsuelo, que se me ofrezcan, y procuro desechar todas las dudas
ó pensamientos, que me vienen. C. Pues, no has pecado. Has desconfia­
do de la misericordia de Dios? P. Si Padre, seis veces. C. Has hablado
mal de Dios tí de sus santos , diciendo: por vida de D ios; por vida de
Cristo: voto á Cristo: sagrados y coronados. Foto á Dios: reniego de Dios
y de los santos: maldita sea su justicia ó su gobierno: por las entrañas
de la Virgen 5 ó por la cabeza de san Pedro, ó cosa semejante ? P . Si
Padre, seis años h a, tengo costumbre de hablar así* y serán entre unos
modos y otros, y una semana con otra , cinco veces cada semana. 0 . Pues
hermano mió, cinco horrendos pecados de blasfemia has hecho cada se-
mana en todo ese tiempo. Nota, que si no ha habido costumbre, sino que
ha sido tal cual v ez, bastará decir lo que sea\ por ejemplo, ocho veces al
año, ó veinte veces en toda mi vida, conforme entienda 6 haya examina­
do. C. Has usado de nóminas? cédulas <5 ciertas palabras, para curar bru­
tos, niños ó personas enfermas, que se teme (bien que ordinariamente
sin fundamento) estar hechizados? P. Si Padre. C. N ota, que si sabes
alguna persona, que cure de este modo, la debes delatar al santo tribu-
nal de la Inquisición, so pena de pecado mortal, y de quedar excomul-
gado si no la delatas. C. Has recibido el sacramento de la confirmación,
del órden^ del matrimonio ú otro, estando en pecado mortal? Si Pa­
dre: me ordene' y me casé en pecado, y comulgué tantos años con él.
C, Cómo va de doctrina cristiana? Has ignorado por negligencia, ó por
vergüenza en aprender, o ir , ó preguntar los misterios de la fé y loque
es necesario para salvarte; como son el de la Santísima Trinidad, el de
la Encarnación, el Credo> entendiéndole en la substancia, el padre
nuestro, los mandamientos de la ley de Dios y de la santa madre Igle­
sia , los sacramentos9 y todo lo que es necesario para confesarse y
comulgar bien, y para cumplir bien con el estado, oficio y empleo
que tienes? P . Alguna omision he tenido en saber mis obligaciones, y
le ruego me pregunte acerca de eso.
Segundo mandamiento.

Gonf. Has tenido costumbre de jurar con mentira, tí sin bastante re-
flexa de lo que jurabas, tí afirmando con juramento lo que dudabas? P ,
Si Padre. C. Con qué palabras jurabas? P . Padre, deria: en buena fe :
como soy cristiano, etc. Eso no es juramento; dirá otro: Padre decía:
por esta cruz de Dios: los diablos me lleven: por D ios: juro á D ios, etc.
Esto s i, que es juramento ( para averiguar pues el confesor, cuanta sea la
costumbre de caer así en este vicio, como á proporcion en otros, que se
irán declarando, puede preguntar de esta suerte:) C. Cuántos años tuvis­
te esta costumbre? P . Padre, diez años. C. Y ese jurar con mentira, ó
en duda, ó sin examinar bien la verdad, cuántas veces seria cada sema­
na, ó una semana cor otra? P * Padre, una semana con otra, computan­
do las semanas que no juraba, d era rara v e z, con las que juraba mas i
menudo , seria á cinco juramentos cada semana, poco mas ó menos. La
misma cuenta se puede hacer á proporcion un mes con otro, especialmen­
te cuando la costumbre no es tan fuerte. P - Padre, dice otro: yo no
puedo averiguar, cuanto tocara'n á cada semana, C. Pues dimes ese ju­
rar con mentira era todos los dias? Todos, todos? P - No Padre. C Se­
rán los mas de ellos tí los menos? P . Me inclino á que serian los mas.
Padre, dice otro: aun eso no puedo decir. C. Pues dime, pasábanse al­
gunos dias juntos en blanco y sin jurar? P . Si Padre, ya se pasaban
los dos dias, ya los cuatro, ya Jos ocho en que no juraba, y luego vol­
vía á jurar. C. Hubo alguna enmienda por alguna temporada, v. g* por
un mes tí dos? P . No Padre. Otro dirá: Si Padre, en el término de
diez años en diferentes temporadas, estuve unos tres meses sin pecar, y
luego volví á caer. Esto ba¿ta9 sin haber mas que preguntar, ni decir,
ni es menester explicar la diversidad de la materia, ó forma de los jura-
mentas; porque todos son de una especie, ni ir contando uno tras otro;
porque seria nunca acabar: si solo hacer el computo prudencial como que­
da explicado.
C- Dime, juraste en falso con daíio de otro en su honra, vida ó
hacienda? P. Si Padre. C Juraste sin ánimo de cumplir lo que prome­
tiste, v. g, casarte con N. castigar al hijo, no dar la mercadería menos
de tal precio, etc. P . Si Padre, por seis veces. C. Quebraste el juramen­
to que hiciste de cumplir fielmente con el oficio de corregidor, magistra­
do, juez, escribano, etc. ó de ciertas leyes del arte, que profesas y
están en vigor? P. Por tantos anos no cumplí con mi oficio en cosa gra­
ve seis veces cada mes, unos meses con otros.
C. Has sido causa, que otro jurase en falso, tí ocultase la verdad?
.P. Si Padre , en un pleito una vez, y otra en un matrimonio.
C. Prometiste con juramento, tí hiciste voto de no cometer tal peca­
do feo? tí de ir á tal santuario? tí de entrar en religión? P . Tres años
ha que hice el primero, y le quebré, recayendo tantas veces al año en
el mismo pecado feo. Ocho anos h a , que por pereza dejo de visitar tal
santuario, teniendo bastante escrúpulo de esta omision.
C. Tuviste el vicio de maldecir á los domésticos , tí á otros, que te
hayan injuriado ? P . Padre , desde los doce años de mi edad hasta los
treinta maldije con impaciencia á los de casa, tí al ganado, tí al vien­
to , etc. muchas veces al d ia ; por el espacio de tres años, en diferentes
tiempos eché plegarias de corazon á dos personas, con quienes estaba
reñido, cuatro veces unas semanas con otras entre las dos personas; y
á mas de lo dicho en estos diez y ocho anos, habré tenido pendencias,
y prorrumpido en maldiciones, que no puedo averiguar, si siempre
iban de corazon, aunque discurro, que si irían en aquel ímpetu de ctí-
le t a , ya con uno* ya con otro, veinte veces cada año.

Tercer mandamiento*

Conf. Tuviste vicio de trabajar tí hacer trabajar en las fiestas, por


codicia y sin verdadera necesidad, diciendo para contigo: esta ocasion
no es de perder? Penit. Si Padre, por tres años tuve este vicio, las mas
de las fiestas cada aña. Otro dirái la cuarta parte de ellas. C. Pasaba de
dos horas el tiempo, que se consumia en el trabajo? P . Padre, la ter­
cera parte de las veces dichas, pasaría de dos horas, y las demas sería
una hora ú llora y media. C. Pues pecaste mortalmente todas las veces,
que pastí de dos horas, por ser tiempo notable; y las demas pecaste ve-
nialmente.
C. Dejaste la misa algún dia de fiesta, o te pusiste voluntariamente
á peligro de perdería? P . Si Padre, en diez afios, ocho veces cada año.
C. Pues hermano sepas, que el ponerse uno en peligro de no oir misa
es pecado mortal, aunque se oiga; como, y el estar divertido en ella
por tiempo notable, como seria la tercera parte de la misa.
C. Abultaste achaque á título de noble, rico tí delicado, paraque se
te diese licencia de comer carne en cuaresma <5 dias prohibidos? O la
comiste sin necesidad o por gula en esos dias? jP. Si Padre, dos veces
en toda mi vida, JVoío, que si en dia prohibido se come carne sin causa
tres veces, se cometen tres pecados mortales, y lo mismo sucede comien­
do huevos sin bula de la Cruzada en cuaresma, pecando cada vez, que
se come de ellos. C. Quebrantaste ayunos sin causa o en duda de ella,
sin deponer la duda? P . Si Padre, la mitad del año he dejado de ayunar,
pudiendo * y tres veces sin salir de la duda. C. Has dejado de rezar el
oficio Divino <5 parte de él? P . Padre, seis veces.
Cuarto mandamiento.
Conf. Has tratado, hablado ó respondido ásperamente 6 con ceño
al padre, madre, suegra, amo 6 mayores? P . Por ocho años respondí
con mal modo á la madre viuda, al padre viejo, suegro, tí madrastra,
que tenia; tanto* que les hacia pasar una vida triste y amarga, o Ies
daba ocasion de maldecir y exasperarse- C. Todos los dias ? P . No Pa­
dre. C. Un mes con otro, tí una semana con otra , qué veces serian ? P .
No lo puedo decir. C. Se pasarían algunos diasen blanco? P . Si Padre,
pasábase ya la semana, ya los doce dias, que no reñíamos; otras veces
era cada dia y aun muchas veces al dia. C. Les has echado maldiciones
en s.u presencia, bien que sin ánimo de que les alcanzaran? P . Si Padre,
seis veces. Eso es pecado grave contra el respeto debido á los padres, etc.
C. Has desobedecido al padre 5 madre, amo ó superior, cuando te man­
daban cosas de importancia, y tocantes á tu bien ; como que no tratases
con fulano5 que no entrases en tal casa, que te aplicases al estudio ú
oficio, que no salieses de casa por la noche, que no fueses á la casa del
juego 5 ó á la taberna, y frecuentases los sacramentos ? P . Si Padre, por
tantos aiíos á menudo les desobedecía en esas cosas. C. Pues todo este
tiempo viviste en pecado. C. Te has descomedido con algún sacerdote,
persona de gobierno, u hombre anciano y respetable? P . Si Padre, tan­
tas veces. C Has cuidado 9 de que tu familia sepa bien la doctrina cris­
tiana, y de que viva honestamente, que no duerman juntos, ni en tu ca­
ma tus niños y niñas, cugndo llegan á los 7 , 9 ó 12 años? P* Padre,
tanto tiempo he pasado en este descuido mortal. C. Te has aplicado á
ganar de comer en tu empleo para alimentar á tu mnger, hijos y padres?
etc. P , No Padre, seis años h a, que muy frecuentemente pierdo el
tiempo en juegos y diversiones, dejando perder mi hacienda y perecer
mi familia. C. Pues hombre vives en pecado mortal. C- Has tenido al­
gún odio á tu muger, o la has mostrado desafecto con obras tí palabras?
P . Si Padre9 suelo mirarla con ceño, y la hablo con aspereza tres años
ha. C Y te has arrepentido algunas veces en ese tiempo de ese pecado?
P . No Padre* C Pues has vivido en continuo pecado mortal. C. Violen­
taste á tu hijo tí hija á tomar estado contra su voluntad? P . Si Padre,
<5 no Padre.
Quinto mandamiento.

Conf Has tratado nial de obra tí palabra á alguno ? Penit. Si Padre,


por tres veces dí de palos á otro en diversos tiempos, y andábamos ros­
trituertos los ocho ó doce dias, y luego nos hacíamos amigos. C Has vi­
vido algún tiempo sin comunicar con algún pariente tí vecino, con quien
tuviste alguna riña ó desazón? P . Si Padre, seis años h a, que no entro
en su casa 9 ni él en la mía, ni nos saludamos como Dios manda. C. So-
lias allí dentro idear modos de hacer mal, complaciéndote de ello? P *
Si Padre, frecuentemente. C. Y cuando se ofrecía hablar de esa persona
murmurabas? P . Si Padre, decía: que era un sugeto de tal y tal pro­
ceder : que era una infamia lo que conmigo había usado y otras cosas á
este tono. C. Era eso muy á menudo? P . Padre, unos meses con otros,
diez ó doce veces al mes. C. Le echabas plegarias de corazon ? P . Si
Padre, los dos primeros anos, los mas de los días, y despues acá, cin­
co ó seis veces al mes. C• A otros has deseado mal ? P . Si Padre „ i
diferentes mas. C- Te solia durar mucho tiempo el escozor ? P . Si Padre,
con unos se me pasaba luego, con otros me duraba, ya un mes, medio
ano, dos anos, ya mas y ya menos. C. Con cuántas personas, y entre
estas, por cuanto tiempo te duraría el mal deseo? P . Padre, con seis;
aunque con unos por mas tiempo, que con otros; pero computado todo
el tiempo en que tuve mala voluntad á alguno de ellos, discurro, que
llegaría á componer el término de seis años, en que continua ó casi
continuamente maldecía, y deseaba mal á uno ií otro. C. Los demas mo­
vimientos de cólera con unos y otros, que se te pasaban luego, serán
muchos al mes, un mes con otro? P . Padre, siete, poco inas ó menos.
C. Y en todas esas ocasiones les deseabas m al, 6 maldecías de corazon ?
P . Padre, no lo puedo averiguar ¡ me acuso de ello, como haya sido
delante de Dios.
C. Te has deseado por despecho la muerte u otro mal grave?
P . Si Padre, en tantas ocasiones en que me hallé desesperado y
aburrido. C. Has tenido vicio de comer tierra, sal, barro, ó beber con
daño grave de tu salud ? P . Por cuatro años tuve este vicio , en que caía
tantas veces, una semana con otra, y en el de beber hasta privarme en­
teramente de razón, seis veces en toda mi vida. C* Usaste remedios, (ó
los diste ó aconsejaste) para no concebir, para abortar ó mal parir?
J?. Si Padre, una vez di á una muger una bebida para ese efecto , etc.

Sexto mandamiento.
En este mandamiento se pueden ir examinando: lo primero los pe­
cados de obra consumada; lo segundo los tocamientos: luego las pala­
bras, y por fin los pensamientos; con la advertencia de valerse siempre
de los términos mas modestos, y del todo precisos para darse á enten­
der, sin individuar ciertas menudencias, y modo, que suelen acompañar
los actos torpes, que ni es necesario para confesarse bien, ni pueden
decirse sin gran confusion y vergüenza del que se confiesa, ¿irreveren­
cia al sacramento que se recibe. Y porque en los pecados contra este
mandamiento se ha de hacer distinción de los que se cometieron por
persona ó con persona libre, á los otros, que fueron cometidos por per­
sona> o con persona casada, ó consagrada* tí parienta, dele un mismo
sexo; por esto, para proceder con mayor claridad, iré preguntando así.
Conf’ D iine5 cuándo eras niño hiciste alguna picardía con otro niño
ó niña? Penit. Si Padre-dormía con una hermanita, ú hicimos el pe­
cado tantas veces; y con otras tres muchachas vecinas, hice lo mismo,
cinco veces entre las tres; y en la niñez no hubo otra cosa* C. Despues
mas crecido, has tenido que ver con alguna, ó algunas mugeres, vi­
viendo en mala amistad con ellas? P . Padre, desde los quince años
hasta Jos veinte y cinco que me casé, he vivido enredado con cinco,
v. g. C. Eran casadas o solteras? P . Tres eran casadas y dos solteras.
C. Con Jas casadas entre unas y otra3, cuanto tiempo tuviste la mala
amistad? P . Padre, con una cinco meses, un ano con otra, y con la
otra nueve mesís y medio: será entre las tres, dos años y dos meses y
medio, poco mas tí menos, C. Cortaste por alguna temporada esa comu­
nicación con alguna de ellas? P . Si Padre, estuve fuera un verano, y
dos meses enfermo, que no las vi: bien que me quemaba de pensamien­
tos. C. Y qué veces te veías con esas en su casa. 6 en otra pnrte, ca­
yendo en la obra, en ese año y nueve meses que quedan, quitados los
dos meses de enfermedad y los tres de verano ? P . Una semana con
otra, (o' un mes con otro) serian v. g. cuatro veces. C. Con las dos sol­
teras cuánto tiempo durtí la comunicación ? P . Dos años entre las dos,
no contando cuatro meses, que hubo de suspensión, por una ausencia
que hice. C. Cuántas veces caías con ellas en esos dos años* cada sema­
na? P . Padre, llegará ¡í una vez cada dia, unos dias con otros. C Con
otras mugeres has tenido costumbre de pecar aquí dos, allí cuatro peca­
dos, ocho, diez, etc. hasta que te casaste? P . Si Padre, desde Jos quin­
ce hasta los veinte y cinco* que me casé, he tenido de ese modo con
muchas. C. Entre unas y otras - á cuántas veces llegaría al m e$?P. Á
tantas, v. g. ocho, poco mas o menos; porque, aunque alguno ií otro
mes. c> por no haber ocasion, ó porque Ja conciencia me remordía, me
contuve, pero otros caía con mas frecuencia. C. Y de ese mímero de ve­
ces,, cuantas seria cotí casadas y cuantas con solteras? P . Padre, la
mitad con unas y la mitad con otras. Otro dirá: la tercera o cuarta
parte de veces con casada ? y las demas con libre.
C. Y despues de casado? P . Desde Jos veinte y cinco años que me
case, hasta ahora que tengo cuarenta, ha sido con menos frecuencia:
seria la mitad, tí la cuarta parte de las veces dichas, y las mas de ellas
con casadas. C. Y ha habido algun amancebamiento con algunas de ellas,
de quince tí treinta dias, ó de mas tiempo? P . Si Padre, con una ca­
sada dos semanas, con otra tres, y con una soltera cuatro años. C. Con
esas dos casadas en las ciaco semanas cuantas veces caíste? Y cuántas
con Ja soltera de los cuatro años? P . Padre, con las primeras una vez
cada dia, y con la soltera la tercera parte de cada un ano, poco irías
o menos.
C. Has ido solicitando á tinas y á otras al m al. ya con palabras,
ya con acciones? P~ Si Padre, discurro que entre aquellas que logré, y
las que no pude lograr de los quince á los veinte y cinco años, entre
casadas y solteras, seria diez veces al mes; sin contar una paríenta ca­
sada, que la solicité veinte y cuatro veces; y despues de los veinte y
cinco años que me casé, hasta los cuarenta que tengo (quitados seis me­
ses que he sido viudo, y no me cuidaba de estas cosas) habrá sido dar
ese escándalo y ocasion de ruina cuatro veces al m es, poco mas o me­
nos.
Conf. Has tenido tocamientos con otras personas, con quienes no
caías de obra* y con las que has caído también , pero en tiempos en que
no llegabas á la obra , sino que por algún accidente te quedabas en so­
los tocamientos? N ota, que los tocamientos que preceden á la obra, y
los que se siguen, como apéndices y complemento de ella, no es menester
confesarlos, porque ya se entienden en la misma obra que se confiesa; y
por esto solamente se habla en esta pregunta de los tactos, en que no se
pasa mas adelante. P . Si Padre, ese ha sido muy frecuente: entre casa­
das y solteras, que no puedo sacarlas en limpio: seria cuando mancebo,
tres ó cuatro veces cada semana, y lo mismo despues de casado á poca
diferencia. Otro dirá conforme halle en su conciencia.
C, Con tu consorte antes de casarte, tuviste comunicación torpe?
P . Si Padre, por un año que la galanteé, la estuve tocando los mas
de los dias, y caí con ella veinte veces, bien que en estasi paraque no
quedase preñada , derramé fuera , (nota , que esta circunstancia si ha sum
cedido con otras, se debe explicar) y siempre me quedaba con el deleite
ó pensamiento, á mas de lo quedaba á decir al pueblo 6 vecinos.
C- Has llevado á otros á pecar, dándoles ese escándalo? P . No Pa­
d re, siempre he ido solo. Otro dirá: cinco veces he sido causa, que
otro viniera 4 y una vez de estas fué un casado al que descaminé. C. Has
servido al amo, ama ó amigo, llevando, trayendo recados, villetes, 6
regalos, ó admitiendo en tu casa, como en depósito, la manceba <5 galan?
P* Si Padre, por tanto tiempo, y con tal frecuencia y estado de perso­
nas* C. Pecaste con tu consorte por carta de mas; esto es, con excesos,’
ó modos abominables, ó por caria de menos, no pagando la deuda á
que te obliga el matrimonio? P . Si Padre, lo primero, será una vez la
semana , por el término de diez años; y lo segundo, tantas veces al mes,
por tiempo de dos aííos.
C. Has tenido costumbre de hablar deshonestamente, ó referir cuen­
tos deshonestos? P . Si Padre, desde los quince años hasta los veinte y
cinco que me casé, era muy ordinario, y dias de muchas veces* ya con
hombres, ya con mugeres; mas desde que soy casado, es poco, serán
dos 6 tres veces al mes, y sin intención de provocar. C Has leído li­
bros deshonestos? Has escrito billetes amatorios? P . No Padre, ó si
Padre, tantas veces. C* Te has alabado de haber tenido cosas feas con
alguna persona ? P» Si Padre, tantas veces: ó no Padre.
C. Tuviste con otros muchachos, <5 á tus solas, y contigo mismo to­
camientos feos y deleites, sirviéndote de tus propias manos, como de
instrumento para la maldad? P . A h í Padre mió, este es mi atolladero.
C. Pues vaya, que ha habido ? P . Padre , en la edad de siete lí ocho
años, un hermanito mas grande que yo me empezó á tocar, luego lo hi*
ze yo con otros de la escuela; y de aquí me quedó á mí la mala cos­
tumbre de ese maldito vicio. C. Con el hermano fue muchas veces? P .
Si Padre, en dos años que dormimos juntos, seria tres ó cuatro veces
cada semana. C. Y con los otros muchachos > qué veces seria ? P . Padre
con uno cuatro, con otro seis, diez con otro; entre todos discurro 5 seria
cincuenta y cinco veces, poco mas ó menos. Dirá otro: serian dos veces
cada semana, entre unos y otros, en dos anos que anduve á la escuela.
C. Y abriste los ojos á alguno, ó algunos de ellos, para ese vicio. P . Si
Padre5 á uno yo se lo enseñé. Otro dirá: no Padre, ya lo sabían hacer;
ellos me lo enseñaron. C. Hicisteis otra cosa mas fea alguna vez ? P . Si
Padre, cometimos sodomia tantas veces. C. Contigo mismo íí tus solas
has estado mucho tiempo en este pecado? P . Si Padre, desde los diez
años que comenzé, hasta los veinte y cinco , que me casé, llegaría a' tres
<5 cuatro veces por semana; porque aunque pasase los ocho ó diez dias
que no me cuidaba de eso, otros lo hacia tres veces al dia, C, Despues
de casado has continuado en ese pecado? P . Padre > tanto como costum­
bre, no; pero algunas veces que he estado ausente de mi muger, he
vuelto á cometerlo; pienso , que un ano con otro, hasta los cuarenta que
tengo, serán tres veces cada año.
C. Al ver mugeres, andando por las calles, caminos, iglesias, mi­
rando á ventanas y puertas, ó tratando con ellas en tu tienda, tí otra
parte solias mirarlas con curiosidad? Se te venían á menudo pensamien­
tos malos? P . Padre, de los doce años hasta los veinte y cinco, fue sin
frenoj y siempre con el pensamiento abierto; despues de casado, que
me tomaron otros cuidados, no ha sido tanto , seria una vez en la sema­
na* C* Solias, cuando se te ofrecían esas imaginaciones feas, apartarlas
recurriendo a Dios, á la Virgen Santísima , ó á los santos? P . Padre, ra­
ra vez. Es tú de pensamientos, como es moralmente imposible al que ha
vivido desenfrenadamente * y con apego á este vicio, decir el número, la
cualidad; ni si los consentía ó no; basta que se explique en el modo d i*
cha, puraque entienda el prudente confesor el estado del alma del peni-
tente.
Séptimo mandamiento-
Conf‘ Has quitado alguna cosa á otra persona contra su voluntad y
derecho en materia grave ? P . Si Padre, a mi padre o á mi t io , en re­
petidas veces Je habré hurtado tanta cantidad, v. g. trescientos doblones.
C En cuantas veces Je quitaste todo eso? P . En sesenta, poco mas o
menos. C. Y cada vez tomabas materia grave? P . Siempre Padre, menos
en diez tí doce* que solo tomé un real de pJata ó poco mas. C- A otras
personas has hurtado alguna cosa,d sisando poco i poco á los amos* o
quitando con medidas y pesos infieles, ó echando mezcla en las cosas
usuales y comestibles, tí vendiéndolas con alguna tacha oculta? P . Si
Padre, por seis anos he tenido ese vicio. C. Cuánto dario hahra'a.hecho en
ese tiempo? P . Padre* cosa de trescientos ducados. Aquí se hade ave•
riguar * como arriba 9 las veces que damnificaría en materia grave, ó si
aunque quitase cosa leve, era con ánimo de continuar; porque cada vez
seria pecado mortal. Asimismo si hay dueños ciertos damnificados, y otros
inciertos, ó que no se pueden hablar* para dirigirse en el modo de la res-
thucion. C. Has dejado culpablemente de pagar criados, oficiales* acree­
dores* de cumplir las misas, ultimas voluntades u obras pias que están
á tu cargo? P . Si Padre, por tres años. C Pues todo ese tiempo has
vivido en pecado mortal. C\ Has diferido sin justa causa pagar lo que
podías á !o menos poco a poco y por partes? P . Si Padre, tanto tiem­
po. C. Has recibido o comprado cosa, que sabías o debías p res u m ir era
hurtada? P . Si Padre, esto o lo otro. C. Has aconsejado el hurto o
cooperado á él ? P . Si Padre, tantas veces. C. Has causado daño en las
heredades? P . Si Padre, tanto y tantas veces; o no Padre.

Octavo mandamiento.
Conf. Has levantado algun testimonio falso? v. g. que F. cayó ó tu
caíste con F. * que el otro hurtó? etc. P* Si Padre, etc. C. Has juzgado
mal del prójimo, sin tener para ello fundamento, y creyendo fijamente,
que era asi como tu pensabas? P - Padre, tanto como creer de fijo, que
era como yo pensaba, no; porque me quedaba siempre con el recelo de
si es, ó no es. C. Pues eso no es juicio* sino sospecha temeraria, que
es ordinariamente pecado venial. C. Has descubierto algun defecto grave
y oculto de otro, tocante á su fama y honor? P - Si Padre, dije esto ó
lo otro * etc. que no se sabia, y por mi dicho quedó deshonrada la per­
sona. C. Has murmurado de sacerdotes, de comunidades eclesiásticas ó
religiosas, ó de algun individuo de ellas? P . Si Padre. C. Has murmu­
rado con especialidad de parientes ó vecinos, que te hicieron algun da­
ñ o. negaron ó chuparon la hacienda? C. Has metido confusión entre
amos? criados, amigos o parientes? C. Has murmurado de genios, v. g.
Fulano es un tonto es un ta l, ó cual: es menester tratarle con reserva-
Fulano tiene muy larga la lengua, es de genio insufrible? P> Si Padre.
Si ha habido costumbre >se dice el tiempo y la frecuencia de hablar; y
si se siguió deshonra para con algunos, se verá el modo mas lítil de re­
pararla, menos que la cosa estuviere ya dormida y sepultada; que en
tal caso no hay mas que callar.
Los pecados contra el nono y décimo mandamiento, no desear la mu-
ger de otro, ni los bienes de otro , están señalados en el sexto y séptimo
mandamiento.
AD VERTEN CIAS NOTABLES.

1 Cuando la confesion general no es de obligación, (porque en las


confesiones particulares no se calló cosa substancial por vergüenza, ni
hubo costumbre fuerte, u ocasion próxima de pecar mortalmente, mas
antes se hizo en ella cuanto cada uno sabia, y podia de su parte, para
hacerlas bien) sino de consejo: en estos casos asi el confesor como el
penitente pueden proceder con menos fatiga y con menos reparo, aun­
que se olvide ó se deje algo.
2 En cualquier especie de pecados, ver si ha habido costumbre ó
no. Si no ha habido costumbre, mas solo se ha caído algunas vcccs en
aquel pecado, v. g. de comer carne en dia prohibido, fácilmente verá
quien se examina, que en toda su vida no habrá sido sino tantas veces,
y asi lo dirá al confesor: padre > eso habrá sido en toda mi vida ocho ve­
ces ? v. g. Si ha sido mas, puede ir por años, diciendo: padre, eso ha­
brá sido cada año desde los diez, v. g. hasta los cuarenta que tengo,
quince veces poco mas ó menos. Si ha habido costumbre, diga el tiempo
que duró y la frecuencia de pecar. Por ejemplo: uno ha tenido cos­
tumbre de jurar sin reparo, ni atención si era con verdad ó mentira: bas­
tará que diga: padre esa costumbre me ha durado tantos años, 6 la tuve
desde tal á tal edad, los mas de los dias juraba así, y así, ó cuatro
ó cinco veces cada semana, poco mas ó menos: tí bien: un dia con otro,
tres ó cuatro veces al dia. Y 110 es menester decir mas, para confesarse
bien de los pecados que ha hecho jurando.
3 El que despues de haber hecho suficiente exámen de sus pecados,
declara el estado de su vida, el tiempo y frecuencia, como queda dicho,
que tuvo de caer en tal ó tal pecado; si despues de confesado se le re­
presenta lí ofrece algún pecado de la misma especie, no tiene obligación
de volverlo á confesar. Pongo por ejemplo; confesó uno la costumbre de
tocamientos feos, que tuvo por cinco años con diversas personas solte­
ras: despues en particular se le ofrece: ola, en tal viage t mesón, en tal
casa 3 lugar, etc. tuve tal tocamiento malo con fulana soltera; y luego
vuelve al confesor, diciendo lo que se le ha acordado: esio no es menes­
ter; porque el tal tocamiento aunque á él no se le ofreció cuando se
examinaba, ni cuando se confesó, sin embargo vino entendido y con­
fesado de por junto en la gruesa de la costumbre de tal vicio > que se
completaba de aquel y otro, y otro acto in individuo s que confesó; y
asi dejarlo sin pensar mas en él, que este alivio disfrutan los que se con­
fiesan en el modo dicho, declarando el tiempo y frecuencia,de pecar.
4 No es necesario el ir contando un pecado tras otro, especialmente
si son muchos de una misma especie, como el que empieza una letanía
de culpas, diciendo: con otra, con otra5 con otra, etc. porque es gas­
tar inútilmente el tiempo, dar que merecer al confesor, y hacer deses­
perar á los demas, que esperan para confesarse: basta decir el mímero
de por junto ó determinado si se sabe, v. g. entre unas mugeres y otras
veinte veces, ó por semanas si son muchas las culpas. Por ejemplo: En­
tre unas y otras, he caído dos 6 tres veces cada semana, y la mitad de
estas con casadas, y la otra mitad con solteras > ó la tercera tí cuarta par­
te , conforme habrá examinado y juzgará en su interior.
5 E l Padre Juan Bautista Poza de la compañía de Jesús dice en su
práctica de ayudar á bien morir, que de ordinario la primera aprehensión,
que uno hace del estado de su conciencia en cada especie de culpas, es
la mas verdadera, y que si hecho un prudente moderado examen, se
queda en perplejidad y duda, se atienda á la primera aprehensión. Esta
regla puede servir á aquellos especialmente, que, <5 por su rudeza o
poca memoria, ó confusíon de entendimiento, ó pusilanimidads ó escrú­
pulos, unas veces les parece el mímero de culpas en aquella materia,
grande, otras pequeño > otras mediano s otras entre mediano y grande,
otras entre mediano y pequeño, sin atreverse á resolver ni uno ni otro.
Digan, pues, según su primera aprehensión en este caso de perplejidad.
6 El V . P. IVL Fr. Luis de Granada en su doctrina dice: no es ne­
cesario confesar Jos modos y maneras, como se tuvieron los pecados,
mayormente en los sensuales. Basta declarar el numero y especie de
ellos, con las circunstancias necesarias. Si el pecado fue de obra consu­
mada ; basta decir el nombre de la obra; es á saber, adulterio, simple
fornicación, incesto, sacrilegio, tantas veces, sin decir las menudencias,
que suelen acompañar los tales torpes actos ; como son tocamientos, am-
plexos y ósculos. Si de palabra, basta decir: dije tantas ó por tantas ve­
ces >palabras torpes , con intento de provocar á m al, sin expresar las pa­
labras. Y si fue pecado de pensamiento, diga el numero y el estado de
la persona , sin decir lo que pensaba, como algunos hacen (con gran con­
fusión y vergüenza) sin ser necesario para el sacramento. Lo mismo será
en el sueño deshonesto, en que se deleito, que no es menester diga lo
que soñaba , si solo el numero y la especie.
7 Aunque es bueno confesarse de los pecados veniales 5 no es pero ne*
cesario; y asi se pueden callar 6 decir, como el penitente quisiere: y
culpas veniales se llaman, las que no quebrantan en materia grave al*
guno de los diez mandamientos. Tales son las maldiciones ordinarias, y
sin animo de que alcancen, entre parientes: los juramentos sin necesidad,
las impaciencias, enfados, disimulos , competencias, porfías * mentiras,
y otros semejantes, según vemos se cometen entre los domésticos y co­
nocidos, que aunque no tratan de perfección, son temerosos de Dios.
Y para mayor noticia de la diferencia, que hay de las culpas veniales,
se advierta, que en la soberbia, por excesivo y desbaratado, que sea el
deseo de faina , honra y propia excelencia, no llegará á haber pecado
mortal, si el dicho deseo no es causa de despreciar las excomuniones, ó
deshonrara' otros gravemente, ó poner las manos en sus padres, 6 que­
brantar de otra manera notablemente con pensamiento , obra ó palabra
alguno de los diez mandamientos. En la avaricia, por mas deseo que uno
tenga de bienes ágenos, si este afecto no le hace desear alguna cosa de
valor por vía de hurto, ó medio injusto , no hay pecado mortal. En la
lujuria, por mas feos sentimientos, y movimientos que padezca, si no
hay voluntad de ejecutar, ó delectación amorosa acerca de las culpas y
especies, que se declararon en el sexto mandamiento, no hay pecado
mortal. En la iray por mas que uno se turbe, enfade y desagrade de
otro, si no le desea algún gran mal, ó la privación de algún gran bien,
por odio, ó se complace de lo dicho, no hay pecado mortal. En la gu­
la , por mas que uno desee y obtenga regalos y delicias , si no quebran­
ta ayuno de obligación, ó se embriaga, ó hace daño notable en la salud
corporal ó espiritual, no hay pecado mortal. En la envidia, si no se ha­
lla deseo de mal grave al prójimo , y descrédito de consideración o cosa
equivalente, no hay pecado mortal: lo cual es aun mas verdad en la
emulación con que uno desea ser, ó parecer mas que otro, si no se vale
de medios injustos mortalmente. En la pereza, por mas flojo y remiso
que uno sea, si no le hace dejar de oir misa en dia de fiesta, ó cumplir
con otras obligaciones graves puestas en la le y , y precepto de mucha
consideración, no hay pecado mortal. Llámanse estas culpas mortales,
por ser pasiones y apetitos, que fácilmente engañan ¿ un hombre pa­
raque tropieze en pecados graves, hasta caer en los enormes.
Todo esto dice el P. Juan Bautista Poza de la compañía de Jesús en
su práctica de ayudar á bien morir- Pero se debe advertir, que no por
ser pecados veniales, se han de despreciar y cometer fácilmente; por­
que quien asi luciese poco caso de ellos, es cierto caería bien presto en
pecados graves, según aquello del Ee les* ig , r. Qui spernit módica, pau-
latim decide1. Mas antes se han de procurar evitar con sumo cuidado,
por la fidelidad, que se debe á D ios, la cual tanto mas se comprueba.,
cuanto se pone mayor diligencia en huir de culpas en sí ligeras.
3 Muchos hay* los cuales parece se imaginan, que el confesarse no
es otra cosa v que referir fielmente al sacerdote sus culpas , y que con
esto está hecho todo, y de aquí viene, que toda la diligencia para pr&
venirse antes de la confesion, es aprender bastantemente la suma délos
pecados, que &e han cometido; y despues de confesados quedan satisfe­
chos si pueden asegurarse de que ningún pecado se haya olvidado cl<
confesar. Esto es un gravísimo y pernicioso error: si esta sola diligencia
fuese bastante para hacer las paces con D ios, no seria el camino del
cielo tan estrecho, como dice el Evangelio, sino mas ancho, que la pla­
za. Qué gran fatiga es contarle í un confesor nuestras caídas, estando
ya habituados desde muy niños á estas mismas diligencias? Por tanto es
menester entender bien, que el confesarse propiamente es convertirse i
Dios: y por eso, aunque es verdadf que el manifestar enteramente las
culpas es cosa precisa , para que el sacerdote nos absuelva, todavía esta
sola diligencia no basta, sino que se requiere de mas á mas un verdade­
ro dolor de los pecados, y ta l, que tenga estas tres condiciones, i Que
sea sobrenatural. 2 Que sea sumo. 3 Que sea eficaz. Quiere decir, que
de tal manera se ha de doler el penitente de sus culpas, que se resuelva
de veras* á no volver á ofender mas i D ios, en ningún tiempo, en nin­
guna ocasión , ni por el amor i algun bien, ni por temor de algun mal:
y esto con tal vigor y aprecio de Dios, que el alma por este acto, an­
tes que pecar, elegiría otro cualquier m al, que le pudiese acontecer, ó
por ser Dios una suma infinita bondad, digna de ser amada sobre todas
las cosas, y el pecado un mal infinito, descubierto y conocido por la
luz de la santa ié ; ó porque el pecado priva el alma de la gloria celes­
tial y eterna, y la condena al infierno. Si el que se confiesa no tiene
en su corazon un dolor de esta suerte, por mas que se persuada de bue­
na fé que lo tieue, despues de haber confesado, se quedará con todos
sus pecados: y aquella persuasión solo será bastante á que no haya in­
currido en un sacrilegio en su confesion; pero no servirá para evitar el
que, si asi muere, se vaya á los infiernos. Por esto, ptfngasd todo cui­
dado en ejercitarse en este arrepentimiento de sus culpas, valiéndose del
acto de contrición, y consideraciones eficacísimas, que están despues del
siguiente exátnen.

OTRO EXAM EN D E L A CONCIENCIA PAR A L A CONFESION


GENERAL,

Quien quiera hacer la confesión general > debe enteramente hacer reflexión,

1 Si ha hecho la diligencia en sus confesiones del debido exámen,


ó con riesgo de no hacerlas enteras.
2 Si ba callado por vergüenza algun pecado mortal^ y en cuantas
confesiones: y habiéndolos despues confesado, si ha dicho lo que habia
callado, y si ha vuelto á hacer las confesiones en las cuales lo habia
callado.
3 Si se ha confesado sin dolor y arrepentimiento de sus pecados, o
sin voluntad verdadera de no cometerlos mas.
4 Si se ha confesado, estando en ocasión próxima de pecar sin de­
jarla > ó teniendo hacienda agena y pu di endo restituirla, no la haya
restituido, ó teniendo alguna enemistad, no se ha reconciliado, sino que
ha continuado en ella, negando la palabra 6 comunicación con escán­
dalo.
5 Si ha comulgado con las mismas indisposiciones» ó ha recibido
otro sacramento; como la confirmación, orden, matrimonio, ó extrema­
unción.
Primer precepto: adorar y amar un solo Dios.

Si ha dudado en cosas de la f é : si ha consentido en dudas: si vo­


luntariamente se ha entretenido en ellas: si con curiosidad demasiada
ha escudriñado las razones d élo s misterios de la fé: si hablando con
otros, los ha impugnado <5 puesto en duda, con riesgo de prevaricar el
mismo ü otros: si ha sabido9 d dejado desprender los principales mis­
terios de la fé.
Si ha leido libros heréticos y contrarios á nuestra santa fé católica,
o buenas costumbres, ó por otra causa prohibidos: si los ha tenido en
su dominio, ó los ha dejado á otros.
Si ha tratado con hereges, 6 ha frecuentado conversaciones de he­
breos: si ha tenido por burla, ó ha hablado licenciosamente de las cosas
de la fé : si ha presumido salvarse, sin hacer penitencia \ á si ha tenido
intención de diferirla á la hora de la muerte, ó si ha cometido pecados
con esperanza del perdón ó diciendo, ya me confesaré de ellos despues.
Si por la multitud de sus pecados ha desconfiado de la misericordia
de Dios, <5 de poder enmendarse y dejar el pecado.
Si ha amado á alguna criatura mas, ó i la igualdad de Dios.
Si se ha quejado de Dios, 6 murmurado de su providencia.
Si ha despreciado, 6 escarnecido las personas buenas, ó si ha tenido
ódio á quien lo avisaba.
Si por enfado <5 risa ha dejado las cosas del servicio de Dios, á las
cuales era obligado; como oir la misa, adorar y rogar á Dios por Ja
mañana y la noche, y en las gravísimas tentaciones y necesidades.
Si ha recurrido al demonio, con expresa ó tácita invocación: si se ha
servido de vanas observancias y supersticiones: si ha traído consigo bi­
lletes lí otras cosas, para no ser ofendido de las armas, ó por otro fin:
si ha creído á sueños, á dias felices é infelices, consultado adivinos, y
tratado tal suerte de gente, por aprender sus sortilegios, hallar tesoros,
etc.
Si por algún fin malo d deshonesto ha usado de cosas sagradas, co*
mo agua bendita, cera 6 ramos de olivo bendito, ó palabras de la sa.
grada Escritura, ó de la misa.
Si no ha revelado al santo oficio los brujos d brujas, blasfemadora
y otros, como está ordenado por su edicto.

Segundo precepto: no jurar el nombre de Dios en vano.

Si ha jurado el nombre de Dios en el juego, d en otras cosas vanas,


con riesgo de jurar tanto lo verdadero como lo falso: y si ha tenido
esto por costumbre.
S¿ ha jurado lo que sabia d dudaba ser falso: si ha prometido con
juramento lo que no quería cumplir, ó ha jurado hacer cosas ilícitas y
malas, ó no ha cumplido las cosas buenas y lícitas, que con juramento
habia prometido: si ha hecho juramentos execratorios, deseando hacer
mal á sí mismo ó a otros.
Si ha blasfemado de D ios, de la Virgen Santísima, ó de los santos;
si ha hablado con poco respeto, ó ha nombrado cosas indignas de ellos,
como también con blasfemia heretical: si ha dicho con rabia sus nombres
ó usado de ellos en cosas burlescas, canciones, juegos, etc.
Si ha cumplido los votos que ha hecho, en el tiempo, en el modo, y
con las condiciones que debia, o si los ha hecho inconsideradamente, 6
de cosas vanas é ilícitas.

Tercer precepto: santificar las fiestas.

Si ha dejado de oir misa los domingos y fiestas mandadas, ó no la


ha oído entera; si ha pasado parte de ella hablando, tí durmiendo> ó
voluntariamente divertido.
Si ha estado con irreverencia en la iglesia, discurriendo de cosas va­
nas, poco honestas, riendo d burlando: si ha mirado lascivamente, ó
hecho señales y otros actos indecentes.
Si en dichos dias ha trabajado por algún tiempo notable, ó hecho
trabajar sin necesidad ó licencia: si ha gastado parte de ellos en juegos,
bailes, en galanteos, y otros entretenimientos ilícitos.
Si ha dejado de confesar en el año y comulgar en la Pascua 9 d si
lo ha hecho sin las debidas disposiciones 6 por pura costumbre: si ha
cumplido bien las penitencias impuestas por el confesor en las confesio­
nes , y si ha buscado confesores fáciles e indoctos.
Cuarto precepto', honrar padre y madre.
Si ba injuriado á sus padres» d á otros parientes: si Ies ha deseado la
muerte, ú otros daños graves: si con palabras injuriosas los ha ofendido 6
provocado á ira: si les ha amenazado ó hablado con poco respeto.
Si no los ha obedecido en cosa3 graves, pertenecientes á buenas cos­
tumbres y gobierno de casa: si ha tratado casamiento sin su consejo.
Si ha robado, ó vendido cosas de casa en secreto, tí en perjuicio de
sus hermanos.
Si en sus necesidades no los ha socorrido, pudiéndolo hacer, 6 le ha
sabido mal de ayudarlos, d reconocerlos por ser pobres ó defectuosos.
Si estando enfermos no los ha visitado ó socorrido: si ha procurado
hacerles recibir los sacramentos: si ha impedido que hiciesen testamen­
to, ó si lo ha hecho hacer á su gusto, y despues de muertos no ha paga­
do las deudas y mandas.
Si siendo padre d madre de familia ha criado malamente los hijos,
no instruyéndolos en cosas de la fe , no corrigie'ndolos, ni castigándoles
cuando erraban : si los ha maldecido, ó mostrado mas afecto á uno, que
á otro : si los ha tenido en la cama con riesgo de ahogarlos, 6 de darles
algún mal ejemplo.
Si con palabras ó ejemplos los ha inclinado al mal, como 4 la ven­
ganza, hurto, deshonestidad, blasfemia, juramento, 6 á trabajar, y no oír
misa en las fiestas: si ha incitado á sus criados á algunas cosas de estas.

Quinto precepto: no matar.


Si por algún tiempo ha tenido ddio al prtíjiino: si ha querido ven­
garse : si no ha querido reconciliarse, ni hablar con é l, ni saludarle:
si le ha deseado la muerte ií otro daño; ó si le ha dicho palabras in­
juriosas.
Si ha querido, ó procurado matar, ó maltratar á alguna persona: si
la ha muerto, ofendido d herido: si ha mandado, aconsejado d coopera­
do á la muerte, 6 grave daño del prójimo: si ha tenido gusto ó alegría
del dafio, y tristeza del bien ageno.
Si rogado por el enemigo á reconciliarse con é l, no lo ha querido;
y si de presente tiene enemistad alguna.
Si se ha airado, impacientado ó deseado mal á sí mismo, ó i otro.
Si ha dado mal ejemplo con acciones 6 palabras,y si ha sido causa
que los otros hayan pecado: si ha alabado, tí ha aprobado los vicios y
pecados de otros.

Sexto precepto: no fornicar.


Si se ha entretenido voluntariamente con pensamientos de deshones-
tíd a i, y deliciosos, sin voluntad de ponerlos en obra, o con deseo de
efectuarlos, y de que especie eran.
Si ha ido, tí pasado por algun lugar por ver personas con fin malo;
y si voluntariamente se ha puesto en riesgo de pecar.
Si ha hablado, u oido de buena gana conversar de cosa de deshones­
tidad por pasatiempo, tí á fin de inclinará otros a mal: si ha cantado
canciones lascivas, Ieido libros impuros, tí hécholos leer.
Si ha compuesto canciones, sonetos, versos, tí pintado figuras desho­
nestas, tí si ha tenido en casa cosas semejantes.
Si ha provocado á otros al mal con alhagos, promesas, tí persuadién­
dolos, que no era grave pecado.
Si se ha entretenido con galanteos vanos, con fin* tí sin fin de casa­
miento : si ha mirado lascivamente, ó hecho señales dirigidas al mal.
Si ha tenido ósculos, ó ha tocado á sí mismo, tí a otros deshonesta­
mente.
Si ha consumado el pecado con persona libre, casada, parienta, con­
sagrada á Dios con voto; si con virgen con la promesa de casamiento,
tí por fuerza: si ha continuado el pecado con alguna de estas; si se ha
seguido algun parto, tí lo ha abortado con bebida, ú otra cosa: si ha caí­
do en pecados mas graves, como de molicie, sodomía tí bestialidad; y si
los ha confesado con individuación: si de presente está en ocasion pró­
xima de alguno de dichos pecados, si Jos ha enseñado á otros, tí se ha
gloriado, tí alegrado de haberlos cometido.
En todos los sobredichos pecados debe el penitente declarar el estado,
que profesaba, cuando los cometití, si era casado, tí ordenado de tírdenes
Sacros, tí si habia hecho voto de castidad, tí si los ha cometido en lugar
sagrado.
Si los casados han hecho cosas contra el uso del santo matrimonio.

Séptimo precepto: no hurtar.

Si ha deseado damnificar al prtíjimo, hurtándole algo, bien que dea*


pues 110 3o haya hecho.
Si ha hurtado cosa de otro, cuanto, y en cuantas ocasiones: si era
consagrada, tí en Jugar sagrado: si habiéndola hallado se la ha retenido,
sabiendo de quien era, tí no ha querido hacer diligencia para saberlo.
Si en el comprar tí vender, tí en otros contratos ha cometido injus­
ticia alguna en calidad tí cantidad de la cosa: si ha dejado dineros, ú otra
cosa con usura: si vendiendo al fiado, ha excedido el precio justo : si ha
hecho alguna compañía injusta, tí si ha cometido simonía en beneficios,
tí en otras cosas sagradas.
Si con engaños, tí pleitos injustos ha causado daño al prtíjimo: si ha
engañado al prójimo con mercaderías; si ha sido cómplice del hurto
ó daño.
Si pudiendo no ha hecho restitución en los casos sobredichos, como
también por los homicidios ó heridas, etc* i que hubiese cooperado: si
no ha pagado prontamente las deudas* pudiendo: si ha entretenido o
retardado la paga á los trabajadores, criados, mercaderes ó acreedores;
y si ha satisfecho los daños» que han causado las tales dilaciones: si
no ha pagado los legados, diezmos, 6 primicias > ó ha defraudado 5 pa­
gándolo.
Si el criado no ha tenido cuidado de los bienes de su amo: si los ha
da Jo á otros sin consentimiento: si le ha hurtado algo: si ha cumplido
con su oficio y servicio, por lo cual era pagado.
Si administrando bienes públicos, ó de lugares píos, ó de pupilos, no
los ha administrado lealmente: si ha defraudado, ó dejado perder dichos
bienes por negligencia.

Octavo precepto: no decir falsos testimonios.


Si en el tribunal eclesiástico, civil o criminal ha jurado falso5 ó in­
ducido á otros que lo hiciesen, y si ha sido con perjuicio: si ha culpado
alguna persona injustamente, si se ha servido de escrituras ó instrumen­
tos falsos, o si ha hecho instrumentos falsificados.
Si ha recibido dones por hacer justicia, ó no la ha hecho por temor,
ó con esperanza de algún lucro: si ha defendido pleitos injustos, o los ha
alargado en daño de las partes.
Si ha dicho mentiras en daño de otro: si ha puesto discordias.
Si ha murmurado del prójimo infamándole, diciendo algún defecto
6 pecado oculto: si ha hablado malamente de príncipes eclesiásticos 6
seculares, de religiosos, ó de otras personas, y no ha restituido la
fama.
Si ha escuchado con gusto i quien hablaba m al, ó murmuraba de
otro: si ha hecho juicios temerarios, ó interpretado acciones de otros en
mala parte, 6 ha sospechado de ellos por indicios ligeros.
Los pecados contra el nono y décimo mandamiento: No desear la muger
de tu prójimo. ni codiciar los bienes ágenos, están señalados en el sexto y
séptimo mandamiento.
Ademas de esto, se ha de examinar, si ha comido contra el manda­
miento de la iglesia: si no ha ayunado, estando obligado: si ha come­
tido exceso en la comida ó bebida: en fin cada uno ha de examinar a
sí mismo, sobre las obligaciones de su oficio y empleos, que ha tenido»

Obligaciones generales de todos, y cualesquier cristiano para salvarse.


i Está obligado á creer todo aquello, que enseña la santa iglesia ca-
tólica romana, como revelado por Dios; y particular, y distintamente U
que se contiene en el Credo; y de cuando en cuando debe hacer actos de
fe, esperanza y de amor de D ios: por lo que está obligado á aprender
el modo de hacerlos.
2 Debe observar la ley santa de Dios y de la iglesia.
3 Es necesario huir todo pecado, y las ocasiones próximas de pecar.
4 Conviene recibir los santos sacramentos á su tiempo con las de­
bida» disposiciones.
5 Encomendarnos á Dios por la mafíana y por la noche, y siempre
que seamos acometidos de alguna tentación de nuestros enemigos, mundo,
demonio y carne.
6 Satisfacer i todas las obligaciones particulares del estado, y condi­
ción en que cada uno se halla.

Obligaciones particulares de padres y madres de familia,


acia sus hijos.
1 Deben alimentarlos y vestirlos según su condicion, y hacerles
aprender algun arte según su posibilidad. Contra esto ordinariamente
faltan los que están dad03 al vicio del juego y de tabernear: pecados
de mucha consideración en todos ; pero especialmente en padres de fa­
milia.
2 Están obligados i instruirlos, ó hacerlos instruir en los princi­
pales misterios de la fe, unidad y Trinidad de Dios, encarnación y muer­
te de nuestro Salvador: en los mandamientos de Dios y de la iglesia;
en el modo de hacer oracion, y de recibir los santos sacramentos: en el
modo de tratar civilmente con todos.
3 Los deben corregir y castigar, cuando ofenden é Dios, tí al próji­
mo con palabras 6 con acciones, en la honra 6 en los bienes, y cuando
observan que tratan con personas que los pueden descaminar y enseñar la
malicia, 6 los ponen en otras ocasiones de pecar; como de juegos, bailes,
conversaciones y galanteos; y cuando las madres impiden á los padres
castigar á sus hijos, hacen mal, y pecan.
4 Deben darles buen ejemplo, no haciendo, ni diciendo cosa alguna
en .su presencia que les pueda enseñar á pecar; mas antes haciendo solo
las que muevan á obrar bien.
Estas mismas obligaciones tiene respectivamente un maestro con sus
discípulos, un amo con sus criados, y todo superior con sus súbditos.

Obligaciones de hijos acia sus padres.


1 Deben amarlos mas que á otra cualquiera cosa despues de Dios, co-
mo i personas á las cuales están mas obligados.
2 Respetarlos, tenerlos en buen concepto, hablar de ellos con respe-
to, soportar sus defectos, no hacer, ni decir cosa en su presencia que les
pueda disgustar: no descubrir sus imperfecciones á otros fuera de casa,
lamentándose y murmurando de ellos.
3 Están obligados á obedecerles prontos, y voluntariamente en todas
aquellas cosas que no son pecaminosas: no hacer cosa de importancia sin
su licencia; como casarse, hacer viages largos, contratos de consecuencia
y cosas semejantes,
4 Asimismo en sus necesidades, y particularmente en la vejez y en
sus enfermedades , procurando no Ies falte nada en cuanto sea posible,
quitándose el pan de la boca para dárselo, pues los padres así lo hicie­
ron con ellos cuando niños.
g Rogar por ellos, y satisfacer á los cargos de misas que hayan de­
jado, y antes de morir, procurar que les sean administrados los santos
sacramentos á tiempo debido.

Obligaciones de los casados.


1 Se deben amar mutuamente con un amor puro, constante y parti­
cular; pero guardarse de zelos,
2 Deben buscar todos los medios de vivir en paz, que no haya que
decir entre ellos; y así tendrán un paraíso anticipado.
3 Guardarse fidelidad el uno al otro en el santo matrimonio; porque
los adulterios les harían perder el alma, y destruir la familia.
4 Ayudarse el uno al otro ¿ salvar sus almas con el buen ejemplo, y
con soportarse en sus defectos.

Obligaciones de ios maridos ácia sus mugeres.


1 Deben amar á su muger como i sí mismos, sin amar á otras
mugeres.
2 La deben corregir, pero con palabras modestas; y jamas castigar­
la, sino en caso de gravísimo pecado.
3 La deben proveer de todo lo necesario, así para comer, como para
vestir, según sus fuerzas o haberes, y según su estado.
4 La deben respetar, tratándola con palabras amorosas y jamas se­
veras, deshonestas e' injuriosas.
5 No darle ocasion de zelos, andando á fuera de noche, ó tratando
con demasiada familiaridad con otras mugeres.

Obligaciones de las mugeres ácia sus maridos.

1 Amar únicamente á su marido, sin admitir otros amores.


2 Tenerles respeto, no respondiéndoles jamas atrevidamente, ni que­
rer hacer cosa alguna contra el genio de ellos.
3 No admitir conversaciones en casa, de personas, que pueden oca­
sionar nelos á sus maridos.
4 No entrar en sus negocios ni criticar sus operaciones.
5 Obedecerles en todo aquello, que no es contra la ley de D ios, y
particularmente en lo que mira al santo matrimonio; de otra manera
pecan gravemente.
6 Mostrar que tienen cuidado de sus personas, con prepararles la
comida según su gusto, en cuanto se puede, y tenerles la ropa blanca en
buen drdcn, limpia y aseada.
7 Tener cuidado de los hijos chicos, de la policía de la casa, y de
no dejar perder las cosas, alhajas, y provisiones que tanto cuestan á los
maridos.
8 Finalmente, deben procurar conservar la paz con las suegras, re­
conociéndolas por madres, y con los cuñados y cuñadas, haciendo cuan­
to puedan por complacerles en todo lo que 110 es pecado; procurando
obedecer mas presto que mandar, guardándose de portarse como algunas
ciertas mugeres que llevan consigo el espíritu de división, y con esto la
destrucción de las casas en donde entran.

Para los eclesiásticos.


1 Si se ha ordenado en pecado mortal, por interés ó fines tempo­
rales ó sin tener vocacion: si sin tener título suficiente, sin dimisorias,
no teniendo la edad necesaria, ó siendo impedido con censura eclesiás­
tica.
2 Si ha recibido o' administrado algún Sacramento en pecado mor­
tal: si ha ejercitado el o'rden en tal estado d teniendo alguna censura,
tí quizá caido en alguna irregularidad: si ha tratado con irreverencia
las cosas sagradas: si ha celebrado en pecado mortal, 6 con duda de ello:
si en Ja misa ha dejado palabras ó ceremonias: si ha satisfecho i los
cargos de misas.
3 Si sin causa legítima ha dejado de rezar el oficio divino, y si no
ha hecho la correspondiente restitución: si lo ha rezado con irreveren­
cia y sin debida atención, así pública como privadamente.
4 Si sin ser aprobado ha oido confesiones, tí no teniendo facultad,
ha ab,suelto de casos reservados, d á quien estaba en ocasion próxima,
ó enemistad.
5 Si ha faltado á la residencia, siendo obligado: si ha tenido mu­
chos beneficios; siendo uno de ellos suficiente para vivir, y no ha hecho
limosnas de lo superfluo: si ha traido el hábito, corona ó cabellos, según
la regla de la disciplina eclesiástica : si se ha entretenido en pasatiempos;
como cazar, 6 negocios prohibidos por los sagrados cánones.
6 Si teniendo cura de almas, no ha instruido á sus feligreses en las
cosas necesarias para la salud de las almas: si no les ha explicado el
Evangelio: si no ha sido diligente en administrar los santos sacramen­
tos á los sanos y enfermos: si no ha tenido cuidado de las cosas de la
iglesia; y si ha dado escándalo , 6 mal ejemplo con sus procederes y
acciones.

ACTO D E CONTRICION, QUE SE D E B E HACER A LOS P IE S


de un Crucifijo, antes de presentarse al confesor para hacer
la confesion general.

Aquí teneis, clementísimo Jesús mió, aquí teneis k vuestros sagra­


dos pies la mas vil de vuestras criaturas, al pecador mas infame, des­
conocido, ingrato, que no solo no he hecho cuenta alguna de vuestros
inestimables inmensos beneficios; mas antes^he profanado atrevido lo
mas sagrado de vuestra preciosísima sangre. O cuánto tem o, Juez supre­
mo de mi alma, parecer en juicio en vuestro tribunal! Porque sé de
cierto, que en él estoy delatado, y convencido por reo y deudor, no solo
de diez mil talentos, como el siervo del Evangelio , sino de mucha ma­
yor suma; pues es mayor el numero de inis pecados. Confieso, Dios mió,
las deudas; pero bien sabéis Vos, que no tengo con que pagar, sino con
lágrimas» llorando amargamente lo pasado, y pidiéndoos espera para lo
venidero: patientiam habe in me. O si mis ojos se convirtiesen en dosrios,
y mi cabeza en tantas fuentes de lágrimas, cuantos son los cabellos, que
en ella tengo, para llorar de dia y de noche las muchas y graves ofensas,
que hice contra Vos! O si de aquí en adelante no supiera yo que cosa es
ofensa vuestra! De las pasadas, Señor, estoy sum am e nte pesaroso y arre­
pentido, con propósito firme de enmendarme. Pero si aun a quí quereis,
que os pague, no solo con lágrimas, sino también con tormentos; (como
quisisteis pagase aquel mal siervo : Tradidit eum tortoribus) vengan en
hora buena sobre mi dolores, enfermedades. afrentas. pobreza, y todas
las demas calamidades y tormentos temporales, que fueren necesarios,
para pagaros cabalmente, con tal que me libréis de los eternos. Venga en
ímena hora, ahora, ahora sobre mí la misma muerte: muera aquí á vues­
tros pies de puro dolor y contrición este pecador: rómpase en el pecho
este corazon: arranqúense de la cara estos ojos: enmudezca en la boca
esta lengua; ensordezcan estos oidos; queden tullidos estos pies y estas
manos: sean cruelmente atormentados todos los miembros de este mi
cuerpo, que fueron instrumentos de las ofensas que os hice, y acabe del
todo aquí mi vida de puro dolor y sentimiento; porque ya no quiero mas
vida, si con ella os hubiere de ofender. Nunca mas, Dios m ió, nunca
mas; antes quiero perder la vida, la salud, la honra, la hacienda, la casa,
que volver a ser traidor ¿ un Dios amoroso, que murió por mí en una
cruz. Perdonadme por vuestra infinita clemencia, confortadme en estos
buenos propósitos, paraque guardándolos perfectamente acabe la vida pre­
sente, no como pecador entre agonías, perplejidades, sobresaltos y re­
mordimientos de conciencia, sino como justo, con una muerte preciosa en
vuestros divinos ojos. Amen,
Nota : que hecha la confesion general, despues de una razonable dili­
gencia en el examen de los pecados, tal que parezca suficiente para redu­
cirlos todos á la memoria, y en efecto probablemente se juzgue, haberse
acordado de todos, no es conveniente volver á pensar y repensar en ellos,
singularmente habiéndose pasado algún tiempo que se hizo la confesion,
y mucho menos cuando esto recae en persona de conciencia timorata, y
que aborrece toda culpa grave; mas antes cuando le sobrevenga alguna co­
sa, que no se acuerda de fijo de haberla dicho 6 bien explicado en la con­
fesion general, puede resolverse, y persuadirse que si que la dijo* y que la
confesó con los demas pecados, El escrupuloso no debe jamas pensar en
las confesiones hechas, ni en los pecados pasados en particular; antes
tendrá escrupulo de hacerlo, por el daño que á sí mismo se puede hacer;
y crea qtie no está obligado á confesarse de ningún pecado pasado que
le sobrevenga á la memoria, si no es que sepa de cierto, y lo pueda ju­
rar sobre los Evangelios que aquel pecado de que se acuerda era mortal, y
que nunca lo habia confesado* ni en confesion general, ni en particular; y
por fin sujétese al dictámen de su padre espiritual, obedeciéndole ciega­
mente que esto le será no solo útil, mas aun meritorio.

CONSIDERACIONES EFICACÍSIMAS PAR A EJERCITARSE


EL PECADOR Á VERDADERA CONTRICION.

1 Diga de todo corazon: Pequé, Padre mió, contra vos, y en vuestra


presencia. (Lucae ig* 21.) Y cómo, mi Dios, me atrevo á llamaros Padre,
cuando me reconozco indigno de llamarme hijo vuestro? Porque por los
muchos pecados y maldades que cometí contra vuestra divina Magestad,
y i vista de vuestros ojos, degeneré á hijo del demonio. Ah miserable
de mí! Y como fui tan ingrato, tan malvado, tan impio en órden á mi
Dios, que ha sido siempre conmigo tan liberal, tan benigno y tan pia­
doso !
2 Pequé ofendiendo i mi Dios, Criador y Salvador mió: su inmensa
bondad me dió el ser, y me ha conservado todos los momentos de mi
vida; y yo al mismo tiempo le ofendía: Dios me tenia con la mano
de su omnipotencia; y yo le ofendía: servíame de las criaturas para ul­
trajarle, y de aquellas mismas que su divina bondad me dió , paraque
mejor le sirviese; y no obstante este enorme desconocimiento mió, no me
ha quitado la vida, como ha hecho con otros muchos: servíme mal de
su divino concurso, sin el cual ni aun las culpas, con que le ofendí, pu­
diera haber cometido.
3 Pequé contra Dios, que me amó siempre y aun me ama: olvidé,
á quien jamas se olvida de mí: rasgué con mis manos al que me lleva
escrito en las suyas: ofendíle y no me ha castigado, pudiendo su divina
justicia echarme al infierno en el mismo instante que le ofendía, como
echó á otros muchos.
4 Peque contra Dios* verdadero Padre mió, en el mismo instante
que me estaba mirando, estando conmigo y yo con él: traíame en sus en­
trañas; y yo como vívora cruel, me esforzaba á roérselas y rasgárselas,
para salir de ellas y vivir en mi licenciosa libertad: me tenia junto d sí
para defenderme; y yo le estaba cerca para agraviarle.
5 Pequé contra Dios, mi Señor y mi R ey: en cada reino hay un so­
lo legitimo Rey, y quien tratase de arrojarle del trono, para introducir y
elevar á otro en su lugar ó quisiese darle compañero en el mando , co­
metería crimen de lesa Magestad, y se haría digno de un gravísimo cas-
tigo; y yo, siendo verdad que en el mundo no hay mas que un solo Dios,
Rey nuestro soberano, he ideado y formado tantos dioses en mi corazon,
cuantas han sido las criaturas que amé, en desaire y perjuicio del amor y
lealtad que por tantos títulos le debo, elevando sobre el mismo altar (co­
mo los filisteos con la arca del testamento) al ídolo Dagon*
6 Pequé contra D ios, Redentor mió y esposo de mi alm a, el cual
con una infinidad de cruelísimos tormentos que padeció', y con el derra­
mamiento de toda su sangre, rescató y se desposó con mi alma; y yo la
he vendido al demonio por un momento de lascivo y brutal deleite,
prostituyéndome á toda infame criatura: mi Redentor pagó tocias mis
deudas con penas intolerables; y yo he sido tan duro y desapiadado, que
en vez de aligerarle la suina, se la he aumentado con nuevos pecados,
provocándole á sufrir nuevos dolores y penas, si fuese capaz de padecerlos.
7 O! como tiene razón mi D ios, para decírmelo que en el tiempo
de su pasión dijo a' las mugeres de Jerusalen: (Lncse 23, 38.) Noliteflere
super me, sed super vos ipsas flete: No llores por mí, llora por tí mismo;
como si dijera: Aunque tengas razón de compadecerte de mis tormentos;
tnas j¿is io es, que llores tus pecados que han sido la causa y son males mas
para set llorados, que mis penas.
8 Si entro en el huerto de Getsemaní, le veo entristecerse y sudar
sangre, al acordarse de los dolores que habia de sufrir por mis culpas.
Si prosigo considerando su pasión, hallo que todo cuanto padeció ha si­
do por culpa rnia. Yo fui quien le escupió en su divino rostro, con mis
palabras vanas y deshonestas: yo le até la venda á los ojos con olvidar­
me, que Dios me veía: yo le di de bofetones con mis impaciencias: yo le
arané los cabellos, cuando con mis esca'ndalos di ocasion á mi prójimo
para que pecase: yo le tuve en menos que á Barrabas, cuantas veces le
he abandonado por una vil criatura: la vanidad de mis galas le vistie­
ron nuevamente de purpura: mis ambiciosos pensamientos le han coro­
nado de espinas: mi altivez y desvanecimiento le han puesto en la mano
una cana en vez de cetro: mis placeres y deleites sensuales le han dado
a beber Ja hiel con el vinagre: mis descaminados pasos Je han enclavado
los pies, y mis malas obras las manos. Por ultimo yo le he crucificado
de nuevo millares de millares de veces: he dado puntapiés al Hijo de
Dios, y he pisado con uJtrage su preciosísima sangre.
9 Ahora, pues, si su muerte abrid los ojos del conocimiento á mu-
chos de sus verdugos que se redujeron á la penitencia* (Lucae 23, 48.) y
se volvían, dándose golpes á los pechos: y si hizo que se estremeciese la
tierra, desencajasen las piedras, dando unas con otras, y abriesen los se­
pulcros; cuánto mas justo es que yo tema los amagos y amenazas de la
divina justicia? Que mi corazon se rompa en pedazos con una contrición
verdadera, y que se abra el sepulcro de mi conciencia, para que salgan de
ella, por medio de una confesion general, los hediondos cadáveres de mis
culpas y pecados?
10 Pequé contra Dios, grandísimo y singularísimo bienhechor mió,
cuya piadosa largueza me confirió el saludable carácter en el santo bau­
tismo. la gracia, la caridad, la esperanzadla fe con las otras virtudes y
dones del líspíritu Santo; y yo con mis pecados me desvié y alejé de la
verdadera senda, por la cual debia caminar, y andando por derrumbade­
ro de pecados y culpas 9 tuve el nombre de vivo, siendo en Ja realidad
muerto: soy cristiano; y mi vida es la misma que la de tm gentil: perdí
la divina gracia y los siete dones del Espíritu Santo, al cual con vileza
cché de su casa, (que es mi corazon) alojando en ella al espíritu infer­
nal» en lugar de tan divino espíritu.
11 Por üJ timo, pequé contra mi Dios, á quien debo amar mas que
á todas las cosas por su incomparable belleza y bondad infinita; y heme
enamorado de criaturas viles y sucias, llenas de miserias y fealdades. Ah,
buen Dios! Y c<5 mo me sobra la razón para deshacerme en llanto, y pa­
ra hacer, que se me derrita el corazon con el dolor y la contrición. O!
cuánto debo temer que si ahora me niego al llanto, habré despues de llo­
rar, no con agua de lágrimas que laven mis cuJpas; sino con lagrimas de
fuego que abrasarán á mi cuerpo y alma por una eternidad de siglos!
is Ah! Quien, pues, dará lágrimas á mis ojos que basten á limpiar­
me de tantos pecados? Pude con mis enormidades y maldades infundir
en mi corazon la dureza del mármol; pero ya no puedo hacer que salte
de mi corazon empedernida eí agua de la contrición, si Vos, Dios mió, 110
le herís con la vara de una gracia particular. Dádmela, pues, Salvador
mió, que os lo suplico y ruego por las entrañas de vuestra misericordia
y por el desempeño de vuestra palabra, que la disteis de oír y atender a
los que os piden alguna cosa en vuestro nombre. Bien sé que no lo me­
rezco : habiendo sido hasta ahora otro hijo pródigo, digno de ser echa­
do al fuego eterno; pero ya que reconozco y confieso mi culpa, y estoy
pronto á satisfacer á vuestra divina justicia* no medesecheis, Señor, ni
me apartéis de vuestra presencia que os lo suplico por los méritos de
vuestra preciosísima sangre que por mí derramasteis en el patíbulo de h
cruz: confio en vuestra bondad infinita, y espero que no me negaréis es­
ta gracia; y mas cuando Vos sabéis muy bien Jo mucho que ahora de ello
necesito: mirad, Señor, que estoy dispuesto, y resuelto de confesar todos
mis pecados á los pies del confesor, lugarteniente vuestro, para conseguir
con este medio la absolución, que sin el dolor me seria inútil y aun da­
ñosa. Concedédmelo, pues, Redentor mió: y ya que Vos quereis que yo
también coopere en ello, yo consiento con Vos, y me conformo y os ofrez­
co estos netos de arrepentimiento y de contrición que tengo intención de
hacer, de lo mas íntimo de mi corazon , en el tiempo mismo que mis
labios pronuncian las palabras siguientes:

Señor inio Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Criador


y Redentor de mi alma, arrepiéntome de todo coraaon de haberos ofendi­
do, porque Vos sois mi Dios, y porque os amo sobre todas las cosas; y
propongo firmemente de jamas ofenderos, y de huir todas las ocasiones de
pecar: protesto asimismo, que quiero confesar enteramente mis pecados,
y hacer la penitencia que me mandará el confesor: que restituiré la fama
y la hacienda, si acaso la he quitado al prójimo. A mas de esto, Señor,
por vuestro amor, perdono de todo corazon á los que de cualquier mane­
ra me hayan ofendido; y os ofrezco mi vida, mis obras, mis trabajos y
penas, en satisfacción de los pecados cometí en la vida pasada: de los
cuales, así como yo os pido humildemente perdón, de la manera misma
espero en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis,
por los méritos de vuestra pasión, y que me datéis gracia, para poderme
enmendar * y para perseverar en vuestro santo servicio: así sea Dios
mió. Amen*
Puede también el ejercitante hacer antes, ó despues de m confesion
general la siguiente protestación, de querer en adelante servir de veras d
D ios 3 sacado del libro de la Instrucción u la Fida devota de 5. Fran­
cisco de Sales.

PROTESTACION V ER D A D ER A.

Yo indignísimo cristiano, constituido, y puesto en la presencia del


eterno Dios y de toda su corte celestial ? habiendo considerado la in­
mensa misericordia de su divina bondad para conmigo indignísima y tnl
serable criatura, que crid de nada, y conserva, sustenta, libra de tantos
peligros y colma de tantos beneficios, mas sobre todo, habiendo conside­
rado la incomprehensible dulzura y clemencia, con que este bonísimo
Dios me ha tan benignamente tolerado en mis maldades, inspirándome
tan frecuente y amigablemente, convidándome á la enmienda, esperán­
dome con tanta paciencia al arrepentimiento y penitencia hasta este
año, N, de mi vida, no obstante todas mis ingratitudes, deslealtades é in­
fidelidades, con las cuales, difiriendo mi conversión le he ofendido, me­
nospreciando tan imprudentemente sti gracia : despues de haber también
considerado, que el dia de mi sagrado bautismo fui tan dichosa y santa­
m en te ofrecido y dedicado á mi Dios, para ser su h ijo, y que contra la
profesion, que entonces se hizo en mi nombre, tantas veces he profanado
desdichada y detestablemente, y violado mi espíritu, aplicándole y em­
pleándole contra la divina Magestad: volviendo ahora en mí, postrado de
corazon y de espíritu delante del trono de la justicia divina, me conoz­
co, tengo y confieso por legítimamente convencido del crimen de lesa
Magestad divina y culpable en la muerte y pasión de Jesucristo, por cau­
sa de los pecados que he cometido, por los cuales él muricí y sufrid el
tormento de la cruz; de manera, que soy consecutivamente digno de per­
dición y condenación eterna.
Pero volviéndome hacia el trono de la infinita misericordia de este
mismo Dios eterno, despues de haber detestado de todo mi corazon y
de todas mis fuerzas* las maldades de toda mi vida pasada; humildemen­
te invoco y pido gracia* perdón y merced, con entera absolución de mis
pecados en virtud de la muerte y pasión de este mismo Señor y Redentor
de mi alma, en la cual estrivando, como en tínico fundamento de mi es­
peranza, ofrezco otra vez, y renuevo la sagrada profesion de la fidelidad
por mi parte hecha á mi Dios en mi bautismo ; renunciando al diablo,
mundo y carne, detestando sus malditas sugestiones, vanidades* concupis­
cencias, por todo el tiempo de mi vida presente y toda la eternidad; y
convirtie'ndome á mi benigno y piadoso Dios, deseo, propongo, determino
y resuelvo irrevocablemente servirle y amarle a h o ra y siempre, dándole
para este fin, dedicándole y consagrándole mi espíritu, con todas sus fa­
cultades: mi alma* con todas sus potencias: mi corazon, con todos sus
afectos: mi cuerpo, con todos sus sentidos; protestando de nunca mas
abusar de parte alguna de mi ser contra su voluntad divina y soberana
Magestad, á la cual me sacrifico y ofrezco en espíritu, para serle entera­
mente leal, obediente y fiel criatura* sin que jamas de esto me quiera
desdecir ni arrepentir. Y si por sugestión del enemigo, o por alguna fla­
queza humana, me sucediere contravenir en algo i esta mi resolución y
ofrenda; desde ahora protesto y propongo, mediante la gracia del Espíritu
Santo, de levantarme al punto que lo conozca, convirtiéndome de nuevo
¿ h misericordia divina, sin tardanza, ni dilación alguna. Esta es mi
voluntad y mi intención, mi resolución inviolable é irrevocable, la cual
apruebo y confirmo, sin reserva, ni excepción, en la divina presencia de
mi Dioí, á la vista de la iglesia triunfante. Dignaos, pues* ó mi Dios
eterno, todo poderoso y todo bueno, Padre* Hijo y Espíritu Santo, con­
firmar en mí esta resolución, y aceptar este mi sacrificio cordial é inte­
rior, en olor de suavidad. Y como habéis sido servido de darme la ins­
piración y voluntad de hacerle, dadme también las fuerzas y la grada
necesaria para perficionarle* O mi Dios! Vos sois mi Dios! Dios de mi
corazon! Dios de mi alma! Dios de mi espíritu! Y por tal os reconozco,
adoro ahora y por toda la eternidad. Viva Jesús.

AVISOS PARA QUIEN DESEA H ACER ELECCION DE


ESTADO CON ACIERTO.

El que desea elegir un nuevo estado de vida, debe primero antes de


todo suplicar con mucha humildad á Dios nuestro Señor le dé luz y gra­
cia para no errar en un negocio, que es de suma importancia; y conside­
rar seriamente, y con madura ponderación los siguientes avisos.
1 Porque, como se suele decir, cualquiera en causa propia es ciego;
el que desea proceder con seguridad en punto de elección, es necesario,
que descubra enteramente su interior al director, declarándole con indi­
viduación y sinceridad las propias inclinaciones, costumbres, pasiones,
propensiones , á fin de que pueda darle el mas sano y acertado con­
sejo.
2 Debe asimismo sobre toda otra cosa purificar bien su intención,
proponiéndose por fin principal la gloria de Dios y los medios mas segu­
ros para la salud de su alma, sin mirar ni tener respeto á su propia co­
modidad, ni i las satisfacciones del cuerpo. Para esto ayudará mucho
considerar el fin, para que ha sido criado de Dios* diciéndose á sí mismo:
A qué fin estoy yo en el mundo! Cierto no á otro, que para buscar el
reino de Dios, y su justicia y salvar mi alma.
3 Será aun muy ütil el pedirse á sí: si un amigo9 á quien desease
todo bien, viniese á mí, para una semejante empresa; qué consejo le da­
ría? Si ahora hubiese de morir y se me concediese tiempo; qué resolu­
ción tomaría? Cuando estaré para ser presentado al tribunal de Cristo,
y habré de parecer en aquel formidable juicio; qué estado de vida qui­
siera haber escogido?
4 Eu eí tiempo de la elección, será bien recogerse íntimamente en
sí mismo, no admitiendo en su interior cosa alguna que no sea del cielo,
y echando de sí todos y cualesquier pensamientos de la tierra.
5 Ea todo este tiempo deberá darse mas de veras á la oracion, pa­
ra pedir á Dios luz y gracia de conocer la divina voluntad, procuran­
do ponerse en una total indiferencia, y muy lejos de todo humano Ín­
teres*
6 Con esta indiferencia examinará delante de Dios todas las razo­
nes, por una y otra parte, admitiendo las que son del cielo y fundadas
sobre las máximas del Evangelio, y dejando sin atender á las que sugie­
re la tierra, el amor propio, la carne y sangre, y que vienen fundadas
sobre la prudencia humana.
7 Para no ser fácilmente engañado de su propio juicio será bien es­
criba las razones que por ambas partes se le ofrecen, i fin de poderlas
examinar de nuevo con mayor ponderación, y aun mostrarlas á su direc­
tor, para que le dé sobre ellas su parecer.
8 En este tiempo debe tener el ánimo quieto y tranquilo, no siendo
conveniente deliberar cosa alguna, cuando el corazon está turbado, y la
mente agitada de varios pensamientos.
9 Hechas y observadas las sobredichas cosas, arrímese á las razo­
ne^ que delante de Dios juzgará por mas fuertes y sólidas, creyendo pía­
mente, que aquella sea la voluntad de Dioá, y proponga cumplirla sin
mas dilación.
10 Hecha la elección, póngase de nuevo en oracion, para exami­
nar, si en hacerla ha procedido bien, y comunique al director los sen­
timientos interiores de sa alma, si se halla ó no, confirmado en la toma­
da resolución.
i r Se podrá conocer, si la elección hecha sea buena y de Dios , de
las siguientes señales, i Si ha observado los sobredichos avisos, singular­
mente aquel de la indiferencia, y del desapego de todo fin terreno y de
todo humano interés, s Si en la veces que después de la elección ha
hecho oracion sobre ella, se halla en esta siempre mas inclinado y con­
firmado. 3 Si el director concurre en el mismo parecer y sentimiento.
4 O particularmente si reconoce y ha averiguado; que aquel impulso in­
terior, por el cual se sintió movido á tomar su resolución, tiene el ori­
gen de Dios: si su progreso, por donde se ha conservado, es asi mismo
de Dios; y Dios mismo el termino de sus deseos. Conocerá que el im­
pulso tiene origen de Dios, sise observa que le vino, y comenzó, ó en
tiempo de la oracion mas fervorosa, ó en la lección mas devota, u oyen­
do algun sermón ó conversación santa y espiritual; ó por haber frecuen­
tado con mayor preparación y cuidado el Sacramento divinísimo de la
Eucaristía, ó por haber emprendido alguna devoción especial en obsequio
de la Virgen santísima; porque todas estas ocasiones de oracion, lección
espiritual, frecuencia de sacramentos y otros ejercicios de piedad, son muy
oportunos paraque el espíritu de Dios comunique al alma luz, é impulso
para escoger un estado de vida que le sea mas agradable; y por consi­
guiente* sentimientos que tienen este origen, llevan consigo la marca y di­
visa de ser de Dios. Asimismo el progreso conocerá que va bien fundado, si
á mas de ver que por algún tiempo le duran aquellos buenos deseos, re­
para que cnanto mas fervorosamente se ha encomendado á D ios, cuanto
mas de propósito ha considerado lo que le importa salvarse, cuanto mas
atentamente ha discurrido en el fin que desea, y en los medios para con­
seguirle; tanto mas ha crecido en el fervor y ansias de lograrle: estos
son indicios manifiestos que descubren con mayor claridad* haber sido di­
vina aquella luz tí inspiración. Y por fin, si ve que el motivo principalísi­
mo de resolverse y escoger aquel tenor santo de vida, ha sido, no el
adquirir honra mundana con las ciencias, no el librarse de estrechez y
pobreza, no el habilitarse para empleos lustrosos y plausibles, mas sí el
deseo de los bienes espirituales 5 el alejarse de los peligros del mundo*
para asegurar mas la salvación, el hacer penitencia de los pecados come­
tidos tí imitar los ejemplos de los santos* y seguir los consejos de Cristo,
no quedará razón de dudar que el impulso haya sido de Dios; porque así
como un pez muerto puede mantenerse sobre las aguas, siguiendo la cor­
riente de! rio, pero no puede nadar contra el agua rompiendo Ja corrien­
te; porque esto es propio de un pez vivo y vigoroso: así no puede nues­
tra naturaleza corrompida, y mucho menos el demonio nuestro enemigo,
dar aliento al alma, para caminar contra la corriente de las pasiones 5 y
romperla á viva fuerza, emprendiendo un estado totalmente contrario á
la carne y sangre. Estas grandes empresas solo pueden efectuarse i es­
fuerzos de la divina gracia que comunica el Espíritu Santo, Ni en esto
cabe duda: porque si tm solo pensamiento bueno que conduzca á la sal­
vación, no lo podemos tener,, sino por gracia de Dios; quién podrá per­
suadirse que nuestra naturaleza ó el demonio, puedan inspirarnos una
resolución tan sublime, tan hertíica* tan repugnante á nuestras matas in­
clinaciones, y que de solo una vez nos hace todos de Dios? ///i, qui mí
religiones accedit, non potest esse dubium, an propositum de ingressu reli-
gionis in corde ejus exortum, sit a spirjfu Dei ? cujas est ducere hominem
in terrarn reetqm* (S. Thom. 2, 2 qusest. ult. art. ro ad 1.) Quien se
gobierna por un motivo sobrenatural para escoger un estado de perfec­
ción, no puede razonablemente dudar, que tal resolución jio provenga d e l
espíritu de Dios.
12 Quien reconozca las sobredichas señales en la elección que ha
hecho, resuelva ponerla cuanto antes en ejecución, ofreciéndola á Dios, y
suplicándole* se dígne bendecirla y confirmaría. Piense en los medios
fjue pueden facilitarle su buen logro* y escríbalos en el reglamento que
hará antes de acabar süs ejercicios espirituales.
13 Si despues le vienen pensamientos contrarios que de nuevo le pon­
gan en duda su determinada elección, échelos con diligencia, como ten­
taciones del demonio, y no deje de proseguir en su resolución,
14 Y á fin de que estos avisos se impriman mejor en el corazon y
en la memoria, y se saque de ellos mayor fruto; ayudará mucho leerlos
muchas veces con madura reflexión, singularmente en el tiempo que se
habrá de hacer la elección, juzgándolos inspirados del mismo Dios para
el acierto.

REGLAS DE V ID A , QUE D EBEN O B SER VA R LAS


PERSONAS ECLESIÁSTICAS.

Incensum Domini, et panes Dei sui offeruni\ et ideo Sancti erunt.


Levit- s i , 6.

1 Levantarse cada dia despues de siete 11 ocho horas > lo mas, de


descanso»
2 Acostumbrarse á dar luego, despues de haberse dispertado, el pri­
mer pensamiento á Dios, diciendo por ejemplo: Jesús y María, os doy el
corazon y el alma mia.
3 Luego de vestido, arrodillarse y hacer los cinco actos de la ma-
nana, y despues una 6 alómenos media hora de oracion mental.
4 Hecha la oracion, dirá prima, tercia, sexta y nona, no con priesa,
distraído y solo para satisfacer á la obligación; sino con reverencia y
devoción.
5 Celebrar, 6 no siendo sacerdote, oír la santa misa* no por
uso y costumbre, sino con la mayor reverencia y devocion que será po­
sible.
6 Despues de la misa, ó en otra hora de la mañana, leer arrodilla­
do, y con la cabeza descubierta un capítulo del nuevo testamento * (e l
cual por eso cada tino debe tener) y al fin hacer tres actos. Primero,
adorar las verdades que allí se contienen , enseñadas por Cristo Señor
nuestro. Segundo, entrar en conocimiento vivo de lo que encierran. Ter­
cero, proponer su práctica y ejecución.
7 Arreglar lo mas que sea posible las horas de sus empleos y otras
acciones del dia, aun del comer y acostarse, y particularmente deter­
minar los tiempos de aplicarse cada día al estudio de la teología
moral, de la sagrada Escritura y otras cosas pertenecientes á los ecle­
siásticos.
8 Rezar vísperas y completas á su tiempo; como por ejemplo, á dos
horas despues del medio dia.
9 Despues de vísperas, <S eu otra hora determinada, hacer, alomenos
por un cuarto de hora, lección espiritual.
10 Si no está obligado al coro, procurar (siempre que sea posible)
decir maitines y laudes á la tarde para el dia siguiente.
11 Antes de acostarse, hacer atentamente el examen general de la
conciencia con las acostumbradas preces, y despues leer los puntos de la
oracion , que se ha de hacer la maííana siguiente-
1 2 Elegir un buen director y confesarse con él una o dos veces en
la semana, aunque no tenga cosa grave.
13 Vestir siempre modestamente y con vestido talar, evitando los
colores y bizarrías mundanas , llevar los cabellos, la barba y la corona
con la decencia y modestia eclesiástica que conviene*
14 Estando en compañía de otros, advertir de no decir ni hacer co­
sa que pueda dar á ellos mal ejemplo, y acordarse que los eclesiásticos
han de ser el ejemplo de los seglares.
15 Huir con gran diligencia las pláticas y aun la vista de las mu­
geres, y mucho menos permitir 9 que entren en nuestros aposentos.
16 Huir los juegos, principalmente de naipes y dados.
17 Huir siempre la compañía de sacerdotes mundanos, y poco ejem­
plares; y al contrarios platicar con gusto con aquellos que verdadera­
mente tienen espíritu eclesiástico.
18 Levantar frecuentemente entre dia la mente á Dios , principal­
mente al toque del relox, con breves y fervorosas oraciones jaculatorias;
como seria : primero morir > Señor, que pecar. Ó Señor, cuándo seré yo
todo vuestro! O Señor? cuándo pareceré ante Vos > y os veré!
19 Hacer cada año los ejercicios espirituales, si habita en lugar en
donde haya comodidad.
20 Leer cada primer dia del mes esta regla de vida, y renovar el
propósito de observarla cuanto será posible.
Quicumque hanc regulam secuti fuerint, pax super illos> Paul, ad Ga-
lat. cap, 6, num. 16,

Breve memoria de aquello que debe hacer un eclesiástico cada dia.

1 Observar el empleo y la distribución de las horas del dia ? que


se habrá prescrito.
2 Hacer oracion mental, y la lectura espiritual.
3 Celebrar la santa m isa, rezar el oficio divino, y otras oraciones
suyas particulares.
4 Estudiar.
g Hacer los acostumbrados exámenes de conciencia: el particular
dos veces al dia^ esto es, antes de comer? sobre el librarse de algun vi­
cio * 6 defecto particular, ó sobre el adquirir alguna virtud; y el gene­
ral á la noche, sobre todas las acciones del dia.
Cada semana.
1 Confesarse á lo menos una vez.
2 Asistir á alguna exortacion d conferencia espiritual, particularmen­
te en las que se trata de materias eclesiásticas, y propias deJ estado.
3 Ejercitarse en alguna obra de misericordia ; como visitar enfermos,
encarcelados , ó instruir los ignorantes en las cosas pertenecientes al alma*

Cada mes.
1 Leer esta regla de vida.
2 Conferir con el propio director del estado del alma.

Cada año.
1 Hacer los ejercicios espirituales con la confesion anual.
2 Leer las rubricas del misal y breviario, etc.

En todo tiempo.
1 Huir las malas compañías, el juego . la caza, y los negocios secu­
lares.
2 Practicar actos de fé en las funciones, que ejercita; de esperanza
en los trabajos, que acontecen ; y de caridad para con Dios, y el próji­
mo.
3 Hacerse familiar el ejercicio de la presencia de Dios.
4 Acordarse del buen ejemplo, que está obligado á dar i los segla­
res, y tener siempre á la memoria lo que se dice en el evangelio de
Jesucristo, primero y eterno sacerdote: benh omniafecit, para imitarle
en hacer bien, y perfectamente todas sus acciones.
Nota de algunos libros espirituales muy provechosos á los eclesiásticos.

Para la meditación,
El Manual de piadosas meditaciones. Las meditaciones del Padre Luis
de Granada, y del Padre maestro Ávila.

Para la lección espiritual.


La Biblia, 6 alómenos el ntievo Testamento.
Instrucción de sacerdotes del Padre Molina.
Las obras del Padre Granada, especialmente Guia de pecadores, y el
Memorial.
Tomás á Kempis de la imitación de Cristo-
Las obras de san Francisco de Sales.
Ejercicio de perfección del Padre Rodríguez.
Erario de la vida cristiana*
Cinco actos que se han de hucer á la mañana luego de levantado.
1 Postrado á la presencia de D ios, adorarle por tu Señor> Criador
y Redentor r al cual todo honor es debido , y de quien todo bien depende*
2 Dale gracias de todos los beneficios recibidos de su mano, y par­
ticularmente de haberte criado, conservado la noche pasada, llamado d
penitencia y al estado sacerdotal, si eres sacerdote.
3 Pídele humildemente perdón de los pecados cometidos por lo pa­
sado , arrepintiéndote de ellos por su amor, y proponiendo de no ofen­
derle mas, mediante su gracia.
4 Ofrecerle todo aquello que pensarás, dirás y harás hoy, y en to­
do el tiempo de tu vida , protestando de hacerlo todo á honra y gloria
suya.
5 Pídele por los méritos de Cristo Señor nuestro las gracias, que te
son necesarias, tanto para huir el mal como para hacer el bien, y en
particular pídele gracia de pasar este dia santamente y sin pecado.

Exámen de conciencia y oraciones por la noche.


1 Ponte á la presencia de Dios* adórale y dale gracias de todos los
beneficios recibidos de é l , y en particular de aquellos que te ha hecho
hoy.
2 Pídele gracia de conocer los pecados que has cometido hoy para
aborrecerlos.
3 Piensa en los pecados que has hecho hoy con pensamientos * pa­
labras, obras y omisiones, deteniéndote particularmente en aquellos, á
los cuales eres mas inclinado, y en los cuales fueres acostumbrado caer
mas frecuentemente.
4 Excítate al arrepentimiento de haber ofendido á Dios, consideran­
do por esto su infinita bondad, y la hediondez del pecado: pídele hu­
mildemente perdón, y propon de no ofenderle mas, mediante su divina
gracia.
5 Procura de ponerte en el estado, en el cual quisieras ser hallado
en la hora de tu muerte; y pues en ese punto extremo de muerte qui­
sieras haber siempre huido el pecado, haber observado la ley de Dios, y
practicado la virtud y las obras buenas: ahora pues, propon de hacerlo
en lo porvenir. Despues es bueno el decir el confíteor* las letanías de la
V irgen, el de profundis por los muertos, el Angele D e i, etc.

REGLA DE V ID A . Ó PUNTOS QUE SE HAN DE OBSERVAR


para ordenar bien la vjda.

i Levantarse todos los dias un poco temprano y á hora cierta, la


cual es menester determinar, según el estado y disposición propia, y
nunca dejar de levantarse á aquella hora que se habrá propuesto, sin
conocida necesidad lí otra justa causa.
2 Luego de dispierto dar el primer pensamiento á Dios, diciendo por
ejemplo: Jesús y M aría, os doy el corazon y el alma mía.
3 Cuando esté vestido ponerse de rodillas, y hacer los cinco actos
del ejercicio de la mañana; y despues media hora ó por lo menos un
cuarto de hora de oracion mental, proveyéndose para este efecto de un
libro de meditaciones.
4 Oir todos los días devotamente la santa misa, y si es posible á
hora cierta y determinada.
5 Ordenar las horas de sus empleos, negocios, estudios, etc. como
también la hora de la comida, del reposo y de la cena.
6 Leer cada dia despues de la comida, ó en otra hora mas cómoda
algun libro espiritual de los infrascritos ó semejantes-
7 Levantar á menudo entre dia la mente á Dios con alguna oracion
jaculatoria: particularmente al dar el relox,com o será: antes morir, Se*
ñor, que ofenderos,
8 Elegir un buen confesor, y confesarse con él cada ocho ó quince
dias, y comulgar aun, según su parecer.
9 Procurar emplear bien los domingos y fiestas,, con oir sermones,
los divinos oficios, etc.
ro Huir con gran diligencia las malas compañías, y las ocasiones de
pecar, singularmente aquellas, que otras veces nos han hecho caer.
ti Cuando es atrabajado de alguna tentación 6 aflicción, recurrir d
Dios, y á la Virgen Santísima con alguna oracion jaculatoria, como:
miradme Dios mió, y habed misericordia de mí. Psal. 2 4» 1 6; ó bien:
Virgen Santísima, socorred á este miserable, lí otras semejantes.
12 Estando enfermo, recibir lo mas presto que se pueda, los santos
sacramentos y resignarse enteramente á la voluntad de Dios.
13 A la noche antes de acostarse, hacer el examen de la conciencia
y despues rezar las letanías de la Virgen Santísima, y el de profundis,
y leer el sujeto de la oracion mental, que se ha de m editarla mañana
siguiente.
14 Hacer cada año la confesion general de aquel año, y aun los
ejercicios espirituales, si para ello hay comodidad.
15 Volver á leer cada principió de mes esta regla de vida, exami­
nándose si la ha observado: y si en esto ha faltado, proponer el obser­
varla mejor en adelante.
Nota de los libros espirituales mas útiles.
El Manual de piadosas meditaciones.
( E l Padre Nepueu, reflexiones cristianas.

El P. Luis de la Puente.
DE PIADOSAS MEDITACIONES. 53

L a Introducción i la vida Devota.


{Las obras del Padre Luis de Granada, par­
ticularmente k Guia de pecadores, y el
Memorial.
Las vidas de los santos.
(Tomás de Kempis.

Las obras del Padre maestro Avila.


A d te de luce vigilo. Psalm. 62*

B R E V E E JE R CIC IO P A R A L A M A Ñ A N A.

1 Pongámonos á la presencia de Dios.


Yo creo mi D ios, que estáis aquí presente, que me oís y veis todo
lo que hay mas secreto en mi corazon: por tanto deseo estar delante de
Vos con toda la hum ildad, y el respeto que debo i vuestra divina pre­
sencia; no siendo yo sino polvo y ceniza, y que de mí mismo no tengo*
sino la nada y el pecado.

2 Adoremos á D io s , y démosle gracias por todos los beneficios.


Gran D ios, yo os adoro y reconozco por mi C riador, y por mi so­
berano Señor. Ríndome con todo mi corazon al poder absoluto f que te-
neis sobre m í, y acepto humildemente todos los bienes y los m ales,
que será de vuestro agrado enviarme hoy.
Oá doy gracias de todos los beneficios que he recibido de vuestra in­
finita bondad, y principalmente de haberme criado y puesto en el mun­
d o , de haberme redimido por Jesucristo vuestro h ijo , de haberme hecho
hijo de vuestra Iglesia católica, y conservado la vida hasta ahora para
hacer penitencia 9 y trabajar por mi salvación.

3 Humillémonos delante de D ios, y pidámosle perdón de todos


nuestros pecados.
Dios m ió, os pido humildemente perdón de todos los pecados que
he cometido en todo el tiempo de mi vida: tengo de ellos un sumo do^
lo r, porque os desagradan á Vos* y porque Vos sois infinitamente bue­
n o: los detesto por amor de V o s, y hago una firme reaolucion de 110
volver acom eterlos, de hacer penitencia de ellos, y de evitar en el dia
de hoy todas las ocasiones de pecar, ayudado de vuestra gracia.

4 Ofrezcamos á Dios todo lo que haremos y todo lo que padeceremos


en el dia de hoy.
Dios m ió , yo os ofrezco y consagro todos mis pensamientos, pala­
bras y acciones del presente dia, Bendecid > mi D io s , todo lo que haré
4*
g4 MANUAL/
y padeceré en é l , para que en todas las cosas no busque sino vuestra
g lo ria , y el cumplimiento de vuestra santísima voluntad.

5 Pidamos á Dios las gracias necesarias para pasar el dia presente


sin pecado,
Acabad , Dios mió , por vuestra gracia lo que habéis empezado por
vuestra misericordia. Basta ya , Señor* de pecados , basta ya de ofenderos,
concededme, que nunca mas me aparte de Vos por la culpa, y particu­
larmente en el dia de h o y: hoy Dios m ió, alome nos hoy no permitáis,
que os ofenda m as; antes si veis, que ingrato y desconocido y rebelde,
he de faltar á la fidelidad prom etida, quitadme ahora en este momento
la vida , pues que mas quiero morir, que pecar.
Ante judicium interroga te ipsum* Eccles. 18.

E X Á M E N G E N E R A L P A R A L A N O CH E .

i Pongámonos á la presencia de D io s, y démosle gracias de todos tos be­


neficios que nos ha hecho, particularmente hoy.
Yo creo , mi D io s, que estáis aquí presente. Os adoro y reconozco
por mi Criador y mi soberano Señor, á quien debo todo lo que tengo, y
todo lo que s o y : os doy gracias por todas las que he recibido de vuestra
infinita bondad, y principalmente de haberme puesto en el m undo: ha­
berme redimido por Jesucristo, vuestro h ijo : haberme hecho hijo de
vuestra Iglesia católica, y haberme conservado hasta ahora la vida para
hacer penitencia , y trabajar por mi salvación.

2 Pidámosle gracia de conocer nuestros pecados para detestarlos.


Confieso mi D io s, que os he ofendido m ucho; pero yo soy ciego y
no puedo por mí misino conocer mis pecados: alumbrad mi espíritu pa­
ra que los conozca, y dudme gracia para aborrecerlos.

3 Pensemos en los pecados que habernos hecho hoy de pensamiento, pala-


b ra , obra y omision; particularmente en los á que somos mas inclinados,
y en las faltas cometidas contra las resoluciones hechas esta mañana
en la oracion.
Aquí se ha de parar el tiempo de un miserere, ó mas ó menos, con­
forme i su condición, examinando las culpas de aquel dia,

4 Excitémonos al dolor de haber ofendido á D io s, y pidámosle humilde­


mente perdón, proponiendo con su santa gracia no ofenderle jamas.
Mi D ios, yo tengo un sumo dolor de haberos ofendido, porque sois
infinitamente bueno, detesto 3 por amor de V o s , todos los pecados que
he cometido en toda mi vida, particularmente h o y : os pido hum ilde­
mente el perdón, y propongo firmemente de confesarlos sin tardanza,
hacer penitencia de ello s, y no volver á p ecar, ayudado de vuestra di­
vina gracia*

5 Pongámonos en el estado en que quisiéramos hallarnos en la hora


de la muerte.
Que será de m í, mi D io s, si me veo obligado á comparecer esta no­
che en el tribunal de vuestra justicia? Yo merezco el infierno: toda mi
vida no ha sido otra cosa sino una continuación de ingratitudes y peca­
dos. Mi único refugio es á vuestra m isericordia: yo os la pido por Jesu­
cristo mi Salvador \ y con la esperanza de alcanzarla de vuestra infinita
bondad, me rindo humildemente a' morir en el tiempo y en el modo,
que vuestra providencia tiene determinado: s í, s í , Dios m ió, os hago de
corazon el sacrificio de mi v id a , quiero morir en satisfacción de los agra­
vios que he hecho á vuestra suprema Magestad : quiero morir para no
ofenderos m as, para poseeros y amaros eternamente. O mi Jesús, que
moristeis por mí! Acordaos de vuestra muerte á la hora de la m ia : y
recibid mi espíritu, y haced por vuestra gracia, que yo muera en vues­
tro amor*
Hecho esto se debe decir el Confíteor D eo, etc. f . Misereatur. etc*
ir. Indulgentiam, etc.
ir. Dignare Domine mete ista. Sine peccato nos custodire.
jr* Miserere nostri Domine* Miserere nostrL
Fiat misericordia tua Domine super nos.
3c. Qiiemadmodum speravimus in te.
i¡. Domine > exaudí orationem meam. E t clamor meus ad te veniat-
Dominus vobiscum, fr. Et cunt spiriiu tuo.

O REM O S,
Visita* qiiaesumus D om ine, habitationem istam , et omnes insidias
inimici ab ea longé repelle 9 Angeli tui Sancti habitent in ea , qui nos in
pace custodiant, et benedictío tua sit super nos semper.
Respice, quresumus D om ine, super hanc familiam tuam , pro quft
Dominus noster Jesus-Christus non dubitavit manibus tradi noeentium,
et Crucis subiré tormentum. Qui tecum v iv it, et regnat in ssecula saecii'
lorum. Amen.
K yrie eleyson, Christe eleyson, F ili Redemptor miindi D eus, M i-
K yrie eleyson , Christe audí nos, serere nobis,
Christe exaudi nos. Spiritus Sánete Deus, Miserere nobis.
Pater de Coelis D e u s, Miserere no- Sancta Trinitas unus D eus, Mise-
bis.
56 M ANUAL
Sancta M aria, Ora pro nobis. Rosa M ystica, ora.
Sancta D ei Genitrix, ora. Turris Davidica, ora.
Sancta Virgo Virginum , ora. Turris Ebúrnea, ora.
M ater Christi, ora. Domus Aurea, ora.
M ater Divinae Gratiae, ora* Foederis Arca, ora*
M ater Purissima, ora. Janua Coeli, ora.
Mater Castissima, ora. Stella Matutina, ora.
M ater Inviolata, ora. Salus Infírmorum, ora.
Mater Intemerata, ora. Refugium. Peccatorum, ora.
M ater Immaculata, ora. Consolatrix Afflictorum, ora.
M ater Amabilis, ora. Auxilium Cbristianorum, ora.
M ater Admirabilis, ora. Regina Angelorum, ora.
M ater Creatoris, ora. Regina Patriarcharum, ora.
M ater Salvatoris, ora. Regina Prophetarum, ora.
Virgo Prudentissima, ora. Regina Apostolorum, ora.
Virgo Veneranda, ora. Regina M artyrum 9 ora.
Virgo Prsedicanda, ora- Regina Confe$sorum} ora.
Virgo Potens, ora* Regina Virginum, ora.
Virgo Clemens, orar Regina Sanctorum omnium, ora.
Virgo Fidelis, ora. Agnus D e i, qui tollis peccata
Speculum Justitiae, ora. mundi, Parce nobis Domine*
Sedes Sapientiae, ora. Agnus D e i , qui tollis peccata
Causa nostrx Isetitiae, ora. mundi, Exaudi nos Domine.
Vas Spirituale, ora. Agnus D e i, qui tollis peccata
Vas Honor ahilé, ora. mundi, Miserere nobis.
Vas insigne devotionis, ora.
5^. Ora pro nobis Sancta D ei Genitrix.
Ut digni efficiumur promissionibus Christi.

O REM Ü S.

Concede nos fámulos tu os, quaesumus Domine D c u s , perpetua m en­


tís , et corporis sanitate gau dere,et gloriosa Beatae Mariae semper V ir-
ginis intercessione h praesenti liberan tristitia, et aeterna perfrui laetitia.
Snnctissimse Genftricis tuse Sponsi , quaesumus D om in e, meritis ad-
juvemurr ut quod possibilitas nostra n o n o b tin et, ejus nobis intercessio-
ne donetur. Qui v iv ís, et regnas in saecula saeculorum* Amen.
Angele D e i, qui custos es m ei, me tibí commissum pietate superna
nocte ¡Ilumina, custodi, re g e , et guberna. £. Amen.
Psalm . De profundis clamavi ad t e , Dom ine: D om ine, exaudi vo-
cem meam. Fiant aures tuse intendentes: in vocem deprecationis me*-
Si iniquitates observaveris 5 Domine: Dom ine, quis sustinebit? Quia
apud te propitiatio e s t: et propter iegem tum sustinui te, Domine- Sus-
tínuit anima mea in verbo e ju s: speravit anima mea in Domino. A cus­
todia matutina usque ad noctem: speret Israel in Domino. Quia apud
Dominum misericordia: et copiosa apud eum redemptio. E t ipse redimet
Israel: ex ómnibus iniquitatibus ejus. Requiem aeternam dona eis, Domi­
ne : et lux perpetua Juceat eis. ir. A porta inferí. Erue Domine animas
eorum. i?. Requiescant in pace. i¡c. Amen.
Domine exaudí orationem meam. fr. E t clamor meas ad te veniat.
f . Dominus vobiscum. ft. E t cum spiritu tuo.

O REM U S.
Deus veniae largito r, et humante salutis am ator, quaesumus clemen-
tiam tuam, ut nostrae congregationis fratres, propinquos, et benefactores,
qui ex hoc saeculo transierunt, Beata Maria semper Virgine intercedente
cum ómnibus Sancti tuis, ad perpetuae beatitudinis consortium pervenire
concedas. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
■¡¡r. Requiem aternam dona eis, Domine. 1*. E t lux perpetua luceat eis.
9e. Requiescant in pace. Jje. Amen.

Leído el punto de la meditación para el dia siguiente, se dirá el himno.

Maria Mater g ra tis,


Dulcís pareas clem entis,
Tu nos ab hoste protege,
E t mortis hora suscipe.
Jesu tibí sit gloria,
Qui natus es de Virgine,
Cum Patre, et almo Spiritu
In sempiterna ssecula. Amen.

Antes de empezar la oracion mental, se ha de implorar la gracia del E s­


píritu Santo, con la antífona, verso y oracion siguiente: y esto
se observará en todas las meditaciones.

Veni Sánete Spiritus, reple tuorum corda fidelium, et tui amoris in


eis ignem accende.
if' Emitte Spiritum tuum, et creabuntur. fr. E t renovabis facietn terree.

O R E M U S.
D eu s, qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da
nobis in eodem Spiritu recta «apere, et de ejus semper consolatione gan­
de re. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
MEDITACION
DE LOS

XJWICKGIOS 13M M TO&ILES,


CUANTO IMPORTA HACERLOS BIEN.

PARTE I.

L A PREPARACION .

Antes de la oracion apareja tu alma, y no seas como el hombre que tien­


ta á Dios. Ecoles. i8 .

i Pongámonos á la presencia de Dios, creyendo firmemente que está ahí


presente, y en todo lugar nos está mirando.

^\l o creo firmemente Dios m ío , que por razón de vuestra inmensidad


estáis en todo lugar: que estáis aquí delante de m í, dentro de m í, en
medio de mi corazon, viendo los mas ocultos pensamientos y afectos de
ini alma, sin poderme esconder de vuestros divinos ojos.

s Humillémonos delante su divina Magestad, y adorémosle postrados en


tierra con el cuerpo y con el espíritu, reconociéndonos indignos
de estar ante su divino acatamiento.

Quién soy yo, Dios m ió, delante de Vos? A h , miserable de mí! que
bien veo soy un puro n ad a; y con todo me atrevo á ponerme en vues­
tra divina presencia? Perdonadme Señor el arrojo; que bien veis la suma
necesidad que tengo de Vos. Aquí vengo como enfermo al médico, para
que me sanéis: como pecador al santo, para que rae santifiquéis; y como
pobre y mendigo al rico; paraque me lleneis de vuestros divinos dones.
DE PIADOSAS MEDITACIONES. jg

Os adoro Dios m ío, con el mayor rendimiento, por mi único soberano


Señor, confesando con toda verdad > que no soy digno de estos inesti­
mables beneficios.

2 Pidámosle graciat para hacer bien esta oracion, puramente por su glo­
ria > y por nuestra salud, suplicando para este fin la intercesión de la
Virgen Santísima, de nuestro santo Angel de Guarda y de los
santos7 á quienes tenemos particular devocion.

Suplícoos, Dios inio, me deis gracia para hacer fructuosamente esta


meditación, para gloria vuestra y bien de mi alma. Dadme santos cono­
cimientos en el entendimiento,, y fervorosos afectos en la voluntad. Dad­
me, que deseche con diligencia las distracciones de cosas malas é imper­
tinentes, y que esté siempre atento á lo que debo considerar, haciendo
que tome resoluciones prácticas de lo que mas me importa. Y para este
mismo fin os ruego á Vos, Virgen Santísima* madre y amparo de peca­
dores, Angel de mi guarda y Santos de mi devocion, que intercedáis
por mí, y me alcancéis estas gracias, para sacar mucho fruto de esta
oracion.

3 Representémonos el objeto de esta meditación, que es de hacer


bien los ejercicios espirituales.

Aquí se detendrá un poco, imaginándose que está con el Señor en el


desierto, para honrar su retiro y ejercicios de cuarenta dias, y propondrá
ejecutar lo que Dios le dará á conocer en la oracion, y pensará singular­
mente en el fruto que pretende sacar de ella.

PARTE II.

CUERPO D E L A O R A CIO N Ó L á S C O N S ID E R A C IO N E S.

Abridme > Señor, los ojos y consideraré las maravillas de vuestra ley.
Psalm. i i 8.

PUNTO I.

Considera los motivos que te pueden inducirá hacer bien estos ejer­
cicios espirituales, i Dijo san Vicente de Paiíl, (hien experimentado en
esta materia) que entre todos los medios que Dios ha puesto en manos
délos hombres, para remediar los desórdenes de su vid a, no hay olro
de mas eficacia, y de quien se vean efectos mas sensibles, mas frecuen­
tes y mas admirables que el de los ejercicios espirituales: y que si los
pecadores no se corrigen con este rem edio, milagros son menester para
convertirles. 2 Piensa la honra grande que recibes en hacerlos, pues en
ellos has de tratar á solas con el sumo Dios, orando tií y respondiéndote
Dios con santas inspiraciones; y esta grande honra te hace Dios por so­
la su bondad; él es, el que te llama y convida á hacerlos, para llenarte
de bienes: pues si has venido á hacerlos de tu voluntad, Dios te ha mo­
vido con sus santas inspiraciones; y si vienes enviado de tus padres, 6 de
quien tiene cuidado de tí, ó de tu prelado, Dios se ha valido de ese ro­
deo, y con su oculta mano te ha guiado á los ejercicios. 3 Piensa que
nna de las mayores misericordias que Dios puede hacer á una alm a, es
darle ocasión de hacer los ejercicios, por los grandes bienes espirituales
que de ellos se sacan. 4 Si los condenados del infierno hubiesen hecho
bien unos ejercicios espirituales, es creíble que á lo menos gran parte de
ellos se habrían salvado, por el desengaño y nueva vida que habrían sa­
cado de ellos. 5 Debes temer que si malogras estos ejercicios, por no
hacerlos bien, sea esta la ultima gracia que Dios te conceda, y por tu
ingratitud te desampare. Considera pues que Dios y los cortesanos del
cielo están esperando á ver, como te aprovechas de estos ejercicios; y de
otra parte los demonios procuran que los malogres. Anímate á una cui­
dadosa aplicación en estos dias. Dios mió, no permitáis que yo malogre
esta oportunidad! En el fin de cada punto que habrás considerado, te pue­
des decir á t í mismo: crees tú estol Estoy yo bien convencido de estas ver­
dades? y lo mismo harás en todas las otras meditaciones.
Punto II. Considera, qué cosa sea hacer los ejercicios espirituales.
No es otra cosa, ( dejcí escrito de su mano el referido san Vicente) que
desembarazarse por algunos dias de todos los negocios y ocupaciones
temporales, para seriamente aplicarse á conocer bien su interior, y exa­
minar el estado de su conciencia: á m editar, contem plar, orar, y con
esto preparar su alma, para purificarse de todos sus pecados, malos hábi­
tos y afectos desordenados, á fin de llenarse del deseo de las virtudes,
buscar y conocer la voluntad de Dios; y habiéndola conocido, rendirse á
ella, conformarse con ella, unirse á ella; y de esta manera caminar, ade­
lantarse, y finalmente llegar á la perfección propia de su estado; lo que
todo se hace con la asistencia de un director, que en todo guia el ejer­
citante, proponiéndole las meditaciones y lecciones de los beneficios re­
cibidos de Dios; de los novísimos, de los pecados y vicios, de las virtudes
que mas le importan, y disponiéndole para una buena confesion general.
2 Y revolviendo el ejercitante estas verdades, Je penetran el íntimo de
su alma, y ve lo que antes no veía, y luego entra en deseos de una en­
tera conversión. A vista de esto, no debes estraííar que estos ejercicios
sean de todos tan alabados y juzgados por U t ilís im o s : que ellos para
tantos hayan sido principio de una grande santidad; pues por ellos unos
pasan de la mala vida á la buena» y aun se ponen en la práctica de la
oracion mental y devocion: otros que ya vivían bien, van conociendo sus
malas inclinaciones, y mortificándolas se adelantan en el camino espiri­
tual : otros aciertan elegir con prudencia el estado de v id a , á que Dios
les llam a: y todos por fin con ellos se preparan para una buena muerte.
Pero qué infelicidad seria para t í , que ahora empiezas estos ejercicios*
si de donde tantos han sacado tanto bien, tií no lo sacases por no coo­
perar de tu p a rte! Esta consideración te haga diligente y aplicado en
estos dias. Aquí puedes considerar como y en los demas puntos: Tienes
tu estos sentimientos? Hago yo de estas verdades el concepto que se me­
recen ?
Punto IIL Considera Jos medios, de que te puedes valer, para ha­
cer bien y con fruto estos ejercicios. Entra en fervorosos deseos de apro­
vechar á tu alma con ellos. 2 En estos dias de ejercicios procura apartar
de tu imaginación todos aquellos cuidados del mundo que te puedan dis­
traer de la atención á tu alma. 3 En las meditaciones y lecciones que
h arás, está atento y vigilan te, rumiando de espacio las verdades para
asentarlas en tu corazon. 4 Serás exacto en guardar el tírden del dia
que tu director te prescribe, en las meditaciones, lecciones, exa'menes,
etc. haciéndolo todo en el tiempo y forma que te fuere señalado; porque
Dios bendice esta obediencia. 5 Haz mucho aprecio de los avisos y doc­
trinas que te diere tu director, como si te los diese Dios, en cuyo lugar
está, y ponlos en ejecución. 6 En estos dias procura entrar en tí á co­
nocer tus pasiones, para ver donde está la mayor n e c e s id a d de tu alma,
7 Con toda verdad y lisura manifiesta tu corazon á tu director, manifes­
tándole tus mas ordinarias faltas y aun el bien que haces; y en las me­
ditaciones, díle ctímo te has habido, y que fruto has sacado de ellas; y
cree que con esta manifestación huirá el diablo, y tu hallarás el remedio
en tu director. 8 A l fin de los ejercicios formarás una regla de vida,
conforme á tu estado, para vivir según ella en adelante^ y esto sea el fru­
to de los ejercicios. Ejecuta pues con gran confianza en D io s, estos me­
dios, y verás buen logro de tus ejercicios. Dios mió, que por sola vuestra
bondad me habéis llamado á estos ejercicios, ella os mueva á asistirme
para aplicar estos medios! A quí pregúntate á tí mismo: tengo yo deseo
verdadero de hacer esto? Estoy bien resuelto á ejecutarlo? ¥ párate un
poco á escuchar lo que te dirá Dios en el corazon, disponiéndote primero
como Samuel3 diciéndolei Hablad Señor; pues está oyendo vuestro indig­
nísimo siervo. Recibe con humildad las inspiraciones santas que te diere. y
procura practicarlas con puntualidad y perseverancia.
PARTE III,

LA CONCLUSION\

1 Demos gracias á Dios de los buenos pensamientos y afectos que se ha


dignado comunicarnos en esta meditación>

Os doy gracias Dios mió, de la paciencia que habéis tenido, y mer­


ced que me habéis hecho, en sufrirme en vuestra presencia en esta me­
ditación, y aun de los buenos pensamientos, afectos y resoluciones que
me habéis comunicado en ella; pues todo lo miro como venido de Vos,
de quien desciende todo bien.

2 Ofrezcámosle las resoluciones que habernos hecho en unión de los mé­


ritos de Cristo nuestro Señor*
Os ofrezco Señor, las resoluciones hechas en esta meditación en unión
de los méritos de Jesucristo Señor nuestro vuestro hijo; para que así os sean
agradables, y las preservéis de las asechanzas de los enemigos malignos.

3 Pidámosle gracia de ponerlas en ejecución, suplicando para este fin la


intercesión de la Virgen Santísima, del santo Angel de Guarda
y de los santos de nuestra devocion-
Os suplico, bien m ío , me deis gracia para ponerlas en ejecución y
ser fiel, en lo que he resuelto en vuestra presencia: para cuyo fin os su­
plico a Vos, Virgen Santísima, madre y amparo de pecadores, Angel de
mi Guarda, y santos de mi devocion que intercedáis por mí y me alcan­
céis esta gracia.
Acabada la oracion, es bueno hacer un poco de examen sobre e lla , pa­
ra ver como nos hemos portado, y tenerla mejor otra vez, y despues escribir
las resoluciones (que se procurará sean prácticas, bajando á lo particular
cuanto se pueda) en la forma siguiente ú otra semejante,

Res olucion p ráct ica.


En la meditación sobre los ejercicios espirituales he conocido qu¿
ellos son el medio mas oportuno para reformar las costumbres, hacién­
dose bien: por lo que he resuelto aplicarme á practicar con exactitud to­
dos los avisos que á este fin he leído y se me han dado , superando ani­
mosamente las dificultades que se me pueden ofrecer, <5 de confusion en
descubrirme enteramente á mi director, ó de pereza en dedicar todo el
tiempo señalado á la oracion, ó de tedio en observar el debido recogimien­
to, silencio y modestia, y otras semejantes.
Otra resolución.
Porque el fin principal de los ejercicios es, no solamente purgar al
alma de pecados y volverla á la gracia de D io s , sino aun dar remedio á
las malas inclinaciones, refrenar las pasiones desordenadas, y ponerse en
el estado, en que quisiera ser hallado en la hora de la muerte : por tan­
to he resuelto emplear mas tiempo en la oracion, comulgar con mas fre­
cuencia, tener mas lección espiritual, hacer mas penitencia, como que
son medios para conseguir este fin.

Otra.
Los ejercicios se han instituido para convertirm e, y no para discur­
rir; para reformarme y no para estudiar: propongo pues por fin particu­
lar en ellos, aspirar á una mas perfecta observancia de las reglas de mi
estado: a' mas sincera caridad con el prtíjimo, humanándome con N. que
es contra mi genio: á mas profunda humildad, recibiendo con paciencia
el aviso: á mayor mortificación, absteniéndome de aquella p alabra, de
aquella diversión, de aquel sainete, etc.

Despues se puede hacer el ramillete espiritual que consiste en algun


afecto bueno, sacado de la oracion que entre dia se repite; como una ora­
cion jaculatoria, ó afectuosa aspiración d D io s , cuando da el relox para
dispertar en nuestro corazon aquella buena disposición que tuvimos en
tiempo de la oracion: como por ejemplo, en esta meditación de hacer bien
los ejercicios espirituales podríase tomar por ramillete espiritual esta ja ­
culatoria,

Aspiración jaculatoria
Dios mío, quiero aplicarme todo á Vos, y al bien de mi alma en estos
dias y lograr esta ocasion.

Otra.
Dadme fuerzas Señor, para humillarme tanto por amor vuestro, cuan­
to he conocido en esta oracion me importa.

Otra.
Infeliz de mí, estoy en este retiro con un espíritu distraido y un co­
razon i nmortificado.

E n las demas meditaciones se hace la misma preparación antes, y la


misma conclusión despues que están puestas en esta primera meditación.
D E L B E N E F IC IO D E L A C R E A C IO N

1 Considera en este beneficio de Ja creación, i Que algunos anos


há no tenias sér alguno, mas eras un puro nada y menos que un grano de
arena? y Dios sin necesitar de tí, te saco' de Ja nada, y por sola su bondad
te did el sér. 2 Te did el sér nobilísimo de criatura racional, superior á
todo lo que hay en este mundo. 3 Te did un cuerpo habilitado con los
cinco sentidos exteriores de vista, oido, olfato, gusto y tacto; y de los
cuatro interiores, de sentido común, imaginativa, cogitativa y rememora­
tiva, con los cuales puedes percibir todo lo de acá, y tener dentro de tí sus
semejanzas- 4 Te ha dado una alma que es substancia espiritual y seme­
jante á los a'ngeles, dotada de tres potencias; esto es, de entendimiento
para conocer lo de este mundo, y lo q u e está fuera de é l; de memoria,
para acordarte de lo que antes habías conocido; y de voluntad para amar
y aborrecer con libre alvedrío. 5 A tu alma ha hecho Dios capaz de la
divina gracia que es una expresa participación del sér de D io s , y capaz
de las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo. Piensa que todo esto
eres, y toda esta soberanía te ha dado Dios con sola la creación; y que
de todo has vivido muy ignorante ó poco advertido, pues has vivido, no
conforme á la alteza de la razón, mas á la bajeza de tus apetitos brutales.
O cuán corrrido estarías, si penetrases bien este punto!
2 E n este beneficio de la creación considera el fin que Dios ha te­
nido en criarte, y á qué fin te ha ordenado; y verás que en esto te ha
hecho mas merced, que en toda aquella nobleza que te did: pues te ha
criado para conocer, amar y servir á la infinita Magestad del misino
Dios en esta vida, y despues en el cielo conocer claramente su infinita
bondad y gozarla con un abismo de deleites por toda la eternidad.
Quién explicará, ni aun entenderá la honra y provecho de que Dios ha
hccho merced al hombre, con este alto fin, para que Je ha criado? En es­
te inuudo, el que llega á tener en el palacio de un R ey (que en substancia
es un gusano como los demas) un oficio de servirle, se tiene por tan hon­
rado que hasta sus descendientes se honran de ello despues de muchas
centurias. Pues con la infinita distancia de Dios á un R e y , qué honra de­
be estimarse ser criado para servir á ese gran D ios, y despues gozarlo
para siempre? Pondera bien el fin para que eres criado, y no te cabrá el
corazon en el pecho, por h buena fortuna que te ha cabido con ese be­
neficio de la creación. Que los mas altos serafines no se hallen dignos de
amar y se rv irá ese gran Dios; y tú para eso hayas sido criado? No se
cómo puedes pensar ni ocuparte en otra cosa.
3 Considera, cuanto ha tenido que sufrir Dios contigo sobre este
beneficio de tu creación; pues ha habido de hacer la cuenta por tu con-
tinua ingratitud, como que hubiese echado á la calle todo Jo que te
ha dado. Si bien te exam inas, h alla rá s, que pocas veces, y estas con
harta imperfección * has usado de estos sentidos y potencias para ser­
vir á D ios: y lo que no se puede contar sin horror, que innumerables
veces te has valido de todo eso para ofender á tu amabilísimo Criador
m ortalmente> y casi á la continua, venjálmente. Pues qué ha sacado
Dios de criarte , sino formar un cruel enemigo suyo? Parece * que ya es
tiem po, que levantes los ojos a] cielo para reconocer á tu C riador, y
darle gracias de lo que te ha dado en este beneficio* y de la paciencia
en sufrir tu ingratitud i y luego los bajes con el publicano, hiriendo tu
pecho con rancha contrición y deseos de hacer penitencia, por el abuso
de todo tí por lo pasado. Todo te debias á Dios en esos anos pasados,
y habiendo faltado tanto á esa deuda, mira cuanto mas te debes todo á
Dios por el tiempo que te queda. O frécete, pues, ahora á tu Criador
con corazon contrito y agradecido; y resuelve con eficacia de no usaren
adelante de tus sentidos y potencias, cuerpo y alm a, sino según su volun­
tad y servicio. O Criador amoroso, asistidme con nueva gracia, para
ejecutar esta resolución!
Conclusión, la misma de la meditación antecedente.

Resolución práctica.
E n la meditación sobre el beneficio de la creación y su fin , he vis­
to , que el línico principio de aquello que s o y , es la voluntad divin a,
que liberalmente se complació, dejadas otras tantas criaturas, que nunca
serán , escogerme: de que he sacado, que soy de solo D io s , y en rigor
de justicia todo enteramente de D ios: por lo que he resuelto sacrificarme
todo en obsequio de D io s , cumpliendo sus divinos preceptos en particu­
lar el de no entrar en tal casa, de dejar tales compañeros, de retirar­
me en casa á tal hora , y no salir mas de noche por gusto, etc.

Otra.
Dios me ha hecho á su imágen y semejanza : faciamus kominem ad
imaginan, et similiíudinem nostramo luego debo corresponder á mi ori­
ginal: luego debo evitar con sumo cuidado todo pecado: eso, pues, le
ofrezco al Señor muy de veras; y para lograrlo, comulgar de ocho í ocho
dias, levantando ú menudo el corazon á Dios y diciendo con eficacia y
espíritu: Señor? primero morir que pecar.

Otra.
Examinaré con atención mis pensamientos, mis palabras y obras,
para ver si van ordenados á mi último fin. y si son según las obligacio­
nes de mi profesión; y á todas las tentaciones que me querrán diver­
tir de mi fio* resuelvo hacerlas esta respuesta dentro de m í: andad allá
lejos de mi corazon, que no ha sido criado para servir á vosotros; mas
sí á mi Dios y Señor, á quien nunca jamás abandonare.

Aspiración jaculatoria ó ramillete.


A h , si yo me conociese bien; cuán poco caso haria de mí mismo,
de mi nacimiento y calidad! En lugar de desvanecerme pensaría en lo
que fui antes de ser.
0 Otra.
O mi D ios! Destruid en mí este corazon soberbio y ambicioso, qu
se complace en las grandezas mundanas, y dadme otro nuevo, que nada
mas huya que la vana estimación.

Otra .
0 mundo engañador! Yo renuncio de corazon á tus sensuales máximas,
y falsa libertad. S i, Dios m ió , quiero ser únicamente vuestro: recibid
las llaves de mi corazon* paraque nada entre en el sin vuestro consen­
timiento.

M E D IT A C IO N D E L B E N E F IC IO D E L A C O N SE R V A C IO N .

1 Considera, que D ios, no solo te ha dado el sér que tienes, sino


que de continuo te lo conserva , lo que 110 es menor beneficio que el ha­
bértelo dado la primera vez; porque conservándote el ser primero que te
d id , se puede decir, que cada momento lo produce de nuevo: y así, si
tanto le estás obligado por haberte en un instante sacado de la nada;
cuánto mas deudor Je serás por conservarte de continuo, y darte en
cierto modo tantas veces el sér, cuantos son Jos momentos pasados y
venideros de toda tu vida ? Ciertam ente, que como no hay momento al­
guno en que Dios no se acuerde de t í , haciéndote beneficios, y llenán­
dote de bendiciones: asi no habría de haber momento, en que no te
acordases de éJ, rindiéndole nuevas gracias y bendiciéndole en sus mi­
sericordias.
2 Considera, cuánto ha hecho Dios para tu conservación? Cuántos
bienes en la tierra? Cuántas plantas? Cuántos animales? Cuántos frutos?
Cuántos metales? Anda discurriendo por todas Jas cosas, de que Dios
ha enriquecido este mundo, y verás, que todas las ha criado para tu
servicio, el cielo con los planetas: el aire con las aves: mares y rios
con los peces: la tierra con los anim ales, frutos, flores, piedras precio­
sas y otras delicias innumerables. Y no te parece que considerando esto
el santo Profeta, tuviese razón de exclamar: (Psalm . 28.) Qué cosa es
el hombre, Señor, qué méritos tiene paraque tengáis aun especial memo­
ria de é l, y le hagais tan singulares gracias y favores, habiéndole he­
cho poco menos que los ángeles, coronado de gloria, y constituido sobre
las obras de vuestras manos? No te parece que aun mas razón tuvo el
A póstol, cuando espantado de haber el Señor destinado para nuestro
servicio y conservación los mismos a'ngeles, los llamó siervos nuestros?
(Hsebr. 1, 14.) Mas ay de t í , cuánta menos razón tienes, viviendo
tan descuidado delante de tantos testigos y disputadores, cuantos son
aquellos soberanos espíritus, y estaá cosas visibles!
3 Considera, que todos los males de que te ha librado D io s, so
tantas gracias, tantas finezas de su divina bondad hacia tí- Este mundo
no es mas que un abismo de miserias y calamidades: apenas hallaras
una familia que sea esenta de ellas. Cuántas personas afligidas y atraba­
jadas se ven, quien de calentura, quien de gota, quien de pobreza;
otras de persecuciones, ddios y males semejantes; 110 es pues, gran be­
neficio de Dios que te haya librado, sino de todos, alomenos de muchos
tan graves que cada dia ves, y hallas en los demas? Advierte también,
que todos los males de esta vida son ocasionados del pecado, y que ha­
biendo tu provocado tantas veces la ira de D ios, es suma misericordia
el no haberte castigado. (T h ren . 3, 22.) Misericordiosísimo Dios m ió,
ya que me habéis hecho tantas misericordias * hacedme aun e sta , que
sepa en adelante reconocerlas.

Resolución práctica.
En esta meditación sobre el beneficio de la conservación he conoci­
do mi suma ingratitud para con Dios , á quien despues de tantas finezas
suyas para conmigo, le he vuelto tantas veces las espaldas con tan repe­
tidos pecados, provocando su justa indignación contra mí. Ya , Dios mió,
estoy convencido de sumamente ingrato á vuestros divinos favores; y si
remedio tienen mis execrables descuidos, como me lo asegura vuestra
infinita clem encia, ofrézcoos mi Dios, entero mi corazon, para que dis­
pongáis de él á medida de vuestro gusto, y en obsequio de vuestra d ivi­
na M agestad, no salir nunca de casa sin pedir primero vuestra bendi­
ción y gracia para no ofenderos.

Otra.
He conocido la suma continua dependencia que tengo de D io s , en
el ser, el cual perdería en un instante que dejase de conservarle Dios;
y con todo esto atreverme á ofenderle? Es la temeridad inas loca , que
puede caber en criatura racional. Señor, ya resuelvo entrar en cuentas
conmigo para 110 tenerlas con V o s : y supuesto el subir tal escalera, el
pasar por tal calle, el tratar con tal persona, ha sido todo el principio
de mi desvarío, propongo con vuestra gracia evitar del todo estos pasos,
renovando cada dia esta seria voluntad.

Aspiración jaculatoria.
Dios m ío , ya que por vuestra bondad me conserváis la vida del
cuerpo, conservadme también la del alm a , y 110 permitáis que os ofen­
da jamás.

M E D IT A C IO N D E L B E N E F IC IO D E L A R E D E N C IO N .

i Considera, que siendo el pecado del hombre de gravedad infinita,


no podía ser perdonado según justicia, sino con satisfacción infinita, la
cual no podían dar todos los hombres; y así todos habían de incurrir la
condenación eterna. Y aunque D io s, dejándolos condenará todos, 110
habría perdido un punto de su bienaventuranza : por solo su infinito
am o r, quiso que su Hijo se hiciese hom bre, y como hombre padeció y
satisfizo, y como Dios did valor infinito á su satisfacción por los peca­
dos de los hombres. Y bien que con un solo acto de Cristo quedaban to­
dos perdonados, quiso dar superabundantísima sati&faccion, para mani­
festar su amor infinito, viviendo treinta y tres años en este mundo con
pobreza y penitencia, y acabando su vid a, abofeteado5 escupido, azo­
tado, coronado de espinas, crucificado entre ladronas, y muerto con las
mayores penas y afrentas; y todo esto lo sufrid con un amor y deseo de
nuestra salvación, mayor que sus penas. Qué sientes, ó a lm a , á vista de
estas consideraciones , á vista de este beneficio de beneficios? Si no te
sientes movida hácia D ios, bien te puedes confundir, y reputarte por
ciega, dura, ingrata y sin juicio.
k 2 Considera la honra grande para D io s, y provecho para el hom­
b r e , que resultó de esta redención del genero humano, y que tanto te
puede mover á admirar y alabar á D ios, y darle gracias. Todo cuanto
ha hecho D ios, no hace conocer tanto la excelenca de su sér, como es­
ta sola primorosa obra de Ja redención* En ella se ve la infinidad de su
justicia , en tomar entera satisfacción de una ofensa infinita; la infinidad
de su misericordia y caridad, en pagar por el hombre tanta satisfacción,
la infinidad de su sabiduría, en hallar tan exquisito é inopinado modo;
y simbolizado tantos millares de años antes con tantas sombras y figu­
ras : la infinidad de su poder y providencia„ en reducirlo todo á ejecución
en tiempo oportuno, y con tanto primor. Aquí se ve una admirable
conveniencia de remedios eficaces para sanar las enfermedades espiritua­
les y malas inclinaciones, que el pecado ocasiono al hombre. De otra
parte considera que con la redención queda el hombre perdonado, libre
del infierno, santificado, amigo é hijo de Dios* y con derecho claro d
la eterna gloria, si no lo pierde por su culpa* Párate á considerar, quien,
debe ser este gran D ios, de quien ha salido esa soberana obra- Suspén­
dete todo en admirar sus infinitas perfecciones. Mira después, sl ese
gran D io s, en el peligro de perder su divinidad, podia hacer mas por
s í, de lo que ha hecho por tí* y por buscar tu salvación? Que' gracias
bastarán para agradecerlo ? E a } enciéndete en sus alabanzas, llamando
para estas á todas las criaturas : dáte todo por suyo, ya que tan á su cos­
ta te ha comprado*
3 Considera ahora, qué aprecio has hecho por toda tu vida de este
estupendo beneficio de la redención? Cómo te has aprovechado de Jos
sacramentos, que son los caños por donde se comunica su fruto? Qué ca­
so has hecho de los ejemplos de las virtudes de tu Redentor 9 que son
la triaca del veneno de tus vicios ? Ó cuánta seria tu infelicidad, si todo
esto no hubieses logrado! Y cuanto mayor seria, si á Dios > muerto por
t í , le hubieses ofendido con culpas grave3! O s y qué penas bastarían
para tu castigo í Bien dijo san Agustín, que merece que se fabrique otro
infierno, para quien con Ja culpa mortal derrama la sangre que Cristo
vertió. Quieres saber de dónde viene esta ingratitud y malogro ? Viene
de no meditarse con frecuencia y por largos ratos este beneficio de Ja
redención, sus partes y circunstancias. O qué descomedimiento, que no
te hayas dignado meditar con frecuencia tan estupendo beneficio que
Dios te ha hecho, que tanto le ha costado, y en que ha empleado lo
fino de sus atributos! Vuelve sobre tí ahora, alma ingrata, y paga con
amor tanto am or, abraza las penas y penitencias, para honrar la pasión
de tu Redentor; y para cumplir esto, resuelve con eficacia el meditar
séria y frecuentemente este beneficio-

Resolución práctica.
En esta meditación sobre el beneficio de la redención he considera­
do los medios que me ha dejado el Redentor, para aprovecharme de su
preciosísima sangre, con tanto amor y tan á su costa por mí derramada,
instituyendo los santos sacramentos, que son los conductos por donde se
comunica á las almas; por lo que he resuelto recibir indispensablemen­
te cada quince dias los de la penitencia y comunión, disponiéndome d
ellos con la mayor diligencia posible-

Aspiración jaculatoria.

Im prim id, Señor, en mi alma los dolores, con que os habéis dig­
nado de redimirla, para meditados continuamente, y esforzarme á pa­
decer por vuestro amor.
M EDITACION^ D E L B E N E F IC IO D E L A VO CA CIO N
A LA F£ CATÓLICA.

1 Considera, que ninguna cosa aprovecharía el inestimable beneficio


de la r e d e n c ió n s i no fuese acompañado con este de la vocacion á la
verdadera (¿ y de la justificación, por medio de la cual has sido hecho
verdadero hijo de la iglesia católica y vivo miembro de C risto , cabeza
de ella. Y qué aprovecha al enfermo y llagado, el haber en el mundo
medicinas eficaces y bálsamos poderosos para curar su m al, si no se le
aplican? A sí la sangre de nuestro Salvador, derramada para curar las
heridas de nuestro corazon, que son los pecados , poco ó nada aprovecha
d tes alm as, quienes por estar fuera de la iglesia ,110 les es aplicada por
el bautismo y demás sacramentos. 2 Considera, que ninguno puede pa­
sar de las tinieblas de la infidelidad á la luz de la verdad católica, si
por especial gracia del Señor no es llam ado, como la verdad misma lo
afirmó. (Joan. G, 44.) Porque así como la piedra por su natural inclina­
ción , siempre va á lo bajo, ni puede subir i lo a lto , sin ayuda extrín­
seca de quien la levanta: a sí la naturaleza humana, que corrompida del
pecado, siempre se va tras del amor de las cosas terrenas, no puede le­
vantar su corazon al amor de las cosas celestiales, si no la atrae la ma­
no del omnipotente D io s , debajo de cuya mano has de estar humilde,
si quieres perseverar en esta santa fé y salvarte: ( A d Rom . 1 1 , 29.)
Está firme en la fé: no te ensoberbezcas; mas teme.
2 Considera , cuantos m illares, no solo de hom bres, pero de nacio­
nes enteras, desde el principio del m undo, y despues de la venida de
C risto, y aun en nuestros dias, por justos juicios de D io s, y por sus
pecados, no han alcanzado esta vocacion, absolutamente necesaria para
salvarse, sino que se han quedado en su infidelidad, y por consiguiente
se han condenado y se condenan cada dia! Qué habría sido de t í , si hu­
bieras nacido entre paganos ? Si como ellos hubieras adorado dioses de
piedra y de madera? Si hubieras tenido padres hereges, deudos y pa­
tria 3 donde no resplandece la luz de la fe? No te habrías también per­
dido como ellos? Cuántas gracias, pues, debes dar á D io s, que tras tan­
ta muchedumbre de reprobos y condenados, te haya hecho el favor de
contarte en el numero de los hijos de la iglesia rom ana! Te haya criado
y alimentado con la leche de la doctrina apostólica, apacentado con sus
propias carnes, y embriagado, digámoslo a sí, con sn sangre sacratísima?
Qué por medio del bautismo te haya hecho renacer hijo de D io s, y he­
redero de la vida eterna? Y qué seria, si en lugar de darle gracias, no
cesaras de ofenderle continuamente, y despreciarle con tus pecados ? Ahi
Señor, 110 permitáis tal ingratitud!
3 Considera , cuantos millares de cristianos 9 despues de haber sido
libres de sus pecados, y de la condenación eterna, por medio del san­
to bautism o, despues de haber recuperado la divina gracia y la amis­
tad de D io s, han miserablemente caíd o, ó en la heregía ó en otros
grandes pecados, de los cuales 110 habiendo salido, naufragaron infeliz­
mente en el mismo puerto, y se han condenado: y tu cuántas veces has
recaído en las faltas y pecados; y 110 obstante, Dios te ha concedido
tiempo y comodidad para volver á su divina M agestad, por medio de
la penitencia? Cuánta paciencia ha tenido contigo, sufriéndote cuando
cometías pecados tan enormes, continuando los años enteros sumergido
en el lodo de tanta maldad sin pensar en enmendarte; antes procurando
hacer caer d muchos otros con tu mal ejemplo, y pésimos consejos? En
medio de tantos pecados. tantas veces te ha llamado á penitencia, dán­
dote continuas inspiraciones para reducirte á su amistad > cuando no ha­
cías otro mas que ofenderle y provocarle á indignación. Finalmente ha
hecho contigo, como con otro Lázaro hediondo: con i^oces tan altas te
ha reducido á la vida de la gracia. E s , pues, razonable , que comien­
ces una vez á servirle de veras, y que dando mano á todo aquello que
puede hacerte perder de nuevo su gracia, digas con el P rofeta: yo dije:
ahora empiezo. Paalm. 7 6.

M E D IT A C IO N D E LO S B E N E F IC IO S P A R T IC U L A R E S .

1 Considera > ademas de los beneficios comunes á todos, cuantos


otros particulares has recibido de D ios, no concedidos á otros, aunque
fieles, asi de naturaleza, como de fortuna y de gracia: estos son, que
antes de nacer, no te ahogases en el vientre de tu m adre: que no na­
cieses de padres infam es, ilegítim os, infectos de algún mal hereditario,
ladrones, vagabundos y otros semejantes, que con su mal ejemplo crian
los hijos con la leche d é la iniquidad, dejándoles herederos de sus mal­
dades asi del cuerpo como del alm a; pero al contrario, has tenido pa­
dres piadosos y cuidadosos, los cuales , desde los años mas tiernos te
han encaminado por la mas derecha senda de la piedad cristiana, por sí
mismos y por los buenos m aestros, en cuyas manos te han puesto pa­
ra que te instruyesen asi en letras, como en buenas costumbres, y por
medio de su buena enseñanza te librases de compañías escandalosas, que
son el contagio de la juventud, y echan al abismo de la maldad á aque­
llos con quienes se acompañan: todos beneficios verdaderamente singu­
lares * de los cuales ordinariamente los hombres no se acuerdan: pero de
ellos te pedirá Dios particular cuenta, si no sabes reconocerlos.
2 Considera los otros beneficios mas particulares de gracia, que has
recibido de Dios en la edad crecida; y hallarás que el haber tenido co-
inodidad de oir á menudo la palabra de Dios en los serm ones, y otros
coloquios espirituales: el haber empleado los años mas peligrosos de la
juventud en Ins escuelas o colegios, e n compañía de personas pías y b ie n
acostumbradas: en lugares, donde tenia$ frecuente uso de los sacramen­
to s, el ejercicio de la oracion, y de otras obras de piedad: donde el
ejemplo de los buenos estimula poderosamente á la dcvocion: donde no
te han faltado santos y prudentes directores, que con sus paternales do­
cumentos te han detenido, para que no cayeses en el precipicio, al que
tantas veces te habrían llevado tus mismas pasiones: donde finalmente
has tenido la comodidad de ejercitarte en obras buenas, asi en publico,
corno privadamente, y aprender todo aquello que era necesario para
perficionarte en una vida verdaderamente civil y cristiana: todos estos
beneficios y otros muchos son gracias particulares, que Dios te ha he­
ch o , Jos cuales debes mirar como principios de tu salud; porque de la
buena ó mala educación de la juventud, depende toda la vida, buena 6
mala; y por consiguiente Ja condenación tí salvación eterna- Cuántas
gracias, pues, debes dar á D io s, y cuán solícito debes ser en corres­
ponderá? O qué grandes estímulos son estos, para mejorar siempre mas
tu vid a , y 110 desviarte jamas del recto camino de tu salvación!
3 Considera los otros beneficios mas escondidos y es traordin arios,
que en un modo tan particular tal vez habrás recibido de Dios. Tal se­
ria , si nacido de padres hereges 6 ensenado de malos maestros, no obs­
tante hubieses sido llamado é ilustrado de Dios con la luz de la fé y
religión cristiana, y te hubiese dado gracia para perseverar, aunque aban­
donado de tus padres, perseguido y privado de tu herencia paterna, (fa ­
vor verdaderamente singular, y que se concede d pocos) y aun si el Se­
ñor te hubiese librado de la compañía escandalosa, lo cual muy en bre­
ve te hubiera llevado al precipicio: si te hubiese hecho gracia de librar­
te de algun pecado, en que hubieras miserablemente continuado por mu­
chos años: si mientras estabas en tal pecado, te hubiese librado de al­
gun peligro de la vida, como de naufragio o semejante: si te hubiese
dado fuerzas para resistir á alguna grave tentación, que te habría pre­
cipitado en el infierno: cuántos de estos y mucho mayores beneficios
hallarías haberte Dios concedido, si de veras lo considerases con el san­
to Profeta R ey todos los anos de tu vida? Quién sabe de cuantas oca­
siones de pecar, de cuantos peligros, asi del alma como del cuerpo te ha
librado? Cuántas veces ha roto los lazos, que te tenían prevenidos Jos
enemigos? Cuántas veces ha deshecho sus trampas? Cuántas ha atado las
manos al demonio paraque no desfogase contra tí su ira? Por que', pues,
no le darás gracias de continuo por estos ocultos beneficios, ya que con
el Profeta le ruegas te perdone los pecados ocultos? Por tanto, Señor, os
doy las gracias que á Vos son debidas, por todos los beneficios de vues­
tra liberal y poderosa mano recibidos.
Resolución práctica.
En esta meditación sobre los beneficios particulares he considerado
la largueza, la alteza y la continuación de la divina beneficencia para
conmigo, para acabar de rendirme á su amor; y viendo que tantas ofen­
sas mias no han detenido á Dios de hacerme tanto bien, he quedado su­
mamente confuso de ver que tanto bien como Dios me ha hecho y hace,
no me haya tenido i mí para no disgustarle: por esto he resuelto á en­
tregarme de veras todo á su amor y en el ejercicio santo de la medita­
ción de sus inmensos favores, en que gastaré cada dia un rato para agra­
de cérselos.
Aspiración jaculatoria.
Señor, pues no puedo amaros sin v o s , añadid á todos vuestros be­
neficios, este que será el cumplimiento de todos, el dcín de vuestro d i­
vino amor.

M E D IT A C IO N E S D E L PECA D O .

De la gravedad del pecado por parte de Dios.

1 Considera por una parte, que Dios con ser una substancia sitnpli-
císima, es tal su eminencia, que encierra en sí infinitas perfecciones que
le hacen infinitamente amable. Basta que en el cielo le vea el alma al
descubierto para quedar tan absorta de aquella hermosura que no puede
dejar de amarle: y con ser Dios capáz de amar infinitam ente, todo su
amor ha menester para amar su infinita hermosura. De esto resulta que
por su hermosura y bondad, le deben todos sumo respeto, amor y obe­
diencia en lo que manda; y que por ningún trabajo, daño, ni por la muer­
te misma, deje ninguno de obedecerle, respetarle y amarle. D e otra par­
te considera, qué cosa eres delante de este sumo Dios entre la multitud
de sus criaturas? Apenas eres un granito de arena : eres un gusanillo fla­
co, pobre y necesitado. Pues cuando tú cometiste culpa m ortal, esto es,
pensaste, hablaste, obraste u omitiste algo contra la ley de esta infinita
Magestad, perdiéndole el amor, respeto tí obediencia, ó por mejor decirlo,
despreciando su infinita grandeza y autoridad; qué tal fue la gravedad de
esta culpa? Si en este mundo el agravio hecho al caballero, al titulado, al
R ey, va creciendo al paso de la autoridad del ofendido y vileza del ofen­
sor; siendo Dios infinitamente mayor, y tu un gusanillo, adúnde llegará
tu ofensa! Pensabas tu esto cuando pecabas? Dirás que no. Pues piénsalo
bien ahora para llorarlo con grande sentimiento,
2 Considera algunas circunstancias de tus pecados, para mas conocer
su gravedad. Cuando tií pecabas, bien que fuese en medio de la noche y
elen tro de una honda cueva, allí estaba Dios presente, allí veía tu pecado
en tu alma y en tu cuerpo. Visto de otro hombre no habrías osado pecar;
y 110 hiciste caso de la vista de Dios. O suma desvergüenza! En tu peca­
do hubiste de hacer alguna acción, y para ella fue preciso el concurso de
Dios^ como causa universal: y allí obligaste á Dios á servirte en tu cul­
pa. O desacato horrendo! Cuando pecabas estaba allí Dios contigo con todo
su infinito poder: para quitarte la vida, no necesitaba de mas que de un
solo querer, y con gran facilidad te pudo pasar del actual pecado al in­
fierno, donde tiempo h i que estarías ardiendo; y con todo eso pasaste
adelante a cometer el pecado. Dime, de dónde sacabas tanta osadía? T an ­
to ánimo? Mira alma ingrata, descomedida 5 qué modos tan injuriosos y
ofensivos de aquella dignísima Magestad acompañaban tu pecado! No le­
vantes los ojos á ese tu Dios en cuya presencia estás, mas cúbrete de
vergüenza, confusion y contrición, como el publicano, (Luc. 1 8, 13.) y
di le con el: Señor, sed propicio d este grande pecador.
3 Considera otra circunstancia de tu pecado, que muy mucho te ha­
rá ver el s u m o desprecio que hiciste de la divina Magestad. Cuando Dios
te preguntará: por qué cometiste un tan gran mal corno es el pecado mor­
tal; acoso podrás responder que por hacer un gran servicio á otro Dios,
tan bueno como él; ó por ser tú Señor del mundo, á por otra cosa de gran­
dísima importancia? No por cierto; mas serás convencido de haber ofen­
dido su infinita bondad por un gustillo leve y momentáneo, por un poco
de interés, por un airecillo de honra, y á las veces sin tanto motivo. Y
Cristo te podrá replicar: ea menos me estimaste que Judas: en mas tu­
viste un nada que se te antojrf que toda mi infinita hermosura; y esto
no fue una ú otra vez, mas por ese nada 6 casi nada, cometías los peca­
dos á montones. Mira alma ciega, á qué desprecio tan profundo abatiste
á tu Dios! Confúndete y tente por aborrecido de Dios, de los ángeles y
de los santos: asómbrate que la tierra te sustente, y halles piedad en las
criaturas para continuar á vivir: y ya que en esto no hay otro remedio
que dolerte y hacer penitencia, embravécete contra tí mismo, como reo
de lesa Magestad divina, Hora con gran sentimiento esas traiciones para
llegar á tener un corazon verdaderamente contrito y humillado, el cual
Dios no despreciará.

Resolución.
En esta meditación sobre la gravedad del pecado por parte de Dios,
he conocido que pecando, hice á Dios todo el mal que le puede hacer
una criatura, que es no obedecerle y despreciarle: de que he sacado afec­
tos de compunción y dolor, detestando millares de veces mis culpas y
proponiendo morir primero que volver á pecar. Esto os pido Dios mío
con todo fervor, y resuelvo solicitar cada dia de vuestra divina ciernen-
cía esta gracia, haciendo con la mayor eficacia el acto de contrición, y
correr luego al bailo de la penitencia si por algún accidente me viese en
tan miserable estado,
Otra.
Quiero reparar en estos ejercicios, y por medio de una exacta confe­
sión general de todas mis culpas pasadas, con el nías vivo dolor que me
sea posible, la falta de contrición que he tenido en mis antecedentes
confesiones.
Ramillete.
Ó mi dulce Jesús, qué tal debia de ser vuestro sentim iento, cuando
veíais que mi corazon acariciaba al verdugo que os puso en la cruz!

Otra.
Ó si pudiese, Dios m ió, deshacer con acerbísima muerte los arrojos
infames de mi vida pasada! Querría Señar antes morir > que vivir como
he hecho hasta aquí.

M ED ITA CIO N D E L A G R A V E D A D D E L PE C A D O
POR PARTE DE CRISTO, MUERTO POR EL.

1 Considera y conoce la gravedad del pecado mortal y la ofensa que


con él se hizo á Dios, por la satisfacción que exigid para perdonado. Los
ángeles y justos todos, que ha habido y habrá hasta el fin del mundo no
eran capaces de satisfacer de rigor de justicia por un solo pecado mortal;
porque su malicia es infinita, y los méritos de aquellos finitos y lim ita­
dos, Y no queriendo Dios aplacarse sino con una satisfacción proporcio­
nada a la injuria; por un efecto de la caridad con que nos amo desde la
eternidad, nos di<5 á su unige'nito Hijo, paraque tomando nuestra natura­
leza, y cargando sobre sí todos nuestros pecados, saliese fiador de dio®,
y pagase a la divina justicia la deuda que habíamos contrahido.
2 Considera al Hijo de Dios humanado y cargado de los pecados de Jos
hombres, hecho el blanco de la indignación divina- No parece hombre,
sino un gusano vil, es el oprobio de los hombres y el deshecho ele la ple­
be; es reputado como leproso, humillado y herido por la mano de Dios.
Parece que le desconoce el Eterno Padre, y que no ve en él al Hijo ama­
do objeto de sus complacencias; sino a' un reo de todos los delitos que to-
md á su cuenta satisfacer. Y así le entrega al poder de sus verdugos, que
le escupen, abofetean, cargan de cadenas, calumnian * azotan , sentencian
á muerte, y se la dan en efecto en un público patíbulo y en medio de
dos ladrones. Ora al Padre, clama desde la cruz, y lo desampara. Y solo
despues de derramada hasta Ja última gota de su sangre y consumado el
sacrificio de su vida, logra templar la ira de Dios y desarmar su mano
levantada.
3 Considera el estado í que han reducido los pecados i Jesucristo,
y por ahí conocerás la injuria infinita que hicieron á Dios, y Ja malicia
que en sí contienen. Y no creas que solo Jos pecados que cometieron los
hombres antes de la pasión del Seílor fueron la causa de sus afrentas, tor­
mentos y muerte. Los tuyos concurrieron también á crucificar á tu Cria-
dor. Y no contento con haberle dado la muerte una sola v e z , se la has
dado otras tantas cuantas han sido las veces que has cometido pecado
mortal, crucificando en tí mismo al Hijo de D io s, deshonrándole, pisán­
dole y derramando como cosa vil su sangre preciosísim a, con que se se­
lló el nuevo Testamento. Horrorízate á vista de esto f y conociendo por
este cuadro la malicia del pecado m ortal, aborrécelo de todo corazon , y
haz firmes resoluciones de huirlo, y de morir antes que cometerlo otra
vez. Acuérdate de tu Fiador tan atormentado por t í; agradécele su fine­
za, y no quieras exponerle á nuevos martirios cometiendo nuevos pe­
cados.
Resolución.
Si Dios aborrecid tanto al pecado, que mas presto quiso muriese Je­
sucristo en una cruz, como infame entre ladrones, que dejarle sin castigo;
qué tal será el odio, le debo tener yo por este motivo? Quiero de hoy
en adelante habituarme á cobrarle horror, diciendo muchas veces al dia
y como por jaculatoria ordinaria: No, no, Dios mío, tanto como pecar, no:
primero morir que pecar.
Ramillete.
Detesto Señor, abomino y maldigo á todos mis pecados en común y
en particular.
Señor, si aquí de un lado estuviese el pecado, y de otro el infierno,
y yo me viese obligado i escoger al uno ó al otro; al infierno escogería
y 110 al pecado.

M E D IT A C IO N D E L A F E A L D A D D E L P E C A D O
POR PAUTE DEL DJEM0NI0.

i Considera cuan grande sea Ja fealdad del pecado por parte del de­
monio; es tan grande que no hay cosa en este mundo, de que mas guste
este espíritu m aligno: lo que se conoce por tres diferentes razones. La
primera, porque él no se cuida ni de o ro , ni de p lata, ni de otra eos»
que haya en el mundo; pero solo busca la perdición de las almas: y así
como dijo aquel R ey de Sodoma: (Gen. 14, 2 1.) Dáme alm as, y lo de*
mas quédese para tí\ asimismo aquel infernal enemigo por una sola alma,
y para hacerla caer en Ja culpa, todo lo ofrece; y si por desgracia puede
coger algunas en este infeliz estado, dice san Anselmo que hace juego y
entretenimiento de elJas, como lo hace un niño con una avecilla, que
habiéndola atado con un hilo, toma gusto en darle alguna libertad para
volver á tenerla mas estrechamente en el puno. A y cuántas veces con sus
gustos y pasatiempos, por falta de conocim iento, son los pobres pecado­
res entretenimiento de un enemigo tan cruel!
2 Considera otra razón que te hará conocer cuanto gusta el demo­
nio del pecado* y es porque nunca se cansa de solicitar é instigar á Jos
hombres, por medio de sus continuas sugestiones para que le cometan. Ya
son mas de seis mil años que á esto solo atiende con todo cuidado, in­
ventando cada dia nuevas maneras de tentar: cuantos mas hace caer en
la red del pecado con sus sugestiones* tanto mas atrevido se muestra pa­
ra tentarnos, estando en esto tan ocupado* qtie nunca reposa, nunca duer­
me ni para según lo de Isaías. (29, ío .) Por el contrario, tu > viviendo tal
vez enredado en culpas, duermes descuidado como si no tuvieras enemi­
gos, ni hubiese para tí lazos. (Psalm. 75 , 6.) Alumbrad,, Señor, mi alma
con vuestra gracia, y despertadme con tiempo, para que reconocido y de­
sasido de tantos lazos, no me coja la muerte desprevenido.
3 Considera que la tercera razón ó señal con que se conoce, cuanto
gusta el demonio del pecado, es porque nunca se halla harto de é l ; por­
que si bien estos malignos espíritus han precipitado hasta ahora á infini­
tos millares de hombres, y aun precipitan con el pecado al abismo de la
impiedad; con todo no está aun contenta ni satisfecha su rabiosa ham­
bre, antes, según dice san Pedro: (1 Petr. 5, 8 .) Anda siempre al rede-
dor, buscando a' quien tragar, como lo experimentó aquel infeliz monge,
de quien se refiere en las vidas de los padres, que no cesó por cuarenta
años continuos de tentarle hasta haberle hecho miserablemente caer; y
como dice Job: (40, 18.) Absorverd el rio; y tiene confianza, que entre el
Jordán en su boca. Su boca es el infierno: el rio que entra en él, son los
pecadores, los cuales como arrebatados torrentes, corren con grande ím­
petu a engolfarse en el abismo infernal. Finalmente piensa que cuanto se
alegran los ángeles rebeldes de la caida de los hombres en el pecado; por
el contrario Dios y los ángeles buenos sumamente se alegran de Ja con­
versión de los pecadores, y hacen gran fiesta cuando un pecador se con­
vierte i penitencia, (L u c. 15, 7.) Da por tanto este gozo á Dios y a los
ángeles, y arrepentido de tus culpas pide perdón al Señor* diciendo con
David; Ten misericordia, Dios mió, de mí, conforme tu gran misericordia.
Psalm. 50.

M E D IT A C IO N D E L A F E A L D A D D E L P E C A D O
POR SUS EFECTOS.

1 Considera que tu alma hecha á imágen y semejanza de Dios, mien­


tras persevera en la gracia y amistad suya, es tan bella y adornada de
tantos dones espirituales que su Criador se complace grandemente de ha­
bitar en ella: pero si una vez viene á consentir en un pecado mortal,
llega á ser Juego tan fea y abominable, que si el pecador mismo pudiese
verla, no podria sin horror mirarla; porque no solo está privada de mu­
chos bienes, sino que está también oprimida de muchos males. En cuanto
á los bienes, i Dios se aparta de ella. 2 Queda privada de su gracia y
amistad. 3 De la familiaridad del Espíritu Santo. 4 De la participación
de los méritos de Cristo. 5 De la paternal providencia de Dios. 6 De las
virtudes infusas, y de los dones del Espíritu Santo. 7 De la comunicación
de los bienes de la iglesia. & D e la paz y seguridad de la conciencia. 9 Del
mérito y fruto de las buenas obras y de la misma vida eterna. O qué hie^
nes tan soberanos, si los considerases cuando los pierdes!
2 Considera, cuantos males causa el consentir en el pecado. 1 Priva
al hombre de la divina gracia. 2 Merece el odio 6 ira de Dios- 3 Ensucia
al alma con feísimas manchas. 4 La hace heredera du la eterna condena­
ción. g La borra del libro de la vid a ,y la hace esclava del demonio. 6 La
ocasiona el remordimiento de la conciencia. 7 La expone al peligro de
caer en mayores pecados. 8 La necesita á llorarlos, confesarlos con ver­
güenza y satisfacer por ellos con penitencias. 9 Hace al hombre semejan­
te á los jumentos, según lo del Salmo 48, Peor y mas feo que los mis­
mo® demonios- No obstante (ó cosa h orrible!) creyendo tú por fe estas
verdades, caes tan fácilmente en el pecado mortal, cuyo nombre solo tanto
tedebia horrorizar, cuanto si cayese del cielo un ray o , d el infierno se
abriese para tragarte.
3 Considera que Dios también es ofendido del pecado venial, aunque
no tan gravemente que por éJ te prive de su gracia; y por e s o , quien
quiera servirá Dios, debe huirle por los efectos siguientes. 1 Porque te
obliga i satisfacer por ellos, <5 en esta vida ó en el purgatorio. 2 Porque
mancha y obscurece la hermosura del alma. 3 Porque entibia el fervor de
la caridad, como el agua apaga la llama. 4 Porque debilita Ja fuerza del
aima, g La retarda la entrada en el cielo, G Dispone para el pecado
mortal. 7 Pone impedimento para la nueva gracia. 8 Impide la devocion
en el orar, el adelantarse en la vida espiritual y el amar ¿ Dios perfecta­
mente. 9 Finalmente disgusta a Dios y á sus santos ángeles. De donde se
infiere, el no ser lícito cometer un solo pecado ven ial, aunque hubiese
esperanza de convertir todo el mundo. Por esto san Agustín dice: que 110
hay pecado tan pequeño, que despreciado no se haga grande. San Geróni­
mo afirma: que en los pecados ligeros, no tanto se debe considerar su pe­
quenez , cuanto la grandeza de Dios i quien ofenden. San Gregorio es­
cribe: que los pecados veniales son tal vez mas peligrosos que los mor^
tales; porque la gravedad y fealdad de estos fácilmente se conocen, y dt
aquellos no; así muchas gotas pequeñas que entran por un ahujero de una
nave, si se desprecian, bastan para sumergirla- Y santa Teresa* santa María
M a gd alen a de Pazzis, las dos bienaventuradas Catalina de Sena y de G e­
nova, y otros santos dijeron r que mas presto hubieran padecido todas las
penas de los condenados y mil infiernos, que cometer un pecado venial.
Ó cuánta obligación tienes de evitar semejantes culpas leves, por no caer
en las graves!
Resolución.
Conocidos los danos que causa el pecado al alma , que en suma son
la eterna condenación; que es decir, quedar uno privado para siempre
del sumo bien y condenado i sumo m al: resuelvo resistir con suma gene­
rosidad i toda suerte de tentación , aun cuando me fuese preciso dar mil
vidas, si las tuviera: y porque un abismo llama á otro abismo* y el pe­
cado que no se borra por la penitencia, es tentación para cometer otro
pecado, como dicesan Gregorio Papa: Peccatum 5 quod per ptehitentiam
non deletur > suo pondere ad aliud trahit: resuelvo también irme luego á
confesar, si por mi infelicidad (que no permita Dios) me viese afgun
dia caído en alguno.

Ramillete.
Señor, pues el mal que he hecho, no tiene otro remedio que detes­
tarle : dignaos hacer dos fuentes de lágrimas en mis ojos, para que dig­
namente Jo llore.

M E D IT A CIO N D E LO S S IE T E P E C A D O S C A P IT A L E S
EN GENERAL.

i Considera las razones que te obligan á pelear de continuo contra


los siete vicios capitales, i Ellos son como otras tantas cabezas, las
cuales una vez cortadas, el cuerpo de los otros vicios necesariamente
perece. Son los siete demonios que el Salvador saed del cuerpo de la
Magdalena, los cuales echados fuera del corazon, salen también todos Jos
demas. Son los siete enemigos del pueblo de Israel, los cuales rendidos,
fácilmente gozaremos de la tierra de promision que es el cielo. 2 Se JJa-
man mortales , porque ordinariamente dan la muerte al alma: y si bien
por la poquedad de la materia, <5 por falta de advertencia ó deliberación,
son tal ve» veniales; no obstante deben temerse m ucho, porque ordina­
riamente inducen al hombre á los mortales. Todas las transgresiones de
los preceptos de Dios o de la iglesia, proceden de estos vicios, como los
ríos de la fuente, los pimpollos de la raía y los efectos de la causa. Por
ejemplo: la avaricia hace traspasar el séptimo y el décimo: la lujuria, el
sexto y nono: la pereza, el primero y el tercero: la transgresión del se­
gundo, quinto y octavo, ordinariamente suele proceder de la ira <5 de la
envidia ó de la gula. Los preceptos de la iglesia se quebrantan de ordi­
nario, ó por pereza 6 por gula: la soberbia es el principio general, no
solamente de los pecados de comision y de omision , contra todos los
mandamientos, sino también de los otros seis vicios capitales. Si quieres
pues, como fiel vasallo y obediente hijo, guardar los preceptos de Dios y
de la iglesia, como es necesario para salvarte, es menester desarraigar de
tu alma estas malditas raíces.
<2 Considera que no hay alguno que no deba temer este maldito sep­
tenario, siendo así, que todos llevamos desde el vientre de la madre el
amor propio que es la sementera; porque cualquiera que peca, lo hace
por amor y deseo desordenado de uno de estos bienes, útil y deleitable.
Si es por amor ó deseo de deleites, he ai la lujuria, la gula y pereza:
si de riquezas lí honra, aquí está la soberbia y la avaricia: procede tam­
bién la ira, de ser uno impedido de gozar aquello que ama y desea: la
envidia, por poseer otro aquello que tal vez uno pretende, 6 por verle
preferido i sí mismo. Teme pues y cautélate de esta infernal hidra, pa­
ra que no te dé la muerte con alguna de sus siete cabezas: toma de con­
tinuo las armas de la mortificación, y di con san Bernardo: Caiga este
armado: caiga y sea destruido el hombre viejo, despreciador de DÍo$¡ cui­
dadoso de s í mismo, amador del mundo , siervo del diablo. Cap. 7.
Meditat.
3 Considera los medios para vencer, tí á lo menos reprimir estos sie­
te monstruos. 1 Hacer algunas veces al año las meditaciones siguientes;
porque considerando en particular la fealdad de estos vicios y daños que
causan, y sus remedios puede el hombre mas fácilmente librarse de ellos,
2 E n el principio de cada uua de las dichas meditaciones, pedir gracias i
Dios para convencerte bien de la necesidad que hay de combatir conti­
nuamente contradichos vicios, persuadiéndote que es grande soberbia
creer que estás sin soberbia, sin avaricia, sin envidia, etc. 3 Despues de
haber bien ponderado la naturaleza, los actos y los efectos de cada vicio,
haz reflexión y reconoce si te hallas culpable en pensamientos, palabras,
obras y omisiones, excita'ndote á contrición y á confusion, por verte es­
clavo de estos enemigos de Dios, y á una generosa resolución de librarte
de ellos, valiéndote de medios propios para este fin. 4 Y porque estos
siete vicios son como otras tantas cabezas de h idra, que cortadas vuel­
ven á renacer, si el Hércules celestial no Ies aplica el fuego de su divina
gracia; ruégale humilde, se digne de tal manera encender el fuego de su
santo amor en tu corazon, que con él queden estos renuevos del todo
consumidos.
M E D IT A C IO N D E L A SO B E R B IA .

1 Considera, que la soberbia es de su naturaleza pecado grave, vi­


cio tan detestable, que David lo llama grandísimo pecado, y san Agus*
tin lo juzga por el peor de todos: y con razón; porque i este vicio fue
causa de la caída de los ángeles rebeldes, los cuales llegaron á ser de­
monios por haber consentido en un solo pensamiento de soberbia. Fue
el origen de todas las miserias é infelicidades humanas en nuestros p ri­
meros padres, por haber comido del árbol vedado , movidos del espíritu
de la soberbia, y de una vana curiosidad de saber el bien y el mal.
(Gen. 3, 5.) La soberbia es una carcoma que ro e, y hace perder el
fruto de las buenas obras. Por eso decia el Hijo de D io s, que el hacer
acciones buenas para ser estimado de los hom bres, no merece recom­
pensación en el cielo. 3 Los soberbios son aborrecidos de todos; por­
que no quieren ceder á ninguno, ni saben tener paz con nadie, 4 Dios
sumamente aborrece á los soberbios, como se ve en los fariseos tantas
veces malditos y reprobados de Cristo en su santo E vangelio, y les re­
serva para la otra vida rigurosísimos castigos: dadle otros tontos tor­
mentos, cuanto ha sido arrogante, dice de Babilonia, que es figura del
alma soberbia, (Apocal. 1 8 ,7 .) Y otra vez: el que se ensalza, será hu­
millado. (L u c. 14, 1 1 .) Por esto humíllate* para que no caigan sobre tí
los castigos y maldiciones de Dios contra los soberbios.
2 Considera, qué cosa es la soberbia: es una buena opinion de sí
mismo o un deseo desordenado de gloria mundana. Ocho son las seííales
para conocer si uno es tocado de este vicio. 1 Gloriarse de lo que tiene,
como si no lo tuviese de Dios, ó de lo que no tiene ó de cosas, que
merecen vituperio; y esto se llama arrogancia. 2 Desear ser visto de
los hombres para ser alabado, y alegrarse de agradarles <5 de ser esti­
mado de ellos; y esto es vanagloria. 3 Alabarse á sí mismo, vendién­
dose por aquello que no es o engrandeciendo lo que e s , y descubriendo
sin necesidad aquello que debía callar; y esto es jactancia. 4 Tener
deseo desordenado de cargos y dignidades; y es ambición. 5 Emprender
cosas, que exceden las propias fuerzas y su capacidad; y se llama pre­
sunción. 6 M ostrar, que es aquello, que no es 6 hacer obras buenas en
presencia de otros, para ser estimado; y es hipocresía. 7 Estar amar­
telado en su propio juicio* y preferir su parecer al ageno, no queriendo
ceder á cualquier que sea; y esto es obslinacion. Filialmente el des­
precio de Jos otros, así iguales como superiores. Estas son las señales
de la soberbia, y la principal entre todas, si siendo tan soberbio, co­
mo eres, ninguna de estas reconocieras en tí,
3 Para desarraigar de tu alma este v ic io , el primer medio es con-
6
sklerar, que la soberbia es madre de los demas vicios, (E ccli. i o, 15.)
y por esto Dios la castigd tanto en L u zb el, en nuestros primeros pa­
dres * en F araón, Nabucodonosor, A m an , Herodes y otros. 2 Haz fre­
cuentes actos de fé sobre esta verdad, que no tienes cosa alguna de tí
mismo j mas que lo has recibido todo de D io s, el cual te pedirá estre­
chísima cuenta de ello. 3 Entérate bien de tus m iserias, asi de cuerpo
como de alm a, pasadas, presentes y venideras. En cuanto al cuerpo,
has sido una asquerosísima m ateria, eres un saco lleno de inmundicia,
y de suciedad; y un dia serás reducido á corrupción, y á comida de
gusanos vilísimos. En cuanto al alm a, has sido, y aun quizá eres es­
clavo del demonio; y no sabes si te hallarás algun dia en el numero de
los condenados; por tanto debes tener escondido lo que te puede con­
ciliar estimación, en todas tus acciones dirigir tu intención á solo Dios;
y últimamente pensar á menudo en la humildad de nuestro Redentor:
aprended de m¿9 que soy manso y humilde de corazon. (M atth , 1 1 , 29.)
O cuán adelantado se hallaria tu esp íritu , si aprendieses bien de tu di­
vino maestro Jesús tan importante lección!

M E D IT A C IO N D E L A A V A R IC IA .

1 Considera la razón, porque debes abominar el pecado de la avari­


cia, San Pablo dice, que los avarientos nunca poseerán el cielo. (Co-
rinth. 1, 16, xo.) Jesucristo en san Marcos y en san L u ca s, dice ser
mas fá c il, que un camello pase por un agujero de una aguja, que en­
trar en el cielo una persona rica y avarienta. E l Espíritu Santo por el
Eclesiástico d ice, que no hay cosa peor, ni mas im pía, que el avarien­
to y su codicia: (E c c li. 10, g.) y da la razón; porque por un puñado
de tierra vende su alma al dem onio, usando de mil engaños en el ven­
der y comprar, de mil perjuicios, rapiñas, violencias, pleitos, homici­
dios y otros desafueros para enriquecerse; de m anera, que el infeliz
nunca está contento con sus riquezas; cuanto mas tien e, tanto mas de­
sea tener, sirviéndole su codicia como de verdugo, para atormentarle
incesantemente con inquietud, temores y pensamientos para alcanzarlas,
para acrecentarlas y para no perderlas. Acaba en fin infelizmente la vi­
da , como sucedió al del E vangelio, el cual cuando mas confiaba en sus
riquezas, oyó la voz de D io s, que le dijo: necio, en qué piensas? Esta
noche morirás ; y lo que has alegado de quien será? O vicio detestable!
Ó infelices avarientos! Y qué Ies aprovecharán sus riquezas, que con
tanto cuidado amontonan, si por ellas, perdiendo la gracia y la gloria,
que tanto valen, se han de hallar en la muerte con las manos vacías!
Durmieron su sueño, y nada hallaron en sus manos. Psalm. 75.
a Considera, que cosa sea avaricia: es un deseo desordenado de ri-
qüessas. Se peca con él. i Cuando injustamente se desean los bienes de
otros. 2 Cuando se retienen contra la voluntad del legítimo dueño. 3
Cuando no se hace limosna á los pobres , cuando la justicia tí la cari­
dad lo piden. 4 Cuando por sobrado deseo de enriquecer, el hombre
quebranta los mandamientos de Dios ó de la iglesia. 5 Cuando el que
hizo voto de pobreza, se hace propietario, dando 0 recibiendo algo sin
licencia del superior. 6 Cuando en las buenas obras, que se hacen , se
tiene por fin principal el lucro tem poral; de manera, que si este falta,
aquellas se desprecian. No perm itáis, Señor, que jamás caigamos en im­
piedad tan grave.
3 Sírvele de los medios siguientes para librarte de la maldita peste
de la avaricia* 1 P iensa* que los avaros son aborrecidos de Dios y de
los hombres. 2 Que la avaricia es origen de infinitos desastres: la codi­
cia. dice el A póstol. es raíz de todos los males. 3 Piensa, que nacis­
te desnudo al mundo, y desnudo has de salir de é l: y por esto seas l i ­
beral con los pobres* que son miembros de Jesucristo, el cual reputa
hecho á s í, lo que se hace al mas mínimo de los hombres. 4 Acuér­
date, que el Salvador, dueño y Señor del universo, se hizo pobre por
tu amor. O buen Jesús, que para enseñarme el desprecio de las rique­
zas* nacisteis en un establo, y moristeis por mí ea una cruz: desarrai­
gad de mi corazon todo afecto á las riquezas y bienes de la tie rra , y
hacedme esta gracia, que me alegre de que me falte alguna cosa, y me
goce de las ocasiones de imitar vuestra pobreza, y que rumie á menu­
do, para provecho de mi a lm a , aquella tan formidable sentencia de
vuestro santo Evangelio: qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo,
con detrimento de su alma ?

M E D IT A C IO N D E L A LU JURIA.

1 Considera el horror, que debes tener al vicio abominable de la


lujuria. 1 Desagrada de tal manera á Cristo Señcr nuestro, que si bien
permitió en su persona tantas afrentas, blasfemias y baldones, no per­
mitió jamás el ser notado de menos honesto. 2 Este vicio hace al hom­
bre estólido, y en todo semejante á las bestias, ni hay otro* que lo ha­
ga mas indigno de recibir la santa comunion, por cuanto inficiona al
cuerpo y al alma : al cuerpo con las enfermedades sobre manera peli­
grosas é infames que le causa * y por los castigos severos de D ios, que
le ocasionó, como se vi ó en el diluvio, en el fuego deSodom a, y en
otros ejemplos que tenemos en la sagrada Escritura: al alma , despoján­
dola de la gracia y demas dones del Espíritu Santo, y dejándola tal,
que muy dificultosamente se levanta, por ser este vicio el mas pegajoso
de todos, como lo enseña santo Tom as: y dá la razón; porque este
apetito es insaciable* De donde n ace, que ningún vicio acarrea mas al­
mas al infierno, como el de la impuridad. O Señor, no perm itáis, que
por un tan sucio, y abominable d eleite, reavale mi alma á un estado
tan miserable!
2 Considera, que la lujuria es un deleite desordenado de la carne.
Se peca con el pensamiento, i Siendo el hombre negligente en desechar
las imaginaciones sucias, s Si voluntariamente se entretiene en pensa­
mientos deshonestos, aunque sin voluntad de efectuarlos; y mucho mas
con ánimo de ejecutarlos. Con las palabras se p e ca , hablando deshones­
tamente, ó gustando de oir i quien las habla: con la vista, mirando ó
leyendo cosas impuras sin necesidad: con el gusto y con el olfato, co*
miendo ü oliendo cosas que provocan á lujuria: con el tacto, tocando
cosas, que excitan la concupiscencia de la carne. Con las obras se peca
d consigo solo ó con los otros: si los dos que pecan son libres, es for­
nicación: si entrambos, ó uno de los dos es casado, es adulterio: si
p ariente, es incesto: si religioso tí consagrado á Dios con voto de cas­
tid a d , es sacrilegio: si es del mismo sexo, es sodomía, como también,
si siendo de diferente sexo se pervierte el orden establecido por Dios
para la generación. Finalm ente, se peca también con bestialidad* O
abominación! O vicio infame, en qué mar de iniquidades, multiplicadas
sin numero, viven sumergidos los miserables impuros!
3 Sírvete de los remedios siguientes para librarte de este vicio. E l
primero es considerarla suma locura de los deshonestos, los cuales por
un placer momentáneo se empeñan en tantas miserias, O m om ento, cuán
caro cuestas! Por un breve p lacer, mil dolores! Por un momentáneo
deleite, infierno eterno! 2 Huir las ocasiones, tanto interiores , cuanto
exteriores de la Injuria. Las interiores son la soberbia que suele ser
castigada de D io s, permitiendo la caida en este vicio: la ir a , que ca­
lienta la sangre, y enciende la lujuria: la ociosidad, que es la madre
de todos los vicio s, especialmente de este. Las exteriores son , las con­
versaciones con personas de otro sexo, leer libros deshonestos, vestir
con vanidad y blandamente. 3 La guarda de los sentidos, y en parti­
cular de los ojos, acordándonos, que un solo mirar fue cau$a del adul­
terio de D avid, y que uno solo puede ser también á nosotros causa de
la eterna condenación. 4 Resistir varonilmente á las tentaciones, al
punto que se sienten: porque asi como la serpiente entra fácilmente con
todo el cuerpo, donde mete la cabeza; así si nosotros damos la mas
mínima entrada á la tentación, se apoderará de tal manera de nuestro
corazon, que no podremos echarla, según dice san Gregorio. Por esto
siendo asaltado de esta tentación, luego invoca al divino íavor, y d i:
mas presto la muerte > que pecar en presencia de mi Dios. 5 Frecuentar
con firme fé y con suma reverencia el Santísimo Sacramento del altar,
recurriendo á nuestro Angel de Guarda, y teniendo una verdadera devo­
ción á la benditísima Virgen Madre de pureza. G Finalmente , mortifi­
car nuestro cuerpo, imitando á lo* santos, que con este medio se pre­
servaron de la impureza.

M E D IT A CIO N D E L A GULA.

1 Considera, cuanto debe aborrecerse el vicio de la gula, i Cristo


Señor nuestro te advierte muy expresamente en el E vangelio, que la
h u yas: guardad, que vuestros corazones no sean gravados de la comida
demasiada y de la embriaguez, y os sobrevenga repentina desdicha. Y
otra vez dio su maldición á los golosos: ay de vosotros, qrn coméis de-
masiado! Tiempo vendrá, que rabiareis de hambre, s Este vicio hace al
hombre estúpido; arruina la salud y abrevia la vida; hace al alma in­
capaz de razón * indigno de las consolaciones celestiales é inhábil para
las cosas del servido de Dios* 3 Es como imposible, que el goloso pue­
da ser jamas casto, siendo la deshonestidad compañera inseparable de la
gula- 4 Ordinariamente está muy sugeto á Ja ira. 5 Dios castiga severa­
mente este vicio , aun en esta vida, como lo hizo con nuestros primeros
padres, por haber comido de! fruto vedado, echándolos vergonzosamen­
te del paraíso terrenal. E l pueblo de Israel, apenas hubo comido la
carne, cuando la ira de Dios vino sobre ellos é hizo estraíía matanza-
Un Profeta, por haber comido contra el orden de D ios, fue muerto
por un león. En fin serán ios golosos en el infierno sobremanera ator­
mentados. E l rico Epulón pidió una gota de agua para refrescar la len­
gua y , no la alcanzó, y semejante sequedad nos ha de caber, si no sa­
bemos dar de mano á las golosinas.
2 Considera, que la gula es un deseo desordenado, y excesivo de
comer y beber. Se peca. 1 Si se anticipa el tiempo, como hizo Jona-
tás hijo de Saúl. 2 Si se buscan comidas ó bebidas delicadas y exqui­
sitas como los israelitas. 3 Si se guisan los manjares, aun comunes, con
extraordinarios sainetes, como hicieron los hijos de Ilelí. 4 Si se exce­
de en la cantidad, como los sodomitas. 5 Si se come con demasiada
sensualidad, aunque sean comidas viles y groseras, corno Esaú sus len­
tejas. 6 Si se comen viandas prohibidas, ó por la iglesia ó por Ja regla
o por el voto. 7 Si fuera de tiempo ó de lugar ó mas á menudo del que
es necesario. 8 Si pierde la paciencia, cuando las viandas no están bien
sazonadas y de gusto, <5 cuando falta alguna cosa. Examínate sobre to­
do esto; y hallarás por ventura, que apenas comes ó bebes sin alguna
culpa.
3 Usa de los siguientes medios para vencer y refrenar la gula. 1
Pensando en los ayunos y abstinencia, que hizo Cristo Señor nuestro, y
6*
en la hiel y vinagre, que gustó por nuestro amor. 2 Engañando Ja
hambre y la sed con santas ocupaciones, que diviertan la imaginación
del comer y beber. 4 Regulando, si es posible, las horas de nuestra re­
fección, y huyendo de los banquetes y toda ocasion de hacer excesos*
4 Cuando fueres tentado de Gula, medita la respuesta, que hizo Cristo
al demonio: el hombre no vive solo de p a n y sino de la palabra de Dios\
esto es 9 del gusto que siente en oír su santa palabra, y en hacer su
divina voluntad. Finalmente piensa, que este cuerpo que regalas con
tanto cuidado, será bien presto comido de gusanos, como 'ya lo dijo
Isaías, 1 4 > ! I *

M E D IT A C IO N D E L A IRA*

1 Considera la necesidad que tienes de refrenar la cólera* 1 C ris­


to Señor nuestro d ic e : que quien se aira contra su hermano , será reo
de su juicio; esto es, que será luego acusado en el tribunal de D io s, el
cual toma venganza de los que se embravecen, y quieren vengarse;
por lo que se llama Dios de las venganzas. 2 La ira turba Ja razón del
hom bre, como decia C atón, y lo hace indigno de las consolaciones del
Espíritu Santo9 el cual no reposa, sino en las almas pacíficas y humil­
des, como dice la Escritura. 3 No hay cosa mas dañosa á sí mismo é
intolerable á los otros, que un hombre airado: todos le aborrecen y
huyen su conversación, siendo su casa un pequeño infierno, donde no
se oye o tro , que blasfemias, rabias y rencillas, cosas todas propias de
mugcrcillas y espíritus livianos, donde por el contrario el paciente, di­
ce el sabio, es mejor que el fuerte; y el que domina su ánim o, es mas
digno de alabanza, que el que vence ciudades y reinos, y como i tal
todos le quieren y le veneran. Razón e s , pues, que estés lejos de toda
ira ; y si acaso tal vez te desmandas, depon la ira antes que se ponga
el sol, como nos aconseja el Apóstol.
2 Considera, que la ira es un apetito desordenado de venganza. Cae
en ella. 1 Quien concibe ddio contra el prójim o, deseándole m al, ale*
grándose de sus daños, y hablando mal de él. 2 Quien no quiere per­
donar los agravios; mas propone vengarse, negando entretanto la co­
municación á quien lo agravió. 3 Quien se deja llevar de la impacien­
c ia , de donde nacen muchos pecados. 1 Para con D ios, quejándose con
irreverencia de él. 2 Para con el prójimo: haciéndose molesto, inquieto,
enojoso y obstinado. 3 Para con las bestias y otras criaturas, indig­
nándose contra ellas, hiriéndolas por rabia. 4 Contra sí m ism o, deseán­
dose la m uerte, enojándose de que viva, por los males ocurrentes, hi­
riéndose , etc. disparates tan contrarios, y opuestos á la razón, que no
se pudiera esperar otro tanto de los misinos brutos.
3 Válete de los remedios siguientes para no airarle, i Piensa, que
la ira 110 lleva consigo provecho ninguno , pero daíía mucho al alma,
y al cuerpo. 2 Ten por fijo , que Dios se portará contigo, como tií te
portares con el prójim o; y a si, si no perdonas á quien te ofende, ni
él tampoco te perdonará tus pecados. 3 Procura resistir vivamente á los
primeros movimientos de la ira ; porque de una centella despreciada
nace tal vez un grande incendio, no haciendo, ni diciendo palabras,
cuando te sientas incitado á ira ; mas recibiendo todo el mal que se te
hiciere , como enviado de Dios para ejercicio y prueba de tu paciencia.
T e n , en fin , siempre fija en la memoria la pasión de Jesucristo nuestro
bien, acordándote de las grandes injurias y agravios, que por amor tu­
yo padeció. San Eleazaro preguntado, cómo podía sufrir los desprecios,
que le hacian ? Respondió: yo me acuerdo de la tolerancia y paciencia
de mi Salvador. Y cómo podrías sin vergüenza y atrevimiento llam ar­
te cristiano, si profesando ser tal, no cuidases cada dia de aprender es­
ta saludable lección, que te enseñó, de ser dulce, y manso de corazon?

M E D IT A C IO N D E L A E N V ID IA ,

1 Considera los motivos para detestar el vicio de la envidia. 1 L a


muerte vino al mundo por la envidia del demonio, como dice el sa­
bio ? de donde ios envidiosos son hijos y secuaces del espíritu maligno;
y aun san Juan Crisóstomo los juzga peores; porque los demonios no
envidian á los otros dem onios; mas los hombres envidiosos persiguen á
otros hombres como perros rabiosos. 2 La envidia es un pecado tanto
mas grave, cuanto mas derechamente es opuesto i la caridad, que es
la reina de las virtudes. 3 De esta nacen los ódios, las maldiciones,
las traiciones * las guerras, siendo la peste de las fam ilias, de las con­
gregaciones, de los reinos, y como notó san C ipriano, raíz de todos los
males. De aquí se sigue, que los envidiosos son castigados severamente
de Dios. Caín por envidia mató á su hermano A b el, y Dios permitió
que se desesperase: Datán y Abirón tuvieron envidia de M oisés, y la
tierra los tragó vivos: los judíos tuvieron envidia á C risto, y los infeli­
ces murieron impenitentes: y cada d ia , como vem os, permite Dios, que
la envidia sea verdugo del envidioso, porque diseca los huesos, quita
las fuerzas, y como serpiente siempre lo roe- 4 Ni cesará de roerles,
aun en los infiernos, donde los envidiosos serán cruelmente atormenta­
dos de su misma envidia, y rabiarán desesperados de verse eternamente
privados de la gloria de los bienaventurados, los cuales por el contrario
estarán eternamente en el cie lo , gozando cada uno de la gloria del otro,
como de la propia. V ive tu , pues, también sin envidia acá en la tierra,
para gozar del sosiego y dulzura, que gozan los santos allá en el cielo.
2 Considera, que la envidia es una tristeza del bien del otro* en
cuanto obscurece y disminuye el nuestro. Es de cuatro maneras, i De
bienes exteriores, como del cuerpo, ó de fortuna. 2 D e bienes intelec­
tuales, como ciencias, ingenio, etc, 3 De bienes espirituales y de la
virtud, 4 De la caridad, y de las gracias gratis datas \ y e s pecado con­
tra el Espíritu Santo, semejante al de L u cifer, que envidiando el esta­
do de gracia en que estaba el primer padre A d á n , le paro lazos para
hacerle pecar. Las señales de la envidia son. r Alegrarse del mal del
prójimo. 2 Entristecerse de su bien. 3 Tener disgusto de que sea alaba­
do. 4 Disminuir las alabanzas, que se le dan. 5 Decir inal de éU 6.
Aborrecerle > porque se adelanta en prosperidad. Ah miserable de tí,
cuántas veces has caido en este vicio tan diabólico! Dadme gracia, Se­
ñor > paraque en adelante, siguiendo el consejo de vuestro A póstol, no
sea codicioso de gloria vana.
3 Considera los medios, para huir la envidia- E l primero es rogar
á menudo á Dios por aquellos, hacia los cuales te sientes tocado de en­
vidia y y desechar luego al principiólos movimientos de este vicio 9 que
de ordinario no proceden de otra cosa, sino de soberbia. 2 Deseando
2 tu prójimo todo aquel b ien, que quisieras para t í , como lo practicó
Moisés cuando dijo: pluguiese á D ios y que todos fuesen profetas. 3 Acos­
tumbrarte á hablar bien de todos. 4 Finalmente tener una santa envi­
dia de adelantarte á todos en la practica de las virtudes y obras bue­
n as, no por vanidad, sino por puro deseo de agradar á D io s, y para
aprovechar siempre mas en su santo amor.

M E D IT A C IO N D E L A P E R E Z A .

1 Considera la obligación, que todos los cristianos tienen de huir


el vicio de la pereza. 1 La ociosidad es la madre de todos los vicios,
por lo que el Espíritu Sonto nos amonesta : que el que ama el ocio9 se-
rá lleno de miserias, y de necesidad, particularmente en las cosas espi­
rituales y pertenecientes al alma. 2 Los santos, y las almas justas
alaban, y aman i Dios incesantemente allá en el cielo, y el que quie­
re tener despues de esta vida tan feliz suerte, debe trabajar continua­
mente en su santo servicio acá en la tierra. 3 Asi como el ave ha na­
cido para volar, y el pez para nadar; asi el hombre fue criado para
trabajar y para obrar bien, tanto mas, que el tiempo de la vida es muy
breve, y por esto no se debe perder momento alguno, imitando i la
horm iga, la cual trabaja en el verano, para tener con que vivir en el
invierno, enseñándote con su ejemplo á adquirir virtudes, y buenas
obras mientras vivieres, para que á la h o rad e la muerte no te halles
desnudo y privado de merecimientos, y quizá lleno de malas obras,
que de ordinario nacen de este vicio, con el sentimiento de no tener mas
tiempo para restaurar lo perdido. Ó cuánto les duele al presente á los
condenados su pasada pereza, y cuánto el tiempo perdido los atormenta!
2 Considera, qué cosa es pereza, y en cuantos modos se peca en ella.
Es una tristeza desordenada, y un tedio fastidioso de los ejercicios vir­
tuosos y loables. Se peca en ella de varias maneras. 1 Por sobrado temor
de las dificultades que acompañan la virtud y las obras buenas* 3 Por
pusilanimidad» escondiendo por eso los talentos, y no descubriéndose á
su tiempo. 3 Por desmayo en hacer las buenas acciones, haciéndolas con
repugnancia9 por salir de la obligación por costumbre, y mas por nece­
sidad que por voluntad, y por fines bajos y viles. 4 Por inconstancia en
las obras buenas, dejándolas fácilmente, ó variándolas por tedio y no lle­
vándolas al cabo. 5 Por desconfiar de superar las dificultades que se en­
cuentran en el bien obrar. G Por la distracción y divertimiento á varias
cosas para alivio del tedio, y por semejantes irreverencias, por las cuales,
qué mucho que enojada la soberana Magestad de Dios empieze á echar
de su boca al tibio y perezoso?
3 Piensa los medios propios para desarraigar de tí el maldito vicio
de la pereza. 1 Considera seriamente como en el punto de la muerte
querrías haber empleado el tiem po: Vendrá la noche, dice san Juan,
cuando no tendremos mas tiempo de obrar; y esta noche no es otra, según
los santos, que la hora de la muerte. 2 Haz á menudo reflexión sobre la
estrecha cuenta que en aquel punto habrás de dar á D ios, tanto de toda
palabra ociosa, como de todo momento de tiempo empleado ó perdido
ociosamente» 3 Huir la compañía d élos perezosos y ociosos, platicar con
aquellos que emplean bien el tiempo, y que obran con diligencia y fer­
vor. 4 Frecuentar con devocion los sacramentos y especialmente el de
la Eucaristía; porque es manjar que fortifica, y de grande animo para
superar las dificultades que se encuentran en el camino de la virtud y
en el ejercicio de las buenas obras. 5 Acordarse de un sin numero de per­
sonas, aunque flacas y delicadas, las cuales trabajaron los veinte, treinta
y cincuenta años en el servicio de Dios; y de otras, las cuales aun de pre­
sente ves obrar para el servicio de Dios sin cansarse. 6 Confundiéndote
de hacer menos por la virtud y por el paraíso de lo qne hacen los sol­
dados, los mercaderes, los cortesanos y otras personas del m undo, para
alcanzar un poco de hacienda ó de honra, que en substancia no es sino
vanidad y humo. No alhagues, pues, demasiado á tu cuerpo; mas aborré­
celo santamente. Un ano solo empleado en el servicio de Dios vale mas
que muchos pasados con tibieza.
1 Considera los motivos, por los cuales debes tener en horror al pe­
cado venial, i Desagrada i Dios, el cual debe ser amado sobre todas los
cosas, siendo infinitamente amable; y de tal manera le dá disgusto que
por ordinario castiga los pecados, aun los mas ligeros, en esta vida con
enfermedades, aflicciones, desolaciones y permitiendo caídas en otros pe­
cados; y en la otra v id a , con las llamas ardentísimas del purgatorio.
2 Dispone para el mortal, según lo del Espíritu Santo en el Eclesiástico:
( e q, i .) E l que desprecia lo poco, vendrá i caer\ y por consiguiente para
la eterna condenación: por esto dicen los teologos que estás obligado á
tener mas horror á tus pecados veniales, que á todos los pecados mortales
del resto de los hombres, y añaden con san Agustín, que habrías de de­
jar reducir todo el inundo á su nada con todos los hombres y todos los án­
g eles, antes que cometer un solo pecado venial; porque los mayores ma­
les de todas las criaturas no tienen comparación con el menor mal y ofen­
sa del Criador. 3 Es grande ingratitud ofender á Dios tan á menudo y
tan fácilmente como se ofende con los pecados veniales. Si amando de ve­
ras á una criatura, se usa toda diligencia por no hacer acción, aunque m í­
nima que la pueda ofender; cómo Señor, no ine abstendré de ofenderos
con pecados veniales á Vos, suma Bondad de quien he recibido y de con­
tinuo recibo tantos beneficios!
2 Considera, que apenas pasa dia que 110 cometas muchos pecados ve­
niales, o por malicia tí fragilidad, o por inadvertencia con pensamientos
vanos, inútiles, de aversiones al prójimo o semejantes: con palabras ocio­
sas, soberbias, libres, ásperas y tal vez contrarias á la verdad: con accio­
nes, haciendo muchas que son ligeramente malas, en comer, en beber, en
acostarse y levantarse: en las plazas y calles, en la iglesia misma con in ­
modestias, posturas indecentes, mirar curioso; ó sea haciendo las obras
buenas con precipitación, con tibieza, fuera de lugar y de tiem po: con
om isiones, faltando á la obediencia de las santas inspiraciones ó i otra
cosa debida. Y quién es que pueda contar los muchos que cometes?
3 Considera los medios para preservarte cuanto será posible de cul­
pas veniales. 1 Todas las mañanas al levantarte haz un fírme propósito
de no admitir culpa venial advertidamente; y á la noche, imponte alguna
penitencia por las cometidas en el discurso del dia. 2 Procura evitar to­
das las ocasiones de semejantes faltas, singularmente la ininortificacion
de los sentidos, la pérdida del tiempo, las conversaciones escusadas y se­
mejantes. 3 Ejercítate á menudo en los actos virtuosos, opuestos i las
faltas veniales, de las cuales con mas frecuencia eres llevado. 4 Piensa
que á la hora de la muerte habrás de dar estrecha cuenta de cosas muy
menudas, diciendo el Salvador, que aun de una palabra ociosa se te hará
cargo. Finalmente hacer reflexión que esta's de continuo á la presencia
de Dios. O qué medio tan eficáz es este bien considerado, para no des­
mandarte en algún descuido, aunque liviano!

Resolución.
Atendido que es de fe, que por mas venial que sea mi pecado, no po­
dré jamas entrar con él en el reino de los cielos; porque como dice san
Ju an: (Apoc. 2 1.) Ninguna cosa manchada entrará en el celestial reinos
y que ni el estar lleno de merecimientos me puede servir para eso, por­
que con todos mis merecimientos y santidad adquirida, si al salir de esta
vida, lleva mi alma la mancha de un solo pecado venial que no haya bor­
rado por la penitencia, este solo será embarazo para mi bienaventuranza
y posesion de Dios, siendo necesario que mi alma, aunque justa, aunque
santa, aunque predestinada y digna de Dios, quede separada de su M a­
gestad, hasta que se purgue ese pecado: he resuelto evitarlos con sumo
cuidado, particularmente aquellos que se cometen por malicia, con refle­
xión y designio formado, contra los remordimientos de la misma concien­
cia; y para esto, cortar ciertas conversaciones, á que mi inclinación me
lleva, prohibirme ciertos desahogos que parecen inocentes, rendir mi ju i­
cio, ahogar los sentimientos de mi corazon, pesar mis palabras * cautivar
mis ojos, mortificar mis sentidos, etc.

Ramillete.
Dadme, Dios mió, una conciencia tierna y delicada que se espante de
la sombra misma del pecado, y formad en mí otra estrecha y severa que
nada se permita, ni nada se perdone-

M E D IT A C IO N D E L A B R E V E D A D D E L A V ID A H U M AN A.

1 Considera cuan breve sea la vida del hom bre: raras veces sucede
que llegue i la edad de setenta ií ochenta años. E l profeta David dice
que nuestros años son setenta, y los mas robustos llegan ¿ ochenta; y lo
que se vive mas, es dolor y trabajo. 1 Si haces cuenta exacta de tu vida,
quitado el tiempo de la infancia y del sueíio, hallarás que es brevísima;
porque el tiempo de la infancia y puericia, es mas presto vida de bestias
que de hombres; porque en ella no se obra, ni se hace cosa digna de un
hom bre: el tiempo de dormir debe ser mas presto en cuenta de la muer­
te que de la vida; porque entonces no hay e! uso de los sentidos, ni de
la razón: de donde dijo bien un poeta, que el sueño es imagen perfecta
de la m uerte: luego si el hombre da al sueño siete ií ocho horas, se va
con eso la tercera parte de la vida; de manera que aunque viviese ochen­
ta anos, su vida será siempre muy breve. En qué juicio pues cabe no
aprovecharlo, siendo tan poco el tiempo que es propio de racionales?
2 Considera cuan breve es la vida, si se coteja con la eternidad. E l
sabio dice, que el mas largo término de la vida del hombre es cien anos:
cien años comparados con la eternidad, son menos que una gota de agua
comparada con todo el mar; porque si toda la tierra, comparada con el
cielo, no es mas que un punto; así todo el tiempo de nuestra vida es un
momento, comparado con la eternidad; por esto los condenados en el in­
fiern o, atendiendo á la eternidad de sus penas, conocen esta verdad y
dicen como asegura é l : D e qué nos sirvió nuestra soberbia, ó la vanidad
de nuestras riquezas ? Todo ha pasado exactamente9 como el correo que cor­
re la po$ta9 6 como el navio que ú velas llenas corla las aguas sin dejar
vestigio de su camino; y como la ave¿ que con las alas trepa el aire, de la
cual, cuando ha pasado, no queda señal; a sí nosotros, apenas nacidos,
dejamos de ser¡ sin poder mostrar señal alguna de virtud.
3 Considera, por que causa la sabiduría increada ordenó que la vida
del hombre fuese tan breve, i Porque no siendo otra cosa la vida pre­
sente que una continua guerra, un destierro y un agregado de todas las
miserias, no nos sea tan sensible, si nos libra presto para llevarnos al cie­
lo, que es patria nuestra, 2 Para mostrarte el amor grande que te tiene;
pues no te puede sufrir mucho tiempo lejos de su divina Majestad. 3 Por­
que mas gustoso desprecies la vida presente y aspires contiuuamente ú la
eternidad. Cuán desatinados son aquellos que para entregarse á gustos
que tan poco duran* aventuran la eternidad!

M E D IT A CIO N D E L A INCERTIDUM JBRE D E L A V ID A


HUMANA*

i Considera que aquel poco tiempo que vives, seria mas tolerable,
si de el tuvieses certitud, si supieses que tu vida ha de durar cincuenta,
sesenta ó setenta años; pero esto es incierto. E l hombre (d ice el Sabio)
no sabe su f in ; pues así como el pez es prendido con el anzuelo, el ave con
la red\ asi el hombre es asaltado de la muerte, cuando menos piensa, no
habiendo cosa mas cierta que el morir, ni menos cierta que su h o ra ; de
donde nace que la muerte del hombre se compara á un ladrón, que de
noche cuando menos se piensa, todo lo hurta: y su vida al heno que
aunque verde y recien nacido* luego se seca: á una flor que aunque her­
mosa por la mañana* se marchita por la tarde; y en el segundo libro de
los Reyes, á la agua de un rio que siempre corre y nunca para; y como
bien lo exprimid un docto contemplativo á las campanillas que aparecen
en el agua cuando llueve, de las cuales algunas apenas formadas desapa­
recen, otras duran algo mas, pero á poco rato se deshacen; así sucede á
los hombres. Algunos son ahogados en el vientre de sum adle, otros mue­
ren en la infancia, otros en la flor de la juventud* otros en la edad varo­
n il, otros en la vejez: quien muere de muerte repentina, quien de calen­
tura, quien de apoplejía, quien por accidente se anega, quien á violencia
de un hierro ó de otro instrumento; quien de larga, quien de breve en­
fermedad viene á consumirse: y sin saber, ni el cómo, ni el cuando, vas
apresurado i tu fin : tan poco fundada como esto , va la vida humana,
sobre que levantas tantas torres de viento.
2 Considera la razones, por las cuales Dios quiso que el fin de la
vida te fuese oculto, i Porque muchos estando ciertos de vivir larga vida,
quizá dilatarían el hacer penitencia para la vejez, y se desmandarían con
gran libertad en graves pecados; donde por el contrario su incertidumbre
estimula d muchos al arrepentimiento. 2 Y si por el contrario supiesen
que han de vivir p oco, dejarian de hacer muchas obras buenas para la
salud del prójimo, por atender solamente á la propia y vivirían muy
contristados. 3 Si el enfermo supiese que su enfermedad no es la ultima,
no recibiría los sacramentos, no recurriría á los Santos, y poco cuidaría
de hacer otras obras buenas; mas porque está dudoso , se confiesa con
gran diligencia, y tal veis generalmente ofrece votos á la Magestad divi­
na, se encomienda á los Santos, y hace distribuir á los pobres largas li­
mosnas. O suma bondad de Dios! Qué de gracias os debo por las dulces
trazas de vuestra sabiduría, asegurando mi salvación con esta incertitud!
3 Siendo el fin de nuestra vida tan incierto, piensa, cuan grande sea
la temeridad del hombre que vive con tanta seguridad y negligencia, y
acuérdate de las palabras que tantas veces repitió Cristo : Velad y estad
aparejados, que no sabéis cuando ha de venir el Hijo del hombre. Y para
mejor entenderlas, considera, por que razón en las fortalezas se hacen
guardas y centinelas continuas; sin duda por no saberse la hora del asal­
to, pues á saberse tomarían los soldade/s algún alivio y reposo. Estando
pues tü en la misma incertidumbre del tiempo de la m uerte; por que
■no estarás asi velando? Cierto que tu alma es mas preciosa que todas las
ciudades y fortalezas del mundo; y si se considera el precio con que fue
redim ida, ni menos cede á los ángeles. Ademas de esto, los enemigos
d e l alma son muchos muy poderosos y astutos, y de continuo te están
acechando; todo va, en que te halles bien prevenido en el punto que lle­
gará la muerte, por 110 ser semejante á las Vírgenes necias, que viniendo
de improviso el esposo y hallándolas desprevenidas de buenas obras, las
cerní las puertas del cielo. No sea a si, Seííor; mas dadme gracia, que
previniéndome en tiem po, no haya de oir de vuestra boca: E n verdad
os digo, no os conozco.
M E D IT A C IO N D E L A F R A G IL ID A D D E L A V ID A
h u m a n a.

1 Considera, que tu vida, 110 solo es breve é incierta, mas también


está expuesta á muchos peligros que la vuelven mas frágil que el vidrio.
Basta un hedor pestilente, un aire inficionado, un rayo de sol muy ar­
diente, un gran frío, para quitarte la vida, do solo siendo niño tierno, si­
no aun en la edad mas robusta. Y si pides por la causa de la muerte de
este d del otro, luego te responderán : porque ha bebido ud jarro de agua
fría con mucho apetito, <5 un poco de vino muy generoso: que el otro
murid de temor, y el otro de una mordedura de serpiente ó de araña, etc.
2 Considera á este propósito aquellas palabras de Isaías: E l hambre es
heno, y toda su gloria es semejante á la flor de un prado', si el heno se
seca, luego cae la flo r , porque sopló el Espíritu del Señor. Hoy verás un
mozo vivo, fresco y gracioso; y mañana apenas lo conocerás; tanto se
habrá mudado de rostro por la calentura. Hoy camina un caballero, y
pasea todo regocijado y alegre: mañana lo vera's triste y abatido por otro
accidente de enfermedad; y qué firm eza, dice san Ambrosio sobre Jas
dichas palabras, puedes hallar en una carne sujeta a' tantos accidentes?
Ninguna.
2 Considera, que la misma fragilidad que se vé en el cuerpo, se ha­
lla también en el alm a; por esto dice san Pablo: Que llevamos un tesoro
de gracia en vasos de barro', y i la verdad se hallan tantos peligros en
esta vida y ocasiones de caer: el mundo, el demonio y la carne tienen
tantos lazos, redes y celadas, para hacer presa de tu alm a, que el real
Profeta no supo explicarlos sino con el nombre de lluvia: Lloverán sobre
los pecadores lazos. San Antonio descubriéndolos un dia, exclamó: O Se­
ñor, quién podrá huir y escaparse de tantos lazos'. Y de ai es que tan­
tas almas se pierden: y lo peor es, que ni aun en el cielo se halló segu­
ridad, pues cayo de él Lucifer con tantos millares de ángeles. Cayeron
también en el paraíso Adán y Eva, y para siempre fueron de él dester­
rados. En. la misma compañía y escuela de Cristo, no se escapó Judas de
condenarse. Ejemplos todos para espantarte, y para enseñarte que por
santo que sea el lugar y la religión donde alguno por ventura se halla,
no está del toda segura su alma, por ser tan grande su fragilidad.
3 Considera, que Dios ha querido que la vida humara fuese tan fra'-
gil, paraque el hombre haciendo reflexión sobre esta verdad, temblase de
sí mismo, dejase los vicios, y se enmendase, ya que entre el pecador y el
infierno no hay de por medio mas que su frágil vida, que hoy florece y
tal vez mañana se secará. Para mejor entender esto, im agina, qué temor
tendría un hombre que se hallase pendieute de un hilo sobre un profun-
dirimo hoyo; qué no haria para librarse de aquel peligro? Cualquiera que
está en pecado mortal, se halla en mayor peligro; porque si cortasen el
hilo de la vida, caería infaliblemente en el profundísimo abismo del in­
fierno entre las llamas eternas, de las cuales nunca saldrá. Quién, pues,
en el peligro tan inminente se atreverá á sumergirse en placeres infa­
m e s , darse buen tiempo y quebrantar la divina ley?

M E D IT A C IO N D E L A IN CO N STAN CIA D E L A V ID A
HUMANA.

1 Considera, que la vida humana entre las otras miserias tiene esta,
que es estar muy sujeta á la inconstancia y m utación: que por eso dice
Job : E l hombre que nació de muger¡ vive poco tiempo, y lo poco que vive*
está lleno de muchas miserias: m ee como la flor; y luego se marchita y
desvanece como la sombra>y nunca en un mismo estado permanece: por­
que hoy está sano* mañana enfermo, ahora alegre, y de ai un poco me­
lancólico, ya quieto, ya turbado, ya resuelto y determinado, ya en otro
momento tímido y dudoso: hoy le gusta una cosa, mañana le desplace, se
vé llorar, y casi en un mismo tiempo reír; en sum a, cuantas son las
mudanzas y accidentes de su vida, otras tantas son sus variedades: ni la
luna muda tantas veces su aspecto como el hombre su ánim o, ahora le
sucedan las cosas prósperas, ahora adversas: por esto san Felipe Neri so­
lía decir al Señor: Mi Dios, no os fiéis de m i, porque os seré traidor si
me dejáis; y por esto la santa iglesia nuestra madre está siempre rogando
por sus hijos: Que entre las mundanas variedades a llí estén fijos nuestros
corazones, donde están los verdaderos gozos.
2 Considera, que cuanto mayores y mas estimadas son las cosas del
mundo, tanto mas claramente se nos descubre la inconstancia y mutabi­
lidad de ellas. Comenzó su monarquía en los asirios, y bien presto pasó
á los persas* y de estos á los lacedemonios y despues á los romanos, y
finalmente á los alemanes: que si los imperios, reinos y monarquías, en
que consisten las primeras soberanas dignidades del mundo, tantas veces
han sido trasladadas á diversas manos; qué cosa podrá haber estable acá
bajo? O como lo dijo bien san Juan, que todo lo que hay en el mundo,
es concupiscencia de la carn e, concupiscencia de los ojos y soberhia de
la vida y del mundo que pasa con todas sus concupiscencias! Quién, pues*
no querrá salir de él? Y quién querrá fundar en él sus esperanzas?
3 Considera, que esta inconstancia principalmente se vé en el trata­
miento que hicieron los judíos á Cristo Salvador nuestro en ía solemne
entrada en Jerusalén; porque en el mismo dia, en que por la mañana fue
con universal aplauso recibido del pueblo triunfante, fue por la tarde de
todos dejado y abandonado, y de ai á cinco dias fue á su instancia
crucificado: mudanza verdaderamente estraña é im provisa, á quien son
sem ejantes, las que cada dia se experimentan en las ctírtes del mundo.
Aprende de aquí, cuan poca firmeza tienen las honras y dignidades que
te ofrece; y no fiando de sus alhagos, pon toda tu confianza en solo Dios
que no se muda, y cuya amistad es f ie l, así en las adversidades como
en las prosperidades.

M E D IT A C IO N D E L A M U L T IT U D D E L A S M ISE R IA S
DE LA VIDA HUMANA.

1 Considera, que por breve que sea el curso de nuestra vida, breves
y momentáneos los placeres de acá bajo; con todo parece muy larga por
las innumerables miserias de que está lle n a : y quien puede explicar el
combate interior á que está sujeto el miserable hombre? Cuántas veces es
asaltado ó de temor, ó de dolor* ó de melancolía, sin saber muy á me­
nudo la causa; de manera que puede decir con Jo b : Por qué, ó Dios mió
me habéis hecho contrario á Vi>s? Y he llegado á ser insoportable á m í
mismo\ 2 Considera cuantos trabajos, cuantas fatigas es necesario sufrir
para sustentarnos: las aves y los otros animales se buscan el sustento sia
sudor: el hombre solamente debe padecer para socorrer á su propia ne­
cesidad, viniéndole bien lo del Salmista, que sus años son semejantes á los
de la araña: porque así como la araña continuamente se desentraña en.
tejer sus telas para v iv ir; así el hombre se fatiga dia y noche para su
sustento: y si alguno se halla exento de tal cuidado, no es empero libre
de otras tantas miserias, á que todos están sujetos; como son las enfer­
medades, las guerras, los terremotos, la peste y semejantes, en las cua­
les cuánto aprovecharía para tu humildad, conocerte de verdad mise­
rable !
2 Considera las miserias a que está sujeta toda edad: qué cosa es el
hombre en su infancia, sino una pequeña bestia, privada de razón, bajo la
apariencia y figura humana? Qué cosa es en la juventud, sino un caballo
indómito y desenfrenado? Qué en la vejez, sino una sentina de toda suer­
te de enfermedad y miseria? Con razón dijo el Eclesiástico* no ser pe­
queña ocupacion , la que naciendo fue dada al hombre, sino un yugo bien
pesado que ha de llevar desde el primer dia que nació, hasta que la
tie r ra , madre común lo reciba en la sepultura: de donde nace q,ue no
hay hombre por rico y poderoso que sea, el cual viva contento en su es­
tado, aconteciéndole lo que al enfermo, que volviéndose de un lado á
otro, no halla el descanso que busca, por nacer su congoja de dentro de
s í : asimismo en cualquiera estado que viva el hombre, lleva con su mis­
ma vida la pesadumbre: Qué muerte habrá que se iguale, decia santa T e­
resa, á mi vida lastimera, que muero, porque no muero?
3 Considera el f in , por el cual Dios ha sembrado esta vida de tan­
tas am arguras, y fue para desasirte de todo lo de acá bajo, y despertar
en tí amor de lo eterno. Por esto considerándote como sumido en las
amargas aguas del rio de esta babilonia del m undo, debes llorar con los
israelitas tu destierro; y acordándote de las dulces aguas de aquel cau­
daloso rio que embriaga los bienaventurados, anhelar como sediento
ciervo á ellas, como lo hacia el santo David. Sin propósito, pues, seria,
dicesan A gustín, buscar bienes terrenos, envueltos en tantas miserias,
cuando tenemos un Dios que solo basta para satisfacer cumplidamente
nuestros deseos. Que no hay hombre por rico que se a , que viva con­
tento en su estado. Cuántos emperadores han dejado los imperios? Cuán­
tos príncipes han renunciado sus principados? Cuántos prelados las pre­
lacias? Cree cada uno á modo de los enfermos, que de un lado á otro
se vu elven, de hallar mas en este puesto que en el otro la quietud;
pero no la h a lla , ni se puede hallar en las cosas de acá b ajo; porque
nuestro c o r a z o n es criado para cosas mas altas, como dijo san Agustín:
hicístenos, Señor, para t l 9 y está inquieto nuestro corazon, hasta que
descanse en tí,

M E D IT A C IO N D E L A M U E R T E .

1 Considera que es cierto que has de m orir, pero incierto el lugar,


la hora y el m odo, pues puedes morir de repente, ó de Ja larga enfer­
medad. En esto te has de v e r, esto te está aguardando, esto te va al­
canzando. Crees tu esto? M e responderás que sí. Vives tem blando, sos­
pechoso de esta h o ra , y siempre preparándote , paraque no te coja la
muerte desprevenido? M e responderás que no. Pues que fe' es la tuya
en esta parte? Qué embelesamiento padeces, creyendo todo lo dich o, no
teniendo un solo instante seguro} y con todo eso vivir descuidado ? Es
quizá, porque esperas vivir muchos años? Pues yo te digo que aunque
asi sea, cuanto será mas larga tu vid a , tanto peor será para tí cuan­
do llegue tu m uerte, en la cual tendrás mayor carga de culpas, mas
congojas, mas temores y mas peligros. Ó. fé poco avivada de la muerte,
y sus circunstancias, qué engaños y errores tan perjudiciales ocasionas
á los m ortales! Procura avivar tu fé y rumiar de espacio en tu muerte
y sus circunstancias: mírala de cerca, y tendrás la vida desengañada.
2 Considera que cuando llegará la hora de tu m uerte, tu alma y
cuerpo se hallarán cercados de la mayor tribulación que jamás habrán
sentido, Tu cuerpo estará sin fuerzas, los sentidos no acertarán á hacer
su oficio, la respiración cansada , la calentura, la sed , los dolores y
otros accidentes te atormentarán. T u alma estará penada por dejar los
amigos, parientes, bienes y deleites de acá: sospechosa de su salvación,
sabiendo que ha perdido la gracia, é ignorando si la recobrtf: temero­
saJ
á vista de la eternidad feliz ó in feliz,* donde en breve ha de entrar.
O , y entre qué angustias te has de hallar cogido un dia! Piensa bien
que esto se rá , que en esto te has de ver y quizá bien presto* Por fin
llegada ya la agonia de la m uerte, te pondrán en la mano una vela
bendita , con cuya luz aunque escasa, descubrirás la vanidad de todo lo
de acá, el malogro de los años de tu vida, y cuanto te importaba el
haber prevenido este lance inevitable; y asaltado de la última opresión,
desamparará el alma tu cuerpo, quedando este feo y hediondo. R em íra­
te con frecuencia en ese espejo de tu propia m uerte, y te será princi­
pio de establecer y proseguir una nueva y santa vida.
3 Considera, que siendo la muerte inevitable y pendiendo de ella
tu salvación ó condenación , pide la prudencia que desde ahora empie­
ces y nunca ceses de aparejarte, para acertar á morir una muerte san­
ta. E a alma m ia , (decia san Hilarión puesto en el paso de la m u erte),
sal de ese cuerpo; qué temes? Has servido á Dios por espacio de sesenta
años j y aun temes salir de esta vida ? Donde se ve que san Hilarión*
bien que se hallase acosado de tem ores, de angustias y flaquezas, be­
bió santamente ese amargo cáliz de la m uerte, con la penitente y
santa vida de setenta anos; esto e s , que con esa larga vida gastada en
el camino espiritual, se hallaba en la hora de su muerte abastado de
paciencia, para sufrir los dolores y agonías: de conformidad y resigna­
ción, para rendirse á lo que Dios hacia y quisiese hacer de é l: de
penitencia, para desterrar las culpas, y ser diestro en resistir á las ten­
taciones del enem igo, y de mucho amor de Dios, para desear ser desa­
tado del cuerpo, é irse á juntar con Cristo. Piensa til, que en aquella
hora nada de este mundo te podrá v a le r, aunque seas rico, honrado,
rey ó papa, solo te podrá valer el haber adquirido aquellas virtudes.
C ree, que si no te aplicas con eficacia y sin intermisión á poseerlas,
cuando estás sano, no las tendrás en Ja hora de tu muerte. R esu elve,
pues, empezar una vida nueva, arreglando las horas del d ia , y aspiran­
do á conseguir aquellas virtudes, para lograr una muerte fe liz, que te
sea paso para la eterna gloria.

Resolución.
En esta meditación de la muerte me ha dado Dios á conocer que
el vivir me importa poco; pero me importa infinito el vivir b ien , el
vivir santamente, para morir de la misma manera; por lo que he resuel­
to arreglar bien mi vida en estos ejercicios, haciendo mi reglamento de
las acciones diarias en sus tiempos, como se prescribe en el principio
de este M anual, procurando que fjdas estas sean una continua disposi-
cion , para bien m orir; y asimismo no meterme jamás en la cam a, sin
considerarme en el trance siempre formidable de la muerte, ensayándo­
me muchas veces á m orir, para aprender á morir bien una vez.

Ramillete.
Haced , Dios mió , que de hoy en adelante la consideración de la
muerte sea la ordinaria ocupacion de mi espíritu.

M E D IT A C IO N D E L A M U E R T E D E LO S JUSTOS.

1 Considera, que la muerte si bien en sí misma es terrible y amar­


ga , no obstante es d u lce, suave y aun deseada de los justos, por ser
ella el fin de las miserias de esta vida, y principio de las felicidades
eternas de la gloria; y así dicen con el real Profeta: como el ciervo se­
diento desea la fuente de las aguas, así mi alma desea unirse con Vos,
6 Dios mió; y con san Pablo: deseo salir de este cuerpo y unirme con
Cristo. 2 Considera, que de esto no se sigue que los justos y almas
pías, no teman naturalmente la m uerte, habiéndola temido el mismo
Jesucristo en cuanto hom bre; pero su temor es muy diferente del de
los pecadores; estos tem en, porque á vista de sus grandes culpas tienen
poca esperanza de salvarse; al contrario los justos temen por la misma
flaqueza de la naturaleza, la cual se turba al acercarse á la muerte ; mas
porque por otra parte esperan con gran confianza la bienaventuranza
eterna, se alegran según la parte superior; y así alegrándose tem en, y
temen con la misma alegría. E l glorioso san M artin á la hora de la
muerte dijo al demonio: qué buscas a q u í, bestia cruel? No hallarás en
mí que reprehender \ y espero ser recibido en el seno de Abrahan\ y san
Ambrosio: no temo el morir \ porque tenemos un buen Señor, Pues pro­
cura tií ahora imitar á los justos en sus virtudes, para asegurar con es­
to el ser semejante á ellos en la muerte.
2 Considera, que i las almas justas los trabajos, dolores y fatigas
que padecen, les son muy dulces y llevaderos, i Por el ansia que tie­
nen de padecer por su amado Jesús, y satisfacer por las penas debidas
por sus pecados; y aunque el demonio á quien ellas vencieron en vida
pueda atemorizarlas; pero luego son consoladas y confortadas con la
asistencia de los ángeles y santos sus devotos, y especialmente con la
protección y amparo de la reina de los ángeles M aría Santísima, 2 Por­
que el testimonio de la buena conciencia y la confianza en la divina
misericordia les ocasionan tanta p a z, quietud y sosiego, que desvaneci­
do todo tem or, comienzan i gozar algun resabio de la bienaventuranza
eterna, pudiendo muy^ bien d e cir: tanta es ¡a gloria que espero, que en
las penas me deleito, O qué eogaíío padecen los m ortales! Todos juzgan
que su muerte será como la de los justos, mas no quieren dejar en v i­
da los regalos, los deleites y pasatiempos. O que tremenda sentencia!
Cual es la vida , así es el fin.
3 Considera , que los justos no se entristecen por verse apartar d
todas la» cosas de la tierra, porque estas las renunciaron en vida, ó usa­
ron de ellas sin apego del corazon, para tenerle mas desocupado para
unirse con Dios. Ni se turban * porque el alma se haya de separar del
cuerpo; porque en esta vida le miraron como una cárcel, de la cual
entonces se librarán para gozar de una libertad eterna en la gloria. N i
tampoco les contrista el ver, que el cuerpo ha de quedar fe o , asquero­
so y reducido á p o lvo, porque creen que á su tiempo resucitará herm o­
so * resplandeciente y glorioso : tam bién, porque habiéndose despojado
de todas las cosas para seguir á Cristo desnudo, humildes se alegran que
el cuerpo que es tierra, vuelva á la misma tierra de donde nacid. Por
esto san Francisco quiso morir desnudo, extendido sobre la tierra ; y san
Antonio desed que su cuerpo^ despues de m uerto, fuese entregado á los
perros paraque le comiesen. Ó cuántas gracias debes dar al A ltísim o, que
con tan celestial doctrina te abre los ojos del a lm a , paraque te dispon­
gas para una buena m uerte, dichosa y feliz como la de los ju sto s!

M E D IT A C IO N D E L JUICIO P A R T IC U L A R .

1 Considera , que es de fe' que en acabando de m o rir , será presen­


tada tu alma en el tribunal de C risto , para ser juzgada sobre toda la
serie de tu vid a, en pensamientos, palabras, obras y omisiones: donde
se h a d e decidir, si has de arder en el infierno <5 reinar en el cielo por
toda la eternidad. Ó punto terrib le ! M as ciertamente has de pasar por
aqui. Lo que en aquel tribunal te causará mas h o rro r, será la verdad
que alli reina desnuda. E n este m undo, si á la muger que ocultamente
faltó á su honor: al otro, que h u rtó : al ministro que se dejd cohechar:
al eclesiástico que vive indignamente, se les dijesen á su cara estas fal­
tas* seria esto causa de enemistades y ddios implacables* naciendo todo
de no poderse sufrir la verdad, por cuyo fin los malos la ocultan y opri­
men con m entiras, ficciones ó con otros pecados. Pues cuál quedarás en
aquel tribunal, cuando á tu vista manifieste el juez Cristo la verdad de
toda tu vida, llegado ya el caso de haber de pronunciar la sentencia úl­
tim a, y proporcionar las penas á todos tus delitos grandes y pequeños?
O cuánta es tu necesidad en vivir tan olvidado de esta extrema apre­
tura , de la cual no puedes escapar !
2 Considera, que en este mundo la mayor parte de las maldades no
se puede averiguar por estar oculta la conciencia, donde los malos las
tienen escritas; mas en aquel tribunal las conciencias están manifiestas
y por esto manifiestas todas las maldades grandes y pequeñas: así dice
san Bernardo, tú mismo con tu conciencia serás acusador y juez de tu
vida. Finjamos, dice el Santo, que todos, hasta el mismo Jesucristo, ca­
llasen; finjamos que todos te quisiesen y pudiesen abonar, y dar por
santo: sin embargo en fuerza de la verdad y de tu conciencia manifies­
t a , tu mismo clamarás contra t í , y dirás que eres malo y que mereces
el infierno. D e quién, d im e, podrás esperar que alli te sea abogado, si
tú mismo serás para tí un severo fiscal ? Qué despecho concebirás contra
t í , viendo que con tu mala vida fuiste el mayor enemigo de tí mismo?
De nadie te podrás quejar, sino de tí: pues verás que allí no te hacen
cargo, sino de lo que con tus pensamientos, palabras, obras y omisio­
n es, pusiste en tu proceso. Ó fuego de la verdad, como abrasarás en el
juicio á la alma pecadora! A llí la verdad te descubrirá bien claramente
la obligación que tenias de amar y servir á D io s , que te favoreció con
tantos beneficios * la enormidad del pecado, la hermosura de la virtu d ,
y quedarás asombrado, que teniendo lumbre de fe* hayas vivido como
si no la tuvieses- Por cuánto no quisieras entonces haber cometido algún
pecado? Procura p ues, desde ahora poner cobro en las cosas de tu alma,
antes de comparecer en la presencia del divino Juez.
3 Considera, que lo que en esta vida mas te deleita, en aquel tri­
bunal te dará mas p e n a , y te será de mayor enbarazo. Lo que en esta
vida te puede mas deleitar, es la autoridad de mandos, proveer empleos
seculares ó eclesiásticos, dineros, faustos, comidas y libertad de vida;
y todo esto allá te será tormento >cuando verás que muy por menor 9 y
caso por caso te van examinando, como administraste justicia, si nom­
braste para los empleos á los mas dignos, si guardabas el dinero, si lo
gastabas y e n qué: si tuviste sobrada fam ilia, fausto y comida: si fal­
taste á socorrer á los pobres. Sin duda que entonces sentirás que tener
poco y cuidar de tí solo era lo mejor. Y si tú eres sacerdote, religioso,
padre de familias ó cualquier otro , asimismo por menor te irá el juez
sacando tus obligaciones, y como las cumpliste, Y si allí el Juez te ha­
lla convencido, con rostro y voz terrible pronunciará contra tí la sen­
tencia irrevocable; vé maldito de mi Padre al fuego eterno \ y luego te
hallarás entre las unas de los gavilanes del infierno, que te arrebatarán
y llevarán á aquel fuego que siempre arde y jamás se apaga. O triste
de tí, qué espanto y desesperación será la tuya! Vuelve sobre t í , que
aun puedes escapar de esta suma desdicha. Resuélvete pues, á componer­
te con el Jues por lo pasado con una buena confesion general y satisfa­
cerle con penitencia; y por lo venidero asienta una vida nueva y bien
arreglada, con que vivas desengañado, y tus pensamientos, pjiabras y
obras sean ta les, que de ellas te puedas alegrar cuando serás juzgado,
Resolución.
Ensenándome la fe que la divina m i s e r ic o r d ia , de que tanto necesi­
to , y sobre la cual debo principalmente establecer mi confianza, no ten­
drá parte alguna en el ju icio , que hará Dios de mí en ia hora de mi
muerte y que solo su justicia Divina presidirá en é l; resuelvo suplicar
cada dia á su divina M agestad, que no espere para juzgarm e, á que lle­
gue el ultimo dia de mi v id a , sino que me juzgue en e sta , donde sus jui­
cios son paternales y llenos de misericordia y salvación; y para dispo­
nerme á este juicio 9 haré cada noche antes de acostarme el mas riguroso
y severo examen de mi vida, citándome á mí mismo al tribunal de mi
conciencia , y condenándome á una particular y proporcionada peniten­
cia que cumpliré sin fa lta , por las culpa» diarias que hubiere hallado
haber cometido.
Ramillete.
Señor , tened paciencia para conm igo, que os ofrezco satisfacer tan
enteramente mis deudas cuanto mi fragilidad pudiere sufrir»

M E D IT A C IO N D E L IN F IE R N O .

1 Considera, que el infierno es un lugar en el centro de la tierra,


donde Dios castiga á los malos. Tres penas padecen los condenados en
é l; esto es, pena de daño, de sentido y del gusano de la conciencia. La
primera se llama pena de daño, por el inexplicable daíío que padece el
condenado, perdiendo por toda la eternidad el ver y gozar del bien in­
finito que es Dios. Esta pena es la mayor de todas, bien que tú ahora
ni lo entiendes ni lo sientes, porque tu alma estando aun en el cuerpo,
y siendo aun viadora, no siente la falta de ver á D io s, mas arrancada
de las carnes, es tal la inclinación al sumo Bien para que fué criada,
que un monte desprendido del cielo no tendría tanta inclinación á caer
á la tierra, cuanta siente el alma separada el no ver y gozar de Dios.
Puedes rastrear lo vivo de esta p ena, considerando si tií perdieses cien
doblones, que pena tendrías? Pues cuál la tendrías si perdieses diez mil
doblones? Si un poderoso mayorazgo? Si una gran m onarquía? Perderías
el juicio de sentimiento. Pues siendo Dios bien infinito, en cuya com­
paración todos aquellos bienes no tienen ser de b ien , perdiéndolo tú
para siem pre, adúnde llegará el dolor y ptna de tu alma? Ó Dios mi­
sericordioso , poned en nuestra consideración un peso recto para pesar
esta pérdida, y no aventurar el gozar de Vos por los bienes caducos!
2 Considera, que á la pena de daíío tan penetrante se añade la pe­
na de sentido, que consiste en todas aquellas penas de que son capaces
los sentido exteriores é interiores del cuerpo, las cuales causa el fuego
del infierno mucho mas activo que el de acá, al cual ha Dios criado pa­
ra dar intensamente tormentos á los condenados. Im agina, que estuvie­
se aqui tendido uno con una calentura ardiente, y con bascas de cora­
zon , con agudo dolor de cabeza, de o jo s, de oidos , de muelas y dien­
tes, de ciatica, de piedra, de gota, etc. y tras eso nadie le remediase,
3ntes le dijesen malas palabras y diesen de palos: d im e, quién tendría
corazon para mirar un hombre tan atormentado ? Pues cree que todo
ese tormento es casi nada * comparado con lo que til habrás de sufrir con
la pena de sentido si caes en el infierno. A mas de esta p en a, será la
del gusano de la conciencia, que consiste en un despecho y rabia que
tendrá el condenado contra sí mismo, acordándose que creia que habia
infierno, que podia fácilmente escapar de é l, que se lo avisaban predi­
cadores y confesores, y que por cosas momentáneas y viles perdió vo­
luntariamente la gloria, y se obligó á tantas penas» De esto se querría
olvidar y no podrá jamás. Este conocimiento es el gusano que le dará
eternamente tan recias mordeduras, y le obligaría á despedazarse á bo­
cados, si le fuese permitido. Piensa tú seriamente si caes en el infier­
no , cuán insufrible estarás por toda una eternidad!
3 Considera, que aunque estas tres penas son comunes á todos los
condenados, mas la sabiduría, poder y justicia D ivin a, tasa su mas y
su menos, conforme fueron los pecados mas ó m enos, y fue mayor 6
menor su gravedad, de suerte que el desorden del pecador tenga su par­
ticular castigo; porque escrito está : cuanto se glorificó y deleitó, tanto le
da de tormento y llanto. O qué buen recuerdo es este para los que po*
co reparan en el numero y malicia de sus pecados ! Piensa tú ahora,
que mientras tú estás meditando estas penas, las estarán padeciendo
muchos que tií en este mundo los viste reir, holgar y saltar* Piensa tam­
bién, que según justicia años ha que habías de estar padeciéndolas, y te
libró la sola bondad D ivin a , y quizá no te has por este beneficio humi­
llado á Dios y dádole gracias. Acuérdate que aun no sabes si caerás ó
no vi\ ellas, y siendo tan espantosas, aunque fuese menester para esca­
parlas dejarlo todo é irte á un desierto, lo debias aceptar. M ira , cuan
obligado estarás á vivir siquiera lejos del pecado m ortal, que es el que
solo las causa á los coudenados. Mas no lo fies de una voluntad firme
de no pecar, que esta presto se m uda; sino de establecer una vida santa
con cotidianas meditaciones y lecciones, para cobrar tal temor de Dios,
que nunca mas le ofendas, y así seas libre de tantas penas.

Resolución.
He conocido que Dios infinitamente bueno en sus misericordias, im­
penetrable en sus juicios y formidable en sus castigos, podia años há ha­
berme precipitado á este abismo de males irrem isibles. como ha hecho
con tantos, que de mucho no le han dado tanta ocasión: de que he co­
nocido por una p a rte, que tantas veces me ha sacado misericordiosa­
mente del infierno, cuantos son los instantes en que he vivido en peca­
do m ortal; y por o tra , que debo huir con toda solicitud del primer pe­
cado m ortal, como del mismo infierno. Resuelvo, pues, aplicarme con
sumo estudio á la práctica de esta determ inación, y porque el mayor y
mas ordinario peligro de ofender á D ios, es dar tales pasos, frecuentar
aquella casa, entender en tales trato s, etc. desde ahora quiero cortar
por lo vivo de mis desordenados afectos, que me llevan á tanto mal.

Ramillete.
Dadme gracia, Señor, de llorar aqui con los penitentes, para no llo­
rar despues siempre con los condenados.

M E D IT A C IO N D E L A G L O R IA D E L P A R A ÍSO .

1 Considera, que por el último artículo del Credo creemos que á los
que mueren en gracia, da Dios la gloria eterna: esta es tan soberana que
si bien la creemos, mas no podemos e n t e n d e r l a ; porque escrito está, que:
ni el ojo vio, ni el oido oyó t ni el corazon del hombre comprehendiá lo
que Dios tiene preparado para los que le tem en; y no es de estrañar,
siendo un premio magnifico, que quiere dar á sus hijos aquel Señor que
es infinitamente sábio, bueno y poderoso. Consiste la gloria esencial, en
que entrando el alma santa en el c ie lo , y perdiendo su entendimiento la
virtud de la f e , recibe otra virtu d , que llaman lumbre de gloria, coa
la cual ve dentro de sí y claramente la infinita hermosura de D io s , y
luego la voluntad se abrasa en un intensísimo amor de aquel sumo Bien,
de que resulta a! alma aquel gozo, deleite y contentamiento, que no se
puede explicar, sin tener necesidad, ni facultad para desear otra cosa,
por tener allí todo el bien. M as, qué gozo será el del alma á la pri­
mera entrada, siendo el bien que consigue tan grande, y siendo para ello
tan nuevo! Pues sab e, que ese mismo grande gozo es el que tiene el
alma despues, y el que tendrá para siem pre, sin variarse jamás ni aque­
lla vista de su entendimiento, ni aquel afecto de su voluntad, ni el de­
leite que resulta; porque esto quiere decir gloria eterna; esto es , que se
goza toda junta sin variarse. Ahora tú ten tus deseos y operaciones por
malogradas, si no van i parar á conseguir tanto bien*
2 Considera, qué admiración ocupará al alma ¿ la primera entrada
en la gloria, y cuan de corazon se deshará en dar gracias á su amado
D io s, por haberla criado para tanto b ien , como es esta gloria esencial,
la cual corresponde á la caridad ó amor que tiene el alma á D io s , no
dejando aun de darle gracias por la gloria accidental, que consiste en
otros particulares gozos que llaman laureolas, y corresponden á las otras
virtudes fuera de la caridad, de que está adornada el a lm a ! Considera
aun , que á mas de esta gloria del a liñ a , ha de tener el bienaventurado
la gloria del cuerpo, despues de la universal resurrección. Ese cuerpo
seri cual conviene al alma gloriosa resplandeciente, ágil para ir en un
punto de una parte á o tr a : s u til, que penetrará por medio de cualquier
cuerpo: sin necesidad de abertura, é impasible que jamás padecerá da­
ñ o , cansancio ni incomodidad. Los ojos, aunque 110 pueden ver el sér
de D ios, verán las hermosuras de la humanidad de C risto , de la V ir­
gen y demas santos: asimismo los demas sentidos tendrán toda satisfac­
ción. Ó vida verdaderamente bienaventurada! Alaba á Dios que por su
bondad ha comunicado tan soberanos bienes á los que le han servido*
Dale gracias porque te tiene aparejado tan grande prem io: entra en efi­
caces deseos de conseguirlo.
3 Considera, el lugar donde se comunica esta inmensa g lo ria ; este
es el cielo em píreo, superior á los demas cielos, tan hermoso y dilata­
do , que no hay acá cosa con que poderle comparar. Considera la hon­
ra de vivir entre aquellos gloriosos cortesanos: considera la seguridad
que tienen a llá , de que nunca tendrá fin su alto estado. E s posib le?
que prometiendo Dios tantos y tales bienes por toda la eternidad , vayan
los hombres perdidos por los bienes caducos, y breves de este mundo!
Y por lo que tan poco es y du ra, renuncien pecando su bienaventuran­
za ! Entra ahora en tí, y mira cuanto has faltado en esto , por no con­
siderar este prem io: procura en adelante considerarlo con frecuencia, y
animado de tan feliz vida , cuida solo de conseguirla. Desprecia todos los
gustos, bienes y honras de a c á : sufre todos los trabajos que se te ofrez­
can : suspira siempre por aquella patria. Fija en tu corazon esta verdad;
como yo llegue al c ie lo , sea lo que sea de lo dem as, yo tendré eter­
namente todo contento. Persevera hasta la muerte en esto, y así llega­
rás á la gloria y corona eterna.

Resolución.
En la meditación de la gloria me he convencido de la magnitud del
premio que tiene Dios aparejado á los que le aman y sirven; y siendo
necesario para alcanzarle, este amor y servicio, he resuelto dedicarme
enteramente al servicio de D ios, en la exacta observancia de sus divinos
preceptos, aspirar cada dia á tan feliz término, suspirar por tan desea­
ble patria, despegar mi corazon de las cosas terrenas, del gusto, de la
vanidad, del deleite, animarme al sufrim iento, llevando con paciencia
por amor de Dios tal trabajo, tal pérdida , tal in ju ria, tal palabra, tal
contragenio, tal desatención, etc. como que son escalones por donde su­
biré á mi eterno descanso.
Ramillete.
Señ or, una sola cosa en adelante os he de pedir con el P rofeta, que
e s, habitar para siempre en vuestra casa.

M E D IT A C IO N D E L A E T E R N ID A D .

1 Considera, cuan provechoso sea al alma meditar á menudo en la


eternidad, i El pensar a' menudo en la eternidad causa en el alma abor­
recimiento á todas las honras, deleites y placeres del mundo, conforme
al dicho de san Gregorio que d ice: que si se consideran los bienes eter­
nos , fácilmente se reputan por v iles, y se desprecian los temporales. 2
E t que piensa á menudo en la eternidad, sufre con paciencia todos los
trabajos de esta miserable vida, y dice á Dios con san Agustín: aqui
quema, aqui corta, aqui nada me perdones 9 paraque eternamente me per-
dones. 3 Este pensamiento de la eternidad es un eficacísimo antídoto pa­
ra preservarnos de todos los pecados; porque qué hombre h a y , si 110
está privado de razón, que se atreva á ofender á D io s, si considera que
por un momentáneo deleite se obliga i una eternidad de penas en el in­
fierno? 4 La memoria de la eternidad mueve al hombre á amar y ad­
mirar la Divina misericordia, y á temer su justicia ; á amar aquella por
el premio eterno, que da á los justos; i temer esta por la pena eterna
que da á los pecadores. Ó D io s, y bien infinito de mi alm a, haced que
esta consideración de la eternidad quede tan vivamente impresa en mi
corazon, que ninguna cosa de esta vida sea bastante á borrarla ! >
2 Considera que la eternidad es un círculo, cuyo centro es siempre,
y cuya circunferencia es nunca. E s , dice santo T o m ás, una continuación
de tiempo siempre presente ó la medida de todo lo duradero: es un la ­
berinto en quien jamás se halla salida: es un mar sin salida ni término.
Imagina mil años, y tantos millares de millares de años, cuantas son las
gotas de agua del mar. los granos de arena, los átomos del a ire, los
momentos que han pasado desde la creación del mundo, y los que pa-
sarau hasta el fin de é l , que todo esto es nada en cotejo de la eterni­
dad, En una palabra, la medida de la eternidad es el siempre: tanto du­
rará la eternidad; y en fin, mientras Dios fuere D io s, serán los justos
bienaventurados en el cielo, y los condenados atormentados en el formi­
dable fuego del infierno. O eternidad, cuán poco conocida eres de los
mortales, cuan poco temida de ios pecadores!
3 Considera, que los medios que te pueden ayudar mucho para sa­
car el debido fruto de la memoria de la eternidad, son. 1 Hacer á me­
nudo actos de fé, que has de ser ó bienaventurado para siempre, o con­
denado para siempre. 2 Todas las veces que oyes el re lo j, acuérdate que
la eternidad se acerca, y el tiempo pasa, y nunca ha de volver; y que
el ultimo momento de la v id a , es aquel en que se empieza im negocio
tan grande y de tanta im portancia, como es la salud eterna é la perdi­
ción eterna, 3 Da gracias á Dios que te haya preservado de la eternidad
in feliz, tantas veces por tus pecados m erecida, en la cual muchos años
hace que estarías, si la misericordia de Dios no se hubiera compadecido
de tí. 4 Anímate con valor y resolución i tolerar todas las adversidades
de este mundo, por no llegar á padecer eternamente las horribilísimas
penas de los condenados. 5 Prívate aun tal vez de aquellos deleites que
son lícitos, animado de la esperanza, que dentro de breve tiempo goza­
rás de las celestiales delicias por toda una eternidad. Ten grande hor­
ror al pecado y huye de é l , como de una serpiente venenosa; porque
solo él puede hacerte miserable é infeliz por toda una eternidad. Ó bon­
dad infinita de mi Dios y S eñ or! Gracias os doy por los documentos de
vida eterna, que en esta meditación me habéis dado: con vuestra gra­
cia propongo ejecutarlos en esta vida, para veros y gozaros despues por
una eternidad en la otra!

Resolución.
He conocido que la mas terrible condicion de las penas del infierno
es su eternidad, como la mas apreciable de los bienes del cielo es su
eterna duración: de aquí he resuelto emprender un tal tenor de vida,
que siendo digno desempeño de las obligaciones de mi estado, me libre
de la u n a, y me disponga para la otra eternidad: por esto distribuiré
por su drden las acciones del d ia , el levantarm e, el orar, rezar, enten­
der en los negocios de mi profesion, como que este orden contribuirá
mucho al logro de una eternidad feliz.

Ramillete.
No pierda y o , Dios m ió , jamás de vista estos dos extremos contra­
rios de eternidad, para animarme i serviros con fervor.

MEDITACIONES DEL SACRAMENTO


DE LA P E N IT E N C IA .

M E D IT A C IO N D E L A N E C E S ID A D D E L S A C R A M E N T O
DE LA PENITENCIA , Y CUANTO IMPORTA RECIBIRLE Á MENUDO.

1 Considera, como el sacramento de la penitencia es la segunda


tabla despues del naufragio: es el seguro puerto de la salvación eterna:
el arco de paz entre Dios y los pecadores: la fuente de la gracia, y la
seguridad de la vida eterna. Pues paraque las almas mas se alienten í
la frecuencia de e s te soberano sacramento, deben considerar: lo prime­
r o , lo que tiene declarado el santo concilio de Trento^ esto e s , que el
que despues del bautismo cometió algún pecado g rave, no puede sal­
varse sin la confesion, que es la medicina instituida, para curar las
dolencias del alm a; porque así como muchos enfermos mueren por no
llam ar en tiempo debido al médico corporal, y no recibir con tiempo
las medicinas para curar su dolencia; así mueren muchos espiritualmen­
t e , por no acudir en tiempo debido al médico espiritual, que es el con­
f e s o r . 2 La confesion bien hecha llena el alma de bienes celestiales, y
la limpia de todos los pecados, en cuanto á la culpa, por enormes y
graves que sean, muda la pena eterna en tem poral, y de enemiga de
D io s , que era el alma por el pecado, la hace amiga y esposa suya ama­
bilísim a, dejándola templo vivo del Espíritu Santo , adornada con su
gracia y dones celestiales, y restituyéndole la paz interior que perdió,
se halla fortalecida para no volver al pecado, aunque contra ella se con­
jure todo el infierno. Quién será, pues, el negligente, tibio y perezoso,
que deje de frecuentar esta oficina divin a, en donde tantos bienes halla
el alma? Si tanto se trabaja y padece por la salud del c u e r p o , cuánta
diligencia debes poner por lo que sin comparación es m as, que es la
del alma ?
¡¡ Considera, que la confesion es un sacramento instituido por Cris­
to Señor nuestro para perdonar los pecados cometidos despues del bau­
tismo ; pero paraque aciertes á obrar como se debe en un negocio tan
grave, debes advertir estas cinco condiciones, que la deben acompañar;
esto e s , el exámen de la conciencia, dolor de los pecados cometidos,
firme propósito de la enmienda, declarar todos los pecados al confesor, y
voluntad eficaz de satisfacer á Dios y al prójimo, como el confesor lo
ordenare. Considera mas los peligros de errar este negocio de tanta im ­
po rta n cia . i Si vas á este sacramento sin la debida preparación, incon­
sideradamente y por costumbre. 2 Si vas con sola la memoria de los
pecados, sin procurar excitar la voluntad al d olor, y arrepentimiento de
ellos. 3 Si no pones la d iligen cia debida , no solo en huir de las culpas,
sino en evitar las ocasiones próximas de ellas. 4 Si no dijeres al confesor
todas las culpas que no están legítimamente confesadas, explicando todas
aquellas circunstancias, que mudan de especie al pecado. 5 Si llegases á
los pies del confesor á referir pecados de otros y á escusar los propios.
Y últimamente , si injustamente rehusases el admitir Ja penitencia , que
el confesor te im pone, ó no quisieses restituir, (pudiendo) 0 la hacien­
da ó la honra, que injustamente quitaste al prójimo* ó si tus confesiones
las midieses con este n ivel, cuántas quizá hallarías mal hechas! Bendi­
to sea Dios que te subministra tanta luz sin merecerla.
3 Considera, que para acertar á hacer una buena confesion, debe
usar de estos medios, i Considera, que puede ser sea aquella Ja última
confesion de la vida. 2 Piensa si en las confesiones pasadas bas cometi­
do algún defecto esencial para su integridad; y si hallares haber falta­
d o , remedíalo haciendo una confesion general. 3 Antes de confesarte,
prepa'rate bien rogando á Dios te dé luz para conocer tus culpas, detes­
tarlas y declararlas todas al confesor. 4 Si es posible busca un confesor,
que sea docto y santo, y está á él sujeto, como si fuese el mismo Cris­
to. 5 Mientras te da la absolución, no pienses en o tro , sino en hacer
actos de contrición y propósitos de la enmienda. 6 Despues de haberte
confesado, da con humilde rendimiento gracias á su Magestad divina
del beneficio de la absolución; porque si un reo es agradecido al prín­
cipe que le perdonó la pena de muerte merecida por sus delitos; te­
niendo tú por tus culpas merecida la pena eterna del infierno, y per­
donándote su Magestad divina con tanta benignidad, cuanto mas debes
estar agradecido toda la vid a , sirviéndole, amándole y proponiendo de
morir millares de m uertes, ántes que ofenderle!

M E D IT A C IO N D E L E X Á M E N D E L A C O N C IE N C IA
PARA CONFESARSE BIEN-,

i Considera la infelicidad grande de muchas alm as, que llegan a


confesonario sin examinar y llevar bien sabido, lo que han de decir al
confesor. Piensan muchos ignorantes, que con solo imaginar el dia que
se han de confesar, cumplen con su obligación, y es engaño manifiesto:
pues con solo esto se exponen á hacer la confesion sacrilega, dejando de
confesar muchos pecados mortales. O qué de inconvenientes se siguen de
no examinar bien la conciencia, antes de confesarse! i Convierten en
pestilencial veneno la triaca magna que Dios dejó instituida, para curar
las dolencias del alma. & Si ahora por negligencia se deja el exámen
necesario para confesar enteramente todos los pecados, despues en la
hora de la muerte y dia del juicio * el mismo Señor los examinará to­
dos por menudo, y pedirá estrecha cuenta de todos ellos, como dice por
un Profeta: yo iré escudriñando ájerusalén esto e s, al alma) con hachas
encendidas. 3 Se pone el pecador en evidente peligro de no tener contri­
ción de sus culpas; porque mal podrá arrepentirse de ellas, cuando no
pensó ántes, cuales y cuantas eran. L a Magdalena , primero conoció la
fealdad de sus culpas, despues se arrepintió de e lla s , y luego corrió á
lavarse á la fuente de la g ra cia , Cristo Señor nuestro. Lo mismo en
sombra y figura le sucedió al P ró d igo, y al santo rey Ezechias. Ó be*
nignísimo Señor! D ad luz á mi entendim iento, para examinar bien mi
conciencia, y poder hacer muchos actos de contrición, para asegurar
con esto la gracia y amistad vuestra en la confesion.
2 Considera mas el modo de examinar tu conciencia, que debe ser,
haciendo nn diligente escrutinio de todos los pecados, i fin de poderlos»
decir todos al confesor, imitando á aquella muger del E vangelio, que
habiendo perdido una dracma, revolvió toda la casa, y solícita y cui­
dadosa, no paró hasta que la halló. Debes imitar también al santo rey
David , que considerando las ofensas que contra Dios com etió, d ic e , que
lloraba muchas noches y barria su espíritu. D eb es, pues, considerar la
pérdida de tu alma por tus culpas, que fue de la mas preciosa dracma
de la gracia, y de la amistad mas apreciable de D io s ; y así para hallar
estas culpas, debes revolver todo tu interior sin dejar rincón ninguno,
que no escudriñes, apartando trastos de cuidados á un lad o; y recogida
toda la inmundicia de las culpas, con lágrimas y arrepentim iento, arró­
jala á los pies del confesor. Este cuidado debe ser d iligen te, no perezoso,
ni dos mas dos menos, como solemos decir; porque si por un negocio
de intereses temporales se pone tanto cuidado en las cuentas, que no se
queda partida alguna sin contar; qué cuidado debes poner en el mayor
de los negocios, que es el de la salvación, en que salga bien ajustada
la cuenta, como la tiene Dios en el libro de tu conciencia? O ceguedad
de los m ortales, que todo el tiempo emplean en discurrir sobre sus ca­
ducos intereses, sin que h allen , ni un dia, ni una hora de tiempo, para
pensar en los intereses del alma !
3 Considera los medios de que te puedes valer para conocer mas
fácilmente la gravedad, y número de tus culpas, i Pide á Dios de to ­
do corazon te asista con su divina lúa para conocerlas, y di con el cie­
go del Evangelio: ayudadme, Señor, á ver: ó con el santo Job: mani­
festadme el número de mis iniquidades, desvergüenzas, pecados y delitos,
contra Vos cometidos, s Considera los lugares en donde has estado, las
personas con quienes has comunicado, y los negocios que entre manos
has llevado. 3 Discurriendo sobre los mandamientos de la ley de Dios,
haciendo seria reflexión, en lo que sobre cada uno de ellos has cometi­
do : mira cuantos pensamientos has consentido, ó advertidamente entre­
tenido , sin desecharlos: cuantas palabras ó de juramentos ó votos ó
murmuraciones ó de cosas lascivas y sensuales, y cuantas veces con la
obra has faltado en cada uno de los mandamientos, diciéndolo todo con
claridad y distinción al confesor. 4. Desocúpate de negocios mundanos,
paraque logres el tiempo necesario para este negocio divino. 5 Todas las
noches antes de acostarte, examina la conciencia: pues de examinarte
de tarde en tarde se sigue el olvido de las culpas, y quizá se seguirá el
hallarte burlado en el dia de la cuenta. No lo permita el Señor por su
infinita misericordia. Dale gracias, que con tan copiosa luz te adoctrina.
M E D IT A C IO N D E L A O B LIG A C IO N D E E X P L IC A R
LOS PECADOS EN LA CONFESION.

i Considera, que habiendo Cristo Señor nuestro dado á los apósto­


les y á los sacerdotes sus sucesores > la potestad de absolver los pecados,
ha asimismo obligado á los penitentes á explicarlos en Ja confesion;
porque ningún juez puede rectamente juzgar una causa, si antes no tie­
ne conocimiento de los méritos de e lla : cuyo conocimiento no puede te­
ner el confesor en el tribunal del confesonario, si no se lo administra el
penitente, declarándole sus pecados. 2 Considera, que la obligación de
confesar todos los pecados enteramente es tan inviolable y absoluta, que
en ninguna manera puede uno salvarse, si pudiendo confesarse, 110 se
confiesa; y así no h ay m edio, ó bien confesarse ó condenarse. Para es­
to es necesario, que el penitente expela de sí la vergüenza y repugnan­
c ia , que tiene de confesarse, y para hacerlo fácilm ente, debe decirse á
$í mismo: no tuviste vergüenza de pecar y ahora has de tener vergüen­
za de confesarte? No tuviste vergüenza de mancharte y te has de aver­
gonzar de lavarte en la confesion ? Qué será mas terrib le, el decir tus
pecados á un hombre so lo , ó publicarlos ante todo el mundo ? Lo cier­
to e s , que si ahora no los revelo á u n o , en el dia de la cuenta se pu­
blicarán delante todo el universo, como dice Dios por un P ro feta : yo
revelaré tus obscenidades en tu cara, y tu desnudez ante todas las gentes.
O condenados del infierno, y cómo publicaríais de plaza en plaza vues­
tros pecados, que en la confesion callasteis, si os fuese permitido para
remedio de vuestro daño!
4 Considera, que la confesion es una acusación secreta de todos los
pecados hecha al confesor, á fin de alcanzar de ellos la absolución.
Llámase acusación y no excusación: para dar á entender, que m al ha­
cen los que en vez de acusarse, se escusan al confesor. D i ce se acusaciou
de los propios pecados y no de los ágenos, paraque entiendas, que al
confesonario no se va á descubrir faltas agenas, ni á murmurar de al­
guno , sino á acusarse de los pecados propios, 2 Esta acusación ha de
ser voluntaria, 110 violenta, ni por temor de descomunión ó por temor
de la m uerte, como les sucede á algunos desventurados, que no se con­
fesarían jam ás, si no fuese ó por temor que no los descomulguen ó por
temor de la muerte. La confesion del sano, sana es, (dicesan A gustín;)
la del enfermo, enferma: la del moribundo, peligrosa. 3 Se dice la con­
fesión secreta-, porque «1 confesor no puede (aunque le echasen á una
caldera ardiendo) descubrir á persona humana pecado alguno, oido en
confesion. 4 Se dice confesion de todos los pecados; para dar á entender,
que si voluntariamente, por vergüenza ó malicia calló algun pecado gra­
ve, no queda absuelto de ninguno de los que confesó; antes bien tiene
uno mas, que es, el haber hecho confesion sacrilega. O inefable bondad
de Dios, y cómo resplandece vuestra misericordia infinita en este admi­
rable sacramento de la penitencia! Llámase sacramento de la misericor­
dia de Dios.
3 Considera los medios de que te puedes valer, para asegurar una
buena confesion. i Pide á Dios gracias para saberte explicar bien, y que
no permita quedes engañado en negocio tan importante para el alma. *
Al arrojarte á los pies del confesor, haz un acto de viva fé, consideran­
do , que estás i los pies de Jesucristo, el cual no ignora toda la série
de tus culpas; y por eso debes hablar con el confesor con aquella con­
fianza , humildad y reverencia, como si hablases con el mismo Jesucristo,
cuya persona representa el confesor. Y así, cuando el demonio te tenta­
re para callar algún pecado, considera, que Jesucristo lo sabe, y que su
Magestad divina quiere que el conocimiento de él pase por aquel tribu­
nal, so pena de agenciar una maldición eterna, si se ocultare. 3 Al em­
pezar la confesion, empieza por aquellos pecados, que te ocasionan ma­
yor confusion y vergüenza; porque de esta suerte, vencido el demonio,
se logrará á pesar suyo el acierto en la confesion, y podrás esperar
ciertamente de Dius la gracia para arrepentirte de corazon, y que del
confesonario saldrás perdonado. Ó dicha y felicidad grande de las almas
buenas, que á tan poca costa compran el inestimable tesoro de la gra­
cia ! Ó infelicidad de Jos malos, que por no padecer un poquito de ver­
güenza, pierden la inapreciable prenda déla gloria!

MEDITACION DE LA CONTRICION.

1 Considera 1 la infinita misericordia de Dios, que siendo el peca­


dor por el pecado mortal merecedor de las penas eternas del infierno,
por solo arrepentirse debidamente , se las perdona todas. 2 Que este ar­
repentimiento es tan necesario, que sin él no se alcanzará perdón ni
salvación. 3 Que la contrición es dolor sobrenatural de haber pecado,
con propósito eficiz de no pecar mas. Esta es en dos maneras: la una
es perfecta, la cual perdona ya los pecados antes de confesarlos, cuyo
motivo es Dios solo, digno por sí mismo de ser infinitamente amado y
respetado: la otra imperfecta, que se llama atrición, y 110 alcanza el
perdón, sino con la absolución del sacerdote, ministro del sacramento de
la penitencia. Los motivos de esta atrición son el temor del infierno, la
fealdad o disonancia del pecado, la pérdida de la gracia y de la gloria.
Para excitarse á atrición, considera seriamente cuantos beneficios gene­
rales y particulares has recibido de Dios: cuan feamente has borrado
de tu alma su imágen con tus pecados, que si te pudieses ver, verías un
monstruo el mas horrendo: qué diferencia va de reinar eternamente con
Dios con tanta gloria y dones, á ser un tizón del infierno entre demonios?
Con estas sérias consideraciones te humillarás i Dios, detestarás tus cul­
pas y mudarás la vida; mas no te contentes de la atrición, sino procura
la contrición que asegurarás mejor la gracia y amistad de Dios.
2 Considera, que la contrición perfecta es el dolor propio de los hijos
de Dios, originado de la caridad ó amor de Dios, y por esto va junto con
la gracia santificante. Es esta contrición un dolor de los pecados, no por
los motivos interesados de la atrición, sino por ser injurioso i Dios? por
ser quien es, por ser Dios de infinita magestad, bondad, hermosura, Bien
sumo y un piélago de infinitas perfecciones; y dejando á parte lo que Dios
puede dar de premio ó castigo, por $u sumo sér merece ser incesantemen­
te amado de todas las criaturas. Ya sabes, cuantas asperezas han ejercita­
do todos los Santos penitentes, cuantos dolores atroces han sufrido tantos
millones de mártires; pues todo eso que en sí parece mucho, respecto de
lo que Dios merece, es casi nada, y así lo reputó Cristo en el Evange­
lio cuando dijo: Cuando hubiereis hecho todas las cosas que os son man­
dadas, decid: somos siervos inútiles- Mira tu ahora ? como debias haber
amado á ese gran Dios con amor infinito, si de ello fueses capáz: mira
siquiera, como habías de haber empleado ese amor tan limitado en ese
Bien sumo, y ni eso has hecho, mas has llegado á ser tan infeliz que has
muchas veces despreciado, deshonrado y tenido en menos ese Bien infi­
nito, que un deleite, honra ó interés vil; qué sentimiento, qué dolor, qué
quebranto ha de herir á tu corazon, acordándote de tantas injurias con­
tra Dios! Párate muy de espacio en esta consideración, hasta que merez­
cas un dolor intenso y semejante al que tuvieron los Santos penitentes, ó
los que han muerto con la contrición de sus pecados.
3 Considera, que para sospechar es, que muchísimas confesiones sean
nulas por falta de dolor de los pecados; pues si este no llega á aquel
grado que Cristo ha tasado 9 por mas que digan con la boca el acto de
contrición, y se den golpes á los pechos, se vuelven á sus casas con los
pecados en sus almas: esto nace* de que Dios no les da este dolor, por­
que ellos ni lo buscan, ni se disponen para recibirlo. Cuántos son los
que para confesarse piensan un poco en sus pecados, van á los pies del
confesor, y acabada la relación de ellos, y aceptada la penitencia, enton­
ces se excitan á dolor sin hacer mas diligencia para tenerle? Cosa tan im­
portante y en que va la salvación, se ha de fiar á tanta negligencia? Si
para coger trigo, vino ó hacer bien los oficios ó negocios, no se hiciese mas
diligencia, todo saldría mal y perecerían todos de hambre. Tu pues, cuan­
do has de confesarte, el dia antecedente ó la misma mañana, gasta un buen
rato en considerar profundamente Ja infinita bondad de Dios, sus bene­
ficios, su sagrada pasión sufrida por tus pecados, la multitud y gravedad
8
de -ellos, así presentes como de toda la vida, y así se enternecerá tu cora­
zon; y Dios, vista tu buena disposición, te dará el verdadero arrepenti­
miento, y con él harás tu confesion; y de esta manera será mas segura
que si te arrepintieses solo despues de confesados los pecados. Procura
aun acostumbrarte á frecuentar los actos de contrición que valen mucho en
vida, y se te harán fáciles á la hora de la muerte.

Resolución.
En esta meditación de la contrición he visto como cosa indubitable
que Dios ni quiere ni debe perdonar los pecados, ni dentro ni fuera de la
confesion si no hay dolor y arrepentimiento de ellos: aquí no hay mas
remedio, el Señor que es dueño de su gracia, lo ha dispuesto así: de que
he sacado por resolución que no me llegaré jamas al sacramento de la
penitencia, sin haberme excitado antes con sumo cuidado al dolor de mis
culpas i haciéndome asimismo frecuente el uso de actos de contrición
que practicaré alomenos, tres veces al dia.

Ramillete.
Seiíor9 sed propicio á este grande pecador.

MEDITACION DEL PROPÓSITO FIRM E DE NO


PECAR M AS.

1 Considera, que el proposito de la enmienda está embebido en el


acto de contrición, el cual no puede ser perfecto si no lleva el proposito
eficaz de la enmienda; y así está advertido, i Que el que se confiesa sin
este propósito, hace la confesion sacrilega, y no queda absuelto de sus
culpas, por ser necesario para el acierto de la absolución. 2 Este firme
propósito es un antídoto para preservarnos de todos los pecados; y así
quien le tuviere, estará muy lejos de cometerlos* 3 Las recaídas de los
pecados no nacen de otro, sino de la flojedad y tibieza con que se hacen
los propósitos de la enmienda; y esto deben reparar los que confiesan
masa menudo y particularmente eclesiásticos que tan soberbios, tan llenos
de mundo son al fin del mes como lo eran al principio: tanto frecuentan
la murmuración despues de la confesion como antes; y así de los demas
pecados á que son inclinados; y por esto se ve tan poco aprovechamien­
to espiritual en tales almas. O cuán digno es de llorarse, que así malo­
gren la preciosísima sangre de nuestro Redentor Jesucristo que á las
almas se reparte en el confesonario!
2 Considera, que el propósito de Ja enmienda no es otra cosa que
una voluntad eficaz, resuelta y determinada de 110 ofender jamas á Dios
mediante su gracia. Este propósito ha de ser 110 para un dia, un mes, ni
un ano, sino que ha de ser para toda la vida; porque no siendo de esta
suerte, no es propósito el que se hace sino veleidad; al modo de los pro­
pósitos de los condenados : proponían la enmienda de sus vicios, porque
temían el condenarse; pero como aquellos propósitos no los pusieron por
obra, se condenaron sin remedio: proponían de perdonar y no perdo­
naban: proponían apartarse del vicio deshonesto y jamas lo cumplían:
proponían restituir, y jamas les vino bien el cumplirlo; y asi lloran aho­
ra eternamente la veleidad de sus propósitos, sin que tengan remedio.
Pues tú que le tienes, aplícale á tu alma; y siempre que te confieses,
propon firme y eficazmente de primero morir mil veces, antes que ofen­
der a' Dios; y en las ocasiones, acuérdate de esta palabra, que has dado
ú su Magestad divina.
3 Considera los medios que en adelante te pueden ayudar, paraque
sean eficaces tus propósitos, r Huye de aquellas ocasiones que fueron
causa de tu precipicio. 2 Ten gran confianza en la asistencia de Dios, que
no falta al que con humildad y confianza la pide, y podrás decir con el
Apóstol: Quien me apartará del amor de mi Señor Jesucristo ? Al contrario,
debes siempre desconfiar de tí mismo; porque el confiar en tus fuerzas
es acto de soberbia que amenaza la ruina, San Pedro, por haber confiado
de sí, mas de lo que debiera, desamparó á su Maestro, y Je negó por tres
veces, afirmando con juramento que no le conocia. 3 Renueva muy á
menudo el propósito de la enmienda de tus culpas, especialmente cuando
te has de acostar, cuande te levantas por la mariana y siempre que oyes
tocar el relox. 4 Cuando te vieres combatido de alguna tentación di aque­
llas palabras del santo rey David: He jurado y establecido en mi corazon
la observancia de vuestra santísima ley. O si le dieses de esta suerte al
enemigo común con las puertas á la cara; cuán confuso y avergonzado
huiría de tí! Qué asistencia de la divina gracia se te prometiera, y cuán
glorioso quedarías con el triunfo!

MEDITACION DE COMO DEBEMOS HUIR LAS OCASIONES


DEL PECADO.

i Considera de cuanta importancia sea el huir las ocasiones que in­


ducen á la culpa, r Es máxima asentada entre los filósofos, que quien
quita la causa, quita el efecto que proviene de ella. Apagado el fuego, se
extingue el calor; secándose la fuente, cesa de correr el rio; y no quitan­
do la causa, en vano se procuran impedir los efectos. Para curar bien una
dolencia, procura el médico curar la raíz de donde proviene; así el que
no quita Ja ocasion,, en vano trabaja para evitar el pecado. 2 En la guer­
ra espiritual contra los vicios, aquel vence mas gloriosamente que huye con
mayor diligencia. El sabio dice: Que el que ama el peligro9 perecerá en
é l : el que toca la pez, quedará manchado con ella ; y el que toca el fue­
go, experimentará sus incendios. De la misma suerte, el que voluntaria­
mente se pone en la ocasion del pecado, es moralinente imposible que
deje de salir manchado. La ocasion hace el ladrón, dice un proverbio
vulgar; y es tan verdadero, como la experiencia lo ha manifestado de mu­
chos que no teniendo intención de pecar, les precipitó la ocasion en que
se hallaron y 110 supieron huir. O Señor benignísimo , libradme de las
ocasiones del pecado, y dadme gracia para huirlas con valor por vuestro
santísimo amor!
2 Considera, que nuestro capital enemigo el demonio no cesa un pun­
to de armar lazos a las almas* buscándolas infinitas ocasiones para pre­
cipitarlas- 1 Hace el demonio que no se recaten en frecuentar conversa­
ciones con gente de diferente sexo: al principio procura que sean hones­
tas, despues entremezcla alguna chanza: de aquí viene á los juegos de
manos; y de estos á d e rra m a r toda su malicia y encender el fuego de la
sensualidad. O á cuántos ha perdido de esta suerte! Cuánta ganancia saca
en los figones, en las casas de juego, en los festines, en los bailes y en
los concursos! 2 A cuántos ha perdido por leer libros de comedias y
otros profanos! Á cuántos por la destemplanza en el comer, y beber! A
cuántos por la ociosidad que es la maestra de grandes maldades! 3 Á
cuántos religiosos saca con leves ocasiones del retiro de sus celdas, y pone
en infinitas ocasiones con el trato de los seglares! Bien tenemos cada
uno porque temer, y mas si nos acordamos que no somos mas santos
que David, ni mas sabios que Salomón, ni mas fuertes que Sansón, los
cuales puestos en la ocasion experimentaron su ruina.
3 Considera los medios que te pueden aprovechar mucho para huir
del pecado. 1 Ten grande y cordial devocion al Angel de tu Guarda, im­
plorando muchas veces al dia su favor, y está muy atento á sus inspira­
ciones para ponerlas en ejecución. 2 Lleva muy impreso en tu corazon el
documento que da Cristo nuestro bien, de sacarnos los ojos, cortarnos las
manos y los pies; esto es, que mortifiquemos los ojos que son las venta­
nas, por donde entra la muerte al alma: refrenes los pies que no den
paso alguno, que no sea para la mayor honra y gloria de Dios y utili­
dad de tu alma; y así de los demas sentidos, tirándoles siempre del fre­
no paraque por ninguno de ellos sea Dios ofendido. Y está advertido que
el meterte en las ocasiones, pensando que saldrás libre, es un temerario
pensar i y si te pareciere que es sobrado trabajo el ejecutar lo que se ha
dicho, considera el trabajo intolerable de las penas del infierno, á que
están destinados por una eternidad los condenados, por no haberse que­
rido sujetar en esta vida á la observancia de estos documentos.
Resolución.
Ed esta meditación de como debemos huir las ocasiones del pecado,
he reconocido por experiencia, que las mas de las veces que he sido infiel
á Dios ha sido por el descuido y negligencia en huir los peligros, verifi­
cándose en iní el adagio común: que la ocasion me ha hecho ladrón. Por
lo que he resuelto evitar coa diligencia los conocidos riesgos, no entrar
en tal casa, no comunicar con tal persona, no jugar con fulano, no enten­
der en tal negocio, no intervenir en tal conversación que sea arriesgada
para hacerme caer en pecados.

Ramillete-
Prevenidme Señor, con vuestra soberana luz> para conocer los peli­
gros de ofenderos y dadme fuerzas en mi alma para evitarlos.

MEDITACION DE LA SATISFACCION, PARTE INTEGRAL


DE LA C O N FE S TO N .

1 Considera los motivos que tienes de satisfacer i Dios por medio de


la penitencia impuesta por el confesor, i Siendo esta penitencia, como es
parte integral de la confesion, no puedes voluntariamente, 6 por negli­
gencia omitirla sin pecado, y por esto es mas satisfactoria que las otras
obras hechas de voluntad y por elección propia; porque por su medio se
alcanza la remisión de la pena temporal debida por nuestras culpas, en
virtud del sacramento, y como dicen los teólogos ex opere operato. 2 Es
cosa justa que habiendo ofendido á Dios, le dés satisfacción llevando la
pena; pues como dice san Bernardo, lo malo no puede quedar sin casti­
go; y así, si no te castigas en esta vida con la penitencia, serás de Dios
infaliblemente castigado en la otra. 3 Considera, que cuando la peniten­
cia se admite con gusto, es señal evidente de la contrición de las culpas;
pues como dice san Gregorio Papa: cuando es grande el dolor de las cul­
pas } poco ó nada se siente la penitencia» Digno de llorar es (dice san
Bernardino de Sena) el V£r algunos penitentes cargados de muchas cul­
pas* buscando confesores blandos, que dan poca penitencia ; estos, dice el
Santo, no tienen mas contrición que el diablo- O desventurado de tí, si
eres tal, y cómo se conoce el poco dolor que tienes de tus pecados en la
poca satisfacción que das á Dios de tu persona! Pues no escaparás de
los rigores de su divina justicia*
2 Considera la obligación que de justicia tienes de satisfacer al pró­
jimo en lo que le hubieres damnificado, ó ya sea en la hacienda 6 en
la fama y reputación, levanta'ndole algun falso testimonio, 6 descubrien­
do alguna falta secreta, aunque fuese verdadera: No se perdona el pecado,
8*
(dice san Agustin) si no se restituye lo que se ha quitado. Esta es una
obligación tan preciosa que annque el confesor, ó por descuido o por ig­
norancia no la imponga al penitente, no por eso deja de estar atenido á
ella: de suerte, que en esto no hay medio, ó restituir, (si puede) ó con­
denarse; y no se cumple con decirle al confesor, no puedo; porque aun­
que el confesor le diga, yo te absuelvo; no queda absuelto, si pudiendo
restituir, no restituyó; y cuantas veces pudo restituir, y se acordó de su
obligación y no restituyo, tantos pecados mortales cometió, por la in­
justa retención en materia grave- Ni se cumple con hacer decir misas,
habiendo dueño propio ó heredero legítimo de aquel cuya era la hacien­
da, sino que se ha de restituir al propio dueño cuya es. O santo Dios, y
cuantos se han condenado por no padecer en esta vida un poco de inco­
modidad en restituir!
2 Considera los medios que pueden ayudar para cumplir bien y con
presteza la penitencia, i Considera la gravedad de tus culpas, y que me­
reciendo un infierno por ellas, te lo conmuta Dios por tan poca cosa*
2 Considera la infinita grandeza de Dios i quien has ofendido, que si
bien lo consideras, se te harán dulces y suaves las penitencias. Qué pe­
cados cometió san Juan Bautista? Por cierto no sabemos alguno. Qué
pecados cometió el santo profeta Jeremías? Todos fueron santificados en
el vientre de su madre, y se sentenciaron toda la vida á una tan aspera
penitencia, como nos refiere la Escritura sagrada; sin duda por conside­
rar la grandeza de Dios y lo excelso de su gloria que no se consigue
haciendo una vida holgazana. 3 Debes tener presente en órden á la res­
titución, que si no se puede hacer toda junta, estás obligado á hacerla en
partes, y poco á poco como se pudiere. 4 Debes considerar en tírden á
la restitución de la fama que la justicia milita por parte de los damni­
ficados, y que lo que no quieres para tí, no lo has de querer para el pró­
jimo; y que te está mucho mejor el padecer un poco de rubor en esta vi­
da, que una eterna afrenta en la otra. Piensa bien en este punto, que es
bien importante para el alma.

MEDITACION DE LA CONFESION GENERAL.

1 Considera, que la confesion general es necesaria á todos aquellos


que en las confesiones pasadas faltaron en algún requisito esencial para
el valor de ella; y esto puede suceder de muchas maneras. 1 Cuando el
penitente no tuvo suficiente dolor de sus pecados, y se conoce que no lo
tuvo; si en lugar de acusarse de sus pecados, procuro escusarlos y mino­
rarlos, atribuyéndolos no á su malicia, sino á su fragilidad, i su juven­
tud, á las ocasiones; ó si rehusó sin causa la penitencia que le dió el
confesor, s Cuando no tuvo firme propósito de la enmienda, como lo ha-
cen aquellos que aunque dicen con la boca que se enmendarán, no obs­
tante conservan en su corazon un tácito y secreto deseo de volver á pe­
car; y aquellos que no tuvieron firme propósito de apartarse de las oca­
siones del pecado, ni de restituir pudiendo la hacienda tí la reputación
que quitaron, ó de perdonar las injurias y reconciliarse con sus enemi­
gos. 3 Cuando maliciosamente calló algun pecado grave en las confesiones
pasadas, tí por no haber dicho el número de ellos por falta de examen,
ó si de propósito dijo mas de lo que habia cometido, 4 Cuando siendo el
penitente ignorante buscó confesor ignorante, y tenia su conciencia en­
redada, de suerte que el confesor no era capaz de juzgarla. En estos y
otros casos, en que son inválidas las confesiones, están obligados los pe­
nitentes á renovarlas con una confesion general. O cuánto cuidado es me­
nester poner para no errar en un negocio tan grave que no importa me­
nos que, ó la salvación o condenación eterna!
2 Considera los grandes bienes que agencian las almas con la con­
fesión general, aun aquellas que no tienen necesidad de hacerla, 1 Por­
que considerando la gravedad de sus culpas en general y en particular
cada una de ellas, se excita mas fácilmente á tener nuevo dolor y con­
trición de todas. * Aquella confusion y vergüenza que le ocasiona el de­
cirlas, le sirve de minorarle las penas del purgatorio que por ellas mere­
cía. 3 La humildad y demas virtudes que en la confesion se practican,
mueven á Dios para concederle muchos dones, mucha gracia y fortaleza
para resistir y vencer al demonio. 4 Con el conocimiento claro que el
confesor tiene del estado de Ja conciencia del penitente, le aplica mejor
los remedios necesarios para curar su dolencia, y le da preservativos con­
venientes para que 110 recaiga y empeore mas de lo que antes estaba. 5
Una confesion general bien hecha ocasiona en el alma la paz interior de
que no gozaba: acalla los remordimientos de la conciencia que le ator­
mentaban, de manera, que un hombre no se turba cuando oye hablar de
la muerte, come y duerme con sosiego, y tiene Una seguridad moral de
que habiendo hecho lo que pudo de su parte, Dios le ha concedido su
divina gracia. Hay dicha y felicidad que en esta vida pueda igualarse
con esta? Pues quién será tan flojo y negligente, que deje de confesarse
generalmente, y mas si conoce que necesita de hacerlo?
3 Considera los medios qtie pueden facilitar á hacer confesion gene­
ral. 1 Es procurar examinar bien la conciencia, y ver si en las confesio­
nes pasadas faltó alguna cosa esencial para su integridad; y hallando ha­
ber cometido alguna falta esencial* arrepentirse de corazon > con firme
propósito de remediar el daño con una confesion general- Y si á alguno
le pareciere que se confestí bien, tema no le engañe el amor propio, y
este le ciegue paraque deje por negligencia, y por vano temor ó por res­
petos humanos, un negocio tan grave y de tanta importancia, y tal vez
necesario. 2 Debes resistir con valor a las tentaciones del demonio que
para desviar al alma de un tan grande bien, suele ponerle delante, ó la
dificultad de acordarse de todos los pecados de la vida pasada, ó la ver-
giienza en confesarlos» ó el vano temor de la penitencia, que le darán
por ellos. 3 Considera lo que quisieras hacer en la hoia de la muerte!
como quisieras entonces ajustar bien tus cuentas para poder comparecer
en la presencia del tremendo juez; pues siendo entdnces tan contingen­
te el poderlo hacer ahora que tienes tiempo, salud y oportunidad, ajusta
este partido. Quién será tan mentecato que deje lo cierto por lo incierto?
No permita Dios que nadie dilate para entonces tan importante negocio.

Resolución.
He conocido la suma importancia de hacer mi confesion general, por
las muchas imperfecciones de mis ordinarias confesiones y defectos quizá
harto substanciales en explicarme, humillarme y arrepentirme: tantas
escusas que alegaba para no desprenderme de mis afectos peligrosos,
tanto quererme justificar, tanto acusar de severas y rígidas las justas
correcciones de mi confesor,^ tantas disputas con él para inclinarle á
condescender con mi gusto. O cuán poca satisfacción me dan en esta oca-
sion estos infelices partos de mi amor propio! Resuelvo* pues, abrir en­
teramente mi pecho al director, rogarle, que corte, que disponga, que
mande; que aparejado estoy á recibir la medicina que me convenga, por
amarga que sea. Esto mismo le suplicaré en mis particulares confesiones
de aquí adelante, y me esforzaré á cumplirlo, con la gracia de Dios, y
aun hacer cada ano mi confesion anual.

Ramillete.
Dame gracia, Señor, para decir sola y simplemente en mis confesio­
nes, lo que es menester para hacer conocer mis pecados con la mayor
sinceridad y dolor que sea posible.

MEDITACION DEL HIJO PRÓDIGO.

1 Un hombre tenia dos hijos, y el mas mozo le diio: padre , dame la


porcion de los bienes que me pertenece; y dividióles los bienes. Considera,
que en esta división de bienes que hizo este padre, se significa la división
de bienes, así naturales 9 como sobrenaturales que Dios hace entre los
hombres, paraque con ellos, bien empleados, lleguen á la eterna gloria.
Este hijo mas mozo que se fué tan lejos, y lo disipó todo entre mugeres,
significa á los mas de los hombres, que, ó viven con rotura de concien­
cia en pecados graves, y en especial deshonestos, ó si son religiosos, ecle­
siásticos , tí llamados de Dios para una vida virtuosa 5 viven con tibieza
espiritual, llenos de faltas é imperfecciones, sin corresponder á su es­
tado, vocacion é inspiraciones de Dios. O cuánta paciencia es la de este
Señor en estarse mirando un continuo desperdicio y prodigalidad de sus
dones tan preciosos, y que tanto le costaron de merecer para nosotros!
Entra ahora en t í , y mira cual ha sido tu vida hasta ahora, como has
empleado los sentidos del cuerpo, las potencias del alma, y como te
has aprovechado de los avisos que has oido, y de las inspiraciones divi­
nas: mira si has afeado tu alma con culpas graves despreciando á tu
Dios, tí si has ido mas presto perdiendo en el camino de la virtud, que
ganando: si algo de esto hallas en tí, póstrate delante de tu celestial
Padre confesándote, no solo por siervo inútil, mas aun por nocivo.
2 Despues de disipados todos los bienes , hubo en aquella región una
grande fiambre, y comenzó á padecer necesidad. Considera, que este
Prtídigo, gastados todos sus bienes, se acogio á un ciudadano de aque­
lla región, y este le puso á apacentar cerdos, y ni aun de las bellotas,
que aquellos comían, podia él comer á su satisfacción. En esto simboli­
za este Pródigo al pecador, que por la culpa se aparta de Dios y se
a rrim a á sus enemigos, mundo, demonio y carne; ó al tibio * que por
c u m p lir gustillos y darse á libertad falsa, disgusta á Dios y da gusto á
sus enemigos en pecados veniales voluntarios. Todos estos no pueden lo­
grar todos los gustillos que pretenden y padecen en sus almas grande
m is e r ia ; porque han de vivir sin paz interior, y con la inquietud que
continuamente les ocasiona su conciencia con los remordimientos de su vi­
da mala tí tibia. Piensa, que todos los gustos ilícitos, graves tí leves,
dan al cuerpo una momentánea satisfacción, mas no llegan al alma , an­
tes la afligen; porque los gustos y satisfacciones de ella , no pueden na­
cer sino de vivir según razón, y conforme á'lo que Dios le manda. Mi­
ra tu ahora, si te has apartado de Dios por la culpa, ó si has vivido,
disgustándole con vida tibia, y cual has quedado en tu interior sin paz
y con remordimientos, y procura buscar á Dios con vida santa y fervo­
rosa, y hallarás la paz y quietud de tu conciencia.
3 Díjole el hijo : Padre , pecado he contra el cielo y contra Vos: ya
no soy digno de ser llamado hijo vuestro. Considera la infinita bondad de
Dios en este retorno del Pródigo á su casa; pues como si Dios fuese el
interesado ó necesitase del que se aparttí de é l, le busca primero con el
santo pensamiento é inspiraciones, paraque el pecador ó el tibio, venga
con humildad á pedirle su gracia, tí el fervor espiritual; y luego hace
de esto tanta fiesta, como si ganase para sí algo, que antes no tenia.
Despierta á alabar tanta misericordia y no la malogres: dale gracias que
te haya visitado con su santa inspiración; y si hasta ahora has vivido
en la culpa, corre con humildad y contrición á pedirle perdón, ofrecién­
dole empezar una vida verdaderamente cristiana; mas si has vivido en
tibieza y faltas veniales voluntarias, avergüénzate de haber faltado i tu
vocacion y estado, y de no haber aprovechado tanta oportunidad, corno
has tenido de servir á Dios y crecer en las virtudes. Humíllate de cora­
zon delante de tu buen Padre, que de nuevo te llama, y pídele la gra­
cia de un nuevo fervor, ofreciendo de tu parte el evitar faltas volunta­
rias, ejercitar con mas aplicación la meditación, lección * examen y de­
mas actos de piedad, y apartarte de las ocasiones de disipación*

Resolución.
He conocido y lo experimento bien, que no hay miseria mas seme­
jante á la del hijo Prodigo, que la mia, despues que me aparté de Dios,
y perdí mi primer fervor; pero hallo con ventajas dispuesta la misericor­
dia Divina, para abrazarme como á otro Pródigo , que he sido, de sus
gracias, habiéndome concedido con tanto amor y clemencia, el perdón
de diez mil talentos malogrados, solo con recurrirá él con humildad y
dolor. Resuelvo quedarme aquí en su casa, en su amistad y gracia, sin
dejarme jamás engañar de la libertad falsa , de las sugestiones del diablo,
ni de los alhagos de la sensualidad.

Ramillete.
Señor, si alguna vez abusando de mi libertad intentare salirme de
Vos, cerradme el camino con las espinas de tantas tribulaciones, que me
obliguen á volver luego atrás.

ME D IT AC I ON E S DEL SANTISIMO
SA CR A M EN TO .

MEDITACION DE LA INSTITUCION DEL SANTÍSIMO


SACRAM ENTO.

i Tomad y comed: este es mi cuerpo. Bebed todos: esta es mi sangre


del nuevo Testamento, que se derramará para muchos en remisión de los
pecados. Considera, que fue tan grande el amor de Cristo para con los
hombres, que cuando estaba para ser tan maltratado y muerto de ellos,
y teniendo presentes los ultrages y sacrilegios, que en adelante habia de
sufrir sacramentado; sin embargo instituyó este augustísimo Sacramento,
y se obligó í ponerse debajo de las especies de pan y vino >siempre que
los sacerdotes consagrasen esta materia. Piensa un rato, antes de co­
mulgar ó celebrar, este exceso de amor para contigo, creyendo, que
cuando el sacerdote acaba de pronunciar las palabras sobre el pan, su
substancia se convierte en el solo cuerpo de Cristo en fuerza de las pa­
labras; si bien por la natural conexion están con el cuerpo, la sangre,
alm a y divinidad : que pronunciadas las palabras sobre el cáliz, la subs­
tancia del vino queda convertida en sola la sangre de Cristo; bien, que
con ella están también el cuerpo, alma y divinidad; y que al recibir tú
este Sacramento, áe aumenta la gracia, y te da derecho á los auxilios
para crecer en virtud; y que persevera el mismo Cristo , que está en el
cielo, en el pan y vino consagrados, hasta que se corrompan las espe­
cies. Todo esto te ha de llenar de admiraciones de tal dtín y ta l dig­
nación de Cristo: te has antes de reconocer, si está» en gracia3 por no
comulgar como Judas: quien es este Señor, que ha de entrar en tí y
quien eres tií: te has de ejercitar en actos de fé, esperanza, caridad,
humildad y devocion, para recibirle menos indecentemente. Detente,
pues, i la larga en estos afectos antes de recibirle-
2 No beberé mas de este fruto de vid , hasta aquel dia cuando le be­
ba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Considera, que con estas
palabras quiso Cristo significar, que este santísimo Sacramento, á mas
de significar y causar la gracia, y representar su sagrada pasión y muer­
te, es también representación de la gloria que esperamos, cuando se nos
dará en el cielo claramente visto, y con sumo gozo el mismo, que aho­
ra se nos da en este Sacramento escondido, y con gran mérito. Aquí
debes avivar la fé de aquella eterna gloria, de la cual recibes aquí tan
soberana prenda, mirando al cielo como á tu patria, y á este mundo
con sus gustos, haberes y honras, como lugar de destierro. Entra en de­
seos eficaces de despreciar este mundo, de irte i'aronilmente mortifican­
do y apartando de tí las desordenadas aficiones que te tienen preso, y
no te dejan unir con este divino Señor , que con tanto amor, y con la
admirable traza de esta institución te busca, y te quiere unir consigo
en espíritu, y así aseguras la gloria. O amoroso Jesús, que personal­
mente entráis dentro de m í, dadme vuestra divina bendición, llenadme
de estos santos deseos, para de dia en dia quedar mas unido con Vos!
3 Y rezado un himno, salieron al monte Olívete- Considera , que ins-
tituido este soberano Sacramento, y comulgados los apástales Jes enseña
Cristo á alabar y dar gracias; y esto te enseña aun á tí, despues de
haberle recibido. Mas qué gracias serán dignas para un Dios hecho hom­
bre, que por sí mismo entra á honrar tu interior; que te representa su
afrentosa pasión y muerte, padecida por t í ; que te acuerda la eterna
gloria que tiene preparada para tí: que te da su gracia y te ofrcce sus
auxilios paraque crezcas en espíritu? De ahí puedes conocer, qué desco­
medimiento seria, si le dieses gracias con tibieza y poco espíritu; y
cuanto peor seria, si te detuvieses poco con tu Dios, que acabas de re­
cibir, Procura, pues, por un breve rato penetrar bien este beneficio de
la sagrada coinunion > paraque del íntimo de tu espíritu adores á tu Re-
124 MANUAL
dentor, le agradezcas esta merced, que te representa sus principales be­
neficios, le ames y alabes con pureza de corazon, y hagas ante este
Señor una solemne protesta de vivir atento á la verdadera enmienda de
tu vida. Si asi lo practicas, lograrás el fin por el cual Cristo se ha que­
dado entre nosotros sacramentado, y de comunión en comunion te irás
mudando en Cristo.

Resolución.
Considerada la grandeza del don, que se encierra en la Eucaristía, y
el amoroso afecto con que se me comunica el Seuor tan repetidas veces,
he quedado pasmado de tan excesiva liberalidad y fineza, y confuso por
mi ingratitud é insensibilidad, en hacer de él el debido aprecio. Por
tanto, he resuelto ofrecerme todo á Cristo en recompensa de su inesti­
mable amor para conmigo, y vaciar mi corazon de todo afecto terreno,
particularmente la ambición, etc. paraque esté gustoso en mi alma.

Ramillete.
Añadid, Señor, i tan grandes favores este de darme un nuevo espí­
ritu y un nuevo corazon para estimarlos, y corresponder como debo á
tanta dignación.

MEDITACION DE LA EXCELENCIA DEL SANTÍSIMO


SACRAMENTO DEL ALTAR.

i Considera en esta meditación lo admirable de esta obra celestial


y divina; porque aunque es verdad, que todas las obras de Dios son
admirables; pero esta del santísimo Sacramento es la suma de todas sus
obras: aquí (dice san Agustín) depositó Dios su omnipotencia: siendo
omnipotente m pudo dar mas: aquí depositó su sabiduría in finita : siendo
sapientísimo no supo dar mas ; y aquí hizo el empeño de su infinito amor:
siendo riquísimo, no tuvo mas que dar. Y asi como de cosa tan a d m ira ­
ble, quiso que desde el principio del mundo hasta su institución hubiese
muchas sombras y figuras, como fueron el árbol de la vida, la fuente
de cristalinas a g u a s , el pan y vino que ofreció Melchisedech, los panes
de la proposicion, el pan ceniciento de Elias, el cordero pascual, el
maná y otras muchas. Por esto aun introdujo en el nuevo Testamento
una tan grande variedad de excelentes nombres con que se apellida: llá­
mase pan vivo, llámase pan de vida, Ila'mase verdadera bebida, Ha'mase
carne y sangre, llámase Eucaristía y comunion, cuerpo de Cristo, cáliz,
viático y sacrificio, y por antonomasia se llama el m isterio de la fé,
así por haberle Dios ilustrado con estupendos milagros, como también
por ser el mismo Sacramento milagro sobre todos los milagros de Dios,
según lo dijo santo Tomás de Aquino. Cuánto, pues, nuestra fe había de
avivarse, cu an d o estamos en las iglesias y para comulgar?
2 Para mejor conocer lo admirable de este Sacramento, considera,
que en él se contiene la divinidad, que es la fuente de todas las gracias.
Y así en este divino Sacramento , 110 solo resplandece la omnipotencia
y sabiduría de Dios, su infinito amor y sus divinos dones; sino que re­
side toda ]a plenitud de la divinidad, que es el manantial y origen de
todas las gracias. Se contiene también en la Eucaristía el alma de Cris­
to Señor nuestro, que en perfección, gracia y santidad, excede infinita­
mente á cuantas criaturas ha criado Dios. Se contiene su cuerpo santísimo
organizado por el Espíritu Santo en las purísimas entrañas de la reina de
los ángeles María Santísima, el mas perfecto y hermoso entre los hijos
de los hombres. Se contiene su preciosísima sangre, que primero derra­
mó por nosotros en la Circuncisión, y despues en el tremendo marti­
rio de su pasión sacrosanta. Si los ángeles, querubines y serafines mas
puros asisten con profundísima humildad, reverencia y temor, en la
presencia de Jesús sacramentado, cantando aquel divino Triságio Santo,
Santo, Santo \ edmo se atreverá á estar descompuesto é indevoto, un gu­
sano de ¡atierra? Y edmo no temblará el hombre sujeto i tantas mise­
rias y pecados , al abrirse el sagrario, cuando está para recibirlo real­
mente?
3 Considera las maravillas y milagros estupendos, que en este so­
berano Sacramento se encierran. Luego que el sacerdote consagra la hos­
tia, aquella substancia de pan que antes habia, queda convertida en car­
ne de Cristo Señor nuestro; y luego que consagra el vino, queda la
substancia de vino convertida en su sangre; y en uno y otra, todo Cris­
to , el cual se halla en cada especie tan alto y tan poderoso, como está
en el cielo. Otro milagro es, que dividiéndose la hostia, no se divide el
cuerpo de Cristo; antes bien queda todo Cristo en toda la hostia, y en
cualquiera parte de ella por mínima que sea. Otro milagro es el estár
los accidentes sin sugeto: otro, el estár el cuerpo de Cristo en infinitos
lugares, sin faltar del cielo. Y por líltimo, en este altísimo Sacramento
halla el alma un compendio de todas las maravillas de Dios. O bien in­
finito de nuestras almas! De dtfnde hemos merecido tal fineza de amor?
Quiénes son los hombres, que así los beneficiáis? Nosotros sumamente
ingratos para Vos; y Vos sumamente benéfico, liberal y amoroso con
los hombres. Alaben, Señor, los ángeles y todas las criaturas vuestra
bondad é infinita munificencia.
MEDITACION DE LAS CAUSAS, PORQUE INSTITUYÓ
CRISTO -ESTE SACRAMENTO.

1 Considera, que muchas fueron las causas, que tuvo Cristo Señor
nuestro para instituir en su iglesia este altísimo y soberano Sacramento*
La primera y principal fue, para ostentar el excesivo amor que tuvo, y
tiene á los hombres. Antes que tuviésemos sér, ya nos amaba Dios:
antes de nuestras buenas obras, ya Dio3 desde la eternidad nos amaba.
Para manifestarnos, pues, este excesivo amor, did Dios á su Hijo al
mundo, unió su divinidad á la humanidad de Cristo Señor nuestro, pa­
deció su Magestad divina por espacio de treinta y tres años infinitos tra­
bajos y penas por los hombres; y no dándose aun por satisfecho su
amor, viendo que se llegaba ya el fin de su vida, entonces soltó los di­
ques de su amor, instituyendo este altísimo Sacramento, en que nos dio
no solo su humanidad santísima, sino su divinidad con todos los tesoros
de su gracia* Ó beneficio de beneficios E Ó amor de amores! Sea por
eternidades de siglos engrandecida, Señor, vuestra infinita bondad-
2 Considera el tiempo de su institución; y fue cuando los hombres
trataban de prenderle para quitarle la vida : cuando un Judas trataba de
venderle : cuando sabia que Pedro le habia de negar, y que los demás
discípulos con vergonzosa fuga le habían de desamparar: entonces fue,
cuando Jesucristo manifestó á todos las mayores fuerzas de su ^amor,
dando su sacratísimo cuerpo en comida y su sangre en bebida. O fine­
zas de un Dios amante! Considera también como otra causa de su ins­
titución fue el querer dejar á su esposa la iglesia un recuerdo patente
de su muerte y pasión; porque este altísimo Sacramento es un memo­
rial de la vida, pasión y muerte de Jesucristo: por eso dejó Jesucristo
encargado á sus sacerdotes, que siempre que consagrasen, hiciesen con­
memoración de su vida y muerte sacrosanta: haced esto en memoria mía.
También le instituyó para consuelo de su esposa la iglesia santa, y de
todos sus hijos, paraque participando todos de este pan celestial y di­
vino, quedásemos con estrechísima Union unidos, como miembros mís­
ticos del cuerpo místico, á su cabeza que es Cristo, y con esta unión
comunicarnos sus dones y favores y gracias celestiales, y atraernos con
mas eficacia al conocimiento y al amor de su divinidad- Ó ingratitud,
y vileza nuestra, pagar tantas finezas con tantos agravios]
3 Ademas de lo dicho, muchas otras fueron las causas de su insti­
tución. i Para conservar en nosotros la vida espiritual del alma por me­
dio de este pan celestial, el cual da vigor y fuerzas al espíritu, con un
soberano modo mas excelente, que el que obra en el cuerpo la comida
materia]; porque esta muchas veces enflaquece y debilita eí cuerpo, en­
gendra en él pésimos humores, y tal vez ocasiona la muerte; pero aquel
pan celestial y divino, (á quien dignamente le recibe) aumenta el espí­
ritu, fortalece las virtudes, da vigor contra todos los demonios, alum­
bra el entendimiento para el conocimiento de las cosas celestiales y di­
vinas, é inflamala voluntad para amar aquel sumo Bien, que es sobre
todo bien, y siempre, en cuanto es de su parte, comunica la mejor vi­
da de la gracia. 2 Paraque en la iglesia santa hubiese un eficacísimo Sa­
cramento, para aplacar los enojos de Dios y quitarle el azote de las
manos, que tan justamente por nuestros pecados merecemos. 3 En fin,
instituyo este Sacramento, paraque los fieles á vista de él ejercitásemos
las tres virtudes teologales de fe, esperanza y caridad: la fe , porque
siendo este Sacramento misterio de fé, debemos creer en él otro de lo
que ven nuestros ojos, y otro de lo que gusta el paladar, sin meternos
en querer escudriñar tan altos secretos , sino cautivar nuestro entendi­
miento en obsequio de la fé : la esperanza; porque debemos esperar,
que recibiendo dignamente este altísimo Sacramento, se nos da con él
una prenda cierta y segura de la eterna bienaventuranza: la caridad;
porque siendo este soberano Señor todo caridad y amor, debemos todos
convertirnos en amor y caridad en su Magestad divina. O bien infinito
de mi alma! Ó dulzura de mi corazon I Dadme gracia , paraque sea
agradecido, y viva y muera abrasado en el fuego de vuestro divino amor.

MEDITACION DE COMO SE HAN DE PREPARAR LAS


ALMAS PARA LA SAGRADA COMUNION.

1 Considera, que si para morar Dios en el tabernáculo, y despues en


el templo de Jerusalen exigía de los israelitas que se preparasen. con
aquellas enérgicas palabras: aparéjate, ó Israel , para recibir d tu Señor,
porque yo vendré y habitaré en medio de tí; y si Matta solo por hos­
pedar en su casa á Jesucristo, andaba tan solícita, que todo le parecía
poco para obsequiarle, cuánto mayor debe ser el cuidado del cristiano
en aparejarse cuando trata de recibir en sus entrañas al mismo Rey y
Criador del universo? Pruébese el hombre á si mismo, dice san Pablo,
y llegúese despues á comer de aquel p a n , y beber de aquel sagrado cá­
liz.
2 Considera, que esta prueba consiste en preparar tu alma. 1 Con
una buena confesion acompañada de un dolor sumo de tus pecados y
proposito firme de la enmienda, 2 Si reconoces haber tenido algún en­
fado y 6 palabras de sentimiento con tu prójimo, no llegues al altar an­
tes de reconciliarte con é l, como lo manda el mismo Señor por estas
palabras: cuando llegares á ofrecer tus dones en el a liar » y allí te acor­
dares que tuviste algún encuentro con tu hermano, no ofrezcas dichos do­
nes antes de reconciliarte con é l ; y reconciliado vuelve , que tu ofrenda
sera á Dios muy agradable. 3 Debes ir limpio y desnudo de Codos los
afectos desordenados para unirte mas estrechamente con su Magestad
divina por medio de la comunión. 4 Siendo Dios la misma pureza, de­
bes ir á recibirle con uq ddio grande á toda deshonestidad; porque na­
da valen las buenas obras sin la virtud de la castidad 9 como dice san
Gregorio.
3 Considera despues de todo esto la alteza del divino Señor, que has
de recibir, que es un Dios eterno, inmenso, infinito é incomprensi­
ble, cuya magestad y grandeza no pueden comprender los cielos y la
tierra, y en cuya presencia tiemblan las mayores potestades del cielo;
es Jesucristo, el hijo del Eterno Padre según la Divinidad, y de María
Santísima según la Humanidad, que está sentado á la diestra de Dios,
y hade juzgar al universo. Piensa ahora quién eres tu? Un gusano vil
de la tierra, un miserable pecador, un ingrato á los beneficios de Dios,
un disipador desús gracias, un pródigo desatento. Pues si el Bautista
no se creia merecedor de desatar la* correa del calzado de Cristo; si san
Pedro al ver al Señor obrando un milagro se tenia por indigno de estar
en su presencia; ¿qué deberás tú sentir de tí mismo viéndote tan vil
y miserable como eres, convidado á sentarte en la mesa del Rey de los
cielos? Confiésate con la mas profunda humildad indigno de este favor,
Pero viendo por otra parte tu debilidad, y que si no comes de ese pan
de vida, morirás eternamente, acércate con fé viva, con una firme es­
peranza , y con ardiente caridad á este Dios de amor, y con el mas pro*
fundo respeto recíbelo, abrázalo en tu corazon, y arrójate confiado en sus
braíos. O bien de mi vida ! asistidme con vuestra gracia, paraque puro
y limpio de toda culpa, y adornado de la vestidura nupcial de la gracia
y de todas las virtudes coma esa cena sacramental, y despues la cena
de la vida eterna en la gloria.

Resolución.
Me he confundido de mi miseria , y avergonzado de haber .sacado tan
poco fruto hasta ahora de esta divina Mesa, quedando siempre el mismo,
siempre colérico, siempre vano, siempre flojo en los ejercicios de piedad,
y ñaco en las ordinarias tentaciones: he propuesto disponerme en ade­
lante con mayor estudio de virtud y ejercicio de mortificación para co­
mulgar, 110 contentándome de confesar solamente mis culpas, y aborre­
cerlas, sino considerando alomenos por un cuarto de hora la magestad y
bondad del Señor, antes de recibirle, y despues entretenerme por un
competente espacio de tiempo á darle gracias, y á pedirle mercedes
particularmente esta, que fomente en mi alma su divino amor.
Ramillete*
Haced, Señor, que arda mi alma en vuestro divino amor.

PREPARACION PRÁCTICA PARA LA SAGRADA COMUNION.

Se advierte que la siguiente Preparación es una devota reflexión de


¡o que cada uno naturalmente pensaría , si meditase sobre los puntos pa­
ra ella propuestos: por lo que debe hacerse, no por modo de oracion vo•
cal, sino á manera de meditación, y discurso del entendimiento, y ejerci­
cio de la voluntad, que se difunde en los tiernos afectos 9 que se ven es­
critos, procurando enternecerse suavemente y sin fuerza con ellos 1 y así
será tan fructuosa y útil , como probará la experiencia.
1 Contritio de peccatis et negtigentiis, et confessio pr&mittenda.
Arrepentirse dt? los pecados y faltas, y confesarse.
2 Intentio rectificanda. Purificar la intención.
3 Christi Passio memoranda.
Acordarse de la Pasión de Cristo nuestro Señor.
4 Amor excitandus. Excitar el amor.
5 Humilitas procuranda. Procurar la humildad.
6 Suffragia Sanctorum requirenda,
Implorar la protección de los Santos*

1 Contritio de peccatis, etc. AhfcRedentor amorosísimo de mi alma!


que con infinita clemencia os dignáis convidarme á la participación
inestimable de vuestra grandeza, y i la unión mas íntima con vuestra
Magestad soberana en el augusto Sacramento del altar; qué haré, Dios
mió, mi maestro, mi guia, que me hallo confuso y en el mayor con­
flicto de mi corazon? Porque si penetrado del conocimiento profundo
de mi suma vileza, me aparto y retiro de Vos, veo que es renunciar á
la vida: si atrevido me llego á vuestro altar, sentándome a vuestra me­
sa divina sin vestidura decente, incurro infeliz en la muerte, y muerte
tan fatal y funesta, como es la eterna, ó Dios, y qué angustias son es­
tas! Mas qué tengo de hacer, dulce Jesús mio# Padre amantísimo de
misericordias, sino levantarme como otro prddigo del cieno de mis mi­
serias, y echarme á vuestros sagrados pies, confesando sinceramente mis
culpas, y pidiéndoos humildemente perdón? Surgatn, et ibo acl Patrern
meutn. Sí, Dios mió amabilísimo, esto ejecuto ahora alentado del co­
nocimiento de vuestra inmensa bondad : la circunstancia de Padre mió,
que lo sois, por mi grande ventura, benignísimo, me da confianza de
ser admitido: ella me alienta á esperar seguramente el perdón: dígoos
pues, Señor, que pequé contra Vos, y en vuestra Divina presencia:
Pater , peccavi in cozlum, coraw te, Confiéseme reo de innumerables
maldades, deudor no solo de diez mil talentos, como el siervo del Evan­
gelio,^ sino de inmensas sumas, que ni pagar, ni contar puedo.
O Dios mió! Jam non surn dignus vocari filias tuus. Bien veo qu
no merezco el nombre de hijo; mas qué remedio pueden tener tantos
males, sino vuestra piedad, vuestra clemencia? Sois Padre , y esto me
da confianza para arrojar todas mis maldades en el inmenso fuego de
vuestro divino ainor. <j si mis ojos se convirtiesen en dos rios, y mi
cabeza en tantas fuentes de lágrimas, cuantos son los cabellos, que en
ella tengo, para llorar siempre de dia y de noche mis desconciertos y
desvarios! Quis dabit capiti meo aquam, et oculis meis fontem lacryma-
rw n9 et plorado die ac nocte? Arrepentido e*toy> mi buen Jesús; me
pesa de todo corazon de haberos ofendido, pésame mi Dios, de haber
pecado: nunca mas culpas, nunca mas ofensas, nunca mas apartarme de
Vos: Ne permutas me separari a te.
2 Intentio rectificanda. Deseo, Dios mió, igualar en la disposición á
los mas fervorosos Santos, A los mismos serafines abrasados en vuestro
amor, y alentado con la confianza de vuestras inmensas misericordias,
sumido en el mas profundo abismo de mi indignidad, me llego á vuestra
divina mesa, desnudo, Señor, del interés tan justo, como razonable de
satisfacer á mi hambre, y dar cobro á mis perdidas fuerzas, y solamen­
te movido del fin mas noble y puro de daros gusto: esta es, Dios mió,
mi principal pretensión, vuestra mayor gloria, vuestro ensalzamiento,
vuestra alabanza; ofrezcoos pues. Señor, esta Comunion santa en honra
de vuestra Magestad soberana, que venero y adoro con rendido supremo
culto, en honra también de la sacratísima Humanidad de mi Señor Jesu­
cristo, en memoria de su sacratísima vida, pasión y muerte, y demas
sagrados misterios de la redención, en veneración de la gloriosísima
virgen María, del Angel de mi Guarda, y de todos los Santos* Ofrézcola
en acción de gracias por todos los dones, así de gracia, como de gloria,
que con tanta magnificencia disteis á mi Reina y Señora la santísima
Virgen y demas santos de vuestra celestial corte, y no menos en reco^
nocimiento de todos los beneficios, que yo y todos los fieles misericor­
diosamente recibimos de vuestra inmensa largueza. Ofrézcola, Señor, en
satisfacción abundantísima de todos mis pecados y de todos los del
mundo, para conseguir de vuestra infinita misericordia las virtudes ne­
cesarias a mi eterna salud, la humildad, continencia, temor santo, cari­
dad, paciencia, etc. Ofrézcola por la conservación* y exaltación de nues­
tra santa iglesia católica, por Ja salud del sumo Pontífice, de todos los
prelados y clero, por la paz, unión y concordia entre los príncipes
cristianos, extirpación de heregías, conversión de infieles, y por todos
los pecadores y demas hombres del mundo, y por las benditas almas
del purgatorio* y finalmente la ofrezco por todos aquellos fines, que Vos
sabéis son de vuestro mayor agrado.
3 Christi Passio memoranda• Y volviendo los ojos á Vos} mi amabi­
lísimo Redentor, á Vos, que en el sacrificio de la misa sois la mas
agradable víctima, que jamas se pudo ofrecer al Eterno Padre: á Vos,
que tanto os complacéis, en que nos acordemos del amargo cáliz, que
bebisteis por nuestro amor: á Vos, digo, os la ofrezco también, Señor,
y muy expresamente, en memoria de vuestra benditísima pasión y
muerte: en memoria de la mortal agonía, que padecisteis en el huerto:
de los cordeles, sogas y cadenas, con que fuisteis cruelmente atado; de
las puñadas, pescozones, sucias salivas y escarnios, con que fuisteis tan
indignamente ultrajado: de los azotes, con que fue vuestra inocente car­
ne rasgada: de las penetrantes espinas, con que fue vuestra santísima
cabeza inhumanamente taladrada : de la cruz, suplicio entonces el mas
afrentoso, en que quisisteis ser con agudos clavos crucificado y muerto
(d vida tnia!) con inaudito, imponderable, incomprensible dolor y
tormento.
4 Amor exritandus. Ó fineza de incomparable amor! O amor mío,
por mi amor tan sumamente afligido! Cdmo corresponderé, único bien
mió, i tanto amor? Ea, Jesús mió, si amor con amor se paga, haced
que os ame perfectamente, y que penetren hasta lo íntimo de mis hue­
sos los rayos de vuestro inmenso amor: ámeos yo, Dios mío, ámeos con
toda mi alma, con todas mis fuerzas, sobre todas las cosas, y mas que
á mí. Transportadme todo en Vos, ó buen Jesús, alegria de mi corazon,
cumplimiento de mis deseos, centro profundísimo de mi alma, sumo
objeto de mi voluntad. No piense, Señor, no atienda, ni procure otra
cosa, que anegarme en el inmenso piélago de vuestro divino amor. Este
es mi deseo, amado mió: recibid mi afecto, y recibidme á mí, como i
cosa propia, que ya no quisiera tener vida, ni espíritu, ni alma, sino en
Vos, á quien todo me entrego, é intimamente me uno con abrazo de
tiernísimo amor.
5 HumUitas procurando. Mas quién soy yo, Señor, que así me atre­
vo á amaros, á llegarme á vuestro tremendo altar, á recibir este divino
bocado 9 i poner la boca en la llaga de vuestro amorosísimo costado ?
Ah miserable de mí ! Bien veo, Dios m ió, que no soy otro que un va­
so de hediondez y corrupción, hijo del demonio, heredero del infierno
por mi nacimiento: bien conozco que soy inhábil para todo lo bueno,
y solo poderoso para todo lo malo: e s, Señor, patente mi miseria, soy
ciego en mis consejos, vano en mis obras, impuro en mis apetitos, des­
variado en mis deseos, y finalmente en todas las cosas pequeño, y solo
en la presunción grande. Pues cómo una tan v il, y asquerosa criatura
osará llegar á un Dios de magestad tan excelsa? Mas, d benignísimo
Jesús mió, acordaos de vuestra inmensa indecible benignidad: acordaos
que no desechasteis jamas á los mas miserables, que acudían a Vos. A
Vos acudían los leprosos* y extendiendo vuestra bendita mano, los lim­
piabais: á Vos venían los ciegos, á Vos los sordos, á Vos los paralíti­
cos, á Vos los mismos endemoniados, á Vos por fin acudían todos los
monstruos racionales, y á ninguno de ellos os negasteis. Esto es, Dios
mió, lo que me alienta: el conocimiento de vuestra experimentada cle­
mencia me esfuerza para presentarme con el mayor rendimiento i Vos,
6 Suffragia Sanctorum requirenda. A vuestro trono acudo protegido
del favor de los santos, vuestros amigos mas íntimos, y mis fidelísimos
abogados: acudo, Señor, revestido de sus altos merecimientos, desús ex­
celentes virtudes, de su caridad, humildad, mansedumbre y pureza, que
suele robar vuestros mas tiernos cariños. Es verdad que es vestido pos­
tizo , vestido prestado de su grande benignidad ; pero qué he de hacer.
Dios mió? Es preciso que los pobres vivan, y vistan de limosnas y
préstamos: que no se desdeñen de acudir á los ricos para remediar sus
necesidades: suplan pues ellos, Seíior, lo que me falta, y otorgadme por
sus grandes méritos lo que desmerece mi suma indignidad. Ea, santos
del cielo mis amantísimos protectores, conozca yo ahora vuestra podero­
sísima protección, mostrad que sois tales en el acatamiento divino, ofre­
ced por mí vuestro mérito, paraque yo logre por él llegarme con el di­
vino aparejo á la mesa divina, y merezca gozar los suaves efectos de
una santa Comunion. Amen.

MEDITACION DE LA HONRA, QUE RECIBE EL HOMBRE


COMULGANDO.

i Considera, que el hombre que comulga, es mas feliz y dichoso


que todos los ángeles del cielo; pues siendo el comulgar negado á los
ángeles, es concedido á solos los hombres: y si los ángeles fuesen capa­
ces de envidia , de nada la tendrían, sino de ver comulgar i los hom­
bres. Los ángeles gozan continuamente de la presencia y vista clara de
Dios, Je sirven y aman con ferventísimo amor; pero el recibirle, tocarle,
y llevarle dentro de sí sacramentado* solo á los hombres se concede
solos los hombres son llamados i esta divina mesa , y solos ellos comen
este dulcísimo bocado. O dicha felicísima de los hombres! Criados de
Dios se llaman los ángeles; pero los hombres, de$pnes que comulgan,
no los llama Jesucristo Señor nuestro siervos, ni criados, sino amigos;
No os llamaré siervos, sino amigos, é íntimamente unidos con su Ma­
gestad divina, como lo está el sello en la cera. Ó si avivases la fe, y
cuán poco caso harías de las cosas caducas, y terrenas! Es cierto que
solo atenderías á las co&as celestiales y divinas, olvidando totalmente las
terrenas, diciendo con el Apóstol: iodo lo reputo comó estiércol v il , por
gozar de mi Señor Jesucristo.
a Considera, que en la sagrada Comunion hospedamos en nuestras
almas al mismo Jesucristo, Hijo de Dios: qué dicha nuestra fuera, si
mereciésemos la honra de hospedarle por sola una vez en nuestra casa?
Qué honra fue tan crecida la de Marta, por haberle hospedado una so­
la vez en la suya? Pues qué tiene que ver aquella h o norificencia, con la
que le recibes tu comulgando? i Aqui le recibes, no mortal y viador,
sino glorioso é inmortal; no pasible, sino impasible y triunfador de la
muerte. 2 El alma, comulgando, es templo del Espíritu Santo y trono
de la santísima Trinidad: es relicario preciosísimo del cuerpo y sangre
de nuestro Redentor Jesucristo: y si el trono del Espíritu Santo, el tem­
plo de la Santísima Trinidad, son templo y trono de pureza y santidad;
qué santidad y pureza ha de tener el alma, paraque sea digno trono y
templo, donde habite Dios sacramentado? Si el relicario, donde se con­
serva el Sacramento, es de ordinario de oro o plata y adornado de
p recio sísim as piedras; qué oro de caridad, qué plata de fe y esperanza,
y qué piedras de excelentes virtudes deben brillar y resplandecer en el
alma del que comulga, para ser digno relicario, donde su Magestad di­
vina se deposite sacramentado?
3 Considera, que el alma, que comulga dignamente, se puede en
algún modo decir madre del mismo Dios, esposa amante de Jesucristo,
porque engendra y produce espiritualmente en sí ai mismo Cristo; y
asimismo es de él reengendrada, por la mudanza que hace del alma,
transformándola toda en sí, como lo dijo Dios i san Agustin: no me
mudarás en tl\ mas til te mudarás m mí. Ó como debe imitar el alma
á Ja Virgen Santísima en sus virtudes, para llegar á gozar de esta di­
cha! Cuán humilde y casta debe ser! Y cuán amante de su Dios debe
manifestarse 1 2 El alma, que dignamente comulga, queda hecha hija
del Excelso: queda hecha un Dios por gracia y participación. Conoce
pues ó cristiano, tu dignidad, (decia san León Papa) y despues de he­
cho participante de la divina naturaleza^ (por medio de la Comunion)
no te envilezcas, volviendo al trato inútil de las criaturas: pues aunque
las tengas todas, nada tienes sin Dios; y con Dios todo lo tienes.

MEDITACION DE LOS EFECTOS Y FRUTOS DE ESTE


SANTÍSIMO SACRAMENTO.

i Considera , que Dios en el Sacramento es todo fuego, como decia


san Juan Crisdstomo: pues qué ha de hacer el fuego, sino arder, encen­
der y abrasar? Yo (dice Cristo Señor nuestro) vine á poner fuego en la
tierra; y qué quiero9 sino que el mundo todo arda en vivas llamas? Lue-
go, si el alma que comulga, recibe fuego, fuego debe respirar por todas
sus potencias. Cuando nos apartamos de esta mesa celestial* debemos
respirar fuego del divino amor, con que nos hagamos terribles y for­
midables al mismo demonio, decía san Juan Crisóstomo: las palabras de
Isaías eran fuego flamante , desde que el Serafín le cald eó los labios con
el carbón encendido, figura del santísimo Sacramento del altar. Pues
qué tales han de ser las palabras, los pensamientos y la» obras de los
que comulgan, sino obras, pensamientos y palabras del Divino amor?
Se conocerá en el alma del que comulga este efecto del Sacramento* si
en vez de pronunciar palabras de amores profanos, pronuncia palabras
del divino autor: si en vez de pronunciar palabras de murmuración,
profiere palabras de caridad, con que vuelve por el honor del prójimo í
y asimismo, si solo admite pensamientos celestiales y se ejercita en
obras de buen ejemplo, aborreciendo las malas. O Señor, dadme gracia
paraque este efecto resplandezca en mis pensamientos, palabras y obras.
Considera, que el que comulga pone sus labios en el sacrosanto
costado de Cristo Señor nuestro, trayendo á sí su sangre preciosísima,
haciéndose participante de todas las virtudes, gracias y suavidades de
aquella fuente de la divina gracia. Recibe el alma en este Sacramento
un antídoto preservativo contra todas las concupiscencias carnales, un
remedio eficaz contra las culpas, alivio para tolerar los trabajos, con­
suelo en las aflicciones, gracia para crecer y perseverar en las virtu­
des, y un odio contra todo lo malo, y un deseo eficaz para ejercitarse
en todo lo bueno: recibe el que comulga aumento en la fe, en la espe­
ranza y en la caridad, para ejercitarse muy á menudo en fervorosísi­
mos actos de estas nobilísimas virtudes. O qu¿ dicha y felicidad 1 Si
considerásemos la grandeza de este tesoro, que alcanza el alma comul­
gando dignamente; quien temeria los trabajos y diligencias, por difíci­
les que fuesen para lograrle y poseerle?
3 Considera, que en la sagrada Comunion se borran los pecados
veniales, se minoran y abrevian las penas del purgatorio, y el alma,
por medio de la Comunion, es el terror de los demonios; y última­
mente por la Comunion va el alma recogida en su interior, abstraída
de las turbulencias del mundo, y unida siempre con su Dios y Señor,
pudiendo decir con el Apóstol; vivo yo, mas no yo; porque Cristo vive
en mí9 como si dijera: vivo yo la vida de Jesucristo, no soy ya el que
antes era; pues si antes era todo para el mundo, ahora soy todo para
Dios; porque si Dios tiene todas sus delicias con los hijos de los hom­
bres, es deuda de justicia, que los hombres tengan todas sus delicias
con Dios. O cuánta es nuestra obligación de ser agradecidos á nuestro
Dios y Señor! Cuántas almas, que viven entre hereges é infieles, lo
serian inas que tú, si tuviesen la oportunidad que tú tienes, para fre­
cuentar esta divina mesa? ó cómo confundirán estas en el día de ía
cuenta tu flojedad y tibieza!

MEDITACION DE LA INTENCION QUE HA DE TENER


EL QUE COMULGA.

1 Considera, que es artículo de fe, que nada se esconde i la suma


perspicacia de Dios, aunque sea el mas oculto pensamiento del hombre;
y así debemos temer mucho el no llegar i la sagrada Comunion con
aquella rectitud de intención que quiere Dios que lleguemos. Y así lle­
gar á comulgar, porque ve á este, tí i la otra, que comulga, es inten­
ción torcida: llegar á comulgar porque le tengan por santo, es no so­
lo intención dallada, sino declarada hipocresía, cuyo vicio es abominable
á los ojos de Dios, y contra quien ha ejecutado Dios gravísimos casti­
gos, como lo refiere la Escritura sagrada: llegar á comulgar para sentir
1/is consolaciones espirituales > es llegar vestido de amor propio* de que
debemos ir totalmente desnudos, si queremos comulgar con fruto: ir á
comulgar paraque de esa suerte consiga mejor sus conveniencias tempo­
rales, es buscar á sí, no buscar á Dios. De semejantes almas no hay
que esperar cosa buena por mas que comulguen, porque son almas sin
humildad, sin oracion, sin espíritu, y son las que dijo san Pablo: bus­
can sus propias cosas, nú ias de Jesucristo. Líbrenos el Señor por su
infinita clemencia , de llegar á comulgar con tan torcidas intenciones.
2 Considera, que puede tener uno recta intención comulgando. 1
Si comulga para alcanzar la remisión de las penas debidas por Jos peca­
dos, preservarse de ellos y perseverar en la divina gracia. 2 Cuando
llegamos á comulgar, paraque su Magestad divina nos libre de algún
mal, de alguna tentación ó aflicción que padecemos, 3 Cuando vamos
con deseo de recibir algún don, ó favor de la mano de Dios, si nos
conviene. 4 Cuando comulgamos en hacimiento de gracias por algún fa­
vor que habernos recibido, tí le recibieron otros. 5 Cuando comulga­
mos para socorrer á algunos, tí sea á los vivos en sus necesidades, tí
á los difuntos en sus penas. 6 Para alabar tí glorificar á Dios, ó á sus
santos. Finalmente, cuando vamos á comulgar con deseos de unirnos
mas estrechamente por amor con su Magestad soberana, que es lo que
Dios desea de nosotros: Mis delicias son estar con los hijos de los hom­
bres. Bendito sea Dios, y glorificado por eternidades de siglos en sus
misericordias; que tantos caminos nos manifiesta, paraque con recta in*
tención lo recibamos.
3 Considera, que el alma, que desea agradar á Dios- y experimen­
tar los frutos y efectos de tan altos sacramentos debe: 1 Atender i los
fines, que tuvo Jesucristo Señor nuestro cuando le instituyo; como
fueron, el dejar en su iglesia un memorial de su pasión sacrosanta.
Vamos pues á comulgar con vivas ansias de estampar en nuestros co­
razones esta pasión sagrada para su imitación. 2 Paraque conozcamos
que así como la comida corporal conserva la vida del cuerpo, así con
esta comida espiritual se mantiene la vida del alma: el que come este
pern, (dice Jesucristo) vivirá eternamente. Y si no coméis la carne del
Hijo del Hombre, no tendreis vida en vosotros. 3 Paraque entendamos
que el que comulga, queda transfigurado en Cristo, y Cristo en él;
quedando así lleno del espíritu de Cristo, para vivir con la misma hu­
mildad , caridad, obediencia, pobreza, mortificación, pureza y deseos
de padecer, como vivió Jesucristo. Pues qué vida mas feliz y dichosa
se puede desear que esta? Dadme gracia, Señor, que así la llegue á
gozar unido con Vos.

MEDITACION DE LO QUE DEBE HACER EL ALMA


EN EL TIEMPO DE LA COMUNION*.

1 Considera, que la mañana en que te determinas á comulgar, de­


bes en cuanto sea posible, desocuparte de todos los negocios terrenos
y emplear tu consideración en los que pretendes hacer. Nadie puede
servir á dos señores, dice Jesucristo Señor nuestro: y así es necesario
apartar el pensamiento de lo terreno, paraque pueda el alma cumplir
bien con el negocio celestial. 2 Debes considerar, que para comulgar
bien, te has primero de confesar bien; y así debes examinar tu con­
ciencia, y llevar bien estudiado lo que has de decir al confesor, y pro­
curar excitar tu interior á la contrición de tus culpas. 3 Mientras te
encaminas á la iglesia , debes contemplar que vas á buscar al que ama
nuestras almas; y así debes llevar tus potencias y sentidos recogidos,
y cada paso que des, ha de ser con un acto de amor de Dios, y un de­
seo ardiente de llegar ú la presencia del enamorado de tu alma. O si
lo hicieses así, edmo experimentarías un copiosísimo fruto de tus co­
muniones! Con qué agrado y benevolencia te recibiría el Señor de lo
criado!
2 Considera. 1 Que al llegar á la iglesia, entras, no en casa de al*
gua príncipe 6 rey de la tierra, sino en la casa del mismo Dios, en
donde asiste con toda su. Magestad. 2 Mira, que apenas entras, expe­
rimentas ya sus favores; pues con una gota de agua bendita, que tomas,
te perdona los pecados veniales doliéndote de ellos. 3 Saluda á Jesús sa­
cramentado con profunda reverencia, i la Virgen santísima, á los san­
tos ángeles y demas santos déla iglesia, suplicándoles te asistan, pa­
raque con la debida pureza llegues á recibir á su divina Magestad. 4
Despues de haber confesado tus culpas 5 recógete interiormente un ratico
á co n sid erar la alteza d e l Señor, que has de recibir y tu vileza é in­
dignidad- Considera, que aquel divino Señor es vida para los que le
reciben bien, y es muerte para los que le reciben mal: teme un mal
suceso en la Comünion por tu mala disposición, p id e gracia a' su Ma­
gestad divina, paraque no te suceda el comer uo juicio de D i o s , en
cuenta de comer pan dt vida eterna,
3 Considera, i Que oyes la voz del dulcísimo Esposo, que te lla­
ma diciendo: venid d mí todos los que irabajuis, y os hallais carga­
dos con el peso de las cosas de la tierra \ que en mí hallare'is el mayor
alivio. Dale gracias por este llamamiento y di con humildad; aunque
sea (Dios mió) polvo y ceniza, llegaré á vuestra divina presencia, pa­
raque me mandéis lo que fuere de vuestro agrado y dispongáis de mí
]o que fuere de vuestro mayor servicio. 2 Procura ejercitarte en muchos
actos de humildad, en actos fervorosos de viva fe* en actos encendidos
de caridad y amor de Dios, y de firme y constante esperanza, para­
que de esta suerte prevenido puedas llegar á las aras del altar á reci­
bir la mas segura prenda de la gloria, Jesús sacramentado* 3 Pide nue­
vamente á María santísima te asista y patrocine con su santísimo Hi­
jo , y lo mismo debes hacer con los santos ángeles y santos de aquella
iglesia; y asegúrate, que de su clemencia y piedad ciertamente puedes
esperar lo harán. Ojalá hicieras tií lo que de tu parte te toca J

MEDITACION DEL HACIMIENTO DE GRACIAS QUE DEBEMOS


HACER DESPUES DE LA COMUNION.

i Considera, que despues de haber recibido la sagrada Comunion,


debes retirarte, en cuanto te fuere posible, adonde menos estorbo te
puedan hacer las criaturas para el cumplimiento , que debes á tu Cria­
dor: allí pues interiormente recogido contempla. 1 Que dentro de tu
alma tienes al mismo Cristo sacramentado, Dios y Hombre verdadero.
2 Que i tu rededor asisten millares de ángeles, que viendo la digna­
ción con que se comunica á los hombres, le están cantando: Santo, San­
to , Santo; y que le adoran y reverencian con profundísima humildad,
y ú tí te están convidando * paraque hagas lo mismo por el beneficio
incomprensible, que acabas de recibir. Ó con cuánta humildad le de­
bes adorar! Con cuánta reverencia le debes tratar! Á un sacerdote, que
con alguna apresuracion le trataba en la misa, dijo el padre maestro
Avila; trate bien á aquel Señor, que ha recibido: mire que es hijo de
buenos padres: palabras con que le dejó aterrado. 3 Considera, que el
que has recibido, es según I3 divinidad Hijo del Eterno Padre, y según
la humanidad es Hijo de la grau reina de los cielos María santísima.
Bien puedes aterrarte de no tratarle can el debido amor, humildad y
reverencia, que pide tan gran Señor.
2 Considera, que hallándote en posesion de los mas ricos tesoros
del cielo, debes entrar en lo interior de tu alma; y así con una vista
sencilfa y acto de fe fervoroso. 1 Di á aquel Señor sacramentado: ha­
llado he al que ama mi alma: téngales y no le dejaré. O bien mío, con­
suelo de mi alma, alegría de los ángeles y regocijo de los cielos!
De ddnde merecí yo tan gran favor, que venga á aposentarse en mi al­
ma mi Dios, mi Señor y mi Criador? 2 Di con el Profeta: qué podré
yo retribuir á mi Dios¿ por lo mucho que me retribuye á mH Hallóme
vacío de todo bien, sumamente pobre; solo rico de miserias y lleno de
culpas: no obstante, Sefíor, os doy infinitas gracias por el incompara­
ble beneficio que me habéis hecho, en cuya recompensa os ofrezco á
Vos mismo, os ofrezco la suma liberalidad y el infinito amor, que en
este Sacramento manifestáis á las aliñas; y de lo mió os ofrezco mi al­
ma con sus potencias, mi cuerpo con todos sus sentidos, y todo me
ofrezco á Vos: dadme gracia, paraque á solo Vos ame, á Vos solo sir­
va , y viva siempre en el empleo de vuestra santísima voluntad.
3 Considera, que habiendo recibido al Señor de lo criado* has de
procurar con todo cuidado: lo primeros de no escupir> que no pase un
buen rato despues de la Comunion* y si fuere posible tomar primero un
traguito de agua con que se purifique la boca. 2 Ctiida de no ponerte
en pláticas y conversaciones después de haber comulgado: pues aunque
no comulgaras, es irreverencia grande el ponerse el hombre á conver­
sar en el templo de Dios. Pues que será hallándose su alma actualmen­
te templo, donde asiste el santísimo Sacramento? 3 Procura despues de
haber comulgado de no sentarte , que 110 pase un buen rato de haci-
miento de gracias, salvo si la necesidad ó flaqueza no lo pudiere tole­
rar. 4 Huye como de pestilencia de imitar á aquellos, que á breve ra­
to, que han comulgado, luego se vuelven á sus casis. se van á diver­
tirse, sin que oi en sus palabras, ni en sus obras, se les conozca que
han comulgado. 5 Pide á su Magestad divina, llene tu alma de su di­
vino amor y temor, y que te comunique su gracia para ejercitarte en
las virtudes propias de tu estado. Propon firmemente de servirle y amar­
le , y nunca jamas con su divina gracia ofenderle.
%

ACCION DE GRACIAS PRÁCTICA PARA DESPUES


DE LA SAGRADA COMUNION.

Se advierte, que la siguiente acción de gracias es una devota refle­


xión de lo que cada uno naturalmente pensarla , si meditase sobre los
puntos para ella dispuestos: por lo que debe hacerse, no por modo de ora-
don vocal sino á manera de meditación ó discurso del entendimiento, y
ejercicio de la voluntad, que se difunde en los tiernos aféelos ¡que se ven
escritos , procurando entretenerse suavemente y sin fuerza con elfos; y
asé será tan fructuosa y ú til , como lo probará la experiencia.
1 Christus hospes humiliter amplexandus.
Abrazar humildemente a Cristo huésped.
í¿ Beneficium visitationis ipsius attenth considerandum.
Considerar atentamente el beneficio de su visita.
3 Infinita erga me ejusdem bonitas, et henignitas admiranda.
Admirar su infinita bondad y benignidad hacia mí,
4 Imparitas ad gratiarum actiones digne illi reddendas agnoscenda.
Conocer la improporcion para darle las debidas gracias.
5 Deo Patri ejus Filius dilectas ojferendus.
Ofrecer á Dios Padre su dilectísimo Hijo.
6 Totum , quoi in se est , Sanctissima Trinitati et B . V. Marics
consecrandum.
Consagrar á la Santísima Trinidad y d la B. V. María* todo
cuauto soy.
7 Necessitates proprits et proximi * Christo Domino reverenter
uperienda •
Represeutar con respeto á Jesucristo las necesidades propias
y agenas.

1 Christus hospes, etc. O ama ntísimo Jesús mió, Dios de mi cora


ron 9 que os habéis dignado entrar en mi alma y convidaros Vos mis­
ino para ser mi amigo* mi confidente, mi huésped i permitidme Señor
primeramente* que con la mas profunda humildad, postrado á vuestros
divinos pies* os dé un abrazo amoroso , en señal de lo que estimo vues­
tra dignación benignísima: sí* sí* Dios mió, sí, que aprecio esta amo­
rosísima fineza* y quisiera testificarla con obras, que fuesen manifiestas
'pruebas de mi rendida ater.cion y reconocimiento. Pero. Señor, como
huésped venís? Cómo convidado? Ctímo forastero? Atended, Señor, que
los huéspedes miran la casa y lo que hay en ella * como cosa prestada:
entran sí, pero no para quedarse, mas antes para ausentarse y dejarla:
están no mas que de paso. Pues no ha de ser así* Señor, vuestra veni­
da á mi corazón; no Dios mió* 110 os habéis de ausentar de m í, no
quiero consideraros como huésped* sino como dueño, como príncipe y
absoluto Señor, y como tal habéis de hacer eterna morada en mi alma:
sí, Dios mió, sí, que os habéis de quedar conmigo para siempre: non
dimittam te , nisi benedixeris mihi: d o os dejaré partir, cerraré la puer­
ta i todos los demas gustos, paraque Vos lo tengáis de estaros solo
conmigo y yo con Vos* Con Vos, Señor, han de ser mis delicias, con
Vos mis regalos, con Vos mis dulces entretenimientos. Aquí me postra­
re á vuestros sagrados pies: aquí ios besare' humildemente, y como la
Magdalena los regaré con lágrimas de ternura y amor; aquí estaré es­
cuchando vuestras divinas palabras: aquí recibiré con humildad vuestros
saludables avisos: aquí me animaré á poner por obra vuestros consejos
y preceptos: aquí os regalaré como otra Marta solícita, sin turbarme,
sin divertirme* atendiendo solo al cumplimiento de vuestra santísima
voluntad.
Ea, Señor, disponed de mí: mandadme lo que queráis; que apare­
jado y pronto está mi corazón i obedeceros: paratum cor meum9 Demt
paratum cor meum. Bien cierto estoy y seguro, que ayudado de vues­
tra divina gracia en que confío, ni las espadas, ni las cruces, ni las
saetas, ni los fuegos, ni todos los tormentos de los tiranos, me podrán se­
parar de vuestro divino amor. Este es, Dios mió, mi buen propósito,
esta mi firme resolución, este mi deseo, mi anhelo, mis ansias: no per­
mitáis, Señor, que dejen de tener su cumplimiento debido y cabalísi­
ma perfección.
2 Benefieium visitationis, etc. Pero * Señor, pues es tanta vuestra be­
nignísima dignación, permitidme os diga algo, aunque soy polvo y ceni­
za , y por esto indignísimo aun de estar en vuestra divina presencia ; es
posible, Dios mió, que hayais puesto los ojos sobre esta vilísima cria­
tura vuestra? Qué habéis visto en mí, que os haya empeñado i visi­
tarme en vuestra misma persona? El Rey de cielo y tierra, el Monar­
ca sobre todos los monarcas, emperadores y reyes* el mismo Dios, in­
creado, inmenso, eterno, infinito, venir personalmente á casa de! míni­
mo de sus esclavos! Señor, si algo queríais de mí, no bastaba un reca­
do , un toque, una inspiración ? Los señores de este mundo así lo prac­
tican: no van ellos misinos i las casas de los pobres, no entran á casa
de sus criados; mandan, ordenan, disponen, y esto basta para verse lue­
go obedecidos. Pues, qué os ha movido - Dios mió, á hacerme tan ines­
perada merced, á honrarme con tan imponderable favor?
3 Infinita erga me ejusdem bonitas, etc. 0 bondad inmensa! O be­
nignidad infinita ! O dignación inexplicable de mi Redentor! No, Dios
mió, no: .bien cierto e$f que no habéis visto cosa en mí, ni mérito, ni
virtud, ni prenda, que os convidase a' este exceso de amor. Bien léjos
estaba y estoy, de merecer tan incomparable fineza: bien conocido tin­
go , que no solo merecía, ma$ antes era indignísimo de tan soberana
inestimable visita; no os podia mover á venir á m í, nada de lo que
hay en mí. Qué hay en mí, Señor, que no sea asco, fealdad, inmun­
dicia ? Qué hay en mí ? Dios mió, que no sea pecado ? Brevi viuens tem-
pore9 multis mrn repletas miseriU. Una sentina so y, un lodazar podrido
de todas las heces del mundo, mas apto para provocar á vómito, y
obligaros al desvío* que para atraeros é inclinaros á mí, Vuestra sola
bondad inefable, vuestra sola clemencia indecible, vuestro amor inmen­
so hácia mí5 es el que únicamente os ha traido i mí: hac fuit surn-
m& charitatis tu¿e suprema exuberantia. S í, si, sí, Jesús mió amantísi-
ino, á vuestra infinita clemencia, á vuestra misericordia infinita se debe
solamente este inefable exceso de caridad: así lo creo, así lo considero,
y así lo confieso.
4 Impartías ad gratiarum actiones, etc. Pues que recompensa, Se­
ñor, qué retribución , qué acción de gracias será bastante para tan sobe­
rana dignación ? Quid retribuam Domino pro ómnibus, qua rciribuit mihi'í
Qué caudales, qué tesoro> que' fondos bastarán, Dios mió, i pagar tan
excesiva fineza! Ah miserable de m í! No h a y, Señor, en mí haberes,
no hay bienes, ni hay virtud* ni espíritu para satisfacer, ni prenda
mayor que la misma gloria: debo confesar mi pobreza; sí, sí, Dios
niio, que me veo pobre, pobrísimo, imposibilitado i daros una condig­
na retribución: es menester que vaya í pedir limosna á los ricos, que
acuda á los santos y santas del cielo, i la reina de los ángeles María
santísima, ó i Vos mismo Señor, que sois solo riquísimo y suficiente
á daros la satisfacción debida; pues esto es, Dios mió, lo que os ofrez­
co en paga, esto es lo que os presento: el amor ardentísimo de los se­
rafines, y demas ángeles, la fe de los patriarcas, la esperanza de los
profetas, las misiones de los apóstoles, las persecuciones, tormentos y
sangre de los mártires, las penitencias de los confesores, la pureza y
castidad de las vírgenes, las virtudes todas, y méritos imponderables
de María santísima: y qué mas?
g Deo Patri ejus , etc. Os ofrezco, Dios mió, vuestro Unigénito,
vuestro amantísimo Hijo, vuestro amabilísimo Jesús, mi Criador, mi
Redentor, mi consuelo. Aquí teneis, Eterno Padre, la prenda mas ama­
da de mi corazon: aquí teneis al amado de mi alma:, aquí teneis á Je­
sús: sí, sí, Dios mió, á Jesús os presento, aquí está: veis aquí la ale­
gría de los ángeles, la hermosura de los cielos, el contento y gozo de
los bienaventurados, veis aquí aquel Señor, aquel Hijo amado vuestro,
en quien siempre os habéis complacido: veisle aquí inmortal, glorioso,
impasible, triunfador de la muerte, y del infierno: veisle aquí rubrica­
do con cinco hermosísimas rosas, las llagas quiero decir, con que her­
mosea y adorna su sacratísimo cuerpo: aquí le teneis, Eterno Padre,
recibidle en satisfacción mia, mirad sus llagas, mirad su sangre bendi­
tísima: atended al tesoro inmenso de sus méritos, que son infinitos, al
caudal inagotable de sus virtudes, que son divinas, á su satMaccion,
que no puede ser mayor: no tengo, ni hay cosa mas «preciable, que
daros: este es el fundo, esta la paga, que os ofrezco en protestación de
agradecimiento.
6 Totimu quod in se est , etc. Y si quereis, Señor, algún fruto cíe
mi propia cosecha, si quereis alguna cosa de mi, aquí estoy, Dios
mió, todo me dejo a vuestra divina disposición: aquí teneis á mi alma
con sus potencias, á mi espíritu con sus facultades, á mi cuerpo con sus
sentidos: aquí teneis entero mi corazon, aquí os le dedico, aquí os le
consagro, ya no es m ío, sino vuestro: ya no usaré de él, sino para co­
sas de vuestro servicio: aceptad, Señor, esta pequeña ofrenda, que os
la hago de lo intimo del alma: limpiadle Vos mas y mas: purificadle
Vos mas y mas: lavadme, Señor, mas y mas, con la sangre de vues­
tro amabilísimo Jesus: y si es menester también agua de penitencia, de
contrición y dolor de mis culpas; aquí están mis ojos hechos dos fuen­
tes de copiosas amargas lágrimas, aquí lloro mis desvarios, aquí os pi­
do rendido, humillado y postrado el perdón; perdonadme, Dios mió,
por vuestro amor, perdonadme por ser quien sois: nunca mas pecar,
Señor, nunca mas ofenderos, nunca mas apartarme de Vos. Aquí os doy
también mis pensamientos y afectos, os sacrifico mis palabras y mis
obras, las manos, los pies, los pasos y demas movimientos, dirigién­
dolo todo á vuestro mayor servicio, á la mayor honra y gloria vuestra,
las acciones, singularmente de este dia; de forma, que no quiero vivir,
pensar, hablar, ni obrar, sino en Vos, con Vos y por Vos, que sois
dignísimo de ser amado y servido sobre todas las cosas.
7 Necessitates propria, etc. Pero, Señor, para cumplir todas estas
promesas, bien conocéis Vos mi flaqueza, y cuanto necesito de vuestra
gracia, ausilios y asistencia. Vos sabéis, Señor, que me falta humildad,
que ni aun conozco esta importantísima virtud; y que mas aunque el
mismo demonio estoy lleno de vanidad y soberbia. Vos sabéis que me
falta paciencia, que frecuentemente me turbo, que ni una leve palabra,
un aviso, una cara menos agradable sé llevar con disimulo y sufri­
miento. Vos sabéis cuan lejos estoy de tener aquella caridad con el
prójimo, que me manda vuestra santísima ley: cuantas veces me enojo,
cuan á menudo murmuro de unos y otros, y aun mas en mí mismo,
admitiendo prolijas secretas interlocuciones en mi corazon. Vos sabéis,
Dios mió, mi tibieza, mi flojedad y descuido, en las cosas de vuestro
servicio, cuan poco me aplico, cuan poco rae ayudo, las distracciones
que admito, las ocasiones que busco, las escusas que imagino, mi disi­
pación, mi sensualidad, mi desahogo: las tentaciones también, que pa­
dezco, et descuido en apartarlas, el olvido de recurrir prontamente á
vuestra poderosa protección. Vos sabéis finalmente los males, las necesi­
dades, así corporales como espirituales de todos mis prójimos, sus in­
mensos trabajos, sus aflicciones, sus desconsuelos, su inclinación vehe­
mente al vicio: tanto pecado, Señor, tanto desconcierto, tanto odio,
tanta injusticia, tanta brutalidad, tantos juramentos, m a ld ic io n e s , blas-
fcmías, tanta perdición de almas, la extrema malignidad, que anega al
el mundo todo: maledictum 9 et mendacium, et homicidium , et furíum,
et adulterium , inundaverunt. O Dios mió, y que males tan deplorables
son estos! Cuán dignos de perpetuo llanto, y de que se acuda á Vos
para implorar su remedio. Todo lo sabéis, Señor, nada ignoráis: Ad om-
nia scimtem loquor: pues socorrednos * Dios mío , ayudadnos, dadnos la
mano, compadeceos de tantas miserias, como caben en mí, y en todos;
esto os pido, esto os ruego y suplico rendidamente: aquí estoy, pobre
y desnudo á vuestras puertas, implorando vuestra divina clemencia.
Dadme humildad * concededme pureza en el cuerpo y en el alma, tro­
cad mi tibieza en fervor, inflamad mi corazon en amor vuestro, alum­
brad mis tinieblas, elevadme con Vos al cielo, donde tenga como otro
san Pablo, mi conversación, tanto, que ya 110 haga caso de cosas cadu­
cas, las desprecie, las olvide; Vos solamente seáis mi eterna dulzura.
Vos mi contento, Vos mis delicias, mi centro, mi quietud y descanso
interminable. Y esto mismo os ruego también, Señor, por mis herma­
nos, por todos mis prójimos» redimidos con vuestra preciosísima san­
gre; por todos aquellos singularmente, que se han encomendado, ó yo
he ofrecido el fruto de mis sacrificios y oraciones, así vivos como
difuntos.
E a, Señor, con Vos me quedo aquí á vuestros sagrados pies, que
humildemente adoro: dadme vuestra santa bendición: muera yo aquí,
Seííor, muera de amor vuestro, muera amándoos, estimándoos, alaban*
doos á Vos, Dios mió, á Vos, vida de mi alma, á Vos, mi Criador
y benignísimo Redentor. Vuelvo otra vez, y quisiera infinitas, á sacri­
ficarme todo á vuestro amor y servicio, a' ofreceros mis sentidos, poten­
cias 9 mi cuerpo y alma: no dé paso alguno, no haga acción, no diga
palabra, no tenga pensamiento, ni afecto, singularmente en este dia,
sino en vuestro y por vuestro amor. Asi sea, Dios mió, así sea para
siempre, por toda la eternidad, para mientras Dios será Dios.

MEDITACION DE LA FRECUENTE COMUNION.

i Considera, que tu vida no es otra cosa, como decia el santo Job*


que una guerra continua con el demonio; y como dice san Pedro; el
enemigo anda continuamente dando vueltas, buscando á quien tragar.
Pues quien vid jamas que el soldado deje las armas para pelear? Mien­
tras Jonatás estuvo armado, no se atrevió Trifon á embestirle; mas lue­
go que se desarmó, quedó prisionero y muerto. Así le sucede al alma,
que deja los ejercicios espirituales y se retira de las buenas obras9 que
son las armas contra el demonio, que á poca costa suya queda vencida
por su contrario. En grande aprensión pone al demonio una alma que
frecuenta á menudo la confesion , y la sagrada Comunion: por la con­
fesión la mira limpia de culpas, agraciada con «I adorno de la divina
gracia, y amiga de Dios: por la Comunion la reconoce llena de fe, de
esperanza y caridad; y juntamente con el adorno de la pureza, humil­
dad , temor santo de Dios y demas virtudes, que son las armas formi­
dables contra el infierno; y no obstante que la embiste, procurando
apartarla de tan santo ejercicio, pero teme mucho el quedar vencido,
como de ordinario lo queda. Anímate pues á frecuentar esta celestial
mesa, si quieres triunfar, no solo de tus pasiones? sino de todo el in*
fiemo.
2 Considera, que en aquel primer siglo de la iglesia habia tanta san­
tidad entre los cristianos, y fueron muy pocas las almas, que se conde­
naron, porque entonces los fieles comulgaban todos los dias: vivían to­
dos en suma paz y hermandad: lo propio era común á todos, y lo co­
mún era propio de cada uno, despues se fue en ellos resfriándola cari­
dad, dejaron la comunion cotidiana: con que pudo el demonio introdu­
cir en ellos la codicia, la soberbia, la ira, el fraude y el engaño con
los demas vicios, hasta poner al mundo y á la cristiandad en el infe­
liz estado, que al presente experimentamos. Ó qué consuelo seria para
la santa iglesia , si los fieles se aplicasen á resucitar aquellos fervores
de aquellos primitivos hijos! Qué flojedad y tibieza es la tuya? Qué sue­
ño es el que te oprime? Si deseas tu salvación y la mayor honra y glo­
ria de Dios, anímate á la frecuente confesion: desecha de tí la flojedad
y tibieza, y no pieidas por tan poca cosa infinitos tesoros, que logras
con su frecuencia.
3 Considera los muchos bienes, que goza el alma, que frecuenta la
Comunion, de todos los cuales se priva por dilatarla de tarde en tarde,
i En el alma del que comulga á menudo, hacen poco asiento las cul­
pas. 2 Se hace formidable contra todos los demonios. 3 Es una fortísi-
ma torre contra todos los vicios- 4 Es su alma una oficina y depósito,
donde se conservan las virtudes. 5 Es el jardin ameno de las delicias
de Dios. 6 Con la frecuente Comunion aumenta los merecimientos de la
iglesia. 7 Mueve á Dios, paraque comunique muchos dones y gracias
á los demas fieles. 8 Alivia las penas a las benditas almas del purgato­
rio, g Detiene el brazo de la divina Justicia, paraque no castigue al
mundo, como lo tiene merecido. 10 Alegra á los ángeles del cielo, au­
menta el gozo accidental á los santos, y da gloria y contento á toda
la beatísima Trinidad. No ensordezcas pues i la voz de tu benignísi*
mo amante Dios, que te llama, diciendo: venid á mí 'odoslos que tra-
hajais 5 que yp os aliviaré
1 Considera la enormidad de este pecado: ella es tal, que no se
puede con el entendimiento bastantemente comprender, y causa hor­
ror solo el pensarla; porque si es gravísimo sacrilegio rasgar las imáge­
nes de los santos ó de un crucifijo, y pisarlas, escupir dentro de un
cáliz consagrado, etc. considera , cuán enorme exceso será recibir al mis­
mo Cristo en pecado mortal, aposentar en un pecho sucio el Cordero
purísimo y sin mancilla. Estoes ultrajar, no á los santos, mas al Santo
de los santos; no á la figura, mas ai figurado: es hacer desprecio, no
del cáliz, sí de la misma sangre preciosísima, que el mismo Cristo der­
ramó por nosotros en la cruz. En fin , esto se puede llamar el mayor de
todos los sacrilegios: pues no es injuriar las cosas sagradas, mas al Se-
ñor, que las hace sagradas. 2 Los santos llaman á este pecado: crimen
lasa Majestatis Divina \ y dicen, que es semejante al de el alevoso Ju­
das , y como el que cometieron los hebreos crucificando á Cristo, y aun
en cierta manera es mayor; pues si los hebreos lo crucificaron, fue, no
conociéndole por verdadero Dios, y esto hicieron viviendo este Señor en
carne pasible; mas ahora los cristianos que comulgan en pecado mortal,
le conocen y le confiesan por su Señor, y cometen esta enormidad,
reinando en el cielo, glorioso é impasible. Exceso es este para pasmar
al cielo, á la tierra y al mismo infierno. O dulcísimo Jesús, cuál debe
de ser vuestro disgusto, viéndoos ofender en aquello, en que nos dejastes
una tan estraña prenda de vuestro fino amor! En verdad, que lleva mar­
ca de condenado, quien se atreve á maldad tan execrable.
2 Considera los males, que causa en el alma la Comunion en peca­
do mortal. 1 Este pan de vida se le convierte enveneno, que causa la
muerte espiritual del alma, y aun tal vez la del cuerpo, diciendo el
Apdstol* que muchos en su tiempo enfermaban por esto y aun morian.
2 El que asi comulga, coiné y behe la sentencia de su condenación , di­
ce el mismo san Pablo : quien le come y behe indignamente, come y
bebe el juicio contra sé mismo, y se hace reo del cuerpo y sangre de Je­
sucristo \ de manera, que el que comete tal enormidad, 110 ha menester
proceso s ya está convencido por reo, ya tiene promulgada sentencia con­
tra sí mismo. 3 Puede en algún modo decirse que este atrevimiento de
comulgaren mal estado, ata las manos á la misericordia de Dios, para­
que no perdónelos pecados dei que asi comulga; porque en los tribunales
de la justicia temporal, aun de pecados atroces cometidos contra perso­
nas particulares, se alcanza perdón, ó por intercesores, d con dinero;
mas en cuanto á los delitos cometidos contra la persona del principe >ni
10
valen suplicas, ni aprovechan dineros, 90I0 el castigó tiene lugar. Eso
mismo debe con verdad temer el que es tan desalmado, que pone sus
sacrilegas manos en la misma persona de Jesucristo, recibiéndole en pe­
cado mortal. Ó Señor, no permitáis jamas que alguno de nosotros se
atreva á cometer tal enormidad ! Mas haced. que mil veces muramos,
antes que lleguemos á recibir este pan de vida , estando muertos á la
gracia ; y ayudadnos con vuestra divina asistencia para limpiar primero
nuestras almas, como nos aconseja el Apóstol: pruébese el hombre á sí
mismo: y asi coma de aquel pan y beba del cáliz.
3 Considera, quienes son los que indignamente comulgan, paraque
tu no seas uno de ellos, 1 Son todos aquellos, que por un poco de ver­
güenza , que sienten en manifestar los pecados mas graves , hacen la
confesion sacrilega; y sin embargo se acercan al santísimo Sacramento
con conciencias manchadas. Temen á un hombre 9 que es el confesor 9y
no temen á Dios, que por tan gran maldad puede hacer abrir la tierra,
paraque los trague vivos. 2 Comulgan aun indignamente, los que hacen
sus confesiones sin verdadero dolor y firme proposito de enmendarse.
Siempre están confesando, y siempre vuelven al vómito de los pecados
mismos, no haciendo diligencia alguna para desarraigar los malos hábi­
tos que han coatraido pecando, ni alejándose de las ocasiones, que les
hicieron caer* 3 Todos aquellos que se acercan á la sagrada mesa del al­
tar para recibir al mansísimo Cordero, llenos de tídio implacable contra
aquellos, que los han ofendido: y así como quien metiese un sano li­
cor en un vaso envenenado, le haría adquirir las calidades del veneno;
asi se puede decir que convierten estos en daño de sus almas la santa
Comunion, á causa de recibirla con el tosigo del ddio. Paraque pues
este pan de vida no sea para tf comida de muerte, limpia con diligen­
cia tu alma de todo pecado mortal: haz una buena y entera confesion,
con verdadero dolor y firme propósito de enmendar tus costumbres:
quita aun de tu corazon toda aversión y odio ; y de esta manera este
divino manjar será para tu alma pan de vida eterna: quien come este
p an, vioirá eternamente.

MEDITACIONES DE LA VIDA DE CRISTO


SEÑOR NUESTRO.

MEDITACION D E LA ENCARNACION DEL HIJO DE DIOS


Etf LAS ENT RAÑAS D E MARÍA SANTISIMA.

i Considera el infeliz estado de eterna condenación, en que habia


caído todo el linage de Adán por aquella primera culpa. Crece la ofen­
sa conforme la dignidad del ofendido, y siendo el pecado del hombre
ofensa de la infinita magestad de Dios, trajo consigo gravedad infinita,
que pedia castigo infinito, y solo podia remitirse en rigor de justicia
con satisfacción de persona infinita, que no se hallaba en todos Jos an­
geles y hombres; y estos por consiguiente habian necesariamente de
perecer eternamente. Considera mas, que corriendo los años, estaba el
inundo lleno de idolatrías y tan contaminado con todo género de peca­
dos, que causa horror pensarlo, Á mal pues tan desesperado y en
tiempo tan perdido, ocurrid la infinita caridad de Dios con la encarna­
ción de su Unigénito para reparo superabundante de la caida del peca­
do original y de los actuales de todos los hombres, á quienes quedase
posible y aun fácil su eterna salvación, disfrutando la infinita satisfac­
ción del Hijo de Dios hecho hombre, recibiendo los santos sacramentos,
que son los caños por donde ella se comunica á los hombres, para per-
don y preservación de los pecados. Qué admiración ocuparía a los es­
píritus angélicos, cuando Dios Ies reveló este misterio, mirando la dig­
nación de aquella suma Magestad, en querer por sí misma remediar al
hombre tan perdido, asqueroso é indigno! Cuán absortos quedarían,
viendo el empleo de Jos infinitos atributos divinos en aquel diseno pri­
moroso, con que Dios ofendido se satisfacía de Heno, y la masa inficio­
nada del linage humano se restablecía en la filiación adoptiva de Dios!
Cuán suspensos los tendria que la alteza de los ángeles apóstatas por
un pecado haya perecido sin remedio por toda la eternidad; y la huma­
na bajeza haya logrado tan soberano Reparador! Y tu que eres tan in­
teresado, te hallas ocupado de estos pasmos. de estas admiraciones? Has
seriamente considerado el estado de eterna condenación, que por tu li­
nage merecías? Has profundamente penetrado lo que por tu bien ha
Dios obrado en esa encarnación? Temo, que apenas de paso lo habrás
mirado. O ingratitud detestable! Considera pues y penetrada espacio
y con frecuencia este misterio , y sentirás arder tu corazon en Dios.
2 Considera, que antes de formar Dios al primer Adán terreno, le
preparó un paraíso terreno de deleites donde colocarle: asi antes de
furmar al segundo Adán celestial, le preparó un paraíso celestial y es­
piritual donde colocarle, que filé María Santísima. La preservó de la
culpa original, la llenó de todas las gracias y la dotó de tanta belleza
espiritual, que despues de Dios no se puede pensar cosa igual. Á esta
pues dichosa Virgen, llegada ya á edad competente fue enviado de Dios
el Arcángel san Gabriel: saludóla, alabo su plenitud de gracia, su pri­
vanza con Dios, su excelencia sobre todas las mugeres, y notificóle su
elección para madre del Unigénito de Dios. Como la Virgen era tan de
veras humilde, se turbó con esas alabanzas, queriéndolas todas para Dios,
de quien lo reconocía todo: como era tan casta, reparó en aceptar esa
dignidad por no menoscabar su castidad; mas asegurada por el Arcángel
de todo riesgo, respondió: hé aquí la esclava dei Señor: hágase en mí
según tu palabra. Quién entenderá ú qué grado llegarían las virtudes de
la Virgen en este paso? Su humildad, su caridad* su resignación, su
devoción, su zeío de la honra de Dios y de las almas? Mira td los me­
dios , con que la Virgen mereció ser digno ta'Iamo del Hijo de Dios:
aprende tu esta lección santa, y procura poseer y ejercitar con fervor
esas virtudes, paraque Dios more gustoso en tu alma.
3 Considera, que dado el consentimiento por la Virgen, el Padre
el Hijo y el Espíritu Santo, formaron un cuerpecito de la sangre de
la Virgen, criaron una alma adornada sobre manera de gracia y dones,
que infundieron en aquel cuerpecito, y á esta humanidad se unid per­
sonalmente solo el Hijo de Dios; y así quedd el Hijo de Dios hecho
hombre por obra del Espíritu Santo; porque por ser obra de tanto amor
se atribuye al divino espíritu. Considera, que el alma de Cristo luego fi­
jó su vista en la divina esencia, quedando bienaventurada según su por-
cion superior. Con aquella vista te mereció el perdón de tus pecados* allí
te vid, te amó, y te quiso salvar, y que gozases tú y los demas hom­
bres, de la honra de tal hermano y Redentor. Mira cuán obligado estás
Á no olvidar, á amar, á servir de veras á este amador tuyo. Considera
aun que Jesús con aquella vista descubrió su vida pobre, sus persecu­
ciones, sus azotes, espinas, cruz y muerte afrentosa; y todo lo acep­
tó gustoso por librarte del infierno y abrirte las puertas del cielo. Pues
cómo tu, s ie n d o el culpado , osarás quejarte de las penas, de las humi­
llaciones, délas tentaciones y enfermedades? E a, anímate al ejercicio
de las virtudes, a' imitar á tu Redentor, y lograrás el fruto de su encar­
nación por toda la eternidad.

MEDITACION DEL NACIMIENTO DE CRISTO EN BELÉN.

1 Fue Muría Santísima con san José su esposo desde Nazareth á


Belén para empadronarse, &egun el edicto del emperador César Augusto.
Considera, como habiéndose publicado el edicto del emperador César
Augusto, paraque todas las cabezas de las familias se empadronasen en
la ciudad que Ies tocaba; habiendo de ir san José á la ciudad de Belén,
hizo María Santísima este viage en compañía de su santo esposo; no
obstante, que su pobreza era grande y el frió en lo mas riguroso del
invierno. Considera: 1 La pronta obediencia de la Reina de los cielos
al mandato del rey de la tierra ; y aprende con su ejemplo á no repug­
nar í los mandatos de tus superiores, por inconvenientes, que se inter­
pongan, 2 No te desdeñes de acompañar en espíritu y servir á estos
santos peregrinos, con toda la atención y cuidado de tu alma: y no te
parezca puerilidad (dice el seráfico doctor san Buenaventura) el sujetar­
te, ya á hablar á la Virgen, ya al santo José, y preguntarles: como
les va del trabajo del camino, y ofrecerte para cuanto pudiere ser de
su alivio ; porque grandes siervos de Dios han sacado grandes frutos de
esta consideración. Pídeles te admitan en su compañía, y oirás la plá­
tica y conversación mas divina , que jamas se oyó en el mundo.
2 Habiendo llegado á Belén , no pudieron hallar posada entre los pa­
rientes y conocidos. Considera, como al cabo de los cinco dias de cami­
no llegaron los devotos peregrinos á la ciudad de Belén, ya puesto el
sol: empezó san José á ir de casa en casa buscando albergue; pero ni
en posadas, ni en mesones, ni en las casas de los conocidos, ni de los
mas cercanos de su familia , hallaron posada; antes bien fueron de to­
dos con desgracia y desprecios despedidos. Llegaron á la casa del regis­
tro ó padrón público, en donde se escribieron, y pagaron el fisco y
tributo real, con que salieron de este cuidado. Volvió el santo José' á
hacer diligencia por otras posadas, y de todas con gran desprecio fue­
ron despedidos, admirándose los ángeles de la insensible dureza de los
hombres, y juntamente de la modestia, paciencia, resignación y hu­
mildad de su Reina y Señora, Considera, como determinaron (ya de
noche) salirse fuera de la ciudad, albergarse en una cueva tí gruta, que
solia ser albergue de ganado: halláronla desocupada, porque era el pa­
lacio Real, que el Eterno Padre tenia destinado para el nacimiento de
su Unigénito. Ó cuán alegre estaría la Reina de los ángeles con la prác­
tica de tan extremada pobreza! O mundo engañador, que asi desprecias
á los buenos y albergas á los malos! O pobreza tan amada en los ojos
de Dios, cuanto despreciada de los hombres!
3 Parió la Señara á su Hijo primogénito, le envolvió en los pañales,
y reclinó en el pesebre. Considera, como María y José, entraron al
prevenido hospicio de la cueva, despedidos de los hospicios y piedad
natural de los hombres: hincáronse entrambos de rodillas, y dieron gra­
cias al Altísimo por aquel beneficio, que no ignoraban era dispuesto
por los ocultos juicios de la eterna sabiduría. Limpiaron la cueva Jo me­
jor que pudieron, ayudándoles sin duda los santos ángeles: luego pre­
vinieron alguna camilla con la ropa que traían, en un pesebre, para
depositar en él al Rey de los cíelos; y María Santísima puesta en ele­
vación altísima de todas sus potencias y sentidos, al llegar la hora de
la media noche, en el año de la creación del mundo, que dice nuestra
madre la Iglesia, dio al mundo al Unigénito del Padre y suyo. Reci­
biéndole en sus manos los mas supremos serafines, y poniéndole en los
hrazos de su madre Virgen, le adoró con toda la córte celestial, y en­
vuelto en pobres pañales, le reclinó en el pesebre, ó alteza incompren­
sible de los juicios de Dios! Dios, y en un establo de bestias?*
quien d o se asombra ! Y quién dejará de quedar cautivo de su amor!
Llega á adorarle y darle tiernos ósculos, regando sus pies con ligrimas,
y aliviándole del frió con encendidos actos de su divino amor.

MEDITACION DE COMO LOS PASTORES VINIERON


X ADORAR AL N lfío JESUS.

1 Dijo el ángel á los pastores: os anuncio un grande gozo; y e$%


que ha nacido hoy para vosotros el Salvador del mundo. Considera, como
despues que los cortesanos del cielo celebraron el nacimiento de nuestro
Redentor, fueron muchos de ellos despachados, paraque por diversas
partes del inunda evangelizasen las dichosas nuevas, á los que según la
voluntad divina estaban dispuestos para oirías: unos fueron i anunciar
á los reyes Magos su felicísimo nacimiento: otros fueron despachados al
limbo á dar las alegres nuevas á los santos Padres: otros á su prima
santa Isabel, á san Juan, y i Zacarías su padre i otros á Simeón y á
Ana la profetisa, y otros á los pastores: y segun fueron pocos, á quie­
nes se manifestó, se conoce claro el infeliz estado, que tenia el mundo,
cuando nació nuestro Redentor en él: y en mas infeliz estado debemos
considerarle en el dia de hoy ; pues teniendo tanta luz de estos miste­
rios, y tan continuados auxilios y repetidos avisos, por la mayor par­
te se halla cu los mortales un formidable olvido de estos sacramentos;
y siendo muchos los que solo atienden á las conveniencias mundanas;
pocos son los que atienden á estos beneficios divinos para el agradeci­
miento, Dadme gracia, Señor, paraque sea del numero de estos pocos,
para corresponder segun mi obligación á las finezas de amor que habéis
usado conmigo,
2 Esta señal os doy: hallaréis al infante envuelto en pañales r y
puesto en un pesebre. Considera: i Como á estas palabras del santo An­
gel sobrevino gran muchedumbre de celestial milicia, que llenándoles de
claridad, con dulcísimas voces cantaron: gloria en las alturas á Diosy y
paz en la tierra á los hombres de buena voluntad; y desapareciendo, de­
jaron á los pastores llenos de divina luz, inflamados y fervorosos, con
deseo uniforme de lograr la felicidad, y llegar A reconocer con SU3 ojos
el altísimo misterio, que habían percibido con sus oidos. 2 Considera
la sinceridad y pureza de estos santos pastores: pues no pareciendo muy
á propósito para hallar á Dios, ni proporcionadas con los ojos de la car­
ne las señas que íes dió el ángel, no se metieron con especulaciones^
sino que cautivando su entendimiento é inflamada su voluntad, convi­
vas ansias se partieron á Belén, á ver y adorar al recien nacido Dios,
O letrados de este mundo, qué bienes sacais para las almas de vuestras
metafísicas especulaciones! Amad á Dios con pureza y sinceridad de
corazon como los p asto res, si quereis gozar de los divinos favores.
3 Partieron luego á la cueva , y hallaron d María ? á José y al In­
fante reclinado en el pesebre. Considera, como al llegar estos pobrecitos
y felicísimos hombres á la cueva. pusieron admirados los ojos en el niño
Dios y en su purísima Madre. Ó cuán ilustrados quedarían sus enten­
dimientos con la vista del divino Verbo! Qué raudales de su gracia des­
pedirla á aquellos sencillos corazones! Cuán elevados quedarían y llenos
de ciencia divina de los misterios de la encarnación y redención del
linage humano! 2 Considera, como postrados en tierra adoraron al Ver­
bo humanado, no ya como hombres rústicos é ignorantes, sino como
sábios y prudentes: le alabaron, confesaron y engrandecieron por ver­
dadero Dios y Hombre, Reparador y Redentor del linage humano, Cd-
mo observaría María Santísima en su corazon todas estas cosas I Qué
palabras tan dulces y divinas les diría! Pero que' 110 Ies diria, si era el
órgano del Espíritu Santo, y la lengua del infante Dios recieo nacido?
Alaba tu las maravillas de Dios, y dí con el Evangelio: confi¿sote Eter­
no Padre ; porque tan altos y divinos misterios los ocultaste ú los sabios
y prudentes de este mundo i y los revelaste á los pobre cilios, sencillos9
párvulos y humildes.

MEDITACION DE LA CIRCUNCISION DEL NIÑO JESUS.

1 Cumplidos los ocho dias del nacimiento de Jesús, trataron sus P a ­


dres de circuncidarle. Considera, como la circuncisión en aquella ley
antigua era el sacramento instituido para borrarla culpa original, como
ahora lo es el bautismo en la ley de Gracia : y aunque e! niño Dios,
como supremo Legislador, estaba exento de esta ley y era por natura­
leza impecable; como vino al mundo, no á destruir la ley, sino á dar
complemento á ella, quiso sujetarse al golpe sangriento de la circunci­
sión , como ensayándose desde niño tierno á derramar su preciosísima
sangre por todos los pecadores, que despues con mas abundancia habia
de derramar en el árbol de la cruz. 2 Considera, que siendo asi que el
ministro de la circuncisión podía ser cualquiera , aunque no fuese sacer­
dote; la gran Reina y Señora juntamente con su esposo san José, qui­
sieron por la dignidad de! Niño, que fuese el sacerdote de la Sinagoga
de Belén el que le circuncidase, para cuyo fin, con toda la reverencia
posible le presentaron. O Princesa divina, prevenid vuestro corazon,
que mas herido quedará con el golpe sangriento, que vuestro Hijo san­
tísimo !
2 E l niño fue llamado Jesús, el cual nombre le dió el Angel ¡ antes
que fuese concebido. Considera, como llego el sacerdote á la. cueva del
nacimiento, donde el Verbo humanado en los brazos de su madre Vír-
gen Ic esperaba : y como dice un alma contemplativa, el horror del lu­
gar humilde admiró y desazonó al sacerdote, aunque despues viendo la
hermosura del Niíío y la modestia de la Madre, y reverencia con que
le recibid > le compelió á mudar el rigor en devocion, afecto y venera­
ción particular al Niño y á la Madre. Quién duda, que si todos , espe­
cialmente los sacerdotes, atendiésemos á Dios y á su Madre purísima,
que aquel horror, que ahora nos causan los hospitales y casas de los
pobrecitos, se nos convertiría en un gozo grande y en vivos deseos de
asistir en ellos, para alivio de los pobres y dolientes? 2 Consideras co­
mo en los mismos brazos de María Santísima se ejecutó el sacramento
de la circuncisión, siendo ella el altar sagrado, en que se comenzaron á
cumplir las verdades figuradas en los antiguos sacrificios, ofreciendo este
nuevo y matutino en sus brazos, paraque en todo fuese acepto al Eter-
i)0 Padre* 3 Considera el dolor del sagrado Niño, que penetraba el co-
razon de la Madre y también del esposo san José, que derramando
muchas lágrimas, daria á Dios las gracias por ' a q u e l l a sangre derramada
en beneficio de los hombres. Imítalos, compadécete del niño Dios, y
mas de tí mismo, que eres la causa de tanto dolor.
3 Y pusieron al niño Dios el nombre de Jesús. Considera, como des­
pues de circuncidado el niño Dios, preguntó el sacerdote: qué nombre
querian ponerle? Y la gran Reina juntamente con su Esposo, se enco­
gieron humildes; y es de creer, que los dos á una pronunciarían tan di­
vino nombre, como era J esús. De aquí entenderás la reverencia, con que
debes pronunciarle: pues si al oirle se postran hasta los demonios ene­
migos, qué harás tií, que te precias de amigo? Ó Jesús dulcísimo, gran
dicha seria, si pudiese estampar vuestro nombre en mi corazon! 2 Nota
el cuidado con que María Santísima recogió la sangre en limpios lien­
zos , y la sagrada reliquia del Prepucio, que guardaría toda su vida,
hasta dejarla vinculada en la iglesia: paraque entiendas la reverencia,
que debes tener á las sagradas reliquias „ y á todo lo que pertenece al
culto divino. 3 Considera la humildad de aquel divino Señor, que quiso
admitir en sí la forma de pecador, siendo por naturaleza la misma san­
tidad: paraque te confundas, que siendo pecador, quieres ser tenido por
santo. Recibió en sí el intensísimo dolor, que como hombre verdadero
sintió en la circuncisión: paraque no escuses tú el padecer trabajos por
su Magestad divina, en correspondencia de los muchos que padeció por
tí.

MEDITACION DE LA ADORACION DE LOS REYES MAGOS.

1 Guiados los tres reyes Magos de una estrella , vinieron d adorar


al Dios recien nacido, diciendo: vimos su estrella en el Oriente} y veni­
mos á adorarle. Considera s como ilustrados los entendimientos de estos
tres reyes del misterio del nacimiento del Niño Dios* y noticiosos muy
de antemano de la profecía de Balaán, que dijo: Nacería una estrella de
Jacoh^ que sería para señalar al que nacía para reinar eternamente en la
casa de Jacob: luego que la vieron 5 se pusieron en camino para verle y
adorarle: previnieron los tres dones que llevarle, oro, incienso y mirra,
y con ellos iban asistidos de una sinceridad grande, de un zelo fervoroso,
y de un ardiente amor. 2 Considera, como desapareciéndoseles la estre­
lla que los guiaba, entraron por Jerusalén, pidiendo por el recien naci­
do Rey de los judíos en la misma corte de Herodes. De aquí aprende íi
corresponder á las inspiraciones divinas como ellos, y i no reparar, ni
en trabajos, ni en respetos humanos, por buscar i Dios; que así será
Dios tu guia, como lo fue de los Magos.
2 Llegaron á Belén, adoraron al niño Dios, y abriendo sus tesoros, le
ofrecieron oro9 incienso y mirra, Considera * como habiendo Herodes con
cavilosa malicia examinado á los reyes Magos, y dícholes, le avisasen del
lugar del nacimiento, porque queria también ir á adorar al recien nacido
R e y : ellos se partieron, guiándolos la estrella hasta la cueA?a de Belen.
O solapacion diabólica, si solo te hubieras quedado en Herodes. no hu­
biera tantos hipócritas en el mundo, que pretextando santidad en lo ex­
terior, tiene el corazon lleno de veneno] 2 Considera á los santos Magos
admirados á la puerta de la cueva de Belén de ver los resplandores que
despedía aquel sagrado Niño, y las luces de santidad que manifestaba su
santísima Madre. Sin duda entrarían con sumo respeto , y hechos sus
ojos fuentes de copiosísimas lágrimas. Postráronse á los pies de su Dios
y Señor y adoráronle con íntimo afecto de su corazon, y con heroicos ac­
tos de ferviente caridad ofrecieron sus dones, y con ellos todas sus po­
tencias y sentidos. O si tu los imitases, ofreciendo i su Magestad divina
el oro purísimo de la observancia de su santísima ley, el incienso de odo­
ríferas virtudes, y la mirra de un desasimiento grande de las cosas tem­
porales y amor intenso i las celestiales! Y si eres religioso, el oro de la
pobreza, el oloroso incienso déla castidad, y la mirra de la mortifica­
ción y obediencia.
3 Fueron avisados en sueños los reyes Magos, que no volviesen á He-
rodes^y por otro camino se volvieron á sus tierras. Considera, como des­
pues que estos santos Reyes ofrecieron sus dones al recien nacido Dios que
habían venido á adorar, e instruidos (como se puede píamente creer) de
todo por la Reina de los Angeles* trataron con su bendición y licencia,
de volverse á sus tierras. () qué de lágrimas derramarían de sus ojos!
Ccímo, si les fuera posible, se quedarían toda la vida para servir á aque­
lla gran Señora, y al Dios de todo lo criado! 2 Considera, como avisados
por un ángel que 110 volviésen á Herodes, tomaron otro camino para sus
tierras, quedando Herodes lleno de coufusion, y discurriendo el medio
que tomaría para quitar la vida al Niño Dios. Bien dijo David, que un
abismo llama á otro; esto es, un pecado á otro pecado: y esto sucede
á muchos pecadores ambiciosos, como Herodes, solapados como Herodes,
que llega á tanto su malicia, que cara á cara las quieren apostar contra
Dios; pero al fin quedan burlados como Herodes * y malditos de Dios
como Herodes.

MEDITACION DE LA PRESENTACION DEL NIÑO JESUS


EN EL TEMPLO.

1 Cumplidos ¡os dias de la Purificación de María, según la ley de


Moisés, etc. Considera, como estando María Santísima bien noticiosa de la
ley de Levítico, que disponía se tuviese por inmunda la muger que paria
hijo, hasta que al cabo de los cuarenta dias iba al templo á purificarse; y
la otra ley del Exodo, en que madaba Dios le sacrificasen y ofreciesen
los primogénitos: no ignoraba tampoco que esta ley no la obligaba, por
ser concebida en gracia y haber sido la concepción de su Hijo santísimo
por obra del Espíritu Santo, y ser el Supremo Legislador, y como tal
exento de ella; no obstante, la humildísima Señora quiso sujetarse á su
cumplimiento, y pasar por lo que las demás mugeres pasaban: paraque
entiendas, que no solo te has de sujetar al cumplimiento de lo que estás
por obligación atenido, sino á ejecutar muchas obras buenas de superero­
gación ó voluntarias. 2 Nota, que esta ida al templo no la hizo María
Santísima sin licencia de su santo Esposo José: para que aprendas de su
humilde rendimiento, i no hacer cosa alguna por buena que te parez­
ca, sin la licencia de tu superior ó director; que con esto afianzas el no
errar.
2 Llevaron á Jesús á Jerusalén para presentarle al Señor en el tem­
plo. Considera, como María Santísima, en llegando á Jerusalen, hizo la
prevención de un par de Tortolillas, que era el tributo que pagaban en el
templo las mugeres pobres. O qué ejemplo te da María Santísima para­
que en tu trato no te quieras igualar con los ricos, sino que te moderes
según el estado pobre en que Dios te ha puesto! Ofreció Tórtolas, que es
aiiimalillo que siempre gime: paraque enriendas que los gemidos de tu
coraaou han. de ser para llorar tus pecados y aplacar los enojos de Dios.
2 Considera, como entró María Santísima en el templo, y con humildad
profundísima se puso con su infante Jesús en el lugar en donde esperaban
las otras mugeres necesitadas de purificación: y estimando tanto su vir­
ginal pureza, que antes de la encarnación del Verbo quiso saber, cómo
habia de ser aquella concepción, sin detrimento de ella; ahora 110 pare;
ce, hace caso de no ser tenida ni por Virgen, ni por limpia de la culpa. 0
humildad profunda, con que quiso asemejarse á aquel Señor que en süs
brazos llevaba! Paraque entiendas que debes procurar el goze de todas las
virtudes; pero no debes buscar la gloria humana > de que te tengan por
Santo, antes debes encubrirlas, para asegurarlas mejor.
3 Llegado Simeón al templo, y tomando al niño Dios en sus brazos,
dijo : Ahora, Señor, despedirás á tu siervo, segun tu palabra, en paz , etc.
Considera, como habiendo prometido el Espíritu Santo al santo Simeón,
(que era Varón justo y temeroso de Dios) que no moriría que no viese
al Cristo del Señor; con especial mocion di riña se fue al templo, y cono-
cid al verdadero Mesías y Redentor del mundo en los brazos de su Ma­
dre, y tomándole en los suyos, dijo gozoso aquel cántico de Nunc dimiU
t¡$9 etc. Contempla la fidelidad de Dios en sus promesas, y la suma libe­
ralidad con que se porta con los que le sirven; pues no solo le vid con
sus ojos, si, que le recibid en sus brazos y le restriñd en su pecho. Imí­
tale tu en la virtud y santidad, y verás y gozarás de aquel sumo Bien que
es la alegría de los ángeles, 2 Considera, que vuelto Simeón á la Madre
le profetizó» como su Hijo santísimo había de padecer grandes trabajos
y contradicciones en el inundo, y que su anima purísima de ella había de
ser traspasada con cuchillo de dolor. Ó amor grande de María! Los tra­
bajos habían de ser de Jesús, las contradicciones contra Jesús ; pero los
tormentos del alma habían de ser de la Madre: paraque entiendas que
serás fino amante de Jesús, si cada culpa que comete el mundo contra su
divina Magestad, es un cuchillo de dolor que atraviesa tu alma.

MEDITACION DE LA FUGA DEL NIÑO JESUS Á EGIPTO


CON SU MADRE Y SAN JOSÉ.

i El Angel del Señor apareció en sítenos á José, y le dijo, etc. Con­


sidera , como viendo Herodes que los Reyes Magos 110 habían vuelto á
noticiarle del lugar, en donde había nacido el Rey de los judíos, temero­
so de perder el reino, determinó la acción mas bárbara que pudo caber
en corazon humano, que fue quitar la vida i todos los nulos de Belén y
su contorno, juzgando que entre ellos encontraría el autor de la vida. O
bondad de Dios, y lo que pervierte el corazon humano una pasión desor­
denada! Mira si reina alguna dentro de tí, y mortifícala luego para no
caer en algún precipicio. 2 Considera las asechanzas que Herodes trazo
para quitar la vida á Jesús luego que nació, significativas de las que ar­
ma el demonio contra las almas, luego que ve nacidos algunos propdsitos
de servir á Dios. Que dificultades les propone! De qué amigos se vale
para disuadirlos del bien! A cuantas hace volver atrás del bien comenza­
do! 3 Considera, que ¿ Herodes le salieron en vano todas sus trazas, y
en todo quedó burlado. Confia siempre en Dio?, que es fidelísimo para los
que le sirven y jamas desampara á los suyos; y con esta confianza queda­
rá el demonio burlado, y tu alma triunfante de sus as fudas.
2 Dijo ti Angel á José: toma al Niño y á la Madre\ y huye á Egipto.
Considera la fuerte prueba que hace Dios de la fé> de la obediencia y de
la resignación del patriarca san José: i la media noche le despierta el
Angel, le manda que tome al Niíío y i la Madre , y que huya presto á
Egipto; y el Santo, sin réplica alguna, sin reparar en la hora incómoda*
sin discurrir en inconvenientes, obedece puntualísimo al mandato de Dios
por un Angel. O si tií obedecieses puntual á las inspiraciones divinas,
como san José! O si considerases que los mandatos de tus superiores son
mandatos de Dios; cómo arrojarías de tí la tibieza, la flojedad y pereza,
y obedecerías ciegamente, sin dar lugar al discurso para el reparo de in­
convenientes 1 O cuán agradable serías á los ojos de Dios! 2 Considera,
como el santo José despertó á su amabilísima Esposa, y esta á su dilectí­
simo Hijo, y le diría; Hé aquí la esclava del Señor: hágase en mí según
tu palabra; y al punto recogiendo sus pobres halajuelas, se pusieron en
camino, sin mas prevención que dejarse en manos de la providencia divi­
na. Procura tu imitarlos en la fe , en la esperanza y en la caridad con
Dios; pues por librarle de las asechanzas de los hombres, se expusieron
3 tan inmensos trabajos.
3 Y estarás en Egipto, hasta que yo te avise. Considera los inmensos
trabajos que los Santos peregrinos padecieron por el camino; pues en se­
senta leguas de despoblado, que anduvieron por los arenales que llaman
los autores de Bethsabé, se deja á la ponderación el hambre, la sed, la
fatiga y demas inclemencias del invierno que padecieron : permitiéndolo
así el Señor para mayor mérito de los caminantes, y paraque á vista de
sus trabajos te confundas tú de ver lo poco que por Dios padeces, y el
cuidado que pones en ir siempre huyendo de la cruz. 2 Considera, como
al entrar los devotos peregrinos en la tierra poblada de Egipto, quiso el
Eterno Padre honrar á su Hijo santísimo, y manifestar el fin por que
le habia llamado; que fue para beneficiar á aquellos idólatras, sacándo­
los de las tinieblas de la muerte en que yacían. O si el dulce Jesús obra­
se esto mismo en tu corazon, que arrojase de él aquellos ídolos ó afectos
desordenados que te impiden el que more gustoso en tu alma! Ruégaselo
con eficacia, y propon detestar todos los afectos que te impiden su divi­
no amor.

MEDITACION DE LA VUELTA DEL NIÑO JESUS


DE EGIPTO A NAZARETH*

1 El Ángel del Señor hablé en sueños al santo José, y le dijo: toma


al Niño y á la Madre , y vete á tierra de Israel. Considera las obras
admirables» en que se emplearon Jesús, María y José, en ios siete años
que estuvieron desterrados en Egipto, que fue en convertir muchas almas
al servicio de Dios, eo hacer á los prójimos los bienes que podían, y ejer­
citarse en altísimos y herdicos actos de todas las virtudes. Mira tu en
que has empleado, no siete, sino muchas septenas de años, y hallarás que
todo tu empleo ha sido en las cosas de la tierra; y si tal vez has queri­
do entrar en el camino de la virtud, todo se te ha ido en tejer y des­
tejer, sin dar un paso adelante : punto que debieras llorarle con lágrimas
de sangre. 2 Nota, como estando José dormido, se le apareció el Ángel
del Serior, y le dijo: Que tomase al Niño y á la Madre, y se volviese á
la tierra de Israel; y es cierto, que al dar esta noticia á su Esposa y al
Niño Dios, respondería la Madre: Aquí está la Esclava del Señor: cúm­
plase su santa voluntad; y el Niño Jesús respondería : Cúmplase en todo la
voluntad de mi Eterno Padre . Paraque entiendas, que aunque estés muy
gozoso en el cumplimiento de las obras buenas, debes estar siempre con
una indiferencia de ánimo grande para dejarlas, y obrar lo que Dios te
mandare y fuere de su voluntad.
2 Dijo el Angel á José: ya murió Herodes y los que con él procura­
ban la muerte del Niño. Considera, como toda la vida de Jesús y María,
fue una continua cruz, y siempre entretejida de continuados trabajos: sa­
lían ahora de los trabajos de Egipto, y entraban en otros que se les
ofrecían en tan prolongado camino, como desde Egipto á Nazareth;y
aprende, que si quieres gozar de su compañía en el cíelo, les has de acom­
pañar en esta vida en los trabajos y tribulaciones: y así como el Angel
le dijo á José' que estuviese en Egipto hasta que le avisase; así debes tií
portarte en los trabajos, enfermedades y tribulaciones, diciendo: Aqui
quiero permanecer, hasta que Dios fuere servido y dispusiere otra cosai
quede esta suerte imitarás á estos caminantes. 2 Nota lo que el Ángel
dijo al santo José, que era ya muerto Herodes y los que perseguían al
Niño Dios: y como dicen muchos Santos, Herodes murid rabiando, comi­
do de gusanos; y es cierto, que los demás llevarían aun en esta vida* su
merecido castigo: así se porta Dios con los perseguidores de la virtud y
santidad» Dadme, Señor, gracia, paraque venere vuestros divinos juicios,
y que obrando virtudes, os ame y sirva como es de mi obligación*
3 Sabiendo san José que Archélao reinaba en lugar de Heredes su
Padre, temiendo que con el reino no hubiese heredado su crueldad, temióle!
ir allá. Considera, que como es muy ordinario el verse en los hijos las
malas inclinaciones de los padres, temid justamente san José, que al acer­
carse con el Niño Dios á Jerusalén, no fuese que Archélao le quisiese
quitar la vida, como habia procurado el Padre* O cuánto es de temer que
hereden los hijos las malas acciones de los Padres! Y lo mismo es de una
repiíblica y de una comunidad; si las acciones de los superiores y de los
ancianos no son reformadas* que los demas Jas imiten , y se pierda en
breve tiempo el edificio espiritual, s Nota, que estos temores y sobresal­
tos del santo José eran, porque tenia de parte de Dios encomendada la
custodia del Niño Jesús y de su Madre purísima: por esto eran sus cui­
dados y temores. M ira, pues f td f qué cuidados tienes de no perder al
Dios de tu alma! Qué temores te oprimen de perder su divina gracia?
Está advertido, que ningún cuidado es superfluo, que ningim temor es so­
brado; porque siempre has de vivir con este temor y cuidado.

MEDITACION DE COMO EL NIÑO JESUS SE QUEDÓ EN


JE-RUSALÉN , Y SUS PADRES LE HALLARON EN MEDIO DE LOS
DOCTORES EN EL TEMPLO.

i Siendo Jesús de edad de doce años, subió con sus Padres desde Na -
zareth d Jerusalén. Considera, como esta subida de Nazareth á Jerusalén
á visitar el templo santo de Dios, fue con especia! mocion del Espíritu
Santo, paraque aquel Dios humanado comenzase i esparcir su divina doc­
trina, y manifestarse verdadero Mesías prometido en la ley. A este fin
subió el Verbo encarnado con sus Padres: conoce de aquí el zelo que es­
te Señor tiene de la salud de las almas, y que á su tiempo no falta en
darles luz, inspirarlas y llamarlas. Dale gracias por esta fineza, y pídele
te envíe un rayo de su divina luz, para ilustrar tu entendimiento, y que
te comunique un zelo grande de la salvación de las almas. 3 Considera,
como para darse i conocer, se juntó con los sabios y doctores de la ley,
para oirlos, preguntóles y responderles i sus preguntas; pero con gran­
de serenidad de rostro, con profundísima humildad, y sin jactancia al­
guna de su sabiduría, aunque con suma admiración de aquellos sabios.
O qué ejemplo te da Jesús de manifestar respectivamente tus talentos!
(esto es, en tiempo debirlo, con humildad, sin arrogancia, ni desprecio
de los demas) Vea cada uno como se porta* y conocerá, si imita ó no a
Jesús.
s Quedóse el Niño Jesús en Jerusalén, y sus Padres no lo conocie­
ron. Considera, que volviendo de Jerusalén María y José con otros mu­
chos parientes y conocidos, se quedó Jesús en la ciudad, sin advertirlo
sus Padres; y andando estos todo aquel día, pensando que atrás ó ade­
lante iba su santísimo Hijo con los parientes ó conocidos, no viéndolo á
la noche, lo buscaron entre toda la comitiva, y no hallándole, se volvie­
ron á Jerusalén} buscándolo. O qué cuchillo fue este para aquellos dos
enamorados corazones! Verse privados de guatos, de honras y riquezas,
pasábanlo gustosos; mas de 1j compañía de Jesús, apenas lo podian llevar.
No comerían ni dormirían: todo sería llorar, buscar y enviar clamores
á Dios. Confúndete tu de lo poco que aprecias á Dios: cuan poco te
conmueve el recibir á Jesús sacramentado, ni antes di despues: cuan po­
co se te va el pensamiento y afecto i Jesús, pues pasas horas sin acor­
darte, y tal vez dentro de las iglesias, donde personalmente asiste. O Vir­
gen santísima! O Santo Patriarca! Alcanzadme un poquito de estos vues­
tros deseos y ansias para buscar a Jesús, y vivir unido con Jesús.
3 Despues de tres dias le hallaron en el templo en medio de los doc­
tores. Considera, lo que en aquellos tres dias pasaría por el corazón de la
afligida Madre, cuán solícita iría por aquellas calles de Jerusalén„ pre­
guntando á unos y otros, si habian visto al que amaba su alma? Y dán­
dole alguno algunas señas de haberle visto, tí pasar por la calle ó pedir
alguna limosna, significándole la modestia del Niño y la belleza de sus
facciones; cuan enardecido quedaría el corazon de aquella divina Palo­
ma? Quién duda, que san José iría á Belén a' ver si acáso hubiese ido
i visitar la cueva, que fue el palacio de su nacimiento? Y viendo la Ma­
dre que volvía sin el Niño; quien podrá ponderar los suspiros y las la­
grimas de entrambos? No se desconsuelen las almas, á quienes Dios po­
ne en estas desolaciones interiores, dén una y otra vuelta por las calles
de sus sentidos y potencias, y discurran, 8¡ por alguna culpa suya sucede
aquel desamparo de Dios : procuren la enmienda, y confíen el hallarle
con presteza. 2 Considera, como á los tres dias le hallaron en el templo
disputando cou los doctores de la ley; y quejándose amorosamente la
Madre, de que así lo hubiese hecho con ellos, Ies respondió el Niño:
Pues no sabéis que me conviene cumplir con la voluntad de mi Eterno P a -
drel Paraque entiendas que los llamamientos de Dios se deben antepo­
ner á la voluntad, al querer y á las conveniencias de los Padres.

MEDITACION DE COMO VUELVE EL NIÑO JESUS CON SUS


PADRES DE JERUSALÉN A NAZAR&TH.

1 El niño Jestts iba creciendo en la edad. Considera estas palabras


del sagrado Evangelista, en que te dice: como hallándose el niño Jesús
en Nazareth con sus Padres, iba creciendo en la edad, y en la robustez
corporal. Podia su Magestad divina haber venido al inundo en el lleno
de la edad varonil; y 110 quiso sino sujetarse voluntariamente á pasar por
la variedad de las edades del hombre, y á los menoscabos, que ellas en
sí llevan: sujetóse á estar nueve meses en el tálamo virginal de su pu­
rísima Madre: ¿ nacer, y á necesitar de ser llevado en ágenos brazos:
á ser alimentado con trabajo ageno, el que alimenta á todas Jas criatu­
ras, hasta que ya en la edad robusta podia ganarse por sí el sustento:
quiso santificar con esto la variedad de tiempos de nuestra vida: así es­
te divino Señor se complació de pasar por todas estas edades, para satis­
facer á aquellas culpas que tu cometiste en ellas. Dadme, Señor, gracia
paraque arregle mis acciones, y sujete este miserable cuerpo, de suerte,
que jamas recalcitre contra el espíritu.
s Jesús crecía en sabiduría y gracia delante de Dios , y de los hom­
bres, Considera, como al ir creciendo el infante Jesús en la edad, dice
también el Evangelista que crecia en sabiduría y gracia. Debes entender,
que extrínsecamente i proporcion de la edad crecía la sabiduría, y se au­
mentaba en Jesús la gracia; pero no intrínsecamente, por estar aquella
Humanidad santísima unida con el Verbo, cnya gracia y sabiduría era
incapaz de aumento. O si en tí se verificase, que al paso que creces ea
la edad, crecieses también en la gracia y en la verdadera sabiduría, que
es el amor y temor de Dios! Grande infelicidad es la nuestra! El uno
se gloría, que ha veinte años que se ordentí de Sacerdote: el otro, que
ha treinta años que es Religioso. Pues preguntémonos ahora respectiva­
mente, cuantos grados de gracia has aumentado en tantos años? Cuan­
tas virtudes has adquirido? O Santo Dios* y qué respuesta habremos de
dar tan disonante á los arlos de Cristo, que con la edad crecía en la sa­
biduría y gracia!
3 Crecía en sabiduría y gracia delante de Dios y de ios hombres.
Considera, que no solo el niiío Dios crecía para sí en sabiduría y gra­
cia, sino delante de los hombres; porque su empleo era el ejecutar en
todo la voluntad de su Eterno Padre, aplicando todo el cuidado de su
Humanidad santísima en el cumplimiento de ella, y juntamente en doc­
trinar y ensenar á los hombres el camino del cielo, hablándoles siempre
palabras de vida eterna, y ejecutando con ellos obras nacidas de la fragua
de su divino amor. Mira ahora tu en qué has empleado los arlos de tu
niñez, y asimismo de tu juventud y edad varonil: ha sido en cumplir la
voluntad de Dios ó la tuya? Ha sido en buscar su gloria, d en buscar tus
conveniencias? Ha sido en amarle, ó en ofenderle? Mira ahora el em­
pleo de tus años en órden ¿los prójimos: cuantas veces los has escan­
dalizado? Cuan pocas les has edificado? Y conociéndote culpado, procura
de redimir el tiempo perdido, ajustando tu vida á la mayor honra y
gloria de Dios y utilidad de tus prójimos.

MEDITACION DE LOS EJEMPLOS DE JESUS DESDE LOS


DOCE AÑOS HASTA Á. TREINTA.

i E l niño Dios estaba sujeto á sus Padres. Considera, como el sa­


grado Evangelista compendió en breves palabras la vida de nuestro Sal­
vador Jesús, diciendo: Que en todo estaba sujeto á la voluntud de sus
Padres. Considera la alteza de la Persona divina, que es Jesús, sujeta al
cumplimiento de la voluntad de la Madre, y de un pobre carpintero que
era José, su Padre putativo; y confiíndase tu soberbia, que siendo polvo
y ceniza, te avergüenzas, no solo de obedecer á otros hombres que es­
tán en lugar de Dios, sino que aun repugnas, y te afrentas de sujetar­
te á su santísima ley. 2 Considera, en qué ministerios estaba sujeto:
en ayudar y aliviar á su Padre putativo, ya arrastrando algún lefio* ya
ayudándole á aserrar los maderos y tablas, ya con el cepillo á pulir­
las, con grande admiración de los ángeles, y asombro de sus padres,
que conocían bien la alteza y dignidad de su divina Persona: y asóm­
brate tú de tu altivez, y soberbia, que siendo un vil gusanillo de la
tierra, te parece afrenta de tu grandeza el sujetarte i servir á un en­
fermo * y el ayudar á levantar un pobrecito, si le ves caido en una ca­
lle. Ó confusion grande de los mortales !
2 Considera, que nuestro Salvador Jesús, desde la edad de doce
años hasta los treinta, escondió los infinitos tesoros de sus admirables
obras, y con un profundísimo silencio se ocupó en obrar todo aquello,
paraque fue destinado por su Eterno Padre, verificándose de este sobe­
rano Señor lo que dice el Evangelio: que empezó d hacer , y despues
á enseñar ; enseñando con esto su Magestad divina á los maestros de su
iglesia: que el que hiciere y enseñare ¡ será grande en el reino de los
cielos. Nota mas, que Jesucristo obrd primero Jo que enseño; y si noso­
tros queremos enseñar con provecho propio y fruto de las almas, debe­
mos primero obrar. Diez y ocho años se ejercitó Jesucristo, antes de
salir i predicar, en la oracion y ejercicio de las virtudes; y como tan
gran Maestro nos enseíW lo que deben hacer los ministros de Dios.
Fate fate 9 et non paríate , dijo en su lenguage el santo fray Gil com­
1

pañero de san Francisco, á unos estudiantes, que le hablaban del amor


de Dios; paraque se entienda, que el mayor fruto, que pueden los mi­
nistros de Dios hacer en las almas, consiste, en que primero se ejer­
citen en la oracion y ejercicio de las virtudes, á imitación de Cristo Se-
ííor nuestro.
3 Considera: 1 Como nuestro Salvador Jesús dispondría en sus san-
tos Padres los ejercicios interiores y exteriores: y aunque suponemos
que el alma de María Santísima* como mas ilustrada que la de san Jo­
sé su esposo, estaría siempre elevada en altísima contemplación: no obs­
tante, asi de d ia, como de noche, tendrían sus horas destinadas para
vacar á la oracion, y ejercicios espirituales. Pues qué cielo se igualaría
con aquella santa casa de Nazareth? Qué oracion tan elevada seria la de
María y José? O quién fuese participante de un fayo de aquella divina
luz, que ilustraba sus entendimientos para imitarlos! $ Nota, la altí­
sima oracion del dulce Jesús; qué lágrimas derramaría por nuestros pe­
cados, viendo la gravedad de ellos? Cuántas veces se ofrecería en sacri­
ficio al Eterno Padre por nosotros ? Quintas veces nos alcanzaría el per-
don? O Dios eterno! Yo entonces estaba ya en vuestro entendimiento
11
divino» ya mis pecados los teníais presentes , ya los llorabais y me al­
canzabais el perdón- De dónde merecí este favor? Dadme, Señor, gra­
cia j paraque á imitación vuestra emplee mis pensamientos en Vos, pa­
ra la mayor honra y gloria vuestra, y salud de mi alma.

MEDITACION DE LA PREDICACION DE SAN JUAN BAUTISTA,


EN LAS RIBERAS DEL JORDjÍN,

i Viola san Juan en el desierto: su vestido era una piel de camello,


y su comida era langostas y miel silvestre. Considera, como el Precur­
sor de Cristo, desde ia edad muy tierna ? (que según dicen algunos san­
tos, que era de cuatro años) se fue al desierto á hacer penitencia y
entregarse del todo á Dios: acompañemos en espíritu i este tierno Ni­
ño, no para excitar la curiosidad, sino paraque veamos lo que obró la
Divina gracia en él para apreciarle, y para alabar las maravillas de
Dios- Qué fríos padecería en el invierno? Qué calores en el verano? Qué
hambre? Qué horror de las fieras del desierto? O poder de la Divina
gracia ! Todas estas dificultades y trabajos pasó este Niño asistido de ella.
2 N ota, por qué pecados se condenó este Santo los treinta años de su
edad á una tan áspera penitencia? Fué desde el vientre de su Madre
santificado en gracia; (como dicen algunos) confirmado en ella, con la
presencia del Verbo encarnado. Pues qué pecados cometió? O confusion
tuya, que estando tal vez lleno de culpas, aun no sabes, qué cosa es
penitencia! Te parece que con rezar un rosario , y ese con poca atención
y reverencia, tienes ya todo el negocio andado para satisfacer i la Di­
vina Justicia? O qué engaño tan manifiesto!
a Fue hecha la palabra de Dios sobre san Juan , y vino á las ribe­
ras del Jordán predicando el bautismo de la penitencia , en remisión de
los pecados. Considera, como estando san Juan en el lleno de sus peni­
tencias, sustentando su vida con raices, miel silvestre y langostas , le
apareció sin duda el Divino Espíritu, mandándole salir del desierto á
predicar penitencia, y disponer los caminos del Señor s anunciando á
todos su venida y la grandeza de su Persona, diciendo: el que viene
en pos de m í, os bautizará en el Espíritu Santo; y yo no soy digno de
desatar la ligadura de su calzado. O qué bella disposición para un pre­
dicador Apostólico j penitencia, mortificación y oracion! Esta asegura
la abundancia del fruto. 2 Considera, como dejó el desierto, siguiendo
la inspiración de Dios9 vestido de pieles de camello, el rostro macilen­
to , el semblante grave y modesto, el ánimo invencible y grande, in­
flamado en la caridad de Dios y del prójimo, y sus palabras rayos,
que abrasaban los corazones de todos; apacible para los mansos, amable
para los humildes, terrible para los soberbios, horrible para los demo­
nios, y tal predicador, cual necesitaba el pueblo obstinado en sus mal­
dades, Ó Dios misericordioso, bien veis cuan perdido está el dia de
hoy el mundo, y cuan lleno de vicios! Hacednos con vuestra gracia dig­
nos obreros para el cultivo de tantas almas perdidas.
3 Predicaba san Juan á la muchedumbre de las turbas, que concur*
rian á é l , y les decía: haced penitencia; porque se acerca el reino de
los cielos. Considera, que la perfección cristiana no consiste solamente
en la contemplación, por medio de la cual atendemos á nuestra propia
salud, sino también en el ejercicio del zelo, con que nos empleamos en
procurar la salud de nuestros prójimos: así lo practicó san Juan de <5r-
den de Dios, y así lo practicó el mayor predicador Jesucristo. 2 Con­
sidera el estilo que usó san Juan para convertir á los pecadores: decía­
les * que hiciesen penitencia, y luego les proponia el premio, que les
espera en el cielo: i otros les proponia los peligros de la vida, dicien*
do: que la segur estaba ya á la raiz de los árboles , que son los hom­
bres: á otros les daba fuertes reprensiones* llamándoles generación
de vívoras; y juntando sus palabras con lo inculpable de su vida y
buen ejemplo > convertía á Dios infinitos pecadores: paraque se entien*
da el modo de predicar, que han de tener los predicadores evangélicos,
y que deben juntar la doctrina con lo inculpable de la vida y el buen
ejemplo.

MEDITACION DE COMO JESUCRISTO FUE A SER BAUTIZADO


POR. SAN JUAN.

I Vino Jesús desde Nazareth al Jordán , para ser bautizado de san


Juan. Considera, como determinando nuestro Salvador Jesús dar princi­
pio á su predicación, y darse á conocer al inundo por verdadero Me­
sías, se despidió de su santísima Madre, para ir al Jordán i ser pri­
mero bautizado por san Juan. Quién podrá explicar el dolor de Hijo y
Madre por esta ausencia corporal? Pero con qué rendimiento se suje*
taria la Madre, paraque se cumpliese Ja voluntad divina? Y con qué
alegría dejaría el Hijo la amable compañía de la Madre, por cumplir
la voluntad de su Eterno Padre? Paraque entiendas, que debes antepo­
ner la voluntad de Dios y de tus superiores, á las consolaciones que
en el retiro y soledad, se perciben, por mas que tu natural se incline á
ellas. 2 Nota, que nuestro Salvador Jesús se partió para el Jordán ? solo
y sin compañía humana, sin llevar consigo mas recámara, que la suma
pobreza y desabrigo. O confusion de los ricos de este inundo, cuán le­
jos están de imitar A Jesús en la pobreza y desnudez, que tanto amó
en esta vida! 3 Considera, que el que por naturaleza era impecable,
quiso ser bautizado como los demás, que eran pecadores: paraque te
desengañes, que sin la pureza del alma es vana toda virtud y santidad;
porque esta es la basa, donde se asientan las virtudes y donde descansa
Dios.
2 Con profunda humildad y reverencia rehusaba san Juan el bauti­
zar á Cristo; y su Magestad le dijo: déjame ahora hacer lo que deseo;
así conviene cumplir toda justicia* Considera 9 como el Redentor de la
vida encaminó sus pasos hácia el Jordán, derramando sin duda sus anti­
guas misericordias en cuerpos y almas de muchos necesitados, por don­
de pasaba. 2 Nota, como llegado al Jordán, se fue entre los pecadores
á pedirle el bautismo á san Juan; y conociéndole el santo Precursor,
postrado á sus pies le dijo: yo he de ser bautizado por t í ; y tú vienes
á pedirme el bautismo? Qué seria ver í estos dos grandes maestros de
humildad contender entre sí, no por la honra, que tanto arrastra á los
mortales, sino por la abjecion y el abatimiento? 3 Considera, como
venció el autor de la humildad Jesucristo, y así fue bautizado por san
Juan, y con este acto de humildad mereció de justicia para nosotros es­
te beneficio tan grande del bautismo, con que saliésemos de la jurisdic­
ción de Satanás, y quedásemos reengendrados,en el nuevo ser espiritual,
y sobrenatural de hijos adoptivos de Dios* O incomparable beneficio!
Seamos agradecidos á tan grande bienhechor.
3 Bautizado el Salvador, descendió el Espíritu Santo en forma de
paloma sobre él¡ y se oyó una voz del Padre , que dijo: este es mi Hi­
jo amado, en quien tengo mi agrado y complacencia. Considera, como es­
ta voz del cielo la oyeron muchos de los circunstantes, que no desme­
recieron tan admirable favor: y fue sin duda, como un desempeño del
Padre volviendo por el crédito de suHijo* y recompensándole la obra
de humillarse al bautismo, que servia al remedio de los pecados, de
que el Verbo humanado estaba libre, pues era impecable. 2 Nota, que
el bajar el Espíritu Santo en forma de paloma y no de otra ave, fue
darnos á entender, cuan gustoso descansa en los que gozan las propie­
dades de la paloma: esta gime en lugar de cantar, no hiere con el pi­
co , no tiene uñas para robar lo ageno, y cria los hijos de otros como
si fuesen propios. Gime tií, pues, y llora tus pecados: no damnifiques
al prójimo con la lengua, ni con las manos: no habite en tí, ni la ira,
ni la venganza : acude al remedio de las necesidades espirituales y tem­
porales de tus prójimos, que de esta suerte será tu alma gustoso descan­
so del divino Espíritu.

MEDITACION DE LA VOCACION DE LOS PRIMEROS


CINCO DISCÍPULOS.

j Estando san Juan con sus discípulos, vió al Salvador del mundo,
y les dijo : veis a i al cordero de Dios , que quita los pecados del mundo,
Considera el cuidado de san Juan en cumplir con la obligación de su ofi­
cio, que era dar á conocer al mundo al Mesías, paraque todos le reci­
ban por ta l, y así dijo: veis aqui al cordero de Dios. 0 si asi como qui­
s ie r a s , que todas las criaturas se hiciesen lenguas para publicar tus ala­
banzas, tú te convirtieses en lenguas para dar á conocer á Jesús, para­
que de todos fuese amado y servido ! 2 Considera corno viendo el Se­
ñor á dos discípulos de Juan, que le seguían, les dijo: Qué buscáis?
Y respondieron ellos: que dónde tenia su morada? Venid, y la vereis,
dijo el divino Maestro: y con esto los llevd consigo , y estuvieron con
él aquel dia, y despues le siguieron como discípulos suyos. O cuánto im­
porta oir y poner por obra las divinas inspiraciones! No Ies importó
menos á san Andrés y su compañero, que el ser los primeros discípulos
del apostolado.
2 Andrés, uno de los dos discípulos, fu é á buscar á su hermano Si­
món , y le dijo : hemos hallado al Mesías, y lo llevó á Cristo. Conside­
ra, como san Andrés, movido de apostólico zelo, fué á dar noticia á su
hermano de haber hallado el Tesoro escondido; esto es, el Mesías pro­
metido en la ley. El fuego produce fuego i y quien tiene á Jesús en el
corazon, como verdadero amante, desea que todo el mundo le conoz-
za y ame: mira cuales son los deseos de tu corazon, y conocerás, si
es, ó no, posesion de Jesús. 2 Considera, que luego que el Salvador
vid á Simón, le dijo: de hoy en adelante te llamarás Cephas, que quie­
re decir Pedro. O con cuánto fervor siguid Pedro á Jesús! Resuelve tú
de acreditarte verdadero discípulo de Jesús, de buscar con fervor de es­
píritu á su Magestad soberana; esto es, de hacer fervorosamente las
obras buenas, dejando á un lado las ocupaciones terrenas, y con íntimo
afecto de tu corazon unirte con Jesús.
3 Despues halló el divino Maestro & Felipe , y le dijo : sígueme; y
Felipe , hallando á Nathanael, dijo: hallamos á Jesús hijo de José de
Nazareth. Considera, como entrando el divino Maestro en Galilea lla­
mo i Felipe, y con sola una palabra, que dijo, sígueme, al instante,
sin mas réplica, siguid al divino llamamiento. O qué dificultades hallas
tú en obedecer a' los llamamientos de Dios! Reparas en dejar la vani­
dad, por el qué dirán \ y este vil respeto te ensordece á las voces de
Dios: te parece cosa fuerte el trocar los deleites mundanos por una vida,
que te parece triste y melancólica, y asi desprecias las \roces, que te da
Dios sin merecerlo. 2 Nota, como luego san Felipe fué a' buscará Na­
thanael; y refiriéndole loque le habia pasado con el divino Maestro, le
respondió: acáso de Nazareth puede salir alguna cosa buena? Y cuando
el divino Maestro le vid venir, dijo á los demás: mirad á este que vie­
ne, que es verdadero israelita , en quien no se hulla dolo, ni engaño:
11*
paraque entiendas, que has de minorar las faltas de tus prójimos • y
echar á la mejor parte lo que oirás, que dicen contra tí, sin acrimi­
narles jamas.

MEDITACION, COMO JESUCRISTO SEÑOR NUESTRO


EMPEZÓ SU PREDICACION.

1 Dejando Jesús la ciudad de Nazareih , fue á la de Cafarnaum.


Considera, como el Redentor de la vida, con estos cinco discípulos, que
fueron los primeros fundamentos pata la fábrica de la nueva iglesia, en-
tro predicando y bautizando públicamente por la provincia de Galilea,
habiendo dejado la ciudad de Nazareth, y fue en señ ar á los predicadores
apostólicos la desnudez y desasimiento de afectos terrenos con que de­
ben portarse en la predicación evangélica. 2 Nota» que Jesucristo cor
menzó su predicación por Galilea, cuya gente en concepto de los jero-
solimitanos, era v il, pobre y despreciable: para darnos á entender, que
los predicadores del santo Evangelio no deben desdeñarse de predicar su
doctrina k los pobrecitos y desvalidos, antes bien deben poner su co­
nato en buscará estos; pues de ordinario se promete mas copioso el
fruto, que en las cdrtes de los grandes señores, como se vió en Galilea,
que los pueblos enteros iban en seguimiento de su Magestad divina.
2 El tema que tomó Jesucristo, fue: haced penitencia; porque se
acerca el reino de los cielos. Considera el asombro, que causaría á los
galileos la novedad de tan célebre Predicador: la hermosura de su ros­
tro era el imán atractivo de sus corazones: lo sondro de su voz, quien
les suspendia sus almas: la eficacia de sus palabras, dardos, que atra­
vesaban sus corazones; y el ejemplo y santidad del Predicador era el
argumento mas fuerte, que convencia sus entendimientos, y obligaba á
detestar los vicios, y seguir la virtud. Hacednos, Señor, con vuestra gra­
cia tales, que nuestras voces, palabras, obras y santidad de vida, sean
saetas, que inflamen los corazones de todos en vuestro divino amor. s
Nota: haced penitencia , (decia) porque se acerca el reino de los cielos:
paraque entiendas, que la penitencia es la llave que abre las puertas del
cielo a todos los pecadores; un verdadero dolor, un propósito firme, y
una confesión entera de las culpas , nos asegura el ingreso en el reino
de los cielos: y esto no puede tardar, pues vemos la contingencia de
nuestra vida.
3 Iba el Señor por toda la provincia de Galilea , enseñando en las
sinagogas, y curando las enfermedades. Considera el copioso fruto de!
divino Predicador: pues como dice el Evangelista, concurrían muchas
turbas á oírle, no solo de Galilea, sino de las provincias de Decápoli,
de Jerusalen , de Judea y de toda la Siria. O divinas palabras! Haced
penitencial No usó el divino Maestro de ficciones, de discursos sutiles,
ni de lenguage afectado y mundano, sino de verdades sdlidas, de dis­
cursos acomodados á todo oyente, y de lenguage llano, que todos le
pudiesen percibir y aprovecharse. Ó santo Dios l De qué sirve en el
pulpito el lenguage afectado y el discurso remontado? Solo el poco
fruto, que con él se hace, puede decir de qué sirve. 2 Nota, que nues­
tro Salvador Jesús no solo predicaba en todos los lugares de Galilea»
sino que en todos curaba los enfermos y remediaba todas las necesida­
des: paraque entiendas, que se une muy bien la predicación Apostólica
con el visitar los hospitales, y consolar los enfermos en sus trabajos*
y con procurar el remedio de las necesidades de ios demás afligidos.

MEDITACION DE COMO JESUCRISTO VOLVIÓ Á NAZARETII,


Y LO QUE LE SUCEDIÓ EN ESTA CIUDAD.

1 Habiendo Jesús entrado en la Sinagoga de Nazareth 9 leyó una


profecía de Isaías , y cerrando el libro , dijo: hoy se cumple esta profe-
cía. Considera, como el Redentor de la vida, habiendo venido al mun­
do para Maestro universal de é\9 quiso ir desde Cafarnauin á predicar
á Nazareth, en donde se había criado, aunque sabia el poco fruto que
habia de hacer en aquellos obstinados corazones, asi para justificar mas
su causa, como para alicionar á los predicadores de su iglesia; pues co­
mo fue revelado á santa Brígida, no deben cesar jamas los predicadores
dé predicar con zelo la divina palabra ; pues aunque ninguno se convier­
ta, 110 les faltará el premio de Dios. 2 Considera, que explicándoles el
Sefior la profecía de Isaías, que dice: El espíritu del Señor sobre mt\ es­
te me envió á evangelizar á los pobrecillos, etc. todos estaban admira­
dos de oir al divino Predicador, y atónitos de ver la gracia y sabiduría,
con que hablaba; y en esto se quedaion,$in que ninguno se convirtiese:
paraque entiendan los predicadores, que no deben desconsolarse por el
poco fruto que experimentan, cuando de su parte hacen lo que pueden,
asi en el estudio, como en la santidad de la vida.
2 De dónde le virio á éste la sabiduría ? No es este el Hijo de José'?
Considera, como á vista de la grande sabiduría, y celestial doctrina que
oian los de Nazareth de la boca del divino Jesús, en vez de aprovechar­
se de ella, comenzaron á examinarle su nacimiento, y Ja bajeza de sus
Padres. De donde (decían) Je vino á este el saber? No es hijo de aquel
pobre carpintero José? Ó vileza de la condicion humana! Toda la mira
de los seguidores del mundo la ponen en lo fantástico de sus coloridos,
olvidados de que todos somos iguales, pues todos somos tierra al nacer,
tierra al vivir y tierra al morir. Por eso les dijo el Señor: quizá me
diréis esta semejanza; médico, cúrate á tí mismo\ y asi se puede decir
á estos linajudos: curaos á vosotros mismos : no sois hijos de la tierra,
nietos de la tierra, y bisnietos de la tierra ? Pues pensémoslo todos bien,
y antes de despreciar á los demás, curémonos , si podemos de esta vi­
leza de que fuimos criados.
3 Indignados los de Nazareth contra el Predicador de la vida, le
llevaron á la eminencia de un monte para precipitarte; pero el Señor se
partió , pasando por medio de ellos. Considera, como Cristo Señor nues­
tro predica las verdades á los de Nazareth sin rebozo alguno; y ellos
en vez de dar gracias á Dios por haberles deparado quien asi los desen­
gañase, se escandalizaron é indignaron de oirle. O cuántas veces les su­
cede este caso i ios predicadores evangélicos! Predican con zelo de Dios
las verdades divinas, tocando á muchos en lo vivo de sus vicios; pero
como están tan connaturalizados con ellos, en vez de enmendarse, agu­
zan sus lenguas contra Diosen el predicador de la verdad. 2 Nota, que
no por eso dejo Jesucristo de desengañarlos, aunque sabia que su ma­
licia habia de querer precipitarle de la eminencia de un monte, de cu­
yas manos se librd con su poder: paraque con esto quedasen aliciona-
dos todos los predicadores apostólicos á no amilanarse, por mucho que
los oyentes los amedrenten, cuando ven que conviene asi á la gloria de
Dios; que Dios les asistirá, aunque sea á costa de milagros*

MEDITACION DE LA ELECCION DE LOS DOCE APÓSTOLES.

1 Fie'ndose el Señor circuido de un numeroso gentío, se retiró á la


eminencia de un monte, en donde pasó la noche en oracion. Considera,
como viendo el divino Maestro el copioso fruto, que resultaba de la pre­
dicación evangélica, determinó formar obreros de su mano, que criados
con la leche de su doctrina, y caldeados en el fuego de su divino amor,
fuesen excelentes operarios y maestros de la iglesia: para este tan gra­
ve negocio acudió al retiro de las criaturas; esto es, á la eminencia de
un monte á orar , y tratar con su Eterno Padre sobre los que para es­
te ministerio habia de elegir. O qué admirable doctrina enseña con es­
ta acción el divino maestro Jesús á toda su iglesia! De la elección de
un ministro depende, ó la salvación , o la perdición de muchas almas;
ó la paz, <5 la perturbación de una república. Ojalá, que sus electores,
desnudos de toda pasión, imitasen i Jesucristo, acudiendo á la oracion
para el feliz acierto de las elecciones I Ó ctímo estaría la iglesia de Dios
bien gobernada! Lo cierto es, que las prelacias y los oficios, no se
verían de tantos vicios acompañadas.
2 Luego que amaneció el dia, llamó d sus discípulos, y entre ellos es*
cogió doce9 á quienes dió el título de Apóstoles. Considera, como estando
enterado el Señor de la voluntad y beneplácito de su Eterno Padre, lúe-
go al punto la puso en ejecución: con lo cual quiso ensenarnos que no
debemos ser tardos en ejecutarla. Considera, que aunque entre tantos
discípulos de Jesucristo habria muchos de grande esp íritu y zelo de la
honra de Dios; no obstante esto, no nos dicen los Evangelistas, que al­
guno de ellos hiciese diligencia alguna para el ministerio del apostolado,
ni tampoco que alguno manifestase sentimiento por no haberle elegido:
no solo para confusion de los que revuelven al mundo, para salir con sus
pretensiones, y si no salen con ello, aguzan sus lenguas contra los elec­
tores y electos; sino también paraque los que se reconocen con prendas,
esperen con humildad y resignación lo que de ellos dispusieren los mi­
nistros de la iglesia que ocupan el lugar de Jesucristo.
3 Considera, que el Señor escogió i estos doce en lo mas eminente
del monte para Prelados de su iglesia: para significar que los superiores
y todos los que enseñan á los otros, deben serles superiores en la cien­
cia de las cosas divinas, deben excederles en la santidad de la vida, y
en el desasimiento de todo lo terreno. 2 Nota, que á estos doce dio el
Sertor el título de Apóstoles; que quiere decir nuncios ó mensageros de
Dios: porque este nombre les acordase la humanidad con que habían
de portarse, y la obediencia con que siempre habían de estar rendidos,
y que entendiesen, que cuanto eran y podían, todo lo debian atribuir, no
á sus méritos, sino al poder de la divina gracia que dimanaba de aquel
Señor que los enviaba. 3 Nota, que entre estos doce eligió á un Judas,
que aunque en algún tiempo fue bueno, pero despues olvidado de su vo­
cación, vino á ser el peor y mas sacrilego de todos los hombres: paraque
nadie se asegure con la eminencia del puesto, y paraque temas que si
no cumplieres con la obligación que debes, te puede desamparar Dios,
y llegar á ser semejante á Judas. O Señor, no lo permitáis por ser
quien sois!

MEDITACION DE UN MANCEBO RICO QUE PIDIÓ A JESUCRISTO


CONSEJO PARA SU SALVACION.

i Un mancebo rico pidió á Jesucristo: que podia hacer para alcanzar


la vida eterna ? Y el Señor le respondió: que guardase los diez manda­
mientos de la ley . Considera los buenos deseos con que este joven llego
á su Magestad divina i pedirle lo que debia hacer para salvarse. Quién
no pensara que este mancebo venia con resolución de ejecutar lo que el
divino Maestro le ordenase? Pero como aquel divino Sol de justicia des­
cubre hasta los átomos mas leves de los corazones, conoció que su per­
fección consistía solo en deseos, y no en obras. O qué bien dijo el Es­
píritu Santo: Que los deseos matan al perezosol Y es cierto que no habló
de los deseos malos de cosas malas; porque estos ya se supone que qui­
tan la vida al alma; sino de los deseos buenos que jamas ponemos en
ejecución, O á cuántos se nos pasa la vida en buenos deseos] Deseo ser
santo, (decimos) deseo ser pobre* deseo ser casto; y jamas nos resolve­
mos, ni ponemos los medios. 2 Nota, que Jesucristo le dijo : Que si que-
ria entrar en la gloria , guardase los diez mandamientos, No le dijo, que
guardase este, 6 aquel mandamiento, sino todos: paraque entiendas, que
por mas casto que seas, si eres vengativo, te condenarás sin remedio; y
asi debes discurrir por los demas.
2 Despues que el Señor le declaró ¡os mandamientos de la divina ley9
dijo el jó^en: todo esto lo he observado desde mi juventud ; qué Pie queda
mas por hacer? Considera la arrogancia, con que en sentir de san Agus­
tín, este mancebo responde al divino Maestro, diciendo que desde niño
habia observado los mandamientos: ya le parecia que habia llegado á los
ápices de la perfección; y es cierto que la conocía poco. O á cuantas al­
mas mal fundadas sucede esto! Toda virtud que no se funda en humildad,
es hipocresía y no virtud; y asi debes estar siempre advertido, que por
mucho que trabajes en la viña del Señor, y por mucho que te parezca
te desvelas en la observancia de la divina ley, siempre debes creer y es­
tar persuadido que no has hecho nada, y que eres siervo inlítíl y sin
provecho. Esta gracia la conseguirás, si vives amartelado en el conoci­
miento de tu nada : ruega pues al divino Maestro, te la comunique, pa­
raque jamas tenga parte en tí la soberbiar
3 Respondió el Señor: vé, y vende todo cuanto tienes, y da su precio
á los pobres, A l oir esto, se fue el jóven de su presencia muy triste. Con­
sidera, cuan presto volvió este jtíven las espaldas á Jesucristo: era hom­
bre rico, pues como advierte el texto: Tenia muchas posesiones, y lo pa­
saba con ostentación y fausto en su casa; y aunque tenia muchos deseos
de salvarse, pero quería que fuese sin perder todas sus conveniencias tem­
porales. Ojalá , que esta infelicidad no sucediese á tantos como sucede
en el mundo! Hay muchos que se manifiestan devotos y píos* frecuen­
tan las iglesias9 se alegran de que les dén buenos consejos; pero si les
repugnan á sus intereses y codicias terrenas, vuelven las espaldas á todo
lo bueno, y dan á entender que su corazon mas le tienen en las rique­
zas terrenas que aman, que en aquel divino tesoro, que es Dios, á quien
dicen desean amar. 2 Nota, que asi que el divino Señor le dijo, que
vendiese todo lo que tenia, y lo diese á los pobres, se volvió triste y
afligido a su casa: en lo cual se denotan aquellos que sirven á Dios con
alegría, mientras que todo les sucede prósperamente; mas así que expe­
rimentan algun trabajo, ó en la salud ó en la honra ó en la hacienda,
luego se entibian, entristecen y vuelven atrásen el servicio de Dios. Aquí
pondera bien, si tú eres tal.
MEDITACION DE LO QUE PASÓ Á LOS DISCÍPULOS CON
JESUCRISTO* DESPUES QUE EL MANCEBO RICO SE FUE.

1 Luego que el moza rico se fue, dijo el divino Maestro á sus dis­
cípulos: O cuán difícil es, que un rico entre en el cielol Mas fácil es que
pase un camello por et ahujero de una aflujo, que el que entre un rico en
el cielo. Considera, cuanta sea la ceguedad de los mortales: pues si es-
ta sentencia la hubiese proferido alguno de tos siete sabios de la Grecia
o algún Salomón, podríamos decir que era sentencia de un hombre, su­
jeto al engaño ó á la temeridad: pero habiéndola proferido el mismo
Jesucristo, verdad divina, en quien no cabe temeridad* ni engaíío, gran
desgracia es que hayan por la mayor parte de ir tan ciegos los hombres
por las riquezas mundanas, que no reparen el exponer su honra á tan­
tos peligros, y aun su vida, y lo que mas es, su alma* 2 Considera, cuan
universal es este daño: pues por una parte nos dice el sagrado Texto:
Que todos buscan su propio interés; por otra : Que los que pretenden ha-
cerse ricos¡ caen en el lazo del diablo. A vista de esto, llora la perdición
de tantas almas, y pídele á Dios, te dé luz para desasir tu corazon de
todo lo terreno, y que solo atiendas á lo celestial.
2 Dijéronle los discípulos: quién, pues, podrá ser salvo? Y el divino
Maestro les dijo: Esto es imposible á los hombres, mas no á Dios. Consi­
dera, como esta respuesta fue ratificación de lo que antecedentemente
tenia dicho; porque como los mundanos tienen tan ocupado su corazon
en los haberes de la tierra, y sus pensamientos son tan continuos en dis­
currir trazas para adquirirlos, 110 dejan en su corazon lugar, paraque
Dios more en ellos, ni en sus pensamientos dejan resquicio alguno, por
donde pueda entrarles la luz del desengaño; y asi como connaturaliza­
dos con estos afanes, imposibilitan su remedio; y asi dijo Jesucristo,
que esto es imposible á los hombres. 2 Nota, que el Señor dijo: & Dios
110 le es imposible: y quiso decir, que si los ricos cooperasen á la luz que
Dios les da, se salvarían sin duda; porque cada pobre que llega á su
puerta, es un mensagero que Dios le envía, paraque le haga participan­
te de lo mucho que le sobra; y así usando bien de las riquezas 9 puede
con ellas comprar el reino de los cielos y salvarse. O Señor, dad á estos
tales un rayo de vuestra divina luz, paraque 110 pierdan sus almas que
tanto os costaron!
3 Pedro dijo al Señor: mirad, que todo lo hemos dejado; qué será de
nosotros? Y el Señor les dijo: en verdad os digo, que os asentaréis sobre
doce sillas en et cielo,, y juzgaréis las doce tribus de Israel; y cualquiera
que todo lo dejare por mi amor, recibirá en este mundo ciento por uno, y
en el otro la vida eterna. Considera, que aunque lo que san Pedro y los
demás discípulos dejaron, fue poco; pero con esto poco dejaron todas las
aficiones á todo lo terreno: paraque entiendas que la perfección no con­
siste en dejar mucho, sino en aquel desnudarte de todos los afectos ter­
renos. 2 Nota, que los Apóstoles, junto con los afectos, dejaron su pro­
pio querer* que es lo mas que se puede dejar, y le sujetaron á la volun­
tad del divino Maestuo; de suerte, que cada uno podia decir; Yo ya no
soy yo, ni soy mió: y esta desnudez la pagrf Dios en esta vida, de tal
suerte, que de pobres pescadores los sublimó á príncipes de su igle­
sia; y en la gloria* despues de Cristo, y María Santísima, son los jueces
superiores. O qué grande consuelo para los que totalmente se dedicaron
á D ios, negándose á sí mismos con todos los afectos de la tierra ! O
qué pobres tan ricos!

M EDITACION DE LA HIGUERA INFRUCTUOSA, QUE


MALDIJO CRISTO SEÍÍOR NUESTRO.

r Habiéndose salido una mañana el Redentor de la vida de Betha-


nía, y manifestando tener hambre, encaminóse hacia una higuera, y ha­
llándola sin fruto y llena de hojas, la maldijo; y al instante se secó.
Considera* como nuestro Salvador Jesús quiso tomar sobre sí nuestras
miserias, y experimentarlas en sí mismo; y así manifestando ahora el
padecer hambre, se encaminó á una higuera para remediarla con su
fruto, O hambre de Jesús, y cómo confunde los desórdenes de tu gula! O
cuan mal haces en quejarte, cuando te falta algo para tu sustento! Lo
cierto es, que tu poca mortificación y falta de consideración, te hacen
prorumpir en quejas contra el mismo Dios. 2 Nota, que en esta higue­
ra solo halló el Señor una pomposidad grande de hojas y nada de fruto,
y por eso la maldijo; sin duda para alicionar á los predicadores de su
iglesia, que cuando todo se les va en hojarasca de frases remontadas, sin
nada de fruto para las almas, merecen la maldición eterna de Dios. Há-
llanse las almas hambrientas de doctrina : van & oir á un predicador
que dicen afamado; y despues de oido, se quedan en ayunas las almas, co­
mo lo estaban antes. O tiempos tan deplorables, los que alcanzamos!
2 Los discípulos, viendo este milagro, se espantaron sobremanera , y
decían : cómo tan presto se secó el árbol ? Considera el espanto y la ad­
miración de los discípulos á vista del prodigio: significando en esto á
muchos pecadores, que oyendo un prodigio de doctrina á un predicador,
se contentan solo con la admiración, sin tratar de convertirse; ó á aque­
llos, que oyendo que un amigo suyo se quedó muerto de repente, dicen:
Cómo es posible, si hoy estaba sano y bueno! Y no consideran que les
puede suceder lo mismo á ellos- 2 Nota, que el Texto dice: Que no era
tiempo de higos; y no obstante llevó el castigo de una maldición de Dios,
sin que le valiese esta causa: pues tampoco era tiempo que la Vara de
Aaron (que estaba seca) produjese flores y frutos á un tiempo; y no obs­
tante los produjo, por cumplir con la voluntad de D io s, que lo quiso
así: paraque entiendas que no hallarás escusa alguna de no servir á
Dios* y cumplir su santa voluntad. No será escusa decir: no es ahora
tiempo oportuno, no me dejan las ocupaciones que tengo j porque para
servir á Dios y hacer su santa voluntad, ninguna ocupación ni tiempo lo
impide.
3 Habiendo entrado Jesús en el templo, le circuyeron los príncipes de
los sacerdotes y ancianos del pueblo, y le dijeron: en qué potestad haces
estas cosas? Considera, cuanta sea la soberbia humana que llega i que­
rer escudriñar el poder de Dios >y los fines que tiene en sus rectísimas
operaciones y disposiciones. Veían los príncipes de los sacerdotes y an­
cianos del pueblo, las maravillas que obraba y la admirable doctrina que
enseñaba; y le dicen: En qué potestad haces esto? ¥ quién te ha dado este
poder? Cuantas veces sucede, que los pecadores queremos haberlas con­
tra Dios, en lo que su Magestad divina dispone, tí permite? unos nos que­
jamos porque llueve mucho: otros, porque no llueve: otros, porque nos
envia la guerra, la hambre, las enfermedades tí trabajos;, y todo es de­
satinar los hombres, siendo rectísimas y justísimas las obras de su provi­
dencia divina, 2 Nota* que el Salvador respondió de tal manera á los ju­
díos, que los dejó confusos y avergonzados, O Señor, qué será de mí, cuan­
do en el dia de la cuenta me preguntéis: por qué cometiste este, o aquel
pecado? Si Dios preguntare, quién podrá responderle? dice Job. Dadme
gracia, Señor, para llorar mis culpas, para temer vuestrosjuicios, y para
vivir conforme en todo con vuestra santísima voluntad.

MEDITACIONES DE LA PASION DE
JESUCRISTO SEÑOR NUESTRO.

M EDITACION D E L A PASION DE JESUS EN G EN ERAL.

i Considera, que si deseas aprovechar en el camino de la perfección,


debes entrar y caminar por el verdadero camino, Jesucristo, y por la
verdadera puerta que es su Magestad soberana: quien se aleja de este ca­
mino, y quien no entra por esta puerta, sepa que vá muy descaminado
del camino de la perfección. Y asi Jas almas contemplativas 110 deben ja­
mas perder de vista la vida, pasión y muerte de Jesucristo Señor nuestro,
pues en ella hallarán los mas eficaces motivos para levantarse sobre sí
mismas, y llegar á los líltimos ápices del amor y unión con Dios nuestro
Señor, el cual á este fin nos convida i la consideración de su pasión sa­
crosanta, y nos pide con afectuosas voces nuestra atención y vista * di­
ciendo : O vosotras que sois viandantes* considerad y ved, si hay dolor co­
mo mi dolor l Lástima es, que muera el justo Jesús, y no haya quien en
su corazon lo considere. Desiertos están Jos caminos de Sion, y por .eso
lloran; porque no hay quien venga i la solemnidad. O dulce Jesús, alum­
brad con vuestra divina palabra mi entendimiento, paraque no me apar­
te de Vos, y de continuo medite vuestra sagrada pasión!
2 Considera, que el alma que se ejercita en meditar la pasión de
Jesús, no debe contentarse con meditar solamente los dolores que pade­
ció en su cuerpo y alma santísima; sino que ha de procurar, como dice el
Apóstol, sentir en sí mismo aquellos dolores y penas que siente, y con­
templa en Jesucristo Señor nuestro; de suerte, que las penas y dolores de
Jesús, no los ha de mirar como ágenos, sino como propios. Muchos san­
tos, como el patriarca Seráfico, santa Catalina de Sena* santa Magdalena
de Pazzis y otros siervos de Dios que ejercitaron este modo de meditar
h pasión de Jesús, sintieron en su alma y en su cuerpo raros efectos, fa­
voreciéndoles D ios, en que experimentasen muy vivamente aquellos do­
lores que padeció su Magestad soberana. De aquí resulta también el ejer­
citarse el alma á varios afectos interiores; ya de compasion, ya de amor,
ya de compunción y dolor de sus culpas, y de las de todo el mundo* ya
de hacimiento de gracias por el incomparable beneficio de la redención,
ya de asombro y admiración por la grandeza de la persona que padece,
ya de confusion propia , considerando la vileza de los viles gusanillos de
la tierra, por quienes padece* ya de caridad para con Dios y el prójimo*
viendo la infinita caridad, con que el dulce Jesús se ofrece 4 padecer por
los mismos, por cuyas manos padece, ya de imitación y deseos de pade­
cer por Jesús, y de negarse totalmente á sí misino, por cumplir en todo
la divina voluntad ; con cuyos afectos exclama el alma con la Esposa de
los cantares : Mi am^do para mí,, y yo para cl\ y con san Pablo trocada
en otra: Vivo yo, ya no yo: mas Cristo vive en mL
3 Considera, que la regla mas fácil para meditar con provecho la
pasión de Jesucristo, y que deben observar especialmente los principian­
tes. son estos tres puntos: Quién es el que padece? Qué es lo que pade­
ce? Y por quién padece? En drden á lo primero, el que padece, es no
solo Hombre, sino Hijo Unigénito de Dios: Dios con el Padre, y con el
Espíritu Santo, Criador de cielo y tierra, sin necesidad de criatura algu­
na : con ciencia infinita, de que muchos pecadores habían de corresponder
con infinitos agravios á las inmensas finezas de su amor, y de otros mu­
chos que de pura malicia no recibirían, ni se aprovecharían del precio in­
finito de su sangre. Cuanto á lo segundo, los tormentos, penas, agonías
mortales que padeció el Señor, no tienen comparación; porque sus dolo­
res, penas y tormentos, dicen los teólogos y los Santos* que fueron los
mayores que se han padecido, y se pueden padecer en esta vida, confor­
me lo ya referido de Jeremías: O vosotros que sois caminantes, etc. de
suerte, que de solo imaginarlos y pensar en ellos, sudó en el huerto sudor
de sangre con tanta copia y abundancia, que corria hasta la tierra.
Cuanto á lo tercero* padeció por unos viles gusanillos de la tierra, por
unos ingratos y desconocidos, por los mismos que le crucificaban y ator­
mentaban. O infinita caridad de Jesús! O amor infinito para con ]os
hombres, que en tiempo, en que los hombres se manifestaron tan crue­
les para Vos, os manifestáis mas benigno y amoroso con ellos! O Dios
mió, no permitáis que viva con la infame nota de ingrato! Desde luego
os doy gracias por el beneficio de la redención : me ofrezco á padecer
por vuestro santísimo amor* y á procurar en todo cumplir vuestra divi­
na voluntad.
Resolución.
Convencido de los grandes bienes que resultan al alma de la fre­
cuente meditación de la pasión del Señor* como* y que no debo conten­
tarme de meditarla especulativamente, sino que he de procurar sentir eu
mí aquellos dolores que contemplo en Jesucristo: resuelvo* no pasar dia
alguno sin meditar algún poco en esta sagrada pasión y ofrecer alguna
particular mortificación; como privarme de cierta diversión, aunque lícita,
de cierto bocado sabroso, ayunar alguna vez* especialmente los viernes, etc.

Ramillete.
No* Dios mió, yo no sé nada, ni quiero saber nada en adelante, sino
á Jesús crucificado.

MEDITACION DEL LAVATORIO DE LOS PIES.


Joann. 13..

1 Habiendo Jesucristo antes de la institución del santísimo Sacramento


acabado de cenar, y sabiendo que habla venido del Padre, y que habia de
volver á él9 se levanta de la mesa, deja sus vestiduras, se ciñe una toalla,
y pone agua en una vacía para lavar los pies de sus discípulos. Considera,
quien es aquel que hace un oficio tan bajo* y el mas servil de todos,
que es Hijo de Dios, enviado de Dios acá á la tierra: un Dios que pro­
cede de Dios, que ha criado el Universo, el cual olvidado para decirlo
asi, de su Magestad soberana, emprende con espantosa humildad un tal
oficio, como un vilísimo esclavo, sin ser ayudado de alguno, deja la cena,
y se levanta de la mesa, toma una toalla, y con ella se ciííe, ruega al
amo de casa que le de' una fuente, se pone de rodillas á los pies sucios
de sus discípulos para limpiárselos * y no deja cosa alguna perteneciente
á tal función, todo para ensenarte el sumo aprecio* en que has de tener
la humildad para ejercitar gustoso los oficios en que fueres empleado,
aunque sean serviles y trabajosos.
2 Cristo llegó á Simón Pedro, el cual, repugnando, dijo: cómo, Señor,
Vos quereis lavarme los pies? No lo permitiré jamas. Pero Jesús respondió:
si yo no te lavo, tú no tendrás parte conmigo. Entonces replicó Pedro: si
asi esf Señor, lavad, no solamente los pies, pero también la cabeza y ma­
nos* Considera, cuan atónitos y pasmados quedarían los Apóstoles, cuan­
do vieron á sus pies á su Dios y Señor, á cuyo nombre se arrodilla todo
el mundo. Es creíble, que en viéndole postrarse y arrodillarse a las plan­
tas, ya del uno, ya del otro, lavarles las inmundicias, enjugarles los pies
y besarlos con extraordinario afecto; es creíble, digo, que no podrían
contener el llanto, y que derramarían abundantísimas ligrimas. 2 Piensa
loque dicen algunos Padres, que el Señor comenzó por Judas, paraque con
este ejemplo de tan profunda humildad, se moviese i penitencia, y noso­
tros aprendiésemos el modo, con que debemos portarnos con nuestros ene­
migos; imitando en esto Á los médicos, los cuales teniendo muchos enfer­
mos que curar, comienzan por los mas agravados y necesitados. O cosa
de espanto, ver la Magestad de Dios postrada á los pies de su capital
enemigo, el cual* aun después de esto, tiene el corazon tan duro y obs­
tinado, que 110 quiere arrepentirse! 3 Nota, que san Pedro, como tan hu­
milde, no pudiendo sufrir tal abatimiento en su Maestro, todo admira-
do exclamó: O Señor, Vos que sois el Criador del cielo y de la tierra,
verdadero Hijo de Dios, igual d vuestro Eterno Padre, fuente y origen de
toda limpieza y santidad, venís á mí para lavarme los pies? A mí que
soy un pobre pescador,, y un miserable pecador ? No lo permitiré jamas.
Se vé bien, que la reverencia le movid á decirlo así; porque siendo
advertido, que no obedeciendo ofendería á Dios, se ofreció luego para ser
lavado, aun en todo el cuerpo. Procura pues una suma reverencia á su
divina Magestad, en lo que te manda, paraque obedeciendo á sus divinos
quereres, te haga digno como á san Pedro, de sus divinos favores.
3 Habiendo Jesús acabado de lavar los pies á los Apóstoles, les dijo:
si yo, que soy vuestro Señor y Maestro, he lavado ú vosotros los pies, así
vosotros debeis también lavaros los unos á los otros. Yo os he dado ejem­
plo, paraque hagáis lo que yo he hecho. Considera, que quiso Cristo lavar
los pies á sus Apóstoles, no tanto para quitarles la inmundicia que no
ensucia al alma, cuanto para enseñarte: 1 Que debes aparejarte para la
santa Comunion con lágrimas, y con el agua de la penitencia, como lo
explica san Cipriano, y con un diligente examen de la conciencia, remi­
rándola toda desde la cabeza hasta los pies. 2 Para darte ejemplo de
humildad, paraque no te desdeñes de servir, aun en los oficios mas vi­
les á aquellos que te son inferiores, y que son menos que tií: paraque
nos perdonemos de buena gana las mutuas ofensas que tal vez ocurien
aun entre personas religiosas y pias. Hazlo pues asi s y serás su ver­
dadero discípulo.
La Meditación de la institución dei santísimo Sacramento se hallará
p/lgí 1 2 3 -

MEDITACION DE COMO DIO E L SEÑOR A CONOCER EN LA


CENA , QUIEN ERA EJÜ TRAIDOR QUE HABIA DE ENTREGARLE.

1 Cenando el Señor con sus discípulos, se turbó y dijo: uno de voso­


tros me ha de entregar: y ellos llenos de temor y espanto, le dijeron:
acaso soy yo , Señor, el que os ha de entregar? Muchas cosas debes con­
siderar en este paso: Jo uno, la prudencia, mansedumbre y caridad del
divino Maestro: y lo otro, la profunda humildad délos discípulos. Uno
de vosotros, dijo el divino Maestro, sin decir quien era; paraque no
quedase sonroseado y afrentado aquel discípulo traidor, y paraque á
vista de la caridad de su Maestro, se moviese á conocer su pecado y
arrepentirse de é l; pero su malicia tiie tan crecida, que mas se obstina­
ba, a! paso que su di riño Maestro mas le favorecía. O Dios misericor­
dioso, tened compasion de mi flaqueza, y no permitáis que haga en mí
asiento la culpa! Considera mas, la profunda humildad de los demas
apóstoles: ninguno hizo juicio de otro, que había de ser el traidor: ca­
da uno se miró á sí mismo, y conocicí que si Dios Je dejaba de su
mano, podía arrojarse a' cometer tan estupendo sacrilegio. De que debes
sacar gran doctrina para freno de tus juicios. Jamas te asegures en esta
vida, aunque te parezca que eres santo. Conoce tu fragilidad; y aunque
veas algunas acciones menos rectas en los demás, no las censures. Tente
siempre por el peor del inundo, y no te olvides de lo que decia san Fe­
lipe N erí: Señor, si en el dia de hoy me dejais de vuestra mano, al ins­
tante os entregaré,
2 Viendo san Pedro á san Juan recostado en el pecho del divino
Maestro y le pidió, supiese de é l , quien era el que le habia de entregar?
Y el Señor lo manifestó? diciendo: aquel á quien yo diere un bocado de
pan, es el que me ha de entregar; y dándole á Judas, entró en él el
demonio, y luego se salió fuera para ejecutar su traición. O almas, y
cuánto importa resistir á la tentación á los principios de ella, para no
quedar precipitado en el abismo como Judas! El despreciar los primeros
atisilios de Dios, obliga á su Magestad divina a' no comunicar otro» ma­
yores, y así viene el alma á hallarse casi necesitada á pecar. Advierte
el Evangelista, que era de noche cuando esto sucedió; y no sin parti­
cular misterio: sin duda, para ensenarte á que tus obras deben ejecutar-
s e , no en tinieblas, sino en las luces de la divina presencia: no en las
tinieblas de la hipocresía como Judas, sino con las luces de la verdad,
12
y s in c e r id a d columbina; pues al ultimo permite Dios que todo se des­
cubra y sepa con las luces de su equidad y justicia. Alaba á Dios en sus
altísimas providencias, y rue'gale, te de un corazon dócil y sencillo
para recibir sus ausilios*, un corazon puro y casto , para recibir los favo­
res de su diviuo pecho.
3 Habiendo salido Judas del cenáculo, dijo el Sefíor á los suyos:
ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en éL O
cuán diferentes son los juicios de Dios de los juicios de los hombres!
De ordinario los hombres ponen su felicidad en las riquezas , prosperi­
dades y honras mundanas, por estas trabajan, se fatigan, atraviesan Jos
mares y viven martirizados, y al ultimo lo pierden todo, y tal vez la
mayor riqueza , que es la gloria. Cuan al contrario Jesucristo, es su glo­
ria la pobreza, los trabajos, las aflicciones, la cruz y Ja muerte. O qué
bien conocia el Apóstol que este es el empleo del alma enamorada de
Jesús, cuando decia: a nosotros conviene gloriarnos en la cruz de núes-
tro Señor Jesucristo! O dulce Jesús, no quiero deleites, riquezas, ni con­
tentos en esta vida! Deseo, Señor, imitaros por el camino verdadero de
la cruz; por él quiero caminar según fuere vuestra santísima voluntad.

M ED ITACION : P/ÍRTESE E L SEÑOR A L H UERTO


DE GETSE7VZANÍ CON SU$ DISCIPULOS.

1 Salió el divino Jesús del cenáculo en compañía de sus discípulos,


encaminando sus pasos hacia el huerto de Getsemaní, que estaba á la otra
parte del torrente Cedrón , y á la entrada del huerto les dijo: esperadme,
y sentaos aquí, mientras yo me alejo un poco á la oracion , y orad tam­
bién vosotros, paraque no entreis en tentación. Considera el ardiente de­
seo, con que el buen Jesús iba al huerto, para dar principio i la re­
dención humana: los deseos y ansias tan vivas, que en su pecho ardiau,
de padecer por el hombre, ejecutando en todo la voluntad de su Eter­
no Padre. Ó Dios amabilísimo, qué descargo, ó que disculpa pretende­
rán Jos mortales de haber olvidado su propia y eterna salvación, cuan­
do Jesús se la procuró con tanto cuidado y desvelo ! Y si ninguno de los
mortales tiene escusa de su olvido y estulticia, mucho menos la ten­
drán en el juicio los hijos de la iglesia, que tienen fé de estos sacra­
mentos, y menos entre todos, los sacerdotes y religiosos, obligados no
solo á procurar su salvación, mas auu su perfección.
2 Considera, como el divino Maestro, dejando á los ocho apóstoles
juntos, llamó á san Pedro, á san Juan y á Santiago, y con los tres
se retiró de los demás á otro puesto, donde 110 podia ser visto ni oido
de ellos. Aquí levantó el Señor los ojos al Eterno Padre, le confesó, y
le habló como acostumbraba; y e n su interior hizo una oracion y peti*
cion en cumplimiento de la profecía de Zacarías, dando licencia á la
muerte, paraque llegase al inocentísimo y sin pecado, y mandando á
la espada de la justicia divina * que descargase sobre e] Pastor, y sobre
el Varón que estaba unido con el mismo Dios , y ejecutase con él todo
su rigor, hasta quitarle la vida. Para esto se ofreció el dulcísimo Jesús
al Padre,,en satisfacción de su justicia por el rescate de todo el línage
humano. O caridad inmensa de nuestro Redentor! O bondad suma, y
como satisfaremos á tantas finezas de amor!
3 Considera» como á vista de esta resolución de su Magestad divina
comenzó Cristo luego á congojarse, y sentir grandes angustias, y con
ellas dijo á los tres apóstoles; triste está mi alma hasta la muerte. Dio
lugar el Señor, paraque esta tristeza llegase á lo sumo natural y mila­
groso, segun toda la condicion pasible de $u humanidad santísima; y
110 solo se entristeció en la porcion inferior, por natural apetito de la
vida, sino también por la parte, con que miraba la reprobación de
tantos por quienes había de morir f y la^conocia en los juicios y de­
cretos inescrutables de la divina justicia. O dulcísimo Jesús, y lo qué os
cuesta mi salvación! 0 dureza y villanía m ía, y cuan poco cuido de
lo que tanto me importa! Cuán poco me muevo al agradecimiento de
tan fino padecer!

MEDITACION DE L A ORACION Y AGONÍA DE CRISTO


EN BU HUERTO.

i Por tres veces oró el divino Maestro en el huerto f diciendo r P a ­


dre mió, si es posible, pase de mí este cá liz, sin que le beba; mas no
se haga mi voluntad, sino la vuestra. Considera la postura del Salvador
en esta oracion triplicada, que fue puestas sus rodillas en tierra postra­
do hasta tocar el rostro en ella; alicionándote en la reverencia, con
que debes asistir á la oracion , y la perseverancia, que debes tener en
ella. Nuestro Salvador Jesús oró cada vez por espacio de una hora; y
tu piensas aprovechar mucho con tomar la oracion á traguilíos? O qué
engaño padeces! En esta oracion propuso Cristo nuestro bien sus tor­
mentos, su sangre preciosísima y su muerte al Eterno Padre, ofrecién­
dola de su parte por todos los mortales, como precio superabundantísi-
mo para todos: y de parte del linage humano presentó todos los peca­
dos, infidelidades, ingratitudes y desprecios> que los malos habían de
hacer para malograr su afrentosa pasión y muerte; y aunque el morir
por los amigos y predestinados, era agradable y como apetecible pa­
ra nuestro Salvador; pero morir y padecer por la parte de los repro­
bos, era muy amargo y penoso; porque de parte de ellos no había ra­
zón para sufrir el Señor la muerte, ó bondad inefable de nuestro Dios,
y Señor! Aquí debe anegarse tu entendimiento en la profundidad de las
juicios de D ios, y rogarle, te dé gracia, paraque seas del numero de
los amigos.
2 Por dos veces se levantó el Señor de la oracion, y viendo que sus
discípulos dormíana los reprehendió, diciendo: no pudisteis velar una ho­
ra conmigo ? Felad y orad, paraque no entréis en tentación; que mis ene­
migos y los vuestros t no duermen como vosotros. Considera el cuidado
del vigilantísimo Pastor en tfrden á sus ovejas: aquí ditf forma á los
prelados de su iglesia del cuidado y gobierno, que han de tener de sus
ovejas; porque si para cuidar de ellas dejó Cristo Señor nuestro la ora­
cion , que tanto importaba, dicho se está lo que deben hacer los prela­
dos, posponiendo otros negocios e intereses, á la salud de sus subditos»
Consideren los prelados y los subditos, la vigilancia del demonio en
perderlos á todos. Vigilancia pide el dulce Jesús á Pedro y á los demás.
Vela tú en todo tiempo, en toda hora y en todo instante, paraque en
ningún tiempo tenga en tí parte la tentación.
3 En esta oracion entró el divino Jesús en agonías mortales, tanto,
que abriéndose todos sus poros, comenzó á sudar sangre con tanta abun­
dancia, que llegó d regar la tierra. Luego vino un ángel del Altísimo,
que le consoló y confortó. Considera atentamente esta agonía y ansias
mortales de nuestro Salvador Jesús, y los efectos que obraron, tan pe­
nosos en su santísimo cuerpo, que le obligaron á tan copioso y san­
guinolento sudor. O qué pena y martirio padecería su Magestad sobera­
na! Ó dulce Jesús, quién sino mis pecados son la causa de tan crecido
dolor! Pues qué tales serian los sentimientos de su ánima santísima? Pe­
leaban en su interior, por una parte la caridad y el amor á los hom­
bres; por otra la villanía y maldades de Jos hombres, que habían de
malograr el fruto de su pasión: y conociendo tanto numero de réprobos,
en quienes no habian de aprovechar tantas finezas de amor; este mis­
mo amor y obstinación de Jos malos , le ocasionaron las angustias mor­
tales, hasta llegar á sudar sangre, y parecer necesitado de que el Angel
del Señor le confortaba. O bien infinito de mi alma, en qué os podré,
Señor, aliviar en tanta pena! Si mi corazon es de algun provecho, aquí
Ic tenéis, Señor. Ó qué dicha fuera la m ia, si pudiera aliviar vuestros
trabajos! Ya que mis pecados son la causa de vuestra agonía, los detes­
to de todo corazon, y propongo, por daros gusto, de nunca mas come­
terlos.
M EDITACION DE L A TRAICION DE JUDAS.

i En el ínterin que los soldados venían á prender al Redentor de la


vida, se llegó el dulce Jesús á los suyos, y les dijo: bien podéis dormir
y descansar, que ya llegó la hora, en que vereis al Hijo del hombre en­
tregado á manos de los pecadores; pero basta .* levantaos * y vamos, que
ya está cerca el que me ha de entregar, porque me tiene ya vendido.
Considera, como habiendo el Señor salido del cenáculo con sus discípu­
los, estaba Judas muy atento, considerando ha'cia donde encaminaba sus
pasos; y viendo que se encaminaba al monte Olívete,. en donde sabia
que solia orar» se fue quedando poco i poco, sin que los demas após­
toles lo advirtiesen , y cuando los perdió de vista, volvió las espaldas y
se volvió á la ciudad para poner en ejecución la maldad , que en su pe­
cho tenia fraguada de entregar á su Maestro. Llevaba gran sobresalto,
turbación y zozobra, testigos todos de su depravada conciencia. O dis­
cípulo traidor, cómo asi has puesto en olvido los favores, que de tu
Maestro recibiste? Cómo tan presto has olvidado los cariaos y favores de
su santísima Madre? Mas ay de m í, cuán olvidado é ingrato he sido á
los divinos beneficios cuando pequé?
2 Viniendo el traidor Judas por capitón y Adalid de los soldados,
que vertían á prender al Señoi\ se acercó y saludó d su Maestro. dicien­
do: Dios te salve Maestro; y le abrazó y dió ósculo de falsa paz en su
rostro; y el divino Maestro le dijo: amigo d qué veniste ? Considera la
inmensa benignidad del divino Maestro, y la gran perversidad del dis­
cípulo traidor. Luego que se apartó de la compañía de los demas 5 se
fue presuroso y turbulento 4 los pontífices , que los halló consultando
como les cumpliría Judas lo prometido de entregar en sus manos á Jesús
Nazareno. Díóles cuenta como lo dejaba con sus discípulos en el monte
Olivete, que le parecía la mejor ocasion para prenderle aquella noche,
como fuesen con cautela prevenidos, paraque no se les fuese de entre
manos con las artes y mañas qne sabia. E l ósculo de falsa paz fue la
señal que les d io, paraque no errasen el golpe. Recibió el mansísimo
Cordero á aquel sacrilego traidor con suma benignidad y amor. Ó Dios
mió, enamorado de las almas, si con tanto cariño recibís á vuestro ma­
yor enemigo, con cuánto amor y benevolencia recibiréis á las almas
vuestras amigas, y que solo tratan de serviros y daros gusto! Hacedme
tal por vuestra infinita misericordia.
3 Dijo mas el divino Jesús á las turbas: a quién buscáis ? A Jesús
Nazareno. respondieron. Pues Yo soy, dijo el Señor: d cuya voz cayeron
todos de espaldas en tierra, experimentando por cierto la grande fuerza
de esta divina palabra Ego sum; y habiéndoles dado licencia para levan­
tarse ? les dijo: si me buscáis á m í, dejad ir Ubres á estos que están
en mi compañía. Considera, no solo la fuerza y poder de ía divina pa­
labra, sino también la voluntad con qne el Señor se entregó á las ma­
nos de los que venían á prenderle, pudiendo quitarles á todos la vida
con solo el aliento de su santísima boca. Considera también la manse­
dumbre con que les recibe Jesús; y conoce, que si una palabra suya
I 2*
Ego swn, dicha con amor, caustí tan terribles efectos en aquellos malos
hombres; qu¿ será , cuando en el dia de la mayor justicia vindicativa, se
oiga la voz del justo Juez, que diga: Yo soy Jesús, á quien por un bre~
ve deleite vendisteis : Yo soy Jesús , á quien con vuestras culpas preñáis-
teis y crucificasteis ? Y ese pensamiento te sirva de acuerdo para ejecutar
sus preceptos , y obedecer á sus divinas palabras.

MEDITACION DE L A PRISION DE JESUCRISTO.

1 Considera, como habiendo el Señor dado licencia á aquellos mi­


nistros de Satanás paraque hiciesen aprehensión de su divina Magestad,
diciéndoles: esta es vuestra hora, y el poder de las tinieblas; como lo­
bos feroces se arrojaron á aquel mansísimo Cordero: quien le asía fuer­
temente de sus cabellos, quien de su santísima barba , quien le daba
un golpe á puño cerrado: quien con la hasta de su lanza: unos le es­
cupían en su santísimo y venerable rostro: otros le daban de puntilla­
zos: otros burlaban, y escarnecían sus milagros y divina persona;. e
indignados de que con su divina palabra los hubiese por entonces derri­
bado en tierra, le derriban también á é l, multiplicando las puñadas y
golpes. Teniéndole pues de esta suerte, le ataron con fuertes cordeles
sus manos con rigor excesivo: á los cordeles añadieron algunas cadenas,
que desde el cuello le rodeaban el cuerpo, temerosos de que no se les
escapase délas manos. O dulce y amoroso Jesús, qué trabajos son estos,
bien de mi alma! Conozco que mis pecados son los cordeles, que os
maltratan, y mis yerros las cadenas que os aprisionan. O cómo me pe­
sa de haber pecado 1 Os amo, bien m ió, sobre todas las cosas.
2 Considera , como uno de los ministros, que mas temerariamente
se arrojaron i prenderle, fue un criado del Pontífice, llamado Maleo;
y san Pedro, viendo asi maltratar á su Maestro, le embistió con un ter­
ciado, y le derribó una oreja al suelo. Reprendióle el Señor, dicien­
do : vuelve la espada á su lugar: quieres impedir que beba el cáliz que
me dió mi Padre ? Luego tomó el Señor la oreja de M aleo, y se la
restituyó sana y sin lesión alguna. O divino y soberano Maestro, y
qué doctrina enseñáis en esta acción! Reprende á Pedro su acción
vengativa, paraque viva lejos de tí todo espíritu de venganza: cura la
oreja de M aleo, para enseñarte á volver bien por maí. También te ali-
ciona á obedecer en todo á la voluntad divina; y con su paciencia en tan
estupendos trabajos, á no turbarte en los que Dios te envia, sino reci­
birlos con amor, corno dádiva amorosa de su santísima mano. Ó si reci­
bieses la luz que te da el divino Maestro con su ejemplo, para imitarle
como i discípulo suyo! De qué sirve gloriarte de discípulo suyo, si tus
obras son tan desemejantes á las suyas?
3 Considera, como viendo ios discípulos el espectáculo del rabioso
furor, que aquellos infernales ministros ejecutaban en su Magestad so­
berana, llenos de temor y cobardía, se entregaron á la fuga, dejando
solo á su Maestro en un diluvio de penas, y en un mar inmenso de
congojas. Qué hacéis, discípulos sagrados? No dejasteis á vuestro Maes­
tro, cuando le visteis entre los aplausos del dia, que entró triunfante
en Jerusalen; y ahora le dejais entre las ignominiosas afrentas, y con­
gojas mortales del huerto en manos de cruelísimos sayones? O almas
devotas de Jesús! Las que nos preciamos de amantes suyas, demos una
vuelta á nuestro interior: miremos el gozo, que tenemos en tiempo de
la prosperidad; consideremos, si estamos gozosos en el tiempo de la tri­
bulación. Qué propósitos de perseverar * cuando el viento viene en popa!
Qué flojedad y tibieza, cuando sopla contrario! O amor propio, y como
te manifiestas! No en vano dijo el Señor: velad y orad, paraque no en­
tréis en tentación. Qué habia de resultar de tanto dormir de los após­
toles? Y qué puede resultar de tanto sueño, como hay en tantas almas
soñolientas? Consideremos aquella sentencia del Salvador: muchos son
los llamados t y pocos los escogidos; paraque vivamos siempre vigilantes
y con temor.

M EDITACION DE COMO CRISTO FU E LLEV A D O


X CASA DE ANAS.

1 Llevaron á Jesús ú casa de Anas, el cual le preguntó de su doc­


trina y de sus discípulos, y él le respondió: pregunta d aquellos que
me han oido: Yo he hablado públicamente en el templo y en la sinagoga.
Considera, como el mansísimo Jesús atado y preso, fue llevado desde
el huerto a' la casa del pontífice Anás por aquel turbulento escuadrón
de soldados, que (como dice santa Brígida) cada uno de ellos tenia en
su pecho una legión de demonios, que ocultamente los irritaban y pro­
vocaban^ paraque impía y sacrilegamente trataran al Señor de la Ma­
gestad. O qué injurias, blasfemias y oprobios le dijeron! Cuántas veces
le derribaron á tierra! Cuantos puntillazos y puñadas le dieron! Cuán­
tos golpes con los remates de las cadenas y sogas, con que iba atado,
descargaron en aquel cuerpo santísimo! O dulce Jesús mío, si es cierto
que yo soy el culpado y Vos el inocente, cómo descarga sobre Vos el
castigo, que yo merezco!
2 Con esta ignominia llegó el Redentor de la vida á la presencia
de Anás, que con imperiosa autoridad le preguntó por sus discípulos, y
qué doctrina era la que enseñaba y predicaba. Todo esto era á fin de
calumniarle la respuesta; pero habiendo el Señor respondido, diciendo:
Yo he predicado en público en las sinagogas y en el templo, donde con-
18 4 MANUAL
curren los judíos: pregúntales á ellos > que ellos darán razón de la doc­
trina que yo les he enseñado: y con haber sido esta respuesta tan llena
de sabiduría, y tan conveniente á la pregunta\ con todo eso, uno de
los ministros, que asistían al Pontífice, con formidable audacia levantó
la mano, y dio una terrible bofetada en el rostro del Salvador, y jun­
to con herirle, le reprendió, diciendo: asi respondes al Pontífice? D i­
ce san Vicente F errer, que este infernal ministro tenia la mano arma­
da con una manopla de hierro, y que rebentando en sangre la boca del
Salvador, le derrib<5 á tierra con la violencia del golpe. Ó espectáculo
de nueva admiración para los espíritus soberanos! Cóqio de solo oirle,
pueden y deben temblar las columnas del cielo , y todo el firmamento
estremecerse!
3 Considera atentamente la paciencia de nuestro Salvador con la res­
puesta, que dió al sacrilego ministro; si yo he hablado mal7 da testimo-
mo, y d i en qué está el mal que me atribuyes; y si hablé como debía ^por
qué me has herido ? Con esta humilde y benigna respuesta , que dió su
Magestad al sacrilego siervo, quedó confuso en su maldad; pero ni esta
confnsion, ni la que pudo recibir el Pontífice, de que en su presencia se
cometiese tal crimen y desacato, le movió á e'l, ni á los judíos, para re­
primirse en algo contra el Autor de la vida. Ó alma, y qué cargo se te
hará en el dia de la cuenta, por lo mucho que sientes, te turbas y te
quejas, habiendo cometido tantos pecados, de las injurias propias, siendo
asi, que siendo, como eres culpada, no pueden ser iguales á las que
recibió nuestro Salvador Jesús* ni quien telas hace mas malo, que aque­
llos infernales ministros?

M EDITACION DE COMO L L E V A N AL RED EN TO R


JOB LA VIDA DE CASA DE AtfÁS A LA DE CAIFXs *

i Entonces llevaron al Señor á casa de Caifas, Príncipe de los Su-


cerdotes, donde los escribas y ancianos estaban congregados: y viendo el
Pontífice que él no respondía á los falsos testimonios, le dijo: te con-
juro por TDios vivo, que nos digas, si eres Hijo de Dios? Respondió
Cristo: Yo soy. Calió el Salvador á las injurias, que le imponían; por*
que no merecían respuesta, por no dar ocasion á aquellos pérfidos y
obstinados de caer en pecados mas graves, y para darte ejemplo de su­
frir con paciencia las injurias y calumnias, particularmente cuando eres
inocente; pues estas te hacen mas grato i Dios. Mas por qué también
no calla el Solvador conjurado por Caifas, pues sabia, que por su
respuesta sería mas cruelmente tratado? Esto hizo para enseñarte que
cuando asi lo pide la honra de D ios, debes, aun con peligro de la
vida, decir libremente la verdad. Aprende esta lección de un tan sobe­
rano Maestro, para no ser de los que merecen la nota de perros mudos.
2 En verdad os digo, (añade Cristo) vereis al Hijo del Hombre senta­
do á la derecha de la virtud de Dios. Lo cual oyendo Caifas, rasgó ¡os ves*
tidos9 y dijo; ha blasfemado; y todos gritaron: reo es de muerte. Piensa
que el Redentor añadid las dichas palabras: i Paraque la confesion de su
divinidad fuese mas clara y manifiesta; como si quisiese decir: aunque
ahora me veis abatido y despreciado, tiempo vendrá, en que me vereis
asentado á la diestra de la Magestad de D ios, juzgar los vivos y los
muertos. 2 Paraque aterrados con la memoria de los novísimos, desistie­
sen del mal comenzado. 3 Nota la paciencia del Señor, sintiendo pro­
nunciar sentencia de muerte contra su Magestad , autor de la verdadera
vida. Aprende que es propio del mundo condenar á los inocentes, y á
aquellos que dicen la verdad; é imita á Cristo nuestro Señor , haciéndo­
te sordo á los dichos de los mundanos y de los perseguidores,
3 Entonces aquellos que tenían á Jesús, le escupían á la cara : y le
cubrieron el rostro\ y dándole puñadas y bofetadas le decían: profetiza,
quienes el que te hirió? Considera, que uno de los mas graves castigos
que un padre podia dar á un hijo en el viejo testamento, era escupirle
al rostro, y quedaba el hijo tan afrentado, que en muchos dias no se atre­
vía i parecer delante de alguno. Pues qué confusion padecería aquel man­
sísimo Cordero con tan asquerosas salivas de aquellos Sayones inferna­
les? Qué afrenta y qué escarnio, aquel rostro, que es la alegría de los
ángeles, y el regocijo de los cielos, y el mas hermoso entre los hijos de
los hombres? O malicia de nuestras culpas! Cubriéronle los ojos a' aquel
divino Señor, y así cubierto le escupían, abofeteaban y daban fuertes
puñadas; y como dice san Gerónimo, hasta el dia del juicio no se sabrá
lo mucho que el Señor padeció en casa de Caifas. O ceguedad de los
mortales, que quisieran á Dios sin vista, paraque no viera sus maldades!
O bien de nuestras almas, y cuán bien desempeñáis á vuestro Profeta,
que dijo : Quedará harto de oprobios!

M EDITACION D E LAS TRES NEGACIONES


DE SAN PEDRO.

i Estando Pedro fuera en el atrio, le preguntó la criada portera y


otros: si era de los discípulos de Cristo? Y él dijo basta tercera vez que
no le conocía. Considera, como en el corazon de Pedro combatió el temor
de la muerte con el amor del Maestro: el amor le estimulaba á seguirá
Cristo, el temor le obligaba á esconderse: pero en fin excedió tanto el
temor, que el amor cedid3 y así vino á negar A Cristo. Vea pues el que
está en pie, que no caiga: porque si cae el Príncipe de los Apóstoles,
que habia de sustentar y confirmar á los compañeros; qué será de los
otros? Si la columna de la iglesia tiembla á la voz de una mugercilla; qué
haría á la prueba de tormentos, y a la vista de tiranos? Y de aquí
aprendamos, como debe resistirse á los principios de la tentación, para­
que no se siga la caída, San Pedro se habia antes gloriado que nunca se
escandalizaría: despues se durmid en el huerto contra el consejo del Se­
ñor; finalmente le negó tres veces con juramento. Lo mismo acontece á
quien descuidado flaquea en ]a oracion y presume de sí mismo.
2 Y luego cantó de nuevo el gallos y volviéndose el Salvador, miró
á Pedro. Considera, cuan grande fuese la amargura y aflicción de Cristo
viéndose vendido de Judas, abandonado de los discípulos, y ahora tan fea­
mente negado del principal de ellos; sin duda que tuvo mas sentimiento
de esta negación que de todos los oprobios y tormentos. Consideraba
(decia Cristo) á la diestra, y miraba> y no habia quien me conociese. Qué
maravilla, que á la siniestra donde están los enemigos, no se halle quien
conozca á Cristo, si Pedro, que está á la derecha le niega? 2 Piensa, que
el canto del gallo, movido el Señor á misericordia, buscd á Pedro con los
ojos, y hallado, habló tácitamente con él: así Pedro me niegas? Ddnde
está tu fe? Ddnde el amor que me debes? Ddnde aquella gran promesa
de nunca dejarme? Así agradeces á tu Salvador? A aquel* que de pobre
pescador que eras, te ha hecho príncipe de todo su pueblo? O con cuánta
razón puede decir lo mismo el Señor á cualquiera, que con pecados le
ofende!
3 Acordándose Pedro de lo que le habia dicho el Señor, salido fuera
lloró amargamente. Considera, que así como es propio de la nieve derre­
tirse al rayo del sol; así á la vista de Cristo se deshizo en lágrimas el
helado corazon de Pedro; de donde parece que diria: Señor, qué quereis
que yo haga? Aprende, que ninguno debe desesperar, si sucediere que
viviendo bien, venga tal vez á caer por fragilidad en alguna culpa; antes
debe luego con verdaderas lágrimas de contrición recurrir i Dios y ro­
garle que se digne volver los ojos de su infinita misericordia sobre su mi­
serable alma; y dejando los lugares y compañía de aquellos que le han
dado ocasion de pecar, imitar á san Pedro, el cual salid fuera de la casa
de Caifas, siendo cosa difícil conservar la santidad é inocencia, y vivir
sin pecado entre los malos y pecadores.

M EDITACION DE L A DESESPERACION DE JUDAS.

1 Viendo Jadas que su Maestro estaba condenado a muerte, movido


de penitencia, restituyó los dineros, diciendo: pecado he entregando la
sangre del Justo. Considera, como viendo el discípulo traidor las injurias,
blasfemias y baldones que su santo Maestro padecía, y que quedaba sen­
tenciado á muerte* siendo él la causa de todo, y acordándose de los mi­
lagros que le había visto obrar, de los grandes beneficios que de su ma­
no había recibido, del sentimiento tan crecido , que había ocasionado á
su santísima Madre, y de la piedad, mansedumbre y caridad , con que
habia solicitado su remedio; y poniéndose delante tantos sacrilegios y
maldades juntas, como habia cometido, y atizando el fuego Satanás le
precipitó en un caos impenetrable y desesperación irremediable. O Santo
Dios* y á que' estado conduce Satanás á una alma, por 110 hacer caso al
principio de la tentación! Poco á poco entró el demonio en Judas, hasta
que le precipitó al abismo de la desesperación^ y poco á poco entra en
las almas, hasta precipitarlas al profundo de la iniquidad.
2 Los príncipes de los sacerdotes respondieron á Judas: qué se nos dá
¿nosotros? Hubieras tú mirado lo que hadas. Considera los fines tan di­
ferentes de los dos Apóstoles san Pedro y Judas: san Pedro lloró, é hizo
penitencia y se salvó; Judas, aunque se arrepintió y restituyó, se condenó:
san Pedro se retiró á llorar, dejando la compañía de los malos; Judas se
llegó á ellos , confesando sus culpas á los mismos cómplices del delito.
Pues qué consejos le habian de dar? Qué exortaciones le habian de ha­
cer? O Señor, dadme verdadero dolor de mis culpas, como i san Pedro, y
libradme de imitar á Judas en su confesion y arrepentimiento, hacién­
dome gracia de que busque el verdadero remedio de sola vuestra infinita
misericordia y bondad!
3 Entonces arrojando el dinero en el tetnplo9 se ahorcó. echándose un
lazo al cuello. Considera el fin miserable de este desventurado, como pu-
diendo estar en los cielo* glorificado, y en la iglesia (como los demás
Apóstoles) venerado, está su alma en lo mas profundo de los infiernos
ardiendo, y su nombre en la tierra abominado; que esto ganan los que
por intereses venden á Cristo con el pecado. O cuánta verdad es la que
dice san Juan Crisóstomo, que el demonio facilita los pecados al cometer­
los, escondiendo su gravedad á los hombres con sus astucias y mentiras;
y despues al arrepentirse se los pinta tan enormes, que les hace desespe­
rar de la misericordia divina! Así lo hizo con Judas: le persuadiría que
con el dinero sería rico, acomodado y honrado; pero al verle caído: que
has hecho desdichado? (le diria) A tu Maestro vendiste, y has puesto en
ese estado? A tu Dios? A tu Criador y Salvador? No hay para tí reme­
dio. O cuánto debes tu temer, viendo á un discípulo y Apóstol de Cristo,
precipitado de la mas alta dignidad de la iglesia al abismo mas profun­
do de la miseria! Escarmienta en cabera agena, teniendo grande cui­
dado de no dar entrada en el corazon á deseo alguno malo; y por lo que
hasta aquí has pecado, lloroso y humillado. acude á los pies de Cristo,
que sin duda serás perdonado.
M EDITACION DE COMO E L RED EN TO R DE L A VIDA
FUE LLEVADO AL PRETORIO DE PILATOS.

1 Luego por la mañana mandó todo él Concilio, que llevasen á Jesús


Nazareno á la presencia de Pilatos. Considera, como estando la ciudad de
Jerusalén llena de gente que habia concurrido á la celebración de la pas­
cua, y corriendo el rumor de la prisión de Jesús Nazareno, concurrió gran
tumulto de gente , los cuales estaban divididos en opiniones: unos decían;
muera este mal hombre y embustero, que tenia engañado á todo el mun­
do: otros decian que sus obras no eran tan malas, porque hacia muchas
buenas á todos: otros, de los que habían creído , se afligían y lloraban;
y toda la ciudad estaba confusa y alterada; y no menos lo estaba Luci­
fer y sus demonios, viendo la invencible paciencia del Redentor de la
vida. O alma devota, acompaña á Jesús por las calles de Jerusalen* y en
compañía de los ángeles que le usistian, y de su santísima Madre, pos­
trada en tierra adora al Dios de la Magestad* y dale honra, gloria y re­
verencia, diciendo: Santo, Santo, Santo!
2 Saliendo Pilatos fuera de su pretorio, les dijo á los judíos que lie-
vahan á Jesús: qué acusaciones teneis contra este Hombre? Respondieron
ellos: si este no fuese malhechory no le trajéramos d tu tribunal. Considera
la execrable superstición de los judíos: no entraron en el pretorio de Pi­
latos, pareciéndoles que por ser gentil, quedaban inmundos, para celebrar
la pascua; y no reparaban en el horrendo sacrilegio, que contra el Hijo
de Dios cometían: así suelen hacer los hipócritas, viven llenos de mal­
dades, y se ostentan zelosos de una ridiculez. Si no fuese malhechor,
dijeron, no te lo trajéramos así; que fue decir: nosotros tenemos averi­
guadas sus maldades, y somos tan atentos á la justicia que á no ser fa­
cineroso, no procediéramos contra él. A todas estas blasfemias callaba
el inocentísimo Señor 5 como un manso corderillo. Aprende tií esta doc­
trina silenciosa del divino Maestro Jesús. O qué confusion tuya es, cuan­
do por una palabrita te inquietas y pierdes toda la paz interior! O
miseria!
3 Acusaron á Jesús, diciendo: habernos hallado á este, (Jue pervertía
nuestra gente 9 y prohibía que se pagase el tributo al Cesar 5 y quiere
alzarse con el reino. Considera el infeliz estado, a que llegaron los ju­
díos, y el estado miserable, a que llega una alma, á quien Dios por su
culpa desampara. O envidia diabólica, y lo qué obraste en los judíos!
O infernal ambición, y cómo los precipitaste! Eran las obras de los ju­
díos contrarias á las de Jesucristo: el séquito que tenia su doctrina, era
grande ; y de aquí nació en ellos un infierno de envidia y un abismo
de ambición. No dejo de conocer Pilatos su rabioso furor, y así fue con
tiento en condenarle. Aquí es donde debes quedar anegado, adorando los
altísimos secretos de la providencia de Dios. Dios, y como reo! Dios, y
llevado de juez en juez! Dios, y maniatado! O pecado, y á qué obligaste
á Dios! O pecadores, y lo qué debemos á Dios!

M EDITACION DE COMO CRISTO SEÑOR NUESTRO FU E


EXAMINADO EN EL TRIBUNAL DE PILATOS.

1 Entrando Pilatos con Jesús al pretorio, le preguntó: eres id rey-


de ¡os judíos? Respondióle el Señor: mi reino no es de este mundo; por­
que si ¡o fuera, me defendieran mis vasallos3paraque no fuera entregado
á los judíos; mas ahora no tengo aquí reino, Luego tú Rey eres9 (replicó
Pilatos) pues tienes reino? Tú dices9 que yo soy Rey9 dijo el Señor. Con­
sidera en este paso la benignidad, mansedumbre y paciencia de nuestro
Salvador Jesús: aprende en su doctrina á quebrantar tu soberbia. No
respondió el dulce Jesús ¿ los judíos que le injuriaron con tan horrorosas
blasfemias; porque cabilosamente y con malicia le preguntaban; y res­
ponde i Pilatos; porque con sinceridad y sin malicia le interrogaba.
Ditíle Dios luz para conocer su inocencia, y juntamente creer, que algún
sacramento se encerraba en aquel hombre. O si se hubiese aprovechado de
esta luz; y cómo hubiera recibido otros auxilios mayores para su salva­
ción! Cuidado pues en cooperar tu á los primeros, si quieres ser capaz
de otros mayores.
2 Yo vine al mundo (prosigue el Señor) para dar testimonio de la
verdad. Y Pilatos dijo: qué cosa es verdadt Y sin esperar respuesta, salió
fuera, y dijo á los judíos: Yo no hallo causa alguna para sentenciar á
muerte á este Hombre. Considera, que aunque las causas de muerte que
alegaban los judíos contra Cristo, eran falsas; pero bien podemos alegar
en este tribunal algnnas verdaderas; y son, por una parte el ser Jesucris­
to, como era, Justo, Santo, Inocente, Hombre y Dios, que tomó sobre sí
todas nuestras culpas, para satisfacer por ellas al Eterno Padre; y por
la otra, la suma malicia de nuestras culpas, y la suma é infinita cari­
dad de este Señor. Conoce estas dos causas, y desnudándote de tu pro­
pio amor, da sentencia; pero contra quién? Contra el Inocente, ó contra
el reo? Contra el Justo y Santo, (5 contra el pecador? Pide su divina
gracia al Altísimo, para acertar a sentenciar bien.
3 Entonces dijo Pilatos á Jesús: no respondes ? No oyes cuántas
acusaciones alegan estos contra tú A iodo esto callaba Jesús con gran
maravilla y asombro de Pilatos. Considera la turbación grande de Pila-
tos, con las respuestas que le dio el Redentor de la vida, y su admira­
ción y asombro á vista de su profundísimo silencio, y si tu te precias de
discípulo de Jesús, bien tienes deque maravillarte; mejor dijera, mucho,
por que llorar, al considerar tan silencioso á nuestro amabilísimo Jesús
á vista de tantos falsos testimonios que le oponían, siendo así, que tu
no puedes sufrir lina palabrita que te dígan, sin inquietarte y perder
toda la paz interior. O sí te acabases de desengañar y conocer que no
puedes ser verdadero cristiano, ni discípulo de tan gran Maestro, sino
por la imitación de su Magestad soberana!

M EDITACION DE COMO PILATOS REM ITIÓ Á HERODES L A


CAUSA Y PERSONA DE NUESTRO SALVADOR JESUS*

1 Sabiendo Pilatos que Jesús era galileo, lo remitió á Herodes que


era Rey de aquella provinciaf el cual se alegró mucho, porque deseaba ver­
le obrar algun milagro. Considera la calidad del Juez,á quien iba remi­
tido el dulce Jesús: este fue el que mandó degollar á san Juan Bautista:
el que con publico esca'ndalo estaba amancebado con la inuger de su her­
mano ; y fue hijo del otro Herodes que mandó degollar á los niños ino­
centes. Con las calidades de tan malvado juez, bien agradables á los ju­
díos, llevaban estos al Redentor de la vida con la ignominia que se deja
entender, y confiados en la mala calidad de Herodes,. que le sentencia­
ría i muerte, como ellos deseaban. Acompañaba la Reina de los ángeles
á su Hijo santísimo, viendo los horribles golpes que le daban, y oyendo
las blasfemia que le decían, y diversidad de pareceres del pueblo amoti­
nado. O qué afrentas padeció aquel divino Señor] Qué dolores sentiría la
gran Reina de los cielos! Acompaña á Hijo y Madre con todo el afecto
de tu corazon, y aprende i resignarte á la voluntad de Dios en las afren­
tas e injurias, que permite tal vez que padezcas de los hombres.
2 Comenzó Herodes ú hacer varias preguntas al Redentor de la vida;
pero el Señor no le respondió palabra; y los príncipes de los sacerdotes
constantemente le acusaban. Considera, como habiendo llegado el mansí­
simo Cordero ¿ la presencia del homicida y adultero juez, le recibió con
risa y escarnio, juzgándole por encantador y mágico; y con este formi­
dable error le comenzó á examinar y hacerle diversas preguntas, pen­
sando que con ellas le provocaría para hacer alguna cosa maravillosa,
como lo deseaba; pero el Maestro de la sabiduría no le respondió pala­
bra, estando siempre con severidad humilde en presencia del indignísimo
juez. Los príncipes de los sacerdotes le acusaban en la presencia de He­
rodes, como hicieron en el pretorio de Pilatos; pero tampoco respondió
palabra á estas calumnias. O grande! O poderoso del mundo! O prela­
dos, y qué silencio tan misterioso ! Bien indicativo del castigo que les es­
pera á muchos; esto es, de que no oigan jamas quien les diga la verdad
para su desengaño. Indignísimo era Herodes y los príncipes de los sacer­
dotes por su soberbia, de oir las palabras de vida eterna de la boca del
Salvador, y por eso no les respondió, ni les habló; dándonos á entender
que para ser dignos de oír sus divinas palabras, es menester primero dis­
ponernos con la debida humildad.
3
, ,.
Entonces Herodes con toda su córte hizo burla y escarnio de Jesús:
y vistiéndole una vestidura blanca como á loco lo remitió á Pilatos; y él
y Pilatos se hicieron amigos, siendo antes enemigos Considera, como in­
dignado Herodes de la mansedumbre y silencio del Redentor de la vida,
le mando vestir con una vestidura blanca, con que señalaban á los que
h a b ia n perdido el seso: con esta mofa y desprecio le volvió á remitir á
Pilatos, pero en nuestro Salvador esta vestidura fue símbolo y testimo­
nio de su inocencia y pureza, ordenándolo la oculta providencia del A l­
tísimo, paraque estos ministros de maldad, con las obras que no cono­
cían, testificasen la verdad, que pretendían obscurecer en las maravillas
que de malicia ocultaban, y que había obrado el Salvador. O Dios y
Señor de la Magestad! Qué bien se cumplid aquí lo que dijo David:
Yo soy gusano y no soy hombre: soy el oprobio de los hombres, y el des­
precio del pueblo\ Acógele tií en tu corazon, adorándole con los ángeles,
y con María santísima, con toda reverencia y amor*

MEDITACION DE COMO E L SALVADO R D EL MUNDO


FUE POSPUESTO Á BARRABÁS.

1 Habiendo Pilatos convocado los príncipes de los sacerdotes y pueblo,


les dijo: yo no hallo en este Hombre causa alguna, para sentenciarle á
muerte, como tampoco la halló Herodes. Considera el turbulento estrépito,
con que segunda vez presentaron á Jesús Nazareno í Pilatos, clamando
todos, le sentenciase á muerte de cruz* Pero Pilatos, conociendo bien su
inocencia y la mortal envidia de los judíos, sintió mucho que Herodes
se le hubiese vuelto i enviar; y así, procuró por diversos caminos apla­
car á los judíos, y ver si le podia librar la vida: mas los humanos respe­
tos le acobardaron. 2 Considera, que por otra parte le dijo la muger: Qué
tienes Uí que ver con ese hombre justo ? Déjale; que por su causa he teni­
do hoy algunas visiones. Todo esto era por inducción de Lucifer, (como
sienten algunos contemplativos) para estorbar la redención del mundo
que temía se verificase por aquel que sospechaba verdadero Mesías, á
vista de tan estupenda mansedumbre y paciencia en tan horrible torbe­
llino de injurias y baldones, como padeció. Quién hay que 110 se asom­
bre á vista de los inescrutables juicios de Dios, el cual de la misma ma­
licia de Lucifer que instigó á los sacerdotes para sentenciarle d muer­
te, saca la redención del linage humano! Adoremos y agradezcamos su
altísima providencia»
2 Era costumbre por la solemnidad de la pascua dar libertad á un
preso: y estándolo Barrabás hombre facineroso, les dijo Pilatos: á quien
de los dos quereis que libre > á Barrabás, ó á Jesús que se llama Cristo?
2 S//oí respondieron: ¿tíercoí libre á Barrabas. O alma enamorada de Jesús,
considérala alteza y benignidad del Señor, y la vileza del hombre infa­
me, con quien es comparado. El inocente con el culpado! La santidad
con la maldad ! El Hijo de Dios con Barrabás! Y aborreciendo la ino­
cencia, la santidad y al Hijo de D ios, se escoge la maldad! Se pide í
Barrabás! O bendito seáis Señor, y cómo en esta elección, aunque hecha
con tanta malicia, estaba encerrado el sacramento de nuestra redención!
Alaben los ángeles, y todas las criaturas vuestra bondad infinita, que
por tales caminos nos remediasteis.
3 Entonces Pilatos, viendo al pueblo tan amotinado, les dijo: pues
que' haré de Jesús Nazareno ? Y ellos respondieron: crucifícalo. Considera
la ceguedad estultísima de Pilatos, de los príncipes de los sacerdotes y
del amotinado pueblo. Pilatos pide consejo á un pueblo enemigo de Je-
stis, y abrasado de envidia contra su Magestad Soberana: á mas de esto
se lava las manos, confesándose inocente en ia muerte de Jesús y con­
denándole actualmente á ella; y los sacerdotes y el pueblo dicen que su
sangre llueva sobre ellos y sus hijos. O ciegos, pérfidos y sacrilegos! Tan
poco pe$a la sangre del Cordero, que lava ios pecados dei mundo? O cuán
justo es el castigo que padeceis! O sacerdotes, y qué cargo se nos hará
de esta divina sangre que cada dia bebemos en las aras del altar! Esta
es la lluvia celestial que todos los dias llueve en nuestras almas. Cómo
fructifica? Cae sobre piedras de culpas, sobre espinas de pasiones? O
dulce Jesús, y qué será de nosotros, si no procuramos estar limpios de
toda culpa para recibirla!

MEDITACION DE COMO FU E AZOTADO NUESTRO


SALVADOR JESUS POR MANDADO DE PILATOS.

i Habiendo Pilatos por tres veces dicho á ios judíos que no halla-
ha causa alguna en Jesús para sentenciarle ú muerte, y voceando ellos,
que fuese crucificado; lo entr&gó á manos de los soldados, paraque á su
voluntad lo azotasen. Considera con tierno afecto de tu alma este tan
doloroso y sanguinolento paso de los azotes; pero cual será el alma, que
lo considerare, que no quede deshecha de amor y dolor? De amor, vien­
do á un Dios hombre, que con inmenso amor ofrece todos los miem­
bros, y arterias de su sagrado cuerpo para derramar toda la sangre por
los hombres: de dolor, considerando que nuestras culpas obligaron á
Dios á la ejecución de una justicia en su santísimo Hijo, nunca jamas vís­
ta, ni oida en el mundo. Qué admiración causaría a los ángeles que co­
nocían bien la alteza de su Persona; el yerle desnudo á la vergüenza j, y
amarrado áuna columna, expuesto á la fatiga de Lucifer y sus ministros!
No estrañes, diga el Profeta que los ángeles de paz lloraban amargamen­
te; lo que debes estrañar, es la dureza de tu coraron, pues aun no lloras,
ni te enterneces á vista de tal espectáculo.
2 Considera con san Buenaventura, como intimado el órden para
azotar al Señor de la Magestad, los judíos le desnudaron con grande fu­
ria de sus vestiduras, dejándole así á la vergüenza en solos paños menores
de la honestidad: tomando luego sus santísimas manos, se las ataron
fuertemente á una columna, estribando con los pies en la misma colum­
na : luego comenzó la mas horrenda tragedia que jamas se oyó en los
siglos. Entraron dos sayones con unos ramales de cordeles retorcidos, y
descargaron tantos azotes sobre aquel santísimo cuerpo, cuanto sus fuer­
zas pudieron bastar. Dejáronse de cansados, dejando sumamente entu­
mecido aquel santísimo cuerpo: entraron otros dos de refresco con unas
correas ó riendas durísimas, con que rebentándole todos aquellos tumores,
corrió la sangre, hasta rebalsarse en la tierra. Entraron los terceros con
unos nervios de animales, y descargaron tales azotes, que por partes se
descubrian muchos huesos y costillas de las espaldas, y costados del Sal­
vador. O bien infinito de nuestras almas, quién creyera tan poca huma­
nidad en los hombres! O caridad incomprensible y sin medida, de
nuestro Dios y Señor! O paciencia nunca vista, ni imaginada entre Jos
hijos de A dán! O miserables de nosotros, que con nuestras impurezas
habernos sido la causa de tantos y tan crueles azotes!
3 Considera, cuán lastimado quedaría el cuerpo de Jesús despues de
ejecutada tan cruel sentencia! Qué dolor le causarían tantas y tan gran­
des llagas, que serían mas sensibles con el frió que hacia! Considera aun
la confusion que estaba padeciendo en medio de tan crueles enemigos,
quienes no solo no se compadecían de su tormento; mas es de creer que
le estaban mofando y burlando. Penetra bien este dolor y confusion de
tu Redentor, y al mismo tiempo su gran paciencia, humildad y caridad,
paraque te resuelvas á ejercitar estas virtudes en las ocasiones que se te
pueden ofrecer, de dolores en tu cuerpo, afrentas en tu estimación, co­
nociendo que serán mucho menores que los de Cristo, cuando tú por tus
pecados, tantas veces has merecido los del infierno.

MEDITACION DE L A CORONACION DE ESPINAS.

i Habiendo los soldados desnudado d nuestro Salvador Jesús, le vis­


tieron de púrpura; y habiendo formado una corona de espinas, se la pusie­
ron en la cabeza. Considera, como luego que el Salvador Jesús se vistió
sus vestiduras despues de los azotes, fueron los judíos á Pilatos, y le di­
jeron: este seductor y engañador del pueblo ha querido con sus cmbus-
tes, y vanidad que le tuvieran todos por Rey de los judíos; y paraque se
humille su soberbia, queremos que permitas, le pongamos las insignias
reales que merece su fantasía. Consintió Pilatos en la demanda inicua
de los judíos; y así, desnudando al Señor de sus vestiduras, que por estar
pegadas á las llagas le arrancaban con ellas pedazos de carne, le vistie­
ron una ropa de purpura muy lacerada y manchada para irrisión de to­
dos: pusieron también en su sagrada cabeza un seto muy tejido de jun­
cos espinosos, con puntas muy agudas y fuertes que le penetraban hasta
el casco, otras hasta los oídos, y otras hasta los ojos; y por esto fue uno
de los mayores tormentos que padeció su Magestad soberana en su pa­
sión sacrosanta. O dulce Jesús íhio, y qué tormentos son estos! Qué tales
son y han sido las vanidades de los mortales! Qué tales mis pensa­
mientos, que tal castigo han merecido en vuestra cabeza divina! O dul­
ce Jesús, detesto cuantos he consentido por sugestión del maligno espíri­
tu, y renuncio de corazon á todas sus pompas y vanidades.
2 Pusieron una caña en la mano del Salvador, y postrándose delan­
te, le escarnecían, diciendo: Dios te saluei Rey de los judíos; y escupién­
dole en el rostro , le herían la cabeza con la caña de su mano. Considera,
como con toda esta ignominia armaron Rey de burlas ios pérfidos judíos
al que por naturaleza, y por todos títulos era R ey de reyes, y Señor de
señores: juntáronse luego todos los déla milicia, y todos con desmedida
irrisión y mofa le llenaron de blasfemias; porque unos hincada la rodi­
lla le decían: Dios te salve, Rey de los judíos: otros anadian bofetadas,
golpes y salivas: otros tomaban la caña de su mano 5 y dándole fuertes
golpes, le hincaban mas las espinas; y todos le decían infinitas contu­
melias, administradas del demonio por medio de su furor diabólico. O
Bien de nuestras almas, quién pudo obligar á tu grandeza paraque te
humillaras, siendo verdadero y poderoso Dios en tu sér, y en tus obras,
¿ padecer tan inauditos tormentos, oprobios y blasfemias! Pero quién, ó
Bien infinito, dejó de desobligarte entre todos los hombres, paraque nada
hicieras, ni padecieras por ellos! Quién tal pensára, si 110 conociéramos
tu Bondad infinita!
3 En este trage, y figura presentó Pilatos a Jesús al pueblo , dicien­
do: Ecce-Homo; Veis ahí al Hombre: yo no hallo causa alguna para sen­
tenciarle á muerte', pero los pontífices y el pueblo clamaron: crucifícalo,
crucifícalo. Considera, como pareciéndole a Pilatos que un espectáculo
tan lastimoso como era Jesús Nazareno, movería y confundiría los cora­
zones de aquel ingrato pueblo, le sacó á una ventana i vista de todo el
pueblo, y les dij**: veis aquí el Hombre, que teneis por vuestro enemi­
g o ; qué mas puedo hacer, que castigarle con tanto rigor y severidad?
Ya 110 tendreis que temerle; 110 hallo yo en él causa de muerte. O exe­
crable maldad de los judíos! O ira implacable! Todos clamaron: crucifí­
calo, crucifícalo. Hallóse presente María santísima á este expccta'culo,
san Juan y las Marías, que le acompañaban. Qué dolor sería el suyo] Pos­
tróse esta santa compañía en tierra, y adoraron al Dios de la Magestad
con profundísima reverencia. Imita tu á Ja Reina de Jos ángeles, y adora
¡í este Señor: estampa en tu corazon tan lamentable figura que servi­
ría de dispertador á tu tibieza, y paraque en adelante no Je ultrajes con
nuevas culpas, antes bien puntualmente le obedezcas , como á tu Rey y
Señor.

MEDITACION DE OTRAS ACUSACIONES DE LOS JUDÍOS


CONTRA EL» REDENTOR DE LA VIDA.

1 A las voces de los pontífices, que pedían le crucificase, respondió


Pilatos: tomadle vosotros, y crucificadle. Respondieron ellos: segun núes-
tra ley debe morir; porque se hizo Hijo de Dios. Considera, corno esta ré­
plica de tan obstinados hombres puso en mayor miedo á Pilatos; porque
hizo concepto que podia ser verdad, que Jesús era Hijo de Dios en Ja
forma que el sentía de la divinidad; y habiéndose retirado ar solas con
Jesús, le preguntó, quién era? y viendo que callaba, le dijo: no sabes
que tengo poder para crucificarte d darte por libre? Entonces le dijo el
Señor: no tuvieras tu potestad alguna contra mí, si de lo alto no te fue­
ra concedido: por esto el que me entregó á tí, cometió mayor pecado.
No llegó á conocer Pilatos esta misteriosa verdad* porque no lo mere­
ció; aunque se atemorizó mucho con lo que oyó: y no obstante le senten­
ció á muerte. O cuántos jueces imitan á Pilatos, y atropellan con las
leyes por el temor de los hombres! O cuántos pecadores le imitan: ate-
morízanse de oir las amenazas divinas; pero no dejan de proseguir en el
malí No tendrá escusa Pilatos en el tribunal de Dios, ni estos la ten­
drán en el dia de la cuenta,
2 Considera mas aquel misterioso silencio del Salvador, que fue pa­
ra dar á entender á Pilatos que no era digno de oír su divina palabra,
puesto que antecedentemente la habia despreciado. Habíale dicho que su
reino no era de este mundo: y no hizo caso de esta respuesta, ni tam­
poco le hizo de otros muchos auxilios que Dios le envió. No es bueno
temar el pan de tos hijos, y echarlo á tos perros9 (Matth. 15.) dijo el Se­
ñor en otra ocasión; y aquí se verificó en Pilatos> y se ve ejecutado en
todas las almas que desprecian los auxilios y luz que Dios les envia pa­
ra su aprovechamiento. Aprende tú también ilel silencio de Jesús á ca­
llar, cuando no conviene hablar; pues muchas veces, aunque sea hablar
de Dios, es mejor el silencio que el hablar. O alma parlera , cierra en
adelante la puerta de tu boca paraque no entre la vanidad, la soberbia
y propia estimación.
3 Desde aquella hora procuraba Pilatos librarle de la muerte; mas
los judíos voceaban: si libras á este Hombre, no eres amigo del César.
Entonces Pilatos, mostrándoles á Jesús, les dijo: ved al vuestro Rey, y
ellos dijeron: no tenemos otro Rey fuera del César. Considera en este
punto el empeño de Pilatos en defender al Señor de la Magestad, por
conocer su inocencia; y por último, por respetos humanos le sentenció
á muerte. O cuántas almas imitan á Pilatos* defendiendo la verdad, mien­
tras no se atraviesa de por medio algun inconveniente propio de honra
d interés de cosa temporal! Considera mas la perversidad de los judíos:
no tenemos, dicen, mas Rey que al César. Aquí pregúntate á tí misino:
quién es tu Rey? Es Jesús, o el dinero? Es Jesús, ó la honra, tí puesto
que deseas? Es Jesús, ó tu Apetito sensual? Es Jesús, 6 el ardor de la
vengancilla que te abrasa? O dulce Jesús, quiero mortificar mis apetitos,
paraque Vos seáis solo mi Rey!

MEDITACION D E COMO E L R ED EN TO R D E L A VIDA


FUE CONDENADO Á MUERTE.

1 Viendo Pilatos que nada aprovechaba con el pueblo, sino que an­
tes se tumultuaba mas, se lavó las manos, diciendo: inocente me hallo en
la sangre de este Justos vosotros os lo vereis. Considera la malicia de este
amotinado pueblo contra el Redentor del mundo, habiéndole Pilatos
tantas veces manifestado su inocencia* A estos perseguidores de Jesús
imitan aquellos, que ni se sujetan á la razón, ni se rinden á los conse­
jos buenos que les dan. 2 Considera la infelicidad de P ilato s: qué dili­
gencias no hizo para librar de la muerte al dulce Jestis: cuántas veces
manifestó en publico su inocencia; y no obstante le sentenció á muerte,
juzgando que con lavarse las manos, se eximia de un tan gravísimo sa­
crilegio. O cuántos imitadores tiene Pilatos en esta vida! Cuántos ante­
ponen los respetos humanos á la honra y gloria de D ios, como Pilatos l
Cuántos se persuaden que para satisfacer á Dios, y quitar los malos de-
jos de sus cuJpas pasadas, basta lavarse las manos! Procura tu darte á
penitencia y abnegación, si no quieres quedar burlado.
2 Oyendo el pueblo amotinado, que Pilatos nombró sangre del Justo,
á una voz clamaron todos: su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros
hijos* Considera el abismo de maldad, á que se arroja una alma desam­
parada de la divina gracia. No niegan los judíos que Jesús sea Hombre
justo; mas era tanta su malicia, que á trueque de salir con su intento,
110 reparan en obligarse á sí mismos y ¿ sus descendientes, á una ter­
rible maldición. Su sangre venga sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.*^
bien experimentan los infelices los efectos de esta maldición, que se echa­
ron. O si los hombres considerasen los dejos tan amargos que lleva con-
sigo el pecado; es cierto, no se atreverían con tanta facilidad á cometer­
le! O si considerasen los fines tan horribles de la culpa , que es el fue­
go eterno del infierno; y cómo huirían de ella 9 sujetándose ¿i morir pri­
mero, antes que cometerla!
3 Queriendo Pilatos satisfacer al pueblo* condescendió con su petición,
sentenciado á muerte al Redentor de la vida. Considera Ja inconstancia de
este inicuo ju ez; conocía que en Jesús Nazareno no había culpa alguna:
no ignoraba la envidia, rabia y furor de los judíos: determinóse á de­
fenderle, y á no sentenciarle; despues le condenó, y sentenció. O cómo
representa aquí Pilatos la inconstancia de muchos en el bien obrar!
Cuántos empiezan con fervor el camino de la virtud, y con muchos pro­
pósitos de perseverar en él; y á breves días ya se resfriaron en Jos pro­
pósitos, y se desvaneció la virtud! Sé firme en el camino del Señor5 dice
el Espirito Santo. 2 Considera, con cuanta mansedumbre, humildad y
paciencia, oyó el Autor de la vida la sentencia del juez, como si se
hallase reo de aquellos delitos que falsamente le imponían. O confusión
tuya, cuantas veces rehúsas el padecer la pena (aunque sea leve) que
por culpas graves que has cometido, mereces! O amor propio, y cómo
llevas arrastrando al precipicio!

M EDITACION DE COMO EL SALVADOR LLEV Ó L A CRUZ


ií CUESTAS HASTA EL CALVARIO.

1 Despues de leída la sentencia, temaron los judíos a Jesús ¡ y le lle­


varon para ser crucificado; y él salió9 llevando la cruz, al lugar del Cal­
vario, Considera, como intimada la sentencia de muerte, desnudaron al
Señor de la vestidura de Rey de burlas que le pusieron, y le vistieron
de las propias, paraque fuese mas conocido de todos; porque no era fá­
cil conocerle por el rostro, por estar tan desfigurado y feo, que apenas
parecía hombre; luego aquellos sayones cargaron sobre sus delicados
hombros la pesada cruz, en que había de ser crucificado- O con cuanto
amor la recibió el dulce Jesús! Cómo le diría: O cruz deseada de mi
alma, prevenida y hallada de inis deseos, ven á m í, amada mía, para­
que me recibas en tus brazos y en ellos, como en altar sagrado, reciba mi
Eterno Padre el sacrificio de la eterna reconciliación con el linage hu­
mano! Si tú te precias de discípulo de Jesús, recibe con alegría la cruz
que su Magestad te envía. Pero ay dolor, que quisieras una cruz suave,
gustosa y de poca pena] Una palabrita de reprensión no puedes sufrir:
un mandato de poco gusto de tus superiores no puedes tolerar: una enfer­
medad leve te perturba. O santo Dios; qué ser& de tí?
2 Por el camino violentaron á Simón Cireneo, paraque ayudase ú
llevar la cruz á nuestro Salvador Jesús, Considera, como viendo los ju-
I3*
dios, que el Redentor de la vida iba tan desfallecido, que parecia había
de espirar á cada paso que daba, porque las caídas que did, fueron re­
petidas, los palos, golpes y puiíadas que recibid, fueron sin numero:
obligaron á Simón Cireneo, que venia á la ciudad, á que llevase la cruz
parte del camino, sin tocarla ellos, porque se afrentaban de llegar á ella,
como instrumento de castigo de un hombre, á quien ajusticiaban por mal*
hechor insigne. 2 Nota, que aunque Simón Cireueo llevó la cruz, ma9
fue contra su voluntad; paraque entiendas que para llevar gustoso la cruz,
es necesario violentarte á tí mismo, á la naturaleza y á la carne que son
contrarias al espíritu. Imagina también que la Reina délos ángeles iba
muy cerca de su santísimo Hijo, acompañándole al Calvario. O qué do­
lores y penas padecería aquella mansísima Paloma! O si le hubiera sido
lícito el tomar la c í u z , y aliviar á su santísimo Hijo en tanta pena y
dolor!
3 Volviéndose el dulce Jesús a algunas mugeres que lloraban, les di­
jo : hijas de Jerusalén, no lloréis sobre mí\ utas llorad sobre vosotras mis­
mas, y sobre vuestros hijos; porque si esto se hace en leño verde; qué se
harcí en el seco? Considera, que el Redentor de la vida no reprobó,
antes en algun modo aprobd, las Ingrimas derramadas por su pasión san­
tísima, y como Maestro de la verdad* en lo que las habld, quiso ense­
ñarnos i todos el modo como hemos de llorar su pasión sacrosanta» di­
ciendo; llorad sobre vuestros pecados, y de vuestros hijos, lo que yo
padezco* y no por los mios que no los tengo, ni es posible: y si el com­
padeceros de mí es bueno y justo; mas quiero que lloréis vuestras cul­
pas, que mis penas padecidas por ellas, y con este modo de llorar pasa­
rá sobre vosotras, y sobre vuestros hijos, el precio de mi sangre que
este ciego pueblo ignora. Ojalá aprendieses con esta doctrina á sentir y
llorar la pasión del Redentor, como se debe! Considera la acerbidad de
sus tormentos, y conocerás la gravedad de tus culpas para saberlas
llorar.

M EDITACION D E COMO E L SEÑOR FUE CRUCIFICADO


EN EL MONTE CALVARIO.

i Habiendo el Señor llegado al lugar del Calvario, olU le crucifica-


ron. Considera, como habiendo llegado nuestro verdadero Isaac hijo del
Eterno Padre, al monte del sacrificio, tan fatigado, que apenas podia
alentar , le quitaron la corona de su santísima cabeza para
quitarle la túnica inconsútil, renovando todas sus llagas, y dejándole
desnudo á la vergüenza, en presencia de tan amotinado pueblo; y 110 fue
el menor sentimiento de su Magestad divina, el verse así en presencia de
su santísima Madre, que amortecida de dolor la miraba bien cerca. O
qué confusion de la vanidad humana será aquella desnudez del Reden­
tor de la vida ! Y qué confusion para mí la desnudez de mi Dios y Se*
ñor, por mi amor tan desollado, llagado y descortezado; y yo apetecien­
do delicias y regalos! Dadme, Jesús mío, una centella de este divino
amor, para con desnudez amaros.
2 Considera, como aquellos sayones iban disponiendo la cruz, en
que nuestro Redentor habia de ser clavado: y para hacer los barrenos,
mandaron al Criador del universo con imperiosa soberbia, se tendiese
en ella; y el Maestro de la humildad obedeció sin resistencia. Señalaron
los ahujeros los verdugos, no iguales al sagrado cuerpo, sino mas largos
paraque despues al tiempo de clavarle , tirando con fuertes cordeles de
sus muñecas y pies, le desencajasen todos los huesos de su santísimo
cuerpo, como su diabólica malicia les habia dictado. Clavaron en la cruz
aquel santísimo cuerpo; y para redoblar los clavos, volvieron la cruz,
cogiendo debajo contra la tierra (como dicen algunos contemplativos) al
mismo Seuor crucificado. O crueldad inaudita! Contempla á solas tan ve­
nerable misterio, pondérale, y pesa bien todas sus circunstancias; y ha­
llarás motivos eficaces para aborrecer al pecado > las vanidades,, la co­
dicia y los deleites sensuales, como causa de tanto padecer el Autor de
la vida.
3 Considera, como despues de haber clavado aquel sagrado cuerpo
en la cruz, la levantaron en alto, y de golpe la dejaron caer en el
ahujero, donde se habia de enarbolar, quedando nuestra verdadera salud
y vida en el aire, pendiente del sagrado madero, á vista de innumera­
ble pueblo de diversas gentes y naciones. Renovóse al espectáculo la vo­
cería del pueblo con mayores gritos y confusion. Los judíos blasfemaban:
los compasivos se lamentaban: los estrangeros se admiraban; y otros no
le podían mirar por el dolor: unos le llamaban justo» y otros pondera­
ban el escarmiento en cabeza agena; y toda esta variedad de juicios eran
saetas penetrantes para el corazon de la afligidísima Madre. Considera
Ja mucha sangre que aquel sagrado cuerpo derramaba, pues con el peso
de él y el golpe de la cruz, se estremeció y rompieron mas las llagas
de las manos y pies sagrados. O si tú la recibieses en tu corazon puri­
ficado de todas sus manchas, cómo te apagaría la sed de los mundanos
deleites!
Resolución.
Á vista del mas trágico y lastimoso espectáculo de mi Señor en la
cruz, desuudo, descortezado y traspasado de parte á parte en las manos
y pies, escarnecido y oprobiado de sus enemigos, con los ojos llenos de
lágrimas, con la cara pálida, derramando la sangre por todos los hom­
bres, he concluido que sin o hay dolor semejante al sujo, tampoco hay
dureza semejante i la m ia: sino mudo de estilo > quiero decir, si me
quedo tan frió , como hasta ahora, en su servicio , enfadándome de
cualquiera menuda observancia, de cualquier leve trabajo, de la mas li­
viana palabra, etc. Esta pasada dureza lloro á los pies de la cruz, de­
seando que sean mis ojos dos fuentes de lágrimas: y no conviniendo
que el siervo y esclavo sea mejor tratado que el Señor, resuelvo, no so­
lo contemplar al Señor en la cruz, sino llevar esa misma cruz y llevar­
la perfectamente, no quejándome en tal tribulación, no volviendo atrás
en tal pena, venciendo la repugnancia que siento en tal ejercicio, su­
friendo por amor de Dios tal descortesía, afrenta, etc.

Ramillete.
Señor* quitadme desde ahora la vida, si no he de vivir todo para
V os, que habéis muerto por m í, según lo manda el Apóstol: Las que
viven, ya no vivan para sí9 sino para aquel Señor que por ellos murió*
2 Cor. 5.

MEDITACION DE LOS DOS LADRONES QUE CRUCIFICARON


CON CRISTO SEÑOR NUESTRO,

1 Crucificaron con Jesús á dos ladrones, uno á la diestra, y otro á


la siniestra- Considera, que luego que crucificaron al Redentor de la vi­
da, crucificaron también á dos facinerosos ladrones, poniendo al uno á
su mano derecha, y al otro á la izquierda, dando á su Magestad divina
el lugar del medio, como á quien reputaban por principal malhechor.
Contempla por una parte la execrable impiedad de los judíosbuscando
cuantos medios pudieron pensar para deshonrar al Autor de la vida: y
asi sobre las afrentas pasadas, le ponen ahora en medio de dos ladrones,
paraque todos le tengan por tal. Por otra parte considera la profundísi­
ma humildad de nuestro Salvador Jesús, en querer ser reputado por la­
drón: paraque entiendas que siendo tú verdadero malhechor y ladrón,
cuando con tus culpas has dado muerte al alma, y hurtando a' Dios la
gloria que únicamente se le debe, no debes repugnar el padecer con gus­
to las injurias y trabajos que su Magestad te envia. O inefable caridad
de mi divino Maestro! Cuán obligado me tiene tu doctrina, tu enseñan­
za y tu ejemplo!
2 Pusieron á Jesús en medio. Considera, quan diferentes son los jui­
cios de Dios de los juicios de los hombres; juzgaron los hombres que la
mayor deshonra de Cristo habia de consistir en crucificarle en medio de
dos ladrones; y sn altísima providencia dispuso: 1 Que él solo, por me­
dio de la cruz, fuese venerado y glorificado en todo el universo, 2 Dis­
puso que muriendo entre ladrones, satisfaciese por todos. 3 Did con
esto á conocer que á nadie excluye de la salud, por malo que sea.
4 Dio á entender, que en el dia del juicio final será el Juez de buenos,
figurados en el buen ladrón, y de malos, significados en el malo. O
astucias de los mortales! O cabilaciones de los pecadores contra Dios!
Sin advertir que está escrito: no hay sabiduría, no hay potencia, no
hay astucia contra el Señor. O si conocieses esta verdad, y edmo dispon­
drías, que tu obrar fuese sencillo y sin dobléz para con Dios, y para
con los hombres!
3 Y se cumplió la Escritura, que dice: y fue reputado entre inicuos,
Considera, como el dule Jesús, no solo fue reputado por inicuo de los
escribas y fariseos y muchos del pueblo, sino de los mismos ladrones
crucificados, que al principio le burlaban y decían: Si eres Hijo de Dios,
sálvate á tí mismo y a nosotros. Estas blasfemias de los ladrones fueron
para el Señor de tanto mayor sentimiento, cuanto á ellos estaba mas pró­
xima la muerte, y perdian aquellos dolores con que morían, y podían
satisfacer en parte por sus delitos; como luego lo hizo el uno de ellos,
aprovechando la ocasión mas oportuna que tuvo pecador alguno del mun­
do. Aprovechóle mucho para su remedio la intercesión de María Santísi­
ma, y así ilustrado interiormente conoció á su Reparador Jesús, se ar­
repintió de sus culpas, reprendió á su compañero, pidió perdón de sus
pecados y se salvó. Bendito sea nuestro Redentor Jesús, que con su pro­
videncia divina supo de entre un torbellino de blasfemias manifestar el
fruto de su redención sagrada. Alabemos todos y glorifiquemos á tan
gran Padre, Maestro y Redentor, y confiemos en su sacratísima Madre,
que arrepintiéndonos de nuestras culpas, nos alcanzará la verdadera vida
y salud.

MEDITACION D EL TÍTULO DE LA CRUZ.

i Pilatos escribió la causa de su muerte, y la puso sobre la cruz.


Considera la altísima providencia del Eterno Padre; pues antes de espi­
rar su santísimo Hijo, inspiró á Pilatos que en una tabla escribiese la
causa de su muerte y la pusiese sobre su cabeza en lo alto de la cruz;
y como esta fue obra de Dios, dispúsolo así su Magestad divina: lo i
Paraque hallases tu salud en Jesús, todas las virtudes en el título de
Nazareno, y puerto de nuestra seguridad en el título de Rey. 2 Para­
que en esta escritura, puesta en la cruz, aprendieses la celestial y divina
ciencia que por ella se te enseña. Padeces desconsuelos? Acude á Jesús.
Sientes las amarguras de esta vida? Acude á Jesús. Deseas aumento en
las virtudes? Acude á Jesús Nazareno. Padeces injurias, afrentas y per­
secuciones de tus enemigos? Te persiguen los demonios con varias a g e s­
tiones? Acude á la cruz, lee devotamente el título: Jesús Nazareno Rey
de los judíos; que en tan devota lección hallarás consuelo, alivio, dulzu­
ra, fortaleza y puerto de seguridad contra todas las borrascas del infier­
no. Y quién dejará de acudir á leer esta divina lección, hallándose en
tantos peligros de naufragaren el borrascoso mar de este mundo?
2 El título estaba escrito en tres lenguas; esto e s , ebrea f griega y
latina. Considera la muchedumbre de varias naciones que concurrieron
í Jerusalén>al tiempo de la crucifixión de Cristo Señor nuestro: y como
era tanta la variedad de naciones, dispuso el Señor que en estas tres len-,
guas principales se escribiese el titulo misterioso de la cruz, paraque to­
das las naciones le pudiesen leer y aprovecharse de sus divinos efectos.
También quiso manifestar: i Que todos los que desean salvarse, deben
reconocer por Rey i Jesús Nazareno crucificado, como decia el Apóstol:
Yo me glorío de no saber otra cosa, que á Jesús crucificado, s Porque Je­
sús Nazareno Rey debe ser alabado y glorificado en todas lenguas, y de
todas las naciones. 3 Paraque entiendas que todas las ciencias y elocuen­
cias, aprovechan muy poco* si no se refieren á Jesús Nazareno crucifi­
cado. O si te acabases de desengañar y conocer que todos los pensamien­
tos, palabras y obras que no las refieres á Jesús crucificado, son de muy
poco provecho para tu alma; cómo todas las sellarías con este divino y
real sello!
3 Los pontífices, visto el titulo, dijeron á Pilatos: no escribas Rey de
los judíos, sino que él dijo: yo soy Rey de los judíos-, y Pilatos respondió:
lo que está escrito, será escrito. Considera, lo que los pérfidos judíos re­
pugnaron paraque Pilatos no escribiese el titulo de Rey en la tabla de
la cruz: semejantes en esto á los hombres impíos y mundanos que asidos
i la? cosas temporales, y encarnizados ea las delicias de esta vida, no
pueden oir hablar de Cristo crucificado, ni de la honra que á su Mages­
tad divina se le debe, pareciéndoles cosa muy contraria á sus operacio­
nes; y de aquí viene á suceder que todas las cosas buenas y santas, les
dan en rostro./Al contrario Pilatos estuvo constante en mantener loque
habia escrito: Quod scripsiy setipsi; significando en esto á aquellos varo­
nes constantes toda la vida en mantener los buenos propósitos, que ofre­
cieron á Dios. Ofrecieron ser castos; y tentándoles el demonio contra
esta virtud, responden: lo que está ofrecido á Dios, se ha de cumplir;
y lo mismo es la obediencia y demas virtudes: Quod scripsi9 scripsi. Ase-
gurémosnos, que sin perseverancia aprovechan poco las virtudes. Pídela
á Dios incesantemente y confia, no te faltará su divina gracia, no te
haces indigno con tu flojedad y tibieza.
MEDITACION DE LA DIVISION DE LAS VESTIDURAS
DE CRISTO SEÑOR NUESTRO.

1 Los soldados, despues de haber crucificado al Señor, tomaron sus


vestiduras. Considera la suma pobreza de nuestro Redentor Jesús: toda
su riqueza temporal consistía en una capa ó manto, en la túnica inte­
rior, dicha inconsútil, y en unos paños menores por la honestidad, que
como dicen algunos contemplativos» estos jamas permitió su Magestad
divina se los quitasen, aunque, instigados de Lucifer, lo intentaron los
sayones- Considera, que Jesús nos pide nuestros corazones sin res e/va; y
mal le puede entregar todo, el que le tiene asido i las cosas temporales.
De cuanto bien te priva el afecto á una vil alhajuela! Todo lo reputo por
estiercoly (decia el Apóstol) para lograr el poseer á mi Señor Jesucristo,
O avaros de este mundo! Si pusieran los ojos en la pobreza de Jesús;
y cómo quedára confundida su codicia I Aprende, si has profesado pobre-
za religiosa, su observancia en la desnudez de Jesús, que tanto amó la
pobreza. Veamos los sacerdotes y cristianos, á qué se inclina mas nues­
tro afecto?
2 Hicieron los soldados cuatro partes de las vestiduras, una para ca->
da soldado. Considera, como la capa ó manto del Redentor de la vida,
fue el que dividieron los soldados, que por divina dispensación la lleva­
ron al calvario. Esta es la que se desnudó en la cena, cuando lavó los
pies á los apóstoles; y esta dividieron entre sí misinos los soldados que
eran cuatro. O misterio sumamente digno de nuestra consideración! Di­
vide la vestidura de Cristo, el que no conserva la caridad que debe con
su prójimo; la divide, el que amartelado con su propio dictamen des­
precia los mandatos de su superior, ó el que no quiere obedecer á su
director. O cuántas aímas se pierden por quererse gobernar por su pro­
pio dictamen! Cuántos caminaran á la perfección,, si ciegamente obede­
ciesen los dictámenes de su superior! Por no quererse despojar los hom­
bres de su propio sentir, se originan las divisiones, las discordias, el
perderse la paz y ruina de las comunidades : Todo reino en s( dividido
(dice Dios) será desolado.
3 En cuanto á la vestidura inconsútil> no la rompamos; (dijeron los
soldados) pero echemos suertes sobre el que la ha de llevar. Considera,
como esta túnica inconsútil fue aquella misma que la reina de los án­
geles María Santísima labró por sus propias manos, y puso á su Mages­
tad divina cuando era niño en Egipto; y fue creciendo, al paso que cre­
cía su santísimo cuerpo. Este misterio de no dividirla, declaran muchos
Santos, diciendo: que aunque los judíos rompieron con tormentos y he­
ridas la humanidad santísima de Cristo nuestro bien, con que estaba cu­
bierta la divinidad; pero á esta no pudieron ofenderla con la pasión, ni
tocar á ella; y quien tuviere la suerte de justificarse con su participa­
ción, este la poseerá y gozará por entero. Otros doctores contemplan en
esta túnica la unidad de nuestra santa fe, y de la iglesia católica que
no puede dividirse, la cual siempre ha sido y será una, en la cual es
Dios engrandecido, honrado y venerado. O Dios mió! Y quién nos diera
á todos un sentir, una alma y una voluntad para amaros y serviros sin
división en esta vida, para contemplaros y gozaros despues en la otra
por toda la eternidad!

M EDITACION DE LOS OPROBIOS Y BLASFEM IAS, QUE


DIJERON LOS JUDIOS LA CRUZ.

1 Los que pasaban, le blasfemaban, y moviendo la cabeza, decían:


ah, tú que destruyes el templo de Dws, y en tres dias le reedificasl Sál­
vate á tí mismo. Considera el implacable furor de los pontífices y fari­
seos : pues olvidados de los facinerosos, convirtieron todo su furor con­
tra el impecable y Santo por naturaleza; y moviendo sus cabezas con es­
carnio y mofa, arrojaron muchas blasfemias contra su Magestad sobera­
na. O cuán sensibles fueron estas blasfemias al corazon de Jesús! Qué
cosa mas sensible para un corazon afligido que verse injuriado, no solo
de estraños, sino blasfemado de aquellos, á quienes tenia muy beneficia­
dos? Y quién mas favorecido del dulce Jesús, que estos blasfemos? O
paciencia de Jesús, cuán asombrados estarían los ángeles de ver tan exe­
crable atrevimiento en los hombres; y si de lo alto les fuese permiti­
do, como saldrían á la venganza de las injurias hechas contra su Cria­
dor! Toma tií aquí la debida venganza de tí mismo, ya que tus peca­
dos fueron la causa de tantos escarnios.
2 A sí mismo los principes de los sacerdotes le escarnecían, diciendo:
el salvó á otros y no puede salvarse á sí mismo: si es Rey de Israel,
baje de la cruz y creeremos en él. Considera, como en estos principes
de los sacerdotes se verifica* lo que muy de antemano tenia Dios pre-
dicho por su profeta: Oprimamos al justo, porque sus obras son contra­
rias a ja s nuestras. E l Justo por naturaleza es Jesús: los que le opri­
mían con blasfemias, eran los príncipes de los sacerdotes; porque las
obras del Justo eran contrarias á las suyas. A estos imitan aquellos sa­
cerdotes que presumidos de muy graves, se burlan de la humildad, com­
postura y modestia de los otros sacerdotes pobrecitos y humildes, lla­
mándoles muchas veces con nombres de menosprecio y reputándoles co­
mo insensatos: y la razón es; porque su humildad arguye á su soberbia,
su pobreza á las sedas que arrastran, su modestia á su desemboltura y
su pureza á su mala vida. Á todo esto calla Dios, como calló en el cal­
vario; pero vendrá día ^ en que se rompa el silencio de tantos años re­
presado.
3 Los soldados también hacían burla de él: y dándole vinagre á be­
ber, le decían: si iú eres Rey de los judíos, sálvate á tí mismo. Conside­
ra, lo que o b r a en los demas la fuerza de un mal ejemplo: vieron los sol­
dados, gente rustica y de pocas obligaciones, que los principes de lo s sa­
cerdotes (que eran su dignidad y oficio los que habian de ser mas modes­
tos y compasivos) hacían burla y mofa del mas afligido y desamparado
de los hombres, y los movió su mal ejemplo á burlarse también de su
Magestad divina, Diéronle á beber vinagre, que siendo el vinagre un vino
que se torció y corrompió, fue dar á entender cuan torcido y corrompi­
do estaba aquel miserable y desdichado pueblo, que tales sacrilegios co­
metía contra el Autor de la. vida, O qué juicio se nos espera ¿ los sacer­
dotes, que no cumplimos con la obligación que pide nuestro oficio y
nuestro nombre! Cómo clamarán contra nosotros los seculares escanda­
lizados !

MEDITACION DE L A PRIM ERA P A L A B R A , QUE DIJO


CRISTO EN LA CRUZ.

1 Padre, perdónalos'^ que no saben lo que hacen, Considera 9 que co­


mo el madero de la santa cruz era el trono de la Magestad Real de Cris­
to y la cátedra, de donde quería enseñar la ciencia de la vida , estando
ya su Magestad levantado en ella y confirmada la doctrina con el ejem­
plo, dijo aquella palabra, en que comprendió la suma de la caridad y
perfección: Padre, perdónalos; que no saben lo que hacen* E l precepto
de la caridad y amor fraternal, le vinculó el divino Maestro, llamándole
suyo propio: y en prueba de esta verdad que nos habia ensenado, él
mismo la practicó y ejecutó en la cruz, no solo amando y perdonando á
sus enemigos; pero disculpándolos con su misma ignorancia, cuando su
malicia habia llegado á lu supremo que pudo subir en los hombres, per­
siguiendo, crucificando y blasfemando de su misino Dios y Redentor. O
amor incomprensible! O suavidad inefable! O paciencia nunca imagi­
nada de los hombres, admirable á los ángeles y temida de los demonios!
2 Considera la grandeza de la Magestad ofendida y la vileza de los
viles gusanillos, que le ofenden; pues como si de tan viles ofensores hu­
biera de esperar algo de bueno, así con toda eficacia de palabras pide
el perdón para ellos: Padre (dice) perdónalos; como si dijese: ó Padre
amorosísimo y piadosísimo, reconocedme por hijo amado vuestro, muy
de vuestro agrado será esta petición, siendo en Vos tan propio el per­
donar culpas ; hoy que es el dia de la mayor indulgencia, os pido para es­
tos el perdón, por ellos he padecido para satisfacer á vuestra justicia;
pues quedando ya satisfecha, perdónalos. Qué pedirá un hijo amabilísi­
mo á su piadoso Padre que 110 lo conceda? Perdonadlos; porque no saben
lo que hacen: apartad vuestros ojos de su malicia y atended á su grande
ignorancia, que no saben lo que hacen: mirad que es vuestro hijo queri­
do, el que os hace Ja petición; perdonadlos, porque no saben lo que ha­
cen: por estos y por todos los pecadores del mundo pido el perdón, pues
por todos padezco: recibid en satisfacción de sus culpas estas Ifagas, estas
blasfemias, estos clavos, estas espinas y estos dolores y cruz: perdonad­
los* que no saben lo que hacen. O palabra divina* cuán impresa debes
estar en nuestros corazones para el agradecimiento y la imitación!
3 Considera la inmensa caridad de nuestro Redentor Jesús; pues
siendo tan inescusable la malicia de los judíos, no obstante hace el ofi­
cio de abogado por ellos, minorando su culpa con alegar su ignorancia.
O benignidad excesiva del Redentor, cómo no esc usará y minorará las
culpas de aquellos que invocando su santísimo nombre, le pidieren per-
don de ellas con verdadero dolor de haberle ofendido! Aprende á su
ejemplo é imitación, á no exagerar las culpas de los prójimos, antes á
minorarlas con caridad y compasión, Pero ay dolor! Que si tal vez re­
cibes algun agravio de tus hermanos, le exageras de suerte, que lo que
en sí es un granito de mostaza, lo haces uri monte grande. O amor pro­
pio, y cómo envileces á los hombres! O doctrina y enseñanza de nues­
tro Señor Jesucristo, y cuán poco practicada eres de los mortales!

M EDITACION D E L A SEGUNDA PA LA B R A QUE CRISTO


HABLÓ EN LA CRUZ.

i Uno de los ladrones blasfemaba de Cristo, diciendo: si tú eres Cris-


to, sálvate á tí mismo y á nosotros* Mas el otro te reprendió, diciendo:
ni tú temes ú Dios; nosotros somos justamente castigados y recibimos las
penas que corresponden cí nuestros delitos; pero este no ha cometido culpa
alguna. Considera la maravillosa conversión del buen Ladrón; pues (como
dicen muchos doctores contemplativos) intervino para su remedio la ora­
cion que para él hizo la gran Reina de los ángeles María Santísima, co­
menzándose á estrenar por su medio los efectos de la Redención de su
santísimo Hijo. Otros doctores dicen , que habiendo oído Dimas, que
aquel divino Señor pedia al Eterno Padre perdón de sus enemigos, se
conmovió interiormente á compasion de las penas del Redentor, y coo­
perando á los auxilios que recibió por medio de María Santísima, cono­
ció en Cristo la divinidad, detestó sus culpas, pidió perdón de ellas, re­
prendió á su compañero y confesó Ja inocencia del crucificado. Demos
las gracias á la Reina de los ángeles por esta alma, que por su intercesión
se salvó, y procuremos ser m u y devotos de esta gran Señora, que no nos
faltará con su intercesión para nuestra salvación.
2 Señor (dijo el buen Ladrón) acuérdate de mi\ cuando llegares á tu
reino. Considera i la dicha y felicidad de este Ladrón , en haber coo­
perado á los divinos auxilios; 110 le importe! menos que la salvación de
su alma. O cuánto importa el corresponder á los primeros auxilios de
Dios! E l que corresponde, se hace digno de mayores auxilios; como al
contrario, se hace indigno de los mas eficaces , el que menosprecia los
ordinarios- 2 Pondera la ceguedad de muchas almas que entregadas á
una vids licenciosa, confian temerariamente el salvarse en la última ho­
ra de su vida, no considerando que como dice san Agustín >aquella hora»
eu que se convirtió el buen Ladrón, no fue para el la última, sino la pri­
mera. Fue la ultima de su vida; pero fue la primera en que tuvo cono­
cimiento de Cristo: se convirtió, detestando sus culpas, pidiendo perdón
de ellas y con viva fe y esperanza, pidió el paraíso. Avergoncémonos
pues que teniendo tanto conocimiento como tenemos de Cristo, imitamos
al mal Ladrón en la perseverancia en las culpas; pero no imitamos al
bueno en detestarlas, aborrecerlas y pedir perdón de ellas. Abre los
ojos con tiempo, y corresponde al llamamiento divino, si quieres ase­
gurar tu salvación.
3 Dijo Jesús al buen Ladrón 1 m verdad te digo que hoy estarás
conmigo en el paraíso> Considera en esta segunda palabra de Cristo, que
si en la primera manifestó su ardiente caridad, pidiendo el perdón para
sus enemigos; en esta segunda dilata los senos de su misericordia infini­
ta á un pecador recien convertido, recibiéndole en su amistad y gracia,
y ofreciéndole llevar consigo al paraíso. 2 Considera, que si Dios nues­
tro Seííor ostenta tanta misericordia en un pecador recien convertido,
que pasó toda su vida en latrocinios y otras maldades; que misericordias
ostentará su Magestad divina en aquellas almas, que toda la vida se
emplean en servirle en el ejercicio de todas las virtudes? 3 N ota, que
de dos ladrones crucificados á los lados del Redentor, el uno se salvó,
y el otro se condenó; paraque en el uno temas su justicia, y en el otro
ames su misericordia: pero de tal suerte, que no confies mas de lo que
debes en ella; porque aunque esta sea infinita, es también infinita su
justicia. Dadme gracia, Seííor, paraque siempre acompañe á vuestro san­
to temor el amor que os debo.

MEDITACION DE L A T E R C E R A PALABRA QUE CRISTO


HABLÓ EN LA CRU-Z.

1 La Madre de Jesús estaba cerca de la cruz con María Cleofé y


María Magdalena. Considera la grande constancia y fortaleza de María
Santisima5 al pie de la cruz. Muchos contemplativos sienten que María
Santísima experimentó en su bendito cuerpo los mismos dolores y tor­
mentos que su Hijo benditísimo sintió en el suyo, y que muchas veces
hubiera muerto, si la manutenencia divina no la hubiera conservado, pa­
raque como corredentora asistiese i su santísimo Hijo hasta el ultimo
cuadrante de su vida. Ademas de estos dolores que la gran Reina y Se­
ñora sintió en su cuerpo, los que sintió en su alma benditísima fueron
tan intensos que no se pueden comparar con ellos, los que padecieron
todos los Mártires juntos, como dijo san Bernardino de Sena: y con
tantos dolores estaba al pie de la cruz, no sentada, ó con descanso algu­
no, sino en pié firme y constante, sin perder de vista un punto á su Hijo
santísimo crucificado. O qué doctrina te enseña esta celestial Maestra, si
te precias de discípulo de su Hijo Jesús! Aqui te dice que debes estar
constante en llevar su cruz, en no huir el padecer, en no buscar en esta
vida conveniencias, ni regalos, ni alivios para tu cuerpo.
2 Habiendo el Señor visto á su Madre y al discípulo amado, dijo á
la Madre: Muger, vés a i a tu Hijo- Considera, como justificado el buen
Ladrón, volvió Jesús su amorosa vista ¿ su afligida M adre, y la dijo;
Muger, ves ai á tu Hijo* Llamóla Muger y no Madre; porque este nom­
bre era de regalo y dulzura que sensiblemente le podia recrear el pro­
nunciarle, y no quiso admitir en su pasión este género de alivio y con­
suelo. 2 Llamóla Muger, como si la dijese: Muger, bendita entre todas
las mugeres, la mas prudente entre los hijos de Adán: Muger, fuerte
y constante, nunca vencida de la culpa, fidelísima en amarine: Yo me
voy á mi Padre, no puedo desde hoy acompañarte: mi discípulo amado
te asistirá y servirá como i Madre y será tu Hijo. O qué dolor y sen­
timiento penetraría con estas palabras el corazon de la Madre! 3 Consi­
dera, que en el nombre de Juan encomendó el dulce Jesús á su santísi­
ma Madre á todos los cristianos, paraque como á Madre de todos los
ampare, patrocine y defienda. Si quieres pues experimentarla Madre,
imita á S. Juan en la pureza, en la caridad, en la humildad y en la so­
licitud en servirla; que asi serás hijo suyo, y esta Señora será tu Ma­
dre.
3 Volviendo sus ojos el dulce Jesús á su amado discípulo S. Juan , le
dije: Vés a i a tu Madre; y desde aquella hora la recibió por suya el dis­
cípulok Considera la grande dicha y felicidad del discípulo amado, cuan
adornado estaría de todas las virtudes, pues el mismo Jesucristo te man­
dó tuviese por Madre á la mas pura y santa criatura que despues de su
humanidad santísima habia criado el Altísimo! O dulce palabra: Ves
a íá tu Madrel Ya de hoy en adelante mi Madre será tu Madre: sírve­
la, asístela y obedécela en todo, como hijo muy amado. O qué bien pre­
miados te son los dolores, que has sentido en mi pasión sacrosanta: Ves
a i d tu Madre! Qué* galardón te doy por haberla acompañado y asisti­
do hasta el pie de la cruz: ves ai á tu Madrel Recibidla san Juan co­
mo á madre, ofrecidsele como á hijo, y cuidadoso y solícito la asistid
y sirvió todo el tiempo de su vida. O Virgen soberana , quién pudiese
gozar la dicha de serviros! E l mejor modo de serviros será sin duda el
imitaros en las virtudes: dadme gracia paraque así lo haga, y me acre­
dite de hijo vuestro.

MEDITACION DE L A CUARTA PALABRA QUE HABLÓ


CRISTO EN LA CRUZ.

1 Desde la hora de sexta se llenó toda ¡a tierra de tinieblas hasta


la hora de nona. Considera el sentimiento grande que hicieron el sol,
y los demas astros del cielo en la muerte de su Criador y nuestro R e­
dentor; pues el sol astro tan hermoso y luminoso, escondió sus luc<*s,
llenando con esto toda la tierra de tinieblas» Y tu a vista de tu Dios
crucificado por tus pecados no te cubres de vergüenza y de dolor ? Sien­
ten el sol y los astros insensibles la muerte de su Criador; y el hom­
bre se califica de mas insensible, que todas las criaturas insensibles, no
haciendo demostración alguna de dolor en la muerte de su Redentor.
El sol siendo inocente, manifiesta su dolor, ocultando sus luces en la
muerte del Hijo de Dios; y tu siendo culpado, ni la sientes, ni te la­
mentas, Ó dulcísimo Jesús, ablandad con vuestra gracia mi corazon,
paraque sienta como debo, los dolores de vuestra amarguísima pasión.
2 Cerca la hora de nona exclamó Jesús con recia voz, diciendo: Dios
mioi Dios mió; por qué me habéis desamparado? Considera como llegán­
dose ya la hora de nona del d ia , aunque por la obscuridad y tribula­
ción, mas parecia confusa noche; nuestro Salvador Jesús habló la cuar­
ta palabra desde la cruz, diciendo: Dios mió, Dios mio\ por qué me has
desamparado? Y aunque el divino Señor la dijo en lengua hebrea, no
todos la entendieron: unos decían á Elias llama: otros se burlaban, di­
ciendo: veamos si vendrá Elias á librarlo de nuestras manos. Considera,
que este desamparo de Jesús no fue porque la Divinidad se apartase de
su Humanidad santísima, sino que la Humanidad fue desamparada de
la Divinidadj en cuanto á 110 defenderla de la muerte, y de los acer­
bísimos dolores de su pasión sacrosanta* O cuán intensos serían cuando
le obligaron á prorrumpir en tan fuerte y amorosa queja á su Eterno
Padre! En satisfacción de las burlas de Jos soldados, alivia sus congojas
con la compasion y con el arrepentimiento de tus culpas, que son la
causa de sus penas.
3 Algunos de los circunstantes dijeron: á Elias llama este. Otros se
burlaban, diciendo: veamos si vendrá Élias á librarlo. Considera como.
H
en estos judíos burladores están significados algunos malos cristianos,
que todo se Ies va en censurar las acciones agenas* y en hacer burla de
las palabras y obras, de las personas virtuosas. O cuánto agravian con
esto al Dios de la magestad! Reguemos por eso á Dios, Ies dé conoci­
miento de su culpa, antes que en el dia de la cuenta digan; nosotros
insensatos nos burlábamos de aquellos que ahora vemos reputados entre
los hijos de D ios, y nosotros nos vemos entre los hijos de Satanás. 2 De­
bes considerar, que cuando á tu parecer te hallas desamparado de Dios,
y aborrecido de todas las criaturas, no debes desfallecer en el camino
de la perfección, antes has de estar muy constante en é l , dejándote en
las manos de Dios que mirara por t í, como lo hizo con su Hijo santí­
simo con el movimiento y turbación de todas las criaturas, con que
volvió por su honra. O Dios fidelísimo, infinitamente digno de ser ama­
do , dadme gracia paraque jamas me aparte de vuestro amor, y paraque
siempre en Vos confie!

MEDITACION DE LA QUINTA PA LA B R A QUE CRISTO


HABLÓ EN LA CRUZ.

1 Sabiendo Jesús que todo estaba cumplido; paraque se cumpliese la


Escritura, dijo: sed tengo. Considera , que como dice el profeta David,
vino Jesucristo al mundo para cumplir en todo la voluntad de su Eter­
no Padre: y habiéndola cumplido exactamente por todo el discurso de
su vida , ahora que se hallaba al punto de espirar, did vista á todas las
Escrituras sagradas para dar cumplimiento a e lla s, y al querer y volun­
tad de su Eterno Padre. Ó qué enseñanza es esta para los que sujeta­
mos nuestra voluntad al querer de nuestros superiores! Ningún trabajo
ni tribulación nos debé impedir el cumplimiento de la voluntad de nues­
tro superior, á imitación de Cristo Señor nuestro en el cumplimiento
de la voluntad de su Eterno Padre- 2 Considera en estas palabras la
solicitud de nuestro Salvador Jesús en el cumplimiento de las Escritu­
ras; paraque tií entiendas que todas tus operaciones deben dirigirse al
cumplimiento de las leyes de tu estado y vocacion. O si asi lo hicieses,
como podrías blasonar de, verdadero discípulo é imitador de nuestro
Maestro y Redentor Jesucristo!
2 D ijo : sed tengo. Considera, como Jos dolores de la pasión y con­
gojas pudieron causar en el Redentor de la vida sed material ó natu­
ral; p?ro no era tiempo entonces de manifestarla ni apagarla, ni su
Magestad hablara para esto sin mas sacramento; y así quiso decirnos:
sediento estoy, de que los cautivos hijos de Adán no malogren la liber­
tad que les ofrezco, y he merecido: sediento y ansioso estoy, de que
todos me correspondan con la fe y con el amor que me deben: sedien­
to estoy, de que todos admitan mis méritos y dolores, mi gracia y
amistad, que por ellos pueden adquirir: sediento estoy, de que las al­
mas no pierdan su eterna felicidad, que les dejo por herencia si la quie­
ren admitir y merecer; sediento estoy de almas, que me imiten: se­
diento estoy de almas, que se acuerden para el agradecimiento de lo
mucho que por ellas padezco; pues no interesan menos, que su salvación
eterna. Procura apagar los ardores de la sed de Jesús: la extinguirás, si
te sujetas al cumplimiento de tu obligación y de la divina voluntad , y
procuras con todas tus ansias salvar tu alma.
3 Luego uno de los soldados tomó una esponja con vinagre 5 y ccn
una caña se la puso en la boca al Señor. Considera, como los pérfidos
judíos, en testimonio de su infeliz dureza, ofrecieron al Señoreen irri­
sión una esponja de vinagre sobre una caña, y se la allegaron á la bo­
ca paraque bebiese, cumpliendo la profecía de David, que dijo: en mi
sed me dieron á beber vinagre. Ó paciencia de Jesús, que asi quiso en
su santísima lengua y paladar, castigar nuestras glotonerías, nuestras
murmuraciones, juramentos, maldiciones y palabras d e s h o n e s t a s ? Con­
sidera pues que dan ú beber vinagre á Jesucristo, los que murmuran de
la honra y fama de su prójimo : los que juran y perjuran á cada paso;
los que hablan palabras deshonestas y provocativas: los que echan á
otros maldiciones; y todos aquellos que ccn su infernal lengua damni­
fican al prójimo: todos los glotones y bebedores de ventaja; y con espe­
cialidad todos aquellos sacerdotes, que con precipitada lengua rezan el
Oficio divino, y celebran el sacrosanto y tremendo sacrificio déla M i­
sa, O dulce Jesús9 libradme de ser alguno de estos infelices inconside­
rados, por ser quien sois!

M EDITACION DE LA SEXTA PALABRA QUE HABLÓ


CRISTO EN LA CRUZ.

I Habiendo et Señor tomado el vinagre, dijo: todo está consumado.


Considera lo mucho que el Redentor de la vida te dijo con esta sexta
palabra : todo está consumado. Ya está consumada esta obra de mi lega*
cía del cielo y redención de los hombres, y la obediencia con que me
envió el Eterno Padre á padecer y morir por la salud de los hombres:
ya están cumplidas Jas escrituras > profecías y figuras del viejo testamen­
to , y el curso de la vida pasible y i n o T t a l , que admití en el vientre
virginal de mi Madre: ya queda en el mundo mi ejemplo, doctrina, sa­
cramentos y remedios para la dolencia del pecado: ya queda satisfecha
la justicia de mi Eterno Padre por la posteridad de Adán: ya queda
enriquecida mi Iglesia para el remedio de los pecados, que los hombres
cometieron; y toda la obra de mi venida ai mundo queda en suma per-
feccion por la parte que me toca, como á su Reparador: todo está con­
sumado. O benignísimo Señor, ya que por vuestra parte queda consu­
mada Ja pasión para remedio mió, haced * que de mi parte la reciba
y no la desprecie !
2 Considera, como nuestro Salvador Jesús te dice, como ha dado
complemento á todas las cosas, así las que pertenecen á Dios, como á
su misma humanidad, t Porque con toda perfección y exacta obedien­
cia habia cumplido todo aquello, que de él habian profetizado los anti­
guos profetas, todo lo que el Eterno Padre habia decretado y todo lo
que convino á la obra de nuestra redención. 2 Porque desde el instante
de su concepción se sujetó á las penas, trabajos, afanes, hambre * sed¿
tormentos, afrentas, injurias, oprobios y muerte de cruz. 3 Porque en
esta hora dio la ultima mano al ejemplar de todas las virtudes; pues en
su vida y pasión resplandece una perfect/sima obediencia, la mas ilus­
tre pobreza, la humildad mas profunda, la mas invencible paciencia,
la confianza mas sólida, la mas insuperable fortaleza, la perseverancia
mas generosa > la caridad mas ardiente, la pureza mas relevante y el
mas intenso amor, que jamas han experimentado los hombres* Pues qué
escusa darás por tu mala correspondencia? Qué escusa tendrá la sober­
bia en un vil gusanillo corno eres? Y qué escusa de tus vicios, á vista
d é la práctica de las virtudes de Jesucristo?
3 Considera, como con esta palabra te dice nuestro divino Jesús, co­
mo dió complemento á todo lo que pertenece á la salud y remedio de
las almas; porque con su muerte quedó borrada la culpay y satisfecha
la deuda con el alcance de todas las gracias y dones celestiales- Con su
pasión quedó fundada la iglesia con nuevo sacrificio, nuevos sacramentos
y nuevas’ leyes del Evangelio: quedó confirmada con la venida del Espí­
ritu Santo: quedaron cumplidos los deseos de los santos Padres que es­
peraban en el Limbo: el imperio de Lucifer ha quedado destruido: sus
fuerzas tan abatidas, que si no le das las armas de tu consentimiento,
no te puede hacer mas daño que una mosca muerta; queda tan hundido
en los calabozos del infierno, que los cristianos no tienen ya mas razón
para temerle. Todo esto y mucho mas te dijo el dulce Jesús con la pa­
labra: todo está consumado, al tiempo de espirar en el árbol de la cruz.
Procura llevarla siempre muy estampada en tu corazon : repítela muchas
veces al dia para el agradecimiento y para la correspondencia, y para­
que te aliente á perseverar en su gracia hasta la muerte-

MEDITACION DE LA SÉPTIMA PALABRA QUE CRISTO


HABLÓ EN IíA CRUZ.

i Con esforzada y fuerte voz dijo Jesús; Padre en tus manos enco­
miendo mi espíritu. Considera, como puesta la obra de la redención hu­
mana en su última perfección, era consiguiente, qne como el Verbo
humanado por la vida mortal salió del Padre, y vino al mundo por la
muerte de esta vida, volviese al Padre con la inmortalidad. Por esto di­
jo Cristo nuestro Salvador las últimas palabras: Padre, en tus manos en-
comiendo mi espíritu: para esto levantó sus ojos al cielo y en voz alta
y sonora, que la oyeron los presentes, las dijo como quien hablaba con
su Eterno Padre. Levantó la vo z: Jo i Para denotar que era Señor de
la vida y de la muerte; pues como dice san Gregorio Nazianzeno: no se
hubiera atrevido á llegar la muerte, si Jesucristo no la hubiese llamado
primero. s Para mover á su Eterno Padre d misericordia por los peca­
dos del mundo; porque en la cruz representaba á todos los pecadores,
por quienes satisfacía. 3 Paraque su voz penetrase hasta los infiernos,
para alegrar con ella á los santos Padres en el limbo, y estremecer á
los demonios del infierno. 4 Para mover á penitencia los corazones de
todos. Y si esto se verificó alli mismo, pues muchos de los presentes
volvían á sus casas, dándose muchos golpes en sus pechos; qué debes
hacer tú con tanta luz, como el Señor te ha dejado en su iglesia?
2 Considera, como el divino Señor en esta oracion se sirvió de la
Escritura Sagrada para enseñarnos á orar; esto es, que en la oración
que hacemos, no debemos gobernarnos segun nuestro propio dicta'mcn,
sino segun lo que nos dicen las Escrituras Sagradas, dictadas por la re­
gla infalible del Espíritu Santo, y segun Jo que nuestra santa madre la
iglesia nos enseña, que es regla de verdad y con ella no podemos erran
O cuántas almas se pierden por quererse gobernar por sus propios ca­
prichos! Piensan estar muy aprovechadas; y al fin se manifiesta su en­
gaño, y tal vez con un horroroso escándalo: porque el demonio que Jas
gobierna lo dispone así, y Dios lo permite para escarmiento de las de­
mas. 2 N ota, que el Señor oró, encomendando á su Eterno Padre to­
das las almas piadosas y devotas, á las cuales su Magestad divina llama
con nombre de espíritu: el que ha nacido de espíritu, espíritu es. Y si
el divino Maestro con tanto cuidado te encomendó al Eterno Padre en
los últimos alientos de su vida, qué debes hacer tú por tí mismo? En
qué empleas tu vida? En que se te pasan los dias? Piensa de espacio en
esto, y confúndase tu descuido, tu flojedad y tibieza.
3 Inclinando Jesús la cabeza, entregó su espíritu. Considera atenta­
mente lo mucho, que nos quiso significar el Redentor de la vida, con
inclinar su cabeza, 1 Cuan intolerable era la carga de nuestros pecados,
que sobre sí habia tomado. Considerémoslo bien: y viendo su gravedad
y malicia, pártasenos el corazon de dolor; que con eso aliviaremos á
Jesús, y nos irá bien á nosotros: 2 Para enseñarnos el amor grande,
que tuvo i la pobreza; pues en la hora de su muerte no tuvo sobre que
14*
reclinar la cabeza. Ó pobreza, y cuán aborrecible eres á los mortales]
Cuán pocos te aprecian! Aun muchos que la profesan, huyen de tí: ra­
ros son, los que no buscan sus conveniencias propias: raros, los que
imitamos á nuestro maestro Jesucristo. 3 Paraque conozcamos los bienes
grandes que hallarémos en la cruz. Buscamos la virtud de Ja pureza,
de que tanto necesitamos para salvarnos? E11 la cruz Ja hallaremos mi­
rando á Jesús en ella crucificado, y tan llagado en su sacratísimo cuer­
po. Buscamos la oracion? La caridad? La paciencia? La resignación y
todas Jas virtudes en heróico grado? En la cruz las hallaremos. O cruz
preciosa! O cruz admirable! No permitáis misericordioso Dios, que
nuestras almas se glorieu en otro, sino en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo.

M EDITACION DE LOS PRODIGIOS QUE SUCEDIERON


EN LA MUERTE DE CRISTO SEÍÍOR NUESTRO,

1 E l velo del templo se rasgó y dividió en dos partes. Considera,


como desde la hora del medio dia hasta las tres de la tarde, que era la
hora de nona cuando espiro el Salvador, todas las criaturas insensibles
hicieron el sentimiento y novedad, que dicen los Evangelistas sagrados,
en la muerte de nuestro Redentor; y parece que atemorizados los hom­
bres , ¿e ofrecieron ellas á sacar la cara y llorar en sí tanto la muerte
de su Criador. El velo del templo se dividid en dos partes. Considera, 1
que con este prodigio se denotaba el sentimiento grande que hizo el
templo (que era la iglesia de los judíos) por la muerte de su Dios. Era
costumbre de aquellos tiempos, para manifestar el grande sentimiento
que se tenia de algun suceso, el rasgar las vestiduras; así lo hizo David
al darle noticia de Ja muerte de Saiíl: así lo hizo Caifas al confesarse
Jesús hijo verdadero de Dios; y así al espirar Jesús rasga el templo sus
vestiduras, para manifestar el justo sentimiento que Je oprimía. Rasgóse
el velo del templo para significar, no solo que quedaban descubiertas
todas las figuras del viejo Testamento, sino también que habia ya aca­
bado la siuagogu antigua, fundándose la nueva iglesia con la sangre del
Redentor, y estaba patente el camino del cielo, cuyas puertas quedaban
abiertas. O mi dulce Redentor] Cómo nos predican estas criaturas in­
sensibles, que el mas digno empleo de nuestras lágrimas es el conside*
rar vuestra muerte, y llorar nuestras culpas que la ocasionaron!
2 Tembló la (ierra, y las piedras se dieron unas con otras. Considera,
1 que indignados los judíos de ver que las turbas recibían a Jesucristo
con grande triunfo en la ciudad de Jerusalen, diciendo: bendito el que
viene en nombre del Señor, quisieron apremiarles á que callasen, El Se­
ñor les dijo, que si las turbas hubieran callado, hubieran hablado las
piedras. Ahora se ve esto cumplido; pues callando los hombres la san­
tidad de Jesús, la publican las piedras, dándose unas con otras, y estre­
meciéndose la tierra. 2 Considera , que Jesús murió' con la mayor afren­
ta que jamas se vio en el mundo; y dispuso Dios el volver por su ma­
yor honra con temblor de la tierra y concusion de las piedras, publi­
cando así su Divinidad; (como lo manifiesta el Psalm. Ü7 y 97 y el
cap. 2 del profeta Joel) paraque entiendas, que por mas perseguido,
injuriado y afrentado, que te veas en este inundo; dejando tu causa en
las manos de D ios, su magestad divina volverá por tu crédito.
3 Se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos resucita­
ron y se aparecieron ú muchos en la santa ciudad. Considera* como con
este milagro abrió Jesucristo las puertas del limbo, y libró de él á los
santos Padres, y juntamente abrió muchos sepulcros; para significarnos
que en virtud de su pasión y muerte sacrosanta, abriría los sepulcros
hediondos de nuestros corazones, y expelería de ellos todas las inmun­
dicias de culpa; y que los cuerpos de los justos una vez resucitarían pa­
ra reinar con Cristo. 2 Considera, que en estos cinco prodigios que su­
cedieron en la muerte de nuestro Redentor, se contienen ó simbolizan
cinco efectos que obra la gracia en el alma del pecador. 1 Le rompe el
velo de la ignorancia, y le introduce en la consideración del juicio y
del infierno. 2 La tierra de su corazon, aterrada de aquellas considera­
ciones, se arrepiente de haber pecado. 3 El corazon, que era mas du­
ro que las piedras, destila por los ojos lágrimas de penitencia. 4 Por
medio de la confesion es sacado del sepulcro de sus culpas. 5 Es resti­
tuido á la vida de la gracia, y digno de entrar en la celestial ciudad de
Jerusalen: motivos todos de un eterno agradecimiento ¿ nuestro Dios.

M E D IT A C IO N DE L A A D M IR A B L E C O N V E R S IO N
D E L CENí TURl ON.

t Viendo el Centurión que Jesús con una grande voz había espirado,
y percibiendo el terremoto, fue con sus soldados asaltado de un grande
temor. Considera la eficacia de la preciosa sangre de nuestro Redentor.
Hizo oracion á su Eterno Padre, rogando por los mismos que le cruci­
ficaban; y apenas espiróse vió el efecto en el Centurión. 2 Considera el
motivo que tuvo el Centurión para su conversión, que fue, observar en
Cristo Señor nuestro todas sus palabras y acciones; y viendo que todas
publicaban santidad, se condolió de sus culpas y confesó á Jesús por hi­
jo verdadero de Dios. En Jesús están significados los sacerdotes; en el
Centurión los seculares. O cómo miran estos las acciones y palabras de
los sacerdotes! Y quien duda, que si las acciones y palabras de los sa­
cerdotes fuesen semejantes 3 las de Cristo, serian sin numero los centu­
riones que se convertirían de su mala vida: dadme doce varones apos­
tólicos , (solía decir san Felipe Neri) que yo os daré todo el mundo
convertido. Cuántas quejas oirím los Cristos del Seííor de tantos centu­
riones perdidos, que clamaran contra ellos!
2 Y alabaron á D ios, diciendo: verdaderamente este hambre era jus­
to : verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Considera, como el
primer efecto que se siguió de la crucifixión de Cristo, fue que aquellos
mismos que le habian crucificado, dieron á Dios la gloria, que se le
debia. O bondad incomprensible del Seííor, que supo mudar la crueldad
de los verdugos en mansedumbre, y convertir las contumelias en otras
tantas alabanzas! 2 Considera que el ser reconocido de los paganos por
verdadero Dios, aquel, que por tantos tormentos padecidos apenas te­
nia semejanza de hombre, fue efecto sin duda este prodigio de la pre­
ciosa sangre del Redentor, que hace creer aquellas cosas que exceden
toda humana fé. Pero que confusion es para los cristianos , que tenien-r
do fé y conocimiento de nuestro redentor Jesús, ni temen, ni agrade­
cen , mas pasan su vida en continua tibieza!
3 Aquellos también que se hallaron presentes, viendo lo que iba suce­
diendo , volvían á la ciudad hiriéndose sus pechos. Considera la turba­
ción y confusion grande de aquel pueblo de Jerusalen: muchos viendo
el terremoto, y todos los demas prodigios sucedidos, pe hallaron de un
grande temor comprendidos; y con este temor comenzaron á reconocer
y i confesar á Jestis, á quien antes con tantas ignominias y afrentas
habían despreciado. O cuán eficaces son los castigos de Dios para redu­
cir á los pecadores! Mas cuánta es la malicia de los pecadores, que
con castigos no se reducen! Así sucedió en Jerusalen; pues con tanto
temor y aterramiento por lo que veian, la mayor parte de ellos se que­
daron tan obstinados despues de los prodigios, como lo estaban antes.
Á cuántos cristianos sucede lo mismo en el dia de hoy] Mientras Dios
les castiga, todo se Ies va en t e m e r y en buenos propósitos; pero en
cesar el castigo, vuelven a p ro s e g u ir en sus vicios hasta morir en su
pecado.

MEDITACION D E L A LANZADA QUE DIERON A CRISTO


EN LA CRUZ.

i Pidieron tos judíos á Pilatos que mandase romper las piernas de


los ajusticiados, paraque no quedasen el sábado en la cruz, Y los solda­
dos las rompieron d los dos ladrones. Considera el pretexto de religión,
que tomaron los hebreos, para atormentar al Redentor de la vida: no
juzgaban que habia aun espirado; y pareciéndoles cosa escrupulosa, que
los cuerpos difuntos quedasen en el dia de sábado en las cruces, pidie­
ron á Pilatos les fuesen quebradas las piernas, paraque con este tormen­
to acabasen de espirar, y pudiesen el viernes darles sepultura. Esta es
costumbre propia de los hipócritas: beber como agua la maldad, como
dice el santo Job, y andar escrupulizando en unas ceremonias farisaicas.
Rara calidad de sugetos, pretextar zelo de religión, y atropellar con la
misma religión católica ! Bien dijo san Pablo: que los malos y engaña­
dores ? andan siempre de mal en peor. N ota, que Pilatos luego cooperó
con el falso pretexto de estos hipócritas; paraque veas la facilidad con
que los malos se unen para el maL O si los buenos se uniesen tan fá­
cilmente para ejecutar lo que es del servicio de Dios! Ó santo Dios!
Cuántas réplicas! Cuántos reparos! Y cuántos inconvenientes se discur­
ren para 110 ejecutar una acción santa y buena, y de mucha gloria pa­
ra Dios!
2 Á Jesús porque ya era muerto y no le rompieron las piernas : pero
uno de los soldados con una lanza le abrió el costado; y luego salió san-
gre y agua de él. Considera, que el cuerpo sagrado ya difunto, de
Jesucristo, no pudo sentir Ja herida de la lanzada; pero como dicen
muchos contemplativos9 sintió este golpe la purísima Madre, que esta­
ba al pie de la cruz, como si actualmente recibiera la herida; y vien­
do tan inaudita crueldad , movida de igual compasion y piedad ? le dijo
á Longinos: el Todopoderoso te mire con ojos de misericordia por la pena,
que has dado cí mi alma: por cuya oracion recibió Jjonginos, no solo
la vista corporal, sino la espiritual del alma, confesando á Jesús cru­
cificado, y predicándole despues verdadero Dios > con asombro de los
judíos, Ó estupendo ejemplar de mansedumbre! O confusion de los cris­
tianos! Cuántas veces sucede el escandalizar una vecindad con maldicio­
nes, porque vio una madre que levemente le tocaron á su hijo? Con­
fundámonos todos de pagar mal por m al, y tengamos muy presente es­
ta piedad de la Reina de los ángeles, con la cual ganó el alma de quien
tan cruelmente Je ofendió,
3 Y todo fue hecho puraque se cumpliese la Escritura, que dice: no
le romperéis hueso alguno: y la otra: miraran al que crucificaron. Con­
sidera, que no quebraron los huesos al Redentor de la vida; paraque
en él se cumpliese la Escritura del Exodo, en que mandaba Dios no
quebrantasen los huesos del Cordero fig u r a t iv o , que comían en la Pascua:
sin duda, para enseñarnos á los hijos de la ley de gracia, que no de­
bemos ser curiosos, en querer desmenuzar los secretos de la providen­
cia de Dios, sino adorarlos con un santo silencio; y lo que de ellos y
de todos los sacramentos y misterios ? no puede alcanzar nuestro enten­
dimiento, lo alcancemos con asirnos fuertemente i las aldavas de la fé.
2 Considera * que en el costado de Cristo quedó abierta aquella puerta,
que es puerta del cielo, puerta del paraíso, morada de las almas ena­
moradas de Jesús: ven d morar (dice la mística piedra Cristo) en los
ahujeros de la piedra. En este retiro y soledad, quiere el divino Espo­
so tener sus delicias con las almas escogidas, y levantarlas sobre sí al
conocimiento de su Divinidad. Sea pues su morada este dulce retrete de
la llaga del costado de Cristo.

M EDITACION D E L DESCENDIMIENTO DE CRISTO


SEÑOR NUESTRO DE LA CRUZ.

1 Corriendo ya la tarde de aquel día Parasceve 9 vino José de Ari-


mathéa y Nicodemus ^discípulos de Jesús pero ocultos* Considera el mis­
terio, que encierra el valerse Jesús de dos hombres, que entrambos se
llamaban José, el uno para custodia de su infancia, y el otro para dar
sepultura á su sagrado cuerpo; y seria porque como el nombre de José
significa aumento, entendieses que Dios no se comunica sino á aquellas
almas, que siempre van de aumento en la virtud. 2 Observa que estos
dos varones eran discípulos de Jesús, pero por el grande temor que te-
nian á los judíos, no se atrevían d manifestarse; mas ahora se mani­
festaron entrambos, despreciando todos Jos peligros, por 110 perder al
preciosísimo tesoro del cuerpo de Jesús, y hacer aquel obsequio á su
purísima Madre. Aprende de esta acción, que si quieres asegurar el ver­
dadero tesoro de tu alma, que es Jesús * debes atropellar por todos los
inconvenientes y respetos mundanos; porque ni á Jesús, ni i las rosas
de las virtudes las hallarás, sino entre las espinas de las tribulaciones
y trabajos.
2 José no consintió en la condenación de Jesús que se hizo en el con-
se/o; porque esperaba el reino de Dios. Osadamente entró á Pilatos á
pedirle el cuerpo de Jesús, y Pilatos se lo concedió. Considera, que sien­
do cierto que todos deseamos el reino de Dios y bienaventuranza eter­
na, aplicamos muy poco los medios para conseguirla. Si quieres que no
se frustren tus esperanzas, huye como José, la compañía y consejos de
los matos: aspira de coutimio al cielo: procura animosamente la gloria
de D ios, y llégate con deseo grande y devocion ardiente á Cristo sa­
cramentado , como José á Cristo crucificado en la cruz. 2 Observa la
obeiiencKi practicada de Cristo Seíior nuestro, aun despues de muerto;
subifj é la cruz por obediencia aj Padre; y no quiso descender de ella,
sin la licencia del magistrado. C) lección soberana para los que profesa­
ron obediencial Cuán admirable es á los divinos ojos, que todas nues­
tras acciones vayan gobernadas por esta celestial virtud!
3 Habiendo José comprado una sábana, envolvió en ella al cuerpo
de Jesús. Considera la reverencia con que aquellos santos varones trata­
ron al cuerpo sagrado de Jesús; habiendo arrimado sus escaleras á la
cruz, quitaron lo primero la corona de espinas de su cabeza, y la pu­
sieron en las manos de María Santísima. O qué de ósculos la daria!
Adoróla con toda reverencia , y la adoraron los demas que la acompa­
ñaban , y lo mismo hicieron con los clavos, regándolos todos con sus
lágrimas, especialmente la purísima Madre- Despues bajaron aquel sa­
grado cuerpo todo descoyuntado y tan desfigurado, que apenas parecía
hombre: y la benignísima Señora le recibió en su seno, con el dolor y
lágrimas que no cabe en la ponderación humana, O la mas afligida en­
tre todas las mugeres! Quién sera bastante i consolaros? Luego ungie­
ron aquel sagrado cadáver con odoríferos ungüentos, y lo amortajaron
en una sábana limpia y nueva; para significarnos, que si queremos que
nuestras almas sean digno depósito de Jesús, procuremos primero el
buen olor de las virtudes, y la candidez y pureza de nuestras almas.

MEDITACION D EL EN TIERRO D E L CUERPO DE CRISTO


se£ q r n u e stro .

1 Trajo Nicodemus una composición de odoríferos ungüentos de casi


cien libras; y despues de haber ungido á aquel sagrado cadáver le en­
volvieron en la sábana. Considera el fruto tan copioso, que Nicodemus
sacó de la pasión del Salvador: primero fue en busca de C risto; pero
de noche y ocultamente: ahora viene manifiestamente, y de dia. En­
tonces no trajo mas que dudas y réplicas; ahora trae perfumes oloro­
sos y ungüentos preciosísimos. Ó eficacia de la sangre de Jesús derra­
mada ! O confusión de muchos cristianos! No se atreven i confesar pu­
blicamente á Jesús, ni dejar sus gustos, sus conversaciones, sus galas y
vanidades, porque no digan. No se atreven á humillarse en la divina
presencia, porque no digan. O maldito respeto del qué dirán 9 y de cuan­
tos bienes privas i las almasí 2 Considera, que José noble decurión y
Nicodemus maestro en la ley, no se avergonzaron de confesar publica­
mente á Jesús por su Dios y Señor, de adorarle y llorar tiernas Li­
grimas* y herir sus pechos en la presencia de aquel , que en la pública
estimación de la nobleza de Jerusalen, habia muerto como ladrón entre
ladrones. Enseñanza es esta, paraque los nobles de este siglo no se afren­
ten de confesar á Jesús delante de todos los hombres, si quieren que Je­
sús los confiese por hijos suyos delante de su Eterno Padre.
2 Pusieron á Jesús en un sepulcro nuevo de piedra, en el cual nin­
guno habia sido antes enterrado, y José le cerró con una losa grande.
Considera como prevenido lo necesario para el entierro, se ordenaría
aquella santa procesión de hombres y mugeres, (quien duda, que de
ejércitos de ángeles) y llevando en sus hombros aquel sagrado cadáver
san Juan, José, Nicodemus y el Centurión, se encaminaron i un huer­
to, en donde José tenia un sepulcro nuevo, y en él colocaron aquel sa­
grado tesoro, cerrándole con una grande losa. Considera las lágrimas
que todos derramarían por la tristeza que oprimía sus corazones; y so­
bre todo, que tal estaría aquel piadoso corazon de la virgen Madre.
Acompáñales tií en espíritu > no ceses de llorar tus culpas, ofrece tu co­
razon i aquel divino Señor; que si le tienes limpio de afectos y cuida­
dos terrenos, será gustoso descanso de su Magestad soberana.
3 Las Marías y mugeres que habían seguido á Cristo, estaban sen­
tadas en frente del sepulcro para ver donde ponían al sagrado cuerpo;
y habiéndose vuelto, aparejaron las aromas y ungüentos para ungir otra
vez á Jesús, Considera, como cerrado el sepulcro, se volvió toda aquella
santa compañía en derechura al Calvario, y á imitación de la Reina de
los ángeles, todos dieron excelente veneración y culto á la santa cruz
como instrumento de nuestra redención; y desde allí se partieron al
Cenáculo, dejándose todos sus corazones en el sepulcro, haciendo com­
pañía á aquel divino tesoro, que era el objeto de su amor- Considera en
dónde tienes tu corazon ? A donde se encaminan tus cuidados ? Podrá ser
que los halles muy lejos de Jesús. Si te precias de discípulo suyo, imita
á las M arías, previniendo tu alma con salutíferos aloes de fervientes
actos de amor, y con odoríferos ungüentos de excelentes virtudes, que
será la mas agradable unción, y el sacrificio mas del gusto de su Ma­
gestad divina.

M EDITACION DE LAS GUARDAS QUE PUSIERON LOS JUDÍOS


AL SEPULCRO DE C R ISTO .

i Los Príncipes de los Sacerdotes fueron á Pilatos, y le pidieron


pusiese algunos soldados por guarda en el sepulcro; porque los discípulos
no hurtasen el cuerpo9 y dijesen que habia resucitado. Considera como
habiendo el Redentor de la vida dicho y declarado* que despues de tres
dias habia de resucitar: temerosos y turbados los judíos de ver lo que
iba sucediendo t pretendieron maliciosamente obscurecer Jas glorias de su
resurrección; pero dispuso el Señor que se publicasen mas por el mismo
camino, por donde mas diligenciaron el ocultarlas. Es muy ordinario
estilo de Dios, confundir á los malos con aquellos medios que discurre
su malicia para perseguir á ios buenos. 2 Considera como todo el an­
helo de los judíos fue llegar á ver muerto á Jesucristo: para esto le per­
siguieron hasta verle en el sepulcro; y ahora que ya estk muerto le te­
men aun, no sea que resucite. De aqui debes pensar, que si tanto se
hace temer despues de muerto; que será, cuando venga con su Mages­
tad á residenciar á vivos y muertos?
s Pilatos ¡es dijo; vosotros teneis guardas: id, y guardadle como sa-
beis. Considera el estado infeliz de estos miserables judíos 5 y la cegue­
dad grande a que les condujo su malicia: guardadle como sabéis voso­
tros; (les dijo Pilatos) como $i dijera: no os faltaron astucias y cabila-
ciones, paraque yo le sentenciase á muerte; bien las supisteis fingir:
id ahora y ponedle guardas al sepulcro, que bien sabéis loque habéis
de fingir para obscurecer sus glorias. Todo esto cubrían los Sacerdotes
con la capa del zelo de la honra de Dios; y esta capa 110 pocas veces
cubre muchas intenciones torcidas* Tu en tus empresas , ministerios y
pretensiones reconoce bien tu corazon; mira si buscas ó tu estimación
ó tu conveniencia tí el encubrir tus faltas» y obscurecer las virtudes del
prójimo ; y procura purificarlo para no perder tus operaciones, y que
no te confunda Dios.
3 Las mugeres que siguieron á Cristo9 estaban sentadas en frente del
sepulcro i y habiéndose vuelto 9 previnieron ungüentos y aromas para vol­
ver á ungirle. Considera el grande afecto y devocion con que estas san­
tas y piadosas mugeres asistieron a' Cristo Señor nuestro, acompañán­
dole no solo en su pasión sacrosanta, sino manifestando lo ardiente de
su amor, asistiéndole muerto en el sepulcro: y para manifestar mas su
fervoroso afecto, fueron á la ciudad á prevenir nuevos aromas, con que
ungir su sagrado cadáver. Ó qué lágrimas derramarían ! Ó qué suspiros
arrojarían de sus afligidos corazones! O si tu las imitases! Procura pues,
cuando le recibes dentro de tu alma, de guardarle como un sepulcro
cerrado y sellado, sin dar lugar á distracción alguna; sino aplica tu
cuidado en llorar tiernas lágrimas de dolor de tus pecados * en suspirar
por las ansias de amarle, y obsequiarle con odoríferos olores y precio­
sísimos ungüentos de heroicas virtudes, y ferventísimos actos de fé , de
esperanza y de caridad.

MEDITACION D EL DESCENDIMIENTO DEL ALMA DE CRISTO


SEÑOR NUESTRO AL L íM B O -

1 Descendió á los infiernos. Considera, que aunque nuestra santa fé


nos dice, que Jesucristo descendió á los infiernos, no debemos entender
por este nombre infierno el lugar de los reprobos, sino otro distinto de
é l, en donde estaban destinadas las almas de los justos, hasta que el
Redentor de la vida con su preciosa muerte y sangre, abriese las puer­
tas de Ja gloria celestial. Allí estaban las almas justas, privadas de ver
á Dios. Ó con qué vivos deseos esperarían esta venida de su Reparador
y Libertador! Considera Ja infinita caridad, que lo movió á redimirnos
personalmente, que esta misma fue la que le obligó á no fiar de otro
alguno el descenso d esta caverna, sino á bajar personalmente á ella.
Aprende de tan soberano Maestro á hacer por tí mismo, lo que cono-
oes ser de la honra y gloria de Dios y provecho de los prójimos; y no
te desdeñes de acudir personalmente á los lugares humildes de los po-
brecitos, á las cárceles y hospitales para aliviarles en cuanto pudieres
en sus trabajos.
2 Considera, como al entrar el alma santísima de Jesucristo en aque­
lla obscura caverna, toda se llenó de admirables resplandores de gloria,
y las almas de los justos que allí estaban, fueron beatificadas con clara
visión de la Divinidad ; y en un instante pasaron del estado de tan lar­
ga esperanza i la eterna posesion de la gloria, y de Las tinieblas á la
luz inaccesible que ahora gozan. *l Considera como todas reconocieron á
su verdadero Dios y Redentor, y adorándole, le rindieron las gracias
por tan incomparables beneficios- O con cuánta reverencia le dirían:
digno es el Cordero que fue muerto, de recibir divinidad, virtud y for­
taleza! Redeinístenos, Señor, con tu sangre de todas las tribus, pueblos
y naciones: hicístenos reino, para nuestro D ios, y reinaremos. Tuya
es, Señor, la potencia, tuyo el reino, y tuya es la gloria de tus obras.
O si tú que conoces tan incomparables beneficiost imitases á estas san­
tas almas en el continuo hacimiento de gracias á tan grande bienhe­
chor! Quién duda, que mostrándote agradecido, te harías capaz de re­
cibir la gloria que ellas gozan?
3 Considera como solo para el infierno de los condenados fue terri­
ble y espantoso este din; y fue disposición del Altísimo, que todos cono­
ciesen y sintiesen este descenso del Redentor al limbo. Estaban ya los
demonios aterrados y oprimidos con la ruina, que padecieron por la
muerte del Salvador; y ahora se turbaron y atemorizaron de nuevo. No
menos causaría nueva confusión a los condenados, y nueva rabia contra
sí mismos, conociendo con mayor despecho sus engaños, y que por ellos
perdieron la redención de que los justos se aprovecharon. Qué sentirían
Judas y el mal Ladrón, como mas recientes en aquel lugar! Clama d* lo
íntimo de tu corazon, y d i: ó Dios omnipotente, justo, santo y benig­
no, no permitáis que me vea en tan mísero conflicto! Dadme gracia
paraque jamas se borre de mi memoria vuestra pasión sacrosanta: sea
etla el norte y guia de mis acciones, y el asilo fuerte para defenderme
del demonio. Cómo es posible que sea deshonesto , si mi Señor Jesucristo
padeció tanto por mí ? Cómo vengativo , si mi Señor Jesucristo perdonó
las iujurias, y rogó por quien le injuriaba ? Cómo he de amar la vani­
dad y sentir ios desprecios, si mi Señor Jesucristo fue tan despreciado
y ultrajado y el oprobio de los hombres? Cómo he de amar las riquezas,
si mi Señor Jesucristo fue tan amante de la pobreza ! Cómo he de ape­
tecer las honras, si mi Señor Jesucristo vivió toda la vida entre las
afrentas y deshonras? Y sean tus clamores un poderoso estímulo para
honrar con una vida verdaderamente santa y cristiana la pasión y muer­
te de Jesucristo.
ME DI TAC I ONE S QUE PERTENECEN
AL ESTADO SACERDOTAL.

M E D IT A C IO N DE LA V O C A C IO N A L E S T A D O
ECLESIÁSTICO-

i Considera, que cualquiera que aspira al eátado eclesiástico, deb


ser para ello llamado de Dios; y así decia san Pablo: nadie presuma
subir á tanta honra, sino aquel que fuere llamado de Dios, tomo daten.
Los apóstoles, ios primeros diáconos, y los padres y doctores de la Igle­
sia, no se entremetieron por sí mismos i los ordenes sagrados sin espe­
cial llamamiento de Dios; y aun el misino Cristo, como asegura el
Apóstol: non semeíipsum clarificavit, ut Pontifix fieret* Cómo pues se
atreverá un vil gusanillo de la tierra, ignorante, sin virtud alguna, y tal
vez embuelto en un cenegal de vicios, á entremeterse por sí mismo á
querer gozar del mas sublime estado que hay en la iglesia de D ios,
cuando los mayores santos de la iglesia se reputaron por indignos? Nun­
ca se atrevió el seráfico padre san Francisco á ordenarse de misa; porque
apareciéndosele un ángel con una redoma de agua en la mano, le dijo :
Francisco, así debe tener el alma el ministro del Altar. Pues cómo se
atreverá alguno á ser ministro del A ltar, sin especial llamamiento de
Dios para ello ? Los ministros de la iglesia son los mayordomos de la
casa de Dios, los depositarios de los tesoros divinos y los despenseros
de la sangre de Jesucristo. Pues siendo sus ejercicios tan altos y sobera­
nos; quien duda, que necesitan de altísima pureza y de relevantes vir­
tudes para ejercitarles? Y quien duda que Dios 110 Ia$ comunica i aque­
llos* que con temerario atrevimiento se entremeten á ser ministros de
Dios, sin que Dios les llame para ello? O Iglesia santa, cua'ntos escán­
dalos padeces por los malos ministros, que entran por tus puertas sin con­
sideración, sin reflexión, sin consejo y sin ser llamados de Dios? Tú,
que ahora estás para entrar en ese alto estado, piénsalo bien; paraque
no lo pagues en la hora de tu muerte por toda una eternidad sin reme­
dio.
2 Considera las señales de ser de Dios la vocacion al sacerdocio.'
1 Cuando los prelados superiores, desnudos de todo afecto de carne y
sangre, instan i uno, en quien conocen bondad y doctrina, á que tome
el estado eclesiástico. 2 Cuando desde niño tuvo inclinación i este esta­
do, y perseveró con recto fin de agradar á Dios* y de servir i la igle­
sia en los ministerios sagrados. 3 Cuando posee las calidades de cuerpo
y alma que piden las leyes eclesiásticas; como el ser de buen natural,
de aprobadas costumbres, y que tenga ciencia suficiente para ejercitar
dignamente las funciones sagradas* 4 Cuando uno tiene tal concepto de
la alteza de este estado, que por una parte le imprime en el corazón
un santo temor de entrar en él; y por otra se halla con Una grande re­
solución de querer exactamente cumplir con las obligaciones que tan al­
to estado pide. O si se hiciese ia reflexión debida á estos puntos, cuán­
tos descubrirían los fines bastardos que tuvieron, cuando asentaron pla­
za de ministros de Dios en su iglesia! Aqui descubrirían las pláticas que
consigo mismos.tenían: cuánto renta tal beneficio, tal dignidad ó rec­
toría? Por el interés que les movió, el deseo de engordar á sus parien­
tes con las rentas eclesiásticas, el olvido de los pobres, y del zelo de la
honra de Dios, y por ultimo, por lo actual de su vida, verian, que
no fueron llamados, sino intrusos en la igíesia para ministros de Dios.
O santo DioSj y cuán deplorable atrevimiento!
3 Considera los medios que te pueden hacer digno del estado ecle­
siástico, y cierta moralmente tu vocacion. Lo primero * ruega mucho al
Señor, y ponte muchas veces en la presencia de Dios con una indife­
rencia grande, y suplícale humildemente te inspire el estado que fuere
de su mayor agrado para mas servirle y amarle. 2 Encomienda este ne­
gocio á la Virgen Santísiina, y á los santos de tu devocion. 3 Si cono­
ces que el afecto te tira á dedicarte i Dios en su iglesia, será muy bue­
no el hacerlos ejercicios espirituales, aplicándote en ellos muy de veras
á la oracion mental, por medio de la cual comunica Dios mucha luz al
alma s paraque acierte á cumplir su santa voluntad. 4 Debes recurrir á
tomar consejo de algun varón sábio, desinteresado y prudente según el
espíritu, á quien despues de descubrirle tus intentos, tus inclinaciones
buenas y malas, debes oírle y tomar su consejo; que no permitirá nues­
tro Señor que yerre. Pero el que ya se halla con los órdenes sagrados,
y conociere que 110 le llamó Dios á este estado* debe lo primero , llorar
toda su vida con amargas lágrimas este pecado tan grave y hacer con­
tinua penitencia de él. 2 Debe procurar, (y a que no fue de los llama­
dos) que no sea del numero de los réprobos, viviendo con humildad y
confusion de sí mismo, como quien ocupa el lugar que no es suyo, ni
le toca 9 sino que lo usurpó y puede ser á otro que hubiera hccho mu­
cho fruto en la iglesia de Dios. 3 Procure purificar aquel fin bastardo,
porque se ordenó, viviendo con ejemplo de los demas, puro, casto* hu­
milde, sencillo y amigo de los pobres; y lo conseguirá todo si de ve­
ras se entrega á la oracion , dejando el fausto y la vanidad á un lado.
Roguemos á Dios dé á todos aquel conocimiento y luz, cual conviene
para la salvación de nuestras almas 9 particularmente si ya somos ecle­
siásticos ó deseamos serlo.
Resolución.
He conocido la suma importancia de la vocacion j llamamiento de
Dios, particularmente para el estado de sacerdote, que es el mas subli­
me de todos; y asimismo los engaños del amor propio en persuadirme,
lo que quizá me llevaría á una eterna condenación , pudiendo con justo
motivo temer, que lo mismo sea errar en negocio tan importante, que
condenarme: por tanto determino examinar bien la elección que debo
hacer, considerando de espacio y con desinterés los puntos traídos al
principio de este Manual, y dejándoles enteramente en las manos del
Director, para ejecutar lo que in Domino le pareciere mas conveniente
para el acierto.
Ramillete.
Dadme Señor luz para conocer vuestra santísima voluntad , y gracia
para cumplirla perfectamente; pues es esta toda mi pretensión.

MEDITACION DE LA DISPOSICION QUE SE REQ U IERE


PARA R E C IB IR LOS ÓRDENES SAGRADOS.

1 Considera la grande disposición que piden los sagrados órdenes en


los sujetos que quieren recibirlos, i En buena filosofía, segün la cali­
dad de ]a forma que debe introducirse , deben preceder en el sugeto las
disposiciones necesarias para ella. Qué disposiciones, pues, serán menes­
ter para recibir unos grados, que te levantan de tu miseria a' tan en­
cumbrada dignidad; como es, ser estrella resplandeciente de la iglesia,
ángel del Señor, luz del mundo, juez de las almas, tesorero de la san­
gre y méritos de Jesucristo, árgano de la divina gracia, sagrario de la
divina Sabiduría, hijo especialísimo del Altísimo, Dios de la tierra y
Cristo del Señor? Todos estos excelentes títulos le dan las sagradas Es­
crituras á la dignidad sacerdotal. 2 En la sagrada ordenación, no solo
se te comunica esta excelente dignidad, sino también el Espíritu Santo,
como autor de ella, por medio de la imposición de las manos del Pre­
lado, paraque con mucha especialidad asista y gobierne tus acciones
sacerdotales. Pues, qué disposición debes procurar para recibir tan sobe­
rano huésped y merecer sus favores, sin los cuales no puedes ser digno
ministro suyo? ¡O cuáü limitada será culquiera diligenciat Bien será me­
nester Señor, que pongáis la mano, para sacar de un tronco tan basto
y desaliñado, imagen tan perfecta, como quereis que sea el sacerdote.
2 Considera la circunspección con que anda la iglesia y sagrados
concilios á quienes asiste el Espíritu Santo, para encontrar con sujetos
dignos y bien dispuestos para los sagrados órdenes. 1 Excluye á los su­
jetos defectuosos de cuerpo; como tuertos, cojos, mancos, etc. paraque
con esto se entienda la perfección interior del alma con qne nos quiere.
2 No quiere dar todos los grados de una vez , sino que de uno á otro
pasen intervalos de tiempo v paraque con él se vayan disponiendo mas y
mas con letras, buenas costumbres y santos ejercicios. 3 Que no se ad­
mitan todos, sino que haya elección y que para eso preceda examen
de letras, vida y costumbres muy riguroso, y que solo se admitan los
que se hallaren dignos con estas calidades. 4 Qne se recojan estos por
algunos dias, y con santas oraciones y devotos ejercicios soliciten esta
disposición tan necesaria, y la procuren, de quien solo puede darla que
es Dios. 5 Estando próximos á las órdenes, manda la santa Iglesia un
ayuno general a todos los fieles; paraque con mortificaciones y peniten­
cias cooperen á esta disposición y la alcancen del Señor. O Dios eterno,
cuánto mas deben procurar esta disposición los mismos que se han de
ordenar! Cua'ntos inconsideradamente corren apresurados á esta alteza;
y cuanto mas corren, mas se acercan a su precipicio?
3 Considera aquel grande cuidado y solicitud, que puso el sumo
Pontífice Cristo, en disponer á sus primeros discípulos para idóneos sa­
cerdotes y ministros del Altísimo. 1 Los llamó y entresacó de la mul­
titud del pueblo. £ Los tuvo gran tiempo congregados en su compañía
y escuela, enseñándoles con doctrina y ejemplos. 3 Los eligió de entre
los demas discípulos, despues de larga oracion. 4 Los ejercitó en santos
empleos del culto de Dios y provecho de las almas, g Estando ya pró­
ximos á los órdenes, la misma noche de su pasión, los retiró á una
pieza grande bien aderezada y compuesta, que fue el Cenáculo; paraque
el aparato y aseo del mismo lugar, les advirtiese el sumo respeto y re*
verenda, con que se habian de disponer para recibirlos. 6 Les lavó los
pies en señal de singular pureza y santidad. 7 Les dió ejemplo raro y
doctrina de humildad, que es el fundamento de toda buena disposición
y virtud. 8 Los suspendió de todo lo terreno con un inflamado sermón
de amor, con que enardeció sus corazones. 9 Usó de ceremonias divinas,
que significando los misterios grandes que se celebraban, y la excelen­
cia de la dignidad que recibían, Ies inovia a fervorosa devoción. Pues,
¿con qué diligencia será menester, qne te dispongas ahora tú, que tan
próximo estás á los sagrados órdenes? O cómo será bien, que cuando
los recibas, temblando, te imagines que estás en aquel Cenáculo con
los apóstoles, para ser contado entre ellos por mhiistro de Cristo, aun­
que con tan inferiores méritos y disposiciones ! O cómo convendrá no
divertirte, sino tener tu ánimo suspenso en tan soberanos misterios co­
mo ahí se celebran* y atento á lo que se hace y se dice* con ardiente
deseo de ejecutarlo á sus tiempos! Ó Señor, Ernitte Spiritum tuurn, et
creabuntur, et renovabis faciera térra; que yo sin vuestro socorro, na­
da soy, nada valgo y nada puedo para tan alta dignidad!
Resolución.
La mejor disposición para recibir el orden, me ha parecido sería
aprovecharme bien de este importante medio , que ha juzgado la Iglesia
por el mas eficáz de los ejercicios espirituales que estoy haciendo. R e­
suelvo pues, observar un sumo retiro, modestia y silencio, y rogar muy
de veras á Dios en cada meditación , se digne llenarme de su divino
espíritu, para cumplir dignamente las obligaciones del drden, que he de
recibir.
Ramillete.
Concededme, Señor, vuestra gracia, para ser digno ministro de vues­
tros altares.

MEDITACION DE LA DIGNIDAD SACERDOTAL.

1 Considera cuan excelentes sean los nombres, que la sagrada Es­


critura y los santos Padres dan á los sacerdotes. El profeta Mala chías
los llama ángeles deí Señor, cuando dice: los labios del sacerdote son
depósito de la ciencia, y en su boca se buscara la ley; porque es el án­
gel del Señor de los ejercitas. % Jesucristo por san Lucas los declara vi­
carios suyos, diciendo; quien á vosotros oye3 á mí oye\ y quien á voso­
tros desprecia , á m im e desprecia, 3 Por san Mateo los llama sal de la
tierra, luz del mundo y lumbrera puesta sobre el candelero. 4. En el
Apocalipsis son llamados pastores, doctores y dispenseros de los miste­
rios de Dios. 5 Los santos Padres los llaman á boca llena medianeros en­
tre Dios y los hombres: otros, claveros del cielo, otro*, los gentiles-
hombres de honor de nuestro Señor Jesucristo: otros, príncipes del pue­
blo: otros, padres de nuestro Señor; y otros, los primogénitos de Israel.
O santo Dioi, y lo qué hay que considerar en este punto! ¿Cómo será
ángel, el que vive como bruto? ¿Como será medianero entre Dios y los
hombres, el que con su mala vida irrita á Dios contra sí y contra los
hombres? ¿Cómo se hallará en su boca la ley, si de su boca no sale otro,
sino quebrantos de la ley?
s Considera lo mucho que han sido honrados los sacerdotes, así en
el viejo, como en el nuevo Testamento, aun en presencia de los mis­
mos gentiles. En la ley antigua no quiso Dios, que tuviesen parte en la
distribución de ios bienes de las otras tribus; porque su Magestad divina
quiso ser su porcion y su herencia; y en la nueva ley quiere, que sean
alimentados con los bienes, que Jos fieles dan d la Iglesia: por lo cual
son llamados clérigos, porque el Señor es su suerte y herencia: de don­
de es, que solo el Obispo puede consagrarles y dedicarles al culto di­
vino con solemnes y misteriosas ceremonias* El emperador Constantino
íes tenia en tanta veneración * que decia: que si viera á un sacerdote
cometer algún delito le cubriría con su manto imperial, porque no que­
dase afrentado. San Martin obispo de Tours, comiendo con el empera­
dor Máximo, presentó primero su taza al compañero sacerdote, que al
mismo emperador. San Ambrosio dice: que los reyes y príncipes deben
bajar sus cabezas á los sacerdotes y besar sus manos* creyendo, que
pueden ser muy favorecidos de sus oraciones. Y san Gelasio Papa, es­
cribiendo al emperador Atanasio, le dice: dos suertes de personas tiene
el gobierno de este mundo inferior; los sacerdotes y los reyes: mas el
peso de los sacerdotes es tanto mas grave, cuanto deben en el divino
tribunal dar cuenta de los mismos reyes. ¡O peso grande y sin medida I
¡Y cuánto pesa nuestra dignidad! Dios nos dé su gracia para llevarlo dig­
namente.
3 Considera cuantos hombres santísimos han re usado la dignidad sa­
cerdotal; como san Antonio Abad, san Pacomio, san Francisco y otros
muchos, los cuales con tantas veras la reusaron; porque hicieron el al­
tísimo concepto que debian hacer de tan alta dignidad, á vista de su
bajeza é indignidad. También refieren las historias de muchos religiosos»
grandes siervos de Dios, los cuales, aunque bien adelantados en la vir­
tud, dejaron los monasterios, y se escondieron en los desiertos por te­
mor de ser promovidos á la dignidad del sacerdocio. Otros, siendo sa­
cerdotes y obispos, se retiraron á los claustros para asegurar mejor la
salud eterna con tan alta dignidad. Otros se desterraron voluntariamen­
te á paises estrangeros para vivir incógnitos; como san Juan, dicho el
silenciario. De san Marcos se dice, que se cortó el dedo pulgar por no
llegar á ser sacerdote; y de san Amon, que por no ser obispo se cortó
las orejas. Pues quién será aquel, que haciendo reflexión á tantos ejem­
plos } no tenga en suma veneración la dignidad sacerdotal y tema el re­
cibirla! Pero, ó mi Dios! Qué será de aquellos, que sin reflexión á na­
da de esto, la buscan con empeiío, aunque la acompañe la obligación
de curas de almas!

Resolución.
Me ha parecido inefable la dignidad sacerdotal, y que debia vene­
rarla con silencio, gastando muchas horas y dias en su atenta medita­
ción, pudiendo con v e r d a d decir de ella aquello de Jeremías. 2 Qbstupes-
cite Cosli super hoc: pásmense los cielos de la bondad incomparable de
Dios* que se digna levantar á tanta grandeza tan humildes gusanillos. He
entrado en temor de la sentencia de san Gerónimo: granáis dignitas sa-
cerdotalis; sed granáis ruina, si peccet; ( in Ezech. 44 . ) de la otra de
san Cipriano mártir: qiiantb ampliar fuerit forma dignitatum, tantb ma-
jor exigitur pmnarum usura. Por lo que he resuelto traer un tenor de
vida que sea digno de un sacerdote, y prohibirme severamente ciertos
paseos indiferentes, ciertas visitas, ciertos desahogos lícitos, y con par­
ticularidad el jugar con seglares, maximi de diverso sexo, que es tan
frecuentemente motivo de envilecer á la dignidad sacerdotal.

Ramillete.
Haced Señor, que no se verifique en mí aquello del salino 48. Ho­
mo , cum in honore esset, non intellexit, etc.

MEDITACION DE LAS CAUSAS D E LA DIGNIDAD


SACERDOTAL.

1 Considera, que la excelencia y dignidad de los sacerdotes de la


nueva le y , dimana y se origina de dos potestades >que Ies fueron conce­
didas; Ja una de drden y la otra de jurisdicción. Por la primera, pue­
den consagrar el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo; por la se­
gunda, pueden absolver délos pecados y gobernar la Iglesia. 2 Consi­
dera, cuan maravillosa sea la potestad de consagrar. Grande admiración
nos causa, cuando oimos, que Josué con sola una palabra hizo detener
el curso del sol frente de Gabaon en la batalla contra los amorréos, obe­
deciendo Dios como dice la Escritura, a la voz de un hombre: pero qué
tiene que ver esto con la potestad de un sacerdote ? Porque Josué hizo
parar al sol en su mismo lugar en donde estaba; pero el sacerdote hace
que el verdadero sol de justicia Cristo, esté verdaderamente presente sobre
el altar, donde no estaba. A Josué obedeció una criatura, y esto solo
una vez i pero al sacerdote obedece el Criador tantas veces, cuantas pro­
nuncia las palabras de la consagración. Pues quién de los sacerdotes será
tan insensato, que considerando la obediencia tan maravillosa, que le
presta el Hijo de D ios, y el Criador á «na vil criatura > tenga atrevi­
miento de no querer obedecer á sus divinos mandamientos? Qué juicio
tan riguroso puede esperarse en el dia de la cuenta por su inobedien­
cia ?
2 Considera, que aquella tan suprema honorificencia, concedida á
los ángeles antes de la encarnación del Verbo, dé poder decir: Yo soy
el Dios de Abrahan, de Isaac y de Jacob, ha sido concedida á los sa­
cerdotes como á otros ángeles, que así les llama el mismo Dios por el
profeta Malachías; pues consagrando la hostia, dicen: este es mi cuer­
po; y el cáliz: este es el cáliz de mi sangre, y asi son como vicarios de
Cristo, vice-dioses en la tierra, y como el mibino Cristo. Pues cua'l será
el sacerdote, que haciendo reflexión sobre tan excelente y noble prerro­
gativa como goza, no haga firmísima resolución de vivir santamente y
con vida correspondiente, a lo que es y representa? Cómo puede unir la
mas viva imagen de Jesucristo, que es él mismo, con B elial; esto es*
con el pecado? Considera te pues, viva imagen de D ios; y cuando el ene’
migo te tentare para obscurecer con culpa esta im agen, di: quid tibí
cutn bru tis , supremi Regis imago\
3 Considera la dignidad del sacerdote, cuanto á Ja potestad de ju­
risdicción, que es una potestad propia de D ios; e s to e s , de perdonar ó
retener pecados; y es tan efica'z esta potestad, que los pecados que el
sacerdote perdona en la tierra, son también perdonados en el cielo; y los
que retuviere, serán también reservados en el cielo, como parece claro
en el Evangelio de san M ateo; y por eso, dando el Sacerdote la abso­
lución al penitente* dice: Y o te absuelvo de tus pecados, en el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; como si su lengua fuese la lla­
ve que cierra la puerta del infierno y abre la del paraíso. 2 Conside­
ra que el sacerdote ha sido constituido, como árbitro y medianero en­
tre Dios y los hombres, ofreciendo sacrificios á su divina Magestad pa­
ra aplacarle cuando le indignamos con nuestras culpas. El sacerdote con
sus ruegos vuelve propicio; y como otro M oisés, nos alcanza el perdón
de nuestras culpas. ¿O incomparable grandeza la de un sacerdote! ¿Qué
vileza será , cuando no se corresponde á ella con las virtudes y con el
buen ejem plo? ¡O bien infinito! Asistidnos con vuestra gracia, paraque
no se obscurezca jamas en nosotros la mas viva imagen vuestra que re­
presentamos.

M E D IT A C IO N D E L A SA N TID A D Q U E P ID E E L E STA D O
DEL SACERDOTE.

1 Considera la eminencia del grado á que eres exaltado sacerdote


y conocerás la eminente santidad que pide tu estado. Stí grandeza es la
mayor de cuantas ha Dios comunicado á pura criatura : es mayor que
la de los reyes y monarcas del m undo, mayor que la de los ángeles del
cielo ; y en algún modo superior á la de la Reina de los ángeles, á quien
nunca ftie concedida la potestad de consagrar, ni perdonar pecados, re­
servada i todos los sacerdotes, como a lugartenientes de Dios en la tier­
ra. Por esto san P ablo, dando á entender la veneración que se debe á
los sacerdotes, no les hallo nombre mas á proposito, que el de ministros
del mismo Cristo: sic nos existimet homo , ut ministros Christi . San A m ­
brosio, no hallando términos á que comparar la dignidad sacerdotal, la
llamd inmensa é infinita. San Bernardo considerando esta potestad, ex­
clamo y dijo: 0 preclara y reverenda potestad d élo s sacerdotesl Verda­
deramente, despues de Dios no hay potestad como la vuestra . Mas ó ce­
guedad de muchos sacerdotes! Que de la misma dignidad y grandeza
del estado, que les habia de obligar á humillarse hasta el polvo de la
tierra, toman motivo para la soberbia, para el fausto y para la vanidadI
Haz reflexión si eres uno de ellos,
2 Considera ahora a' que eminente grado de santidad queda obliga­
do el que logra la dicha de gozar la dignidad sacerdotal, i E l obrar del
sacerdote (como dijo Salviano) debe ser tanto mas perfecto, cuanto es
mas elevada la grandeza á que el sagrado drden le encumbro, y siendo
la dignidad divina, y los sacerdotes vice-dioses en la tierra, se pedirá en
ellos una santidad semejante; esto e s ? que procuren siempre santificar­
se mas y m as, mirando por ejemplar la santidad del mismo D io s; y
esto es puntualmente lo que nos enseña la misma verdad infalible Jesu­
cristo : sed perfectos como vuestro P adre celestial es perfecto ; y a s i, de­
biendo tan de cerca tratar con un Dio» de santidad infinita, han de pro­
curar no tener en st cosa, que no huela á suma santidad: sancti eritis ,
sicut ego sanctus sum . 2 Dice el cardenal H ugo, (In Evang. Transfigur.
Christi ) que en el rostro de Cristo transfigurado son representados los
clérigos; y ]a razón que d a , es: porque así como por el rostro se cono­
ce el hombre; así por los clérigos se conoce quien es Cristo. Pues si
viésemos á un clérigo tratante y negociante, á otro amancebado, a otro
lleno de gala y vanidad; no será blasfemia grande el d ecir; por estos
clérigos se conoce quién es Cristo? No tiene duda, ó santo D ios! ¡Cua'n-
ta es la obligación que tienes de ser santo, por no deshonrar a Cristo
con tu mala v id a !
3 Considera los medios mas propios para alcanzar esta santidad. 1
Ratifica muchas veces la promesa hecha a D io s, cuando entraste en la
milicia clerical, con la cual protestaste de no querer por tu herencia, si­
no á solo Dios. 2 Date de veras al ejercicio de la oracion mental y
lectura de libros espirituales. 3 Ponte bajo Ja dirección de un buen Pa­
dre espiritual« paraque con su consejo ordenes todas tus acciones á la
mayor gloria de Dios y cumplimiento de tus obligaciones. 4 Celebra
todos los dias la santa misa con tal devocion, como si aquella fuese la
ultima de toda tu vida. 5 Procura con todas tus futrías alejarte de los
negocios temporales y conversaciones de gente ociosa, (i Haz grande
escrúpulo de perder un solo instante de tiem po, sin que le emplees o
en el estudio, ó en el bien de los prójimos, ó en las necesidades furzosas.
Y últimamente, pídele a' Dios pureza de manos, para tocar el sagrado
cuerpo de Jesucristo: limpieza de boca y paladar, para saborearte con
aquel dulce manjar de Jesús sacramentado; é incendios del divino amor
en tu pecho, paraque sea gustoso tabernáculo, donde su Magestad divi­
na descanse. ¡O bien infinito, hacedme esta gracia por ser quien sois!

Resolución.
Habiendo de ser la santidad* como es razón, á proporcion de la dig­
nidad : si esta es la m ayor, la mas grande y sublime que hay en la
tierra; qué tal habrá de ser la santidad y pureza de conciencia que de­
bo de procurar? Resuelvo pues, escogerme un buen Padre espiritual,
con quien confesarme á menudo y comunicar enteramente mi interior,
obedeciendo á ciegas sus consejos , para merecer por este medio los pro­
gresos que debo hacer en la santidad de tan eminente estador

Ram illete .
Dadme Dios m ió , tal pureza que me haga digno ministro vuestro»

M E D IT A C IO N D E L E SP ÍR IT U E CLESIASTICO .

1 Considera » que aunque la vocacion al estado eclesiástico sea nece­


saria (como dijimos) para bien servir 4 Dios y á la Iglesia en el esta­
do clerica l; con todo eso no basta ella so la , como se vid en los hijos
de H e lí, que si bien les llamó Dios al sacerdocio, no obstante la sagra­
da Escritura les llama hijos de B elial; esto es, hijos del diablo y fueron
reprobados de D io s, y murieron muerte desastrada. Sube también en el
traidor Judas, que siendo llamado por el mismo C risto, tuvo el fin de­
sastrado que sabemos. Pide pues, que tengas el espíritu eclesiástico, el
cual es sumamente necesario para ser digno ministro de Dios en su igle­
sia. Persuaden esta verdad las razones siguientes, i Porque lo que obra
el alma en un cuerpo, eso mismo obra el espíritu en un eclesiástico: un
cuerpo sin alma tiene alguna apariencia de hom bre, pero 110 tiene el sér
de hom bre, porque ni v e , ni siente, ni h ab la, ni se m ueve, ni hace
operacion alguna de hom bre; y así es un mero cadáver que horroriza á
quien le ve y corrompe a' quien se le acerca. Asi un eclesiástico sin es­
píritu tiene semejanza de eclesiástico , pero nada tiene de perfecto ecle­
siástico ; porque ni v e , ni siente , ni obra como eclesiástico; antes con
el mal olor de sus mal regladas operaciones, escandaliza á cuantos le mi­
ran. 2 Si el que no tiene espíritu para una facultad no puede irle bien
con ella ; mucho menos podrá ser buen eclesiástico, el que no tuviere
el espíritu propio del tal estado. 3 Los apóstoles fueron por el mismo
Dios llenos de este espíritu, que los hizo ministros idóneos del Evange­
lio , como dice san P a b lo : Idóneas nos fecit Ministros novi Testamenté
non litte r a , sed spiritiL E l mismo no quiso dar principio á su predica­
ció n , ni ejercitar las funciones del sacerdocio, sino despues que el Espí­
ritu Santo descendió sobre su Persona en forma de paloma. Considera pues,
si tu espíritu es espíritu de D io s, o espíritu del mundo: mira tus obras,
que ellas te dirán qué espíritu reina en tí.
2 Considera, qué cosa sea espíritu eclesiástico. E l es una participa­
ción dei Espíritu de Dios, abundante y eminente que lleva al hombre á
hacer de buena gana y con devocion, decoro, modestia y aptitud las fun­
ciones eclesiásticas* Dícese, que es una participación del espíritu de Dios,
no porque el espíritu de Dios sea divisible, sino porque comunica sus gra­
cias de muchas maneras, como porciones de sí mismo, segün la diversidad,
condición y necesidad de Jas personas; porque el espíritu divino es como la
luz del sol, que siendo en sí una sola, no obstante diferentemente se comunica
á las criaturas. 2 Esta participación del espíritu de Dios, se dice que en un
eclesiástico debe ser eminente y abundante; porque el estado clerical, como
todos saben, es mas sublime que todos los demas, 3 Esta gracia lleva al
hombre á hacer gustoso, y con aptitud y decoro las cosas eclesiásticas: de
donde sacamos que este vocablo Espíritu significa dos cosas; genio é inclina­
ción á las cosas de la iglesia; y modestia y destreza para hacerlas bien.
Aquel pues tiene espíritu eclesiástico que hace con gusto y alegría todas
las funciones sagradas, aun aquellas que parecen menores y que las hace
con el debido decoro, modestia y devocion. Haz reflexión, si este E spíri­
tu habita en tí; y cuando no, disponte de tu p arte, que á la medida de
tu disposición te comunicará el Altísimo esta gracia.
3 Considera los medios, de que puedes valerte para conseguir y con­
servar este espíritu eclesiástico. E l primero será, desnudarte del espíritu
del mundo, que según el evangelista san Juan no es o tro , que concupis­
cencia de la carn e, concupiscencia de los ojos, soberbia de la vida. E l
que quisiere pues tener espíritu eclesiástico, es necesario que renuncie los
apetitos sensuales, que mortifique su carne, que sea sobrio en comida y
sueño, contentándose con lo necesario para mantener la vida. 2 Debes
desarraigar de tí todo afecto á los bienes temporales; pues como dice e!
Señor: E l que no renuncia lo que posee, no puede ser mi discípulo: y co­
mo dice S. Pablo: L a codicia de los bienes terrenos es raiz de todos los
males . O cuántos entran en el estado clerical, teniendo la mira sola en
el interés del beneficio ó de la dignidad! O que mal espíritu les lleva á
la iglesia! 5 Debes desnudarte del espíritu de la soberbia, sumamente
nocivo á los eclesiásticos. O si te acordases de lo que con especialidad á
los eclesiásticos, dijo el divino Maestro Jesús: Aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazon [ Lo cierto es que aborrecieras toda soberbia,
como hija que es de lucifer, enemiga de Dios y afrentosa al estado ec­
lesiástico.
Resolución .

He conocido la suma importancia del espíritu eclesiástico, como que


es dificultosísimo serlo de veras, y como conviene sin el: y visto que i
medida de mi disposición me comunicará el Señor esta gracia, resuelvo
procurar hacerme digno de ella, por los medios prescritos en esta medi­
tación, particularmente con el vencer la repugnancia al ejercicio de cier­
tas funciones sagradas, que parecen de poca estima; como servir de aco­
lito, turiferario y otras, las que propongo ejecutar con gusto en adelan­
te , y ejercitar con decoro y modestia y devocion, siempre que fuere
llamado.
R am illete .

Destruid, Señor, en mi el espíritu del mundo, y criad otro nuevo en


mi alma, que me incline á serviros con aptitud y devocion; pues que el
serviros en cualquier empleo que sea, es para mi de sobrada honra.

M E D IT A C IO N D E L A S V IR T U D E S Q U E D E B E N R E S P L A N D E C E R
EN UN SACERDOTE, SEGUN LA DOCTRINA DE S. PABLO.

1 Considera, que por nombre de obispo, de quien habla S. Pablo,


escribiendo á Timoteo y á T ito , deben entenderse generalmente todos
los sacerdotes, y especialmente los párrocos y los que tienen cura de al­
m as, y también todos los predicadores y confesores que atienden á la
salud de las almas. Las virtudes pues que nos intima S. Pablo * son las
siguientes, i Que el sacerdote sea irreprensible^ sobrio , adornado de
prudencia, no mundana, sino espiritual y circunspecto en el ejercicio de
su ministerio. 2 Que sea bien compuesto en su trage exterior, modesto
y honesto, y que sea sufrido, afable y con todos benigno. 3 Que en la
justicia sea recto. 4 Q ue en todas sus costumbres resplandezca todo deco­
ro y santidad. 5. Que ejercite la hospitalidad, 6 Que sea muy zeloso de
la santa fe católica, y que tenga ciencia para confutar los errores contra­
rios á ella, y para ensenar sus artículos á los ignorantes. Y últimamente
que sea vigilante sobre su casa y familia, y tenga de ella particular cui­
dado. Ahora considera atentamente este arancel de virtudes, y haz re­
flexión en tu interior; y viendo las pocas ó ninguna que en ti resplande­
cen, llora amargamente tu infelicidad, y procura con firme resolución ad­
quirirlas, para lo que en adelante te quedáre de vida.
2 Considera, que 110 se contenta S. Pablo en manifestará I j s sacer­
dotes las virtudes, de que deben estar adornados y resplander con ellas,
sino que también declara los vicios, de que deben estar lejos, y huir de
ello s: y asi dice, que el sacerdote no debe ser soberbio, ni debe dejarse
arrastrar de la colera : ni debe ser litigante, ni detractor, ni dado á ta
gula ó embriaguéz, ni codicioso; y finalmente dice que sea irrepren­
sible; esto es, que viva de manera que nadie pueda quejarse de é l, ni
tampoco ser reprendido de su propia conciencia en cosa alguna. O san­
to Dios! Qué le dirá la conciencia al sacerdote colérico, que por un no
nada revuelve á gritos toda su casa? Qué le dirá, al que con titulo de
bullicioso, es llamado á los convites del pueblo y del campo, que hacen
los amadores del mundo? Qué le dirá al que toda su vida va cargado de
protocolos por ocasion de sus pleitos con tanto indecoro de su estado? O
lo qué habrá que hacer en la hora de la muerte, mayormente si no hu­
biera enmienda!
3 Considera, que no sin razón pide el Apostol tan grande perfec­
ción en. el sacerdote* porque como enseñan los santos padres, el que se
halla en grado superior en la honra y dignidad, debe resplandecer mas
en la virtud y en el espíritu, según lo que dijo S. Lucas: Que se pedirá
mas á aquel, que mas ha recibido ; y en Ja sabiduría se dice: Que aquellos
que presiden d los dema$y serán mas severamente juzgados ; y que los po -
derosos serán poderosamente atormentados* A mas de esto, dice S* Grego­
rio : Que asi corno el prelado multiplica para s í en el cielo tantas coronas
de gloria , cuantas almas grangeó para Dios; a sí se hace reo de tantas muer^
te s , cuantas almas escandalizó con su mal ejemplo. 2 Piensa que el sa­
cerdote debe ser el espejo y modelo del m undo; y asi lo debe ser de fe,
esperanza y caridad, de humildad y de castidad; porque siendo como es,
luz del mundo y antorcha encéndida puesta sobre el candelero, está
obligado á dar luz á todo el mundo; esto es, de doctrina y ejemplo» y de
no hacerlo así, esta en evidente peligro de un durísimo juicio, cuyo re­
mate será su eterna condenación. Suplica incesantemente á la divina pie­
dad, se compadezca de tí, dándote su gracia para una buena correspon­
dencia sacerdotal.

M E D IT A C IO N D E L A F E Y E S P E R A N Z A Q U E D E B E
RESPLANDECER EN LOS SACERDOTES.

í Considera, que el sacerdote debe principal é inseparablemente esp­


iar unido con la santa iglesia católica romana por medio de la fe , sin
la cual es imposible el agradar á D io s; porque como pastor y maestro
de los fieles , está obligado i instruir al pueblo en los artículos que nos
enseña, ¡\ defenderla vigorosamente contra los hereges, también a ense­
ñar los medios para resistir á las tentaciones del mundo, demonio y car­
ne, y í exponer (si fuere necesario) la vida en su defensa. 2 Nota, que
estas verdades fueron, figuradas en la ley antigua, cuando fue mandado d
los sacerdotes, que en el principio de la batalla tocasen las trompetas
para atentar al pueblo contra su» enemigos: queriendo con esto denotar
que en los combates del espíritu, que son mas frecuentes que los corpo­
rales, deben los sacerdotes mover sus lenguas y esforzar su voz, (á quien
«la escritura llama trom peta)y predicar y exhortar á los fieles á la prác­
tica de las virtudes y buenas obras* que son las señales ciertas de la fe
viva que nos hace triunfar del mundo, como dice S. Juan. Y qué será de
aquellos Sacerdotes que en nada de esto se emplean? De estos dice el Es*
píritu Santo, que son perros mudos en la iglesia: Canes m uti non valen-
tes latrare .
*¿ Considera, que el sacerdote á mas de la virtud de Ja fe, debe es­
tar adornado, de una firme esperanza que hace todas las cosas posibles.
Santiago quiere que esta esperanza sea tan cierta, que no admita duda
alguna; porque, quien duda, es semejante á las olas del mar que son
agitadas del viento y llevadas acá y acullá; y por esto no piense el hom­
bre qne sea apto para obtener de Dios cosa alguna. En confirmación de
esto se ve en muchos lugares del evangelio , haber atribuido el Salvador
muchos de sus milagros á la confianza que se tenia en su Magestad di­
vina : Vete\ ( decia) y hágase como creiste : y otro vez: Séate concedido
segun t u f é . Esta confianza en D io ses necesaria en el sacerdote; porque
siendo medianero entre Dios y los hombres, debe rogar y arreglar de tal
manera su vida, que merezca alcanzar aquello que pide. De aquí es, que
en el santo sacrificio de la m isa, estando el pueblo arrodillado, él solo
está en pie como que confiado en la integridad de su vida, él solo se
atreve á rogar por los demas, los cuales llenos de un santo temor y re­
verencia están humillados delante la divina Magestad. Por esto el Apostol
S* Pablo nos exhorta, h que confiadamente lleguemos al trono de la pie­
dad divina, para hallar gracia y m isericordia; mas está advertido que í
la esperanza como á la fe, la han de acompañar las buenas obras; porque
de no ser asi ni la fe vale* ni la esperanza aprovecha.
3 Considera, que el sacerdote juntamente con la fe y con la espe­
ranza, debe tener la ciencia de la Escritura sagrada y de la teología:
por eso debe aplicarse á tomar el consejo que el Apóstol di<5 á su discí­
pulo Timoteo, de atender á la lección, á la predicación y á la doctrina,
supuesto que el sacerdote, especialmente cura de almas, está obligado 4
explicar el Evangelio, á enseñar los principios de nuestra santa fe, y á '
reprender á aquellos que tuviesen opinion contraria á estos. Pues si el
Apóstol quiere que todos los cristianos esten prontos á dar razón de su
fe á cualquiera que preguntare de ella; cuánto mas estarán obligados á
esto los sacerdotes, que son los maestros y doctores del pueblo? Y en ver­
dad, qué cosa hay mas lastimosa que ver i un eclesiástico, que no sepa
responder a una mugercilla ó mozuelo herege arrogante* que le alegará
varios textos de Ja Escritura sagrada para defender sus errores? Por eso
dice S. Juan Cristístoino, que el sacerdote debe ser sapientísimo, y estar
lleno de ojos para velar sobre sí mismo y sobre el pueblo: y por el pro­
feta Oseas dice Dios que apartará del sacerdocio á los ignorantes: Porque
tu despreciaste la ciencia ; yo también te arrojaré á t í del ministerio del
sacerdocio . O eterno Dios! Qué será de aquellos sacerdotes que apenas
saben leer la misa? Y qué será de aquellos curas de almas que apenas
jamas miran un libro, ni de oracion, ni de teología, ni de moral, ni sa­
ben qué cosa es lu Biblia ó sagrada Escritura?
M E D ITA CIO N D E L A C A R ID A D Q U E D E B E R E S P L A N D E C E R
EN E L S A C E R D O T E .

1 Considera, que el sacerdote debe poner todo cuidado , para conse­


guir esta gran virtud de la caridad; porque la fé y la esperanza, y to­
das las virtudes (como dice el Apóstol) aprovechan poco, si 110 las acom­
paña la caridad. También, porque la caridad es absolutamente necesaria
para ejercitar dignamente la dignidad sacerdotal, así en drden á la potes­
tad de consagrar* como en drden á la potestad de jurisdicción ; y si es
ciíra de almas para el gobierno de sus feligreses. 2 Observa que los sa­
cerdotes de la antigua ley estaban obligados á mantener siempre encendi­
do el sagrado fuego sobre el altar, el cual es representativo de la cari­
dad, y también lo es de la Eucaristía que contiene en sí el mismo Cris­
to, que es todo caridad y todo fuego: al cual no solo conservan en el
altar los sacerdotes de la ley de gracia, sino que dentro de sí mismos le
reciben y colocan en el altar de su corazón para conservar vivo al fuego
de la caridad. Co'mo pues es posible, que no resplandezca mas en noso­
tros esta soberana virtud? Seri sin duda; porque aunque recibimos cada
dia este divino fuego, por nuestra mala disposición no recibimos la virtud
y los efectos de él.
2 Considera, que el primer sacerdote, según el drden de Melqui-
sedech, Jesús, á quien todos los demas sacerdotes representan, cuando en
el altar consagran su santísimo cuerpo, y dicen en su nom bre; Este es
mi cuerpo; manifestó el amor hacia nosotros, cuando instituyó sacerdo­
tes á los santos apóstoles. De aquí es que S. Juan, queriendo hablar de
la líltima cena, cotnenzo, diciendo: Que nos amó hasta el f i n : y de hecho,
el amor inmenso que nos tenia, le movio á instituir la sacrosanta Euca­
ristía, y á hallar modo, con que quedar siempre realmente con nosotros.
Hecho esto, hizo aquel célebre sermón del nuevo mandato de la caridad;
y no contento con esto, did muestras de mayor amor, derramando por
nosotros toda su sangre en su acerbísima pasión. Quién será pues el sa­
cerdote que no arda todo en amor de un Seiior que tanto 110S amd?
3 Considera, que cuando el divino Maestro quiso constituir á S. Pe­
dro príncipe de sus sacerdotes y pastor universal de sus ovejas, le pre­
guntó por tres veces por la caridad, diciendo: Simón , me amas tu mas
que estos? Señor , (respondió S. Pedro) Vos sabéis que os amo. P ues, apu~
denla mis ovejas, le dijo el Señor; que quien tiene caridad, como tu,
bueno es para pastor de mi iglesia. De donde se v é , cuan inflamado en
la caridad debe resplandecer, el que por su oficio está obligado ¿ dar
pasto espiritual de la vida eterna con doctrina y ejemplo a las almas
redimidas con la sangre de Jesucristo. Para conseguir esta virtu d , nos
servirá de medio muy eficaz el no perder jamas de vista el ejemplo que
nos dejó nuestro Señor Jesucristo, de su infinito amor y caridad para con
nosotros: pero si en vez de poner la mira en nuestro Maestro Jesús, la
pones en tus conveniencias y en tu regato, no estraíies tu poco aprove­
chamiento, y el desperdicio de tantas almas que á precio tan costoso com­
pró su Magestad divina.

M E D IT A C IO N D E L A V IR T U D D E L A H U M ILD A D
QUE HA DE T E N E R E L SA C E R D O TE .

1 Considera, que siendo la humildad la base y el fundamento de to­


das las virtudes, deben los sacerdotes poner toda diligencia para conse­
guirla; porque cuanto mas se quiere levantar un ed ificio, tanto mas
profundos se deben hacer los cimientos. Un á rb o l, cuanto mas en alto
levanta sus ram as, tanto mas profundiza en la tierra sus raíces, y cuan­
ta mayor carga tiene de frutos, tanto mas humilla sus ramas hácia la tier­
ra. Pues qué edificio hay en ía iglesia de Dios mayor que el sacerdote?
Que árbol mas sublime hay en ella? Y quién está mas obligado á fruc­
tificar mas que el sacerdote? Luego por ser el edificio mayor , por ser
el árbot mas remontado y fructuoso, tiene obligación de ser mas humil­
de en la iglesia de Dios- Pon pues los ojos de tu consideración en Ja al­
teza de tu dignidad para ser mas hum ilde; y hallarás que te dice el
Espíritu Santo por el eclesiástico: Quantó m a gnus es9 humilia te in óm­
nibus; y si quieres conservar el resto de las demás virtudes, sé humilde,
te dicen S. Gerónimo y S. A gustin: porque así como el fuego se conser­
va cubierto de ceniza; así el incendio de las virtudes se conserva con las
cenizas de la humildad. O cuán abominable cosa es Ja soberbia en un
sacerdote! O qué esmalte tan hernioso es la humildad á la dignidad sa­
cerdotal !
2 Considera, que á todos los siervos de Dios levantó y sublimo su
Magestad divina a la medida de su humildad y abatimiento. Abrahan por­
que no se tenia sino p o r polvo y ceniza , mereció ser llamado padre de
todos los creyentes. David porque se reputaba p o r un vil gusano de la
tierra, fue llamado hombre segun el corazon de Dios- S. Juan Bautista
que se tuvo por indigno de desatar la ligadura del calzado de Cristo,
fue elegido de su Magestad divina paraque le bautizase é h ic ie s e conocer
á todo el mundo. Apenas el Centurión acabó aquellas humildes palabras:
Señor, yo no soy digno que Vos entreis en mi ca sa ; mereció oir aquella
grande alabanza de la boca del Salvador: N o h a llé tanta f e en IsraeL A
S. Pedro, por su grande humildad, le dijo el Señor: D e hoy en adelante
serás pescador de hombres. Finalm ente, la santísima Virgen, que humi­
llándose mas que todas las puras criaturas, se llamó la sierva y esclava
del S e ñ o r 5 fue sublimada á ser Madre del mismo Dios. O cuánto enco­
mendó el divino Maestro esta divina virtud á sus apóstoles! Aprended
de mí, (Ies decía) que soy humilde de corazon: y en otra ocasion: E l que
de vosotros quisiere ser el mayor, hágase el menor de todos. Aquel humi­
llarse tanto Jesucristo en presencia de los apóstoles, antes de ordenarlos
de sacerdotes, qué otra cosa fue, sino darles á entender la humildad que
hahian de profesar para ser dignos sacerdotes y ministros del altar? Pues
si eres tal, sé humilde para ejercitar dignamente tu ministerio»
3 Considera, que es de fe que Dios resiste á los soberbios, y comu­
nica su gracia á los humildes. Pues si el oficio del sacerdote es rogar por
el pueblo, y ofrecer sacrificios por él; si no es humilde de corazon, antes
si soberbio, ¿qué gracias piensa impetrar de D io s, y como aplacar sus
enojos? A quien mirarán mis ojos9 (decía Dios por Isaías) sino al pobre-
cilio y humilde , y al que se estremece de mis palabras ? Pues siendo pala­
bra de Dios que resiste á los soberbios, y que solo comunica su gracia
á los humildes^ cómo no te estremeces de pensar que puedes caer en es­
te abominable vicio de la soberbia, de quien Dios es tan capital enemi­
go? El demonio 110 cesa un punto de parar infinitos lazos ¿ las aliñas:
así se lo manifestó Dios á S. Antonio, y preguntando este cómo podría
librarse de ellos, oyó una voz que le d ijo : Con la hum ildad . O humildad,
cuán poderosa eres para con Dios! Tú fuiste la que alcanzaste el perdón
á D a v id , la salud á Ezechías, la misericordia i Manases, la gracia á la
Magdalena, la que aplacas los enojos de Dios, y la que nos consigues el
remedio en todas-nuestras necesidades. O Señor! Dadme gracia paraque
sea humilde, que con esto serán de vuestro agrado mis ministerios y
servicios.

M E D IT A C IO N D E L A M O R Q U E LOS SA C E R D O T E S
DEBEN TENER A I/A SANTA POBREZA.

1 Considera, cuanto importa á los eclesiásticos la virtud de la san­


ta pobreza. 1 Esta es la primera virtud, que en aquel sermón del monte
encomendó el Salvador á sus apóstoles, primeros eclesiásticos de la ley
de gracia ; Bienaventurados los pobres de espíritu; esto es, bienaventura­
dos aquellos que aman y practican la pobreza: y en otra parte les dijo:
E l que no renunciare todo cuanto p o see , no puede ser mi d iscíp u lo , ni es
digno de mí. 2 Cuando un eclesiástico tomó la primera tonsura, protesto
i Dios de tomar á él solo por su parte y herencia; y en cierta manera
profesó la sequela de esta virtud, tan amada de C risto, de María Santí­
sima y de los apóstoles. 3 El eclesiástico que no tenga afectó á la san­
ta pobreza hará cosas indignísimas de su estado; ni reparará en tratar
y contratar, ni en hacer empréstitos usurarios, ni en abajarse á cual­
quiera cosa vil con afrenta de su estado y escandalo de los que saben su
desordenada codicia* 4 Las palabras de un sacerdote amante de la pobre­
za (como á esta acompañan muchas virtudes) son saetas que penetran Jos
corazones, de quienes Jas oyen, y con eficacia consiguen lo que preten­
den. O hermanos! (solia exclamar el seráfico Francisco) No hay arma
mas formidable contra el demonio que la santa pobreza.
2 Considera, que la pobreza de un eclesiástico consiste, no tanto en
no tener cosa alguna de propio, (com o los religiosos) cuanto en no te­
ner afecto, 6 el corazon asido á los bienes de este mundo, y en conten­
tarse. como dice S. Pablo, con el sustento y vestido moderado. Los actos
de esta virtud, son: i Estimar en poco los bienes de la tierra. 2 Huir la
abundancia y delicadeza en todas las cosas. 3 Estar dispuesto á perder
todos los bienes del mundo, antes que cometer un pecado mortal. 4 Pri­
varse de alguna comodidad corporal voluntariamente. 5 Desear que al­
guna vez le falte alguna cosa, aun necesaria. 6 M irar con ojos benignos
ít los pobres, amarles, visitarles, ^consolarles y socorrerles en sus necesi­
dades corporales y espirituales. O cuán pocos son los ministros de Dios
qne practican esta celestial filosofía! Cuántos anhelan mas por atesorar
el dinero, que atesorar las virtudes! Cuántos se manifiestan liberales pa-
rn comprar una gala indecente á su estado, y muy escasos para dar un
dinerillo á un pobre! Cuántos, en fin, en los mismos ministerios sagra­
dos buscan mas á su propio interés que á la gloria de Dios!
3 Considera los medios que te pueden ayudar para alcanzar y prac­
ticar la virtud de la santa pobreza. 1 Haz firme resolución de no procu­
rar con demasiada solicitud los beneficios, sino poner toda tu confianza en
Dios; y si te dieren alguno suficiente i tu sustento, no busques otro mas
pingüe, acordándote que mayor cuenta tendrás, que dar á D io s, si mas
recibieses. 2 Piensa muchas veces en los muchos escándalos y gravísi­
mos desórdenes, ocasionados en la iglesia por la codicia de los eclesiás­
ticos; y ruega al Señor que te preserve de semejante pestilencia. 3 A fi­
ciónate á los pobres, y dales de buena voluntad de lo poco que tuvieres,
acordándote que está escrito: Que es mejor el dar> que el recibir . 4 Con­
fúndete,, cuando te vieres mas bien tratado, vestido, alimentado, servido
y regalado que Jesucristo, que siendo Monarca supremo, comió, vistió y
se trató como sumamente pobre- 5 No te dejes engañar del amor pro­
pio, y de la prudencia de la carne, qtie muchas veces fingidamente per­
suaden, pienses en lo venidero, y así que procures reservar paraque no
te fa lte : y para convencerte de este engaño, ten en la memoria las pa­
labras del Espíritu S an to : J a d a cogitatum iuum in D om ino , 13 ipse te
enulriet . Y está cierto, que Dios jamas ha faltado, ni faltará a los que po­
nen toda su confianza en su Magestad divina. En fin , si quieres ser rico
en el cielo, sé por Jesucristo pobre en la tierra.
M E D ITA CIO N D E L A V IR T U D D E LA C A STID A D QUE DEBE
RESPLAN DECER EN LOS SACERDO TES.

1 Considera si eres sacerdote la grande obligación, que tienes de ser


casto, i Porque al ordenarte de subdiácono, prometiste con voto solem­
ne y publico á Dios nunca mancharte con deshonestidad , ni interior* ni
exteriormente , el cual voto acepto la santa iglesia por medio del prela­
do que te ordend. s Porque eres destinado ministro de Dios para todo
lo sagrado» para vacar á él solo, para alabarle como ángel con la ora­
cion pública, para servirle, como doméstico y fam iliar, cuidando de su
casa y culto: todo lo cual pide toda pureza interior y exterior* 3 Y
principalmente, porque el Espíritu Santo te ha consagrado, y dado la
divina autoridad y potestad de poner en tus manos, recibir y distribuir
á los otros al mismo Hijo de Dios hecho hombre, quien en este mun­
do tomd por familiares suyos, para tocarle y tratarle, á las dos purísi­
mas azucenas María y José: y despues de muerto quiso 3 que su sagrado
cuerpo fuese embuelto en una sábana lim pia, y puesto en un sepulcro
nuevo, en señal de cuanto amaba la pureza, y aborrecía la inmundicia en
todos aquellos que le habian de tratar de cerca. Piensa tu sériamente,
cuanto desea Cristo en tí una extremada castidad, y cuanto la debes tu
zelar en t í , con todas tus fuerzas.
2 Considera* para mas empeñarte á guardar tu castidad, los dañas
que se siguen, si las pierdes; y son. 1 La suma gravedad de sacrilegio,
ó infidelidad para con D ios, que envolverían tus pecados impuros. 2 E l
grave escándalo que darías á los seglares, los cuales mas se horrorizan
de este vicio en un sacerdote, que de cualquier otro. Y aunque tú peques
en tu interior ó busques ocasion de pecar exteriormente con gran secre­
to > cree, que este vicio es de tal agilidad, que del interior presto pasa
al exterior; y es de tan mal olor* que por entradas 6 salidas 6 miradas
tí dádivas, como por el rastro se sospecha, y luego se sabe. 3 Si te rin­
des á la deshonestidad, pasarás fácilmente á solicitar; y en tal caso,
siendo tií sacerdote, y por tu estado obligado á zelar la salvación de las
alm as, te volverás un demonio, tentando y provocando al pecado y i
la condenación. 4 Con la deshonestidad contristarás grandemente al E s­
píritu Santo, ensuciando con esa inmundicia el soberano carácter que
él labró y dejd impreso en tu alma, 5 Cayendo en impureza ofenderás
á toda la santa Iglesia, y burlarás su esperanza, de que serías sacerdo­
te casto, como lo prometiste. Entra pues, en horror de un pecado, que
causa tantos m ales, con el solo interés de un gusto sucio y momentáneo.
3 Considera, que la castidad del sacerdote tiene mas contrarios, y
peligros que la del le g o : porque al sacerdote se le veda el vicio contra-
16
^4 - MANUAL
r io , no solo por el sexto precepto, mas aun por el voto solemne, con
total exclusión del matrimonio , lo que naturalmente excita mas el ape­
tito. El sacerdote vive con mucha comodidad en el com er, beber, dormir
y vestir, y sin trabajar, y gran parte del dia ocioso : es respetado y ad­
mitido á cualquier casa» y tiene sus reales, con que regalar á quien
quiere : todo lo cual manifiesta los peligros de su castidad , y cuanto de­
be armarse contra su contrario. Por esto procura tií servirte de los me­
dios siguientes, i Contra los peligros exteriores, debes evitar del todo
el visitar, conversar, tener fam iliaridad, y mirar de propósito mugeres
fuera de precisa necesidad. Si no aplicas este medio, te'n por moralmen-
te cierto, que JOios te desamparará y perderás tu castidad, como por
esto la han perdido innumerables sacerdotes. Contra las tentaciones inte­
riores y movimientos de tu carne, procura entrar en temor de Dios y
fervor de vida, teniéndola arreglada con oracion mental cotidiana, lección
santa , exámenes de conciencia y sujeción á un buen director. Con este
temor y fervor te mantendrás constante en las tentaciones, y aun au­
mentaras con ellas la pureza con la gracia de D io s, que no te faltará
de su parte. 3 Humíllate siempre; porque la deshonestidad suele ser cas­
tigo de la soberbia. 4 Clama á Dios con perseverancia para ser casto,
pues es don suyo; y cuando te halles acosado de imaginaciones impuras,
acógete á las llagas de Cristo, que es un remedio eficacísimo contra es­
tos ardores de la concupiscencia, como dice san Agustín. Si tií aplicas
con fidelidad estos m edios, puedes esperar qne Dios te conservará casto
hasta la muerte.

M E D IT A C IO N DEL ZELO DE LA SA LU D DÉ LAS A LM A S


QUE DEBEN TENER LOS SACERDOTES.

1 Considera los motivos que pueden inducirte al zelo que debes te­
ner de la salvación de los prójimos. 1 No hay sacrificio mas acepto k
Dios que este, como lo afirma san Juan Crisóstomo y san Gregorio. 2
Como cristiano, estás obligado á procurar tu salvación; y como eclesiás­
tico, estás obligado á ayudar á los prójimos paraque se salven. 3 Dios
zelará la salvación del eclesiástico , que fuere zeloso de la salvación de
los otros, y 110 permitirá le sean cerradas las puertas del cielo, al que se
afanó para abrirlas á los demas. 4 E l que con su zelo coopera á la sal­
vación de una sola alm a, grangea en el cielo un tesoro de mayor estima,,
que todas las riquezas dei mundo; porque una alma es de valor infini­
to , pues fue comprada con la sangre de Jesucristo, g Cuantas almas hu­
bieres con tu zelo grangeado para tu D ios, otros tantos abogados has lo­
grado en la gloria, que incesantemente interceden por tu salvación. 6
La caridad de Jesucristo solicita en todos el amor del prójimo; y partí-
cularmente en los eclesiásticos, que como coadjutores suyos, del>en apli­
carse á este ministerio. Admira é imita el ardiente zelo de Jesús, que
bajando del cielo, vino á buscar la oveja perdida; esto es, la naturaleza
humana y hallada, la puso sobre sus hombros cuaudo se hizo hombre,
y despues de haber padecido por ella treinta y tres aiios de penas y do­
lores * vino ú morir muerte ignominiosa de cruz para redimirla y salvar­
la. O incendio del divino amor! Arrojad en mi corazon una centella de
vuestro z e lo , paraque quede mi alma abrasada con el deseo de mi sal­
vación y de mis prójimos,
2 Considera, que el zelo es un ardiente y eficáz deseo del bien es­
piritual y salud de los otros, como fue aquel de Moiséá, el cual mo­
vido del amor del pueblo, le dijo á D ios: Señor, ó perdonad á este pue­
blo, ó horradme del libro de la v id a : ó aquel de san Pablo* que deseaba
ser anatema , y separado en cierta manera de Dios por el bien de sus
hermanos* 2 Considera* que por las obras se conoce, quien tiene zelo
verdadero de la salvación de las afinas; porque, como dice san Juan:
no debemos amar al prójimo solamente con palabras y con la lengua,
sino con ¡as obras y con la verdad . Por otra parte, el zelo va siempre
acompañado de suavidad, de mansedumbre y de compasion9 cuando es
verdadero; pero al contrario cuando es fingido , le acompaña la aspere­
za , el rig o r, el menosprecio y la envidia. Y así mira sin pasión tu mo­
do de obrar, y conocerás de que zelo estás revestido: y si vieres que no
te acompañan las señales del verdadero zelo * procura implorar humilde­
mente la divina gracia para conseguirlas; y conseguidas, aplícate a ayu­
dar á las almas para conseguir su salvación eterna.
3 Considera los medios para adquirir, conservar y aumentar el ver­
dadero zelo de la salvación de las almas, i Sé zeloso de tu propia sal­
vación ; porque quien no es bueno para s í , menos lo será para los de­
mas. 2 Piensa muchas veces en aquel ardentísimo zelo de nuestro maes­
tro Jesús, é imagina que le ves catequizar á los niños: instruir en la fe
á una Samaritana: yaq u e predica á Jas turbas; ya á la gente del cam­
p o : ya que le ves llorar, o rar, ayunar y afligirse por el remedio espiri­
tual de los hombres; y haz Jírmes resoluciones de im itarle, orando, ayu­
nando, mortificándote y rogando muchas veces á Dios por el remedio de
los pecadores. 3 Considera el solícito cuidado que tiene el demonio y los
hereges con é l, para gtiiar las almas por el camino de la perdición; y
llora .d e q u e estos sean mas solícitos en perderlas, que tú en ganarlas.
Pide incesantemente á Dios, te comunique su divino espíritu, y ofrécele
á su Magestad divina para servirle en este ministerio á la medida de tu
obligación.
Resolución .
He visto - que si los seglares han de ser, Lucerna ardens\ los ecle-
244 MANUAL
sia'sticos deben ser, Lucerna arden f, et lu ce n s : porque todos los órdenes,
desde el primero al ultim o, (quien m as, y quien menos) se ordenan y
miran á santificar al pueblo , principalmente con la predicación. Resuel­
vo pues, vencer animosamente la pusilanimidad y temor vano, nacido
de secreta soberbia de quedar m al, y de otros respetos impertinentes,
la flojedad y pereza en que hasta ahora he vivid o; y aplicarme al bien
de mis prójimos, con proponerles la divina palabra, instruyendo á lo
menos en los rudimentos de la fé á unos y otros, ya sea en casa , ya en
la campaña, y una vez cada semana en el hospital.

Ram illete.
Encended Señor, en mi corazon, el fuego de un ardiente zelo de la
salud de los prójimos.

M E D IT A C IO N DEL B U EN E JEM PLO QUE DEBEN DAR


TODOS LOS SACERDOTES,

1 Considera, i Que cada uno esta por la ley natural obligado á dar
de sí buen ejemplo á su prójimo y hermanor 2 Que esta obligación es
tanto m ayor, cuanto esta' uno en mayor dignidad <5 estado. 3 Que sien­
do sublimado el sacerdote á la suprema dignidad del sacerdocio sagrado,
y puesto en estado tan elevado, es por eso tanto mas grande su obliga­
ción de dar buen ejem plo, cuanto es mas sublime su dignidad y estado.
4 Que Dios ha hecho á los sacerdotes luz del mundo, y k s ha puesto
sobre el candelero de la iglesia, paraque con el esplendor de su vida y
luz de su buen ejem plo, alumbren y enfervoricen a' todo el resto del
pueblo: sic luceat lu x vestra coram hom inibus , ut videant opera vestra
bona , et glorificent Patrem vestrum , qui in calis e$t. g Que ser sacer­
dotes ó presbíteros, como declaran los santos y expositores sagrados, es
ser unos sagrados adalides y guias, que yendo delante con su ejemplo,
conduzcan y guien á los demas por el camino del cielo, y con su vida
ejemplar les hagan fácil y suave la consecución del eterno reino. 6 Que
por eso manda el Apóstol á cada sacerdote en particular, que sea, no so­
lo ejem plar, sino ejemplo mismo de perfección para todos los fieles:
exemplum esto fidelium . O cuán grande es en los sacerdotes la obligación
de dar buen ejemplo !
2 Considera en que ha de dar buen ejemplo el sacerdote. 1 En to­
das las cosas, dice el Apóstol: in ómnibus te ipsum prabe exemplum
bonorum operum . (Ad Tit, 2.) E n todas las virtudes, en todas las accio­
nes, en las palabras y obras, hasta en el cam inar, en el vestir, en el
reir y en el m irar, en todo debe ser ejemplar. 2 Debe em pero, con
especialidad ser ejemplar el sacerdote, dice el mismo Apóstol, en cinco
cosas: en las palabras, en la conversación, en la fé, en la caridad y en
la castidad: exemplum esto fidelium in verbo , in conversatione, in fide , iw
charitate , i/j castitate. (Ad Timoth. 4.) Prim ero, en las p a lab ras ; esto
es, que sean circunspectas, atentas, graves, ponderadas y ordenadas, de­
clara el angélico doctor; no ociosas, vanas, ni chocarreras. 2 En la con­
versación 1 esto e s , que sea del bien d élas alm as, de virtud* de edifi­
cación, y de cosas espirituales y celestiales: conversatio nostra in calis
est. 3 En l a f é viva ; esto e s , que se muestre en las obras, haciendo las
sagradas funciones de la santa m isa, oficios divinos, administración de
sacramentos, rezo privado y demás ministerios sagrados con toda aten­
ción y devocion, y con santa gravedad y religiosa modestia, teniendo
sumo respeto á la divina M agestad, que en su templo ven era, y tratan­
do las cosas sagradas con gran decoro y reverenda. 4 En la caridad:
para con D io s, obrándolo todo por su am or, y entregándose a la oracion
mental y lección espiritual: para con el prójimo, enfervorizándole y con­
solándole en lo espiritual y temporal, según llegare su posibilidad. 5 Y
sobre todo ha de ser ejemplo vivo en la castidad \ porque esta es la di­
visa, ornamento y decoro del drden sacerdotal, y la vestidura cándida
con que siempre ha de ir hermoseado el sacerdote; de manera que con
solo verle quede e nfervor iza do el bueno, y confundido y avergonzado el
sensual y deshonesto. H a z, sacerdote reflexión, y mira como cumples
con tan grande dignidad.
3 Considera los grandes bienes, que consigo trac el buen ejemplo. 1
Es común sentir de los santos padres, que es mucho mas poderoso y
eficaz el buen ejemplo para persuadir y m overá obrar lo bueno, que to­
dos los sermones y pláticas: multo fidelior , et certior , est doctrina ope-
ru m , quhtn sermonumt dice por todos san Juan Crisóstomo. ( ílom 22.
ad Popul.) 2 Hacetotra grande ventaja á los sermones: porque estos so­
lo m ueven, cuando se predica , y á los presentes; pero el buen ejemplo
siempre, en todo tiempo y de dia y de noch e, ensena, y mueve á los
ausentes y á los presentes, dice el mismo santo. 3 Ni puede hallarse co­
sa alguna que mas ensene y mueva continuamente ¿i la virtud y servi­
cio divino, que la vida y buen ejemplo de los sacerdotes, dice el santo
Concilio Tridentino: nihil est 9 quod alios magis ad pietatcm , et De? cul-
tuin assiduk instruat, qu im eorum vita9 et exemplum , (¡id se divino minis­
terio dedicarunt. (Sess, 22. de Reform. cap. 24.) De aquí es, que tales
son los pueblos f cuales son los sacerdotes, como dice el Espíritu Santo:
Sicut populas , sic sacerdos: y por experiencia lo vem os, que con solo
un sacerdote ejemplar y bueno, está santificado todo el pueblo. O qué
glorias y felicidades gozarán los sacerdotes ejemplares í Pero ay de aque­
llos s que 110 cumplieren con esta obligación! Vce vobis , duces c a c il
Resolución .
He conocido que el sacerdote ha de ser, como dice el A p óstol, la
pauta , norma y ejemplo, por donde todo eJ pueblo ha de gobernar sus
acciones: por lo que conviene, que sean estas en mí sumamente ajusta­
das : pues si la pauta es torcida, edmo podrán los otros tirar derechas
las líneas de la virtud? M e he llenado de confusion de ver mi poco re­
paro en este particular: las muchas veces que he vendido m áxim as, he
dado consejos, he inspirado sentimientos y aprobado procederes contra­
rios á las obligaciones de mi estado: las muchas veces que he mostrado
indocilidad y menosprecio, he murmurado y dicho chanzas malignas,
causa todo de mucha ruina en m í, y en mis prójimos. Resuelvo, pues,
el ser en adelante el mas severo censor de mis acciones, rectificar con
todo cuidado mis pasos, vivir con la circunspección mas atenta, y rogar
á menudo al Seííor con esta jaculatoria.

Ramillete .
Lavadme Dios m ió , purificadme de mis pecados secretos y ocultos.
Perdonadme no solo los que he cometido y o , sino también los que he
hecho cometer á otros.

M E D IT A C IO N DEL M ODO DE REZAR EL OFICIO


DIVINO PRI VACAMENTE *

i Considera la obligación que tienes de rezar las horas canónicas


con la debida aplicación y devocion. 1 Es cosa de suma honra, que los
sacerdotes A imitación de los ángeles alaben á su Criador en la tierra,
como ellos lo hacen continuamente en el cielo. 2 Si toda oracion, aun­
que no sea de obligación, se debe hacer bien i cuánto mas el oficio di­
vino que obliga ¿í pecado mortal? 3 Debiéndose rezar el oficio divino
todos los dias, y en diferentes veces; el que le reza mal, cuántas faltas
habrá cometido cada ario, y por toda la vida? No es fácil poderlas con­
tar. 4 Dios se queja de los legos, porque no rezan con atención sus ora­
ciones: este pueblo (dice) me honra con los labios \ pero su corazón está
lejos de m i . Como pues, se quejará contra los eclesiásticos, que sin de­
vocion, sin atención y precipitadamente rezan el oficio9 que Ies obliga í\
pecado m ortal? Los que de esta suerte rezan , no se pueden decir m e­
dianeros entre Dios y los hombres; pues con su poca atención y preci­
pitación^ mas irritan que aplacan la ira de Dios contra el pueblo. Con*
sideren pues, el daño que ocasionan á toda la iglesia de Dios. 5 Acuér­
date de lo que dice san A gu stin ; esto e s , que el ladrar de los perros* y
el rugir de los leones, es mas grato a los oidos de D ios, que la voz del
que sin atención , ni devocion, reza el oficio divino. 0 sacerdote! T iem ­
bla de esta sentencia de tan gran santo; y si te conoces defectuoso pro­
cura la enmienda.
2 Considera , que las faltas que se cometen en el rezo del oficio
divino * son en dos maneras; las unas son interiores; y en estas incur­
ren: i Los que rezan solo por salir de la obligación, ó por otros fines
bajos y viles. 2 Aquellos que 110 tienen la debida atención, antes se
distraen en pensamientos vanos y mundanos, 3 Aquellos que le rezan
sin espíritu interior, atendiendo solo á acabar presto. Otras faltas hay
exteriores, y caen en ellas, los que teniendo obligación de rezar en el
coro, le rezan privadamente. Los que pudiéndole rezar á las horas debi­
das, por flojedad y tibieza aguardan á rezarle á la noche. 3 Los que le
rezan en lugar ocasionado para distraerse y hablar. 4 Aquellos que hacen
acciones incompatibles con la atención que pide el rezo. 5 Aquel que le
reza con indecente postura, apriesa y precipitadamente: de quien se
verifica lo que dice el profeta R e y : verba pracipitationis, lingua dolosa.
O qu¿ cosa tan digna de lamentarse! Qué empleando un eclesiástico
muchas horas del dia en pasear, en pláticas bien esciisadas y tal vez
en ofensa de D io s; no encuentre tiempo, ni hora oportuna para cum­
plir como debe con la obligación del rezo !
3 Considera los medios que te pueden aprovechar mucho para rezar
debidamente el divino oficio. 1 Antes de comenzarle, recógete un rati­
co interiormente, considerando que has de hablar con el mismo D io s; y
luego será muy bueno el decir aquella oracion: aperi Domine os meiun ,
etc . 2 Procura unir tu intención, con^ la que tuvo Cristo Seííor nuestro,
cuando oraba á su Eterno Padre. 3 A todos los versos del Gloria P a tr i
renueva esta intención. 4 Ten mucha devocion a algún santo particular,
paraque te alcance de Dios gracia para cumplir exactamente con esta
obligación. 5 Procura estar siempre en gracia de D io s; porque quieta y
sosegada la conciencia, con mas facilidad sujetarás los demas sentidos,
paraque no te impidan la atención y devocion que deseas. O si lo hicie­
ses así! Qué gustoso oiría Dios tus oraciones! Cuan copioso sería el fru­
to , que conseguirías para tu alm a, y para toda la iglesia de Dios!

Resolución .
Me ha dado Dios á conocer, que esta sola oracion del rezo del ofi­
cio divino, si lo hago, como conviene, bastará para hacerme perfecto
para con D ios, y para mantenerme habitualmente en la presencia de su
divina magestad; porque comprueba la experiencia, que del alabar á
Dios en espíritu y en verdad, se enciende el alma en amor divino, y
queda ella siempre mas ilum inada, y movida á abrazar los medios para
unirse con D io s : resuelvo pues, sujetarme indispensablemente á la ley
de cumplir esta obligación diaria con suma atención interior y exterior,
retirándome de lugares expuestos á distracción, cuando reze privadamen­
te ; y si rezo en el c o ro , practicar los medios prescritos en la siguiente
M editación, particularmente el del silencio y modestia, que tanto obli­
ga , tan poco cuesta y tanto conduce.

Ram illete .
Señor y Dios m ío , haced por vuestra misericordia , que no se veri­
fique en mí aquella queja tan para sentida: populus hic labiis me hono-
rat\ cor aulem eorum longh est h me.

M E D IT A C IO N D E L A ASISTE N CIA A L CO RO Y D EM A S
OFICIOS PÚBLICOS.

1 Considera de cuanta importancia sea el celebrar dignamente y


con las debidas circunstancias los oficios divinos, 1 El que es negligen*
te en hacer las obras de D ios, es maldito de su Magestad divina como
nos lo acuerda el santo Concilio de Trento. N ota, que el oficio divino
es por excelencia la obra de D io s ; lo dice su mismo nombre de oficio
divino ¿ y en el cie lo , en donde se obra con la mayor perfección, las
divinas alabanzas son el oficio y continuo ejercicio de los ángeles y bie­
naventurados : in sdBcula sceculorum laudabunt te. 2 El sermón mas ex­
celente y el medio mas eficaz para elevar las almas en Dios y conser­
varlas devotas* es la celebración de los divinos oficios con devocion y
gravedad religiosa: y por el contrario, para distraerlas almas, enflaque­
cerlas en la fé, y entibiarlas en la devocion, no hay medio mas eficáa,
que el celebrar los divinos oficias atropelladamente, sin devocion, sin
espíritu y sin el debido decoro. 3 Si con esta obligación se cumple co­
mo se deb e, se da gloria á la Santísima T rinidad, alegría á los ángeles
y santos, refrigerio á las almas del purgatorio, edificación á los fieles,
y gran mérito á la propia alma; y sino cumples como debes con ello,
teme mucho aquella sentenciado san Bernardo, que dice: justo D ei j u ­
díelo sine verbo rnoritur , qui in divino oficio negligenter ioquilur.
2 Considera, quienes suelen falcar en la celebración de los divinos
oficios, paraque propongas firmemente de no imitarles. 1 Aquellos que
se ausentan del coro sin legítima causa. 2 Aquellos que bajo vanos pre­
textos no celebran todos los oficios o misas de obligación, 6 fundación,
ó los difieren notablemente* 3 Aquellos que los celebran apriesa, no ob­
servando las debidas pausas, ni la gravedad que piden tan santas funcio­
nes. 4 Aquellos que solamente esta'n en el coro con el cuerpo, tenien­
do su pensamiento en otra parte, ó que hablan ó rien ó miran i una y
otra p a rte, con ligereza y poca modestia. 5 Se p eca, cuando se muda
la hora señalada para los divinos oficios, anticipándola ó posponiéndola,
sin justa causa* 6 Se peca, no proveyendo el coro, la sacristía y altares,
paraque con la debida decencia, aseo y limpieza se celebren los divinos
oficios. O qué cuenta darán á Dios los eclesiásticos de las casullas rotas
y albas indecentes y sucias, y especialmente del polvo de los altares, y
sobre todo de la suciedad d é lo s corporales, purificadorea y cálices! No
se si será escusa en el divino tribunal, el decir: A m in o me toca .
3 Considera* y pon en práctica los medios paraque Dios sea con la
debida reverencia alabado, i Considera, que en el coro asiste el Espíri­
tu Santo: Ubi enim sunt dúo vel tres congregati in nomine meo9 ib isu m in
medio eorum. M att . 18. f . £o. Esta sola consideración bastaba para no
atreverse aun á levantar los ojos del suelo. 2 Antes de comenzar los d i­
vinos oficios, preven todo lo necesario para evitar la perturbación. 3 Sé
puntual en la observancia de las rúbricas y del canto; y si tal vez algo
se errare, no te entremetas en quitar el oficio, al que está obligado á cor­
regir las faltas. 4 Está con smno silencio y modestia, mientras 110 se can­
ta: porque si abominas que los seculares estén hablando en Ja iglesia;
cuánto mas abominable será en ti que eres el ejemplar de ellos? 5 Pro­
cura estar en el coro y altar, no por el lucro temporal, sino por la ma­
yor honra y gloria de Dios, y utilidad de tu alma. O si te resolvieses á
esta observancia tan de tu obligación! Como se te luciría bien en el
aprovechamiento espiritual de tu alma!

M E D ITA CIO N D E L A C E L E B R A C IO N D E L SACRO SANTO


SACRIFICIO de la m isa .

i Considera, que si todas las cosas santas debes tratar santamente,


con mucha mas justicia pide esto el tremendo sacrificio de la misa, sien­
do la acción mas santa y de mayor veneración de cuantas se pueden ha­
cer sobre la tierra, porque es el alma de la religión cristiana; pues en él
se ofrece al Eterno Padre el cuerpo y sangre de su unigénito Hijo en
holocausto, para honrarle con sumo culto de latría, como á Señor supre­
mo de todo, para rendirle las gracias por los beneficios recibidos para
impetrar los divinos auxilios para conseguir el perdón de nuestras culpas,
y en satisfacción de las penas que por ellas merecemos. 2 Considera,
con qué devocion hubieras estado en el cenáculo, cuando el Señor insti­
tuye? este augustísimo Sacramento en la noche antes de su pasión, 6 en
el calvario, cuando pendiente de la cruz derramó su purísima sangre en
precio de nuestra redención. Pues está cierto que todo lo que entonces
se obró en el Calvario y en el cenáculo, se obra ahora en este sacrificio
en las aras del altar: Quoties heec hostia recolitur, (dice la iglesia) opus
nosfra redemptionis exercetur, Pues qué devocion, ternura y afecto, pe­
dirá ahora tan alto sacrificio? Quién será, el que mientras ejerce este
ministerio, no tendrá su mente elevada en Dios? O cuán mal cumplirás
con tu obligación, si no lo haces asi!
2 Considera, que para celebrar dignamente, debes observar cuatro
cosas. La primera, segun el santo Concilio de Trento? es una suma lim ­
pieza de conciencia, de suerte que la tengas bien purificada de toda cul­
pa g ra v e : y de no hacerlo asi, cometerías un horrendo sacrilegio, y co­
mo Judas entregarías de nuevo á nuestro divino Maestro Jesús , ultra­
jando su cuerpo y despreciando su preciosísima sangre: y se podría de­
cir de tí: mejor te fuera nunca haber nacido que cometer semejante
maldad. La segunda, es la devocion interior, sacrificándote con el mis­
mo Cristo á su Eterno Padre, para cumplir siempre y en todo su santí­
sima voluntad. La tercera, es la modestia exterior con la cual debes así
componer tus pasos, tus acciones y tus ojos que todos te respeten, como
í Cristo que representas. La cuarta, es la reverencia exterior, y esta
consiste en la limpieza y aséo de los vasos y paramentos sagrados, par­
ticularmente de los cálices, corporales y purificadores: de los cuales,
cuando son notablemente sucios, no se puede usar, sin culpa mortal, por
la irreverencia grave que se hace k tan alto sacramento y sacrificio. 2
D íbes poner gran cuidado en la observancia de las ceremonias, especial­
mente ert las cruces y signos que seaa bien formadas y no atropelladas:
y asimismo que ta pronunciación sea distinta y clara, alta 6 baja, con­
forme ordenan las rubricas. Examina ahora, edmo te has portado has­
ta el dia de hoy en la celebración de tan alto sacrificio: considera aquella
asistencia y solicito cuidado, con que se sirven los reyes y príncipes de
la tierra; y viendo que no has sido mas cuidadoso en asistir á nuestro
Dios y Señor en las aras del altar, que á ellos, confúndete ahora de no
serlo, antes que ellos en el dia de la cuenta te confundan -
3 Considera los medios, de que te puedes valer para celebrar con
devocion la santa misa. El i es, prepararte bien antes de la celebración,
110 solo con prevenir las oraciones que se han de decir tí dejar; mas
también haciendo reflexión al acto que vas á ejecutar: por tanto debes
examinar tu conciencia, y si la hallases rea de alguna culpa grave, ó que
tu corazon estuviese enlazado en algún desordenado afecto, ó con algún
ddio contra el prójimo, debes purificarlo por medio de la confesion sa­
cramental. 2 Mientras celebras, procura atender al sentido de las pala­
bras, y acompañarle con un grande afecto del alma para conserrar la de­
vocion. 3 Atiende al cumplimiento de las santas ceremonias, sin des­
preciar alguna por mínima que sea: para lo cual debei imaginar, (como
es en realidad) que estás en la presencia de un Dios infinito, k quien
sirves, y con quien hablas. 4 Después de la celebración retírate á un
lugar cómodo, y da gracias á tan alta Magestad por el incomprensi­
ble beneficio que te hizo; y pídele perdón de las faltas cometidas. Pide
para ti y para toda la iglesia muchos dones y gracias: estáte un rato
recogido en la contemplación de tan alto misterio, como acabas de cele­
b ra r; y resuélvete de ir a la presencia de Dios, y de reformar todas tus
costumbres, como pide uu tan santo y cotidiano sacrificio.

Resolución>
En la consideración de este sacrosanto sacrificio del Hijo de Dios,
el mas excelso y el mas agradable al Eterno Padre, he resuelto no ofre­
cerle sin hacer memoria de su pasión, y sacrificarme con el mismo Hijo
í la divina voluntad: practicar con todo cuidado las ceremonias prescri­
tas y emplear una inedia hora, 6 átamenos un cuarto, en acción de
gracias por tan señalada merced de ministro del altar.

Ramillete.
Dadme, Señor, que prácticamente entienda lo de S. Lorenzo Justi-
niano; Accedat sacerdos ad altaris tribunal, ut Christus : assistat, ut án­
gelus: minístrete ut sanctu$.

M E D IT A C IO N D E COM O D E B E N LO S SACERDOTES
FRECUENTEMENTE CELEBRAR LA SANTA MISA.

i Considera, que los sacerdotes, en virtud de su cara'cter, están


obligados i interceder con Dios por el pueblo, y á ofrecer dones y sacri­
ficios, como dice el Apóstol, por los pecados ágenos y propios: y que así
como los seglares caen, y ellos mismos caen también cada dia; así es
bien, que cotidianamente celebren. 2 Piensa que nuestro Salvador Jeáus
en la última cena encargó á sus apóstoles, que en memoria suya hicie­
sen, lo que su Magestad divina hacia; esto e s , renovasen con el sacrifi­
cio divinísimo del altar la memoria de su pasión sacrosanta. Siendo,
pues tan saludable esta memoria, 110 se puede renovar mejor, ni mante­
nerse mas viva en los corazones de los fieles, que con la frecuente cele­
bración de la santa misa. Ademas de esto, considera que nuestro Señor
Jesucristo en la oracion dominical nos enseñó á pedir á D i05 nuestro pan
cotidiano, que según los doctores católicos es el sagrado pan del altar, el
cual, si es pan cotidiano , (dice S. Agustín) por qué no se recibe cada dia
aquello que cada dia nos puede ayudar ? Si es medicina celestia l (dice S.
Ambrosio) yo que peco cada d ia , necesito del remedio de las culpas que
cometo cada dia . Quién será entre los sacerdotes, que 110 necesite de esta
celestial y cotidiana medicina? O trueque malaventurado el que haces de
tener tan solícito cuidado todos los dias de tu cuerpo, y tan poco en ali­
mentar tu alma con este pan, que á quien le come, le da la vida eterna!
2 Considera los ejemplos, que en esto te han dejado los Santos, mu­
chos de los cuales han observado con grande tesón el celebrar todos los
dias, y sacrificar a] Señor el cordero inmaculado; como S. Andrés Após­
tol, S. Ignacio mártir, S. Cipriano, S. Ambrosio* S. Juan Cristístomo, S.
Agustín, é infinitos siervos de Dios que Ies han imitado. D e S. Cipriano,
obispo de Narni refiere S« Gregorio , que acostumbraba celebrar todos
los dias, cu ja costumbre fue aprobada por Dios con estas palabras; H az
eso, que haces: no cese /amas tu mano> ni cese jam as tu p ie, Dice S. H i­
pólito mártir que en el dia del juicio dirá Jesucristo ¿ los sacerdotes,
que con devocion sacrificaron todos los dias su preciosísimo cuerpo: Ve­
nid benditos de mi P adre% poseed el reino, que os fu e aparejado desde el
principio del mundo . Siricío é Inocencio prim ero, sumos pontífices, que­
riendo persuadir la castidad que deben tener los sacerdotes, alegan por
razón el sacrificar todos los dias. Los primitivos cristianos, como se lee
cu los Hechos Apostólicos, perseveraban todos los dias en el reparti­
miento del pan Eucaristíco, lo que se observó en varios lugares por mu­
chos siglosrde que se infiere la celebración cotidiana de los sacerdotes.
Pues quien será tan flojo y negligente que no le muevan tantas razones
y ejemplos i celebrar todos los dias? O qué poco deseo manifiesta del
aprovechamiento espiritual de su alma el sacerdote que no lo hace, tí si
lo hace, no lo hace con la debida disposición y devocion l
3 Considera los muchos bienes espirituales, de que priva á la igle­
sia el sacerdote, que pudiendo celebrar todos los dias, deja de hacerlo
por negligencia. Dice el venerable Beda: Que el sacerdote que sin legí­
tima causa deja de celebrar la santa misa , priva, cuanto es en sí, á la san­
tísima Trinidad de alabanza y de gloria : á los ángeles de aleg ría , ú los
pecadores de perdón: & los justos de g r a cia : á las almas del purgatorio
de refrigerio: á la iglesia del beneficio espiritual de Cristos y á s í mismo
de medicina , de remedio y de muchísimos bienes. O cuánto pierde, el que
por tibieza no celebra todos los dias! E l que frecuentemente celebra,
frecuentemente examina su conciencia, se arrepiente de sus pecados, los
confiesa humilde, propone mejorar la vida, repite los actos de fe, de es­
peranza, de caridad y ejercita muchas virtudes, alienta al pueblo al ser­
vicio de Dios, confirma su vida con la santidad de su ministerio, da buen
ejemplo al mundo, y obliga á Dios, á que le comunique muchas gracias
en esta vida. Haz ahora reflexión á lo d ich o; y está persuadido, que si
por flojedad y tibieza dejas de celebrar, tienes contra tí quejosos á la
Santísima Trinidad, á los ángeles, á los santos y á los justos, i las al­
mas del purgatorio, á los pecadores y á tí mismo. Dadme, Señor, gra­
cia paraque no reine en mí tal flojedad y tibieza.
M ED ITA CIO N D E L A R E V E R E N C IA QUE H AN D E T E N E R LO S
ECLESIASTICOS Á LOS TEMPLOS Y DEMAS COSAS SAGRADAS.

1 Considera la obligación grande* que todos los eclesiásticos tienen


de venerar las cosas sagradas, como so n : Ja iglesia^ las reliquias, los pa­
ramentos, ios vasos sagrados, el agua bendita, y todo lo demas pertene­
ciente al culto Sacro y á la administración de los sacramentos. 1 Faltar
á esta obligación es especie de sacrilegio, y lo suele Dios castigar seve­
ramente, pues siendo Jesucristo la misma mansedumbre, no pudo tolerar
su paciencia, el que los jerosolimitanos profanasen su santo templo, y así
los arrojo de él á latigazos: y está advertido, (tí eclesiástico!) que con
esta acción te enseñó el divino Maestro la obligación que tienes de ze­
lar la reverencia y respeto, que á su santa casa se debe; y de no hacer­
lo a sí, te haces cómplice de todos los delitos é irreverencias, que en
ella se cometen. 2 De este zelo en los eclesiásticos, y de tratar con
grande veneración las cosas de la iglesia, se ocasiona en los seglares res­
peto, veneración, devocion, confirmación en la fe y temor de Dios; y de
lo contrario, viendo que las tratas con poca veneración, les ocasionas des-
precio, y que el templo santo de D ios, los sacramentos y las cosas sa­
gradas, las tengan en la poca estimación, que vemos en estos infelicí­
simos tiempos. Y qué cuenta darás á Dios, si tií por flojo y remiso, ó
por otros respetos humanos, no zelas el decoro de su casa?
3 Considera que 110 respetan, ni a la iglesia, ni á las cosas sagradas.
1 Los sacerdotes que no cuidan deque la iglesia esté limpia de sabandi­
jas y otras inmundicias, y que los altares estén limpios, aseados y cu­
biertos, mientras no se celebra; y los libros de coro, misales y manua­
les estén en sus puestos decentes9 y que no estén rasgadas las hojas, es­
pecialmente del canon. 2 Los que no cuidan, de que los cálices y demás
vasos sagrados estén limpios, y no como quiera, sino lucidos y hermosos,
y asimismo los corporales, por el contacto físico del cuerpo y sangre de
Jesucristo. 3 Los sacerdotes que cuando se desnudan de las vestiduras sa­
gradas, las arrojan, hechas un fardo, sobre los cajones; que todo es señal
de poquísima reverencia, de menos consideración y devocion. 4 Los que
no impiden las indecencias, que se suelen cometer mientras se administra
el santo bautismo y matrimonio : los que de los coros y sacristías, ha­
cen plazas; y los que no impiden las conversaciones, que los pocos de­
votos suelen tener en la iglesia, como si estuviesen en la calle. Y será
posible, si eres eclesiástico, que lo veas por tus ojos y que lo toleres?
Y qué no tengas aliento para zelar la honra de Dios? Por eso te llama
Dios, perro mudo, sin alientos para ladrar: Canes rnuti., non valentes h -
trare.
254 MANUAL
1} Considera los m edios, de que te puedes valer para tratar con la
debida reverencia las cosas sagradas, i Ten muy en memoria los decre­
tos hechos por los sumos pontífices* concilios y obispos, tocantes á Ja re­
verencia debida á tas cosas sagradas, y pon en ejecución sus mandatos.
i¿ Advierte, que las cosas santas santamente deben tratarse; y así cual-
quiera reverencia, con que las trates, será corta á lo que ellas piden, y
tu obligación te ejecuta. 3 Considera, que Dios te ha puesto por centine­
la y atalaja de la mejor casa de Israel su iglesia, y como tal debes ze-
lar su culto y veneración, y velar siempre sobre esto. 4 Compadécete de
aquellos eclesiásticos descuidados en esto, y teme ser compañero suyo en
el juicio de Dios, que Jes espera. 5 Siempre que entras en la iglesia, haz
un acto de viva fe sobre la real presencia de Dios en el santísimo Sa­
cramento* y considera que atiende á todas tus acciones, buenas y malas
para premiar unas y castigar otras; y últimamente procura estar de tal
suerte en la iglesia, que tu modestia sea la compostura de los dem as; tu
silencio, la mas fuerte reprensión de los habladores: y la composicion
de tus acciones, la que refrene la disolución de los poco atentos. Rue­
ga á Dios te dé gracia para hacerlo así, y de esta suerte cumplirás con
la obligación de verdadero ministro de Dios; y si no lo haces así: V a tibil

Resolución.
Siendo los eclesiásticos como un espejo, en que ponen los seglares
sus ojos para tomar de ellos lo que han de im itar, he quedado eficaz­
mente convencido de la suma importancia de tener en particularísimo
respeto y reverencia á los templos y cosas sagradas, como que esta ha
de ser la mas eficaz exortacion para su enseñanza. Resuelvo, pues por­
tarme siempre con modestia y reverencia en todas mis acciones hechas
en las iglesias, negándome particularmente á la libertad de preguntar,
ni responder cosa alguna en ellas, sin conocida necesidad.

Ram illete .
Haced. Dios mió que nunca se borre de mi m em oria. que vuestra
casa es casa de oracion. y que en ella estáis Vos en realidad presente.

M E D IT A C IO N D E L A O B LIG A CIO N Q U E T IE N E N LOS


ECLESIÁSTICOS DE LLEVAR HABITO TALAR.

i Considera lo mal que se porta un eclesiástico, qtie casi de conti­


nuo va sin el hábito talar. 1 Es transgresor de los sagrados cánones y
concilios que le obligan á ello, y se expone á incurrir en varias penas,
impuestas por los mismos concilios, y últimamente renovadas por el Tri-
dentino. £ Peca mortalmente, segun la opinión de célebres doctores r y
según ellos no es capaz de absolución, si no promete enmendarse, corno
noto S. Francisco de Sales obispo de Gene'va. 3 No puede jamas ser te­
nido por hombre de honor, el que no ama su estado, ni lleva las insig­
nias de él. 4 Se expone á hacer acciones indignas de su estado, de las
cuales con mas facilidad se abstuviera, si siempre llevase el hábito talar.
5 Da ocasirn d los seglares, paraque tengan siniestra opinion de el . y
de que le desprecien. 6 Hace injuria al clericato; pues en algún modo
queda por él deshonrado. 7 Autoriza en cierto modo el abuso introduci­
do por algunos de no llevar el vestido talar, y es ocasion con su mal ejem­
plo paraque otros hagan otro tanto. 8 Se puede llamar en cierto modo
apóstata; como lo es un religioso que deja el hábito de su religión, como
afirma el cardenal Toledo, despues del concilio Lateranense; y merece
por eso ser excomulgado por la iglesia. O qué hijo es aquel, que obliga
á su madre á castigarle con tan riguroso castigo! O cuán bien vi.sto seria
que los prelados y superiores pusiesen la mano en estol
2 Considera las vanas escusas, que algunos eclesiásticos alegan para
no vestir el hábito talar. 1 Alegan que los antiguos cánones están dero­
gados: y es escusa vana* porque el sagrado concilio de Tiento los reno-
vo, y los prelados con sus frecuentes decretos declaran bastan temen te
cual sea su voluntad. 2 Es vano alegar que es obligación de sola conve­
niencia, porque la iglesia lo manda con graves penas de suspensión y
de excomunión. 3 No vale alegar el ejemplo de muchos que no lo lle­
v a n ; porque de no ayunar muchos en la cuaresma no se sigue que sea
lícito el no ayunar: ni menos vale el decir, que el vestido largo es de
mucha incomodidad; porque de mas incomodidad es el hábito de los re­
ligiosos, y jamas lo dejan, aunque sea peregrinando: y si vamos huyendo
las incomodidades del eslado, por qué abrazamos los eclesiásticos este
estado? 5 Otros alegan otras razones mas frívola.?,, diciendo que no lo lle­
van, porque no se burlen y mofen de ellos; y no consideran la muche­
dumbre de honradísimos varones que lo llevan* sin que nadie se burle
ni mofe de ellos- Otros alegan que bastantemente son conocidos y vene­
rados por eclesiásticos con el vestido corto; y cierto es que seria mejor,
110 ser conocidos de alguno* que ser conocidos por quebrantadores de los
sagrados cánones, concilios y decretos de tantos prelados. No les valie­
ron las escusas á Adán y Eva para que Dios no Jes expeliese del paraí­
so; y es de temer que tampoco les vaJdrán á esto en el tribunal de Dios
paraque no les expele de la gloria.
3 Considera los bienes que se adquieren en llevar siempre el hábito
talar. 1 Se adquiere buen nombre entre los hombres, particularmente,
cuando la santidad de vida acompaña al hábito. 2 Se libra el eclesiás­
tico en la hora déla muerte de muchos remordimientos de conciencia por
haber observado los sagrados cánones y decretos de sus prelados* 3 Con
el hábito talar da buen ejemplo á los otros eclesiásticos y edifica los se­
culares* 4 Se da por bien servido Cristo Señor nuestro, llevando como
fiel siervo, la librea de su Seííor: y muchos buenos eclesiásticos acostum­
bran por la mañana cuando se visten, y á la tarde cuando se desnudan,
besar el hábito con mucha devoción. 5 El clérigo que lleva el hábito
talar y moderado, predica por donde va; porque su presencia y modes­
tia, impide muchas palabras ilícitas y vanas. 6 El que guarda y lleva
el hábito talar, es guardado y preservado por el misino hábito de mu­
chos pecados. Por esto decia un grande Siervo de D io s, que la sotana
nos sirve de segundo Angel custodio. Quién será pues, el que por negli­
gencia, <5 por respetos humanos quiera privarse de tantos bienes? Quién
por esto mismo se expondrá á un riguroso juicio de Dios en el dia de
la cuenta?

M E D IT A C IO N D E L B U EN USO D E LA S R E N TA S
ECLESIÁSTICAS.

r Considera la obligación grande que todos los beneficiados tienen


del buen empleo de las rentas eclesiásticas. 1 Es sentencia común de los
santos padres y doctores, que cualquiera que percibe rentas eclesiásticas,
está obligado k dar á los pobres, y emplear en obras pias todo lo que
le sobra de su honesta sustentación y trato personal; y esto stí pena de
su eterna condenación si no lo ejecuta* 2 Es cosa 110 menos injusta que
lamentable, que los bienes dados por los piadosos cristianos para el cul­
to de Dios y socorro de los pobres, sean empleados para el fausto y os­
tentación de eclesiásticos viciosos para mantener su orgullosa soberbia,
y para fomento de su disolución y vida sensual. 3 Si un seglar que
hurta á alguno cosas profanas, peca gravemente, y es severamente casti­
gado por la justicia, y á las veces con pena cap ital; qué pecado comete­
r á y qué pena merecerá un eclesiástico, que hurta á la iglesia y á los
pobres, bienes destinados para aquella y para estos, para emplearles en
usos profanos y ágenos de su estado? Fuerte lance es, que por dar gusto
á un saco de gusanos* de que van vestidos, pierdan estos tales tan volun­
tariamente el alma por una eternidad!
2 Considera, cuales son los eclesiásticos que usan mal de los bienes
de la iglesia. 1 Aquellos que consumen las rentas eclesiásticas en juegos
de naipes, dados y otros semejantes. 2 Aquellos que las emplean en
criar perros } aves, caballos superfinos5 y que desdicen de su humilde
profesion. 3 Aquellos que con el patrimonio de Cristo enriquecen n sus
parientes y sobrinos. 4 Los que hacen banquetes esplendidos y viven mas
como epicúreos, que como cristianos, g Los que van amontonando rique­
zas, y las tienen en su arcas, mientras tantos pobres perecen de hambre.
y dan voces las casullas y albas rotas, los corporales y piiri fien dores y
demás adornos de la iglesia. 6 Los que edifican para sí ó sus parientes
soberbios edificios de las rentas eclesiásticas* 7 Los que mantienen ilíci­
tas correspondencias, y abundancia de criados, y visten profanamente
con afrenta de su estado. Y líltimamente, loa que no emplean las so­
bras de sus rentas eclesiásticas, (sacado el moderado sustento y vestido)
en limosna y obras pías. O qué de fiscales contra sí tendrán todos estos
en el dia de la cuenta! E l mismo Jesucristo les dirá: tuve hambre y no
me disteis de com er , etc . Pues qué pueden esperar, sino el oir: apar­
taos de m í , m alditos } al fuego eterno ?
3 Considera aquellos medios de que te puedes valer para ser buen
dispensero en las rentas eclesiásticas , y ponlos en práctica. 1 Sé liberal
con los pobres, y dales lo que en realidad es suyo , y no puedes rete­
ner sin manifiesto h urto, si crees á los santos padres. 2 No des cosa:
alguna á tus parientes, mientras no sean verdaderamente pobres; y está
con advertencia5 no te haga prevaricar Ja carne y sangre, como hizo á
otros muchos. 3 Quita toda superfluidad en vestir, comer, en criados
y animales, considerando, que eres discípulo de Cristo Seííor nuestro,
que con la práctica te enseñó suma pobreza con que vivió y m urió, pa­
raque asi le imitases. 4 Procura aplicar una parte de tus rentas en res­
taurar la Iglesia, especialmente aquella endónele tienes el beneficio, y
en proveerla de aderezos sagrados. 5 Procura favorecer á aquellas don­
cellas que vieres peligrar en su honestidad. 6 No esperes a hacer testa­
mento en la líltima enfermedad: dispon con salud tus cosas, que siem­
pre las ordenarás mejor que en el ultimo aprieto de tu vida. Ruega en
fin i D ios, te dé gracia para observar estos documentos, y para echar
de tí toda codicia, que es la que perdió á Judas, y puede perderte pa*
ra siempre con é l , siendo la raíz de todos los males.

M E D ITA CIO N D E L A O BLIG ACIO N QU E T IE N E N LOS E C L E -


SIASTICOS DE INSTRUIR AL PUEBLO CON- PLATICAS Y CATECISMOS.

i Considera los muchos motivos que ejecutan tu obligación á ense­


nar y doctrinar a! pueblo. 1 Por la extrema necesidad que hay de sa­
ber el pueblo, lo que Je obliga para su salvación: pues enseña la expe­
riencia la suma ignorancia, que tienen de Jos misterios de nuestra santa
fé. 2 Ordinariamente Ja gente rustica campestre se halla con frecuente
codicia de oir la palabra de D ios; mas quomodb audient sirte p red ica n ­
te? No es cosa lam entable, que están clamando tantos párvulos por el
pan de la doctrina; y que habiendo tanta copia de sacerdotes en el
mundo, no hay quien les administre un pedazo de pan de enseñanza?
3 No hay cosa tan noble y divina ? dice el Areopagita, como el coope-
rar con D iosa la salud de las almas: lo que se hace útilmente predi­
cando y enseñando la doctrina cristiana. 4 El mismo Dios por hoca dei
eclesiástico afirma, que el que faltáre á esta obligación, no será con me­
nos rigor castigado, que aquel mal siervo que recibió el talento, y lo
escondio en la tierra sin hacerle fructificar. 5 El sacerdote, que á esto
se aplica, manifiesta el amor que tiene á Jesucristo, que preguntando á
san Pedro si le amaba mas que los otros, le dijo por tres veces: apa­
cienta mis corderos y mis ovejas ; y e! que se descuida de e sto , dará
estrecha cuenta i Dios de las muchas alm as, que se pierden por falta
de doctrina y enseñanza» A! sacerdote Sobna le arrojó Dios de su iglesia
por ocioso, y puso en su lugar á E liazim , solícito y cuidadoso de la sa­
lud de las almas- ó iglesia santa! Qué se ve en t í, sino sacerdotes ocio­
sos, solícitos de sus conveniencias, y totalmente olvidados de la salud es­
piritual de los prójimos! O á cuántos se puede decir: quid híc statis
iota die otiosi !
2 Considera lo que debes hacer si deseas cumplir con esta obliga­
ción* 1 Debes aplicarte al estudio, y será muy provechoso el estar algún
espacio de tiempo en algún sem inario, colegio ó congregación de cléri­
gos, en donde puedan alicionarte en el modo de predicar y catequizar
las almas; y cierto te será esto mas provechoso, que el ir paseando de
calle en calle y vivir vida ociosa. 2 E l que así lo hiciere, practicará
para s í, lo que despues hubiere de enseñar á los dem as, como verda­
dero discípulo de Jesucristo, q ue, ccepit fa c e r e , et docere. 3 Antes de
darte á conocer en los pulpitos, debes practicar el enseñar la doctrina
cristiana á los niños y pobres; pues con esto vencerás todo aire de va­
nidad, que podia ocasionarte el pulpito. 4 Si los superiores te llamáren
para la predicación evangélica, debes desnudarte de toda ambición de
cátedras y pulpitos célebres, imitando á Jesucristo, que circuibat per
castalia , y observando en la predicación lo que dice el Apóstol, esto es,
sinceridad delante de D ios, no adulterando jamas su divina palabra, ni
usando de fábulas: predicando con rectitud de intención, buscando almas
y no aplausos; y si algo hicieres de fruto, atribuirlo á Dios y no á tu
habilidad ni estudio. 5 Date muy de veras á la oracion; pues de ella
depende el fervor, la caridad y el fruto que deseas; y si no lo haces de
esta suerte, serás, vetut a s sonans , aut cimhalum tinniensz^y te podrán
decir lo del Apóstol: qui alium doces , te ipsum non doces. O qué grande
desdicha sería el ser bueno para los dem as, y no serlo para tí mismo.
3 Considera las escusas frívolas, que dan algunos sacerdotes para no
predicar , ni instruir al pueblo en las cosas de nuestra santa fé y bue­
nas costumbres- i Es vano el decir, que hay muchos predicadores, que
predican, y muchos sacerdotes que catequizan al pueblo; pues aunque
esto fuese a sí, no por eso queda el eclesiástico exento de la obligación,
que contrajo con Dios y su santa Iglesia, cuando se ordenó de sacerdo­
te: y si D ios, corno dice el eclesiástico: mandavit unicuique de próxima
sm \ c<5mo se eximirá de esta obligación un sacerdote, á quien por tan­
tos títulos le incumbe? N i vale el decir, como dicen algunos: que no
tienen habilidad para estos ministerios; porque si ñ o la tienen, es por­
que no quieren, y no se aplican al estudio, olvidados de la obligación
á que les ejecuta el estado sacerdotal que gozan. 2 Muchos curas de al­
mas se escusan, diciendo; que ya tienen sus vicarios que cumplen por
ellos: y según opinion de graves autores, no satisfacen h su obligación,
sino que deben por sí mismos aplicarse á ello , no estando impedidos.
Otros 110 lo hacen; porque les parece, que es cosa de menos valer el
aplicarse á ensenar á niños, á rústicos é ignorantes: y no consideran cuan
mucho menos valen porque no se aplican á ello. Considera cuantos san­
tos se aplicaron i esto, y cuantos hombres célebres, como un Canciller
de P arís, Juan Gerson, y otros que dieron con este ejercicio el mayor
realce á su humildad, y el esmalte mayor á su grande caridad. O SeñorJ
Dadme vuestra divina luz y gracia, paraque me emplee en el cumpli­
miento de esta obligación, tan agradable á vuestros divinos ojos.

M E D IT A C IO N D E L A CIEN C IA Q U E D E B E N T E N E R
LOS SACERDOTES.

1 Considera, i Que los sacerdotes son ministros de C risto , y dis-


penseros de las gracias divinas y misterios sagrados; sic m s existimet
h om o . ut ministros C hristi, et dispensatores mysteriorum D ei: cuyo ofi­
cio propiísimo, por razón de sus órdenes sagrados, es celebrar el sacro­
santo sacrificio de Ja misa 9 y administrar los sacramentos, dispensar los
misterios divinos, rezar privada y solemnemente los divinos oficios,
o rar, siendo entre Dios y los hombres medianeros, regir, instruir, ilu­
minar é inflamar en el amor de Dios ¿ todo el pueblo, como á luz de
todos, que Dios Ies ha puesto: vos estis lu x mundi. 2 Que para cumplir
con los sobredichos oficios y ministerios divinos, debe saber el sacer­
dote , no solo lo que toca á la santa m isa, la debida disposición y sa­
gradas ceremonias de ella; sino también las materias y formas de los
sacramentos, sus efectos, ministros y sujetos, con las debidas disposi­
ciones, así para administrarles, como para recibirles, y consiguientemen­
te las censuras y preceptos: debe también ser ejercitado en Ja oración
y devocion, y saber bien para enseñar á los demas todo lo necesario.
O cuánto caudal de ciencia se requiere para cumplir con las obligacio­
nes sacerdotales!
2 Considera cuan necesaria es en el sacerdote la suficiente ciencia
de todo lo sobredicho: porque siendo ciertísimo y en teología asentado,
que está cada uno obligado á saber, lo que toca al cumplimiento de su
oficio y estado, y que es muy culpable ignorar lo necesario para su buen
ejercicio; se ve claro , ser á los sacerdotes necesario saber lo que se
necesita, para el cumplimiento de sus oficios sagrados; y tanto en ellos
es mas necesario , y la ignorancia mas culpable, cuanto su oficio es mas
elevado y de mayor importancia. Por eso los cánones sagrados, y sin­
gularmente el santo Concilio Tridentino mandan, que Jos que han de ser
promovidos á los órdenes sagrados, aunque hayan de ser solo simples
sacerdotes, sean rigurosamente examinados desde leer y escribir, hasta
saber lo que deben enseñar al pueblo para salvarse, y administrarle con
fruto los santos sacramentos: sed etiam ad populum docendum e a , qu a
scire ómnibus necessarium est ad salutem , ac administranda Sacramenta9
diligenti examine p reced en te, idonei comprobentur , manda para el pres­
biterado el Tridentino sagrado. (Sess. 23. cap. 1 4 )
3 Considera cuan deplorable es el descuido de muchísimos sacerdotes
en la ciencia necesaria para su oficio y estado; y cuántos hay,.que en
toda su vidí no han leido las rubricas del m isa l, ni del breviario ?
Cuántos que apenas saben cosa de las materias 9 formas y ministros de
los sacramentos, ni de lo que toca al santo sacrificio de Ja misa y de los
defectos, que en ella pueden acaecer? Cuántos, que apenas entienden
que son censuras? Y quizá ( lo que es muy deplorable) cuántos hay, que
tienen harta dificultad en leer y entender lo que leen? Y aun de los cu­
ras y confesores, cuántos habrá con hartas ignorancias graves en la
teología m oral, siendo estas muy perniciosas á sus almas y á las de los
penitentes? Y cuántos sacerdotes h a y , que no saben que es camino de
virtud, ni oracion, siendo también esto de su oficio y obligación? O
cuán rigurosamente serán examinados de su ciencia en la hora de la
muerte! Y aquel a quien Jesucristo hallará falto de la ciencia necesaria
para cumplir las obligaciones de su estado, con qué horror será degra­
dado y entregado al brazo secular del diablo? Q u ia tu scientiam repulís -
t i 9 repeílatn t e , n¿ sacerdotio fungaris mlhu Dad Señor, un rayo de
vuestra luz á todo el estado eclesiástico, y dadle gracia para aplicarse á
la ciencia propia de su estado por solo agradaros, y no ser reprobado en
vuestro tribunal: ú quis autem ignora! , ignorabitur, ( i . Cor 14.)

M E D IT A C IO N D E L A G R A V E D A D D E LOS PECA D O S
DE LOS SACERDOTES.

i Considera, que por muy feo y abominable que sea el pecado en


todos los hombres; en ninguno es tan grave, como en las personas sa­
gradas y dedicadas á D io s, como los eclesiásticos y sacerdotes. 1 Porque
son los que mayor conocimiento tienen de Dios y de sus divinos atrí-
butos. 2 Porque han recibido de Dios mayores beneficios, sublimando*
les á los grados superiores de su casa, y honrándoles con el título de
amigos suyos: ja m non dicam vos servas , sed amicos. Que injuria será
pues, ofenderle en su misma casa, despues de recibir tantas gracias y
favores? Con razón se lamenta D io s, diciendo: quid e s t , qubd dilocfus
meus in domo mea fecit scelera m ulta? Si un pagano hubiese asi quebran­
tado mi le y , sustinuissem u tk ju e , lo hubiera tolerado; pero tú eclesiás­
tico tí sacerdote; á quien yo tanto beneficié , á quién yo cada dia asien­
to íi mi mesa, me ofendes? No es paraque mi paciencia lo tolere. 3
Porque los sacerdotes tienen especial obligación de ser santos: sacerdo­
tes Domini incensum , et panes offerunt D e o ; et ideb sancti eru n t , et non
polluent nomen e ju s : y por esta razón es mas crecida en ellos la malicia
del pecado. Crece aun, y no poco, esta malicia por razón del escánda­
lo ; y así los pecados de los sacerdotes son en cierto modo pecados capi­
tales, porque son causa de muchos otros; y se verifica de ellos lo que
dijo san Gregorio: causa sunt ruines p o p u li , sacerdotes malL Ó sacer­
dote del Altísim o! Cuánto debes tem er, que por tus culpas castiga Dios
como ves, y aflige tanto la cristiandad! Discurre ahora, qué será de tí,
que por oficio eres medianero para aplacar su justicia, si no te enmien­
das t
2 Considera, que aunque todos los pecados desdicen mucho de las
personas eclesiásticas de tal suerte, que aun los defectos que en los se­
glares se tienen por leves* en los eclesiásticos son tenidos por sacrilegios,
conforme al dicho de san Bernardo: nugee in ore sacular ¡um nugee sunt9
in ore sacerdotis blasphemice ; con todo esto hay algunos pecados, que
mucho m as, que los otros * desdicen del estarlo sacerdotal. 1 La ambi­
ción de los honras, y la codicia de bienes temporales, ocasion de todos
los m ales, según el Aptístol: radix omnium malorum est cupiditas , par­
ticularmente en los eclesiásticos; porque de aquí nacen las simonías, el
desprecio sacrilego de las cosas sagradas, el abuso de todos los sacra­
mentos, el convertir en usos profanos ios bienes y rentas de la iglesia,
destinadas por la piedad de los fieles para el esplendor de los templos,
y socorro de los pobres. 2 E l vicio sensual que los hace semejantes á las
bestias: los convierte de sacerdotes en sacrilegos: de ángeles en demonios:
de dioses en ídolos profanos y abominables: los vuelve odiosos á Dios,
y despreciables á los hombres: y finalmente, viendo san Juan Cristísto-
1110 el estrago que hace este vicio , y los otros en Jos sacerdotes dijo es­
ta tremenda sentencia: non arbitrar Ínter sacerdotes inultos csse , qui
salvi fia n t , sed multo p ia r e s , qui pereant . Pues siendo de fé lo que dijo
Isaías: in te n a sanctonmi iniqua g e ssil , non videbit gloriam D o m in i ;
teme tií una y otra sentencia, y ruega al Señor te mire con ojos de mi­
sericordia , y te tenga de su santísima mano paraque no te pierdas.
3 Considera y practica los medios siguientes, y demas que Dios te
inspirare „ paraque totalmente te apartes de los pecados, i Si te hallas
manchado con alguna culpa , procura luego el lavarte por medio de una
buena confesion y firme propósito de la enmienda, s Procura huir todas
las ocasiones del pecado, especialmente de la ociosidad que es la madre
de los vicios- Si te hallas combatido de alguna bajeza indigna de tu es*
lado 9 acuérdate de la alta dignidad que gozas, y acuérdate también de
las palabras de san León Papa, que dice: agnoscer b christiane9 digni-
tatem tu a m , et divirue consors /actas n atura > noli in veterem vilitatem
degeneri conversatione rediré . Reconócete todo sagrado y dedicado á
D io s : por cuya causa no debe ser tu persona profanada con la culpa.
Considera el sacrosanto sacrificio, que h ís celebrado h o y, y el que
(D eo dante) has de celebrar mañana: que uno y otro pide suma pure­
z a ; que el de hoy ha de ser preparación para el de mañana, y concluye
con el inundo, demonio y carn e : que los ojos que vieron á Jesucristo
en el sacramento, no deben ser contaminados con especies profanas,
sucias y carnales: que las manos que le tocaron y el pecho que le re­
cib ió, no deben tocar cosa mundana , ni recibir lo que no fuere del
agrado de Dios. (3 Dios y Señor m ió ! Estampad eo mi corazon estos sa­
ludables documentos: rociadle con vuestra gracia, paraque me sirvan de
antídoto preservativo contra las culpas 5 y para conservarme puro y lim ­
p io , y siempre en gracia.

Resolución .
He entendido aquella grande verdad enseñada de todos los sagrados
doctores, que tanto mayor y mas grave es el pecado, cuanto es el que
peca* constituido en mayor dignidad: iantb majus esse peccatum cognos-
c itu r , quanto major9 qui p e c ca t , h a betu r , dice san Isidoro; y de aquí
concluyo la imponderable malicia del pecado del sacerdote ? y el sumo
cuidado con que debo procurar la pureza de conciencia; y reconociendo
que el mas ordinario peligro de mancharla é incurrir en tanta infeli­
cidad, es dar tales pasos * entender en tales negocios, tomar tal diver­
sión, estar ocioso, etc. resuelvo prohibirme severamente tales desaho*
g o s , y aun penitenciarme los descuidos mas ligeros en el cumplimiento
de esta resolución.

Ramillete.
Concededme Diosm io, que responda con puntualidad á toda y á cual­
quiera tentación, aquello del fidelísimo Jo sé: (Gen- 39.) Quomodb pvs-
sum hcc malura fa cere?
1 Considera, que aquel exceso de bondad infinita, que movió al Eter­
no Verbo á vestirse de nuestra frágil naturaleza, le estimulo también
á tomar títulos y nombres expresivos de oficios, por sí mismos viles y
abatidos; aunque con la excelencia infinita de su persona la ennobleció
sobre manera. Uno de estos fu e, llamarse pastor: ego sam pastor:
Pastor: no de brutos anim ales, sino de hombres para apacentarles con
su divina palabra, con los santos sacramentos, y aun (ó exceso de amor!)
con su preciosísimo cuerpo y sangre en el Sacramento del a lta r, de
donde podia justamente gloriarse del título de buen pastor: ego surn
pastor bonus. 2 Nota > que este nom bre, del cual tanto se gloriaba el
Hijo de Dios j lo ha participado á aquellos á quienes ha encomendado
la cura de las almas: de lo que se infiere, cuan excelente sea su nombre
y oficio. No se contentó el Señor con esto, sino que quiso también ha­
cerles participantes de su eterno sacerdocio,}' del poder que recibió de
su Eterno P ad re, dándoles facultad de perdonar pecados, y de ser me­
dianeros entre Dios y los hombres, de suerte que cada uno de ellos
puede^ decir con Moisés: ego sequester , et medius f u i ínter Dominum , et
vos, O dignidad, ó excelencia del oficio pastoral! O sagrados pastores de
las alm as! Cuán repetidas gracias deben dar al Altísimo por la suprema
dignidad á que sin merecerlo les ha elevado!
2 Considera, que del fin, porque Dios puso pastores en su Iglesia, se
colige bien la excelencia de este oficio. El fin último de este empleo es
la sola gloria de D ios, blanco de todas las obras de su divina omnipo­
tencia, á quien debes encaminar todas tus operaciones: pero el fin pró­
ximo es la salud espiritual de las almas: fin santísimo y divino : fin que
tuvo el Hijo de Dios en hacerse hombre; pues, como dijo él mismo, v i­
no al mundo á buscar los pecadores4 á ganar las almas prisioneras del
demonio por el pecado. Para esto fue enviado del Padre, y para esto
mismo envia ahora á los pastores: sicut misit me P a t e r , et ego mitto
vos. Es cierto, que no se puede hallar en la tierra empleo mas santo* ni
ocupación mas divina: diuinorum diviníssimum est cooperar i Dco in salu-
tem anim arum , dijo el Areopagita: pues así como 110 h a y obra mas ex­
celente que esta ; asi 110 hay alguna que sea mas acepta á Dios que
esta. Vean ahora los pastores de las alm as, que fines tuvieron cuando
entraron á la dignidad pastoral, y vean sus empleos; que ellos les dirán
si gozan ó no dignamente tan alta y soberana dignidad. O lo mucho
qné tienen que mirar I Gloria de Dios y utilidad de las alm as; y no mas.
3 Considera y puedes inferir de lo dicho, cuan engañados viven, y
cuan mal hacen aquellos eclesiásticos, que aspiran á la cura de almas,
no para promover la gloria de Dios y la salud de las almas ? sino para
alcanzar riquezas, para vivir mas cómodamente, ó por otros fines sinies­
tros , de los cuales se verifica lo que dijo san Bernardo: nunc trahit sua
quemque voluptas\ et odorem turpis lucri sed a n tes , quastum astim ant
pietatem , quorum certa est damnatio . Y en este sentido debió hablar el
Crisóstomo, cuando dijo: mirar f si aliquis rectorum possit salvari. Con
estos se pueden contar aquellos, que no entraron por la puerta del m é­
rito 9 ó de la legítima vocación, sino que furtivamente se introdujeron
por las ventanas de la recomendación, regalos, dádivas y otros medios
ilícitos; y también aquellos que toman la cura de alm as, no con ánimo
de retenerla, sino de renunciarla para enriquecerse con las pensiones.
De estos ta le s, y otros semejantes se puede con razón temer, no se ve­
rifique el quorum certa est dam m tio. Guárdense pues, todos de seme­
jantes desordenes, y los que ya se hallan en el oficio pastoral, dejen
toda siniestra intención; hagan penitencia de haber entrado por empe­
ños y fines menos rectos á la dignidad: procuren en adelante el exac­
to cumplimiento de su obligación, diciendo con el Apóstol: (2. ad Cor.
c. 12 .) Non qu a ro9 qua vestra su n t , sed v q s \ y ejecútenlo como lo d i­
cen t y procuren asegurar su salvación.

M E D IT A C IO N D E CU AN D IF ÍC IL Y PELIG R O SO SEA
EL OFICIO PASTORAL.

i Considera, que al paso, que es tan sublime y excelso el oficio pas­


to ra l, es difícil y peligrosa su ejecución* Este es sentir de san Agustín,
que dijo: que no hay cosa mas d ifícil, trabajosa y peligrosa que el ofi­
cio de obispo y de párroco: nihtt difficiltus , labor ¿osíüs, aut periculo-
siiís , episcopio aut presbyteri officio. Considera, que esta dificultad y pe­
ligro nace, primero de parte del mismo pastor, el cual 110 es un ángel
del paraíso, puro é inocente, sino un hombre de la tierra lleno de m i­
serias y pasiones, y agitado continuamente de varios deseos inútiles y
nocivos, de los cuales apenas se escapan aquellos, que con la mortifica­
ción y vigilancia, atienden á expelerles de su corazon; y que un hom­
bre tan frágil haya de cargar sobre sí un peso, que es para hacer tem ­
blar á los mismos ángeles! 2 Porque el párroco debe ser médico espi­
ritual de las alm as, cuyos achaques son mas difíciles de curar, que las
dolencias del cuerpo. 3 Porque también hace oficio de conductor del
ejército espiritual de Ja iglesia m ilitante, al cual ha de guiar con pala­
bras y ejem plos, por la senda estrecha 5 que guia á la bienaventuranza
eterna. 4 Se añade á todo esto la dureza y obstinación de muchas al­
m as, que i cada paso se encuentran, á las cuales si en vez de curarlas
con la suavidad de las palabras, las aplica para su remedio el golpe del
cayado, mas presto las perderá que les será de provecho. O cuántas ve­
ces sucede que la falta de prudencia y de benignidad, y la sobra de co­
lérico rigor, ocasionan'la ruina de muchas almas! 0 cuánto peligran pur
esta parte los sagrados pastores!
2 Considera el grande peligro de su condenación eterna, á que es-
tan expuestos aquellos pastores, que amedrentados de esta dificultad , no
cuidan de la eterna salud de sus ovejas, i Dios ha confiado a ellos Jas
cosas mas amadas y preciosas, que tiene en este mundo que son Jas al­
mas, y con la protesta de pedirles á su tiempo estrechísima cuenta de
ellas, como está escrito en el tercero de los Reyes por estas palabras:
Custodi virum istum\ gubd si lapsus fu e r ií , erit anima fuá pro anima Ulitis;
guárdame este V arón : ténme cuidado de é l; y advierte que si por tu
culpa se perdiere, pagará tu ahna la pena. O qué formidable sentencia es
esta! Quién de los pastores (dice S. Vicente F errer) se atreviera á vivir
regocijado si la premedítase bien? Nunquam animarum curatores cum
gaudio viuerent, si tantum onus, quod supra se portant > veri cogitarent. Y
110 les aprovechará á los tales para evadirse del riguroso juicio de Dios,
eJ vivir una vida buena, y el cumplir con las demas obligaciones de su
oficio; pues como dice S. Próspero* solo el faltar á esta, es bastante para
su condenación: Etiam si sancti vivat\ si tamen perditl vívenles arguere,
aut erubescit9 aut metuit, cum ómnibus, qtd7 co tácente , perienm t , perit. O
cuántas veces sucede que las repúblicas arden en vicios, y muchas veces
en públicos escándalos; y los pastores y curas de almas, ó están dormi­
dos o disimulan, ó temen evitarlos! O qué juicio durísimo his9 qui p ra -
sunt fie tl O pastores! O pastores!
3 Considera, é infiere de Jas dichas cosas, que grande sea la teme­
ridad de aquellos, que sin la parte de la virtud y doctrina que se requie­
re, buscan con tanta solicitud el oficio de cura de almas, exponiendo sus
flacos hombros á un peso tan grave y formidable. Caen en esta temeri­
dad. i Aquellos que hallándose llenos de vicios y pecados, toman la obli­
gación de corregir y reformar á los otros, de quienes se puede decir:
Posuerunt me custodem in vin eis : vineam meam non custodi vi. Qué cui­
dado puede poner en las almas agenas, el que tiene la suya tan perdida?
Como guiará las almas al cielo, el que á pasos tirados camina al infier­
no? 2 Aquellos que ignorantes y privados de la ciencia necesaria se en­
cargan del oficio de enseñar á otros, lo que ellos ignoran: esto es querer
un ciego hacerse guia de ciegos, é incurrir en la temeridad que dice S.
Gregorio P ap a: Ah imperitis pastó ri/ms magisterium suserpitur, W magna
temer itate; quoniam ars artium est regimen. animarum . Grande temeridad
querer ser médico espiritual, sin saber aun los primeros rudimentos de
esta arte de artes! No se admite á la cura corporal, al que no estudio
bastantemente la medicina; y será bueno para cura de almas el ignorante
ain experiencia, y tal vez vicioso? O lo qué deben reparar en esto los
prelados superiores! Como les costarán caro algún dia los curatos dados
por empeños! Reparen, en que sus empeños son á costa de U perdición
de muchas almas.

M E D IT A C IO N D E L A O B LIG A CIO N QfJE LOS PA STO RES


TIENEN DE APACE NTAR LAS A L M A S .

1 Considera la grande obligación que tienen los pastores de apacen­


tar aquellas almas, de que se encargaron, i Esta es obligación indis­
pensable, anexa al oficio pastoral, de ju re natural /, divino y eclesiástico,
como en varios lugares la dice el santo concilio de Trento. s El mismo
nombre de pastor hace ver claramente que su principal cuidado y estudio
es de apacentar las ovejas. De Cristo Señor nuestro, príncipe e idea de
buenos pastores, está escrito en Isaías. que como buen Pastor apacenta-
rá su rebaño: Sicut Pastor , gregem suum pascet . Y el misino Señor, cons­
tituyendo á S. Pedro pastor universal de la iglesia , por tres veces le
manda que apaciente su grey, compuesta de ovejas y de corderos; esto
es, de varias suertes de fieles; Pasee oves meas: paute agrios meos \ pa­
ra enseñar á él y á los demas pastores, á tener gran cuidado de todos.
3 Los otros títulos y nombres que se dan á los pastores, también sig­
nifican la obligación que tienen de apacentar las almas. Son llamados
padres de Jos pueblos, curas, rectores, guias, custodios, directores, etc.
que no significan otra cosa, sino vigilancia, cuidado y solicitud de apa­
centar, guardar y gobernar almas. 4 Dios por boca de sus profetas se
enoja contra los pastores que no cumplen con esta obligación: V a pas -
toribus Isra e l, qui pascebant $emetipsos\ Nonné ¿reges á pastoribus pas -
cunturl A y pastores de Israel, que pervertís el drden dispuesto por
Dios y de la naturaleza; porque en lugar de apacentar la grey que te-
neis á vuestro cuidado, atendéis á apacentaros á vosotros mismos! O
cuán formidable será el oir en la hora de la muerte este tristísimo A y
á aquellos pastores que todo su cuidado le tuvieron en regalar su cuer­
po, pereciendo de hambre tantas almas!
2 Considera las obligaciones de los pastores para con sus ovejas. E l
Concilio deTreuto las describe en pncas, pero bien poderosas palabras.
1 Dice que deben conocer á sus ovejas, conforme á lo que dice el Espí­
ritu Santo en los proverbios: D iligenter agnosce vultum pecori$ tui , luos-
que greges considera ; y esto para saber las necesidades espirituales y
corporales de cada una* y proveerlas del remedio necesario y convenien­
te: contra lo cual pecan gravemente aquellos que ni saben cuantos son
sus subditos, edmo frecuentan los sacramentos, ni que cuidado tengan de
su propia salud espiritual. 2 Deben ofrecer el santo sacrificio de la mi*
sa, y hacer oficio de medianero entre Dios y el pueblo, paraque este
alcalice el perdón de los pecados, y las gracias necesarias para bien vivir
y morir. 3 Deben apacentar las almas con el sustento de la divina pa­
labra. con la administración de los sacramentos, y con el ejemplo de
todas las obras de virtud. O cuán pocos son al presente los pastores que
frecuentan la palabra divina, alomcnos en ]os domingos y fiestas, como
manda Dios* y prescribe el dicho Concilio! Ni puede contravenirse á
esta obligación, por qnien tiene cura de almas,. sin pecado, y sin ocasio­
nar gravísimo daíío á la iglesia con su omision; porque de la ignorancia
de las cosas de Dios suelen suceder infinitos desórdenes, pecados y es­
cándalos. Ultimamente, tienen obligación de velar y proveer con pater­
nal cuidado las necesidades de los pobres, de los enfermos y personas
afligidas y miserables, Pero, ó Dios! A cuántos pastores conviene ayuel
proverbio que dijo Dios por Zacarías: O pastor , et Idblnm , derclinquens
gregeml Idolos los llama ó estatuas muertas; pues á semejanza de estas
tienen ojos; mas no para ver tas necesidades de los subditos: tienen bo­
ca; mas no para reprender los vicios , ni para instruir á los ignorantes:
tienen manos; mas no para bien obrar, ni para hacer limosna.s: tienen
pies; mas no para correr a' subvenir las necesidades agenas. O ídolos,
y no pastores, ojalá no se verificára tanto como se verifica!
3 Considera los medios de que se pueden valer los pastores para
el exacto cumplimiento de sus obligaciones. 1 Es necesario que residan
en la parroquia encomendada, o en la diócesi, si es obispo: y sino, no
cumplirán con su obligación, como dice el sagrado Concilio: Q u a omnia
nequuquam ab iis prcestari, ei adimpleri possunt, qui gregi suo non invi­
gilante ñeque assistunt , sed mercenariorum more desenm t . Ni valen las es­
cusas que se dan, de que ya cumplen por medio de un vicario, ó que
no asisten, porque el aire les es contrario, ó que tienen dispensa del le­
gítimo superior; porque la obligación de residir y de apacentar las almas,
es personal; y en muchos casos está obligado el pastor i exponer su v i­
da por sus ovejas, y la dispensa no aprovecha, si las razones que alegan,
no son legítimas y de grave momento. 2 Resuélvanse los pastores de
aliñas ú padecer y á mortificarse; porque la cura de las almas abunda
mucho de cruces, de trabajos y contradicciones; y si quieren atender á
sus circunstancias é intereses temporales, serán inútiles á la iglesia de
Dios y escandalosos á su pueblo. 3 Consideren á menudo el grande pre­
mio que les espera en la bienaventuranza eterna, si cumplen bien con
su obligación : atiendan á lo que les dice S. Pedro: P a scite , qui in vo-
bis est, gregem; cum apparuerit principes pastorum^ percipieth intmar-
cessibilem gloria coronanu O si esto premio se considerase bien, como se
abrazaría la cruz de las incomodidades del ejercicio pastoral! Cómo no
se buscaría en él la propia conveniencia; mas si solo la gloria de Dios y
el bien de las almas, para no perder la eterna corona, que el príncipe de
los pastores tiene reservada para los buenos y vigilantes pastores!

M E D IT A C IO N D E L B U E N E JEM PLO QUE ESTÁ O BLIG AD O


Á DAR E L PASTOR DE ALM AS.

1 Considera la grande obligación, que todos los pastores tienen de


dar buen ejemplo á sus ovejas, i Porque Cristo Señor nuestro Ies en­
carga esta obligación en su Evangelio , paraque Dios sea glorificado por
ellos: Sic luceat lux vestra coram liominibus , u t : z: glorificent Patrem
vestrum, qui in calis est. De aquí tomó motivo el Concilio de Trento,
para decir, que de jure divino están obligados: Oves suas bonorum operum
omnium exemplo paseere , 2 El buen ejemplo es el pasto mas necesario,
mas útil y mejor que pueden dispensar í sus ovejas; y así es el condi­
mento y la sal de todos los otros, sin la cual quedan desabridos, inú­
tiles y tal vez nocivos. 3 El ejemplo hace al pastor venerable á todo
el pueblo, acredita su doctrina, hace fructuosa su predicación, amable su
virtud y abominable á los otros el vicio. Por esto dice S. León Papa:
Validiora sunt exempla , quam verba, & plenihs opere docemur, quam voce;
y la experiencia manifiesta que tales son las ovejas, cuales el pastor que
las gobierna* O qué pastor agradable á los ojos de Dios sería aquel que
pudiese con el Apóstol decir á sus ovejas: (¿ua didicistis9 & accepistis,
& vidistis in me, haec agite , & D eus pacis erit vobiscum !
2 Considera al contrario, que el pastor a quien falta el ejemplo de
la vida, todo cuanto dice y habla, es inútil á su iglesia; y aun será oca-
sion de gravísimo daño y perjuicio á las ahnis. 1 Porque, como observa
S, Agustín, es tal la humana flaqueza, que dificultosamente se mueve á
obrar el bien, si primero no se vé ejecutado, en quien se le propone.
De donde sabiamente dijo S. Gregorio Nazianzeno, que el que con pala­
bras enseña la virtud, y con el mal ejemplo el vicio, con una mano tira
las almas á Dios, y con la otra las ahuyenta: con la una edifica, y con
la otra destruye. S. Juan Crisdstomo llamd á los sacerdotes y pastores
de las almas, cabeza y corazon de la iglesia: porque así como la salud
del cuerpo depende de la salud de e3 tas dos partes; así la salud espiri­
tual del pueblo cristiano depende dc los sacerdotes y pastores: y así
como enfermando la cabeza, enferman todos los miembros, y debilitado
el corazon, se enflaquece todo el cuerpo; así, si los sacerdotes y pastores
enferman en la virtud, enferman los súbditos; y viendo las ovejas del
Señor el vicio en los pastores, con facilidad quedan apestadas con su
mal ejemplo. Ah, infelices y miserables pastores, los que así se portan!
Cuán formidable es la sentencia que profirió contra estos S. Bernardino
de Sena! Oigámosla todos para nuestro provecho: Scitoie , quia tales non
possunt salvar i 5 nisi restituant animas, quas Deo abstulerant 9 faciendo
p&nitentiam , & dando bcmtm exemplum .
3 Considera, en que cosa deben los pastores dar este buen ejemplo.
S. Pablo dice, que en todas las cosas: In ómnibus teipsum prcebe exem­
plum bonorum operum: y otra vez d ice , que el obispo* y ciíra de almas
debe vivir vida irreprensible, de suerte 9 que no puedan descubrir en
él un ápice de culpa : Oportet episcopum irreprehensibiUm esse. Sobre to­
do debe: 1 Dar ejemplo de castidad, de suerte que en su presencia que­
de confundido y avergonzado el mas sensual y deshonesto. Esta virtud
es el ornamento del órden sacerdotal y la vestidura cándida, de que de­
be ir hermoseado el pastor de almas; y debes poner tanto cuidado en
conservarla, cuanto son mayores y mas frecuentes los peligros, que por
razón de su oficio pueden ponerle á riesgo de perderla. 2 Debe dar gran­
de ejemplo de religión y devocion, teniendo grande respeto á las cosas
sagradas, tratándolas con sumo decoro y reverencia* haciendo las fun­
ciones sagradas con gravedad y modestia religiosa* cuidando sobre mane­
ra de la limpieza del templa, del aseo de los ornamentos, especialmente
de los mas próximos al santísimo Sacramento del altar, y revistiéndose
de un grande zelo, de que la casa de Dios no sea profanada. 3 Debe dar
ejemplo en el desasimiento de los bienes terrenos; porque no se puede
componer bien la ansia de atesorar riquezas con el anhelo de atesorar
almas y bienes para el cielo. 4 Debe dar ejemplo de caridad: para con
Dios, siendo amante de la oracion y contemplación; para con el prójimo*,
ejecutando en beneficio suyo aquellas obras espirituales y corporales 9 á
que le ejecuta su obligación de pastor- O cuantos feligreses mueren, sin
que tengan en lance tan apretado, como es el paso de esta vida á la
eternidad, quien les diga Jesús! O cómo no duerme el demonio en
aquella hora! O cuánta vigilancia pide en los pastores este desvelo de
satanás!

M E D IT A CIO N D E L A O BLIG ACIO N QU E T IE N E N LOS


SEÑORES OBISPOS D E VISITAR SUS DIÓCESIS.

i Considera, cual sea la obligación que tienen los obispos de visitar


sus diócesis. 1 Porque Dios se la encarga así en el cap. 6. de Jos P ro­
verbios: Discurre, festina, suscita amicum tuum , y con Jas palabras del
Eclesiástico, c. 7, Pécora tibi sunt f Atiende Mis; ó como vierte Jansenio
del griego: Inspice ü visita . 2 Porque están obligados por mandato ex­
preso de la iglesia, en muchos concilios declarado, especialmente en el
Tridentino. 3 Por ser este propio oficio de los obispos, explicado en su
propio nombre , el cual segun la etimología derivada del griego? signi-
fíca lo misma que V isitantes : y así como Jos¿, luego que fue hecho
virrey de Egipto, juzgo ser de su obligación visitar el reino: £ gressus est
ad terram 1 Egypti ; circuiuit omnes regiones ¿Egyptii así los obispos de­
ben visitar toch su diócesi. 4 Son pastores de las almas, y como tales de­
ben conocer todas sus ovejas de cerca y por su nombre: P astor::: pro -
prias oves vocaí m m inatim : Joan. c. 10. v. 3. lo que 110 pueden hacer, sino
visitando los lugares de su diócesi, en donde están esparcidas. 5 Los
obispos en su diócesi son al modo del so l; y así, á ejemplo suyo, deben
estar en continuo movimiento, visitando, iluminando é influyendo en todos
sus subditos: y así como si el sol material se parase, y no visitase con movi­
miento continuo todas las regiones del mundo, padecerían grande daño
las que no alcanzasen sus influjos, así si el obispo pára en una ciudad sin
moverse, toda la diócesi padece: crecen los pueblos en las ignorancias de
las cosas de D ios: quedan frios en Ja devocion, y de ordinario envueltos
en las tinieblas de las culpas. O lo que se aprecia y estima la honorifi-
cencia episcopal! Cuánto se trabaja, porque no descaezca de punto 1 O si
se trabajase tanto en el cumplimiento oneroso de su obligación!
2 Considera los bienes grandes que en las aliñas resultan de las vi­
sitas cuando se hacen como se debe. Esto se puede colegir del fin , por
el cual, según el Concilio Tridentino, se deben hacer* que es para con­
servar sana é incorrupta la doctrina católica* é impedir que no se mezcle
alguna zizaila de algun error ó h eregía: sirven también para inflamar
los pueblos en la piedad, y en la concordia para promover en el clero
la santidad de la vida, la reverencia á las cosas sagradas, el zelo de la
salud de las almas; y en una palabra, sirven para reformar toda la dio*
cesi. Ni deben los obispos contentarse, en fiar de otros esta su obligación,
sino que deben cumpliría por sí mismos; porque la experiencia enseña
que la visita personal del pastor es mas provechosa. Mandó Eliseo á su
siervo G iezí, que fuése á resucitar al hijo difunto de la Sunamitide, y
aunque íe did su báculo para dicho efecto, y Giezí tocó una y otra vez
con él al difunto* no obstante se le dejó difunto. Fue despues en persona
Eliseo, y con Ja oracion y su presencia corporal le resucitó. Van tal vez
los vicarios y visitadores, y llevan consigo la autoridad del báculo epis­
copal ; pero es muy ordinario el no hacer fruto y dejarse en su ser los
vicios y difuntos, á los que lo están por las culpas: porque á Eliseo, y
no ¿ Giezí se dió la facultad de resucitarles. Anímense, pues los señores
obispos á extirpar por sí mismos los vicios y resucitar los difuntos, vol­
viéndoles á la vida de la gracia con su autoridad y presencia; y de no
hacerlo así, teman la visita con que les amenaza Dios en su tremendo jui­
cio por Jeremías cap. 22. Vce p a storih u sl : : : ecce ego visitaba super vos
malitiam studiorum vestrorum .
3 Considera los motivos que pueden servir á los obispos para ani-
marles al cumplimiento de esta precisa obligación , y superar las difi­
cultades que les suelen servir de impedimento para ello, i El ejemplo
de Cristo Señor nuestro, á quien S. Pedro Uann obispo y pastor de las
almas: Episcopum & pastorela animar u m : pues no solo se complace con
el nombre de obispo, sino que también manifiesta el cumplimiento de la
obligación qne consigo lleva anexa: Visitavit nos oriens ex allo\ y como
dice S. Marcos: Circuibat castellct, in circuitu docens. No lo cometió, ni
i los apóstoles solamente, ni á los profetas; sino que él mismo vino en
persona, con los trabajos y penas que cada uno sabe. 2 Debe moverse
con el ejemplo de los apóstoles ; porque los obispos son sucesores de
Jos santos apóstoles de Jesucristo, y deben im itarles, si no quieren go­
zar en vano tan digno nombre y oficio. 3 Por el ejemplo de tan santos
prelados, como han gozado todas las sillas del mundo , y á quienes ve­
nera toda la cristiandad; como fueron , un S. Juan Crisóstomo , S. Gre­
gorio Nazianzeno, S. Carlos Borromco, santo Tomás de Villanueva, S.
Julián, obispo de Cuenca, S. Francisco de Sales y otros innumerables,
cuyo ejemplo les puede servir de dispertador para cumplir con lo que
deben. 4 Hagan reflexión al premio grande, que Dios tiene prometido i
los que cumplieren con su obligación; y si esto no fuere bastante, há­
ganla al castigo que ejecutará con los que á ella faltaren, como lo dice
por Jeremías; Vos dispersisíis gregetn meum, £5 ejecistis eos, W non vis i-
tastis eos, ecce ego visitaba super vos maütiam studiorum vestrorum . O
obispos y pastores de almas, si fueren tales! Si no les mueve á cumplir
con esta obligación, ni el amor de Dios y del prójim o, ni el ejemplo
de Jesucristo* ni el de los apóstoles y profetas , y de tan santos prela­
dos, ni el premio que les espera, ni el castigo que les amenaza, den por
perdidas sus almas. No lo permita Dios nuestro Señor.

MEDITACIONES QUE PERTENECEN


AL ESTAD O K E LIG IO SO .

M E D IT A C IO N D E L B E N E F IC IO D E L A VO C A C IO N A L
ESTADO DE LA R ELIG IO N .

i Considera, que este beneficio de la vocacion al estado de la reli­


gión es un beneficio muy singular y á pocos concedido; y por eso debe
ser muy apreciado y con suma vigilancia correspondido. Dccia Cristo
Señor nuestro por S. Matheo: Si pretendes ser perfecto, vé y vende todos
tus haberes y y repártelos á los pobres , y tendrás un tesoro en el cielo ; y
ven, sígueme. La religión es un estado de perfección: esto cs> no porque
los religiosos esten obligados á ser perfectos luego que entran en la re-
ligion; sino porque aprevechando de dia en dia en la virtud, con la ob­
servancia de los divinos preceptos y consejos evangélicos, están obligados
á la cristiana perfección, Esta despues del martirio es el camino mas
estrecho: es la puerta mas angosta que conduce á la vida eterna, y po­
cos son verdaderamente los que la hallan. En esta, cualquiera que vive
según la regla, perseverando pia y santamente en su vocacion, tiene una
moral certeza de su salvación. y dicen graves autores, que el religioso
que no anela á la perfección* vive con grande peligro de su condena­
ción. Pues qué será de aquellos que llamd Dios á la religión y profe­
saron su regla, y despues de muchos anos se hallan en peor estado sus
almas, que cuando vivían enjel siglo? Medita bien este punto, y resuél­
vete á ejecutar lo que quisieras haber hecho en la hora de la muerte.
2 Considera las causas porque debes apreciar tanto este beneficio
de la vocacion. i Si la sagrada Escritura hace grandes y ventajosas pro­
mesas á aquellos, que dan parte de sus bienes temporales á los pobres,
diciendo que recogen un grande tesoro en el cielo, que recibirán ciento
por uno en este mundo, y en el otro la vida eterna , qué premio ten­
drán aquellos que no contentos con haber dejado todos sus bienes tem­
porales por Cristo Señor nuestro, se dieron también á sí mismos pri­
vándose, no solo de todos los gustos y deleites mundanos, sino negán­
dose á sí mismos, sujetando su querer al ageno parecer? Pues esto ha­
cen todos los religiosos, cuando por la profesión se consagran á Dios en
la religión. 2 E l ingreso á la religión es comparado por los santos pa­
dres al bautismo; porque por medio de é l, como por otro bautismo,
quedan plenariamente libres de las penas debidas por sus pecados. S.
Gregorio añade, que así como el holocausto excede á todos los otros sa­
crificios; así el ingreso á la religión excede á todas las demas suertes de
penitencias ó satisfacciones, aunque publicas. S- Bernardo y Pedro Ble-
sense comparan la vida religiosa, y los largos trabajos que la acompa­
ñan, al m artirio; y es mas penoso cuanto mas prolongado. Mas quién
duda que si el religioso es religioso, será este martirio para él dulce,
amoroso y deleitable? Si la religión es cruz, será cruz para el nulo; pero
será gloria y dulzura para el bueno.
3 Considera, por qué causa los santos Padres, en recomendación de
la vida religiosa, se han servido de las sobredichas comparaciones. La
primera es de santo Tomas, el cual dice que si el hombre con un poco
de limosna puede satisfacer por las penas debidas por sus pecados, con­
forme á que dijo D aniel: Redime tus pecados con lim osnas : mucho mas
podrá hacerlo aquel que no solamente da todos sus bienes á los pobres,
mas despues se ofrece i sí mismo por siervo perpetuo á Dios y á la re­
ligión, y aun hace voto de nunca poseer cosa alguna como propia. La se­
gunda razón es; porque toda la vida del verdadero religioso consiste eu
llevar continuamente su cruz, en Ja abnegación del propio juicio y vo­
luntad, en la mortificación de los sentidos, de las pasiones y de todas
las concupiscencias carnales, conforme al consejo de Jesucristo por S.
Lucas: Cualquiera que quisiere venir en pos de rní^ niegúese á s i mismo,
y Ueve su cruz y sígame; y este es exactamente aquel martirio espiritual,
del cual hablan los santos padres. De donde el Espíritu Santo en los
proverbios d ice : E l que domina su ánimo y sus deseos, debe preferirse al
que rinde ciudades. Y aun Séneca gentil conocid ser el imperio mayor de
todos el dominarse á sí misino; lo que hacen los verdaderos religiosos,
cuando totalmente se consagran á Dios en la religión. O \rencimiento
soberano! O triunfo singular! Ruega á Dios te mantenga en él: afianza­
rás su amparo y manutenencia, si fueres fiel correspondiente al beneficio
soberano de la vocacion.

M E D IT A C IO N D E LOS G R A N D E S B IEN E S QÜE H AY


E N LA R E L IG IO N .

1 Considera, que la religión es el jardín ameno de las delicias de


D ios: es el puerto seguro, donde se acogen las aliñas para librarse de
las furiosas olas del tempestuoso mar de este mundo: es el camino real
que guia á la celestial patria. En la religión hallará el hombre los bie­
nes que describe S. Bernardo con estas bien notables palabras: E n la
religión (dice el santo) el hombre vive mas p u ro : cae mas ta rd e: se le­
vanta mas presto : camina mas ca u to : reposa mas seguro : es mas d me*
nudo visitado del Espíritu Sa n to ; es purificado mas presto: muere con
mayor confianza , y es mas largamente remunerado. Que inas puede de­
sear una alma para asegurar su salvación y aun su perfección, que ha­
llarse en un parage como este, del estado religioso? Pero qué lastima
sería la de un religioso, si en vez de coger flores de virtudes en este
jardín ameno, cogiese veneno de vicios? Cuán deplorable sería que en el
puerto pereciese? Y qué en tan real y seguro camino se perdiese?
2 Considera ahora por partes estas palabras de S. B ernardo: E n la
religión el hombre vive mas puro. Lo primero, por la pureza de inten­
ción, con la cual el religioso que lo e s , endereza todas sus operaciones
á la mayor honra y gloria de Dios, y aprovechamiento espiritual de su
alma: ademas de esto todo cuanto ve, lo juzga á la mejor parte, desnu­
dándose de todo juicio malicioso, por estar revestido de una candidez
columbina y sinceridad angélica, actírdándose que dijo C risto: Si tu ojo
fuere sencillo , todo tu cuerpo será resplandeciente . 2 Por la pureza, con
que vive libre de culpas graves, que son las que ensucian y manchan al
aliña; porque los que se precian de buenos religiosos,’ viven siempre con
resolución de morir mil muertes* antes que cometer una culpa mortal. 3
18
2^4 MANUAL
Pol* la pureza angélica del cuerpo y del alm a, por medio de la castidad
que prometió y consagró i Dios por el voto. E l buen religioso vive con
grande desvelo, por conservar está soberana virtud; para esto vive en­
tregado á la oracion, á los ayunos y demas asperezas de su regla, segre­
gado de los peligros del mundo; y por eso dijo S. Bernardo, que el hom­
bre en la religión vive mas puro. Esta es tu obligación o religioso, y de
no cumplir con ella, te fuera mejor el no haber conocido jamas la reli­
gión y aun no haber nacido.
3 Considera lo segundo que dice S. B ernardo: Que el religioso en
la religión cae mas tarde . Esto sucede, principalmente; porque en la re­
ligión no hay aquellas ocasiones de tropezar, ni aquellas piedras de es­
cándalo que hay en el mundo; y si tal vez hubiere algo de esto, acude
luego el zelo de los prelados á quitar de enmedio, con la corrección y
castigo, los tropiezos y las piedras, que puedan motivar a' los demas
ocasión de ruina. 2 Porque está libre de quellos lazos de riquezas, hon­
ra y placeres* con que el demonio enreda las almas: todo lo cual renun­
ció el religioso por Cristo Señor nuestro: y así no pretende riquezas,
ni estimaciones mundanas; antes bien, como verdadero religioso, aína la
pobreza que profeso y el desprecio de todo. 3 Porque en caso que como
frágil caiga, se levantam os p resto , dice S. Bernardo, por las ayudas de
la misma religión, de los prelados, de los confesores y padres espiritua­
les, que con sus amonestaciones, correcciones y santos consejos, le ayu­
dan á levantar. 4 Porque en este estado angélico están mas prontos los
ángeles para darle la mano* y la asistencia particular de Dios, compren­
dida en aquel ciento prometido, aun en esta vid a, á aquellos que por
Cristo lo renunciaron todo. Y si con tantos adminículos perseverare caí-
do; tema un total desamparo de Dios, merecido por semejante obstina*
cion y abuso de tantas gracias.

M E D IT A C IO N E N Q U E SE PRO SIG U E E L M ISM O ASUNTO


D E LOS BIENES D E LA R E L IG IO N .

i Considera, lo que prosigue S. Bernardo de los bienes de la reli­


gión; esto es, que el religioso vive en ella mas cauto. Lo 1 porque en
caso que no le mueva el caminar cautamente, ni el amor de Dios, ni el
punto de hombre de bien, ni los buenos consejos, ni ejemplos de muchos
santos religiosos, le moverá á esto el temor del castigo; porque en to­
das las religiones hay penas y castigos señalados para los que delincuen.
2 Porque todos, así prelados como religiosos particulares, velan sobre
sus acciones; y esto mismo le obliga á vivir con cautela, á sujetarse á
lo que debe, y á conocer que todos le ayudan á su bien. Con esta suje­
ción á lo que debe, descansa con mas seguridad, dice S. Bernardo; por­
que no tiene que cuidar, ni de comida, ni de vestido; porque la divina
providencia provee abundantemente: ni tampoco debes ocuparse en ne­
gocios seglares; pues como dice el Apóstol: N adie que sirve á Dios , se
embaraza en negocios seglares . Y así goza su interior de grande paz y
tranquilidad, ocasionada de la buena conciencia, que como dice el sabio,
es un continuo convite , con que descansa seguro. O si así lo procurases!
Q u é vida celestial gozarías! Cuando de hacer lo contrario, no pueden
seguirse, sino inquietudes, tribulaciones y angustias.
2 Considera aquellas consolaciones del divino espíritu, que dice el
santo; goza mas frecuentemente el religioso* Esto sucede: i Porque
con la frecuencia de los cotidianos ejercicios espirituales de oracion, me­
ditación, santo sacrificio de la misa y frecuencia de los otros sacramen­
tos, se hace participante de las ilustraciones y divinas inspiraciones;
porque como dice Isaías: E l espíritu del Señor descansa sobre los hum il­
des y contritos de corazon . 2 Porque experimenta las afluencias de las
celestiales consolaciones, y la mayor abundancia de dones del Espíritu
Santo, aun en medio de las aflicciones, ayunos, disciplinas y cilicios, etc.
Con estos ejercicios, dice S. Bernardo, se purifica mas presto de las
manchas, que por su fragilidad contrajo: lo uno, por el examen cotidia­
no de conciencia que en las religiones se hace, á quien acompaña el
arrepentimiento y propósito de la enmienda: lo otro, por el uso fre­
cuente de los sacramentos de penitencia, y eucaristía, medios eficacísi­
mos para purificar las almas; y últimamente, por la conveniencia de
satisfacer por las penas debidas por sus culpas, tí con penitencias volun­
tarias ó impuestas por confesor, 0 por las prescritas por leyes de su re­
ligión que si exactamente observa, poco ó nada tendrá que purgar en
la otra vida. Bendito seáis, Seííor, que me habéis dejado medios tan
oportunos para mi salvación, con haberme sacado del mundo y traído í
la santa religión.
3 Considera últimamente los dos bienes grandes de la religión que
dice S. Bernardo; esto es que el religioso muere en ella con mayor con­
suelo, y con mayor abundancia es remunerado en el cielo. Muere con
mayor consuelo; porque tiene abundancia de confesores, con quienes po­
der i satisfacción descansar su alm a: le asisten vigilantes los religiosos
para la administración de los sacramentos y tránsito: se le concede una
indulgencia plenaria en la hora de la muerte, privilegio que todas las
religiones gozan: asimismo, como en todas luce la caridad, no le falta
la asistencia corporal eu su enfermedad: goza á mas de esto de las
oraciones d e sú s hermanos, de los sufragios que le hacen, y participa de
las demas buenas obras de los religiosos. Considera, si estos motivos
son grandes para morir con toda consolacion? Ademas de esto es con
mas abundancia remunerado : lo primero por las muchas promesas de
Cristo Seiior nuestro: E l que perseverare hasta el fin , será salvo; el que
vendió sus haberes, y dio su precio á los pobres9 tendrá un tesoro abun­
dantísimo en el cielo ; y lo que dijo S. P ab lo ; Que Dios dará á cada uno
segun sus obras. Si el religioso fue predicador, confesor, ó si fue dado á
la oracion^ á la penitencia ó al socorro de los pobres, todo esto se le
remunerará en la gloria, de tal suerte que si fuese capa'z de pena, de
ninguna cosa la tendría, sino de no haber hecho mas de lo que hizo. O
cuántos príncipes y reyes, desearon en la hora de la muerte haber
sido un pobrecito lego de una religión] O qué gracias debes dar á Dios,
religioso! O cuánta es tu obligación de corresponder fielmente, a lo q u e
á Dios prometiste!

M E D IT A C IO N D E L A E X C E L E N C IA D E LO S VO TO S
DE L A R E L IG IO N .

1 Considera, que el hacer voto en alguna religión no es otra cosa


que un abandonar el siglo, consagrarse enteramente al servicio de Dios,
y obligarse en la religión á vivir en perpetua pobreza, obediencia y cas­
tidad, que es el verdadero modo de librarse de todo aquello que puede
impedir la consecución de la perfección cristiana, á la cual aspira la vi­
da religiosa ; porque como dice S. Juan: Todo lo que hay en el mundo , es
concupiscencia de carne : esta se refrena con el voto de Ja castidad : o con­
cupiscencia de ojos; y se vence con la pobreza: ó soberbia de la v id a ; y
se reprime con la obediencia. La excelencia de los votos es gravísima.
1 Porque se hacen á la Magestad infinita de D io s , autor que e s , y
principio de todo lo grande, noble y excelente que se halla en las cria­
turas. 2 Porque con ellos sujetamos totalmente á Dios nuestra voluntad,
que entre las potencias del alma tiene el primer lugar. 3 Porque ha­
cerlos 9 es acto de religión , virtud superior á todas las virtudes mora­
les, y como dijo S. A gustín: Que la virginidad es digna de aprecio; no
porque es virginidad , sino porque es consagrada á Dios por el voto. 4
Porque así como la vida del cuerpo depende del corazon, como de su
principio; así la vida y el ser religioso, depende del vínculo que se
contrahe por medio de estos tres votos. O vínculo admirable! Por tí
puede decir el religioso, que su voluntad es tan noble, como la voluntad
de Dios; pues no tiene otra sino la de Dios.
2 Considera, que esta unión ó vínculo, es sumamente accepta á Dios;
porque los votos son como tres clavos, con los cuales el religioso está
en una cruz crucificado por el amor de D io s , no por tres horas 6 por
tres dias solamente, sino por toda la v id a ; y puede decir con el Após­
tol : No me glorío sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo . E l reli­
gioso, dice S. Gerónimo, por medio de los votos hace de s í mismo un per -
fectisimo holocausto á Dios • E l que vive en el mundo, ofrece á Dios los
frutos; pero el religioso juntamente con los frutos , ofrece también el
árbol, renuncia al siglo todo, y sin reserva se consagra á Dios, con u ü
modo tan excelente y perfecto* que no es mas suyo, sino todo de Dios;
porque por los votos murítí totalmente al mundo, y solo vive en Dios
y para Dios, en la religión; y puede decir con el Apóstol: Vivo yo, mas
no yo\ porque Cristo vive en mL O padre religioso! Considérate muerto,
amortajado en la religión; pues con esta memoria, no tendrás memoria,
ni voluntad para acordarte* ni para querer ya cosa alguna del mundo:
pide á Dios te dé su gracia para ello.
3 Considera , que hallándose los religiosos en grado muy sublime
entre los siervos de D io s; porque se hallan obligados á ¿melar siempre
la perfección, y les estimula k ello el documento de Cristo: Sed perfec­
tos, como es perfecto vuestro P adre celestia l ; y el otro: E l que quisiere
venir en pos de mí^ niegúese á s í mismo; es cosa muy conveniente que
hagan profesion de imitar á Cristo su ca pitan y Señor, con la práctica
de estas tres virtudes, pobreza, castidad y obediencia; por qué quién
fue mas pobre, mas casto y ma obediente que él? 2 Piensa, que siendo
el estado religioso t.-in noble y tan excelente, es necesario que el que fue
llamado de Dios á este estado, haga obras, no ordinarias y comunes, si­
no herdicas y proporcionadas i las obligaciones que contrajo; esto es,
que de tal manera sea pobre, que nada tenga de propio; antes si el ca­
so lo trajere, ó la religión lo mandare, ame el verse pobremente vesti­
do, y mendigar el sustento necesario: que sea tan amante de la casti-
tidad, que aun á cualquier mínimo pensamiento ó movimiento contrario,
resista con valor; y que sea tan observante de la obecfiencia que sujete
con prontitud de ánimo, no solo su propia voluntad, sino el propio juí*
cío, al juicio y voluntad del superior. Esta es la obligación de todos los
religiosos; y de no cumplir con e lla , experimentarán al fin de la jor­
nada el vacío de sus trabajos, y el castigo de D io s, por mal cor­
respondientes.

M E D IT A C IO N D E L A U T IL ID A D D E LOS VOTOS
D E LA R E LIG IO N .

1 Considera, que cuanto mas un árbol echa sus raíces en la tierra,


y cuanto mejor la vid está atada al palo, tanto mas copiosos y mejores
frutos produce el uno y el o tro : de la misma suerte la voluntad huma­
na, cuanto está mas firmemente asida con el bien, tanto mas excelentes
son Jas obras que produce. Haciendo, pues* los votos* está tu voluntad
mas firme y constante en el bien , y consiguientemente todas las obras
que como religioso haces son mas aceptas á Dios y dignas de mayor
18 *
recompensa : lo que se conoce también por lo contrario; porque la obra
que procede de una voluntad depravada y obstinada en el mui, es á Dios
mas odiosa y digna de mas grave castigo. 2 Ñ o la , que si bien el reli­
gioso con los votos que h ace, se necesita á si mismo ¿í ser casto, obe­
diente y pobre; no obstante esto, no pierde, ni la libertad, ni el mérito;
pues esta necesidad no es natural, sino voluntaria por elección y prome­
sa que voluntariamente h izo: de donde dice san A gustin: Que esta es
una necesidad bienuveniurydu, que nos conduce á obrar lo mas excelente
y mejor. O si todos los religiosos considerásemos la aceptación que tie­
nen con Dios nuestras buenas obras, todos los dias renovaríamos nues­
tros votos, y nos hariamos con esto unos nuevos hombres!
2 Considera, qne el religioso, por medio de los votos, se une estre­
chamente con Dios* y Dios* como fidelísimo Señor, se une recíprocamen­
te con él, cuya Union causa en su alma excelentísimos bienes y sobera­
nos provechos; porque como dice el A póstol: E l qite está unido con D ios ,
se hace un mismo espíritu con él. Pues siendti este Señor tan amoroso, y
que sus delicias son el estar unido por amor con los hijos de los hom­
bres; qué gracias y dones espirituales comunicará á aquellos religiosos,
que por medio de los votos, con ferventísimo amor se unieron con su
Magestad soberana? Pondrá por ventura el sediento su boca en fuente,
sin beber y apagar su sed? 2 Considera, que siendo el religioso por
medio de los votos todo dedicado a Dios, y hecho hijo suyo, y su here­
dero, 110 puede dejar de ampararle, enriqueciéndole de sus bienes , lle­
nándole de sus divinos beneficios. A h, Señor, así yo fuese lo que debo
ser; que por vuestra parte, es cierto que no taltal Pues paraque no fal­
te por la mia* debo renovar aquella resolución, con que dejé al inundo
y aquel fervor, con que me i»ní con Vos el dia que profesé-
3 Considera, que todas las obras buenas que se hacen en virtud de
los votos, son delante de Dios nías meritorias. Lo primero; porque pro­
ceden de mayor a m o t: cuino sea así, que el amor de aquel que quiere
de tal manera una cosa, que no le es lícito querer otra, es ciertamente
mayor que la de aquel que puede querer la contraria. 2 Porque son
hechas por motivo de dos virtudes: de donde el que guarda la castidad
sin voto, practica una sola virtud; pero el que la guarda por voto* prac­
tica dos; esto e s , la virtud de la castidad y la de la religión. 3 Cual­
quiera que hace voto, ó lo hace para obligarse á Dios, ó por ser cons­
treñido á cumplir aquello que ha prometido : una y otra de estas cosas
es de grandísimo m érito: la prim era; porque la acción es sumamente
voluntaria} queriendo tan absolutamente la cosa, que 110 le sea lícito
apartar su voluutad de ella: la segunda; porque d a rá Dios aquello que
le prometió por el voto, es acto y culto de latría, el mas noble y exce­
lente , con que se honra á su Magestad divina. Quién será* pues, el re­
ligioso, que no se aníme á la observancia de estos votos? 0 si conside­
rases lo mucho que faltas, cuando faltas á su observancia, y lo mucho
que ganas cuando exactamente lo cumples!

M E D IT A CIO N D E L A E X C E L E N C IA D E L A P O B R E Z A
R ELIG IO SA .

i Considera, que la pobreza evangélica* por la cual el religioso des­


preció todas las riquezas y bienes terrenos, y las reputa como vil es­
tiércol por el amor que tiene á D io s, y por la esperanza de la vida
eterna, es, como dice san Ambrosio» la prim era, el origen y madre de
todas las demas virtudes: como sea así, que por el voto que de ella ha­
ce, se despoja de todos los bienes y así desnudo, sigue al desnudo Jesu­
cristo, y se pone en estado de no poseer jamas cosa propia. Por eso dijo
C asiano: Que en su tiempo hubiera sido grave delito en su religión el
d ecir : mis libros, mi vestido, etc . El mismo Salvador, hablando de las
ocho bienaventuranzas; esto e s , de las virtudes que hacen al hombre
bienaventurado en esta y en la otra vida, da i la pobreza el primer lu­
gar, y la mayor recompensa, diciendo; Bienaventurados los pobres de
espíritu , porque de ellos es el reino de los cielos . Ahora atiéndase con cui­
dado. y se hallará que todos los fundadores de todas las religiones fue­
ron ammtísimos de la santa pobreza y procuraron que esta piedra fun­
damental fuese la que mas luciese en sus hijos. O cuan coiürarios les
tendrán en el tremendo juicio de Dios los religiosos que no Ies añi­
laron J
e Considera, como también se conoce la excelencia de esta virtud,
por lo que hizo el mismo D ios, el cual como dice ef Aposto!, siendo
riquísimo, se lm o pobre por nosotros en tanto grado, que (como decia
su Magestad divina) teniendo las raposas sus cuevas, y las aves sus ni­
dos, el Hijo del hombre no tenia aun donde reclinar la cabeza : de don­
de, aunque fuese dueiío del universo, no tuvo casa donde nacer i y así
se vio obligado á nacer en un establo de brutos : quiso toda la vida
vivir de limosnas* tener madre pobre, discípulos pobres, y finalmente
morir en desnudez y extrema pobreza. Por cierto que la eterna sabi­
duría nunca hubiera abrazado uu tal estado, si no lo hubiese estimado
por digno de su persona; y si el hijo de Dios no hubiese sabido que la
pobreza era aquella perla preciosa, y no conocida del mundo, nunca
hubiera bajado del cielo para buscarla y practicarla: y a sí, ó yerra el
mundo, haciendo tan grande caso de las riquezas; ó se engaño Cristo
con el extremado desprecio que hizo de ellas: pero, como es imposible
el que Dios se engalle, y decir lo contrarío sería blasfemia; de aquí es
que el mundo es el engañado, con el aprecio que hace de ellas, y con
el afan que las solicita- Pues qué engaño sera el del religioso, que ha­
biéndolas renunciado por Cristo en la profesion, vive en la religión sin
rastro de pobreza, regulado como un príncipe, y con muchos ducados de
reserva? Con Jesucristo y con su fundador se las ha de haber.
3 Considera, qne el mismo juicio que Jos mundanos hacen, descubre
la excelencia de esta grande virtud; . porque el inundo no se maravilla
tanto, de que uno llegue en poco tiempo á hacerse rico, cuanto, de que
teniendo uno abundancia de riquezas, casas, posesiones, feudos y estados,
en un instante lo abandone todo, y se haga pobre voluntario por Cristo.
De esto, como de cosa extraordinaria, se m aravilla, como lo demuestra
la experiencia* 2 Considera, que el mundo con todas sus comodidades,
riquezas y delicias, no puede contentar, ni saciar de lleno el corazon
humano. La experiencia manifiesta que cuanto mas el hombre tiene,
tanto mas desea tener, y jamas goza de la verdadera paz y tranquilidad
de espíritu. Cuan al contrario es el religioso que nada posee, ni desea
poseer; vive con suma paz y tranquilidad, sin cuidado del mundo, con­
tento con lo que le da la obediencia, y se hace semejante á los biena­
venturados, los cuales están tan gozosos y líenos con Ja gloria que Dios
les di«S, qne no Ies queda cosa que desear. O religioso! Sé amante de esta
preciosísima virtud: no te fies, de que á la hora de la muerte ha­
rás el desapropio en manos de los prelados, que es temeridad el
aguardar para la hora de la muerte, lo que estás obligado d observar
toda la vida.

M E D IT A C IO N D E L A U T IL ID A D D E L A P O B R E Z A
R ELIG IO SA.

i Considera, cuan grandes sean los bienes que trae consigo Ja po­
breza religiosa. 1 Corta la raíz á la soberbia, capital de todos los vicios,
á quien se entregan Jos hombres por ocasion de las riquezas, 2 Es me­
dio eficacísimo para satisfacer por los pecados pasados. 3 Libra al hom­
bre de muchos cuidados imítiles y molestias de las cosas de la tierra.
4 Anda siempre esta virtud acompañada de otras muchas virtudes, es­
pecialmente de la templanza y de la hum ildad, y con especialidad de
la castidad; porque no teniendo con que comprar el deleite, tiene mu­
cho andado para ser casto, siendo pobre- 5 Aparta del alma el afecto
desordenado de las demás delicias y placeres del mundo, y la estimula
á amar las cosas del cielo, pudiendo decir con el A p ó sto l: Nosotros no
tenetnos aquí ciudad permanente ; pero buscamos otra que es el cielo . 6
Hace al hombre perfecto en esta vida, segun lo que dijo el Salvador:
Si quieres ser perfecto , vé9 vende cuanto tienes; y tendrás un tesoro en el
cielo . Considera la infalibilidad de la palabra divina, y pon los ojos en la
inmensa grandeza de este tesoro celestial; y hallarás, que todo lo que
dejas por C risto , es nada en comparación de aquel celestial tesoro. Ben­
dito seáis , Señor , que así premiáis á los que tan poco hicimos por vues­
tro amor.
2 Considera, que cuando un religioso por el voto de pobreza se da
todo á Dios y cuanto puede pretender en el mundo; se da Dios también
todo á él , y se obliga á proveerlo de todo lo necesario, coino se vití
en Aaron * á quien prometió ser su parte y su herencia: lo cual fue
figura de lo que su Magestad divina hace con los buenos religiosos. Es
Dios verdadero padre de religiosos; y si tií no lo desmereces, no creas,
que un tan buen Padre se olvide de su verdadero hijo. No es creible,
que deje desnudo al que por su amor se despojó de quanto tenia y po­
dia tener. Lo cierto es, que no te faltará Dios si tu no faltas á su di­
vina Magostad. Lee las historias de casi todas las religiones, y hallarás
estupendos prodigios, que ha obrado la providencia divina con los reli­
giosos pobres. Pues de qué temes? Por qué te espanta la pobreza? Sé
tu lo que debes s e r , que Dios hará contigo lo que hizo por los demas.
3 Considera, que por mas que el religioso nada tenga de propio, no-
obstante halla por el cuidado que otro se tom a, todo cuanto necesita
para su comida y vestido, verificándose lo que dice el Apóstol; no te­
niendo cosa y poseyéndolo todo. Si va á algun viage por la obediencia;
como va en Jos brazos de la providencia D ivin a, halla (aunque nadie le
conozca) así en las casas d élos seglares, como en los demás conventos,
aunque 110 sean de su drden, cuanto necesita para su alivio; porque el
Señor, que mandó á sus apóstoles que no llevasen provision alguna por
los caminos, y en otra parte les dijo, que no pensasen en que comere­
m os, beberemos y vestirémos, es el que mueve los corazones de los
fieles y aun de los infieles, paraque así como á los apóstoles * provean
también á los religiosos apostólicos amantes de la pobreza. Ademas de lo
dicho, los religiosos verdaderamente pobres hallan en una enfermedad
mucha mas caridad entre sus hermanos, y aun entre los estraños que
aquellos, que no lo son y tienen su confianza mas en el dinero que re­
servan, que en la providencia de Dios. Cuantas y cuantas veces ha ma­
nifestado esto la experiencia ? Dios es fidelísimo, y primero faltarán los
cielos y la tierra, que falte al cumplimieuto de su palabra.

M E D IT A C IO N D E L A E X C E L E N C IA D E L A C ASTID AD
R ELIG IO SA.

1 Considera de cuanta excelencia sea la castidad religiosa. Lo pri­


mero, vuelve al hombre en cuanto es posible á aquel estado primero de
la inocencia, esto es, sujeta de manera la carne al espíritu, que el hom­
bre no manifiesta ? ni en palabras, ni en pensamientos, ni en obras,
cosa alguna, por mínima que sea, que huela á impureza. En una pala­
bra , la castidad no permite, que la parte inferior y apetito sensitivo
se levante contra la superior y contra la razón. 2 La castidad hace al
hombre, segun sentir de todos los santos padres* semejante sí los ánge­
les; porque el ir vestido de carne T y vivir segun el espíritu , y no según
la carn e, es mas propiedad de ángel que de hombre. San Bernardo y
san Juan Crisostomo pasan aun mas adelante y dicen: que el hombre
casto es digno de mayor alabanza que el ángel: porque la pureza del. án­
gel (dicen ellos) es mas fe liz i pero la pureza del hombre es mas generosa:
la del ángel es natural y necesaria ; pero ¡a del hombre es libre y vo­
luntaria. O bienaventurados varones, dignos de toda alabanza >cuales son
estos, que han sido hallados sin mancha! Pudieron caer y no cayeron;
y por eso es mas generosa su castidad, que la de los ín g eles, y digna
de mayor alabanza.
2 Considera otra singular prerrogativa de la castidad religiosa, la
cual es, como dicen san Basilio y san Juan Clítnaco, hacer al hombre en
alguna manera semejante á D ios: porque siendu Dios de su naturaleza
incorruptible y purísimo, haciendo el alma también pura, todo esfuerzo
para comunicar la misma pureza é integridad al cuerpo, por medio de
la castidad, que otra cosa hace sino en cierta manera im prim irle, como
en limpiísimo espejo la imagen y semejanza de D io s, exento de toda
corrupción y de esta manera hacer al hombre casi todo divino, y en
carne corruptible hacerlo exento d é la corrupción de la carne? 2 Nota,
que este bien tan grande ha sido de la naturaleza humana con tanta
pasión deseado, que la antigua serpiente enemiga jurada de todo nues­
tro bien, con toda su astucia, no halld en el paraíso cosa mas á propo­
sito para precipitar a nuestros primeros padres, que prometerles, (como
se halla en el Génesis) que serían como Dios. Pero esto, que falsamen­
te prometió el demonio al hombre lo posee verdaderamente el religioso
casto, y tanto mas perfectamente, cuanto su castidad es mas excelente,
que la castidad de casados y viudos. 0 virtud celestial jamas bastante­
mente apreciada! Ruega al Señor te haga digno de ella ; que será hacer­
te án gel, y semejante á Dios en la tierra,
3 Considera, que la castidad religiosa es uno de los mayores dones,
y de los mas señalados favores, que puede Dios concederá los hombres.
No viene este ddn de la misma naturaleza« ni se consigue con la indus­
tria humana. Solo Dios e s , el que le puede dar y comunicar al hom­
bre, como dice el Sábio: yo supe que no podía ser casta* si Dios no me
lo concedía. De aquí e s , que todos los santos padres a firm m , que esta
virtud es sobre toda naturaleza y sobre toda le y ; y así ningún precepto
fue dado de esta, ni en la ley antigua, ni en la nueva. La grandeza y
el mérito de esta virtu d , nace de la dificultad, que se experimenta en
reprimir los asaltos importunos de dos enemigos, que la combaten, uno
doméstico, que es la carne, la cual mueve continua guerra contra el
espíritu, y no cesa de combatirle dia y noche: el otro enemigo es el
demonio, el cual 110 tiene amias mas fuertes para el precipicio de los
hombres que la impureza. De esta guerra se lamentaba san P ablo, ciian-
do decía ah miserable é infeliz de m í , quien me librará de este cuerpo
m ortall O padres religiosos! M uy difícil es vencer á dos tan poderosos
contrarios, verdad es: pero es difícil á los flojos, tibios y negligentes
en resistir; no á los vigilantes y cuidadosos en ahogar los primeros im­
pulsos. O como asiste Dios con su g racia, cuando hay esta vigilancia!

M E D IT A C IO N D E L A U T IL ID A D D E L A C A ST ID A D
R ELIG IO SA.

1 Considera,que la castidad es Utilísima al religioso; porque le libra


de muchísimas y molestísimas incomodidades, i De la carn e, la cual si
puede tener un mínimo imperio sobre el hom bre, aunque sea el mas
sabio del mundo, le precipitara al abismo de todos los vicios, como se
vid en Salomón, que ni su sabiduría, ni la prudencia, ni los muchos fa­
vores que recibió de D io s, fueron bastantes i detenerle, paraque no se
precipitase á mi abismo de maldad. 2 El religioso casto, y que se pre­
cia de tal delante de Dios, es humilde* modesto, cau to, pobre, y junto
con la castidad lleva una compañía grande de virtudes que le acompa­
ñan siempre. 3 E l religioso casto es amigo de los ángeles, estimado y
querido de la Reina de los cielos, madre de la pureza, y es el objeto
de los cariños de Dios. Su alma es dulce habitáculo del Espíritu Santo;
porque este Señor es todo pureza, y se apacienta entre azucenas , que
son las aliñas religiosas y puras. O pureza t O castidad amada de los án­
geles , y apreciada del mismo Dios ! O dichosos religiosos, que gozan
prenda tan amada l No se verán como Salom on, si perseveran en ir vi-
giluEites con quien la pueda macular.
2 Considera, que la diligente solicitud de la castidad con que siem­
pre vive el religioso, le ocasiona una grande vigilancia en su alm a, pa­
ra conservar intacta esta tan preciosa y angélica virtud : porque así como
el que estuviese encerrado con una cruelísima fiera, con evidente peli­
gro de la v id a , estaría en continua vigilancia, paraque no le mordiese.,
envenenase y m atase; así el religioso casto, hallándose de continuo ro­
deado de tres ferocísimas fieras, m undo, demonio y carne, que cada
una de por sí le combate, con alhagos, persuasiones, é incentivos para
quitarle la mejor vid a , y privarle de la mas preciosa jo y a ; el amor á
esta le obliga i vivir en vigilancia continua : no solo e sto , sino ¿ tener
su espíritu elevado al cielo, pidiendo el socorro divin o, sin el cual es
difícil el vencim iento, y cor» él vence y triunfa fácilm ente, experimen­
tando en s í, lo que le fue dicho al Apóstol: bástate mi gracia. Ade­
mas de esto, tiene para conservarla el asilo de la misma religión, los
ejemplos de tantos religiosos castos, la sequela de los actos de comuni­
dad, con todos sus ejercicios penales, que si los sigue con devoto afecto
y fervorosos deseos del aprovechamiento de su alm a: d lo que experi­
mentará de lu z , gracia y fortaleza para conservarse puro y casto I
3 Considera, que la castidad, no solo es útilísima al religioso; mas
es también necesarísima sobre todas las demas virtudes, no habiendo
defecto, que tan fatalmente obscurezca su reputación, como cualquiera
mínima mácula de impureza. Que un religioso tal vez manifieste el ser
vano, iracundo, curioso, etc* no desdice tanto, ni por eso pierde de
aquella estimación que se tiene de su virtud; pero si le ven con indi­
cios de incontinente y pseo casto, luego pierde la buena estimación en
que estaba; porque cualquiera conoce, que Ja santidad es incompatible
con la incontinencia , y el espíritu de Dios no puede permanecer, don­
de domina la carne. De los demás vicios no parece se hace tanto cau­
d a l, como del vicio deshonesto; mas con este se desacredita á sí mis­
m o, al hábito y á toda la religión. Al contrario es la castidad; pues
le hace digno esta virtud de toda estimación y honra, todos le hablan
con respeto, todos le veneran: y que mucho le veneren los hom bres, si
con su castidad es formidable á los demonios? Hasta los mismos,ángeles
estiman y veneran á los varones castos» O castidad am able! O virtud
digna del agrado de los ángeles! Concededme >Señor, esta virtud por los
méritos de la que fue mas pura que I03 ángeles María Santísima.

M E D IT A C IO N D E LA E X C E L E N C IA D E L A O B E D IE N C IA
R ELIG IO SA .

i Considera, que la obediencia es la virtu d, que constituye al re li­


gioso en ser de tal, cuya excelencia se conoce del ejemplo de Cristo Se­
ñor nuestro, y del aprecio que hizo de e lla ; pues aunque todo lo que
dijo é hizo tuvo origen y principio de todas las virtudes, que estaban
en él en sumo grado; no obstante parece, que ¿ sola la virtud de Ja
obediencia «e refiere: he bajado (dice) del cielo , no para hacer mi vo­
luntad , sino la del P ad re que me envió. Así debe decir el religioso: vi­
ne á la religión, no á hacer mi voluntad, sino la de aquel Señor que me
sacó del mundo y me trajo á ella. San Pablo á sola la obediencia atri­
buye la vida, la m uerte, y el modo de la muerte del Salvador: se hizo
obediente hasta la m uerte , y muerte de cruz\ y san Bernardo añade:
estimó mas el m orir , que fa lta r á la obediencia • La razón es, porque
por medio de la obediencia, nuestra voluntad y nuestro entendimiento
se unen y estrechan con D ios, en que congiste toda la perfección de los
hombres y de los ángeles. A mas de q u e , todas las virtudes y el mis­
mo m artirio, no tendrán m é rito , alguno, si no son practicadas para
cumplir con la voluntad de Dios. O dicha grande de los religiosos! De
cuanto merecimiento serán todas sus operaciones; pues hasta el comer
y el dorm ir, es con la práctica y mérito de la santa obediencia!
2 Considera, que en el ejercicio de la obediencia concurren casi to­
das las otras virtudes, y casi todas se practican, practicándose esta;
porque no hay hom bre, que perfectamente se sujete á otro, si no tie­
ne un grande amor de D io s , y una perfecta confianza en su divina bon­
dad, y si Jio está adornado de una profunda humildad, dotado de mu­
cha paciencia, fortaleza y constancia de espíritu. También descubren
bien el mérito y el valor de la obediencia, las cosas que tiene por ob~
jeto, que son de tres suertes, i La pronta ejecución de todo aquello,
que nos impone el superior. 2 E l sacrificio , que se hace de la propia
voluntad, sujetándola enteramente á la de D ios, que se nos manifiesta
por el superior. 3 El rendimiento del propio juicio, juzgando por justo
y razonable todo lo que se nos m anda, cuando no es evidentemente
contrario d la ley de Dios. No tiene el hombre joya ma9 preciosa, que
su juicio y su voluntad; y así el ofrecer y consagrar uno y otro á
D ios, será el mayor sacrificio, y el mas acepto, que pueda hacer á su
divina Magestad. Mas a h , Señor! Cuántas veces malogro este mérito tan
soberano, con pretender, que mi juicio y mi voluntad sea preferida á
Ja de mi superior? Cuántas veces he pretendido, que se acomodase Dios
á mi querer y voluntad!
3 Considera, que la obediencia es preferida en la sagrada Escritura
á todos los sacrificios: la obediencia (dice el Espíritu Santo) es mejor
que el sacrificio : mejor es obedecer, que ofrecer á Dios el Cordero mas
lucido; y no es maravilla; porque en los sacrificios se ofrecía la carne
de otros, como dice san G regorio; m asen la obediencia ofrece la liber­
tad y voluntad propia. Es digna de alabanza y estimación la pobreza y
castidad; pero mucho mas h obediencia; porque con el voto de la po­
breza se ofiecen á Dios los bienes de fortuna: con el voto de la casti­
dad , los del cuerpo, mas con el voto de la obediencia se sacrifican u
Dios los bienes interiores del alm a , que son ventajosamente superiores
á los bienes exteriores. Finalmente las mayores victorias en la guerra es­
piritual 110 se alcanzan sino i fuerza de obediencia: el hombre obediente
(dice el Espíritu Santo) cantará victorias ; porque sujetándose volunta­
riamente á los otros, se vence á sí mismo, que es el mayor triunfo. E l
que sabe mandar á sí m ism o, y se señorea de su voluntad> es mayor y
mas generoso, que el que rinde ciudades; y esta victoria es tanto mas
noble y generosa . cuanto es mas difícil la pelea. O religioso! Cuál será
la causa que no experimentas estas victorias y estos triunfos? No es otra,
sino porque en todo 2o que obras, te halla Dios asido con tu propia
voluntad y dictamen.

M E D IT A C IO N D E LA U T IL ID A D D E L A O B E D IE N C IA
R E LIG IO S A .

1 Considera, que de la excelencia de la obediencia nace la grandeza


de los méritos y provechos de ella. Por la obediencia todas las buenas
obras llegan á ser mejores y mas perfectas; y aquellas que por sí no
tendrían mérito alguno, son aceptas á Dios y m eritorias: como por
ejem plo, el com er, beber, dormir y recrearse etc. y así está muy bien
comparada la obediencia á una vara divina, que tuviese virtud de con­
vertir en oro todo lo que tocase. Á este fin san Gregorio explica su va­
lor, diciendo : la obediencia es la sola virtud, que ingiere y conserva en
el alma todas tas otras virtudes ; porque Dios no dejándose vencer en la
liberalidad de hombre algu n o , dase á s i m ism o , á quien se dá todo á él
por el voto de la obediencia * E lla es custodia y guarda de todas las vir­
tudes contra las asechanzas del dem onio; porque desconfiando el reli­
gioso de sí mismo, y nada atribuyéndose á s í , se resigna y deja ente­
ramente en las manos de Dios en Ja obediencia, de las cuales nada pue­
de ser quitado- O qué lustre de admirables virtudes se experimenta en
el verdadero obediente! Qué bien se puede decir de é l, que es el ama­
do de Dios y de los hombres!
2 Considera, que la obediencia libra á quien la práctica de infinitos
cuidados y molestias, á las cuales están sujetos aquellos, que viven en
el mundo, conforme á lo que su voluntad y propio juicio les dicta. E l
verdadero obediente remite su obrar al pensamiento de otro, y como un
niño pequeñuelo, se deja en los brazos de la divina providencia, y en
este mundo camina por decirlo así, durmiendo ha'cia el paraíso; perte­
neciendo al superior el proveerle de cuanto necesita para el alma y pa­
ra el cuerpo. De donde el prelado Je sirve de padre, madre, maestro,
guia y provisor, sin que á él Je toque otro que obedecer ciegamente y
con a leg ría , sin meterse en mas cuidados. Por esto dijo san Juan CIí-
maco : que la obediencia es una perfecta renunciación del alm a , una
muerte voluntaria del cuerpo , una vida sin cuidado , una navegación sin
p elig ro , un sepulcro de la propia voluntad , un caminar sin cuidado bajo
la conducta de otro: en una p a la b r a . un nadar sobre los brazos de otro
sin peligro de anegarse . Ruega al altísimo Señor, te comunique su divina
luz para conocer tanto bien, como se encierra en la pronta obediencia,
y te dé su divina gracia para practicarla.
3 Considera cuan acepta sea á Dios la obediencia > y al contrario,
desagrada á su Magestad divina la inobediencia. Abrahan agra­
c u a n to
do sumamente a Dios por su sencilla obediencia} y mereció que toda su
familia y aun todis las naciones del mundo, fuesen en él benditas; por­
que de su linage nació aquel Seiíor. que con su obediencia abrid las
puertas del cielo, que la inobediencia sola habia cerrado; y podríamos
decir con verdad, que todas las virtudes, dones y gracias que recibimos
del cielo son frutos de la obediencia. A l contrario la inobediencia ; esta
arrojó del paraíso a nuestros primeros padres, y sujetó i la divina mal­
dición á toda su posteridad; y así todos los trabajos, pobreza, miserias,
hambre, guerras, pestes y enfermedades con todas las culpas que se han
cometido y se han de cometer, todo son efecto de la pena y castigo de
aquella inobediencia , que nunca hubiera sido purgada, si el segundo
Adán, Cristo Salvador nuestro, no se hubiese hecho hom bre, obediente
hasta la muerte ignominiosísima de Cruz. O religioso , considera que tu
inobediencia es hija de tu soberbia; y 110 sé en qué puede fundarse esta,
en un hombre amortajado, muerto al mundo, y sepultado en vida! Se
humilde para ser perfecto obediente.

M E D IT A C IO N D E L A O B S E R V A N C IA D E L A S R E G L A S
DE LA R E L IG IO N .

i Considera la grande obligación, que el religioso tiene de observar


respectivamente la regla que profeso y prometió á Dios de observar, i
Depende tu salvación o condenación eterna de la observancia ó quebran­
tamiento de la regla que profesaste; porque ninguno puede salvarse, si­
no por el camino señalado por Dios para conducirle ¿ la salvación: y
este camino para t í , no es otro sino la observancia de tu regla. 2 Cuan­
do uno profesó en una religión, prometió ú Dios de guardar la regla de
aquella; y así cada vez que la quebranta , viene á violar la promesa,
y á cometer en cierto modo otros tantos sacrilegios. 3 El que no guarda
su re g la , disgusta en gran manera á Dios y á los superiores: escandali­
za á los demas , y en cuanto es de su p a rle , relaja y destruye su o r­
den. 4 Las reglas son los conductos por los cuales comunica Dios sus do­
nes, favores y gracias a los verdaderos observantes de ellas; y así se
experimenta, que son estos, los que en la religión hacen singulares pro­
gresos en virtud y perfección, g El religioso , que se precia de observar
su regla, se precia también de observar los mandamientos de la ley de
Dios y de la iglesia ; porque Ja regla es el muro y antemural para la
guarda de estos, y rompida aquella con facilidad quebranta estos, O in ­
felices y desdichados, los que así llegan á la hora de la m uerte, cua'ü-
to mejor les fuera el no haber jamas profesado!
2 Considera cuales son los que faltan i la observancia de su regla,
i Aquellos que atienden á otras cosas contrarias á la regla tí fuera de
r e g la ; no haciendo reflexión que lo accesorio no debe preferirse a] prin­
cipal, ni las cosas de propia elección á Jas de obligación. 2 Aquellos que
quebrantan su regla, bajo el pretexto de que son cosas pequeñas, lige­
ras y de poco m omento: en lo que son mas dignos de reprensión;
porque como dice san Bernardo: Cuanto la cosa impuesta es mas peque­
ñ a , tanto mas fá c il es de observar ; y siendo tan fá c il de observar , se
facilitan mas para quebrantarla . 3 AqueIJos que despues de algunos años
de religión comienzan a dudar si fueron llamados de Dios á ella 9 to­
mando motivo de este engaño del demonio, para vivir relajados y es­
candalizar á los demás, 4 Aquellos que con pretexto de Haber sido no­
bles y ricos en el siglo 9 quieren también ser nobles y ricos en Ja reli­
gió n , privilegiados á los dem ás, y que todos los traten como señores;
y no consideran estos miserables, que el mas noble en Ja religión es el
mas observante y amigo del desprecio; y que el mas rico es el mas
pobre y humilde, tí cuánto mejor Ies fuera á estos, el haberse queda­
do en el siglo, y 110 apestar la religión con su fantástica presunción! 5
Aquellos que pretextando accidentes, huyen de seguir la vida común,
quebrantan la pobreza, la obediencia, y huyen de todo lo bueno; y
podrá ser que digan algún dia: ó cuánto padezco ahora por mis pasadas
delicadezas y desordenado afecto á mis comodidades ! 6 Aquellos prela­
dos, .^ue cuidan mas de su regalo y vestido, que del vestido y asisten­
cia de sus subditos: que no cuidan de que se observe la regla y leyes
m unicipales, yendo delante en todo como es de su obligación. O si con­
siderases la estrecha cuenta, que de todos estos puntos se te ha de pe­
dir en el tremendo tribunal de D io s ! En este mundo eres conocido por
el hábito de que religión eres; pero en el tribunal de D io s , no por el
h á b ito , sino por las obras serás calificado.
3 Considera para en adelante aquellos medios, que eficazmente te
pueden valer para la exacta observancia de la regla. Observa con fide­
lidad aquellas reglas que miran á perfeccionar el interior, como son la
oracion, frecuencia de sacramentos, y demas ejercicios de piedad9 pro-
prios para excitar el corazon á grande temor y amor de D ios; y prac­
ticadas estas con fidelidad, fácilmente observarás las demas reglas y
prácticas religiosas. 2 Considera, que Dios mismo e s , el que te did la
regla siendo el autor, de donde dimanan todas las religiones; y que el
mismo e s, el que te ha de pedir rigurosa cuenta. 3 Considera los mu­
chos religiosos 9 que á la letra la observaron; y avergüénzate de no im i­
tarles; pues ellos no fueron de diferente naturaleza que t i í , aunque si
mas correspondientes á la divina g racia, la cual se te comunicará tam­
bién si te dispones como debes para recibirla. Te ayudará mucho para
esto, el pedirte estrecha cuenta á tí mismo, diciendo con S. Bernardo: A
qué veniste ú la religión? Haz cuenta (y será buena cuenta) que oyes la
voz de Dios que te dice, lo que dijo al sacerdote Soban: qué haces tií
aquí? Y con la enmienda de la vida procura no ser reprobado de Dios,
como lo fue él. 4 Procura amar el retiro, el recogimiento, la oracion,
la sequela de los actos de comunidad y huir la ociosidad, y la compañía
de los relajados; y sobre todo pide á Dios perdón de Jo mal que hasta
ahora la has observado, y gracia para observarla en adelante, confiando
en su misericordia, que no te faltará la divina asistencia.

MEDITACION DE L A V IR TU D D E L SILENCIO QUE DEBEN


OBSERVAR LOS RELIGIOSOS.

1 Considera los grandes provechos que resultan en los religiosos


Amantes del silencio. 1 El religioso silencioso se acredita de varón per*
fecto, como dice Santiago en su canónica: Si alguno no peca en palabra,
este és perfecto varón. 2 BI silencio acredita de religioso, al que Je pro­
fesa ; y al contrario, le acredita de poco religioso, al que no procu­
ra tener refrenada su lengua: dícelo el mismo Santiago: Quien piensa
ser religioso, no refrenando su lengua mas pervirtiendo su corazón ; ele
este es vana su religión. 3 El silencio, decia un Santo, es madre de san­
tos y levantados pensamientos. 4 El religioso que habla poco, da á en­
tender, que anda recogido, y que habla mucho con Dios en el retrete
solitario de su corazon: por esto dice Dios por Oseas, que gusta de la
soledad para tratar con el alma y comunicarla sus favores- 5 Así co­
mo el silencio es causa de la oracion y contemplación; así Ja contem­
plación es causa del silencio: así lo decia Moisés: Desde que has habla­
do á tu siervo, es mi lengua mas embarazada y tardía . Y el profeta
Jeremías así como comenzó á hablar con Dios, dijo: Que se habia vuelto
niño, y que no sabia hablar. 6 No hay cosa, de que mas .se edifique una
persona seglar, cuando entra en un monasterio que de experimentar el
silencio que en él se observa. 7 Dijo Dionisio Cartujano, que de tal
suerte abrazaron todas las religiones la virtud del silencio, que lo tie­
nen mandado, como una de las principales observancias, castigando con
disciplina piíblica á sus transgresores. O si Dios dispertase en todos los
prelados un zelo grande de la observancia de esta virtud; de cuánta her­
mosura y decoro sería para sus religiones!
2 Considera los gravísimos daños que se siguen á la religión del
quebrantamiento del silencio religioso. 1 De la falta del silencio se si­
gue la ruina de todas Jas buenas costumbres de la religión, A este pro­
posito decia un padre muy espiritual y docto; Que para reformar un
convento y toda una religión, n> es menester mas de reformarla en el
silencio. Haya silencio en un convento, (decia) y yo os le doy reformado.
s De esta falta de silencio se sigue la falta del recogimiento, las que­
jas, los corrillos, las murmuraciones, la pérdida de tiempo, e] hacerle
perder á los demas, con muchos otros inconvenientes. 3 El convento,
donde hay silencio, parece casa de religión; y al contrario, donde no le
hay, parece casa de seglares relajados. 4 El convento, donde no hay si­
lencio, es comparado por los santos al vaso sin cubierta que dice el Es­
píritu Santo, se ha de tener por inmundo, porque está expuesto á que
caigan en él muchas inmundicias; así el convento, donde no se cierra
la boca con el silencio, presto se llena de imperfecciones y pecados. Y
últimamente, donde no hay silencio, dice el Espíritu Santo, ahí se
halla la pobreza, h miseria y el llanto* O cuán estrecha cuenta tendrán
que dar á Dios los prelados de todas las religiones, descuidados en la
observancia de esta preciosísima virtud! Serán reos en el divino tribu­
nal de las malas consecuencias que por su omision se siguieron á la
religión.
3 Considera ahora los daños que se te siguen de no ser amante del
silencio, y estos misinos daños te pueden servir de motivos para amar
virtud de tanta importancia, como esta del silencio. 1 Eí Espíritu San­
to dice: Que el que usa de muchas palabras , damnifica su alma ; y al
contrario dice en otra parte r E l que pone guardas á su boca y á su len­
gua, preserva su alma de muchas angustias. 2 S- Alberto Magno dijo:
Que el religioso que no guarda silencio, con facilidad es vencido del de­
monio,. El Espíritu Santo compara al que es poco silencioso á una ciu­
dad sin maros; y así dice S. Gerónimo: Que asi como la ciudad sin mu­
ros está expuesta á ser entrada y saqueada de tos enemigos; así el re­
ligioso que no está guardado con el muro dei silencio, está en peligro de
ser vencido de las tentaciones del demonio* 3 El religioso hablador no es
tenido de los seglares por religioso: se desacredita á sí mismo, y desa­
credita al santo hábito que lleva. 4 El que es silencioso, es venerado de
todos y le tienen por hombre de oracion, y juzgan (y bien) que por
eso habla poco, porque está muy ocupado su espíritu con Dios. Ulti­
mamente, si quieres ser amante de esta religiosísima virtud, seas hom­
bre de oracion; que ocupadas las potencias y sentidos en lo interior
del alma, se cuidarán poco de las cosas del mundo. O si todos los
religiosos fuesemos lo que debemos ser; como atenderíamos con el si­
lencio religioso a dar gusto á Dios y honrar la religión, y honrarnos
á nosotros mismos! O olvido de nuestra vocacion, y cuántos danos
ocasionas!
MEDITACIONES PARA TODOS ESTADOS
BE PER SO N AS.

M EDITACION DE LA FE.

1 Considera, que la fe es una virtud sobrenatural 5 infusa por Dios


en el alma9 la cual te hace creer todo lo que la santa iglesia te propo­
ne para creer, porque Dios lo ha revelado. Esta virtud es absolutamen­
te necesaria al hombre para salvarse; pues como dice el Apóstol: Sin la
fe es imposible agradar á Dios . Ella es el fundamento de tu justificación,
el sustentáculo de tu esperanza. No puedes amar á Dios, como se debe, si
la fe 110 te lo hace conocer, corno autor de la gracia; y no podías es­
perar la vida eterna, si la fe no te la propusiese, como premio de tus
fatigas, como corona de tus triunfos y como fin de tu peregrinación.
La fe es la luz que en la noche tenebrosa de la vida presente alumbra
para no errar el camiuo del cielo; es una estrella que en este mar tem­
pestuoso te guía al puerto del paraíso. El que camina sin e lla , camina
en tinieblas y va á dar al precipicio. Sin la luz de la fe toda la sabi­
duría humana es pura ignorancia; y así de los filósofos gentiles dice el
Apóstol, que aunque mas presumiesen ser sabios, y en efecto lo fuesen,
según el mundo; mas para con Dios fueron reputados por necios c ig­
norantes. 2 Considera, que esta virtud tan necesaria para tu salvación es
don singularísimo de Dios; y considerando que la mayor parte del
inundo carece de esta luz de la fe 9 conocerás ci beneficio grande que
Dios te ha hecho, en criarte en la verdadera religión con esta luz ad­
mirable. O Dios misericordioso, y de dónde lo he merecido? Dadme gra*
cía, para corresponder á tan apreciable beneficio.
2 Considera, que para salvarnos no basta la sola fe; porque los ma­
los cristianos que mueren en pecado mortal, murieron con la fe; pero
se condenaron; porque su fe era una fe muerta 9 sin la caridad y bue­
nas obras que deben acompañarla, paraque sea fe viva, y medio para
nuestra salvación. La fe sin obras es muerta, dice Snntíago, y nada vale
parala vida eterna: la fe viva fue la que hizo obrar a los santos cosas
grandes* dice S* Pablo. Por medio de la fe vencieron al reino del infier­
no, triunfaron de este mundo* burláronse de los tiranos, y de sus tor-
mentoSj alcanzaron el reino délos cielos9 dando la sangre y la vida
por amor de Jesús, practicaron los actos de todas las virtudes, se ajusta­
ron d la perfección de la vida cristiana; y finalmente consiguieron el
premio prometido i sus santas operaciones. O ruin pocos tienen en es­
tos infelices tiempos esta fe viva! Muchos cristianos de nombre y no de
obra, dicen que creen al Evangelio; pero en el obrar viven como paga­
nos. Confiesan por verdaderas las máximas de Cristo Señor nuestro; pero
en el obrar siguen las del mundo. Es gran locura (dijo Pico Mirandu-
lano) no creer al Evangelio predicado por los apóstoles, autenticado con
la sangre de tantos mártires, confirmado con tantos milagros, confesado
por verdadero de los mismos demonios; pero mas locura es sin compa­
ración la de aquellos que no dudando en un punto de la verdad del
Evangelio, viven como si no dudasen de su falsedad. O si te resolvieses
á no ser del numero de estos! Pues i estos solo les servirá su fe de au­
mentar sus penas y de acrecentar sus tormentos eternos en el infierno»
3 Considera la manera, como te debes ejercitar en esta virtud de la
fe y los medios de acrecentarla, i Aparta y echa de tí prontamente los
pensamientos contrarios, afianzado solamente en la palabra de Dios, el
cual por su infinita sabiduría y bondad, ni puede engañar, ni ser enga­
llado: Imposible es, que Dios mienta , dice S. Pablo ; y así las cosas que
te revela, son mas ciertas, que aquellas que ves con los ojos corporales.
Ponte antes, pues, i discurrir sobre las cosas que te enseiía la fe; mas
cautiva humildemente tu entendimiento, como exhorta el Apóstol. 2
Ejercítate á menudo en hacer actos de fe, especialmente en las fiestas
principales del año, sobre los misterios que la santa iglesia en aquella
solemnidad te propone; porque tales actos son de grandísimo mereci­
miento y valen mucho para avivar la fe. 3 Acostúmbrate á m ed ir y
ponderar todas las cosas, no con la prudencia de la carne, ó con las
máximas del mundo que son siempre falaces, sino con el peso de la fe.
A quien mira las cosas con los ojos purísimos de la fe, las honras y
grandezas de la tierra, le parecen vanísimo humo; las riquezas, espinas
penetrantes, y los placeres amarguísimas aflicciones del espíritu. El jus­
to que vive por la fe, prefiere lo eterno á lo temporal; los bienes del
alma, i los del cuerpo; las penas y cruces, á las delicias y a todo Jo
que deleita el sentido. O cuán pocos se hallan de estos en el mundo!
O iglesia santa, cuánto tienes que lamentar la vana fantasía de tus hi­
jos! Pues preciándose por la mayor parte de muy católicos, viven tan
asidos á lo temporal, como si no hubiese mas vida que esta caduca y
transitoria.

MEDITACION DE L A VIRTUD DE L A ESPERANZA.

1 Considera, que la esperanza es una virtud sobrenatural infusa en


nuestra alma, mediante la cual esperamos de Dios con certeza la vida
eterna, las gracias y medios necesarios para conseguirla. Ella es suma­
mente necesaria para bien vivir, y por consiguiente para salvarse. El
hombre tanto obra* cuanto espera; y uo se mueve á hacer cosa grande
sino viene animado con la esperanza de algun grande bien: que por es­
to la causa principal, por la cual los hombres son tan remisos y negli­
gentes en el negocio de su salvación eterna, es, porque no levantan el
coraron al deseo de los bienes eternos. Si la esperanza de bienes ira'gi­
les y caducos, que las mas veces no se consiguen, tiene tanta fuerza pa­
ra hacer se toleren trabajos y fatigas tan grandes, como las que sufren
los soldados en la guerra; los mercaderes en el mar, y los pretendientes
en la córte; qué no haría la esperanza de bienes eternos que nunca se
frustra, en quien trabaja para alcanzarlos? 2 Considera, que la espe­
ranza es también necesaria para orar como conviene» y para alcanzar de
Dios las gracias y favores que en la oracion le pedimos: Si alguno (dice
el Apóstol) necesita de la sabiduría , (y lo mismo se entiende de todas
las demás gracias) pídala á Dios con confianza, sin vacilar^ que segura­
mente se la concederá su Magestad divina. 3 La esperanza, como dice
el Apóstol, es la firme áncora que en el mar tempestuoso de este mun­
do te tiene seguro de las borrascas de las tentaciones paraque no nau­
fragues en los escollos de las culpas 0 de la desesperación; y te da fuer*
zas para tolerar las penas y miserias de esta vida. O si te acabases de
desengañar para hacer la diferencia que debes, de los bienes eternos i
los temporales! Cua'n diferente ser/a tu modo de obrar! Cómo te afana­
rías por los eternos, que esperas como firmes y permanentes! Cuán po­
co apreciarías los caducos y perecederos!
2 Considera la calidad y condiciones que deben acompañar tu es­
peranza. 1 Que sea firme y permanente, sin vacilar un punto; porque
se apoya sobre solidísimos fundamentos, que son la fidelidad, bondad y
liberalidad de Dios: el cual como dice S- Pablo: Es rico para todos los
que le invocan. Su fidelidad es infinita, que no le permite negar, lo que
una vez prometió: su omnipotencia es tal, que nada fe es imposible; y
finalmente son nuestros los méritos de Jesucristo, su Hijo, el cual nos
mereció con la vida eterna todas las demas gracias necesarias para al­
canzarla. 3 La esperanza, como principalmente apoyada en los bienes del
cielo, te debe llevar al desprecio de los bienes terrenos; y para conse­
guir aquellos bienes que pueden ayudar á la consecución del ciclo, se
debe mas esperar en el Criador que en las criaturas; pues está escrito:
Maldito aquel que pone su confianza en los hombres. Maldito aquef que
se apoya á una cana rompida, fundando mas sus esperanzas en la pro­
tección de los hombres que en la de Dios: út contrario, el profeta Rey
llama bienaventurado al que espera en Dios. 3 Finalmente, tu esperan­
za para ser buena, debe ir acompañada con el bien obrar; porque Dios
tiene prometida la vida eterna á aquellos que le aman y guardan su di­
vina ley. O cuántos esperan el salvarse! Y siendo las obras que hacen
mas de réprobos que de predestinados, se ve claro que su esperanza es
temeraria. 19 #
gg4 MANUAL
3 Considera los medios para alcanzar, acrecentar y conservar en tí
la verdadera y firme esperanza en Dios. 1 Desconfia de tus fuerzas é
industrias totalmente, las cuales por sí solas > sin apoyo de la divina
gracia, son del todo vanas é inútiles para conseguir los bienes sobrena­
turales. 2 En todas tus necesidades, así espirituales, como temporales,
recurre á Dios, con firme esperanza de conseguir todo lo que te convie­
ne para la vida eterna. Si conoces que tu voluntad se inclina al que­
brantamiento de su divina ley, con Ja confianza en la divina misericor­
dia que de ordinario tienen los pecadores por asilo para precipitarse,
acuérdate de la divina justicia y de sus tremendos juicios, y hallarás re­
medio para no pecar con esta temeridad- 4 Si te asaltara el demonio
con pensamientos de desconfianza de Dios, por Ja fealdad y gravedad de
tus pecados, recurre luego ¿ Ja misericordia de Dios que no quiere la
muerte del pecador, sino que se arrepienta, se convierta y se salve. 5
Si te faltaren los socorros humanos, si te sucedieren pérdidas de hacien­
da, de amigos ó deudos; no te inquietes por eso, ni te turbes: pon to­
da tu esperanza eu Dios que será mas pronto en socorrerte, cuanto mas
destituido te verá de humano alivio, y podras decir con alegría: bendito
seáis Señor, de todas las criaturas; pues bm con tan liberal mano favo­
recéis, ti los que totalmente tienen puestas en Vos sus esperanzas-

M EDITACION DE LA CARIDAD PARA CON DIOS,

1 Considera las razones que te obligan á observar* aquel gran pre­


cepto que te da Dios* de que le ames con todo el corazon» con toda el
alma y con todas tus fuerzas. 1 Este precepto es sumamente razonable;
porque es precepto de amar á un Dios que es sumo bien, manantial de
todo bien, la bondad misma, fuera de quien no hay bondad alguna. Si
el objeto de la voluntad es el bien; qué amarás, sino amas A Dios que
es el Unico y verdadero bien! Se te encomienda el amor al Criador que
te di<5 el s é r: al Señor que te conserva con todo lo qne es necesario
para vivir : ar tu amorosísimo Padte, que te ama infinitamente mas que
tu padre carnal; á lu Redentor que para rescatarte de la tiranía de sa-
tanas y librarte del infierno, sufrid infinitos desprecios y trabajos, hasta
dar la sangre y la vida para hacerte heredero de fa gloria. Qué cosa mas
conforme d la razón que esta ! 2 Este es un precepto sumamente útil:
porque su observancia lleva consigo la amistad de Dios, y con ella todo
bien: facilita la observancia de los demás preceptos, y hace merecedor
a quien le observa de la vida eterna de la gloria. 3 Es sumamente de­
leitable. Qué cosa mas dulce que amar un bien inmenso, un bien infi­
nito* cuya sola memoria alegra el corazon humano? Qué cosa mas sua­
ve, que comenzar en esta vida á practicar lo que despues has de conti-
miar en el cielo por una eternidad? 4 Este precepto es de suma honra
al hombre. Qué mayor honra, que amando el hombre á D ios. llega á
unirse con su Magestad divina con estrecho vínculo de amistad? O alma
mia! Mas dura eres que el hierro» sí con tan poderosos motivos no te re­
suelves i amar aquel Dios que te convida. ¿ que le des todo tu cora­
ron, con el dulce título de hijo. Ah, Señor, que el poderos amar, es una
grande honra para una vil criatura, como yo! Y no obstante, Vos me
mandais que os ame, y me amenazais con la muerte si no os amo. Digo,
Señor, que os quiero amar con todo mi corazon* y Vos solo de hoy en
adelante sereis el único objeto de mi amor. Vos por Vos y todas las
cosas en Vos.
2 Considera las señales siguientes, para conocer si arde en tu alma
el fuego del divino amor. 1 El que ama á Dios de buena gana se en­
tretiene en hablar con su Magestad divina en la oracion , y con gran
gusto habla y oye hablar de sus infinitas perfecciones. 2 Desea, y se
goza que su divina Magestad sea conocido, amado y honrado de todos;
y al contrario, tiene gran pesar, de que sea ofendido, su santo nombre
deshonrado* y su santo templo profanado, y se reconoce ser llevado de
un grande zelo para procurar en todo la mayor gloria de su divina Ma­
gestad é impedir sus ofensas. Y así si te reconoces sin este zelo y sin
alientos para volver por su santísima honra, bien tienes, de que confun­
dirte; pues se ve claro que tu amor es tibio, flojo y no el que debe de
ser. 3 Confórmate en todas las cosas con su divino querer, y sujétate á
sus divinas disposiciones, recibiendo con igual alegría lo próspero y lo
adverso; y si no te hallas con este ánimo, entiende que no es perfecto
tu amor. 4 El que ama con verdad á Dios, guarda con toda perfección
sus divinos mandamientos; porque, si con la boca dices que amas á
Dios, y con las obras desprecias su santísima ley. te calificarás de men­
tiroso; porque la prueba del verdadero amor son las obr*s. Examina,
pues tu conciencia; y si te hallas con estas señales del divino amor, re­
gocíjate interiormente, por haber hallado el tesoro escondido y el árbol
de la vida que te preserva de la muerte del pecado, y te lleva á la po­
sesión de la vida eterna. O amor de Dios, y cuán rico es el que te po­
see! Y cuán infeliz y miserable el que de tí carece, aunque ninguna otra
cosa le falte!
3 Considera, y practica los medios siguientes para acrecentar y con­
servar en tu corazon el fuego del divino amor. 1 Ejercítate frecuente­
mente en la oracion, contemplando las perfecciones de Dios, su bondad,
su misericordia, su infinita grandeza, etc. Haz á menudo reflexión sobre
los. beneficios particulares, así de naturaleza, como de gracia que has re­
cibido de su inmensa liberalidad; y concluye que cuando tuvieses tantos
corazones, como estrellas hay en el cielo y arenas en el mar* no se­
rian bastantes para amarle, como por su inmensa bondad merece ser
amado. 2 Aborrécete santamente á tí mismo, mortificando el amor pro­
pio, que e« el agua que apaga el fuego del divino amor: no ames tanto
tus conveniencias particulares: no regales tanto tu carne: procura suje­
tarla al espíritu, crucificándola con todas sus concupiscencias: No que­
ráis amar al mundo, ni lo que hay en él, nos dice S. Juan; porque el que
desordenadamente ama las cosas del mundo, no puede tener consigo al
amor de Dios. 3 Procura siempre ir en la presencia de Dios, no tenien­
do otra mira en todos tus pensamientos, palabras y obras que la exalta*
cioii de la gloria de Dios. 4 Ruega sin cesar por esto mismo á Dios:
al Padre, que por su misericordia infinita se digne encender en tu cora­
zon una centella de este divino fuego: al H ijo, cuyo amor le trajo á
este mundo, á encenderle en vivas llamas de amor, que te dé gracia, pa­
raque siempre vivas abrasado en sus incendios: y al Espíritu Santo que
es todo amor, que de tal suerte enamore tu corazon que nada admitas
fuera de su amor.

Resolución.
Si amor con amor se paga, siendo el amor de Dios para conmigo
con tantos excesos de fineza; qué tal debería de ser mi amor para con
él? Conozco que es tiempo perdido todo aquel, en que no amo á mi Dios:
y sí la contrasella mas segura del amor verdadero son las obras, por
ellas debo conocer, si puedo lisonjearme de alguna suerte de haber amado
á Dios hasta ahora* Ya, Dios mió, estoy convencido de mi error en este
particular y en reparación de este yerro fatal, ofrezco en adelante, ade­
mas de la observancia entera de vuestra divina ley que es el cumpli­
miento del amor que os debo, practicar diariamente alguno de vuestros
consejos; como hacer alguna limosna, ó corporal d e s p ir i t u a l, instruir al
ignorante, visitar al enfermo, consolar al afligido, mortificar mi apetito
en aquel bocado sabroso ó bebida extraordinaria, á que se inclina; su­
frir la palabra picante, Ja descortesía afrentosa, el descomedimiento que
se me tenga y cosas á este tenor.

Ramillete.
Ah, Dios mió! Sea hoy alomenos, para siempre el encenderse en
mi corazon este santo amor.

M EDITACION D E L AMOR QUE DEBEMOS TENER


Á NUESTROS PRÓJIMOS.

i Considera los motivos que tienes para amar al projiiMK 1 Es pre­


cepto promulgado por el hijo de Dios, que el que ama á Dios, ame
también al prójimo. Dios ha unido de tal manera el amor que le debes,
con el que debes al prójimo, que no se puede tener el un o sin el otro:
el bien <5 el mal que haces á los otros, lo reputa Dios por propio. 2
Todos los hombres, especialmente los cristianos, son unos con otros,
hermanos, hijos de un mismo padre, que es Dios, y de una misma ma­
dre, que es la santa iglesia, reengendrados en la fuente del bautismo,
alimentados con el mismo pan del cuerpo y sangre de Jesucristo en la
Eucaristía, redimidos con el mismo precio; esto es, con la muerte del
Hijo de Dios: miembros de un mismo cuerpo, del cual es cabeza Cristo
Jesús. Cómo pues, podremos 110 amarnos unos á otros? 3 El que no ama
á su prójimo, en vano goza el nombre de cristiano. La librea de los
verdaderos discípulos de Cristo es la mutua caridad: esta es el tínico dis­
tintivo, por el cual los cristianos se distinguen de los paganos y de otros
infieles: En esto conocerán todos 3 que sois mis discípulos, si os tuviereis
amor unos á otros. Bien puede uno preciarse de sabio, de entendido en
cualquiera arte, de rico y poderoso; que si no tiene amor al prójimo,
es ignorante, es pobre, y lleva consigo el sobrescrito de muerto por
toda una eternidad, dice san Juan. Ah infelices] De qué Ies servirán su
saber, honras y riquezas, si por faltarles la caridad no han de gozar
jamas de Dios ?
2 Considera, que la caridad es una virtud universal, que abraza á
todos y á todos se extiende: á todos aína y á todos quiere bien; y
así aquellos, que limitan su amor á sus patricios, ó i los de su nación,
i los que son de su genio y de su humor, é aquellos que les aman ó
benefician, no tienen verdadera caridad. Ademas de esto, la caridad no
se contenta con palabras y afectos sino con obras. La caridad dice el
Apóstol, es paciente, benigna, se alegra de los bienes ágenos, como de
los propios, no se indigna con nadie no piensa mal, ni habla siniestra­
mente de alguno, hace bien á todos, de todos se compadece, socorre
cuanto le es posible, las necesidades de todos: procura y promueve el
bien, y procura estorvar el mal: en una palabra, hace practicar coil gus­
to las obras de misericordia, así corporales como espirituales. Examina
ahora con esta piedra de toque el amor que tienes al prójimo y mira,
si es oro puro de caridad lo que en tus afectos, palabras y obras reco­
nocieres. ó qué escoria hallarás de envidia del ageno bien ! De malicias,
de ódios, rencores y murmuraciones! Confúndete y avergüénzate de tí
mismo.
3 Considera los medios que te pueden ayudar para practicar el amor
del prójimo. 1 No mires de propósito jamas las faltas del prójimo; mas
haz reflexión al bien que Dios le dió; y aunque no te ocurriere alguno,
considero, que es imagen de Dios y hechura de sus manosi redimido
como tú, con la sangre de Jesucristo. Y quién sabe si aquel, que ahora
te parece imperfecto, está escrito por toda una eternidad en el libro de
la vida; y quizás tendrá mucha mayor gloria que tú en el cielo ? 2 Dios
manda que ames al prójimo, como á tí mismo: pues haz por el prójimo,
lo que justamente quisieras, que se hiciera por tí; que esta es la ver­
dadera regla de la caridad; y medita bieu en ella , para reducirla á la
práctica; que de esta suerte cumplirás perfectamente con este precepto.
3 Cuando en tu corazon se encendiere alguna centella de tfdio ó de
amargura contra el prójimo, procura con presteza mortificarla, paraque
con el descuido no se encienda mayor fuego contra e l; y así será muy
ütil valerte de los avisos de esta meditación para hablarle, y si fuere ne­
cesario pedirle también perdón, desechando de corazon todo desabri­
miento : no se ponga el sol, sin que hayais depuesto la ir a t dice el Após­
tol. Ó qué de merecimientos ganarías, si así lo hicieses, venciéndote á
tí mismo!
Resolución.

Dios me ha dado á conocer en esta meditación, que el amor que


debo a' mi prójimo, ine obliga á la práctica de estas dos facilísimas re­
glas. La primera; que haga por el prójimo, lo que quisiere justamente
hiciese conmigo é l, en el mismo caso y circunstancias; por ejemplo, así
como quisiera yo ser socorrido en mis necesidades, ayudado en mis en­
fermedades, defendido en las calumnias, consolado en la tribulación:
esto mismo es, lo que debo practicar con el prójimo. La segunda: que
110 haga contra el prójimo, lo que no quisiera, hiciese él contra m í; y
siendo esta la ley mas ú til, mas fácil y mas santa 5 resuelvo no per­
derla de vista para practicarla al pie de la letra.

Otra.

La caridad es una virtud mas necesaria , que otra alguna para con­
versar con los hombres, tanto, que sin ella no hay sociedad, que pue­
da subsistir. Debo pues, y resuelvo ¿ imitación de Cristo practicarla
con todos, y con aquellas tres excelencias de dulce y bienhechora, y
universal, que le son tan propias; y esto rae obligaría sufrirlas flaque­
zas de los otros, á no darles que sentir mis desordenes y altiveces, á
jjo decirles palabras agrias, rusticas y de menosprecio, ¿i compadecer­
me de ellos en sus trabajos, y buscar medios para endulzárselos, servir­
les, ayudarles, en lo que pueda, y esto no solo con uno u otro, que
es deudo de mi genio, etc. sino con todos; pues en todos se halla el
mismo motivo de amarles, que es el mismo D ios, en quien Ies debo
a ma r.
Ramillete.

D*dme Dios mió, aquella caridad paciente, que de nada se altera:


aquella caridad bienhechora, que á todos hace bien: aquella caridad
universal, que á ninguno exceptúa.

MEDITACION DEL AMOR DE SÍ MISMO.

1 Considera, que aunque no haya cosa mas natural, que amarse el


hombrea sí mismo; con todo son poquísimos los que verdaderamente
se aman- El amar es querer bien, Pues cómo se quiere bien el bornlin;,
que todo su afan es en procurar bienes temporales, que no se pueden
llamar bienes, olvidándose de los bienes eternos» que solo son los ver­
daderos bienes? E l que ama la iniquidad , aborrece su alm a , dice Dios.
Pues como se nina, el que va en malos tratos? Como ama su alma el
deshonesto? El logrero? E l avaro? El maldiciente y jurador? Si por es­
tos, que el pecador llama bienes y deleites, consigue una eternidad de
penas; cómo puede llamar bienes, los que le agencian eternos males? 2
Si los hombres tuviesen la fé viva y verdadera que deben tener» solo
apreciarían por verdaderos bienes á la pobreza , á los trabajos y á Ja
cruz de Cristo Señor nuestro; y aquellos trabajos y afanes, que les
cuesta el conseguir los bienes temporales, los aplicarían ú conseguir los
bienes eternos. Abre los ojos del alma, y no trueques los nombres á Jas
cosas; no llames bienes á los males, ni amor á lo que es ódio. Ay de
vosotros i dice Dios , que al mal le llamais bien , y al bien le [¡amáis
malí A la luz llamais tinieblas, y á las tinieblas luz !
2 Considera, que el enemigo mayor que tienes, es el amor desor­
denado de tí mismo. Este es autor de todos los males y destruidor de
todos los bienes. Si estas en gracia de Dios, el amor desordenado es el
que mancha las obras mas santas con siniestras intenciones, ó de propia
complacencia o por respetos humanos, haciéndolas odiosas i Dios y
desmerecedoras de premio: si estas en pecado, el amor propio fue el
que quitó la gracia y el derecho que tenias á la gloria. Este es aquel
ídolo, que te hace locamente idolatrar, cuando por el pecado te ah'jns
de Dios por aquelJa vilísima criatura, en la cual pones tu líltimo fin;
porque como dice el angélico Doctor, el que pecando vuelve las espal­
das á Dios» dirige sus pensamientos y obras á la propia complacencia y
contentamiento de su propio amor; y por eso, concluye el Santo, que
la única raíz de todos los pecados es el amor desordenado de sí mismo.
Mira ahora, si este es un verdadero amar. ó un aborrecer de muerte. O
Dios, bien infinito! Dadme gracia para arrojar tan pestífero amor, pa»
raque reine en mi alma el amor, qoe me hace uno con vuestra Mages­
tad soberana.
3 Considera en que consiste el verdadero amor de tí mismo, y apren­
de de Cristo Señor nuestro y de los santos, el modo como te has de
amar. Nuestro Salvador dice: que el que aborrece su alma en este mun-
do, la guarda para la vida eterna. Aquel pues, verdaderamente se aína,
que santamente se aborrece; esto es, que mortifica su carne, que re­
prime sus pasiones; al modo que el padre ama á su hijo, cuando le
castiga, que le niega el cuchillo, el veneno y todo lo que puede da­
ñarle. El mismo Señor, despues de enseñarte esta verdad con palabras,
la confirmó con sus obras y ejemplo; porque pudiendo tomar un cuer­
po glorioso é inmortal, que era debido á su bienaventurada y gloriosa
alma, lo eligió mortal y pasible y expuesto i las penas y á la muerte
ignominiosa de cruz. Todos los santos han seguido las pisadas de Cristo,
todos con el Apóstol no se gloriaban en otro, que en la cruz de Jesús;
y porque crucificaron en este mundo su carne con los vicios y concu­
piscencias, consiguieron en el cielo una inmensidad de gloria. O cuán al
contrario les ha sucedido á los condenados! Porque no quisieron en esta
vida refrenar sus apetitos, sufrirán por una eternidad una inmensidad
de penns. Procura imitar á los santos; que esta es la regla segura del
verdadero amor de sí mismo.

MEDITACION D E L CUIDADO QUE TODOS DEBEN PONER


EN NO E R R A R ¿,A VOCACIO N .

i Considera, que nada hay ni mas justo, ni importante que el ele­


gir el estado de vida á que te llama Dios, y al cual te tiene destina­
do su providencia; porque si pide ía razón y la prudencia, que las co­
sas de algún momento se traten con acuerdo y madurez deliberada;
cuánto mas el tomar estado, siendo una de las cosas mas graves, que
caen debajo de consejo y humana deliberación? La gracia de la vocacion
es una gracia crítica y una gracia universal* que encierra en sí una in­
finidad de gracias: es el fundamento, dice san Gregorio Nazianzeno, de
que pende el progreso de toda la vida, y lo que es mas, el negocio
sobre todos los negocios, y buen suceso de la salvación: de donde, lo
mismo será faltará tu vocacion, que faltarte todas estas gracias* En el
camiuo y estado que te conviene y es conforme á la voluntad y trazas
de Dios, te tiene librado Dios los socorros abundantes de su gracia, los
favores particulares, los consuelos, su protecciou especial, y preserva­
ción de culpas y ocasiones. y no en otro estado, tomado sin su conse­
jo , ni gusto; antes todo lo contrario, inquietud toda la vida, descon­
suelos * tropiezos, caidas y desgracias. Apartarte pues, de este camino
ó estado 5 en que fácilmente lograrías tu salvación, es puntualmente caer
en el otro , en el cual ? aunque no te negará Dios las gracias comunes y
ord in a ria s, con las cuales podrías s a l v a r te ; sin embargo no te dará las
extraordinarias y eficazes, sin las cuales no te salvarás- Mira si es im­
portante el no errar tu vocacion,
2 Considera, qne aunque todos los estados y modos de vida, apro­
bados por la iglesia católica, son buenos en sí, como el estado del ma­
trimonio, el de continencia, el eclesiástico y el religioso; pero 110 son
todos buenos para todos: como los manjares, que siendo en sí buenos,
no sirven, ni prueban bien á todos los es teímagos: los que son nocivos
para unos, son sanos para otros, y unos mejores que otros, y donde
hay bueno y malo, y bueno y mejor, es necesaria la prudente elección,
para dejar lo malo y tomar lo bueno; y entre lo bueno y mejor, esco­
ger lo inejor; cuantos hay , dice santo Tomas de Villanueva , que en un
estado y oficio humilde hubieran sido buenos cristianos, y se hubieran sal­
vado , los cuales puestos en alto grado de alguna dignidad ó empleo, se
han condenado ó por causa de su inhabilidad ó por su negligencia. (Dom.
2. Adv.) Nos admiramos muchas veces* que un hombre de entendimien­
to , de capacidad, de talentos y mérito > tenga mal suceso en un em­
pleo, que vea sus designios desconcertados y su fortuna deshecha : bien
parece, que tenia todas las calidades necesarias, paraque todo le suce­
diese con prosperidad; mas bien mirado, una sola circunstancia frustró
todas las otras que fue, faltar la bendición de el Seííor, por haber en­
trado en aquel catado ó empleo, sin consultar á Dios y no haber pon­
derado seriamente si era tí no era segun su divino beneplácito y eterna
disposición. Desengáñate, que siempre será verdad * lo que dice el Pro*
feta: que si Dios no fabrica la casa , en vano trabaja > quien se emplea
en edificarla.
3 Considera, que si nada hay por una parte, mas importante que
entraren cualquier estado con la vocacion de Dios; nada hay por otra,
mas necesario que conocerla , y nada tampoco tan difícil. El amor pro­
pio, las pasiones, el asimiento excesivo á los placeres y honras* la ter­
nura, reconocimiento y obediencia á los padres, los engaños del mundo,
y en fin la naturaleza misma y la razón, la una corrompida y la otra
engañada, parece, conspiran á ponernos un velo tíin denso delante de
los ojos, que 110 pueden penetrar las luces que Dios nos en vi a para ha­
cernos conocer su voluntad, en cuanto á nuestro estado* Debe pues, rom'
per con generosidad por todos estos impedimentos, para llegará enten­
derla y consultarte á tí mismo, consultar á Dios y á los que tienes en
su lugar. Es menester consultarte á tí y á tu corazon; pero no á tu co­
razon débil y engañado, sino á tu corazon atento á la razón , procuran­
do desasirle de sus flaquezas y de sus pasiones, elevándole encima de
todo eso, y moviéndole al verdadero deseo de conocer a Dios y de se­
guirle, Consulta asimismo a Dios, dictándole con san Pablo: Dios mió:
qué quvreis que haga? O con Samuel; hablad Señor \ porque vuestro nier­
vo oye-r, ú en fin con David: hacedme conocer, Señor , el camino por
donde qnereis que vaya: y espera de su bondad, que te dará estas luces
si Jas pides con fervor y perseverancia. Consulta también con tu direc­
tor, que por estar en lugar de Dios, es el órgano del Espíritu Santo 6
interprete de su divina voluntad; y por fin, para hacer tu elección con
acierto, sírvete de los avisos puestos en este Manual pag . 45 en que
hallarás, no solo los medios de hacerla, mas aun las señales de si son
de Dios los impulsos de tu corazón ; y esto sea la resolución práctica y
fruto, que has de sacar de esta meditación; y ten presente lo que dice
san Gerónimo en su epístola: si tu padre se echase en la puerta 9 pura
impedirte el seguir la vocacion de D io s , pasa por encima de é l , para
alistarse bajo el estandarte de la cruz.

MEDITACION D EL APRECIO DE L A DIVINA GRACIA.

1 Considera, que la gracia santificante es un dtín preciosísimo, (jue


nuestro amantísimo Dios infunde en el alma* haciéndola participante de
su divina naturaleza. Con la semejanza del hierro encendido la explica
el Doctor angélico, el cual conservando la naturaleza de hierro, tiene
las propiedades de fuego, la luz, el color* el resplandor y calor; asi el
alma por la gracia queda transformada en Dios y participa sus atribu­
tos: por la gracia es el alma elevada sobre toda la naturaleza, y á un
gfadü lí órden divino: es hermosísima y muy agradable íí Jos ojos de
D ios, es su esposa 3 su amiga, su h ija, hermana de Jesucristo y here­
dera de la eterna gloria, para la cual le da derecho y tanta mas consi­
gue r cuanta mas fuere la gracia: ella es la que atavía al alma con la ca­
ridad y demas virtudes infusas, y con los dones del Espíritu Santo:
la que da el valor y mérito de vida eterna á nuestras buenas obras, el
cual sin ella, no lo tendrían todos los martirios; por fin tal es la gra­
cia y su valor que Cristo, que no puede errar, la tuvo en tanto que dú>
por ella y p:ira merecérnosla todas sus obras , tormentos, sangre y vida.
Qué lastima Dios mió, que los mortales desprecien Jo que tanto vale y
Vos tanto apreciasteis! Abrid Señor, los ojos de nuestras simas para
apreciarla y guardarla como se merece.
2 Considera otras ventajas que lograra tu alma con la gracia. 1 Ella
destruye y preserva del pecado mortal; y sin ella no se puede pasar
mucho tiempo sin caer en nuevos pecados. 2 Con la gracia puedes sa­
tisfacer por las penas debidas por los pecados pasados: para lo que nada
te servirá, todo lo que padecieres si estás sin ella. 3 La gracia da íer-
vor y fuerzas al aliña para lo bueno * y mayores que la naturaleza pa­
ra lo malo; y fe hace digno de mas y mayores inspiraciones y auxi­
lios divinos. 4 La gracia hace, que obrando tií con clin cada dia. cada
hora y cada instante, adquieras mas gracia y derecho á mas gloria. 5
Con ella está* en la comunion de los santos del cielo y de la tierra,
participando las oraciones y buenas obras de estos, y siéndote propi­
cios y abogados aquellos delante de Dios. 6 Por ella es tu alma trono
majestuoso de la santísima Trinidad, donde siempre asiste gustosa. 7
Por ella se te darán los bienes de este mundo de que necesitares como
promete Cristo en el Evangelio: y todas esas cosas se os añadirán. Mira,
pues, como por la gracia lo tienes todo, lo espiritual y corporal. Esto
te aníme i apreciaría sobre todo, y á perder antes, aun la vida que
la gracia y amistad de Dios.
3 Considera los medios con que en fuerza de los méritos de Cristo
puedes adquirir y aumentar este rico tesoro de la gracia. 1 Eá de fe,
que cada vez que con la debida disposición recibes algún sacramento,
recibes la gracia o aumento de ella. 2 Con cualquier neto de contrición
ó de amor, cada vez recibes la gracia 0 su aumento. 3 Estando en gra­
cia, con cualquiera obra virtuosa recibes su aumento y derecho a mas
gloria. 4 Y lo que es mas de admirar y apreciar con cualquier acto in­
diferente ó necesario, si lo haces por D ios, mereces aumento de gra­
cia. Asi que sin gran trabajo y aun con descanso y gusto, puedes ade­
lantarte este divino caudal y hacerte mas santo y agradable á Dios de
dia en día; da pues, gracias á Dios que por su iníinita bondad te hn
hecho tan fácil de conseguir lo que no tiene precio; y no quieras ser
del infinito numero de los necios que por flojedad, por un gustillo, ín­
teres ó humo de vanidad, pierden este tesoro o 110 lo aumentan; mas
resuélvete á aprovechar todas las ocasiones de acrecentarle, mientras vi­
ves en esta vida mortal, mortificándote y obraudo siempre y en todas
las cosas á mayor gloria de Dios.

Resolución.

Conocido el inmenso valor de la gracia, y la liberalidad de Dios


en concederla a' quien se dispone para recibirla, resuelvo huir cualquier
peligro de perderla, renunciar á todo aquello que podría impedírmela;
como son, tal conversación, tal familiaridad, tal juego, tal visita, etc.
y pedirla frecuentemente á su divina Magestad con san Ignacio de Lo-
yola que decia :
Ramillete.

Señor, concededme vuestra grada, y esto me basta.


1 Considera el gran tesoro de bienes espirituales que tienes en la
lección espiritual, i Da luz al entendimiento de lo que debes huir, de
lo que debes obrar y adonde debes caminar. 2 Inflama y enciende la
voluntad en el amor de las cosas espirituales y eternas, y la mueve al
desprecio de las caducas y terrenas. 3 Esfuerza y alienta al libre alve-
drío á lo bueno, y le retrae de lo malo. 4 Cria en la memoria buenos
pensamientos y deseos del cielo. 5 Pone en razón á los sentidos y
apetitos. 6 Es manjar espiritual del alma, que la hace fuerte y cons­
tante ; y un maná celestial, que sabe á todos los gustos del cielo. 7 Con
la lección espiritual se enciende el alma en amor de Dios y se purifica
de los afectos terrenos. 8 Son en fin , los libros y lección espiritual un
erario publico y tesoro inmenso de bienes espirituales. Dígalo san Ig­
nacio d eL oyola, cuya gran santidad y la de muchos otros, (como tam­
bién la conversión de una infinidad de almas,) tuvo principio de la lec­
ción de un libro devoto, que como por acaso Ies vino á las manos.
2 Considera ahora: 1 La gran pobreza, en que cuyo el hombre por
el primer pecado, cuan despojado se halla de la gracia, cuan ciego el
entendimiento, cuan mal inclinada la voluntad, cuan flaco para la elec­
ción y consecución d é lo bueno el alvedrío, y cuan rebelde el apetito:
y por consiguiente, cuanto necesita de quien le alumbre, enseñe, acon­
seje, anime, afervorice y esfuerce en las dudas> temores y peligros de
la salvación y cumplimiento de las cristianas obligaciones. 2 Cuan difi­
cultosísimo es hallar un buen consejero, que te socorra en esta necesi­
dad, te diga la verdad, en todo te dirija; porque ó no lo sabrá* o' no
podrá, ó no lo querrá decir; ó bien td por tu soberbia no lo podrás su­
frir. 3 Cuan cumplidamente tienes en los libros devotos y santos, todo
lo que necesitas, y aun cuanto quisieres y deseares para el bien espiri­
tual y cumplimiento de tu estado , dicho y ponderado por los doctos,
y santos con verdad, sinceridad y espíritu soberano: de donde se ve.
que es muy necesario darte á la lección espiritual, como dice san Ber­
nardo Serm. 50 ad S oj\ Ó qué cuenta tan rigurosa te ha de pedir Dios}
de no haberte aprovechado del inmenso tesoro de tantos libros espiritua­
les y santos, que te ha dado para mejorar tu vida y conseguir tu sal­
vación !
3 Considera los medios para hacer provechosa la lección espiritual.
1 Considera, que los santos del cielo son los que te dicen aquello, que
en sus libros lees. 2 Está también cierto, que cuando lees, el mismo
Dios te habla al corazon aquello que lees, como dice san Bernardo. 3
Haga cada uno la lección de aquello que mas le conviniere, y mas le
moviere al amor de Dios y desprecio de lo terreno. 4 No ha de ser
corrida y apresurada, sino atenta y sosegada. 5 Cuando hallares un pa­
so devoto, detente en él un poco, pensando lo que se lia leído, y pro­
curando mover y aficionar mas la voluntad* 6 El que se pone á leer,
no busque tanto el saber, como el sabor y gusto de la voluntad; porque
el cebar el afecto y conservar y aumentar la devocion} hace fructuosa la
lección. 7 Siempre que lees, procura guardar algo en la memoria para
digerirlo mejor y rumiarlo, especialmente aquello , qne mas te puede
ayudar, d lo que mas has menester. O cuán copiosísimos frutos sacaras
si así con perseverancia lo haces!

Resohtcion.
Los frutos de la lección espiritual son imponderables: basta decir
que ella es hermana de la oracion, y aun viene i ser una especie de
meditación si se hace como conviene; por esto resuelvo señalarme un
cierto y determinado tiempo para leer todos